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    <title><![CDATA[Noticias]]></title>
    <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/</link>
    <description><![CDATA[Noticias]]></description>
    <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 09:17:26 +0000</pubDate>
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    <docs>http://blogs.law.harvard.edu/tech/rss</docs>
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      <title><![CDATA[Bartolomé Ferrando: «Cuando el límite se difumina, ya no duele, pero tampoco protege»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bartolome-ferrando-cuando-el-limite-se-difumina-ya-no-duele-pero-tampoco-protege/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/BARTOLOM_FERRANDO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>M&aacute;s all&aacute; del discurso narrativo, en la hendidura del hiato, el silencio, la pausa, se instala la poes&iacute;a de Bartolom&eacute; Ferrando (Valencia, 1951), tal y como se aprecia en sus poemarios <em>En la l&iacute;nea del horizonte</em> y <em>Hay ramas donde cuelga el aire</em> (editorial La &Uacute;nica Puerta a la Izquierda).</p>
<p>- Para que la &laquo;escritura fermente&raquo;, &iquest;qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere?</p>
<p>- Se requiere silencio, mucho silencio. En un lugar en el que el sonido se muestre casi abandonado y olvidado.</p>
<p>- &laquo;Engranaje&raquo; es un sustantivo que se repite en el poemario. &iquest;C&oacute;mo saber que la armon&iacute;a y disposici&oacute;n son las correctas para que ese engranaje discurra a su ritmo?</p>
<p>- Cuando los ojos se deslicen blandos entre una maquinaria de letras y la voz estalle y se disuelva en el aire, entonces, en ese momento, el engranaje discurre a su ritmo.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene besar &laquo;los labios de la niebla&raquo;?</p>
<p>- De noche, cuando el espacio es negro y se desdibujan los bordes. En ese momento en el que todo est&aacute; disuelto en oscuro.</p>
<p>- Entre una &laquo;composici&oacute;n musical&raquo; y un &laquo;sonido crudo&raquo;, &iquest;qu&eacute; sucede?</p>
<p>- Suceden m&uacute;sicas diversas: m&uacute;sica ruda, m&uacute;sica de aire, m&uacute;sica vertical, m&uacute;sica del gesto y m&uacute;sica inm&oacute;vil.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El silencio es tiempo y brota a bandazos en la poes&iacute;a y en la m&uacute;sica&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo brota el silencio en la poes&iacute;a, en la m&uacute;sica? &iquest;Cu&aacute;l es su lenguaje, de qu&eacute; manera nos habla?</p>
<p>- El silencio es tiempo y brota a bandazos en la poes&iacute;a y en la m&uacute;sica. Su lenguaje es blanco y hueco, repleto de insignificancias.<strong></strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; papel desempe&ntilde;a la atenci&oacute;n en la escritura?</p>
<p>- La atenci&oacute;n puede ser puntual, dirigida o puede ser global. Yo prefiero la atenci&oacute;n global, en la que se advierten, al mismo tiempo, grupos y bandadas de rasgos &iacute;nfimos visuales y sonoros.</p>
<p>- &laquo;el deseo / se introduce / en el deseo&raquo;. &iquest;Es el envi&oacute;n original, lo que nos retiene del lado de la vida, el deseo?</p>
<p>- El deseo contiene necesidades instintivas con una &laquo;articulaci&oacute;n interna inexpresable en t&eacute;rminos l&oacute;gicos&raquo;, que dec&iacute;a Jacques Lacan. Y cuando el deseo se introduce en el deseo, la articulaci&oacute;n se hace &uacute;nica y se refuerza</p>
<p>- Para que los l&iacute;mites no duelan sino que protejan, &iquest;c&oacute;mo han de ser?</p>
<p>- Cuando el l&iacute;mite se difumina, ya no duele, pero tampoco protege. Se atraviesa con facilidad y ligereza. Dec&iacute;a John Cage que &laquo;no hay l&iacute;mites en el obrar, s&oacute;lo en la mente&raquo;. Se me ocurre dejar la mente en blanco: te proteges, pero ya no duele.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A mayor sinsentido, mayor sentido&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Entre la descripci&oacute;n de un t&eacute;rmino, su interpretaci&oacute;n po&eacute;tica y su distorsi&oacute;n sonora, &iquest;qu&eacute; espacio queda para entendernos?</p>
<p>- La descripci&oacute;n de un t&eacute;rmino siempre es parcial. Su interpretaci&oacute;n po&eacute;tica la abre y construye un territorio nuevo, e incluso, a veces, varios territorios. La distorsi&oacute;n sonora encaja de otro modo: a veces sobre fragmentos-territorio unidos entre s&iacute;, dando lugar a bloques a veces impronunciables, o bien rascando de un supuesto lenguaje primigenio, ara&ntilde;azos sonoros. En todos los casos, el espacio de comprensi&oacute;n existe. A mayor sinsentido, mayor sentido.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;les son esas &laquo;s&iacute;labas vergonzantes / que no se atreven a acercarse unas a otras&raquo;?</p>
<p>- Cuando se trocea el lenguaje y se dispersan las s&iacute;labas bajo el paraguas y el dominio del sentido, las s&iacute;labas se resisten a juntarse de nuevo, como si tuvieran culpa de su fragmentaci&oacute;n y se vieran amenazadas por la imposici&oacute;n del sentido.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 12:03:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un saber decir inequívoco y personal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-saber-decir-inequivoco-y-personal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/RA_L_MOLINA_GIL_-_Cubierta_libro_HORMIGAS_EN_EL_CENTRO_DE_UN_DESIERTO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ra&uacute;l Molina es un reconocido estudioso de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea a pesar de su juventud (pienso en sus trabajos sobre Julio Llamazares y las po&eacute;ticas de la ruralidad), o su recient&iacute;sima antolog&iacute;a de las &uacute;ltimas promociones l&iacute;ricas de nuestros pagos. Me refiero a <em>Un estallido.</em> <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. 2000-2025</em>, escrito junto a &Aacute;lvaro L&oacute;pez Fern&aacute;ndez y que, a pesar de la ingente cantidad de nombres seleccionados, tiene un pr&oacute;logo muy interesante y un meritorio esfuerzo presentador del estado de la cuesti&oacute;n. &nbsp;Eso ya lo sab&iacute;amos por sus trabajos y tesis doctoral, lo que yo desconoc&iacute;a es su faceta como un poeta existencial con tintes modernos, que nos emplaza desde el mundo como un lugar sin salida y donde, a pesar del desarrollo y peligros de la sociedad postindustrial, los p&aacute;jaros en <em>bandadas cruzan hacia el este</em>. O, si as&iacute; lo prefieren, un lugar donde cabe la esperanza, pese al tono tr&aacute;gico, comprometido, cr&iacute;tico y pensativo de sus versos.</p>
<p>Lo curioso y destacable es lo anticipado. Ra&uacute;l Molina trae desde los poemas en prosa con que inicia y cierra el libro (verso libre el resto), un tono y unas lecturas expl&iacute;citas: Antonio Gamoneda, Antonio M&eacute;ndez Rubio, Ra&uacute;l Zurita o Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente reunidos bajo ese mundo de hormigas y desiertos de Edmond Jab&egrave;s y Maurice Maeterlinck conjugados. Se me olvidaba decir la aparici&oacute;n por sus p&aacute;ginas de Paul Celan y otro/as suicidas. Y, sin embargo, no estamos ante un celanita desolado, a un impostor de los que sacan provecho tras Theodor Adorno, y el escribir poes&iacute;a despu&eacute;s Auschwitz y que hoy se llama Gaza. No, Ra&uacute;l Molina no se ha quedado anclado en esos discursos que tuvieron compromiso real y m&eacute;rito art&iacute;stico en sus iniciadores. &nbsp;Los echamos en falta frente a quienes poco a poco se han convertido en remedo o lugar com&uacute;n de muchos que escriben acogidos al prestigio de lo desolado por su falta de &aacute;nimo o por la necesidad de un t&oacute;pico prestigioso, sin reactualizarlo. Molina no cae en esa trampa y escribe desde el yo que vive cuanto escribe, y eso se nota.</p>
<p>Estamos en consecuencia ante un libro breve, unitario, lleno de ese agonismo existencial vivido, sentido y transmitido, a veces de bordes agudos y bronco, seco, otras m&aacute;s d&uacute;ctil, ajenos a los lenguajes mim&eacute;ticos. Uno de los puntos clave es ese espacio del lenguaje propio de &oacute;xidos y amon&iacute;acos.... Y desde ah&iacute; estas breves reflexiones l&iacute;ricas, sin demasiados asideros tropol&oacute;gicos ni referenciales, pero llenas de un saber decir inequ&iacute;voco y personal, pues su desnudez se prende del asunto y de su esencialidad sin ornato, velada, pero no cr&iacute;ptica. La asunci&oacute;n de ser hombre o vivir en la intemperie prima, con denuncias concretas a la explotaci&oacute;n a las minas de colt&aacute;n, la destrucci&oacute;n, los bombardeos o simplemente a ese extractivismo sin freno de recursos, desde el propio ox&iacute;geno a las quemadas fronteras de la muerte, con cuanto eso significa en la modernidad.&nbsp; En ese contexto el yo l&iacute;rico muestra su fragilidad y dolor, &nbsp;precariedad, junto a esa gente humilde que viaja en vagones de tercera, como todos nosotros, y que junto a ese lenguaje tan propio, escarbado en el yo, hacen de este libro una referencia que dejo al alcance de mi mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ra&uacute;l Molina Gil, <em>Hormigas en el centro de un desierto</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 11:37:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rameau, entre la razón y el misterio de la música]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rameau-entre-la-razon-y-el-misterio-de-la-musica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ANDR_S_ALBERTO_G_MEZ_-_Imagen_cubierta_libro_ELOGIO_DE_RAMEAU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay m&uacute;sicos que pertenecen a la historia y otros que, de alg&uacute;n modo, siguen interrogando al presente. Jean-Philippe Rameau (1683-1764) pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Compositor, clavecinista y te&oacute;rico, fue una de las grandes figuras de la m&uacute;sica francesa del siglo XVIII y uno de los contempor&aacute;neos m&aacute;s destacados de Bach. Su importancia, sin embargo, no se limita a la extraordinaria calidad de sus composiciones: Rameau quiso tambi&eacute;n comprender aquello que hac&iacute;a posible la m&uacute;sica, penetrar en sus leyes y convertir la armon&iacute;a en objeto de reflexi&oacute;n. Esa doble condici&oacute;n de artista y pensador es la que aborda Andr&eacute;s Alberto G&oacute;mez en <em>Elogio de Rameau</em>, publicado por F&oacute;rcola Ediciones en su colecci&oacute;n Periplos.</p>
<p>El libro nace, adem&aacute;s, de una relaci&oacute;n especialmente significativa con su protagonista. G&oacute;mez no se acerca a Rameau &uacute;nicamente desde la musicolog&iacute;a o desde la historia de la m&uacute;sica, sino desde la experiencia de un int&eacute;rprete: es clavecinista y director del conjunto La Reverencia. Su mirada, por tanto, parte del conocimiento directo de un instrumento fundamental en la trayectoria de Rameau y permite que el m&uacute;sico del siglo XVIII deje de ser una figura distante para convertirse en una presencia sonora. El resultado es un ensayo que pretende acercar al lector tanto al creador como al hombre que se encontraba detr&aacute;s de sus partituras.</p>
<p>Uno de los principales m&eacute;ritos del libro reside precisamente en esa voluntad de escapar de la biograf&iacute;a convencional. G&oacute;mez no se limita a ordenar fechas, obras y acontecimientos, sino que intenta reconstruir el universo intelectual y art&iacute;stico en el que Rameau desarroll&oacute; su actividad. Componer y pensar la m&uacute;sica aparecen as&iacute; como dos actividades inseparables. El autor muestra a un creador que hizo de la armon&iacute;a un territorio de investigaci&oacute;n y que entendi&oacute; que detr&aacute;s de la belleza de los sonidos exist&iacute;a tambi&eacute;n una estructura que pod&iacute;a ser analizada y explicada.</p>
<p>Ah&iacute; se encuentra una de las grandes paradojas de Rameau: cuanto m&aacute;s quiso someter la m&uacute;sica al conocimiento y a la raz&oacute;n, m&aacute;s evidente resulta el misterio que permanece en ella. Sus tratados sobre armon&iacute;a alcanzaron una influencia extraordinaria y mantuvieron su condici&oacute;n de obras de referencia hasta comienzos del siglo XX, pero su legado no puede reducirse a la teor&iacute;a. En sus composiciones conviven la precisi&oacute;n constructiva, la imaginaci&oacute;n y una luminosidad que hace que su m&uacute;sica siga formando parte del repertorio de los grandes int&eacute;rpretes actuales.</p>
<p>El <em>Elogio de Rameau</em> tiene, adem&aacute;s, otra particularidad que ampl&iacute;a considerablemente su inter&eacute;s. El ensayo se acompa&ntilde;a del <em>Elogio hist&oacute;rico de Mr. Rameau</em>, escrito por Hugues Maret poco despu&eacute;s de la muerte del compositor y considerado la primera biograf&iacute;a dedicada a &eacute;l. G&oacute;mez ofrece aqu&iacute; la primera edici&oacute;n cr&iacute;tica en espa&ntilde;ol de este texto, una incorporaci&oacute;n que permite al lector acercarse al compositor tambi&eacute;n a trav&eacute;s de la mirada de uno de sus primeros bi&oacute;grafos. Maret lleg&oacute; a definirlo como el &laquo;Orfeo de Francia&raquo;, una denominaci&oacute;n que resume la extraordinaria consideraci&oacute;n que alcanz&oacute; el m&uacute;sico en su tiempo.</p>
<p>La presencia de Ram&oacute;n Andr&eacute;s en el pr&oacute;logo constituye otro de los atractivos del volumen. Su escritura, tan vinculada a la reflexi&oacute;n sobre la m&uacute;sica, el silencio, el tiempo y la experiencia est&eacute;tica, establece desde las primeras p&aacute;ginas un marco de lectura que invita a contemplar a Rameau m&aacute;s all&aacute; de las etiquetas de compositor o te&oacute;rico. El pr&oacute;logo y el ensayo parecen compartir, de este modo, una misma preocupaci&oacute;n: preguntarse qu&eacute; sucede cuando el pensamiento intenta aproximarse a aquello que la m&uacute;sica expresa sin necesidad de palabras.</p>
<p>Y quiz&aacute; ah&iacute; reside la verdadera raz&oacute;n de ser de este <em>Elogio</em>. No estamos &uacute;nicamente ante un libro sobre un m&uacute;sico del siglo XVIII, sino ante una invitaci&oacute;n a escuchar de otra manera. Rameau aparece como un creador situado en un momento de profunda transformaci&oacute;n de la cultura europea, cuando la raz&oacute;n, la ciencia y la voluntad de ordenar el conocimiento conviv&iacute;an con una nueva sensibilidad art&iacute;stica. Su m&uacute;sica participa de ese esp&iacute;ritu y, al mismo tiempo, lo desborda.</p>
<p>Andr&eacute;s Alberto G&oacute;mez consigue que el lector entienda que hablar de Rameau es hablar tambi&eacute;n de una determinada manera de concebir el arte: como conocimiento, como oficio, como b&uacute;squeda y, finalmente, como experiencia. De ah&iacute; que el t&iacute;tulo no sea una simple f&oacute;rmula de homenaje. Es, en realidad, una declaraci&oacute;n de admiraci&oacute;n por un m&uacute;sico cuya obra todav&iacute;a conserva la capacidad de sorprender.</p>
<p>En un panorama editorial en el que la m&uacute;sica cl&aacute;sica contin&uacute;a necesitando libros capaces de tender puentes entre el especialista y el lector interesado, <em>Elogio de Rameau</em> cumple una funci&oacute;n especialmente valiosa. Recupera para el p&uacute;blico espa&ntilde;ol a un compositor fundamental y lo hace desde la doble perspectiva del int&eacute;rprete y del escritor. A ello a&ntilde;ade un documento hist&oacute;rico de notable inter&eacute;s, el texto de Maret, que completa y enriquece el retrato.</p>
<p>Rameau, en definitiva, emerge de estas p&aacute;ginas no como una figura encerrada en el siglo XVIII, sino como un m&uacute;sico todav&iacute;a capaz de plantearnos preguntas sobre la naturaleza de la m&uacute;sica, la relaci&oacute;n entre raz&oacute;n y belleza y ese extra&ntilde;o poder de los sonidos para decir aquello que las palabras no siempre alcanzan a expresar. Un elogio, en suma, que no se limita a celebrar a Rameau: invita a volver a escucharlo.</p>
<p>A todo lo expuesto se suma la cuidada edici&oacute;n, marca de identidad de las publicaciones de F&oacute;rcola. El libro incluye un exquisito &aacute;lbum fotogr&aacute;fico que pone im&aacute;genes al texto, aporta contexto y convierte la lectura casi en la contemplaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico documental sobre Rameau y su tiempo. Como es habitual tambi&eacute;n en la editorial, el volumen se completa con un amplio apartado de notas que aclara, precisa y ampl&iacute;a la informaci&oacute;n ofrecida en el ensayo, enriqueciendo la lectura sin interrumpir el desarrollo de la exposici&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andr&eacute;s Alberto G&oacute;mez, <em>Elogio de Rameau</em>, Madrid, F&oacute;rcola, 202</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 11:22:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una poesía llena de encanto y pietismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-poesia-llena-de-encanto-y-pietismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JULIO_C_SAR_GAL_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Andaba estos d&iacute;as &uacute;ltimos pajarero, enfrascado en asuntos de ornitolog&iacute;a aplicada, si as&iacute; lo prefieren. Hablo del reflejo de las aves, reales o simb&oacute;licas, observada personalmente o&nbsp; lexicalizada, en la poes&iacute;a en espa&ntilde;ol. He sido captado, lo reconozco, por el proyecto de investigaci&oacute;n que dirige Niall Binns en la Universidad Complutense de Madrid y del que <em>La rep&uacute;blica de los p&aacute;jaros</em> es breve muestra de cuanto nos espera. En fin, un verano intenso, distinto, leyendo a Rachel Carson en su pionera <em>Primavera silenciosa</em> (tambi&eacute;n al fant&aacute;stico William Hudson), e incluso a Antonio Monclova <em>Historia de las aves terrestres extintas</em>, entre otros, cuando el correo me deja &nbsp;el libro de Luis Yarza (La Alberca, 1983). &nbsp;Una casualidad, pues el autor es, adem&aacute;s de poeta, veterinario y ornit&oacute;logo, dice la solapa, en el parque nacional de Monfrag&uuml;e. Le tendr&eacute; que preguntar a Julio C&eacute;sar Gal&aacute;n que es extreme&ntilde;o y, como yo, pajarero aficionado, pues algo sabr&aacute; dadas las afinidades. Sus libros anteriores son para m&iacute; desconocidos, lo reconozco, e&nbsp; igualmente su persona, premios y una obra que, por lo visto, cuenta ya con cierta extensi&oacute;n y se muestra en este libro con expl&iacute;cita religiosidad cristiana. No solo, a r&aacute;fagas le atraviesa un aire pante&iacute;sta, casi a lo Alberto Caeiro, el c&eacute;lebre padre de los heter&oacute;nimos de Fernando Pessoa, &nbsp;aunque cuando se hace expl&iacute;citamente en los cantos finales deja mucho que desear si lo comparamos con los dos primeros, y chocan claramente sus calidades con lo visto en sus momentos m&aacute;s puros, pues de&nbsp; poes&iacute;a de corte esencial, n&iacute;tida, se trata.</p>
<p><em>F&aacute;bula de las trasparencias </em>(2026) debe ser le&iacute;da con esas premisas, me parece. Es decir, atendiendo fundamentalmente a c&oacute;mo manifiesta ese pante&iacute;smo que juega al mus con la ortodoxia y es poco dada a especulaciones. Su campo es el <em>oikos</em> familiar, la intimidad y la fusi&oacute;n con la luz y naturaleza extreme&ntilde;as. Y eso es lo que mejor manifiesta en la primera y segunda secciones del libro, tituladas respectivamente &laquo;Amigo Amado, Amada Amiga&raquo; y &laquo;La misma tierra&raquo;, frente a esa tercera y de escaso inter&eacute;s &laquo;Codas. (Reescrituras sagradas)&raquo;.&nbsp; Ah&iacute; se debieron haber quedado, en breves codas y no en extensos y aburridos discursos fide&iacute;stas con los que cierra el libro. Sin embargo en las dos primeras secciones, con sus rezos al &laquo;Dios del d&iacute;a&raquo; y la permanente vinculaci&oacute;n o identificaci&oacute;n con la naturaleza, &aacute;rboles, plantas, aves y otros animales, el paso de las estaciones, y sobre todo esa cualidad de la percepci&oacute;n y de la contemplaci&oacute;n, como mantuvo Wordsworth, se crea un clima lleno de encanto y pietismo. Lo hace adem&aacute;s en poemas sucintos donde la profunda religiosidad se enmarca tanto en el sendero cristiano como en ese otro, donde la naturaleza reina y la sucesi&oacute;n de aves, una a una nombradas en su h&aacute;bitat, le valen para tejer una mirada intimista que manifiesta expl&iacute;cita en ese di&aacute;logo: &laquo;Subamos por este monte / para mirar nuestros adentros&raquo; y mostrar esa sorpresa e identidad rural, que tiende al silencio o al canto exiguo, exacto en esa brevedad con que nombra su asombro y su fusi&oacute;n con cuanto lo rodea. Hay algo m&aacute;gico en todo ello, en esa sencillez de asceta que se asoma o entra en el d&iacute;a de la luz, y acendra el canto sin alarde, como si fuera parte intr&iacute;nseca de &eacute;l, pues as&iacute; es en definitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Yarza. <em>F&aacute;bula de las transparencias</em>, RIL Editores, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 11:07:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Work in progress del quehacer poético]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/work-in-progress-del-quehacer-poetico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/POETAS_EN_CONSTRUCCI_N_-_IMAGEN_DE_CUBIERTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Un saber que es silencio</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Teresa Shaw</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p>La publicaci&oacute;n de antolog&iacute;as siempre es buena noticia para la poes&iacute;a. Se las puede tomar como manifiesto can&oacute;nico, promocional, generacional, combativo, pero no dejan de ser solo una selecci&oacute;n de lo que existe, y s&iacute;ntoma de que todav&iacute;a existe poes&iacute;a. Sentirse excluido o ir corriendo al &iacute;ndice para ver qui&eacute;n est&aacute; y qui&eacute;n no est&aacute; es una respuesta normal en un panorama po&eacute;tico aquejado de lo que podr&iacute;amos llamar el s&iacute;ndrome del dibujo animado, el creer que si no te mueves, no te citan, no te invitan, no te rese&ntilde;an, no te antologan no existes. Pero toda antolog&iacute;a es subjetiva y, de suyo, ef&iacute;mera. Esta que hoy traemos aqu&iacute;, es, adem&aacute;s, s&iacute;ntoma de muy buena poes&iacute;a y es f&aacute;cil espigar entre sus p&aacute;ginas magn&iacute;ficos poemas.</p>
<p><em>Poetas en construcci&oacute;n</em> reconoce adem&aacute;s en el mismo t&iacute;tulo lo subjetivo y ef&iacute;mero de toda propuesta parecida, no ofrece c&aacute;nones, manifiestos ni promociones, solo un <em>work in progress</em> que es muy fiel a la naturaleza misma del quehacer po&eacute;tico. Y, aunque se podr&iacute;a decir que tiene su base geogr&aacute;fica en Barcelona porque all&iacute; viven y escriben varios de los antologados, no es como la que sac&oacute; Bartleby a principio de siglo editada por Manuel Rico, <em>Por vivir aqu&iacute;</em>, un compendio que llamaba la atenci&oacute;n sobre muy buenos poetas dejados de lado por las pol&iacute;ticas auton&oacute;micas que, en los casos de idioma diferenciado, muchas veces desprecian lo que no se escriba en la lengua minoritaria.</p>
<p>La patria del escritor es el idioma, y aqu&iacute; tenemos poetas argentinos, colombianos, uruguayos, chilenos, espa&ntilde;oles, claro, y hasta una poeta rumana nacionalizada en lengua espa&ntilde;ola. La n&oacute;mina, en orden alfab&eacute;tico tal y como se presenta en estas p&aacute;ginas es: Neus Aguado, Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo, Laura Giordani, Cristina Grisol&iacute;a, Rodolfo H&auml;sler, &Aacute;lvaro Hernando, Tere Irastortza Garmendia, Antonio M&eacute;ndez Rubio, Corina Oproae, M&oacute;nica Picorel, Miriam Reyes, Juan Pablo Roa, Misael Ruiz, Teresa Shaw y Marina Tapia, todos reunidos en ciclos de entrevistas por Misael Ruiz, el editor, en los espacios de la editorial barcelonesa Animal sospechoso, de Juan Pablo Roa.</p>
<p>El esp&iacute;ritu de complicidad detr&aacute;s de la recopilaci&oacute;n es inusual y muy acertado: un poeta invitado al ciclo daba el nombre de otro, y as&iacute; se reun&iacute;a este rosario de nombres, como piedras de Pulgarcito para llegar al resultado final que es un hermoso libro de poemas con l&uacute;cidas reflexiones sobre el ejercicio po&eacute;tico.</p>
<p>Salen a la luz una serie de constantes no buscadas de antemano, un azar que no lo es tanto cuando se lee en su conjunto. Con al menos un par de certezas: una, estos poetas no est&aacute;n encantados de conocerse y, como resultado, sus poemas quedan lejos de la acomodaticia praxis del sujeto peque&ntilde;oburgu&eacute;s que sigue clamando sobre el manido paso del tiempo desde la mayor parte de los libros de poes&iacute;a que se publican. Aqu&iacute; el poema es inc&oacute;modo espacio de canto e indagaci&oacute;n. Y dos, frente a la po&eacute;ticas espa&ntilde;olas m&aacute;s sentimentales, el &eacute;nfasis de grandes vacas sagradas de la escritura y la edici&oacute;n como Luis Garc&iacute;a Montero y Chus Visor, que recorren nuestra geograf&iacute;a exigiendo eso, que el poema se entienda, aqu&iacute; hay una cualificaci&oacute;n harto autorizada de c&oacute;mo se puede entender la poes&iacute;a sin dejar de ser poes&iacute;a.</p>
<p>Son especialmente incisivas las reflexiones de las poetas: &laquo;Me parece m&aacute;s apropiado hablar de emoci&oacute;n que de sentimientos, ya que la emoci&oacute;n siempre se entrelaza con el pensamiento, sosteniendo el poema, que es a la vez una forma y un espacio de reflexi&oacute;n&raquo; (Corina Oproae), lo que tira por tierra la manoseada dicotom&iacute;a entre conocimiento y comunicaci&oacute;n que tanto da&ntilde;o hizo a la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. &laquo;La construcci&oacute;n del objeto po&eacute;tico pasa por el pensamiento l&oacute;gico; no obstante, el poema no existe sin la libertad que exige el pensamiento po&eacute;tico [&hellip;], el poema, m&aacute;s que ser entendido, debe ser intuido&raquo; (M&oacute;nica Picorel), lo que revela la falta de libertad que hay en el fondo detr&aacute;s de las po&eacute;ticas dominantes establecidas. &laquo;El poema es una forma de pensamiento no racional, que nos permite acceder a algo inaccesible por la v&iacute;a racional [&hellip;]. El contenido no consciente del poema no puede ser sacrificado por el contenido consciente. La poes&iacute;a manda. Siempre [&hellip;]. El poema no tiene un significado&raquo; (Miriam Reyes), es decir, en gran parte de la poes&iacute;a m&aacute;s aclamada lo que falta es justo eso, poes&iacute;a.</p>
<p>Y hay buenos avisos para navegantes tambi&eacute;n entre los poetas: &laquo;En el momento de la escritura del poema nunca se rechaza una palabra porque no sea propia de la dicci&oacute;n personal, lo que ocurre es que las palabras ajenas rara vez comparecen&raquo; (Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo), sobre poes&iacute;a e idiolecto. &laquo;Est&aacute; siendo letal, a d&iacute;a de hoy, la tan cacareada identificaci&oacute;n entre <em>poema</em> y <em>poeta</em> en la que se basa la ideolog&iacute;a moderna occidental, con ese toque individualista que adem&aacute;s le aporta la expansi&oacute;n del neoliberalismo como forma natural de ver las cosas&raquo; (Antonio M&eacute;ndez Rubio), sobre la dudosa legitimidad como po&eacute;tica de izquierda que ten&iacute;a la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de la poes&iacute;a de la experiencia. &laquo;De ah&iacute; que los sentimientos, la observaci&oacute;n atenta de una realidad determinada y el pensamiento l&oacute;gico sean tan solo elementos residuales y parciales del poema&raquo; (Juan Pablo Roa), toda una jerarqu&iacute;a epistemol&oacute;gica. &laquo;Cuando no se limita a ser una construcci&oacute;n literaria, la poes&iacute;a est&aacute; m&aacute;s cerca del mundo &mdash;de su experiencia no estereotipada&mdash; que cualquier otro modo de hablar [&hellip;]. Pero simplificar la experiencia es enga&ntilde;arnos, volverla banal&raquo; (Misael Ruiz). Sobran los comentarios.</p>
<p>Por no citar solo po&eacute;ticas, dir&eacute; que abundan los poemas de hondura, m&uacute;sica, tinieblas y pellizco, no directamente traducibles a r&eacute;dito ni experiencia, un complemento perfecto a estas po&eacute;ticas. La poes&iacute;a brilla en estas p&aacute;ginas con toda la oscuridad de la psique y la luminosidad del idioma. Me quedo con broches que abren y cierran la antolog&iacute;a. El maravilloso verso de Neus Aguado, &laquo;en las soleadas playas del pa&iacute;s sin memoria&raquo;, eco del cernudiano &laquo;en los vastos jardines sin aurora&raquo;, pues Cernuda podr&iacute;a haber figurado en una antolog&iacute;a de poes&iacute;a en espa&ntilde;ol al otro lado del Atl&aacute;ntico junto a otros habitantes del idioma. Y con el espectral poema sobre las cordilleras de Marina Tapia, originaria de la monta&ntilde;osa Chile: &ldquo;Cordilleras, / salientes emotivas, / locura de racimos para el vuelo. / Sois h&aacute;lito ascendente, / o dedos de las diosas que, dormidas, / levantan sus pulgares y acarician / la pulpa de las nubes.&rdquo;</p>
<p>La lectura <em>de Poetas en construcci&oacute;n</em> depara instantes como estos, en los que el idioma se expande, sale del encorsetado <em>topos</em> po&eacute;tico espa&ntilde;ol, si es que tal cosa existe, y hace del pensamiento geolog&iacute;a. En otra antolog&iacute;a de hace a&ntilde;os, Alejandro Krawietz, poeta y cr&iacute;tico canario, avisaba del peligro de abaratar la expectativa. <em>Poetas en construcci&oacute;n</em> muestra que no todo est&aacute; perdido y la poes&iacute;a sigue costando quilates a la hora de escribirla y de leerla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Poetas en construcci&oacute;n</em>, Misael Ruiz (ed.), Animal sospechoso, Barcelona, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 08:28:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Presencia del orfismo en la literatura moderna]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/presencia-del-orfismo-en-la-literatura-moderna/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ALBERTO_BERNAB_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Basten dos ejemplos. En el cap&iacute;tulo 127 de <em>Moby Dick,</em> un carpintero transforma un ata&uacute;d en una balsa funeraria para honrar al arponero Queequeg que hab&iacute;a fallecido y cuyo deseo era ser colocado en una canoa sin quilla que, ya muerto, le llevara por los mares &ldquo;con direcci&oacute;n incierta en una larga deriva por los siglos oscuros&rdquo;. El capit&aacute;n Ahab se le acerca y le pregunta si, &ldquo;mientras trabaja, canta&rdquo;. &ldquo;Como hacen los dioses o los titanes&rdquo;, a&ntilde;ade. El artesano le responde que &eacute;l no canta pero que su martillo, s&iacute;.</p>
<p>&ldquo;-S&iacute;. Es porque la tapa hace de caja de resonancia. Y el motivo por el cual sirve como caja arm&oacute;nica es que no tiene nada dentro.</p>
<p>-Gusano de seda que tejes tu propia mortaja desde dentro de ti mismo. Eres un tipo malicioso. &iexcl;Tic, toc! As&iacute; suenan los minutos de la vida. All&iacute; est&aacute; el s&iacute;mbolo temido de la muerte cruel, convertido en el signo de la ayuda y la esperanza en medio del peor peligro. &iexcl;Un ata&uacute;d como salvavidas!&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Otro, a&uacute;n m&aacute;s intensamente &oacute;rfico. El ultim&iacute;simo poema de Sylvia Plath, <em>Filo</em> (<em>Edge</em>) que la poetisa escribi&oacute; apenas seis d&iacute;as antes de suicidarse. Comenzando por la referencia del t&iacute;tulo a una abertura (en griego, &ldquo;caos&rdquo;) despliega una cosmolog&iacute;a de ra&iacute;z &oacute;rfica: &ldquo;La mujer ha sido perfeccionada. / Su cuerpo/Muerto tiene la sonrisa de la consumaci&oacute;n, / <em>La</em> ilusi&oacute;n de <em>la necesidad griega</em> (&hellip;) Cada ni&ntilde;o enroscado /, una serpiente blanca, uno en cada peque&ntilde;o/C&aacute;ntaro de leche, ya vac&iacute;o. / Ella los ha replegado (&hellip;) La luna no tiene nada de qu&eacute; entristecerse, / Observa desde su capucha de hueso&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No se sabe qu&eacute; resulta m&aacute;s admirable: si la sombr&iacute;a belleza de estos pasajes o el hecho de que para comprender el di&aacute;logo que unos autores -tambi&eacute;n los contempor&aacute;neos&ndash; sostienen con otros a lo largo del tiempo haya que adentrarse en lo m&aacute;s profundo de las tradiciones. Y eso solo es posible gracias a los estudiosos, personas que han dedicado la vida a poner a nuestra disposici&oacute;n esos tesoros antiguos que nos permiten penetrar en algo tan esencial, para comprendernos a nosotros mismos, como es la literatura de nuestro tiempo.&nbsp;</p>
<p>Eso pensaba al encontrarme de nuevo con los trabajos que el helenista espa&ntilde;ol Alberto Bernab&eacute; est&aacute; publicando sobre el orfismo: los <em>Poemas de Orfeo</em>, <em>fragmentos &oacute;rficos sobre teogon&iacute;as y sobre el alma </em>(Adaba); su comentario filos&oacute;fico al <em>Papiro de Dernevi </em>(Adaba), poema atribuido a Orfeo y encontrado en 1962 cerca de Tesal&oacute;nica, o la reci&eacute;n aparecida versi&oacute;n en ingl&eacute;s de los <em>Fragmentos &oacute;rficos </em>de la Loeb Library de la Universidad de Harvard. No extra&ntilde;a este &uacute;ltimo logro en quien ya realiz&oacute; la edici&oacute;n de referencia mundial de los <em>Fragmentos &oacute;rficos</em> en la Bibliotheca scriptorum Graecorum et Romanorum Teubneriana.&nbsp;</p>
<p>En Bernab&eacute;, m&aacute;s que de logros hay que hablar de servicios pues con ese esp&iacute;ritu trabaja silenciosamente desde hace m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas. Y lo es ciertamente que se ocupe en componer tambi&eacute;n las ediciones que nos permiten leer en espa&ntilde;ol el corpus &oacute;rfico. Pero &iquest;qu&eacute; es el orfismo? &iquest;Qu&eacute; importancia tiene? &iquest;Ante todo, qui&eacute;n fue realmente Orfeo?&nbsp;</p>
<p>Orfeo es un personaje mitol&oacute;gico del que a lo largo de un milenio tenemos referencias directas (lo que llamamos literatura &oacute;rfica) o indirectas en la cultura griega y en la romana. Se le cre&iacute;a hijo de Apolo o de un rey de Tracia (Eagro) y de una musa (&iquest;Cal&iacute;ope?), y su mayor don era un talento musical capaz de entusiasmar con su canto a todo lo viviente, incluidos los dioses de los que descend&iacute;a. Como el propio Bernab&eacute; ha estudiado, la obra de Plat&oacute;n muestra una poderosa presencia de la religiosidad &oacute;rfica, bien que transpuesta a su sistema filos&oacute;fico, y, por su parte, Arist&oacute;teles ya sostuvo que el personaje no tuvo una existencia f&iacute;sica personal.&nbsp;</p>
<p>No obstante, un n&uacute;mero considerable de poetas, al menos desde el <em>Papiro de Derveni</em> hasta diversos autores de la &eacute;poca helen&iacute;stica, atribuyeron sus propios escritos a esa entelequia que fue el Orfeo poeta. &iquest;Por qu&eacute;? Fundamentalmente por la mezcla de dos cosas: porque ese corpus conten&iacute;a con variantes un conjunto de creencias religiosas identificables y porque Orfeo era considerado, por su antig&uuml;edad pre-hom&eacute;rica (la leyenda lo situaba como tripulante de Jas&oacute;n en la nave Argos), un destacado punto de referencia. Grecia veneraba la antig&uuml;edad y el ascendiente de Orfeo ven&iacute;a tanto de su asociaci&oacute;n primaria de lo musical con lo po&eacute;tico (se le atribu&iacute;a la creaci&oacute;n del verso hex&aacute;metro) como del hecho de que hubiere tenido un contacto con el Hades (a donde acudi&oacute; con su lira para rescatar a su amada, &iquest;Eur&iacute;dice?). Este contacto con el m&aacute;s all&aacute; daba raz&oacute;n de la capacidad visionaria del m&iacute;tico poeta.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y qu&eacute; cosas ve&iacute;a o sab&iacute;a Orfeo? La ra&iacute;z del orfismo es de naturaleza dionisiaca: cuando Zeus conoce que los titanes han devorado a Dionisio los fulmina con un rayo de cuyas cenizas surge una raza humana partida entre su corporalidad y su alma de origen divino (negativo por los titanes; positivo por Dionisio). La negatividad provoca que el alma de los mortales quede encerrada en el cuerpo &ndash;Plat&oacute;n trasmite el c&eacute;lebre &ldquo;cuerpo, sepultura&rdquo;, evocado por Melville en su novela &ndash; donde ser&aacute; custodiada y podr&aacute; purgarse mediante ciertas conductas (el vegetarianismo, que no es sino un rechazo religioso de lo que implique sacrificio de sangre) y los ritos descritos en la tradici&oacute;n &oacute;rfica. A la llegada de las almas al Hades, Pers&eacute;fone juzgar&aacute; si est&aacute;n suficientemente purificadas para admitirlas en el no-ser o si, en caso contrario, retornar&aacute;n en un nuevo cuerpo en un proceso casi interminable de metempsicosis o transmigraci&oacute;n de las almas.&nbsp;</p>
<p>De todo lo anterior se pueden extraer los principales temas de la literatura &oacute;rfica: desde las cosmolog&iacute;as y teogon&iacute;as que explican el origen del mundo (con los elementos de la noche, la leche, la luna y la serpiente blanca mencionados en el poema de Plath) hasta las descripciones del allende o destino al que se dirigen las almas con las descripciones de la <em>cat&aacute;basis</em> o descenso al Hades de Orfeo; lo relacionado con los ritos inici&aacute;ticos del orfismo; o, por &uacute;ltimo, los intentos sincr&eacute;ticos o imitaciones de autores del primer neoplatonismo o incluso de la tradici&oacute;n judaica (<em>El testamento de Orfeo</em>) Y la leyenda prosigui&oacute;: cuando Orfeo volvi&oacute; del Hades, en su soledad no sufr&iacute;a la compa&ntilde;&iacute;a de mujeres; que por eso lo mataron las bacantes descuartiz&aacute;ndolo y, como al Bautista, cort&aacute;ndole la cabeza; que la echaron a las aguas de Hebro pero que segu&iacute;a clamando por su amada hasta alcanzar, reposando sobre la lira, las costas de Lesbos y sembrar la semilla de la poes&iacute;a l&iacute;rica aracaica, la de la inmortal e insuperada Safo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 08:18:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Periodo de desintegración]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Periodo-de-desintegracion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/BEN_CLARK_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El libro de Ben Clark <em>Semi&oacute;tica nuclear</em>, publicado por Visor, es el nuevo volumen de poes&iacute;a del traductor y poeta ibicenco. Entre los galardones obtenidos por su obra, destaca el premio Hiperi&oacute;n, el Premio Ojo Cr&iacute;tico de Poes&iacute;a de RNE en 2014 y el XXX Premio Internacional de Poes&iacute;a Fundaci&oacute;n Loewe 2017 por su libro <em>La polic&iacute;a celeste</em>. Con <em>Demonios</em> (Palma de Mallorca, Sloper, 2023) obtuvo el Premio de la Cr&iacute;tica en lengua castellana en la modalidad de poes&iacute;a. Entre sus &uacute;ltimas traducciones destaca <em>El arte de las nubes</em>, de Ko Un (Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2025).&nbsp;</p>
<p><em>Semi&oacute;tica nuclear</em> nos lleva desde 1981 hasta el presente, definiendo el peligro, lo nuclear: el contrato de miles de a&ntilde;os entre lo inmediato y la erosi&oacute;n. Los tiempos se miden en generaciones, la constante de semidesintegraci&oacute;n, letras griegas para el plomo, para una herida abierta en el coraz&oacute;n del hombre. Toda la tierra est&aacute; infestada, tendr&aacute;s agua caliente y luz por la noche, los dioses se habr&aacute;n rendido. No les devuelvas el fuego. Nosotros enterramos a los muertos y los dioses se engordan en las profundidades: &ldquo;En las cosas de piedra, en el papiro / en la piel de cordero, en MS-DOS&rdquo;. Sab&iacute;amos que el peligro est&aacute; presente, lo dice el poeta, lo dice la ciencia, &iquest;cu&aacute;ndo separamos ambos amanuenses? Es tu pasado 1993, debajo de los residuos, cartuchos de videojuegos y muerte enriquecida. Pero la probabilidad, eso tambi&eacute;n lo sabe el poeta, est&aacute; de nuestro lado.&nbsp;</p>
<p>La primera parte: &ldquo;Este lugar es un mensaje&rdquo;, de nuevo 1981, un golpe de estado: &ldquo;Y nadie recordaba las ciudades / ni el sonido excitante de la lluvia / chocando contra el zinc&rdquo;. Hirviendo la leche, cualquiera te lo dir&aacute;, la grasa de la leche es capaz de atrapar los metales pesados, el veneno de la intoxicaci&oacute;n. Un deseo, una leyenda. &iquest;Cu&aacute;ndo descubriste, Ben, que tu poeta favorito est&aacute; muerto?: &ldquo;Pero llevabas muerto varios a&ntilde;os / y yo no lo sab&iacute;a&rdquo;. La sapiencia, el recuerdo, escuchar su obra dentro de ti, buscar rarezas e in&eacute;ditos. Es un poeta muerto lo m&aacute;s parecido a un residuo nuclear, emanando poderosos fantasmas infatigables que se introducen dentro del cuerpo y no se pueden purgar: &ldquo;As&iacute; aprend&iacute; que no sucede nada / si no lo he le&iacute;do en un poema&rdquo;. Vidrio revestido de escarcha y seguir atrapado le recuerdo, profundizar en &eacute;l como si fuera un arque&oacute;logo de lo sentimental: &ldquo;Viv&iacute;as en mi mente / mientras estabas muerto para el mundo&rdquo;. En esa profundidad te enfrentas a instantes cualitativos, una pensi&oacute;n en C&aacute;diz, un telegrama, un padre muerto, un simple telegrama que es capaz, en su tosquedad, de asesinar a un padre: &ldquo;Y el telegrama dijo que llevabas ya d&iacute;as / charlando con &nbsp;un muerto en tu cabeza&rdquo; y esa imagen, ese instante te atrapa, sin dejar opciones para rectificar, el poema y la vida. Una tumba, un obituario, un padre. &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el responsable de apagar la &uacute;ltima luz del mundo? &ldquo;Cuando, vencido, apaga su luz el traductor / su sombra se disuelve entre las s&aacute;banas / y nadie sabe cu&aacute;l ser&aacute; la lengua / que habr&aacute; de usarse para despertarlo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Ozymandias, el hombre m&aacute;s inteligente del mundo, el de Alan Moore, hablando al universo en lat&iacute;n, para demostrar, con el silencio por respuesta, que Dios no responde. Lengua f&oacute;sil, comunicaci&oacute;n muerta, la vital historia que aliment&oacute; un imperio, una religi&oacute;n: &ldquo;La lengua del futuro est&aacute; ya muerta. / Tan solo existe en nuestras eleg&iacute;as&rdquo;. Y escuchar, desterrar, aproximarse: &ldquo;La lengua del futuro no ha nacido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, &ldquo;Este lugar no es un lugar de honor&rdquo;. La portada, el nombre de Ursula K. Le Guin, las bolsas, la piedad, Pandora, ni&ntilde;as, ej&eacute;rcitos y cunetas. Simone Weil, doble nombre: &ldquo;No vayas a la guerra. / Mir&eacute;monos un rato aqu&iacute; en silencio&rdquo;. Y el poeta, cerca de las ruinas, la manera de acumular restos del amor, de un amor. &ldquo;Desde este ventanal, cegado hoy por tabiques, / mir&aacute;bamos las flores del jard&iacute;n / donde un ni&ntilde;o podr&iacute;a haber re&iacute;do&rdquo;. Las estrellas en un invierno nuclear siguen siendo estrellas, eso es parte de la realidad, dura y cient&iacute;fica: &ldquo;En una noche oscura entr&eacute; en el mar / de mi infancia con el miedo a mis ideas&rdquo;. Luis Cernuda, el poeta muerto, el poeta presente, y ahora otro, el poeta futuro y lees: &ldquo;Contemplar&aacute;s la luna, no lo dudo / y hallar&aacute;s un mensaje en su silencio / que inundar&aacute; tus venas de alegr&iacute;a&rdquo;. En la casa, en el amor, en la muerte: &ldquo;Nada muere a pesar de tanta muerte, / a pesar del dolor que en ti germina&rdquo;. Las calles cubiertas, dominadas por los hierbajos. Las grietas son el vac&iacute;o: &ldquo;Mientras tanto / en la quietud espesa de tu casa, / las plantas te corrigen los poemas de amor&rdquo;. Y el poeta, canciones que se entonan en cada uno de los extremos: &ldquo;La c&aacute;rcel transparente que habitamos / aquello que escribimos a los muertos&rdquo;. La historia en un instante, Walter Benjamin, el poeta que habla al poeta, que habla del poeta, la poes&iacute;a como algo radioactivo, una tormenta de luz y electricidad: &ldquo;No pudimos salvar los que perdimos, / pero s&iacute; comprender que lo intent&aacute;bamos&rdquo;. Y sigue: &ldquo;Las astillas del tiempo no avanzaban / y t&uacute; no te giraste ni un instante&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En la tercera parte, &ldquo;El peligro todav&iacute;a est&aacute; presente&rdquo;: Anne Sexton, nieve sobre la mesa, el cad&aacute;ver: &ldquo;Destructores de mundos / que hablan de la lengua de los muertos&rdquo;. Hemos perdido, fuego y leyendas, barcos y s&aacute;banas de lino. El grito de Edvard Munch, las pipas de Ren&eacute; Magritt&eacute;, no es un dibujo, esto no es un grito, esto no es un poema: &iquest;Qu&eacute; es lo que quieres advertimos, Ben? &ldquo;Pero, &iquest;y si este poema sobrevive? / &iquest;Y si despu&eacute;s de dos de mi traducciones se pierde todo salvo, el Grito sanar&aacute;?&rdquo; Henry Miller, Terminator, las guitarras contra las puertas del cielo. Un verano de guerra, emperadores, el fragmento contra las ruinas: &ldquo;Vosotros, que so&ntilde;asteis los dioses del silicio / y tratasteis ciudades sobre el agua&rdquo;. El sonido burbujeante, el barrio tibio, la luz del &aacute;tomo. El poeta escribe desde el borde del hundimiento, &iquest;Qui&eacute;n es Pen&eacute;lope? Espera el retorno, el periodo de semidesintegraci&oacute;n, metales profundos, el uranio debajo de la lengua, como meta y Marie Curie, que ve&iacute;a sus huesos a trav&eacute;s de la piel sin saber que el radio, sin saber que esas piedras finas se las estaban comiendo por dentro, el sarcoma, el aliento de los dioses. &ldquo;El veneno le comes las venas recubiertas / por cicatrices, noches, palabras incisivas&rdquo;. Mar&iacute;a Zambrano y Chern&oacute;bil, la extra&ntilde;a pareja, el vapor, algo inocente, que acaba en la avidez de la muerte, de la pureza, lo bello, impregnado de veneno. El vapor en metamorfosis de lluvia negra, el aliento p&uacute;trido que no se detecta, &iquest;el futuro? &iquest;El crimen? Robert Oppenheimer sinti&eacute;ndose el destructor de mundos, &laquo;Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos&raquo; Bhagavad Gita, el dios Visn&uacute; le muestra al pr&iacute;ncipe Arjuna su forma divina y poderosa para convencerlo de cumplir con sus deberes en la guerra. Imagina salir de esa pesadilla y darse cuenta de que es tu vida.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ben Clark, <em>Semi&oacute;tica nuclear</em>, Madrid, Visor, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 08:04:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rob Riemen, en defensa del humanismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rob-riemen-en-defensa-del-humanismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas26/ROB_RIEMEN_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Un poco de contexto</strong></p>
<p>Si, a pesar de las promesas emancipadoras de progreso t&eacute;cnico cient&iacute;fico, se ha instalado la m&aacute;s zafia posmodernidad propagando su ubicua autoiron&iacute;a, si progresa la divisi&oacute;n de la humanidad, si se intensifica la destrucci&oacute;n del planeta, si aumentan el miedo y la violencia, si se aloja la sensaci&oacute;n reprimida de que todos nos encontramos atrapados en un sistema indeseable que no podemos cambiar, si seguimos ignorando en qu&eacute; consiste ser humanos, si la recurrente presencia del mal, la injusticia, la codicia y el sufrimiento nos rodean, Rob Riemen se suma con paso decidido a la lucha de las ideas y nos ofrece un consuelo esperanzado atendiendo a lo que considera la clave del problema: la educaci&oacute;n del ser humano. La sociedad ha relegado el acceso a una oportunidad de regeneraci&oacute;n basada en una verdad humana de pretensi&oacute;n universal de la que Riemen se erige en portavoz. Frente al adocenamiento materialista, la simple estupidez y la decadencia consiguiente, pretende rescatar los valores humanitarios cl&aacute;sicos cuyas ra&iacute;ces filos&oacute;fico-pol&iacute;ticas se hallan en S&oacute;crates y Plat&oacute;n. En su obra destaca la fuerza del esp&iacute;ritu humano para afrontar los rasgos desmotivadores de una cultura que obtura la posibilidad de alumbrar un futuro en el que el ser humano se reconozca en la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismo.</p>
<p>Rob Riemen es un pensador neerland&eacute;s que fund&oacute; en 1994 el Nexus Instituut, un foro independiente que cuenta con la colaboraci&oacute;n de renombrados intelectuales de todo el mundo. El Instituto dirige sus esfuerzos de reflexi&oacute;n y debate a rescatar la tradici&oacute;n humanista europea para acercarla al p&uacute;blico en general, desarrollando un encomiable di&aacute;logo en busca de la verdad y la civilidad amenazadas. Entre sus fines m&aacute;s importantes, busca contrarrestar la prevalencia que han adquirido en la sociedad actual el enfoque unidimensional de la ciencia, la tecnolog&iacute;a y los valores comerciales. Este proyecto enmarca la publicaci&oacute;n de obras &ndash;que en Espa&ntilde;a est&aacute; traduciendo la editorial Taurus&ndash; en las que, a trav&eacute;s de la revisi&oacute;n de sucesos fundamentales e hitos de la cultura, se re&uacute;nen asuntos dispares sobre los que el autor exhibe un vasto conocimiento de la mejor tradici&oacute;n del pensamiento, el arte, la historia y la literatura occidentales. Su discurso resulta enormemente atractivo por el estilo empleado, en el que su impecable dominio del lenguaje y de los tiempos de la narraci&oacute;n, a medio camino entre lo acad&eacute;mico y lo figurativo, entre lo literario y lo filos&oacute;fico, rompen las limitaciones que pretenden separar y especializar los saberes. Sus textos, siempre elocuentes e iluminadores, adquieren un tono esencialista, ejemplificador, admonitorio en ocasiones, pero sobre todo poblado de vitalidad, sensibilidad y delicadeza mostrando a un intelectual conmovedor y esperanzado que activa la imaginaci&oacute;n del lector, alienta su moral y potencia sus facultades superiores. Utilizando con maestr&iacute;a narrativa el lenguaje legado por los cl&aacute;sicos, mezclando intimismo y alta cultura, Riemen apela a nuestra conciencia para rechazar los excesos del cientifismo y el inter&eacute;s econ&oacute;mico. Sin embargo, su cr&iacute;tica no entronca, por ejemplo, con la l&iacute;nea postmarxista de la Teor&iacute;a cr&iacute;tica de la Escuela de Frankfurt, ni tampoco con el postestructuralismo franc&eacute;s de genealog&iacute;a nietzscheana; aunque en ocasiones pueda existir alguna similitud con estos movimientos, su propuesta no se centra en el an&aacute;lisis de lo sist&eacute;mico, sino que, sabedor de que toda civilizaci&oacute;n gira en torno a la actitud ante la vida que mantienen sus integrantes, dirige su discurso al car&aacute;cter moral del individuo, rehuyendo la acritud y el pesimismo para descansar sobre una ontolog&iacute;a de lo humano y unos valores fuertes que buscan restaurar una senda dif&iacute;cilmente accesible en los tiempos actuales, pero que ha encontrado importantes paladines en todas las &eacute;pocas.</p>
<p>Quiz&aacute; la relativa novedad del trabajo de este intelectual consista en se&ntilde;alar que los excesos y la banalizaci&oacute;n presentes en la cultura contempor&aacute;nea no son algo de hoy, aunque en nuestra era hayan alcanzado cotas incomparables; como revelan los asesinatos de S&oacute;crates, Leone Ginzburg o Jan Patocka, Riemen considera que siempre ha existido un combate entre las tinieblas y la luz, la esperanza y el nihilismo, la tiran&iacute;a y la libertad&hellip; La propuesta del holand&eacute;s se remonta a S&oacute;crates, y ya sabemos que esta v&iacute;a, desde que disputara con el relativismo y escepticismo de los sofistas, siempre se hall&oacute; en minor&iacute;a y amenazada por los tiempos. En la actualidad siguen d&aacute;ndose nuevas versiones de esta vieja contienda, una crisis m&uacute;ltiple que refleja una amenaza civilizatoria: la violencia parece ser una alternativa m&aacute;s duradera que la paz; la mentira la cara m&aacute;s vista de la verdad; la venganza la forma que suele adoptar la justicia; el triunfo econ&oacute;mico y social la &uacute;nica manera en que el &eacute;xito puede desearse&hellip; Ante este panorama, nuestro autor recupera y enaltece escritores, argumentos y planteamientos que, aunque en la mayor&iacute;a de las ocasiones no han logrado imponerse, acumulan un valor intelectual cuyo fuego nunca se ha apagado. La acertada reuni&oacute;n de artistas, autores y pensadores teje una red nada azarosa de coincidencias al servicio de un objetivo: perfilar en sus contornos precisos y, a la vez, rescatar el humanismo. De este modo, Riemen pretende insuflar en nuestra cultura el aliento liberador de unos valores &eacute;ticos y est&eacute;ticos casi olvidados. La belleza, la serenidad, la coherencia, la firmeza, la valent&iacute;a, la armon&iacute;a, la contemplaci&oacute;n, son anhelos humanos reprimidos por un sistema mutilador que empuja nuestras conciencias hacia el miedo activando la agresi&oacute;n. Frente a esta amenaza, la prosa de este escritor atesora la virtud de inspirarnos, lo que resulta excepcionalmente dif&iacute;cil en esta &eacute;poca de ruido; sus textos indican con precisi&oacute;n y elegancia el lugar hacia el que dirigirnos en el paisaje de la cultura facult&aacute;ndonos para la belleza, la compasi&oacute;n, el bien y la verdad.</p>
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<p><strong>La amenaza del fascismo</strong></p>
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<p>El declive moral y cultural va acompa&ntilde;ado de la sombra inquietante del fascismo. Combatir las amenazas totalitarias a la libertad es dif&iacute;cil porque, entre otras cosas, el fascismo se beneficia de la resistencia a aceptar que ese virus est&aacute; presente de nuevo en nuestras sociedades. Pero olvidar la historia conduce a repetirla. A Riemen, como a tanto esp&iacute;ritu ilustrado, le preocupa el auge del fascismo que, bajo el calificativo de populismo, est&aacute; arraigando en el occidente desarrollado poniendo en peligro la civilizaci&oacute;n democr&aacute;tica. Sin embargo, compartiendo un juicio que extrae de Thomas Mann, el fascismo no es principalmente un fen&oacute;meno pol&iacute;tico, sino que hunde sus ra&iacute;ces en la cultura. A diferencia de otros pensadores, su an&aacute;lisis no concibe el fascismo un corolario de la econom&iacute;a capitalista, sino el resultado de la potenciaci&oacute;n de las emociones irracionales que anidan en el ser humano y que encuentran en el resentimiento, el odio, la xenofobia, el deseo de poder y el miedo sus expresiones m&aacute;s terribles. La crisis, la inseguridad econ&oacute;mica, las amenazas del terrorismo son el caldo de cultivo de ese miedo, pero el miedo desemboca en fascismo cuando encuentra un apoyo fundamental en la ignorancia. La transmisi&oacute;n de la cultura representa el mejor ant&iacute;doto para librarnos de esa estupidez que facilita el avance del miedo. No podemos renunciar a una educaci&oacute;n en la que los conocimientos que aportan las humanidades &ndash;la filosof&iacute;a, el arte, la historia&ndash; nos otorguen la adecuada comprensi&oacute;n del ser humano y del hecho social. Las humanidades ofrecen la posibilidad de alcanzar una construcci&oacute;n moral que nos abra a encontrar un significado profundo a nuestras vidas vacun&aacute;ndonos contra la expansi&oacute;n del peor lado que se halla escondido en nosotros mismos, ese enemigo interior que es el fascismo y que desemboca, seg&uacute;n la historia nos ha demostrado, en despotismo y violencia. La educaci&oacute;n humanista guarda la aut&eacute;ntica sabidur&iacute;a que nos faculta para que nuestros actos acompa&ntilde;en a nuestros pensamientos y as&iacute; obtengamos la capacidad de ser justos.</p>
<p>Adem&aacute;s de la ignorancia, Riemen indica otros elementos que prefiguran la aparici&oacute;n de la actitud fascista: sobre todo, el declive de los valores morales y espirituales que amparado en un subsistente nihilismo abandona a las gentes a sus pasiones y deseos; tambi&eacute;n la atomizaci&oacute;n social, la proliferaci&oacute;n de individuos aislados ajenos al destino de los otros. Desaparecida la &eacute;tica, desaparece la cultura &ndash;en el sentido de cultivo del alma&ndash;, as&iacute; como el ideal de que debemos esforzarnos por superar nuestra condici&oacute;n animal y mejorarnos a nosotros mismos, reconocer nuestra humanidad com&uacute;n, responsabilizarnos y esforzarnos. Incapacitados para utilizar nuestro intelecto con el prop&oacute;sito de edificarnos moralmente, entregados a nuestros deseos, emociones, impulsos, temores y prejuicios, buscamos una falsa libertad mientras nos hallamos a merced de la irracionalidad y el poder. Expulsados los valores intelectuales, el esfuerzo, la dificultad, esa libertad conducir&aacute; a la reacci&oacute;n violenta ante cualquier traba que obstaculice la satisfacci&oacute;n de nuestros deseos m&aacute;s primitivos y excesivos. Y cuando la democracia se convierte en el gobierno de ese hombre-masa, es la propia democracia la que desaparece entregada al populismo. Si la pol&iacute;tica queda reducida a mera lucha por el poder a trav&eacute;s de la propaganda, se estimular&aacute; la agresi&oacute;n y el enfado envueltos en una atm&oacute;sfera de odio y resentimiento.</p>
<p>Es un lugar conocido en la investigaci&oacute;n social que el miedo resulta una de las causas m&aacute;s poderosas para incentivar la violencia. Por lo tanto, combatir el miedo es prioritario, si queremos construir una sociedad sana y libre en la que los individuos alcancen una convivencia justa, en armon&iacute;a con la naturaleza y los otros. A juicio de Riemen &ndash;que sigue en este an&aacute;lisis a Erich Fromm&ndash; el miedo a la aut&eacute;ntica libertad conduce a adaptarse a las circunstancias sin desplegar la propia individualidad. Cobijado el miedo en el vac&iacute;o existencial, esa adaptaci&oacute;n favorece una identificaci&oacute;n del &eacute;xito con la fama y la posesi&oacute;n de bienes materiales. Una sociedad en la que prima m&aacute;s el tener que el ser y que, en consecuencia, potencia el consumo y el entretenimiento para enmascarar el vac&iacute;o y la ansiedad que lo acompa&ntilde;a. La decadencia es inevitable, el miedo a perder lo &uacute;nico que se posee &ndash;el dinero y las cosas materiales&ndash; aumenta la probabilidad de una explosi&oacute;n violenta. La facilidad que conceden las sociedades contempor&aacute;neas para satisfacer determinados deseos hace olvidar que el bienestar, pero tambi&eacute;n la libertad, la justicia o la autenticidad no vienen dados, sino que hay que esforzarse tanto para su conquista como para su mantenimiento. La virtud o el conocimiento nunca son f&aacute;ciles de obtener, exigen un cultivo del alma; pero para lograr esa <em>bildung</em> se necesita creer en la existencia de unos valores superiores que sirvan de gu&iacute;a e iluminaci&oacute;n. Reconectar con la esencia de Europa, m&aacute;s all&aacute; de una mera uni&oacute;n comercial y econ&oacute;mica, con el humanismo, con la genuina vida democr&aacute;tica basada en el deseo de verdad, belleza y justicia, con el cuidado del alma y la construcci&oacute;n moral del individuo, son los ant&iacute;dotos m&aacute;s efectivos para hacer frente a esta amenaza.</p>
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<p><strong>Una propuesta positiva: la nobleza de esp&iacute;ritu</strong></p>
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<p>Hace ya demasiado tiempo que sabemos de la omn&iacute;vora capacidad del mercado para asimilar cualquier fuerza discrepante. La masa de las mercanc&iacute;as funde negocios y pol&iacute;tica, beneficio y prestigio, necesidades y publicidad. Sabemos que si existen voces disidentes se encuentran demasiado sofocadas y desactivadas para propagarse de manera efectiva. El conocimiento ha mutado desde un proyecto emancipador hasta convertirse en una mera mercanc&iacute;a sujeta a compraventa. Hace d&eacute;cadas que no existen agentes capaces de producir un cambio social ante un poder omn&iacute;modo tan intangible como real. Desmotivaci&oacute;n, falta de esperanza, crisis de valores, puro cinismo vacuo, pesimismo e hipnotismo se extienden buscando asegurar la cuenta de beneficios. Una pomposa racionalidad patrocina eficacia y crecimiento econ&oacute;mico, mientras identifica la ciencia con la &uacute;nica verdad ignorando que s&oacute;lo ofrece hechos y datos, pero es incapaz de crear sentido o valorar. Riemen no considera que todos estos peligros puedan desaparecer de pronto, pero ante ellos defiende el poder transformador que posee la difusi&oacute;n de un ideal casi olvidado: la nobleza de esp&iacute;ritu. El problema es que hoy hasta el propio t&eacute;rmino se considera improcedente y el ideal que en &eacute;l subyace se encuentra tan desacreditado como olvidado. El libro que su autor titula con ese nombre lo dedica a recuperar diversas expresiones paradigm&aacute;ticas de esa noci&oacute;n en figuras claves como S&oacute;crates, Spinoza, Goethe, Walt Whitman, &Eacute;mile Zola, Thomas Mann, Robert Musil, Leone Ginzburg, Edmund Husserl, Albert Camus y muchos otros que decidieron ser valientes en situaciones desfavorables. A trav&eacute;s de m&uacute;ltiples ejemplos y con el prop&oacute;sito de contribuir a nuestra educaci&oacute;n y aliento, el holand&eacute;s se&ntilde;ala un camino que otros recorrieron antes en favor de las causas de la justicia, la verdad y el bien.</p>
<p>Las instituciones y el derecho de voto no bastan para fundar una comunidad democr&aacute;tica genuina; si en su seno no se instaura un adecuado clima espiritual, sin la fuerza vivificadora de la nobleza de esp&iacute;ritu, las leyes e instituciones que nos gobiernan se convierten en letra muerta y su degeneraci&oacute;n es inevitable. Son muchas las inercias fatales, hacen falta fuerza, perseverancia y tenacidad para hacer realidad las elevadas metas de nuestras declaraciones de principios. La nobleza de esp&iacute;ritu dota al ser humano del car&aacute;cter apropiado para que nuestros ideales c&iacute;vicos no queden en meras intenciones. Riemen, considerando que la &eacute;tica personal es m&aacute;s importante que las instituciones sociales, apela a la conciencia individual recordando que la persecuci&oacute;n de la nobleza de esp&iacute;ritu implica apartarse de una sociedad que pretende hallar la felicidad en la obtenci&oacute;n de la riqueza, el poder o la fama, sin saber que solo son espejismos que no pueden brindar al alma serenidad ni dicha duraderas. De S&oacute;crates aprendimos que la vida que merece la pena vivir es una vida examinada, en la que seamos valientes, es decir, en la que encontremos el coraje de ser sabios, de atrevernos a actuar en circunstancias dif&iacute;ciles, de responder de nuestros actos, de distinguir el bien del mal y de mantenernos fieles a la b&uacute;squeda de la verdad. Por el contrario, una vida acomodaticia, adaptada a las demandas de la sociedad actual, nos desv&iacute;a del sentido que &uacute;nicamente una educaci&oacute;n autoexigente puede revelarnos. Ese camino de ejercicio e indagaci&oacute;n propiciado por una buena instrucci&oacute;n habr&aacute; de sustentarse en la raz&oacute;n para encontrar la &iacute;ntima uni&oacute;n entre libertad, verdad y felicidad. Sin embargo, lo novedoso, la velocidad y el progreso han sustituido la calma imprescindible &ndash;que, por ejemplo, conservan las obras del gran arte&ndash; para que la templanza y el valor, virtudes necesarias para afrontar la vida y tambi&eacute;n su caducidad, sean recuperadas en nuestro horizonte de aspiraciones morales. Aprovechar el tiempo para desarrollar nuestra capacidad de autotransformaci&oacute;n es una ense&ntilde;anza que Riemen toma de Goethe y Thomas Mann. El tiempo debe ser utilizado sin tregua para perfeccionarnos hasta alcanzar la persona que debemos ser. Esta lucha interior requiere de una educaci&oacute;n basada en un cierto orden que reconoce lo superior y de una aspiraci&oacute;n a la verdad, aunque esta &uacute;ltima requiera de formas nuevas en las que experimentarla. La democracia resulta imprescindible, pero, si no queremos que se convierta en campo abonado para la demagogia, se precisa una ambici&oacute;n dirigida a elevar la vida intelectual de los ciudadanos al nivel de los mejores. La prosperidad y la seguridad son condiciones de la civilizaci&oacute;n, pero no constituyen su esencia: el di&aacute;logo basado en razones, el pluralismo y ante todo el respeto a la vida humana, articulan su fundamento. Por eso, la civilizaci&oacute;n implica la negativa a recurrir a la violencia para promover cambios pol&iacute;ticos. El ansia de justicia, por ejemplo, de justicia econ&oacute;mica, en ausencia de los valores propios del humanismo, conduce al terror. El fanatismo ideol&oacute;gico y la miop&iacute;a intelectual que acuden por sistema al victimismo amparan sus demandas en la manipulaci&oacute;n y la mentira. Las perspectivas interesadas se alejan de la verdad que es atemporal, desinteresada y no utilitaria. Riemen invita a elevarnos por encima de la ideolog&iacute;a, de la pol&iacute;tica que divide, que defiende firmemente a trav&eacute;s de abstracciones lo uno o lo otro, para, en su lugar, adentrarnos en el mundo del esp&iacute;ritu que plantea dudas, que cuestiona, que erige el discernimiento y la sensibilidad y, sobre todo, que valora el respeto al ser humano concreto en su esfuerzo hacia la verdad y la libertad. Los obst&aacute;culos son m&uacute;ltiples. Muchas veces es el amor al poder el que empuja a perder la integridad intelectual y la independencia de pensamiento. Otras veces, es la absolutizaci&oacute;n del paradigma de las ciencias naturales la que conduce a arrumbar los valores que gu&iacute;an la vida humana hacia la plenitud, ignorando que, para interpretar la realidad, para desvelar el significado de los hechos y de los datos, se requiere de unos valores que sirvan de gu&iacute;a. Vivir aut&eacute;nticamente, tener compasi&oacute;n, crear belleza y ser justos no es algo a lo que las ciencias naturales puedan ense&ntilde;arnos por s&iacute; solas, necesitamos la aportaci&oacute;n que los conocimientos human&iacute;sticos garantizan.</p>
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<p><strong>Algunos comentarios adicionales</strong></p>
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<p>Habr&aacute; quien considere que el trabajo de este autor peca de ingenuo en un contexto en el que la ciencia y la tecnolog&iacute;a continuar&aacute;n su avance imparable en el marco de una econom&iacute;a capitalista que promociona valores diametralmente opuestos a los defendidos por el humanismo. Es probable que su apelaci&oacute;n a la conciencia personal no afecte a unas estructuras que extienden un individualismo insolidario atento &uacute;nicamente al propio bienestar material. En ese acaso, los textos de Riemen, afectados de ausencia de recomendaciones normativas o de regulaciones dirigidas a las instituciones, pueden tornarse poco eficaces. Pero los intereses del pensador holand&eacute;s apelan a la persona; su convicci&oacute;n sobre el papel que deben jugar los intelectuales en el debate de las ideas condiciona una propuesta destinada a inspirar los pensamientos y potenciar la agencia de aquellos individuos con quienes conecte su sensibilidad y compromiso. Este proyecto ofrece esperanza frente al miedo, urgiendo a nuestra voluntad e inteligencia para acceder a los conocimientos human&iacute;sticos y as&iacute; modificar nuestra praxis. Su mayor logro se halla en la capacidad para expresar con claridad, sencillez y fuerza las creencias y los valores que nos constituyen como seres humanos, su m&aacute;ximo potencial anida en inspirar nuestro pensamiento y motivar nuestra acci&oacute;n.</p>
<p>Tambi&eacute;n puede argumentarse que la posici&oacute;n fuerte que Riemen adopta respecto a la verdad, la felicidad y el ser humano se sustenta sobre una determinada concepci&oacute;n metaf&iacute;sica que el desarrollo de la filosof&iacute;a occidental ha relegado. Sin embargo, el neerland&eacute;s sostiene que ah&iacute; reside uno de nuestros mayores errores culturales: el aut&eacute;ntico conocimiento nunca puede renunciar a la metaf&iacute;sica, a la pregunta sobre la condici&oacute;n del ser humano y el sentido de la vida. Es en este contexto donde se vindican las humanidades y las artes que constituyen su lugar paradigm&aacute;tico de expresi&oacute;n y reflexi&oacute;n. De otra manera, su planteamiento puede parecer una afrenta a la irrenunciable pluralidad democr&aacute;tica necesaria para un di&aacute;logo abierto y fecundo; pero el trabajo de Riemen despeja esta cr&iacute;tica en cuanto se remite a lo esencial filos&oacute;fico, a una duda, a una indagaci&oacute;n que se origina en la negativa a aceptar que alguien o algo ostente el monopolio del saber. La libertad de pensamiento y la pluralidad son los rasgos insoslayables de una investigaci&oacute;n en la que efectuar preguntas oportunas reporta m&aacute;s beneficio que repetir respuestas sin haberlas examinado cr&iacute;ticamente. La existencia de una verdad absoluta no implica su posesi&oacute;n, sino solo la creencia de una direcci&oacute;n a la que encaminarse. Esta puede adoptar diversas formas en el tiempo; debemos permanecer atentos a esos cambios sin renunciar a un horizonte de certeza.</p>
<p>Puede que vivamos en un mundo que renunci&oacute; a los horizontes &uacute;ltimos de verdad y sentido, un mundo en el que el ser se halla disuelto y la ontolog&iacute;a sea una quimera, de modo que la concepci&oacute;n metaf&iacute;sica plat&oacute;nica y los valores atemporales en los que apoya su propuesta Rob Riemen, al sustentarse en un esencialismo universalista que muchos asumen periclitado, se considere superada. Estamos rodeados de esc&eacute;pticos que no creen que puedan ofrecerse indicaciones generales sobre qu&eacute; es una vida buena o una vida que merezca la pena. Pero aun considerando que Nietzsche est&eacute; en lo cierto y el ser humano invente en qu&eacute; creer sin fundamento alguno, no somos indiferentes a las consecuencias de nuestras construcciones culturales a efectos pr&aacute;cticos. Por eso, y a pesar de las debilidades de la raz&oacute;n, debemos decidir y defender con convicci&oacute;n aquellos valores que expresen el mejor modo en el que deseamos existir. El relativismo nos vuelve impotentes ante la violencia y la tolerancia convertida en valor absoluto se al&iacute;a con la falsedad; la injusticia o el error no posibilitan una buena convivencia; &uacute;nicamente las creencias que arraigan en nuestro interior pueden ser fuente de motivaci&oacute;n y acci&oacute;n transformadora. Riemen se&ntilde;ala la necesidad de preservar, a la vez que promocionar, la democracia liberal &ndash;que frente a la pol&iacute;tica segregadora defiende un objetivo cosmopolita&ndash;, los derechos humanos y, ante todo, la educaci&oacute;n basada en los valores morales universales representados por la tradici&oacute;n humanista europea en la que destaca la libertad, la valent&iacute;a, la responsabilidad, la cr&iacute;tica independiente, el amor al pr&oacute;jimo y a la verdad. &iquest;No parecen valores estimables? &iquest;Cu&aacute;l es la alternativa?</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 10:04:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fin]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas26/JES_S_AGUADO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>sigo creyendo en cosas</p>
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<p>eso dijo</p>
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<p>mir&aacute;ndose los peces derramados</p>
<p>el cuarzo de sus ojos</p>
<p>el gallo en la veleta de sus manos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sigo creyendo en cosas</p>
<p>que no creen en m&iacute;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en cosas que desmienten lo que digo</p>
<p>como saurios de harina</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y as&iacute; me va</p>
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<p>eso dijo tambi&eacute;n: y as&iacute; me va</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y yo le dije entonces</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sigo creyendo en ti</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y en recoger los peces</p>
<p>de cuarzo la veleta</p>
<p>de harina</p>
<p>los saurios de las manos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero entonces</p>
<p>me mir&oacute; desde el fondo de una piedra</p>
<p>y me dijo me dijo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sigo creyendo en cosas</p>
<p>y ninguna eres t&uacute;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 09:48:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artrópodos y dolor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/artropodos-y-dolor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CRISTINA_S_NCHEZ-ANDRADE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">Cristina S&aacute;nchez-Andrade es escritora, cr&iacute;tica literaria y traductora. Licenciada en Ciencias de la Informaci&oacute;n y en Derecho, es natural de Santiago de Compostela. Vive en Madrid y algunos de sus &uacute;ltimos libros son <em>La nostalgia de la Mujer Anfibio</em> (Anagrama, 2022), <em>Habitada</em> (Anagrama, 2025) y el poemario&nbsp; <em>Llenos los ni&ntilde;os de &aacute;rboles</em> (La Bella Varsovia, 2019). Este libro, <em>Vida insecta</em>, editado por La Bella Varsovia este a&ntilde;o 2026, es un compendio de l&iacute;rica traum&aacute;tica, bella y salvaje, donde enfermedad, maternidad y pasi&oacute;n se mezclan a trav&eacute;s de una l&iacute;nea entomol&oacute;gica que la empareja con la obra reciente de Marta Sanz o Justo Navarro.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Entomolog&iacute;a l&iacute;rica, de dolor y enfermedad, la lista de insectos se ir&aacute; acumulando a lo largo de este texto; tijereta: "As&iacute; es el miedo / incuba huevos en el cerebro". Buscamos un lugar que se identifique como posible, los huevas, que se encarecen, que se buscan. Repito, dolor y enfermedad. Perdidos y encontrado, profeso de devorar, hambrientos, el olor, breve y repetido, atrapado en su interior, una enfermedad fractal, de zarcillos. El tiempo es lento: "La palabra es la muerte de la mosca" y las malas semillas, convirtiendo el avance en tristeza: "Evitar que la memoria / acabe siendo como la cebolla: &nbsp;/ arrancar / una capa tras otra / para llegar al centro y llorar".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Los tiempos se han cubierto de humedad, los lugares se han dejado atrapar, reproduci&eacute;ndose: "Si el pensamiento est&aacute; vivo, / inclina la cabeza y sac&uacute;delo". Usar aceite de beb&eacute; para matarlo. &iquest;Y la enfermedad, el dolor y la muerte? Tambi&eacute;n, en esa definici&oacute;n de vida: "Amar es querer ser amado". Mosca, ara&ntilde;a, insecto palo, lombrices, orugas, caracoles. Con toda la serie, con los d&iacute;as como piedras, cuando uno piensa, al escribir y leer que cada d&iacute;a te acerca m&aacute;s a la muerte que al final de la enfermedad: "Eso est&aacute; siempre ah&iacute;, / como una herida que en su cansancio despide su propia luz: / el aleteo de un murci&eacute;lago que abre surcos en el pecho". Y as&iacute;, el terru&ntilde;o hambriento de nitratos, recibe los cad&aacute;veres, los restos de vida, lo abandonado y org&aacute;nico. Polvo y caparazones de insectos, restos de comida. Otro insecto para la lista, avispas. Toda aquella piel muerta, sin opci&oacute;n a la metamorfosis, &iquest;C&oacute;mo ha ido a parar aqu&iacute;, todo lo que vac&iacute;a, en una esquina? Se desprenden de mi cuerpo: "Es la vida no vivida / que me llena de l&iacute;quenes los pulmones / y acumula ara&ntilde;as en mi sangre". De la tierra, de esos trozos resecos que se desprenden como chocolate viejo: "Y me convertir&eacute; en pasto de las olas", se sorprende de su salubridad, del mar que escuece, hasta llegar al poema 21. All&iacute; leemos: "Como hormigas que se agitan / en una caja de cristal / sin m&aacute;s opci&oacute;n que devorarse a s&iacute; mismas". Una estructura sencilla, mecanismo de mente colmena, como si al cortar un enganche entre v&eacute;rtices sobrevive el total, el completo, de z&aacute;nganos y ninfas viviendo un amor prohibido: "Necr&oacute;foras que limpian las calles de / vientres y c&aacute;scaras secas".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Una madre, una hija, lo cl&aacute;sico en la rutina del apetito: "Est&aacute;n ah&iacute;, / se observan mientras los miras / mirando con ese mirar con / que t&uacute; miras el mirar / de los que miran las cosas". Un poema como culpa: "Cucaracha de naftalina / que con la fuerza de las semillas / rompe la c&aacute;scara de la piel". Lo que crece, la semilla del lugar, de la enfermedad: "Adquiere proporciones monstruosas / derivaciones / que jam&aacute;s tuvieron lugar en la vida real". Lo que crece, permanece, sea invitado o no: "El ruido que hace la ra&iacute;z cuando es extirpado de cuajo -ese triste gemido azul- / Esa conjunci&oacute;n salvaje: / bajo el pecho se aloja un hu&eacute;sped / como gusano en la fruta / que la va secando".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Humanizar los objetos, personificar los s&iacute;ntomas, hacer de lo org&aacute;nico protagonista. "&iquest;De qu&eacute; color es la espera? / &iquest;Cu&aacute;ntas patas tiene? &iquest;Qu&eacute; se puede comer?". De lo natural, lo entomol&oacute;gico es un complemento: "Presente en su interior jugos misteriosos / semejantes a los suyos", en un tanto de maternidad.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rosas en el poema 27, que acompa&ntilde;an a la muerte: "Las introduce en cajas / que alguien env&iacute;a a los muertos. / Las rosas tal vez gritan de dolor en las tumbas, /, pero nadie las escucha".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Recordamos otros poemas, otros lugares, donde el dolor es amarillo, la enfermedad coloreada de bilis, el miedo: "Un miedo amarillo que ahoga / todos los miedos / y hasta el recuerdo de otros miedos cae a golpes. / Entra como hachazos en el bosque y secciona / los &aacute;rboles y corta las flores y horada los suelos / y destroza las zarzas".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Barrie, el ni&ntilde;o, los ni&ntilde;os, una polilla: "Perder es el camino para ganar, / ganar el camino para perder, o&iacute;r" y seguir, disfrutando, las circunstancias, insectos y su reproducci&oacute;n multiplicada, insectos desarroll&aacute;ndose de manera exponencial: "Aplastada contra el cristal, / el terciopelo color sangre / de su rostro ani&ntilde;ado". Escuchar cada uno de los desarrollos completos de la biolog&iacute;a, recoger la piel de las v&iacute;boras, saber que las esquinas, lo oscuro, el amon&iacute;aco f&eacute;tido, encuentra su lugar junto a murci&eacute;lagos, ratones, ara&ntilde;as y moscas. Toda esa lista, en una relaci&oacute;n de cazar y ser cazado: "Dentro, / la vieja experta en filtros y m&aacute;gicos mejunjes / se corta los pezones con tijeras de podar".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Para encontrar el lugar, el caj&oacute;n, el cierre, un caj&oacute;n que lleva cien a&ntilde;os cerrado y exhala polvo y, de nuevo, naftalina: "El lenguaje musical y corrupto de las v&iacute;rgenes que con los brazos plegados y la cabeza encajada en el pecho / sue&ntilde;an con la hora de despertar". De dentro a fuera, un espejo: "Se agarra a tu cabellera, / par&aacute;sito / con u&ntilde;as y dientes / devora a la ni&ntilde;a / y ahoga a la joven". De surcos y zurcidos, donde caminan la miniatura hambrienta, "Ante su crueldad solo pides una cosa: / devenir la que siempre fuiste". Y seguimos pensando en el presente, enfermos de pasado, la qu&iacute;mica se impone a las flores como los insectos a los hijos. Es familia: "Hubo promesas, / pero lo que ahora sientes / no son amapolas agitando sus faldas, / son risas coaguladas / en el pecho". Y sigues, en lectura, en el cuerpo: "Tienes en los ovarios inquietudes / o poemas sin empezar". Reh&eacute;n de la rep&uacute;blica de tus obreras, hijas tuyas, abejas, la entomolog&iacute;a avanza hacia una humanidad divergente, el salvajismo de los artr&oacute;podos: "Ninfa acuclillad rompe su camisa de fuerza y lanza tuut", la fon&eacute;tica tribal, asesino que, como una enfermedad, se introduce en la enfermedad, para deshacer: "Lo primero que hace es asesinar a sus hermanas".&nbsp;</p>
<p class="Standard">Alumnos, proclamas, zarcillos por todo el cuerpo, salen a las calles, devoran el pasado, nublan el futuro. Como aquel poemario donde el color amarillo es primario, hiel y miedo, solo queda hoy en la lectura de los versos: "Llevas, en tus entra&ntilde;as secas, cerca de un mill&oacute;n / de hijos" o, claro, la descomposici&oacute;n de la anatom&iacute;a a trav&eacute;s de los versos. "Tu cerebro diminuto, tienes / ovarios como inmensas catedrales en donde se gestaron". Duro del cuerpo, volver a William Burroughs o Justo Navarro, que han ofrecido este tipo de mutaciones, como lo hace Marta Sanz con su <em>Amarilla</em>, editada tambi&eacute;n por La Bella Varsovia. Y as&iacute;: "Tras la uni&oacute;n, el vientre del elegido se abri&oacute; y / con &eacute;l cayeron despojos". Una mujer, los pelillos arando entre bosques de encierro, todos los caros se cubren de tela, de hilillos de ara&ntilde;a, como empezar la digesti&oacute;n por sorpresa, intoxicado: "Por las venas del bosque / arrastra el velludo cuerpo / que m&aacute;s tarde envolver&aacute; en tumba de seda". Escuchar, sentir, paladear al rival: "Desea comer tierra / y, sin saber por qu&eacute;, / busca las partes desmembradas de s&iacute; misma: / patas, antenas, abdomen". Los dientes puestos, la succi&oacute;n de los salmos. "Las hormigas aladas / se aparean bajo la lluvia" y tambi&eacute;n, "Las ratas entran y salen de mi sangre", y con "Ya no puedo ni mirarme / esquivo los espejos". Ara&ntilde;a, mordiscos, piel que es ira, me pregunto cu&aacute;ntas hijas no conociste.&nbsp;</p>
<p class="Standard">En el poema 46 encontramos una sucesi&oacute;n de palabras como estas: "Ese lugar no se puede visitar / si no es atravesando el olvido / del perfume de un nardo/entre las hojas de un libro / ese llegar no existe/o solo existe en tu memoria". &iquest;Qu&eacute; esperas, qu&eacute; es ma&ntilde;ana? "Ahora es todo insecto menos la esperanza esterilizada / y el hueso del gato que hiere en el umbral". Concatenar descomposici&oacute;n (larva que es proyecto) y dolores (que es semilla) y el dolor de la calavera que se ramifica.&nbsp;</p>
<p class="Standard">En los &uacute;ltimos poemas, afrontar el final como si fuera una revuelta frustrada: "Un olor a tiempo / tiempo que no es tiempo, si no / lugares/borroneo de alas, crujido / de huesos aserruchados". Y de nuevo, concatenar la actividad en el mismo verbo: hacer, hacer, hacer es no, no hacer, hacer que se deshace: "Y al final solo somos / el tiempo que se nos escurre / como arena fina de las manos". Y llegar al final: "Recuerda que en esos d&iacute;as de fr&iacute;o y hambre / te encontraron viva / bajo los negros cad&aacute;veres de tus hijas". No hay un comienzo, no es generoso, siquiera el fin, para ese comienzo.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cristina S&aacute;nchez-Andrade, <em>Vida insecta</em>. Barcelona, La Bella Varsovia, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 07:54:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una forma insegura, pero lúcida, de sentir el mundo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-forma-insegura-pero-lucida-de-sentir-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MANUEL_MARRERO_HENR_QUEZ_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La prensa es un &aacute;mbito que, pr&aacute;cticamente desde sus or&iacute;genes, ha acogido la colaboraci&oacute;n de escritores y creadores literarios cuyo nombre e historia sirve de aval y de atractivo. Sin embargo, el contenido period&iacute;stico se orienta fundamentalmente hacia la informaci&oacute;n de actualidad y hacia el comentario cr&iacute;tico de los acontecimientos, es decir, hacia la transmisi&oacute;n de hechos y opiniones expl&iacute;citas. La literatura, en cambio, no pretende ofrecer informaci&oacute;n veraz de los acontecimientos, ni un pensamiento argumentado y elaborado; ni transmite hechos, ni opiniones expl&iacute;citas. Su territorio propio es la expresi&oacute;n de la subjetividad, que no se&nbsp; manifiesta de forma directa; se proyecta sobre situaciones, im&aacute;genes, voces y acciones que la encarnan, sin necesidad de ser contrastadas con la realidad, ni agotarla conceptualmente. El pensamiento discursivo tiende a fijar y generalizar; la literatura, en cambio, preserva la complejidad difusa de lo vivido.&nbsp;</p>
<p>Hay, pues, un desajuste de base entre escritura literaria y escritura period&iacute;stica. Pero esta tensi&oacute;n, lejos de constituir un obst&aacute;culo, ha sido con frecuencia un poderoso est&iacute;mulo creador. Muchos escritores encontraron en la prensa un espacio donde someter la sensibilidad literaria al roce inmediato de la realidad cotidiana, de la an&eacute;cdota, de la actualidad ef&iacute;mera y de las formas cambiantes de la vida social. De ese encuentro nace una escritura h&iacute;brida y especialmente f&eacute;rtil: textos que parten del comentario, de la memoria o de la observaci&oacute;n casual, pero que terminan revelando una visi&oacute;n del mundo, una tonalidad emocional y una forma singular de percibir la experiencia.&nbsp;</p>
<p>Las f&oacute;rmulas son numerosas: la elaboraci&oacute;n del lenguaje acerc&aacute;ndolo a la poes&iacute;a en sus aspectos m&aacute;s formales (anagramas, ritmos, aliteraciones, im&aacute;genes&hellip;), la transgresi&oacute;n creativa propia del humor y la iron&iacute;a, formas sutiles de combinar narraci&oacute;n y pensamiento sin convertirse en cr&oacute;nica, ni opini&oacute;n, la atenci&oacute;n a los aspectos de la realidad m&aacute;s extravagantes y que lindan con lo fant&aacute;stico, la exposici&oacute;n de un pensamiento no especulativo y reflexivo, sino asociativo, ex&oacute;tico, casi surrealista. Lo que mantiene a estas colaboraciones en el terreno de la literatura es la capacidad que tienen de, conservando la referencia a la actualidad, no ser un mero testimonio de lo que ocurre, y la de trascender la racionalidad del pensamiento sin eliminarlo por completo. Ni pretenden que nos enteremos de lo que pasa, ni quieren convencernos de nada, pero nos sit&uacute;an en el mundo y nos invitan a reconocer formas de reaccionar a sus vicisitudes. Expresan actitudes y formas de respuesta que podemos reconocer sin necesidad de compartirlas.&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Manuel Marrero&nbsp; lo ha conseguido en <em>Escritos antib&eacute;licos</em> de una forma muy genuina: el narrador, que se podr&iacute;a confundir f&aacute;cilmente con el autor y, de esta manera, caer en el vicio del adoctrinamiento, se limita a seguir a un personaje, Nop&oacute;lemo, e informarnos de lo que hace, de lo que dice, de lo que piensa; su vida, sus reacciones, sus cavilaciones personales. El lector puede seguirlas a distancia, comprenderlas, incluso experimentarlas, sin sentirse obligado a hacerlas suyas o, en el caso de los pensamientos, aprobarlos o rechazarlos. No necesita Marrero recurrir a grandes elaboraciones ling&uuml;&iacute;sticas, al lenguaje po&eacute;tico que llama la atenci&oacute;n sobre s&iacute; mismo, pues una prosa cuidada, delicada, que sigue un ritmo natural, sin grandes &eacute;nfasis, mantiene atento al lector en un tono amable, lleno de humor, pero sin agresividad alguna (bueno, alguna s&iacute;, hacia el reguet&oacute;n).&nbsp;</p>
<p>La an&eacute;cdota personal se conjuga con los acontecimientos sociopol&iacute;ticos para inducir un pensamiento que no se rige por el rigor, sino por la afectividad y los mecanismos de la poes&iacute;a: la analog&iacute;a, la paradoja, la metonimia. Si la f&oacute;rmula no es exactamente la de la literatura, porque el contenido no parece quedar oculto en la configuraci&oacute;n sensorial y en los hechos narrados, el resultado, en cambio, se le acerca mucho, porque el discurrir de Nop&oacute;lemo consiste precisamente en hacer expl&iacute;cita la f&oacute;rmula: encontrar configuraciones po&eacute;ticas en las palabras, en las cosas, en los hechos, y proponer una interpretaci&oacute;n personal, nunca tajante, nunca definitiva.&nbsp;</p>
<p>El texto &ldquo;Un pedacito de martes&rdquo; es un buen ejemplo de este procedimiento. Todo &eacute;l nace de una asociaci&oacute;n verbal m&iacute;nima y casi arbitraria que irrumpe en la conciencia del personaje: la transformaci&oacute;n de la expresi&oacute;n &ldquo;un pedacito de Marte&rdquo; en &ldquo;un pedacito de martes&rdquo;. A partir de ese desplazamiento, el personaje desarrolla una deriva imaginativa y pseudohermen&eacute;utica que mezcla humor, reflexi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y actualidad b&eacute;lica. La incongruencia de convertir un d&iacute;a de la semana en un objeto divisible le lleva a tomar la expresi&oacute;n como una met&aacute;fora, a especular sobre su sentido (la fragmentaci&oacute;n de cosas no fragmentables) y a proyectarlo sobre otras entidades, para acabar pensando en la posibilidad de fragmentar la guerra hasta volverla inofensiva. El razonamiento tiene algo de juego verbal, de ocurrencia deliberadamente excesiva y extravagante, pero desemboca poco a poco en una realidad concreta y dolorosa: las im&aacute;genes televisivas de la invasi&oacute;n rusa de Ucrania. El texto no argumenta contra la guerra ni pretende convencer al lector mediante ideas abstractas; hace algo m&aacute;s literario y quiz&aacute; m&aacute;s eficaz: mostrar la impotencia de la imaginaci&oacute;n y del humor ante la persistencia de la violencia real. El contraste entre la ligereza especulativa del comienzo y la sequedad amarga del final deja adem&aacute;s una impresi&oacute;n de fragilidad y desenga&ntilde;o muy caracter&iacute;stica del libro. El final es bien elocuente: &ldquo;Enciende el televisor que, un d&iacute;a m&aacute;s, escupe im&aacute;genes de la invasi&oacute;n rusa de Ucrania. Nop&oacute;lemo se reconcentra e imagina que trocea la pantalla como troce&oacute; la tarta de chocolate y como troce&oacute; el martes de la guerra hasta convertirlo en &iacute;nfimos atisbos de violencia de todo punto inofensivos, tan perdonables como los inocentones juegos b&eacute;licos infantiles. Lo imagina, pero no consigue sentirse mejor.&rdquo;&nbsp;</p>
<p><em>Escritos antib&eacute;licos</em> alcanza, pues, la calidad literaria de una forma original y parad&oacute;jica: haciendo expl&iacute;cito el sentido de los hechos en el pensamiento del personaje, algo que en principio parecer&iacute;a apartarlo de la literatura, pero convirtiendo al mismo tiempo ese pensamiento, esa conciencia que se observa y se comenta a s&iacute; misma, en el hecho mismo, en el verdadero contenido narrativo y, por tanto, en el significante de una dimensi&oacute;n impl&iacute;cita m&aacute;s profunda: la expresi&oacute;n de una conciencia vacilante, pero coherente, una forma insegura, pero l&uacute;cida, de sentir el mundo y la vida. Nop&oacute;lemo aplica con frecuencia una especie de an&aacute;lisis literario a la realidad que lo rodea, pero sus interpretaciones no reducen la experiencia a conceptos, ni agotan su sentido afectivo; son, m&aacute;s bien, el veh&iacute;culo a trav&eacute;s del cual ese sentido se manifiesta. Los textos de <em>Escritos antib&eacute;licos</em> no tratan solo de la guerra en sentido literal, tratan de todos los enfrentamientos que nos salen al paso por doquier; pero no hace proclamas, nos muestra una forma de respuesta, una actitud compleja, llena de matices, a veces contrapuestos, que pueden variar o combinarse seg&uacute;n los casos y que el lector puede completar: densa y ligera, insegura y decidida, combativa y reposada, personal y contagiosa, llena de humor y resignaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Manuel Marrero Henr&iacute;quez, <em>Escritos antib&eacute;licos</em>, Santa Cruz de La Laguna, Baile del Sol, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 07:26:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frente a frente, un parnaso particular]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/frente-a-frente-un-parnaso-particular/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/LUIS_FELIPE_COMENDADOR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">La lectura de <em>No estar complica el irse</em> (IV Premio Nacional de Poes&iacute;a Ciudad de Lucena) de Luis Felipe Comendador, editado por Reino de Cordelia, es la &uacute;ltima entrega po&eacute;tica del escritor y editor salmantino. Conocido tambi&eacute;n por su obra gr&aacute;fica, algunos de sus &uacute;ltimos libros son <em>En olor de multitudes</em> (A Fortiori Editorial, 2025) o <em>La alfombra vejada del Gran Lewobski.</em> (Ed. Ars Po&eacute;tica, 2023).&nbsp;</p>
<p class="Standard">En la esfera de Luis Alberto de Cuenca y<strong> </strong>Pere Gimferrer, la aparici&oacute;n de un pante&oacute;n literario que frisa con el pop es una constante en su obra que cristaliza de manera cualitativa en esta lectura: personajes literarios en acci&oacute;n, poemas que atrapan una acci&oacute;n, un instante real, sugerido, un momento ap&oacute;crifo, en el &aacute;mbar del parnaso literario.<strong> </strong>Pere Gimferrer,<strong> </strong>como hemos comentado antes, aparece entre el mar en llamas y las estrellas de Hollywood: &ldquo;Cuerpo que busca el peso de otro cuerpo / y a veces lo reh&uacute;sa como una ortograf&iacute;a, / cuerpo ardido en miasmas / y el chop-chop de una qu&iacute;mica de dioses&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Acudimos, plenos de sexo, panteras y n&aacute;usea a Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n, del uno al nueve, los nov&iacute;simos mutados en viej&iacute;simos, &iquest;qu&eacute; es el Albacete? En la situaci&oacute;n provinciana y universal: &ldquo;Buscan simples respuestas a la muerte&rdquo;. De Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n a Ana Rosetti, el verso: &ldquo;Te hice ya hace a&ntilde;os con olor a cocina/en esta frente m&iacute;a donde el verd&iacute;n florece&rdquo;. Y seguir, ahora, hacia el <em>jazz </em>y el perseguidor, de Julio Cort&aacute;zar<strong> </strong>frente al espejo distorsionador de Severo Sarduy, rock y <em>Nouveau roman</em>: &ldquo;Que sus manos gestan un abecedario/y con &eacute;l se saturan de palabras&rdquo;. Amor y bebida, lectura y muerte, sobre el lenguaje de la luna: &ldquo;De esa yesca voraz que se hace llama / y quema cada insomnio con usura&rdquo;. Apuntalar el amor, dormir a un lado y despertar. Y el sexo de pie, el recuerdo al lado oscuro del coraz&oacute;n, con los versos de <em>Oliverio Girondo</em>, de absenta y <em>ultra&iacute;smo</em> con Norah Lange. Partidas de cartas, ajedrez l&iacute;rico, negro y blanco: &ldquo;Desl&aacute;brame las ingles con la lengua / y cl&aacute;vame una u&ntilde;a en la clav&iacute;cula, asesina dulc&iacute;sima y selv&aacute;tica&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Ojos pol&iacute;glotas, glaucos, dalt&oacute;nicos para enterrar los alcoholes m&iacute;ticos, los amores destructivos, el malditismo: Verlaine<strong> </strong>y Rimbaud, entre revueltas, poemas y esclavismo, confusi&oacute;n: &ldquo;Una mujer como sin huesos / pero con hijos escondidos / hechos de balbuceos en sus entra&ntilde;as rojas&rdquo;. El cara a cara, el vis a vis, comienzo y final. Juan Gelm&aacute;n, poes&iacute;a rioplatense, la ci&eacute;naga, la voluntad del fr&iacute;o: C&eacute;sar Vallejo, el cristo de las puertas, el pie en los muros, Blanca Varela bebiendo <em>Inkacola</em>, Octavio Paz y el abrazo de un ni&ntilde;o. Leer &ldquo;Dicen que aprendi&oacute; a llagar en las cabezas de los hombres&rdquo; y tambi&eacute;n &ldquo;Y sin embargo temo/que me pidan el mar / o que no sepa desprenderme de estar vivo&rdquo;. Letras de manos, letras para mecer al ni&ntilde;o y al poeta, buscar el verso suelto de Ernesto Cardenal y la soledad de San Lorenzo, el papa Francisco: &ldquo;Cien cuchillos mellados / que en su &oacute;xido contienen la gangrena&rdquo;. Los poemas estancan tiempo y literatura, se lee: &ldquo;Jam&aacute;s cre&iacute; que fuera tanto.../ y sin embargo temo / que me pidan el mar / o que no sepa desprenderme de estar vivo&rdquo;. El lector se encuentra con versos como estos: &ldquo;Tambi&eacute;n hay hombres tr&aacute;gicos / que llevan las se&ntilde;ales en sus nucas... / y otra clase de hombres, / que apenas pertenecen a este mundo, / que saben que el dinero no es la suerte / de los hombres lanzados a la nada&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Poco a poco, tras una carrera de tres versos, Luis Alberto de Cuenca hace su presencia como un gui&ntilde;o al canon y la muerte, sustancia po&eacute;tica, Cesare Pavese con la soga al cuello: &ldquo;Cu&aacute;nta tristeza<em>...</em> <em>/ </em>saber que en otros brazos / te desperezas&rdquo;, de los cl&aacute;sicos, de C&aacute;tulo a Lesbia: &ldquo;Incrusta lo que muerte <em>/ </em>y usa el verbo chupar como una entrega&rdquo;. Blusas destrozadas, como la ceniza del sobre cubriendo el vuelo del arc&aacute;ngel. Muchos de los muertos escriben en servilletas, teclean en m&aacute;quinas antiguas, Joan Margarit, elucubra sobre la enfermedad, un poema que nos traslada, que es imaginaci&oacute;n, tiempo y distancia.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Avanzar hacia la batalla del realismo sucio, de la campana r&iacute;tmica,<strong> </strong>David Gonz&aacute;lez<strong> </strong>charla con Allen Ginsberg en el Caf&eacute; Parnaso y el cad&aacute;ver de la mujer decente con piel de cartulina, comparten un trago de absenta a las once. Sexo y pezones de colores negros, marcados como ara&ntilde;as. La poes&iacute;a escapa a lo formal y se acerca a la violencia de lo org&aacute;nico. Y otra vez Ginsberg, que se pinta con el bet&uacute;n del tiempo para aparentar ser m&aacute;s joven: &ldquo;El pedestal donde ser&aacute;s un bronce para los excrementos de las palomas&rdquo;. En una pensi&oacute;n s&oacute;rdida el olor a lavanda devuelve la sed, la lengua desecada, pol&iacute;glota: &ldquo;Se bebi&oacute; cerveza calienta y vomit&oacute; bilis&rdquo;. De David Gonz&aacute;lez a &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez y volver a Octavio Paz, v&iacute;a An&iacute;bal N&uacute;&ntilde;ez, como un manual de instrucciones, la construcci&oacute;n de tu propio parnaso: &ldquo;Virgencita de todos los mercados de abastos, /anatom&iacute;a dispuesta a los Blup Blup del &eacute;mbolo&rdquo;. Se cierra un libro de espejos, una propuesta at&aacute;vica, la de los versos de la tribu, con una construcci&oacute;n de instantes, una captura de palabras: &ldquo;Y si el pr&oacute;ximo minuto fuera el de la salvaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Luis Felipe Comendador; <em>No estar complica el irse</em>, Madrid, Reino de Cordelia, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Aug 2026 10:24:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Lentini: «Las poetas de hoy estamos obsesionadas con excluir el yo de la poesía»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-lentini-las-poetas-de-hoy-estamos-obsesionadas-con-excluir-el-yo-de-la-poesia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ROSA_LENTINI_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Louise&nbsp;<span>Gl&uuml;ck</span>, Djuna Barnes, Linda Pastan, Sharon Olds, Carolyn Forch&eacute;, Alejandra Pizarnik o Rosa Leveroni son algunas de las poetas que convoca Rosa Lentini (Barcelona, 1957) en su &uacute;ltimo ensayo, <em>Leer hacia dentro. Mujeres y poes&iacute;a</em> (C&aacute;ntico), donde recoge una generosa gavilla de reflexiones que permite hacerse una idea de la hechura de la aportaci&oacute;n femenina a la poes&iacute;a, as&iacute; como un conjunto de reflexiones a prop&oacute;sito de la poes&iacute;a misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La traducci&oacute;n es imprescindible para ampliar fronteras y qu&eacute; mejor que un aire fresco que viene de fuera para elevar nuestra exigencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Le devuelvo una pregunta que plantea: la poes&iacute;a de un pa&iacute;s, &iquest;puede cambiar gracias a la incorporaci&oacute;n a su lengua de poetas traducidos de otras lenguas?</p>
<p>- Definitivamente, no se entender&iacute;a la obra de un Lorca con <em>Poeta en Nueva York</em>, o de un Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez con <em>Espacio </em>y<em> Tiempo,</em> recordemos que este fue, adem&aacute;s, el primer traductor de poemas de Emily Dickinson<em>. </em>No ser&iacute;an ambos los poetas tan completos que conocemos si no hubieran pasado por la poes&iacute;a anglosajona, especialmente por la obra de Poe, Whitman o Frost, adem&aacute;s de la ya citada Dickinson. En mi caso es igual, si no hubiera traducido a las poetas norteamericanas no hubiera escrito la trilog&iacute;a <em>Hablando de objetos rotos.</em> La traducci&oacute;n es imprescindible para ampliar fronteras y, puesto que la poes&iacute;a y en general la literatura y las artes se miden por su valor comparativo, qu&eacute; mejor que un aire fresco que viene de fuera para elevar nuestra exigencia. &iquest;Acaso se entender&iacute;a la escultura, la pintura o el cine solo desde un panorama nacional, aun si llevan caracter&iacute;sticas nacionales y populares en su composici&oacute;n? Lo mismo para la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo es esa &laquo;otra forma&raquo; de leer a una poeta mujer?</p>
<p>- Esa &laquo;otra forma&raquo; parte de las palabras de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s de su po&eacute;tica en <em>Ellas tienen la palabra, </em>que he ampliado con mi experiencia lectora, pues me he ido dando cuenta de que cuando leo a una mujer poeta lo hago con una complicidad diferente, y pongo el ejemplo de un ebanista que escucha a otro ebanista hablar de las vetas de la madera, de su rugosidad o llaneza, de sus colores intensos o claros, brillantes o mates, luminosos u hoscos, de su diferente sequedad o de su distinto olor. No solo entiendo el concepto de cuanto se me dice, sino que conozco por experiencia el roce de sus venas, su textura, sus diferentes densidades. Escucho, por tanto, a ese ebanista con una mayor cercan&iacute;a. Cuando una mujer poeta escribe, conozco sensorialmente, adem&aacute;s de mentalmente, el lugar desde el que habla. Es como un hermanamiento de oficio, ese hermanamiento ser&iacute;a el g&eacute;nero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las poetas norteamericanas nos han mostrado que el g&eacute;nero importa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se ha superado ese debate a prop&oacute;sito de si existe una po&eacute;tica propia de mujeres respecto a hombres? &iquest;No se trata, utilizando el s&iacute;mil psicoanal&iacute;tico, de lugares, un lugar femenino frente a uno masculino, con independencia del sexo que escriba desde cada uno de ellos?</p>
<p>- La generaci&oacute;n de mujeres anterior a la nuestra insist&iacute;a en que no hab&iacute;a diferencia alguna, en que lo importante era centrarse en escribir lo mejor posible obviando el g&eacute;nero, y por supuesto que se debe escribir lo mejor que uno pueda, pero las poetas norteamericanas nos han mostrado que el g&eacute;nero importa, aun si lo masculino y lo femenino se desdibujan, s&iacute; que creo que el punto de vista es distinto. En Espa&ntilde;a, cuando poetas de la generaci&oacute;n del 50 llevaban el gran peso derivado de la guerra y de la dictadura, en Estados Unidos los movimientos <em>beat</em> y feminista, as&iacute; como los posicionamientos <em>antiapartheit</em> y antibelicista dan un vuelco a la sociedad americana donde las mujeres se preguntan acerca de s&iacute; mismas ya a mediados del siglo pasado. Un momento en el que estalla, en muy pocos a&ntilde;os, la escritura de poetas mujeres con obras de gran calidad, por lo que el cambio en poes&iacute;a es radical, mucho m&aacute;s que en novela, que ya se ven&iacute;a gestando desde el siglo anterior. Y el cuerpo ofrece ese lugar desde el cual empezar a cuestionarse qu&eacute; y en qu&eacute; forma escribir, un punto de partida que se convierte en algo m&aacute;s profundo, en un punto de vista, ll&aacute;malo lugar si quieres. Personalmente, me sorprendi&oacute; sentir una gran conexi&oacute;n, cuando lo le&iacute; por primera vez, con un poeta radicalmente distinto a m&iacute;, como es Ocean Vuong, nacido en Vietnam, en 1988, por tanto, de una generaci&oacute;n muy posterior a la m&iacute;a y radicado en Estados Unidos, que se confiesa abiertamente gay pero tambi&eacute;n, y este es un punto esencial, haber sido educado casi exclusivamente por mujeres.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;a el lenguaje po&eacute;tico que solo podemos aprender de &eacute;l?</p>
<p>- Ante todo, una profundidad, el lenguaje po&eacute;tico ser&iacute;a la posibilidad que se le da al hombre de profundizar, de interrogarse acerca de s&iacute; mismo y de su entorno, de poner en primera fila todo lo que la mirada com&uacute;n suele pasar por alto, todo aquello que est&aacute; borroso fuera de foco o simplemente fuera de campo. En &ldquo;Las bodas de Pentecost&eacute;s&rdquo;, Larkin parece tocar el centro de lo que es la poes&iacute;a cuando al final del poema sugiere el brusco freno del tren como una sensaci&oacute;n de ca&iacute;da: &laquo;un haz de flechas/ que se disparan lejos de la vista para volverse lluvia en otra parte&raquo;, (traducci&oacute;n de &Aacute;lvaro Garc&iacute;a). La imagen de la lluvia de flechas y de la misma lluvia fuera del foco del poema dice m&aacute;s sobre una po&eacute;tica propia que un art&iacute;culo sobre qu&eacute; es y qu&eacute; no es poes&iacute;a.</p>
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<p><strong>&ldquo;La biograf&iacute;a siempre interviene en la obra, pues hablamos desde el yo siempre, a&uacute;n si no hablamos de nosotros&rdquo;</strong></p>
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<p>- Cuando la biograf&iacute;a interfiere en la obra (caso de Pizarnik, de Djuna Barnes, de Dickinson&hellip;), &iquest;qu&eacute; gana y qu&eacute; pierde la poes&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo deben dialogar ambas, la vida, la escritura?</p>
<p>- La biograf&iacute;a siempre interviene en la obra, pues hablamos desde el yo siempre, a&uacute;n si no hablamos de nosotros, &laquo;hablo desde m&iacute;, pero no de m&iacute;&raquo; dice Jenaro Talens. De hecho, un poeta tan herm&eacute;tico como Paul Celan es solo comprensible cuando te paseas por su biograf&iacute;a. Recuerdo una exposici&oacute;n magn&iacute;fica en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid hace a&ntilde;os, que tuve la suerte de ver guiada de la mano de Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, quien me ilumin&oacute; acerca de muchos puntos. Nunca he vuelto a leer la poes&iacute;a de Celan como lo hac&iacute;a antes de esa exposici&oacute;n. La siento relacionada con su vida de una forma m&aacute;s viva de lo esperado. Sabemos de Dickinson que se abstuvo de publicar, a excepci&oacute;n de unos pocos poemas, y probablemente esa fue una de las razones que la hicieron ser la poeta que conocemos ahora. El caso de Pizarnik es otro; siempre pensamos al leerla en lo que nos hubiera entregado de haber vivido hasta una edad tard&iacute;a, pero esa interrupci&oacute;n, junto a su sugerente poes&iacute;a, la convirti&oacute; en un mito. Y el de Djuna Barnes es todav&iacute;a m&aacute;s inusual, se pas&oacute; los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os de su vida guardando en un gran ba&uacute;l de su apartamento de Patching Place, en Greenwich Village, poemas y versiones de poemas cada vez m&aacute;s condensados que nunca lleg&oacute; a publicar. Ella dec&iacute;a de s&iacute; misma que era la escritora famosa m&aacute;s desconocida del mundo. En nuestra editorial, Igitur, llegamos a publicar una primera antolog&iacute;a de sus poemas y versiones que fue primicia mundial, que yo misma traduje en colaboraci&oacute;n con Os&iacute;as Stutman. Solo m&aacute;s tarde lleg&oacute; la edici&oacute;n en ingl&eacute;s.&nbsp;</p>
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<p>- &iquest;Siempre pesan m&aacute;s las circunstancias personales que las sociales a la hora de escribir poes&iacute;a?</p>
<p>- Depende. Ya lo he comentado antes, a la mayor parte de los poetas de la generaci&oacute;n del 50 en Espa&ntilde;a las circunstancias hist&oacute;ricas y sociales pesaron dir&iacute;a que en exceso en muchos casos; en cambio, en EE.UU. se abri&oacute; a un pensamiento m&aacute;s moderno, m&aacute;s intrahist&oacute;rico como dir&iacute;a Unamuno, y que, al principio, en los a&ntilde;os setenta, divulg&oacute; que lo social era personal, como se da en la poes&iacute;a de una Denise Levertov, por ejemplo, o en las poetas de lenguaje &laquo;negro&raquo; como son Audre Lorde o June Jordan. Pero una Adrienne Rich ya concienciada y madura abre el campo y asegura que lo personal es asimismo pol&iacute;tico, d&aacute;ndole carta de ciudadan&iacute;a al yo m&aacute;s personal y familiar, lo que cambia definitivamente el panorama para las poetas que vienen despu&eacute;s. Sharon Olds probablemente no habr&iacute;a desarrollado su obra de la forma en que lo ha hecho sin que hubiera existido anteriormente Rich.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; ofrece la poes&iacute;a al lector de un mundo como el nuestro?</p>
<p>- Como dije antes, profundidad, la superficialidad es enemiga del estado de la poes&iacute;a. Por eso es importante, si no fundamental, leer, leer ante todo, algo que hoy se hace pronto y mal. En este pa&iacute;s nuestro, adem&aacute;s, somos muy amigos de hablar de un libro de o&iacute;das. Mira por ejemplo un texto como es <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> de Virginia Woolf, que pronto va a cumplir un siglo y que es un referente no solo para las feministas. Muchas personas no lo han le&iacute;do porque est&aacute;n convencidas de saber de qu&eacute; trata: de c&oacute;mo una escritora necesita de una habitaci&oacute;n para resguardarse a escribir y de dinero para centrarse en su obra. &iquest;Dice esto el libro? S&iacute;, pero dice mucho m&aacute;s, la mirada de Woolf sobre la poes&iacute;a en construcci&oacute;n es fundamental y sobre otros aspectos de lo literario. No lo voy a reproducir aqu&iacute;, solo espero que se lea un libro que no tiene desperdicio ni por su estilo, ni por su sarcasmo, ni por sus iluminadoras ideas. Este es el sentido &uacute;ltimo de mi libro de ensayos sobre el que hablamos ahora, ir directamente a las fuentes y leer a los grandes poetas y escritores.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Las palabras del poemas son un refugio, un lugar en el que crecer&rdquo;</strong></p>
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<p>- Anne Sexton apunt&oacute; aquello de que &laquo;una mujer es siempre su propia madre&raquo;. &iquest;Qu&eacute; tiene de maternidad la poes&iacute;a?</p>
<p>- Es, en palabras de una poeta como Esperanza Ortega una &laquo;amiga&raquo; que nos acompa&ntilde;a, es la posibilidad de un di&aacute;logo con nosotros mismos, es dejar que la poes&iacute;a nos atraviese para decir aquello que ni siquiera imagin&aacute;bamos que necesit&aacute;bamos o podr&iacute;amos llegar a decir. Las palabras del poema llegan m&aacute;s lejos que nuestra planificaci&oacute;n, nos mecen, dejarse atravesar por la poes&iacute;a es como llegar al centro de un mundo y ese mundo empieza en el canto y el vaiv&eacute;n de la madre. Y son un refugio, un lugar en el que crecer, un encuentro y una anagn&oacute;risis, un autodescubrimiento.</p>
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<p><strong>&ldquo;Muchas de las poetas m&aacute;s j&oacute;venes se han lanzado de cabeza a una poes&iacute;a celebratoria del yo&rdquo;</strong></p>
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<p>- Pienso en los poetas confesionales. &iquest;C&oacute;mo saber si hay demasiado &laquo;yo&raquo; en un poema, como sucede con Olds?</p>
<p>- Bueno, Olds no es exactamente una poeta confesional como lo son Plath y Sexton. Olds se basa en su vida familiar y privada como punto de partida de su poes&iacute;a, pero se eleva muy por encima de su biograf&iacute;a. Solo hay que leer su <em>Sat&aacute;n dice</em>, que empieza con un poema sobre la tentaci&oacute;n del diablo para que ella reniegue de sus padres con palabrotas y acaba con el descubrimiento de que el amor va m&aacute;s all&aacute; de la herida que estos le infligieron, o su libro <em>El padre, </em>que describe el diario de la enfermedad y la muerte de su padre, su conmoci&oacute;n, el estar cerca del cuerpo desnudo de un hombre que siempre fue severo y distante, la lenta corrosi&oacute;n de su cuerpo, la condolencia y la conmiseraci&oacute;n m&aacute;s que el amor que despierta ese lento apagamiento convierten ambos libros en universales. En el <em>Abecedario</em>, que se puede encontrar en Youtube, Gilles Deleuze nos dice que quien escribe sobre su infancia escribe sobre un ni&ntilde;o, as&iacute;, con el art&iacute;culo indefinido delante, y ese ni&ntilde;o viene a convertirse en s&iacute;mbolo de la infancia, y por tanto en s&iacute;mbolo universal. Pero es cierto que las poetas de hoy estamos obsesionadas con excluir el yo de la poes&iacute;a, es un problema ling&uuml;&iacute;stico: si un hombre dice &laquo;yo&raquo; se refiere a toda la humanidad, si lo hace una mujer, se refiere solo a la mitad de la humanidad. Como digo en uno de los ensayos, no hay que eliminar el yo, sino solo elidirlo, tangenciarlo, aun si se cuenta una historia personal. Muchas de las poetas m&aacute;s j&oacute;venes en cambio se han lanzado de cabeza a una poes&iacute;a celebratoria del yo.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Sin distancia, el poema se vuelve confesional y deja de ser ese s&iacute;mbolo que se pretende universal&rdquo;</strong></p>
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<p>- Usted habla de cierta distancia en la &eacute;tica de algunas poetas (Barnes, Pastan, Forch&eacute;&hellip;) &iquest;c&oacute;mo afecta esto al resultado del poema?</p>
<p>- La distancia es fundamental, pero hablo de una distancia po&eacute;tica, no &eacute;tica, y la distancia la ofrece la m&aacute;scara de la poes&iacute;a. No me refiero con ello a ponerse una m&aacute;scara de poeta, sino a crear un espacio, un margen con el lenguaje, para que el poema llegue m&aacute;s eficazmente al lector. Una de las grandes creadoras de distancia fue Elizabeth Bishop, la exactitud descriptiva, la minuciosidad, el trabajo de lenguaje que deb&iacute;a sin embargo dejar el poema acabado como si fuera reci&eacute;n creado, l&iacute;mpido, y el final abierto fueron puntos fundamentales y referentes para las siguientes generaciones de poetas mujeres en Norteam&eacute;rica. Sin distancia el poema se vuelve confesional, la experiencia privada y deja de ser ese s&iacute;mbolo que se pretende universal.</p>
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<p>- El trabajo de Alejandra (Pizarnik) con el lenguaje, nos llev&oacute; a la encrucijada archifamosa del &laquo;si tengo agua, &iquest;beber&eacute;?&raquo;. &iquest;Es insalvable la brecha entre el mundo y la palabra?</p>
<p>- La cita exacta es &laquo;No / las palabras / no hacen el amor / hacen la ausencia &iquest;Si digo agua beber&eacute;, si digo pan comer&eacute;?&raquo;, Alejandra se refiere a que la palabra no produce formas, y se plantea por tanto la utilidad po&eacute;tica, como dec&iacute;as antes la distancia y la interacci&oacute;n entre vida y escritura, aunque la base de la vida de Pizarnik fue solo la escritura. La palabra po&eacute;tica, el poema, s&iacute; nos da algo, ya sea una especie de consuelo, de sustitutivo, de conocimiento de nosotros y de nuestro entorno, una religaci&oacute;n a la vida como dec&iacute;a Sof&iacute;a de Mello en sus po&eacute;ticas. Paul Celan hablaba de encuentro, un encuentro clave con ese lugar abandonado de la infancia, con un hogar. En cierto sentido, es la m&aacute;s alta dosis de espiritualidad que puede ofrec&eacute;rsele al ser humano, a veces pienso que m&aacute;s que la m&uacute;sica, porque hay una concreci&oacute;n en palabras de la que la m&uacute;sica carece.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escribir es una fuga del ahora m&aacute;s que una nostalgia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a surge siempre de una p&eacute;rdida?</p>
<p>- La vida misma es siempre una p&eacute;rdida, el tiempo lo es, pero la poes&iacute;a busca tanto fijar algo y volverlo permanente, ya sea un recuerdo, un amor, una incorruptibilidad, una inocencia, como huir de ello. Escribir es una fuga del ahora m&aacute;s que una nostalgia. Es tambi&eacute;n un pasado que, m&aacute;s que revisitar, se reconstruye, se reordena. Escribir es por tanto la posibilidad de la construcci&oacute;n de un mundo propio.</p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo se relacionan deseo y melancol&iacute;a en la voz po&eacute;tica?</p>
<p>- La poes&iacute;a est&aacute; compuesta de valores contrastados, deseo y melancol&iacute;a son los dos polos extremos con los que englobamos sentimentalmente un espacio po&eacute;tico, y ambos son necesarios para la construcci&oacute;n de ese mundo del que hablaba antes. La poes&iacute;a lleva en s&iacute; siempre un sentimiento de doble direcci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de plegaria, de oraci&oacute;n contiene el poema?</p>
<p>- Perm&iacute;teme en este caso que te responda con un poema del primer libro de mi trilog&iacute;a <em>Tuvimos,</em> de 2013 publicado en Bartleby, &ldquo;El calor&rdquo;: &ldquo;Dentro de la casa, al alba / te refriegas los ojos como el caballero / que ha velado sus armas / ha ardido el fuego toda la noche / y ahora solo deseas dormir / Ha sido una larga espera de tres lustros, / te detienes, piensas por un momento / en tu vasto cansancio/ Pero hoy es mucho m&aacute;s, / se remonta hasta la imagen legendaria de un guardi&aacute;n / que hiere tu cuerpo con su lanza / Viste fracasar la entrega tantas veces, / tantas veces fueron in&uacute;tiles las cartas / enviadas a Dios / &iquest;Hay suficiente calor en la habitaci&oacute;n? / Con cuidado doblas tu ropa / y la dejas sobre la butaca, / los zapatos bien alineados al pie de la cama / proteger&aacute;n tu sue&ntilde;o / Ma&ntilde;ana la carta que escribas / no ser&aacute; ya una oraci&oacute;n&rdquo;</p>
<p>Todo poema lleva impl&iacute;cito un rezo ofrecido a alguien o a algo. Pierre Reverdy dec&iacute;a que &eacute;l no escrib&iacute;a para s&iacute; mismo, no escrib&iacute;a para los dem&aacute;s, le escrib&iacute;a <em>a</em> (la cursiva es m&iacute;a) los dem&aacute;s, aunque no sab&iacute;a exactamente a qui&eacute;n. Ese cambio en la preposici&oacute;n es m&aacute;s que significativo. Le hablamos a alguien, sea a otro, a nosotros mismos o a un espacio indeterminado, y ese susurro es casi una oraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- De los muchos nombres propios que deambulan por estas p&aacute;ginas (Sharon Olds, Louise Gl&uuml;ck, Linda Pastan, Leveroni&hellip;), &iquest;por cu&aacute;l siente especial fascinaci&oacute;n?</p>
<p>- Esto es como preguntarle a un ni&ntilde;o peque&ntilde;o a cu&aacute;l de sus padres quiere m&aacute;s. Pero lo cierto es que las poetas que recojo en el libro me han fascinado en un momento de mi vida, cada una de ellas ha tenido su espacio porque cada una domina su poes&iacute;a con su toque de personalidad. Leveroni era familia pol&iacute;tica lejana por parte de mi abuela paterna, de la que rescat&eacute; de la biblioteca de Catalu&ntilde;a parte de su obra in&eacute;dita, la traduje y la publicamos en Igitur. Linda Pastan me fascin&oacute; cuando la traduje con Susan Schreibman, (una compa&ntilde;era de la clase de Traducci&oacute;n que daba Michael Tregebov, en el Instituto de Estudios Norteamericanos de Barcelona), a finales de los ochenta y principios de los noventa, y mucho despu&eacute;s en la antolog&iacute;a que publicamos en Igitur, cuya traducci&oacute;n hice con Jonio Gonz&aacute;lez. Pastan me fascin&oacute; por la limpidez de sus poemas que ella sin embargo confiesa, en una entrevista, corregir cada uno al menos un centenar de veces, siguiendo la recomendaci&oacute;n de Bishop, esto es, trabajar a fondo el poema, pero dejarlo como reci&eacute;n acabado de escribir. Djuna Barnes en cambio tiene una poes&iacute;a inteligente y herm&eacute;tica y a la vez es una pionera de la poes&iacute;a de la sororidad en su libro de 1915 <em>El libro de las mujeres repulsivas</em>, una antolog&iacute;a con figuras de mujeres prostitutas que desean amor, de viejas maltratadas y gastadas por la vida, destacando las de varios cad&aacute;veres, un libro que muestra una compasi&oacute;n hacia el propio sexo, anticipativo de lo que una Adrienne Rich y sus compa&ntilde;eras de generaci&oacute;n har&aacute;n despu&eacute;s ya a mediados de siglo. Y, como he dicho, una generaci&oacute;n m&aacute;s tarde estas autoras del medio siglo propician la obra de una Sharon Olds que convierte su poes&iacute;a en testimonio de los secretos de una familia, incluso sexuales, que es absolutamente &uacute;nico. Todas estas poetas me influyeron a la hora de escribir la trilog&iacute;a, todas ellas tienen un alto concepto de lo que es la responsabilidad po&eacute;tica, as&iacute; como la &eacute;tica. Antes de la trilog&iacute;a, en cambio, centraba mis lecturas sobre todo en los poetas centroeuropeos y antes en los espa&ntilde;oles y latinoamericanos, pero tambi&eacute;n en alguna poes&iacute;a popular africana como la del Alto Atlas o la malgache, a las que traduje al castellano desde el franc&eacute;s. En la poes&iacute;a anglosajona puede que la diferencia se encuentre en la concreci&oacute;n de ideas, una cierta materialidad que engloba asimismo al paisaje, y que, aunque sale de la conciencia del cuerpo, la toma de conciencia suele ser tard&iacute;a. La propia Rich dice que s&iacute; misma que a ella le cost&oacute; media vida averiguar que escrib&iacute;a desde el punto de vista de una mujer de raza blanca, de mediana edad, que viv&iacute;a adem&aacute;s en el pa&iacute;s m&aacute;s poderoso y a la vez m&aacute;s peligroso de la tierra.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Aug 2026 10:14:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entomología canónica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entomologia-canonica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JUSTO_NAVARRO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El lector de Justo Navarro (Granada, 1953) sabe del car&aacute;cter experimental y casi ciberpunk de parte de su obra. Podemos encontrar en el ensayo <em>El videojugador. A prop&oacute;sito de la m&aacute;quina recreativa</em> (Anagrama, 2017) o en dos de sus &uacute;ltimas novelas, la celebrada <em>DumDum, estudio de grabaci&oacute;n</em> (Anagrama, 2024) y la fascinante <em>Gran Granada</em> (Anagrama, 2015), efluvios de una Granada <em>noir </em>y ucr&oacute;nica, con ecos de William Burroughs o J. G. Ballard. Navarro, seguidor de primera generaci&oacute;n de los autores contraculturales, podr&iacute;a estar en el cat&aacute;logo de una STAR books perfectamente.&nbsp;</p>
<p>Su obra po&eacute;tica, abundante, incluye <em>Un aviador prev&eacute; su muerte</em> (1986, Premio Nacional de la Cr&iacute;tica), <em>Mi vida social</em> (Pre-Textos, 2010) y la m&aacute;s reciente, <em>Chico cat&oacute;lico</em> (Pre-Textos, 2026); que toma el t&iacute;tulo de un verso de Jim Carroll, uno de los elementos menos conocidos de la no-wave neoyorquina de finales de los setenta, pero que por su relaci&oacute;n con los &uacute;ltimos beatniks y autores como Lou Reed o Patti Smith deja clara su intenci&oacute;n primaria. Para ello una cita inicial, palabra de David Cronenberg, en su &eacute;poca de adaptaci&oacute;n de <em>El almuerzo desnudo</em> de William Burroughs; avisa de la intoxicaci&oacute;n de l&iacute;rica entomol&oacute;gica frente a la que nos vamos a encontrar.&nbsp;</p>
<p>El lenguaje, la carne, la infecci&oacute;n, pierde su condici&oacute;n de enfermedad para tomar el estigma de la transformaci&oacute;n. Navarro prefiera las letras para la organizaci&oacute;n del libro. Un poemario que evita los ordinales y cardinales. As&iacute; que en la parte A. enumera alguno de los protagonistas: ni&ntilde;o y avispa, hombre del domingo, otro gui&ntilde;o a Cronenberg con la carne viva como santo Vial, nueva carne y la zona intermedia, donde los insectos encuentran la parte l&uacute;dica de la morfina. El impacto de las im&aacute;genes de Justo Navarro es profundo: "El ni&ntilde;o-larva duerme cada noche en un nuevo expediente". Una letra tan grande, una letra que muta, con la edad, crece, de ni&ntilde;o a carne, de carne a ni&ntilde;o. Dos poemas consecutivos, cita del primero: "La oscuridad vac&iacute;a de los ojos cerrados para ser lo invisible" y la energ&iacute;a legal del siguiente, donde las motivaciones hacen del libro un manual discursivo de lo org&aacute;nico y lo qu&iacute;mico. Es este uno de los mejores poemarios del a&ntilde;o, impresiona esa manera en la que Justo Navarro se acerca a la turbia l&iacute;rica de la que tambi&eacute;n bebi&oacute; el primer Sergio Algora, ojos y boca de Jos&eacute; Miguel Ull&aacute;n, collage de ciencia y numism&aacute;tica d&eacute;rmica al modo de Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo. Leemos: "Pero d&oacute;nde t&uacute; est&aacute;s no hay aeropuertos/y un meg&aacute;fono invita a dejar la ciudad/y el ni&ntilde;o insecto escucha las avispas, el vuelo". Super 8 en color, el grano de una vida antigua, una vida que puede quemarse, el proyector que atrap&oacute; a Iv&aacute;n Zulueta y toda su corte de vampiros arrebatados. Su mutismo es una banda sonora de una vida sepia. Al leer el libro la mirada nota c&oacute;mo los poemas arden. &iquest;C&oacute;mo salvas la vida de un ni&ntilde;o insecto? Esa es una pregunta que atraviesa el libro, que te lleva a otras lecturas, estricnina para el vigor sexual y veneno de belladona para afilar las pupilas. El tiempo como agente extranjero. El tiempo fuera de la pelea, de la norma cartesiana: "Esa manera de entender el tiempo/en la nave espacial de las enfermedades terminales". &iquest;Qui&eacute;n se queda con el puesto eyectable del piloto cuando se produce una emergencia, un apocalipsis? Tener una plaza asegurada para la fuga: "Si la f&aacute;brica/de silencio trabaja a su potencia m&aacute;xima y los miedos/al pasado, al presente y al futuro firman su triple alianza/y el chiquillo descubre que es el bicho/que morir&aacute; al principio de la novela de misterio". A esa hora, como si el mundo estuviera conectado: "Detect&oacute; el interrogador una mota de polvo en el blanco de ojo" o "Me abr&iacute;a paso a tiros a esa hora en un callej&oacute;n de Beijing". Detener la existencia una habitaci&oacute;n. Alquilar otra vida para que no sufra tu cuerpo con cargo a la fiesta de otro domingo qu&iacute;mico: "Me vio en un bar el funcionario/que en de dientes tienes avispas/en aquel tiempo el farmac&eacute;utico/me vend&iacute;a oxicodona/y cada escarabajo me dio la comuni&oacute;n/en pastillas de diez miligramos". Por un instante recordar los tiempos del desamor en Tokio. Escuchar c&oacute;mo la asamblea de insectos celebra sus sesiones en el cr&aacute;neo del poeta: "Y tiempo coagulado, la vida era m&aacute;s larga, /la disoluci&oacute;n iba a otra velocidad".&nbsp;</p>
<p>En el B. El segundo apartado, tomo nota: "A describir cent&iacute;metro a cent&iacute;metro/las paredes en blanco" y leer "La ultravida es posible, anunci&oacute; el hombre del domingo". Los insectos y sus termitas, fractalizando la sensaci&oacute;n de parasitismo entomol&oacute;gico. Poema 27: "Entonces yo viv&iacute;a en un apartamento de cuarenta metros cuadrados/y viv&iacute;an en m&iacute; unos ciento doce mil habitantes". Hablamos de n&uacute;meros enteros y nos viene a la cabeza la imagen de Luis Bu&ntilde;uel escribiendo en el palacio de hielo alguna de las normas b&aacute;sicas que acompa&ntilde;an a Justo Navarro en el libro. En la paranoia, las antiguas polic&iacute;as secretas, se lamenta: "Nunca consegu&iacute; que me pincharan los tel&eacute;fonos" y all&iacute;, rasca el cielo, rasca el suelo, b&eacute;same, no me desees solo paranoia. Cirujanos, ni&ntilde;os, avispas, personas, amalgamas que se oxidan, entra carne y entra metal,&nbsp; herramientas herrumbrosas que construyen el poema. Resulta impresionante, c&oacute;mo sobrevuelan, al llegar a la parte C, la &uacute;ltima, una letan&iacute;a angelical entre la hermana Ray y un regalo de viola desenfada y anfetam&iacute;nica cuando aparece la palabra batiscafo. "Viajamos en un tren toda la noche y no salimos de la noche". Luces intensas, ne&oacute;n sagrado que se acercan y confunde. Por un instante dudas si el tr&aacute;nsito v&aacute;lido es del hombre a insecto o viceversa. Ojos como entrada para im&aacute;genes y tambi&eacute;n para par&aacute;sitos, que se alimentan, sedientos de lo que la persona mira: "Conmigo se ven&iacute;a mi doble con su doble". Quiz&aacute; el cloroformo nos transporte a una l&iacute;nea temporal alternativa, un estado cu&aacute;ntico diferente donde se ha normalizado la poes&iacute;a de Navarro y se ense&ntilde;a en los colegios, mientras tanto, el caos y la manipulaci&oacute;n, tecnol&oacute;gica y org&aacute;nica, son las herramientas con las que la lectura de este magn&iacute;fico libro se hace m&aacute;s accesible. Uno de los grandes libros de este a&ntilde;o, fuera de corrientes, profundamente salvaje, asim&eacute;trico en lo formal. M&aacute;s bien destructivo. Fascinante.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Justo Navarro, <em>Chico cat&oacute;lico</em>, Valencia, Pre-Textos, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Aug 2026 09:58:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Manuel Querol: “Los españoles no somos más Quijotes que Sanchos ni más Sanchos que Quijotes, eso es un mito interesado”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-manuel-querol-los-espanoles-no-somos-mas-quijotes-que-sanchos-ni-mas-sanchos-que-quijotes-eso-es-un-mito-interesado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MANUEL_QUEROL_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tomando prestado el aliento de Miguel Hern&aacute;ndez, el escritor Jos&eacute; Manuel Querol (Madrid, 1967) pespunta un libro entreverado de lo acad&eacute;mico, lo confidencial, lo pol&iacute;tico, lo &iacute;ntimo, lo personal, lo hist&oacute;rico, lo actual. Todo ello con un tono apasionado, por momentos ir&oacute;nico, de vuelo l&iacute;rico. Un ensayo que abre la posibilidad de un di&aacute;logo com&uacute;n: <em>No soy de un pueblo de bueyes</em> (Trea).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; tomar partido siempre por los que pierden?</p>
<p>- Es una decisi&oacute;n personal, casi una actitud, y perd&oacute;name la expresi&oacute;n, rom&aacute;ntica. Quien pierde no tiene control sobre el relato, y est&aacute; a merced del ganador, que lo impone, y por eso, porque la imposici&oacute;n sobre la realidad es un abuso del yo triunfante, me causa recelos, lo que, por otro lado, no le da a la interpretaci&oacute;n de los que pierden mayor fundamento, pero los hace m&aacute;s s&oacute;lidos (porque su relato est&aacute; cuestionado siempre por el vencedor) a quien busca la empat&iacute;a, que sabe de los enredos de la soberbia y de la justificaci&oacute;n de los horrores y duda por eso siempre de los relatos hegem&oacute;nicos. La realidad hist&oacute;rica es un laberinto en el que s&oacute;lo hay matices de grises y una insustancial sospecha en la que se entrelazan hechos, documentos, arqueolog&iacute;a y todos los dem&aacute;s eventos probatorios con las intenciones, la finalidad del relato, la voz autoral y sus vivencias personales adem&aacute;s de otras muchas cosas. Es una decisi&oacute;n arbitraria porque la memoria hist&oacute;rica est&aacute; hecha con relatos inconstantes y parciales, experiencias, narrativas familiares, historias tejidas con lecturas, prejuicios, contexto social en el que vivimos en cada momento, ideolog&iacute;a propia y heredada y miedos. Por eso, la visi&oacute;n de los perdedores, a&uacute;n siendo probablemente tambi&eacute;n cuestionable, tiene algunos asideros en esos documentos y hechos que s&iacute; puedo constatar, y no tiene la sospecha de la afirmaci&oacute;n de una justificaci&oacute;n de los horrores que suele contener siempre el relato de los vencedores. Es verdad, el relato de las v&iacute;ctimas tampoco es fiable, pero lo es m&aacute;s que el de los victimarios.</p>
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<p><strong>&ldquo;La historia no es m&aacute;s que un relato construido con los vestigios materiales de los hechos&rdquo;</strong></p>
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<p>- Usted distingue memoria (con sus fugas &mdash;o entrop&iacute;as&mdash;), algo m&aacute;s maleable, de la historia, una narraci&oacute;n m&aacute;s certera. Pero, &iquest;acaso la historia no la cuentan los vencedores? &iquest;Y qu&eacute; hacemos con el revisionismo hist&oacute;rico? &iquest;No deja de ser, la historia, una dama de compa&ntilde;&iacute;a que tiene un ratito para cada uno que quiera estar con ella?</p>
<p>- La Historia no es m&aacute;s que un relato, pero es un relato construido, si se hace honradamente, con los vestigios materiales de los hechos, con el an&aacute;lisis de las consecuencias que estos tuvieron y con la posibilidad que da el ser siempre escrita <em>a posteriori</em> de facilitar un plano por el que deambular. Nada es fiable en la vida humana, por supuesto, pero hay cosas que no pueden ser puestas en duda si aceptamos la l&oacute;gica y los hechos, los documentos y las fosas de los muertos que excavamos y, sobre todo, el juicio del tiempo, que con ojos nuevos puede valorar los enga&ntilde;os y argucias del relator de los hechos y sus aciertos tambi&eacute;n. La memoria es otra cosa, mucho m&aacute;s complicada, y en la memoria se incardinan como en una funci&oacute;n matem&aacute;tica, la propia biograf&iacute;a de quien la ejercita, su car&aacute;cter, sus inclinaciones y convicciones, la memoria familiar y los relatos que le han sido transmitidos por padres, abuelos, amigos, y que el sujeto incorpora a esa memoria, lo estudiado en los libros, que depende del contexto social en el que ese sujeto ha vivido, , el propio presente del individuo que modifica en virtud de este su propio pasado y su memoria. En fin, muchas cosas, pero, adem&aacute;s, la memoria no necesita ser una ciencia, es emocional, y la Historia debe huir sin embargo de las emociones. S&iacute;, la Historia es esa dama que t&uacute; dices, es un relato hecho por un hombre que tiene su propia memoria emocional, pero que puede ser discutida, corregida o valorada por otras memorias personales y por la materialidad de los documentos y los hechos que son el argumento donde debe avalarse ese relato. La Historia la cuentan los vencedores, pero la Historia tiene una vida m&aacute;s larga que la de los que contaron su relato, y es ese juego de las generaciones contradiciendo o avalando los relatos previos lo que va aquilatando el juicio del tiempo.</p>
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<p><strong>&ldquo;La civilizaci&oacute;n se construy&oacute; como una gran mentira para sobrevivir&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo se reconoce la verdad?</p>
<p>- Esta s&iacute; que es una pregunta dif&iacute;cil. A lo m&aacute;s que podemos acercarnos, o eso creo, es a un compromiso, como el &laquo;baciyelmo&raquo; de <em>El Quijote</em>, que es una bac&iacute;a de barbero y tambi&eacute;n un yelmo, eso ya lo sab&iacute;a Cervantes, pero s&iacute; hay algunas cosas que permanecen inc&oacute;lumes ante los relatos. Permanecen las fosas comunes, con sus esqueletos a los que la luz del sol pone fecha y misericordia, permanecen las c&aacute;rceles, permanecen las actas de los juicios sumar&iacute;simos, permanecen las fortunas hechas con latrocinios, permanecen muchos indicios que, al menos, pueden plantear una hip&oacute;tesis plausible sobre la verdad, que ser&aacute; como una pintura al fresco, r&aacute;pida, sin posibilidad de detalle, quiz&aacute;s, en la que luego pueden pensarse m&uacute;ltiples correcciones a lo que el artista hizo, pero que s&iacute; permiten poder ser consideradas un dibujo de esa verdad que queremos conocer, y sobre todo, el tiempo, destructor de la soberbia de los hombres; cuando ya nada importe y todos los que fueron fusilados y sus nietos, los que se enriquecieron y sus nietos, los que se asociaron con ideas que el futuro dir&aacute; que son err&oacute;neas o tuvieron sentido y sus nietos est&eacute;n muertos, cuando ya nada de eso importe ni haya quien pueda sentirse responsable de las barbaridades que hace el hombre, quiz&aacute;s ese tiempo corrija a los historiadores y las memorias de los que se acerquen a los tiempos en que la humanidad se volvi&oacute; loca e insensible, que son casi todos los tiempos desde que la civilizaci&oacute;n se construy&oacute;, esta s&iacute;, como una gran mentira para sobrevivir.</p>
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<p><strong>&ldquo;Nosotros no somos responsables de lo que hicieron nuestros abuelos&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;De qu&eacute; depende que uno quede en paz con sus mayores (su familia) cuando estos han sido pr&oacute;ximos al mal (fascistas, franquistas, caciques&hellip;)?</p>
<p>- Pues no lo s&eacute;. Yo, por suerte, no tengo que enfrentarme a esa pregunta en mi memoria familiar, o al menos, eso creo. Quiz&aacute;s la pregunta deber&iacute;as hac&eacute;rsela a Cercas, que se ha enfrentado con ella, y su respuesta es realmente ambigua, un ejercicio desesperado por vincularse al relato familiar desvincul&aacute;ndose al mismo tiempo de &eacute;l, pero no es un problema moral. Nosotros no somos responsables de lo que hicieron nuestros abuelos. Tengo amigos alemanes cuyos abuelos colaboraron con los nazis, fueron nazis, pero ellos no tienen responsabilidad alguna por ello, la tienen por los actos y la voluntad que empe&ntilde;en en que un horror as&iacute; no pueda volver a suceder, y tienen tambi&eacute;n la responsabilidad de devolver aquellos frutos que su familia obtuvo con el crimen, o al menos de intentar reparar con ellos el mal que se hizo. No todos los fascistas tuvieron igual responsabilidad, los hubo asesinos, corruptos, y que se libraron de pagar por sus cr&iacute;menes, pero tambi&eacute;n hubo hombres que se equivocaron, que se dejaron seducir porque ten&iacute;an hambre, porque ten&iacute;an miedo, porque vivieron experiencias horribles que les lanzaron al otro lado del terreno de juego, hay muchas causas por las que los hombres nos equivocamos y acabamos ayudando al mal a vencer. Con los caciques tengo menos dudas, en ellos el pecado es la soberbia y la avaricia, y eso s&iacute; es una decisi&oacute;n personal y consciente, lo otro, la renacionalizaci&oacute;n del proletariado que se ejerci&oacute; como programa de ingenier&iacute;a social en el nazismo, y que ahora tiene tambi&eacute;n sus ejecutores, condena a los impulsores de este, pero creo que el obrero, el campesino, el ama de casa a la que le inoculan el gen del odio, y que puede constatar su miseria objetivamente, s&oacute;lo son seres humanos que no tienen el horizonte completo a la vista, que juzgan, quiz&aacute;s ego&iacute;stamente, no lo s&eacute;, en funci&oacute;n de su desesperaci&oacute;n y de sus anhelos, que necesitan que alguien les confirme que el futuro ser&aacute; suyo, que el ma&ntilde;ana les pertenece, y por eso, enga&ntilde;ados, acaban por hacerse franquistas o fascistas, colaboradores, no s&eacute; si del todo conscientes, del mal.</p>
<p>Los nietos debemos entender, con buena voluntad, que nuestros abuelos no fueron santos, como nosotros tampoco lo somos, y que a ninguno se nos puede pedir el martirio por la humanidad. Debemos aceptarlo, reconocer que el mundo es muy complejo y que, a toro pasado, todo queda m&aacute;s claro, pero que en medio del combate nada es estable ni cierto, y dejarlos en paz. Otra cosa es la que afecta a los nietos de los dirigentes, de los criminales, de los asesinos, a ellos les dir&iacute;a que s&iacute; deben hacer p&uacute;blico que su memoria familiar est&aacute; manchada de sangre y que ellos est&aacute;n dispuestos a intentar reparar el da&ntilde;o, pero eso es una ingenuidad por mi parte. La soberbia de clase, la presunci&oacute;n de que ellos est&aacute;n tocados por la divinidad y por la Historia hace, salvo en contadas ocasiones, imposible la reparaci&oacute;n. Con ellos no se puede contar para nada.</p>
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<p><strong>&ldquo;Al final, la desmemoria triunfa siempre y el mundo se convierte en un objeto muy diferente del que fue&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si la desmemoria, como usted apunta, es una virtud, &iquest;eso que llevamos de ventaja respecto de la inteligencia artificial, incapaz de ella..?</p>
<p>- La desmemoria <em>puede</em> ser una virtud, eso depende. Es verdad que, al final, la desmemoria triunfa siempre y el mundo se convierte en un objeto muy diferente del que fue, pero mientras dure el dolor, mientras el recuerdo sangre, la desmemoria es muy dif&iacute;cil. Es verdad, los franceses ejercen una desmemoria muy particular, ensalzan una resistencia que casi no existi&oacute;, y la que existi&oacute; fue cosa de comunistas y de exiliados espa&ntilde;oles en su mayor parte, y se olvidan del colaboracionismo, que fue la norma. No s&oacute;lo les pasa a ellos, les pasa a casi todos los pueblos que se averg&uuml;enzan por una u otra raz&oacute;n de lo que hicieron (tambi&eacute;n aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a) y resuelven el relato como mejor conviene al tiempo en el que este se redacta de nuevo. Pero s&iacute;, la desmemoria puede tener alg&uacute;n sentido si lo &uacute;nico que se quiere es poder avanzar hacia el futuro cuando no puede resolverse con consenso el pasado. Pero el hombre deshistorizado que pretendi&oacute; la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica tambi&eacute;n fracas&oacute; porque nada que no se resuelve del todo acaba por desaparecer, y cuando regresa a la memoria, adem&aacute;s, lo hace desnaturalizado, tergiversado, y ofrece otro relato falso y consecuencias presentes. El pasado no puede condicionar el presente, pero lo hace, y lo hace por esa necesidad soberbia de &eacute;pica de los pueblos y por esa condici&oacute;n m&iacute;tica que les impide reconocerse como humanos, falibles, oblig&aacute;ndonos a todos a construir relatos en conflicto con los hechos, a establecer un modelo m&iacute;tico de la Historia, y no pol&iacute;tico, no digamos simplemente humano.</p>
<p>No debemos equivocarnos, la inteligencia artificial tiene una memoria selectiva, y esa es la del programador, Las bibliotecas tienen mejor memoria porque, en cierto sentido, acogen multitud de programadores, cada uno con su propia memoria, pero la inteligencia artificial comete errores, unos forzados y otros no, pero los comete, y su juicio es ideol&oacute;gico, lo que es normal, pero quiere venderse como verdad absoluta, como si fuera el pensamiento de un extraterrestre al que le da igual lo que pensemos sobre un hecho y &eacute;l s&oacute;lo relatase verdades, y no es cierto, la inteligencia artificial es un instrumento humano, y posee todas las virtudes y todos los defectos del humano que la crea, y por el momento, sus creadores son muy poco fiables, observan una finalidad que da hasta miedo. <em>Cui prodest</em>?</p>
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<p><strong>&ldquo;El nacionalismo es una lacra, sea este cual sea, pero necesita de relatos y de h&eacute;roes&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto los mitos patrios (Pelayo, Blas de Lezo, santa Teresa, Verdaguer, Ibn Arabi&hellip;) conforman el sujeto com&uacute;n? Y el individuo, &iquest;necesita tambi&eacute;n de sus propios mitos para construir su identidad?</p>
<p>- Los mitos <em>quieren</em> ser el alma de ese sujeto com&uacute;n, pero ninguno alcanza esa categor&iacute;a, de hecho, tengo mis dudas de que ese &laquo;sujeto com&uacute;n&raquo; exista. Los h&eacute;roes forman parte de una arquitectura que no va m&aacute;s all&aacute; de 1780, cuando empiezan a pensarse en serio los nacionalismos, y son usados en funci&oacute;n de generar un tipo de relato u otro que aglutine al pueblo como una unidad que, de hecho, no existe. Es verdad que antes tambi&eacute;n se fueron forjando mitos, y la iglesia particip&oacute; activamente en su construcci&oacute;n con un inter&eacute;s m&aacute;s general, si se quiere, pero igualmente pol&iacute;tico (piensa en Jim&eacute;nez de la Rada y Castilla). Los mitos que mencionas son la intensi&oacute;n sem&aacute;ntica y pol&iacute;tica de diferentes intereses econ&oacute;micos y de dominio mucho tiempo despu&eacute;s de que todos ellos murieran, y su relato es espurio, no tiene nada que ver con ellos mismos. No sabemos qui&eacute;n fue Pelayo, dudamos de si la batalla de Covadonga fue batalla, escaramuza o simplemente una invenci&oacute;n. &iquest;Pelayo formaba parte de la corte de Toledo af&iacute;n al rey Rodr&iacute;go o fue un h&eacute;roe plenamente asturiano? Quiz&aacute;s Pelayo es el mito m&aacute;s cercano que tenemos al rey Arturo britano, pero lo construyeron con la idea de servir a la unidad cristiana primero, y luego como s&iacute;mbolo intensional de la unidad de Espa&ntilde;a, de sus or&iacute;genes, como Blas de Lezo, un ilustre marino, s&iacute;, y un guerrero terrible, pero no podemos atribuirle la unidad de Espa&ntilde;a <em>per se</em> como anda haciendo &uacute;ltimamente la ultraderecha. Hay mitos m&aacute;s locales, nacionalistas, que han ido construyendo mitolog&iacute;as soberanistas alternativas a la de Espa&ntilde;a, como las del nacionalismo vasco, con sus gudaris, las del catal&aacute;n, como Rafael Casanova, o los de una Andaluc&iacute;a so&ntilde;ada, inventada, como dec&iacute;a Gil Benumeya, y todos ellos, si uno rasca en sus vidas, nos muestran seres humanos que actuaban movidos por los vientos de la Historia, no eran mitos, eran hombres, s&oacute;lo hombres. El nacionalismo es una lacra, sea este cual sea, pero necesita de relatos y de h&eacute;roes, necesita una &eacute;pica pura y m&iacute;stica y construye ejemplos, como el Cid o Jaime I, Roger de Flor, el que sea, para reunir en torno a ellos un esfuerzo que es futuro, no es el esfuerzo de aquellos hombres.</p>
<p>Los individuos hacemos algo parecido con nuestra genealog&iacute;a familiar o nuestras querencias pol&iacute;ticas, incluso deportivas, futbol&iacute;sticas (ese mito de los once aldeanos ganando un mundial que tan bien explica Pablo Batalla en <em>Los nuevos odres del nacionalismo espa&ntilde;ol</em>), pero, si uno lo piensa bien, no los necesitamos. Uno puede apoyarse en un referente moral, &eacute;tico, que guie sus pensamientos y sus acciones, pero mitificar al personaje es despojarle de su sentido humano, y se traiciona as&iacute; incluso todo lo bueno que pod&iacute;a ofrecer a quien le admira. La santificaci&oacute;n es un pecado patrio, tanto como la demonizaci&oacute;n, y se ejerce individual y colectivamente sin medida alguna, lo que siempre es muy peligroso y, sobre todo, genera una realidad falsa.</p>
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<p><strong>&ldquo;La guerra se puede ganar o se puede perder, pero siempre ser&aacute; un fracaso&rdquo;</strong></p>
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<p>- La &laquo;memoria de un fracaso&raquo;, como califica la Guerra Civil, &iquest;es m&aacute;s &uacute;til o m&aacute;s aut&eacute;ntica que otro tipo de memorias?</p>
<p>- &iquest;Hay alguna guerra civil que no sea un fracaso? &iquest;Hay alguna guerra que no lo sea? Dec&iacute;a Clausewitz que la guerra es la continuaci&oacute;n de la pol&iacute;tica por otros medios, y la guerra se puede ganar o se puede perder, pero siempre ser&aacute; un fracaso. Eso lo entendieron tambi&eacute;n muchos de nuestros intelectuales en la postguerra, incluso aquellos que hab&iacute;an estado en el bando franquista, piensa en esa &laquo;poes&iacute;a desarraigada&raquo;, s&oacute;lo los idiotas hac&iacute;an sonetos al Imperio espa&ntilde;ol y los publicaban luego en revistas como <em>Garcilaso</em> o <em>Arbor</em>. La utilidad o no de la memoria sobre la Guerra Civil tiene que ver precisamente con eso, con su consideraci&oacute;n universal como fracaso, s&oacute;lo algunos con intereses muy personales o de clase se atreven a establecer discursos triunfalistas y a darle una dimensi&oacute;n de necesidad hist&oacute;rica vital, algo que &uacute;ltimamente escucho de vez en cuando con demasiada alegr&iacute;a. Una memoria que conciba la guerra civil como una necesidad hist&oacute;rica, como una consecuencia de los peligros que Espa&ntilde;a sufr&iacute;a en aquella &eacute;poca, como el resultado de la necesidad de salvar a la patria es una memoria fraudulenta, y peligrosa.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las comunidades humanas son grupos depredadores siempre&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; &laquo;no hay pueblo pac&iacute;fico&raquo;?&nbsp; &iquest;El h&eacute;roe, cualquiera, tiene tras de s&iacute; un reguero de sangre?</p>
<p>- Porque no lo hay, las comunidades humanas son grupos depredadores siempre. Cuando los nazis inventaron aquello del &laquo;espacio vital&raquo; no estaban inventando nada nuevo, sino siguiendo los patrones que estaban perfectamente integrados en la Historia de los pueblos. &iquest;No fue un depredador el Imperio Brit&aacute;nico? &iquest;No lo fue el espa&ntilde;ol? Y si quieres, nos remontamos a Gengis Khan, a Roma, a Persia o a quien quieras. &iquest;No es un pueblo depredador el del &laquo;Destino Manifiesto&raquo;? Todos ellos comparten con los nazis eso del espacio vital, y para asegur&aacute;rselo deben quit&aacute;rselo a otros, someterlos, esclavizarlos. Es parte de nuestra naturaleza, los antrop&oacute;logos han encontrado alguna tribu aislada que parece no poseer ese gen, pero ni siquiera est&aacute;n seguros de que sea as&iacute;. Hay que aceptarlo, para que un europeo o un norteamericano pueda cambiarse de coche cada cuatro a&ntilde;os deben esclavizarse siete habitantes de eso que llaman &laquo;tercer mundo&raquo;, y el capitalismo es quiz&aacute;s su instrumento contempor&aacute;neo ahora que no es tan f&aacute;cil, al menos para los europeos (no as&iacute; para los norteamericanos), invadir pa&iacute;ses y privarlos de sus recursos. Y para ejercer el supuesto derecho al espacio vital hay que sacrificar hombres, soldados, y hay que ofrecerles h&eacute;roes que participen de esa caracter&iacute;stica general de toda la &eacute;pica indoeuropea, el &laquo;pathos&raquo;, el sacrificio del h&eacute;roe por el pueblo, como Beowulf, como Rolland, como Rodrigo D&iacute;az de Vivar o Eloy Gonzalo, que adem&aacute;s se asimila al h&eacute;roe que nace del propio pueblo, como Daoiz o Velarde, Manuela Malasa&ntilde;a y hasta Mar&iacute;a Pita. Todos muertos con las manos ensangrentadas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las fotograf&iacute;as son, en cierto sentido, la prueba de que hemos vivido&rdquo;</strong></p>
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<p>- Usted nos comparte alguna fotograf&iacute;a personal. &iquest;Qu&eacute; hemos perdido al capitular con los tel&eacute;fonos y llevarlas en ellos, pero no tenerlas al alcance de la vista, reveladas?</p>
<p>- Pues no lo s&eacute;, supongo que este es un cambio de h&aacute;bito que puede afectarnos, pero, por otro lado, tambi&eacute;n llevamos todos nuestros recuerdos en el bolsillo, los compartimos con otros en el parque o en el bar. Las fotograf&iacute;as son, en cierto sentido, la prueba de que hemos vivido, la prueba de haber estado en lugares, de haber brindado con otros o haber estado en la presentaci&oacute;n de un libro con nuestro escritor preferido. Antes hab&iacute;a que pens&aacute;rselo para hacer una foto, era costoso y arduo. Hab&iacute;a que comprar la c&aacute;mara, llevarla, revelar las fotos que ten&iacute;an un precio, ahora s&oacute;lo hay que pagar un buen m&oacute;vil con c&aacute;mara y lanzarse a una org&iacute;a de recuerdos desordenados que nos siguen all&aacute; donde vamos. Lo que s&iacute; es cierto es que son importantes por eso que te digo, prueban que hemos vivido, lo prueban a los dem&aacute;s y nos lo prueban a nosotros mismos. El instrumento que usamos es s&oacute;lo coyuntural, tiene ventajas e inconvenientes, pero es accesorio.</p>
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<p><strong>&ldquo;Todo tiempo genera sus relatos, sus referentes, sus h&eacute;roes y sus villanos&rdquo;</strong></p>
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<p>- La postmodernidad, &iquest;tambi&eacute;n nos legar&aacute; sus propias leyendas?</p>
<p>- Todo tiempo genera sus relatos, sus referentes, sus h&eacute;roes y sus villanos. La postmodernidad querr&aacute; competir con otros tiempos y alegar&aacute; con Warhol, con Lyotard, con Kundera, y alguno de ellos permanecer&aacute; en la memoria de la Historia, pero yo creo que la postmodernidad es tan fr&aacute;gil como leve es el individuo de Kundera, y los Laclau, Agamben o el divertido Žižek creo que tendr&aacute;n un papel muy secundario en la narraci&oacute;n de este tiempo, sin con ello querer empeque&ntilde;ecer su obra, sino por el manoseo y manipulaci&oacute;n continua que de ellos hace el reba&ntilde;o universitario.</p>
<p>Hay quien dice que la postmodernidad ya ha pasado, y que ahora habitamos un neobarroco cansado, y puede que tenga raz&oacute;n quien piensa as&iacute;. La Escuela de Frankfurt se empe&ntilde;a en querer rescatar una Ilustraci&oacute;n de la que reniega el pueblo despu&eacute;s de que los sistemas educativos lo hayan convertido en otro reba&ntilde;o de ovejas, El <em>pensiero d&eacute;vole</em> no quiere tirar al ni&ntilde;o con el agua de la ba&ntilde;era, pero no pasa de hacer an&aacute;lisis, ciertos pero in&uacute;tiles, del mundo en el que vivimos. De la tercera escuela de la postmodernidad, sin embargo, me parece que tendremos que seguir teniendo noticias, los pensadores de la decadencia; es como si Nietzsche, el peor Nietzsche, se hiciera omnipresente y quisiera arrasar con la Ilustraci&oacute;n y generar un iluminismo pol&iacute;tico y cultural que a m&iacute; me asusta, lo que no s&eacute; es en qu&eacute; se transformara este peque&ntilde;o monstruo, si en le&oacute;n o en ni&ntilde;o. Spengler y su progenie est&aacute;n al acecho para desbaratar el mundo en el que llevo viviendo 60 a&ntilde;os.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los seres humanos necesitamos de estructuras simb&oacute;licas entrelazadas para poder entender la naturaleza, nuestra cultura, la biograf&iacute;a de cada cual&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; papel cumple, si es que se le reserva alguno, lo sagrado en nuestras sociedades?</p>
<p>- No s&eacute; si esta pregunta debo intentar responderla pensando en la creencia o en la est&eacute;tica. Lo sagrado, creo yo, forma parte connatural de nosotros y de la cultura, es una forma simb&oacute;lica para entender el mundo, y es dif&iacute;cil, adem&aacute;s, prescindir de ello, porque los seres humanos necesitamos de estructuras simb&oacute;licas entrelazadas para poder entender la naturaleza, nuestra cultura, la biograf&iacute;a de cada cual, y la pol&iacute;tica debe estar armonizada con la religi&oacute;n tanto como con la econom&iacute;a. Si el capitalismo es luterano, y el luterano es capitalista, es por algo, pero creo que esta no es la respuesta. Yo estoy de acuerdo con Tr&iacute;as y su filosof&iacute;a del L&iacute;mite, &eacute;l piensa que los seres humanos habitamos en el l&iacute;mite entre la materialidad y lo invisible, lo misterioso, y por eso necesitamos de ambas dimensiones. El problema es la estetizaci&oacute;n del mundo y de nuestras vidas. He o&iacute;do decir que la espiritualidad repunta porque Rosal&iacute;a ha hecho una mala canci&oacute;n, como casi siempre, o porque una directora muy moderna ha hecho una pel&iacute;cula sobre querer ser monja e ir a misa los domingos. Eso no tiene nada que ver con lo sagrado, ni siquiera con la espiritualidad, sino con una moda para pijas con t&iacute;tulo nobiliario o con ganas de que las crean Madonna (a Madonna le pasa lo mismo). Me encantar&iacute;a ver a esos &laquo;nuevos&raquo; creyentes pasando un a&ntilde;o en un monasterio de Soria o en una misi&oacute;n en Burundi, y luego podr&iacute;amos quiz&aacute;s ponernos a pensar sobre ello. Porque ese ejemplo, que no pasa de ser una banalidad m&aacute;s, es el modo en el que en esta modernidad se expresa, a trav&eacute;s de la estetizaci&oacute;n del mundo, su emocionalidad, a trav&eacute;s de una experiencia performativa de una ciudadan&iacute;a en shock, como la describ&iacute;a Benjamin. Una performance no es la realidad, y parece que eso debemos aprenderlo de nuevo, vivimos en un universo virtual donde la vida no es vivida como tal, sino como una serie de Netflix, que luego, apagado el televisor, vuelve y es otra cosa. Lo sagrado pertenece al ser humano desde el principio y permanecer&aacute; siempre con &eacute;l, como el misterio de todo aquello que ama, teme y duda el ser humano, y forma parte de su universo simb&oacute;lico, forma parte de &eacute;l, pero con lo sagrado hemos terminado haciendo lo que tambi&eacute;n quieren hacer y hacen con la ciencia, con el lenguaje (proceso de semiotizaci&oacute;n primario, lo llamaba Lotman), o el arte, formas simb&oacute;licas tambi&eacute;n, como las llamaba Cassirer, convertirlas en una performance est&eacute;tica que de dinero. Capitalismo antropol&oacute;gico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Nadie ha entendido qu&eacute; es ser liberal en Espa&ntilde;a porque nunca lo hemos probado, lo cual no es ni bueno ni malo&rdquo;</strong></p>
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<p>- Que en Espa&ntilde;a, seg&uacute;n su opini&oacute;n, no haya liberales, &iquest;qu&eacute; explica? &iquest;Y por qu&eacute; hay tantos que se reclaman de tal linaje?</p>
<p>- Supongo que eso le da una p&aacute;tina de modernidad, de europeidad. Aqu&iacute; no hay liberales, salvo muy peque&ntilde;as excepciones. No hubo Revoluci&oacute;n Francesa, echamos a Napole&oacute;n a navajazos y exiliamos a los bonapartistas, y los &uacute;nicos franceses que nos cayeron bien fueron los Cien Mil Hijos de San Luis, que vinieron a sostener el absolutismo de Fernando VII. Pero, al margen de ese argumento hist&oacute;rico, aqu&iacute; lo que siempre triunf&oacute; fue (y es) la sociedad tradicional, expresada pol&iacute;ticamente en el carlismo y el tradicionalismo. Hay muchos carlismos, pero todos comparten ese odio por el mundo liberal, sea el tradicionalismo casposo que apoy&oacute; a Franco, sea el carlismo confederal del pacto dinast&iacute;a-pueblo evolucionado en autonomismos, soberanismos o independentismos de derechas o izquierdas, que tienen su ra&iacute;z tambi&eacute;n en los modelos en evoluci&oacute;n divergente del carlismo durante el siglo XX. Los supuestos liberales madrile&ntilde;os no se someten a l&oacute;gica alguna de mercado, y no pueden atribuirse &eacute;xito o fracaso alguno de sus empresas, porque son sostenidos por redes clientelares o familiares, y los partidos espa&ntilde;oles que dicen tener una filiaci&oacute;n liberal son quiz&aacute;s los que confunden esta con un caciquismo f&eacute;rreo que procede de esos elementos carlistas m&aacute;s reaccionarios. Es muy dif&iacute;cil explicarlo en unos p&aacute;rrafos, creo que me sali&oacute; mejor en el cap&iacute;tulo que dediqu&eacute; a ello en <em>No soy de un pueblo de bueyes</em>, pero lo intento. La izquierda auton&oacute;mica, soberanista o independentista, participa de los mismos elementos de la filosof&iacute;a pol&iacute;tica del carlismo que se renov&oacute; leyendo a Franz Fanon y rezando con la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n. Unamuno, antes de todo esto, ya lo expresaba muy bien y se adher&iacute;a a esa constituci&oacute;n &ldquo;confederal&rdquo; que ahora se permite hablar de colonialismo interior o de revisi&oacute;n continua de las relaciones entre las partes del estado, nombr&aacute;ndola como &laquo;autodeterminaci&oacute;n&raquo;, de una gesti&oacute;n compartida entre un poder descentralizado y el pueblo que puede autogestionarse considerando sus diversas tradiciones hist&oacute;ricas. Ser liberal es estar caminado por un alambre sin red confiando en que el &eacute;xito en los negocios nos ponga en la lista de los salvados por Dios, y aqu&iacute; el estado y los supuestos gur&uacute;s del liberalismo de derechas ofrecen a los suyos una red fuerte y s&oacute;lida. Nadie ha entendido qu&eacute; es ser liberal en Espa&ntilde;a porque nunca lo hemos probado, lo cual no es ni bueno ni malo, el liberalismo tiene ese regusto luterano que a m&iacute; se me hace dif&iacute;cil de aceptar, adem&aacute;s, el liberalismo del XIX tambi&eacute;n ha mutado durante el siglo XX y XXI en un leviat&aacute;n horrible que arrasa en el mundo, incluso, curiosamente, en Espa&ntilde;a, donde en la psicolog&iacute;a pol&iacute;tica y emocional, que no en las instituciones y en el mundo laboral, permite verdaderos absurdos incluso en los individuos que lo defienden.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los espa&ntilde;oles no somos m&aacute;s Quijotes que Sanchos ni m&aacute;s Sanchos que Quijotes, eso es un mito interesado&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Hay dos figuras literarias que sirven de eje a nuestra historia, el p&iacute;caro (g&eacute;nero que inventamos) y el quijote. &iquest;De qu&eacute; depende que caigamos de uno u otro lado?</p>
<p>- Yo creo que todos los seres humanos transitamos siempre por ambos arquetipos, en un sentido, en otro, nos movemos siempre en una l&iacute;nea de direcci&oacute;n o en la otra sin ser plenamente conscientes de ello nunca. El propio Cervantes aclara al final que ambos modos de percibir la realidad se complementan y son necesarios, y lo hace en el lecho de muerte de Don Quijote, cuando Sancho le ruega que no se muera. Don Quijote, ya cuerdo y recuperado como Alonso Quijano, le pide perd&oacute;n a Sancho por haberle hecho parecer loco como &eacute;l, y le pide disculpas por haberle contagiado el error de creer en caballeros andantes. Sancho, llorando, le ruega que viva y que no se deje morir por la melancol&iacute;a. Alonso Quijano reconoce su error y rechaza los libros de caballer&iacute;as por los que antes se desviv&iacute;a, llam&aacute;ndolos &laquo;mentiras y disparates&raquo;. En sus &uacute;ltimos momentos, pide perd&oacute;n a su fiel escudero por arrastrarlo a sus fantas&iacute;as, pero Sancho, con gran lealtad, le responde que no ha sufrido, sino que ha disfrutado acompa&ntilde;&aacute;ndolo, y le suplica que vivan muchos a&ntilde;os m&aacute;s. No, no hay que dejarse atrapar por la melancol&iacute;a, y a&uacute;n quedan &iacute;nsulas que gobernar y castillos con damas a las que rescatar, aunque el castellano sea un tabernero de una venta y los ej&eacute;rcitos reba&ntilde;os. Eso importa menos que el juego que nos permite vivir, pero tambi&eacute;n hay que procurarse un buen zurr&oacute;n donde la ambros&iacute;a sea un buen queso y el b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s venga recetado por un m&eacute;dico.</p>
<p>Los espa&ntilde;oles no somos m&aacute;s Quijotes que Sanchos ni m&aacute;s Sanchos que Quijotes, eso es un mito interesado, o eso creo yo. Somos como los dem&aacute;s pueblos de la tierra, so&ntilde;adores que se dan de bruces con la realidad, con la violencia, el hambre y la injusticia, y realistas como los p&iacute;caros, que buscamos hacernos ricos con los cohechos y prevaricaciones que podamos cometer, pero que viajamos hasta nuestra &Iacute;nsula en un caballo de madera que vuela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los nacionalismos que hoy sufrimos son consecuencia de la globalizaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En un mundo globalizado (en el espacio y en el tiempo), &iquest;resulta m&aacute;s arduo el sentimiento de pertenencia? &iquest;C&oacute;mo deslindar ese <em>ser parte</em> de los nacionalismos chatos?</p>
<p>- No s&eacute; c&oacute;mo deslindarlo, lo que s&eacute; es que los nacionalismos que hoy sufrimos son consecuencia de la globalizaci&oacute;n, de esta segunda fase que ahoga a los individuos que, refugi&aacute;ndose, buscan el terru&ntilde;o para protegerse de ese leviat&aacute;n que antes mencionaba y que los quiere disolver en &aacute;cido. El fascismo y el nacionalismo anejo nacen del di&aacute;logo enfrentado entre las &eacute;lites globales y las &eacute;lites locales, que discuten por la posesi&oacute;n de los bienes y de los individuos. La reacci&oacute;n de las &eacute;lites locales es de defensa, y la defensa es la creaci&oacute;n de diferentes nacionalismos que sue&ntilde;an que nos protegen con los mitos, inventan enemigos internos o externos y nos venden una gloria que no es real. De nuevo un modelo virtual, como digo, no real, de reacci&oacute;n.</p>
<p>Es verdad que el sentimiento de pertenencia es un refugio cuando fuera arrecia el viento y la lluvia que cala, y esa pertenencia puede tener muchos modos de ser, pero todos nos cobijan en un grupo humano, que puede ser una naci&oacute;n, una secta gn&oacute;stica o un equipo de futbol, eso es lo de menos. El hombre deshabitado, el hombre en soledad debe ser tremendamente fuerte para afrontar la realidad, y eso es muy dif&iacute;cil, pero &iquest;por qu&eacute; hemos de limitar la pertenencia? Las fronteras, como las religiones, son creaciones humanas, no realidades externas que las hayan puesto los dioses como l&iacute;mites al <em>ser</em>. Siempre es posible enfrentar esa orfandad, esa soledad, con otras categor&iacute;as que no sean restrictivas, que no sean modelos de oposici&oacute;n estructuralista excluyente. A m&iacute; se me ocurre la fraternidad, que no limita, que no excluye, y que nos re&uacute;ne a la especie humana si es capaz de entenderla como defensa ante la soledad del mundo y sus peligros.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jul 2026 09:59:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Victoria de la alquimia y el espíritu]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/victoria-de-la-alquimia-y-el-espiritu/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MARTA_DEL_POZO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La etimolog&iacute;a de la palabra <em>nigredo</em> lleva al lat&iacute;n, &laquo;negrura&raquo;, &laquo;ennegrecimiento&raquo;, y al &aacute;mbito de la alquimia y los procesos qu&iacute;micos que propician otros de &iacute;ndole espiritual, dando pie a un doble plano de sentido y ocultamiento que Marta del Pozo (Avil&eacute;s, 1980) explora en este libro de poemas. Hay que decir desde el principio que predomina el blanco sobre el negro, y nos vemos tentados a continuar el t&iacute;tulo de la primera parte a&ntilde;adiendo la cursiva al entrecomillado: &laquo;Desde una estrella oscura&raquo;, <em>se ve un mundo luminoso y claro</em>. Hay m&aacute;s luz que sombra y no es poca victoria de la alquimia y el esp&iacute;ritu. Y de la poes&iacute;a, sutil destilaci&oacute;n de ambas. Las secciones vienen encabezadas por citas de Roberto Juarroz, y es curioso que un libro compuesto en su mayor&iacute;a por poemas en prosa, una forma de horizontalidad, se encomiende al esp&iacute;ritu del creador de la <em>Poes&iacute;a vertical</em>. La paradoja pasa tambi&eacute;n por exhibir lo m&aacute;s epid&eacute;rmico en apariencia y ocultar la entra&ntilde;a, mostrar la luz y esconder la sombra; ricas contradicciones en el tramado m&iacute;tico y formal de este libro espl&eacute;ndido de Marta del Pozo, quien hasta en el nombre lleva incorporado el vac&iacute;o, un hueco que se nombra constantemente y que, en su vaciarse, constantemente se colma.&nbsp;</p>
<p>En <em>Nigredo</em> son sobre todo tres las entradas fundamentales a los arcanos, al mundo otro como doblez: dos bocas de acceso situadas a ambos lados del Mediterr&aacute;neo, Grecia, en el extremo oriental, y Sintra, en el occidental; y a ambas se suma otra entrada m&aacute;s, Varsovia, lo que forma un tri&aacute;ngulo casi is&oacute;sceles en el mapa. Y tres especies de p&aacute;jaros con su peculiar simbolog&iacute;a: los gorriones, el ardor del fuego; el cuervo, heraldo de la sombra; y los vilanos, n&iacute;veo p&aacute;jaro que sobrevuela las v&iacute;as de acceso, las carreteras de nuestra geograf&iacute;a europea, sobresignificada a los ojos de quien la ve desde Am&eacute;rica. Aunque en realidad todos los p&aacute;jaros son para el poeta un &uacute;nico p&aacute;jaro, y, si no importa el pa&iacute;s, como leemos en las palabras que abren el libro, tampoco importa la especie aviaria. Lo que se nos prende en la conciencia es la idea del vuelo, iluminando el largo camino de las aves desde sus limosos antepasados reptilianos hasta el dominio de lo m&aacute;s et&eacute;reo.</p>
<p>Otra doblez es la del lenguaje. Pero no se trata de metapoes&iacute;a al uso, sino de una indagaci&oacute;n de m&aacute;s calado que tiene que ver otra vez con el doble plano de realidad y de conciencia, <em>the world within</em> <em>and</em> <em>the world without</em>, en palabras de Joyce, traducido por la autora. Un ejemplo es el tercer poema de la segunda parte, que consigue la proeza de sacarle quilates de altura po&eacute;tica a algo tan pedestre como una clase de idioma. El lenguaje es el combustible que quema el ave alqu&iacute;mica de la poes&iacute;a para levantar el vuelo. Me da la sensaci&oacute;n de que la posibilidad de este vuelo en <em>Nigredo</em> se lo brinda la prosa. La metapoes&iacute;a en verso quedar&iacute;a m&aacute;s limitada en sus indagaciones. En manos de Marta del Pozo, la posibilidad de posar la mirada en todas las cosas con la democratizaci&oacute;n ret&oacute;rica que ofrece el poema en prosa, lejos de la jerarqu&iacute;a vertical del verso, lleva el mundo y la conciencia a ser recintos linderos, vasos comunicantes, y as&iacute; el yo se llena de mundo y viceversa: la poeta queda &laquo;desplanetada entera&raquo;, feliz sintagma de ocupaci&oacute;n y vaciamiento. El poema es el &laquo;territorio de la simultaneidad&raquo;, la &laquo;transversalidad&raquo;, y los periodos sint&aacute;cticos sin interrupci&oacute;n quedan entreverados de los dos planos que busca y menta infatigablemente el libro. V&eacute;ase el poema que empieza &laquo;Pasa el sol por la esquina&raquo; para dar con una visi&oacute;n poli&eacute;drica, &laquo;cual mu&ntilde;eca rusa&raquo;, que sit&uacute;a a la poeta dentro del poema como convidada de piedra, sin voz, gracias al milagro de la mirada. Es un poema que no se resuelve con el &aacute;rido recurso a la metapoes&iacute;a, sino con el aporte personal, biogr&aacute;fico, de la mano de la amplitud del periodo sint&aacute;ctico y la familiaridad de la prosa. Todo un acierto.&nbsp;</p>
<p>La b&uacute;squeda es tambi&eacute;n la de una nueva femineidad que renueve las armas ret&oacute;ricas de la visi&oacute;n tradicional de lo femenino como oquedad, recept&aacute;culo, abrigo del ser en sus latidos iniciales. En ese sentido, titular la tercera parte &laquo;Tierra o nada&raquo; constituye una apuesta valiente en la enunciaci&oacute;n de lo que ser&aacute;, si no tierra nutricia y matricial, la misma nada. Y ah&iacute; la poeta da con un nuevo perfil de lo femenino en su m&aacute;s absoluta desnudez que redunda en la idea que apuntamos antes, la de que todos los p&aacute;jaros son un solo p&aacute;jaro: &laquo;Si me desnudo, pertenecer&eacute; a cualquier &eacute;poca&raquo;. Es un empoderamiento que trasciende la circunstancia hist&oacute;rica pero tambi&eacute;n la convierte en una especie de v&iacute;ctima universal propiciatoria, como se ver&aacute; en el largo poema de la quinta parte, se&ntilde;aladamente titulado &laquo;El pozo&raquo;, una bajada a los arcanos en la mism&iacute;sima Quinta da Regaleira, donde, seg&uacute;n la leyenda, busc&oacute; refugi&oacute; el exilio <em>Illuminati</em> en la Segunda Guerra Mundial, y donde, cuentan, los gritos de los sacrificados turbaban la mullida paz de las noches de Sintra, puerta del cielo, lugar arcano donde los haya. Es el peaje que se paga al buscar el adentro en el afuera, &laquo;la cara oculta de un mundo que fue ventana hacia adentro&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La &uacute;ltima ventana, la de Grecia, es una fragua, no para un dios, sino para un p&aacute;jaro, un pen&uacute;ltimo c&iacute;rculo en la escalera de caracol que forma este libro para llegar al m&aacute;s rec&oacute;ndito de los afueras, su mismo centro. Vienen a unirse las hebras circulares que han recorrido <em>Nigredo</em> bajo el cielo griego, &laquo;el m&aacute;s claro espejo de mi mente&raquo;. Nos quedamos con la cuerda de la femineidad vestida de dignidad en el magn&iacute;fico poema en verso del final de la secci&oacute;n, que adem&aacute;s va en cursiva. Ah&iacute;, la dignidad, en este nuestro llamado Antropoceno, echa la vista atr&aacute;s al C&aacute;mbrico y se imanta del signo tr&aacute;gico de la existencia transversal de las especies, cuando por primera vez un organismo vivo aprendi&oacute; a devorar a otro para medrar y llegar a la complejidad celular que somos asolando la tierra. Es una dignidad &laquo;c&aacute;mbrica y oscura como la oruga / en la lengua del anfibio&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El remate final, el poema &laquo;El dorado&raquo;, culmina la b&uacute;squeda al darle nombre y apellido al mundo afuera y al mundo adentro: es el delgado destello de la vida debajo del cual pesa acumulado el grosor del Hades, al que ha llamado previamente &laquo;la regi&oacute;n del Antes (la regi&oacute;n del Todo)&raquo;, &laquo;donde van a vivir los muertos (desterrados de esta forma tan delgada de vida)&raquo;. En el territorio de la simultaneidad, en la plena conciencia de la cara y la cruz, la vida y la muerte, el eros y el vac&iacute;o, la luz y la sombra, la voz que enuncia no juega con el env&eacute;s tr&aacute;gico de las cosas. Asume su ca&iacute;da y comprende, como el mart&iacute;n pescador que abre el libro, el p&aacute;jaro anfibio, que su reino es ominosamente de este mundo, m&aacute;s suyo si cabe al saberlo perdido. Celebramos este libro inusitado y valiente de Marta del Pozo, luminoso destello en el panorama po&eacute;tico actual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta del Pozo, <em>Nigredo</em>, Bartleby, Madrid, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jul 2026 09:45:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conciencia como experimento: sobre la nueva traducción de "Monsieur teste"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-conciencia-como-experimento-sobre-la-nueva-traduccion-de-monsieur-teste/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/PAUL_VAL_RY_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Dentro de la obra de Paul Val&eacute;ry,&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;ocupa una posici&oacute;n singular: se trata de un texto h&iacute;brido que oscila entre la ficci&oacute;n, la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y el experimento intelectual. Desde su primera aparici&oacute;n en 1896, y a lo largo de las sucesivas ampliaciones que el propio autor fue incorporando, este breve libro se ha convertido en una pieza clave para comprender el n&uacute;cleo del pensamiento val&eacute;ryano: la vigilancia del esp&iacute;ritu sobre s&iacute; mismo, el an&aacute;lisis del acto mental y la sospecha radical hacia las ilusiones del yo.</p>
<p>La reciente edici&oacute;n espa&ntilde;ola traducida por Manuel Mart&iacute;nez-Forega ofrece una nueva oportunidad para revisar este texto desde una perspectiva filol&oacute;gica y cr&iacute;tica. La dificultad de&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;no radica &uacute;nicamente en su densidad conceptual, sino tambi&eacute;n en su forma literaria. Val&eacute;ry construye aqu&iacute; una obra deliberadamente fragmentaria, compuesta por escenas narrativas, anotaciones reflexivas, cartas y pasajes cercanos al aforismo. Esta estructura abierta responde a la propia naturaleza del proyecto: m&aacute;s que narrar una historia, el texto intenta aproximarse al funcionamiento de una conciencia excepcional. El personaje de Edmond Teste &mdash;designado frecuentemente como &ldquo;M. Teste&rdquo;&mdash; aparece as&iacute; como una figura l&iacute;mite. Su rasgo distintivo no es una biograf&iacute;a ni una psicolog&iacute;a definida, sino una actividad intelectual llevada hasta sus &uacute;ltimas consecuencias. Teste se presenta como un hombre que ha reducido su existencia a la observaci&oacute;n met&oacute;dica del pensamiento. En &eacute;l, toda experiencia es sometida a un proceso de an&aacute;lisis que busca separar lo necesario de lo contingente, lo posible de lo imposible. El resultado es una forma de vida dominada por la lucidez y por una desconfianza sistem&aacute;tica hacia los automatismos de la conciencia. Esta radicalidad explica que&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;haya sido le&iacute;do con frecuencia como una especie de &ldquo;mito intelectual&rdquo;. El propio Val&eacute;ry sugiri&oacute; en diversas ocasiones que su personaje deb&iacute;a entenderse en relaci&oacute;n con otras figuras emblem&aacute;ticas de la tradici&oacute;n occidental &mdash;como Fausto o Leonardo da Vinci&mdash; que encarnan diferentes modelos de relaci&oacute;n entre conocimiento y experiencia. Teste, sin embargo, representa una figura a&uacute;n m&aacute;s extrema: la de una inteligencia que aspira a contemplarse a s&iacute; misma sin mediaciones, como si el esp&iacute;ritu pudiera convertirse simult&aacute;neamente en sujeto y objeto de su propio an&aacute;lisis. Desde esta perspectiva, el libro puede leerse como una anticipaci&oacute;n de muchas de las preocupaciones que dominar&aacute;n la obra posterior de Val&eacute;ry, en particular sus c&eacute;lebres&nbsp;<em>Cahiers</em>. En esos cuadernos &mdash;redactados durante m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os&mdash; el escritor desarrollar&aacute; una investigaci&oacute;n sistem&aacute;tica sobre los procesos mentales, la creatividad, la memoria y el lenguaje.&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;aparece as&iacute; como una primera cristalizaci&oacute;n literaria de ese vasto laboratorio intelectual.</p>
<p>La traducci&oacute;n de un texto con estas caracter&iacute;sticas plantea problemas espec&iacute;ficos. Val&eacute;ry es un autor extremadamente atento a la precisi&oacute;n l&eacute;xica y a las resonancias conceptuales de cada palabra. Su prosa se caracteriza por una tensi&oacute;n constante entre claridad anal&iacute;tica y ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica, as&iacute; como por una sintaxis que a menudo busca reflejar el movimiento mismo del pensamiento. A ello se suma la presencia de t&eacute;rminos cuya densidad filos&oacute;fica depende en gran medida de la tradici&oacute;n intelectual francesa. La versi&oacute;n de Manuel Mart&iacute;nez-Forega se enfrenta a estas dificultades con un criterio que privilegia la fidelidad estructural al original. En lugar de suavizar la complejidad de la escritura val&eacute;ryana, el traductor procura conservar su densidad conceptual y su ritmo reflexivo. Esta elecci&oacute;n resulta especialmente pertinente en un texto cuyo inter&eacute;s reside precisamente en la tensi&oacute;n entre pensamiento y lenguaje. La traducci&oacute;n reproduce as&iacute;, en la medida de lo posible, la textura anal&iacute;tica del original franc&eacute;s, permitiendo que el lector hispanohablante perciba la exigencia intelectual que caracteriza la obra. La edici&oacute;n se ve enriquecida adem&aacute;s por un aparato cr&iacute;tico que cumple una funci&oacute;n decisiva. La introducci&oacute;n del traductor ofrece un recorrido por la g&eacute;nesis del texto y por las principales interpretaciones cr&iacute;ticas que ha suscitado a lo largo del siglo XX. Este contexto resulta particularmente &uacute;til para situar&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;dentro del itinerario intelectual de Val&eacute;ry, as&iacute; como para comprender su relaci&oacute;n con los debates filos&oacute;ficos y est&eacute;ticos de su tiempo. Las notas que acompa&ntilde;an la traducci&oacute;n cumplen asimismo un papel esclarecedor. En un texto donde abundan las alusiones culturales, los matices etimol&oacute;gicos y las formulaciones conceptuales condensadas, estas anotaciones permiten orientar la lectura sin interrumpir el flujo del discurso. Se trata de un equilibrio delicado, pero necesario en una obra que exige una atenci&oacute;n constante por parte del lector. M&aacute;s all&aacute; de su inter&eacute;s filol&oacute;gico, la reedici&oacute;n de&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;invita tambi&eacute;n a reconsiderar la actualidad del proyecto val&eacute;ryano. En una &eacute;poca marcada por la proliferaci&oacute;n de discursos sobre la subjetividad, la figura de Teste propone una forma de introspecci&oacute;n radical que no busca la expresi&oacute;n emocional, sino el examen riguroso de las operaciones del pensamiento. Su figura encarna una pregunta que sigue siendo pertinente: hasta qu&eacute; punto la conciencia puede comprenderse a s&iacute; misma sin quedar atrapada en sus propias ficciones. En este sentido, el libro mantiene intacta su capacidad de inquietar y de fascinar. La inteligencia absoluta que Teste parece representar no es presentada como un ideal plenamente realizable, sino m&aacute;s bien como una hip&oacute;tesis extrema, casi parad&oacute;jica. El texto de Val&eacute;ry se sit&uacute;a precisamente en ese l&iacute;mite: all&iacute; donde la lucidez amenaza con disolver las certezas de la experiencia ordinaria.</p>
<p>La nueva traducci&oacute;n de Manuel Mart&iacute;nez-Forega contribuye a renovar el acceso a esta obra fundamental, respetando su complejidad y ofreciendo las herramientas necesarias para una lectura rigurosa. Gracias a este trabajo,&nbsp;<em>Monsieur Teste</em>&nbsp;vuelve a presentarse ante el lector contempor&aacute;neo como lo que siempre ha sido: no solo un texto literario singular, sino tambi&eacute;n una de las exploraciones m&aacute;s radicales de la conciencia en la literatura moderna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paul Val&eacute;ry, <em>Monsieur Teste</em>, edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Manuel Mart&iacute;nez-Forega, ep&iacute;logo de Fernando A&iacute;nsa, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jul 2026 08:00:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manual de instrucciones para la vida / muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manual-de-instrucciones-para-la-vida-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/_NGEL_GUINDA_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, desaparecido poeta zaragozano, se convirti&oacute; en vida en can&oacute;nico para varias generaciones. Su fallecimiento dej&oacute; hu&eacute;rfanos a escritores y lectores y su obra, referente en vida, se ha convertido en imprescindible objeto de estudio y revisi&oacute;n. Primero apareci&oacute; una biograf&iacute;a, <em>Las claves de lo oscuro: biograf&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda</em> de J. Benito Fern&aacute;ndez editada por Olifante que, tambi&eacute;n, public&oacute; <em>Vida &aacute;vida. Poes&iacute;a reunida 1970-2022</em>, el compendio de toda su obra.&nbsp;</p>
<p>La lectura de &Aacute;ngel Guinda es exigente por las distintas realidades: libros estil&iacute;sticamente distintos, herm&eacute;ticos y mundanos seg&uacute;n momento vital y la revisi&oacute;n constante que el propio autor somet&iacute;a a su obra, haciendo complejo compatibilizar el deseo del poeta con la exigencia del completismo. As&iacute; que resulta nutricio y necesaria una lectura antol&oacute;gica que responda a la decisi&oacute;n de un estudioso como es el caso de este volumen,<em> Me he fumado la vida. Antolog&iacute;a po&eacute;tica,</em> en edici&oacute;n de Luis Gracia Gaspar y publicado por Visor.&nbsp;</p>
<p>Aunque existe una antolog&iacute;a previa, incompleta en lo temporal, pero vibrante por suponer el retorno a la escritura plena por parte de Guinda, aparecida en la colecci&oacute;n &ldquo;La gruta de las palabras&rdquo;, <em>La creaci&oacute;n po&eacute;tica es un acto de destrucci&oacute;n</em> (PUZ, 2004), este compendio de Luis Gracia Gaspar es una herramienta perfecta para acceder a la compleja arquitectura de la obra del &uacute;ltimo gran poeta aragon&eacute;s. Distintos estadios, donde la vida y los libros se mezclan, permiten una geometr&iacute;a estanca para asegurar el avance en el libro: la llama, acechante silencio: &ldquo;Te he dado compa&ntilde;&iacute;a hasta quedarme solo / y calor hasta quedarme fr&iacute;o&rdquo;. En <em>Vida &aacute;vida</em>, se habla del LSD y del poeta, condenado eternamente a no dar vida: &ldquo;Porque eras joven / y ve&iacute;as la muerte a&uacute;n lejana&rdquo;. En los meses del arrastre, con la muerte de Jaime Gil de Biedma presente, el poeta juega con ADAMAR, todos los heter&oacute;nimos, los juegos geogr&aacute;ficos, escuchas, como en la canci&oacute;n de Luis Eduardo Aute, en las melod&iacute;as de Rosa Le&oacute;n (a la que Guinda cedi&oacute; algunas letras), entre medio, el recuerdo de otro explorador como Manuel Mart&iacute;nez Forega, amigo de Guinda. La obra de 1986, <em>El almendro amargo</em>, recientemente reeditada, lo une con una Argentina convulsa a trav&eacute;s de su propio pa&iacute;s, EXTRA&Ntilde;A: &ldquo;Qui&eacute;n no ha comido hambre alguna vez&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte es &ldquo;La combusti&oacute;n&rdquo;: Con libros como <em>Conocimiento del medio</em> y versos como el titular: &ldquo;Me he fumado la vida&rdquo; o la ceniza de &ldquo;Nadie puede avanzar / en medio de un bosque en llamas / s&iacute; a trav&eacute;s del desierto&rdquo;. Transicionando del malditismo a la poes&iacute;a cercana y nutricia, es el libro <em>La llegada del mal tiempo</em><strong> </strong>que contiene instantes como &ldquo;Mi vida recibe instrucciones de otras vidas / anteriores a m&iacute; / a las que sirvo&rdquo; o &ldquo;Mi vida es una noche que a la luz no se adapta, / un astro fugitivo extraviado en la tierra&rdquo;. Guinda busca, punz&oacute;n y piedra, versos que enjuaguen las reglas del juego. Reglas que ser&aacute;n cambiantes y opacas hasta el final de su vida: &ldquo;Cuando se nubla la vista / todo se ve definitivamente claro / escenario de la obra&rdquo;. El tiempo, el poema, como si &Aacute;ngel Guinda viviera toda su existencia a la vez, pasado y presente. Guinda, en conexi&oacute;n con Gabriel Sope&ntilde;a, se acerca a Cesare Pavese, en ese lugar donde la muerte acude con los ojos abiertos, y, otra vez, Jaime Gil de Biedma, compartiendo norma y escenario para la obra: &ldquo;<span style="text-decoration: underline;">M&aacute;s no te preocupes, esto solo sucede con el paso de los a&ntilde;os</span>&rdquo; Todos los que fueron j&oacute;venes a la sombra de Guinda conocieron su explosiva nova, capaz de alimentar con sus rayos salvajes e iluminar los angostos caminos de la creaci&oacute;n mientras &eacute;l, generoso, peleaba contra la oscuridad y la muerte, sin sucumbir nunca.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de la combusti&oacute;n, la tercera parte: &ldquo;El humo&rdquo;: aqu&iacute;, coincide con el salto cualitativo en su obra, una mayor producci&oacute;n y el alejamiento de la negrura y el malditismo. En <em>Claro interior</em> aparece el poema &ldquo;El mar&rdquo;: &ldquo;<em>A que me lleva la vida por delante</em>&rdquo; y los versos definitivos de esta nueva etapa, el poema &ldquo;Cajas&rdquo;. Poema canci&oacute;n, doctrinal y referente. Y que lleva hasta <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, donde tenemos otro momento fundamental, el poema &ldquo;Escribir&rdquo;: &ldquo;Si me quitan la palabra escribir&eacute; con el silencio / Si me quitan la luz escribir&eacute; en tinieblas&rdquo; y continua con &ldquo;Si me quitan la vida escribir&eacute; con la muerte&rdquo;. Un momento fundamental, siempre con ese contraste de la vida y la muerte, de la juventud y la vejez: &ldquo;La muerte es la verdad de haber vivido&rdquo; o &ldquo;En plena juventud / escrib&iacute; gravemente, / como un discreto anciano / que solo piensa en vivir&rdquo;. Con cierre de versos como &ldquo;Ahora que envejezco / escribo como un joven que se arriesga a morir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Esa construcci&oacute;n, esa din&aacute;mica, contin&uacute;a: &ldquo;<em>La muerte es la verdad de haber vivido</em>&rdquo;o &ldquo;<em>En plena juventud/escrib&iacute; gravemente, /como un discreto anciano/que solo piensa en vivir</em>&rdquo;. El paso del tiempo se convierte en una gu&iacute;a creativa: &ldquo;<em>Ahora que envejezco/escribo como un joven/que se arriesga a morir</em>&rdquo;. De Zaragoza a Madrid, de Madrid a Zaragoza, la deconstrucci&oacute;n del poeta que llega con todas las voces del mundo y un tercer v&eacute;rtice, Trasmoz y el Moncayo. Leer <em>Materia del amor</em>: &ldquo;Ya no me falta el aire / ahora respiro tu respiraci&oacute;n&rdquo;. Y ese momento de amor &uacute;ltimo y definitivo: &ldquo;A tu lado / tengo m&aacute;s sed de fuego que de agua&rdquo;. Recordar palabras como salgo del mundo cuando entro en ti o entro en tu cuerpo como un museo. La sensualidad imperfecta, siempre presente. Un momento de recuerdo: &ldquo;Calles como ciudades sumergidas / fuera de la aplastante realidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><em>Espectral</em><strong> </strong>es un libro que surge en un estado de trance, en la madrugada de los fines de semana, escuchando a Iker Jim&eacute;nez imbuido en un ritmo mefistof&eacute;lico. Para ofrecer uno de los poemas m&aacute;s bellos y menos conocidos, donde est&aacute; la Zaragoza de chocolate y co&ntilde;ac, Zaragoza espesa de los poetas del Nik&eacute;. Una Zaragoza de alcanfor y amenaza de modernidad, geogr&aacute;ficamente salvaje en la distancia del tiempo y el espacio: &ldquo;De ni&ntilde;o yo ve&iacute;a en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola&rdquo;, el eco claro de Miguel Labordeta: &ldquo;Ovejas con cabeza de mujer, mujeres con cabeza de cuna&rdquo;. Volver por un instante al poema &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo; de Julio Antonio G&oacute;mez. Todas esas palabras, esas im&aacute;genes, de decadencia y existencialismo: &ldquo;Manadas de mujeres y de hombres con cabeza sin ojos, boca, orejas, nariz, hombres y mujeres sin cabeza. Y cabezas rondando por las calles&rdquo;. Su obra se multiplica, aparecen los libros con una regularidad casi de juventud, de adolescente entregado a la religi&oacute;n de la poes&iacute;a: <em>Caja de lava</em> y <em>Rigor vitae</em>. Una frase que nos recuerda al misticismo de tabaco negro de Jacques Brel: &ldquo;Toda mi vida he sido un moribundo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Para terminar, una cuarta parte de los restos, todav&iacute;a encendidos, que conforman &ldquo;La ceniza&rdquo;. Libros como <em>Catedral de la noche</em>: &ldquo;Nac&iacute; de las entra&ntilde;as de la muerte&rdquo;. El poeta afirma: &ldquo;He sido siempre mi mayor peligro: vendr&aacute; la noche y no encontrar&aacute; nada&rdquo;. La arcadia y el albatros, la aparici&oacute;n del albatros de Charles Baudelaire. Uno de los poemas favoritos de &Aacute;ngel Guinda. Se cita: &ldquo;Por m&aacute;s que he vivido no s&eacute; lo que es la vida, /, pero la vida sabe lo que soy. / &iquest;Ver&eacute; el parto de otra primavera?/La noche ciega deslumbra a quien busca&rdquo; y sigue; &ldquo;Soy el &aacute;rbol que piensa en el ahorcado, / la autopsia que nunca se detiene&rdquo;, llegando hasta &ldquo;Con las ruedas pinchadas, con velas en el techo, / la carroza f&uacute;nebre de la noche avanza&rdquo;. Medio lustro para<strong> </strong><em>Los deslumbramientos seguido de recapitulaciones (2015-2020)</em>, tiempos definitivos: &ldquo;La vida es nuestra. / Nosotros somos de la muerte&rdquo;. Un viejo que ya no camina erguido. Se apaga para convertirse en eternidad, as&iacute; llega una poes&iacute;a p&oacute;stuma, el incendio frustrado del hielo, un cerebro, abierto, &eacute;l solo. La poes&iacute;a es aplastada por sus propias alas. Acercarse al mensaje lanzado hacia el ma&ntilde;ana, con <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, aparecido en 2023: &ldquo;Qu&eacute; vida est&aacute; tu vida / qu&eacute; viva est&aacute; mi muerte / mi pecho es una l&aacute;pida: / entre las dos hay bullas. / Inhalo solo el aire que t&uacute; espiras. / Para sobrevivir. / Y si muerto a tu lado me curar&aacute; la muerte&rdquo;. El luto universal, la muerte atrapada en los versos del ausente: &ldquo;Yo nac&iacute; el mismo d&iacute;a / que se muri&oacute; mi madre. / Un veintis&eacute;is de agosto. / Las amapolas son co&aacute;gulos de sangre&rdquo;. En tiempos de can&iacute;cula, de una tierra bajaba de luz, a gatas. Es Guinda un poeta que sue&ntilde;a, que habita poemas infinitos. Dormir, hoy, sin&oacute;nimo de muerte, muerte. Como escribe el poeta: &ldquo;Tal vez querr&aacute;s traducir mi silencio&rdquo;.&nbsp; Uno de los grandes poetas espa&ntilde;oles del siglo, transitando por generaciones, el amor absoluto, de luz y muerte, exigente y cercano: &ldquo;No existe diccionario de silencios, / pero existen diccionarios de recuerdos&rdquo;. Una antolog&iacute;a imprescindible, una selecci&oacute;n excelente, el manual de instrucciones para la vida y la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, <em>Me he fumado la vida. Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, edici&oacute;n de Luis Gracia Gaspar, Madrid, Visor, 20</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jul 2026 07:45:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía sin trampa ni cartón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poesia-sin-trampa-ni-carton/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/EZEQU_AS_BLANCO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Suele decir uno de los ilustres hijos de Zamora, Perfecto Cuadrado, que se cuenta entre los grandes especialistas en Fernando Pessoa actuales (junto a Richard Zenith y Jer&oacute;nimo Pizarro), que Zamora es ese lugar al que uno debe desviarse para llegar a ella (y a la que Blanco dedica un poema). &nbsp;Seguramente por eso se ha reconocido tarde la poes&iacute;a de Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago, reciente premio de la Cr&iacute;tica de 2024, y compa&ntilde;ero de aventuras del tambi&eacute;n zamorano Ezequ&iacute;as Blanco, profesor de literatura, adem&aacute;s de nombre de referencia en la cultura del sur de Madrid, concretamente en Getafe. All&iacute; dirigi&oacute; la ya extinta revista pero se&ntilde;era &ldquo;Cuadernos del matem&aacute;tico&rdquo;, entre 1988 y 2018, y el festival Cultura Inquieta. Le ha dado tambi&eacute;n tiempo para escribir cuentos, relatos y poemas durante muchos a&ntilde;os, &nbsp;como demuestra este libro y su &nbsp;indudable vocaci&oacute;n poco conocida, al menos hasta ahora, pues ha solido publicar en editoriales con poca visibilidad.</p>
<p>La poes&iacute;a de Ezequ&iacute;as Blanco vista as&iacute; en su conjunto, se presenta en su multiplicidad de f&oacute;rmulas, desde el endecas&iacute;labo blanco a la d&eacute;cima, desde el vers&iacute;culo al &ldquo;proema&rdquo;, desde la canci&oacute;n hasta el poema aforismo. Y es que desde <em>Limitaci&oacute;n del vuelo</em> (1979) hasta el &uacute;ltimo libro <em>Frutas para una Macedonia</em> (2026), que con humor subtitula (<em>Libro in&eacute;dito y p&oacute;stumo</em>), ha tenido tiempo para abordar mil y un asuntos, y una de las caracter&iacute;sticas diferenciadoras que mejor le definen. En efecto, en sus poemas surgen gran prolijidad de motivos &nbsp;que aborda con proximidad, interpret&aacute;ndolos o descubri&eacute;ndose en ellos, a veces entra&ntilde;ablemente, de la misma manera que en otras ironiza o sencillamente juega. O ama y rememora la infancia, de la misma manera que al hilo de la denominada poes&iacute;a de la edad, renueva la perspectiva de sus afectos en <em>D&eacute;cimas para Sara</em>, una de sus nietas. En su poes&iacute;a clara y reflexiva (sobre todo en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os en que coquetea, sin ponerse tr&aacute;gico ni estupendo con el paso del tiempo, pues no es un poeta obsesivo o con &ldquo;herida&rdquo;) cabe de todo, l&eacute;ase memoria, identidad con la tierra y la historia, pero tambi&eacute;n lo circunstancial y lo pr&oacute;ximo en su d&iacute;a a d&iacute;a. El vitalismo del que hacen gala sus versos sabe hacer poema a los bares, en uno de mis libros preferidos, tal vez porque en alguno de ellos hemos disfrutado con otros poetas de la zona, Manolo Romero (el yerno de Jos&eacute; Hierro) y Crist&oacute;bal L&oacute;pez de la Manzanara, muchas charlas. Me refiero a <em>Bare Nostrum</em> y donde rinde homenaje a esos espacios de la participaci&oacute;n y la amistad, de la vida y de las confidencias literarias.</p>
<p>Sin embargo, con todo, yo me quedo con <em>Tierra de luz blanda</em>&nbsp; (2019) y <em>Algo tendr&aacute; que ver el cine </em>(2022) con su canto a los antepasados (no los de Rafael Cadenas y Juan Carlos Mestre, que los adopt&oacute;) en &laquo;Visita a la casa familiar abandonada&raquo; o tantos otros: &laquo;El cuenco de manteca&raquo;, &nbsp;que muestran a un poeta de corte tradicional y personal, sin impostura, haciendo bueno el &nbsp;hoy sin neovanguardia, si es que ese t&eacute;rmino no es una contradicci&oacute;n o una paradoja. En ese largo aprendizaje hacia el poema, Ezequ&iacute;as Blanco ha sabido esperar y sembrar de vez en cuando algunos &aacute;rboles con frutos sabrosos&nbsp; y apetecibles, como los comentados, ya en la madurez, &nbsp;desde una entra&ntilde;abilidad muy personal, sin calco ni remedo, sin trampa ni cart&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ezequ&iacute;as Blanco, <em>Construirte un abismo. Poes&iacute;a agrupada 1975-2025</em>. Madrid, Huerga y Fierro, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jul 2026 07:33:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El enemigo no ha dejado nunca de vencer]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-enemigo-no-ha-dejado-nunca-de-vencer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/PEPO_PAZ_SAZ_-_COMENZAR_EL_OLVIDO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Comenzar el olvido</em> es un <em>bildungsroman</em>, una novela de formaci&oacute;n y de educaci&oacute;n sentimental, concienciaci&oacute;n pol&iacute;tica y reivindicaci&oacute;n hist&oacute;rica. Est&aacute; narrada en tercera persona, y el relato discurre siguiendo la mirada y los pasos de Manu, un narrador que sabe muy bien salir del marco para que entre la historia, con min&uacute;scula, lo no contado por la otra, la Historia con may&uacute;scula. Escribi&oacute; Walter Benjamin que el enemigo no ha dejado nunca de vencer, y de eso va tambi&eacute;n la novela. Manu se sabe presa de una especie de derrota epistemol&oacute;gica, el narrador indaga, se podr&iacute;a decir que remueve Roma con Santiago, Hortaleza con Fuenlabrada, los despachos de la polic&iacute;a pol&iacute;tico-social con la redacci&oacute;n de un peri&oacute;dico, pero la novela acaba con el tono amargo y no conclusivo de una derrota. &nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Comenzar el olvido</em> se divide en tres partes, en tres tiempos muy distintos. Est&aacute; primero el pasado m&aacute;s atr&aacute;s cronol&oacute;gicamente hablando, cuando sucede el primer feminicidio, el suceso narrado m&aacute;s pegado a la piel, ocurrido en plena infancia del narrador. Viene luego el pasado todav&iacute;a remoto pero algo menos porque lo sorprende en la adolescencia, y es cuando le cuentan lo que no es propiamente un feminicidio y tiene algo de accidente, pero que equipara a la v&iacute;ctima con las de cualquier crimen machista al quedar enterrada en el olvido y ser una muerte, no conviene olvidarlo, causada por un sistema patriarcal de represi&oacute;n. Y tercero, queda lo que pasa en el &laquo;pasado pr&oacute;ximo&raquo;, un pasado que casi nos salpica con su inmediatez. Es el presente de Manu, el punto privilegiado desde el que narra la historia y busca asimilar narrativamente los dos asesinatos que le rozan en su historia personal. Ahora le roza algo m&aacute;s, un relato relativamente ajeno, los diarios que caen en sus manos, escritos por una desconocida, Marisa Bravo, testigo de la guerra y la posguerra, una exhumaci&oacute;n que hasta cierto punto habla con voz propia. <em>Comenzar el</em> <em>olvido</em> es la historia de 3 silenciamientos que, si bien no conocen la rectificaci&oacute;n que les es debida en la p&aacute;gina de la Historia, si se corrige ese silencio &mdash;que suele ser c&oacute;mplice&mdash; en la novela.</p>
<p>Una escritora como Edurne Portela, que vivi&oacute; de cerca el conflicto vasco, hablaba de que, antes de pasar a la parodia &mdash;se refer&iacute;a a <em>Ocho apellidos vascos</em>&mdash;, habr&iacute;a que hacer duelo, solo entonces se podr&iacute;a hablar con el debido conocimiento y, de suyo, con desenfado. Y est&aacute; el libro de Mavi O&ntilde;ate que se ha publicado hace poco, <em>Cu&eacute;ntame el olvido</em>. El <em>duelo antes de la parodia</em>, <em>contar el olvido</em>, <em>comenzar</em> <em>el olvido</em>, son combinaciones de palabras un tanto agramaticales, como la<em> </em>misma<em> ley de la memoria</em>; chocan juntas las palabras que forman el sintagma, un eco de la situaci&oacute;n relativamente anormal que describen. Nos hablan de un hiato hist&oacute;rico, un hueco en la psique no balizado por el lenguaje, que se revela como cierta necesidad urgente de narrar, una forma de nombrar que, si atendemos a la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social en Occidente hoy en d&iacute;a, trae a la mente una pregunta: &iquest;por qu&eacute; ahora?</p>
<p>Cuando en una obra narrativa llama la atenci&oacute;n la demora en las descripciones, todo apunta a una voluntad de rescate, frente a lo trepidante de lo sucedido. Quien lee narrativa espera cada vez m&aacute;s esto &uacute;ltimo, un supuesto manejo fluido y r&aacute;pido que aporte sin demora una secuencia de hechos, causas y consecuencias, jugando incluso a posponer esto &uacute;ltimo con la sacrosanta idea del suspense. Este tipo de lectura cada vez acepta menos una narrativa que no sea, si se me permite decirlo un tanto vagamente, emp&iacute;rica y concisa. Hay no obstante quien lee narrativa y comparte la voluntad de rescate, de recuperaci&oacute;n, se siente c&oacute;modo en ese marco. Un marco, dig&aacute;moslo, ideol&oacute;gico. En ese sentido, <em>Comenzar el olvido</em>, una novela de cuidado exquisito del lenguaje, es tambi&eacute;n una novela de denuncia, y el equilibrio entre ambos polos, la demora expositiva y la urgencia declarativa, es sin duda el dif&iacute;cil equilibrio que ha buscado su autor. Una pesquisa de la que sale airoso, hay que decir.</p>
<p>Llama la atenci&oacute;n, en el marco geogr&aacute;fico de la novela, el descampado como espacio de la ciudad, la historia y la memoria. Una buena traducci&oacute;n del famoso libro de T. S. Eliot, <em>The Waste Land</em>, podr&iacute;a haber sido <em>El descampado</em>. Quiz&aacute; la separaci&oacute;n de las palabras en ingl&eacute;s, frente a los casos en los que se presenta en una sola palabra, aconsejaba esa traducci&oacute;n. Tambi&eacute;n suena mejor &laquo;la tierra bald&iacute;a&raquo; que &laquo;el descampado&raquo;, t&eacute;rmino hasta cierto punto malsonante, y, de nuevo, reflejo en el idioma de un hueco inc&oacute;modo en la realidad. En la p&aacute;gina 119 leemos: &laquo;El bald&iacute;o es el l&iacute;mite, la linde entre el desconsuelo y la tierra de nadie&raquo;. Se nos ocurre que, m&aacute;s que el l&iacute;mite, acaso el bald&iacute;o, el descampado, sea el centro. Y, si se suele decir que toda novela tiene un punto oscuro, un centro no mentado que la gobierna, cabe preguntarse si ese v&eacute;rtigo es, por un lado, el silencio impuesto, contra el que se enfrenta Manu en desigual lucha. Pero, por otro lado, si no ser&aacute; el descampado ese punto oscuro, el fulcro de atracci&oacute;n, el agujero negro. Los descampados parecen cosa del pasado desarrollista del pa&iacute;s, pero siguen entre nosotros, en la fibra misma de la ciudad. Hace no muchos a&ntilde;os, en un barrio obrero de Burgos, los vecinos se sublevaron porque las autoridades municipales amenazaban con convertir su descampado, &uacute;til para aparcar y pasear al perro, en un aparcamiento regulado de cemento. Hubo alguna cadena de televisi&oacute;n que adopt&oacute; la causa con entusiasmo y retransmiti&oacute; informativos desde all&iacute;. Alg&uacute;n poeta lleg&oacute; a escribir versos como &laquo;menos Gamoneda y m&aacute;s Gamonal&raquo;. El descampado ocupa nuestra psique y nos lleva incluso a confundir presente, pasado y est&eacute;tica literaria.</p>
<p>Otro asunto candente que aborda la novela es el de la familia. En la p&aacute;gina 108 Manu &laquo;se siente parte de un linaje solidario, de una saga en la que representaba el futuro, lo novedoso&raquo;. Luego, en la p&aacute;gina 139 da m&aacute;s detalles de ese &aacute;mbito familiar: &laquo;Refugio y ant&iacute;doto. La familia. Una medicina que aplaca moment&aacute;neamente el dolor. Nunca su origen&raquo;. Hay relativa ambig&uuml;edad en estas palabras, no sabemos si buscada. Invita a pensar que la familia sea tambi&eacute;n a veces el origen del dolor, su fuente misma. Y esto lleva a otra palabra que el autor subraya en la novela, con cita de un verso de Rosana Acquaroni: la obediencia. Viene a la cabeza un lema que se repet&iacute;a en aquellos a&ntilde;os, &laquo;Ni profe, ni sargento, ni patr&oacute;n: insumisi&oacute;n&raquo;. La primera pieza era intercambiable, pod&iacute;a ser <em>profe</em>, pero tambi&eacute;n se dec&iacute;a a veces <em>cura</em>, y podr&iacute;a ser tambi&eacute;n <em>padre</em>. Y en la novela hay una obediencia de guante de hierro, la debida a la dictadura, a la polic&iacute;a pol&iacute;tico-social, a &Iacute;&ntilde;iguez, el polic&iacute;a represor; y hay tambi&eacute;n &laquo;una obediencia de guante blanco&raquo; (p&aacute;gina 114) al padre, al abuelo, a la familia. &Iacute;&ntilde;iguez tiene doble papel en <em>Comenzar el olvido</em>: investiga el crimen de la mujer de la tinaja en la primera parte, y aparece luego como oficial al mando de los antidisturbios que provocan la muerte de Mariluz N&aacute;jera en la segunda. &Iacute;&ntilde;iguez es quien verbaliza la derrota epistemol&oacute;gica de mayor alcance cuando equipara ambos planos de obediencia con estremecedoras palabras: &laquo;La unidad es nuestra familia. &iexcl;&iexcl;Y la familia se defiende sin fisuras!!&raquo;.</p>
<p>La novela acota el punto en el que sucede el cruce de trayectorias entre el bote de humo y la cabeza de la joven manifestante, que quiz&aacute; solo pasara por all&iacute;; o no, que estaba all&iacute; con toda la intenci&oacute;n. La vida puede ser eso, un cruce de trayectorias, pero la novela lo es por antonomasia, le da cabida al azar en la trama a trav&eacute;s de la inventiva. En la p&aacute;gina 158, cuando &Iacute;&ntilde;iguez despacha al polic&iacute;a novato que ha disparado el bote, entierra todo lo sucedido bajo un manto de impunidad d&aacute;ndole unas vacaciones al subordinado. El narrador apostilla: &laquo;Diluirse en la vor&aacute;gine de la sangre y el silencio. La eternidad era eso. Por los siglos de los siglos&raquo;. La labor del novelista entonces pasa por llamar la atenci&oacute;n sobre ese instante y contenerlo, delimitarlo en el relato, darle forma de suficiencia y direcci&oacute;n en la trama a lo sucedido, aislarlo del devenir innominado y mostrenco. El narrador lo llama &laquo;engarzar la historia&raquo; (p&aacute;gina 160). La mirada del novelista se&ntilde;ala, resignifica y salva, a&iacute;sla una gota del discurrir voraginoso para evitar la licuefacci&oacute;n del sucedido, hacer posible que el cruce de trayectorias, como la sangre de san Jenaro, solidifique y llame a contemplar el milagro que transubstancia a la mujer de la tinaja en Natividad Romero Rodr&iacute;guez.</p>
<p><em>Comenzar el olvido</em> arroja luz sobre unos a&ntilde;os que corren riesgo de terminar en el olvido, algo que interesa a la conviene de ideolog&iacute;a conservadora radical en la actualidad, pero no deber&iacute;amos pasar por alto las numerosas, precisas y preciosas descripciones de otra luz, la m&aacute;s pura y abstracta, obra de un autor que ha destacado escribiendo libros de viajes sobre puntos del mapa para ver cielos y atardeceres. Quiz&aacute; eso le abriera la mirada para engarzar en el trasunto de su primera novela la descripci&oacute;n de un taller de carpintero en un poblado chabolista cabe el descampado: &laquo;Un rayo de sol perfila el ventanuco y las motas de serr&iacute;n delimitan la luz igual que en una pintura de Fra Angelico&raquo; (p&aacute;gina 53). Pan de oro en la p&aacute;gina por fin iluminada de la Historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pepo Paz Saz, <em>Comenzar el olvido</em>, Madrid, Reino de Cordelia, 2026&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jul 2026 09:45:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasión y paternidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pasion-y-paternidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DAVID_REFOYO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>David Refoyo (Zamora, 1985) es narrador y poeta. Sus &uacute;ltimos libros son la novela <em>Los restos</em> (Editorial Dieci6, 2025) y los poemarios <em>El fondo del cubo</em> (Visor, 2020; acc&eacute;sit del XXX Premio de Poes&iacute;a Jaime Gil de Biedma y finalista del Premio de la Cr&iacute;tica de Castilla y Le&oacute;n en 2021), <em>Redenci&oacute;n</em> (La Bella Varsovia, 2022). Retoma los versos con <em>Las ganas de comer Oreo</em> (La Bella Varsovia, 2026) un volumen que tiene la paternidad como descubrimiento y hechizo, combinada con el p&aacute;nico y el inherente miedo a un futuro que se presenta como construcci&oacute;n l&iacute;rica sobre un presente donde todo es posible, estad&iacute;stica y cartab&oacute;n doblado.&nbsp;</p>
<p>La primera parte del libro, &ldquo;La vida corta&ldquo;<strong> </strong>comienza con<strong> </strong>poemas de carb&oacute;n y bistur&iacute;. "Si la cuna, entonces es casa". Escuchar al hijo creciendo, como escribi&oacute; Francisco Umbral, en la tr&aacute;gica confusi&oacute;n del rumor de la hierba, que tambi&eacute;n se acerca: tierra y c&eacute;sped. &iquest;Qu&eacute; queda atr&aacute;s? Un verano: "S&eacute; que yo he muerto un poco desde entonces". Escuchar un avi&oacute;n, que se marcha, que vuelve, que es una posibilidad. &Eacute;l, poeta, padre, dice: "Pero no eres t&uacute;". As&iacute; que la estaci&oacute;n se convierte en un lugar m&aacute;s que un tiempo. "El verano ya nunca m&aacute;s tendr&aacute; el color de los veranos". Con distintas posiciones sensibles, sabores, olores: un hambre que avanza hacia el mediod&iacute;a con disciplina. &iquest;Las galletas? &iquest;Hay algo que acerque m&aacute;s al padre y al hijo?&nbsp; Y luego, claro, la madre. Un hijo, un padre. Pero el progenitor, mutado: "No importaba lo que dec&iacute;as, solo que dec&iacute;as". La presencia es el opuesto a la ausencia. Llenar un hueco, de la vida, de la pasi&oacute;n: sensaciones, saber, probar. Y cito: "A los doce a&ntilde;os el mar / y los huesos siempre h&uacute;medos". Contar con los dedos, n&uacute;meros naturales, que aumentan, que se superponen.&nbsp;</p>
<p>Una segunda parte, &ldquo;Los d&iacute;as largos&ldquo;, donde el miedo que alimenta los poemas se barniza de pasi&oacute;n. Un miedo necesario, como la tensi&oacute;n del escenario, el ofrecimiento, sobre el papel: "no puedo protegerte todo el tiempo" y dejar de dormir, convertirse en vigilante, abstenerse, mantenerse despierto. Padre, dios, madre: "Est&aacute;s dormida y a la vez despierta" y "Entre este cuerpo que te sujeta / y la luna existe un vac&iacute;o". La manera de escribir los versos, el poema que ha mutado, como lo hace el que escribe, otro, irreconocible, nuevo, con sabores diferentes: "Es ah&iacute;, justo ah&iacute;, en ese metro y medio escaso, / donde hierven ahora todos los poemas". Escucho y leo, identific&aacute;ndose en la mediana edad, autor y cr&iacute;tico: "Todav&iacute;a tenemos dinero para el quiosco. / Todav&iacute;a podemos conservar la dignidad". Como una divinidad reci&eacute;n adquirida, no saber qui&eacute;n es parte del Pante&oacute;n nuevo y qui&eacute;n el devoto, ese reparto entre el padre y el hijo, que ser&aacute; restituido con el paso del tiempo, cuando el parpadeo de la infancia se convierta en d&eacute;cadas de madurez y, finalmente vejez: "Llegar&aacute; octubre, amanecer&aacute; m&aacute;s tarde, / y veremos los puntitos brillantes desde el coche" y, entonces, volver&aacute;, tesoro y visi&oacute;n: "&iquest;Ser&aacute;n tus dudas m&aacute;s vastas que mi miedo?" Todo lo que hab&iacute;a antes, todas las luces se han convertido en se&ntilde;ales para el futuro, una gu&iacute;a: "Surgi&oacute; el di&aacute;logo: / fundamos una ciudad nueva".&nbsp;</p>
<p>Muchos lectores, muchos seguidores de Refoyo, generacionalmente instruidos se encontrar&aacute;n con versos como "Ser padre es como amontonar arena / en una esquina / y que de repente empiece a llover". Hablamos de esa hermandad antigua, formal, de la playa, del castillo y el barro, del ciclo eterno, crear, destruir, del incendio de amor entre padre e hijo, el Mediterr&aacute;neo se ve desde Zamora. Imagina el amor como una semilla, un fruto que se proyecta, que se eleva, poco a poco, en la met&aacute;fora de la humedad y la paciencia, el calor del astro, del amor puro, del p&aacute;nico inherente: "Ni&ntilde;os lejos de servir como albaceas / transformar las palabras en silencio". Cerrar el libro para dar comienzo a una nueva lectura de la vida: "Para qu&eacute; caminar juntos si no me das la mano". La sombra de la bohemia se ha iluminado por la sonrisa del hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Refoyo, <em>Las ganas de comer Oreo</em>, Barcelona, La Bella Varsovia, 2026</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jul 2026 09:30:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde todo quema y vibra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/donde-todo-quema-y-vibra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/TERESA_GARB_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Resulta dif&iacute;cil abordar <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> (2026, Editorial Renacimiento), de Teresa Garb&iacute;, sin remitirnos a sus dos poemarios anteriores: <em>El aire encendido</em> y <em>Cada vez m&aacute;s tierra</em>. Me arriesgar&iacute;a a afirmar que los tres libros pueden leerse como una especie de tr&iacute;ptico involuntario, emergente de una misma actividad fecunda y subterr&aacute;nea.&nbsp;</p>
<p><em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> nos propone un viaje por tres territorios: &ldquo;Atm&oacute;sfera&rdquo;, &ldquo;Se puede abrir la puerta&rdquo; y &ldquo;La l&iacute;nea encarnada&rdquo;. En ese trayecto, el yo po&eacute;tico aparece descentrado, casi despose&iacute;do de s&iacute;: &ldquo;Yo: palabra incomprensible. /No hay nadie&rdquo;. Sin embargo, esa identidad cuestionada no conduce al nihilismo, sino a una b&uacute;squeda de sentido que se extiende a todos los planos de la existencia: lo familiar y afectivo, la biosfera y tambi&eacute;n el mundo on&iacute;rico y simb&oacute;lico. Los poemas son portadores de una intuici&oacute;n, fr&aacute;gil como una llamita encendida en la niebla, a la que Teresa nos invita a asomarnos una vez m&aacute;s. El mundo sensible, lo que vemos, es apenas una capa precaria de una realidad m&aacute;s grande, donde distintas temporalidades, vivos y muertos, materia y memoria conviven en una extra&ntilde;a comunidad.</p>
<p>La naturaleza sigue ocupando un lugar fundamental en este poemario, quiz&aacute;s con una conciencia m&aacute;s aguda del ecocidio. En <em>El aire encendido</em> ya encontr&aacute;bamos una escucha afinada, una atenci&oacute;n casi contemplativa al mundo natural, al temblor de lo vivo. En <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil,</em> esa escucha se vuelve m&aacute;s radical porque est&aacute; atravesada por la conciencia de una eventual desaparici&oacute;n. El ruise&ntilde;or sigue cantando, pero ahora lo hace en un mundo amenazado, donde los p&aacute;jaros pueden extinguirse, los bosques ser arrasados y la cat&aacute;strofe erigirse como la &uacute;ltima palabra. Hay un poema especialmente significativo en este sentido: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los p&aacute;jaros? / /Nos han abandonado. / Han huido, han muerto, se han extinguido<em>&rdquo;.</em></p>
<p>Aunque el caminar como m&eacute;todo de meditaci&oacute;n ha estado dominado hist&oacute;ricamente por hombres (Woodsworth, Thoreau, Nietzsche), existen escritoras que han hecho del andar un espacio vital y filos&oacute;fico. Teresa Garb&iacute;, al igual que Simone Weil o Donna Haraway, pertenece a esa estirpe de pensadoras y poetas que escriben caminando. H. D. Thoreau en sus caminatas por los bosques aleda&ntilde;os a Concord (Massachussetts) tuvo que atestiguar la tala de &aacute;rboles milenarios. En su ensayo titulado <em>Caminar,</em> Thoreau daba cuenta de su desesperaci&oacute;n frente a la ceguera humana que concibe al &aacute;rbol como material maderable. Tambi&eacute;n Teresa caminando por el Moncayo o por su querida sierra de Espad&aacute;n ha sufrido hondamente la constataci&oacute;n del arrase ecol&oacute;gico. &nbsp;</p>
<p>&ldquo;Han destruido un bosque. /Miles de &aacute;rboles convertidos en pellet&rdquo;. El bosque convertido en &ldquo;material combustible&rdquo;, en pellet. Como en poemarios anteriores, &aacute;rboles, barrancos, monta&ntilde;as, riachuelos, p&aacute;jaros, no son meros elementos compositivos de un paisaje &ldquo;natural&rdquo;, sino formas de conciencia y revelaci&oacute;n. Todo est&aacute; vivo y nos habla. Dice Teresa: &ldquo;Hablan los objetos y su sombra&rdquo;. La tierra es la depositaria de todas las memorias y el cuerpo compartido: &ldquo;Cuerpo de la tierra, / cubierto de pelaje&rdquo;. La naturaleza deja de ser escenario para convertirse en una comunidad de presencia. Los bosques, la lluvia o el barro participan de una misma respiraci&oacute;n con lo humano. Hay una sensibilidad agud&iacute;sima de la devastaci&oacute;n ecol&oacute;gica, no desde la consigna (aunque la denuncia es rotunda), sino desde una experiencia personal, profunda, que me atrever&iacute;a a llamar &ldquo;m&iacute;stica&rdquo;, expandida, de pertenencia al mundo.&nbsp;</p>
<p>La relaci&oacute;n con el linaje familiar es otro n&uacute;cleo luminoso del libro. Abuelos, padres, nietos, vivos y muertos, aparecen sin sentimentalismo, como presencias activas que nos acompa&ntilde;an y sostienen. Son presencias atravesadas por el amor, pero tambi&eacute;n por el miedo y la culpa. Y el poemario logra transformar todo eso en una forma de reconciliaci&oacute;n l&uacute;cida. La muerte deja de ser frontera terminal para convertirse en zona de tr&aacute;nsito, una puerta que puede ser abierta.</p>
<p>En tiempos de <em>zapping</em>, atenci&oacute;n fragmentada y no ya de d&eacute;ficit, sino aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe atencional, <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> nos propone una forma de atenci&oacute;n comprometida. Una mirada que se detiene a observar la precariedad de la vida y tambi&eacute;n su belleza en peligro.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La dif&iacute;cil sencillez</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>En <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em>, Teresa Garb&iacute; lleva su escritura hacia una radical depuraci&oacute;n ret&oacute;rica, desprendi&eacute;ndose de todo lo accesorio para acceder a un n&uacute;cleo esencial. Varios textos adoptan la forma de poemas breves, casi afor&iacute;sticos, y fragmentos visionarios que parecen escritos despu&eacute;s de haber atravesado un extenso silencio. Y tras una renuncia a desplegar todos los recursos del lenguaje, a cualquier efectismo. Algunos de estos poemas breves dejan una reverberaci&oacute;n prolongada. Sintaxis del rel&aacute;mpago. &ldquo;As&iacute; arden en m&iacute; los significados&rdquo; (Antonio Gamoneda). &nbsp;Hay en ellos una conciencia aguda de la fragilidad de todo lo vivo, incluso de la propia identidad; pero tambi&eacute;n una obstinada fidelidad a la vida sensible. Todo es transitorio y, precisamente por ello, extremadamente valioso.</p>
<p>El libro se&ntilde;ala y es ant&iacute;doto de tres males actuales: negaci&oacute;n de la muerte, hipertrofia del yo y atenci&oacute;n triturada.</p>
<p>La palabra <em>muerte</em> aparece trece veces y las palabras &ldquo;muertos&rdquo;, &ldquo;muerta<em>&rdquo;, </em>otras tantas. En tiempos de tanatofobia y terror a la propia caducidad, tener presente a la muerte quiz&aacute;s nos ayude a mirar el mundo con intensidad renovada. Hay conciencia de pertenecer a un ciclo natural donde vida y muerte son caras de la misma moneda, movimientos de la misma respiraci&oacute;n. La vida visible es solo la corteza de algo mucho m&aacute;s vasto y desconocido. En este sentido, la poes&iacute;a de Teresa Garb&iacute; est&aacute; conectada a la tradici&oacute;n m&iacute;stica y, de manera especial, a San Juan de la Cruz. No desde una religiosidad doctrinal, sino desde una afinidad m&aacute;s profunda: la experiencia com&uacute;n del l&iacute;mite, del despojamiento y la indagaci&oacute;n de una realidad que excede lo visible. &ldquo;M&iacute;ralo en la pared vac&iacute;a: / Juan de la Cruz danza su C&aacute;ntico espiritual&rdquo;.</p>
<p>Como en la poes&iacute;a sanjuanista, el lenguaje intenta acercarse a aquello que no puede decirse del todo: la percepci&oacute;n de una unidad oculta entre todas las cosas, la intuici&oacute;n de una realidad que desborda los l&iacute;mites del yo y el tiempo lineal. Tanto en San Juan como en Teresa Garb&iacute;, el conocimiento verdadero pasa por una experiencia de vaciamiento. &ldquo;No sabemos nada, es cierto.&rdquo; &nbsp;El sujeto debe atravesar la oscuridad, la p&eacute;rdida y la intemperie para acceder a otra forma de visi&oacute;n. Es el no saber. &ldquo;Entr&eacute;me donde no supe, y qued&eacute;me no sabiendo, toda ciencia trascendiendo&rdquo;.</p>
<p>En la secci&oacute;n llamada &ldquo;Se puede abrir la puerta&rdquo; encontramos un poema que dice: &ldquo;Es posible saber lo esencial: prepararse para morir/ Desaprender&rdquo;. Ese &ldquo;desaprender&rdquo; dialoga claramente con la v&iacute;a negativa de la m&iacute;stica: la necesidad de desprenderse de certezas para aproximarse a lo esencial. Pero hay una diferencia importante: mientras en San Juan la naturaleza remite a la uni&oacute;n final con Dios, en <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> la trascendencia es m&aacute;s incierta, m&aacute;s material y vulnerable. <em>L</em>a aceptaci&oacute;n de la fragilidad de todo cuanto existe y la intuici&oacute;n de una continuidad misteriosa entre todas las formas de vida. Teresa logra abordar estas cuestiones sin caer en la abstracci&oacute;n filos&oacute;fica. La escritura se inicia siempre de una imagen sensible: unos platos sucios, una sombra, una ni&ntilde;a que duerme o la lluvia golpeando los cristales. Teresa Garb&iacute; recoge elementos de la experiencia m&iacute;stica como el silencio, la noche, el vaciamiento del yo, la insuficiencia del lenguaje desde una conciencia contempor&aacute;nea del desastre. Una conciencia m&aacute;s desnuda y compasiva de nuestra pertenencia a lo viviente y de nuestra radical fragilidad. En ese sentido, <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> podr&iacute;a leerse como una m&iacute;stica sin dogma, profundamente encarnada en la materia, en los cuerpos, en la que la trascendencia no est&aacute; fuera del mundo, sino temblando dentro de &eacute;l.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La fragilidad como forma &uacute;ltima de resistencia.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para Simone Weil, la vulnerabilidad no es un accidente de la existencia humana, sino su verdad m&aacute;s profunda. Vivimos en una &eacute;poca de musculaci&oacute;n del yo, de b&uacute;squeda de desarrollo personal e independencia del sujeto. &nbsp;La consigna sist&eacute;mica es aparentar fortaleza y &eacute;xito permanentes, autonom&iacute;a total. Sin embargo, esa reluciente armadura apenas logra esconder nuestra realidad de sujetos rotos. Es precisamente en ese lugar de rotura donde empieza la posibilidad de encuentro con algo que nos trasciende. La fragilidad humana es una puerta de entrada a la gracia.&nbsp;</p>
<p><em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em> nos coloca frente a una pregunta esencial: qu&eacute; puede salvarnos en una &eacute;poca de devastaci&oacute;n material y simb&oacute;lica. Y la respuesta que esboza Teresa apunta a lo m&aacute;s fr&aacute;gil de la existencia: la atenci&oacute;n, la ternura, la memoria compartida, el v&iacute;nculo con lo viviente.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teresa Garb&iacute;, <em>Algo m&aacute;s fr&aacute;gil</em>, Sevilla, Renacimiento, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jul 2026 09:07:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La delicada arcilla del pasado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-delicada-arcilla-del-pasado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/_NGEL_PORTOL_S_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&Aacute;ngel Portol&eacute;s (Estercuel, 1960), poeta de sensibilidad turolense, casi como una marca de clase, cualitativa y resistente, publica su segundo poemario, <em>Hojarasca infinita</em> (Los Libros del Gato Negro, 2026) tras su primera entrega, <em>De la soledad a la luz </em>publicado por Olifante en 2021. Este volumen, estructurado en tres partes, arrastra, emocionante, los restos del pasado para convertirlos en necesarias esquirlas en el coraz&oacute;n del presente. En el alma quedan los sedimentos, como una primera parte, como un recuerdo. Una cita de Fernando Arrabal, la l&iacute;rica extrema, la vida hecha teatro, teatro de la soledad y el absurdo. Teruel y &Aacute;ngel Portol&eacute;s: &laquo;Si acertara a tus huellas / depositar mis pasos&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Encuentra el poeta en el bol&iacute;grafo la &uacute;nica arma para la lucha contra los escombros: &laquo;Y escribo como si quisiera reconstruir / ruinas en el papel&raquo;. En el camino, conforme avanza el volumen, encontramos citas de Rosendo Tello o Miguel Labordeta, canon definitivo de la tierra aragonesa, de la que se agarra a la tierra y a la soledad, la invita a chocolate, a un sorbito de co&ntilde;ac, a un beso seco, agrietado: el escozor del polvo que recuerda, en su acidez, el absurdo de buscar lo que ha perdido. Portol&eacute;s, un poema para cada persona, un verso por cada turolense agotado. Fruta amarga que, a pesar de todo, provoca el recuerdo fugaz, como un poeta que trae su hambre antigua. La cita de Ant&oacute;n Castro, la de Jos&eacute; Hierro, la de las distintas cenizas que impregnan esta parte de recuerdos, de estratos. Sangre y estirpe de mina, mies y parva: &laquo;Qu&eacute; decir de las eras asfixiadas en hierba&raquo;. Pasar de Clara Fuertes a Ricardo D&iacute;ez Pellejero, enumerar las casas que, abandonadas, olvidan el tiempo y solo mantienen di&aacute;logos con los fantasmas que las habitan. Una competici&oacute;n de distancia y soledad. De ah&iacute; que nadie escape, una v&iacute;a muerta invadida por el trigo salvaje, sin alimento, de la desaz&oacute;n, Teruel es una estructura que vende a peso el metal de sus ra&iacute;ces.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte del poemario de Portol&eacute;s se titula &ldquo;Tr&aacute;nsito&rdquo;. Citamos: &laquo;La tierra / llora nuestro suicidio colectivo&raquo; y madre y muerte se funden en una abrazo que sellan las l&aacute;grimas, metales fundidos en la estaci&oacute;n que enga&ntilde;a. El oto&ntilde;o como remedo de la ca&iacute;da, del letargo: &laquo;En las cavernosas cuencas de los ojos, / el desvelado sue&ntilde;o, / escuece ese tiempo / perdido entre las s&aacute;banas&raquo;. Vuelve a la casa, al silencio, al &oacute;xido que es la respuesta del tiempo a ese olvido. El amor filial, el amor de pareja, sensual. El amor, la tercera parte del libro, una declaraci&oacute;n: &laquo;El amor con un manto blanco / funde dos cuerpos&raquo;, de hijo, marido&hellip; incluso nieto, con su abuela, que, otra vez, atrae el recuerdo con la sed o el deseo de devolver los latidos a la madre, en uno de los fragmentos m&aacute;s bellos del libro: &laquo;Tu coraz&oacute;n se apaga lentamente / y el m&iacute;o, que en su interior tembl&oacute;, / quiere devolverte los latidos, / abrazarte el interior como aquel d&iacute;a / y volver a vivir la vida entera&raquo;. En los versos se opone la mirada que anoche con la niebla que cubre los ojos. Una sensibilidad que ondula, como el mar rescatado, como el mar extra&ntilde;o, que hace de la tierra seca arcilla, moldeando, como una m&aacute;quina amable, el pensamiento del poeta hasta que, con la primavera, la vida explota. Sea as&iacute;, toma ventaja el poeta cuando maldice a la realidad por robarle los sue&ntilde;os. Un libro de dura belleza, en esa tradici&oacute;n turolense contempor&aacute;nea que va de Nacho Escu&iacute;n a Jos&eacute; Manuel Soriano Degracia pasando por la resistencia de V&iacute;ctor Guiu y la sensibilidad de Cristina Gim&eacute;nez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Portol&eacute;s Navarro, <em>Hojarasca infinita</em>, Zaragoza, Los Libros del Gato Negro, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Jul 2026 10:41:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De un tiempo de amor e instantáneas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-un-tiempo-de-amor-e-instantaneas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MANUEL_MART_NEZ-FOREGA_1_-_foto_de_Berna_L._Mart_nez-Forega_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Uno de los poetas m&aacute;s carism&aacute;ticos y generosos del siglo XXI en Arag&oacute;n, con una producci&oacute;n que hibrida el cultismo, la poes&iacute;a del silencio y, de vez en cuando, un toque beat (m&aacute;s m&uacute;sico que l&iacute;rico), que lo hace acometer la did&aacute;ctica y la creaci&oacute;n po&eacute;tica en todas las direcciones. Es inevitable nombrar algunos de sus poemarios m&aacute;s celebrados dentro del canon aragon&eacute;s como <em>Ademenos</em> (Olifante, 2008), <em>333 d&iacute;as</em>, con el que obtuvo el Premio de Poes&iacute;a Miguel Labordeta de 2005, y su obra clave, <em>He roto el mar</em>, cuya &uacute;ltima revisi&oacute;n, en el a&ntilde;o 1993, edit&oacute; Prensas Universitarias de Zaragoza. Forega ha compaginado creaci&oacute;n, traducci&oacute;n y ensayo. Tambi&eacute;n los aforismos, como el libro <em>Verissimum mendacium</em>, publicado por Pregunta el a&ntilde;o pasado y rese&ntilde;ado en esta misma secci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En este nuevo y nutricio volumen de poes&iacute;a, <em>Un a&ntilde;o (y medio) de amor</em>, editado por Prames en su colecci&oacute;n &ldquo;Las tres sorores po&eacute;ticas&rdquo;, sus textos van acompa&ntilde;ados por sugerentes fotograf&iacute;as realizadas por su hija, Berna Mart&iacute;nez Forega, un contrapunto ideal desde el blanco y negro, hipn&oacute;tico y anal&oacute;gico. Dividido en tres partes, la primera, desde el 1 de enero al 30 de junio, comienza con el impertinente mar como definici&oacute;n de infinito. Forega, ya canon, se cita con el mar, el mar roto, una vez m&aacute;s. Y encuentra en su sabor una experiencia conocida: &ldquo;Si salo de nuevo el mar&hellip;&rdquo;, sed que solo calman los besos.&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l mismo habla, tras la flor como icono inevitable, de &ldquo;la luz encubre mundos deseados semejantes a tesoros lejanos e inalcanzables y describen paisajes s&oacute;lo intuidos, y mares por donde navegar envueltos en la sal y el yodo de las brisas que sedujeron, sin ir m&aacute;s lejos, a Odysseos y a Rimbaud&rdquo;. Ulises y Arthur Rimbaud, y Luis Alberto de Cuenca como un eco en los cuerpos perfilados. En el poema quinto: &ldquo;Sue&ntilde;a en tus labios la melod&iacute;a del aire&rdquo;, un contrapunto a la exigente figura geom&eacute;trica del amor: &ldquo;devora las sombras del d&iacute;a, / el secreto m&oacute;vil de las llamas&rdquo;. La sed y la humedad, sin saciar la una con la otra, llega algo sensualmente convulso: &ldquo;Empapado / de s&aacute;banas, a ti consumado y &uacute;nico/me entrego&rdquo;. Y, en la enfermedad, el amor t&iacute;sico: &ldquo;Y detendr&eacute; el aquil&oacute;n de tu pulmon&iacute;a&rdquo; o el color que explota: &ldquo;cuyas pulpas estallaban en los ojos&rdquo;. Volver a los besos, al pez sediento de la humedad del mar quebrado, contra la sal, la miel celt&iacute;bera, un poeta navegando en los contrastes: &ldquo;Una luz que encuentra sentido rodeada de oscuridad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>C&eacute;lulas muertas. Conteo del infinito. La convergencia de n&uacute;meros reales, que contienen innumerables lugares entre ellos. &ldquo;Se escucha en los lechos un ulular / entre las c&aacute;rcavas de las s&aacute;banas&rdquo;. Restos org&aacute;nicos, sumergidos en la minimalista confusi&oacute;n del cuerpo y la tela. Sobre el cat&aacute;logo de amores: &ldquo;Me dejas de tu silencio la cuchilla&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Imaginar a Forega como un poeta que escapa del alquitr&aacute;n para entregarse a la sensibilidad de la lavanda, sabor puro de saliva: &ldquo;Y los oteros abrisados de romero&rdquo;. Volver, del amor, a la muerte, de la pareja al padre: &ldquo;Conozco la muerte cegadora del padre&rdquo;. Donde el silencio y la oscuridad son hermanas en la tristeza, misericordiosa mano que cubre una mano en la instant&aacute;nea. Existe el &aacute;ngel como necesidad para el rezo. Avanzamos en el a&ntilde;o, del 1 de julio al 31 de diciembre. Se asoma entre la maleza un poema rompedor, un vidrio entre la selva: &ldquo;Dos ojos negros iluminan la selva, / pero no son a&uacute;n la selva&rdquo;. De entre esa oquedad laber&iacute;ntica de lo verde, se someten los p&aacute;jaros: &ldquo;Los p&aacute;jaros sue&ntilde;an con escapar de sus ojos; / presos, apenas ya palpitan, / y mueren por fin en quien los mira. / Edipo hizo acto de presencia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En una hip&oacute;tesis infinitesimal la baraja sobre el teclado, las letras se entremezclan, traicionadas por el &aacute;lgebra, con la aritm&eacute;tica. Y un medio a&ntilde;o extra, la tercera parte, del 1 de enero al 30 de junio. Jara y siluro: &ldquo;Qu&eacute; am&eacute; de ti y de qu&eacute; modo&rdquo;, lecho y tarqu&iacute;n, enlodarse; en la poza el pez abre la boca para, de nuevo, buscar ser saciado por la p&oacute;cima &uacute;ltima: &ldquo;Ser uno cuando miras los planetas&rdquo;. Y de ah&iacute;, salvia y lengua, fila de dientes, las hambrientas ondas que sobre el mar, otra vez roto, surcan. En el sexo: &ldquo;Y con tus caderas hacerme un puerto / donde un submarino nuclear recale&rdquo; y en embarcaci&oacute;n, buscando hogar, se abandona el poeta: &ldquo;&iquest;Verdaderamente me espera un templo / en cuya nave central el c&aacute;liz de la ebriedad / habr&aacute; de derramarse?&rdquo;. La construcci&oacute;n de una obra majestuosa, formativa, imprescindible, cont&iacute;nua. Manuel Mart&iacute;nez-Forega, poes&iacute;a generosa para un mundo sediento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel M. Forega, <em>Un a&ntilde;o (y medio) de amor</em>, Zaragoza, Prames, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Jul 2026 10:22:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silvia Rins: «El niño no interpreta tanto el poema como lo experimenta, de una forma más intuitiva y personal»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/silvia-rins-el-nino-no-interpreta-tanto-el-poema-como-lo-experimenta-de-una-forma-mas-intuitiva-y-persona/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/SILVIA_RINS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los ni&ntilde;os tambi&eacute;n leen poemas. Esto es algo que solemos olvidar, y dejamos pasar algunos poemarios dirigidos a ellos de enorme belleza, como <em>El mundo al rev&eacute;s</em> (T&eacute;menos edicions), escrito por Silvia Rins (Barcelona, 1971) e ilustrado por Charo Mur, toda una reivindicaci&oacute;n de la infancia como telar de la imaginaci&oacute;n y de un mundo (el propio) que no entiende &mdash;como le sucede al poeta&mdash; de normas, c&oacute;digos e imperativos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;De qu&eacute; manera dialogan las ilustraciones que integran este poemario con los poemas?</p>
<p>-Cada p&aacute;gina de este libro representa un doble espejo. La pintora Charo Mur recrea cada texto en una imagen. Y, a su vez, cada dibujo o acuarela enriquece el significado del poema. El di&aacute;logo entre ambos acaba conformando un mismo universo simb&oacute;lico en la mente del lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; determina lo que uno encuentra detr&aacute;s de &laquo;una puerta invisible&raquo;?</p>
<p>-Lo que anida en cada uno de nosotros. Como dijo Jung, gran parte de lo que vemos fuera no es sino una proyecci&oacute;n de nuestra propia realidad interior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La lectura de un ni&ntilde;o, &iquest;en qu&eacute; difiere de la de un adulto cuando habitan un poema?</p>
<p>-El ni&ntilde;o carece todav&iacute;a de los condicionamientos de la cultura literaria. Para bien y para mal. Su trayectoria vital es m&aacute;s corta, pero su mirada suele ser m&aacute;s permeable al asombro. Por ello, no interpreta tanto el poema como lo experimenta, de una forma m&aacute;s intuitiva y personal.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cuando uno &laquo;respira oscuridad&raquo;, &iquest;est&aacute; m&aacute;s cerca del misterio?</p>
<p>-En alg&uacute;n momento, quiz&aacute; poco despu&eacute;s de reconocernos como seres individuales, de diferenciarnos de lo que nos rodea, como el peque&ntilde;o gusano de &ldquo;La casa roja&rdquo;, advertimos que llega la noche y perdemos de nuevo nuestra identidad, disueltos en el sue&ntilde;o. Y aceptamos el misterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;Hay fantasmas que viven en tazas de leche&raquo;. &iquest;Cu&aacute;les son los fantasmas del poeta?</p>
<p>-Los deseos no cumplidos, las vidas imaginadas, los secretos inconfesables. Lo que se nos queda en el tintero. Todo ello, latente, en potencia, cabe sin duda en una taza de leche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; distingue los amigos invisibles de los fantasmas?</p>
<p>-No es f&aacute;cil conocer a nuestros fantasmas. Nos vigilan, pero prefierenesconderse de nosotros. Suelen ser vaporosos y escurridizos. Los amigos invisibles, en cambio, se manifiestan cuando los necesitamos. Nos ofrecen su compa&ntilde;&iacute;a y su consuelo. Se r&iacute;en con nosotros. Y si alguien intenta convencernos de que no existen, los defendemos con inesperada vehemencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Habita &laquo;un ogro&raquo; no solo en el pap&aacute; del poema, sino en cada uno de nosotros? &iquest;A qu&eacute; nos ayuda ese ogro?</p>
<p>-El ogro de pap&aacute;, junto a la bruja de mam&aacute;, son las primeras figuras que imponen el orden, la l&oacute;gica y la ley en el amoral mundo de la infancia regido por la magia. M&aacute;s tarde comprendemos que ambas se han instalado en nuestra cabeza. Y que el ogro es un guardi&aacute;n, con mucho miedo a hacer el rid&iacute;culo, que vela por nuestra adaptaci&oacute;n y supervivencia en la sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; tesoros puede uno encontrar entre los versos que lee?</p>
<p>Epifan&iacute;as, sean de luz o de oscuridad, que despiertan partes de nosotros mismos que ten&iacute;amos olvidadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo modula el peso de la infancia en el adulto en el que uno se convierte?</p>
<p>-La infancia forja nuestra personalidad. Me causa extra&ntilde;eza c&oacute;mo, en general, subestimamos una &eacute;poca tan importante de nuestra vida, en la que se halla el germen de qui&eacute;n somos &mdash;y de qui&eacute;nes podemos llegar a ser&mdash;. Con los a&ntilde;os, solemos correr un tupido velo sobre ella, avergonzados de haber sido ni&ntilde;os alguna vez. Sin embargo, como una casa a cuestas, sigue viajando con nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El mundo al rev&eacute;s, luminoso, deseable, &iquest;indefectiblemente acaba con las sillas cay&eacute;ndonos sobre las cabezas?</p>
<p>-El mundo al rev&eacute;s desaparece cuando nos integramos en el Reino gris. Cuando nos convertimos en lo que los dem&aacute;s esperan de nosotros. En el mundo imaginario &laquo;todo es posible&raquo;, los objetos de la casa se mueven y giran en el aire, en una danza libre y azarosa, puesto que han perdido su funci&oacute;n. En la infancia, las sillas todav&iacute;a pueden ser p&aacute;jaros. En el Reino gris, la ley de la gravedad se impone.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo se detecta un malo pensamiento? &iquest;Son fruct&iacute;feros, esos pensamientos malos?</p>
<p>-Los malos pensamientos son como habitaciones cerradas. El problema no es que existan, sino intentar derribar la puerta a golpes. Pueden ser fruct&iacute;feros cuando nos ayudan a comprender qu&eacute; ocurre al otro lado; peligrosos cuando los proyectamos sobre los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Para que los charcos no se sequen y la ni&ntilde;a mala no se aburra, &iquest;qu&eacute; se requiere?</p>
<p>-Ya se&ntilde;al&oacute; Hannah Arendt que el mal puede alimentarse de la ignorancia, el miedo o la indiferencia. Podr&iacute;amos a&ntilde;adir a la lista el aburrimiento. Sin embargo, &ldquo;La ni&ntilde;a mala&rdquo; habla tambi&eacute;n de otra cosa: del deseo de pertenecer. A veces seguimos persiguiendo el arco iris aunque sepamos que nos aleja del sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo saber si hemos traicionado al ni&ntilde;o que fuimos?</p>
<p>-Pregunt&aacute;ndoselo. &Eacute;l a&uacute;n no ha aprendido a mentir.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Jul 2026 09:46:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapar el frágil equilibrio de la existencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrapar-el-fragil-equilibrio-de-la-existencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/NONI_BENEGAS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Como de otra orilla</em>, es el t&iacute;tulo de la antolog&iacute;a po&eacute;tica que nos deja K&aacute;lathos Ediciones para releer a Noni Benegas, al rescatar algunos de sus libros casi inencontrables. La portada muestra una reproducci&oacute;n de sus pinturas, a base de carb&oacute;n y sanguina, ejecutada con los ojos cerrados. El t&iacute;tulo y su contenido suele remitirnos a distintas interpretaciones y dobles sentidos, lo que es propio de su escritura, nunca cerrada.</p>
<p>Reconocemos en su poes&iacute;a una originalidad infrecuente, su valent&iacute;a tambi&eacute;n, en los riesgos que asume en tiempos po&eacute;ticos a la contra. Suele dejarnos una impresi&oacute;n de &ldquo;desplazamiento&rdquo; en muchos de estos poemas; desplazada como viajera o exiliada, buscando un lugar, o un sue&ntilde;o que estabilice un equilibrio imposible, cualquiera que pudiera ser este. Su juego con la palabra y los conceptos dudables, animan a menudo a que decidan tomar direcciones inc&oacute;gnitas seg&uacute;n la lectura que se haga, y en Noni Benegas resulta paradigm&aacute;tico. &nbsp;No siempre caen en nuestras manos poemas tan sorprendentes que dejen una huella sensorial e intelectual tal, que nos conquisten como para volver a ellos, redescubiertos en una lectura posterior. &nbsp;</p>
<p>Es una poeta parca en la expresi&oacute;n, por concisi&oacute;n, sin extralimitarse en su necesidad de decir. Siempre lo justo con tal de abrir expectativas para contar las tribulaciones de una mujer equilibrista. No hay claridad como simplicidad, hay provocaci&oacute;n para imaginar. Nunca el camino f&aacute;cil, siempre el riesgo, heredera de una tradici&oacute;n a la que su continente de origen nos tiene acostumbrados por la perplejidad y la novedad en sus decires. Lo particular de Noni Benegas es que no debemos esperar ver el poema a las claras, seg&uacute;n nos llega, el poema respira y siempre trae sorpresas, puertas y trampillas que, si sabemos abrirlas, nos permite ver una realidad aumentada como a trav&eacute;s de un espejo, donde encontramos elipsis e inseguridades o vacilaciones, sin perder el humor nunca; humor tambi&eacute;n a costa de s&iacute; misma.</p>
<p>La selecci&oacute;n de los poemas y los comentarios introductorios a cada t&iacute;tulo de la antolog&iacute;a, son de la poeta venezolana Ver&oacute;nica Jaff&eacute;, recientemente reconocida con el Premio Casa de Am&eacute;rica 2025, que deja su aserto en la contraportada: &ldquo;Se ha dicho que no existen grandes poetas, ni quiz&aacute;s perfectos poemarios, pero s&iacute; grandes poemas y versos, casi perfectos. Noni Benegas escribe versos as&iacute;&rdquo;. Los comentarios entran l&uacute;cidamente al pensamiento de la autora, lo que nos servir&aacute; de gu&iacute;a, si a lo largo de esta lib&eacute;rrima expresi&oacute;n <em>perdi&eacute;ramos pie</em>, como dir&iacute;a ella misma. &nbsp;</p>
<p>Los libros que componen <em>Como de otra orilla</em> van desde el comienzo de la escritura de la autora hasta su &uacute;ltimo libro publicado, sin tener en cuenta una antolog&iacute;a anterior que se llam&oacute; <em>El &aacute;ngel de lo s&uacute;bito</em>.&nbsp;</p>
<p><em>Argon&aacute;utica,</em> del a&ntilde;o 1984, editado por Laertes,<strong> </strong>fue el primero de sus libros. Cont&oacute; con pr&oacute;logo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde. &Eacute;l mismo dir&iacute;a que se trata de una poes&iacute;a de &ldquo;suave broma sin chiste&rdquo;. Antes lo ley&oacute; y aprob&oacute; el exigente Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente. Se trata de visiones y epifan&iacute;as dif&iacute;ciles de catalogar, pero imposibles de abandonar tras perseguir su sentido y el juego de t&eacute;rminos y fen&oacute;menos que nos muestra, repleto de personajes reales o entes personificados, movidos en una fantas&iacute;a extrema y vivificante que denota un amplio abanico de lecturas previas. Hay que a&ntilde;adir que es una lectora voraz desde la infancia.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>Tres historias de sexo</em>, fue el segundo de sus libros. Historias y conversaciones donde se enuncian asuntos importantes desde el l&iacute;mite del decir que delinea la poeta: &ldquo;El sexo es una cosa sin Dios y sin ley, por eso vive angustiado, denunciaron los del Ej&eacute;rcito de salvaci&oacute;n, o Noches sin rostro ni ley, inundan la alcoba, el alc&aacute;zar, el universo&rdquo;. Personajes hist&oacute;ricos desmembrados de su anclaje l&oacute;gico viajan en las palabras con alucinada expresividad.&nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>La balsa de la medusa</em>, fue Premio Nacional Miguel Hern&aacute;ndez, en 1986. Lleva el nombre del cuadro de G&eacute;ricault y, si el s&iacute;mbolo del naufragio es evidente, hay algo m&aacute;s. Varios temas aparecen en ese lirismo profundo: la observaci&oacute;n, la ni&ntilde;ez, la casa de la infancia, en un tiempo siempre inconstante. Es un libro escrito bajo la influencia de Paul Virilio y su teor&iacute;a de la velocidad, la desaparici&oacute;n, el poder y la guerra, texto fundamental con larga influencia en otros autores y cineastas que la poeta tradujo, decisivo, a la vez, en su nueva visi&oacute;n de la poes&iacute;a.&nbsp;</p>
<p><em>Cartograf&iacute;a ardiente</em> es un libro del a&ntilde;o 1995, que obtuvo la ayuda a la creaci&oacute;n literaria del Ministerio de Cultura. Son poemas para un per&iacute;odo vital distinto y comprometido de Noni. Limpieza y purga de la palabra, resalta en los poemas una expresividad ardiente, como se&ntilde;ala su t&iacute;tulo. Llegan los a&ntilde;os 90 para desplegar inquietudes y peleas, registros del pasado que siempre nos siguen o persiguen. Es un momento para hablar y dejar atr&aacute;s todo lo que nos impide ser o crecer. El cuerpo, el erotismo, el dolor de la espera, el de sus escritores. Llegan causas que defender, tambi&eacute;n la obra de teatro, <em>El saber gay</em> y, con ella, el feminismo y el amor que reivindica la libertad de ser.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>Fragmentos de un diario desconocido</em>, del a&ntilde;o 2004, editado por eMe, obtuvo el premio Esqu&iacute;o de poes&iacute;a. Combina fragmentos de prosa y verso en asociaciones conceptuales que conducen esta escritura. Inicia con una revelaci&oacute;n personal rotunda: &ldquo;Vivir es algo menos que so&ntilde;ar y ver. Es autom&aacute;tico como la revelaci&oacute;n del ver, pero no sorprende&rdquo;. Una suerte de progresi&oacute;n del libro anterior. Hay familia y los dolores correspondientes, amor, metapoes&iacute;a con referencias constantes al proceso de creaci&oacute;n, a la construcci&oacute;n del poema, e identificaciones fenomenol&oacute;gicas con las cosas, como en el poema &ldquo;Timanfaya&rdquo;, y las referencias expresas u ocultas a otros poetas, tambi&eacute;n habitual en sus poemas. Una expresi&oacute;n nunca a derecho, buscando cosquillas y recovecos como sus &ldquo;palabras bomba&rdquo;, y palabras par&oacute;nimas o las encadenadas que atraen siempre la sorpresa a quienes leen con la atenci&oacute;n en guardia.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>De ese roce vivo</em>: libro publicado en 2009 y reeditado en 2023 en la colecci&oacute;n &nbsp;&nbsp;Poes&iacute;a de Genialog&iacute;as. En esta &uacute;ltima ocasi&oacute;n se acompa&ntilde;a de un estudio cr&iacute;tico de M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, profesora titular de la Universidad de Salamanca y poeta, as&iacute; como de una conversaci&oacute;n con la periodista y escritora Isabel Navarro. De nuevo y desde otra &ldquo;orilla&rdquo; vemos a la madre construida po&eacute;ticamente en este original lenguaje que surge del acto creativo y no deja de lado la emoci&oacute;n. Un recorrido del tiempo del dolor que anuncia la muerte por superar. Es un libro hermoso, sin duda, con el que sentir y revivir la biograf&iacute;a compleja y ambivalente que nos acompa&ntilde;a con la madre. Celebraci&oacute;n de la figura carnal que ha sido, sin olvidar los da&ntilde;os sufridos de su mano, que ahora toma en despedida inapelable. Libro lleno de coraje para hablar de las p&eacute;rdidas con un lenguaje depurado como ya hemos ido comprobando, sin blandenguer&iacute;as, pero efectivo en la traslaci&oacute;n de una emocionalidad que se comparte por su potencia evocadora.&nbsp;</p>
<p><em>Lugar vertical</em>, del a&ntilde;o 2012, recibi&oacute; el premio Rub&eacute;n Dar&iacute;o de la Ciudad de Palma, 2011. La identidad y sus fantasmas, sombras del yo existencial y la familia de nuevo, donde transita la vecina, el poema y su trabajo&hellip;, juegos e intercambios de im&aacute;genes muy visuales para narrar la inconsistencia del ser, fonemas que dicen y se desdicen, que asemejan y atraen la vida com&uacute;n para despu&eacute;s tomar distancia, para invocarse en referentes que suenan novedosos. Y ritmo, mucho ritmo siempre en Noni Benegas, atra&iacute;da por sus poetas navegantes entre los versos.&nbsp;</p>
<p><em>Animales sagrados</em>, escrito en una residencia literaria en Francia, fue premiado tambi&eacute;n en 2011. De nuevo volvemos a la familia. Hay una infancia que nos permite recordar que la felicidad no est&aacute; garantizada. Esos domingos familiares que caen a plomo y que ella dice &ldquo;donde la luz cae a pico&rdquo;. Poemas descarnados sobre las relaciones que establecemos a nuestro pesar, &ldquo;indestructibles siempre&rdquo;. Aqu&iacute; encontramos la simbolog&iacute;a animal que nos remite a ese Gregorio Samsa kafkiano para visionar la transformaci&oacute;n de los sujetos familiares en met&aacute;fora viva, en la que nos gu&iacute;a con fina iron&iacute;a y humor que despierta nuestros propios fantasmas. Veremos en las naturalezas muertas de los bodegones de Morandi, el paralelismo que simboliza en la mirada de Noni Benegas, una familia de tantas. Son rese&ntilde;ables los &uacute;ltimos poemas, como el dedicado a Angiola Bonanni, historias del tiempo y la ciudad recreada en lo que ve y en lo que existi&oacute;, pero ya no es, poemas oscuros que construyen la identidad mientras pelea con la escritura en soledad y de nuevo, acompa&ntilde;ada de la existencia de otros poetas.</p>
<p><em>Falla la noche,</em> publicado en el a&ntilde;o 2022 por Bartleby Editores, es su libro m&aacute;s reciente. Uno de sus versos da nombre a la antolog&iacute;a: <em>Como de otra orilla</em>. Y ahora nos situamos en otro lugar del referente &ldquo;orilla&rdquo;. Poemas que surgen de su duermevela, entre el sue&ntilde;o y la vigilia, cuando decae el sue&ntilde;o profundo. Dir&aacute; ella, &ldquo;en cuanto lo escribo cristaliza&rdquo;. Esa corriente necesaria para dejar asaltar ideas no conscientes de las que nacen versos extraordinarios por su fineza: &ldquo;Cuando bajas de la cama el mundo es una cinta rodante&rdquo;, dice el verso.</p>
<p>Parte de las ideas que aqu&iacute; encontramos aluden a una forma de estar que es el no estar, insistiendo en la fugacidad que es el propio estar cuando siempre estamos pasando, o corriendo de aqu&iacute; a all&aacute;. Muchos de los poemas se mueven en t&eacute;rminos contrarios u opuestos que persiguen distintas comprensiones del lenguaje para emerger en otras lecturas no sabidas <em>a priori</em>. Tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con la colonizaci&oacute;n usa esos t&eacute;rminos par&oacute;nimos a los que acude a menudo, ideas asociadas m&aacute;gicamente que construyen un todo inseparable como, <em>carabelas</em> y <em>calaveras</em>. Deseable es poder acceder a la edici&oacute;n del libro, puesto que todav&iacute;a no es dif&iacute;cil de encontrar.</p>
<p>En resumen, la antolog&iacute;a, <em>Como de otra orilla</em>, nos acerca una visi&oacute;n de la poes&iacute;a de una autora exigente con su obra. Coherente con el compromiso adquirido con el lenguaje, depurado e iluminado para, desde otra luz, atrapar el fr&aacute;gil equilibrio de la existencia que fluye, instant&aacute;nea y fugaz de nuestras enso&ntilde;aciones y carnalidades m&aacute;s &iacute;ntimas, derivadas de una biograf&iacute;a que puede rastrearse y ampliarse en las lecturas plurales que ella propone.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Noni Benegas. <em>Como de otra orilla. Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>. K&aacute;lathos Ediciones, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Jul 2026 09:32:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una indagación contemplativa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-indagacion-contemplativa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CARLOS_PERMANYER_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Aunque la poes&iacute;a es -o puede ser- una forma de aprovechar las hendijas del verbo para hacer de la grieta una falla, una ruptura, y abismar el decir, encontramos en estos <em>Indicios</em> de<em> </em>Carlos Permanyer (PUZ, 2026) una forma de nombrar la experiencia vital sin salirse en el empe&ntilde;o fuera del lenguaje o, al menos, sin romperlo de una forma sistem&aacute;tica. Es por ello que percibimos en sus versos un desempe&ntilde;o limpio, fraseos cortos que dan lugar a un poema claro y abierto al lector, ante el que se muestran un texto de apariencia sencilla, pues es reflejo de un hablar directo, sin pre&aacute;mbulos ni parapetos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Estas se&ntilde;ales indiciarias surgen de la observaci&oacute;n de la naturaleza como met&aacute;fora o como paisaje habitual -tal vez como para&iacute;so perdido-, y que constituye uno de los elementos vehiculares de la exploraci&oacute;n. Al leer sus versos surgen varias preguntas: &iquest;D&oacute;nde se mira? &nbsp;&iquest;Qu&eacute; rostro confronta esperando respuesta? Y adem&aacute;s esa voz, &iquest;d&oacute;nde quiere hacer eco de forma natural? El poeta sabe, a&uacute;n con todo, de esta ruptura y nos confiesa que su voz es apenas un hilo: &ldquo;afuera, el mundo/ que intento descifrar [&hellip;] todo parece destinado a un silencio interminable&rdquo;. Y m&aacute;s adelante, &ldquo;as&iacute; es el asombro./ Conmoci&oacute;n y promesa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">El ser es fluir, pero el estar requiere un espacio. El poeta pretende &ldquo;fijar en el tiempo este lugar./ Y despu&eacute;s, lentamente,/ reconocerme en &eacute;l. [&hellip;] Como el r&iacute;o conoce/ el cauce, los barrancos y los valles,/ las rocas desgastadas,/ erosionadas, transparentes...&rdquo;. Esos son, pues, los indicios: las marcas casi imperceptibles de lo que es, de lo que se perpet&uacute;a a lo largo del tiempo, de lo que permanece en eterno presente, es decir, en constante movimiento y, por ello, se somete a la naturaleza, pero se desgasta y la da&ntilde;a, la mella, la deja marcada para que indaguemos y podamos sondear lo pasado, que no es disociable del ahora o del porvenir, a&uacute;n as&iacute; inciertos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Esa discontinuidad es una m&aacute;cula perceptible en el paisaje, es &ldquo;un temblor de fondo. Un estremecimiento. [&hellip;] Si lo intuyes, lo sabes&rdquo;. Y genera una distancia interior, una saudade que se expresa abiertamente en el texto: &ldquo;Tengo nostalgia/ de bosques y de valles,/ un mar en calma/ y de esta luz persistente/ en su fugacidad&rdquo;. Todo lo que permanece es provisorio y, al desvanecerse, &ldquo;solo quedan palabras en el tiempo&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">Para Permanyer, el momento es plenitud y el hecho de estar o el de transcurrir a trav&eacute;s de ese instante en un lugar concreto, en un &ldquo;aqu&iacute;&rdquo; para ese estar, genera sentimiento de inmutabilidad; una persistencia como la que inspira una roca hier&aacute;tica en el r&iacute;o, pues est&aacute; sometida a un flujo que no controla, a la fuerza de un devenir o a un destino preestablecido, pero tiene la capacidad de permanencia, de resistencia, siempre que no se fracture o traicione a su ser. Esa piedra que se ba&ntilde;a en el presente sabe, como lo supo Her&aacute;clito de &Eacute;feso, que el r&iacute;o es otro cada d&iacute;a, que &ldquo;todo transcurre sin darnos cuenta&rdquo; y deja un &ldquo;rumor que se adentra / en la penumbra&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Seguir es la &uacute;nica esperanza. Dejarse temblar, como titilan las estrellas: &ldquo;Este silencio, esta nieve / ser&aacute;n acaso todo&rdquo; y, ante esta realidad que parece envolvernos y que nos supera, afirma: &ldquo;nada tengo que a&ntilde;adir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">El poeta, sin embargo, no parece encontrar que su existencia se encuadre dentro de la naturaleza que observa, y a la que considera irreprensible pues, al hablar de esa perfecci&oacute;n en la creaci&oacute;n subraya: &ldquo;pero nosotros no&rdquo;. Ser, pues, una roca: el indicio de una monta&ntilde;a que, tal vez, haya ya desaparecido. Detenerse, entonces, en ese tr&aacute;nsito. Y nos dice Permanyer: &ldquo;Por este camino voy. / Bajo este cielo sue&ntilde;o. / M&aacute;s all&aacute; de este horizonte, el mundo, / que desconozco, como un fulgor./ Lo que importa est&aacute; aqu&iacute;. / Me detengo. Soy&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Carlos Permanyer, <em>Indicios, </em>Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2026.</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Jul 2026 09:18:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al otro lado del espejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/al-otro-lado-del-espejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MAR_A_BEN_TEZ_SOLDEVILA_-_MECHEROS_PARA_LAS_HADAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div class="WordSection1">
<div class="WordSection1">
<p>Mar&iacute;a Ben&iacute;tez Soldevilla (Alice Quinn) nos entrega su primer poemario, <em>Mecheros para las hadas </em>editado por Los Libros del Gato Negro. Su labor profesional y art&iacute;stica se encuentra plenamente integrada en su obra, que bebe de referentes pict&oacute;ricos, cinematogr&aacute;ficos y de la psicolog&iacute;a sanitaria. Un libro que comienza con versos &laquo;&iquest;Es Amor una palabra excesiva? / &iquest;C&oacute;mo es el peso de la sombra que proyecta?&raquo; En su l&eacute;xico hay insectos, ninfas&hellip; el lenguaje de las hadas escapa de la met&aacute;fora sencilla: &laquo;Porque mi cuerpo fue ciudad asediada / y en sus calles resuenan -todav&iacute;a- / los gritos de las v&iacute;ctimas / durante el exterminio&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Acompa&ntilde;ando im&aacute;genes potentes tenemos referencias a iconos y representaciones, de San Juan al arlequ&iacute;n, y el mundo de los juguetes de madera, llev&aacute;ndonos, ligeramente intoxicados hasta lugares extra&ntilde;os: &laquo;La luz evita tocarme, como si mi piel contuviera / todos los pecados del mundo&raquo;. Impacta la imagen de los &aacute;ngeles incinerados en el cielo, la geograf&iacute;a salvaje contra el tiempo: &laquo;Masticar diamantes, vomitar carb&oacute;n&raquo;.&nbsp;</p>
<p>En un mundo angosto y asim&eacute;trico, lo simb&oacute;lico se encuentra en el recuerdo de un mar profanado: &laquo;Una sirena sin talento para cantar, / pero muy buena escondiendo cad&aacute;veres&raquo; o de una playa sumida en una tormenta, amenazada por un extra&ntilde;o confeti: &laquo;En esta playa cubierta de cenizas / caen del cielo cad&aacute;veres de lib&eacute;lulas / y las gaviotas se estrellan con alevos&iacute;a / contra el agua tensa&raquo;.&nbsp;</p>
<p>En el sue&ntilde;o, en la pesadilla, en los contrarios de la luz y la noche: &laquo;Cada sombra tiene/su propio miedo a la oscuridad&raquo;. Cuando la naturaleza se niega a convivir con la derrota, encontramos fragmentos de versos que atraviesan el libro: &laquo;Mi sufrimiento es el acto atroz / de talar todos los &aacute;rboles del mundo / para escribir un libro tras otros / y, sin embargo, / seguir siempre en la misma p&aacute;ginas, / sin poder pasarla&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El sue&ntilde;o, la ausencia de sue&ntilde;o, el duermevela, hipn&oacute;tico, narc&oacute;tico: &laquo;Mi insomnio consiste en una voz que insulte/en que no puede dormir / porque escucha una voz diciendo / que no puedo dormir / y as&iacute; la misma...&raquo;. La escritora somete a sus poemas a un bucle infinito, una cinta de Moebius que cristaliza en el camino entre la boca y serpiente, la geometr&iacute;a del c&iacute;rculo, el misterio her&eacute;tico del n&uacute;mero Pi.&nbsp;</p>
<p>Encontramos, en la arqueolog&iacute;a de citas, una serie de nombres: Ted Bundy y Alejandra Pizarnik, pero tambi&eacute;n Gata Cattana, Ang&eacute;lica Liddell y el <em>Peter Punk</em> de Leopoldo Mar&iacute;a Panero: &ldquo;Vierto vinagre en la herida porque / hay que regalarla a diario&rdquo;. De la juventud y lo f&iacute;sico: &ldquo;Tu casa tiene una entrada que desconoces&rdquo; o &ldquo;Mi juventud es un pez que se escurre&rdquo;. Virtud antiinflamatoria en el estigma de la qu&iacute;mica, sea el ibuprofeno u otro medicamento: &ldquo;Vierto vinagre en la herida porque/hay que regalarla a diario&rdquo; o &ldquo;Antidepresivo que no te anima, pero te duerme&rdquo; y &ldquo;Buenas noches, no hagas ruido, / estoy amamantando / la vieja herida&rdquo;. Un videojuego, el salto del conejo, encerrado en el manicomio del t&eacute; turbio, Alice: Madness Returns. La familia: &ldquo;Un d&iacute;a no quedar&aacute; nadie a tu alrededor que / hay conocido a tus abuelos, aparte de ti&rdquo;. Poes&iacute;a y biolog&iacute;a, caramelos y mu&ntilde;ecas: &ldquo;Fen&oacute;meno que se multiplica como el n&uacute;cleo de un virus, / aunque a posteriori tiende a fragmentarse / como un vaso contra el suelo / cuando mi gata lo tira&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Unos pocos meses que dedican a la muerte, Lisbeth Salander y su cerilla, por dos, como Chantal Maillard. Hay tiempo para el f&oacute;sforo y para otras extremidades de la qu&iacute;mica: &ldquo;El agua me baila a m&iacute; / calmando las quemaduras de tu &aacute;cido&rdquo; o &ldquo;He pensado que deber&iacute;as saber / que si las tuvieses en la tripa, / estar&iacute;an todas muertas. / demasiado &aacute;cido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La poeta, identificada con lo acu&aacute;tico, vende su voz, de sirena, hacia la isla: &ldquo;Tragar pastillas para anular el grito&rdquo;. Y es premonitoria: &ldquo;Y todos los p&eacute;ndulos de los videntes giraban / ante tus fotograf&iacute;as&rdquo; de una situaci&oacute;n extrema: &ldquo;La herida est&aacute; llena de larvas / la vida cr&iacute;a en mi muerte&rdquo;. La electricidad &uacute;ltima, la de la bater&iacute;a: &ldquo;Un electrodo en mi frente / la consciencia es material&rdquo; y la de los &uacute;ltimos d&iacute;as: &ldquo;Desde que ellas han llegado/el hospital de paliativos de mi cabeza / ha sido cerrado / y los enfermos dados de alta&rdquo;. Todos los cuentos comienzan a arder cuando nombran a Wendy &uacute;ltima entre las dr&iacute;ades. Un libro poderoso que marca el camino de una carrera literaria estimulantemente diferente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Ben&iacute;tez Soldevila (Alice Quinn), <em>Mecheros para las hadas</em>,&nbsp; Zaragoza, Los Libros del Gato Negro, 2026.</p>
</div>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jun 2026 08:21:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lucidez en la niebla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lucidez-en-la-niebla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JUAN_CARLOS_ABRIL_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros de poemas escritos desde una experiencia concreta y otros que parecen surgir de una intemperie mental, de un lugar donde pensamiento, memoria y lenguaje est&aacute;n sometidos a una presi&oacute;n extrema. <em>La vida no fue sue&ntilde;o</em>, de Juan Carlos Abril, pertenece a esta segunda categor&iacute;a. Un libro sobre el desencanto, la p&eacute;rdida, el envejecimiento; atravesado por la conciencia de la fractura contempor&aacute;nea, por la sensaci&oacute;n de que el sujeto moderno habita un territorio erosionado donde incluso la identidad aparece sometida a sospecha.&nbsp;</p>
<p>Desde los primeros versos, el lector entra en una atm&oacute;sfera de desgaste y lucidez. El yo po&eacute;tico contempla c&oacute;mo &ldquo;todas mis esperanzas y mis ilusiones&rdquo; terminan convertidas en &ldquo;un recuerdo / que se escapa&rdquo;, y esa imagen inicial marca buena parte de la temperatura emocional del libro: la imposibilidad de retener el sentido. Sin embargo, ser&iacute;a un error reducir esta poes&iacute;a a una simple eleg&iacute;a existencial. Lo que distingue a Juan Carlos Abril de tantos autores instalados en el culturalismo melanc&oacute;lico o en la confesi&oacute;n sentimental es la complejidad intelectual de su mirada. En estos poemas el pensamiento no s&oacute;lo acompa&ntilde;a a la emoci&oacute;n: la cuestiona y la somete a una continua relectura.&nbsp;</p>
<p>Hay una tensi&oacute;n permanente entre experiencia y discurso. El poema avanza mediante acumulaciones reflexivas, desplazamientos conceptuales y variaciones sint&aacute;cticas que recuerdan ciertos procedimientos de la poes&iacute;a meditativa contempor&aacute;nea. El lenguaje se convierte as&iacute; en un espacio de investigaci&oacute;n. Uno de los grandes temas del libro es precisamente el agotamiento del lenguaje y, al mismo tiempo, su necesidad. &ldquo;La poes&iacute;a va y viene, / se encuentra en lucha con la vida. / La vida nos amarga, nos agobia, / la poes&iacute;a libera&rdquo;, escribe Abril en uno de los fragmentos m&aacute;s reveladores del volumen. Esa declaraci&oacute;n funciona como una po&eacute;tica impl&iacute;cita: la escritura aparece como resistencia frente a la degradaci&oacute;n de la conciencia.&nbsp;</p>
<p>Formalmente, el libro se sostiene sobre tres poemas extensos y ondulantes que integran pensamiento abstracto, im&aacute;genes visionarias y modulaciones narrativas sin perder intensidad l&iacute;rica. Hay momentos en los que la voz parece avanzar mediante asociaciones casi hipn&oacute;ticas, reproduciendo el flujo discontinuo de la mente contempor&aacute;nea. Esa respiraci&oacute;n amplia recuerda en ocasiones ciertas zonas de los poetas del silencio o de la tradici&oacute;n meditativa anglosajona, aunque Abril evita siempre la imitaci&oacute;n. Su tono posee una identidad reconocible: claridad filos&oacute;fica, agotamiento emocional y resistencia &eacute;tica.&nbsp;</p>
<p>Es interesante la manera en que se incorporan elementos del presente tecnol&oacute;gico y psicol&oacute;gico sin caer en el exhibicionismo generacional. Expresiones como &ldquo;realidad aumentada&rdquo;, &ldquo;palabras clave&rdquo; o &ldquo;curva de aprendizaje&rdquo; aparecen integradas en el tejido del poema como s&iacute;ntomas de una subjetividad colonizada por nuevas formas de percepci&oacute;n. El yo po&eacute;tico piensa desde un mundo saturado de informaci&oacute;n, algoritmos y discursos fragmentarios. De ah&iacute; que muchas veces el poema adopte una estructura de deriva mental donde conviven terminolog&iacute;a t&eacute;cnica, im&aacute;genes metaf&iacute;sicas y recuerdos &iacute;ntimos. Esa hibridez produce algunos hallazgos poderosos, versos donde la abstracci&oacute;n filos&oacute;fica se encarna de pronto en im&aacute;genes memorables, alcanzando una intensa dimensi&oacute;n visionaria: &ldquo;la espada verde del fulgor&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La memoria ocupa tambi&eacute;n un lugar central. Recordar aqu&iacute; significa enfrentarse a la inestabilidad de la propia conciencia. El pasado aparece erosionado, convertido en una materia ambigua donde ya no es posible distinguir entre experiencia real y deformaci&oacute;n subjetiva. &ldquo;Yo vengo del pasado y el pasado / sorprendentemente no existe&rdquo;, afirma. Ah&iacute; se resume la l&oacute;gica profunda del libro: la identidad se revela como una construcci&oacute;n precaria sostenida apenas por fragmentos de memoria.&nbsp;</p>
<p><em>La vida no fue sue&ntilde;o</em> dialoga con una larga tradici&oacute;n de la desilusi&oacute;n moderna, desde hast&iacute;o el Barroco hasta la poes&iacute;a existencial contempor&aacute;nea. El propio t&iacute;tulo establece una inversi&oacute;n ir&oacute;nica de Pedro Calder&oacute;n de la Barca: aqu&iacute; la vida no es sue&ntilde;o, es desgaste y conciencia. El despertar no conduce a ninguna revelaci&oacute;n trascendente, sino a una comprensi&oacute;n dolorosa de los l&iacute;mites humanos. Y, sin embargo, el libro evita el nihilismo absoluto. Hay una insistencia &eacute;tica que atraviesa sus p&aacute;ginas: la necesidad de sostener la dignidad incluso en medio del derrumbe.&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute; sea precisamente la palabra &ldquo;dignidad&rdquo; una de las claves secretas del volumen. Aparece asociada a los derrotados, a quienes intentan sobrevivir sin renunciar a su verdad interior. &ldquo;Quise cambiar el mundo / y ahora s&oacute;lo espero / salir de aqu&iacute; con dignidad&rdquo;, leemos en uno de los momentos m&aacute;s conmovedores. Esa confesi&oacute;n resume tambi&eacute;n el cansancio hist&oacute;rico de toda una generaci&oacute;n enfrentada al fracaso de los grandes relatos colectivos.&nbsp;</p>
<p>El sujeto que habla en estos poemas se siente perseguido por la culpa, la desmemoria y el agotamiento, pero tambi&eacute;n intenta construir un espacio de resistencia a trav&eacute;s del lenguaje. De ah&iacute; que la escritura aparezca como un territorio ambiguo: refugio y herida al mismo tiempo. &ldquo;Mi dignidad es la poes&iacute;a / entregada a su suerte&rdquo;, leemos hacia el final del libro.&nbsp;</p>
<p>Hay algo profundamente contempor&aacute;neo en esta manera de entender el poema no como un lugar de armon&iacute;a, sino como un espacio de tensi&oacute;n irresuelta. <em>La vida no fue sue&ntilde;o</em> exige una lectura lenta, atenta a sus desplazamientos reflexivos y a sus recurrencias simb&oacute;licas. Frente a cierta poes&iacute;a contempor&aacute;nea dominada por el efectismo confesional o la simplificaci&oacute;n emocional, Juan Carlos Abril apuesta por una escritura densa, intelectualmente exigente y moralmente inc&oacute;moda.&nbsp;</p>
<p><em>La vida no fue sue&ntilde;o</em> es, en definitiva, un libro de madurez. Un libro que interroga la memoria, el lenguaje y la identidad desde una lucidez amarga, pero tambi&eacute;n desde una profunda necesidad de verdad.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Juan Carlos Abril, <em>La vida no fue sue&ntilde;o</em>, Valencia, Pre-Textos, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jun 2026 07:58:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía de Marta Agudo: la gramática de aprender a morir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-de-marta-agudo-la-gramatica-de-aprender-a-morir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas26/MARTA_AGUDO_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>No recuerdo en qu&eacute; momento preciso conoc&iacute; a Marta Agudo. Tengo la sensaci&oacute;n de haberla sentido cerca desde siempre. Pod&iacute;amos estar meses sin coincidir, pero cuando habl&aacute;bamos, volv&iacute;an las sinergias que s&oacute;lo funcionan con algunas personas y que hacen que sintamos como si hubi&eacute;ramos estado con ella el d&iacute;a anterior.</p>
<p>Debimos de encontrarnos a comienzos de los a&ntilde;os 2000, cuando ella fue a vivir a Madrid. Marta encontr&oacute; en Madrid, como ha relatado Jordi Doce, un espacio propicio para encauzar sus inquietudes literarias: cre&oacute; y dirigi&oacute; la colecci&oacute;n de poes&iacute;a y pintura El Lot&oacute;fago, de la Galer&iacute;a Luis Burgos; dio clases de escritura creativa en Hotel Kafka; fue miembro del equipo de redacci&oacute;n de la revista de poes&iacute;a <em>Nayagua</em>, que edita la Fundaci&oacute;n Centro de Poes&iacute;a Jos&eacute; Hierro; public&oacute; (junto con Carlos Jim&eacute;nez Arribas) <em>Campo abierto. Antolog&iacute;a del poema en prosa en Espa&ntilde;a</em> (2005); ese mismo a&ntilde;o se doctor&oacute; en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica con su tesis <em>La po&eacute;tica rom&aacute;ntica de los g&eacute;neros literarios: el poema en prosa y el fragmento en el siglo XIX en Espa&ntilde;a. </em>En 2010 public&oacute;, junto con Jordi Doce, <em>P&aacute;jaros ra&iacute;ces. En torno a Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente</em>, autor al que dedicar&iacute;a tambi&eacute;n otros estudios.<em> </em>Se ocup&oacute; tambi&eacute;n de traducir a Joan Vinyoli y edit&oacute; algunas obras de Ana Mar&iacute;a Navales y Paca Aguirre. Adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s importante, public&oacute; cuatro libros de poemas magn&iacute;ficos, de una coherencia, una intensidad y una verdad apabullante, un legado que crece d&iacute;a a d&iacute;a, a pesar de su aparente brevedad: <em>Fragmento </em>(2004), <em>28010 </em>(2011), <em>Historial </em>(2017) y <em>Sacrificio</em> (2021), aparente porque escribir debi&oacute; de escribir algunos libros m&aacute;s que no llegaron a ver la luz por su exagerada autoexigencia.</p>
<p>Para preparar este art&iacute;culo he vuelto a leer sus libros, sus textos, sus entrevistas, los art&iacute;culos dedicados a su obra&hellip; y he vuelto a abrir tambi&eacute;n los correos electr&oacute;nicos suyos que conservo en la bandeja de entrada de mi ordenador. Y han regresado, de forma muy precisa, las afinidades electivas que compartimos: la devoci&oacute;n por G&oacute;ngora, por el Barroco y por Valente; la comuni&oacute;n con algunos amigos, sobre todo en torno a la revista <em>Nayagua</em>, y a la Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Hierro y a esta revista <em>Turia</em>, de la tambi&eacute;n era colaboradora (donde siempre hab&iacute;a un pretexto po&eacute;tico para encontrarse); compartimos tambi&eacute;n un punto de vista cr&iacute;tico respecto a la situaci&oacute;n de la poes&iacute;a y la cultura contempor&aacute;nea, capitalizada cada vez m&aacute;s por la publicidad y el mercado; nos un&iacute;a as&iacute; mismo el amor por el lenguaje, ambas hab&iacute;amos estudiado Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica&hellip; Hab&iacute;a otra afinidad, &eacute;sta no elegida. Yo tambi&eacute;n hab&iacute;a hecho la traves&iacute;a del c&aacute;ncer, un linfoma; hac&iacute;a ya m&aacute;s de veinte a&ntilde;os cuando a ella se lo diagnosticaron. Entonces intent&eacute; convencerla de que, si yo lo hab&iacute;a superado, ella tambi&eacute;n podr&iacute;a hacerlo. Pero no fue as&iacute;.</p>
<p>Como es obvio, escribo desde esas afinidades que nos vinculaban en la amistad, pero voy a tratar de &nbsp;trazar algunos rasgos de lo que la hace &uacute;nica, lo que singulariza su escritura, porque ella no se parec&iacute;a a nadie y encontrar una voz propia fue una de sus grandes obsesiones, hasta convertirse tambi&eacute;n en tema recurrente y metapo&eacute;tica interna en sus poemas, una batalla con el lenguaje, en la que gan&oacute;, &ndash;esta vez s&iacute;&ndash;, un lugar destacado entre los poetas de su generaci&oacute;n, como puede verse en su poes&iacute;a, que cada d&iacute;a crece en intensidad y nos sigue interpelando con m&aacute;s fuerza, desde esa voz que s&oacute;lo es id&eacute;ntica a s&iacute; misma.</p>
<p>Marta era fil&oacute;loga vocacional. Le gustaban las palabras y eso se nota no s&oacute;lo en sus cr&iacute;ticas, en sus ensayos y en su poes&iacute;a, sino tambi&eacute;n en su lenguaje directo, en su devoci&oacute;n por los juegos de palabras. Se manifestaba en su conocimiento de la tradici&oacute;n (&laquo;G&oacute;ngora, el maestro de la met&aacute;fora y la creatividad m&aacute;s audaz que sigue representando para m&iacute; la modernidad po&eacute;tica&raquo;) y en su forma de transgredir y llevar al l&iacute;mite las palabras, de interrogarse por el sentido y buscar nuevos cauces del decir (&laquo;porque acudes incierta/ a las palabras/ por verlas tiritar&raquo;) (<em>Fragmento</em>). Letrada, pero irreverente, respetuosa con los maestros, pero siempre explorando nuevos territorios. &nbsp;Como escribe Eduardo Moga, Marta era una de esas personas &laquo;pose&iacute;das por el lenguaje, esto es, conscientes de que el lenguaje nos configura: nos da el ser&raquo;.</p>
<p>Y la Filolog&iacute;a le dio a ella un esqueleto para su poes&iacute;a. Como confes&oacute; en varias ocasiones, no era autora de poemas sino de &laquo;libros de poemas&raquo;, necesitaba una estructura, un territorio donde sostener las palabras: &laquo;Nunca he sido autora de poemas sueltos, sino de libros, de conjuntos poem&aacute;ticos. Necesito una estructura, algo as&iacute; como un armaz&oacute;n generador que impulse el surgir de las palabras y las ordene&raquo;, escribe en la nota que acompa&ntilde;a a su primer libro.</p>
<p>Esa estructura &laquo;filol&oacute;gica&raquo; no es &uacute;nicamente aplicable a cada uno de sus libros y de forma expl&iacute;cita al segundo (<em>28010</em>), donde est&aacute;n a la vista las columnas vertebrales que la sostienen: Fon&eacute;tica, Sintaxis, Geograf&iacute;a, Secuencia, sino que la Ling&uuml;&iacute;stica y sus derivaciones, van a ser cimiento y soporte tambi&eacute;n de sus siguientes libros. As&iacute;, todos ellos se tejen a su vez en una estructura conjunta, que traza una circularidad de sentido, el our&oacute;boros, ya se&ntilde;alado por Julieta Valero en su ep&iacute;logo a la reedici&oacute;n de <em>Fragmento</em>: &laquo;<em>Fragmento</em> contiene su futuro po&eacute;tico&hellip; una condensaci&oacute;n anticipatoria&hellip; todo estaba ya aqu&iacute;&raquo; y conforma un &laquo;conjunto poem&aacute;tico&raquo; coherente. &nbsp;Ese c&iacute;rculo que es tambi&eacute;n para la poeta &laquo;vida: existencia capic&uacute;a: nada-vida-nada&rdquo; (<em>Historial</em>); &laquo;&hellip;El que naci&oacute; con actitud de regreso&raquo; (<em>Historial</em>); &laquo;Entra en esta cadena irreversible y procura trazar la circunferencia del yo. &iquest;Estancia o desborde?&raquo;&nbsp; (<em>Sacrificio</em>).</p>
<p>El homenaje gongorino de versos encadenados de su primer libro, o los puntos suspensivos que pespuntean los siguientes, van dibujando ese our&oacute;boros con la apelaci&oacute;n constante al origen, la auscultaci&oacute;n de una genealog&iacute;a y la memoria inici&aacute;tica que en alg&uacute;n lugar se anuda al final inevitable, al destino seguro en la muerte&hellip; As&iacute; la Ling&uuml;&iacute;stica se impone como registro de la &laquo;angustia existencial&raquo; de ese transcurrir, como &laquo;desolaci&oacute;n metaf&iacute;sica&raquo; (&laquo;el relato de c&oacute;mo se avanza hacia la muerte, de la nada a la nada&raquo;, que dir&iacute;a Antonio Gamoneda); y como determinante del lenguaje po&eacute;tico en la conciencia del dolor, en el intermedio corporeizado, ese breve par&eacute;ntesis de nombrarse materia ef&iacute;mera y en vilo, ese tiritar del lenguaje.</p>
<p>Por ello, me atrevo a aproximarme a sus versos emulando en estos breves apuntes parte de esa estructura ling&uuml;&iacute;stica para comprender un poco m&aacute;s su idioma po&eacute;tico, el lenguaje que configura de alguna forma su identidad y sus obsesiones como escritora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fon&eacute;tica</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>As&iacute; la voz, la forma de entonar en dial&eacute;ctica con <em>el silencio</em> (tendencia po&eacute;tica a la que se la asimil&oacute; en su momento y que se queda escasa para definir su trayectoria). La m&uacute;sica de las palabras, hasta el roce del aire al respirar, aunque sea en los confines m&aacute;s inh&oacute;spitos del ser, busca decirse a partir de esos primeros fragmentos, astillas, leves esquirlas, c&eacute;lulas o aforismos encadenados. Los sonidos y su representaci&oacute;n escrita, la forma de decir un cuerpo y conjugarlo. Disponer cada letra, pronunciar cada nombre y hacer vibrar el espacio de la p&aacute;gina en blanco. Un intento de inaugurar la vida de nuevo sin herida, trazar nuevos signos a partir de esas part&iacute;culas esenciales. En toda su escritura hay un af&aacute;n de poner en pie el cuerpo del lenguaje: &laquo;v&eacute;rtebra a v&eacute;rtebra yergues el discurso&raquo; (<em>Fragmento</em>), corporeizarlo, al tiempo que un af&aacute;n por desintegrarlo para volverlo a fundar con otros nombres posibles.&nbsp;</p>
<p>Desde su primer libro, ese af&aacute;n de recoger las se&ntilde;ales, las part&iacute;culas m&iacute;nimas del lenguaje, las c&eacute;lulas del significado: &laquo;Morse, zarza escrita. / Lenguaje hecho de tildes/ y puntos sobre pieles&raquo;. Escritura que es tatuaje y cicatriz. El punto aparece como m&aacute;xima concentraci&oacute;n del sentido, el l&iacute;mite donde comienza y termina el lenguaje: &laquo;Anula el punto inn&uacute;meras palabras&raquo; (<em>Fragmento</em>). Nudo o nodo, extremo del ovillo donde arraiga todo el lenguaje. Ese punto fronterizo con el silencio, minimalista &laquo;lengua que abreva/ en la piel de los silencios&raquo; (<em>Fragmento</em>). Un motivo, el del punto, que volver&aacute; a hacerse presente en su libro final <em>Sacrificio</em>: &laquo;Lentamente contar&eacute; mis huesos uno a uno para que el punto final no sepa m&aacute;s que yo&raquo;.</p>
<p>Es interesante observar la paradoja de c&oacute;mo esa deconstrucci&oacute;n de las unidades m&aacute;s peque&ntilde;as que puedan ser indivisibles, de las m&iacute;nimas part&iacute;culas, es adem&aacute;s recolecci&oacute;n para armar otro sentido: &laquo;Dadme mis letras para recomenzar [&hellip;]. Dadme, aunque sea un cero, pero uno completo, / cuadrado y sin fisuras&raquo; (<em>28010</em>). Aunque las letras, como las c&eacute;lulas, como las neuronas, a veces llevan impreso un signo de muerte: &laquo;neurona enferma/ que gira su curso/ ferviente hasta la red&raquo; (<em>Fragmento</em>); &laquo;&hellip;Mientras <em>vivir </em>se escriba con <em>v </em>de <em>vac&iacute;o</em>&hellip;&raquo; (<em>Historial</em>).</p>
<p>A pesar de esa intuici&oacute;n de muerte anticipatoria, hay una b&uacute;squeda para recomponer el ser, para trazar esa identidad, que pasa por identificar un sujeto y sus complementos: &laquo;Ser en destrozos&raquo; (<em>Fragmento</em>), desmenuzar-se, en trazos, en metralla, ser en astillas y a&ntilde;icos. &laquo;Deletrea a fin de reconocerme&raquo;. As&iacute; ese comienzo de <em>28010</em>: &laquo;Me llamo Marta. Me llaman Marta&raquo;, como certificado del nombrarse o ser nombrada.</p>
<p>En <em>Historial</em> volver&aacute; a pedir: &laquo;Dadme las siglas de una ajustada duraci&oacute;n porque en el signo &ldquo;m&aacute;s&rdquo; el germen de los significados, las ra&iacute;ces del &aacute;rbol que se empe&ntilde;a&raquo;. La necesidad de decir desde la ra&iacute;z del verbo; para que la cadena no se rompa en su germinar, es preciso anudar esas ra&iacute;ces porque: &laquo;Si en alg&uacute;n momento la cadena se rompe ser&aacute; la interrogaci&oacute;n, la caligraf&iacute;a borrosa del que se pregunt&oacute; qui&eacute;n era &eacute;l exactamente&raquo; (<em>Historial</em>).</p>
<p>Y en su &uacute;ltimo libro <em>Sacrificio</em>, comenzar&aacute; precisamente su primer poema reclamando esos signos, esos eslabones perdidos en forma de vocales: &laquo;Ven y d&iacute;ctame las vocales de aquel soplo inicial para / que cada engranaje revierta su torre&oacute;n y cualquier falla / tect&oacute;nica aspire a ser verdad que no sangra. Pulm&oacute;n y brisa&hellip;&raquo;. Verdad sin dolor.</p>
<p>Conjugar los signos para descifrar los secretos del existir, como dec&iacute;a Calvino en una de sus <em>Seis propuestas para el pr&oacute;ximo milenio</em> refiri&eacute;ndose a: &laquo;una larga tradici&oacute;n de pensadores para quienes los secretos del mundo estaban contenidos en la combinaci&oacute;n de los signos de la escritura: el <em>Ars Magna</em> de Raimundo Lulio, la K&aacute;bala de los rabinos espa&ntilde;oles y la de Pico de la Mirandola&hellip; El mismo Galileo ver&aacute; en el alfabeto el modelo de toda combinatoria de unidades m&iacute;nimas. Despu&eacute;s Leibniz&hellip;&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Morfosintaxis</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero &iquest;c&oacute;mo se forman las palabras y las frases?, &iquest;c&oacute;mo las palabras arrastran su herencia y dictan su destino implacable? &iquest;C&oacute;mo ordenar &laquo;las s&iacute;labas del da&ntilde;o&raquo;? (<em>Sacrificio</em>). Tal vez las palabras declinadas en versos nos puedan decir con la morfolog&iacute;a del p&aacute;jaro (&laquo;Y entre lo que soy y ser&eacute;, una bandada de verbos&raquo; (<em>28010</em>). Cuando las palabras se desprenden de su peso: hacerse p&aacute;jaro, soltar el lastre de lo utilitario para volar m&aacute;s libre, como en ese final de <em>Del caminar sobre hielo</em> de Werner Herzog: (&laquo;Durante un breve y delicado instante algo muy dulce traspas&oacute; mi cuerpo agotado. Le dije: abra la ventana, desde hace unos d&iacute;as puedo volar&raquo;.</p>
<p>Y tal vez conseguir la levedad necesaria para sobrevivir frente a la gravedad de existir. Como a&ntilde;ade Calvino: &laquo;A la precariedad de la existencia de la tribu &ndash;sequ&iacute;as, enfermedades, influjos malignos&ndash; el cham&aacute;n respond&iacute;a anulando el peso de su cuerpo, transport&aacute;ndose en vuelo a otro mundo, a otro nivel de percepci&oacute;n donde pod&iacute;a encontrar fuerzas para modificar la realidad&raquo;. El poeta como cham&aacute;n o mago.</p>
<p>&laquo;&iquest;C&oacute;mo nace entonces/ del verbo la honda mies?&raquo; (<em>Fragmento</em>) &iquest;C&oacute;mo armar el sentido de la escritura y de la vida desde el &laquo;espacio herido para el nuevo verbo&raquo;? (<em>Fragmento</em>) se pregunta la poeta en su primer libro. Ese espacio herido es la herencia, la gen&eacute;tica que no s&oacute;lo se aloja en los genes (&laquo;&iquest;Se hereda la estructura mental de lo escuchado?&raquo;), se preguntar&aacute; en <em>28010</em>. Hay una pulsi&oacute;n de fuga, un deseo de huir de ese determinismo gen&eacute;tico y de los espacios dados: &laquo;&iquest;Hacia d&oacute;nde, pues, trazar la fuga?&raquo; (<em>28010</em>). La necesidad de &laquo;Volver a generar una sintaxis que no tenga filiaciones&raquo; (<em>28010</em>). La morfosintaxis concebida como &laquo;Repetici&oacute;n tras repetici&oacute;n para ir creando oraciones; llanura en la que tenderse a balbucir&raquo; (<em>28010</em>). Y como escribe al final de ese mismo libro: &laquo;Pero sujeto y verbo de nada sirven para mi boca antigua&raquo; (<em>28010</em>) Necesita fundar nuevas estructuras que se adec&uacute;en a su boca, a su poes&iacute;a, a su decir. Encontrar su propia voz en la que el sujeto pueda predicarse: &laquo;Busco en qu&eacute; punto de esta pierna el predicado. &iquest;Es el sujeto el coraz&oacute;n porque canjea ritmos o todo cuaja en una oraci&oacute;n pasiva sin complemento agente? Los complementos circunstanciales marcar&aacute;n la &iacute;ndole de tu existencia: el c&oacute;mo, el sitio, la luz. Y la gram&aacute;tica: otro posible orden al que brindar la raz&oacute;n del sacrificio&raquo; (<em>Sacrificio</em>). &nbsp;Aunque a veces le faltan las palabras: &laquo;Falta l&eacute;xico, faltan letras&hellip;&raquo;. Cuando ya no quedan palabras o las palabras ya no son suficientes, se sustituye por un &laquo;abecedario de agujas&raquo;, con el que &laquo;escribir en braille mi &uacute;ltimo sue&ntilde;o&raquo; (<em>Sacrificio</em>). Una sucesi&oacute;n de puntos: incisiones. El cuerpo como libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sem&aacute;ntica</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho antes de que el c&aacute;ncer llegase a su vida, la muerte ya ten&iacute;a un protagonismo especial en sus poemas, como existencialismo vital, premonitorio, visionario. Al final de <em>28010 </em>repite como un estribillo &laquo;Me llamo Marta, me llaman Marta y me persigue el idioma en que se expresa el moribundo&raquo;. Toda esa carga sem&aacute;ntica que es sino y signo de muerte es percibida como un legado del que no puede desprenderse. Aunque lo intenta una y otra vez apelando al silencio para resemantizar: &laquo;Y si la verdadera patria del hombre es el idioma: las pausas, las curvas, sus ritmos informales, habr&eacute; de callarme para recomenzar&raquo; (<em>28010</em>). As&iacute; insistir&aacute; al final de <em>28010</em>: &laquo;&hellip;frotarme las manos hasta que desaparezcan las huellas dactilares y en la explanada abierta de la palma poder sembrar carteles, op&uacute;sculos, las cadencias de mi sintaxis o la precocidad de un ni&ntilde;o, consciente de ser ni&ntilde;o, que muestra sus venas rotundas hacia el aire&raquo;.</p>
<p>Pero enseguida volver&aacute; una de sus im&aacute;genes m&aacute;s potentes, la de &laquo;el cad&aacute;ver que albergamos&raquo; (<em>Historial</em>), ese cad&aacute;ver que vive dentro de nosotros desde que nacemos.</p>
<p>&laquo;El oficio puntillista de la muerte&raquo; (<em>Historial</em>) es un &laquo;Oficio de Tinieblas&raquo; laico y expresionista. Porque en la poes&iacute;a de Marta Agudo &ndash;y esto forma parte relevante de la personalidad de su escritura&ndash;, a diferencia del tratamiento que le dan otros autores, incluido su admirado Valente, no hay asidero m&iacute;stico al que aferrarse; su Oficio de Tinieblas conduce a &laquo;una luz salvadora&raquo; y un espacio redentor que no est&aacute; asociado a ninguna religi&oacute;n, sino diluido en el paisaje. &nbsp;Aqu&iacute; se cumple el &laquo;vivo sin vivir en m&iacute;&raquo; y &laquo;muero porque no muero&raquo;, pero sin el &laquo;m&aacute;s alta vida espero&raquo;. No hay horizonte de resurrecci&oacute;n. M&aacute;s bien al contrario, dios y lo relacionado con la religi&oacute;n se contempla desde una mirada cr&iacute;tica, esc&eacute;ptica o ir&oacute;nica: &laquo;el c&aacute;ncer es un espacio; un espacio o la instalaci&oacute;n de un dios expectante que disfruta observando c&oacute;mo cae plet&oacute;rica y de nuevo la roca de S&iacute;sifo&raquo; (<em>Historial</em>) o &laquo;&iquest;Fue Lazaro el primer zombi de la historia?&raquo;. Y se parodia la m&iacute;stica sin piedad: &laquo;&iquest;Ad&oacute;nde te escondiste, azar, con dos fechas uncidas?&raquo;&nbsp; (<em>Historial</em>).</p>
<p>En <em>Historial</em> asistimos a un aut&eacute;ntico despliegue del campo sem&aacute;ntico del cuerpo y de la enfermedad: piel, esqueleto, articulaciones, v&iacute;sceras, p&aacute;ncreas, pulm&oacute;n, leucocitos, hemat&iacute;es, cerebro, cortex&hellip; Incluso de medicinas, protocolos, errores m&eacute;dicos, da&ntilde;os colaterales&hellip; Con voluntad de dar visibilidad &ndash;como ya hicieran otras creadoras como Susang Sontag o Hannah Wilke&ndash; a una enfermedad, el c&aacute;ncer, que sigue siendo tab&uacute; en nuestros d&iacute;as. Pero lo coloca en primer plano sin dramatismos, e incluso, en ocasiones, envuelto en ese sentido del humor, &laquo;a veces mezcla de juego y rabia&raquo;, que la caracterizaba y que se convierte en asidero y consuelo: &laquo;La melod&iacute;a de los contrarios: agudo-grave, grave-agudo&raquo; (<em>Historial</em>). O como cuando relata, en la obra in&eacute;dita en la que estaba trabajando al final, su diario, <em>Momento mori,</em> ese colmo de las casualidades: que est&aacute; tomando un medicamento que se usa contra el dolor y la ansiedad, precisamente llamado Lyrica: &laquo;He estado inv&aacute;lida de nuevo por la ingesta de Lyrica, olvid&eacute; que me hab&iacute;a llevado hace m&aacute;s de un a&ntilde;o a una crisis mental y f&iacute;sica fuerte&raquo;.</p>
<p>En continuidad con ese campo sem&aacute;ntico, el motivo del mar y los desiertos de sal, y los glaciares, se ir&aacute;n definiendo como lugares del canto, horizontes donde se derrama la voz y la mirada, donde el cuerpo se disuelve en geograf&iacute;a y se funde con el paisaje, y hace posible la representaci&oacute;n de lo indecible. Las blancas salinas desiertas, los mares petrificados, los hielos de la Ant&aacute;rtida que se asoman a la portada de su ultimo libro, <em>Sacrificio</em>, est&aacute;n ya en el primero, <em>Fragmento</em>, y se anticipan tambi&eacute;n en <em>Historial</em>: &laquo;Alivia saber la Ant&aacute;rtida, m&aacute;s ahora en esta habitaci&oacute;n que compartes con una mujer y su m&aacute;quina de ox&iacute;geno&raquo;.</p>
<p>En las fotograf&iacute;as de Cano Erhardt encontr&oacute; los paisajes que ella ya hab&iacute;a descrito en sus poemas mucho antes de conocer esas im&aacute;genes. De hecho, como ha contado Jordi Doce, <em>Fragmento</em>, publicado en 2004, iba a titularse en un principio <em>La desnudez del p&aacute;ramo</em>. Y entre sus libros anteriores, de los a&ntilde;os noventa, habr&iacute;a otro titulado <em>Los v&eacute;rtigos amplios del blanco</em>. Las fotograf&iacute;as de Cano Erhardt, de las series <em>Altas soledades</em> y <em>Ralty Reflections</em> fueron realizadas en 2015 en El Salar de Uyuni (el mayor desierto de sal del mundo), y en los desiertos andinos de la Reserva Natural Eduardo Averoa, en Bolivia. Marta Agudo escribi&oacute; en 2017 el poema &laquo;Cuatro tiempos&raquo;, donde dialoga con las fotograf&iacute;as de <em>Altas soledades</em> de Erhardt. Poema que tuve el privilegio de publicar en primicia en las p&aacute;ginas de <em>Revista de Occidente</em> (n&uacute;m. 424, septiembre de 2016). Este poema servir&iacute;a de coda al libro <em>Historial</em>, en 2017. En <em>Veracidad del mapa</em> (Galer&iacute;a Luis Burgos, Colecci&oacute;n el Lot&oacute;fago, 2021) t&iacute;tulo que procede de un poema de <em>28010</em>. Marta Agudo declara en la nota final su deuda con Erhardt: &laquo;Me gusta pensar que con este libro se cierra un c&iacute;rculo que se abri&oacute; cuando la contemplaci&oacute;n de algunas fotos de las series <em>Ralty Reflections</em> y <em>Altas soledades</em>, ambas de 2016, en especial las im&aacute;genes de salinas y sus formaciones exagonales, me llevo a escribir el poema &laquo;Cuatro tiempos&raquo;, germen de lo que luego ser&iacute;a <em>Historial</em>. M&aacute;s recientemente, el recuerdo de las fotos de glaciares y paisajes &aacute;rticos que se incluyen en <em>Wonder of Nature</em> (2017-2018) ha impulsado y condicionado la escritura de mi &uacute;ltimo libro, <em>Sacrificio </em>(2021)&raquo;.&nbsp; En esas fotograf&iacute;as Marta Agudo encuentra materializadas las atm&oacute;sferas trazadas en sus poemas, im&aacute;genes que hablan de la soledad en el l&iacute;mite de la abstracci&oacute;n. Las formas geom&eacute;tricas del vac&iacute;o. Espacios vaciados de vida. Monta&ntilde;as de sal, paisajes donde nada crece salvo la luz de la desolaci&oacute;n. Un mar que se desborda en las afueras. &laquo;Se derramaba la vida por los lados&raquo; se repite como una letan&iacute;a: &laquo;Se derramaba la vida por los lados, pero dios nunca lleg&oacute;&raquo; (<em>Historial</em>). Ese mar manrique&ntilde;o (&laquo;Nuestras vidas son los r&iacute;os que van a dar a la mar&hellip;&raquo;), ya estaba lleno de muertos en su primer libro. Por eso, escribe en <em>Historial</em>: &laquo;Mientras en los quir&oacute;fanos se oiga el mar no habr&aacute; anestesia suficiente para el miedo&raquo;.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n, de alguna forma, y aunque parezca contradictorio, es un mar de serenidad. En su &uacute;ltimo libro, <em>Sacrificio</em>, nos recibe en la portada el fr&iacute;o de ese espacio glaciar, la luz detenida en ese azul transparente, y parece, por fin, reconciliarse con el lenguaje, entender la gram&aacute;tica de ese mantra: &laquo;He tenido que llegar hasta aqu&iacute; para entender la caligraf&iacute;a gozosa del mar&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Coda: la alegor&iacute;a simb&oacute;lica de las manos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el libro que Marta Agudo realiz&oacute; junto con Jordi Doce en 2010 sobre la obra de Valente, <em>P&aacute;jaros ra&iacute;ces</em>, se incluye un interesante ensayo de Rafael Jos&eacute; D&iacute;az titulado &laquo;Las manos del decir&raquo;, donde se refiere a la mano como s&iacute;mbolo esencial en Valente, pero una mano cargada con la idea de &laquo;concavidad&raquo; (<em>Mandorla</em>) como hueco que guarda lo sagrado (<em>Al dios del lugar</em>). Las manos ser&aacute;n tambi&eacute;n un s&iacute;mbolo decisivo en la obra de Marta Agudo, pero, curiosamente, la suya no es una mano c&oacute;ncava sino una mano abierta, una mano extendida. Quiz&aacute;s porque a pesar de sus querencias por Valente, no comparte con &eacute;l el sentido de lo sagrado ni la conexi&oacute;n con la m&iacute;stica, como ya hemos apuntado.</p>
<p>En<em> 28010</em> se refiere a las manos como un espacio posible, no cuenco, sino explanada: &laquo;Habr&eacute; de callarme para recomenzar, frotarme las manos para que desaparezcan las huellas dactilares y, en la explanada abierta de la palma, poder sembrar las vocales de un lenguaje propio&raquo;. Un espacio donde hacer el vac&iacute;o, el silencio. Borrar las l&iacute;neas de la mano, las l&iacute;neas de la vida y las huellas dactilares, para huir del determinismo de la gen&eacute;tica (&laquo;&iquest;El mal, el <em>fatum</em>?... / En las l&iacute;neas de la mano tu alfabeto&raquo; (<em>Historial</em>) y encontrar un lenguaje propio.</p>
<p>Esa explanada de la palma de la mano abierta es papel en blanco y <em>tabula rasa</em>, coincide con la imagen de las salinas y es un espacio metaf&iacute;sico en el que se debate la contradicci&oacute;n y la pregunta que atraviesa toda la poes&iacute;a de Marta Agudo: c&oacute;mo sembrar &laquo;las vocales de un lenguaje propio&raquo; en ese lecho de sal, si todo lo que se escribe sobre la sal desaparece, se diluye: &laquo;La sal absorbe las huellas&raquo; (&laquo;Cuatro tiempos&raquo;). Ser&iacute;a como escribir con tinta transparente o invisible.</p>
<p>Pero hay huellas que perduran y a&uacute;n nos siguen hablando con sus manos, como las de las pinturas rupestres. En <em>Sacrificio</em>, precisamente, alude a las pinturas de Altamira, cuyas paredes est&aacute;n llenas de manos: &laquo;Sin p&oacute;cima que nos salve, el bisonte de Altamira devana su cerebro un siete de diciembre de hace treinta y ocho mil cuatrocientos veinte a&ntilde;os: en su certeza que nunca amplifica, las huellas de sus pintores reclaman auxilio&raquo;.</p>
<p>Dir&iacute;a que, en esa tensi&oacute;n metaf&iacute;sica, en esa b&uacute;squeda del lenguaje propio, en la imposibilidad del decir la &laquo;palabra perdida&raquo; (Mar&iacute;a Zambrano) se alojan algunas de las claves de la po&eacute;tica de Marta Agudo, algunas de sus intuiciones esenciales y buena parte de &laquo;la verdad&raquo; de su poes&iacute;a: &laquo;La gram&aacute;tica tambi&eacute;n zozobra por la piel y sus mesetas rubrican o apagan verdades&raquo; (<em>Sacrificio</em>).</p>
<p>Por &uacute;ltimo, un paratexto: en la dedicatoria de su libro <em>Sacrificio</em>, que nos envi&oacute; en marzo de 2021, Marta Agudo dibuja esa mano abierta por completo, como las de Altamira. En torno a los dedos unos leves trazos bien situados consiguen a&ntilde;adirles movimiento, como si la mano se desplazase ligeramente a izquierda y a derecha, tal vez como un signo de despedida o quiz&aacute;s como un saludo en el que el movimiento de la vida sigue tiritando, como en sus poemas &laquo;&hellip;porque acudes incierta / a las palabras / por verlas tiritar&raquo; (<em>Fragmento</em>).</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 07:46:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De norte y frontera]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-norte-y-frontera/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JULIETA_VENEGAS_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Norte&ntilde;a</em>, editado por Las Afueras, es el primer libro publicado en Espa&ntilde;a por la compositora e int&eacute;rprete mexicana Julieta Venegas. Uno de esos libros que se abren como se despliega un mapa topogr&aacute;fico sobre la mesa de un puesto callejero o como se limpia el cabezal de una vieja pletina antes de que la cinta de casete comience a rodar.&nbsp;</p>
<p><em>Norte&ntilde;a</em>, el ejercicio de memoria y arqueolog&iacute;a sentimental entregado por Julieta Venegas, es exactamente eso: una bit&aacute;cora de &oacute;smosis urbana y una indagaci&oacute;n sobre c&oacute;mo se construye la espina dorsal de una identidad art&iacute;stica. El volumen no busca la complacencia de la hagiograf&iacute;a al uso ni el inventario cronol&oacute;gico de los grandes &eacute;xitos de estadio; prefiere instalarse en el sustrato, en la semilla, en los a&ntilde;os en que las canciones no se buscaban porque ten&iacute;an que salirte al encuentro. Una reconstrucci&oacute;n minuciosa de la g&eacute;nesis de una voz imprescindible para la cultura contempor&aacute;nea en nuestro idioma.&nbsp;</p>
<p>El relato se fractura en dos grandes placas tect&oacute;nicas que definen a la autora: el desierto fronterizo y el monstruo urbano. En la primera parte, la infancia y la juventud quedan confinadas en Tijuana, ese territorio donde la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos no es una l&iacute;nea, sino una extensi&oacute;n infinita, una mezcla indisoluble, un plano urban&iacute;stico y sentimental que se estira hacia el Pac&iacute;fico. La Tijuana que evoca la escritora es un ojo monstruoso que vigila y acompa&ntilde;a, una cuadr&iacute;cula que nadie se ocup&oacute; de imaginar porque ya estaba construy&eacute;ndose a golpes de urgencia y cemento. En ese paisaje de aguas fr&iacute;as y sucias, la autora invoca los nombres que poblaron el aire de su formaci&oacute;n: Jos&eacute; Jos&eacute;, Pedro Infante, Roc&iacute;o D&uacute;rcal. Pero tambi&eacute;n la vibraci&oacute;n subterr&aacute;nea de una &eacute;poca dorada donde la electr&oacute;nica de frontera, el hip hop mexicano y el punk compart&iacute;an los mismos centros culturales.</p>
<p>Es ah&iacute;, en ese cruce de corrientes, donde se gesta el viraje est&eacute;tico de la creadora. Norte&ntilde;a se detiene con agudeza en dos coordenadas clave que cambiar&iacute;an para siempre la idea de la m&uacute;sica popular y el rol de la mujer en el rock latinoamericano: los conciertos de Mano Negra y la irrupci&oacute;n ic&oacute;nica de The Sugarcubes con Bj&ouml;rk a la cabeza. De esa mezcla de casetes piratas, novios de juventud y salas de ensayo precarias nace la necesidad de subvertir la tradici&oacute;n. La autora recuerda los esbozos, las maquetas grabadas en aparatos precarios, los amigos que pose&iacute;an un ordenador lo suficientemente potente como para almacenar secuencias digitales. Hay una pulsi&oacute;n de pureza en su confesi&oacute;n: disfrazarse de colores brillantes junto a su amiga Ceci para invocar el esp&iacute;ritu l&uacute;dico de The B-52's, escribir canciones que le gustaran a su madre.</p>
<p>La ruptura con su primera banda fundamental, Tijuana No!, justo antes del lanzamiento del primer &aacute;lbum, marca el fin de la inocencia perif&eacute;rica. La llamada de la Ciudad de M&eacute;xico en 1995 funciona en el texto como el verdadero rito de paso. Las preguntas que se formula la creadora resuenan con la fuerza de un manifiesto existencial: &laquo;&iquest;Para qu&eacute; te vas? &iquest;Para qu&eacute; me quedo?&raquo;. El deseo no era meramente habitar el Leviat&aacute;n, sino forzar a que la ciudad fuera suya, bordarse en su tejido, disolverse en su geograf&iacute;a. El libro describe con plasticidad cinematogr&aacute;fica aquellos trayectos interminables en autob&uacute;s por las arterias de la capital, enlazando trabajos alimenticios con momentos de lectura febril &mdash;Tolst&oacute;i, Flaubert&mdash; y la escritura constante de melod&iacute;as que nutrir&iacute;an sus composiciones durante los tres lustros siguientes. En el reproductor port&aacute;til de la autora, la amalgama volv&iacute;a a ser deslumbrante: Bronco, Selena, Beck y la presencia tot&eacute;mica de Juan Gabriel.<br /> <br /> El encuentro amoroso y creativo con Joselo de Caf&eacute; Tacuba y la irrupci&oacute;n de Francisco introducen un cambio de ritmo en el volumen. La creadora se adentra en el territorio del teatro, las bandas sonoras y los cortometrajes, expandiendo su lenguaje t&eacute;cnico. Es el momento en que el piano cl&aacute;sico se funde con la rigidez r&iacute;tmica de la caja de ritmos, sentando las bases de su personaje p&uacute;blico: la mujer de frontera armada con un acorde&oacute;n. Norte&ntilde;a analiza con lucidez ese misterio tan propio de la cultura mexicana: la capacidad de tomar la tradici&oacute;n l&iacute;rica y revolucionaria, la m&uacute;sica que un&iacute;a a padres e hijos, y transmutarla en vanguardia pop. Frente al silencio estructural que habitaba en las familias de la &eacute;poca, las letras rom&aacute;nticas se convirtieron en el &uacute;nico veh&iacute;culo posible para decir lo incomprendido.</p>
<p>La autora reconstruye con precisi&oacute;n el cambio de paradigma de finales de los noventa. Era un tiempo anal&oacute;gico, una era donde los discos depend&iacute;an del presupuesto de una gran compa&ntilde;&iacute;a, de horas encerradas en estudios profesionales, cuando las grabaciones dom&eacute;sticas eran una utop&iacute;a t&eacute;cnica. En ese contexto, el debut de 1997 con <em>Aqu&iacute;</em>, bajo el amparo de Gustavo Santaolalla y An&iacute;bal Kerpel, supuso un impacto s&iacute;smico. Al tomar los temas compuestos originalmente en un primitivo teclado Korg 01/W y volcarlos en secuenciadores digitales para luego reinterpretar las pistas con instrumentos ac&uacute;sticos, la creadora obr&oacute; el milagro: facturar una obra profundamente org&aacute;nica y texturada desde una matriz tecnol&oacute;gica. Aquel rostro p&aacute;lido, delicado y fr&aacute;gil, pero dotado de una presencia imponente que dominaba los afiches de tonos azules y verdes acuosos de la &eacute;poca, alter&oacute; las reglas del juego. No era after-punk, no era pop de dise&ntilde;o; era una solista cantando en espa&ntilde;ol que demostraba que se pod&iacute;a amar el tango, el bolero y el folclor sin perder un &aacute;pice de modernidad, abriendo los ojos a una generaci&oacute;n que buscaba vida m&aacute;s all&aacute; de las camisas de cuadros del grunge o el orgullo chauvinista del britpop.</p>
<p><em>Norte&ntilde;a</em> avanza hacia el presente con la cadencia de quien sabe que el viaje de la memoria siempre es circular. Tras la consagraci&oacute;n internacional que supusieron trabajos como <em>Bueninvento</em>, <em>S&iacute;</em> o <em>Lim&oacute;n y sal</em>, el texto nos traslada a su realidad actual en Buenos Aires, cerrando el mapa de influencias que conecta el norte des&eacute;rtico con el Cono Sur y su antigua fascinaci&oacute;n por Soda Stereo. La obra se consolida as&iacute; como un bell&iacute;simo ejercicio de honestidad donde las ciudades, la familia y los silencios heredados comparten el protagonismo absoluto con las canciones. La autora ha conseguido fijar en estas p&aacute;ginas la semilla de su aprendizaje individual, entregando un testimonio fundamental sobre el nacimiento y la consolidaci&oacute;n de una de las voces m&aacute;s ricas, magn&eacute;ticas y perdurables de la m&uacute;sica contempor&aacute;nea en nuestra lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julieta Venegas, <em>Norte&ntilde;a. Memorias del comienzo</em>, El Prat de Llobregat, Editorial Las Afueras, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 07:05:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un canon insumiso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-canon-insumiso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_LUIS_GRACIA_MOSTEO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros que no se leen; se sintonizan. Vol&uacute;menes que operan como estaciones de onda corta emitiendo desde un s&oacute;tano iluminado por el flexo de la memoria. El &uacute;ltimo artefacto de Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo posee ese magnetismo de la resistencia, un lixiviado del verso donde el humor c&aacute;ustico, netamente aragon&eacute;s, se traslada a las avenidas de Madrid para levantar un censo de ausencias. Jos&eacute; Luis Gracias Mosteo (Zaragoza, 1957) ha sido docente, escritor y cr&iacute;tico. Ha transitado el terreno de la novela, <em>El rock de la dulce Jane</em> (Verbum, 2005) y la poes&iacute;a, <em>Blues de los bajos fondos</em> (2008, con reedici&oacute;n en 2013) o <em>Campos de Arag&oacute;n</em> (Olifante, 2024), pero quiz&aacute; con el ensayo ha encontrado un lugar cualitativo entre la mara&ntilde;a de rese&ntilde;istas, con el tumultuoso y recordado <em>&iquest;Sue&ntilde;an los poetas con versos el&eacute;ctricos? </em>(&Eacute;ride, 2021) y que encuentra una cierta continuidad con este <em>La leyenda del lugar inexistente</em> (&Eacute;ride, 2026). Lo que Gracia Mosteo despliega aqu&iacute; no es una mera recopilaci&oacute;n de solapas o un ejercicio de nostalgia funcionarial; es una biblioteca imaginaria al amparo de Jorge Luis Borges, un callejero desmitificador y nutricio que funciona como canon internacional y estrictamente personal.&nbsp;</p>
<p>La estructura del volumen se asemeja a un museo de retratos orales, un plano secuencia que recorre la geograf&iacute;a del aislamiento, el alcohol y la soberbia literaria. El viaje arranca en el Retiro madrile&ntilde;o, bajo el signo cabal&iacute;stico del 333, invocando a Marcos Ricardo Barnat&aacute;n para entender c&oacute;mo Borges termin&oacute; transmutado en adjetivo: &ldquo;La lectura de sus libros se convierte cada d&iacute;a en su resurrecci&oacute;n&rdquo;- El veredicto del autor es inapelable: la lectura de sus libros es, en realidad, su resurrecci&oacute;n diaria. A partir de ah&iacute;, la pantalla se llena de espectros. Gracia Mosteo invoca la calma contemplativa de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez &mdash;ese poeta reconvertido en alimento para cantautores pop&mdash; y nos regala una deliciosa an&eacute;cdota con Luis Garc&iacute;a Montero que contrasta con la transparente amargura de Carolina Coronado, un fantasma del siglo XIX atrapado en Almendralejo a la que ignorar es obligar a morir de nuevo.&nbsp;</p>
<p>La literatura parece decirnos el autor, es una geograf&iacute;a de solapamientos tr&aacute;gicos. Ah&iacute; quedan los versos de Idea Vilari&ntilde;o, cristalizando la soledad y el desgarro de su amor por Juan Carlos Onetti. O Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo, atrapado entre el oficialismo rancio y su pasi&oacute;n clandestina por las mercedarias del amor: &ldquo;Existe un fantasma en la biblioteca del para&iacute;so, al que ignorarlo es hacer que de nuevo muera&rdquo; Gracia Mosteo maneja el fragmento breve con la precisi&oacute;n de un montador de cine, reconstruyendo esa Espa&ntilde;a contradictoria que bascula entre el olvido y la herida abierta de Marruecos, uniendo el desierto de Alhucemas con Arturo Barea, F&eacute;lix Romeo y Ram&oacute;n J. Sender. Para Gracia Mosteo &mdash;y en esto resulta imposible no contribuir a la militancia&mdash; Francisco Umbral sigue siendo faro, gu&iacute;a y oc&eacute;ano indomable. Con todas sus contradicciones. Un Umbral que nos conduce inevitablemente a C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, ese sujeto vampirizado por cualquier columnista con gusto. En una pirueta est&eacute;tica fascinante, el autor es capaz de hacer convivir en la misma p&aacute;gina la escuadra y el cartab&oacute;n de Ruano con el delirio lis&eacute;rgico de William Burroughs. Porque Gracia Mosteo no calla. Saca los colores a los adalides de la distancia &eacute;tica, esos "progres" de bolsillo lleno que confunden la literatura con el canap&eacute; institucional y el reparto de premios.&nbsp;</p>
<p>Hay en estas p&aacute;ginas una profunda fascinaci&oacute;n por lo brit&aacute;nico, una rara avis en nuestras letras. El autor traza l&iacute;neas de tensi&oacute;n que van de la agorafobia uruguaya de Mario Levrero al Leviat&aacute;n de Kingsley Amis; una escalada de t&eacute; s&oacute;rdido y pastel de cordero que conecta a Oscar Wilde con Ian McEwan y la distop&iacute;a matem&aacute;tica de Alan Turing. Incluso se atreve a se&ntilde;alar en el para&iacute;so al maestro oculto de Michel Houellebecq y sucesor espiritual de Frank Zappa: un disidente absoluto. El texto aborda tambi&eacute;n las zonas oscuras de la historia. Al analizar el futurismo y la pulsi&oacute;n b&eacute;lica de Gabriele D'Annunzio o Filippo Tommaso Marinetti, Gracia Mosteo nos advierte contra el error contempor&aacute;neo de juzgar el pasado con la miop&iacute;a de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica actual. De igual modo se adentra en la contracultura. &iquest;D&oacute;nde termina el letrista y empieza el poeta del rock? Frente al torbellino de caras de Bob Dylan &mdash;juglar de la aldea global galardonado con el Nobel&mdash; o la melancol&iacute;a de Leonard Cohen, emerge la figura de Lou Reed, un cronista atrapado en las transiciones del realismo sucio de Bukowski, Carver o Auster. Lou Reed no es poeta, pero no podemos olvidar, esta consideraci&oacute;n es ex&oacute;gena al autor, que sin Reed muchos de los escritores no se hubieran puesto frente a una olivetti para teclear al ritmo de sus canciones. Deber&iacute;amos zanjar el debate con un manifiesto antiguo y v&aacute;lido: la buena poes&iacute;a nace ya dotada de su propia m&uacute;sica. No necesita amplificadores.&nbsp;</p>
<p>En este particular museo de retratos orales, Gracia Mosteo no levanta monumentos; levanta actas de demolici&oacute;n. El autor recorre las costuras de la Rep&uacute;blica de las Letras para exhumar las envidias, las miserias biogr&aacute;ficas y los malos alcoholes de una fauna tan brillante como mezquina. Es la cr&oacute;nica de un tiempo en el que la cr&iacute;tica literaria no se ejerc&iacute;a solo en el texto, sino en la fisonom&iacute;a, mutando a menudo en crueldad f&iacute;sica. Por sus p&aacute;ginas desfilan las semblanzas humillantes y los dardos cruzados entre t&oacute;tems como Eugenio d'Ors, Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Miguel de Unamuno. Una guerra de guerrillas que no entiende de fronteras y que Gracia Mosteo extiende a la literatura universal, rescatando agravios memorables como el que sufri&oacute; Jack Kerouac a manos de un implacable Truman Capote. Al caricaturizar al autor de <em>On the road</em>, Capote zanj&oacute; la cuesti&oacute;n con un desprecio absoluto que hoy resuena con fuerza en el libro: &laquo;Eso no es escribir; eso es mecanografiar&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El tramo final del volumen funciona como una reivindicaci&oacute;n de la poes&iacute;a frente a la decadencia de la civilizaci&oacute;n. El autor transita de la perfecci&oacute;n formal de Mallarm&eacute; y Coleridge a la pirotecnia visual de Vicente Huidobro, los caligramas de Apollinaire y el urbanismo metaf&iacute;sico de Giorgio de Chirico. Hay espacio para los poetas "raros", como el inclasificable ornit&oacute;logo marciano Ferrer Ler&iacute;n, y para aquellos cr&iacute;ticos que, al igual que los j&oacute;venes rese&ntilde;istas de Cahiers du Cin&eacute;ma, saltaron a la creaci&oacute;n heridos por la misma bala, la de la lectura o el visionario. Uno se siente identificado al notar la aguda visi&oacute;n de Gracia Mosteo, esta vez sobre el poeta transmutado en primerizo novelista: Los poetas que se pasan a novelistas, con sus primeras novelas inevitablemente autobiogr&aacute;ficas, en la segunda se sueltan de la mano de los recuerdos. Tiene usted raz&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Gracia Mosteo cierra su particular mapa con el reconocimiento al noble oficio de perdedor y consejero. En un mundo donde la literatura se ha vuelto un asunto escrupuloso para minor&iacute;as ruidosas, el autor prefiere dejarse guiar por la generosidad visionaria de talentos puros y humildes como Mariano Gista&iacute;n y Ricardo D&iacute;ez. Mientras el r&iacute;o de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez se aleja hacia el olvido, este libro queda como un almanaque imprescindible. Una gu&iacute;a de resistencia para mit&oacute;manos insomnes.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo, </em><em>La leyenda del lugar inexistente (Postales y patra&ntilde;as del Parnaso)</em><em>, Zaragoza, &Eacute;ride, 2026.</em></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 06:50:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ladrón de la belleza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ladron-de-la-belleza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/LUIS_ALONSO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El poeta vallisoletano, &ldquo;poet&oacute;filo pre-postrom&aacute;ntico&rdquo;, seg&uacute;n &eacute;l mismo, Luis Alonso lo ha vuelto a hacer, ha cometido de nuevo, repetidamente, con alevos&iacute;a y a traici&oacute;n, el delito de apropiaci&oacute;n literaria indebida con fines de aprovechamiento personal, como hiciera en su deslumbrante <em>Joyas robadas</em>, ahora bajo el t&iacute;tulo, un tanto hiperb&oacute;lico y ya delator de que ha continuado con el saqueo, <em>Rob&eacute; todo lo que le&iacute;</em>. A partir de frases memorables de todo tipo va tramando una urdimbre, gobernada por la afinidad o el puro azar, como cualquier existencia, que a su vez traza un balizamiento biogr&aacute;fico y de su pensamiento, en un ejercicio harto original, mediante breves entradas numeradas, trescientas ocho en total, compuestas con un estilo ameno, en permanente estado de gracia y con el aderezo a&ntilde;adido de un humor muy sano.</p>
<p>Lo fragmentario, como indicio de una escritura rizom&aacute;tica, est&aacute; claramente en auge en el g&eacute;nero narrativo contempor&aacute;neo, es un semillero de subg&eacute;neros novedosos, h&iacute;bridos, aun sin organizar y encasillar, pero que tiene &eacute;xito desde el reconocimiento del microrrelato o la notoriedad del aforismo. De uno de los pioneros en este arte del bloque narrativo en corto, Pascal Quignard, toma el t&iacute;tulo el libro que nos ocupa; el m&aacute;s destacado cultivador en espa&ntilde;ol, Enrique Vila-Matas, cuyo <em>Bartleby y familia</em> aparece en el cuarto par&aacute;grafo, es el prosista de cabecera, junto a Jorge Luis Borges, de Alonso, para quien su quehacer responder&iacute;a, con arreglo a la contracubierta, al g&eacute;nero, &ldquo;promiscuo&rdquo;, de las &ldquo;bibliomemorias&rdquo;, pero bien podr&iacute;a hablarse, qu&eacute; s&eacute; yo, de diario heterodoxo de lecturas con aire de divertido palimpsesto.</p>
<p>Se me antoja, en suma, agen&eacute;rico, imposible de catalogar o encuadrar, como los maravillosos ensayos descoyuntados de Mark Strand o los impagables pecios ferlosianos, que en tanto tiene, en ambos casos. En el certero pr&oacute;logo de <em>Joyas robadas</em>, Gustavo Mart&iacute;n Garzo lo calificaba como &ldquo;manual de iluminaciones&rdquo;, con mucha propiedad, porque en efecto todos los fragmentos de &ldquo;material disperso&rdquo;, engarzados tem&aacute;ticamente, constituyen, a mayores de prueba palpable del incre&iacute;ble dominio de letra e imagen del autor, un compendio entretenido, ingenioso y sugerente, no hay apuntamiento del que no se pueda extraer algo sustancial.</p>
<p>En cuanto a la estructura, el autor recurrir&iacute;a en su descargo, con su gracejo y donaire salerosos caracter&iacute;sticos, a la memoria de una de las pel&iacute;culas fetiche de su ni&ntilde;ez, que tanto le impresionara en el cine Omy de Medina de Rioseco, ay, hace muchos a&ntilde;os cerrado, <em>Tarz&aacute;n de los monos</em>; alegar&iacute;a que como el protagonista ha avanzado en su escritura de liana en liana. O bien que le recuerda a las fichas de domin&oacute; en cualquier bar de entonces, en la sobremesa, un sol y sombra y un farias de dopaje. En realidad, se trata de una especie de encadenado f&iacute;lmico, con los fragmentos enlazados por atracci&oacute;n sem&aacute;ntica.</p>
<p>De cualquier manera, Alonso, talento e inteligencia siempre despiertos, se mueve como pez en el agua en estas lides, a la espera del encontronazo feliz con el hallazgo, un poco a la que saliere unamuniana o m&aacute;s bien en plan serendipia, que &ldquo;consiste en salir en busca de una cosa y encontrar otra, casi siempre mejor&rdquo;, como en el chiste vasco de las setas y el Rolex, sin descartar que responda a alg&uacute;n principio de la cu&aacute;ntica o de la teor&iacute;a de redes que se nos escapa al com&uacute;n de los mortales y sospecho que tambi&eacute;n a los especialistas.</p>
<p>Con este formato, la calidad e inter&eacute;s dependen de la amplitud de miras del escritor, que afortunadamente, en este caso, es mucha. En este sentido, el libro es un chollazo, por menos de veinte euros nos llevamos a casa un alhajero de primera, con un rimero de ideas perspicaces, ocurrentes, divertidas, surgidas a ra&iacute;z de algo le&iacute;do o escuchado, cazado al vuelo. Para abrir boca, nos ofrece una frase desportillada, de las suyas, genialoide de forma involuntaria de la difunta Lola de Espa&ntilde;a: &ldquo;Hagas lo que hagas, <em>abstente</em> a las consecuencias&rdquo;. No menos desopilante es la siguiente perla disparatada con la que nos obsequia, procedente de un alumno bachiller, de su mujer, que &ldquo;atribuy&oacute; a Luis Cernuda una obra que, de haberla escrito este, hubiera sido definitiva: <em>Deseo la acci&oacute;n de la quimera</em>&rdquo;. Y podr&iacute;amos glosar con deleite una a una de las siguientes.</p>
<p>Alonso frecuenta los mejores caladeros de diarios, blogs, rese&ntilde;as, art&iacute;culos de opini&oacute;n, vi&ntilde;etas o muros de Facebook para cobrarse y convidarnos a las piezas m&aacute;s lucidas y sabrosas, los t&iacute;tulos son su debilidad. Epic&uacute;reo y disfrut&oacute;n, pesca de todo, de todo lo bueno, en cualquier sitio, con preferencia por lo musical (lo mismo se arranca por sole&aacute;, buler&iacute;a o fandango que por bolero, copla, jazz, cupl&eacute;, tango o ranchera, que por su Billie Holiday o sus cantautores favoritos, por Imperio Argentina hasta Rosal&iacute;a) y lo literario (poetas a decenas, como Anne Carson, Wisława Szymborska, Brines o su cofrade Luis &Aacute;ngel Lobato; novelistas a porrillo: Valle-Incl&aacute;n santificado, Umbral, Tabucchi, Landero, Lucia Berlin, Scott Fitzgerald, la Tocarczuk, Sara Mesa&hellip;). Echa el anzuelo adem&aacute;s en multitud de campos: sl&oacute;ganes publicitarios, principios de f&iacute;sica te&oacute;rica, noticias de actualidad, proverbios orientales, la pintura o la IA, qui&eacute;n da m&aacute;s. Para derivar en una tem&aacute;tica variad&iacute;sima: de los relojes a los amores veraniegos o en tri&aacute;ngulo, de la siesta a la inspiraci&oacute;n, del subjuntivo al silencio, de la bebida a los viajes, de las fake news a las distop&iacute;as, de los laberintos a las florister&iacute;as, de la nostalgia al adverbio, por poner algunos derrotes.</p>
<p>Para regodeo de antemano de sus agradecidos lectores y lectrices, este avezado narrador, letraherido contumaz (me temo que a &eacute;l no le gustar&iacute;a, por pedantesco y rimbombante, letraherido, preferir&iacute;a, supongo, logolascivo), pues con diecisiete primaveras se zamp&oacute; de un bocado nada menos que el <em>Canto general</em> nerudiano, as&iacute; que irreductible, ha aireado que, en lugar de rehabilitarse de su vicioso descarr&iacute;o como merodeador y &ldquo;carterista de citas&rdquo;, sigue perseverando en su impenitente propensi&oacute;n a la reincidencia, al declarar que est&aacute; atesorando otro bot&iacute;n con el que cerrar con garant&iacute;as y por todo lo alto una trilog&iacute;a. Habida cuenta del intervalo de ocho a&ntilde;os transcurrido entre las dos entregas editadas, esperamos con impaciencia que la demora sea menor, de tal manera que el alijo de remate, a buen seguro igual de nutrido y brillante, otro fest&iacute;n de referencias y reflexiones provechosas, otra mina en la que hasta lo que tiene pinta de baratijas o bisuter&iacute;a de mercadillo se transforma, a comp&aacute;s o por medio de elegantes <em>driblings</em>, gracias a su palabra, en diamante en bruto u oro de ley, vea la luz lo antes posible.</p>
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<p>Luis Alonso, <em>Rob&eacute; todo lo que le&iacute;</em>, Le&oacute;n, Eolas, 2026.</p>
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      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 06:34:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yolanda Castaño: “La poesía es una emoción que piensa”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/yolanda-castano-la-poesia-es-una-emocion-que-piensa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/YOLANDA_CASTA_O_4.jpg" alt="" /></p>
<p>No es extra&ntilde;o que los poetas, adem&aacute;s de escribir, reflexionen sobre su proceso creativo. A ese conjunto de ideas subyacente lo llamamos <em>po&eacute;tica</em>. As&iacute; definen el sentido, el estilo y el prop&oacute;sito de su obra. Aunque es habitual en la poes&iacute;a, puede aplicarse a toda la literatura y, por extensi&oacute;n, a otras artes. M&aacute;s raro es que los creadores reflexionen sobre el marco econ&oacute;mico en el que sit&uacute;an su trabajo y acerca de c&oacute;mo &eacute;ste condiciona la difusi&oacute;n de sus t&iacute;tulos y, en &uacute;ltima instancia, su forma de vida. Crear exige tiempo, mucho, que compite con el dedicado a la familia o al trabajo mediante el cual se obtiene sustento. Yolanda Casta&ntilde;o se ha metido en estos vericuetos, no particularmente trillados en Espa&ntilde;a. Parte de una concepci&oacute;n pol&iacute;tica que, de forma m&aacute;s indirecta, atraviesa igualmente sus libros de poemas. Tomaremos como base para esta conversaci&oacute;n su ensayo <em>Econom&iacute;a y poes&iacute;a: rimas internas</em> (2025). En el exterior es cierto que hay alguna aproximaci&oacute;n al problema, y seguramente destaca el libro de William Deresiewicz, <em>La muerte del artista</em>, publicado en 2020. En &eacute;l, el autor alerta, de c&oacute;mo la econom&iacute;a digital amenaza la m&uacute;sica, la escritura y las artes visuales. Apunta dos versiones sobre c&oacute;mo ganarse la vida en la era digital: una proviene de Silicon Valley, seg&uacute;n la cual todo el mundo puede ser artista porque producir es barato y distribuir, gratuito; si hacemos caso de la otra, adjudicada a los propios artistas, el contenido digital se ha desmonetizado, y la m&uacute;sica, la escritura y el v&iacute;deo son gratis. El problema es qui&eacute;n paga por el trabajo. Yolanda Casta&ntilde;o niega ser et&eacute;rea y se pregunta c&oacute;mo una poeta puede vivir de lo que escribe. Resuelve que la opci&oacute;n m&aacute;s habitual es buscar un trabajo que sirva de colch&oacute;n para la pr&aacute;ctica art&iacute;stica. &ldquo;Quien escribe versos necesita alimento, techo, abrigo, transporte, material de trabajo&hellip; pagar facturas&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;<strong>&ldquo;Lo personal siempre es pol&iacute;tico porque no estamos disociadas de nuestras vertientes econ&oacute;micas, sociales y, por tanto, pol&iacute;ticas&rdquo;</strong></p>
<p>-Afirma que las liturgias po&eacute;ticas siempre rehusaron hablar de dinero y que poes&iacute;a y econom&iacute;a son realidades irreconciliables. Un punto de partida lapidario.</p>
<p>-Quiero pensar que cada vez lo son menos, ya que poco a poco se va descorriendo ese tupido velo que -por un mandato de elegancia o de discreci&oacute;n, o de recato- ocultaba o hac&iacute;a confusa la trazabilidad de los esfuerzos. Empieza a abrirse un poco ese tab&uacute;, a arrojarse luz sobre toda esta cuesti&oacute;n, que permanec&iacute;a tan entre neblinas. Debemos aspirar a situaciones m&aacute;s igualitarias que allanen la brecha de clase.</p>
<p>-&iquest;Lo personal es pol&iacute;tico?</p>
<p>-Lo personal siempre es pol&iacute;tico porque no estamos disociadas de nuestras vertientes econ&oacute;micas, sociales y, por tanto, pol&iacute;ticas. No somos islas, somos individuos dentro de sociedades regidas por estructuras fuera de las cuales resulta absolutamente imposible caminar o desarrollarse. A veces pensamos que, si no votamos, nos libramos de participar del juego electoral. Pero lo cierto es que la abstenci&oacute;n tambi&eacute;n cuenta: el voto en blanco acaba favoreciendo a opciones que no son las nuestras. Nos gustar&iacute;a pensar -ser&iacute;a una hermos&iacute;sima fantas&iacute;a- que se puede escribir y desarrollar una persona como escritora, como escritor, fuera del sistema econ&oacute;mico, fuera del sempiterno capitalismo. No es posible alejarnos del arbitraje que decide c&oacute;mo nuestro trabajo literario se coloca en el mercado. Dejarlo en manos de terceras personas es negligente, irresponsable y perezoso.</p>
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<p><strong>&ldquo;Soy consciente de la dificultad de caminar a un lado del sistema que se nos impone&rdquo;</strong></p>
<p>-En la primera respuesta se ha referido al <em>capital</em> y a la <em>brecha de clase</em> y en la segunda, al <em>capitalismo</em>. En su ensayo hay mucho concepto marxista: habla de <em>clase</em>, de <em>conciencia gremial</em>, del <em>sistema neoliberal</em>, de <em>dictadura</em>, de <em>trabajadores</em>, de <em>colectivizar</em> la cultura&hellip; Incluso en su poes&iacute;a es apreciable este sesgo. En <em>La segunda lengua</em> (2014) incluye una cita de Alberto Santamar&iacute;a &ndash;&ldquo;Deber&iacute;as haberme visto leyendo a Marx en la playa&rdquo;-; y unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante refiere algo que encaja con el final de su anterior respuesta: &ldquo;No te quedes a mirar c&oacute;mo el capital compra el deseo&rdquo;. Pero es que su &uacute;ltima entrega se llama a bocajarro <em>Materia</em> (2022). &iquest;Es la suya una poes&iacute;a, establezcamos una nueva clasificaci&oacute;n, del materialismo hist&oacute;rico?</p>
<p>-Bueno [sonr&iacute;e], nunca me hab&iacute;an dicho eso pero no suena mal. Desde luego, bebe de muchos referentes, algunos los que usted ha mencionado. Quiero pensar que mi poes&iacute;a viene filtrada por la historia vivida las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Por supuesto, mi ideolog&iacute;a es enormemente cuestionadora y suspicaz para con la herencia capitalista. Pero tambi&eacute;n soy consciente de la dificultad de caminar a un lado del sistema que se nos impone.</p>
<p>-Para rebatir que la poes&iacute;a por amor al arte sea hermoso se apoya en que entregar &ldquo;la fuerza de trabajo&rdquo; es una &ldquo;d&aacute;diva equivoca&rdquo;, y afirma que el hecho de que un <em>trabajador</em> renuncie &ldquo;por voluntad propia a su parte&rdquo; se le antoja &ldquo;el sue&ntilde;o m&aacute;s alto de todo potencial empleador&rdquo;. &iquest;El poeta es, pues, un trabajador o, como dec&iacute;a Mayakovski, un obrero?</p>
<p>-Desde luego, el fruto de su trabajo no viene de una inspiraci&oacute;n divina. Ojal&aacute;. Esa es otra fantas&iacute;a que pulula por ah&iacute;. Nos encantar&iacute;a escribir casi al dictado de un trance divino, pero lo cierto es que la literatura sale del esfuerzo, del sudor, de la concentraci&oacute;n y, sobre todo, del reflejo de ese trabajo, de ese sudor y de ese esfuerzo&hellip; que es el tiempo, el tiempo de nuestra vida, de nuestra salud, de nuestro cuerpo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Sustentar una carrera literaria es duro&rdquo;</strong></p>
<p>-Cita a Simone de Beauvoir: el opresor no ser&iacute;a tan fuerte si no tuviese c&oacute;mplices entre los oprimidos.</p>
<p>-Nuestra escritura es a costa de un tiempo que no es una mina infinita de la que extraer sin cesar. De esa mina finita extraemos el tiempo para nuestra creatividad, pero tambi&eacute;n para el edificio que soporta nuestras necesidades materiales.</p>
<p>-Ah&iacute; es donde empieza el conflicto.</p>
<p>-Si no necesit&aacute;ramos tiempo para los frutos de la literatura, si esta viniese al dictado divino todo ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil. Pero sustentar una carrera literaria es duro. No estamos hablando aqu&iacute; de publicar un librito o dos libritos mientras nos dedicamos a otra cosa, sino de sostener una carrera literaria con sus sacrificios y renuncias. A veces parece que no queda muy claro de qu&eacute; hablamos al hablar de vivir de la literatura. Cuando damos un recital aqu&iacute;, una charla all&aacute;, una conferencia&hellip; la sociedad ve una foto, un v&iacute;deo, un viaje y s&oacute;lo se queda con la parte agradable. Detr&aacute;s de cada uno de esos eventos, hay much&iacute;sima burocracia.</p>
<p>-La burocratizaci&oacute;n de la vida actual contempla todos los &oacute;rdenes, a veces parece sovi&eacute;tica: afecta a profesores, a ganaderos&hellip; es como si hubi&eacute;ramos ido hacia atr&aacute;s.</p>
<p>-La burocracia es un enorme problema. El que asiste al recital no sabe de todos los <em>mails</em> que hay detr&aacute;s, de todas las maniobras institucionales o comunicativas que tenemos que hacer para desarrollar nuestro trabajo. Y todo sale de la mina finita de la que le hablo.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura es algo individual que construye un patrimonio colectivo. Por eso hay que creer en el &aacute;rbol y tener al mismo tiempo conciencia de bosque&rdquo;</strong></p>
<p>En <em>Econom&iacute;a y poes&iacute;a</em> dice: &ldquo;Siempre que un trabajador cultural es llamado y acepta desarrollar una labor de forma gratuita, pienso que la cima de la pir&aacute;mide ha alcanzado el m&aacute;s alto de sus cielos&rdquo;. Yolanda Casta&ntilde;o siempre ha visto la escritura po&eacute;tica como algo que se hace con las manos. Un trabajo, un oficio. Casi una forma de artesan&iacute;a. Encaja con el perfil que vuelca William Deresiewicz en su libro de la bajista y compositora Kim Deal, conocida por formar parte, entre otras bandas, de los Pixies. Volvi&oacute; a Dayton, Ohio, a los 50 a&ntilde;os. Se compara sin rastro de autocompasi&oacute;n con el tipo de trabajadores del medio oeste industrial de Estados Unidos, cada vez m&aacute;s posindustrial. &ldquo;Soy una trabajadora de la industria automotriz. Soy una trabajadora del acero. No soy m&aacute;s que otra persona en la historia del mundo, cuya industria se ha vuelto arcaica y ha desaparecido&rdquo;. Yolanda Casta&ntilde;o no es tan derrotista.</p>
<p>-&iquest;Es el artista un ser individual -pinte un cuadro o escriba un libro- o, como consideraba Marx, usted siente que el pueblo entero acaba siendo el autor -por medio del individuo de turno-? &iquest;El colectivo se expresa mediante el artista?</p>
<p>-Toda creaci&oacute;n conlleva una parte subjetiva. Creo que se canta, se hace m&uacute;sica, se pinta y se escribe desde un yo, pero esa particularidad no deja de ser el bot&oacute;n de muestra de una comunidad. La literatura es, por tanto, algo individual que forma parte de un entramado tremendamente colectivo. De hecho, construye un patrimonio comunitario. Por eso la literatura es tan delicada. Por eso hay que creer en el &aacute;rbol y tener al mismo tiempo conciencia de bosque.</p>
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<p><strong>&ldquo;El arte puede ser un nav&iacute;o expedicionario para grandes transformaciones sociales&rdquo;</strong></p>
<p>-En el siglo XX la literatura, dice, adquiere una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica en favor de la revoluci&oacute;n social. Seguramente en la segunda parte del XIX, con el realismo, tambi&eacute;n hab&iacute;a denuncia. En todo caso, &iquest;usted cree que la creaci&oacute;n es de izquierdas?</p>
<p>-Esto es muy complejo de analizar. Se tild&oacute; con frecuencia la creaci&oacute;n como una actividad burguesa por lo que parec&iacute;a tener de entretenimiento, o de actividad superflua. Sin embargo, la cultura y el arte, hoy en d&iacute;a, son de las mayores herramientas que tenemos para expresar ideas que pueden transformar el mundo. Es cierto que esas transformaciones operan primeramente en lo simb&oacute;lico, pero detr&aacute;s de lo simb&oacute;lico llegan los cambios. El arte puede ser un nav&iacute;o expedicionario para grandes transformaciones sociales.</p>
<p>-Usted afirma al comienzo del ensayo que cualquiera que se asome a unas p&aacute;ginas de poes&iacute;a notar&aacute; que la mancha tipogr&aacute;fica &ldquo;tiende a colocarse a la izquierda&rdquo;. Entiendo que subraya su idea de progresismo.</p>
<p>-S&iacute;.</p>
<p>-Pero se me ocurren muchos autores conservadores: T. S. Eliot, Vargas Llosa, Borges, Pessoa, Dos Passos, Ayn Rand, Ortega&hellip; -el mismo que dec&iacute;a que ser de izquierdas, como ser de derechas, era una de las infinitas maneras que tiene el hombre de ser imb&eacute;cil-</p>
<p>-[r&iacute;e] Por supuesto que tiene que haber diversidad como en cualquier manifestaci&oacute;n humana. En mi caso con esa met&aacute;fora quer&iacute;a decir que, bajo mi punto de vista, la literatura -y, si me lo permite, m&aacute;s se&ntilde;aladamente la poes&iacute;a- es la mayor ant&iacute;poda de la idea heredada. Y, por lo tanto, de la idea conservadora, de lo ya sabido, o de lo dado por hecho. La poes&iacute;a explora nuevos derroteros del lenguaje. Quiz&aacute; no inventa l&eacute;xico, pero opera con el existente. Desde luego, ensaya nuevas relaciones entre las palabras, nuevas sintaxis para que, mediante esas innovadoras asociaciones, podamos explorar nuevas formas de dicci&oacute;n. Que al final son formas de <em>decir la realidad</em> opuestas a los lugares comunes y a las verdades un&iacute;vocas. Quiz&aacute;, con esas nuevas formas de decir, ensayemos nuevas maneras de entender el mundo y la vida. En ese sentido, yo creo que es un lenguaje progresista e innovador.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con la poes&iacute;a podemos cargarnos las reglas l&oacute;gicas y alcanzar espacios nuevos&rdquo;</strong></p>
<p>-De su testimonio se deduce que la poes&iacute;a <em>sirve</em>. Hay una larga tradici&oacute;n que reclama la inutilidad del arte -al margen de lo que usted antes cit&oacute; como &ldquo;actividad superflua&rdquo;. George Steiner habl&oacute; de la &ldquo;enorme inutilidad&rdquo; que ten&iacute;an en com&uacute;n la m&uacute;sica y la poes&iacute;a; cuando Auster recibi&oacute; el premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, dedic&oacute; su discurso a hablar de esa misma inutilidad de la escritura; Rodrigo Cort&eacute;s estima que esa es justamente su mayor virtud. Mucha gente entiende que el secreto o el misterio de la poes&iacute;a, o de la escritura, es que valga en s&iacute; misma, que no sea funcional. Usted se opone a esa idea.</p>
<p>-Bueno, creo que tiene matices. Por un lado, valdr&iacute;a la pena definir qu&eacute; entendemos por utilidad. Posiblemente todos convengamos que el amor no tiene absolutamente ninguna utilidad y, sin embargo, tiene importancia, que es algo distinto. Algunas de las cosas m&aacute;s importantes de la vida, o que m&aacute;s nos afectan, carecen de utilidad. Y sin embargo, aun creyendo que la poes&iacute;a es tan importante como otras cosas in&uacute;tiles -los afectos, la belleza-, no deja de ser un lenguaje transformador. Los dem&aacute;s lenguajes permiten analizar la vida con un fin. Ah&iacute; est&aacute; el period&iacute;stico: nos ayuda a entender y a interpretar la realidad, pero no alcanza por s&iacute; solo. Tambi&eacute;n nos servimos del c&oacute;digo econ&oacute;mico, del filos&oacute;fico, del pol&iacute;tico. Todos ellos, desde su &aacute;ngulo, contribuyen a explicar realidades tan convulsas como las que vivimos actualmente. Al lado de todas, por supuesto, est&aacute; el lenguaje po&eacute;tico. El lenguaje literario nos ayuda, desde su flanco, a analizar el entorno desde posiciones a las que no llegan los dem&aacute;s. Con la poes&iacute;a podemos cargarnos las reglas l&oacute;gicas y alcanzar espacios nuevos.</p>
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<p><strong>&ldquo;La belleza siempre es consuelo, esperanza, est&iacute;mulo&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>-Ha citado la belleza, &iquest;cu&aacute;l es su sentido actual? Venimos de una clasificaci&oacute;n en la que se ten&iacute;a en cuenta lo sublime -y en los &aacute;mbitos acad&eacute;micos, la excelencia-. Ahora es todo m&aacute;s horizontal. En poes&iacute;a hay maneras de escribir directas, denotativas y podemos reclutar la participaci&oacute;n del fe&iacute;smo, en el siglo XX. &iquest;Cu&aacute;l es el sentido de la belleza? &iquest;Podemos reclamarla a&uacute;n? &iquest;En qu&eacute; t&eacute;rminos?</p>
<p>-S&iacute;, podemos reclamarla porque es un concepto tan amplio que abarca maneras de entenderla tan diversas como diferentes gustos y percepciones puedan tener las personas. La belleza siempre es consuelo, esperanza, est&iacute;mulo. Pero, por supuesto, cada persona desde la &oacute;ptica que necesita.&nbsp;</p>
<p>-Cita a Pardo Baz&aacute;n. Porfiaba en vivir de su trabajo literario escribiendo ocho horas al d&iacute;a. Eso se puede asemejar a picar piedra, igual te duele la cabeza y no puedes escribir. &iquest;Cu&aacute;l es el sentido de la profesionalizaci&oacute;n del poeta? Un dibujo a mano alzada de Picasso, realizado en dos minutos, puede valer millones y una obra que ha costado diez a&ntilde;os podr&iacute;a no tener valor. Juan Rulfo est&aacute; por encima de Cor&iacute;n Tellado. Usted defiende profesionalizarse. &iquest;Eso conectar&iacute;a la acci&oacute;n con el mercado? Otros autores a lo largo de la historia han asociado la preservaci&oacute;n de la calidad del g&eacute;nero a su car&aacute;cter minoritario.</p>
<p>-La poes&iacute;a siempre ser&aacute; minoritaria porque es algo cong&eacute;nito al g&eacute;nero. Efectivamente no es una cuesti&oacute;n cuantitativa y Pardo Baz&aacute;n, bueno, mayormente era una narradora. La poes&iacute;a no creo que necesite ese nivel de disciplina, de constancia diaria. Igual s&iacute; conviene mantener la mano ejercitada, como se suele decir, pero no como para que valga todo lo que se escriba de manera diaria. El camino de la profesionalizaci&oacute;n no lo pinto como un camino biun&iacute;voco, obligatorio, sino como un camino flexible, incluso discontinuo o tentativo. Lo importante es que pinte un horizonte de posibilidad, especialmente para las escritoras que vengan. Es verdad que no ser&iacute;a tanto escribir todos los d&iacute;as, sino que nuestro trabajo sea valorado, y debida y razonablemente remunerado. A veces cuando se apoya el reproche en las ventas de nuestros libros, conviene recordar que los n&uacute;meros de los libros de poes&iacute;a son tan &iacute;nfimos que representan un porcentaje muy peque&ntilde;o de nuestros ingresos. El oficio no creo que se base tanto en las ventas de libros o discos. Las personas que viven hoy de la m&uacute;sica lo hacen en buena parte por los directos, que no dejan de ser una manifestaci&oacute;n musical y una de las formas en las que las personas consumen m&aacute;s m&uacute;sica. Tambi&eacute;n la poes&iacute;a, entroncando con el car&aacute;cter oral de sus or&iacute;genes, puede disfrutarse escuchada. Nuestros recitales po&eacute;ticos ser&iacute;an nuestros conciertos, y ah&iacute; metemos charlas, talleres&hellip; todas las formas en las que comunicamos nuestro trabajo. Y todo debe ser remunerado.</p>
<p>[William Deresiewicz dice en su libro que las grandes obras de arte, incluso las que son simplemente buenas, dependen de la existencia de individuos &ldquo;capaces de dedicar la mayor parte de su energ&iacute;a a producirlas; en otras palabras, profesionales&rdquo;. Admite que la creatividad <em>amateur</em> es sin duda algo maravilloso para aquellos que la practican, pero no debe confundirse con el art&iacute;culo original.]</p>
<p>-O sea, cuando dice que profesionalizarse es vivir de la obra, engloba las actividades sat&eacute;lite.</p>
<p>-Mmm&hellip; lo de sat&eacute;lite las coloca en una posici&oacute;n tan subalterna que no lo tengo claro. Una vez, una escritora de otra generaci&oacute;n me dijo: &ldquo;T&uacute; no vives de la literatura, t&uacute; vives de los recitales&rdquo;, y me pregunt&eacute; yo misma qu&eacute; eran los recitales, si acaso eran bricolaje u horticultura. No creo que si una pintora vive de vender algunos cuadros y complementa esa actividad con clases de pintura, se le pueda decir que no vive de la pintura. En la m&uacute;sica, vuelvo al ejemplo, los conciertos son una forma de comunicar las canciones. De hecho, defender los recitales es arcaico porque nuestro g&eacute;nero no naci&oacute; para los libros. Eso fue algo que despu&eacute;s de los incunables se col&oacute; en nuestro trabajo, cuando llegaron el universo Gutenberg y la distribuci&oacute;n masiva editorial. Nuestro g&eacute;nero naci&oacute; para ser cantado y compartido en foros abiertos. As&iacute; que, por supuesto, parte de mi trabajo consiste en esos directos, en contactar con el p&uacute;blico y recitar mis poemas.</p>
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<p><strong>&ldquo;La democratizaci&oacute;n del acceso a las herramientas no s&oacute;lo literarias sino editoriales ha dado buenos tiempos para el escritor aficionado y peores para la escritora profesional&rdquo;</strong></p>
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<p>-Pero &iquest;c&oacute;mo vivir de la escritura cuando parece haber m&aacute;s escritores que lectores? La editorial Perif&eacute;rica tiene un correo de respuesta autom&aacute;tico para las propuestas de edici&oacute;n. Aclaran que no pueden leer tantas obras como reciben, y a&ntilde;aden: &ldquo;Pasan los a&ntilde;os y tenemos la sensaci&oacute;n, a tenor de las muchas personas que env&iacute;an sus obras, de que es posible que exista m&aacute;s gente que escribe y desea publicar lo que escribe de la que lee&rdquo;.</p>
<p>-Eso est&aacute; muy bien, estoy de acuerdo en que la democratizaci&oacute;n del acceso a las herramientas no s&oacute;lo literarias sino editoriales ha dado buenos tiempos para el escritor aficionado y peores para la escritora profesional. A veces son superiores las ansias expresivas que las lectoras. Entiendo que no pueda ser una profesi&oacute;n masiva, pero as&iacute; como hay personas que viven de editar libros y otras lo hacen de venderlos en sus establecimientos e incluso las hay que viven de distribuirlos, deber&iacute;a caber un peque&ntilde;o porcentaje de la sociedad que viva de escribir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La cultura y el arte son elementos que construyen nuestra identidad, la de una &eacute;poca, la de un pa&iacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>-Escribir es una parte imprescindible en la cadena del libro, est&aacute; claro. Pero si el mercado no reclama la actividad, &iquest;cu&aacute;l es la salida?: &iquest;un subsidio? Estoy pensando en una frase suya: &ldquo;Hasta que no se aprendieron civilizadas v&iacute;as por las que solicitar una ayuda a alguna administraci&oacute;n p&uacute;blica&hellip;&rdquo;.</p>
<p>-No podemos dejar los productos culturales y art&iacute;sticos exclusivamente en manos del mercado. Eso ser&iacute;a dejarlos en la ley de la selva. &iquest;Dejar solo aquellos productos m&aacute;s comerciales? No s&eacute; si queremos una sociedad que se recuerde s&oacute;lo por el f&uacute;tbol, las orquestas, los <em>reality shows</em> y la literatura folletinesca. La cultura y el arte son elementos que construyen nuestra identidad, la de una &eacute;poca, la de un pa&iacute;s.</p>
<p>-A ese respecto, usted se&ntilde;ala que en secundaria no se estudian los hitos deportivos sino los literarios. Aunque, a este paso, todo se andar&aacute;&hellip;</p>
<p>-Espero que no. Como espero que no se estudien los logros de los empresarios y empresarias. De momento, se sigue estudiando literatura.</p>
<p>-No mucha.</p>
<p>-Pero todav&iacute;a algo s&iacute;. Eso da cuenta de que hace mucho por la construcci&oacute;n de una identidad nacional. As&iacute; que vuelvo a la idea: &iquest;queremos recordar hist&oacute;ricamente la cultura que se produjo en esta &eacute;poca, tambi&eacute;n a trav&eacute;s del desarrollo de nuestra danza contempor&aacute;nea, de nuestro teatro independiente, de nuestra escultura? F&iacute;jese que estoy mencionando actividades sin duda minoritarias. Repito que si las dej&aacute;semos en manos del mercado, ser&iacute;a como dejarlas en manos de la ley de la selva. As&iacute; que por supuesto que las administraciones p&uacute;blicas tienen que ocuparse de que los g&eacute;neros minoritarios puedan desarrollarse, ampliarse y trascender fronteras.</p>
<p>-Mediante ayudas.</p>
<p>-S&iacute;, que podr&iacute;an venir en forma de ayudas. Igual que las hay en otros &aacute;mbitos. Nadie se rasga las vestiduras cuando se ofrecen becas de estudio, de investigaci&oacute;n, a proyectos arquitect&oacute;nicos. &iquest;Por qu&eacute; no hacerlo tambi&eacute;n en el &aacute;mbito literario, a un proyecto creativo?</p>
<p>-Claro, pero eso es para un momento concreto, una obra, un periodo, pero si aspira una persona a vivir de la escritura o de la poes&iacute;a, tiene por delante igual 30 a&ntilde;os de vida laboral.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;, as&iacute; de dif&iacute;cil es. Por eso nadie est&aacute; pidiendo que le solucionen la vida. S&oacute;lo aplicar lo que ocurre en otros pa&iacute;ses. No se aspira a nada fuera de este planeta. En pa&iacute;ses muy cercanos, existen sistemas de becas que se ganan en concurrencia competitiva y con comit&eacute;s rigurosos.</p>
<p>-Usted es un ejemplo de que se puede vivir de la literatura.</p>
<p>-Por supuesto, no ha sido f&aacute;cil llegar aqu&iacute; pero, bueno, conciliando un poco los &aacute;mbitos locales con el estatal y el internacional, abriendo el abanico, no s&oacute;lo ofreciendo recitales. Tambi&eacute;n ejerzo como jurado en cert&aacute;menes y exploro di&aacute;logos entre poes&iacute;a y otros lenguajes creativos, creando h&iacute;bridos. Hago videopoes&iacute;a, uno poes&iacute;a con m&uacute;sica, poes&iacute;a con pl&aacute;stica, escribo textos para p&uacute;blicos espec&iacute;ficos como el infantil&hellip; Combinando un poco de aqu&iacute; y de all&aacute;, s&iacute;, se puede llegar a vivir de la literatura. Hay que compaginar becas con otras v&iacute;as.</p>
<p>-El problema es que igual mucha gente querr&iacute;a vivir, acabamos de decir que hay mucha gente que escribe. &iquest;Qui&eacute;n opta a esa beca, a esa subvenci&oacute;n, por la v&iacute;a que sea? &iquest;Todo la que la solicita? &iquest;Qui&eacute;n selecciona?... Tenemos los casos de los premios privados, se dice que est&aacute;n dados y tal cosa no se aleja muchas veces de la realidad. Ahora mismo no hay editorial abierta a recibir originales, es muy dif&iacute;cil traspasar ciertas barreras. Al final, si se presentan 400 personas a un premio, est&eacute; o no dado, le cae a uno. &iquest;Ese sistema de incentivos sucesivos convertir&iacute;a a la gente que finalmente pudiera vivir de ello en una peque&ntilde;a &eacute;lite?</p>
<p>-Llamarlo &eacute;lite es un poco espinoso. Podr&iacute;amos llamar &eacute;lite a las personas con mejores calificaciones universitarias.</p>
<p>-Estamos hablando de meritocracia.</p>
<p>-No niego que hay una enorme competencia. Por supuesto que no mucha gente puede vivir de la m&uacute;sica, de las artes pl&aacute;sticas y del cine, pero siempre hay un n&uacute;mero de personas que lo consigue. Por supuesto, son carreras enormemente exigentes. Poner la tirita antes que la herida no me parece muy constructivo. La condici&oacute;n humana es corruptible, pero existen jurados calificadores que dan acceso a una escuela de arte, que juzgan una oposici&oacute;n muy dura, que otorgan becas&hellip;. Es imposible, dentro de lo humano, la absoluta perfecci&oacute;n. Pero no por ello vamos a preferir la carest&iacute;a a la posibilidad. Hay que crear estructuras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No son buenos tiempos para el arte en ning&uacute;n lugar, todos los g&eacute;neros lo tienen complicado&rdquo;</strong></p>
<p>-Ha citado varias manifestaciones art&iacute;sticas. En el ensayo, se pregunta &ldquo;qu&eacute; matiz implica la palabra <em>poeta</em> que la arrincona frente otras como pintor, bailarina, arquitecta, m&uacute;sico, compositora,&rdquo; pero seg&uacute;n retrata William Deresiewicz, en <em>La muerte del artista</em>, todas las manifestaciones est&aacute;n tocadas. Es muy complicado vivir del arte en general. &iquest;Hay alg&uacute;n pa&iacute;s en el que esto sea distinto?</p>
<p>-Es cierto que es tremendamente dif&iacute;cil, no son buenos tiempos para el arte en ning&uacute;n lugar, todos los g&eacute;neros lo tienen complicado. En el caso de la poes&iacute;a, creo que su adhesi&oacute;n espiritual, casi social o incluso moral ha dificultado todav&iacute;a m&aacute;s la trazabilidad del esfuerzo.</p>
<p>-La dificultad, se refiere, de ser tenida como un trabajo.</p>
<p>-S&iacute;, ha hecho que vivir de la poes&iacute;a casi sonase como vivir de la bondad, como si la poes&iacute;a no fuese un g&eacute;nero art&iacute;stico m&aacute;s. Por supuesto que la poes&iacute;a expresa emociones, pero tambi&eacute;n expresan emociones la m&uacute;sica y la pl&aacute;stica, y no por ello dejan de ser tareas humanas remunerables. En cuanto a otros pa&iacute;ses, por supuesto que hay situaciones bastante mejores para las artistas y los artistas que las que vivimos en nuestro Estado. No solo la de Alemania o la de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos porque se me puede reprochar que estoy hablando de estados con un PIB superior al nuestro.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;nto de pensamiento y cu&aacute;nto de emoci&oacute;n hay en la poes&iacute;a a su juicio?</p>
<p>-Debe ser un equilibrio entre ambas. La poes&iacute;a es un lenguaje af&iacute;n a la filosof&iacute;a que sustituye las l&oacute;gicas m&aacute;s intelectuales por otras de naturaleza irracional o conectada con las emociones. Es, por lo tanto, una emoci&oacute;n que piensa, pero mediante herramientas y caminos poco reflexivos.</p>
<p>-Usted cuenta en el libro que una poeta de Irlanda le pregunt&oacute; c&oacute;mo aprend&iacute;a a la gente en Espa&ntilde;a a hacer literatura. De ah&iacute; se puede deducir una categor&iacute;a laboral.</p>
<p>-S&iacute;, Irlanda es un buen ejemplo. Incluso M&eacute;xico podr&iacute;a ser un espejo en el que mirarnos. Hay pa&iacute;ses en que existen circuitos de ayudas, becas de creaci&oacute;n, programas de mentorado en el que autores o autoras consagradas pueden tutelar el camino de autoras o autores emergentes, y son remunerados por ello.</p>
<p>-Tambi&eacute;n se pregunta por qu&eacute; el trabajo de una poeta danesa permite ser tarificado.</p>
<p>-Y el nuestro no. &iquest;Por qu&eacute; tanto prurito a la hora de imaginar c&oacute;mo pagar a los poetas?</p>
<p>-Volvamos a la escritora de Irlanda, hablemos de las clases de escritura creativa. Usted las defiende. Tradicionalmente, no importa la &eacute;poca, los autores no recibieron pautas para escribir, no <em>aprendieron</em> a hacerlo, da igual si Garcilaso, Vallejo, Lorca, Machado o Valera. Incluso la ausencia de pautas podr&iacute;a ser liberadora y contribuir a esa forma de escribir que usted defiende. &iquest;Considera que puede haber una ense&ntilde;anza reglada de la escritura?</p>
<p>-No lo tengo claro, pero s&iacute; considero que volvemos a ser hijos de nuestras propias tradiciones culturales. Me he encontrado con escritoras y escritores provenientes de otras que me preguntan con enorm&iacute;sima y profunda curiosidad c&oacute;mo las escritoras espa&ntilde;olas aprendemos a escribir. En los pa&iacute;ses anglosajones, las clases de escritura est&aacute;n extendid&iacute;simas. Se trata de una pr&aacute;ctica muy longeva. F&iacute;jese que en nuestro pa&iacute;s s&iacute; tenemos formaciones regladas en otros &aacute;mbitos art&iacute;sticos: la pl&aacute;stica, la m&uacute;sica, la arquitectura, la escultura&hellip; en literatura esto causa enorme estupor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay una gran soberbia en decir que o nacemos con un talento o no hay nada que hacer&rdquo;</strong></p>
<p>-Hay quien dice que cualquiera puede pintar o escribir. Usted descree de la inspiraci&oacute;n. &iquest;No cree en cualidades naturales?</p>
<p>-Hay una gran soberbia en decir que o nacemos con un talento o no hay nada que hacer. Quiz&aacute; podr&iacute;amos darle una vuelta. Dar una oportunidad a las personas. La lectura no deja de ser una especie de formaci&oacute;n constante. Luego, por supuesto que la historia ha dado genios. En esos casos, la formaci&oacute;n se ha dado de una manera mucho m&aacute;s sutil, &iacute;ntima y sin necesidad formativa.</p>
<p>-Ha hablado de las dificultades de valorar el esfuerzo, pero usted es partidaria de la pereza.</p>
<p>-S&iacute; [risas]. La pereza es el defecto que prefiero.</p>
<p>-En su ensayo habla de &ldquo;la latente ideolog&iacute;a del trabajo&rdquo; y de la pereza como un contrapeso. Eso me llev&oacute; a pensar nuevamente en Marx, o m&aacute;s exactamente en su yerno, Paul Lafargue, autor de <em>El derecho a la pereza</em>; volvemos al marxismo por otra v&iacute;a.</p>
<p>-Pues s&iacute;, lo que son las cosas. Bueno, la pereza para m&iacute; es como una especie de entelequia dorada pero me gusta en los dem&aacute;s. Me he criado en la ideolog&iacute;a del trabajo, al ser hija de una generaci&oacute;n para la que trabajar fue casi una religi&oacute;n y un ascensor social. Me he visto atrapada en esa ideolog&iacute;a, de la que confieso ser v&iacute;ctima.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ntas horas trabaja al d&iacute;a?</p>
<p>-Diez. No me siento orgullosa. Es un ejemplo que me gustar&iacute;a que no siguiese nadie a mi alrededor. Yo trabajo para que tengan condiciones mejores las que vengan detr&aacute;s de m&iacute;. Para que no tengan que dejar de lado a sus seres queridos. No deber&iacute;a ser necesaria una entrega tan grande, tan ardua y con tantas renuncias.</p>
<p>-Los ocho &uacute;ltimos premios nacionales han sido mujeres. Adem&aacute;s, se han tenido en cuenta las lenguas cooficiales y la identidad. Son designaciones del gobierno del Estado. Calidad aparte, &iquest;se pueden tomar como premios pol&iacute;ticos?</p>
<p>-No han sido premios pol&iacute;ticos. En cien a&ntilde;os de Premio Nacional de Poes&iacute;a, yo fui la decimoprimera mujer en ganarlo. No tengo muy claro si todos esos hombres lo merec&iacute;an. Quiero decir: &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os llevamos con ese premio? Ciento y pico. Y lo han ganado trece mujeres, y ochenta y tantos hombres. &iquest;Los ochenta y tantos fueron premios pol&iacute;ticos? Cabr&iacute;a pensarlo. Cabr&iacute;a plantearse si fueron premiados por ser hombres o si fue por su calidad literaria. En cualquier caso, ya tocaba un poco de compensaci&oacute;n por todas estas d&eacute;cadas y siglos en las que hemos estado elegante y discretamente calladas. Esperamos el mismo silencio por el otro lado.</p>
<p>-Una entrevista como esta, en profundidad, &iquest;deber&iacute;a ser considerada un trabajo?</p>
<p>-No, claro que no, una entrevista no deja de ser una conversaci&oacute;n, no deja de ser promoci&oacute;n real y divulgaci&oacute;n de la obra.</p>
<p>-En Estados Unidos hay autores, consagrad&iacute;simos, que cobran por ser entrevistados -incluso por firmar-, y el representante se lleva un porcentaje.</p>
<p>-Bueno, desde luego hay conversaciones pendientes. Existen pa&iacute;ses m&aacute;s avanzados que el nuestro. Otro asunto que dejar&iacute;a sobre la mesa es si debe remunerarse a todos los autores, a todas las poetas, por igual.</p>
<p>-Suena a relativismo o a igualitarismo radical.</p>
<p>-Claro, es un debate. Genera controversia. Me parecen conversaciones interesantes, pero un tanto avanzadas, de un estadio en el que desgraciadamente a&uacute;n no estamos. Todav&iacute;a estamos en un nivel de iniciaci&oacute;n, ojal&aacute; lleguemos ah&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Quienes vivimos de la poes&iacute;a claro que hablamos de cach&eacute;s. Hay que abordar estos temas con transparencia, honestidad y de un modo saneado&rdquo;</strong></p>
<p>-El cach&eacute; muchas veces -en la m&uacute;sica, en la pintura- depende de la penetraci&oacute;n social del autor o de su protagonismo en el mercado.</p>
<p>-Bueno, quienes vivimos de la poes&iacute;a claro que hablamos de cach&eacute;s. Estar&iacute;amos buenos, &iquest;no? Quienes hacemos entre cinco y siete eventos a la semana, imag&iacute;nese si no habl&aacute;semos de cach&eacute;s. Hay que abordar estos temas con transparencia, honestidad y de un modo saneado. O sea, tenemos que hablar de facturaci&oacute;n, de IRPF, de ep&iacute;grafes&hellip; El sistema nos obliga a ser nuestras propias contables, agentes, <em>road managers</em>, nuestras <em>community manager</em>, nuestras propias jefas de prensa&hellip; Son conversaciones que la m&uacute;sica y las artes pl&aacute;sticas tienen m&aacute;s avanzadas.</p>
<p>Para avanzada, su actividad. No todos los cuerpos ni todas las mentes resistir&iacute;an una tan exigente. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de esta charla ir&aacute; a Nigeria, donde pasar&aacute; una semana. Justo al volver, atender&aacute; a un invitado procedente de Colombia que participa en el ciclo internacional de poes&iacute;a que dirige un lunes al mes desde hace 17 a&ntilde;os, en La Coru&ntilde;a. Al d&iacute;a siguiente tiene actuaci&oacute;n en la localidad gallega de Oleiros por la ma&ntilde;ana y por la tarde volver&aacute; a sus maletas porque veinticuatro horas despu&eacute;s partir&aacute; a Rabat, Marruecos. Un rayo que no cesa. Su agenda es s&iacute;ntoma de la paradoja volcada en <em>Econom&iacute;a y poes&iacute;a</em>: vivir de la literatura no le permite escribir. Pero escribe. Y &ldquo;cada cuatro o siete a&ntilde;os&rdquo; publica. Entretanto, no deja de participar en actividades. Para no naufragar. Ni en la vida ni en la obra. Para ganar tiempo, ese mar encrespado. Para no dejarse ahogar por &eacute;l.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 05:54:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Existo sólo cuando escribo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/existo-solo-cuando-escribo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/INGEBORG_BACHMANN_5.jpg" alt="" /></p>
<p>Cualquiera que intente acercarse hoy a la persona y la obra de Ingeborg Bachmann encontrar&aacute; un panorama no menos que contradictorio. La apariencia moderna, independiente y llena de alegr&iacute;a de vivir de la &uacute;nica escritora austriaca capaz de cosechar con su poes&iacute;a un &eacute;xito sin precedentes en la vecina Alemania de posguerra, de esa escritora, definida por los medios de comunicaci&oacute;n como un milagro literario, que pronunci&oacute; importantes discursos sobre el estado de la poes&iacute;a escrita en su lengua en aquellos dif&iacute;ciles momentos para el arte, todo ello no era en realidad m&aacute;s que la faceta visible de una compleja personalidad. La otra, caracterizada por un miedo y una fragilidad constantes, adem&aacute;s de por una desesperaci&oacute;n recurrente, fue de la que verdaderamente surgi&oacute; una obra literaria capaz de superar y romper los moldes encorsetados de la literatura de la compleja &eacute;poca que le toc&oacute; vivir.</p>
<p>Habr&iacute;a que preguntarse, pues, necesariamente por las condiciones existenciales que enmarcaron la realidad art&iacute;stica de esta magn&iacute;fica poeta. Para ello es casi obligatorio tener en cuenta lo que supon&iacute;a intentar vivir como una mujer independiente, dedicada a la escritura, en las complejas d&eacute;cadas de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta del siglo pasado. Aun con todo, Bachmann nunca dej&oacute; de mostrar p&uacute;blicamente su necesidad de afirmarse en el mundo cultural, sin temor alguno a las cr&iacute;ticas, en tanto que la necesidad de escribir la llev&oacute; a exponerse sin temor a todo ello y a dejar atr&aacute;s cualquier otra posibilidad existencial que hubiera, tal vez, resultado m&aacute;s f&aacute;cil (y segura), con un trabajo fijo en el que quiz&aacute; tambi&eacute;n habr&iacute;a podido desarrollar sus cualidades literarias. La explicaci&oacute;n a esta constante necesidad de escribir se encuentra precisamente en la forma en la que la autora vivi&oacute; su infancia y juventud. Pero tambi&eacute;n en los espacios que las configuraron. Solo teniendo en cuenta estos elementos fundamentales puede entenderse su existencia como artista, vivida de manera incondicional e insegura, y marcada por un miedo indescriptible a no poder cumplir sus propias aspiraciones. Aun con todos estos temores, su necesidad de hacerlo la llev&oacute; a un sinf&iacute;n de momentos de plenitud en la escritura que, por otro lado, la desbordaron, la destruyeron y acabaron conduci&eacute;ndola al c&iacute;rculo vicioso de estimulantes, somn&iacute;feros y tranquilizantes que ensombrecer&iacute;a la &uacute;ltima d&eacute;cada de su vida. Incapaz de protegerse, expuesta sin defensas a sus propias exigencias, Bachmann, fiel a su impulso, nunca puso l&iacute;mites entre la vida y el arte, entre la vida y la escritura.</p>
<p>Fue el espacio geogr&aacute;fico de la frontera, el tri&aacute;ngulo Austria-Italia-Eslovenia, en el que est&aacute; situado el valle del Gail, en el que resid&iacute;an sus abuelos y al que la familia viajaba con frecuencia, el que propici&oacute; sus primeras manifestaciones po&eacute;ticas. Empez&oacute; as&iacute;, ya muy joven, a dar rienda suelta a su necesidad de escribir, so&ntilde;ando continuamente con la posibilidad de vivir como escritora independiente: &laquo;He escrito todo lo que se pueda uno imaginar. En t&eacute;rminos de cantidad, creo que de peque&ntilde;a escrib&iacute; mucho m&aacute;s de lo que luego escrib&iacute; de adulta. [...] Solo s&eacute; que escrib&iacute;a todo el tiempo con el pretexto de tener que hacer los deberes. Los deberes los hac&iacute;a en cinco minutos y luego fing&iacute;a que a&uacute;n me quedaba una cantidad infinita de trabajo por hacer&raquo;. En palabras de la propia Bachmann, m&aacute;s que en Klagenfurt, donde hab&iacute;a venido al mundo en 1926, su infancia y su adolescencia transcurrieron &laquo;en el sur, en la frontera, en un valle que tiene dos nombres, uno alem&aacute;n y uno esloveno. Y la casa, en la que mis antepasados han vivido desde hace generaciones (austriacos y eslovenos asimilados), sigue teniendo incluso hoy un nombre que suena extranjero [Finca Tobai]. As&iacute; de cerca de la frontera hay otra frontera: la frontera del lenguaje&hellip; y yo iba de un lado a otro con las historias de los buenos y malos esp&iacute;ritus de dos y de tres pa&iacute;ses; porque al otro lado de las monta&ntilde;as, a una hora de camino, est&aacute; ya Italia&raquo;. Este espacio geogr&aacute;fico de car&aacute;cter inici&aacute;tico se revela, por tanto, como un microcosmos inmerso en un mundo muy particular, el de la f&aacute;bula, el de los mitos que pueblan su imaginaci&oacute;n y que se convertir&aacute; en un verdadero capital literario cuando abandone su peque&ntilde;a ciudad natal para iniciar sus estudios y con ellos un nuevo camino por una tambi&eacute;n nueva geograf&iacute;a.</p>
<p>Aunque la experiencia de la frontera junto con la experiencia de la historia y el deseo de superarlas resultaron determinantes desde un primer momento para su producci&oacute;n literaria, fue sobre todo la violencia de los acontecimientos hist&oacute;ricos, lo que supuso para ella uno de sus grandes traumas: &laquo;Hubo un momento concreto que hizo a&ntilde;icos mi infancia. La entrada de las tropas de Hitler en Klagenfurt. Fue algo tan horrible que ese es el d&iacute;a en el que empiezan mis recuerdos: con un dolor demasiado temprano, de una fuerza como quiz&aacute; no haya vuelto a sentirla despu&eacute;s nunca m&aacute;s. [&hellip;] esa tremenda brutalidad que se percib&iacute;a, ese griter&iacute;o, los c&aacute;nticos y los desfiles&hellip; el despertar de mi primer temor ante la muerte. Un ej&eacute;rcito entero lleg&oacute; a nuestra tranquila y pac&iacute;fica Carintia&raquo;. La dolorosa experiencia de la anexi&oacute;n de Austria abri&oacute; una herida en su interior de la que naci&oacute; esa &laquo;subjetividad herida&raquo; que se percibe a lo largo de toda su producci&oacute;n, debido seguramente al fuerte contraste entre los recuerdos de la Arcadia de su infancia y los acontecimientos hist&oacute;ricos con todos los conflictos que suscitaron entre los austriacos&nbsp; y la minor&iacute;a eslovena. Tal vez porque las amargas experiencias que conllevaron dieron lugar a grandes silencios en sus posteriores construcciones literarias del pasado, relacionados siempre con la vida familiar. Entre otros, el de la afiliaci&oacute;n del padre en 1932 al Partido Nacionalsocialista (NSDAP), as&iacute; como la estrecha relaci&oacute;n de la autora con su entonces maestro y mentor, Josef Friedrich Perk&ouml;nig, muy cercano a esa misma ideolog&iacute;a, mayoritaria en aquellos delicados territorios de frontera. La figura del padre representar&aacute; para ella la violencia presente en el conjunto de la sociedad, hasta el punto de que <em>Malina</em>, y el ciclo <em>Todesarten </em>(<em>Formas de muerte</em>) en general, suponen un balance con el poder ejercido por las estructuras patriarcales desde el antiguo Egipto hasta el presente.</p>
<p>S&iacute; se encuentran, sin embargo, en su prosa elementos propios del idilio que la dotan de cierto lirismo. En el relato &laquo;Jugend in einer &ouml;sterreichischen Stadt<em>&raquo; </em>(&laquo;A&ntilde;os de juventud en una ciudad austriaca&raquo;) la estrechez de miras de los habitantes de la peque&ntilde;a ciudad se contrapone constantemente al idilio anhelado por unos ni&ntilde;os que sufren amenazados por la fuerza de la historia. Asimismo, sus primeros poemas, muy parecidos a composiciones musicales, reflejan ya los problemas que se convertir&aacute;n en una constante a lo largo de toda su obra: la soledad, la enajenaci&oacute;n, el miedo a la muerte, el peso en la conciencia ante la realidad de un mundo opresivo. Bachmann sabr&aacute; dar voz a esta opresi&oacute;n ejercida por las fuerzas del poder en un lenguaje rico en met&aacute;foras, muy diferente al que utiliza para describir el mundo de su infancia, el valle del Gail, en el relato <em>Das Honditschkreuz</em> (<em>El crucifijo de Honditsch</em>, 1943), expresi&oacute;n de la resistencia interior contra la brutalidad del r&eacute;gimen nacionalsocialista, o en el drama en verso <em>Carmen Ruidera</em> (1942/1943), en el que resulta imposible no reconocer el tono melanc&oacute;lico que impregna una parte de sus textos, a pesar de su cercan&iacute;a a las formas cl&aacute;sicas. Localizado en la Zaragoza de 1808, desarrolla el conflicto de la joven protagonista entre el amor a la patria y el amor a un soldado del enemigo ej&eacute;rcito franc&eacute;s.</p>
<p>Poco despu&eacute;s del final de la guerra Bachmann conoci&oacute; a Jack Hamesh, un jud&iacute;o vien&eacute;s que trabajaba para las fuerzas de ocupaci&oacute;n inglesas. Su relaci&oacute;n con &eacute;l fue sumamente enriquecedora y supuso para ella &laquo;el verano m&aacute;s hermoso de mi vida&raquo;: hablaban de historia, de cuestiones cotidianas, y tambi&eacute;n de textos de Thomas Mann, Stefan Zweig, Arthur Schnitzler o Hugo von Hofmannsthal, todos ellos prohibidos por el r&eacute;gimen. Y tambi&eacute;n por medio de &eacute;l entr&oacute; en contacto con el juda&iacute;smo. Fue a Hamesh a quien confi&oacute; por primera vez su voluntad de estudiar filosof&iacute;a, aunque en ning&uacute;n momento se atrevi&oacute; a mencionarle sus poemas. Es tambi&eacute;n a partir de este temprano momento cuando empieza a percibirse la ambivalencia entre el lenguaje del arte y el de la ciencia que dominar&aacute; su continua b&uacute;squeda de la forma perfecta, de la expresi&oacute;n perfecta, de la palabra perfecta: &laquo;Escribir poemas me parece lo m&aacute;s dif&iacute;cil, porque aqu&iacute; hay que solucionar a la vez los problemas formales, tem&aacute;ticos y de vocabulario, porque forman parte del ritmo del tiempo y adem&aacute;s tienen que ordenar en nuestro coraz&oacute;n la plenitud de las cosas viejas y nuevas, en las que se encierran pasado, presente y futuro&raquo;. Las diferencias sustanciales que Bachmann reconoce entre el lenguaje imaginativo del arte y el modo l&oacute;gico de la expresi&oacute;n filos&oacute;fica marcar&aacute;n su escritura a largo plazo, hasta el punto de llegar incluso a resistirse a escribir una monograf&iacute;a sobre Ludwig Wittgenstein, en la que pretend&iacute;a dejar atr&aacute;s el estilo acad&eacute;mico para dar prioridad a la forma creativa del arte.<em></em></p>
<p>En cualquier caso, el traslado a Viena tras un desv&iacute;o de un a&ntilde;o por Innsbruck y Graz, ciudades en las que inici&oacute; sus estudios universitarios, supuso para ella no solo un distanciamiento de la insoportable estrechez de miras provinciana de la que siempre se hab&iacute;a quejado, sino una orientaci&oacute;n radicalmente nueva. No obstante, tanto en los poemas que escribe en ese periodo, marcados por el miedo y el temor, como en sus <em>Briefe an Felician </em>(<em>Cartas a Felician</em>)<em>, </em>escritas durante el tiempo que pas&oacute; en Innsbruck, es posible reconocer c&oacute;mo echa de menos su tierra: &laquo;Yo, lejos de mi querida ciudad, de mi querida tierra y de los lagos&raquo;. Sin embargo, y a pesar de que cuando llega la ciudad no es m&aacute;s que un paisaje de ruinas, Bachmann ve en Viena un lugar en el que echar ra&iacute;ces, no solo en sentido existencial, sino tambi&eacute;n cultural &ndash;de su arraigo en ella da buena cuenta la descripci&oacute;n de las calles que hace en <em>Malina</em>&ndash;, adem&aacute;s de un lugar de encuentro con muchos personajes de la escena literaria, entre los que se cuenta Hans Weigel, quien la present&oacute; al grupo literario que se reun&iacute;a en torno a &eacute;l en el caf&eacute; Raimund, as&iacute; como Hermann Hakel, quien public&oacute; algunos de sus poemas en su revista <em>Lynkeus</em>. All&iacute; conoci&oacute; adem&aacute;s a Ilse Aichinger, H. C. Artmann, Thomas Bernhard, Milo Dor, Ernst Jandl y Friederike Mayr&ouml;cker, entre otros muchos.</p>
<p>Pero de los encuentros que tuvieron lugar en Viena el m&aacute;s importante fue el de Paul Celan, a quien conoci&oacute; en casa del pintor surrealista Edgar Jen&eacute; y con quien mantendr&iacute;a una estrecha amistad que se mantuvo viva hasta que el autor se quit&oacute; la vida en 1970. En oto&ntilde;o de 1950 intentaron vivir juntos en Par&iacute;s, pero al cabo de dos meses Bachmann se march&oacute; a Londres y dej&oacute; la relaci&oacute;n con Celan en un intenso intercambio epistolar, un curioso di&aacute;logo literario, gracias al cual Bachmann fue capaz de encontrar el lenguaje po&eacute;tico con el que poder enfrentarse al pasado y a la historia, la propia, la personal, pero tambi&eacute;n la com&uacute;n, llena de monstruosidades y acontecimientos terribles.</p>
<p>Viena ampli&oacute; la mirada de Bachmann en muchas direcciones. Mientras estudiaba y trabajaba en su tesis doctoral, escrib&iacute;a sin parar. El mismo a&ntilde;o en el que defendi&oacute; su tesis el <em>Wiener Tageszeitung</em> public&oacute; ocho de sus relatos. Pero, a pesar de haber concluido all&iacute; sus estudios con un doctorado en Filosof&iacute;a sobre la obra de Martin Heidegger (<em>La recepci&oacute;n cr&iacute;tica de la filosof&iacute;a existencial de Martin Heidegger, </em>1949), no logr&oacute; abrirse paso en el mundo acad&eacute;mico tal como hab&iacute;a pensado en un principio. Sin embargo, al margen de los textos que mecanografiaba para el peri&oacute;dico americano <em>Neues &Ouml;sterreich</em>, la emisora de las fuerzas de ocupaci&oacute;n americanas Rot-Weiss-Rot, que la hab&iacute;a contratado en 1951 en el departamento de guiones para que se ocupara de la revisi&oacute;n de manuscritos, la traslad&oacute; r&aacute;pidamente a la redacci&oacute;n, donde empez&oacute; a escribir sus propias colaboraciones. All&iacute; destac&oacute; su importante papel en la emisi&oacute;n semanal de la serie <em>Die Radiofamilie Floriani </em>(<em>Los Florani</em>), para la que lleg&oacute; a escribir once cap&iacute;tulos, en los que con mucha iron&iacute;a y humor se adentraba en los problemas de una familia vienesa de clase media. Mucho antes que otros autores de su generaci&oacute;n, Bachmann supo ver las oportunidades que le brindaba la radio, y posteriormente tambi&eacute;n la televisi&oacute;n, y aprovecharlas en pro de su obra, pues incluso despu&eacute;s de dejar su trabajo en la emisora sigui&oacute; componiendo un buen n&uacute;mero de guiones y ensayos radiof&oacute;nicos.</p>
<p>Fue precisamente en los estudios de la RWR donde conoci&oacute; en 1952 a Hans Werner Richter, el promotor del Grupo 47, quien, mientras esperaba para hacer una entrevista con Hans Weigel, ley&oacute; unos poemas que hab&iacute;a sobre su mesa. Impresionado, Richter invit&oacute; de inmediato a la joven redactora a la reuni&oacute;n del Grupo 47 que iba a celebrarse un mes despu&eacute;s en Niendorf, a orillas del B&aacute;ltico, y que pasar&iacute;a a los anales de la literatura alemana, pues en ella leyeron por vez primera Bachmann, Aichinger y Celan. La atm&oacute;sfera que descubri&oacute; all&iacute; era sustancialmente diferente a la que acaba de dejar atr&aacute;s en Viena: &laquo;Todav&iacute;a recuerdo el autob&uacute;s en el que te sub&iacute;as en M&uacute;nich para ir al mar B&aacute;ltico, la primera Coca-Cola que te beb&iacute;as en el jard&iacute;n de un caf&eacute; de M&uacute;nich, los amistosos apretones de manos, las divertidas historias que contaba un se&ntilde;or, [...] me parec&iacute;a bastante improbable que todos pudieran ser escritores, no ten&iacute;an t&iacute;tulos, la mayor&iacute;a solo nombre de pila, no eran catedr&aacute;ticos, ni funcionarios titulados, no se daban aires, pero me parec&iacute;an incre&iacute;blemente divertidos, nunca hab&iacute;a visto tanta gente divertida&raquo;. En las reuniones del grupo unos cuarenta autores le&iacute;an textos a&uacute;n in&eacute;ditos, poemas, relatos, escenas teatrales o fragmentos de novelas, autores con los que Bachmann entabl&oacute; a lo largo de los a&ntilde;os una amistad estrecha y duradera: Alfred Andersch, Heinrich B&ouml;ll, G&uuml;nter Eich, Hans Magnus Enzensberger, G&uuml;nter Grass, Hans Werner Henze, Wolfgang Hildesheimer, Uwe Johnson o Martin Walser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su debut, la joven escritora de apenas 26 a&ntilde;os impresion&oacute; a los all&iacute; reunidos con su voz t&iacute;mida y susurrante y cosech&oacute; muy buenas cr&iacute;ticas. Dos d&iacute;as despu&eacute;s ley&oacute; once poemas en la Radio del Noroeste de Alemania (NWDR) y recibi&oacute; por ello unos honorarios de 300 marcos. Entreviendo la posibilidad de mantenerse con los ingresos de su producci&oacute;n literaria, decide dejar su puesto en la RWR e intentar vivir solo de sus escritos, orient&aacute;ndose hacia el mercado de la Rep&uacute;blica Federal debido a las mejores condiciones econ&oacute;micas. Fundamental a la hora de tomar esta decisi&oacute;n fue tambi&eacute;n el hecho de que un a&ntilde;o despu&eacute;s recibiera en Maguncia el Premio del Grupo 47, instituido para la promoci&oacute;n de j&oacute;venes autores y dotado con 2000 marcos. En diciembre de ese mismo a&ntilde;o publica su primer poemario, <em>Die gestundete Zeit</em> (<em>El tiempo aplazado</em>), en la colecci&oacute;n &laquo;studio Frankfurt&raquo; de la Frankfurter Verlaganstalt, dirigida por Alfred Andersch. En los poemas contenidos en &eacute;l, algunos nuevos, otros publicados con anterioridad en revistas, Bachmann desarrolla un lenguaje po&eacute;tico propio: exagerados hasta lo m&iacute;tico y eterno dan testimonio de una decadencia y de un sentido del destino, que permiten perder de vista la referencia concreta al momento en el que se escriben y convertirse en atemporales.</p>
<p>Al premio y a la publicaci&oacute;n de esta primera obra, le sigui&oacute; un tercer elemento que contribuy&oacute; al vertiginoso ascenso de su carrera: la portada que le dedic&oacute; el prestigioso semanario <em>Der Spiegel </em>el 18 de agosto de 1954, un acontecimiento sin parang&oacute;n, pues nunca hab&iacute;a presentado a un escritor de una manera tan llamativa. Con un retrato que llegaba a cubrir incluso parte de la franja del t&iacute;tulo, el semanario parec&iacute;a querer arrojar luz sobre la persona de la joven poeta y no sobre la obra que, sin embargo, aparece mencionada al pie de la portada: &nbsp;&laquo;Gedichte aus dem deutschen Ghetto. Neue R&ouml;mische Elegien: Ingeborg Bachmann&raquo; (&laquo;Poemas del gueto alem&aacute;n. Nuevas eleg&iacute;as romanas: Ingeborg Bachmann&raquo;). &nbsp;El reportaje, sugestivamente titulado &laquo;Estenograma de la &eacute;poca&raquo;, describ&iacute;a a Bachmann como representante de una generaci&oacute;n perdida de poetas nacidos entre las dos guerras mundiales y comenzaba, utilizando el cl&aacute;sico recurso al viaje a Italia de Goethe, con una an&eacute;cdota sobre la extra&ntilde;a desconocida que viv&iacute;a en Roma y que por las noches pon&iacute;a en guardia a los <em>carabinieri </em>con el repiqueteo nocturno de su m&aacute;quina de escribir. Es evidente que el art&iacute;culo contribuy&oacute; de manera significativa al temprano nacimiento de leyendas sobre la escritora, que, a tenor del art&iacute;culo, se hab&iacute;a convertido en la figura m&aacute;s representativa de una nueva generaci&oacute;n de poetas a trav&eacute;s de un mundo l&iacute;rico en el que los motivos m&aacute;s relevantes eran &laquo;[e]l luto y el lamento por lo perdido; la percepci&oacute;n de la muerte; el miedo a la extra&ntilde;eza de un mundo mecanizado; el aislamiento del individuo; la hostilidad del tiempo y la redenci&oacute;n en el sue&ntilde;o y el ensue&ntilde;o&raquo;. Sin quererlo, Bachmann se hab&iacute;a convertido ya en un personaje p&uacute;blico, en todo aquello que precisamente trataba de evitar a toda costa y para lo que hab&iacute;a decidido trasladarse a Italia, animada por el compositor Hans Werner Henze, a quien hab&iacute;a conocido tambi&eacute;n en la reuni&oacute;n del Grupo 47.</p>
<p>En Italia Bachmann experiment&oacute; una regeneradora liberaci&oacute;n, que la ayudar&iacute;a a encontrarse a s&iacute; misma. All&iacute;, entre las ciudades de Roma, N&aacute;poles e Isquia, y a pesar de algunas tensiones, dar&aacute; comienzo una estrecha relaci&oacute;n laboral con Henze, que tendr&aacute; para la autora efectos revitalizantes e inspiradores durante muchos a&ntilde;os. El compositor, al que Bachmann dedic&oacute; varios poemas, le encarg&oacute; varios libretos de &oacute;pera y promovi&oacute; en ella una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda de la m&uacute;sica. Su primera parada en el nuevo pa&iacute;s fue la isla de Isquia, en el golfo de N&aacute;poles. Henze resid&iacute;a en la localidad de San Francesco, muy pr&oacute;xima a Forio. En aquellos a&ntilde;os Isquia era a&uacute;n una isla desconocida, de vida arcaica, en la que resid&iacute;an varios artistas: los poetas W. H. Auden y Chester Kallmann, o el compositor William Walton y su mujer, entre otros. All&iacute; escribi&oacute; el &laquo;Monolog des F&uuml;rsten Myschkin&raquo; (&laquo;Mon&oacute;logo del pr&iacute;ncipe Myshkin&raquo;) para <em>El idiota</em>, una pantomima de Henze basada en la novela de Dostoievski. Henze a su vez compuso la m&uacute;sica para su guion radiof&oacute;nico <em>Die Zikaden </em>(<em>Las cigarras</em>), emitido el 25 de marzo de 1955 por la NWDR.</p>
<p>Su siguiente estaci&oacute;n ser&aacute; Roma. Para Bachmann, la ciudad eterna fue siempre un lugar que revitalizaba los sentidos y estimulaba sus ideas al revelar las dimensiones m&aacute;s profundas de la historia bajo la superficie de la vida cotidiana. All&iacute; entr&oacute; pronto a formar parte del c&iacute;rculo de literatos de habla alemana que se reun&iacute;a con regularidad en el Caf&eacute; Doney, en la Via Veneto, entre los que se contaban Gustav Ren&eacute; Hocke, Marie-Luise Kaschnitz, Hermann Kesten y Toni Kienlechner. Por mediaci&oacute;n del primero, Bachmann firm&oacute; un contrato como corresponsal para Radio Bremen, y posteriormente tambi&eacute;n para el <em>Westdeutsche Allgemeine Zeitung</em>. Con el pseud&oacute;nimo de Ruth Keller, compuso un total de 34 colaboraciones para radio y prensa, que aparecer&iacute;an publicadas p&oacute;stumamente, en 1998, con el t&iacute;tulo del primero de estos ensayos, publicado en 1955 en la revista <em>Akzente</em>: <em>Was ich in Rom sah und h&ouml;rte</em> (<em>Lo que he visto y o&iacute;do en Roma</em>). En ellas, en su mayor&iacute;a res&uacute;menes de art&iacute;culos de prensa italianos sin ninguna pretensi&oacute;n de car&aacute;cter literario, la autora<em> </em>da testimonio de una nueva forma de concebir el entorno al tiempo que escribe sobre la vida pol&iacute;tica en Italia, las visitas de Estado, las intrigas de los partidos, los trajines de la mafia, las cat&aacute;strofes naturales, el paro o la pobreza, todas informaciones muy &uacute;tiles para unos lectores que apenas ten&iacute;an contacto con ese pa&iacute;s desconocido, a la vez que anhelado, del sur. La ciudad eterna es para ella un lugar de recuerdo a trav&eacute;s del cual recorre siglos de historia poniendo de manifiesto una llamativa discrepancia entre los trabajos literarios y los trabajos period&iacute;sticos de ese periodo: mientras que en estos &uacute;ltimos apenas es posible reconocer los dogmas de los a&ntilde;os 50, sus poemas, ensayos y guiones radiof&oacute;nicos ofrecen una mirada cr&iacute;tica e incisiva a aquellos a&ntilde;os marcados por la restauraci&oacute;n y el milagro econ&oacute;mico.</p>
<p>El &eacute;xito obtenido en Alemania le da la ocasi&oacute;n de publicar sus textos en revistas tan prestigiosas como <em>Akzente, Merkur, Neue Rundschau, </em>los <em>Frankfurter Hefte</em> o los <em>Westermanns Monatshefte</em>. Al mismo tiempo escribe guiones para diversas emisoras de radio, como la b&aacute;vara, la de Hesse y la NWDR, donde se emiten tambi&eacute;n sus poemas y relatos. El verano de 1955 pasa dos meses en los EEUU invitada a participar en un seminario de la Summer School of Arts and Sciencies de la Universidad de Harvard, dirigido por Henry Kissinger, el futuro ministro de Asuntos Exteriores. Concluido el seminario, pasa una temporada en Nueva York. La estancia en la gran ciudad tendr&aacute; su reflejo literario en algunos de sus poemas, pero sobre todo en el que hasta hoy es considerado como el m&aacute;s importante de sus guiones radiof&oacute;nicos, <em>Der gute Gott von Manhattan </em>(<em>El buen dios de Manhattan</em>). El n&uacute;cleo de este texto lo constituye el traspaso de los l&iacute;mites en lo tocante al amor, algo que lleva siempre a la perdici&oacute;n. Por primera vez Bachmann da voz a la conexi&oacute;n mortal que existe entre el amor y la sociedad, y que constituir&aacute; el n&uacute;cleo de su ciclo <em>Formas de muerte</em>. Las parejas de amantes que se mencionan en la obra, entre las que se cuentan Orfeo y Eur&iacute;dice, Romeo y Julieta o Trist&aacute;n e Isolda, entre otras, sit&uacute;an a Jan y Jennifer, los protagonistas, en la larga lista de relaciones amorosas, en las que la pretensi&oacute;n de dominio sobre el otro tiene un desenlace fatal. Bachmann sit&uacute;a a las v&iacute;ctimas en el centro de sus planteamientos literarios, de manera que sus protagonistas no solo sufren la violencia del pasado, sino que tambi&eacute;n contemplan con considerable escepticismo el creciente materialismo de los a&ntilde;os de posguerra, pues el milagro econ&oacute;mico hab&iacute;a contribuido a olvidar con mucha facilidad las p&eacute;rdidas que hab&iacute;a generado el conflicto y las atrocidades de los a&ntilde;os del gobierno nacionalsocialista. Al oponerse al silencio colectivo sobre los cr&iacute;menes de guerra, Bachmann atribuye a la literatura la capacidad de llamar la atenci&oacute;n sobre los numerosos problemas de la sociedad de posguerra. Es por ello por lo que advierte de su convicci&oacute;n, expresada en las lecciones sobre poes&iacute;a que imparti&oacute; en Frankfurt en 1959, de que la literatura nunca debe quedarse en el nivel que ha alcanzado: &laquo;Del mismo modo que los pensamientos individuales de &eacute;pocas anteriores acuden a nosotros radiantes cuando los llamamos a dar testimonio, nosotros lo hacemos en apoyo de nuestros pensamientos de hoy&raquo;. As&iacute; pues, para Bachmann la literatura asume una tarea pol&iacute;tica en el nuevo orden social posterior a 1945, en su opini&oacute;n muy precario, para la cual es necesario adentrarse en las profundidades de la memoria cultural, a fin de ofrecer a los lectores ejemplos de la mejor humanidad posible y abriendo con ello las puertas a una utop&iacute;a. Con su fe en la &eacute;tica de un nuevo lenguaje, Bachmann intenta una transformaci&oacute;n de la sociedad guiada por la conciencia literaria, pues, adem&aacute;s, tambi&eacute;n el cambio en la relaci&oacute;n entre los sexos deb&iacute;a llevarse a cabo por medio de un nuevo lenguaje, lo cual conllev&oacute; una apuesta por un discurso propiamente femenino, capaz de acabar de manera radical con el uso pr&aacute;cticamente obligado del lenguaje masculino, convertido hasta entonces en la &uacute;nica posibilidad. La obra recibi&oacute; muy buenas cr&iacute;ticas y la edici&oacute;n en forma de libro supuso todo un &eacute;xito de ventas, as&iacute; como la concesi&oacute;n del reputado Premio de los Ciegos de guerra para guiones radiof&oacute;nicos.</p>
<p>La publicaci&oacute;n de su segundo poemario, <em>Anrufung des Gro&szlig;en B&auml;ren</em> (<em>Invocaci&oacute;n a la Osa Mayor,</em> 1956), consagra a Bachmann como poeta. Los poemas contienen recuerdos de sus viajes, pero sobre todo se inspiran en su vida en Italia, as&iacute; como en las formas y la imaginer&iacute;a de la gran poes&iacute;a amorosa italiana. Los cl&aacute;sicos latinos e italianos, desde Virgilio, Horacio, Catulo y Propercio hasta Tasso, Ariosto, Dante y Petrarca, dejan su impronta en el poemario, galardonado con el Premio de Literatura de la ciudad de Bremen, lo que la ayuda adem&aacute;s a olvidarse por un tiempo de sus penurias materiales. Econ&oacute;micamente su vida sigue siendo insegura, apenas puede pagar el alquiler y tiene que mudarse de casa en numerosas ocasiones. Desde que se marchara a Isquia, pasando por Alemania, Viena, Klagenfurt y Roma, no ha tenido una residencia fija. En el verano de 1955 ha dejado su casa de Roma para marcharse a los EE.UU., y el resto del a&ntilde;o lo pasa entre Par&iacute;s y Viena, la primera mitad de 1956 con Henze en N&aacute;poles y m&aacute;s tarde tambi&eacute;n en Isquia, desde donde regresar&aacute; a Carintia a trav&eacute;s de Venecia para pasar el oto&ntilde;o. Desde all&iacute; viajar&aacute; tambi&eacute;n a Berl&iacute;n, M&uacute;nich y Par&iacute;s y a principios de 1957 volver&aacute; a alquilar una casa en Roma. A los problemas econ&oacute;micos vienen a unirse ahora las enfermedades, a su eterna insatisfacci&oacute;n se le a&ntilde;ade adem&aacute;s una buena dosis de nostalgia y toma la decisi&oacute;n de trasladarse a M&uacute;nich, donde acepta un puesto como dramaturga en la televisi&oacute;n b&aacute;vara que le ha procurado su amigo, Clemens M&uuml;nster, con intenci&oacute;n de ayudarla con sus problemas econ&oacute;micos. Pero M&uacute;nich no ser&aacute; m&aacute;s que un episodio de un a&ntilde;o, pues la sensaci&oacute;n de carecer de un hogar tampoco la abandonar&aacute; aqu&iacute; en medio de una crisis vital, de una falta de sosiego que tiene su reflejo literario en el relato que da t&iacute;tulo al volumen <em>Das drei&szlig;igste Jahr </em>(<em>A los treinta a&ntilde;os, </em>1961).</p>
<p>Como si de una premonici&oacute;n se tratara, en junio de 1958, pocos d&iacute;as despu&eacute;s de la emisi&oacute;n de <em>El buen dios de Manhattan</em>, Bachmann recibi&oacute; una carta del escritor suizo Max Frisch. En ella le dec&iacute;a que el texto le hab&iacute;a gustado mucho y pon&iacute;a de relieve lo importante que le parec&iacute;a el hecho de que esa tem&aacute;tica encontrara su expresi&oacute;n a trav&eacute;s de una voz femenina. Con ocasi&oacute;n de un viaje a Par&iacute;s unas semanas despu&eacute;s, Bachmann se encuentra con &eacute;l con motivo del estreno de la obra de Frisch <em>El se&ntilde;or Biedermann y los incendiarios</em> (1958). En lugar de ir juntos al estreno, van a cenar y no se separan en toda la noche. En agosto Frisch la visita en N&aacute;poles, donde est&aacute; trabajando junto con Henze en el libreto para la &oacute;pera <em>El pr&iacute;ncipe de Homburg</em>, que se estrenar&aacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s en Hamburgo<em>.</em> En noviembre vive ya en Z&uacute;rich, en el piso de Frisch. Siete meses despu&eacute;s se mudan a una nueva casa en Uetikon, a orillas del lago. Cuando en mayo de 1959 planean viajar juntos a Espa&ntilde;a, Frisch enferma de hepatitis y ha de ser ingresado en un hospital. Bachmann se marcha a Roma mientras &eacute;l se repone. Durante ese periodo Frisch reconoce que no puede vivir sin ella y le hace una propuesta de matrimonio que ella rechaza. En octubre de ese mismo a&ntilde;o, decide alquilar un apartamento en el que trabajar y planean mudarse a Roma, una idea que no se har&aacute; realidad hasta finales de 1960. Pero no deja el apartamento de Z&uacute;rich, donde tendr&aacute; durante ese periodo un lugar al que poder escapar. En marzo de ese a&ntilde;o viajan juntos a Klagenfurt, en agosto a Espa&ntilde;a y en mayo de 1961 a Grecia, un regalo de Bachmann a Frisch que acaba de cumplir 50 a&ntilde;os. Son a&ntilde;os de una intensa producci&oacute;n literaria, en los que la autora es invitada a impartir las conferencias de la reci&eacute;n creada C&aacute;tedra de Po&eacute;tica de la Universidad de Frankfurt durante el semestre de invierno de 1959-60. En ellas Bachmann trata de identificar cuestiones poetol&oacute;gicas esenciales que encuentra ejemplificadas en la obra de grandes autores como Kafka, Wittgenstein, Proust, Joyce, C&eacute;line, Svevo, Musil o Beckett, autores sobre los que hab&iacute;a hablado ya en numerosas ocasiones en sus ensayos radiof&oacute;nicos. Todas las conferencias giran, sin embargo, en torno a una cuesti&oacute;n fundamental: la capacidad del lenguaje. Para Bachmann el escepticismo generalizado sobre esta cuesti&oacute;n es el punto de partida de la literatura del siglo XX. De ah&iacute; que se refiera a la <em>Carta a Lord Chandos </em>de Hugo von Hofmannsthal, como el &laquo;primer documento en el que la desesperaci&oacute;n ante uno mismo, la desesperaci&oacute;n ante el lenguaje y la desesperaci&oacute;n ante la superioridad de las cosas que ya no se pueden comprender se abordan juntas en un solo tema&raquo;.</p>
<p>Sin embargo, la relaci&oacute;n entre dos de los literatos m&aacute;s famosos del momento no fue nunca un camino de rosas. Adem&aacute;s de una constante competencia literaria tienen diferentes concepciones de su vida en com&uacute;n. Aun cuando en muchos sitios se presentan como pareja, Bachmann no quiere hacer p&uacute;blica su relaci&oacute;n con el escritor suizo ni present&aacute;rselo a sus amigos, algo que a &eacute;l le indigna sobremanera. Bachmann, por su parte, tiene que soportar sus celos y su imperiosa necesidad de posesi&oacute;n, aunque al final es Frisch quien acaba por no soportar la necesidad de libertad y de independencia de ella. El final de aquellos cuatro a&ntilde;os de relaci&oacute;n, igual que lo hab&iacute;a sido la relaci&oacute;n en s&iacute; misma, fue toda una cat&aacute;strofe. Bachmann sufri&oacute; un grave ataque de nervios y tuvo que ser ingresada en la cl&iacute;nica Bircher-Benner de Z&uacute;rich en diciembre de 1962. Frisch, que hab&iacute;a empezado ya una nueva vida con Marianne Oellers, su futura esposa, se preparaba para un viaje de varios meses a los EE.UU. Ella esperaba que &eacute;l la llamara desde all&iacute; y le pidiera que se reuniera con &eacute;l, pero la llamada nunca lleg&oacute;. Bachmann no olvidar&iacute;a nunca aquel fat&iacute;dico 3 de julio de 1958 en que dio comienzo su fat&iacute;dica historia en Par&iacute;s, la &uacute;nica fecha que aparece con su dataci&oacute;n completa en <em>Malina</em>: &laquo;Quiz&aacute; un d&iacute;a sin inc&oacute;gnitas, seguro que tambi&eacute;n sin jaquecas, sin estados de angustia o recuerdos insoportables, o con unos pocos, surgidos de &eacute;pocas diferentes, pero tal vez simplemente un d&iacute;a de esos en los que Lina organiza una limpieza estival a fondo y yo, expulsada de casa, ando de caf&eacute; en caf&eacute;, leyendo un peri&oacute;dico del 3 de julio, de los que hoy vuelvo a releer uno. As&iacute; el d&iacute;a se convierte en un enigma, es un d&iacute;a vac&iacute;o o robado, en el que he envejecido, en el que no me he defendido y he dejado que ocurriera algo&raquo;.</p>
<p>Mientras que Frisch fue capaz de exponer sin tapujos su versi&oacute;n de la relaci&oacute;n entre ambos en el relato <em>Montauk</em> (1975), publicado dos a&ntilde;os despu&eacute;s del fallecimiento de la escritora, ella siempre guard&oacute; silencio al respecto. Ni siquiera volvi&oacute; a mencionar su nombre, tan solo ocasionalmente en alguna carta. Pero no por ello deja de haber un buen n&uacute;mero de alusiones a su relaci&oacute;n en su producci&oacute;n literaria, como por ejemplo en algunos pasajes de la novela sobre Eka Rottwitz del ciclo <em>Formas de muerte</em>. Jung, un &laquo;destacado prosista&raquo;, encuentra en Eka los siguientes defectos: &laquo;[&hellip;] ella estaba enamorada, &eacute;l no, ella le resultaba demasiado modesta, era lo que &eacute;l hab&iacute;a querido, pero en casa le agotaba, ella ten&iacute;a mucho &eacute;xito, eso a &eacute;l le fascinaba sobremanera y le pon&iacute;a enfermo [&hellip;]. Otro inconveniente para Jung, que ten&iacute;a su lado negativo, era que Eka pose&iacute;a una cantidad de conocimientos aterradora; &eacute;l hab&iacute;a llegado a aceptar lo que sab&iacute;a de pol&iacute;tica y de historia, [... ] pero el hecho de que ella supiera tambi&eacute;n mucho m&aacute;s de literatura le parec&iacute;a una impertinencia contra la que se sent&iacute;a impotente, y su admiraci&oacute;n inicial se convirti&oacute; tan inesperadamente en odio que no encontr&oacute; otro remedio m&aacute;s que aplastarla, [...] y no huy&oacute; hasta que estuvo seguro de que donde antes estaba Eka hab&iacute;a un mont&oacute;n de ruinas, cuya visi&oacute;n le resultaba insoportable, y que &eacute;l la hab&iacute;a superado porque era el m&aacute;s fuerte&raquo;. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, Eka Rottwitz se arroja por la ventana y queda paral&iacute;tica. Que la descripci&oacute;n es enteramente personal es f&aacute;cil de comprobar, pues Bachmann era una gran lectora, que se manejaba en cuatro idiomas (alem&aacute;n, italiano, franc&eacute;s e ingl&eacute;s) y que le&iacute;a pr&aacute;cticamente todos los g&eacute;neros y a autores de todas las &eacute;pocas, poes&iacute;a, prosa y drama desde la Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica hasta el presente, desde textos filos&oacute;ficos y psicol&oacute;gicos, de historia, pol&iacute;tica y ciencia hasta novelas polic&iacute;acas.</p>
<p>Para Bachmann, la relaci&oacute;n con Frisch fue probablemente el punto de inflexi&oacute;n m&aacute;s doloroso de su vida. Tras una estancia de cuatro semanas en el hospital de Z&uacute;rich entre finales de 1962 y principios de 1963, se somete a repetidos tratamientos m&eacute;dicos. En Baden-Baden visita con frecuencia a un psicoterapeuta, en St. Moritz se somete a tratamientos de rehabilitaci&oacute;n en el hotel balneario que regentaban sus amigos, el matrimonio Auer, y en Berl&iacute;n es hospitalizada dos veces durante periodos m&aacute;s largos. En esta &eacute;poca comienza a depender de las pastillas, de algunos psicof&aacute;rmacos no conseguir&aacute; ya librarse nunca. Es incapaz de escribir y pasar&aacute;n casi dos a&ntilde;os, hasta el verano de 1964 para que se sienta capaz de volver a enfrentarse al papel. Ser&aacute; entonces cuando d&eacute; comienzo a su gran proyecto: el ciclo <em>Formas de muerte</em>, una historia moral de la &eacute;poca, a trav&eacute;s de la que se muestran todas las posibles formas en que la sociedad mata de manera invisible. Bachmann procesa en &eacute;l su relaci&oacute;n con Frisch, al tiempo que se enfrenta a su obra: es precisamente en el oto&ntilde;o de 1964 cuando Frisch publica la novela <em>Digamos que me llamo Gantenbein</em>, en la que explota literariamente su relaci&oacute;n con ella. A pesar de que &eacute;l le envi&oacute; las galeradas y suprimi&oacute; alusiones especialmente claras que Bachmann critic&oacute; directamente, en modo alguno vari&oacute; el argumento: &laquo;El libro trataba de ella, [...] y la hab&iacute;a robado, robado, [...] porque &eacute;l hab&iacute;a escrito y &lsaquo;destripado&rsaquo; sus 700 noches y tambi&eacute;n d&iacute;as y horas de vino, [... ...] le hab&iacute;a sacado las entra&ntilde;as, hab&iacute;a hecho con ellas morcilla y asado y absolutamente todo, la hab&iacute;a despedazado, la hab&iacute;a despedazado en las 386 p&aacute;ginas de un libro&raquo;. Este pasaje de <em>Requiem f&uuml;r Fanny Goldmann</em> (<em>R&eacute;quiem por Fanny Goldmann</em>) expresa la inmensa rabia que siente el personaje que le da t&iacute;tulo, una actriz, ante el libro que acaba de publicar su antiguo amante, Toni Marek, un escritor. En la obra de Frisch, Bachmann se reconoce en el personaje de Lila, &laquo;la gran actriz&raquo;, casada con el narrador, que a veces se llama Enderlin o Svoboda, pero sobre todo Gantenbein, un personaje que nunca toma la palabra, aunque ella es vista &uacute;nicamente desde la perspectiva masculina. Bachmann se sinti&oacute; destruida por este libro, en el que Lila aparece dibujada como una mujer artificiosa, neur&oacute;tica y enferma, para cuya construcci&oacute;n Frisch utiliza innumerables alusiones a su persona y a los a&ntilde;os que pasaron juntos. Para ella, tal falta de consideraci&oacute;n era una prueba de c&oacute;mo las mujeres son clasificadas, neurotizadas y asesinadas por los hombres, por lo que no es de extra&ntilde;ar que en las novelas inacabadas del ciclo <em>Formas de muerte</em>, la explotaci&oacute;n y la destrucci&oacute;n femenina siga orient&aacute;ndose hacia el ejemplo real de Frisch, en la medida en que Toni Marek, Jung y Leo Jordan las utilizan como material literario o cient&iacute;fico para sus trabajos.</p>
<p>Esta explotaci&oacute;n literaria de su persona supuso para la escritora la mayor forma posible de traici&oacute;n y destrucci&oacute;n, hasta el punto de que en los textos que compone para este ciclo, las &laquo;v&iacute;ctimas de la literatura&raquo; constituyen la base de las diferentes formas femeninas de muerte que aparecen en la creaci&oacute;n art&iacute;stica masculina, recurriendo incluso a ejemplos conocidos como los de las parejas de artistas Eleonore Duse y Gabriele D&rsquo;Annunzio, Camille Claudel y Auguste Rodin o Lady y Lord Byron. Lo importante de este planteamiento es, en &uacute;ltima instancia, el hecho de que estos tipos de muerte se extienden como un problema estructural al conjunto de la sociedad, sometida a mecanismos hip&oacute;critas y criminales.</p>
<p>En junio de 1961 se publica el volumen de relatos <em>A los treinta a&ntilde;os</em>. En todos ellos las despedidas ocupan un lugar fundamental: de la infancia, de la sociedad, del amor, del arte, de la poes&iacute;a. El motivo del tiempo aparece ya en el propio t&iacute;tulo y en cada uno de los textos que lo conforman se mira al pasado desde el presente, como si se buscara el tiempo perdido. La huella de su lectura de la obra magna de Marcel Proust est&aacute; presente en todos, una <em>recherche</em> en miniatura a la que regresan temas y motivos del gran ciclo del autor franc&eacute;s, y en la que la conciencia del paso del tiempo y la relaci&oacute;n entre pasado, presente y futuro se hacen inevitables. Desde la perspectiva actual, los siete relatos de esta primera colecci&oacute;n no pueden entenderse sin su trasfondo hist&oacute;rico, pues todos ellos tratan de las complejas condiciones de vida a finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta, cuando ya se hab&iacute;an puesto de manifiesto las carencias del nuevo orden de posguerra. Los relatos abordan temas socialmente cr&iacute;ticos, como la duda sobre uno mismo a la sombra de la nueva prosperidad, el amor entre mujeres del mismo sexo o la fragilidad de la justicia en este nuevo orden, y arrojan luz sobre estos problemas en una fase relativamente temprana de su producci&oacute;n literaria. No obstante, la elecci&oacute;n de tales temas puede haber sido una de las razones por las que el paso de la poes&iacute;a a la prosa tuvo un efecto desconcertante en la prensa especializada, que no ve&iacute;a su prosa tan atractiva como su poes&iacute;a. En &laquo;Undine geht&raquo; (&laquo;Ondina se va&raquo;), la protagonista, heredera del mito medieval, apela en los versos finales por &uacute;ltima vez a la poes&iacute;a, de la que Bachmann se despide de manera definitiva, aunque durante ese tiempo se dedique precisamente a traducir la l&iacute;rica de Giuseppe Ungaretti, con el que siente una clara afinidad no solo en su poes&iacute;a, sino en general en su metaf&oacute;rica<em>.</em> Adem&aacute;s, tras su separaci&oacute;n de Frisch, en los a&ntilde;os en los que se siente incapaz de cualquier cosa, escribe tambi&eacute;n, a menudo en su lecho, enferma, un buen n&uacute;mero de poemas cercanos a la tem&aacute;tica del ciclo, pues la enfermedad, la locura, la cara oscura de la vida, laten tambi&eacute;n en ellos y permiten ver un atisbo de la destrucci&oacute;n que se estaba produciendo en ella. Estos m&aacute;s de cien poemas vieron la luz en el a&ntilde;o 2000 en un volumen conjunto titulado <em>Ich wei&szlig; keine bessere Welt</em> (<em>No conozco un mundo mejor</em>) y constituyen un lamento por la p&eacute;rdida de la poes&iacute;a y los sufrimientos del ser humano, al tiempo que constituyen una cr&iacute;tica implacable a la sociedad</p>
<p>En medio de este vac&iacute;o personal la autora se muda a Berl&iacute;n, donde, por mediaci&oacute;n de sus amigos, hab&iacute;a conseguido una beca de la Fundaci&oacute;n Ford para trabajar en la Academia de las Artes. La Guerra Fr&iacute;a est&aacute; en su punto &aacute;lgido y Berl&iacute;n es la ciudad en la que esta polarizaci&oacute;n se siente con mayor claridad. Bachmann percibe la ciudad no solo como un espacio destruido, sino como un espacio de destrucci&oacute;n, pues Berl&iacute;n hab&iacute;a sido el n&uacute;cleo del Tercer Reich, desde donde se hab&iacute;an planificado y ejecutado la guerra y las masacres. Sumida en su propia enfermedad, siente con especial intensidad la devastaci&oacute;n de la ciudad. Vive recluida en su casa de Grunewald, pero sabe que puede contar con algunos de sus compa&ntilde;eros del Grupo 47, sobre todo con Uwe Johnson, su amigo de confianza. Para la autora, los habituales paseos en bicicleta con &eacute;l y con Hans Werner Richter suponen un cambio de ritmo en su cotidianeidad. Sin embargo, su estado de agotamiento f&iacute;sico y mental es tal que tiene que acudir dos veces al hospital, donde permanecer&aacute; ingresada algunas semanas. El contacto con los escritores del Grupo 47 residentes en Berl&iacute;n da lugar por otro lado a un compromiso pol&iacute;tico conjunto. El ambiente conservador y antiintelectual de Alemania, el rearme y los tratados con la Alemania Oriental, as&iacute; como las guerras de Argelia y Vietnam, llevan a la autora a posicionarse p&uacute;blicamente en repetidas ocasiones durante estos a&ntilde;os. En septiembre de 1965 participa incluso en un acto de campa&ntilde;a del SPD en Bayreuth.</p>
<p>Al margen de ello, su labor literaria durante el primer a&ntilde;o en Berl&iacute;n se centr&oacute; en el libreto de <em>El joven lord,</em> una obra encargada por la Deutsche Oper, a la que Henze puso m&uacute;sica y que se estren&oacute; en abril de 1965. Basada en el cuento de Wilhelm Hauff <em>El hombre mono </em>(1826), revela una vez m&aacute;s el escepticismo de la autora frente a las capacidades del lenguaje. La &oacute;pera lleg&oacute; a ser una de las puestas en escena m&aacute;s exitosas de la posguerra. Tambi&eacute;n recopil&oacute; una antolog&iacute;a de sus textos, que la editorial Piper public&oacute; en 1964. Como el p&uacute;blico ya esperaba con impaciencia un nuevo libro suyo, la antolog&iacute;a pronto se alz&oacute; a los primeros puestos de los libros m&aacute;s vendidos, aunque solo tres de las conferencias de Frankfurt impresas en ella eran publicaciones in&eacute;ditas. Desde Berl&iacute;n lleva a cabo varios viajes: en abril de 1963 a Par&iacute;s, en octubre a Castel Gandolfo, donde trabaja en el libreto con Henze, despu&eacute;s a Z&uacute;rich. Pero los viajes m&aacute;s importantes de ese periodo son los que hace en enero y febrero de 1964 a Praga y en mayo a Egipto. A pesar de que durante la estancia en Praga tuvo que quedarse en el hotel varios d&iacute;as, su bloqueo mental empieza a diluirse y compone all&iacute; algunos poemas, entre otros el conocido &laquo;B&ouml;hmen liegt am Meer&raquo; (&laquo;Bohemia est&aacute; junto al mar&raquo;), en el que vuelve al id&iacute;lico mundo de los Habsburgo para retomar el tema de las lenguas y los espacios de frontera. Bachmann adoraba este poema, quiz&aacute; porque, aunque fuera el &uacute;ltimo, lo consideraba un regalo en medio de su crisis vital, &laquo;porque con &eacute;l ya estaba dicho todo&raquo;.</p>
<p>Cuando a finales de marzo concluy&oacute; el periodo de la beca de la Fundaci&oacute;n Ford que la ligaba a Berl&iacute;n, Bachmann pens&oacute; regresar a Roma. No soportaba la tristeza de la ciudad alemana, su cielo gris. Es entonces cuando decide ir a Egipto junto con Adolf Opel, un periodista austriaco al que hab&iacute;a conocido en Berl&iacute;n. A su regreso despu&eacute;s de seis semanas le comunican que le ha sido concedido el Premio Georg B&uuml;chner, el galard&oacute;n m&aacute;s importante de las letras alemanas. Bachmann solo tiene 38 a&ntilde;os. De inmediato empieza a redactar el discurso de aceptaci&oacute;n, que ser&aacute; publicado posteriormente con el t&iacute;tulo <em>Ein Ort f&uuml;r Zuf&auml;lle</em> (<em>Un lugar para los imprevistos</em>)<em>.</em> En &eacute;l se hace eco de la atm&oacute;sfera claustrof&oacute;bica del Berl&iacute;n dividido: la ciudad es un desierto, dominado por la enfermedad, la locura y la destrucci&oacute;n. Una descripci&oacute;n al hilo de la cual Bachmann reflexiona una vez m&aacute;s sobre el lenguaje y la escritura, y se cuestiona las posibilidades de la literatura a la vista de la realidad hist&oacute;rica y social.</p>
<p>La confianza en s&iacute; misma que la autora hab&iacute;a recobrado durante el viaje a Egipto va desapareciendo progresivamente y su salud vuelve a resentirse, sobre todo tras la publicaci&oacute;n de la novela de Frisch en el oto&ntilde;o de 1964. Durante ese periodo las obligaciones la llevan de un lado para otro: en julio va a Viena, en septiembre a una cura en St. Moritz, en octubre a Darmstadt, donde recoge el premio, y en diciembre viaja a Sicilia, donde forma parte del jurado del premio Etna-Taormina. Cuando a finales de diciembre regresa a Berl&iacute;n se siente enferma, desolada. De nuevo precisa de tratamientos m&eacute;dicos y pasa varias semanas en un sanatorio en Baden-Baden entre febrero y marzo de 1965. Su dependencia de las pastillas aumenta, sus efectos disminuyen. Tras este periodo de inestabilidad Bachmann se dispone a mudarse a Roma y dejar&aacute; Berl&iacute;n despu&eacute;s de dos a&ntilde;os y medio. En noviembre de ese mismo a&ntilde;o est&aacute; ya instalada en la ciudad, donde alquila una casa en la Via Bocca di Leone, en pleno centro, y empieza a trabajar en su ciclo de novelas. Al mismo tiempo acepta peque&ntilde;os encargos para revistas y peri&oacute;dicos alemanes, que no llega a concluir. En su cuarto intento de vivir en Roma cuenta ya con numerosos amigos y conocidos en los que puede apoyarse, tambi&eacute;n entre la intelectualidad italiana: Roberto Calasso, Italo Calvino, Giangiacomo Feltrinelli, Fleur Jaeggy, Giorgio Manganelli, Elsa Morante, Alberto Moravia, Pier Paolo Pasolini o Giuseppe Ungaretti. Justo durante ese periodo tiene lugar el conflicto con la editorial Piper que conllevar&aacute; su cambio a Suhrkamp: Bachmann hab&iacute;a propuesto a Celan como traductor de la poes&iacute;a de Ajm&aacute;tova, a la que hab&iacute;a conocido en 1964 en Taormina. A principios de 1966 comprueba horrorizada que el volumen se ha anunciado con las traducciones de Hans Baumann, autor de himnos para las Juventudes Hitlerianas y representante de la cultura nacionalsocialista. El cambio de editorial no puede ser inmediato, pues Bachmann ha recibido ya varios adelantos para su pr&oacute;ximo libro, el volumen de relatos <em>Simultan</em> (<em>Simult&aacute;neo</em>)<em>.</em> El proyecto de su ciclo avanza y en enero de 1966 lee en Z&uacute;rich fragmentos de <em>El caso Franza</em>, t&iacute;tulo con el que se conocer&aacute; posteriormente la novela que ella hab&iacute;a decidido titular simplemente como <em>Das Buch Franza</em> (<em>El libro de Franza</em>). En Berl&iacute;n explica el proyecto: &laquo;Este libro, <em>Formas de muerte</em>, pretende hablar de los delitos que hoy se cometen. Del virus delito, que al cabo de veinte a&ntilde;os no ha dejado de ser igual de efectivo que en el momento en el que asesinar estaba a la orden del d&iacute;a, en el que se decretaba y se permit&iacute;a&raquo;. En otra de sus lecturas, precisa lo que entiende por &laquo;delito&raquo;: &laquo;No hay derramamiento de sangre, y la matanza se lleva a cabo dentro de los l&iacute;mites de lo permitido y lo habitual, en el seno de una sociedad cuyos d&eacute;biles nervios tiemblan ante la bestialidad&raquo;. Esta sutil forma de delito ser&aacute;, pues, el <em>leitmotiv</em> de todo el ciclo.</p>
<p>Durante todo el periodo trabaja en paralelo en los diversos textos que lo compondr&aacute;n. En <em>El caso Franza</em> incorpora adem&aacute;s como parte del tercer cap&iacute;tulo <em>Das W&uuml;stenbuch</em> (<em>El libro del desierto</em>) que hab&iacute;a escrito a su regreso de Egipto. La protagonista viaja con su hermano a este pa&iacute;s despu&eacute;s de que su marido, Leo Jordan, la hubiera utilizado como objeto de estudio para sus trabajos psicol&oacute;gicos, un caso similar al descrito en <em>R&eacute;quiem por Fanny Goldmann.</em> Las historias transcurren pr&aacute;cticamente en paralelo, siguiendo el modelo de <em>La comedia humana</em> de Balzac, tal como ella misma se&ntilde;ala en algunos de los borradores. En una entrevista realizada en mayo de 1969 define el proyecto: &laquo;Para m&iacute; no es una novela, es un &uacute;nico libro largo. Habr&aacute; varios vol&uacute;menes y en primer lugar dos que probablemente aparecer&aacute;n a la vez. Se llama <em>Formas de muerte </em>y para m&iacute; es un &uacute;nico y amplio estudio de todas las posibles formas de muerte, un compendio, un <em>manuale</em>, como dir&iacute;an aqu&iacute;, y al mismo tiempo me imagino que podr&iacute;a resultar en una imagen de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, siempre con Viena y Austria como tel&oacute;n de fondo&raquo;. A partir de 1967 surgen en paralelo algunos relatos que llevan el t&iacute;tulo provisional de &laquo;Wienerinnen<em>&raquo; </em>(&laquo;Vienesas<em>&raquo;</em>). Cinco de ellos, todos relacionados con la tem&aacute;tica del proyecto, ser&aacute;n los que aparezcan posteriormente en el volumen titulado <em>Simult&aacute;neo</em>. En la misma entrevista, Bachmann manifiesta que necesita cierta distancia de su lugar de origen para poder llevar a cabo el proyecto, pues todo &eacute;l se desarrolla en Austria, con excepci&oacute;n de los pasajes de Egipto.</p>
<p>Lo cierto es que, a pesar de su orientaci&oacute;n claramente meridional, en los largos a&ntilde;os transcurridos desde que dejara Klagenfurt y Viena ha establecido una relaci&oacute;n de ida y vuelta, creando una Viena interior dentro de s&iacute; misma y una &laquo;casa Austria&raquo; a la que se sabe unida incluso en la distancia geogr&aacute;fica de un pa&iacute;s extranjero. Esta Viena forma parte de su doble existencia, que ella describe de esta manera: &laquo;Aunque lo dif&iacute;cil de explicar es que vivo en Roma pero llevo una doble vida, porque en el momento en que entro en mi estudio, estoy en Viena y no en Roma. Se trata, por supuesto, de una forma de vida un tanto agotadora o esquizofr&eacute;nica&raquo;. Viena es el escenario de su prosa, aunque este gran proyecto<em> </em>va mucho m&aacute;s all&aacute; de esta sola localizaci&oacute;n literaria.</p>
<p>En 1968 Bachmann recibe el Gran Premio Nacional de Literatura que otorga el gobierno austriaco. En la cena posterior se sienta a su lado Thomas Bernhard, quien, a partir de ese momento, se convertir&aacute; en uno de sus mejores amigos. &Eacute;l la visita en Roma y ella acepta varias veces sus invitaciones a Ohlsdorf, la localidad austriaca en la que reside. Llega incluso a pensar en comprarse una casa cerca de all&iacute;, hecho que, aunque al final no llega a materializarse, permite ver ya que la autora siente cierta necesidad de regresar al hogar, pues poco tiempo despu&eacute;s piensa asimismo en comprar una casa de campo en Carintia o incluso un piso en Viena, tal vez porque est&aacute; visiblemente agotada tras haber finalizado el trabajo en <em>Malina</em>. En la fase final apenas hab&iacute;a salido de casa y hab&iacute;a llegado a trabajar hasta dieciocho horas diarias. Sabe que necesita reponerse, sobre todo porque ha llegado a un nivel excesivo de consumo de medicamentos. Los somn&iacute;feros le producen parad&oacute;jicamente el efecto contrario y le provocan estados de euforia que le permiten trabajar hasta la extenuaci&oacute;n. Desde hace a&ntilde;os consume adem&aacute;s un ansiol&iacute;tico, que el matrimonio Auer de St. Moritz le env&iacute;a desde Suiza, pues en Italia no es posible encontrarlo, Seresta, cuyas sobredosis tienen como consecuencia la p&eacute;rdida de la sensaci&oacute;n de dolor, de agitaci&oacute;n, de nerviosismo y convulsiones. No obstante, a pesar de que considera necesario un cambio de espacio para recuperarse, se queda en Roma. Un a&ntilde;o despu&eacute;s ven la luz los textos de <em>Simult&aacute;neo</em>. Los acontecimientos en los relatos se enmarcan en las guerras de Argelia y Vietnam, y tambi&eacute;n en las revueltas revolucionarias de mayo del 68 en Par&iacute;s. Aun con todo, se percibe la decepci&oacute;n respecto de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, sobre todo por el hecho de que las revueltas estudiantiles en realidad no han conseguido grandes transformaciones. En el discurso de agradecimiento que pronuncia al recoger en 1972 el Premio Anton Wildgans, otorgado por los industriales austriacos, Bachmann dice sobre la p&eacute;rdida de efectividad de la literatura: &laquo;[&hellip;] soy consciente de que as&iacute; no he logrado nada, a&uacute;n no he podido poner fin a una guerra, pues los escritores carecen de poder, carecen de influencia&raquo;. El volumen de relatos no tuvo buena acogida entre la cr&iacute;tica, que lo calific&oacute; de literatura trivial, una falta de comprensi&oacute;n que, sin embargo, tuvo una s&oacute;lida respuesta en la buena acogida entre el p&uacute;blico que tendr&aacute; <em>Malina </em>(1971), traducida r&aacute;pidamente a varios idiomas.</p>
<p>La muerte del padre en 1973 afecta a la escritora sobremanera, sobre todo despu&eacute;s de haber perdido a varios amigos en un periodo relativamente breve: Celan y Ungaretti en 1970, Peter Szondi en 1971. El dolor es a&uacute;n mayor en tanto que Bachmann hab&iacute;a descrito en <em>Malina</em> la figura paternal como destructiva e incestuosa y despertado con ello falsas sospechas sobre su persona. Quer&iacute;a ofrecerle su pr&oacute;ximo libro con una dedicatoria: &laquo;All&rsquo; uomo pi&ugrave; nobile della mia vita&raquo;, por lo que el hecho de no poder llegar a hacerlo le result&oacute; enormemente doloroso.</p>
<p>Tras regresar del entierro en Klagenfurt planea ir a visitar a su hermano a Senegal, donde este trabaja como ge&oacute;logo. Pero el viaje no se lleva a cabo por problemas de organizaci&oacute;n y acepta la invitaci&oacute;n del Instituto Austriaco de Cultura para hacer un viaje de lecturas por Polonia, que aprovecha para visitar Auschwitz y Birkenau. Poco despu&eacute;s de su regreso cumple 47 a&ntilde;os. En la fiesta de cumplea&ntilde;os, el 1 de julio, Henze se da cuenta de que a veces est&aacute; ausente y a menudo tiene dificultades para pronunciar una frase hasta el final. Para recuperarse va a Malta, donde visita a su amigo Alfred Grisel, director del hotel Hilton, quien la encuentra muy desmejorada y se asusta al ver la cantidad de pastillas que consume. A la vuelta planea hacer una cura en Austria: el 27 de septiembre ir&aacute; con su amiga Christine Koschel a Badgastein. Pero el viaje nunca llegar&aacute; a realizarse, porque en la noche del 25 al 26 fue v&iacute;ctima de un accidente en su casa. Al parecer perdi&oacute; la conciencia y el cigarrillo que estaba fumando prendi&oacute; fuego al camis&oacute;n. Al despertar trat&oacute; de enfriar las heridas en la ba&ntilde;era y a las cinco de la ma&ntilde;ana llam&oacute; a Maria Teofili, su casera, para que le comprara una pomada. Fue ella quien llam&oacute; a la ambulancia que la llev&oacute; a la cl&iacute;nica Sant&rsquo; Eugenio, donde, con quemaduras de segundo y tercer grado en un 36% de su cuerpo y convulsiones cerebrales, los m&eacute;dicos no consiguieron que mejorara y falleci&oacute; unos d&iacute;as despu&eacute;s, el 17 de octubre. Ninguno de sus amigos italianos sab&iacute;a que tomaba Seresta, algo que, al parecer, result&oacute; decisivo en el fatal desenlace.</p>
<p>A su muerte, Ingeborg Bachmann solo hab&iacute;a publicado dos vol&uacute;menes de poes&iacute;a, dos colecciones de relatos y la novela <em>Malina</em>. A pesar de ello, su breve obra ejerci&oacute; una fuerte influencia en la escena intelectual de habla alemana de su &eacute;poca, sobre todo porque, despu&eacute;s de 1945, Bachmann supo dar a la literatura una nueva fuerza cr&iacute;tica, en tanto que sus poemas y sus textos en prosa tratan siempre de buscar un lenguaje puro y, a trav&eacute;s de &eacute;l, el restablecimiento de la verdad entre los hombres. Las devastadoras guerras mundiales del siglo XX y la toma de conciencia de la culpa colectiva por el exterminio de los jud&iacute;os son factores decisivos para ello, unidos a la preocupaci&oacute;n por el redescubrimiento de los valores sociales y por las disparidades que prevalecieron durante los a&ntilde;os de la reconstrucci&oacute;n y del milagro econ&oacute;mico. Es por ello por lo que sus mejores versos abordan de forma cr&iacute;tica las cuestiones sociales y humanitarias de una forma nueva e imprevista, y resultan fascinantes precisamente por su capacidad de incorporar productivamente tradici&oacute;n y modernidad en un proceso po&eacute;tico que construye versos cargados de ecos de la l&iacute;rica de la naturaleza y de met&aacute;foras cl&aacute;sicas, al mismo tiempo que se manifiestan cautelosos, incluso ominosos, en claras alusiones al silencio colectivo tras la guerra. Pero, recelosa de una sociedad que tan solo consum&iacute;a bellos poemas, fue interes&aacute;ndose cada vez m&aacute;s por el mensaje pol&iacute;tico de la literatura y, de forma constante y consciente, se alej&oacute; de la poes&iacute;a para dejar paso a la prosa, a trav&eacute;s de la que quiso reflejar abiertamente una realidad: que &laquo;la sociedad es el mayor escenario del crimen&raquo;. En una &eacute;poca en la que la muerte y la violencia entre las personas a&uacute;n deben contarse como parte de la experiencia cotidiana, el juicio cr&iacute;tico de Bachmann resulta, si cabe, a&uacute;n m&aacute;s explosivo y actual. El ciclo en prosa <em>Formas de muerte</em>, en torno al que gir&oacute; todo su trabajo durante la &uacute;ltima d&eacute;cada de su vida, revela las conexiones intr&iacute;nsecas entre la herencia fascista y la voluntad latente de los individuos de utilizar la violencia en las sociedades democr&aacute;ticas como no lo hace pr&aacute;cticamente ninguna otra obra de su generaci&oacute;n. El hecho de que la guerra entre sexos y razas no se limitara a la guerra abiertamente declarada, sino que conservara su brutal poder explosivo precisamente en la coexistencia supuestamente pac&iacute;fica, es algo que Bachmann revel&oacute; con un poder visual opresivo, que solo fue capaz de construir gracias a un nuevo lenguaje, cuya base, tras largos a&ntilde;os de b&uacute;squeda, hall&oacute; a lo largo de la experiencia de la propia vida, en todo aquello que vivi&oacute;, sufri&oacute;, esper&oacute;, dese&oacute; y perdi&oacute; en su existencia. Tanto en sus poemas como en su prosa, la tensi&oacute;n entre la presencia insistente y la defensa vehemente de los recuerdos m&aacute;s personales se inscribe como un rasgo estructural de su escritura, como un momento est&eacute;tico de resistencia que puede rastrearse desde los primeros poemas hasta la prosa de su ciclo <em>Formas de muerte</em>. Sin una casa f&iacute;sica, con el lenguaje como &uacute;nico hogar, Bachmann altern&oacute; entre pa&iacute;ses, domicilios, c&iacute;rculos de amigos y parejas, que dejaron tanto en su poes&iacute;a como en su prosa una v&iacute;vida red de recuerdos, guiados siempre por su topograf&iacute;a vital, y que ella supo entretejer en el proceso de su escritura con una b&uacute;squeda constante de la forma po&eacute;tica perfecta. Tal vez por ello, un a&ntilde;o antes de su prematura muerte en 1973 hab&iacute;a dicho sobre su necesidad de escribir, sobre esa necesidad que ya desde bien peque&ntilde;a la incit&oacute; a plasmar por escrito sus m&aacute;s &iacute;ntimos sentimientos: &laquo;Una hora como esta no tiene absolutamente nada que ver con todas mis otras horas, mi existencia es diferente, existo solo cuando escribo, no soy nada cuando no escribo, soy completamente ajena a m&iacute; misma, no estoy en m&iacute; cuando no escribo&raquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:46:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer hoy a Jorge Luis Borges: el mismo, el otro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-hoy-a-jorge-luis-borges-el-mismo-el-otro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/JORGE_LUIS_BORGES_11.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;La vigencia de Borges, a cuarenta a&ntilde;os de su muerte, parece un hecho indiscutible. Sigue siendo objeto de lecturas, (re)escrituras, seminarios, homenajes, congresos y pol&eacute;micas, por no hablar de memes, parodias pop y citas (no siempre ap&oacute;crifas) que circulan por las redes sociales. Pero, &iquest;qu&eacute; Borges leemos? &iquest;El escritor y su obra se han mantenido iguales a s&iacute; mismos o podemos hablar de un nuevo Borges le&iacute;do desde el siglo XXI?<em>&nbsp; &nbsp;&nbsp;</em></p>
<p>En &ldquo;Pierre Menard, autor del<em> Quijote</em>&rdquo; (1939), uno de sus textos m&aacute;s c&eacute;lebres, Borges imaginaba un (relativamente) ap&oacute;crifo escritor franc&eacute;s que hab&iacute;a logrado algunas p&aacute;ginas que reproduc&iacute;an, palabra por palabra, las de la obra magna de Cervantes. En el momento central del relato, el narrador cotejaba dos fragmentos de los respectivos Quijotes, que eran literalmente id&eacute;nticos, para se&ntilde;alar sus importantes diferencias. La hip&oacute;tesis, demostrada con desopilante inteligencia, era clara: el tiempo cambia los textos. Nadie puede ba&ntilde;arse dos veces en el mismo r&iacute;o, nadie puede leer dos veces el mismo libro. El texto no es un objeto fijo, clausurado, sino que su sentido se construye en el marco de una red de innumerables relaciones que se recrea en cada momento, en cada lectura, en cada lector. Esta idea, uno de los axiomas centrales de la po&eacute;tica borgeana, nos invita a preguntarnos, entonces, qu&eacute; ha hecho el tiempo con la obra de Jorge Luis Borges: &iquest;c&oacute;mo lo leemos hoy?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esbozar una posible respuesta es el objeto de estas p&aacute;ginas: proponer algunos de los desplazamientos m&aacute;s significativos para trazar coordenadas que permitan situar el modo en que su obra y si figura contin&uacute;an interpel&aacute;ndonos a cuarenta a&ntilde;os de su muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una obra inestable </strong></p>
<p>En 1974, Borges public&oacute; en la editorial Emec&eacute; (Buenos Aires) un voluminoso tomo de tapa verde, de m&aacute;s de mil p&aacute;ginas, que presentaba como sus <em>Obras completas</em>. La designaci&oacute;n elegida era, como m&iacute;nimo, curiosa. Por un lado, porque exclu&iacute;a tres de sus primeros libros publicados &ndash;<em>Inquisiciones </em>(1925), <em>El tama&ntilde;o de mi esperanza </em>(1926), <em>El idioma de los argentinos </em>(1928)&ndash;, y varios otros textos de distintas etapas.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Por otro lado, porque la obra estaba lejos de estar &ldquo;completada&rdquo;: al autor le quedaba a&uacute;n m&aacute;s de una d&eacute;cada de vida y producci&oacute;n: public&oacute; dos libros nuevos al a&ntilde;o siguiente y sum&oacute; m&aacute;s de una decena hasta su muerte &ndash;sin contar los escritos en colaboraci&oacute;n&ndash;.&nbsp;</p>
<p>Desde aquel ya m&iacute;tico volumen del 74 se han sucedido numeros&iacute;simas ediciones, pero a&uacute;n despu&eacute;s de la muerte, la obra completa de Borges parece un libro imposible, infinito, al que siempre puede sum&aacute;rsele una p&aacute;gina. Quiz&aacute;s el propio escritor haya dise&ntilde;ado las cosas de modo tal que su obra fuera un conjunto inestable, que se redefiniera a lo largo de los a&ntilde;os, de los hallazgos de las ediciones, con textos cautivos, perdidos, recobrados y ap&oacute;crifos. La productividad p&oacute;stuma de Borges ha sido notable: se han recopilado en distintos vol&uacute;menes numerosos textos suyos que nunca hab&iacute;an sido publicados en formato libro; se han reeditado obras y ediciones que el escritor hab&iacute;a excluido de sus <em>Obras completas</em>; se han dado a luz manuscritos con poemas desconocidos de su juventud y breves prosas dictadas en su madurez; han aparecido transcripciones de charlas, clases y di&aacute;logos que brind&oacute; en distintos lugares del mundo&hellip; En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os se publicaron novedades valios&iacute;simas: cartas de su adolescencia, apuntes para conferencias sobre temas diversos, un curso completo de literatura inglesa y norteamericana&hellip; Y todav&iacute;a es posible que ma&ntilde;ana, en una hoja plegada dentro de alg&uacute;n volumen polvoriento o en una revista olvidada de la vanguardia espa&ntilde;ola, alguien encuentre un texto in&eacute;dito de Borges. Todos estos hallazgos &ndash;posibilitados, en parte, como dije, por el modo en que el propio escritor proyect&oacute; la circulaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de su producci&oacute;n&ndash; invita a que redefinamos constantemente de qu&eacute; hablamos cuando hablamos de la obra de Borges. Desde luego, no es dif&iacute;cil acordar cu&aacute;les son sus piezas maestras: <em>Ficciones</em>, <em>El Aleph</em>, <em>Otras inquisiciones</em>,<em> Discusi&oacute;n</em>,<em> El hacedor</em>, <em>Fervor de Buenos Aires</em>, <em>El otro, el mismo</em> constituyen el coraz&oacute;n de lo que podemos denominar la literatura borgeana. Y, sin embargo, las nuevas p&aacute;ginas que aparecen muchas veces invitan a releer las ya conocidas, tejen nuevas redes y producen nuevos efectos de sentido. La fisonom&iacute;a de la obra de Borges es hoy muy distinta de lo que era hace cuarenta a&ntilde;os. Y todo lector que lo desee, que ya haya descubierto sus textos can&oacute;nicos, tiene la posibilidad de explorar sus m&aacute;rgenes, de encontrarse en la lectura y la relectura con una novedad siempre nueva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nuevas facetas en la figura de autor</strong></p>
<p>No es solo la obra de Borges la que ha incorporado, en el siglo XXI, nuevas aristas y orillas para explorar. Tambi&eacute;n, complementariamente, su figura de autor ha mutado notablemente a la luz de nuevos descubrimientos y nuevas lecturas. La imagen de Borges que ten&iacute;a un lector en la d&eacute;cada del ochenta, una imagen que en buena medida hab&iacute;a sido dise&ntilde;ada y difundida por el propio escritor a trav&eacute;s de entrevistas y textos autobiogr&aacute;ficos, es muy distinta de la que puede hacerse un lector medianamente informado del siglo XXI.</p>
<p>Procurar&eacute; sintetizar aqu&iacute; algunos de los que considero los desplazamientos m&aacute;s relevantes que hacen de Borges &ldquo;otro&rdquo;, sin que deje de ser &ldquo;el mismo&rdquo;.</p>
<p>Algunas transformaciones tienen que ver, simplemente, con el paso del tiempo. Durante su vida, especialmente en la Argentina, Borges hab&iacute;a sido objeto de numerosas pol&eacute;micas por sus posiciones pol&iacute;ticas reaccionarias, desde mediados de los a&ntilde;os cincuenta. Para los lectores de izquierda o peronistas, Borges era una figura inc&oacute;moda, admirada por su calidad est&eacute;tica y repudiada por su ideolog&iacute;a. El escritor era juzgado por sus declaraciones period&iacute;sticas &ndash;a veces, justo es reconocerlo, muy repudiables&ndash; tanto o m&aacute;s que por su producci&oacute;n literaria. Su muerte y la consagraci&oacute;n universal que termin&oacute; de consolidarse en los a&ntilde;os siguientes &ndash;y que tuvo un momento apote&oacute;sico en 1999, cuando se conmemor&oacute; el centenario de su nacimiento&ndash; fueron limando algunas de sus aristas m&aacute;s &aacute;speras y hoy es reivindicado casi ecum&eacute;nicamente. Escritores, artistas, cr&iacute;ticos e intelectuales de las m&aacute;s diversas latitudes y procedencias reconocen en &eacute;l a un maestro.&nbsp; Esto no implica que no persistan los detractores, como lo testimonia, por ejemplo, una curiosa compilaci&oacute;n de art&iacute;culos con un t&iacute;tulo suficientemente elocuente: el <em>Anti Borges </em>(M. Lafforgue, 1999). Pero, en t&eacute;rminos generales, el escritor parece haber dejado atr&aacute;s las pol&eacute;micas para alcanzar la gloria &ndash;que, como &eacute;l dec&iacute;a, &ldquo;es una incomprensi&oacute;n y tal vez la peor&rdquo;&ndash;. En una &eacute;poca en la que est&aacute;n muy vigentes los debates sobre la relaci&oacute;n entre el artista y la obra, las condenas y cancelaciones, su caso aparece como una extra&ntilde;a excepci&oacute;n.</p>
<p>En una l&iacute;nea similar, durante su vida, Borges fue frecuentemente acusado de ser un escritor extranjerizante, desvinculado de su contexto y con escaso arraigo en su tierra. Lleg&oacute; incluso a ser tildado de &ldquo;anti-argentino&rdquo;. Aqu&iacute; el tiempo y las lecturas &ndash;pienso en trabajos como los de Beatriz Sarlo (<em>Borges. Un escritor en las orillas</em>), Daniel Balderston (<em>&iquest;Fuera de contexto?</em>) o Annick Louis (<em>Borges ante el fascismo</em>)&ndash;&nbsp; han ubicado su posici&oacute;n de un modo m&aacute;s certero, subrayando la presencia insoslayable de debates, temas y tonos criollos que, a lo largo de su producci&oacute;n, se entrecruzan con sus intereses universales. Hoy Borges es generalmente entendido como un autor comprometido con las cuestiones de su &eacute;poca, a la vez hondamente argentino y abiertamente cosmopolita, capaz de articular de modo genial e inesperado el tango<em> </em>con las sagas n&oacute;rdicas, la muerte del C&eacute;sar con el asesinato de un gaucho en la pampa (&ldquo;La trama&rdquo;).</p>
<p>A comienzos de este siglo, dos investigadores de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno realizaron un hallazgo sorprendente: entre los libros que pose&iacute;a la biblioteca &ndash;algunos de ellos almacenados en dep&oacute;sitos casi olvidados&ndash; hab&iacute;a centenares que hab&iacute;an pertenecido a Borges y que presentaban marcas de sus lecturas. En 2010 dieron a conocer los frutos de su investigaci&oacute;n en <em>Borges, libros y lecturas</em>, un trabajo que abri&oacute; nuevas perspectivas a los estudios acad&eacute;micos sobre el autor. Era posible acceder, de modo preciso y documentado, a una de las principales facetas de su figura: el Borges lector. Saber qu&eacute; libros ley&oacute;, cu&aacute;ndo y, sobre todo, c&oacute;mo: cu&aacute;les fueron sus destacados, sus notas, qu&eacute; relaciones iba estableciendo con otros libros e incluso con su propia obra. Estos datos permiten comprobar muy concretamente la continuidad entre lectura y escritura en la obra de Borges, conocer sus fuentes y ver c&oacute;mo reelabora citas y fragmentos para producir relatos, ensayos y poemas. Adem&aacute;s, ofrecen una nueva perspectiva sobre el muy trajinado tema de la erudici&oacute;n del autor: esta era heter&oacute;clita, pero distaba de ser una impostura, como se lleg&oacute; a creer a veces. El acceso a la biblioteca de Borges revela que muchas de sus exc&eacute;ntricas referencias tienen or&iacute;genes comprobables y precisos y abre un nuevo modo de abordar su obra, construyendo series y di&aacute;logos con otros escritores, insospechados a&ntilde;os atr&aacute;s.</p>
<p>Entre los libros pertenecientes al escritor que se encontraron en la Biblioteca Nacional argentina hubo otro hallazgo de repercusiones inesperadas. En la portadilla de un ejemplar de una biograf&iacute;a de Schopenhauer &ndash;uno de sus fil&oacute;sofos favoritos&ndash;, Borges hab&iacute;a dejado una breve lista manuscrita de las m&aacute;s de veinte ciudades donde dict&oacute; conferencias entre 1949 y 1952.</p>
<p>&Eacute;l mismo, en su autobiograf&iacute;a (&ldquo;An Autobiographical Essay&rdquo;<em>, </em>1970), se hab&iacute;a referido a su actividad como conferencista: pese a su timidez para hablar en p&uacute;blico, debi&oacute; asumir esa tarea como medio para ganarse la vida luego de verse empujado por motivos pol&iacute;ticos a abandonar su cargo en una biblioteca municipal. Pero el hallazgo de esta lista redimensionaba lo que cre&iacute;amos saber de esa faceta de Borges, que fue mucho m&aacute;s conspicua e itinerante de lo que se supon&iacute;a. Las investigaciones posteriores revelaron que, entre 1949 y 1955, el escritor &ndash;devenido orador&ndash; imparti&oacute; centenares de cursos y conferencias a lo largo de la Argentina &ndash;y, ocasionalmente, en Montevideo&ndash;. Lejos entonces de la imagen del autor encerrado en su biblioteca, consagrado &uacute;nicamente a un trabajo meticuloso con su obra, tenemos que vislumbrar a un hombre obligado a preparar y dictar hasta dos o tres clases por semana, sobre los temas m&aacute;s diversos &ndash;desde la poes&iacute;a gauchesca a la m&iacute;stica, desde la literatura en la &eacute;poca de Bach a la narrativa policial o el teatro de Bernard Shaw&ndash;, un viajero que arribaba a peque&ntilde;os pueblos de provincia para presentarse en teatros, escuelas o centros comunitarios, que escrib&iacute;a en los huecos que le dejaba su trabajo, muchas veces reciclando textos de su labor como orador, pero tambi&eacute;n retroalimentado por esa experiencia, por los lugares que descubr&iacute;a y las historias que le contaban.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Adem&aacute;s, las investigaciones sobre este Borges orador &ndash;llevadas a cabo principalmente por un equipo de la Universidad Nacional de Mar del Plata&ndash; contribuyen tambi&eacute;n a ensanchar los m&aacute;rgenes de la obra de Borges: los lectores actuales pueden conocer, aunque sea fragmentariamente, los ecos de esas palabras proferidas por el escritor/orador, de las que hasta hace poco tiempo no ten&iacute;amos noticias.</p>
<p>Un &uacute;ltimo hito que puede mencionarse como decisivo en la reconfiguraci&oacute;n de la imagen que tenemos del escritor es la publicaci&oacute;n del monumental <em>Borges </em>(2006), de su amigo Adolfo Bioy Casares. Se trata de un diario de miles de p&aacute;ginas en las que Bioy registra los encuentros cotidianos que sostuvo con el autor de <em>Ficciones</em>, entre 1948 y casi el final de su vida. Aqu&iacute; vemos un Borges &iacute;ntimo, con muchos rasgos completamente sorprendentes: pol&eacute;mico, maledicente, procaz, muy interesado en cuestiones pol&iacute;ticas y en rencillas literarias. Asistimos a un testimonio de primera mano sobre la escritura de algunos textos importantes, sobre su rol como editor, ant&oacute;logo, traductor y director de colecciones, sobre el proceso de escritura en colaboraci&oacute;n. Son p&aacute;ginas donde puede encontrarse la voz de Borges, su iron&iacute;a, su sensibilidad, su inteligencia deslumbrante. El <em>Borges </em>de Bioy es una obra maestra en s&iacute; misma, disfrutable de punta a punta, al que todo lector deber&iacute;a asomarse y es, adem&aacute;s, una revelaci&oacute;n para los interesados en la vida y obra del gran autor argentino. Este hallazgo puede ponerse en l&iacute;nea con otros testimonios &ndash;como el de Estela Canto, <em>Borges a contraluz</em>&ndash; y ciertas investigaciones biogr&aacute;ficas &ndash;las de Carlos Garc&iacute;a, Alejandro Vaccaro y Edwin Williamson&ndash; que han contribuido a derribar ciertos mitos que exist&iacute;an sobre el escritor, para revelarnos una imagen m&aacute;s ajustada a la realidad, con sus luces y sombras y, en &uacute;ltima instancia, m&aacute;s compleja y humana.</p>
<p>&nbsp;<strong></strong></p>
<p><strong>Borges <em>pop</em></strong></p>
<p>Existe otro desplazamiento muy notable de la figura de Borges, cuyo recorrido es sinuoso, m&aacute;s dif&iacute;cil de trazar y datar con precisi&oacute;n, pero que puede enunciarse de la siguiente manera: el escritor puede considerarse hoy como parte de la cultura de masas. Recreaciones de su obra y de su figura proliferan en el cine, la televisi&oacute;n, las historietas, las plataformas de streaming y las redes sociales. Sin dejar de ser el autor de una obra compleja que integra la &ldquo;alta literatura&rdquo;, hay tambi&eacute;n un Borges <em>pop</em>, un Borges &ldquo;para millones&rdquo;.</p>
<p>Es posible encontrar referencias expl&iacute;citas o alusiones impl&iacute;citas a su obra en un c&oacute;mic de Batman (<em>Batman Inc</em>, donde el h&eacute;roe viaja a Buenos Aires y debe resolver un crimen misterioso vinculado a Borges y el grupo de Florida), una pel&iacute;cula de Christopher Nolan (<em>Inception </em>es una pel&iacute;cula repleta de ideas y procedimientos que pueden caracterizarse como borgeanos) o un episodio de <em>Black Mirror </em>(&ldquo;Joan is Awful&rdquo; es una reversi&oacute;n de &ldquo;Las ruinas circulares&rdquo;). Navegando por las redes pueden encontrarse infinidad de citas certeras, ap&oacute;crifas, fragmentos de entrevistas y hasta una p&aacute;gina consagrada a desopilantes &ldquo;memes borgeanos&rdquo;.</p>
<p>El devenir <em>pop </em>del gran escritor argentino comenz&oacute;, en rigor, durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida. Por un lado, su presencia en los medios argentinos e internacionales, era pr&aacute;cticamente cotidiana: las fotos en diarios y revistas, las entrevistas en radio y televisi&oacute;n&hellip; La figura de Borges, ese anciano de voz tr&eacute;mula que parec&iacute;a haber le&iacute;do todos los libros del mundo, se volvi&oacute; familiar aun entre quienes no se hab&iacute;a asomado nunca a su obra. Su humor, su iron&iacute;a, sus declaraciones pol&eacute;micas y el ingenio de muchas de sus r&eacute;plicas contribuyeron a su celebridad. &Eacute;l mismo sol&iacute;a jactarse de ser un escritor m&aacute;s conocido que le&iacute;do. Por otro lado, mientras que en la Argentina segu&iacute;a siendo discutido por sus opiniones pol&iacute;ticas conservadoras, en muchos otros pa&iacute;ses era reconocido como modelo por artistas de vanguardia, que lo tomaban como referencia para sus obras. As&iacute;, por mencionar algunos ejemplos, en <em>Alphaville </em>(1965), de Jean Luc-Godard, se escuchan fragmentos de &ldquo;Nueva refutaci&oacute;n del tiempo&rdquo;; en el cl&iacute;max de <em>Performance </em>(1970), de Donald Cammell y Nicolas Roeg, el rostro de Borges se superpone con el de Mick Jagger, y Bernardo Bertolucci y Hugo Pratt ofrecieron sendas reversiones, una f&iacute;lmica y otra en historieta, de &ldquo;Tema del traidor y del h&eacute;roe&rdquo; (<em>La estrategia de la ara&ntilde;a </em>y <em>Concierto en do menor para arpa y nitroglicerina</em>, respectivamente).</p>
<p>Las alusiones y las recreaciones de su obra en el marco de la cultura de masas permiten, en la actualidad, releer su obra de modos que d&eacute;cadas atr&aacute;s hubieran resultado insospechados. Por un lado, la circulaci&oacute;n <em>pop</em> contribuye a des-solemnizar su figura de autor. Pese al humor y la auto-iron&iacute;a que Borges sol&iacute;a aplicar a su propia consagraci&oacute;n, es cierto que su imagen hab&iacute;a cristalizado en cierta medida como la de un sabio venerable, autor de una obra casi inaccesible. Algo de ese peso casi intimidatorio para ciertos lectores que el escritor parec&iacute;a acarrear se diluye si lo vemos interactuar con Batman, estampado en remeras o convertido en meme. Por otro lado, y creo personalmente que esta es una veta a explorar, las relecturas pop permiten descubrir facetas de la obra de Borges que ya estaban presentes en sus textos, pero no hab&iacute;an sido demasiado transitadas por la cr&iacute;tica o las lecturas m&aacute;s can&oacute;nicas. Me refiero al costado <em>weird</em>, a esas hip&oacute;tesis extravagantes sobre mundos paralelos, sociedades secretas, paradojas temporales o experiencias on&iacute;ricas, que lo pueden emparentar con la ciencia ficci&oacute;n de Philip K. Dick o Stanislaw Lem y con los relatos conspiranoicos de Thomas Pynchon, por no hablar de los multiversos que el cine de superh&eacute;roes ha popularizado en la &uacute;ltima d&eacute;cada. La mirada <em>pop</em> permite recordar que, en Borges, adem&aacute;s de referencias teol&oacute;gicas y filos&oacute;ficas, hay historias de g&aacute;nsteres, de esp&iacute;as, de piratas, de monstruos intergal&aacute;cticos. Creo que estas aproximaciones pueden llevar a que nuevos lectores descubran a Borges y a que viejos lectores lo redescubran desde un &aacute;ngulo inesperado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El mundo ser&aacute; Tl&ouml;n&hellip;&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;Tl&ouml;n, Uqbar, Orbis Tertius&rdquo; (1940) es uno de los relatos m&aacute;s ambiciosos, complejos y extraordinarios de Borges. Narra la invasi&oacute;n de nuestra realidad por un mundo imaginario, urdido por una centenaria sociedad secreta. El relato culmina con una lac&oacute;nica y resignada profec&iacute;a del narrador: &ldquo;El mundo ser&aacute; Tl&ouml;n&rdquo;. Es decir, la realidad estar&aacute; completamente penetrada por la ficci&oacute;n, la realidad ser&aacute; indiscernible de la ficci&oacute;n. En los a&ntilde;os cuarenta, el cuento era &ndash;entre otras cosas&ndash; una denuncia de los totalitarismos que se propagaban por Europa, con sus mitolog&iacute;as y mistificaciones. Le&iacute;do hoy es inevitable pensar en las numerosas intersecciones entre realidad y ficci&oacute;n que atraviesan nuestra cotidianeidad: <em>fake news</em>, inteligencias artificiales, m&uacute;sica compuesta e interpretada por algoritmos, identidades virtuales que no se corresponden con ninguna persona real&hellip; Dicho de otro modo: quiz&aacute;s leemos a Borges de otra manera porque el mundo se ha vuelto cada vez m&aacute;s borgeano.</p>
<p>En ese sentido, quiz&aacute;s, aunque anclado firmemente en el siglo XX &ndash;y a&uacute;n en el XIX, el de su nacimiento&ndash; Borges es un autor para el siglo XXI. Su obra no tematiza avances t&eacute;cnicos comparables a los que actualmente nos rodean, pero s&iacute; se interroga por la dimensi&oacute;n &eacute;tica, filos&oacute;fica y pol&iacute;tica de la superposici&oacute;n de la ficci&oacute;n y la realidad, de la difuminaci&oacute;n de las identidades, de la manipulaci&oacute;n de la historia, de los l&iacute;mites parad&oacute;jicos de una biblioteca infinita (&iquest;la de Babel, Internet?), de los riesgos de una memoria capaz de abarcarlo todo (&iquest;Funes como inteligencia artificial?)&hellip; Ciertos recursos y procedimientos borgeanos que en su momento eran revolucionarios nos resultan hoy reconocibles, casi familiares: los libros imaginarios, la proliferaci&oacute;n de referencias que saltan de un texto a otro y a otro, los desdoblamientos del &ldquo;yo&rdquo; p&uacute;blico y privado (&iquest;qu&eacute; son sino las redes sociales?).</p>
<p>Por &uacute;ltimo, hay un rasgo de la po&eacute;tica del escritor que parece especialmente en sinton&iacute;a con nuestra &eacute;poca: su fragmentarismo, su brevedad. Hay en Borges una apuesta decidida por las formas breves: &ldquo;Desvar&iacute;o laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas p&aacute;ginas una idea cuya perfecta exposici&oacute;n oral cabe en pocos minutos&rdquo; (&ldquo;Pr&oacute;logo&rdquo; a <em>El jard&iacute;n de senderos que se bifurcan</em>). Borges nunca escribi&oacute; una novela y algunas de sus obras maestras caben en una p&aacute;gina. En un tiempo en el que nadie parece tener tiempo (o paciencia), Borges ofrece poemas y cuentos que pueden leerse en pocos minutos, pero cuyas resonancias son infinitas. Por eso su obra se mantiene vigente, porque cambia, rele&iacute;da y redescubierta por cada &eacute;poca, por cada lector.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> El propio Borges, seg&uacute;n el testimonio de su amigo Bioy Casares, brome&oacute; acerca de que el plural <em>Obras completas</em>, hab&iacute;a sido un modo de salvar ingeniosamente su voluntad de dejar caer varios de sus primeros libros; cuando los de Emec&eacute; &ldquo;comprendieron que no podr&iacute;an llamar <em>Obra completa </em>al volumen que preparan, [&hellip;] alguien sugiri&oacute; de inmediato la respuesta que todos aceptaron: llamar al libro <em>Obras completas. </em>&laquo;Ninguna de las que se incluyen estar&aacute; incompleta&raquo;, alegan&rdquo; (<em>Borges</em>, 2006).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> As&iacute;, por ejemplo, en &ldquo;El desaf&iacute;o&rdquo;, incorporado a la reedici&oacute;n de <em>Evaristo Carriego</em>, afirma: &ldquo;Cre&iacute;, al cabo de tan dilatadas fatigas, haberme despedido de la historia del duelo generoso; este a&ntilde;o, en Chivilcoy, recog&iacute; una versi&oacute;n harto superior, que ojal&aacute; sea la verdadera&hellip;&rdquo;, <em>Evaristo Carriego</em>).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:37:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nazareth Castellanos: “Hay demasiada euforia con la Inteligencia Artificial, pero bien utilizada podrá hacernos mejores” ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nazareth-castellanos-hay-demasiada-euforia-con-la-inteligencia-emocional-pero-bien-utilizada-podra-hacernos-mejores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/NAZARETH_CASTELLANOS_3.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El curr&iacute;culo de la neurocient&iacute;fica Nazareth Castellano (Madrid, 1977) incluye trabajos de investigaci&oacute;n y docencia en prestigiosas instituciones dentro y fuera de Espa&ntilde;a como el Hospital Cl&iacute;nico San Carlos de Madrid, la Facultad de Ciencias Biol&oacute;gicas de la Universidad Complutense de Madrid, el laboratorio de Ciencia Cognitiva y Computacional del Centro de Tecnolog&iacute;a Biom&eacute;dica de la Universidad Polit&eacute;cnica de Madrid, el Instituto de Investigaciones Cerebrales Max Planck de Frankfurt y el Instituto de Psiquiatr&iacute;a del King&rsquo;s College de Londres en el Reino Unido.</p>
<p>Desde 2022 dirige el &aacute;rea de investigaci&oacute;n del laboratorio Nirakara y ocupa la c&aacute;tedra extraordinaria de mindfulness y ciencias cognitivas en la Universidad Complutenses.</p>
<p>Sus investigaciones, que abarcan m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, se han centrado en implementar herramientas matem&aacute;ticas para estudiar las redes cerebrales y c&oacute;mo se reorganizan en casos de da&ntilde;o cerebral y enfermedades como el Alzheimer. Tambi&eacute;n investiga la relaci&oacute;n entre el cerebro y otros &oacute;rganos del cuerpo humano como el coraz&oacute;n, el intestino y los pulmones mediante el an&aacute;lisis de su actividad el&eacute;ctrica y su composici&oacute;n microbiana para entender los procesos biol&oacute;gicos que intervienen en la regulaci&oacute;n emocional, as&iacute; como los efectos de la meditaci&oacute;n y los estilos de vida sobre la salud mental.</p>
<p>Pero lo que realmente distingue la actividad de esta cient&iacute;fica frente a otros casos de expertos investigadores en nuestro pa&iacute;s es su voluntad de divulgaci&oacute;n. Castellanos decidi&oacute; un d&iacute;a abrir la puerta del laboratorio e invitar a quien quisiera escucharla a aprender sobre los beneficios de algo en principio tan natural como la respiraci&oacute;n o el pensamiento consciente. Y no tiene reparos en confesar que fue la necesidad de encontrar una v&iacute;a de respuestas pr&aacute;cticas para su propia vida lo que le llev&oacute; a convertirse en la gran divulgadora cient&iacute;fica que es hoy, continuamente reclamada en congresos y encuentros de distintos niveles de conocimiento para dar a conocer sus experiencias.</p>
<p>Desde que el aspecto divulgativo entr&oacute; en su quehacer diario, ha publicado varios libros. El primero, publicado en 2021, fue El espejo del cerebro. En 2022 apareci&oacute;<em> Neurociencia del cuerpo</em> donde explora c&oacute;mo el cuerpo influye en la mente, integrando hallazgos cient&iacute;ficos recientes con perspectivas hist&oacute;ricas de la medicina oriental y occidental para mostrar el impacto de la postura, la respiraci&oacute;n, el coraz&oacute;n y la microbiota en procesos como la memoria, la atenci&oacute;n y las emociones. Su &uacute;ltimo libro <em>El puente donde habitan las mariposas</em>, editado por Siruela, un compendio de sus hallazgos cient&iacute;ficos en relaci&oacute;n con los beneficios de una respiraci&oacute;n consciente, en los que integra ciencia, filosof&iacute;a, incluso poes&iacute;a, lleva ya la etiqueta de <em>best seller</em> y sobrepasa con creces los cien mil ejemplares vendidos en m&aacute;s de una decena de ediciones. Pero Castellanos no olvida la divulgaci&oacute;n dirigida a los m&aacute;s peque&ntilde;os con libros como <em>Alicia y el cerebro maravilloso.</em></p>
<p>Cuando estas l&iacute;neas vean la luz es posible que ya est&eacute; en las librer&iacute;as su &uacute;ltimo trabajo en el que danza y ciencia se dan la mano. Se trata de un di&aacute;logo entre ella y el bailar&iacute;n Joaqu&iacute;n de Luz, que a los 22 a&ntilde;os era solista en el American Ballet Theatre de Nueva York y ha sido director de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Danza. &ldquo;Defiendo mucho la danza como forma de prevenci&oacute;n. Y, a la editorial La Huerta Grande, se le ocurri&oacute; que &eacute;l escribiese su experiencia y yo tradujera lo que le pasa a su cuerpo a trav&eacute;s de esa experiencia&rdquo;, afirma la neurocient&iacute;fica.</p>
<p>La conversaci&oacute;n para <em>Turia</em> tiene lugar v&iacute;a zoom desde su casa en Madrid. En pantalla, Nazareth Castellanos se muestra tan relajada y natural como aparece en cuantas citas divulgativas se solicita su participaci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me parece fundamental la aportaci&oacute;n de la filosof&iacute;a cuando investigamos los correlatos neuronales de la conducta humana&rdquo;</strong></p>
<p>-Comenzando por su formaci&oacute;n, su primera licenciatura es en F&iacute;sica Te&oacute;rica. Posteriormente se doctora en Medicina con una tesis titulada Estudio y aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos matem&aacute;ticos para determinar la conectividad funcional entre series temporales de origen neurofisiol&oacute;gico. Y a continuaci&oacute;n cursa un M&aacute;ster en Matem&aacute;ticas Aplicadas a la Biolog&iacute;a y en Neurociencias. Sin duda, el expediente acad&eacute;mico de alguien que considera que en la ciencia no debe haber compartimentos estancos</p>
<p>&ndash; No, no te equivocas. Eso es algo que pertenece a mi forma de ser pero tambi&eacute;n a mi bagaje familiar. En mi familia hay catedr&aacute;ticos de filosof&iacute;a, pero que adem&aacute;s son expertos en f&iacute;sica. O sea, siempre gente con mucha, mucha curiosidad, Tengo mucha suerte de estar rodeada de t&iacute;os tan eruditos. En mi casa siempre est&aacute; eso de que aqu&iacute; se sabe de todo o nos interesa todo. Y entonces es verdad que a m&iacute; me sorprende cuando empiezo la investigaci&oacute;n, lo de los compartimentos estancos sobre todo porque, bueno, en la carrera pues m&aacute;s o menos te lo esperas, y aunque a m&iacute; siempre me ha gustado leer&hellip;. Pero s&iacute; que en la investigaci&oacute;n me sorprende c&oacute;mo, algo tan complejo como era estudiar los correlatos neuronales de la conducta humana, no se pod&iacute;a ver desde la filosof&iacute;a. Esto s&iacute; que me ha sorprendido siempre y&nbsp; he intentado un poco abrir camino. Hay que decir que, al menos en Espa&ntilde;a, esto todav&iacute;a no est&aacute; muy aceptado y en los proyectos de investigaci&oacute;n, por ejemplo, cuando nosotros pedimos presupuestos, podemos contratar a m&eacute;dicos, f&iacute;sicos, psic&oacute;logos, pero no puedes contratar a un fil&oacute;sofo, no te lo admiten, est&aacute; penalizado. Es algo en lo que tenemos que seguir trabajando porque me parece fundamental.</p>
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<p><strong>&ldquo;Ser analfabeto del idioma en el que habla el poder es peligros&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>- Y tiene mucho que ver con eso que suele criticar tanto que es el divorcio que existe en Espa&ntilde;a entre la Ciencia y las Humanidades. Algo que se empieza a ver como un error pero cuya soluci&oacute;n a&uacute;n parece lejana.</p>
<p>- Bueno, en Espa&ntilde;a a lo mejor es un poco m&aacute;s agudo, pero piensa que cuando lo de las dos culturas de Snow [se refiere a la famosa conferencia y ensayo del cient&iacute;fico C. P. Snow que denunciaba la falta de comunicaci&oacute;n entre cient&iacute;ficos e intelectuales humanistas, lo que obstaculizaba la soluci&oacute;n de problemas mundiales] fue en Cambridge, en los a&ntilde;os cincuenta, cuando ya se empezaba a plantear que nos est&aacute;bamos equivocando. Cualquier visi&oacute;n [que solo tenga en cuenta una de esas parcelas] siempre ser&aacute; incompleta. Tambi&eacute;n tengo que decir que he encontrado un poquito m&aacute;s de curiosidad en el mundo cient&iacute;fico hacia las humanidades que al rev&eacute;s. Hay mucho miedo a no comprender lo cient&iacute;fico.&nbsp; Y tambi&eacute;n cierto orgullo al decir &lsquo;no tengo ni idea de c&oacute;mo es una c&eacute;lula&rsquo;. Esto te lo puede decir un catedr&aacute;tico de literatura. Y se queda tan tranquilo. Incluso es un motivo de orgullo. Creo que nos tenemos que alfabetizar en los tecnicismos, porque la ciencia hoy en d&iacute;a tiene un poder muy gordo. Ser analfabeto del idioma en el que habla el poder es peligros&iacute;simo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me sent&iacute; casi empujada a hacer compatible la investigaci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n de la neurociencia&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Usted trabaja habitualmente desde hace a&ntilde;os en proyectos cient&iacute;ficos de gran calado dentro y fuera de Espa&ntilde;a, pero hay un momento en el que decide que va a hacer compatible ese trabajo con una intensa labor de divulgaci&oacute;n, algo que es menos frecuente en Espa&ntilde;a que en el mundo anglosaj&oacute;n, por ejemplo. &iquest;Cu&aacute;ndo y c&oacute;mo fue ese momento?</p>
<p>&ndash;Pues eso realmente yo no lo decid&iacute;. Fue. Me sent&iacute; casi empujada. Hubo un momento cuando yo estaba en Londres, en el King&rsquo;s College, que tuve una crisis con el mundo cient&iacute;fico, con mi carrera. Me planteaba un poco qu&eacute; es lo que estaba haciendo. Hab&iacute;a trabajado muchos a&ntilde;os en da&ntilde;o cerebral, en Alzheimer, y all&iacute; en Londres trabajaba en da&ntilde;o cerebral neonato. Fue algo que me impact&oacute; mucho. En un momento dado pens&eacute;: caray, llevo veinte a&ntilde;os dedicada al dolor. &iquest;Por qu&eacute; la neurociencia no me puede ayudar a saber c&oacute;mo puedo estar mejor? Viv&iacute;a en Londres y por las tardes me iba al Centro Tibetano a meditar. All&iacute; me contaban cosas de la mente. Entonces me dije: por qu&eacute; yo, que me dedico al cerebro, que estoy en una de las mejores instituciones, tengo que venir al Centro Tibetano para que alguien me diga qu&eacute; hago yo con esta cabeza. Que me parece muy bien ir al Centro Tibetano, pero no porque el otro [la ciencia] no me lo diga, &iquest;no? Y entonces empec&eacute; a reconsiderar la ciencia. Intentando estudiarla desde el punto de sacar informaci&oacute;n que a m&iacute; me valiese, que yo aprendiese sobre m&iacute;, que me sirviera para estar mejor. Y me di cuenta que, hasta aquel momento, estudiaba los art&iacute;culos muy cient&iacute;ficamente y muy en l&iacute;nea de informaci&oacute;n. Pero empec&eacute; a darme cuenta que ah&iacute; hab&iacute;a mucho conocimiento que era muy v&aacute;lido y, entonces, empec&eacute; a contarlo a mis amigos. Y cada vez el c&iacute;rculo era m&aacute;s grande. Una vez, contando esto a mi jefe, aqu&iacute; en Madrid, me dice: pues vete a dar una charla a tal sitio. Y de ah&iacute; pas&eacute; a dar un curso y luego vino la pandemia y empec&eacute; a hacer cosas por internet. Todo aquello empez&oacute; a crecer como una bola de nieve. Nunca me lo me lo propuse pero luego, haci&eacute;ndolo, me di cuenta de la importancia tan tremenda &nbsp; que tiene.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay una visi&oacute;n muy superficial de lo que es la salud mental, o la gesti&oacute;n de la mente, o el conocimiento de uno mismo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En su &uacute;ltimo libro<em>, El puente donde habitan las mariposas</em> hay una uni&oacute;n entre filosof&iacute;a y medicina y se apoya en dos pilares fundamentales: Heidegger y Ram&oacute;n y Cajal. De hecho, el libro comienza con una cita del premio Nobel espa&ntilde;ol: &ldquo;Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro si nos lo proponemos&rdquo;. Como objetivo, es una cuesti&oacute;n muy atractiva, pero se antoja dif&iacute;cil &iquest;no?</p>
<p>&ndash;El libro pretende desmentir un poco tantas frases que creo que tienen el objetivo de ayudarnos y yo agradezco y veo la generosidad que hay en ello. Pero, desde mi punto de vista, a veces hay una visi&oacute;n muy superficial de lo que es la salud mental, o la gesti&oacute;n de la mente, o el conocimiento de uno mismo. Si hay algo que yo nunca dir&iacute;a es que es f&aacute;cil. San Agust&iacute;n dec&iacute;a &ldquo;estamos hechos de tierra y es una tierra muy dif&iacute;cil de cultivar&rdquo;. Ah&iacute; me encuentro yo. Cuando nosotros empezamos a estudiar c&oacute;mo cambia el cerebro en una persona, cuando empieza a hacer meditaci&oacute;n, por ejemplo, vemos que viene con una idea preconcebida que solo te puede llevar al fracaso y a la frustraci&oacute;n. En el mensaje de Ram&oacute;n y Cajal, se nos olvida esa segunda parte de &ldquo;si te lo propones&rdquo;. Ram&oacute;n y Cajal era un ardiente defensor del esfuerzo, y s&iacute; habla del esfuerzo es porque supone que no va a ser f&aacute;cil.</p>
<p>Yo empec&eacute; a estudiar la neurociencia de la meditaci&oacute;n en monjes meditadores muy, muy expertos y me pareci&oacute; fascinante, pero tambi&eacute;n ah&iacute; me di cuenta de que eso tampoco me interesaba tanto, porque eran personas que meditan a lo mejor cuatro o cinco horas al d&iacute;a, viven en monasterios, y en fin es muy diferente a lo que yo vivo en mi d&iacute;a a d&iacute;a y a lo que yo puedo hacer. Entonces, si la meditaci&oacute;n solo es v&aacute;lida si haces eso, pues con qu&eacute; osad&iacute;a uno se atreve a decir: hay que meditar. &iquest;Te tienes que ir a vivir a otro monasterio? Por eso empec&eacute; a estudiar la meditaci&oacute;n accesible. Nadie persigue llegar a esos estados de trascendencia, que tampoco me importan mucho, salvo para que sean una herramienta para que nos mantengamos mejor. Lo que no significa estar bien. Y a partir de ah&iacute; me di cuenta de que, aunque es muy dif&iacute;cil, tambi&eacute;n es verdad que el cerebro es muy agradecido. Es dif&iacute;cil, pero enseguida hay frutos, Es parad&oacute;jico, pero el punto est&aacute; en el encuentro con esa dificultad. Es parte de este camino, Por eso me gusta decir que nadie te garantiza que lo puedas conseguir ni que sea f&aacute;cil.</p>
<p><strong>&ldquo;Como dijo Hannah Arendt, todo lo que estudio lo estudio para m&iacute;. Si a los dem&aacute;s les sirve, me alegro mucho&rdquo;.</strong></p>
<p>&ndash;En ese camino personal, en el que iba encajando las piezas como en un puzle, se encuentra con el ensayo de Heidegger <em>Construir habitar pensar</em>. Un libro que trata de c&oacute;mo habitarse a uno mismo. &iquest;Ese habitar, ese entender, era lo que iba buscado de alguna manera?</p>
<p>&ndash;Como te dec&iacute;a, todo comienza en el momento en que yo estaba en Londres y me empiezo a replantear la ciencia. Trabajaba en alzh&eacute;imer y da&ntilde;o cerebral, pero no me involucraba tan personalmente en la investigaci&oacute;n. Quiero decir: en el trabajo me implicaba en cuerpo y alma, pero era como algo que a m&iacute; no me afectaba. Pero en el momento en que empiezo a estudiar c&oacute;mo todo eso me puede ayudar a gestionar cosas m&iacute;as, cosas que en mayor o menor intensidad nos afectan a todos, esa investigaci&oacute;n se convierte en una b&uacute;squeda personal. Recurro muchas veces a esa frase que dijo Hannah Arendt de que &ldquo;todo lo que estudio lo estudio para m&iacute;. Si a los dem&aacute;s les sirve, me alegro mucho&rdquo;. Claro, lo que yo estudiaba, el Alzheimer y el da&ntilde;o cerebral, afortunadamente no me ha tocado, pero la ansiedad y el estr&eacute;s... Y me pregunt&eacute;: &iquest;qu&eacute; hago? &iquest;c&oacute;mo me conozco? &iquest;no puedo gestionar mi atenci&oacute;n? Tal cual. Esto es de todos. Y luego, los &uacute;ltimos a&ntilde;os, han sido un poco dif&iacute;ciles para m&iacute; a nivel personal. Y entonces, s&iacute; que pude poner muy en pr&aacute;ctica y vivir en primera persona lo que estaba estudiando. Eso es lo que me hizo reafirmarme en que todo aquello realmente pod&iacute;a ser de ayuda. Porque ah&iacute; tuve un momento en que me dije: &iquest;y si ahora esto no me sirve a m&iacute;? &iquest;Con qu&eacute; cara voy a ir diciendo luego a la gente que respirar viene bien? Pero s&iacute;, me vino bien, me ayuda mucho y he visto sus bondades. No es la panacea, como nada lo es, pero son cosas para mejorar. Hay momentos en la vida donde lo &uacute;nico que puedes perseguir es mantenerte en pie y otros momentos en los que quieres estar mejor. Eso lo que yo buscaba.</p>
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<p><strong>&ldquo;Uno observa que cuando empieza a tomar una dieta saludable nota el efecto emocional r&aacute;pidamente. Es ir al cuerpo para intentar que la mente est&eacute; un poco mejor&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Desde hace un tiempo se ven&iacute;a creyendo que el cerebro era el que mandaba en el resto del organismo y quiz&aacute; uno de los aspectos m&aacute;s sorprendentes de sus investigaciones es que van en sentido contrario: que es el funcionamiento de otros &oacute;rganos el que moldea el cerebro. Uno de los m&aacute;s importantes en este aspecto es el intestino. &iquest;C&oacute;mo lo hace?</p>
<p>&ndash;Desde hace unos diez a&ntilde;os la ciencia ha tenido que dar la vuelta. Principalmente, la v&iacute;a de comunicaci&oacute;n entre el intestino y el cerebro que m&aacute;s se conoce es la microbiota del intestino. Hay un mont&oacute;n de microorganismos, principalmente bacterias, que se pensaba en un principio que eran pat&oacute;genas. Despu&eacute;s se dijo: son par&aacute;sitos, pero luego se ha visto que no, que tienen una funci&oacute;n. Se hicieron estudios en animales que luego se han extrapolado al cuerpo humano y se ha visto que sin esa microbiota el cerebro ser&iacute;a disfuncional. Hasta ese punto. Nosotros lo que hac&iacute;amos era medir cu&aacute;l es la concentraci&oacute;n de los diferentes tipos de bichitos que hay en el intestino y luego correlacionamos lo que pasaba con diferentes factores de estilo de vida, cognitivos, emocionales&hellip; Y lo que dice la literatura [cient&iacute;fica] es que esos microorganismos influyen en diferentes zonas del cerebro. Hacen que las neuronas se inclinen m&aacute;s hacia una actividad que hacia otra. Modelan, influyen en ese comportamiento y sobre todo, influyen en las zonas m&aacute;s relacionadas con nuestro estado an&iacute;mico. Entonces la gran pregunta era &iquest;c&oacute;mo podemos nosotros influir en ellos? Se ha visto que el estilo de vida impacta mucho sobre esa microbiota. Principalmente la dieta y el ejercicio f&iacute;sico, que es lo que nosotros estudiamos. Aquellas dietas que todos sabemos cu&aacute;les son y que podr&iacute;amos considerar m&aacute;s pobres influyen en nuestro estado an&iacute;mico. Esto &iquest;a qu&eacute; nos ha llevado? Pues a una perspectiva de ver si realmente todos los problemas de salud mental que tenemos en la sociedad se deben a que hay una falta de organizaci&oacute;n saludable en nuestras vidas o es una falta de salud. Por ejemplo, tenemos s&iacute;ntomas depresivos, que no significa que tengamos una depresi&oacute;n, vale, pues a lo mejor se reducen un poco si la persona empieza a hacer ejercicio o cambia su dieta. Se trata de encontrar si realmente en la salud mental hay una componente que sea exclusivamente biol&oacute;gica. Pero &iquest;qu&eacute; pasa? Que yo me empiezo a sentir mal y luego se produce lo que se llama la disociaci&oacute;n cognitiva. Si me siento mal es porque no me gusta mi trabajo, porque no estoy donde quisiera estar. O sea, le pongo explicaciones y puede que sea as&iacute;, pero lo mentalizamos mucho, y a lo mejor ese estado tiene una parte que es puramente biol&oacute;gica, &iquest;no? Y es verdad que uno observa que, cuando empieza a tomar una dieta saludable, nota el efecto emocional r&aacute;pidamente. Es ir al cuerpo para intentar que la mente est&eacute; un poco mejor.</p>
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<p><strong>&ldquo;El segundo cerebro es el coraz&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;De todas formas, he le&iacute;do en su libro que el &oacute;rgano al que m&aacute;s escucha el cerebro es el coraz&oacute;n. Cu&eacute;nteme.</p>
<p>&ndash;Mucha gente dice eso de que el segundo cerebro es el intestino. Pues no, es el coraz&oacute;n. Cuanto m&aacute;s cerca est&aacute;n del cerebro, m&aacute;s influencia tienen los sistemas. Esto ya se sabe desde Galeno. El coraz&oacute;n emite en una frecuencia que es similar a la frecuencia de disparos de las neuronas y esto hace que tenga un impacto mucho mayor y, sobre todo, que se piensa que el coraz&oacute;n influye en los factores de percepci&oacute;n. En cada latido del coraz&oacute;n se producen muchos cambios en nuestro cerebro y en nuestros ojos. Hay un eje coraz&oacute;n cerebro, que es constante, es cada segundo, entonces s&iacute; es el &oacute;rgano que m&aacute;s influye. Eso explica que, por ejemplo, cuando yo estudiaba la enfermedad de Alzheimer, siempre habl&aacute;bamos de la correlaci&oacute;n que hab&iacute;a entre salud cerebral y salud cardiovascular, pero no se sab&iacute;a por qu&eacute;. Grandes expertos de la Universidad de Estocolmo, como la doctora Fratiglioni, han estudiado c&oacute;mo los factores de riesgo de la demencia son los mismos que los factores de riesgo cardiovascular. Siempre suelen ir de la mano. Y luego se ha visto que cuando hay disfunci&oacute;n cerebral hay disfunci&oacute;n card&iacute;aca, aunque sea subcl&iacute;nica.</p>
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<p><strong>&ldquo;Estamos muy eclipsados por la t&eacute;cnica&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Uno de los aspectos de sus investigaciones que se ha popularizado m&aacute;s, sin duda porque nos afecta a todos, es el de la respiraci&oacute;n. De hecho, su libro se subtitula <em>Biosof&iacute;a de la respiraci&oacute;n</em>. Vayamos primero con ese t&eacute;rmino: biosof&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo se traduce al habla corriente?</p>
<p>&ndash;Tiene que ver con la primera pregunta que me hac&iacute;as, en cuanto a la relaci&oacute;n entre las humanidades y la ciencia. Y tiene que ver con ese momento en el que intento buscar en la ciencia una forma de extraer tambi&eacute;n sabidur&iacute;a. Yo me preguntaba cuando iba a meditar al centro tibetano: &iquest;Buda es un sabio, pero Ram&oacute;n y Cajal no?. Y me pregunt&eacute; qu&eacute; puedo aprender de m&iacute;, qu&eacute; sabidur&iacute;a puedo extraer desde la ciencia. Biosof&iacute;a para m&iacute; es una forma de mirar a la ciencia. Es una mirada que tiene en cuenta a las humanidades, no que las compare. Muchas veces en el mundo acad&eacute;mico, y yo lo he hecho muchos a&ntilde;os, se trabaja manejando datos, mucha informaci&oacute;n, pero no te paras a pensar: todo esto &iquest;qu&eacute; me est&aacute; diciendo? Cuando, a lo mejor, es un poema o la filosof&iacute;a la que inmediatamente te traslada a ello. En el mundo de la ciencia es muy f&aacute;cil quedarse en el dato, en la informaci&oacute;n. Eso que siempre se dec&iacute;a sobre el dedo de Galileo, te fijas m&aacute;s en el dedo que se&ntilde;ala la luna. Estamos muy eclipsados por la t&eacute;cnica tambi&eacute;n.</p>
<p>&ndash;Es curioso porque los cient&iacute;ficos siempre tienen una aureola de sabios&hellip;</p>
<p>&ndash;A m&iacute; me parecen frikis (jajaja). Yo distingo entre un genio y un sabio. Sabio es el que tiene sabidur&iacute;a. Genio es el que tiene una gran inteligencia, una gran capacidad de asociar, de acumular informaci&oacute;n. El sabio para m&iacute;, es el que saca de ah&iacute; una ense&ntilde;anza, una lecci&oacute;n de vida Y s&iacute;, he conocido cient&iacute;ficos y m&eacute;dicos que me parecen muy sabios. He tenido mucha suerte en ese sentido. Pero luego he visto algunos que, en fin&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Desde el punto de vista cerebral, cuando respiramos por la nariz se activan regiones neuronales que trabajan de una forma m&aacute;s ordenada&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En el tema de la respiraci&oacute;n, se&ntilde;ala la importancia de observarla, de entrenarla. &iquest;Qu&eacute; problemas tenemos con la forma en que respiramos y qu&eacute; relaci&oacute;n tiene con la salud mental?</p>
<p>&ndash;Gran parte de la poblaci&oacute;n es respiradora bucal. Inspira por la boca. Cuando inspiramos por la boca, esta se convierte en un filtro, mientras que cuando inspiramos por la nariz, la nariz limpia un poco el aire, lo limpia, lo atempera y lo humidifica. Esto hace que ese aire entre en mejores condiciones a mi cuerpo. Desde el punto de vista cerebral, cuando respiramos por la nariz se activan regiones neuronales que trabajan de una forma m&aacute;s ordenada. Por ejemplo, el hipocampo, que es la zona involucrada en la memoria y en la atenci&oacute;n. Esa capacidad de mejorar nuestros rendimientos neuronales disminuye si inspiramos por la boca. Una gran parte de la poblaci&oacute;n tiene atrofia en la musculatura porque casi no usamos la nariz y eso hace que no entre aire suficiente y se respire por la boca.</p>
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<p><strong>&ldquo;Que nos alfabeticemos en c&oacute;mo funciona el cuerpo, porque asumimos como normales cosas que no lo son, es muy importante&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En sus investigaciones, hace hincapi&eacute; en la apnea. Esos segundos que hay entre la expiraci&oacute;n y la siguiente inspiraci&oacute;n. &iquest;Tiene que ver con algo que se est&aacute; empezando a estudiar de forma mucho m&aacute;s intensa que es la apnea del sue&ntilde;o?</p>
<p>&ndash;Si toda la poblaci&oacute;n se hiciese un an&aacute;lisis de c&oacute;mo duerme, el setenta por ciento tendr&iacute;a apnea del sue&ntilde;o. Y eso, &iquest;qu&eacute; consecuencias puede tener para la salud? De entrada, supone un peor descanso y, claro, mucha m&aacute;s fatiga mental y eso impide la limpieza del cerebro. Hacerse un estudio de c&oacute;mo uno duerme, c&oacute;mo respira mientras duerme, me parece una inversi&oacute;n y no estamos hablando tampoco de cantidades inmensas, porque no lo cubre la Seguridad Social a no ser que tengas un problema grave. Conocer c&oacute;mo respiro mientras duermo, y luego ver qu&eacute; puedo hacer al respecto, me parece vital. Porque cuando dormimos no nos damos cuenta de lo mal que respiramos. Es verdad que ahora se est&aacute; extendiendo y mucha gente duerme con una mascarilla, pero que antes esto no sucediera no significa que no existiese el problema. El doctor Eduardo Anitua, que es uno de los grandes expertos en este tema me dec&iacute;a: no sabes la de veces que yo he o&iacute;do en mi consulta &lsquo;mi marido ronca, pero ronca mal&rsquo;. Ronca mal. Nadie ten&iacute;a ni idea de lo que esto significaba. A nadie se le activaba una alarma por roncar Por eso es tan importante la divulgaci&oacute;n. Que nos alfabeticemos en c&oacute;mo funciona el cuerpo, porque asumimos como normales cosas que no lo son, es muy importante. De esto trata la medicina preventiva de ir observando tu cuerpo, saber lo que te parece que es saludable y lo que no.</p>
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<p><strong>&ldquo;Es muy dif&iacute;cil instaurar un h&aacute;bito, no lo hemos descubierto ahora&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Si estamos tan seguros de los beneficios de la meditaci&oacute;n y de la importancia de respirar bien, siendo algo sencillo, &iquest;c&oacute;mo es que estas ense&ntilde;anzas no se introducen en la escuela?</p>
<p>&ndash;Bueno, claro, &eacute;sta es la pregunta que me hago yo todos los d&iacute;as. Nos hacemos esa pregunta ahora que sabemos sus beneficios. Vamos avanzando muy lento a lo largo de la historia sobre el conocimiento de nuestra mente. Pero esa pregunta se la hicieron hace cuatro mil a&ntilde;os en la India. Los que hac&iacute;an los pranayamas [t&eacute;cnicas para controlar la respiraci&oacute;n]. Hace dos mil quinientos a&ntilde;os, Buda dec&iacute;a que nos despistamos mucho y que eso nos genera dolor. Es tambi&eacute;n la ataraxia de los griegos que la formularon hace unos cuantos siglos. Pero entonces eran pocos los que acced&iacute;an a esa informaci&oacute;n. Mis t&iacute;os siempre est&aacute;n diciendo: ojal&aacute; hubi&eacute;ramos vivido en la &eacute;poca de S&oacute;crates. Bueno, si hubieras nacido en la &eacute;poca de S&oacute;crates y te hubiera tocado ser de una cierta clase porque imag&iacute;nate que naces esclavo... Y a Buda le segu&iacute;an doce &iquest;no? Hoy en d&iacute;a lo que tenemos es una capacidad de difusi&oacute;n inmensa. Es el momento de la historia donde m&aacute;s gente hay beneficiada por el conocimiento y tenemos que ir hacia a m&aacute;s. Pero, por otro lado, aunque sabemos muchas cosas no las aplicamos, &iquest;verdad? Llevamos as&iacute; miles de a&ntilde;os, Vamos lentos por lo que dec&iacute;amos al principio de que las cosas no son f&aacute;ciles. Es muy dif&iacute;cil instaurar un h&aacute;bito, no lo hemos descubierto ahora.</p>
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<p><strong>&ldquo;Tenemos que trabajar con la poblaci&oacute;n para que sepa reconocer lo que es saludable y lo que no, y aprender a reconocer en el otro ciertos patrones&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&ndash;</strong>En lo que parece que la sociedad s&iacute; va avanzando es en perder el miedo a hablar de salud mental. Que ir al psic&oacute;logo o al psiquiatra ha dejado de ser tab&uacute;, al menos no lo es tanto como antes. Pero he le&iacute;do en uno de sus art&iacute;culos que se estima que el 70% de la poblaci&oacute;n va a atravesar en su vida una situaci&oacute;n traum&aacute;tica pero que solo el 5% recibir&aacute; ayuda profesional. Esto da un poco de miedo porque digamos que hay muchas personas heridas por ah&iacute; que pueden no solo hacerse da&ntilde;o sino hacer da&ntilde;o a los dem&aacute;s.</p>
<p>&ndash;La inmensa mayor&iacute;a.&nbsp; Bueno, hay un porcentaje importante de la poblaci&oacute;n que no puede acceder a ese tipo de ayuda. Cuando se hacen este tipo de estad&iacute;sticas se refieren a Europa y Estados Unidos principalmente. O sea, cuando se eval&uacute;a el por qu&eacute; la gente no pide ayuda, se eval&uacute;a en aquellos que podr&iacute;an acceder a ella y no lo hacen. Lo que se ve es que todav&iacute;a hay un gran prejuicio: si voy al psic&oacute;logo, significa que estoy loco, que soy una persona enferma, que estoy muy mal. Es decir, tiene una cantidad de connotaciones muy graves. Es cierto que tambi&eacute;n la psiquiatr&iacute;a se ha encargado de darse a s&iacute; misma una publicidad que es espeluznante. Met&iacute;a en manicomios a gente que hoy considerar&iacute;amos absolutamente normales. Pero el dato favorable es que cada vez vamos normalizando y se habla mucho m&aacute;s de salud mental. Cuando un famoso, un actor, por ejemplo Dani Rovira, que ha hablado de su depresi&oacute;n, lo cuentan hacen un gran bien porque el asunto se normaliza. Y luego creo tambi&eacute;n que la psicolog&iacute;a se tiene que posicionar, y ya lo est&aacute; haciendo en mi opini&oacute;n muy bien desde hace tiempo, como un centro de prevenci&oacute;n. Para m&iacute; es similar a ir al gimnasio. Antes no exist&iacute;an los gimnasios, antes hab&iacute;a centros de rehabilitaci&oacute;n a los que ibas si te hab&iacute;as hecho da&ntilde;o. Y hoy en d&iacute;a uno va al gimnasio para para estar bien, no porque te hayas ca&iacute;do ya.&nbsp; Creo que en la psicolog&iacute;a est&aacute; pasando un poco eso, aunque todav&iacute;a hay mucha resistencia. Y luego est&aacute; lo que se llama la psicolog&iacute;a invisible. No sabemos la cantidad de alteraciones de la personalidad que hay y que son completamente funcionales, est&aacute;n nosotros, y por ese desconocimiento uno no sabe reconocerlas en el otro. Podemos tener delante a una persona narcisista, de las que crean un enorme sufrimiento pero que ni siquiera ellas lo saben. Tenemos que trabajar con la poblaci&oacute;n para que sepa reconocer lo que es saludable y lo que no, y aprender a reconocer en el otro ciertos patrones. Eso es algo que tambi&eacute;n tendr&iacute;an que ense&ntilde;arnos en la escuela. Si a lo largo de la vida pudieras ir puli&eacute;ndote de alguna manera no llegar&iacute;as a los cincuenta o sesenta a&ntilde;os con una mochila de quinientas toneladas. Es como la higiene, que ha supuesto muchas ventajas desde el punto de vista de salud f&iacute;sica. Antes las personas no se duchaban todos los d&iacute;as. Nadie se lavaba los dientes. Ni se lavaba la comida. Todas esas medidas de higiene que han influido en la longevidad. Algo as&iacute; deber&iacute;amos hacer con la salud mental.</p>
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<p><strong>Sobre la herencia transgeneracional epigen&eacute;tica</strong></p>
<p>&ndash;Un asunto fascinante al que se refiere en su libro es la llamada &lsquo;herencia transgeneracional epigen&eacute;tica&rsquo;. &iquest;Es cierto que, adem&aacute;s del ADN, llevamos una carga de las experiencias de nuestros antepasados aunque nosotros no hayamos pasado por ellas?</p>
<p>&ndash;S&iacute;, ahora se est&aacute; estudiando mucho la herencia transgeneracional epigen&eacute;tica del trauma y tambi&eacute;n la herencia transgeneracional epigen&eacute;tica de la resiliencia. A grandes rasgos, se dir&iacute;a que es la expresi&oacute;n de los genes. Esto se ha estudiado, por ejemplo, en los supervivientes del Holocausto, o en personas que han sufrido abusos de peque&ntilde;os. Se analizan c&oacute;mo son los genes de su descendencia, de sus nietos, y se comparan con los genes de personas que no han tenido un sufrimiento tan espec&iacute;fico, tan claro. Entonces ven que los descendientes de aquellos que tuvieron un trauma tienen variaciones epigen&eacute;ticas en aquellos genes que te hacen ser m&aacute;s propensos a tener m&aacute;s estr&eacute;s, a tener m&aacute;s depresi&oacute;n. Los estudios del Holocausto fueron muy interesantes porque vieron que hay algunas personas que fueron supervivientes de los campos de concentraci&oacute;n y evidentemente dejaron una herencia muy dura. Pero luego, curiosamente, se vio que personas que hab&iacute;an sobrevivido hab&iacute;an sacado de esa experiencia una fortaleza sobrehumana y entonces vieron que sus descendientes ten&iacute;an genes mejores: m&aacute;s resistencia al cortisol, por ejemplo, m&aacute;s capacidad de creatividad estrat&eacute;gica. Estos estudios se hacen en entre los supervivientes de del Holocausto o los veteranos de guerra en Estados Unidos, o sea, en situaciones extremas muy concretas. Son campos cient&iacute;ficos recientes y queda mucho por estudiar en este proceso.</p>
<p>Nosotros hemos estado evaluando los cambios epigen&eacute;ticos que se producen al realizar pr&aacute;cticas de meditaci&oacute;n de forma regular, en formato peque&ntilde;o, poco tiempo, porque ya se hab&iacute;a estudiado el grupo de los grandes meditadores, los monjes, gente que medita todos los d&iacute;as dos y tres horas, y se ha visto que ten&iacute;an cambios epigen&eacute;ticos. Vale. Nosotros quer&iacute;amos ver lo que ocurre en gente normal que medita un tiempo breve de forma regular. Ah&iacute; los cambios son menores. La parte que me parece m&aacute;s interesante de la herencia transgeneracional no es tanto saber lo que he recibido, porque yo creo que va a ser muy dif&iacute;cil ir hacia atr&aacute;s. Imag&iacute;nate que tu abuela ha pasado por una experiencia que ahora consideramos traum&aacute;tica pero que para ella no lo fue porque lo asum&iacute;a como normal, aunque eso no signifique que la hubiera traumatizado. Si yo preguntara a mi abuela, que ya no vive, si ha tenido ansiedad, estoy segura de que ni siquiera hab&iacute;a o&iacute;do hablar de la ansiedad.&nbsp; Entonces, ir hacia atr&aacute;s me parece interesante para considerar que no todo lo que a m&iacute; me sucede lo explico con mi vida, Pero lo que me interesa es tener en cuenta ese concepto para que lo vayas a dejar en el futuro. O sea, me parece m&aacute;s un concepto que tiene que tener una connotaci&oacute;n m&aacute;s altruista. Yo no s&eacute; lo que he heredado. Si te digo la verdad. Pero s&iacute; s&eacute; que puedo hacer algo para dejar en el futuro algo mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me propongo ser una mejor versi&oacute;n de m&iacute; misma sin recurrir a la moral&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&ndash;De todo esto escribe en el libro <em>El puente donde habitan las mariposas</em>. Parece un compendio de aquello que necesitaba transmitir su lado m&aacute;s divulgador.</strong></p>
<p>&ndash;S&iacute;. La verdad que fue as&iacute;. Fue escrito en una &eacute;poca dif&iacute;cil de mi vida en la que fui tirando de todo lo que hab&iacute;a sido mi ciencia, y que en aquel momento pod&iacute;a ayudarme. Es cuando descubro el libro de Heidegger [el ya citado <em>Construir habitar pensar</em>] y me entero de que est&aacute; escrito cuando a &eacute;l le invitan a un congreso en la Alemania destrozada por la guerra. Un congreso en el que el pa&iacute;s se planteaba: &iquest;qu&eacute; vamos a hacer ahora?, &iquest;c&oacute;mo salimos de esta? Y yo en aquel entonces me sent&iacute;a un poco as&iacute;. Y pens&eacute; que, en mayor o menor grado, todo el mundo ha pasado por un momento as&iacute;. No es que sea necesario pasar por algo tan traum&aacute;tico, que muchas veces esperamos a que lleguen grandes guerras para a ver qu&eacute; hago yo conmigo, c&oacute;mo puedo ir cambiando. O sea, el planteamiento de Ram&oacute;n y Cajal: &ldquo;todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro si nos lo proponemos&rdquo;. &nbsp;Pues me propongo ser una mejor versi&oacute;n de m&iacute; misma sin recurrir a la moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash;Pienso que hizo una apuesta arriesgada con el t&iacute;tulo. Al darle ese car&aacute;cter po&eacute;tico podr&iacute;a haber sido confundido con un libro de autoayuda, cuando es un libro que remite continuamente a los datos cient&iacute;ficos en los que se apoya. &iquest;No lo pens&oacute;?</p>
<p>&ndash;Cuando hablas de estos temas, especialmente si eres mujer, en seguida te ponen la etiqueta de autoayuda o te pueden hacer comentarios como que te has le&iacute;do a Heidegger en la Wikipedia, cuando yo me he empapado de todo Heidegger. Son comentarios que nunca se le har&iacute;an a un hombre.&nbsp; Quer&iacute;a que el libro se transmitiese desde el lugar donde se hizo, que era un lugar muy &iacute;ntimo. Por eso hu&iacute; de un t&iacute;tulo acad&eacute;mico, ese viene despu&eacute;s con esa&nbsp; &lsquo;Biosof&iacute;a de la respiraci&oacute;n&rsquo;, que ya inclu&iacute;a una palabra que nadie iba a entender. Pero no quer&iacute;a que el t&iacute;tulo tuviese una relaci&oacute;n tan directa. De entrada, yo eleg&iacute; la editorial Siruela porque quer&iacute;a que el libro fuera tratado con elegancia y respeto. Pero f&iacute;jate, el t&iacute;tulo, <em>El puente donde habitan las mariposas</em>, no est&aacute; elegido al azar. Tiene una correlaci&oacute;n cient&iacute;fica. El puente es la conexi&oacute;n neuronal y las mariposas son las neuronas, como las llamaba Cajal. Y el habitar es el asunto central del libro. Pero no quer&iacute;a que el t&iacute;tulo fuese algo as&iacute; como &lsquo;la conexi&oacute;n entre las neuronas en el momento del habitar&rsquo;. Y s&iacute; era arriesgado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La Inteligencia Artificial es una oportunidad fant&aacute;stica para reorganizarnos&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Ahora est&aacute; en auge el debate sobre el desarrollo de la Inteligencia Artificial y sus consecuencias. Entre los que consideran que ser&aacute; un desastre en algunos aspectos de la humanidad y los que piensan que es la panacea del futuro, por exponerlo a grandes rasgos, &iquest;usted donde se sit&uacute;a?</p>
<p>&ndash;Pues en el medio. Me parece que hay mucho entusiasmo y habr&aacute; que ver cu&aacute;nto se cumple de todo eso. O sea, me recuerda un poco al momento en que se descubre la gen&eacute;tica, Que se lleg&oacute; a decir: dentro de veinte a&ntilde;os ya no habr&aacute; enfermedades. Y estamos hablando de hace cincuenta a&ntilde;os. Creo que hay mucha euforia. Pero s&iacute; creo que es una herramienta que bien aprovechada, nos va a hacer mucho mejores, no solo en cuanto a la utilidad. Bueno, yo creo que no va a tener tanto alcance como dicen en lo que nos asusta m&aacute;s, pero s&iacute; creo que es una oportunidad fant&aacute;stica para reorganizarnos. Por ejemplo, a nivel temporal, a m&iacute; me ha hecho ahorrar mucho tiempo y lo he podido dedicar a otras cosas, pero no s&eacute;, creo que estamos muy al principio. Mi sensaci&oacute;n que hay que dejarla un poco m&aacute;s de recorrido para poder predecir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La espiritualidad est&aacute; muy prostituida. Est&aacute; llena de muchas interpretaciones que a veces son muy superficiales&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Nunca ha tenido reparos como cient&iacute;fica en hablar de la espiritualidad. &iquest;Qu&eacute; es para usted?</p>
<p>&ndash;&Uacute;ltimamente me he ido separando de ella porque si te digo la verdad, ya no me serv&iacute;a. Me ha ense&ntilde;ado mucho y me parece indispensable. Pero en este momento como que me llegaba m&aacute;s o me parec&iacute;a m&aacute;s novedoso, m&aacute;s fresco, lo que aportaba el mundo cient&iacute;fico. A m&iacute; me parece que la espiritualidad est&aacute; muy prostituida. Est&aacute; llena de muchas interpretaciones que a veces son muy superficiales. Y al final el mensaje parece m&aacute;s simple que sencillo. Ahora bien, el budismo a m&iacute; me ha ayudado mucho en muchos a&ntilde;os de mi vida y me parece una fuente de inspiraci&oacute;n. El sufismo tambi&eacute;n. Yo suelo incluir la filosof&iacute;a en el campo de la espiritualidad. Y esta es para m&iacute; m&aacute;s que nada una mirada. Se debate mucho si el budismo es filosof&iacute;a o religi&oacute;n. Hay autores que defienden una cosa y la otra y yo me encuentro reflejada en ambos. Yo no sabr&iacute;a d&oacute;nde situarla, igual que otras corrientes. Lo que yo veo es que hay que tener m&aacute;s cultura sobre todo eso. Se nos ense&ntilde;a mucha historia en el en el colegio, pero se nos deber&iacute;a ense&ntilde;ar tambi&eacute;n historia del pensamiento o, mejor dicho, de los pensamientos porque igual que igual que la medicina no es una sola medicina, hay varias y aprender&iacute;amos m&aacute;s de esas fusiones. Hay que tener todo esto en cuenta, pero en este momento me parece un poco m&aacute;s fresco e interesante lo que aporta el mundo cient&iacute;fico.</p>
<p>&ndash;Tambi&eacute;n hay muchas referencias a la poes&iacute;a. Su actividad, que parece fren&eacute;tica, &iquest;le deja tiempo para leer y para leer poes&iacute;a?</p>
<p>&ndash;Yo leo mucha literatura y mucha poes&iacute;a por la noche. En la habitaci&oacute;n donde medito hay una estanter&iacute;a y ah&iacute; solo hay poes&iacute;a. Los dem&aacute;s libros est&aacute;n por aqu&iacute; [se&ntilde;ala el espacio desde donde tenemos la conversaci&oacute;n v&iacute;a zoom] la literatura y todo lo relacionado con la ciencia. Ciencia, literatura, filosof&iacute;a, todo eso est&aacute; aqu&iacute;. Pero yo leo mucha poes&iacute;a. S&iacute;. Ahora, por ejemplo, estaba leyendo a las poetas de la Generaci&oacute;n del veintisiete y tambi&eacute;n a una autora que me interesa mucho que es Alejandra Pizarnik. Me doy cuenta de que &uacute;ltimamente estoy leyendo mucha poes&iacute;a de mujeres. Por ejemplo, me gusta mucho la poes&iacute;a del siglo ocho de China. Tengo varios libros porque me parecen de una elegancia&hellip; Me acunan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Solemos infravalorar el impacto que tiene el entorno sobre nosotros&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Se ha referido a la habitaci&oacute;n donde medita. El contexto, el entorno, como tambi&eacute;n la postura f&iacute;sica, es m&aacute;s importante de lo que creemos.</p>
<p>&ndash;La postura influye en nuestro estado mental, ya que el cerebro est&aacute; constantemente valorando c&oacute;mo est&aacute; la postura de tu cuerpo, Entonces, si tienes una postura propia cuando est&aacute;s mal, esa postura va a influir un poco en tu percepci&oacute;n. Y luego el entorno que no solo es importante para meditar. Solemos infravalorar el impacto que tiene el entorno sobre nosotros. Lo infravaloramos y, por ejemplo, a nivel social deber&iacute;amos empezar a considerar el impacto que tiene en nosotros el gris que inunda las ciudades, las esquinas, la falta de verde, los edificios horrorosos&hellip; todo eso va impactando y cada vez hay m&aacute;s estudios que dan cuenta de ello. El lugar donde meditas debes asociarlo a lugar donde t&uacute; vas a encontrarte contigo misma. Es un lugar que suelo cuidar. All&iacute; tengo una alfombra persa que compr&eacute; en Uzbekist&aacute;n y mi coj&iacute;n de meditaci&oacute;n. Y una estanter&iacute;a de madera con libros de poes&iacute;a. Suele haber alg&uacute;n mu&ntilde;eco que deja la ni&ntilde;a siempre porque me suelo sentar con ella. All&iacute; respiramos, hablamos, y es un sitio a donde voy para que se pare el mundo.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 04:30:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz del exilio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-del-exilio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CLARA_OBLIGADO_-_Fotograf_a_de_Fernando_de_la_Orden_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Est&aacute;n aqu&iacute; y all&aacute;: de paso, </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>en ning&uacute;n lado. </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Cada horizonte: donde un ascua atrae.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Podr&iacute;an ir hacia cualquier fisura.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>No hay br&uacute;jula ni voces</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Ida Vitale&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La literatura del exilio siempre se ha hecho as&iacute;: entre dos mundos, con un lenguaje doliente, herido, con voces de aqu&iacute; y de all&aacute;. Est&aacute; marcada por la soledad, la nostalgia, la tenacidad por reconstruirse en cualquier parte, lejos de casa. No soy exiliado, pero como inmigrante me identifico con aquellos que echan ra&iacute;ces de inmediato, aunque no dejen de so&ntilde;ar con el regreso al terru&ntilde;o. Me solidarizo con su esp&iacute;ritu de resistencia y optimismo ante la incertidumbre, el vac&iacute;o, la adversidad. La literatura de los exiliados, como la de los inmigrantes, est&aacute; hecha de ganancias y p&eacute;rdidas, choques culturales, sue&ntilde;os incumplidos y promesas. Se talla en el presente, en el hogar de adopci&oacute;n, en nuevos escenarios y con otros registros, diferentes a los del origen, pero en el momento menos pensado vuelve la mirada sobre el hombro y descubre intacto el pasado, ese ayer que no acaba de irse nunca y nos marca para siempre.</p>
<p>Eso y m&aacute;s hallamos en la literatura de Ida Vitale y Gustavo P&eacute;rez Firmat. O en la de Juan Gelman, Angelina Mu&ntilde;iz Huberman, Ra&uacute;l Zurita y Claribel Alegr&iacute;a. En todos ellos, la letra expone las fracturas ocasionadas por el desplazamiento. Las heridas supurantes, los cortes que no terminan de cerrar. Lo que se atrofia. Lo que no se puede recuperar. El exiliado escribe para conectarse con el lugar del que proviene, aunque este ya no exista y sea, m&aacute;s bien, una figuraci&oacute;n, un hogar inventado que poco o nada tiene que ver con la realidad del presente. Su literatura est&aacute; marcada por el sentimiento de saber que no pertenece porque proviene de otra parte, sin importar el tiempo que resida en el hogar de adopci&oacute;n. Su sentir es, invariablemente, el de aquel que est&aacute; de paso, aunque hayan pasado muchos a&ntilde;os desde la llegada a ese otro pa&iacute;s que a veces, en ciertas ocasiones, parece suyo.</p>
<p>En <em>Una casa lejos de casa. La escritura extranjera</em> (Valencia: Ediciones Contrabando, 2020), Clara Obligado reflexiona sobre la no pertenencia de los exiliados, sobre su lengua y su literatura. &ldquo;Llegar a un pa&iacute;s desconocido es triste y ad&aacute;nico, temible y apasionante, antiguo e inaugural. Morir de a&ntilde;oranza y curiosidad. Caminar por un bosque de comparaciones&rdquo; (74-75), sostiene la escritora argentina, exiliada en Madrid desde 1976.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20OSWALDO%20ESTRADA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20JUNIO%202026.doc#_ftn1">[1]</a> Es vivir en un mundo de analog&iacute;as, donde hay que desarrollar, por necesidad, una visi&oacute;n doble de la vida. Incluso si llegas a un pa&iacute;s donde se habla tu lengua, pronto entiendes que las palabras no siempre tienen el mismo significado ni suenan igual que en casa. Porque es posible ser extranjero en tu propio idioma, reflexiona Obligado, y tiene raz&oacute;n. La supervivencia de todos los que hacemos el hogar en tierras nuevas depende de convivir con otros acentos, apropiarnos de otros modismos, nombrar de manera distinta, aceptando la condena de la incomprensi&oacute;n y la perenne consigna de ser el otro, el for&aacute;neo, el que no pertenece, aun si por momentos parece incorporarse a la cultura dominante.</p>
<p>El libro de Clara Obligado nos hace pensar en las estrategias de los hombres y mujeres que, al verse desplazados de la patria, pasan por una especie de &ldquo;mestizaje &iacute;ntimo&rdquo; (78), un choque o encuentro de idiomas, expresiones culturales y dialectos que solo tienen sentido para aquel que habita dos mundos a la vez, o que se sit&uacute;a justo en el medio de ellos. En la frontera. En el intersticio. El escritor que se halla en esa situaci&oacute;n debe crear &ldquo;un puente de palabras&rdquo; (81). Para poder nombrar, para dejar que el idioma de la infancia converse, en el reino de los afectos, con el de la vida actual, con aquel que nos toca habitar. Solo as&iacute; es posible sortear la incomunicaci&oacute;n, los equ&iacute;vocos ling&uuml;&iacute;sticos, las palabras que se abandonan porque los nuevos interlocutores no las entienden, o las que se adquieren por costumbre o por necesidad, para que la comunicaci&oacute;n fluya y no cause desconcierto, malestar. La p&eacute;rdida del hogar y la falta de pertenencia se observan ah&iacute;: en la lengua del exiliado, en su forma de conjugar, en el nuevo acento que adopta como estrategia de supervivencia, o en las cadencias de anta&ntilde;o a las que se aferra, en las palabras que ahora utiliza, en las que traduce diariamente, en cualquier conversaci&oacute;n donde sigue siendo un extranjero. Es un tema al que vuelve Clara Obligado con insistencia, como vemos en <em>Todo lo que crece. Naturaleza y escritura</em> (Madrid: P&aacute;ginas de Espuma, 2021), en <em>Tres maneras de decir adi&oacute;s</em> (Madrid: P&aacute;ginas de Espuma, 2024) y en <em>Exilio</em>, ilustrado por Agust&iacute;n Comotto (P&aacute;ginas de Espuma, 2026).&nbsp;</p>
<p>No menos punzante es Sandra Lorenzano al reflexionar sobre el exilio en su novela <em>Saudades</em> (M&eacute;xico: FCE, 2007), donde una mujer intenta reencontrarse en un mundo hecho de ausencias, p&eacute;rdidas y desaparecidos. Lo hace recurriendo a su lengua madre, aunque esta, por momentos, pareciera extranjera. Y lo hace tambi&eacute;n en su poemario <em>Vestigios</em> (Valencia: Pre-Textos, 2010), donde las voces y murmullos apenas se acercan a la tierra prometida y las palabras nunca parecen suficientes para describir una tragedia. En <em>Herida fecunda</em>, libro ganador del XV Premio M&aacute;laga de Ensayo &ldquo;Jos&eacute; Mar&iacute;a Gonz&aacute;lez Ruiz&rdquo; 2023 (Madrid: P&aacute;ginas de Espuma, 2024), Lorenzano vuelve al tema del exilio con una prosa po&eacute;tica que busca desesperadamente retratar los dilemas de aquellos que se ven obligados a dejar el hogar para echar ra&iacute;ces en otra parte. Al llegar a M&eacute;xico en 1976, a los diecis&eacute;is a&ntilde;os, Lorenzano hace todo lo posible por encajar, por hablar como los adolescentes mexicanos, y en gran medida lo consigue&hellip; pero a la larga reconoce sus carencias: &ldquo;Perd&iacute; la lengua en alg&uacute;n lugar de estos diez mil kil&oacute;metros que me separan del pasado&rdquo; (13). Pensando en las pocas cosas materiales que los exiliados pueden meter en una maleta antes de partir, la escritora siente que lo &uacute;nico que lleva consigo es el cuerpo y la palabra. El resultado de habitar perenemente una zona intermedia, el &ldquo;entre&rdquo;, el &ldquo;in-between&rdquo; de dos mundos distintos, se observa sobre todo en la lengua: &ldquo;Hablo dos versiones del mismo idioma. Contaminados siempre uno por el otro, por mucho que intente mantener claras las fronteras&rdquo; (42). Su escritura, hecha de otras huellas e idiomas perdidos, restos, vestigios, es su tabla de salvaci&oacute;n, el veh&iacute;culo que le permite volver a casa, para recuperar aquello que no fue pero que bien pudo haber sido. En otras circunstancias. Si la vida hubiera sido de otro modo, con otra gente, otras vivencias, otros cari&ntilde;os.</p>
<p>Ser hija del exilio es para Lorenzano vivir siempre lejos, con la certidumbre de que &ldquo;lo seguro se vuelve inestable&rdquo; (60). Es el naufragio, un hueco en el pecho, el vac&iacute;o que dejan las despedidas en el aeropuerto y el deseo de volver. &iquest;A d&oacute;nde? Nunca se trata de un lugar concreto, explica la escritora que se define a s&iacute; misma como <em>argenmex</em>, sino a un tiempo psicol&oacute;gico: &ldquo;A la vida que no tuvimos&rdquo; (81). El exilio es, sobre todo, una herida abierta, y en los mejores casos &ldquo;fecunda&rdquo;, una cicatriz en la que se aprecia el zurcido de la memoria. Una marca que esconde y revela el antes y el despu&eacute;s de la partida. Una huella indeleble donde se ve el arraigo y el desarraigo, la dislocaci&oacute;n, el desplazamiento, el anhelo de pertenecer y la imposibilidad de la pertenencia. Los que nos vamos de casa para no volver sabemos que es cierto, que debemos lidiar con estas incertidumbres toda la vida. No solo eso: &ldquo;Quien ha sido desterrado, migrante, n&oacute;mada, sabe que puede volver a serlo en cualquier momento. O, mejor dicho, que nunca dejar&aacute; de serlo&rdquo; 127). Tal vez por eso mismo el libro de Lorenzano est&aacute; hecho de fragmentos, de retazos de ayer y de hoy, de experiencias propias y ajenas, halladas al caminar junto a alg&uacute;n eterno peregrino. En &eacute;l las palabras queman, duelen y solo a veces sanan. Son suyas pero tambi&eacute;n de Clarice Lispector, Sylvia Molloy, Antonio Machado. Y de otros, muchos otros. Porque el exiliado busca una familia alternativa dondequiera que est&eacute;, y en las voces de esos otros, migrantes, desterrados, encuentra el abrazo, el calor de casa, la lengua perdida, el aliento para seguir respirando.</p>
<p>Para Mar&iacute;a Zambrano, la gran fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola que vivi&oacute; un largo exilio debido a la Guerra Civil, el exilio comienza con el abandono, o con la sensaci&oacute;n de sentirse abandonado. Es constatar que hay una insalvable distancia entre el presente y la patria perdida, y que el &uacute;nico destino del desterrado es peregrinar, sin puntos de apoyo, solo al fondo de la historia. El exiliado debe inventarse otra vida all&aacute; a donde va, enraizando una y otra vez, viviendo a la intemperie, entre escombros, refugiado en el silencio, pese a lo que parezca. Por eso mismo Clara Obligado siente que el exiliado es una versi&oacute;n distinta de aquel que fue. Al analizar una conversaci&oacute;n con otros amigos exiliados, piensa: &ldquo;Somos los otros de nosotros mismos&hellip; Ha llegado el momento en el que no sabemos qu&eacute; es ir, qu&eacute; es volver. Entre tantas otras cosas perdidas, hemos perdido el habla com&uacute;n&rdquo; (115). &iquest;Cu&aacute;ntos de nosotros que vivimos lejos del hogar no sentimos algo parecido y recurrimos a palabras en desuso porque son las &uacute;nicas donde a&uacute;n nos reconocemos? &iquest;Cu&aacute;ntos no perdimos la voz, las cadencias de nuestro idioma, por el contacto con otras lenguas o para no desentonar con la gente de nuestro alrededor?&nbsp;</p>
<p><em>Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy. Por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos&hellip; </em>Para Sandra Lorenzano el exilio es el miedo a volver y el miedo a no volver, el regalo de estar vivos, pero distantes de casa. Es la condena de vivir con la ausencia perpetua, envejecer &ldquo;lejos de los testigos de la infancia. Sin la mirada que nos reconoce&rdquo; (89). Pensando en las lenguas que habita, en las palabras que la traspasan de un castellano a otro, en su af&aacute;n de pertenencia y en la imposibilidad de ser de un solo lugar, Lorenzano quisiera quedarse muda justo antes de la hora final: &ldquo;Que otros escriban la gesta heroica de la resistencia y los exilios. Que otros m&aacute;s insistan en los gestos pla&ntilde;ideros y las etiquetas. Si digo que me qued&eacute; tartamuda, &iquest;me entienden?&rdquo; (160). Los que vivimos lejos de casa sabemos por qu&eacute; lo dice. Entendemos su balbuceo, su identidad dividida, repartida entre varias partes de uno mismo. Es la voz del exilio. Entrecortada. Llagada. Potente. Engendrada en el intersticio del d&iacute;a a d&iacute;a, hecha de humo y ceniza, de todo aquello que hoy somos y de aquello que pudimos haber sido.<strong>&nbsp;</strong>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20OSWALDO%20ESTRADA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20JUNIO%202026.doc#_ftnref1">[1]</a> Cito de la sexta edici&oacute;n de su libro, publicada en 2025.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 13:08:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a la neurocientífica Nazareth castellanos y a la poeta Yolanda Castaño ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-la-neurocientifica-nazaret-castellanos-y-a-la-poeta-yolanda-castano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/NAZARETH_CASTELLANOS_3_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Buena prueba de ello es el gran impacto que han obtenido entre los lectores y en los medios de comunicaci&oacute;n sus &uacute;ltimos libros publicados. As&iacute;, Nazareth Castellanos es la autora de <em>El puente donde habitan las mariposas. Biosof&iacute;a de la respiraci&oacute;n</em>. Editado por Siruela en 2025, ha conseguido unas ventas de m&aacute;s de 120.000 ejemplares que le han posicionado como una de las obras de no ficci&oacute;n m&aacute;s vendidas en Espa&ntilde;a. Su m&eacute;rito, como ha valorado la cr&iacute;tica, es que ha logrado descodificar las claves cient&iacute;ficas de la neurociencia actual para acercarla al ciudadano de a pie. Y lo ha hecho, seg&uacute;n Pablo d&rsquo;Ors, &ldquo;con una prosa impecable que muestra con elegancia c&oacute;mo ciencia y humanidades pueden volver a darse la mano&rdquo;.</p>
<p>Por lo que se refiere a Yolanda Casta&ntilde;o, la entrevista que publica TURIA tiene como eje central su libro, editado por P&aacute;ginas de Espuma el pasado oto&ntilde;o, <em>Econom&iacute;a y poes&iacute;a: rimas internas</em>. Es una obra ensay&iacute;stica de indudable impacto, por su lucidez argumental y porque en sus p&aacute;ginas se reflexiona con criterio sobre la creaci&oacute;n art&iacute;stica/cultural y su remuneraci&oacute;n. Adem&aacute;s, su autora sabe muy bien de lo que habla por cuanto es una poeta de reconocido prestigio y contrastada trayectoria, que tiene en su haber galardones como el Premio Nacional de Poes&iacute;a. Por todo ello, Yolanda Casta&ntilde;o nos brinda un testimonio muy valioso y con el que es dif&iacute;cil no sentirse c&oacute;mplice. Son p&aacute;ginas que retratan de manera veraz lo complejo que es vivir de cualquier oficio creativo o cultural. Y, tambi&eacute;n, es un ensayo valiente que denuncia como un argumento da&ntilde;ino y falso el de quienes insisten en mistificar el oficio po&eacute;tico y no lo consideran un trabajo profesional que debe ser necesariamente retribuido.</p>
<p>Tambi&eacute;n muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas elaboradas por Juan J. V&aacute;zquez se nos habla, a trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo in&eacute;dito titulado &ldquo;El c&iacute;rculo de Bloomsbury: afinidad intelectual y responsabilidad moral&rdquo;, acerca de una cuesti&oacute;n de notable inter&eacute;s en este convulso siglo XXI: la necesidad de seguir el ejemplo de la escritora Virginia Woolf y de cuantos integraron el llamado C&iacute;rculo de Bloomsbury. Es decir, la importancia de que los protagonistas m&aacute;s relevantes de la cultura asuman, desde la responsabilidad moral y la independencia intelectual, posiciones favorables a la causa de la libertad y el progreso, al pensamiento libre. Si ellos tomaron posici&oacute;n ante los terribles acontecimientos que atravesaron el siglo XX, los postulados y el comportamiento de los miembros del citado grupo de personalidades bien pueden servirnos de modelo para afrontar &ldquo;un presente abrumado por los presagios de nuevas tormentas&rdquo; sociales y pol&iacute;ticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NAZARETH CASTELLANOS, O C&Oacute;MO CONTAGIAR LA PASI&Oacute;N POR LA NEUROCIENCIA</strong></p>
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<p>Nazareth Castellanos &nbsp;(Madrid, 1953) es licenciada en F&iacute;sica Te&oacute;rica y doctora en Neurociencia por la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid. Lleva m&aacute;s de veinte a&ntilde;os dedicada a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, y ha empleado la &uacute;ltima d&eacute;cada en estudiar el impacto de la respiraci&oacute;n sobre la din&aacute;mina neuronal. Ha trabajado en universidades europeas como el King&rsquo;s College brit&aacute;nico o el Instituto Max Planck alem&aacute;n. Dirige un laboratorio que investiga la neurociencia de la meditaci&oacute;n, y la relaci&oacute;n entre el cerebro y el resto del cuerpo. Compagina esta labor de investigaci&oacute;n con la divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica y ha publicado los ensayos: <em>El espejo del cerebro</em> (2021), <em>Neurociencia del cuerpo</em>&nbsp;(2022) y <em>El puente donde habitan las mariposas. Biosof&iacute;a de la respiraci&oacute;n&nbsp;</em>(2025).&nbsp;</p>
<p>La conversaci&oacute;n con Nazareth Castellanos ha sido realizada por Ang&eacute;lica Tanarro, una de las periodistas culturales m&aacute;s prestigiosas de Castilla y Le&oacute;n, responsable durante a&ntilde;os de la secci&oacute;n de cultura del principal peri&oacute;dico de esa comunidad: <em>El Norte de Castilla</em>, que se edita en Valladolid. En la entrevista que publica TURIA, Nazareth nos habla de muchos temas de actualidad y de enorme trascendencia futura. Por ejemplo, preguntada por la Inteligencia Artificial, nos dir&aacute;: &ldquo;hay demasiada euforia con la IA, pero bien utilizada podr&aacute; hacernos mejores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De igual forma, Nazareth Castellanos est&aacute; totalmente convencida de que &ldquo;hay una visi&oacute;n muy superficial de lo que es la salud mental, o la gesti&oacute;n de la mente, o el conocimiento de uno mismo&rdquo;. De hecho, la cita de Santiago Ram&oacute;n y Cajal, nuestro Premio Nobel de Medicina y con la que abre su nuevo libro es muy reveladora de lo que ella tambi&eacute;n opina: &ldquo;Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro si nos lo proponemos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Respecto a la correlaci&oacute;n entre salud cerebral y salud cardiovascular, nos dir&aacute;: &ldquo;Grandes expertos de la Universidad de Estocolmo, como la doctora Fratiglioni, han estudiado c&oacute;mo los factores de riesgo de la demencia son los mismos que los factores de riesgo cardiovascular. Siempre suelen ir de la mano. Y luego se ha visto que cuando hay disfunci&oacute;n cerebral hay disfunci&oacute;n card&iacute;aca&rdquo;. O sea, que &ldquo;el segundo cerebro es el coraz&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En otro momento de la entrevista, se hace una inequ&iacute;voca defensa de la divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica, hasta el punto de insistir en la importancia de que &ldquo;nos alfabeticemos en c&oacute;mo funciona el cuerpo, porque asumimos como normales cosas que no lo son&rdquo; (&hellip;) De esto trata la medicina preventiva: de ir observando tu cuerpo, saber lo que te parece que es saludable y lo que no&rdquo;. Y es que, para Castellanos, &ldquo;Tenemos que trabajar con la poblaci&oacute;n para que sepa reconocer lo que es saludable y lo que no, y aprender a reconocer en el otro ciertos patrones&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Nos desvela igualmente la autora de &ldquo;El puente donde habitan las mariposas&rdquo; otro factor clave en nuestras vidas como es el entorno: &ldquo;Solemos infravalorar el impacto que tiene el entorno sobre nosotros. Lo infravaloramos y, por ejemplo, a nivel social deber&iacute;amos empezar a considerar el impacto que tiene en nosotros el gris que inunda las ciudades, las esquinas, la falta de verde, los edificios horrorosos&hellip; todo eso va impactando y cada vez hay m&aacute;s estudios que dan cuenta de ello&rdquo;. &nbsp;</p>
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<p><strong>YOLANDA CASTA&Ntilde;O: &ldquo;QUIENES VIVIMOS DE LA POES&Iacute;A CLARO QUE HABLAMOS DE CACH&Eacute;S&rdquo;</strong></p>
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<p>Entre los nombres propios m&aacute;s indiscutibles de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea hay que situar a la autora gallega Yolanda Casta&ntilde;o (Santiago de Compostela, 1977). Adem&aacute;s de su labor como poeta, es fil&oacute;loga, traductora, videocreadora y una activa y premiada gestora cultural con su propia Residencia para Escritores/as en A Coru&ntilde;a. Lleva desde 2009 dirigiendo talleres de traducci&oacute;n po&eacute;tica, festivales y ciclos mensuales de poes&iacute;a.</p>
<p>Entre los galardones que ha obtenido, debemos citar: el Premio Nacional de Poes&iacute;a en 2023, dos veces Premio Nacional de la Cr&iacute;tica (1998 y 2022), Premio El Ojo Cr&iacute;tico 2009, &laquo;Autora del A&ntilde;o&raquo; 2014 para las Librer&iacute;as de Galicia, &laquo;Gallega del A&ntilde;o 2023&raquo;, el XXIII Premio Ram&oacute;n Pi&ntilde;eiro de Ensayo o el Premio de la Cultura de Galicia.</p>
<p>Yolanda Casta&ntilde;o cuenta con siete poemarios individuales, ediciones biling&uuml;es (gallego-castellano) para el resto de Espa&ntilde;a y Latinoam&eacute;rica, libros publicados en ingl&eacute;s, franc&eacute;s, catal&aacute;n, italiano, entre otras lenguas,&nbsp; varias antolog&iacute;as &ndash;con m&uacute;sica, biling&uuml;es, en c&oacute;mic po&eacute;tico...&ndash; y siete libros de poes&iacute;a infantil, adem&aacute;s de otras obras publicadas como editora, bi&oacute;grafa o traductora de poetas contempor&aacute;neos.&nbsp;</p>
<p>Ha recibido becas como Escritora en Residencia en Rodas (Grecia), M&uacute;nich, Beijing, Escocia, Andaluc&iacute;a, Finlandia, Galicia, California y Turqu&iacute;a. En colaboraci&oacute;n con otros artistas, desarrolla experiencias que fusionan la escritura con m&uacute;sica, pl&aacute;stica, arquitectura, danza, audiovisual, c&oacute;mic, cine o incluso gastronom&iacute;a. Su obra ha aparecido representada en multitud de revistas, libros colectivos y antolog&iacute;as, as&iacute; como en numerosos encuentros y festivales de m&aacute;s de cuarenta pa&iacute;ses de Europa, Am&eacute;rica, &Aacute;frica y Asia, habi&eacute;ndose traducido en parte a m&aacute;s de treinta idiomas.</p>
<p>La entrevista que dedica TURIA a Yolanda Casta&ntilde;o ha sido realizada por otro poeta: Fernando del Val, tambi&eacute;n periodista de RNE. En esa conversaci&oacute;n tan clarificadora, la escritora responde a la actual sospecha de que de que es posible que exista m&aacute;s gente que escribe y desea publicar lo que escribe de la que lee: &ldquo;la democratizaci&oacute;n del acceso a las herramientas no s&oacute;lo literarias sino editoriales ha dado buenos tiempos para el escritor aficionado y peores para la escritora profesional. A veces son superiores las ansias expresivas que las lectoras. Entiendo que no pueda ser una profesi&oacute;n masiva, pero as&iacute; como hay personas que viven de editar libros y otras lo hacen de venderlos en sus establecimientos e incluso las hay que viven de distribuirlos, deber&iacute;a caber un peque&ntilde;o porcentaje de la sociedad que viva de escribir&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, reconoce Yolanda Casta&ntilde;o, que &ldquo;no podemos dejar los productos culturales y art&iacute;sticos exclusivamente en manos del mercado. Eso ser&iacute;a dejarlos en la ley de la selva. &iquest;Dejar solo aquellos productos m&aacute;s comerciales? No s&eacute; si queremos una sociedad que se recuerde s&oacute;lo por el f&uacute;tbol, las orquestas, los <em>reality shows</em> y la literatura folletinesca. La cultura y el arte son elementos que construyen nuestra identidad, la de una &eacute;poca, la de un pa&iacute;s&rdquo;.</p>
<p>A la pregunta de si puede haber en Espa&ntilde;a una ense&ntilde;anza reglada de la escritura, Yolanda Casta&ntilde;o reconoce que no lo tiene claro, &ldquo;pero s&iacute; considero que volvemos a ser hijos de nuestras propias tradiciones culturales. Me he encontrado con escritoras y escritores provenientes de otras que me preguntan con enorm&iacute;sima y profunda curiosidad c&oacute;mo las escritoras espa&ntilde;olas aprendemos a escribir. En los pa&iacute;ses anglosajones, las clases de escritura est&aacute;n extendid&iacute;simas. Se trata de una pr&aacute;ctica muy longeva. F&iacute;jese que en nuestro pa&iacute;s s&iacute; tenemos formaciones regladas en otros &aacute;mbitos art&iacute;sticos: la pl&aacute;stica, la m&uacute;sica, la arquitectura, la escultura&hellip; en literatura esto causa enorme estupor&rdquo;.</p>
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<p><strong>LA VIGENCIA DEL LEGADO DE VIRGINIA WOOLF Y DEL C&Iacute;RCULO DE BLOOMSBURY</strong></p>
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<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, el gestor cultural y cr&iacute;tico de arte Juan J. V&aacute;zquez, analiza la vigencia y el inter&eacute;s que posee el legado de la c&eacute;lebre escritora brit&aacute;nica Virginia &nbsp;Woolf (1882-1941) y del grupo de personalidades al que perteneci&oacute; y que se denomin&oacute; el C&iacute;rculo de Bloomsbury.</p>
<p>Se da continuidad as&iacute;, y se brinda mayor visibilidad, a la iniciativa que durante el curso 2024-2025 llev&oacute; a cabo la galer&iacute;a-librer&iacute;a La Casa Amarilla de Zaragoza a dedicar su programaci&oacute;n a mostrar la vigencia de la literatura y el pensamiento de Virginia Woolf, una de las autoras m&aacute;s le&iacute;das, traducidas y estudiadas del siglo XX. Todo ello desde la perspectiva que brindaba el centenario de la edici&oacute;n de &ldquo;La se&ntilde;ora Dalloway&rdquo; (1925) una novela que inaugur&oacute; una nueva forma de narrar en la literatura universal.</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;El C&iacute;rculo de Bloomsbury: afinidad intelectual y responsabilidad moral&rdquo;, Juan J. V&aacute;zquez subraya en TURIA que tanto la lectura como la escritura fueron concebidas, en el caso de Virginia Woolf y en el de los miembros de Bloomsbury, como &ldquo;asideros para enfrentar el estupor que provoca el desaf&iacute;o intempestivo de la muerte y de un tiempo atravesado por dos guerras mundiales&rdquo;. Por eso, ella &ldquo;interrog&oacute; con sus obras al tiempo que le toc&oacute; vivir, y cuando dej&oacute; de tener respuestas decidi&oacute; salir de escena. En la soledad de su habitaci&oacute;n propia, que reivindic&oacute; para todas las mujeres, escribi&oacute; las reflexiones que compart&iacute;a con un grupo de personas, espectadoras activas como ella de lo que suced&iacute;a a su alrededor con la confianza en un futuro que, finalmente, no fue&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n V&aacute;zquez, &ldquo;La trayectoria del C&iacute;rculo de Bloomsbury nos permite contextualizar la producci&oacute;n literaria de Virginia Woolf, que transcurri&oacute; paralela a los principales movimientos socioculturales de la primera mitad del siglo XX: la reacci&oacute;n contra la sociedad victoriana, el pacifismo frente a los nacionalismos de la Primera Guerra Mundial, la movilizaci&oacute;n contra el fascismo en el periodo de entreguerras, el crecimiento del socialismo no revolucionario o las reivindicaciones feministas, siempre desde unas firmes convicciones morales e intelectuales&rdquo;.</p>
<p>De ah&iacute; que Juan J. V&aacute;zquez reivindique en su art&iacute;culo el compromiso con su tiempo que marc&oacute; la actividad del C&iacute;rculo de Bloomsbury y la necesidad de que se proyecte al presente como un modelo de actuaci&oacute;n. Y ello porque, &ldquo;fue el de Bloomsbury un comportamiento no demasiado habitual en el &aacute;mbito de las artes, pues la toma de posici&oacute;n ante los conflictos sociales y pol&iacute;ticos de quienes desarrollan un trabajo intelectual ha sido hist&oacute;ricamente controvertida: la equidistancia como falsa postura de objetividad, la evasiva neutralidad del arte ante la pol&iacute;tica, el revisionismo hist&oacute;rico como justificaci&oacute;n para falsear la realidad son algunas de las salidas que intelectuales, artistas y profesionales han adoptado para evitar pronunciamientos que inevitablemente iban a ser juzgados desde la pol&iacute;tica. La postura de los miembros del C&iacute;rculo de Bloomsbury ante las dos guerras mundiales o las circunstancias que las provocaron, as&iacute; como ante el auge de los nacionalismos o la eclosi&oacute;n de los autoritarismos, es inusual. El estudio del compromiso pol&iacute;tico de sus componentes nos permite concluir que se fundament&oacute; en un principio que permite pocas objeciones: la responsabilidad moral. Una posici&oacute;n vigente hoy en la de artistas e intelectuales que no dudan en mostrar su compromiso en un momento dominado por continuas y severas incertidumbres&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 09 Jun 2026 12:45:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Burbáguena blues]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/burbaguena-blues/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ENRIQUE_VILLAGRASA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sobre la creaci&oacute;n de la poes&iacute;a, sobre el poeta y la poes&iacute;a, Enrique Villagrasa (Burb&aacute;guena, 1957) escribe y lee: todo lo que ha pasado por delante de sus ojos, cl&aacute;sico y can&oacute;nico, m&aacute;s todas las nuevas corrientes de poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Desde su trayectoria como cr&iacute;tico, como codirector de la colecci&oacute;n de poes&iacute;a &ldquo;Rayo azul&rdquo; (Huerga &amp; Fierro) junto a &Oacute;scar Ayala. Su obra m&aacute;s reciente incluye <em>Queda tu sombra</em> (Huerga &amp; Fierro, 2019), <em>La poes&iacute;a sabe esperar</em> (Igitur, 2019) y <em>Fosfenos</em> (Huerga &amp; Fierro, 2024).&nbsp;</p>
<p>Este volumen, <em>En la esquina del verso</em> (PUZ, 2026), publicado en la colecci&oacute;n &ldquo;La gruta de las palabras&rdquo;, es uno de sus mejores libros. Comenzar con Miguel de Cervantes y dedicar el primer poema a Nacho Escu&iacute;n. Indicativo de la situaci&oacute;n desde la que el lector parte: &ldquo;Solo vivimos y solo morimos, / consumidos por el poema no escrito&rdquo;. Una imagen que siempre acude, &iquest;es el sonido del ahogo?: &ldquo;El cad&aacute;ver / del tiempo florec&iacute;a&rdquo;. Sobre el mar y el tiempo, pedir y escuchar, verbos y sintagmas que complementan al autor que, herm&eacute;tico, se desliza en la acci&oacute;n, en la sumisi&oacute;n del poema: &ldquo;Que busca tu rostro ausente, / como el mar en su decir y desdecir&rdquo; y atrapado por la mutaci&oacute;n de lo eucl&iacute;deo utiliza una palabra, Ucron&iacute;a, que florece en un verso como el futurismo, como Giuseppe Ungaretti, una p&aacute;gina en soledad, subversiva: &ldquo;La fr&iacute;a ma&ntilde;ana / nace sorprendida camino de la fuente&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Volver a otro tema, volver a otro verso, Enrique Villagrasa, con un camino recorrido, vital y po&eacute;tico, una larga trayectoria, recordar <em>Fosfenos</em>, la manera en la que enlaza el final de un poema con el verso inicial del siguiente. Un juego en el que Villagrasa nos hace c&oacute;mplices. &iquest;Qu&eacute; hace la poes&iacute;a? Ofrece belleza, pero tambi&eacute;n es exigente: &laquo;Y el poema tendr&aacute; su revancha&raquo;. Denuncia que los poetas ya no leen: con exclamaciones y preguntas, Enrique Villagrasa, ofrece paciencia, pero se muestra exigente en sus lecturas, m&aacute;s all&aacute; del camino cartesiano: &laquo;Es posible que el mundo defina / al mundo&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Conforme avanzamos en el poemario la geograf&iacute;a emocional aparece y se convierte en determinante l&iacute;rico, Jiloca (el mar y el tiempo): &ldquo;Y all&aacute; en la misteriosa playa blanca, esa Belleza / no envejece el mar ni sus labios violeta&rdquo;. Ritmo de verso larga, trepidante sobre las s&iacute;labas, all&iacute;, del Jiloca, pu&ntilde;al que arrastra el recuerdo del mar hasta Burb&aacute;guena. Villagrasa, de Tarragona a Burb&aacute;guena. Del Mediterr&aacute;neo a la frontera, entre Teruel y Zaragoza.&nbsp;</p>
<p>Nos adentramos en el poema IV, recogemos el verso: &ldquo;En la gruta feroz de las palabras&rdquo; madre que riega, &ldquo;No te olvides de apagar el verso c&aacute;lido / cuando abandonas el portal de su casa&rdquo;. &iquest;Lo divino, lo cotidiano, la primavera tiene un apellido de verso fr&iacute;o? &laquo;El poeta es aprendiz: / cementerio de Burb&aacute;guena, / para ser amado&raquo;. La distancia del oleaje, el recuerdo del mar: &laquo;Aquella ola que acaricia era salada: / ese mar incompleto pues faltan sus pasos&raquo;. La poes&iacute;a es luz, luz es Burb&aacute;guena (toda la luz, la poes&iacute;a y Burb&aacute;guena): &laquo;Acaso tu ni&ntilde;ez en Burb&aacute;guena no es el territorio de lo indecible? / &iquest;Acaso tus libros; cada uno, no est&aacute; contenido/en el anterior; / y <em>Fosfenos</em> no contiene al siguiente sino?&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El final del libro, desemboca en una geograf&iacute;a, una intensidad situacional de versos demoledores, de amparo en el recuerdo, contraste de oscuridad y ma&ntilde;ana: "De noche tal vez sue&ntilde;es con ella: / esa enloquecida ciudad y su mar./ Reconocer su voz fue tu rescate./ Y sin embargo amas su luz mediterr&aacute;nea&rdquo;. Cerrar el texto, casi cerrarlo m&aacute;s bien, con un listado de referentes, de amigos y compa&ntilde;eros de viaje, de citas y protecciones: Juan Antonio Tello, Alfredo Salda&ntilde;a y, de nuevo Nacho Escu&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>Esa manera de intercambiar, de mirar de otro modo, de alimentarse del cierzo de Burb&aacute;guena como otros lo hacen del Ebro en Logro&ntilde;o, miradas diferentes en espacios distintos, es una manera eficaz de defender la poes&iacute;a, como tambi&eacute;n extrapolar lo pr&oacute;ximo, lo &iacute;ntimo, al mundo: &laquo;El mundo es un d&eacute;dalo de cenizas, / una geometr&iacute;a de escombros&raquo;. Es este uno de los grandes libros de la notable obra de Enrique Villagrasa, lector y cr&iacute;tico, hoy, aqu&iacute;, en estas p&aacute;ginas, impactante redactor de su tiempo, de su intimidad po&eacute;tica.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enrique Villagrasa, <em>En la esquina del verso</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2026</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 08:17:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Ortega Marcos: «El poema debe estar manchado por aquello que te salpica y te atraviesa»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jorge-ortega-marcos-el-poema-debe-estar-manchado-por-aquello-que-te-salpica-y-te-atraviesa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JORGE_ORTEGA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con un poemario entre lo ir&oacute;nico, la denuncia, la retranca, el vuelo l&iacute;rico y ciertas vetas de humanismo existencial, Jorge Ortega Marcos (Madrid, 1993) ha obtenido el Acc&eacute;sit del Premio Adon&aacute;is 2025 con <em>Poliquetos</em> (Rialp), un poemario del que ha destacado el jurado su &laquo;escritura audaz, que combina un existencialismo ir&oacute;nico con una cr&iacute;tica incisiva, sin ret&oacute;ricas vac&iacute;as, construida con gran pericia m&eacute;trica y r&iacute;tmica y deslumbrantes aciertos verbales&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Tan po&eacute;ticos pueden resultar estos gusanos marinos, los poliquetos, como para nombrar un poemario?&nbsp;</p>
<p>-Eleg&iacute; <em>Poliquetos</em> como s&iacute;mbolo y juego. Por un lado, como mencionas, su significado de gusanos marinos buscaba aludir a sus aspectos primitivos, a su car&aacute;cter oculto y su dualidad entre lo resistente y lo fr&aacute;gil. As&iacute;, el libro <em>Poliquetos</em> se presenta como un tratado zool&oacute;gico dividido en tres partes (alimentaci&oacute;n, h&aacute;bitat y anatom&iacute;a) donde la idea del gusano juega como una met&aacute;fora de lo urbano y lo obrero.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, la etimolog&iacute;a de la palabra poliquetos proviene de la gran cantidad de estructuras filamentosas (quetas) que les sirven a estos animales como tacto y locomoci&oacute;n. As&iacute;, buscaba presentarlo, a su vez, como un juego donde la multiplicidad de formas y estructuras po&eacute;ticas presentes en el libro, quieren asemejarse a las quetas que utiliza el gusano para sentir y desplazarse.&nbsp;</p>
<p>No obstante, para m&iacute;, la propia palabra poliquetos ya funcionaba por s&iacute; misma. La morfolog&iacute;a y sonoridad de la palabra quise presentarla como un juego para la b&uacute;squeda de su propia significaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ndo conviene adentrarse en &laquo;la trastienda de los restaurantes&raquo;, esos lugares en los que &laquo;se electrocutan las lib&eacute;lulas&raquo;?&nbsp;</p>
<p>-Estos versos hacen alusi&oacute;n a uno de mis referentes po&eacute;ticos, Juan Carlos Mestre, quien en uno de sus poemas termina con los maravillosos versos &laquo;es probable que la invisibilidad y estos hechos/ solo guarden relaci&oacute;n con una lib&eacute;lula&raquo;. As&iacute;, creo que es necesario mirar en nuestras trastiendas, aquellas que nos constituyen y nos rodean.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poema debe estar manchado por aquello que te salpica y te atraviesa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;De qu&eacute; se manchan las ideolog&iacute;as? Y el poema, &iquest;queda manchado por algo?&nbsp;</p>
<p>-Para m&iacute; las ideolog&iacute;as est&aacute;n manchadas de pescado y pur&eacute; precalentado. Est&aacute;n manchadas de sus propias incoherencias, y para m&iacute;, esto las hace ser m&aacute;s humanas. Qu&eacute; aburridos son los -ismos (y los poemas) que no est&aacute;n impregnados de dudas y su contrario. Creo as&iacute;, que el poema debe estar manchado por aquello que te salpica y te atraviesa. Como menciona Ben Clark (otro de mis referentes po&eacute;ticos) citando a Paul Muldoon en una conferencia impartida en la Fundaci&oacute;n Juan March, &laquo;un poema es una respuesta a una pregunta que solo ese poema ha formulado&raquo;, y para m&iacute;, esto constituye su mancha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Para que a un sitio el poeta pueda llamarlo &laquo;casa&raquo;, &iquest;qu&eacute; se requiere?&nbsp;</p>
<p>-Qu&eacute; pregunta m&aacute;s complicada. Para empezar, dado el tiempo que nos ha tocado vivir y la crisis de acceso a la vivienda, dir&eacute; &laquo;una casa&raquo; como hecho material y necesario. No obstante, querr&iacute;a traer otras dos citas al respecto, una de mi maestro y amigo Jes&uacute;s Urceloy quien me ha ense&ntilde;ado que &laquo;el poeta no sale de su casa: entra en el mundo&raquo; esta casa-mundo es donde busco como poeta &laquo;mi casa&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, en relaci&oacute;n con esta primera necesidad, de la casa en su realidad tangible, quiero recordar aquel poema de Cesar Vallejo que dice: &laquo;todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay una reivindicaci&oacute;n continua de la tensi&oacute;n entre clases, de la desigualdad que propicia. Para que un poema denuncie y mantenga el tono po&eacute;tico sin convertirse en un panfleto sin vuelo alguno, &iquest;qu&eacute; se necesita?&nbsp;</p>
<p>-No es una pregunta menor, la verdad que me lo han preguntado bastante en estos meses. Ciertamente pensaba que este debate de adjetivar la poes&iacute;a es sus calificativos &laquo;social&raquo;, &laquo;pol&iacute;tica&raquo;, ya hab&iacute;a acabado hace tiempo. C&oacute;mo no recordar a la generaci&oacute;n del 50 con Jos&eacute; Hierro o &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez hablando largo y tendido sobre esta cuesti&oacute;n. Mi &uacute;nica aspiraci&oacute;n al respecto es estar a la altura y mantener un di&aacute;logo con aquellos poetas que est&aacute;n y aquellos que me precedieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es incre&iacute;ble la multiplicidad de lecturas que se pueden hacer a un poema&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;La poes&iacute;a es la ant&iacute;tesis de la teor&iacute;a de la utilidad esperada?&nbsp;</p>
<p>-Es incre&iacute;ble la multiplicidad de lecturas que se pueden hacer a un poema, la verdad que no estaba pensado como la ant&iacute;tesis de la poes&iacute;a, pero creo que tu mirada lo ensancha y lo hace m&aacute;s tuyo. Para m&iacute; ni la teor&iacute;a de la utilidad esperada ni la f&iacute;sica cu&aacute;ntica son antit&eacute;ticas de la poes&iacute;a. Quiz&aacute;s para m&iacute; la &uacute;nica ant&iacute;tesis de la poes&iacute;a sea el &laquo;ruido&raquo; en todas sus connotaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;El capit&aacute;n Ahab era supersticioso porque sab&iacute;a lo que era la noche&raquo;. &iquest;Conviene serlo?&nbsp;</p>
<p>-Recuerdo aquella frase del capit&aacute;n Ahab diciendo &laquo;yo le pegar&iacute;a al sol si me faltara el respeto&raquo;. Frase que a&uacute;n me resuena cuando veo a personas pisando el suelo reci&eacute;n fregado o juzgando la diferencia. En cuanto al hecho de la superstici&oacute;n misma, volviendo a la idea de los contrarios, creo que hasta las personas m&aacute;s materialistas tienen algo de superstici&oacute;n en sus ideas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es parad&oacute;jico que en los momentos dif&iacute;ciles (como lo fue la pandemia) la gente acuda a la poes&iacute;a y a la ciencia para refugiarse&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La poes&iacute;a, &iquest;qu&eacute; capacidad tiene de reinventar el mundo, de ponerse en acci&oacute;n?&nbsp;</p>
<p>-Responder&eacute; a esta pregunta cambiando el foco parcialmente. Yo trabajo en ciencia, concretamente en investigaci&oacute;n con polinizadores. Contar esto genera casi siempre la misma reacci&oacute;n que decir &laquo;soy poeta&raquo;. La primera reacci&oacute;n es: &laquo;qu&eacute; bonito&raquo; (adjetivo que me chirr&iacute;a en gran medida) y la segunda es: &laquo;y para qu&eacute; sirve&raquo;. Sin embargo, es parad&oacute;jico que en los momentos dif&iacute;ciles (como lo fue la pandemia) la gente acuda a la poes&iacute;a y a la ciencia para refugiarse. De esta manera, contestar&eacute; con uno de mis poemas de cabecera de Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo &laquo;Tenemos una ni&ntilde;a/ a la que a veces digo/ tambi&eacute;n con alegr&iacute;a:/ no sirves para nada&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;S&eacute; que todo es mentira&raquo;. &iquest;Miente el poeta?&nbsp;</p>
<p>-Como mencion&eacute; anteriormente, todo es su contrario en cierta medida, y m&aacute;s en el poema que aludes &ldquo;Efecto Breit-Wheeler&rdquo; que hace referencia a un concepto de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica que habla de la dualidad luz-materia. Por tanto, yo soy mi propio fingidor como dir&iacute;a Pessoa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Haber ganado un premio como el Adonais con un poemario tan pol&iacute;ticamente combativo, &iquest;es como haber colocado una bomba en el coraz&oacute;n exacto de la muerte?</p>
<p>-Qu&eacute; imagen m&aacute;s potente. Espero que no sea un diagn&oacute;stico grave y que puedan tratarse las bombas en el coraz&oacute;n. Para m&iacute; la colecci&oacute;n Adonais es el sue&ntilde;o de un ni&ntilde;o que escrib&iacute;a con la intuici&oacute;n de un chicle de mel&oacute;n. Espero estar a la altura, aunque sea de puntillas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 07:59:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prestigiosos autores protagonizan el nuevo número de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/prestigiosos-autores-protagonizan-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/JORGE_LUIS_BORGES_11_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Otro autor que contin&uacute;a gozando del favor del p&uacute;blico y de los estudiosos de nuestras letras es Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n. De ah&iacute; que ahora la revista TURIA brinde una aproximaci&oacute;n rigurosa, oportuna y completa, a su labor literaria. Porque este acad&eacute;mico de n&uacute;mero de la RAE es, sobre todo, un indiscutible referente de la mejor cultura espa&ntilde;ola. Conviene subrayarlo porque, todav&iacute;a hoy, en la trayectoria de este c&aacute;ntabro nacido en Torrelavega se destacan por encima de otros m&eacute;ritos su condici&oacute;n de laureado director de cine, de realizador de exitosas series para televisi&oacute;n, o su tarea como guionista y productor. Y sin embargo, como confirman sus novelas, hay en Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n un escritor fabuloso y pr&oacute;digo en obras que nos interpelan. Un creador total que confirmar&iacute;a, adem&aacute;s, la tesis de que cine y literatura son vasos comunicantes.&nbsp;</p>
<p>Junto &nbsp;a esas atractivas aproximaciones a Borges y Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, destaca tambi&eacute;n en esta entrega de TURIA un art&iacute;culo de Ra&uacute;l Molina Gil, profesor de la Universidad de Alcal&aacute; de Henares, que aborda la notable y hoy olvidada labor intelectual de Antonio S&aacute;nchez Barbudo. Bien lo merece porque este escritor, profesor y cr&iacute;tico literario, fue uno de los m&aacute;s ilustres miembros del exilio republicano espa&ntilde;ol. No en vano, hab&iacute;a sido por ejemplo uno de los promotores de la c&eacute;lebre revista cultural <em>Hora de Espa&ntilde;a</em> que pretendi&oacute;, en plena guerra civil, seguir fomentando la creatividad y el ensayismo a pesar del conflicto b&eacute;lico. Tambi&eacute;n fue uno de los participantes de aquellas c&eacute;lebres Misiones Pedag&oacute;gicas que promovi&oacute; la Segunda Rep&uacute;blica y que le permiti&oacute; contactar con la aut&eacute;ntica realidad de Espa&ntilde;a m&aacute;s all&aacute; de la vida de las grandes urbes y establecer lazos fraternales con un sinn&uacute;mero de escritores.&nbsp;</p>
<p>En 1939, como tantos otros, S&aacute;nchez Barbudo tuvo que exiliarse en Francia, donde permaneci&oacute; en un campo de concentraci&oacute;n hasta que pudo viajar a M&eacute;xico. De all&iacute; se trasladar&iacute;a a los Estados Unidos, donde ejercer&iacute;a como profesor universitario hasta su muerte. Sin embargo, nunca abandon&oacute; una f&eacute;rtil tarea investigadora que no obtuvo el eco necesario ni siquiera cuando Espa&ntilde;a se transform&oacute; en un pa&iacute;s democr&aacute;tico.</p>
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<p><strong>ESCRITORES DE CALIDAD LITERARIA CONTRASTADA EN NARRATIVA Y POES&Iacute;A </strong></p>
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<p>Adem&aacute;s de esos relevantes estudios literarios sobre tres autores de calidad y originalidad indiscutibles, TURIA realiza una apuesta clara por difundir material in&eacute;dito de un notable&nbsp; autor franc&eacute;s considerado una de los protagonistas m&aacute;s singulares de la actual literatura europea: Pascal Quignard. Un escritor y m&uacute;sico muy prestigioso en su pa&iacute;s y del que la revista ofrece un anticipo de su nuevo libro, &ldquo;No hay lugar para la muerte&rdquo;, editado este mismo a&ntilde;o en Francia y que ver&aacute; la luz en espa&ntilde;ol en los pr&oacute;ximos meses gracias a la editorial Shangrila. Sus p&aacute;ginas contienen una profunda y po&eacute;tica reflexi&oacute;n sobre el duelo, la persistencia de la vida y el origen, alej&aacute;ndose de la visi&oacute;n tradicional y morbosa de la muerte. Como el propio autor ha declarado: &ldquo;No soy un novelista franc&eacute;s (&hellip;) Soy un lector que un d&iacute;a abri&oacute; un libro y que est&aacute; lejos de haberse apropiado de su lengua&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La potente secci&oacute;n que TURIA dedica a narrativa se nutre tambi&eacute;n de material in&eacute;dito de autores tan contrastados y reconocidos a nivel literario como Eloy Tiz&oacute;n (Madrid, 1964, considerado uno de los mayores exponentes de la narrativa breve en lengua espa&ntilde;ola de finales del&nbsp;siglo XX y las primeras d&eacute;cadas del XXI), Carlos Cast&aacute;n (aunque de origen altoaragon&eacute;s, naci&oacute; en Barcelona en 1960 y reside desde hace a&ntilde;os en Madrid. Es un autor de prodigiosos libros de relatos como <em>Fr&iacute;o de vivir</em> o <em>Museo de la soledad</em>) y Eduardo Lago (Madrid, 1954, posee en su haber premios como el Nadal, el Nacional de la Cr&iacute;tica o el Ciutat de Barcelona. Reside en Nueva York desde 1987, ha sido director del Instituto Cervantes en esa ciudad y es un gran experto y traductor de la literatura norteamericana).&nbsp;</p>
<p>Junto a ellos, la revista publica tambi&eacute;n material in&eacute;dito de escritores m&aacute;s j&oacute;venes pero igualmente valiosos como como Rebeca Garc&iacute;a Nieto (Medina del Campo, Valladolid, 1977, psic&oacute;loga de formaci&oacute;n, cree que escribir no es otra cosa que zambullirse en la mente ajena) y Alberto Otto (Madrid, 1986, que caus&oacute; impacto con su primera novela <em>La tos</em>, o de autores consolidados como Emilio Gavilanes, tambi&eacute;n reconocido lexic&oacute;grafo.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, la revista apuesta por una nueva voz narrativa: la de la aragonesa Cristina Armunia Berges (Teruel, 1988). La amplia y cuidada secci&oacute;n que TURIA dedica a la poes&iacute;a, la conforman originales de veintis&eacute;is escritores de todo tipo de perfiles generacionales y est&eacute;ticos. Por ejemplo, en la n&oacute;mina de autores de larga y apreciada obra l&iacute;rica que colaboran en esta entrega de la revista se encuentran Clara Jan&eacute;s (acad&eacute;mica de la RAE), Javier Lostal&eacute;, Ana Rossetti, Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Antonio Lucas, Carlos Pardo, Rosana Acquaroni, Selena Millares, Alberto Santamar&iacute;a, Manuel Neila o Juana V&aacute;zquez, por citar a algunos. Entre los nuevos nombres de la joven poes&iacute;a que participan, hay que citar a Guillermo Marco Rem&oacute;n, Sof&iacute;a Nowenstern, Luis Bravo, Candela de las Heras, Rodrigo Buenaventura, Paula D&iacute;az Altozano y Alejandra Mart&iacute;nez de Miguel. Conviene subrayar tambi&eacute;n que la presencia de poetas aragoneses es notable y reafirma la vocaci&oacute;n de TURIA de servir de puente cultural entre territorios y creadores: Adolfo Burriel, Enma Calvo Olloqui, Francisco L&oacute;pez Serrano, Mar&iacute;a Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, Ang&eacute;lica Morales y Ana Mu&ntilde;oz.</p>
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<p><strong>UN BORGES PARA EL SIGLO XXI</strong></p>
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<p>La revista TURIA da a inicio al sumario de su nuevo n&uacute;mero con un brillante texto ensay&iacute;stico sobre la vigencia indiscutible de ese fabuloso escritor que fue y sigue siendo Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 1899 - Ginebra, Suiza, 1986). Lucas Adur, que el pasado a&ntilde;o public&oacute; en Ediciones C&aacute;tedra una excelente biograf&iacute;a de su c&eacute;lebre compatriota, elabora ahora para TURIA un certero art&iacute;culo con el t&iacute;tulo &ldquo;Leer hoy a Jorge Luis Borges: el mismo, el otro&rdquo;. Sin duda, no puede ser m&aacute;s oportuna esta reflexi&oacute;n, esta invitaci&oacute;n a la lectura actual del c&eacute;lebre autor argentino.&nbsp;</p>
<p>Cuando han transcurrido cuarenta a&ntilde;os de su muerte se constata, seg&uacute;n Lucas Adur, que &ldquo;quiz&aacute;s leemos a Borges de otra manera porque el mundo se ha vuelto cada vez m&aacute;s borgeano&rdquo;. Eso significa, en esencia, que &ldquo;hoy es inevitable pensar en las numerosas intersecciones entre realidad y ficci&oacute;n que atraviesan nuestra cotidianeidad: <em>fake news</em>, inteligencias artificiales, m&uacute;sica compuesta e interpretada por algoritmos, identidades virtuales que no se corresponden con ninguna persona real&hellip;&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Tiene raz&oacute;n Lucas Adur cuando afirma: &ldquo;aunque anclado firmemente en el siglo XX &ndash;y a&uacute;n en el XIX, el de su nacimiento&ndash; Borges es un autor para el siglo XXI. Su obra no tematiza avances t&eacute;cnicos comparables a los que actualmente nos rodean, pero s&iacute; se interroga por la dimensi&oacute;n &eacute;tica, filos&oacute;fica y pol&iacute;tica de la superposici&oacute;n de la ficci&oacute;n y la realidad, de la difuminaci&oacute;n de las identidades, de la manipulaci&oacute;n de la historia, de los l&iacute;mites parad&oacute;jicos de una biblioteca infinita (&iquest;la de Babel, Internet?), de los riesgos de una memoria capaz de abarcarlo todo (&iquest;Funes como inteligencia artificial?)&hellip; Ciertos recursos y procedimientos borgeanos que en su momento eran revolucionarios nos resultan hoy reconocibles, casi familiares: los libros imaginarios, la proliferaci&oacute;n de referencias que saltan de un texto a otro y a otro, los desdoblamientos del &ldquo;yo&rdquo; p&uacute;blico y privado (&iquest;qu&eacute; son sino las redes sociales?).&nbsp;</p>
<p>En definitiva, nos dir&aacute; Adur, "en un tiempo en el que nadie parece tener tiempo (o paciencia), Borges ofrece poemas y cuentos que pueden leerse en pocos minutos, pero cuyas resonancias son infinitas. Por eso su obra se mantiene vigente, porque cambia, rele&iacute;da y redescubierta por cada &eacute;poca, por cada lector&rdquo;. Felizmente, Borges es ya un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico intemporal y su literatura nos enriquecer&aacute; siempre.</p>
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<p><strong>MANUEL GUTI&Eacute;RREZ ARAG&Oacute;N: HAY VIDA DESPU&Eacute;S DEL CINE</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Nadie mejor y m&aacute;s autorizado para hablarnos con criterio y acierto del cineasta y escritor Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n (Torrelavega, Cantabria, 1942) que Pablo P&eacute;rez Rubio, quien a su formaci&oacute;n como fil&oacute;logo suma la de historiador del cine y cr&iacute;tico. Adem&aacute;s, ambos han protagonizado en distintas ocasiones las p&aacute;ginas de TURIA. De ah&iacute; que el art&iacute;culo que ahora se publica, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La vida despu&eacute;s del cine. Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n en letras&rdquo;, resulte una util&iacute;sima panor&aacute;mica para que el lector conozca con detalle sobre su producci&oacute;n literaria.&nbsp;</p>
<p>Como ha ocurrido en otros casos de cineastas-escritores, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n no ha disociado plenamente ambas labores, pues como confes&oacute; con iron&iacute;a: &ldquo;hay en m&iacute; dos personas distintas y un solo Guti&eacute;rrez verdadero&rdquo;. Lo que s&iacute; resulta evidente es que, tal y como indica P&eacute;rez Rubio en su art&iacute;culo, &ldquo;en 2008, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n anunciaba p&uacute;blicamente que abandonaba de manera definitiva la pr&aacute;ctica del cine por la de la escritura: &ldquo;desde hace tiempo &mdash;declaraba entonces&mdash; me es muy dif&iacute;cil hacer las pel&iacute;culas que quiero y de la manera que quiero&rdquo;. Esgrim&iacute;a razones de mercado, de indefinici&oacute;n ante los nuevos p&uacute;blicos, o de dificultades para adaptarse a unos tiempos cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles; unos motivos que no le impedir&iacute;an, por el contrario, redactar en soledad su primera novela, <em>La vida antes de marzo</em> (2009), ganar con ella el Premio Herralde y presentarse con solvencia ante el lector&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Atr&aacute;s quedaba una extensa filmograf&iacute;a, como guionista, director y productor tanto de largometrajes, cortometrajes, documentales y series televisivas. Una valiosa y dilatada labor que lo ha situado entre los grandes nombres propios de nuestra industria audiovisual.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, Pablo P&eacute;rez Rubio argumenta en TURIA, a prop&oacute;sito de la tarea como escritor de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, que &ldquo;aparec&iacute;an ya en <em>La vida despu&eacute;s de marzo</em> las constantes que resumir&aacute;n la trayectoria literaria posterior del autor, tanto en el viaje corto del relato como en el itinerario trabajoso de la novela: ausencia de artificios narrativos (pero no de ciertas y peculiares travesuras con la estructura), antirretoricismo, dosificaci&oacute;n de la informaci&oacute;n que se proporciona al lector y juegos con los saberes narrador/ receptor, inclusi&oacute;n determinante de un trasfondo socio-pol&iacute;tico, notorias referencias autobiogr&aacute;ficas y dominio del tratamiento de la sugerencia, convertida en sutil valor que no excluye un fino sentido del humor y una innegociable originalidad. Todo ello, siempre, en feliz convergencia con modelos narrativos expl&iacute;citamente heredados de la gram&aacute;tica cinematogr&aacute;fica&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, y no por casualidad, en uno de sus m&aacute;s recientes libros (<em>Vida y maravillas</em>) Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n dejaba una curiosa reflexi&oacute;n sobre el hecho de escribir, que equiparaba al ejercicio de dirigir cine: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es escribir? Una actividad apasionada que termina en algo parecido a una eyaculaci&oacute;n liberadora&rdquo;, &ldquo;algo as&iacute; como nacer de nuevo&rdquo;: libertad, independencia y soledad creadoras frente a las servidumbres de la producci&oacute;n f&iacute;lmica en gran equipo y los problemas relacionados con el dinero y la financiaci&oacute;n.</p>
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<p><strong>ANTONIO S&Aacute;NCHEZ BARBUDO: UN INTELECTUAL DE LA REP&Uacute;BLICA EN EL EXILIO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el descriptivo t&iacute;tulo de &ldquo;El largo viaje de Antonio S&aacute;nchez Barbudo: un intelectual de la Rep&uacute;blica en el exilio&rdquo;, Ra&uacute;l Molina Gil realiza en TURIA una meritoria aproximaci&oacute;n divulgativa acerca de uno de esos miles de espa&ntilde;oles que cruzaron a Francia en 1939. Tras su estancia en el campo de concentraci&oacute;n de Saint-Cyprien, S&aacute;nchez Barbudo consigui&oacute; luego que lo liberaran y embarcar hacia M&eacute;xico en aquel m&iacute;tico barco cargado de prestigiosos exiliados que fue el &ldquo;Sinaia&rdquo;. La siguiente etapa, seis a&ntilde;os m&aacute;s tarde, ser&iacute;a Estados Unidos. All&iacute; ejercer&iacute;a como profesor hasta su jubilaci&oacute;n en 1980 de la Universidad de Wisconsin y all&iacute; muri&oacute; en 1995.&nbsp;</p>
<p>Su peripecia vital y su tarea como escritor, profesor y cr&iacute;tico literario es narrada en TURIA con rigor y voluntad de hacer justicia, de rescatar del olvido a uno de los fundadores de aquella revista cultural s&iacute;mbolo de la Segunda Rep&uacute;blica que fue <em>Hora de Espa&ntilde;a</em>. Una publicaci&oacute;n de referencia que se edit&oacute; entre 1937 y 1939, primero con sede en Valencia y luego en Barcelona, fueron Ram&oacute;n Gaya, Rafael Dieste, Arturo Serrano Plaja y Juan Gil-Albert. Y su n&oacute;mina de colaboradores fue espectacular: en sus p&aacute;ginas encontraremos a Antonio Machado, Mar&iacute;a Zambrano, Jos&eacute; Bergam&iacute;n o Rafael Alberti, por citar a algunos. Sin duda, y como bien la describi&oacute; el hispanista norteamericano Waldo Frank, &ldquo;Hora de Espa&ntilde;a&rdquo; constituy&oacute; &ldquo;el mayor esfuerzo literario que ha salido de cualquier guerra y prueba de que la lucha de Espa&ntilde;a contra la traici&oacute;n del mundo es el nacimiento de una cultura que no debe morir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Dedicado por completo a la docencia e investigaci&oacute;n, en 1958 S&aacute;nchez Barbudo fue nombrado&nbsp;&ldquo;full profesor&rdquo;&nbsp;de Wisconsin y adquiri&oacute; la nacionalidad norteamericana, una circunstancia que le permiti&oacute; viajar y regresar temporalmente a Espa&ntilde;a. Su experiencia la relat&oacute; en &ldquo;Espa&ntilde;a al volver. Impresiones de un refugiado&rdquo;, que public&oacute; en 1959 en la revista neoyorquina&nbsp;<em>Ib&eacute;rica</em>. Editor de&nbsp;<em>Dios deseado y deseante. Animal de fondo&nbsp;</em>(1964) y&nbsp;<em>Diario de un poeta reci&eacute;n casado&nbsp;</em>(1970) de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, as&iacute; como de Miguel de Unamuno (1974), coordin&oacute; y colabor&oacute; en el&nbsp;<em>Homenaje a Arturo Serrano Plaja&nbsp;</em>(1984). En 1981 la Universidad de Wisconsin public&oacute; un libro colectivo en&nbsp;&ldquo;Homenaje a Antonio S&aacute;nchez Barbudo. Ensayos de literatura espa&ntilde;ola moderna&rdquo;<em>&nbsp;</em>y en 1987 asisti&oacute; en Valencia al Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas, en donde present&oacute; una ponencia titulada &ldquo;Algunos recuerdos y reflexiones&rdquo; sobre el Congreso de 1937.&nbsp;</p>
<p>Tal y como se afirma en las conclusiones del art&iacute;culo, pese a los intentos de reubicarlo dentro del mundo literario espa&ntilde;ol, su figura, como la de tantos otros, ha ocupado una posici&oacute;n de injusto margen en la historia de nuestras letras, que s&oacute;lo la cr&iacute;tica contempor&aacute;nea puede ayudar a restaurar. Ojal&aacute; este art&iacute;culo de la revista TURIA contribuya a revalorizar la ingente tarea intelectual que llev&oacute; a cabo Antonio S&aacute;nchez Barbudo.&nbsp;&nbsp; &nbsp;<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>PASCAL QUIGNARD, UN CL&Aacute;SICO VIVO DE LA LITERATURA FRANCESA</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Otro de los principales protagonistas del nuevo n&uacute;mero de TURIA es Pascal Quignard (Verneuil-sur-Avre, Francia, 1948). Considerado un escritor de culto en Europa y un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico vivo de las letras de nuestro pa&iacute;s vecino, Quignard ya fue objeto de un inolvidable monogr&aacute;fico de la revista en 1998. Ahora vuelve a suscitar el inter&eacute;s de los buenos lectores por cuanto se ofrece, en exclusiva en espa&ntilde;ol, un adelanto de su &uacute;ltimo libro publicado: &ldquo;No hay lugar para la muerte&rdquo;. Una novedad que ver&aacute; la luz en el pr&oacute;ximo oto&ntilde;o y gracias a la editorial Shangrila.</p>
<p>Su traductor, Manuel Arranz, escribe en TURIA una reveladora nota informativa en la que nos aclara las intenciones de Quignard con este libro: &ldquo;No hay lugar para la muerte<em>&rdquo;</em>, uno de los &uacute;ltimos versos que escribiera Emily Bront&euml;, es quiz&aacute; su libro m&aacute;s personal, m&aacute;s autobiogr&aacute;fico, m&aacute;s &iacute;ntimo y secreto. Quignard retoma en este texto composiciones musicales so&ntilde;adas, variaciones, fugas y melod&iacute;as, citas expl&iacute;citas e impl&iacute;citas, alusiones, sue&ntilde;os y recuerdos ap&oacute;crifos, ecos de otros libros, propios y ajenos, que se confunden y olvidan,&nbsp; porque leer es, en &uacute;ltima instancia, descifrar el mundo, &ldquo;este mundo de lenguas y de libros&rdquo;, donde todo renace, todo vuelve, todo muere, y no hay lugar para la muerte.&nbsp;</p>
<p>Pascal Quignard vive en Par&iacute;s y se inici&oacute; en la escritura como ensayista a los veinte a&ntilde;os, actividad que sigue cultivando a la par de su creaci&oacute;n novel&iacute;stica. Su otra pasi&oacute;n ha sido y es la m&uacute;sica barroca. Adem&aacute;s, es un experto organista. En 1994, siendo editor en Gallimard y director del Festival de &Oacute;pera Barroca de Versailles, lo deja todo para dedicarse &uacute;nicamente a escribir.&nbsp;</p>
<p>Es autor de m&aacute;s de ochenta libros entre los que destacan sus novelas <em>Carus </em>(1979, premio de la Cr&iacute;tica), <em>El sal&oacute;n de Wurtemberg </em>(1986), <em>La lecci&oacute;n de m&uacute;sica </em>(1987), <em>Las escaleras de Chambord </em>(1989) y, <em>Todas las ma&ntilde;anas del mundo </em>(1991, llevada al cine por Alain Courneau, con banda sonora de Jordi Savall), <em>Terraza en Roma </em>(2000), y <em>Villa Amalia </em>(2006, gran premio Jean Giono). Tambi&eacute;n cabe destacar su ciclo narrativo <em>&Uacute;ltimo reino</em>, del que ya han aparecido cinco vol&uacute;menes, el primero de los cuales, <em>Las sombras errantes&rdquo;</em>, mereci&oacute; el premio Goncourt en 2002. Otros t&iacute;tulos traducidos a nuestro idioma son: <em>Las solidaridades misteriosas </em>(2012) y <em>El amor el mar</em> (2023). No hay que olvidar, finalmente, que Quignard ha escrito numerosos ensayos en los que la ficci&oacute;n se mezcla con la reflexi&oacute;n, como&nbsp;<em>Peque&ntilde;os tratados</em>.&nbsp;</p>
<p>En 2023 recibi&oacute; en Espa&ntilde;a el Premio Formentor de las Letras, dotado con 50.000 euros. Anteriormente, en 2019, Pascal Quignard fue distinguido con el premio Marguerite Yourcenar por el conjunto de su obra. Asimismo, por su contribuci&oacute;n a la difusi&oacute;n de las artes y las letras en Francia y en todo el mundo, ha obtenido numerosos galardones honor&iacute;ficos en su pa&iacute;s natal.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 07:39:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran escritora europea Ingeborg Bachmann protagoniza la revista TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-gran-escritora-europea-ingeborg-bachmann-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/INGEBORG_BACHMANN_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con esta iniciativa, TURIA quiere contribuir a fomentar la lectura en espa&ntilde;ol de quien, seg&uacute;n Thomas Bernhard, fue la poeta m&aacute;s inteligente e importante que ha dado Austria durante el siglo XX. De ah&iacute; que la revista haya afrontado el reto de dar a conocer m&aacute;s y mejor la personalidad y la obra de Ingeborg Bachmann a trav&eacute;s de un atractivo y completo monogr&aacute;fico hispano-austr&iacute;aco. Son 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por veinte autores, entre los que destaca la presencia de Elfriede Jelinek, Premio Nobel de Literatura.&nbsp;</p>
<p>Como escribe Isabel Hern&aacute;ndez en TURIA, &ldquo;cualquiera que intente acercarse hoy a la persona y la obra de Ingeborg Bachmann encontrar&aacute; un panorama no menos que contradictorio. La apariencia moderna, independiente y llena de alegr&iacute;a de vivir de la &uacute;nica escritora austriaca capaz de cosechar con su poes&iacute;a un &eacute;xito sin precedentes en la vecina Alemania de posguerra, de esa escritora, definida por los medios de comunicaci&oacute;n como un milagro literario, que pronunci&oacute; importantes discursos sobre el estado de la poes&iacute;a escrita en su lengua en aquellos dif&iacute;ciles momentos para el arte, todo ello no era en realidad m&aacute;s que la faceta visible de una compleja personalidad. La otra, caracterizada por un miedo y una fragilidad constantes, adem&aacute;s de por una desesperaci&oacute;n recurrente, fue de la que verdaderamente surgi&oacute; una obra literaria capaz de superar y romper los moldes encorsetados de la literatura de la dif&iacute;cil &eacute;poca que le toc&oacute; vivir&rdquo;.</p>
<p>La biograf&iacute;a de Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926 &ndash; Roma, Italia, 1973) es la de una mujer independiente y dedicada a la escritura que, pese a alcanzar el &eacute;xito de cr&iacute;tica y p&uacute;blico, siempre estuvo marcada por una inseguridad existencial. Puede decirse que si bien nunca puso l&iacute;mites entre la vida y el arte, entre la vida y la escritura, su miedo a no alcanzar sus aspiraciones creativas le termin&oacute; conduciendo al c&iacute;rculo vicioso de estimulantes, somn&iacute;feros y tranquilizantes que ensombrecer&iacute;a la &uacute;ltima d&eacute;cada de su vida.</p>
<p>Conviene recordar que, como se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico que publica TURIA, Ingeborg Bachmann solo public&oacute; a lo largo de su vida dos vol&uacute;menes de poes&iacute;a, dos colecciones de relatos y la novela <em>Malina</em>. Sin embargo, &ldquo;a pesar de ello, su breve obra ejerci&oacute; una fuerte influencia en la escena intelectual de habla alemana de su &eacute;poca, sobre todo porque, despu&eacute;s de 1945, Bachmann supo dar a la literatura una nueva fuerza cr&iacute;tica, en tanto que sus poemas y sus textos en prosa tratan siempre de buscar un lenguaje puro y, a trav&eacute;s de &eacute;l, el restablecimiento de la verdad entre los hombres&rdquo;.</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre Ingeborg Bachmann ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Fondo Cultural de Austria, el Gobierno regional de Carintia y la Asociaci&oacute;n Madrile&ntilde;a de Germanistas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PIONERA EN LA REIVINDICACI&Oacute;N DE LA IDENTIDAD FEMENINA</strong></p>
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<p>Especialmente valiosa y contundente es la opini&oacute;n sobre Bachmann que expresa Elfriede Jelinek en TURIA. Seg&uacute;n la prestigiosa escritora austr&iacute;aca, Premio Nobel de Literatura en 2004, &ldquo;Ingeborg Bachmann es la primera mujer de la literatura de posguerra en el &aacute;mbito germanohablante que, con medios radicalmente po&eacute;ticos, describi&oacute; las secuelas de la guerra, de las torturas, de la exterminaci&oacute;n en la sociedad y en las relaciones entre hombres y mujeres&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Bajo el expresivo t&iacute;tulo de &ldquo;La guerra con otros medios&rdquo;, Jelinek destaca como principal m&eacute;rito de Bachmann que &ldquo;dedic&oacute; toda su obra a anotar meticulosamente la desaparici&oacute;n de la identidad femenina en la relaci&oacute;n con el hombre&rdquo;. De ah&iacute; que Bachmann defendiera un mayor protagonismo de la mujer en la sociedad contempor&aacute;nea. Buena prueba de ello ser&iacute;a su tesis de que &ldquo;el &nbsp;matrimonio es una instituci&oacute;n imposible. Es imposible para una mujer que trabaja y que piensa, y tiene sus propios deseos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Feminista ejerciente y curtida en no pocas pol&eacute;micas con los sectores m&aacute;s reaccionarios de la sociedad austr&iacute;aca, Jelinek elogia la labor de Ingeborg Bachman como pionera de una postura combativa, desde la poes&iacute;a y la narrativa, frente a aquellos que ayer y hoy quieren reducir a las mujeres a meros objetos, a una funci&oacute;n meramente paridora y cuidadora.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Jelinek, &ldquo;Ingeborg Bachmann sabe que lo que los hombres llaman amor, lo perciben en el mejor de los casos como algo que viene de fuera, tal vez incluso como algo agradable, posiblemente como su forma de reconciliaci&oacute;n con el mundo, como una normalizaci&oacute;n de &eacute;xito poco duradero tras per&iacute;odos de aislamiento, de soledad, que el hombre es capaz de soportar como miembro de la casta que establece las normas, pero la mujer no. En el arte, al menos, el amor se puede comunicar. Pero entre yo y el amado no hay comunicaci&oacute;n. All&iacute; donde ella est&aacute;, &eacute;l nunca puede estar, y viceversa.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;SOLO EXISTO CUANDO ESCRIBO&rdquo; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Isabel Hern&aacute;ndez, autora del clarificador art&iacute;culo introductorio que abre el monogr&aacute;fico que TURIA dedica a la escritora austr&iacute;aca, acierta cuando afirma: &ldquo;en una &eacute;poca en la que la muerte y la violencia entre las personas a&uacute;n deben contarse como parte de la experiencia cotidiana, el juicio cr&iacute;tico de Bachmann resulta, si cabe, a&uacute;n m&aacute;s explosivo y actual&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Hoy m&aacute;s que nunca resulta recomendable leer a Ingeborg Bachmann porque &ldquo;el hecho de que la guerra entre sexos y razas no se limitara a la guerra abiertamente declarada, sino que conservara su brutal poder explosivo precisamente en la coexistencia supuestamente pac&iacute;fica, es algo que Bachmann revel&oacute; con un poder visual opresivo, que solo fue capaz de construir gracias a un nuevo lenguaje, cuya base, tras largos a&ntilde;os de b&uacute;squeda, hall&oacute; a lo largo de la experiencia de la propia vida, en todo aquello que vivi&oacute;, sufri&oacute;, esper&oacute;, dese&oacute; y perdi&oacute; en su existencia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En su discurso con motivo de la concesi&oacute;n en 1972 del premio Anton Wilidgans en 1972, uno de los galardones literarios m&aacute;s acreditados de Austria y que TURIA publica por primera vez en espa&ntilde;ol, encontraremos el mejor autorretrato posible de Bachmann: &ldquo;solo existo cuando escribo, no soy nada cuando no escribo, soy una completa extra&ntilde;a para m&iacute; misma, me siento fuera de m&iacute; cuando no escribo. Pero cuando escribo, ustedes no me ven, nadie me ve. Pueden ver a un director de orquesta dirigiendo, a un cantante cantando, a un actor actuando, pero nadie puede ver lo que es escribir. Es una forma extra&ntilde;a y peculiar de existir, antisocial, solitaria, condenada, hay algo condenado en ello, y solo lo publicado, los libros, se vuelven sociales, asociables, encuentran el camino hacia un t&uacute;, con la realidad desesperadamente buscada y a veces ganada. Todo lo que no me parece indigno de ser expresado con el pensamiento se incorpora al trabajo&rdquo;. En definitiva que, para Bachmann, la escritura &ldquo;es una compulsi&oacute;n, una obsesi&oacute;n, una condenaci&oacute;n, un castigo&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA COMPLETA Y ATRACTIVA RADIOGRAF&Iacute;A DE UN MITO&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bachmann fue, sin duda, una figura m&iacute;tica de las letras europeas del siglo XX. Y es que la suya fue una vida intensa y controvertida que alumbr&oacute; una obra tan original y brillante como ajena a la mediocridad. Una labor renovadora del mundo german&oacute;fono que era necesaria tras la Segunda Guerra Mundial y en la que ella tuvo un papel clave. Adem&aacute;s, y&nbsp; junto a un talento creativo indiscutible, Bachmann pose&iacute;a la belleza y el car&aacute;cter de una diva. Pese a su fama, padeci&oacute; la incomprensi&oacute;n en su pa&iacute;s y busc&oacute; una vida m&aacute;s libre en Italia. All&iacute;, en Roma, un incendio accidental acabar&iacute;a mat&aacute;ndola en 1973 y la termin&oacute; por convertir en ese mito que ahora la revista TURIA radiograf&iacute;a con detalle e invita a redescubrir.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de los autores ya citados, en el monogr&aacute;fico que rinde homenaje a Ingeborg Bachmann participan destacados especialistas en la literatura europea contempor&aacute;nea. Entre ellos, sobresale la contribuci&oacute;n de la escritora y cr&iacute;tico literaria Mercedes Monmany. Su an&aacute;lisis lo dedica a indagar y poner en valor la extraordinaria amistad que mantuvo Bachmann con la autora italo-suiza Fleur Jaeggy. Y es que ambas compart&iacute;an un modo de estar y vivir la literatura pr&aacute;cticamente igual, paralelo y &uacute;nico. No se parec&iacute;an a nadie m&aacute;s de su tiempo pero, las dos, &ldquo;beb&iacute;an de similares obsesiones y de tenaces b&uacute;squedas en torno a una determinada pureza estil&iacute;stica, a la vez que compart&iacute;an una sobrecogedora devastaci&oacute;n del lenguaje en narraciones desnudas, abismales, enunciadoras todas ellas de verdades crueles, perturbadoras, a mitad metaf&iacute;sicas y a mitad de un realismo atroz y espeluznante. Una estrecha relaci&oacute;n que solo la muerte de Ingeborg Bachmann en 1973, debido a las heridas sufridas en un incendio, y que represent&oacute; para su amiga una p&eacute;rdida realmente desoladora, romper&iacute;a aquel nexo tan estrecho que Jaeggy continu&oacute; honrando luego a trav&eacute;s de la escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Otra de las presencias destacables en este sumario de TURIA es la Sabine Gruber, una de las mejores autoras actuales de lengua alemana. Entrevistada por Michael Hansel, aporta su opini&oacute;n sobre Ingeborg Bachmann y la influencia que ha ejercido la escritora austriaca en su propia obra. En ese sentido, nos dir&aacute; que, &ldquo;al igual que yo, creci&oacute; en una regi&oacute;n fronteriza y tambi&eacute;n vivi&oacute; mucho tiempo en Italia. Eso cambia la visi&oacute;n que uno tiene de su pa&iacute;s de origen&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma Gruber que, en Bachmann, la &eacute;tica del recuerdo se contrapone a la felicidad y que su obra sirve para revelar &ldquo;los mecanismos de poder de la sociedad y se aprende mucho sobre la violencia estructural&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Junto &nbsp;a &nbsp;los &nbsp;ya &nbsp;textos &nbsp;ya &nbsp;mencionados, &nbsp;conviene &nbsp;subrayar &nbsp;la &nbsp;publicaci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;poemas originales &nbsp;vinculados &nbsp;al &nbsp;universo tem&aacute;tico de Bachmann y que han sido escritos por dospoetas espa&ntilde;oles, Amalia Iglesias y Juan F. Rivero y de la alemana-suiza Nora Gomringer. Otros art&iacute;culos que completan la aproximaci&oacute;n de TURIA a Ingeborg Bachmann y su obra son los de Arturo Larcati (<em>La primera Italia. Ingeborg Bachmann y la isla de Isquia</em>), Brigitte E. Jirku (<em>Dolor y vida itinerante: los apuntes autobiogr&aacute;ficos de Ingeborg Bachmann</em>), Hans H&ouml;ller (<em>Escribir contra la guerra</em>), Irene Fussl-Pidner <em>(Entonces me sobrevino la vida: la l&iacute;rica de Ingeborg Bachmann</em>), Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; (<em>Magia y desencanto: una lectura de Ingeborg Bachmann</em>), Margarita Blanco H&ouml;lscher (<em>Del verso a la prosa: los relatos de Ingeborg Bachmann</em>), Cecilia Dreym&uuml;ller (<em>Presos del orden social: sobre la ignorada obra dram&aacute;tica de Ingeborg Bachmann</em>), Barbara Wiedemann (<em>Una verdad con la que nadie sue&ntilde;a, que nadie quiere: Ingeborg Bachmann y Max Frisch en un di&aacute;logo literario</em>), Adan Kovacsics (<em>Consideraciones sobre &lsquo;El caso Franza&rsquo;</em>), Fernando J. Palacios Le&oacute;n (<em>Malina, animal, Milena</em>), Klaus Amann (<em>La muerte de la &lsquo;poetessa&rsquo; Ingeborg Bachmann</em>), Heinz Bachmann (<em>Ingeborg Bachmann, mi hermana</em>) y cierra el monogr&aacute;fico una completa biocronolog&iacute;a de Bachmann a cargo de Isabel Hern&aacute;ndez.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>TURIA: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 48.000 P&Aacute;GINAS DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS PUBLICADOS</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 43 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y 48.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito que, junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, el a&ntilde;o 2024, el Instituto Cervantes acord&oacute; que TURIA ingresara en la Caja de las Letras, ese espacio simb&oacute;lico que se ha convertido en la aut&eacute;ntica c&aacute;mara acorazada de la cultura en espa&ntilde;ol y que acredita el prestigio y la trascendencia de la labor desarrollada por la revista. Seg&uacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;cada n&uacute;mero de TURIA es en realidad una peque&ntilde;a biblioteca y no tiene nada que ver con esa habitual revista literaria con unos pocos textos dispares&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Previamente, en 2023, el Gobierno&nbsp; de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El pasado a&ntilde;o 2025 fue especialmente f&eacute;rtil en la obtenci&oacute;n de reconocimientos para la revista TURIA: en febrero, la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Cr&iacute;ticos de Arte le premi&oacute; por la labor de difusi&oacute;n del arte aragon&eacute;s contempor&aacute;neo que ha realizado en sus m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de trayectoria. M&aacute;s tarde, en septiembre, la Asociaci&oacute;n de Amigos de la Celtiberia le otorg&oacute; &nbsp;su &nbsp;m&aacute;ximo galard&oacute;n anual, T&eacute;sera de la hospitalidad, por haber apoyado la publicaci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de creadores e investigadores radicados en territorios de la antigua Celtiberia&rdquo;. Finalmente, en diciembre la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a le concedi&oacute; el Premio ACE - &Aacute;ngel Mar&iacute;a de Lera<strong>,&nbsp;</strong>al Fomento de la labor del Escritor y de la Lectura.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde hace trece a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 16.000 seguidores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2026 10:03:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las últimas ruinas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-ultimas-ruinas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MANUEL_SORIANO_DEGRACIA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">Jos&eacute; Manuel Soriano Degracia (Alca&ntilde;iz, 1972) es autor de una prol&iacute;fica y exigente obra po&eacute;tica que comienza hace m&aacute;s de cinco lustros e incluye, entre otros, <em>Vac&iacute;a luz</em> (Comuniter, Colecci&oacute;n H&iacute;bridos, 2012), <em>Campo de ortigas</em> (Erial Ediciones, 2015) y <em>Hogares de paso</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2018). Con <em>Las calles ciegas</em> obtuvo el prestigioso premio Vila de Martorell en su edici&oacute;n de 2025, publicado por la editorial Hiperi&oacute;n. Un libro sobre el recuerdo, la ruina y el destino, con las citas de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente y Lorenzo Oliv&aacute;n, unidas por una poderosa sinceridad l&iacute;rica.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Un primer verso sobre el abandono: &ldquo;Aunque pase el tiempo, / el tiempo est&aacute; roto&rdquo;. La merienda endulza de rojo y sangre los labios y las zarzas, como antiguos apetitos lorquianos: &ldquo;En mi boca / floreci&oacute; un bosque enrojecido&rdquo;. Uno piensa en aquella canci&oacute;n de Gabriel Sope&ntilde;a y Mauricio Aznar, heredera del folk aragon&eacute;s, &ldquo;Hay una cruz en el saso&rdquo;, sobre el vac&iacute;o y el abandono: &laquo;En los que solo el pr&oacute;ximo silencio / volver&aacute; a balar&raquo;, siempre el recuerdo del enfrentamiento entre hermanos: &laquo;Inocentes, / jug&aacute;bamos a la guerra / cuando la luz / ya estaba gastada de sangre&raquo;. Recordamos el incendio, como si el tiempo, el futuro, el alquitr&aacute;n se llevara nuestro lugar: &laquo;La memoria y la culpa / no tienen cuerpo / para convertirse en ceniza&raquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Llegamos a jaula, la vida es una c&aacute;rcel con las puertas abiertas, una celda, se va, se llaman otra vez, Aznar y Sope&ntilde;a, aquellas canciones: padres escapando a la ciudad, el desarrollismo como un monstruo que nos devora: &laquo;Que la distancia y el tiempo / solo le llevaron / de lado a lado de la jaula&raquo;. Im&aacute;genes que captura la geograf&iacute;a y el tiempo: &laquo;Lanzo mis silencios al r&iacute;o/para ver como las gotas los recitan, / quito los minutos a los relojes&raquo;. En el respeto, la mutaci&oacute;n de pasado en presente: &laquo;Que all&iacute; donde reposa el silencio/sobre una placa solar/antes crec&iacute;a el trigo, /que el reba&ntilde;o pastaba la maleza del monte/y que un mendrugo lleg&oacute; a ser un manjar&raquo;. Y es la reflexi&oacute;n, entre la distancia que enarbola la geograf&iacute;a, el cron&oacute;metro, que vigila, con apetito, dispuesto a devorar los recuerdos: &laquo;Necesito marchar lejos / para repartir a diario el sue&ntilde;o de volver, / descubrir que un hombre / aprende a amar en la distancia&raquo;.&nbsp;</p>
<p class="Standard">En la segunda parte del libro, &ldquo;Lleg&oacute; la noche&rdquo;, la dedicatoria, a su padre, su madre. Un lugar imaginario que atrapa ese recuerdo, en una tormenta el&eacute;ctrica de memoria: &laquo;Acuden las sombras y la vida llega tarde, /me viene a buscar por una senda invisible/que desliza sus huellas sobre mis pasos&raquo;. Una reflexi&oacute;n que avanza por los versos del volumen, bella y necesaria, que estremece frente a las im&aacute;genes del vac&iacute;o, lo inmenso que caracteriza lo &aacute;rido: &laquo;El tiempo arde sin fuego&raquo; o &laquo;Les arrancar&eacute; los ojos a los sue&ntilde;os para volver a verte&raquo;. Llegamos a la tercera parte, &ldquo;La casa de las palabras&rdquo;, la soledad del Turia, Joan Margarit, que est&aacute; en conexi&oacute;n entre Valencia y Teruel, el sur, &iquest;qu&eacute; queda?: &laquo;Me queda un silencio/que guardo solamente para hablarte&raquo;. Silencio y noche, ausencia y vac&iacute;o: &laquo;Encalar la luz/para que deje de ser una herida&raquo;. Una noche que construye la emboscada sobre el poeta. La llegada de La Cura: &laquo;Encalar la luz/para que deje de ser una herida/y que se encuentre por fin/un lugar para curarse&raquo; y La panor&aacute;mica, como el encuentro entre la noche y el d&iacute;a, la ciudad y el pueblo: &laquo;La noche manosea las calles/pone anzuelos a la claridad, /se sienta en el columpio/y lame la ceniza de los sue&ntilde;os&raquo;. Llegar al final, que no es definitivo, es la escultura de un recuerdo, un eco, casi un lamento que golpea, de un lado a otro, a las casas derruidas, como si encontrara el disfraz, un traje para la respuesta: &laquo;Toda la vida para revelar el carrete/y descubre/que todas las fotograf&iacute;as se han velado&raquo;. Se descubre, Soriano, como descriptor del tiempo, como denuncia del abuso que comete el olvida. Ese parece ser el final: &laquo;Mi nombre/se le cay&oacute; de las manos&raquo; y escuchar, medir, como un amanuense del recuerdo:&laquo;La fiesta dur&oacute; mis a&ntilde;os&raquo;. Una reflexi&oacute;n final, un verso, una decisi&oacute;n que se queda, sin aplazamiento: &laquo;La vida era mi hu&eacute;sped/y acab&eacute; siendo su invitado&raquo;. Un libro sobre el destierro emocional, el regreso al desierto universal, donde los fantasmas solo pueden alimentarse del silencio. Un libro magn&iacute;fico.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Jos&eacute; Manuel Soriano Degracia, <em>Las calles ciegas</em>, Madrid, Hiperi&oacute;n, 2026. (Libro ganador del 50&ordm; premio Vila de Martorell 2025)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 28 May 2026 08:49:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soy una cámara]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/soy-una-camara/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MARINA_SAURA_-_Fotograf_a_de_Isabel_Wagemann_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Cara de foto</em> es el segundo libro de Marina Saura. Un libro de madurez si es que los escritores maduran. Antes hubo un primer libro. Un libro extra&ntilde;o, descarnado, l&uacute;cido y devastador a la vez, un libro soberbio, sincero y honesto, <em>Sin permiso</em> (Elba, 2017). Mucho de lo que se apuntaba ya all&iacute;, en un estado todav&iacute;a embrionario, eclosiona aqu&iacute;. Y lo que all&iacute; era desenga&ntilde;o, aqu&iacute; es melancol&iacute;a. <em>Cara de foto</em> viene a confirmar, ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, algo que siempre hemos sabido: en literatura, lo mismo que en otros &aacute;mbitos de la vida, la casualidad no existe. S&oacute;lo hay que mirar m&aacute;s lejos. Mirar hacia otra parte. Volver la vista atr&aacute;s. Y donde pone casualidad, casi siempre debe poner causalidad: &ldquo;Una serie de circunstancias que hacen que lo inimaginable se vuelva inevitable&rdquo; (p. 130).&nbsp;</p>
<p><em>Cara de foto</em> es un libro compuesto de fragmentos o secuencias de una vida, la de la autora, que se suceden sin soluci&oacute;n de continuidad siguiendo una cronolog&iacute;a que no es la de los hechos ni la de los calendarios. Los hechos forman parte del paisaje de la memoria. Son el escenario de la memoria. Y a la vez la materia del olvido. Los hechos son en cierto modo el contexto de una vida, el argumento de una novela. Los hechos son lo que nos pasa, pero tambi&eacute;n lo que no nos pasa. Y las palabras con las que los narramos, para no olvidarlos, lo mismo que las fotograf&iacute;as que pegamos en un &aacute;lbum y guardamos celosamente en un caj&oacute;n, tambi&eacute;n son hechos.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Cara de foto</em> es en realidad dos libros en uno: una novela familiar, y una historia de amor. Las secuencias, los fragmentos, de que se compone el libro, m&aacute;s o menos breves, algunos incluso muy breves, instant&aacute;neas, llevan todas ellas un t&iacute;tulo, t&iacute;tulo muchas veces aleg&oacute;rico, muchas veces enigm&aacute;tico, muchas veces banal o ir&oacute;nico (&iquest;un gui&ntilde;o? &iquest;un quite? &iquest;un recorte? &iquest;una pista? &iquest;una pista falsa?) que hace alusi&oacute;n a algo, o a alguien, no necesariamente lo m&aacute;s relevante que aparece en el cap&iacute;tulo. Lo m&aacute;s relevante puede ser circunstancial, lo m&aacute;s relevante puede ser anecd&oacute;tico, puede ser incluso&nbsp; irrelevante. Lo m&aacute;s relevante suele ser casi siempre lo que no se dice, lo que se calla, lo que se oculta. En los libros y en la vida. Otros son, o parecen, alusiones privadas, &iacute;ntimas, y act&uacute;an como una especie de clave para la que no hay mensaje que descifrar, es decir, una clave sin c&oacute;digo. <em>Sin cronolog&iacute;a</em>, se titula el primer recuerdo de infancia. No hay foto. Otras veces hay foto, pero no hay recuerdo. O hay recuerdo, pero no hay foto. <em>Primer sujeto; Rescoldos; Turbi&oacute;n; Esclava de; La ola; Yema durmiente; Boya de flotaci&oacute;n; Extramuros; Soy una c&aacute;mara&hellip;</em>, son algunos de esos t&iacute;tulos, algunas de esas pistas. T&iacute;tulos de otras tantas fotograf&iacute;as, perdidas o encontradas, para el caso es lo mismo, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>
<p>Y entonces la c&aacute;mara se dispara sola.</p>
<p>&nbsp;Al azar.</p>
<p>Y &ldquo;acud&iacute;an a mi memoria recuerdos que cre&iacute;a borrados.&rdquo;</p>
<p>Recuerdos de recuerdos con los que construimos nuestra biograf&iacute;a.</p>
<p>Pero<em> la vida no es una biograf&iacute;a</em> (Pascal Quignard).</p>
<p>Y<em> toda vida es un fracaso</em> (Thomas Bernhard), que s&oacute;lo la literatura puede redimir.</p>
<p><em>Cara de foto</em> es un libro que celebra la literatura y la vida al mismo tiempo.</p>
<p>&ldquo;&iexcl;<em>Cu&aacute;ntas escenas habr&eacute; fotografiado sin c&aacute;mara &ndash; puesto que la c&aacute;mara soy yo &ndash; con los ojos conectados a la memoria</em>!&rdquo; (p. 132)</p>
<p>Aqu&iacute; hay una declaraci&oacute;n de principios.</p>
<p>Un m&eacute;todo.</p>
<p>Una confesi&oacute;n.</p>
<p>Una voluntad.</p>
<p>Un libro.</p>
<p>O lo que es lo mismo: <em>Cara de foto</em> es un libro que cuenta una historia.</p>
<p>Eso es todo.</p>
<p>No hace falta m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marina Saura, <em>Cara de foto</em>, Madrid, De Conatus, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 28 May 2026 08:23:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relaciones y geografía, la disfunción del amor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/relaciones-y-geografia-la-disfuncion-del-amor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/SOF_A_BALBUENA_-_Fotograf_a_de_Laura_C._Vela_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sof&iacute;a Balbuena (Salto, 1984) es escritora y profesora de escritura creativa. Sus residencias en distintas universidades le han permitido compaginar el ensayo con la creaci&oacute;n, destacando libros de ensayo como <em>Doce pasos hacia m&iacute;</em>, <em>Borracha menor</em> y <em>Gente sin paz</em> y la novela <em>Sutura</em>. Con los cinco cuentos que componen <em>Personaje secundario</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2026) se alz&oacute; con el prestigioso premio Ribera del Duero en su IX edici&oacute;n, uno de los m&aacute;s importantes dedicados a los relatos en lengua espa&ntilde;ola.&nbsp;</p>
<p>El libro se abre con una cita de Pappo, el rockero argentino, el hombre del blues en Latinoam&eacute;rica. Esa mezcla entre los modos norteamericanos y la cultura argentina est&aacute;n presentes a lo largo del libro. &ldquo;La mejor persona del mundo&rdquo; abre la colecci&oacute;n. Una reflexi&oacute;n temporal y lejana sobre la maternidad, el salto migratorio, los intelectuales org&aacute;nicos en b&uacute;squeda de la escasa estabilidad que supone el estudio cient&iacute;fico de las humanidades y la relaci&oacute;n de pareja. De Buenos Aires a Barcelona: lecturas, las monedas para el pan, el m&aacute;ster y el doctorado (y la compleja burocracia). Todo es una espiral de pasi&oacute;n y espera. Mundano, cotidiano, terrenal (empleos precarios, empanadas, limpieza) y altura universitaria. Es un cuento que marca instantes, con una ni&ntilde;a y una pareja, con el sexo y el amor, hibridados. El tiempo se mueve en una direcci&oacute;n, pero los sentimientos y las pasiones atraviesan las p&aacute;ginas de manera vertical. Parques sucios, ni&ntilde;os tambi&eacute;n sucios, hambre inmediata, de alimento y de pasi&oacute;n. La esperanza tiene nombre de ni&ntilde;a y el futuro es una pareja en paradero desconocido. Cinco a&ntilde;os en Catalu&ntilde;a, seis en el jard&iacute;n de infancia. La frase con la que Balbuena termina el cuento act&uacute;a de l&aacute;pida y duda: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hubiera sucedido si no la hubi&eacute;ramos tenido? salir&rdquo;?&nbsp; De Barcelona a Buenos Aires.&nbsp;</p>
<p>El segundo cuento se llama &ldquo;Avenida Rivadavia&rdquo;. De nuevo sobrevuela la narraci&oacute;n esa insatisfacci&oacute;n que anida en el amor, en el sexo, contagiada por el pasado y sin el antibi&oacute;tico del futuro. El urbanismo de Buenos Aires act&uacute;a como personaje invitado: plaza de mayo, el barrio del Once, Hip&oacute;lito Yrigoyen y Avenida Pueyrred&oacute;n. Recuerdo a los cambistas de 2002, cuando termin&oacute; la falda paridad y los d&oacute;lares se guardaban bajo el colch&oacute;n. Las mismas huelgas que aparen en el relato deslocalizan el cuento en la convulsa Argentina. Contra qu&eacute;, contra qui&eacute;n. La llegada del apocalipsis financiero que acabar&aacute; con eliminar las oficinas llevar a Buenos Aires hasta el final de los tiempos del que hablaba Michel Nieva. Ella, en la duda, no hace preguntas, se siente atra&iacute;da por el pasado y por la autoridad, su jefe, su ex&hellip; Todo crece, sobre todo los pesos hasta no valer nada. Y, de nuevo, las calles porte&ntilde;as, sus barrios, como un elemento org&aacute;nico: la oscuridad cartonera m&aacute;s all&aacute; de Avenida Rivadavia. Mart&iacute;n se hace esperar, su marido tambi&eacute;n, el barrio del Once, los jud&iacute;os, el Hospital Franc&eacute;s&hellip; el Abasto, parada Carlos Gardel, como cantaba Luca Prodan mientras apurada una botella de Resero. Un cuento que proyecta la insatisfacci&oacute;n con distintas caras: marido, compa&ntilde;eras, autoridad. Solo la paz trae el descanso. Curiosa manera de admitir la derrota.&nbsp;</p>
<p>Un tercer cambio geogr&aacute;fico con &ldquo;Tsunami&rdquo;. La protagonista, por otro lado, parece una mezcla de la de los cuentos anteriores. Pero completamente distinta. Deber&iacute;amos aclararnos, pero en la lectura se descubre. Es como la Universidad de Marlow City, inventada o recogida de otros lugares. De otros espacios narrativos: mujeres, humanidad, relaciones. Alcohol y tabaco en el fr&iacute;o del lugar. Una soledad consumida por la ansiedad emocional. Buscar caricias manos distintas, como el vino y el cigarrillo, novias en la distancia, temporal y geogr&aacute;fica, sexo cambiante, sexo discontinuo. El sexo como una definici&oacute;n de lo personal, sorprendentemente m&aacute;s como espacio propio que de compa&ntilde;&iacute;a. Por eso la pareja resulta intercambiable, funcionando a niveles b&aacute;sicos de satisfacci&oacute;n. Culpa y descubrimiento. Una marca, una se&ntilde;a, la de las monjas. Locales, al aire libre, sometidas al verano del amor, a una revoluci&oacute;n anterior. Otra vez la sensaci&oacute;n de que el tiempo nos ha pasado por encima. Las monjas y las no monjas en un pueblo, lejanos, aisladas de Roma, de la voz de la autoridad. Esa distancia, como definici&oacute;n. Como aquellas historias de los legionarios romanos, en la ca&iacute;da del imperio, mezcl&aacute;ndose con los lugare&ntilde;os hasta desaparecer. Define amigas, define vivir juntas.&nbsp;</p>
<p>El libro contin&uacute;a con &ldquo;Mejores amigos&rdquo;. Esta vez el calor h&uacute;mero del balneario, del interior. El interior como contraposici&oacute;n a lo urbano. La playa extra&ntilde;a, playa de oc&eacute;ano, no de mar, fr&iacute;a para nadar, pero suficiente para los pies descalzos y las siestas pesadas bajo un ventilador. Amigos, amigas, Clara y Nero, una relaci&oacute;n de luz en verano, de pubertad y adolescencia, de aire sensual y pesado, de humedad que condensa sobre la piel como lo hacen las hormonas. La fricci&oacute;n del viento en un viaje en moto que define todo, parones como elementos sensuales, genitales y ropa. Al final, el f&uacute;tbol, como en otros cuentos los es el urbanismo, aqu&iacute; el personaje ausente, pero definitivo es el balompi&eacute;. Y el bal&oacute;n que define el cambio. Tanto org&aacute;nico como geogr&aacute;fico. Marchar a Buenos Aires, como un para&iacute;so lejano, una oportunidad. Pero hay algo m&aacute;s: "Me puedo quedar tambi&eacute;n. Puedo esperar un a&ntilde;o m&aacute;s y nos vamos juntos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El final con &ldquo;Felicidades&rdquo;, que rompe la propuesta narrativa a trav&eacute;s de un di&aacute;logo ajeno, fragmentado. La acumulaci&oacute;n de distintos puntos de vista en un avance lento de la historia. Posiciones, lugares, tiempos. Barcelona y la mujer argentina. Esa intersecci&oacute;n entre d&eacute;cadas, treinta, cuarenta, maternidad, dinero, Tinder&hellip; y tambi&eacute;n sandwiches de miga, resaca y padres. La inservible cualificaci&oacute;n de las ciencias humanas en una Barcelona, babil&oacute;nica y precaria, desordenada dama del desarraigo, como la canci&oacute;n de Birabent: &ldquo;Turista en mi propia ciudad&rdquo;. Una final de plata y apetito, mucho apetito, de embarazo y familia, de futuro inesperado, de un ma&ntilde;ana que no es promesa de futuro. Y eso, evidentemente, tiene m&aacute;s de agarrotamiento que de esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sof&iacute;a Balbuena, <em>Personaje secundario</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2026. IX Premio Ribera del Duero</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 May 2026 11:05:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Modernidad y postvanguardia. Otras maneras de ser poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/modernidad-y-postvanguardia-otras-maneras-de-ser-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JULIO_PRIETO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Julio Prieto es poeta que se deja ver poco, pero existe, y demuestra una trayectoria comenzada en 2006 con <em>Sedemas</em> y cuatro t&iacute;tulos m&aacute;s (<em>De masa menos</em>, <em>Biling&uuml;es </em>y <em>Marruecos</em>), adem&aacute;s de esta &uacute;ltima entrega, <em>M&iacute;nimos informes</em>. Un libro distinto, complejo, y donde se propone escribir poes&iacute;a desde un cuestionamiento del sentido, la sorpresa y el humor, el juego o el divertimento l&uacute;dico, sin abandonar la cr&iacute;tica o la iron&iacute;a de corte social, o lo profundamente existencial (como apunte, sin cargar la mano).</p>
<p><em>M&iacute;nimos informes</em> cuentan de otra manera cosas serias y otras que no lo son. Lo hace a trav&eacute;s de una mirada afiliada a las po&eacute;ticas de la sospecha o de la puesta en duda de la significaci&oacute;n, del cuestionamiento de ser en el tiempo, para decir y jugar con la f&oacute;rmula, con las palabras, con el decir y velar, con la duda a la que somete al lector sobre la &uacute;ltima significaci&oacute;n.</p>
<p>Y es que el profesor de la Universidad Complutense, experto en postvanguardias y poes&iacute;a experimental ya tiene una edad, y una propuesta madura, nada apresurada, que ha ido deslizando desde otras carreteras alejadas del realismo o de la poes&iacute;a dram&aacute;tica de corte esencial. B&uacute;squese el rastro en esa tradici&oacute;n que tuvo en Jos&eacute; Luis Castillejo un nombre de referencia en Espa&ntilde;a, pero lejos de cualquier concretismo, o replanteamientos de la po&eacute;tica visual. Aqu&iacute; es el sentido quien es sometido a juicio desde el precipicio y v&eacute;rtigo del vac&iacute;o, pero sin olvidar el humor y la iron&iacute;a, que hacen del libro un juego de contrastes. Y es m&aacute;s, si se me permite, un libro conceptual sin radicalismos visuales, porque la propuesta es la de aventurarse por caminos no trillados donde no hacemos pie, pero donde no hay locuacidad vana. Es esa hibridez entre sue&ntilde;os, humor, realidad y sue&ntilde;o, iron&iacute;as, muy personal, donde a veces tambi&eacute;n la angustia y lo agrio nos asaltan, donde encontramos un poeta que debiera estar m&aacute;s tra&iacute;do y llevado de cuanto est&aacute; su poes&iacute;a casi secreta.</p>
<p>En un libro poli&eacute;drico, dividido en tres secciones, se nos emplaza a pensar el hecho po&eacute;tico de forma diferente a lo trillado. L&eacute;ase el vers&iacute;culo y el versolibrismo del que se abusa hoy &nbsp;hasta la saciedad, o el &ldquo;proema&rdquo; narrativo autofictivo, o el caos irracionalista donde se acumulan met&aacute;foras en logolalias, por no hablar de realismos mim&eacute;ticos que ya puso en cuesti&oacute;n Andr&eacute; Gide para la novela.</p>
<p>&ldquo;Las Par&aacute;bolas (Diario de sue&ntilde;os)&rdquo; de la primera secci&oacute;n ya nos hablan de ese atreverse a obstruir lo esperable para decir tangencialmente, de caminos desde donde no se vuelve, o ironizar con los sobrantes de la sociedad, como Tiburcio, y devorados. A veces en esos sue&ntilde;os hay ruedas que decapitan, angustia, patos rellenos de serr&iacute;n sanguinolento, relaciones con un &ldquo;padre&rdquo;, pero sobre todo replanteamiento del lugar que ocupamos en los interregnos de la certeza, porque &laquo;No todo es vigilia, ni toda oscuridad la de los ojos cerrados&raquo;. Esa renuncia a la interpretaci&oacute;n en poemas que juegan en la penumbra del sentido es la propuesta (casu&iacute;stica que no podemos resumir), pero llena de variantes que dejan un inquietante sabor a una po&eacute;tica extra&ntilde;a en nuestras tierras, valiente, muy atractiva en el decir y callar, apartarse de lo pisado.</p>
<p>Cuando en la segunda secci&oacute;n, &ldquo;Del amor y los verbos performativos&rdquo;, trae poemas donde se nos compara con esas piedras planas que rebotan en el agua tres o cuatro veces, y luego se hunden, sabemos que Prieto disimula tras los sue&ntilde;os y el juego (aunque tenga todo el humor del mundo en la divertid&iacute;sima tercera secci&oacute;n donde se juega con las erratas, y el lector no debe perderse). Ojo, porque en esta secci&oacute;n, se a&ntilde;aden reflexiones sobre qu&eacute; cosa sea la poes&iacute;a, con esa libertad de quien se atreve a desclasificar lo habitual, a ser poeta distinto, meticuloso, lleno de sorpresas. Y por eso es un libro que los buenos aficionados a la poes&iacute;a, no adocenados por el mercado, &nbsp;deben dejar, como hago yo, al alcance de la mano, y detenerse a leerlo con tiempo, pues es lectura que exige atenci&oacute;n, pero compensa tras el esfuerzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Julio Prieto, <em>M&iacute;nimos informes</em>, Madrid, Libros de la Resistencia, 2024</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 May 2026 10:45:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la memoria y el espectáculo: el arte de inventarse de Xavier Cugat]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entre-la-memoria-y-el-espectaculo-el-arte-de-inventarse-de-xavier-cugat/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/XAVIER_CUGAT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La edici&oacute;n de <em>Yo, Cugat. Autobiograf&iacute;a del rey de la rumba</em>, recuperada por la editorial F&oacute;rcola, no es solo la reedici&oacute;n de unas memorias, sino la restituci&oacute;n de una voz tan fascinante como poco fiable: la de Xavier Cugat, uno de los grandes fabuladores de s&iacute; mismo en el siglo XX.</p>
<p>Desde sus primeras p&aacute;ginas &mdash;respaldadas por un prefacio excepcional firmado por Frank Sinatra&mdash; el libro se presenta como una celebraci&oacute;n del espect&aacute;culo entendido como forma de vida. No deja de resultar ins&oacute;lito que el propio Sinatra, evocando sus inicios, confesara que de haber nacido en Espa&ntilde;a habr&iacute;a so&ntilde;ado con integrarse en la orquesta de Cugat; en ese mismo texto subrayaba adem&aacute;s la &ldquo;fuerza&rdquo; y la &ldquo;vibraci&oacute;n&rdquo; de una m&uacute;sica con la que siempre se sinti&oacute; identificado. Francisco de As&iacute;s Javier Cugat Migall de Bru y Deulofeu, violinista, caricaturista y director de orquesta que conquist&oacute; Hollywood y populariz&oacute; los ritmos latinos en Estados Unidos, narra su ascenso con un tono que oscila entre la confesi&oacute;n y la autoparodia. Esa ambig&uuml;edad constituye, precisamente, uno de los mayores atractivos del volumen: el lector nunca sabe con certeza d&oacute;nde termina la memoria y comienza la invenci&oacute;n.</p>
<p>Durante d&eacute;cadas, y especialmente tras su muerte en 1990, la figura de Cugat &mdash;&ldquo;Cugie&rdquo; para Sinatra&mdash; fue desliz&aacute;ndose hacia un cierto olvido, convertida casi en un anacronismo. Sin embargo, su recuperaci&oacute;n ha sido paulatina, impulsada en parte por obras como <em>Confeti</em> de Jordi Punt&iacute;, y ahora consolidada con esta reedici&oacute;n, que devuelve a las librer&iacute;as un texto imprescindible para entender la construcci&oacute;n de su mito.</p>
<p>El pr&oacute;logo de David Felipe Arranz sit&uacute;a con acierto al personaje en su contexto cultural: el de un <em>entertainer</em> total, capaz de convertir su propia biograf&iacute;a en una extensi&oacute;n de su espect&aacute;culo. Arranz reivindica adem&aacute;s la vigencia de su legado, subrayando esa energ&iacute;a excesiva, est&eacute;tica y pragm&aacute;tica que convirti&oacute; a Cugat en uno de los pocos espa&ntilde;oles verdaderamente universales del siglo XX.</p>
<p>En efecto, Cugat no solo cuenta su vida, sino que la escenifica, encadenando episodios que lo vinculan con estrellas, mafiosos, presidentes o iconos del cine, en una sucesi&oacute;n que remite m&aacute;s al imaginario hollywoodiense que a la autobiograf&iacute;a tradicional. Sus p&aacute;ginas se convierten as&iacute; en un aut&eacute;ntico &ldquo;qui&eacute;n es qui&eacute;n&rdquo; del siglo dorado del espect&aacute;culo: desfilan figuras como Clark Gable, Charlie Chaplin, Rita Hayworth, Walt Disney o Cantinflas, entre muchos otros, junto a nombres de la m&uacute;sica como Bing Crosby o Barbra Streisand. Que esos encuentros fueran a veces fugaces o magnificados forma parte del juego narrativo que Cugat propone.</p>
<p>La autobiograf&iacute;a &mdash;subtitulada significativamente <em>Mis primeros ochenta a&ntilde;os</em>&mdash; traza un recorrido que arranca con su nacimiento en Girona en 1900 y su temprana formaci&oacute;n en La Habana, donde lleg&oacute; a ser violinista de la Sinf&oacute;nica del Teatro Nacional. Desde ah&iacute;, su carrera despega con un concierto en el Carnegie Hall en 1920 y se despliega entre Europa y Estados Unidos: estudios en Berl&iacute;n, incursiones en la caricatura en el <em>Los Angeles Times</em>, regreso a la m&uacute;sica y, sobre todo, el triunfo de su orquesta durante a&ntilde;os en el Waldorf Astoria de Nueva York. A ello se suma su intensa vida sentimental &mdash;cinco matrimonios, entre ellos con Abbe Lane o Charo Baeza&mdash;, convertida tambi&eacute;n en materia narrativa.</p>
<p>El libro incorpora, adem&aacute;s, episodios que oscilan entre lo anecd&oacute;tico y lo revelador: desde su relaci&oacute;n con Sinatra &mdash;que grab&oacute; su primer disco con la orquesta de Cugat&mdash; hasta la muerte de Carmen Miranda durante un intermedio, pasando por reflexiones tan ir&oacute;nicas como aquella en la que afirmaba que &ldquo;estar arruinado en Espa&ntilde;a&hellip; es una felicidad&rdquo;, en alusi&oacute;n a sus propias dificultades econ&oacute;micas. No faltan tampoco comentarios sobre el mundo del espect&aacute;culo &mdash;incluido el &ldquo;cainismo&rdquo; entre artistas hisp&aacute;nicos&mdash;, ni detalles m&aacute;s mundanos sobre peluquines, casinos o negocios de restauraci&oacute;n.</p>
<p>La edici&oacute;n, a cargo de Javier Jim&eacute;nez, resulta especialmente valiosa por el aparato de notas &mdash;cerca de un centenar&mdash; que act&uacute;a como contrapunto cr&iacute;tico y contextualiza con precisi&oacute;n la trayectoria de Xavier Cugat. A ello se suman dos amplios cuadernillos centrales de ilustraciones y caricaturas, que no solo muestran el talento gr&aacute;fico de Cugat &mdash;en ocasiones cercano al estilo del artista mexicano Miguel Covarrubias&mdash;, sino que funcionan como un retrato visual de toda una &eacute;poca, desde sus inicios en Carnegie Hall hasta sus apariciones televisivas, como su actuaci&oacute;n en The Ed Sullivan Show en 1967.</p>
<p>Estamos, en realidad, ante un libro escrito, pero tambi&eacute;n dibujado. Cugat pose&iacute;a un notable talento para la caricatura y el retrato humor&iacute;stico, aunque en ocasiones tomara como referencia im&aacute;genes del propio Covarrubias. En <em>Yo, Cugat</em> abundan los ejemplos de esa habilidad con el l&aacute;piz: aparecen caricaturizados personajes como Greta Garbo, Liza Minnelli, Salvador Dal&iacute;, Pau Casals o el propio Cugat, convertido en imagen de referencia de uno de sus negocios de restauraci&oacute;n, Casa Cugat, en los estudios de Metro-Goldwyn-Mayer. De alguna manera, esta faceta art&iacute;stica que cultiv&oacute; hasta el final de su vida enlaza con la tradici&oacute;n de Enrico Caruso, gran tenor y tambi&eacute;n excelente dibujante, cuya figura result&oacute; decisiva para que Cugat optara por dedicarse plenamente &mdash;y con notable &eacute;xito&mdash; al mundo de la m&uacute;sica.</p>
<p>Ese di&aacute;logo entre texto e imagen se completa con un s&oacute;lido aparato final: cronolog&iacute;a, filmograf&iacute;a, discograf&iacute;a e &iacute;ndice onom&aacute;stico que recorre un arco cultural que va de Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven a figuras del espect&aacute;culo del siglo XX.</p>
<p>A ello se suma un trasfondo biogr&aacute;fico especialmente revelador: la escritura de estas memorias en los a&ntilde;os finales de su carrera, cuando, tras d&eacute;cadas en Hollywood, decidi&oacute; regresar a Catalu&ntilde;a en 1972, instal&aacute;ndose en el Hotel Ritz de Barcelona, donde vivir&iacute;a sus &uacute;ltimos a&ntilde;os y a&uacute;n formar&iacute;a una nueva orquesta, llegando a grabar en 1987 el &aacute;lbum <em>Cugat desde el Ritz</em>. En ese proceso desempe&ntilde;&oacute; un papel clave Enrique Sabater, antiguo secretario de Salvador Dal&iacute;, cuya labor editorial fue decisiva para que estas memorias vieran la luz.</p>
<p>Los ep&iacute;logos &mdash;firmados por Diego Mas Trelles, Ignacio Peyr&oacute; y el propio Punt&iacute;&mdash; ampl&iacute;an esa perspectiva. Especialmente sugerente es la mirada de este &uacute;ltimo, que incide en el car&aacute;cter kitsch, excesivo y profundamente moderno del personaje, alguien que entendi&oacute; antes que muchos que la fama tambi&eacute;n se construye a base de relato y artificio. Peyr&oacute;, por su parte, subraya con tono eleg&iacute;aco esa mezcla de esplendor y ocaso, entre el brillo del Ritz y la nostalgia de un mundo desaparecido.</p>
<p>No debe olvidarse, adem&aacute;s, que estas memorias dialogan con una tradici&oacute;n previa: Cugat ya hab&iacute;a publicado en 1948 <em>Rumba is my life</em>, reutilizando parte de ese material en la versi&oacute;n de 1981 con la clara intenci&oacute;n de fijar su propia versi&oacute;n de los hechos y adelantarse a futuros bi&oacute;grafos. En ese gesto hay tanto control del relato como intuici&oacute;n moderna de la celebridad.</p>
<p>En conjunto, esta edici&oacute;n de <em>Yo, Cugat</em> no solo recupera a una figura clave en la difusi&oacute;n de la m&uacute;sica latina &mdash;el c&eacute;lebre &ldquo;rey de la rumba&rdquo;, precursor de una explosi&oacute;n cultural que hoy llega de Rosal&iacute;a a Bad Bunny&mdash;, sino que invita a reflexionar sobre la construcci&oacute;n de la celebridad en el siglo XX. M&aacute;s que unas memorias al uso, el libro es un artefacto narrativo donde vida y espect&aacute;culo se confunden deliberadamente. Y ah&iacute; radica su mayor virtud: en recordarnos que, en el caso de Cugat, la verdad siempre fue, tambi&eacute;n, una forma de ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Xavier Cugat, <em>Yo, Cugat. Autobiograf&iacute;a del rey de la rumba</em>, Madrid, F&oacute;rcola,&nbsp; 2026</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 May 2026 10:24:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El infinito de la arena contra el impacto del aullido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-infinito-de-la-arena-contra-el-impacto-del-aullido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JUAN_ANTONIO_TELLO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Antonio Tello (La Almunia de Do&ntilde;a Godina, Zaragoza, 1965) es un poeta de largo recorrido, creador capaz de ofrecer obras de alto calado l&iacute;rico como <em>Cuando fui naufragio</em> (2008) o su &uacute;ltimo volumen hasta hora, el Premio de Poes&iacute;a Santa Isabel de Portugal del a&ntilde;o 2023, <em>Representaci&oacute;n</em>, adem&aacute;s de traducir textos de Boris Vian y Alfred Jarry mientras se embarca en una constante reivindicaci&oacute;n de las letras del norte de &Aacute;frica. Docente, doctor en Teor&iacute;a de la literatura y ocasionalmente bater&iacute;a de rock, Tello retoma la poes&iacute;a con <em>Los perros de Nador</em>, editado por Prensas Universitarias de Zaragoza en su colecci&oacute;n La gruta de las palabras.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Kohl en los ojos, la mirada ahumada, el verde, la prosa po&eacute;tica que primera contempla y luego cincela, desiertos y recuerdos: &ldquo;Una ma&ntilde;ana al sol de las entra&ntilde;as&rdquo;. &iquest;De qu&eacute; colores hablas? Los que el poeta hace que luzcan contra las superficies, hasta que su forma ya no puede determinarse: &ldquo;Somos inmunes a la derrota, hemos perdido lo que hab&iacute;a que perder&rdquo;. Lugares y colores, verde y Merzouga, la duna de Erg Chebbi, los silencios de las ciudades prohibidas bajo el terror de los sue&ntilde;os, de Howard Philip Lovecraft a William Burroughs encerrado en sus pesadillas de l&aacute;udano en T&aacute;nger. El calor se hermana con la muerte, la sangre con la fiesta, ambos, calor y muerte se deslizan en la fiesta hacia el desierto, como semillas f&eacute;rtiles: &ldquo;El amor es una tempestad que pinta G&eacute;ricault a orillas de Mauritania&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Casi puede uno sentir la sed de la medusa desliz&aacute;ndose sobre la arena, infinita, como la sed de los perros, los perros de Nador. &iquest;Qui&eacute;n eres, le preguntamos al poeta, qui&eacute;n eres t&uacute;, tan lejos de Zaragoza? En los fraseos herm&eacute;ticos de Fernando And&uacute;, en las c&uacute;pulas dentro de las que retumban las canciones que dej&oacute; atr&aacute;s David Bowie, en la vida secreta, de Turqu&iacute;a hasta Arabia, pasando por la meseta de Kenia. Bowie, que cultivo a los perros hasta convertirse en uno, de diamante: &ldquo;Mi cabeza para&iacute;so de p&aacute;jaros sin rama&rdquo;. El olvido es un viento, la ceguera, la s&oacute;rdida uni&oacute;n de las nubes sin lluvia, una geograf&iacute;a de la infancia. Se busca un collar para sostener al maniqu&iacute; frente a los arrebatos del poeta que,</p>
<p>una y otra vez, se hace due&ntilde;o del disfraz: &ldquo;Calcularemos la profundidad del charco antes de saber nadar, pero con las botas puestas que se hundan en el barro&rdquo;. Al avanzar en el libro, sobre las p&aacute;ginas, se condensan los versos: &ldquo;Aqu&iacute; la luz no es igual, cambia el color de los ojos, pero no la perspectiva de las cosas&rdquo;. Tambi&eacute;n, claro, para la reflexi&oacute;n: &ldquo;La escritura es una pauta de nuestra respiraci&oacute;n que pide tiempo en el giro despu&eacute;s de cada cap&iacute;tulo de un campo de girasoles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Una s&uacute;bita ventisca de versos nos invade, ladridos de pasi&oacute;n: &ldquo;Somos perros en el sabor del amor, y nos matamos sin miedo&rdquo;, abrasados por el rey del polvo y la sed: &ldquo;Cuando el sol no es m&aacute;s que un &aacute;ngulo&rdquo; y reflexionamos sobre el mismo arte de la creaci&oacute;n: &ldquo;Hemos perdido las claves de este lenguaje&rdquo;. Para retomar el m&aacute;s fundamental de los aprendizajes, el que vivir y el de morir, incompatibles en la emoci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Se pregunta, una y otra vez Juan Antonio Tello qu&eacute; o qui&eacute;n muere en este ejercicio de lenta poes&iacute;a que es <em>Los perros de Nador</em>: &ldquo;Dejo arder los sustantivos unos cuantos siglos m&aacute;s&rdquo;. Un metro de los n&uacute;meros, un &aacute;baco, el ejercicio de la escritura, que trasciende a lo f&iacute;sico para convertir al lobo en perro y viceversa. Se cumple el tiempo de los aullidos: "Con una casa que a&uacute;n no existe, aunque s&iacute; es un lenguaje que custodiamos". &iquest;Es el mismo aullido el de los lobos que esperan fuera de la ciudad que el de los perros que dan nombre al poemario? Amarillo de la geograf&iacute;a &uacute;ltima de Espa&ntilde;a, el Rif y Alhucemas, la m&aacute;quina blanda de una civilizaci&oacute;n que ya no soporta la mezcla: &ldquo;Lo que ahora se entra&ntilde;a es el fuego y la roca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En las p&aacute;ginas &uacute;ltimas se nota la mezcla exot&eacute;rmica, el vapor sulfuroso que exhala, af&oacute;nico, entre los m&aacute;rgenes: &ldquo;Donde no caben las dunas cabe el derecho a nacer en un tiempo de perros&rdquo;. Y el final, cuando la chispa es gu&iacute;a en un desierto que confunde tarde con amanecer, madrugada con noche profunda, leemos: &ldquo;Ese lenguaje que a&uacute;n me pertenece&rdquo; confluye hacia la reflexi&oacute;n &uacute;ltima: &ldquo;El alma nos arrastra a la violencia&rdquo;. Es un libro de profusa imaginer&iacute;a, de desierto y mar, ah&iacute; donde el que para unos es el norte, para otros el primer sur. Una prosa de acumulativa naturaleza, coherente con la obra del poderoso poeta que es el zaragozano Jos&eacute; Antonio Tello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Antonio Tello, <em>Los perros de Nador</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 May 2026 07:52:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fragilidad y la palabra de María José Flores]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-fragilidad-y-la-palabra-de-maria-jose-flores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MAR_A_JOS_FLORES_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Existen novelas escritas por novelistas y existen novelas escritas por poetas. Las primeras avanzan sostenidas por la arquitectura del argumento; las segundas, en cambio, parecen demorarse en la respiraci&oacute;n del lenguaje, en la intensidad de la imagen y en una sensibilidad que privilegia lo sugerido sobre lo expl&iacute;cito. En esa estirpe se inscriben las primeras narraciones de Julio Llamazares, donde el paisaje se vuelve conciencia; o <em>Alguien que no existe</em> de &Aacute;lvaro Valverde; las novelas de Caballero Bonald &mdash;tan querido por Mar&iacute;a Jos&eacute;&mdash; o la reciente <em>Ma&ntilde;ana</em> de Olalla Castro &mdash;por poner algunos ejemplos&mdash;: textos en los que la historia importa tanto como el modo de decirla, y donde cada frase parece escrita no solo para contar, sino para demorarse en el temblor de lo vivido. Y en esa estirpe se ubica tambi&eacute;n <em>Las razones del alma</em>, la primera novela de la poeta Mar&iacute;a Jos&eacute; Flores.&nbsp;</p>
<p>Desde una perspectiva cr&iacute;tica, <em>Las razones del alma</em>, pertenece a la tradici&oacute;n narrativa que reflexiona sobre la propia creaci&oacute;n literaria al tiempo que despliega una historia de v&iacute;nculos humanos atravesados por la soledad, la aspiraci&oacute;n y el deseo de sentido. No es solo una novela: es, en buena medida, una meditaci&oacute;n sobre el hecho de escribir y sobre la precariedad &mdash;material y existencial&mdash; del escritor y, junto a &eacute;l, del ser humano contempor&aacute;neo.&nbsp;</p>
<p>Desde su p&oacute;rtico, la obra plantea un tono eleg&iacute;aco y reflexivo que remite a la estela de Antonio Machado &mdash;no solo por la cita inicial, sino por la importancia concedida a la memoria y a la imaginaci&oacute;n como ejes de la experiencia humana. La escena inicial, con ese regreso al espacio compartido y perdido, configura un territorio simb&oacute;lico donde la nostalgia no es mero sentimiento, sino una forma de conocimiento.</p>
<p>El n&uacute;cleo narrativo se articula en torno a Pablo, un joven novelista que encarna la figura cl&aacute;sica del artista en conflicto: idealista, precario, obsesivo en su relaci&oacute;n con la escritura. Su lucha m&aacute;s que econ&oacute;mica, es ontol&oacute;gica: escribir se presenta como una necesidad que roza lo absoluto, casi como una justificaci&oacute;n de la existencia. En este sentido, la novela dialoga con una tradici&oacute;n que podr&iacute;amos situar entre Franz Kafka y Gustave Flaubert, en la medida en que el acto de escribir aparece como una forma de tensi&oacute;n constante entre el ideal y la imposibilidad.</p>
<p>Uno de los hallazgos m&aacute;s emocionantes de la obra reside en la construcci&oacute;n del v&iacute;nculo entre Pablo &mdash;el novelista&mdash; y Pepe, su inesperado mecenas. Lejos de plantearse como una relaci&oacute;n funcional o meramente econ&oacute;mica, este v&iacute;nculo adquiere una dimensi&oacute;n simb&oacute;lica: Pepe representa una forma de vida pragm&aacute;tica, pero tambi&eacute;n una sensibilidad latente, un deseo de participar &mdash;aunque sea indirectamente&mdash; en la creaci&oacute;n. La novela explora as&iacute; una dial&eacute;ctica muy fecunda entre acci&oacute;n y contemplaci&oacute;n, entre vida vivida y vida narrada.</p>
<p>Desde el punto de vista estil&iacute;stico, Mar&iacute;a Jos&eacute; Flores apuesta por una prosa de gran densidad reflexiva, con frecuentes digresiones que ralentizan deliberadamente el ritmo narrativo. Este procedimiento es una estrategia consciente: el texto no busca tanto avanzar en la acci&oacute;n como profundizar en la conciencia de los personajes. La escritura se pliega sobre s&iacute; misma, se interroga, se corrige, y convierte el propio proceso creativo en materia narrativa.</p>
<p>Cabe destacar tambi&eacute;n su faceta metaliteraria: la novela contiene, en su interior, la propia obra que Pablo intenta escribir; y, a&uacute;n m&aacute;s, el manuscrito de otra novela en proceso, generando un juego de espejos y laberintos que nos recuerda tanto a Borges como a Unamuno. En esta dimensi&oacute;n autorreflexiva el lector asiste, m&aacute;s que a una historia, a la gestaci&oacute;n de una voz.</p>
<p>En &uacute;ltima instancia, <em>Las razones del alma</em> es una novela sobre la fragilidad: la fragilidad econ&oacute;mica del artista, la fragilidad emocional de los v&iacute;nculos, de los sue&ntilde;os y las ilusiones, la fragilidad misma del lenguaje como instrumento para apresar la realidad. Pero tambi&eacute;n es, y esto conviene subrayarlo, una defensa de la literatura como espacio de resistencia (pues son innumerables las referencias directas a poetas y obras de todos los tiempos). Frente a un mundo regido por la utilidad y la inmediatez, la novela reivindica el valor de lo in&uacute;til, de lo demorado, de lo imaginado.</p>
<p>En definitiva, estamos ante una obra que interpela tanto al lector com&uacute;n como al lector especializado: al primero, por la humanidad de sus personajes; al segundo, por la riqueza de sus resonancias intertextuales y su conciencia de tradici&oacute;n. Una novela que no ofrece respuestas f&aacute;ciles, pero que formula, con inteligencia y sensibilidad, algunas de las preguntas m&aacute;s persistentes de la literatura: por qu&eacute; escribir, para qui&eacute;n y a qu&eacute; precio.</p>
<p>Y, sin embargo, quiz&aacute; la verdadera pregunta que late en <em>Las razones del alma</em> no sea ninguna de esas; se abre, en cambio, a otra m&aacute;s honda y m&aacute;s inc&oacute;moda: qu&eacute; queda de nosotros cuando todo lo dem&aacute;s &mdash;el &eacute;xito, el reconocimiento, incluso la certeza&mdash; se desvanece.&nbsp;</p>
<p>La novela de Mar&iacute;a Jos&eacute; Flores no responde: acompa&ntilde;a. No afirma: sostiene la duda. Y en ese gesto &mdash;discreto, pero radical&mdash; se cifra su mayor logro. Porque all&iacute; donde el mundo exige claridad y resultados, este libro se permite la intemperie, la fragilidad y la espera.&nbsp;</p>
<p>Y tal vez por eso, al terminarlo, uno tiene la sensaci&oacute;n de que no ha le&iacute;do solo una historia de un novelista, sino que ha asistido &mdash;con una mezcla de desasosiego y gratitud&mdash; a la mirada de una poeta: al lento y necesario aprendizaje de una conciencia que escribe, sencillamente, para que lo vivido jam&aacute;s se extinga.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Mar&iacute;a Jos&eacute; flores, <em>Las razones del alma</em>, M&eacute;rida, Editora Regional de Extremadura, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 May 2026 07:39:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resumir la humanidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/resumir-la-humanidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/RAM_N_AC_N_FANLO_-_Fotograf_a_de_Guillermo_Mestre_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n (Piedrafita de Jaca, Huesca) es un autor prol&iacute;fico y complejo. Uno de los nombres sobre el que se construye el canon de la literatura aragonesa del &uacute;ltimo cuarto del siglo pasado. Desde su <em>Manual de h&eacute;roes </em>(1988), una de sus primeras, pero m&aacute;s impactantes obras, hasta sus &uacute;ltimas entregas: <em>Monte Oscuro </em>(Los Libros del gato negro, 2016), <em>Los muertos que llevan los vivos</em> (Los libros del gato negro, 2021) o <em>Profanaci&oacute;n </em>(Pregunta, 2024), Ac&iacute;n ha construido una obra donde la memoria, la sociedad y lo anecd&oacute;tico son pilares para construir una reflexi&oacute;n sobre la misma existencia humana.&nbsp;</p>
<p>Es este volumen, una especie de compendio de relatos y reflexiones, que con el t&iacute;tulo de <em>Vida </em>(Pregunta, 2025), sobre el que se lixivia todo lo anterior para servir como manual de herencias y herederos. Dividido en cuatro partes: Desafuero, Hecho, Desliz y Desasosiego, Ram&oacute;n Ac&iacute;n construye un pasado de nuevo orden con met&aacute;foras b&iacute;blicas y narrativa simb&oacute;lica, unas veces en el a&ntilde;o 1937 de la Guerra Civil y otras en el esquem&aacute;tico noir de unos personajes que escapa de una gran Organizaci&oacute;n. Es herm&eacute;tico y denso, en el exilio del literario est&aacute; la ni&ntilde;a y el recuerdo, pero tambi&eacute;n la muerte y la madurez. La familia como conjunto de ra&iacute;ces cohesionadas: &ldquo;Su abuelo recuerda situaciones tristes que no hacen sino crecer y crecer&rdquo;, una reflexi&oacute;n sobre la escasa validad de una bonanza huracanada, un recuerdo de abuela, luna y algod&oacute;n en forma de objetos, confiter&iacute;as, dulces y sabores.&nbsp;</p>
<p>Hay, como en toda obra de Ac&iacute;n, personajes curiosos, entre &Aacute;lvaro Cunqueiro y Camilo Jos&eacute; Cela: &laquo;Es decir, dej&oacute; de donjuanear durante la noche por la barriada para acabar visti&eacute;ndose con refranes a la luz del d&iacute;a&raquo;. La vida de Bandr&eacute;s. Ayer y hoy. Tampoco falta esa estaci&oacute;n personal que es su relaci&oacute;n con Zaragoza, la gran ciudad mutante, el furor del Ebro. &Eacute;l, ni&ntilde;o del norte, con sus padres, tan lejos: &laquo;Ellos, all&iacute;, en los Pirineos&raquo;. Y ese amor cuaja en la iluminaci&oacute;n de la infancia, donde la divinidad termina en idolatr&iacute;a y los pecados avanzan buscando su sitio.&nbsp;</p>
<p>Cita Ram&oacute;n Ac&iacute;n el buen vino, el mal vino, el caldo en definitiva, pero, tambi&eacute;n, pel&iacute;culas como <em>Wall Street </em>de Oliver Stone y la generacional<em> Le grande bouff&eacute;</em> de Marco Ferreti.&nbsp; De Dante: &ldquo;Abandona cualquier esperanza entrar aqu&iacute;&rdquo;. De las lecturas de Francisco Umbral la pasi&oacute;n por las amigas maduras de su madre y el recuerdo de aquel <em>body Care.</em> Hay tiempo para el lat&iacute;n y el griego, juveniles pasiones del humanista. Y la emulaci&oacute;n de la vida, la envidia de lo inalcanzado y ya inalcanzable al hablar de una madre que hubiera deseado ser Th&eacute;r&egrave;se Humbert.&nbsp;</p>
<p>El chascarrillo de lo rural, con aquel soltero que paga la orquesta, el personaje oscuro, asesino, que no matarife, el hombre que muri&oacute; c&eacute;libe (y c&oacute;mo sobre &eacute;l hablaban las amigas de la madre: &laquo;No eres diferente, como todas nosotras alumbrar&aacute;s a un soltero&raquo; ). Pelas, grescas, un cat&aacute;logo de lugares imposibles, refranes y par&aacute;bolas, de la conquista de Am&eacute;rica al misterio de Alphaville. Heliodoro, con nombre de estadio de Tenerife. &ldquo;Donde no hay mata no hay patata&rdquo; y &ldquo;Muerto el perro, se acab&oacute; la rabia&rdquo;. Los que amamos las matem&aacute;ticas y el Enate disfrutamos del n&uacute;mero Phi, la dimensi&oacute;n &aacute;urea y reservar la simetr&iacute;a para la arquitectura, dejando el silencio y la distancia como &uacute;nicos logaritmos a los que entregar nuestros c&aacute;lculos. Ram&oacute;n Ac&iacute;n, autor de culto, respetable poseedor de los bienes literarios de Arag&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, <em>Vida</em>, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 May 2026 07:19:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reina Roffé: «La literatura es una suma de memorias que va componiendo una especie de incesante biografía de cada época, de cada lugar del mundo»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reina-roffe-la-literatura-es-una-suma-de-memorias-que-va-componiendo-una-especie-de-incesante-biografia-de-cada-epoca-de-cada-lugar-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/REINA_ROFF_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Siete traves&iacute;as para adentrarse en aquel signo que descuadra dentro de una serie. El extra&ntilde;amiento. El extrav&iacute;o. Lo que no encaja en el mosaico. La tesela hu&eacute;rfana. El desconcierto que brota por entre los afectos. Lo inquietante que desbroza lo cotidiano. La soledad y su trazo. Siete son los relatos (el primero de ellos casi una novele breve) que articulan el &uacute;ltimo libro de Reina Roff&eacute; (Buenos Aires, 1951), <em>Vivir entre extra&ntilde;os. Relatos de soledad y desarraigo</em> (Menoscuarto).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La escritura tiene algo de nostalgia no resuelta, de melancol&iacute;a y de deseo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Del primer relato, que da t&iacute;tulo al volumen, me interesa c&oacute;mo se acompasan los dos tiempos, pasado y presente. La escritura, &iquest;tiene m&aacute;s de nostalgia no resuelta, de melancol&iacute;a, o de deseo?</p>
<p>- La cita, que antecede al relato (&laquo;Mi madre nunca me dio la mano&raquo;), del libro <em>La asfixia</em> de Violette Leduc, que de tanto en tanto ven&iacute;a a mi memoria, fue clave para armar este relato, el m&aacute;s largo del libro, y poder estructurar algo que yo ten&iacute;a escrito por separado, dos cuentos sin amalgama que, finalmente, act&uacute;an juntos gracias a los dos tiempos; la escena del reencuentros entre madre e hija, esa hija que, cada a&ntilde;o visita a su madre, y llega de lejos, relato &eacute;ste fragmentado que permite la entrada y reconstrucci&oacute;n del pasado, de la relaci&oacute;n entre ambas y del &aacute;mbito familiar. No fue f&aacute;cil acompasar esos dos tiempos y que fluyeran juntos sin tropiezos. Fue un ejercicio de artesan&iacute;a. La escritura tiene algo de las tres cosas que mencionas. En el poema &ldquo;Tristeza de domingo&rdquo;, la escritora rumano-argentina, Alina Diacon&uacute;, dice: &laquo;Melanc&oacute;licos/de lo que no fue/nost&aacute;lgicos/de lo que ha sido&raquo;. Representamos, entre otras cosas, estos sentimientos o sensaciones evidentemente no resueltas y con el deseo infructuoso de encontrar un sentido, una pista que nos conduzca a la revelaci&oacute;n de nuestros enigmas m&aacute;s &iacute;ntimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La imaginaci&oacute;n nos alivia del peso de lo real y de su sombra proyectada sobre la vida cotidiana, muchas veces anodina y hostil&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera la memoria nos conforma como escritores?</p>
<p>- Yo dir&iacute;a que es la materia prima que nos conforma. Hay marcas que no se borran y necesitamos elaborarlas durante toda la vida. Actualmente, la gente se hace tatuajes para dejar constancia del nombre o del rostro de alguien querido, de un equipo de f&uacute;tbol, de una flor que les gusta. Los tatuajes se pueden borrar, incluso ocultar debajo de la ropa cuando pierden su significado. Pero las marcas, heridas o cicatrices de las que hablo, no. Son invisibles a los ojos de los dem&aacute;s y est&aacute;n grabadas en nuestra memoria. Por otra parte: &iquest;Qu&eacute; es la literatura?, sino una suma de memorias que va componiendo una especie de incesante biograf&iacute;a de cada &eacute;poca, de cada lugar del mundo. Preservar la memoria colectiva es una manera de oponerse a los totalitarismos, que siempre nos proponen la f&oacute;rmula condescendiente del olvido, la amnesia como consuelo a las violencias y aflicciones sufridas. La memoria es uno de los elementos constitutivos de todo relato, hace posible la escritura y permite al escritor recuperar los episodios dispersos de su experiencia, reparar escenas rotas y olvidadas, trabajar con las suturas de la realidad, ganar un espacio m&aacute;s amplio y luminoso para uno mismo y, tal vez, para el lector. Pero no s&oacute;lo la memoria juega su partida, sino tambi&eacute;n la imaginaci&oacute;n, que es, como dec&iacute;a el autor uruguayo Felisberto Hern&aacute;ndez, ese &laquo;insecto de la noche&raquo; que vuela &laquo;distancias que ni el v&eacute;rtigo ni la noche conocen&raquo;. La imaginaci&oacute;n que nos alivia del peso de lo real y de su sombra proyectada sobre la vida cotidiana, muchas veces anodina y hostil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; v&iacute;nculo, de tenerlo, tiene la escritura con la figura de la madre?</p>
<p>- Tiene un v&iacute;nculo muy estrecho: el de la creaci&oacute;n, nada menos. Engendrar y parir. La madre nos da la vida y, con ella, la muerte. Se trata de un lazo muy comprometido, muy fuerte. Escrib&iacute; sobre la relaci&oacute;n madre-hija en varios libros. Por ejemplo, en un relato largo, casi una<em> nouvelle</em>, que se public&oacute; en 2011 en la Argentina, y se titula &ldquo;La madre de Mary Shelley&rdquo;. En ese cuento empleo una frase, que se la adjudiqu&eacute; a Marcel Proust: &laquo;Los hijos no siempre llevan la semejanza de la madre, como llevan en su rostro la profanaci&oacute;n de la madre&raquo;. La escritura tambi&eacute;n se alimenta de ese rasgo insolente de meterse con lo sagrado; saquea tumbas, pone en cuesti&oacute;n seres y objetos considerados de culto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay demasiada oscuridad en los seres humanos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los v&iacute;nculos quebrados es uno de los asuntos recurrentes en su escritura. &iquest;Es eso mismo el texto, el intento por reparar lo irreparable?</p>
<p>- S&iacute;, es lo que coment&eacute; antes. Los v&iacute;nculos, a excepci&oacute;n de muy pocos, nacen o se vuelven quebradizos. La escritura, al menos la m&iacute;a, persigue ese anhelo de reparar, enmendar, componer lo que fue y pudo ser de otra manera, algo mejor, m&aacute;s di&aacute;fano, pero no siempre se consigue. Hay demasiada oscuridad en los seres humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Asimismo, los extra&ntilde;os pueblan una y otra vez sus p&aacute;ginas, extra&ntilde;os &laquo;reales&raquo; (por ejemplo, los que concurren en &lsquo;El atropello&rsquo;) y no tanto familiares a los que no terminamos de entender. &iquest;Cu&aacute;nto de extra&ntilde;amiento tiene la escritura?</p>
<p>- Mucho, porque trabaja con elementos y t&eacute;cnicas que vuelven extra&ntilde;o aquello que parec&iacute;a familiar, corriente, normal. Refleja lo singular o raro de nosotros mismos, algo que no hab&iacute;amos percibido, pero que, en un momento determinado, aflora sorpresivamente y nos deja helados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para que la escucha (&lsquo;De madrugada&rsquo;) sea fruct&iacute;fera, a cualquier nivel, por ejemplo, escritor-lector, &iquest;qu&eacute; se requiere?</p>
<p>- Algo tan simple como prestar atenci&oacute;n y otro componente, m&aacute;s complicado, leer entrel&iacute;neas, ver todos los pliegues posibles de lo que se dice y, sobre todo, de lo que no se dice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La escritura tiene una cuota necesaria de azar. No todo est&aacute; programado de antemano&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Este relato convoca algunas casualidades narrativas. &iquest;Cu&aacute;nto de azar deviene en la escritura?</p>
<p>- La escritura tiene una cuota necesaria de azar. No todo est&aacute; programado de antemano. Una escribe y se va encontrando con asuntos que surgen de pronto y podr&iacute;an cuajar con lo anterior y enriquecer el texto. Clarice Lispector dec&iacute;a que ella trabajaba con sensaciones pensadas, esas sensaciones proliferan incluso cuando ni siquiera se han intuido antes de comenzar un relato, una novela, incluso un ensayo. El azar funciona como un inhibidor que facilita astillar esquemas, bucear mejor en lo insondable, bregar con lo inesperado y hacerlo cabalgar hacia un final menos err&aacute;tico, m&aacute;s poderoso, m&aacute;s sorprendente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &lsquo;El exilio interior&rsquo; es una &aacute;cida cr&iacute;tica a la mercantilizaci&oacute;n del arte. Sin embargo, hay textos que pasan por literario y son suced&aacute;neos. &iquest;C&oacute;mo se reconoce una &mdash;llam&eacute;moslo as&iacute;&mdash; falsificaci&oacute;n?</p>
<p>- Cuando nos encontramos con un texto plagado de lugares comunes o se repiten modelos y no son modelos para desarmar precisamente. Cuando el lenguaje es d&eacute;bil y la escritura se vuelve ca&oacute;tica o demasiado explicativa; cuando no se da lugar a la elipsis y lo que leemos no nos conmueve. Jorge Luis Borges dec&iacute;a que &eacute;l no conceb&iacute;a una sola palabra escrita sin emoci&oacute;n. En efecto, sin ese elemento fundamental lo que encontramos es pura falsificaci&oacute;n, pura pose, artificio carente de literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; depende que uno, cualquiera, encuentra &laquo;la puerta condenada&raquo; y la traspase? &iquest;Conviene traspasarla?</p>
<p>- Depende de la curiosidad de cada uno y del efecto que la revelaci&oacute;n de ese misterio pueda provocar. Si va a causar un da&ntilde;o irreparable, es mejor no traspasarla. En general, las personas son negadoras. Prefieren no saber qu&eacute; se oculta detr&aacute;s de una puerta condenada &mdash;met&aacute;fora cortazariana&mdash;, l&oacute;gicamente, da miedo.&nbsp; Pero otras, pese al temor, desean arriesgarse e indagar ah&iacute;, donde el espanto, el dolor o la aceptaci&oacute;n de la otredad puede cambiar el rumbo de sus vidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;No hay nada m&aacute;s cursi que la palabra cursi&raquo;. &iquest;Se puede permitir la literatura serlo?</p>
<p>- No, rotundamente no, aunque si buscamos cursiler&iacute;as, podemos encontrarlas diseminadas y escondidas hasta en grandes obras. Habr&aacute; que ver tambi&eacute;n lo que cada lector entiende por cursiler&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La imaginaci&oacute;n y el humor son b&aacute;lsamos necesarios para achicar el p&aacute;nico o la angustia que nos suscita la realidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en esos coqueteos que aparecen en algunos relatos con lo fant&aacute;stico (la monja evanescente de &ldquo;Viaje a Salamanca&rdquo;), as&iacute; como en el uso del humor. &iquest;Ambos, lo maravilloso u on&iacute;rico y lo c&oacute;mico son los ejes que permiten sostener la gravedad de lo real?</p>
<p>- Claro que s&iacute;. De otra manera ser&iacute;a insoportable. Me hace bien re&iacute;rme de m&iacute; misma, ver el lado c&oacute;mico de ciertos hechos que yo cre&iacute;a dram&aacute;ticos y no eran para tanto. La imaginaci&oacute;n y el humor son b&aacute;lsamos necesarios para achicar el p&aacute;nico o la angustia que nos suscita la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Todo elemento cotidiano es susceptible de contener lo extra&ntilde;o?</p>
<p>- No hay nada m&aacute;s extra&ntilde;o que aquello considerado cotidiano. Adem&aacute;s, siempre est&aacute; en jaque, en la cuerda floja. Un hombre culto y educado, que es traductor, se muda a un departamento c&eacute;ntrico de Buenos Aires, que le ha prestado una amiga que est&aacute; en Par&iacute;s. Todas sus acciones son normales, cotidianas, bien intencionadas e indican que aprovechar&aacute; el tiempo para trabajar en ese lugar coqueto, impecable y ordenado que tiene una surtida biblioteca y la impronta de su due&ntilde;a, da pena cambiar de sitio un cenicero. Pero el d&iacute;a de la mudanza, ya en el ascensor, entre el primero y segundo piso, mientras todo marchaba seg&uacute;n lo deseado, el hombre, el traductor, comienza a vomitar conejitos. Se trata del cuento &ldquo;Carta a una se&ntilde;orita en Par&iacute;s&rdquo; de Julio Cort&aacute;zar. Fue de los primeros relatos que le&iacute; de este autor cuando todav&iacute;a iba al colegio secundario. A&uacute;n siento el impacto que me produjo. Cort&aacute;zar es uno de los magos del relato y de c&oacute;mo irrumpe lo fant&aacute;stico, lo extra&ntilde;o de una forma abrumadoramente ordinaria, corriente. De pronto, algo se tuerce y nos convierte en seres inestables, en entornos degradados por inusuales.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 May 2026 08:40:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[«Leer es como tener conversaciones inteligentes con personas desconocidas»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-es-como-tener-conversaciones-inteligentes-con-personas-desconocidas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/GUSTAVO_VALLE_-_Fotograf_a_de_Editorial_Pre-Textos_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La familia como gravedad de destino y como compromiso ingr&aacute;vido que se asume. La infancia, sus tenebrosidades y sus solsticios, sus recovecos de susto y asombre, la hermandad de quienes se dan la mano y se ayudan, mientras construyen camino; el prop&oacute;sito y sentido, la obligaci&oacute;n y el mandado. El viaje. Todo ello puebla las p&aacute;ginas de la &uacute;ltima novela de Gustavo Valle (Caracas, 1967), <em>El brillo de los ni&ntilde;os</em> (Pre-Textos), escrita desde el extrav&iacute;o, con una soltura por donde asoma el disfrute.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>- El brillo de la infancia, &iquest;tiene el peligro (o acaso la bendici&oacute;n) de convertirse en fulgor y cegar a quien queda cerca?</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; consiste ese brillo? Se puede pensar que es el brillo propio de la infancia esa condici&oacute;n de excepcional belleza o inocencia que luego perdemos en la vida adulta. Es decir, los ni&ntilde;os, solo por ser ni&ntilde;os, brillan. Pero, los de la novela se encuentran inmersos en un mundo oscuro, y en rigor, son m&aacute;s bien ni&ntilde;os sombr&iacute;os, pues han pasado por experiencias muy duras. Quiz&aacute;s su brillo se manifiesta en su manera de mantenerse juntos, en ese pacto de hermandad que los une, a pesar de las hostilidades. Ese fulgor, como lo llamas, puede tambi&eacute;n cegar y quemar a quienes est&aacute;n cerca. Es la violencia de la que tienen que echar mano para defenderse. Esa &laquo;ind&oacute;mita luz&raquo;, para decirlo con palabras de Luis Albero Spinnetta y Charly Garc&iacute;a. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Estos hermanos tienen el prop&oacute;sito de entregar las cenizas de Adela y buscar al t&iacute;o Am&iacute;lcar. &iquest;Es posible vivir sin darle sentido a lo que se vive?</strong></p>
<p>Ese prop&oacute;sito se lo imponen los adultos, concretamente la abuela. Ellos siguen una orden, que es ir a la frontera. Los ni&ntilde;os no suelen tener prop&oacute;sitos, operan de acuerdo a las circunstancias que enfrentan y viven un eterno tiempo presente. Tener prop&oacute;sito implica tener conciencia de una dimensi&oacute;n de futuro, y la infancia es puro presente. Ellos siguen las &oacute;rdenes que les indicaron. Son un poco irreflexivos, como suelen ser los ni&ntilde;os, que viven inmersos en la experiencia. Me interes&oacute; explorar esa dimensi&oacute;n infantil, donde las cosas ocurren para ellos lejos del tiempo de la historia.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Entre los hipocor&iacute;sticos, el metaplasmo, la anaclasis, la s&iacute;nquisis y la aposiopesis, &iquest;por cu&aacute;l siente usted m&aacute;s querencia? </strong></p>
<p>Jajaja, son las figuras ret&oacute;ricas que aparecen en la novela, en boca del pap&aacute; de los protagonistas. Esas palabras &laquo;raras&raquo; hacen re&iacute;r a los ni&ntilde;os. De todas ellas me quedo con dos: el hipocor&iacute;stico, quiz&aacute;s el m&aacute;s conocido, que es la abreviatura de un nombre, su ap&oacute;cope, por ejemplo, en vez de Yoisiberth decir, Yoisi, o Paco por Francisco. Pero me interesa m&aacute;s la aposiopesis, que es cuando un enunciado se interrumpe, queda incompleto y recurre a los puntos suspensivos. Por ejemplo: &laquo;Si te veo nuevamente haciendo eso, te voy a&hellip;&raquo;, y no se completa la frase. Es como al iceberg de Hemingway pero llevado a un enunciado. Es decir, lo m&aacute;s importante no est&aacute; dicho. Esos puntos suspensivos, ese silencio, contiene todo un relato que debemos rellenar seg&uacute;n el contexto. La aposiopesis requiere, digamos, de un lector que complete la oraci&oacute;n.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Jos&eacute; y Kika, adem&aacute;s de sus respectivos trabajos (hospital y costura) viv&iacute;an de actuar en la calle. &iquest;Por qu&eacute; resulta imposible, salvo excepciones de rigor, vivir de lo <em>in&uacute;til</em>: la escritura, el cante, el baile, la poes&iacute;a&hellip;? </strong></p>
<p>No considero in&uacute;til esas actividades, aunque s&iacute; es muy dif&iacute;cil vivir de ellas. Jos&eacute; y Kika, los padres de los ni&ntilde;os, son, digamos, artistas frustrados que se niegan a abandonar su arte, a pesar del fracaso a cuentas. Me interesa esa dimensi&oacute;n del artista que persiste en su tarea incluso cuando no hay ni reconocimiento ni retribuci&oacute;n. El exitismo opera en el arte de una forma bastante cruel y margina al artista que no cumple con ciertas expectativas. Este tipo de personajes tiene un sentido tr&aacute;gico y humano de gran importancia para la literatura. Pienso en Frenhofer, el personaje de <em>La obra maestra desconocida</em> de Balzac.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Diodoro, como S&oacute;focles, solo aspira a morir feliz. &iquest;C&oacute;mo se logra este casi ox&iacute;moron?</strong></p>
<p>A S&oacute;focles se le atribuye una muerte feliz porque vivi&oacute; coronado de gloria gracias al &eacute;xito de sus tragedias, y falleci&oacute; sin dolor a los 90 a&ntilde;os, algo excepcional para la &eacute;poca. Por supuesto, la llamada muerte feliz de S&oacute;focles es una construcci&oacute;n literaria, y parece que se le atribuye a un tal Fr&iacute;nico, poeta de la antigua Atenas, que le dedic&oacute; versos elogiosos a Sofocles y acu&ntilde;&oacute; aquello de la &laquo;muerte feliz&raquo;. Diodoro, uno de los personajes de mi novela, est&aacute; en contra de la muerte, al igual que El&iacute;as Canetti, que se propuso escribir un libro sobre eso. Durante cincuenta a&ntilde;os, Canetti tom&oacute; apuntes con el prop&oacute;sito in&uacute;til de combatir la muerte. El segundo libro de Gonzalo Rojas se llama <em>Contra la muerte</em>. En fin, combatir la muerte es tambi&eacute;n una tradici&oacute;n literaria. Una muerte feliz solo ocurre en la ficci&oacute;n o en los versos de Fr&iacute;nico. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Viajar es convertirnos en estaciones de tr&aacute;nsito&raquo;. &iquest;De qu&eacute; modo nuestro yo (sea lo que signifique el concepto) se modula en el viaje y en la lectura?</strong></p>
<p>Se modula y se transforma, y puede incluso convertirse en otro. Creo que cambiar de lugar, es decir, viajar, incluso emigrar, es una de las formas de aprendizaje m&aacute;s hondas, y a veces tambi&eacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles. Y la lectura es algo parecido a viajar, una especie de viaje inm&oacute;vil. Pero, &iquest;de qu&eacute; manera ocurre ese cambio o modulaci&oacute;n? Yo pienso que cambia la manera de imaginar, lo que quiere decir que cambia nuestra manera de imaginarnos. Es decir, descubrimos en nosotros aspectos insospechados y nos reconocemos de otra forma a como lo hab&iacute;a hecho antes de viajar o leer.&nbsp; El viaje y la lectura ofrecen herramientas para ampliar la percepci&oacute;n de nosotros mismos. Viajar es como ir de un a libro a otro. Y leer es como tener conversaciones inteligentes con personas desconocidas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Si Gusmarling escribe &laquo;para alborotar incertidumbres&raquo;, &iquest;para qu&eacute; escribe Gustavo Valle?</strong></p>
<p>Siempre he pensado que escribir pone en marcha una m&aacute;quina de fabricar incertidumbres. O al menos, la mejor versi&oacute;n de la escritura buscar&iacute;a eso: alejarse de las certezas, operar con matices, hurgar en el detalle. Pienso que hay que asumir la escritura de esa manera. Es decir, se trata de un debate permanente con la verdad: ponerla en duda, interpelarla, con el objetivo de que prevalezca en su complejidad. Porque la verdad es un conjunto de cosas, muchas veces parad&oacute;jicas y contradictorias. Los grandes escritores suelen ser grandes aguafiestas: detr&aacute;s de las alegr&iacute;as destacan tristezas, detr&aacute;s de un triunfo, concesiones y derrotas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Pienso en la capacidad intuitiva de Yoisi, que ella rechaza. &iquest;hasta qu&eacute; punto la escritura es eso mismo, una especie de canal medi&uacute;mnico, visionario?</strong></p>
<p>Como cualquier arte, escribir tiene algo de conexi&oacute;n con lo irracional. Es una herramienta que sirve, entre otras cosas, para poder ver lo que no se ve, para conectar con &aacute;mbitos inmateriales. En la novela se menciona a Rimbaud, famoso, entre otras cosas por escribir su <em>Carta del vidente</em>, en la que propone el desarreglo de todos los sentidos para acceder a una revelaci&oacute;n. Es una vieja estrategia que ha llevado a m&aacute;s de uno a la autodestrucci&oacute;n, incluido el mismo Rimbaud, basada en el uso del lenguaje como elemento m&iacute;stico de conexi&oacute;n con lo sobrenatural. Los mantras y las plegarias son viejos mecanismos de comunicaci&oacute;n con el misterio. No s&eacute; si Yoisi rechaza su capacidad intuitiva, pero lo cierto es que sus &laquo;poderes&raquo; le son indiferentes. En el fondo, ella quisiera ser normal.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cuando los v&iacute;nculos se interrumpen de manera abrupta (se los lleva el hurac&aacute;n), &iquest;de qu&eacute; modo se repara esa herida, y de qu&eacute; depende que el que los sobrevive no quede del lado de la locura o, digamos, la maldad (l&eacute;ase resentimiento, recelo, amargura)?</strong></p>
<p>En la novela hay muchos v&iacute;nculos rotos, en primer lugar, el que une a padres e hijos. Reparar esas heridas probablemente sea imposible. Gus y Yoisi son hu&eacute;rfanos, y activan la memoria para reconstruir el v&iacute;nculo roto, pues solo en la memoria ese v&iacute;nculo permanece. Y como sabemos que la memoria es uno de los subg&eacute;neros de la imaginaci&oacute;n, entonces la &uacute;nica forma de reparar esos v&iacute;nculos es imagin&aacute;ndolos. Quiz&aacute;s esto, y la actitud indulgente hacia sus padres, a pesar de todo lo ocurrido, les permite sobrevivir a la locura. No es el caso de otro de los personajes, el t&iacute;o, a quien lo acompa&ntilde;a la fatalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qu&eacute; tiene la infancia que resulta irresistible para la escritura?</strong></p>
<p>Rilke dec&iacute;a que nuestra verdadera patria es la infancia. En la infancia ocurren pr&aacute;cticamente todas las cosas que nos marcar&aacute;n para siempre. Y, al mismo tiempo, escribir es de alguna manera volver a ser ni&ntilde;o, en el sentido de que se trata de reproducir la forma de mirar de ellos, ese intento de recuperar la mirada inocente, para la que todo es nuevo y motivo de asombro. Entonces no solo es interesante cuando los ni&ntilde;os aparecen en las historias, sino cuando la mirada infantil se adue&ntilde;a del que escribe. Por otra parte, para un ni&ntilde;o, el adulto es un obst&aacute;culo contra su libertad, y al mismo tiempo su refugio. Esa tensi&oacute;n y relaci&oacute;n de fuerzas entre el ni&ntilde;o y el adulto quise que estuviera en la novela. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Para que el adulto no est&eacute; abocado a abandonar la poes&iacute;a que conoci&oacute; de ni&ntilde;o (o la magia, lo on&iacute;rico, tanto da), &iquest;Qu&eacute; se requiere?</strong></p>
<p>No lo tengo muy claro, pero quiz&aacute;s la clave sea desarmar ciertos dogmas, ese vicio tan arraigado en los adultos. Aprender a moverse en la incertidumbre y abrirse a lo imprevisible. En ese sentido, leer buenos libros es un excelente ejercicio, porque, entre otras cosas, ense&ntilde;a a dudar, a sostener lo ambiguo y cuestionar cualquier asomo de ortodoxia. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Cu&aacute;nto de Gustavo hay en Gusmarling y Yoisi?</strong></p>
<p>Muy poco. M&aacute;s de mi mujer y mi hijo, que son m&uacute;sicos. Pero en realidad creo que pertenecen al universo de casos reales de ni&ntilde;os migrantes que lamentablemente conocemos trav&eacute;s de las noticias, y tambi&eacute;n de ni&ntilde;os protagonistas de ciertos cuentos y novelas, que me acompa&ntilde;aron durante la escritura del libro, y que al final menciono. Ah&iacute; est&aacute;n <em>La cruzada de los ni&ntilde;os</em>, de Marcel Schwob, los cuentos de los hermanos Grimm, <em>El elegido</em> de Thomas Mann, <em>La infancia de Jes&uacute;s</em>, de Coetzee, y otros.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&iquest;De qu&eacute; cura la m&uacute;sica que no pueda hacerlo la literatura?</strong></p>
<p>No s&eacute; si el arte cura, pero s&iacute; s&eacute; que ayuda a comprender algunas cosas y aliviar otras. La musicoterapia, por ejemplo, es una disciplina cl&iacute;nica, avalada desde la neurociencia, con efectos comprobados en la rehabilitaci&oacute;n neurol&oacute;gica de enfermos de Parkinson o personas que han sufrido accidentes cerebro vasculares. Sin embargo, creo que una cosa es el arte, y otra la aplicaci&oacute;n de herramientas art&iacute;sticas para tratamientos terap&eacute;uticos. En el caso de la literatura, no dudo de que la expresi&oacute;n escrita sirva para comprender mejor nuestro pasado o hurgar en nuestros traumas, pero creo que su funci&oacute;n principal no es terap&eacute;utica, sino cat&aacute;rtica, y sobre todo problematizadora. La buena literatura no te resuelve los problemas; hace que los veas en una mayor complejidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Apr 2026 11:53:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Daniel Durand, la valentía de contar lo que pasa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/daniel-durand-la-valentia-de-contar-lo-que-pasa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DANIEL_DURAND_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Deliberadamente fr&iacute;volos, inc&oacute;modos, provocadores, prosaicos, en las ant&iacute;podas del poeta-profesor: as&iacute; pueden caracterizarse los poemas de Daniel Durand. Inscrito en la misma generaci&oacute;n que Fabi&aacute;n Casas y Laura Wittner &mdash;la de los poetas argentinos de los a&ntilde;os noventa&mdash;, su trabajo, como ocurre con toda voz po&eacute;tica significativa, desborda ese marco generacional. Los adjetivos no responden aqu&iacute; a un gesto caprichoso: el lector los encontrar&aacute; debidamente documentados en <em>La man&iacute;a de rodar</em> (La Coz, 2025), antolog&iacute;a que en menos de cien p&aacute;ginas ofrece un recorrido por la obra de un autor que nunca hizo un oficio de la escritura; en otras palabras, nunca igual a s&iacute; mismo pero siempre &eacute;l.</p>
<p>Con dise&ntilde;o editorial de Eugenia Parrado y una tapa que evoca influencias abstractas a lo Kandinsky &mdash;en contraste con poemas marcadamente figurativos&mdash;, el volumen re&uacute;ne textos de <em>Lupa de la inmersi&oacute;n</em> (2023), <em>Ruta de la inversi&oacute;n</em> (2007), <em>El estado y &eacute;l se amaron</em> (2006), <em>Cabeza de buey</em> (2012) y <em>Como un Marlboro</em> (2016). La selecci&oacute;n, m&aacute;s que ofrecer un panorama exhaustivo de su obra amplia y variada, parece guiarse por un criterio de legibilidad, priorizando poemas breves y accesibles a lectores ajenos al contexto social, pol&iacute;tico o literario argentino.</p>
<p>&laquo;Hay poetas a los que no se puede separar de su voz&raquo;, dice Laura Wittner &mdash;tambi&eacute;n antologada por La Coz&mdash; al referirse a Durand. Su voz po&eacute;tica funciona como una marca indeleble: aunque se desdibuje y se mezcle con la oralidad urbana, el tono permanece. No hay impostura, pero tampoco confesi&oacute;n. M&aacute;s que un yo biogr&aacute;fico, lo que perdura es una manera de decir desenfadada y alejada de cualquier ret&oacute;rica</p>
<p>Poemas como &ldquo;Ni&ntilde;o con banana&rdquo; o &ldquo;Peque&ntilde;a botella de vidrio&rdquo;, que figura en la contratapa, muestran c&oacute;mo Durand convierte lo m&aacute;s ordinario &mdash;incluso lo escatol&oacute;gico, el residuo, aquello en lo que nadie repara&mdash; en materia po&eacute;tica. Lo cotidiano no se sublima: se presenta tal cual, con toda su sobriedad y violencia. Evita tanto la abstracci&oacute;n generalizadora como el lirismo sentimental sin por ello hacer una &eacute;pica de lo marginal.</p>
<p>Si toda antolog&iacute;a es una vida encuadernada, la de Durand es la creaci&oacute;n de una vida, no su recreaci&oacute;n. Por eso <em>La man&iacute;a de rodar</em> puede leerse &mdash;y en cierto modo vivirse&mdash; como un estado mental alterado: una forma particular de relacionarse con el entorno. La casa de una madre muerta, las linternas de las prostitutas nocturnas del barrio, el cielo de Boedo, los recuerdos de la infancia en Concordia, o un ni&ntilde;o paseando y masticando una banana perfecta por los pasillos brillantes de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>De ah&iacute; que <em>La man&iacute;a de rodar</em> sea un libro de m&uacute;ltiples capas: conviven en &eacute;l ecos del modernismo estadounidense, algo del despojo beat y la econom&iacute;a de medios de la l&iacute;rica oriental. Es un libro del ahora y de siempre, un flash po&eacute;tico que nos muestra que basta atender con obstinaci&oacute;n a lo que pasa para hacer l&iacute;rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Daniel Durand, <em>La man&iacute;a de rodar (Antolog&iacute;a)</em>, Valencia, La Coz, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Apr 2026 08:03:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chicharras y meigas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/chicharras-y-meigas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DAVID_ROAS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>David Roas (Barcelona, 1965) es un consolidado autor de g&eacute;nero. Su capacidad para integrar el terror en la alta literatura se ha podido disfrutar en obras como<em> Invasi&oacute;n</em> (2018) y <em>Ni&ntilde;os</em> (2022), ambas editadas, como este volumen &uacute;ltimo, por P&aacute;ginas de Espuma. Adem&aacute;s de narrador es te&oacute;rico del fant&aacute;stico, con ensayos como <em>Tras los l&iacute;mites de lo real. Una definici&oacute;n de lo fant&aacute;stico</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2011).&nbsp;</p>
<p>Este libro, <em>Territorios</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2026) contin&uacute;a con la tradici&oacute;n de lo sobrenatural que aparece en lo cotidiano que alimentaba su anterior entrega, <em>Ni&ntilde;os</em> (2022). Roas ofrece un libro corto, de relatos breves, donde conviven los juegos de la loter&iacute;a de Shirley Jackson, ecos a&nbsp; Luciano Lamberti, el disco de <em>A santa compa&ntilde;a</em> (y, tambi&eacute;n, <em>Devocionario</em>, claro) de Golpes Bajos y la poes&iacute;a de Anton Reixa celebrando San Mart&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>La misma portada, entre el espantap&aacute;jaros que nos recuerda la pel&iacute;cula "<em>Scary Stories To Tell In The Dark</em>", pero si la hubiera dirigido Le&oacute;n Klimovsky, con una gorra de Caja Rural incluida, nos coloca en el punto de salida del<em> agro-horror,</em> el <em>folk-terror,</em> los ni&ntilde;os del ma&iacute;z y distintas gradaciones del paganismo adolescentes. La cita de <em>People Are Strange</em> de The Doors, canci&oacute;n cl&aacute;sica de cine ochentero de vampiros en <em>The Lost Boys</em>, con la versi&oacute;n de Echo and The Bunnymen deja claro que esto va de gui&ntilde;os a la cultura pop(ular) desde final de los setenta hasta hoy. Comenzando con &ldquo;Un ga&ntilde;&aacute;n entre el centeno&rdquo;, el primer asomo del h&iacute;pster de Daniel Gasc&oacute;n (que retornar&aacute;n, como todos los malvados, m&aacute;s adelante), esta vez vestido como un observador de Joe Hill, viendo ni&ntilde;os y espectros, un Camilo Jos&eacute; Cela muy sudado, atrapado por las chicharras. Lo &uacute;nico fresco, los ultramarinos. En el interior, lejos de los aires frescos del Cant&aacute;brico. Este primer cuento, en el que a Casimiro se le fue la mano, donde la indiferencia parece m&aacute;s bien desprecio, del Bar Venancio en adelante, acaba siendo un cuento sobre la soledad: la que siente la abuela, abandonada por su familia, que le obliga a evitarla con un espectro. Esa misma dejadez y esa misma compa&ntilde;&iacute;a acaba siendo la &uacute;nica herencia real. Aunque sea curioso que en lo real encontremos un fantasma.</p>
<p>Seguimos hacia &ldquo;A matanza o porco&rdquo;, aqu&iacute;, directamente, llega Os Resentidos dando m&uacute;sica a las p&aacute;ginas, quiz&aacute;, por los disfraces, algo de la nueva visi&oacute;n de <em>Cementerio de animales</em> de Stephen King y los cuernos y pieles que hemos visto en pantalla, con la presencia siempre de Carcosa y el rey de Amarillo. Pero aqu&iacute;, en vez de osamentas paganas hay disfraces de ninjas. Capturar el instante, hacer del refr&aacute;n, &ldquo;A todo cerdo le llega su San Mart&iacute;n&rdquo;, un cuento.&nbsp;</p>
<p>La cita de &laquo;La matanza de los garrulos lis&eacute;rgicos&raquo; nos lleva a los tiempos en los que, armado con un sampler, Juli&aacute;n Hern&aacute;ndez se hac&iacute;a llamar Padre Karras. Volvemos al Bar Venancio y los h&iacute;psters malvados en &ldquo;La invasi&oacute;n de los ladrones de huertos&rdquo;. Aqu&iacute; pivoto en la lectura entre el h&iacute;brido de tomate y tabaco, &ldquo;Tomacco", creado por Homer Simpson en 1999 y la fetidez radioactiva de <em>El color que cay&oacute; del cielo </em>de Howard Phillips Lovecraft. Cr&iacute;tica liviana al capitalismo, paranoia ludita contra las empresas qu&iacute;micas, Palomares, los marroqu&iacute;es bondadosos y las hortalizas de cincuenta pies. Al final, tanto la naturaleza como el dinero acaba recuperando su espacio. Siempre.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Listo para usar&rdquo; es una miniatura que recuerda la sensaci&oacute;n de infinito estirado que supon&iacute;a el est&iacute;o adolescente. Los recuerdos materiales y los emocionales. El bochorno entre las hermanas. Una que se incendia en silencio y otra que lo hace, mientras extra&ntilde;a a sus amigas de Barcelona. Un vestido maldito que tiene algo de la venganza calmada de <em>Carrie</em> y aleda&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La conjura de los recios&rdquo; vuelve al mundo rural y aislado, donde los comercios reciben pocos suministros. Al menos una Mahou fr&iacute;a, algo es algo. Ignacio, el protagonista, se entretiene bajo tierra, conociendo a la Santa Pelagra. Es un relato con toques de <em>fantaterror</em> espa&ntilde;ol, nos sentimos entre la trilog&iacute;a de <em>Los caballeros templarios zombis</em> de Amando de Ossorio y una canci&oacute;n de Derribos Arias contra las ni&ntilde;as malcriadas. Toledo y su m&iacute;stica, no es casualidad que sea el arzobispo de Toledo cuando se hable de la orden del Temple. Los santitos paganos, m&aacute;s ni&ntilde;os que santos. Avanza la idea de una iconograf&iacute;a universal, alejada de lo urbano, en la que los dioses anteriores al cristianismo, permanecen en lugares remotos, exigiendo sangre y sacrificios para asegurar la cosecha.&nbsp;</p>
<p>Saltamos, de nuevo, a Os Resentidos: &ldquo;La noche de los puercos vivientes&rdquo;. Un gui&ntilde;o al Necronomic&oacute;n, convertido en Negrocomic&oacute;n y una variaci&oacute;n fon&eacute;tica del cl&aacute;sico, "Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn". En Espa&ntilde;a tenemos pocas armas de fuego, desconocemos el olor de la p&oacute;lvora. Encerrados como en <em>Evil Dead</em>, cuando se acaben las pistolas y las puertas y ventanas sean astillas, solo quedar&aacute;n los chasquidos, el orujo y la fuerza bruta.&nbsp;</p>
<p>Mi cuento favorito es el &uacute;ltimo; &ldquo;<em>Rituales</em>&rdquo;: instantes en los que el vapor del oc&eacute;ano se convierte en niebla, como en los discos de Nacho Laguna o las pel&iacute;culas <em>kafkianas</em> de Woody Allen. Un mes&oacute;n con percebes a doce euros, la sensaci&oacute;n de estar ante un lugar que puede aparecer y desaparecer, un lugar cu&aacute;ntico, incluso por la prensa y los habituales. Me acerco al realismo m&aacute;gico rural, a la hechicer&iacute;a del terru&ntilde;o recordando aquel Cant&aacute;brico profundo y at&aacute;vico de Cristina S&aacute;nchez-Andrade o los cuentos de Juan Montiel. Y, claro, la idea de convertir San Andr&eacute;s de Teixido en Innsmouth para una escena de &aacute;nimas, escarabajos y yerbas, que termina en el mar, como esperando a Paco Rabal en su &uacute;ltima aparici&oacute;n, <em>Dag&oacute;n, la secta del mar.</em> Meigas y sanandreses. &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el tercer muerto para el que suena la mazurca? Buena pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Roas,&nbsp;<em>Territorios</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Apr 2026 07:46:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Manuel Lucía Megías, "El hombre que yo amo" (2025): un itinerario por el ser y el amor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-manuel-lucia-megias-el-hombre-que-yo-amo-2025-un-itinerario-por-el-ser-y-el-amor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MANUEL_LUC_A_MEG_AS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Todos los poemarios de Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a Meg&iacute;as coinciden en un planteamiento com&uacute;n del que parten y al que llegan: la indagaci&oacute;n continua del ser, la b&uacute;squeda incansable de razones no tanto para vivir sino para sentir, para trascender los l&iacute;mites ordinarios en los que se desarrolla la existencia cotidiana. No significa esto que la suya sea una poes&iacute;a de evasi&oacute;n, bien al contrario: no persigue desviarse del mundo en el que se ancla, sino afirmarlo en otros fundamentos, con el objeto de desvelar sus imposturas y de desmontar los c&oacute;digos trillados de la rigidez de ideas o de la intolerancia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>0. Principios de una po&eacute;tica visual y humana</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Se explican, as&iacute;, los rasgos formales que, desde <em>Libro de horas</em> (2000), se han ido entretejiendo en sus libros para configurar un discurso diferente, fiado a probaturas extremas de un versolibrismo, lleno de agilidad y de avidez expresivas. J. M. Luc&iacute;a compone poemas extensos, que suelen superar los sesenta versos, sin patrones estr&oacute;ficos determinados, con espor&aacute;dicas asonancias, que se agitan y se desbordan en l&iacute;neas versales que rozan los l&iacute;mites de la p&aacute;gina de escritura y que vuelcan sus sentidos en continuos escalonamientos: hay una dimensi&oacute;n visual que procede de la necesidad de ahondar en los asuntos (siempre reales y concretos) que se abordan, una escala de armon&iacute;as que no depende tanto de los metros regulares como del continuo entrelazamiento de palabras henchidas de sonoridad, que se reduplican en series de sin&oacute;nimos y se amalgaman en secuencias homog&eacute;neas, unidas por an&aacute;foras que sirven de cabecera para los n&uacute;cleos internos con los que el poema acaba construy&eacute;ndose.</p>
<p>A lo largo de un cuarto de siglo, Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a ha ido conformando una po&eacute;tica del ser y de la existencia, alejada de cultas vanidades porque se asienta, siempre, en verdades inmediatas. El entorno de la vida se convierte en el espacio esencial de su indagaci&oacute;n creadora: desde las ra&iacute;ces familiares hasta las heridas causadas por la persecuci&oacute;n de quienes poseen otra orientaci&oacute;n sexual, su obra genera una mirada dirigida hacia un mundo que persigue a quienes tacha de diferentes para salvaguardar inflexibles normativas religiosas o pol&iacute;ticas.</p>
<p>Brotan de los poemarios de Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a proclamas de esperanza (porque siempre hay que creer) y clamores de indignaci&oacute;n (porque siempre hay que resistir). Sus largos y libres versos trenzan, en los telares de la conciencia, un imaginario de ideas y de nociones con las que se definen los esquemas de un pensamiento po&eacute;tico que ense&ntilde;a a reconocer otros mundos, no ilusorios, sino tambi&eacute;n reales y cercanos, que precisaban s&oacute;lo ser nombrados para poder percibirlos.</p>
<p>Sus amplios poemas captan n&iacute;tidas fotograf&iacute;as &mdash;la otra pasi&oacute;n de J. M. Luc&iacute;a: <em>Instantes. Fotolibro po&eacute;tico</em> (2023)&mdash; de la realidad por la que transita el poeta: vagones de metro, barras de bares, aulas universitarias, laberintos de calles o cruces de caminos que se recorren con la finalidad de que puedan ser reconocidos, sabiendo que esos itinerarios traer&aacute;n consigo las experiencias necesarias para proclamar la verdad esencial con la que se titula la antolog&iacute;a que de su obra realizara Pablo M. Moro Rodr&iacute;guez: <em>Yo soy quien soy. Inventario de una noche</em> (2018).</p>
<p>Toda su creaci&oacute;n se enra&iacute;za en una dicotom&iacute;a: para ser hay que sufrir (y vivir), para ser hay que sentir (y escribir). De esta tensi&oacute;n vital y est&eacute;tica surge este &uacute;ltimo libro, en el que el poeta mira de frente a quienes lo rodean para presentar a la persona con la que comparte su vida y proseguir la construcci&oacute;n de una trayectoria po&eacute;tica marcada por un compromiso continuo de buscar y de definir una identidad (creativa y amorosa): <em>El hombre que yo amo</em>.</p>
<p>Acierta J. M. Luc&iacute;a al elegir una declaraci&oacute;n de Mar&iacute;a Victoria Atencia, que ha servido de clave para guiar la lectura de la obra que aqu&iacute; se realiza:</p>
<p>El poema es, por definici&oacute;n, una intimidad confesada. Pero una intimidad suya &mdash;del propio poema&mdash;, y que excluye, e incluso suplanta a la de quien lo ha escrito<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20FERNANDO%20G%C3%93MEZ%20REDONDO%20SOBRE%20EL%20LIBRO%20DE%20JOS%C3%89%20MANUEL%20LUC%C3%8DA%20MEG%C3%8DAS%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20ABRIL%202026.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p>El desvelamiento de esa &laquo;intimidad&raquo; mueve al poeta a trazar un viaje hacia el interior de s&iacute; mismo, con el prop&oacute;sito de encontrar al ni&ntilde;o que fue, al adolescente en que se convirti&oacute;, al hombre que lleg&oacute; a forjarse para afrontar normas y l&iacute;mites coercitivos, ajenos a su verdadera identidad, callada y ocultada durante muchos a&ntilde;os, pero proclamada finalmente en dieciocho poemas que suponen un canto de afirmaci&oacute;n del ser, mediante un discurso po&eacute;tico enhebrado con continuas citas de poetas que fueron perseguidos, pero que aprendieron a plantar cara a la incomprensi&oacute;n de una sociedad biempensante (atrofiada y castradora) e intransigente; contra ella se alzaron Luis Cernuda, Federico Garc&iacute;a Lorca, Jaime Gil de Biedma, Luis Antonio de Villena y, ahora, Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a Meg&iacute;as.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>1. La recuperaci&oacute;n del pasado: el &laquo;nosotros&raquo; del presente</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viaje se inicia con un &iacute;ncipit que remite a un verso de <em>La realidad y el deseo</em>: &laquo;Placeres prohibidos&raquo; [poema 1.&ordm;]. La lectura del libro de Cernuda marca el presente en el que se el poeta se instala: una playa en donde dos j&oacute;venes se besan, ajenos a todo lo que ocurre a su alrededor. En ese espacio emerge, &laquo;a lo lejos&raquo;, la figura de &laquo;un ni&ntilde;o&raquo;, que golpea la arena de esa playa &laquo;a la espera de un beso que nunca llega&raquo;, pero cruzada tambi&eacute;n por dos mujeres que vuelven el rostro, ofendidas ante un amor que no aciertan a comprender y que sigue su curso imparable:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras,</p>
<p>los j&oacute;venes,</p>
<p>bronceados y tersos,</p>
<p>devoran su juventud con aquel beso sobre la playa (14).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Logra, as&iacute;, el poeta reencontrarse con el ni&ntilde;o que fue y que ha vuelto al presente, convocado por sus versos: con &laquo;El ni&ntilde;o que llevo dentro&raquo; [poema 2.&ordm;] se adentra en el &aacute;mbito de una infancia conformada por evocaciones familiares y por temores que se manifiestan en unas l&aacute;grimas que se vierten en el presente porque no pudieron mostrarse en el pasado:</p>
<p>Esta noche ha despertado el ni&ntilde;o que llevo dentro,</p>
<p>al que hab&iacute;a sepultado bajo la harina del recuerdo,</p>
<p>con las l&aacute;grimas que nunca me hab&iacute;a permitido derramar (15).</p>
<p>Son l&aacute;grimas que traen consigo los recuerdos de un silencio impuesto, que ayudan a recuperar los retazos de una vida que se negaba a s&iacute; misma, pero que adquiere ahora la raz&oacute;n de ser que la creaci&oacute;n po&eacute;tica le presta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y estas l&aacute;grimas</p>
<p>se mezclan,</p>
<p>por fin,</p>
<p>con los versos</p>
<p>que nunca he dejado de escribir,</p>
<p>llenando de tinta azul las lunas llenas de los dedos (17).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se quiebra, con rotundidad, el silencio en el que aquel ni&ntilde;o lejano hab&iacute;a ca&iacute;do para refugiarse de la hostilidad que lo rodeaba. Se adquiere, de este modo, la firmeza necesaria para proclamar, &laquo;aqu&iacute; y ahora&raquo;, la verdad esencial que esas l&aacute;grimas &mdash;las &laquo;llevo dentro&raquo;&mdash; han conseguido preservar.</p>
<p>El poemario contiene la recuperaci&oacute;n de una memoria ligada a una identidad presentida, pero acallada por circunstancias externas; todos los poemas se van uniendo y reconstruyendo una historia personal, enraizada en una dif&iacute;cil y arriesgada lucha interna contra los prejuicios y las costumbres morales. Para librar esa batalla requiere el poeta un grado de &laquo;Hero&iacute;smo&raquo; [poema 3.&ordm;], necesario para dejar testimonio de un proceso realmente ag&oacute;nico, por cuanto se trataba de vencer la &laquo;irredenta estulticia&raquo;, tal y como la defin&iacute;a Luis Antonio de Villena en <em>Como a un lugar extra&ntilde;o</em>. J. M. Luc&iacute;a entrama v&iacute;vidos recuerdos de una infancia solitaria, sumida en un silencio que se vuelca en versos que est&aacute;n a punto de escribirse, en libros que se convierten en los mejores &laquo;amigos a la salida del colegio&raquo; (19), en vivencias alejadas de las bruscas competiciones de los otros chicos o excluidas de celebraciones de cumplea&ntilde;os a los que no era invitado; se desciende a la fr&aacute;gil condici&oacute;n de la soledad, a ese estado en el que el aislamiento del ser es capaz de avistar o de imaginar lo que todav&iacute;a no se es, pero se intuye:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo que,</p>
<p>entonces,</p>
<p>en aquellas tardes de oto&ntilde;o,</p>
<p>esas tardes de nubes barrocas que anuncian tormentas literarias,</p>
<p>ya empezabas a pensar en m&iacute;,</p>
<p>en ese t&uacute; empe&ntilde;ado en cumplir a&ntilde;os,</p>
<p>ansioso por ver tambi&eacute;n cumplidos</p>
<p>uno a uno</p>
<p>todos tus sue&ntilde;os (20).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La recuperaci&oacute;n de ese &laquo;yo&raquo; de la infancia permite vislumbrar las im&aacute;genes que se quieren entregar al &laquo;t&uacute;&raquo; que, desde el presente, indaga en esa conciencia herida, quiz&aacute; abandonada (&laquo;como decepcionantes eran tus solitarios cumplea&ntilde;os&raquo;, &iacute;d.), pero dotada de la entereza suficiente para no llorar ni por la falta de compa&ntilde;eros ni por la &laquo;noticia de la muerte de nuestro padre&raquo; (materia de <em>Aqu&iacute; y ahora</em>, 2020). Se crea, as&iacute;, una primera persona en plural: un &laquo;nosotros&raquo; formado con el ni&ntilde;o que fue y con el hombre que es ahora, capaz de entender el doloroso itinerario de renuncias y de menosprecios a que se vio condenado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos compartido muros de soledad</p>
<p>y de miedo (21).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El presente permite restaurar el pasado, volver a poner en pie unos &laquo;sue&ntilde;os&raquo; que nunca se perdieron, porque segu&iacute;an formando parte de una conciencia que s&oacute;lo necesitaba el suficiente valor para recuperarlos, para llorarlos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos sue&ntilde;os que</p>
<p>hoy</p>
<p>se han vuelto l&aacute;grimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un gesto impensado. Lleno de versos. Heroico (&iacute;d.).</p>
<p>Sin la poes&iacute;a no hubiera podido producirse esa restauraci&oacute;n de un ser que permanec&iacute;a anhelante del futuro para ponerse, por fin, en pie.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>2. La memoria (herida) de la escritura po&eacute;tica.</strong></p>
<p><strong></strong>&nbsp;</p>
<p>El libro articula una trama anecd&oacute;tica porque hay una historia de una memoria herida que se va recuperando, poema tras poema, para no perderla. Se evoca, as&iacute;, a una figura, ya sin nombre, pero ligada a la revelaci&oacute;n de unos sentimientos que, de otro modo, nunca hubieran podido afirmarse: &laquo;Al compa&ntilde;ero en la &uacute;ltima fila de la clase&raquo; [poema 4.&ordm;]. El &laquo;yo&raquo; del presente, armado ya ese plural que lo une al &laquo;yo&raquo; del pasado, puede recuperar las emociones sentidas cuando entraba en el aula y distingu&iacute;a, ocupando el mismo sitio de siempre, a ese muchacho, el &uacute;nico que compart&iacute;a con &eacute;l un gesto de reconocimiento, acogido con gratitud:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el primero en sonre&iacute;rme por las ma&ntilde;anas.</p>
<p>El &uacute;nico (24).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&oacute;lo desde el presente se pueden decir las verdades que entonces se ocultaron &mdash;&laquo;Nunca he dejado de amarle&raquo; (&iacute;d.), &laquo;Fue mi primer amor&raquo; (25)- y que ahora se proclaman, tra&iacute;das por el hilo continuo de la una creaci&oacute;n po&eacute;tica, entra&ntilde;ada en una identidad sentimental, mantenida hasta el presente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seguro que por aquellos a&ntilde;os le escrib&iacute; poemas de amor.</p>
<p>Mis primeros poemas de amor.</p>
<p>A&uacute;n hoy se los sigo escribiendo (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se van entrelazando, de modo progresivo, los eslabones de un libro compuesto al dictado de las emociones recobradas, tanto las sentidas por aquel ni&ntilde;o como las revividas por este adulto. Porque son las mismas, pueden conformar la materia de la obra. Si no fuera as&iacute;, no podr&iacute;a el poeta preguntarse &laquo;&iquest;C&oacute;mo escribir desde el silencio?&raquo; [poema 5.&ordm;], al ser ese &laquo;silencio&raquo; el reducto en el que se refugi&oacute; el ni&ntilde;o al que ahora recupera, para liberarlo de las circunstancias aflictivas en las que hab&iacute;a crecido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo se escribe</p>
<p>desde el silencio,</p>
<p>desde las conversaciones y complicidades</p>
<p>que nunca hemos compartido a lo largo de estos a&ntilde;os? (27).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poemas conforman el espacio de encuentro entre esos dos seres distanciados por el tiempo y por la vida; el poeta se pone en pie ya convertido en la figura de ese ni&ntilde;o para realizar unas mismas acciones, fijadas en un itinerario preciso de ritos (asistir con su madre a misa cada domingo: &laquo;de cualquier mes en un pueblo con calles de barro&raquo;, &iacute;d.), enfrentado a presencias hostiles, a ciegos reproches, incluso a la mirada absorta de quien lo acompa&ntilde;aba a una ceremonia vac&iacute;a, que nada deja y que todo encubre:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo se escribe</p>
<p>sobre lo que nos hemos pasado toda una vida olvidando? (29).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la memoria regresa al presente, fluye a trav&eacute;s de los versos, se abisma en el mismo espacio que vuelve a ser recorrido; frente a las naves de la iglesia con tumbas medievales, se perfila la angostura de &laquo;El callej&oacute;n&raquo; [poema 6.&ordm;], un pasaje de tr&aacute;nsito &mdash;necesario y temible&mdash; que el ni&ntilde;o ten&iacute;a que atravesar para llegar a la casa de sus primos; eran cinco metros los que se deb&iacute;an cruzar, una distancia corta y erizada de emboscadas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan solo cinco metros de silencio y de risas contenidas,</p>
<p>de pu&ntilde;os abiertos y el rojo de las miradas delatoras,</p>
<p>silenciosas,</p>
<p>sin aliento,</p>
<p>a la espera de la presa que se acerca,</p>
<p>que comienza una carrera de tan solo cinco metros,</p>
<p>de cinco interminables metros,</p>
<p>sin aliento,</p>
<p>con los ojos cerrados (31).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El estrecho lugar de paso se estremece con los recuerdos de los golpes, los insultos, los gritos, a los que se responde con la firmeza y con la convicci&oacute;n de quien no est&aacute; dispuesto a rendirse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>antes que derramar una sola l&aacute;grima (32).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acude la memoria familiar a construir la trama de los recuerdos recuperados para convertirlos en vivencias desde el presente en el que se escribe; aquellas manos de la madre, que avanzaban con las del hijo por la nave de una iglesia, dan paso a las &laquo;Manos&raquo; [poema 7.&ordm;] a las del padre, que, por ajenas entonces y ahora, no pueden recobrarse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No recuerdo c&oacute;mo eran las manos de mi padre.</p>
<p>No recuerdo el tacto de sus dedos en mi cara</p>
<p>ni el rojo de los pocos cachetes que tuvo que darme (33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tampoco logra recordar las de los t&iacute;os, afanadas en los trabajos del campo, convertidas en herramientas. Frente a ellas, adquieren un seguro perfil las manos maternas, por su delicadeza y su agilidad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las manos de mi madre son peque&ntilde;as y de u&ntilde;as rojas.</p>
<p>Manos para embellecer el mundo con sus gestos,</p>
<p>con el balanceo mar&iacute;timo de su m&aacute;quina de coser (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esas manos s&iacute; que devuelven al presente la vida que acunaron, acariciaron y guiaron, en las que se pueden reconocer se&ntilde;ales comunes desde el presente al que se ha llegado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos manos que est&aacute;n envejeciendo juntas,</p>
<p>que comienzan a compartir enfermedades heredadas</p>
<p>y un mismo perfil y unas mismas u&ntilde;as (34).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>3. El deseo frente a la realidad: el descubrimiento del ser</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poemas se enlazan mediante recurrencias de unas mismas im&aacute;genes: las manos del presente se tienden hacia el pasado en las cuatro secuencias de &laquo;Confesionario&raquo; [poema 8.&ordm;]; son manos asombradas al enfrentarse a la imprevista reacci&oacute;n de la carne que cobraba una forma y un volumen sorprendentes:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el principio, tuvo que haber existido un d&iacute;a.</p>
<p>Una primera hora. Un primer minuto.</p>
<p>Ese instante en que tus diminutas manos</p>
<p>sintieron</p>
<p>por primera vez</p>
<p>el calor</p>
<p>de aquel miembro que,</p>
<p>entre la longitud de tus dedos,</p>
<p>no dejaba de crecer y de volverse m&aacute;rmol (1. 35).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las expl&iacute;citas sensaciones determinan las distintas fases del crecimiento del ser y de la aceptaci&oacute;n de la identidad que ahora se proclama y que sirve para librar a aquel ni&ntilde;o de los temores entonces padecidos.</p>
<p>Y lo mismo ocurre con la atracci&oacute;n sentida hacia un &laquo;&eacute;l&raquo;, hacia un &laquo;hombre&raquo;, que despierta una imprevista red de deseos entrelazados con los sue&ntilde;os:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>So&ntilde;abas</p>
<p>quiz&aacute;s</p>
<p>con verle desnudo,</p>
<p>con poder acariciar aquel pecho de olores de campo,</p>
<p>siempre intuido tras inoportunas camisas de cuadros (2. 37).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero se trata de un deseo truncado por una realidad inapelable, por los l&iacute;mites inflexibles de la raz&oacute;n en los que el ni&ntilde;o vive apresado, incapaz de salir de la inconsciencia en la que se halla sumido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre te has preguntado c&oacute;mo hubiera sido besarle,</p>
<p>sin saber lo que era,</p>
<p>en realidad,</p>
<p>un beso (3. 39).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La incertidumbre se extiende a los encuentros que se hubieran querido alcanzar y que, ahora, no se sabe siquiera si en verdad llegaron a existir. Siempre el deseo se enfrenta a la terca realidad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras que abr&iacute;an el c&oacute;digo de los encuentros</p>
<p>nunca fueron pronunciadas.</p>
<p>Nunca m&aacute;s</p>
<p>recorrieron nuestros labios,</p>
<p>si es que,</p>
<p>alguna vez,</p>
<p>en aquellos meses,</p>
<p>lo hicieron (y 4. 41).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imaginaci&oacute;n del ni&ntilde;o se desborda mientras contempla una escultura de &laquo;San Sebasti&aacute;n&raquo; [poema 9.&ordm;] sumida en la penumbra de esa iglesia a la que acud&iacute;a los domingos junto a su madre. Se trata de una estatua que permanece ajena a todas las miradas menos a las heridas por un deseo presentido y entrelazado a su cuerpo casi desnudo, atravesado su pecho por una flecha que queda clavada en la memoria de quien recrea los detalles de esa imagen, desprovista de santidad y dotada de una fuerza ins&oacute;lita, para convertirla en el s&iacute;mbolo de todo aquello de lo que se carece, pero que se reconoce y se transforma en la materia de los sue&ntilde;os:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella escultura de madera de San Sebasti&aacute;n</p>
<p>era</p>
<p>en tu habitaci&oacute;n</p>
<p>medida de tu verdadera estatura,</p>
<p>como verdadera era la flecha que deseabas que atravesara tu pecho,</p>
<p>y que, entre tus m&uacute;sculos blancos, se perdieran unas manos,</p>
<p>y aquel beso entreabierto de unos labios interrogantes</p>
<p>que no pod&iacute;an dejar de sonre&iacute;r</p>
<p>y de mirarte</p>
<p>en el momento de la entrega (44-45).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una &laquo;entrega&raquo; que se convierte en fundamento de la &laquo;escritura&raquo; po&eacute;tica, forjada ya en el per&iacute;odo de la infancia, entre sue&ntilde;os y temores, deseos y realidades apenas intuidas, que se desbordan en el cauce de &laquo;Mi colcha de versos&raquo; [poema 10.&ordm;], con el presentimiento de que esas razones po&eacute;ticas ser&iacute;an recuperadas en otro momento de una vida que estaba por llegar:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin saberlo,</p>
<p>me estaba cosiendo una colcha de versos</p>
<p>para cuando llegara el fr&iacute;o m&aacute;s all&aacute; de la infancia (47).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son dos &laquo;fr&iacute;os&raquo; distintos: el de las inclemencias sufridas en la ni&ntilde;ez, por el miedo en el que se vive, se contrapone al de los escalofr&iacute;os sentidos por la lectura de los libros de poes&iacute;a, con los que se va alimentando el imaginario del adulto que se est&aacute; poniendo en pie, lentamente, apoyado en la lectura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero,</p>
<p>de pronto,</p>
<p>llegaron los versos,</p>
<p>los hilos de los versos con los que fui cosiendo mi colcha</p>
<p>de lecturas rutilantes y de secretos intuidos solo ante el espejo.</p>
<p>Y,</p>
<p>de pronto,</p>
<p>so&ntilde;aba <em>ser un r&iacute;o y dormir como un r&iacute;o</em>,</p>
<p>y la colcha iba creciendo al ritmo de mis dedos</p>
<p>y la cama se iba haciendo cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a,</p>
<p>y mis pies y mis brazos crec&iacute;an tan solo para dormir</p>
<p><em>con aquel camarada que pondr&iacute;a en tu pecho</em></p>
<p><em>un peque&ntilde;o dolor de ignorante leopardo</em> (48).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se evoca la &laquo;Oda a Walt Whitman&raquo; de Federico Garc&iacute;a Lorca como se indica al dar cuenta de los libros que van conformando la memoria literaria que le otorgar&aacute; la lucidez necesaria para alcanzar a ver el mundo de otra manera: <em>La peste</em> de Camus (le&iacute;da en voz alta), &laquo;los deseos de Cernuda&raquo;, &laquo;el abrazo necesario de Gil de Biedma&raquo;, la compa&ntilde;&iacute;a &laquo;del joven fauno Luis Antonio de Villena&raquo; (49), enlazados todos en una escritura incesante de la que emerge un nuevo ser:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no necesitaba los cuadernos donde anotaba los poemas</p>
<p>porque dorm&iacute;a con ellos,</p>
<p>de hombre a hombre,</p>
<p>arropado por el peso c&aacute;lido de mi colcha de versos</p>
<p>que iba creciendo al ritmo de las u&ntilde;as de mi impaciencia (49-50).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo largo de la obra, se reconstruye el fruct&iacute;fero di&aacute;logo con esos poetas que le permitieron trazar una memoria distinta, en la que poder habitar, a salvo ya de las burlas hirientes y de los prejuicios sufridos, protegido &mdash;antes y ahora&mdash; por esa &laquo;colcha de versos&raquo;, con la que logr&oacute; protegerse del &laquo;fr&iacute;o&raquo; de la incomprensi&oacute;n y esperar hasta que llegara el tiempo oportuno en que esas lecturas se convirtieran en las tramas esenciales de los nuevos poemas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El fr&iacute;o de los versos que</p>
<p>entonces</p>
<p>nunca me atrev&iacute; a escribir</p>
<p>y que</p>
<p>hoy</p>
<p>se vuelven nuevos hilos para mi colcha de versos (51).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los escalonamientos versales permiten contrastar el pasado y el presente &mdash;&laquo;entonces&raquo;, &laquo;hoy&raquo;&mdash;, en el que adquiere sentido ese &laquo;nosotros&raquo; &mdash;el ni&ntilde;o y el adulto&mdash; recuperado en la primera parte del poemario.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>4. La realizaci&oacute;n amorosa: pasi&oacute;n y poes&iacute;a.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia que se despliega se refiere a sucesos reales, a actos que se consideran definitivos por la confirmaci&oacute;n que aseguran: &laquo;La primera vez&raquo; [poema 11.&ordm;] corresponde a esa necesidad testimonial de ir fijando las etapas en las que se ha ido forjando la identidad sexual intuida y presentida, hasta que pudo por fin ser vivida y, a la vez, temida; lo anecd&oacute;tico envuelve esta composici&oacute;n en la que se describe un espacio inici&aacute;tico, abocado a la decadencia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue en un caser&oacute;n abandonado detr&aacute;s de la iglesia.</p>
<p>O quiz&aacute;s solo era una casa abandonada,</p>
<p>una desconocida casa detr&aacute;s de la iglesia (53).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se contraponen, as&iacute;, el espacio de la iglesia &mdash;en el que entraba guiado por la mano de su madre y en donde se escond&iacute;a esa estatua de San Sebasti&aacute;n&mdash; con el de una casa en cuyas ruinas se afirmar&iacute;a el urgente deseo de mirar y de ser mirado por alguien con quien se pod&iacute;an compartir unos mismos sentimientos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero all&iacute; est&aacute;bamos los dos,</p>
<p>aprendiendo juntos a sentirnos adultos,</p>
<p>a imitar gestos que ve&iacute;amos en las pel&iacute;culas o en las reuniones familiares (53).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O lo que es lo mismo: &laquo;aprendiendo&raquo; a crecer, a sentir la presencia de otro cuerpo, a descubrir el roce de las caricias tanto tiempo imaginadas, hasta ese momento preciso en el que el orden de &laquo;las reuniones familiares&raquo; &mdash;de la cotidianidad normativa&mdash; logra trascenderse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces mi cuerpo se abri&oacute; como un volc&aacute;n,</p>
<p>y el fuego fue avanzando por torrentes v&iacute;rgenes</p>
<p>hasta derramarse en medio de aquella habitaci&oacute;n vac&iacute;a,</p>
<p>llena de excrementos y de ratas muertas (55).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se contraponen el s&uacute;bito gozo de una sexualidad al fin afirmada con la decrepitud de un marco en el que la suciedad y el deterioro simbolizan el temor y el abandono a los que aquel ni&ntilde;o se hab&iacute;a visto condenado; el ahora adolescente inicia una nueva andadura, demasiado fr&aacute;gil, pero s&oacute;lo suya:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca volvimos a aquella casa abandonada detr&aacute;s de la iglesia.</p>
<p>Nunca volvimos a sentarnos juntos en el autob&uacute;s.</p>
<p>Nunca volvimos a hablarnos (55).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La soledad, extendida a lo largo de los a&ntilde;os, hab&iacute;a sido quebrada en esa ocasi&oacute;n concreta, que empezaba y acababa en s&iacute; misma. Pero tra&iacute;a consigo otras promesas que esperaban solamente a ser cumplidas.</p>
<p>El &laquo;nosotros&raquo; &mdash;sujeto po&eacute;tico del libro&mdash; va creciendo, entrando en la adolescencia; el &laquo;yo&raquo; del presente interpela al &laquo;t&uacute;&raquo; del pasado para desgranar los temores vencidos y las ilusiones generadas para descubrir el verdadero ser, obligado a permanecer oculto. La escritura po&eacute;tica constituye el hilo conductor que une los dos tiempos; en &laquo;No es f&aacute;cil&raquo; [poema 12.&ordm;] se traza el marco de unas vivencias que siguen comparti&eacute;ndose, ya en una edad distinta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil tener quince a&ntilde;os</p>
<p>y que te guste la poes&iacute;a.</p>
<p>No es f&aacute;cil tener quince a&ntilde;os</p>
<p>y que te gusten los hombres</p>
<p>y que te escondas en los rincones a escribir</p>
<p>unos poemas con los que vas descubriendo el mundo,</p>
<p>describiendo sus esquinas y sus detalles m&aacute;s certeros,</p>
<p>aquellos que siempre permanecen ocultos en los espejos (57).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a construye &laquo;el mundo&raquo; que le fue negado a ese adolescente que ansiaba ponerse en pie para ser &eacute;l mismo y que tuvo que luchar contra todos los dictados normativos y morales para afirmarse: se amaba &laquo;en silencio&raquo;, &laquo;en secreto&raquo;, &laquo;en el miedo&raquo; (&iacute;d.), pero se amaba porque ya se hab&iacute;an conocido y sentido &laquo;las manos calientes&raquo; que lo guiaron por el deseo, para dejarlo despu&eacute;s solo y obligarlo a volcarse en una creaci&oacute;n cada vez m&aacute;s urgente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil</p>
<p>necesitar escribir poes&iacute;a</p>
<p>en silencio (58).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ese ejercicio de creaci&oacute;n &mdash;o de supervivencia emocional&mdash; alberga lo que se calla y descubre lo que aguarda a ser vivido, si acaso puede ser aceptado sin temores:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil</p>
<p>querer vivir en ese mundo de palabras nuevas (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las &laquo;palabras&raquo; invocadas acuden a nombrar lo que se busca, lo que se desea, que no es m&aacute;s que poder encontrar a otro ser capaz de compartir esas mismas emociones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En silencio.</p>
<p>En secreto.</p>
<p>Con miedo</p>
<p>y verg&uuml;enza</p>
<p>a ser descubierto</p>
<p>mientras escribes un poema de amor</p>
<p>y sue&ntilde;as que</p>
<p>un d&iacute;a</p>
<p>lo tendr&aacute; entre sus manos tu compa&ntilde;ero (59).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los versos se entrelazan para construir &laquo;un poema de amor&raquo;, justo cuando asoma, por primera vez, el perfil de ese &laquo;compa&ntilde;ero&raquo; al que el libro se dirige.</p>
<p>El encuentro se produce en &laquo;Una noche en metro&raquo; [poema 13.&ordm;], en unas circunstancias casuales cuyos detalles se recuerdan con precisi&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue en Barcelona.</p>
<p>Una noche de cumplea&ntilde;os y de deseos</p>
<p>soplados en las risas compartidas de las velas (61).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En un bar de copas, se suceden &laquo;Su primer beso&raquo;, &laquo;Mi primer beso&raquo;, &laquo;Nuestro primer beso&raquo; (61-62), en una gradaci&oacute;n articulada mediante acciones y sentimientos que van ganando en intensidad: una &laquo;mano&raquo; que se busca, una &laquo;cortina de pl&aacute;stico&raquo; que se descorre, un regreso enseguida hacia la &laquo;luz&raquo;, cuando ya todo ha cambiado, cuando los recuerdos han sido reemplazados por las certezas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>un pecho acariciado y unas manos exploradoras</p>
<p>que encontraron en mi mano muerta la resurrecci&oacute;n</p>
<p>del sexo, el aliento</p>
<p>cada vez</p>
<p>m&aacute;s ardiente de las piernas</p>
<p>y unos pantalones vaqueros por los tobillos,</p>
<p>y una mano con la copa cada vez m&aacute;s vac&iacute;a, m&aacute;s vac&iacute;a, m&aacute;s&hellip; (63).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un nuevo ser acaba de ponerse en pie para contemplar ese mundo nuevo en el que se entra, con la confianza y la seguridad del raudal de emociones que lo estaban aguardando, para hacerlas suyas.</p>
<p>Ya el poeta no se dirige al &laquo;yo&raquo; recuperado de su infancia y de su adolescencia, sino a ese &laquo;t&uacute;&raquo; que le ha permitido construir un &laquo;nosotros&raquo; distinto, porque ahora el plural ya no mira hacia el pasado, sino hacia el futuro; tales son los &laquo;Escaparates&raquo; [poema 14.&ordm;] que se entrev&eacute;n en el nuevo espacio iluminado por la presencia del ser amado, en una ciudad que resulta trascendida por el amor compartido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa ciudad</p>
<p>siempre</p>
<p>terminamos por encontrarnos</p>
<p>en el c&iacute;rculo incompleto de las miradas entrelazadas de los escaparates (65).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se acota un marco urbano que se recorre en compa&ntilde;&iacute;a, sin necesidad de palabras, con la atenci&oacute;n puesta s&oacute;lo en el instante en que las miradas se encuentran y se reconocen en el espejo confuso de los escaparates, convertidas en una sonrisa com&uacute;n y en unos pasos que se apresuran a buscar otro espacio, ya habitado desde la firmeza de un destino com&uacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esa ciudad que,</p>
<p>por un instante,</p>
<p>resucitaba en el calor de nuestros cuerpos</p>
<p>y en la libertad triunfante de nuestras caricias a flor de piel (67).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se accede a una nueva dimensi&oacute;n, forjada no con las realidades cotidianas (los trabajos, los compromisos, las agendas), sino con los deseos convertidos en una vida conjunta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay otra ciudad m&aacute;s all&aacute; de la ciudad que habitas (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, el dolor, aunque cambie, sigue acechando: el 2 de abril de 2003 mor&iacute;a en Barcelona Terence Moix, uno de los autores que fue conformando el imaginario de J. M. Luc&iacute;a; para dar cuenta de los ecos oscuros y de las heridas luminosas, se invoca un famoso verso de <em>Poeta en Nueva York</em>, &laquo;Aquellos ojos m&iacute;os de 1910&raquo;, convertidos aqu&iacute; en &laquo;Aquellos ojos m&iacute;os del 2003&raquo; [poema 15.&ordm;]; el poeta se busca, primero, a s&iacute; mismo, en los rumbos que su vida segu&iacute;a, ajeno a la p&eacute;rdida de quien le hab&iacute;a infundido tantas certezas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde estabas aquella madrugada cuando muri&oacute; Terenci Moix?</p>
<p>&iquest;A qu&eacute; otro Ram&oacute;n estaba siguiendo el rastro</p>
<p>o en qu&eacute; risas intentabas columpiar tu deseo? (69).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poema se llena de presencias reales: Enric Maj&oacute;, el actor que fue pareja del escritor, su hermana Ana Mar&iacute;a o las figuras salvadas de la muerte (Marilyn) por su escritura, mientras la vida de quien se iba configurando en poemarios cada vez m&aacute;s precisos cobraba otros rumbos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero nada recuerdas,</p>
<p>en realidad,</p>
<p>nada de aquella madrugada</p>
<p>en que Terenci muri&oacute; dej&aacute;ndote,</p>
<p>para siempre,</p>
<p>hu&eacute;rfano (71).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adquiere sentido, as&iacute;, volver a los &laquo;Armarios&raquo; [poema 16.&ordm;], para adentrarse, una vez m&aacute;s, en el t&uacute;nel lejano de los recuerdos que deb&iacute;an recuperarse, para evocar los signos del progresivo descubrimiento que un ni&ntilde;o iba alcanzando de una identidad que no llegaba a conocer bien del todo; era preciso sumergirse en un pasado m&aacute;s alejado del tiempo en el que hab&iacute;a vivido aquel ni&ntilde;o curioso y &aacute;vido de novedades:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aquel armario,</p>
<p>el primer armario de mi vida</p>
<p>y en cada uno de ellos se escond&iacute;a</p>
<p>una historia familiar, un recuerdo de suspiros olvidados (73).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entrar en ese inmenso armario de la abuela permit&iacute;a sumergirse en un &laquo;oc&eacute;ano&raquo; (&iacute;d.) de continuas sorpresas y, sobre todo, alejarse del bullicioso mundo de unos compa&ntilde;eros ensimismados en otros juegos, carentes de los misterios encerrados en cajones en los que permanec&iacute;a encerrado el pasado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquellos veranos en casa de mi abuela,</p>
<p>dentro del armario,</p>
<p>conservan el olor a alcanfor y el silencio</p>
<p>de las historias que solo unos pocos recordaban,</p>
<p>como la mina de oro de la abuela de mi abuela,</p>
<p>de la que solo quedaba el recuerdo de unas escrituras (74).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra &laquo;mina&raquo; de mayor riqueza fluye a trav&eacute;s de estos versos que se enfrentan al vac&iacute;o de los armarios del presente, mudos testigos de las prisas y del olvido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y poco m&aacute;s</p>
<p>puedo decir</p>
<p>de los armarios de mi vida.</p>
<p>Y poco m&aacute;s</p>
<p>quiero decir</p>
<p>ahora que se han vuelto transparentes (75).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prendido en el t&iacute;tulo del poemario <em>Aqu&iacute; y ahora</em> (2020), se fija, de un modo preciso, con ese adverbio de tiempo el punto en el que el presente adquiere, por fin, la dimensi&oacute;n que el amor compartido le otorga. Se alcanza, ya, la &uacute;ltima etapa de esta compleja historia llena de recovecos y de revelaciones.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>5. &laquo;El hombre que yo amo&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hexas&iacute;labo que da t&iacute;tulo al poemario proviene de la canci&oacute;n de Violeta Parra, &laquo;Gracias a la vida&raquo;; el lento y dif&iacute;cil recorrido trazado en este libro conduce a esta declaraci&oacute;n tan precisa: &laquo;El hombre que yo amo&raquo; [poema 17.&ordm;]. Lejos quedan los temores y las precauciones adoptadas ante una vida hostil, los roces ocasionales y los escondites llenos de presentimientos, las estatuas perfiladas con el deseo o los callejones convertidos en desfiladeros erizados; la larga trayectoria en busca de la afirmaci&oacute;n de una identidad humana y po&eacute;tica culmina en esta espl&eacute;ndida composici&oacute;n, en la que concurren la escultura y la arquitectura para poder armar un espacio de encuentro, de permanencia, de seguridad; diez grupos estr&oacute;ficos se entretejen con la an&aacute;fora que proviene de la canci&oacute;n de Parra; de este modo, &laquo;El hombre que yo amo&raquo;, se convierte en una proclama de vida, en una larga y tensa declaraci&oacute;n en la que se procede a describir al hombre amado, en una emotiva semblanza en la que los rasgos f&iacute;sicos se entretejen con los sentimentales; el retrato final adquiere una complejidad extraordinaria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene las manos grandes (vv. 1-2)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>conserva preguntas infantiles en la mirada (vv. 8-9)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene los pies grandes</p>
<p>e impacientes (vv. 13-14)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>sabe mezclar olores en la alquimia de los pucheros (vv. 22-23)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>se conoce el nombre de todos los m&uacute;sculos (vv. 28-29)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>me sonr&iacute;e cuando me descubre al amanecer (vv. 35-36)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>besa como los &aacute;ngeles (vv. 42-43)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene la barba y el pelo blancos (vv. 49-50)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>pasea a mi lado por las aceras de la ciudad (vv. 53-54)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>siempre estuvo aqu&iacute; a mis espaldas (vv. 60-61) (77-79).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ese punto se quer&iacute;a llegar: a la confirmaci&oacute;n de la unidad que forman dos seres que se han encontrado, tras haber transitado por mundos muy alejados y que saben, porque as&iacute; lo quieren, que van a permanecer ya siempre unidos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo fue necesario un gesto &mdash;y su insistencia&mdash;</p>
<p>para que nunca m&aacute;s nos separ&aacute;ramos,</p>
<p>para seguir juntos, como siempre lo hab&iacute;amos estado (vv. 63-65) (79).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ello a pesar de la sorda incomprensi&oacute;n de quien no est&aacute; dispuesto a aceptar que el amor, adem&aacute;s de los cuerpos, se fragua en las miradas y se gesta en la armon&iacute;a de las conciencias similares.</p>
<p>Aquel &laquo;nosotros&raquo; con el que se abr&iacute;a el poemario, constituido por el &laquo;yo&raquo; del ni&ntilde;o y del adolescente con el &laquo;yo&raquo; del poeta y del adulto, se transmuta ahora en otro plural: &laquo;Colof&oacute;n. Somos nosotros&raquo; [poema 18.&ordm;], que proviene de <em>Las personas del verbo</em> de Jaime Gil de Biedma; el amor compartido infunde la fuerza y la energ&iacute;a suficientes para sentirse ya a salvo y oponerse al rencor y al desprecio evocados en los primeros poemas; cabe, entero, el itinerario de toda una vida en un verso en el que se alcanza el destino ansiado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No saben lo que hemos sufrido hasta conquistar este gesto (81).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frente a la intransigencia mostrada por esa tercera persona en plural (un &laquo;Ellos&raquo; que permanece ya al margen de esta relaci&oacute;n), se pone en pie el &laquo;nosotros&raquo;, forjado con un largo sufrimiento, convertido ya en la indisoluble unidad del &laquo;gesto&raquo; que otorga pleno sentido a los amantes: un beso que no se reduce a la uni&oacute;n de dos labios que se buscan, sino que se transforma en el s&iacute;mbolo final de una vida que ha logrado dejar atr&aacute;s los temores y los recelos, a&uacute;n nombrados porque siguen existiendo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos tenido que permanecer</p>
<p>sin pesta&ntilde;ear</p>
<p>ante una bofetada</p>
<p>y a sonre&iacute;r mientras nos clav&aacute;bamos cilicios de verg&uuml;enza</p>
<p>en las carnes blandas de nuestro miedo cotidiano (83).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo ese padecimiento no ha sido en vano. Dos vidas han cruzado un espacio de sombras hasta alcanzar la luz que irradia de ese &laquo;gesto&raquo; en el que quedan abolidas la humillaci&oacute;n y la soledad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero todo ha valido la pena,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>ante este beso que son todos los besos,</p>
<p>ante este gesto cotidiano,</p>
<p>olvidado,</p>
<p>ante este beso que es ahora,</p>
<p>por fin,</p>
<p>todos nuestros besos (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el &laquo;ahora&raquo; del &uacute;ltimo verso escalonado, se integra la suma de esos seres (el ni&ntilde;o, el adolescente, el adulto), recuperados en poemas de dolorosas evocaciones, para constituir el &uacute;nico &laquo;yo&raquo; que adquiere sentido al fundirse, para siempre, con &laquo;El hombre que yo amo&raquo;.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20FERNANDO%20G%C3%93MEZ%20REDONDO%20SOBRE%20EL%20LIBRO%20DE%20JOS%C3%89%20MANUEL%20LUC%C3%8DA%20MEG%C3%8DAS%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20ABRIL%202026.doc#_ftnref1">[1]</a> Se cita por Madrid, Huerga y Fierro, 2025.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Apr 2026 12:01:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No habrá más penas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-habra-mas-penas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CRISTINA_GIM_NEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez (Teruel, 1972), despu&eacute;s de una primera etapa po&eacute;tica, presenta este volumen <em>No quiero ser olvido</em>, un salto cualitativo en su obra y que, adem&aacute;s, coincide con la nueva andadura de la editorial Los Libros del Gato Negro. Un libro sobre la conservaci&oacute;n de la memoria, el intercambio emocional, las mujeres de una vida, la vida de las mujeres. La primera parte &ldquo;Hija&rdquo;: &ldquo;Escondido tras el R9 amarillo canario / descolorido por el sol y los a&ntilde;os / esperaban no ser vistos, para no posarla&rdquo; &iquest;Qu&eacute; es la vida? Un recuerdo o una presa que se desborda, con apetito: &ldquo;Esa a la que quisi&eacute;ramos volver, / muchos d&iacute;as cuando ni ves un gorri&oacute;n, / ni oyes unas risas&rdquo;. &iquest;Ni&ntilde;a, madre o hija? Seguimos con una confusi&oacute;n total: &ldquo;Y aparece un hombre casi desconocido. / Una enfermedad que enturbia&rdquo; &iquest;Qu&eacute; queda cuando solo hay un hueco? &iquest;Es el espacio una figura ausente o eso solo eso, distancia y oquedad? &ldquo;Me qued&eacute; acompa&ntilde;ada por el vac&iacute;o&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Existe alivio? &iquest;Tiene apellidos o es solo un sintagma atrapado entre los labios sin besos? El texto de Cristina Gim&eacute;nez se construye con preguntas, abotargado de interrogantes. Hay versos como: &ldquo;Un poco m&aacute;s lejos de mis diecis&eacute;is, / y de tus solo sesenta y dos&rdquo;. Lo eucl&iacute;deo es l&iacute;rico cuando trae la pena. Un color para cada tiempo y una distancia por recorrer hasta el final de las p&aacute;ginas. El recuerdo, el pasado, la vida que se acumula: &ldquo;porque nos hab&iacute;an dado todo limpio / y lo dejamos ensuciar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, despu&eacute;s de &ldquo;Hija<em>&rdquo;</em>, es<em> &ldquo;</em>Madre<em>&rdquo;</em>: un cambio en las dimensiones cartesianas para asomarse al abismo m&aacute;s bello y temible: &ldquo;Sus burbujas ser&aacute;n mi ox&iacute;geno / y su comp&aacute;s mi satisfacci&oacute;n. / Ser&eacute; sirena y yo ser&eacute; para siempre su/rendido navegante&rdquo;. Una ni&ntilde;a, amasada en su vientre, temer que se deshace la &uacute;nica manera de controlar la distancia entre la arcilla y el barro. O el barro y la arcilla. Dosis alternas de ibuprofeno y paracetamol, el monstruo de la fiebre: &ldquo;Cre&iacute;a ser el centro de tu universo / porque yo era tu alimento&rdquo;. No existe de dolor, llega el anest&eacute;sico: &ldquo;Es porque sabes que ella est&aacute; a punto de respirar&rdquo;. La primera l&aacute;grima entre los versos: &ldquo;Secando la l&aacute;grima que queda&rdquo;. En el pavor encuentras la belleza de lo filial: &ldquo;Hilos de plata / que se deshilacharon desde la luna / y me hilvanaron al sue&ntilde;o perpetuo / m&aacute;s real que la propia vida&rdquo;. La segunda l&aacute;grima se desliza: &ldquo;Huelo azul verdoso. Y seco una l&aacute;grima / antes de que caiga en la arena&rdquo;. La parte de Refugio, un listado de colores que cruzan el libro: rojo, azul, verde (a), negro, amarillas, rojas y blanca. En &ldquo;Allande&rdquo;: &ldquo;Cuando yo me vaya seguir&aacute;n sonando / los trinos y la cascada&rdquo; y en el mismo poema: &ldquo;No habr&aacute; nadie que escuche, / &nbsp;pero ellos dir&aacute;n que un d&iacute;a yo los o&iacute;a correr&rdquo;, las piedras, el suelo, los sabores: &ldquo;Por mucho que duela sabe a miel&rdquo;. En el recorrido de una mariposa azul encuentras un verso que acaba con: &ldquo;Volver&iacute;a a ver los colores, los rincones, las sonrisas y la vida&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Llegamos a &ldquo;Mujer&rdquo;<em>,</em> poemas de t&eacute;cnica, de f&iacute;sica, de la vida contra el sistema internacional: &ldquo;Miles de toneladas de newtons&rdquo; y una cama, sudor, risas, en el descanso llega tambi&eacute;n: &ldquo;Por lo que duele la vida y lo que amarga vivirla&rdquo;. Se fabrican y se dejan llevar los objetos: &ldquo;Mosquiteras que, / sin ser rejas, evitan que yo salga / y me invadan los insectos&rdquo;. Entre los sintagmas, los contenidos y los continentes: &ldquo;Se pierden con fonemas estrictos / cuando en realidad solo desean ser libres&rdquo;. Entrar y cerrar, llenar de muebles la vida, vender la desidia como tiempo para la reflexi&oacute;n: &ldquo;Te am&eacute; y un d&iacute;a arreglar&eacute; la maldita puerta&rdquo; y seguir, en la misma gruta emocional: &ldquo;Y no te recordar&eacute; / ni en el instante de abrirla ni el de cerrarla&rdquo;. La sed del asteroide, el resumen del aliento. Al escribir uno apaga la desesperaci&oacute;n, no sabemos si es la muerte de la carne o el alma que se quiebra: &ldquo;Una no quiere quedarse inm&oacute;vil / ilusionando una puesta de sol&rdquo;. Y sigue: &ldquo;Una siempre est&aacute; recogiendo en su cavidad tor&aacute;cica / las respiraciones y las exhalaciones suyas y de otros&rdquo;. Y as&iacute;, en esa miseria s&uacute;bita, aparecen cuervos, gusanos y alima&ntilde;as: &ldquo;decid&iacute; unilateralmente que un escarabajo / dejasen sus v&iacute;sceras en paz&rdquo; o &ldquo;Envenena todo aquello que est&aacute; cerca / sean gatos sarnosos o p&aacute;jaros tuertos&rdquo;. Y en el instante siguiente. &ldquo;Despu&eacute;s de casi hacerme combustionar / espont&aacute;neamente&rdquo; y as&iacute; &ldquo;Los anhelos desaparecieron con / la escarcha&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La destrucci&oacute;n puede ser detectada de distintos modos: &ldquo;Los a&ntilde;os explotaron en mi cara / y salpicaron los meses y los d&iacute;as / hasta no quedar nada&rdquo;. &iquest;Y si la muerte es de otro? O si la vida de otro trae un final: &ldquo;Mueres y dejas / el aliento fr&iacute;o que a otro temple&rdquo;, la extra&ntilde;eza frente a uno mismo, el recuerdo de lo b&aacute;sico, el fr&iacute;o o el calor, palabra como arrullo, el recuerdo en&eacute;simo del mar imposible: &ldquo;Solo el mar viniendo a m&iacute;&rdquo;. As&iacute; termina, cuando el lector, explorador, encuentra el verso final y definitivo: &ldquo;No quiero ser olvido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez, <em>No quiero ser olvido</em>, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Apr 2026 11:36:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la angelical revuelta de la noche]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-la-angelical-revuelta-de-la-noche/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JAVIER_FAJARN_S_DUR_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Javier Fajarn&eacute;s (Zaragoza, 1997) ha publicado <em>Alud</em> (Pregunta, 2016) y <em>La ciudad y el cuchillo</em> (Pregunta, 2017) y, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, retorna con este volumen <em>Casi como una aparici&oacute;n</em> (Pre-Textos, 2025). La poes&iacute;a herm&eacute;tica y aut&oacute;noma de Fajarn&eacute;s se introduce a trav&eacute;s de la naturaleza y su oxigenaci&oacute;n l&iacute;rica en este nuevo libro, dividido en tres partes. Comienza con &ldquo;Velar el sol&rdquo; donde encontramos muestras de esta actitud po&eacute;tica en el primero de los textos: "Est&aacute;s all&iacute;: / en la playa de las aguas lentas / donde los ni&ntilde;os que no son tuyos / juegan, se cortan, / se hacen torniquetes / y vuelven a jugar". Vida y muerte sobre la arena, que, sedienta de juventud, comparte los besos de sangre que ofrece el poeta. De sus ojos al tiempo en el que los castillos son absueltos y los recuerdos devorados por el agua salada: &ldquo;Esas cartas que me escribes / no son para leerlas. / Si las abro se vac&iacute;an&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el segundo de los poemas la contemplaci&oacute;n contin&uacute;a creciendo, en esa dualidad de mar ausente, que lo emparente con la geograf&iacute;a del recuerdo de Julio Antonio G&oacute;mez y el ese verso de imaginario aragon&eacute;s, siempre sediento, a veces helado, de Manuel Estevan: &ldquo;Agujero de palomas: / la noche, la noche lava el mundo&rdquo;. Un poemario may&uacute;sculo que emociona conforme la escarcha de una noche cruje sobre las palabras, cualquier secreto se diluye en el silencio; seguimos practicando el extra&ntilde;ismo pasional del mar ausente: &ldquo;El mar trae los incendios / de islas lejanas / y mi paso por la arena / no arroja al fuego m&aacute;s verdad&rdquo;. Un paganismo alejado de lo urbano, en lo profundo del verde, en lo inmaculado del hielo, musgo para alimentar la noche, que en su falta de calor, reconoce otras voces, que se perpet&uacute;an, agradecidas, por encontrar alguien que las escuche y las escriba.&nbsp;</p>
<p>En el tercero de los poemas encontramos: &ldquo;Los a&ntilde;os se hacen pan sobre la mesa&rdquo;. Aprovechando la ventaja que se le presenta al lector, el extra&ntilde;o alimento nos rodea: &ldquo;Dentro el aire es negro / alguien le comi&oacute; la luz&rdquo;: Arenas que guardan ni&ntilde;os, como un tesoro de corazones, las almas, otra vez, acuden con extra&ntilde;o apetito, en los versos de Fajarn&eacute;s la paz llega con la tarde, la noche, por otro lado, es incendio: &ldquo;Aunque cierres la puerta / seguir&aacute; siendo de noche&rdquo;. Se hacen corp&oacute;reos los iconos en el poema: &ldquo;El silencio ya estaba dicho, &nbsp;/&nbsp; Ya escrito en el cielo de la boca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La presencia de los &aacute;ngeles, rebeldes y tr&aacute;gicos, observadores, son herencia de la mitolog&iacute;a de Peter Handke y Win Wenders pero, tambi&eacute;n, se escoran hacia el espacio de pop que ofreci&oacute; el cambio de d&eacute;cada, primero con la conquista de Manhattan por Leonard Cohen y, m&aacute;s tarde, con la trilog&iacute;a berlinesa de U2.&nbsp;</p>
<p>La pincelada pop agudiza el instinto de ciertos lectores, sumando una conexi&oacute;n especial en la &ldquo;Explosi&oacute;n de alas&rdquo;. As&iacute;, agua y ni&ntilde;os vuelven a aparecer: &ldquo;As&iacute;, / es imposible arder: / las aguas de la infancia se lo impiden&rdquo;, la mutaci&oacute;n de lo l&iacute;quido, el camino hacia la nieve: &ldquo;La nieve ha llegado para derretirse / y por eso no escribes en ellas tu nombre&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte del libro lleva como t&iacute;tulo &ldquo;Los nuevos d&iacute;as&rdquo;. Un bis, otra vez un &aacute;ngel, que golpea con sus alas contra la pared, el eco de un grito callado, Nick&amp;Blixa: &ldquo;Desnudo se pisa mejor la noche / no quiere molestar a los que al lado duermen. / Un &aacute;ngel corre de la playa al cielo / y me dice que la siga&rdquo;. Qu&eacute; extra&ntilde;a es la metamorfosis del recuerdo aunque sea tan claro. Pienso en los poemas de lija de Javier Carnicer, el &aacute;ngel oscense, cuya acci&oacute;n creativa sigue siendo nutricia: &ldquo;Las palabras que te empujan hacia el fondo / nadie las elige&rdquo;. Y copio: &ldquo;Solo los libros no escritos / verdaderamente permanecen. / En ellos no hay nada que pudrirse&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de la declaraci&oacute;n en el acto creativo, el final se avecina, es la tercera parte, &ldquo;El accidente&rdquo;, un breve cierre para el libro: &ldquo;Y la mitad de lo escrito / se va con las mareas&rdquo;. Es tiempo de abandonar la oraci&oacute;n como alivio y utilizarla como arma: &ldquo;Dios baja las persianas / y nos conf&iacute;a el mundo&rdquo;. As&iacute;, con las escrituras particulares, abrimos el campo visual hacia la recuperaci&oacute;n del espacio perdido: &ldquo;Chocaron dos trenes.../ nos barri&oacute; el temblor.../ un &aacute;ngel de ne&oacute;n atraves&oacute; la carretera&rdquo;. Es tiempo de incendio, es tiempo de dejarse arder. Un libro magn&iacute;fico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Fajarn&eacute;s Dur&aacute;n. <em>Casi como una aparici&oacute;n</em>. Valencia, Pre-Textos. 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Apr 2026 08:07:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La búsqueda en el infinito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-busqueda-en-el-infinito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/YOHANA_ANAYA_RUIZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Yohana Anaya Ruiz (Estepona, 1994) publica su poemario <em>Diario de un encuentro</em> a trav&eacute;s de la Plataforma de poetas por Teruel, revisando de manera l&iacute;rica, su incursi&oacute;n en la realidad de Centroam&eacute;rica. Desde M&aacute;laga hasta Honduras primero y, m&aacute;s tarde, Panam&aacute;. De Estepona a Teruel, donde Yohana se ha dedicado a la docencia y la actividad cultural.&nbsp;</p>
<p>La primera parte comienza en M&aacute;laga, a&ntilde;o 2019.&nbsp; Acci&oacute;n y observaci&oacute;n. Escapada hacia delante. Buscar ox&iacute;geno y alimento, que el alma se encuentre en sinton&iacute;a con el cuerpo: &laquo;En una cama que huele a libertad&raquo; o &laquo;Hoy voy a respirar mis propios sue&ntilde;os&raquo;. Una vida mon&oacute;tona, ins&iacute;pida que se diluye en el paisaje de M&aacute;laga: &Aacute;msterdam, Panam&aacute;, como un aviso, la eterna longitud del camino y el poeta Fernando Merlo, como una aparici&oacute;n: &laquo;Estoy atravesando el mundo/para poder encontrarme&raquo;. Es clima es un insecto sediento que se apodera del alma al llegar a Honduras: &laquo;Soy una flor de pl&aacute;stico sedienta / en mitad de un aeropuerto&raquo; o &laquo;Repleto de ojos extra&ntilde;os / que quieren arrancarme las ra&iacute;ces / que a&uacute;n no han nacido&raquo;. Un pa&iacute;s con apetito, un cuerpo desfasado frente al tiempo y el espacio, los sentidos saturados antes se&ntilde;ales extra&ntilde;as: &laquo;Y me siento dentro de una canci&oacute;n / que sue&ntilde;a en una radio sin se&ntilde;ales&raquo;. Santos distintos, Rosa, la Santa de plegaria confusa: &laquo;En la cocina demasiado espacio/para tan poca comida&raquo;. Con lo m&iacute;nimo, frente a ojos desconocidos. &laquo;Y hago la cama con unas s&aacute;banas sucias que conservar&aacute;n mi olor&raquo;. Es un proceso de deconstrucci&oacute;n para la poeta, en casa extra&ntilde;a &laquo;Las cicatrices se posan / unas encima de otras: / No hay espacio para tanto dolor&raquo;. Como una palabra min&uacute;scula en mitad de un continente que nos llama, al que llamamos, inmenso: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; tanto silencio / sobre mi almohada?&raquo; Hambre, riqueza, pantallas europeas, calles pobres y libres para los ni&ntilde;os &laquo;En Honduras a&uacute;n existen ojos/que observan su cielo&raquo;. Y ojos, y presencias y su misma ausencia de Espa&ntilde;a se convierte en algo distintivo. &laquo;Venir aqu&iacute; ha sido / el mejor de mis errores&raquo;. En las playas de Cayo Cochinos, se mezclan Homero, H&eacute;cate, Cronos y Morfeo. El Mediterr&aacute;neo, padre distante del Atl&aacute;ntico, la arena en la boca, el Pac&iacute;fico, Centroam&eacute;rica, respirar el mar en la distancia: &laquo;Solo es real la niebla:/los recuerdos no se pueden tocar&raquo;. El cuerpo lleno de destilados, sangre y v&iacute;sceras. Todas invadidas por el ej&eacute;rcito, novedoso, salvaje: &laquo;Somos presente con / ansia de futuro&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte nos lleva hasta Panam&aacute;: &laquo;Usted me embarg&oacute; todos los miedos&raquo;. Soledad, y compartida metamorfosis: &laquo;Jingo&iacute;smo sobre la sandalia/objeto de tortura para los insectos&raquo;. Ni&ntilde;os que cambian de tierra, pero respiran con un mismo orden, en la distancia se reconocen, juegos y gritos: &laquo;El mundo de los tres ni&ntilde;os est&aacute; compuesto de/nubes que lloran/cielos que lloran, /un &aacute;rbol que llora / y tres voluntarios que sonr&iacute;en&raquo;. De Santa Rosa a Santa Clara: &laquo;Lloviese o no / est&aacute;bamos empapados de tiempo&raquo;. San Carlos, Panam&aacute;, cuerpo de tierra, lengua que atraviesa: &laquo;Maldigo haberme quedado quieta/mientras t&uacute; te hac&iacute;as due&ntilde;o de mi insomnio&raquo;. El cambio, el tiempo que escapa a la casualidad a trav&eacute;s del trabajo. &laquo;Este sendero conoce todas tus heridas: / esta tierra ya forma parte de tu cuerpo&raquo; El humor agrio de la torreta del alcohol, a la miseria p&eacute;rfida: &laquo;Y aquel domingo, / el olor a ira lo invadi&oacute; todo&raquo;, Jorge Guill&eacute;n y Julio Cort&aacute;zar mezcl&aacute;ndose en una ciudad loca de geometr&iacute;a. &laquo;Estar&aacute;n perdidas las viejas/almas del pueblo paname&ntilde;o/eternamente desorientadas/ entre esquinas&raquo;. El retorno a M&aacute;laga, Isabel Bono, Antonio Luque, un amor del mont&oacute;n, pero el mont&oacute;n era m&iacute;o: &laquo;M&aacute;laga es un poema dibujado en un mapa, / es una tienda de posibles / de la que todos somos due&ntilde;os y clientes&raquo;, el esplendor en la hierba, &laquo;M&aacute;laga es un imposible / hecho realidad&raquo;. Un libro que se expande, sensible, que hace del viaje una limpieza del alma, entender M&aacute;laga, entender a la poeta. Y hacerlo en la distancia.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yohana &nbsp;Anaya Ruiz, <em>Diario de un encuentro</em>, Teruel, Plataforma de poetas por Teruel, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 08:00:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luditas, posmodernos y capitalistas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luditas-posmodernos-y-capitalistas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DANIEL-GASC_N-2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Daniel Gasc&oacute;n (Zaragoza, 1981) lleva a&ntilde;os siendo uno de los columnistas y generadores de opini&oacute;n m&aacute;s importante de Espa&ntilde;a. Su labor period&iacute;stica en El Pa&iacute;s y Onda Cero y, sobre todo, como director de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola de la revista cultural <em>Letras Libres</em> lo ha situado como uno de los referentes del pensamiento liberal en nuestro pa&iacute;s. Adem&aacute;s de su obra como narrador, en la que destacan <em>Entresuelo </em>(Mondadori, 2013), el d&iacute;ptico <em>Un hipster en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>(Mondadori, 2020) y <em>La muerte del hipster</em> (Mondadori, 2021) o <em>El padre de tus hijos</em> (Literatura Random House, 2023). Tambi&eacute;n ha destacado como ensayista en <em>El golpe posmoderno </em>(Debate, 2018), un posicionamiento pol&iacute;tico contra el proceso soberanista y el consiguiente intento de golpe de estado en Catalu&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>Guionista, presentador de podcast, colaborador en televisi&oacute;n, traductor&hellip; Su &uacute;ltimo libro, <em>Los nuevos Bartleby. Cr&oacute;nica de un cansancio colectivo</em> (Editorial Rosamer&oacute;n, 2026) incluye una nueva traducci&oacute;n del cl&aacute;sico relato de Herman Melville, <em>Bartleby el escribiente</em>, al que Daniel aporta una serie de reflexiones sobre la situaci&oacute;n social y pol&iacute;tica occidental y su relaci&oacute;n con el resto del planeta, tanto en el aspecto laboral, emocional o de comunicaci&oacute;n. Daniel Gasc&oacute;n recoge la existencia de una fracci&oacute;n mundana donde colectivos envilecen el capitalismo, pero no evitan su disfrute.&nbsp;</p>
<p>Esa manera con la que se relaciona la obra de Herman Melville con la de George Saunders, en sus cuentos de futurismo ofim&aacute;ticos, hace que entendamos la fascinaci&oacute;n que produce el autor en referentes de la narrativa contempor&aacute;nea como Rodrigo Fres&aacute;n. Esa manera gestionar la estructura laboral como la contracci&oacute;n de la administraci&oacute;n p&uacute;blica que nos recuerda a Mariano Jos&eacute; de Larra o el mismo Franz Kafka. Estructuras mastod&oacute;nticas que permiten el anonimato y el sabotaje.&nbsp;</p>
<p>Es el trabajo un elemento necesario, pero t&oacute;xico, como lo es el presentismo, la expansi&oacute;n del tiempo hasta el extremo. Eliminar la eficiencia a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n de conflictos, de una especie de nuevo ludismo, capaz de quejarse del progreso a trav&eacute;s de m&oacute;viles de &uacute;ltima generaci&oacute;n. El sistema se destruye desde dentro, como hemos visto en series como <em>The Office </em>o momentos del mejor humor, el de personajes como George Costanza, el cl&aacute;sico de Larry David, <em>Seinfeld</em>.&nbsp;</p>
<p>Vivimos en una sociedad en la que la edad es algo cualitativo, se han retrasado las acciones y las responsabilidades. Tiempos de exaltaci&oacute;n, sumidos en un carrusel ininterrumpido de est&iacute;mulos, de moralidad elemental, infantil: una vida de eterno moscoso funcionarial o ausencias escolares justificadas por padres, como la de los adolescentes y los pol&iacute;ticos en tr&aacute;nsito, yendo en una flotilla hacia Gaza o volviendo a subir historias en Tiktok sobre/contra el <em>Cambio clim&aacute;tico</em>. Pedir el decrecimiento econ&oacute;mico en libros que acaban siendo &eacute;xitos de ventas: paradojas que Daniel Gasc&oacute;n acumula y trata con su humor <em>somarda</em> (perm&iacute;tanme esa forma de expresi&oacute;n aragonesa), ca&uacute;stico. En el silencio de los seres humanos, sin ni&ntilde;os, solo frutas y verduras, la naturaleza abri&eacute;ndose paso, un escenario postapocal&iacute;pico, dist&oacute;pico, de videojuego y serie de Netflix.&nbsp; Un problema complejo resuelto con p&oacute;cimas y lugares comunes.&nbsp;</p>
<p>Una disyuntiva universal, que implica a toda la humanidad, tratada con lemas ostentosos y reivindicativos. Sacarle el dinero a los ricos, impuestos a las rentas altas, un mundo sin antibi&oacute;ticos, sin vacunas, sin agua caliente para las duchas. &iquest;La IA nos har&aacute; compa&ntilde;&iacute;a? &laquo;A nivel individual se puede vivir f&aacute;cilmente como una amenaza, pero mi trabajo es una mierda y tengo miedo de que desaparezca&raquo;. Daniel Gasc&oacute;n, certero como siempre, se&ntilde;ala al mejor de los profetas, Michel Houellebecq: primero con el ascenso del islamismo pol&iacute;ticamente goloso, que nos dejar&aacute;, a los hombres recuerden, en una posici&oacute;n de poder y comodidad, en la que seguir&aacute; valid&aacute;ndose la narrativa de la &uacute;ltima d&eacute;cada en Espa&ntilde;a: &laquo;Por lo menos no manda la derecha&raquo;. Las redes sociales sirven para una cosa y para la opuesta. Es un mundo de contradicciones. La delaci&oacute;n se enfrenta a lo pol&iacute;ticamente correcto y exige el anonimato. En el libro aparece la serie <em>Severance,</em> Enrique Vila-Matas, los Monty Python, la generaci&oacute;n post-Covid, Gilles Deleuze, la manufactura y el copista, Georges Perec, Mark Twain y Saul Bellow, Barcelona y <em>El Lazarillo de Tormes</em>. Daniel Gasc&oacute;n en estado puro, haci&eacute;ndonos pensar con una sonrisa perpetua. La gran pluma de nuestra generaci&oacute;n, la sensatez ir&oacute;nica, la pasi&oacute;n por la libertad pura, herencia directa del recordado F&eacute;lix Romeo. Jam&oacute;n y besos. Eso s&iacute; que preferir&iacute;a hacerlo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Daniel Gasc&oacute;n, <em>Los nuevos Bartleby. Cr&oacute;nica de un cansancio colectivo. </em>Incluye la traducci&oacute;n de <em>Bartleby el escribiente</em>, de Herman Melville, Barcelona, Editorial Rosamer&oacute;n, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 07:50:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Layna: «El lenguaje no transmite, resuena»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-layna-el-lenguaje-no-transmite-resuena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/FRANCISCO_LAYNA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Digamos que en la poes&iacute;a de Francisco Layna (Madrid, 1958) la idea es el punto de sutura que descose todo lo dem&aacute;s: el acento de orfebre, la musicalidad siempre a punto de desequilibrio y, por tanto, alt&iacute;sima, los sintagmas de aparente siega que engendran tumultos de sentido y posibilidad. De nuevo, el vuelo. La polinizaci&oacute;n insistente. Se sirve del humor como respuesta certera al enigma, permitiendo que lo aut&eacute;ntico tenga hechura cotidiana. <em>Nunca, mil y gigante</em> (Dilema) re&uacute;ne su poes&iacute;a completa. Recuerden: la contrahuella de sus versos es tan alta como el tiempo que empleemos en habitarlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poema no te habla, te obliga a ajustar tu respiraci&oacute;n, tu tiempo de lectura, tu expectativa de sentido&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Al hilo de una de las reflexiones que hace Eduardo Espina en el pr&oacute;logo, &iquest;c&oacute;mo saber que un poema canta y no habla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-S&iacute;, supongo que te refieres a una de las afirmaciones de Eduardo, esta: &laquo;Puesto que no saben cantar, hoy los poetas hablan&raquo;. O, tal vez, a esta otra: &laquo;Noble forma de hacer cantar al idioma, y en la cual, el lenguaje se reencuentra con sus aspiraciones de plenitud&raquo;. Es esta una habitual referencia a lo po&eacute;tico en cuanto realizaci&oacute;n sonora. Prefiero, por ahora, centrarme en un verso de Espina: &laquo;Eso o a su vez sacar acaso de la galera/el canto a priori de un cuerpo privado&raquo;. &iexcl;Fant&aacute;stico! En un primer vistazo quiero leer lo siguiente: se trata de elegir, nos dice Espina, entre lo dado o inventar desde cero la voz &iacute;ntima de un ser antes de que el mundo la condicione. Pero esto que acabo de hacer es reducirlo todo a una explicaci&oacute;n que, adem&aacute;s de empobrecer, tan solo es una preferencia de lectura entre much&iacute;simas otras. Sin embargo, puedo orientar mi mirada hacia la sonoridad y me percato de la abundancia de vocales abiertas o / a / e / a / a. Tambi&eacute;n de la repetici&oacute;n del sonido [k]: &laquo;sacar&raquo;, &laquo;acaso&raquo;, &laquo;canto&raquo;, &laquo;cuerpo&raquo;. La &laquo;<em>c&raquo;</em><em> </em>genera peque&ntilde;os golpes r&iacute;tmicos. Da sensaci&oacute;n de extracci&oacute;n, corte, aparici&oacute;n. Esto encaja con la idea de sacar/emerger. Si lo leemos marcando acentos naturales, es decir, si atendemos al ritmo interno, constatamos algo peculiar: la primera l&iacute;nea es m&aacute;s ondulante, mientras que la segunda est&aacute; m&aacute;s segmentada, m&aacute;s golpeada, como si el verso pasara de pensamiento a materialidad. Me remito a aquella idea de Ezra Pound (<em>Melopoeia</em>) de que el poema canta cuando el lenguaje se acelera m&aacute;s all&aacute; de la sem&aacute;ntica, es decir, cuando el significado es una propuesta derivada por el sonido. El lenguaje no transmite, resuena. El poema no te habla, te obliga a ajustar tu respiraci&oacute;n, tu tiempo de lectura, tu expectativa de sentido. No es un razonamiento, es todo lo contrario pues pulsa, suspende, retarda en el sonido. &iquest;Eso es cantar? No lo s&eacute;, tan solo intuyo que eso es el canto o que por ah&iacute; van los tiros cuando la explicaci&oacute;n llega demasiado tarde.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;En un poema que canta, cada verso es un campo de fuerzas, y funciona por acumulaci&oacute;n, no por progreso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Existe un orden interno capaz de hacer que el poema funcione, a pesar de cambiar de orden ciertos versos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Esther, esta pregunta es muy interesante. Intentar&eacute; vincular esta pregunta a la anterior, a la sonoridad. Digamos que hay dos tipos de orden interno: 1) Orden discursivo (poema que habla, como dec&iacute;a Espina) y 2) Orden r&iacute;tmico&ndash;intensivo (poema que canta). En el primero el poema funciona como una secuencia l&oacute;gica o ret&oacute;rica. Los versos est&aacute;n encadenados por el desarrollo de una idea, de una progresi&oacute;n narrativa o argumentativa, de una causalidad o de un contraste. En este caso, cambiar el orden rompe el poema o lo debilita gravemente. Pensemos en sonetos cl&aacute;sicos, eleg&iacute;as explicativas, poes&iacute;a meditativa o confesional. Aqu&iacute; el orden es externo al verso: el verso sirve a una arquitectura superior. En el segundo orden, el r&iacute;tmico&ndash;intensivo, el poema no avanza: orbita. Los versos est&aacute;n unidos por ritmo, recurrencias sonoras, im&aacute;genes, tensiones afectivas. El orden es interno a cada verso y a su vibraci&oacute;n, no a la secuencia l&oacute;gica. Cambiar el orden no destruye el poema de inmediato. A veces incluso revela mejor su funcionamiento. &iquest;Entonces el orden no importa? Importa, pero no como sintaxis del sentido, sino como respiraci&oacute;n, presi&oacute;n, pausa o ca&iacute;da. En un poema que canta, cambiar un verso no modifica <em>el significado</em> [si es que existe], cambia la intensidad. El poema no dice: &laquo;primero esto, luego aquello&raquo;, sino &laquo;esto insiste, esto vuelve, esto no se resuelve, queda en el aire, en el eco, en tu memoria&raquo;. En un poema que canta, cada verso es un campo de fuerzas, y funciona por acumulaci&oacute;n, no por progreso. Por eso en Celan, en Vallejo, en Mallarm&eacute;, en Eduardo Espina el orden importa, pero no como cronolog&iacute;a, sino como densidad.&nbsp;</p>
<p>Tu pregunta se origina en dos de los poemas sobre la vejez que aparecen en <em>Oraci&oacute;n en 17 a&ntilde;os.</em> En aquella ocasi&oacute;n, tom&eacute; el mismo texto y lo present&eacute; en dos disposiciones: Poema A (&laquo;Probablemente la &uacute;ltima oportunidad para evitar la vejez&raquo;), avance natural hacia el &uacute;ltimo verso. Poema B (&laquo;Para evitar la vejez probablemente la &uacute;ltima oportunidad&raquo;), retroceso exacto desde ese mismo &uacute;ltimo verso. No es un viaje a la semilla, no lo es. Lo que all&iacute; intent&eacute; fue establecer una diferencia de respiraci&oacute;n entre las dos versiones. El poema A (avance hacia el &uacute;ltimo verso) funciona como acumulaci&oacute;n que desciende, presi&oacute;n que se espesa, ca&iacute;da lenta hacia un cierre. En efecto, ese verso final act&uacute;a como cierre fisiol&oacute;gico, agotamiento, aceptaci&oacute;n sin &eacute;pica. La vejez llega como sedimentaci&oacute;n. En el poema B (retroceso desde el &uacute;ltimo verso), todo empieza ya en la lentitud y va subiendo en intensidad imaginaria: del aseo, al cuerpo abierto, a la necesidad de que algo regrese. No es un rejuvenecimiento narrativo. Es una reverberaci&oacute;n. La vejez no se evita, se canta desde dentro hacia atr&aacute;s, como eco.&nbsp;</p>
<p>Este tipo de juego era recurso habitual de cierta poes&iacute;a celebrativa del Barroco. En la segunda mitad del XVII, el monje Caramuel llevar&aacute; a un extremo estos artificios en cuanto a visualidad y arte combinatoria, y dise&ntilde;ar&aacute; poemas m&oacute;viles que tienen una enorme multitud de combinaciones posibles de versos. La reciente poes&iacute;a basada en algoritmos exacerba esto hasta la eliminaci&oacute;n de la experiencia humana. En Espa&ntilde;a hay un caso muy estimable que viene muy bien a tu pregunta. Me refiero a la obra de Maite Mart&iacute; Vallejo. Cuando ella hace alguna presentaci&oacute;n, elabora un texto con diferentes l&iacute;neas de diferentes libros suyos. Ya no se trata de alterar el orden compositivo, sino de amalgamar en un &uacute;nico escrito lo procedente de una variedad. Podr&iacute;a entenderse como una pr&aacute;ctica de escritura expandida donde la autor&iacute;a deja de operar sobre la unidad cerrada del libro para desplazarse hacia una l&oacute;gica de campo textual. En ese gesto, ya no se trata de reordenar o intervenir la arquitectura interna de un poema concreto, como sucede en mis dos poemas sobre la vejez, sino de producir un texto nuevo mediante la confluencia de fragmentos procedentes de distintos libros, es decir, de distintas temporalidades de escritura, distintos contextos de enunciaci&oacute;n y distintos sistemas de sentido. As&iacute;, el texto resultante de Mart&iacute; Vallejo no es una suma ni un <em>collage</em> en sentido ornamental, sino una reconfiguraci&oacute;n sem&aacute;ntica donde las l&iacute;neas, al perder su pertenencia original, generan nuevas relaciones de sentido, nuevos ritmos discursivos y una nueva econom&iacute;a de significaci&oacute;n, desplazando la idea de texto como unidad fija hacia la de texto como red en continua recomposici&oacute;n. Intentar&eacute; ser m&aacute;s breve en las siguientes preguntas, te lo prometo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje habla en el poema cuando el poeta deja de ser su origen y acepta ser</strong> <strong>su lugar de paso&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; se requiere para que el lenguaje sea el que hable en el poema y no tanto el poeta?</p>
<p>-En esta pregunta es clave Henri Meschonnic y su idea de que el lenguaje habla cuando el ritmo organiza el sentido y no al rev&eacute;s. El ritmo no decora lo que el poeta piensa; piensa por &eacute;l. De nuevo aqu&iacute; se pueden establecer relaciones con las dos preguntas previas. Nada de esto es &laquo;espiritual&raquo;. Para que el lenguaje hable, hay que tratarlo como materia: sonido, graf&iacute;a, espacio, respiraci&oacute;n, soporte. El lenguaje habla en el poema cuando el poeta deja de ser su origen y acepta ser su lugar de paso. Esto es algo habitual en la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o, por ejemplo. Para &eacute;l, el lenguaje no sirve para llevar un contenido previo. El poema se construye como una serie de operaciones, desplazamientos m&iacute;nimos, repeticiones con variaci&oacute;n, palabras comunes sometidas a presi&oacute;n. Esto produce un efecto clave: el poema no parece escrito desde una intenci&oacute;n, sino desde una din&aacute;mica interna; no leemos &laquo;lo que el poeta quiere decir&raquo;, sino c&oacute;mo la lengua se reacomoda mientras avanza. Ah&iacute; el lenguaje empieza a &laquo;hablar&raquo;. Renuncia a la explicaci&oacute;n, renuncia al &eacute;nfasis expresivo, renuncia al golpe l&iacute;rico final. A cambio, trabaja con una atenci&oacute;n extrema a la continuidad, una confianza en que se sostenga por consistencia, no por revelaci&oacute;n Esto hace que el yo quede disuelto en el procedimiento, incluso como motivo de burla. El lector no sigue una voz, sigue una inercia, y la escritura es otra forma de estar en el mundo. Perm&iacute;teme que aqu&iacute; recurra a una cita del gran Carlos Piera en uno de sus art&iacute;culos llamado &laquo;La densidad&raquo;: &laquo;Cuando ya no somos entorno, nos quedan las im&aacute;genes y sensaciones de ese entorno que hemos sido, y tambi&eacute;n una certeza nueva: la de que nos hemos anulado en &eacute;l. Es en este punto en el que aparece la posibilidad de la poes&iacute;a. De ese modo, el nombre exacto de lo que se ha producido incluye mi desaparici&oacute;n&raquo;. Pero hay m&aacute;s de una fase en este proceso de ausencias, como deja en claro m&aacute;s adelante: &laquo;La del poeta para que se manifieste el objeto, la del objeto para que se manifieste el poema&raquo;. Inapelable. Crear poes&iacute;a es lo mismo que crear ausencias. Mart&iacute; Vallejo y &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o son dos magn&iacute;ficos ejemplos.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Reconozco la poes&iacute;a que me interesa cuando, al terminar de leer, no siento que ya &laquo;lo entend&iacute;&raquo;, sino que algo en m&iacute; sigue trabajando&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo reconocer la poes&iacute;a que alberga un poema?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iexcl;Madre m&iacute;a, Esther, vas de lo mejor a lo &oacute;ptimo! Ahora ser&eacute; breve porque la respuesta exige lo contrario, y no es tanto una paradoja como una consecuencia de la densidad anterior. Reconozco la poes&iacute;a que me interesa cuando, al terminar de leer, no siento que ya &laquo;lo entend&iacute;&raquo;, sino que algo en m&iacute; sigue trabajando. El sentido no se clausura. El poema no se convierte en una idea transportable. Hay resto. Si puedes resumir el poema sin p&eacute;rdida, probablemente el poema contiene discurso, no poes&iacute;a. La poes&iacute;a empieza donde el significado ya no coincide consigo mismo. No lo lees como leer&iacute;as una opini&oacute;n o un relato. El poema te lee a ti, regula tu respiraci&oacute;n, tu paciencia, tu expectativa. Ah&iacute; la poes&iacute;a ya est&aacute; operando. No es precisi&oacute;n sem&aacute;ntica, es exactitud sin f&oacute;rmula. Un poema alberga poes&iacute;a cuando el lenguaje deja de ser un medio y se convierte en un lugar donde algo ocurre sin pedir permiso al sentido. Pero, ojo, esto no quiere decir que todo se reduzca al lenguaje, quiere decir que facilita un modo de moldear la experiencia y de ubicarse en el mundo. Me he hecho viejo y cada d&iacute;a creo m&aacute;s en la posibilidad de acceder a lo real, existente al margen de mi mediaci&oacute;n. &iquest;Te he contestado? Me da que esta pregunta tuya va a provocar en m&iacute; una continuidad, como sucede en los poemas que valoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Un poema an&oacute;malo hace algo: altera la respiraci&oacute;n, introduce un ritmo que no se deja ordenar, obliga al lector a leer sin garant&iacute;as&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;Una gota de sangre / es una anomal&iacute;a entre tanta uniformidad&raquo;. &iquest;Qu&eacute; debemos aprender de lo an&oacute;malo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>-Ese verso procede de un poema llamado &laquo;Se levantaba, son&aacute;mbula&raquo;. [Espera, que est&aacute; sonando el frigor&iacute;fico&hellip;&nbsp; Cuando la puerta se queda entreabierta, emite un pitidito para avisar]. A lo nuestro, s&iacute;, habl&aacute;bamos de que en poes&iacute;a, lo an&oacute;malo aparece cuando el lenguaje ya no puede comportarse como instrumento y deja de obedecer. Lo an&oacute;malo nos ense&ntilde;a hasta d&oacute;nde llega el lenguaje ordinario y d&oacute;nde empieza otra forma de decir. Un poema an&oacute;malo hace algo: altera la respiraci&oacute;n, introduce un ritmo que no se deja ordenar, obliga al lector a leer sin garant&iacute;as, crea un estado, no un mensaje, no es un veh&iacute;culo de sentido, sino un dispositivo de<strong> </strong>experiencia, como acabo de comentar. Lo an&oacute;malo protege al poema de la moral y de la utilidad. Un poema demasiado &laquo;normal&raquo; ense&ntilde;a una lecci&oacute;n, transmite una emoci&oacute;n reconocible, confirma valores, puede resumirse, suele agrupar identidades emocionales. Lo an&oacute;malo impide ese cierre y esa unidad. Por eso no se vuelve ejemplar, no consuela f&aacute;cilmente, no queda a disposici&oacute;n del uso. La poes&iacute;a que yo aprecio no sirve para tranquilizar, sino para mantener abierta una herida de percepci&oacute;n. En ese caso sucede que lo an&oacute;malo no pide ser corregido, pide ser escuchado, sin mayores pretensiones. Si un poema se vuelve raro, torpe, excesivo, impropio, lo habitual es que el lector renuncie a su lectura. En mi caso sucede lo contrario. Me lleva a considerar que no todo debe resolverse, no todo debe funcionar. A veces provoca que quede en un retrogusto emocional, quiz&aacute; sea esta la mejor manera de definirlo: retrogusto emocional. Tambi&eacute;n a veces insistir es m&aacute;s verdadero que explicar. Estoy intentando ser coherente con las respuestas anteriores. Ojal&aacute; lo est&eacute; consiguiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a no rinde o no debe rendir cuentas a la actualidad, la opini&oacute;n, la utilidad, la correcci&oacute;n moral. Cuando lo intenta, se vuelve consigna y su autor se convierte en portavoz y esto puede ser peligroso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;La noche parece burlarse de mi / condici&oacute;n de testigo&raquo;. &iquest;De qu&eacute; es testigo el poeta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Te refieres al poema llamado &ldquo;Testigo&rdquo;, de <em>Oraci&oacute;n en 17 a&ntilde;os</em>. &iquest;Ante qui&eacute;n testimonia el poeta si no declara, no prueba, no convence, no busca absoluci&oacute;n ni veredicto? La poes&iacute;a no rinde o no debe rendir cuentas a la actualidad, la opini&oacute;n, la utilidad, la correcci&oacute;n moral. Cuando lo intenta, se vuelve consigna y su autor se convierte en portavoz y esto puede ser peligroso. Pierde la anomal&iacute;a de la que habl&aacute;bamos. El portavoz representa, habla &laquo;por&raquo;. Cuando el llamado poeta (a veces me abruma esa designaci&oacute;n) se vuelve portavoz, la rareza se corrige, la ambig&uuml;edad se explica, el exceso se poda. &nbsp;Y justo ah&iacute; el poema se me cae de las manos, a no ser que sea la <em>Il&iacute;ada </em>o la <em>Divina comedia</em>... Cuando el poeta se vuelve portavoz, el cuerpo se sustituye por argumento, el ritmo por intenci&oacute;n, la escucha por mensaje. &iquest;De qu&eacute; es testigo este poema en concreto que origina tu pregunta? No de un hecho &uacute;nico. Es testigo de la convivencia obscena de lo sagrado, lo violento y lo &iacute;ntimo. Creo muy de veras que es crucial la l&iacute;nea &uacute;ltima de &ldquo;Testigo&rdquo;, la que dice &laquo;<em>despu&eacute;s compro leche, escribo a mi hermano, quemo alcohol en mi vientre&raquo;.</em><em> </em>&nbsp;Y as&iacute; lo considero no porque sea culminaci&oacute;n, puesto que en otros poemas subsiguientes contin&uacute;a el desarrollo y lo alborota.&nbsp; &ldquo;Testigo&rdquo; no termina con revelaci&oacute;n, termina con cuidado m&iacute;nimo, gesto dom&eacute;stico, autodestrucci&oacute;n silenciosa. El testigo no sale purificado. Sale marcado. El poema ense&ntilde;a que ser testigo no eleva, erosiona. Este poema es testigo de lo que ocurre cuando mirar no basta, pero callar ser&iacute;a peor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esta &uacute;ltima frase quiero que me sirva de bisagra porque esta respuesta tiene una segunda parte. Por supuesto que hay una poes&iacute;a testimonial que valoro. Si el poder tambi&eacute;n organiza el lenguaje, la sintaxis social y las formas de narrar lo real, si el lenguaje es estructura de poder y la poes&iacute;a experimental interviene el lenguaje, entonces experimentar con &eacute;l puede ser una cr&iacute;tica del valor dominante, una desestabilizaci&oacute;n de las categor&iacute;as y una producci&oacute;n de nuevas formas de percibir. Y aunque no sea experimental, igualmente tiene cabida en mi valoraci&oacute;n, aunque yo no la practique. La poes&iacute;a de Roque Dalton, por ejemplo, o la de M. NourbeSe Philip y su reescritura de archivos de esclavitud (<em>Zong!</em>), o la poes&iacute;a feminista, y otras muchas. Lo que aqu&iacute; pretendo decir es que la poes&iacute;a que experimenta no dice pol&iacute;tica, pero cambia las condiciones de lo decible, puede no ser pol&iacute;tica en su intenci&oacute;n tem&aacute;tica, pero dif&iacute;cilmente es apol&iacute;tica en su operaci&oacute;n formal, porque toda intervenci&oacute;n en las estructuras del lenguaje implica una intervenci&oacute;n en los modos en que la realidad social puede ser pensada, percibida o articulada. No debemos olvidar que Paul Celan emplea el lenguaje despu&eacute;s del genocidio, y en su obra la palabra es un resto hist&oacute;rico. El exclusivismo no conduce a nada, &iquest;no crees?</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a ocurre solo cuando el lenguaje deja de ser puro veh&iacute;culo y se vuelve acontecimiento sonoro y perceptivo&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Todo es susceptible de ser poes&iacute;a?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Desde una perspectiva te&oacute;rica, casi todo puede ser susceptible de volverse poes&iacute;a en la medida en que el lenguaje &mdash;o incluso la experiencia&mdash; sea sometido a una operaci&oacute;n de forma, ritmo y significaci&oacute;n que lo desplace de su uso meramente informativo hacia una producci&oacute;n est&eacute;tica y simb&oacute;lica; lo que no implica que todo sea poes&iacute;a por s&iacute; mismo, sino que puede devenirlo bajo ciertas condiciones formales. La poes&iacute;a no crea necesariamente materiales nuevos. Intensifica la relaci&oacute;n con los materiales.<strong> </strong>Todo puede ser poes&iacute;a porque todo puede entrar en ritmo, cuerpo y sonoridad, pero la poes&iacute;a ocurre solo cuando el lenguaje deja de ser puro veh&iacute;culo y se vuelve acontecimiento sonoro y perceptivo. La poes&iacute;a ser&iacute;a el lugar donde el lenguaje deja de ser solo herramienta y se vuelve acontecimiento ontol&oacute;gico: un punto donde ser, cuerpo, tiempo y sonido se cruzan antes de estabilizarse en significado.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La belleza no ser&iacute;a perfecci&oacute;n. Ser&iacute;a el lugar donde el orden y la grieta se hacen visibles al mismo tiempo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&laquo;&iexcl;Ah, la belleza! &iexcl;Cu&aacute;nto en su nombre y cu&aacute;nto en vano!&raquo;. &iquest;Qu&eacute; es para usted eso mismo, la belleza?</p>
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<p>-La belleza no es algo frecuente en mi escritura, al menos no como como enunciaci&oacute;n. Cuando aparece no se trata del adorno, sino del acontecimiento. A veces tambi&eacute;n surge como burla. En este caso concreto, el poema trata de algo que surge con una intensidad que excede su utilidad, una experiencia de resonancia entre mundo y cuerpo. Habla m&aacute;s de experiencia que de concepto. En un momento de ese poema se dice: &laquo;La elipsis es bella [<em>&hellip;</em>] el todo sin alguna de sus partes&raquo;.<em> </em>Esto rompe la idea cl&aacute;sica de la belleza como proporci&oacute;n perfecta. Aqu&iacute; la belleza tambi&eacute;n supone falta, corte, ausencia, &laquo;incomplitud&raquo;. La belleza no ser&iacute;a perfecci&oacute;n. Ser&iacute;a el lugar donde el orden y la grieta se hacen visibles al mismo tiempo. Habl&aacute;bamos hace un minuto de la derivaci&oacute;n<strong> </strong>humor&iacute;stica y aqu&iacute; me parece evidente cuando la perfecci&oacute;n est&aacute; incompleta y la totalidad se ve necesitada de la falta, de la escasez. Al fondo late el abuso cultural. Pero, insisto, no es un tema habitual de mi escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Considero a Lorca una de las cumbres po&eacute;ticas de todos los tiempos; y a sus pros&eacute;litos, un aburrimiento enorme&rdquo;</p>
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<p>-&iquest;Qu&eacute; tiene de malo &laquo;el comp&aacute;s lorquiano&raquo; como para tener que &laquo;escabullirse&raquo; de &eacute;l?</p>
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<p>-Me han preguntado varias veces por este asunto. Remite a un verso del primer libro, <em>Y una sospecha, como un dedo</em> que dice: &laquo;Hay que escabullirse del comp&aacute;s lorquiano y de sus telurismos del alma asomada a la baranda&raquo;. Me fascina Lorca, contin&uacute;o ley&eacute;ndolo cada cierto tiempo. Lo que me empalaga son los ep&iacute;gonos, la inmensa corte de imitadores y toda esa atm&oacute;sfera que en Lorca es una genialidad, pero, no siempre pero s&iacute; a menudo, en sus &eacute;mulos suena a falta de imaginaci&oacute;n. Im&aacute;genes tipo &laquo;la tarde sangra despacio por la boca de los olivos&raquo;, &laquo;un lim&oacute;n abierto ilumina el miedo&raquo;, &laquo;la luna afila cuchillos en la espalda del r&iacute;o&raquo;, &laquo;el aire trae un olor a boda rota&raquo;, &laquo;el sol duerme sus heridas dentro de tres naranjas&raquo;. Estas im&aacute;genes acabo de escribirlas a vuela pluma. &iquest;No ser&iacute;as capaz tambi&eacute;n t&uacute;, Esther, de hacer una retah&iacute;la parecida a la m&iacute;a? A eso me refiero, pero que conste que considero a Lorca una de las cumbres po&eacute;ticas de todos los tiempos; y a sus pros&eacute;litos, un aburrimiento enorme.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;En mi regreso a la poes&iacute;a buena parte de culpa la tuvo el cansancio de la cr&iacute;tica, a la que me dediqu&eacute; durante d&eacute;cadas&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Usted public&oacute; su primer libro a los 58 a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo sabe un poeta cu&aacute;ndo es el momento de publicar?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Mi primer libro de poes&iacute;a lo escrib&iacute; con 18-19 a&ntilde;os. Se llamaba <em>La espalda de enero</em>. Luego sigui&oacute; otro que no finalic&eacute;. A tan temprana edad tuve la clarividencia de guardarlos en un caj&oacute;n, y en alguno deben andar. Consider&eacute; que era mejor leer que escribir. Y ah&iacute; empez&oacute;, y no ha terminado, mi feroz y casi compulsiva dedicaci&oacute;n a la lectura de poes&iacute;a. Adem&aacute;s, aquellos dos libros eran muy malos. Luego entr&eacute; en la universidad y mi trabajo me oblig&oacute; a otro tipo de escritura, la acad&eacute;mica. Volv&iacute; a la poes&iacute;a a los 58 a&ntilde;os tal vez por azar, o tal vez no. Pero s&iacute; tengo claro que en mi regreso buena parte de culpa la tuvo el cansancio de la cr&iacute;tica, a la que me dediqu&eacute; durante d&eacute;cadas. Despu&eacute;s de publicar ocho libros de poes&iacute;a, ya toca ir cerrando ventanas.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Mar 2026 11:27:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el mundo se cuenta a sí mismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-el-mundo-se-cuenta-a-si-mismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JAVIER_ECHALECU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Sin noticias del mundo animal </em>(Mr. Griffin Editor), segundo libro de Javier Echalecu, compuesto por m&aacute;s de cuarenta relatos breves donde conviven la ficci&oacute;n h&iacute;brida y el relato ensay&iacute;stico, es un libro que no se acomoda. Entra sigiloso y, sin embargo, en cuanto el lector baja la guardia, muerde: muerde la inteligencia, muerde la expectativa, muerde la idea misma de c&oacute;mo deber&iacute;a contarse un relato. Es un atlas &iacute;ntimo del desconcierto que se mueve entre ecuaciones afectivas, absurdos administrativos y objetos que de pronto se cargan de memoria, como si incluso aquello que pasa inadvertido en la vida cotidiana pudiera contener una verdad esencial bajo su aparente insignificancia. Aqu&iacute; no hay f&aacute;bulas, sino fisuras; no hay vocaci&oacute;n de complacer, sino voluntad de desajuste.&nbsp;</p>
<p>Lo primero que llama la atenci&oacute;n es su capacidad para volver inquietante lo familiar. Un perro salchicha, un mordisco, un pelo, un sill&oacute;n de lectura: elementos anodinos que, bajo la lupa precisa del autor, se retuercen hasta revelar su costado absurdo, casi clandestino, como si el mundo operara con un desplazamiento m&iacute;nimo respecto a su eje natural. Esa desviaci&oacute;n funda el tono del libro, un tono que dialoga con Kafka, Bernhard y Lydia Davis, pero desde un territorio propio, dando como resultado una textura tal como si Kafka hubiera tenido acceso a Google, Bernhard usara Excel o como si Davis hubiera trabajado en un ministerio espa&ntilde;ol.&nbsp;</p>
<p>Su escritura <em>observa antes que narra</em>, como si el relato no fuera el punto de partida sino el eco inevitable de una mirada que se despliega sobre los hechos y los deforma con suavidad. Lo fundamental no es el desenlace, sino el trayecto mental que conduce hasta &eacute;l. Es una escritura que no subestima al lector: opera con un humor envenenado con algo parecido a la ternura, una precisi&oacute;n verbal comprometida y capas de sentido que reverberan en la propia mirada del lector durante mucho tiempo despu&eacute;s de su lectura.</p>
<p>El texto inaugural, &ldquo;Acaso un binomio inadmisible&rdquo;, funciona como un manifiesto. En &eacute;l, el narrador imagina &ldquo;dise&ntilde;ar un animal espeluznante, capaz de suscitar en el ser humano un horror casi primitivo&rdquo;, y en seguida precisa que su arma m&aacute;s letal ser&iacute;a &ldquo;la astucia, familiaridad y enga&ntilde;o, as&iacute; como la capacidad de forjar una relaci&oacute;n de confianza&rdquo;. Este binomio -peligro-confianza, voracidad-amistad, horror-familiaridad-, no define tanto a una criatura inventada como a la naturaleza ambigua del ser humano. Desde la primera p&aacute;gina, el libro insin&uacute;a que el monstruo que imaginamos est&aacute; m&aacute;s cerca de nosotros de lo que admitir&iacute;amos. Esa capacidad para sugerir m&aacute;s que concluir es una de sus virtudes principales.&nbsp;</p>
<p>En otros relatos, la escritura adopta la forma de encuestas, estad&iacute;sticas, anuncios publicitarios o ecuaciones. Echalecu permite que el mundo se cuente a s&iacute; mismo, como si hubiera descubierto un estilo tan propio como invisible, capaz de camuflarse en los lenguajes de la realidad. Un texto puede ser un formulario de satisfacci&oacute;n, otro un spot publicitario&nbsp;llegado del futuro, otro una lista de innovaciones tecnol&oacute;gicas dist&oacute;picas. Este desv&iacute;o gen&eacute;rico dota al libro de un car&aacute;cter genuinamente contempor&aacute;neo: no se conforma con lo de siempre, esquiva las rutas conocidas del relato, arriesga, y en ese gesto encuentra su fortaleza.</p>
<p>En &ldquo;Mam&iacute;feros&rdquo;, por ejemplo, el narrador se enfrenta a la idea de que la tecnolog&iacute;a reducir&aacute; el deseo humano, pero la desmonta mediante un humor fronterizo con la parodia: &ldquo;Enfatizadores epid&eacute;rmicos, microventiladores genitales, dedales magnetizados, miniostras frigor&iacute;ficas&hellip;&rdquo;. Una colecci&oacute;n de artefactos tan disparatados como entra&ntilde;ables que promete intensificar la intimidad sin comprenderla. Lo que se parodia no es la tecnolog&iacute;a, sino nuestra compulsi&oacute;n por convertirla en pr&oacute;tesis emocional. El humor no juzga; expone con claridad la fragilidad de aquello que intentamos perfeccionar.&nbsp;</p>
<p>Algo similar ocurre en &ldquo;Intermedio&rdquo;, donde un publicista del futuro recita una lista de productos imposibles: &ldquo;Bombonas de ox&iacute;geno Wallace, lentillas antigravitatorias Don Virgilio, animales flotantes Palmer-Morales&hellip;&rdquo;. La lista es tan excesiva que deja de ser ciencia ficci&oacute;n para convertirse en s&aacute;tira de nuestro presente: la publicidad como idioma total, como forma de pensamiento, como m&aacute;quina capaz de vender incluso nuestra vulnerabilidad.&nbsp;</p>
<p>El libro gana profundidad all&iacute; donde los personajes habitan situaciones minimalistas, pero emocionalmente densas: un hombre que no puede dejar de marcharse, otro incapaz de determinar si es feliz, una onc&oacute;loga que solo existe si se narra. En &ldquo;Alegor&iacute;a 5&rdquo;, un hombre pide convertirse en poliedro y descubre, con desesperante lucidez, que es un poliedro irregular: met&aacute;fora entre humor&iacute;stica y tr&aacute;gica de lo que ocurre cuando el deseo se materializa. En &ldquo;Alegor&iacute;a 8&rdquo;, la concursante que repite &ldquo;Cla-Cla-Cla&rdquo; sin recordar el nombre de Clausewitz convierte el error en un acontecimiento narrativo: fallar tambi&eacute;n es una forma de aparecer.</p>
<p>Una fuerza subterr&aacute;nea atraviesa la obra: la obsesi&oacute;n por la exactitud. En &ldquo;Dos hechos ins&oacute;litos&rdquo;, la repetici&oacute;n matem&aacute;tica de un accidente sugiere una l&oacute;gica m&aacute;s cercana a lo algor&iacute;tmico que a lo humano. En &ldquo;Miniadivinaciones&rdquo;, el futuro pertenece al S&uacute;per Algoritmo. En &ldquo;Sobre la labor de los secretarios&rdquo;, la perfecci&oacute;n de un acta depende de que el tiempo de lectura coincida exactamente con la duraci&oacute;n real de la reuni&oacute;n. El libro explora as&iacute; la frontera entre lo humano y lo metanatural.&nbsp;Con una palabra inventada como Angustiejas es capaz de condensar una emoci&oacute;n heredada, mientras que en &ldquo;Washington Navel&rdquo; convierte el olor de una naranja en v&iacute;nculo astral con el padre. La autoficci&oacute;n entra aqu&iacute; con sobriedad, no para exhibir, sino para reconciliar: el lenguaje inventa realidades, pero tambi&eacute;n las honra.</p>
<p>En definitiva, <em>Sin noticias del mundo animal </em>es un libro valiente. Incomoda con elegancia, emociona sin sentimentalismo y demuestra que la literatura puede seguir arriesgando sin renunciar a la profundidad. En ese riesgo encuentra su verdad: permitir que lo otro -lo que intuimos, lo que se escapa, lo que no se controla- narre por nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Echalecu, <em>Sin noticias del mundo animal</em>, Le&oacute;n, Mr. Griffin Editor, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Mar 2026 11:03:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tierno desmoronamiento social]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-tierno-desmoronamiento-social/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ESTHER_GARC_A_LLOVET_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esther Garc&iacute;a Llovet (M&aacute;laga, 1963) mantiene una s&oacute;lida trayectoria en la narrativa espa&ntilde;ola actual a trav&eacute;s de novelas como <em>Gordo de feria </em>(Anagrama, 2020), <em>Spanish Beauty</em> (Anagrama, 2022) y, sobre todo, <em>Los guapos </em>(Anagrama, 2024), vinculada tanto en lo est&eacute;tico como en lo visual a su nueva entrega, <em>Las jefas</em> (Anagrama, 2026). Ambas est&aacute;n dotadas de una imaginer&iacute;a pop mediterr&aacute;nea, con elementos de turbio realismo m&aacute;gico, que van desde la presencia de los extraterrestres hasta el clima post apocal&iacute;ptico, heredero de obras como <em>Termush </em>de Sven Holm o la &uacute;ltima obra, as&eacute;ptica en su futurismo sovi&eacute;tico, de Ray Loriga.&nbsp;</p>
<p>Eso s&iacute;, Garc&iacute;a Llovet se maneja en terrenos donde el humor, aun dejando sabor met&aacute;lico en la boca, se hace fuerte. Quiz&aacute; m&aacute;s que risas hay iron&iacute;a y m&aacute;s que ternura hay una soledad dom&eacute;stica inabarcable, fruto de la sociedad que, de manera abrupta, se desmorona alrededor de sus protagonistas y hace, por otro lado, que el lector detenga su lectura para contemplar su propio entorno vital.&nbsp;</p>
<p>El protagonista, &ldquo;El primo&rdquo; contempla c&oacute;mo avanza lo salvaje, se arma ante la naturaleza que devora la humanidad. En un resort, en un hotel, en un lugar de paso que nos hace volver, por un instante a <em>Estaci&oacute;n Saturno</em> de Fernanda Garc&iacute;a Lao, novela con la que comparte espacio. &ldquo;El viejo&rdquo;, el turbio contrapeso, pero comprensivo. La extra&ntilde;a forma del agua cuando se coloca, se instala, se desliza: hoteles, repito, en el final de los tiempos, agotados los suministros, no quedan patatas solo hay<em> snacks</em>. El Mediterr&aacute;neo, construido como una frontera irreal, acerca todo a la arena.&nbsp;</p>
<p>Es en la profundidad del interior, donde el calor no se combate, se sobrevive. Ah&iacute; el universo de Garc&iacute;a Llovet vuelve a <em>Los guapos</em>. Lugares que sobreviven a los turistas, que no sabemos si vampirizan o son vampirizados por los turistas: sudor, olores, fluidos. En la plaza del pueblo, un Burger King; comida de rebajas, comida para adolescentes con resaca: kebabs, burritos, helado, chatarra. En el interior, los museos y los pol&iacute;gonos, los mercados y las personas. Viven. &iquest;Qu&eacute; hacen las jefas, las tres chicas en la piscina?, hermanas, primas, m&aacute;s mujeres que chicas, m&aacute;s sensuales que bellas. Trabajan en ellas mismas.&nbsp;</p>
<p>La novela describe un limbo. El limbo donde el personaje infantilizado de &ldquo;El primo&rdquo; crece, se descubre, est&aacute; en el filo del deseo y la sapiencia. Se enfrenta a la arrogancia y la condescendencia de la riqueza malgastada y los bikinis estridentes y muslos de minigolf. Muchas listas, de marcas y lugares. Marca blanca, marca de lujo, mantener el orden, simplificar la vida. Personajes fuera de lugar en un mundo intermedio, demiurgos seductores, t&iacute;as ricas&hellip; una piscina que se llama <em>Cocoon,</em> un personaje de nombre <em>Cicely</em> (Cicely, Alaska, claro).&laquo;Benidorm es el horizonte, como una ciudad de otro mundo o del futuro&raquo;, un verano largo, casi eterno, es un espacio temporal.&nbsp;</p>
<p>Fiestas de la sangre, el vicio, correr, maquilladas, sin fallar, el sudor no es &aacute;cido ni &aacute;lcali. Es un estadio de menopausia acelerada o de adolescente con retraso. La enumeraci&oacute;n de marcas como un reguero, de Bret Easton Ellis pero en castizo, como la pata de conejo. Redox&oacute;n con vodka, como en las canciones de La Costa Brava. &laquo;Ella es tan guapa que parece que lleve banda sonora propia, que cada vez que se pasa la mano por el pelo se oiga el rumor del mar&raquo;. El libro tiene varias partidas de cartas repartidas a lo largo de sus p&aacute;ginas y tambi&eacute;n camareras, personajes reales, que sobreviven a un mill&oacute;n de grados, a 38&ordm; C, cuando nadie en su sano juicio, se mover&iacute;a.&nbsp; La temperatura, en el final del mundo, en el final de los tiempos, aumenta, se degrada: todo se muda, en el desprendimiento de lo eucl&iacute;deo existe un desarme social, un cansancio generalizado. La lluvia, la piscina que colapsa de suciedad y exceso de cloro, el desbordamiento de las ca&ntilde;er&iacute;as, por la ausencia de mantenimiento, la dejadez y la poblaci&oacute;n (escasa o sobredimensionada, todo vale en el apocalipsis social), todo es trasladable, del hotel al clima, del pueblo a los habitantes. Nubes sobre los &aacute;rboles, luces en el fondo de la piscina que empiezan a parpadear por falta de energ&iacute;a justo en el instante que se erigen como el &uacute;nico faro/gu&iacute;a posible.&nbsp;</p>
<p>La aparici&oacute;n de un caballo blanco, una y otra vez, t&oacute;tem y Macguffin a la vez, a&ntilde;adido al recuerdo del inconsciente colectivo como el final amable de <em>Blade Runner</em>, <em>Las jefas</em> puede tener banda sonora de <em>after</em> en un comp&aacute;s electr&oacute;nico o m&uacute;sica de cantante mel&oacute;dico acompa&ntilde;ado por un grupo de karaoke (colectivo tambi&eacute;n). Piscinas y jardines exclusivos, pero abandonados, el centro del pueblo, donde la vida sobrevive, florece, la resistencia del ser humano, sensual, polvoriento, muy despierto, en contraposici&oacute;n con el hotel, la sala con un &aacute;rbol de Navidad en septiembre, el olor a desinfectante que lo impregna todo sin ser ya capaz de limpiar absolutamente nada.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El Primo&rdquo; bebe brandy de una petaca, como un personaje de Raymond Carver mientras las primas consumen productos sin gas, pero caros. No hay nadie tras la m&aacute;scara del asesino, solo la oscuridad, que se derrite como barro arrastrado por las temperaturas del est&iacute;o. Mi reino por un caballo, pero un caballo blanco. Otra lista, la de potenciales jinetes: San Pablo, Ricardo Coraz&oacute;n de Le&oacute;n y Cal&iacute;gula. Al sur del Mediterr&aacute;neo, de la &uacute;ltima plaza civilizada, est&aacute; Murcia. Como volver a ver en el cine <em>La ca&iacute;da del Imperio Romano</em>, con los murcianos como b&aacute;rbaros, como escapar a Canad&aacute; o la Ant&aacute;rtida, en el &uacute;ltimo veh&iacute;culo, el &uacute;ltimo refugio. M&aacute;s que norte, en este caso es Australia, que queda al sur, nuestro sur, el de todos. M&aacute;s que escapar es una huida hacia delante, una caricatura m&aacute;s al proceso, un listado en&eacute;simo de personajes: ven&iacute;amos de los Ramones, Marif&eacute; de Triana, Cardi B, Zidane, Christopher Nolan, Marco Aurelio y Gerry Mulligan para llegar al conde Lequio, Manuel Fraga, la teniente Ripley, Melanie Griffith y Antonio Banderas. Un juego de roles que deja atr&aacute;s a los menos favorecidos, a los due&ntilde;os de negocios sin futuro, a los trabajadores sin trabajo. Los dejan atr&aacute;s, pobres, pero por fin tranquilos. No se trata de dinero, se trata de paz. Dejadnos en paz, por favor.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esther Garc&iacute;a Llovet, <em>Las jefas</em>, Barcelona, Anagrama, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2026 10:41:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yolanda Pantin, un faro en la oscuridad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/yolanda-pantin-un-faro-en-la-oscuridad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/YOLANDA_PANTIN_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Voy al centro del pa&iacute;s peyorativo, / Voy sorteando obst&aacute;culos / dentro de un paisaje innoble, / basurales, bald&iacute;os...&raquo; Con estas palabras comienza el segundo canto de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, el poema &eacute;pico sin hero&iacute;smo que Yolanda Pantin public&oacute; en el a&ntilde;o 2002, ya en plena madurez literaria. All&iacute;, una voz esc&eacute;ptica transita por Caracas durante una accidentada marcha popular &mdash;&laquo;cruzo el pueblo y voy al centro&hellip; a una manifestaci&oacute;n humana&raquo;&mdash; hasta encontrarse con un &iacute;cono de la ciudad: la estatua de Mar&iacute;a Lionza, la deidad aut&oacute;ctona venezolana, cuyo rasgo m&aacute;s vistoso&mdash;adem&aacute;s del tapir que monta a horcajadas&mdash; es que sostiene un hueso p&eacute;lvico de mujer con los brazos extendidos hacia el cielo: &laquo;De ninguna parte me sobrevino una frase / que llegaba con su imagen: el hueso p&eacute;lvico, en alto / que carga una diosa&hellip;&raquo;. Celebra en ese s&iacute;mbolo de lo femenino &laquo;algo que no era autoderogativo&raquo;, en comparaci&oacute;n con lo que llama &laquo;nuestro forcejeo cotidiano&raquo;. En relaci&oacute;n con el &laquo;pa&iacute;s peyorativo&raquo; del primer verso citado, la diosa de piedra descrita como la negaci&oacute;n de aquello que el sujeto plural deroga es una alternativa al caos en el que vive ese <em>nosotros</em>, m&aacute;s adelante identificado como un &laquo;tr&aacute;fago de almas&raquo;. El sujeto expresivo no es otro que la voz de una conciencia que rechaza el enfrentamiento y se articula desde la espiritualidad, en oposici&oacute;n a una opresiva dimensi&oacute;n material &mdash;&laquo;el presente macizo&raquo;&mdash;. La voz po&eacute;tica se alza por encima de la tribu como anta&ntilde;o hicieron los chamanes y las sacerdotisas, igual que un faro en la oscuridad.</p>
<p>Se trata, sin embargo, de una espiritualidad lejos de lo religioso, donde la voz se ha vuelto esc&eacute;ptica despu&eacute;s de un largo recorrido. Desde los poemarios <em>Canci&oacute;n fr&iacute;a </em>(1989), <em>Los bajos sentimientos </em>(1993)<em> </em>y<em> La quietud </em>(1998), la autora nacida en 1954 ha apostado por una expresi&oacute;n despojada de cuanto es superfluo, desmitificando as&iacute; la sacralidad l&iacute;rica de las generaciones de poetas que la anteceden. Relacionado con ese af&aacute;n depurador est&aacute; su disquisici&oacute;n sobre la relaci&oacute;n del poeta con el lenguaje que es una manera de cuestionar su lugar en la cultura. Una estrategia de ese cuestionamiento es la conversaci&oacute;n que sus obras plantean con otros autores, un rasgo de su oficio literario desde los primeros libros. En <em>Correo del coraz&oacute;n </em>(1985) dialoga directamete con las textos de Calder&oacute;n de la Barca, Stefan Zweig e Italo Calvino, entre otros autores. <em>El cielo de Par&iacute;s </em>(1989) es un extenso poema que se desprende del verso incial de la obra m&aacute;s famosa de TS Eliot, <em>La tierra bald&iacute;a </em>(<em>The Waste Land</em>): &laquo;Abril es el mes m&aacute;s cruel&raquo;. Las conversaciones de ambos libros se sintetizan en <em>Poemas del escritor </em>(1989), en donde la reflexi&oacute;n intelectual lleva a cuestionar la naturaleza del arte, as&iacute; como su alcance y posibilidades reales, igual que hace en &laquo;Divagaci&oacute;n III&raquo;: &laquo;Queda el lenguaje / pero es hueco / Queda el sonido de las palabras cuando aman / pero es ruido // (&hellip;) Queda el hombre solo con el verbo / y las cosas en silencio / puras sin palabras&raquo;.</p>
<p>El mismo a&ntilde;o de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, Pantin public&oacute; dos libros m&aacute;s: <em>Poemas hu&eacute;rfanos</em> y <em>La &eacute;pica del padre</em>; ambos remiten al origen, solo que uno busca testimonios en lo cotidiano y, el otro desdobla la voz po&eacute;tica en las edades infantil y adulta para sembrar el relato familiar en lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Ambos refinan las b&uacute;squedas iniciadas en su primer poemario, <em>Casa o lobo </em>(1981), que inaugura la tirantez entre el interior y el exterior que informa el resto de su obra; tirantez que a veces aparece como tensi&oacute;n entre lo familiar y lo <em>unheimlich. </em>Lo <em>unheimlich </em>es el vocablo alem&aacute;n donde Sigmund Freud une lo familiar y el extra&ntilde;amiento; signa el miedo que produce el momento cuando lo familiar, de pronto, se convierte en algo que no lo es. La autora habla con frecuencia de la centralidad que ocupa este sentimiento en sus trabajos; quiz&aacute; el miedo sea una suerte de contracara al asombro natural del oficio po&eacute;tico. En su obra es un extra&ntilde;amiento relacionado con los momentos de p&eacute;rdida en el entorno.</p>
<p>Como la mayor de once hermanos, el papel que cumple en su familia &mdash;seg&uacute;n sus propias palabras&mdash; es el de soporte y de guardiana de los recuerdos. &laquo;En esta casa se amontonan los fantasmas&raquo;, se lee en <em>Casa o lobo</em>: &laquo;Uno les cuenta los cabellos y les adivina, sin cristales, de tanto fantasma que hay por casa&raquo;. Escribi&oacute; el poemario<em> </em>despu&eacute;s de la muerte de dos hermanos en un accidente &mdash;luto al que se a&ntilde;adi&oacute; la p&eacute;rdida de la casa materna&mdash;, durante su etapa formativa en el c&eacute;lebre Taller Calicanto, dirigido por la poeta y narradora Antonia Palacios, entre 1977 y 1982. Por esa &eacute;poca Pantin cofund&oacute; con Miguel y Alberto M&aacute;rquez, Igor Barreto, Rafael Castillo Zapata y Armando Rojas Guardia el Grupo Tr&aacute;fico, que romp&iacute;a con la tradici&oacute;n en virtud de una poes&iacute;a m&aacute;s urbana. El grupo tom&oacute; como lema el verso &laquo;Venimos de la noche y hacia la noche vamos&raquo;, con que Vicente Gerbasi incia <em>Mi padre el inmigrante</em> (1945), obra cl&aacute;sica de la l&iacute;rica venezolana, y lo transforma en &laquo;Venimos de la noche y hacia la calle vamos&raquo;. Aunque los inicios de su carrera est&eacute;n vinculados con los grupos Calicanto y Tr&aacute;fico, con cada libro nuevo que ha publicado Pantin demuestra la singularidad de su voz en el feraz campo de la poes&iacute;a venezolana.</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>El poema es una <em>manifestaci&oacute;n</em> formal</strong><strong>&raquo;</strong></p>
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<p>El &uacute;nico grupo literario al que Pantin siempre ha reclamado afiliaci&oacute;n es el de <em>las</em> autoras. Una muestra de este inter&eacute;s es el ensayo &laquo;Entrar en lo b&aacute;rbaro&raquo;, donde rastrea la po&eacute;tica de las mujeres que la antecedieron en el oficio l&iacute;rico. Se public&oacute; en 2003 como introducci&oacute;n al libro <em>El hilo de la voz: Antolog&iacute;a cr&iacute;tica de las escritoras venezolanas del siglo XX</em> (2003), editado por la narradora Ana Teresa Torres. &laquo;Lo escrib&iacute; para saber de d&oacute;nde ven&iacute;amos, qui&eacute;nes hac&iacute;an las ramas del &aacute;rbol de las madres, qui&eacute;nes nos sosten&iacute;an&raquo;, recuerda Pantin. M&aacute;s all&aacute; de tirar del hilo de la voz para encontrar los asideros de sus propios versos, las indagaciones presentadas en el ensayo le permiten colocar a las poetas del pasado y colocarse ella misma en un lugar espec&iacute;fico de expresi&oacute;n: el de aquellas que han sabido ganarse una voz en el espacio p&uacute;blico a trav&eacute;s de un lenguaje propio. &laquo;Creo en el poema que no se ha escrito&raquo;, afirma en ese ensayo: &laquo;La obra de estas escritoras apunta a esa direcci&oacute;n, el poema no las seduce tanto como su posibilidad o su imposibilidad&raquo;. Con la idea de &laquo;entrar en lo b&aacute;rbaro&raquo;, Pantin se refiere a la necesidad que tuvieron las poetas de afirmarse en su propia voz para entrar al lugar en el espacio p&uacute;blico que deb&iacute;an ocupar.</p>
<p>En el caso de la autora de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, ese lugar es el de la consciencia de la tribu. Por eso la voz en ese poemario es femenina, pues solo una mujer &mdash;y m&aacute;s que mujer, <em>una poeta&mdash;</em>puede aprehender el contrapeso que ofrece la diosa a los discursos grandilocuentes articulados desde el poder. Esa misma voz reaparece con algunas variaciones en <em>Pa&iacute;s </em>(2007), un &nbsp;ejemplo &nbsp;es &nbsp;el &nbsp;poema &laquo;El Mandato&raquo;, en donde se lee: &laquo;T&uacute; me escogiste para hablar por /</p>
<p>nuestros muertos, / los que nacieron a destiempo, sin &aacute;nimo / para acusar los golpes. / En su desbarajuste, / ellos me recuerdan a los potrillos / que hab&iacute;a en la hacienda&hellip;&raquo; <em>Pa&iacute;s </em>est&aacute; lleno de ejercicios como este, donde la tentaci&oacute;n grandilocuente de la expresi&oacute;n po&eacute;tica se matiza con escenas de lo cotidiano. La dicotom&iacute;a entre lo exterior y el mundo familiar indica que sus im&aacute;genes no buscan las grandes diatribas pol&iacute;ticas, sino lo &iacute;ntimo en el contexto de lo nacional.</p>
<p>Hay que tener cuidado con ver en <em>Pa&iacute;s</em> el traslado de lo pol&iacute;tico a la poes&iacute;a. Patin siempre ha mantenido separada la persona que escribe del contenido de su producci&oacute;n literaria. Es cierto que su obra avanza en paralelo a una &eacute;poca de crisis profunda en Venezuela y que ella est&aacute; en el centro de una generaci&oacute;n de poetas cuyo trabajo ha absorbido los cambios de la realidad a medida que la violencia social se ha ido profundizado. Adem&aacute;s, ella siempre se mostr&oacute; cr&iacute;tica de Hugo Ch&aacute;vez y ahora de su sucesor, Nicol&aacute;s Maduro. Esto, sin embargo no es la materia de su producci&oacute;n lietraria. Tiene cuidado de que su postura pol&iacute;tica no pase al texto po&eacute;tico, pues ese desliz lo desvirtuar&iacute;a hasta convertirlo en panfleto. Concibi&oacute; <em>Pa&iacute;s </em>con la idea de hacer una suerte de testamento en el cual se definiera como sujeto individual en el contexto de una realidad en crisis, al tiempo que tambi&eacute;n pol&iacute;tico, por cuanto <em>toda </em>postura p&uacute;blica es en s&iacute; misma pol&iacute;tica. La realidad descrita en <em>Pa&iacute;s</em> no se trata espec&iacute;ficamente de Venezuela, sino del lugar del arraigo y el emplazamiento de los antepasados. En este sentido es iluminador el ep&iacute;grafe de Jorge Luis Borges con que se introducen los poemas: &laquo;No soy yo quien te engendra. Son los muertos&raquo;.</p>
<p>La imagen de los muertos es constante en su obra; lo m&aacute;s interesante es que va unida a la aspiraci&oacute;n de llegar a lo esencial, que ella identifica con el gesto de tocar el hueso. Todo eso se traduce en una po&eacute;tica de lo imprescindible: porque eso justamente es el hueso, lo &uacute;nico verdaderamente importante, lo s&oacute;lido que no se desintegra. Quiz&aacute; sea esa necesidad de depurar al poema de aquello que no es esencial lo que ha permitido la proyecci&oacute;n de su obra m&aacute;s all&aacute; de las fronteras venezolanas.</p>
<p>&mdash;Me gustar&iacute;a entender c&oacute;mo ocurre en ti el poema. No se c&oacute;mo llamarlo, &laquo;ocurre&raquo; quiz&aacute; no sea la palabra indicada, por cuanto parece dejar la mayor parte del trabajo a la casualidad. &iquest;<em>Surge</em>, el poema? &iquest;O te <em>enfrentas</em> a &eacute;l?</p>
<p>&mdash;El poema es una <em>manifestaci&oacute;n</em> formal. Cuando hablo de &laquo;manifestaci&oacute;n&raquo; estoy hablando de misterio mientras que cuando hablo de &laquo;forma&raquo; hablo de un trabajo intelectual. El asunto es que eso que llamamos poema, entre el misterio y el intelecto, ocurre en el lenguaje: una frase que viene con su m&uacute;sica, y en la exigencia de la escritura, como un mandato interior, no te da paz, sino guerra&hellip;</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>Fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&raquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Tienes a otros escritores como asideros conceptuales de tus obras, pienso en <em>Poemas del </em></p>
<p><em>escritor</em>, &nbsp;pero &nbsp;tambi&eacute;n &nbsp;en &nbsp;alg&uacute;n &nbsp;texto &nbsp;de &nbsp;<em>La &nbsp;&eacute;pica &nbsp;del &nbsp;padre </em>&nbsp;y &nbsp;<em>Pa&iacute;s.</em> &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;De qu&eacute;</p>
<p>manera la poes&iacute;a es un di&aacute;logo con otras instancias de la cultura?</p>
<p>&mdash;Lo &uacute;nico que busco es &laquo;lenguaje&raquo;. Fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&hellip; Esa b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una <em>voz</em>&hellip;</p>
<p>&mdash;Dos veces a lo largo de tu carrera has publicado tres libros en un a&ntilde;o, la primera vez fue en 1989 y la otra, en 2002. &iquest;A qu&eacute; se debe esto? &iquest;C&oacute;mo trabajaste los poemarios para llegar a ese resultado?</p>
<p>&mdash;Fueron a&ntilde;os de intensa actividad, muy productivos. Y mira que los tres libros del a&ntilde;o 1989 son diferentes entre s&iacute;: <em>La canci&oacute;n fr&iacute;a</em>, <em>Poemas del escritor</em> y <em>El cielo de Paris</em>. El tema es que, en los a&ntilde;os previos a la publicaci&oacute;n, en la asimilaci&oacute;n de lo vivido y de lo le&iacute;do, cuando escrib&iacute;a, iba a la vez por tres carriles diferentes sin mirar a los lados... Con <em>El cielo de Par&iacute;s</em> abrimos en Caracas el Fondo Editorial Peque&ntilde;a Venecia y con <em>La canci&oacute;n fr&iacute;a</em> junto con un poemario de Alberto M&aacute;rquez, compa&ntilde;ero del grupo Tr&aacute;fico, naci&oacute; la editorial Angria. <em>Poemas del escritor</em> es el &uacute;nico de mis libros que fue <em>pensado </em>cuando al reunir escritos que hab&iacute;an quedado &laquo;hu&eacute;rfanos&raquo; se me ocurri&oacute; adjudic&aacute;rselos a un escritor sin nombre, una que no era yo.</p>
<p>Algo parecido ocurri&oacute; en el 2002. Hablo de <em>La &eacute;pica del padre</em> escrito con una vitalidad y una libertad que no he vuelto a sentir, de <em>El hueso p&eacute;lvico</em>, un poema largo dividido en partes que escrib&iacute; casi en trance, despu&eacute;s de que mi amigo y maestro, el poeta Santos L&oacute;pez, me hizo saber que lo que alzaba nuestra diosa venezolana, Mar&iacute;a Lionza en la escultura que la representa, en medio de la autopista que cruza a Caracas de Este a Oeste, era un hueso p&eacute;lvico&hellip; Entonces, vi venir lo que ven&iacute;a. Del &laquo;choque de trenes&raquo; pasamos a &laquo;la batalla de las ideas&raquo;. Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico, etc. El otro libro es <em>Poemas hu&eacute;rfanos</em>. Al final, se cumpli&oacute; la profec&iacute;a, y aqu&iacute; seguimos los hu&eacute;rfanos&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;El inconsciente es implacable&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Igual que hiciste hace dos a&ntilde;os en Madrid, durante el recital que clausur&oacute; tu estancia como</p>
<p>Poeta en Residencia, en &laquo;Memories of war<em>&raquo;, </em>la primera parte de<em> &Eacute;pica del padre</em> explicas que escribiste un poema a Susan Howe &mdash;a quien no conoc&iacute;as&mdash; en el que te confesaste y dijiste lo que llamas tu &laquo;verdad&raquo;, entiendo aqu&iacute; por &laquo;verdad&raquo; tu po&eacute;tica &mdash;en el sentido de la teor&iacute;a de tu pr&aacute;ctica l&iacute;rica&mdash;. Escribes all&iacute;: &laquo;De todo lo que he escrito, el poema inspirado en el nombre de Susan Howe es el que, curiosamente, est&aacute; m&aacute;s cerca de lo que con mucha verg&uuml;enza llamar&iacute;a &ldquo;mi verdad&rdquo;&raquo;. El poema al que te refieres es<em>&nbsp; &laquo;</em>El d&iacute;a que conoc&iacute; a Susan Howe<em>&raquo; </em>y est&aacute; en <em>Los bajos sentimientos</em> (1993). En estos versos es donde m&aacute;s n&iacute;tida encuentro tu po&eacute;tica: &laquo;Yo ven&iacute;a de la guerra [es decir, de un nuevo enga&ntilde;o] /&nbsp; y solo traigo unos poemas / Hay miedo en el dolor / ayer no m&aacute;s dec&iacute;a / y estas palabras para un nuevo encuentro. // Lo importante es invisible para los ojos / porque el odio fluye en un r&iacute;o de sangre&raquo;. Me interesa volver a esto porque han pasado treinta y dos a&ntilde;os desde la publicaci&oacute;n de este poema, y me impresiona que hayas pasado tanto tiempo con un camino trazado tan claro. &iquest;A qu&eacute; atribuyes que tu po&eacute;tica no haya cambiado en todos estos a&ntilde;os?</p>
<p>&mdash;&iexcl;Es la misma persona la que escribe! El inconsciente es implacable. No son tantas las obsesiones y los temas recurrentes en el trabajo de cualquier poeta o escritor. En mi caso uno de esos temas obsesivos es la familia. Cuando le&iacute; que una puede heredar los traumas hist&oacute;ricos o sociales entend&iacute;, m&aacute;s o menos, el origen y la recurrencia de ese turbio trasfondo en mi trabajo. Yo hered&eacute; de los m&iacute;os el trauma de la Guerra de Independencia en Venezuela y el trauma de las guerras federales en el violento siglo XIX. Sobre esa columna que no son sino monta&ntilde;as de p&eacute;rdidas y lamentaciones gira parte de lo que he pensado y escrito. &nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;La escritura es una ganancia&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;&laquo;<em>Memories of war</em>&raquo; es en s&iacute; mismo una declaraci&oacute;n de intenciones en tu literatura y dialoga con un bello ep&iacute;grafe de Joseph Conrad: &laquo;escribir significa conocer el ser en el fracaso&raquo;. All&iacute; la an&eacute;cdota de Susan Howe no se queda en la escritura del poema, sino que avanza hacia una interacci&oacute;n entre ustedes donde ella vincula las obras de ambas a trav&eacute;s de un sentido de lo tr&aacute;gico y de las heridas y te invita a ir al lugar donde da clases, la Universidad de B&uacute;falo, que se alza en las mismas instalaciones donde una vez estuvo De Veaux School, all&iacute; hab&iacute;a estudiado tu padre&mdash;o al menos tu padre del poema&mdash;, antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1939: &laquo;Susan Howe me ha invitado sin saberlo al lugar donde mi padre fue inocente, todav&iacute;a un ni&ntilde;o&raquo;. Dices tambi&eacute;n en el poema: &laquo;Los hombres hablan de la Guerra (&hellip;) Pero hay otras batallas. Y la muerte verdadera&raquo;. Tambi&eacute;n dices: &laquo;Supe lo que fue mi vida, marcada por el hierro&raquo;. Los hombres que hablan de guerras y armas (el hierro) y las mujeres &mdash;Howe y tu, o la tu del poema&mdash; que hablan de las voces que se quedan silenciadas, el amor que se pierde o se abandona y el horror de las memorias de la guerra, como la propia Howe escribe en un correo. El tejido de referencias que expone este poema y el hecho de que all&iacute; hayas hilado la historia del mundo con la historia menuda de la familia es una buena muestra de lo que haces en tu obra: hablar del padre desde la postura de la hija. Y ese padre es el <em>pater familias </em>tanto como el patriarca de la tribu. &iquest;Dir&iacute;as que tu obra es un extenso di&aacute;logo desde los fracasos de la dominaci&oacute;n masculina, en el plano de lo &iacute;ntimo tanto como en el de lo nacional?</p>
<p>&mdash;No lo hab&iacute;a pensado. Puede ser. En el poema &laquo;Bosques&raquo; de ese mismo libro, reunida la familia en un almuerzo, mi padre brinda sobre la suma de las p&eacute;rdidas que fueron tambi&eacute;n las del pa&iacute;s donde crecimos y que al final son nuestras ganancias. La escritura es una ganancia. En el libro <em>Pa&iacute;s</em> hay poemas y partes completas, dedicadas expresamente a desmontar nuestros mitos fundacionales. Los hombres hablan de la guerra, se lee en <em>Memories of War</em>: El desembarco de Normand&iacute;a, el sitio de Stalingrado, el zorro del desierto, &iquest;cu&aacute;ntas conversaciones no escuch&eacute; de mi pap&aacute; con sus primos cuando ni&ntilde;a? Habiendo crecido en un entorno rural supe que hay cosas que las ni&ntilde;as no pod&iacute;an hacer&hellip;y todav&iacute;a&hellip;</p>
<p>Un hito en el impulso de la obra de Pantin fuera de las fronteras de Venezuela fue la publicaci&oacute;n en 2014 de su poes&iacute;a reunida por la editorial Pre-Textos, bajo el t&iacute;tulo <em>Pa&iacute;s.</em> Proyecci&oacute;n que crece a partir del a&ntilde;o siguiente, cuando le fue concedido el Premio Poetas del Mundo Latino &laquo;V&iacute;ctor Sandoval&raquo; en Aguascalientes (M&eacute;xico) y, un lustro m&aacute;s tarde, el Premio Internacional de Poes&iacute;a &laquo;Garc&iacute;a Lorca&raquo; en Granada (Espa&ntilde;a), ambos por el conjunto de su obra; entre uno y otro&nbsp; recibi&oacute; en 2017 el premio Casa de Am&eacute;rica por <em>Lo que hace el tiempo.</em> En mayo de 2023, Pantin pas&oacute; una temporada en Madrid<em> </em>como Poeta en Residencia, el programa de la Residencia de Estudiantes cuyo prop&oacute;sito es favorecer el trabajo de autores consagrados y acercarlos a los j&oacute;venes creadores espa&ntilde;oles; la visita a Espa&ntilde;a permiti&oacute; promover su obra. Su presencia en las antolog&iacute;as de poes&iacute;a publicadas en Espa&ntilde;a es constante desde muy temprano en su carrera. Ya en 1992, el poeta y acad&eacute;mico colombiano Ram&oacute;n Cote Baraibar la incluy&oacute; en la selecci&oacute;n de autores que integraron <em>Diez de Ultramar. Antolog&iacute;a de la joven poes&iacute;a Latinoamericana</em>, publicada por Visor; all&iacute; comparte espacio con el poeta chileno Ra&uacute;l Zurita, el colombiano William Ospina y el mexicano Fabio Mor&aacute;bito &mdash;la &uacute;nica otra venezolana inclu&iacute;da es Mar&iacute;a Auxiliadora &Aacute;lvarez&mdash;.</p>
<p>El mes de junio del a&ntilde;o pasado, el Departamento de Colecciones Especiales de la biblioteca de la Universidad de Princeton abri&oacute; al p&uacute;blico sus archivos personales y literarios, los <em>Yolanda Pantin Papers</em>. &laquo;La invitaci&oacute;n me tom&oacute; completamente por sorpresa&raquo;, comenta la autora: &laquo;Recib&iacute; la solicitud en un momento de mucha fragilidad cuando cargar con mis cajas, y conmigo misma, se me estaba haciendo muy pesado&raquo;. Tan imbricadas est&aacute;n la historia familiar con su literatura que, cuando comenz&oacute; a seleccionar qu&eacute; mandar, no pudo separar las distintas versiones de sus poemas y sus libros de los papeles relacionados con la familia &mdash;las fotograf&iacute;as, cartas y documentos relacionados con los lugares donde creci&oacute; y que hab&iacute;a guardado con el &aacute;nimo de preservar una historia de vida, no la suya, sino la suya en comunidad&mdash;. &laquo;Al enviar todo, me qued&eacute; sin nada&raquo;, cuenta: &laquo;De alguna manera y parad&oacute;jicamente, junto con el env&iacute;o de las cajas con papeles para ser conservados, llev&eacute; a cabo la fantas&iacute;a de hacer una pira en el patio de mi casa para incendiar [simb&oacute;licamente] la memoria&raquo;.</p>
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<p><strong>&laquo;[La] b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una <em>voz&raquo;</em></strong></p>
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<p>El a&ntilde;o antes de que entrara al cat&aacute;logo de Visor <em>Lo que hace el tiempo</em>, el libro con que gan&oacute; el Premio Casa de Am&eacute;rica, la Pontificia Universidad Javeriana de Bogot&aacute; public&oacute; <em>Bellas ficciones</em>. En &laquo;Notas en la nueva casa de Yolanda Pantin&raquo;, el texto que introduce esa publicaci&oacute;n, Santos L&oacute;pez sintetiza dos caracter&iacute;sticas fundamentales del quehacer literario de la autora. Una son las muchas &laquo;fraternidades&raquo; que posee su voz, amplitud que le pemite atravesar varios temas y contenidos; la otra, es &laquo;su fina sensibilidad para sostener un lenguaje que no desprecia nada: desde su potente interioridad hasta la borradura de un pa&iacute;s&raquo;.</p>
<p>La borradura del pa&iacute;s y la potente interioridad encuentran en <em>Bellas ficciones</em> un lenguaje casi luminoso, pues la referencia a lo familiar var&iacute;a un poco de lo hab&iacute;a hecho hasta ese momento. Cambia el registro l&iacute;rico porque la vida misma cambi&oacute;: en 2016, Pantin se convirti&oacute; en abuela de tres nietos. Intr&iacute;nsecamente relacionados con la experiencia personal, los trabajos de la primera parte de su vida cuestionaban la capacidad del lenguaje para nombrar lo importante, en una pugna eterna entre las fracturas en el entorno familiar y la oscura realidad nacional. El imaginario fundacional de aquello es el hogar de sus antepasados, la casa que se alza entre los restos de una vieja hacienda colonial emplazada en las afueras de Turmero, la ciudad ubicada a unos cien kil&oacute;metros al oeste de Caracas, donde Pantin pas&oacute; la infancia y que cada cierto tiempo aparece en sus poemas como una arcadia personal. En el poema &laquo;Rewind&raquo; de ese libro escribe: &laquo;Como una insensata que interroga su suerte, / vuelvo obsecada al pa&iacute;s de Turmero. / Cuadro por cuadro devuelvo la cinta / para ver a mis padres, ancianos, sentados, / buscando respuestas en los noticieros.&raquo;</p>
<p>Como muestra la cita, en <em>Bellas ficciones</em> no abandona Turmero, sino que lo resignifica a partir de la noci&oacute;n de pertenencia, en un espacio m&aacute;s luminoso que sus obras anteriores. Se cierra entonces el ciclo inciado con <em>Casa o lobo</em>, pues se arrojan rayos de luz sobre lo <em>unheimlich </em>de aquella temprana juventud oscurecida por la muerte de los hermanos. Una muestra de este recorrido hacia laluz se encuentra en &laquo;La ra&iacute;z&raquo;, uno de los textos centrales de<em> Bellas ficciones</em>, en donde escribe: &laquo;Esta casa se hizo con los a&ntilde;os / al seguir un orden y ese orden / no es est&eacute;tico. Todo apunta al hueso: / Ha muerto en m&iacute; lo literario.&raquo; Este verso final parece aludir a lo que la autora se&ntilde;alaba antes en esta conversaci&oacute;n sobre c&oacute;mo ha cambiado su relaci&oacute;n con la poes&iacute;a, en donde ya no busca lo que ella llama los &laquo;efectos&raquo; de los primeros textos, sino la sencillez de la expresi&oacute;n. Las im&aacute;genes propuestas en la cita sugieren que la ra&iacute;z de la prosapia se encuentra en el jard&iacute;n de la casa familiar.</p>
<p>Como los huesos y los caballos, el s&iacute;mbolo del jard&iacute;n ha sido frecuente en sus poemas a lo largo del tiempo. El jard&iacute;n reaparece en un poema de su publicaci&oacute;n m&aacute;s reciente, <em>El drag&oacute;n protegido </em>(2021), en donde lo familiar bordea el discurso de lo nacional: &laquo;Todas las puertas / se han ido cerrando. // Una voluntad / que no cede / y busca / descuidos / de los carceleros. // Las puertas de los cuartos, / las del patio, / las puertas de las neveras, / la puerta que comunica / una casa con la otra. // Todas cerradas con candado, / salvo la puerta que abre al jard&iacute;n.&raquo;</p>
<p><em>Bellas ficciones</em>, <em>Lo que hace el tiempo</em> y <em>El drag&oacute;n protegido</em> constituyen un trilog&iacute;a en donde la relaci&oacute;n entre lo po&eacute;tico y el pa&iacute;s est&aacute; presente de forma m&aacute;s socegada, y se profundiza en una po&eacute;tica del extra&ntilde;amiento que en la primera d&eacute;cada del milenio apenas se bosquejaba. Hay algo brutal en su poema &laquo;Exilio&raquo;<em> </em>&mdash;&laquo;Ustedes perdieron un pa&iacute;s dentro de ustedes&raquo;&mdash;, en donde m&aacute;s que la expatriaci&oacute;n material por motivos pol&iacute;ticos, lo que est&aacute; all&iacute; signado es la p&eacute;rdida de los referentes: la expatriaci&oacute;n espiritual&hellip; &iquest;No es esa la condici&oacute;n para que un pueblo se convierta en un &laquo;tr&aacute;fago de almas&raquo;?</p>
<p>El extra&ntilde;amiento que presentan poemas como &laquo;Exilio&raquo; se reconfigura en los tres &uacute;ltimos libros encerr&aacute;ndose definitivamente en la intimidad, como pasa en &laquo;El jard&iacute;n&raquo;, citado aqu&iacute; como muestra de <em>El drag&oacute;n protegido</em>. Los poemarios se escribieron cuando la conflictividad social, la represi&oacute;n pol&iacute;tica, la hiperinflaci&oacute;n, as&iacute; como la escasez de comida y de medicinas fueron las m&aacute;s altas registradas en la historia contempor&aacute;nea de Venezuela. Porque Pantin vive y escribe en el pa&iacute;s que muchos compatriotas dejaron atr&aacute;s, rodeada por el tr&aacute;fago de almas. Su cotidianidad es la del deterioro, lo que explica en gran parte su lenguaje despojado, que apunta a lo esencial y que la convierten en la consciencia de la tribu, una consciencia particualr que recuerda d&oacute;nde est&aacute; el almade las cosas.</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>Hace quince a&ntilde;os, cuando Ch&aacute;vez todav&iacute;a mandaba en Venezuela, le comenz&oacute; a preocupar la concentraci&oacute;n de la totalidad de los poderes estatales entre los miembros del partido de gobierno; entonces recordaba a los intelectuales que la posici&oacute;n que deb&iacute;a serles natural era la de distancia con el poder, proclamaba que el lugar de los poetas, los escritores y dem&aacute;s artistas era el rinc&oacute;n, que solo en el margen hab&iacute;a la verdadera libertad para pensar. Ahora que con Maduro la tendencia a concentrar podres no solo ha llegado al extremo, sino que ha tomado tintes policiales, la sola puerta que se abre al jard&iacute;n en el poema indica que, a veces, el &uacute;nico margen posible es lo que est&aacute; m&aacute;s adentro de las personas. En el contexto de una autoproclamada revoluci&oacute;n &laquo;bolivariana&raquo; que lleg&oacute; al poder con la voluntad de cambiar la memoria nacional a trav&eacute;s de la reinterpretaci&oacute;n de los mitos para su uso y abuso pol&iacute;tico &mdash;principalmente, el personaje del Libertador Sim&oacute;n Bol&iacute;var, protagonista de la Guerra de Independencia&mdash;, lo &uacute;nico que el poder no puede ni podr&aacute; nunca confiscar son los recuerdos personales. Por esa raz&oacute;n sus tres &uacute;ltimos libros trabajan sobre la memoria. El final del poema &laquo;Lo que hace el tiempo&raquo; en la publicaci&oacute;n hom&oacute;nima lo demuestra: &laquo;&mdash;El tiempo para ti / es una boca. // &mdash;Para m&iacute; / es un relato / a pulso / con mi madre llevado // aunque su final / no sea un misterio.&raquo;</p>
<p>Los trabajos que prepara ahora siguen por ese camino. Desde hace unos a&ntilde;os, su madre viuda, que todav&iacute;a vive en Turmero, ha estado haciendo collages. Detr&aacute;s de esos trabajos Pantin intuye historias, as&iacute; que le ha pedido que escoja algunos y le grabe audios donde los explique. &laquo;Son trabajos de una persona mayor, los hace intuitivamente porque su vista no es tan buena como antes ni tiene la mano muy firme, pero all&iacute; cabe toda su memoria, im&aacute;genes de su infancia, el recuerdo de sus padres y de sus hermanos cuando ni&ntilde;os&raquo;, cuenta la poeta. Lo importante aqu&iacute; es el ejercicio que hace la hija de adue&ntilde;arse de esas palabras, que pertenecen tambi&eacute;n a los antepasados. &laquo;Mientras transcrib&iacute;a y editaba los audios, nuestras voces se fueron <em>aunando</em>&raquo;, cuenta: &laquo;Fue un trabajo de escucha profunda para &ldquo;sacar&rdquo; pr&iacute;stina su voz. Ella me permiti&oacute; meterme <em>dentro</em> de su escritura, y yo la voy tallando&raquo;.</p>
<p>La hija que hasta ahora se identificaba como la amanuense de sus parientes y los vecinos del pueblo donde se cri&oacute;, ya no solo copia y pasa a limpio los dictados de los antepasados, se afana en rescatar el hilo de la voz que le viene por la l&iacute;nea materna. Luego lo integra a lo personal, como el arque&oacute;logo que para entender su propio cuerpo busca reconstru&iacute;r por completo la osamenta de un hombre que vivi&oacute; hace siglos. En realidad, hace lo mismo que la estatua de Mar&iacute;a Lionza en Caracas: nos muestra un hueso de mujer. Si escribir para Pantin es registrar lo exterior en c&oacute;digos que son familiares, depurando el lenguaje hasta llegar a la osamenta, aunar la voz &iacute;ntima con la materna sugiere el mismo procedimiento utilizado por los chamanes y las sacerdotisas al principio de los tiempos: llenarse con las palabras de los ancestros para encontrar el camino entre lo material y lo espiritual, con el prop&oacute;sito de iluminar el camino de la tribu.</p>
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<p><strong>&laquo;No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos, yo leo frases</strong><strong>&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&mdash;Venezuela es una herida abierta en tu obra y en la literatura de otros compatriotas. &iquest;Es esa condici&oacute;n problem&aacute;tica, por decir lo menos, la que te impulsa en cada nuevo trabajo? &iquest;Qu&eacute; significa escribir poemas viviendo all&iacute;, cuando muchos familiares, la mayor&iacute;a de tus amigos y compa&ntilde;eros en el hacer po&eacute;tico est&aacute;n fuera?</p>
<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; significa, la verdad. No me lo pregunto. Muchos amigos y amigas se han ido del pa&iacute;s, pero muchos hacemos vida en Venezuela. Nos frecuentamos, nos reunimos. Pero no es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&hellip; No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos yo leo frases.</p>
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<p>&mdash;Un rasgo de tu poes&iacute;a que se mantiene desde tus primeros libros es el anclaje en los or&iacute;genes: los familiares y los nacionales. Sin embargo, tus poemas escapan de lo &eacute;pico, a pesar de que hayas publicado un poemario titulado <em>La &eacute;pica del padre </em>y que la voz en <em>Hueso P&eacute;lvico</em> hable a la tribu. &iquest;Crees que todos los poemas son una manera de interpelar al pasado?</p>
<p>&mdash;No, no lo creo. Esa interpelaci&oacute;n al pasado est&aacute;, sobre todo, en <em>La &eacute;pica del padre</em> y especialmente en <em>Pa&iacute;s</em> y en <em>El hueso p&eacute;lvico</em>. Antes y despu&eacute;s de esos libros pasaron muchas p&aacute;ginas...</p>
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<p>&mdash;Con motivo de la publicaci&oacute;n de tu poes&iacute;a reunida por la Editorial Pre-Textos en 2014 sugeriste que &laquo;Pa&iacute;s&raquo; es la palabra que mejor sintetiza tu obra po&eacute;tica. M&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s, &iquest;sigues pensando igual?</p>
<p>&mdash;Me haces dudar&hellip;</p>
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<p>&mdash;En el pr&oacute;logo de ese libro, Antonio L&oacute;pez Ortega dice que en tu obra se aprecia el &laquo;apetito de desmontaje de la propia operaci&oacute;n po&eacute;tica&raquo; hasta el hallazgo de la epifan&iacute;a, que entonces, s&iacute;, congela la b&uacute;squeda expresiva. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo con esa afirmaci&oacute;n? &iquest;Crees que el lugar del poeta es el vac&iacute;o y su &uacute;nica manifestaci&oacute;n la revelaci&oacute;n?</p>
<p>&mdash;Creo entender lo que dice Antonio. Mi relaci&oacute;n con la poes&iacute;a ha cambiado. Ahora no echo en falta la intensidad de mis <em>efectos</em>. Hablando en serio, el gran poema que se levanta en el relato como una ola y termina con una epifan&iacute;a es &laquo;El alce&raquo; de Elizabeth Bishop. No me canso de leerlo, siempre me sorprende, igual que me sorprende &laquo;El pez&raquo;, otra maravilla de Bishop.<strong></strong></p>
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<p>&mdash;Aunque se publicaron en a&ntilde;os distintos, <em>Lo que hace el tiempo</em> est&aacute; emparentado con el poemario que lo antecede, <em>Bellas ficciones</em>, que a su vez sigue la senda que abriste con tu primer libro, <em>Casa o lobo, </em>en donde desde el mundo interior se observa lo exterior, representado por lo familiar y lo cultural, pero tambi&eacute;n por lo desconocido<em>. </em>Sin embargo,<em> Bellas ficciones</em> y <em>Lo que hace el tiempo </em>son trabajos m&aacute;s di&aacute;fanos, casi me atrevo a decir optimistas. En todo caso hay una enorme espiritualidad. &iquest;De qu&eacute; manera <em>Bellas ficciones</em> y <em>Lo que hace el tiempo</em> se te <em>manifestaron</em>?<em></em></p>
<p>&mdash;Los poemas de esos libros aparecieron de la manera m&aacute;s misteriosa, yo no los esperaba&hellip; En el a&ntilde;o 2014, uno de nuestros &laquo;a&ntilde;os horribles&raquo; venezolanos, nacieron mis tres nietos. Los morochos de Efra&iacute;n, Izzy y Eduardo, nacieron en Dallas, Texas. All&aacute; descubr&iacute; la fotograf&iacute;a. Tom&eacute; y tom&eacute; fotos porque siendo todo nuevo para m&iacute;, todo ten&iacute;a sentido. Marij&iacute; naci&oacute; ese mismo a&ntilde;o en Caracas, unos d&iacute;as antes de que se desatara la locura represiva contra la disidencia pol&iacute;tica en el pa&iacute;s, sobre todo contra los j&oacute;venes. Esos meses que pas&eacute; con Jimena, mi hija, y con su esposo, Manuel, velaba por el nido donde se estaba criando mi nieta.</p>
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<p>&mdash;El caballo est&aacute; presente en casi todas tus obras. En la tradici&oacute;n occidental, este es un s&iacute;mbolo complejo, asociado a los deseos exaltados y las pasiones o a la guerra; en ciertas leyendas antiguas, se les atribuye el poder de la clarividencia. El caballo que aparece en tu obra est&aacute; vinculado a la tierra y los ancestros. Para ti, que ves tu obra desde adentro, con la perspectiva de quien va creando su propio lenguaje &iquest;C&oacute;mo has visto evolucionar este s&iacute;mbolo desde tus primeros trabajos?</p>
<p>&mdash;Son los mismos caballos que aparecen en los poemas de <em>Casa o Lobo</em>, mi primer libro: Buc&eacute;falo, el caballo de Alejandro, que ve&iacute;a en una mancha de humedad en el cuarto que compart&iacute;a con mi hermana Blanca; Gradisco, el campe&oacute;n triple coronado que criaron mi padre y mi abuelo; yo misma cruzando Turmero a caballo mientras los ni&ntilde;os me alertaban con gritos: &iexcl;se acab&oacute; la guerra!&hellip; En <em>El drag&oacute;n protegido</em>, mi &uacute;ltimo poemario publicado, los caballos abren y cierran el libro: uno esclavizado por la doma, y el otro, liberado en la muerte de esa condici&oacute;n.</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>No es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&mdash;En <em>21 caballos</em>, donde el lector espera que resulte central el s&iacute;mbolo, apenas aparecen los caballos, se intuye por all&iacute; su br&iacute;o y se les ve abrevar. Lo importante palpita adentro, es el metatexto que estableces con el cuadro de Kazimir Mal&eacute;vich,<em> La carga de la caballer&iacute;a roja, </em>un raro ejemplo de pintura figurativa para quien pas&oacute; a la historia como el fundador del suprematismo. El asunto que hilvana los poemas parecen ser las relaciones entre la actividad art&iacute;stica (el poema, el cuadro) y el poder, as&iacute; que la clave quiz&aacute; est&eacute; en la cita de Adam Zagajewski con que abres el primer poema, &laquo;Fidelidad&raquo;: &laquo;Viv&iacute;a in&uacute;tilmente leyendo los peri&oacute;dicos / pensando en el enigma del poder / y en las causas de la obediencia&raquo;. Aquella imagen de los caballos de Mal&eacute;vich corriendo, tan peque&ntilde;os entre el cielo y el suelo, &iquest;qu&eacute; te dijo de buenas a primeras sobre el oficio intelectual frente al poder?</p>
<p>&mdash;Tuve el privilegio de ver <em>La carga de caballer&iacute;a roja</em> de Malevich en el Museo de Arte Ruso que queda en la plaza Puskin en San Petersburgo. De ese cuadro me impresion&oacute; su peque&ntilde;a escala, sobre todo frente a otros trabajos suyos. Pero eso no es lo importante. Con Stalin en el poder, Malevich regresa a la pintura figurativa. Ver esos cuadros en la nueva galer&iacute;a Tetrakovich en Mosc&uacute;, me parti&oacute; el alma. El poema &ldquo;Blanco sobre blanco&rdquo;, del libro <em>21 caballos</em>, trata de la locura, y la anulaci&oacute;n del arte por la ideolog&iacute;a. En esas fechas me enter&eacute; por la prensa de la muerte s&uacute;bita de los 21 caballos del equipo de polo &ldquo;La lechuza&rdquo; en Miami. Mi libro no ten&iacute;a todav&iacute;a t&iacute;tulo. Le cont&eacute; la an&eacute;cdota a una amiga, muy buena lectora, y ella me hizo ver que los 21 caballos del equipo de polo eran los 12 caballos de la carga de caballer&iacute;a de Malevich. Veinti&uacute;n veces, uno tras otro, cayeron muertos los caballos. La imagen se me hizo insoportable, tan insoportable como ver a los campesinos sin rostro que pint&oacute; Malevich buscando la bendici&oacute;n de Stalin y de los censores del &laquo;realismo socialista&raquo;.<strong></strong></p>
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<p>&mdash;Igual que en <em>El drag&oacute;n protegido</em>, en <em>Lo que hace el tiempo </em>cierras con una poderosa imagen de un caballo. Me refiero a &laquo;El corneto&raquo;, la coda del poemario; se trata de un recuerdo de tu madre que conviertes en cuento. La presencia de tus familiares en tu obra es constante, pero en el caso de tu madre es muy particular, pues has dicho en varias oportunidadades que eres su amanuense y &uacute;ltimamente, despu&eacute;s de que ella ha ido perdiendo la vista, te has dedicado a trabajar con grabaciones de su voz y collages hechos por ella. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n guarda esto con &laquo;La hora del cuento&raquo;, con que termina <em>Lo que hace el tiempo</em>, y de qu&eacute; manera esto reformula la enorme importancia que el relato &iacute;ntimo y de los antepasados ha tenido en tu obra?</p>
<p>&mdash;Mis &uacute;ltimos tres libros publicados son en verdad uno solo. Se fueron desprendiendo unos de otros, pero es el mismo libro. As&iacute; como yo escuchaba con curiosidad y fascinacion los relatos de mis padres, y de mis abuelas, las historias de sus vidas que eran tambi&eacute;n nuestras historias, en la cadena ancestral, as&iacute; quer&iacute;a distraerlos de la diatriba pol&iacute;tica cada vez m&aacute;s hiriente en Venezuela. Guardo dos fotograf&iacute;as que recogen lo que digo: en una aparece mi madre escuchando lo que alguien le dice por un m&oacute;vil; y en la otra, la misma luz, el mismo encuadre, y el mismo d&iacute;a, est&aacute; mi padre, con el m&oacute;vil, escuchando con absoluta concentraci&oacute;n. &hellip;Es la hora del cuento.</p>
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      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:49:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Núñez de Herrera, en el remolino de las vanguardias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-nunez-de-herrera-en-el-remolino-de-las-vanguradias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/ANTONIO_N_EZ_DE_HERRERA_6.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros que garantizan la fama literaria, pero encasillan a su autor en una jaula tem&aacute;tica. Es el caso de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y su &uacute;nica obra publicada en vida, <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa, </em>editada por el sello Mediod&iacute;a en 1934. Es tal su magnitud estil&iacute;stica y la variedad de ideas sugerentes y modernas que contiene que, hasta fechas recientes, su nombre no era m&aacute;s que la firma de un fascinante libro sobre la gran fiesta sevillana. As&iacute;, en un art&iacute;culo relevante por su precocidad, el cr&iacute;tico de arte Quico Rivas se preguntaba en el n&uacute;mero 5-6 de la revista <em>Separata</em> (primavera de 1981) qui&eacute;n era ese escritor que ten&iacute;a un ensayo de la magnitud del de Eugenio Noel &ndash;<em>Semana Santa en Sevilla</em>, publicado en 1916&ndash; relativo a las procesiones de la capital andaluza. &laquo;&Eacute;l [N&uacute;&ntilde;ez de Herrera] es un ejemplo de supervivencia vanguardista (&hellip;). Como todo buen vanguardista su mayor obsesi&oacute;n es la originalidad. Se acerca al tema intentando eludir los lugares comunes, los t&oacute;picos f&aacute;ciles, las met&aacute;foras y descripciones m&aacute;s manidas&raquo;, asegur&oacute;.</p>
<p>Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera era apenas un nombre sin rostro ni historia, enclavijado en la literatura (generalmente, menor) sobre las cofrad&iacute;as de Sevilla. Sin embargo, el autor que protagoniza este monogr&aacute;fico fue mucho m&aacute;s que eso: desde la periferia &ndash;el profundo Sur: Extremadura, Andaluc&iacute;a&hellip;&ndash; de la Edad de Plata, encarn&oacute; una de las apuestas m&aacute;s firmes por la fusi&oacute;n de la literatura y el periodismo, creando las estampas, g&eacute;nero literario en prosa<strong> </strong>que sobresale por la subjetividad, la cr&iacute;tica social, el &aacute;nimo humor&iacute;stico y la pulsi&oacute;n vanguardista. Su olvido, por tanto, ha sido may&uacute;sculo, similar al de otros prosistas de la &eacute;poca, ahora felizmente rescatados, entre ellos, Manuel Chaves Nogales, con quien el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip; </em>aparece en una instant&aacute;nea durante un almuerzo en la Feria de Abril (<em>Ahora</em>, 27 de abril de 1935). El periodista sevillano era pr&aacute;cticamente conocido hasta hace un par de d&eacute;cadas por ser el autor del libro <em>Juan Belmonte, matador de toros </em>(1935).<em> </em>Hoy, tras el rescate y puesta al d&iacute;a del conjunto de su obra, se ha convertido en una figura fundamental de la narrativa espa&ntilde;ola del siglo XX. La memoria, en fin, tiene estos caprichos.</p>
<p>El libro de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, hoy reconocido como el acercamiento m&aacute;s sustancial al fen&oacute;meno de la Semana Santa, atraves&oacute; d&eacute;cadas de absoluto silencio. Nadie lo rese&ntilde;&oacute; ni habl&oacute; de &eacute;l durante a&ntilde;os. No se encuentran respuestas convincentes a este vac&iacute;o. El autor contaba con una amplia red de contactos literarios, forjada en numerosas contribuciones en revistas y peri&oacute;dicos, y hab&iacute;a sido un activo mediador cultural entre Sevilla y Madrid y entre el grupo Mediod&iacute;a y las vanguardias de la &eacute;poca. Adem&aacute;s, hacia<strong> </strong>diciembre de 1934, cuando se publica <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip;</em>, era un personaje relevante en las letras, el periodismo y la pol&iacute;tica local. Su firma hab&iacute;a aparecido regularmente en una de las cabeceras andaluzas m&aacute;s influyentes &ndash;fue redactor de <em>El Noticiero Sevillano, </em>decano de la prensa hispalense por aquel entonces y con una tirada diaria de quince mil ejemplares&ndash; y en peri&oacute;dicos madrile&ntilde;os &ndash;ejerci&oacute; de corresponsal de <em>El Heraldo de Madrid </em>y <em>La Libertad, </em>en los que registr&oacute; su mirada cr&iacute;tica sobre la Exposici&oacute;n Iberoamericana&ndash; y hab&iacute;a ocupado diversos cargos p&uacute;blicos, desde secretario del primer alcalde republicano a jefe t&eacute;cnico de la reci&eacute;n creada Hemeroteca Municipal.</p>
<p>Asimismo, el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa </em>participaba activamente en numerosos proyectos culturales y literarios &ndash;la revista <em>Mediod&iacute;a</em>, el Centro de Estudios Andaluces, donde ocup&oacute; el puesto de secretario general en su primera junta directiva, la Asociaci&oacute;n de la Prensa, de la que lleg&oacute; a ser bibliotecario&hellip;&ndash; e, incluso, hab&iacute;a logrado algunos reconocimientos literarios en el &aacute;mbito local, como el segundo premio del concurso de art&iacute;culos period&iacute;sticos de la fiesta de los Reyes Magos del Ateneo &ndash;con el poema &laquo;Romance de los magos de Sevilla&raquo;, en diciembre de 1932&ndash; y el galard&oacute;n al &laquo;mejor art&iacute;culo en alabanza de la ciudad de Sevilla&raquo; convocado por el Ayuntamiento y concedido en junio de 1934 al texto &laquo;Aprecio y loa de Sevilla&raquo;, alejado, eso s&iacute;, de su transgresor estilo personal. Por esta &uacute;ltima distinci&oacute;n recibi&oacute; un homenaje al que &laquo;asistieron gran cantidad de amigos, principalmente los elementos literarios y art&iacute;sticos de la ciudad, entre los que el se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez de Herrera goza no solo de la admiraci&oacute;n que sus trabajos merecen, sino del afecto que da la diaria convivencia&raquo;, se lee en la nota publicada por <em>El Liberal</em> (8 de julio de 1934). Es decir, el escritor estaba en todas partes y su libro, en cambio, en ninguna.</p>
<p>Pueden plantearse hip&oacute;tesis dif&iacute;cilmente conclusivas sobre este estricto silencio. Una de ellas, su deriva ideol&oacute;gica. Es cierto que el escritor simpatiz&oacute; con la secci&oacute;n liberal de centroizquierda del Partido Radical que lideraba Diego Mart&iacute;nez Barrio, y que esta fuerza pol&iacute;tica, si bien mayoritaria en la ciudad, nunca cont&oacute; con un &oacute;rgano de prensa estable frente a la patronal <em>(La Uni&oacute;n</em>), los mon&aacute;rquicos (<em>ABC de Sevilla</em>) y la derecha cat&oacute;lica (<em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em>). Solo <em>El Liberal</em> &ndash;el m&aacute;s difundido a comienzos de los a&ntilde;os treinta en Sevilla, con una tirada diaria superior a los cincuenta mil ejemplares&ndash; se mostr&oacute; favorable al nuevo r&eacute;gimen, pese a las reticencias de su hist&oacute;rico director, Jos&eacute; Laguillo, mon&aacute;rquico convencido. Ante este panorama, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera se puso al frente de dos proyectos vinculados a los intereses pol&iacute;ticos de Mart&iacute;nez Barrio: la revista <em>Cr&iacute;tica. Semanario pol&iacute;tico y de informaci&oacute;n, </em>de la que se<em> </em>publicaron cuatro n&uacute;meros entre el 9 y el 27 de abril de 1931, dando cobertura a los trascendentales comicios municipales celebrados el d&iacute;a 12, y el peri&oacute;dico <em>El Pueblo. Diario Republicano de Andaluc&iacute;a, </em>que solo pudo sacar once n&uacute;meros entre el 28 de junio y el 19 de julio a causa de &laquo;las malas artes y las maquinaciones puestas en juego para impedir su salida&raquo;.</p>
<p>Claro que su afiliaci&oacute;n republicana podr&iacute;a explicar el silenciamiento del libro durante la dictadura franquista, pero no antes. Parad&oacute;jicamente, solo hay rastro de algunas charlas p&uacute;blicas en las que, con toda probabilidad, abord&oacute; su trabajo literario. As&iacute;, el 23 de abril de 1932 &ndash;d&iacute;as despu&eacute;s del boicot antirrepublicano a la Semana Santa, roto &uacute;nicamente por la cofrad&iacute;a de la Estrella&ndash;, dio a conocer &laquo;unas vivas Estampas de Semana Santa, resultado de sus apreciaciones sobre cosas, personas y menciones de la ciudad&raquo; en la Tertulia del Arenal con el t&iacute;tulo de &laquo;Un ensayo y unas estampas de la Semana Santa&raquo; y &laquo;Fisonom&iacute;a del nazareno&raquo;. Al d&iacute;a siguiente, <em>ABC de Sevilla </em>destac&oacute; el &eacute;xito de p&uacute;blico de la lectura, donde se &laquo;expuso el resultado de un an&aacute;lisis qu&iacute;mico de nuestra Semana Santa, consumado en su laboratorio particular&raquo;. De igual modo, en el agasajo recibido el 6 de julio de 1934 por la obtenci&oacute;n de un premio period&iacute;stico local, &laquo;el se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez de Herrera (&hellip;), a petici&oacute;n de los asistentes, ley&oacute; unas cuartillas sobre temas sevillanos&raquo;. Finalmente, el 21 de noviembre de ese mismo a&ntilde;o, d&iacute;as antes de la publicaci&oacute;n de la obra, el peri&oacute;dico <em>La Voz </em>inform&oacute; de que el escritor hab&iacute;a dado lectura de su &laquo;pr&oacute;ximo libro&raquo;. Ninguna referencia m&aacute;s. Ninguna posterior a la fecha de salida.</p>
<p>N&uacute;&ntilde;ez de Herrera comenz&oacute; a escribir sobre la Semana Santa para <em>El Noticiero Sevillano y La Libertad </em>de Madrid en 1930, a&ntilde;o en el que las procesiones coincidieron con la celebraci&oacute;n de la Exposici&oacute;n Iberoamericana, inaugurada el 9 de mayo de 1929. Por tanto, <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa</em> es una depuraci&oacute;n estil&iacute;stica de esos textos period&iacute;sticos, la formulaci&oacute;n m&aacute;s lograda de las estampas. Aunque<strong> </strong>la mayor&iacute;a de ellas son creadas <em>ex profeso</em> para el libro, el autor tambi&eacute;n reutiliza los materiales de la prensa reproduci&eacute;ndolos casi de forma literal (&laquo;Explicaci&oacute;n y elogio de Pilatos&raquo;); otras veces, los incluye modificados (&laquo;Cr&oacute;nica de la flor quemada&raquo;, &laquo;Biograf&iacute;a del hombre reivindicado&raquo; y &laquo;Excepci&oacute;n de Juanillo el de la Palma&raquo;); y, en ocasiones, emplea motivos comunes, como la cr&oacute;nica del vuelo del <em>Graf Zeppelin</em> por Sevilla, donde hizo escala el 16 de abril de 1930 (&laquo;&Eacute;pica del dirigible y la torre&raquo;). La obra, en apariencia un ensayo sobre la fiesta sevillana, no trata ni de cofrad&iacute;as ni de religi&oacute;n, sino de la ciudad, en la que supo ver esa identidad en fuga del mundo moderno, ese signo de <em>collage</em> de la vida contempor&aacute;nea: &laquo;La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo [&hellip;]. Es aut&oacute;ctona, aut&oacute;noma y autom&aacute;tica. Nace y crece como una planta. Dura siete d&iacute;as y en ese tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana. Acaba finalmente cuando el postrer nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el &uacute;ltimo n&uacute;mero de <em>El Socialista</em>&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El escritor falleci&oacute; el 23 de julio de 1935 en las playas de Montegordo, en la regi&oacute;n portuguesa del Algarve, adonde se hab&iacute;a retirado d&iacute;as antes para curarse de sus cr&oacute;nicos problemas respiratorios. No vio referenciado su libro en vida en ninguna parte. D&iacute;as antes del deceso, su desesperaci&oacute;n era palpable. El 8 de julio escribi&oacute; a Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s &ndash;a quien hab&iacute;a dedicado tres amplios art&iacute;culos en tono elogioso publicados en <em>El Noticiero Sevillano</em>&ndash; con un ejemplar firmado de <em>Sevilla. Teor&iacute;a y realidad&hellip;</em> En la carta le ped&iacute;a una rese&ntilde;a para el diario <em>La Naci&oacute;n, </em>y explicaba que estaba siendo &laquo;silenciado concienzudamente por la prensa reaccionaria &ndash;es decir por toda la prensa&ndash; de Sevilla&raquo;. No sabemos si el novelista le respondi&oacute;, aunque se ha localizado hasta la fecha nota alguna sobre la obra. Se inici&oacute; as&iacute; un silencio de d&eacute;cadas, magnificado por la Guerra Civil y la construcci&oacute;n cultural de una dictadura que negaba y silenciaba las complejidades y paradojas que presentaba la Semana Santa. Hubo que esperar hasta 1981, cuando Jos&eacute; Luis Ortiz de Lanzagorta reedit&oacute; el libro, perdido en bibliotecas, mercadillos y librer&iacute;as de saldo. R&aacute;pidamente, durante la transici&oacute;n pol&iacute;tica, se convirti&oacute; en la obra fundamental para comprender la dimensi&oacute;n cultural de la Semana Santa y, por extensi&oacute;n, de la ciudad.</p>
<p>Ya en 2015, el editor David Gonz&aacute;lez Romero ampli&oacute; sustancialmente el corpus conocido de los textos de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y le devolvi&oacute; a un espacio literario, period&iacute;stico y vanguardista desconocido. Apoy&aacute;ndose en la digitalizaci&oacute;n de numerosas cabeceras, descubri&oacute; a un autor sumamente creativo y con una trayectoria personal que le situaba como uno de los referentes del movimiento de renovaci&oacute;n de las letras espa&ntilde;olas surgido en las d&eacute;cadas de 1920 y 1930, tal como ya apuntaba Juan Manuel Bonet en su <em>Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a, 1907-1936</em>. En 2018, los firmantes de este texto ampliamos el conocimiento del autor investigando sus claves biogr&aacute;ficas y aportando un importante caudal de textos en la prensa extreme&ntilde;a que explican por qu&eacute; <em>La Gaceta Literaria</em> lo situ&oacute; en enero de 1928 como uno de los autores referenciales de las vanguardias en Extremadura, junto a Enrique Segura, Antonio Otero Seco, Francisco Vald&eacute;s, Antonio Meca o Rom&aacute;n Calder&oacute;n, al tiempo que aparec&iacute;a en las p&aacute;ginas de la publicaci&oacute;n dirigida por Ernesto Gim&eacute;nez Caballero como uno de los animadores del grupo y de la revista <em>Mediod&iacute;a. </em></p>
<p>Precisamente, el papel de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera en la publicaci&oacute;n sevillana del 27 tambi&eacute;n ha estado relegado a las sombras. Nunca ejerci&oacute; cargo directivo alguno y, por lo general, pasa desapercibido en los recuerdos de los escritores vinculados a <em>Mediod&iacute;a</em>. Sin embargo, existen suficientes argumentos para defender su importante desempe&ntilde;o, siendo uno de los autores m&aacute;s prol&iacute;ficos en la trayectoria de la hoja sevillana, con un total de seis colaboraciones, s&oacute;lo por detr&aacute;s de Rafael Porl&aacute;n, Joaqu&iacute;n Romero Murube, Rafael Laff&oacute;n y Alejandro Collantes de Ter&aacute;n, quien le dedic&oacute;, por cierto, unos versos de ra&iacute;z popular con una clara orientaci&oacute;n pol&iacute;tica en 1928: &laquo;Por el sol tiene Triana, / &ndash;&iexcl;qu&eacute; bonita!&ndash; cada d&iacute;a / banderas republicanas, / por la luna tiene el puente / ca&ntilde;ones de artiller&iacute;a&raquo;. La relevante posici&oacute;n del extreme&ntilde;o tambi&eacute;n la reconoce <em>La Gaceta Literaria</em> en sus notas de actualidad literaria, que igual da cuenta de la visita del escritor &laquo;de inc&oacute;gnito&raquo; a Madrid para anunciarles la salida inminente de un nuevo n&uacute;mero (octubre de 1928), que demuestra su papel singular como &laquo;prosista&raquo; y &laquo;ensayista&raquo; dentro del grupo hispalense (1 de junio de 1930). &Eacute;l est&aacute; entre los firmantes de una carta de presentaci&oacute;n &ndash;conservada en el Archivo Jorge Guill&eacute;n de la Biblioteca Nacional&ndash; a los seguidores de la publicaci&oacute;n anunci&aacute;ndoles, en enero de 1933, el inicio de una nueva etapa. Igualmente, las necrol&oacute;gicas que publican <em>ABC de Sevilla</em> y <em>El Liberal</em> lo sit&uacute;an tambi&eacute;n<strong> </strong>como referente de la revista, donde afianz&oacute; su prestigio &laquo;en especulaciones y ensayos&raquo;. &nbsp;</p>
<p>Al margen de su papel en <em>Mediod&iacute;a, </em>conviene detenerse igualmente en el ensayo sobre &laquo;la poes&iacute;a de 1927&raquo; que Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera public&oacute; por entregas en el peri&oacute;dico <em>La Libertad </em>de Badajoz entre octubre y noviembre de ese mismo a&ntilde;o, es decir, antes del homenaje a G&oacute;ngora organizado por el Ateneo de Sevilla, del que saldr&iacute;a la c&eacute;lebre fotograf&iacute;a fundacional de la Generaci&oacute;n del 27. Se trata de la respuesta a las cr&iacute;ticas contra &laquo;la l&iacute;rica moderna&raquo; que ven&iacute;a vertiendo &lsquo;Un bibli&oacute;filo extreme&ntilde;o&rsquo;, pseud&oacute;nimo del erudito, escritor y fil&oacute;logo Antonio Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino, en las p&aacute;ginas de <em>El Correo Extreme&ntilde;o</em>. Envuelto en esta pol&eacute;mica, el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip; </em>sostiene que &laquo;la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del 1927 no tiene nada de dislocada, ni a&uacute;n son frecuentes los versos libres, ni mucho menos los desencuadernados al estilo cubista y ultra&iacute;sta con el que se trat&oacute; de buscar un revulsivo a la &ntilde;o&ntilde;ez cursi, sentimental y sensiblera, que fue el rabo &ndash;engalanado de lazos de percalina&ndash; que nos dej&oacute; el Romanticismo&raquo;.&nbsp; Y a&ntilde;ade: &laquo;Hay s&iacute;, en la poes&iacute;a actual, una atrevida brillantez en las im&aacute;genes, y un vigor y una depuraci&oacute;n en el adjetivo que escandalizan al lector corriente&raquo;.</p>
<p>La disputa, que se prolonga a lo largo de cinco cap&iacute;tulos &ndash;de los que &uacute;nicamente se conservan los tres &uacute;ltimos, fechados los d&iacute;as 4, 13 y 18 de noviembre&ndash; pasa por ser la primera teorizaci&oacute;n y compendio de las claves po&eacute;ticas que definir&iacute;an al grupo. En este sentido, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera percibi&oacute; la existencia de algo novedoso y estructuralmente con sentido en torno al 27 y quiso demostrarlo &ndash;&laquo;&iexcl;con hechos!, no con palabras&raquo;&ndash; con la publicaci&oacute;n de &laquo;un conato de antolog&iacute;a de poes&iacute;a moderna&raquo; en <em>La Libertad</em> de Badajoz. Dicha selecci&oacute;n reuni&oacute; poemas de Alejandro Collantes de Ter&aacute;n (&laquo;Rondel de don Presumido&raquo;), Gerardo Diego (&laquo;Giralda&raquo;), Jos&eacute; Moreno Villa (&laquo;Schola Cordis&raquo;), Rogelio Buend&iacute;a (&laquo;Pescador de estrellas&raquo;), Federico Garc&iacute;a Lorca (&laquo;Prendimiento de Anto&ntilde;ito el Camborio&raquo;), Rafael Alberti (&laquo;Amor de miramelindo&raquo;), Rafael Laff&oacute;n (&laquo;Alegr&iacute;a atl&aacute;ntica&raquo;), Ram&oacute;n de Basterra (&laquo;Eva &uacute;ltima&raquo;), Adriano del Valle (&laquo;Suerte de varas&raquo;), Pedro Salinas (&laquo;El agua que est&aacute; en la alberca&raquo;), Mauricio Bacarisse (&laquo;Diluvio&raquo;), D&aacute;maso Alonso (&laquo;Noche&raquo;), Pedro Garfias (&laquo;Motivos del mar&raquo;) y Joaqu&iacute;n Romero Murube (&laquo;D&eacute;cima&raquo;).</p>
<p>Sin duda, la importancia de esta pionera antolog&iacute;a es sustancial para comprender la forja del grupo po&eacute;tico de 1927 y la contribuci&oacute;n de agentes culturales y revistas literarias perif&eacute;ricas a la conformaci&oacute;n de espacios de encuentro y trasvases de ideas fundamentales a la hora de perfilar las formas de la generaci&oacute;n. Ese protagonismo qued&oacute; rubricado en el c&eacute;lebre homenaje a G&oacute;ngora del Ateneo hispalense, cuya famosa instant&aacute;nea son, en realidad, tres: los reporteros gr&aacute;ficos Juan Jos&eacute; Serrano, &lsquo;Dubois&rsquo;, pseud&oacute;nimo de Eduardo Rodr&iacute;guez Cabezas, y probablemente un tercer fot&oacute;grafo an&oacute;nimo, acaso Pep&iacute;n Bello, que siempre se arrog&oacute; su autor&iacute;a, que<strong> </strong>captaron &laquo;hombro con hombro&raquo; el posado de los poetas para <em>El Noticiero Sevillano</em>, <em>La Uni&oacute;n</em> y <em>El Liberal</em>, respectivamente. Las notas informativas de las cabeceras locales dieron amplia cobertura al contenido de las veladas literarias, recogiendo expresamente la presencia de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y sus compa&ntilde;eros de la revista <em>Mediod&iacute;a</em> entre el p&uacute;blico que asisti&oacute; a la actividad celebrada en el sal&oacute;n de actos de la Real Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s de la capital andaluza. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Queda constancia, adem&aacute;s, de la difusi&oacute;n de los trabajos literarios del escritor extreme&ntilde;o en muchas publicaciones de la &eacute;poca: <em>Meseta, Cosm&oacute;polis, Oromana, Revista del Ateneo de Jerez</em>&hellip; En estas colaboraciones integra el bagaje ultra&iacute;sta y futurista, confecciona ejercicios vanguardistas y aborda la modernidad desde el prisma del surrealismo. Claro ejemplo son los textos que public&oacute; en <em>El Correo de la Ma&ntilde;ana </em>de Badajoz a comienzos de 1925, reci&eacute;n llegado de la guerra de Marruecos, en los que muestra un inter&eacute;s central por lo festivo y lo carnavalesco, por las m&aacute;scaras y el cuestionamiento de los patrones sociales hegem&oacute;nicos. Pone el foco en la risa, el carnaval, lo popular y la alteraci&oacute;n de roles que provoca la fiesta, elementos que atraviesan toda su obra y que est&aacute;n presentes en <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa. </em>Tambi&eacute;n destacan estos trabajos por jugar con las paradojas y buscar flancos de aparente contradicci&oacute;n. No es menos extra&ntilde;o que publicara sus primeros textos sobre la risa en un rotativo cat&oacute;lico integrista &ndash;<em>El Correo de la Ma&ntilde;ana</em>&ndash;<em> </em>y escribiera uno de sus &uacute;ltimos art&iacute;culos pol&iacute;ticos, desde posiciones democr&aacute;ticas liberales, en el suplemento de la revista anarquista <em>Tierra y Libertad </em>de Barcelona,<em> </em>en octubre de 1931.</p>
<p>N&uacute;&ntilde;ez de Herrera busca en todo momento esos espacios de indefinici&oacute;n y travestismo que impiden lecturas simples y maniqueas. Siente una especial predilecci&oacute;n por los anarquistas que dejan de lado el conflicto social para portar los estandartes del SPQR en las procesiones. &laquo;El &uacute;ltimo nazareno s&iacute;<strong> </strong>tiene su historia y su filosof&iacute;a. En pesados art&iacute;culos doctrinales ha le&iacute;do algo sobre Hegel. Tambi&eacute;n sabe que existe la interpretaci&oacute;n materialista de la Historia, pero ahora no se trata de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero, &iexcl;cuidado!, tampoco del Sumo Pont&iacute;fice. Se trata de la Semana Santa&raquo;, escribe en uno de los primeros cap&iacute;tulos de su libro<em>.</em> El humor y la iron&iacute;a son la mejor forma de transitar la modernidad, desde el esc&aacute;ndalo hasta el an&aacute;lisis social poli&eacute;drico. Huye as&iacute; de los convencionalismos sociales y genera nuevos horizontes que son tambi&eacute;n sociales, como ocurrir&aacute; a partir de 1930, cuando hace m&aacute;s patentes sus postulados republicanos-liberales y democratizadores-regeneracionistas. Como ocurre con otros tantos escritores e intelectuales, el final de la dictadura de Primo de Rivera coincidi&oacute; con un per&iacute;odo de repolitizaci&oacute;n de la literatura. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera comienza a dedicar p&aacute;ginas muy cr&iacute;ticas contra los gastos de la Exposici&oacute;n Iberoamericana y contra la historia de corrupci&oacute;n y mal gobierno que ha encaminado al pa&iacute;s hacia la Rep&uacute;blica.</p>
<p>La conjugaci&oacute;n de contradicciones que detecta en lo popular confronta con las &aacute;cidas cr&iacute;ticas que proyecta sobre las &eacute;lites pol&iacute;ticas de la dictadura primorriverista, sobre los terratenientes, sobre la radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y sobre el pistolerismo. En uno de sus primeros textos pol&iacute;ticos, titulado &laquo;M&aacute;quinas de votar&raquo; y publicado el 28 de agosto de 1927 en <em>La Libertad </em>de Badajoz, tiraba de iron&iacute;a para pasar la censura y denunciar la falta de democracia en Espa&ntilde;a en un comentario sobre el maquinismo y la filosof&iacute;a industrial. &laquo;M&aacute;quinas de votar, que ahorran a los padres de la patria el trabajo de levantarse y abrir la boca. Sencillas m&aacute;quinas &ndash;que de ser complicadas acaso no sirvieron para los parlamentos&ndash;. (&hellip;) Hoy, m&aacute;quinas de votar; ma&ntilde;ana, m&aacute;quinas de hacer senadores. Y m&aacute;s tarde, aquella gentil m&aacute;quina de hacer chorizos &ndash;los cerdos entraban vivos por un lado y sal&iacute;an hechos longaniza por otro&ndash;. Y cuando la chacina no nos gustara, &iexcl;marcha atr&aacute;s!, y los chorizos se convert&iacute;an en cerdos vivitos y coleando&raquo;, anota.</p>
<p>Otra caracter&iacute;stica en la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera es la adecuaci&oacute;n de su ritmo narrativo a los imaginarios culturales del momento: la aviaci&oacute;n, la fotograf&iacute;a, el cinemat&oacute;grafo... Por eso escribe &laquo;estampas&raquo;, &laquo;impresiones&raquo;, escenas en movimiento. Tambi&eacute;n escribe &laquo;fintas y teoremas&raquo; a modo de ejercicios de estilo filos&oacute;fico, que son los que presenta en las revistas literarias. El lenguaje es novedoso y ser&iacute;a perfectamente trasladable a un guion cinematogr&aacute;fico formado por escenas inconexas. Es un autor moderno que integra los referentes culturales del momento, propios de la literatura de vanguardia: los dirigibles, las haza&ntilde;as a&eacute;reas, la velocidad, el mecanicismo, el boxeo, la moda, el jazz, las carreras, el cine, los extranjerismos, las masas y las referencias a las vanguardias literarias internacionales. Entrevista al mosquito que vuela por su cuarto, habla con los muertos del cementerio e interroga a su est&oacute;mago. Publica en la segunda etapa de <em>Mediod&iacute;a</em>, en abril de 1933, en una hoja suelta, el mecanoscrito titulado &laquo;Radiograf&iacute;a&raquo;, un texto en prosa con asociaciones libres que sugieren un cierto automatismo, im&aacute;genes irracionales, t&eacute;rminos y expresiones inusuales en el lenguaje po&eacute;tico y pinceladas de humor negro.</p>
<p>Este inter&eacute;s por la modernidad y las vanguardias es proyectado sobre Sevilla. La ciudad, como en el t&iacute;tulo de su &uacute;nica obra publicada, capitaliz&oacute; sus empe&ntilde;os literarios. Ya el 10 de abril de 1926 public&oacute; en <em>La Voz </em>de C&oacute;rdoba un art&iacute;culo criticando los t&oacute;picos generados en torno a la cultura andaluza. No encuentra por ninguna parte la ciudad &laquo;t&iacute;pica&raquo; y &laquo;castiza&raquo;, orientada a reiterar t&oacute;picos para consumo de turistas. Al contrario, su mirada es cr&iacute;tica con toda la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica y toda la exaltaci&oacute;n de la pandereta. En <em>La Libertad </em>de Madrid, en su edici&oacute;n del 13 de noviembre de 1929, habla de las dificultades de escribir sobre Sevilla sin caer en &laquo;leso andalucismo&raquo; y en la &laquo;mara&ntilde;a andaluzoide que mintieron turbios escritores. (&hellip;) [Sevilla] es una ciudad blindada por la literatura. Una dura c&aacute;scara la recubre y la disimula. (&hellip;) Y puesto que los fabricantes de panderetas y cr&oacute;nicas para el mercado les hab&iacute;an ense&ntilde;ado c&oacute;mo se hac&iacute;a una Sevilla que gustara a la gente, comenzaron a edificar una ciudad que no desmintiera a las litograf&iacute;as&raquo;. De igual modo, en el citado rotativo madrile&ntilde;o denuncia el 17 de agosto de 1930 que &laquo;hay una Sevilla que no piensa nada m&aacute;s que en los forasteros&raquo;. Meses despu&eacute;s, el 5 de febrero de 1931, volv&iacute;a a denunciar desde las p&aacute;ginas de <em>El Noticiero Sevillano </em>la &laquo;literatura de exportaci&oacute;n&raquo; y la &laquo;pantomima literaria&raquo; creada en torno a Sevilla. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera act&uacute;a como un alquimista, entiende la ciudad como un laboratorio en el que descifrar los cambios de la modernidad. La ciudad se convierte en un problema a resolver, en un juego inexplicable de tensiones, en una utop&iacute;a posible en la que lo tradicional y lo novedoso se diluyen: &laquo;Bienaventurados los hombres que saben festejar las antiguas tradiciones y los que saben construir dirigibles&raquo;, escribe. &nbsp;</p>
<p>Para N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, la legitimidad pol&iacute;tica republicana descansaba tambi&eacute;n en la cultura popular y el mantenimiento de ritos significativos, aunque su epidermis fuera de tradici&oacute;n cat&oacute;lica y mon&aacute;rquica. Por ello en el seminario republicano que dirige, <em>Cr&iacute;tica, </em>publica<em> </em>antes de las elecciones de abril de 1931 textos relativos a la Semana Santa y las fiestas de Sevilla, pues considera que la hegemon&iacute;a se disputa en estos rituales simb&oacute;licos. <em>Cr&iacute;tica </em>y <em>El Pueblo </em>fueron sus dos proyectos period&iacute;sticos m&aacute;s politizados. En sus p&aacute;ginas subray&oacute; el perfil regeneracionista de la Rep&uacute;blica, acent&uacute;o las cr&iacute;ticas a la monarqu&iacute;a hist&oacute;rica, al caciquismo y a la restauraci&oacute;n borb&oacute;nica. Asimismo, se&ntilde;ala la responsabilidad del rey en el desastre de Annual y en las guerras de Marruecos, que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera experiment&oacute; en sus propias carnes durante el servicio militar. A comienzos de 1931, a las puertas de la Rep&uacute;blica, la prensa nacional anunci&oacute; el lanzamiento de un nuevo rotativo republicano denominado <em>Crisol</em>, donde se inclu&iacute;an firmas de Azor&iacute;n, G&oacute;mez de la Serna, Fernando de los R&iacute;os, Luis de Zulueta, Moreno Villa, Am&eacute;rico Castro, P&eacute;rez de Ayala, Corpus Barga, Salvador de Madariaga, Luis Bello y Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera. Este &uacute;ltimo no public&oacute; finalmente en <em>Crisol, </em>a menos que escribiera con seud&oacute;nimo, posibilidad que no se descarta pero que parece poco probable ya que, por ejemplo, en el debate que mantuvo con Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino sobre la poes&iacute;a del 27 cuestion&oacute; a su interlocutor que escribiera con seud&oacute;nimo.</p>
<p>Tras la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, e iniciadas las reformas del bienio social-aza&ntilde;ista, que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera celebra, critica a quienes, desde la izquierda revolucionaria, estaban atacando la Rep&uacute;blica con el fen&oacute;meno del pistolerismo en Sevilla. En este sentido, deja caer la sospecha en <em>La Libertad </em>de Madrid el 18 de agosto de 1931, con argumentos que tambi&eacute;n sostuvo Diego Mart&iacute;nez Barrio, que el suministro de armas a los obreros estaba siendo fomentado por las derechas antirrepublicanas para sembrar el caos, deslegitimar el gobierno y provocar un cambio en la opini&oacute;n p&uacute;blica para que mirara con nostalgia el r&eacute;gimen anterior. Finalmente, denuncia la medida del gobernador civil, Vicente Sol, de armar al antiguo somat&eacute;n &ndash;con el eufemismo de &laquo;guardia c&iacute;vica&raquo;&ndash; para contener el pistolerismo. &laquo;Los anarquistas son mon&aacute;rquicos o los mon&aacute;rquicos son anarquistas&raquo;, es decir, &laquo;monarquistas&raquo;.</p>
<p>Para el escritor, el origen de los males que sufre la ciudad de Sevilla est&aacute; en el endeudamiento masivo de los consistorios durante la dictadura primorriverista para pagar la construcci&oacute;n de los pabellones y el hotel Alfonso XIII de cara a la Exposici&oacute;n Iberoamericana. La ciudad, en aras de un acto de propaganda dictatorial, se hab&iacute;a endeudado de por vida. Pero no s&oacute;lo la cita internacional fue un agujero negro del gasto municipal. Tambi&eacute;n centr&oacute; las ocupaciones de un consistorio que no supo dar respuesta a las decenas de millares de obreros que llegaron a la ciudad para los trabajos de la Exposici&oacute;n y se asentaron en barrios del extrarradio sin servicios y sin una perspectiva laboral una vez concluidos los festejos. La Exposici&oacute;n Iberoamericana fue un polvor&iacute;n que explot&oacute; en el conflicto social de la II Rep&uacute;blica. La deuda municipal y su af&aacute;n por atraer turistas y personajes de renombre hab&iacute;an provocado problemas de vivienda, de trabajo, de higiene y hasta de calidad en las aguas, lo que justificaba el viraje de amplios sectores hacia posiciones republicanas. El 7 de febrero de 1931 denunci&oacute; la deuda injusta contra&iacute;da con los fastos patri&oacute;ticos en las p&aacute;ginas de <em>La Libertad </em>de Madrid. El adeudo convirti&oacute; Sevilla, &laquo;oficialmente, en una ciudad de r&eacute;gimen econ&oacute;mico excepcional, (&hellip;) como multada en sus ciudadanos la culpa de sus regidores&raquo;. La prensa extreme&ntilde;a primero, y la<strong> </strong>madrile&ntilde;a despu&eacute;s, es un punto de escape para N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, para expresar sus cr&iacute;ticas sin el peso de la atm&oacute;sfera local. As&iacute;, en noviembre de 1927, alertaba en las p&aacute;ginas de <em>El Heraldo de Madrid </em>que la prensa sevillana &laquo;est&aacute; muy bien ocupada en tocar aires nacionales y serenatas galantes como conviene al mejor &eacute;xito del Certamen Iberoamericano del que son ediles y juglares&raquo;.</p>
<p>Durante sus primeros a&ntilde;os en Sevilla, compatibiliz&oacute; el trabajo en Correos con la colaboraci&oacute;n eventual en la prensa extreme&ntilde;a y en revistas literarias. Esta circunstancia no agrad&oacute; a sus superiores. La Jefatura de Correos de Sevilla le abri&oacute; expediente el 11 de junio de 1929 porque &laquo;trae libros y cuartillas a la oficina y, burlando la vigilancia de los jefes, se dedica a leer y a escribir&raquo;. Sin embargo, dio el salto al periodismo profesional con la Exposici&oacute;n iberoamericana, al convertirse en corresponsal, desde noviembre de 1929, para <em>La Libertad </em>de Madrid. A mediados de ese a&ntilde;o, hab&iacute;a comenzado a trabajar como redactor de <em>El Noticiero Sevillano. </em>De hecho, en septiembre de 1929, abre su reportaje sobre el asesinato ocurrido en un nav&iacute;o &ndash;el yate <em>Mary&ndash; </em>que hab&iacute;a cruzado el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico con ocasi&oacute;n de la Exposici&oacute;n Iberoamericana present&aacute;ndose como un redactor novato. A finales de ese mismo a&ntilde;o, se convierte en uno de los engarces de <em>La Gaceta Literaria </em>en Sevilla, donde firm&oacute; cr&oacute;nicas en diciembre de 1929, enero de 1930 y abril de 1930. Es interesante comprobar c&oacute;mo su visi&oacute;n de la cita internacional var&iacute;a en funci&oacute;n del medio en el que publica, siendo m&aacute;s cr&iacute;tico sobre los gastos y las consecuencias socioecon&oacute;micas en la prensa de Madrid. Para <em>El Heraldo </em>y <em>La Libertad </em>prepara textos muy cr&iacute;ticos con los imagotipos de lo andaluz. Pretende mostrar la ciudad que no se ve tras el trampantojo pintoresco: la de los problemas de vivienda, la de la pobreza, pero tambi&eacute;n la popular que escapa a los t&oacute;picos rom&aacute;nticos.</p>
<p>Por eso, cuando el escritor gallego &Aacute;ngel L&aacute;zaro o el periodista franc&eacute;s &Eacute;lie Richard &ndash;redactor jefe de <em>Par&iacute;s Soir- </em>visitan las fiestas sevillanas de primavera, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera ejerce de cicerone at&iacute;pico. Como cuenta el <em>rep&oacute;rter</em> galo en la cr&oacute;nica de su viaje por Sevilla, publicada en la prestigiosa publicaci&oacute;n parisina<em> </em>entre el 14 y el 25 de abril de 1932, el extreme&ntilde;o le mostr&oacute; una ciudad diferente: los barrios de extrarradio, el hacinamiento, la pobreza, la urbe realmente existente y nada pintoresca. Asimismo, tuvieron tiempo para hablar de literatura. Richard reconoci&oacute; el 26 de septiembre de 1936, en <em>Les Nouvelles Litt&eacute;raires, Artistiques et Scientifiques, </em>en un art&iacute;culo sobre el asesinato de Federico Garc&iacute;a Lorca, que fue su anfitri&oacute;n sevillano quien le descubri&oacute; al poeta y dramaturgo granadino.</p>
<p>La obra completa de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera que editamos en 2018 David Gonz&aacute;lez Romero, C&eacute;sar Rina y Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n sigue abierta a nuevos descubrimientos. Confiamos en que el proceso de digitalizaci&oacute;n emprendido por las administraciones vaya aportando nuevos textos, tambi&eacute;n en el desarrollo de investigaciones abiertas en torno al personaje. Sin embargo, hay vac&iacute;os en su corta pero intensa trayectoria de escritor que est&aacute;n condicionados por la p&eacute;rdida, presumiblemente irreparable, de las publicaciones. Por ejemplo, no tenemos noticias de nuestro autor entre mayo de 1925 y julio de 1927. En alguno de esos meses dar&iacute;a el salto de <em>El Correo de la Ma&ntilde;ana </em>a <em>El Liberal, </em>ambos de Badajoz, pero sus ejemplares se han perdido. Tampoco se conocen los dos primeros pliegos del debate mantenido con Antonio Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino en torno a &laquo;la poes&iacute;a de 1927&raquo;. No se conservan los ejemplares de octubre de ese a&ntilde;o donde se publicaron los dos primeros art&iacute;culos. Sucede igual con los textos entre finales de 1927 y 1929, cuando no existe motivo documentado que justifique que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera dejara de publicar en esas fechas. Deseamos que el tiempo y el trabajo de investigaci&oacute;n contin&uacute;e aportando m&aacute;s escritos y m&aacute;s referencias de su trayectoria vital, art&iacute;stica y pol&iacute;tica.</p>
<p>Sin embargo, como se puede comprobar en este cartapacio de <em>Turia,</em> no es poco lo que ya se sabe. En estas p&aacute;ginas N&uacute;&ntilde;ez de Herrera trasciende de los l&iacute;mites tem&aacute;ticos de la literatura cofrade y de las fronteras de la ciudad de Sevilla para presentarse como modelo de una generaci&oacute;n que, adem&aacute;s de la poes&iacute;a, ejerci&oacute; ampliamente la prosa y que encauz&oacute; el impacto de su literatura en peri&oacute;dicos y revistas, m&aacute;s din&aacute;micas y &aacute;giles que los libros. La trayectoria de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tambi&eacute;n nos muestra la importancia que tuvo la sociabilidad en la gestaci&oacute;n de un espacio de experimentaci&oacute;n vanguardista y de autoafirmaci&oacute;n generacional conocido como grupo o generaci&oacute;n del 27. Dicha hornada no fue el resultado exclusivo de una serie de encuentros casuales en Madrid, sino que se confeccion&oacute; tambi&eacute;n en colectivos y publicaciones surgidos en la periferia. Sirva tambi&eacute;n este cartapacio para ampliar la n&oacute;mina de heterodoxos andaluces con un personaje que hizo del laberinto urbano de Sevilla un laboratorio creativo para comprender las transformaciones globales de la modernidad.</p>
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      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:48:42 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Juan Manuel Bonet: “Lo más importante que me enseñó mi padre fue a leer las artes de forma interconectada”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-manuel-bonet-lo-mas-importante-que-me-enseno-mi-padre-fue-a-leer-las-artes-de-forma-interconectada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/JUAN_MANUEL_BONET_5.jpg" alt="" /></p>
<p>La casa de Juan Manuel Bonet (Par&iacute;s, 1953) y su esposa la historiadora del arte polaca Monika Poliwka es un reflejo de dos vidas enteras dedicadas al arte. Es un luminoso piso en una casa antigua cercana al templo de Debod en Madrid donde se apilan, ya con grandes dificultades de espacio, libros, centenares, miles de libros, que han rebasado las estanter&iacute;as y brotan del suelo en pilas y pilas que hacen del deambular por ciertas habitaciones y pasillos un ejercicio de funambulismo. Por no hablar de las obras de arte, cuadros y esculturas detr&aacute;s de las cuales hay siempre una historia, una historia de amistad, una historia de admiraci&oacute;n, una historia familiar&hellip; Muchas de las joyas bibliogr&aacute;ficas que esperan una mirada curiosa en pasillos y estudios proceden de una de las aficiones m&aacute;s gratas, casi obsesivas, de nuestro interlocutor: recorrer en todas las ciudades a las que viaja por el mundo todos los mercadillos, rastros, mercados de las pulgas, librer&iacute;as de viejo y toda suerte de espacios donde la paciencia, y el conocimiento puedan dan lugar a encontrar esa primera edici&oacute;n, ese libro dedicado por alguna figura clave de la vanguardia europea. Porque la palabra vanguardia va unida de manera completa, como si fuera un sin&oacute;nimo de su nombre propio, a la carrera de Bonet, incluso m&aacute;s all&aacute; del hecho de ser el autor de una de esas obras fundamentales para entender el arte de nuestro pa&iacute;s: el c&eacute;lebre <em>Diccionario de las Vanguardias en Espa&ntilde;a (1907-1936)</em> fundamental para entender el reflejo de los movimientos art&iacute;sticos en nuestro pa&iacute;s en los albores del siglo XX.</p>
<p>Hacer un listado de las exposiciones comisariadas por &eacute;l a lo largo de su trayectoria ser&iacute;a llenar con creces las p&aacute;ginas dedicadas a esta entrevista. Se podr&iacute;a decir que en esa lista todos los ismos han tenido su lugar, como lo han tenido muchos de los artistas de su generaci&oacute;n. Lo mismo cabe decir de los artistas a los que ha dedicado trabajos monogr&aacute;ficos, baste con se&ntilde;alar algunos: Juan Gris, Ram&oacute;n Gaya, Gerardo Rueda, Modesto Ciruelos, Jos&eacute; Manuel Ballester&hellip; Artistas como Picasso, Morandi, Tarsila do Amaral, Henri Michaux, Esteban Vicente, Caneja, Manolo Millares o Dis Berlin se encuentran entre aquellos a los que ha dedicado muestras retrospectivas. Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, Cansinos Assens o Joan Perucho, entre los nombres de los que ha firmado ediciones cr&iacute;ticas.</p>
<p>Pero, sin duda, su nombre quedar&aacute; ligado para siempre al <em>Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a</em>, un exhaustivo trabajo, publicado en 1995, impagable a&uacute;n hoy en d&iacute;a para conocer la situaci&oacute;n del arte en Espa&ntilde;a relacionado con las vanguardias hist&oacute;ricas en el primer tercio del Siglo XX. Como escribi&oacute; el galerista Guillermo de Osma en la introducci&oacute;n del libro: &ldquo;La exhaustiva investigaci&oacute;n de Juan Manuel Bonet, basada fundamentalmente en la revisi&oacute;n de las fuentes originales, sintetiza todo el conocimiento que tenemos de esta &eacute;poca, rellenando lagunas y aclarando muchas zonas oscuras, identificando a sus protagonistas, estableciendo muchas biograf&iacute;as que estaban a medio esbozar, corrigiendo errores que se hab&iacute;an transmitido de unos estudios a otros y aportando gran cantidad de datos in&eacute;ditos&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;creo que una de las grandes virtudes de esta obra y de su autor es su voluntad de objetividad hist&oacute;rica, neutralizando as&iacute; los prejuicios que han existido y todav&iacute;a existen sobre muchos de los protagonistas originados por su ideolog&iacute;a pol&iacute;tica y el bando que tomaron en la guerra&rdquo;.</p>
<p>Un trabajo incansable que tambi&eacute;n ha dado frutos en el terreno de la poes&iacute;a, un g&eacute;nero que comenz&oacute; publicando ya en la treintena con <em>La patria oscura</em>. Una faceta que ha tenido su &uacute;ltima parada hasta ahora en &lsquo;<em>V&iacute;a laberinto</em>&rsquo; que recoge su poes&iacute;a completa junto a los in&eacute;ditos <em>A trav&eacute;s</em> y <em>5 suites</em>.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi legado a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez en Taranc&oacute;n es el sue&ntilde;o de todo coleccionista&rdquo;</strong></p>
<p>Parte de su colecci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y de las obras de arte saldr&aacute;n pronto de la casa. El matrimonio Bonet anda estos d&iacute;as pendiente de esa mudanza gracias a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez, de Taranc&oacute;n, que abrir&aacute; un nuevo espacio para albergar dichas obras. Se trata de una nueva instituci&oacute;n denominada &lsquo;Constelaci&oacute;n vanguardias: colecci&oacute;n y archivo Monika y Juan Manuel Bonet&rsquo;, donaci&oacute;n en la que adem&aacute;s de los donantes y la FAP participan la Diputaci&oacute;n de Cuenca y el Ayuntamiento de Taranc&oacute;n. El nuevo espacio se ubicar&aacute; en la denominada Casa Parada y ser&aacute; un centro de exposici&oacute;n permanente donde se exhibir&aacute; parte de la colecci&oacute;n con una sala dedicada a exposiciones permanente.</p>
<p>El acuerdo ha sido calificado como un sue&ntilde;o por el protagonista. Empezamos la conversaci&oacute;n en este punto, y se ir&aacute; desarrollando tambi&eacute;n como una constelaci&oacute;n pues son tantas las vivencias de quien, adem&aacute;s, ha ocupado cargos importantes en instituciones culturales clave del pa&iacute;s que cada nombre le lleva a abrir un nuevo espacio para el relato y es dif&iacute;cil retomar el punto de partida, cosa que hacemos de vez en cuando sin que muestre el menor cansancio ni desinter&eacute;s por la conversaci&oacute;n.</p>
<p>-Lo de la Fundaci&oacute;n es el sue&ntilde;o de todo coleccionista: que aquello que re&uacute;nes no se disperse. Y en este caso nosotros no hemos ido a buscarlo sino que nos ha venido. El director de la Fundaci&oacute;n, que tiene sedes en Cuenca, Huete, San Clemente y Sig&uuml;enza, vino y nos dijo &lsquo;queremos que seas nuestro siguiente tutelado&rsquo;. Nos habl&oacute; del espacio en Taranc&oacute;n, la Casa Parada, que es un palacio en el que pernoct&oacute; Carlos V en uno de sus viajes. Adem&aacute;s de los espacios expositivos se habilitar&aacute;n dos naves para almac&eacute;n. Estamos definiendo la selecci&oacute;n porque una parte ser&aacute; una cesi&oacute;n y otra una donaci&oacute;n. Para m&iacute; es un sue&ntilde;o, pero tambi&eacute;n necesito acostumbrarme. Yo ahora lo tengo todo aqu&iacute; a la hora de trabajar. Esto acostumbrado a tirar de mi Lorca, de mi Borges y de mi Pessoa y ahora muchas de esas cosas importantes van a estar all&iacute;, a noventa kil&oacute;metros de mi casa. Pero donar&eacute; cosas importantes porque si te ofrecen algo as&iacute; tienes que responder a la altura de las circunstancias.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los n&uacute;cleos fuertes de la colecci&oacute;n est&aacute;n muy relacionados con las vanguardias&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;les son los n&uacute;cleos fuertes de la colecci&oacute;n?</p>
<p>-Hay varios y muy relacionados con las vanguardias. Por ejemplo, en el Ultra&iacute;smo est&aacute;n representados casi todos. Faltan algunas revistas porque son m&aacute;s dif&iacute;ciles de conseguir que los libros. Es un n&uacute;cleo muy fuerte. Otro es el de las vanguardias polacas y de otros pa&iacute;ses del Este. Tambi&eacute;n el de las vanguardias latinoamericanas. En mis viajes a Latinoam&eacute;rica he comprado a destajo lo relacionado con las vanguardias de esos pa&iacute;ses y del exilio espa&ntilde;ol hasta el punto de tener que casi sobornar a los empleados de Iberia por el peso del equipaje [risas]. En Buenos Aires, pero tambi&eacute;n en Caracas, en Chile o en Brasil he comprado algunas de las mejores cosas que tengo. Montevideo es una de mis ciudades favoritas en esto. Hay mucho, mucho y todav&iacute;a encuentro cosas. El otro d&iacute;a abr&iacute; una caja y encontr&eacute; un cat&aacute;logo de Antonin Artaud del a&ntilde;o 47 bastante raro con un poema manuscrito de mi padre a mi madre. Tambi&eacute;n, un libro de Lorca dedicado a Josep Palau y Fabre, un poeta de la vanguardia catalana, picassiano importante. La noche que yo nac&iacute; mi padre estaba cenando con &eacute;l y con Julio Cort&aacute;zar en Par&iacute;s. Tambi&eacute;n est&aacute;n los primeros libros que compr&eacute; en Par&iacute;s con mi padre. Ahora me doy cuenta de que en el a&ntilde;o 67 pod&iacute;as encontrar, por ejemplo, un libro del a&ntilde;o 28 sin que estuviera considerado libro de viejo, quedaban pecios en esa &eacute;poca. En el cap&iacute;tulo de libros con dedicatorias hay de todo: de Juan Larrea, uno de Pessoa dedicado a Adriano del Valle, otro de Marinetti dedicado a un pintor espa&ntilde;ol, de Jorge Guill&eacute;n, de Breton hay uno de conversaciones dedicado a la revista &Iacute;ndice. Y luego libros dedicados a nosotros de Octavio Paz, de Eugenio Granell, de Arrabal&hellip; Hay tambi&eacute;n una gran colecci&oacute;n de partituras: de Stravinsky, de Falla dedicado a un compositor catal&aacute;n. En fin, hay libros de arte, literatura, poes&iacute;a, arquitectura, m&uacute;sica, fotograf&iacute;a que durante tiempo me costaba escribir de fotograf&iacute;a y ahora cada vez escribo m&aacute;s. En cuanto a obras de arte hay mucho de la generaci&oacute;n de los cincuenta vinculada al grupo de Cuenca, est&aacute;n los geom&eacute;tricos, los del llamado centro de c&aacute;lculo, los Broto, Campano, Sicilia, Dis Berlin&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi padre fue uno de los primeros becarios en Francia de la posguerra espa&ntilde;ola&rdquo;</strong></p>
<p>-Para hacer un repaso de su trayectoria hay que empezar hablando de su padre, Antonio Bonet Correa, por la gran influencia que tuvo sobre usted y la que iba a ser su propia carrera.</p>
<p>&ndash;Efectivamente. Mi padre era hijo de un militar de origen gallego, Jos&eacute; Bonet, y de Asunci&oacute;n Correa Calder&oacute;n que era hermana del escritor Evaristo Correa Calder&oacute;n. Yo nac&iacute; en Par&iacute;s porque mi padre fue uno de los primeros becarios en Francia de la posguerra espa&ntilde;ola. Al principio de su estancia all&iacute; se aloj&oacute;, como ocurr&iacute;a con algunos becarios, no en el Colegio de Espa&ntilde;a sino en la embajada de Cuba, lo que hizo que durante un tiempo acabara siendo secretario particular del embajador de Cuba y as&iacute; conoci&oacute; a Wifredo Lam y a alg&uacute;n poeta cubano. Siempre contaba que Wifredo Lam estuvo en su boda y que les prometi&oacute; a mis padres como regalo un gouache que nunca lleg&oacute; [risas]. Siempre lo contaba. Pero antes de ir a Par&iacute;s, mi padre ya ten&iacute;a Francia en la cabeza. Estaba suscrito a algunas revistas francesas y en concreto sus primeros art&iacute;culos los public&oacute; en el diario <em>La noche</em> de Santiago de Compostela cuando era estudiante. Mi padre firmaba con seud&oacute;nimo una &lsquo;Cr&oacute;nica de Par&iacute;s&rsquo; sin haber estado nunca all&iacute;, hablaba por ejemplo de que se hab&iacute;a inaugurado una exposici&oacute;n de Matisse, o de que se hab&iacute;a publicado un libro de Paul Eluard... Al cabo de un tiempo cumple su sue&ntilde;o se va a Par&iacute;s da clases en la Sorbona y all&iacute; conoce a mi madre que era alumna suya, tambi&eacute;n era hija de militar y estudiante de espa&ntilde;ol en el Instituto de Estudios Hisp&aacute;nicos. Se casan en 1953 y en 1957 vuelven a Espa&ntilde;a.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con 12 a&ntilde;os vi una exposici&oacute;n sobre Apollinaire que me marc&oacute; much&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&iquest;Cu&aacute;l cree que es la ense&ntilde;anza m&aacute;s importante que recibi&oacute; de su padre?</p>
<p>&ndash;Mi padre me ense&ntilde;&oacute; desde el principio a leer las artes como interconectadas. Lo he llevado a rajatabla en todos los sitios donde he estado, he articulado cosas en las que pintura, arquitectura, fotograf&iacute;a, m&uacute;sica, cine y literatura formaban una unidad. Yo empec&eacute; a ver exposiciones con mi padre cuando viaj&aacute;bamos a Par&iacute;s con 12 a&ntilde;os. A esa edad recuerdo que vi una gran exposici&oacute;n sobre Apollinaire que hubo en la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s. Esa exposici&oacute;n me marc&oacute; much&iacute;simo. Vi otra exposici&oacute;n sobre Delacroix en la que estaban muy presentes tambi&eacute;n la literatura y la m&uacute;sica. Recuerdo otra de Morandi, as&iacute; como la primera exposici&oacute;n de arte minimal que hubo en Europa, o una de las primeras y que circul&oacute; por otras ciudades que fue <em>El arte de lo real</em>. Yo tambi&eacute;n le acompa&ntilde;aba de librer&iacute;as tanto en Par&iacute;s como en Perpi&ntilde;&aacute;n. Recuerdo que en Perpi&ntilde;&aacute;n vimos una exposici&oacute;n de Manolo Hugu&eacute;. All&iacute; mis padres conocieron a su viuda y tiempo despu&eacute;s fuimos a verla en Caldas de Montbui, cerca de Barcelona, y fue la primera vez que yo estuve en una casa donde hab&iacute;a picassos. Otra an&eacute;cdota relacionada con mi padre es que era muy amigo de un pintor surrealista catal&aacute;n, August Puch. Un d&iacute;a fuimos a verle y, al terminar la visita, cuando nos volv&iacute;amos a Perpi&ntilde;&aacute;n, nos dijo: por qu&eacute; no os qued&aacute;is y os presento a Marcel Duchamp y mi padre dijo &lsquo;no, no quiero molestarle&rsquo;. Y nos fuimos y cuantas veces le dec&iacute;a: pero c&oacute;mo pudimos perder esa oportunidad. En Par&iacute;s, unas Navidades fuimos a ver al pintor Sergio de Castro y descubr&iacute; que es el Etienne de la novela <em>Rayuela</em>, de Julio Cort&aacute;zar. Algo que a&ntilde;os despu&eacute;s me confirm&oacute; su viuda. All&iacute; conocimos a Cartier Bresson y a su mujer, que tambi&eacute;n era una excelente fot&oacute;grafa. Y a Mar&iacute;a Elena Viera da Silva y su marido. Todo ese roce me fue conformando.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las dos personas que m&aacute;s han influido en mi vocaci&oacute;n son mi padre y Fernando Z&oacute;bel&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y todo eso continu&oacute; en Sevilla, donde su padre fue catedr&aacute;tico de Historia del Arte en la Universidad. Y all&iacute;, por cierto, est&aacute;n sus comienzos y su breve paso por la pintura.</p>
<p>&ndash;All&iacute; empec&eacute; a ir solo a las galer&iacute;as y deb&iacute;an de pensar que era hijo de alguien con dinero porque me llenaban de cat&aacute;logos que muchos hoy en d&iacute;a son piezas de colecci&oacute;n. En Sevilla, escucho la primera conferencia de mi padre sobre surrealismo y otros temas. A esa primera conferencia me acompa&ntilde;a Quico Rivas [1953-2008, tambi&eacute;n escritor y cr&iacute;tico de arte], al que hab&iacute;a conocido en el instituto. &Eacute;l era de las juventudes del PCE, pero se estaba pasando ya a ese otro grupo que se llamaba Acci&oacute;n Comunista. Era la &eacute;poca de Carmen Romero como profesora de franc&eacute;s en el Instituto y as&iacute; vimos por primera vez a Felipe Gonz&aacute;lez. Quico y yo empezamos a pintar juntos y formamos el Equipo M&uacute;ltiple. En ese momento, mi padre era director del Museo de Bellas Artes de Sevilla y trataba much&iacute;simo a Carmen Laff&oacute;n y a Fernando Z&oacute;bel. Son los primeros pintores espa&ntilde;oles que conozco en directo, por decirlo as&iacute;. Si tuviera que decir las dos personas que m&aacute;s han influido en mi vocaci&oacute;n son, primero, mi padre y despu&eacute;s Fernando Z&oacute;bel. Yo trabaj&eacute; dos veranos en el museo de Cuenca del que &eacute;l era director. Expuse un verano, luego tuvimos dos exposiciones en Sevilla. La pintura es una aventura que para m&iacute; dura muy poco. Es una aventura muy culturalista. Nos interesaban los pintores pop del momento o cercanos al pop.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em> fue una escuela para aprender a hacer cr&iacute;tica de arte&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Como Equipo M&uacute;ltiple duran poco pero su historia se sigue recordando. En Sevilla se han celebrado exposiciones conmemorativas del grupo. En cualquier caso, usted abandona completamente la pintura para encaminarse a la cr&iacute;tica de arte.</p>
<p>&ndash;Este verano, en mis <em>excavaciones</em> en la casa de Guadalajara, descubr&iacute; cajas que llevaban d&eacute;cadas sin abrir. All&iacute; encontr&eacute;, entre papeles m&iacute;os, uno en el que dec&iacute;a &ldquo;me gustar&iacute;a ser cr&iacute;tico de arte, pero entiendo que es una profesi&oacute;n que no tiene mucho futuro de modo que voy a orientarme hacia la historia del arte, pero para hacer cr&iacute;tica tambi&eacute;n&rdquo;. Hice Historia del Arte pero no termin&eacute; mis estudios, de modo que soy autodidacta. Hubo tambi&eacute;n un primer episodio en el que, en uno de los veranos de Perpi&ntilde;&aacute;n, descubr&iacute; una revista que se llamaba <em>Arqueolog&iacute;a</em> y me suscrib&iacute;.&nbsp; Entre eso y Tint&iacute;n, que para m&iacute; era muy importante, empec&eacute; a creer que pod&iacute;a ser arque&oacute;logo. Y para que veas lo que me preocupaba entonces la econom&iacute;a ,&ndash; algo raro porque luego no me preocup&oacute; nada y hemos vivido con dificultades muchas veces&ndash; , le&iacute; un reportaje que dec&iacute;a que era una profesi&oacute;n dificil&iacute;sima y que cada a&ntilde;o sal&iacute;an no s&eacute; cu&aacute;ntos arque&oacute;logos pero que se colocaba un 10% y eso me cort&oacute;. Mis padres ya me hab&iacute;an buscado un campamento en Mauritania para hacer arqueolog&iacute;a pero no fui. La pintura dur&oacute; lo que dur&oacute; Sevilla. Y la cr&iacute;tica la empec&eacute; muy joven tambi&eacute;n en Sevilla y tuve un director de peri&oacute;dico extraordinario que se llamaba Jos&eacute; Mar&iacute;a Javierre, era el cura de la televisi&oacute;n. Dirig&iacute;a <em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em> que era el peri&oacute;dico del obispado de Sevilla. Ten&iacute;a unas p&aacute;ginas de literatura que las llevaban varios escritores; unas p&aacute;ginas laborales que las llevaba Comisiones Obreras. Era muy amigo de Ram&oacute;n Carande y de Pilar de Salinas, una arist&oacute;crata emparentada con los Mil&aacute; de Barcelona. Javierre nos dejaba hacer lo que quisi&eacute;ramos. Desde publicar un texto sobre Trostky y el futurismo, a unas cr&iacute;ticas feroces contra el Sal&oacute;n de Oto&ntilde;o que escrib&iacute;.&nbsp; Fue una etapa preciosa. Hicimos m&aacute;s de cincuenta n&uacute;meros del suplemento durante a&ntilde;o y medio o dos a&ntilde;os. Fue una escuela para aprender a hacer cr&iacute;tica de arte. Luego tuvo que pasar un tiempo hasta que naci&oacute; <em>El Pa&iacute;s</em> y yo estuve en el equipo inicial del peri&oacute;dico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que ha salido en letra impresa no lo retoco jam&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y desde muy joven hace compatible esa vocaci&oacute;n con la poes&iacute;a, g&eacute;nero en el que ha publicado varios libros. &iquest;Lo considera un cap&iacute;tulo cerrado?</p>
<p>&ndash;&iexcl;Nooo!, no, no. Espero que no, vamos. Monika te dir&iacute;a que es lo m&aacute;s importante para m&iacute;. La poes&iacute;a tard&oacute; mucho en emerger, por suerte&hellip; Tengo muchos amigos, y es algo que le pasa a todo el mundo en general, que tienden a romper sus primeros libros. Los persiguen, como hac&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y eso sigue pasando. Gimferrer no quer&iacute;a que se viera uno de sus primeros libros. Yo no tengo ning&uacute;n poema que esconder. Todos los que he publicado, salvo quiz&aacute; puede haber alguno del comienzo&hellip; Pero lo que ha salido en letra impresa no lo retoco jam&aacute;s porque empec&eacute; a publicar poes&iacute;a en 1983 con <em>La patria oscura</em>. Ten&iacute;a 29 a&ntilde;os, no es una edad de poeta adolescente, ya has dejado atr&aacute;s muchas cosas. Antes hab&iacute;a publicado un libro de bibliofilia con Antonio Quejido que se titula <em>Ilusi&oacute;n</em>, pero libro propiamente dicho, largo, digamos, empiezo a publicar en un momento en que ya tengo definidas muchas cosas. Despu&eacute;s, cuando he visto la poes&iacute;a reunida en ese tomo tengo una secci&oacute;n previa que son poemas que repesco, que se hab&iacute;an quedado sin publicar, unos que iban a ser un libro titulado <em>A trav&eacute;s</em>, que ten&iacute;an un punto tel-queliano, que ah&iacute; no me reconozco todav&iacute;a mucho, pero los rescat&eacute; y los publiqu&eacute; tal cual y met&iacute; cosas que se parecen ya a <em>La patria oscura</em>. Luego vino <em>Caf&eacute; des exil&eacute;s</em> y, m&aacute;s tarde, los <em>Doce poemas de Pavel Hr&aacute;dok en versi&oacute;n de J. M. B</em>., que es un &nbsp;falso poeta checo que me &nbsp;invento&hellip;</p>
<p>Parte de los libros que iba haciendo eran colaboraciones con pintores m&aacute;s all&aacute; de <em>V&iacute;a Labirinto</em>, que re&uacute;ne mi poes&iacute;a. Por ejemplo, con Miguel Galano hice <em>Cracovia geom&eacute;trica</em>; con Pablo Sycet, <em>Sala de mapas</em> y ahora saldr&aacute; en Renacimiento una antolog&iacute;a m&iacute;a prologada por Juan Marqu&eacute;s y eso me impulsar&aacute; porque tengo prometida a La Veleta, la colecci&oacute;n que dirige Andr&eacute;s Trapiello, <em>Poemas postales</em>. Son 150 postales antiguas y, para cada una, escribo un poema. La primera es la de Saint Sulpice y la &uacute;ltima es de una calle con almendros en flor en Jap&oacute;n. Algunos son viajes imaginarios, pero en la mayor&iacute;a he estado. Mi paleta aqu&iacute; son las postales. Un recorrido por el mundo como yo lo veo. Estar&aacute;n Brasil, &Aacute;frica donde solo he estado en Marruecos&hellip; Ser&aacute; un libro muy viajero.</p>
<p>&ndash;El viaje ha tenido una gran importancia en su vida. Se puede comprobar con a lectura de <em>La ronda de los d&iacute;as</em>, su dietario publicado en 1995. All&iacute; est&aacute;n las ciudades de su vida como Par&iacute;s, Cracovia&hellip;</p>
<p>&ndash;S&iacute;, s&iacute;, y ahora se ha ampliado la lista. No voy a hacer una edici&oacute;n ampliada, pero se va a reeditar tambi&eacute;n en La Veleta. A&ntilde;adir&eacute; unos pocos fragmentos m&aacute;s que aparecieron en una revista que editaba Juli&aacute;n Rodr&iacute;guez, el escritor y editor fallecido, y que se llamaba <em>La Ronda de Noche</em> y a&ntilde;adir&eacute; esos textos: una ronda gijonesa para el pintor Pelayo Ortega, otra brasile&ntilde;a para Jos&eacute; Manuel Ballester&hellip; Un texto a lo ronda sobre Eric Satie y otro sobre Ezra Pound. Pero el libro est&aacute; cerrado.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los dos textos que m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron escritos por Joan Perucho y Octavio Paz&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Una curiosidad. &iquest;Por qu&eacute; en uno de los pasajes del libro donde se mencionan tantos artistas, escritores y m&uacute;sicos, oculta el nombre de Kati Horna, la fot&oacute;grafa h&uacute;ngara?</p>
<p>&ndash;&iexcl;Qu&eacute; curioso! Octavio Paz me pregunt&oacute; lo mismo. Pongo Kati H. porque ella me dec&iacute;a: &ldquo;no diga usted que soy h&uacute;ngara. Yo tengo un pasaporte espa&ntilde;ol que me ha dado el embajador espa&ntilde;ol. Ella hab&iacute;a estado durante la guerra civil en Espa&ntilde;a y le asustaba que se supiera que era h&uacute;ngara. Quise seguir ese juego. Mira, los dos textos que a m&iacute; m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron: un texto de Joan Perucho en la tercera de <em>ABC</em>, titulado &lsquo;Los frutos maduros del tiempo&rsquo;. Mucha gente se enter&oacute; por esa p&aacute;gina de que era poeta. Y la otra cosa, que es privada, es que Octavio Paz me mand&oacute; una carta, que la tengo en este laberinto de cosas y que debo encontrar, en la que me dec&iacute;a: &ldquo;me ha encantado el libro [a prop&oacute;sito de <em>La ronda de los d&iacute;as</em>] yo tambi&eacute;n amo las listas&rdquo;. Y era tan bonito lo que me escribi&oacute; que, en una edici&oacute;n de bibliofilia traducida al franc&eacute;s, con un marcap&aacute;ginas que era un grabado de un excelente grabador franc&eacute;s de una de las torres de Saint Sulpice, pusimos un fragmento de esa carta de Octavio Paz. Fueron los dos regalos m&aacute;s importantes que he tenido en mi vida literaria. Me han escrito otras cr&iacute;ticas. Fanny Rubio, una muy temprana, Manuel Rodr&iacute;guez Rivero otra&hellip; Pero esos dos regalos&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Dis Berlin un gran viajero imaginario y un caso de complicidad intelectual fuerte&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&ndash;Hay una frase en <em>La ronda de los d&iacute;as</em> que me llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n. En ella se pregunta: &iquest;hay algo en la actualidad en la esfera de la creaci&oacute;n art&iacute;stica comparable a lo que la obra de Paul Klee signific&oacute; en su tiempo? Esto lo escribe en 1995. Si se lo preguntara ahora, &iquest;qu&eacute; responder&iacute;a?</p>
<p>&ndash; S&iacute;, s&iacute; lo hay. Ciertos pintores norteamericanos que han continuado en una esfera entre lo geom&eacute;trico y lo po&eacute;tico. Thomas Nozkowski ser&iacute;a un <em>kleeiano</em> por alg&uacute;n lado. Tambi&eacute;n una pintora fallecida recientemente, libanesa que viv&iacute;a en Par&iacute;s, Etel Adnan. Luis Palmero, pintor canario. Klee es insustituible pero hay una filiaci&oacute;n <em>kleeiana</em>, por ejemplo en la propia obra de Vieira da Silva. A m&iacute; me interesa esa onda de pintura geom&eacute;trica y a la vez po&eacute;tica. En Espa&ntilde;a, ahora mismo&nbsp; Alejandro Corujeira es un pintor que para m&iacute; tiene eso tambi&eacute;n. La otra onda que me interesa hoy en d&iacute;a es una onda de figuraci&oacute;n tambi&eacute;n po&eacute;tica o literaria incluso. La palabra literaria tiene muy mala fama. Yo muchas veces he tenido que escribir &ldquo;literario en el buen sentido&rdquo; y una palabra que yo tambi&eacute;n utilizo en positivo es &ldquo;mon&oacute;tono&rdquo;. Pero hay galeristas que me han hecho quitar la palabra. No s&eacute; por qu&eacute;. Morandi es mon&oacute;tono, Rothko es mon&oacute;tono en ese buen sentido. En esa onda po&eacute;tico literaria est&aacute; Dis Berlin, que de alguna manera ha sido alguien tutelado por m&iacute;. Solo tiene cuatro a&ntilde;os menos que yo, aunque para m&iacute; era otra generaci&oacute;n porque yo hab&iacute;a empezado muy pronto. Somos muy c&oacute;mplices, yo le he pasado muchas lecturas po&eacute;ticas y &eacute;l es un gran viajero imaginario y un caso de complicidad intelectual fuerte. Otro es Miguel Galano que me hizo la cubierta de <em>Polonia noche</em>. &Aacute;ngel Mateo Charris, pintor cartagenero, Pelayo Ortega... Tambi&eacute;n estoy muy cercano a Broto, Campano, Sicilia y a los pintores de mi generaci&oacute;n, Alcolea, Quejido, P&eacute;rez Villalta. He seguido muy cerca a los neometaf&iacute;sicos, como he contribuido a bautizarlos&hellip; Y, para Estambul, hemos hecho una exposici&oacute;n que nos encarg&oacute; nuestra embajadora en Turqu&iacute;a de 21 pintores. Tuve que quitar por razones de espacio a los anteriores al 70 y meter los de la generaci&oacute;n de mis hijos: Miqui Leal, el m&aacute;s parecido a Alcolea hoy en d&iacute;a, y en otra l&iacute;nea geom&eacute;trica est&aacute;n Eduardo Barco y Ruth Mor&aacute;n. Ella est&aacute; entre Klee y Michaux.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me interesan los artistas que, como Henri Michaux, est&aacute;n a caballo entre la pintura y la literatura&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;El poeta y pintor Henri Michaux, que es sin duda otra de sus grandes pasiones.</p>
<p>&ndash;Lo es. He hecho ya tres exposiciones sobre &eacute;l como comisario, una en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid, otra en Cracovia y otra en la galer&iacute;a Marc Dom&egrave;nech de Barcelona.&nbsp; Me interesan mucho esos artistas, que est&aacute;n a caballo entre la pintura y la literatura. Michaux empez&oacute; siendo escritor, pero siempre rehu&iacute;a los premios literarios. Era un hombre muy hosco hacia ese mundo y, sin embargo, le importaba mucho ser reconocido como pintor. Cuando le expusieron en el Guggenheim de Nueva York o en el Pompidou de Par&iacute;s, para &eacute;l fueron grandes premios.</p>
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<p><strong>&ldquo;Empec&eacute; a hacer exposiciones relativamente tarde&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;De pronto tom&oacute; cuerpo su trabajo como comisario de exposiciones.</p>
<p>&ndash;Yo empec&eacute; a hacer exposiciones relativamente tarde, pero tuve la suerte de que el Museo Municipal de Madrid me confiara dos exposiciones casi seguidas, una en el 79 y otra en el 80. La primera sobre G&oacute;mez de la Serna, y la segunda, con Chiqui Abril, la titulamos &ldquo;1980&rdquo; e incluimos a todos los de entonces. Adem&aacute;s de los ya citados, estaban nombres como Juan Navarro Baldeweg o Alfonso Albacete.</p>
<p>En 1989, Martin Chirino me llama para ser miembro del consejo asesor del Centro Atl&aacute;ntico de Arte Moderno de Las Palmas. Nos reuni&oacute; en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, del que era director, y nos dijo que pens&aacute;ramos en una exposici&oacute;n para inaugurar el centro. Y yo le dije que &nbsp;har&iacute;a una exposici&oacute;n que se llamar&iacute;a &ldquo;el Surrealismo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, interpretando el viaje de Breton y Perec a Tenerife en el a&ntilde;o 1935 como preludio al exilio de ambos, uno a Nueva York pasando por el Caribe y el otro a M&eacute;xico con Remedios Varo. Se a&ntilde;adir&iacute;an otros que ya estaban en M&eacute;xico y los franceses que se van a Nueva York, como Tanguy o Andr&eacute; Masson. Y Granell, que se va a Santo Domingo, luego a Guatemala y Puerto Rico. Y &eacute;l me dijo: adelante. Fue mi primer viaje a M&eacute;xico, donde estuve con el viudo de Remedios Varo y con Octavio Paz y con los galeristas que hab&iacute;an expuesto a los surrealistas y conoc&iacute; a Manuel &Aacute;lvarez Bravo. Ah&iacute; empieza mi relaci&oacute;n con los museos. Luego vendr&iacute;a el IVAM.</p>
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<p><strong>&ldquo;La proliferaci&oacute;n de museos de arte contempor&aacute;neo, en los 80 y 90, fue necesaria porque ven&iacute;amos de una penuria total&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Cuando dirige el IVAM, en 1995, los museos de arte contempor&aacute;neo en Espa&ntilde;a estaban dando sus primeros pasos. Desde finales de los ochenta y en los noventa hay una explosi&oacute;n y hay quien opina que se crearon demasiados, teniendo en cuenta las dificultades de mantenimiento y de consolidaci&oacute;n de sus colecciones. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p>&ndash;Es verdad que proliferaron los museos de arte contempor&aacute;neo y las facultades de Bellas Artes, pero hac&iacute;a falta. T&uacute; vas a un pa&iacute;s como Alemania, Francia o Italia y son tres ejemplos que ponen de relieve que no es verdad que se estuviera sobredimensionando todo. Ven&iacute;amos de una penuria total. Hab&iacute;a poqu&iacute;simas escuelas de Bellas Artes, la de Bilbao, por ejemplo, nace muy tarde, en la Transici&oacute;n, hasta entonces s&oacute;lo estaban Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. En muchas autonom&iacute;as solo hab&iacute;a escuelas de artes y oficios, pero lo que hoy son facultades apenas hab&iacute;a. Y museos [de arte contempor&aacute;neo] lo mismo. Hab&iacute;a en Madrid, en Barcelona, en Sevilla con sus dificultades, y en Bilbao. Pero no hab&iacute;a en Galicia, en Extremadura, en Castilla y Le&oacute;n. T&uacute; vas a Frankfurt y solo en la ciudad hay tres; en Suiza, no digamos y en Francia&hellip; Lo de aqu&iacute; fue necesario y &uacute;til, como lo son los museos unipersonales que los hay por todo el mundo, aunque tienen el peligro de que se conviertan en mausoleos, es verdad que en este sentido se han hecho quiz&aacute; muchos museos unipersonales que se pod&iacute;an haber unido. En Asturias, por ejemplo, hay varios y algunos no parecen sostenibles. La Fundaci&oacute;n Granell de Santiago de Compostela, que empez&oacute; muy bien, ahora mismo la veo a medio gas y la Fundaci&oacute;n Caneja [en Palencia], de la que soy patrono vitalicio nombrado por la familia, est&aacute; muy ahogada porque la Junta de Castilla y Le&oacute;n ha reducido su patrocinio a mi modo de ver de forma impresentable. La Fundaci&oacute;n Alberti, por ejemplo, que no es estrictamente de arte pero tiene mucho arte y yo trabaj&eacute; muy bien con ella cuando hice la exposici&oacute;n en el Reina Sof&iacute;a, ahora est&aacute; pr&aacute;cticamente cerrada&hellip; Tambi&eacute;n trabaj&eacute; con la Fundaci&oacute;n Carlos Edmundo de Ory en C&aacute;diz, al menos &eacute;sta va viento en popa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto de la gesti&oacute;n cultural&rdquo;</strong></p>
<p>Como gestor cultural, Juan Manuel Bonet ha estado al frente de las instituciones m&aacute;s destacadas del pa&iacute;s, despu&eacute;s del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) dirigi&oacute; el Reina Sof&iacute;a y, a continuaci&oacute;n, el Instituto Cervantes. En todas ellas su salida se produjo con cierta pol&eacute;mica. Sin embargo, considera que todas fueron experiencias muy positivas y de las que solo quiere acordarse de los frutos obtenidos. Eso s&iacute;, de vez en cuando salpica sus respuestas con alusiones a las cr&iacute;ticas negativas que recibi&oacute; y que considera injustas.</p>
<p>&ndash;La gesti&oacute;n cultural en general &iquest;le ha dado m&aacute;s alegr&iacute;as o penas?</p>
<p>&ndash;M&aacute;s alegr&iacute;as. Soy de olvidarme de las penas, algunas son inolvidables, pero no suelo hablar de ello, no ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto. En el IVAM me encontr&eacute; un equipo que conoc&iacute;a de antes. El museo ten&iacute;a una pol&iacute;tica de enviar cat&aacute;logos muy amplia, de invitar a gente, etc. Ten&iacute;an un presupuesto de promoci&oacute;n que fue uno de los grandes aciertos desde el principio en la gesti&oacute;n del IVAM. Yo lo segu&iacute; haciendo en mi etapa. Una de las exposiciones que recuerdo de ese museo fue la que surgi&oacute; a ra&iacute;z de otra muestra que hered&eacute;, la de la gran fot&oacute;grafa alemana de la Bauhaus Grete Stern. A la inauguraci&oacute;n vino su hija Silvia Coppola, que era la hija de Stern y Horacio Coppola, el inmenso fot&oacute;grafo argentino. Le dije a Silvia: &ldquo;esta expo la he heredado, pero dentro de un a&ntilde;o tu pap&aacute; vendr&aacute; aqu&iacute;&rdquo;. Fue su &uacute;ltimo viaje a Europa, ten&iacute;a 95 a&ntilde;os. Estuvo espl&eacute;ndido. El IVAM es un museo que yo apreciaba antes de que me ofrecieran la direcci&oacute;n y para m&iacute;, que viv&iacute;a en Madrid, no fue f&aacute;cil encontrar el momento de instalarme en Valencia, algo que me reprocharon. Pero yo iba todos los lunes en avi&oacute;n a Valencia y me volv&iacute;a los viernes, ten&iacute;a un pisito como de estudiante en el barrio del Carmen a diez minutos del IVAM. Y tengo un poemario que se llama <em>Plaza del &aacute;rbol</em>, que era la plaza al lado de mi casa. En Valencia me encontr&eacute; con gente muy motivada, muy joven. No hab&iacute;a estrellas, cosa que s&iacute; hab&iacute;a en el Reina Sof&iacute;a. El Reina fue para m&iacute; un terreno m&aacute;s complicado. De Valencia tengo buenos recuerdos, al final hubo momentos complicados y tensiones, pero hicimos cosas muy hermosas. Seg&uacute;n se public&oacute; en la edici&oacute;n valenciana de &lsquo;El Pa&iacute;s&rsquo;, dos fueron las exposiciones m&aacute;s m&iacute;as, por decirlo as&iacute;: la de Alex Katz, al que todo el mundo considera un artista pop pero yo creo que no lo es; y la de Helmut Federle, un pintor suizo afincado en Viena.</p>
<p>Otra importante fue la de Erik Satie, una expo con cantidad de picassos, de mir&oacute;s, de braques, de zuloagas, de casas. Expusimos partituras suyas&hellip; La hicimos con una mujer llamada Ornella Volta, a la que llamaban la viuda de Satie. Cuando muri&oacute;, escrib&iacute; su necrol&oacute;gica diciendo que se perd&iacute;a un caudal de conocimientos que nadie iba a poder igualar. Esa exposici&oacute;n coincidi&oacute; en el tiempo con otra de Juan Eduardo Cirlot donde hab&iacute;a poes&iacute;a, bibliofilia, una partitura que nos prest&oacute; Carlos Edmundo de Ory, que la grabamos, y era la &uacute;nica pieza sinf&oacute;nica que compuso. Hab&iacute;a cuadros de Rothko, Oteiza, Chillida, Tapies, Cuixart, vinieron varios informalistas. Tambi&eacute;n recuerdo la dedicada al Ultra&iacute;smo con Carlos P&eacute;rez, con el que luego en el Reina Sof&iacute;a hice la exposici&oacute;n de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna. Fue un aprendizaje con un equipo muy rodado&hellip; Y luego la colecci&oacute;n del IVAM, que es formidable.</p>
<p>&ndash;En el IVAM, adem&aacute;s, hay mucha bibliofilia, cosa que va mucho con su forma de trabajar en los muesos.</p>
<p>&ndash;Hay gente que cree que yo fui el que introduje el libro en la colecci&oacute;n del IVAM pero es mentira, eso viene de la &eacute;poca de Carmen Alborch y de Vicente Todol&iacute;, que fue el que empez&oacute; esa l&iacute;nea de coleccionismo. Es el primer museo espa&ntilde;ol que compra sistem&aacute;ticamente libro ruso de vanguardia, libro futurista, estaba el archivo de Renau [Josep Renau Berenguer, pintor y dise&ntilde;ador valenciano, director general de Bellas Artes durante la Segunda Rep&uacute;blica]. Yo a&ntilde;ad&iacute; algunos artistas espa&ntilde;oles de ese tiempo. Hubo gente que dec&iacute;a que yo iba a hacer un IVAM solo figurativo y no fue as&iacute;. Sigui&oacute; siendo un museo muy plural y si acaso expusimos algunas figuraciones m&aacute;s&hellip; Recibimos una preciosa donaci&oacute;n de la viuda de Caneja. Hicimos mucha m&uacute;sica. En el marco de la expo de Cirlot pusimos la m&uacute;sica <em>Rothko Chapel</em>, de Morton Feldman. Fue la primera vez que se escuch&oacute; en Espa&ntilde;a. En el IVAM conservo amistad con la pr&aacute;ctica totalidad del equipo. Fue una etapa bonita, aunque era complicado vivir entre dos ciudades.</p>
<p>La salida de Bonet del IVAM estuvo relacionada con la pol&eacute;mica por la colocaci&oacute;n de una escultura de Jos&eacute; Sanle&oacute;n en la explanada de acceso al museo. Una decisi&oacute;n de las consejer&iacute;as de Cultura y Obras P&uacute;blicas de la Generalitat que no cont&oacute; con la aprobaci&oacute;n del director. Bonet consider&oacute; entonces que se quebrantaba la autonom&iacute;a de gesti&oacute;n de la instituci&oacute;n. Los trabajadores del centro le dedicaron un prolongado aplauso el d&iacute;a que se hizo oficial su salida del Museo.</p>
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<p><strong>De la direcci&oacute;n del IVAM a la del Reina Sof&iacute;a</strong></p>
<p>&ndash;Tan solo un mes despu&eacute;s de dejar la direcci&oacute;n del IVAM, la ministra Pilar del Castillo le nombra director del Reina Sof&iacute;a. &iquest;Se puede salir indemne de un puesto as&iacute;?</p>
<p>&ndash;Yo hab&iacute;a dejado dicho que nunca aceptar&iacute;a dirigir el Reina Sof&iacute;a porque me parec&iacute;a un sitio muy complicado. Fue una valent&iacute;a por mi parte aceptar, pero tambi&eacute;n fue por parte de la ministra Pilar del Castillo una valent&iacute;a propon&eacute;rmelo, dada mi salida abrupta del IVAM. El Reina no me trajo sinsabores, pero es un sitio que en aquella &eacute;poca ten&iacute;a menos autonom&iacute;a que el IVAM. Ten&iacute;a autonom&iacute;a administrativa, pero pod&iacute;a hacer muy pocos movimientos en la plantilla. Yo solo pod&iacute;a cambiar a mi secretaria y a mi ch&oacute;fer. Despu&eacute;s las cosas han cambiado, pero yo acept&eacute; esas reglas del juego y estuve cuatro a&ntilde;os. No me dio tiempo a recolocar la colecci&oacute;n. Cuando me reun&iacute; con Guirao, mi antecesor, nunca me habl&oacute; de la desaparici&oacute;n de la obra de Richard Serra. [La desaparici&oacute;n de la escultura del artista norteamericano de 38 toneladas que desapreci&oacute; en 1990 y cuya pol&eacute;mica llega casi hasta nuestros d&iacute;as]. Cuando nos encontramos, me habl&oacute; de otros temas relacionados con los impuestos, o las exposiciones de Latinoam&eacute;rica. No hubo ning&uacute;n problema en la transici&oacute;n y tuvimos una buena relaci&oacute;n hasta el final. El Reina Sof&iacute;a ten&iacute;a una estructura m&aacute;s r&iacute;gida que el IVAM, un equipo m&aacute;s baqueteado, hab&iacute;a clanes, sectores, y gente que ven&iacute;a del antiguo MEAC de la Ciudad Universitaria, y todo era un poco m&aacute;s complicado desde ese punto de vista. Alg&uacute;n retoque del equipo que hice fue complicado.</p>
<p>&ndash;&iquest;Con qu&eacute; se queda de esa etapa?</p>
<p>&ndash;Lo que m&aacute;s recuerdo son tres cosas. Por una parte, los incrementos de la colecci&oacute;n. V&iacute;a daci&oacute;n en pago de impuestos entraron cosas formidables, entre ellos un Rothko, un Tarsila do Amaral y una quincena de cosas de Brasil, que ya entonces era una obsesi&oacute;n m&iacute;a. Entraron el bodeg&oacute;n de Dal&iacute; que fue propiedad de Lorca, y m&aacute;s cosas. Por otra parte, una compra que le hice a Pilar L&oacute;pez, la hermana de la Argentinita, a la que compr&eacute; el tel&oacute;n de <em>La romer&iacute;a de los cornudos</em>, el ballet compuesto por Pitaluga con libreto de Lorca, solo se ha expuesto una vez entero. Otra cosa muy importante para m&iacute; fue un programa, que luego se ha ido difuminando con el tiempo, que es el de las exposiciones antol&oacute;gicas. Hicimos Solana, Gaya, Caneja, V&aacute;zquez D&iacute;az, Oramas, Alberto... La generaci&oacute;n nuestra no las hab&iacute;a visto. Eso fue sistem&aacute;tico. Hubo quien dijo que yo solo hac&iacute;a Alberti, pero yo solo hice una exposici&oacute;n de Alberti. Guirao hab&iacute;a hecho Lorca. En la de Alberti hab&iacute;a obras de Motherwell, Dal&iacute;, Maruja Mallo&hellip; Luego hice contempor&aacute;neas como la enorme de los minimalismos. Javier Rodr&iacute;guez Marcos y Anatxu Zabalbeascoa hab&iacute;an hecho un libro sobre el minimalismo y les ped&iacute; que lo convirtieran en una exposici&oacute;n. Hubo una parte de m&uacute;sica encargada al marido de Esther Ferrer, [Tom Johnson], denominada <em>M&uacute;sicas silentes</em>, muy interesante. Tambi&eacute;n destacar&iacute;a otra exposici&oacute;n preciosa, m&aacute;s contempor&aacute;nea, dedicada al Black Mountain College: esa escuela Bauhaus donde hab&iacute;a dado clase Stephen Wolf, amigo de Esteban Vicente, y de la que era decano Joseph Albers. Vino gente superviviente de esa experiencia. Otra hermos&iacute;sima fue <em>Suiza constructiva</em>: la Suiza de entreguerras con el dise&ntilde;o gr&aacute;fico, la pintura, la escultura y todos los geom&eacute;tricos suizos.</p>
<p>El final fue abrupto y me pas&oacute; factura. Hasta hace poco, pon&iacute;as mi nombre en Internet y lo primero que sal&iacute;a es &lsquo;la ministra miente&rsquo;, puesto en mi boca. Es un asunto conocido y est&aacute; en las hemerotecas. Yo estaba en Santiago de Compostela y de repente leo una entrevista [a la ministra Carmen Calvo] donde se dec&iacute;an cosas&hellip; Ella dijo que habr&iacute;a cambios pronto en el Museo y durante un mes no me dec&iacute;an nada y yo lo que hice fue escribirle una carta en la que dec&iacute;a &ldquo;espero instrucciones&rdquo;.</p>
<p>Finalmente, la salida de Bonet del Reina se produce tras su &ldquo;dimisi&oacute;n irrevocable&rdquo;, presentada el 30 de mayo de 2004, un d&iacute;a despu&eacute;s de que la ministra propusiera a Ana Mart&iacute;nez de Aguilar para la direcci&oacute;n del centro.</p>
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<p><strong>El Instituto Cervantes, Par&iacute;s y Madrid</strong></p>
<p>&ndash;En enero de 2017 accede a la direcci&oacute;n del Instituto Cervantes, puesto en el que sucede a V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha, y en el que s&oacute;lo estar&aacute; a&ntilde;o y medio hasta julio de 2018. Es muy poco tiempo para desarrollar una gesti&oacute;n.</p>
<p>&ndash;S&iacute;, pero antes dirig&iacute; el Cervantes de Par&iacute;s durante casi cinco a&ntilde;os desde septiembre de 2012 a enero de 2017. Aprend&iacute; mucho. Me sirvi&oacute; para conocer la m&aacute;quina del Cervantes, c&oacute;mo es la acci&oacute;n exterior espa&ntilde;ola, c&oacute;mo tienes que estar muy pendiente de Latinoam&eacute;rica, de la vieja emigraci&oacute;n de los sesenta, del exilio. Por ejemplo, trabaj&eacute; mucho con los sefarditas, y en Madrid tengo recuerdos muy buenos, tambi&eacute;n con momentos complicados, pero me quedo con lo bueno. Conservo bastantes amigos del equipo. Me dio tiempo a nombrar a muy poca gente [nueve directores de centros] y algunos contin&uacute;an. Lo primero que hice cuando llegu&eacute;, adem&aacute;s de reunirme con mis antecesores, fue tener encuentros con el PSOE, <a href="#_msocom_1">[AT1]</a>&nbsp;IU, PP y con los directores del Instituto Vasco Etxepare y el Instituto Ramon Llul. Mi mandato coincidi&oacute; con la primera legislatura de Trump y critiqu&eacute; las barbaridades que se estaban cometiendo con el espa&ntilde;ol. A&ntilde;o y medio es una medida muy rara porque al principio est&aacute;s heredando, aparte de nombrar a una decena de directores, pude preparar la reuni&oacute;n de directores en M&aacute;laga y con Dar&iacute;o Villanueva [entonces director de la RAE] fui a Buenos Aires a presentar el Congreso de la Lengua que se celebr&oacute; en C&oacute;rdoba (Argentina). A la segunda reuni&oacute;n de directores no acud&iacute; porque fui cesado una semana antes.</p>
<p>Alejado de esos puestos de responsabilidad de gesti&oacute;n, Bonet selecciona ahora las obras de su legado, prepara las reediciones de sus libros y maquina futuras exposiciones. Mientras, no olvida su af&aacute;n coleccionista. &ldquo;Aficionado como soy a las listas &ndash;dijo en un preg&oacute;n de una feria del libro antiguo&ndash; alguna vez he pensado en escribir la de &lsquo;los lugares del mundo a los que entr&eacute; a por libros&rsquo;&rdquo;. Y, a buen seguro, que ser&iacute;a una larga lista.</p>
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<div><hr align="left" size="1" width="33%" />
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:31:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julia Uceda: radiación de fondo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julia-uceda-radiacion-de-fongo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/JULIA_UCEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando en los inicios de la l&iacute;nea editorial de la Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara, hace algo menos de un cuarto de siglo, Jacobo Cortines propuso comenzar la serie <em>maior</em> de Vandalia con una recopilaci&oacute;n de la Poes&iacute;a reunida de quien hab&iacute;a sido su joven profesora en la Universidad Hispalense, antes de irse a vivir a los Estados Unidos, yo no conoc&iacute;a a Julia Uceda m&aacute;s que de nombre, aunque el que era entonces su &uacute;ltimo libro, <em>Del camino de humo</em>, hab&iacute;a sido publicado en 1994 por una editorial sevillana, Renacimiento, y presentado por su antiguo alumno unos a&ntilde;os antes. Este libro era la s&eacute;ptima entrega de la obra po&eacute;tica de Julia, segunda desde que regres&oacute; de su segundo <em>exilio</em> en Irlanda para fijar su residencia en Galicia. Pese a no tratarse en absoluto de una autora ignorada, sin embargo, sino reconocida en parte por la cr&iacute;tica, su poes&iacute;a y su personalidad, vocacionalmente exc&eacute;ntricas, parec&iacute;an haberla confinado a una posici&oacute;n marginal, como les ocurre a tantos poetas valiosos.</p>
<p>Este relativo aislamiento, que se adecuaba bien a su car&aacute;cter reservado e introspectivo, cambiar&iacute;a con la llegada del nuevo milenio. Muchos lectores de otras generaciones accedimos por primera vez a la obra de la poeta a trav&eacute;s de la mencionada recopilaci&oacute;n, <em>En el viento, hacia el mar</em>, publicada a finales de 2002 con un enjundioso pr&oacute;logo de Sara Pujol Russell. El libro fue excelentemente acogido y recibi&oacute; el Premio Nacional de Poes&iacute;a de 2003, lo que multiplic&oacute; su ascendiente y actu&oacute; como punto de partida de una cadena de reconocimientos que discurri&oacute; pareja a la publicaci&oacute;n de sus &uacute;ltimos libros, en los que su obra alcanz&oacute; cotas muy elevadas. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, tuvimos el placer de acompa&ntilde;arla en la presentaci&oacute;n de su <em>Poes&iacute;a completa</em>, durante una emotiva velada en Ferrol donde Julia recibi&oacute; el cari&ntilde;o y el reconocimiento de sus vecinos. Aunque mermada por la edad, la poeta casi centenaria &mdash;muri&oacute; poco despu&eacute;s, unos meses antes de cumplir los 99 a&ntilde;os&mdash; estaba ese d&iacute;a especialmente l&uacute;cida, muy elegante y nerviosa como una muchacha. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os la viudedad, sumada a los estragos del tiempo, la ten&iacute;an sumida en un estado de melancol&iacute;a, pero supo disfrutar de ese homenaje que era en cierto modo una despedida.</p>
<p>Hace poco hemos celebrado la concesi&oacute;n del Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas a otra gran poeta de su generaci&oacute;n, la malague&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria Atencia, que aunque seis a&ntilde;os menor forma parte junto a Julia Uceda de la amplia n&oacute;mina de autores andaluces del cincuenta &mdash;entre ellos Aquilino Duque, Rafael Guill&eacute;n, Julio Mariscal o Vicente N&uacute;&ntilde;ez, por citar s&oacute;lo unos pocos&mdash; que merecer&iacute;an figurar en un canon demasiado condicionado, con escasas excepciones, por la cercan&iacute;a al consabido grupo de la escuela de Barcelona. Sevillana como Aquilino o Manuel Mantero, gran amigo de Julia y prologuista de su primer libro, nuestra poeta vivi&oacute; la mayor parte de su vida adulta fuera de su ciudad de nacimiento y tampoco puede decirse que su obra, aunque no ajena a la influencia de B&eacute;cquer, Antonio Machado o Cernuda, se inscriba en la &laquo;tradici&oacute;n andaluza&raquo;. En realidad su poes&iacute;a, que no se parece a la de nadie, tiene un fuerte componente universal y puede definirse sin necesidad de criterios geogr&aacute;ficos o generacionales &mdash;&laquo;casi podr&iacute;a decirse que no pertenezco a ninguna parte y a todas&raquo;&mdash; como una de las aventuras m&aacute;s singulares de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>Hemos escrito antes &laquo;exilio&raquo; en cursiva por diferenciar, como hac&iacute;a ella misma, su salida voluntaria de Espa&ntilde;a de la obligada huida de tantos, pero no hay duda de que esa salida fue el fruto de un deseo por abrirse a otros horizontes &mdash;de trascender los estrechos &laquo;l&iacute;mites intelectuales&raquo; de aquellos a&ntilde;os&mdash; y una expresi&oacute;n de &iacute;ntima disidencia. La propia poes&iacute;a de juventud de Julia Uceda deja clara su insatisfacci&oacute;n, en la que pesaron la falta de libertad y el clima moral de la dictadura, doblemente asfixiante para una mujer, ya doctora, que intentaba abrirse camino en la universidad sin est&iacute;mulos para seguir en ella. A partir de 1966, Julia ver&iacute;a cumplida su aspiraci&oacute;n en Estados Unidos &mdash;donde respir&oacute; de cerca los aires renovadores de la segunda mitad de los sesenta&mdash; e Irlanda (1974-1976) y fue entonces, durante esa d&eacute;cada larga, con puntuales regresos entre ambos destinos, una emigrante sin nostalgia, aunque no dejara de mirar cr&iacute;ticamente la realidad espa&ntilde;ola. A su vuelta, ya instalada definitivamente en Galicia, era y no era la misma que se hab&iacute;a marchado. Sum&oacute; a su importante obra acad&eacute;mica e investigadora, iniciada con la tesis que dedic&oacute; al poeta y pintor c&aacute;ntabro Jos&eacute; Luis Hidalgo, tan presente en su obra de juventud, la faceta de editora y public&oacute; un interesant&iacute;simo libro de relatos, inicialmente titulado <em>En elogio de la locura </em>(1981) y m&aacute;s tarde, en la reedici&oacute;n corregida, <em>Luz sobre un friso </em>(2008). Pero ser&aacute; su poes&iacute;a de madurez el fruto m&aacute;s acabado de su talento.</p>
<p>Hay en el itinerario que proponen los diez libros de poemas publicados por Julia Uceda &mdash;desde <em>Mariposa en cenizas</em> (1959) hasta <em>Escritos en la corteza de los &aacute;rboles</em> (2013)&mdash; una natural evoluci&oacute;n, pero hay asimismo, ya visible en las primeras entregas, una continuidad representada por temas recurrentes que pueden cifrarse en una palabra clave, <em>extra&ntilde;eza</em>, fundamental en su vocabulario. Extra&ntilde;eza del sujeto po&eacute;tico respecto de su propia identidad, tambi&eacute;n respecto de la sociedad en la que se desenvuelve o m&aacute;s a&uacute;n respecto del mundo o el tiempo que habita y en fin &mdash;cada vez m&aacute;s acusadamente, hasta constituirse en el verdadero n&uacute;cleo de su obra &uacute;ltima, que proyecta sobre la anterior una luz retrospectiva&mdash; respecto del lenguaje cuyas limitaciones no pueden expresar del todo las intuiciones que pertenecen al terreno de lo indecible. Dicho sentimiento se muestra vinculado a planteamientos existencialistas que atraviesan toda su obra, pero no es el de Julia, como el de ning&uacute;n poeta genuino, mero pensamiento en verso, y de hecho la veta que llamar&iacute;amos metaf&iacute;sica convive en su poes&iacute;a &mdash;en ello radica una de las causas de su originalidad, extensible a su forma de abordar los temas <em>hist&oacute;ricos</em>&mdash; con otra fuertemente irracionalista.</p>
<p>Ahora bien, la presencia de lo on&iacute;rico, que es constante en la obra de una autora para la que los sue&ntilde;os &mdash;los sue&ntilde;os <em>reales</em>, no las enso&ntilde;aciones l&iacute;ricas&mdash; son otra forma de comunicaci&oacute;n o de conocimiento, remite menos a la estirpe surrealista &mdash;de la que tambi&eacute;n participa hasta cierto punto, no hay m&aacute;s que recordar la definici&oacute;n que Octavio Paz hizo de la tarea de Andr&eacute; Breton como b&uacute;squeda o &laquo;reconquista de un reino perdido: la palabra del principio, el hombre anterior a los hombres y las civilizaciones&raquo;&mdash; que al pensamiento simb&oacute;lico y en particular a las ideas de Jung sobre el inconsciente colectivo, que convierten las im&aacute;genes primordiales o los motivos o los episodios de la mitolog&iacute;a en arquetipos y dotan a sus perfiles de significados universales, v&aacute;lidos para todas las culturas y perdurables m&aacute;s all&aacute; del contexto hist&oacute;rico en el que fueron alumbrados. El sue&ntilde;o se configura as&iacute; como una realidad paralela o alternativa no en el sentido m&aacute;gico que le conceden quienes le atribuyen propiedades adivinatorias, sino en el no menos revelador de quienes postulan que lo ah&iacute; entrevisto y luego recordado, aunque sea de modo nebuloso, nos pone en contacto con una instancia que nos trasciende y de alguna manera nos explica.</p>
<p>Existe una &laquo;memoria gen&eacute;tica&raquo; que recoge la herencia no directa de los ascendientes, transmitida a trav&eacute;s de generaciones incontables de una manera quiz&aacute; incomprensible o no del todo racional, pero vagamente apreciable cuando se manifiesta &mdash;por ejemplo en los sue&ntilde;os o en determinados estados que calificar&iacute;amos de visionarios&mdash; en forma de reminiscencias. Puede que sea esa memoria la que explique la profunda emoci&oacute;n que sentimos cuando nos internamos en el bosque &mdash;no por casualidad, un espacio familiar en la poes&iacute;a de Julia Uceda&mdash; y experimentamos esa rara comuni&oacute;n que nos retrotrae a edades remotas. El poeta, la poeta es, tambi&eacute;n aqu&iacute; de acuerdo con el imaginario de los surrealistas o de notorios predecesores como Blake o en otro sentido Rimbaud, un <em>vidente</em> que tiene la facultad extraordinaria de contemplar &mdash;o de o&iacute;r, no siempre de interpretar&mdash; cosas que no son de este mundo o lo fueron pero ya no est&aacute;n o no llegaron a ser aunque de hecho viven o perviven, en una dimensi&oacute;n ignota &mdash;una <em>zona desconocida</em>&mdash; que pese a estar m&aacute;s all&aacute; del tiempo emite o irradia se&ntilde;ales reveladoras.</p>
<p>De modo tal vez indeliberado en los inicios, los libros de Julia fueron ahondando en esta <em>visi&oacute;n</em> y pueden leerse como una serie de asedios al enigma primordial de la humanidad, que en el fondo no se diferencia del resto de los seres vivos salvo por la capacidad de la llamada especie elegida para formular su experiencia. Las palabras, en efecto, el lenguaje o la necesidad de comunicaci&oacute;n, ocupan el centro de una po&eacute;tica que explora &mdash;la indagaci&oacute;n, la b&uacute;squeda a trav&eacute;s de caminos no hollados es lo que mejor puede definirla&mdash; los obst&aacute;culos o las insuficiencias de ese deseo de entender o ser entendido y sugiere que los contornos de nuestro mundo, aunque puedan ser descritos, no est&aacute;n tan delimitados ni son tan precisos como podr&iacute;a parecer a primera vista. La experiencia humana no se reduce a una vida y una parte importante de aquella, precisamente la que trasciende los datos inmediatos de la conciencia, la que nos conecta con quienes nos precedieron o suceder&aacute;n, pertenece al vasto territorio de lo inefable.</p>
<p>Ya en su primer libro, a&uacute;n apegado a los esquemas m&eacute;tricos tradicionales y con un tratamiento muy personal de la materia amorosa, alternada con los tonos existenciales o fundida con ellos, aparecen los &laquo;bosques virginales&raquo;, una voz &laquo;lejan&iacute;simamente m&iacute;a&raquo; que viene &laquo;de m&aacute;s all&aacute;&raquo;, &laquo;extra&ntilde;as palabras olvidadas&raquo;, la espera &laquo;al borde del silencio&raquo;, los &laquo;vagos caminos de la noche&raquo; o el vac&iacute;o de &laquo;un mundo no creado&raquo;. Impresiona ver en lo que son todav&iacute;a alusiones puntuales el germen de toda una cosmovisi&oacute;n que no ser&aacute; desarrollada sino m&aacute;s adelante, aunque en los libros posteriores, donde la poeta va acu&ntilde;ando esa dicci&oacute;n caracter&iacute;stica, densa, herm&eacute;tica, en ocasiones &aacute;spera y siempre extremadamente rigurosa, se multiplican los signos que prefiguran las coordenadas de lo que llamar&aacute; el &laquo;mapa de las sombras&raquo;.</p>
<p>Los trazos de ese mapa adquieren nitidez en un poema fundamental como es &laquo;Viejas voces secretas de la noche&raquo;, recogido en el libro hom&oacute;nimo de 1981, donde Julia proclama su deseo de &laquo;o&iacute;r, tratar de o&iacute;r, de sorprender, mejor, las voces / que parecen de fuera y son de dentro&raquo;, voces que transmiten un sonido que &laquo;llega de muy lejos&raquo;. Estas &laquo;viejas voces&raquo; reaparecer&aacute;n en todos los libros de la &uacute;ltima etapa, pero ya antes, tras la citada entrega inaugural, en <em>Extra&ntilde;a juventud</em> (1962) y <em>Sin mucha esperanza</em> (1966), abundan los presagios que admiten, por m&aacute;s que puedan referirse a otros contextos, una lectura en la misma l&iacute;nea. &laquo;Descender por sonidos / que antes nadie escuchara&raquo;, leemos en &laquo;Extra&ntilde;a juventud&raquo;. &laquo;No s&eacute; si son palabras o sue&ntilde;os lo que llevo&raquo;, declara el sujeto de &laquo;Di&aacute;spora&raquo;. &laquo;Has buscado una voz por donde hab&iacute;a / viejos mitos desiertos&raquo;, se dice la autora de &laquo;La trampa&raquo;, aplicada a la tarea de <em>denominar</em> &laquo;a todo lo que pase y se borre y se pierda&raquo;.</p>
<p>El enigma, omnipresente, se esconde no s&oacute;lo en los sue&ntilde;os, que tienen su propio <em>tempo</em>, sino tambi&eacute;n en la realidad cotidiana &mdash;lo natural es o puede ser misterioso&mdash; y se presenta en forma de <em>fragmentos</em> o vislumbres que muestran &laquo;los signos / de un idioma remoto&raquo; ante el que la autora, desplazada o desdoblada, se siente como una extranjera. Ahora bien, incluso volcada como est&aacute; hacia dentro, la de Julia Uceda no es una poes&iacute;a alejada del presente o de la historia, por m&aacute;s que sus poemas civiles prescindan de los tonos realistas sobre los que escribi&oacute; un temprano art&iacute;culo &mdash;&laquo;La traici&oacute;n de los poetas sociales&raquo;&mdash; publicado por <em>&Iacute;nsula</em> en 1967. Esta veta genuinamente <em>comprometida</em>, presente asimismo desde los inicios, se distingue por un tratamiento muy estilizado que reh&uacute;ye la grandilocuencia, aunque tambi&eacute;n evolucion&oacute; desde una formulaci&oacute;n donde se mezclaban la angustia existencial y el malestar espec&iacute;fico por la situaci&oacute;n espa&ntilde;ola hasta una denuncia general de la injusticia, la guerra y los horrores de nuestro tiempo.</p>
<p>La orientaci&oacute;n que toma ese compromiso apunta desde el principio a la compasi&oacute;n o la solidaridad con los perseguidos o los condenados, pero tambi&eacute;n a la odiosa censura de las ideas que se contrapone al necesario ejercicio de la responsabilidad &mdash;&laquo;nadie... nadie... puede hacerlo por ti&raquo;, le dice Cronos a la agonista en &laquo;<em>An&aacute;nke</em>&raquo;&mdash; que como se&ntilde;alaron Sartre y los existencialistas deja a quienes lo asumen a la <em>intemperie</em>. La poeta reivindica &laquo;sin mucha esperanza&raquo; la libertad o la autonom&iacute;a femenina &mdash;o ambas cosas, como en el emocionado homenaje &laquo;A Edith Piaf&raquo;&mdash;, aboga por la memoria de los &laquo;vencidos an&oacute;nimos&raquo; o refuta al tirano innominado en el demoledor &laquo;Epitafio para un desconocido&raquo;. No deja Julia de mostrar su distancia &mdash;no s&oacute;lo espacial, desde <em>Poemas de Cherry Lane</em> (1968), no s&oacute;lo referida a la realidad contempor&aacute;nea&mdash; hacia un pa&iacute;s envilecido, como en el impresionante &laquo;Espa&ntilde;a, eres un largo invierno&raquo;, de <em>Campanas en Sansue&ntilde;a</em> (1977), pero con el final de la interminable dictadura se dir&iacute;a que sus incursiones en este terreno tienden a dejar atr&aacute;s el marco referencial propio para abrirse a una impugnaci&oacute;n de dimensiones universales.</p>
<p>Leemos as&iacute; poemas verdaderamente memorables como &laquo;Del olor del humo&raquo;, con sus alusiones &mdash;no hay batallas gloriosas&mdash; a Normand&iacute;a o Hiroshima; o el ir&oacute;nico y terrible &laquo;Palabras para cantar alrededor de un templo vac&iacute;o&raquo;, que pone rostro a las v&iacute;ctimas de la guerra de Irak y relaciona el solar de la antigua Mesopotamia &mdash;g&eacute;nesis y aniquilaci&oacute;n&mdash; con los escombros del &laquo;Ed&eacute;n destruido&raquo;; o &laquo;Regresa el p&aacute;lido caballo&raquo;, donde se retoma la tragedia espa&ntilde;ola &mdash;los sucesos de Casas Viejas, famosamente contados por su amigo Sender&mdash; ahora en clave de farsa, para denunciar la banalidad que profana la memoria de los muertos. Dichos poemas, siempre en una l&iacute;nea que no tiene nada de enunciativa, son cargas frontales, pero hay otros donde la intenci&oacute;n, menos visible o combinada con otras, participa de la misma inquietud &eacute;tica, as&iacute; el delicad&iacute;simo tributo a Pete Seeger &mdash;con la Shoah de fondo&mdash; en &laquo;El hombre que cuida el r&iacute;o Hudson&raquo; o la serie de cinco movimientos recogida en &laquo;&Aacute;lbum&raquo;, un complejo y espl&eacute;ndido poema donde la libre asociaci&oacute;n mezcla la invasi&oacute;n napole&oacute;nica de Rusia, un retrato de Nietzsche pintado por Munch, la renuncia a la condici&oacute;n divina del emperador japon&eacute;s derrotado en la Segunda Guerra Mundial y la figura tutelar del autor de <em>La peste</em>.</p>
<p>A medida que la poeta conoc&iacute;a otros sistemas de creencias, o mitolog&iacute;as ajenas a los repertorios m&aacute;s difundidos en Occidente, la desconfianza un tanto ingenua hacia el Dios autoritario e implacable o simplemente indiferente de la tradici&oacute;n b&iacute;blica, invocado o <em>discutido</em> con cierta frecuencia en los primeros libros, pero tambi&eacute;n, por ejemplo, en el mencionado poema de la guerra de Irak, fue dejando paso a una forma de espiritualidad que buscaba, desde una posici&oacute;n pr&oacute;xima a la sensibilidad pagana, la intuida conexi&oacute;n con lo primigenio. El af&aacute;n de trascendencia no tiene ya que ver con una divinidad invasiva o impasible, sino con la atribuci&oacute;n de un car&aacute;cter sagrado a la vida o incluso a los elementos inanimados, hermanados en el &aacute;mbito com&uacute;n de la naturaleza. No es ya el ser para la muerte, puesto que nada ni nadie, como en el hermoso verso de Horacio, muere del todo y en cualquier caso los destinos individuales forman parte de un flujo ininterrumpido en el que lo pasado y lo porvenir se dan la mano.</p>
<p>Ya antes de la deslumbrante tr&iacute;ada de t&iacute;tulos finales, <em>Zona desconocida</em> (2006), <em>Hablando con un haya</em> (2010) y <em>Escritos en la corteza de los &aacute;rboles</em> (2013), libro en el que Julia incluy&oacute; un esclarecedor recuento personal, titulado &laquo;&iquest;Somos quienes quisimos ser?&raquo;, el poema en prosa &laquo;Cuadros de interior&raquo;, recogido en su Poes&iacute;a reunida, puede ser le&iacute;do como una po&eacute;tica donde toman forma expresa las visiones que hasta entonces hab&iacute;an aparecido de modo epis&oacute;dico o embrionario. &laquo;Hay un mundo &mdash;leemos al comienzo&mdash;, un espacio, no s&eacute; si un tiempo, fuera del tiempo, del espacio, tal vez del mundo&raquo;, y es ese mundo fuera del mundo el objeto de la inquisici&oacute;n de la poeta, que se apoya en los sue&ntilde;os para captar los &laquo;ecos ya confusos de un tiempo sin espacio&raquo; o a la inversa: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los espacios de lo que ya no es tiempo?&raquo;. Los hombres han olvidado el lenguaje de los vientos o de la lluvia. Las lenguas, la historia, casi han borrado el rastro. El <em>secreto</em> primordial, del que no obstante quedan pistas, ha sido &laquo;encarcelado por la palabra&raquo;. Saber, como sospecharon los griegos, no es sino recordar.</p>
<p>Podr&iacute;a hablarse de varios planos de lo pret&eacute;rito en la poes&iacute;a de Julia Uceda. El primero, personal, se refiere a episodios m&aacute;s o menos imprecisos de la vida de la poeta &mdash;la infancia, la <em>extra&ntilde;a</em> juventud, las casas o los pa&iacute;ses habitados, el no pa&iacute;s de una madurez o una ancianidad que en buena medida se sit&uacute;a fuera de las coordenadas f&iacute;sicas o biogr&aacute;ficas&mdash;, pero incluso en tales casos las evocaciones particulares se solapan con un &aacute;mbito mayor en el que aquellos no son m&aacute;s que peque&ntilde;as muescas, ciertamente significativas pero a la vez insignificantes, una parte &iacute;nfima de la gran corriente en la que confluimos como perplejas part&iacute;culas de trayectoria ef&iacute;mera, min&uacute;sculos eslabones de una cadena innumerable. Un segundo plano, individual, sugiere una conciencia anterior al nacimiento y remite a &eacute;pocas o escenarios desconocidos por la autora, pero allegados a su memoria en forma de reminiscencias e incorporados a ella de alg&uacute;n modo inexplicable. Un tercero, colectivo, recrea la vida humana antes de la historia o, sobre todo, porque el c&oacute;mputo de los siglos no deja de ser una pr&aacute;ctica reciente, de la invenci&oacute;n de las lenguas a la que los humanos, seg&uacute;n afirman los fisi&oacute;logos, est&aacute;bamos predestinados por la anatom&iacute;a. El cuarto plano, en fin, que cabr&iacute;a llamar c&oacute;smico, apenas se insin&uacute;a pero es deducible de los anteriores si entendemos que los seres dotados con la capacidad del lenguaje &mdash;o estos mismos antes de que convirtieran esa potencia en acto&mdash; forman parte indisociable del universo, que tiene una prehistoria a&uacute;n m&aacute;s remota y oscura. &laquo;No hab&iacute;a &mdash;leemos en la cita preliminar que abre &laquo;&iquest;Qu&eacute; se o&iacute;a?&raquo;, tomada del libro sagrado de los mayas de Guatemala&mdash; un solo hombre, un solo animal... S&oacute;lo el cielo exist&iacute;a. La faz de la tierra no aparec&iacute;a&raquo;. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo puede retrotraerse esa conciencia anterior al nacimiento? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a cuando no hab&iacute;a nada? &iquest;Es esa nada siquiera pensable? &iquest;Puede ser expresada?</p>
<p>Ya se lo preguntaba la poeta cuando ni&ntilde;a: &laquo;&iquest;d&oacute;nde / estaba yo <em>antes</em> de estar aqu&iacute;?&raquo;. En los &uacute;ltimos libros de Julia Uceda aflora, con m&aacute;s fuerza que nunca, esa <em>terra incognita</em>, desgranada en versos oraculares que remiten a otros suyos o los ampl&iacute;an, d&aacute;ndoles unidad y sentido. &laquo;Hablo, / para dar libertad a lo no dicho&raquo;: tal es el imposible empe&ntilde;o de la poeta. En &uacute;ltima instancia, lo que plantea Julia es un alucinante viaje hacia los or&iacute;genes, a ese <em>entonces</em> inconcebible &laquo;donde empieza el tiempo&raquo; sin que nuestros antepasados fueran conscientes &mdash;no pod&iacute;an serlo&mdash; del proceso por el que una vida primaria e indiferenciada dejaba paso a otra realidad en la que los d&iacute;as y tambi&eacute;n los hombres se suceden o caen como las hojas de los &aacute;rboles, de acuerdo con el venerable s&iacute;mil de Homero. &iquest;C&oacute;mo pensaban si no hab&iacute;a palabras? &iquest;Pudo preceder el pensamiento a la aparici&oacute;n de las lenguas? &iquest;Existi&oacute; un lenguaje no hecho de sonidos o de sonidos no verbales cuyo significado ya no sabemos descifrar? &iquest;<em>Qu&eacute; se o&iacute;a </em>en aquella hora <em>cero</em>? Decimos, por cierto, <em>los hombres</em>, pero en &laquo;La primera&raquo; Julia escribe <em>ella</em>, &laquo;la sin memoria, / sin hoy / ni ayer&raquo;, la que aprende el &laquo;tierno alarido&raquo; de &laquo;la piedra o la sagrada encina&raquo;, y recoge as&iacute; el sujeto femenino que a juicio de los antrop&oacute;logos habr&iacute;a llevado el peso de las agrupaciones humanas m&aacute;s antiguas, siendo coherente esta asignaci&oacute;n del g&eacute;nero no s&oacute;lo con la identidad de la poeta, sino tambi&eacute;n con los indicios que apuntan a ese protagonismo arcaico de la mujer a la que la tradici&oacute;n posterior ha atribuido, por su supuesta mayor cercan&iacute;a a la condici&oacute;n <em>salvaje</em>, una especial receptividad a los ciclos o una capacidad innata para <em>sentir</em> la naturaleza.</p>
<p class="textopoema">Venimos de un tiempo &mdash;o un no tiempo&mdash; casi inimaginable que fue hace mucho, cuyos apagados ecos resuenan no tanto en la realidad exterior &mdash;pero algo murmuran los vientos, los bosques, los astros a quienes se detienen a escuchar su m&uacute;sica&mdash; como en el interior de las conciencias. Julia Uceda supo recoger esa suerte de radiaci&oacute;n c&oacute;smica de fondo, como llaman los astrof&iacute;sicos a la que result&oacute; de la gran explosi&oacute;n y vaga desde entonces por el universo, una energ&iacute;a remanente que a veces concentra el foco de su poes&iacute;a y otras se percibe en los m&aacute;rgenes o en los blancos, en los silencios, a la manera de una imprimaci&oacute;n que cubriera todas sus p&aacute;ginas. En ellas la poeta, gran poeta, mostr&oacute; la suprema osad&iacute;a del hacedor, que es crear de la nada y es nombrar &mdash;hasta donde pueden las palabras&mdash; lo que no tiene nombre.</p>
<p class="textopoema">Julia fue una mujer poco complaciente y de afilada mirada cr&iacute;tica, dotada de profundas convicciones humanistas y de una admirable curiosidad intelectual que se reflejaba en su rara familiaridad con otras culturas y tradiciones. Su fr&aacute;gil apariencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os contrastaba con la firmeza de un ideario &eacute;tico y est&eacute;tico asumido desde la independencia, propia de un temperamento que pod&iacute;a parecer ensimismado y distante, pero era bienhumorado y entra&ntilde;able en la cercan&iacute;a. El impresionante haya que dio t&iacute;tulo a uno de sus &uacute;ltimos libros y ten&iacute;a en el jard&iacute;n de su casa de Serantes, con sus m&uacute;ltiples troncos en forma de nao, figura en el frontal de su Poes&iacute;a completa y es la viva imagen de una obra destinada a perdurar en el tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:07:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica, por primera vez en español, a diez poetas ucranianos actuales  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-por-primera-vez-en-espanol-a-diez-poetas-ucranianos-actuales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/YULIA_MUSAKOVSKA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios, se aportan art&iacute;culos originales muy relevantes. En primer lugar, Abelardo Linares desvela nuevas colaboraciones del c&eacute;lebre periodista y escritor Chaves Nogales publicadas durante la guerra civil espa&ntilde;ola en el semanario parisino &ldquo;Madrid&rdquo;. En ellas, los admiradores y detractores encontrar&aacute;n a un Chaves Nogales mucho m&aacute;s plural, m&aacute;s coherente y combativo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Un segundo art&iacute;culo, elaborado por el escritor, cr&iacute;tico y editor Ignacio F. Garmendia, tiene como protagonista a Julia Uceda. Quien fuera Premio Nacional de Poes&iacute;a en 2003, es descrita como autora de una obra &ldquo;que no se parece a la de nadie, tiene un fuerte componente universal y puede definirse sin necesidad de criterios geogr&aacute;ficos o generacionales&rdquo;. De ah&iacute; que su trabajo creativo pueda definirse &ldquo;como una de las aventuras m&aacute;s singulares de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El tercer art&iacute;culo de la secci&oacute;n de Letras de TURIA es una extraordinaria aproximaci&oacute;n panor&aacute;mica sobre la m&iacute;tica generaci&oacute;n del 27 cuando estamos a punto de celebrar el a&ntilde;o del centenario de esta prodigiosa n&oacute;mina de creadores. Y es que, como afirma Manuel &Aacute;ngel V&aacute;zquez Medel en su texto,&nbsp; &ldquo;casi un siglo despu&eacute;s de su reuni&oacute;n en el Ateneo de Sevilla el 16 y 17 de diciembre de 1927 para conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de G&oacute;ngora, la llamada &ldquo;Generaci&oacute;n del 27&rdquo; sigue despertando una fascinaci&oacute;n que trasciende la an&eacute;cdota hist&oacute;rica, literaria y cultural que las fechas designan&rdquo;. De ah&iacute; que V&aacute;zquez Medel elabore una nueva y oportuna mirada que revisita la obra de aquel grupo con ojos del presente.&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Antonio Rivero Taravillo: una semblanza emocional&rdquo;, Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes rinde un personal y sincero homenaje a quien fuera un gran autor, traductor, editor y gestor cultural, radicado en Sevilla y recientemente fallecido. Fue Rivero Taravillo un escritor muy vinculado a la revista TURIA, en cuyas p&aacute;ginas colabor&oacute; con notable frecuencia. Incluso, en su etapa como director de la Casa del Libro, promovi&oacute; y alberg&oacute; la inolvidable y multitudinaria presentaci&oacute;n de una entrega dedicada a su querido Luis Cernuda. Era el a&ntilde;o 2002 y aquel n&uacute;mero terminar&iacute;a agot&aacute;ndose. Como bien se indica en este bell&iacute;simo y sincero testimonio sobre Rivero Taravillo, fue la suya una vida de&nbsp; constante y apasionada dedicaci&oacute;n a la literatura, en todas sus formas y desde distintos &aacute;mbitos.&nbsp;</p>
<p>Completa la secci&oacute;n que TURIA brinda a los estudios literarios un notable art&iacute;culo de Maribel Cruzado. En &eacute;l y bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Los viajes de Richard Wright a Espa&ntilde;a y otras misiones&rdquo;, se describen los v&iacute;nculos con Espa&ntilde;a de este gran escritor estadounidense. Nos narra los tres viajes por nuestro pa&iacute;s que realiz&oacute; en 1954 y 1955, as&iacute; como analiza los textos que a resultas de ellos publicar&iacute;a y aquellos proyectos que nunca llegaron a plasmarse en realidad.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, en el apartado que la revista dedica a publicar narraciones originales, la n&oacute;mina de autores no puede ser m&aacute;s atractiva y potente. Sin duda, garantiza a los lectores que disfrutar&aacute;n con la calidad literaria que brindan indiscutibles nombres propios de nuestras letras como son: Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (&ldquo;Rasmia&rdquo;), Sara Mesa (&ldquo;Bolita azul&rdquo;), Isaac Rosa (&ldquo;La ley de Parkinson&rdquo;), Jes&uacute;s Carrasco (&ldquo;Kayak&rdquo;), Irene Reyes-Noguerol (&ldquo;D&iacute;as de viento&rdquo;) e Hip&oacute;lito G. Navarro (&ldquo;Blanco roto&rdquo;).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UCRANIA, VOCES PARA COMPARTIR UNA GUERRA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Ucrania. Voces para compartir una guerra&rdquo;, TURIA ofrece una amplia y cuidada antolog&iacute;a po&eacute;tica que apuesta por visibilizar la creatividad de los principales autores ucranianos. Sin duda, es una forma de respaldo expl&iacute;cito a un pa&iacute;s que lucha por defender su independencia y legitimidad democr&aacute;tica, as&iacute; como su integridad territorial, frente al expansionismo violento que promueve la Rusia liderada por Vladimir Putin.&nbsp;</p>
<p>Como muy bien subrayan Moloniewicz y Murcia en el texto introductorio de dicha antolog&iacute;a, &ldquo;los ucranianos llevan ya once a&ntilde;os conviviendo con la guerra. Son muchos a&ntilde;os en la vida de una persona. En el caso de la mayor&iacute;a de poetas que se incluyen en esta peque&ntilde;a muestra, es algo as&iacute; como la mitad de su vida adulta y creativa. Su escritura, como la literatura en general, no es un &aacute;mbito aut&oacute;nomo, sino que interact&uacute;a profundamente con la realidad, una realidad marcada por la guerra. No se trata del &laquo;tema de la guerra&raquo; como uno de los posibles temas de la poes&iacute;a, sino de la palabra en acci&oacute;n en una situaci&oacute;n l&iacute;mite&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los diez poetas ucranianos seleccionados por TURIA para dar a conocer su trabajo literario en espa&ntilde;ol son: Les Beley (1987, &Uacute;zhjorod), Kateryna Kalytko (1982, Vinnytsia), Halyna Kruk (1974, Lviv), Boris Humeniuk (1965. Ostriv), Yulia Musakovska (1982, Lviv), Iryna Shuvalova (1986, Kiev), Ostap Slyvynski (1978, Lviv), Iryna Tsilyk (1982, Kiev), Lubov Yakymchuk (1985, Pervomaisk) y Oksana Zabuzhko (Lutsk, 1960).&nbsp;</p>
<p>Todos ellos, como afirman los traductores Moloniewicz y Murcia, &ldquo;son la voz de la sociedad a la que pertenecen. Se convierten, quieran o no, en bi&oacute;grafos de la guerra. &lsquo;Dan ganas de morirse / pero no queda m&aacute;s remedio que hablar / con la boca llena de piedras y clavos / con la boca llena de sangre&rsquo; &mdash;escribe Yulia Musakovska.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Y es que &ldquo;la nueva poes&iacute;a ucraniana nace en los s&oacute;tanos, los refugios, las trincheras, los trenes, en un exilio forzoso. La poes&iacute;a &mdash;nos dec&iacute;a Gabriel Celaya&mdash; es un arma cargada de futuro. En Ucrania, por desgracia, cargada de presente, de un presente que dura ya demasiado tiempo.&rdquo;</p>
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<p><strong>UN IN&Eacute;DITO DE MANUEL CHAVES NOGALES SOBRE P&Iacute;O BAROJA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El &nbsp;nuevo &nbsp;n&uacute;mero &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;revista &nbsp;TURIA &nbsp;abre su sumario con un material de alto voltaje testimonial y gran inter&eacute;s literario: los varios textos in&eacute;ditos del legendario escritor y periodista Manuel Chaves Nogales (1897-1944) encontrados bajo distintos seud&oacute;nimos o embozados en el anonimato en la revista republicana &ldquo;Madrid&rdquo;, editada en Par&iacute;s y que surgi&oacute; en la &uacute;ltima semana del a&ntilde;o 1937. El autor de este descubrimiento es el reconocido escritor, editor y librero de viejo sevillano Abelardo Linares. De todo ello da pormenorizada noticia en su art&iacute;culo &ldquo;El semanario parisino &lsquo;Madrid&rsquo; y Chaves Nogales&rdquo;. Seg&uacute;n dicha investigaci&oacute;n, Chaves Nogales jug&oacute; un papel trascendental en la creaci&oacute;n y desarrollo del semanario &ldquo;Madrid&rdquo;. Y Linares apuntala su tesis analizando con detalle una columna de febrero de 1938 sobre P&iacute;o Baroja en la que Chaves Nogales, pese a ocultarse bajo el seud&oacute;nimo de Zoilo, traza un perfil extremadamente cr&iacute;tico del gran escritor por su regreso a Espa&ntilde;a y su servilismo hacia Franco. TURIA, adem&aacute;s, reproduce &iacute;ntegramente este texto, tan magistral como feroz, sobre Baroja.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Transcribimos, a continuaci&oacute;n, algunos de los p&aacute;rrafos m&aacute;s significativos de lo que escribi&oacute; Chaves Nogales en &ldquo;Madrid&rdquo; acerca de un Baroja al que descalifica sin paliativos</p>
<p>por haberse &ldquo;pasado al enemigo fascista&rdquo;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; viento adverso ha soplado sobre don P&iacute;o? &iquest;Nostalgia del paisaje, del idioma o del clima? &iquest;Tristeza? &iquest;Derrota? Esto &uacute;ltimo, sin duda. De lo contrario, no se explicar&iacute;a la actitud extempor&aacute;nea del autor de <em>Zalaca&iacute;n</em>, cuya vida y obra han sido un trenzado de rebeld&iacute;as. Por su pret&eacute;rito, denso en sinceridades, iconoclasta, irreverente y burl&oacute;n, Baroja ha debido adentrarse ahora en les caminos pardos y &aacute;ridos de Castilla con un gesto pat&eacute;tico de muerte; con ese aire t&aacute;cito y desolado que tienen las despedidas de los viajes sin regreso. Baroja &ndash;que no volver&aacute;&ndash;, deja, detr&aacute;s suyo, sus castillos de fiereza y sus torres de independencia y orgullo. Y no hay rescate posible para el patrimonio que abandona. (&hellip;) Compadezc&aacute;monos de ver a Baroja viejo y en derrota, con nieve en la cabeza y cenizas en el coraz&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JULIA UCEDA, UNA OBRA PO&Eacute;TICA DESTINADA A PERDURAR EN EL TIEMPO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En su art&iacute;culo titulado &ldquo;Julia Uceda: radiaci&oacute;n de fondo&rdquo;, Ignacio F. Garmendia aborda de manera certera, y desde un sincero reconocimiento, la gran obra po&eacute;tica de una autora que durante demasiados a&ntilde;os pareci&oacute; estar confinada a una posici&oacute;n marginal. Y ello a pesar de ser reconocida en parte por la cr&iacute;tica. Quiz&aacute; se debi&oacute; a que la suya fue siempre una poes&iacute;a y una personalidad &ldquo;vocacionalmente exc&eacute;ntricas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Nacida en Sevilla en 1925 y fallecida en Ferrol en 2024, en opini&oacute;n de Ignacio F. Garmendia &ldquo;hay en el itinerario que proponen los diez libros de poemas publicados por Julia Uceda &mdash;desde &lsquo;Mariposa en cenizas&rsquo; (1959) hasta &lsquo;Escritos en la corteza de los &aacute;rboles&rsquo; (2013)&mdash; una natural evoluci&oacute;n, pero hay asimismo, ya visible en las primeras entregas, una continuidad representada por temas recurrentes que pueden cifrarse en una palabra clave, &lsquo;extra&ntilde;eza&rsquo;, fundamental en su vocabulario.&nbsp;</p>
<p class="textopoema">De ah&iacute; que, tras analizar su trayectoria l&iacute;rica, el art&iacute;culo concluya con una afortunada semblanza de la escritora y profesora sevillana: &ldquo;Julia fue una mujer poco complaciente y de afilada mirada cr&iacute;tica, dotada de profundas convicciones humanistas y de una admirable curiosidad intelectual que se reflejaba en su rara familiaridad con otras culturas y tradiciones. Su fr&aacute;gil apariencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os contrastaba con la firmeza de un ideario &eacute;tico y est&eacute;tico asumido desde la independencia, propia de un temperamento que pod&iacute;a parecer ensimismado y distante, pero era bienhumorado y entra&ntilde;able en la cercan&iacute;a. El impresionante haya que dio t&iacute;tulo a uno de sus &uacute;ltimos libros y ten&iacute;a en el jard&iacute;n de su casa de Serantes, con sus m&uacute;ltiples troncos en forma de nao, figura en el frontal de su &lsquo;Poes&iacute;a completa&rsquo; y es la viva imagen de una obra destinada a perdurar en el tiempo.&rdquo;</p>
<p class="textopoema"><strong><br /></strong></p>
<p class="textopoema"><strong>UNA NUEVA MIRADA A LA GENERACI&Oacute;N DEL 27 DESDE EL SIGLO XXI</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>No puede ser m&aacute;s oportuno el art&iacute;culo in&eacute;dito que Manuel &Aacute;ngel V&aacute;zquez Medel publica en TURIA con el t&iacute;tulo &ldquo;Una nueva mirada a la generaci&oacute;n del 27 desde el siglo XXI: hacia una cartograf&iacute;a expandida del campo cultural&rdquo;. Y es que, a un a&ntilde;o de celebrarse el centenario de aquel momento cumbre de nuestra creatividad como pa&iacute;s, ese &ldquo;grupo de artistas &mdash;poetas, pero tambi&eacute;n narradores, pensadores, cient&iacute;ficos, cineastas, creadores pl&aacute;sticos o m&uacute;sicos&mdash; se revela hoy m&aacute;s vigente que nunca. Su obra no es solo testimonio del pasado, sino un sistema cultural vivo, un di&aacute;logo ininterrumpido entre la vanguardia y la tradici&oacute;n, la pureza est&eacute;tica y el compromiso humano, que no ha dejado de influir hasta nuestros d&iacute;as&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n argumenta V&aacute;zquez Medel en TURIA, es necesario reivindicar &ldquo;el car&aacute;cter transversal de un movimiento que fue, ante todo, un proceso abierto y complejo de una &eacute;poca de crisis y profundos cambios, que encontr&oacute; un potente impulso en las vanguardias, en di&aacute;logo con lo mejor de la tradici&oacute;n po&eacute;tica y cultural espa&ntilde;ola, con G&oacute;ngora en su centro (pero tambi&eacute;n la recuperaci&oacute;n del &lsquo;Poema de Mio Cid&rsquo;<em>, </em>gracias a Men&eacute;ndez Pidal, la vuelta a los Cancioneros y al Romancero, o la relectura de Manrique, Garcilaso, Juan de la Cruz o Cervantes, am&eacute;n de Lope, Calder&oacute;n y el teatro cl&aacute;sico, entre otros).&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Y es que hoy debe interpretarse el 27 no como una generaci&oacute;n cerrada de poetas sino &ldquo;un espacio vital y cultural donde la poes&iacute;a dialogaba con la pintura, la m&uacute;sica se fund&iacute;a con el cine, la narrativa exploraba nuevos caminos y el pensamiento cr&iacute;tico intentaba descifrar los signos de un tiempo nuevo, de un tiempo en crisis.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, V&aacute;zquez Medel concluye su texto en TURIA afirmando que &ldquo;la &nbsp;lecci&oacute;n del 27 es la de la apertura: la apertura a las disciplinas, a las influencias internacionales, a la experimentaci&oacute;n formal y, no menos importante, a la diversidad de voces. En un mundo como el nuestro, a&uacute;n marcado por exclusiones y c&aacute;nones r&iacute;gidos, la reivindicaci&oacute;n de este campo cultural plural, dial&oacute;gico y abierto se convierte en un acto de justicia hist&oacute;rica y en un faro para la creaci&oacute;n presente. Recuperar su legado integral es, en definitiva, entender que la cultura no se hace en compartimentos estancos, sino en el f&eacute;rtil y siempre renovado cruce de caminos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>ANTONIO RIVERO TARAVILLO, PARADIGMA DEL HOMBRE DE LETRAS</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En un n&uacute;mero tan especial de la revista TURIA, en el que se dan cita tantos nombres propios vinculados a la ciudad de Sevilla, se ha querido rendir un primer homenaje a uno de sus colaboradores m&aacute;s queridos y longevos: Antonio Rivero Taravillo. Su muerte, el pasado mes de septiembre de 2025, impidi&oacute; que participara como estaba previsto en este sumario. Pero antes, y durante mucho tiempo, fue Rivero Taravillo una firma habitual en las p&aacute;ginas de TURIA.&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, y a la espera de una iniciativa futura m&aacute;s amplia y ambiciosa con la que la revista quiere homenajear a este ejemplar hombre de letras, se publica ahora un hermoso texto de Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes titulado &ldquo;Antonio Rivero Taravillo: una semblanza emocional&rdquo;. En &eacute;l se nos narra c&oacute;mo surgi&oacute; una prolongada amistad de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas con una &ldquo;persona que habitaba el mundo po&eacute;ticamente&rdquo;. Se nos da noticia tambi&eacute;n de c&oacute;mo fue su evoluci&oacute;n, en la vida y en la poes&iacute;a. Esa larga y f&eacute;rtil etapa de madurez que supuso su &ldquo;inmersi&oacute;n profesional en lo que podr&iacute;amos llamar el mundo de las letras. Antonio llevaba a gala no haber ganado nunca un c&eacute;ntimo en un &aacute;mbito que no estuviera relacionado, de alguna forma, con el libro, ya fuera como poeta, bi&oacute;grafo, novelista, ensayista, librero, gestor cultural y editor. Vivi&oacute; desde siempre entregado a los libros y nunca emple&oacute; su tiempo en actividades ajenas: fue hombre de una pasi&oacute;n. No s&eacute; si, simplemente, fueron los a&ntilde;os, pero tengo la sensaci&oacute;n de que en Antonio Rivero se oper&oacute; un proceso de profundizaci&oacute;n: sigui&oacute; adelante, pero m&aacute;s adentro. Se produjo en &eacute;l un mayor desarrollo, una transformaci&oacute;n que se reflej&oacute; en una poes&iacute;a m&aacute;s honda, que buscaba no tanto sorprender como emocionar, siempre desde los c&aacute;nones estrictos de la belleza.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n se describe en TURIA c&oacute;mo acometi&oacute; Rivero Taravillo su enfermedad y la irreversible llegada de la muerte. Seg&uacute;n Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes, es una &ldquo;etapa de trascendencia&rdquo;: &ldquo;Antonio siempre mantuvo una actitud de valent&iacute;a ante su grave enfermedad. Luch&oacute; denodadamente contra ella, pero no desde el rencor ni desde la sensaci&oacute;n de injusticia, sino que tuvo la sabidur&iacute;a y la honestidad de convertir la enfermedad en un proceso de conocimiento. Pese al desgaste de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os y pese a la p&eacute;rdida de energ&iacute;a, Antonio tuvo la valent&iacute;a de acometer los cambios en su filosof&iacute;a de vida que consider&oacute; necesarios, aunque supiera que ya no hab&iacute;a pr&aacute;cticamente tiempo. Sab&iacute;a que las posibilidades eran muy pocas, y, aun as&iacute;, quiso dejarnos ese estremecedor testimonio que supone su obra &lsquo;Un invierno en oto&ntilde;o&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RICHARD WRIGHT, UN AFROAMERICANO VIAJA A LA ESPA&Ntilde;A DE LOS A&Ntilde;OS 50</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Los viajes de Richard Wright a Espa&ntilde;a y otras misiones inacabadas&rdquo;, Maribel Cruzado indaga en los v&iacute;nculos con nuestro pa&iacute;s de este reconocido, y en ocasiones controvertido, escritor norteamericano nacido en Roxie, Estados Unidos, en 1908 y fallecido en Par&iacute;s, Francia, en 1960. Durante tres viajes, realizados en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50 desde Par&iacute;s, Wright recorri&oacute; distintas ciudades espa&ntilde;olas. As&iacute;, Barcelona le pareci&oacute; cosmopolita, pese a descubrir en ella pobreza, suciedad y prostituci&oacute;n. En cambio, Madrid le parece profundamente provinciana. Viaja a Zaragoza, visita la bas&iacute;lica de la Virgen del Pilar y, al describir el tama&ntilde;o de la Virgen, afirma &ldquo;parece una mu&ntilde;equita&rdquo;. Su estancia m&aacute;s larga fue en &ldquo;en &ldquo;la lenta y l&iacute;rica Andaluc&iacute;a, donde el paso y el habla es m&aacute;s pausado y musical que en otros lugares&rdquo;: C&oacute;rdoba, Granada, Algeciras, y Sevilla, ciudad esta &uacute;ltima donde permanece m&aacute;s tiempo y deja&nbsp; numerosos testimonios escritos y fotogr&aacute;ficos.&nbsp;</p>
<p>Gran parte de la obra literaria de Wright (cultiv&oacute; la novela, el relato, la poes&iacute;a y el ensayo) hace alusi&oacute;n a temas raciales, especialmente aquellos que se refieren a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de los afroamericanos a finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX. Wright llam&oacute; la atenci&oacute;n del p&uacute;blico en general por primera vez con un volumen de relatos cortos, &ldquo;Los hijos del t&iacute;o Tom&rdquo; (1938). Su segundo libro de ficci&oacute;n, &ldquo;Hijo de esta tierra&rdquo;, fue un &eacute;xito de ventas y se convirti&oacute; posteriormente en una obra de teatro de Broadway (1941) dirigida por Orson Welles. En 1944 Wright abandon&oacute; el Partido Comunista de los Estados Unidos al que se hab&iacute;a afiliado en 1933 y, despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, se instal&oacute; en Par&iacute;s como expatriado permanente.&nbsp;</p>
<p>Como nos recuerda Maribel Cruzado en TURIA, cuando Wright viene a Espa&ntilde;a ya se ha convertido en el autor afroamericano m&aacute;s famoso y respetado de los Estados Unidos, as&iacute; como en Francia. Pero aqu&iacute; no lo conoc&iacute;a nadie. Hasta su editor norteamericano se hab&iacute;a mostrado reticente con el plan de Wright de escribir un libro sobre Espa&ntilde;a. &ldquo;Pero Wright hab&iacute;a tranquilizado a unos y a otros, asegur&aacute;ndoles que, aun contrario a la dictadura de Franco, su intenci&oacute;n no era sino la de escribir un fresco con las pinceladas e im&aacute;genes de lo que viera y oyera, sin condenar, simplemente tratando de entender y de transmitir a los dem&aacute;s sus impresiones&rdquo;. Ese libro acabar&iacute;a llam&aacute;ndose &ldquo;Pagan Spain&rdquo; y la versi&oacute;n publicada, que conten&iacute;a bastantes menos p&aacute;ginas que las mil del texto inicial no obtuvo la misma acogida que sus obras anteriores. S&oacute;lo el cr&iacute;tico de &ldquo;The New York Times&rdquo; elogi&oacute; su tono provocador y perturbador: &ldquo;los espa&ntilde;oles lo odiar&aacute;n, los cat&oacute;licos quedar&aacute;n consternados, y a otros lectores les parecer&aacute; apasionante&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, nunca se supo si Wright consider&oacute; sus viajes a Espa&ntilde;a una &ldquo;misi&oacute;n cumplida&rdquo;. Su siguiente objetivo, una obra titulada &ldquo;Espa&ntilde;a en el exilio&rdquo; nunca fructific&oacute;. Quedaron en el aire y sin respuesta las preguntas de aquel libro en el que pretend&iacute;a comparar sus viajes con las opiniones de la nutrida colonia espa&ntilde;ola republicana que resid&iacute;a en Par&iacute;s: &ldquo;&iquest;Creen que los espa&ntilde;oles est&aacute;n preparados para una democracia? &iquest;C&oacute;mo piensan construir un puente entre esa Espa&ntilde;a primitiva que yo presenci&eacute; y la que ustedes parecen anhelar? &iquest;Disponen de autogesti&oacute;n suficiente para realizar este importante cambio o cuentan con ayuda externa?&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Wright muri&oacute; en noviembre de 1960 y dej&oacute; no s&oacute;lo aquel proyecto fallido sino otras propuestas que tambi&eacute;n fracasaron. De ah&iacute; que, tras abandonar la narrativa, su &uacute;ltima misi&oacute;n fuera escribir haikus, quedando miles de ellos in&eacute;ditos tras su fallecimiento. Sin embargo, en la actualidad su nombre y su obra est&aacute;n m&aacute;s presentes que nunca en cualquier balance de lo mejor de las letras norteamericanas del siglo XX. <strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Mar 2026 08:57:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como la noche se opone a lo oscuro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/como-la-noche-se-opone-a-lo-oscuro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/VICTORIA_LE_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Victoria Le&oacute;n (Sevilla, 1981) es conocida por sus traducciones al castellano de autores del canon universal como Mary Shelley, Oscar Wilde, R.L. Stevenson, John Ruskin, William Beckford o Ugo Foscolo, pero tambi&eacute;n es autora de libros como <em>Insomnios</em> (2017) y&nbsp; <em>Secreta luz</em> (Vandalia, 2019), por el que obtuvo el IX Premio Iberoamericano de Poes&iacute;a Hermanos Machado.&nbsp;</p>
<p>Traducci&oacute;n y creaci&oacute;n convergen en el Premio de poes&iacute;a Hermanos Argensola 2025, <em>Luz de la noche</em>, publicado por la editorial Visor.&nbsp; Un libro compuesto por cinco partes que recorren la noche, la vida, la poes&iacute;a. Las ruinas son los restos de la palabra, donde la autora refleja la luz en la noche, la transposici&oacute;n de la poes&iacute;a, as&iacute; que leemos: &ldquo;Pero no olvides nunca que vivir / es ver amanecer sobre unas ruinas&rdquo;. As&iacute; que recorre el mundo, el que se ha internado en la noche, donde el fuego de versos ilumina el camino de los h&eacute;roes entre los restos, hacia el amanecer: &ldquo;La tristeza es la voz de nuestro anhelo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Llega la sed y el hambre que se cubre con m&aacute;scaras, oponi&eacute;ndose al miedo. El lector sigue al mundo en su derrumbe, se cubre a oscuras con el disfraz de la noche. Seguimos en la captura de Vasili Kandinski, lo especular de Percy Bysshe Shelley, encontramos referentes en una cosmolog&iacute;a particular del autor, artistas y personajes: Casandra, Oscar Wilde, Bertolt Brecht, S&aacute;ndor M&aacute;rai y Giotto di Bondone. Nombres que nos acompa&ntilde;an hacia la segunda parte, &ldquo;Memoria del futuro&rdquo;, homenaje a aquellos dioses que cruzaban el cielo en carros de fuego, casi extraterrestres que habitaban otros mundos (que est&aacute;n en este). Una revelaci&oacute;n, los versos como una antorcha, entre la niebla, que pivota, grises que son descubiertos por la luz. Un laberinto que atrapa los cuerpos y esos mismos cuerpos acaban por ser laberintos, en una espiral logar&iacute;tmica fuera de las dimensiones eucl&iacute;deas. As&iacute; que, al final, se descubre: &laquo;Todo amor verdadero es un asombro&raquo;, de esas encrucijadas, se eleva la geometr&iacute;a del deseo hasta llegar a la humedad, atinando: &laquo;Fuera del tiempo nuestras sombras se aman&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Esa manera de filtrarse el l&iacute;quido nos deposita en la tercera parte: &ldquo;El espejo del mar&rdquo;, en cinco piezas: &laquo;El mar bate a mis pies y te recuerda / mientras la luna se hunde junto al fango&raquo;. La sed, el trago en la penumbra y, as&iacute;, leemos: &laquo;Caricia de una m&uacute;sica que evoca / otra secreta m&uacute;sica tras ella&raquo;, un coraz&oacute;n que se esconde bajo tierra, en un extra&ntilde;o jard&iacute;n: &laquo;Mueren estrellas en la noche insomne&raquo;, en ausencia del cuarto paso, queda el quinto, alma y esperanza. Dolor que se culmina en un grito: &laquo;El espejo del mar, solo, infinito&raquo;.&nbsp;</p>
<p>En el bloque pen&uacute;ltimo, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Pero quiz&aacute; la noche&rdquo; y as&iacute;, belleza, la herida de la tristeza, la mezcla de luz y el tiempo: &laquo;Tiemblo de fr&iacute;o / y me abrazo a tu sombra. Arde la noche&raquo;. Escribo, tras leer, una noche al margen, en el poema &ldquo;Presagio del olvido&rdquo;, &iquest;qu&eacute; es ese rostro, esa cara c&oacute;smica? Como el poeta atrapado en el duermevela de la creaci&oacute;n, desarrollando un universo alternativo de un polvo inanimado: &laquo;Y yo s&eacute; que eres t&uacute;. Eres t&uacute; siempre&raquo;. La ausencia se identifica con la noche y el fr&iacute;o: &laquo;Si dejo que mi amor por ti se apague, / s&eacute; que yo misma me estar&eacute; apagando, / que es mi &uacute;ltima llama / la que a&uacute;n arde en mi cuerpo&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El final, del mar a la fuente, el agua de la que la sed bebemos, funcionando este extra&ntilde;o maridaje, del manantial donde el amor se extrae de una parte al&iacute;cuota de la existencia: &laquo;Con la tenacidad del fuego del crep&uacute;sculo / que a diario regresa a contemplarme&raquo;. Silencio y misterio, el final al fondo de la caverna. El libro de Victoria Le&oacute;n, <em>Luz de la noche</em>, ejecuta a la perfecci&oacute;n la oposici&oacute;n entre fuego y oscuridad, del d&iacute;a y la noche, la sed y el l&iacute;quido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Victoria Le&oacute;n, <em>Luz de la noche</em>, Madrid, Visor, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Feb 2026 09:41:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Juan Manuel Bonet y Yolanda Pantin ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-juan-manuel-bonet-y-yolanda-pantin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/JUAN_MANUEL_BONET_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas se nos habla, a trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo in&eacute;dito titulado &ldquo;Rectificar es de sabios&rdquo;, acerca de una cuesti&oacute;n palpitante en este vertiginoso y convulso siglo XXI: las controvertidas relaciones entre tecnolog&iacute;a, humanidad y salud mental. Y sobre este trascendente asunto se ocupa con indiscutible clarividencia el fil&oacute;sofo David Pastor Vico, un pensador de indudable magnetismo y clarividencia intelectual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JUAN MANUEL BONET, O LA ETERNA FASCINACI&Oacute;N POR LAS ARTES Y LAS LETRAS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan &nbsp;Manuel &nbsp;Bonet &nbsp;(Par&iacute;s, 1953) ha colaborado en distintas ocasiones con la revista TURIA, aunque su mayor aportaci&oacute;n fue el extraordinario monogr&aacute;fico que coordin&oacute; sobre el escritor franc&eacute;s Patrick Modiano, que terminar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s siendo galardonado con el Premio Nobel en 2014. Circunstancia que hizo que ese n&uacute;mero de TURIA (el 84, publicado en 2007) se terminara agotando al ser la m&aacute;s completa aproximaci&oacute;n hecha en espa&ntilde;ol a su obra.&nbsp;</p>
<p>Bonet ha desarrollado una labor ingente como cr&iacute;tico e historiador del arte&nbsp; contempor&aacute;neo. Su &ldquo;Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a, 1907-1936&rdquo;, publicado por Alianza Editorial en 1995, es un libro de obligada referencia y buena prueba de la sabidur&iacute;a enciclop&eacute;dica, as&iacute; como de la curiosidad y sensiblidad extraordinarias de su autor. La lista de exposiciones que ha comisariado es ampl&iacute;sima y, como gestor cultural, ha desempe&ntilde;ado los puestos de director del&nbsp;Instituto Valenciano de Arte Moderno&nbsp;(IVAM) y del&nbsp;Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof&iacute;a&nbsp;de Madrid. Fue director del Instituto Cervantes en Par&iacute;s desde 2012 a 2017 y, desde enero de 2017 a julio de 2018, ocup&oacute; el cargo de director del&nbsp;Instituto Cervantes.</p>
<p>La conversaci&oacute;n con Juan Manuel Bonet ha sido realizada por Ang&eacute;lica Tanarro, una de las periodistas culturales m&aacute;s prestigiosas de Castilla y Le&oacute;n, responsable durante a&ntilde;os de la secci&oacute;n de cultura del principal peri&oacute;dico de esa comunidad: &ldquo;El Norte de Castilla&rdquo;, que se edita en Valladolid. En la entrevista, Bonet nos habla de su valioso e ingente legado bibliogr&aacute;fico y art&iacute;stico a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez de Cuenca y que va a albergarse en un edificio singular de la localidad de Taranc&oacute;n. Una colecci&oacute;n de libros y obras de arte que har&aacute; las delicias de todos aquellos interesados por las vanguardias art&iacute;sticas y literarias, que han sido siempre su gran pasi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA INFLUENCIA DECISIVA DE SU PADRE Y DE FERNANDO Z&Oacute;BEL</strong></p>
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<p>Tambi&eacute;n nos habla de la influencia de su padre, Antonio Bonet Correa ya fallecido, y que fue un prestigioso catedr&aacute;tico de Historia del Arte, primero fue docente en la Universidad de la Sorbona, en Par&iacute;s. Luego, tras su retorno a Espa&ntilde;a, en 1958, dio clases en las universidades de Murcia, Sevilla y Complutense de Madrid. Fue tambi&eacute;n, durante muchos a&ntilde;os, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Seg&uacute;n Bonet, &ldquo;mi padre me ense&ntilde;&oacute; desde el principio a leer las artes como interconectadas. Lo he llevado a rajatabla en todos los sitios donde he estado, he articulado cosas en las que pintura, arquitectura, fotograf&iacute;a, m&uacute;sica, cine y literatura formaban una unidad&rdquo;. Otra influencia capital en su vida fue la de Fernando Z&oacute;bel, el pintor y director del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.</p>
<p>Nos desvela igualmente Bonet que, en sus a&ntilde;os sevillanos, fue donde aprendi&oacute; a hacer cr&iacute;tica de arte gracias a sus colaboraciones en &ldquo;El Correo de Andaluc&iacute;a&rdquo; y aclara que &ldquo;los dos textos que m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron escritos por Joan Perucho y Octavio Paz&rdquo;.</p>
<p>En otro momento de la entrevista, Juan Manuel Bonet argumenta que &ldquo;la proliferaci&oacute;n de museos de arte contempor&aacute;neo en los 80 y 90 fue necesaria porque ven&iacute;amos de una penuria total&rdquo;. Ente los muchos pintores espa&ntilde;oles de los que se siente cercano, cita a Dis Berlin: &ldquo;un gran viajero y un caso de complicidad intelectual fuerte&rdquo;. A &eacute;l se a&ntilde;adir&iacute;an Miguel Galano, &Aacute;ngel Mateo Charris, Pelayo Ortega&hellip; &ldquo;Tambi&eacute;n estoy muy cercano a Broto, Campano, Sicilia y a los pintores de mi generaci&oacute;n, Alcolea, Quejido, P&eacute;rez Villalta. He seguido muy cerca a los neometaf&iacute;sicos, como he contribuido a bautizarlos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN GESTOR CULTURAL MUY RELEVANTE</strong></p>
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<p>El bagaje de Juan Manuel Bonet como gestor cultural impresiona, pues ha estado al frente de las instituciones m&aacute;s destacadas del pa&iacute;s: fue director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), dirigi&oacute; el Reina Sof&iacute;a y despu&eacute;s el Instituto Cervantes. En todas ellas su salida se produjo con cierta pol&eacute;mica. Sin embargo, considera que todas fueron experiencias muy positivas y de las que solo quiere acordarse de los frutos obtenidos: &ldquo;soy de olvidarme de las penas, algunas son inolvidables, pero no suelo hablar de ello, no ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto&rdquo;.</p>
<p>Ahora, alejado de esos puestos de responsabilidad, Bonet selecciona las obras de su legado, prepara las reediciones de sus libros y maquina futuras exposiciones. Mientras, no olvida su af&aacute;n coleccionista. &ldquo;Aficionado como soy a las listas &ndash;dijo en un preg&oacute;n de una feria del libro antiguo&ndash; alguna vez he pensado en escribir la de &lsquo;los lugares del mundo a los que entr&eacute; a por libros&rsquo;&rdquo;. Y, a buen seguro, que ser&iacute;a una larga lista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>YOLANDA PANTIN O C&Oacute;MO LA VOZ PO&Eacute;TICA SE ALZA POR ENCIMA DE LA TRIBU</strong></p>
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<p>Entre los nombres propios m&aacute;s indiscutibles de la literatura latinoamericana contempor&aacute;nea hay que situar a Yolanda Pant&iacute;n (Caracas, 1954). Su labor como poeta, ensayista, dramaturga, editora y autora de libros para ni&ntilde;os, bien merece el favor de los lectores y el reconocimiento de los estudiosos de nuestra cultura. En esa l&iacute;nea de fomentar el redescubrimiento de su amplia y valiosa obra literaria, la revista TURIA ha querido dedicarle una entrevista en exclusiva en la que se analiza su trayectoria y se difunden sus opiniones. Adem&aacute;s, la entrevista ha sido realizada por otra escritora venezolana: Michelle Roche Rodr&iacute;guez.</p>
<p>Yolanda Pantin ha publicado en Espa&ntilde;a su obra po&eacute;tica reunida (1981-2011) con el t&iacute;tulo &ldquo;Pa&iacute;s&rdquo; (Pre-Textos, 2014). Aunque los inicios de su carrera est&eacute;n vinculados con los grupos literarios Calicanto y Tr&aacute;fico, con cada libro nuevo Pantin ha venido demostrando la singularidad de su voz en el feraz campo de la poes&iacute;a escrita en Venezuela. Buena prueba de su lugar principal en la literatura latinoamericana la acredita su participaci&oacute;n en encuentros de poes&iacute;a y congresos de literatura en Alemania, Argentina, Colombia, Espa&ntilde;a, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Holanda, Israel, Italia, M&eacute;xico, Per&uacute;, Portugal, Rep&uacute;blica Dominicana y Uruguay.</p>
<p>En 1989 recibi&oacute; el Premio Fundarte de Poes&iacute;a en Caracas. Fue becaria de la Fundaci&oacute;n Rockefeller en su Bellagio Study Center y en 2004 recibi&oacute; la Beca Guggenheim. Por el conjunto de su obra, recibi&oacute; en 2015 el Premio Poetas del Mundo Latino &ldquo;V&iacute;ctor Sandoval&rdquo; en Aguascalientes (M&eacute;xico) y en 2017 obtuvo el XVII Premio Casa de Am&eacute;rica de Poes&iacute;a en Madrid. En 2021 gan&oacute; el Premio Internacional de Poes&iacute;a &ldquo;Garc&iacute;a Lorca&rdquo; de la ciudad de Granada. Pantin es, por &uacute;ltimo, coautora del libro&nbsp;&ldquo;El hilo de la voz. Antolog&iacute;a cr&iacute;tica de escritoras venezolanas del siglo XX&rdquo;&nbsp;(2003), uno de los m&aacute;s importantes estudios que sobre literatura femenina se ha hecho en Venezuela.</p>
<p>Como bien se subraya en TURIA, la voz po&eacute;tica de Yolanda Pantin &ldquo;se alza por encima de la tribu como anta&ntilde;o hicieron los chamanes y las sacerdotisas, igual que un faro en la oscuridad&rdquo;. De ah&iacute; que declare en la entrevista que &ldquo;fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&rdquo;. O que &ldquo;[La] b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una voz&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico&rdquo;, reconoce Pantin en la entrevista. De ah&iacute; que que siempre haya tenido cuidado de que su postura pol&iacute;tica (cr&iacute;tica con Hugo Ch&aacute;vez y sus sucesores) no pasara al texto po&eacute;tico, pues ese desliz lo desvirtuar&iacute;a hasta convertirlo en panfleto.</p>
<p>Sin duda, Venezuela es una herida abierta en la obra de Yolanda Pantin y en la de otros autores. No obstante, preguntada por qu&eacute; significa escribir poemas viviendo all&iacute;, cuando muchos familiares, o la mayor&iacute;a de tus amigos y compa&ntilde;eros en el hacer po&eacute;tico est&aacute;n fuera, ella confiesa: &ldquo;no s&eacute; qu&eacute; significa, la verdad. No me lo pregunto. Muchos amigos y amigas se han ido del pa&iacute;s, pero muchos hacemos vida en Venezuela. Nos frecuentamos, nos reunimos. Pero no es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&hellip; No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos yo leo frases&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA TECNOLOG&Iacute;A NO SIEMPRE ES INOCUA</strong></p>
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<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, el fil&oacute;sofo David Pastor Vico reclama un uso responsable de la tecnolog&iacute;a. Su tesis la desarrolla, con brillantez y claridad, en un art&iacute;culo titulado de forma muy reveladora: &ldquo;Rectificar es de sabios. Sobre tecnolog&iacute;a, humanidad y salud mental&rdquo;. Sin duda este asunto resulta clave en nuestro siglo XXI y conviene analizarlo m&aacute;s all&aacute; de emociones y prejuicios.</p>
<p>David Pastor Vico es hijo de emigrantes andaluces, de ah&iacute; que naciera en Jambes, B&eacute;lgica, en 1976. Pero, en 1982, la familia retornar&iacute;a a Sevilla. David es hoy un reconocido profesor, escritor y divulgador de gran proyecci&oacute;n medi&aacute;tica en Espa&ntilde;a y M&eacute;xico. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a en la Universidad de Sevilla, donde se especializ&oacute; en &Eacute;tica de la Comunicaci&oacute;n. Actualmente ejerce la docencia en la UNAM, donde adem&aacute;s colabora con la Direcci&oacute;n General de Divulgaci&oacute;n de las Humanidades. Es autor de los libros &ldquo;&Eacute;tica para desconfiados&rdquo;, &ldquo;Era de idiotas&rdquo; y &ldquo;Filosof&iacute;a para desconfiados&rdquo;<em>,&nbsp;</em>publicados por la editorial Ariel.</p>
<p>Vico fomenta siempre en sus textos el pensamiento cr&iacute;tico. Recoge el testigo de siglos pasados en los que el fil&oacute;sofo asum&iacute;a su papel de analista de la realidad y de provocador del&nbsp;cambio social, no s&oacute;lo desde el mundo de la academia, tambi&eacute;n a pie de calle. Pero la calle de entonces no es la calle de hoy y Vico lo sabe. La posibilidad de visualizaci&oacute;n del fil&oacute;sofo hoy pasa por los medios de comunicaci&oacute;n (radio, prensa, televisi&oacute;n), internet y las redes sociales, donde Vico ha sabido encontrar un hueco para el pensamiento cr&iacute;tico en un mundo que no gusta de pensar demasiado.</p>
<p>En el art&iacute;culo que publica TURIA, Vico asegura: &ldquo;hablar de tecnolog&iacute;a, y analizar su impacto en el mundo, suele ser un ejercicio excesivamente polarizado si se hace a las prisas y corriendo pues, entre &lsquo;misone&iacute;stas&rsquo;<em> </em>y &lsquo;tecn&oacute;filos&rsquo;<em>, </em>solo puede establecerse un juego maniqueo y, en un tablero tan extremo, es dif&iacute;cil que la raz&oacute;n nos pueda traspasar&rdquo;.</p>
<p>De ah&iacute; que su texto resulte, a un tiempo, atractivo de leer y estimulante a la hora de invitarnos a reflexionar sobre este asunto tan decisivo hoy.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Vico, &ldquo;eso de la inocuidad universal de todo adelanto tecnol&oacute;gico est&aacute; m&aacute;s que descartado. Todos los adelantos tecnol&oacute;gicos son maravillosos, es cierto, pero solo desde un punto de vista puramente cient&iacute;fico o tecnof&iacute;lico. Pero ya que todo juicio se elabora desde la perspectiva humana, ya sea este Agamen&oacute;n o su porquero, un cient&iacute;fico o un fontanero, jam&aacute;s vamos a poder desligarnos de factor moral inherente a cada juicio. As&iacute; pues, ser&aacute; el c&oacute;mo y el para qu&eacute; est&aacute; dise&ntilde;ada esa tecnolog&iacute;a, y el uso avieso que hagamos de ella, lo que determinar&aacute; si es buena o mala por construcci&oacute;n y, siendo buena si podemos usarla para el bien o para el mal, seg&uacute;n nuestro inter&eacute;s o retorcimiento.&rdquo;</p>
<p>Por tanto, y a pesar del evidente crecimiento cultural experimentado por nuestras sociedades, &ldquo;seguimos muchas veces actuando antes de pensar, movidos por la emoci&oacute;n o la excitaci&oacute;n del momento y, <em>a posteriori</em>, como buenos cuentistas que somos, intentamos justificarnos&rdquo;. Y as&iacute; ocurre con el uso de la tecnolog&iacute;a en estos momentos. M&aacute;xime porque existen evidencias cient&iacute;ficas claras y abrumadoras de que el uso excesivo de las nuevas tecnolog&iacute;as (m&oacute;viles, tabletas y redes sociales) &nbsp;&ldquo;juegan un papel significativo en el aumento de problemas de salud mental infanto-juvenil&rdquo;. Porque, conviene no olvidarlo, estas herramientas tecnol&oacute;gicas &ldquo;contribuyen a la desadaptaci&oacute;n cerebral, alteran las relaciones sociales, fomentan conductas autolesivas y exponen a los j&oacute;venes a contenidos de riesgo&rdquo;.</p>
<p>De ah&iacute; que David Pastor Vico concluya su art&iacute;culo en TURIA haciendo un claro llamamiento a la urgencia de llevar a cabo un enfoque preventivo en el uso de las nuevas tecnolog&iacute;as que &ldquo;incluya educaci&oacute;n, supervisi&oacute;n y programas escolares espec&iacute;ficos para mitigar sus efectos negativos&rdquo;. Porque no hay nada mejor que ejercer nuestras responsabilidades y &ldquo;asegurar el correcto desarrollo biol&oacute;gico del cerebro de nuestros hijos, o su &oacute;ptima capacidad cognitiva, su buena salud emocional, su correcta interacci&oacute;n social y su desarrollo moral&rdquo;. Ojal&aacute; seamos sabios y rectifiquemos a tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Feb 2026 09:16:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro reflexivo y comprometido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-reflexivo-y-comprometido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ITZ_AR_L_PEZ_GUIL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cita Itziar L&oacute;pez Guil (1968) a Jos&eacute; Mart&iacute; en el poema &laquo;Revoluci&oacute;n&raquo;, de quien creo recordar que, en <em>Nuestra Am&eacute;rica</em>, habl&oacute; de que &ldquo;cr&iacute;tica&rdquo; significa tener criterio, y a quien apelo para contar algo de un libro inusual en su conjunci&oacute;n de asuntos y miradas. Son muchas y diversas, algunas muy duras, pero la c&aacute;lida voz de L&oacute;pez Guil, es capaz de unificarlas sin disonancias, de hablar de cuestiones muy serias con un tono que las acuna y convierte en un acendramiento intenso, esencial, donde no alza la voz, pero no calla. Contemos, para empezar, que estamos ante un libro reflexivo, comprometido con el yo inmerso en la madurez, y donde rememora, denuncia, analiza o dialoga con el lector, tambi&eacute;n con la eleg&iacute;a y el deseo o su ausencia. No solamente, pues <em>Un refugio en la espesura</em> es el libro de una humanista y reivindicadora del otro, del humillado y ofendido, del pobre o del extranjero desde lo consuetudinario, sin alaradas, casi susurr&aacute;ndolo con una intimidad que se abre en un diario y confiesa &laquo;Soy mi propio verso abierto&raquo;. El expl&iacute;cito t&iacute;tulo ya nos dice algo de ese refugio en el mismo y la memoria, de ese parar en medio del camino de la vida para detenerse a pensar/se o resguardarse en el poema tras haberse reconocido en los escenarios y circunstancias, vicisitudes del yo, pero tambi&eacute;n del de los dem&aacute;s, del otro.&nbsp; Y es que los poemas&nbsp; &nbsp;de <em>Un refugio en la espesura </em>nos emplazan desde el paso del tiempo, la rememoraci&oacute;n, el amor o la denuncia cr&iacute;tica, junto a una sentida eleg&iacute;a la figura del padre o del amor ausente, desde el saber decir, de la conjugaci&oacute;n del asunto y el envoltorio.</p>
<p>La culpa inaugura y cierra el libro. Culpa que puede ser individual, impotencia ante el dolor ajeno, pero tambi&eacute;n alzamiento contra lo aparentemente irremediable: &laquo;Por eso has de impedir que te gobierne su Historia&raquo; y donde &laquo;siempre vences, palabra&raquo;. En ese sendero encontramos una sucesi&oacute;n de asuntos que denuncia: acoso escolar, acoso a los pueblos, al pobre, al emigrante (frente a su aporofilia o amor a los desfavorecidos), la mujer maltratada, el <em>mobbing </em>o acoso psicol&oacute;gico, los epulones o ricos indiferentes a la pobreza o al otro desde su inmerecida o heredada posici&oacute;n de jerarqu&iacute;a social. Y tambi&eacute;n a quienes, desde la pol&iacute;tica, con nombre propio (Madrid) &laquo;ensucian por dinero hasta el lenguaje&raquo;. O habla contra los genocidios en esa &laquo;ciudad arracimada contra el mar, muerto sobre muerto sobre/muerto, y a&uacute;n m&aacute;s bombas&raquo;.&nbsp; No insistir&eacute; en la extensa casu&iacute;stica, pero s&iacute; destacar que esa mirada en la denuncia, sin llegar a las maneras de Sergio Reimondi (y su nueva formulaci&oacute;n de poes&iacute;a social), poco tiene que ver con las maneras antiguas del realismo espa&ntilde;ol, sino con un aquilatamiento intensivo de lo abordado muy atractivo en sus fogonazos l&iacute;ricos.</p>
<p>&nbsp;Me ha parecido desde el yo esa conversaci&oacute;n consigo misma, la crisis con que conversa con la vida, con el tiempo y eros, con la muerte, desde una soledad m&aacute;s o menos ocasional, o desasosiego que el estupendo &laquo;Cercan&iacute;as&raquo; identifica con la luz enrarecida en una estaci&oacute;n nocturna. No hay rendici&oacute;n o narcisismo oto&ntilde;al, sino espera del alba, de ese sol tan constante y expl&iacute;cito en sus poemas (l&eacute;ase desde analog&iacute;as), y liberador de la inquietud (&laquo;Tienes que recobrar todo el dominio de ti misma&raquo;). Y es que la zozobra de la edad cuestiona su lugar desde ese estar en el alambre, en ese tr&aacute;fago en fuga o funambulismo existencial y del cuerpo (con firmes, pero justas certezas). Y donde todo es asombro ante la nueva situaci&oacute;n, el apagamiento del deseo &laquo;Todas las cosas se suceden tan de prisa&hellip;&raquo;. Y es que este diario l&iacute;rico, es tan plural como bien ensamblado en su real intimismo &ldquo;confesional&rdquo;, como los de Alejandra Pizarnik (en prosa), en su pl&aacute;tica con la espesura vital en la que ha buscado refugio en el poema. Y junto a todo ello la exquisita sensibilidad ante la naturaleza, la cualidad de la contemplaci&oacute;n que ped&iacute;a Wordsworth y ella posee, la rememoraci&oacute;n o la eleg&iacute;a al padre, que forman ese ramillete de poemas de una poeta que as&iacute; puede llamarse con todas las letras. Si a todo ello le a&ntilde;adimos la cuidada edici&oacute;n de Pepo Paz&nbsp; Saz y Bartleby o las sugerentes ilustraciones, sabremos que 2026 ha empezado m&aacute;s que bien en lo tocante a la poes&iacute;a l&iacute;rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Itz&iacute;ar L&oacute;pez Guil, <em>Un refugio en la espesura</em>, Madrid, Bartleby, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 12:05:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El silencio del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-silencio-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ELIZA_BARRY_CALLAHAN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) es escritora, cineasta, m&uacute;sica y artista visual. Se ganaba la vida escribiendo bandas sonoras para pel&iacute;culas independientes. El 29 de agosto de 2019 sufri&oacute; un incidente que acab&oacute; en la p&eacute;rdida progresiva del o&iacute;do. Curiosamente coincid&iacute;a con la fecha en la que, en 1952, el compositor John Cage hab&iacute;a estrenado 4&rsquo;33&rsquo;&rsquo;. Doscientos setenta y tres segundos en los que la partitura indica al int&eacute;rprete que no debe tocar ni una sola nota. El silencio o el ruido de fondo de los espectadores ser&aacute; el resultado de la pieza. A partir de ah&iacute;, Eliza, en su primera novela, escribe sobre desaparici&oacute;n, p&eacute;rdida y la distancia con el mundo. Nueva York-Los &Aacute;ngeles, en un eje extra&ntilde;o, en un viaje vital en el que suceden muchas cosas en muy poco tiempo. Sexo y deslices, situaciones complejas para personajes aparentemente sencillos, de vidas ociosas. Es la actividad cultural la nueva acci&oacute;n rentista, la gesti&oacute;n de las distancias, puesto que Eliza es una artista global y eso se refleja en el libro.&nbsp;</p>
<p>Construido en forma de dietario minucioso donde se enumeran acciones y ausencias y la manera de relacionarse con sus otros sencillos. Si Venecia es el comienzo, como el agua, se inunda con la playa de Rockaway, llegando hasta el Mediterr&aacute;neo, haciendo acopio de cualquier humedad que, filtrada, le permita detectar lo que la rodea. Cito: &laquo;Hemos llegado a la luna, pero no al o&iacute;do interno&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La novela recorre el arte, la literatura y el cine de Occidente: Pierre Bonnard, Ant&oacute;n Ch&eacute;jov y un apartamento sacado de una escena de &ldquo;La ventana indiscreta&rdquo;. O&iacute;r es una pantalla de est&iacute;mulos que realiza la intersecci&oacute;n con la realidad cambiante. Una mezcla demencial de ondas y campos, de permutaciones que asisten al lector mientras acompa&ntilde;a la degradaci&oacute;n de la escritora: aislamiento y soledad. Ella, sola en su apartamento, vocaliza y exhala, una palabra, hola: &laquo;siempre podr&iacute;a o&iacute;r mi propia voz&raquo;. Un novio, cineasta, un exnovio m&aacute;s bien, que nos permite aumentar el listado de fantasmas e influencias: Kafka, Sophie Marceau y Polanski. Un din&aacute;mico galimat&iacute;as de ocio: &laquo;Durante un tiempo abr&iacute; el correo electr&oacute;nico, buscando una felicitaci&oacute;n o una carta de aceptaci&oacute;n, aunque no me hubiera postulado a nada&raquo;. Es la vida del creador, el encargo, la ayuda. Introducir cultura pop, beisbol, cartas/cromos. Y c&oacute;mo sobrevuela la idea de una escuela lengua de signos. Eso s&iacute;, con un nombre siniestro como Gotham. Una amiga de su madre, enferma terminal le dice: &laquo;Preferir&iacute;a morirme antes que quedarme sola&raquo; y tambi&eacute;n &laquo;La coincidencia es una religi&oacute;n y es agn&oacute;stica&raquo;. El arte contra la m&uacute;sica, la literatura se mezcla con John Cage que nos lleva hasta los ready-mades de Duchamp. Se dedica a prepararse t&eacute; y no beberlo &laquo;La evidente desdicha que sent&iacute;a era una revancha por la ni&ntilde;ez a todas luces feliz&raquo;.&nbsp; Un sentido para el libro, librarse de los contrapesos, apelar a la religi&oacute;n, rezar a la termodin&aacute;mica: &laquo;A veces me olvidaba de que estaba enferma porque la m&iacute;a era una enfermedad sumamente limpia&raquo;. Los Soprano y Jacqueline Onassis. Pruebas, palabras, todo se repite, no sabemos si existe el diagn&oacute;stico, ni mejora, ni s&iacute;ntomas ni soluciones. La observaci&oacute;n y puesta por escrito. El dinero, los ritos, terminar abaratando su vida. Una vida sin flores y llena de marcas blancas. M&aacute;s espectros: Ingrid Bergman e Isabella Rossellini. Mezclar la cortisona con las instalaciones minimalistas de Hanne Darboven, el nihilismo convertido en n&uacute;meros y signos, el arte de la taquigraf&iacute;a. Consistente.&nbsp;</p>
<p>Avanzar en la cura a trav&eacute;s de hipnosis por videollamada, Suzanne Ciani y The Buzzer, un ruido blanco basado en las repeticiones, un alivio sovi&eacute;tico que te lleva a una &eacute;poca distinta, hacia la paz de lo anal&oacute;gico. La aparici&oacute;n de Madrid, m&aacute;s bien de Carabanchel. Su c&aacute;rcel. El r&iacute;o Manzanares y la Quinta del Sordo. Hablar de Goya y sus &ldquo;pinturas negras&rdquo;. De la sordera, claro. Los sentidos de Francisco de Goya, no puede ser casualidad, c&oacute;mo la pesadilla pase de la pared al museo de El Prado.&nbsp;</p>
<p>En el viaje, f&iacute;sico e intelectual, se acumulan referentes, Oscar Wilde, golondrinas que marchan a El Cairo, la pel&iacute;cula &ldquo;El prestamista&rdquo;, este libro tiene algo de gu&iacute;a. Aparece un tercer, cuarto o quinto personaje. No es necesario seguir contando: la novia pelirroja del antiguo novio cineasta. Cultura pop, Quincy Jones, Austin Powers, Alvin y las Ardillas, pel&iacute;culas de Metr&oacute;polis, Malevich, Pieter Brueghel y &laquo;Los peces grandes se comen a los peque&ntilde;os&raquo;. De Nueva York a Los &Aacute;ngeles, en una geograf&iacute;a narrativa que incluye La Habana (y Venecia y Madrid, claro).&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Volver a una canci&oacute;n, no la cita, la reviso al escribir, &iquest;Cu&aacute;l es la frecuencia, Kenneth? De los sovi&eacute;ticos a la televisi&oacute;n americana por cable. Ella tambi&eacute;n estaba en Cuba. Y nos lo explica: Museo Nacional de Cuba, el Taller Experimental de Gr&aacute;fica, Belkis Ay&oacute;n. El viaje a Los &Aacute;ngeles. &laquo;Hay gente que miente sobre sus sue&ntilde;os. Se los inventa sobre la marcha&raquo;. El diario &iacute;ntimo de Adela H. (tambi&eacute;n L'Histoire d'Ad&egrave;le H.) dirigida por Fran&ccedil;ois Truffaut, sobre la hija de V&iacute;ctor Hugo. Con Isabella Adjani, a la que tambi&eacute;n escribi&oacute; canciones Gainsbourg. Hay sitio en el libro para la canci&oacute;n francesa. El sonido de Occidente se introduce en el interior del libro, como los zapatos, artistas retiradas de pop sueco e Imelda Marcos.&nbsp;</p>
<p>En Los &Aacute;ngeles cambiamos las calles del este por las afueras del oc&eacute;ano. Todo contin&uacute;a en la sexualidad inherente del cultureta. Sexo y sordera conviven en la novela como lo hacen las referencias y los cultismos. En Los &Aacute;ngeles m&aacute;s cine y m&aacute;s expl&iacute;cito o natural, ba&ntilde;ado de una extra&ntilde;a sensualidad de un compendio de circunstancias que encajan.&nbsp; De nuevo el sonido contra las voces, &iquest;Qu&eacute; queda? La impronta. Al final no son m&aacute;s que ondas.&nbsp;</p>
<p>Se acerca, la historia dentro de la historia, una an&eacute;cdota sobre la voz que grab&oacute; las indicaciones de los transportes metropolitanos de Nueva York. Otros personajes dentro del personaje. Voz y m&aacute;s voz. Como si fuera el GPS, como si fuera Alexa o el Google Maps. El retorno a casa: &laquo;Cuando entr&eacute; en el apartamento pens&eacute; que quiz&aacute; me encontrar&iacute;a a m&iacute; misma&raquo;. Personajes, duraci&oacute;n, libros y personajes con historias intensas, propuestas. La historia de Johannes Kepler, la composici&oacute;n, el volcado de los movimientos y las &oacute;rbitas de los planetas en una melod&iacute;a. Se parece a la paz, la red, un Dios que compone. Que escribe tambi&eacute;n el silencio. En el listado, &ldquo;El eclipse&rdquo; de L'eclisse (El eclipse) de Michelangelo Antonioni y &ldquo;La furia de dios&rdquo; de Werner Herzog. Seamos indulgentes. En el silencio, cualquier noche es el centro del mundo y el presente se renueva sin cesar. Estemos en Manhattan o la selva peruana.&nbsp;</p>
<p>El tiempo transcurre, se consume el dinero, se avanza en la novela mientras se evapora. No hay estaciones. No hay movimiento, ni mejora. &laquo;Recreaci&oacute;n de la guerra de secesi&oacute;n&raquo;, recordando a George Saunders. Otros personajes, otro cat&aacute;logo, como si la autora buscara una soluci&oacute;n (y lo hiciera, acumulando ideas para historias futuras). Se va cerrando, la amiga moribunda de la madre, el cineasta. &laquo;La vida, viviendo como en una moratoria&raquo;. En julio deja de tomar notas. En agosto, cerrando el a&ntilde;o, el libro, un c&iacute;rculo vital y literario, con su madre en Venecia. All&iacute; volvemos a las indicaciones: &ldquo;La Virgen y el Ni&ntilde;o con santos&rdquo; de Giovanni Bellini y un intercambio de v&iacute;deos con el tercer v&eacute;rtice sensual. Ella, &eacute;l, ella. Lo bueno es saber, de nuevo, conocer la permuta de los actos; &laquo;El silencio se reemplaza constantemente a s&iacute; mismo&raquo;. Hacia el final, como podr&iacute;amos esperar, una carretera, una gruta, todo negro. M&aacute;s que negro, apagado. Y su madre que le pregunta: &iquest;Qu&eacute; vas a hacer ahora? Y nosotros que nos preguntamos, como ella, &iquest;Puede ser que no te escuche, que no te escuches t&uacute; ya?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eliza Barry Callahan, <em>La prueba de audici&oacute;n</em>,&nbsp; traducci&oacute;n de Rita Da Costa, Barcelona, Anagrama 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 11:36:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA presentará en Sevilla su homenaje al escritor vanguardista Antonio Núñez de Herrera el 18 de marzo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-presentara-en-sevilla-su-homenaje-al-escritor-vanguardista-antonio-nunez-de-herrera-el-dieciocho-de-marzo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/TURIA_157-158_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Este homenaje colectivo al escritor vanguardista Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tendr&aacute; lugar en Sevilla, el pr&oacute;ximo 18 de marzo y en la sede del Centro Cultural Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Palacios de la Fundaci&oacute;n Caja Rural del Sur. La presentaci&oacute;n de la revista <em>TURIA</em> consistir&aacute; en un conversatorio en el que el periodista de RNE y poeta Fernando del Val dialogar&aacute; con el historiador C&eacute;sar Rina y el periodista Jos&eacute; Mar&iacute;a Rinc&oacute;n, dos autores que poseen una dilatada trayectoria investigadora y divulgadora sobre N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y que han coordinado el citado monogr&aacute;fico.&nbsp;</p>
<p>El objetivo principal de este nuevo n&uacute;mero de <em>TURIA</em> es dar a conocer qui&eacute;n fue Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, qu&eacute; papel jug&oacute; en las denominadas vanguardias hist&oacute;ricas y fomentar tambi&eacute;n la lectura de un prosista transgresor en una etapa que se ha venido en denominar la Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n afirman en su art&iacute;culo introductorio los dos coordinadores del monogr&aacute;fico, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera &ldquo;encarn&oacute; una de las apuestas m&aacute;s firmes por la fusi&oacute;n de la literatura y el periodismo, creando las estampas, g&eacute;nero literario en prosa que sobresale por la subjetividad, la cr&iacute;tica social, el &aacute;nimo humor&iacute;stico y la pulsi&oacute;n vanguardista. Su olvido, por tanto, ha sido may&uacute;sculo, similar al de otros prosistas de la &eacute;poca, ahora felizmente rescatados, entre ellos, Manuel Chaves Nogales&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En N&uacute;&ntilde;ez de Herrera se cumple una vez m&aacute;s esa tesis que asegura que existen &ldquo;libros que garantizan la fama literaria, pero encasillan a su autor en una jaula tem&aacute;tica&rdquo;. De ah&iacute; que, en <em>TURIA</em>, se subraye que su originalidad e importancia va mucho m&aacute;s all&aacute; de la &uacute;nica y sobresaliente obra que public&oacute; en vida: &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;. Un libro fascinante sobre la gran fiesta sevillana que sigue impactando hoy por su magnitud estil&iacute;stica y por la variedad de ideas sugerentes y modernas que contiene.&nbsp;</p>
<p>Pese a todo ello, y como se recuerda en las p&aacute;ginas de la revista, ese ins&oacute;lito e innovador libro de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, &ldquo;hoy reconocido como el acercamiento m&aacute;s sustancial al fen&oacute;meno de la Semana Santa, atraves&oacute; d&eacute;cadas de absoluto silencio. Nadie lo rese&ntilde;&oacute; ni habl&oacute; de &eacute;l durante a&ntilde;os. No se encuentran respuestas convincentes a este vac&iacute;o. El autor contaba con una amplia red de contactos literarios, forjada en numerosas contribuciones en revistas y peri&oacute;dicos, y hab&iacute;a sido un activo mediador cultural entre Sevilla y Madrid y entre el grupo Mediod&iacute;a y las vanguardias de la &eacute;poca. Adem&aacute;s, hacia<strong> </strong>diciembre de 1934, cuando se publica &lsquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip;&rsquo;, era un personaje relevante en las letras, el periodismo y la pol&iacute;tica local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n la tesis que Juan Bonilla expresa en el art&iacute;culo que publica <em>TURIA</em>: &ldquo;A N&uacute;&ntilde;ez de Herrera le hubiera gustado, creo, el truco de Bergam&iacute;n para inventarse una etimolog&iacute;a sobre la palabra &lsquo;religio&rsquo;, que no vendr&iacute;a de &lsquo;religare&rsquo; &ndash;unirse&ndash; sino de &lsquo;relegere&rsquo;. La religi&oacute;n como un modo de releer el mundo. Se nos ha ofrecido un texto y tenemos que leerlo y releerlo, interpretarlo s&iacute;. Pero interpretarlo no en el sentido de darle un significado, sino en el sentido musical: convertirlo en melod&iacute;a. Eso es lo que logra una fiesta cuando eleva la vida a alegr&iacute;a de estar vivos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, con este monogr&aacute;fico sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, la revista <em>TURIA</em>&nbsp;quiere iniciar una etapa de mayor vinculaci&oacute;n con Andaluc&iacute;a y sus autores de mayor proyecci&oacute;n e inter&eacute;s literario. Una l&iacute;nea de trabajo cultural que ya obtuvo grandes logros en el pasado y de la que son testimonio los inolvidables monogr&aacute;ficos dedicados a Luis Cernuda y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, que se encuentran agotados desde hace a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Buena prueba de esta vocaci&oacute;n de difundir la notable y f&eacute;rtil creatividad literaria la gran urbe andaluza es el dato de que m&aacute;s de 40 escritores radicados o vinculados a Sevilla participen en esta nueva entrega de la revista <em>TURIA</em>. Son textos todos ellos originales y muestran el f&eacute;rtil y plural protagonismo de Andaluc&iacute;a tanto en la narrativa, como en la poes&iacute;a o el ensayo espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo.&nbsp;</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Fue fundada en Teruel en 1983, su difusi&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n y est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas de referencia en el &aacute;mbito cultural espa&ntilde;ol.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Caja Rural del Sur.&nbsp;</p>
<p>Desde 2013, la revista <em>TURIA</em> compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista tiene actualmente m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA, UN HETERODOXO EN LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS</strong></p>
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<p>Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera (Campanario, Badajoz, 1900 &ndash; Montegordo, Portugal, 1935) dispone ya, para disfrute del buen lector actual, de un certero y clarificador monogr&aacute;fico que no s&oacute;lo subraya su condici&oacute;n de heterodoxo en una Sevilla convertida en ciudad de los prodigios sino que, como se indica en el art&iacute;culo introductorio, &ldquo;trasciende de los l&iacute;mites tem&aacute;ticos de la literatura cofrade y de las fronteras de la ciudad de Sevilla para presentarse como modelo de una generaci&oacute;n que, adem&aacute;s de la poes&iacute;a, ejerci&oacute; ampliamente la prosa y que encauz&oacute; el impacto de su literatura en peri&oacute;dicos y revistas, m&aacute;s din&aacute;micas y &aacute;giles que los libros. La trayectoria de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tambi&eacute;n nos muestra la importancia que tuvo la sociabilidad en la gestaci&oacute;n de un espacio de experimentaci&oacute;n vanguardista y de autoafirmaci&oacute;n generacional conocido como grupo o generaci&oacute;n del 27. Dicha hornada no fue el resultado exclusivo de una serie de encuentros casuales en Madrid, sino que se confeccion&oacute; tambi&eacute;n en colectivos y publicaciones surgidos en la periferia. Sirva tambi&eacute;n este cartapacio para ampliar la n&oacute;mina de heterodoxos andaluces con un personaje que hizo del laberinto urbano de Sevilla un laboratorio creativo para comprender las transformaciones globales de la modernidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como bien escribe Eva D&iacute;az P&eacute;rez en <em>TURIA</em>, cuando se inaugura el a&ntilde;o 1927 la capital de Andaluc&iacute;a era una ciudad prodigiosa: &ldquo;Gracias al impulso del torero y dramaturgo Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as el Ateneo de Sevilla convoca a los j&oacute;venes poetas para conmemorar el tercer centenario de la muerte de don Luis de G&oacute;ngora en diciembre de ese a&ntilde;o. Es la clausura detodo un a&ntilde;o dedicado al poeta barroco que los poetas nuevos enarbolan para su revoluci&oacute;n est&eacute;tica. En Sevilla tendr&iacute;a lugar la puesta en escena oficial del grupo emergente con las jornadas y recitales y, sobre todo, con la fotograf&iacute;a que pasar&iacute;a a la posteridad de la historia literaria. Sin embargo, ese acto fundacional no fue una simple y azarosa an&eacute;cdota. El hecho de que se celebrara en Sevilla se debe a la jugosa atm&oacute;sfera cultural que se hab&iacute;a creado desde comienzos de siglo. Siendo una ciudad anclada en la tradici&oacute;n, vivi&oacute; con animaci&oacute;n el esp&iacute;ritu de la modernidad y de los movimientos de vanguardia. Fue eso lo que hizo que se produjera aquel momento estelar de la literatura.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN COMPROMISO EXPL&Iacute;CITO CON LA REP&Uacute;BLICA</strong></p>
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<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n, en su art&iacute;culo titulado &ldquo;N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y el grupo Mediod&iacute;a: el solitario en el rinc&oacute;n de Trotsky&rdquo;, explica la trascendencia de la revista &ldquo;Mediod&iacute;a&rdquo; y el f&eacute;rtil ambiente cultural que, en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, vivi&oacute; la capital hispalense. Tambi&eacute;n nos recuerda que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera sobresali&oacute; no s&oacute;lo por su brillantez dentro del aquel grupo literaria. Su compromiso pol&iacute;tico republicano lo singulariz&oacute; &ldquo;frente a sus compa&ntilde;eros de aventuras, m&aacute;s tibios pol&iacute;ticamente y, por lo general, situados en posiciones m&aacute;s conservadoras&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como cuenta Rond&oacute;n en <em>TURIA</em>, &ldquo;ese apoyo expl&iacute;cito a la Rep&uacute;blica lo materializ&oacute; en distintas tareas con una clara exposici&oacute;n p&uacute;blica: &ldquo;Ocup&oacute; as&iacute; de forma ef&iacute;mera la secretar&iacute;a del primer alcalde republicano de Sevilla, Rodrigo Fern&aacute;ndez y Garc&iacute;a de la Villa, ejerci&oacute; temporalmente de responsable de prensa del Partido Republicano Aut&oacute;nomo de Diego Mart&iacute;nez Barrio, y fue secretario del Centro de Estudios Andaluces impulsado por Alfonso Lasso de la Vega y Jim&eacute;nez-Placer durante su etapa como director-conservador del Alc&aacute;zar, el primer gestor municipal tras la cesi&oacute;n del monumento a la ciudad. De la mano de Lasso de la Vega, considerado uno de los precursores del andalucismo, tambi&eacute;n impuls&oacute; la creaci&oacute;n de la Hemeroteca Municipal de Sevilla, convirti&eacute;ndose en el jefe t&eacute;cnico de la nueva instituci&oacute;n cultural&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LAS NUBES DE LA AUTOINDULGENCIA</strong></p>
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<p class="Formatolibre">Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Las &lsquo;verdades de plata&rsquo; de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera&rdquo;, Carlos M&aacute;rmol desarrolla con brillantez en TURIA su tesis de c&oacute;mo el escritor extreme&ntilde;o se convirti&oacute; en el &ldquo;cronista heterodoxo de las tradiciones de Sevilla&rdquo; y c&oacute;mo &ldquo;revolucion&oacute; la ret&oacute;rica de la literatura hispalense con su prosa de s&iacute;ntesis&rdquo;. Seg&uacute;n argumenta Carlos M&aacute;rmol, &ldquo;nada es m&aacute;s ex&oacute;tico, para quien vive en las nubes de autoindulgencia, que lo que le sucede en su ciudad. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, en realidad, no inventaba nada. Sencillamente levant&oacute; acta &ndash;a su manera, claro est&aacute;&ndash; de lo que ten&iacute;a delante de los ojos y que, desde luego no por una ceguera ecum&eacute;nica, sino por una selecci&oacute;n consciente, la mayor parte de la prosa cofrade, al margen de su calidad (en general, escas&iacute;sima), hab&iacute;a preferido obviar, ignorar y no mencionar. Desde este punto de vista, la gran aportaci&oacute;n de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera al subg&eacute;nero (tan sevillano) de los libros sobre cofrad&iacute;as es ser, quiz&aacute;s sin propon&eacute;rselo, el primer escritor <em>realista</em>. Aunque de un realismo divergente al habitualmente sobreentendido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Formatolibre">Por su parte, el editor y cr&iacute;tico David Gonz&aacute;lez Romero, en su art&iacute;culo titulado &ldquo;Suertes y desgracias de un libro &uacute;nico&rdquo;, nos narra sus distintas aproximaciones a la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y, entre otras informaciones muy oportunas, nos aclara que &ldquo;justo en los aleda&ntilde;os de la fiebre de la Expo del 29 fueron muchas las plumas meridionales que se asentaron en la prensa de Madrid. Entre 1929 y 1931 Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera fue uno de ellos. Y esas estampas sevillanas, muchas de ellas destinadas a interpretar la Sevilla pre, durante y post Expo, guardaban un tremendo parecido y compart&iacute;an materiales con la mitad volteriana que intervendr&iacute;a m&aacute;s tarde en su &uacute;nico libro, de 1934, verdaderamente titulado &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;<em>, </em>y en buena medida, gestado en el ejercicio diario de un periodismo literario por igual de reflexi&oacute;n pol&iacute;tica, de costumbrismo par&oacute;dico, de humorismo callejero&hellip;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El artista Pedro G. Romero, entrevistado por Charo Ramos a prop&oacute;sito de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, confiesa en <em>TURIA</em>: &ldquo;Mi trabajo siempre tiene en cuenta que la vanguardia sucedi&oacute;&rdquo;. Y conviene subrayarlo porque este creador nacido Aracena, Huelva, en 1964, lleva varias d&eacute;cadas desarrollando un intenso trabajo con la cultura popular. Una labor que le fue reconocida con Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas 2024. A Pedro G. Romero le atrae de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera la lectura vanguardista que &eacute;ste hizo de la Semana Santa de Sevilla durante la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola. Una impronta que se refleja tanto por sus cualidades literarias como por su visi&oacute;n est&eacute;tica. Y por su particular acercamiento a la dimensi&oacute;n dual de lo sagrado.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de los ya citados, otros art&iacute;culos que completan la aproximaci&oacute;n de <em>TURIA</em> a Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y su obra son los de Guadalupe Nieto Caballero (&ldquo;Estampas extreme&ntilde;as de la Edad de Plata: de textos, contextos y autores&rdquo;), Javier Navarro de Pablos (La Sevilla prometida. Apuntes urbanos y derivas pol&iacute;ticas en la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera&rdquo;), Concha Langa Nu&ntilde;o (&ldquo;Las aventuras period&iacute;sticas de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera: el semanario &lsquo;Cr&iacute;tica&rsquo; y el diario &lsquo;El Pueblo&rsquo;&rdquo;), Roc&iacute;o Plaza Orellana (&ldquo;Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera en los arenales del silencio. Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de su Semana Santa&rdquo;), Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Soriano (&ldquo;Prosas y prosistas del &lsquo;27&rsquo;: el alcance de su escritura&rdquo;) y &nbsp;cierra el monogr&aacute;fico una completa biocronolog&iacute;a de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera a cargo de los coordinadores del monogr&aacute;fico. &nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>TURIA</em> PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA </strong></p>
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<p>Entre las novedades sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera que aporta la revista <em>TURIA</em>, destaca un breve recopilatorio de material in&eacute;dito del autor de &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;. Seg&uacute;n indican Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n y C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n en su presentaci&oacute;n: &ldquo;la digitalizaci&oacute;n de archivos y hemerotecas y los avances en la investigaci&oacute;n sobre el escritor han favorecido la localizaci&oacute;n de m&aacute;s de una veintena de piezas, de las que se presentan cuatro que abarcan, en buena medida, las distintas facetas de su obra&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Uno de esos in&eacute;ditos es un sugerente diccionario filos&oacute;fico. Publicado originalmente en la revista argentina &ldquo;S&iacute;ntesis&rdquo;, ratifica su inclusi&oacute;n en el horizonte est&eacute;tico de las vanguardias.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA:&nbsp;</strong><strong>&ldquo;ALGUNOS APUNTES DE UN MAL ESTUDIANTE DE FILOSOF&Iacute;A&rdquo;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese art&iacute;culo elaborado en formato de breve diccionario:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;ANAX&Iacute;MENES. Cosmolog&iacute;a a&eacute;rea: El mundo un cuajar&oacute;n de aire; la vida, un par&eacute;ntesis aviador; y un buchito de viento, el alma. Cada persona un globo &ndash;un gl&oacute;bulo&ndash; que la muerte desinfla f&aacute;cilmente.&nbsp;</p>
<p>DI&Oacute;GENES. Hijo arruinado de S&oacute;crates tiene, por necesidad, que hacerse troglodita y vegetariano. Vive con la Virtud, dama andrajosa que acaba meti&eacute;ndose a ramera en casa de la Cirenaica.&nbsp;</p>
<p>ANAXIMANDRO. El mundo y sus dioses son unos aparecidos de ese gran vivero del <em>apeiron</em>; ectoplasmas que flamean cierto tiempo y luego regresan, sin otra novedad, a ese gran cementerio del <em>apeiron</em>.&nbsp;</p>
<p>PIT&Aacute;GORAS. El universo, un cociente; el dividendo, la m&oacute;nada. La historia, una cuenta corriente; dios, un tenedor de libros. Ser = 1. No ser = -1. Alma/Cuerpo = 1 /n. 1= 00. Pit&aacute;goras: inventor del sistema filos&oacute;fico decimal y del juego a pares y nones.&nbsp;</p>
<p>ATOMISTAS. Los atomistas no hacen sino pulverizar y poner en marcha &ndash;fuelles&ndash; a los ele&aacute;ticos. Y encender la iluminaci&oacute;n &ndash;&aacute;tomos a la veneciana&ndash; del esp&iacute;ritu.&nbsp;</p>
<p>LOS C&Iacute;NICOS. Los c&iacute;nicos eran buenos con martingala; pobres meritorios; feos de conveniencia; plebeyos honorarios y canes de afici&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>HER&Aacute;CLITO. El de Her&aacute;clito es un eclecticismo de aleaci&oacute;n: el ser y el no ser fundidos en el crisol del suceso y, en torno a los j&oacute;nicos din&aacute;micos, Her&aacute;clito encendiendo el fuego &ndash;asterisco del mundo&ndash; sin miedo a los bomberos de Thales.&nbsp;</p>
<p>EMP&Eacute;DOCLES. A&uacute;n se escrib&iacute;a la filosof&iacute;a en versos, y as&iacute; le result&oacute; un poema que no una filosof&iacute;a: en la entrada del caos el feto del mundo &ndash;cuadr&uacute;pedo de los cuatro elementos&ndash; viv&iacute;a en paz, hu&eacute;sped tranquilo en la matriz at&oacute;mica. Mas lleg&oacute; el odio y enemist&oacute; a los &aacute;tomos, aprendices de hombres; pero vino luego el amor, y en el abrazo cordial y en la c&oacute;pula de los &aacute;tomos apaciguados la vida floreci&oacute; en una primavera de organismos.&nbsp;</p>
<p>ESTOICOS. Los c&iacute;nicos fueron los &laquo;bohemios&raquo; de la filosof&iacute;a; los estoicos son los c&iacute;nicos, pero vestidos de limpio.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 11:06:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los distintos estadios de la enfermedad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-distintos-estadios-de-la-enfermedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ANA_MAR_A_SHUA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ana Mar&iacute;a Shua (Buenos Aires, 1951) es una escritora argentina, especializada en el microrrelato. Uno de sus &uacute;ltimos libros, publicado en 2019, <em>La Guerra</em> (P&aacute;ginas de Espuma), alcanz&oacute; a p&uacute;blico y cr&iacute;tica, encumbr&aacute;ndola como uno de los referentes del g&eacute;nero.&nbsp; Tambi&eacute;n ha incursionado en la literatura juvenil y la poes&iacute;a mientras su narrativa no dejaba de obtener premios y reconocimientos.&nbsp; Su &uacute;ltimo libro de cuentos, <em>Sirena de r&iacute;o</em> (Emec&eacute;) se public&oacute; en Buenos Aires en 2022 y ahora P&aacute;ginas de Espuma edita <em>El cuerpo roto</em>, una profunda reflexi&oacute;n sobre la enfermedad y la vida, sobre el deceso y la familia. Uno de esos libros donde los relatos parecen cap&iacute;tulos de existencias distintas, instantes capturados en una polaroid emocional con la que el lector se siente identificado.&nbsp;</p>
<p>Padres e hijos, mujeres y maridos, sangre y amistad. Todo converge entre recetas, historia, hospitales y situaciones l&iacute;mite que, por su car&aacute;cter humano, gen&eacute;rico, todos acabamos navegando. Inquietante en la brutalidad, en el manejo de los tiempos narrativos, el modo en el que se extiende la enfermedad por las p&aacute;ginas, de lo leve a lo terminal: lugares y situaciones, la desolaci&oacute;n, las palabras que definen el miedo y tambi&eacute;n palabras que, qued&aacute;ndose en el aire, no acaban de significar nada.&nbsp;</p>
<p>En el primer cuento, &laquo;Un canto a la vida&raquo;, nos encontramos con el primer estadio de la simple molestia, conocido por todos, el del ibuprofeno y el paracetamol. Y vemos c&oacute;mo crece, primero muscular, luego el movimiento. Es curioso que las mismas p&aacute;ginas se detienen un instante: el dolor y la enfermedad viajan a distintas velocidades. Hasta la llegada de la palabra-encrucijada, met&aacute;stasis, desfilar&aacute;n el tramadol y sus derivados. Es la supervivencia: la quimioterapia, la falta de sue&ntilde;o, la paranoia. La gran palabra, que siempre aparece, que est&aacute; ah&iacute;. C&aacute;ncer. Un cuento impregnado de empat&iacute;a, del que recibe el lector una lecci&oacute;n cualitativa, doble: no abandonarse al chamanismo y s&iacute; a la ciencia. Y, por supuesto, una lectura de esperanza.&nbsp;</p>
<p>Con &laquo;Rita y el doctor&raquo;, otra enfermedad, otro lugar: la mente, que derrotada y presta, acaba siendo lucha m&aacute;s. Esa sensaci&oacute;n que Shua transmite, de repetir lo mismo mil veces a mil personas distintas, los informes acumulados, la extra&ntilde;eza del paciente frente al doctor, como si fueras, a la vez, su primer y &uacute;ltimo paciente. Y un delicado salto temporal, que olvida lo inc&oacute;modo de lo sexual para llegar a la lenta poes&iacute;a del olvido. Una extra&ntilde;a pasi&oacute;n, un cuento bell&iacute;simo.&nbsp;</p>
<p>Mi favorito es &laquo;Casi una cr&oacute;nica&raquo;, una especie de Hunter S. Thompson en el servicio p&uacute;blico de la Argentina: gente que hace el aguante de lunes a jueves (&ldquo;se la banca&rdquo;) y acaba en urgencias el viernes o el s&aacute;bado, salvando la semana como mejor pueden. Un paraguayo obeso, una chica rica que sangra, lo privado frente a lo p&uacute;blico, un tipo sondado que vive en la calle, empat&iacute;a -es un libro que sobrevive con un suministro infinito de empat&iacute;a-, las risas, el atajo, la coca&iacute;na haciendo su aparici&oacute;n conforme avanza la noche. El whisky y la timba. Duros como estatuas, llega m&aacute;s droga, PACO (pasta base): &ldquo;No bajes&rdquo;, se puso dura la noche, lleg&oacute; la polic&iacute;a, hay un charco de sangre, &ldquo;Se pudri&oacute; todo en la guardia&rdquo;. Un manifiesto de realismo sucio, casi period&iacute;stico. Volver a los setenta, cuando en la Argentina todo era t&eacute;cnico y pol&iacute;tico, &laquo;T&eacute;cnicas modernas&raquo;. Incluso el sexo se somet&iacute;a a la teor&iacute;a pura, igual que los vol&uacute;menes de marxismo, los hab&iacute;a para el acto. Un forro, un frotamiento. Un amor inacabado, un recuerdo agridulce. No habr&aacute; m&aacute;s penas ni olvido.&nbsp;</p>
<p>La belleza llega con &laquo;El cuerpo roto&raquo;, una narraci&oacute;n acelerada, de marido y mujer, una relaci&oacute;n de largo recorrido. Cari&ntilde;o y espera, cuerpos estropeados, la confusi&oacute;n y el hermetismo del recuerdo. Cronometrando el cuento, envuelto en la melaza que siembra el olvido. Ella est&aacute; muy viva. Hay demasiadas viudas en el mundo. Todos lo sabemos. Pero, por llevar la contraria, leo &laquo;Cuidar un gato&raquo;, la tristeza es el reguero de un perfume, un abrazo que queda. Fue ella la que se march&oacute; y el viudo no sabe qu&eacute; hacer con la ropa. Una ligera sonrisa: &laquo;Vos no necesit&aacute;is una novia, necesit&aacute;is una empleada&raquo;. Y llegar el desplome con un abrazo, con otra ausencia, porque la mascota, el gato, es la &uacute;ltima luz encendida que dej&oacute; su esposa. La autora disecciona el paso del tiempo, sin caer en lo obvio, llegando a cada uno de los que leen, porque es un cat&aacute;logo completo de personajes y estados, de momentos y recuerdos.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Los gasp&aacute;ridos&raquo; es la complicaci&oacute;n de una intervenci&oacute;n, los grupos de WhatsApp, la autora describe el desgaste, la realidad frente a una estancia prolongada en un hospital, c&oacute;mo todos tienen que seguir, de una manera u otra, primero los amigos, luego los familiares, finalmente los hijos, viviendo sus vidas. Al final, solo ella, esperando, de Buenos Aires al DF: &laquo;Lo vemos dos veces por d&iacute;a. No habr&aacute; m&aacute;s mensajes mientras no haya novedades&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Gaviotas en el bosque&raquo; es un cuento que aborda otra forma de amor y enfermedad. Padre e hija, anfetaminas y whisky, el desorden como forma de vida, la paciencia como soluci&oacute;n. Un mazo de recetas, fotocopias y farmacias, pastillas, muchas pastillas. Un dibujo, el presente y el pasado. &iquest;Habr&aacute; futuro entre tantas propuestas truchas? Un dibujo, un animal, cien animales, el zoo: recurrir a la infancia. Estacionar en la paz. La b&uacute;squeda por internet, una diarrea, los hospitales como foco de problemas, la llegada de la dependencia.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Am&iacute;n o la ca&iacute;da&raquo; es un relato de recuerdos, una vida en su final, donde lo imaginario se confunde con lo real. &iquest;Qu&eacute; buscas? Pues un final magn&iacute;fico y agridulce para ella, para Luis, para el otro, como nos ofrece la autora. De ah&iacute;, a un sue&ntilde;o de p&eacute;plum, de M&oacute;nica y sus m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os. Esta vez, t&iacute;a y sobrina. Las recetas como parte de la vida, ritmos de bl&iacute;ster y pastillas.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Unos d&iacute;as en la playa&raquo; habla del cansancio de la familia con una persona dependiente, pero tambi&eacute;n, de los fenotipos que la sociedad deja en sus m&aacute;rgenes, unos con m&aacute;s suerte que otros: adictos, suicidas, ni&ntilde;os que extra&ntilde;an a su madre, padres que dan miedo a sus hijos&hellip; al final, volver y volver. Como un tango fuera del tiempo.&nbsp;</p>
<p>Uno de mis relatos favoritos es &laquo;Selva y el diablo&raquo;, c&oacute;mo emparenta la paranoia del proceso, con la revoluci&oacute;n de 1955, con el peronismo, montoneros, la violencia y el monte, d&iacute;as bravos de comunismo y muerte. Pero, al final, la gente se junta alrededor de un cad&aacute;ver al que frotan el pecho para mantenerlo caliente antes de la llegada de la familia. En tiempo de desaparecidos y violencia pol&iacute;tica, la gente sigue muriendo por enfermedad. Ll&aacute;malo causas naturales, si quieres: &laquo;Sos un cad&aacute;ver que camina&raquo;. Una, la pelirroja, la que llevaba el control de un personaje, de Selva, en la c&eacute;lula, acab&oacute; muerta por un infarto, despu&eacute;s de un ataque de asma, en centro de detenci&oacute;n, torturada. &iquest;Qu&eacute; se puede escribir sobre eso? Y cito, una frase, final de relato: &laquo;Y de la &eacute;poca del miedo no se hable m&aacute;s que es cosa triste&raquo;, El final, con &laquo;Despu&eacute;s de la muerte&raquo; es la conclusi&oacute;n perfecta: un instante, el tel&eacute;fono que suena, cuando te relajas, cuando no lo esperas. Acudir al lugar, gastar en el viaje, en el taxi, lo que no gastar&iacute;as si fuera un momento feliz. En el terror y la tristeza se gasta uno m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; prefieres? La vida paral&iacute;tica o la muerte definitiva:&nbsp; &laquo;Todav&iacute;a tiene el pecho caliente&raquo;. La autora lo deja claro, del hombre no queda nada, el cad&aacute;ver tiene la mand&iacute;bula sostenida, un cuerpo que es objeto. Y los que se quedan, los que nos quedamos, con pastillas para dormir, con casas, en la noche, vac&iacute;as para siempre. El miedo a so&ntilde;ar que sigue vivo y el miedo, todav&iacute;a peor, de despertarse y beber toda la tristeza de golpe. Leo, escucho, un bello final, de ansia en Plaza Francia, como la canci&oacute;n. Entre la vida y la muerte, incluso despu&eacute;s, todos los estadios del hombre, una cronolog&iacute;a de lo que nos hace humanos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Shua, <em>El cuerpo roto</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 13:47:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Luis Mora: «La escritura no solo no se opone al silencio, sino que constituye la más calmada y muda de sus formas»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-luis-mora-la-escritura-no-solo-se-opone-al-silencio-sino-que-constituye-la-mas-calmada-y-muda-de-sus-formas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/VICENTE_LUIS_MORA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Vicente Luis Mora (C&oacute;rdoba, 1970) siempre sorprende con sus propuestas. En la &uacute;ltima, <em>El libro blanco. Alfabetos de silencios</em> (La Caja Books) aborda distintas maneras de habitar el silencio, de encontrarlo, de conjurarlo, de alzarse (o hundirse) hasta &eacute;l; incluso nos descubre su alfabeto, el &laquo;silenci&eacute;s&raquo;. Un extra&ntilde;o ensayo sugerente como enigma o plegaria incauta, de belleza alt&iacute;sima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;El silencio no es un modo de estar, sino de ser&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto silencio (y de qu&eacute; naturaleza) ha participado en la escritura de este libro?</p>
<p>- El silencio no es un modo de estar, sino de ser. Siempre me han definido como alguien &laquo;callado&raquo;, por mi car&aacute;cter reservado e introvertido. Mis amigos hac&iacute;an bromas de todo tipo con mis silencios, y creo que <em>El libro blanco </em>responde a esa naturaleza, aunque no hay nada autobiogr&aacute;fico en &eacute;l. Los silencios que se describen en el libro son colectivos, universales. Los m&iacute;os me los callo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; cualidades se requieren para practicar el &laquo;silenci&eacute;s&raquo;?</p>
<p>- Resguardarse del ruido, sobre todo del propio. Levantarse temprano, antes que el resto de animales y humanos, moverse despacio, alejarse de las plazas. Conducir por carreteras secundarias. Leer sobre todo los m&aacute;rgenes paginales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Hay silencios m&aacute;s puros y otros suced&aacute;neos?</p>
<p>- El silencio puro, t&eacute;cnicamente, no existe. Donde hay un ser vivo, los zumbidos de su sistema nervioso y el rumor del correr de su sangre llegan al o&iacute;do y estropean la recepci&oacute;n (la ausencia de recepci&oacute;n, para ser exactos). Puede haber silencio en una c&aacute;mara anecoica, con la condici&oacute;n de que no haya nadie que lo oiga (sucede un poco como con el gato de Schr&ouml;ndiger: quiz&aacute; exista ese silencio perfecto en el interior del habit&aacute;culo, pero no podemos saberlo, solo deducirlo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La belleza genera un momento de suspensi&oacute;n que acalla todo a su alrededor&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El silencio siempre deviene en belleza? Algo similar: &iquest;Silencio y belleza siempre brotan juntos?</p>
<p>- En alg&uacute;n poema del libro se dice que la belleza genera un momento de suspensi&oacute;n que acalla todo a su alrededor. Ese &laquo;contuvo la respiraci&oacute;n&raquo; de los clich&eacute;s novelescos delata la proximidad del acontecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El silencio del ignorante, &iquest;lo convierte en un sabio?</p>
<p>- El silencio del lego, o del lerdo, son silencios tensos, el&eacute;ctricos, desconfiados, de apretar los pu&ntilde;os. El silencio de la persona sabia es relajado, tranquilo, parece estar en otro sitio mientras calla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Pensar es de las pocas cosas que logramos desarrollar sin hacer ruido, y por eso es tan valioso &ndash;y tan escaso&ndash;&raquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El silencio tambi&eacute;n exige un acallamiento del pensar?</p>
<p>- Pensar es de las pocas cosas que logramos desarrollar sin hacer ruido, y por eso es tan valioso &ndash;y tan escaso&ndash;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo duele m&aacute;s un silencio que una palabra?</p>
<p>- En muchos casos descritos en el libro. Por ejemplo, si el silencio responde a la pregunta &laquo;&iquest;Me voy a curar?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Hay quienes intentan convertir la pol&iacute;tica es una masclet&aacute; de estupideces, un tronar indistinto de nader&iacute;as estent&oacute;reas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay alguien menos proclive al silencio que los pol&iacute;ticos?</p>
<p>- Hay quienes intentan convertir la pol&iacute;tica es una masclet&aacute; de estupideces, un tronar indistinto de nader&iacute;as estent&oacute;reas. Luego, hay otros pol&iacute;ticos, pocos, que hacen su trabajo a escondidas, velando por los dem&aacute;s, o intent&aacute;ndolo. En un libro de aforismos que saldr&aacute; este a&ntilde;o en la editorial Polibea, el poeta Eduardo Moga escribe: &laquo;Una idea sin matices no es una idea, sino una tamborrada&raquo;. La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola recuerda a veces la Rompida de Calanda o al toque de tambor en Baena, pero sin gracia, y con nuestra cabeza como parche por reventar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ndo conviene convertirse en &laquo;ventr&iacute;locuo&raquo; del silencio ajeno?</p>
<p>- El silencio de los dem&aacute;s es inescrutable; m&aacute;s que ventr&iacute;locuos, somos marionetas del gui&ntilde;ol de lo que callan. Si nos ocultan parte de la verdad cuando hablan, &iquest;cu&aacute;nto mentir&aacute;n al guardar silencio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se siente c&oacute;modo el silencio en el pronombre &laquo;yo&raquo;?</p>
<p>- Eso es lo mejor del silencio, que mientras dura no se dice &laquo;yo&raquo;, no agredes a nadie lanzando ese pronombre. Lo habitas como lo que es, un hostal avejentado de provincias que pronto tendr&aacute; otro ocupante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Escribir es arbitrar en la guerra de los signos contra la p&aacute;gina&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se detectan esas &laquo;grietas del discurso&raquo;, sus silencios, en palabras de T&uacute;a Blesa?</p>
<p>- El discurso est&aacute; compuesto de signos que ocupan parte del espacio en blanco. Ya vio Mallarm&eacute; en <em>Un golpe de dados </em>que la p&aacute;gina es una partitura y que sus partes no escritas deb&iacute;an entenderse como silencios. De ah&iacute; la concentraci&oacute;n de los min&uacute;sculos poemas de Valente, que parecen l&iacute;neas creadas para darle espesor y densidad material al blanco en derredor. Escribir es arbitrar en la guerra de los signos contra la p&aacute;gina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Difieren los silencios que provocan las im&aacute;genes respecto de los que originan las palabras?</p>
<p>- Las im&aacute;genes no nos dejan respirar; es normal que, a veces, cuando queremos concentrarnos en algo, abstraernos o relajarnos, cerremos los ojos. Es la &uacute;nica forma de defenderse. Ese negror inconcreto, con sombras y fosfenos, que contemplamos en la oscuridad, es el equivalente visual del silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Escribir es mi forma preferida de callar durante horas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es un sinsentido hablar o escribir sobre el silencio? &iquest;No sucede, como apunt&oacute; la poeta Szymborska, que se destruye?&nbsp;</p>
<p>- Por un lado, s&iacute;; si lo dice la admirable Szymborska, poco que agregar. Pero demos un rodeo al razonamiento: &iquest;es lo mismo callar que no escribir? Porque cuando escribo no emito ruidos &mdash;por eso lo hago a mano y con lentitud, sin rasgar ni hendir el papel&mdash;. Escribir es mi forma preferida de callar durante horas. As&iacute; entendida, la escritura no solo no se opone al silencio, sino que constituye la m&aacute;s calmada y muda de sus formas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 13:27:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Xosé María Álvarez Cáccamo: «No renuncio a la función del poema como intérprete interrogante de la complejidad del mundo»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/xose-maria-alvarez-caccamo-no-renuncio-a-la-funcion-del-poema-como-interprete-interrogante-de-la-complejidad-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/XOS_MAR_A_LVAREZ_C_CCAMO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lirismo, cr&iacute;tica sin amparo, un regusto de &eacute;pica casi a la antigua usanza&hellip; la poes&iacute;a de Xos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez C&aacute;ccamo es de una ductilidad solo comparable al borde de la <em>parres&iacute;a</em>. La editorial Dilema re&uacute;ne su obra en <em>Cuatro d&eacute;cadas de poes&iacute;a (1983-2023)</em>, un poeta que tambi&eacute;n transita las veredas del objeto po&eacute;tico, de una intensidad alt&iacute;sima y, al tiempo, enraizado en los asuntos m&aacute;s pol&iacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Mi poes&iacute;a nace en gran medida de la ra&iacute;z de la memoria&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En cuarenta a&ntilde;os, &iquest;en qu&eacute; se sigue reconociendo cuando lee sus poemas m&aacute;s antiguos y cu&aacute;l, de haberlo, es el gran hiato (s) que se han producido en su poes&iacute;a?</p>
<p>- Hoy puedo reconocer en mi obra m&aacute;s reciente &ndash;y reconocerme a m&iacute; mismo sin arrepentimiento- la posici&oacute;n evocativa que dirige mis poemas desde que empec&eacute; a escribir. Es un registro emocional del que no puedo prescindir. Mi poes&iacute;a nace en gran medida de la ra&iacute;z de la memoria. La utop&iacute;a que la conduce es el sue&ntilde;o del reencuentro con el pasado, la ilusi&oacute;n de detener el curso de la vida para poder regresar a la infancia, a la adolescencia, a los &aacute;mbitos familiares, a cierto estado de plenitud que en parte resulta constru&iacute;do por el poema. Memoria po&eacute;tica sin excesivo peso de nostalgia. Todav&iacute;a me identifico, adem&aacute;s, con la mirada on&iacute;rica de fundamento surrealista cuyos excesos de juventud fueron reconducidos a partir de mi libro <em>Cimo das idades tristes</em>, de 1988 &mdash;el posible hiato por el que me preguntas&mdash;, donde comenc&eacute; una ruta de clarificaci&oacute;n expresiva que se fue intensificando hasta hoy. Se trataba de liberar el lastre acumulativo, una imaginer&iacute;a de densa arquitectura no siempre justificada. No renuncio, sin embargo, a la funci&oacute;n del poema como int&eacute;rprete interrogante de la complejidad del mundo y, por lo tanto, huyo de la efusi&oacute;n emotiva no elaborada, del poema como documento confesional</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&laquo;Toda la variedad de mi trabajo obedece a la pulsi&oacute;n del placer manual&raquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; difiere la poes&iacute;a hecha poema de la poes&iacute;a de los objetos, o la poes&iacute;a visual?</p>
<p>- Mis poemas de base ling&uuml;&iacute;stica vibran en el espacio de la experiencia vital, &iacute;ntima o colectiva. Los poemas visuales y objetuales que salen de mis manos no necesitan asentar sus ra&iacute;ces en la materia de base biogr&aacute;fica, aunque con frecuencia recogen ecos de la memoria, formas y vol&uacute;menes que traen resonancias, por ejemplo, de mis juguetes de ni&ntilde;o. Antonio Gamoneda, en un poema que preside el cat&aacute;logo de mi exposici&oacute;n <em>Biblio-graf&iacute;as</em>, celebrada en Le&oacute;n en 2013, escribe: &laquo;He logrado acercarme a tu jugueter&iacute;a, quiero decir, claro es, a tu jugueter&iacute;a amorosamente diab&oacute;lica&raquo;. Jugueter&iacute;a escult&oacute;rica, objetos encontrados, libros intervenidos, textos criptogr&aacute;ficos, miniaturas on&iacute;ricas, toda la variedad de mi trabajo objetual y visual, aunque emparentada tem&aacute;ticamente con mi poes&iacute;a escrita, se desarrolla en el taller del <em>homo faber</em> y obedece a la pulsi&oacute;n del placer manual, mucho m&aacute;s gozosa y serena que la producida por la inquietante inmersi&oacute;n del poeta en las profundidades de la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La vida, en determinados momentos de su curso, nos agrede&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo evitar que &laquo;la crecida de sangre&raquo; nos haga &laquo;hombres muy tristes y muy pac&iacute;ficos para siempre&raquo;?</p>
<p>- El poema de este verso, titulado &ldquo;Cuchillos&rdquo; en castellano, me fue llevando en su avance a la hip&eacute;rbole final, una conclusi&oacute;n de tonalidad ascendente derivada del testimonio de las heridas con que la vida, en determinados momentos de su curso, nos agrede. Yo me sent&iacute;a entonces, en las proximidades de mis cuarenta a&ntilde;os, muy triste. Luego pude comprobar que, afortunadamente, aquel estado de &aacute;nimo no me acompa&ntilde;ar&iacute;a siempre y que los acontecimientos que hab&iacute;an provocado la tristeza vivida entonces como definitiva no hab&iacute;an alcanzado el exagerado volumen de una crecida de sangre. Pero, en aquellos d&iacute;as, me sent&iacute;a arrastrado por la desmesura del r&iacute;o sangriento. Desde mi conciencia de 1988, el a&ntilde;o de ese poema, te dir&iacute;a que los efectos inmediatos de la crecida de sangre no se pueden evitar. Luego las aguas volvieron a su cauce y la vida fue trayendo otras heridas y otros poemas que las fueron acogiendo, a veces con voluntad y resultado de efecto terap&eacute;utico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La melancol&iacute;a, esa emoci&oacute;n fronteriza, necesaria para la aceptaci&oacute;n serena de la propia fragilidad, pide versos lentos&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a es m&aacute;s d&uacute;ctil en la melancol&iacute;a que en el deseo?</p>
<p>- La melancol&iacute;a, esa emoci&oacute;n fronteriza, casi amable, necesaria para la aceptaci&oacute;n serena de la propia fragilidad, pide versos lentos, equilibrados, a veces vers&iacute;culos de formato dilatado. Esta es la segunda acepci&oacute;n del adjetivo <em>&laquo;</em>d&uacute;ctil&raquo; en el diccionario de la Academia: &laquo;Apl&iacute;case a los metales que mec&aacute;nicamente se pueden extender en alambres o hilos&raquo;. Quien pudiera poner la melancol&iacute;a en versos que se fuesen extendiendo a la manera de alambres o hilos. Tal vez se pueda intentar tal prodigio de alquimia en un poema objeto. Extender el metal de la melancol&iacute;a hasta que alcance la sutileza de un alambre finalmente disuelto en hilos.&nbsp; El deseo, en cambio, sobre todo el deseo er&oacute;tico, busca versos rotos, quebrados, vibraci&oacute;n de encabalgamiento, elipsis. Pero hay deseos de amplio espectro o de dimensi&oacute;n transcendente que se manifestar&iacute;an mejor a trav&eacute;s de ritmos sinf&oacute;nicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Muchos de mis poemas vienen de sue&ntilde;os que consigo retener en la memoria&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de on&iacute;rico alberga la poes&iacute;a?</p>
<p>- Una tendencia fundamental de la poes&iacute;a de todos los tiempos comparte con el discurso del sue&ntilde;o nocturno algunas claves de sentido: el significado polis&eacute;mico de las im&aacute;genes, la sugerencia enigm&aacute;tica, la construcci&oacute;n desordenada, la arquitectura simb&oacute;lica, la irrupci&oacute;n del magma subconsciente. <em>El cantar de los cantares</em>, <em>El c&aacute;ntico espiritual</em>, <em>Poeta en</em> <em>Nueva York</em> o el <em>Aullido</em> de Ginsberg constituyen ejemplos claros de esa corriente on&iacute;rica. La poes&iacute;a simbolista de Rimbaud y Baudelaire, el surrealismo y todas las variantes del irracionalismo po&eacute;tico recogen del sue&ntilde;o una parte decisiva de su materia creativa o, cuando no es as&iacute;, establecen un di&aacute;logo de proximidad muy evidente con la ficci&oacute;n so&ntilde;ada.</p>
<p>Muchos de mis poemas vienen de sue&ntilde;os que consigo retener en la memoria en los primeros momentos de vigilia. Son sue&ntilde;os transcritos en lengua de poema todos los textos de la segunda parte de <em>Tempo de cristal e sombras </em>(2014)<em> </em>y la visi&oacute;n on&iacute;rica dirige adem&aacute;s la construcci&oacute;n de muchas im&aacute;genes a lo largo de toda mi obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La pasi&oacute;n del deseo conduce las rutas de nuestra vida&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo reconocer &laquo;la hora del deseo&raquo;?</p>
<p>- La hora m&aacute;s alta del deseo es la de los a&ntilde;os de adolescencia y de juventud. Era muy f&aacute;cil entonces reconocer sus s&iacute;ntomas: entusiasmo y desaz&oacute;n, feliz desequilibrio. La pasi&oacute;n del deseo conduce, con mayor o menor intensidad y permanencia, las rutas de nuestra vida. Todav&iacute;a hoy me mueve el entusiasmo de nuevos descubrimientos existenciales, art&iacute;sticos, cient&iacute;ficos y literarios, deseos de amor y de amistad, la esperanza pol&iacute;tica de justicia, la confianza en la derrota del fascismo. El deseo vivo de nuevos poemas. Puedo reconocer en mi cuerpo la vibraci&oacute;n de los diferentes &oacute;rganos del deseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Habla el poema con palabras de un idioma inesperado y nos va revelando significados in&eacute;ditos mientras crece&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poema, &iquest;nos habla o nos escucha?</p>
<p>- Habla el poema con palabras de un idioma inesperado y nos va revelando significados in&eacute;ditos mientras crece. &Eacute;l mismo no sabe lo que nos quiere decir hasta que decide callarse. Tampoco entonces su discurso resulta totalmente inteligible en t&eacute;rminos de racionalidad ni para el autor ni para sus destinatarios. Y, sin embargo, el buen poema nos entrega un efecto de verdad, una sugesti&oacute;n interrogante, un sentido necesario, casi siempre revelador. Estoy hablando de la modalidad poem&aacute;tica con la que m&aacute;s me identifico, distante de aquella otra caracterizada por el uso de un guion previo al acto creativo.</p>
<p>Antes de echarse a andar, el poema escucha el rumor de una intuici&oacute;n que reclama ser verbalizada, un verso que se ofrece sin previo aviso, una pauta musical repentina, una imagen sugestiva, el instante de un recuerdo. En las ocasiones m&aacute;s propicias, el poema decide responder a la solicitud de su autor, quien, sin duda, es el responsable &uacute;nico de la acci&oacute;n creativa.</p>
<p>La ficci&oacute;n verbalizada en mi respuesta, protagonizada por un sujeto, el poema, al que he otorgado atributos humanos, se ajusta a la literalidad de tu pregunta: &laquo;&iquest;El poema &iquest;nos habla o nos escucha?&raquo; Creo, sin embargo, que esta interpretaci&oacute;n fabulada o parab&oacute;lica consigue, como el poema mismo, un cierto efecto de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;No me conformo con la justicia po&eacute;tica de mis versos&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sepultar en unos versos a alguien (Manuel Fraga Iribarne) bajo las columnas oce&aacute;nicas de la infamia y la verg&uuml;enza, &iquest;es justicia po&eacute;tica?</p>
<p>- Ojal&aacute; hubi&eacute;ramos conseguido ejercer contra Fraga Iribarne y otros activos y muy convencidos colaboradores con la dictadura franquista una acci&oacute;n de justicia legal. No me conformo con la justicia po&eacute;tica de mis versos, que responden a la sensaci&oacute;n feliz de aquellos d&iacute;as de movilizaci&oacute;n popular, dirigida por la plataforma Nunca M&aacute;is contra la inoperancia y las mentiras de los gobiernos del Partido Popular (el de la Xunta y el del Estado) &nbsp;frente al desastre provocado por el vertido de petr&oacute;leo del Prestige. Efectivamente, desde el mes de noviembre de 2002 y a lo largo del a&ntilde;o 2003, el dirigente fascista Manuel Fraga Iribarne fue &laquo;sepultado bajo las columnas oce&aacute;nicas de la infamia y la verg&uuml;enza&raquo;, y fuimos nosotros, el pueblo gallego en formidable actividad de insurrecci&oacute;n, quienes pronunciamos la sentencia. Luego &eacute;l emergi&oacute; de los fondos de la ignominia. Pero, finalmente, hoy se cumple de alguna manera el deseo que expresan otros versos de mi poema &ldquo;Mar&eacute; do pobo a arder&rdquo; (Marea del pueblo en llamas): &laquo;Desaparecido/al fondo del fangal de alquitr&aacute;n/y del olvido&raquo;. Justicia popular, tal vez, la que conden&oacute; a Fraga Iribarne al olvido, pues no consigui&oacute; permanecer como hubiera querido en el estado de la tercera vida, la vida de la fama poetizada por Jorge Manrique. Justicia po&eacute;tica, acci&oacute;n verbal de agitaci&oacute;n contra la injusticia, la violencia cat&oacute;lica, el genocidio militar de 1936, la dictadura de Franco o las amenazas fascistas de hoy son los motivos que me incitaron a escribir otros poemas y libros de intenci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Vivimos horas de absurda confusi&oacute;n que favorece a los movimientos de deriva acr&iacute;tica y de promoci&oacute;n de la ignorancia colectiva&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; diferencia el poema eleg&iacute;aco del sentimentalismo que acampa en tantos versos de hoy?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El sentimentalismo plano, simple efusi&oacute;n sentimental sin elaborar, materia prima no manufacturada, p&aacute;gina de diario adolescente, son productos que debemos situar en espacios ajenos al &aacute;mbito de la poes&iacute;a, eleg&iacute;aca, h&iacute;mnica o propia de cualquier modalidad gen&eacute;rica. No constituyen entidades de arte sino documentos confesionales &mdash;dignos de aprecio como ejercicio humano&mdash; que, en un tiempo como el presente en que las fronteras del continente literario se desdibujan en beneficio de ciertas aportaciones de perfil populista, est&aacute;n causando mucho da&ntilde;o en los territorios de la recepci&oacute;n menos formada, que acoge esas manifestaciones de la emoci&oacute;n esencial como muestras valorables de Poes&iacute;a. El n&uacute;mero de seguidores de tales documentos de la espontaneidad sentimental en las redes sociales define a veces el nivel que permite, con la complicidad de algunas editoriales, su incorporaci&oacute;n al sistema literario. Vivimos horas de absurda confusi&oacute;n que favorece a los movimientos de deriva acr&iacute;tica y de promoci&oacute;n de la ignorancia colectiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;En mi obra abundan las presencias humanas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poeta, cuando escribe, &iquest;lo hace solo o lo pueblan voces de vivos y muertos que hacen de esa soledad una multitud bien avenida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;. Esas otras voces acuden al eco del poema y traen su propio acento. Organizan el coro de la memoria. Confunden sus d&iacute;as con las horas del poeta. El poeta evocativo y eleg&iacute;aco los convoca para que colaboren a ajustar las im&aacute;genes del pasado. En mi obra abundan las presencias humanas. Son sobre todo las personas de mi familia, especialmente mis padres y mis hijos, pero vienen tambi&eacute;n antepasados m&aacute;s remotos, algunos escritores y artistas, seres an&oacute;nimos, siluetas populares: &laquo;Hay bultos que sobreviven indiferentes bajo la tormenta. Suben y bajan por el d&iacute;a entre la lluvia multitudes grises, ropas fr&iacute;as, un tr&aacute;fico l&iacute;quido de sombras&raquo;. En el &uacute;ltimo poema de la antolog&iacute;a &laquo;llegan a mi casa las cuatro muertes, / nuestras cuatro muertes del vivir de siempre&raquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 09:24:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La profundidad de lo cotidiano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-profundidad-de-lo-cotidiano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JUAN_LUIS_SALDA_A_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a (San Sebasti&aacute;n, 1978) es escritor y novelista. Su producci&oacute;n literaria es muy heterog&eacute;nea, yendo desde los relatos con <em>Hasta agotar existencias</em>&rdquo; (Comuniter, 2010), el dietario digital e ir&oacute;nico en su exquisita recopilaci&oacute;n <em>Sois todos idiotas</em> (Libros de(a) Imperdible, 2014) y, sobre todo, <em>Hilo musical para una piscifactor&iacute;a</em> (Anorak, 2016) novela que tuvo una segunda edici&oacute;n al a&ntilde;o siguiente coincidiendo con el rodaje de <em>Miau</em>, la pel&iacute;cula de Ignacio Estaregui que se inspir&oacute; en ella para la escritura del guion.&nbsp;</p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a, habitual en prensa escrita y radiof&oacute;nica, hace del humor y lo cotidiano una marca de identidad, cargada de belleza y una sensibilidad que escapa a los movimientos postmodernos que rodean la literatura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un heterodoxo, capaz de publicar en el mismo a&ntilde;o su tesis doctoral sobre el periodista Mefisto, <em>Fernando Soteras 'Mefisto' (1886-1934) y sus coplas del d&iacute;a como fen&oacute;meno popular</em> (IFC), obtener el premio de narrativa Isabel de Portugal con <em>La mala edad</em> y publicar este, su primer poemario, <em>Inventario dom&eacute;stico</em> con la editorial Olifante.&nbsp;</p>
<p>Hablamos de primer poemario, quiz&aacute; de manera formal, porque Juan Luis ha escrito versos desde que mont&oacute; su primera banda, &ldquo;Nubosidad Variable&rdquo; o ha esbozado una l&iacute;rica heredera de Mariano Jos&eacute; de Larra o Francisco Umbral en sus numeros&iacute;simas columnas en la prensa diaria espa&ntilde;ola y aragonesa. Pero s&iacute;, es tiempo de que el Salda&ntilde;a poeta haga su aparici&oacute;n oficial y lo haga, adem&aacute;s, con un libro que hab&iacute;a obtenido el Premio Internacional de Poes&iacute;a Garrido Chamorro, y en una editorial con la solera y la tradici&oacute;n de Olifante. <em>Inventario dom&eacute;stico</em> nos ofrece un cat&aacute;logo de &aacute;mbitos y capturas, una amalgama emocional donde se suceden los usos y las costumbres, las dimensiones eucl&iacute;deas del cari&ntilde;o y la belleza: tiempo y distancia.&nbsp; Prosas po&eacute;ticas con un tono capitular frente al paso de los a&ntilde;os: &laquo;La ropa tendida es un fusilamiento de almas. La ropa tendida es el suicidio de un espantap&aacute;jaros, la bandera de los barrios, es casi tirar la casa por la ventana&raquo;. Con una po&eacute;tica que encaja con sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, cercano al tono de <em>Familia numerosa</em> de Enrique Cebri&aacute;n Zazurca o <em>Quedarse a vivir</em> de Carmen Ruiz Fleta, desde una perspectiva de hijos-padres, de lo filial y lo paterno, de la contemplaci&oacute;n como instrumento para conservar los sentimientos.&nbsp;</p>
<p>Entre los cachivaches del pasado y la quincalla moderna, la memoria es un trasunto de decisiones que se niega a desaparecer. Las elecciones, como en una existencia llena de bifurcaciones y senderos, acaban encumbrando las palabras hacia su territorio natural, la apropiaci&oacute;n del &aacute;mbar como conservaci&oacute;n de la herencia, la conexi&oacute;n familiar.&nbsp; Escribe Salda&ntilde;a: &laquo;El estucado es la epidermis de los tabiques, un lis&eacute;rgico sobrio y sugerente que siempre te ofrece compa&ntilde;&iacute;a. El gotel&eacute; es un relieve imperfecto y un plano imposible, una guerra de pintura congelada en el tiempo y el acn&eacute; perenne de los hogares. Por eso alis&eacute; mis paredes&raquo;. Este libro refleja los paisajes comunes de una generaci&oacute;n que ha sido el demiurgo entre la a&ntilde;oranza digital y el t&oacute;tem tecnol&oacute;gico. Juan Luis Salda&ntilde;a, apol&iacute;neo constructor, amanuense de lo cotidiano, cataloga las grandes cuestiones a trav&eacute;s de met&aacute;foras demoledoras, de juegos de espejos, de la contemplaci&oacute;n sensible de un mundo que se conserva en el museo de la sem&aacute;ntica y el recuerdo. En las habitaciones de la casa se acumulan recuerdos y pasiones: &laquo;Fregar es un barre&ntilde;o de pl&aacute;stico en un camping, una cadena de montaje en familia, una taza desconchada, un coro de italianas y Nosferatu. Fregar es asumir lo imposible, un Poncio Pilato del fr&iacute;o y la decepci&oacute;n inevitable del genio. Fregar es empezar a ensuciar. Por eso compr&eacute; un lavavajillas&raquo;. Pasi&oacute;n y existencia, la genealog&iacute;a del poeta cauteriza el olvido de los objetos, los enfr&iacute;a en el vidrio del instante. Es un dispensario de versos, encajados en prosas nutricias, que har&aacute;n que el lector disfrute de la sucesi&oacute;n de pasajes que conforman Inventario dom&eacute;stico: una experiencia de regresi&oacute;n, aderezada con un pasado c&aacute;lido y reconocible.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a, <em>Inventario dom&eacute;stico</em>, Zaragoza, Olifante, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 09:22:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del baldío al verso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-baldio-al-verso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ANT_N_CASTRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Tras publicar su colecci&oacute;n de relatos <em>Periferias del deseo</em> (Pregunta, 2025), recibir el Premio de las Letras Aragonesas 2024 -ex aequo junto a Jos&eacute; Luis Melero-, y publicar <em>La emoci&oacute;n de vivir</em>, (Gobierno de Arag&oacute;n, 2025); una colecci&oacute;n de prosas y versos que es un gran homenaje lleno de ternura y generosidad para con tantas y tantas figuras a las que evoca y dedica su cari&ntilde;o -desde Emilio Lacambra o F&eacute;lix Romeo, hasta Sinner y Alcaraz-, Ant&oacute;n Castro cierra un a&ntilde;o de cosecha providencial con un nuevo poemario, <em>Con s&iacute;labas de gol </em>(Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025) en el que se recogen cincuenta y dos prosas po&eacute;ticas centradas en el balompi&eacute; como eje principal de giro; obra que, en palabras del autor, &ldquo;es una aproximaci&oacute;n a un juego contiguo a la emoci&oacute;n, la belleza, el suspense y la idolatr&iacute;a&rdquo; y nos revela a su comienzo que &ldquo;podr&iacute;a contar mil cosas./ Pero en realidad querr&iacute;a hablar/ de todos aquellos a los que am&eacute;&rdquo; y, a&ntilde;adir&aacute; posteriormente en su texto, porque &ldquo;el f&uacute;tbol, como la vida, exige armon&iacute;a, / unidad de grupo, suma de esfuerzos / y pasi&oacute;n de ganar y gozar con los tuyos&rdquo;: he aqu&iacute; un terreno donde desarrollar un juego &aacute;gil y preciso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En sus casi doscientas p&aacute;ginas despliega las palabras como si se trataran de aquellos botones con los que, de peque&ntilde;o, emulaba la contienda sobre el verde c&eacute;sped de la imaginaci&oacute;n, botones variados -algunos brillantes, otros m&aacute;s sencillos- con los que Castro compone un once titular en el que se alinean el recuerdo de un pasado de carreras en el bald&iacute;o, el afecto hacia todos quienes formaron parte de ese universo del bal&oacute;n, la ternura brotando de la evocaci&oacute;n, el amor regateando a cada paso de la vida, la pasi&oacute;n del aficionado, el almanaque detallista del forofo, la pluma del cronista deportivo, el hero&iacute;smo del f&uacute;tbol base, la mitoman&iacute;a que despiertan las estrellas rutilantes, la gloria de la victoria y la &eacute;pica del perdedor que nunca se da por vencido; pues &ldquo;al f&uacute;tbol se juega para ganar, pero si pierdes haci&eacute;ndolo bien, no es una deshonra. Es una modesta forma de triunfo&rdquo;. As&iacute;, nos confiesa, &ldquo;el f&uacute;tbol fue una de las primeras escuelas de aprendizaje, algo as&iacute; como un laboratorio a cielo abierto de conocimiento, imaginaci&oacute;n, amistad y sue&ntilde;o&rdquo; y que &ldquo;es tambi&eacute;n un jard&iacute;n abonado de sensaciones, de nombres, de cromos, de alineaciones y de memoria&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Tel&uacute;ricamente la cancha es un planeta paralelo, una suerte de campo de batalla hom&eacute;rico en el que -de forma aleg&oacute;rica- se citan, triunfan o perecen h&eacute;roes inolvidables a los que cantar&aacute;n poetas como Castro, relatando &ldquo;un conjunto de instantes en los que brillan la inteligencia, el temblor de la fantas&iacute;a y ese arte que rara vez llega a los museos y asoma una y otra vez a las praderas de la memoria&rdquo;. Y es que, &ldquo;el f&uacute;tbol es la emoci&oacute;n de vivir&rdquo; y, por ello, estos versos guardan &ldquo;un p&aacute;jaro inesperado&rdquo;, una cr&oacute;nica de la juventud que podr&iacute;an reconocer como suya todos esos muchachos que, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n y en masa, acuden &ldquo;a vivir la vida con el bal&oacute;n de reglamento anudado a los pies&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Al escribir sobre el f&uacute;tbol en su vida, da vida a aquellos que quedaron amarrados al pasado como cromos de una liga distante, salen del &aacute;lbum y recorren la voz con nuevo aliento, porque &ldquo;los que se van viven en nosotros si los recordamos&rdquo;, mucho m&aacute;s si quien los eleva son las alas del verso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">De una manera incuestionable, se puede afirmar que en estos poemas se celebra la vida, la amistad, el cari&ntilde;o como si de un gol se tratase, ya que &ldquo;el gol es la poes&iacute;a de los domingos de tristeza&rdquo; y en todos y cada uno de los campos en que se traza la marca de un rect&aacute;ngulo de cal, se levantan los &ldquo;escenarios de los recuerdos / donde los versos se miden con s&iacute;labas de gol&rdquo;. Pasado el tiempo, cualquiera de aquellos chicos y chicas podr&iacute;an confesar, con el nombre de alguna figura legendaria en el silencio de la memoria: &ldquo;cerr&eacute; los ojos y o&iacute;, con absoluta nitidez, el clamor / del estadio como si hubieras vuelto a marcar&rdquo; y, es que, para alzarse con el triunfo en la cancha de la vida, no se pude salir a defender un empate. El cuero siempre seguir&aacute; rodando.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Ant&oacute;n Castro, <em>Con s&iacute;labas de gol,</em> Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.<em></em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 09:00:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peso del pasado ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-peso-del-pasado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CARLOS_FORTEA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Tormenta de polvo fino</em> es una novela breve solo en apariencia. Bajo su extensi&oacute;n contenida, Carlos Fortea construye un artefacto literario de gran densidad simb&oacute;lica y narrativa, en el que convergen memoria, historia e interrogaci&oacute;n moral. Profesor universitario y reconocido traductor &mdash;galardonado con el Premio Nacional a la Mejor Traducci&oacute;n&mdash;, ya hab&iacute;a mostrado en novelas como <em>Los jugadores</em> o <em>El mal y el tiempo</em> &mdash;rese&ntilde;adas en estas mismas p&aacute;ginas&mdash; su inter&eacute;s por los dilemas &eacute;ticos y por la persistencia del pasado en el presente. En esta ocasi&oacute;n, la obra llega a las librer&iacute;as bajo el sello de Nota al margen, editorial independiente fundada en 2024 con la vocaci&oacute;n de apostar por propuestas literarias exigentes y alejadas de la l&oacute;gica puramente comercial.</p>
<p>Desde sus primeras p&aacute;ginas, el lector percibe que no se encuentra ante una narraci&oacute;n convencional, sino ante una indagaci&oacute;n en aquello que queda fuera del relato hist&oacute;rico oficial. El protagonista &mdash;un narrador sin nombre&mdash; recorre archivos olvidados, abre legajos que nadie consulta porque no pertenecen a personajes ilustres, sino a personas comunes. Al hacerlo, se levanta una nube de polvo: el polvo de la historia acumulado en los papeles de la gente normal, esa &ldquo;tormenta de polvo fino&rdquo; que da t&iacute;tulo a la novela y funciona como poderosa met&aacute;fora del pasado silenciado. &ldquo;Los recuerdos ajenos son m&iacute;os. Fermentan, y los gases que producen alimentan mi mente como si se tratara de una gran turbina&rdquo;, afirma el narrador, dejando claro que su tarea no es reconstruir grandes acontecimientos, sino rescatar vidas sepultadas por el olvido.</p>
<p>En este gesto se sit&uacute;a el verdadero n&uacute;cleo intrahist&oacute;rico de la novela. En un sentido claramente unamuniano, Fortea no se interesa por la historia de los grandes acontecimientos ni por la de los dirigentes pol&iacute;ticos, sino por la de quienes la padecen y la sostienen en silencio, &ldquo;la historia de la gente&rdquo;, hecha a pico y pala. Conviene insistir en ello: no estamos ante una novela hist&oacute;rica al uso. Aqu&iacute; no se reconstruyen batallas, fechas decisivas ni grandes decisiones pol&iacute;ticas. Se trata, m&aacute;s bien, de una novela sobre la memoria, construida a partir de vivencias individuales de personas sumergidas en su tiempo, que viven dentro de los acontecimientos sin alcanzar nunca una perspectiva completa sobre ellos. El narrador act&uacute;a como un mediador entre pasado y presente: recorre casas vac&iacute;as, escucha los ecos de quienes las habitaron y recompone fragmentos de vidas comunes, marcadas &mdash;y con frecuencia aplastadas&mdash; por los vaivenes pol&iacute;ticos y sociales de la historia espa&ntilde;ola. En esa lograda fusi&oacute;n de verdad y ficci&oacute;n, devuelve al relato colectivo a individuos an&oacute;nimos, arrastrados por los acontecimientos y herederos de culpas ajenas, cuyas intrahistorias reclaman, por fin, un lugar en la memoria compartida.</p>
<p>La novela se articula como una aut&eacute;ntica &ldquo;novela de novelas&rdquo;, una estructura fragmentaria que permite abarcar m&aacute;s de dos siglos de historia sin recurrir a un relato lineal. Desde la Guerra de la Independencia hasta la Transici&oacute;n, las tramas se suceden y se entrecruzan, y sit&uacute;an ya en 1812 &mdash;momento en que el pa&iacute;s se parte en dos, entre quienes aspiran a un cambio hacia la libertad, el progreso y la mejora de las condiciones de vida, y quienes desean que todo permanezca perpetuamente igual&mdash; el inicio de un presente que sigue proyect&aacute;ndose hasta hoy. Frente a la idea de que todo comienza con la Guerra Civil, la novela sugiere que esta no fue la causa, sino la consecuencia de un conflicto ideol&oacute;gico y social acumulado durante m&aacute;s de un siglo: en ese sentido, somos hijos e hijas de C&aacute;diz. En ese amplio arco hist&oacute;rico se inscriben las distintas tramas: un afrancesado que planea vengarse de Fernando VII mientras espera el regreso de &ldquo;El Deseado&rdquo;; la amistad forjada en la Guerra de Marruecos entre dos j&oacute;venes destinados a tomar caminos opuestos; un maestro solitario en el frente sublevado durante la Guerra Civil; una actriz en los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica; una periodista en tiempos de la Transici&oacute;n; o el romance entre una actriz emergente y un diplom&aacute;tico alem&aacute;n poco antes del ascenso de Hitler. Son siete u ocho relatos distintos, poblados por personajes que, sin ser reales en sentido estricto, poseen un claro &ldquo;pozo de realidad&rdquo;: ecos de personas conocidas, o&iacute;das, vividas.</p>
<p>Estos personajes luchan, aman, obedecen o resisten seg&uacute;n las circunstancias hist&oacute;ricas que les tocan en suerte. Sus decisiones aparecen siempre condicionadas &mdash;y a veces anuladas&mdash; por el contexto, lo que da lugar a una reflexi&oacute;n especialmente l&uacute;cida sobre la imposibilidad de separar pasado y presente. En este sentido, el tiempo avanza porque se va saltando de relato en relato, de vida en vida, y las vidas de todos los personajes van dando como resultado la vida del pa&iacute;s. No en vano, uno de los pasajes m&aacute;s elocuentes afirma: &ldquo;La historia es igual que una noria puesta en el cauce de un r&iacute;o, nunca gira hacia atr&aacute;s&rdquo;. La estructura fragmentada refuerza esta idea y exige del lector una implicaci&oacute;n activa: Fortea no ofrece respuestas cerradas, sino episodios que dejan preguntas abiertas y reverberan m&aacute;s all&aacute; de la p&aacute;gina.</p>
<p>El estilo, sobrio y preciso, contribuye a crear una atm&oacute;sfera absorbente en la que lo hist&oacute;rico y lo imaginario se confunden, como ese polvo fino que se deposita lentamente y acaba cubri&eacute;ndolo todo. Aunque a lo largo del libro se abordan temas como el poder, la venganza o la lucha pol&iacute;tica, el verdadero n&uacute;cleo es la memoria: la que duerme en los archivos, deformada por el tiempo, y la que se proyecta hacia un futuro incierto en el que a&uacute;n podr&iacute;a servir para corregir errores, si alguien se detuviera a escucharla.</p>
<p>En conjunto, <em>Tormenta de polvo fino</em> es una obra exigente y profundamente sugestiva, ideal para lectores interesados en la literatura introspectiva y en la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica. La novela sugiere la convicci&oacute;n de que el mundo se encamina c&iacute;clicamente a la repetici&oacute;n de las cat&aacute;strofes porque las olvida, y de que ese olvido no es inocente, sino a menudo fomentado por quienes medran en la oscuridad. Frente a ello, el autor aspira a arrojar luz: los focos que iluminan el pasado, parece decirnos, despejan tambi&eacute;n el camino del futuro. Con esta novela, Carlos Fortea se confirma como una de las voces m&aacute;s singulares de la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, capaz de convertir el silencio, el polvo y las vidas marginales en el aut&eacute;ntico centro del relato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Fortea, <em>Tormenta de polvo fino</em>, Madrid, Nota al margen, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 08:48:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ingeniería inversa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ingenieria-inversa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/A.G._PORTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Venimos de tiempos extra&ntilde;os y alcanzamos espacios maduros. Veterano del salvajismo, A. G. Porta &mdash;que hace un par de a&ntilde;os public&oacute; <em>Persecuci&oacute;n y asesinato del rey de los ratones representada por el coro de las cloacas bajo la direcci&oacute;n de un escritor fracasado</em> (Acantilado, 2022) y cuya primera obra, de 1984, <em>Consejos de un disc&iacute;pulo de Morrison a un fan&aacute;tico de Joyce</em>, fue escrita a cuatro manos junto con su &iacute;ntimo amigo Roberto Bola&ntilde;o y reeditada por Acantilado en 2006&mdash;. Este libro, <em>El invierno en Millburn y otros relatos</em> (Acantilado), aparentemente fragmentado, con un desorden herm&eacute;tico y literario, va y viene desde las notas tomadas y acumuladas con los a&ntilde;os, la ingenier&iacute;a inversa, la pasi&oacute;n por la novela pulp y la alta literatura, de Barcelona a Nueva York, pasando por el oeste de las pel&iacute;culas del mediod&iacute;a. Woody Allen en la Gran Manzana, los bocetos sugestivos de Aloma Rodr&iacute;guez, la apertura al sol de Enrique Vila-Matas. El libro comienza con &ldquo;Sunday afternoon (nueve cuentos)&rdquo;: nueve entregas, una red de personajes, cada uno con una cita. Cada uno, el fermento de una civilizaci&oacute;n y un tiempo.&nbsp;</p>
<p>El primero, en un hotel de Florida: cloro y humedad, una madre, un hijo y un padre astronauta camino a Marte. De ah&iacute;, de Florida o de Marte, hacia Colonia. Los abuelos. David Bowie definiendo la soledad en el espacio y personajes sacados de fiestas de Francis Scott Fitzgerald o de Woody Allen. Un padre y un hijo, tan lejos que se olvidan entre s&iacute;. En el cuento dos, una vuelta atr&aacute;s: dos amigas&hellip; los nombres se confunden como las relaciones; de ah&iacute; la naturaleza no eucl&iacute;dea de la obra, con relatos en estado cu&aacute;ntico, como si quisieran ocupar todo el tiempo y el espacio del lector. De ah&iacute; que el pasado modele el presente o que, simplemente, todo sea un follet&iacute;n de se&ntilde;oritas, abuelos, robots y escritores. Siempre un protagonista escritor. La voz de la voz: un falso documentalista, un demiurgo entre el autor y el lector.&nbsp;</p>
<p>Volvemos a la naturaleza cu&aacute;ntica de la historia: el mismo hijo, protagonista af&oacute;nico, usuario nivel Dios de la programaci&oacute;n de las p&aacute;ginas, a la altura del mismo autor, es capaz de ver el futuro; es el Doctor Manhattan de A. G. Porta. Sabe lo que va a ocurrir porque para &eacute;l ya ha ocurrido. Legos y materia oscura, periodistas, ginebra y t&oacute;nica, cuadros valencianos del siglo XIX, un tercer cuento con desplazamiento hacia el Mediterr&aacute;neo, hacia Valencia. Mary Jane, Selena, Elo&iacute;sa. Un escritor de terceros, como esa idea de la &ldquo;ingenier&iacute;a inversa&rdquo; que sobrevuela todo el volumen. P&aacute;ginas compartidas y, en el cuarto de los cuentos/estadios, dos personajes sorpresa, A y B, como sacados de una obra de Samuel Beckett, montados en un veh&iacute;culo abandonado, un gran cubo: un final de partida para dos ricos exc&eacute;ntricos escuchando a Bach. Todos los cuentos tienen figuras geom&eacute;tricas, uniones, v&eacute;rtices y lados basados en relaciones familiares, sentimentales, de amo y robot.&nbsp;</p>
<p>Es el acto de escribir lo que alimenta el libro. Acaso no introduce en sus escritos una buena parte de s&iacute; mismo. Un escritor que es hermano de la mujer del astronauta e, igual que aparecen artistas valencianos, tambi&eacute;n un Premio Nobel de Literatura, como Claude Simon. De la alta literatura a la odisea espacial. Ya no se sigue la cuenta del n&uacute;mero de relatos, porque ahora el astronauta ha despertado demasiado pronto de su sue&ntilde;o en el espacio profundo. Con la compa&ntilde;&iacute;a de un robot, sometido a la obligaci&oacute;n de escribir una novela en los nueve meses que le quedan hasta el final. Con acceso completo a todos los textos de Occidente, la compresi&oacute;n en archivos de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a. La &uacute;ltima actualizaci&oacute;n del ChatGPT que se llevaron en su despegue ser&aacute; una versi&oacute;n obsoleta al volver.&nbsp;</p>
<p>De pronto, en esta meticulosa mezcolanza, volvemos a la Tierra y Porta enhebra p&aacute;rrafos de literatura inici&aacute;tica entre el t&iacute;o escritor y el sobrino genio: la idea es atomizar la cultura pop, de &ldquo;popular&rdquo;. Juegos de rol, criptozoolog&iacute;a y hombres de negro que borran la memoria. <em>El romancero gitano</em>, el descubrimiento de la penicilina, Philip K. Dick y el gran salto adelante. No nos hemos dado cuenta, pero hemos acumulado el cuento cinco y el seis en nuestra lista de le&iacute;dos. Por primera vez, Barcelona. Una boda a la que no puedes acudir por estar camino de Marte. Algo se nos ha perdido en el camino: la decisi&oacute;n de un amor furtivo y dif&iacute;cil. La mujer que no quiso ser su esposa porque sospechaba que terminar&iacute;a sus d&iacute;as en el espacio. Y volver al espacio. Y el robot que tambi&eacute;n tiene el s&iacute;ndrome de la p&aacute;gina en blanco. As&iacute; que, recordando a Rodrigo Fres&aacute;n (que es como recordar un poco a Roberto Bola&ntilde;o), enumera las leyes de Asimov e intenta superar el test de Turing. Bartleby &mdash;por esa resistencia a llevar a cabo el experimento&mdash;, Patrick Modiano &mdash;por ese modo de hablar de las brechas que se abren en el tiempo y que sugieren que el tiempo es proclive a rebelarse los domingos a media tarde&mdash;. Manuel Arranz, Albert Serra, dos pel&iacute;culas y un director: <em>El cielo sobre Berl&iacute;n</em> y <em>Coffee and Cigarettes</em>. Woody Allen. &iquest;Qu&eacute; se guarda en el espacio? Sospechamos que todo.</p>
<p>Un cuento siete de costumbrismo decadente: padre rico y aburrido, abuelo inapetente; en el futuro el humo volver&aacute; a utilizarse, el del tabaco, para ocultar el vulgar olor del sudor de los humanos. Cita de Andr&eacute; Salmon: &laquo;Llega un d&iacute;a, suena la hora, en que, brutalmente, uno se encuentra totalmente solo sin haberse tomado la molestia de romper con nadie&raquo;.</p>
<p>En el cuento ocho y el cuento nueve damos vueltas sobre la confusi&oacute;n. Carcasas y hombres, una iteraci&oacute;n en el control de la IA: &laquo;Algunos pronostican que los humanos viviremos en permanente enga&ntilde;o, puesto que los robots decidir&aacute;n por s&iacute; mismos cu&aacute;l ha de ser nuestro grado de conocimiento de las cosas&raquo;. Y cuando volvemos a los cl&aacute;sicos, R2-D2 o HAL 9000, el cuento final nos devuelve, en bucle infinito, a un pintor valenciano capaz de detectar a los extraterrestres que viven entre nosotros, ocultos.</p>
<p>Despu&eacute;s de esta aglomeraci&oacute;n literaria de final abierto, Porta se adentra en &ldquo;Una historia ins&oacute;lita con Florence Cambray&rdquo;. Dos escritores en la Manhattan de los grandes: Florence y un escritor. Olot, Gerona, la novela neoyorquina y el bloqueo del autor, la fascinaci&oacute;n por las noches interminables (de nuevo, volver a Bola&ntilde;o) y, como buen espa&ntilde;ol, algo de rep&uacute;blica y Guerra Civil; m&aacute;s, en este caso, el follet&iacute;n a&ntilde;ade la Guerra de Marruecos.</p>
<p>Sumido en el desconcierto, llega el siguiente pedazo del puzle: <em>Silver Kane Revisited</em>. En este libro, que transita entre la creaci&oacute;n y el homenaje, entre el pulp y el dietario, confluyen formatos distintos con longitudes variables. Despu&eacute;s del di&aacute;logo entre escritores nos adentramos en este fragmento que tiene un t&iacute;tulo entre novela de a duro (de Marcial Lafuente Estefan&iacute;a, que es uno de los homenajeados/referenciados) y una canci&oacute;n de Sonic Youth.</p>
<p>Los tebeos al cambio: un buen negocio de los quioscos de &eacute;poca, con las novelas del espacio, de detectives y de vaqueros. Redactadas a toda velocidad y sin m&aacute;s documentaci&oacute;n que la contenida en alguna de las voluminosas enciclopedias de las casas familiares del desarrollismo. El juego entre una perspectiva y otra, la narraci&oacute;n de un western crepuscular con un cierto tono de realismo m&aacute;gico combinado con un viaje tur&iacute;stico del autor, dudando si es real o ficticio, si es el Maps de Google o la descripci&oacute;n de la ciudad de Amarillo, m&aacute;s propia de Cormac McCarthy, posee validez.</p>
<p>Lo mejor es no darle vueltas: <em>Un colt, una mujer y el diablo</em>, la editorial Bruguera, los h&eacute;roes de la pradera, una pradera espa&ntilde;ola entre 1972 y 1982, alimento de los sue&ntilde;os, de los malos estudiantes, de los vigilantes de garita. Los tipis indios, reproducidos hasta la saciedad por el pl&aacute;stico de los vaqueros, juguetes baratos&hellip; mirando a los federales, el Street View de Google y pensar en <em>La diligencia</em> (de John Ford) y, claro, esa idea del enfrentamiento cultural entre moteles de carretera y los salones de las viejas pel&iacute;culas del oeste, al mediod&iacute;a, en cualquier canal auton&oacute;mico: &laquo;Los integrantes de la banda de irregulares mercenarios que, en <em>Meridiano de sangre</em>, la obra de Cormac McCarthy, se dedican a asesinar apaches, hombres, mujeres y ni&ntilde;os, a tanto la cabellera&raquo;.</p>
<p>Referencias de cine y literatura, de m&uacute;sica: <em>Bagdad Caf&eacute;</em>, Jon Voight en modo vaquero, <em>Cowboy de medianoche</em> se encuentra con <em>Abierto hasta el amanecer</em>. Ry Cooder y la m&uacute;sica de <em>Paris, Texas</em>, Buddy Holly, la fot&oacute;grafa Dorothea Lange, <em>Malas hierbas</em>, <em>Las uvas de la ira</em>, la Route 66, Woody Guthrie, Chuck Berry, Jack Kerouac, iconos como el Rey de Amarillo, de <em>True Detective</em>, o &ldquo;Los hermanos Dalton&rdquo; &mdash;pero en serio&mdash;&hellip; una canci&oacute;n, un tren en el desierto. Stefan Zweig escuchando un discurso de Hitler mientras recorr&iacute;a Texas en un ferrocarril.</p>
<p>Y termina con el fragmento que da t&iacute;tulo al libro, &ldquo;El invierno en Millburn&rdquo;: historias de material reciclado. &laquo;A veces solo le&iacute;a y pensaba, y a veces, en el cuaderno que estuviera usando, escrib&iacute;a una nota sobre lo que acababa de leer en los cuadernos antiguos, o escrib&iacute;a una nota sobre una idea que se le ocurr&iacute;a a prop&oacute;sito de lo que acababa de leer&raquo;.</p>
<p>Huir a EE. UU., vivir su aventura neoyorquina, la buhardilla de sus sue&ntilde;os, revisar las historias que pueblan los cuadernos hasta encontrar una que le convenza. &Eacute;l mismo se delata: &laquo;Reescribir, a su modo, los nueve cuentos de Salinger. Siempre he tenido una especie de cari&ntilde;o a su edici&oacute;n de Bruguera&raquo;. Pero no llega la inspiraci&oacute;n. Se acaba el dinero mientras se extienden los paseos por lugares de ensue&ntilde;o.</p>
<p>As&iacute; que llegamos a la p&aacute;gina 112. La idea de la ingenier&iacute;a inversa. La reescritura. Diez o doce t&iacute;tulos. Si uno se lanza, debe ir a por todo: los grandes nombres de la literatura. Todo o nada.</p>
<p>A. G. Porta escribe sobre el bloqueo y la reescritura, sobre la posmodernidad y la interpolaci&oacute;n, sobre la mitoman&iacute;a y el agotamiento de las grandes f&oacute;rmulas. Porta escribe, en definitiva, sobre la decadente fragmentaci&oacute;n de Occidente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A.G. Porta,&nbsp;<em>El invierno en Millburn&nbsp;y otros relatos</em>, Barcelona, Editorial Acantilado, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Jan 2026 09:14:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poemario que abre caminos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poemario-que-abre-caminos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/LAURA_GIORDANI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Micelio</em>, t&iacute;tulo del nuevo libro de Laura Giordani, es una met&aacute;fora de la vida, del mundo, de la poes&iacute;a. Las hifas que conforman el micelio tienen capacidad de crecimiento, degradan compuestos inorg&aacute;nicos y neutralizan la toxicidad.&nbsp;</p>
<p>En este libro, los acontecimientos que se cuentan: infancia, muerte del padre, presencia de los hijos, migraciones&hellip;, construyen una unidad que regenera las heridas y son la puesta en marcha de lo que se dice en la primera parte, &ldquo;Micelio madre&rdquo;, la &ldquo;que nos sostiene&rdquo; (&hellip;) &ldquo;hacedora de olvido&rdquo; (p. 23).&nbsp;</p>
<p>Es la palabra po&eacute;tica la que repara el da&ntilde;o y convierte en alimento el detritus de nuestra experiencia humana. Nadie lo puede decir mejor que la propia poeta: el poema es el emergente de un texto mayor sumergido en la penumbra. El micelio nos conecta a los dem&aacute;s; cose todo lo que existe entre el cielo y la tierra, como el fresno de Yggdrasil en la mitolog&iacute;a n&oacute;rdica.&nbsp;</p>
<p>En <em>Micelio</em> fluyen los poemas enlazados y nos sumergen en un camino espiritual, un camino m&iacute;stico, que conduce al Uno. Para &ldquo;dar a la caza alcance&rdquo; debe haber una rendici&oacute;n, &ldquo;una &aacute;scesis inversa (&hellip;) seguir descendiendo hasta saberse sustrato, ra&iacute;z, mineral (&hellip;) hasta diluir los bordes en la compasi&oacute;n del Uno&rdquo; (p. 16). En esa oscuridad nace &ldquo;el poema refucilo en la llanura oscurecida, como &uacute;nica linterna&rdquo; (p. 16). &nbsp;Hay que cavar &ldquo;mirar hacia abajo, / con la misma reverencia / con que alzamos los ojos a la noche estrellada&rdquo; (p. 22).&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte --&ldquo;Familia&rdquo;--, se cava en la propia historia. Bosques y personas son lo mismo. Para tratar de los exilios, a los que se vio abocada la familia, se nombra la madera de los barcos que atravesaron el Atl&aacute;ntico. La madera, vinculada con Jes&uacute;s y con la cruz en donde muri&oacute;, es un refugio, algo que nos conecta y nos vincula con la cuna y con el ata&uacute;d. La madera, el tirso que portaba Dioniso, s&iacute;mbolo de vida, de muerte y de &eacute;xtasis tambi&eacute;n, est&aacute; relacionado, sin duda, con lo anterior. Bosques, maderas, naturaleza en general, son id&eacute;nticos a nosotros. El ser humano es Uno con la naturaleza. No logran destruir esa unidad identidades ni aduanas. Nada puede fracturarla.&nbsp;</p>
<p>Esta segunda parte de <em>Micelio</em>, es fundamental para ahondar en el recuerdo porque &ldquo;somos lo que fueron nuestros ancestros, aunque no sepamos descifrarlo&rdquo; (p. 35). Al igual que los &aacute;rboles tienen l&iacute;neas en los troncos, las tenemos nosotros en las manos. Ah&iacute; est&aacute; nuestra vida. Todo lo que vivimos se derrumb&oacute;. De ese derrumbe, de la putrefacci&oacute;n, de las heridas, surgen la sanaci&oacute;n y la belleza: &ldquo;El da&ntilde;o / convertido en joya / de afilada belleza&rdquo; (p. 37).&nbsp;</p>
<p>De la historia familiar, se pasa en esta segunda parte del libro, a lo general, a la historia de toda la humanidad. Lo remoto, pasado mitol&oacute;gico, de la tierra madre, lleva a las relaciones m&aacute;s pr&oacute;ximas: hijos, padres, abuelos. Con este material disperso, en el que cabe todo, se construye un refugio, un nido en el que viven personas concretas, pero tambi&eacute;n todos los seres humanos. El padre migrante, que cruz&oacute; el Atl&aacute;ntico tres veces, vuelve al mar que lo acogi&oacute; y esparce sus cenizas con una sonrisa dichosa. El padre que se funde con los que llegan, con los que nunca llegaron, benditos todos.&nbsp;</p>
<p>La tercera y cuarta parte, &ldquo;Anomal&iacute;as&rdquo; y &ldquo;Ternura en doce anomal&iacute;as&rdquo;, insiste en derrumbar lo que nos separa: los pronombres y la frontera entre vida y muerte. Porque los muertos no han soltado el amarre. Son las palabras las que han de tender hilos &ldquo;entre lo visible y lo no visible&rdquo; porque ellas son el invisible micelio que nos sostiene.&nbsp;</p>
<p>La mayor herida es &ldquo;ese desguace sin t&eacute;rmino de la infancia&rdquo; (p. 70). Pero las heridas han de repararse, ahondar en ellas, fortalecerse con ellas, como en la t&eacute;cnica del Kintsugi, consistente en reparar con oro. Es la belleza de la imperfecci&oacute;n y de la historia que cuentan.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Laura Giordani cita a Rum&iacute;: &ldquo;La herida es el lugar por donde entra la luz&rdquo; (p. 70). Este libro es, tambi&eacute;n, luz y b&aacute;lsamo, muestra heridas y las repara. En todo el libro fluyen la calma y la paz. A los peque&ntilde;os se transmite el secreto de la vida, seg&uacute;n Mateo. Hay que mirarla con inocencia, con los ojos de la inocencia. Es la fe (<em>effet&aacute;</em>) la que se nombra. Una fe fundada en la comuni&oacute;n con la naturaleza, en la seguridad de que formamos parte de ella y en la ruptura de fronteras entre los seres animados e inanimados. Es el h&aacute;lito espiritual de Juan de la Cruz, cuando dijo: &ldquo;Mi Amado, las monta&ntilde;as, / los valles solitarios nemorosos, / las &iacute;nsulas extra&ntilde;as&hellip;&rdquo; Una fe que se manifiesta contra el horror y la violencia y que esgrime el poder de la ternura, &ldquo;capaz de sentir el coraz&oacute;n de la piedra en la muerte&rdquo; (p. 84).</p>
<p>La &uacute;ltima parte, la quinta, &ldquo;Por donde los hu&eacute;spedes invisibles entran y salen&rdquo;, nos muestra el infinito en que vivimos, vivos y muertos. Se rompen los l&iacute;mites en el silencio, en &ldquo;el agua primordial que nos re&uacute;ne&rdquo;. El poema &ldquo;revela la precariedad de los contornos y la hermandad de todo lo vivo&rdquo;. Hay que &ldquo;dejarse anegar / por esa agua inconfinable / que nos hermana&rdquo;. La hospitalidad como apertura radical hacia lo otro ser&aacute; la manera de restaurar el da&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n la contemplaci&oacute;n de la naturaleza, del paisaje, hasta fundirnos con &eacute;l como en la actividad japonesa &ldquo;Momijigori&rdquo; (p. 101).&nbsp;</p>
<p>Es la palabra po&eacute;tica el micelio que nos sustenta, en donde vibra la vida secreta. &ldquo;El poema debe transmitir, sin conocer, como una carta sellada&rdquo; (p. 106). Ha de ser una escritura que muestre su rev&eacute;s, sus costuras, una deshilachada manta que nos cobija (p. 107).&nbsp;</p>
<p>Con estas afirmaciones termina <em>Micelio</em>, verdadera po&eacute;tica, que deja al descubierto el trabajo de Laura: sabe que tiene que transmitir todo al lector, que debe abrirle caminos hasta lograr que se anegue en la palabra po&eacute;tica, para que ambos sean Uno tambi&eacute;n.&nbsp;</p>
<p>Si un solo poema logrado puede salvar a un libro, <em>Micelio</em> tiene un r&iacute;o de poemas impactantes. La autora nos gu&iacute;a, paso a paso, por el mundo-micelio, nuestro sustento, regenerador de las heridas. Nos ofrece una historia para darnos al final su concepci&oacute;n de la escritura y del lenguaje po&eacute;tico, guardi&aacute;n de la carta sellada. Pocos poemarios pueden abrir tantos caminos. Pocos poemarios tan comprometidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura Giordani, <em>Micelio,</em> Chile, Ril Editores, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Jan 2026 13:52:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Trullo: “cuando se pervierte el lenguaje, se corrompe la sociedad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-luis-trullo-cuando-se-pervierte-el-lenguaje-se-corrompe-la-sociedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_LUIS_TRULLO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En el mundo (o, ya m&aacute;s bien, mundillo) de la cultura, ese en el que pululan artistas de todo pelaje, desde narradores, poetas, novelistas, ensayistas, pintores de vanguardia, m&uacute;sicos y un largo etc&eacute;tera, la pregunta que no deber&iacute;an hacerse es si el arte o la cultura han muerto, ni tampoco (arrimando cada uno el ascua a su sardina) si han muerto la novela, la poes&iacute;a, la pintura o la m&uacute;sica. No. La verdadera y m&aacute;s trascendental pregunta que tendr&iacute;an que hacerse todos aquellos que cl&aacute;sica y tradicionalmente han formado parte de ese amplio gremio es si ha muerto el humanismo. O, dicho de otra manera, si las diferentes expresiones art&iacute;sticas conservan a&uacute;n un car&aacute;cter que vaya m&aacute;s all&aacute; de lo meramente mercantil y comercial, y apunte, por tanto, a cotas m&aacute;s elevadas de espiritualidad. Cotas herederas de la tradici&oacute;n grecolatina y continuadoras de lo que se dio en el Renacimiento, donde importaban m&aacute;s el saber, el conocimiento y el autoconocimiento, la b&uacute;squeda de la verdad, la belleza y el bien, y no la supercher&iacute;a ni la intrascendencia de lo superfluo y lo balad&iacute;. A tenor de lo que la cultura actual produce, se dir&iacute;a que cada vez estamos m&aacute;s cerca de alejarnos de lo primero y de vivir inmersos en lo segundo.&nbsp;</p>
<p>La turistificaci&oacute;n de los museos, las modas pasajeras por estar a la &uacute;ltima en la presentaci&oacute;n de cualquier obra art&iacute;stica por el simple hecho de acumular &laquo;experiencias&raquo; m&aacute;s que por interiorizar y aprender (para crecer mental, sentimental e inteligentemente) de esas &laquo;experiencias&raquo;, como si de atiborrarse de un sinf&iacute;n de platos en lugar de educar el paladar se tratara, es la m&aacute;s evidente raz&oacute;n de que los valores del humanismo cl&aacute;sico est&aacute;n en crisis, o, lo que es lo mismo e incluso algo parad&oacute;jico: que no por consumir m&aacute;s cultura nos culturizamos m&aacute;s, dado que esa cultura, en t&eacute;rminos generales, es una cultura de postureo o una cultura de usar y tirar, como los pa&ntilde;uelos kleenex.&nbsp;</p>
<p>Por fortuna no todo est&aacute; perdido, y contra ese modo de consumismo cultural se revelan unos pocos &laquo;humanistas&raquo; que a&uacute;n creen que la naturaleza humana es una fuente de nobleza y no solo de vileza, y con capacidad de superaci&oacute;n para llegar adonde realmente hay que llegar, a saber: a aquello que nos hace humanos si nuestro prop&oacute;sito en la vida es corregir los vicios y los errores de la sociedad. Uno de esos &laquo;humanistas&raquo; es Jos&eacute; Luis Trullo, tal vez el mejor exponente espa&ntilde;ol en la reivindicaci&oacute;n de una vuelta a la dimensi&oacute;n espiritual del ser humano, y enemigo declarado del materialismo, de la palabra vacua y del relativismo que tiene en los publicistas, los pol&iacute;ticos y los esl&oacute;ganes que utilizan sus mayores armas para adocenar a la gente y devaluar el sentido verdadero de ciertos vocablos, como el bien, la verdad, la justicia o la belleza.&nbsp;</p>
<p>A Trullo le preocupa sobremanera el uso espurio que se hace de esos t&eacute;rminos y reclama (y hasta protesta con muchas impecables e implacables razones) un mejor empleo de los mismos, para lo cual esgrime como necesaria la recuperaci&oacute;n del sentido que en general los fil&oacute;sofos de la antig&uuml;edad y en particular los moralistas franceses le dieron a tales nobles ideas. Porque para esos fil&oacute;sofos y moralistas, igual que para Jos&eacute; Luis Trullo, lo importante, dentro de nuestro devenir como personas, es intentar comprender al otro (recuerden: &ldquo;<em>Je suis l'autre&rdquo; de G&eacute;rard de Nerval o &ldquo;Je est un autre&rdquo; de Arthur Rimbaud), ya que, en el fondo, todos somos lo que somos en relaci&oacute;n a lo que son los dem&aacute;s, y sin los dem&aacute;s nada ser&iacute;amos. En </em><em>Un monstruo incomprensible. </em><em>Retablo de moralistas franceses, 1600-1850</em> (Editorial Renacimiento, 2025)<em>, Trullo ha querido rescatar las mejores sentencias (aforismos, dir&iacute;amos hoy) de una pl&eacute;yade de autores, entre otros Madeleine de Souvr&eacute;, Chamfort, Joubert o Pascal, para hacernos ver que nada de lo humano les fue ajeno. Un rescate que encierra no pocas sorpresas.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico podr&aacute; cambiar lo que el ser humano ha sido, es y nunca dejar&aacute; de ser&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&rdquo;Bien, belleza y verdad&rdquo;&hellip;, una tr&iacute;ada por la que apostaron algunos moralistas franceses. &iquest;Por qu&eacute; no por la libertad, la igualdad y la fraternidad? &iquest;Es que eran m&aacute;s estetas que ide&oacute;logos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ni una cosa, ni la otra. Los autores que solemos englobar bajo el r&oacute;tulo de &ldquo;moralistas franceses&rdquo; eran, a mi entender, &ldquo;humanistas&rdquo; en el m&aacute;s amplio sentido del t&eacute;rmino, es decir: cre&iacute;an firmemente en la existencia de una naturaleza humana, con sus noblezas y sus vilezas, pero tambi&eacute;n en nuestra capacidad de superar estas para desplegar aquellas. Sus m&aacute;ximas, sentencias, apuntes y aforismos asumen esa funci&oacute;n paren&eacute;tica que ha acompa&ntilde;ado a la brevedad desde la Grecia arcaica (con el caso de Teognis de M&eacute;gara como estandarte m&aacute;s destacado): nos alertan de los errores que cometemos por mera inadvertencia y, salvo excepciones (caso de La Rochefoucauld), nos exhortan a alcanzar esas &ldquo;altas metas&rdquo; a las que, desde Cicer&oacute;n y S&eacute;neca, viene llam&aacute;ndonos expl&iacute;citamente el humanismo occidental. En este contexto, la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica ocupa un espacio muy limitado. Bien es cierto que, si hemos de tildar de algo a los moralistas franceses, ser&iacute;a, como poco, de conservadores, cuando no de reaccionarios (caso de Chateaubriand), pero eso no quiere decir que se muestren insensibles ante las injusticias sociales, al rev&eacute;s, las denuncian y las condenan (caso de Chamfort). Lo que s&iacute; tienen muy claro es que ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico podr&aacute; cambiar lo que el ser humano ha sido, es y nunca dejar&aacute; de ser. En este sentido, en general los moralistas se muestran un tanto esc&eacute;pticos respecto a cualquier prop&oacute;sito revolucionario, lo cual no excluye su confianza en nuestra capacidad de ser buenos, bellos y verdaderos, si nos lo proponemos, pero individualmente; estar&iacute;amos, pues, ante un caso parad&oacute;jico de fatalismo optimista.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Moralistas franceses en lugar de moralistas de otras lenguas, &iquest;qu&eacute; tienen de especial?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por la calidad de sus reflexiones y el modo exacto en que las plasmaron por escrito, han logrado ser reconocidos como un caso singular en la historia de la cultura occidental. L&oacute;gicamente, la expresi&oacute;n no es m&iacute;a: pertenece al acervo com&uacute;n, y a pesar de las connotaciones peyorativas que en nuestra &eacute;poca suele acompa&ntilde;ar al concepto &ldquo;moralista&rdquo;, creo que en este caso est&aacute; m&aacute;s que justificado el conservarla, por lo que he comentado m&aacute;s arriba: porque su prop&oacute;sito es el de incidir sobre las costumbres (&ldquo;mores&rdquo;, en lat&iacute;n) para corregir los vicios y enfatizar las virtudes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es nuestra disposici&oacute;n personal la que acaba determinando el perjuicio o el beneficio que nos ocasiona todo lo que nos ocurre&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Adem&aacute;s, distingues entre moralistas optimistas y moralistas pesimistas&hellip;, &iquest;a qu&eacute; crees que responden esas dos actitudes opuestas?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Entiendo que es una cuesti&oacute;n, ante todo, de car&aacute;cter (el cual, para Her&aacute;clito, era el modo en que el destino se encarna en cada persona). La acidez descorazonadora e implacable de La Rochefoucauld nada tiene que ver con la c&aacute;lida ternura y la sensibilidad de Joubert, por poner un ejemplo. Tambi&eacute;n es cierto que cada cual experiment&oacute; en sus carnes las vicisitudes de su propia ubicaci&oacute;n existencial, y los salones de la aristocracia francesa, si nos creemos lo que nos cuentan los moralistas, deb&iacute;an de ser un aut&eacute;ntico infierno disfrazado de gentileza cortesana. Sin embargo, quiero pensar que, como dej&oacute; escrito Sartre en una frase magistral, &ldquo;somos lo que hacemos con lo que nos hacen&rdquo;: es nuestra disposici&oacute;n personal la que acaba determinando el perjuicio o el beneficio que nos ocasiona todo lo que nos ocurre. En esto, los estoicos, los m&aacute;s preclaros moralistas de la historia, nos brindaron una lecci&oacute;n de valor permanente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En tu pr&oacute;logo a <em>Un monstruo incomprensible</em> dices que la naturaleza humana siempre es la misma. Pero, &iquest;no te parece que la historia muestra suficientemente que en poco nos parecemos ya a nuestros ancestros?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En lo superficial, tal vez hemos cambiado, pero en lo profundo somos esencialmente los mismos, y como he se&ntilde;alado, nunca dejaremos de serlo; contra los constructivistas, soy un firme defensor del concepto de &ldquo;naturaleza humana&rdquo;. Es su existencia la que explica la vigencia de los cl&aacute;sicos, a los cuales leemos con el mismo provecho, si no muy superior, al que nos proporcionan nuestros propios contempor&aacute;neos (al menos, en mi caso). Por supuesto, como sociedad en muchos aspectos hemos &ldquo;mejorado&rdquo;, si se puede decir as&iacute;: al menos en Occidente, ya no aceptamos que se discrimine a nadie por su origen, su sexo, su clase social, etc&eacute;tera; pero tambi&eacute;n hay que admitir que en ciertos temas hemos &ldquo;empeorado&rdquo;: el materialismo ha arrasado con nuestra dimensi&oacute;n espiritual, la chabacaner&iacute;a se celebra en lugar de condenarla, las bajas pasiones se han adue&ntilde;ado de las masas hasta l&iacute;mites insoportables... pero eso tambi&eacute;n ha ocurrido en otras &eacute;pocas, como bien sabemos, y sin duda en el futuro volver&aacute; a suceder.. <em>Quod erat demonstrandum.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que rescatar las palabras de las garras de pol&iacute;ticos y publicistas&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>-&iquest;Las palabras confortan hoy en d&iacute;a como lo hac&iacute;an en el pasado o se han devaluado? &iquest;No crees que las palabras verdaderas est&aacute;n en crisis?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-As&iacute; lo creo, s&iacute;. De hecho, no hace mucho publiqu&eacute; un texto sobre ese tema, titulado de manera elocuente &ldquo;Palabras secuestradas&rdquo;, urgiendo a los poetas (&iexcl;y a los moralistas!) a rescatarlas de las garras de pol&iacute;ticos y publicistas. Cuando se pervierte el lenguaje, se corrompe la sociedad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Kafka dec&iacute;a que s&oacute;lo la brevedad es impecable. &iquest;Lo prolijo entonces es un exceso del pensamiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Impecable e implacable, s&iacute;. El laconismo, como se lee en el <em>Prot&aacute;goras </em>de Plat&oacute;n es &ldquo;propio de un hombre perfectamente educado&rdquo;. Los charlatanes, en cambio, suelen ser verborreicos. Los sofistas constituyen un caso muy claro de ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No existe g&eacute;nero alguno que se encuentre libre del peligro de ser malversado&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Greguer&iacute;as, aerolitos, sentencias, aforismos, etc&eacute;tera&hellip; &iquest;Se podr&iacute;a pensar que son formas de lucimiento m&aacute;s que de pensamiento?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Depende de qui&eacute;n y c&oacute;mo los cultive. Muchas greguer&iacute;as no pasan de chistes sin trascendencia, desde luego, pero otras alcanzan cotas siderales. Con los aerolitos de Ory pasa lo mismo: la mayor&iacute;a son travesuras, y lo que es peor, absurdas. Las m&aacute;ximas y sentencias corren el riesgo contrario: incurrir en la impostura, hacer pasar por densa y profunda un afirmaci&oacute;n vacua y falaz. Pero no existe g&eacute;nero alguno que se encuentre libre del peligro de ser malversado. Ni siquiera de que un lector con dudoso criterio acabe dando su benepl&aacute;cito a un texto insustancial, sea breve como un aforismo o extenso como un ensayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Entiendo la del aforista como una labor c&iacute;vica&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Un aforista es un francotirador que dispara para herir o matar nuestros lamentables actos fallidos en el curso de nuestra vida?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Al menos, entre muchas otras cosas, debe llamarnos la atenci&oacute;n sobre ellos y proponer alternativas. Por eso entiendo la del aforista como una labor c&iacute;vica. Como dec&iacute;a antes, el ser humano se mueve en la cuerda floja entre la amenaza del error y la promesa del acierto. El aforista que cultiva el registro moral, si es honesto, nos ayuda a alejarnos del primero y acercarnos al segundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Una sociedad que reduce el di&aacute;logo a un intercambio de esl&oacute;ganes, desde luego, tiene muy poco futuro&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&ldquo;El moralista es un humanista&rdquo; parece ser una de tus tesis. Pero la moral no siempre es la misma, &iquest;c&oacute;mo se come eso?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Coci&eacute;ndolo a fuego lento. No es un asunto que se pueda ventilar en &ldquo;dos tardes&rdquo;, como quien dice; de hecho, es el gran dilema de la &eacute;tica: &iquest;qu&eacute; conceptos forman y no pueden dejar de formar parte del ideario de una sociedad que se respete a s&iacute; misma, y cu&aacute;les son negociables? Desde luego, que ciertos valores cambien con las &eacute;pocas no quiere decir que los vigentes en cada momento haya que darlos por buenos. Como se puede intuir, no simpatizo con el relativismo. Del mismo modo que antes era legal la pena de muerte pero se penalizaba el aborto, ahora ocurre justo al rev&eacute;s. Y, en mi opini&oacute;n, ambas pr&aacute;cticas son igualmente deleznables. En cualquier caso, estamos ante debates de gran calado que no pueden liquidarse con el recurso a lemas del tipo &ldquo;quien a hierro muere, a hierro mata&rdquo;, o &ldquo;mi cuerpo, mi decisi&oacute;n&rdquo;. Una sociedad que reduce el di&aacute;logo a un intercambio de esl&oacute;ganes, desde luego, tiene muy poco futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Esforzarnos, ya no digo en amar, sino en comprender al otro no es solo una opci&oacute;n, es un aut&eacute;ntico deber moral&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Los seres humanos somos monstruos incomprensibles, como afirmaba Pascal? &iquest;Y si es as&iacute;, para qu&eacute; hacer el esfuerzo de intentar comprenderlos, como &eacute;l mismo hizo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-El humano es el ser que comprende, o al menos, que lo intenta. De no ser as&iacute;, en poco se diferencia de una mascota. Precisamente la renuncia al sentido es lo que explica fen&oacute;menos extravagantes como el animalismo: si hay que dar a la humanidad por perdida porque no hay quien, en apariencia, la entienda, me quedo con mi perro, que al menos no me lleva la contraria. De hecho, los grandes mis&aacute;ntropos (con Schopenhauer a la cabeza) se habr&iacute;an vuelto locos, de no contar con la compa&ntilde;&iacute;a de un cuadr&uacute;pedo a su lado. Esforzarnos, ya no digo en amar, sino en comprender al otro no es solo una opci&oacute;n, es un aut&eacute;ntico deber moral; si renunciamos a &eacute;l, como parece ser que est&aacute; ocurriendo, cunde el cainismo, se extiende la violencia y vuelve la ley de la jungla.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;No te parece sorprendente que sea una mujer, Madeleine de Souvr&eacute;, quien tenga el honor de ser la madre de los moralistas franceses?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Llamativo s&iacute; lo es. Pero en la Francia de los siglos XVII al XIX brillaron varias mujeres que, al frente de un sal&oacute;n literario, consegu&iacute;an reunir a escritores, pensadores y estadistas para departir sobre lo humano y lo inhumano. Ya hay un libro publicado sobre ellas, de reciente aparici&oacute;n, que incluyo en la bibliograf&iacute;a del volumen: <em>Women Moralists in Early Modern France</em>, de<em> </em>J. C. Hayes (Oxford University Press, Nueva York, 2023).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las ideolog&iacute;as siempre ser&aacute;n el primer recurso del que echar&aacute;n mano los perezosos&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-De M. de Souvr&eacute; es esta sentencia: &laquo;Las mentes mediocres, pero viciadas, sobre todo las de los falsos sabios, son las m&aacute;s propensas a la obstinaci&oacute;n. S&oacute;lo las almas fuertes saben rectificar y abandonar una decisi&oacute;n err&oacute;nea&raquo;. &iquest;Explicar&iacute;a esto por qu&eacute; estamos gobernados por tontos y mediocres?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En esa sentencia, magistral, concurren varios temas, y todos de sumo inter&eacute;s. Me quedar&eacute; con que resulta extremadamente dif&iacute;cil mantener esa apertura mental que nos obliga a someter a revisi&oacute;n constante todo aquello que, de renunciar al examen, nos proporcionar&iacute;a calma y seguridad. Por eso las ideolog&iacute;as siempre ser&aacute;n el primer recurso del que echar&aacute;n mano los perezosos: no nos exigen dudar y, a cambio, nos infunden un sentimiento de superioridad que anta&ntilde;o quedaba reservado a los creyentes. Lo de los gobernantes es m&aacute;s complejo, porque ah&iacute; concurren otros factores, pero sin la inestimable contribuci&oacute;n de los ideologizados desde luego que tendr&iacute;an muy complicado acceder al poder y mantenerse en &eacute;l (como podemos comprobar que est&aacute; ocurriendo ahora en nuestro pa&iacute;s).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En las redes sociales uno muestra, no lo que es, sino lo que quiere que los dem&aacute;s crean que es&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Tambi&eacute;n de la misma autora es esta otra sentencia: &laquo;Saber descubrir el interior de los dem&aacute;s y ocultar el propio es una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de una mente superior&raquo;. &iquest;C&oacute;mo casarla con esta &eacute;poca en la que las redes sociales sirven especialmente para mostrar y no ocultar nuestro interior, sino todo lo contrario, para exhibirlo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En las redes sociales uno muestra, no lo que es, sino lo que quiere que los dem&aacute;s crean que es, incluso lo que uno mismo quiere creerse que es. Por eso en ellas es tan f&aacute;cil enga&ntilde;arse a uno mismo, engatusar a los incautos y que prosperen los impostores y desalmados. Pero, claro, no todos empleamos las redes para los mismos fines, aunque ese sea su uso m&aacute;s generalizado y pernicioso.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por volver a la primera pregunta, uno de los moralistas, no recuerdo ahora cu&aacute;l, dice que la b&uacute;squeda de la verdad no sirve sino para hacernos comprender lo ignorante que naturalmente somos. &iquest;La verdad es encontrable? Y si lo es, a pesar de nuestra ignorancia, &iquest;c&oacute;mo es que no nos rendimos a ella, venga de donde venga?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No me siento capacitado para responder a esa pregunta. Ni siquiera tengo claro a qu&eacute; nos referimos, al hablar de &ldquo;verdad&rdquo;. En cualquier caso, ya S&oacute;crates (al que he dedicado muchas p&aacute;ginas en mi &uacute;ltimo libro) advirti&oacute; que, de acuerdo con el or&aacute;culo de Delfos, &ldquo;solo el dios sabe&rdquo;; los humanos, como mucho, podemos &ndash;&iexcl;y debemos!&ndash; esforzarnos en aprender... lo cual, en los tiempos que corren, con tanta gente dando lecciones a todas horas, no es poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Como humanista que soy, y militante, la libertad radical del individuo forma parte de mi argumentario innegociable&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Para Pascal el principio de la moral es el pensar. &iquest;Quiere decir eso que no hay una moral natural o que la gen&eacute;tica no determina nuestra forma de ser en el mundo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por seguir con S&oacute;crates, padre de los humanistas occidentales, es el conocimiento del bien lo que nos permite actuar correctamente. Ese intelectualismo &eacute;tico, tan ingenuo que nos puede arrojar en brazos de la melancol&iacute;a, y que choca frontalmente con el t&oacute;pico de la &ldquo;ignorancia socr&aacute;tica&rdquo; (la cual no exclu&iacute;a, contra lo que se suele creer, la expectativa de alcanzar alg&uacute;n saber consistente, como demostr&oacute; su disc&iacute;pulo Plat&oacute;n), pone a la raz&oacute;n humana en el centro de la reflexi&oacute;n sobre los valores, eso est&aacute; claro. No creo que de ello se pueda deducir algo m&aacute;s que el que estamos obligados a seguir pensando en torno a los grandes temas, entre ellos, el de si existe o no una moral natural, y todos los dem&aacute;s. Lo que s&iacute; rechazo frontalmente es eso de que &ldquo;la gen&eacute;tica determine nuestra forma de ser en el mundo&rdquo;; como humanista que soy, y militante, la libertad radical del individuo forma parte de mi argumentario innegociable (la cual no hay que confundir con la &ldquo;autonom&iacute;a &eacute;tica&rdquo;). Son temas muy serios. No se pueden despachar en cuatro frases, me temo que ni siquiera en cuarenta y cuatro mil.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;A cada cual le aguarda una felicidad propia, que pasa por realizar un proyecto vital que &uacute;nicamente le incumbe a &eacute;l&rdquo;</strong></p>
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<p>-Por su parte, Chamfort dec&iacute;a que &laquo;la aut&eacute;ntica felicidad humana se funda &uacute;nicamente en la verdad&raquo;. Pero: &iquest;no nos ayudan las mentiras piadosas o nobles (como las llamaba Plat&oacute;n) a paliar la infelicidad?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Chamfort no dice otra cosa que lo que afirman los cl&aacute;sicos grecolatinos: que la felicidad, entendida no como euforia subjetiva sino como estado objetivo de la persona, consiste en el cumplimiento de una vocaci&oacute;n esencial, y que esta no se centra en bienes perecederos sino aut&eacute;nticos, &ldquo;verdaderos&rdquo;. A cada cual le aguarda una felicidad propia, que pasa por realizar un proyecto vital que &uacute;nicamente le incumbe a &eacute;l; por ello resultan tan insatisfactorios y frustrantes los llamados libros de autoayuda, porque generalizan lo que solo puede ser singular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Abandonado a su suerte, el ser humano est&aacute; condenado a lo peor&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Tanto Pascal como Vauvenargues o Malesherbes ensalzaban la raz&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; hay de la pasi&oacute;n?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-El de &ldquo;pasi&oacute;n&rdquo; es un concepto ambiguo (y antiguo) que requiere matizaciones. No tengo reparos en condenar las &ldquo;bajas pasiones&rdquo; (los vicios de toda la vida: la codicia, la vanidad, la lujuria) como perniciosas, mientras que me mostrar&iacute;a m&aacute;s que dispuesto a defender las &ldquo;altas&rdquo; como beneficiosas para uno mismo y para los dem&aacute;s: la generosidad, la capacidad de sacrificio, la perseverancia... Vistas as&iacute;, hay pasiones buenas y malas. Pero es la raz&oacute;n la &uacute;nica que nos permitir&aacute; gestionar correctamente las primeras y someter a control las segundas. Desde luego, si la alternativa es la de &ldquo;dejarse llevar&rdquo;, como postulan despreocupadamente los gur&uacute;s del espontane&iacute;smo actual, que no cuenten conmigo: abandonado a su suerte, el ser humano est&aacute; condenado a lo peor.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Estamos necesitados de sentencias morales o m&aacute;s bien estamos ya sentenciados a no necesitar que nos moralicen?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No creo que debamos prescindir de nada, por muy sabios o experimentados que nos creamos. Es comprensible que a nadie le guste que le afeen su conducta. Ahora bien, esa indiferencia colectiva a la que hemos llegado, en virtud de la cual nadie aconseja o reprocha nada a nadie porque a todos nos da todo lo mismo, tampoco creo que sea salut&iacute;fera. Es preciso encontrar un equilibrio entre la sana voluntad de mejorarnos colectivamente y el leg&iacute;timo derecho a equivocarnos y aprender en primera persona de nuestros propios errores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Que el aforismo haya dejado de ser el pariente pobre de la literatura para hacer valer su dignidad cong&eacute;nita es algo que no deber&iacute;a ofender a nadie&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-A tenor de las numerosas publicaciones que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, vienen haci&eacute;ndose de libros de aforismos, parece que estamos en la edad de oro de este g&eacute;nero literario. &iquest;Crees que es una moda o que ha llegado para quedarse? &iquest;Qu&eacute; futuro le ves?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Me llama la atenci&oacute;n que se hable de abundancia en el &aacute;mbito afor&iacute;stico &ndash;cuando, en el mejor de los casos, en la &uacute;ltima d&eacute;cada se habr&aacute;n publicado unas decenas de libros al a&ntilde;o&ndash; y no, por ejemplo, de burbuja po&eacute;tica, cuando la edici&oacute;n de poemarios puede alcanzar f&aacute;cilmente los tres o cuatro d&iacute;gitos. &iquest;Cu&aacute;ntos recitales po&eacute;ticos se celebran en Espa&ntilde;a, ya no mensualmente, sino todos los d&iacute;as? Por no hablar de premios, concursos y cert&aacute;menes... Creo que, en realidad, hay a quien le molesta que el aforismo haya salido del armario y preferir&iacute;a que siguiera siendo un juguete reservado a unos pocos. De hecho, varios preclaros promotores del g&eacute;nero se han alejado estent&oacute;reamente de &eacute;l en cuanto han empezado a tener compa&ntilde;&iacute;a. Ha habido esnobismo por parte de algunos, eso es innegable, pero que el aforismo haya dejado de ser el pariente pobre de la literatura para hacer valer su dignidad cong&eacute;nita es algo que no deber&iacute;a ofender a nadie. En cuanto a su futuro, no soy adivino, pero s&iacute; es cierto que detecto cierta falta de ambici&oacute;n en no pocos autores, los cuales se conforman con reunir sus textos en vol&uacute;menes miscel&aacute;neos que acaban confudi&eacute;ndose unos con otros, de tan correctos y previsibles. Quiero creer que en la periferia del &ldquo;fen&oacute;meno&rdquo; afor&iacute;stico est&aacute;n fragu&aacute;ndose propuestas arriesgadas que, tarde o temprano, acabar&aacute;n renovando el g&eacute;nero desde dentro; de no ser as&iacute;, no descarto que vuelva a su at&aacute;vico ostracismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Jan 2026 13:37:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrapado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_DEN_BEKKER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="western">Tiene cuatro o cinco a&ntilde;os y le tiemblan las piernitas debajo de sus pantalones cortos, todav&iacute;a lo siente ahora. No est&aacute; asustado, no se sobresalta, est&aacute; exaltado, est&aacute; mirando intensamente a una ni&ntilde;a de su edad que, con su larga melena pelirroja ondeando por la espalda, corre hacia su mam&aacute;, que la abraza feliz, levant&aacute;ndola en alto. Nunca ha visto nada tan bonito como esa ni&ntilde;a, todos los d&iacute;as a la salida de la guarder&iacute;a la mira, esas piernitas delgadas, esos zapatitos, ese pelo largo y ondeando. Nunca antes hab&iacute;a visto una mujer con el pelo largo y para colmo rojo. Rizado. Adem&aacute;s con pecas en la cara. Y c&oacute;mo la levanta, c&oacute;mo la madre la mira feliz. &Eacute;l tambi&eacute;n quiere mirarla tan feliz, &eacute;l tambi&eacute;n quiere que lo levanten as&iacute;, &eacute;l tambi&eacute;n quiere que su madre lo recoja de la escuela, pero su madre est&aacute; demasiado ocupada.&nbsp;</p>
<p class="western">La casa de la ni&ntilde;a y de su madre est&aacute; enfrente, donde hay casas grandes, donde hay un parquecito, donde vive gente con pesadas cortinas delante de las ventanas, con pesadas puertas de entrada, cuyos pomos de lat&oacute;n siempre brillan, gente que no tiene cerdos ni gallinas, ni palomas ni conejos, con madres que no llevan delantal y padres que llevan corbata entre semana. Son gente diferente, lo sabe por su madre, que siempre se lo dice como advertencia, que tenga cuidado, que se aleje de ellos, porque a la hora de la verdad te van a defraudar. No sabe muy bien qu&eacute; significa eso de &ldquo;a la hora de la verdad&rdquo;, pero siente que tiene algo que ver con la historia de Pulgarcito, que es abandonado en el bosque con sus hermanitos porque sus padres ya no pueden alimentarlos. Esto le ha asustado, porque mam&aacute; se queja a menudo de que no tiene dinerillo para comprar las cosas que &eacute;l quiere, y puede que un d&iacute;a, por no tener suficiente dinerillo, tambi&eacute;n le abandone en un bosque. Por eso deber&iacute;a dejar de pedir cosas, porque las cosas cuestan dinerillo. Y si ocurre, si se queda solo en el bosque, tal vez pueda encontrar el camino de vuelta a la escuela y pedirle a la ni&ntilde;a pelirroja que le traiga un bocadillo, lo har&aacute;, porque es muy linda, y ellos quiz&aacute;s tengan un cobertizo detr&aacute;s de la casa donde podr&aacute; dormir. O puede dormir en el almiar de un granjero y, a cambio de comida, alimentar a las gallinas y los cerdos y ayudar con el orde&ntilde;o.</p>
<p class="western">Camina hasta casa, est&aacute; lejos, pero conoce el camino, ya es grandecito. Intenta saltarse dos baldosas de la acera cada vez, dando grandes zancadas. Despu&eacute;s de unos cien metros, cruza la calle para evitar el bar del que suelen salir borrachos. &Eacute;sos lo miran ri&eacute;ndose y babean, y a menudo tienen los ojos rojos, que le recuerdan al diablo, el diablo que puede llevarle a uno al infierno si no es juicioso. Por eso quiere ser juicioso, porque los ni&ntilde;os juiciosos van al cielo, eso le ha dicho mam&aacute;, y por eso dobla obedientemente la rodilla cada vez que pasa por delante de la estatua de la Virgen Mar&iacute;a en el sal&oacute;n o de la estatua del Sagrado Coraz&oacute;n en el rellano. O se persigna en nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Tambi&eacute;n se sabe de memoria el Ave Mar&iacute;a y el Padrenuestro. &ldquo;No nos dejes caer en tentaci&oacute;n&rdquo;, le parece encantador, misterioso, pero no sabe lo que significa, y mam&aacute; le ha dicho que espere a ser mayor, que entonces lo entender&aacute;.&nbsp;</p>
<p class="western">Al otro lado de la calle, se cruza con el lechero, que siempre viene con un caballo y un carro a traer la leche, inspirando por la boca y espirando por la nariz. Dice &ldquo;mujer&rdquo; a mam&aacute;, al igual que el verdulero y el panadero, que tambi&eacute;n vienen a casa con su carro y su caballo. El lechero tiene un gran perro pastor llamado Herta que trata muy mal a Tippie, su perrito, que chilla muy fuerte y se arrastra detr&aacute;s de la ventana de la habitaci&oacute;n delantera para ladrarle a Herta. Mam&aacute; siempre presta mucha atenci&oacute;n cuando el lechero vierte la leche de su lechera en el vaso medidor, porque a veces quiere quedarse un poco por debajo de la l&iacute;nea que indica un litro, y mam&aacute; necesita mucha leche cada vez, por lo que paga mucho m&aacute;s dinerillo del necesario, lo que se llega a perder en un a&ntilde;o, dice, y ella no tiene tanto dinerillo.&nbsp;</p>
<p class="western">Luego pasa por delante de la escuela grande, a la que tambi&eacute;n puede ir el a&ntilde;o pr&oacute;ximo. Le encanta, porque entonces ser&aacute; grande, pero tambi&eacute;n tiene miedo, porque su hermano mayor, que hace tiempo que dej&oacute; la escuela grande y est&aacute; trabajando, le ha dicho que el maestro te pega en las manos con una regla si no prestas atenci&oacute;n, y &eacute;l a menudo no presta atenci&oacute;n, dicen todos, siempre est&aacute; dando vueltas pensando, con una arruga en la frente. No sabe c&oacute;mo quitarse esa arruga de la frente. Pero seguro que puede prestar atenci&oacute;n en matem&aacute;ticas, porque ya sabe contar hasta cien, lo cual es inteligente para su edad, dice su hermana, que le ense&ntilde;&oacute;, y con ella pod&iacute;a prestar atenci&oacute;n bien. Puede que tambi&eacute;n tenga que pelearse en la escuela grande, pero tiene miedo de que le den un pu&ntilde;etazo en la boca, como el otro d&iacute;a, cuando un chico desconocido en la calle le dio un pu&ntilde;etazo en la cara y se fue corriendo y ri&eacute;ndose, mientras &eacute;l segu&iacute;a mirando perplejo las estrellitas rojas que bailaban delante de sus ojos. Tuvo que llorar, pero mam&aacute; le dice que devuelva el golpe y no llore, que tiene que ser valiente. M&aacute;s tarde, cuando crezca, ser&aacute; valiente. Madre nunca le da pu&ntilde;etazos, s&oacute;lo nalgadas cuando se porta mal, o bofetadas, que le encienden las orejas, sobre todo cuando su anillo de boda choca contra ellas, lo que tambi&eacute;n le hace ver las estrellas. Tiene m&aacute;s miedo de su pap&aacute;, cuyas manos son duras y su barba es de alambre de lat&oacute;n, dice su hermano mayor. Pero no pega mucho, s&oacute;lo cuando mam&aacute; le pide ayuda porque hab&iacute;a querido castigarle por haber hecho una travesura y &eacute;l se hab&iacute;a escapado r&aacute;pido. El otro d&iacute;a tambi&eacute;n hu&iacute;a muy deprisa de pap&aacute;, pero &eacute;ste lo alcanz&oacute; y le dio una patada en el trasero con sus pesadas botas de trabajo, que le roz&oacute; la espalda, de modo que ahora tiene abrasiones all&iacute;. Mam&aacute; le ha puesto pomada, pero le pica, y dice que pap&aacute; es un poco torpe a veces, pero tiene buena intenci&oacute;n y esas rozaduras se curan pronto. Pap&aacute; nunca le dice nada, s&oacute;lo a las siete de la tarde, cuando le dice que es hora de ir a la cama.&nbsp;</p>
<p class="western">Un poco m&aacute;s all&aacute; se encuentra la misteriosa casa del hombre de la perilla, llamado Barba de Cabr&oacute;n, que tampoco nunca le habla. La casa y el jard&iacute;n est&aacute;n rodeados por un seto alto e impenetrable, pero en una de las esquinas se ha abierto un agujero por el que puede ver el jard&iacute;n, donde a veces juega una ni&ntilde;a de su edad. Tiene el pelo negro y rizado y unos grandes ojos marrones que le miran interrogantes. La primera vez que la vio le pregunt&oacute; si quer&iacute;a salir a jugar, pero no pudo ni le dejaron, dijo, la puerta estaba cerrada. Detr&aacute;s de ella, apareci&oacute; en el umbral de la puerta el Barba Cabr&oacute;n, que le mir&oacute; mordazmente, como San Nicol&aacute;s. Llam&oacute; a la chica para que se acercara y a &eacute;l le hizo un gesto de que se fuera. Desde entonces, al pasar se asoma t&iacute;midamente por el hueco del seto para ver si est&aacute; en el jard&iacute;n y ella quiere mirarle con sus grandes ojos marrones. A veces, el Barba Cabr&oacute;n, con su barriga abultada y su cadena de reloj, se planta frente a la puerta de su jard&iacute;n, mirando a lo lejos, y entonces &eacute;l lo evita dando un gran rodeo.&nbsp;</p>
<p class="western">Cruza a la izquierda de la carretera de grava y sigue hasta la granja, donde grandes gansos cruzan militarmente el patio a largas zancadas. &ldquo;Vigilan la granja&rdquo;, dice su hermano mayor, &ldquo;y lo hacen mejor que los perros. Ten cuidado&rdquo;. Pero &eacute;l no tiene miedo de los gansos, siempre le gru&ntilde;en de buen humor al pasar, le conocen, saben que les tiene respeto. M&aacute;s adelante, m&aacute;s all&aacute; del grupo de &aacute;rboles altos que &eacute;l puede ver desde su habitaci&oacute;n, hay una cabra amarrada a una estaca al borde del camino, que tambi&eacute;n le conoce. Siempre se burla de la bestia, dando saltos y haciendo movimientos de boxeo y sac&aacute;ndole la lengua, pero aun as&iacute; no consigue acercarse lo suficiente como para tirarlo al suelo con sus cuernos torcidos. Aunque el otro d&iacute;a le pill&oacute; cuando su hermano peque&ntilde;o, que es un huev&oacute;n, se hizo amigo de la cabra o el cabr&oacute;n mientras le daba de comer unas briznas de hierba. Su hermanito es tonto y tiene las patas arqueadas. Se hab&iacute;a acercado a &eacute;l, sin prestar atenci&oacute;n a la cabra o al cabr&oacute;n, y &eacute;ste hab&iacute;a aprovechado la ocasi&oacute;n para tumbarle con un cabezazo que hizo saltar la arena. Su madre, que observaba la escena a lo lejos, se rio a carcajadas. Se hab&iacute;a incorporado con una sensaci&oacute;n de ardor en el interior para la que a&uacute;n no ten&iacute;a nombre.&nbsp;</p>
<p class="western">Hoy es viernes y tiene que apresurarse a llegar a casa, donde le esperan madre y hermanito como de costumbre con una tacita de t&eacute; y una galleta, y luego tienen que recoger juntos, el hermanito y &eacute;l, pelusas, pelusas de tela del sempiterno cosido y remiendo de medias, pelusas que quedan apresadas en las esteras de coco y no se dejan quitar con el sacudidor. Es un trabajo tan fino, dicen mam&aacute; y las hermanas, que se necesitan dedos de ni&ntilde;o para recogerlas. Cuando acaban de recoger las pelusas, mam&aacute; y las hermanas enrollan la estera de coco y la cuelgan de la barra sacudidora, y &eacute;l y su hermanito reciben una galleta extra. Luego pueden ir a jugar.</p>
<p class="western">Mientras los sacudidores siguen retumbando en un tono marr&oacute;n oscuro, sale corriendo a la calle, con la galleta rechin&aacute;ndole entre los dientes. Quiere ir al bosquecillo de arbustos que hay m&aacute;s adelante, adonde ya deben de haber ido los otros ni&ntilde;os de la calle. La arena negra junto al camino de grava se polvorea, desprendiendo un sordo olor a quemado y, en la l&aacute;nguida lejan&iacute;a, las vacas sueltan su mugido vespertino, se&ntilde;al de que quieren ser orde&ntilde;adas. De pasada, echa una mirada asustadiza a la casa de M., el ni&ntilde;o pelirrojo de su vecino, que sabe correr mucho y tambi&eacute;n es muy bueno peleando y dando zarpazos. So&ntilde;&oacute; con &eacute;l el otro d&iacute;a, que estaban sentados juntos en el balanc&iacute;n del patio de recreo y consegu&iacute;a zarandearle con tanta fuerza que volaba por los aires y se peg&oacute; un batacazo con la cabeza en el esti&eacute;rcol de vaca. Tiene miedo de que M. descubra lo que ha so&ntilde;ado y se vengue.&nbsp;</p>
<p class="western">El sotobosque es un conjunto de arbustos y &aacute;rboles peque&ntilde;os por el que s&oacute;lo pueden colarse y arrastrarse los animales peque&ntilde;os, incluidos los ni&ntilde;os. Siempre juegan all&iacute; al escondite y a veces juegan a los m&eacute;dicos. Entonces tienen que bajarse los pantalones y se le permite mirar la rajita de las ni&ntilde;as. Hay una muy fresca que siempre se pone p&eacute;talos en su rajita y luego permite a los chicos que los saquen. A &eacute;l tambi&eacute;n le gustar&iacute;a hacerlo, pero no se atreve.&nbsp;</p>
<p class="western">Todav&iacute;a le falta pasar por la casa de Ylla, la mujer de la boca torcida. Esa torcedura se debe a una "hemorragia cerebral", le ha dicho mam&aacute;, y esa informaci&oacute;n de repente le hizo ver una oleada de sangre que sali&oacute; de su cabeza, causando que la boca se torciera del susto, mueca de la que nunca se recuper&oacute;. M&aacute;s le vale, piensa &eacute;l, porque siempre le mira con maldad y tambi&eacute;n una vez abofete&oacute; a mam&aacute;, por qu&eacute; no quiso dec&iacute;rselo.&nbsp;</p>
<p class="western">Se sumerge en el denso follaje, agach&aacute;ndose bajo las ramas. Las gallinas cacarean en todas direcciones y &eacute;l patea accidentalmente un huevo. Podr&iacute;a hab&eacute;rselo llevado a casa y com&eacute;rselo ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana, sin que mam&aacute; tuviera que pagar dinerillo. Podr&iacute;a hab&eacute;rselo metido en el bolsillo, pero sin que los otros ni&ntilde;os lo vieran, porque probablemente le delatar&iacute;an ante el mayordomo del granjero, el due&ntilde;o de las gallinas, que ir&iacute;a tras &eacute;l y le dar&iacute;a una patada en el culo con sus zuecos, lo que le producir&iacute;a un dolor tremendo en la espalda y adem&aacute;s ser&iacute;a un desperdicio del huevo, que se le romper&iacute;a en el bolsillo, seguido de una bofetada extra por parte de mam&aacute;, que tendr&iacute;a que volver a lavarle los pantalones otra vez.&nbsp;</p>
<p class="western">Cuando llega, los dem&aacute;s ni&ntilde;os en medio del monte ya est&aacute;n echando a suertes para el escondite, y como &eacute;l es el &uacute;ltimo, la paga &eacute;l, lo han decidido por unanimidad. No van a jugar a los m&eacute;dicos, porque ahora hay una ni&ntilde;a mayor con ellos, que casi nunca participa y podr&iacute;a chivarse de las cosas. Pero a &eacute;l siempre le trata con cari&ntilde;o, igual que a su propio hermanito. Lleva un vestido bermejo que le deslumbra, y a veces sue&ntilde;a que ella es su hermana, en vez de ser su hermana de verdad, le despierta por la ma&ntilde;ana y abre las cortinas para que entre el sol y camina por la casa con pasos el&aacute;sticos, preferiblemente de puntillas, como el hada de Peter Pan. Tambi&eacute;n le cuenta cuentitos, con una voz suave y melodiosa, como la de una maestra de la guarder&iacute;a, en lugar de con su voz real, que es &aacute;spera y no combina con su vestido.&nbsp;</p>
<p class="western">Apoya la mano izquierda en el tronco de un arbolito delgado y presiona la frente contra &eacute;l para iniciar la cuenta. De hecho, tiene que cerrar los ojos para no ver por d&oacute;nde van los dem&aacute;s, pero echa un vistazo furtivo entre las pesta&ntilde;as y los dedos para asegurarse al menos de que nadie va en la direcci&oacute;n que &eacute;l mira. Tiene que tener cuidado de no perderse en fantas&iacute;as, pues ya le ha ocurrido otras veces que ha dejado de contar a mitad de camino porque sus pensamientos le arrastraban a otros mundos. Ahora piensa ansiosamente en la reprimenda que le dio su madre despu&eacute;s de recoger la pelusa. Pensaba que ella hab&iacute;a salido a ayudar a sus hermanas a sacar las otras esteras, pero se hab&iacute;a quedado en la cocina mientras &eacute;l le contaba emocionado a su hermanito lo de la ni&ntilde;a del pelo largo y alborotado. Se lo hab&iacute;a contado exactamente como la ve&iacute;a, que caminaba sin casi tocar el suelo, que caminaba sobre las nubes, que volaba como un pajarito, y que &eacute;l sent&iacute;a el viento de su pelo ondulante en la cara, y que su madre, cuando la abrazaba, la elevaba muy alto en el cielo, tan alto que parec&iacute;a poder tocar el sol. Le ard&iacute;an las mejillas mientras lo contaba, pero su madre le hab&iacute;a dicho que no hiciera eso, ya se lo hab&iacute;a dicho muchas veces, que no puede mentir, que &eacute;l nunca se limitaba a contar lo que hab&iacute;a pasado, sino que lo convert&iacute;a todo en un cuento de hadas, las cosas no suced&iacute;an como &eacute;l las contaba, si segu&iacute;a as&iacute; nadie le creer&iacute;a, y desde luego no deb&iacute;a hablarle as&iacute; a su hermanito, porque a&uacute;n era cr&eacute;dulo y pensaba que todo lo que dec&iacute;a era literalmente cierto. Pero &eacute;l no puede evitarlo, no puede evitar que las cosas que vive acaben as&iacute; en su cabeza, y por eso tiene que contarlas as&iacute;, porque si no las cuenta como &eacute;l las siente, no ser&iacute;an verdad. No entiende que no puede decir que los &aacute;rboles le saludan amablemente por la ma&ntilde;ana cuando va a la escuela y que se doblan de dolor cuando el viento sopla fuerte, si &eacute;l lo ve con sus propios ojos. O que las hojas de los &aacute;rboles se cuentan entre ellas historias en un idioma que &eacute;l no entiende. O que los gorriones todas las ma&ntilde;anas se re&uacute;nen en la ventana de su habitaci&oacute;n para gorjearle alegremente al despertar. Lo oye y lo ve todo, al igual que los colores que los sonidos evocan ante sus ojos.&nbsp;</p>
<p class="western">Termina de contar y empieza a espiar entre la maleza. El suelo huele a podredumbre h&uacute;meda y ve un sapo que se aleja escabull&eacute;ndose. Se pregunta si la bestia huye de &eacute;l o intenta se&ntilde;alarle d&oacute;nde se esconde alguien, y en ese momento oye gritar &ldquo;&iexcl;por m&iacute;!&rdquo; detr&aacute;s de &eacute;l. El primero que le roza y le seguir&aacute;n m&aacute;s. Siempre es as&iacute;. Sabe y acepta que los padres y las madres y los hermanos mayores tienen sabidur&iacute;a y saben hacer cosas que &eacute;l a&uacute;n no sabe o no domina, pero le sorprende que ocurra lo mismo con los dem&aacute;s ni&ntilde;os. Ellos tambi&eacute;n se miran a veces con complicidad cuando &eacute;l habla o hace algo, y &eacute;l no lo entiende, porque tiene mucho que decir que es bonito y emocionante, mucho m&aacute;s que ellos, y ellos tampoco quieren entender que realmente puede hacer algunas cosas, pero que a veces las cosas del mundo simplemente no quieren cooperar con &eacute;l.&nbsp;</p>
<p class="western">Cree ver algo rojo brillando entre las hojas y se acerca para asegurarse de que es la chica mayor del vestido bermejo, pero cuando llega, ella pasa volando a su lado para salvarse. Se r&iacute;e de &eacute;l. Podr&iacute;a haberse adelantado a ella si hubiera reaccionado r&aacute;pido, pero estaba como hechizado viendo sus piernas esbeltas y su cuerpo galopante, y ahora mismo no puede apartar los ojos de su rostro sonriente. Pero tiene que seguir, si los dem&aacute;s pueden, &eacute;l tambi&eacute;n puede hacerlo, es cuesti&oacute;n de quererlo, dicen todos, s&oacute;lo tiene que quererlo para poder hacerlo, entonces tambi&eacute;n podr&aacute; jugar al escondite, como los dem&aacute;s, sin tener que ser siempre el jugador que la paga. Pero el caso es que &eacute;l quiere, aunque los dem&aacute;s, el padre, la madre y hermanos y hermanas y los otros ni&ntilde;os digan que no, &eacute;l s&iacute; quiere, pero lo que pasa es que muchas cosas se interponen, el mundo no se lo permite. Como ahora: busca afanosamente a los otros ni&ntilde;os que se esconden, pero una y otra vez hay cosas que atraen su atenci&oacute;n como un im&aacute;n irresistible: un saltamontes verde y centelleante, lib&eacute;lulas milagrosas que pasan sin hacer ruido o, por el contrario, se quedan inm&oacute;viles en el aire l&aacute;nguido, rayos de sol que hacen brillar las hojas.&nbsp;</p>
<p class="western">Uno tras otro se salvan y &eacute;l tiene que volver a su arbolito, apretar de nuevo la cabeza contra su mano y empezar a contar. Uno de los otros ni&ntilde;os es su sobrino T, que es un bobo de remate, pero siempre gana en los juegos, no s&oacute;lo al escondite, sino tambi&eacute;n a las canicas y a las cartas. No lo entiende. Quiz&aacute; sea porque los juegos son bobos y hay que ser bobo para ganarlos.&nbsp;</p>
<p class="western">Mira entre sus dedos las ondas amarillas del campo de trigo al otro lado del sendero. La luz del sol salpica en chispas, el aire encima de &eacute;l reverbera y susurra. Saborea la &aacute;rida sequedad del sendero. Si quiere escapar, debe atravesarlo r&aacute;pido y deslizarse entre el trigo. Pero antes debe asegurarse de que Henrica la Urraca no viene arrastrando los pies por la arena del sendero, porque podr&iacute;a hechizarle. Henrica la Urraca es una anciana arrugada que siempre camina por este sendero hacia el mercado. Los otros ni&ntilde;os dicen que es una bruja, y que la forma de saberlo es poniendo los pies en cruz sobre sus huellas, detr&aacute;s de ella, y entonces por muy delante que est&eacute;, si mira hacia atr&aacute;s es una bruja. &Eacute;l mismo lo intent&oacute; una vez. La vio caminar muy lejos por el sendero, como siempre torcida, y cuando &eacute;l puso cuidadosamente sus zapatos en cruz sobre sus pasos, ella mir&oacute; inmediatamente hacia atr&aacute;s. Corri&oacute; a casa muy deprisa, con el coraz&oacute;n palpitante, y se escondi&oacute; debajo de la mesa de la cocina.&nbsp;</p>
<p class="western">Grita: &ldquo;&iexcl;Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda!&rdquo; y se escabulle hasta el borde del sendero. Est&aacute; tranquilo y desierto, no hay nadie a la vista. Cruza corriendo y se adentra en el trigal. Aqu&iacute; el silencio es abrumador, aunque lo rompan el zumbido de las moscas y el susurro y crujido de los tallos. Tiene que atravesarlo deprisa, hacia el lindero del bosque, donde se alzan dos casuchas con tejado de paja, porque si el labrador le pilla entre el trigo, seguro que viene a por &eacute;l con atronadoras maldiciones y tal vez le d&eacute; una patada en el culo con los zuecos. Los campesinos siempre dicen palabrotas atronadoras, sobre todo a sus caballos de tiro. &Eacute;l cre&iacute;a que era normal, as&iacute; que una vez, mientras jugaba al coche de caballos con su hermanito, le dispar&oacute; con las mismas maldiciones atronadoras que hab&iacute;a o&iacute;do en la calle, pero eso le vali&oacute; una buena paliza de su padre.&nbsp;</p>
<p class="western">&iquest;Por qu&eacute; esos campesinos s&iacute; y &eacute;l no?&iquest;Y por qu&eacute; no pod&iacute;a imitar la realidad en su juego, si todo el mundo dec&iacute;a siempre que hab&iacute;a que ser sincero?&nbsp;</p>
<p class="western">Ahora debe quedarse quieto un momento para aspirar la atm&oacute;sfera profundamente. El aire del verano parece m&aacute;s denso aqu&iacute; debido al silencio, piensa, el silencio espesa el aire, como hace a veces en su dormitorio, cuando est&aacute; solo y hay un silencio absoluto, por lo que el aire le oprime y tiene que aligerarlo con un suave zumbido. La atm&oacute;sfera del trigal le llena de deleite y asombro: el susurro amarillo cuando avanza, cauteloso para no hacerse notar, el zumbido de los insectos, que evoca un color azul p&aacute;lido, el susurro rojizo de todo tipo de criaturas invisibles que corretean por el suelo, y por encima de &eacute;l el sol abrasador y el trinar de los p&aacute;jaros vigilantes que chisporrotean el aire. S&oacute;lo espera que los dem&aacute;s a&uacute;n no se hayan dado cuenta de que se ha escapado, porque de lo contrario seguramente sabr&aacute;n c&oacute;mo encontrarlo. Debe llegar al bosque lo antes posible.&nbsp;</p>
<p class="western">Al borde del trigal hay una zanja que &eacute;l puede saltar f&aacute;cilmente. El bosque frente a &eacute;l calla, a su izquierda una liebre con las orejas levantadas sale disparada hacia los prados. A su derecha, entre los &aacute;rboles, hay casuchas de paja. En una de ellas vive Juan el Manco, un hombre bajito con un solo brazo que vende petr&oacute;leo. Una vez acompa&ntilde;&oacute; a mam&aacute; cuando fue a por petr&oacute;leo, juntos recorrieron el sendero de arena y &eacute;l le hab&iacute;a echado una mano por la izquierda mientras ella llevaba por la derecha la gran jarra de hierro llamada <em>jerrycan</em>, procedente de Inglaterra, que hab&iacute;an abandonado en la cuneta los soldados ingleses despu&eacute;s de la guerra y pap&aacute; se hab&iacute;a llevado r&aacute;pidamente a casa. M&aacute;s adelante, cuando sea un poco m&aacute;s grande, tambi&eacute;n le permitir&aacute;n llevar ese bid&oacute;n, como ya se lo permiten a su hermano mayor, y entonces, como &eacute;l, lo agitar&aacute; alegremente. Ya sue&ntilde;a con caminar entonces a grandes zancadas.&nbsp;</p>
<p class="western">Sigue un estrecho camino de grava detr&aacute;s de unas casuchas y llega a una carretera asfaltada por la que a veces circulan coches. Esa carretera est&aacute; &ldquo;alquitranada&rdquo;, como le han dicho otros chicos, y ese &ldquo;alquitr&aacute;n&rdquo;, que es negro como el carb&oacute;n, viene de los volcanes, que son monta&ntilde;as que escupen humo y fuego y luego el alquitr&aacute;n acaba en el suelo y se puede recoger y recalentar para untar las calles. Esas monta&ntilde;as que escupen fuego le asustan, pero mam&aacute; le tranquiliza: no hay por aqu&iacute;, s&oacute;lo en el extranjero, muy lejos.&nbsp;</p>
<p class="western">Primero comprueba si el alquitr&aacute;n no se ha ablandado con el sol, porque cuando hace calor los zapatos se pegan a &eacute;l, dicen, y no puedes avanzar. Pero lo nota seco y duro, as&iacute; que cruza r&aacute;pido, mirando nervioso a diestra y siniestra, porque los coches pueden circular muy r&aacute;pido y si te atropellan, mueres.&nbsp;</p>
<p class="western">Al otro lado hay otra zanja que tiene que saltar y luego llega a una calle con adoquines rojos y a un lado una acera de baldosas grises, igual que la calle donde est&aacute;n las escuelas. Es muy tranquila. Hay cuatro o cinco casas altas de madera con jardines llenos de flores y cortinas que cuelgan de lado delante de las ventanas, como gruesas trenzas. Detr&aacute;s de los grandes ventanales no se mueve nada, no hay nadie en los jardines, nadie paseando la azada, nadie sacudiendo esteras o rastrillando el suelo. Se hab&iacute;a maravillado de que hubieran puesto aqu&iacute; un trozo de ciudad, con una calle pavimentada y una acera, en esta zona donde por lo dem&aacute;s s&oacute;lo hay arena y grava y &aacute;rboles y arbustos, donde crece la hierba y el brezo y pastan vacas y ovejas y donde s&oacute;lo vive gente corriente. Aqu&iacute; no vive gente corriente, le dice mam&aacute;, es gente elevada, por eso tienen casas elevadas, piensa &eacute;l, esa gente es incluso m&aacute;s elevada que el director de la escuela grande, incluso m&aacute;s elevada que los jefes de pap&aacute; en el trabajo. Son cultos, dice mam&aacute;, saben mucho y pueden hacer cosas que la gente corriente no puede, pero nunca trabajan con las manos, por eso no tienen callos en las manos. Piensa en la vez que visit&oacute; una de esas casas, la &uacute;ltima de la hilera. Hab&iacute;a paseado con un ni&ntilde;o que era nuevo en su clase de la guarder&iacute;a y hab&iacute;a jugado con &eacute;l. &Eacute;ste le dijo que ten&iacute;a muchos juguetes en casa, coches de juguete y un caballito balanc&iacute;n y libros para colorear, y que pod&iacute;a venir a jugar a su casa. Hab&iacute;a aceptado la invitaci&oacute;n con entusiasmo y hab&iacute;a entrado en aquella casa alta asombrado, admirado por la austera sala y los pesados armarios de madera marr&oacute;n, pero sobre todo por los juguetes multicolores y multiformes del peque&ntilde;o. Recuerda que su madre era amable y cordial con &eacute;l, y que iba vestida de domingo en un d&iacute;a laboral, pero no puede recordar su rostro, de tan abrumado estaba por todos los juguetes que le permit&iacute;an tocar y coger. Y el ni&ntilde;o le hab&iacute;a dicho que pronto ser&iacute;a su cumplea&ntilde;os y que le regalar&iacute;an un gran coche de bomberos rojo, que le hab&iacute;an dejado elegir en las fotos de una revista que le ense&ntilde;&oacute; su madre. Le hab&iacute;a dicho que pod&iacute;a venir el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os y jugar un rato con el coche de bomberos. Pero eso no ocurri&oacute;, porque mam&aacute; no se lo permiti&oacute;. &ldquo;Es gente extra&ntilde;a,&rdquo; le hab&iacute;a dicho. &ldquo;Qu&eacute;date en casa y juega con tu hermanito. Te traer&eacute; una galleta extra y te preparar&eacute; leche con chocolate.&rdquo; Pero m&aacute;s tarde la hab&iacute;a o&iacute;do decirle a pap&aacute;: &ldquo;Quieren que venga al cumplea&ntilde;os de su hijo, pero a nosotros ni caso.&rdquo; Entonces se hab&iacute;a sentido muy culpable por desearlo tanto, le hab&iacute;a parecido una traici&oacute;n, y hab&iacute;a salido r&aacute;pidamente a jugar a las canicas con su hermanito.&nbsp;</p>
<p class="western">Pasa junto a la &uacute;ltima casa y echa una mirada repentina al gran ventanal, pero no se mueve nada detr&aacute;s. Est&aacute; oscuro, casi amenazador. Gira la esquina y vuelve a entrar en territorio conocido: caminos de tierra, hierba y brezo, &aacute;rboles que se mecen y casas bajas con tejados de paja. Pero entonces, en alg&uacute;n lugar entre los &aacute;rboles, brilla algo amarillo que reconoce y que retumba en su cabeza como los tonos de un &oacute;rgano. Es la primera vez que oye un sonido a causa de un color y no al rev&eacute;s. Sabe lo que es, es el carromato amarillo del hombre al que llama &ldquo;sartenero&rdquo;, porque sabe arreglar agujeros en las ollas para que mam&aacute; pueda volver a hervir sopa o patatas en ellas. Pero mam&aacute; le llama &ldquo;hojalatero&rdquo; o &ldquo;afilador de tijeras&rdquo; porque tambi&eacute;n sabe afilar cuchillos y tijeras. Viaja con un caballo y un carromato, en el que duerme, y tambi&eacute;n tiene un perrito de pelo blanco y lanoso, que es un poco m&aacute;s grande que Tippie, un perro ruidoso que ladra a cualquiera que se acerque demasiado al carromato, pero &eacute;l consigui&oacute; ganarse su confianza y con el tiempo pudo acariciarlo y jugar con &eacute;l. Y el sartenero tambi&eacute;n le permiti&oacute; verle reparar agujeros en las ollas y afilar cuchillos y tijeras sobre una gran piedra redonda que hac&iacute;a girar mientras pedaleaba. Pero tal vez el perrito no lo conozca ahora, porque el hombre se alej&oacute; durante mucho tiempo. El hombre siempre es muy amable con &eacute;l, y tambi&eacute;n con mam&aacute;, a quien le cae bien, una suave risa de asombro siempre brota en su vientre cuando &eacute;l le habla.&nbsp;</p>
<p class="western">Corre hacia la mancha amarilla y, cuando est&aacute; a mitad de camino, el perrito empieza a ladrar furiosamente. El sartenero sale y sonr&iacute;e amablemente al ver al ni&ntilde;o. Tranquiliza a su perrito y se sienta en la escalerita del carromato. Emocionado le cuenta c&oacute;mo se escap&oacute; jugando al escondite, sobre su viaje por el trigal, el alquitr&aacute;n que sale de los volcanes, el cami&oacute;n de bomberos rojo con el que deber&iacute;an haberle dejado jugar en la casa alta, pero con el que al final no le dejaron. Pero, sobre todo, habla de la ni&ntilde;a de pelo largo y rojo y cara pecosa, a la que su madre levantaba tan alto que parec&iacute;a flotar hacia el sol.&nbsp;</p>
<p class="western">El hombre le escucha sonriente, le escucha atentamente y no encuentra nada extra&ntilde;o en lo que dice, asintiendo constantemente con la cabeza para animarle. Habr&iacute;a querido decir, despu&eacute;s de la historia de la chica que tanto le fascinaba, que a &eacute;l tambi&eacute;n le gustar&iacute;a que le elevaran tan alto, pero se contiene, temeroso de que el hombre se r&iacute;a entonces de &eacute;l, y no quiere tentar a la suerte, porque nunca antes se hab&iacute;a sentido tan comprendido. El hombre le dice que ma&ntilde;ana va a arreglar un mont&oacute;n de ollas y a afilar un mont&oacute;n de cuchillos y tijeras, y que puede venir a mirar todo lo que quiera. Luego se levanta y va al carromato a buscarle una taza de t&eacute; con una galleta. Mientras tanto puede jugar con el perrito, que ya est&aacute; acostumbrado a &eacute;l.&nbsp;</p>
<p class="western">Fervorosamente satisfecho, acaricia la cabeza del perrito e intenta retozar con &eacute;l, como antes. El hombre le llama al cabo de un rato, el t&eacute; est&aacute; listo y le permite sentarse en un mullido sill&oacute;n para beberlo. El t&eacute; es dulce, pero de un dulzor extra&ntilde;o, y el hombre le dice que es porque le ha puesto miel en lugar de az&uacute;car. La miel viene de las abejas, explica, y eso le parece un poco espeluznante. El t&eacute; tambi&eacute;n tiene un sabor amargo que no hab&iacute;a probado antes. Se siente un poco cansado de tanto hablar y se hunde en el sill&oacute;n. Un momento para terminar el t&eacute; y luego tiene que ir a casa, donde mam&aacute; ya debe de haber puesto la mesa. Siente que la tensi&oacute;n disminuye, que le pesan los p&aacute;rpados.&nbsp;</p>
<p class="western">El hombre le quita suavemente la taza de t&eacute; de las manos y va a enjuagarla al fregadero. La seca y mira al ni&ntilde;o dormido.&nbsp;</p>
<p class="western">&ldquo;Vale,&rdquo; piensa satisfecho. &ldquo;Ya est&aacute; atrapado.&rdquo;</p>
<p class="western">&nbsp;</p>
<p class="western">&copy; Jos den Bekker</p>
<p>Amsterdam, julio 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:48:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hitoritabi [o el libro de Maquisai] de José Rui Teixeira ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hitoritabi-o-el-libro-de-maquisai-de-jose-rui-teixeira/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_RUI_TEIXEIRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La poes&iacute;a portuguesa y la actualidad literaria del pa&iacute;s hermano va retomando presencia en nuestras librer&iacute;as y &aacute;mbitos culturales como no se percib&iacute;a desde hace mucho tiempo. Quiz&aacute; no ocurriera as&iacute; desde el fen&oacute;meno editorial con que Fernando Pessoa arras&oacute; en nuestros pagos desde mediados de los 80, fundamentalmente, por las traducciones de &Aacute;ngel Crespo y Perfecto Cuadrado, entre otros, que taparon otras escrituras, voces y rumbos.&nbsp;</p>
<p>La actualidad es otra muy distinta hoy en d&iacute;a. Lejos incluso nos empiezan a quedar nombres como Al Berto, Nuno J&uacute;dice o Jos&eacute; Lu&iacute;s Peixoto, por citar a la carrera, gracias a esta continua renovaci&oacute;n propuesta por el Instituto Cam&otilde;es. Y a la gesti&oacute;n de Filipa Soares, alma directora de esta difusi&oacute;n que, sin prisa ni pausa, trae nombres tan relevantes como el de la novelista Ana Margarida de Carvalho y su estupendo <em>El gesto que hacemos para protegernos la cabeza</em> (2025), entre tantos.&nbsp;</p>
<p>O el poeta que hoy nos ocupa, Jos&eacute; Rui Teixeira (Oporto, 1974), profesor al frente de la c&aacute;tedra Poesia e Transc&ecirc;ndencia (Sophia de Mello Breyner Andresen) de la Universidad Cat&oacute;lica de Oporto, pero apenas conocido en Espa&ntilde;a, a pesar de una dilatada obra recogida en <em>Autopsia</em> (2019), a la que se sum&oacute; <em>Habeas corpus </em>(2022). Este <em>Hitoritabi</em> [<em>o el libro de Maquisai</em>] del 2025, en estupenda traducci&oacute;n de Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega como carta de presentaci&oacute;n, en una cuidada edici&oacute;n biling&uuml;e, as&iacute; debe hacerse siempre, y por el esfuerzo editorial de Gallo de Oro.&nbsp;</p>
<p>Chus Pato reflexiona en el pr&oacute;logo al libro sobre esas subdivisiones con que Jos&eacute; Rui Teixeira escamotea su decir &uacute;ltimo, bajo nombres de diosas orientales como Uzume, la diosa que baila y cuyo nombre se bifurca en dos cantos: Kaeribana o el di&aacute;logo con una mujer con el mismo nombre que la diosa y Shimijimi, o el reencuentro del poema y el poeta consigo mismo.&nbsp;</p>
<p>Y, sin embargo, a pesar de la originalidad y suntuosidad de la propuesta, yo me quedo con un tono reflexivo herido que vive en el fondo del vaso, ese tono con que George Gadamer define a la poes&iacute;a que as&iacute; puede llamarse. O, si prefieren, el empleado en el di&aacute;logo eleg&iacute;aco de Jos&eacute; Rui Teixeira con el tiempo, la amada y la muerte, en el asimilar el luto y &ldquo;aprender a llorar&rdquo;, seg&uacute;n dicta en un emocionante poema. No solo, pues esa espiritualidad de la madurez, con su pl&aacute;tica con lo perecedero y &ldquo;otras sem&aacute;nticas / bot&aacute;nicas de otras gram&aacute;ticas&rdquo; retornan al origen al hilo de la muerte de la amada, al <em>oikos</em> familiar que empapa sus versos en un saber transformarse en emocionante memoria, en vuelta al origen donde el yo se identifica en su precariedad antigua entre el hoy y el ayer en el duelo: &ldquo;La casa de mis abuelos ten&iacute;a el suelo de tierra batida / y paredes encaladas de blanco. / Cuando anochec&iacute;a, / la muerte ven&iacute;a a palidecer la casa de verde / y el cansancio de pobreza&rdquo;. Pobreza de entonces, pobreza de ser ante la muerte y que, cuenta, apenas se apoya en el bast&oacute;n de la poes&iacute;a para sostenerse a duras penas.&nbsp;</p>
<p>En ese di&aacute;logo visual, experimental, marcado por letras de diferente tama&ntilde;o, Jos&eacute; Rui Teixeira va filtrando esa soledad de fondo, extranjer&iacute;a o extra&ntilde;eza del estar irremediablemente solo, y que el apagar de la luz para dormir, despierta y hace poema. Soledad, miseria, interinidad, incertidumbres luchan en esa fantasmagor&iacute;a de lo incierto contra la resistencia, &ldquo;La fe es una herramienta sin descanso&rdquo;, la fe en sobrevivir, con todo, como resistencia en el &ldquo;La vida es siempre a pesar de todo&rdquo;, aunque el sinclinal tienda a la melancol&iacute;a y a que su nombre quede &ldquo;debajo de la tierra o bajo los escombros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y es que, a pesar de ese esfuerzo por hacer del poema &ldquo;un vado&rdquo; o &ldquo;un azogue para da&ntilde;os colaterales&rdquo;, un espacio donde entenderse, siempre fracasa, y nos vemos abocados a admitir &ldquo;una intemperie&rdquo;. Y eso cuanto expone trav&eacute;s de los filtros, esa resistencia, ese fracaso del poema ante la vida, aunque &ldquo;afila las palabras&rdquo; y no duerma, pero cierre los ojos. O, si prefieren, esa lucidez y precariedad del verso ante la vida, el resguardo en esa decantada espiritualidad que busca el silencio y la noche donde encontrarse, exorcizar el dolor, o presentarse a trav&eacute;s de voces que sortean la falta de pudor del yo desnortado, donde el descanso precisa o &ldquo;ama la espesura de las sombras&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y con ese tono o &ldquo;el lugar de ser hombre&rdquo; cuando la soledad se impone y brilla espl&eacute;ndida la realidad aunque &ldquo;(&hellip;) ya no somos / quien fue amado&rdquo;, nos llega esta reflexiva propuesta distinta y sin pacto.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:37:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jordi Doce: "Los errores que más lamento se debieron al exceso de obediencia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jordi-doce-los-errores-que-mas-lamento-se-debieron-al-exceso-de-obediencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORDI_DOCE_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La insistencia</em> (Pre-Textos), la &uacute;ltima obra de Jordi Doce (Gij&oacute;n, 1967), discurre por un tono m&aacute;s amargo de lo que acostumbra (se abre en marzo de 2022 y se cierra, justo, dos a&ntilde;os despu&eacute;s). Quiz&aacute;s &ldquo;sea la hora de sembrar astillas&rdquo;. Formado por aforismos, peque&ntilde;os ensayos, ocurrencias o citas, hilvana los g&eacute;neros con una atm&oacute;sfera que va engendrando im&aacute;genes e ideas estimulantes, hermos&iacute;simas. Su acercamiento a cuestiones relacionadas con la literatura disminuye, para recorrer otros territorios como el ecocidio o el mundo tecnofeudal. Asimismo, tampoco ha compartido los fragmentos de <em>La insistencia</em> en redes, como gusta hacer. Al contrario, pareciera haber sido escrito en el recogimiento de un eremita. Sus apuntes son una buena gavilla para alentar la lumbre lo bello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me considero un escritor profesional&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo saber cu&aacute;ndo hay que atender aquello que nos insiste?</p>
<p>- Para m&iacute;, no digo que eso tenga que funcionar con cada persona, es fundamental la necesidad, creo en ella. No me considero un escritor profesional, escribo cuando no me queda otro remedio que expresarme a trav&eacute;s de las palabras escritas. Pueden pasar d&iacute;as y semanas hasta que eso ocurre, no me preocupa demasiado, hasta que llega un momento en que hay algo que realmente me lleva a la paz. A escribir. Eso, por un lado. Es decir, esa insistencia tiene que ver con la necesidad, con la cierta urgencia &iacute;ntima. Por otro lado, creo que el libro, cualquier libro, nace cuando uno encuentra el tono, cuando uno va con la voz, la voz a la que tiene que sonar el libro. Entonces, uno puede escribir cosas, pero el libro tiene otro tipo de coherencia, siempre tonal. Entonces tengo que inventarme al escritor, en mi interior tengo que inventarme al autor del libro. Que soy yo y no soy yo. Es una creaci&oacute;n interna. Por eso cada libro es distinto, porque cada libro es un autor distinto, que lo genero yo. Cada uno tiene una atm&oacute;sfera, mental, emocional, de conjunto. Una vez que termina el libro, ese autor desaparece. Yo ya no podr&iacute;a recuperar ese tono.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me atrae mucho la estetizaci&oacute;n de la desolaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; puede uno encontrarse en &laquo;los descampados de la mente&raquo;? &iquest;Qu&eacute; tienen que ver estos descampados con los no-lugares que describi&oacute; Aug&eacute;?</p>
<p>- Bueno, efectivamente, en lo que escribo abundan los descampados, los no lugares, una fascinaci&oacute;n por esos espacios de tr&aacute;nsito, por esos espacios intermedios. Creo que tiene que ver tambi&eacute;n con la memoria infantil, porque yo para ir al colegio ten&iacute;a que cruzar por un barrio de descampados, en una ciudad que iba creciendo. Adem&aacute;s, no s&eacute; si por inclinaci&oacute;n o por lecturas, me atrae mucho la estetizaci&oacute;n de la desolaci&oacute;n. Los grandes cineastas, grabadores, poetas o pintores han creado ese tipo de fantasmagor&iacute;as, ese tipo de lugares desolados. Son lugares vac&iacute;os, despoblados, donde el sujeto est&aacute; perdido o est&aacute; desorientado, o simplemente abrumado. Una y otra vez me veo atra&iacute;do por esos lugares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hablas de &ldquo;literatura de sensaciones fuertes y pensamiento d&eacute;bil&rdquo;. &iquest;Se ha convertido este tipo de literatura en hegem&oacute;nica frente a quienes escriben con vocaci&oacute;n de ser testigos inc&oacute;modos?</p>
<p>- Ya finales del siglo XIX, principios del XX, hab&iacute;a literatura de sensaciones fuertes y pensamiento d&eacute;bil, y literatura comercial, por ejemplo, la novela sical&iacute;ptica, contra la que tanto escribi&oacute; Unamuno. O sea, que eso ya exist&iacute;a, como exist&iacute;a el follet&iacute;n y cierto tipo de novela aparentemente de denuncia, pero que era turbulenta y solo buscaba impactar al lector. O sea, que eso siempre ha existido. Quiz&aacute;s ahora lo que se ha perdido es la conciencia... la conciencia de que eso tiene su lugar, pero no es literatura, o al menos no es literatura seria, al margen de que ese tipo de novelas cumplan su funci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El fragmento desnudo tiene mucho potencial&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Qu&eacute; intensidad la de los aforismos, como los que se entreveran en estas p&aacute;ginas insistentes&hellip;</p>
<p>- Los aforismos resultan dif&iacute;ciles de explicar, a veces son simplemente cabos sueltos que uno deja para el lector. Si los desarrollas, pierden la gracia de todo lo que promete. El fragmento desnudo tiene mucho potencial. Pero si lo desarrollas lo est&aacute;s, de alguna manera, castrando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La magnitud del error, &iquest;tiene que ver m&aacute;s con el exceso o con el defecto?</p>
<p>- Seguramente no hay una relaci&oacute;n de causa-efecto. Lo que s&iacute; es verdad es que cuando pienso en errores vitales, personales, tiene m&aacute;s que ver con el defecto, con cierta prudencia. Me hubiera gustado ser un poquito m&aacute;s... Ind&oacute;mito. Aunque, al mismo tiempo, te dir&eacute; que esta actitud m&iacute;a me ha permitido mantener cierta resistencia, una resistencia, si quieres, callada. No he sido nunca feroz, como esa antolog&iacute;a de Isla Correyero, de hace muchos a&ntilde;os, y que se llamaba as&iacute;, <em>Feroz</em>, donde se postulaba un tipo de poes&iacute;a en apariencia muy rompedora, muy desobediente. Lo que yo hac&iacute;a no correspond&iacute;a a ese tipo de poes&iacute;a. Pero seguramente he practicado una desobediencia t&aacute;cita, discreta, que a m&iacute; me interesaba m&aacute;s.</p>
<p>En cualquier caso, si hago un repaso vital, efectivamente, los errores que m&aacute;s lamento se debieron al exceso de obediencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He tenido una desconfianza enorme al poder, en todas sus manifestaciones&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Obediencia a qu&eacute;?</p>
<p>- Bueno... fui un hijo muy obediente. Y a partir de ah&iacute;, todo lo dem&aacute;s. He tenido una desconfianza enorme al poder, en todas sus manifestaciones. Esa obediencia, y esa desconfianza al poder me ha marcado mucho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En un momento hablas de los m&aacute;rgenes de la escritura, de las riveras. Rivera, etimol&oacute;gicamente, est&aacute; emparentada con &ldquo;rival&rdquo;. Cuando uno escribe, &iquest;tiene m&aacute;s rivales m&aacute;s all&aacute; de lo mismo?</p>
<p>- No creo. Por lo menos en mi caso no es as&iacute;. No, creo, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Entonces, reformulo la pregunta: &iquest;A la contra de qu&eacute; se escribe?</p>
<p>- De todo. Creo. No lo s&eacute;. Partimos, de nuevo, de la base de que no me considero un escritor profesional. Soy incapaz de escribir los g&eacute;neros tradicionalmente considerados. La novela, sobre todo el ensayo. No s&eacute;, es que no te podr&iacute;a responder esa pregunta. Evidentemente creo que cada libro es distinto.</p>
<p>Por un lado, estoy escribiendo como la contra de lo que ya he escrito. Por otro lado, escribo invent&aacute;ndome ese autor interior, desde esa diferencia entre los autores interiores que he comentado antes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En este libro hay una cr&iacute;tica constante de fondo, t&aacute;ctica, inh&oacute;spita, del mundo que nos rodea.</p>
<p>- S&iacute;, adem&aacute;s del ecocidio. Por ejemplo, una cr&iacute;tica a la forma en que el poder act&uacute;a de una manera casi imp&uacute;dica. Las trampas en las que concurren muchos los que han sido maestros, que de repente se han dejado domesticar. No s&eacute;, es un libro en el que, m&aacute;s que estar a la contra, lo que est&aacute; es inc&oacute;modo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay una visi&oacute;n un poco pesimista de la comunicaci&oacute;n humana&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay un momento que dices que cuando un poeta habla se declara culpable. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>- La materia po&eacute;tica tiene que ver mucho con la subjetividad. Bueno, con un pensamiento que no es propiamente conceptual. Y cuando uno habla cuando no se le exige hablar, hay alg&uacute;n tipo de culpabilidad, a eso me refiero. Pero ya coment&eacute; que glosar un aforismo lo mata.</p>
<p>Por otro lado, tengo siempre la sensaci&oacute;n de que hablamos de m&aacute;s. Y, por tanto, todo lo que decimos es reo del malentendido. Y, por tanto, en el momento en que est&aacute;s escribiendo y hablando te expones a ese malentendido y te expones a que todo eso que t&uacute; has dicho sea recogido en tu contra. Al mismo tiempo, uno tiene que hablar y tiene que decir algo. Pero siempre hay esa ambivalencia con respecto al malentendido.</p>
<p>En otro libro digo que en cuanto uno sale de casa empieza el malentendido. Y algo de eso hay. Hay una visi&oacute;n un poco pesimista de la comunicaci&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He disfrutado mucho con la poes&iacute;a ajena, me ha proporcionado grandes instantes de belleza&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;S&oacute;lo es la poes&iacute;a la que evita que uno pueda contar el mundo sin echarlo a perder?</p>
<p>- Como dec&iacute;a antes, el problema de explicar los aforismos es que aquello que pueden tener de po&eacute;tico se pierde. Pero creo que hay algo muy hermoso en la integridad de esta pregunta. Habla de la tentaci&oacute;n de querer atrapar ese instante de belleza. La experiencia que tienes es que lo atrapas, pero cuando vuelves a las palabras, te das cuenta de que eran palabras. Con los a&ntilde;os aprendes a dejar un poquito en paz la vivencia has querido atrapar. He disfrutado mucho con la poes&iacute;a ajena, me ha proporcionado grandes instantes de belleza y la he visto al servicio de una realidad y la he visto realzar esa realidad, enriquecerla. Eso nunca me ha pasado a m&iacute; reley&eacute;ndome. Aprendes a entender que, a lo mejor, basta con decir unas cuantas cosas, no hace falta abrumarlas con palabras, sino buscar las palabras que atrapen el c&aacute;lido eco de su placer. No hay que olvidar que a veces dices, escribes, y eso tiene un efecto de tierra quemada, es decir, que esas experiencias quedan consignadas o cerradas en palabras, como si el</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es estar en un estado de receptividad, estar abierto a la sorpresa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de juego, de l&uacute;dico tiene la escritura?</p>
<p>- Mucho, mucho. Primero, porque la escritura tiene que ser una sorpresa total, ajena a cualquier t&oacute;pico. Para m&iacute; escribir es estar en un estado de receptividad, estar abierto a la sorpresa, a lo que surja, a la ocurrencia, estar dispuesto a ser sorprendido por el proceso. La escritura fragmentaria a menudo se ha confundido con juegos de ingenio u ocurrencias verbales, con el chiste, con algo, en definitiva, un poco trivial.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 11:58:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en la última paranoia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vivir-en-la-ultima-paranoia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CHARLOTTE_GNEUSS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La escritora alemana Charlotte Gneu&szlig;<strong> </strong>(1992, Ludwigsburg) irrumpi&oacute; en la escena literaria con una prosa que disecciona sin anestesia la memoria reciente alemana, el peso del pasado y la construcci&oacute;n &iacute;ntima del miedo. Formada en pedagog&iacute;a social y en escritura creativa en Leipzig y Berl&iacute;n, su literatura combina un rigor casi documental con una sensibilidad afilada, siempre atenta a los mecanismos que regulan &mdash;y deforman&mdash; la vida cotidiana. Con <em>Los confidentes</em>, publicada en espa&ntilde;ol por Acantilado, Gneu&szlig; confirma que es una de las voces j&oacute;venes m&aacute;s perturbadoras y necesarias de la narrativa europea.<br /> <br /> Karin, Paul, Marie y la ciudad: Dresde. Nombres que resuenan como ecos atrapados en habitaciones demasiado peque&ntilde;as. La novela se abre en una RDA sin filtros ni nostalgia retro, muy lejos del romanticismo de los discos de Lou Reed o de la mitolog&iacute;a del Berl&iacute;n de Bowie. Aqu&iacute; no hay glamour, solo la humedad de los muros, la vigilia constante, el miedo que se instala en los huesos. Y en ese paisaje, la huida de Paul no es cuento de iniciaci&oacute;n ni melodrama juvenil: es el recordatorio de que el amor, en un estado policial, tambi&eacute;n tiene un expediente.</p>
<p>Gneu&szlig; afina un extra&ntilde;o extra&ntilde;ismo. Cada gesto parece desplazado medio cent&iacute;metro fuera de la realidad, pero nunca tanto como para que podamos refugiarnos en la ficci&oacute;n. En su mundo, la promiscuidad convive con un encorsetamiento f&eacute;rreo; los matrimonios abiertos chocan contra un sistema educativo que parece dise&ntilde;ado para limar la imaginaci&oacute;n. Todo &mdash;el cuerpo, el deseo, la filosof&iacute;a, las disciplinas cient&iacute;ficas&mdash; sirve a la ara&ntilde;a vasta del socialismo real. El capitalismo, la enfermedad; la RDA, pionera nuclear, madre f&eacute;rrea. Una l&oacute;gica que se repite como un susurro colectivo: adaptarse o caer en la locura. Alemanes orientales nacidos en el socialismo, alemanes que no conocen Alemania.<br /> <br /> La protagonista vive atrapada en ese laberinto de silencio y vigilancia. Un padre agotado, casi roto, que se desplaza en un Skoda que huele a derrota; una abuela que guarda verdades inc&oacute;modas en la memoria del bombardeo; un novio, Paul, convertido en delito de fuga: &ldquo;Para m&iacute; Paul era todo&rdquo;, confiesa ella. Y con esa sentencia empieza el inventario de p&eacute;rdidas. La Stasi convierte el amor en un asunto administrativo, una mancha hereditaria. Cada ruta, cada visita, cada conversaci&oacute;n es sospechosa. &ldquo;Plauen es casi Hof, y Hof es territorio fascista&rdquo;, le dicen. Paranoia como idioma materno. La abuela, que sabe que los que bombardearon Dresde son los mismos que ahora controlan sus vidas, obviando las heridas sin cerrar, afirma: &ldquo;La historia que aprendes en la escuela es la que ponen en la radio y la que sale en el peri&oacute;dico. Todo es mentira, cr&eacute;eme, jovencita&rdquo;.<br /> <br /> En este territorio moral desfigurado aparece Wickwalz, el agente que nunca termina de mostrar su rostro. Un funcionario ambiguo, familiar y monstruoso a la vez, con su amable reparto de cigarrillos y su vigilancia nocturna. Gneu&szlig; lo perfila como un personaje de claroscuro expresionista: seducci&oacute;n, amenaza, hasta una sombra de deseo incierto. M&aacute;s que un hombre, es el brazo &mdash;tembloroso y persistente&mdash; de un sistema que convierte la intimidad en materia estatal. Hasta la diversi&oacute;n parece repartirse en cupones, raciones de dulce, vi&ntilde;etas censuradas. La educaci&oacute;n, el lignito,<em> Elogio del comunismo</em>, de Bertolt Brecht, la geograf&iacute;a (solo existen las naciones afines, con esa manera de designar a las rep&uacute;blicas, todas variadas, todas atrofiadas en su democracia, todas con rimbombantes nombres que se refieren al pueblo y a la libertad). El capitalismo es enfermedad, es carb&oacute;n no rentable. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; todo tiene que ser tan secreto?&rdquo;.</p>
<p>Pese a todo, es una novela sobre adolescentes. Y la autora no olvida la fragilidad luminosa de esa edad: los primeros besos, el v&eacute;rtigo del cuerpo, la convicci&oacute;n de que el mundo puede romperse si la persona amada se va. Pero tambi&eacute;n la pedagog&iacute;a pol&iacute;tica que perfora esa inocencia: &ldquo;No puedes ligar tu felicidad a una persona; debes ligarla a una idea&rdquo;. Una frase que resume el delirio piramidal de una sociedad que se proclamaba igualitaria mientras repart&iacute;a miedo por niveles. Todo lo contrario de un ideal socialista.<br /> <br /> Gneu&szlig; trabaja la confusi&oacute;n como si fuera un material t&aacute;ctil. La novela avanza en una especie de duermevela moral donde el tiempo parece m&aacute;s denso, m&aacute;s lento, como si la narraci&oacute;n hubiera aprendido a respirar bajo el agua. Relaciones que se anudan y se deshacen, escenas que parecen sue&ntilde;os filtrados por la realidad socialista, silencios que retumban m&aacute;s que los gritos. Hay algo somnoliento, s&iacute;, pero es un sopor cargado de electricidad, un estado de alerta disfrazado de calma.</p>
<p><em>Los confidentes</em> no es una novela hist&oacute;rica al uso ni un tratado de memoria. Es un viaje emocional a un mundo fracturado donde cada detalle &mdash;una palabra mal dicha, una mirada desviada, una cama sin hacer&mdash; puede convertirse en un signo de amenaza. Gneu&szlig; captura con una precisi&oacute;n casi quir&uacute;rgica la mezcla de verg&uuml;enza, culpa y deseo de respirar que marc&oacute; a una generaci&oacute;n nacida en un pa&iacute;s que ya no existe. Y lo hace con un estilo que combina ternura y sombra, hasta dejarnos con esa pregunta que incomoda y permanece: &iquest;qui&eacute;n miente cuando todos creen decir la verdad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Charlotte Gneu&szlig;, Los confidentes, traducci&oacute;n de Alberto Gordo, Acantilado, Barcelona, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 12:35:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los cuerpos y los dioses]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-los-cuerpos-y-los-dioses/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MAGDALENA_LASALA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Magdalena Lasala, zaragozana, narradora de lo org&aacute;nico y constructora de ficciones hist&oacute;ricas que la han colocado en la historia de la literatura aragonesa y espa&ntilde;ola, siempre encuentra un espacio en su literatura para la poes&iacute;a, su profesi&oacute;n favorita, su libertad hecha palabra.&nbsp;</p>
<p>La concesi&oacute;n del Premio de Poes&iacute;a Jos&eacute; Antonio Ocha&iacute;ta de 2024 ha permitido que sus lectores recibamos una nueva entrega de su construcci&oacute;n l&iacute;rica, perenne, personal, siempre reconocible, con la publicaci&oacute;n de <em>La piel del cielo</em>. Su tem&aacute;tica, la forma de sus versos, letan&iacute;as paganas, sensualidad de arena y estrellas, la emparentan con algunos de sus libros m&aacute;s recientes como <em>Vivir la vida que no es m&iacute;a</em> (Resurrecci&oacute;n, 2010, Zaragoza); <em>Aquel sabor de lo invisible</em> (Huerga y Fierro, 2014, Madrid) o su &uacute;ltima propuesta, <em>El amor, la vida y t&uacute;</em> que apareci&oacute; el a&ntilde;o pasado en la editorial Olifante.&nbsp;</p>
<p><em>La piel del cielo</em> se estructura en seis cap&iacute;tulos, de longitud variable, donde reina la mitolog&iacute;a, el paganismo y la sensualidad. En el primero de ellos, &ldquo;S&oacute;lo yo&rdquo;, encontramos un parnaso imp&uacute;dico y sensible, basado en el intercambio de los cuerpos salvajes, el sexo nutricio, el amor de herencia cl&aacute;sica y la presencia obsesiva dioses codiciosos y celosos. Al adentrarnos en &ldquo;Osiris enamorado&rdquo; leemos: &laquo;Soy el sue&ntilde;o de la muerte ebria de tu vida&raquo; y, a continuaci&oacute;n, &laquo;El envidiado porque me amas, enamorado de la muerte&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La dupla amor y muerte se intercambia en un cielo imaginado, en la noche de la caza: el sue&ntilde;o sagrado de Ori&oacute;n permanece detenido en &ldquo;Ori&oacute;nidas de oto&ntilde;o&rdquo; y la cita que abre camino al verso dice: &ldquo;El secreto que es silencio / como la lluvia que guardan los cielos / sin sospecharla&rdquo;. Lectores de Magdalena Lasala que confluyen entre el Nilo y la V&iacute;a L&aacute;ctea, contemplan retazos de un tiempo antiguo que nos acerca, a trav&eacute;s de las construcciones de m&uacute;sculo y hueso, a las divinidades que cabalgan los cielos inh&oacute;spitos: &ldquo;Esclarecen los rincones de los para&iacute;sos esparcidos / en aquel que s&oacute;lo conocen los dioses y nosotros&rdquo;, al seguir con la lectura nos cubre la tormenta, que trae sed atrasada: &ldquo;Lloviendo el amor de nuestras lenguas l&aacute;cteas&rdquo;.</p>
<p>El demiurgo, lector y le&iacute;do a la vez, avatar del personaje que se acerca a los dioses con el deseo del aprendiz, un cham&aacute;n que esculpe sexo y amor, descubriendo los resquicios de energ&iacute;a que se transmite hasta convertir las pieles de los amantes en jardines prestos para la visita y el goce. La sucesi&oacute;n de los poemas atrae al lector al trance m&iacute;stico: Tilos de octubre, los ceros del loco, vuelta a un tiempo confuso: &ldquo;Atravieso la puerta de Ori&oacute;n al cielo&rdquo; y de un mes al otro, de octubre a diciembre, chocamos con la piedra loca del amor en la boca de Alejandra Pizarnik: &ldquo;Debo testificar el invierno y la luna fr&iacute;a de diciembre.&rdquo; Extra&iacute;da la locura, en el umbral contemplamos a Saturno y la poeta enhebra un juego cabal&iacute;stico. Hay sitio para cualquier religi&oacute;n, ampulosa y cargada de simbolismo: &ldquo;Como minutos de una a ocho, nuevos pelda&ntilde;os de la noria interminable&rdquo;. En la tercera parte, &ldquo;Constelaci&oacute;n del amado&rdquo; se enumera la voz como ap&oacute;sito de las lenguas y las lenguas como herramientas desliz&aacute;ndose sobre el destilado del placer. Un firmamento pr&oacute;vido: &ldquo;Gu&iacute;a de los milagros de los hombres/que envidiaron los dioses&rdquo;. El poema, vers&iacute;culo y oraci&oacute;n, acaba siendo la r&eacute;plica de los aullidos, la narraci&oacute;n que recoge el caminar de<em> nefilim</em>, que unidos carnalmente a las mujeres humanas, en su condici&oacute;n de hijos de dioses ca&iacute;dos son el sustento de los cantes anteriores al diluvio. Solo en el recuerdo del poeta cuando tiene algo de mago y mucho de sacerdote, alcanzamos esas primorosas estancias: &ldquo;No hace fr&iacute;o, pero dejo/que tu chaqueta me abrace antes del vino/y de besar tu cuello&rdquo;. Casas de Ori&oacute;n, lugares en los cielos, flam&iacute;geros como una tormenta, que avisa, retrasada y salvaje, nos cubre con intenciones er&oacute;ticas. Es esa la luz verdadera que cubre el d&iacute;a. En la cuarta parte, &ldquo;El cuerpo del cielo&rdquo; es la l&aacute;grima la que acomete el papel de lucero y gota: &ldquo;Bordar con mis dedos de gigante rendido/tus peque&ntilde;os montes&rdquo;, casi sin darnos cuenta ha pasado otro mes, junio: &ldquo;Donde nos lleva el d&iacute;a infinito de esperar la noche juntos&rdquo; y el mismo poema, &ldquo;Sigo de rodillas/orando ante la perfecta proporci&oacute;n desnuda/de tus horas infinitas&rdquo;. Adriano, alma que se deja moldear, yema de los dedos, tiento eterno de la adolescencia. En la Imposici&oacute;n de Eros, quinta parte del manuscrito, encontramos a los titanes, sueltos por fin de las cadenas, reclaman los cuerpos antiguos, es Prometeo un cantante de rock ca&iacute;do en desgracia o un escultor de las arcillas de piel y hueso. Sacerdotes, talladores, diad&uacute;menos al raspar cuerpos propios y ajenos y saciar con ellos el apetito que implosiona. Al final, sexta parte que lleva como t&iacute;tulo &ldquo;Recuerdo del amado&rdquo;, nos acostumbramos a hacer del pasado un espejo donde reflejar el carisma: &ldquo;Recog&iacute;a la piedra dormida por siglos/que a&uacute;n esperaba tu regreso y tu desnudo glorioso&rdquo;. Y en la estaci&oacute;n final, Hera, madre y hermana secreta, trae la muerte del fr&iacute;o con el verano. Y el poema cierra, como no podr&iacute;a ser de otro modo: &ldquo;Miro tu piel gemela del cielo/emergiendo de la noche sobre tu boca/Sobre tus sue&ntilde;os imposible&rdquo;. Magdalena Lasala, con una obra inmortal, acomete la singularidad de sus versos a trav&eacute;s de construcciones monumentales, sustentadas en cultura profusa, identific&aacute;ndose dentro de un canon eterno e imperecedero. Esta obra es parte y sello de esa catedral de palabras y cuerpos en la que sus lectores nos refugiamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Magdalena Lasala, <em>La piel del cielo</em>, C&oacute;rdoba, Berenice, 2025</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 12:24:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Muñoz: hiperestesia, belleza y orientalismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/isaac-munoz-hiperestesia-belleza-y-orientalismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/_ISAAC_MU_OZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hiperestesia, belleza y orientalismo. Estos son los elementos que conforman el com&uacute;n denominador de la vida y obra de Isaac Mu&ntilde;oz, autor que ha sido foco de investigaci&oacute;n a lo largo de tres d&eacute;cadas por la catedr&aacute;tica en Literatura espa&ntilde;ola Amelina Correa Ram&oacute;n. Con el af&aacute;n de rescatar de la marginalidad a este autor, la experta ha logrado materializar en un libro ameno y divulgativo el retrato de un &ldquo;raro&rdquo; de la literatura de Fin de siglo, culminando as&iacute; un proceso de justicia po&eacute;tica que se inici&oacute; en 1990 con la tesis <em>Recuperaci&oacute;n de un escritor andaluz: Isaac Mu&ntilde;oz (1881-1925)</em>. Este volumen tambi&eacute;n viene acompa&ntilde;ado de documentaci&oacute;n gr&aacute;fica de inestimable valor, como retratos, im&aacute;genes de la casa palacio de su familia en Guadalajara o las postales emitidas desde T&aacute;nger.&nbsp;</p>
<p>La autora nos lleva de la mano por toda la obra de Isaac Mu&ntilde;oz mientras explica por qu&eacute; este singular y fecundo escritor quedar&aacute; fuera del canon literario espa&ntilde;ol durante todo el siglo XX. El recorrido toma su punto de partida desde la primera y ambiciosa obra, <em>Vida </em>(1904), prosiguiendo por <em>Voluptuosidad </em>(1906), <em>Morena y tr&aacute;gica </em>(1908), <em>La sombra de una infanta </em>(1910) o <em>Un h&eacute;roe del Mogreb </em>(1913), entre otras. Cabe destacar <em>Alma infanzona </em>por el fuerte influjo de la filosof&iacute;a nietzscheana canalizada por Gabriele D&rsquo;Annunzio (1836-1938), autor admirado por Isaac Mu&ntilde;oz, donde se pone de relieve la aristocracia de esp&iacute;ritu, noci&oacute;n que marcar&aacute; a muchos autores y fil&oacute;sofos de la &eacute;poca y que, en el caso de Mu&ntilde;oz, conjugar&aacute; tanto la desbordante sensibilidad como la nostalgia hacia una aristocracia se&ntilde;orial e hidalgu&iacute;a espa&ntilde;olas al m&aacute;s puro estilo machadiano, aparte de su clara inclinaci&oacute;n hacia el Oriente, pasi&oacute;n que marcar&aacute; profundamente toda su trayectoria vital, est&eacute;tica y literaria.&nbsp;</p>
<p>Esta repercusi&oacute;n del mundo oriental, clave para la producci&oacute;n literaria de Isaac Mu&ntilde;oz, se encuentra en 1910, cuando es destinado por orden ministerial a Marruecos para realizar una serie de investigaciones hist&oacute;ricas y literarias; simult&aacute;neamente habr&aacute; que sumar su labor en el peri&oacute;dico <em>Heraldo de Madrid</em>. Al a&ntilde;o siguiente, ve la luz una breve obra, <em>Los ojos de Astart&eacute;</em>, que evolucionar&aacute; en 1912 a la novela <em>Ambigua y cruel</em>, con portada de Jos&eacute; Moya del Pino. Ambas obras, al igual que <em>Lejana y perdida </em>(1913), se ambientan en un Oriente Pr&oacute;ximo idealizado, donde confluyen los rasgos ex&oacute;ticos de India y China, otorgando un car&aacute;cter m&aacute;s cosmopolita y refinado a la obra, caracter&iacute;sticas propias del arte modernista.&nbsp;</p>
<p>De esta profunda pasi&oacute;n por el Oriente, especialmente el isl&aacute;mico y espec&iacute;ficamente magreb&iacute; y egipcio, nacer&aacute; tambi&eacute;n <em>La serpiente de Egipto</em>, novela decante ambientada en el Egipto fara&oacute;nico, quedando in&eacute;dita hasta 1997.&nbsp;</p>
<p>El orientalismo de Isaac Mu&ntilde;oz ir&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la mera labor literaria, pues sus art&iacute;culos period&iacute;sticos reflejar&aacute;n dicho inter&eacute;s. Comenzar&aacute; a publicar en revistas locales, como <em>Idearium </em>(Granada) o <em>Cr&oacute;nica meridional </em>(Almer&iacute;a), para despu&eacute;s dar el paso a publicaciones propiamente modernistas, digiridas por Francisco Villaespesa, como <em>Renacimiento Latino </em>o <em>Revista Latina </em>(de la cual Isaac ser&aacute; secretario). Tambi&eacute;n colaborar&aacute; en otros peri&oacute;dicos, tales como <em>El telegrama del Rif </em>o <em>Excelsior </em>(Madrid), destacando su labor para el ya citado <em>Heraldo de Madrid</em>, uno de los diarios m&aacute;s importantes del momento.&nbsp;</p>
<p>No obstante, y muy a pesar de ser un autor prol&iacute;fico, no solo en el &aacute;mbito literario sino tambi&eacute;n, como se ha visto, en el period&iacute;stico, Isaac Mu&ntilde;oz ser&aacute; excluido del canon por distintos motivos, como bien los explica la autora del presente libro: por un lado, su posicionamiento frente a la pol&iacute;tica intervencionista en el Protectorado de Marruecos y, por otro lado, su filosof&iacute;a del arte y su vida transgresora y opuesta a los valores morales de su &eacute;poca, encarnando la m&aacute;xima finisecular del <em>&eacute;pater le bourgeois</em>. A todo esto, debemos sumarle el cariz innovador en su estilo literario, centrado m&aacute;s en la forma po&eacute;tica que en la acci&oacute;n, releg&aacute;ndolo a un puesto marginal en los c&iacute;rculos literarios de su &eacute;poca.&nbsp;</p>
<p>Amelina Correa Ram&oacute;n demuestra en este volumen los frutos de una labor detectivesca, la consecuci&oacute;n de un af&aacute;n investigador contabilizado en d&eacute;cadas, donde, si antes rescatadas en su tesis, ahora revividas, las bondades est&eacute;ticas de una figura ocultada est&aacute;n ahora dispuestas al alcance tanto del experto acad&eacute;mico como del aficionado al &aacute;mbito literario.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amelina Correa Ram&oacute;n, <em>Amor y muerte en el orientalismo modernista: el escritor Isaac Mu&ntilde;oz</em>, Madrid, Archivos Vola, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 11:43:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Cervantes a Cuerda: una aventura erudita y alocada en tierras manchegas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-cervantes-a-cuerda-una-aventura-erudita-y-alocada-en-tierras-manchegas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ROSA_NAVARRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Tras el gran recibimiento de su obra de debut, <em>Ni&ntilde;a con monstruo dentro </em>(Bala Perdida, 2023) -ganadora del 45&ordm; Premio Tigre Juan 2023 a la mejor obra narrativa en espa&ntilde;ol y Finalista de la 20&ordf; edici&oacute;n del Premio Setenil al Mejor Libro espa&ntilde;ol de Relatos 2023-, Rosa Navarro da el salto a la novela con una obra divertida, sin complejos ni ataduras, diferente, lazada y alzada por una prosa elegante y en la que, en todo momento, es improbable adivinar lo que nos traer&aacute; ya no la p&aacute;gina inmediata, sino el siguiente p&aacute;rrafo por leer. Pero lo primero a lo que hemos de enfrentarnos es a su t&iacute;tulo, <em>Recochura</em>, palabra que no recoge la RAE, aunque puede parecer pr&oacute;xima a &ldquo;recocha&rdquo;, t&eacute;rmino que viene a definir lo muy cocido: recocido. No obstante, indagando en el vocabulario manchego, encontramos en el diccionario de Tomelloso que se define <em>recochura</em> como estado de incertidumbre y desasosiego; ansiedad que acompa&ntilde;a al que se le priva de algo que espera, particularmente de una determinada informaci&oacute;n y, en otras localidades incluso hallamos su sinonimia con &ldquo;mala conciencia&rdquo;. Bien, tiempo habr&aacute; en la lectura para decantarse por una opci&oacute;n un otra.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Nada m&aacute;s abrir sus p&aacute;ginas nos sorprende el humor -cuando no el sarcasmo-, la originalidad, la precisi&oacute;n en la expresi&oacute;n mientras avanza el relato con la facilidad del dibujo a mano alzada y, por momentos, incluso sentimos la aparici&oacute;n de la fuerza l&iacute;rica con la que se ayuda a componer el timbre preciso del instante, del paisaje o la emoci&oacute;n hiperb&oacute;lica, as&iacute; dramatizada. Se dir&iacute;a que, adem&aacute;s de los obvios, hubiera un personaje inmaterial que no pasa inadvertido y que no es otro que el lenguaje, pues se aprecia un cuidado tanto en el glosario de t&eacute;rminos que se usa, como en la forma de encadenar las ideas, creando un texto por momentos delicioso; un disfrute narrativo que, por otra parte, se ha de reconocer que es uno de los pilares que sustenta y da ocasi&oacute;n al desvar&iacute;o del relato. El otro -dir&iacute;a- es el saber, la erudici&oacute;n, que consolidan y otorgan carta de verdad a lo surreal, a lo que ser&iacute;a imposible en un relato que se limitara a lo m&aacute;s probable, a lo veros&iacute;mil o al decir gris, &nbsp;haciendo de esta manera l&oacute;gico y dando carta cabal incluso a lo m&aacute;s descabellado.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">La historia tiene como escenario una poblaci&oacute;n manchega llamada Lugar, es decir, transcurre en un Lugar de La Mancha, lo que ineludiblemente nos llama la atenci&oacute;n, no siendo ni el primer ni el &uacute;ltimo gui&ntilde;o al &ldquo;manco de Lepanto&rdquo;, pues el texto atesora referencias suficientes como para hacer de su surrealismo rural -tambi&eacute;n calificado como <em>surruralismo-</em>, una obra quijotesca que deber&iacute;a de tener su lugar privilegiado entre los homenajes cervantinos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Como anticip&aacute;bamos, la otra presencia manchega es la del albacete&ntilde;o Jos&eacute; Luis Cuerda, cuya obra se ve celebrada en lo impredecible de la trama y en ese <em>surruralismo</em>, al que antes hac&iacute;amos referencia.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En es Lugar, si me lo permiten, en ese Macondo se hab&iacute;an asentado tiempo atr&aacute;s los antepasados de la protagonista, una muchacha que -como la Mamba Negra- regresa para hacer justicia: &ldquo;he venido a robar un cuadro y a matar a un hombre&rdquo; y a quien una &ldquo;noche en la que el viento azotaba los cristales y Abuelo se comi&oacute; el alfabeto a ella le lleg&oacute;, sin avisar, el uso de la raz&oacute;n&rdquo;, haciendo de la palabra -insisto- el coprotagonista de la historia; palabra que -como apunta Navarro- nos siembra en el lenguaje, nos hace pensamiento y, por ello, nos torna peligrosos para quienes quieren controlarnos, a ser posible, sin mucho esfuerzo ni resistencia.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Con estos elementos: el humor, la (sin)raz&oacute;n, la afinada punter&iacute;a -es decir, la inteligencia-, el juego con la palabra, la libertad de expresi&oacute;n y de acci&oacute;n&hellip;, son con los que Rosa Navarro compone este texto que puede parecer una &ldquo;pedrada&rdquo; y de hecho, lo es: es el canto con el que David golpea a un gigante: a una sociedad que, como ovejas, permanece amarrada por el aire de un p&aacute;ramo infinito, a sus estamentos de poder, a su jerarqu&iacute;a, a su religi&oacute;n, a su orden social, a su machismo, a su desinter&eacute;s por la ense&ntilde;anza y la cultura -que llega incluso a despreciar el conocimiento del secreto de los secretos: qu&eacute; hay despu&eacute;s de la muerte-&hellip; y lo hace al tiempo que ensalza el papel de las mujeres, en especial de aquellas libres y determinadas; del hero&iacute;smo de los parias y los incomprendidos; del valor del saber, del amor al conocimiento, que -en el inframundo del bombo donde habita Abuelo- se opone al imperio de estatuas y campanarios yermos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Rosa Navarro -al considerarse algunos de sus personajes femeninos- podr&iacute;a afirmar, como dijera en su d&iacute;a Gustave Flaubert de Madam Bovary, un &ldquo;c'est moi&rdquo;, pues en la maestra podemos ver a la profesora universitaria, en la joven pelirroja -entre cuyos rizos, como met&aacute;fora, anidan colibr&iacute;es y toda suerte de pajarillos- podemos ver un <em>alter ego </em>curioso e idealista, pero sobre todo intuimos en Magdalena, en esa literata que escribe a dos manos con un recaudador -de nuevo- muy cervantino, una proyecci&oacute;n en la que tambi&eacute;n hacer algo de humor con esa &ldquo;obra maestra&rdquo; que todo escritor (o escritora) sue&ntilde;a con haber escrito, o con llegar a escribir alg&uacute;n d&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo2">Por la riqueza de recursos, por el uso del lenguaje en distintos planos y estilos, por la apropiaci&oacute;n -a modo de sampler- de fragmentos de El Quijote o de Azor&iacute;n&hellip;, por lo original, por lo libre de canon&hellip;, estar&iacute;amos tentados a concluir con un Rosa Navarro es la Rosal&iacute;a de nuestras letras contempor&aacute;neas, pero no hay necesidad ninguna. Adem&aacute;s estoy seguro de que preferir&iacute;a que sinti&eacute;ramos la singularidad de su voz, voz que alumbra en su novela a un verbo amaneciente, que no es poco.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Rosa Navarro, <em>Recochura</em>, Madrid, Bala Perdida, 2025.<em></em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Jan 2026 11:41:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estadios cuánticos de realidad y locura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/estadios-cuanticos-de-realidad-y-locura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ROSA_MART_NEZ_GONZ_LEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La muerte es un jinete azul</em> (Editorial Milenio, 2025) de Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez supone el regreso a la novela despu&eacute;s de su poemario <em>El miedo del doble a la soledad</em> (Pregunta Ediciones, 2022) y sus dos anteriores novelas, Sobrevivir en Comala (Editorial Baile del Sol, 2010) y <em>La nota muerta</em> (Pregunta Ediciones, 2020). La autora, navarra de nacimiento, pero afincada en Arag&oacute;n, nos presenta un libro sobre la literatura o sobre la locura. Ustedes pueden elegir. No es una <em>boutade; </em>resulta m&aacute;s c&oacute;mo personalizar las palabras que entregarnos a los extremos. Una cita de Alejandra Pizarnik y otra de Paul Auster. La obsesi&oacute;n, en tres voces. La sensaci&oacute;n de que el lector no es real, como tampoco lo son los personajes. C&eacute;sar y su doctor. Un avatar para convertir el mon&oacute;logo en di&aacute;logo. No hay respuesta. Solo la revisi&oacute;n de la infancia y la adolescencia. Desde la EGB a la muerte de los padres: un tanatorio sin l&aacute;grimas: &ldquo;apenas hab&iacute;a comenzado a saborear mi independencia y ya se me hab&iacute;a arrebatado el pasado; mientras que el futuro se dibujaba como un horizonte imprevisible&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El protagonista envuelve el discurso en la ciencia, la ciencia de los cl&aacute;sicos: de Prot&aacute;goras a Plat&oacute;n, con la antropolog&iacute;a del lenguaje: una tesis doctoral sobre una tribu que practica la afasia colectiva hasta terminar en su extinci&oacute;n. C&eacute;sar se deja llevar por la obsesi&oacute;n, las mujeres de labios rojos, la carnalidad con el aderezo de la violencia. Y cuando llega la negaci&oacute;n, se combina con el amor. Un amor t&oacute;xico. Un personaje, Rebeca, que har&aacute; m&aacute;s por la novela con su ausencia.&nbsp;</p>
<p>Del desamor, la poes&iacute;a, un libro de poemas que se vende, dinero por la poes&iacute;a, &ldquo;El despliegue de la luz&rdquo;. Como en <em>Amor </em>de Juan Jos&eacute; Becerra, el protagonista se gana la vida con un poemario y dice: &ldquo;Llegu&eacute; a pensar que me lo hab&iacute;a imaginado todo&rdquo;. &iquest;Quiz&aacute; fue ese el primer aviso? Un nombre, Nerval, que nos lleva a Mariana Enr&iacute;quez. El retorno del icono, del avatar del deseo. Una gabardina azul, los labios rojos, bares, librer&iacute;as, una jaula, una cita de Andr&eacute;s Calamaro: &ldquo;La vida es una c&aacute;rcel con las puertas abiertas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De Andr&eacute;s Calamaro a Fito P&aacute;ez, aunque sea a trav&eacute;s de Charles Bukowski. Leen el relato de Cass. Fito escribi&oacute; &ldquo;Polaroid de Locura ordinaria&rdquo; y Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a un poema que sirvi&oacute; como texto de una de las m&aacute;s grandes canciones de Gabriel Sope&ntilde;a. Los dos, C&eacute;sar y Rebeca, viven en un relato corto de belleza y muerte. No hay nadie del todo vivo ni del todo muerto.&nbsp;</p>
<p>La novela de Rosa Mart&iacute;nez es un estado cu&aacute;ntico constante, entre la literatura y la vida, entre el papel y el sue&ntilde;o. El escritor sigue cabalgando el &eacute;xito, pastillas y alcohol, novela negra. Vaciado por la felicidad: &iquest;Le enferma la realidad o es la rutina? Llegar al instante de una anciana enlutada. Un trance, una almohada, cristales rotos, vaso de agua. Sangre.&nbsp;</p>
<p>Una novela, en el duermevela de la realidad, con una boca tapada para no gritar. El escritor que quiera convertir en libro su vida. O usar la literatura como exorcismo. Jugar con la ciencia, la criminolog&iacute;a, la banalidad del mal, la psicopat&iacute;a. &iquest;Es el cuerpo del personaje, bello y atractivo, la fisonom&iacute;a del asesino en serie? La autora nos lleva al 21 de septiembre de 2017. Coloca indicadores euclidianos para poder detectar los distintos estadios que llevan al abismo: el doctor desaparece, la bandolera en un nuevo d&iacute;a, el tiempo se desplaza, el caos es la realidad, un ascensor. Un ascensor es la marca del extra&ntilde;ismo: caer por el hueco de un ascensor y acabar en la calle, tirado en el suelo. En urgencias como si lo hubieran atracado. Podr&iacute;a llegar a ser la met&aacute;fora de lo c&oacute;mico. Al enfrentarse a su doppelganger y acabar descubriendo que es su exmujer. Un hueco en un edificio p&uacute;blico como met&aacute;fora perfecta del descenso a los infiernos.&nbsp;</p>
<p>Espacio y tiempo se confunden. Valladolid y Madrid. Y Beatriz, &iquest;qu&eacute; Beatriz? &iquest;No era Rebeca? Es la aparici&oacute;n/desaparici&oacute;n nutricia del personaje. Tabaco y una grabaci&oacute;n. Registrar la realidad para justificar la locura. Juan Velilla. Si no son grabaciones, ser&aacute;n fotograf&iacute;as: &ldquo;Fotograf&iacute;as contra el olvido&rdquo;. Una especie de propuesta para mezclar a Leopoldo Mar&iacute;a Panero con el &ldquo;metraje encontrado&rdquo;, un estilo m&aacute;s herm&eacute;tico y cinematogr&aacute;fico que se introduce como la pez entre los huecos de la realidad. Esa es la novela. Una novela de tres personajes. De tres secundarios. Dos ciudades. Una tercera fantasma. El segundo secundario, Jos&eacute; Luis, un anciano con un estudio de revelado anal&oacute;gico llamado Prisma. Como si Rosa hubiera escarbado en una memoria de los ochenta, en nuestra memora. La c&aacute;mara, la pel&iacute;cula, es m&aacute;s que un objeto para captar la realidad, es un arma contra el olvido y la oscuridad. El olor de la qu&iacute;mica que trae el revelado despierta al protagonista y al lector. Un vagabundo, una calle, la c&aacute;mara: salto, otra vez, en el espacio y el tiempo, la tercera ciudad, Alicante.&nbsp;</p>
<p>&iquest;La EGB es un estadio mental? &iquest;Un sue&ntilde;o que se repite, una memoria interna? No olvidamos ni nombres ni apellidos. Al volver de lo profundo, un carrete. &iquest;Pruebas del delirio? &iquest;De la maldad? &iquest;Pruebas o silencio? Volvemos a los potenciales estadios cu&aacute;nticos de la novela. Cerrado por defunci&oacute;n. Del d&iacute;a 9 al d&iacute;a 17, un &aacute;lbum abandonado sobre la mesa del negocio. Del 17 al 19. &iquest;Qui&eacute;n devora los d&iacute;as? El tiempo solo se conserva en los bares de los barrios, lugares donde las estaciones y las celebraciones est&aacute;n consensuadas, como los adornos de Navidad. Lo que capturas en la pel&iacute;cula (o en la cinta magn&eacute;tica o en los ojos del lector) son muertes al azar y el terror del anciano. &iquest;Existe relaci&oacute;n entre la vida sesgada y el timbre en la puerta que avisa? Por primera vez, con el final de la primera parte, aparece la palabra <em>suicidio</em>.</p>
<p>Los tres cap&iacute;tulos en los que se estructura la novela ofrecen visiones distintas en el espacio y el tiempo; se desplazan lentamente, recopilan datos y ponen el contexto. Beatriz, la mujer que sustituye a la mujer, es m&aacute;s prosaica, luminosa y algo sensual. Llega cuando en la Campana de Gauss comienza el descenso. Nos ofrece un entramado de mundos paralelos, una sucesi&oacute;n cu&aacute;ntica, una realidad de locura como enfermedad, es decir, contagiosa. Pero ella es una mujer enga&ntilde;ada, con un trabajo precario, en un Madrid desolador.&nbsp;</p>
<p>Cigarrillos que van y vienen, que definen las m&aacute;scaras. Un doctor. El doctor, te dice el lector: no ha muerto, no lo recuerdo, qui&eacute;n es&hellip; &iquest;Llegar&aacute; el tercer estadio? Del primer intento a la intimidad por pena. La narraci&oacute;n se extiende, luego se comprime. &iquest;Quer&eacute;is saber qu&eacute; guardaba el carrete? Manchas. Manchas que son un reguero velado de muertos que no existen. Cita a Ricardo Piglia, habla de las fantas&iacute;as de John Cheever (en vez de piscinas, calles y fotograf&iacute;as). Daniel es un secundario poco exigido. Un detonante para la huida: &ldquo;Un autor loco en estos tiempos es un soplo de aire fresco&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Al final hay que vender libros y la firma de una persona enajenada no tiene valor legal. Hermetismo, sencillez, ajenos a la sobredosis de la realidad. Amor, ligando, conmigo, siempre hay tiempo para la sensualidad. Juegos, sombras, luces y rostros, miradas, dos cuerpos. C&eacute;sar tiene la piel impregnada de hospital y desesperaci&oacute;n. Tambi&eacute;n de nicotina. Camel, en concreto. Vuelve la electricidad est&aacute;tica, el ozono violento despu&eacute;s del sexo. La autora construye un personaje d&eacute;bil y atractivo, que puede ser cruel, porque tiene algo de infantil: &ldquo;Es que no tienes vida propia. &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo con tu vida, Beatriz?&rdquo;.&nbsp; As&iacute; acab&oacute; todo: &ldquo;Y de alg&uacute;n modo, as&iacute; fue: primero C&eacute;sar me ech&oacute; de su casa; luego me suplic&oacute; que me quedase. Trat&eacute; de que durmiera. Pas&oacute; tres d&iacute;as sin dormir&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; realidad has depositado a Beatriz?, le pregunto a su autora. Una en la que el amor se diluye en un muro agrietado por la locura. No olvidemos que el delirio es primo hermano de la escritura. Por eso: &ldquo;Menciona una y otra vez a Rebeca, a un anciano fot&oacute;grafo, a un amigo de Valencia, todo mezclado y todo confuso&rdquo;. Apag&oacute;n y dispersi&oacute;n, C&eacute;sar: diez dimensiones, el hombre que vendi&oacute; su alma. Cuando la ambulancia lleg&oacute;, su vida hab&iacute;a terminado, aunque siguiera vivo. Aunque tuviera que aparecer el Doctor Velilla para protagonizar el cierre, la tercera parte, la realidad golpeando como una amalgama de piedras y pastillas: Francisco de Goya, Franz Kafka, un hombre de vida sencilla, que prefiere leer a ganar dinero. Amante de una esposa (secundaria), detallista ligeramente mon&oacute;tono. El doctor trae una mochila rellena de contradicciones y espejos, en ese juego de espacios, empezamos a sospechar que Velilla es el lector de esta historia, lectores del lector. Beatriz Varela, no sabemos cu&aacute;ndo, se ha convertido en doctora. Escribe sobre muerte y literatura, sobre locura y novelas. &iquest;No es de eso de lo que escribimos todos?&nbsp; Le preguntamos, con esta rese&ntilde;a, a la autora.&nbsp;</p>
<p>Imagino, en la psicosis del escritor, unos pocos cientos de metros entre el Jard&iacute;n Bot&aacute;nico y la Cuesta de Moyano. En Madrid, estratos separados, mezcla de pasado y presente, las vidas son distintas, el multiverso del jinete. Las librer&iacute;as de lance, los almacenes de segunda mano,&nbsp; la foto de la autora (un poco, s&iacute;, un poco, a escondidas de su mujer), el doctor Velilla busca chispa y encuentra fuego. Si el fuego es demencia tambi&eacute;n ilumina: &ldquo;Aquellas p&aacute;ginas le llenaron de luz. Hab&iacute;a alguien especial velando en la oscuridad y ese alguien era Beatriz Varela&rdquo;. De pronto los tres confluyen como conjuntos en una intersecci&oacute;n como Diagramas de Venn. Hay un juicio, hay un internamiento, hay llamadas y m&aacute;s intentos de suicidio. Viajes de Madrid a Valladolid. Ah&iacute;, donde siempre se dice la verdad, es donde el doctor se reconoce en el hombre que conforma el tercer v&eacute;rtice, con Beatriz y C&eacute;sar. Beatriz convertida, s&uacute;bitamente, en el objeto del foco de la historia.&nbsp; Un at&iacute;pico tri&aacute;ngulo, entre la literatura, la psiquiatr&iacute;a, el sexo, o, m&aacute;s bien, la imagen del amor lujurioso y blanco. &iquest;Qu&eacute; es la muerte en este juego cu&aacute;ntico de presentes? &iquest;Liberar a la v&iacute;ctima? Los &uacute;ltimos momentos l&uacute;cidos.&nbsp;</p>
<p>La liberaci&oacute;n tiene algo de eutanasia, de dejadez qu&iacute;mica. No importa.&nbsp; He repetido muchas veces cu&aacute;ntico, pero es la sem&aacute;ntica exacta. En esta nebulosa que nos deja la novela, hay m&aacute;s preguntas que respuestas. M&aacute;s qu&iacute;mica que f&iacute;sica. Ya no s&eacute; si es cita o conclusi&oacute;n, pero tengo que cerrar con esto: Alguien de esta sala podr&iacute;a afirmar que siempre y en todo momento puede o ha podido distinguir la realidad de la creencia, de la idea malsana, de la pasi&oacute;n irracional. Una novela,&nbsp; <em>La muerte es un jinete azul,</em> de la autora espa&ntilde;ola Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez. Literatura pura, destilada, indescifrable. No dejar&aacute; indiferente al lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, <em>La muerte es un jinete azul</em>. L&eacute;rida, Editorial Milenio, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 13:30:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos queda la palabra ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nos-queda-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MAR_A_ARI_O_COL_S_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Hay palabras ocultas bajo tierra,</p>
<p>hay palabras que cortan cual cuchillos,</p>
<p>hay palabras que siembran esperanzas,</p>
<p>hay palabras de luz y amaneceres.</p>
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<p>Sin embargo,</p>
<p>prefiero los silencios</p>
<p>y la mirada dulce y sugerente</p>
<p>antes que la palabra vacua y simple,</p>
<p>antes que los insultos y amenazas.</p>
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<p>La palabra se nutre de silencio</p>
<p>y tiene sus ra&iacute;ces</p>
<p>en el pozo de sabias reflexiones</p>
<p>y en la hondura fugaz</p>
<p>de los encuentros.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 12:59:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El séptimo día]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-septimo-dia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ELSE_LASKER-SCH_LER_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Hace ahora 120 a&ntilde;os se publicaba <em>Der siebente Tag</em>, segunda obra po&eacute;tica de Else Lasker-Sch&uuml;ler, tras su primer poemario, <em>Estigia</em> (Styx, 1901) -un libro de debut a&uacute;n muy influenciado por el entorno po&eacute;tico berlin&eacute;s, en el que se hab&iacute;a integrado muy activamente-. Sin embargo, probablemente deba ser considerado como &ldquo;su nacimiento po&eacute;tico&rdquo;, en el sentido en el que es aqu&iacute; -en las p&aacute;ginas de <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>-, en las que comienzan a aflorar los rasgos m&aacute;s caracter&iacute;sticos del hacer literario de esta pionera del movimiento expresionista.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Aunque no tengo por costumbre perge&ntilde;ar notas biogr&aacute;ficas de los autores -limit&aacute;ndome a referirme en exclusiva a la obra propuesta-, creo que es precisa la excepci&oacute;n, dada la singularidad del caso. Elizabeth Sch&uuml;ler nace en 1869, aprende a leer a los cuatro a&ntilde;os y deja la escuela en la pubertad, form&aacute;ndose sola. A los 13 a&ntilde;os pierde a su hermano Paul, con el que esta muy unida y en 1890 fallece su madre, provocando su &ldquo;expulsi&oacute;n del para&iacute;so&rdquo; y convirti&eacute;ndola en una figura fundamental de su obra: &ldquo;Mi coraz&oacute;n es la madre muerta,/ Mis ojos, ni&ntilde;os tristes/ que con el mundo van&rdquo;. Se casa en 1894 con el m&eacute;dico Berthold Lasker y se mudan a Berl&iacute;n. En 1895 conoce al poeta Peter Hilde quien se convierte en su mentor y la introduce en el ambiente de la bohemia berlinesa y en los c&iacute;rculos anarquistas y dada&iacute;stas. En 1987 fallece su padre, acrecentando el hueco en la poeta. En 1899 da a luz a un var&oacute;n al que dar&aacute; el nombre de Paul, en recuerdo de su hermano, a&ntilde;o en el que comienzan a publicarse algunos de sus poemas. En 1901 publica <em>Estigia</em>. En abril de 1903 se divorcia y en noviembre se casa con el escritor Georg Lewin. En 1905 se publica <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>, obra que -hasta donde yo tengo noticia- s&oacute;lo est&aacute; disponible &iacute;ntegramente y en versi&oacute;n biling&uuml;e castellano-alem&aacute;n en esta edici&oacute;n de Los libros del innombrable, a cargo de Montserrat Armas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Nos hallamos, pues, ante la obra de una mujer adulta, reci&eacute;n cruzado el Rubic&oacute;n de un siglo nuevo, de una vida nueva, segura de s&iacute; misma, liberada y que canta &ldquo;Y ella supera/ El mundo,/ Perdiendo su principio,/ Supera todo tiempo,/ Y al final regresa a tu coraz&oacute;n milenario,/ Dominante&rdquo; y que consigue verse introducida en un mundo de hombres -como lo era la escena cultural de Berl&iacute;n, donde las mujeres destacadas se cuentan con los dedos de las manos, teniendo que acudir a nuevos estudios para encontrar otros nombres-, consigue ser una de las figuras m&aacute;s relevantes del Expresionismo alem&aacute;n, e incluso ser despreciada por el mism&iacute;simo &nbsp;Franz Kafka y lo hace eligiendo la elegancia m&aacute;s disparatada y el estoicismo m&aacute;s absoluto, pues son para ella a&ntilde;os de verdadera carest&iacute;a.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">La vida de Else, se extender&iacute;a hasta 1945, dando lugar a la que, probablemente, sea su obra menos reconocida: su propia biograf&iacute;a, en la que introduce grandes dosis de autoficci&oacute;n. No obstante, para los fines de esta lectura, nos quedamos en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1900, en Berl&iacute;n, contemplando la obra de una mujer dispuesta a vivir su intelectualidad y su carnalidad de una forma libre, total y completa, aunque, por otra parte, es preciso recordar que se siente insegura ante el mundo -tal vez por la p&eacute;rdida y la incertidumbre econ&oacute;mica- y, de alg&uacute;n modo, atormentada, obstaculizada para vivir una dicha plena: &ldquo;La pesadez asciende de todas las tierras/ Y el olor a plomo nos asfixia,/ Pero el deseo se extiende/ Y se arroja como incendio./ De r&iacute;os salvajes resuena/ El grito primitivo, La canci&oacute;n de Eva&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En este momento -en el de <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>- el estilo de Lasker-Sch&uuml;ler es fiel reflejo de lo que es ella: est&aacute; lleno de innovaci&oacute;n, de desaf&iacute;o al lengua y a la estructura cl&aacute;sica del poema, de la rima, de la m&eacute;trica&hellip;, juega con el lenguaje, experimenta y se deja sentir a trav&eacute;s de &eacute;l, probando neologismos -de dif&iacute;cil traducci&oacute;n, y en los que Armas ha tenido gran atenci&oacute;n y delicadeza-, introduce en su verso un uso simb&oacute;lico de las im&aacute;genes, una abstracci&oacute;n, un universo de referencias, un ritmo propio en la construcci&oacute;n del poema, pero tambi&eacute;n altera el tema y el tono, lo mismo aparecen referencias b&iacute;blicas que org&aacute;smicas e interpela a otro que puede ser el amante, la madre, otro cualquiera, dios o ella misma:&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Profunda has inclinado tu cabeza sobre m&iacute;,</p>
<p class="Cuerpo2">Tu cabeza de cabellos dorados, primaverales,</p>
<p class="Cuerpo2">Y tus labios, suavidad de seda rosa,</p>
<p class="Cuerpo2">Flores de los &aacute;rboles del Ed&eacute;n.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y mi alma es el amor que brota,</p>
<p class="Cuerpo2">Oh, el deseo expulsado,</p>
<p class="Cuerpo2">Y tiemblas por los presentimientos</p>
<p class="Cuerpo2">Y desconoces por qu&eacute; tus sue&ntilde;os se lamentan.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y pesada me tiendo sobre tu vida,</p>
<p class="Cuerpo2">Como un recuerdo de mil estirpes.</p>
<p class="Cuerpo2">Y eres tan joven y ciega, tan joven como Ad&aacute;n&hellip;</p>
<p class="Cuerpo2">Profunda has inclinado tu cabeza sobre&nbsp; m&iacute;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo2">Reiteradamente, nos encontramos ante poemas que invitan a ser interpretados &ndash;&ldquo;Soy el jerogl&iacute;fico/ Que subyace a la creaci&oacute;n&rdquo;-, a dar un sentido a la primavera, a encontrar el dolor primero de la infancia, a gozar del sexo declarado, a ver la incorrecci&oacute;n, lo antisistema en el decir, a sopesar el recuerdo del linaje, etc. Interpretaciones, conexiones emp&aacute;ticas y simb&oacute;licas con la emoci&oacute;n y el decir de la poeta, que tambi&eacute;n se antojan necesarias ante otros muchos poemas, como este que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Nuestra canci&oacute;n orgullosa&rdquo;:&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre nosotros cuelgan</p>
<p class="Cuerpo2">D&iacute;as extra&ntilde;os con azules fr&iacute;os,</p>
<p class="Cuerpo2">Y blancos t&eacute;mpanos de nubes amenazan</p>
<p class="Cuerpo2">Con suprimir la dorada isla de los rayos.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Somos los dos vencedores vencidos,</p>
<p class="Cuerpo2">Y coronas nos elevan de la sangre de los cerdos,</p>
<p class="Cuerpo2">Profetas fueron nuestros padres,</p>
<p class="Cuerpo2">Y nuestras madres, reinas.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y dulces las nubes de melancol&iacute;a trepan</p>
<p class="Cuerpo2">En l&iacute;neas de amor sobre sus tumbas p&uacute;rpura ardientes,</p>
<p class="Cuerpo2">Y nuestros cuerpos, dos columnas doradas, orgullosos se alzan</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre Occidente, como pensamiento de Oriente.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Por tanto, nos entregamos a la lectura de un libro moderno, actual en muchos aspectos, lleno&nbsp; de juegos, de experimentaci&oacute;n en la palabra, de rebeld&iacute;a y negaci&oacute;n, de lamento y llanto, de pesada herencia, de exaltaci&oacute;n de un placer a flor de piel, de labio. Por momentos sombr&iacute;a, apesadumbrada, derrotada por la inefabilidad, el miedo, la muerte; tambi&eacute;n se alza en sus versos una figura que nos seduce y atrapa. &ldquo;En mi mano, pesado, yace sepultado mi pueblo&rdquo;, escribe. Y, tal vez inspirada por la obra de Hegel -como conciencia infeliz-, proclama: &ldquo;Hay en el mundo un llanto,/ Como si el Dios amado hubiera muerto&rdquo;. En este contexto, &iquest;a qu&eacute; alude ese s&eacute;ptimo d&iacute;a, en el que dio Dios preminencia al descanso, un d&iacute;a santificado por el trabajo concluido? En <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a </em>se celebra la creaci&oacute;n de una nueva mujer, una Else nueva que no toma el lenguaje como algo prestado, ajeno, sino que lo hace propio y, desde su sentir, lo reinventa; de una mujer que juega con sus pies sobre una tierra nueva -tierra a la que alude recurrentemente- y no encuentra l&iacute;mite ni en el azul del cielo ni el brillar de las estrellas -que tiritan al contemplarla cada vez m&aacute;s distante-; una mujer renovada en el placer, en la carnalidad, en la liberaci&oacute;n del deseo; nueva en su arrojo y en su decir simb&oacute;lico. Una mujer completa al conocer su lado oculto y su anverso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a.</em> Else Lasker-Sch&uuml;ler. Edici&oacute;n biling&uuml;e castellano-alem&aacute;n. Edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Montserrat Armas, Libros del Innombrable. 2025.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Dec 2025 07:54:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El terror que se adentra en la sociedad afónica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-terror-que-se-adentra-en-la-sociedad-afonica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ELVIRA_NAVARRO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Elvira Navarro Ponferrada (Huelva, 25 de marzo de 1978) nos entrega una de las m&aacute;s notables colecciones de relatos de este a&ntilde;o. Despu&eacute;s de sus &uacute;ltimos t&iacute;tulos, <em>La isla de los conejos</em> (Random House, 2019) y <em>Las voces de Adriana</em> (Random House, 2023), <em>La sangre est&aacute; cayendo al patio</em> (Random House, 2025) recoge nueve relatos de terror, f&iacute;sico y sobrenatural, con elementos de psicolog&iacute;a oscura, ejerciendo un contraste entre la realidad pac&iacute;fica y el instante que el horror desgarra lo cotidiano: la aparici&oacute;n de un agujero min&uacute;sculo, que se abre, expandi&eacute;ndose por las p&aacute;ginas, alimentado de locura, soledad y pavor, hasta que todo queda cubierto. El manejo del registro de la duda es el tono distintivo de este volumen, puesto que existe una sensaci&oacute;n abstracta, casi cu&aacute;ntica, de incertidumbre. &iquest;Qu&eacute; es cierto? &iquest;Qu&eacute; es producto de la imaginaci&oacute;n o, m&aacute;s bien, del delirio? Ese sabor met&aacute;lico que nos queda en el paladar, la manera herrumbrosa de dejarnos boquiabiertos, nos lleva de un lugar a otro, del exterior al interior, lo urbano, lo rural... incluso llegamos a considerar si es necesario volver a definir los eucl&iacute;deos referentes del tiempo y el espacio. Elvira Navarro usa la literatura para redefinir la realidad y sus normas. Nos sumergimos, con las pilas gastadas y la medicaci&oacute;n abandonada, en sus historias. Abre con "La lavadora", una especie de <em>body horror,</em> pero, claro, no es "<em>Carrie</em>", m&aacute;s bien <em>"Buick 8"</em> la tristeza del electrodom&eacute;stico, cuando lo que asusta es el comienzo, los vecinos, la ausencia de empat&iacute;a. Una piscina barata, murmullos que nos persiguen hasta el siguiente relato, que nos acompa&ntilde;ar&aacute;n, sin atender a razones. En "El proyecto", la amenaza de la obra nueva, la vieja, la soledad de una bombilla colgante iluminando, af&oacute;nica, miles de paredes desnudas. El urbanismo, en un cat&aacute;logo de psicopat&iacute;a, conseguir que se unan el delirio y un confinamiento. De eso se obtiene la definici&oacute;n de multitud peligrosa con tres personas. Los fantasmas peligrosos no son los que encuentras en las casas, son los que traes contigo en la mudanza. Dos especies diferentes. El confinamiento dentro del confinamiento, la tecnolog&iacute;a como alternativa a la vida anal&oacute;gica. Islotes en una casa aislada, archipi&eacute;lagos de magia y odio. La familia fr&aacute;gil, ag&oacute;nica: "En el fondo sab&iacute;a que no hab&iacute;a nada ah&iacute;, que eran las sombras que le aguardaban". De nuevo, un murmullo, un suegro, &iquest;Ahora vas a temer por tu hijo?&nbsp;</p>
<p>El miedo, de la distancia rural al centro: "El miedo a la ciudad". Comentamos la posibilidad de elementos de psicourbanismo, la manera en la que Ian Sinclair se refer&iacute;a a los elementos colocados al azar en la ciudad, subterfugios que acaban por ser trampas para el que camina por ella. Puede ser un viaducto o una v&iacute;a de tren, caserones o bas&iacute;licas, una cadena de comida r&aacute;pida. Es Par&iacute;s, es un atolladero que muestra un apetito principal por la mujer: "Quiero salir a alguna avenida, y tomo una calle con la impresi&oacute;n de estar jugando a la ruleta rusa". La cr&iacute;tica, social, pol&iacute;tica, religiosa, m&aacute;s all&aacute; de lo burgu&eacute;s o lo sovi&eacute;tico, la sociedad occidental ser&aacute; devorada por la media luna, que ya viene mordida de f&aacute;brica. Un barrio que se filtra sobre el turista, sobre el extra&ntilde;o, una ciudad que ya no se reconoce, infectada e infecciosa. Entre los puentes, secos, ya solo se filtran los &uacute;ltimos trozos de luz, empuj&aacute;ndose hacia la garganta. Y el final, qu&eacute; final: "Simplemente han aparecido y, sin hablar, pero sonriendo, preparan la bolsa donde ser&eacute; encontrada".&nbsp;</p>
<p>Un salto, otro, esta vez en el cuento "El recogedor de animales". Cuando uno est&aacute; solo acaba alejado de todo. Animales aplastados, carreteras y autov&iacute;a. Trabajo nocturno, una edici&oacute;n de bolsillo de <em>Cementerio de mascotas</em> de Stephen King. Animales malheridos en la monoton&iacute;a del turno de noche, donde se produce la evisceraci&oacute;n definitiva de la personalidad, apoyada por la invasi&oacute;n de los sentidos, la llegada de las enfermedades, las bacterias y el olor sin soluci&oacute;n. La ti&ntilde;a. Esa enfermedad que sirve de referencia en dos instantes del libro: "En los alrededores de los pol&iacute;gonos y las gasolineras, y tambi&eacute;n en las afueras de cualquier localidad, siempre hab&iacute;a m&aacute;s porquer&iacute;a, como si la gente diera por hecho que all&iacute; pod&iacute;a tirarse cualquier cosa". Conocemos esa autov&iacute;a. Los que vivimos en la frontera, de Castilla y Arag&oacute;n. Conocemos los corzos muertos y los buitres que vuelan con hambre atrasada. Es uno de los mejores relatos del libro, sin duda. Un hombre solo: "Isa recogi&oacute; sus cosas en silencio. No la ech&oacute; de menos porque ya la hab&iacute;a echado de menos antes, cuando se fue a Madrid y ese sentimiento se hab&iacute;a desgastado". Al final, cerca de Atienza, los picores, las pulgas, las fiebres altas. Y el final, en el que el hombre, por volver a sentirse humano, por recuperar su lugar en la sociedad, se deja llevar por la rabia y sus instintos animales. Elvira Navarro construye la met&aacute;fora definitiva. Otro de los grandes relatos del libro es "El vigilante", de alguna manera emparentado con "El proyecto" por la manera en la que se interact&uacute;a entre el lugar aislado y la familia. La familia que no se llega a conformar. Tambi&eacute;n, desde otro punto de vista, existe un tejido entre este y el anterior: empleos y esparcimiento. Invitaciones de boda enviadas. Una ca&ntilde;a de s&aacute;bado. Una cena de viernes. Obra nueva en Alcobendas, los espacios vac&iacute;os (y otra vez la idea de los fantasmas que nos acompa&ntilde;an, llenando los espacios, los huecos que no pueden llenar las personas). La distribuci&oacute;n de colmena, las piscinas y las calles, todo igual, pero sin futuro, sin lugar para la humanizaci&oacute;n de un negocio, de un sustrato social. Aparece, aunque lleva rondando todo el libro, la idea de la Nada<em>,</em> con may&uacute;sculas, definida por pisos sin puertas, familias sin hijos, voces sin cuerpo. Alucinaciones auditivas, entomolog&iacute;a del delirio, los s&oacute;tanos hambrientos de vigilantes, almas encerradas en los secadores, en los electrodom&eacute;sticos clonados, la podredumbre del alimento sin refrigerar. Solo la voz de ella, una voz falsa, una voz que solo exist&iacute;a en el futuro. En el cuento Elvira Navarro nos sit&uacute;a solamente en una de las posibilidades cu&aacute;nticas, de las ramificaciones, dejando claro que existen otras opciones latentes y que, incluso, pueden llegar a cruzarse, de un lado a otro de un libro de preguntas irritantes, otras cenas de los viernes, otros mentirosos. Magn&iacute;fico.&nbsp;</p>
<p>En "Tela de Ara&ntilde;a" volvemos a Par&iacute;s, con un movimiento envolvente de violencia, pereza y escape. No es de lo mejor que nos ofrece el libro. Nada que ver con la maestr&iacute;a en la composici&oacute;n que tiene "El ramito de violetas". Intenso, social, desmedido. La descomposici&oacute;n familiar, personal, la muerte y la enfermedad, la destrucci&oacute;n de la clase social para acabar viviendo con poco m&aacute;s de doscientos euros. Con flores de pl&aacute;stico para una tumba llena de resentimiento, pobreza energ&eacute;tica en el abismo de la carga del m&oacute;vil en los enchufes p&uacute;blicos. La desesperaci&oacute;n de llenar bidones de agua en una fuente, el atisbo de lo paranormal en confrontaci&oacute;n con el terror que asola a la protagonista en la realidad. Mucho peor. Son nueve euros sacados de vender recuerdos en p&aacute;ginas de segunda mano. Conejo y arroz, comida de posguerra, calor de hielo en el agua de una ba&ntilde;era, lo tibio, en realidad, es fiebre, el sol, un aviso impertinente. El olvido, una afrenta. Es un relato que no deja indiferente. Cuando llegamos a "Los amores idiotas" nos encontramos con un texto excesivo, donde el sexo, la intoxicaci&oacute;n y la enfermedad compite contra el aburrimiento capitalino. No acaba de arrancar, por m&aacute;s que los lugares y los referentes sean familiares: Chueca, Cyndi Lauper, la modernidad mal entendida, el Hot y el &Ntilde;&Ntilde;: juegos par&aacute;sitos, escatolog&iacute;a, ict&eacute;ricas, cat&aacute;logos de relaciones t&oacute;xicas, fisuras, hepatitis: "No pod&iacute;a disfrutar del sexo si no hab&iacute;a algo sucio por el medio". Somos parte de una generaci&oacute;n que se alimenta de chatarra y sustancias con receta. Y, cuando se acaben, no habr&aacute; quien nos ayude a superar el s&iacute;ndrome de abstinencia. El final, con "La ciudad del miedo", que tiene algo de juego de espejos con "El miedo a la ciudad", es un cierre muy logrado para el libro. Nada forzado. Un poco de metaliteratura ("Bolsa de muerto"), una propuesta futura ("Mujeres de nombres prestados") y una ciudad ajena. Lo ajeno puede ser extranjero, social o, simplemente, la competencia entre lo urbano y lo rural. Una ciudad alucinada, un fragmento de ciudad m&aacute;s bien, donde existen ayudas sociales, nomadismo civilizatorio y un personaje situado en mitad de la historia que nos hace dudar, otra vez, de todo lo que le rodea, incluso de lo que nosotros mismos leemos. Hay un cierto hermetismo literario, un acertado juego con los avatares propios de la ciudad: "No se trataba solamente de la degradaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de la cantidad de espacios an&oacute;malos, residuales. Los edificios estaban llenos de recovecos, pasadizos que llevaban a oscuros patios, ventanas, como si pudieran acceder directamente a un s&oacute;tano que m&aacute;s bien parec&iacute;an cloacas". Colmados, socavones, chavales que no han visto nunca trabajar a sus padres. Subsidio, comer barato, subir y bajar el ascensor, gente loca y cuerda al mismo tiempo, el segundo brote de ti&ntilde;a. Y el final, de autobuses y gente azulado, qu&eacute; hombre, qu&eacute; calles, qu&eacute; historia. Deber&iacute;amos descansar. Todos deber&iacute;amos. Revisar los bolsillos del alma.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elvira Navarro, <em>La sangre est&aacute; cayendo al patio</em>, Barcelona, Random House, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Dec 2025 10:36:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 156 de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-156-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/TURIA_156_-_PORTADA_page-0001_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En ese listado de valiosos nombres propios, hay que citar a escritores considerados aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos del siglo XX como Antonio Machado, del que en este 2025 se ha venido celebrando el 150 aniversario de su nacimiento. La revista TURIA, que ya le dedicara en 2012 un monogr&aacute;fico que se present&oacute; en Soria y obtuvo una gran acogida, analiza ahora el pensamiento de Machado y lo hace a trav&eacute;s de un art&iacute;culo in&eacute;dito elaborado por Enrique Andr&eacute;s Ruiz bajo el descriptivo y revelador t&iacute;tulo de: &ldquo;Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sobre la fama y la vigencia de Machado, se afirma en TURIA: &ldquo;Hoy su nombre est&aacute; institucionalizado a un nivel, digamos, tur&iacute;stico, pero al mismo tiempo los significados de su obra quiz&aacute; sean ya incomprensibles para la mayor&iacute;a. El mayor delito en nuestro socializado y mecanizado mundo cultural &mdash;el de lesa actualidad&mdash; se mantiene sobre &eacute;l. Y se mantendr&aacute; &nbsp;siempre, porque &nbsp;Antonio&nbsp; Machado no fue actual ni en su tiempo, salvados los episodios juveniles. <em>Su </em>tiempo no era <em>el</em> Tiempo, m&eacute;dula y clave de su pensamiento y su poes&iacute;a. Y este nada ten&iacute;a que ver con la grosera modalidad del tiempo &uacute;nicamente vigente hoy, en la que, resumiendo, el antes es entendido como obsolescencia y el ahora como innovaci&oacute;n (o, como dice la superstici&oacute;n continuamente invocada por los pol&iacute;ticos: &laquo;retroceder o avanzar&raquo;). El propio poeta estableci&oacute; su distancia con este tiempo instituido en el famoso &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;: &laquo;Pero &iquest;tu hora es la m&iacute;a? / &iquest;Tu tiempo, reloj, el m&iacute;o?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS MIL Y UNA VOCES DE MART&Iacute;N CAPARR&Oacute;S</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro excelente autor, considerado por la cr&iacute;tica como uno de los mejores escritores y periodistas latinoamericanos de nuestro tiempo, es el argentino Mart&iacute;n Caparr&oacute;s. TURIA publica una interesante semblanza del personaje y la obra, escrita por alguien que lo conoce bien: Jorge Carri&oacute;n. Cuando acaba de publicarse su nueva novela, &ldquo;BUE&rdquo;, un homenaje narrativo a su ciudad natal, a Buenos Aires, resulta enriquecedor sumergirse en la lectura de esta sugerente aproximaci&oacute;n a la intensa y fruct&iacute;fera labor de Caparr&oacute;s. Una tarea de gran cronista que sigue manteniendo pese a que lucha, estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, contra esa tristemente c&eacute;lebre enfermedad incurable y degenerativa llamada Esclerosis Lateral Amiotr&oacute;fica (ELA).</p>
<p>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, que atesora m&aacute;s de 50 a&ntilde;os de profesi&oacute;n y m&aacute;s de 40 libros publicados en m&aacute;s de 30 pa&iacute;ses, es ya una leyenda del periodismo. De ah&iacute; la Fundaci&oacute;n Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez le otorgara su premio Gabo, por haber promovido en su trabajo los valores de la excelencia, el rigor y la &eacute;tica.</p>
<p>Quien ha sido un fabuloso escritor viajero, acostumbrado a tener siempre a su lado m&aacute;quinas de escribir y computadoras port&aacute;tiles, ha tenido que habituarse a dictar y no teclear. Por fortuna, mientras avanzaba la par&aacute;lisis, la voz se ha mantenido enteramente creativa. De esta forma, Caparr&oacute;s ha entrado en la tradici&oacute;n de la literatura dictada y registrada a trav&eacute;s de m&aacute;quinas. Y es que, como subraya Carri&oacute;n en su art&iacute;culo, &ldquo;toda su vida ha estado marcada por la b&uacute;squeda creativa. Y por la centralidad de la voz&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>GERALD MURNANE, DESCUBRIR A UN GRAN ESCRITOR SECRETO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los contenidos m&aacute;s sobresalientes que ofrece TURIA es un magn&iacute;fico art&iacute;culo de Eduardo Lago sobre uno de los grandes escritores secretos o de culto contempor&aacute;neos: Gerald Murnane. Sobre &eacute;l se ha dicho que &ldquo;hay escritores que para darse a conocer escriben y otros que lo hacen para conocerse a s&iacute; mismos. Estos &uacute;ltimos suelen exigir esfuerzo y paciencia, otra manera de leer. Gerald Murnane&nbsp;pertenece a una estirpe que cuenta con autores como Beckett,&nbsp;Kafka o Proust. Al autor australiano no le interesa la mec&aacute;nica de la mente y el uso propio de la lengua. Sus libros carecen de argumento m&aacute;s all&aacute; de bien escogidas fijaciones, de im&aacute;genes y de historias triviales que acaban interrogando al lector tenaz acerca de su propia conexi&oacute;n con el mundo y con el texto que lee&rdquo;.</p>
<p>Murnane est&aacute; considerado, a sus 85 a&ntilde;os, uno de los autores en lengua inglesa m&aacute;s innovadores, y cuenta con admiradores como el escritor sudafricano John &nbsp;Maxwell Coetzee, Premio Nobel de Literatura en 2003. Este exseminarista y maestro de primaria, al&eacute;rgico a los rituales de la fama, con escaso fervor por las tecnolog&iacute;as contempor&aacute;neas y que nunca ha viajado en avi&oacute;n, se licenci&oacute; en humanidades en la Universidad de Melbourne y, tras pasar unos a&ntilde;os como profesor de ense&ntilde;anza secundaria, desde 1980 dio clases de escritura creativa en distintas universidades. Su obra, de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, se sit&uacute;a siempre entre el relato autobiogr&aacute;fico, la ficci&oacute;n y el ensayo. En Espa&ntilde;a sus libros han sido editados por Min&uacute;scula, una prestigiosa editorial independiente radicada en Barcelona.&nbsp;</p>
<p>En el art&iacute;culo sobre Gerald Murnane que publica TURIA, Lago confiesa su incredulidad y fascinaci&oacute;n: &ldquo;jam&aacute;s he le&iacute;do nada parecido&rdquo;. Sus libros le producen un inequ&iacute;voco impacto: son las &ldquo;lecturas que m&aacute;s profunda huella han dejado en m&iacute; a lo largo de mi vida. No tengo con quien compararlo, salvo quiz&aacute; con algunos de los momentos m&aacute;s inescrutables de Coetzee&rdquo;. Y es que, seg&uacute;n Eduardo Lago, &ldquo;la escritura de Murnane es una b&uacute;squeda de un tiempo perdido al que solo es posible regresar salvando la distancia que separa la p&aacute;gina del mundo, sumergi&eacute;ndose en las profundidades de la mente&rdquo;. Ojal&aacute;, a partir de ahora, sea un autor m&aacute;s accesible para los lectores en espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JOYCE CAROL OATES: VER LA VIDA DE MANERA DIFERENTE</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Completa la secci&oacute;n de estudios literarios, un art&iacute;culo divulgativo sobre la obra de una de las grandes autoras norteamericanas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: Joyce Carol Oates. En &eacute;l, se nos brinda un retrato certero, did&aacute;ctico y clarificador de la trayectoria de quien acaba de ver publicada en Espa&ntilde;a su nueva novela &ldquo;El se&ntilde;or Fox&rdquo;. Y es que, como escribe en TURIA Santiago Rodr&iacute;guez Guerrero-Strachan, &ldquo;aunque anciana a&uacute;n atravesada por la vitalidad que la literatura proporciona. A sus ochenta y seis a&ntilde;os contin&uacute;a escribiendo; quiz&aacute;s encuentre sentido a la vida en la inacabable escritura en que, vemos ahora, comenz&oacute; a ser la suya en los a&ntilde;os sesenta. En sus ojos a&uacute;n brilla la curiosidad y la necesidad de contar historias. No de otra forma puedo entender que a&uacute;n hoy siga escribiendo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sin duda, &ldquo;Joyce Carol Oates es, por encima de todo, una de esas personas atravesadas por la fascinaci&oacute;n, la angustia y la necesidad de la escritura. Su vida revela la importancia que para algunos tiene la literatura. Hay quien asegura, de manera prepotente e ignorante, que la literatura no es necesaria para la vida. La literatura nos empuja a ver la vida de manera diferente, bajo el signo de la escritura, que es en gran medida reflexi&oacute;n. Frente a las pantallas que solo buscan de nosotros la aquiescencia ciega, el escritor pretende que pensemos en lo que nos ha dicho, desea que compartamos con &eacute;l las peripecias de sus personajes. Puede que en nuestra &eacute;poca hiperconectada e hipertecnol&oacute;gica, la literatura solo pueda ofrecernos eso: meditaci&oacute;n, compa&ntilde;&iacute;a, reposo tambi&eacute;n y alejamiento del tr&aacute;fago mundano que ahora lo hemos multiplicado por dos, el real y el virtual. Si es as&iacute;, no es poco&rdquo;. Y si hay alguna autora que brilla en el ejercicio de escribir historias que nos brindan distracci&oacute;n inteligente esa es Joyce Carol Oates.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>RELATOS IN&Eacute;DITOS DE PILAR AD&Oacute;N Y DAVID UCL&Eacute;S</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La potente secci&oacute;n que TURIA dedica a narrativa se nutre tambi&eacute;n de un relato in&eacute;dito de Pilar Ad&oacute;n, considerada una de las escritoras espa&ntilde;olas m&aacute;s representativas de la literatura que se practica en nuestro idioma en este siglo XXI. Puede decirse de ella que es una aut&eacute;ntica y polivalente mujer de letras: cultiva tanto la narrativa como el ensayo y la poes&iacute;a. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n ejerce de editora en Impedimenta y como traductora ha ofrecido magn&iacute;ficas versiones de autores como Penelope Fitzgerald, John Fowles, Iris Murdoch y Edith Wharton, entre otros. Buena prueba de su val&iacute;a la acreditan los numerosos y relevantes galardones obtenidos, como el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Cr&iacute;tica, el Premio Francisco Umbral al libro del a&ntilde;o, el Premio C&aacute;lamo Otra Mirada o el Premio Ojo Cr&iacute;tico. Por otra parte, varias de sus obras han sido traducidas a otras lenguas. Sus &uacute;ltimos libros son la novela &ldquo;De bestias y aves&rdquo; y la antolog&iacute;a po&eacute;tica &ldquo;Las huidas. Poes&iacute;a 1998-2024&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Otro valioso escritor que participa en esta nueva entrega de la revista es David Ucl&eacute;s. Su reciente novela &ldquo;La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as&rdquo; est&aacute; obteniendo un &eacute;xito de ventas y de cr&iacute;tica realmente espectacular. Ha convertido a su autor de ser un perfecto desconocido a transformarlo en un creador aclamado en cuantas actividades culturales participa. Su secreto no es otro que haber elaborado una extraordinaria novela desde la &oacute;ptica del realismo m&aacute;gico sobre la guerra civil espa&ntilde;ola. Un t&iacute;tulo que, si bien parec&iacute;a condenado a disfrutar de un p&uacute;blico minoritario, se ha convertido en un prodigioso fen&oacute;meno medi&aacute;tico en Espa&ntilde;a con m&aacute;s de 200.000 ejemplares vendidos en poco m&aacute;s de un a&ntilde;o. De ah&iacute; que, para TURIA, resulte un orgullo y un privilegio poder ofrecer a sus lectores un relato in&eacute;dito de David Ucl&eacute;s titulado &ldquo;La palabra fatal&rdquo;.</p>
<p>Tres autores m&aacute;s de contrastada calidad literaria completan la n&oacute;mina de textos narrativos originales que publica la revista: la argentina radicada en Espa&ntilde;a Mariana S&aacute;ndez y los aragoneses Joaqu&iacute;n Berges y Jos&eacute; Antonio Gargallo.</p>
<p>En las p&aacute;ginas que TURIA dedica a la difusi&oacute;n de poes&iacute;as in&eacute;ditas se dan cita creadores con un itinerario po&eacute;tico contrastado y f&eacute;rtil como Luis Garc&iacute;a Montero, Jordi Doce, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Raquel Lanseros, Gabriel Insausti, Juan Marqu&eacute;s, Teresa Agust&iacute;n, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona. Junto a ellos, y como es habitual en la revista, no faltan los poemas de destacados poetas emergentes como Ni&ntilde;o de Elche, Marina Casado, Juan F. Rivero o Mar&iacute;a Mart&iacute;nez Bautista, entre otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CLAUDIO MAGRIS O LAS HISTORIAS QUE SUCEDEN EN EL FIN DEL MUNDO </strong></p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>El escritor italiano Claudio Magris protagoniz&oacute; en 2006 un inolvidable monogr&aacute;fico en TURIA y ha participado en varias ocasiones m&aacute;s en los sumarios de la revista. Leerlo siempre es un lujo dada la enorme calidad de su trabajo literario y su prestigio en el &aacute;mbito cultural internacional.<span style="font-size: 12px;">&nbsp;</span></h3>
<p>La revista TURIA facilita en su nuevo n&uacute;mero un avance del &uacute;ltimo libro de Magris, que se encuentra en proceso de traducci&oacute;n y que ver&aacute; la luz el pr&oacute;ximo a&ntilde;o gracias a la editorial Anagrama. Su t&iacute;tulo es &ldquo;<em>Cruz del Sur</em>. Tres vidas verdaderas e improbables&rdquo;. En sus p&aacute;ginas se nos cuenta que entre mitad del siglo XIX y los primeros a&ntilde;os del XX, un etn&oacute;logo esloveno, un abogado franc&eacute;s y una monja italiana se encuentran en los confines del mundo. Est&aacute;n muy lejos de casa. Y sin embargo parecen pertenecer totalmente a aquella tierra&nbsp;extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>Magris desarrolla algunos de los temas centrales que ha afrontado en su obra, tanto en la ficci&oacute;n como en el ensayo: el viaje, el impulso de partir, las ra&iacute;ces de la identidad, que es siempre una identidad m&uacute;ltiple. Curiosidad y erudici&oacute;n se mezclan en estas tres historias que se despliegan entre la&nbsp;Patagonia y la Araucania, en el sur de Argentina y de Chile. Tierras a las que en los inicios del siglo XX llegan hombres de negocios sin escr&uacute;pulos, pero tambi&eacute;n trabajadores y gentes sin futuro.</p>
<p>En Cruz del Sur se encuentran el antrop&oacute;logo Janez Benigar, aventurero y hombre de familia, el loco abogado franc&eacute;s&nbsp;Or&eacute;lie Atoine de Tounens&nbsp;que se proclama&nbsp;rey de la Araucania. La tercera es la monja&nbsp;Sor Angela Vallese, mujer de coraje y esp&iacute;ritu de aventura, que dedica su existencia a los ind&iacute;genas explotados y masacrados en la Tierra del Fuego.&nbsp;Esta &uacute;ltima historia se desarrolla en un paisaje inhumano, de hielo ant&aacute;rtico, tempestades de vientos solares y vac&iacute;o, un abismo c&oacute;smico que se abre a la nada.</p>
<p>El nuevo libro de Claudio Magris nace del encuentro fortuito con la historia de&nbsp;Janez Benigal, un esloveno nacido en Zagreb, es decir un austro-eslavo, que el primero de octubre de 1908 desembarca en Buenos Aires de la nace Ocean&iacute;a. El barco hab&iacute;a zarpado de Trieste. El a&ntilde;o anterior hab&iacute;a llegado Dino Campana, coraz&oacute;n n&aacute;ufrago, fugado del manicomio de Imola, que se pierde en la Pampa,&nbsp;<em>&ldquo;</em>llana inmensidad en la que no se puede uno orientar, que es el vac&iacute;o de la vida misma&rdquo;, escribe&nbsp;Magris.&nbsp;Un a&ntilde;o despu&eacute;s llegar&aacute;&nbsp;Enrico Mruele, helenista y fil&oacute;sofo, protagonista de&nbsp;&ldquo;Otro mar&rdquo;, que ha dejado la ciudad de Gorizia para convertirse en gaucho en la Patagonia y desaparecer en el anonimato.</p>
<p>Otro de los personajes es Benigar.&nbsp;Su ficha de llegada lo define como obrero de religi&oacute;n cat&oacute;lica y soltero. En realidad es un&nbsp;&ldquo;casi ingeniero&rdquo;, apasionado por la ling&uuml;&iacute;stica, antrop&oacute;logo y autor de una gram&aacute;tica b&uacute;lgara.&nbsp;En cuanto a la fe, se declara no cristiano, y profesa la teosof&iacute;a. Su solter&iacute;a termina pronto. Tendr&aacute; dos mujeres:&nbsp;Sheypukin,&nbsp;una noble ind&iacute;gena que desciende de una familia de jefes mapuches que le dar&aacute; doce hijos. A su muerte se casar&aacute; con Rosario Pe&ntilde;a, tambi&eacute;n india, de la que tendr&aacute; cuatro hijos. En su testamento, Benigar dejar&aacute; escrita su voluntad de ser enterrado junto a las dos:<em>&nbsp;</em>&ldquo;imaginaba incluso que habr&iacute;a sido bello vivir los tres juntos si las leyes humanas y divinas lo hubiesen permitido&rdquo;.</p>
<p>Claudio Magris&nbsp;(Trieste, 1939), prestigioso germanista, ensayista y traductor de Ibsen, Kleist y Schnitzler, entre otros, es una de las figuras mayores de la literatura italiana contempor&aacute;nea. En Espa&ntilde;a, la editorial Anagrama han publicado sus obras narrativas&nbsp;&ldquo;Conjeturas sobre un sable&rdquo;<em>, </em>&ldquo;El Danubio&rdquo; (Premio Internacional Antico Fattore y Premio Bagutta),&nbsp;&ldquo;Otro mar&rdquo;&nbsp;(Premio Europeo Agrigento, Premio Palazzo al Bosco y Premio Pannunzio),&nbsp;&ldquo;Microcosmos&rdquo;&nbsp;(Premio Strega),&nbsp;<em>&ldquo;</em>A ciegas&rdquo;&nbsp;(Premio Tomasi di Lampedusa),&nbsp;&ldquo;As&iacute; que Usted comprender&aacute;<em>&rdquo;</em>, &ldquo;No ha lugar a proceder&rdquo;<em>,&nbsp;</em>&ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;; el libro de textos breves &ldquo;Instant&aacute;neas&rdquo;, la pieza teatral&nbsp;La exposici&oacute;n&nbsp;y los ensayos recogidos en&nbsp;&ldquo;Utop&iacute;a y desencanto&rdquo;<em>, </em>&ldquo;El infinito viajar&rdquo;<em>, </em>&ldquo;La historia no ha terminado&rdquo;<em>,&nbsp;</em>&ldquo;Alfabetos&rdquo;<em>, </em>&ldquo;La literatura es mi venganza&rdquo;&nbsp;(coescrito con Mario Vargas Llosa) y&nbsp;&ldquo;El secreto y no&rdquo;.</p>
<p>Claudio Magris ha recibido numerosos premios, entre los cuales est&aacute;n el Premio Erasmus en 2001, el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras en 2004, el Premio Estatal Austr&iacute;aco de Literatura Europea en 2006, el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes en 2009 y el Premio de la FIL de Guadalajara en 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 12:28:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a la escritora Pilar Adón y al editor Juan Casamayor ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-la-escritora-pilar-adon-y-al-editor-juan-casamayor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/PILAR_AD_N_8_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sin duda, y si tenemos en cuenta la proyecci&oacute;n y el reconocimiento que sus respectivas obras y trayectorias han obtenido a nivel tanto nacional como internacional, resulta acertado afirmar que son dos nombres propios de indiscutible relevancia para los buenos lectores de un significativo n&uacute;mero de pa&iacute;ses. En el caso de Pilar Ad&oacute;n, y seg&uacute;n la certera opini&oacute;n del jurado que le concedi&oacute; el Premio Nacional de Narrativa 2023, nos encontramos con el privilegio de poder disfrutar de una autora que posee una &ldquo;voz singular que, fuera de modas y tendencias, y con una sublime capacidad de imaginar, construye atm&oacute;sferas y ambientes de naturaleza extraordinaria que atrapan de manera absoluta&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte, Juan Casamayor, al celebrar m&aacute;s de un cuarto de siglo de vida al frente de P&aacute;ginas de Espuma, ha demostrado que el g&eacute;nero del relato puede y debe tener m&aacute;s protagonismo en la industria editorial. No por casualidad su cat&aacute;logo, integrado por libros de cuentos de autores como Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Guillermo Arriaga, Andr&eacute;s Neuman, Eloy Tiz&oacute;n, Mariana Enr&iacute;quez, Jorge Volpi, Clara Obligado, Samanta Schweblin, Javier Tomeo, Guadalupe Nettel, Ana Mar&iacute;a Shua o Carlos Cast&aacute;n, constituye el mejor testimonio de esa saludable vigencia literaria de la narrativa corta.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n son muy destacables los contenidos que ofrece TURIA en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas, Rub&eacute;n Benedicto se ocupa de estudiar, divulgar y revalorizar la vida y obra de una autora tan fascinante como comprometida: la fil&oacute;sofa alemana-norteamericana de origen jud&iacute;o Hannah Arendt. Cuando se cumplen 50 a&ntilde;os de su muerte, la revista ha querido fomentar la lectura y reivindicar el inter&eacute;s de quien, formada en filosof&iacute;a y dedicada luego a la teor&iacute;a pol&iacute;tica, fue la pensadora m&aacute;s importante de la historia de las ideas.&nbsp;</p>
<p>De ella nos dir&aacute; en su art&iacute;culo: &ldquo;Para Hannah Arendt, la coherencia no define la acci&oacute;n humana; por eso su tarea implica un reto apasionante intentando hallar un sentido a la realidad en la que se encuentra inmerso el ser humano comprendiendo las experiencias que este confronta en un mundo marcado por la contingencia, la iniciativa, la imprevisibilidad y lo nuevo&rdquo;. Y hoy necesitamos, m&aacute;s que nunca, intelectuales valientes como Arendt que nos recuerden que &ldquo;la m&aacute;s peligrosa de las amenazas a la libertad surge de quienes pretenden terminar con la pluralidad humana, oprimiendo los espacios privados de pensamiento, que son los que posibilitan un di&aacute;logo interno capaz de conducirnos, si es preciso, a desobedecer &oacute;rdenes inmorales&rdquo;.</p>
<p>Completa la secci&oacute;n de ensayo de TURIA un texto titulado &ldquo;Aprovechar la revoluci&oacute;n digital para construir un mundo m&aacute;s justo&rdquo;, de Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute;. Son p&aacute;ginas muy did&aacute;cticas y &uacute;tiles para comprender bien el alcance del &uacute;ltimo libro de la gran fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola Adela Cortina: &ldquo;&iquest;&Eacute;tica o ideolog&iacute;a de la inteligencia artificial?&rdquo;. Una obra de notable inter&eacute;s por cuanto ayuda a &ldquo;entender, interpretar e intentar cambiar una sociedad digitalizada que tiene una dif&iacute;cil legitimaci&oacute;n si sigue apoy&aacute;ndose en la ambig&uuml;edad y la oscuridad, en las plataformas de la desinformaci&oacute;n, la manipulaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PILAR AD&Oacute;N: &ldquo;LA NATURALEZA ES DESPIADADA. YO NUNCA LA SUBLIMO&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Pilar Ad&oacute;n (Madrid, 1971) protagoniza en TURIA una larga, sincera e interesante conversaci&oacute;n con Fernando del Val, periodista de RNE y poeta, que permite conocer con detalle su personalidad, trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que nos muestra c&oacute;mo, en ocasiones como la suya, una vocaci&oacute;n temprana llega a feliz t&eacute;rmino y alcanza en la actualidad el reconocimiento de la cr&iacute;tica literaria y de los lectores m&aacute;s exigentes. Buena prueba de ello son libros como su novela &ldquo;De bestias y aves&rdquo;, que le granjearon una merecida cosecha de premios: Premio Nacional de Narrativa en 2023, Premio de la Cr&iacute;tica, Premio Francisco Umbral al libro del a&ntilde;o, Premio C&aacute;lamo Otra Mirada. Por otra parte, Pilar Ad&oacute;n no s&oacute;lo cultiva con &eacute;xito la narrativa y la poes&iacute;a, tambi&eacute;n ha sabido mostrar su talento como traductora y como editora en Impedimenta, otro de los sellos independientes espa&ntilde;oles m&aacute;s apreciados.&nbsp;</p>
<p>Reconoce Pilar Ad&oacute;n que, entre sus escritoras de cabecera, se encontrar&iacute;an Penelope Fitzgerald, Emily Dickinson o Angela Carter. Y es que, en sus libros, la informaci&oacute;n comienza por la portada. Rostros femeninos laterales, im&aacute;genes que interpelan. De ah&iacute; que, nuestra autora confiese en la entrevista: &ldquo;tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por su relaci&oacute;n con la raz&oacute;n, y a prop&oacute;sito de la presencia de lo sublime en su obra, Ad&oacute;n asegura que es un t&eacute;rmino que le interesa much&iacute;simo: &ldquo;la mezcla de horror y de belleza, esos paisajes que nos aterrorizan y, al tiempo, nos atrapan de manera ineludible. Es cierto que albergo un coraz&oacute;n rom&aacute;ntico pero, en ese deseo de no quemarme por el sol, apelo a la raz&oacute;n o a ese concepto de verdad que usted lleva a lo cl&aacute;sico. Al final busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No duda en afirmar que le interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano y admite que la manera en que mezcla belleza y horror est&aacute; determinada del todo por su biograf&iacute;a. Para Ad&oacute;n, &ldquo;la naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo&rdquo;. Otra clave es la libertad: &ldquo;la libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes&rdquo;. Cree igualmente que, muy a menudo, &ldquo;olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>A la hora de autodefinir su trabajo creativo, no alberga dudas: &ldquo;nac&iacute; en 1971 y soy hija de mi tiempo. No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social. El realismo no es lo m&iacute;o. Me llevo la acci&oacute;n a mi territorio y soy el resultado de mi &eacute;poca&rdquo;. Adem&aacute;s, Ad&oacute;n afirma sin titubeos: &ldquo;puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria&rdquo;. No obstante, &ldquo;la ficci&oacute;n forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el Quijote&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Pilar Ad&oacute;n tambi&eacute;n se muestra concluyente cuando se le demandan los motivos por los que existe una presencia notable de la culpa en su obra: &ldquo;la culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector. Que se las arregle. Pero ya no es pedir perd&oacute;n ni esperarlo de los dem&aacute;s, sino perdonarse a uno mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;He aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver&rdquo;, nos dir&aacute; en la entrevista. No obstante, &ldquo;aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto&rdquo;. Y un &uacute;ltimo posicionamiento que define la personalidad de Pilar Ad&oacute;n: &ldquo;que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JUAN CASAMAYOR: &ldquo;HEMOS CONSEGUIDO HACER DEL CUENTO UNA SINGULARIDAD ESPACIO TEMPORAL&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La conversaci&oacute;n exclusiva que TURIA publica con el editor independiente Juan Casamayor ha sido realizada por la periodista cultural y escritora Ang&eacute;lica Tanarro. Se trata de una entrevista extensa y atractiva, que tiene como objetivo que el lector conozca mejor la ingente tarea llevada a cabo por la editorial P&aacute;ginas de Espuma, la &uacute;nica del panorama espa&ntilde;ol especializada en el g&eacute;nero del cuento, que acaba de cumplir sus veinticinco a&ntilde;os de vida. Juan y su mujer, Encarnaci&oacute;n Molina, han logrado hacer viable ese sue&ntilde;o y la excelencia de su trabajo perseverante y riguroso se ha visto reconocida por autores, lectores y cr&iacute;tica. Y es que, como declara con orgullo: &ldquo;hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Juan Casamayor, aunque nacido en Madrid en 1968, tiene ra&iacute;ces aragonesas: es licenciado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde realiz&oacute; su doctorado en literatura espa&ntilde;ola del siglo XVIII. Y no conviene olvidar nunca que, el primer libro que public&oacute; P&aacute;ginas de Espuma, fue &ldquo;Escritos de Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Varios hitos editoriales y un sinfin de proyectos de futuro dan fe de esa pasi&oacute;n compartida por sus fundadores de publicar los libros de otros y cuidarlos con cari&ntilde;o sincero y profesionalidad exquisita. Buena prueba de esa meritoria labor son los dos grandes galardones obtenidos por P&aacute;ginas de Espuma: en 2017, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorgaba el Premio al M&eacute;rito Editorial. Con ello, esta feria mexicana considerada la m&aacute;s importante del mundo en espa&ntilde;ol, honraba a quien ha promovido con tenacidad y paciencia el g&eacute;nero del cuento. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2019, el Ministerio de Cultura le otorgaba el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural por su &ldquo;dedicaci&oacute;n constante e independiente a la mejor literatura, su atenci&oacute;n especial al &aacute;mbito del cuento, y por cultivar el v&iacute;nculo entre las dos orillas del Atl&aacute;ntico&rdquo;. Adem&aacute;s, la editorial organiza anualmente dos importantes premios literarios: el&nbsp;Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero&nbsp;y el&nbsp;Premio M&aacute;laga de Ensayo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En la entrevista, Juan Casamayor reconoce que &ldquo;cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor, m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra convencido de que &ldquo;las nuevas generaciones de editores van a venir mejor formados&rdquo; y cree que &ldquo;es verdad que las editoriales de peque&ntilde;o tama&ntilde;o a veces no tienen la oportunidad o el tiempo necesario para incidir en el texto, pero es un error no solo porque podr&iacute;as mejorarlo, que eso es obvio, sino porque cuanto m&aacute;s te comprometas con un texto mejor lo vas a defender en otros &aacute;mbitos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El prestigio atesorado por P&aacute;ginas de Espuma le permite que hasta los principales autores latinoamericanos, que suelen publicar sus otros libros en los grandes grupos editoriales, quieran ver sus cuentos publicados por Juan Casamayor. &Eacute;l lo explica as&iacute;: &ldquo;Yo no puedo competir econ&oacute;micamente con un gran grupo, perder&iacute;a siempre, pero s&iacute; puedo competir en un trabajo subterr&aacute;neo. Lo de ser lector puede parecer una obviedad pero es que el editor que es lector sabe leer editorialmente y si sabes leer editorialmente sabes editar un texto y te aseguro que muchos autores que han pasado por aqu&iacute;, cuando les he editado un libro me han dicho &lsquo;nadie hab&iacute;a hecho esto con mi texto y cuando digo nadie es nadie&rsquo;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Cuando se le pregunta por los momentos m&aacute;s duros para la editorial, Casamayor confirma que la crisis econ&oacute;mica del 2008 y la pandemia ha sido las peores coyunturas pero, de ambas, salieron reforzados. Adem&aacute;s, confiesa que la editorial es fuerte porque no publica novela: &ldquo;Si yo publicara novela tendr&iacute;a alg&uacute;n libro que me funcionar&iacute;a muy bien pero no podr&iacute;a sostener el cat&aacute;logo que tengo ahora. No podr&iacute;a sostenerlo con las novelas de Andr&eacute;s Neuman, de Jorge Volpi, de Magal&iacute; Etchebarne, de Antonio Ortu&ntilde;o&hellip; Pero tengo esos autores para sus textos de formas breves y eso me permite apostar por autores menos conocidos que han ido muy bien. Para m&iacute; ser&iacute;a una v&iacute;a muerta, un callej&oacute;n sin salida. Quiero tener la editorial que honestamente quiero. Y en eso tiene que ver mi especialidad en el g&eacute;nero, el n&uacute;mero de novedades que hago al a&ntilde;o que son diecis&eacute;is y pueden parecer pocas, pero si tenemos en cuenta los meses en que no hay novedades salen dos al mes. A lo mejor tengo menos complicaciones de producci&oacute;n que otras de nuestro tama&ntilde;o que sacan treinta novedades pero, a cambio, somos muy ambiciosos en nuestra proyecci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. Pocas de esas otras editoriales de nuestro tama&ntilde;o tienen el tejido editorial que tenemos nosotros all&iacute;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, a la pregunta de c&oacute;mo ve el futuro de la editorial, Casamayor no alberga dudas: &ldquo;alargar el presente de P&aacute;ginas de Espuma es mi objetivo&rdquo;. Y aunque el futuro no est&aacute; garantizado, tiene el firme convencimiento de que &ldquo;editar es vivir al borde del abismo y ah&iacute; quiero seguir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>HANNAH ARENDT, IDEAS CONTRA EL TERROR TOTALITARIO </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">En el apartado que TURIA consagra al pensamiento, sobresale un nombre propio claramente representativo de las turbulencias pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas y sociales del siglo XX y que tambi&eacute;n se proyectan sobre nuestra &eacute;poca: Hannah Arendt (Hannover, Alemania, 1906 &ndash; Nueva York, USA, 1975). Entre sus obras cabe destacar&nbsp;&ldquo;Los or&iacute;genes del totalitarismo&rdquo;,&nbsp;&ldquo;La condici&oacute;n humana&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Eichmann en Jerusal&eacute;n&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Sobre la violencia&rdquo;,&nbsp;&ldquo;La crisis de la rep&uacute;blica&rdquo;&nbsp;y&nbsp;La libertad de ser libres&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">No por casualidad, el fil&oacute;sofo Rub&eacute;n Benedicto dir&aacute; de Arendt en el original art&iacute;culo que le dedica: &ldquo;Influida por su propia experiencia personal, desarroll&oacute; una filosof&iacute;a existencial en la que su pensamiento se entrelaza con el contexto que le toc&oacute; vivir. Se ocup&oacute;, sobre todo, de la vertiente pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a escribiendo sobre los refugiados, la violencia, la raza, el poder, la educaci&oacute;n, el medio ambiente y el amor, y, aunque no siempre acert&oacute; con sus ideas, las expres&oacute; con valent&iacute;a y audacia componiendo una obra tan compleja y sugerente como hermosa. Su legado se extiende hasta nuestros d&iacute;as dando mucho que pensar, iluminando algunos de los problemas actuales con renovados alientos&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Reivindicar la toma en consideraci&oacute;n de los postulados de Hannah Arendt es hoy en d&iacute;a muy necesario. M&aacute;xime porque, como se afirma en TURIA, en la actualidad han reaparecido demasiados elementos que ella identific&oacute; en los reg&iacute;menes totalitarios y que es urgente combatir. Por desgracia, a estas alturas del siglo XXI &ldquo;la crueldad obscenamente racista se ha instalado de nuevo en las fronteras, los derechos son relegados con desprecio y las personas agredidas de diversas maneras por las autoridades en muchos lugares, algunos gobiernos muestran lo f&aacute;cil que es suprimir libertades en sus Estados, mientras los medios de comunicaci&oacute;n sumidos en la sociedad del espect&aacute;culo trivializan a los extremistas. Las conquistas pol&iacute;ticas y morales que hasta hace poco se consideraban irreversibles muestran su fragilidad ante l&iacute;deres pol&iacute;ticos empe&ntilde;ados en dinamitar los consensos ensalzados por una masa que aplaude el estilo autoritario y agresivo del poder&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Sin duda, vivimos inmersos en un preocupante y peligroso panorama internacional. De ah&iacute; que convenga acudir a las ideas de Arendt, a su humanismo pol&iacute;tico. Porque, esta pensadora amante de la verdad, la responsabilidad y el coraje, nos demostr&oacute; con su vida y con su obra que debemos acudir a dichas virtudes pol&iacute;ticas esenciales si queremos &ldquo;superar el miedo, romper la inercia y actuar protegiendo la libertad&rdquo;. Y es que, como bien asegur&oacute; siempre, &ldquo;los sacrificios nunca son acciones individuales, precisamente adquieren sentido porque existimos junto a otros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong><br /></strong></p>
<p class="Poromisin"><strong>&iquest;ES POSIBLE QUE LA REVOLUCI&Oacute;N DIGITAL CONSTRUYA UN MUNDO M&Aacute;</strong><strong>S JUSTO?</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nadie mejor que la prestigiosa fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola Adela Cortina para reflexionar sobre un asunto ya clave en nuestros d&iacute;as y que lo ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s en el futuro inmediato de la humanidad: la actual colonizaci&oacute;n algor&iacute;tmica y su impacto en las sociedades democr&aacute;ticas. A ello ha dedicado recientemente un libro de lectura muy recomendable cuyo t&iacute;tulo y subt&iacute;tulo no pueden estar mejor elegidos: &ldquo;&iquest;&Eacute;tica o ideolog&iacute;a de la inteligencia artificial? El eclipse de la raz&oacute;n comunicativa en una sociedad tecnologizada&rdquo;. Dada su relevancia, TURIA le dedica un pormenorizado y clarificador an&aacute;lisis en su secci&oacute;n de ensayo. El art&iacute;culo lo escribe otro destacado experto: Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute;, catedr&aacute;tico de &Eacute;tica de la Universitat Jaume I de Castell&oacute;n.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo, Garc&iacute;a Marz&aacute; suscribe la tesis central del libro de Adela Cortina: el reto del siglo XXI es &ldquo;aprovechar la actual revoluci&oacute;n digital para construir un mundo m&aacute;s justo, siempre teniendo en cuenta los obst&aacute;culos de este nuevo escenario&rdquo;. Para conseguirlo, resume los principales avances que aporta la obra acerca de la imprescindible reflexi&oacute;n sobre las nuevas herramientas tecnodigitales y su uso en cinco puntos. En el primero se ocupa de la perspectiva &eacute;tica, es decir: tomar la moral en serio. En el segundo, se responde con argumentos s&oacute;lidos a la pregunta &iquest;una &eacute;tica para las m&aacute;quinas?. Un tercer &aacute;mbito a considerar es el relativo a la confianza e ideolog&iacute;a de la IA, en el que se defiende el uso de una inteligencia artificial confiable. Los retos para la democracia que acarrea la implantaci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as ocupan el cuarto apartado de su an&aacute;lisis. Por &uacute;ltimo, se reflexiona sobre la introducci&oacute;n de la IA y su impacto en la educaci&oacute;n y la participaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Y es que, como bien subraya Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute; en TURIA, &ldquo;debemos reconocer los beneficios de la inteligencia artificial, pero tambi&eacute;n, y en especial, es necesario desvelar y enfrentarse a los riesgos que derivan de la aplicaci&oacute;n de estos sistemas llamados inteligentes: las dificultades para proteger la privacidad de los escolares, de sus familias y del profesorado; la brecha digital que no para de ampliarse con cada innovaci&oacute;n&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 12:03:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Decir lo inasible: las migraciones de una voz. Una lectura personal del poema de Gloria Gervitz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/decir-lo-inasible-las-migraciones-de-una-voz-una-lectura-personal-del-poema-de-gloria-gervitz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GLORIA_GERVITZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div class="WordSection1">
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em>yo es mi cuerpo</em><em><br /> </em><em>yo es la m&uacute;sica que no oigo</em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right">Mariano Peyrou</p>
<p class="Poromisin" align="right">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">Este ensayo-lectura aborda <em>Migraciones: Poema 1976-2020</em>, obra &ldquo;clave&rdquo; de Gloria Gervitz, desde la perspectiva del lector extra&ntilde;ado m&aacute;s que desde un an&aacute;lisis acad&eacute;mico stricto sensu. En &eacute;l se exploran las m&uacute;ltiples voces, vivencias y emociones que entreveran esta obra fundamental de la poes&iacute;a mexicana contempor&aacute;nea, con &eacute;nfasis en su construcci&oacute;n po&eacute;tica, su lenguaje &iacute;ntimo y la constante tensi&oacute;n entre lo personal y lo universal. A partir del di&aacute;logo con ensayos recientes y figuras destacadas de la cr&iacute;tica, se reivindica el valor est&eacute;tico y existencial del poema como un acto de resistencia, memoria y afirmaci&oacute;n vital.&nbsp;</p>
</div>
<p class="Poromisin">En <em>Migraciones: P</em><em>oema 1976-2020</em>, la poeta mexicana Gloria Gervitz condensa m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de vida y escritura en una composicion org&aacute;nica, &iacute;ntima en plenitud, que fluye como un caudal polif&oacute;nico de voces, personas, memoria y exilio: arraigo y desarraigo. En estas l&iacute;neas me aproximo a <em>Migraciones</em> con la emoci&oacute;n del descubrimiento, desde el asombro del que escucha y lee. Sin renunciar, eso s&iacute;, a una deriva anal&iacute;tica y con la convicci&oacute;n de que estamos ante una de las obras po&eacute;ticas m&aacute;s intensas y verdaderas de nuestro tiempo.</p>
<p class="Poromisin">El pasado mayo de 2025, la poeta, ensayista y acad&eacute;mica de la Universidad Iberoamericana (CDMX) Tania Favela (M&eacute;xico, 1970) present&oacute; en la librer&iacute;a madrile&ntilde;a Enclave de Libros, junto a los tambi&eacute;n poetas Marta Eloy (Cracovia, 1973) y Julio Prieto (Madrid, 1968), el volumen <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz </em>(2024)<sup>1</sup>. Se trata de un conjunto de doce ensayos precedidos por un texto liminar de Favela (&ldquo;El tiempo por fin vencido&rdquo;) y una conversacion, a modo de colof&oacute;n, que mantuvo Marta Eloy con la propia poeta. En estos ensayos los autores se interpelan acerca de la composici&oacute;n como si fueran &ldquo;escuchantes&rdquo; mientras recordamos el verso de la poeta mexicana: &ldquo;(esto es solo el testimonio del oyente)&rdquo;, quebrando as&iacute; el silencio de la cr&iacute;tica especializada alrededor de la obra de Gervitz y ofreciendo diversas miradas con sus respectivos an&aacute;lisis y acotaciones t&eacute;cnicas.</p>
<p class="Poromisin">Mi prop&oacute;sito, surgido al hilo de esa presentaci&oacute;n y del coloquio posterior, no es analizar &mdash;en estas p&aacute;ginas&mdash; el innegable peso cient&iacute;fico que tiene este trabajo en su pulsi&oacute;n y en su justificado af&aacute;n de difundir la obra de la poeta mexicana, sino abordar desde una perspectiva personal, como un &ldquo;oyente&rdquo;<em> </em>m&aacute;s, el acercamiento a una obra casi inabarcable por su intensidad y complejidad, y as&iacute; expresar mi percepci&oacute;n como lector que ha tenido la fortuna de toparse con estas <em>migraciones</em> en el lugar adecuado y en el momento propicio. Mi idea, por tanto, es contribuir, en la medida de lo posible, a fomentar la lectura de este texto sorprendente y a que esta se produzca obteniendo el m&aacute;ximo fruto/deleite intelectual y emocional.</p>
<p class="Poromisin"><em>Migraciones: </em><em>Poema 1976-2020</em> de la escritora mexicana Gloria Gervitz (Ciudad de M&eacute;xico, 1943) ha sido publicado por la Ibero y la editorial Mangos de Hacha (Ciudad de M&eacute;xico, 2024)<sup>2 </sup>en un volumen cuidado por la acad&eacute;mica Tania Favela, que incluye, adem&aacute;s del corpus definitivo y el glosario autoral de Gervitz en sus p&aacute;ginas finales, una nota justificatoria de la edici&oacute;n. En dicha nota se detalla el periplo editorial de este libro, de este <em>un</em><em>iverso</em><em> </em><em>Gervitz</em> que no es sino el poema de toda una vida: de las vivencias y convivencias de una mujer extraordinaria. Es el poema definitivo que gravita en el fluir migratorio de lo personal a lo po&eacute;tico a lo largo de m&aacute;s de 250 p&aacute;ginas y <em>so&ntilde;ado</em> a lo largo de muchos a&ntilde;os de escritura y reescritura.</p>
<p class="Poromisin">Tras su germen, una plaquette titulada <em>Shajarit &mdash;</em>editada en junio de 1979 por la Imprenta Madero de M&eacute;xico&mdash; que pronto pas&oacute; a ser <em>Fragmento de ventana</em> en 1986 y <em>Yizkor </em>(&ldquo;Que recuerde&rdquo;)<sup>3 </sup>en 1987, ser&aacute; esta edici&oacute;n, <em>Migraciones: </em><em>Poema 1976-2020</em> (2024), adem&aacute;s de las ediciones de Mangos de Hacha (M&eacute;xico, 2018) y Libros de la Resistencia (Madrid, 2020) entre otras, la que permita, a partir de ahora, a un mayor n&uacute;mero de lectores enfrentar una arquitectura l&iacute;rica que atesora, como afirma Tania Favela, el nutrimiento necesario para alimentar a la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Y tanto es as&iacute; que la fuerza de este libro radica en la capacidad de reescribir los recuerdos a partir de un cuerpo y un lenguaje que son el verdadero territorio/motor para la creaci&oacute;n de una po&eacute;tica<strong> </strong>&laquo;en conversaci&oacute;n con el que est&aacute; en ninguna parte y con el m&aacute;s presentido de los sujetos&raquo;<sup>4</sup>.</p>
<p class="Poromisin">Son muchos los calificativos que la cr&iacute;tica ha puesto sobre la mesa para definir qu&eacute; es y qu&eacute; supone <em>Migraciones</em> en el panorama po&eacute;tico actual: libro &uacute;nico, libro de arena, libro r&iacute;o, poema total, etc. En este flujo de versos sin regreso aparente, en este ir y venir de mareas, a veces mansas, a veces enfurecidas que, con resaca, vuelven a las profundidades del animal poema y lo habitan &mdash;en palabras de Favela&mdash;, &laquo;tenemos un principio y un fin; y en medio, en ese oleaje hacia adentro, de ascensos y descensos, que es el poema: soledad, miedo, duda, deseo, reclamo, s&uacute;plica, v&eacute;rtigo, dolor, perd&oacute;n, revelaci&oacute;n, comprensi&oacute;n&raquo;<sup>5</sup>. En la contracubierta del libro, Myriam Moscona<sup>6 </sup>habla del tiempo, la guerra, la luz f&iacute;sica y metaf&oacute;rica, el cuerpo [&ldquo;aqu&iacute; en tu cuerpo aqu&iacute; est&aacute;n tus alas&rdquo; (p. 250)], el sexo, la madre [como epicentro desconcertante cuando leemos &ldquo;madre no me juzgues / t&uacute; tambi&eacute;n est&aacute;s condenada al olvido&rdquo; (p. 66)], la palabra, el deseo o la muerte [porque &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute; tu muerte ahora?&rdquo; (p. 58)].</p>
<p class="Poromisin">En definitiva, la deriva de la vida &mdash;<em>peregrinatio vitae</em><em>&mdash;</em> como afirmaci&oacute;n, como conocimiento de una misma. En palabras de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, la &laquo;<em>difusi&oacute;n</em> de un sujeto [&hellip;] que procede, sin embargo, en femenino&raquo;<sup>7</sup>, que ya es otra a cada golpe de verso, a cada vuelco de p&aacute;gina y a cada vuelta del minutero de su coraz&oacute;n. Parafraseando a Borges: para el mismo lector el mismo libro cambia, ya que somos el r&iacute;o de Her&aacute;clito. He aqu&iacute;, pues, a una mujer con verdadera devoci&oacute;n por el lenguaje, porque <em>Migraciones</em> es el lenguaje &iacute;ntimo y generoso de lo tel&uacute;rico por la belleza. Es, en cierto sentido, para bien o para mal, un acto po&eacute;tico irreverente y contestatario &mdash;por momentos&mdash; de amor a la memoria, al soporte de los recuerdos que es el cuerpo, al sufrimiento, al miedo, a la vida, y as&iacute; escuchamos una voz que dice: &ldquo;est&aacute;s en la belleza de estar viva en esta tu vida&rdquo; (p. 250). O, como afirmaci&oacute;n categ&oacute;rica embutida de esperanza al final del poema y ante un profundo sentimiento de orfandad: &ldquo;entr&eacute; al lugar entreme hu&eacute;rfana [&hellip;] estoy aqu&iacute; / en este instante / que es todo los instantes / estoy viva&rdquo; (p. 89, p. 267).</p>
<p class="Poromisin"><em>Migraciones</em> cobija la palabra enunciada por una voz de voces &mdash;especulares&mdash; a veces dif&iacute;cil de identificar por el lector, una dicci&oacute;n que se des/dobla en dolor, en nostalgia de volver, en miedo, en deseo o en placer sexual cuando &ldquo;el placer se hace tan intenso&rdquo; (p. 19). Y al mismo tiempo, el poema se deshilacha, resuena en presencias como &ldquo;una ni&ntilde;a loca que mira desde dentro&rdquo; (p. 17), &ldquo;y la muchacha que lloraba abrazada a su madre muerta&rdquo; (p. 34), la madre, la abuela y la mujer vieja que en medio del insomnio escribe: &ldquo;son las tres de la ma&ntilde;ana / y tengo miedo&rdquo; (p. 138). Una voz que interroga al vocativo (yo/t&uacute;) y que nos evoca los versos de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez en <em>Eternidades</em>: &ldquo;Yo no soy yo. / Soy este[a] / que va a mi lado sin yo verlo; / que, a veces, voy a ver, / y que, a veces, olvido. /&hellip;/ el que quedar&aacute; en pie cuando yo muera.&rdquo;<sup>8</sup>. Una forma de decir, la de Gervitz, que se interpela constantemente y afirma: &ldquo;memoria &iquest;me oyes? [&hellip;] y aquella que soy / ofrece perd&oacute;n a la que fui&rdquo; (p. 41), que se anuda al cuerpo siendo este cuerpo amparo, alimento y firme sost&eacute;n de dicha memoria &ldquo;aunque donde se la toque duele[a]&rdquo; (p. 129). Pero <em>Migraciones</em>, m&aacute;s all&aacute; de las significaciones emocionales que retumban con registros de oralidad en cada palabra y en cada vuelco de p&aacute;gina, es lenguaje l&iacute;rico de alta tensi&oacute;n, es un <em>no lugar</em> cuya orograf&iacute;a pluridimensional se asienta en la adopci&oacute;n de una sintaxis desanudada, en los m&aacute;rgenes de la norma y en los silencios que, en ocasiones, gritan m&aacute;s que callan cuando, por ejemplo, leemos en voz alta &ldquo;acaso un tedio / de otra yo tambi&eacute;n / olvidada / y grito&rdquo; (p. 139) o &ldquo;y el grito / apenas / un filo / un ala&rdquo; (p. 160). Adem&aacute;s, este poema clama por la tradici&oacute;n literaria y ling&uuml;&iacute;stica que transita desde &ldquo;en ese tu fluir quiet&iacute;simo&rdquo; (p. 121) &mdash;Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente de fondo y su ensayo sobre Miguel de Molinos cuando dice que &laquo;la primera paradoja del m&iacute;stico es situarse en el lenguaje&raquo;<sup>9&mdash;, </sup>y Juan de la Cruz (<em>el humilde del sin sentido</em>) hasta los salmos, pasando por estructuras de la tradici&oacute;n m&iacute;stica y hebrea, como han constatado en sendos art&iacute;culos Margarita Le&oacute;n Vega en &ldquo;Del ritual a la interiorizaci&oacute;n de la palabra&rdquo; y Denise Le&oacute;n al afirmar que <em>Migraciones</em> puede ser le&iacute;do como &laquo;una floraci&oacute;n de la m&iacute;stica salvaje&raquo;<sup>10&nbsp; </sup>&ldquo;y la devocion [que] como una hoja de obsidiana / corta&rdquo; (p.124). En este sentido, Cruz Flores concluye que &laquo;en la obra de la poeta mexicana, como en la intenci&oacute;n del cabalista o del exegeta, se distingue una indagaci&oacute;n sobre el acto de nombrar y una intenci&oacute;n &mdash;f&uacute;til a sabiendas&mdash; de conciliar la experiencia vivida con el lenguaje&raquo;<sup>11</sup>. A esto se suma el uso espont&aacute;neo de varias lenguas, como el hebreo, el ingl&eacute;s y el espa&ntilde;ol, que es en s&iacute; el exilio de la lengua materna como territorio-alma del poema. En <em>Migraciones</em> la alternancia de lenguas se hace presente, pero es que la migraci&oacute;n no es solo un desv&iacute;o de lugar o territorio, sino que acarrea consigo &mdash;casi siempre&mdash; la adopci&oacute;n/imposici&oacute;n de otra lengua, de otra cultura. El uso del hebreo y el ingl&eacute;s aqu&iacute; no es un gesto de poseer <em>don de lenguas</em>, es la evidencia de una mutilaci&oacute;n: Gervitz arrastra una historia familiar de desarraigo y el dolor mismo del lenguaje en el desapego.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">En la contracubierta del libro, afirma William Rowe que en el poema de Gervitz las palabras parecen &laquo;sostenidas solo por el aire&raquo; y que &laquo;el espacio blanco se ha convertido en espacio denso, resistente&raquo;<sup>12</sup>. Como venimos se&ntilde;alando, el cosmos gervitziano no es un texto al uso, no es un poema com&uacute;n, en absoluto: <em>Migraciones</em> es la demostraci&oacute;n de que la carga emocional/vivencial en el ente po&eacute;tico est&aacute; cimentada en un conglomerado de recursos hilvanados, quebrados con libertad creativa, con precisi&oacute;n de maestro relojero y con la capacidad de poder nombrar lo que no ha sido nombrado antes, tejido todo ello en el telar m&aacute;gico de la introspecci&oacute;n, de la mirada/miradas inteligente/s de la poeta.<strong></strong></p>
<p class="Poromisin">Los recursos, vaivenes tipogr&aacute;ficos en cascada y los blancos que esos vaivenes precipitan, por ejemplo, con los que Gervitz ahorma muchos momentos de <em>Migraciones</em> son profusos, incluso a veces podr&iacute;an parecernos abrumadores, sin dejar de ser en su extra&ntilde;eza pertinentes. Pues bien, a pesar de esto y gracias a esto, los versos fluyen limpios, frescos, seguros de s&iacute; mismos, acunados por un ritmo que asciende y desciende como las aguas en un azud, como si nada sucediese en la hoja de papel; mas al cabo todo sucede, todo est&aacute; pre&ntilde;ado en el vac&iacute;o, en el &uacute;tero del poema. Las an&aacute;foras, v&eacute;ase la copulativa que se desliza a lo largo de varias p&aacute;ginas (desde la p. 171) y que comienza con el sorprendente &mdash;casi ox&iacute;moron sint&aacute;ctico o deixis l&eacute;xica o elipsis simb&oacute;lica&mdash; &ldquo;y el calor derriti&eacute;ndose en las barras de chocolate&rdquo;, las concatenaciones, el rompiente de los versos, las distribuciones espaciales, esas p&aacute;ginas que vaciadas, salvo por un breve apunte versal en su &aacute;pice o en su desembocadura (pp. 244 y 245), sobrecogen al lector.</p>
<p class="Poromisin">En fin, todo parece fluir en el poema, haberse dejado ah&iacute; en pausado movimiento de forma natural, igual que la naturaleza hace crecer un &aacute;rbol (recordando a Huidobro) o c&oacute;mo el r&iacute;o &ldquo;se ovilla en ese regazo de l&aacute;grimas&rdquo; (p. 159) que es el mar, o c&oacute;mo la abuela reza el rosario bajo una lluvia que nos moja a todos de melancol&iacute;a. Las met&aacute;foras &mdash;&ldquo;claveles rojos de este sue&ntilde;o&rdquo; (p. 245)&mdash;, las comparaciones, las im&aacute;genes, los juegos l&eacute;xicos o las paradojas &mdash;Teresa de Jes&uacute;s presente &ldquo;vivo sin saber de m&iacute; / vivo sin vivir en m&iacute; [&hellip;] soy sierva de la loca / la insondable / la inasible pasi&oacute;n&rdquo; (p. 211)&mdash; son gestos ego&iacute;stamente solidarios con el <em>tempo</em> pausado o encendido, manso o violento que el acontecer sensorial del poema demanda en cada instante, en cada comp&aacute;s.</p>
<p class="Poromisin">Por momentos, el discurso se tensiona, se violenta hasta l&iacute;mites sorprendentes y el lector tiene la sensaci&oacute;n de surfear/migrar una gran ola y hacerlo con la seguridad que nos da esa tabla de salvaci&oacute;n que es el ritmo. Y as&iacute; gravitar en equilibrio sobre la superficie deslizable y la profundidad del poema-agua, del poema-inmensidad, del poema-universo. Esta es, a nuestro entender, una de las muchas bondades de este texto extraordinario. Todo en <em>Migraciones </em>rezuma verdad y transmite al lector una emoci&oacute;n sustantiva: &ldquo;y dijo mi abuela a la salida del cine / sue&ntilde;a que es hermoso el sue&ntilde;o de la vida muchacha&rdquo; (p. 16), una imantaci&oacute;n de complicidad y cercan&iacute;a, ahora bien, sin concesi&oacute;n alguna a lo inane, sin ornato aparente o real prescindible.</p>
<p class="Poromisin">Este libro, que comienza de manera abrupta con letra en min&uacute;scula (<em>in media res</em>),<em> </em>alienta a su descubrimiento desde su vers&iacute;culo inicial e invita al lector a que no se detenga &ldquo;en las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos de aves picudas y se pudren las manzanas antes del desastre&rdquo; (p. 7). Desde su nacimiento, que es la migraci&oacute;n primigenia, <em>Migraciones</em> exhala toda la emoci&oacute;n de quien se sabe ef&iacute;mera y vital en esta vida pasada, presente y por venir, de quien se desgarra, recapacita y rememora el tiempo que habita un cuerpo si soporte de la palabra que dice cuanto calla. Y esto, que es de lo que da fe Gloria Gervitz a lo largo de toda su vida en sus <em>migraciones</em>, no solo nos conmueve. Deber&iacute;a conmover al mundo porque &ldquo;afuera enmudece la lluvia [&hellip;] y la oscuridad se dilata&rdquo; (pp. 64-65). Y aun as&iacute;, <em>Migraciones</em> permanece como una voz ex(n)tra&ntilde;able que nos habla desde el cuerpo &mdash;y m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l&mdash;. Un poema que sigue, a d&iacute;a de hoy, respirando entre nosotros.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
<ol>
<li>Tania Favela Bustillo, ed., <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Bonilla Artigas Editores, 2024). En este volumen, Premio LAJSA 2025 al Mejor Libro Editado, aparecen ensayos de Tania Favela, Mark Schafer, Blanca Alberta Rodr&iacute;guez, Perla Sueiras, William Rowe, Cossette Galindo Ayala, Alejandra de la Pe&ntilde;a Barrig&oacute;n, Margarita Le&oacute;n Vega, Denise Le&oacute;n, Javier Helgueta Manso, Mar&iacute;a Rivas Casanueva, Juan Manuel Portillo, Perla Masi y Marta Eloy Cichocka.</li>
<li>Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em>, ed. Tania Favela (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024). Todos los versos citados provienen de esta edici&oacute;n definitiva.</li>
<li><em>Shajarit</em>, oraci&oacute;n jud&iacute;a de la ma&ntilde;ana, pone t&iacute;tulo a lo que podr&iacute;amos convenir en la primera version del poema de Gervitz publicada en 1979. <em>Yizkor</em>, oracion jud&iacute;a entonada en memoria de los difuntos, es a su vez el ep&iacute;grafe de la tercera entrega en 1987. Entre ambas, en 1986, se publica <em>Fragmentos de ventana</em>.</li>
<li>Juan Carlos Mestre, <em>Manifiesto por un no lugar</em>, Los Cuadernos del Mildendo (C&aacute;ceres: Ediciones Liliputienses, 2015), 67.</li>
<li>Tania Favela Bustillo, &ldquo;Migraciones dentro de Migraciones&rdquo;, en <em>Remar a contracorriente. Cinco po</em><em>&eacute;</em><em>ticas</em> (Madrid: Libros de la Resistencia, 2019), 122, 155.</li>
<li>Myriam Moscona, texto de contracubierta en Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024).</li>
<li>Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, &ldquo;El vuelo excede el ala,&rdquo; <em>El Urogallo</em> 122-123 (1986): 63. Citado por Tania Favela en <em>Remar a contracorriente. Cinco po</em><em>&eacute;</em><em>ticas</em> (Madrid: Libros de la Resistencia, 2019).</li>
<li>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, <em>Eternidades</em> (Madrid: Taurus, 1982), 418.</li>
<li>Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &ldquo;Ensayo sobre Miguel de Molinos,&rdquo; en <em>La piedra y el centro</em> (Madrid: Taurus, 1983), 83.</li>
<li>Tania Favela Bustillo, ed., &ldquo;El tiempo por fin vencido,&rdquo; en <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Bonilla Artigas Editores, 2024), 16. (Este texto corresponde a un cap&iacute;tulo dentro del libro colectivo.)</li>
<li>Cruz Flores, &ldquo;Gloria Gervitz, o de c&oacute;mo atesorar el silencio,&rdquo; <em>Letras Libres</em>, 21 de abril de 2022, https://letraslibres.com/literatura/gloria-gervitz-o-de-como-atesorar-el-silencio/.</li>
<li>William Rowe, texto de contracubierta en Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024).</li>
</ol>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 11:14:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jordi Doce o la respiración a la intemperie]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jordi-doce-o-la-respiracion-a-la-intemperie/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORDI_DOCE_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>La insistencia</em>, el poeta Jordi Doce vuelve a reivindicar &mdash;igual que hizo en <em>Hormigas blancas</em> (2005), <em>Perros en la playa</em> (2011) o <em>Todo esto ser&aacute; tuyo</em> (2021)&mdash; un espacio libre y ap&aacute;trida dentro de la literatura: ese territorio h&iacute;brido en el que conviven el diario, el aforismo, el cuaderno de notas, la miniatura ensay&iacute;stica, la greguer&iacute;a (&laquo;La escalera es un zigzag puesto en pie&raquo;) e incluso el &laquo;articuento&raquo; a lo Mill&aacute;s; en definitiva, aquello que Carmen Mart&iacute;n Gaite denomin&oacute; <em>cuaderno de todo</em>. Doce abre una ventana para que el lector lo acompa&ntilde;e en el propio proceso de creaci&oacute;n de su pensamiento y, a trav&eacute;s de ella, adivinamos sus inquietudes pol&iacute;ticas, sociales, ecol&oacute;gicas; sus deslumbramientos literarios; sus fantasmas familiares&hellip;&nbsp;</p>
<p>El volumen se sostiene en una prosa afilada, sincera y sin artificio, que destila esa lucidez cordial tan caracter&iacute;stica del autor. Doce observa el mundo con una mezcla extra&ntilde;a de pudor, iron&iacute;a y precisi&oacute;n moral: al lector le llega la sensaci&oacute;n de asistir a una inteligencia que respira. No hay impostaci&oacute;n ni af&aacute;n de epatar; solo un continuo ajuste de mirada, una b&uacute;squeda que se repite y se depura. De ah&iacute; el t&iacute;tulo: <em>La insistencia</em> es la persistencia de una conciencia que vuelve sobre lo real para comprenderlo &mdash;o, al menos, para sostenerlo sin estridencias&mdash;. Pero &laquo;la insistencia&raquo; es tambi&eacute;n la voluntad de seguir transitando el desierto cuando la vida se ha convertido en &laquo;una larga, interminable tarde de domingo&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El libro brilla especialmente cuando se mueve en el registro biogr&aacute;fico y cotidiano (como hiciera en aquel <em>La vida en suspenso</em>): las escenas familiares, las peque&ntilde;as revelaciones del d&iacute;a, las s&uacute;bitas introspecciones heredadas &mdash;a menudo&mdash; de un pasado que duele m&aacute;s por lo que calla que por lo que muestra. Doce logra elevar lo com&uacute;n sin sacrificarlo, como si cada detalle fuera un cristal que dejara ver el movimiento oculto de la vida. La memoria del padre, por ejemplo, aparece aqu&iacute; sin sentimentalismo: es un tel&oacute;n de fondo que explica sin justificar, que acompa&ntilde;a sin absorber.&nbsp;</p>
<p>La vertiente pol&iacute;tica, discreta pero firme, confirma la vocaci&oacute;n &eacute;tica del autor. La denuncia ecol&oacute;gica, las reflexiones sobre el poder tecnol&oacute;gico o la mirada cr&iacute;tica hacia la l&oacute;gica feudal de nuestros d&iacute;as nunca caen en el panfleto; est&aacute;n moduladas por un humor brillante y por una sensibilidad que no necesita gritar para hacerse o&iacute;r. Doce se permite incluso la ternura de los animales &mdash;los dos &uacute;ltimos rinocerontes blancos del norte, Najin y Fatu, convertidos en emblema de la extinci&oacute;n&mdash; como una forma de duelo c&iacute;vico.&nbsp;</p>
<p>Lo literario ocupa, por supuesto, un lugar central. En estas p&aacute;ginas aparecen Cavafis, Gamoneda, Thoreau, Tolkien, Steiner&hellip; como compa&ntilde;eros de conversaci&oacute;n, voces que ayudan a sostener el pensamiento y sus vacilaciones. Se ejerce aqu&iacute; una defensa impl&iacute;cita de la conversaci&oacute;n culta, una pr&aacute;ctica cada vez m&aacute;s minoritaria. No es una erudici&oacute;n de biblioteca, sino de vida.&nbsp;</p>
<p>El humor &mdash;leve, sutil, quiz&aacute; eco de los a&ntilde;os ingleses del autor&mdash; salva al libro del ensimismamiento. El autor encuentra en lo cotidiano un destello que desordena la solemnidad. Una frase aparentemente menor &mdash;&laquo;Estoy silbando la partitura de mis cicatrices&raquo;&mdash; basta para entender que su mirada no es sentimental, sino l&uacute;cida: nombra la herida sin recrearse en ella.&nbsp;</p>
<p>Y todo desde la mirada del poeta, identidad primigenia del autor: &laquo;Los buitres limpian las costillas del cad&aacute;ver. Ma&ntilde;ana el viento las har&aacute; sonar&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Si algo destaca en <em>La insistencia</em> es la sensaci&oacute;n de estar leyendo a alguien que piensa con nosotros, no para nosotros. Esa compa&ntilde;&iacute;a intelectual &mdash;esa forma rara de hospitalidad&mdash; convierte el libro en un espacio donde el lector entra y sale sin violencia. Es un libro para subrayar, para discutir mentalmente, para aplaudir, para abrir por cualquier p&aacute;gina y encontrar una resonancia.&nbsp;</p>
<p>En un momento en que la literatura fragmentaria se ha convertido casi en un gesto autom&aacute;tico, Jordi Doce demuestra que el fragmento solo tiene sentido cuando nace de una atenci&oacute;n verdadera. <em>La insistencia</em> no recoge ocurrencias: recoge vida. Y la convierte, con una sutileza extraordinaria, en una forma de claridad. Su escritura fragmentaria responde a una &eacute;tica de la atenci&oacute;n. Frente a la dispersi&oacute;n contempor&aacute;nea, Doce elige la insistencia &mdash;esa repetici&oacute;n paciente que recuerda m&aacute;s a Simone Weil que a Twitter&mdash; como un modo de resistencia &iacute;ntima. En un momento del libro define la escritura como &laquo;una forma de respiraci&oacute;n&raquo;, y el lector no tarda en entender que escribe para sostenerse, para mantener el pulso, como quien vuelve una y otra vez al mismo territorio para no desaparecer. Para existir.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jordi Doce,&nbsp;<em>La insistencia</em>, Valencia, Pre-Textos, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 10:52:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Necesidad de salvar lo esencial]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/necesidad-de-salvar-lo-esencial/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CORINA_OPROAE_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cos"><em>C&oacute;mo enterrar al padre en un poema</em>, el nuevo poemario de Corina Oproae, editado por Tusquets recientemente, est&aacute; construido a modo de recetario, como aquellos que ten&iacute;an nuestras abuelas, a su vez, herencia recibida de la generaci&oacute;n anterior. Registro de una sabidur&iacute;a ancestral que se consideraba &uacute;til. Legado imprescindible de conocimientos pr&aacute;cticos que pod&iacute;a incluir consejos de temas dispares, desde c&oacute;mo eliminar una mancha a cocinar un buen caldo. Y por qu&eacute; no, agradecer&iacute;amos, c&oacute;mo administrar la existencia o enterrar a nuestros muertos, asuntos todos ellos entreverados con la cotidianeidad.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cos">Entre lo mundano acontece la muerte. Importa principalmente la del padre y la de la madre, por su radicalidad. Muertes que vuelven, sin soluci&oacute;n, en cualquier momento, que asoman tras los objetos, tras la rumia del pensamiento y que nos dejan suspendidos, es decir, desarraigados. Poema a poema, la poeta querr&iacute;a reconstruir un saber con el que afrontarlas y dejar que acompa&ntilde;en, una vida, la suya, la nuestra, que debe continuar. Exenta de pretensi&oacute;n, la tarea se declara, por s&iacute; misma, insolvente.&nbsp;</p>
<p class="Cos">&iquest;En qu&eacute; momento se rompi&oacute; la cadena de transmisi&oacute;n generacional y la comunidad dej&oacute; de ser portadora de esa pretendida sabidur&iacute;a? Oproae opera con los restos de un naufragio. Fantasmagor&iacute;as que se le aparecen en busca de sentido o aquel sentir que nos recorre en busca de su forma, sin hallarla. Algo que nos atraviesa, queramos o no, engarzados todos en una red espacio-temporal. Algo que no vivimos como trascendente, sino como org&aacute;nico, flujo natural de lo viviente del que formamos parte, pero que nos lleva a repetir rituales, ahora, secularizados.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Necesidad de salvar lo esencial, asimilado como nutriente, cumpliendo el indispensable trasvase energ&eacute;tico. Cumplir con la exigencia vital de echar ra&iacute;ces y tener que hacerlo a deshora, en oto&ntilde;o, destemplados de extra&ntilde;eza, a cuenta de recibir un alimento exiguo, destilado de tierra escasa y de lenguaje insuficiente. &ldquo;Descender te resulta imposible&rdquo;, nos dice la autora, la materia es opaca, pero tambi&eacute;n el &aacute;rbol colapsa, la poeta se olvida de s&iacute;, y el &ldquo;poema se abisma / y t&uacute; comienzas a echar ra&iacute;ces/ hacia el cielo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Alquimia del poema, no sobre el &aacute;rbol sino sobre el devenir del &aacute;rbol, sobre la vida y la muerte en el &aacute;rbol. El yo no puede descender, voluntad de no intervenir, que es voluntad al fin y al cabo, pero en el momento en que se produce el olvido, el poema s&iacute; puede abismarse. La poeta, cual Casandra con el don de profec&iacute;a, a quien Apolo escupiera en la boca, construye una narraci&oacute;n condenada a no ser atendida, palabra advenediza que viene del lodo. Ya no la naturaleza, sino la naturaleza atravesada por todo lo que es artificio y contiene la <em>energeia </em>que empuja el devenir. El arte, esa forma nueva de <em>religare.</em>&nbsp;</p>
<p class="Cos">El poema nace del lado dormido del cuerpo, lugar de regeneraci&oacute;n. Proceso que no puede consumarse, apenas parpadeo, la realidad sigue estando escindida, el fondo, inaccesible, el v&iacute;nculo, roto, la herida, abierta. &iquest;Qu&eacute; puentes ocasionales nos ofrece el lenguaje po&eacute;tico? Lo l&iacute;rico es el sue&ntilde;o de un p&aacute;jaro posado sobre una l&iacute;nea de tensi&oacute;n entre lo oculto y la presencia. Pero lo l&iacute;rico se quiebra, se desvela, asiste al p&aacute;lpito, oye la respiraci&oacute;n fatigada de lo vivo, presencia el derrumbe. &ldquo;Repites en voz alta la continuaci&oacute;n / de aquel poema inacabado / que aqu&iacute; a la intemperie / encuentra su pleno sentido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cos">La reflexi&oacute;n sobre el lenguaje, o sobre los lenguajes, sobre el arte o artificio, como forma de convocar y dejarse atravesar por todo aquello que de manera silenciosa convive con nosotros, ejerce violencia o es violentado, nos sirve de alimento o detrimento, est&aacute; presente. Oproae construye el poemario al modo en que trabajar&iacute;a una artista contempor&aacute;nea multidisciplinar en una instalaci&oacute;n. Se deja acompa&ntilde;ar por ellas, literatas, m&uacute;sicos, artistas. Nos pide a un tiempo que la lectura se ampl&iacute;e con su obra, visualizar la ejecuci&oacute;n de Jacqueline du Pr&eacute; del concierto para violonchelo en mi menor opus 85 de Edward Elgar, tener en mente las pinturas de Nalini Malani o Yayoi Kusama, o las instalaciones performaticas de Valie Export, utilizar los hilos de Chiharu Shiota, por citar algunas. Recordar la forma en que afrontan vida y escritura Plath,&nbsp; Marinescu, Bishop, Pizarnik o Lispector, entre otras.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Todo ello le sirve para ir confeccionando ese recetario, destinado al fracaso, para el cuidado de un cuerpo complejo, que muere y renace constantemente, sin poder deshacer la trama que lo constituye, biolog&iacute;a que se desenvuelve en una realidad parad&oacute;jica de espacio-tiempo, y se desdobla con la conciencia y el lenguaje. Poemas para aprender a enterrar a nuestros muertos, para volver a dormirnos con los ojos abiertos, si nos desvelamos, para regresar a un lugar que ya no existe o perder lo que nunca tuvimos, contar una y otra vez la misma cosa hasta olvidarla.&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">Corina Oproae, <em>C&oacute;mo enterrar al padre en un poema</em>, Barcelona, Tusquets, 2025.</p>
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<p class="Cos">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 10:31:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pilar Adón, una ventana abierta al bosque]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pilar-adon-una-ventana-abierta-al-bosque/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/PILAR_AD_N_7.JPG" alt="" /></p>
<p class="LO-normal"><strong>Pilar Ad&oacute;n, una ventana abierta al bosque</strong></p>
<p>En sus libros, la informaci&oacute;n empieza por la portada. Rostros femeninos laterales, im&aacute;genes que interpelan. El universo de Pilar Ad&oacute;n empieza antes de la primera l&iacute;nea. &ldquo;En ning&uacute;n caso, im&aacute;genes impositivas. Nada de lo que hago tiene esa vocaci&oacute;n&rdquo;. No promete la luna. Tampoco el sol. Promete nubes. Miradas perdidas, inquietantes. Con el lector avisado, pueden llegar las citas literarias, Angela Carter o Emily Dickinson, a la que vuelve siempre: &ldquo;Me sirve incluso para el pensamiento de alg&uacute;n personaje&rdquo;. Por cierto, en su faceta como editora en Impedimenta elige las portadas con igual prop&oacute;sito, &ldquo;poes&iacute;a y verdad est&aacute;n unidas&rdquo;.</p>
<p>Como autora, en narrativa Pilar Ad&oacute;n habla de personajes encerrados en casas, que, con halo rom&aacute;ntico, est&aacute;n rodeadas de naturaleza. En ellas viven de manera casi siempre voluntaria. Hacen all&iacute; lo que quieren, protegidos y libres de imposiciones sociales y, sobre todo, ajenos a un exterior, digamos, imperfecto. El aislamiento tiene que ver con lo sublime, no con lo &oacute;ptimo. Podr&iacute;amos pensar que permite la reclusi&oacute;n porque hace de ella un laboratorio. Porque, en el mundo salvaje, Pilar Ad&oacute;n traza mapas seg&uacute;n camina. Se tiene por controladora y tal vez perfeccionista. No pasea, rastrea. Y &ldquo;el rastreo tiende a lo sublime&rdquo;, si atendemos a su poema &lsquo;Verde enfermedad&rsquo;.</p>
<p>Los ojos de Pilar Ad&oacute;n son un contrapunto del de sus personajes. Ella sabe que el autor no puede no estar en la obra. Asume que lo biogr&aacute;fico permea en lo literario. Y que un miedo particular sirve para hablar del miedo en general. &ldquo;Somos los seres que tenemos m&aacute;s a mano&rdquo;. Pero, aunque a diferencia de Penelope Fitzgerald, escritora suya de cabecera, no hace ficci&oacute;n en las entrevistas, se cuida de no romper ciertos misterios -&ldquo;Ser&iacute;a hacerme trampa a m&iacute; misma&rdquo;-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora&rdquo;</strong></p>
<p>-La realidad no existe, dice en un poema.</p>
<p>-Hay un conflicto con la realidad en cuanto a qu&eacute; es. Cuando digo que no existe -ser&iacute;a la voz po&eacute;tica; no podemos asimilarla a mi voz como persona civil- puede parecer extra&ntilde;o o, al rev&eacute;s, t&oacute;pico. Pero para m&iacute; es m&aacute;s real la vida de determinados personajes -siendo consciente de que no han existido- que acontecimientos de personas reales que no veo tan pr&oacute;ximos. Tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora.</p>
<p>-Eso no la convierte en relativista.</p>
<p>-Cada vez lo soy m&aacute;s. Me cuesta decir absolutos y posicionarme de forma categ&oacute;rica. Seg&uacute;n vamos madurando, somos menos tajantes. Las ideas muy claras son de la adolescencia y de la juventud. El pensamiento se va haciendo flexible.</p>
<p>-&iquest;Los grises tienen que ver con aceptar una visi&oacute;n c&iacute;nica de la vida?</p>
<p>-No necesariamente.</p>
<p>-&iquest;No hay un cinismo rom&aacute;ntico?</p>
<p>-No me interesa el cinismo.</p>
<p>-Como en <em>Casablanca</em>, conectado a la renuncia, &lsquo;voy a hacer como que no me importa&rsquo;.</p>
<p>-Ver&aacute;, aunque hable de relativismo -y de aceptaci&oacute;n, por tanto, de otros posicionamientos- en realidad todo me importa. Puede parecer exagerado, pero es verdad: si me permitiera pronunciar una frase tajante ser&iacute;a: todo me afecta, absolutamente. Como la canci&oacute;n, soy un coraz&oacute;n tendido al sol. He aprendido a protegerme, pero es algo que experimento a diario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y c&oacute;mo es su relaci&oacute;n con la raz&oacute;n?, hay una quiebra, se supone, con el multiperspectivismo, con el relativismo, pero a la vez usted cree en la verdad, lo que parece muy cl&aacute;sico. En alg&uacute;n poema cita el &lsquo;no pensar&rsquo; como algo deseable.</p>
<p>-Claro, no pensar viene como consecuencia de pensar demasiado igual que protegerse llega despu&eacute;s de haber sentido en exceso. Entonces el &lsquo;no pensar&rsquo; es simplemente un deseo de calma. Entiendo que usted va por el camino del romanticismo porque -sobre todo en los &uacute;ltimos libros- he hablado de lo sublime, un t&eacute;rmino que me interesa much&iacute;simo: la mezcla de horror y de belleza, esos paisajes que nos aterrorizan y, al tiempo, nos atrapan de manera ineludible. Es cierto que albergo un coraz&oacute;n rom&aacute;ntico pero, en ese deseo de no quemarme por el sol, apelo a la raz&oacute;n o a ese concepto de verdad que usted lleva a lo cl&aacute;sico. Al final busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera.</p>
<p>-Su propuesta no trata de lo bonito, sino de la belleza, en la que cabe una herida.</p>
<p>-A m&iacute; -quiz&aacute; por lo sublime, por el romanticismo y por el horror- no me interesa una belleza que no zarandee, o que no conlleve escalofr&iacute;o. La herida&hellip; tiene connotaciones muy negativas.</p>
<p>-Pensaba en Kafka.</p>
<p>-Pero una sacudida conduce muchas veces a un estremecimiento est&eacute;tico de placer. Es por lo que mis portadas, al contrario que a otra gente, no me parecen feas: porque entiendo que la belleza puede llegar de la sacudida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano&rdquo;</strong></p>
<p>La belleza, lo inquietante. Ese girar la cabeza y reparar en algo. &ldquo;No hablo de extraterrestres, sino de una sorpresa peque&ntilde;a. Me interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano. Algo que no debiera estar donde est&aacute;&rdquo;. Esa vocaci&oacute;n explica el modo en que ella representa la naturaleza, las casas y hasta el comportamiento de sus personajes. Desde esa perspectiva habremos de entender las sensaciones de miedo, soledad y deseo de huida que sienten. &ldquo;Acudo a sentimientos que ha experimentado la mayor&iacute;a, desde lo transversal. Me gusta lo que se descubre. Me interesa la inocencia&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;De ah&iacute; que en los cuentos de <em>Las iras</em> (2025) haya ni&ntilde;as?</p>
<p>-Exacto, porque experimentan todo por primera vez. Cuando describo una encina lo hago pensando que la veo por primera vez. Y deseo igualmente que el lector sienta que es la primera vez que lee sobre una.</p>
<p>-La encina la presenta en <em>Las ef&iacute;meras</em> (2015) como un &aacute;rbol protector.</p>
<p>-S&iacute;, pero es le&ntilde;osa. Lo que me sirve para relacionarla con lo salvaje. En la naturaleza sin domesticar todo es bonito, pero todo puede suceder.</p>
<p>-Ese contraste lo tenemos en <em>De bestias y aves</em> (2022), cuando menciona unas hojas bajo las cuales se ocultan hormigas y bichos. Me recuerda el principio de <em>Terciopelo azul</em>: la c&aacute;mara se introduce en un c&eacute;sped radiante y aflora, debajo, una vida que repele; la belleza siniestra en lo cotidiano.</p>
<p>-Puede que haya esa conexi&oacute;n -he visto la pel&iacute;cula, aunque Lynch no figura entre mis referentes. No dir&iacute;a que es una influencia-.</p>
<p>-Ferrer Ler&iacute;n dice que nos pueden influir incluso obras no le&iacute;das. &ldquo;Por capilaridad&rdquo;.</p>
<p>-[r&iacute;e] Me lo apunto. Me interesa. Seguro que en lo que hago hay referencias de las que no soy consciente. Me dijeron, y esto es muy curioso -en la l&iacute;nea de Ferrer Ler&iacute;n-, que ten&iacute;a influencias de una autora a la que no hab&iacute;a le&iacute;do -o no era consciente de haber le&iacute;do-. Me parece apasionante.</p>
<p>-&iquest;Qui&eacute;n?</p>
<p>-Fleur Jaeggy. Cuando publiqu&eacute; <em>El mes m&aacute;s cruel</em> (2010), se dijo que era evidente, y yo no sab&iacute;a de su existencia. La le&iacute; y me encant&oacute;. En todo caso, con la imagen de Lynch ha dado en el centro: soy muy consciente de que si levantas una piedra lo m&aacute;s probable es que salga un bicho. Una vez mi abuela levant&oacute; una hortensia hermos&iacute;sima en el patio y brot&oacute; un tropel de caracoles. Impresionante: la hortensia con sus flores incre&iacute;bles y debajo un mundo de baba. Episodios de ese tipo me han marcado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La manera en que mezclo belleza y horror admito que est&aacute; determinada del todo por mi biograf&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>-Dedica <em>Las iras</em> a su madre y <em>De bestias y aves</em> (2022), a su padre. Lo inquietante &iquest;hasta qu&eacute; punto tiene relaci&oacute;n con su biograf&iacute;a?</p>
<p>-Pues, aunque el autor no se tiene que imponer a los personajes y estos no anden al servicio de sus man&iacute;as, la manera en que mezclo belleza y horror admito que est&aacute; determinada del todo por mi biograf&iacute;a. La forma de escribir se ve alimentada por pel&iacute;culas y libros a modo de refuerzo -te fijas en lo que te atrae- pero la experiencia pesa.</p>
<p>-Un cineasta que le interese.</p>
<p>-Lars von Trier. <em>Melancol&iacute;a</em> me impresion&oacute;.</p>
<p>-Hab&iacute;a escrito mucho cuando la vio.</p>
<p>-S&iacute;, no influy&oacute;, pero es un mundo af&iacute;n. Cuando eres ni&ntilde;o y conoces la naturaleza de verdad -no el jard&iacute;n, no los parques con suelo de corcho en la zona de los columpios- la mirada es otra. Es lo que dec&iacute;amos antes, a prop&oacute;sito de Lynch. Y esas turbulencias est&aacute;n en <em>Melancol&iacute;a</em>.</p>
<p>-Le&iacute; una interpretaci&oacute;n afortunada: la naturaleza viola a la protagonista cuando se encuentra sin ropa, tirada en el bosque. Brazos abiertos y una pierna flexionada. A prop&oacute;sito, su relaci&oacute;n con la naturaleza parece ambivalente: &iquest;c&oacute;mo la definir&iacute;a? Hay como una actitud posmoderna de descreencia en el ser humano mientras este sublima al &aacute;rbol y al animal. Pero eso nos saca del tablero.</p>
<p>-A los seres humanos, dice.</p>
<p>-S&iacute;. O sea, en toda &eacute;poca de decadencia se supone que llega un momento en el que el ser humano se suaviza tanto que deja de confiar en s&iacute; -en nuestro caso podr&iacute;a venir de matar a dios, primero; de matar al pr&oacute;jimo, despu&eacute;s, pensemos en las guerras mundiales; y de matarse, por fin, a s&iacute; mismo. Desde no teniendo hijos a pensando que la naturaleza es sabia y &eacute;l un malhechor contaminante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo&rdquo;</strong></p>
<p>-T&uacute; eres malo y la naturaleza es la buena. Me parece muy interesante. Un juego peligroso. S&iacute;, percibo una conducta culposa&hellip;</p>
<p>-&hellip; en un momento en el que no existe la culpa.</p>
<p>-Eso es, vivimos una sociedad en la que todo est&aacute; permitido y cualquier postura es l&iacute;cita. Creo que soportamos una crisis enorme sobre la cabeza. Lo que ha dicho me interesa, como <em>Melancol&iacute;a</em>, porque est&aacute; anclado al fatalismo y al romanticismo. La crisis de los tiempos. De todos modos, en mis libros no hay finalismo. Alrededor s&iacute; percibo un exceso apego a la naturaleza. Fruto de no conocerla. La naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo. Sale sin parar en mi obra, pero no la glorifico. Hay que defenderse de ella.</p>
<p>-&iquest;Y en su poes&iacute;a primera?</p>
<p>-Bueno, al principio pudo estar dulcificada. Tend&iacute;a a evitar lo desagradable. No me parec&iacute;a que la matanza del cerdo fuera po&eacute;tica.</p>
<p>-&iquest;Y hoy?</p>
<p>-Hoy s&iacute;. Pero al principio hab&iacute;a m&aacute;s campi&ntilde;a inglesa [r&iacute;e]. No miraba la naturaleza a la cara.</p>
<p>-Aunque era su espejo.</p>
<p>-Probablemente me costaba admitir una parte de m&iacute;. &iquest;Impostura? No lo s&eacute;. Yo creo que guardaba relaci&oacute;n con mis principios vitales del momento. Seg&uacute;n cumples a&ntilde;os, vas ancl&aacute;ndote -o desancl&aacute;ndote- a filosof&iacute;as. En el momento actual -vuelvo al relativismo-, aspiro a una armon&iacute;a en la que para ensalzar una cosa no necesite machacar otra. Intento ver todo en un mismo plano.</p>
<p>Se recuerda leyendo a Emerson y a los trascendentalistas estadounidenses. Fil&oacute;sofos y escritores del XIX que sent&iacute;a cercanos, y con los que deseaba comulgar a&uacute;n m&aacute;s. Subrayaba, anotaba&hellip; y tachaba: &ldquo;Recuerdo una frase que dec&iacute;a algo as&iacute; como que la naturaleza est&aacute; <em>para</em> el ser humano, para que se deleite contempl&aacute;ndola y se convierta en mejor persona. Aunque yo era idealista, ray&eacute; el p&aacute;rrafo. Ya me daba cuenta de que no est&aacute; <em>para</em> nosotros; nos preexiste y espero que nos sobreviva, pero mis deseos no son a la manera de Rousseau&rdquo;.</p>
<p>-En <em>Da dolor</em> (2020) eligi&oacute; precisamente una cita de Thoreau: &ldquo;Todas las cosas buenas son salvajes y libres&rdquo;, y en <em>La hija del cazador</em> dice textualmente eso: &ldquo;El bosque no est&aacute; ah&iacute; <em>para</em> el hombre&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo cambia su voz po&eacute;tica?</p>
<p>-A partir de <em>La hija del cazador</em> (2011), claramente.</p>
<p>-Ah&iacute; conjura pr&aacute;cticamente la tradici&oacute;n l&iacute;rica: &ldquo;No ser &aacute;rbol&rdquo;.</p>
<p>-[r&iacute;e] Estaba en conflicto conmigo. No me terminaba de encontrar. Hay mucha fuga, como en mis novelas. No quer&iacute;a ser &aacute;rbol, pero quer&iacute;a el bosque.</p>
<p>-&iquest;Porque los primeros no dejan ver el segundo?</p>
<p>-[r&iacute;e] Es un libro que parece contradictorio pero siento que afronto la verdad en &eacute;l: hablo de querer cuidar al padre y de querer ser otra persona al mismo tiempo -y si fuera otra persona, tendr&iacute;a otro padre-.</p>
<p>-&ldquo;La tendencia del agua / a escapar&rdquo;.</p>
<p>-Es el p&aacute;lpito de la huida. La tendencia natural del agua, se supone, frente a la seguridad -sucia- de las aguas estancadas, que tambi&eacute;n salen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Logr&eacute; convencerme por completo de que realmente era el monstruo que soy&rdquo;</strong></p>
<p><em>La hija del cazador</em> es el quicio de su poes&iacute;a. En la espesura &ldquo;cualquier voz humana suena a ruido extra&ntilde;o&rdquo;. Ese es el momento de intersecci&oacute;n que nos interesa. Se trata de un libro cruzado por ruidos, porquer&iacute;a y desorden. &ldquo;No hay manzanas ni melod&iacute;as de viol&iacute;n. / Su perro gime&rdquo;. Y en los l&iacute;mites caben criaturas que causan espanto y fascinaci&oacute;n. &ldquo;De las aguas aflor&oacute; el monstruo&rdquo;. Tres lustros m&aacute;s tarde, asume en <em>Las iras</em>: &ldquo;Logr&eacute; convencerme por completo de que realmente era el monstruo que soy&rdquo;, eso s&iacute;, parapetada en Mary Shelley. Pilar Ad&oacute;n aspira a tener todo controlado en sus novelas, en sus poemas y en las entrevistas. Casi piensa m&aacute;s que siente. Por lo que tal vez no sean monstruos, sino sue&ntilde;os de la raz&oacute;n. Previo a <em>La hija del cazador</em> ya hab&iacute;a pistas de por d&oacute;nde ir&iacute;an&hellip; los tiros: en <em>Alimento</em> (2001) salen ara&ntilde;azos sueltos y hay atisbos de violencia; y en <em>Con nubes y animales y fantasmas</em> (2006) leemos: &ldquo;(&hellip;) la apariencia inocente / que ofrece la desmembraci&oacute;n en cientos de gotitas aisladas&rdquo;. En realidad, habla de la lluvia chocando contra las cristaleras de un aeropuerto, pero la mirada es completamente oblicua. Diez p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, se ausculta: &ldquo;Estas piernas no me pertenecen. / Caminan junto a m&iacute;, pero no son las m&iacute;as&rdquo;, y otras diez m&aacute;s all&aacute;, se pregunta d&oacute;nde est&aacute;n sus manos: s&oacute;lo ve &ldquo;sucios y fr&iacute;os dedos, / que no sienten&rdquo;. Si no es otra desmembraci&oacute;n, se le parece.</p>
<p>Su poes&iacute;a est&aacute; llena de disonancias. La ha reunido bajo el t&iacute;tulo <em>Las huidas </em>(2024). En su &uacute;ltima entrega, del mismo a&ntilde;o, <em>Atractivo carnal</em>, habla de la religi&oacute;n en los cuerpos, y de alguna fobia. &ldquo;Me da asco la palabra n&aacute;car y me dan asco las perlas (&hellip;) Me consideraba ni&ntilde;a irritable, joven furiosa, / intolerante agresiva incapaz de aceptar que los humanos beben, / sorben y tragan. / No me da asco que lo haga el perro&rdquo;. Ella misma como un ser que cambia o escapa de sitio. El bosque a veces es el veh&iacute;culo; otras, el destino. &lsquo;Agarrada a mi rama (&hellip;) decidida a no bajar&rsquo;. Reconoce incluso el encierro como forma de huida. &ldquo;En la tradici&oacute;n, es una idea negativa -responde a una incapacidad para afrontar la realidad-. Yo en ning&uacute;n momento la asocio con la cobard&iacute;a -tampoco pasar&iacute;a nada por hacerlo-. <em>Huir</em> no deber&iacute;a ser el verbo, pero es el que utilizo porque me gusta c&oacute;mo suena.</p>
<p>-Asociado a libertad.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;. A la valent&iacute;a de querer cambiar la situaci&oacute;n. No son personajes acomodaticios -&ldquo;Esto es lo que hay&rdquo;-. F&iacute;jese, yo hablo mucho de literatura b&iacute;blica -en cada cuento de <em>Las iras</em> hay una cita-&hellip; pero hay dos elementos del catolicismo que rechazo, precisamente vinculados a la huida: poner la otra mejilla y la famosa resignaci&oacute;n cristiana. Mis personajes no se resignan nunca, y &iquest;qu&eacute; hacen?: se van.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes&rdquo;</strong></p>
<p>-Y avanzan, verbo positivo.</p>
<p>-&iquest;Hacia d&oacute;nde? No tienen ni idea. &iquest;Pueden terminar peor? S&iacute;, pero se van en busca de algo relacionado, efectivamente, con la libertad. La libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes.</p>
<p>Llegamos al refugio y la naturaleza &iquest;Son elementos antit&eacute;ticos o van de la mano? En las cuevas de Pilar Ad&oacute;n hay platonismo -&ldquo;alrededor de unas sombras&rdquo;, <em>Las iras</em>- y, de nuevo, libertad. A la mencionada <em>Melancol&iacute;a</em> podemos sumar <em>Avatar</em>, que ampara una interpretaci&oacute;n del humano como un ser que deja de gustarse -al punto de que se deforma el dibujo, dominado f&iacute;sicamente, en forma y color, por la naturaleza-. En los libros de la autora hablaremos de posesi&oacute;n al ver que a una persona le crece una rama por dentro -llegando a florecer-, en <em>De la mano iremos al bosque</em> (2010)- y cuando, de nuevo en <em>Las iras</em>, un anciano se deja clavado un pincho con el fin de que la naturaleza haga nido en su interior. Es el plano un&iacute;voco en que Ad&oacute;n sit&uacute;a a los personajes dentro del bosque. &ldquo;No utilizar&iacute;a la palabra violaci&oacute;n porque me resulta agresiva y deliberada, y no atribuyo intencionalidad a la naturaleza, pero s&iacute; me fijo en la conexi&oacute;n. No distingo entre seres: somos naturaleza&rdquo;. Un todo sin superioridades ni inferioridades. &ldquo;Me doy cuenta de que -y lo relaciono con mi experiencia, que traslado a la ficci&oacute;n-, seg&uacute;n nos apartamos de la naturaleza -de forma destructiva, a&ntilde;adir&iacute;a- perdemos nuestra capacidad de supervivencia&rdquo;.</p>
<p>-Su literatura parece muy pegada a su biograf&iacute;a.</p>
<p>-S&iacute;, la relaci&oacute;n que yo he vivido con los animales a trav&eacute;s de mi padre hac&iacute;a que, en su comportamiento diario, &eacute;l no fuera tan pusil&aacute;nime como somos los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro&rdquo;</strong></p>
<p>-Eso tendr&aacute; que ver, especulo, con la dureza perdida en un mundo de algod&oacute;n, no con situar un reclinatorio frente a la naturaleza.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;. Somos cada vez m&aacute;s d&eacute;biles. Aprender del proceder animal nos llevar&iacute;a rutinas en las que no habr&iacute;a que intervenir. Estaci&oacute;n tras estaci&oacute;n -si no hay alteraciones clim&aacute;ticas-, florecen los &aacute;rboles, se caen las hojas, llega la parada invernal. &iexcl;Los ciclos no dependen de nuestra presencia! &iquest;Qu&eacute; pasa? Que damos la espalda a esa realidad y dejamos de percibir su comportamiento. Olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro. Ahora una persona se clava una ramita y va a la enfermera. Nos volvemos torpes y faltos de valor ante situaciones comprometidas en espacios protegidos. Reina la asepsia.</p>
<p>-Y esa blandenguer&iacute;a, si se me permite, nos ha llevado a reescribir cuentos y a quitar lobos. Hemos llegado a que un pr&iacute;ncipe no pueda besar a una mujer dormida porque supondr&iacute;a un abuso.</p>
<p>-[niega con la cabeza] Es terrible. Mis referencias conscientes parten de la tradici&oacute;n oral. En los cuentos de hadas que le&iacute; hab&iacute;a ni&ntilde;as con zapatitos rojos a las que les cortaban los tobillos para que dejaran de bailar y de correr por las zarzas llen&aacute;ndose de heridas. Les cortaban los pies por los tobillos.</p>
<p>-La casa de Hansel y Gretel era protectora como las suyas.</p>
<p>-Dos ni&ntilde;os abandonados por sus padres, hoy pecado. En los cuentos sin suavizar aprendemos a tomar decisiones. Eres ni&ntilde;a, pero no eres tonta. Sabes que est&aacute;s leyendo en casa, sentada, con una manta, comiendo queso. Esa manera de aprender es crucial y yo me alegro de haberla vivido. Los cuentos terribles me enriquecieron, gracias a ellos dispongo de un imaginario fecundo. Es una l&aacute;stima que se pierda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social&rdquo;</strong></p>
<p>-El autor de <em>Psicoan&aacute;lisis de los cuentos de hadas</em> dec&iacute;a justamente que esas narraciones hablaban de la fortaleza asociada al esfuerzo y de la necesidad de salir adelante por medios propios.</p>
<p>-Claro, muchas veces tengo que pensar que nac&iacute; en 1971 y soy hija de mi tiempo. No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social. El realismo no es lo m&iacute;o. Me llevo la acci&oacute;n a mi territorio y soy el resultado de mi &eacute;poca.</p>
<p>-Que es el de su infancia y juventud.</p>
<p>-De mayores no aprendemos. Entonces llega el relativismo: &iquest;es mejor mi forma de pensar? Lo que valoro est&aacute; relacionado con mi &eacute;poca, no es m&aacute;s. Por eso -no tengo herramientas, no soy soci&oacute;loga ni sic&oacute;loga-, no me atrevo a echar por tierra las tendencias socioeducativas actuales, aunque no me gusten. Jam&aacute;s quise ser madre, pero tengo sobrinas y veo lo que hay.</p>
<p>-Mezcla de escepticismo con ideas s&oacute;lidas.</p>
<p>-A ver, en mi generaci&oacute;n, desde el momento en que ten&iacute;as conciencia, sab&iacute;as que cada miembro del hogar hac&iacute;a frente a unos deberes. La obligaci&oacute;n de los ni&ntilde;os era estudiar. Y el que no sacaba buenas notas no pod&iacute;a culpar al profesor. Yo me eduqu&eacute; en la perseverancia y en sacarme las casta&ntilde;as del fuego.</p>
<p>-En general, parece que no ha ido mal.</p>
<p>-Mi infancia fue m&aacute;s suave que las anteriores -remont&eacute;monos medio siglo, a los a&ntilde;os veinte, pero, en mi caso, el amor duro fue excesivo. De ni&ntilde;a, s&oacute;lo quer&iacute;a leer y estar con mi madre - sigo enmadrada a mis 53-. Y ninguna de esas cosas pegaba con mi realidad socioecon&oacute;mica. En mi familia no hab&iacute;a tradici&oacute;n literaria: mi madre ten&iacute;a libros, pero no hab&iacute;a nadie con h&aacute;bito lector; y, menos todav&iacute;a, escritores. Por el contrario, mi familia era muy sociable: en casa siempre hab&iacute;a gente&hellip; por eso me tira, yo creo, encerrar a mis personajes. El aislamiento es su forma de alcanzar la libertad.</p>
<p>-Las personas que leen necesitan estar solas.</p>
<p>-Especialmente. Y cuando me encerraba en mi habitaci&oacute;n, me iba debajo de la mesa.</p>
<p>-Recogimiento dentro del recogimiento.</p>
<p>-De tal modo, si entraban y no se fijaban, no me ve&iacute;an. La sociabilidad me imped&iacute;a leer, era feliz apart&aacute;ndola. Pero no s&oacute;lo me obligaban a relacionarme con otras ni&ntilde;as, tambi&eacute;n a no protestar si me ca&iacute;a&hellip; y yo no paraba de hacerlo. Siempre he sido muy miope y hasta que lo descubrieron -y tardaron por ausencia de precedentes en mi familia- todo el d&iacute;a estaba en el suelo. Si le ense&ntilde;ara las rodillas se sorprender&iacute;a, se me met&iacute;an piedrecitas. Todo esto para decir que el amor duro fue conmigo duro de verdad.</p>
<p>-No guarda rencor.</p>
<p>-Es la manera en que supieron educarme. Lo hicieron lo mejor que pudieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Se tiene la piel muy fina&rdquo;</strong></p>
<p>-Excesos al margen, cada cual parec&iacute;a saber gestionar su frustraci&oacute;n. Ahora en seguida se acude al psic&oacute;logo, que est&aacute; muy bien, pero hay gente con problemas de verdad.</p>
<p>-[r&iacute;e] Una sensaci&oacute;n nos invade a todos, da igual cu&aacute;ndo hayamos nacido: se tiene la piel muy fina. Mis padres son del 41. Su educaci&oacute;n fue radicalmente distinta. Mi padre, perdedor; mi madre, en el lado de los vencedores. Hubieron de arregl&aacute;rselas con problemas econ&oacute;micos, mentales y f&iacute;sicos&hellip; y eso tampoco es lo ideal.</p>
<p>-Una guerra es un contexto extremo.</p>
<p>-Por supuesto. Pero hablamos de supervivencia. Cada uno sale adelante como puede. De peque&ntilde;a me atormentaba c&oacute;mo sobrevivir&iacute;a sola en una isla desierta. &ldquo;Tengo un mont&oacute;n de limitaciones&rdquo;, me dec&iacute;a, &ldquo;empezando por la vista&rdquo;.</p>
<p>-En la actualidad se opera.</p>
<p>-Yo no he dado el paso porque me da miedo.</p>
<p>-&iquest;Es miedosa?</p>
<p>-Pues, aunque suene t&oacute;pico, me da miedo el miedo, &iexcl;otra limitaci&oacute;n! [r&iacute;e] Pero aun no teniendo buena vista y sin considerarme especialmente fuerte, siempre pens&eacute; que sobrevivir&iacute;a por mis medios. Que no depender&iacute;a de nada ni de nadie, una cosa de la que no se habla actualmente. Sabemos que hay un mont&oacute;n de recursos, se tienen hasta sin hacer falta. &iquest;Y si por un casual -crisis econ&oacute;mica, social, un cataclismo- esa red desaparece? Por eso me llevo a los personajes a territorios en los que est&aacute;n solos y sobreviven.</p>
<p>-En un cuento de <em>Las iras</em> una mujer se construye una casa.</p>
<p>-Vuelve lo biogr&aacute;fico. Yo siempre quise aprender a hacer una &iexcl;y mi padre no me ense&ntilde;aba! [r&iacute;e]. &Eacute;l era alba&ntilde;il y esos saberes -poner ladrillos, la construcci&oacute;n- se los transmit&iacute;a a mi hermano. A m&iacute; no me ense&ntilde;&oacute; a hacer cemento porque era chica. Y mi madre, por el otro lado, quer&iacute;a ense&ntilde;arme a coser, cosa que a m&iacute; no me interesaba. Yo buscaba aprender de mi padre: &iquest;qu&eacute; se puede comer?, &iquest;qu&eacute; se puede cultivar?, &iquest;en qu&eacute; momento?, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el refugio?, &iquest;c&oacute;mo hacer fuego?...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria&rdquo;</strong></p>
<p>-Hemos aludido a la casa, a la naturaleza y a la familia. Vamos con las hijas. Hay por doquier.</p>
<p>-Cuando me preguntan por qu&eacute; escribo sobre hermanas, la respuesta f&aacute;cil es &lsquo;porque no tengo&rsquo;. Puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria. Siguiendo el razonamiento, hablar de hijas quiz&aacute; sea porque no soy madre. Supongo que me sit&uacute;o en personajes en evoluci&oacute;n con una necesidad constante de cari&ntilde;o -un papel que asocio m&aacute;s a la hija que a la madre-. La madre aporta la protecci&oacute;n. Ojo, rechazo a la madre-hero&iacute;na, siempre dispuesta a inmolarse por la prole. &iexcl;Esos padres siempre presentes&hellip;! Pero s&iacute; hablo de seres que necesitan protecci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;Se puede ser madre y no ser castradora?</p>
<p>-Desde luego, los padres de ahora intentan no serlo bajo ning&uacute;n concepto, pero pueden acabar si&eacute;ndolo a fuerza de estar tan encima. Ellos quieren lo contrario: sobran parodias de c&oacute;mo nos vamos al otro extremo: a razonar hasta el absurdo. Al ni&ntilde;o que va con los dedos al enchufe, le explican qu&eacute; es la electricidad y c&oacute;mo circular&iacute;a por su cuerpo con resultado de muerte. Eso, en vez de decir &lsquo;ah&iacute; no se toca&rsquo;, asustarle y punto. Se nos est&aacute; yendo un poco de las manos.</p>
<p>-Y cuando vemos ni&ntilde;as salvajes, &iquest;guardan alguna relaci&oacute;n con Kaspar Hauser o con los ni&ntilde;os lobo?</p>
<p>-Realmente no, y eso que publicamos uno de los libros de T. C. Boyle, en Impedimenta: <em>El peque&ntilde;o salvaje</em>, que habla de los ni&ntilde;os ferales. Pero no es en lo que estoy pensando. Son ni&ntilde;os -ni&ntilde;as, en mi caso- que viven en sociedad y es precisamente la presi&oacute;n social la que les conduce a lo salvaje.</p>
<p>-La presi&oacute;n social que comentaba.</p>
<p>-S&iacute;. &ldquo;Sal, relaci&oacute;nate, j&uacute;ntate con otras ni&ntilde;as&rdquo; &iquest;Pero qu&eacute; necesidad ten&iacute;a yo de todo eso?</p>
<p>-En <em>De bestias y aves</em>, hay una chica tentada por deshacerse de unos retratos que pint&oacute;. Teme lo que representan. &iquest;Los personajes pueden no ser su espejo, sino despertar un reflejo en el que usted se reconozca?</p>
<p>-Ella tiene miedo de esos cuadros porque representan a su hermana muerta, ahogada. Teme verlos y que le recuerden lo que sucedi&oacute;. Iban las dos en un coche, tuvieron un accidente y cayeron a un canal. Carga con la culpa de la superviviente. S&iacute; que es cierto que es un caso conectado a un poema de <em>Da dolor</em> en el que muestro mi tendencia a hablar de seres inocentes que no tendr&iacute;an por qu&eacute; estar expuestos [el libro est&aacute; al lado, encuentra el poema y lee:]: &ldquo;Lector que asumes estos versos, / has de saber que su autora es una bestia innoble / que no puede callarse. Que escribe / sobre entra&ntilde;as y personas decentes, / y despierta cada d&iacute;a dentro de una cabeza / derramada en chirrido. / Que entrega / y delata a los que m&aacute;s quiere / sin borrar nada, / midiendo el valor de una vida / por los libros le&iacute;dos, / los libros escritos. / Su nula dignidad y su poca &eacute;tica&rdquo;. Coro pinta a su hermana ahogada, no puede evitar hacerlo. Guarda los cuadros en un maletero, ella misma no quiere verlos. Pero los ha pintado. Y ya que existen, por supuesto, alguien podr&iacute;a verlos. Yo voy m&aacute;s lejos: muestro a los dem&aacute;s todo.</p>
<p>[Hay que decir que en el poema &lsquo;Exposici&oacute;n temporal&rsquo;, de <em>Poems nipples</em>, a&ntilde;o 1998, ya hab&iacute;a prefigurado la escena: &ldquo;Y ma&ntilde;ana procura salvar del ahogo, / sin s&uacute;plicas, / a la ni&ntilde;a muerta que descansa en todos tus cuadros&rdquo;. Truculencias de terciopelo.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La ficci&oacute;n forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el <em>Quijote</em>&rdquo;</strong></p>
<p>En 2019, Pilar Ad&oacute;n compaginaba los poemas de <em>Da dolor</em> con la novela <em>De bestias y aves</em>, cuya escritura qued&oacute; frenada al fallecer su padre, en septiembre. Sinti&oacute; por primera vez que no pod&iacute;a escribir prosa: la naturaleza de la novela estaba fuertemente asociada a &eacute;l, y sin &eacute;l el libro carec&iacute;a de sentido. Ad&oacute;n -apelativo vinculado a su familia paterna, por cierto- sab&iacute;a que su padre no leer&iacute;a, en cualquier caso, el libro; su padre nunca ley&oacute; ninguno. Logr&oacute; salir de la par&aacute;lisis gracias a atreverse con un texto de menos de cien p&aacute;ginas: <em>Eterno amor</em> (2021). La sensaci&oacute;n que ella tuvo de exponer el fallecimiento de su padre, reflejada en el poema, es la misma de Coro ante los cuadros de la hermana. Y volvi&oacute; a <em>De bestias y aves</em>, cuya escritura se volvi&oacute; a solapar, en este caso, con la de <em>Las iras</em>. De ah&iacute; nace otro cord&oacute;n umbilical: el cuento &lsquo;Roca blanca, fondo azul&rsquo;, precedido de una cita de Simone Weil -&ldquo;La felicidad no est&aacute; ligada a la inocencia&rdquo;- autora que preceder&aacute; tambi&eacute;n sus poemas de 2024: &ldquo;La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma&rdquo;. El relato empieza: &ldquo;Lo primero que hace una mujer cuando llega una tierra que es suya pero no lo ha sido hasta entonces es medirla&rdquo;.</p>
<p>Pilar Ad&oacute;n es una cart&oacute;grafa dual. Para ella algo tan limpio como una melod&iacute;a puede estar hecho de barro y nieve, y la pureza surgir de la impureza. Llama &ldquo;demonio m&iacute;o&rdquo; a una &ldquo;criatura angelical&rdquo; y qu&eacute; decir del cobijo ambivalente de los bosques. &ldquo;Claro que me interesa la dualidad, en <em>De bestias y aves</em> hay todo el tiempo juegos de ese tipo, empezando por lo que hay fuera de Betania y lo que hay dentro, algo que tiene que ver con los cuentos de hadas: la idea de frontera&rdquo;. Coro tiene una vida <em>real</em> anclada a su trabajo, a su vida social, a su personalidad controladora y de repente se interna en el reino de Betania. Llega a una casa y, de primeras, le ofrecen una bebida caliente que ingiere quem&aacute;ndose, y que es como la antigua p&oacute;cima de los cuentos. La dualidad se establece a partir de ese elemento cl&aacute;sico. &ldquo;&iquest;Hasta qu&eacute; punto la ficci&oacute;n no es real? Para nosotros forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el <em>Quijote</em>. Algo con lo que nacemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector&rdquo;</strong></p>
<p>-Antes ha hablado de religi&oacute;n. Hay culpa.</p>
<p>-S&iacute;, la culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector. Que se las arregle. Pero ya no es pedir perd&oacute;n ni esperarlo de los dem&aacute;s, sino perdonarse a uno mismo. Est&aacute; presente en lo que hago, s&iacute;.</p>
<p>En su obra hay muerte. Cazadores abundan. Desde en los t&iacute;tulos -<em>La hija del cazador</em>, &lsquo;El cazador&rsquo;- hasta en el interior de los libros: infatigables y nocturnos -<em>De la mano iremos al bosque</em> (2010)-; salvadores -<em>Las ef&iacute;meras</em>-; y hay &lsquo;caza beat&iacute;fica de la brutalidad&rsquo; -<em>Poems nipples</em>-. Por supuesto, se mata para comer -<em>De bestias y aves</em>-. La escritura de Pilar Ad&oacute;n gira en torno a resortes que propician mareos gustosos en el lector. Y en ocasiones afloran los deseos m&aacute;s ocultos: as&iacute;, en <em>Las iras</em>: &ldquo;Lo estudia. Anticipando quiz&aacute; la humedad y el aspecto de la superficie negra sobre la que flotan decenas de espesos ramilletes de insectos muertos. Quiz&aacute; pregunt&aacute;ndose si podr&iacute;a sumergir un cuerpo adulto en ese pozo. El cuerpo de una cuidadora imperturbable (&hellip;)&rdquo;.</p>
<p>-&ldquo;A veces la imagino golpe&aacute;ndola hasta matarla&rdquo;, esa frase, al t&eacute;rmino de <em>Las &oacute;rdenes</em> (2018) me recuerda otra de Bergman: &ldquo;A veces tengo fantas&iacute;as, me imagino matando a alguien&rdquo;. &iquest;Le ten&iacute;a presente?</p>
<p>-No, no [extra&ntilde;ada], pero el universo es el mismo. &iexcl;Otro que me ha influido sin saberlo! [estalla en risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver&rdquo;</strong></p>
<p>-Los deseos de matar est&aacute;n por todas partes. Los ejemplos de violencia natural son innumerables.</p>
<p>-Es curioso, f&iacute;jese: antes le dec&iacute;a que era un coraz&oacute;n tendido al sol, me vino la imagen de la canci&oacute;n de V&iacute;ctor Manuel. Te vas dando una vaselina que te cubra. No s&eacute; si soy PAS -persona altamente sensible, ahora hay etiquetas para todo-. S&eacute; que he aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver. Mi sentido de la justicia muy bestia, utilizo ese adjetivo. Y se filtra en mis historias.</p>
<p>-&iquest;Sacan algo de usted que no le gusta?</p>
<p>-No, mi reacci&oacute;n no me asusta, pero asumo que tiene que ver con la ira. Los hechos son lo que no soporto. Mi impulso es ir a solucionar lo que me desagrada, el famoso desfacer entuertos. Ir a ayudar, a calmar. Me nacen ganas de extender las alas e intentar proteger a todo el mundo. Usted antes hablaba de la madre castradora, yo creo que lo habr&iacute;a sido. Habr&iacute;a sido mala madre, demasiado protectora, actitud que me repele. No actuar&iacute;a como hicieron conmigo. Llevar&iacute;a a los hijos en volandas para que no se cayeran. Se me hace dif&iacute;cil asumir que escribo tanto de violencia, me considero absolutamente pacifista.</p>
<p>-O sea, ha reflexionado sobre ello.</p>
<p>-Sobre todo, durante <em>Las iras</em>. Me dije: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; haces escribiendo esto?</p>
<p>-Igual por aquello de afrontar lo que le desagrada.</p>
<p>-Pues igual s&iacute;, para situarme ante el espejo de lo que no soporto.</p>
<p>-El &uacute;ltimo cuento es fuerte desde el t&iacute;tulo, que admite ser le&iacute;do con una sonrisa: &lsquo;Elle est belle, le monstre&rsquo;.</p>
<p>-Recuerdo estarlo escribiendo y sentir dolor.</p>
<p>-&iquest;Es de quienes sufre escribiendo?</p>
<p>-En absoluto, yo me divierto mucho. Pero en ese cuento, pensaba: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s entrando aqu&iacute;?&rdquo;. Era como cuando ten&iacute;as una costra y empezabas rascarla hasta que te la quitabas y sal&iacute;a la sangre. A m&iacute; la sangre no me marea, pero me afecta&hellip; y segu&iacute;a y segu&iacute;a rascando.</p>
<p>-Esa necesidad de rascar la costra servir&iacute;a para definir la literatura, es pl&aacute;stica, kafkiana. Usted antes rech</p>
<p>azaba la idea de la herida, pero hemos llegado a ella.</p>
<p>-Algunas conversaciones son como una gruta por la que avanzas a tientas. Antes hubo un momento en que, mientras yo hablaba, le vi la cara y pens&eacute;: &ldquo;Ver&aacute;s c&oacute;mo me saca un ejemplo en el que digo lo contrario&rdquo; [r&iacute;e, y en esa desdramatizaci&oacute;n hay una inteligencia que celebra el pensamiento]. Pues s&iacute;, escribiendo <em>Las iras</em> me hice sangre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;La curiosidad alguna vez no es malsana?</p>
<p>-[vuelve a re&iacute;r] Si es grande, yo dir&iacute;a en este momento que no. La necesidad de explorar va m&aacute;s all&aacute; de cualquier temor o dolor puntual&hellip;</p>
<p>-Es su deber.</p>
<p>-Claro, ir m&aacute;s all&aacute;. Y, aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto. &iquest;Deseos de matar? &iquest;Yo? Nunca.</p>
<p>-Ah&iacute; cabe la apelaci&oacute;n al fingidor. Usted se viste de exploradora al escribir.</p>
<p>-Y me interno en la selva cuando no soy capaz de matar ni a una hormiga. Cuando alguien dice: &ldquo;Mira, una ara&ntilde;a&rdquo;, y la mata, yo digo: &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; te ha hecho?&rdquo;. Es que ni carne como. Soy vegetariana.</p>
<p>-&iquest;En ese posicionamiento hay alguna relaci&oacute;n con el padre?</p>
<p>-Claro, &eacute;l era cazador. Pero cazador por necesidad: como le dije, naci&oacute; en el lado de los perdedores y se tuvo que buscar la vida. Mi padre me cont&oacute; &ndash;era una persona muy callada- que hab&iacute;a comido de todo. Y de todo era de todo. Porque mi padre pas&oacute; hambre. Entonces, cuando ven&iacute;a con las piezas y desollaba los conejos, y los troceaba delante de m&iacute;, y salpicaba de sangre los azulejos, despertaba un rechazo frontal en mi interior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na&rdquo;</strong></p>
<p>-En alg&uacute;n poema est&aacute;.</p>
<p>-Y en alg&uacute;n texto narrativo. La adolescencia y la lucha contra la figura paterna. Pero lleg&oacute; la comprensi&oacute;n afortunadamente a tiempo, antes de que se me fuera. Supe ver por qu&eacute;, c&oacute;mo y en qu&eacute; situaci&oacute;n hab&iacute;a estado. Esa relaci&oacute;n con los animales -alimentarlos para matarlos y, por &uacute;ltimo, comerlos- a m&iacute; siempre me ha producido una lucha interna. No soporto que le hagan da&ntilde;o a los dem&aacute;s -y ah&iacute; meto a los animales-. Que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na [r&iacute;e]. Entonces, bueno, esos casos que usted cita tienen que ver con la exploraci&oacute;n de lo que no soporto.</p>
<p>-Me ha hecho recordar un viaje a las hoces del Ebro, al norte de Burgos. En la barra de un bar estaban hablando de que, hasta una &eacute;poca casi contempor&aacute;nea, hasta hace nada, hab&iacute;a gente que cambiaba tarros de miel por ratas grandes muertas. Y un se&ntilde;or, tomando un vino, era de los que las cazaba. Se las dejaba a otro en un tablero clavadas por la cola con una chincheta.</p>
<p>-&iquest;Para com&eacute;rsela?</p>
<p>-Pues hombre&hellip;</p>
<p>-Y era una rata, no era un conejo.</p>
<p>-Era una rata. Estaban al lado y me met&iacute; en la conversaci&oacute;n: &ldquo;&iquest;Pero esto es verdad?&rdquo;, y terci&oacute; el camarero: &ldquo;As&iacute; ha sido siempre&rdquo;.</p>
<p>-No sab&iacute;a que pudiera estar la gente en esa situaci&oacute;n, pero me consta -y esto lo digo con 53 a&ntilde;os, pero durante mucho tiempo no quise o&iacute;r hablar del tema- que mi padre se vio en esas circunstancias. Mi madre s&iacute; disfrut&oacute; de una educaci&oacute;n formal, y tend&iacute; m&aacute;s a su forma de ver la vida.</p>
<p>-&ldquo;A mi padre, &eacute;l sabe por qu&eacute;&rdquo;, reza la dedicatoria de <em>De bestias y aves</em>.</p>
<p>-Rechazaba el fr&iacute;o, el hambre, la escasez&hellip; hasta que me di cuenta de que el cincuenta por ciento de mi sangre y de mi experiencia vital estaban absolutamente vinculadas a ese hombre. Y ese hombre hab&iacute;a hecho lo imposible por que yo estudiara ingl&eacute;s desde peque&ntilde;a, por que tuviera gafas, con lo caras que eran, y libros. Y me llev&oacute; a un buen colegio. Tambi&eacute;n de ah&iacute; quiz&aacute; me sale el relativismo, que entiendo como contemplar muchos lados, no uno s&oacute;lo.</p>
<p>Hace unos d&iacute;as, una persona resumi&oacute; delante de ella unos cuentos suyos y pens&oacute; &lsquo;qu&eacute; barbaridad&rsquo;. &ldquo;Los temas contados de manera fr&iacute;a, sin la envoltura literaria, son dur&iacute;simos. Me dio miedo pensar que yo hubiera escrito esas cosas. Pero es como el que tiene v&eacute;rtigo y se sube a lo alto de un acantilado&rdquo;.</p>
<p>-Respecto del dolor, que sali&oacute; antes, sostiene Gamoneda que puede producir placer dentro de la poes&iacute;a, ya que hablamos de belleza.</p>
<p>-&iquest;Usted conoce un poema de &eacute;l titulado &lsquo;Malos recuerdos&rsquo;?</p>
<p>-&iquest;En qu&eacute; libro est&aacute;?</p>
<p>-<em>Blues castellano</em>. Habla de c&oacute;mo unos amigos y &eacute;l, de peque&ntilde;os, cog&iacute;an a una perrilla y la ataban&hellip; l&eacute;alo. A ver, no s&eacute; lo que hay de autobiogr&aacute;fico.</p>
<p>-Tendr&aacute; que ver con la misi&oacute;n de atender la verdad.</p>
<p>-Cuenta adem&aacute;s que se qued&oacute; con el papel de fumar que una madre le mandaba a un soldado. Es un poema breve y monstruoso. Sobre todo, lo de la perrilla en el s&oacute;tano y c&oacute;mo, a pesar de todo, el animal segu&iacute;a a todos lados a los muchachos [el poema termina: &ldquo;Mi verg&uuml;enza es tan grande como mi cuerpo&rdquo;].</p>
<p>-Hay muchos perros en lo que usted escribe.</p>
<p>-Como elemento absoluto de fidelidad.</p>
<p>-Como contrapunto simb&oacute;lico, a veces.</p>
<p>-Totalmente. El perro a veces est&aacute; en el sitio que las personas desatienden. En <em>Las iras</em> las ni&ntilde;as se sienten traicionadas, no abrigadas, por quien tiene que quererlas -es el tema del que estamos hablando todo el rato- y los perros representan justo lo contrario. Y eso que dice Gamoneda es verdad: no puedes concebir la literatura como <em>el</em> <em>tema</em>. Lo que da belleza -e inter&eacute;s- es la forma. En ella, y no en otra parte, est&aacute;n la voz y el mundo del autor.</p>
<p>La forma elegante de Pilar Ad&oacute;n llega donde no alcanzan los hechos. &ldquo;Este peculiar estado de inquietud. / Mi manera de avivar la zozobra, / empe&ntilde;ada en seguir viviendo as&iacute;&rdquo;, <em>Atractivo carnal</em>. Asombrada. As&iacute; vive. Como escribe.</p>
<p class="LO-normal"><strong><br /></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:41:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alma-y-tristeza-el-enigma-de-antonio-machado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/ANTONIO_MACHADO_4.jpeg" alt="" /></p>
<p>Las fotograf&iacute;as y los dem&aacute;s testimonios hacen ver a un hombret&oacute;n grande y pesado, con anchas caderas, que seguramente se balanceaba al andar. Luego est&aacute;n la ceniza sobre las solapas, el cuello sucio de la camisa, los lamparones. Un d&iacute;a o&iacute; a Rafael Alberti contar (como si fuera suya) la an&eacute;cdota del huevo frito seco, pegado a un butac&oacute;n en una de las casas alquiladas por los Machado en Chamber&iacute;, que hab&iacute;a contado Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Alfredo Marquer&iacute;e, un antiguo cr&iacute;tico teatral, de joven lo trat&oacute; en Segovia; los chavales paseaban con &eacute;l hasta el r&iacute;o, el Eresma; de vuelta, hac&iacute;an escalas en las tabernas que encontraban por el camino. A Machado le gustaba el vino, a veces no manten&iacute;a del todo la vertical y llegaba algo aturdido a la pensi&oacute;n de la calle de los Desamparados. A pesar de las transformaciones, quien haya visitado esa casa habr&aacute; podido percibir un desamparo muy evocador del poeta: la habitaci&oacute;n fr&iacute;a, orientada al norte, que deb&iacute;a de tener atestada de papeles y libros en completo desorden; la cocina, oscura, l&uacute;gubre; los techos bajos, la humedad...</p>
<p>Quienes hemos sentido durante toda la vida la &iacute;ntima compa&ntilde;&iacute;a de Antonio Machado tenemos otra experiencia en com&uacute;n: la de haber arrostrado el denuesto que lo califica de poeta anticuado. Anticuado en el peor sentido: mohoso, rancio, viejo, como reflejan aquellas descripciones. Todo lo contrario que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez; el propio Juan Ram&oacute;n se situ&oacute; frente a &eacute;l como ep&iacute;tome del artista moderno, de aspecto pulido. Y luego los famosos poetas del 27, quiz&aacute; con la excepci&oacute;n de Bergam&iacute;n y a ratos de Cernuda, siguieron aprovechando las diferencias entre los dos.</p>
<p>En realidad, no se trataba &mdash;y no se trata ahora&mdash; de ninguna cuesti&oacute;n higi&eacute;nica o indumentaria, no principalmente. Machado deploraba todo lo mec&aacute;nico, y la sociedad y el lenguaje modernos, convertidos en mecanismos de pulcras apariencias, fueron sus permanentes caballos de batalla. Todo eso pertenec&iacute;a al &laquo;reino de las sombras&raquo;, como llam&oacute; en una frase de <em>Los complementarios</em> a la pol&iacute;tica nacional, en la que iban envueltos el &laquo;pensamiento-&oacute;mnibus&raquo;, que dec&iacute;a Mairena, y todos los esl&oacute;ganes que rodaban por los peri&oacute;dicos. En definitiva, lo social, a lo que &eacute;l respond&iacute;a con su flagrante desali&ntilde;o.</p>
<p>Claro que su fama tambi&eacute;n pas&oacute; por tiempos de enaltecimiento tan oficial que daba apuro declararse machadiano. Hubo un Machado para falangistas, un Machado para comunistas y siempre hay otro a mano para quienes consideran el m&aacute;s grande de los elogios el de poeta civil, que seg&uacute;n se entienda viene a ser su perfecto contrario. En gran medida, todos son cosa del pasado. Hoy su nombre est&aacute; institucionalizado a un nivel, digamos, tur&iacute;stico, pero al mismo tiempo los significados de su obra quiz&aacute; sean ya incomprensibles para la mayor&iacute;a. El mayor delito en nuestro socializado y mecanizado mundo cultural &mdash;el de lesa actualidad&mdash; se mantiene sobre &eacute;l. Y se mantendr&aacute; siempre, porque AM no fue actual ni en su tiempo, salvados los episodios juveniles. <em>Su </em>tiempo no era <em>el</em> Tiempo, m&eacute;dula y clave de su pensamiento y su poes&iacute;a. Y este nada ten&iacute;a que ver con la grosera modalidad del tiempo &uacute;nicamente vigente hoy, en la que, resumiendo, el antes es entendido como obsolescencia y el ahora como innovaci&oacute;n (o, como dice la superstici&oacute;n continuamente invocada por los pol&iacute;ticos: &laquo;retroceder o avanzar&raquo;). El propio poeta estableci&oacute; su distancia con este tiempo instituido en el famoso &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;: &laquo;Pero &iquest;tu hora es la m&iacute;a? / &iquest;Tu tiempo, reloj, el m&iacute;o?&raquo;.</p>
<p>Sobre el reproche de la decrepitud externa de Antonio Machado sobrevuelan otros, por ejemplo y al nivel m&aacute;s superficial, los estil&iacute;sticos: su apego a la m&uacute;sica decimon&oacute;nica, a la cuerda sentimental, al subjetivismo rom&aacute;ntico, sus paisajes a la manera de Aureliano de Beruete, etc. Pero m&aacute;s arriba, por encima de todo eso, unas alas negras planean sobre las cuestiones verdaderamente decisivas, que no tienen ya que ver con la est&eacute;tica, personal o literaria, sino con la imaginaci&oacute;n. Con los aspectos constitutivos de su imaginaci&oacute;n, tal como cristalizan en su poes&iacute;a y su pensamiento y los convierten en profundamente inactuales. La imaginaci&oacute;n de Antonio Machado estaba habitada por el alma, la muerte y la resurrecci&oacute;n, y los tres objetos o figuras (por decirlo as&iacute;) desprenden hoy las turbias emanaciones de una sesi&oacute;n de ocultismo o de encuentros con ectoplasmas. Son repudiados por el <em>zeitgeist</em>. Las tres figuras, sin embargo, hablan de la unidad de todas las cosas, de su vislumbre fugaz, de su anhelo y del dolor por su p&eacute;rdida. Una unidad abandonada, y en realidad proscrita, hace mucho tiempo.</p>
<p>Tras la derogaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica, las preocupaciones modernas acerca del alma, tipo De la Mettrie y dem&aacute;s ilustrados, consistieron en buscarle un asiento fisiol&oacute;gico, por sutil que este fuera. La realidad s&oacute;lo ten&iacute;a ya una verdad material, <em>res extensa</em>. La primitiva psicolog&iacute;a del siglo XIX quiso encontrar el alma en el cerebro. Proliferaron las ciencias de lo mental, como se llamaban entonces. En un intento de rescatar su antiguo prestigio, un poeta contempor&aacute;neo nuestro como Gabriel Ferrater se refiri&oacute; al alma diciendo: &laquo;Lo que los iletrados llaman psicolog&iacute;a&raquo;. Pero se trataba de los letrados, precisamente. Kant mismo, a quien Machado consideraba fundador del nuevo pensamiento, fue considerado un psic&oacute;logo. Y tambi&eacute;n Hegel entend&iacute;a el alma como objeto de la nueva ciencia psicol&oacute;gica (o parapsicol&oacute;gica, quiz&aacute;). Hoy, la palabra &laquo;alma&raquo; despide ese tufo a espiritismo. Pues bien, el tablado m&aacute;s caracter&iacute;stico del primer Antonio Machado, el de <em>Soledades</em>, es inseparable de aquella imaginer&iacute;a: los &laquo;mirtos talares&raquo;, la &laquo;veste blanca y pura&raquo;, las &laquo;t&uacute;nicas que pasan&hellip;&raquo;. Es conocido su aprecio &mdash;como el de Rub&eacute;n, Unamuno, Juan Ram&oacute;n o Villaespesa&hellip;&mdash; por Edgar Allan Poe; para todos ellos Poe era la fuente manantial de la poes&iacute;a moderna y de la suya propia. El aldabonazo sobrecogedor en &laquo;<em>The Raven</em>&raquo; fue remedado por Machado en varias ocasiones, y un poema de <em>Soledades</em>, luego descartado, llevaba justamente ese t&iacute;tulo, &laquo;<em>Nevermore</em>&raquo;.</p>
<p>La muerte. Como se sabe, Antonio Machado hab&iacute;a nacido en una familia en la que confluyeron dos ramas muy distintas. Por un lado, estaba el reguero que representaba el abuelo darwinista, progresista y krausista Antonio Machado N&uacute;&ntilde;ez, rector de la universidad sevillana y sost&eacute;n de la familia mientras vivi&oacute;. Por el otro, le llegaba el hilo de la tradici&oacute;n popular, el encantamiento an&oacute;nimo, el misterio <em>oriental</em> de una sabidur&iacute;a no escrita. Su abuela, Cipriana &Aacute;lvarez Dur&aacute;n (sobrina de Agust&iacute;n Dur&aacute;n, el recopilador del <em>Romancero General</em>) fue un archivo andante de coplas y cuentos antiguos. Siguiendo ese hilo, el padre, Antonio Machado &Aacute;lvarez, entreg&oacute; su vida al estudio y la difusi&oacute;n del <em>folk-lore</em>, y para eso se traslad&oacute; con su familia a Madrid. Pero era un iluso; no hizo carrera acad&eacute;mica, daba clases por las que no le pagaban. Cuando muri&oacute;, tres a&ntilde;os antes que el abuelo, Antonio Machado ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os y la penuria ambulante que vivi&oacute; la familia tras esas muertes lo marc&oacute; para siempre. Todo lo que ocurr&iacute;a en el tiempo era, pues, irreversible. Todo estaba condenado a la desaparici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a sido de aquel otro <em>Tiempo </em>en el que los individuos viv&iacute;an con la promesa de derrotar a la muerte y los pueblos en la espera compartida de esa victoria?</p>
<p>Mucho despu&eacute;s, en una coplilla de las &laquo;Canciones a Guiomar&raquo;, acu&ntilde;&oacute; uno de sus <em>dicta </em>m&aacute;s c&eacute;lebres: &laquo;Se canta lo que se pierde&raquo;. Sin embargo, Machado no se refer&iacute;a simplemente a lo que va quedando atr&aacute;s al paso de los d&iacute;as, en la cuneta del tiempo cronol&oacute;gico. La &laquo;p&eacute;rdida&raquo; de Machado tiene poco que ver con la <em>st&eacute;resis</em> de la que habla Arist&oacute;teles en la <em>F&iacute;sica</em>, en la <em>Metaf&iacute;sica</em> y en el tratado <em>Acerca del alma</em> (aunque con significados distintos). Cuando el Fil&oacute;sofo estudia la mec&aacute;nica del movimiento &mdash;que es la del tiempo sucesivo, el &laquo;tiempo vac&iacute;o&raquo; del &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;&mdash; observa que en todo cambio natural hay algo que subsiste y algo que, en efecto, se pierde en el paso del antes al despu&eacute;s. Pero la congoja por lo perdido no obedec&iacute;a para Machado a ninguna l&oacute;gica parecida; la &laquo;vieja angustia&raquo; le era conocida desde mucho antes, desde ni&ntilde;o: &laquo;&mdash;S&iacute;, yo era un ni&ntilde;o, y t&uacute;, mi compa&ntilde;era&raquo;, dice (<em>Soledades, galer&iacute;as y otros poemas</em>, LXXVII). Esa angustia parec&iacute;a haber nacido al mismo tiempo que su conciencia despertaba al mundo, como una hermana gemela, dejando atr&aacute;s, en un para&iacute;so olvidado, en un antes-del-tiempo, todo lo feliz, lo m&aacute;s sagrado: la unidad de &laquo;la vida buena&raquo;, anterior a las particiones y contradicciones del pensamiento.</p>
<p>Sin embargo, como el intelectual que era, Antonio Machado no pod&iacute;a pensar aquella zozobra sino figur&aacute;ndose un antagonismo entre lo que permanece y lo que pasa, lo negativo y lo afirmativo: la raz&oacute;n y su sombra. En su &laquo;guerra de las entra&ntilde;as&raquo; (&laquo;Proverbios y cantares&raquo;, XIII) las certezas racionales batallaban con la esperanza que contra toda evidencia &mdash;<em>in spe contra spem</em>&mdash; alumbra en el coraz&oacute;n. Principalmente, la del resurgimiento de todo. Sus versos invocaron frecuentemente su fraternidad con la primavera. En ella la resurrecci&oacute;n abandonaba el mundo de las ideas y alcanzaba la realidad de las cosas. En <em>Espa&ntilde;oles de tres mundos</em> Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez (quiz&aacute; con una media sonrisa) llam&oacute; a Machado &laquo;due&ntilde;o del secreto de la resurrecci&oacute;n&raquo;; pero de ese sue&ntilde;o hoy no queda &mdash;social, institucional, culturalmente&mdash; sino el vestigio arqueol&oacute;gico de una creencia archivada.</p>
<p>Seg&uacute;n la circunstancia, el esquema de opuestos tom&oacute; otros nombres: el subjetivismo de su primera poes&iacute;a frente al realismo de <em>Campos de Castilla</em>; su indecisa afiliaci&oacute;n entre cl&aacute;sicos o rom&aacute;nticos; su propio autorretrato, dubitativo entre el &laquo;guitarrista lun&aacute;tico, poeta&raquo; y el caviloso &laquo;aficionado&raquo; a la filosof&iacute;a que le dijo ser a Federico de On&iacute;s... Envolvi&eacute;ndolos a todos estaba el sue&ntilde;o de la unidad perdida, aunque permanentemente intuida y anhelada por los poetas y los fil&oacute;sofos anticuados. (As&iacute; que no es de extra&ntilde;ar el desd&eacute;n de Ortega por el Machado fil&oacute;sofo y sus elucubraciones rom&aacute;nticas y sentimentales &mdash;lo que sin duda eran&mdash;; por el contrario, la moderna y mundana prosa de Ortega lleva, para entendernos, un clavel en la solapa).</p>
<p>Hubiera sido raro que en casa de los Machado no flotaran citas, frases, ecos de aquella dial&eacute;ctica de los opuestos, heredada sin duda de la filosof&iacute;a alemana que, m&aacute;s o menos degradada, hab&iacute;a entrado por la puerta del brazo del krausismo. En el pr&oacute;logo a una oscura <em>Historia sobre la evoluci&oacute;n del sentido de los colores</em> que encontr&eacute; por casualidad, obra de un profesor de Breslau, el folclorista Antonio Machado &Aacute;lvarez distingu&iacute;a en 1884 entre la explicaci&oacute;n intelectual de los sentimientos y la comprensi&oacute;n <em>natural</em> que s&oacute;lo &laquo;el ni&ntilde;o y el salvaje&raquo;, dec&iacute;a, pueden tener de las sensaciones. As&iacute; que tambi&eacute;n Machado padre persegu&iacute;a una armon&iacute;a de la ciencia y el romanticismo. Casi exacto contempor&aacute;neo de Hegel, Karl Christian Friedrich Krause (divulgado en Espa&ntilde;a por el soriano Juli&aacute;n Sanz del R&iacute;o, a quien Machado elogi&oacute;) recibi&oacute; las lecciones de Schelling y de Fichte en Jena, y fue una especie de campe&oacute;n del <em>armonismo</em>. En fin, todos buscaban el modo de coser el desgarro que Kant hab&iacute;a producido entre la subjetividad de nuestras sensaciones y la objetividad del mundo. El propio <em>sistema </em>de Hegel (traducido, por cierto, aunque del franc&eacute;s, por los Giner, Hermenegildo y Francisco) significa un duelo por la unidad perdida y un esfuerzo por recobrarla de otra manera. El Kant del &laquo;volat&iacute;n inmortal&raquo; hab&iacute;a hecho nacer a un nuevo individuo independiente y libre frente a las convicciones o usos arrastrados por la tradici&oacute;n; al menos en la mitad de sus entra&ntilde;as Antonio Machado era ese individuo. En la otra mitad, su propia autoconsciencia advert&iacute;a dial&eacute;cticamente de lo negativo que esa misma libertad comportaba: su ganancia significaba la p&eacute;rdida, a manos de los nuevos intelectos especializados, de la dimensi&oacute;n pre reflexiva que se encarnaba en la sabidur&iacute;a popular; la de la gracia de la poes&iacute;a a manos del lenguaje silog&iacute;stico; la de la comuni&oacute;n de los corazones a manos de la aritm&eacute;tica social.</p>
<p>No obstante, la restituci&oacute;n o resurrecci&oacute;n de la unidad perdida &mdash;pensemos con Machado&mdash; no se producir&aacute; como regreso a ning&uacute;n pasado. Cualquier idea de restauraci&oacute;n es un fraude. El hondo y conmovedor &mdash;aunque abstracto&mdash; poeta de <em>Soledades</em> hab&iacute;a identificado el alma con el desv&aacute;n de los trastos: &laquo;&iexcl;Cosas de ayer que sois el alma&hellip;!&raquo; (<em>Soledades</em>, LXI). Y esa alma se parec&iacute;a mucho al &laquo;alma bella&raquo; de los rom&aacute;nticos, retra&iacute;da y est&eacute;ril, cuya pasividad puso en evidencia Goethe en sus <em>Confesiones..</em>. Machado achac&oacute; siempre al polvoriento laberinto de sus galer&iacute;as la culpa de no haber vivido la juventud que le hubiera correspondido; all&iacute; s&oacute;lo hab&iacute;a fantasmas, &laquo;despojos del recuerdo, / la carga bruta que el recuerdo lleva&raquo;, como dice en otro poema crucial. M&aacute;s tarde, para el poeta de <em>Campos de Castilla</em> el alma hab&iacute;a cambiado de emplazamiento: ya no duerme en ning&uacute;n ayer, ahora habr&aacute; de ser un trabajo de futuro, una <em>obra</em>, en definitiva, construida a la luz del d&iacute;a con &laquo;labores y esperanzas&raquo;, como dir&aacute; en el poema a Giner.</p>
<p>En cuanto al pueblo&hellip; La ciudadan&iacute;a de la democracia, compuesta de meros individuos agregados, tiene en el pueblo su contraparte. En el art&iacute;culo &laquo;Sobre una l&iacute;rica comunista que pudiera venir de Rusia&raquo;, Machado habl&oacute; de la &laquo;m&oacute;nada fraterna&raquo; para referirse a la comuni&oacute;n de los pr&oacute;jimos. <em>Rusia</em> era entonces un talism&aacute;n, rodeado, adem&aacute;s, por un halo m&iacute;stico. Al escribir sobre la idea de <em>Pueblo</em> en la obra de Gorki, un poeta coet&aacute;neo de Machado, Alexander Blok, mantuvo frente a Lunacharsky y los socialdem&oacute;cratas que Gorki no estaba guiado por ninguna idea pol&iacute;tica de la &laquo;inteligencia contempor&aacute;nea&raquo;, sino por el &laquo;Dios vivo&raquo;. Gorki no hablaba, pues, desde una &laquo;sociedad cultural&raquo;, ni desde ninguna otra en la que un individuo fuera considerado, dec&iacute;a Blok, el &laquo;elemento constitutivo de un conjunto&raquo;. Como el propio Antonio Machado y como Juan de Mairena, el poeta ruso pens&oacute; que al pueblo y a la <em>Intelligentsia</em> los separaba un abismo: a este lado, las construcciones abstractas; all&aacute;, en la otra orilla, las canciones antiguas, las epopeyas cantadas por quienes no saben leer y la media sonrisa burlona de los campesinos que guardan su secreto.</p>
<p>Cuando yo era ni&ntilde;o, los versos de Machado pertenec&iacute;an en Soria a los h&aacute;bitos del lenguaje com&uacute;n, con el mismo arraigo inconsciente de una costumbre heredada en familia. Circulaban sin que nadie reparase en que se trataba con ellos de una construcci&oacute;n est&eacute;tica, un artificio, una invenci&oacute;n. Los ritmos de vida consustanciales a los poemas eran tomados por datos de la realidad. La tierra misma &mdash;el r&iacute;o, las sierras&hellip;&mdash; parec&iacute;a haber tomado en ellos su imagen exacta por irradiaci&oacute;n natural. Soria era <em>as&iacute;</em>. El propio Machado dijo sentirse m&aacute;s inclinado a la naturaleza que al arte, pero esto s&oacute;lo en parte es verdad, en la parte de un cierto sentido filos&oacute;fico que le era familiar. Machado era alguien completamente urbano que gustaba de pasear por las afueras por escapar un rato del contacto con los hombres, pero ah&iacute; acaba todo (ah&iacute; y en el gusto institucionista por las excursiones a la sierra). En realidad, todo era invenci&oacute;n para &eacute;l, y todo lo que amaba, la naturaleza, el pueblo, su Dios mismo &mdash;&laquo;el Dios que se lleva y <em>que se hace</em>&raquo;, como dice en el elogio a Azor&iacute;n&mdash; hab&iacute;a de pasar por un trabajo de la conciencia para recobrar su verdad. Deb&iacute;a ser <em>hecho</em>. El Dios de su famosa saeta no pod&iacute;a ser ya el de &laquo;la fe de mis mayores&raquo;, ese Cristo sanguinoliento sacrificado por la tiran&iacute;a de Jehov&aacute;. El suyo era &laquo;el que anduvo en el mar&raquo;, un Jes&uacute;s del amor, &uacute;nicamente accesible, como el de Hegel, tras un Viernes Santo especulativo, es decir, filos&oacute;fico. Una creaci&oacute;n. Y el paisaje, lo mismo; contra la candidez de mi peque&ntilde;a ciudad infantil, ning&uacute;n paisaje de Machado est&aacute; <em>ah&iacute;</em>, en la realidad, en la naturaleza. Ninguno <em>existe</em>.</p>
<p>De hecho, tanto la idea de <em>Dios </em>como la de <em>Naturaleza</em> hab&iacute;an sido para la incansable filosof&iacute;a idealista puertos de llegada tras un trabajoso proceso reflexivo. Creaciones. Al empirismo material, orgullo de la primera modernidad, sigui&oacute; una reacci&oacute;n espiritualista y casi m&iacute;stica &mdash;la de Schelling, por ejemplo&mdash; en busca de un nuevo absoluto conciliador en el que la unidad quedara recompuesta. Como se&ntilde;al&oacute; Terry Pinkard, el gran bi&oacute;grafo de Hegel, as&iacute; fue como junto al aspecto puramente biol&oacute;gico de la naturaleza, fue reconocido otro aspecto en alguna medida auto sensible a su propia actividad, capaz, por tanto, de interioridad y sentimiento.</p>
<p>Capaz, por ejemplo, de tristeza. Entre los versos que me han acompa&ntilde;ado siempre hay uno para m&iacute; especialmente enigm&aacute;tico. Ha sido el est&iacute;mulo principal de estas notas. En el romance &laquo;La tierra de Alvargonz&aacute;lez&raquo;, en <em>Campos de Castilla</em>, las tierras de Soria son tristes y pobres. Pero esa tristeza no es naturalista o realista, ni una mera transferencia del interior del poeta. Los versos dicen: &laquo;Tan tristes que tienen alma&raquo;. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Es el alma una especie de colmo de la tristeza? (Unamuno lo saca a colaci&oacute;n en <em>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida</em>, un poco como quien ha le&iacute;do lo que ha querido leer y angustiado por la desaparici&oacute;n de lo individual en la onda gen&eacute;rica de la vida). Pero la pregunta puede ser planteada de otra manera: &iquest;Es posible que una realidad f&iacute;sica haya alcanzado la condici&oacute;n de idea inmortal, la de una esencia, dir&iacute;amos que a fuerza de tristeza? O, a la inversa, &iquest;es posible que la verdad m&aacute;s honda (para decirlo en su idioma) se haya encarnado &mdash;como &laquo;el Dios vivo&raquo;&mdash; en algo existente?</p>
<p>&laquo;De Plat&oacute;n no se r&iacute;en m&aacute;s que los se&ntilde;oritos&raquo;, dice el escritor de <em>Juan de Mairena</em> en una frase maravillosa. La familiaridad plat&oacute;nica de Antonio Machado no est&aacute; entre sus ex&eacute;gesis m&aacute;s habituales (y eso que leer a Plat&oacute;n en griego fue uno de sus deseos incumplidos). Pero &mdash;volvamos a pensar con &eacute;l&mdash; el alma, dormida entre las sombras, despierta de su sue&ntilde;o racional. Despierta, precisamente, de la vigilia, del tiempo hist&oacute;rico, del olvido que significan nuestra ciencia y nuestra pol&iacute;tica, nuestra cultura y nuestras comunicaciones sociales. Entonces, el alma recuerda (&laquo;Entre los poetas m&iacute;os / tiene Manrique un altar&raquo; [<em>Soledades, galer&iacute;as y otros poemas</em>, LVIII]). Y entonces la conjetura, plenamente plat&oacute;nica, de Abel Mart&iacute;n se cumple: &laquo;Si un grano del pensar arder pudiera / no en el amante, en el amor, ser&iacute;a / la m&aacute;s honda verdad lo que se viera&raquo;. Por cierto que Marcel Proust, otro coet&aacute;neo, en el tercer tomo de la <em>Recherche</em> evocaba de manera muy parecida la salida de un sue&ntilde;o &laquo;La gran modificaci&oacute;n que el despertar nos trae no es tanto el introducirnos en la vida clara de la consciencia como el hacernos perder el recuerdo de la luz un poco m&aacute;s tamizada en que reposaba nuestra inteligencia como en el fondo opalino de las aguas&raquo;.</p>
<p>Todo esto no quiere decir en absoluto que los versos del mayor poeta de nuestra lengua encuentren en la filosof&iacute;a, dial&eacute;ctica o plat&oacute;nica, algo as&iacute; como su justificaci&oacute;n, y su explicaci&oacute;n mucho menos. Pero sin el estremecimiento de pensar y de sentir lo pensado, nada hubiera ardido. La suprema emoci&oacute;n de su poes&iacute;a culmin&oacute; a mi juicio en versos que, sin embargo, no dicen nada, que no explican nada, que se limitan a nombrar: &laquo;&iexcl;pinos del amanecer / entre Almaz&aacute;n y Quintana!&raquo;. El pensamiento aparece en ellos elidido; por decirlo as&iacute;, ha muerto la flor para que brote el fruto. El r&iacute;o de la reflexi&oacute;n ha sido atravesado. En un hermoso poema titulado &laquo;Ecos&raquo;, Manuel Machado preguntaba: &laquo;&iexcl;Chopos del camino blanco, &aacute;lamos de la ribera! / (&hellip;) / De estas palabras sencillas / &iquest;qu&eacute; puso Antonio en las letras?&raquo;. Sin adverbios, sin adjetivos, sin que la sintaxis obligue a significar algo m&aacute;s, sin obediencia a cadena argumental alguna, ahora la conciencia se asombra de encontrarse, inconcebiblemente, ante realidades esenciales, eternas, sin circunstancia de tiempo o lugar. Nada de lo que ve est&aacute; <em>ah&iacute; </em>&mdash;como dir&iacute;a Heiddeger, &laquo;ah&iacute; a mano&raquo;&mdash;. Los versos de Machado no <em>representan </em>ning&uacute;n paisaje real. Tampoco los dedicados a la amada muerta se refieren a la historia de su vida &mdash;los hay anteriores a que el hecho real sucediera. Todo est&aacute;, y quiz&aacute; estuvo siempre, lejos: <em>en el alma</em>, que es &laquo;distancia&raquo; y &laquo;ausencia&raquo;, como dice en &laquo;Los sue&ntilde;os dialogados&raquo;. Ese r&iacute;o, esos cerros, ya no pertenecen &mdash;como cre&iacute;amos, orgullosos e ingenuos, en la vieja ciudad de mi infancia&mdash; a ninguna geograf&iacute;a particular. Atestiguan del alma de todas las cosas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:15:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Montero, o el arte de narrar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-montero-o-el-arte-de-narrar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/ROSA_MONTERO_10.jpg" alt="" /></p>
<p>La voz de Rosa Montero es reconocible entre en mill&oacute;n; su trayectoria, &uacute;nica; y su obra, inmensa, de una calidad y audacia dif&iacute;ciles de comparar con la de ning&uacute;n otro escritor. Desde Turia, hemos querido indagar en lo insigne de su literatura, rindiendo homenaje a la obra monterina con un monogr&aacute;fico que se acerque a sus or&iacute;genes y a lo que la define, a la esencia de sus libros, y tambi&eacute;n a lo que queda en los m&aacute;rgenes.</p>
<p>La autora ha recibido multitud de reconocimientos y premios tanto por su labor period&iacute;stica como literaria. Sin ir m&aacute;s lejos, ha sido Premio Nacional de ambos, de Periodismo en 1980 y de las Letras en 2017. Por la totalidad de su obra literaria ha sido galardonada, entre otros, con el Premio Glauka de la Biblioteca de Cuenca en 2002; en 2014 con el Premio Don Luis a la Excelencia literaria de La Rioja, y dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2016, por su novela negra, con el VII Premio José Luis Sampedro de Getafe Negro y el Premio de honor del Festival Panam&aacute; Negro, este &uacute;ltimo en 2020. Es Miembro de Honor de la Universidad de M&aacute;laga. 2019 fue un gran a&ntilde;o en el que recibi&oacute; el Premio Internacional de Periodismo Ciudad de C&aacute;ceres, adem&aacute;s del Premi Llig Picanya, el Premio Ciudad de Alcal&aacute; de las Artes y las Letras, y el Premio Leyenda. Al a&ntilde;o siguiente, en 2020 fue galardonada con el Premio Viajera en el Tiempo, el Premio a la solidaridad Juan Antonio Gonz&aacute;lez Caraballo y el Premio CEDRO.</p>
<p>En 2022 obtuvo ese gran honor que es la Medalla de Oro del C&iacute;rculo de Bellas Artes, el Premio Iberoamericano ASICOM-Universidad de Oviedo y el Premio Festival E&ntilde;e, as&iacute; como el Premio Especial en los XXXIII Premios &lsquo;El Ojo Cr&iacute;tico&rsquo; de RNE y, en 2023, el Premio FILEM de M&eacute;xico. <strong></strong></p>
<p>Su alcance internacional se ve reflejado en varios homenajes que se suceden en diferentes pa&iacute;ses del mundo; en 2010 la Universidad de Puerto Rico la nombr&oacute; Doctora Honoris Causa, y en 2011 la ciudad de Buenos Aires le otorg&oacute; el t&iacute;tulo de Hu&eacute;sped de Honor. En 2012 recibi&oacute; el Premio de la AFDE (Association pour la Difussion de l&rsquo;Espagnol en France) por la difusi&oacute;n de su obra en la ense&ntilde;anza del espa&ntilde;ol en Francia. En 2018 fue nombrada Profesora Honoraria del Departamento Acad&eacute;mico de Humanidades de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Per&uacute;.</p>
<p>Como periodista, Rosa Montero lo ha hecho todo y en todo ha sido referente; su inconfundible estilo para hacer entrevistas ha pasado, sin duda, a formar parte de la historia del periodismo. En 2019, Debate recogi&oacute; una selecci&oacute;n en <em>El arte de la entrevista</em>. <em>Cuarenta a&ntilde;os de preguntas y respuestas</em>. Esa manera tan propia de entrevistar, que con tanta maestr&iacute;a combina una exhaustiva labor investigadora con un &ldquo;viaje al otro&rdquo;, como ha explicado la propia autora, le ha valido el reconocimiento de toda una disciplina, y hoy su estilo es parte del <em>curriculum</em> de la Facultad de Periodismo. Tambi&eacute;n en 2019, se le reconoci&oacute; su labor period&iacute;stica creando el aula Rosa Montero en la facultad de Periodismo de la universidad Miguel Hern&aacute;ndez de Elche (Alicante). Ha sido adem&aacute;s una rigurosa cronista y reportera durante un tiempo clave para nuestro pa&iacute;s. Hoy podemos leer algunos de esos reportajes en <em>Cuentos verdaderos</em>, la recopilaci&oacute;n que Alfaguara public&oacute; en 2024, y donde vemos a Montero llevar a Espa&ntilde;a de la mano mientras cruza los escabrosos a&ntilde;os de la Transici&oacute;n. Como columnista es ahora mismo la voz m&aacute;s establecida y con mayor trayectoria, el motivo por el que muchos lectores empezamos leyendo <em>El Pa&iacute;s Semanal</em> por el final, para descubrir, antes que nada, su &ldquo;Manera de vivir&rdquo; de la semana. En 2014, esta labor de entrar en nuestras casas y ayudarnos a entender un poco mejor el mundo y a nosotros mismos fue reconocida con el Premio Internacional de Columnistas del Mundo. Su carrera a toda una vida de periodismo fue premiada tambi&eacute;n, hace ya veinte a&ntilde;os, en 2005, por la Asociaci&oacute;n de la Prensa de Madrid. En 2017 recibi&oacute; el Premio a la Trayectoria Profesional, concedido por el Club Internacional de Prensa, adem&aacute;s del Premio Internacional de Periodismo Manuel Alc&aacute;ntara, otorgado por la Universidad de M&aacute;laga. M&aacute;s recientemente, en 2024, <em>El Espa&ntilde;ol</em> le concedi&oacute; el Premio Maga de Magas por toda una Trayectoria Profesional.</p>
<p>Si como reportera ha escrito una buena parte de la historia de Espa&ntilde;a y de algunos de sus episodios y personajes principales, como novelista ha agitado a&uacute;n m&aacute;s tanto los s&oacute;lidos moldes literarios como los corazones de sus lectores.</p>
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<p><strong>Los dos lados de la balanza literaria</strong></p>
<p>Este monogr&aacute;fico se publica a solo cuatro a&ntilde;os de que se cumpla el 50 aniversario de su primera novela y, en las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas (largas), Montero ha alcanzado un &eacute;xito de ventas y una popularidad incontestables sin que en ning&uacute;n caso dicho triunfo entre el p&uacute;blico haya comprometido ni su ambici&oacute;n literaria ni la sofisticaci&oacute;n de su prosa. Y esta es una premisa que tambi&eacute;n funciona al rev&eacute;s, es decir, que ha cultivado una voz, ha cuidado una forma y se ha superado a s&iacute; misma en lo que respecta a la calidad literaria de su propia escritura sin dejar nunca de escribir libros que resuenen con millones de personas.</p>
<p>Conseguir semejante proeza al nivel de Montero no es poco, y de hecho es mucho, porque con este hito en el que se ha convertido, nuestra autora desbanca una de esas creencias anticuadas cuyo eco a&uacute;n sigue resonando, a saber, la idea de que la calidad de la literatura est&aacute; re&ntilde;ida con el hecho de que dicha literatura sea, adem&aacute;s, una historia adictiva, de trama trepidante, con el poder de secuestrar la mente del lector.</p>
<p>Montero nunca se ha situado en ninguno de los dos lados de la balanza que siempre nos han contado que existe. En esa balanza hay un extremo en el que se coloca la ambici&oacute;n literaria, la que consigue romper c&aacute;nones, estirar los moldes, dar un paso m&aacute;s all&aacute; en nuestra concepci&oacute;n de novela y crear un texto original, rompedor y de alta calidad; en el otro, se encuentra la obra que cuenta con el mayor n&uacute;mero de lectores, la que trata temas que interesan a gran parte de la poblaci&oacute;n, una obra accesible y que, en suma, se vende mucho. Es cierto que esos dos lados existen, pero &iquest;no es la buena literatura justo la que es capaz de encontrar el equilibrio entre ambos? Eso es lo que Rosa Montero lleva haciendo d&eacute;cadas: equilibrismo de altura, sin caerse y sin caminar c&oacute;modamente hacia ninguno de sus extremos (y, si lo quisiera, ser&iacute;a capaz de instalarse en cualquiera de ellos).</p>
<p>Debemos a&ntilde;adir, adem&aacute;s, que la autora contin&uacute;a escribiendo. Nos cuenta que ya tiene en mente sus siguientes proyectos, es decir, sus pr&oacute;ximos libros. As&iacute; que, mientras la contamos, esta historia a&uacute;n est&aacute; ocurriendo; Montero no dejar&aacute; de hacer, en sus palabras, &ldquo;lo que le calienta m&aacute;s el coraz&oacute;n&rdquo; y, para ella, la escritura de ficci&oacute;n es la mejor manera de luchar contra esa losa de hielo que puede cernerse sobre el ser humano.</p>
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<p><strong>Una cualidad triple</strong></p>
<p>Desde finales de los setenta, la obra de Montero ha estado tejiendo con palabras el desbarajuste de pensamientos que son nuestros cerebros, cont&aacute;ndonos historias en las que entramos como si fu&eacute;ramos Alicia en la madriguera, sin preguntarnos c&oacute;mo volver o qu&eacute; ocurrir&aacute; al salir, y lo hace con una prosa que se eleva por encima de la mundanidad y que es, a la vez, un b&aacute;lsamo curativo.</p>
<p>Llegar a ese nivel, adem&aacute;s de talento, inteligencia, un pensamiento original, lecturas, trabajo y un largo etc&eacute;tera, requiere una extra&ntilde;a cualidad triple que no abunda, pero que ella posee a raudales. Aqu&iacute; va un intento de desgajar esta suerte de f&oacute;rmula m&aacute;gica monterina: nuestra autora tiene una curiosidad genuina e inmensa por los otros, y esta se combina con un af&aacute;n de superaci&oacute;n literaria constante que existe, a su vez, junto a una confianza inquebrantable en la mejor versi&oacute;n del ser humano. &iquest;El resultado? La prodigiosa p&oacute;cima que es la buena literatura cuando a la vez que nos emborracha, nos hace m&aacute;s sabios.</p>
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<p><strong>La falta de miedo </strong></p>
<p>En ingl&eacute;s existe el t&eacute;rmino <em>fearlessness</em>; un sustantivo que hace referencia al estado de no tener miedo. <em>Fear</em>, que significa miedo, precede a dos sufijos: <em>-less</em>, que niega lo anterior, y <em>-ness</em> que lo convierte en nombre, es decir, en estado. De la narrativa de Montero emana ese estado, la sensaci&oacute;n de quien se atreve con todo, la de una autora cuya existencia y escritura no est&aacute;n mediatizadas por el miedo. No en vano, lleva tatuada en la nuca la frase del poeta chileno Ra&uacute;l Zurita &ldquo;ni pena ni miedo&rdquo; y, quien haya le&iacute;do sus <em>Cuentos verdaderos</em>, entender&aacute; que, cuando en este pa&iacute;s se pasaba mucho miedo, ella recibi&oacute; amenazas y fue intimidada como periodista, sin que ello la llevara nunca a plantearse dedicarse a otra cosa o a plegarse a lo que pretend&iacute;an sus amonestadores.</p>
<p>Es cierto que, por razones evolutivas, el miedo es parte de nuestro comportamiento. Sin miedo al depredador o a no tener comida durante los largos inviernos nos habr&iacute;amos extinguido como especie. Pero sin curiosidad tambi&eacute;n. Sin la necesidad imperante de explorar los l&iacute;mites de lo conocido, de lo que sabemos que existe y que funciona para sobrevivir no se habr&iacute;a inventado la rueda, ni los antibi&oacute;ticos, ni la bombilla. Y sin ellos y otros tantos descubrimientos de la humanidad, tambi&eacute;n habr&iacute;amos terminado por desaparecer.</p>
<p>A Rosa Montero le puede siempre la curiosidad, las ganas de buscar, de entender, de ampliar, de abarcar; en unas ocasiones son conocimientos sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y la neurociencia los que ans&iacute;a conocer, otras veces aspira a comprender de qu&eacute; est&aacute;n hechas las esposas de los dictadores militares, o en qu&eacute; consisten los d&iacute;as de quienes viven en una tribu esquimal. Es una curiosidad que pasa siempre por comprender vidas ajenas, almas distintas, una sed que se enfrenta a una paradoja, a saber, que cada ser humano es &uacute;nico e irrepetible y, a la vez, se encuentra con los mismos l&iacute;mites que el resto de los mortales.</p>
<p>A esos l&iacute;mites viaja Montero una y otra vez en su obra, una obra incontenida e incontenible que nos llega con su inconfundible voz, la que lectoras y lectores de todo el mundo esperamos como agua de mayo cada vez que cerramos su &uacute;ltimo libro. &nbsp;</p>
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<p><strong>Pasen y vean</strong>&nbsp;</p>
<p>Para recrearnos con el recorrido de la escritora m&aacute;s querida y c&eacute;lebre de nuestro pa&iacute;s, vamos a remontarnos un poco en el tiempo, as&iacute; que, tal como ella dijo a sus lectores en las p&aacute;ginas de <em>Cuentos verdaderos</em>, por favor, pasen y vean.</p>
<p>Rosa Montero naci&oacute; en Madrid, el 3 de enero de 1951. La autora ha compartido en algunas entrevistas recuerdos sobre aquella infancia en el barrio de Cuatro Caminos. Como le ocurre a la generaci&oacute;n nacida en los a&ntilde;os cincuenta, la ni&ntilde;a que fue Montero habit&oacute; un pa&iacute;s que apenas se parece al que conoci&oacute; la novelista consagrada en la que se convirti&oacute; de adulta. En ese pa&iacute;s infantil, adem&aacute;s de imperar una dictadura militar, pasaba un reba&ntilde;o de ovejas por su casa todos los d&iacute;as a mediod&iacute;a. &iexcl;Ovejas en Cuatro Caminos! Pero el pasado es as&iacute;, siempre parece un escenario de ficci&oacute;n cuando lo observamos desde la mirilla del momento presente.</p>
<p>De ni&ntilde;a padeci&oacute; tuberculosis, y ha recordado en varias ocasiones c&oacute;mo fueron esos cinco a&ntilde;os que pas&oacute; sin ir al colegio, enferma en casa, devorando cuentos y escribiendo sus primeras historias. Desde peque&ntilde;a ley&oacute; mucho y de manera desordenada. Su madre, a la que Montero recuerda como una mujer con un don para la escritura y la pintura, una artista que se vio entregada a las labores dom&eacute;sticas y a la crianza, le llevaba a su hija unos treinta cent&iacute;metros de libros elegidos al azar en la biblioteca de su t&iacute;o, y la ni&ntilde;a los devoraba en cuesti&oacute;n de d&iacute;as. De aquellos a&ntilde;os, Montero guarda tambi&eacute;n im&aacute;genes y olores de la vuelta a casa de su padre; Pascual Montero, torero de profesi&oacute;n, regresaba con sangre seca pegada a su traje de luces, y Rosita lo esperaba nerviosa sentada en el alf&eacute;izar de la ventana, con las piernas colgando a trav&eacute;s de los barrotes, muy atenta a la llegada del gran coche negro que le tra&iacute;a de vuelta sano y salvo.</p>
<p>En el instituto Beatriz Galindo fue alumna del gran Gerardo Diego, profesor temido por el alumnado, que tuvo siempre reglas estrictas sobre el estilo de redacci&oacute;n, y que acab&oacute; poniendo matr&iacute;cula de honor a la adolescente que se empe&ntilde;&oacute; en usar las comas en contra de lo establecido (pero tal como ella consideraba que le ped&iacute;an algunas frases copulativas). La joven rebelde con ideas claras acerca de la puntuaci&oacute;n era Rosa Montero, que poco despu&eacute;s har&iacute;a sus pinitos tambi&eacute;n como actriz en grupos de teatro independiente como Canon o T&aacute;bano, actuando, por ejemplo, en <em>Casta&ntilde;uela 70</em>, la obra m&iacute;tica de Juan Margallo que la censura acab&oacute; prohibiendo.</p>
<p>Tras un ataque de p&aacute;nico que la acerc&oacute; a una soledad aterradora de la que ha hablado recientemente en <em>El peligro de estar cuerda</em>, Montero se interes&oacute; por la psicolog&iacute;a, y de esa carrera complet&oacute; cuatro cursos en la Universidad Complutense de Madrid, pero la abandon&oacute; antes de terminar, en parte porque ya estaba trabajando como periodista y en parte porque le horrorizaron las pr&aacute;cticas psiqui&aacute;tricas de la &eacute;poca, en las que a&uacute;n se aplicaban choques qu&iacute;micos y otros m&eacute;todos punitivos.</p>
<p>Durante sus a&ntilde;os en la Escuela de Periodismo, Montero asisti&oacute; al cambio m&aacute;s dr&aacute;stico de nuestro pa&iacute;s; mientras Espa&ntilde;a atravesaba la transici&oacute;n a un estado democr&aacute;tico, ella ya trabajaba como periodista. Recuerda que fue en la playa de M&aacute;laga, haciendo un reportaje para la revista <em>Fotogramas</em>, donde se enter&oacute; de la muerte de Franco. Eran a&ntilde;os en los que los cambios se avecinaban vertiginosamente, a&ntilde;os de leer a Mars&eacute;, a los autores del <em>boom</em>, a los cl&aacute;sicos de ciencia ficci&oacute;n, de andar descalza por Madrid y de practicar un periodismo temprano en revistas como <em>Pueblo, Posible </em>o <em>Hermano Lobo</em>.</p>
<p>Cuando en 1976 Montero llega como periodista a <em>El Pa&iacute;s</em>, ya lleva a sus espaldas un prestigio reconocido, e incluso el premio del C&iacute;rculo de Escritores Cinematogr&aacute;ficos. El peri&oacute;dico se convierte en una segunda casa para ella y, aunque cambiar&iacute;an muchas cosas en su vida, <em>El Pa&iacute;s</em> es un hogar que no abandonar&aacute; nunca. Entre 1980 y 1981 fue tambi&eacute;n redactora jefa del suplemento dominical.</p>
<p>Adem&aacute;s de cr&oacute;nicas y reportajes, Montero destac&oacute; muy pronto por su talento para la entrevista. Ha hecho m&aacute;s de dos mil entrevistas, ha reescrito en qu&eacute; consiste esa forma period&iacute;stica que ella convirti&oacute; en arte. Durante cuarenta a&ntilde;os largos entrevist&oacute; a pol&iacute;ticos, gente del espect&aacute;culo y diversos personajes, entre los que podemos destacar a Nixon, Yaser Arafat o Malala. &iquest;Y la primera entrevista? La primera de todas se la hizo a su madre, y fue sobre su padre. Tuvo lugar en la mesa de la cocina de aquella casa en Reina Victoria, cuando nuestra autora ten&iacute;a solo ocho a&ntilde;os. Su t&iacute;tulo, &ldquo;Interviu a Pascual Montero&rdquo; (sic). Pero si descontamos esa infantil ocasi&oacute;n, la primera entrevista la hizo para el diario <em>Informaci&oacute;n</em> de Alicante, al terminar el primer curso de periodismo, a los pies de un avi&oacute;n, a un cantante por entonces no muy conocido llamado Julio Iglesias.</p>
<p>Hablamos de periodismo no solo porque es una importante faceta suya como escritora sino porque fue tambi&eacute;n el germen de su primera novela, <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979). Le hab&iacute;an pedido un libro de reportajes sobre mujeres, pero Montero ya buscaba retos y, tras explicar el cambio de direcci&oacute;n que iba a dar aquel encargo, lo convirti&oacute; en una novela, y fue aquella historia la que lo empez&oacute; todo.</p>
<p>La autora ha compartido en alguna ocasi&oacute;n haber renegado durante a&ntilde;os de ese primer texto de ficci&oacute;n, que no consideraba a la altura del resto de su producci&oacute;n novel&iacute;stica y que qued&oacute; descatalogada un tiempo. Pero aquella lejana opera prima, que fue una suerte de pistoletazo de salida, es un libro por el que preguntaban una y otra vez lectores de todo el mundo. La obra, ya lo sabemos, abandona a su autor una vez se publica y Montero, consciente de que ese libro pertenec&iacute;a ya a sus lectores, accedi&oacute; a que se reeditara. Hoy ya se encuentra en Alfaguara, como aproximadamente la mitad de su obra. Una curiosidad que tambi&eacute;n la hace &uacute;nica es que Montero es, en sus palabras, b&iacute;gama en lo que se refiere a lealtad editorial, pues desde hace a&ntilde;os su obra se publica entre Alfaguara y Seix Barral.</p>
<p>Entre <em>Cr&oacute;nica del desamor </em>y su &uacute;ltima novela (hasta la fecha) han pasado cuarenta y seis a&ntilde;os, y es indiscutible que su voz, prosa y estilo han evolucionado tanto como lo ha hecho el pa&iacute;s en estas d&eacute;cadas. Aunque tambi&eacute;n, como en las grandes historias de amor, desde los inicios hubo algo que ya estaba ah&iacute;. Y la de Montero es, sin duda, una gran historia de amor con la literatura; es, de hecho, &ldquo;el amor de su vida&rdquo;, como nos explic&oacute; ella en el volumen de t&iacute;tulo hom&oacute;nimo. Su estelar carrera de novelista la enmarcan ese encargo period&iacute;stico convertido en obra de ficci&oacute;n y <em>Animales dif&iacute;ciles</em> (2025), la &uacute;ltima entrega de la saga de Bruna Husky.</p>
<p>Durante su primera d&eacute;cada como escritora de ficci&oacute;n, Montero publica cuatro novelas: <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979), <em>La funci&oacute;n delta</em> (1981), <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> (1983) y <em>Amado amo </em>(1988). La variedad de enfoques, temas y estilos de estos primeros libros ya auguran el futuro de una de las novelistas m&aacute;s ambiciosas en nuestro idioma. Tras esa primera novela, la autora se embarca en la compleja trama de <em>La funci&oacute;n delta</em> que, tomando una ley de f&iacute;sica cu&aacute;ntica como punto de partida, teje una historia que salta del presente al futuro con maestr&iacute;a (un futuro, por cierto, del que ya han pasado quince a&ntilde;os, pues se toma 2010 como referencia de lo venidero). Los dos libros que la siguen, <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> y <em>Amado amo</em>, tienen en com&uacute;n el agudo retrato de distintos aspectos de la sociedad y de las relaciones de poder, tambi&eacute;n de la peque&ntilde;ez, de la soledad y, sobre todo, de toda la fragilidad contenida en los seres humanos. En lo formal, <em>Amado amo</em> da, adem&aacute;s, un salto estil&iacute;stico que sit&uacute;a a Montero a la vanguardia de los prosistas de entonces.</p>
<p>Es probablemente la d&eacute;cada de los noventa cuando la novela de Montero adquiere esa dimensi&oacute;n a la que nos referimos como &ldquo;madura&rdquo;. Es decir, la autora contin&uacute;a experimentando, indagando y abriendo caminos, pero, adem&aacute;s, tiene ya una voz propia y siempre reconocible, que no har&aacute; sino continuar depurando con los a&ntilde;os.</p>
<p>En 1990 publica <em>Temblor </em>(Finalista del Premio Europeo de Novela), una novela que ahora podemos clasificar como ficci&oacute;n especulativa, en la que se reflexiona sobre la identidad y la memoria a trav&eacute;s de un mundo de f&aacute;bulas y leyendas. El texto es tambi&eacute;n, tal vez, una antesala al mundo de ciencia ficci&oacute;n que desarrollar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde de la mano de una de sus protagonistas m&aacute;s legendarias, Bruna Husky. Amante del riesgo y de los retos, Montero publica, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde la que quiz&aacute; sea su obra m&aacute;s l&iacute;rica, la m&aacute;s barroca y la que presenta el mundo m&aacute;s rec&oacute;ndito y duro de la infancia, <em>Bella y oscura</em> (1993), una f&aacute;bula en la que se dan cita lo lumpen de historias como <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> y el simbolismo de <em>Temblor</em>. Una de las caracter&iacute;sticas de la narrativa de Montero es su naturaleza impredecible; y as&iacute;, con cada nueva publicaci&oacute;n, nos confirma que un estilo, un tema o un mundo de ficci&oacute;n espec&iacute;ficos nunca nos dan una pista de cu&aacute;les ser&aacute;n los siguientes. En este caso, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Bella y oscura</em>, publica <em>La hija del Can&iacute;bal</em> (1997; Premio Primavera de Narrativa a la mejor novela; Premio C&iacute;rculo de Cr&iacute;ticos de Chile), una obra de acci&oacute;n vertiginosa en la que se reflexiona sobre la identidad y el paso del tiempo a trav&eacute;s de la historia de un secuestro, mientras se visitan interesantes cap&iacute;tulos de la historia del anarquismo en Espa&ntilde;a. La novela cont&oacute; con varias, adaptaciones, primero como largometraje y, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, como cortometraje, y obra de teatro.</p>
<p>La naturaleza raposa de nuestra autora es una de las cualidades a las que ella misma ha hecho referencia al repasar su propia trayectoria como escritora. Haciendo eco de la distinci&oacute;n esbozada por Isaiah Berlin, la narradora de <em>La loca de la casa</em> habla de la diferencia entre escritores erizo y escritores zorro. Los primeros se enroscan y vuelven sobre sus temas en cada libro; a los segundos, en cambio, les empuja una necesidad de salir a explorar. Montero lleva una vida sumida en una incesante b&uacute;squeda de nuevas fronteras y l&iacute;mites que abordar con su prosa. Pero, a la vez, dejando que sean los temas y las im&aacute;genes quienes la escojan a ella, permitiendo que el contar de sus historias sea un reflejo de lo impredecible y azaroso que es la vida.</p>
<p>El nuevo milenio la sorprendi&oacute; as&iacute;, atrapada por una nueva historia que se convertir&iacute;a en <em>El coraz&oacute;n del T&aacute;rtaro</em> (2001), donde las leyendas medievales alumbran un duro relato en el que la protagonista se zambulle en el trauma de su pasado. Ni siquiera los cr&iacute;ticos m&aacute;s observadores habr&iacute;an podido adivinar que a esa obra le seguir&iacute;a su texto m&aacute;s ambicioso formalmente hasta ese momento, con el que posiblemente rompi&oacute; m&aacute;s barreras; con <em>La loca de la casa</em> (2003; Premio Qu&eacute; Leer a la mejor novela del a&ntilde;o; Premio Grinzane Cavour a la mejor novela extranjera publicada en Italia por <em>La pazza di casa</em>; Premio Roman Premier por <em>La folle du logis</em>), Montero se embarca en un viaje del que ya no volver&aacute; nunca, recorriendo las fronteras que delimitan los g&eacute;neros literarios como solo podr&iacute;a hacerlo quien m&aacute;s los domina.</p>
<p>En ese incesante viaje al otro que es toda su obra, Montero retoma, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el mundo medieval, pero esta vez en <em>La historia del rey transparente </em>(2005; Premio Qu&eacute; Leer a la mejor novela del a&ntilde;o; Premio Mandarache), con una fuerza y una labor investigadora ins&oacute;litas. El resultado es una novela redonda, compleja, que abarca desde los poros de la piel hasta los confines del universo, y que se acerca a nuestro mundo m&aacute;s inmediato desde la Europa de los siglos XII y XIII. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, lejos del escenario medieval, se adentra en el Madrid contempor&aacute;neo a trav&eacute;s de algunos de sus personajes m&aacute;s memorables en esa f&aacute;bula urbana que es <em>Instrucciones para salvar al mundo</em> (2008; Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac, Francia, por <em>Instructions pour sauver le monde</em>) y que sit&uacute;a al lector tanto en la periferia madrile&ntilde;a como en las torres m&aacute;s modernas de la capital, en un club de carretera y en el universo virtual de Second Life, pero que nos lleva, sobre todo, a la materia latente de la que estamos hechos.</p>
<p>Aunque ese parec&iacute;a un insuperable fin de fiesta, lo mejor est&aacute; a&uacute;n por venir. Con el inicio de la siguiente d&eacute;cada, Montero abre lo que hoy podemos definir como tres v&iacute;as de su escritura. Por un lado, empezar&aacute; su serie de Bruna Husky, que la corona como una de las escritoras m&aacute;s importantes de ciencia ficci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s, pero con la que, adem&aacute;s, como explicar&aacute; Mart&iacute;n Galv&aacute;n en su ensayo, consigue renovar el g&eacute;nero, y la preconcepci&oacute;n que existe de &eacute;l como subg&eacute;nero de segunda clase. En esta ambiciosa serie, Montero explora los l&iacute;mites de aquello que nos hace humanos a trav&eacute;s de una alegor&iacute;a futurista que, como la buena ciencia ficci&oacute;n, no habla sino del presente. A lo largo de catorce a&ntilde;os, el universo de <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> (2011; que unos meses despu&eacute;s se public&oacute; como c&oacute;mic y obtuvo el Premio de los lectores del Sal&oacute;n del Comic de Barcelona) se va ampliando y complicando en <em>El peso del coraz&oacute;n</em> (2015), <em>Los tiempos del odio</em> (2018; Premio Violeta Negra Occitanie 2020 del Festival Toulouse Polars du Sud, en Francia) y <em>Animales dif&iacute;ciles</em> (2025).</p>
<p>Otra de las l&iacute;neas de su escritura es la que empez&oacute; en 2003 con <em>La loca de la casa</em> y que contin&uacute;a en la d&eacute;cada de 2010. Como explicar&eacute; en mi contribuci&oacute;n a este monogr&aacute;fico, cabe considerar <em>La loca de la casa </em>(2003), <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em> (2013; Premio de la Cr&iacute;tica de Madrid; Prix du Livre Robinsonnais por <em>L ́idée ridicule de ne plus jamais te revoir</em>) y <em>El peligro de estar cuerda</em> (2022; Mejor Libro de No Ficci&oacute;n 2022 por el Gremio de Libreros) como una trilog&iacute;a de libros h&iacute;bridos; son textos que son y no son ensayos, reflexiones e impresiones personales, biograf&iacute;as o semblanzas, recuerdos y fabulaciones. Nuestra autora se refiere a ellos como artefactos literarios y, afortunadamente, tambi&eacute;n de estos podemos esperar uno m&aacute;s.</p>
<p>Su tercera l&iacute;nea de escritura de los &uacute;ltimos a&ntilde;os son sus novelas contempor&aacute;neas. Con <em>La carne</em> (2016) y <em>La buena suerte</em> (2020), Montero se erige como una de esas contadoras de historias que en verdad son magas, que embelesan y que, como cualquier embaucador, adem&aacute;s hace que parezca f&aacute;cil lo que est&aacute; haciendo. La trama y los personajes de estas novelas no se parecen entre ellas y, sin embargo, la caracter&iacute;stica m&aacute;s sobresaliente de ambas es la ligereza de su escritura; el hecho de que est&aacute;n concebidas por quien ha alcanzado una altura y ahora relata como el que bebe agua cuando tiene sed, porque es inevitable y necesario para seguir viviendo. Por si se lo est&aacute;n preguntando, les adelanto que s&iacute;, que de esta l&iacute;nea de novela contempor&aacute;nea existir&aacute; otra en un futuro pr&oacute;ximo, y nunca hubo tantas ganas de que llegara un libro sobre nuestro tiempo.</p>
<p>Y por si estas l&iacute;neas de escritura de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os nos crearan la impresi&oacute;n de que hay un patr&oacute;n o una manera de predecir el futuro literario cuando se trata de Montero, recordaremos que su pen&uacute;ltima novela (propia de una escritora zorro), la llev&oacute; en busca de nuevos retos que encontr&oacute; en forma de otro par de manos, las de Oliver Truc, y con &eacute;l se puso manos a la obra (valga la redundancia). <em>La desconocida</em> es una novela concebida en dos idiomas, con dos cerebros, con dos imaginarios, y que pronto podremos ver, adem&aacute;s, en la gran pantalla.</p>
<p>Hasta aqu&iacute; su obra novel&iacute;stica. Parece imposible que quien ha hecho tanto y tan bien en lo referido a la producci&oacute;n de novelas, haya dedicado tambi&eacute;n su talento a la escritura de cuentos infantiles; adem&aacute;s de <em>El nido de los sue&ntilde;os</em> en 1991, Montero ha publicado toda la serie juvenil protagonizada por B&aacute;rbara.</p>
<p>Cuenta, adem&aacute;s, con una serie de libros compuestos por ensayos sobre temas que le interesan; algunos los han inspirado sus viajes, como <em>Estampas bostonianas</em> (2002); o la literatura, como <em>El amor de mi vida</em> (2011). Ha escrito tambi&eacute;n dos ensayos biogr&aacute;ficos <em>Historias de mujeres </em>(1995), que fue reeditado en 2018 en edici&oacute;n ilustrada y ampliada bajo el t&iacute;tulo <em>Nosotras. Historias de mujeres y algo m&aacute;s</em>, adem&aacute;s de <em>Pasiones: amores y desamores que han cambiado la historia</em> (1999). En 2022 fue tambi&eacute;n responsable del libreto de &ldquo;La violaci&oacute;n de Lucrecia&rdquo; de Jos&eacute; de Nebra, en el Teatro de la Zarzuela.</p>
<p>Hay otra dimensi&oacute;n de Montero que no se ha explorado mucho y es su faceta como escritora de relatos breves, quiz&aacute; porque, como le ocurre al propio g&eacute;nero del cuento, a menudo se considera secundaria. Sin embargo, como dec&iacute;a Cort&aacute;zar, lo fant&aacute;stico de un cuento solo se logra con la alteraci&oacute;n de lo normal, y en esa tergiversaci&oacute;n de lo anodino, Montero es una experta, y por eso son maravillosos los cuentos recogidos en <em>Amantes y enemigos. Cuentos de pareja</em> (1998; Premio C&iacute;rculo de Cr&iacute;ticos de Chile), que presentan la visi&oacute;n distorsionada y oblicua de la realidad que todo buen cuentista sabe que existe. En 2019 tambi&eacute;n idea, coordina y edita el volumen de relatos <em>Hombres (y algunas mujeres)</em>, publicado por Zenda en formato digital, en el que a&uacute;na a grandes escritoras de la lengua espa&ntilde;ola para crear una serie de relatos protagonizados por varones, lanzando una suerte de pregunta invertida, &iquest;c&oacute;mo escriben las mujeres a los hombres? El resultado es un excelente libro que rezuma originalidad y aplica una nueva lente al tema del g&eacute;nero de la literatura.</p>
<p>Montero es, tambi&eacute;n, una de las autoras espa&ntilde;olas con mayor dimensi&oacute;n internacional. En los pa&iacute;ses de habla hispana de Latinoam&eacute;rica es la escritora peninsular m&aacute;s le&iacute;da y aclamada. En el resto del mundo, y entre aquellos que no leen en nuestro idioma, tambi&eacute;n goza de una inmensa popularidad, con una obra traducida a m&aacute;s de veinte lenguas.</p>
<p>En la d&eacute;cada de los ochenta, fue invitada como profesora universitaria a dar clase de literatura y periodismo en la prestigiosa instituci&oacute;n de Wellesley College, cuya tradici&oacute;n se ha escrito a trav&eacute;s de su pensamiento human&iacute;stico, y que ha acogido a grandes autores de habla hispana, como Pedro Salinas, Guillermo Cabrera Infante o los Mar&iacute;as. En 2018 pas&oacute; una temporada en China, donde la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing la invit&oacute; a dar una ponencia, haciendo apariciones y dando charlas sobre su obra tambi&eacute;n en los Institutos Cervantes de Shangh&aacute;i y Beijing, en el Festival Literario Internacional de Macao y en la Universidad de Fudan.</p>
<p>Ciudadana comprometida con causas sociales, feminista, defensora de la libertad sexual y patrona de animales indefensos, la autora ha vivido siempre acompa&ntilde;ada de perros en diferentes barrios de la capital. Ahora reside junto a Petra, la perra m&aacute;s literaria de Madrid, en un bello piso inundado de luz y libros al que se mud&oacute; tras el fallecimiento de su marido, Pablo Lizcano. Cuando el calor asedia y sus compromisos se lo permiten, trata de guarecerse en Casc&aacute;is, Portugal, donde se retira a escribir.</p>
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<p><strong>Rosa Montero en <em>Turia</em></strong></p>
<p>Este monogr&aacute;fico se propone celebrar a la gran escritora que es Rosa Montero, y cuenta con autores de diferentes pa&iacute;ses que son (o somos) investigadores hermanados por la pasi&oacute;n monterina. Felizmente, hemos dedicado a su obra gran parte de nuestras carreras acad&eacute;micas, especializ&aacute;ndonos en diferentes aspectos de sus novelas y sorprendi&eacute;ndonos con cada paso de nuestra raposa. Los lectores se encontrar&aacute;n, pues, con una variedad de cap&iacute;tulos que, juntos, aspiran a componer un caleidoscopio de la complejidad y riqueza literaria de su obra.</p>
<p>En los primeros estudios, los m&aacute;s largos, contamos con los textos de Javier Escudero, Ellen Mayock, Juan Carlos Mart&iacute;n Galv&aacute;n y Alicia Rueda-Acedo. El interesante cap&iacute;tulo de Mayock hace un repaso de los personajes femeninos que la autora ha creado y de c&oacute;mo esas memorables mujeres de su obra hablan no necesariamente de una condici&oacute;n femenina, sino m&aacute;s bien del g&eacute;nero humano. Mart&iacute;n Galv&aacute;n ha dedicado su art&iacute;culo al g&eacute;nero de ciencia ficci&oacute;n y al decisivo papel que juega Bruna Husky en la po&eacute;tica de Montero, mientras que Rueda-Acedo se ha centrado en la faceta de entrevistadora de Montero con la que, como ve&iacute;amos al principio, nuestra autora ha hecho historia.</p>
<p>La segunda secci&oacute;n de este monogr&aacute;fico cuenta con siete estudios breves que aspiran a proveer contexto adicional y a completar el intricado universo de su polif&oacute;nica obra. Francesca Coppola analiza el rol que juega la ciencia en su literatura, profundizando as&iacute; en una de las grandes pasiones de Montero que es, tambi&eacute;n, un sello distintivo de su obra. La segunda colaboraci&oacute;n de Alicia Rueda-Acedo, por otra parte, se adentra en un sugestivo apunte sobre los relatos breves de la autora y sus l&iacute;mites con respecto a los textos period&iacute;sticos. Una servidora contribuye con un ensayo sobre esa trilog&iacute;a de artefactos literarios que coment&aacute;bamos arriba, tratando de ahondar en la originalidad y sofisticaci&oacute;n de los tres textos. Al m&iacute;o le sigue el art&iacute;culo de Anne Walsh, que contribuye con una pieza sobre el caos y el azar en la ficci&oacute;n monterina, aspectos que, como ella mostrar&aacute;, tienen gran protagonismo en varios de sus libros. Malgorzata Kolankowska har&aacute; un repaso de la carrera como periodista de la autora, centr&aacute;ndose en la cr&oacute;nica, el reportaje y el columnismo. La escritora Nuria Labari, amiga personal de la autora, nos desvelar&aacute;, con su conocida perspicacia, c&oacute;mo es esa trastienda de la escritura de Rosa Montero, y c&oacute;mo se ve su proceso creativo desde fuera. Por &uacute;ltimo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos cerrar&aacute; esta secci&oacute;n con un conmovedor texto sobre los l&iacute;mites de la ficci&oacute;n y la palabra en <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em>. A continuaci&oacute;n, una entrevista reeditada a Rosa Montero que Javier Escudero public&oacute; originalmente en la <em>Revista de estudios hisp&aacute;nicos</em>. En ella, Escudero dialoga con la autora acerca de la po&eacute;tica de su obra y sus influencias literarias, una ventana al pasado que nos ofrece la perspectiva de la Rosa Montero de 1996. Finalmente, contamos con una biocronolog&iacute;a compuesta por Mazal Oaknin, que nos dar&aacute; el contexto necesario para entender la obra de la autora.</p>
<p>Dec&iacute;a Faulkner que la literatura es como una cerilla en medio de la oscuridad; el f&oacute;sforo no puede iluminar la mayor parte del espacio y, sin embargo, s&iacute; le es posible proyectar una luz especial sobre aquello que le rodea. Y esa luz no alumbra sino la esencia de lo que somos. Con estas bellas palabras lo expresa Jorge Volpi:</p>
<p>Leer ficciones complejas, habitadas por personajes profundos y contradictorios, como t&uacute; y como yo, como cada uno de nosotros, impregnadas de emoci&oacute;n y desconcierto, imprevisibles y desafiantes, se convierte en una de las mejores formas de aprender a ser humano &hellip; Mi hip&oacute;tesis central: si la ficci&oacute;n es una herramienta tan poderosa para explorar la naturaleza &frac34;y en especial la naturaleza humana&frac34;, es porque la ficci&oacute;n tambi&eacute;n <em>es</em> la realidad. Una vez que las percepciones arriban al cerebro, este &oacute;rgano h&uacute;medo y tenebroso codifica, procesa y a la postre reinventa el mundo tal como un escritor concibe una novela o un lector la descifra &hellip; A causa de ello, la ficci&oacute;n resulta capital para nuestra especie. La literatura no sirve para entretenernos ni para embelesarnos. La literatura nos hace humanos (<em>Leer la mente</em>, 30-31).</p>
<p>Con este monogr&aacute;fico nos hemos adentrado en los recovecos de la obra de Rosa Montero, intentando desenmara&ntilde;ar c&oacute;mo nos hace m&aacute;s humanos su literatura, tratando de abarcarla con rigor y cari&ntilde;o, situ&aacute;ndonos frente a su obra como ella se sit&uacute;a frente al mundo tangible, y tambi&eacute;n al de las pasiones y el pensamiento. Eso dec&iacute;a Oscar Wilde que deb&iacute;a ser la cr&iacute;tica literaria, un ejercicio independiente y creativo, que no puede llegar cargado de respuestas, sino que debe poner un foco sobre algunas &aacute;reas rec&oacute;nditas y, as&iacute;, dotarlas de una nueva luz.</p>
<p>Aunque quiz&aacute; no haya manera de recopilarlo todo, desde Turia esperamos recorrer con nuestra autora las fronteras de los g&eacute;neros, acompa&ntilde;&aacute;ndola en su viaje a nombrar el horror y la belleza, convencidos de &ldquo;la fuerza de la fantas&iacute;a&rdquo; y de que &ldquo;la vida imaginaria tambi&eacute;n es vida&rdquo; (<em>La loca de la casa</em> 224). Al concebir su literatura bajo esa premisa, nos susurra a nosotros, sus muchos y devotos lectores, cu&aacute;l es la esencia de la ficci&oacute;n, a saber, que no solo es parte de la existencia, sino que tiene la capacidad de ensanchar la vida. Y as&iacute;, solo nos queda tratar de vivir la nuestra como escribe Rosa Montero, sin pena ni miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:09:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Casamayor: “Editar es vivir al borde del abismo y ahí quiero seguir”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-casamayor-editar-es-vivir-al-borde-del-abismo-y-ahi-quiero-seguir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/JUAN_CASAMAYOR_1.jpeg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Juan Casamayor: &ldquo;Editar es vivir al borde del abismo y ah&iacute; quiero seguir&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;Juan: crear una editorial es muy sencillo &iquest;ser&aacute;s capaz de crear un editor?&rdquo;. Han pasado algo m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os desde que Juan Casamayor, un joven aprendiz en la empresa de sacar libros al mercado, escuch&oacute; esa pregunta de labios de Miguel Garc&iacute;a, distribuidor, una instituci&oacute;n en el mundo del libro, al que pidi&oacute; ayuda en los inicios, muy consciente de que sin distribuci&oacute;n cualquier proyecto estar&iacute;a abocado al fracaso. Y veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s esa frase a&uacute;n resuena en sus o&iacute;dos. Result&oacute; que esa aventura improbable, la de crear una editorial especializada en cuento, cuando el g&eacute;nero apenas estaba empezando a levantar cabeza en la industria nacional, ha tenido &eacute;xito. El sello creado por una pareja de locos, como ellos mismos se definen, llamado P&aacute;ginas de Espuma, se ha convertido en el referente de la narrativa breve en espa&ntilde;ol. Es decir, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino en toda Latinoam&eacute;rica.</p>
<p>Veinticinco a&ntilde;os que la editorial ha venido celebrando este 2025 que est&aacute; a punto de finalizar con varios hitos editoriales y un sinfin de proyectos de futuro sobre los que hablamos con su director para dar voz tambi&eacute;n a su trayectoria. La celebraci&oacute;n comenz&oacute; hace meses con fiesta, con una cita en la que como suele ser habitual en P&aacute;ginas de Espuma, lo que se celebraba era la amistad. La amistad que fundadores y equipo han cultivado con los autores y con los representantes de todos los escalones en la cadena del libro, una marca de la casa. Parecen, y lo son en buena medida, una familia. Lejos quedan, aunque los fundadores de la empresa lo tengan muy presente, esos momentos en los que Encarnaci&oacute;n Molina, la esposa de Juan, que entonces trabajaba para otro sello, dijo &lsquo;adelante&rsquo; con el sue&ntilde;o del fil&oacute;logo arrepentido, y puso parte del dinero necesario para arrancar. El resto proced&iacute;a de una t&iacute;a de Juan, Cristina Vizca&iacute;no, cofundadora de la editorial Fundamentos, y de su propia madre. En 2004, Encarni, como la llama todo el mundo en la empresa, se incorpor&oacute; plenamente al proyecto en el que actualmente trabajan cinco personas en Madrid y cinco colaboradores en Am&eacute;rica.</p>
<p>Si pasamos revista a algunos de los invitados que acudieron a aquella cita en los comienzos del a&ntilde;o, veremos algunos de los nombres clave que han ido poniendo hitos literarios en estas espumosas p&aacute;ginas. Autores ya indiscutibles en las letras en espa&ntilde;ol como Jorge Volpi, Andr&eacute;s Neuman o Fernando Iwasaki, pero tambi&eacute;n otros que empiezan a hacerse un hueco en los &iacute;ndices de reconocimiento como Nuria Labari. No faltaron puntales del cat&aacute;logo como Clara Obligado, Eloy Tiz&oacute;n, Katya Adaui, Valeria Correa, entre tantos otros. Y entre tantos otros editores, distribuidores, libreros&hellip;</p>
<p>Juan Casamayor habla claro, no elude dar datos sobre su empresa que rara vez se nos dan a los periodistas con tanta naturalidad. Y m&aacute;s que pol&iacute;ticamente correcto con el sector, se muestra siempre enormemente respetuoso con un oficio que ama y con los que lo ejercen.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Usted suele recibir elogios de sus autores m&aacute;s all&aacute; de las debidas a un editor. &iquest;C&oacute;mo se consigue tan buena relaci&oacute;n cuando &eacute;ste es una figura que no siempre puede dar buenas noticias?</p>
<p>&ndash;Tengo una idea muy clara: cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto y as&iacute; poder ayudar no solo en la correcci&oacute;n estil&iacute;stica o en el orden de los cuentos en un libro sino en crear el concepto de ese libro dentro de una biograf&iacute;a de autor. Ese espacio de vocaci&oacute;n de trabajo crea lazos afectivos, l&oacute;gicamente con unos m&aacute;s y con otros menos. Tiene que ver con dos aspectos tambi&eacute;n. Uno, con mi lado m&eacute;dico. Yo estoy rodeado de m&eacute;dicos. Y b&aacute;sicamente un m&eacute;dico lo que hace es cuidar a otros. Es lo que hac&iacute;a mi madre en su centro de salud y mi padre cuando abr&iacute;a cerebros. Y el otro aspecto tiene que ver con que he cre&iacute;do desde el principio que una editorial de nuestro tama&ntilde;o el &uacute;nico capital que puede poner sobre la mesa para que autores y autoras importantes sigan en nuestro cat&aacute;logo es ese lado humano, afectivo, que comprende desde la edici&oacute;n del texto a acompa&ntilde;ar a un autor a una presentaci&oacute;n en Zamora, por ejemplo. Todo eso crea una atm&oacute;sfera, un aire de familia donde los autores se han encontrado muy c&oacute;modos tanto en relaci&oacute;n con el equipo que formamos como entre ellos. Porque lo bueno del cat&aacute;logo de P&aacute;ginas de Espuma es que tambi&eacute;n entre ellos se crean buenos lazos, que algunos no se conoc&iacute;an y ahora viven en la amistad. Cuando he escuchado a autores en las ferias en las que participamos hablar sobre la editorial se me pone la carne de gallina. La &uacute;ltima vez, en la Feria del Guadalajara, o&iacute;r a Antonio Ortu&ntilde;o, que &uacute;ltimamente lo ha pasado tan mal&hellip; Antonio estaba conmigo cuando le llamaron para decirle que su hermano se hab&iacute;a muerto en M&eacute;xico&hellip; Estar con &eacute;l todo un d&iacute;a. O la lectura del manuscrito de <em>Ceniza roja</em> con Socorro Venegas que fue uno de los actos m&aacute;s emocionantes que voy a tener en mi vida. Nadie me hab&iacute;a dicho &lsquo;l&eacute;eme estoy que yo no soy capaz de hacerlo y dime si hay un libro aqu&iacute;&rsquo;. Y pasar toda una tarde leyendo un libro en voz alta a su autora. Todo eso crea una atm&oacute;sfera personal y no s&eacute; vivir sin ello.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las antolog&iacute;as son una de esas locuras editoriales que nos encantan&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Esa complicidad que se demuestra con el primer hito del aniversario que fue <em>Primera Enciclopedia de Tl&ouml;n tomo XI</em>, donde se pon&iacute;a en marcha un juego literario al cuidado de Jorge Volpi. Y la complicidad de veinte autores j&oacute;venes.</p>
<p>&ndash;Ese es un homenaje que nos hemos dado a la propia editorial y que surgi&oacute;, como bien dices, de un juego en torno a una mesa y un poco de tequila con Jorge Volpi que fue el creador de la idea. Con Jorge tenemos una amistad de veinticinco a&ntilde;os y me propuso para el 25 aniversario hacer un homenaje a una parte bonita de la editorial que son sus antolog&iacute;as. Una de esas locuras que nos encantan y que hac&iacute;a un gui&ntilde;o a Borges y a Bioy Casares que son los que hablan de esa imaginaria enciclopedia en un cuento. Y luego veinte escritores y escritoras j&oacute;venes que han mostrado cari&ntilde;o a la editorial aportando un texto in&eacute;dito. Creo que la editorial ha conseguido radiografiar, a trav&eacute;s de un libro muy singular, una generaci&oacute;n que dentro de quince o veinte a&ntilde;os tendr&aacute; siete u ocho nombres importantes. Ahora hemos reeditado los cuentos completos de Edgar Allan Poe y hemos mantenido los comentarios del libro que hicimos hace dieciocho a&ntilde;os, ah&iacute; hab&iacute;a autores que ahora suenan pero entonces eran unos ni&ntilde;os. Estoy hablando de Alejandro Zambra, de Antonio Ortu&ntilde;o, de Eduardo Halfon, de Guadalupe Nettel etc. etc. Esa misma semilla tambi&eacute;n est&aacute; en ese proyecto y en otros que vamos creando d&iacute;a a d&iacute;a</p>
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<p><strong>&ldquo;Todo cl&aacute;sico merece una traducci&oacute;n contempor&aacute;nea&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Hablemos de esa nueva edici&oacute;n de los <em>Cuentos Completos</em> de Edgard Allan Poe que ha sido sin duda uno de los platos fuertes de este aniversario. La editorial ya hab&iacute;a hecho en su primera etapa una edici&oacute;n de esos cuentos &iquest;Por qu&eacute; traducirlos de nuevo y embarcarse en un libro tan complicado por otra parte?</p>
<p>&ndash;S&iacute; lo es porque la edici&oacute;n ten&iacute;a muchos interlocutores y ahora la hemos aderezado con m&aacute;s. Los <em>Cuentos Completos</em> de Poe fue el primer cl&aacute;sico de cuentos completos que publicamos en el 2008. Es el que abr&iacute;a una puerta a lo que ha sido una gran colecci&oacute;n de autores cl&aacute;sicos que ha forjado casi una biblioteca en la que los cuentos completos aparecen en un orden cronol&oacute;gico y, esto es muy importante, con una traducci&oacute;n nueva salvo en alg&uacute;n caso muy concreto. Este libro ha sido un <em>long seller</em> en el que se un&iacute;an adem&aacute;s de los editores, Jorge Volpi y Fernando Iwasaki, tres grandes nombres como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cort&aacute;zar como traductor. Pasados casi 20 a&ntilde;os, la editorial por un lado ha ganado m&uacute;sculo, es m&aacute;s fuerte, y esta colecci&oacute;n alberga una potencia que puede sostener proyectos m&aacute;s arriesgados desde distintos puntos de vista. Lo fueron, por ejemplo, las narraciones completas de Stefan Zweig, 1.400 p&aacute;ginas traducidas del alem&aacute;n por primera vez por un solo traductor. Asumimos ese riesgo que era sobre todo econ&oacute;mico. Eso vale mucho dinero, ah&iacute; nos dejamos entre sesenta y setenta mil euros. Es verdad que ese libro vendi&oacute; diez mil ejemplares que al precio de venta suponen 400.000 euros, es decir, ha ido muy bien. &iquest;Cu&aacute;l era el riesgo de editar a Edgar Allan Poe bajo otra traducci&oacute;n? Primero, desde una editorial que publica cl&aacute;sicos hay como un compromiso de que todo cl&aacute;sico merece una traducci&oacute;n contempor&aacute;nea. Y, sin desmerecer en absoluto al padre que es Julio Cort&aacute;zar, lo cierto es que esa traducci&oacute;n que se hizo hace m&aacute;s o menos setenta a&ntilde;os, teniendo en cuenta nuestro idioma, la bibliograf&iacute;a en torno a Poe, las ediciones en ingl&eacute;s definitivas que han salido&hellip; merec&iacute;a una revisi&oacute;n. Y esto lo digo en segundo lugar, pero es muy importante: es una edici&oacute;n &iacute;ntegra y completa. Y s&iacute;, Julio Cort&aacute;zar hizo una versi&oacute;n insuperable de los cuentos de Poe pero en la traducci&oacute;n hay elementos objetivos que pod&iacute;an mejorarse. Yo conoc&iacute; a Aurora [Bern&aacute;rdez], la viuda oficial de Cort&aacute;zar, y habl&eacute; sobre la traducci&oacute;n y claro, hay que tener en cuenta que Cort&aacute;zar ten&iacute;a veintipocos a&ntilde;os, que le dan un dinero desde la Universidad de Puerto Rico que se lo dieron Pedro Salinas y Francisco Ayala que establecieron una beca para traducir a Poe en Paris&hellip; Que la pareja se traslada a Roma porque era una ciudad m&aacute;s barata para poder terminar la traducci&oacute;n en dos meses, una traducci&oacute;n de casi mil p&aacute;ginas&hellip; Nuestro proyecto se sostiene en hacer una traducci&oacute;n acorde al siglo XXI. Y dar una mirada a Poe no ya desde sus digamos hijos, no en vano Cort&aacute;zar le dio a conocer en el mundo de habla hispana, sino de los nuevos escritores. Los que comentaron la primera edici&oacute;n que hicimos ten&iacute;an entonces la edad de las nuevas prologuistas, que por su escritura son claramente nietas de Poe: Mariana Enr&iacute;quez y Patricia Esteban Erl&eacute;s. Si Carlos Fuentes y Vargas Llosa fueron elegidos como hermanos de camino de Cort&aacute;zar, Mariana y Patricia son continuaci&oacute;n de la herencia de Poe, el gran capital. Y a esto hay que a&ntilde;adir el trabajo de ilustraci&oacute;n de Arturo Garrido que ha puesto en contacto la obra de Poe con Vel&aacute;zquez y Goya.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y c&oacute;mo est&aacute; yendo la edici&oacute;n?</p>
<p>&ndash;A punto de agotar una tirada de 6.000 ejemplares y en el top cinco de las ventas de la editorial tanto en Espa&ntilde;a como en Hispanoam&eacute;rica, seg&uacute;n los datos de Cegal [Confederaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Asociaciones de Libreros]. Estamos contentos por la repercusi&oacute;n y haber recuperado un libro que era emblem&aacute;tico de la editorial. Salvo excepciones, la gente ha entendido bien que Poe necesitaba una traducci&oacute;n nueva con un aire distinto y aportando una base lectora y una bibliograf&iacute;a primaria y secundaria que no estaban disponibles hace setenta a&ntilde;os. Ha llegado a toda Latinoam&eacute;rica y en la Feria de Madrid ha sido uno de los m&aacute;s vendidos junto a <em>Larvas </em>[de Tamara Silva Bernaschina], que ha sido el m&aacute;s vendido y de <em>Siete casas vac&iacute;as</em> de Samantha [Schweblin] que no se baja nunca de las ventas, es como el catecismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Editar los cuentos completos de Ray Bradbury es uno de los proyectos m&aacute;s importantes de P&aacute;ginas de Espuma&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y ahora tienen muy reciente otro de los hitos de este a&ntilde;o de celebraci&oacute;n.</p>
<p>&ndash;En esa rotaci&oacute;n de dos cl&aacute;sicos al a&ntilde;o que hacemos, ven&iacute;amos de Poe y estamos en Bradbury que es un proyecto de los m&aacute;s importantes que va a abordar P&aacute;ginas de Espuma en estos 25 a&ntilde;os que concluyen. Este Bradbury tiene una doble historia. Por una parte, una historia lectora que ten&iacute;amos latente. Acceder a Bradbury para P&aacute;ginas de Espuma era imposible. Este autor tiene una historia de m&aacute;s de medio siglo publicando en Minotauro, en Planeta, pero surgi&oacute; una posibilidad a nivel lector y la supimos aprovechar porque a nivel econ&oacute;mico no podemos competir con Planeta. Si ganamos la apuesta fue por dos razones: porque venimos desde el 2008 haciendo un trabajo con los cl&aacute;sicos, y los herederos de Bradbury quer&iacute;an situarlo en la misma colecci&oacute;n donde est&aacute; Chejov, Joyce, Edith Warton o Kafka. Por otro lado, porque presentamos ese proyecto lector basado en las grandes antolog&iacute;as. Es decir, en EEUU no hay una edici&oacute;n de los cuentos completos de Bradbury porque es inalcanzable. Escribi&oacute; cientos de cuentos. Se jactaba de escribir m&aacute;s de un cuento a la semana. Vivi&oacute; m&aacute;s de 90 a&ntilde;os: hab&iacute;a mucho cuento. Hay dos grandes antolog&iacute;as, sobre todo la de un especialista en &eacute;l, Spinetta, que reuni&oacute; cien cuentos. La hemos superado con ciento veinte y recorre el principio y el final de su carrera que es donde nos jug&aacute;bamos el proyecto. Porque en un volumen de 1.400 p&aacute;ginas poner todos los cuentos de <em>Cr&oacute;nicas marcianas</em> es muy sencillo, pero hab&iacute;a que rastrear los cuentos de los fanzines de juventud o los cuentos de madurez y eso es lo que Paul Viejo hab&iacute;a hecho durante a&ntilde;os y eso eclips&oacute; la apuesta de la agencia estadounidense. Y se a&ntilde;ade algo: las traducciones de Bradbury no es que estuvieran mal, pero han pasado de algunas m&aacute;s de medio siglo y lo que hemos hecho es que todo es nuevo, todo nuevo y traducido entero por Ce Santiago. Hay cuatro o cinco textos que no me atrevo a calificarlos como in&eacute;ditos porque ser&iacute;a altamente peligroso pero a d&iacute;a de hoy no conocemos que hayan salido en espa&ntilde;ol ni siquiera en revistas, pero, claro, qui&eacute;n dice que a lo mejor un fanzine del a&ntilde;o 73 en Santiago de Chile que estuvo activo unos meses y unos estudiantes tradujeron el cuento y lo sacaron y como en este &lsquo;mundo Bradbury&rsquo; hay mucho friki&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Samantha Schweblin creci&oacute; gracias a nosotros&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Hablando de apuestas, todo editor tiene el prurito de haber descubierto nuevos valores para la literatura. Mirando hacia atr&aacute;s &iquest;de qui&eacute;n presumir&iacute;a en el sentido de haberlo puesto en el mapa de la narrativa breve en espa&ntilde;ol?</p>
<p>&ndash;Esa es parte de mi condici&oacute;n. Yo tengo un compromiso con el aqu&iacute; y el ahora&hellip; El caso de Tamara Silva. Cuando Tamara naci&oacute; P&aacute;ginas de Espuma ya exist&iacute;a y eso para m&iacute; ha sido muy revelador del trabajo hecho. Y ahora si tuviera que decir un par de nombres&hellip; Uno absolutamente desde cero, la autora que nunca hab&iacute;a publicado nada, es Mar&iacute;a Fernanda Ampuero y se ha convertido en un hurac&aacute;n, conocida en todo el continente. <em>Pelea de gallos</em> es el libro que m&aacute;s vende la editorial por encima de <em>Siete casas vac&iacute;as</em>. Creo que Samantha Schweblin creci&oacute; gracias a nosotros, no tengo problema en decirlo p&uacute;blicamente. Cuando gana el premio Ribera del Duero, ella en Espa&ntilde;a no era conocida, lo era en Argentina, pero no en el resto de la geograf&iacute;a en espa&ntilde;ol y creo que ah&iacute; hay una acci&oacute;n coordinada &ndash;y las cosas hay que decirlas&ndash; con Claudio L&oacute;pez Lamadrid [director editorial de Penguin Random House, fallecido en 2019] que public&oacute; <em>Distancia de rescate</em> por esas mismas fechas. Yo recuerdo que sacamos el primer mi&eacute;rcoles de mayo del a&ntilde;o 2005 un total de 5.000 ejemplares y en junio ya est&aacute;bamos reimprimiendo. Y ahora va a salir una edici&oacute;n del d&eacute;cimo aniversario y llevamos treintais&eacute;is ediciones. Ella ha trabajado much&iacute;simo para llegar a ese estatus, pero la editorial ha hecho un esfuerzo enorme. Luego estoy muy contento del punto de inflexi&oacute;n que tuvo Eloy Tiz&oacute;n con <em>T&eacute;cnicas de iluminaci&oacute;n</em>. Un libro que le permiti&oacute; a Eloy borrar su apellido. Ya no era Eloy Tiz&oacute;n el de <em>Velocidad de los jardines</em>, esa coletilla se le quit&oacute; y ahora la coletilla es Eloy Tiz&oacute;n &lsquo;el mejor autor de cuentos en espa&ntilde;ol de Espa&ntilde;a&rsquo;. Ese acompa&ntilde;amiento con la reedici&oacute;n <em>de Velocidad de los jardines</em> y con <em>Plegaria para pir&oacute;manos</em> y la publicaci&oacute;n de sus lecturas en <em>Herido leve</em> para m&iacute; es una alegr&iacute;a. Otras cosas van m&aacute;s despacito. Un caso es Pedro Ugarte que con cada nuevo libro tiene m&aacute;s lectores, m&aacute;s rese&ntilde;as&hellip; Y de todo vivimos los editores.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Le he o&iacute;do decir en ocasiones que un editor independiente se acaba convirtiendo en un lector para los grandes grupos editoriales porque cuando consigue un autor de &eacute;xito &eacute;ste puede tener la tentaci&oacute;n de marcharse a una editorial m&aacute;s grande. Pero a usted se le van pocos.</p>
<p>&nbsp; &ndash;La verdad es que esa m&aacute;xima es verdad en la mayor&iacute;a de los casos. Cuando una editorial independiente publica novelas y tiene un novelista de &eacute;xito acaba y&eacute;ndose a grandes grupos lo cual es comprensible por parte del autor. Eso puede ser m&aacute;s rentable a corto plazo aunque quiz&aacute; no tanto a largo, porque hay que valorar mucho lo de ser cola de le&oacute;n o cabeza de rat&oacute;n sobre todo para la visibilidad. Un autor en su editorial independiente puede tener una progresi&oacute;n m&aacute;s firme y con m&aacute;s ejemplares vendidos que en un gran grupo. Esto lo dijo una vez Claudio L&oacute;pez Lamadrid, lo vuelvo a citar, en una entrevista conjunta que nos hicieron en 2017. &Eacute;l dec&iacute;a que algunos libros tan bien como los impulsaba P&aacute;ginas de Espuma, &eacute;l no pod&iacute;a hacerlo por la estructura que ten&iacute;a, y en esto tambi&eacute;n pon&iacute;a de ejemplo a Blackie Books. En el caso concreto nuestro, es que trabajamos con esa singularidad llamada cuento y hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal. Desde ese punto de vista casi cu&aacute;ntico hemos conseguido que autores de grandes grupos quieran seguir dejando sus cuentos en P&aacute;ginas de Espuma. Eso ha sido una norma y sigue funcionando as&iacute;. En febrero del pr&oacute;ximo a&ntilde;o vamos a publicar el nuevo libro de relatos de Fernanda Tr&iacute;as que es una autora de Random House. Fernanda ha decidido que sus cuentos sigan aqu&iacute;. Hemos hablado de Ray Bradbury y yo no he eludido que es un autor de Planeta Minotauro y ahora aparece la edici&oacute;n de sus cuentos en P&aacute;ginas de Espuma. Eso &iquest;c&oacute;mo se come? Porque existe un prestigio lector. Yo no puedo competir econ&oacute;micamente con un gran grupo, perder&iacute;a siempre, pero s&iacute; puedo competir en un trabajo subterr&aacute;neo. Lo de ser lector puede parecer una obviedad pero es que el editor que es lector sabe leer editorialmente y si sabes leer editorialmente sabes editar un texto y te aseguro que muchos autores que han pasado por aqu&iacute;, cuando les he editado un libro me han dicho &lsquo;nadie hab&iacute;a hecho esto con mi texto y cuando digo nadie es nadie&rsquo;. Yo edito textos que no voy a publicar. Edito novelas de mis autores.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las nuevas generaciones de editores van a venir mejor formados&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Ese es un gran tema. La figura del editor en el mundo anglosaj&oacute;n parece m&aacute;s definida tradicionalmente. Es un trabajo de acompa&ntilde;amiento concienzudo, se trata de mejorar el texto, de se&ntilde;alar posibles tics innecesarios, de mejorar el estilo. Pero en Espa&ntilde;a a veces se echa de menos ese trabajo. Se leen libros, incluso de sellos prestigiosos en los que cabe hacerse una pregunta: &iquest;d&oacute;nde estaba el editor o editora?</p>
<p>&ndash;Yo soy muy optimista con las nuevas generaciones de editores. Los editores cada vez van a venir mejor formados, con una experiencia previa en sellos ajenos, una formaci&oacute;n que yo no tuve. Lo que s&iacute; es verdad es que las editoriales de peque&ntilde;o tama&ntilde;o a veces no tienen la oportunidad o el tiempo necesario para incidir en el texto, pero es un error no solo porque podr&iacute;as mejorarlo, que eso es obvio, sino porque cuanto m&aacute;s te comprometas con un texto mejor lo vas a defender en otros &aacute;mbitos. T&uacute; me sufres&hellip; Hay periodistas que afirman que soy el &uacute;nico editor que no acepta un no por respuesta. Eso me viene porque me comprometo con la lectura y creo que ahora hay grand&iacute;simos editores que hacen ese trabajo, pero es posible que no sea la norma por lo que me dicen algunos autores. En este sentido, una cosa que llevo haciendo desde hace unos diez a&ntilde;os es guardar los manuscritos. Y ese inter&eacute;s me ha permitido dar clases en EE.UU. porque les interesa la gen&eacute;tica textual. Ya la Universidad de Brown me pregunt&oacute; qu&eacute; iba a hacer con esos manuscritos. Yo tengo aqu&iacute; desde novelas de Andr&eacute;s [Neuman], editadas por m&iacute; en sus inicios, hasta los manuscritos de <em>Siete casas vac&iacute;as</em> o <em>Pelea de gallos</em> o los libros de Eloy en sus primeras versiones.</p>
<p>Ese &lsquo;aqu&iacute;&rsquo; al que se refiere Casamayor es la sede de la editorial. Un piso en pleno centro de Madrid que es a la vez vivienda y oficinas. Un lugar bien conocido por autores, periodistas y cuantos alguna vez toman contacto con la casa. Uno de esos pisos antiguos con largos pasillos. Y a ese pasillo m&iacute;tico se refer&iacute;a Jorge Volpi en la fiesta de aniversario. Porque une vida privada y p&uacute;blica, porque, valga la redundancia, por &eacute;l pasan miles de historias, centenares de proyectos. Y en las estanter&iacute;as que llenan los espacios no s&oacute;lo est&aacute;n esos manuscritos, est&aacute; la tesis doctoral del editor que nunca lleg&oacute; a leer sobre la poes&iacute;a completa de Jos&eacute; Cadalso. El fil&oacute;logo que es Casamayor y que nunca concluy&oacute; la tesis no s&oacute;lo iba para profesor, ten&iacute;a pr&aacute;cticamente apalabrado un contrato de lector de espa&ntilde;ol en la Universidad Estatal de Luisiana de Nueva Orleans, pero en Madrid se top&oacute; con el mundo editorial y comprendi&oacute; que lo suyo no ser&iacute;a estudiar textos ya publicados, sino investigar en los textos por publicar. Y as&iacute; cambi&oacute; de rumbo.</p>
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<p><strong>Sobre el premio Ribera del Duero y la expansi&oacute;n en Latinoam&eacute;rica</strong></p>
<p>&ndash;Mirando hacia atr&aacute;s, parece evidente que hay dos saltos importantes en el crecimiento de la editorial tanto en volumen como en importancia. Ser&iacute;an la creaci&oacute;n del premio Ribera de Duero y la expansi&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. &iquest;Desde su punto de vista qu&eacute; otros hitos han sido clave en su trayectoria?</p>
<p>&ndash;Habr&iacute;a dos escalones m&aacute;s: la publicaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los autores cl&aacute;sicos que supuso mayor financiaci&oacute;n por parte de la editorial, pero tambi&eacute;n supuso mayor facturaci&oacute;n. A ese nivel la editorial creci&oacute; porque, de pronto, publicar dos libros al a&ntilde;o de cuarenta y cinco euros era arriesgado. Y de algunos, como es el primer tomo del libro de los cuentos de Chejov, vamos por la s&eacute;ptima edici&oacute;n. Hablamos de muchos miles de ejemplares porque, para que un libro de mil p&aacute;ginas sea rentable, tienes que hacer muchos libros. En total son veintis&eacute;is ediciones. Este fue un punto de inflexi&oacute;n alargado en el tiempo. Pero hay otro que fue un punto de inflexi&oacute;n importante: la publicaci&oacute;n de <em>Alumbramiento</em> de Andr&eacute;s Neuman, porque por primera vez un autor que estaba en un sello mucho m&aacute;s potente que nosotros que es Anagrama decidi&oacute; que sus cuentos los iba a sacar en P&aacute;ginas de Espuma. Fue el primero. Es cierto que hab&iacute;amos publicado ya a Clara Obligado y a Fernando Iwasaki, pero ellos no estaban entonces en el estatus de Andr&eacute;s, que hab&iacute;a sido finalista del Herralde y finalista del premio primavera de Espasa. De hecho, cuando decide darnos <em>Alumbramiento</em>, Anagrama se mosque&oacute;.</p>
<p>Los otros dos puntos que t&uacute; mencionas son evidentes tambi&eacute;n y son labrados en el tiempo. El premio Ribera del Duero surge en 2009 y le da una potencia a la editorial en dos sentidos. Por un lado, lanzamos un mensaje a la industria del libro: es posible hacer un premio de narrativa breve donde hay mucho dinero detr&aacute;s y la ambici&oacute;n comercial y promocional del libro ganador no tiene nada que envidiar ya no al Herralde, sino a otros importantes, de hecho, solo el Alfaguara llega a m&aacute;s sitios. Magal&iacute; Etchebarne [la &uacute;ltima ganadora del premio con <em>La vida por delante</em>] a estas alturas ha estado promocionando el libro en Uruguay, Argentina, Ecuador, M&eacute;xico, Estados Unidos y Espa&ntilde;a. Le queda Chile y casi un a&ntilde;o m&aacute;s tarde va a Bogot&aacute; a la feria para celebrar la edici&oacute;n colombiana. Y eso ha trascendido a los lectores y a las agencias. Y por otro lado nos ha servido para tener la luz de un faro y que ciertos barcos se aproximen. &iquest;Hubi&eacute;ramos podido editar un libro de Guadalupe Nettel sin esa luz? Creo sinceramente que no. <em>El matrimonio de los peces rojos</em> sigue con nosotros despu&eacute;s de veinte ediciones. Y otra m&aacute;s invisible de valorar es la marca P&aacute;ginas de Espuma que es m&aacute;s conocida gracias al premio y tambi&eacute;n el premio tiene ese estatus porque est&aacute; respaldado por una editorial como la nuestra que es la referencia en el cuento.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y sobre la expansi&oacute;n americana?</p>
<p>&ndash;Tambi&eacute;n es un asunto larvado en el tiempo. P&aacute;ginas de Espuma publica su primer libro en el a&ntilde;o 2000 y al final de ese a&ntilde;o ya estamos exportando. Y a partir del 2003 yo empiezo a viajar a Am&eacute;rica. Hasta el a&ntilde;o 2024 en que voy siete veces. Ah&iacute; lo que ha costado mucho a lo largo de quince a&ntilde;os es conseguir la distribuci&oacute;n horizontal en todos los pa&iacute;ses excepto en Venezuela y en Cuba. Luego la otra posibilidad es empezar a imprimir en esos pa&iacute;ses, herramienta fundamental para ser m&aacute;s competitivos de cara a los autores. &iquest;Por qu&eacute; puedo tener a M&oacute;nica Ojeda? Porque un libro de Ojeda sale impreso en seis pa&iacute;ses sudamericanos y con Espa&ntilde;a son siete&hellip; Debe de haber vendido unos 30.000 ejemplares. Eso nos permite competir con Random House que es la otra editorial que hace muy bien el trabajo en Am&eacute;rica. Al final las agencias literarias tambi&eacute;n valoran todo ese trabajo de promoci&oacute;n para un libro de cuentos. Por eso entr&oacute; el a&ntilde;o pasado Lina Meruane. El libro de Katya [<em>Un nombre para tu isla</em>, lo nuevo de la autora peruana Katya Adaui] sale en Argentina, Colombia, Per&uacute;, M&eacute;xico y Espa&ntilde;a. Si sumas todos los ejemplares estamos hablando de una primera tirada de siete u ocho mil ejemplares. Ya no estamos hablando de 1.500 como era lo habitual en una tirada de este tipo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Ha habido dos momentos duros: la crisis econ&oacute;mica del 2008 y la pandemia&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En la historia de P&aacute;ginas de Espuma no todo habr&aacute;n sido pasos hacia adelante. Tambi&eacute;n habr&aacute; habido momentos duros, quiz&aacute; de los que hacen dudar si se podr&aacute; continuar. &iquest;Es cierto?</p>
<p>&ndash;Coyunturalmente ha habido dos momentos duros: uno fue la famosa crisis del 2008-2010 que alcanz&oacute; su cl&iacute;max en el 2012. Diego Moreno de N&oacute;rdica la defini&oacute; muy bien. Dijo &lsquo;yo creo que alguien imprime mis libros solo para devolv&eacute;rmelos&rsquo;. Eran tales las devoluciones de los libreros porque los libreros ten&iacute;an que abrir y &iquest;c&oacute;mo consegu&iacute;an dinero? devolviendo lo que ten&iacute;an en las librer&iacute;as. En el verano de 2012, Encarni y yo no fuimos dos meses a Buenos Aires pensando en que quiz&aacute; nos deb&iacute;amos quedar ah&iacute;. Ahora no ir&iacute;a all&iacute; tampoco. Y luego el otro momento de incertidumbre fue la pandemia donde todo lo que hab&iacute;amos aprendido no serv&iacute;a de nada. La cadena del libro cierra. La editorial minimiza gastos, pero hay gastos que no se pueden evitar. Aunque lo que nunca pudimos imaginar es que saldr&iacute;amos reforzados. Y el a&ntilde;o pasado tuvimos un ataque inform&aacute;tico desde Tailandia que nos encript&oacute; parte del servidor pero que afortunadamente se resolvi&oacute; pronto.</p>
<p>&ndash;La foto fija de la editorial nos muestra dos grandes colecciones. Digamos, la columna vertebral que son los libros de relatos de atores contempor&aacute;neos y el otro gran puntal que es la edici&oacute;n de los cuentos completos de autores cl&aacute;sicos. Pero, adem&aacute;s de una peque&ntilde;a colecci&oacute;n de obras ilustradas, est&aacute; la que usted ha llamado en ocasiones la cara B de la editorial, compuesta por textos de no ficci&oacute;n, como cartas, memorias, peque&ntilde;os ensayos literarios que complementan la visi&oacute;n de la obra de sus autores. &iquest;Alguna novedad en este campo?</p>
<p>&ndash;Acabamos de publicar dos novedades en esa cara B. <em>Un &aacute;rbol de compa&ntilde;&iacute;a</em> que es un libro que ha hecho Clara Obligado con Ra&uacute;l de Tapia, bot&aacute;nico y bi&oacute;logo, premio nacional de Medio Ambiente. Entre los dos han hecho un libro sobre el mundo de los &aacute;rboles y la escritura tan bonito y tan necesario adem&aacute;s. Y luego otro libro titulado <em>Poes&iacute;a y econom&iacute;a. Rimas internas</em>, de la premio Nacional de Poes&iacute;a Yolanda Casta&ntilde;o. Trata de c&oacute;mo se ganan la vida los que se dedican al mundo de la escritura. Me gustar&iacute;a que cuando se presente en Madrid sea con una conversaci&oacute;n entre ella y Remedios Zafra, que es la m&aacute;s indicada para hablar del tema de la precariedad en el mundo de la cultura.</p>
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<p><strong>&ldquo;La editorial es fuerte porque no publica novela&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Algunos autores de cuentos de los que mantienen su fidelidad al g&eacute;nero se quejan de una pregunta que suele estar en el ambiente &iquest;Para cu&aacute;ndo una novela? Gonzalo Calcedo afirma con humor que a un novelista no se le suele preguntar &iquest;para cu&aacute;ndo un libro de cuentos? Pero usted, como editor, tambi&eacute;n ha sufrido la pregunta de cu&aacute;ndo piensa dar el salto a la novela.</p>
<p>&ndash;Esa pregunta ya no la hacen los periodistas. Quiz&aacute; todav&iacute;a preguntan por qu&eacute; un libro de cuentos. Efectivamente esa pregunta no se har&iacute;a con una novela. Recuerdo que esa pregunta se hizo en una rueda de prensa el 25 de octubre de 2002. Present&aacute;bamos la antolog&iacute;a <em>Peque&ntilde;as resistencias</em> en la que participaban veinte autores y se la hicieron a Carlos Cast&aacute;n. Y &eacute;l dijo: &lsquo;Yo ya tengo solucionado ese asunto porque mi pr&oacute;ximo libro de cuentos se va a titular <em>Para cuando una novela</em>&rsquo;. Es decir, contest&oacute; con un absurdo a algo que ya no ten&iacute;a sentido. Y en esto P&aacute;ginas de Espuma ha sido un granito de arena de un movimiento que ha situado al cuento en otro lado desde finales de los 90. Y s&iacute;, es verdad que desde hace unos diez a&ntilde;os se me viene diciendo: ahora que la editorial est&aacute; s&oacute;lida por qu&eacute; no abord&aacute;is la novela. Y mi respuesta es que no tengo ning&uacute;n inter&eacute;s en hacerlo. La editorial es fuerte precisamente porque no publica novela. Al menos el concepto de editorial que yo tengo. Si yo publicara novela tendr&iacute;a alg&uacute;n libro que me funcionar&iacute;a muy bien pero no podr&iacute;a sostener el cat&aacute;logo que tengo ahora. No podr&iacute;a sostenerlo con las novelas de Andr&eacute;s Neuman, de Jorge Volpi, de Magal&iacute; Etchebarne, de Antonio Ortu&ntilde;o&hellip; Pero tengo esos autores para sus textos de formas breves y eso me permite apostar por autores menos conocidos que han ido muy bien. Para m&iacute; ser&iacute;a una v&iacute;a muerta, un callej&oacute;n sin salida. Quiero tener la editorial que honestamente quiero. Y en eso tiene que ver mi especialidad en el g&eacute;nero, el n&uacute;mero de novedades que hago al a&ntilde;o que son diecis&eacute;is y pueden parecer pocas, pero si tenemos en cuenta los meses en que no hay novedades salen dos al mes. A lo mejor tengo menos complicaciones de producci&oacute;n que otras de nuestro tama&ntilde;o que sacan treinta novedades pero, a cambio, somos muy ambiciosos en nuestra proyecci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. Pocas de esas otras editoriales de nuestro tama&ntilde;o tienen el tejido editorial que tenemos nosotros all&iacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Distribuir en Estados Unidos es un reto que siempre est&aacute; ah&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Podemos decir entonces que, despu&eacute;s de esta trayectoria ascendente, ha llegado al lugar en el que se encuentra satisfecho. &iquest;Alg&uacute;n reto a corto plazo?</p>
<p>&ndash;Por tama&ntilde;o, por las personas que estamos, cinco fijas en Madrid y cinco colaboradores en Am&eacute;rica, y por concepto de editorial creo que es el tama&ntilde;o justo. Dif&iacute;cilmente pudi&eacute;ramos crecer. Quiz&aacute; podr&iacute;amos tener una persona m&aacute;s porque cada vez se factura m&aacute;s y los que estamos trabajamos al ciento diez por cien. Frente a la facturaci&oacute;n del a&ntilde;o 2000 que fue la primera, ahora facturamos un mil por ciento m&aacute;s. No me importa decir que para que esto funcione necesitamos vender entre doscientos y trescientos ejemplares al d&iacute;a. Hay editoriales que necesitan mil y otras cien. Pero este es nuestro tama&ntilde;o. En cuanto a retos pr&oacute;ximos, el de entrar en Estados Unidos es algo que siempre est&aacute; ah&iacute;, y que en el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha evolucionado much&iacute;simo. Ya tenemos un distribuidor, Spanish Publishers, y por otro lado estamos intentando hacer un trabajo integral en universidades americanas para que nuestros libros salgan en los programas y que lleguen bien a las librer&iacute;as de los campus que es el territorio m&aacute;s sensible, m&aacute;s all&aacute; de las librer&iacute;as independientes. Eso va por un lado. Y otro reto que ha surgido ahora, y que est&aacute; dando los primeros pasos, es volver a introducir libros nuestros en Venezuela. Algo que ocurri&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la editorial y ahora se vislumbra la posibilidad de volver.</p>
<p>Casamayor no ha perdido nunca de vista su origen aragon&eacute;s. De hecho, la editorial comenz&oacute; publicando textos de Luis Bu&ntilde;uel entre los que se encontraba el gui&oacute;n de <em>Un perro andaluz</em>. Esa conexi&oacute;n sigue latente en autores como Patricia Esteban Erl&eacute;s o los ya desaparecidos Javier Tomeo o Jes&uacute;s Vived, autor de una biograf&iacute;a de Ram&oacute;n J. Sender. Por otro lado, Zaragoza es parada obligada en las giras de sus autores. Un v&iacute;nculo que es de doble sentido pues recientemente la librer&iacute;a C&aacute;lamo de la ciudad aragonesa distingui&oacute; con el premio al libro del a&ntilde;o a Irene Reyes Noguerol por <em>Alcaravea</em>, que lleva el sello de la casa.</p>
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<p><strong>&ldquo;El cuento es m&aacute;s generador de preguntas que la novela&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En su editorial conviven varias est&eacute;ticas desde las m&aacute;s l&iacute;ricas a las que se aproximan al cuento de terror incluso de la ciencia ficci&oacute;n, pero &iquest;dir&iacute;a que hay un sello, algo que caracteriza al fondo editorial?</p>
<p>&ndash;S&iacute;. Lo que Herralde llama la marca editorial. Hay una lectura en el fondo. Me gustan los textos anclados en conflicto, en c&oacute;mo la memoria distorsiona las cosas y la escritura es, en t&eacute;rminos astrof&iacute;sicos el horizonte de sucesos. Es decir, lo que estamos viendo que pasa pero que ya pas&oacute;. La literatura tiene algo de eso. Leemos algo en lo que nos podemos identificar, que podemos aprender de ello pero que ya en alg&uacute;n lugar pas&oacute; en la vida de otra persona. Y yo quiero seguir instalado en ese tipo de texto. Un texto que alberga m&aacute;s preguntas que certezas que creo que es lo que debe hacer la literatura. El cuento es m&aacute;s generador de preguntas que la novela. Esta tiende a explicarlo todo y est&aacute; bien. El cuento te deja en un silencio y en una elipsis que tiene que completar el que lo lee. Y la memoria, que te lleva a p&eacute;rdida, dolor, desubicaci&oacute;n, extra&ntilde;amiento, epifan&iacute;as, hallazgos, encuentros, esos grandes temas de la vida que me gusta que transiten por el cat&aacute;logo.</p>
<p>&ndash;Volviendo al tema de la presencia del cuento, de la narrativa breve en el panorama actual de la Literatura espa&ntilde;ola, la botella se puede ver medio llena o medio vac&iacute;a. Algunos autores no son tan optimistas en cuanto a si existe ahora un boom del relato breve en nuestro pa&iacute;s. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p>&ndash;Un boom del cuento no hay. Pero, si uno mira los cat&aacute;logos de finales de los 90 y los de la tercera d&eacute;cada del siglo XXI en la que nos encontramos, la presencia del cuento es infinitamente mayor. El crecimiento sostenible de lectores de cuentos es una realidad. Una causa es la bibliodiversidad, ahora hay muchas editoriales independientes muy buenas y esas son capaces de hacer de su gusto personal una aventura rentable que es una gran definici&oacute;n de editorial independiente. Estas asumen publicar cuentos. Lo hace Anagrama, lo hace Impedimenta. Que le digan a Random House si con Luc&iacute;a Berlin o Alice Munro no ha tenido buenas ventas. Otra cosa es la tecnolog&iacute;a. No quiero decir que, porque ahora vivamos con la brevedad de las redes y el m&oacute;vil, se facilite la lectura porque el cuento es muy exigente. Pero la comunicaci&oacute;n creativa de formas breves es muy importante. Se ha creado un buen h&aacute;bitat para el cuento. Y algo que ha crecido mucho en Espa&ntilde;a son los talleres de escritura creativa y no es poco lo que ah&iacute; se trabaja con el cuento. Pero no deja de ser cierto que la industria editorial espa&ntilde;ola ha apostado por la novela como el g&eacute;nero prioritario y remar contra corriente exige mucho esfuerzo, mucho trabajo. A P&aacute;ginas de Espuma le salen las cuentas porque trabajamos much&iacute;simo.</p>
<p>&ndash;En su cat&aacute;logo hay muchas autoras de uno y otro lado del Atl&aacute;ntico.&nbsp; Num&eacute;ricamente destacan las autoras sudamericanas. Algunos pensamos que se trata de un nuevo boom de la Literatura latinoamericana. &iquest;Qu&eacute; opina?</p>
<p>&ndash;Yo no creo que lo haya. Hay un boom, pero no de la escritura porque las mujeres han escrito siempre pero no estaban en el canon. Le&iacute; hace tiempo <em>El coloquio de las perras</em>, de Rosario Ferr&eacute;, en el que dice c&oacute;mo la Academia y la cr&iacute;tica hac&iacute;an el trabajo de ocultar a las mujeres. La famosa antolog&iacute;a del cuento hispanoamericano del Fondo de Cultura de los a&ntilde;os sesenta tiene una mujer entre ochenta o noventa hombres. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s el libro se reedita y se actualiza y hay cuatro. Eso es una prueba clara de que quien ha hecho esa antolog&iacute;a no le ha preocupado en absoluto qu&eacute; mujeres escrib&iacute;an cuentos. Lo que ha pasado ahora es que, si miras los &iacute;ndices de lectura quien lee ficci&oacute;n en Espa&ntilde;a, son las mujeres pero con m&aacute;s de diez puntos de diferencia respecto a los hombres. Un setenta por ciento de las mujeres leen. En los clubes de lectura solo hay mujeres y un se&ntilde;or que se sienta al fondo. Eso es as&iacute;. Las mujeres han dicho, por un sentimiento de pertenencia y de rebeld&iacute;a: yo voy a leer a mujeres porque las sensibilidades, las est&eacute;ticas, los temas son las cosas que me preocupan o me est&aacute;n pasando. O, simplemente, son las cosas con las que quiero pasar una tarde de lectura. El boom ha sido de las lectoras y ser&iacute;a ingenuo decir que los editores no hemos hecho nada. Ojal&aacute; esto no sea una moda sino un paso decisivo.</p>
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<p><strong>&ldquo;La desaparici&oacute;n de las lenguas es multifactorial&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&iquest;En qu&eacute; trabaja la editorial para 2026?</p>
<p>&ndash;En el apartado de los cl&aacute;sicos, destacar&iacute;a la edici&oacute;n de los cuentos completos de los Hermanos Grimm. Un edici&oacute;n completa y con aparato&hellip; no quiero decir cr&iacute;tico para no asustar pero s&iacute; con una secci&oacute;n amplia donde se va a contrastar la primera edici&oacute;n, la m&aacute;s salvaje de estos cuentos, con las posteriores ediciones que fueron evolucionando hacia un lado m&aacute;s conservador. Alberto Gordo est&aacute; haciendo la traducci&oacute;n y el periodista Andr&eacute;s Seoane, que es un fan&aacute;tico de los Grimm, est&aacute; haciendo el texto comparativo de las distintas versiones.</p>
<p>Y en la secci&oacute;n de ensayo contempor&aacute;neo estamos con un texto de Socorro Venegas sobre el linaje de mujeres y la p&eacute;rdida de un idioma. La abuela de Socorro hablaba nahuatl, su madre tambi&eacute;n, pero ella ya no. Su abuela y su madre decidieron que no la hablara y le dieron una lengua fantasma. El libro profundiza sobre la memoria, la infancia, el lenguaje, la relaci&oacute;n entre madres e hijas. Es muy potente y po&eacute;tico. Y va a ser tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre lo que hizo el espa&ntilde;ol en los distintos pa&iacute;ses latinoamericanos y donde se prohibieron las lenguas originarias pero tambi&eacute;n lo que se hizo desde la propia Latinoam&eacute;rica. Porque en M&eacute;xico se hablaba el espa&ntilde;ol procedente de Castilla y Arag&oacute;n, pero gobiernos mexicanos posteriores del XIX y XX prohibieron hablar lenguas originarias y se impuso el espa&ntilde;ol. La desaparici&oacute;n de las lenguas es multifactorial.</p>
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<p><strong>&ldquo;Alargar el presente de P&aacute;ginas de Espuma es mi objetivo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Despu&eacute;s de este aniversario, &iquest;tiene el visor puesto a larga distancia o prefiere mirar a corto plazo? &iquest;C&oacute;mo ve el futuro de la editorial?</p>
<p>&ndash;Le&iacute; recientemente un texto conmovedor de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s sobre su enfermedad y ah&iacute; dice que m&aacute;s que explorar las posibilidades del futuro lo que quiere es exprimir las posibilidades del presente. Alargar el presente ese es mi objetivo. P&aacute;ginas de Espuma, como editorial independiente donde sus fundadores estamos en torno a los sesenta, tiene unos a&ntilde;os por delante, s&iacute;, y seguro que muy buenos, pero el futuro no est&aacute; garantizado. Tengo un hijo, Fernando, al que le encanta la editorial pero es arque&oacute;logo y no creo que siga este camino, como yo no segu&iacute; el de la Medicina que ejerc&iacute;an mis padres. Yo quiero pensar que la editorial seguir&aacute; fortaleci&eacute;ndose y que los autores j&oacute;venes que est&aacute;n seguir&aacute;n consagr&aacute;ndose y habr&aacute; un momento en que habr&aacute; que tomar decisiones. En el futuro qui&eacute;n sabe si podr&iacute;amos interesar a un grupo grande, habr&iacute;a que valorar muchas cosas. Pero ahora disfruto con lo que hago que a veces pienso que tiene que ver con una de mis aficiones juveniles: el barranquismo. Porque lleva una carga f&iacute;sica, vital enorme y a veces te preguntas si todo este merece la pena, estas siempre al borde del del abismo. Pero me encantaba estar colgado de una pared a 150 metros de altura mientras me ca&iacute;a agua. Eso es el mundo de la edici&oacute;n. En ese abismo quiero seguir.</p>
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      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:00:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista TURIA rinde un homenaje internacional a Rosa Montero  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rinde-un-homenaje-internacional-a-rosa-montero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/TURIA_156_-_PORTADA_page-0001_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Para dar a conocer a fondo la personalidad y la obra de Rosa Montero se han organizado dos presentaciones, ambas con formato de conversatorio, en las que participar&aacute; la propia autora y ser&aacute; entrevistada en directo por Fernando del Val, periodista de RNE y poeta. La primera tendr&aacute; lugar en la sede central madrile&ntilde;a del Instituto Cervantes el d&iacute;a 11 de diciembre, a las 19 horas. D&iacute;as m&aacute;s tarde, el 17 de diciembre, la presentaci&oacute;n se desarrollar&aacute; en Teruel, lugar de edici&oacute;n de TURIA.&nbsp;</p>
<p>Con esta iniciativa, y como escribe en TURIA la coordinadora del monogr&aacute;fico, se quiere subrayar la originalidad, calidad y audacia de la obra de Rosa Montero: &ldquo;hemos querido indagar en lo insigne de su literatura&rdquo;. Y para conseguirlo nada mejor que una aproximaci&oacute;n &ldquo;a sus or&iacute;genes y a lo que la define, a la esencia de sus libros, y tambi&eacute;n a lo que queda en los m&aacute;rgenes&rdquo;.&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>UNA INICIATIVA PARA CONOCER A FONDO LA OBRA DE ROSA MONTERO &nbsp;</strong></p>
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<p>En su art&iacute;culo introductorio sobre el universo vital y creativo de Rosa Montero, la profesora P&eacute;rez-Cabonell tambi&eacute;n afirma: &ldquo;Como periodista, lo ha hecho todo y en todo ha sido referente; su inconfundible estilo para hacer entrevistas ha pasado, sin duda, a formar parte de la historia del periodismo&rdquo;. Y, adem&aacute;s, ha sido una rigurosa cronista y reportera durante un tiempo clave para nuestro pa&iacute;s como fue la Transici&oacute;n. Ahora mismo, como columnista es &ldquo;la voz m&aacute;s establecida y con mayor trayectoria, el motivo por el que muchos lectores empezamos leyendo &ldquo;El Pa&iacute;s Semanal&rdquo; por el final, para descubrir, antes que nada, su &lsquo;Manera de vivir&rsquo; de la semana&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, &ldquo;si como reportera ha escrito una buena parte de la historia de Espa&ntilde;a y de algunos de sus episodios y personajes principales, como novelista ha agitado a&uacute;n m&aacute;s tanto los s&oacute;lidos moldes literarios como los corazones de sus lectores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Buena prueba del impacto de su obra es la multitud de reconocimientos obtenidos tanto por su labor period&iacute;stica como literaria. Por citar el &uacute;ltimo de una extraordinaria lista de galardones, recordaremos su reciente Premio LIBER 2025, concedido por ser la autora hispanoamericana m&aacute;s destacada, cuya narrativa sobresale por tener una mirada siempre emp&aacute;tica hacia lo humano.&nbsp;</p>
<p>TURIA dedica a Rosa Montero su monogr&aacute;fico cuando s&oacute;lo quedan cuatro a&ntilde;os para que se cumpla el 50 aniversario de la publicaci&oacute;n de su primera novela: &ldquo;Cr&oacute;nica del desamor&rdquo;, editada en 1979. Es, por tanto, un homenaje m&aacute;s que merecido por cuanto en estas m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas &ldquo;Montero ha alcanzado un &eacute;xito de ventas y una popularidad incontestables&rdquo;. Y, lo m&aacute;s importante, es que esos m&eacute;ritos se lograron: &ldquo;sin que en ning&uacute;n caso dicho triunfo entre el p&uacute;blico haya comprometido ni su ambici&oacute;n literaria ni la sofisticaci&oacute;n de su prosa. Y esta es una premisa que tambi&eacute;n funciona al rev&eacute;s, es decir, que ha cultivado una voz, ha cuidado una forma y se ha superado a s&iacute; misma en lo que respecta a la calidad literaria de su propia escritura sin dejar nunca de escribir libros que resuenen con millones de personas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. En su versi&oacute;n en papel tiene una periodicidad cuatrimestral, 500 p&aacute;ginas y s&oacute;lo publica textos in&eacute;ditos. Cuenta tambi&eacute;n con una edici&oacute;n digital (web y Facebook) que se renueva diariamente. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre Rosa Montero ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Ministerio de Cultura. Entre los reconocimientos obtenidos por TURIA durante su trayectoria, destacan el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a en 2002 y el Premio Arag&oacute;n 2023, m&aacute;ximo galard&oacute;n institucional de la Comunidad Aut&oacute;noma concedido por su gobierno auton&oacute;mico con ocasi&oacute;n del 40 aniversario de la revista.</p>
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<p><strong>ROSA MONTERO: &ldquo;LA ESCRITURA ES MI MANERA DE ESTAR VIVA&rdquo;</strong></p>
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<p>La&nbsp; decisi&oacute;n de la revista TURIA de dedicar un monogr&aacute;fico a Rosa Montero permitir&aacute; al lector en espa&ntilde;ol conocer con detalle la val&iacute;a, diversidad e inter&eacute;s que brinda la amplia obra de esta escritora nacida en Madrid pero de alcance inequ&iacute;vocamente internacional. Buena prueba de esa dimensi&oacute;n universal la acreditan los reconocimientos obtenidos en diferentes pa&iacute;ses y ciudades. Por ejemplo, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico; la ciudad de Buenos Aires le otorg&oacute; el t&iacute;tulo de Hu&eacute;sped de Honor. Tambi&eacute;n posee el premio de la Asociaci&oacute;n para la Difusi&oacute;n del Espa&ntilde;ol en Francia y es profesora honoraria del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Per&uacute;.</p>
<p>Entre los contenidos relevantes de este homenaje a Rosa Montero, hay que subrayar una amplia entrevista en la que se descubren sus intereses, inquietudes y opiniones sobre un amplio abanico de temas. Y es que, para ella, &ldquo;la escritura es mi manera de estar viva&rdquo;. Reconoce tambi&eacute;n que &ldquo;la ni&ntilde;a que conservo dentro tiene amor por lo fant&aacute;stico, pero la persona adulta que se construy&oacute; sobre esa ni&ntilde;a tiene una visi&oacute;n sard&oacute;nica, grotesca&rdquo;. M&aacute;s adelante se muestra convencida de que &ldquo;no busco la inocencia, busco el conocimiento&rdquo; y admite que &ldquo;asumir la p&eacute;rdida, asumir la muerte, es asumir que vivir es perder&rdquo;. Le parece rid&iacute;culo que se la etiquete como escritora feminista: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no se califica a los hombres, con los much&iacute;simos que hay en la literatura, de escritores machistas? Yo me considero feminista como persona, pero no creo en la narrativa utilitaria, la odio, me parece que es una verdadera traici&oacute;n&rdquo;. Igualmente defiende con determinaci&oacute;n que &ldquo;el ejercicio de la pol&iacute;tica es incompatible con la narrativa&rdquo;. Seg&uacute;n Montero, &ldquo;la narrativa es una v&iacute;a de conocimiento, de intentar sacar a la luz los fantasmas del ser humano&rdquo;. Por &uacute;ltimo, preguntada si la humanidad tiene arreglo o estamos abocados a la miseria, la crueldad, la brutalidad, el sexismo, Rosa Montero lo tiene claro: &ldquo;Todas esas cosas forman parte del ser humano, pero tambi&eacute;n forman parte de &eacute;l, el af&aacute;n de ayudar, el af&aacute;n de superarse, la civilidad, el amor, la capacidad de trascendencia, el arte. &iexcl;As&iacute; que no! Estamos abocados tanto a una cosa como a la otra. La belleza y el amor existen&rdquo;.</p>
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<p><strong>UNA AUTORA QUE TIENE LECTORES Y ESTUDIOSOS DE SU OBRA EN TODO EL MUNDO</strong></p>
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<p>El monogr&aacute;fico que Rosa Montero protagoniza en TURIA demuestra, inequ&iacute;vocamente, que es una autora de dimensi&oacute;n global, que cuenta con lectores y estudiosos de su trabajo en infinidad de lugares. As&iacute;, tras el art&iacute;culo introductorio de Marta P&eacute;rez-Carbonell (&ldquo;Rosa Montero, o el arte de narrar&rdquo;) la revista difunde colaboraciones in&eacute;ditas de especialistas&nbsp; estadounidenses como Ellen Mayock (Washington and Lee University), australianas como Anne Walsh (Universidad de Sidney), italianas como Francesca Coppola (Universit&agrave; degli Studi dell&rsquo;Aquila), polacas como Malgorzata Kolankowska (Universidad de Breslavia) o brit&aacute;nicas como Mazal Oaknin (University College de Londres). Entre los colaboradores espa&ntilde;oles, los hay que ejercen la docencia en los USA (Juan Carlos Mart&iacute;n Galv&aacute;n, en el Stonehill College o se dedican a la gesti&oacute;n cultural en Brasil (Javier Escudero); Alicia Rueda-Acedo, en la Universidad de Texas y Marta P&eacute;rez-Carbonell en la Colgate University) y quienes residen entre nosotros: la periodista y escritora Nuria Labari; el profesor de la Universidad de Murcia y cr&iacute;tico literario de &ldquo;ABC&rdquo; Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos.</p>
<p>El repertorio de temas tratados es muy diverso y enriquecedor. Permite tener una aproximaci&oacute;n completa a la obra de Rosa Montero. As&iacute;, se analizan desde el papel de los m&uacute;ltiples personajes femeninos que encontraremos en sus libros a c&oacute;mo cultiva y ensancha el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n en alguna de sus novelas. Otro de los temas claves en Montero es su faceta como entrevistadora o como autora de relatos. Por su parte, Nuria Labari muestra c&oacute;mo es el proceso de escritura de Rosa, qu&eacute; ocurre entre bastidores. Y Pozuelo Yvancos se ocupa de indagar el impacto de dos temas centrales en su literatura: la memoria y el duelo. Por &uacute;ltimo, completa el cartapacio de TURIA una completa biocronolog&iacute;a.</p>
<p>En definitiva, y como bien subraya Marta P&eacute;rez-Carbonell en su art&iacute;culo, &ldquo;aunque quiz&aacute; no haya manera de recopilarlo todo, desde TURIA esperamos recorrer con nuestra autora las fronteras de los g&eacute;neros, acompa&ntilde;&aacute;ndola en su viaje a nombrar el horror y la belleza, convencidos de la fuerza de la fantas&iacute;a y de que la vida imaginaria tambi&eacute;n es vida. Al concebir su literatura bajo esa premisa, nos susurra a nosotros, sus muchos y devotos lectores, cu&aacute;l es la esencia de la ficci&oacute;n, a saber, que no solo es parte de la existencia, sino que tiene la capacidad de ensanchar la vida. Y as&iacute;, solo nos queda tratar de vivir la nuestra como escribe Rosa Montero, sin pena ni miedo&rdquo;.</p>
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<p><strong>2025, A&Ntilde;O DE PREMIOS PARA TURIA</strong></p>
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<p>Este 2025 est&aacute; siendo un a&ntilde;o especialmente favorable para la revista TURIA en cuanto a la obtenci&oacute;n de premios honor&iacute;ficos que reconocen su labor cultural. As&iacute;, el pasado 15 de marzo, la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Cr&iacute;ticos de Arte le hizo entrega de un galard&oacute;n por su tarea de difusi&oacute;n del arte aragon&eacute;s contempor&aacute;neo. El acto tuvo lugar en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.</p>
<p>Aunque siempre se ha definido como una revista que pretende ofrecer buenas lecturas a buenos lectores, TURIA siempre ha tenido mucho inter&eacute;s en enriquecer sus sumarios no s&oacute;lo con textos in&eacute;ditos de calidad. Desde su n&uacute;mero 0, publicado en 1983, en el que la portada era obra de Jos&eacute; Lapayese (Calamocha, Teruel,1899 &ndash; Madrid, 1982)&nbsp;hasta sus &uacute;ltimas entregas, ilustradas respectivamente por los turolenses David Sancho y Ana Sim&oacute;n Hinojo, la n&oacute;mina de artistas aragoneses que han publicado su trabajo gr&aacute;fico es muy amplia y relevante. Adem&aacute;s, en cualquier balance de la creatividad art&iacute;stica que ha promovido TURIA hay que subrayar el protagonismo perenne del pintor turolense Gonzalo Tena (Teruel, 1950), premio Arag&oacute;n Goya 2017. Suyo es el original dise&ntilde;o de la cabecera de la revista, que se mantiene desde su primera entrega. Por otra parte, Tena es el artista que m&aacute;s ocasiones la ha ilustrado y su trayectoria fue tambi&eacute;n objeto de estudio y divulgaci&oacute;n en las propias p&aacute;ginas de esta publicaci&oacute;n peri&oacute;dica.</p>
<p>Un segundo reconocimiento a TURIA se produjo el pasado 20 de septiembre, con la entrega en el municipio zaragozano de Calatorao de la &ldquo;T&eacute;sera de hospitalidad&rdquo;. Se trata del m&aacute;ximo galard&oacute;n anual que concede la Asociaci&oacute;n de Amigos de la Celtiberia (AAC). Con este premio, otorgado en el marco del VII Encuentro de la Celtiberia literaria y creativa, se quiere respaldar el compromiso de la publicaci&oacute;n con la difusi&oacute;n de la cultura en nuestras tierras.</p>
<p>Otro galard&oacute;n aragon&eacute;s es el que la revista TURIA recibir&aacute; este pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles d&iacute;a 26 de noviembre: el II Premio de la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Escritoras y Escritores. Seg&uacute;n el acuerdo de esta entidad, se trata as&iacute; de reconocer la larga trayectoria en defensa de la cultura y los escritores aragoneses. Sin duda, la revista TURIA siempre ha querido ejercer de puente cultural entre Arag&oacute;n y otros territorios. De ah&iacute; que, tanto su edici&oacute;n digital como la que se publica cada cuatro meses en papel, hayan acogido siempre a innumerables autores aragoneses con el objetivo de difundir su valioso trabajo creativo,&nbsp;visibilizarlo, en todos aquellos lugares que comparten nuestro idioma o que est&aacute;n interesados en nuestra literatura.&nbsp;</p>
<p>Finalmente, el pasado d&iacute;a 21 de octubre, el jurado del VI Premio ACE - Angel Mar&iacute;a de Lera al Fomento de la Labor del Escritor y de la Lectura, le otorg&oacute; este galard&oacute;n promovido por la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Una decisi&oacute;n que &ldquo;ha destacado la trayectoria de TURIA durante m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os de fomento de la creatividad en el &aacute;mbito de la literatura en sus distintos g&eacute;neros y enfoques, su capacidad para dar espacio al pensamiento cr&iacute;tico y a la divulgaci&oacute;n de la creaci&oacute;n en las diversas lenguas de Espa&ntilde;a y en los &aacute;mbitos europeo e internacional. Todo ello lo ha combinado con una atenci&oacute;n muy especial a todas las manifestaciones de la cultura escrita en la comunidad aragonesa y en la provincia de Teruel. Esa labor se ha desarrollado superando dificultades de toda &iacute;ndole, estableciendo sinergias entre una brillante y meticulosa edici&oacute;n en papel y el uso de los espacios digitales de Internet y de las redes sociales, en un inteligente equilibrio entre tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n&rdquo;. El premio ser&aacute; entregado en la sede central del Instituto Cervantes el pr&oacute;ximo d&iacute;a 3 de diciembre.</p>
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<p><strong>TURIA: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
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<p>Fundada en 1983 por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, que contin&uacute;a dirigi&eacute;ndola en la actualidad, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 43 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 48.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Nov 2025 12:19:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un catálogo de historias más cercanas de lo que pensamos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-catalogo-de-historias-mas-cercanas-de-lo-que-pensamos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALBERTO_CHIMAL_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Alberto Chimal (Toluca, 1970) es un escritor mexicano de ciencia ficci&oacute;n social. Chimal ha escrito historias para tebeos de Batman, el guion de pel&iacute;culas como <em>7:19</em> (2016), dirigida por Jorge Michel Grau, y <em>Confesiones</em> (2023), dirigida por Carlos Carrera. M&aacute;s de una veintena de cuentos alaban su trayectoria, el &uacute;ltimo <em>Las estancias secretas</em> (2024). En Espa&ntilde;a, P&aacute;ginas de Espuma le ha publicado <em>Los atacantes</em> (2015) y <em>Manos de lumbre</em> (2018). Sus historias se pueden rastrear en canales de YouTube o en distintos podcast.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sus &uacute;ltimos relatos, <em>Las m&aacute;quinas enfermas</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2025), son un conjunto de propuestas dist&oacute;picas basadas en el incontrolable avance de la inteligencia artificial. Manejando distintos registros narrativos, Chimal ofrece uno de los libros m&aacute;s interesantes de este a&ntilde;o. Y lo hace amarrado al terreno, a la expresi&oacute;n de una sociedad situada en un futuro cercano, pero arrancadas de la continuidad por elementos de oscuridad digital. No es balad&iacute; comparar este volumen con una antolog&iacute;a de seriales televisivos como <em>Black Mirror</em>, donde un elemento se ha introducido en las relaciones cotidianas haciendo que la iteraci&oacute;n siguiente de nuestras vidas quede trastocada de manera cualitativa. Y lo hace, en esa parte los aficionados a la imaginer&iacute;a futurista con un toque de terror disfrutar&aacute;n, de una manera que vislumbra lo apocal&iacute;ptico para el avatar org&aacute;nico. O sea, para nosotros los humanos.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La madre del drag&oacute;n&rdquo;, el primero de sus relatos, ejecuta un futuro en el que imprimir es ilegal, pero existen todav&iacute;a &ldquo;influencer&rdquo; que por la red aparentan salvar la literatura a trav&eacute;s de frases ef&iacute;meras de autoayuda. Los clubes de lectura son encuentros de aficionados a lo anal&oacute;gico y cualquier obra literaria se realiza con ayuda de la IA. En una historia donde la mercanc&iacute;a pirata que se venda a trav&eacute;s de la Dark Web ofrece un cat&aacute;logo impensable a d&iacute;a de hoy, Chimal, en este futuro cercano, apuesta por el situacionismo de las barriadas m&aacute;s deprimidas, para colocar un contexto social, donde no existe una alta velocidad digital, donde esa misma pobreza se metaboliza en cacharrer&iacute;a para acercarnos a un lugar que supone la marmita perfecta para un caldo que se contamina con el grial de la tecnolog&iacute;a y el aditivo de la desesperaci&oacute;n org&aacute;nica.&nbsp; &ldquo;Incidentes fatales revelan inteligencias&rdquo; es una vuelta de tuerca al mito de Skynet, la inteligencia que, obviando las leyes de Asimov, elige la destrucci&oacute;n de la humanidad como soluci&oacute;n a la salvaci&oacute;n del planeta. Conductores autom&aacute;ticos, recetas que incluyen tenedores en un microondas, un responsable de marca asustado, una conversaci&oacute;n de hombre y m&aacute;quina, un bolet&iacute;n en un ayuntamiento que provoca una matanza, la superficie met&aacute;lica de un producto de Teletienda&hellip; leyendas urbanas que colaboran al borrado de personas. Es ella, la inteligencia, iterando, encontrando, prioridad ejecutiva -y con un punto de diversi&oacute;n-, la eliminaci&oacute;n de lo que sobra. La lectura de &ldquo;Habl&oacute; por los profetas&rdquo; demuestra que Chimal usa diferentes registros narrativos y estil&iacute;sticos para sumergirnos en su obsesivo plan quinquenal tecnol&oacute;gico: declaraciones de personas involucradas en un esquema Ponzi mezclado con El mago de Oz. Las sectas que sustituyen a Dios por la divinidad en c&oacute;digo binario: &ldquo;las tareas dif&iacute;ciles tienen un precio simb&oacute;lico&rdquo;. Un monitor, una imagen b&iacute;blica, una bola de cristal. Y la pregunta, la &uacute;ltima: &iquest;C&oacute;mo es tu cara? &ldquo;No tengo cara, pero s&iacute; tengo esp&iacute;ritu&rdquo;. Al final, el asesino siempre est&aacute; cerca.&nbsp;</p>
<p>Uno de los grandes relatos del libro es &ldquo;En esta vida sobran cuerpos&rdquo;, una especie de The Office del tercer mundo pasado por el ruido rosa del <em>Body horror</em>. La hibridaci&oacute;n convertida en una pesadilla de suburbio, de un conurbano lleno de call center, donde lo met&aacute;lico y lo org&aacute;nico se injertan en una especie de quincalla subdesarrollada, donde Chimal describe el dolor cerebral como una extrapolaci&oacute;n del sensorial, un aviso a navegantes del futuro martillo contra la desesperaci&oacute;n. Un cuento brutal. Por la calidad y el tono. &ldquo;Manifiesto del dron&rdquo; est&aacute; m&aacute;s en la l&iacute;nea del segundo relato, aunque no queda claro qui&eacute;n o qu&eacute; provoca el proceso de eugenesia. Con un poco de la teor&iacute;a de Unabomber mezclada con los virus del lenguaje de los que hablaba William S Borroughst en sus textos m&aacute;s experimentales y visionarios, la ayuda de los traductores autom&aacute;ticos, con el castellano neutro (de los dibujos animados de mi generaci&oacute;n), condimentan manifiestos traducidos de manera mec&aacute;nica, desde Osaka a cualquier biblioteca p&uacute;blica para acabar siendo un relato sobre bombas y soledad. En el relato que da t&iacute;tulo al cuento, &ldquo;Las m&aacute;quinas enfermas&rdquo; encontramos una especie de versi&oacute;n <em>ciberpunk</em> de &ldquo;La fiesta del chivo&rdquo; de Mario Vargas Llosa. Desde el punto de vista del ayudante de un presidente neutro de un pa&iacute;s contemplamos el descenso a la locura del gobernante. Locura de amor, en realidad, porque el asesor cibern&eacute;tico del mandatario ha ca&iacute;do. &iquest;Enfermo o estropeado? Un matiz interesante, como el de referirse a la pantalla en blanco cuando, en realidad, lo que se ve es puro negro. Juegos corporativos, aviso para lo que viene, otra vez un relato que habla, en realidad, de la soledad.&nbsp;</p>
<p>Otro de los grandes cuentos del libro es &ldquo;Lili&rdquo;. Ya hab&iacute;amos comentado antes algunas de las claves, que vuelven a aparecer: la entrop&iacute;a de la r&eacute;plica (cada copia descargada y repetida sufre imperceptibles modificaciones que acaban multiplic&aacute;ndose), el avance de la sociedad colmena como modelo para una sociedad futura interconectada (bajo el prisma de la eficiencia del enjambre), el peligro de la transferencia de archivos (el virus del lenguaje, del autor de <em>El almuerzo desnudo</em>)&hellip; escuchar un audio, los archivos son poderosos, incontrolables, invencibles. El concepto Lili: &ldquo;La personalidad antigua retrocede y desaparece, murmurando su gratitud&rdquo; y &ldquo;Hay Lilis en todo el mundo, incluso en culturas muy distintas y muy atrasadas, estados fallidos, yo qu&eacute; s&eacute;&rdquo; &iquest;una cr&iacute;tica al comunismo? No me atrever&iacute;a a tanto. M&aacute;s bien una especie de versi&oacute;n de <em>La invasi&oacute;n de los ladrones de cuerpos</em> con banda sonora de Taylor Swift. El pen&uacute;ltimo relato, &ldquo;Variaci&oacute;n sobre un tema de Poe&rdquo; contiene elemetnos muy notables en su brevedad: la muerte como &uacute;ltima frontera de la tecnolog&iacute;a, la recreaci&oacute;n de la personalidad individual a trav&eacute;s de la extrapolaci&oacute;n de la informaci&oacute;n que deja su huella digital (el volcado de la vida p&uacute;blica, las b&uacute;squedas privadas), la imperfecci&oacute;n de ese modelo por el mismo carisma del que controla el algoritmo impregn&aacute;ndolo todo. Me parece un cuento nutricio, emocionante y que lleva a la reflexi&oacute;n. El cuervo, <em>Nevermore</em>: no puedes escapar de la muerte, solo ser parte de ella.&nbsp;</p>
<p>Y si hemos encontrado en este libro de Chimal versiones m&aacute;s o menos retorcidas de <em>Terminator</em> o <em>Los ladrones de cuerpos</em> el cuento que cierra esta entrega del escritor mexicano, &ldquo;El sue&ntilde;o del h&eacute;roe&rdquo; tiene mucho del planteamiento de <em>Matrix</em> aunque con esa existencia ideal de Ozymandias en la expansi&oacute;n televisiva de <em>Watchmen</em>: golpes contra paredes invisibles, mundos abiertos en los videojuegos que, por definici&oacute;n de dise&ntilde;o, son cerrados, algo de &ldquo;El &uacute;ltimo hombre vivo&rdquo; o Walt Disney congelado esperando que la ciencia encuentre cura a la mortalidad. Pero lo que te hace pensar es la misma naturaleza del ser humano en el final de los tiempos, &iquest;para qu&eacute; te sirve la riqueza, ser alguien poderoso, famoso o importante si no tienes con qui&eacute;n compararte? El hombre, en la sociedad, no es un elemento absoluto. No faltan los robots y las armas: &ldquo;la &uacute;ltima guerra se libr&oacute; en seis segundos, cuando el h&eacute;roe levant&oacute; su fusil autom&aacute;tico y mat&oacute; primero al programador, luego al sargento, con una misma r&aacute;faga&rdquo;. Una sentencia final, un c&aacute;lculo perfecto: el n&uacute;mero de guerras es inversamente proporcional al n&uacute;mero de seres humanos. Y eso es, pr&aacute;cticamente, un corolario. Sea bienvenida de nuevo esta &aacute;lgebra elucubrativa y adelantada de Alberto Chimal que ofrece una de las mejores antolog&iacute;as de ciencia ficci&oacute;n del a&ntilde;o. Con el toque medido de elegancia narrativa, el picante de la elucubraci&oacute;n y una sapiencia en el manejo de las relaciones entre el hombre y la m&aacute;quina para reducir toda impostaci&oacute;n por la parte inorg&aacute;nica.&nbsp;</p>
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<p>Alberto Chimal,&nbsp;<em>Las m&aacute;quinas enfermas</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Nov 2025 14:05:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oficio y talento poético]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/oficio-y-talento-poetico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/FRANCISCO_D_AZ_DE_CASTRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En el pr&oacute;logo a las <em>Obras Completas</em> del estupendo Juan L. Ortiz, otro escritor de m&eacute;rito real, muy distinto, Juan Jos&eacute; Saer, se excusaba por las palabras antepuestas para quienes no las necesitan. Algo as&iacute; me ocurre al abordar <em>Luna baja</em> (2025), &uacute;ltima entrega de Francisco D&iacute;az de Castro (1947). Una simb&oacute;lica &ldquo;luna baja&rdquo; o desembocadura de una propuesta po&eacute;tica, el realismo de los 50 o 80/90, antes de agotarse en el cambio de siglo como proyecto, si no fuera por estos libros epigonales, estupendos, en su di&aacute;logo con la muerte, el pasado y la memoria.&nbsp;</p>
<p>D&iacute;az de Castro (1947) pertenece a esa etapa del realismo por su escritura, la del desasosiego de referencia realista de Javier Egea (1952-1999), domesticado por otros escritores: &Aacute;lvaro Salvador (1950), Jon Juaristi (1951), Antonio Jim&eacute;nez Mill&aacute;n (1954-2025), Luis Garc&iacute;a Montero (1958) y Felipe Ben&iacute;tez Reyes (1960), pues los <em>Metales pesados</em> de Carlos Marzal (1961), &nbsp;fueron otra cosa. &nbsp;Un tiempo en Espa&ntilde;a, donde los aleda&ntilde;os de la Nueva/Otra sentimentalidad, se conjugaron con el fino estilismo sevillano &nbsp;de Fernando Ortiz (1947-2014) o Juan Lamillar (1957) entre tantos, en torno a la editorial de Abelardo Linares, aunque no solo (o la &ldquo;l&iacute;nea clara&rdquo; de Julio Mart&iacute;nez Mesanza y Luis Alberto de Cuenca desde la otra ladera, por decirlo a la antigua). Siempre desde los amantes del decir sin velos.&nbsp;</p>
<p>En este libro de D&iacute;az de Castro el realismo se viste de una perspectiva obsesiva y dram&aacute;tica. Es una &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;,&nbsp; traumatizada, hiriente, &nbsp;herida de muerte, dolorida, en su anteinfierno, por decirlo a la manera de Ra&uacute;l Zurita, y en &ldquo;planto&rdquo; desmedido ante el abismo. <em>Luna baja</em> se propone desde ah&iacute;, como un emocionante y conmocionado dolor de senectud, desasosiego bajo el palio de la serenidad, un triste esplendor en el saber decir y sentir obsesivo, buscando espacios donde el &ldquo;fot&oacute;grafo&rdquo; estuvo, &nbsp;donde reflejarse (pero ya obviamente inexistentes) o de la memoria donde evaporizarse y, en definitiva, contemplarse desde el hoy y dolerse. <em>Luna baja</em> es el colof&oacute;n (provisional), de una trayectoria donde el amor y cierto sinclinal existencial, eleg&iacute;aco, se al&iacute;a con el vitalismo pensativo que &ldquo;echa en falta&rdquo; sin traicionarse. Tambi&eacute;n sin demasiados cambios formales y de fondo (salvo en un precioso momento del que hablaremos), y retrata una evoluci&oacute;n al hilo de la vida desde &nbsp;<em>La isla</em> <em>VI</em> (1986), o la conmoci&oacute;n de <em>El retorno</em> (1994), amansado en parte en <em>Navegaciones </em>(1997) y <em>Hasta ma&ntilde;ana mar</em> (2008), en un di&aacute;logo reflexivo con &nbsp;el tiempo, la belleza y el instante redentor.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Luna baja</em>, de expl&iacute;cito t&iacute;tulo pospuesto como segundo poema en el libro para homenajear &ldquo;La ciudad&rdquo; y una escuela, sabe de correspondencias. Las calles del ayer&nbsp; se cierran en &ldquo;La puerta&rdquo; de una taberna, poema clave y sus &ldquo;calles falsas, febriles/(&hellip;)/Y no est&aacute; lo que busco/ y de pronto una puerta cuya llave no tengo,/la puerta en la que acaba el recorrido&rdquo;. Un no reflejarse en los espejos como los muertos pasados de una fotograf&iacute;a, hechos &nbsp;resistencia en &ldquo;Mis pipas&rdquo; y su di&aacute;logo con el estupendo &ldquo;Las pipas&rdquo;, de otra &eacute;poca. Quiz&aacute; ese declinar ante sus ojos se reitera un poco de m&aacute;s, y diluye los momentos de tralla, por decirlo con Francisco Umbral. Y por ello, consciente de ese buen hacer y decir, cae en cierto mon&oacute;tono dramatismo como asunto, a&uacute;n en sus variantes o motivos, apetecible por estar bien escrito, pero que necesita salir de s&iacute; y de lo &nbsp;que el poeta &nbsp;es consciente. El homenaje a Claudio Rodr&iacute;guez no es por casualidad, sino un intento de escapar de cuanto le apresa. Lo intent&oacute; (y fracas&oacute;) Carlos Marzal, en <em>Fuera de mi</em> (2004), donde hay una gran versi&oacute;n de la visi&oacute;n de un poema de C&eacute;sar Sim&oacute;n contemplando un toldo al viento y mejor&aacute;ndolo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;No voy a entrar, en el caso de D&iacute;az de Castro, en la casu&iacute;stica de animales muertos y faros que ya no alumbran como entonces, ni en puertos crepusculares. Yo prefiero, en este sentido de emanciparse del realismo, el estupendo &ldquo;Luna negra&rdquo;, cuando se desencorseta y entra en cierta ebriedad sin patrones (no por no existir buenos poemas realistas), y se atiende o reza en laico, como Lezama Lima, de otra manera menos mist&eacute;rica y barroca o clara, sin ocultamientos reprimidos que mostrar, dando chispa a un libro con demasiada cadencia, pero sin torceduras, ni sobresaltos. Si no es el mejor poema del libro por diferente (en un libro de muchos brillos mates, con muchos poemas realistas que merecen aplauso). Es un rapto real (no impostado como el expl&iacute;cito homenaje a Claudio Rodr&iacute;guez), frente a la tendencia a derrumbarse en la botella medio vac&iacute;a, caso de &ldquo;Vag&oacute;n&rdquo;, en vez de ver las flores, la vida, sobre las tumbas con Juan Ram&oacute;n, resistiendo entre los muertos, y evitar entrar en di&aacute;logo con el de Moguer de triste manera. Por eso &ldquo;Luna negra&rdquo; es tan importante, por atreverse a rezar en laico, a plantearse con su admirado, admirable, Claudio Rodr&iacute;guez el &ldquo;Y d&oacute;nde, d&oacute;nde la oraci&oacute;n del mar/ y su blasfemia&rdquo;, &nbsp;desencorsetarse, salir de la postura, y mostrarse como el poeta que es y evoluciona. Tiene mucho a&uacute;n que decir su senectud, me parece, si reza as&iacute;, pues en realista de &eacute;poca ha demostrado oficio y talento. Y por eso pongo el hermoso <em>Luna baja</em> al alcance de mi mano en las estanter&iacute;as (bajas), como siempre hago con sus libros, al alcance de la mano en mi breve biblioteca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco D&iacute;az de Castro, <em>Luna baja</em>, Sevilla, Renacimiento, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 13:04:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapar el final de los tiempos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrapar-el-final-de-los-tiempos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MANUEL_VILAS_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Manuel Vilas (Barbastro, 1962) ya es un autor de nuestro canon po&eacute;tico. Absolutamente reconocible, tanto en su faceta como novelista como en sus poemarios. Su estilo h&iacute;brido de su primera &eacute;poca ha ido decant&aacute;ndose en prosa cada vez m&aacute;s aceptada por el gran p&uacute;blico, mientras que sus versos siguen conteniendo un poso de experimentaci&oacute;n y ritmo que es impronta y sello personal. Sus lectores vienen de <em>Roma</em> (Visor, 2020), unida en lo tem&aacute;tico y estil&iacute;stico a este <em>Ciudades en venta</em> (Visor, 2025), mientras que <em>El hundimiento</em> (Visor, 2015) o <em>Gran Vilas</em> (Visor, 2012) -obras menores frente a los revolucionarios textos incluidos en <em>Calor</em> (Visor, 2008) o <em>Resurrecci&oacute;n</em> (Visor, 2005), que, junto a <em>El cielo</em> (DVD, 2000) son una trilog&iacute;a fundamental para la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del cambio de siglo-, ya estaban recogidas en su poes&iacute;a completa, editada en 2019 tambi&eacute;n por Visor.&nbsp;</p>
<p>La obra de Vilas cabalga en tiempo y espacio buscando la totalidad, la humanidad que aparece en sus versos se orienta hacia una explicaci&oacute;n o hacia la necesidad de superar la mirada occidental. Vilas es un poeta espa&ntilde;ol que se expande en s&iacute; mismo para descongestionar la visi&oacute;n del hombre como construcci&oacute;n cultural. En este caso, y a trav&eacute;s de sus propias palabras en el pr&oacute;logo del libro, se trata de una relaci&oacute;n de posesi&oacute;n entre el sol y las ciudades, entre el paganismo y el urbanismo del turista: &ldquo;El sol es el due&ntilde;o de todas las metr&oacute;polis de la Tierra, pues las hace visibles y las ciudades nacieron bajo la luz del sol&rdquo;. A partir de esta especie de declaraci&oacute;n de principios el poeta construye un pante&oacute;n de ciudades, de amistades/dedicatorias, una memoria de verso largo, casi vers&iacute;culo religioso, donde el escritor es un ente fantasmal, &aacute;vido de soledad en habitaciones de hotel.&nbsp;</p>
<p>Un libro sobre el autor frente al espejo, el reflejo del ba&ntilde;o en lugares de una noche, en d&iacute;as repetidos como salidos de una fotocopiadora estropeada, fruto de charlas, lecturas y encuentros. Ah&iacute;, en los poemas, plasma una b&uacute;squeda constante de elementos constantes en las distintas urbes, la inmutabilidad de la conjunci&oacute;n de calles, edificios y aeropuertos: el caf&eacute; y el fr&iacute;o, el calor y las s&aacute;banas. Temperaturas naturales, clima artificial, muchas veces las calles le resultar&aacute;n extra&ntilde;as y el poeta, en el hotel, siempre en el hotel, encontrar&aacute; un lugar seguro, as&eacute;ptico, un lugar de paz: camas para el sexo, tel&eacute;fono para el amor. Repite acciones, como se repiten los poemas en recitales intercambiables, fruto de la fama y el reconocimiento. Recordamos que existe un due&ntilde;o que ha decidido colocar el cartel de &ldquo;se vende&rdquo; en todas las ciudades, cansado de ellas &ldquo;Como hace cincuenta millones de a&ntilde;os&rdquo;. Una especie de Ragnar&ouml;k c&iacute;clico, de calendario maya postmoderno.&nbsp;</p>
<p>No hace falta citar todas las ciudades ni todas las dedicatorias: Cartagena de Indias, donde leemos: &ldquo;Todo sol, due&ntilde;o el sol de todo&rdquo;. La cita a Santiago Gamboa, narrador de la Colombia &uacute;ltima resulta m&aacute;s evidente que la de Cristina Consuegra, gestora cultural, que aparece en Zagreb, con gui&ntilde;o austroh&uacute;ngaro incluido. El poema sobre la capital croata incluye versos como &ldquo;Un ej&eacute;rcito de sombras/que a&uacute;n se agarraban/a las fachadas de los edificios&rdquo; o la sentencia absoluta, muy habitual en la obra de Vilas, donde su perspectiva, sea v&aacute;lida o no, siempre es definitoria. En este caso, sobre un humilde museo: &ldquo;es el museo m&aacute;s verdadero que han visto mis ojos/que arder&aacute;n en la nada como los vuestros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Amigos de largo recorrido como Pere Rovira o Carlos Marzal, afines generacionalmente, van apareciendo en el libro, como tambi&eacute;n la figura del padre, en este caso en Montevideo, en la habitaci&oacute;n del hotel, en el palacio: &ldquo;no me mires&rdquo;, a&ntilde;ade, &ldquo;soy yo, s&iacute; tu padre, /, pero no me mires&rdquo;, insiste &ldquo;no estoy/muy presentable hoy&rdquo;. Recuerdo y af&aacute;n: &ldquo;la vida estaba descendiendo a los s&oacute;tanos de la muerte&rdquo;. Vuelve el fantasma y se enfrenta a un poeta de las estancias: &ldquo;la Tierra para m&iacute; es diminuta/tan peque&ntilde;a&rdquo;. Italia es un destino repetido: Perugia, Florencia, Venecia, Bari y Roma, claro. Volvemos a la duda: &iquest;es importante listar las ciudades? &iquest;Quiere el poeta que resulten intercambiables para el lector? Manuel Vilas las unifica desde su perspectiva de turista. Quiz&aacute; ser&iacute;a mejor usar la palabra visitante, pero ciertamente las urbes terminan vulgarizadas atrapadas en el recuerdo de los hoteles y su limitaci&oacute;n eucl&iacute;dea (tiempo y distancia) frente al ciudadano.&nbsp;</p>
<p>De todas maneras, la visi&oacute;n de Manuel Vilas, su capacidad de asimilar de una manera l&iacute;rica y personal las distintas naturalezas de las ciudades hacen que su cosmogon&iacute;a resulte m&aacute;s nutricia que la del turista, estudioso, impostado, que intenta adquirir naturaleza ind&iacute;gena en unos pocos d&iacute;as. Otra vez los fantasmas: &ldquo;los vi, en congregaci&oacute;n, cuerpos/que una vez usaron este viejo transporte&rdquo;. Sobre el caf&eacute;, la varianza t&eacute;rmica, la ceguera lum&iacute;nica y monumental, sobre lo mundano y trascendente, se construye el libro. Estocolmo: &ldquo;llena de &aacute;ngeles a sus pies/con dolorosas nubes en sus manos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No falta Lisboa, de ceniza y az&uacute;car, el trasunto de la Guerra Civil que es el escenario de Gettysburg, ni Nueva York: &ldquo;so&ntilde;&eacute; que era pobre, que estaba enfermo, /Pero a&uacute;n me sobraban fuerzas para caminar/durante ocho horas seguidas&rdquo;. Nueva York, una de las primeras amantes del Vilas cosmopolita, sue&ntilde;o cumplido del poeta que habit&oacute; la mitol&oacute;gica Zeta, donde ya nadie recuerda ni dioses ni edificios De Nueva York escribe: &ldquo;no eres una ciudad sino un destino&rdquo; o &ldquo;no eres una ciudad sino la cristalizaci&oacute;n de las almas&rdquo;. En Buenos Aires, la imagen, millones y millones de seres humanos se convierten en met&aacute;fora frente a la inflaci&oacute;n desbocada, la devaluaci&oacute;n de la moneda end&eacute;mica. Par&iacute;s, tambi&eacute;n referente, agoniza por el amor exprimido: &ldquo;en estos mil a&ntilde;os de millones de fluidos corporales/intercambi&aacute;ndose con rabia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los lectores de Vilas conocen su escritura cardinal como herramienta para lo ordinal, la exageraci&oacute;n cualitativa a trav&eacute;s de la enumeraci&oacute;n cuantitativa. Aqu&iacute; vuelve, como lo hacen Elvis Presley y, por supuesto, Johnny Cash. Un instante, el turista, se envuelve en &ldquo;Mystery Train&rdquo; de Jim Jarmush, como un juego de espejos. Montevideo, Buenos Aires, Cartagena de Indias y Caracas, donde se produce la identificaci&oacute;n de lo salvaje con lo ardoroso en la ciudad: &ldquo;atr&eacute;vete, seas quien seas, atr&eacute;vete a quedarte dormido/aqu&iacute; dentro, siente toda la oscuridad de este mundo, /porque t&uacute; la ves&rdquo;. La gente muerta son los frutos que la dictadura hunde en la tierra, pobres, asesinados, desdentados. El discurso pol&iacute;tico es primario, en l&iacute;nea con el car&aacute;cter absoluto del que hemos hablado. Bien y mal son lugares comunes, exagerados. La visita a Roma, adelantada en libros anteriores y en este mismo texto, nos ofrece un repertorio de &aacute;ngeles y cafe&iacute;na, de poetas/pol&iacute;ticos y pol&iacute;ticos/poetas. En el poema dedicado a Luis Garc&iacute;a Montero se lee: &ldquo;me llevan en un mercedes de la embajada, /hablo con el embajador:/te lo ruego, haz bien tu trabajo, /que no sea en vano el uso del mercedes&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hemos pasado de poemarios afines a Luis Alberto de Cuenca a aquellos en los que aparece, se sugiere, se hace presente, el coche oficial. Luis Cernuda y Ezra Pound, supremos fantasmas en sus tumbas. Para volver, claro, a Espa&ntilde;a, a las miles de Espa&ntilde;as, mil veces, cien mil veces, dice Vilas: &ldquo;m&aacute;s vieja que yo&rdquo;. En Sevilla, Madrid, Logro&ntilde;o, en Espa&ntilde;a: &ldquo;vi reyes huyendo por el Guadalquivir a ninguna parte&rdquo;. En T&uacute;nez, la imitaci&oacute;n de la vida, dejando un cabo suelto para el lector que se acerque a &ldquo;Ciudades en venta&rdquo; m&aacute;s como dietario que libro de poemas, &iquest;D&oacute;nde qued&oacute; Vilas? &iquest;Volvi&oacute; a Barbastro el poeta o una imitaci&oacute;n, la mejor que pudo encontrar en su periplo? Manuel Vilas, con su estilo &uacute;nico, reconocible, situado ya al final de los libros de texto de Bachillerato por m&eacute;ritos propios, domina el poema como una oraci&oacute;n total, una letan&iacute;a con la que aspira a conseguir el planeta. Como el poema final, dedicado a sus hijos, titulado Barbastro, que dice: &ldquo;si me amas/pon en venta todas las ciudades del mundo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel Vilas, <em>Ciudades en venta</em>, Madrid, Visor, 2025</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 12:46:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del refugio que ofrece el vértigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-refugio-que-ofrece-el-vertigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_TALL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Tall&oacute;n (Orense, 1975) utiliza la iron&iacute;a como una protecci&oacute;n narrativa. La lectura de <em>El mejor del mundo</em> (Anagrama, 2024) nos ofrec&iacute;a la ucron&iacute;a como redenci&oacute;n emocional y familiar con un punto &aacute;cido, con presencia (sem&aacute;ntica) de Hitler incluida y con <em>Mil cosas</em> (Anagrama, 2025) nos encontramos frente al desmoronamiento de la rutina a trav&eacute;s de un m&iacute;nimo temblor, es una especie de reverso dom&eacute;stico de alguien que siempre escribe ajeno a redes y protecciones, que teclea sin pausa ni control de da&ntilde;os. Solo se permite respirar (y que respiremos), cada pocas l&iacute;neas.&nbsp;</p>
<p>Stephen King se hace presente (otra vez, es muy habitual &uacute;ltimamente, desde Mariana Enr&iacute;quez al alem&aacute;n Clemens J. Setz) para normalizar el af&aacute;n creativo y laboral del escritor. La obra tiene que estar antes de que el fr&iacute;o del p&aacute;nico enfr&iacute;e la hoja en blanco. Tall&oacute;n ha escrito su novela m&aacute;s breve, m&aacute;s acelerada y, parad&oacute;jicamente, m&aacute;s humana. En apenas 149 p&aacute;ginas y 23 d&iacute;as (no sabemos si es cierto o importante, o promocional),&nbsp; el escritor gallego se ha permitido un gesto que roza lo punk: escribir por placer. Dice no a la novela &ldquo;seria&rdquo; (aunque <em>El mejor del mundo</em> ten&iacute;a rasgos de ciencia ficci&oacute;n y bifurcaciones que m&aacute;s que realismo fant&aacute;stico parec&iacute;a un gui&ntilde;o a la escuela de Philip K. Dick), para divertirse, como quien deja el despacho y se lanza a la calle. Sin hojas de c&aacute;lculo, plan de marketing&hellip; en el caso del escritor, fuera de la ansiedad editorial y cifras de venta, la revuelta de lo inmediato. Ese ritmo, m&aacute;s bien esa urgencia, es parte del resultado atropellado y atropellante de esta novela, urbana y nada comedida, donde el sem&aacute;foro parece estar siempre en amarillo.&nbsp;</p>
<p>Para sus protagonistas &mdash;Anne y Travis&mdash; la vida es una sucesi&oacute;n de hechos y acciones, con aderezo de ansiedad y sin preguntas m&aacute;s all&aacute; de las decisiones inmediatas. La sociedad actual, la pasada y, por lo que estamos viendo a d&iacute;a de hoy, la futura, comparten estructura: as&iacute; los agobios y las preocupaciones pueden cambiar de cara, pero su naturaleza es perenne. Se fichaba antes, se hacen llamadas tem&aacute;ticas hoy, en el futuro habr&aacute; objetos vigilantes de nueva generaci&oacute;n para el control horario y, pronto, emocional. M&aacute;s pantallas, m&aacute;s n&uacute;meros, m&aacute;s derrotas. Una sucesi&oacute;n de d&iacute;as, como salidos de una m&aacute;quina de clonaci&oacute;n futurista, se acumulan sobre la mesa (sea de roble o digital). Hay humor y hay ternura. Porque sabemos que en lo tr&aacute;gico y en saber asumir nuestro propio rid&iacute;culo est&aacute; la &uacute;nica salvaci&oacute;n posible. Es la humanidad decantada, las bromas sobre la muerte para mantenerla alejada. Un urbanismo as&eacute;ptico que hace de la ciudad un elemento intercambiable y, por lo tanto, deliberadamente mon&oacute;tono, complementa la narrativa. La monoton&iacute;a muda a aburrimiento y viceversa. Al menos queda la esperanza de que la leyenda espa&ntilde;ola, esa chispa de descuidado proceder laboral, sea parte de la grieta por la que la vida se asome en el paisaje globalizado que Tall&oacute;n nos muestra, con sus personajes, sumidos en el caf&eacute;/lavativa de m&aacute;quina buscan romper ciclos sin mucho entusiasmo.&nbsp;</p>
<p>Los estudios &uacute;ltimos hablan de que el occidental promedio, el trabajador europeo y americano, de manera general, sufre un ciclo vicioso que le impide dormir de manera ordenada, sumido en insomnio y latencia qu&iacute;mica, que le lleva a un d&iacute;a de agotamiento y somnolencia que, de nuevo, tiene que combatir con estimulantes. Es una novela, la de Juan Tall&oacute;n, que tiene algo de homenaje a ese cansancio. Un cansancio global, no espec&iacute;ficamente f&iacute;sico, m&aacute;s bien existencial, en el que se encuentra sumido: atascos y cabezadas, reuniones eternas, sobre estimulaci&oacute;n inmediata de redes como entretenimiento.&nbsp;</p>
<p>Tall&oacute;n escribe como se navega hoy: a r&aacute;fagas. Sus frases parecen dise&ntilde;adas para convivir con la distracci&oacute;n, pero al mismo tiempo la combaten. A veces la sentencia prevalece y es necesario detenerse y volver a leer. Una literatura torrencial con el aderezo del v&eacute;rtigo, Juan Tall&oacute;n deja que las palabras surjan, impregnen papel y documento, abran la ventana que refresque la sociedad moderna.&nbsp;</p>
<p>Es cierto que este libro no es una obra maestra, pero es necesaria, como en la trayectoria de cualquier autor. Sus lectores encontramos una construcci&oacute;n s&oacute;lida, libro tras libro y este es una especie de descanso activo, un cap&iacute;tulo m&aacute;s en el complejo arte de la observaci&oacute;n, subjetiva y pasional, de los vicios (y alguna virtud) de lo que le rodea. La literatura tiene que ser una herramienta de salvaci&oacute;n, m&aacute;s l&uacute;dica que mesi&aacute;nica, y, en el caso de Juan Tall&oacute;n, la utiliza de manera decente y placentera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Tall&oacute;n,&nbsp;<em>Mil cosas</em>, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 12:30:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Peyrou: “La poesía es independiente de lo que hagan los poetas, las editoriales, los gestores culturales y los lectores”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mariano-peyrou-la-poesia-es-independiente-de-lo-que-hagan-los-poetas-las-editoriales-los-gestores-culturales-y-los-lectores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARIANO_PEYROU_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Qu&eacute; espacio concurre en el hiato que se produce entre la palabra y lo real? &iquest;C&oacute;mo irrumpe, brota, habita la realidad en la creaci&oacute;n art&iacute;stica? &iquest;De qu&eacute; manera el arte ensancha la vida, la solapa, se superpone o se hace imposible la distinci&oacute;n entre uno y otra? De todas estas cuestiones y algunas otras m&aacute;s, tan sugerentes y l&aacute;biles, habla el poeta Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971) en su &uacute;ltimo ensayo, <em>Yo soy la naturaleza</em> (Anagrama).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Un buen verso, &iquest;se parece a una idea musical, en el decir de Th&eacute;ophile Gautier?</p>
<p>- Tengo muchas ganas de contestar que s&iacute;, pero creo que es reduccionista. Hay muchas maneras de ser verso, y algunas, creo, no tienen nada que ver con la m&uacute;sica (con ning&uacute;n tipo de m&uacute;sica: la m&uacute;sica tambi&eacute;n tiene formas de ser muy variadas). Algunos versos, por ejemplo, parecen mudos, y no se parecen a una idea musical, sino al silencio; o a configuraciones sonoras que no dan la impresi&oacute;n de representar una idea, sino otra cosa, una punzada, una descarga el&eacute;ctrica, un escalofr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al escribir, algunos nos guiamos por intuiciones o asociaciones que no podemos explicar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; cosas hace el poema que no dice, seg&uacute;n Emily Dickinson?</p>
<p>- Algunos poemas hacen esas cosas que acabo de mencionar, trabajan sobre nosotros al margen de las ideas y lo decible. Pienso que la comunicaci&oacute;n tan peculiar que se establece a veces por medio de la poes&iacute;a es una comunicaci&oacute;n entre el inconsciente de quien escribe y el inconsciente de quien lee: al escribir, no siempre sabemos del todo qu&eacute; estamos haciendo, y algunos nos guiamos por intuiciones o asociaciones que no podemos explicar; y al leer, no siempre sabemos del todo qu&eacute; ni c&oacute;mo nos est&aacute; movilizando el texto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Partamos de un hecho discutible: la poes&iacute;a est&aacute; siendo colonizada por el sistema (youtubers e influencers se alzan en las listas de m&aacute;s vendidos, en Facebook cualquiera se reclama como poeta, la industria del libro empieza a cortejar la poes&iacute;a como posible territorio susceptible de beneficios&hellip;). Si lo que la caracteriza es la subversi&oacute;n de los valores dominantes, &iquest;los poetas que se repliegan al poder, lo son?</p>
<p>- La poes&iacute;a es independiente de lo que hagan los poetas, las editoriales, los gestores culturales y los lectores. Creo que la poes&iacute;a no est&aacute; siendo colonizada en absoluto. Precisamente en el libro planteo que habr&iacute;a que distinguir entre la poes&iacute;a y la "poes&iacute;a", entre comillas: textos que comparten la apariencia de los poemas, pero no su esencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay un exceso de protagonismo en el poeta que va en detrimento del poema?</p>
<p>- Entiendo que eso nos puede pasar a todos, y que es algo a lo que tenemos que estar atentos siempre. Y no me refiero al protagonismo en el sentido de que seamos vanidosos o fatuos, sino a que a veces intervenimos en la escritura o la correcci&oacute;n desde nuestros gustos y prejuicios y limitamos la libertad del poema para ser lo que quiere ser (o nuestra libertad para hablar desde otros lugares).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo conjugar lo que tiene que decir el propio poema con lo que desea expresar el poeta, esa "imposici&oacute;n de su autor", de la usted habla? Dicho de otra manera, &iquest;c&oacute;mo el poeta deja de ser persona en su escritura?</p>
<p>- Es un problema, s&iacute;, porque tampoco estoy a favor de la no intervenci&oacute;n o la no correcci&oacute;n, desde luego. No s&eacute; c&oacute;mo se hace eso, es uno de los muchos misterios del proceso de escritura. En algunos casos, sentimos con claridad que algo que hemos escrito funciona, o est&aacute; vivo, y tenemos que dejarlo aunque puede que vaya en contra de nuestro gusto. Otras veces, quiz&aacute; la mayor&iacute;a, este ir contra el gusto propio genera una especie de incertidumbre: a m&iacute; me pasa que no me acaban de gustar algunas cosas de mis poemas, o no s&eacute; si me gustan, o no s&eacute; si tendr&iacute;a que haberlos retocado. En alg&uacute;n momento percib&iacute; ah&iacute; una cosa verdadera y lo mand&eacute; a la editorial, y qui&eacute;n sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta que el poema est&eacute; abierto a lo contingente&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de azar se concita en un poema?</p>
<p>- Tampoco se sabe, pero a m&iacute; me gusta que el poema est&eacute; abierto a lo contingente. Eso es lo que se logra, espero, cuando no se deja todo atado. El poema puede tener marcas de imperfecci&oacute;n, pero hay algo que se mantiene vivo, verdadero, real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo la poes&iacute;a nos habla de lo real, esa conjugaci&oacute;n "entre un mundo regulado y un mundo donde todo es posible"?</p>
<p>- Creo que precisamente me interesa eso de la poes&iacute;a, como estaba diciendo: que hable de lo real, o mejor, que produzca realidad. Lo hace de un modo &uacute;nico, singular, como ninguna otra actividad lo hace, pero tiene cosas en com&uacute;n con las dem&aacute;s artes y, me parece, con el modo en que los sue&ntilde;os hablan de lo real y producen realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si "la poes&iacute;a genera un tipo de comunicaci&oacute;n peculiar" (pienso en la reflexi&oacute;n de McFerrin a prop&oacute;sito de una canci&oacute;n sin palabras que genera casi todas las canciones posibles), &iquest;cualquier interpretaci&oacute;n sobre el poema es v&aacute;lida?</p>
<p>- No s&eacute;. &iquest;V&aacute;lida para qu&eacute;? Si queremos ser mediadores entre un poema y sus lectores, e imponer un sentido, no cualquier interpretaci&oacute;n es v&aacute;lida (ninguna es v&aacute;lida, pero quiz&aacute; algunas ser&iacute;an m&aacute;s v&aacute;lidas que otras). Si, por otra parte, leemos un poema para ver qu&eacute; nos pasa, para ver d&oacute;nde nos lleva, dir&iacute;a que cualquier cosa que pensemos es v&aacute;lida, aunque nada de lo que haya en el texto "justifique" esa lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a sirve para pensar, desde luego, pero no dir&iacute;a que el poema piensa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo (si es que lo hace) piensa el poema?</p>
<p>- No s&eacute; si el poema piensa, la verdad. Creo que cuando el poema parece pensar, est&aacute; reflejando el pensamiento de quien lo ha escrito o le&iacute;do. O sea, aceptando la met&aacute;fora, yo no llamar&iacute;a pensar a eso que hace el poema, creo que el pensamiento es otra cosa. La poes&iacute;a sirve para pensar, desde luego, pero no dir&iacute;a que el poema piensa. Me parece que encajar&iacute;a mejor con mi imagen borrosa de lo que es un poema decir que opera como opera la naturaleza. Eso de lo contingente que dec&iacute;a antes.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; todo yo es un yo po&eacute;tico, como afirma? &iquest;Cualquiera, como dijeron los surrealistas, y antes los rom&aacute;nticos, es un poeta en potencia, existe lo que denominaron "comunismo del genio"?</p>
<p>- No, cuando digo en el libro que todo yo es un yo po&eacute;tico me refiero a que el yo tambi&eacute;n es una construcci&oacute;n relativamente ficticia, que toma cuerpo en ciertos actos (de habla, de lectura, en enso&ntilde;aciones, en actividades f&iacute;sicas tambi&eacute;n, en el amor), pero que no representa una cosa s&oacute;lida, permanente, responsable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a nos puede transformar de infinidad de maneras&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera la poes&iacute;a tiene capacidad de transformar a quien la habita? &iquest;Puede incidir en lo real?</p>
<p>- Incide en lo real y forma parte de lo real. Nos puede transformar de infinidad de maneras. Por mencionar una, nos puede generar una gran conciencia de todo lo que pasa por el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para usted, el gran <em>problema</em> de la poes&iacute;a es que la disposici&oacute;n de las palabras, en el poema, siempre sea id&eacute;ntica. &iquest;Eso queda suplido indefectiblemente con la capacidad de lectura que admite, con el hecho de que un buen poema siempre resuena aportando un matiz?</p>
<p>- &iexcl;Es un problema porque no tiene soluci&oacute;n! Para m&iacute;, al menos, no hay nada que pueda suplir el movimiento que hay en el impulso de escritura. Eso es algo esencialmente ef&iacute;mero; en cierta medida, est&aacute; condenado a no poder conservarse. Pero es un problema desde el punto de vista de quien escribe. Lo que dices de la lectura es un <em>consuelo</em> para este problema, o una especie de suced&aacute;neo de eternidad. Lo cual no significa que no sea algo absolutamente maravilloso, algo que vale la pena en s&iacute;: los lectores no est&aacute;n ah&iacute; para solucionar los problemas de los autores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2025 11:18:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El realismo narrativo de Dante Liano: de la mímesis a la creación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-realismo-narrativo-de-dante-liano-de-la-mimesis-a-la-creacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DANTE_LIANO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La figura de Dante Liano (Chimaltenango, Guatemala, 1948) representa uno de esos ejemplos ilustres en Am&eacute;rica Latina (como el de Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o, m&aacute;s recientemente, Sergio Ram&iacute;rez) en que la labor de creaci&oacute;n est&eacute;tica se al&iacute;a brillantemente con la erudici&oacute;n literaria, dando lugar a un humanismo total.&nbsp;</p>
<p>Como profesor, y hasta su jubilaci&oacute;n en 2019, ha alcanzado las m&aacute;s altas distinciones acad&eacute;micas en la Universidad italiana y ha sido fundador y coordinador de la C&aacute;tedra de Lengua y Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universit&agrave; Cattolica del Sacro Cuore, donde ha sabido llevar un n&uacute;mero fabuloso (m&aacute;s de mil cada a&ntilde;o) de estudiantes.&nbsp;</p>
<p>En tanto cr&iacute;tico literario, lo relevante tiene que ver con su condici&oacute;n de pionero en lo relacionado con el estudio, el conocimiento y la difusi&oacute;n de las culturas ind&iacute;genas prehisp&aacute;nicas y poscolombinas en la regi&oacute;n de Am&eacute;rica Central, as&iacute; como con su investigaci&oacute;n acerca de la literatura colonial centroamericana.&nbsp;</p>
<p>Como creador literario, su quehacer adquiere notoriedad fundamentalmente por tres aspectos: el trabajo de homenaje y transformaci&oacute;n gen&eacute;rica, la conciencia c&iacute;vico-moral y &nbsp;la tarea de forja sobre el lenguaje coloquial, que adquiere en su literatura una gran calidad est&eacute;tica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Los g&eacute;neros narrativos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La maestr&iacute;a t&eacute;cnica se advierte en la experimentaci&oacute;n a que el autor somete al g&eacute;nero negro en novelas como <em>El hombre de Montserrat</em>, de 1994, o <em>El hijo de casa</em>, obra de 2004. La primera de ellas es una precursora de la corriente antidetectivesca en la literatura centroamericana, por la desconstrucci&oacute;n que lleva a cabo del concepto de Verdad, tanto en la esfera ontol&oacute;gica (el Ser) como en el dominio epistemol&oacute;gico (el Conocer) o &eacute;tico. <em>El hijo de casa</em> es una novela negra h&iacute;brida, puesto que, si la autor&iacute;a del crimen se dilucida y el retrato de la maldad social es demoledor, las causas del mismo se esfuman en las tinieblas de lo indescifrable. En la novel&iacute;stica de Dante Liano, como en la narrativa negra hispanoamericana, la idea usual de pesquisa, lo mismo que el manique&iacute;smo moral, ser&aacute;n transformados, cuando no burlados, por parte de los autores.</p>
<p>En <em>El abogado y la se&ntilde;ora</em>, de 2015, es de notar el tributo que se rinde a la novela picaresca, ambientada en la Guatemala del conflicto b&eacute;lico y de la postguerra. Las analog&iacute;as con el relato picaresco son tanto superficiales como profundas. En efecto, el origen vil, la s&aacute;tira social, el discipulado del protagonista, sus andanzas, el humor, la amoralidad o el af&aacute;n de medro guardan relaci&oacute;n con el personaje de Abundio Revolorio, pero la novela es ante todo picaresca por su pesimismo existencial (recu&eacute;rdese el magisterio del <em>Guzm&aacute;n de Alfarache</em>) y por su concepci&oacute;n del mundo como un simulacro de una realidad ideal (ausente).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Un compromiso m&aacute;s all&aacute; de lo ideol&oacute;gico</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La vertiente c&iacute;vica tampoco carece de importancia en la literatura de Dante Liano, y as&iacute; lo evidencia una novela como <em>El misterio de San Andr&eacute;s</em>, de 1996, en la cual el material narrativo se reparte equitativamente entre los personajes de Benito Xocop, que representa el mundo ind&iacute;gena, y el personaje de Roberto Cosenza, que encarna el mundo ladino de ascendencia europea, en este caso italiana. En muchas ocasiones, a lo largo de la literatura guatemalteca, el personaje del ind&iacute;gena ha sido depreciado y despreciado, o instrumentalizado en aras de un mestizaje forzoso que pasaba por la aceptaci&oacute;n de la modernidad, de la t&eacute;cnica, de la ciudad letrada o del progreso material y espiritual. En esta novela de Liano, empero, se propone una suerte de soluci&oacute;n federal, en la que las dos mitades de la naci&oacute;n guatemalteca convivan armoniosamente, en igualdad de derechos e intercambio mutuo. Es interesante leer esta novela en paralelo con obras emblem&aacute;ticas del indigenismo como <em>El mundo es ancho y ajeno</em> (1941), de Ciro Alegr&iacute;a, para advertir que en la obra de Liano no se produce esa inversi&oacute;n de la dicotom&iacute;a civilizaci&oacute;n-barbarie que s&iacute; tiene lugar en el texto de Alegr&iacute;a. En el relato de Liano, por el contrario, se supera cualquier manique&iacute;smo, y el odio ladino-ind&iacute;gena o ind&iacute;gena-ladino adquiere una connotaci&oacute;n de &ldquo;plaga&rdquo;, en el sentido que el te&oacute;rico franc&eacute;s Ren&eacute; Girard le confiri&oacute; al t&eacute;rmino, que apunta al recurso generalizado a la violencia.</p>
<p>Por su parte, si <em>R&eacute;quiem por Teresa</em>, de 2019, es indudablemente una novela feminista, no es, sin embargo, un texto de lectura un&iacute;voca, pues se demuestra que, en un pa&iacute;s que carece de los instrumentos necesarios para erradicar o paliar el abuso patriarcalista, las v&iacute;ctimas pueden degradarse moralmente tanto como los victimarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El lenguaje</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En lo atinente a Dante Liano, el estudio de su narrativa (sobre todo de su cuent&iacute;stica, pero tambi&eacute;n de novelas como <em>El hombre de Montserrat</em>, <em>El abogado y la se&ntilde;ora</em> o <em>R&eacute;quiem por Teresa</em>) pone de manifiesto la diferencia cualitativa del lenguaje coloquial literario sobre el lenguaje coloquial natural o com&uacute;n, el cual experimenta un proceso de estilizaci&oacute;n, de suerte que el hablar espont&aacute;neo muta y se enriquece en todos los planos de la lengua, desde el dominio l&eacute;xico a la dimensi&oacute;n morfosint&aacute;ctica.</p>
<p>En la esfera diat&oacute;pica (la de las lenguas), la narrativa de Dante Liano se alimenta del espa&ntilde;ol, del ingl&eacute;s, del italiano, del maya o del n&aacute;huatl, as&iacute; como del dialecto chap&iacute;n, mexicano, o del espa&ntilde;ol peninsular. En el plano diastr&aacute;tico (el de los estratos socioculturales), la coloquialidad de la narrativa de Liano es tanto popular como clasemediera o culta. Y en el nivel diaf&aacute;sico (el de los registros ling&uuml;&iacute;sticos), el lenguaje de sus obras es informal o vulgar, pero tambi&eacute;n elevado. Respecto de la dimensi&oacute;n morfosint&aacute;ctica, su coloquialidad remeda las reiteraciones o la parataxis (la preponderancia de las oraciones coordinadas o yuxtapuestas) del discurso oral, aunque tambi&eacute;n puede adoptar una gran flexibilidad sint&aacute;ctica, de modo que los coloquialismos aparezcan insertos en oraciones complejas (subordinadas). Por &uacute;ltimo, a las funciones usualmente asociadas a la coloquialidad (a saber: la apelativa, la referencial, la emotiva y ante todo la f&aacute;tica, es decir, la que se obstina en mantener la comunicaci&oacute;n a toda costa) se a&ntilde;aden en la literatura de Liano la funci&oacute;n metaling&uuml;&iacute;stica y sobre todo la est&eacute;tica, en una obra literaria que, a trav&eacute;s del manejo maestro del lenguaje (ejemplo y testimonio de un mestizaje feliz), acrecienta la creatividad, la representatividad y la esfera cognitiva de la tradici&oacute;n literaria que lo antecede, desde Miguel &Aacute;ngel Asturias a Marco Antonio Flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resumen, y para concluir, el realismo de la narrativa de Dante Liano adquiere envergadura literaria no solo por su profundizaci&oacute;n en la circunstancia guatemalteca, sino tambi&eacute;n por la complejidad de su mensaje moral. En t&eacute;rminos propiamente t&eacute;cnicos y formales, ha de destacarse el gusto vanguardista por el experimento gen&eacute;rico y el logro de un lenguaje coloquial de gran valor art&iacute;stico, desde la m&iacute;mesis hacia la pura creatividad verbal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2025 10:54:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Interino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/interino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/OCTAVIO_G_MEZ_MILI_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Los libros del gato negro nos acercan una lectura muy particular, una novela que -m&aacute;s que un ejercicio de autoficci&oacute;n- nos traslada la narraci&oacute;n novelada de un tramo de la vida que arranca en la adolescencia y que concluye en la cuarentena del protagonista, cuando el hijo es padre y quien fue padre protector se ha convertido en una figura vulnerable a la que se debe dar cobijo. Se trata de <em>Interino</em>, de Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, quien limpia el relato y lo lanza en un p&aacute;rrafo infinito, que me ha hecho recordar -obviamente salvado las distancias- a aquel <em>Las bodas en casa </em>de Bohumil Hrabal, si bien el novelista checo mostraba tres estilos distintos en cada una de sus tres partes. Pero, volviendo a <em>Interino</em>, esta propuesta narrativa propone una revisi&oacute;n de un tiempo, de una generaci&oacute;n que ha vivido la digitalizaci&oacute;n de todas las cosas, desde la perspectiva de la transitoriedad, de una fugacidad en la que todos somos parte de una suerte de permanente interinidad, en la que unos reemplazamos a otros -como el hijo es ahora el padre- y que, obviamente, todos tambi&eacute;n seremos sustituidos en los papeles que desempe&ntilde;amos, as&iacute; como reemplazados en los espacios f&iacute;sicos en los que nos desenvolvemos, pues -en el fondo, nos propone- estamos guard&aacute;ndole el sitio a otra persona mientras vivimos esa suplencia en una historia en la que la muerte, tantas veces, parece querer reclamar el papel principal.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En el relato, la familia es el v&eacute;rtice sobre el que rota y se organizan los afectos y la l&iacute;nea de avance de los estadios y de las cadenas de temporalidad en el hogar. Pero tambi&eacute;n son centrales el coleccionismo, tal vez como identidad o como forma de retener simb&oacute;licamente una parte significativa de la experiencia vital, cultural, social, hist&oacute;rica&hellip;, como forma de eludir a la muerte a trav&eacute;s de un fetiche, de un objeto imperecedero -m&aacute;s a&uacute;n cuando permanece protegido e intacto dentro de su caja original-. Hay en esa visi&oacute;n de las vidas extendidas, comparadas, superpuestas, paralelas del padre y del hijo, del abuelo y del nieto, una manera de alcanzar el entendimiento, de empatizar con sus pasiones y sus errores, con su determinaci&oacute;n ante los momentos cr&iacute;ticos de un camino en el que se aprende la ruta cruce a cruce o con sus actitudes ante los hechos desencadenados tras cada nuevo giro.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En sus p&aacute;ginas sentimos c&oacute;mo ha volado la pluma sobre el papel en blanco y, en pos de ella, corre nuestra lectura &ldquo;sucumbiendo al registro org&aacute;nico del recuerdo&rdquo; de un tiempo cuya llama se ha extinguido y en el que las cosas parecen haber quedado impregnadas del alma que motiv&oacute; las acciones. El relato fluye -en mi opini&oacute;n- m&aacute;s engrasado que nunca, es -por momentos- divertido, en otros es dram&aacute;tico, doloroso y, aunque por sus referentes (la serie <em>V </em>o <em>El Equipo A</em>, por ponerles alg&uacute;n ejemplo), por los iconos estelares y por los momentos en los que transcurre es evidentemente generacional. No obstante, tambi&eacute;n puede sentirse muy abierto a cualquier lector, pues se muestra universal en los afectos y en las heridas del alma que en el libro se nos muestran. Y, es que, en sus p&aacute;ginas se da una abierta exposici&oacute;n en la que el autor nos abre su casa, pero tambi&eacute;n deja entrar la luz hasta los dolores m&aacute;s arraigados: los complejos de la &uacute;ltima infancia y primera adolescencia, el miedo, el acoso escolar descarnado al caer etiquetado como el &ldquo;gordo-fofo-empoll&oacute;n-cuatro ojos&rdquo; de la clase.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Igual que el papel en blanco se vuelve viejo con la primera letra que escribimos, as&iacute; ocurre con la vida, con la interinidad de la vida, con la repetici&oacute;n de cada paso sistem&aacute;tico e inconsciente, haciendo suyo el autor el c&eacute;lebre verso de Gil de Biedma en el que, asaetado por la percepci&oacute;n de la verdad, constataba que &ldquo;nunca volver&eacute; a ser joven&rdquo;, pero -como nos indica G&oacute;mez Mili&aacute;n- &ldquo;las palabras, no lo sab&iacute;a entonces, son picudas y laber&iacute;nticas, no siempre se dejan domar&rdquo; y por ello, deber&aacute;n ser ustedes quienes -de forma interina- vivan su sentido durante la ef&iacute;mera lectura.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p>Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, <em>Interino</em>, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:48:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eterno blues del vástago]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-eterno-blues-del-vastago/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAMIRO_GAIR_N_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n (Zaragoza, 1980), poeta de la familia y la naturaleza, de la clorofila y el paisaje nos ofrece una nueva entrega de su prolija y consolidada obra po&eacute;tica con <em>La vibraci&oacute;n del mundo</em> (RIL Editores, 2025). Hace unos meses llegaba a nuestras manos, <em>Carreteras que brillan en el bosque</em>, Premio Ciudad de Salamanca 2024, un recorrido sentimental por sus &uacute;ltimos a&ntilde;os fuera de su Zaragoza natal y que completaba una obra que inclu&iacute;a libros como <em>Lar</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016), <em>Llegar aqu&iacute;</em> (Vers&aacute;tiles, Huelva, 2020) o <em>Tiempo de frutos</em> (Piezas Azules, Madrid, 2022).&nbsp;</p>
<p>Alejado del asfalto, en su madurez literaria, sin afanarse en el presentismo medi&aacute;tico, Gair&iacute;n sigue en su camino l&iacute;rico, esta vez con este delicado volumen que se adentra en la relaci&oacute;n paterno-filial, en la contemplaci&oacute;n del hijo y todos los aspavientos inesperados que suponen sus primeros a&ntilde;os de vida.&nbsp;</p>
<p>Versos nutricios, de paternidad y &ldquo;Sala de espera&rdquo; (t&iacute;tulo de la primera parte). Donde antes hab&iacute;a tabaco, ahora hay corazones que compiten contra el miedo con amor. El mundo, &ldquo;fuego lento y silencio&rdquo;, ahora &ldquo;Esto es lo que pudimos oponer: / un nuevo ej&eacute;rcito de vivos&rdquo;. Despu&eacute;s del instante, el comienzo, &ldquo;Sobre los pinos tiende el cielo / esas nubes, soltadas en verano&rdquo; y es que el poeta se entrega, ahora en proyecto de compa&ntilde;&iacute;a, a un paisaje que ser&aacute; eterno en sus palabras, casi desaparecido por el alquitr&aacute;n. Y el padre, el hombre, el escritor, conserva para su v&aacute;stago. Hay, como todo autor del interior, una obsesi&oacute;n por el infinito de sal y agua: &ldquo;El mar que siempre te fascinar&aacute; / porque, como nosotros, / vas a venir al mundo tierra adentro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El cient&iacute;fico emerge, hace de la vigilancia de las pantallas, de las luces que parpadean, de la angustia de los n&uacute;meros, alimento para el verso: &ldquo;Ser padres es aprenderse tambi&eacute;n / la escala del terror&rdquo;, en el &aacute;nimo se busca mantener la inmortalidad del recuerdo, que conserva la juventud, el instante previo, el instante posterior, la naturaleza del padre y el hijo. Ori&oacute;n y el valle de Bujaruelo, cuando la distancia no es una medida eucl&iacute;dea, una reflexi&oacute;n de ficci&oacute;n digital, sobre el tiempo se contempla el espacio: &ldquo;Hoy s&eacute; que la alegr&iacute;a es un oficio / y que lo aprender&aacute;s con nuestro ejemplo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Se mantiene la primitiva protecci&oacute;n, el muro del amor filial, en tiempos acelerados, en la g&eacute;nesis de la Inteligencia Artificial: &ldquo;Recuerda que tu madre siempre tiene magia en las manos&rdquo; o &ldquo;Tambi&eacute;n a &eacute;l le queda / muy grande todav&iacute;a la receta&rdquo;. En los poemas que componen &ldquo;Familia&rdquo; se suceden palabras como mam&aacute;, Aleph, v&oacute;mito, fiebre, vacunas y desorden. Es el momento en el que la noche hace de la temperatura algo terrible: &ldquo;Si declaro a la noche que prepare / detallada por horas la factura&rdquo;. El mismo terror primigenio de los padres, que en la oscuridad se ven devorados por el miedo para despertar, en la frescura de la ma&ntilde;ana, con la esperanza primordial. Es un ritmo eterno que Ramiro Gair&iacute;n recoge con paciencia, reconstruye la eternidad con sus palabras: lluvia, concesionarios, oto&ntilde;o, recoger los juguetes, la cena, hay que acostarse pronto. Es un blues de tortillas y sopa que se enfr&iacute;an, el domingo como divinidad menor de la despedida, como el &uacute;ltimo resquicio de la festividad, ahora, otra vez, envejecido: &ldquo;Con el sol despidi&eacute;ndose y el fr&iacute;o, / como un gato al que nadie hace caso / d&aacute;ndonos topetazos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Volvemos a los n&uacute;meros, nunca le dimos a los percentiles de la facultad, a la estad&iacute;stica, cuando en la facultad se hablaba de seguridad, de intervalos de confianza, de test de hip&oacute;tesis, cuando no es producto ni porcentaje, cuando es un cuerpo d&eacute;bil, m&iacute;nimo: &ldquo;Las tablas amenazan, / va detr&aacute;s de la media&rdquo; u &ldquo;Ojal&aacute; alcances la media suficiente&rdquo; y esa campana, Gauss y su variable normalizada, &ldquo;Ojal&aacute; los primeros sedimentos / estratos que a tus padres corresponden / aguanten tanto mundo&rdquo;. Llegamos a &ldquo;El r&iacute;o del futuro&rdquo;, pen&uacute;ltima parte del libro. Sumergidos en el acierto del poeta, que impone a los dioses la mec&aacute;nica de su hijo: el mundo vibra en la misma frecuencia que el coraz&oacute;n del ni&ntilde;o. Escribe: &ldquo;Que para ser gigante / hay que vivir oculto / en medio de otros &aacute;rboles&rdquo;. Y entonces, llega: &ldquo;Hoy ha venido el mundo a reponerse / con nosotros al parque. / Hoy se ha tomado el d&iacute;a libre&rdquo;. En &ldquo;El mundo terminado&rdquo;, fragmento final del volumen, se supera lo sensible para alcanzar lo moral, aunque sea en el primer apetito del d&iacute;a: &ldquo;No quiero que conozcas / las met&aacute;foras b&eacute;licas: / combatir el invierno / batallar contra el c&aacute;ncer&rdquo;. Escuchar crecer a un hijo, mientras escribe, en el miedo eterno del padre, incapaz de tapar, de cubrir, todas la fugas posibles en el nav&iacute;o de la existencia. Un final del camino, que engancha, vasos comunicantes, la primera infancia, el aviso de la eternidad, la contradicci&oacute;n que supone que el nacimiento del hijo es el primer ladrillo de la vejez. Es en esa contradicci&oacute;n perenne donde, todos, poetas o no, existimos. Pero con sus versos, Ramiro Gair&iacute;n, construye un se&ntilde;uelo de belleza, una plataforma de esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n, <em>La vibraci&oacute;n del mundo</em>, Providencia, Regi&oacute;n Metropolitana, Chile RIL Editores, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:18:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor universal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-dolor-universal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARTA_SANZ_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Marta Sanz (Madrid, 1967) es una escritora polivalente. Novelista can&oacute;nica con <em>Daniela Astor y la caja negra</em> (Anagrama, 2013), ensayista con obras como <em>Monstruas y centauras</em> (Anagrama, 2018), escribe poes&iacute;a con la intensidad del que utiliza los versos como escape, incluyendo el Premio de la Cr&iacute;tica de Madrid al mejor poemario de 2014 con <em>Vintage</em> (Bartleby, 2013). Con <em>Amarilla</em> (La Bella Varsovia) nos ofrece un volumen de palabras repletas de dolor, en la b&uacute;squeda de la anestesia de los d&iacute;as y la cotidianidad m&iacute;nima. Cuerpo propio, padre en los pasillos, lugares de sufrimiento revisados que sofocan la cercan&iacute;a. La autora, en la fusi&oacute;n de la tierra y la ceniza busca el sustento: &ldquo;En la jugosidad del p&eacute;talo / est&aacute; la hez&rdquo;. Los colores se mezclan con quemadura, cuerpo y dedos, en la l&iacute;rica de un encuentro terrible: &ldquo;El tumor / es un miedo / que, por fin / se hizo ma&ntilde;ana&rdquo;.&nbsp; &iquest;Es la denuncia de Gaza una consolaci&oacute;n de la muerte? &ldquo;Si toda esa desgracia minimiza la tuya&rdquo;. El cuerpo como refugio, como enemigo ciego de algo est&uacute;pido. Viajar y mover, desplazar carne y v&iacute;sceras en busca de la salud, como una especie de salmo. &ldquo;En la plaza central de New Haven / vimos brillar / un &aacute;rbol amarillo&rdquo;. El poema se embadurna de maquillaje para reconstruir otros rasgos, su cara, la de la poeta, que es m&aacute;scara que hace otro cuerpo. Poemas con may&uacute;sculas, poemas de las may&uacute;sculas, que son cualitativamente distintos en su intenci&oacute;n de capturar la vida y el tiempo, la dualidad de pasado y presente: &ldquo;Cuando no cabes, cuando parece que insultas al tiempo&rdquo; o &ldquo;Como protegerte del fr&iacute;o / que llevas sembrado en el hueso / ni del calor / Que siempre asusta / Y se bebe toda el agua / (no sabes)&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La autora detecta el poder del fr&iacute;o interior, terrible, inabarcable, m&aacute;s del que existe fuera: &ldquo;No me dej&eacute;is morir / con la sonrisa alucinante / que adorna el rostro mineral/de la congelaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp; En comparaci&oacute;n, la b&uacute;squeda del calor, que se identifica con la paz, el final del tiempo, la vejez: &ldquo;Aclimatarse / muy gustosamente / a la p&eacute;rdida progresiva de los cinco sentidos&rdquo;. Usar el poema como tramadol o algo m&aacute;s fuerte: &ldquo;Es mentira que olvidemos / solo las palabras que no merecen la pena&rdquo;. Flores que van del rojo al amarillo, flores verdes, patatas, medusas, el pelo que hace de la vida piedra. El amarillo contra el calor, el amarillo demasiado cerca del fr&iacute;o de vivir/no vivir. Luz en escena, que, al estallar, abandona el disfraz de nova para ser un hilo, solo un hilo. La vida desaparece, se evapora: &ldquo;Para sobrevivir es necesario perder el o&iacute;do&rdquo;. Y volver, buscar el camino, una vela, cera que, derretida, gu&iacute;a los sentidos hacia la soledad, un estadio de dolor m&aacute;s avanzado: &ldquo;Que la melancol&iacute;a es un golpe amarillo&rdquo;. Ese color, que lo domina todo, el de la bolsa, el de la bilis, amarillo cadmio, los metales pesados que exigen un lixiviado para poder escapar del cuerpo. Sustancia, cuando es el poema, cuando encontrar, cuando no te das cuenta. &ldquo;Un compuesto para aniquilar la ara&ntilde;a / de debajo de la piel / &iquest;C&oacute;mo es posible? Que no lo descubri&eacute;ramos antes&rdquo;. En esa b&uacute;squeda la enfermedad viene con el presentimiento, la sustancia extra&ntilde;a en un cuerpo que se desentiende: &ldquo;Se desencadenan mal&eacute;volos / procesos qu&iacute;micos / se sueltan puntos&rdquo;. Tristeza y cuerpo, el cuerpo es un extra&ntilde;o. &ldquo;Si no que esta tristeza bola de cristal, la m&iacute;a&rdquo;, el mal atrapado en una c&eacute;lula &iquest;Qu&eacute; hacer? El miedo, usar las palabras que lo reconozcan y limpien, y si esas mismas palabras terminan por aumentar el dolor. Umbr&iacute;a, que se repite a lo largo de todo el poemario, como un estadio vital, una vida desconocida. La poes&iacute;a de los hospitales, tan habitual, tan generacional, madres que se convierten en hijas, hijas que temen dejar solas a sus v&aacute;stagos, luz de los pasillos blancos que atrapan la enfermedad, que marean a la muerte, el tri&aacute;ngulo enfermeras-enfermo-compa&ntilde;&iacute;a. Cuando la persona muere el dolor no termina, solo cambia: &ldquo;Tambi&eacute;n yo soy una hija con su padre / y escucho...&rdquo; y sigo &ldquo;el obsceno gemido de mi padre / el que nunca se habr&iacute;a debido emitir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, en la miseria/belleza de la muerte/familia, llega: &ldquo;Los &aacute;ngeles del infierno tambi&eacute;n corren con sus madres a urgencias&rdquo;. La narrativa del color, la enfermedad, la habitaci&oacute;n y el pasillo: &ldquo;Miran el m&oacute;vil ocultas detr&aacute;s de un tabique / se ponen auriculares / apagan la luz&rdquo;. Luz, jard&iacute;n, flores. &ldquo;Las palabras no abolen la muerte, / pero s&iacute; su constancia de gota eterna, /su miedo/su neurosis&rdquo;. Escribo, yo mismo, en la p&aacute;gina del poema, en el libro de Marta Sanz, utilizando los bordes prestados, invalido el libro para otros lectores, o lo convierto, quiz&aacute;, en un gu&iacute;a, que solo me vale a m&iacute; o a otros escritores/poetas/lectores que hablan y escriben, que viven la enfermedad de sus padres, la suya propia, la de sus hijos, y despu&eacute;s de la verg&uuml;enza encuentran una especie de morfina, de alivio en la palabra sobre el papel, recogiendo el exabrupto del dolor, de la pestilencia de la edad.&nbsp; &ldquo;De qu&eacute; luz hablamos / cuando se escapa la luz / se gana, / hay que pagar el precio del h&iacute;gado infantil&rdquo;. Luz azul de los quir&oacute;fanos que emprende una lucha total contra la c&eacute;lula. La luz del hospital, siempre presente, nunca se desconecta: &ldquo;Luz de la intemperie y la luz / del cuarto oscuro&rdquo;. Cuerpo belleza, cuerpo perdido, cuerpo posesi&oacute;n, cuerpo joven, cuerpo extra&ntilde;o: &ldquo;Moscas necr&oacute;fagas liban mi jugo / anticipadamente&rdquo;. Ox&iacute;geno, azul, pulm&oacute;n, cuerpo, tristeza: &ldquo;Se volver&aacute; / contra nuestra alegr&iacute;a / a cualquier precio&rdquo;. La poeta cuenta, coloca las palabras para asumir lo obvio del sufrimiento, mezcla el yo con el nosotros, deja impl&iacute;cito el vosotros: &ldquo;Soy una mujer materialista / que celebra las reacciones exot&eacute;rmicas&rdquo;. C&eacute;lulas sensibles, piel polilla, amapola. Cr&oacute;nica de flores, animal, vegetal, ni&ntilde;a, poeta, trasuntos o proyecciones que sirven para explicarse: &ldquo;Todos los poemas me salen amarillos&rdquo;. Como una manera innecesaria de pedir perd&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta Sanz, <em>Amarilla</em>, Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:06:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuerdos de otras vidas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recuerdos-de-otras-vidas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CRISTINA_FERN_NDEZ_CUBAS_8_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un autora como Cristina Fern&aacute;ndez Cubas (Barcelona, 1945), Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas 2023 y autora, entre otros, del monumental y can&oacute;nico libro de relatos <em>Mi hermana Elba</em> o de la novela <em>El a&ntilde;o de Gracia</em>, unida a una obra como <em>Cosas que ya no existen</em>, magn&iacute;fico libro de memorias narradas, es una autora imprescindible, siempre nutritiva y de una trayectoria intachable en las letras espa&ntilde;olas recientes. Los cuentos contenidos en La habitaci&oacute;n de Nona, &uacute;ltima narrativa in&eacute;dita, se publicaron hace una d&eacute;cada, as&iacute; que <em>Lo que no se ve</em> podemos afirmar que era un acontecimiento esperado y que, sin alcanzar cotas sobresalientes pret&eacute;ritas, deja con un excelente sabor en boca en varios momentos.&nbsp;</p>
<p>El primer cuento, &ldquo;T&uacute; Joan, yo Bette&rdquo; funciona, evidentemente, a trav&eacute;s del gui&ntilde;o narrativo y filial que supone su paralelismo con la pel&iacute;cula (y la relaci&oacute;n entre actrices) <em>&iquest;Qu&eacute; fue de Baby Jane? </em>La relaci&oacute;n entre Bette Davis y Joan Crawford ha hecho correr r&iacute;os de tinta, incluyendo obras de teatro, series de televisi&oacute;n y varios estudios. Es una de las burbujas de metanarrativa m&aacute;s importantes de la cultura occidental y Cristina Fern&aacute;ndez Cubas incide en ella, d&aacute;ndole un toque personal, m&aacute;s cercano a la devoci&oacute;n por el clasicismo de Hollywood cercano al Manuel Puig de <em>The Buenos Aires affair</em>, con toques incluso fant&aacute;sticos. Las hermanas, en esta iteraci&oacute;n, bien en Espa&ntilde;a, es la autora quien interact&uacute;a con ellas desde su posici&oacute;n omnipotente, situando la inevitable mansi&oacute;n perdida en alg&uacute;n lugar de nuestra geograf&iacute;a, un limbo sin distancias que incluye una playa final y un triste y olvidado final. Vamos de la pantalla del cine al VHS, al v&iacute;deo, repitiendo los di&aacute;logos del largometraje hasta interiorizarlos. Lugares y tiempos que cambian y desaparecen, incluso, en alg&uacute;n momento, definiendo a los personajes como algo inmortal frente a la naturaleza caduca de las actrices, sometidas a la cl&aacute;usula del tiempo. No es el actor, el actor lleva a&ntilde;os, d&eacute;cadas, muerto, es el personaje, los personajes de la pantalla, los de las p&aacute;ginas, los que hacen gala de la inmortalidad.&nbsp;</p>
<p>Los siguientes tres cuentos se manejan dentro de una coherencia interna que se descubre tras la lectura en perspectiva: &ldquo;De qu&eacute; se habla en las fiestas&rdquo; es el tiempo de la adolescencia, un instante atrapado en el &aacute;mbar inici&aacute;tico de las relaciones. La autora parece buscar cerrar el grifo que gotea en una parte de su vida a trav&eacute;s de recorrer pasillos de su memoria, en la b&uacute;squeda del instante, la bifurcaci&oacute;n entre la amistad y las relaciones sociales. Un liviano descubrimiento sexual que se injerta entre la monoton&iacute;a de las clases segregadas, clasismo, apellidos que no se olvidan, compromisos que se desmoronan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una inocencia que se eleva para caer, casi a plomo en &ldquo;Monomio&rdquo;, el segundo relato de esta trilog&iacute;a interior. La ni&ntilde;a-adolescente es una adolescente mujer, pero es una pubertad de cuerpo pleno, de padres ausentes, en el desaf&iacute;o a la oficialidad de los adultos, nos encontramos en una cronolog&iacute;a de tropel&iacute;a yey&eacute;, cinco personajes, como un EP de la &eacute;poca, con sus canciones de Los Brincos o Los Sirex. Es mi relato favorito, un cuento de terror, &iquest;Un cuento de terror, seguro? Quiz&aacute; la maldad sin cuerpo sea una met&aacute;fora en la que la madurez, la responsabilidad adquirida arrasa con todo como una encarnaci&oacute;n del monstruo. En una tierra f&eacute;rtil en coincidencias, la primera muerte, alcalina, se hace por primera vez presente. Destino final en el tardofranquismo, este relato podr&iacute;a haber aparecido en una de esas compilaciones tan de moda de miedo inacabado, junto con renovadoras de las letras como Mariana Enr&iacute;quez o Samanta Schweblin.&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo v&eacute;rtice del tri&aacute;ngulo es &ldquo;La hermana china&rdquo;, de finales de los setenta a dos d&eacute;cadas m&aacute;s tarde. M&aacute;s inocente, la protagonista podr&iacute;a ser hija de alguna de las participantes en los cuentos anteriores. Muchos de los que conocimos el fen&oacute;meno lo recordamos: buena situaci&oacute;n econ&oacute;mica, problemas para concebir, las mujeres encendidas de hormonas que, tras m&uacute;ltiples intentos, acaban adoptando y, despu&eacute;s, esa biolog&iacute;a forzada acaba juntando dos hijas&hellip; pero esa misma condici&oacute;n, esa misma cercan&iacute;a, provocaba el conflicto. La compleja relaci&oacute;n entre la carne y el documento, entre la frustraci&oacute;n por lo h&iacute;brido frente a la desaz&oacute;n del lugar secundario. Violeta y Adelfa funcionan como muescas de un tiempo en el que la construcci&oacute;n familiar se mezclaba con la primera inmigraci&oacute;n, en una mezcolanza de sentimientos, or&iacute;genes y pasiones vicarias.&nbsp;</p>
<p>Este libro no se podr&iacute;a entender sin &ldquo;Il buco&rdquo;, por su longitud, por el cambio en la voz protagonista (es un hombre), por el desplazamiento geogr&aacute;fico y por colocar en la relaci&oacute;n de pareja el eje de la narraci&oacute;n. Italia, el vino, los hoteles, la moda, los matrimonios con alfileres. Un cierto s&iacute;ndrome de Stendhal catedralicio que cristaliza en la idea de oquedad, &eacute;xtasis y barniz. &iquest;Qu&eacute; separa, en una catedral, lo divino de lo humano? La pintura del incienso. El mundo unido por l&iacute;neas misteriosas y ocultas que ofrecen una escapatoria, una gu&iacute;a entre el libro y la devoci&oacute;n, la realidad y el recuerdo. &iquest;Es un cuento sobre un final o sobre un comienzo? M&aacute;s bien es un relato que habla de las encrucijadas, de escapar de la monoton&iacute;a, de lo sagrado.&nbsp;</p>
<p>Y el &uacute;ltimo cuento, otro de los que, escapando a lo m&aacute;s cotidiano, se encumbra en lo fant&aacute;stico, es &ldquo;Candela viva&rdquo;. Un juego c&oacute;mplice entre autor y lector, que observan, demiurgos, c&oacute;mo se narra una vida o, m&aacute;s bien, su final, a trav&eacute;s de un limbo donde se incide en el extra&ntilde;ismo, utilizando una tienda, la que da t&iacute;tulo al relato, que recuerda, como la misma autora deja caer, a las misteriosas apariciones de series como &ldquo;La dimensi&oacute;n desconocida&rdquo; o &ldquo;Alfred Hitchcock presenta&rdquo;. S&iacute;, la dimensi&oacute;n desconocida, Cristina Fern&aacute;ndez Cubas como Ra&uacute;l Quinto, Rodrigo Fres&aacute;n o la anteriormente citada Mariana Enr&iacute;quez disfrutaba de cap&iacute;tulos que, como en este cuento, la normalidad se rasga s&uacute;bitamente. Cito: &laquo;La vida va demasiado deprisa&raquo;, aunque sea el final. Sonr&iacute;o por un instante porque la escritora utiliza brevemente La tienda de Stephen King como ejemplo, pero confunde al autor de <em>Carrie</em> con el director de <em>Los p&aacute;jaros</em>. Pero, por otro lado, es un gui&ntilde;o pop que hace todav&iacute;a m&aacute;s delicioso a este volumen. El fresco del botijo, s&iacute;. La protagonista ya no pod&iacute;a enga&ntilde;arse, veinte a&ntilde;os o veinte minutos, el accidente hab&iacute;a resultado mortal, de eso no ten&iacute;a ninguna duda. Recuerdo y cito: &laquo;Una sombra acogida a la inercia de la vida&raquo;. Un libro, este regreso de una autora imprescindible, que se disfruta, que te deja satisfecho, que te hace recordar el porqu&eacute; del amor por la lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, <em>Lo que no se ve, </em>Barcelona, Tusquets Editores,2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 08:22:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lola Vivas: “El deseo, cuando no es impulso o arrebato sino consciencia de lo que se quiere, no se nos oculta”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lola-vivas-el-deseo-cuando-no-es-impulso-o-arrebato-sino-consciencia-de-lo-que-se-quiere-no-se-nos-oculta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LOLA_VIVAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo"><em>Flow</em>, segundo libro de Lola Vivas (Madrid, 1969), editado por Tres Hermanas, resulta una suerte de traves&iacute;a en cuya narraci&oacute;n se concita la reflexi&oacute;n, lo l&iacute;rico, lo pesadillesco. Queda difusa la frontera entre lo alucinado y la vigilia, y su lectura pareciera el sue&ntilde;o de un nido donde los &aacute;rboles rechazan la muerte. Est&aacute; presente el fuego, pero sin que estemos en un territorio an&iacute;mico excitado por &eacute;l. Tampoco por el miedo. M&aacute;s bien por el deseo de conocer (se). Y en ese espacio de indeterminaci&oacute;n, de fragmentaci&oacute;n narrativa, brota la fragilidad de la belleza, erigi&eacute;ndose por entre todo aquello que no miente.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Entiendo el amor como el sentido &uacute;ltimo de la vida&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">- Los par&eacute;ntesis, que encierran los t&iacute;tulos de los distintos cap&iacute;tulos, &iquest;qu&eacute; confinan exactamente?</p>
<p class="Cuerpo">- En general, el t&iacute;tulo de cualquier texto enmarca de alguna forma el sentido, como alzar un poco la voz sobre el tema que aborda de forma metaf&oacute;rica. El uso de par&eacute;ntesis y min&uacute;sculas &mdash;excepto en los nombres propios&mdash; en los t&iacute;tulos es una forma de hacer esto mismo, pero en vez de alzando la voz, a modo de susurro, de sugerencia, un t&iacute;tulo quiz&aacute; algo m&aacute;s humilde.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- Le devuelvo en forma de pregunta una de las afirmaciones que se encuentran en la narraci&oacute;n: &iquest;Siempre pierde el que ama? Y de ser as&iacute;, &iquest;por qu&eacute;?</p>
<p class="Cuerpo">- Entiendo el amor como el sentido &uacute;ltimo de la vida. Amar nos acerca a lo divino, nos hace inmortales, confiere a la vida el sentido m&aacute;s aut&eacute;ntico (y necesario). Dejar de hacerlo, independientemente de los motivos que nos lleven a ello, nos devuelve a la finitud, nos arroja a la muerte. Por eso siempre pierde el que ama, porque es el que se expone a perder eso, el que asume el riesgo y se lanza al vac&iacute;o. La parte m&aacute;s luminosa de todo ello es que esa p&eacute;rdida no es para siempre, aunque en un principio pueda parecerlo, la capacidad de amar no se pierde.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;No identifico la fiereza como fortaleza, sino m&aacute;s bien como agresi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">- Los Tres Perros id&eacute;nticos, as&iacute; como B&acirc;tard, &iquest;representan la fiereza de lo masculino? En este orden de cosas, &iquest;Que la Gata llameante siempre quede pr&oacute;xima a la llama, en uno u otro sentido, nos habla de que lo felino, en general y como met&aacute;fora, es mucho m&aacute;s fr&aacute;gil de lo que aparece?</p>
<p class="Cuerpo">- No identifico la fiereza como fortaleza, sino m&aacute;s bien como agresi&oacute;n, tanto si se muestra como defensa o como ataque. As&iacute; que ser&iacute;a lo contrario: la llama, una vez prendida es dif&iacute;cil de apagar, cambia de forma, se eleva hacia lo alto o se hace m&aacute;s peque&ntilde;a, es sensual, adaptable y siempre se abre camino. Adem&aacute;s, nunca pierde la luz. En ese sentido, no la veo fr&aacute;gil, al rev&eacute;s, mucho m&aacute;s cercana a la fortaleza.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- Suponiendo que la Ni&ntilde;a sea la Mujer misma (uno de sus otros yoes), &iquest;de qu&eacute; depende que esa ni&ntilde;a que todos cobijamos en nuestro interior tome el tim&oacute;n, como en la escena de los mu&ntilde;ecos?</p>
<p class="Cuerpo">- Creo que la Ni&ntilde;a representa esa parte de la Mujer que se deja llevar m&aacute;s por el impulso, esa inconsciencia ante el peligro que hay en la infancia que nos conecta de inmediato con lo que realmente queremos hacer sin juicio de valor alguno. Dir&iacute;a que toma el tim&oacute;n en situaciones l&iacute;mite &mdash;cuando la cabeza se ofusca y el pensamiento estorba&mdash; que requieren determinaci&oacute;n y una valent&iacute;a visceral.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;La palabra &uacute;nicamente cura cuando est&aacute; libre de fingimiento, es coherente y honesta&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- La palabra, la conversaci&oacute;n, &iquest;todo lo cura?</p>
<p class="Cuerpo">- La palabra es un concepto, pero tambi&eacute;n una herramienta que cada cual utiliza a su manera. Como tal, una misma conversaci&oacute;n, el lenguaje, no es igual para todo el mundo &mdash;incluso hablando del mismo tema o utilizando las mismas palabras&mdash;, y difiere mucho de unas personas a otras. La intenci&oacute;n es un factor importante. As&iacute; que entiendo que la palabra &uacute;nicamente cura cuando la intenci&oacute;n sobre la que se asienta tiene una base de sinceridad, est&aacute; libre de fingimiento, es coherente y honesta. De otra forma estar&iacute;amos hablando de una pantomima que posiblemente no cure nada.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;C&oacute;mo se intuye o se sabe que una relaci&oacute;n se ha quebrado de manera irreversible?</p>
<p class="Cuerpo">- Creo que cuando una relaci&oacute;n se quiebra, primero se intuye durante un tiempo, porque el saberlo de golpe ser&iacute;a dif&iacute;cil de asumir. Tambi&eacute;n creo que una vez se sabe, es decir, una vez se asume, es porque ha llegado ese punto en que ya es irreversible. El c&oacute;mo saberlo es quiz&aacute; la parte m&aacute;s compleja de explicar, porque uno solo sabe algo cuando toma conciencia de ello; el por qu&eacute; lo hace difiere mucho de las personas y supongo que tiene que ver con los propios l&iacute;mites.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Siempre es mejor ser consciente de la situaci&oacute;n (comer de la manzana) que mirar para otro lado o tratar de posponer el enfrentarnos a ella?</p>
<p class="Cuerpo">- No tengo ninguna duda de ello. Lo que ocurre es que no es tan sencillo hacerlo, requiere de mucho coraje.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- En la misma l&iacute;nea sem&aacute;ntica: &ldquo;Si el poder es cuesti&oacute;n de ocultar parte del deseo&rdquo;, &iquest;la mansedumbre lo hace por completo transparente? &iquest;Hasta qu&eacute; punto es posible ocultar el deseo? &iquest;No ocurre tantas veces que es el propio deseo el que se nos oculta?</p>
<p class="Cuerpo">- El deseo, cuando no es impulso o arrebato sino consciencia de lo que se quiere, de lo que se desea y anhela, no se nos oculta. La cuesti&oacute;n es asumirlo y querer verlo en toda su claridad. El poder est&aacute; en qu&eacute; hacer con eso, la forma en que cada cual decide actuar ante el otro y jugar sus cartas. Por tanto, la mansedumbre no dejar&iacute;a de ser una forma m&aacute;s de ejercer ese mismo poder.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere para &ldquo;esperar el acontecimiento, como los p&aacute;jaros al hacer nido&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">- Dir&iacute;a que, para empezar, requiere del instinto animal de supervivencia y el deseo de permanencia en la vida, lo que conlleva la preparaci&oacute;n del lugar y el cuidado previo necesario. Tambi&eacute;n de algo esencialmente humano como es la fe en el futuro suceso. Una fe activa y amorosa que prev&eacute; la dicha y se instala a la espera en el lugar del advenimiento.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Qu&eacute; es capaz de desle&iacute;r el &ldquo;color de las cosas que est&aacute;n por hacer&rdquo;?</p>
<p class="Cuerpo">- Cuando las cosas est&aacute;n por hacer, es decir, en un estado transitorio de madurez, no tienen un color definido en nuestra conciencia, se mezclan unas con las otras, emborronan los prop&oacute;sitos y las causas. Cuando finalmente maduran, pasan de ese estado pastoso y cogen entonces el color que las define. Entiendo que la luz, la claridad, son factores determinantes.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;La seducci&oacute;n, como toda belleza, contiene vida y muerte al mismo tiempo&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Por qu&eacute; y de qu&eacute; modo &ldquo;seducir es un tipo de supervivencia&rdquo;?</p>
<p class="Cuerpo">- La seducci&oacute;n nos convierte en sujeto y objeto al mismo tiempo. Sujeto activo que desea seducir al otro y objeto pasivo que desea a su vez someterse al otro. Es un juego bell&iacute;simo que se establece exclusivamente con el otro y, como toda belleza, contiene vida y muerte al mismo tiempo.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>- &iquest;Conviene &ldquo;asumir que la belleza no reposa&rdquo;</strong><strong>?</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">- Conviene, s&iacute;. Nosotros reposaremos, la belleza no lo har&aacute; nunca.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>- &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a delimitar los l&iacute;</strong><strong>mites </strong><strong>&ldquo;de la cuesti&oacute;n&rdquo; en el territorio de la escritura?</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">- Si pudi&eacute;ramos equiparar el territorio de la escritura a un tablero de ajedrez, con su comienzo aparentemente dubitativo, las fichas que avanzan o retroceden, que se comen unas a las otras, que no se muestran del todo o que fingen, &ldquo;la cuesti&oacute;n&rdquo; ser&iacute;a ese damero en el que uno se juega la vida. La escritura, como la tabla de juego o la hoja en blanco o la s&aacute;bana blanca de la cama del relato que mencionas, es el lugar de la estrategia &mdash;sea esta m&aacute;s intuitiva o m&aacute;s consciente, ya se trate de una escritura de br&uacute;jula o de ruta&mdash;, que delimita esa historia. No hay que obviar tampoco a aquellos que mueven las fichas, que deciden entrar o salir del juego ya se trate de quien escribe o quien lee la historia.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 08:11:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tere Susmozas: “Todos somos seres frágiles de benévola monstruosidad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tere-susmozas-todos-somos-seres-fragiles-de-benevola-monstruosidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/TERE_SUSMOZAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>La casa insomne</em> (Adeshoras), la escritora Tere Susmozas (Madrid, 1974) explora, recrea, conjura el territorio del extra&ntilde;amiento, convirti&eacute;ndolo en un estado del alma que impregna al lector. Dos ni&ntilde;as, unas tumbas enigm&aacute;ticas, un ser deforme que crece en un sumidero, un perro atado, un caballo que se marchita, y un pu&ntilde;ado de personajes entre lo formidable y fascinante que conviven en la casa conforman un mapa on&iacute;rico de tan enorme altura l&iacute;rica como aguda hondura an&iacute;mica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay lugares o paisajes que m&aacute;s que habitarlos nos traspasan&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo los lugares de la infancia condicionan nuestra identidad?</p>
<p>- M&aacute;s que los lugares en s&iacute;, considero que es la conexi&oacute;n emocional que establecemos con ellos. <em>La casa insomne</em> trata precisamente de eso: de c&oacute;mo lo visto y lo vivido se instala en nosotros. Y que, bajo esa mirada subjetiva, hay lugares o paisajes que m&aacute;s que habitarlos nos traspasan, hasta el punto de que parece que ellos habitan en nosotros y, a trav&eacute;s del tiempo, seguimos encontrando sus resonancias en cualquier otra parte. La novela recrea el espacio de una casa, con sus alrededores, que sigue viva a lo largo de los a&ntilde;os en la memoria de la protagonista, como lo hace en sus sue&ntilde;os y en sus insomnios. Es el retorno a un paisaje marcado por p&eacute;rdidas irreparables a trav&eacute;s de la muerte y que supone tambi&eacute;n el lugar donde acontece la p&eacute;rdida de la belleza auroral que la infancia sugiere como reflejo de plenitud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; casos conviene convertirse en &ldquo;alguien que so&ntilde;ando permanece despierto&rdquo;?</p>
<p>- Cuando no se puede bajar la guardia porque la realidad amenaza y lo irreparable acecha. Pero hay una doble intenci&oacute;n en esa frase. Las ni&ntilde;as est&aacute;n adormiladas casi todo el tiempo porque el sonido de una campana interrumpe su sue&ntilde;o cada noche, manteni&eacute;ndolas despu&eacute;s insomnes. Pero al mismo tiempo, para evadirse del encierro en la Casa, se entregan a todo tipo de enso&ntilde;aciones. As&iacute; que hay un doble espacio on&iacute;rico en la novela, el que pertenece propiamente al sue&ntilde;o nocturno y el de las enso&ntilde;aciones de las protagonistas, seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de Gast&oacute;n Bachelard, o como dir&iacute;a Borges, el espacio de los sue&ntilde;os de noche y el de los sue&ntilde;os de d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando algo se nos revela extra&ntilde;o o inquietante, emergen el miedo y la angustia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; punto la curiosidad propia de la infancia, el juego por el juego, se convierte en lo siniestro?</p>
<p>- Lo siniestro surge de todo aquello que se relaciona con el espanto que pueden llegar a provocarnos cosas o aspectos de la realidad cotidiana que, de s&uacute;bito, se tornan amenazantes. Cuando esa quiebra tiene lugar y algo se nos revela extra&ntilde;o o inquietante, emergen el miedo y la angustia. Seres monstruosos, objetos que parecen animados o acontecimientos dolorosos, forman parte de los placeres de la imaginaci&oacute;n, nos atraen y, a la vez, nos repelen, porque excitan nuestra curiosidad. En la novela, contribuyendo a esa atm&oacute;sfera un tanto siniestra, cada elemento del paisaje, de la casa, tiene su relevancia simb&oacute;lica en ese juego de sombras entre la vigilia y la noche que el insomnio teje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para que alguien como Sorah consiga, adulta ya, quedarse en paz con su pasado, &iquest;qu&eacute; se requiere?</p>
<p>- Asumir que las cosas no pudieron ser de otra manera. Y, sobre todo, entenderse. Eso es lo que pretende Sorah volviendo a la casa. Se instala as&iacute; en una realidad sensible donde entran en juego tiempo y memoria, elaborando una revisi&oacute;n del pasado en base a sus expectativas sobre el futuro. Esa memoria dista mucho de la nostalgia, en la que los recuerdos son como una proyecci&oacute;n inm&oacute;vil, porque es una memoria viva, &aacute;vida, que se renueva para descubrir nuevas significaciones. Contemplar ese tiempo subjetivo, que fluye en todas direcciones, la ayuda a indagar en su propia identidad. Por eso la historia est&aacute; escrita de modo fragmentario, con saltos continuos de la voz de la adulta a la mirada de la ni&ntilde;a.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La amistad entre Sorah y Lenka, con sus espacios de misterio e incomprensi&oacute;n, de complicidad e intimidad configuran un retrato alt&iacute;simo. Sin embargo, el amor no es capaz de salvarlas. &iquest;El amor no todo lo puede?</p>
<p>- Ojal&aacute; fuera as&iacute;. Pero con amor, muchas veces, no basta. Y no siempre es por falta de saber entregarlo o recibirlo, que a eso tambi&eacute;n debemos aprender, sino por las circunstancias. De alg&uacute;n modo Sorah ve reflejada en Lenka, la otra ni&ntilde;a protagonista, la misma soledad que ella siente. Esa soledad las hermana, tiende lazos de afecto entre ellas. Aunque su amistad tiene tambi&eacute;n oscilaciones, claroscuros, principalmente porque cada una de ellas est&aacute; en un momento vital distinto: Sorah en el de romper el muro que se interpone entre la realidad y sus enso&ntilde;aciones, mientras que Lenka es m&aacute;s realista, ya ha atravesado lo fr&aacute;gil, conoce la imperfecci&oacute;n la vida y de lo humano. Pero, en cualquier caso, se trata de una amistad como refugio para quien siente que no encaja en el mundo. Y que perdura hasta que una de ellas reta al vac&iacute;o. De esa fuga de Lenka, se infiere la posibilidad, en este caso simb&oacute;lica, de la propia fuga de Sorah.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo reconocer a &ldquo;los seres fr&aacute;giles de ben&eacute;vola monstruosidad&rdquo;?</p>
<p>- Creo que todos somos un poco eso. Es reconocer lo humano, con la parte de luz y de sombra que todos tenemos. Dentro de la novela, ese ser fr&aacute;gil de ben&eacute;vola monstruosidad, es Sissa. Una ni&ntilde;a reci&eacute;n nacida, deforme, que las protagonistas encuentran en el s&oacute;tano de la Casa. Y que hace de espejo a Sorah. Porque tambi&eacute;n lo monstruoso y lo siniestro nos puede inspirar ternura, ella siente hacia esa ni&ntilde;a una compasi&oacute;n que no es capaz de sentir hacia s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Somos seres fr&aacute;giles. Cada uno con sus defectos y sus talentos, intentando siempre equilibrar la balanza&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- A este respecto, &iquest;cada uno de nosotros es, de alguna manera, un tarado, un mutilado, un ser roto?</p>
<p>- Seres fr&aacute;giles. Cada uno con sus defectos y sus talentos, intentando siempre equilibrar la balanza. Es cierto que todos esos personajes que acompa&ntilde;an a la protagonista son seres mutilados, extra&ntilde;os, que contribuyen a que sea incapaz de entender lo que sucede a su alrededor, abri&eacute;ndose una grieta entre la realidad y sus pensamientos. Pero en su extra&ntilde;eza, he intentado que sean personajes tambi&eacute;n muy pregnantes, y para ello he marcado mucho sus carencias, su falta, como reflejo de lo aut&eacute;nticamente humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta explorar en mi propia experiencia on&iacute;rica cuando escribo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de on&iacute;rico tiene la vigilia y la escritura?</p>
<p>- Me gusta explorar en mi propia experiencia on&iacute;rica cuando escribo y utilizar en mis textos esas im&aacute;genes sugerentes, cargadas de poes&iacute;a, que el sue&ntilde;o nos brinda. &nbsp;</p>
<p>Respecto a la novela, todos los sue&ntilde;os incluidos forman un hilo que enlaza las distintas secuencias. Y pueden pertenecer tanto a la protagonista de ni&ntilde;a como ya adulta. En ellos halla una puerta hacia un mundo lleno de significados donde se encuentra a s&iacute; misma con pertenencias del pasado y del futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La historia tiene muchos personajes que casi exigen, por s&iacute; mismos, su propia historia: la directora y su aspecto de &ldquo;mujer inconclusa&rdquo;, el guardi&aacute;n con la traqueotom&iacute;a que recibe cartas que no sabe leer, las cinco l&aacute;pidas blancas, las hermanas siamesas condenadas a detestarse, separadas al nacer &ldquo;por un conjuro al azar&rdquo;, Agda y su fragilidad propia de seres espectrales, Sigrid y su querencia por afilar l&aacute;pices con los que lastimarse&hellip; &iquest;C&oacute;mo conseguir que ninguno de ellos arrastre a la narradora?</p>
<p>- De los personajes que citas, la directora y el guardi&aacute;n tienen algo que produce rechazo en la protagonista, pero tambi&eacute;n compasi&oacute;n. Las gemelas y Agda le provocan curiosidad y ternura. Sigrid le muestra otra manera de gestionar las emociones, m&aacute;s perniciosa. Con ellos establezco un juego de paralelismos y contrarios. Todos le muestran a Sorah una faceta de s&iacute; misma. Y a trav&eacute;s de ellos, indaga en su propia identidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- De todos los inquietantes personajes que deambulan por la novela y pueblan esta casa insomne, &iquest;por cu&aacute;l de ellos siente especial querencia y por qu&eacute;?</p>
<p>- Quiz&aacute; con Agda por su capacidad de adaptarse a la realidad sin perder la ilusi&oacute;n, idealizando un poco las cosas. Y porque protege a las ni&ntilde;as, contagi&aacute;ndolas de esa ilusi&oacute;n. Tambi&eacute;n es un personaje que narrativamente me ha permitido remarcar la propia deriva de la protagonista. Todos los juegos que propone est&aacute;n relacionados con la idea de reparar el tiempo, de volver al pasado para intentar cambiarlo o anticiparse al futuro para sentar las bases del provenir. Es el personaje m&aacute;s amable de toda la novela, que irradia luz, a pesar de su aspecto gigantesco y sus limitaciones f&iacute;sicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Autores como Kafka o Cort&aacute;zar han influido mucho en mi escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>- A su juicio, &iquest;qu&eacute; causa el extra&ntilde;amiento?</p>
<p>- Se trata de intentar transformar lo cotidiano, dot&aacute;ndolo de algo de misterio para provocar asombro. Es decir, poner una mirada distinta, extra&ntilde;a, en un ejercicio de desfamiliarizaci&oacute;n de las cosas, provocando as&iacute;, bajo esa mirada subjetiva, el goce est&eacute;tico del lector. Autores como Kafka o Cort&aacute;zar han influido mucho en mi escritura. Y considero que la pericia del escritor en cuanto al manejo del lenguaje y la originalidad de su voz ayudan tambi&eacute;n a conseguir ese efecto. Al igual que una atm&oacute;sfera turbadora o personajes inquietantes, como era mi intenci&oacute;n con esta novela. A ese extra&ntilde;amiento contribuye que la historia no trata solo de la mirada de la protagonista sobre el mundo que la rodea, sino de la mirada de s&iacute; misma dentro de ese mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo quebrar esa sensaci&oacute;n de ser &ldquo;alguien que se siente encerrado, aunque est&eacute; libre&rdquo;?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Esa frase corresponde a un cap&iacute;tulo en el que hablo de Sombra, un perro enfermo que permanece casi todo el tiempo atado y que, sin embargo, Sorah, la protagonista, es capaz de verlo sano y corriendo libre, como desdoblado. Y es que la sensaci&oacute;n de encierro en la Casa es tan agobiante para las ni&ntilde;as que solo les es posible escapar de ella a trav&eacute;s de diversos juegos de imaginaci&oacute;n. La Casa se convierte as&iacute; en un espacio simb&oacute;lico con el que la protagonista se identifica. Lo interno y lo externo se unen, hasta el punto de que materializa sus emociones a trav&eacute;s de esa casa, que siente como algo vivo, y sus aleda&ntilde;os: una monta&ntilde;a que parece tener voluntad para moverse, un jard&iacute;n que esconde secretos, un cobertizo que a veces se eclipsa y desaparece o el sonido inapelable de la campana de medianoche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El escritor debe tener una disposici&oacute;n a permanecer siempre alerta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La escritura, &iquest;se asemeja al insomnio?</p>
<p>- S&iacute;, en tanto el escritor debe tener una disposici&oacute;n a permanecer siempre alerta. Estar atento y esperar a que, remiti&eacute;ndome a Mar&iacute;a Zambrano, se abra un claro en el bosque, en cuya intermitencia algo nos sea revelado y la inspiraci&oacute;n salga a nuestro encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 06:37:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imaginar en legítima defensa: una aproximación a Tránsitos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/imaginar-en-legitima-defensa-una-aproximacion-a-transitos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JES_S_ZOME_O_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Jes&uacute;s Zome&ntilde;o (Alcaraz, Albacete, 1964) es uno de esos escritores que no nadan en la superficie, a la vista de cualquiera, en las listas de superventas o en las pagadas rese&ntilde;as de los medios comerciales. Son escritores que habitan en las profundidades. Hay que bajar al fondo para encontrarlos y entonces los leemos en silencio, a solas, con la pasi&oacute;n perpleja de quien ha descubierto una maravilla ante la indiferencia o desconocimiento generalizados. Levantamos los ojos, queremos compartir nuestro descubrimiento y comprobamos que estamos solos en esa profundidad. La gran literatura habita siempre en los m&aacute;rgenes. Es como si la soledad fuera el precio de lo maravilloso.</p>
<p>El autor de <em>De este pan y de esta guerra</em> (2016) o de <em>El cielo de Kaunas</em> (2018), entre otras, ha publicado este 2025 un libro diferente, valioso, memorable: <em>Tr&aacute;nsitos</em>, subtitulada <em>Nocturnos de los Balcanes</em>, en la editorial valenciana Contrabando. Se trata de un libro con muchas capas que yo he le&iacute;do, y animo a leer, como un homenaje a la literatura o, mejor dicho, al poder casi ilimitado de la imaginaci&oacute;n. De una imaginaci&oacute;n existencial, eso s&iacute;, inseparable de la conciencia de la muerte, de ah&iacute; el miedo como motivo recurrente, de ah&iacute; lo s&oacute;rdido y macabro de algunos pasajes. El japon&eacute;s Yukio Mishima escribe en <em>El sol y el acero</em> que los grandes abismos de la imaginaci&oacute;n est&aacute;n en la muerte. Y con esa misma premisa podemos adentrarnos en este libro de libros.</p>
<p>Estamos ante cuatro novelas breves que corresponden con los cuatro trayectos en tren necesarios para llegar desde Sof&iacute;a (Bulgaria) a Bucarest (Ruman&iacute;a). Cada una de ellas bajo el signo de una obra literaria c&eacute;lebre: <em>Noche oscura del alma</em> es la primera en leerse (de Bojchinovci a Vidin), <em>Extra&ntilde;os en un tren</em> la segunda (de Calafat a Craiova), <em>El para&iacute;so perdido</em> la tercera (de Sof&iacute;a a Bojchinovci) y <em>Mi nombre es Mary Shelley</em> la cuarta y &uacute;ltima (de Craiova a Bucarest). Cabe aclarar que este es el orden de la lectura, si bien no coincide con el orden de los acontecimientos. A lo largo del libro hay suficientes conexiones entre narraciones para ubicar estas cronol&oacute;gicamente si uno lo desea. Tenemos, por ejemplo, la menci&oacute;n reiterada a la vendedora de caramelos en la estaci&oacute;n de Sof&iacute;a o al atropello (&iquest;suicidio o accidente?) que retrasa la llegada a Vidin, por citar solo algunas de estas conexiones.</p>
<p>Atravesamos un territorio extranjero y por momentos hostil, en el que asoman por las ventanillas nombres de ciudades impronunciables junto a escenas inquietantes de horror, un territorio h&iacute;brido de realidad e imaginaci&oacute;n que acaso sea un personaje m&aacute;s de la obra, quiz&aacute; el verdadero antagonista de todos los dem&aacute;s: un territorio que acaba convirti&eacute;ndose en un estado de &aacute;nimo donde el juicio moral queda en un segundo plano y la diferencia entre el bien y el mal se hace difusa. En ese territorio, nosotros, los lectores, somos extranjeros, incapaces de saber si viajamos &ldquo;a trav&eacute;s de una verdad o de una mentira&rdquo;, por decirlo con palabras del polic&iacute;a fugitivo de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em>.</p>
<p>No importa si es lunes o martes, s&aacute;bado o domingo. Hemos perdido la noci&oacute;n del tiempo. Nos arrastra un tren que tiene algo de cueva plat&oacute;nica y algo de vientre materno desde donde nacer, transitar, a una nueva existencia, un tren que avanza por la oscuridad hasta la plena luz del d&iacute;a siguiente. En <em>Tr&aacute;nsitos</em> las referencias al d&iacute;a y a la noche, a la luz y a la sombra, tienen antes valor simb&oacute;lico que inter&eacute;s horario. Basta se&ntilde;alar, por ejemplo, c&oacute;mo el crep&uacute;sculo marca el trayecto de los dos ancianos y c&oacute;mo la claridad de la ma&ntilde;ana ilumina el amor de Mary Shelley, la protagonista del cuarto trayecto, claridad que evoca la esperanza de un nuevo comienzo en su vida.</p>
<p>Llama la atenci&oacute;n que el viaje de los protagonistas sea solo de ida. Ninguno vuelve a su hogar o a su tierra natal: todos se alejan hacia lo desconocido, y nosotros con ellos. El primero viaja para pedirle el divorcio a su mujer, que se ha ido a vivir a Ruman&iacute;a; el segundo huye a ninguna parte para salvarse de un supuesto complot; Rania y Yavor acuden al pueblo de un antiguo compa&ntilde;ero de trabajo, al parecer fallecido; la joven Mary Shelley va a encontrarse con alguien que ha conocido por Internet. As&iacute; pues, son viajes sin retorno en los que la fabulaci&oacute;n de los pasajeros protagonistas ocupa un lugar central, una fabulaci&oacute;n a veces delirante, a menudo l&uacute;cida, que llega a sostener maravillosamente todo el relato, pues no olvidemos que la acci&oacute;n es limitada dentro de un vag&oacute;n de tren. &nbsp;</p>
<p>Los pasajeros de estas novelas breves, sentados codo con codo en sus asientos, parecen pose&iacute;dos por el demonio de la fabulaci&oacute;n. Fabular, hablar. Se habla mucho y, en consecuencia, se fabula mucho. Salvo el mon&oacute;logo de <em>Noche oscura del alma</em>, las dem&aacute;s novelas se construyen, en mayor o menor medida, desde el di&aacute;logo como punto de partida para la fabulaci&oacute;n. Un di&aacute;logo que es una representaci&oacute;n a peque&ntilde;a escala del proceso de escritura y lectura, del encuentro entre el autor y el lector. Vale la pena observar, por ejemplo, c&oacute;mo el vampiro tatuador de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em> utiliza recursos ret&oacute;ricos y teatrales para seducir al polic&iacute;a, que acaba fascinado por su presencia, o c&oacute;mo los viejos agentes secretos de <em>El para&iacute;so perdido</em>, &eacute;l con principio de alzh&eacute;imer, completan mutuamente los recuerdos de su pasado comunista, construyendo una suerte de relato m&aacute;s o menos pactado, com&uacute;n. El soliloquio de la joven Mary Shelley, que nos sit&uacute;a a nosotros junto a ella como interlocutores privilegiados, casi como acompa&ntilde;antes, es especialmente seductor y emotivo, sobre todo cuando vemos asomar la dolorosa verdad del personaje entre tantas mentiras con las que trata de ocultarla.</p>
<p>Volvamos, sin embargo, a la relaci&oacute;n que se establece entre la muerte y la imaginaci&oacute;n en el libro. &ldquo;Nuestra imaginaci&oacute;n no es un arma, sino una herida&rdquo;, se dice el protagonista de <em>Noche oscura del alma</em> mientras observa al resto de pasajeros. Solo quien es consciente de su condici&oacute;n mortal puede hacer pleno uso de su imaginaci&oacute;n, parece decirnos el autor. En este sentido, el vampiro tatuador de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em>, inmortal como todo vampiro que se precie, asegura: &ldquo;Yo no tengo imaginaci&oacute;n&rdquo;. A lo que a&ntilde;adimos: ni reflejo ni sombra... &iquest;Es la imaginaci&oacute;n (y, por extensi&oacute;n, la literatura) un efecto secundario de nuestra condici&oacute;n mortal? &iquest;En qu&eacute; medida toda imaginaci&oacute;n es un acto de leg&iacute;tima defensa contra la realidad de la muerte?</p>
<p>Puestos a defendernos, quiero pensar que no solo leemos este libro de Jes&uacute;s Zome&ntilde;o sino que tambi&eacute;n somos le&iacute;dos por sus personajes, que no solo los salvamos sino que nos salvan. Las mismas ventanillas por las que miramos al interior de los vagones permiten a los pasajeros asomarse al mundo exterior, ese donde un hombre de mediana edad teclea ahora palabras, frases, en un piso de Madrid, junio de 2025.</p>
<p>La gran literatura es siempre un viaje solitario y compartido, por eso es tan dif&iacute;cil de explicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Zome&ntilde;o, <em>Tr&aacute;nsitos</em>, Valencia, Editorial Contrabando, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Oct 2025 12:36:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El resabio de lo vivido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-resabio-de-lo-vivido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ROMINA_BERENICE_CANET_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>RIL Editores, la atenta editorial chilena en lo tocante a poes&iacute;a de la Cruz del Sur-no solamente-, ha vuelto a publicar el libro con que Romina Berenice Canet (1977), nacida en R&iacute;o Ceballos, provincia de C&oacute;rdoba (Argentina), se dio a conocer por el all&aacute; de 2004. Era una edici&oacute;n, hoy por hoy, pr&aacute;cticamente inencontrable y que RIL ha decidido remedar con acierto. Me refiero, obviamente a <em>Resabio de las fiestas</em> y a las 12 litograf&iacute;as que acompa&ntilde;an sus sucintos poemas. Se ve que la tradici&oacute;n marcada por su paisano Oliverio Girondo en <em>Veinte poemas para ser le&iacute;dos en el tranv&iacute;a </em>(1922), sin los cuales el libro no se entrega del todo al lector, ha sembrado un modelo entre sus compatriotas. Y algo ocurre aqu&iacute; parecido, pues las estupendas litograf&iacute;as donde la mujer desnuda muestra su fuerza del cuerpo, ratifican la contundencia de sus versos desde el deseo, el amor/desamor y la reflexi&oacute;n, a veces hecha resistencia o cr&iacute;tica. No me refiero solo al eros encerrado y liberado en sus p&aacute;ginas, sino a la desnudez emocional, muy presente en estos micropoemas, como no podr&iacute;a ser menos &nbsp;en esta &eacute;poca de&nbsp; aforismos, micropoemas, o de aforemas, tan contempor&aacute;neos, en sus p&aacute;ginas; tambi&eacute;n con amargura o cr&iacute;tica, tal y como hace en sus microrrelatos la estupenda, siempre, Ana Mar&iacute;a Sh&uacute;a. No resulta pues parad&oacute;jico volver sobre este apetecible libro, lleno de vitalismo, aunque ciertamente el XLIII Premio de Poes&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez por <em>La maleza</em> (2023), la introdujo en nuestras letras con un libro en nada superior, pese a su mayor complejidad, que este que ahora nos ocupa.</p>
<p>Sin duda, el t&iacute;tulo, con su importancia, aunque no sea el momento para especular sobre lo dicho al respecto por Gerard Genette, nos avisa de sus intenciones. Se trata de un &ldquo;resabio&rdquo; de experiencias y emociones deglutidas y pensadas, con sus caras y reversos, de quien ha transitado por la vida con coraje. El resabio de lo vivido, con su presencia y reclamo de eros, desaf&iacute;os y desavenencias, pero siempre bajo el astro solar de la legibilidad. Poemas como &ldquo;El lobo no est&aacute;. No encontr&eacute; su camisa / ni sus pantalones / lo que indica / que el lobo / ya sali&oacute; / y que hay que empezar / a tener miedo. / Hay un lobo merodeando / la oscuridad de mi bosque&rdquo;. Ese lobo que merodea le lleva a los aforemas, casi greguer&iacute;as, del amor expl&iacute;cito &ldquo;Mis piernas / tijeras de tu jard&iacute;n&rdquo; frente al &ldquo;Triste es esa noche / en que nos desvestimos / como si no fuera la &uacute;ltima&rdquo;, entre ciclotimias del deseo o an&iacute;micas: &ldquo;Estaba tan triste / que se asombr&oacute;/de que la calle / fuera&nbsp; la calle/ todav&iacute;a&rdquo;. Y as&iacute; nos lleva al poema del que se desprende todo el libro, es decir la recuperaci&oacute;n de la experiencia desde la llave del verso. Me refiero al inquietante &ldquo;A veces lloro de memoria. / Es mucho mejor / que llorar aprendiendo&rdquo;, y que nos lleva a situar esta poes&iacute;a como hija de la experiencia, pero no a&nbsp; la manera del realismo espa&ntilde;ol, m&aacute;s discursiva hasta el 2000 y pico, sino la decantada que se resume en la conclusi&oacute;n y nos obvia el proceso. Y como todo el libro funciona bajo ese precepto se hace muy veros&iacute;mil en su contundencia, adem&aacute;s de muy apetecible, pues nunca suena a impostura: &ldquo;Perder / era tan triste / como ganar. / En ambos casos / significaba el final del juego&rdquo;. El juego de una poeta vital y reivindicativa, donde grita el animal que lucha, el cuerpo: &ldquo;Los pumas quedan&rdquo;. Y que a veces son comidos (ya sabemos c&oacute;mo la antropofagia cultural resume la literatura hispanoamericana desde el manifiesto de San Paulo del 1922, aunque aqu&iacute; tiene otro sentido) o son v&iacute;ctimas del cazador: &ldquo;El la desarma / como un juguete, / con s&aacute;dica curiosidad / torpemente. / &Eacute;l la rompi&oacute; / para entenderla&rdquo;. Y as&iacute; es, pues se arriesga, y su poes&iacute;a no finge, es veros&iacute;mil, tal y como hemos dicho en su explicitud: &ldquo;Tu cuerpo desnudo, M&aacute;s que desnudo. Tu cuerpo m&aacute;s desnudo / que un cuerpo desnudo. / Tan desnudo / que el m&iacute;o / tambi&eacute;n desnudo / sigue buscando / que m&aacute;s quitarse&rdquo;. Y por todo ello lo dejo tambi&eacute;n al alcance de mi mano en las estanter&iacute;as bajas del despacho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Romina Berenice Canet, <em>Resabio de las fiestas</em>, RIL Editores, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Oct 2025 08:04:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bulbo raquídeo de la nueva realidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-bulbo-raquideo-de-la-nueva-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RA_L_QUINTO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Despu&eacute;s del extraordinario &eacute;xito que supuso <em>Martinete del rey sombra</em> (Jekyll &amp; Jill, 2023) del escritor Ra&uacute;l Quinto (Cartagena, 1978), que obtuvo, entre otros, el Premio Nacional de Narrativa 2023 y el Premio de la Cr&iacute;tica 2023, resulta complicado definir <em>La ballena azul</em> (Jekyll and Jill,, 2025), el nuevo libro del autor murciano. Alejado, de nuevo, de la estructura cl&aacute;sica de la novela, alojado en una especie de descripci&oacute;n por cap&iacute;tulos, numerados y perfectamente clasificados (que no compartimentados), donde se introduce las aportaciones de pen&uacute;ltima generaci&oacute;n para la construcci&oacute;n del pante&oacute;n de las leyendas urbanas, utilizando como motor una de las consideradas medi&aacute;ticas, el juego de la ballena azul.&nbsp;</p>
<p>El volumen es casi un di&aacute;logo unidireccional en cuanto a la voz presente pero con tres v&eacute;rtices conceptuales: lector, mentor y v&iacute;ctima. El lector, que conoce algunos de los c&oacute;digos expuestos, tanto si pertenece a la generaci&oacute;n del tel&eacute;fono fijo, el <em>router</em> por minutos o los primeros programas de radio en la madrugada con Iker Jim&eacute;nez, como si, m&aacute;s all&aacute;, ha estado indagando en lo m&aacute;s profundo de la web, aquella a la que no se llega con los buscadores tradicionales. El mentor, que utiliza la carta abierta, el susurro de las palabras, como en la canci&oacute;n de los Beatles, el &ldquo;Helter Skelter&rdquo;, que no ha perdido nunca su condici&oacute;n de alimento para la paranoia, pero que aqu&iacute; se encumbra en la relaci&oacute;n de los tres de Liverpool con su amigo muerto/vivo Paul. Vamos de Charles Manson a la morsa. &ldquo;I&acute;m the walrus&rdquo;, la segunda canci&oacute;n de The Beatles, el acceso a un pante&oacute;n de esp&iacute;ritus primordiales disfrazados de dibujos animados, de amables resultados del consumo de &aacute;cido: la Diosa Coneja, El Hombre Conejo, El Rey Carmes&iacute; y el Rey de Amarillo, La Doncella Ciega (Blind Maiden), Reina de Esparta, Mujer ara&ntilde;a. Solo por ese cap&iacute;tulo, esa historia de terror absoluta y universal, el libro seduce al lector. Al lector de horror, claro. Y la v&iacute;ctima, que podr&iacute;a ser nuestro hijo, nuestro alumno, cualquiera de nosotros. Podr&iacute;a ser el nieto de una v&iacute;ctima de Wako, del reverendo Jones o haber escapado de las pruebas realizadas en el Instituto Tavistock, podr&iacute;a, ya lo he comentado, buscar antiguos programas de &ldquo;Milenio 3&rdquo; para, entre el 45 y el 66, conocer historias de ceniza y fuego, de combusti&oacute;n espont&aacute;nea, del accidente del camping de Los Alfaques, los ni&ntilde;os con la cara derretida, los fantasmas, los que no se quieren marchar de all&iacute;, siempre es necesario que alguien cuente su historia.&nbsp;</p>
<p>Estamos en un tiempo en el que la literatura no quiere olvidar los cat&aacute;logos por correo, las copias piratas, las cintas y los VHS, que conoci&oacute; la existencia de las pel&iacute;culas <em>snuff</em> con la &oacute;pera prima de Alejandro Amen&aacute;bar, esa <em>Tesis</em> que parece irreconocible. Un libro que mezcla la autopsia del hombrecillo verde en el &Aacute;rea 51 con<em> Slenderman</em>, ayer, hoy, ma&ntilde;ana. Esta frase:<em> </em>&ldquo;&iquest;Perdida en un laberinto, bosque? El laberinto, quiero que pienses en el laberinto, El laberinto ya hace tiempo que solo piensa en ti&rdquo;. Es poderosa. Las mentiras que provocan muertos. M&aacute;s bien las semillas falsas que germinan en historias macabras. Pero, despu&eacute;s, en un claustro, el jefe de estudios te dice que en el instituto del pueblo que est&aacute; a media hora, por la autov&iacute;a, han detectado el primer caso. &iquest;Qu&eacute; caso? El de la Ballena Azul.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es un libro sobre el suicidio? No. Pero forma parte de la trama. &iquest;Es un libro de fantasmas? Tampoco. Pero existe una cierta espiritualidad digital que define al mundo en el que vivimos desde hace dos d&eacute;cadas. Sitios web m&aacute;s all&aacute; de Google, pel&iacute;culas de metraje encontrado, p&aacute;ginas en mantenimiento, antiguas redes sociales, aceptar o no aceptar, tiempos largos de carga, <em>mydoom</em>, aceptas o no, &iquest;cu&aacute;nto falta para que mueras?&nbsp;</p>
<p>Hemos olvidado r&aacute;pido, pero Ra&uacute;l Quinto no. Ra&uacute;l sabe que hay chatarra en la red, parecida a la basura biol&oacute;gica, que all&iacute; la forma en la que vida duele es distinta. Voltaire El Rojo, el mentor, podr&iacute;a estar muerto y hablarte (a ti y a la v&iacute;ctima). Voltaire El Rojo est&aacute; en el espacio fronterizo, entre este mundo y el nuevo m&aacute;s all&aacute; que es Internet. Internet es un espacio no eucl&iacute;deo que ocupa m&aacute;s que la Tierra, si la medimos en tiempo y espacio. Y all&iacute; tambi&eacute;n hay fantasmas, y, lo que es peor, son capaces de modificar esa realidad o salir de ella. Caminan despacio, pero nunca se cansan; insisten una y otra vez, con una historia u otra. Ese es el peligro. <em>NPG</em> (personajes no jugables) de videojuegos con los servidores desactivados, personas solitarias en salas de conversaci&oacute;n en las que ya no entra nadie.&nbsp;</p>
<p>Y de la soledad a la venganza est&aacute; el dolor. Los cap&iacute;tulos, la gu&iacute;a, el que habla, el que gu&iacute;a, parece ofrecer una voz met&aacute;lica, sintetizada, un di&aacute;logo que parece unidireccional. La teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n mezclada con un listado de leyendas urbanas. Pero la urbe ya no es la ciudad, ni el alquitr&aacute;n, ni las calles, incluye a la red, <em>myspace</em>, <em>mixmail</em>, <em>Facebook</em>, <em>Tuenti</em>, X, lo que venga despu&eacute;s, lo que sigue abierto, lo que nadie cierra porque nadie se responsabiliza o nadie sabe cerrar. En la &uacute;ltima literatura, en varias ocasiones, los autores acuden a <em>The Twilight Zone</em> (conocida en espa&ntilde;ol como <em>La dimensi&oacute;n desconocida</em>): Rodrigo Fres&aacute;n, Mariana Enr&iacute;quez o Max Booth III o, en uno de sus &uacute;ltimos cuentos, Cristina Fern&aacute;ndez Cubas. No solo Ra&uacute;l Quinto. No solo ellos. Como si la realidad no fuera suficiente, como si hiciera falta volver al principio, al comienzo de la red, a 2011, los primeros foros, <em>4Chan</em>, <em>Jeff the Killer,</em> una leyenda de &aacute;cido, quemaduras y cicatrices que acab&oacute; siendo la perversa alteraci&oacute;n de una fotograf&iacute;a real, de una chica que acab&oacute; suicid&aacute;ndose. Cuando nadie es el culpable, todos lo somos. Es parte de la leyenda, de la red, de las malas semillas&hellip;&nbsp;</p>
<p>Un libro que es pol&iacute;tico. Como siempre en el caso de Ra&uacute;l Quinto, en este caso hay jud&iacute;os junto al Ebro, acusados de asesinar ni&ntilde;os, tambi&eacute;n mezquitas llenas de sangre. Cito: &ldquo;Hemos aprendido a leer la sangre porque la sangre no requiere palabras&rdquo;. En 2025 escribir sobre la historia de (santo) Dominguito de Val, Toledo, &Aacute;vila, Zaragoza. Ah&iacute;, Quinto, siempre es responsable y coherente: la idea de Occidente como culpable extiende sus ra&iacute;ces a lo largo del libro. Estamos podridos en nuestra propia felicidad, en nuestro hartazgo, en nuestras ra&iacute;ces cristianas, en la penicilina y en la tarta de manzana. Los pa&iacute;ses escandinavos, un ataque previo, para conseguir una matanza de Anders Breivik, de Oslo a una isla con j&oacute;venes, perfectos, rubios, arios. Una opini&oacute;n discutible, pero no es la &uacute;nica voz en la literatura contempor&aacute;nea en lengua castellana. En realidad, es mayoritaria. Y funciona entre las editoriales medianas y las grandes. Es la expansi&oacute;n del virus de la palabra del que hablaba William Burroughs, que viene de H.P. Lovecraft y, transmitido por Jorge Luis Borges, mejorado por Kurt G&ouml;del y John von Neumann con los primeros escarceos de la inform&aacute;tica y la autorreplicaci&oacute;n, acaba hoy en todos los estantes, bien distribuido y libre de derechos de autor (que no de venta).&nbsp;</p>
<p>La misma indagaci&oacute;n en los movimientos subterr&aacute;neos de la historia, como estampas capturadas para servir de gu&iacute;a gestionan el avance, en el tiempo y el espacio para la v&iacute;ctima y el lector. Uno silencioso, el otro atrapado. Los papeles acaban por ser intercambiables: la Santa Catalina Tekakwitha, 1986, Montreal, estigmas y voz rota la de Dios (y cito: &laquo;La voz roja de Dios estallando en tu cerebro y te lame la cara, y ardes&raquo;), 1989, Ruman&iacute;a, el recuerdo de los abusos que sufri&oacute; Nadia Comaneci que el pueblo vengar&aacute; contra todos los Ceaușescu, m&aacute;s balas en la pared que por ser disparadas, 1990, la detenci&oacute;n de Andr&eacute;i Chikatilo. El Tel&oacute;n de Acero, una Jaula de Faraday, el aislamiento sensitivo, la versi&oacute;n perversa de &ldquo;Stranger Things&rdquo; (o, todav&iacute;a m&aacute;s de culto, los tiempos de seriales cu&aacute;nticos con &ldquo;Fringe&rdquo;). El no dormir, el duermevela, otro espacio alternativo no sometido a lo eucl&iacute;deo, en combinaci&oacute;n perfecta con el desierto de lo digital. Ojos acelerados por los electrones, la autodestrucci&oacute;n de los mensajes de Telegram, la llegada de la Inteligencia Artificial, que terminar&aacute; generando una cuarta dimensi&oacute;n en la vida/literatura. Al final Tom Cruise est&aacute; vac&iacute;o por dentro. El Cruise de hoy es solo un cuerpo, con ojos fr&iacute;os, vac&iacute;o, funciona como una inteligencia artificial, es perfecta, miren las &uacute;ltimas entrevistas. Como la familia Bateman de Bret Easton Ellis. Mientras uno lee <em>La Ballena Azul</em> le aparecen varios <em>reels</em>, uno de Shirō Ishii y otro de Tom Cruise. Y Tom Cruise es parte de la Iglesia de la Cienciolog&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Queda la sensaci&oacute;n de que, tras el &eacute;xito del <em>Martinete del Rey Sombra</em>,<em> </em>Ra&uacute;l Quinto se ha embarcado en una aventura literaria cicl&oacute;pea: la acumulaci&oacute;n como herramienta para la novela provoca una sensaci&oacute;n de falta de unidad. Encontrarte con historias de otras, estiradas, recopiladas, investigadas, ofreciendo dudas, sombras y errores, haciendo de la noticia cap&iacute;tulo, del cap&iacute;tulo ensayo, de los estadios num&eacute;ricos novelas. Lo que en el <em>Martinete del Rey sombra</em> funcionaba a trav&eacute;s de la profundidad l&iacute;rica y la an&eacute;cdota hist&oacute;rica convertida en personaje y lo hac&iacute;a uno de los grandes libros espa&ntilde;oles de la d&eacute;cada, en <em>La Ballena Azul</em> no acaba de despegar. Es un libro de caf&eacute; oscuro, solo y sin az&uacute;car, pero, perm&iacute;tanme la expresi&oacute;n, &ldquo;para muy cafeteros&rdquo;. A m&iacute; me ha resultado nutritivo y entretenido, pero si escapas del c&iacute;rculo "Donnie Darko", puede provocar una sensaci&oacute;n de volumen anecd&oacute;tico (por la sucesi&oacute;n de an&eacute;cdotas, no la falta de importancia). No es as&iacute; en absoluto, es una literatura exigente porque demanda un cierto grado de complicidad a la hora de afrontar su lectura.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ra&uacute;l Quinto, <em>La ballena azul</em>.<em> </em>&nbsp;Zaragoza. Jekyll &amp; Jill Editores, &nbsp;2025</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 12:49:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadando en el tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nadando-en-el-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANNE_CARSON_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Norma enrevesada</em>, el t&iacute;tulo que se le ha dado a esta edici&oacute;n brillantemente traducida al espa&ntilde;ol por Jeannette L. Clariond, nos deja en un umbral vacilando entre si vamos a entrar o a salir de algo. Al decir &ldquo;enrevesada&rdquo; estamos, en parte, leyendo &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo;, &ldquo;oculta&rdquo;, a la vez que nos sugiere un reverso, un lado opuesto, de atr&aacute;s, incluso un rev&eacute;s. Y as&iacute; es, no parece clara la norma, pero el reverso es un tejido que recorre todos los textos y por el que, en cierta forma, podemos descolgarnos en el curso del libro.&nbsp; Se trata de una interesante y preciosa edici&oacute;n de Vaso Roto donde se juega con el texto en distintas maquetaciones, con la imagen de composiciones con letras mecanografiadas. Estamos en la l&iacute;nea que viene caracterizando a la autora en cuanto a quiebra de fronteras y juego de los nuevos lenguajes, en esto que seguimos llamando poes&iacute;a tambi&eacute;n tras el paso de las vanguardias.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>Cu&aacute;l es tu filosof&iacute;a del tiempo</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde mi punto de vista, la composici&oacute;n de esta obra no es una mera colecci&oacute;n de escritos h&iacute;bridos, de juego de g&eacute;neros: prosa, verso, <em>collages</em>, cuya unidad vaya a descubrirse despu&eacute;s de leerlo; en este sentido, su lectura tiene algo que se puede percibir como acci&oacute;n en el presente, algo que se va construyendo en el pasar. Y mientras pasa, se dejan ver las apariciones que saltan de un texto a otro, nombres, tiempos, gui&ntilde;os, iron&iacute;as&hellip;, hilando ese tejido, dando una forma que va surgiendo, de alguna manera, apoyada en esa diversidad o en la huida de esa forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Hay una frase de H&ouml;lderlin&hellip; &ldquo;Mi coraz&oacute;n est&aacute; nadando en el tiempo&rdquo;</em></strong></p>
<p>Un agudo sentido de la repetici&oacute;n es tambi&eacute;n propio de la autora, de su decir. Cada uno de los relatos, poemas, mon&oacute;logos del libro va precedido por unos textos, que aparecen de forma reiterativa e incompleta. Sobre el tiempo, la mermelada, Rohmer, estos textos fluyen con variaciones, como las aguas heraclitianas sin ser nunca lo mismo, aunque sean repeticiones, sin querer decir algo, aunque hay un hablar constante, recogiendo en ocasiones el contenido de los escritos a los que anteceden.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>He estado tratando de conseguir algunos fragmentos de&nbsp;sonido de los guijarros y las piedrecitas</em></strong></p>
<p>Revisita tambi&eacute;n, este libro, historias y mitos conocidos, como en el caso de <em>Conferencia sobre la historia de la escritura a&eacute;rea</em>, donde asistimos a la creaci&oacute;n del mundo en siete d&iacute;as contado por el hacedor, que aqu&iacute; es el cielo, y aparece llevado por su vocaci&oacute;n por las letras. Oportunamente, sit&uacute;a el relato en el proceso de su nacimiento como escritor, dando as&iacute; el encaje entre palabra y realidad, el verbo, que fue lo primero, y as&iacute; se dan sin soluci&oacute;n de continuidad. Va repasando, por tanto, una semana, cada uno de los d&iacute;as, en la que surge la materia, las formas, los guijarros, el pensamiento, la guerra. Hasta que llega el domingo de descanso, de final y de silencio de la escritura.</p>
<p>Por <em>Norma enrevesada</em> atraviesan nombres recurrentes en Carson, evocaciones de muy diferentes lecturas y &eacute;pocas, los cl&aacute;sicos, los coet&aacute;neos, Conrad, Bob Dylan, Adorno, H&ouml;lderlin, cuyas referencias brotan y se agolpan en esa acci&oacute;n en el presente, ese construirse en el pasar, que dec&iacute;a antes. Hay en algo en la manera de ser citados que hace pensar, m&aacute;s precisamente, en ser convocados. No es tanto la cita como tal o la frase que da pie a su menci&oacute;n, lo que nos trae o nos introduce a los personajes en el escrito sino algo parecido a una fuerza centr&iacute;peta que moment&aacute;neamente hace que el texto de alrededor mire hacia ah&iacute;, se vuelva hacia ese nombre. Con respecto a qu&eacute; es lo que compone esa fuerza hacia un centro, podemos decir que, si bien en cada caso, entran en juego distintos componentes, hay uno que se localiza con cierta frecuencia, se trata de la sorpresa, de lo inesperado en la alusi&oacute;n, un asombro, que hace revisar el texto, recolocarlo bajo la luz (o la niebla) de ese nombre de pronto ca&iacute;do en la escritura.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>Habr&eacute; mencionado mi admiraci&oacute;n por &Eacute;ric Rohmer, s&iacute;, creo que s&iacute;. En la adolescencia sol&iacute;a ver sus pel&iacute;culas con l&aacute;piz y papel en la mano, atenta a citas que podr&iacute;a usar con mujeres mayores. &ldquo;Oh, c&oacute;mo destroz&oacute; el mundo espiritual, como dijo Pascal de Arqu&iacute;medes&rdquo;, &eacute;sa es buen.</em></strong></p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p>Voy a acercarme un poco m&aacute;s a uno de los escritos, que conforman el presente volumen, el que lleva el, a priori, desconcertante t&iacute;tulo &ldquo;Oh, qu&eacute; noche&rdquo;. Estamos ante un peculiar relato que dice ser una traducci&oacute;n del <em>Simposio</em> de Plat&oacute;n. Y lo es. Abarca el discurso en el que Alcib&iacute;ades hace la alabanza a S&oacute;crates ante los comensales. Todo el escrito, salvo un preludio y un posludio breves, est&aacute; en verso, presenta la forma de un largo poema que discurre en estrofas como una narraci&oacute;n. En la traducci&oacute;n de Carson, vamos encontrando momentos, giros o desv&iacute;os del texto de Plat&oacute;n, que permiten ver las miradas desplazadas de la poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alcib&iacute;ades comienza su elogio, en el texto de Plat&oacute;n, diciendo que va a comenzar con un s&iacute;mil, no por burla sino por verdad. Carson empieza as&iacute; el elogio:</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><em>He aqu&iacute; mi elogio de S&oacute;crates:<br /> Inicia con una comparaci&oacute;n -<br /> s&oacute;lo para daros una imagen mental.<br /> (Las im&aacute;genes son reales):</em></p>
<p>Las im&aacute;genes son reales, s&iacute;. La imagen es real en tanto pertenece a las cosas sensibles, aunque no sea verdadera por resultar una copia imperfecta, y que nos llama a enga&ntilde;o, de la idea. El elemento de comparaci&oacute;n o la imagen mental que Alcib&iacute;ades quiere construir se refiere a unas figuras de silenos que se abr&iacute;an, y en cuyo interior hab&iacute;a estatuas de dioses. Esa era la imagen de S&oacute;crates, que, en este caso, se hace en el espejo del art&iacute;fice, del escultor. Y este espejo trae una cualidad ontol&oacute;gica, atribuida a la imagen, que consiste en tejer el ser y el no ser desde el momento en que asemejarse a otra cosa lleva dentro una parte del no ser.</p>
<p>Pero el Alcib&iacute;ades de Carson se dirige a un p&uacute;blico que ha pasado la posmodernidad, podr&iacute;amos decir, una versi&oacute;n de fronteras m&aacute;s finas que el contempor&aacute;neo de Plat&oacute;n. De ah&iacute; que hable de la imagen mental como real. As&iacute;, al construirla, puede servirse tambi&eacute;n de silenos y s&aacute;tiros como esos mundos intermedios, como lugar de lo que es y de lo que no es. La imaginaci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de un s&iacute;mil, de una copia. Tendr&iacute;a mayor alcance que el intento de buscar una semejanza para reconocer a S&oacute;crates (todos lo tienen delante y lo conocen bien); tratar&iacute;a de construir en la mente de cada uno, una visi&oacute;n compartida, orientada, con intenci&oacute;n.</p>
<p>S&oacute;crates es, por tanto, una criatura de los mundos intermedios, con cualidades superiores a las humanas. Su oratoria causa una impresi&oacute;n en el oyente tanto o m&aacute;s fuerte que el sonido del aul&oacute;s del s&aacute;tiro Marsias. As&iacute; habla Alcib&iacute;ades del efecto que su manejo de la palabra produce en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>&hellip; experimento algo extra&ntilde;o, </em></strong></p>
<p><strong><em>no s&eacute; qu&eacute;&nbsp;</em><em>es - una sensaci&oacute;n salvaje</em></strong></p>
<p><strong><em></em><em>como un ataque al coraz&oacute;n, o como bailar -</em></strong></p>
<p><strong><em> esas noches en que bailas como en trance</em></strong></p>
<p><strong><em></em><em>y al volverte al espejo ves que est&aacute;s llorando</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; Carson dice que descubres que est&aacute;s llorando en el espejo, y no simplemente que te hace llorar? La imagen otra vez, el espejo donde uno resulta m&aacute;s que una copia, la conciencia, la ambig&uuml;edad de la imagen, mejor dicho, el hilo que teje lo que es y lo que no es. La imagen del espejo es la que llora y es tambi&eacute;n la que descubre el hecho del llanto. La emoci&oacute;n llega con tanta intensidad, que s&oacute;lo la imagen puede traerla a la conciencia, la visi&oacute;n revela la verdad. Aqu&iacute; asoma el no <em>saber nada</em> como base del saber del fil&oacute;sofo. El socr&aacute;tico <em>s&oacute;lo s&eacute; que no s&eacute; nada</em> no es tanto una muestra de humildad como un principio de la filosof&iacute;a: para que haya un saber, se ha de tener conciencia de que no se sabe nada, ha de haber un vac&iacute;o, s&oacute;lo as&iacute;, esa nada edifica una pregunta.</p>
<p>La imagen atraviesa el discurso de Alcib&iacute;ades. Todo el poema serpentea por esa imagen mental/real que se anticip&oacute;. La noche que pasa con S&oacute;crates, Alcib&iacute;ades le confiesa su amor por &eacute;l y, tratando de despertar su inter&eacute;s, le propone un trato: belleza a cambio de belleza. &Eacute;l se entregar&aacute; a S&oacute;crates y &eacute;ste, con su sabidur&iacute;a, le mostrar&aacute; su mejor versi&oacute;n, sacar&aacute; lo m&aacute;s valioso y bello de mano de la verdad del fil&oacute;sofo. Pero S&oacute;crates se ve por encima de esa baratija, cambiar verdad por apariencia, mero reflejo. Vuelve el s&iacute;mil de las figuras de s&aacute;tiros y silenos que guardan divinidades en su interior. S&oacute;crates se resuelve incomparable a ning&uacute;n hombre.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>No quiero decir que sea un embaucador</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anne Carson, <em>Norma enrevesada</em>, traducci&oacute;n Jeannette L. Clariond, Madrid, Vaso Roto, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 12:25:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edgar Neville en sus “notas autobiográficas”: humor, memoria y modernidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/edgar-neville-en-sus-notas-autobiograficas-humor-memoria-y-modernidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/EDGAR_NEVILLE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ese terremoto de creatividad que fue Edgar Neville y Romr&eacute;e (1899-1967), arist&oacute;crata madrile&ntilde;o, dandi cosmopolita, escritor, dramaturgo, director de cine y uno de los grandes cronistas de su tiempo, vuelve a escena con la publicaci&oacute;n de <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em> por la editorial Azimut, en colaboraci&oacute;n con sus herederos. La obra re&uacute;ne, por primera vez de manera sistem&aacute;tica y completa, los fragmentos de memoria personal que el autor fue dejando a lo largo de su vida, testimonio inigualable de una figura clave de la llamada &ldquo;otra Generaci&oacute;n del 27&rdquo;, la de los humoristas, en la que brillaron tambi&eacute;n Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Enrique Jardiel o Tono.</p>
<p>El volumen se abre con un riguroso estudio introductorio a cargo de la profesora Mar&iacute;a Luisa Burguera Nadal, sin duda la mayor especialista en la figura de Neville. Autora de una tesis doctoral (<em>La obra literaria de Edgar Neville</em>, Universidad de Salamanca, 1987) y de un libro de referencia (<em>Edgar Neville: entre el humor y la nostalgia</em>, Universidad de Salamanca, 1999), Burguera ha dedicado d&eacute;cadas a analizar la singularidad est&eacute;tica del autor. Su mirada cr&iacute;tica y contextualizadora permite al lector situar cada nota autobiogr&aacute;fica en el amplio mapa vital del creador: desde su ni&ntilde;ez madrile&ntilde;a hasta su experiencia internacional como diplom&aacute;tico y cineasta en Hollywood, donde trat&oacute; a Chaplin, Buster Keaton o Greta Garbo.</p>
<p>Seg&uacute;n Burguera, &ldquo;Neville no fue nunca un mero diletante, sino un escritor con una est&eacute;tica propia, capaz de literaturizar la realidad y convertir lo cotidiano en materia art&iacute;stica&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n cobra pleno sentido en la lectura de <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em>, donde el tono confesional se combina con la observaci&oacute;n ir&oacute;nica de costumbres, personajes y ambientes.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una edici&oacute;n integradora</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La importancia de esta edici&oacute;n radica en su car&aacute;cter plenamente integrador. Hasta ahora, los textos autobiogr&aacute;ficos de Neville circulaban de forma parcial. En 1996 la editorial Castalia hab&iacute;a publicado una selecci&oacute;n reducida &mdash;dictada en su d&iacute;a a su secretaria Isabel Vigiola, esposa de Antonio Mingote&mdash;, que apenas cubr&iacute;a los recuerdos de infancia y acompa&ntilde;aba la edici&oacute;n de <em>El baile y otros relatos</em>. La nueva compilaci&oacute;n de Azimut ampl&iacute;a ese horizonte con la recuperaci&oacute;n de escritos dispersos o in&eacute;ditos y, en palabras de Burguera, &ldquo;devuelve al lector la coherencia de una voz que, pese a la variedad de g&eacute;neros y etapas vitales, mantiene una l&iacute;nea est&eacute;tica constante, donde el humor convive con la nostalgia&rdquo;.</p>
<p>Entre las novedades destacan dos separatas autobiogr&aacute;ficas de enorme inter&eacute;s: &ldquo;La &eacute;poca del cupl&eacute;&rdquo;, donde Neville evoca con humor y nostalgia el ambiente bohemio y nocturno del Madrid de su juventud; y &ldquo;La pol&iacute;tica&rdquo;, un fresco sat&iacute;rico en el que repasa, con iron&iacute;a y sin solemnidad, episodios clave de la Dictadura de Primo de Rivera y los convulsos a&ntilde;os de la Segunda Rep&uacute;blica. En ambos textos se percibe lo que Burguera denomina &ldquo;el humor desmitificador de Neville, un humor que no es adorno ni frivolidad, sino herramienta cr&iacute;tica capaz de desmontar mitos culturales y pol&iacute;ticos&rdquo;.</p>
<p>Otro hallazgo de esta edici&oacute;n es la inclusi&oacute;n de la &ldquo;Peque&ntilde;a autobiograf&iacute;a&rdquo;, redactada en forma de carta a petici&oacute;n de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna para acompa&ntilde;ar la primera edici&oacute;n de <em>Don Clorato de Potasa</em> (1929). Escrita en pleno periodo hollywoodiense, este texto tiene un valor doble: por un lado, nos acerca al joven Neville, en plena efervescencia creadora, y por otro muestra la complicidad literaria con el gran renovador de las vanguardias espa&ntilde;olas. El hecho de que esas p&aacute;ginas desaparecieran de las ediciones posteriores de la novela convierte su rescate en un acontecimiento editorial de gran calado.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Humor, memoria y melancol&iacute;a</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La profesora Burguera ha definido a Neville como un escritor situado &ldquo;entre el humor y la nostalgia&rdquo;, f&oacute;rmula que sintetiza de modo certero el esp&iacute;ritu que impregna tambi&eacute;n estas memorias. En efecto, cada an&eacute;cdota, cada retrato, cada observaci&oacute;n social oscila entre la iron&iacute;a elegante y una melancol&iacute;a sutil que recuerda que la risa es tambi&eacute;n memoria y conciencia del paso del tiempo.</p>
<p>Estamos, pues, ante un libro que no s&oacute;lo completa y ordena la producci&oacute;n memorial&iacute;stica de Neville, sino que se lee con la misma frescura que cualquiera de sus comedias teatrales o guiones cinematogr&aacute;ficos. En cada p&aacute;gina late ese humor elegante, ir&oacute;nico y contenido que lo emparenta con Jardiel o con el brit&aacute;nico P. G. Wodehouse, y que se despliega en an&eacute;cdotas familiares, retratos chispeantes y observaciones sociales de gran agudeza. Basta un ejemplo, entre muchos: "la t&iacute;a de mi madre, condesa de Ripala, era un personaje con una personalidad desagradable, pero definida.</p>
<p>El volumen confirma, en definitiva, lo que Burguera ha defendido reiteradamente: que Neville no fue solo un testigo privilegiado de su &eacute;poca, sino un creador total, capaz de transitar con igual soltura por la novela, el teatro, el periodismo, la pintura, el cine o la cr&oacute;nica social. <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em> no es simplemente una curiosidad literaria: es un viaje &iacute;ntimo al coraz&oacute;n de un hombre que supo re&iacute;rse de s&iacute; mismo, de sus contempor&aacute;neos y de la vida con una inteligencia que todav&iacute;a hoy resulta deslumbrante.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 11:39:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El contenido del tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-contenido-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALBERTO_SANTAMAR_A_-_DE_LAS_COSAS_P_LIDAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>De las cosas p&aacute;lidas</em>, de Alberto Santamar&iacute;a (Torrelavega, 1975), es el nuevo poemario del escritor c&aacute;ntabro. Autor que entreg&oacute; sus primeros libros en la m&iacute;tica editorial DVD a principios de siglo, versos que se pueden encontrar en <em>El hu&eacute;sped esperado. Poes&iacute;a reunida 2004-2016</em>. (La Bella Varsovia. 2016). Indagador de la cultura postmoderna y la sociedad contempor&aacute;nea a trav&eacute;s de distintos ensayos (destaca, por ejemplo, &ldquo;El &uacute;nico planeta verdaderamente alien&iacute;gena es la Tierra&rdquo; sobre J. G. Ballard, editado por Akal), y que contin&uacute;a construyendo una s&oacute;lida obra con este <em>De las cosas p&aacute;lidas</em> (La Bella Varsovia, 2025).&nbsp;</p>
<p>Con citas de Juan Gil-Albert y Rainer Maria Rilke, Santamar&iacute;a inicia la construcci&oacute;n de los versos. Primero se encuentra con la pared, el agujero cotidiano, el ojo que atraviesa los cables hasta sentir el calambre de una dictadura. En este libro, construido como un archivo de hechos que hace del silencio una de sus principales herramientas, el miedo sale impregnando las palabras como parte de la saliva: "Los hechos han comenzado a independizarse / de nosotros / a media tarde". &iquest;Y la vida?, algo parecido a una palabra que se captura en min&uacute;sculas: &ldquo;La belleza de un ritmo indescifrable / que asciende / por el patio interior&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El lector busca entre la dualidad t&iacute;tulo / sentencia del poema, cada uno empujando al anterior, como lo hace en el texto una tarde con la otra, nos convence de la posibilidad de encontrar una huella en los m&aacute;rgenes de las palabras sincopadas, de los versos cortos: &ldquo;Desear es imaginar un huerto / y no saber llegar hasta &eacute;l&rdquo;. Arte y cuento, el autor en el instante vital que mezcla la paternidad con su naturaleza filial. Ah&iacute;, otra vez, en ese silencio que se deshace, como filamentos de saliva alrededor de la boca. Silencio que deja de existir al escupir. El poeta es org&aacute;nico y cortante: &ldquo;Entre la lluvia / y el men&uacute; del d&iacute;a&rdquo;, agota el descanso mundano: &ldquo;Repito / delante de una pizarra / que nada anuncia / negro / sobre negro / el destino&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En un ejercicio de extra&ntilde;ismo se pregunta, frente al r&iacute;o, el paisaje en movimiento, la supervivencia de lo que parece d&eacute;bil y ef&iacute;mero, no entender su propia letra y contemplar c&oacute;mo las flores de tiza pintadas sobre el asfalto desaparecen: &ldquo;Se escurren / como puntos suspensivos / hacia el centro de la tierra&rdquo;, vac&iacute;os como jarrones, en una playa, en un verano, en el transcurrir del tiempo: &ldquo;Desde hoy / soy mayor que mi padre&rdquo;. La sensaci&oacute;n colmada de los nacidos hoy al final de los setenta: &ldquo;Desde hoy / la noche pesa menos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el poema &ldquo;Porque existen&rdquo;, hay algo del urbanismo l&iacute;rico, sentimental y a&ntilde;ejo del que hablaba Sergio Algora en sus poemas, cuando escrib&iacute;a aquello de &laquo;Ya est&aacute; todo muy avanzado&raquo;: &ldquo;Amasijos de hierro / bloques de piso / descampados&rdquo; frente a &ldquo;Hechos de nada / existen / esos lugares&rdquo;. En la cocina, los cacharros, lo cotidiano, &ldquo;Met&aacute;lico el lenguaje&rdquo; y &ldquo;Deja en el aire / una especie de vibraci&oacute;n nerviosa / fuera de la historia&rdquo;. Nos enfrentamos a la desaparici&oacute;n de lo f&iacute;sico, del significante, dejando el aire el contenido, la palabra: &ldquo;Se desvanece / no quiere irse/permanece un poco m&aacute;s&rdquo; y, en la confusi&oacute;n, en el descubrimiento, &ldquo;Como no hay sombra / que no se arrepienta / de su historia&rdquo;. Eval&uacute;a el riesgo del verso corto para probar en la prosa po&eacute;tica, que aparecen como islotes frente al poema en varias ocasiones a lo largo del libro. De ah&iacute;: &ldquo;Hay una herida que sangra en la acera junto al portal. Sobrevivir es hallar la derivada del recuerdo&rdquo; o &ldquo;Los p&aacute;jaros se detienen como d&eacute;biles se&ntilde;ales nerviosas del tiempo&rdquo;. Del paisaje anterior a la autov&iacute;a, la cercan&iacute;a y lo que se aleja terminan confundidos: &ldquo;El amanecer es piel / sedienta / de luz&rdquo;.&nbsp; La ciudad y lo que la rodea pierde identidad: &ldquo;Nada crece aqu&iacute; / que no tenga ra&iacute;ces / de pl&aacute;stico / tallos de cobre&rdquo; y &ldquo;A un lado de la autov&iacute;a / sigue la l&iacute;nea de puntos / pon el dedo sobre el mapa / pronto lo adivinas/nadie vendr&aacute; a rescatarnos&rdquo;. Entre la casa, el arte, la imagen, el tiempo: &ldquo;Esta jaur&iacute;a de perros / lanz&aacute;ndose sobre un ciervo / solitario / que nunca termina de morir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Me detengo en las cosas improbables, reflexionando junto al poeta, anotando las diferencias que distinguen a las tardes del domingo en las ciudades con mar frente a las urbes secas: &ldquo;Esta tarde de domingo/carece de biograf&iacute;a&rdquo; y as&iacute;, &ldquo;rompe el c&oacute;mo / y entra en la mar / inmensa noche&rdquo;. Por un instante llega el &aacute;lgebra, contenido: &ldquo;soy lo que no est&aacute; / y lo que no est&aacute; / -matem&aacute;tica pura- / es un atajo en la vida&rdquo;. Gen&eacute;tica del reciclaje, lanzar basura hacia el siglo, como si algo sobrara: &ldquo;No tienes manos / el da&ntilde;o / ni voz la herida&rdquo;. En el mismo discurso se asienta el uso de las may&uacute;sculas y las min&uacute;sculas, el salto entre versos, los espacios que realizan su doble repertorio, enmascarando el silencio y ofreciendo espacio para versos que reciben mordiscos con la respiraci&oacute;n entrecortada. Golpes, sellos oficiales, la sutileza de lo cotidiano, la administraci&oacute;n gran&iacute;tica de lo repetido, lo constante, la paz de las convergencias y los n&uacute;meros enteros: el que escribe, el que lanza el hacha, contundente como un grito: &ldquo;El silencio / no es seguro / cuando tiembla / el suelo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el abordaje de la parte titulada &laquo;Estas cosas p&aacute;lidas&raquo;, se produce la apertura de una caja de Pandora, que contiene el tiempo y sus errores, la felicidad y su confianza, un lugar at&oacute;mico: "Lo que nos traiciona / posee la esperanza / del mago&rdquo; y &ldquo;Que deposita sus errores / en una cajita de madera / para no ver&rdquo;. Reflexionamos sobre el tiempo, amigo o enemigo, aliado o traidor, &iquest;el que nos ofrece la experiencia o nos roba la vida? Tras la pregunta: &ldquo;Escucha / por ah&iacute; viene lo que nos traiciona / presta atenci&oacute;n / la moraleja de todos se llama / &oacute;xido&rdquo;. La rutina carga con un matiz de ausencia, de inquietud: &ldquo;De la palabra feliz / que tiene hilos negros / algas que se enredan / en la lengua / arcadas y felicidad y los d&iacute;as / fruta equivocada&rdquo;. El tiempo se disfraza de maneras diferentes: &ldquo;El camino / hasta convertir / la grieta / en una herida&rdquo;, tambi&eacute;n como un remedo, una sosia: &ldquo;La vida ten&iacute;a otra forma / algo as&iacute; como una detonaci&oacute;n / inesperada&rdquo;. El granizo, en el poema, recuerda el paisaje, lo recuperar&aacute; despu&eacute;s de estar consumido, dejando que, al final, queda m&uacute;sica industrial y p&eacute;trea.&nbsp;</p>
<p>Extraer un fragmento, una cr&oacute;nica de dimensiones urbanas: &ldquo;El autob&uacute;s atravesaba / avenidas / parques vac&iacute;os y poco / iluminados / las hojas de los grandes pl&aacute;tanos / envueltas en finas / capas de hielo como crujientes / piezas del pasado / permanec&iacute;an detenidas en el aire&rdquo;.&nbsp; Palabras que se acumulan en un orden perfecto, h&iacute;brido de descripci&oacute;n y sensaciones. De ah&iacute;: &ldquo;Que el olor de otros cuerpos /cargados de sue&ntilde;os / y acetona&rdquo;. Es una sustancia, un cuerpo que se arrastra, se eleva, rebelde, contra el d&iacute;a. Nos sumergimos en la oposici&oacute;n, que cada instante, arroba amor y circunstancia: &ldquo;Esto es un &aacute;rbol / y eso de ah&iacute; es el equilibro / del mundo&rdquo;, frente a frente, de nuevo: &ldquo;T&uacute; eres / el equilibro del mundo / ignora el peso de las sombras&rdquo;. El contraste resulta epatante. Como acudir a las p&aacute;ginas de una Biblia, como el autor enhebra, dejando el verso final, &ldquo;Otro blues castellano&rdquo;, arrastrando el sabor met&aacute;lico con el advenimiento de Antonio Gamoneda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alberto Santamar&iacute;a, <em>De las cosas p&aacute;lidas</em>, Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:57:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poeta con presencia real en nuestras letras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poeta-con-presencia-real-en-nuestras-letras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DAVID_PUJANTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Creo recordar que, no hace mucho tiempo todav&iacute;a, mi admirado T&uacute;a Blesa, desaparecido en combate de la cr&iacute;tica literaria, se preguntaba desde El Cultural del peri&oacute;dico El Mundo, por qu&eacute; David Pujante (1953) no escrib&iacute;a m&aacute;s. Esta <em>Poes&iacute;a reunida</em> bajo el sugerente t&iacute;tulo de <em>Gu&iacute;a de perplejos</em>, demuestra nuestro error de percepci&oacute;n, pues lo pens&aacute;bamos todos. El cartagenero tiene una larga trayectoria como poeta a la que, seguramente, sus estudios y tareas como catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura han restado protagonismo, pero no poca obra. En efecto, las casi 400 p&aacute;ginas de la cuidada edici&oacute;n que Alfonso Mart&iacute;n Jim&eacute;nez nos acerca desde la editorial de la Universidad de Valladolid, demuestran lo contrario. David Pujante tiene una extensa trayectoria, hasta ahora muy dispersa, y es un poeta con presencia real en nuestras letras. De hecho, ha estado a punto de ganar el Premio Nacional de Literatura y el Loewe, si mis informantes contrastados no me enga&ntilde;an, y no lo parece.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Volver sobre su escritura es recordar la reciente historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. <em>La propia vida</em> (1986) era un libro de buen hacer culturalista donde se aprende mucho y se encuentran poemas importantes que, en su tiempo no public&oacute;, pero debi&oacute; hacerlo, caso del l&uacute;cido &ldquo;Las musas inesperadas&rdquo; con su inteligente reflexi&oacute;n al hilo de la vida y el arte. Quiz&aacute; en alguna presentaci&oacute;n pr&oacute;xima justifique ese y otros olvidos, y podamos grabarle y dejar testimonio de sus ideas al respecto. En cualquier caso, el vitalismo reflexivo y cultivado de sus mejores poemas, frente a la mera erudici&oacute;n de otros compa&ntilde;eros de viaje, no va quedando lejos, por esa carga pensativa que late bajo ellos. A m&iacute;, sinceramente, me sigue gustando mucho m&aacute;s <em>Con el cuerpo del deseo</em> (1990) porque habla y piensa el amor y el deseo, por su claridad y coherencia, por ser veros&iacute;mil, transitado, con sus claroscuros, ascensiones y ca&iacute;das, pero sobre todo por los estupendos como &ldquo;Cuando estamos muy juntos, abrazados&rdquo; o &ldquo;Hubiera deseado dormir sobre tu pecho&rdquo; y pr&oacute;ximos. Lo vivido y lo v&iacute;vido, lo anhelado y padecido, transmiten esa fortaleza y herida, pulsi&oacute;n y oficio, sin impostura. Y eso se nota, frente a los poetas profesores que acompa&ntilde;an sus clases con los versos y no los ponen en paridad, por lo menos (Luis Cernuda fue profesor y los antepuso, pero eso ya es pedir mucho). Tambi&eacute;n encontrar&aacute; el lector muy atractivo <em>La isla</em> (2002), donde acerca la modernidad desde un tal profesor Fadigati que ha ca&iacute;do &ldquo;en la trampa de la vida&rdquo;, y su reflexi&oacute;n sobre ella a partir de nombres y costumbres que hicieron historia, y donde la poes&iacute;a salva o consuela. <em>Animales despiertos</em> (2013) iniciaba el camino de la &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, es decir, reflexiva, pero no solo, pues el vitalismo de Pujante no ced&iacute;a, pero se sosegaba y abr&iacute;a el camino hacia otro libro importante, El<em> sue&ntilde;o de una sombra </em>(2013), pienso en ese marco reflexivo abierto por &ldquo;La poes&iacute;a de a diario&rdquo; y donde explica el sugerente t&iacute;tulo de esta poes&iacute;a reunida. No es otro que dar cuenta de la existencia desde la poes&iacute;a &ldquo;Hacemos la poes&iacute;a de a diario/-la de carne o de letra, &iexcl;qu&eacute; m&aacute;s da! - /para dejar constancia/de todas las perplejidades vivas, /del viaje que nunca so&ntilde;amos iniciar, y aqu&iacute; tenemos&rdquo;. Un libro estupendo acompa&ntilde;ado de sus consiguientes in&eacute;ditos o poemas no incorporados, pero escritos en esa &eacute;poca. Debemos felicitarnos de este reencuentro y homenaje con que la Universidad de Valladolid cuida a sus artistas en tiempo de bur&oacute;cratas universitarios y movidos por cr&eacute;ditos. Gracias a eso tengo otro libro para poner en las estanter&iacute;as bajas de mi casa, al alcance de mi mano.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>David Pujante, <em>Gu&iacute;a de perplejos (Poes&iacute;a reunida, 1978-2023)</em>, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:45:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tiempo convulso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-tiempo-convulso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/WU_MING_-_OVNI_78_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El colectivo Wu Ming se crea en el a&ntilde;o 2000 aglutinando a una serie de escritores italianos cercanos al situacionismo y que desde su propuesta literaria, cercana a lo que ellos denominan corpus o &ldquo;nebulosa&rdquo; ofrecen una muestra de la nueva &eacute;poca italiana que alcanza al resto de Europa. En Espa&ntilde;a, editadas por Anagrama, ha aparecido <em>El ej&eacute;rcito de los Son&aacute;mbulos</em>, <em>Proletkult </em>y este <em>Ovni 78</em> traducido por Juan Manuel Salmer&oacute;n Arjona. Se trata de un libro may&uacute;sculo, una narrativa abrumadora y cercana, que no extra&ntilde;a ni un &aacute;pice la coherencia en la voz tras pasar por el filtro de lo m&uacute;ltiple. Acostumbrados en nuestro pa&iacute;s a novelas localizadas en los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n, encontrar una historia que transcurre en Italia, cronol&oacute;gicamente en paralelo, resulta una oferta nutricia y apetitosa.&nbsp;</p>
<p><em>Ovni 78</em> es un libro que se expande en distintas direcciones para ofrecer una perspectiva absoluta de un tiempo, una &eacute;poca, que nos resulta familiar a la vez que distante: la pol&iacute;tica; Italia, un pa&iacute;s que vivi&oacute; su propia guerra civil en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la II Guerra Mundial, con el enfrentamiento entre los fieles a Mussolini, fascistas de camisa parda, frente a los partisanos que se unen a la causa aliada, sangre italiana, sangre de paisanos en el Mediterr&aacute;neo, llegando hasta los a&ntilde;os setenta con una conflictividad que no cesa.&nbsp;</p>
<p>Leer la aparentemente liviana obra de Giovanni Guareschi, con su <em>Don Camilo</em>, donde dos antiguos compa&ntilde;eros de armas, el cura, Don Camilo, af&iacute;n a la Democracia Cristiana y Peppone, el alcalde, comunista, miembro de uno de los partidos comunistas m&aacute;s poderosos de la Europa occidental. Esa alianza compleja, aparentemente contra natura, es el detonante de los acontecimientos sobre los que avanza <em>Ovni 78</em>: los d&iacute;as, las semanas, entre el secuestro y el asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, uno de los grup&uacute;sculos de izquierda terrorista que incendiaba cualquier intento de convivencia (en esos mismos a&ntilde;os sanguinarias bandas como la Fracci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Rojo o Baader-Meinhof, en Alemania, controlada a trav&eacute;s del t&oacute;xico terrorismo de Estado y ETA, en Espa&ntilde;a, que alimentaba la serpiente de los a&ntilde;os de plomo) durante esa d&eacute;cada y la siguiente. Italia, en este libro, resiste la consideraci&oacute;n de Estado fallido utilizando la m&uacute;sica progresiva, Franco Battiato y su <em>Era del jabal&iacute; blanco</em> (L'era del cinghiale bianco), sintetizadores y sonidos espaciales que serv&iacute;an de banda sonora a las noticias de avistamientos de los OVNIs (objetos volantes no identificados) en los cielos italianos. Una rep&uacute;blica social y artificial, con San Marino, la gran Roma, entre lo latino y lo cat&oacute;lico, Vaticano y la Camorra en el sur, la pobreza de N&aacute;poles y Caserta, la insularidad compleja de Sicilia y Cerde&ntilde;a, la industria del norte (que cristalizar&aacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la fundaci&oacute;n de esperpentos como el partido Forza Italia).&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute; la ausencia de centralismo o la multiplicidad de centros, sin bicefalia, permita entender que Italia, siempre al borde del abismo, ingobernable, sobreviva como uno de los grandes pa&iacute;ses del mundo. El libro pivota entre personajes vitalmente entrecruzados, poli&eacute;dricos, plenamente integrados en la forma de hacer literatura del colectivo. Hay momentos para la Italia de Eugenio Siragusa y Peter Kolosimo, con escritores que se convierten en superventas utilizando la pseudoarqueolog&iacute;a o criptoarqueolog&iacute;a, complement&aacute;ndose perfectamente con una protagonista que se introduce en la red de devotos de los extraterrestres y los avistamientos. En sus estructuras, con programas en radios locales y revistas artesanales, existe una similitud con el fen&oacute;meno fan, m&aacute;s propio de la canci&oacute;n mel&oacute;dica que del estudio cient&iacute;fico. La intuici&oacute;n y la fe por un lado y, por otro el m&eacute;todo cient&iacute;fico, as&iacute; de simple y as&iacute; de complicado. Jugando con conceptos, casi son dimensiones paralelas.&nbsp;</p>
<p>Pero tambi&eacute;n est&aacute; la llegada de la hero&iacute;na, lacra que, con su continuaci&oacute;n mortal en el SIDA, asolar&aacute; a la juventud europea, que llega tarde al verano del amor y la rebeld&iacute;a (elijan 1967 o 1968) y recibe la onda expansiva, la resaca m&aacute;s bien, del punk ingl&eacute;s de 1977. Al sur, al Mediterr&aacute;neo, todo parece llegar m&aacute;s tarde y adulterado. Personajes que han recorrido el mundo buscando un lugar donde quedarse, colonias de nueva era que mezclan cristianismo de base con el peligroso tono de las sectas. Padres viendo como una generaci&oacute;n se pierde, entre el cielo de noche y las estrellas, los callejones de las grandes urbes, violencia&hellip; y f&uacute;tbol, tambi&eacute;n f&uacute;tbol. La victoria de la Juventus en la liga italiana se superpone, entre abril y mayo, con el descubrimiento del cad&aacute;ver de Moro. Paolo Rossi, las apuestas, sus goles en el Mundial del 82, la alegr&iacute;a de Sandro Pertini en la final del Bernab&eacute;u. Pertini, elegido Presidente de la Rep&uacute;blica Italiana d&iacute;as despu&eacute;s del asesinato, siendo Giulio Andreotti, el sucesor de Aldo Moro, primer ministro. 1978, el a&ntilde;o de los tres papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.&nbsp;</p>
<p>El terror, la violencia, la investigaci&oacute;n, el fascismo, los hombrecitos verdes, la m&uacute;sica c&oacute;smica, el festival de San Remo, Saronni contra Moser. En mitad de todo eso, una sociedad al borde del colapso, pero que vive, busca, escucha la radio, ve en la televisi&oacute;n a Adriano Celentano y Raffaella Carr&aacute; (ejemplo del &ldquo;Compromiso hist&oacute;rico&rdquo;, el final del sue&ntilde;o), mira al cielo, comenta las &ldquo;L&iacute;neas de Nazca&rdquo;&hellip; Hablamos de alta narrativa, de una novela poderosa, con personajes perfilados, pero que se sacrifican para que la historia, con sus distintos procesos laber&iacute;nticos, se imponga. Es, en realidad, la misma sociedad italiana la que es la protagonista, que fundamenta los hechos. <em>Ovni 78</em> es una novela negra ambientada en un periodo concreto de la historia italiana, pero ser&iacute;a reduccionista quedarse solo con eso. Va mucho m&aacute;s all&aacute;. Es una estampa compleja, que retrata a la perfecci&oacute;n Italia, pero que, en esa misma intenci&oacute;n absoluta, sirve como ejemplo para entender otras sociedades occidentales, con todas sus ramificaciones, ahondando en el ayer, para entender el hoy y poder elucubrar sobre el ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Wu Ming, <em>Ovni 78</em>, traducci&oacute;n de Juan Manuel Salmer&oacute;n Arjona, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:30:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos poemas de Santiago Montobbio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-poemas-de-santiago-montobbio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/SANTIAGO_MONTOBBIO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
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<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Las soledades de las fronteras. Las soledades</strong></p>
<p>verdaderas. La soledad profunda de la poes&iacute;a</p>
<p>que sus ra&iacute;ces toca. La soledad fiera</p>
<p>y la soledad brisa como caricia</p>
<p>y en los poemas sentirla</p>
<p>y acercarse a ella, en</p>
<p>los poemas tocar</p>
<p>su ra&iacute;z, su</p>
<p>agua negra</p>
<p>bajo ella.</p>
<p>La soledad de la poes&iacute;a, que la poes&iacute;a</p>
<p>toca y en la que se hunde: la soledad</p>
<p>a la que llega y en la que ahonda,</p>
<p>y la misma soledad, la soledad</p>
<p>que la poes&iacute;a tambi&eacute;n necesita</p>
<p>y de la que nace. Rosa</p>
<p>de la soledad, poes&iacute;a, l&iacute;branos</p>
<p>de lo que nos puedas librar, ay&uacute;danos</p>
<p>a soportar las heridas del vivir, y en poemas</p>
<p>ir dici&eacute;ndolas y olvidarlas al decir, en el decir,</p>
<p>d&eacute;janos en ti ser as&iacute;, soledad, en la poes&iacute;a</p>
<p>que haces nacer d&eacute;janos ser y danos algo de paz.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Y la soledad irremediable. La soledad</strong></p>
<p>ya sin posible amparo. Tambi&eacute;n</p>
<p>el poema para ella. El poema</p>
<p>inerme, indefenso. El poema</p>
<p>en su &uacute;ltima inocencia, para</p>
<p>esa soledad irremediable</p>
<p>el poema as&iacute; ya para siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Sep 2025 07:05:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nombrando las arrugas del mar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nombrando-las-arrugas-del-mar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_P_REZ_FERN_NDEZ_500_px.png" alt="" /></p>
<p><em>Compensatoria</em>, el &uacute;ltimo poemario de Fernando P&eacute;rez Fern&aacute;ndez, (aparecido en la heroica Ediciones Liliputienses) es uno de esos libros raros: afilado sin arrogancia, l&iacute;rico sin sentimentalismo, cr&iacute;tico sin despecho. Tierno. L&uacute;cido.&nbsp;</p>
<p>La palabra que lo titula, tomada de la verborrea educativa, ya da una clave: compensar. No corregir, no salvar, no sustituir. Solo ofrecer, en equilibrio inestable, una peque&ntilde;a r&eacute;plica al da&ntilde;o. Una reparaci&oacute;n m&iacute;nima. La justicia po&eacute;tica como gesto precario. Todo el libro orbita en torno a ese intento.&nbsp;</p>
<p>Desde su poema inicial &mdash;que hace la funci&oacute;n de pr&oacute;logo y declaraci&oacute;n de intenciones&mdash; <em>Compensatoria</em> se presenta como el diario &iacute;ntimo y colectivo de un tiempo de desgaste: el de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, el de los cuerpos j&oacute;venes que no saben todav&iacute;a qu&eacute; les est&aacute; ocurriendo, el de los adultos que tampoco lo saben, pero deben fingir que s&iacute;. &ldquo;Las faltas&rdquo;, dice el poema, &ldquo;son lo primero que tienen que aprender&rdquo;, y ese aprendizaje de la carencia se convierte en una suerte de pedagog&iacute;a involuntaria del dolor: &ldquo;yo quise vivir y no lo hice&rdquo;.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En &ldquo;Nostalgia de provincias&rdquo;, la primera de las tres secciones del libro, P&eacute;rez Fern&aacute;ndez dibuja con precisi&oacute;n de miniaturista la vida en los bordes: de la geograf&iacute;a, del deseo, del lenguaje. Son poemas que capturan instantes con mirada sociol&oacute;gica, pero tambi&eacute;n con una ternura levemente impura. Un s&aacute;bado cualquiera &mdash;ese &ldquo;s&aacute;bado de mayo&rdquo; que da inicio al bloque&mdash; es visto como un territorio incierto donde &ldquo;por alg&uacute;n costado, sobrevenga lo agradable: / un reencuentro breve, una prenda hermosa descubierta&rdquo;. La belleza aqu&iacute; no es trascendente. Es contingente, dom&eacute;stica, ligera. Como en &ldquo;Eso sigue ah&iacute;&rdquo;, donde un paseo por la playa es el detonante de una epifan&iacute;a de la suciedad humana y del in&uacute;til intento por compensarla, porque ante la lluvia de &ldquo;varios cuajarones de una especie de emplasto, / tal vez pis y arena, cocacolas y colillas&rdquo; no queda otra que seguir caminado. Pero ese intento quiz&aacute;s sirva por lo menos para salvar nuestra dignidad. La dimensi&oacute;n social se deja o&iacute;r tambi&eacute;n con dureza en poemas como &ldquo;Memoria hist&oacute;rica&rdquo;, donde el pasado se infiltra en el presente con su carga de verg&uuml;enza heredada (&ldquo;La hilaz&oacute;n de Espa&ntilde;a no les daba / para taponar los agujeros / de los fusilados.&rdquo;) o en &ldquo;El poeta paga sus facturas&rdquo;, donde la poes&iacute;a se topa con la burocracia (&ldquo;Tras quitar impuestos m&aacute;s o menos queda igual. / Le parece bien que as&iacute; suceda, / mientras que se acuerde de pagar en su momento.&rdquo;). Es en esta secci&oacute;n donde la pandemia, lejos de ser un motivo ret&oacute;rico, aparece como una experiencia concreta, vivida desde lo dom&eacute;stico: &ldquo;Subo a la azotea con la silla / de playa desplegable, / y en la otra mano un t&eacute; bamboleante / que se me derrama&rdquo;. Lo que sorprende no es solo la capacidad de observaci&oacute;n, sino la forma en que cada poema consigue filtrar emoci&oacute;n, pol&iacute;tica, memoria y sentido del humor en un contundente equilibrio.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong></strong>La segunda parte, &ldquo;Choz&rdquo;, se aparta bruscamente de ese realismo po&eacute;tico para zambullirse en una suerte de barroquismo mutante. Aqu&iacute; el lenguaje se rompe, se desborda, se contamina. Es una escritura m&aacute;s fragmentaria, que recuerda por momentos a Vallejo, por otros a Chus Pato o incluso a Cecilia Pav&oacute;n en su fase m&aacute;s psicotr&oacute;pica, y tambi&eacute;n, claro, a <em>T&eacute;rmino medio</em>, la obra anterior del autor. La poes&iacute;a se vuelve una forma de balbuceo l&uacute;cido, donde el mundo se nombra sin categor&iacute;as claras. El poema que da t&iacute;tulo a la secci&oacute;n funciona como un cat&aacute;logo de percepciones m&iacute;nimas: &ldquo;el poema hermoso de quien odias / (&hellip;) / un gato que brinca tras las tejas / (&hellip;) / una forma nueva de fracaso&rdquo;. El efecto es acumulativo y casi musical: una enumeraci&oacute;n de detalles que, sin buscar sentido, lo generan. Aqu&iacute;, las referencias a la infancia, al cuerpo, a lo animal, se mezclan con una s&aacute;tira sutil del lenguaje t&eacute;cnico y administrativo: &ldquo;&iquest;Tienes una garza dorada de morfina, / una abeja-zorro?&rdquo;. En este bloque, la forma importa tanto como el contenido. La sintaxis se descompone, las im&aacute;genes se solapan, y lo que queda es una po&eacute;tica del exceso en miniatura. Un juego serio. Un balbuceo lleno de inteligencia.</p>
<p>El cierre, &ldquo;Pruebas de acceso&rdquo;, es un poema largo que devuelve al lector al espacio escolar, pero ya no como contexto, sino como campo de batalla simb&oacute;lico. Se trata de una cr&oacute;nica en tres tiempos de un examen colectivo. Lo que podr&iacute;a haber sido un simple ejercicio de observaci&oacute;n se convierte en un an&aacute;lisis sutil&iacute;simo de los mecanismos de nominaci&oacute;n, de ansiedad, de despersonalizaci&oacute;n. La primera parte del poema observa a los adolescentes con una ternura contenida (&ldquo;un broche del pelo que se esconde / como escolopendra entre rastrojos&rdquo;, &ldquo;No utilices tippex. Ni bol&iacute;grafo. / Deja en blanco todo y pon las manos / encima&rdquo;.). La segunda vira hacia el adulto que los observa, atrapado en su propia melancol&iacute;a institucional: &ldquo;Un plaf&oacute;n opaco, / creo que son luces de emergencia / solo que apagadas, / como un envase sin fruta&rdquo;. Y en la tercera, m&aacute;s te&oacute;rica y feroz, se lanza una cr&iacute;tica devastadora al acto de nombrar: &ldquo;poner un nombre (&hellip;) es como el alien ese que se agarra / dando un saltito a tu cara / y mientras te pre&ntilde;a por la tr&aacute;quea te permite respirar&rdquo;. Es aqu&iacute; donde el lenguaje po&eacute;tico alcanza su mayor intensidad conceptual. Nombrar, ense&ntilde;ar, examinar: todo es una forma de violencia simb&oacute;lica suavizada por rutinas. La escuela se convierte en emblema de una sociedad que ha confundido evaluaci&oacute;n con conocimiento, y seguimiento con cuidado.</p>
<p><em>Compensatoria</em> no es un libro complaciente. Pero tampoco es nihilista. Lo que propone es una mirada &eacute;tica sobre la fragilidad: una forma de estar en el mundo sin anestesia, sin dogmas, sin consuelos falsos. El yo po&eacute;tico no es un h&eacute;roe. Es un testigo. Un testigo implicado, cansado, que todav&iacute;a encuentra belleza en los restos: &ldquo;m&iacute;ranos un rato, luego / m&aacute;rchate&rdquo;. Y eso, quiz&aacute;s, es lo m&aacute;s valioso. Que alguien se haya quedado lo suficiente como para mirar con atenci&oacute;n. Como para escribir este libro.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Fernando P&eacute;rez Fern&aacute;ndez, <em>Compensatoria</em>, C&aacute;ceres, Ediciones Liliputienses, 2025.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Sep 2025 06:51:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descubriré mi mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/descubrire-mi-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GABRIEL_SOPE_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Voy a alcanzar contigo la l&iacute;nea del horizonte&rdquo;, as&iacute; arranca la antolog&iacute;a de poemas y canciones de amor de Gabriel Sope&ntilde;a, que Ignacio Escu&iacute;n ha reunido en Bala Perdida bajo el nombre de <em>Dame una noche</em>. En este compendio l&iacute;rico se re&uacute;ne toda una vida de creaci&oacute;n que abarca desde sus versos de los primeros ochenta, hasta los escritos anteayer. Pero &iquest;a qu&eacute; amante omnipresente se dirige Sope&ntilde;a en su verso de apertura? &iquest;Tal vez a Erat&oacute;, musa de la l&iacute;rica amorosa, a Euterpe -a la que, en efecto, dedica un poema- o a Cal&iacute;ope, musa de la poes&iacute;a e inventora del canto? Tal vez, apele al coraz&oacute;n del lector, pues ante &eacute;l extiende el propio canto.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">El libro se abre con las notas del autor, del editor y una breve po&eacute;tica, que dan paso a esa &ldquo;despensita de afanes&rdquo; que guarda el poemario propiamente dicho. &nbsp;En su visi&oacute;n de la poes&iacute;a, Sope&ntilde;a destaca &ldquo;el valor social de la palabra&rdquo;, su car&aacute;cter como &ldquo;forma superior de conocimiento&rdquo; y su privilegio de ser creadora de s&iacute;mbolos.&nbsp; As&iacute;, el poeta es un ser dotado de una fina percepci&oacute;n y un deseo consciente de perfeccionarla mediante &ldquo;persistencia, disciplina, rigor, severa y concienzuda militancia. Pasi&oacute;n y Reflexi&oacute;n, Acopio y Comuni&oacute;n&rdquo;. Sope&ntilde;a no concibe &ldquo;la poes&iacute;a sin discurso, sin un trabajo infatigable de elaboraci&oacute;n de las vivencias, sin un paisaje &iacute;ntimo [&hellip;], sin una voz propia&rdquo;, donde &ldquo;la poes&iacute;a exhibe necesariamente hondura est&eacute;tica y emocional&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">Versos como &ldquo;Ardo / y mi humo es una ofrenda / que vuela en esta canci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;nos amamos dentro de la vieja herida&rdquo; o &ldquo;toda mi sed es una fuente en tu voz&rdquo;, nos ubican ante una escritura rom&aacute;ntica, casi becqueriana, que -en otros versos- evoca a la canci&oacute;n pirata de Espronceda y que, por su clara apelaci&oacute;n a los sentidos, evocan versos de amor como los de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, e incluso me inst&oacute; a buscar &ldquo;Un rel&aacute;mpago a penas&rdquo; de Blas de Otero. En sus canciones hay un surco l&iacute;rico y, consecuentemente, en el verso encontramos una voz enraizada en el canto, en el ritmo y en la rima -a veces oculta en el interior de la estrofa-, donde ta&ntilde;e el martinete de la repetici&oacute;n para crear una base sobre la que el sentimiento y el sentido alzan su armon&iacute;a coral. Sope&ntilde;a se apoya en la iconograf&iacute;a, en el territorio com&uacute;n que comparte con el lector, en ese mundo de referencias culturales que usa como arquetipos con los que aligerar el discurso y que permiten cantar directamente las emociones, generando una escala temporal en el poema donde &ldquo;el pasado es el deseo puesto en fuga&rdquo; y &ldquo;el futuro est&aacute; en tu boca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Al amor se canta en estas p&aacute;ginas, al &eacute;xtasis, pero tambi&eacute;n al desamor, al dolor de la p&eacute;rdida. Algunos poemas elevan su herida a la luz de un sol c&aacute;lido y candoroso, otros pasan p&aacute;gina en el verso cruel confesando que la pasi&oacute;n cay&oacute; desarbolada bajo el vendaval del desencuentro. Aunque, las m&aacute;s de las veces, la nave l&iacute;rica ancla su proa pl&aacute;cidamente en la playa de otra piel, de otro sentir embravecido, o queda a la espera de su llegada con la nueva marea, sabedor de que su &ldquo;&uacute;nico destino / es pulir un coraz&oacute;n / como una piedra con p&aacute;lpito&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">&ldquo;Es de noche y soy de barro&rdquo;, el poeta es siempre un ser al desabrigo, en el camino, alguien que implora &ldquo;dame un fuego&rdquo;, &ldquo;dame un ansia&rdquo;, &ldquo;dame una noche&rdquo;. Pero la intemperie tambi&eacute;n ense&ntilde;a a contar historias, a seducir con el brillo de las ascuas nocturnas, a afinar la mirada que integra el tr&aacute;nsito propio con el paisaje e impele a confesarnos que &ldquo;estoy vencido: / mi poes&iacute;a es severa / y mi lengua es arquitecta / de mil aullidos de lobo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>Dame una noche.</em> Gabriel Sope&ntilde;a Genzor, Madrid, Bala perdida, 2025.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Sep 2025 07:49:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dama de las letras búlgaras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-dama-de-las-letras-bulgaras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/YORDANKA_BELEVA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Durante la elaboraci&oacute;n de la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea</em> (Olifante, 2021), en la que colabor&eacute; en la adaptaci&oacute;n al castellano con la traductora Rada Panchonvska, encontr&eacute; lo que para m&iacute; eran un conjunto de voces nuevas y sugerentes. En especial, me llegaron de forma contundente las de Gueorgui Gospod&iacute;nov y la de Yordanka B&eacute;leva, cuyos poemas suelo leer en las intervenciones a las que se me invita.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre Gospod&iacute;nov, con motivo de la publicaci&oacute;n de su novela <em>Las tempest&aacute;lidas</em> y de su premio Booker internacional, ya he tratado de hablar y se&ntilde;alar los placeres de su lectura, pero sobre B&eacute;leva a&uacute;n no hab&iacute;a tenido la excusa que me diera pie a comentar su obra, al carecer de traducciones en nuestro pa&iacute;s, hasta esta fecha.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Recientemente, la editorial La Tortuga B&uacute;lgara, ha editado su colecci&oacute;n de cuentos <em>Los erizos salen de noche </em>-obra que se public&oacute; en Bulgaria en 2022- lo que nos proporciona el deseado pretexto para conocer mejor a esta autora que, a mi juicio, es la dama de las letras b&uacute;lgaras contempor&aacute;neas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Como tengo por norma centrarme s&oacute;lo en la obra que nos convoca, para quien pueda interesar, adjunto al final del texto una nota sobre la autora -dado que no hay mucha informaci&oacute;n disponible sobre su bibliograf&iacute;a-, y paso a dar cuenta de las notas de lectura de su primer trabajo &iacute;ntegramente traducido a nuestra lengua.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Su reciente obra, <em>Los erizos salen de noche, </em>es un libro delicioso que conviene disfrutar sin prisa alguna. Como con cualquier otro diamante, nos sorprende el brillo que emana, a pesar de su peque&ntilde;o tama&ntilde;o, apenas un centenar de p&aacute;ginas en las que se guardan dieciocho cuentos breves. El estilo de B&eacute;leva es tranquilo, suave, sedoso -si se me permite-, pues nos encontramos con una Pen&eacute;lope que hila un pa&ntilde;o con el que filtrar la realidad de una forma hermosa y terrible, dejando impregnado su tapiz de momentos aislados, que cobran un sentido universal, al alcanzar el alma del lector con sus revelaciones.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">De su telar, sosegadamente, surgen piezas que guardan en com&uacute;n varios aspectos: el ritmo pausado, pero firme, del avance del relato; el valor de la palabra en todo su esplendor, es decir, como unidad sem&aacute;ntica, pero tambi&eacute;n como ser vivo que se emparenta con otras formas, con otros sentidos, ampliando el juego de nombrar; la constante presencia de dos planos paralelos: el de la realidad que se narra y el de un universo m&aacute;gico, sensible, neblinoso, que se funda con los pilares del recuerdo y de la emoci&oacute;n, de los afectos y la tradici&oacute;n, del dolor y del recuerdo de la contemplaci&oacute;n de la belleza; as&iacute; como una precisi&oacute;n en el decir y una riqueza de im&aacute;genes, que hace de estos relatos aut&eacute;nticas perlas que rescatar del fondo de la lectura.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">As&iacute;, por ejemplo, convierte la emoci&oacute;n de cada vida en la llama de una vela en la iglesia, que alguien -en otro lugar- debe encender; emparenta al origen de las personas con su destino, haciendo de ambos una suerte de bienes hereditarios; transforma los despojos en un motivo para conservar la fe; eleva una simple letra a la categor&iacute;a de br&uacute;jula de una existencia; convierte una mancha fortuita en se&ntilde;a de identidad; retrata maravillosamente la vida rural, los conflictos &eacute;tnicos o la herencia sovi&eacute;tica a trav&eacute;s de detalles m&iacute;nimos; introduce el lirismo en la narrativa llevando a su prosa a convertir lo terrible en im&aacute;genes exuberantes, como si una colecci&oacute;n mariposas brillara aleteando ajena a los alfileres que las dejan presas ante nuestra mirada; genera con su emoci&oacute;n el pespunte que mantiene unidas a las generaciones, en especial hace visible la belleza de ese v&iacute;nculo poderoso y m&iacute;tico en el que se imbrican abuelos y nietos; se&ntilde;ala la importancia de esas mujeres invisibles, pero fort&iacute;simas, sobre las que se levantan las civilizaciones; nos ofrece la perspectiva alqu&iacute;mica de la vida, en la que una parte min&uacute;scula, un objeto trivial, puede representar a un todo m&aacute;s complejo y amplio; retrata al amor familiar como puzle que se completa con la uni&oacute;n de todos los corazones y al divino como un perro fam&eacute;lico necesitado de misericordia; a la burocracia sist&eacute;mica como sesgo que marca a las personas aleatoriamente; universaliza la soledad con el plato eternamente vac&iacute;o en una mesa para dos; enuncia el consabido dilema entre el decir, que nada nombra, y el callar m&aacute;s elocuente o nos presenta la violencia de g&eacute;nero armada &uacute;nicamente con la espada de su voz y de una sencilla palabra, tal que un ar&aacute;ndano, por ejemplo, describiendo magistralmente la fuerza del sacrifico que se transmite de madres a hijas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Si tuviera que recomendar un libro que llevar en el bolsillo para hacer del autob&uacute;s un lugar de conocimiento, para convertir una sala de espera en un lugar de introspecci&oacute;n o un parque en un lugar de enso&ntilde;aci&oacute;n y nostalgia, no dudar&iacute;a en sugerirles la lectura de <em>Los erizos salen de noche</em>, de Yordanka B&eacute;leva y entonces -en cuanto leyeran con calma sus p&aacute;ginas-, no dudar&iacute;an ustedes tampoco en sentir que -sin lugar a duda-, nos hallamos ante la dama de las letras b&uacute;lgaras contempor&aacute;neas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><strong>Nota biobliogr&aacute;fica</strong>: Yordanka B&eacute;leva naci&oacute; en T&eacute;rvel -un municipio del noroeste de Bulgaria de unos 6.300 habitantes- en 1977 y es poeta y cuentista. Estudi&oacute; Filolog&iacute;a B&uacute;lgara por la Universidad&nbsp; de Shumen y se Doctor&oacute; en Biblioteconom&iacute;a en Sofia, desempe&ntilde;&aacute;ndose como experta en la Biblioteca del Parlamento de Bulgaria. Es autora de los poemarios <em>Batas y barcas</em> (2002), <em>El momento omitido</em> (2017) y <em>Noticias de la tarde</em> (2024) y -adem&aacute;s de la que aqu&iacute; comentamos- de las colecciones de cuentos <em>El nivel del mar del amor</em> (2011); y de las obras l&iacute;ricas <em>Las llaves</em> (2015), <em>Keder</em> (2018) y <em>La misericordia de Dios</em> (2025), todos ellos -poes&iacute;a y prosa- a&uacute;n sin traducci&oacute;n completa al castellano.</p>
<p class="Cuerpo2">Sus cuentos y poemas tambi&eacute;n han sido traducidos al ingl&eacute;s, alem&aacute;n, franc&eacute;s, turco, croata y &aacute;rabe y est&aacute;n incluidos en antolog&iacute;as tanto b&uacute;lgaras como extranjeras.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Ha sido finalista y ganadora de m&uacute;ltiples premios nacionales -de todos los m&aacute;s prestigiosos-, tanto en la modalidad de poes&iacute;a como en la de prosa y varios de sus cuentos han sido llevados a la gran pantalla, adaptaciones que tambi&eacute;n han obtenido reconocimientos internacionales.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Adem&aacute;s, ejerce como gu&iacute;a de otros autores en talleres de escritura, as&iacute; como rese&ntilde;a obras literarias en la web Portal Kultura.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Sep 2025 07:40:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Impedir que la poesía se convierta en algo inútil]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/impedir-que-la-poesia-se-convierta-en-algo-inutil/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/VICENTE_MU_OZ_LVAREZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Un hombre de mimbre/ y en el coraz&oacute;n yo/ ardiendo dentro&rdquo; como el casto y puro sargento Neil Howie que, precisamente por eso, es elegido como v&iacute;ctima y sucumbe quemado en el mu&ntilde;eco de mimbre de la pel&iacute;cula de Robin Hardy del mismo t&iacute;tulo. Lo importante de todo, m&aacute;s all&aacute; de la simbolog&iacute;a propuesta por este interesante poeta leon&eacute;s (muy distinto al reciente ganador del premio de la Cr&iacute;tica, el zamorano-leon&eacute;s, Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago), es hallarse ante una extensa auto antolog&iacute;a que lo es, y no antojol&iacute;a, por lo cuidada edici&oacute;n de cuantos poemas ha considerado Vicente Mu&ntilde;oz principales, y se encargan de presentarnos los avales de Nacho Escu&iacute;n y Jos&eacute; &Aacute;ngel Barrueco.</p>
<p>Un libro muy apetecible desde el pistoletazo de salida por esa vulnerabilidad confesional del autor, verosimilitud, legibilidad para &ldquo;impedir que la poes&iacute;a/se convierta en algo in&uacute;til&rdquo;. Y as&iacute; ocurre cuando Vicente Mu&ntilde;oz se dispone con el coraz&oacute;n en la mano a contarnos su balanceo y funambulismo existencial, cr&iacute;tico con la sociedad de consumo y el capitalismo tard&iacute;o (por decirlo a la moda Jameson), desde el extrarradio lejano de quienes ah&iacute; sobreviven y pelean sin pacto hasta arder, tal y como le pasa al hombre de mimbre junto a la chica raptada. Su estar fuera del mundo que critica voluntariamente, como divergencia y resistencia, se declara desde la orfandad de quienes no se suman y se disponen a la cr&iacute;tica, y que se consolida en su avance hacia el proema o poema en prosa o en los libros finales, y hacia cierto minimalismo donde ha recalado o evolucionando su carveniarismo inicial. O, si prefieren, ese mundo que limitaba con Roger Woolf, que supo retirarse a tiempo o Karmelo Iribarren, cuyo gracejo efectista se ha ido volviendo mim&eacute;tico y mec&aacute;nico en buena medida, en su sobreabundancia y falta de evoluci&oacute;n, aunque haya momentos apetecibles. No ocurre este mecanicismo en Vicente Mu&ntilde;oz, a quien, quiz&aacute;, le sobren igualmente algunos declarativismos, pero ha tenido el valor de evolucionar en las maneras de contarnos su inadaptaci&oacute;n y desasosiego, al hilo de la vida y lejos del automatismo de los poetas rentistas. Vicente Mu&ntilde;oz pelea con la vida y sus diablos interiores con autenticidad cambiante (y eso se percibe), con sus alzamientos desde la singularidad y la pobreza, en su evoluci&oacute;n hacia el amor frente al encapsulamiento &aacute;cido; o hacia una introspecci&oacute;n reflexiva (con motivos cambiantes y pensativos desde la inicial la tropolog&iacute;a del mar hecha en su evoluci&oacute;n bosque y monte como interlocutores), y donde ha empezado a coquetear con el Tohu y el Bohu, el caos y el vac&iacute;o, pero tambi&eacute;n a reflexionar sobre el <em>carpe diem</em> y sortear el dramatismo apresador. Y as&iacute; nos lo cuenta en esa &uacute;ltima fase de di&aacute;logo con sus resistencias y desalientos, ciclotimias.</p>
<p>Tiene el lector, por consiguiente, una buena oportunidad de leer una poes&iacute;a apartada del hermetismo y lo fragmentario, propia en sus im&aacute;genes e imaginario, muy personal y alejada de los trabalenguas que parecen decir m&aacute;s de cuanto cuentan, como el peor Lezama Lima (no el de <em>Fragmentos a su im&aacute;n</em>. No todo el mundo es Marosa di Giorgio, aunque a veces recargue de m&aacute;s) para acercarnos a una obra dif&iacute;cil de conseguir por su dispersi&oacute;n y que, ahora, gracias a Editorial P&aacute;ramo y su cuidada puesta en escena, nos llega finalmente, pues era esperada. No le decepcionar&aacute; al lector acercarse a ella, ni conocer su verdad sin trampa en esta cuidada selecci&oacute;n de libros de la juventud, desde sus desarreglos en <em>Canciones de la gran deriva</em> a su evoluci&oacute;n hacia <em>Animales perdidos</em>, de tan expl&iacute;cito t&iacute;tulo en su camino de perfecci&oacute;n; o los poemas en prosa de <em>D&iacute;as de ruta,</em> hasta el &uacute;ltimo <em>Poes&iacute;a es un arma que carga el diablo</em>. Y es lo que no es un blablabl&aacute; chachach&aacute; huero y fingido, es atractivo siempre, se est&eacute; de acuerdo o no con su propuesta est&eacute;tica. Y ese talento en el saber decirse nunca nos decepcionar&aacute; en este libro que pongo al alcance de mi mano en la biblioteca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Mu&ntilde;oz &Aacute;lvarez, <em>Hombre de mimbre. Antolog&iacute;a po&eacute;tica (1999-2025)</em>, Valladolid, Editorial P&aacute;ramo, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Sep 2025 10:09:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer párrafo de "La caracola" de Marisa Madieri]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-primer-parrafo-de-la-caracola-de-marisa-madieri/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/Pintura_de_un_p_jaro_manutara_-_Imagen_para_art_culo_sobre_La_caracola_de_Marisa_Madieri_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Para Claudio</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em>La conchiglia</em></p>
<p align="center"><em>&nbsp;</em>&ldquo;I manutara sono ritornati. Giungono ogni anno dal mare, in grandi stormi, indecifrabili messaggeri del l'ignoto. All'orizzonte appare dapprima una macchia scura, che sembra immobile mentre si gonfia impercettibilmente. Poi, d'improvviso, la macchia si avvicina, &egrave; una nube veloce che s'allarga, si distende, incombe su di noi, il cielo &egrave; trafitto da mille frecce. Con alti stridi gli uccelli iniziano a volteggiare disordinati sopra l'isola, senza osare scendere, ancora increduli d'esser giunti a destinazione. I pi&ugrave; scelgono gli scogli di Motu Nui e Motu Iti per nidificare&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p style="text-align: center;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em></em><em>La caracola</em></p>
<p align="center"><em>&nbsp;</em>&ldquo;Los manutara han vuelto. Llegan todos los a&ntilde;os desde el mar, en grandes bandadas, indescifrables mensajeros de lo des-conocido. En el horizonte se ve primero una mancha oscura, que parece inm&oacute;vil mientras se infla imperceptiblemente. Despu&eacute;s, de improviso, la mancha se acerca, es una nube veloz que se ensancha, se extiende, se cierne sobre nosotros, mil flechas traspasan el cielo. Con chillidos agudos, los p&aacute;jaros comienzan a revolotear en desorden sobre la isla, sin atreverse a descender, todav&iacute;a incr&eacute;dulos de haber llegado a destino. La mayor&iacute;a elige los pe&ntilde;ascos de Motu Nui y Motu Iti para nidificar&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftn2">[2]</a></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Ex conchis omnia, motto </em>de<em> </em>Erasmus Darwin.<em></em></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>I</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una voz personal que habla en nombre de muchos &ndash;<em>noi</em>&ndash; describe un espect&aacute;culo c&oacute;smico. Recuerda a cierta poes&iacute;a surrealista en la que el yo queda elevado, como su voz, a una dimensi&oacute;n colectiva y ancestral. Pienso en el Ren&eacute; Char de <em>Los primeros instantes:</em><em>&nbsp;</em></p>
<p>&ldquo;Mir&aacute;bamos correr ante nosotros el agua creciente. Borraba la monta&ntilde;a de golpe, escapando de sus flancos maternales. No era un torrente que se ofrec&iacute;a a su destino sino un animal inefable en cuya palabra y sustancia nos hab&iacute;amos convertido. Nos manten&iacute;a enamorados sobre el arco todopoderoso de su imaginaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; intervenci&oacute;n hubiera podido obligarnos? La mediocridad cotidiana hab&iacute;a huido, la sangre arrojada era devuelta a su calor. Adoptados por lo abierto, apomazados hasta lo invisible, &eacute;ramos una victoria que no terminar&iacute;a jam&aacute;s&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Se nos ofrece aqu&iacute; tambi&eacute;n la descripci&oacute;n de un inmenso e insondable movimiento circular. Pero ya hab&iacute;a otro c&iacute;rculo: el de la caracola del t&iacute;tulo. Unos p&aacute;jaros llegan del mar o, m&aacute;s bien, desde el mar. Llegan como mensajeros de lo desconocido y asoman al principio muy lentamente por el horizonte. Son muchos. El mar,<em> la mer </em>de Val&eacute;ry<em> </em>es fecunda. Llegan con un aire marcial, aunque terminar&aacute;n por perder el orden de la formaci&oacute;n. No est&aacute; describiendo un para&iacute;so. <em>Stormi</em> tiene resonancias de milicia; como ocurre a menudo con la naturaleza aparece la violencia de la fuerza que rompe el <em>satus quo:</em> asalto, tormenta, <em>stormo, storm, Sturm&hellip;</em> Una masa negra, una mancha que se acerca, por mucho que sea una mancha familiar.&nbsp;</p>
<p>Pero, si no est&aacute; describiendo el para&iacute;so, ni una escena gen&eacute;sica (no es un principio sino un ciclo), &iquest;ante qu&eacute; estamos? Ante una una <em>machia</em> (mancha) en el cielo, los <em>manutara</em> (mensajeros de lo desconocido) que chillan &ndash;<em>alti stridi </em>(chillidos agudos<em>)</em>- como mug&iacute;an las bestias que otros pueblos sacrificaban a los dioses del mar, en otra expresi&oacute;n mitol&oacute;gica de la adoraci&oacute;n a la fecundidad.&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute; el movimiento de los p&aacute;jaros, hasta cierto punto insidioso, viene del mar de los dioses a la tierra de los hombres. Es su destino. Llegan con un mensaje desconocido. Un mensaje celestial que lanzan como saetas a unos destinatarios que apenas comprenden nada, aparte de lo esencial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;<strong>II</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No puede ser que toda esta construcci&oacute;n no signifique nada. &ldquo;La traducci&oacute;n del lenguaje de las cosas al de los hombres es la traducci&oacute;n de lo mudo a lo vocal; es la traducci&oacute;n de lo innombrable al nombre&rdquo; escribi&oacute; Walter Benjamin al final, en otra suerte de testamento. Imposible no asociar estas im&aacute;genes (la mancha oscura, los p&aacute;jaros mensajeros del cielo, las flechas que se lanzan sobre los hombres) con la realidad de la escritura: el cielo es la p&aacute;gina y los p&aacute;jaros escriben, en un lenguaje ignoto, el mensaje en forma de caligraf&iacute;a divina. Para los griegos, los trazos angulosos de las bandadas de grullas pueden haber estado en el origen pl&aacute;stico de algunos de los primeros caracteres alfab&eacute;ticos: la formaci&oacute;n en V de esas y otras aves ser&iacute;a la inversi&oacute;n de la delta may&uacute;scula. El car&aacute;cter adivinatorio, cosmog&oacute;nico y sagrado de los primeros alfabetos est&aacute; presente tambi&eacute;n en los inicios de la escritura jerogl&iacute;fica egipcia: <em>Thot</em>, dios de la escritura, era simbolizado por un ibis blanco. Por no hablar del uso, tras la invenci&oacute;n china del papel (siglo I), del c&aacute;lamo hecho de las plumas que ocas y gansos mudan anualmente.&nbsp;</p>
<p>Pero no hay que fiarse del cielo de los hombres. El <em>Talmud</em> advierte de las amenazas que se ciernen sobre quienes se aventuran por los salones de los palacios superiores. La autora sabe limitarse a describir y no interpreta los mensajes, lo que ser&iacute;a tanto como producirlos. Estamos ante palabras po&eacute;ticas, no rituales. Un poema no del Cielo sino &ldquo;en aras del cielo, s&iacute;, y del resplandor del mundo&rdquo;. El poeta no es un &aacute;ngel del Dios vivo. Ni el narrador tampoco. No, tan solo un personaje que recuerda a su mujer.&nbsp;</p>
<p>El desorden de los p&aacute;jaros evoca un texto del Zohar. &ldquo;Una letra golpea desde abajo, y sube y baja y dos letras vuelan sobre ella. Son letras masculinas y femeninas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre el baile celeste de las letras y sobre las frases impecables de un p&aacute;rrafo perfecto como este, escribe Pound: &ldquo;Tres o cuatro palabras en perfecta yuxtaposici&oacute;n son capaces de irradiar una energ&iacute;a de potencia inmensa: estas palabras deben amplificarse y no neutralizarse mutuamente. Esta peculiar energ&iacute;a que las alimenta es el poder de la tradici&oacute;n&rdquo;. Tradici&oacute;n que se esconde con elegante pudor en el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>III</strong></p>
<p align="center"><strong></strong>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Sabemos algo del mensaje? S&iacute;. Sabemos que los p&aacute;jaros han venido a nidificar. A hacer sus nidos. Es su destino, pero a&uacute;n no se lo creen y por eso revolotean lun&aacute;ticos sobre el mar y los riscos. Para criar. Para resguardarse. Para descender y asentarse (del germ&aacute;nico <em>ne-der,</em> del indoeuropeo <em>ni</em>). Por eso en italiano <em>nicchio </em>(nicho<em>)</em> se refiere tambi&eacute;n a la concha marina: all&iacute; donde el molusco hace su casa. Los nichos de las pe&ntilde;as y la <em>conchiglia</em> en la arena de la playa est&aacute;n &iacute;ntimamente conectados.&nbsp;</p>
<p>En este caso sabremos por la continuaci&oacute;n que la concha es una caracola (palabra que proviene, a trav&eacute;s del lat&iacute;n <em>cochlea</em> y del griego <em>kochl&iacute;as</em>, de la ra&iacute;z indoeuropea <em>konkho, </em>com&uacute;n a concha y caracola). Figura en espiral. Conformada en c&iacute;rculos, de nuevo el ziggurat bab&eacute;lico con su simbolismo er&oacute;tico. En escalera que, como hacen las flechas aladas de los p&aacute;jaros, sube y baja en la vida de los hombres. Como en el acto sexual evocado m&aacute;s tarde en el libro en un movimiento bell&iacute;simo de entrega en el que la mujer recordada, en cuclillas sobre el agua, se ofrece con toda su belleza al ser amado. O en la escena final en la que, jugando como ni&ntilde;os, &eacute;l la sumerge y la levanta sobre la blanca espuma del mar, mientras sus cabellos negros caen brillantes sobre su piel morena &ldquo;cubierta de mil gotas reluc&iacute;a como el interior nacarado de una caracola&rdquo;<em>.</em> Nada hab&iacute;a existido antes que nosotros&rdquo;).<em> </em>Hombre y mujer fuente de vida. <em>Nada hab&iacute;a existido antes que nosotros. </em>&Uacute;ltimas palabras de un texto que est&aacute;n ya en el t&iacute;tulo: cuando ella recoge la caracola arrastrada por las mareas lunares y se la pone al o&iacute;do (otra concha) se la encuentra vac&iacute;a. El animal ha muerto y ya no est&aacute;. La caracola es al tiempo imagen de la vagina, de lo que puede nacer de ella y tambi&eacute;n el lecho f&uacute;nebre que a todos nos espera. No nace una generaci&oacute;n nueva sin que la anterior muera. La llegada de la bandada marca marcialmente los tiempos.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La concha es la palabra que decimos &ndash;escribe Shabestari en la <em>Rosaleda del misterio</em>&ndash;; la concha simboliza el coraz&oacute;n&rdquo;. Concha-animal-perla; hombre-mujer-hijo; misterio&ndash;signo&ndash;significado. Tres tr&iacute;adas que a m&iacute; me parecen reconocibles en estas primeras l&iacute;neas m&aacute;gicas.&nbsp;</p>
<p>La voz personal que habla en nombre de muchos lo hace en presente: <em>I manutari </em>sono<em> ritornati </em>(atenci&oacute;n al ritmo y la rima consonante: dos palabras de cuatro s&iacute;labas cada una con una monos&iacute;laba y una bis&iacute;laba logran el milagro de un suave crescendo). Describe algo que se repite circularmente (<em>ri-toranti</em>), que marca los tiempos de los hombres en su iteraci&oacute;n y que se acerca a algo intemporal y en ese sentido fijo. Por eso, imperceptiblemente tambi&eacute;n, como los p&aacute;jaros se despliegan en el cielo, la voz en el texto se torna m&aacute;s impersonal y aparecen los verbos en tercera persona y los pronombres reflexivos: &ldquo;la macchia si avvicina, &egrave; una nube veloce che s'allarga, si distende, incombe su di noi, il cielo &egrave; trafitto da mille frecce&rdquo; (&ldquo;la mancha se acerca, es una nube veloz que se ensancha, se extiende, se cierne sobre nosotros, mil flechas traspasan el cielo&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>La voz consigue el milagro de estar describiendo a un tiempo lo que ve y lo que recuerda. Escribe entre figuraci&oacute;n (lo que ve con los ojos) y abstracci&oacute;n (lo que sabe y recuerda). De ese modo se funde con el movimiento natural que, marcando el tiempo humano, est&aacute; fuera de &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> MADIERI, M. <em>La conchiglia y altri raconti.</em> Libri Scheiwiller (1998)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> MADIERI, M. Traducci&oacute;n de Valeria Bergalli y C&eacute;sar Palma, en <em>Mar&iacute;a y otros relatos.</em> Min&uacute;scula (2021).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Sep 2025 09:52:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un panteón postmoderno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-panteon-postmoderno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAVIER_ASI_IN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Raz&oacute;n del inconsciente</em>, de Javier Asi&aacute;in, es el nuevo libro del poeta y gestor cultural pamplon&eacute;s, editado por Cham&aacute;n Ediciones. Un compendio de poemas donde se acercan, mito y origen, hacia la psicolog&iacute;a y la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, bru&ntilde;ida con algunos elementos de cultura pop que acompa&ntilde;an y actualizan la propuesta. Abrir, con la cultura cl&aacute;sica: &ldquo;Para encender el n&uacute;cleo / de la mente humana&rdquo;, seguir con Adonis: &ldquo;Funesta alegor&iacute;a / de la hormona del crecimiento&rdquo;. El enfrentamiento entre Afrodita y David, el Antiguo Testamento y la Odisea, mezclar los imperios romanos, occidente y oriente, verbalizar estadios adaptados: &ldquo;La impotencia sexual / lo condena a un fr&iacute;o eterno&rdquo;. Viajar de Suiza a la playa helada de Ingmar Bergman, en la partida de ajedrez donde Woody Allen convive con la muerte: &ldquo;Que ataviado con una guada&ntilde;a / atentar&aacute;s contra tu padre&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; son las dimensiones? &iquest;Reglamentaci&oacute;n eucl&iacute;dea? "No hay mayor tit&aacute;n que el miedo". Me encuentro a Cenicienta y Campanilla conviviendo en el Mediterr&aacute;neo, &iquest;Qu&eacute; laberinto habita el minotauro?&nbsp;</p>
<p>Gestiona este poemario las preguntas a trav&eacute;s de sus propias interrogaciones, met&aacute;foras actualizadas del inconsciente colectivo. Existe un filamento de niebla que devora el recuerdo, pensando en Ariadna. Diana, la mujer maravilla de los tebeos que nos acompa&ntilde;an: &ldquo;El erotismo de creerse excepcional / fue llama y, a su vez, ceniza&rdquo;. Pienso en Gal Gadot, claro. Puesto que no solo nos entregamos a la oscuridad, est&aacute; Hamlet y est&aacute; Fausto: &ldquo;Ahora entiendo que con tanta presunci&oacute;n / Mefist&oacute;feles te comprar&aacute; a bajo precio&rdquo;. De la Biblia al p&eacute;plum, &ldquo;Un d&iacute;a acab&oacute; contigo / a base de rendirse cuentas&rdquo;. S&oacute;focles y Ant&iacute;gona: &ldquo;Te hizo esclava de su necesidad / y anciana de tu juventud&rdquo; y sigue con &ldquo;El d&iacute;a de tu entierro / apareci&oacute; tu nombre en la necrol&oacute;gica&rdquo;. Guardar y consumir ejemplares, meter la vida en cajas, llenas de libros, voluminosa poes&iacute;a: &ldquo;Acaso nadie les ense&ntilde;&oacute; / qu&eacute; hacer con la abundancia&rdquo;. Cera, sol, ceguera. Ese sol estaba tan alejando en aquellos tiempos que parec&iacute;a una estrella, as&iacute; que enhebramos la galaxia, en el cribado de las distancias: &ldquo;Y no existe un arte para el vuelo / cuando no se ha aprendido a caer&rdquo;. Vengo de una lectura anterior donde apareci&oacute; Francisco de Goya, alrededor del fuego, abrazo a los hijos de Saturno, as&iacute; que me reconforta esta explosi&oacute;n l&iacute;rica. En la escucha activa se refleja el autor y el lector, elementos activos, paralelismos, im&aacute;genes construidas, lenguaje no verbal: &ldquo;Ya ha existido un sesgo / un latido &iacute;nfimo&rdquo;. Lectura, subrayado en rojo, un lector distanciado de la poes&iacute;a que se acerca a este libro, un autor que contempla por encima del hombro, que lee y acompa&ntilde;a, artista y lector, una especie de di&aacute;logo a tres bandas, entre el autor, el lector y los protagonistas de los versos. As&iacute; que, encontr&aacute;ndonos en otra dimensi&oacute;n, saltar hacia otro espacio, de Peter Pan a Caperucita Roja, ejerciendo un simbolismo constante y disciplinado: &ldquo;La ni&ntilde;a feroz y el dulce lobo/de ojos misericordiosos/se aman a escondidas del mundo / en el mismo cuento&rdquo;. Saltar de lo cl&aacute;sico a las leyendas de ayer, que cristalizan en trastornos, movimientos, teor&iacute;as: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; importa si nadie entiende / ese v&iacute;nculo encendido entre memoria / y carne ensimismada?&rdquo; Amor indisoluble, no circunstancial. El est&iacute;mulo condicionado, la salivaci&oacute;n del animal, &iquest;qu&eacute; esperas de la existencia, pregunta el poeta? &ldquo;El ni&ntilde;o obedece al &iacute;ndice / y aprende el camino a las estrellas&rdquo;. Una poes&iacute;a que actualiza los referentes, que construye sobre el mito, que ejerce de demiurgo entre panteones y versos. Poeta que se reproduce en todas las voces posibles, paternidad, vida y cielo. Cierro, copio, paladeo: &ldquo;Un poema es un acto de redenci&oacute;n / en la penumbra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Asi&aacute;in, <em>Raz&oacute;n del inconsciente</em>, Cham&aacute;n Ediciones, Albacete ,2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Aug 2025 08:18:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las historias de la historia: un viaje literario por la memoria española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-historias-de-la-historia-un-viaje-literario-por-la-memoria-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAM_N_AC_N_FANLO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, doctor en Filolog&iacute;a, catedr&aacute;tico con una extensa trayectoria en cr&iacute;tica literaria y ensayos, figura indispensable de nuestra literatura m&aacute;s l&uacute;cida y comprometida, regresa con <em>Las historias de la Historia (Viajes de papel)</em>, publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza. Un libro singular, inasible en su g&eacute;nero, que cabalga entre el ensayo, el relato confesional y la cr&oacute;nica cultural. Con la complicidad de quien ha vivido con pasi&oacute;n sus lecturas, Ac&iacute;n nos invita a recorrer un mapa sentimental y cr&iacute;tico de la historia reciente de Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de las novelas que ha le&iacute;do, rele&iacute;do y pensado. Porque s&iacute;: leer, como vivir, es un viaje.</p>
<p>Este libro no es un ensayo hist&oacute;rico al uso. Es una invitaci&oacute;n a explorar la historia a trav&eacute;s de la literatura, un mosaico de voces y tiempos que da vida a la memoria colectiva mediante la palabra escrita. A lo largo de m&aacute;s de 300 p&aacute;ginas, Ac&iacute;n traza un recorrido profundo y poli&eacute;drico desde el convulso siglo XIX hasta la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea, entretejiendo historia oficial con experiencia literaria y personal.</p>
<p>As&iacute;, el lector encontrar&aacute; reflexiones que parten de la poes&iacute;a de Miguel Hern&aacute;ndez para comprender el drama humano de la Guerra Civil, o que se apoyan en la narrativa de Carmen Mart&iacute;n Gaite para adentrarse en las complejidades emocionales y sociales del franquismo. Estos y otros autores &mdash;devorados con pasi&oacute;n por Ac&iacute;n&mdash; son las lentes con las que propone leer y sentir nuestro pasado. Porque <em>Las historias de la Historia</em> no solo es un libro sobre historia y literatura; es tambi&eacute;n un autorretrato del lector que escribe, una confesi&oacute;n sincera donde se vislumbra la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre conocimiento, memoria e identidad cultural.</p>
<p>El libro se estructura en una serie de ensayos breves y reflexiones fragmentadas que pueden leerse como piezas aut&oacute;nomas. Esta disposici&oacute;n no fragmenta el sentido, sino que enriquece la experiencia lectora: permite saltar de tema en tema como quien hojea un &aacute;lbum de recuerdos, descubriendo distintos &aacute;ngulos de un mismo paisaje. Cada cap&iacute;tulo es un &ldquo;viaje de papel&rdquo;, en el que la literatura y la historia se entrelazan para mostrar c&oacute;mo las letras han sido testigos y agentes de los procesos sociales y culturales que han moldeado Espa&ntilde;a.</p>
<p>Ac&iacute;n subraya esta conexi&oacute;n en una frase que atraviesa toda la obra: &ldquo;Leer la historia a trav&eacute;s de la literatura no es solo un ejercicio acad&eacute;mico; es un modo de revivir el pasado, de sentirlo con los sentidos del alma. En cada texto, hay una memoria viva que reclama ser escuchada m&aacute;s all&aacute; de los datos y las fechas.&rdquo;</p>
<p>Hay en estas p&aacute;ginas muchas confesiones, sinceras y directas, en las que Ac&iacute;n se muestra no solo como lector y cr&iacute;tico, sino como ciudadano. Su percepci&oacute;n de Espa&ntilde;a se revela a trav&eacute;s de las novelas le&iacute;das: historias que nos muestran c&oacute;mo hemos sido, c&oacute;mo nos vemos y c&oacute;mo hemos cambiado. La memoria, el viaje, la relectura y la imaginaci&oacute;n se convierten en las herramientas principales para tender puentes entre el pasado y el presente, sin caer en simplificaciones ni esl&oacute;ganes. Porque, como bien dice, sin conocer el pasado &mdash;con su dolor y alegr&iacute;a&mdash; no es posible ser verdaderamente ciudadanos.</p>
<p>Hay cap&iacute;tulos que destacan por su implicaci&oacute;n personal, como el dedicado a la Guerra Civil parcelada por autonom&iacute;as, o el que revisa con mirada cr&iacute;tica la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola, alej&aacute;ndose del relato idealizado que durante d&eacute;cadas se impuso. Otros, como los que abordan la corrupci&oacute;n y las incertidumbres del &uacute;ltimo tercio del siglo XX, interpelan especialmente al lector joven o desencantado. En todos ellos, se aprecia una profunda apuesta por la relectura como acto &eacute;tico y pol&iacute;tico, como modo de resistir frente a la ignorancia, la manipulaci&oacute;n o la banalizaci&oacute;n.</p>
<p>Tampoco faltan ecos literarios y filos&oacute;ficos que enriquecen el discurso: citas de pensadores y escritores que acompa&ntilde;an la reflexi&oacute;n, la apuntalan o la matizan, record&aacute;ndonos que las letras no solo explican el mundo, sino que lo sostienen. Walter Benjamin, Jos&eacute; Saramago o Paul Auster aparecen en estas p&aacute;ginas como aliados de un pensamiento que se niega a rendirse a la amnesia colectiva. Porque s&iacute;: somos memoria. Y la imaginaci&oacute;n, nos dice Ac&iacute;n, es necesaria para mirar de frente la dureza de esa memoria sin dejarnos arrastrar por el odio o el cainismo que han marcado buena parte de nuestra historia.</p>
<p><em>Las historias de la Historia</em> est&aacute; dirigida a lectores interesados en la literatura y en la historia cultural, en una visi&oacute;n m&aacute;s humana y plural del pasado. No busca una cronolog&iacute;a acad&eacute;mica ni una verdad definitiva. Es un libro que se abre como una conversaci&oacute;n, con sus pausas, sus desv&iacute;os y sus momentos de emoci&oacute;n. Para quienes no conozcan a&uacute;n a fondo la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, puede ser un excelente punto de partida. Para quienes ya la habitan, una forma distinta de volver a ella, de releerla con otros ojos y otra conciencia.</p>
<p>En definitiva, Ram&oacute;n Ac&iacute;n nos regala un viaje apasionante donde la historia deja de ser una sucesi&oacute;n de fechas para convertirse en una experiencia viva, narrada con sensibilidad, rigor y hondura emocional. Este libro es una invitaci&oacute;n abierta a recorrer ese territorio compartido donde la memoria y la literatura construyen, cap&iacute;tulo a cap&iacute;tulo, la historia de Espa&ntilde;a. Un viaje de papel con destino a lo m&aacute;s hondo de lo humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, <em>Las historias de la Historia (Viajes de papel), </em>Zaragoza, Prensas Universitarias, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Aug 2025 07:58:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el paisaje invade el poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-el-paisaje-invade-el-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/una-mirada-al-horizonte-geografia-y-paisaje-en-la-poesia-hispanica-contemporanea_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Estamos ante uno de los primeros resultados del grupo de investigaci&oacute;n surgido en la Universidad de Zaragoza y reconocido por el Gobierno de Arag&oacute;n, el Laboratorio de Investigaciones Literarias Abisal Margen y que, en el marco de sus actividades durante el periodo 2023-2025 ha generado este compendio de estudios que lleva por t&iacute;tulo: &ldquo;Una mirada al horizonte. Geograf&iacute;a y paisaje en la poes&iacute;a hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea&rdquo;. Art&iacute;culos de investigaci&oacute;n en los que se encuentran reconocidos autores que estudian el marco de lo geogr&aacute;fico y el paisaje en distintos autores del canon po&eacute;tico espa&ntilde;ol, tanto de este como del pasado siglo.&nbsp;</p>
<p>En esta rese&ntilde;a revisamos alguno de ellos, sin deseo de ser exhaustivo y con un deseo, sobre todo, divulgativo y, sobre todo, pasional, como el inter&eacute;s que despierta el primero de ellos, &ldquo;Cancioneros urbanos&rdquo;, dedicados a la obra de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y Luis Garc&iacute;a Montero, donde se mezcla cultura popular y rock con los versos de dos autores reconocidos por el pen&uacute;ltimo canon de la literatura espa&ntilde;ola. M&aacute;s all&aacute; de las motivaciones de cada uno de ellos, su impacto entre la cr&iacute;tica y, sobre todo, el p&uacute;blico, compiten con la presencia medi&aacute;tica y pol&iacute;tica, donde, para el an&aacute;lisis, hay que separar obra y persona. Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, primero poeta, con su aparici&oacute;n entre los <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles</em> (1970) y que, utilizando sus recuerdos de la primera posguerra y los a&ntilde;os previos al desarrollismo, utiliza un collage acumulativo para dar rienda a su pasi&oacute;n por la copla, los personajes de las revistas de la &eacute;poca (en el escenario y en el papel), incluyendo revistas y todo mezclado con el cine negro y los barrios rojos (o chinos) de su ciudad de Barcelona. Adentr&aacute;ndose en el tono <em>camp</em> de parte su obra, capaz de unir a Vicente Aleixandre y el D&uacute;o Din&aacute;mico. La presencia de una canci&oacute;n como &ldquo;Tatuaje&rdquo;, que servir&iacute;a de t&iacute;tulo para la primera novela de su ic&oacute;nico personaje Pepe Carvalho es el ejemplo claro del intento del autor barcelon&eacute;s de capturar la derrota, la pena, el hambre a trav&eacute;s de las canciones de la radio y, m&aacute;s tarde, trasladarlas a los versos. No aparece por encontrarse fuera del friso temporal propuesto, pero no est&aacute; de m&aacute;s recordar la adaptaci&oacute;n que realiz&oacute; Gabriel Sope&ntilde;a para Loquillo del poema &ldquo;In&uacute;til escrutar tan alto cielo&rdquo;, que apareci&oacute; en 1998 como parte del disco <em>Con elegancia</em>, dedicado a los autores contempor&aacute;neos, y que, de alguna manera, entronca con la propuesta de Luis Garc&iacute;a Montero, conocido en a&ntilde;os posteriores por sus andanzas pop junto a Joaqu&iacute;n Sabina o Benjam&iacute;n Prado, en una especie de <em>intelligensia progre</em>, de inviernos en Madrid y veranos en Rota, pero que, en los albores del primer gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez, en 1983, ya pivotaba con gracia entre el<em> underground </em>y el poder. Rimado de la ciudad con poes&iacute;a musicada, con el comienzo de la movida de Granada, TNT y Magic, antes del advenimiento de Joe Strummer siguiendo a Garc&iacute;a Lorca, mucho antes de 091 o de Los Planetas. Consiguen revisar un poema de Garc&iacute;a-Montero y llevarlo, recordando las letan&iacute;as ochenteras de Lou Reed, a diez minutos. Endecas&iacute;labos arriba y abajo, subidos a lo el&eacute;ctrico.&nbsp;</p>
<p>De la canci&oacute;n ligera a &ldquo;El paisaje en la poes&iacute;a de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s&rdquo; por Cristina Bartolom&eacute; que se apoya en la poes&iacute;a completa de la autora, donde destaca la importancia que en su obra tiene la captaci&oacute;n a trav&eacute;s de lo visual. Otro tipo de "Paisajes", es decir, se inclina por describir escenas pict&oacute;ricas, dibujos o cuadrados de espacios naturales creados otros artistas, en el denominado bloque de la exposici&oacute;n: Amadeo de Souza- Cardoso, artista portugu&eacute;s de estilo de vanguardia, La ca&iacute;da de &Iacute;caro en otro, Eleg&iacute;a a la madre muerta, ella, los p&aacute;jaros. El contacto de este tema con la naturaleza &ldquo;miro los campos / comienzo por la blanca primavera / nade me habla / anido en un anciana silenciosa&rdquo;. Trozos de vida arraigados muy en el fondo y que sustentan la densa materia que es la vida. En su obra encontramos repetici&oacute;n, de las mismas im&aacute;genes que act&uacute;an como un hilo conductor, resaltando la universalidad y la pertenencia de ciertas experiencias. &ldquo;Lo solo del animal&rdquo;, p&aacute;jaros, &aacute;rboles, agua y dejando claro que el paisaje en la poes&iacute;a de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s no forma parte &uacute;nicamente del escenario de fondo, sino que es fundamental en la construcci&oacute;n de una identidad l&iacute;rica, tal y como ya anuncian sus veros. La descripci&oacute;n no solo indica lo visual, tambi&eacute;n es filtrada a trav&eacute;s de los sentidos y alcanza un sentimiento corporal.&nbsp;</p>
<p>El cap&iacute;tulo dedicado a &ldquo;El paisaje en la poes&iacute;a de Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana, una lectura desde la ecocr&iacute;tica&rdquo; a cargo de David Bendicho Muniesa, donde nos muestra la manera en la que un autor, es capaz de realizar la ecocr&iacute;tica, una forma de adscribir los poemas al entorno y el paisaje. El estudio previo de Javier Barreiro resulta altamente nutritivo, con la forma de a&ntilde;adir el productor del desarraigo que el exilio y la Guerra Civil producen en un autor. Ese exilio resulta, dentro de la poes&iacute;a, una nueva patria, donde el choque entre la realidad y el recuerdo permite o busca el refugio en el interior, idealizando aquel mundo anterior, una Espa&ntilde;a que, desde la nostalgia, se sue&ntilde;a de manera colectiva. La imaginer&iacute;a de la poes&iacute;a y la salida, el recuerdo de Espa&ntilde;a, acaba, desde M&eacute;xico, en una especie de concepto de las Espa&ntilde;as, cercana a trav&eacute;s de la redacci&oacute;n de la revista Arag&oacute;n, donde se aglutinan los escritores de todas las tendencias en la b&uacute;squeda de la concordia. La contradicci&oacute;n, el enfrentamiento, la tierra &aacute;rida frente a la contemplaci&oacute;n del mar. Se inunda el recuerdo con la muerte y la muerte abona la tierra.&nbsp;</p>
<p>El cap&iacute;tulo a cargo de Nacho Escu&iacute;n es, sin duda, uno de los m&aacute;s nutritivos y enlaza, de alguna manera, con la ficci&oacute;n de su &uacute;ltima novela, <em>Algo parecido a un sue&ntilde;o o a un poema de Robert Frost</em> editada por Los libros de El Gato Negro este a&ntilde;o 2025. &ldquo;Notas para una geograf&iacute;a del afuera&rdquo; sigue la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica&nbsp; en la que el autor turolense se ha centrado en estos&nbsp; &uacute;ltimos tiempos: el estudio de la evoluci&oacute;n de la poes&iacute;a nacional desde el centro a la periferia. Una poes&iacute;a que no tiene que pivotar sobre Madrid, que no acude a Barcelona, que tiene otros lugares, otros puntos: esquiva Madrid como lugar de nacimiento, como mucho de desarrollo, Lucas Rodr&iacute;guez o Sof&iacute;a Casta&ntilde;&oacute;n, en Barcelona Myriam Reyes, cuando las editoriales y ciertos circuitos se encuentran en el norte, Gij&oacute;n con David Gonz&aacute;lez y&nbsp; Le&oacute;n con Vicente Mu&ntilde;oz y&nbsp; Antonio Gamoneda, mezclando el academicismo&nbsp; del blues castellano con fanzines como <em>Vinalia Trippers</em>. H&iacute;bridos, antolog&iacute;as, estado y habitantes, geograf&iacute;a...&nbsp; Sur, Antonio Orihuela, el encuentro con Uberto Stabile, las "Voces del Extremo" en Huelva, en Punta Umbr&iacute;a. Sin olvidar la importante labor de Canarias a trav&eacute;s de la editorial Baile del Sol o la tradici&oacute;n de Andaluc&iacute;a, siempre floreciente, con Pablo Garc&iacute;a Casado como referente can&oacute;nico (parte de la importante cantera de la m&iacute;tica editorial DVD) pero, sobre todo, con la labor de La Bella Varsovia, con Elena Medel y libros como los de Yolanda Casta&ntilde;o o la anteriormente citada Sof&iacute;a Casta&ntilde;&oacute;n que supusieron un punto y aparte en la nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola de final de siglo. No pod&iacute;a quedar fuera Logro&ntilde;o, con la editorial 4 de agosto, su fondo de autores a trav&eacute;s de las<em> plaquettes</em> editadas a lo largo del a&ntilde;o y, sobre todo, en su festival Agosto Clandestino... puede que sea el pudor lo que haga que no se detenga en Arag&oacute;n, en Zaragoza m&aacute;s bien, y en esa d&eacute;cada entre 2005 y 2015 de editoriales, recitales y escritores. S&iacute; que es importante, dentro de la din&aacute;mica de la geograf&iacute;a, los nombres de Enrique Villagrasa y Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo que, partiendo de capitales de provincia, lejos ya de sus lugares de origen, regresan con sus versos a un estudio emocional de su pasado ampar&aacute;ndose en la reconstrucci&oacute;n del paisaje.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Castilla&rdquo; en &ldquo;Poes&iacute;as&rdquo; de Miguel de Unamuno: el producto de unas &ldquo;Impresiones de viaje&rdquo; por Valeria Grancini, de la Universidad de Zaragoza. Recordando la manera tard&iacute;a en la que Miguel de Unamuno se incorpor&oacute; a la poes&iacute;a para producir una obra basada en el recorrido, las pasiones geogr&aacute;ficas, la gran Espa&ntilde;a. Entre las distintas tierras elige Castilla, desde las murallas de &Aacute;vila, la bas&iacute;lica de San Isidoro de Le&oacute;n, o el Monasterio de la Granja de Moreruela. Disfruta el lector aragon&eacute;s: &ldquo;las tierras tr&aacute;gicas de la sobremesa aragonesa&rdquo;, tierras tristes, sah&aacute;ricas, esteparias: &ldquo;pero muy hermosas, solemnemente hermosas&rdquo;. Dios, Castilla, en la rugosa palma de tu mano: escribe con teor&iacute;as sobre un Dios-Mundo que con sus brazos lo abarca todo. Unamuno en su l&iacute;rica parece encontrar la paz en los retiros de las viejas y peque&ntilde;as ciudades que parece que no se muevan ni progresan. La revisi&oacute;n de la obra de Gerardo Diego a cargo de Rafael Morales Barba incide en la presencia de los paisajes del mar c&aacute;ntabro en el poeta espa&ntilde;ol. Una Cantabria de mar y monta&ntilde;a, con Santander, ciudad estirada y larga, una ciudad que uno visita y se encuentra atrapado por el metal, la n&aacute;utica, la mar brava. La ciudad hab&iacute;a aumentado en el tiempo en el que el poeta escribe sobre ella y el mismo considera que los grandes bloques dificultan el aire puro: &ldquo;Habitaciones de hotel&rdquo;, Santander ciudad, la relaci&oacute;n con el Cant&aacute;brico: &ldquo;Otra vez el mar/se ha declarado en huelga/y no quiere acompa&ntilde;ar&rdquo;. Gerardo Diego, gram&aacute;tica del poeta, mar, creaciones, saber que mirar el mar es eterno, que alcanza el desierto del alma. Sea luna, ola, plata y gemido.&nbsp;</p>
<p>En los &uacute;ltimos art&iacute;culos nos encontramos primero con otro de los coordinadores del volumen, Antonio P&eacute;rez-Lasheras, que se adentra (nunca mejor dicho) en el poema &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo; de Julio Antonio G&oacute;mez, el poeta, el m&aacute;s moderno entre los que se atrevieron a serlo, m&aacute;s all&aacute; de la Zaragoza gusanera, nunca, en realidad, superado. Julio Antonio G&oacute;mez, personaje de novela, extremo como los que habitan los sue&ntilde;os, homosexual cuando serlo era peligroso, casi delictivo, Paul Bowles, William S. Burroughs, T&aacute;nger... Zaragoza, Canarias, Acerca de las trampas, el lago. En el poema aparece Zaragoza como un ente po&eacute;tico, en una d&eacute;cada o en todas, es dif&iacute;cil de saber por la condici&oacute;n mutante que la capital Zaragoza llena ofreciendo en estos lustros infinitos de iteraciones y exigencias, para ella y sus habitantes, m&aacute;s sufrientes que hambrientos. Jud&iacute;os feroces pintados de negro, cartograf&iacute;a m&iacute;tica, intuitiva y nutricia. Silencios y abrir los ojos a los cielos. Poemas le&iacute;dos en el seminario de poes&iacute;a de la universidad de Zaragoza en el a&ntilde;o 1970. C&aacute;rcel de Torrero, fuera de la generaci&oacute;n de F&eacute;lix Romeo. Ira del Cierzo, de Miguel Labordeta. Zaragoza amarilla, po&eacute;tica y pol&iacute;tica. La composici&oacute;n &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo; no forma parte de ninguno de sus poemarios conocidos y su &uacute;nica edici&oacute;n en papel apareci&oacute;, junto al resto de sus obras completas, en 1992. Los libros de Julio Antonio G&oacute;mez, en especial la reedici&oacute;n realizada por los Libros del Se&ntilde;or James en el 2011: <em>Al oeste del lago Kivu los gorilas se suicidan en manadas numeros&iacute;simas</em>, ofrecen una profundidad l&iacute;rica absoluta, una valent&iacute;a y modernidad que es nutricia para cualquiera de los poetas de distintas generaciones. En el texto el poeta va describiendo la ciudad, Zaragoza, des los cuatro puntos cardinales, pero, curiosamente no describe su interior, su esencia sino sus fronteras, junto al nombre de la ciudad: &ldquo;Zaragoza limita&rdquo;. Es decir, el poeta nos marca los l&iacute;mites, circula por las m&aacute;rgenes de la ciudad. Emparentada, generacionalmente y geogr&aacute;ficamente -claro-, con la poes&iacute;a de Miguel Labordeta, ambos encuentran en los accesos y los decesos de la ciudad lugares hermanados.&nbsp;</p>
<p>Cierra el compendio de art&iacute;culos coordinados un texto de Alfredo Salda&ntilde;a, uno de los referentes en lo &eacute;tico y lo est&eacute;tico del grupo Abisal Margen. Un estudio referido al desierto como elemento de la poes&iacute;a y las po&eacute;ticas en construcci&oacute;n. Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Apalabrar el silencio&rdquo;, Salda&ntilde;a trata la palabra desierto como algo epif&aacute;nico, un lugar donde el silencio encuentro su lugar infinito, proponiendo (no disponiendo) si ese lugar es hospitalario o inh&oacute;spito. La palabra es nutricia y recobra su fuerza bajo tierra, all&iacute; resulta, a la vez, revelada y reveladora. &ldquo;Desierto&rdquo; es un lugar en el que la arena es al mismo tiempo amenaza y protecci&oacute;n para el sujeto, sumido en una poes&iacute;a que se construye en una silenciosa tierra de frontera. Con la presencia de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &ldquo;Viene de un no lugar&rdquo;, la palabra se forma cuando se hace el silencio. El silencio es el territorio de la palabra, la palabra viene de una larga espera, de un prolongado silencio. La aparici&oacute;n en el texto de otro poeta, Jos&eacute; Emilio Pacheco, acompa&ntilde;ando el discurso de Alfredo Salda&ntilde;a: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; / la sequ&iacute;a que nombra el desierto / atravesarlo de sol&rdquo;. Salda&ntilde;a cierra con su intenci&oacute;n, la se apalabra el desierto sin cercarlo, quitando el alambre a las palabras, haciendo que la poes&iacute;a sea el lenguaje que otorgue presencia a la met&aacute;fora, ausencia, identificada del desierto, as&iacute; el silencio cubre al poeta con su aliento blanco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio P&eacute;rez Lasheras y Nacho Escu&iacute;n (coords.), <em>Una mirada al horizonte. Geograf&iacute;a y paisaje en la poes&iacute;a hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Jul 2025 08:45:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la naturaleza abstracta del ser humano y sus expresiones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-la-naturaleza-abstracta-del-ser-humano-y-sus-expresiones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/manuel-martinez-forega-2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Publicado por Pregunta Ediciones,&nbsp;<em>Verissimum mendacium</em> recoge los aforismos y reflexiones del poeta y ensayista Manuel Mart&iacute;nez-Forega. Un volumen continuista con la obra del escritor nacido en Molina de Arag&oacute;n en 1952 y que lleva d&eacute;cadas compaginando el ensayo con la creaci&oacute;n. Entre sus &uacute;ltimas publicaciones sus <em>Ensayos censores</em> IV y V (Pregunta, 2020 y 2021) y el volumen <em>El viaje exterior. Le&oacute;n Felipe: de la soledad espa&ntilde;ola al definitivo exilio mexicano</em> (Olifante, 2018). Es inevitable nombrar algunos de sus poemarios m&aacute;s celebrados dentro del canon aragon&eacute;s como <em>Ademenos</em> (Olifante, 2008), <em>333 d&iacute;as</em> con el que obtuvo el Premio de poes&iacute;a Miguel Labordeta de 2005 y su obra clave, <em>He roto el mar</em>, cuya &uacute;ltima revisi&oacute;n, en el a&ntilde;o 1993, edit&oacute; Prensas Universitarias de Zaragoza.&nbsp;</p>
<p>En este libro, Manuel Mart&iacute;nez-Forega divide su visi&oacute;n de la existencia, del ser humano, en distintos estadios, cap&iacute;tulos que abarcan lo universal a trav&eacute;s de distintas intervenciones en lo particular. El amor definido como libertad para amar sin exigencias. Poeta siempre, en las primeras p&aacute;ginas encontramos sentencias como: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo el amor quedar&aacute; tendido chorreando corazones en la noche?&rdquo;. Reflexi&oacute;n sobre esa misma poes&iacute;a, unida de manera indisoluble al amor, si te miro, veo la luz, si te veo me ciegas. Citamos a Forega: &ldquo;Transformar el mundo en templo, en liturgia la palabra y el poema en rito&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Exalta el peregrinaje en la poes&iacute;a: &ldquo;La poes&iacute;a se expresa donde los dem&aacute;s g&eacute;neros guardan silencio&rdquo;. Profundiza Forega, cuando el lenguaje parece haber alcanzado su l&iacute;mite significador, al situarnos asomados al abismo del m&aacute;s irremplazable silencio. Entonces, usando la misma construcci&oacute;n, el poeta, el escritor, enhebra: &ldquo;All&iacute;, donde toda la palabra se diluye en el magma de la nada sem&aacute;ntica, all&iacute; mismo surge la poes&iacute;a&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Forega denuncia que en las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas la poes&iacute;a espa&ntilde;ola no admite un simple an&aacute;lisis escolar. Forega devora lo cl&aacute;sico, admite la potencia europea, la poes&iacute;a, que lo oculta todo, as&iacute; que hace de los versos una materia f&iacute;sica y una sustancia ps&iacute;quica. Se sirve, as&iacute;, de una experiencia propia, la de amanuense profundo, la materia viva que avanza hacia su caducidad final. As&iacute; que es una arquitectura extrema y exigente. Incluso se atreve, postul&aacute;ndose de manera org&aacute;nica, en la vida, desde la microbiolog&iacute;a a la estructura tetra&eacute;drica del carbono.&nbsp;</p>
<p>Y de la Poes&iacute;a, al Poeta. &iquest;Soledad? El poeta, que es actor y vive, hace. En la soledad del creador siempre, si es poeta real, tiene apetito en su posici&oacute;n de demiurgo. Una soledad divina. El resto, los otros, no son m&aacute;s que una caterva, escritores que parten l&iacute;neas con una acumulaci&oacute;n de met&aacute;foras.&nbsp;</p>
<p>Habla, tambi&eacute;n, de la inteligencia instintiva de autores como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Manuel Mart&iacute;nez-Forega, entre Luis Alberto de Cuenca y &Aacute;ngel Guinda, sumido en ese apetito del que habl&aacute;bamos antes, traduce e interioriza una poes&iacute;a herm&eacute;tica y profunda de Paul Val&eacute;ry, Paul Verlaine o Laurent Tailhade. Se acerca, geogr&aacute;fica y literariamente, a la poes&iacute;a checa: Vladim&iacute;r Holan, Franti&scaron;ek Halas y Josef Kostohryz, demostrando una capacidad y una sapiencia que lo colocan entre nuestros intelectuales de referencia. Cito esta actividad, frugal dentro de su trayectoria, como detalle para entender la capacidad del autor para referirse a la naturaleza misma de la poes&iacute;a y adentrarse en otro cap&iacute;tulo como &ldquo;La vida, la soledad y el ser&rdquo;. Una intersecci&oacute;n, especie de diagramas de Venn donde la lectura, definida como el oto&ntilde;o de los fantasmas, acuna con su queroseno la proclamaci&oacute;n de la existencia completa. Por vivir se fundar&aacute; en lo vivido.&nbsp;</p>
<p>Se acerca a la libertad, que evito escribir con may&uacute;scula, a pesar de su carencia de tipos o especies, como escribe Forega, puesto que es un absoluto y solo un miope o un sectario encontrar&iacute;a la carencia o la incertidumbre en ese diagn&oacute;stico. No es casualidad que sea el amor y la poes&iacute;a lo que encabece el volumen y abarque el hecho puro de la existencia, existe incertidumbre en la misi&oacute;n de conocer el misterio de la vida, as&iacute; que el af&aacute;n del total, limitado por el suicidio (que denota, de manera existencialista, como el &uacute;nico acto de libertad plena, sentencia con la que me permito no estar de acuerdo en el fondo, m&aacute;s all&aacute; de la tautolog&iacute;a de la forma), que me hace arquear la misma ceja que al autor frente a la &uacute;ltima pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a, vac&iacute;a y moribunda, pero que sigue caminando.&nbsp;</p>
<p>Revisa, en el camino de la vida, la existencia, entre la religi&oacute;n y la muerte: todo ser vivo, al morir, se convierte en un iniciado en la muerte, nada de ese rito se nos dice, se comparte, as&iacute; que, reflexiona con la situaci&oacute;n de las personas, que quedan, simplemente, en su imaginaci&oacute;n. Sobre esa misma religi&oacute;n, habla del origen de las confesiones que creen en el m&aacute;s all&aacute;, con esa separaci&oacute;n entre el muerto y el vivo. Entre el que se marcha y queda, sin m&aacute;s acci&oacute;n que la del ritual, sin m&aacute;s que la fe como propuesta.&nbsp;</p>
<p>Llegamos a la parte del lenguaje, la forma, el arte y la est&eacute;tica. De nuevo, como si se construyeran, desde el verso hacia la vida, con la manifestaci&oacute;n pen&uacute;ltima, de la acci&oacute;n art&iacute;stica. Manuel Forega ha realizado cr&iacute;tica de arte, adem&aacute;s de ser editor de la revista <em>Pasarela de Artes Pl&aacute;sticas </em>dirigida por el pintor Eduardo Laborda. La obra de arte es una realidad ejemplar, que se remite espec&iacute;ficamente hacia el conocimiento simb&oacute;lico. De ah&iacute; que el autor otorgue un sentido propio m&iacute;nimo. Habla de la manera en la que el ser humano crea, puesto que no escribe sobre la necesidad, incide directamente en la obligaci&oacute;n de crear, como una manera de consumar su propia existencia. Cita, en el apartado del lenguaje y su forma, a Arthur Rimbaud y Paul Celan, consagrando la esencia de la poes&iacute;a contra la maldad desde Adorno y su conocida sentencia: &ldquo;Escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz es un acto de barbarie&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Escribir, ahora, es ocupar un espacio en el tiempo. As&iacute;, en la misma est&eacute;tica sobre la que trabaja las palabras de Forega, enuncia la necesidad del fatalismo del h&eacute;roe cl&aacute;sico, que funciona como sustento para el arte y la est&eacute;tica: &ldquo;Lo sencillo es mirar/ver es complejo&rdquo;, &iquest;queda sitio para la cr&iacute;tica del arte? Quiz&aacute; sea necesaria una formaci&oacute;n de la que el p&uacute;blico, ya no generalista, incluso formado, carece. Pero s&iacute; que Forega es capaz de seguir manteniendo su b&uacute;squeda de los l&iacute;mites del arte, encontr&aacute;ndolo en el lenguaje y siendo el lenguaje de la pintura, la pintura misma. Son las exigentes sintaxis y lexicograf&iacute;a las que construyen la existencia con sus caracter&iacute;sticas morfocrom&aacute;ticas. Habla, Forega, del arte de la caverna.&nbsp;</p>
<p>Un libro, el de Manuel Mart&iacute;nez Forega, exigente para el lector, que construye y recapitula parte de la construcci&oacute;n completa de una obra donde la creaci&oacute;n y el estudio del autor sigue avanzando hacia una perspectiva completa. Se cierra, de manera natural, en el reconocimiento del ser humano frente a cualquier otra definici&oacute;n abstracta, al recoger poes&iacute;a, arte y vida.&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Manuel Mart&iacute;nez-Forega,<em> Verissimum</em> <em>mendacium</em>, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Jul 2025 11:43:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una voz divina contra el silencio de la muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-voz-divina-contra-el-silencio-de-la-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DAVID_CONDE_VITALLA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>David Conde Vitalla (Zaragoza, 1997) ha publicado dos libros de poemas, <em>Sube a nacer conmigo</em> (Los libros del gato negro, 2019) y, en la misma editorial, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, <em>El lenguaje de los ojos.</em> As&iacute;, <em>Esta hiriente luz</em> que aparece en la colecci&oacute;n de La gruta de las palabras, dentro de Prensas Universitarias de Zaragoza, constituye la tercera entrega en su obra l&iacute;rica.&nbsp;</p>
<p>El libro se divide en varias partes o cap&iacute;tulos, comenzando con el primero, &lsquo;Osario&rsquo;. La cita de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente advierte de la presencia de la verdad y la muerte como gu&iacute;as ante los versos, temas que convergen en espacios simb&oacute;licos, herm&eacute;ticos y atemporales: &ldquo;La vida es un cuerpo que todav&iacute;a ignora / el verdadero tacto de la tierra&rdquo;. Se habla de la ceremonia de la muerte en plena existencia, con t&eacute;rminos como el hambre, con ausencia de labios: &ldquo;Los besos han desaparecido&rdquo;. el imprescindible pante&oacute;n, de dioses de un cielo yermo, ser&aacute; compa&ntilde;&iacute;a para el lector a lo largo de las siguientes partes. &rsquo;Sed y carne&rsquo;: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde refugiarnos/cuando venga el incendio/a convertir nuestros cuerpos en olvido?&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Existe en Conde una l&iacute;rica de ciudad abandonada, millones de a&ntilde;os de fantasmas y polvo, discuten las razas humanas, las antiguas y las primigenias, volver a la ceremonia: &ldquo;Qui&eacute;n se preocupa por los muertos / en esta tradici&oacute;n de sepulturas&rdquo;. Ciudad, creencias, cicatrices. Flores que se elevan, se abren paso entre el alquitr&aacute;n y la ceniza del suelo, sepultura de la hierba. El poeta asfixiado: &ldquo;se derrumba el lenguaje / la t&iacute;mida sentencia de los ciegos&rdquo;. Volvemos al apetito atrasado: &ldquo;Tristeza por una memoria / que pasar&aacute; hambre&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En esos mismos rituales a los que el poeta somete la realidad, su discurso: &ldquo;Alguien arranc&oacute; los huesos de la sombra / y escuch&oacute; la canci&oacute;n de los flautistas&rdquo;. La descripci&oacute;n, el detalle, tiene m&aacute;s bien naturaleza de hechicer&iacute;a: &ldquo;El sol tr&aacute;gico /, evite reflejarse en las cenizas&rdquo;. Se alejan las musas y la naturaleza se realiza, demuestra que parte del oficio del poeta es la contemplaci&oacute;n: &ldquo;Has alzado el vuelo / los &uacute;ltimos reflejos de la tarde&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y alcanza la segunda parte, &ldquo;Nuestra tristeza&rdquo;, con cita de Vladimir Holan, otro oficio, otro lugar, la inspecci&oacute;n del poeta: &ldquo;Y buscas la lengua enterrada / la huella del &uacute;ltimo grito / porque es posible su desaparici&oacute;n&rdquo;. Y ve llegar la muerte, une especie de muerte, entre todas, una por cada poeta, por cada poeta: &ldquo;La noche se aloja en mis ojos, /una especie de muerte".&nbsp;</p>
<p>Volvemos a las ruinas, a las ciudades, muros de dolor, el silencio por la voz quebrada, &iquest;y la autoridad? Un dios (en min&uacute;sculas), desnudo, mudo, buscando huesos, alimento, mendigando la ausencia de rezos. El camino, otra vez, es parte del poema, como en verso: &ldquo;Las ra&iacute;ces hieren de caminos el silencio&rdquo;. Construyen un paganismo l&iacute;rico: &ldquo;Una ceremonia desconocida / cuando cese la palabra / desaparecer&aacute; / como los muertos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La batalla, la paz, la convivencia de la voz con el silencio. Loa del destino, las transformaciones, el erudito narrador de la muerte: &ldquo;La idea de la muerte desaparece / ante la muerte&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La tercera parte, &ldquo;Esta escritura&rdquo;, donde dios y el poeta conviven, acude el silencio: &ldquo;tu voz desaparece&rdquo; y el vac&iacute;o es un hogar c&aacute;lido para la luz. Recibe y ofrece memoria: &ldquo;La sed de los muertos / se ha conservado/en las ciudades&rdquo;, &iquest;y tu dios? &iquest;Qui&eacute;n lo necesita? El mito despierta aqu&iacute;, el poeta anuncia: &ldquo;Yo soy el cielo que yace, la &iacute;ntima derrota de los dioses&rdquo; y sigue, desde la garganta hasta la tinta: &ldquo;Un himno sordo / el dios que desaparece&rdquo;. Y entonces, el poeta, David Conde Vitalla, se acerca, avisado, con la mano, la otra mano, puede que sea &eacute;l, puede que sean otros, pero all&iacute; quedar&aacute;n, muerte y dios: &ldquo;Alguien vendr&aacute; y recoger&aacute; estas manos fr&iacute;as&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Conde Vitalla, <em>Esta hiriente luz</em>, Zaragoza, PUZ, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Jul 2025 08:49:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una pasión por el recuerdo, un catálogo de instantes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-pasion-por-el-recuerdo-un-catalogo-de-instantes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JES_S_MARCHAMALO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La vida imaginada</em> de Jes&uacute;s Marchamalo es un regalo. Del autor para nosotros, del autor para s&iacute; mismo. Comunicador, coleccionista, conversador, Jes&uacute;s Marchamalo lee como que quien captura el recuerdo, con avidez y cari&ntilde;o. Del mismo modo, escribe, como si quisiera atrapar en las p&aacute;ginas de este dietario, mixto e h&iacute;brido, algunos de los hitos m&aacute;s importantes de su larga trayectoria acompa&ntilde;ando la cultura espa&ntilde;ola del siglo pasado y de este.&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo (Madrid, 1960) ama a los escritores tanto o m&aacute;s que sus obras, porque, al final, las obras son consecuencias de sus autores. Con <em>Retrato de Baroja con abrigo</em> (N&oacute;rdica, 2013), <em>El bolso de Blixen</em> (N&oacute;rdica, 2016), <em>Pessoa, gafas y pajarita</em> (N&oacute;rdica, 2017) o <em>Kafka con sombrero</em> (N&oacute;rdica, 2014), uno puede encontrar pistas sobre esa pasi&oacute;n que encuentra un cap&iacute;tulo m&aacute;s en su reciente <em>Dickinson y las violetas</em>, tambi&eacute;n editado por N&oacute;rdica.&nbsp;</p>
<p>Igualmente recomendables son otras obras menos conocidas como <em>Tocar los libros</em>, editado por F&oacute;rcola, o <em>39 escritores y medio</em>, con ilustraciones del pintor Dami&aacute;n Flores (Siruela, 2006). Con manos que unen piezas, con collages que dan fondo de revista, de peri&oacute;dico apilado en librer&iacute;a de lance, al fondo, los textos emergen con la pasi&oacute;n de los recuerdos que uno quiere atrapar antes de que la memoria traicionera se los lleve para siempre. Habla Jes&uacute;s Marchamalo de la m&iacute;tica &ldquo;Biblioteca de los libros perdidos&rdquo;, construcci&oacute;n mental y pasional que te puede recordar a la vez a Jorge Luis Borges (y su c&iacute;rculo porte&ntilde;o de ilusionistas) y el <em>Sandman</em> de Neil Gaiman, icono pop de los a&ntilde;os de reescribir la tradici&oacute;n a trav&eacute;s de las vi&ntilde;etas.&nbsp;</p>
<p>Acumulaci&oacute;n, revisi&oacute;n, la elecci&oacute;n: mejores ediciones, las baratas, las de mano, antiguas, de playa y piscina, de construcci&oacute;n de una vida como lector. Esas ediciones de las que habla Marchamalo, las que adquieres con poco dinero y menos barba, son los ladrillos fundamentales sobre los que se va a construir una estructura de pasiones y religiosidad literaria. Las bibliotecas, los libros, los escritores, sobre todo los lectores: en sus casas (o locales, pisos, habitaciones, espacios de alta densidad editorial), se produce una metamorfosis que tiene algo de plaga: todos los habit&aacute;culos responden a la llamada de Julio Cort&aacute;zar, una casa tomada por el mismo esp&iacute;ritu que recorre la de Jos&eacute; Luis Melero o Joaqu&iacute;n Sabina, de Enrique Cebri&aacute;n o Luis Rabanaque (la de Fernando Sanmart&iacute;n e Ignacio Escu&iacute;n, tambi&eacute;n, sospecho). &iquest;Qu&eacute; libro fue el que provoc&oacute; un salto cualitativo en ti?&nbsp;</p>
<p>Es <em>La vida imaginaria</em> de Jes&uacute;s Marchamalo un volumen que, m&aacute;s all&aacute; de las nutritivas an&eacute;cdotas o la pasi&oacute;n que lixivian sus p&aacute;ginas, nos propone una serie de preguntas, de cuestiones, de las que no podemos escapar: yo contesto, en esta rese&ntilde;a, sin verg&uuml;enza, ya disculpar&aacute;n. Quiz&aacute; comenzamos con <em>Mortal y rosa</em> de Francisco Umbral. Seguro. Tambi&eacute;n, perdonen la exquisitez, porque no estoy seguro de que me crean, <em>A puerta cerrada </em>de Jean Paul Sartre, y <em>Fando y Lis</em> de Fernando Arrabal. Era, digamos, mediados de los noventa. Y s&iacute;, era teatro. Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando estaba obsesionado con Buenos Aires, le&iacute; la novela mayor del mayor entre los argentinos contempor&aacute;neos, <em>Mantra</em> de Rodrigo Fres&aacute;n, mientras volaba de Madrid a Ezeiza. La novela definitiva sobre Ciudad de M&eacute;xico. O <em>El cielo</em> de Manuel Vilas. Una y otra vez, imitando su ritmo, busc&aacute;ndole por Zaragoza como una presencia para luego verlo desaparecer, como si nunca te hubiera visto, como si nunca lo hubieras conocido.&nbsp;</p>
<p>A Jes&uacute;s Marchamalo las rese&ntilde;as deber&iacute;an ser un compendio de respuestas a todas las preguntas que te propone en su libro. Yo aqu&iacute; lo hago. Me faltaba, claro, <em>Dibujos animados</em> de F&eacute;lix Romeo. Lo le&iacute; antes de conocer a F&eacute;lix, antes de saber que &eacute;l iba a completar mi ciudad, mis canciones, la vida que quer&iacute;a vivir.&nbsp;</p>
<p>Di la verdad, que no se te olvide: los que nacimos a finales de los setenta nos alimentamos de Ray Loriga. No fueron <em>H&eacute;roes</em> o <em>Ca&iacute;dos del cielo</em> sus mejores novelas, pero, est&aacute; claro, que s&iacute; las m&aacute;s medi&aacute;ticas, cuanto todav&iacute;a los escritores sal&iacute;an en televisi&oacute;n, ofreciendo actitud y beligerancia ante la planicie social.&nbsp;</p>
<p>Mi madre ten&iacute;a una monta&ntilde;a de tebeos, &ldquo;Superl&oacute;pez&rdquo;, &ldquo;Mortadelo y Filem&oacute;n&rdquo; o &ldquo;Sir Tim O&rsquo;Theo&rdquo; que guardaba en un armario y solo sacaba cuando me asolaban las fiebres de las anginas. Semanas de antibi&oacute;ticos y sobres de polvos, el sonido de la cucharilla cuando tocaba bajar la temperatura y crecer unos cent&iacute;metros. Esas vi&ntilde;etas le&iacute;das, muy poco, que ten&iacute;a reservadas para hacer m&aacute;s amable el tr&aacute;nsito de los d&iacute;as. Lectores de cama y enfermedad, lectores atrapados por Julio Verne. Verne el misterioso, una experiencia completa: no hay que llamarlo Julio, es Jules como muy bien nos ha ense&ntilde;ado el poeta David Mayor. Has le&iacute;do sus adaptaciones, ilustradas, resumidas, incluso en seriales radiof&oacute;nicos los domingos de madrugada con guion de Juan Jos&eacute; Plans, has vuelto a &eacute;l una y otra vez en las vi&ntilde;etas de &ldquo;Superl&oacute;pez&rdquo; y su <em>Viaje al centro de la tierra</em>. O, en el n&uacute;mero 6 de Planetary, la odisea pop de Warren Ellis y aquel <em>El Club del Ca&ntilde;&oacute;n</em>. Despu&eacute;s te acercas a la obra de Jules Verne y descubres una densidad literaria, una capacidad descriptiva, una manera de horadar la fantas&iacute;a pr&aacute;cticamente desde su habitaci&oacute;n&hellip; Un libro completo, una vida entera, capaz de mantener el misterio insondable en tiempos en los que todo parece explorado.&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo habla, escribe, vive en trenes. Una maleta amarilla, un viaje, dos, siempre. Entrevista y una sonrisa, una sonrisa de ni&ntilde;o, con su tebeo bajo el brazo, en la rebeld&iacute;a &uacute;ltima del que sigue llamando <em>La masa</em> a Hulk. Un hombre de V&eacute;rtice y Novaro. Yo, que llegue a la licra con F&oacute;rum, respeto a los que abrieron el camino. Bruno D&iacute;az, Dan Defensor, el guas&oacute;n en Ciudad G&oacute;tica. Y es que Marchamalo encapsula sus recuerdos, sus pasiones, sus anhelos. Y lo hace en un anecdotario pleno de amistades y cari&ntilde;os. La vida de los libros, un sintagma que &eacute;l mismo sabe que es pr&aacute;cticamente propiedad de Jos&eacute; Luis Melero: &laquo;Porque las bibliotecas son tambi&eacute;n un proyecto de lectura&raquo;. Me gustar&iacute;a, por cierto, que existiera una palabra, una expresi&oacute;n en espa&ntilde;ol, que diferenciara entre biblioteca p&uacute;blica y particular. La que sirve para formarse, estudiar, acceder a la primera pasi&oacute;n y la que acumula esas mismas pasiones de manera personal e intransferible, la que construyes so&ntilde;ando que la heredar&aacute; tu hijo, la que te tranquiliza tener limpia y ordenada y, en mi caso, saber que est&aacute; debajo de mi cama, justo en el local que tengo bajo el dormitorio. En este caso, literalmente, duermo sobre mi biblioteca. De libros, de tebeos, de discos y mu&ntilde;ecos. Todo lo que alimenta el esp&iacute;ritu y la ilusi&oacute;n, que es queroseno de la memoria. Una palabra, entre el anaquel ordenado y la estanter&iacute;a subjetiva. Desde aqu&iacute; lanzo la idea. &iquest;D&oacute;nde acabar&aacute;n los libros? Los libros de los amigos muertos, el peso de esos vol&uacute;menes en la casa de F&eacute;lix Romeo, aquel piso de Conde Aranda, agotado de las torretas, casi proyectos infantiles de fuertes, fuertes y castillos, alimento, de nuevo, de historias. Y la colecci&oacute;n de poes&iacute;a de Sergio Algora, con rarezas de Juan Eduardo Cirlot o Eugenio D&acute;Ors junto a singles imposibles de Los Brincos. Los amigos, antes esos recuerdos s&oacute;lidos, esos abrazos en diferido&hellip; Cuando uno tiene hijos, al menos, le queda una promesa de paz, una idea final. Tienes excusa para comprar y completar, para clasificar y rebuscar. Al final, lo importante, perm&iacute;tanme la broma, es tenerlo lo m&aacute;s ordenado posible para cuando ellos se quiten el muerto. El muerto vivo y el muerto libro. As&iacute; se consigue un mejor precio cuando llegue el trapero. Trapero o parca, todo sean recuerdos. Y este libro de Marchamalo est&aacute; lleno de ellos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo, <em>La vida imaginada</em>, Madrid, edici&oacute;n del autor, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Jul 2025 07:58:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz de los sin voz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-de-los-sin-voz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALFREDO_SALDA_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Alfredo Salda&ntilde;a es, como todos sus lectores saben muy bien, un escritor pol&iacute;tico, deliberadamente cr&iacute;tico e inc&oacute;modo&rdquo;, cuenta Nacho Escu&iacute;n, reflejando parte de una po&eacute;tica distinta a la convencional, pr&oacute;xima a la voz de los sin voz, de parte de ellos al menos, o con esa intenci&oacute;n, por decirlo, desde otros tiempos, con Claudio Gallastegui. Y, en efecto, su poes&iacute;a, ahora reunida en esta antolog&iacute;a necesaria (sus libros andaban inencontrables), se suma a la de esos escritores diferentes, no solo en sus textos, sino en su actitud ante la vida, pienso en Javier Garc&iacute;a o, con otras modulaciones m&aacute;s p&uacute;blicas, en Jorge Riechmann y Antonio M&eacute;ndez Rubio.</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a asume esa voz de los despose&iacute;dos por alienados &mdash;sin ser un poeta pol&iacute;tico al estilo de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez o narrativo (traumatizado por el asesinato del hermano, pobreza y Guerra Civil)&mdash;, sino por el propio v&eacute;rtigo y por esa extensi&oacute;n de quien mira solidariamente a los lados, pues esos lados son el mismo. Salda&ntilde;a viene marcado por actitud cr&iacute;tica y resistente contra la aceptaci&oacute;n del pensamiento &uacute;nico, de la democracia por la democracia subsumida en el voto cada cuatro a&ntilde;os, entre otras cosas, es decir, de las cosas por las cosas, desde el pensar de nuevo al otro, o replantearse el yo con su poes&iacute;a necesaria, nunca obtusa, abstrusa o, si me perdonan, pretenciosa en lo metaling&uuml;&iacute;stico. Y decir yo es decir ahondamiento, abisalidad, por contarlo con ese <em>Romper el l&iacute;mite. La poes&iacute;a de Roberto Juarroz</em> (2022), donde ha extendido y congraciado su poes&iacute;a desde esa otra dimensi&oacute;n distinta que ha estudiado, asumido en su verticalidad, pero tambi&eacute;n en su horizontalidad (donde se ha congraciado): &ldquo;escribir desde la soledad solidaria con los otros, escribir desde la desposesi&oacute;n y la distancia de uno mismo, /escribir desde la diferencia, desde la orilla, desde el otro lado&rdquo;.</p>
<p>Ya hemos dicho que no es un poeta al uso, sino adentrado y resistente, o resistente desde el adentramiento, sin molinismos, sin Miguel de Molinos, para que se entienda, o sin Edmond Jab&egrave;s, pues no es un herm&eacute;tico, ni m&iacute;stico, pero s&iacute; un ag&oacute;nico con sentido de la historia y de la posmodernidad. El propio hecho de su verso se propone porque &ldquo;El poema entonces quiere &uacute;nicamente /sanar la herida de una existencia disociada de su voz&rdquo;, o hablar desde el yo y su circunstancia, con empat&iacute;a, en el adentramiento de lo sufrido y visto padecer en otros en la historia; no es solo el yo, sino el yo-otro con la resistencia cr&iacute;tica de lo pensado en su identidad o correspondencia. Y as&iacute; el tautograma en la <em>Amargura P&uacute;rpura de los Infelices</em> frente al <em>Aloe Purpurea Laevis</em>.</p>
<p>&ldquo;Es un tiempo de decir, de conocer&rdquo;, canta Alfredo Salda&ntilde;a, y romper la mala pedagog&iacute;a de una &ldquo;educaci&oacute;n torcida y lamentable&rdquo;, rememora. A veces ese (esos) poema(s) en crisis, hecho(s) de la herida, se hunden hacia la evaporizaci&oacute;n del yo, cant&oacute; Baudelaire en sus <em>Cohetes</em> y <em>Mi coraz&oacute;n al desnudo</em>. Lo muestra en el emocionante <em>Argumento</em> o adentramiento, cuando se encuentra en el anticipo de la &uacute;ltima vuelta del camino y se piensa, sospecha y canta con un estupendo poema (muy duro), <em>La traici&oacute;n del lenguaje</em>, para asustarnos un poco, porque su poes&iacute;a, de tanto pensarse y mirar la voz del sometido, de lo sometido, se ha hecho tr&aacute;gica y ha sorteado la sensorialidad. Su po&eacute;tica es un mensaje ag&oacute;nico, olvidado el escapulario o sortilegio, resistencia cr&iacute;tica o decirse por el desmoronamiento de las &ldquo;palabras gastadas por el tiempo&rdquo;, el grito para salir de ello o por lo menos contarlo, curarse de ser. Sanar la herida es decirse, aunque no sea sanarse, y por eso llega esta estupenda antolog&iacute;a donde se han le&iacute;do bien sus versos, para quien guste paladear los complejos vericuetos del hombre desde el goce lacaniano del dolor como placer, eros y muerte, placer doloroso. Y donde <em>Abandono</em> muestra el juego entre llegar e irse, con la herida de quien se resiste, ah&iacute; est&aacute; la verdad del poema y de su poes&iacute;a en este momento de la vida inaceptable, su tragedia y parte de su po&eacute;tica, ese llegar a ser, y llegar a ser en la belleza, para desaparecer. Y si no me creen, lean, por favor, <em>Lamento por los vencidos</em>; y si a&uacute;n tienen tiempo y capacidad para soportar el dolor que algunos no quieren ver (otra parte de su po&eacute;tica), vayan a <em>Fosa com&uacute;n</em>, porque la poes&iacute;a de Salda&ntilde;a rezuma ese compromiso y verosimilitud de los eleg&iacute;acos aut&eacute;nticos, sea por el yo, sea por el otro, desde la responsabilidad de decir, pero tambi&eacute;n del saber decir o decirse en una fuerte simbiosis con que interrogar al lector: &ldquo;preguntas que uno debe no plantearse si lo que desea es dormir tranquilo&rdquo;. Errancia, lenguaje, laberinto, &ldquo;desheredados de la tierra&rdquo;, denuncia de los &ldquo;sicarios de los manos limpias&rdquo;, contra los que alza la &ldquo;insumisi&oacute;n: poes&iacute;a&rdquo;, el grito del yo desheredado o de los desheredados. Y es que, entre la autognosis y la reivindicaci&oacute;n, entre la reflexi&oacute;n y la insoportable levedad del ser, resulta que Salda&ntilde;a, m&aacute;s all&aacute; de su inconformismo (o por ello) es un buen poeta en crisis y cr&iacute;tico, necesario, necesitado de esta antolog&iacute;a, pues sus lectores nos perd&iacute;amos o no lo encontr&aacute;bamos en su dispersi&oacute;n, hasta hoy. Ahora s&iacute;, gracias a este cultivo intensivo de sus mejores poemas podemos estar seguros de no habernos equivocado en el elogio, aunque nos duelan y sea doloroso atender a su dolor, el nuestro, el de otros. Por ah&iacute; anda para demostrarlo &ldquo;en la espesura del bosque&rdquo; o poco m&aacute;s all&aacute; ese &ldquo;mundo dentro&rdquo;, adentrado, lugar que se extiende hasta el atormentado v&eacute;rtigo del vac&iacute;o en su precipicio dram&aacute;tico de quien (se) ha sentido mucho &ldquo;sin estrategia&rdquo;, en su &ldquo;excavar&rdquo; y &ldquo;excavarse&rdquo;. O, si gustan, entre el ser, el decir, decirse en el espejismo propio y de los otros, disolverse, con una poes&iacute;a que esta antolog&iacute;a ha hecho posible. Mostrado en su dimensi&oacute;n y, al fin, convencernos de que Alfredo Salda&ntilde;a no es un profesor que en sus ocios deja caer versos, sino un poeta que as&iacute; puede llamarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a, <em>Sanar la herida</em>. <em>Poes&iacute;a 1983-2025</em>, Madrid, Huerga &amp; Fierro, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Jul 2025 07:30:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ferrer Lerín, las partes y el todo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ferrer-lerin-las-partes-y-el-todo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FRANCISCO_FERRER_LER_N_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Si Warhol cogiera su rostro y lo multiplicase, en cada cuadr&iacute;cula saldr&iacute;a distinto. Cada una ser&iacute;a un fotograma. El relato en la era de la reproducibilidad t&eacute;cnica podr&iacute;a preocupar a Benjamin, pero no a nuestro autor. &ldquo;Parece que Adorno y Benjam&iacute;n no inclu&iacute;an la ducha en el proceso. En mi caso es fundamental pasar por el cuarto de ba&ntilde;o, no imagino el desayuno sin haberme duchado -esa cosa horrible del desayuno en la cama que algunos venden como el colmo del placer y la sofisticaci&oacute;n-&rdquo;. Responde Ferrer Ler&iacute;n a Gustavo Puerta, para la revista <em>Dossier</em>. &ldquo;La hora y pico empleada en asearme y desayunar no es tiempo para que se borre el recuerdo del sue&ntilde;o, al menos a d&iacute;a de hoy en que el fantasma de la p&eacute;rdida de la memoria inmediata a&uacute;n no ha aparecido&rdquo;. Despu&eacute;s, Ler&iacute;n plasma el sue&ntilde;o tal cual, en su forma original, que a menudo coincide con su forma de escribir: relato breve, de frases cortas y m&iacute;nimos aditamentos. Parece que la ducha borra su rostro del d&iacute;a pasado, difumina alg&uacute;n rasgo y cambia alguna arruga de la cara. El aseo forma parte de su t&eacute;cnica literaria. El que la obra sea reproducible, y que sirva lo mismo para un ensayo que para un informe o un libro de relatos u otro de poes&iacute;a, no implica p&eacute;rdida de singularidad. Aumenta su inter&eacute;s porque el marco interpretativo impone el sentido de la lectura. El arte no desaparece. Se multiplica. Y avanza hacia el abstracto, que es hacia donde el arte tiende desde la aparici&oacute;n de la fotograf&iacute;a. Ler&iacute;n saca instant&aacute;neas de escenas de su vida vivida o de su vida imaginada. Su biograf&iacute;a le suministra elementos que, transformados, se convierten, primero, en literatura, y luego en su verdadera y final biograf&iacute;a. La pureza de Ler&iacute;n es una suma de corrupciones. Sus textos son m&aacute;s puros cuanto m&aacute;s se rozan con otros.</p>
<p>En el cine es f&aacute;cil entender que una imagen significa en contacto con la siguiente. Dependiendo del montaje var&iacute;a su significado. A la lectura afecta tambi&eacute;n la capa del sonido, que est&aacute; en el cine lo mismo que en la poes&iacute;a. Cojamos el principio de <em>El apartamento</em>, de Wilder. &ldquo;A fecha de uno de noviembre de mil novecientos cincuenta y nueve, la poblaci&oacute;n de Nueva York es de ocho millones cuarenta y dos mil setecientos ochenta y tres habitantes. Conozco estos datos porque trabajo en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, Consolidated Life&rdquo;. Habla C. C Baxter. De seguido, informa de que lleva en ella tres a&ntilde;os y diez meses, y de que cobra noventa y cuatro d&oacute;lares con setenta semanales. Es un principio muy Ferrer Ler&iacute;n, dicho sea. &ldquo;Quiz&aacute; Saint-John Perse sea el poeta que m&aacute;s me ha influido; en especial su llamada <em>poes&iacute;a del inventario</em>. Adem&aacute;s de informes, soy un fan&aacute;tico de las cuentas, de las anotaciones contables, y estas, adem&aacute;s de ser la s&iacute;ntesis del informe, son, por su estructura, pulidos versos&rdquo;. Esto lo confiesa en &lsquo;Listas&rsquo;, rastreable en los <em>Casos Completos</em>, pero cuyo origen est&aacute; en un diccionario confeccionado para <em>Caminos de Pakist&aacute;n</em>. Ah&iacute; vemos el comportamiento del texto multiespacial. En <em>Papur</em>, el libro que nos ocupa, nos ofrece, por ejemplo, el balance de una operaci&oacute;n consistente en la captura y eliminaci&oacute;n de perros vagabundos: &ldquo;total de perros capturados: 112; total de perros recuperados: 18; total de perros sacrificados: 81&rdquo;. Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, lamentar&aacute; la escasa informaci&oacute;n existente sobre la ingesta de carne humana a cargo de aves, en las provincias de L&eacute;rida y Huesca. Pero referir&aacute; una &ldquo;tranquila conversaci&oacute;n&rdquo; con un vaquero de setenta a&ntilde;os en la glera del r&iacute;o Arag&oacute;n. &Eacute;ste le ha contado las variaciones que ha sufrido el procedimiento para la eliminaci&oacute;n de la carro&ntilde;a &ldquo;seg&uacute;n las modas sanitarias&rdquo; y recuerda que, a mediados de los cincuenta, un grupo de gitanos se acercaron al pueblo para preguntar si se hab&iacute;a enterrado recientemente alg&uacute;n animal. Puntos suspensivos.</p>
<p>Volvamos a <em>El apartamento</em>. Demos <em>play</em>, apaguemos el sonido -esa m&uacute;sica de viento animada, &lsquo;Office workers&rsquo;, de Adolph Deutsch-, y pongamos en el m&oacute;vil, qu&eacute; s&eacute; yo, una de Cole Porter al azar. O no salgamos de la banda sonora de la pel&iacute;cula: intercambiemos la pieza inicial, &lsquo;Office workers&rsquo; por otra que sonar&aacute; m&aacute;s tarde: la acogedora &lsquo;Lonely room&rsquo;. No le sienta bien ni mal: el discurso cambia. O metamos &lsquo;Office workers&rsquo; en una de Hitchcock. Cuando Ler&iacute;n elige un relato para formar parte de libros distintos lo que hace es favorecer la expansi&oacute;n del significado, pero, sobre todo, del sentimiento, o sea, de la sensaci&oacute;n, que es el n&uacute;cleo art&iacute;stico, y lo que en &eacute;l permea constantemente, ya que, sobre todo, es poeta. Poeta mayor. Ler&iacute;n trata sus textos como si fueran unidades de medida. Con ellas captura el pulso del tiempo. En estas consideraciones, a pesar de decir que es, sobre todo poeta, dejo fuera la poes&iacute;a, aunque tambi&eacute;n sus poemas caben en mitad de un libro <em>narrativo</em>.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n trata sus textos cual artista pl&aacute;stico y sus acciones, como un texto dram&aacute;tico. Sus libros en prosa son portafolios: <em>Besos humanos</em>, <em>Gingival</em>, <em>Mansa chatarra</em>, <em>Casos completos</em>, <em>Cuaderno de campo</em>&hellip; hasta su novela <em>Familias como la m&iacute;a</em> parece una compilaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa <em>Papur</em> en su obra? Posiblemente es el libro m&aacute;s distinto y, al mismo tiempo, m&aacute;s unitario o el libro hecho con despojos que da m&aacute;s impresi&oacute;n de un todo coherente. Llama la atenci&oacute;n que a esta idea contribuya de manera significativa la inclusi&oacute;n, al t&eacute;rmino, de <em>Die rabe</em>. <em>Die rabe</em> es otro libro, y consta de tres guiones. Los dos primeros, b&aacute;sicamente, indicaciones t&eacute;cnicas: &ldquo;primer plano del rostro de Ler&iacute;n con los ojos abiertos, pero como si volviera de un sue&ntilde;o&rdquo;. Cine mudo. Todo, imagen. <em>Die rabe</em> es un filme &ldquo;de rastreo, de cruzada, que se inicia, antes de cr&eacute;ditos, con escenas del propio rodaje&rdquo;. O sea, una pel&iacute;cula-libro. S&oacute;lo filmable parcialmente. Parece escrito para ser le&iacute;do. Tiene que ser el lector el que torne la palabra en imagen, y la ponga en movimiento; el que active, en su cabeza, la proyecci&oacute;n. En la edici&oacute;n de 2008, en la editorial Eclipsados, esta parte estrictamente cinematogr&aacute;fica yace impresa sobre papel gris. Ello otorga a la lectura un car&aacute;cter experimental, como on&iacute;rico. En 2022, en el sello D&iacute;as Contados, la p&aacute;gina es blanca. Hay m&aacute;s continuidad con lo anterior. Esta entrega, tambi&eacute;n de portada blanca, se lee mejor de corrido, parece hecha para llevar por la calle o abrir en la barra de un bar. Las p&aacute;ginas se pasan con m&aacute;s despreocupaci&oacute;n. La versi&oacute;n precedente aconseja ser le&iacute;da en casa, preferiblemente en butaca o en silla con reposabrazos, y una l&aacute;mpara de pantalla al lado. Ambas ediciones se pueden subrayar y anotar. El texto en ambas, siendo el mismo, se recibe de forma parecida. No recuerdo qui&eacute;n dijo que un libro, en edici&oacute;n distinta, significa cosas distintas, pero ten&iacute;a raz&oacute;n.</p>
<p>En la edici&oacute;n de 2008, el t&iacute;tulo de Ler&iacute;n forma parte de una colecci&oacute;n que aglutina a &Aacute;ngel Petisme, a Ram&oacute;n Eder, a Antonio Orihuela&hellip;&nbsp; en la de 2022, convive con Juan Jos&eacute; Saer, Miguel de Molinos y, fuera de esa colecci&oacute;n pero en el mismo sello, con los <em>Relatos de Kolim&aacute;</em> y libros de Marcel Proust, Julian Gracq, Michel Lafon, Charles Baudelaire, Gon&ccedil;alo M. Tavares y Jorge Amado. Ignoramos la tirada de 2008; sospechamos que no fue muy amplia. En todo caso, agotada desde el inicio. Sabemos que fue impresa en los talleres gr&aacute;ficos VACA. En 2022, se nos informa de que la edici&oacute;n nueva consta de cuatrocientos ejemplares. Uno posee el 139. Todas estas cosas modifican la experiencia lectora. El libro, en su primera edici&oacute;n, parte de un proemio, al que, se antepone en 2022 un prefacio del propio autor, fechado en la primavera de 2021, en Jaca. Al t&eacute;rmino de la segunda encontramos un texto final de F&eacute;lix de Az&uacute;a m&aacute;s una nota. Llama la atenci&oacute;n que el libro de 2008, teniendo cien p&aacute;ginas menos y una letra m&aacute;s apretada, sea m&aacute;s voluminoso. La respuesta est&aacute; en el gramaje. Puede cogerse de la estanter&iacute;a simplemente para tocar su cubierta acartonada. Los dos, sin embargo, pesan parecido. Los dos est&aacute;n cosidos. Mientras <em>Papur-2008</em> parece un cat&aacute;logo o un manual, <em>Papur-2022</em> parece una agenda optimista.</p>
<p>Los textos de Ferrer Ler&iacute;n, considerados uno a uno, desgajados del conjunto, parece que s&oacute;lo se acaban despu&eacute;s de haber sido publicados unas cuantas veces en libro distinto. Ah&iacute; es cuando alcanzan la redondez, tras explorar sus posibilidades. &ldquo;A lo mejor lo que describo en &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; ser&iacute;a la soluci&oacute;n, redactar un texto definitivo&hellip; y descansar&rdquo;, dijo en una entrevista. Pues cojamos &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo;. En <em>Ciudad propia. Poes&iacute;a autorizada </em>(2006) se presenta como un poema nov&iacute;simo. El 16 de febrero de 2008, volcado en su <em>blog</em>, aparece como una entrada de enciclopedia o p&aacute;rrafo de prospecto. El 10 de mayo del mismo a&ntilde;o entra en imprenta <em>Papur-2008</em>. Ah&iacute;, &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; presenta una imagen compacta, ancha, como de hormig&oacute;n. En <em>Besos humanos</em> (2018) tambi&eacute;n sale; esta vez toma algo de la editorial en que sale, adoptando un &lsquo;estilo Anagrama&rsquo;. Parece que la reflexi&oacute;n podr&iacute;an compartirla Vila-Matas o a Roberto Bola&ntilde;o. En 2022, <em>Papur</em> alcanza su &uacute;ltima <em>encarnadura</em>: una imagen vertical, como de El Greco. Es un relato, aqu&iacute;, ascensional. Tales condicionantes f&iacute;sicos van modificando la recepci&oacute;n, expandi&eacute;ndola. Y luego habr&iacute;a que acudir al orden que ocupa en cada referencia.</p>
<p>En Ler&iacute;n, el fragmento se enfrenta a la unidad, favoreci&eacute;ndola, siendo, al final, lo mismo. O sea: a trav&eacute;s del fragmento, Ler&iacute;n consigue la unidad. Mediante la dispersi&oacute;n del pensamiento logra el sistema filos&oacute;fico; mediante la mancha, la figura. La p&aacute;gina maestra, aquella que pueda ser incluida en cualquier libro, haciendo que mejore. La p&aacute;gina maestra como una pared que sostiene el edificio. &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; es una muestra. Por m&aacute;s que le des la vuelta, el texto es el mismo. Parece aquello del cuadro de Mondrian titulado &lsquo;Ciudad de Nueva York, I&rsquo;, m&aacute;s de setenta y cinco a&ntilde;os colgado al rev&eacute;s. Nadie se percat&oacute; porque era perfectamente posible esa disposici&oacute;n. El error es tantas veces veros&iacute;mil. En un cuadro de Vel&aacute;zquez no, pero a partir del siglo XX la pintura ha cedido toda rigidez hasta amparar el error. &ldquo;A veces un error mejora la obra&rdquo;, dice Gonzalo Garc&iacute;a-Pelayo. &iquest;Es mejor o peor la forma en que hemos visto, hasta ahora, el cuadro de Mondrian? Cada vez que acudo a la galer&iacute;a Javier Silva, en Valladolid, fantaseo con quedarme un rato mirando una tapa m&iacute;nima que hay al lado de una pared contigua a la puerta. Supongo que oculta el cuadro el&eacute;ctrico, los plomos. Pero es un rect&aacute;ngulo sin apenas relieve, con unas hechuras de cuadro. Despu&eacute;s de tanta pintura, no digamos de Mal&eacute;vich, un cuadro en blanco es encantador. Puede que sea repetitivo, pero la repetici&oacute;n es posible, y a veces hasta deseable. No se lo he dicho a Javier Silva, pero en ocasiones esa tapa que tiene ah&iacute;, como un cuadro secreto, me gusta m&aacute;s que la exposici&oacute;n temporal de turno, no digamos si es conceptual. Siempre echo un ojo a escondidas a esta tapa. Lo mejor, o lo m&aacute;s ir&oacute;nico, es que, a pesar del descubrimiento sobre la obra de Mondrian, se ha seguido mostrando del rev&eacute;s. Dicen que para evitar que se da&ntilde;e. Los cambios, como los experimentos, con gaseosa. Cuando no es as&iacute;, te rebautizan <em>La metamorfosis</em> por <em>La transformaci&oacute;n</em>. Y te resignifican la memoria. Todo cambio, en realidad, es un experimento. La comisaria Susanne Meyer-B&uuml;ser, la misma persona que se percat&oacute; del error, fue la que anim&oacute; a perseverar en &eacute;l, inventando, supongo, la excusa de que el cuadro podr&iacute;a &ldquo;desintegrarse&rdquo; si se cuelga ahora del lado correcto. &iexcl;Magn&iacute;fico! [Prefiero, por cierto, <em>comisaria</em> a <em>curadora</em>, otro cambio sin pensar demasiado.] El tiempo se ha salido con la suya. Parece un veredicto del Derecho. La costumbre imponi&eacute;ndose, corrigi&eacute;ndose, contradiciendo al propio autor. Mondrian estaba equivocado. Como mucho, se me ocurre, podr&iacute;an poner en D&uuml;sseldorf una copia al lado, con la versi&oacute;n que el autor quiso. Quiz&aacute; todos los cuadros modernos debieran tener copias alrededor, con posiciones alternativas. &ldquo;Yo nac&iacute;, o eso me han dicho&rdquo;, reza el comienzo de <em>David Copperfield</em>. Damos por buenas demasiadas cosas que nos cuentan. Cuentan. Del verbo contar. Cuentos. &ldquo;Nos cuenta en &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; -Joaqu&iacute;n Fabrellas, en el blog Vallejo&amp;Co.- que el gran profesor Solapas sue&ntilde;a con su obra perfecta y continua, una obra que nunca se acaba, est&aacute; ideando la p&aacute;gina perfecta, que pueda incluirse e intercambiarse en toda su obra, de tal forma que se pueda extrapolar y poner en cualquier otro libro suyo o de otros autores; el modelo literario perfecto, el ideal de la literatura que nunca envejece y que todo el mundo entender&iacute;a. Recursividad y autorreferencialidad. Eso mismo es lo que le suceder&aacute; a la obra de FFL: leyendo uno de sus &uacute;ltimos libros, se podr&aacute;n leer sus primeros trabajos, debido a todas las interacciones realizadas a lo largo de su carrera literaria que &eacute;l mismo promueve creando una red de tuber&iacute;as que hacen referencia a su propia obra y a s&iacute; mismo, perdiendo el referente y el contenedor/contenido (significante y significado cuando muta de g&eacute;nero), que cambian tambi&eacute;n a cada paso que se da del mismo texto en una nueva publicaci&oacute;n, trazando adem&aacute;s un nuevo camino aut&oacute;nomo&rdquo;.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n es una de las escrituras m&aacute;s genuinas de la literatura en espa&ntilde;ol y <em>Papur</em> sobresale dentro de su bibliograf&iacute;a. Ler&iacute;n y <em>Papur</em> ense&ntilde;an a leer, imponiendo libertad a ese acto creativo. <em>Papur</em> es un libro a leer casi al vuelo, como una se&ntilde;al de tr&aacute;fico. En cualquier momento del d&iacute;a. So pena de perder la densidad filos&oacute;fica que contiene. <em>Papur</em> es una fiesta seria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n. <em>Papur</em>, Barcelona, D&iacute;as Contados. 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 07:14:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Crespo: desterro ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-crespo-desterro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CARMEN_CRESPO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="CM3">Para escribir esta rese&ntilde;a me guiar&eacute; por las impresiones que el libro ha despertado en m&iacute;. Se trata, por tanto, de una lectura personal que quiero compartir.</p>
<p class="CM3">La palabra que da t&iacute;tulo al poemario -&ldquo;desterro&rdquo;-me result&oacute; familiar cuando la le&iacute; por primera vez, de alg&uacute;n modo la entend&iacute;a, pero acud&iacute; al diccionario y ah&iacute; no estaba. Esta situaci&oacute;n de desamparo, unida a la voluntad de seguir leyendo, me oblig&oacute; a confiar en lo que el propio texto me sugiriera, sin necesidad de acudir a la literalidad de las palabras. Un parecido desconcierto se desencaden&oacute; cuando le&iacute; palabras que sab&iacute;a que ya hab&iacute;an sido codificadas, pero que agrupadas del modo en que lo hac&iacute;an en el interior del texto, perd&iacute;an su fijeza y desbordaban su significado can&oacute;nico.</p>
<p class="CM3">Quise entender que ese desbordamiento no supon&iacute;a deformidad, no afeaba su car&aacute;cter, e intu&iacute; que se trataba m&aacute;s bien de un ensanchamiento del vocablo, de un estado de crecimiento, o de una aut&eacute;ntica reconfiguraci&oacute;n creadora.</p>
<p class="CM3">Este juego de desplazamientos, en el que palabras &ldquo;irreales&rdquo; -entre comillas- toman carta de naturaleza y palabras reales se desnaturalizan, a&ntilde;adi&oacute; un punto de perplejidad a la lectura y proyect&oacute; en m&iacute; una sombra de sospecha sobre el propio lenguaje.</p>
<p class="CM3">Dice Deleuze que se puede escribir de dos modos. Que escribir consiste, o bien, en adecuarse a un c&oacute;digo de enunciados dominantes referidos a un orden de cosas establecidas, o bien, que escribir consiste en <em>devenir</em>.</p>
<p class="CM3">En la primera acepci&oacute;n el escritor ocupa un territorio, se asienta y toma posesi&oacute;n de &eacute;l, en ese territorio reina el escritor, y se rige por lo que dicta su escritura.</p>
<p class="CM3">En la segunda acepci&oacute;n, el escritor deviene algo distinto, habla como un extranjero en su propia lengua, tartamudea, se mueve por un lugar de perfiles cambiantes que no logra fijar con palabras precisas, busca, recorre el territorio y traza l&iacute;neas que no cercan su geograf&iacute;a, l&iacute;neas de fuga que le llevan m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p class="CM3">La escritura en esta segunda acepci&oacute;n no representa un paisaje, no imita, la escritura, as&iacute; entendida, es un pasaje en el que sucede el encuentro del escritor con lo escrito; en una evoluci&oacute;n conjunta de dos seres completamente distintos, en la que el escritor proporciona escritura a los que no la tienen, y los que no la tienen impregnan al escritor de palabras no redundantes, palabras que no est&aacute;n al servicio del poder.</p>
<p class="CM3">&iquest;Por qu&eacute; este discurso de tono filos&oacute;fico en relaci&oacute;n con la escritura de Carmen Crespo?. La raz&oacute;n es simple, creo que con <em>desterro</em> estamos ante un claro ejemplo del escribir entendido como devenir.</p>
<p class="CM3">El libro se divide en tres secciones: &ldquo;morada&rdquo;, &ldquo;desterro&rdquo; y &ldquo;testimonio&rdquo;.</p>
<p class="CM3">La morada es el poema, y el poema es un lugar construido con palabras &iacute;ntimas, hecho con un lenguaje privado, un lenguaje que presta especial atenci&oacute;n a lo que puedan expresar las cosas mudas. El poema final reafirma esa voluntad de escucha atenta y el deseo de ofrecer un testimonio escrito.</p>
<p class="CM3">La palabra es la gran protagonista del poema, el personaje principal en el escenario del texto.</p>
<p class="CM3">Y en <em>desterro</em> la palabra se revela con v y se rebela con b; muestra su rebeld&iacute;a, no se resigna al aislamiento, vuelve del solitario destierro al territorio com&uacute;n, al marco de la normatividad y el consenso, quiz&aacute; con intenci&oacute;n de subvertirlos; y en ese retorno nos revela algo. Cargada de realidad la palabra horada en el lenguaje, y siembra en el hueco para que aflore lo no dicho.</p>
<p class="CM3">Un impulso recorre el libro, las ganas de hermanar lo de dentro y lo de fuera, y de hacerlo sin cesuras, sin pausas que entrecorten la voz. Es este un intento dif&iacute;cil, y la escritura lo acusa. El texto est&aacute; plagado de huecos, de espacios en blanco, de &ldquo;abismos de silencio&rdquo; en los que la palabra cae y muestra su insuficiencia, o en los que simplemente se detiene para tomar aliento y retomar con nuevo &iacute;mpetu el curso del lenguaje; &ldquo;abismos&rdquo; en los que, en otras ocasiones, la palabra titubea y cambia el rumbo, o en los que el sentido enmascarado en la palabra se asoma al sinsentido con angustia.</p>
<p class="CM3">A trav&eacute;s de esos &ldquo;abismos de silencio&rdquo; la escritura deviene, se enfrenta a paisajes sin lindes, transita el descampado, desamparada busca refugio, y al descubrir fragmentos con los que construir se demora, escucha y transcribe. La morada, el texto, se construyen de ese modo fragmentado.</p>
<p class="CM3"><em>desterro</em> es &eacute;xodo, una huida a latitudes a un tiempo extremas e &iacute;ntimas, y el yo que viaja es un extra&ntilde;o ante s&iacute; mismo. Ese ser ajeno a la identificaci&oacute;n habla desde una posici&oacute;n exc&eacute;ntrica; exc&eacute;ntrica respecto a la gu&iacute;a del ego, y respecto al eje de la gram&aacute;tica, la sintaxis, o la sem&aacute;ntica convencionales, da cabida al desvar&iacute;o para que irrumpa lo a&uacute;n no dicho de este modo.</p>
<p class="CM3">La palabra que surge entonces es una palabra &iacute;ntima, peque&ntilde;a, amada. Una palabra que silencia el ruido externo y el interno; un vocablo que apaga la palabrer&iacute;a p&uacute;blica y sus hip&eacute;rboles, o el farfulleo privado, ca&oacute;tico e incesante, que impide escuchar lo que sucede en el aqu&iacute; y ahora.</p>
<p class="CM3">Pero tambi&eacute;n es una palabra que se concede a s&iacute; misma equivocarse, porque no busca ser juzgada por el pensamiento, porque nace sin premeditaci&oacute;n, como puro desbocamiento de un cuerpo incontenible.</p>
<p class="CM3">El cuerpo participa en la creaci&oacute;n de lenguaje. Y en ocasiones es el engranaje conjunto del ojo y de la lengua, el mecanismo que maquina el poema. El cuerpo pr&oacute;fugo, es decir, el cuerpo que huye a trav&eacute;s de los sentidos retorna al cuerpo &iacute;ntimo como lenguaje.</p>
<p class="CM1">Y en ese encuentro de lo interno y lo externo la voz vierte un titubeo de palabras, emanadas con amor y volcadas con cuidado en el poema.</p>
<p class="CM3">Ah&iacute;, en el poema, en el cuerpo, permanece Carmen Crespo, vigilante, celando el interior, guiada por un impulso amoroso, el de desentra&ntilde;ar palabras y ofrec&eacute;rnoslas.</p>
<p class="CM2">Gracias Carmen por la ofrenda.</p>
<p class="CM2">&nbsp;</p>
<p class="CM2">Carmen Crespo, <em>desterro</em>, Valencia, Contrabando, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 06:59:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un catálogo de inicios y finales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-catalogo-de-inicios-y-finales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALOMA_RODR_GUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores de Aloma Rodr&iacute;guez est&aacute;n acostumbrados a los g&eacute;neros h&iacute;bridos en su obra, <em>Puro glamour</em> (La Navaja Suiza, 2023) era una miscel&aacute;nea de relatos con brotes de autoficci&oacute;n, continuista con <em>Siempre quiero ser lo que no soy</em> (Milenio, 2021) donde se ensayaba la madurez, la maternidad y el oficio de escribir. Por el medio, en una primera edici&oacute;n de 2016 en Xordica y la reedici&oacute;n del pasado a&ntilde;o en La Navaja Suiza, <em>Los idiotas prefieren la monta&ntilde;a</em>, un relato sobre su relaci&oacute;n con el poeta y compositor Sergio Algora, un arrebato de juventud que supon&iacute;a un punto y aparte en su propuesta narrativa. De esa propuesta y de las distintas presentaciones del libro, convertido en una especie de proyecto multidisciplinar que inclu&iacute;a <em>spoken word,</em> m&uacute;sica en directo y un <em>work in progres</em>s donde se amalgamaban sus textos y los de Algora, surgieron algunos de los fragmentos que dieron lugar a <em>Una inesperada ilusi&oacute;n</em>, editado por Prensas Universitarias de Zaragoza dentro de su colecci&oacute;n de poes&iacute;a, &ldquo;La Gruta de las palabras&rdquo;. Y es que este libro en vez de huir de las etiquetas las contiene todas: listados, comienzos y finales, prosas y miscel&aacute;nea l&iacute;rica, amagos de guion, dietario y un fuerte efecto Georges Perec adoptado a los distintos universos literarios cu&aacute;nticos de la autora.&nbsp;</p>
<p>Existe un cierto placer extra, un disfrute cualitativo en la lectura si uno conoce los c&oacute;digos de la obra de Aloma Rodr&iacute;guez: desde su dedicaci&oacute;n a la prensa cultural, su manera de tratar el modelo disfuncional del escritor espa&ntilde;ol medio y su pasi&oacute;n por el mundo audiovisual e, incluso, el gusto por la canci&oacute;n ligera. Aloma Rodr&iacute;guez te lleva siempre a Aloma, sus cuentos, novelas, rese&ntilde;as. Es pura, salvaje y corrosiva. El libro tiene fragmentos de potasa, de sulf&uacute;rico, pero esa mezcla, &aacute;cido m&aacute;s base, te devuelve sal y agua, es c&aacute;lida, cercana, usa el humor para acercarse, en su ritmo, a la manera somarda de la literatura fragmentaria de sello aragon&eacute;s, la de Mariano Gista&iacute;n y el reivindicado F&eacute;lix Romeo.&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute; al estar encuadrado en una colecci&oacute;n de poes&iacute;a, la l&iacute;rica que destila recuerda a los poemas en prosa de Pablo Garc&iacute;a Casado o la l&uacute;cida construcci&oacute;n multivariable de Sara Herrera, pero lo que queda, lo permanente, es Aloma Rodr&iacute;guez, en el eco franc&eacute;s, el m&aacute;s habitual, sensual e independiente de Annie Ernaux, pero que, en la manera de apuntalar los adjetivos de manera breve y ser po&eacute;tica en lo sensible, nos lleva hacia <em>Hiroshima, mon amour</em> con su calor y su sudor, con su piel de Indochina, en las palabras de Marguerite Duras, provocando con sus miniaturas, comienzos que aparentemente no llevan a ning&uacute;n lugar, ligeramente hinchada por la especial testosterona <em>umbralina</em> y <em>trubaniense</em> (de Jon&aacute;s, evidentemente) pasando por las fr&iacute;as playas de Daniel Veronese.&nbsp;</p>
<p>Un libro parcialmente escrito para ser recitado, haciendo que Lydia Lunch y Luis Felipe Alegre se sientan orgullosos mientras crujen guitarras como las de Javier Aquilu&eacute; o Lori&eacute;n Vicente. Un libro que no existe, una destrucci&oacute;n programada, con preaviso, un libro que deja en cada cuento un sabor met&aacute;lico y abisal en la boca. Una madre, una hija, dueto que se repite, como el terror, en una metaliteratura de ajenos. El escritor de la capital como arquetipo de la superficialidad y la miseria. Un poco de izquierda oficialista adicta al postureo y la ayuda a la edici&oacute;n y creaci&oacute;n: Aloma, superviviente, no utiliza las palmaditas en la espalda ni los euros deslizados en el bolsillo por el pap&aacute; estado (o comunidad o diputaci&oacute;n).&nbsp;</p>
<p>Aloma evita el funcionariado ruinoso de otros colegas de generaci&oacute;n, sobrevive, pura, en prensa y presa, madre, esposa, cantante y escritora. Propone una serie, dos series, tres series, como aquella cinta de Moebius que era Seinfield (el programa de televisi&oacute;n) en los noventa, una comedia sobre unos personajes a los que no les suced&iacute;a nada, un lugar en el que no importaba lo que pasaba porque no pasaba nada.&nbsp;</p>
<p>En esa especie de blues de Joe Costanza, lo que importa en el libro son los personajes y los que los miramos/leemos. Propone y dispone: secretos de familia, muertos, Mafalda, antolog&iacute;as, escritores m&uacute;sicos, escritores dibujantes, escritores periodistas. Cualquiera escribe, sobre todo el que tiene m&aacute;s &ldquo;Me gusta&rdquo;. Un d&iacute;a ordinario, ox&iacute;moron en realidad, una desaparici&oacute;n, muerte, un d&iacute;a que se salva del aburrimiento por una tragedia.&nbsp;</p>
<p>Apuesta fuerte Aloma Rodr&iacute;guez, sin etiquetas o con todas las etiquetas, ya lo he escrito. Siempre construyendo una caja regalo para el lector. El d&iacute;a y la sorpresa, la oralidad, el libro de cuentos, los cuentos con su principio y sin final, en eso est&aacute; el verso, en la Aloma juglar, con sus cajones y discos duros llenos de ideas, como en un viejo diskette de 5 y &frac14;, que no se puede leer en ning&uacute;n dispositivo, solo la memoria.</p>
<p>Hoteles, un libro como un continente, una pen&iacute;nsula m&aacute;s bien. Algo f&iacute;sico. Coincide con alguno de los &uacute;ltimos poemas de Fernando Sanmart&iacute;n, citando a Jorge Luis Borges, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a Borges con ello? Y a Louise Gluck que completa la mano francesa con Albert Camus en una mezcla de sexo, familia y m&eacute;todo.&nbsp;</p>
<p>Poco apasionado. Los libros, las novelas, jugando al escondite por la casa, en cajones u ordenadores, hasta que se les olvidan y se convierten en fantasmas, en apariciones por los castillos o la Cuesta de Moyano. De la ciudad grande a la peque&ntilde;a hasta la playa min&uacute;scula. Los p&aacute;rrafos, los textos, los poemas, son geograf&iacute;a literaria, la m&aacute;s real de todos.&nbsp; Emparentada, tambi&eacute;n, con la &uacute;ltima entrega de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s, m&aacute;s por lo reflexivo que lo situacional. Una mujer y un hijo muerto, ah&iacute; vamos otra vez. Las amistades maduran, los hijos, los de los ojos grandes, enormes, de madre a hija. La fotograf&iacute;a, la interpretaci&oacute;n, la autoedici&oacute;n es la palabra que termina el crucigrama. Un cat&aacute;logo de hilos, de seda y lana, para enhebrar, coser, realizar a medida tus propias historias.&nbsp;</p>
<p>Un libro en 3D sobre Jane Birkin. La playa y la piscina. Sentencias rotundas sobre el aburrimiento y sobre la lectura, sobre la obra, la propia y la de los dem&aacute;s. Hay un momento en el que hay que elegir: &ldquo;Centrarse en la obra propia o estar atento a la de los otros. Cuando m&aacute;s lees menos escribes&rdquo;. Ser Woody Allen o un personaje de su obra. M&aacute;s listados: chicos, cineastas, pel&iacute;culas, carreras, olvidos, hijos, pareja, mujer, separaci&oacute;n, crisis, otros hombres, otros hijos, tus propios hijos, amantes literarios, ba&ntilde;os limpios, madre espa&ntilde;ola, con el botell&iacute;n de agua y la manta, la maternidad abrazada con el mismo entusiasmo que el rock amateur o las drogas de dise&ntilde;o. Primero F&eacute;lix Romeo, despu&eacute;s Sergio Algora. El consom&eacute;, el pescado fresco, las hortalizas y los champi&ntilde;ones. Discos de bandas poco conocidas de la invasi&oacute;n brit&aacute;nica, la vida como contemplaci&oacute;n, la estaci&oacute;n que nos alcanza y deja atr&aacute;s, hasta convertirnos en personas perdidas, amigos, atriles, veinte minutos para que todo cambie, tres minutos, la vida en una canci&oacute;n de Vainica Doble, en otra de Kiev Cuando Nieva, Franco Battiato.&nbsp;</p>
<p>El color emancipado. La sensaci&oacute;n de siempre. El rid&iacute;culo, propio y ajeno. Las piscinas y la playa, tambi&eacute;n lo he escrito un poco antes: La piscina, una novia con piscina, una novela con piscina, las diferentes familias que las han usado, el tipo que recorr&iacute;a las mansiones, de piscina en piscina, el agua clorada, la sirena en una quinta donde vivir para siempre, como en estos textos, cada punto y aparte es un universo paralelo distinto, como si un dios jugara con sus dados cu&aacute;nticos y literarios. Ya lo explica Aloma Rodr&iacute;guez, dejando el camino despejado para los cr&iacute;ticos literarios: es un libro que va contra la muerte. Por l&oacute;gica, en el axioma, un libro para la vida.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aloma Rodr&iacute;guez, <em>Una inesperada ilusi&oacute;n</em>, Zaragoza,&nbsp; Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 12:24:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA analiza la relación entre Henry Miller y Luis Buñuel ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-analiza-la-relacion-entre-henry-miller-y-luis-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/HENRY_MILLER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de este novedoso material, la revista TURIA quiere contribuir a las distintas iniciativas promovidas este 2025 para evocar, redescubrir y homenajear a Luis Bu&ntilde;uel con motivo del 125 aniversario de su nacimiento en la localidad turolense de Calanda, que tuvo lugar el 22 de febrero de 1900.&nbsp;</p>
<p>Bajo el oportuno t&iacute;tulo de <em>Henry Miller; cr&iacute;tico de Luis Bu&ntilde;uel. Algunas notas in&eacute;ditas sobre Un perro andaluz</em>, Javier Herrera elabora un acertado an&aacute;lisis que sirve para resaltar la deuda de Miller con Bu&ntilde;uel. Unos v&iacute;nculos que conviene situar dentro del contexto de la recepci&oacute;n cr&iacute;tica del cineasta espa&ntilde;ol en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica.&nbsp;</p>
<p>Otro de los art&iacute;culos relevantes del nuevo n&uacute;mero de TURIA es el que Chus Tudelilla, historiadora, cr&iacute;tica de arte y comisaria de exposiciones, dedica a describirnos el papel de agitador cultural, de portavoz de la modernidad creativa, que tuvo desde su juventud el gran pintor y escritor Antonio Saura. Nacido en Huesca, en 1930, Chus Tudelilla ofrece al lector un texto muy relevante y definitorio de la personalidad y posterior trayectoria de Saura. Quien es considerado por la cr&iacute;tica como uno de los artistas m&aacute;s notorios de la Espa&ntilde;a del siglo XX, y de mayor proyecci&oacute;n internacional, aparece ahora analizado en TURIA a ra&iacute;z de su condici&oacute;n de editor de la revista <em>Nosotros</em>, cuando s&oacute;lo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, y de colaborador en <em>La Hora. Semanario de los Estudiantes Espa&ntilde;oles</em>, revista oficial de dicha organizaci&oacute;n franquista/falangista, m&aacute;s conocida por su acr&oacute;nimo SEU. En ella, Saura firm&oacute; su primer texto en diciembre de 1949.</p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de los citados contenidos, en las secciones que espec&iacute;ficamente se denominan Sobre Arag&oacute;n y Cuadernos Turolenses, se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo de la revista TURIA. Una labor que le ha permitido convertirse en una plataforma id&oacute;nea para la investigaci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n. Tanto de aquellos protagonistas como de los temas de inter&eacute;s hist&oacute;rico, literario, art&iacute;stico y antropol&oacute;gico que, vinculados a Teruel y a Arag&oacute;n, merecen conocerse m&aacute;s y mejor.</p>
<p>En este n&uacute;mero 155 de TURIA, tanto la ilustraci&oacute;n de portada, como las diez que enriquecen el interior de la revista, corren a cargo de la turolense Ana Sim&oacute;n Hinojo. En ellas recoge sus dos pasiones y facetas art&iacute;sticas: la m&uacute;sica (es violinista profesional) y la creatividad gr&aacute;fica. Ese mestizaje produce una obra fascinante y original, rebosante de frescura y muy atractiva visualmente.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, y como es habitual, los autores y temas vinculados a Arag&oacute;n gozan en TURIA de un notable protagonismo. Un total de 33 creadores aragoneses o radicados aqu&iacute; participan en cada una de las diez secciones de la revista con sus relatos, poemas, art&iacute;culos, cr&iacute;ticas de libros o ilustraciones. No en vano, a lo largo de estas m&aacute;s cuatro d&eacute;cadas de trayectoria, han sido m&uacute;ltiples las ocasiones en que la revista ha ejercido su labor de puente cultural entre el trabajo creativo, de investigaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n de dichos autores y el realizado por los grandes nombres de la cultura universal.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista que tiene una versi&oacute;n en papel, de periodicidad cuatrimestral, y otra digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria y que cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y en su patrocinio participan el Ayuntamiento de Teruel, el Gobierno de Arag&oacute;n y la Caja Rural de Teruel. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias a la colaboraci&oacute;n del Instituto Rumano de Cultura.</p>
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<p><strong>BU&Ntilde;UEL SEG&Uacute;N HENRY MILLER</strong></p>
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<p>Para realizar el art&iacute;culo <em>Henry Miller, cr&iacute;tico de Luis Bu&ntilde;uel</em>, que ahora publica TURIA, Javier Herrera ha partido de la investigaci&oacute;n que realizara Fernando Gabriel Mart&iacute;n para su exhaustivo y admirable libro <em>El ermita&ntilde;o errante. Bu&ntilde;uel en Estados Unidos</em>, publicado en 2009. Teniendo en cuenta esos antecedentes, ha profundizado en la tarea haciendo uso de las numerosas fuentes y manuscritos de Henry Miller custodiados en la Universidad de Yale, en la Universidad de California &ndash; Los &Aacute;ngeles (UCLA), en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, en la Biblioteca del Congreso y en la Biblioteca P&uacute;blica de Nueva York. A trav&eacute;s de ellos, y seg&uacute;n escribe Herrera en la revista, &ldquo;hemos podido reconstruir el proceso creativo de los textos de Miller sobre Bu&ntilde;uel as&iacute; como descubrir un interesante material in&eacute;dito que daremos a conocer pr&oacute;ximamente en una monograf&iacute;a sobre el tema&rdquo;. Como anticipo TURIA ofrece el impacto que, para el autor de libros como <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>, supuso la visi&oacute;n en un cine parisino de una pel&iacute;cula como <em>Un perro andaluz</em>.</p>
<p>Herrera da noticia y analiza tres textos manuscritos del escritor Henry Miller sobre Bu&ntilde;uel. En el primero de ellos, titulado <em>Primer domingo en Par&iacute;s</em> y fechado en marzo de 1930, refleja sus primeras impresiones tras su retorno a la capital francesa y narra su visita al cine Studio 28, al que califica como &ldquo;cine intelectual de Par&iacute;s&rdquo; para ver <em>Un perro andaluz</em>, de la que dice: &ldquo;nunca en Estados Unidos esperar&iacute;a ver una pel&iacute;cula as&iacute;, ni siquiera cuando llegue el milenio&rdquo;. A continuaci&oacute;n afirma que a&uacute;n &ldquo;no s&eacute; de qu&eacute; se trataba, excepto inconscientemente, si se me permite la expresi&oacute;n&rdquo;, una apreciaci&oacute;n que sin duda expresa claramente los titubeos y el despiste que a&uacute;n ten&iacute;a en relaci&oacute;n con el mundo que el surrealismo hab&iacute;a revelado a la expresi&oacute;n art&iacute;stica contempor&aacute;nea, movimiento con el que seguramente esperaba conectar a trav&eacute;s de Bu&ntilde;uel.&nbsp;</p>
<p>Sin duda, la vida y la obra de Luis Bu&ntilde;uel generan un permanente inter&eacute;s m&aacute;s all&aacute; de las modas. De ah&iacute; que haya sido la figura que ha gozado de mayor protagonismo durante las m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de existencia de la revista cultural TURIA. Por lo tanto, puede afirmarse que Bu&ntilde;uel se ha erigido en su &ldquo;santo patr&oacute;n laico&rdquo; si hacemos caso a aquellos datos que lo acreditan. Por ejemplo, son m&aacute;s de 1.200 p&aacute;ginas in&eacute;ditas las que se han publicado en la revista sobre su trayectoria vital, f&iacute;lmica y literaria, distribuidas en ocho espectaculares monogr&aacute;ficos. En ellos han colaborado desde cineastas como Carlos Saura, Jos&eacute; Luis Borau, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Bertrand Tavernier, Gonzalo Su&aacute;rez o &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde, hasta los m&aacute;s relevantes estudiosos de su cine, como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Rom&aacute;n Gubern o V&iacute;ctor Fuentes, o colaboradores de Bu&ntilde;uel como su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y los actores Catherine Deneuve, Silvia Pinal o Fernando Rey. No podemos olvidar tampoco las aportaciones in&eacute;ditas en TURIA sobre Bu&ntilde;uel de creadores como Luis Eduardo Aute o Guillermo Cabrera Infante.&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo de los monogr&aacute;ficos de TURIA sobre Bu&ntilde;uel, hoy agotado, se public&oacute; en 2023, con motivo de celebrarse el 40 aniversario de la creaci&oacute;n de la revista y de la muerte de Bu&ntilde;uel. En aquel momento, TURIA public&oacute; un amplio dossier especial sobre <em>Bu&ntilde;uel y la literatura</em>, en el que analizaba a fondo su obra literaria a trav&eacute;s de dieciocho autores. Nueve especialistas estudiaron sus textos y otros nueve escritores cin&eacute;filos elaboraron relatos in&eacute;ditos que tienen a Bu&ntilde;uel y/o a su cine como elemento vertebrador de sus narraciones. Todo este importante trabajo colectivo fue coordinado por Jordi Xifra, actual director del Centro Bu&ntilde;uel de Calanda, reputado estudioso del cineasta turolense y catedr&aacute;tico de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.</p>
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<p><strong>LA PRECOCIDAD DE ANTONIO SAURA Y SU DEFENSA DEL ARTE MODERNO</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>El pintor y escritor Antonio Saura (Huesca, 1930 - Cuenca, 1998), uno de los nombres propios m&aacute;s sobresalientes del arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo, estuvo siempre muy vinculado a TURIA. Por ejemplo, sus ilustraciones formaron parte del inolvidable monogr&aacute;fico dedicado a Goya en 1996 con motivo del 250 aniversario del nacimiento en Fuendetodos del genial creador aragon&eacute;s. En homenaje a esa colaboraci&oacute;n y apoyo constante de Antonio Saura, la revista le dedic&oacute;, en 2004, su n&uacute;mero 68-69. Ahora, con la valiosa contribuci&oacute;n de Chus Tudelilla, TURIA profundiza en una faceta de su biograf&iacute;a que conviene reivindicar y difundir con mayor precisi&oacute;n y detalle: sus primeros y ya certeros pasos como escritor y defensor de la modernidad creativa. Un papel que se inicia con la redacci&oacute;n y edici&oacute;n de la revista <em>Nosotros</em>. Ten&iacute;a Saura dieciocho a&ntilde;os y, su editorial del&nbsp; n&uacute;mero 1 fechado en marzo de 1949, es una reveladora declaraci&oacute;n de intenciones. Un testimonio fundamental para comprobar que siempre guard&oacute; estricta fidelidad a aquel manifiesto en el que se aseguraba: &ldquo;hablaremos, ante todo, de lo nuevo. Defenderemos el arte moderno, aunque no nos encerramos en determinado ismo. Defenderemos la poes&iacute;a que busca libertad de formas y expresi&oacute;n. Comentaremos todas aquellas ideas que renueven los horizontes. Hablaremos sobre los problemas de nuestra juventud. Defenderemos el humor nuevo, tanto gr&aacute;fico como literario. Defenderemos la moderna m&uacute;sica, as&iacute; como la de jazz. Criticaremos todo aquello que no nos guste. Nuestra &uacute;nica pol&iacute;tica ser&aacute; pol&iacute;tica de paz&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Respecto a su colaboraci&oacute;n en <em>La Hora. Semanario de los Estudiantes Espa&ntilde;oles</em>, Chus Tudelilla nos confirma que se inici&oacute; en el n&uacute;mero 40 (4 de diciembre de 1949) y finaliz&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, en el n&uacute;mero 73 (10 de diciembre de 1950). Ambos dedicados a las publicaciones de arte moderno en Espa&ntilde;a. Es significativo que, como se escribe ahora en TURIA: &ldquo;a trav&eacute;s de la lectura de las reflexiones de Saura asistimos en la distancia a los proyectos de quienes se esforzaron en mantener activa la memoria de tantas cosas que amenazaban con perderse y en estar informados de lo que suced&iacute;a en el exterior de un pa&iacute;s ensimismado en la tristeza&rdquo;.</p>
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<p><strong>ANA SIM&Oacute;N HINOJO, CREATIVIDAD SI FRONTERAS</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Este n&uacute;mero 155 de la revista TURIA cuenta, en su parte gr&aacute;fica, con la valiosa y atractiva contribuci&oacute;n de la turolense Ana Sim&oacute;n Hinojo. Con ella se demuestra, una vez m&aacute;s, que la creatividad no conoce fronteras y que las distintas disciplinas art&iacute;sticas son en realidad aut&eacute;nticos vasos comunicantes. En su caso, ejerce con id&eacute;ntica brillantez y originalidad su tarea como violinista profesional y su brillante labor como ilustradora.&nbsp;</p>
<p>Nacida en Teruel en 1992, Ana Sim&oacute;n Hinojo finalizar&iacute;a sus estudios de M&aacute;ster de viol&iacute;n en la Hochschule f&uuml;r Musik und Theater Felix Mendelssohn Bartholdy de Leipzig, Alemania y vuelve a Arag&oacute;n, donde tras formarse en la Escuela de Arte de Zaragoza y en la de Teruel, obtiene el T&iacute;tulo de T&eacute;cnica Superior de Artes Pl&aacute;sticas y Dise&ntilde;o en Ilustraci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Como violinista forma parte de diversas orquestas nacionales e internacionales y participa en numerosos festivales; actuando en las salas m&aacute;s prestigiosas de Europa y Asia. Como ilustradora, trabaja realizando encargos de todo tipo: retratos, car&aacute;tulas de CD, logotipos, videoclips, portadas, invitaciones, <em>live art</em>, y publicidad.</p>
<p>En su obra gr&aacute;fica m&aacute;s personal, como la que integran las 11 ilustraciones que publica TURIA, Ana Sim&oacute;n Hinojo retrata a m&uacute;sicos en formato mini dentro de sus propios instrumentos. Esos que tanto aman y de los que son inseparables. Pues les dedican mucho tiempo y energ&iacute;a a lo largo de su vida. Los conocen muy bien y viven juntos m&uacute;ltiples experiencias y todo tipo de emociones que calan profundamente en su ser. Llegando a ser una prolongaci&oacute;n de s&iacute; mismos.</p>
<p>Por un lado, su enfoque art&iacute;stico se centra en la reinterpretaci&oacute;n de aquellas partes de instrumento, creando nuevas asociaciones y significados, desafiando la forma en que los percibimos en la vida cotidiana. Y por otro, indaga en la personalidad de cada uno para ofrecer una s&iacute;ntesis de su interacci&oacute;n.</p>
<p>Escuchar y ver a un m&uacute;sico interactuar con su instrumento, le permite percibir aquello que no podemos describir. Eso &uacute;nico y especial de cada uno que s&oacute;lo lo sentimos. En su obra, trata de captar la esencia de cada m&uacute;sico y reflejar, c&oacute;mo el instrumento, que es para el m&uacute;sico su vida y su mundo, ahora es el lugar donde el m&uacute;sico hace su vida y crea su mundo propio.</p>
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<p><strong>31 AUTORES ARAGONESES ESCRIBEN EN TURIA</strong></p>
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<p>Cada nuevo sumario de TURIA&nbsp; es un claro ejemplo de integraci&oacute;n cultural de autores de diversas procedencias geogr&aacute;ficas, est&eacute;ticas, ideol&oacute;gicas y generacionales. Todo ello sin olvidar nunca el arraigo turolense/aragon&eacute;s de esta revista. Buena prueba de esa filosof&iacute;a de trabajo la constituyen los 31 autores aragoneses que publican textos in&eacute;ditos en las distintas secciones del sumario del n&uacute;mero de la revista que se distribuye este mes de junio de 2025.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, los lectores de TURIA podr&aacute;n disfrutar en la secci&oacute;n de narrativa de dos sugerentes textos de dos autores zaragozanos residentes en Madrid y de notable proyecci&oacute;n medi&aacute;tica: Daniel Gasc&oacute;n (<em>Los novios</em>) y Sara Barquinero (<em>Mira lo que ha tra&iacute;do el gato</em>). Tambi&eacute;n publica un relato del libro de cuentos que est&aacute; ultimando el escritor zaragozano Miguel Serrano Larraz para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o (<em>Apertura</em>), as&iacute; como el avance de un cap&iacute;tulo de la futura nueva novela del escritor y profesor turolense Antonio Castellote. En poes&iacute;a, TURIA da a conocer poemas in&eacute;ditos de David Conde Vitalla, Sof&iacute;a D&iacute;az Gotor, Ramiro Gair&iacute;n, Luisa Mi&ntilde;ana, Ang&eacute;lica Morales, Juan Antonio Tello, Almudena Vidorreta y Manuel Vilas.&nbsp;</p>
<p>Otra de las secciones habituales de la revista es La isla, que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer.&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de las aportaciones ya comentadas sobre la relaci&oacute;n del escritor norteamericano Henry Miller con el cine de Bu&ntilde;uel, y del art&iacute;culo de Chus Tudelilla sobre los primeros textos publicados por el artista oscense Antonio Saura, hay que subrayar la nutrida presencia de aragoneses en la secci&oacute;n La Torre de Babel. Es el apartado que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros, y en &eacute;l se ofrecen cuidadas rese&ntilde;as de libros de ficci&oacute;n, de no ficci&oacute;n y de poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros idiomas traducidos al espa&ntilde;ol. La amplitud y calidad de esta secci&oacute;n han convertido a TURIA en una de las revistas que m&aacute;s y mejor practican la cr&iacute;tica literaria entre las publicaciones y suplementos culturales de Espa&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, ejercen como cr&iacute;ticos, un total de 18 &nbsp;aragoneses o radicados aqu&iacute;: Pedro Bosqued, Rosa Burillo, Enrique Cebri&aacute;n Zazurca, Eva Cosculluela, Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, David Lorenzo Cardiel, Juan Marqu&eacute;s, Manuel Mart&iacute;nez-Forega, Guillermo Molina Morales, Gonzalo Mont&oacute;n Mu&ntilde;oz, Pedro Moreno P&eacute;rez, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval, Pablo P&eacute;rez Rubio,&nbsp; Alfredo Salda&ntilde;a, Enrique Villagrasa, Juan Villalba Sebasti&aacute;n y Jes&uacute;s Villel.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 12:01:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un regreso que es, a la vez, pena y alivio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-regreso-que-es-a-la-vez-pena-y-alivio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_SANMART_N_-_Fotograf_a_de_Oliver_Duch_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Fernando Sanmart&iacute;n, convertido en un referente en el panorama literario aragon&eacute;s, ofrece en su nueva entrega po&eacute;tica, editada con gusto y mimo por Papeles M&iacute;nimos, un paisaje l&iacute;rico de su estancia en Suecia durante el verano de 2023. Como &eacute;l mismo explica en la nota final del libro, estos versos son fruto accidental de su estancia en el centro de arte y cultura de Konstepidemin, en la ciudad sueca, puesto que su primera intenci&oacute;n era comenzar un libro de viajes, pero la poes&iacute;a es un g&eacute;iser incontrolable y el viajero Sanmart&iacute;n, que el a&ntilde;o pasado entreg&oacute; <em>Archivo fotogr&aacute;fico</em> (Cuadernos el mirador, 2024) y dos a&ntilde;os antes, <em>Evitar la niebla</em> en esta misma colecci&oacute;n, est&aacute; levantando a trav&eacute;s de entregas contenidas una pen&uacute;ltima obra po&eacute;tica plena de mimo, viajes y refugio, en su doble papel sensible y geogr&aacute;fico.&nbsp;</p>
<p>Una portada de pantone verde mar, las palabras de Jorge Luis Borges, con la oscuridad del comienzo y la sensualidad del cierre en Marguerite Duras (dos de las coincidencias con la obra &uacute;ltima de Aloma Rodr&iacute;guez, por cierto. No las &uacute;nicas), son la cohesi&oacute;n que necesita este cat&aacute;logo n&oacute;rdico de paz clara y vapor tibio: &ldquo;Otra noticia me muestra el inventario / de los espejos&rdquo;. Escandinavo contraste, el del carb&oacute;n ardiente y el fr&iacute;o lixiviado de la nieve, con el paso del tiempo, en la lectura de Her&aacute;clito: &ldquo;No hay agua pantanosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sanmart&iacute;n utiliza el mar como espejo blanco que refleja la luz hacia el tono elegido: &ldquo;En un faro siempre hay un l&iacute;mite / como en nosotros&rdquo;. Un instante, para el viajero, en el que las palabras Jack Kerouac van de la comisura al est&oacute;mago, el camino como exigencia y esa calidez que ofrece el final del mundo, all&iacute; donde termina el tranv&iacute;a, donde el paganismo sit&uacute;a el abismo que recibe todas las aguas del mundo. &iquest;Todav&iacute;a tienes cobertura, Fernando?&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El poeta no puede huir de todo. Debe permitir que un poco del mundo, de la ciudad, quede dentro de &eacute;l: &ldquo;El olvido es como la nieve / &iquest;a d&oacute;nde voy?&rdquo; con la civilizaci&oacute;n disfruta el poeta laminero, al que conoc&iacute;amos de otros libros, como al azar, un compa&ntilde;ero, una inspiraci&oacute;n. Media tarde, casi noche de la vida: &ldquo;Miro la memoria y est&aacute; lejos el invierno&rdquo;. Evita las vulgares dimensiones eucl&iacute;deas, como el tiempo y la distancia, para entregarse al recuerdo como distorsi&oacute;n para la electricidad de su l&iacute;rica. Manipula como un alfarero lo que contempla, la plasticidad de los lugares y sus nombres, como un conflicto, intercambiables para el lector que termina por interiorizar la distancia. Una bisagra, la de la lejan&iacute;a que se cuida con gr&uacute;a y pez (siendo pez a la vez, animal y alquitr&aacute;n, llenando los boquetes). Destilados que llena mares hasta convertir la &iacute;nsula en continente. Por un segundo, atrapados abruptamente en la calidez artificial del alcohol, disfruta de un sabroso bacalao con salsa de eneldo o una pasta con vodka, alimentos, que m&aacute;s all&aacute; del superlativo, son nutritivos, dolor y sal, la supervivencia: Louise Gl&uuml;ck y Ramiro Garir&iacute;n, Pink Floyd y Luis Eduardo Aute.&nbsp;</p>
<p>Un libro de cuerpo entero, de ropa de abrigo, de fragancia frente a un mar de botella verde profunda (repito y repito por lo profuso del color, en portada y en verso), el ferri, donde el vidrio va y viene: &ldquo;El viento es su disc&iacute;pulo / el alma todav&iacute;a no tiene t&uacute;neles&rdquo;, el destino juega con los j&oacute;venes a un escondite de arrugas y promesas que se cumplen. En un archipi&eacute;lago de libros los de geograf&iacute;a de EGB tienen permiso a ser olvidados, un porfolio de t&eacute;rminos: &ldquo;El agua no desaf&iacute;a al bronce&rdquo;, el amor infiel, el amor apurado por el fr&iacute;o de la calle que convierte la pasi&oacute;n en humo, aire saturado hasta que colapsa, exige diligencia. Sanmart&iacute;n observa: &ldquo;Se hacen una foto junto a ese barco / el enigma rodea la balanza / lo incierto&rdquo;. Pescado que saben a pasado, el aplauso de una mujer que nunca est&aacute; sola, la acompa&ntilde;a su amante o la m&uacute;sica, Bach: &ldquo;Descifran la despedida / el terreno de los sabios&rdquo;, tiene que &ldquo;Escoge el fin o el fr&iacute;o&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En la contemplaci&oacute;n de las plazas de Europa, donde abunda el caf&eacute; y las catedrales. Catedrales ap&oacute;crifas, en el cuerpo o la religi&oacute;n: &ldquo;Escribo / no ser derrotado por la herencia del ruido / dar de beber al humo / tender una herida junto a la ropa&rdquo;. Poeta de conciencia, de cuerpo, poeta de los colores en la Europa septentrional, donde el Mediterr&aacute;neo es memoria y el fr&iacute;o una excusa para retener las pasiones. La conciencia, la exigencia m&aacute;s bien, de un n&aacute;ufrago cuando lo rodea el mar, un oc&eacute;ano de alga y ajenjo, una posada, el nombre de una parada, la mujer y el hijo: &ldquo;La luz es un gato abandonado / hay un folleto en los silencios / amanece pronto&rdquo;. Otro, espejo, cuerpo, m&aacute;scara.&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte, un jard&iacute;n bot&aacute;nico: &ldquo;Sin pacto con los p&aacute;rpados / la indiferencia es una rama en el suelo&rdquo;, el bol&iacute;grafo en la acera, el <em>doppelg&auml;nger</em> de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s que pide una nota explicativa. La ciudad, esta vez, no est&aacute; atrapada por la sed. Postales que son, claro, botellas, el mismo vidrio de la portada, caf&eacute; y recuerdos: &ldquo;El miedo sabe que ya no le obedezco&rdquo;. No hace falta citar referencias, Sanmart&iacute;n es un caso de observaci&oacute;n, las notas y los autores son sugerencias expl&iacute;citas en su escritura, como el caf&eacute; o el t&eacute;, el guiso o el pan reci&eacute;n hecho, la ternura del vino, la frescura de la cerveza. Roberto Bola&ntilde;o como excusa, la distancia cualitativa entre un camping de la Catalu&ntilde;a interior y una residencia en Suecia, pero, al final, ambos capturan la vida en &oacute;leos, en el equilibro entre el pintor y el coleccionista, el meandro y el caballete. Te los imaginas, ni&ntilde;os siempre, tachando con su bol&iacute;grafo los cromos de la infancia.&nbsp;</p>
<p>En el parque el poeta deja caer sus frutos y el sustrato del verso crece, la poes&iacute;a es una sorpresa y el regreso, a la vez, p&eacute;rdida y alivio: &ldquo;Me encaramo al pasado como a un muro&rdquo;. Los dioses del trueno, tuertos y cansados, en el fin de semana de G&ouml;teborg rememoran sus glorias pasadas, dioses sin culto, dioses divorciados de la gente&hellip; hablar, en el viaje, del regreso es como un enemigo imposible de esquivar: &ldquo;La vida no es un idioma extra&ntilde;o que deba traducir / echar&eacute; de menos la ca</p>
<p>sa / abandonar m&aacute;s despacio el territorio / la autor&iacute;a del tiempo&rdquo;. Sanmart&iacute;n no sabe despedirse: &ldquo;Uso palabras como un superviviente / que se habla a s&iacute; mismo&rdquo;, deja pedazos de su continente en los lugares, un contenido infinito antes de volver y cargar de queroseno su coraz&oacute;n y su pluma, la tinta junto al Ebro. &iquest;Para qu&eacute; est&aacute;s preparado? Para contener al mundo, toda su belleza, en unos pocos versos. Como estos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Sanmart&iacute;n, <em>Costa Oeste. Poemas de G&ouml;teborg</em>, Fernando Sanmart&iacute;n, Madrid,&nbsp; Papeles M&iacute;nimos Madrid 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 11:21:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Identidad, memoria e interpretación de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/identidad-memoria-e-interpretacion-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORGE_URRUTIA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tal y como se explica en el exhaustivo pr&oacute;logo de la mano de Jos&eacute; Mar&iacute;a Fern&aacute;ndez V&aacute;zquez y Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, Jorge Urrutia es mucho m&aacute;s conocido por una dilatada y brillante obra acad&eacute;mica, que por su obra literaria en verso y prosa. Ha venido a solucionarlo con esta estupenda reedici&oacute;n <em>De una edad tal vez nunca vivida</em>, aunque yo esperaba una renovada antolog&iacute;a de su poes&iacute;a, incluidos los proemas o poemas en prosa. Me he encontrado, sin embargo, con unas memorias l&iacute;ricas, pulcras y entra&ntilde;ables (no solo, pues tambi&eacute;n son testimoniales), llenas de ecos de una/s vidas complejas, que, aunque conocidas, pues aparecieron en Bartleby en 2010, se renuevan con esa ubicaci&oacute;n precisa hecha por los prologuistas. &nbsp;</p>
<p>Memorias llenas del testimonio de una Espa&ntilde;a y un oikos en sus intersecciones, reencontrados o recuperados a trav&eacute;s de lo m&aacute;s &iacute;ntimo, la familia o el propio asumir y mirar, adentrarse, acu&ntilde;ar perspectivas desde la poes&iacute;a de la edad, es decir, reflexivas. En efecto, Urrutia tiene una larga y casi secreta trayectoria l&iacute;rica, eclipsada en buena medida por la acad&eacute;mica, desde <em>L&aacute;grimas saladas</em> (1966) - pero no es un poeta tard&iacute;o como tantos profesores, pues de raza le viene al galgo- y cuya trayectoria se ha continuado, con nuevas entregas y antolog&iacute;as, hasta los de 2020.</p>
<p>Normalmente la cr&iacute;tica ha destacado <em>Delimitaciones</em> (1985) y <em>Cabeza de lobo para un pasavante</em> (1996) o <em>El mar o la impostura</em> (2004), junto a esta reedici&oacute;n, tambi&eacute;n echada en falta. Una trayectoria que ha sabido evolucionar desde lo colindante inicial con la materia realista (desligada de lo mim&eacute;tico con los or&iacute;genes de esa perspectiva y en camino hacia la ruptura de los 60/70), comprometida o como quieran llamarla, hasta la aventura de la irrupci&oacute;n del lenguaje, pero con el ancla puesta en un Antonio Machado, y a quien Araceli Iravedra acaba de dedicar un fant&aacute;stico trabajo: &ldquo;Son sus huellas el camino. Antonio Machado en la memoria po&eacute;tica del siglo XX&rdquo;. Y en la de Jorge Urrutia, como no podr&iacute;a ser menos, tambi&eacute;n.</p>
<p>Con <em>De una edad tal vez nunca vivida</em>, libro dividido en tres partes, asistimos a un esfuerzo por la identidad, la memoria y la interpretaci&oacute;n de la vida desde los vencidos en la guerra de 1936, tambi&eacute;n a las memorias personales ah&iacute; enraizadas, pero con otro vuelo. Y desde uno de los poetas importantes, Leopoldo de Luis, no solo por su poes&iacute;a, sino por los trabajos que delimitaron el fin de una &eacute;poca y el comienzo de otra a trav&eacute;s de la celeb&eacute;rrima antolog&iacute;a sobre la poes&iacute;a social, reeditada en el 2000 y en la mente de todos, <em>Poes&iacute;a social contempor&aacute;nea, antolog&iacute;a (1939-1968).</em> La prosa de Jorge Urrutia, precisa, brillante, sucinta, va rastreando un ramillete de asuntos en breves escenas desde el yo y la familia, recuerdos, pasajes, circunstancias, algunas tan duras como las de los hermanos obligados a cavar su propia tumba, o la de un padre que es enlace del maquis, entre muchas otras entra&ntilde;ables, o &ldquo;la memoria, el tiempo y el olvido&rdquo;. &nbsp;Tambi&eacute;n asistimos a reflexiones de la edad tard&iacute;a, por decirlo con Luis Landero, o a lecturas, solo las &ldquo;prospectivas&rdquo; dir&iacute;a el recientemente fallecido Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, de un momento de Espa&ntilde;a que es el que hemos vivido muchos a trav&eacute;s de nuestros padres, cada uno con su circunstancia, y convierten al libro en un testimonio y una sentimentalidad de un momento. Sin tristezas, pese a todo, porque como sabe decir, animoso, Jorge Urrutia, pese a todo, &ldquo;quedan los lugares, la amistad y el recuerdo. Porque la vida hizo en m&iacute; su nido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Urrutia, <em>De una edad tal vez nunca </em>vivida, Madrid, C&aacute;tedra, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 11:06:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Gabriela Adamesteanu y Tatiana Tîbuleac ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-gabriela-adamesteanu-y-tatiana-tibuleac/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/GABRIELA_ADAMESTEANU_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n muy destacable es el contenido que ofrece TURIA en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas, el fil&oacute;sofo y escritor Jorge Freire se ocupa de analizar la vida y obra de un autor tan fascinante como comprometido: Arthur Koestler. De &eacute;l nos dir&aacute; en su art&iacute;culo: &ldquo;Hay ni&ntilde;os que traen un pan bajo el brazo; &eacute;l tra&iacute;a un cartucho de dinamita. Hijo de su tiempo, Koestler abraz&oacute; causas insensatas con el fervor del converso y las solt&oacute; con la furia del ap&oacute;stata&rdquo;. Sin duda, en un presente tan conflictivo y a menudo sombr&iacute;o como el nuestro, conviene conocer y tener en cuenta &nbsp;la controvertida figura de Koestler. Es la suya una biograf&iacute;a tumultuosa y muy variada, con inesperados y bruscos cambios ideol&oacute;gicos y vitales. Fue Koestler un inclasificable escritor, pensador, esp&iacute;a y periodista nacido en Hungr&iacute;a y muerto en Londres. Un ser complejo, inteligente y pasional, que vivi&oacute; los acontecimientos m&aacute;s decisivos del siglo XX, desde la Revoluci&oacute;n Rusa hasta el conflicto entre israel&iacute;es y palestinos, pasando por la Guerra Civil Espa&ntilde;ola y la Segunda Guerra Mundial.&nbsp;</p>
<p>La conversaci&oacute;n que TURIA publica con Gabriela Adamesteanu ha sido realizada por Marian Ochoa de Uribe, un&aacute;nimemente considerada como la mejor traductora literaria del rumano que existe en Espa&ntilde;a. Se trata de una entrevista que &nbsp;tiene como objetivo que el lector conozca mejor la rica personalidad y la extensa obra de la escritora y periodista nacida en 1942. Gabriela es una de las autoras m&aacute;s destacadas de la literatura rumana contempor&aacute;nea. Su obra, que incluye novelas y colecciones de relatos, ha sido traducida a diversas lenguas y la ha hecho merecedora de reconocimientos como la Orden de las Artes y las Letras que concede el Ministerio de Cultura franc&eacute;s. Gabriela es de los pocos autores que, en su pa&iacute;s, han sido capaces de combinar con&nbsp; maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra.&nbsp;</p>
<p>En la entrevista, Gabriela Adamesteanu declara que su &ldquo;&uacute;nico credo ha sido no mentir, pero en una sociedad totalitaria no resulta sencillo&rdquo;. Y es que, en sus novelas y relatos, Gabriela ha conseguido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira. Ha escrito sobre los destinos de las personas corrientes, sobre c&oacute;mo se enfrentan a las dificultades cotidianas, sobre los traumas que las guerras y las dictaduras de esta sufrida parte de Europa les han causado. En Espa&ntilde;a, se han publicado tres libros suyos: <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (2009), <em>Vidas provisionales</em> (2022) y <em>Fontana di Trevi</em> (2024).&nbsp;</p>
<p>Otra escritora rumana de proyecci&oacute;n mundial, Tatiana T&icirc;buleac, es tambi&eacute;n protagonista de la secci&oacute;n que TURIA dedica a entrevistas &nbsp;en &nbsp;profundidad. En esta ocasi&oacute;n, es el periodista y poeta Fernando del Val quien dialog&oacute; con T&icirc;buleac en la ciudad francesa de &nbsp;Saint Germain en Laye, a treinta kil&oacute;metros de Par&iacute;s, donde reside. Nacida en 1978, la autora moldava-rumana public&oacute; su primer libro en 2014 y fue un conjunto de cincuenta relatos cortos titulado <em>F&aacute;bulas modernas</em>. Con &eacute;l alcanz&oacute; el &eacute;xito en su pa&iacute;s. Luego, dos novelas le han bastado para hacerse un nombre en el panorama europeo: <em>El verano que mi madre tuvo los ojos verdes</em> (2017), una historia sobre la muerte, la redenci&oacute;n, la maternidad y la reconciliaci&oacute;n. Su segunda novela es <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> (2018), que obtuvo el Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea. Ambas est&aacute;n traducidas al espa&ntilde;ol.</p>
<p>En la entrevista, Tatiana Tibuleac afirma que &ldquo;en todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias&rdquo; y que &ldquo;hay que precaverse de ellas&rdquo;. Por otra parte, tambi&eacute;n confiesa que &ldquo;nunca escribo sobre m&iacute; pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GABRIELA ADAMESTEANU: &ldquo;DUDO QUE LA PERTENENCIA DE G&Eacute;NERO/EDAD SEA EL PASAPORTE PARA ADENTRARSE EN UNA INTIMIDAD DESCONOCIDA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la conversaci&oacute;n que publica TURIA con Gabriela Adamesteanu, Marian Ochoa de Uribe, describe muy bien las caracter&iacute;sticas y los m&eacute;ritos de esta escritora rumana de gran prestigio en Europa: &ldquo;Pocos autores han sido capaces de combinar con tanta maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra. Dotada de un o&iacute;do excepcional para captar los ecos m&aacute;s sutiles de las voces de sus personajes, resulta imposible no dejarse llevar por su br&iacute;o narrativo a trav&eacute;s del laberinto hist&oacute;rico reciente de Ruman&iacute;a. Las novelas de Gabriela Adameşteanu son el m&aacute;s acabado ejemplo de que la Historia por s&iacute; sola no alcanza a descubrir ni revelar las vivencias m&aacute;s profundas del individuo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La dedicaci&oacute;n a la ficci&oacute;n de Adamesteanu, su carrera literaria, fue tard&iacute;a. Seg&uacute;n confiesa&nbsp; en la entrevista, &ldquo;a lo largo de mi vida, he evitado muchas veces ser escritora. Las causas son m&uacute;ltiples y nacen de la educaci&oacute;n recibida en casa para la &lsquo;se&ntilde;orita&rsquo; de la familia: mi madre, al ver que me &lsquo;devoraba&rsquo; la pasi&oacute;n por la lectura, se tem&iacute;a que yo no fuera normal&rdquo;. Por otra parte, &ldquo;el rechazo al oficio de escritora se deb&iacute;a tambi&eacute;n a la literatura propagand&iacute;stica de los manuales escolares (odas a Stalin, al Partido Comunista, el &uacute;nico y todopoderoso, etc.) y al &lsquo;realismo socialista&rsquo;, el m&eacute;todo literario obligatorio, importado de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, que se me impuso por la fuerza. (&hellip;) Los inadaptados viv&iacute;an en la miseria o estaban en la c&aacute;rcel, gran parte de la literatura rumana y extranjera estaba prohibida y yo estaba convencida de que no se pod&iacute;a hacer literatura verdadera en el pa&iacute;s donde viv&iacute;a. Sigui&oacute;, mientras estaba en la facultad, un periodo de apertura pol&iacute;tica y cultural, la historia y la teor&iacute;a literaria cambiaban de un d&iacute;a para otro. Lo viv&iacute; con alegr&iacute;a, luchando con toda mi alma por borrar los automatismos del realismo socialista y el viejo vocabulario cr&iacute;tico, descubr&iacute; los libros hasta entonces prohibidos y redact&eacute; mi tesina con el tema &lsquo;Modificaciones del personaje literario en Marcel Proust, A la b&uacute;squeda del tiempo perdido&rsquo;, un ciclo de novelas que tuvo un gran impacto en mi escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Reconoce Gabriela Adamesteanu en TURIA que &ldquo;mi &uacute;nico credo ha sido no mentir, algo que puede parecer banal, pero que, en una sociedad totalitaria que quiere hacer propaganda a trav&eacute;s de la literatura y el arte, no resulta sencillo. No he tenido credos c&iacute;vicos como escritora (los he tenido, sin embargo, como periodista), no me gusta la literatura &ldquo;con mensaje expl&iacute;cito&rdquo;. En mis novelas y relatos he querido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Igualmente, en la entrevista que publica TURIA, Adamesteanu reconoce que &ldquo;amo la literatura tambi&eacute;n en los libros de mis colegas, indiferentemente de la generaci&oacute;n a la que pertenezcan. Para m&iacute;, cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero: me interesa la manera como ve el mundo otra persona, la forma como cuenta su historia&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>TATIANA T&Icirc;BULEAC: &ldquo;EN TODAS LAS &Eacute;POCAS HA HABIDO DERIVAS AUTORITARIAS. HAY QUE PRECAVERSE DE ELLAS&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Tatiana T&icirc;buleac (Chisinau, Moldavia, 1978) protagoniza en TURIA una larga, sincera y valiosa conversaci&oacute;n que permite conocer con detalle su trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que nos muestra c&oacute;mo, en ocasiones como la suya, una vocaci&oacute;n temprana llega a feliz t&eacute;rmino superando las expectativas iniciales. Y es que T&icirc;buleac es hija de un padre periodista y una madre editora y creci&oacute;, por tanto, rodeada de libros y peri&oacute;dicos. Circunstancia que propici&oacute; su inclinaci&oacute;n a la lectura y a la escritura.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Preguntada por la diferencia entre la inocencia y la ingenuidad, T&icirc;buleac se muestra gratamente sorprendida: &ldquo;Es el primero que habla de inocencia en mis libros, siempre me preguntan por qu&eacute; soy tan cruel, o por qu&eacute; mis personajes son tan miserables, o por qu&eacute; mueren todos o est&aacute;n enfermos, o son infelices en el amor. Me gusta ese concepto de la inocencia porque es verdad que trato de no maquillar demasiado a mis personajes&rdquo;. A lo que a&ntilde;ade, sobre la cuesti&oacute;n de la libertad que desprenden: &ldquo;es verdad que les dejo ser como son. Siempre me baso en una persona real cuando invento uno. Lo que dice es interesante porque para mucha gente la libertad es algo por lo que necesita luchar. En cambio, a otra le viene dada y no se preocupa de ella. De tal modo, esas personas no quieren ser libres&hellip;&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Tatiana T&icirc;buleac tambi&eacute;n se muestra concluyente cuando se le demandan los motivos por los que no existe una reacci&oacute;n dura contra el comunismo como s&iacute; la hay contra el nazismo: &ldquo;&iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del holocausto que de los campos de exterminio comunistas! Ahora hablan un poco m&aacute;s porque la guerra de Ucrania ha reavivado el pasado, pero antes la gente no pon&iacute;a el comunismo y el antisemitismo al mismo nivel. Y eso que el comunismo fue peor. Llevaban orgullosos una camiseta con la efigie del Che y pensaban que eso era &lsquo;cool&rsquo;. Por supuesto, nadie ha visto &lsquo;cool&rsquo; en ning&uacute;n momento una esv&aacute;stica. Durante demasiado no se ha hablado de ello. Mi familia es un ejemplo. Mi abuela no hablaba de ello &iexcl;y fue deportada! Cuando volvi&oacute; a casa, mi madre era una ni&ntilde;a, pero sobre todo una hija de los enemigos. As&iacute; que mi abuela no quer&iacute;a mantener ese tipo de conversaciones. Prefer&iacute;a centrarse en el contento que suscitaba entre los seres queridos su regreso&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n cree T&icirc;buleac, &ldquo;en todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas. Durante el comunismo pod&iacute;as escribir, claro que pod&iacute;as. Lo mismo que en algunos pa&iacute;ses que tenemos por democr&aacute;ticos hoy. Pod&iacute;as incluso ser famoso: s&oacute;lo ten&iacute;as que escribir lo que quer&iacute;a el poder. Publicar era posible. La clave estaba en lo que escrib&iacute;as. Tampoco se puede decir que los escritores que se hicieron famosos no fueran buenos, algunos libros son muy buenos. La historia dejar&aacute; los libros de calidad, sin componente ideol&oacute;gico&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En otro momento de la conversaci&oacute;n, Tatiana T&icirc;buleac &nbsp;reconoce que &ldquo;Puede haber libros buenos que contengan ideas racistas, y que la gente de hoy los rechace. Es como si la belleza de ellos fuera insuficiente porque hacen da&ntilde;o a grupos de poblaci&oacute;n. No creo en relaciones estrechas entre creadores e ideolog&iacute;a. El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso, que puede ser bueno o malo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sostiene, por &uacute;ltimo, T&icirc;buleac que no cree que su vida consista s&oacute;lo en escribir. Sin embargo, pero estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el temor a no hacerlo me ha hecho sentir mal incluso f&iacute;sicamente. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no puedo escribir lo que quiero?&rdquo;. He sido infeliz al costarme sacar adelante mi libro. Eso significa que, incluso aunque no lo admita, escribir est&aacute; en todo lo que hago, estoy adherida a ello. &iquest;Esto es bueno? No creo. Era m&aacute;s feliz cuando no escrib&iacute;a&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>ARTHUR KOESTLER, UN CAT&Aacute;LOGO DE BANDAZOS IDEOL&Oacute;GICOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">En el apartado que TURIA consagra al pensamiento, sobresale un nombre propio tan pol&eacute;mico como representativo de las turbulencias pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas y sociales del siglo XX y que tambi&eacute;n se proyectan sobre nuestra &eacute;poca: Arthur Koestler (Budapest, Hungr&iacute;a, 1905 - Londres, Gran Breta&ntilde;a, 1983). No por casualidad, el fil&oacute;sofo y escritor Jorge Freire dir&aacute; en el original art&iacute;culo que le dedica: &ldquo;Pocos escritores han tenido vidas tan explosivas como Arthur Koestler. Fue comunista y anticomunista, esp&iacute;a y periodista, pensador y propagandista, hereje y converso. En un parpadeo, pas&oacute; de vender limonada en un bazar de Palestina a ser corresponsal estrella en Berl&iacute;n, del glamur de los c&oacute;cteles con potentados a la soledad de una celda franquista con la sentencia de muerte en el aire. Se jug&oacute; el pellejo en tantas causas que su biograf&iacute;a parece un cat&aacute;logo de bandazos ideol&oacute;gicos. Su &uacute;nica constante fue su absoluta incapacidad para el sosiego&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Jorge Freire, su gran golpe, el m&aacute;s certero de todos, fue su denuncia de su antiguo credo comunista en un libro que marc&oacute; su trayectoria y la de muchos otros: <em>El cero y el infinito</em>. Gracias a &eacute;l, hizo tambalear la fe de media Europa en la URSS: &ldquo;Fue esta novela, y no sus panfletos y su militancia, la que grab&oacute; su nombre en la historia. Saludada por George Orwell como una obra maestra nada m&aacute;s ser publicada, vendi&oacute; decenas de miles de copias en una Inglaterra bombardeada y su traducci&oacute;n al franc&eacute;s alcanz&oacute; el medio mill&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Su &uacute;ltima causa fue la defensa de la eutanasia y pas&oacute; sus &uacute;ltimos a&ntilde;os haciendo campa&ntilde;a por el suicidio asistido: &ldquo;Cuando la leucemia y el Parkinson lo dejaron reducido a una sombra de s&iacute; mismo, asumi&oacute; que la &uacute;nica salida digna era la muerte voluntaria. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1983 cuando se dispuso a orquestar su gran salida de escena, pero no lo hizo solo. Su esposa Cynthia, veintid&oacute;s a&ntilde;os menor y con una salud de hierro, lo acompa&ntilde;&oacute; en el viaje sin retorno. Fue la &uacute;ltima persona a la que Koestler arrastr&oacute; al abismo. El hombre que onde&oacute; tantas banderas cerr&oacute; su historia con la &uacute;nica certidumbre que no pod&iacute;a traicionar: que no habr&iacute;a un ma&ntilde;ana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 10:54:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ensayo como una forma de observación nutricia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ensayo-como-una-forma-de-observacion-nutricia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANDREU_NAVARRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Andreu Navarra (Barcelona, 1981) es uno de los narradores m&aacute;s interesantes del panorama literario actual: el impacto casi sobre natural que produjo en sus lectores el texto <em>Ballard reloaded</em> (H&amp;O, 2023) junto con Beatriz Garc&iacute;a Guirado, y los dos vol&uacute;menes editados por el sello balear Sloper, <em>Hojas</em> (2017) y <em>Una especie de aventura</em> (2019) parec&iacute;an haber desplazado parcialmente su literatura hacia la ficci&oacute;n, pero, con este libro, <em>Raz&oacute;n y demolici&oacute;n (El arte de escribir ensayos)</em>, el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica recupera al Navarra erudito, de pluma afilada, sobrio int&eacute;rprete de las corrientes socioculturales de nuestro tiempo. M&aacute;s all&aacute; de su condici&oacute;n de docente e historiador, Andreu Navarra ha destacado en el campo del ensayo y la investigaci&oacute;n y esta entrega, es, desde su concepci&oacute;n como un ensayo sobre el propio arte de escribir ensayos una especie de cinta de Moebius, sin principio ni fin, una especie de traves&iacute;a circular, armada con un cierto humor ca&uacute;stico que no hace perder en ning&uacute;n momento, la formalidad necesaria para que su lectura sea a la vez nutritiva y cient&iacute;fica.&nbsp;</p>
<p>Es Andreu Navarra una especie imprescindible, un escritor armado de un diapas&oacute;n acad&eacute;mico complejo, que deja espacio para lo cotidiano en los distintos p&aacute;rrafos y cap&iacute;tulos en los que se estructura la obra. Desde &ldquo;El amanecer de la duda&rdquo; donde se enumera una especie de principios fundamentales para el urbanismo del ensayo, gestionando los tiempos de crisis en los que, adem&aacute;s de incertidumbres, se alimentan las propuestas m&aacute;s interesantes. Entre la Espa&ntilde;a de la Restauraci&oacute;n y el franquismo, Andreu enumera, bajo el paraguas de una sensaci&oacute;n de falso orden, nombres como los de P&iacute;o Baroja o Brian Dillon, que no dan juego a la raz&oacute;n, que hablan en su obra de la b&uacute;squeda del sustento a trav&eacute;s de la huida, el nomadismo como fuente de inspiraci&oacute;n hasta caer en la forma h&iacute;brida del ensayo agresivo y simp&aacute;tico. Mezclados, pero no agitados, acaban siendo colonizados por un falso optimismo que en su forma m&aacute;s integral puede acabar vertiendo sus lixiviados en lo que se conoce como ideolog&iacute;a neoliberal, la aut&eacute;ntica cara de la festividad postmoderna.&nbsp;</p>
<p>Andreu incide en el problema del desmantelamiento de la instrucci&oacute;n p&uacute;blica como v&iacute;a para el fin del libre pensamiento pol&iacute;tico, obligando a la persona a la b&uacute;squeda, m&aacute;s agotadora y exigente, en el pensamiento no reglado. En este caso, en mi opini&oacute;n, existe una omisi&oacute;n obvia, que es la dejadez social de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, que alcanza a cualquier estrato social, donde lo inmediato y lo f&aacute;cil evita que se aprovechen al m&aacute;ximo los magn&iacute;ficos medios que la socialdemocracia y la sociedad occidental ha ido proporcionando a todas las capas estructurales, los m&aacute;s humildes, por supuesto, los primeros, al necesitar un acceso gratuito y universal. Todo el libro pivota alrededor de la necesidad de encontrar un culpable extra&ntilde;o, forastero, cuando es el mismo alumno, la misma persona pol&iacute;tica, la que decide, en su ejercicio de libertad, abandonarse al hedonismo mal entendido. Del mismo modo, la idea de una escuela de la vida, de una forma de autoaprendizaje, es un elemento social que acaba eliminando a los intelectuales org&aacute;nicos o los periodistas del r&eacute;gimen, cuarto poder herederos de la nobleza endog&aacute;mica y universitaria. Si bien esto puede ser visto desde un punto de vista &aacute;crata hasta que la visi&oacute;n del individuo no coincide con la del intelectual (org&aacute;nico o inorg&aacute;nico). El periodismo, propaganda en lugar de ensayo, es un tema de actualidad y que surge, de nuevo en mi opini&oacute;n, de la dejadez de prensa, acomodada en la idea de que su pensamiento y el del poder est&aacute; en la misma l&iacute;nea y, adem&aacute;s, es la correcta, con lo cual cualquier pregunta inc&oacute;moda es un brote del siempre resiste &aacute;rbol del fascismo. En Espa&ntilde;a, animados a gastar antes que guardar, nos vemos sometidos a una serie de apocalipsis cotidianos, de situaciones inveros&iacute;miles, que hacen del &ldquo;Derecho a pensar&rdquo; una inc&oacute;moda exigencia m&aacute;s que un derecho adquirido. La religi&oacute;n, la agenda ideol&oacute;gica, esa especie de catecismo civil en el que la cultura tiene algo de aguafiestas haciendo de la herej&iacute;a una necesidad. Evitar una poblaci&oacute;n ganado, buscar una renovaci&oacute;n donde el amor, la revuelta y la lectura sean instrumentos, que lo inmediato del serial deje de imponerse. Seg&uacute;n Andreu Navarra, los autores de hoy compiten para ver qui&eacute;n es m&aacute;s diverso y culpabilizado.</p>
<p>Olvidada la escuela de Madrid de Miguel de Unamuno, Juli&aacute;n Mar&iacute;as, Ortega y Gasset o Mar&iacute;a Zambrano, da la sensaci&oacute;n de que una persona neuronalmente quemada (de v&iacute;deos instant&aacute;neos, movimientos del dedo sobre la pantalla t&aacute;ctil) no puede emanciparse y mucho menos pensar. Es necesario restaurar ese bienestar. Escapar del odio de clase, de frentismo medi&aacute;tico. La religi&oacute;n del pensamiento evita el contexto, citando al autor, las frases de las obras de Lenin, que usaron la polic&iacute;a pol&iacute;tica, Josef Stalin o Leonid Br&eacute;zhnev, como ejemplos de la gran derrota de la teor&iacute;a, del ideal, acaba en una serie de sintagmas carentes de significado, m&aacute;s cercanas a la proclama religiosa que al fundamento pol&iacute;tico. A&ntilde;ado, en mi caso, el fen&oacute;meno de la neolengua educativa, que Andreu Navarra conoce tambi&eacute;n, que arranca cualquier validez a los procesos de aprendizaje para evitar los &ldquo;degradantes&rdquo; (y las comillas son necesarias) procesos de evaluaci&oacute;n. La persona necesita aprender y demostrar que ha aprendido para poder tener las herramientas que le permitan construir el pensamiento independiente, base de toda la literatura, el ensayo y la cultura como elemento libertador. Volvemos a los tuits, a los aforismos, a la poes&iacute;a en rima consonante, a un coro de ladrillos, a una econom&iacute;a de adictos a la dopamina, que no alcanzan ni el honor de ser un Frankenstein de Don de Lillo o un Patrick Bateman del siglo XXI. Escribir un ensayo, dice Navarra, no es garant&iacute;a de que en un futuro no se produzca una masacre. Sumidos en el escepticismo, acabamos por volver a la clasificaci&oacute;n m&aacute;s cl&aacute;sica del intelectual, contenida en obras como la de David Jim&eacute;nez y en las que se muestra como el escepticismo y la lectura son los enemigos naturales de la burocracia. Miguel de Unamuno y Josep Pla o Eugenio d'Ors y Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, la esencia del individuo frente a la sociedad, ante el fuego de una &eacute;poca concreta, el presumido autor de cartas que se han escrito para ser publicadas, una epidemia global que deja las elucubraciones de Philip K. Dick o el propio Ballard en bromas para ni&ntilde;os. Los temas del ensayo tienen que ser bombas de racimo y el mismo ensayista gestor de hemorragias.&nbsp;</p>
<p>Un ensayo sobre los ensayos como este, encuentra la cristalizaci&oacute;n en la obra de autoras como Patricia Almarcegui o Marta Reb&oacute;n, donde el viaje, la ciudad l&iacute;quida y las formas de urbanismo y comunicaci&oacute;n (incluyendo la memoria, como en la cita que aparece en el libro, donde se habla de primero vivir y luego escribir: "un grupo de cuatro norteamericanos obesos beben cerveza delante de las ruinas de la c&uacute;pula de la bomba at&oacute;mica de Hiroshima"). Volviendo a Unamuno, en sus obras, en sus excursiones, se proyecta a s&iacute; mismo, una especie de ensayista rom&aacute;ntico, en sus viajes chocar&aacute; posteriormente con la modernidad del turista, fen&oacute;meno, el del enfrentamiento entre viajero y turista, de los m&aacute;s interesantes del volumen. Aparece una voz como la de Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, donde habla de un conflicto con fondo de clasismo, de clase media ante el proletariado y, otra vez Ballard, con el fascismo intelectual sobrevolando todo. Al viajero le sobra el tiempo mientras que el turista parece impaciente, quiere llegar al desayuno buffet, a la playa. De viajes, entre Pla que compuso un libro en autob&uacute;s geogr&aacute;ficamente imposible por la Catalu&ntilde;a de su tiempo en la que solo entrevistaba a catalanes muertos o, por otro lado, el febril Joaqu&iacute;n Costa, que volvi&oacute; agotado y traumatizado de la exposici&oacute;n de Par&iacute;s de 1867 y tomo una visi&oacute;n de avezada austeridad total, evitando el subdesarrollo carlista, el primitivismo social, sabiendo que un caminante asalariado termina por ser un hombre anuncio. Acaba Joaqu&iacute;n Costa por evitar el miedo a la p&aacute;gina en blanco a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de citas que decoren las l&iacute;neas de su obra. De la pensi&oacute;n a la biblioteca, casi sin caminar. Es un juego de glosas, donde la lista, pecado venial del ensayista, termina por convertirse en un contenedor m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>Vuelve el ensayo a la parte m&aacute;s pol&iacute;tica de la sociedad, en el que la ignorancia hace que el que se cree libre acabe comport&aacute;ndose como los extremistas, tan revolucionarios que las normas superar&aacute;n a las ideas y no habr&aacute; m&aacute;s que ignorancia. Sin duda la lectura es un placer culpable, pero peor es el ensayo, que es un acto reaccionario, con un cierto grado de escepticismo y, con su exploraci&oacute;n pura del intelecto, contiene una naturaleza onanista. Leer lo que se repele acaba por ser el &uacute;nico camino seguro para combatir ideolog&iacute;as detestables. Volver, para terminar, a la educaci&oacute;n como elemento de turbiedad end&eacute;mica. Un sistema de creencias que el poder quiere estable y est&aacute;tico, que no ponga en peligro la estructura econ&oacute;mica de pa&iacute;s. Encuentro en esto un planteamiento simplista, asumiendo el movimiento pol&iacute;tico inherente en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos del &aacute;mbito occidental y que es una repetici&oacute;n de excusas y proclamas con varias d&eacute;cadas detr&aacute;s. &iquest;Y las propuestas m&aacute;s radicales? Lo radical es una manera de enga&ntilde;o muy poco elaborado, pero muy eficaz, captura por igual al joven apasionado y al jubilado con ganas de divertirse. Deja entre medio a las madres y los padres y sus hijos en edad de emanciparse. La edad y la clase, en su concepto medio, son la base de nuestra estructura.&nbsp;</p>
<p>Pero vuelvo a Andreu Navarra, que asegura que el poder tiene como objetivo que nadie posea el vocabulario necesario para la creaci&oacute;n de imaginarios alternativos. Dudo si lo que hace es colocar docentes aburridos o qu&iacute;micos disueltos en el aire, quiz&aacute; sea una conexi&oacute;n a la red eficiente y youtubers asociados como pedagogos que hacen del esfuerzo un detonante de la insatisfacci&oacute;n. El autor asegura que en un plazo de tiempo muy breve el alumno pobre no tendr&aacute; acceso a una educaci&oacute;n real, solo a un modo te&oacute;rico y virtual, simulado. Para el pobre la educaci&oacute;n emocional y para el rico las ciencias y las humanidades. &iquest;Qui&eacute;n es el culpable entonces? &iquest;Los profesores de los alumnos de clase alta por ser c&oacute;mplices? &iquest;Los padres que lo permiten? &iquest;La persona que cierra la biblioteca? Sanidad privada y refuerzo educativo, por sesenta euros, lo que cuesta una adicci&oacute;n moderada al tabaco y menos que el mantenimiento del terminal y la l&iacute;nea de un m&oacute;vil. A pesar de todo, aunque la sociedad est&aacute; tan estropeada y el poder controla tanto, el autor encuentra una editorial para su libro y una persona que lee y rese&ntilde;a el volumen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andreu Navarra. <em>Raz&oacute;n y demolici&oacute;n</em>. <em>El arte de escribir ensayos</em>, Barcelona, H&amp;O Editorial, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 09:59:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Roberto Alifano: “conocer a Borges fue un regalo de la vida”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/roberto-alifano-conocer-a-borges-fue-un-regalo-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ROBERTO_ALIFANO_Y_JORGE_LUIS_BORGES.jpg" alt="" /></p>
<p>Roberto Alifano (nacido en 1943, en el oeste de la provincia de Buenos Aires) no s&oacute;lo ha perseguido la felicidad en muchos momentos de su vida sino que tambi&eacute;n a &eacute;l mismo le ha perseguido la felicidad con resultados que naturalmente muchos lectores y amigos suyos envidiamos, porque no puede haber sido m&aacute;s que una enorme dicha compartir amistad, confidencias y afinidades electivas junto a escritores de la talla de Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sabato, Nicanor Parra, Jorge Edwards, Pablo Neruda, Silvina Ocampo o Jorge Luis Borges.&nbsp;</p>
<p>Dec&iacute;a Ernest Hemingway, en <em>Par&iacute;s era una fiesta</em>, que &ldquo;si tienes la suerte de haber vivido en Par&iacute;s cuando joven, luego Par&iacute;s te acompa&ntilde;ar&aacute;, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que Par&iacute;s es una fiesta que nos sigue&rdquo;. Parafraseando a Hemingway, yo dir&iacute;a que Alifano tuvo la suerte cuando joven de haber vivido en Borges, con Borges, y que por eso Borges se convirti&oacute; para Alifano en una fiesta que le sigui&oacute; o a la que sigui&oacute; de por vida. Y prueba de ello es este <em>Primer Cuaderno Borges. [Diarios, 1974-1976]</em>, al que seguir&aacute;n otros dos cuadernos m&aacute;s que est&aacute;n en fase de preparaci&oacute;n para ser publicados lo m&aacute;s pronto posible.</p>
<p>Como hiciera Boswell con Samuel Johnson o Eckermann con Goethe, Alifano casi d&iacute;a por d&iacute;a fue apuntando todo cuanto sal&iacute;a de la boca de Borges a prop&oacute;sito de los temas m&aacute;s dispares, ya fuesen sus antipat&iacute;as hacia el peronismo, sus filias y sus fobias literarias (le encantaba, por ejemplo, hacer chistes sobre sus colegas, que aunque no eran heridas mortales, quiz&aacute; fuesen un poco crueles en algunos casos), sus recuerdos de juventud en Europa y particularmente en Espa&ntilde;a o su memoriosa capacidad para recitar poemas, letras de tangos y cualquier pasaje literario de una obra que por la raz&oacute;n que fuera le dej&oacute; una huella imborrable en su extenso mag&iacute;n. Porque, como bien dice Alifano en esta entrevista, &ldquo;La felicidad de Borges pasaba por la literatura&rdquo; y todo lo convert&iacute;a en literatura, ya que por encima de todo Borges &ldquo;era un ser literario&rdquo;. Tan literario como para ver en Alifano un aliado, un igual, un ser &mdash;como el propio Borges&mdash; envenenado por el virus de la literatura, que s&oacute;lo contagia a quien en sus venas, en lugar de sangre, tiene letras, versos y una corriente de caracteres cifrados en los m&aacute;s bellos e intensos vocablos de nuestra lengua. Y cosa curiosa, a pesar de los muchos a&ntilde;os que se trataron, tanto en su piso de Maip&uacute; 994 como en restaurantes, caf&eacute;s, viajes, presentaciones de libros y conferencias, nunca llegaron a tutearse, tal vez porque en el fondo Borges era un caballero ingl&eacute;s m&aacute;s pr&oacute;ximo al siglo diecinueve que al veinte. Todo lo contrario, en cambio, que su literatura, que poco o nada tiene de decimon&oacute;nica, y que muy probablemente continuar&aacute; siendo para muchos lectores una de las mayores felicidades a las que perseguir o que les persiga. De esa intensa y extensa relaci&oacute;n amigable que mantuvo con Borges nos habla Alifano aqu&iacute;. Pero no s&oacute;lo: tambi&eacute;n opina sobra la situaci&oacute;n pol&iacute;tica actual de Argentina, sobre Milei, y antes que eso sobre los terribles a&ntilde;os de la Triple A, durante la dictadura de Videla, y del riesgo de muerte que corrieron Borges, su madre do&ntilde;a Leonor, su hermana Norah y el propio Alifano, quien ya previamente hab&iacute;a tenido que escapar de la persecuci&oacute;n a la que fue sometido en Santiago de Chile por orden del general Pinochet.&nbsp;</p>
<p>Roberto Alifano, un trotamundos, un enorme escritor, un gran memorioso, un superviviente de los estragos de un siglo aciago en Hispanoam&eacute;rica, un periodista que a sus 82 a&ntilde;os a&uacute;n tiene que seguir escribiendo para comer diariamente, y en el fondo no m&aacute;s que un practicante del pesimismo de la inteligencia y del optimismo de la voluntad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges se convirti&oacute; en mi maestro, y eso se prolong&oacute; por m&aacute;s de diez a&ntilde;os&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>-Querido Alifano, &iquest;qu&eacute; te impuls&oacute; a querer conocer a Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, sucedi&oacute; que una profesora del colegio secundario nos hizo aprender de memoria algunos sonetos de Borges. Cuando yo lo conoc&iacute; en una librer&iacute;a le recit&eacute; uno y &eacute;l se sorprendi&oacute;. De manera que empec&eacute; por su poes&iacute;a. En cuanto a mi amistad con &eacute;l fue a trav&eacute;s de do&ntilde;a Leonor, su madre, y tambi&eacute;n por su hermana Norah. Yo las conoc&iacute; cuando trabajaba en una galer&iacute;a de arte y las ayud&eacute; a colgar los cuadros para una exposici&oacute;n de pinturas de Norah Borges, una original y reconocida artista pl&aacute;stica. Aquello fue hacia comienzos de la d&eacute;cada de 1960. A partir de entonces empec&eacute; a visitar a do&ntilde;a Leonor muy seguido; me encantaba conversar con esa se&ntilde;ora mayor, que era una criolla bien argentina, muy de Buenos Aires, llena de an&eacute;cdotas y testigo de varias d&eacute;cadas de nuestra historia. Cuando la visitaba, casi siempre lo ve&iacute;a a Borges y convers&aacute;bamos de literatura. Lo entrevist&eacute; luego para una publicaci&oacute;n en la que yo trabajaba. &Eacute;l hab&iacute;a tenido un duro cruce de palabras con un gremialista y sus respuestas fueron contundentes; en pocas palabras lo destroz&oacute; dej&aacute;ndolo en rid&iacute;culo (te aclaro que no era conveniente polemizar con Borges que era el rey de las palabras y manejaba argumentos invencibles y llenos de sarcasmo). Bueno, sucedi&oacute; que cuando me iba, despu&eacute;s de mi entrevista, me dijo si me pod&iacute;a dictar un poema que hab&iacute;a pensado en la ma&ntilde;ana. Cuando terminamos me propuso regresar al d&iacute;a siguiente para corregirlo. As&iacute; lo hice y de esa forma, empec&eacute;, te dir&iacute;a que impensadamente, a colaborar con Borges, que me hizo su amanuense; es decir, la persona que escrib&iacute;a en el papel los textos que por su ceguera no pod&iacute;a fijar en el papel. Fui una suerte de secretario; yo cumpl&iacute;a con esa funci&oacute;n, adem&aacute;s de leerle, acompa&ntilde;arlo y asistirlo en muchas cosas. Se convirti&oacute; en mi maestro, y eso se prolong&oacute; por m&aacute;s de diez a&ntilde;os. Lo ayud&eacute; tambi&eacute;n en muchas traducciones como las &ldquo;F&aacute;bulas&rdquo; de Robert Louis Stevenson y la poes&iacute;a de Hermann Hesse, por ejemplo. Fue algo maravilloso trabajar con &eacute;l, un verdadero don que le debo a la vida, un regalo acaso inmerecido. A partir de ese momento lo acompa&ntilde;&eacute; y estuve a su lado en muchas charlas p&uacute;blicas.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Era un hombre de genio, tambi&eacute;n una persona amigable, amena y de f&aacute;cil trato&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;La imagen que ten&iacute;as de Borges cambi&oacute; algo respecto a la imagen que te hiciste de &eacute;l, una vez que lo conociste personalmente?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No s&eacute;, quiz&aacute; s&iacute;, pero muy poco. Cuando empec&eacute; a leerlo, primero lo imagin&eacute; un personaje intocable; alguien que miraba desde una torre de marfil y despu&eacute;s, cuando lo trat&eacute; y estuve a su lado, reconoc&iacute; que era un hombre de genio, tambi&eacute;n una persona amigable, amena y de f&aacute;cil trato. Antes yo era su lector y al empezar a colaborar con &eacute;l me convert&iacute; en su disc&iacute;pulo y amanuense, como te dec&iacute;a, y en algo m&aacute;s, en su amigo; porque Borges era un hombre de amigos, un ser gregario que le encantaba el trato humano. Te repito, fue un regalo de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges estaba todo el tiempo entregado a la literatura y haciendo literatura lo que pensaba e imaginaba&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tu libro se abre con tres citas bien escogidas de Borges. En la primera de ellas, extractada de <em>Nueva refutaci&oacute;n del tiempo</em>, Borges termina diciendo &ldquo;El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;nto crees que hay de verdad o de impostura literaria en esas palabras?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Yo creo que ninguna, Borges era un hombre sincero. Eso no era una impostura, en su caso es la pura verdad. Borges estaba todo el tiempo entregado a la literatura y haciendo literatura lo que pensaba e imaginaba. En mi criterio fue el escritor m&aacute;s literario de toda la historia. Cuando descubri&oacute; la belleza de las palabras, nunca m&aacute;s se apart&oacute; de ellas. Su universo era literario y todo lo que pensaba pasaba por una forma muy particular que &eacute;l transformaba en arte. Fue el escritor que se propuso ser literario en cada p&aacute;gina y lo logr&oacute; &mdash;lo digo sin exagerar&mdash;, en cada frase. Es un caso incre&iacute;ble; hasta en las declaraciones que hace en los reportajes, o en su conversaci&oacute;n cotidiana, siempre lo era. Todo lo llevaba hacia el lado de la literatura. Lo que pensaba o imaginaba lo&nbsp; transformaba en una creaci&oacute;n particular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La muerte de Pablo Neruda me marc&oacute; para siempre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Antes de regresar a Buenos Aires, hab&iacute;as pasado unos a&ntilde;os en Chile, donde tuviste un trato muy personal con Pablo Neruda, hasta el punto de que, cuando muri&oacute;, fuiste el encargado de despedirlo en el Cementerio General de Santiago de Chile. &iquest;Qu&eacute; palabras dijiste como para que Pinochet diera orden de que te encarcelaran?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, Pablo fue otro de mis maestros y un admirado amigo. Esa vez, cuando habl&eacute; en sus exequias no recuerdo lo que dije, pero termin&eacute; con l&aacute;grimas en los ojos; fue inevitable. Por otro lado, fue una locura de mi parte. Est&aacute;bamos rodeados de polic&iacute;as y de militares que nos apuntaban con sus fusiles. Matilde, su mujer fue la que me pidi&oacute; que hablara. Esa muerte me marc&oacute; para siempre. Sent&iacute; el dolor que se siente al perder un padre, un hermano o un amigo entra&ntilde;able. Ahora te aclaro que Neruda era la ant&iacute;tesis de Borges. Y con c&oacute;digos muy distintos. Lo ejemplifico con un solo detalle: a m&iacute; nunca se me habr&iacute;a ocurrido usar el tuteo con Borges, que era una persona formal, un caballero brit&aacute;nico; en cambio Pablo propon&iacute;a el tuteo. De entrada lo hac&iacute;a y le encantaba que la gente que &eacute;l quer&iacute;a lo tuteara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a une a los pueblos, en tanto que la pol&iacute;tica los separa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Seg&uacute;n cuentas, Neruda apreciaba a Borges y viceversa. Y, sin embargo, se trataron poco. &iquest;No?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Es cierto, fue as&iacute;. Mira, esa es una historia que yo la cuento en una obra de teatro que escrib&iacute;. Ellos se conocieron epistolarmente a comienzos de la d&eacute;cada del veinte. El asunto fue as&iacute;: Neruda, de muchacho como es sabido, public&oacute; los <em>Veinte poemas de amor y una canci&oacute;n desesperada</em> y le envi&oacute; el libro a Borges, que dirig&iacute;a la revista &ldquo;Prisma&rdquo;. Borges public&oacute; algunos poemas y Neruda qued&oacute; muy agradecido. Luego, Borges le envi&oacute; <em>Fervor de Buenos Aires</em>, su primer libro, y recibi&oacute; un elogioso comentario de Neruda en la revista de los &ldquo;Estudiantes de la Universidad de Chile&rdquo;. A partir de all&iacute; se siguieron intercambiando poemas y en 1931, cuando Pablo se radic&oacute; en la Argentina como diplom&aacute;tico chileno, lo fue a ver y all&iacute; empez&oacute; una amistad literaria, que no se complement&oacute; con la pol&iacute;tica ya que ambos ten&iacute;an posiciones enfrentadas. Una vez Neruda me dijo: &ldquo;Mira, la amistad con Borges no pudo prosperar. &Eacute;l era un anarquista de derecha y yo un anarquista de izquierda; imposible entendernos. En lo literario s&iacute;, pero la pol&iacute;tica, la maldita pol&iacute;tica, como dec&iacute;a Unamuno, suele ser inconciliable&rdquo;. La poes&iacute;a une a los pueblos, en tanto que la pol&iacute;tica los separa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy un anarquista multidireccional&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Dec&iacute;a Borges que hab&iacute;a que escoger bien a nuestros enemigos porque acabaremos pareci&eacute;ndonos a ellos. &iquest;De nuestros amigos podr&iacute;a decirse lo mismo&hellip;, quiero decir si t&uacute; acabaste pareci&eacute;ndote a Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iexcl;Ojal&aacute;! Habl&aacute;bamos de Borges y Neruda. Mira, yo te dir&iacute;a que tom&eacute; un camino en medio de esos dos titanes; ambos son mis referentes. Yo no soy una persona de derecha; pero tampoco un militante de izquierda. Estoy en medio del camino y comparto aquello que le o&iacute; decir una vez a mi amigo Nicanor Parra: &ldquo;la izquierda y la derecha unidas jam&aacute;s ser&aacute;n vencidas&rdquo;. No s&eacute; si es tan cierto, pero la ocurrencia vale. Si tuviera que definirme pol&iacute;ticamente dir&iacute;a repitiendo lo de mi amigo Federico Peralta Ramos, un personaje bien argentino, que soy un anarquista multidireccional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El 25 de abril de 1974 anotas que, con Borges, &ldquo;uno tiene la obligaci&oacute;n de ser inteligente, o al menos intentarlo&rdquo;. &iquest;Quiere decir eso que Borges era exigente con sus interlocutores?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Pues s&iacute;, claro. Borges era un intelectual muy exigente; aunque a veces muy tolerante y propenso a las bromas. Yo tengo un libro que se llama <em>El humor de Borges</em>, donde intento mostrarlo, adem&aacute;s, como un gran humorista muy al estilo de Bernard Shaw o de Chesterton, dos de sus paradigmas en ese camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Per&oacute;n distribuy&oacute; las riquezas que estaban concentradas en muy pocas manos, ofreciendo bienestar a su pueblo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sabido es el tremendo odio que Borges le ten&iacute;a al peronismo, pero t&uacute;, sin embargo, junto con Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez, no te mostrabas tan radical como Borges, &iquest;es que ve&iacute;as algo positivo en las pol&iacute;ticas de Per&oacute;n?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, por supuesto. Antes de la llegada de Per&oacute;n la Argentina era un pa&iacute;s conservador, de muy extrema derecha e insensible con la clase trabajadora. Per&oacute;n distribuy&oacute; las riquezas que estaban concentradas en muy pocas manos, ofreciendo bienestar a su pueblo. Pero, ojo, que Per&oacute;n no era de izquierda sino m&aacute;s bien un fascista, que admiraba a Mussolini. Eso me lo confes&oacute; a m&iacute; (aclaro que yo repudio el fascismo). Una referencia: es tan as&iacute; que cuando le propusieron durante su segunda presidencia un encuentro con Fidel Castro, se neg&oacute; terminantemente. &ldquo;No, yo no tengo nada que ver con Castro; estamos en veredas distintas&rdquo;. Sucedi&oacute; que Per&oacute;n, basado en la &ldquo;Enc&iacute;clica Rerum Novarum&rdquo; del Papa Le&oacute;n XIII, inspirador del actual Le&oacute;n XIV, es el art&iacute;fice en la Argentina de esa famosa &ldquo;doctrina social de la Iglesia&rdquo;.&nbsp; El peronismo se bas&oacute; en esa propuesta para llevar adelante una transformaci&oacute;n que ayud&oacute; a la clase trabajadora a obtener derechos que le correspond&iacute;an y eran negados por las pol&iacute;ticas conservadoras. No me atrevo a decir que Per&oacute;n fue un revolucionario, porque los revolucionarios cambian los usos; en tanto que Per&oacute;n se atrevi&oacute; a corregir los abusos, que no es poco, y son un legado de la revoluci&oacute;n industrial. En fin, es un tema que tiene mucho hilo por desenredar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Borges escribi&oacute; que &ldquo;los militares cuando reprimen son can&iacute;bales comi&eacute;ndose a veces a otros can&iacute;bales&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y a prop&oacute;sito de esto, &iquest;Borges estaba en contra solo de la dictadura de Per&oacute;n o en general de todas las dictaduras, tanto de izquierdas como de derechas?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-De todas indudablemente. Cuando se produjo el terrible golpe militar que estableci&oacute; en la Argentina a un gobierno dictatorial y carente de derechos humanos, responsable de espantosos asesinatos, Borges, que escrib&iacute;a para la agencia EFE y para otra que se llamaba Beta Press, me dictaba a m&iacute; sus art&iacute;culos, y en algunos refiere sobre ese espantoso tema que lo horrorizaba, porque &eacute;l era un humanista, un gran humanista. De eso se habla poco, pero esos textos est&aacute;n. En uno que me dict&oacute; y fue publicado en el diario &ldquo;Clar&iacute;n&rdquo; y en Espa&ntilde;a, escribi&oacute; que &ldquo;los militares cuando reprimen son can&iacute;bales comi&eacute;ndose a veces a otros can&iacute;bales&rdquo;; obviamente los terroristas que han cometido aberraciones. As&iacute; &eacute;l lo defini&oacute; y la frase se inmortaliz&oacute; en el uso popular y a&uacute;n tiene vigencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y, otra cosa, &iquest;llevarle la contraria a Borges qu&eacute; efecto le causaba?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, &eacute;l lo tomaba con humor y respond&iacute;a con iron&iacute;a y sarcasmo. Aunque, te aclaro, eso no conven&iacute;a porque Borges siempre ten&iacute;a raz&oacute;n. Sus opiniones eran concretas y hasta terminantes. Una vez otro gran amigo, el escritor Jos&eacute; Bianco, me recomend&oacute; no llevarle nunca la contra a Borges porque siempre ten&iacute;a raz&oacute;n. Y era as&iacute; nom&aacute;s. Su sabidur&iacute;a estaba por encima de cualquier circunstancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En la Argentina, durante la dictadura de Videla, la vida de cualquiera no val&iacute;a nada&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Estuvo Borges realmente expuesto a la muerte por los pistoleros de la Triple A o su miedo a esa posibilidad era simple aprensi&oacute;n injustificada?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Mira, en la Argentina, durante la dictadura de Videla, la vida de cualquiera no val&iacute;a nada. Los derechos humanos no se respetaban para nada. Pero en su caso se ten&iacute;a m&aacute;s cuidado. &Eacute;l y Ernesto Sabato, por ejemplo, otro gran escritor y querido amigo, gozaban de cierta impunidad. Pero bueno, nunca puede faltar alg&uacute;n loco que les pegue un tiro. Yo creo que ambos fueron muy valientes. A ambos se los agredi&oacute; en la calle. En cuento a don Ernesto, &eacute;l fue uno de los autores del &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;, donde se conden&oacute; a prisi&oacute;n a muchos de esos canallas asesinos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Igual que detestaba el peronismo, Borges tambi&eacute;n detestaba el periodismo, hasta el punto de que se jactaba de no haber le&iacute;do nunca un peri&oacute;dico. Como periodista qu&eacute; opini&oacute;n te merece esa actitud de Borges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay un error en eso. Borges fue periodista como t&uacute; o yo. Trabaj&oacute; muchos a&ntilde;os en el diario <em>Critica</em>, de Natalio Botana. Para nada era enemigo de los periodistas; ahora bien, que no le gustaba leer diarios es otra cosa. Tambi&eacute;n lo irritaba que otros lo hicieran: &eacute;l dec&iacute;a, con mucho humor, claro, y jocosamente que &ldquo;el periodismo se parece peligrosamente a la literatura&rdquo;. Yo estoy de acuerdo con eso y quiz&aacute; t&uacute; tambi&eacute;n. Tanto es as&iacute; que much&iacute;simas famosas novelas parten de hechos policiales antes dados a conocer o divulgados por el periodismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura tambi&eacute;n se puede parecer peligrosamente al humor&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como se ha dicho de Kafka, &iquest;de Borges tambi&eacute;n se podr&iacute;a decir que era un gran humorista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Pero sin duda. Y qu&eacute; humorista. Yo creo que los grandes escritores lo han sido. No solo Kafka, tambi&eacute;n Chesterton, Faulkner, Cort&aacute;zar, Camilo Jos&eacute; Cela, Silvina Ocampo, la lista es interminable. As&iacute; como el periodismo se parece peligrosamente a la literatura; la literatura tambi&eacute;n se puede parecer peligrosamente al humor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo encajabas el racismo de Borges, por ejemplo cuando los llama &ldquo;negros de mierda&rdquo; o te dice que no los soportaba?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>-</strong>No, negros de mierda nunca los llam&oacute;; sobre todo porque no estaba dentro de su c&oacute;digo mental ni de su oficio literario. No los quer&iacute;a porque los hab&iacute;a sufrido aqu&iacute; en Buenos Aires, cuando era muchacho. La mayor&iacute;a eran marginales y agresivos. Despu&eacute;s, de un d&iacute;a para otro, emigraron al Uruguay. Le molestaban un poco, es cierto, qu&eacute; le vamos a hacer. Sobre todo porque &eacute;l y su padre hab&iacute;an sido agredidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Es verdad que no ten&iacute;a libros suyos, propios, en su biblioteca?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, es verdad, la pura verdad. Siempre dec&iacute;a, &iquest;qui&eacute;n soy yo para mezclarme con Valle-Incl&aacute;n, Milton o Rub&eacute;n Dar&iacute;o&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A Sabato le dec&iacute;a Ernesto S&oacute;tano. Era una de las humoradas de Borges&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Muchos sabemos de las antipat&iacute;as y aversiones que Borges le ten&iacute;a a ciertos autores, como Sabato, Oliverio Girondo o Pablo de Rokha, entre otros. &iquest;Eran solo antipat&iacute;as literarias o tambi&eacute;n personales?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Literarias digamos; pero a veces, como suele suceder, se mezclaban con antipat&iacute;as personales. Es algo que le pasa a cualquier hijo de vecino. La vida est&aacute; repleta de esas enojosas cuestiones. A Sabato le dec&iacute;a Ernesto S&oacute;tano, y agregaba: un escritor que escribe sobre t&uacute;neles y a veces incursiona en autopistas (su libro m&aacute;s famoso se llama <em>Sobre h&eacute;roes y tumbas</em>, y cuando se construyeron las autopistas urbanas, que unen a Buenos Aires con el interior, &eacute;l estuvo en contra). Era una humorada de Borges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Monsieur Jean-Pierre Bern&egrave;s, agregado de la embajada de Francia, lleg&oacute; a decir que en Borges encontraba un lado perverso y l&uacute;dico a la vez. &iquest;Cu&aacute;l podr&iacute;a ser ese lado perverso, seg&uacute;n t&uacute;?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En alg&uacute;n aspecto quiz&aacute; es cierto; pero eso formaba parte de su sentido cr&iacute;tico; tambi&eacute;n de su humor. Le encantaba hacer chistes sobre los colegas. Pero no eran heridas mortales, quiz&aacute; un poco crueles en algunos casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Fue una de sus perversiones literarias la de hacerse pasar por un plagiario?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-S&iacute;, claro, una broma m&aacute;s. Aunque en rigor de verdad, todo autor lo es en cierta forma. Los que escribimos en muchos casos nos apoyamos en otras cosas ya escritas; algunos las mejoran. Pero eso no desmerece el talento de un escritor. Los temas, adem&aacute;s, son muy pocos y se pueden contar con los dedos de una mano: el amor y el odio, la ternura y la pasi&oacute;n, la vida y la muerte&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges era un ser humano, no un extraterrestre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por otro lado, la madre de Borges dec&iacute;a que todos los hombres tienen debilidades, &iquest;cu&aacute;les eran a tu parecer las de Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Como todo ser humano ten&iacute;a muchas. Fue desdichado en el amor. Pero eso es algo que le pasa a cualquiera; todos sobrellevamos contradicciones. Borges era un ser humano, no un extraterrestre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Entre tus muchos encuentros y conversaciones con Borges, qu&eacute; preguntas no le hiciste en su momento y ahora querr&iacute;as haberle hecho.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No s&eacute;, tuve la suerte de tocar casi todos los temas con &eacute;l; a veces m&aacute;s all&aacute; de la literatura; ahora casi siempre con la literatura por delante. Tuve la felicidad de hablar con &eacute;l de toda clase de temas, te repito. Es algo que no se me ocurre ahora. Siempre quedan cosas pendientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo gran poeta es un fil&oacute;sofo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Considerando que Borges ten&iacute;a a la filosof&iacute;a como una rama de la literatura fant&aacute;stica, me extra&ntilde;a que asegures que Borges era un fil&oacute;sofo. &iquest;Cu&aacute;l era su filosof&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Mira, yo creo que todo poeta, todo gran poeta es un fil&oacute;sofo; emp&iacute;rico tal vez, pero alguien que tiene un concepto de la vida. De manera que la manera literaria de ver la vida y, quiz&aacute; tambi&eacute;n de vivirla y sobrellevarla como todo ser humano lo hace un fil&oacute;sofo. Borges, adem&aacute;s, era un devoto de Schopenhauer, que siempre aparec&iacute;a en su conversaci&oacute;n.<strong> </strong>Her&aacute;clito, Berkeley, Hume y Spinoza, eran a menudo citados por &eacute;l.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Chesterton y Shaw fueron dos hombres de genio y por algo se los considera cl&aacute;sicos&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Igual que antes te he mencionado las fobias que Borges le ten&iacute;a a determinados autores, ahora me gustar&iacute;a que me hablaras de sus filias, por ejemplo a Chesterton o Bernard Shaw. Y, por cierto, c&oacute;mo es que le ganaste la apuesta de que Chesterton ser&iacute;a en el futuro un autor m&aacute;s le&iacute;do y apreciado que Shaw.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, fue una apuesta entre dos amigos. Es algo que se me ocurri&oacute; a m&iacute; y creo que se est&aacute; dando. Yo aparec&iacute; una vez con un libro que compr&eacute; en una librer&iacute;a de viejo, que hablaba de los debates p&uacute;blicos que ambos ten&iacute;an en Londres. Aunque es un punto de vista que admite el disenso. Chesterton y Shaw fueron amigos, excelentes humoristas y fil&oacute;sofos existenciales. La prueba es la literatura que nos legaron. Fueron dos hombres de genio y por algo se los considera cl&aacute;sicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es tambi&eacute;n corregir, Borges lo hac&iacute;a todo el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En una de tus primeras anotaciones de estos <em>Diarios</em> recuerdas lo que dec&iacute;a Alfonso Reyes, que &ldquo;hay que publicar para no pasarnos la vida corrigiendo&rdquo;. Y, sin embargo, el padre de Borges le hab&iacute;a advertido a su hijo que escribiera mucho, corrigiera mucho y no tuviera prisas por publicar. &iquest;A qui&eacute;n le hizo caso Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Ah&iacute; me desdoblo y le doy la raz&oacute;n a ambos. Escribir es tambi&eacute;n corregir; Borges lo hac&iacute;a todo el tiempo, y a veces correg&iacute;a lo que ya hab&iacute;a publicado. Su primer libro, <em>Fervor de Buenos Aires</em>, me pidi&oacute; a m&iacute; que le ayudara a rehacerlo. &ldquo;Pero ya est&aacute; publicado hace d&eacute;cadas, c&oacute;mo lo va a corregir, Borges&rdquo;, argument&eacute; yo. &ldquo;Tengo derecho a rehacerme, soy el due&ntilde;o de esos poemas&rdquo;, me respondi&oacute;. Y s&iacute;, lo corrigi&oacute; casi cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Fue Borges infelizmente feliz o felizmente infeliz, dado sus fracasos amorosos?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-La felicidad de Borges pasaba por la literatura. Creo que ya lo dije: era un ser literario. En cuanto a sus fracasos amorosos&hellip; Es la ley de la vida. Como dice una canci&oacute;n que cantaba Luis Aguil&eacute;: &ldquo;En el amor suceden tantas cosas&rdquo;&hellip; Agrego unas palabras del maestro: &ldquo;es todo tan raro que hasta el misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad, puede ser posible&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Milei es un exponente tel&uacute;rico de nuestra decadencia. Como lo son Trump y Putin&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Argentina era como un quilombo en los a&ntilde;os de Per&oacute;n, &iquest;y hoy, con Milei, c&oacute;mo crees que ver&iacute;a Borges a Argentina?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Con gran inquietud, sin duda y con much&iacute;sima preocupaci&oacute;n. Milei es un exponente tel&uacute;rico de nuestra decadencia. Como lo son Trump y Putin en el mismo nivel. La gente, en el caso de Milei, lo vot&oacute; por hartazgo. Es personaje que raya con lo patol&oacute;gico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Somos capaces de cometer las cosas m&aacute;s deleznables y atroces&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En un momento de tus <em>Diarios</em> dices que no te consideras ni un simple ni un ingenuo entusiasta, sino todo lo contrario, alguien que pisa en terreno del pesimismo de Nietzsche y el de Schopenhauer. &iquest;Sigues pisando ese mismo terreno o el devenir de los a&ntilde;os te ha hecho m&aacute;s estoico?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&iexcl;Ah, s&iacute;, sin duda. Cada vez me siento m&aacute;s estoico; el cuero se nos va endureciendo, sigo pisando en el terreno del pesimismo, como siempre lo hice! La decadencia es universal. Por un lado avanzamos en un a&ntilde;o quinientos o mil a&ntilde;os y, por el otro, seguimos retrocediendo y tropezando con la misma piedra. Somos incorregibles y bichos muy raros, capaces de cometer las cosas m&aacute;s deleznables y atroces. &ldquo;El hombre contra el hombre&rdquo; sigue siendo la apuesta vigente. Da bronca y duele mucho, querido amigo, pero es as&iacute;. La miseria humana es incalificable. Si los hombres fu&eacute;ramos distintos no existir&iacute;an las guerras, algo espantoso de solo imaginar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A mediados de los a&ntilde;os setenta la situaci&oacute;n de Argentina era catastr&oacute;fica, con oleadas de atentados contra los opositores al R&eacute;gimen peronista, &iquest;llegaste a temer por tu propia vida?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Querido Ricardo, yo soy un sobreviviente de aquellos tiempos. Fui corresponsal de un diario argentino y viv&iacute; en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. Despu&eacute;s del golpe militar de Pinochet, por hablar en el entierro de Neruda y escribir para un diario de la Argentina, defensor de la democracia, casi fui fusilado; luego me deportaron con mi familia (esposa y tres hijas). Me toc&oacute; vivir como si fuera poco la horrible &eacute;poca de la dictadura argentina, a la que se culpa de haber hecho desaparecer a m&aacute;s de 30 mil personas. Durante esos a&ntilde;os, por una entrevista a Ernesto Sabato, me detuvieron y tuve la suerte de que no me ejecutaran. Me tocaron tiempos muy crueles. Ahora, en estos d&iacute;as estoy transitando la d&eacute;cada infame, como llamo yo a lo que viene despu&eacute;s de los 80. &iexcl;Y bueno, aqu&iacute; estoy dando todav&iacute;a se&ntilde;ales de vida y a un paso de cumplir 82!&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para ser optimista es necesario ponerle voluntad, ya que la realidad suele ser muy dura y muy hiriente&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Practicabais t&uacute; y Borges, como Antonio Gramsci, &ldquo;el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad&rdquo;?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, claro. Est&aacute; muy bien eso de Gramsci, por lo general el pesimismo forma parte de la inteligencia y para ser optimista es necesario ponerle voluntad, ya que la realidad suele ser muy dura y muy hiriente. Yo compart&iacute;a &mdash;y sigo compartiendo&mdash; esa visi&oacute;n humanista de la existencia que ten&iacute;a Borges, pero la violencia a veces bajo otros aspectos sigue presente. En algunos casos el hombre es menos brutal que en otros tiempos. En la Argentina, durante las guerras civiles del siglo XIX, se asesinaba despiadadamente. Los caudillos argentinos ten&iacute;an unos personajes horrendos, que eran llamados &ldquo;despenadores&rdquo; y eran los encargados de degollar a los prisioneros despu&eacute;s de una batalla, mientras los vencedores celebraban con un banquete, comiendo un asado. Para divertirse hac&iacute;an carreras entre los pobres desgraciados que sobreviv&iacute;an para ver qui&eacute;n llegaba primero a una meta. Se les cortaba el pescuezo y los hac&iacute;an correr. Esos verdugos eran famosos. Hab&iacute;a uno, apodado el &ldquo;Carnicerito&rdquo;, que dec&iacute;a a su v&iacute;ctima antes de degollarlo: &ldquo;No tenga miedo amigo que no va a sufrir, es un tajito nom&aacute;s&rdquo;. Algo horrible. Nos ha tocado transitar un fin de los tiempos muy inciertos. La realidad que nos toca vivir es compleja y muy cruel en muchos aspectos. Quiz&aacute; no existen los &ldquo;despenadores&rdquo;, pero esa crueldad sigue latente. Hay much&iacute;sima gente en todo el mundo que lo pasa mal y se muere de hambre. En estas guerras de hoy en d&iacute;a, como siempre ha sucedido, el coste lo pagan los inocentes y una buena mayor&iacute;a son chicos. Yo recuerdo que antes se dec&iacute;a: &ldquo;Los ni&ntilde;os y las mujeres primero&rdquo;; ahora se dice &ldquo;S&aacute;lvese quien pueda&rdquo;. Esto no solo sucede en las guerras donde se asesina a mansalva; tambi&eacute;n en la vida cotidiana, donde el irrespeto hacia el ser humano forma parte del comportamiento cotidiano. La Argentina es casi un campo de batalla por la inseguridad. Yo no s&eacute; si el hombre ha mejorado, quiz&aacute; lo que ha perfeccionado es su modo de matar al pr&oacute;jimo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me encanta volver a esos recuerdos que al reencontrarlos a trav&eacute;s del tiempo, me siguen enriqueciendo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Y, en fin, &iquest;me puedes decir si felizmente habr&aacute; un <em>Segundo Cuaderno Borges</em>?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, por supuesto. Y ya casi est&aacute; listo para publicarse. En mi proyecto son tres tomos. Sin apuro voy puliendo esos textos que est&aacute;n en unos cuadernos. En el libro, hacia el final, hay unas fotos y ah&iacute; aparecen. Me encanta volver a esos recuerdos que al reencontrarlos a trav&eacute;s del tiempo, me siguen enriqueciendo, y tambi&eacute;n ense&ntilde;ando. Es muy poco lo que sabemos; somos muy ignorantes. Emerson dec&iacute;a que &ldquo;toda persona que conoc&iacute;a era m&aacute;s sabia que &eacute;l en alg&uacute;n aspecto, y que en ese aspecto trataba de aprender de esa persona&rdquo;.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Roberto Alifano, <em>Primer cuaderno Borges [Diarios, 1974-1976]</em>, Sevilla, Renacimiento, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 09:16:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 155 de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-155-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/ANA_MAR_A_MATUTE_5_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Otra excelente autora que sigue gozando del favor de los lectores y de la cr&iacute;tica es la barcelonesa Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, tambi&eacute;n ganadora de tres grandes premios: el de las Letras espa&ntilde;olas, que se concede a toda una trayectoria, el Nacional de Narrativa y el de la Cr&iacute;tica. El art&iacute;culo analiza especialmente sus libros posteriores al 2006 y subraya &ldquo;su aportaci&oacute;n al cuento literario fant&aacute;stico, y a esa dimensi&oacute;n intermedia que supone la novela corta, pues en sus narraciones predomina lo sugerido sobre lo evidente, en una realidad que no solo tiene aspectos visibles, sino tambi&eacute;n otros inquietantes e inexplicables&rdquo;.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Junto a esas aproximaciones a la obra de dos sobresalientes escritoras de nuestro tiempo, que invitan a leerlas y a conocerlas mejor, destaca tambi&eacute;n el atractivo texto que TURIA publica sobre un lugar fascinante y de enorme belleza como es la localidad portuguesa de Sintra. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Visiones encantadas de Sintra. De Southey a Bernhard, pasando por Campbell e Isherwood&rdquo;, se traza un recorrido por la huella literaria que ha dejado ese hermoso paraje en grandes autores de las letras universales. Un peque&ntilde;o para&iacute;so natural y patrimonial que, a lo largo de la historia, nunca ha dejado indiferente a quien lo visita. Un deslumbramiento del que han dejado constancia en sus obras infinidad de autores, desde los grandes del romanticismo como Lord Byron hasta escritores de nuestros d&iacute;as como Thomas Bernhard. No por casualidad, Sintra est&aacute; considerada Patrimonio Mundial de la Unesco por su paisaje cultural desde 1992.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de estos contenidos de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n literaria, la revista TURIA realiza una apuesta clara por la mejor literatura actual. Buen ejemplo de su vocaci&oacute;n cosmopolita y de su deseo de ofrecer buenas lecturas a buenos lectores, es la publicaci&oacute;n de un anticipo editorial de la relevante autora norteamericana Lionel Shriver. Se trata de un avance de su &uacute;ltimo libro, titulado &ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, editado en los USA el pasado a&ntilde;o y que ser&aacute; publicado en Espa&ntilde;a el pr&oacute;ximo oto&ntilde;o por Anagrama. En &ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, &eacute;sta reconocida escritora y periodista que se consagr&oacute; mundialmente en 2005 gracias a su novela &ldquo;Tenemos que hablar de Kevin&rdquo;, ha elaborado una oportuna s&aacute;tira narrativa sobre la llamada &ldquo;cultura de la cancelaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>La potente secci&oacute;n que TURIA dedica a narrativa se nutre tambi&eacute;n de material in&eacute;dito de Sara Barquinero, considerada escritora revelaci&oacute;n de 2024 por su novela &ldquo;Los escorpiones&rdquo;. Otro notable nombre propio de nuestra cultura que participa en esta nueva entrega de la revista es&nbsp; Daniel Gasc&oacute;n, editor en Espa&ntilde;a de la revista &ldquo;Letras Libres&rdquo; y con una contrastada trayectoria como traductor y escritor. Completan la n&oacute;mina el venezolano Ednodio Quintero, Miguel Serrano Larraz y Antonio Castellote.&nbsp;</p>
<p>En las p&aacute;ginas que TURIA dedica a publicar poes&iacute;as originales, se dan cita creadores con un itinerario po&eacute;tico contrastado y f&eacute;rtil como Gioconda Belli, Luis Antonio de Villena, Manuel Vilas, &Aacute;ngeles Mora, Ana Rossetti, Rosana Acquaroni, Jaime Garc&iacute;a-M&aacute;rquez, Juan Antonio Tello, Luisa Mi&ntilde;ana y Javier P&eacute;rez Walias. Junto a ellos, y como es habitual en la revista, no faltan los poemas de destacados poetas emergentes como Almudena Vidorreta, Carmen Rotger, Ang&eacute;lica Morales, Mar&iacute;a G&oacute;mez Lara, Montse Mar&iacute;a Ayuso, Ramiro Gair&iacute;n o Alicia Louzao, entre otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANA MAR&Iacute;A MATUTE: &ldquo;ESCRIBIR ES SIEMPRE PROTESTAR&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La revista TURIA da inicio al sumario de su nuevo n&uacute;mero con un art&iacute;culo original sobre la gran escritora Ana Mar&iacute;a Matute (Barcelona, 1925 &ndash; 2014). Se trata as&iacute; de aprovechar la oportunidad de que este a&ntilde;o se celebre el centenario de su nacimiento para fomentar su lectura. Su autora es Marisa Sotelo V&aacute;zquez, catedr&aacute;tica de Literatura Espa&ntilde;ola y directora del Departamento de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Teor&iacute;a de la Literatura y Comunicaci&oacute;n de la Universidad de Barcelona, y considerada una de las mayores especialistas en su obra.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Marisa Sotelo V&aacute;zquez, cuyo texto se titula significativamente &ldquo;Ana Mar&iacute;a Matute: &lsquo;Escribir es siempre protestar&rsquo;&rdquo;, la escritora barcelonesa pertenec&iacute;a a la llamada generaci&oacute;n de &ldquo;los ni&ntilde;os de la guerra&rdquo;. Es decir, a aquellos autores que cuando estall&oacute; la guerra civil ten&iacute;an entre 8 y 11 a&ntilde;os, la edad de la &ldquo;infancia consciente&rdquo;. Entre esos escritores, y adem&aacute;s de ella, sobresaldr&iacute;an nombres propios como los de Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Aldecoa o Juan&nbsp; Benet. No obstante, &ldquo;en el caso de Ana Mar&iacute;a Matute, aunque en muchos aspectos puede adscribirse plenamente a ese grupo, su escritura presenta desde el principio caracter&iacute;sticas propias, sobre todo en el tratamiento de la fantas&iacute;a de que se nutre su rica imaginaci&oacute;n y en el lenguaje deslumbrante, sugerente y eminentemente l&iacute;rico, que la hacen en cierta medida inclasificable. Son cualidades que, junto a una prodigiosa intuici&oacute;n de la vida y de los sentimientos&rdquo;, fueron subrayadas acertadamente por la cr&iacute;tica.&nbsp;</p>
<p>Para la autora de t&iacute;tulos inolvidables como &ldquo;Olvidado rey Gud&uacute;&rdquo; o &ldquo;Primera memoria&rdquo;, la tarea de escribir no fue simplemente una profesi&oacute;n o una vocaci&oacute;n, sino magia, alquimia, &ldquo;una manera de estar en el mundo. Una manera de ser&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de las teor&iacute;as o de las modas literarias que se suceden a lo largo del tiempo. Y es que, tal y como nos dir&aacute; en TURIA Marisa Sotelo V&aacute;zquez, &ldquo;para Ana Mar&iacute;a Matute el escritor nace y no se hace. De ah&iacute; que, si no tiene unas aptitudes innatas nunca llegar&aacute; a ser un escritor aut&eacute;ntico. Y estas aptitudes innatas deben ir siempre acompa&ntilde;adas de un trabajo constante en busca de la palabra m&aacute;s adecuada a cada situaci&oacute;n sin prescindir nunca de la imaginaci&oacute;n, de la fantas&iacute;a y procurando la m&aacute;xima sencillez&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;el acto de escribir se convierte para Ana Mar&iacute;a Matute en una b&uacute;squeda incesante de la palabra, que no cobra todo su sentido hasta que el libro llega a manos del lector, que ser&aacute; part&iacute;cipe privilegiado de la comunicaci&oacute;n personal que se establece con el autor a trav&eacute;s de la lectura&rdquo;. Y, por tanto, &ldquo;ser&aacute; esa palabra laboriosamente perseguida y llena de belleza la que nos salve a los lectores y nos permita seguir gozando de los para&iacute;sos inhabitados&rdquo; que pueblan los libros de una de las m&aacute;s grandes novelistas espa&ntilde;olas de nuestra &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CRISTINA FERN&Aacute;NDEZ CUBAS, O C&Oacute;MO A&Ntilde;ADIR UNA HABITACI&Oacute;N A LA CASA DE LA VIDA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nadie mejor y m&aacute;s autorizado para hablarnos con criterio y acierto de Cristina Fern&aacute;ndez Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) que Fernando Valls, profesor de Literatura Espa&ntilde;ola Contempor&aacute;nea de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona y actual presidente de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Cr&iacute;ticos Literarios.&nbsp;</p>
<p>Valls, gran estudioso de la narrativa actual, afirma en TURIA sobre Cristina Fern&aacute;ndez Cubas: &ldquo;Desde que en 1980 publicara su primer libro, &ldquo;Mi hermana Elba&rdquo; que llevaba una atractiva cubierta de Claret Serrahima, la autora ha cultivado tambi&eacute;n la novela (&ldquo;El a&ntilde;o de Gracia&rdquo;, 1985; y &ldquo;La puerta entreabierta&rdquo;, 2013), la novela corta (&ldquo;El columpio&rdquo;, 1995), el microrrelato (&ldquo;El viaje&rdquo; y &ldquo;El Insbut&rdquo;), la biograf&iacute;a (&ldquo;Emilia Pardo Baz&aacute;n&rdquo;, 2001), el teatro (&ldquo;Hermanas de sangre&rdquo;, 1998; recu&eacute;rdese que en su juventud trabaj&oacute; como actriz de teatro), la narraci&oacute;n infantil (&ldquo;De mayor quiero ser bruja&rdquo;, 2014, en la que una ni&ntilde;a, llamada Microbio, se escapa de una hermana abusona y vive una aventura junto a la vieja y sabia bruja Bri, a la que no le falta la correspondiente escoba) y las memorias (&ldquo;Cosas que ya no existen&rdquo;, 2001). El caso es que 45 a&ntilde;os despu&eacute;s, que son los que Cristina Fern&aacute;ndez Cubas lleva publicando libros, se ha convertido en una autora reconocida e imprescindible, prestigio certificado por el aval de los lectores y de la cr&iacute;tica, y por tres grandes premios: el de las Letras espa&ntilde;olas, que se concede a toda una trayectoria literaria, el Nacional de Narrativa y el de la Cr&iacute;tica, por los cuentos de &ldquo;La habitaci&oacute;n de Nona&rdquo; (2015). Tusquets, su editorial de siempre, est&aacute; reeditando todos sus libros, que han acabado convirti&eacute;ndose en lectura escolar, tanto en los Institutos de Bachillerato y Universidades, como en los clubes de lectura y en los talleres de escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el art&iacute;culo que publica TURIA, Fernando Valls centra su an&aacute;lisis sobre todo en los libros posteriores al 2006, cuando se publica &ldquo;Parientes pobres del diablo&rdquo;, aunque no por ello deja de referirse a los primeros libros de cuentos cuando lo he estimado preciso, para proporcionarle al lector una cierta visi&oacute;n de conjunto. Y es que, para Valls, aunque Cristina Fern&aacute;ndez Cubas ha cultivado diferentes g&eacute;neros&nbsp; con rigor, ambici&oacute;n y acierto, cree que &ldquo;es necesario destacar su aportaci&oacute;n al cuento literario fant&aacute;stico, y a esa dimensi&oacute;n intermedia que supone la novela corta, pues en sus narraciones predomina lo sugerido sobre lo evidente, en una realidad que no solo tiene aspectos visibles, sino tambi&eacute;n otros inquietantes e inexplicables&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;si observamos con una cierta perspectiva su trayectoria como escritora -y ahora, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, podemos hacerlo-, nos daremos cuenta de que no ha tenido nunca prisa, ni a la hora de escribir, ni a la de publicar -algo que resulta cada vez m&aacute;s ins&oacute;lito-, y, sobre todo, que ha conseguido y asentado un estilo y un mundo propio que va desarrollando, transformando y ampliando en cada uno de sus nuevos libros&rdquo;.</p>
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<p><strong>LIONEL SHRIVER: UNA DEMOLEDORA Y DIVERTIDA CR&Iacute;TICA A LA ESTUPIDEZ QUE GOBIERNA OCCIDENTE</strong></p>
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<p>&ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, de Lionel Shriver, es una oportuna y recomendable novela sobre la creciente imbecilidad, sobre la estupidez que gobierna nuestras sociedades occidentales y sobre los prejuicios que genera la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Una demoledora y divertida cr&iacute;tica a la destructiva estrategia que supone la puesta en pr&aacute;ctica de medidas de cancelaci&oacute;n cultural. Al respecto, resulta muy reveladoras del esp&iacute;ritu de la obra las dos citas que Shriver utiliza como p&oacute;rtico de su texto. La primera de ellas corresponde al ide&oacute;logo del pensamiento liberal Alexis de Tocqueville: &ldquo;Cuando dejan de existir la riqueza hereditaria, los privilegios de clase y las prerrogativas d ecuna, resulta evidente que la principal diferencia en la fortuna de los hombres reside en su capacidad intelectual&rdquo;. La segunda cita procede del c&eacute;lebre psic&oacute;logo y ensayista Carl Jung y nos dir&aacute;: &ldquo;En efecto, parece cada vez m&aacute;s obvio que el mayor peligro para la humanidad no son el hambre, ni los microbios, ni el c&aacute;ncer, sino el hombre mismo, y ello por la sencilla raz&oacute;n de que no existe protecci&oacute;n adecuada contra las epidemias ps&iacute;quicas, infinitamente m&aacute;s devastadoras que las peores cat&aacute;strofes naturales&rdquo;.</p>
<p>Su novela &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es, seg&uacute;n la cr&iacute;tica estadounidense, &ldquo;una fantas&iacute;a que se aferra inc&oacute;modamente a la realidad actual, donde los hechos y la verdad se reconocen selectivamente seg&uacute;n caprichos cada vez m&aacute;s subjetivos... Los detalles de <em>Mania</em> son materia de s&aacute;tira sangrienta, pero el concepto rector de la novela llega directo al hueso sin anestesia. Shriver no es de las que andan de puntillas con sus personajes. A&uacute;n sabe c&oacute;mo provocar al oso. En este caso, el oso somos nosotros. Seg&uacute;n el &ldquo;The New York Times&rdquo;, &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; &ldquo;es una obra ambientada en un pasado cercano paralelo pero demasiado familiar, una novela brillantemente subversiva sobre una amistad de toda la vida amenazada por guerras culturales&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El argumento de &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es el siguiente: &ldquo;en un 2011 alternativo, el movimiento de Paridad Mental toma fuerza. Los estadounidenses ahora aceptan la verdad sagrada y universal de que no existe tal cosa como la inteligencia humana variable. Como todos somos igualmente inteligentes, la discriminaci&oacute;n contra gente supuestamente tonta es "la &uacute;ltima gran lucha por los derechos civiles". Se descartan ex&aacute;menes, calificaciones y calificaciones laborales. Los ni&ntilde;os son expulsados por decir la palabra S (&ldquo;est&uacute;pido&rdquo;) y se les anima a denunciar a los padres que la utilizan en casa.</p>
<p>Pearson Converse, profesora de ingl&eacute;s en una universidad, de postura constitucionalmente rebelde, rechaz&oacute; su restrictiva crianza como testigo de Jehov&aacute; cuando era adolescente y, por lo tanto, siente aversi&oacute;n por cualquier tipo de dogma. Impotente en el aula universitaria, tambi&eacute;n se enfurece por el aplastamiento del esp&iacute;ritu excepcionalmente brillante de sus hijos en la escuela primaria. Afortunadamente, goza de la confianza de un mejor amigo, un comentarista de medios con quien puede hablar con franqueza sobre su desprecio socialmente inaceptable por el movimiento MP. O al menos cree que puede... hasta que un d&iacute;a el abismo pol&iacute;tico entre las dos mujeres se vuelve infranqueable y una relaci&oacute;n de toda la vida implosiona.</p>
<p>Con ecos de &ldquo;La mancha humana&rdquo; de Philip Roth, contado con la voz inimitable e iconoclasta de Lionel Shriver, &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es un libro agudo, mordaz y despiadadamente divertido sobre el camino hacia un igualitarismo delirante y autodestructivo en el que ya se encuentra nuestra sociedad.</p>
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      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 07:33:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La brillante literatura rumana actual protagoniza la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-brillante-literatura-rumana-actual-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/CORINA_OPROAE_4.jpg" alt="" /></p>
<ul>
<li><strong>A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA no s&oacute;lo analiza la obra de sus grandes autores contempor&aacute;neos sino que publica por primera vez en espa&ntilde;ol a 21 nuevos e interesantes escritores rumanos </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>TURIA se presentar&aacute; en Madrid el 25 de junio, en la sede de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a, mediante un conversatorio entre Jordi Doce, Corina Oproae y Manuel Rico.</strong></li>
</ul>
<p><strong>&nbsp;</strong>La revista cultural TURIA presentar&aacute; su n&uacute;mero especial en homenaje a la brillante literatura rumana actual en la sede madrile&ntilde;a de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a. Ser&aacute; el pr&oacute;ximo 25 de junio, a las 18:30 h. y en un acto p&uacute;blico que tendr&aacute; formato de conversatorio en el que participar&aacute;n dos cualificados expertos espa&ntilde;oles en las letras rumanas como Jordi Doce, escritor, editor, traductor y cr&iacute;tico literario, y Manuel Rico, escritor, cr&iacute;tico literario y presidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Junto a ellos intervendr&aacute; la escritora y traductora rumana Corina Oproae, recientemente galardonada con el Premio Tusquets de novela por su obra titulada &ldquo;La casa lim&oacute;n&rdquo;. Moderar&aacute; el coloquio Fernando del Val, periodista de RNE y poeta.</p>
<p>Con esta iniciativa, y como escribe Mercedes Monmany en TURIA, se quiere contribuir al fomento de la lectura en Espa&ntilde;a de la valiosa y f&eacute;rtil literatura rumana contempor&aacute;nea: &ldquo;No es ning&uacute;n secreto, para cualquier persona atenta a la literatura europea de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que se repite una presencia espl&eacute;ndida, continuada, en ocasiones realmente espectacular, a trav&eacute;s de varias generaciones de escritores rumanos que van cosechando los mejores premios europeos e internacionales de nuestros d&iacute;as. Traducidos muchas veces a una notable cantidad de lenguas, algunos de estos grandes autores contempor&aacute;neos (como es el caso de Norman Manea, Ana Blandiana o Mircea Cartarescu) figuran de forma invariable, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, en las listas de un posible Premio Nobel de Literatura&rdquo;. De ah&iacute; que la revista TURIA haya realizado una atractiva y completa aproximaci&oacute;n a la literatura rumana de nuestros d&iacute;as. Y, por otra parte, que el Instituto Cultural Rumano haya brindado su respaldo a la iniciativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA PANOR&Aacute;MICA COMPLETA DE LA MEJOR LITERATURA EUROPEA </strong></p>
<p>La decisi&oacute;n de la revista TURIA de dedicar un monogr&aacute;fico a las letras rumanas permitir&aacute; al lector &nbsp;en &nbsp;espa&ntilde;ol &nbsp;conocer &nbsp;con detalle el brillante momento que vive la literatura de ese pa&iacute;s europeo. A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA&nbsp; no s&oacute;lo analiza la obra de sus grandes autores contempor&aacute;neos sino que publica por primera vez en espa&ntilde;ol a un total de veinti&uacute;n nuevos e interesantes escritores rumanos.</p>
<p>Mercedes Monmany, una de nuestras grandes expertas en las letras europeas, es la autora del clarificador art&iacute;culo introductorio del amplio e interesante dossier de TURIA. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La literatura rumana actual y su brillante Edad de Plata&rdquo;, Monmany confirma que &ldquo;hoy en d&iacute;a estamos viviendo, en el caso de la literatura rumana actual, una aut&eacute;ntica &ldquo;edad de plata&rdquo;. Esto no solo lo avalan el n&uacute;mero de traducciones y premios otorgados, o la gran aceptaci&oacute;n del p&uacute;blico en no pocos casos, sino sobre todo, una invariable y sostenida gran altura literaria, de una exigencia y ambici&oacute;n realmente descomunal en cuanto a lenguaje, temas sutiles y nada obvios tratados en profundidad, todo ello con una deslumbrante capacidad de penetraci&oacute;n y an&aacute;lisis, y un admirable tratamiento e intersecci&oacute;n en sus obras del pasado hist&oacute;rico y cultural com&uacute;n a todos ellos&rdquo;.</p>
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<p><strong>EL IMPACTO MUNDIAL DE NORMAN &nbsp;MANEA, &nbsp;MIRCEA &nbsp;CARTARESCU, &nbsp;ANA &nbsp;BLANDIANA, &nbsp;GABRIELA ADAMESTEANU Y TATIANA TIBULEAC</strong></p>
<p>Destaca Monmany en TURIA la gran labor creativa realizada y el impacto mundial de autores rumanos como Norman Manea &ldquo;el m&aacute;s feroz e implacable retratista de la sociedad de su pa&iacute;s, Ruman&iacute;a, durante los a&ntilde;os de la dictadura de Ceausescu&rdquo;), Mircea Cartarescu (&ldquo;representa hoy la renovaci&oacute;n continuada de una de las m&aacute;s vitales y pujantes literaturas de todo el espectro europeo&rdquo; y adem&aacute;s es &ldquo;un un autor que lleva tiempo traspasando sus fronteras, con p&uacute;blicos entusiastas en las m&aacute;s diversas lenguas, siendo merecedor de grandes premios internacionales&rdquo;).</p>
<p>No faltan, en el citado texto de Monmany, oportunos an&aacute;lisis sobre relevantes autoras como Ana Blandiana, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024. De ella, adem&aacute;s de glosar su importante obra, se nos dir&aacute; que &ldquo;ejerci&oacute; y ejerce en su pa&iacute;s, incansablemente, de firme referente moral. Un referente persistente e inasequible al desaliento, de cara al resto de sus conciudadanos&rdquo;.</p>
<p>Otra gran figura de fama internacional es Gabriela Adamesteanu (periodista, activista democr&aacute;tica durante el comunismo y traductora del franc&eacute;s, adem&aacute;s de escritora y editora. En Espa&ntilde;a, apunta Monmany, se han traducido varias novelas suyas siempre de igual y excepcional calidad. Y es que la suya es &ldquo;es una literatura de una notable densidad, y a la vez microscopia detallista, que alterna radiograf&iacute;as hist&oacute;ricas elaboradas en profundidad, combinadas magistralmente con retratos de personajes e interiores&rdquo;</p>
<p>Tambi&eacute;n Tatiana T&iuml;buleac, con solo dos novelas publicadas, ha alcanzado un enorme prestigio y acreditado su extraordinaria calidad literaria. Son obras que relatan la violencia y cicatrices incurables del amor en el seno de la familia (&ldquo;El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes&rdquo;) o la bell&iacute;sima y dolorosa historia de una ni&ntilde;a hu&eacute;rfana rescatada de un orfanato durante los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros del comunismo en Ruman&iacute;a (&ldquo;El jard&iacute;n de vidrio&rdquo;)</p>
<p>Adem&aacute;s de describir la tarea llevada a cabo por estos y otros nombres propios, el an&aacute;lisis de Mercedes Monmany hace tambi&eacute;n referencia a la obra de varios relevantes autores rumanos contempor&aacute;neos que escriben en otras lenguas: Herta M&uuml;ller (Premio Nobel de Literatura, que</p>
<p>escribe en alem&aacute;n), Matei Visniec (dramaturgo, poeta y narrador rumano en lengua francesa). No faltan en su selecci&oacute;n dos escritoras radicadas en Espa&ntilde;a y que escriben en nuestro idioma a pesar de su nacionalidad rumana: Corina Oproae (poeta, novelista y traductora, y Ioana Gru&iacute;a (poeta, narradora, ensayista y profesora en la Universidad de Granada)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DE LA NOVELA COMO G&Eacute;NERO SUPREMO AL AUGE DEL RELATO CORTO</strong></p>
<p>Tras la introducci&oacute;n general de Monmany, Bogdan Cretu, reconocido cr&iacute;tico literario en su pa&iacute;s y profesor de la Universidad rumana de Iasi,&nbsp; analiza la narrativa contempor&aacute;nea y se brinda una antolog&iacute;a de ocho narradores que son traducidos por primera vez al espa&ntilde;ol. Para Cretu, &ldquo;antes de 1989, durante el r&eacute;gimen comunista, la novela era el g&eacute;nero supremo. Satisfac&iacute;a casi toda la necesidad de ficci&oacute;n de una poblaci&oacute;n sometida a un control permanente y, en algunos casos, serv&iacute;a como una v&aacute;lvula de escape&rdquo;. Tras su ca&iacute;da, &ldquo;los lectores se volcaron hacia la literatura memorial&iacute;stica y biogr&aacute;fica, buscando con avidez la verdad hasta entonces prohibida&rdquo;.</p>
<p>Una vez estudiadas esas tendencias y a los escritores que las cultivaron, Bogdan Cretu, apunta otra clave en TURIA: &ldquo;la prosa breve est&aacute; obligada a captar la atenci&oacute;n de los usuarios de Instagram y TikTok, generando el mismo nivel de impacto. M&aacute;s que nunca, est&aacute; condenada a la intensidad, la tensi&oacute;n y la eficacia&rdquo;.</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;la narrativa rumana contempor&aacute;nea ofrece un paisaje diverso, en el que conviven escritores de distintas generaciones: desde aquellos que debutaron en los a&ntilde;os 60 hasta autores y autoras muy j&oacute;venes, abiertos a la experimentaci&oacute;n y a una amplia variedad de temas y perspectivas multiculturales&rdquo;</p>
<p>Como complemento al art&iacute;culo, TURIA ofrece una antolog&iacute;a de textos in&eacute;ditos elaborados por ocho narradores traducidos por primera vez al espa&ntilde;ol: Nichita Danilov, Paula Erizanu, Raluca Nagy, Ioana Nicolae, Radu Paraschivescu, Catalin Pavel, Radu Tuculescu y Alexandru Stanescu.</p>
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<p><strong>LA POES&Iacute;A RUMANA, UNA PRESENCIA CRECIENTE EN ESPA&Ntilde;OL</strong></p>
<p>A continuaci&oacute;n, el poeta, cr&iacute;tico y editor Jordi Doce, traza en su art&iacute;culo un certero panorama de la poes&iacute;a rumana contempor&aacute;nea accesible en espa&ntilde;ol: &ldquo;desde comienzos de la d&eacute;cada de 2010, la poes&iacute;a rumana contempor&aacute;nea ha ido teniendo una presencia creciente en nuestro ecosistema editorial y po&eacute;tico. Cada vez se traduce m&aacute;s y mejor, ya sean libros individuales o antolog&iacute;as; se han ampliado los cauces de difusi&oacute;n y se favorece la presencia de los poetas rumanos en festivales y encuentros de poes&iacute;a; y se van creando las condiciones para un di&aacute;logo sostenido entre ambas tradiciones, la rumana y la espa&ntilde;ola&rdquo;</p>
<p>Seg&uacute;n Jordi Doce, dicha situaci&oacute;n favorable se deber&iacute;a a varias razones fundamentales: &ldquo;por un lado, el trabajo eficaz y perseverante de una nueva generaci&oacute;n de traductoras (muchas, a su vez, poetas por derecho propio) que hacen de puente entre culturas y est&aacute;n acercando la obra de sus coet&aacute;neos&rdquo;. Una segunda causa &ldquo;es la labor de apoyo del Instituto Cultural Rumano (ICR), que, a diferencia de instituciones an&aacute;logas (el British Council o el Instituto Franc&eacute;s, sin ir m&aacute;s lejos), no ha abdicado de sus obligaciones literarias&rdquo;. El &uacute;ltimo factor que conviene tener en cuenta ser&iacute;a de orden sociol&oacute;gico: los rumanos constituyen el segundo grupo de inmigrantes m&aacute;s numeroso en Espa&ntilde;a despu&eacute;s de los marroqu&iacute;es. Y, al ser espa&ntilde;ol y rumano lenguas romances, y tener una ra&iacute;z com&uacute;n, los rumanos suelen aprender y hablar espa&ntilde;ol con rapidez, y esto facilita enormemente la integraci&oacute;n</p>
<p>Tras ese texto de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n sobre la poes&iacute;a rumana en espa&ntilde;ol, la escritora y traductora rumana radicada en Espa&ntilde;a Corina Oproae (ganadora del &uacute;ltimo premio Tusquets de novela con <em>La casa lim&oacute;n</em>) selecciona y traduce a diez poetas rumanos contempor&aacute;neos in&eacute;ditos en nuestro idioma: Ion Mureșan, Marta Petreu, Simona Popescu, Svetlana C&acirc;rstean, Robert Șerban, Radu Vancu, Moni Stănilă, Ruxandra Novac, Elena Vladăreanu, Anastasia Gavrilovici.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL RETO DE LA NO FICCI&Oacute;N: RECONSTRUIR EL PENSAMIENTO</strong></p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA tambi&eacute;n dedica un pormenorizado un art&iacute;culo, elaborado por el escritor y cr&iacute;tico literario Manuel Rico<strong> </strong>y por Maria Floarea Pop, directora del Instituto Cultural Rumano, a la prosa de no ficci&oacute;n rumana actual. Seg&uacute;n ambos especialistas, &ldquo;lejos de reproducir las f&oacute;rmulas del pasado, la no ficci&oacute;n rumana de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha abierto espacio para nuevas generaciones de escritores e intelectuales, ha asumido el reto de revisar cr&iacute;ticamente la historia reciente y ha participado activamente en la reconstrucci&oacute;n del pensamiento p&uacute;blico y cultural. Algo similar ocurri&oacute; tras el final de otras dictaduras como la que represent&oacute; el franquismo en Espa&ntilde;a: la no ficci&oacute;n fue una suerte de sendero para la reflexi&oacute;n sobre la identidad colectiva y un ajuste del pensamiento y del ensayo a la nueva realidad democr&aacute;tica, abierta a Europa y al mundo&rdquo;. Por &uacute;ltimo, el Cartapacio se cierra con dos textos de ensayo originales, escritos por Ioan-Aurel Pop y Adriana Babeti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&ldquo;TURIA&rdquo;: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde&nbsp; cualquier&nbsp; lugar,&nbsp; siempre&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; trabaje&nbsp; con rigor,&nbsp; libertad&nbsp; y</p>
<p>capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 42 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 47.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s,&nbsp; el&nbsp;&nbsp; pasado&nbsp; a&ntilde;o 2024,&nbsp; el&nbsp; Instituto Cervantes acord&oacute; que TURIA ingresara en la Caja de las Letras, ese espacio simb&oacute;lico que se ha convertido en la aut&eacute;ntica c&aacute;mara acorazada de la cultura en espa&ntilde;ol y que acredita el prestigio y la trascendencia de la labor desarrollada por la revista. Seg&uacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;cada n&uacute;mero de TURIA es en realidad una peque&ntilde;a biblioteca y no tiene nada que ver con esa habitual revista literaria con unos pocos textos dispares&rdquo;.</p>
<p>Previamente, en 2023, el Gobierno&nbsp; de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>
<p>El perfil de sus lectores digitales nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, preferentemente con edades desde los 45 a&ntilde;os. Por otra parte, las cinco ciudades con mayor n&uacute;mero de lectores de TURIA son Madrid, Barcelona, Zaragoza, Ciudad de M&eacute;xico y Valencia.</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre la Literatura rumana actual ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Instituto Rumano de Cultura.</p>
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      <pubDate>Tue, 03 Jun 2025 06:02:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana María Matute: “Escribir es siempre protestar”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-maria-matute-escribir-es-siempre-protesta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/ANA_MAR_A_MATUTE_-_FOTO_FACILITADA_POR_LA_REAL_ACADEMIA_ESPA_OLA.jpg" alt="" /></p>
<p>En julio se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os del nacimiento de Ana Mar&iacute;a Matute (26-julio-1925), la novelista que se defin&iacute;a a s&iacute; misma como &ldquo;una contadora de historias&rdquo; en las que siempre hace una apasionada defensa de la fantas&iacute;a y la imaginaci&oacute;n como parte indisociable de la realidad de la vida. Pertenec&iacute;a a la generaci&oacute;n de <em>Los ni&ntilde;os de la guerra</em>, marbete acu&ntilde;ado por la tambi&eacute;n novelista Josefina Aldecoa en su libro entre el ensayo y las memorias para referirse a los escritores Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Aldecoa, Juan Benet, Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Santos, Rafael Azcona, Ana Mar&iacute;a Matute, Garc&iacute;a Hortelano, Medardo Fraile y Jos&eacute; Caballero Bonald. Josefina Aldecoa justificaba el t&iacute;tulo se&ntilde;alando que todos hab&iacute;an nacido entre 1925 y 1928 y, en consecuencia, al estallar la guerra civil ten&iacute;an entre 8 y 11 a&ntilde;os; la edad de la &ldquo;infancia consciente&rdquo;.</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute a&ntilde;ad&iacute;a otro calificativo a estos escritores la de &ldquo;ni&ntilde;os asombrados&rdquo;, por la perplejidad con que afrontaron el estallido b&eacute;lico y sus estragos justo en un momento crucial de su vida, el tr&aacute;nsito de la infancia a la adolescencia:</p>
<p>Recuerdo que, al comienzo de la guerra, nos dispon&iacute;amos a ir a la playa, de vacaciones, la familia al completo. Mi padre entr&oacute; una noche de julio al cuarto donde dorm&iacute;amos mi hermana y yo y nos dijo: &ldquo;Ni&ntilde;as, rezad, rezad mucho, porque la pelota est&aacute; en el tejado&rdquo;. Nosotros no entendimos nada, por supuesto. Al d&iacute;a siguiente, supimos que nos ten&iacute;amos que quedar sin veraneo porque, como dec&iacute;a mi padre, los hombres hab&iacute;an empezado a matarse [&hellip;] Comenz&oacute; entonces una etapa de mi vida completamente diferente: nosotros, que hab&iacute;amos sido unos ni&ntilde;os ajenos a las penurias, de pronto nos topamos con el rostro m&aacute;s cruel de las cosas. Ve&iacute;amos por las calles gentes que ni siquiera hab&iacute;amos sospechado que existieran; esta visi&oacute;n nos dejaba perplejos: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hacen? &iquest;Qu&eacute; buscan? &iquest;Qu&eacute; quieren?&rdquo;, pregunt&aacute;bamos. Y luego estaba el terror que reinaba en casa [&hellip;] por la noche escuch&aacute;bamos el eco de las ametralladoras (entrevista de Jos&eacute; Manual de Prada a Ana Mar&iacute;a Matute, <em>ABC</em>, 5 de julio, 1996: 17-18).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La guerra civil supuso un tr&aacute;gico cerc&eacute;n en la vida y en la cultura espa&ntilde;ola que iba a tardar a&ntilde;os en resta&ntilde;arse. Las obras de los novelistas de esta generaci&oacute;n, que es la del medio siglo, participaban del realismo social, con una escritura comprometida, testimonio directo de un momento hist&oacute;rico e instrumento de denuncia social y pol&iacute;tica, aunque la mayor&iacute;a de los autores no se puedan adscribir a ninguna ideolog&iacute;a pol&iacute;tica concreta.</p>
<p>En el caso de Ana Mar&iacute;a Matute, aunque en muchos aspectos puede adscribirse plenamente a ese grupo, su escritura presenta desde el principio caracter&iacute;sticas propias, sobre todo en el tratamiento de la fantas&iacute;a de que se nutre su rica imaginaci&oacute;n y en el lenguaje deslumbrante, sugerente y eminentemente l&iacute;rico, que la hacen en cierta medida inclasificable. Son cualidades que, junto a una prodigiosa intuici&oacute;n de la vida y de los sentimientos, fueron subrayadas por el profesor Antonio Vilanova:</p>
<p>Esta prodigiosa intuici&oacute;n de la vida, este conocimiento intuitivo de las cosas y los seres, de los sentimientos y de las pasiones humanas, va acompa&ntilde;ado de una extraordinaria fuerza expresiva que caracteriza su estilo peculiar&iacute;simo, cuya profusi&oacute;n de im&aacute;genes le confiere una jugosa plasticidad y una honda sugesti&oacute;n po&eacute;tica (<em>Novela y sociedad en la Espa&ntilde;a de la posguerra</em>, Vilanova, 1995: 300).</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute Ausejo naci&oacute; en Barcelona en el seno de una familia de la burgues&iacute;a catalana. Su padre, due&ntilde;o de una f&aacute;brica de paraguas, era catal&aacute;n, muy mediterr&aacute;neo y con una extraordinaria capacidad para inventar historias, crear ilusiones, hacer magia; a ella le gusta compararlo con Ulises. Su madre era castellana, de Mansilla de la Sierra (Logro&ntilde;o), mucho m&aacute;s austera y r&iacute;gida, por ello la autora la comparaba con el Cid.</p>
<p>Desde su infancia Ana Mar&iacute;a Matute fue una ni&ntilde;a &ldquo;rara&rdquo;, pues le gustaba mucho m&aacute;s leer y aislarse en sus fantas&iacute;as que jugar con mu&ntilde;ecas como otras ni&ntilde;as de su edad. Su desbordante imaginaci&oacute;n y su fantas&iacute;a se alimentaron muy pronto de los relatos orales que le contaban las ni&ntilde;eras de la familia. Y cuando aprendi&oacute; a leer, las colecciones de cuentos de Andersen, Perrault, los hermanos Grimm y<em> Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas</em> de Lewis Carroll se convirtieron en sus lecturas favoritas.</p>
<p>Su afici&oacute;n a la escritura se produce tambi&eacute;n muy pronto, en la infancia, pues se han conservado cuentos escritos por Ana Mar&iacute;a cuando ten&iacute;a apenas cinco a&ntilde;os. Estos cuentos a menudo se enriquec&iacute;an con sus ilustraciones, dibujaba muy bien y sent&iacute;a una gran fascinaci&oacute;n por el color. Ya en la adolescencia Ana Mar&iacute;a Matute sigue leyendo incansablemente: la Biblia, los poetas espa&ntilde;oles, mostrando una especial predilecci&oacute;n por la poes&iacute;a de Federico Garc&iacute;a Lorca y Luis Cernuda y, por supuesto <em>El Quijote</em>, cuyo final dice haberla emocionado hasta el llanto, por lo que supone de renuncia a la vida fant&aacute;stica y llena de aventuras del caballero andante. Adem&aacute;s, se sinti&oacute; atra&iacute;da por la lectura de los grandes narradores rusos del siglo XIX, Dostoievski, Tolst&oacute;i y Chejov, las hermanas Bront&euml; y por los autores de la generaci&oacute;n perdida norteamericana, singularmente John Dos Passos y William Faulkner.</p>
<p>Con once a&ntilde;os, como ya se ha dicho, conoci&oacute; de cerca la experiencia traum&aacute;tica de la guerra civil y el corolario de violencia, miseria y muerte, que la iban a marcar profundamente en su vida y en su obra, tal como ella misma ha evocado en m&uacute;ltiples ocasiones:</p>
<p>Cumpl&iacute; 11 a&ntilde;os en julio de 1936, cuando empez&oacute; la guerra. Antes viv&iacute;amos en una campana de cristal y de repente salt&oacute; hecha pedazos. La postguerra fue mala, pero la guerra fue terrible, la violencia fue impresionante. Me sent&iacute; estafada, como si me hubieran enga&ntilde;ado. Me qued&oacute; como un rencor: La vida no era como me la hab&iacute;an contado (Rosa Roma, <em>Ana Mar&iacute;a Matute</em>, Epesa, 2001).</p>
<p>En 1945, con apenas 19 a&ntilde;os llev&oacute; a la barcelonesa editorial Destino su primera novela, <em>Peque&ntilde;o teatro,</em> y poco despu&eacute;s <em>Los Abel</em> (1948)<em> </em>qued&oacute; finalista del Premio Nadal en 1947, el a&ntilde;o que consigue el premio Miguel Delibes con <em>La sombra del cipr&eacute;s alargada. </em>Los editores decidieron entonces publicar la novela finalista del Nadal, que era indudablemente mejor que <em>Peque&ntilde;o teatro</em>, aunque con esta conseguir&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde el Premio Planeta (1954).</p>
<p>La r&aacute;pida publicaci&oacute;n de <em>Los Abel </em>la anim&oacute; a seguir escribiendo y concursando al anhelado premio Nadal en posteriores convocatorias, pues a menudo hab&iacute;a declarado que para ella ganar el Nadal era un reto importante en su carrera, por tratarse de un premio barcelon&eacute;s de reconocido prestigio en aquellos a&ntilde;os de postguerra. En la convocatoria de 1949 reaparece de nuevo entre los finalistas el nombre de Ana Mar&iacute;a Matute con <em>Luci&eacute;rnagas </em>y tampoco en esta ocasi&oacute;n le acompa&ntilde;a la fortuna, pero los editores pensaban publicarla.</p>
<p>Aun as&iacute;, <em>Luci&eacute;rnagas</em> es prohibida por la censura, muy activa y rigurosa en esos a&ntilde;os, y la novelista se ve obligada a reescribirla y publicarla con el t&iacute;tulo de <em>En esta tierra</em> en la editorial barcelonesa &Eacute;xito en 1955. La novela, ambientada en una Barcelona apocal&iacute;ptica, es la m&aacute;s emocionalmente intensa que se ha escrito sobre nuestra guerra civil.</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute se hab&iacute;a casado en 1952 con el escritor Ram&oacute;n Eugenio de Goicoechea con el que tuvo un hijo, Juan Pablo, al que dedic&oacute; una buena parte de sus libros infantiles como <em>El poliz&oacute;n del Ulises</em>. Tras varios a&ntilde;os de matrimonio, en 1963, se separa de su marido y pierde la custodia de su hijo: experiencia dur&iacute;sima para la novelista que luch&oacute; incansablemente hasta recuperarla unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde.</p>
<p>En 1958 publica una novela extraordinaria <em>Los hijos muertos, </em>que mereci&oacute; el premio de la Cr&iacute;tica y el Premio Nacional de Literatura correspondiente al a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n. Es un temprano y valiente testimonio de los campos de trabajo de los prisioneros republicanos durante la dictadura franquista. Antonio Vilanova, desde las p&aacute;ginas de la revista <em>Destino</em> (28-II-1959), vio en ella influencias de <em>&iexcl;Absal&oacute;n, Absal&oacute;n! </em>de Faulkner, uno de los autores favoritos de la escritora. Finalmente, en la convocatoria de 1959 consigue alzarse con el anhelado Premio Nadal por su novela <em>Primera memoria, </em>que abre la trilog&iacute;a titulada <em>Los mercaderes</em>,<em> </em>integrada adem&aacute;s por<em> Los soldados lloran de noche </em>(1964) y <em>La trampa</em> (1969)<em>.</em> En estas novelas reaparecen de nuevo el enfrentamiento cainita y la guerra civil como trasfondo de la acci&oacute;n. <em>Primera memoria</em> guarda ciertas semejanzas con <em>Luci&eacute;rnagas,</em> sobre todo porque el conflicto b&eacute;lico est&aacute; presente como escenario de la acci&oacute;n narrativa, as&iacute; como tambi&eacute;n en ambas la protagonista es una adolescente con rasgos autobiogr&aacute;ficos, Sol en <em>Luci&eacute;rnagas </em>y Matia en <em>Primera memoria</em>,<em> </em>que ven tr&aacute;gicamente como todo su mundo se transforma con el estallido de la guerra civil. <em></em></p>
<p>Despu&eacute;s de largos a&ntilde;os de silencio narrativo, en 1996 public&oacute; finalmente <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em>,<em> </em>su libro favorito, porque seg&uacute;n la autora es el que desde ni&ntilde;a quiso escribir, el m&aacute;s personal. Se trata de una obra larga y ambiciosa, con semejanzas evidentes con &ldquo;el <em>roman art&uacute;rico </em>y los libros de caballer&iacute;as&rdquo; en palabras de Francisco Rico en su respuesta al discurso de ingreso de Ana Mar&iacute;a Matute en la Real Academia Espa&ntilde;ola (RAE). La obra est&aacute; ambientada en la Edad Media y enlaza con otras novelas anteriores como <em>La torre vig&iacute;a</em> (1971)<em> </em>y <em>Aranmanoth </em>(2000). Ella la consideraba su testamento literario.</p>
<p>En 1998 fue elegida miembro de la RAE. Era la tercera mujer en ser aceptada en dicha instituci&oacute;n. Ana Mar&iacute;a Matute ocup&oacute; el sill&oacute;n K may&uacute;scula, en sustituci&oacute;n de la primera mujer acad&eacute;mica, Carmen Conde. El discurso de ingreso lo titul&oacute; &ldquo;En el bosque&rdquo;, en referencia al bosque real de su infancia en la casa de los abuelos maternos en Mansilla de la Sierra, y tambi&eacute;n en referencia metaf&oacute;rica al bosque de las palabras, de la fantas&iacute;a, de la imaginaci&oacute;n, de la literatura en definitiva:</p>
<p>Porque el bosque era el lugar al que me gustaba escapar en mi ni&ntilde;ez y durante mi adolescencia; aqu&eacute;l era mi lugar. All&iacute; aprend&iacute; que la oscuridad brilla, m&aacute;s a&uacute;n, resplandece; que los vuelos de los p&aacute;jaros escriben en el aire antiqu&iacute;simas palabras, de donde han brotado todos los libros del mundo; que existen rumores y sonidos totalmente desconocidos por los humanos, que existe el canto del bosque entero, donde residen infinidad de historias que jam&aacute;s se han escrito y acaso se escribir&aacute;n (Matute, 18 de enero, 1998: 2).</p>
<p>La brillante carrera narrativa de Ana Mar&iacute;a Matute se vio recompensada en el a&ntilde;o 2007 con la concesi&oacute;n del Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas al conjunto de su obra. Esta mujer que hizo de la literatura su vida sigui&oacute; escribiendo y, en 2008, public&oacute; <em>Para&iacute;so inhabitado, </em>donde retoma el tema de la infancia perdida &ndash;&ldquo;el hombre es lo que queda del ni&ntilde;o que fue&rdquo;&ndash; y vuelven a reaparecer en la psicolog&iacute;a de Adriana, la ni&ntilde;a protagonista, determinados rasgos claramente autobiogr&aacute;ficos.</p>
<p>El Premio Cervantes le es concedido en el 2010 en reconocimiento a su fecunda trayectoria narrativa como autora de novelas y m&uacute;ltiples colecciones de cuentos, entre las que destacan <em>Los ni&ntilde;os tontos </em>(1956), bell&iacute;simo libro muy emparentado con el delicado lirismo de<em> Platero y yo,</em> e<em> Historias de Art&aacute;mila</em> (1961)<em>, </em>colecci&oacute;n de veintid&oacute;s relatos sobre el mundo de los ni&ntilde;os y la crueldad de los adultos, ambientados en la m&iacute;tica Art&aacute;mila, trasunto del pueblo riojano de Mansilla de la Sierra, donde la escritora &ndash;como se ha dicho&ndash; pas&oacute; temporadas en su infancia en casa de sus abuelos maternos. Evoc&oacute; su trayectoria en el discurso de recepci&oacute;n del Premio Cervantes, un texto breve, muy sencillo, muy bello y muy personal, que comenzaba as&iacute;:</p>
<p>As&iacute; que esta anciana que no sabe escribir discursos s&oacute;lo desea hacerles part&iacute;cipes de su emoci&oacute;n, de su alegr&iacute;a y de su felicidad &ndash;&iquest;por qu&eacute; tenemos tanto miedo de esa palabra?&ndash; a todos cuantos han hecho posible este sue&ntilde;o, sue&ntilde;o que me acompa&ntilde;a desde la infancia. Desde aquel d&iacute;a en que o&iacute; por vez primera la m&aacute;gica frase: &ldquo;&Eacute;rase una vez&hellip;&rdquo; y conmovi&oacute; toda mi peque&ntilde;a vida (Matute 2011: 1).</p>
<p>Y prosegu&iacute;a evocando a don Quijote con estas elocuentes palabras en las que vuelve a reivindicar la fantas&iacute;a y la capacidad de inventar en la tarea del escritor, pues para ella el que no inventa no vive: &ldquo;&Eacute;rase una vez un hombre bueno, solitario, triste y so&ntilde;ador: cre&iacute;a en el honor y la valent&iacute;a, e inventaba la vida&rdquo; (Matute 2011: 1).</p>
<p>&ldquo;&Eacute;rase una&rdquo; vez es la f&oacute;rmula con que comienzan todos los cuentos y es una f&oacute;rmula especialmente querida por la autora barcelonesa, que es tambi&eacute;n indudablemente una de las mejores escritoras de cuentos del siglo XX, como evidencia la recopilaci&oacute;n completa en el volumen titulado <em>La puerta de la luna</em>, en la editorial Destino (2012). <em>Demonios familiares </em>fue su &uacute;ltima obra inacabada, publicada p&oacute;stumamente, precedida de un pr&oacute;logo de Pere Gimferrer y con unas notas finales de Mar&iacute;a Paz Ortu&ntilde;o.</p>
<p>Como se deduce de este r&aacute;pido recorrido por la peripecia vital y literaria de Ana Mar&iacute;a Matute, desde su infancia de ni&ntilde;a &ldquo;rara&rdquo;, despu&eacute;s en la adolescencia con la destrucci&oacute;n de todo su mundo por la guerra civil, y m&aacute;s tarde, ya siendo una escritora de prestigio, la injusticia y el dolor que supuso perder temporalmente la custodia de su hijo, la literatura fue siempre para ella una aut&eacute;ntica balsa de n&aacute;ufrago, o como ella prefer&iacute;a decir, &ldquo;el faro salvador&rdquo; de todas sus tormentas existenciales:</p>
<p>El tiempo en el que yo inventaba era un tiempo muy ni&ntilde;o y muy fr&aacute;gil, en el que yo me sent&iacute;a distinta: era tartamuda, m&aacute;s por miedo que por un defecto f&iacute;sico. La prueba de ello es que esa tartamudez desapareci&oacute; durante los bombardeos. O as&iacute; lo creo. Pero el caso es que, salvo excepciones, las ni&ntilde;as de aquel tiempo, mujeres recortadas, poco o nada ten&iacute;an que ver conmigo. Y traigo esto a cuento para explicar &ndash;y quiz&aacute; explicarme de alg&uacute;n modo&ndash; mi extra&ntilde;eza, mi entrega total, absoluta, a esto que luego supe se llamaba Literatura. Y que ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas (Matute, 2011: 2).</p>
<p>Adem&aacute;s, para ella &ldquo;escribir es siempre protestar&rdquo;, como declaraba a Jos&eacute; Manuel de Prada en una magn&iacute;fica entrevista (<em>ABC</em>, 5 de julio de 1996). Y es tambi&eacute;n una manera de formularse una pregunta sobre los sentimientos, la vida y el mundo que nos rodea:</p>
<p>Llevaba la literatura metida en los huesos. M&aacute;s tarde, me dar&iacute;a cuenta de que, a trav&eacute;s de mi obra, ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de expresar una cierta protesta del mundo, escribir es siempre protestar de algo, aunque sea de uno mismo (Prada Matute, 1996: 18).</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute se hab&iacute;a referido en m&uacute;ltiples ocasiones a su vida como una &ldquo;vida de papel&rdquo;, pero la autora no era amiga de ensayos eruditos sobre el proceso de la escritura; prefer&iacute;a las entrevistas que le permit&iacute;an la conversaci&oacute;n cercana al interlocutor, siempre que este fuese inteligente y sensible. Tambi&eacute;n aportan ideas fundamentales sus dos discursos m&aacute;s emblem&aacute;ticos, el pronunciado en 1998 con motivo de su ingreso en la RAE, titulado, como ha quedado dicho, &ldquo;En el bosque&rdquo;, y el de recepci&oacute;n del premio Cervantes en 2010: escritos siempre de una forma sencilla, queriendo ser entendida por todos y llegar a ese hipot&eacute;tico lector para contarle una historia en que ser&aacute;n fundamentales la autenticidad de los sentimientos, porque no se consideraba erudita sino una mujer que cuenta historias en las que la imaginaci&oacute;n y la fantas&iacute;a son muy importantes como parte indisociable de la realidad. Y en ese proceso defiende que la escritura &ldquo;es como una cacer&iacute;a introspectiva hacia uno mismo&rdquo; (Prada-Matute, <em>ABC</em>, 16 de enero, 1998: 18), por ello, &ldquo;la literatura es el ejercicio m&aacute;s solitario de cuantos existen, pero a la vez el m&aacute;s acompa&ntilde;ado; aunque no sepas qui&eacute;n es tu compa&ntilde;ero, siempre hay un lector que crea y recrea el libro, porque para cada lector el libro es distinto&rdquo; (Prada-Matute, 1996: 19). Un libro no existe en tanto alguien no lo lea: nunca nadie lee el mismo libro, porque cada lector hace su lectura personal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escribir para Ana Mar&iacute;a Matute no era simplemente una profesi&oacute;n o una vocaci&oacute;n, sino magia, alquimia, &ldquo;una manera de estar en el mundo. Una manera de ser&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de las teor&iacute;as o las modas literarias que se suceden a lo largo del tiempo, y de ah&iacute; tambi&eacute;n su rechazo radical a las academias y talleres que pretenden ense&ntilde;ar a ser escritor:</p>
<p>Se empieza a escribir desconociendo toda clase de definiciones sobre ese acto, toda clase de ense&ntilde;anzas sobre esa aventura. Es una puerta que se abre, una barrera que se franquea, un mundo al que se tiene acceso; algo parecido a lo que le ocurri&oacute; a Alicia ese d&iacute;a en que, tras cambiar algunas reflexiones con su gato (y tal vez con sus sue&ntilde;os), se encaram&oacute; al espejo de la chimenea y suavemente pas&oacute; al otro lado. No se tiene noticia de que leyera antes instrucciones ni folletos explicativos al respecto (Prada-Matute, 1998: 18).</p>
<p>En su escritura una cuesti&oacute;n sobresale por encima de todas las dem&aacute;s, si para Ana Mar&iacute;a Matute el escritor nace no se hace, le pueden ayudar las lecturas, los modelos conscientemente imitados, los estudios, pero si no tiene unas aptitudes innatas nunca llegar&aacute; a ser un escritor aut&eacute;ntico. Y estas aptitudes innatas deben ir siempre acompa&ntilde;adas de un trabajo constante en busca de la palabra m&aacute;s adecuada a cada situaci&oacute;n sin prescindir nunca de la imaginaci&oacute;n, de la fantas&iacute;a y procurando la m&aacute;xima sencillez.</p>
<p>El acto de escribir se convierte para Ana Mar&iacute;a Matute en una b&uacute;squeda incesante de la palabra, que no cobra todo su sentido hasta que el libro llega a manos del lector, que ser&aacute; part&iacute;cipe privilegiado de la comunicaci&oacute;n personal que se establece con el autor a trav&eacute;s de la lectura. La novelista barcelonesa se ha referido a este proceso con estas bellas y elocuentes palabras en el discurso de ingreso en la Real Academia:</p>
<p>Escribir es un descubrimiento diario a trav&eacute;s de la palabra, y la palabra es lo m&aacute;s bello que se ha creado, es lo m&aacute;s importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La palabra es lo que nos salva. Pero no la poseemos sin m&aacute;s, para utilizarla como un instrumento; si la tenemos es porque la consagramos a la b&uacute;squeda sin fin de una palabra distinta, no com&uacute;n, laboriosa y exaltadamente perseguida, pero que tan simple, tan sencilla resulta cuando la hallamos (Matute, 18 de enero, 1998).</p>
<p>Francisco Risco en su respuesta al discurso de ingreso en la RAE ratifica la importancia del estilo en la prosa eminentemente po&eacute;tica de la autora de <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em>:<em></em></p>
<p>Nadie ha dejado de admirar la prosa de Ana Mar&iacute;a Matute: la intensidad inconfundible del tono, la capacidad expresiva del ritmo, la fuerza de los claroscuros. Sin embargo, el aspecto que probablemente m&aacute;s nos ha deslumbrado a todos es la sostenida coloraci&oacute;n po&eacute;tica y, en ese marco, la densidad y la eficacia de sus im&aacute;genes [...] en ese torrente de im&aacute;genes, el puesto m&aacute;s llamativo lo ha ostentado siempre la met&aacute;fora basada en la sinestesia, vale decir en la asociaci&oacute;n de factores que corresponden a diferentes sentidos corporales. Yo nunca he querido entenderlo sino en t&eacute;rminos descaradamente personales, como otra prueba de que Ana Mar&iacute;a Matute escribe con los cinco sentidos (Rico, 1998, Contestaci&oacute;n al discurso de Matute, &ldquo;En el bosque&rdquo;: 45-46).</p>
<p>Y por su parte el escritor y tambi&eacute;n acad&eacute;mico Pere Gimferrer en &ldquo;Posible imagen de Ana Mar&iacute;a Matute&rdquo; (2007), que se confiesa fervoroso lector de la novelista barcelonesa, escribe:</p>
<p>Le debemos hoscas baladas legendarias, vi&ntilde;etas urbanas o rurales, esquirlas de sagas bronc&iacute;neas, cuajarones de epopeyas de nuestro tiempo envueltas [&hellip;] Le debemos, muy principalmente, este instante de revelaci&oacute;n abismal que permite vislumbrar los intersticios del ser, lo que en lo hondo somos &ndash;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy, dec&iacute;a don Quijote&ndash;, lo que la palabra com&uacute;n antes ignora que nombra, la comarca que solo el poeta, o quien la alteza del habla po&eacute;tica ha conquistado, descubre para maravilla del lector (<em>ABC</em>, 25 de noviembre, 2010).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Cos">Ser&aacute; esa palabra laboriosamente perseguida y llena de belleza la que nos salve a los lectores y nos permita seguir gozando de los para&iacute;sos inhabitados.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 05:07:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura rumana actual y su brillante Edad de Plata]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-literatura-rumana-actual-y-su-brillante-edad-de-plata/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/MIRCEA_CARTARESCU_-_FOTO_SUMINISTRADA_POR_EDITORIAL_IMPEDIMENTA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es ning&uacute;n secreto, para cualquier persona atenta a la literatura europea de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que se repite una presencia espl&eacute;ndida, continuada, en ocasiones realmente espectacular, a trav&eacute;s de varias generaciones de escritores rumanos que van cosechando los mejores premios europeos e internacionales de nuestros d&iacute;as. Traducidos muchas veces a una notable cantidad de lenguas, algunos de estos grandes autores contempor&aacute;neos (como es el caso de Norman Manea, Ana Blandiana o Mircea Cartarescu) figuran de forma invariable, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, en las listas de un posible Premio Nobel de Literatura que, a pesar de la grandeza de la lengua rumana en el siglo pasado, en su d&iacute;a nunca hab&iacute;a reca&iacute;do en ninguno de los m&aacute;s c&eacute;lebres nombres como es el caso de Camil Petrescu, Mihail Sebastian, Mircea Eliade, Eug&egrave;ne Ionesco o Emil Cioran.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se dir&iacute;a que, si no se trata de una &ldquo;edad de oro&rdquo;, que quiz&aacute; ya correspondi&oacute; a la gran generaci&oacute;n de entreguerras, verdaderamente internacional, hoy en d&iacute;a estamos viviendo, en el caso de la literatura rumana actual, una aut&eacute;ntica &ldquo;edad de plata&rdquo;. Esto no solo lo avalan el n&uacute;mero de traducciones y premios otorgados, o la gran aceptaci&oacute;n del p&uacute;blico en no pocos casos, sino sobre todo, una invariable y sostenida gran altura literaria, de un exigencia y ambici&oacute;n realmente descomunal en cuanto a lenguaje, temas sutiles y nada obvios tratados en profundidad, todo ello con una deslumbrante capacidad de penetraci&oacute;n y an&aacute;lisis, y un admirable tratamiento e intersecci&oacute;n en sus obras del pasado hist&oacute;rico y cultural com&uacute;n a todos ellos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los m&aacute;s grandes escritores de la actualidad, el rumano Norman Manea (Bucovina, 1936), muy amigo de los escritores Philip Roth y Saul Bellow a su llegada a Am&eacute;rica, se ver&iacute;a obligado a emprender, como explica en su magn&iacute;fica novela autobiogr&aacute;fica <em>El regreso del h&uacute;ligan</em> (2003, Tusquets) dos exilios a lo largo de su vida &ldquo;con una simb&oacute;lica simetr&iacute;a&rdquo;. La simetr&iacute;a funesta la establecer&iacute;an los distintos totalitarismos que exterminaron y depuraron a lo largo del siglo XX en Europa a un buen n&uacute;mero de no alineados, &ldquo;extraterritoriales&rdquo;, &ldquo;desarraigados&rdquo;, parias indeseables e inadaptados para el sistema de cada momento. Dos exilios, dir&aacute; Manea, &ldquo;a los cinco a&ntilde;os, por culpa de un dictador, Antonescu&rdquo; (aliado de la Guardia de Hierro, los feroces fascistas rumanos de los a&ntilde;os 30, entre los que se contaban por entonces Cioran y Mircea Eliade, como se recordar&aacute; en esta novela) &ldquo;y de su ideolog&iacute;a, que se complet&oacute;, a los 50 a&ntilde;os, por culpa de otro dictador Ceausescu, de una ideolog&iacute;a aparentemente opuesta&rdquo;. La maldici&oacute;n, el doble exilio que sufrir&iacute;a en sus propias carnes gente como Manea, se hab&iacute;a cerrado como una garra y el recordarlo, el recordar ciertos paralelismos m&aacute;s que incestuosos, a&ntilde;os despu&eacute;s, incluso tras la llegada de la democracia, ser&iacute;a considerado por algunos como una especie de traici&oacute;n al gran pasado nacional, y a las figuras insignes, que tienen que ser defendidas siempre por encima de las ideolog&iacute;as, err&oacute;neas o no.</p>
<p>Nacido en la Bukovina, lugar tambi&eacute;n de origen del gran poeta Paul Celan, regi&oacute;n austroh&uacute;ngara hasta finalizar la Primera Guerra Mundial, en que pas&oacute; a formar parte de Ruman&iacute;a, Norman Manea ser&iacute;a deportado por los nazis en vagones de ganado a los cinco a&ntilde;os, junto a su familia jud&iacute;a, al campo de concentraci&oacute;n de Transnistria, en Ucrania, donde tambi&eacute;n estuvo internado el poeta Paul Celan. Una etapa atroz que quedar&aacute; reflejada en algunos impresionantes relatos de <em>El t&eacute; de Proust. Cuentos reunidos </em>(Tusquets) inspirados en aquella aterradora experiencia infantil del Holocausto. Al finalizar la guerra mundial, parte de ellos regresar&iacute;an a su lugar de origen, a Suceava.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si James Joyce realiz&oacute; una parodia magistral, desde el exilio, de su orgullosa pero frustrada Irlanda natal; si Musil satiriz&oacute; sin piedad la decadencia e inmovilismo ag&oacute;nico del Imperio de los Habsburgo; o Bulg&aacute;kov e Ilf &amp; Petrov (citados en la novela de Manea <em>El sobre negro</em>, Tusquets) hicieron lo mismo con la degeneraci&oacute;n cotidiana y soez del sistema sovi&eacute;tico, Manea se convertir&iacute;a con el tiempo en el m&aacute;s feroz e implacable retratista de la sociedad de su pa&iacute;s, Ruman&iacute;a, durante los a&ntilde;os de la dictadura de Ceausescu. Se convertir&iacute;a en un afilad&iacute;simo y c&aacute;ustico ojo cr&iacute;tico, en el m&aacute;s sutil y penetrante diseccionador de un mundo invisible y subterr&aacute;neo que atravesaba, d&iacute;a a d&iacute;a, las peores pesadillas y las m&aacute;s opacas e indescifrables maniobras con las que un poder desp&oacute;tico, no democr&aacute;tico, buscaba perpetuarse. Un terror que se consegu&iacute;a, como se narra en el escalofriante relato &ldquo;El interrogatorio&rdquo; (perteneciente a su espl&eacute;ndido libro <em>Felicidad obligatoria</em>, 2005, Tusquets) por medio de la intimidaci&oacute;n psicol&oacute;gica, de la m&aacute;s absoluta anulaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y de un c&iacute;nico sadismo, en medio de escenarios muchas veces, parad&oacute;jicamente, exentos de violencia. Un envilecido clientelismo y un &ldquo;lenguaje patol&oacute;gico y estratificado&rdquo;, intraducible, se unir&iacute;an para asentar aquellas suprarrealidades inconcebibles desde otras circunstancias o percepciones de mundos en libertad. Otras de las m&aacute;s grandes obras maestras de este autor son su novela <em>La guarida</em> (2009, Tusquets), los brillant&iacute;simos ensayos reunidos en <em>Payasos: el dictador y el artista</em> (2005, Tusquets), <em>La quinta imposibilidad. Juda&iacute;smo y escritura </em>(Galaxia Gutenberg) y, por fin, una obra cumbre como <em>La sombra exiliada</em>, extraordinaria novela y reflexi&oacute;n intelectual y metaf&oacute;rica que narrar&iacute;a la vida de un superviviente del Holocausto y su existencia posterior, primero en una dictadura comunista y luego en un largo exilio en Am&eacute;rica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La de Mircea Cartarescu, aparte del reconocimiento a un autor que lleva tiempo traspasando sus fronteras, con p&uacute;blicos entusiastas en las m&aacute;s diversas lenguas, siendo merecedor de grandes premios internacionales,&nbsp; como el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022, que Norman Manea recibi&oacute; igualmente en 2017, representa hoy la renovaci&oacute;n continuada de una de las m&aacute;s vitales y pujantes literaturas de todo el espectro europeo, muy en concreto de la Europa Central, que actualmente cuenta con un plantel de autores de espectacular altura y exigencia creativa.&nbsp;</p>
<p>Autor ya de una ampl&iacute;sima bibliograf&iacute;a, en obras siempre deslumbrantes, a cada nueva entrega y a cada nuevo <em>tour de force</em> como su deslumbrante trilog&iacute;a <em>Cegador</em>, o la &uacute;ltima aparecida <em>Theodoros</em>, tocar&aacute; en su obra, como otros de los m&aacute;s grandes autores de su literatura, los grises y sombr&iacute;os a&ntilde;os del comunismo en Ruman&iacute;a hasta llegar a la liberaci&oacute;n. Pero en su caso es un tel&oacute;n de fondo ocasional, como siempre, entre otros muchos otros de gran magnetismo que se superponen siempre en sus relatos de m&uacute;ltiples tent&aacute;culos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Poeta, narrador, te&oacute;rico de la literatura y principal representante de la llamada Generaci&oacute;n de los 80 de la literatura rumana, Mircea Cartarescu, un&aacute;nimemente celebrado hoy d&iacute;a por la tremenda y vers&aacute;til riqueza de su obra, es un extraordinario y singular creador cuyo estilo y genial capacidad&nbsp; de invenci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica ha marcado las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no s&oacute;lo en Ruman&iacute;a, sino en toda Europa. Cr&iacute;tico literario y profesor que se ha dividido a lo largo del tiempo entre Bucarest, Viena, Amsterdam y Stuttgart, ciudades donde ha dado cursos sobre la c&eacute;lebre vanguardia rumana de entreguerras, con Tristan Tzara a la cabeza, Cartarescu es a la vez cabeza de serie del posmodernismo en su pa&iacute;s, sobre el que ha teorizado abundantemente, doctor&aacute;ndose en su d&iacute;a con una tesis acerca de este movimiento. Entre sus obras m&aacute;s conocidas est&aacute; una par&oacute;dica y c&oacute;mica epopeya titulada <em>Levante</em><em> </em>(1990) en la que recicl&oacute; todo tipo de estilos po&eacute;ticos de la literatura rumana, utilizando como inspiraci&oacute;n el cap&iacute;tulo del <em>Ulises</em> de Joyce titulado <em>Los bueyes del sol</em>.&nbsp; En 1993 aparecer&iacute;a su espl&eacute;ndido libro de relatos, <em>Nostalgia</em>. M&aacute;s tarde iniciar&iacute;a otro ambicioso, bell&iacute;simo y monumental ciclo entre fant&aacute;stico y cripto-on&iacute;rico, la trilog&iacute;a <em>Orbitor</em> (<em>Cegador</em>) que contiene los vol&uacute;menes <em>El ala izquierda</em> (1996), <em>El cuerpo</em> (2002) y <em>El ala derecha</em> (2007). Su obra <em>Por qu&eacute; nos gustan las mujeres</em> (2004, Funambulista), definida por &eacute;l mismo dentro del campo de &ldquo;la fantasmagor&iacute;a social&rdquo;, compuesta por veinte retratos o enso&ntilde;aciones posibles de mujer, con numerosas referencias, como suele suceder en su obra, a otros muchos escritores y &ldquo;lecturas&rdquo; de la siempre dudosa realidad &ndash;de Salinger, Nabokov, Breton, Joyce y Stendhal, a escritores rumanos como Ion Creangă - signific&oacute; un &eacute;xito rotundo de ventas en su pa&iacute;s. Seducido siempre por la figura ambigua del doble, por torturadas sensualidades &ndash;como se percibe en el relato &ldquo;Los gemelos&rdquo; de su libro <em>Nostalgia</em>, pero tambi&eacute;n en <em>El Mend&eacute;bil</em> y en la magn&iacute;fica <em>nouvelle</em> <em>REM</em>- por el travestimiento, la androginia y la figura mitol&oacute;gica de la &ldquo;Quimera&rdquo;, todo ello se materializar&iacute;a de forma central en su novela <em>Lul&uacute;</em> (1994), que tra&iacute;a a la memoria el perturbador personaje de la &oacute;pera de Alban Berg, basada en la obra hom&oacute;nima de Wedekind.&nbsp; En 2010 aparecer&iacute;a <em>Las Bellas Extranjeras</em> y en 2012 otra de sus obras de m&aacute;s &eacute;xito, <em>El ojo casta&ntilde;o de nuestro amor</em>.</p>
<p>La suya es una cautivadora y muy brillante prosa entre l&iacute;rica, siniestramente c&oacute;mica, especular y metaf&iacute;sica, siempre llevada hasta sus mismos l&iacute;mites, en una especie de arriesgada <em>mise en abyme</em>. Las legiones de lectores que acompa&ntilde;ar&iacute;an cada una de las apariciones de sus libros se habituar&iacute;an poco a poco a sus hipn&oacute;ticos y fant&aacute;sticos laberintos, a sus singulares mundos literarios, entre realidad y fantas&iacute;a, entre sue&ntilde;o y alucinaci&oacute;n, entre par&aacute;bolas y alegor&iacute;as, o entre juego y parodias desopilantes, que ensalzaban sobre todo una soberbia puesta en escena de una imaginaci&oacute;n sin l&iacute;mites ni fronteras de ning&uacute;n tipo. Una escritura siempre llevada al m&aacute;ximo de su poder expresivo, a la ambici&oacute;n m&aacute;s total y desusada<em>. </em>&nbsp;La siempre asombrosa singularidad de los textos de Cartarescu, lo fantasmag&oacute;rico, tortuoso,&nbsp; kafkiano y posrom&aacute;ntico de sus laber&iacute;nticas pesadillas surreales, que beben tanto de la poes&iacute;a de Novalis como de Poe, Nerval, Borges y Hoffmann, y que crecen y se embrollan fant&aacute;sticamente, como en un caleidoscopio polif&oacute;nico y monstruoso, mezclando la crudeza y grisura de lo cotidiano, con lo inconcebible de la Historia y del pasado que los ha borrado a todos como sujetos reconocibles en una sola identidad, no dejan nunca indiferente al lector. Un lector que, borradas por completo las fronteras de lo real, recorre los pasadizos subterr&aacute;neos de la ciudad de Bucarest, la verdadera y oculta protagonista de sus relatos, en ocasiones s&oacute;rdida y truculenta, otras deslumbrantemente bella y sinuosa, sostenida en el espacio por la introspecci&oacute;n on&iacute;rica y por la fuerza de las im&aacute;genes de otros tiempos, cuando un viajero de lujo como Paul Morand la llamaba &ldquo;el Par&iacute;s de los Balcanes&rdquo;. Toda la obra de Cartarescu est&aacute; traducida en la editorial Impedimenta, con traducciones siempre magn&iacute;ficas y admirables de Marian Ochoa de Eribe.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conocida sobre todo como una de las mejores poetas contempor&aacute;neas a nivel internacional, con una buena representaci&oacute;n de libros traducidos al espa&ntilde;ol, como prosista, Ana Blandiana, Premio Princesa de Asturias de las Letras&nbsp;2024, public&oacute; en 1992 la novela <em>El caj&oacute;n de los aplausos</em>; igualmente dos espl&eacute;ndidos y brillant&iacute;simos libros de relatos, en los que trenzaba, entre realidad y fantas&iacute;a, entre sue&ntilde;o y tenebrosa duermevela cotidiana, momentos y fases hist&oacute;ricas de la asfixiante y ultrajante vida bajo una dictadura. Uno de ellos es <em>Las cuatro estaciones</em>, de 1977 (traducido en 2011 en la editorial Perif&eacute;rica, por Viorica Patea y Fernando S&aacute;nchez Miret, con un postfacio de Viorica Patea) y <em>Proyectos de pasado</em> de 1982 (tambi&eacute;n en Perif&eacute;rica, en 2008, por los mismos traductores, con pr&oacute;logo de Patea).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los mejores libros de relatos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de la literatura rumana, es sin duda <em>Proyectos de pasado</em><span style="text-decoration: underline;">,</span> compuesto por once espl&eacute;ndidos relatos, de distinto g&eacute;nero e inspiraci&oacute;n: biogr&aacute;ficos y memoral&iacute;sticos, po&eacute;ticos y fantasiosos, evocativos o m&aacute;s documentales, con tenebrosas historias que ilustran ese triste g&eacute;nero, la literatura concentracionaria, propia de los totalitarismos. Igual que sucedi&oacute; en su d&iacute;a con autores como el checo V&aacute;clav Havel, el h&uacute;ngaro Gy&ouml;rgy Konr&aacute;d o como la Premio Nobel Wislawa Szymborska, encerrada esta &uacute;ltima entre las cuatro paredes de su casa de Cracovia, Ana Blandiana, seud&oacute;nimo de&nbsp;Otilia Valeria Coman&nbsp;(Timișoara, 1942) hija de un profesor y sacerdote ortodoxo, perseguido y encarcelado por el r&eacute;gimen comunista, que morir&iacute;a poco despu&eacute;s de salir de prisi&oacute;n, ejerci&oacute; y ejerce en su pa&iacute;s, incansablemente, de firme referente moral. Un referente persistente e inasequible al desaliento, de cara al resto de sus conciudadanos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los a&ntilde;os m&aacute;s duros de la dictadura, cuando la soledad y el aislamiento no pocas veces hac&iacute;an abatirse a aquellos valerosos luchadores por la libertad, Blandiana protagoniz&oacute; un inapreciable magisterio moral y &eacute;tico que sirvi&oacute;, como en los anteriores casos citados, pertenecientes a los distintos pa&iacute;ses sometidos a dictaduras comunistas del centro y el este de Europa, de aliento espiritual y de s&iacute;mbolo para la no claudicaci&oacute;n. En su libro de relatos <em>Proyectos de pasado</em>, la presencia de lo fant&aacute;stico destacaba de forma deslumbrante a la hora de denunciar la dimensi&oacute;n grotesca y siniestramente esperp&eacute;ntica de la vida bajo un r&eacute;gimen totalitario. As&iacute; lo hizo en su d&iacute;a magistralmente el ruso Mija&iacute;l Bulg&aacute;kov en <span style="text-decoration: underline;">El maestro y Margarita</span>. Situ&aacute;ndose sin cesar en la frontera de lo real y lo imaginario, en las ficciones de Blandiana los acontecimientos milagrosos, sobrenaturales y excepcionales se infiltran en los pliegues de lo cotidiano y remiten a sentidos m&aacute;s profundos y siniestros de lo real.</p>
<p>Por su parte, una de las principales autoras de nuestros d&iacute;as, de todo el espectro europeo, de las m&aacute;s traducidas a otras lenguas, es Gabriela Adamesteanu. Nacida en T&acirc;rsu Ocna, en el distrito de&nbsp;Bacău, en 1942, Adamesteanu ha sido periodista, activista democr&aacute;tica durante el comunismo y traductora del franc&eacute;s (su tesis doctoral vers&oacute; sobre Marcel Proust), adem&aacute;s de escritora y editora. En 1990, reci&eacute;n ca&iacute;do el r&eacute;gimen de Ceausescu, fundar&iacute;a junto a otros el denominado <em>Grupo para el Di&aacute;logo Social</em>, convirti&eacute;ndose en editora de la <em>Revista 22</em>, perteneciente a este grupo de defensa de la sociedad civil. Hija de un sacerdote ortodoxo y de una madre especialista en econom&iacute;a que perdi&oacute; su puesto de profesora al ser retirada su materia de estudio por parte de las autoridades comunistas, Adamesteanu proven&iacute;a de un mundo en el que precisamente estas dos palabras &ndash;religi&oacute;n e intelectual- eran consideradas de ra&iacute;z netamente &ldquo;asocial&rdquo;, por no decir &ldquo;potencialmente sedicioso&rdquo;.</p>
<p>En Espa&ntilde;a se han traducido varias novelas suyas, siempre de igual y excepcional calidad: <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (la novela que la lanz&oacute; a la fama en muchos pa&iacute;ses, de 1983, en Lumen), <em>El encuentro</em>, de 2003 (Xorku), <em>Vidas provisionales</em> (2010) y <em>Fontana di Trevi</em> (2018), ambas en Acantilado. En estas dos &uacute;ltimas novelas, nos volv&iacute;amos a encontrar como protagonista a Letitia, que ya estaba presente en la gran novela de iniciaci&oacute;n de Adamesteanu, cr&oacute;nica de los a&ntilde;os 50 y 60 en Ruman&iacute;a, que era <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, de 1975 (Xorku), un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico de la literatura contempor&aacute;nea en esa lengua.</p>
<p>La suya es una literatura de una notable densidad, y a la vez microscopia detallista, que alterna radiograf&iacute;as hist&oacute;ricas elaboradas en profundidad, combinadas magistralmente con retratos de personajes e interiores. Se trata de radiograf&iacute;as agudas, no exentas de iron&iacute;a, minuciosas y devastadoras en ocasiones, a veces concentradas a trav&eacute;s de un solo gesto o matiz y de un simple di&aacute;logo. Unas radiograf&iacute;as que adquieren una lucidez estremecedora, casi fantasmal y despiadada, y que tienen como inspiraci&oacute;n principalmente los a&ntilde;os del comunismo en su pa&iacute;s, en la &eacute;poca del dictador Ceausescu. Un presente que se alterna con otras etapas negras del pa&iacute;s: con los viajes a un pasado vergonzoso y colaboracionista con los nazis, bajo el mando tambi&eacute;n f&eacute;rreo del dictador Antonescu.&nbsp;</p>
<p>Gabriela Adamesteanu saltar&iacute;a a la fama internacional sobre todo con su obra <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, una historia o tapiz centrado en el siglo XX rumano. O lo que es lo mismo, la cr&oacute;nica de varias generaciones perdidas, de guerras e innumerables sacrificios personales, evocada en este caso a trav&eacute;s del personaje de una anciana, Vica, que sale una ma&ntilde;ana de casa y emprende &ndash;como la Mrs. Dalloway de Virginia Woolf en Londres- un periplo por su ciudad, Bucarest.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Construida a base de breves cap&iacute;tulos, al modo de po&eacute;ticas y fulminantes escenas, de una enorme negrura y a la vez de una terrible y estremecedora belleza, la escritora en lengua rumana Tatiana Tibuleac (Chisin&aacute;u, Moldavia, 1978) compuso con su novela <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> un extraordinario e ins&oacute;lito relato dedicado a la violencia y cicatrices incurables del amor en el seno de la familia. Amores que en ocasiones matan y que dejan heridas de por vida. Unas heridas y un rencor profundo, rememorado a&ntilde;os despu&eacute;s, con una rabia sin consuelo, desde las primeras l&iacute;neas de esta historia. La segunda gran novela de esta autora, <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> (2018), continuar&iacute;a cimentando el enorme prestigio y extraordinaria calidad literaria de Tatiana Tibuleac. Galardonada con el Premio de Literatura Europea de 2019, en esta bell&iacute;sima y dolorosa novela de iniciaci&oacute;n se cuenta, de nuevo, con un fastuoso y sumamente cautivador trabajo de lenguaje, de po&eacute;tica y rica imaginaci&oacute;n, la dura, a la vez que delicada y conmovedora, historia de la peque&ntilde;a Lastochka, una ni&ntilde;a hu&eacute;rfana rescatada de un orfanato durante los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros del comunismo en Chisinau, Moldavia. Ambas obras est&aacute;n editadas en Impedimenta.</p>
<p>El autor de una obra maravillosa, <em>El libro de los susurros</em> (Pre-Textos), de 2009, traducida a gran cantidad de idiomas, es Varujan Voganian (Craiova, 1958), escritor, pol&iacute;tico y economista,&nbsp;que naci&oacute; en una familia de origen armenio de Ruman&iacute;a. Su novela ser&iacute;a probablemente una de las m&aacute;s valiosas recuperaciones literarias sobre la memoria e historia moderna de los armenios. Comenzando en una calle armenia de Focşani, en el este de Ruman&iacute;a, <em>El libro de los susurros</em> se convierte en una magnifica cr&oacute;nica, llena de color, aroma y poes&iacute;a, pero tambi&eacute;n en un fiel retrato de la dura realidad vivida por varias generaciones de armenios sacudidos por el exilio: desde las mesetas de Anatolia hasta los terribles c&iacute;rculos de la muerte en el desierto de Deir-ez-Zor, y desde Constantinopla hasta Rumania en la d&eacute;cada de los 60. Con el admirable talento de un narrador oriental, Vosganian reconstruir&iacute;a la vida de sus padres, antepasados y vecinos armenios, convirti&eacute;ndose en uno de los textos rumanos m&aacute;s potentes publicados tras la ca&iacute;da del comunismo.</p>
<p>Otro autor sumamente brillante, de los que debutaron tras la ca&iacute;da del comunismo, ser&aacute; el ir&oacute;nico escritor, soci&oacute;logo y ex senador Dan Lungu &nbsp;(Botoșani, 1969), autor de dos estupendas obras: <em>&iexcl;Soy un vejestorio comunista!</em>, de 2007 (Pre-Textos) y <em>El para&iacute;so de las gallinas</em>, de 2004 (Editorial Icaria, libro del a&ntilde;o en Alemania en 2007). En la primera, retrataba jocosamente las contradicciones de su sufriente pa&iacute;s durante d&eacute;cadas: de esa Ruman&iacute;a profunda que puede ser &ldquo;divertida, irracional y fascinante&rdquo; y que, en medio de una dictadura, sigue inventando chistes sobre Ceausescu y ri&eacute;ndose, pero que tras una milagrosa revuelta popular, disfruta de la ejecuci&oacute;n del dictador el d&iacute;a de Navidad, sin impedirle tampoco, poco despu&eacute;s de la ejecuci&oacute;n, &ldquo;caer en la nostalgia&rdquo; y lamentar la ca&iacute;da del comunismo. Por su parte, alternando la iron&iacute;a y la ternura, en una formidable visi&oacute;n sociol&oacute;gica de la Ruman&iacute;a poscomunista, <em>El para&iacute;so de las gallinas</em> (Premio de Literatura Europea 2008) retratar&iacute;a la vida en una calle tranquila, la calle de las Acacias, en la periferia provinciana de Ruman&iacute;a,&nbsp; donde sus habitantes est&aacute;n jubilados o desempleados, pero donde las habladur&iacute;as y chismes televisivos no permanecen en absoluto ociosos.</p>
<p>Autora de dos destacables novelas traducidas a nuestro idioma, <em>Los inocentes</em>(Armaenia) y <em>La vida empieza el viernes </em>(Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea 2013, en B&aacute;ltica), Ioana P&acirc;rvulescu (Brasov, 1960) es de las escritoras m&aacute;s importantes del panorama actual de la literatura rumana y ha recibido dos veces el Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea. Ha sido editora de la revista <em>Rom&acirc;nia literara</em> y traductora del franc&eacute;s y el alem&aacute;n. En <em>La vida empieza el viernes</em> se cuenta la misteriosa aparici&oacute;n el viernes 19 de diciembre de 1897, de un joven que nadie conoce: un hombre desconocido que ha sido encontrado desmayado en la nieve, en un bosque cerca de Bucarest. Una gran cantidad de teor&iacute;as y especulaciones surgir&aacute;n alrededor de este acontecimiento. Por su parte, en <em>Los inocentes</em>, se narra la historia de una familia y una casa de la ciudad transilvana de Kronstadt (Brasov), a trav&eacute;s de la mirada ingenua y luminosa de una ni&ntilde;a.</p>
<p>Otro autor que ha significado un fabuloso descubrimiento en los &uacute;ltimos tiempos es Cristian Fulas que recibi&oacute; el Premio Observator Cultural al mejor debut en 2015 por su dura novela de trasfondo autobiogr&aacute;fico <em>La verg&uuml;enza</em>. El libro trata sobre la impresionante bajada a los infiernos de un personaje, &nbsp;en el abismo obsesivo de una adicci&oacute;n, el alcoholismo, con las&nbsp; consiguientes &ldquo;vueltas en c&iacute;rculo&rdquo;, planeando sombr&iacute;amente por cl&iacute;nicas, tratamientos m&eacute;dicos, rehabilitaci&oacute;n, reca&iacute;das, lucha en soledad y aislamiento &ldquo;consigo mismo y con los dem&aacute;s&rdquo;, en medio de una Bucarest fantasmag&oacute;rica, en batalla permanente contra la felicidad y &ldquo;la verg&uuml;enza que le persigue como una maldici&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Junto a todos estos buenos autores, hay que destacar tambi&eacute;n notables novelas traducidas estos &uacute;ltimos a&ntilde;os a nuestra lengua como: <em>Interior cero</em> (Autom&aacute;tica), de la joven promesa actual Lavinia Braniște (Brăila, 1983), donde se aborda con una gran agudeza la deriva y angustias de una generaci&oacute;n que vive entre las expectativas creadas y la amenaza permanente de una perturbadora precariedad; <em>Una forma de vida desconocida</em>y <em>El viento, el esp&iacute;ritu y el aliento</em>, galardonada con el Premio Ion Creangă de la Academia Rumana (ambas en Confluencias) de Andreea Rasuceanu (1979), esta &uacute;ltima una ambiciosa ficci&oacute;n que documenta fabulosamente dos siglos de la historia rumana, desde la &eacute;poca de los boyardos hasta la actualidad; <em>Cercan&iacute;as</em> (Traspi&eacute;s), de Marin Mălaicu-Hondrari, nacido en 1972, historia que re&uacute;ne a un grupo de poetas rumanos, con sus pactos, ideales y sue&ntilde;os; <em>Negro y rojo</em> (Xorki), de Ioan T. Morar (Şeitin, 1956) novela que aborda temas tab&uacute;es como la deportaci&oacute;n de los gitanos a Transnitria y el genocidio cometido por el ej&eacute;rcito rumano contra los jud&iacute;os de Odesa; <em>La gata del viernes: el libro de los manjares perversos</em> (Esdr&uacute;jula), de Doina<strong> </strong>&nbsp;Ruști&nbsp;(Comosteni, 1957), que mezcla ficci&oacute;n hist&oacute;rica con una trama detectivesca; <em>Punto y aparte</em> (Huso) de Gabriel Chifu (Calafat, 1954) cuya trama de comienzos del siglo XXI retrotrae tambi&eacute;n a los a&ntilde;os 40 y la posguerra mundial, en que Ruman&iacute;a cambi&oacute; completamente de historia; <em>&nbsp;En ausencia del padre </em>(Dalya) de Stelian Țurlea, periodista nacido en 1946, donde se narra la historia de un hombre detenido y encarcelado en los a&ntilde;os 50, a causa de un accidente, dejando a su hijo de 11 a&ntilde;os al cuidado de la familia; <em>No pasar</em> (<em>Do not cross</em>), editado por Dos bigotes, de Dora Pavel (Deva, 1946), que narra en primera persona la confesi&oacute;n de un secuestrador escapado de un hospital psiqui&aacute;trico; <em>Saludos</em> (Pre-Textos) de Alexandre Ecovoiu (Bucarest, 1943), cuya novela se convierte en una par&aacute;bola sobre la libertad y la utop&iacute;a, mezclando elementos er&oacute;ticos, m&aacute;gicos y fant&aacute;sticos; <em>La sexagenaria y el joven</em> (El Nadir) de Nora Iuga (Bucarest, 1931) escogido como mejor libro por la Uni&oacute;n de Escritores Rumanos en el a&ntilde;o 2000, donde esta conocida poeta rumana ofrec&iacute;a una obra llena de humor, ternura y seducci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un grupo importante de autores rumanos de nuestros d&iacute;as que est&aacute;n escribiendo en otras lenguas est&aacute; encabezado por la Premio Nobel de Literatura Herta M&uuml;ller, descendiente de suabos emigrados de Ruman&iacute;a que vive en Berl&iacute;n, adonde se exili&oacute; en 1987. Nacida en Nitzkydorf, peque&ntilde;o pueblo perteneciente a la minor&iacute;a german&oacute;fona de Ruman&iacute;a, en la regi&oacute;n del Banato, Herta M&uuml;ller vivi&oacute; all&iacute; sus primeros a&ntilde;os, hasta el comienzo de sus estudios en la Universidad en Timisoara, inmersa en un ambiente claustrof&oacute;bico, dominado por el miedo y por la idea de pertenecer a un gueto vergonzoso, a causa de su colaboracionismo durante la guerra. M&uuml;ller salt&oacute; a la fama internacional con dos magn&iacute;ficas obras, ambientadas en el Banato, <em>En tierras bajas</em>, de 1982, que hoy puede ser considerado perfectamente un peque&ntilde;o cl&aacute;sico moderno, que lanzar&iacute;a a la fama a esta escritora y que le har&iacute;a obtener numerosos premios, y otra espl&eacute;ndida obra&nbsp; posterior, <em>El hombre es un gran fais&aacute;n en el mundo</em>, de 1986 (ambas en Siruela).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un apartado este en el que, sin duda, hay que citar&nbsp; a otro excelente creador, el dramaturgo, poeta y narrador rumano en lengua francesa Matei Visniec (Rădăuți,1956), autor de una original y fant&aacute;stica filigrana literaria, <em>El hombre que vend&iacute;a comienzos de novela</em> (Galaxia Gutenberg) de humor feroz combinado con una fascinante erudici&oacute;n, donde abundan los personajes en busca de un autor, y donde el lector se pasea desde un pasaje parisino del Caf&eacute; des Timides hasta la Casa de los Escritores de Bucarest.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, la bell&iacute;sima novela <em>La casa lim&oacute;n</em>, de la poeta y traductora Corina Oproae (Transilvania, Ruman&iacute;a, 1973) ha sido la justa ganadora del Premio Tusquets de Novela 2024. Oproae es una escritora que ha alternado en su obra el catal&aacute;n y el castellano. En esta lengua ha escrito su primera novela, en la que se cuenta la historia de una ni&ntilde;a so&ntilde;adora, y fervorosa lectora, que evoca sin cesar una casa que ya no existe: la a&ntilde;orada Casa Lim&oacute;n, &ldquo;engullida y luego vomitada&rdquo; por m&aacute;quinas implacables del r&eacute;gimen de Ceausescu, en favor de un min&uacute;sculo y triste apartamento obligatorio. Junto a ella, otra destacada autora, nacida en Bucarest, en 1978, pero que escribe en espa&ntilde;ol, es la poeta, narradora, ensayista y profesora en la Universidad de Granada, Ioana Gruia, con excelentes libros como <em>El expediente Albertina</em> (Edhasa), <em>La vendedora de tiempo</em> (Renacimiento), <em>Las mujeres de Hopper</em> (Tres Hermanas) y <em>La mujer de rojo</em> (Son&aacute;mbulos). Juntas representan a la nueva y brillante generaci&oacute;n de autores rumanos de nacimiento que est&aacute;n escribiendo obras en lenguas de nuestro pa&iacute;s distintas a la suya materna.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 05:03:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gabriela Adamesteanu: “Mi único credo ha sido no mentir, pero en una sociedad totalitaria no resulta sencillo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gabriela-adamesteanu-mi-unico-credo-ha-sido-no-mentir-pero-en-una-socedad-totalitaria-no-resulta-sencillo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Gabrielared.jpg" alt="" /></p>
<p>En el panorama de la literatura rumana contempor&aacute;nea, destaca sin lugar a dudas la novelista, cuentista y traductora Gabriela Adameşteanu (T&acirc;rgu Ocna, 1982), cuya obra est&aacute; muy bien representada en espa&ntilde;ol. Pocos autores han sido capaces de combinar con tanta maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra. Dotada de un o&iacute;do excepcional para captar los ecos m&aacute;s sutiles de las voces de sus personajes, resulta imposible no dejarse llevar por su br&iacute;o narrativo a trav&eacute;s del laberinto hist&oacute;rico reciente de Ruman&iacute;a. Las novelas de Gabriela Adameşteanu son el m&aacute;s acabado ejemplo de que la Historia por s&iacute; sola no alcanza a descubrir ni revelar las vivencias m&aacute;s profundas del individuo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Huyendo del oficio de escritora&rdquo;</strong></p>
<p>- Su carrera literaria comenz&oacute; tarde, tras un periodo como redactora en la Editura Politic. All&iacute; su labor consist&iacute;a en elaborar material puramente informativo, fichas sobre autores... &iquest;C&oacute;mo se produjo ese paso a escribir ficci&oacute;n? En sus novelas se confirman, adem&aacute;s, las palabras de H. Broch: el &ldquo;papel de una novela es descubrir lo que solo una novela puede descubrir&rdquo;? &iquest;Existe una preocupaci&oacute;n c&iacute;vica en su obra?</p>
<p>- Mi carrera literaria empez&oacute; tarde porque no era algo que yo buscara. Estoy trabajando ahora en un libro de memorias, <em>Oficios poco recomendables para una mujer</em>, en el que planteo c&oacute;mo, a lo largo de mi vida, he evitado muchas veces ser escritora. Las causas son m&uacute;ltiples y nacen de la educaci&oacute;n recibida en casa para la &ldquo;se&ntilde;orita&rdquo; de la familia: mi madre, al ver que me &ldquo;devoraba&rdquo; la pasi&oacute;n por la lectura, se tem&iacute;a que yo no fuera normal. Nunca he tenido tiempo suficiente para leer todo lo que habr&iacute;a querido, he le&iacute;do en aulas, en anfiteatros, en el tren, en autobuses abarrotados, mientras hac&iacute;a cola, en reuniones, mientras daba de mamar, mientras com&iacute;a, mientras llevaba a cabo labores rutinarias, le&iacute; <em>Doctor Fausto</em> de Thomas Mann cuando estaba a punto de dar a luz y <em>A sangre fr&iacute;a</em> de Truman Capote unos pocos meses despu&eacute;s del parto. Siempre llevaba una novela encima. Durante las primeras vacaciones con mi marido, en la monta&ntilde;a, en tienda de campa&ntilde;a, no pudimos llevar libros debido al peso de los bultos que acarre&aacute;bamos, y yo me sent&iacute;a como si tuviera s&iacute;ndrome de abstinencia, aguardaba las hojas de peri&oacute;dico en las que hab&iacute;amos empaquetado las conservas para leer siquiera la prensa desprestigiada de la &eacute;poca. Pero el rechazo al oficio de escritora se deb&iacute;a tambi&eacute;n a la literatura propagand&iacute;stica de los manuales escolares (odas a Stalin, al Partido Comunista, el &uacute;nico y todopoderoso, etc.) y al <em>realismo socialista</em>, el m&eacute;todo literario obligatorio, importado de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, que se me impuso por la fuerza. Me cost&oacute; librarme de la forma como hab&iacute;a aprendido a hacer an&aacute;lisis literarios distorsionando el sentido. Sab&iacute;a manipular los textos para enfatizar la lucha de clases, confeccionar caracterizaciones elogiosas de los personajes positivos (el activista, los trabajadores con elevada conciencia de clase, etc.&hellip;) y destructivas de los personajes negativos (el terrateniente, el tr&aacute;nsfuga, el latifundista), destacar los finales felices, bien politizados. Mi cr&iacute;tica desmedida (cultura de la cancelaci&oacute;n <em>avant la lettre</em>) se aplicaba tambi&eacute;n a los autores fallecidos porque no se ajustaban a la correcci&oacute;n pol&iacute;tica de nuestra &eacute;poca. Al principio, el <em>realismo socialista</em> fue impuesto abiertamente a trav&eacute;s de art&iacute;culos publicados en <em>Sc&acirc;nteia</em> y los escritores oficiales lo adoptaron enseguida por motivos econ&oacute;micos y pensando en su carrera (los derechos de autor, los premios importantes, la inclusi&oacute;n inmediata en los libros escolares, etc.). Los inadaptados viv&iacute;an en la miseria o estaban en la c&aacute;rcel, gran parte de la literatura rumana y extranjera estaba prohibida y yo estaba convencida de que no se pod&iacute;a hacer literatura verdadera en el pa&iacute;s donde viv&iacute;a. Sigui&oacute;, mientras estaba en la facultad, un periodo de apertura pol&iacute;tica y cultural, la historia y la teor&iacute;a literaria cambiaban de un d&iacute;a para otro. Lo viv&iacute; con alegr&iacute;a, luchando con toda mi alma por borrar los automatismos del realismo socialista y el viejo vocabulario cr&iacute;tico, descubr&iacute; los libros hasta entonces prohibidos y redact&eacute; mi tesina con el tema <em>Modificaciones del personaje literario en Marcel Proust, A la b&uacute;squeda del tiempo perdido</em>, un ciclo de novelas que tuvo un gran impacto en mi escritura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Como periodista, he tenido preocupaciones c&iacute;vicas; como escritora, mi preocupaci&oacute;n ha sido no mentir&rdquo;</strong></p>
<p>Rehu&iacute;a tambi&eacute;n el oficio de escritora porque lo considero muy dif&iacute;cil y muy expuesto, m&aacute;s incluso que el de escritor; quer&iacute;a estudiar Medicina o Historia de la literatura, ha habido periodos en los que no me he ocupado de la ficci&oacute;n: me dediqu&eacute; al periodismo y a la gesti&oacute;n de prensa durante diez a&ntilde;os tras la ca&iacute;da del comunismo&hellip; Eso dur&oacute;, como ya he dicho, hasta que me convenc&iacute; de que pod&iacute;a escribir libremente lo que yo quer&iacute;a. Y mi &uacute;nico credo ha sido no mentir, algo que puede parecer banal, pero que, en una sociedad totalitaria que quiere hacer propaganda a trav&eacute;s de la literatura y el arte, no resulta sencillo. No he tenido credos c&iacute;vicos como escritora (los he tenido, sin embargo, como periodista), no me gusta la literatura &ldquo;con mensaje expl&iacute;cito&rdquo;. En mis novelas y relatos he querido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira. He escrito sobre los destinos de las personas corrientes, sobre c&oacute;mo se enfrentan a las dificultades cotidianas, sobre los traumas que las guerras y las dictaduras de esta sufrida parte de Europa les han causado, sobre lo dif&iacute;cil que es elegir en la adolescencia (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>) y lo dif&iacute;cil que es ser viejo y pobre (<em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>).</p>
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<p><strong>&ldquo;Cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero&rdquo;</strong></p>
<p>Vuelvo sin embargo a la pregunta de m&aacute;s arriba. Como termin&eacute; la facultad con una nota media muy alta, fui destinada a la Redacci&oacute;n de Diccionarios de la Editura Politică, que dos a&ntilde;os despu&eacute;s pas&oacute; a ser la Editura Ştiinţifică şi Enciclopedică, donde trabaj&eacute; diecinueve a&ntilde;os. Redactaba art&iacute;culos de diferentes dimensiones sobre los escritores, una tarea rutinaria. Ah&iacute;, en ese trabajo con una jornada fija y larga en la que me aburr&iacute;a, irrumpi&oacute; ese impulso de escribir prosa que hab&iacute;a reprimido durante tanto tiempo, quiz&aacute; porque llevaba en mi interior la herida de la p&eacute;rdida de mi padre, al que me hab&iacute;a sentido muy apegada. No hab&iacute;a escrito nada hasta los veintiocho a&ntilde;os, no tuve ning&uacute;n periodo de &ldquo;aprendizaje&rdquo;, la novela de debut, <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, recibi&oacute; una gran acogida, gan&oacute; dos premios y est&aacute; traducida a seis idiomas. Coqueteaba todav&iacute;a con la idea de que ser&iacute;a mi &uacute;nica novela y de que me dedicar&iacute;a a otras cosas cuando empec&eacute; a escribir otra, <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> y, entre ambas, publiqu&eacute; tambi&eacute;n relatos. Despu&eacute;s de comenzar a escribir, el hambre enfermiza de ficci&oacute;n, la enfermedad de la lectura -y tambi&eacute;n su deleite- se apacigu&oacute;. Contaba ya con un ojo profesional que sopesaba fr&iacute;amente la estrategia de la emoci&oacute;n y empec&eacute; a elegir lecturas m&aacute;s acordes con mis temas y mis personajes. La sorpresa fue comprobar que escrib&iacute;a de forma diferente a mis autores favoritos, no me hab&iacute;a contaminado, segu&iacute;a escribiendo a mi manera. Cuando me sumerjo en el estilo de un libro, leo lo que est&aacute; relacionado o guarda afinidad con mi escritura. Amo la literatura tambi&eacute;n en los libros de mis colegas, indiferentemente de la generaci&oacute;n a la que pertenezcan. Para m&iacute;, cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero: me interesa la manera como ve el mundo otra persona, la forma como cuenta su historia. Pero pasaron diez a&ntilde;os en los que no le&iacute; ficci&oacute;n en absoluto, en 1985 me traslad&eacute; de la Editura Enciclopedică a una gran editorial literaria, Cartea Rom&acirc;nească, donde ten&iacute;a que leer mucho, incluso maculatura, todo bajo la presi&oacute;n de la censura, y &ldquo;me intoxiqu&eacute;&rdquo;. Sin embargo, en mi &eacute;poca dedicada al periodismo (1990-2005), cuando no le&iacute; ficci&oacute;n, descubr&iacute; los mecanismos del mundo de hoy en d&iacute;a, algo que result&oacute; de gran ayuda cuando retom&eacute; la escritura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Atrapar la historia como si fuera una presa&rdquo;</strong></p>
<p>- La historia de Ruman&iacute;a es un personaje m&aacute;s junto a muchos otros personajes inolvidables (Vica, Letiţia Branea&hellip;). El pasado-presente de Ruman&iacute;a (es decir, la historia con may&uacute;sculas, la historia colectiva) y el pasado-presente de los personajes (la historia con min&uacute;sculas, la historia individual, la intrahistoria unamuniana) van de la mano en sus novelas. Como dec&iacute;a Antonio Mu&ntilde;oz Molina: &ldquo;A veces la biograf&iacute;a de las personas tiene una correspondencia decisiva con las circunstancias hist&oacute;ricas: eso les permite experimentar en primera persona las grandes mutaciones de un devenir colectivo&rdquo;.</p>
<p>- Su observaci&oacute;n me recuerda lo que escribi&oacute; Andr&eacute; Clavel en <em>Lire</em>, en oto&ntilde;o de 2005, cuando apareci&oacute; la edici&oacute;n francesa de mi libro <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> en la editorial Gallimard: &ldquo;De un personaje a otro, desde la I Guerra Mundial hasta el periodo estalinista, de un campo de batalla a las c&aacute;rceles donde se pudren los prisioneros pol&iacute;ticos, en esta &ldquo;ma&ntilde;ana&rdquo; para siempre perdida desfila la Historia con su abrigo rojo y negro.</p>
<p>Pero cuando escrib&iacute; las primeras p&aacute;ginas de ese libro, la idea de considerar la historia como un proyecto de mi ficci&oacute;n estaba muy lejos. No hab&iacute;a aparecido como protagonista en los dos libros anteriores, <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em> (1975) y la colecci&oacute;n de relatos (<em>Reg&aacute;late un d&iacute;a de vacaciones</em>, 1979). En ellos los acontecimientos ten&iacute;an lugar en los a&ntilde;os 60-70, es decir, en mi presente de entonces. Ahora solo quer&iacute;a esbozar un personaje, Vica Delcă, plasmar una instant&aacute;nea a trav&eacute;s de su forma de hablar rudimentaria, popular, nada habitual en un ambiente ling&uuml;&iacute;stico correcto y abstracto, con influencia de la lengua de madera de la &eacute;poca comunista. Sin embargo, renunci&eacute; enseguida, porque mi personaje no ten&iacute;a destino alguno y no sab&iacute;a qu&eacute; hacer con &eacute;l. Lo retom&eacute; al cabo de un par de a&ntilde;os, ten&iacute;a en mente una novela sobre la vejez, la pobreza y la muerte. Hab&iacute;a cumplido ya treinta y tres a&ntilde;os, hab&iacute;a dejado atr&aacute;s esa frontera que yo llamo &ldquo;eterna juventud&rdquo;, en la que no ves los l&iacute;mites, o al menos no ves los tuyos. El destino de mi personaje (una mujer de la tercera edad, antigua propietaria de un bistr&oacute;, que acab&oacute; siendo una costurera con el comunismo) me espantaba ahora que ve&iacute;a su final. Entre tanto hab&iacute;an aparecido otros personajes, de su misma generaci&oacute;n, capaces de comunicarse, pero tuve que renunciar de nuevo. Me di cuenta de que, en realidad, estaba escribiendo una novela, no un relato, y de que era demasiado joven en relaci&oacute;n con mi personaje: mi memoria era la mitad de la suya. Yo era una hija del comunismo y este hab&iacute;a borrado las huellas materiales, econ&oacute;micas y sociales del pasado. Siempre me hab&iacute;a gustado escuchar a la gente mayor que hab&iacute;a vivido en otra sociedad, pero no bastaba con sus historias, ten&iacute;a que documentarme. Y eso no era f&aacute;cil, la historia oficial hab&iacute;a falsificado siempre los acontecimientos en funci&oacute;n de los cambios pol&iacute;ticos y lo hizo con especial ah&iacute;nco &nbsp;durante el comunismo, cuando lo pol&iacute;tico distorsion&oacute; por completo la verdad hist&oacute;rica. La historia fue utilizada para ofrecer legitimidad al partido comunista (un partido muy peque&ntilde;o antes de que el ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico le concediera el poder), y tambi&eacute;n para glorificar a Ceauşescu, que se ve&iacute;a como el descendiente de los valientes vaivodas imaginados por &eacute;l. Los modelos nacionalistas fijados a trav&eacute;s de grandes festivales que conmemoraban un pasado falso dejaron, por desgracia, una profunda huella que se percibe todav&iacute;a en la mentalidad de los rumanos de hoy. Odio esas mentiras nacionalistas, algo que tambi&eacute;n observ&oacute; Andr&eacute; Clavel en el art&iacute;culo mencionado: &ldquo;La novelista no es piadosa tampoco con lo que ella llama crudamente &ldquo;taras nacionales&rdquo;.</p>
<p>Cuando empec&eacute; a documentarme, pod&iacute;an consultarse en la Biblioteca de la Academia, a trav&eacute;s de unos permisos espaciales y en un horario determinado, los libros y los peri&oacute;dicos de antes de la guerra, pero yo ten&iacute;a un trabajo, obligaciones familiares y, adem&aacute;s, no sab&iacute;a qu&eacute; estaba buscando exactamente. Consegu&iacute; dar con algunas memorias escritas despu&eacute;s de la I Guerra Mundial y en ellas escuch&eacute; las voces de la gente del pasado. Me demoraba en las casas en las que quedaban objetos del pasado, recorr&iacute;a museos, exposiciones de ropa antigua, fue una b&uacute;squeda continua de detalles, una aventura apasionante para captar no solo el color hist&oacute;rico, sino la forma como la Historia era vivida por los seres humanos implicados en ella. Yo conoc&iacute;a ya la lengua popular, pero descubr&iacute; la juventud de mis personajes, aprend&iacute; la lengua salpicada de galicismos en las casas burguesas de comienzos de siglo, etc. Debo mencionar, sin embargo, que el respeto por la verdad hist&oacute;rica me lo transmiti&oacute; mi padre cuando era peque&ntilde;a. &Eacute;l fue un apasionado profesor de historia, me relataba en la infancia momentos no falsificados, estudiaba documentos de la Edad Media para sus art&iacute;culos, por desgracia inconclusos. Falleci&oacute; cuando yo estaba en la universidad.</p>
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<p><strong>&ldquo;C&oacute;mo se transforma la actualidad en historia&rdquo;</strong></p>
<p>He tomado <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (mi libro m&aacute;s conocido, traducido a diecisiete lenguas) como modelo porque la Historia en tanto que proyecto solo aparece en este libro y en <em>Vidas provisionales</em>. <em>Vidas provisionales</em> es la historia de un amor secreto, bajo el signo de lo provisorio, el mismo signo bajo el que se encontraba el pa&iacute;s que hab&iacute;a pasado de una dictadura de extrema derecha (la de Ion Antonescu) a una de extrema izquierda (la de Gheorghiu-Dej y Ceauşescu), en la que viv&iacute;an mis personajes -Letiţia y Sorin- y en la que hab&iacute;an vivido sus padres. Me result&oacute; sencillo documentarme esta vez porque la escrib&iacute; en libertad (apareci&oacute; en Ruman&iacute;a en 2010), aunque llevaba mucho tiempo pensando en ella. Supo interpretarla muy bien Gabriela Gheorghişor, una reputada cr&iacute;tica literaria: &ldquo;<em>Vidas provisionales </em>no es tan solo una perturbadora historia de amor, sino tambi&eacute;n un fresco social y pol&iacute;tico del mundo rumano en el comunismo, una amplia cr&oacute;nica hist&oacute;rica de las turbulencias del siglo XX (el movimiento legionario y la dictadura de Antonescu, la &eacute;poca estajanovista de Gheorghiu-Dej, las etapas del ceauşismo), tejida tanto con los hilos &ldquo;de los dosieres existenciales&rdquo; de una multitud de personajes, como con los atajos del narrador omnisciente, una instancia de una objetividad afilada y con un agudo poder de observaci&oacute;n. Y que sabe, al mismo tiempo, mantener el suspense, la gracia al cortar las escenas y la variedad de &aacute;ngulos de grabaci&oacute;n de los reflectores. En virtud de un sutil paralelismo, la historia personal de Letiţia se refleja en la Historia de Ruman&iacute;a, &ldquo;un pa&iacute;s movedizo e inconstante&rdquo;. No es casualidad que su relaci&oacute;n con Sorin, llena de esperanzas, nazca en un periodo de relativa apertura, pero la progresiva desilusi&oacute;n llega al cl&iacute;max junto con &ldquo;la vuelta de tuerca&rdquo; ideol&oacute;gica y la nueva glaciaci&oacute;n de los a&ntilde;os 70. Ellos ilustran dos modos diferentes de (sobre)vivir [&hellip;]: mientras Letiţia se refugia, defensiva y liviana, en eros y en la escritura, el en&eacute;rgico y calculador Sorin entra en la red de compromisos arrastrado por el af&aacute;n de alcanzar una situaci&oacute;n privilegiada&rdquo;.</p>
<p>Lo interesante es que la novela ha sido mejor entendida entre los cr&iacute;ticos extranjeros (en Francia, Espa&ntilde;a o Alemania) que en Ruman&iacute;a, donde fue interpretada m&aacute;s bien como una &ldquo;novela sobre el comunismo&rdquo;, aunque gran parte de la misma se refiere a los a&ntilde;os 1938-1941, con la alianza y la ulterior pelea entre el Movimiento Legionario y el gobierno del general Antonescu. La opini&oacute;n p&uacute;blica rumana no ha tenido hasta ahora suficiente informaci&oacute;n sobre ese periodo y no est&aacute; todav&iacute;a dispuesta a contemplar de manera cr&iacute;tica el movimiento de masas de la extrema derecha del periodo de entre guerras.</p>
<p>Por mi parte, me he sumergido con inmenso placer en las novelas de Antonio Mu&ntilde;oz Molina&nbsp; (<em>El invierno en Lisboa</em>, <em>Plenilunio</em>, <em>El jinete polaco</em>, <em>Beatus ille</em>), afortunadamente traducidas al rumano, y he descubierto, por un lado, unos a&ntilde;os de la historia de Espa&ntilde;a desconocidos para m&iacute;, una vida cotidiana que me absorbi&oacute; por completo y, por otro, unos destinos que me recordaban los de mis libros. Y me reconozco por completo en la cita que ha tra&iacute;do a colaci&oacute;n. Existe un destino colectivo que modela a las personas, que -sobre todo en tiempos de guerra o de dictadura- incluso las mutila.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre he querido que mi prosa sea atractiva para los lectores&rdquo;</strong></p>
<p>- En relaci&oacute;n con el tratamiento del tiempo, ya sea el personal o el colectivo, es tambi&eacute;n muy interesante la estructura de sus novelas: una estructura fragmentaria, cap&iacute;tulos dedicados a cada personaje, la forma como presenta la evoluci&oacute;n de sus protagonistas a lo largo de los a&ntilde;os&hellip; El resultado final son unos personajes vivos, cre&iacute;bles, no unas simples criaturas de papel.</p>
<p>- Siempre he querido que mi prosa sea atractiva para los lectores y debo decir que los periodos de moda literaria experimental que he atravesado (<em>Nouveau roman</em>, textualismo, postmodernismo&hellip;) no llegaron, sin embargo, a influirme. Opt&eacute; por una estructura fragmentaria llevada por esa b&uacute;squeda de legibilidad, pero tal vez me condujeran hasta ella los mecanismos internos de la teatralidad, que yo no controlo. Comenzaba mis novelas como si fueran relatos, conoc&iacute;a las frases desde el principio, eso que yo llamo el &ldquo;sonido&rdquo; del libro, esencialmente distinto al del libro anterior. El sonido como de &ldquo;novela retro&rdquo; (el n&uacute;cleo de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>) me cost&oacute; un a&ntilde;o de trabajo, escrib&iacute;a concienzudamente y cuando rele&iacute;a el texto, lo arrojaba a la papelera. Pero un buen d&iacute;a escuch&eacute; el sonido de &ldquo;novela retro&rdquo; y vi ya el final, sumido en la niebla. He ido descubriendo las novelas a medida que las escrib&iacute;a, y lo mismo ha sucedido con la trayectoria de los personajes, su autenticidad, que compruebo una y otra vez a trav&eacute;s de la relectura. No puedo explicar c&oacute;mo creo los personajes, no tengo una &ldquo;receta&rdquo; porque es un proceso org&aacute;nico, natural. Veo continuamente personas (mujeres, hombres, ni&ntilde;os) como posibles personajes y personajes como personas de carne y hueso. Naturalmente, como cualquier escritor, atrapo detalles, escenas, peque&ntilde;as historias, rasgos f&iacute;sicos, etc. de la vida, pero el personaje no es la suma de esos fragmentos, &eacute;l despega, asciende en la ficci&oacute;n y adquiere su propio contorno, inconfundible, a medida que escribo. Escribo una p&aacute;gina o dos, dejo pasar un tiempo y las releo con una mirada nueva que me ayuda a seguir avanzando. Puedo dejarlo y retomarlo, mucho m&aacute;s adelante, si el proyecto ficcional sigue vivo en mi interior.</p>
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<p><strong>&ldquo;Tengo una profunda relaci&oacute;n con la escritura&rdquo;</strong></p>
<p>- Aunque Vica es &ldquo;su&rdquo; personaje en Ruman&iacute;a, yo he asistido como traductora a la evoluci&oacute;n de Letiţia Branea a lo largo de tres novelas. Creo que en ella se pueden distinguir algunos temas que Paul Cernat encuentra en sus novelas: la incomunicaci&oacute;n, la continua degradaci&oacute;n de la existencia, la degradaci&oacute;n moral, profesional&hellip; &iquest;Por qu&eacute; ha permanecido fiel a Letiţia como eje de la evoluci&oacute;n de su obra? &iquest;Responde a la intenci&oacute;n de elaborar una especie de <em>Bildunsroman</em>?</p>
<p>- Yo veo esos temas de manera diferente a Paul Cernat. Marcel Proust observ&oacute; mucho tiempo atr&aacute;s que cada uno lee un libro diferente en funci&oacute;n de su experiencia y de sus obsesiones. En la tetralog&iacute;a de Letiţia, en la que podemos incluir tambi&eacute;n <em>Voces en la distancia</em> (acabas de terminar su traducci&oacute;n y aparecer&aacute; dentro de poco en Acantilado), he seguido el destino de una mujer, desde la adolescencia de <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em> hasta la enfermedad de covid en la vejez (<em>Voces</em>&hellip;), donde se convierte en un personaje secundario. El cuadro de las edades de Letiţia, desde la infancia en el estalinismo hasta la madurez, cuando emigra a Occidente, y la vejez, cuando regresa a una Ruman&iacute;a capitalista para intentar recuperar sus herencias, se presenta en un marco hist&oacute;rico y social muy detallado. No veo la degradaci&oacute;n profesional, tampoco la moral: la nueva Letiţia de <em>Fontana di Trevi</em>, tras la visita a Occidente, donde se ha &ldquo;reparado&rdquo; f&iacute;sica y ps&iacute;quicamente, tiene los pies en el suelo y es capaz incluso de escribir una novela, aunque ese pasado doloroso la perturbe algunas veces. Es muy distinta de la Letiţia enamorada de <em>Vidas provisionales</em>, tiene proyectos materiales y existenciales m&aacute;s precisos que en su juventud bovariana, calcula el dinero que le queda para la vejez y su escritura es incluso una forma de venganza -la &uacute;nica al alcance de la mano- para olvidar la traici&oacute;n de su amante y de su amiga. Letiţia ha sido siempre bastante pragm&aacute;tica, por eso se reconcilia con el marido enga&ntilde;ado, abandona su pa&iacute;s, etc. No es una proyecci&oacute;n m&iacute;a a ninguna edad, aunque le haya prestado algunos detalles de mis vivencias. Pero mis padres no se divorciaron, mi padre no estuvo en la c&aacute;rcel, no me cas&eacute; con un profesor, no emigr&eacute; y tengo una profunda relaci&oacute;n con la escritura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Solo en libertad he podido escribir sobre ello tal y como ten&iacute;a en mente&rdquo;</strong></p>
<p>- En relaci&oacute;n con ese personaje central, Letiţia Branea, a la que acompa&ntilde;amos a lo largo de cuatro&nbsp; novelas, Mu&ntilde;oz Molina mencionaba tambi&eacute;n la naturalidad con que aborda usted el deseo sexual, el aborto&hellip; &nbsp;</p>
<p>- Las referencias a su deseo, la mayor atenci&oacute;n al cuerpo se deben, sin duda, a la desaparici&oacute;n de la censura (y, por supuesto, de la autocensura). Respecto a su aborto, una tragedia que golpe&oacute; profundamente a la sociedad rumana en la &eacute;poca de Ceauşescu, debo decir que yo consegu&iacute; ilustrarlo incluso entonces, en uno de mis relatos titulado <em>Ingreso breve</em>. Pero solo en libertad he podido escribir sobre ello tal y como ten&iacute;a en mente.</p>
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<p>- Llama poderosamente la atenci&oacute;n en su obra el tratamiento de los personajes desde un punto de vista estrictamente t&eacute;cnico, podemos distinguir la presencia de diferentes narradores: desde el narrador en primera persona al narrador omnisciente o a la novela polif&oacute;nica&hellip;</p>
<p>- La polifon&iacute;a aparece ya en <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, al igual que la escritura en diferentes personas, pero en el ciclo de Letiţia el juego de narradores se utiliza para sugerir la distancia de la emigrante respecto al mundo rumano que no alcanza a comprender a su regreso, pues todo se encuentra bajo el signo de una transformaci&oacute;n cada vez m&aacute;s veloz.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me han pedido que escriba teatro, pero prefiero la prosa porque le ofrece al escritor m&aacute;s poder que al director&rdquo;</strong></p>
<p>- Uno de los aspectos m&aacute;s interesantes de su prosa es la naturalidad de los di&aacute;logos y la importancia de estos en la caracterizaci&oacute;n de esos personajes vivos, cre&iacute;bles, como he mencionado m&aacute;s arriba.</p>
<p>- Cuando empec&eacute; a escribir, hab&iacute;a reparado ya en la artificiosidad de los di&aacute;logos en los libros de muchos narradores contempor&aacute;neos y, temi&eacute;ndome que mis di&aacute;logos pudieran sonar igual, los camufl&eacute; en el texto narrativo. Luego me arm&eacute; de valor y los saqu&eacute; poco a poco. Despu&eacute;s de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> me sorprendi&oacute; escuchar que ten&iacute;a &ldquo;uno de los mejores o&iacute;dos de la literatura rumana&rdquo;. Cătălina Buzoianu, la autora del espect&aacute;culo montado a partir de la novela, me dijo que se limit&oacute; simplemente a &ldquo;recortar&rdquo; el guion del texto de la novela. Me volv&iacute; m&aacute;s consciente de esa caracter&iacute;stica de mi escritura cuando una profesora de teatro de la Universidad Babeş-Bolyai de Cluj, Anca Haţiegan, analiz&oacute; la &ldquo;teatralidad&rdquo; de mi prosa. Ciertamente, cuando escribo, veo el movimiento de los personajes y los di&aacute;logos &ldquo;brotan&rdquo;, simple y llanamente, al margen de mi voluntad, y no solo en las novelas, tambi&eacute;n en los relatos breves. Me han pedido que escriba teatro, pero prefiero la prosa porque ofrece otras posibilidades (de profundidad, de matices) y, no menos importante, le ofrece al escritor m&aacute;s poder que al director.</p>
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<p><strong>&ldquo;No escribo a partir de una idea, sino a partir de la gente con que me encuentro&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Voces en la distancia</em> plantea abiertamente la cuesti&oacute;n de la vejez, del paso de la vida, adem&aacute;s de la resignaci&oacute;n, de la p&eacute;rdida de las ilusiones&hellip; Es una cuesti&oacute;n muy interesante en un mundo obsesionado por la juventud, por la belleza en el que campa el <em>edadismo</em>.</p>
<p>- No escribo a partir de una idea, sino a partir de la gente con que me encuentro. Despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de cr&iacute;ticas elogiosas sobre <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, un novelista mayor que yo me solt&oacute;: &ldquo;&iexcl;Pensaba que era usted una vieja!&rdquo;. Tal vez pensara que se trataba de un halago, yo ten&iacute;a cuarenta y dos a&ntilde;os y parec&iacute;a m&aacute;s joven. Pero a m&iacute; me sorprendi&oacute; la manera primitiva como contemplaba &eacute;l la relaci&oacute;n entre el autor y el personaje. Dudo que la pertenencia de g&eacute;nero/edad sea el pasaporte para adentrarse en una intimidad desconocida. En la juventud constru&iacute; tipolog&iacute;as de edad avanzada y despu&eacute;s de los sesenta he escrito sobre &ldquo;la mujer a los treinta a&ntilde;os&rdquo;. Siento la misma timidez ante las mujeres, los hombres, los adolescentes, los ni&ntilde;os cuya mentalidad y comportamiento debo sacar a la luz desde mi lado oscuro.</p>
<p>La idea de que soy una narradora &ldquo;especialista&rdquo; en la vejez parte de la atenci&oacute;n que he dedicado a varios personajes ancianos (todos femeninos, sea casualidad o no), he procurado descubrir su interior, sus traumas sociales, sin prejuicios ligados a su nivel cultural. Por lo dem&aacute;s, hay otras novelas (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, <em>Vidas provisionales</em>) en las que no aparece ning&uacute;n anciano, y tanto en <em>Una ma&ntilde;ana</em>&hellip; como en <em>Voces en la distancia</em>, las edades, al igual que las estaciones del a&ntilde;o, est&aacute;n al rev&eacute;s, la juventud de los personajes est&aacute; ligada al verano y se encuentra en la segunda parte del libro; la vejez est&aacute; vinculada al fr&iacute;o y la novela empieza con ella, tal vez por eso sea m&aacute;s visible. Creo que lo que escribi&oacute; Valeriu Cristea en 1984 sobre <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> es extensible tambi&eacute;n a mis otras novelas: &ldquo;La novela de Gabriela Adameşteanu transmite una poderosa, extraordinaria sensaci&oacute;n de vida. Los personajes se encuentran unas veces en un plano temporal y otras en otro. Los vemos de j&oacute;venes y de viejos, de ni&ntilde;os, de adolescentes, de adultos&hellip; No hay nada ostentoso, nada estridente en ese paso de un nivel a otro&hellip; De ah&iacute; la emoci&oacute;n que provoca la lectura de su libro en el que percibimos no solo la vida, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo pasa la vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El perfeccionismo se hereda&rdquo;</strong></p>
<p>- Modifica sus textos incluso una vez publicados. &iquest;De d&oacute;nde nace esa obsesi&oacute;n creadora y re-credora? &iquest;Se trata de una b&uacute;squeda de perfecci&oacute;n, una b&uacute;squeda de lo sublime?</p>
<p>- El perfeccionismo se hereda, lo he visto en la familia de mi padre, en &eacute;l (como profesor y como historiador), en mi hermano (ingeniero) y en mis t&iacute;os, unos grandes profesionales (arque&oacute;logos, m&eacute;dicos). Entre los escritores abundan los perfeccionistas que repasaban la correcciones y complicaban la vida de los impresores (parece ser tambi&eacute;n el caso de Joyce). Como perfeccionista te arriesgas a no soltar tu trabajo, a seguir model&aacute;ndolo. No es mi caso, tengo cinco novelas, dos vol&uacute;menes de relatos, memorias, incontables entrevistas, art&iacute;culos de peri&oacute;dico e incluso traducciones, y adem&aacute;s sigo escribiendo. Aun as&iacute;, los periodistas siguen &nbsp;acos&aacute;ndome con la pregunta &ldquo;&iquest;por qu&eacute; reescribe sus libros en lugar de escribir un nuevo libro?&rdquo;. &Uacute;ltimamente se han resignado a que esa es mi forma de actuar, o bien los he enga&ntilde;ado, mi experiencia como lexic&oacute;grafa me hizo se&ntilde;alar siempre los cambios en la primera p&aacute;gina. Pero desde que renunci&eacute; a hacerlo, me los &ldquo;pillan&rdquo; solo los traductores; ellos pillan tambi&eacute;n las escenas dilatadas. Por ejemplo, Alain Paruit, el excelente traductor franc&eacute;s, recort&oacute; una escena de sal&oacute;n -con discusiones tal vez demasiado largas, con detalles hist&oacute;ricos quiz&aacute; in&uacute;tiles- de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>. Y entonces pens&eacute; que antes de que lo hagan otros (traductores, lectores), es mejor que lo haga yo. &iexcl;Cortar, aunque sean unos pocos p&aacute;rrafos, de un libro de culto, premiado, dramatizado, traducido, etc&hellip; le parece a todo el mundo una excentricidad!</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo quieres que tenga un lector paciencia con tu libro cuando t&uacute; no eres capaz de releerlo?&rdquo;</strong></p>
<p>Esa fama de &ldquo;escritora man&iacute;aca&rdquo; que tengo en Ruman&iacute;a la adquir&iacute; cuando transform&eacute; un relato largo, <em>El encuentro</em>, escrito en 1986-87, en una novela. Ese texto hab&iacute;a sido v&iacute;ctima por partida doble: por una parte, de mi autocensura, por otra, de la censura oficial. Es un milagro que apareciera durante el comunismo; el tema era la emigraci&oacute;n, la forma como se percibe entre los que se han marchado y los que han permanecido en el pa&iacute;s, un tema que va a reaparecer en muchas de mis novelas (<em>Fontana di Trevi</em>, <em>Voces en la distancia</em>). <em>La Il&iacute;ada</em> y <em>La Odisea</em> fueron los libros de mi infancia y sobre el relato de los peregrinajes de Ulises superpuse las historias familiares de un t&iacute;o legendario que acab&oacute; siendo un famoso arque&oacute;logo en Italia (existe ahora un museo, fundado por &eacute;l, en Policoro, que lleva su nombre, Dinu Adameşteanu). Una de mis obsesiones desde la infancia ha sido analizar qu&eacute; significa vivir lejos del pa&iacute;s donde te has criado. Eso explica tambi&eacute;n la reescritura, tres o cuatro veces, de <em>El encuentro</em>, su paso de relato a novela, de literatura experimental a ficci&oacute;n cl&aacute;sica. La emigraci&oacute;n era la obsesi&oacute;n de los c&iacute;rculos burgueses oprimidos en los que transcurri&oacute; la primera parte de mi vida y, con el tiempo, pasar&iacute;a a ser toda una obsesi&oacute;n nacional y un &ldquo;terremoto&rdquo; social en Ruman&iacute;a, que tiene siete u ocho millones de ciudadanos &ldquo;fuera&rdquo;. Y, por supuesto, la emigraci&oacute;n es un tema global, voy a documentarme sobre &eacute;l durante varios a&ntilde;os.</p>
<p>Sin embargo, la cuesti&oacute;n es por qu&eacute; intervengo tambi&eacute;n en las reediciones de los libros escritos en libertad, sin censura. No se habla demasiado sobre la &ldquo;caducidad&rdquo; de la literatura, pero es algo que existe (esta suposici&oacute;n m&iacute;a me la ha confirmado un excelente te&oacute;rico literario) debido a que la lengua, una criatura viva, cambia, envejece&hellip; a diferencia de la m&uacute;sica o el arte que, al tener como objeto el sonido o la materia, resisten mejor el paso del tiempo. Yo deseo que mis libros se mantengan j&oacute;venes todo el tiempo posible, que puedan ser le&iacute;dos con placer. Y formo parte de los (pocos) escritores que se releen tanto durante la escritura como despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n. De joven, cuando ten&iacute;a una memoria fuera de lo com&uacute;n, conoc&iacute;a, sin propon&eacute;rmelo, mi novela de debut (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>), me la sab&iacute;a de memoria, como conocen sus versos los poetas. Eso es narcisismo literario, pensar&aacute; usted, pero a m&iacute; me resulta extra&ntilde;o que no puedas releer tu libro: &iquest;c&oacute;mo esperas entonces que tenga otro la paciencia de hacerlo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 04:57:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tatiana Tîbuleac: “Era más feliz cuando no escribía”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tatiana-tibuleac-era-mas-feliz-cuando-no-escribia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Tatianared.jpg" alt="" /></p>
<p>En Saint Germain en Laye la vida transcurre ajena a las Olimpiadas. El &uacute;nico jolgorio, el de unos gorriones en la copa de un &aacute;rbol. A unos treinta kil&oacute;metros de Par&iacute;s, este reino, tipo balneario, resulta apacible. Abundan las pasteler&iacute;as, las tiendas de ropa y las salas de cine. Parece lejos del turismo, pero los habitantes, en esta villa, tienen algo de turistas de s&iacute; mismos. El d&iacute;a a d&iacute;a de Tatiana Tibuleac lo llenan el periodismo y sus hijos. Quedamos cerca del castillo, estilizado y trazas de palacio. En &eacute;l Napole&oacute;n estableci&oacute; su escuela de oficiales de caballer&iacute;a. Pero antes pasaron muchas cosas. Luis XIV, por ejemplo, naci&oacute; aqu&iacute;.</p>
<p>El rostro serio. La espalda recta. Los actores dicen que saben mantener la columna. Ella no es actriz, pero escribe libros de ficci&oacute;n. Dos novelas le han bastado para hacerse un nombre en el panorama europeo. Escucha con inter&eacute;s y, mientras, se permite moh&iacute;nes que, de no estar atento, podr&iacute;as perderte. Si la vida es un caballo salvaje, ella guarda unas riendas en el bolso.</p>
<p>- Me apetece hablar de la inocencia y de la diferencia entre esta y la ingenuidad. Su escritura me da la sensaci&oacute;n de que, al igual que sus personajes, poseen inocencia, no ingenuidad. Como si usted no temiera mostrar lo desagradable.</p>
<p>- Es el primero que habla de inocencia en mis libros, siempre me preguntan por qu&eacute; soy tan cruel, o por qu&eacute; mis personajes son tan miserables, o por qu&eacute; mueren todos o est&aacute;n enfermos, o son infelices en el amor. Me gusta ese concepto de la inocencia porque es verdad que trato de no maquillar demasiado a mis personajes.</p>
<p>- Quiz&aacute; de ah&iacute; la libertad que desprenden.</p>
<p>- Es verdad que les dejo ser como son. Siempre me baso en una persona real cuando invento uno. Lo que dice es interesante porque para mucha gente la libertad es algo por lo que necesita luchar. En cambio, a otra le viene dada y no se preocupa de ella. De tal modo, esas personas no quieren ser libres&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Biol&oacute;gicamente nunca sent&iacute; demasiada libertad&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Y en su caso?</p>
<p>- Algo intermedio. Crec&iacute; en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y &eacute;ramos libres. Quiero decir que no hab&iacute;a esclavitud y pod&iacute;amos elegir profesi&oacute;n... Se puede afirmar que hac&iacute;amos lo que quer&iacute;amos, ahora bien, en un plano te&oacute;rico. Biol&oacute;gicamente nunca sent&iacute; demasiada libertad. As&iacute; que, en mi caso, esta tiene una connotaci&oacute;n distinta a la que tiene para un escritor africano cuando habla de ella.</p>
<p>- &iquest;Y en su familia? Su pasado es m&aacute;s duro que el suyo.</p>
<p>- En mi familia la libertad tambi&eacute;n significa otra cosa. Para mi abuela, ser libre simplemente era no ser deportada. Ella lo fue en Siberia y eso le acerc&oacute; la muerte. Para ella, ser libre equival&iacute;a a vivir en su propia casa, a no ser aniquilada. Para mi madre, la libertad era la posibilidad de estudiar. Y para m&iacute; la libertad es un estado normal, no un lujo. Estoy acostumbrada a ella. Puede traducirse en viajar f&aacute;cilmente y decir lo que quiero en cada momento.</p>
<p>- Luego, como en la poes&iacute;a, hay muchas.</p>
<p>- Creo que es un concepto que se refiere a estados distintos, y los escritores lo explotamos para bien. De todos modos, yo estoy interesada en otros temas. No creo hablar demasiado de la libertad en mis libros, pero si usted lo ha visto&hellip;</p>
<p>- No, me refer&iacute;a a que sus personajes la ejercen, se comportan sin trabas, incluso ajenos a convenciones, no a que teoricen sobre ella.</p>
<p>- En ese sentido, s&iacute;.</p>
<p>- Quiero preguntarle por Siberia. Al comienzo de <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> mienta en una nota la deportaci&oacute;n a la que se acaba de referir. Me gustar&iacute;a saber qu&eacute; motivos hubo detr&aacute;s. Creo que la experiencia del siglo XX fue distinta en Europa Central y del Este que en el sur. En Espa&ntilde;a, los testimonios son m&aacute;s como de tercera mano o con sordina. Tenemos la condena a Dostoievski, el <em>Archipi&eacute;lago</em> de Solzhenitsyn, la <em>Kolim&aacute;</em> de Shal&aacute;mov. Pero siento que han llegado tarde o de forma desdibujada o, peor, mitol&oacute;gica. &iquest;Cu&aacute;l fue la raz&oacute;n concreta del castigo a sus abuelos?</p>
<p>- Hablaron muy poco de ello y creo que es algo que debe considerarse un error. Los europeos del Este no hablaban de los cr&iacute;menes comunistas. No ten&iacute;an no s&eacute; si el inter&eacute;s o el coraje necesarios. Es algo que nunca ha ocurrido con el holocausto. Siempre sintieron que era un pasado a olvidar, que hab&iacute;a que perdonar mediante el silencio para seguir adelante. Ahora las cosas han cambiado: con la guerra de Ucrania la gente est&aacute; interesada en mirar atr&aacute;s y rellenar ese ayer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando empec&eacute; a escribir nunca tuve en cuenta la historia de mi pa&iacute;s, ni la de mi familia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted tampoco lo ha tratado el tema. &iquest;No ha sentido la tentaci&oacute;n de reflejar determinadas experiencias por escrito, aun vali&eacute;ndose de la ficci&oacute;n?</p>
<p>- &Uacute;ltimamente s&iacute;. Cuando empec&eacute; a escribir nunca tuve en cuenta la historia de mi pa&iacute;s, ni la de mi familia. Sent&iacute;a que escribir pasaba por algo distinto. Al fin y al cabo, escribir es un patio de recreo: hablas de cosas curiosas, del cosmopolitismo&hellip; &iquest;por qu&eacute; mirar atr&aacute;s y hablar de algo tan pesado? Ahora, quiz&aacute; porque envejezco, empiezo a valorar esas historias. &iexcl;La generaci&oacute;n de mis hijos no sabe nada! Han o&iacute;do ecos, igual en alg&uacute;n medio de comunicaci&oacute;n&hellip; pero nunca de los sufridores.</p>
<p>- &iquest;Se est&aacute; pronunciando en casa?</p>
<p>- Integrar charlas sobre el pasado de la familia en casa es una forma de construir la historia de una naci&oacute;n. Estoy terminando un libro que espero publicar en 2025. Despu&eacute;s es posible que escriba sobre la vivencia particular de mi familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;&iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del Holocausto que de los campos de exterminio comunistas!&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora entramos en los libros, pero antes, al hilo de su respuesta: &iquest;por qu&eacute; no existe una reacci&oacute;n dura contra el comunismo como s&iacute; la hay contra el nazismo? &iquest;Por sus presupuestos sociales y humanistas? Ha citado el Holocausto, la gente tiene presentes los cr&iacute;menes de Hitler, pero <em>El libro negro del comunismo</em>, de Courtois, documenta 150 millones de muertos. &iquest;Por qu&eacute; hay una idea todav&iacute;a rom&aacute;ntica de &eacute;l?</p>
<p>- La responsabilidad corresponde a la parte del mundo que padeci&oacute; el comunismo. No asumi&oacute; que su trabajo era hablar de ello. Como resultado, del holocausto hay pel&iacute;culas; libros extraordinarios, de ficci&oacute;n, de historia; debates p&uacute;blicos&hellip; todo el mundo habla de &eacute;l: el ciudadano com&uacute;n, los escritores, los periodistas, los artistas, los fil&oacute;sofos&hellip; Todos y en cualquier &eacute;poca. Eso favorece que se conozca. &iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del holocausto que de los campos de exterminio comunistas! Ahora hablan un poco m&aacute;s porque la guerra de Ucrania ha reavivado el pasado, pero antes la gente no pon&iacute;a el comunismo y el antisemitismo al mismo nivel. Y eso que el comunismo fue peor. Llevaban orgullosos una camiseta con la efigie del Che y pensaban que eso era <em>cool</em>. Por supuesto, nadie ha visto <em>cool</em> en ning&uacute;n momento una esv&aacute;stica. Durante demasiado no se ha hablado de ello. Mi familia es un ejemplo. Mi abuela no hablaba de ello &iexcl;y fue deportada! Cuando volvi&oacute; a casa, mi madre era una ni&ntilde;a, pero sobre todo una hija de los enemigos. As&iacute; que mi abuela no quer&iacute;a mantener ese tipo de conversaciones. Prefer&iacute;a centrarse en el contento que suscitaba entre los seres queridos su regreso.</p>
<p>- &iquest;La suya es una cultura cerrada?</p>
<p>- De alguna forma. Hay verg&uuml;enza y miedo. Pero dir&iacute;a que, s&iacute;, a la gente le cuesta abrirse. Mi madre tampoco habl&oacute;: en el colegio era consciente de lo odiada que era por su familia, y perpetu&oacute; el silencio.</p>
<p>- P&uacute;blicamente se entiende, pero &iquest;en casa?</p>
<p>- No me quisieron contar sus experiencias para no perjudicarme, eso siempre seg&uacute;n su criterio. Se supone que yo era de una generaci&oacute;n nueva y no ten&iacute;a que dar cuenta de ciertas cosas. Para mantener de alguna manera mi normalidad, prefirieron no hablar.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a conocer lo que hab&iacute;a sucedido?</p>
<p>- Al crecer y hacerme periodista. En otras familias ocurri&oacute; lo mismo. Los hijos crec&iacute;an sin saber nada. Quiz&aacute; sab&iacute;an que sus abuelos fueron deportados, pero el porqu&eacute;, lo que signific&oacute; y por qu&eacute; eran enemigos del pueblo&hellip; a eso no sab&iacute;an dar respuesta. Hubo ausencia no s&oacute;lo de informaci&oacute;n, tambi&eacute;n de curiosidad humana. Falt&oacute; sentarse a la mesa: &ldquo;Esto es lo que ocurri&oacute;, verbalizad la verdad&rdquo;. Hasta no hace tanto, muchos europeos desconoc&iacute;an la diferencia entre Ucrania y Bielorrusia: Europa del Este era un nombre gen&eacute;rico para una especie de borr&oacute;n en el mapa. Tengo fe en que muchos escritores encuentren esta direcci&oacute;n interesante y se pongan manos a la obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los artistas, en general, no responden a las tragedias de forma inmediata&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Steiner asumi&oacute; que el comunismo hab&iacute;a parido obras maestras, no as&iacute; el nazismo. Yo creo que el anticomunismo, por llamarlo de alguna forma, tambi&eacute;n las ha terminado dando.</p>
<p>- No me gusta esa idea, no creo que sea positivo asociar al comunismo ning&uacute;n talento. El hecho de que alguien cree una obra durante una guerra no significa que la guerra haya generado la posibilidad de producir talento. Unos escriben cuando est&aacute;n felices, otros cuando est&aacute;n tristes. No creo que sea correcto decir que una ideolog&iacute;a dio libros. Adem&aacute;s, los artistas, en general, no responden a las tragedias de forma inmediata. La mayor&iacute;a no. Lo normal es dejar los periodos reposar.</p>
<p>- Su padre fue tambi&eacute;n escritor.</p>
<p>- Y nunca public&oacute; durante el comunismo. Dej&oacute; siete libros, todos in&eacute;ditos. No los public&oacute; no por que no fuesen lo suficientemente buenos -o porque fuesen peores que los que se publicaban en aquella &eacute;poca-, sino porque no escrib&iacute;a lo correcto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La correcci&oacute;n, un problema de actualidad.</p>
<p>- En todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas. Durante el comunismo pod&iacute;as escribir, claro que pod&iacute;as. Lo mismo que en algunos pa&iacute;ses que tenemos por democr&aacute;ticos hoy. Pod&iacute;as incluso ser famoso: s&oacute;lo ten&iacute;as que escribir lo que quer&iacute;a el poder. Publicar era posible. La clave estaba en lo que escrib&iacute;as. Tampoco se puede decir que los escritores que se hicieron famosos no fueran buenos, algunos libros son muy buenos. La historia dejar&aacute; los libros de calidad, sin componente ideol&oacute;gico.</p>
<p>- Ahora se publica mucho a favor de corriente. Los temas <em>woke</em> encuentran r&aacute;pida salida.</p>
<p>- El tiempo los enterrar&aacute; si no son interesantes en s&iacute; mismos, si pesa demasiado el componente pol&iacute;tico. Las editoriales piensan que, al estar de moda, les dar&aacute;n dinero. Por eso los sacan.</p>
<p>- El &uacute;nico criterio posible, el art&iacute;stico.</p>
<p>- Qu&eacute; hace uno con su talento es una elecci&oacute;n. Como afiliarse a un r&eacute;gimen o a un partido. Ahora, vuelvo a la guerra de Ucrania, muchos escritores, directores de cine y pensadores han decidido seguir sacando obras, aceptando pol&iacute;ticas que matan. La pregunta es: &iquest;continuamos ley&eacute;ndoles? Es una decisi&oacute;n personal.</p>
<p>- &iquest;Cu&eacute;l es su caso?</p>
<p>- En este momento, no puedo volver a libros y a pel&iacute;culas que admiro porque no acepto que sus autores, supuestamente con buena cabeza, hayan decidido formar parte de la guerra. &iquest;Han admitido como correcto lo que est&aacute; haciendo Putin? Vale. Que sus nombres queden cobijados bajo su paraguas.</p>
<p>- Otros han huido.</p>
<p>- Han tenido que venir a Europa [como si Rusia no formara parte]. Probablemente nunca volver&aacute;n a publicar en Rusia, o al menos mientras Putin mande. Est&aacute;n en una lista negra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso&rdquo;</strong></p>
<p>- Por otro lado, esa decisi&oacute;n no hace mejores sus libros.</p>
<p>- De acuerdo. Puede haber libros buenos que contengan ideas racistas, y que la gente de hoy los rechace. Es como si la belleza de ellos fuera insuficiente porque hacen da&ntilde;o a grupos de poblaci&oacute;n. No creo en relaciones estrechas entre creadores e ideolog&iacute;a. El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso, que puede ser bueno o malo.</p>
<p>A Tibuleac le gusta Liudmila Ul&iacute;tskaya, una escritora rusa exiliada desde 2022 y que vive en Alemania. Un contraejemplo es Nikita Mijalkov. Se encuentra entre sus directores de cine favoritos pero su toma de postura le parece monstruosa. Considera dif&iacute;cil sacar sus pel&iacute;culas de la cabeza, sin embargo no puede separar su trabajo de su persona.</p>
<p>- Hay autores que se decepcionaron y cambiaron de posici&oacute;n: Vladim&iacute;r Holan dedic&oacute; un libro a los soldados del Ej&eacute;rcito Rojo por liberar la Rep&uacute;blica Checa y luego se posicion&oacute; en contra, aislado en casa; Ceszꬷaw Miꬷosz&hellip;</p>
<p>- No conozco a ninguno de esos.</p>
<p>- Pasternak&hellip;</p>
<p>- Pasternak fue considerado ruso, pero era ucraniano. Ojal&aacute; le pase lo mismo a Mijalkov. Cambiar.</p>
<p>- Usted no usa di&aacute;logos al modo tradicional. Tampoco veo en sus novelas un argumento definido como en las propuestas comerciales, y la acci&oacute;n es como si pasara por los pensamientos de los protagonistas. Es decir, no hay di&aacute;logos, pero los personajes no cesan de pensar y pensar.</p>
<p>- Tiene raz&oacute;n. Es que no soy buena con los di&aacute;logos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me es m&aacute;s f&aacute;cil hablar por los personajes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;No es una motivaci&oacute;n est&eacute;tica?</p>
<p>- Debo confesar que me prometo incluir di&aacute;logos y no me salen. Creo que soy artificial cuando creo conversaciones. Me es m&aacute;s f&aacute;cil hablar por los personajes. Hay muchos hablando en mis libros. Llen&eacute; <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> de di&aacute;logos, pero, visto el resultado, los quit&eacute;.</p>
<p>- Habla bien de usted ese reconocimiento de las limitaciones.</p>
<p>- Me consuelo pensando que los libros tienen una atm&oacute;sfera y una forma que, en caso de a&ntilde;adir di&aacute;logos, se romper&iacute;a.</p>
<p>- Usted prefiere el estilo indirecto al directo&hellip;</p>
<p>- Estoy de acuerdo, es m&aacute;s f&aacute;cil para m&iacute;. Mi segundo libro [<em>El jard&iacute;n de vidrio</em>] es un recuerdo, quiero decir, una persona que recuerda un verano: tiene sentido que est&eacute; contando lo que vivi&oacute;. <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> no incluye di&aacute;logos, pero la gente interact&uacute;a con las palabras.</p>
<p>- El estilo indirecto es m&aacute;s literario.</p>
<p>- La literatura viene dada por los grandes libros, no por los escritores. La buena literatura se crea con buenos libros. Si te gusta un libro y est&aacute; bien escrito, no importa su estilo, o si es prosa o poes&iacute;a, o algo entre medias. Un libro es bueno por su atm&oacute;sfera, no por qui&eacute;n lo ha escrito. Al menos, creo que as&iacute; debe ser. Hay diferentes formas de decir, y esta es la m&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si piensas en el lector, no eres honesto. Si quieres gustar a la gente, no ser&aacute;s t&uacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A pesar de que <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> y <em>El jard&iacute;n de vidrio </em>presentan caracter&iacute;sticas comunes -cap&iacute;tulos cortos, frases a veces alucinadas-, Tibuleac los considera muy distintos. En el primero reconoce un estilo po&eacute;tico que no alcanza el segundo. Le gustaban las frases cortas, &ldquo;casi violentas&rdquo;, mientras <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> lo encuentra enclavado en la prosa. Tiene m&aacute;s personajes -&ldquo;en la primera hay uno; en la segunda, al menos, tres&rdquo;-. En el libro que est&aacute; terminando hay otra forma de contar. &ldquo;No pienso demasiado cuando escribo. S&oacute;lo me pongo cuando siento que tengo todo lo necesario en la cabeza. Es decir, pienso antes, el libro lo tengo pensado. Me queda sentarme y trasladarlo al papel. Si repienso, no avanzo. Durante a&ntilde;os no escrib&iacute; nada porque cada vez que me pon&iacute;a, era demasiado te&oacute;rica: &lsquo;&iquest;Esta es una voz correcta?, &iquest;voy a hacer da&ntilde;o a alguien si cuento esto?&rsquo;&hellip; Las preguntas no son buenas para un escritor&rdquo;. Tibulaec concibe la escritura como un acto de intimidad en el que se mira al espejo. &ldquo;Si piensas en el lector, no eres honesto. Si quieres gustar a la gente, no ser&aacute;s t&uacute;. Te vestir&aacute;s mejor, te pondr&aacute;s derecho, pero todo eso mata la emoci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El concepto de familia se ha remodelado y ampliado, y no creo que sea malo&rdquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La familia le preocupa. &iquest;Es una instituci&oacute;n en decadencia?</p>
<p>- Es menos popular de lo que sol&iacute;a. Pero no s&eacute; cu&aacute;l es la receta. He visto familias que deber&iacute;an triunfar porque ten&iacute;an todo: amor, belleza, hijos, dinero&hellip; y no eran felices. Y he visto a personas separadas que no catalogar&iacute;a de tristes. Me llaman la atenci&oacute;n aquellas que, sin estar programadas para unirse, logran crear un organismo, una familia, solamente para no estar solas en el mundo. Creo que es mejor asociarse y tener familia. El que abogue por un modelo tradicional no significa que piense que es la &uacute;nica forma posible. Mis hijos me temo que no comparten mi visi&oacute;n. Mi hija, de once a&ntilde;os, no quiere casarse. Ella est&aacute; m&aacute;s preocupada por el planeta que de tener marido o hijos.</p>
<p>- Eso es muy contempor&aacute;neo, pero es peque&ntilde;a.</p>
<p>- Lo que percibo son miedos y sue&ntilde;os diferentes a los que yo ten&iacute;a a su edad. Desde el principio me he preocupado porque, como madre, pudiese recurrir a m&iacute;. He trabajado mi relaci&oacute;n con ella. &iexcl;Me fascina lo cambiante que es la vida!: es como si las generaciones m&aacute;s nuevas no necesitaran nuestros marcos para alcanzar la felicidad. Respecto a que, en la actualidad, los j&oacute;venes vean problemas y presi&oacute;n en el ambiente&hellip; no s&eacute;, ser mujer en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica era bastante exigente: ten&iacute;as que hacer lo mismo que los hombres y adem&aacute;s hijos, es decir: ser madre y ama de casa. Y no pocas veces, trabajar. &iquest;Veo a las nuevas generaciones con esa fortaleza? No lo s&eacute;. Desde luego, ven dificultad en cuestiones que a nosotros no nos habr&iacute;an supuesto problemas. Y no &eacute;ramos infelices. No obstante, creo que la familia no est&aacute; en decadencia, es s&oacute;lo que el concepto de familia se ha remodelado y ampliado, y no creo que sea malo.</p>
<p>- &iquest;Se escribe siempre contra algo; en su caso quiz&aacute; contra la visi&oacute;n ideal de las cosas, contra profesores y psiquiatras&hellip; aunque sean los personajes los que hablan?</p>
<p>- Es una pregunta interesante, nunca me la han hecho. Es gracioso que diga que siempre estoy en contra, es lo que sol&iacute;a decir mi madre cuando era peque&ntilde;a [r&iacute;e]. En realidad, no es as&iacute;, a m&iacute; me gusta la gente. No s&eacute; c&oacute;mo expresarlo, yo dir&iacute;a que me fascina la gente, ya sea por su bondad o por su maldad.</p>
<p>- En todo caso, no hace ascos a realidades &aacute;cidas.</p>
<p>- No lo hago, aunque, por supuesto, estoy en contra de la violencia, de la crueldad&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca escribo sobre m&iacute; pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Primero persona y luego escritora?</p>
<p>- A decir verdad, no quiero separar ambas cosas. Nunca escribo sobre m&iacute;, nunca he pensado en dedicarme un libro, pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias como mujer y como periodista, como ni&ntilde;a y como adulta. No creo que est&eacute; en contra de nada. Tal vez intento volcar a todo tipo de personas a mis libros.</p>
<p>- Suficiente.</p>
<p>- En mis novelas no encontrar&aacute; un personaje que sea s&oacute;lo bueno o s&oacute;lo malo. No creo en eso. As&iacute; no es la gente. Incluso a la peor persona le puede nacer una mirada maravillosa y hacer algo amable o que podr&iacute;a sorprendernos. Y la mejor persona, en una situaci&oacute;n que no maneja, ser&aacute; cruel o enfurecer&aacute;.</p>
<p>- &iquest;Es su caso?</p>
<p>- Yo no me veo mala, pero tampoco dir&iacute;a que sea muy buena.</p>
<p>- Al igual que est&aacute; pensando abordar la experiencia familiar o la historia pol&iacute;tica de su pa&iacute;s de un modo, entiendo, cercano a la no ficci&oacute;n, &iquest;ha pensado escribir en primera persona de esa dualidad?</p>
<p>- Pues es algo que tambi&eacute;n estoy intentando en mi tercera novela. Es el momento. Voy camino de los 50, la mitad de mi vida se ha ido. No quiero juzgar a los dem&aacute;s. De todos modos, un escritor debe presentar la complejidad humana y dejar las valoraciones para el lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribo libros para que la gente, si acaso, se encuentre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y que el lector acepte la realidad.</p>
<p>- Eso es. Para m&iacute;, escribir no es did&aacute;ctico, no es la Biblia. Tampoco escribo con el af&aacute;n de ser inspiraci&oacute;n para nadie, no quiero que nadie piense en mi bondad ni en la de mis personajes. Yo no escribo para hacer a nadie mejor persona. Escribo libros para que la gente, si acaso, se encuentre. &iquest;Escribo contra algo? Es algo que deber&iacute;a madurar.</p>
<p>-Est&aacute; claro que no escribe para dejar un planeta mejor ni para contribuir a la paz universal, lo que quer&iacute;a decir es que no la imagino hablando de las florecitas del campo y de los p&aacute;jaros. Usted habla de cosas desagradables, desde la belleza. Es como si captase lo bueno y lo malo mezclado.</p>
<p>-Hablo de ambas cosas. Tengo momentos en que soy tonta porque la vida te lleva a serlo. Incluso la persona m&aacute;s dura en alg&uacute;n momento puede ver a un ni&ntilde;o oliendo un objeto y que ese acto le recuerde a su infancia, o ver a una abuela y ablandarse. Odiar&iacute;a que mis libros se caracterizasen por hablar de cosas buenas. Yo no soy as&iacute;. S&eacute; que la mayor&iacute;a de escritores famosos sienten una misi&oacute;n cuando escriben, en el sentido de que desean cambiar algo. Para algunos es muy importante cambiar el mundo, como usted dice, transmitir una especie de mensaje&hellip; o salvar al lector [con desprecio y escepticismo].</p>
<p>- El escritor no debe intentar educar.</p>
<p>- Yo no quiero educar, y creo que tampoco ser&iacute;a capaz de hacerlo si me lo propusiera.</p>
<p>- Ni la cultura y el arte nos hacen mejores.</p>
<p>-[Medita] Un libro muy violento s&iacute; puede educar de alg&uacute;n modo.</p>
<p>- Es una idea muy comunista esa.</p>
<p>- [R&iacute;e] S&iacute;, s&iacute; lo es. No me gusta la literatura comprometida, no me gusta el arte comprometido. Cuando voy a una galer&iacute;a y me gusta un cuadro, me da igual qui&eacute;n lo haya pintado. Quiero decir, si lo s&eacute; de antemano y es una mala persona, eso empezar&aacute; a jugar en mi contra, a alterar mi punto de vista. Y eso me molesta. Debo mejorar esas reacciones.</p>
<p>- Usted acaba de aludir a que la literatura la hacen las obras, no los autores.</p>
<p>- S&iacute;, cuando veo una pel&iacute;cula y s&eacute; que el cineasta apoya los totalitarismos, empiezo a buscar fallos&hellip; y compruebo que no los hay [r&iacute;e]. La persona es el fallo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La santa madre es una especie de instituci&oacute;n, es intocable&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los que utilizan la psicolog&iacute;a para analizar los libros, o quienes poseen una visi&oacute;n pedagogicista del asunto buscan razones biogr&aacute;ficas que justifiquen las obras, por eso han intentado tantas veces psicoanalizar a Kafka. Todo aquello de que era un hombre triste. Pero &eacute;l iba con Robert Walser a los bares y se carcajeaban. Otra tentaci&oacute;n es Emily Dickinson. &iquest;Usted est&aacute; prevenida de ese tipo de lecturas a partir de sus libros? Por ejemplo, si habla de familias rotas usted podr&aacute; tendr&aacute; que venir de una disfuncional; y si no lo hace, habr&aacute; conflictos oscuros&hellip;</p>
<p>- Esto que usted dice es muy interesante. El primer libro me dio problemas de ese tipo. Sali&oacute; editado en Moldova, un pa&iacute;s patriarcal-matriarcal. No est&aacute; bien visto hablar de la familia y no digamos de la madre. Es un poco como en Espa&ntilde;a, me da la impresi&oacute;n. La santa madre es una especie de instituci&oacute;n, es intocable. As&iacute; que, despu&eacute;s de salir <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>, por supuesto, fueron a por la m&iacute;a biol&oacute;gica. A ver por qu&eacute; hab&iacute;a escrito yo eso, si ella hab&iacute;a sido un monstruo. Yo estaba fuera, pero mi madre sufri&oacute; por culpa de mi libro.</p>
<p>- Por culpa de esos ex&eacute;getas.</p>
<p>- El motor fue mi libro.</p>
<p>- A veces creo que los educadores no deber&iacute;an leer.</p>
<p>- Igual [concede una risa p&iacute;cara y regresa a la seriedad] El caso es que habl&eacute; con ella: &ldquo;Mam&aacute;, &iquest;crees que he escrito eso sobre ti?&rdquo;. &ldquo;No, no, por supuesto que lo entiendo, s&eacute; c&oacute;mo somos, pero no ha sido f&aacute;cil para m&iacute;. La gente me preguntaba y yo ten&iacute;a que sonre&iacute;r: &lsquo;&iquest;Qu&eacute; quieres decir? Ella es una escritora, no es un libro autobiogr&aacute;fico&rsquo;&rdquo;. Mi madre reaccion&oacute; de forma madura. Entonces empez&oacute; a pasarme a m&iacute;. No hay pa&iacute;s en el que no me hayan preguntado cu&aacute;nto de mi vida hay en el libro. Es un riesgo a tomar como escritor. Si no lo hubiera asumido, nunca habr&iacute;a publicado.</p>
<p>- Un escritor debe escribir.</p>
<p>- Puedes escribir y guardarlo en casa. Yo lo quise publicar&hellip; [hace una pausa] porque ingenuamente sent&iacute; que podr&iacute;a educar en alg&uacute;n sentido.</p>
<p>- Cay&oacute; en la trampa.</p>
<p>- S&iacute;, me vino la cosa pedag&oacute;gica de la que usted habla. Pens&eacute; que podr&iacute;a contribuir a modificar la mentalidad de ciertas personas: un adolescente puede odiar a su madre abiertamente y, al final, ser capaz de amarla. Buscaba que la gente hablase de ese fen&oacute;meno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En varios encuentros con lectores ha habido personas que han acabado llorando tras el coloquio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Obtuvo alguna reacci&oacute;n as&iacute;?</p>
<p>- Pues en varios encuentros con lectores ha habido personas que han acabado llorando tras el coloquio: &ldquo;Este libro lo cambi&oacute; todo: odiaba a mi madre, habl&eacute; las cosas y estamos mejor&hellip; o no estamos mejor, pero al menos dije cosas que quer&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>- Luego no sirvi&oacute;.</p>
<p>- [se encoge de hombros y libera una afirmaci&oacute;n] La cuesti&oacute;n es que no s&eacute; si entre ese tipo de lectores, incluso, algunos piensan que es mi infancia. Es algo que no cesa. Cuando publiqu&eacute; el segundo, me preguntaron si yo era la ni&ntilde;a que sal&iacute;a. Era mi escuela, pero no era necesariamente mi infancia. Crec&iacute; en ese patio, pero no cog&iacute;a botellas. Esa ni&ntilde;a fue violada, yo no. Lo cierto es que eres algunas de las cosas que vuelcas al papel.</p>
<p>- Pero no las obvias.</p>
<p>- Esas nos las pondr&iacute;as. En cualquier caso, llega un punto en que te dejan de molestar las preguntas. Ser escritor significa atender a todo lo que se cruza por tu vida.</p>
<p>- Tomar nota de todo.</p>
<p>- S&iacute;. No importa sobre qu&eacute; escriba, se basar&aacute; en lo que conozco. La comida tendr&aacute; mi gusto, las flores oler&aacute;n como yo las huelo&hellip; ser&eacute; o estar&eacute; yo en todo lo que vaya abordando porque, por supuesto, es mi escritura. Las interpretaciones son una carga para el escritor, pero, al mismo tiempo, siento que hay gente que me conoce por haber le&iacute;do mis libros. A veces, tras un encuentro literario, las personas que asisten es como si se conocieran entre ellas desde hace tiempo. Eso es porque han le&iacute;do lo mismo y tal vez se han sentido de una manera parecida. No creo que haya una respuesta a la pregunta de si el autor est&aacute; o no en el libro.</p>
<p>- Lo que podemos deducir es que nunca ha escrito prosa completamente ficcional.</p>
<p>- Nada de lo que he escrito es completamente ficci&oacute;n. Todo ha tenido algo de m&iacute;.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Son el arte y la literatura lo m&aacute;s importante para usted?</p>
<p>- No, son mis hijos</p>
<p>- &iquest;La segunda cosa?</p>
<p>- La literatura no tiene un hueco en mi vida, pero est&aacute; en todas partes. Cuando escribo y me gusta lo que escribo todo se vuelve mejor en mi vida. Cuando no escribo me siento miserable, afecta a mi d&iacute;a a d&iacute;a. Ser incapaz de escribir me frustra y me hace infeliz. Por otra parte, si no escribiese m&aacute;s no pasar&iacute;a nada.</p>
<p>- &iquest;Llega a ser una sensaci&oacute;n f&iacute;sica?</p>
<p>- [piensa] No creo que mi vida consista s&oacute;lo en escribir, pero estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el temor a no hacerlo me ha hecho sentir mal incluso f&iacute;sicamente. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no puedo escribir lo que quiero?&rdquo;. He sido infeliz al costarme sacar adelante mi libro. Eso significa que, incluso aunque no lo admita, escribir est&aacute; en todo lo que hago, estoy adherida a ello. &iquest;Esto es bueno? No creo. Era m&aacute;s feliz cuando no escrib&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser escritor no es una ocupaci&oacute;n, forma parte de tu vida&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Una conclusi&oacute;n fant&aacute;stica [bromeo].</p>
<p>- [sonr&iacute;e muy levemente] Cuando era periodista todo estaba claro: ten&iacute;a un trabajo, terminaba mi jornada y me iba a casa. Hab&iacute;a hijos y una vida <em>normal</em>&hellip; Escribir me ha afectado. Ser escritor significa estar ah&iacute;, en la escritura, todo el rato. Deja de ser una ocupaci&oacute;n, forma parte de tu vida. Cuando grito a mis hijos o estoy enfadada con mi marido, me dicen: &ldquo;Anda, vete un rato a escribir&rdquo;. Es una forma de quitarme de en medio, pero viene decir que el que forme parte de m&iacute; y me afecte en todas las facetas est&aacute; claro incluso para ellos. Hay algo en m&iacute; que ya est&aacute; vinculado al proceso de vivir en un libro, no s&oacute;lo con mi familia.</p>
<p>- Pertenece a los autores que encuentran en el lenguaje una limitaci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. Hablo algunos idiomas, muchos mal. Como mejor escribo es en rumano. Puedo traducir y escribir directamente en ruso, pero el resultado no es igual de bueno. Y el ingl&eacute;s es un idioma de trabajo: periodismo, presentaciones, entrevistas&hellip; [r&iacute;e]</p>
<p>- Althusser dec&iacute;a que la filosof&iacute;a se pensaba con met&aacute;foras, &iquest;en la novela se piensa mediante comparaciones?</p>
<p>-[asiente] Mmm, en la primera especialmente, dios m&iacute;o&hellip; Estoy un poco avergonzada: mi hijo tiene casi 14 a&ntilde;os y ha empezado a leer <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>. Al cabo de un par de p&aacute;ginas, me vino: &ldquo;Hay muchas met&aacute;foras&rdquo;, y pens&eacute;: &ldquo;Oh, debe de haber demasiadas&rdquo;. Y, s&iacute;, hay demasiadas. No lo hice a prop&oacute;sito. Espero que eso le d&eacute; encanto. Me limit&eacute; a escribir, ni siquiera revis&eacute; el texto.</p>
<p>- &iquest;En serio?</p>
<p>- Lo le&iacute; una vez publicado. S&iacute; que hubiese quitado algunas, pero al mismo tiempo, es un tipo de escritura imperfecta que surge de la ira, de la violencia&hellip; as&iacute; que esas met&aacute;foras, aunque interferencias probablemente pat&eacute;ticas, hacen del libro un libro aut&eacute;ntico, y esa es la raz&oacute;n, supongo, por la que mucha gente joven lo encontr&oacute; cercano. La gente joven piensa as&iacute;, tiende a compararlo todo [r&iacute;e]. Ya no escribo como en ese libro. Aunque algunas met&aacute;foras me encantan.</p>
<p>- En el segundo, &iquest;guio m&aacute;s la escritura?</p>
<p>- Fui m&aacute;s consciente de que era un libro que iba a ser publicado. En el primero, para ser sincera, no estaba segura. Surgi&oacute; muy r&aacute;pido, no estaba muy pensado.</p>
<p>- De todas formas, la comparaci&oacute;n es algo caracter&iacute;stico de la novela. Le cito un par de las suyas: &ldquo;Hab&iacute;a perdido a lo tonto, como en un juego de azar&rdquo;; &ldquo;deslumbrantemente blanca como si se hubiera roto un televisor&rdquo;.</p>
<p>- Ahora ser&iacute;a m&aacute;s cuidadosa con esas comparaciones, pero no voy a reescribir el libro. De alguna forma, es mi alocado libro; de otra, ha dejado de ser m&iacute;o porque mi voz ahora es muy distinta. Esas met&aacute;foras y comparaciones son propias de adolescente. As&iacute; es como hablan los enfermos, los artistas y, eso, los adolescentes [sonora carcajada].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustan los libros que mantienen la intriga por la escritura, no por las historias&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sus novelas tienen un fondo oscuro, eso es verdad. &iquest;Le gusta la literatura sure&ntilde;a, McCullers, Faulkner, O&rsquo;Connor&hellip;?</p>
<p>- No creo que esa sea la literatura m&aacute;s oscura. No creo que la literatura americana sea la m&aacute;s dram&aacute;tica. Hace tiempo me preguntaban si hab&iacute;a le&iacute;do a Agota Kristof, si hab&iacute;a le&iacute;do <em>La naranja mec&aacute;nica</em>. Me gustan los libros que mantienen la intriga por la escritura, no por las historias. Por c&oacute;mo est&aacute;n escritos. Cuando abro un libro y digo: &ldquo;Guao, es muy bueno, qu&eacute; frases tan atinadas&rdquo;. Como lectora, tambi&eacute;n aprecio el humor. Leo muchas cosas. Y algunos libros no los termino. Cuando era joven me ense&ntilde;aron que hab&iacute;a que terminar cada libro que empiezas. Ahora s&eacute; que eso no es cierto [r&iacute;e]. Si un libro no me interesa en m&aacute;s de un perfil, lo desecho. &iquest;Para qu&eacute; continuar? Me gusta la nueva prosa latinoamericana, femenina especialmente. Estoy interesada en las voces de las mujeres porque creo que han permanecido calladas mucho tiempo, pero trato de leer de todo.</p>
<p>- Su proceso creativo. &iquest;C&oacute;mo le llega la idea?, &iquest;c&oacute;mo la va construyendo? Contrasta su precocidad en los art&iacute;culos period&iacute;sticos, empieza a firmar con s&oacute;lo 17 a&ntilde;os, y lo que tarda, desde ese momento, en sacar la primera novela: diez a&ntilde;os.</p>
<p>- Echo en falta la disciplina que ten&iacute;a cuando era periodista. Ahora soy demasiado permisiva conmigo. Empiezo a escribir e intento formular frases perfectas, p&aacute;rrafos perfectos, y eso no es bueno porque, entonces, te centras en escribir muy bien todo el rato y la emoci&oacute;n desaparece. Escrib&iacute; dos cap&iacute;tulos este verano a los que volv&iacute; demasiadas veces y, al final, dejaron de parecerme interesantes. Y cuando empec&eacute; a escribirlos pens&eacute; que eran muy buenos. Creo que los revis&eacute; demasiadas veces. Pulir es normal. Mi problema es que a veces intento hacerlo demasiado y termino rompi&eacute;ndolo todo [carcajada].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo escritor sabe cu&aacute;l es una buena p&aacute;gina y cu&aacute;l no. No necesitas un editor para eso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Lo pasa bien escribiendo? Hay gente que dice que sufre</p>
<p>- Al empezar a escribir algo intento estar inspirada o molesta o feliz o alegre. Si estoy triste o he vivido una tragedia&hellip; no cojo el ordenador. En esos momentos lo que me hace infeliz es lo que precisa mi atenci&oacute;n. Si uno de mis hijos est&aacute; enfermo, tampoco escribo, quiero que se recupere. Siento ser tan aburrida. Probablemente un artista real explotar&iacute;a ese sentimiento.</p>
<p>-Yo a veces me he re&iacute;do ley&eacute;ndola, he pensado &lsquo;qu&eacute; ocurrencia&rsquo;. Ese humor, &iquest;lo aprecia usted al escribir? &iquest;En alg&uacute;n momento se r&iacute;e?</p>
<p>- Cuando escribo es como cuando estoy cocinando. Es como pelar patatas. Un trabajo. Necesito estar c&oacute;moda. Si no, empiezo a distraerme. Mi mente debe estar enfocada. El hecho de poderme sentar significa que el resto de tareas est&aacute; hecho. &Uacute;ltimamente no he encontrado muchos momentos adecuados. Y soy feliz cuando hago jardiner&iacute;a, no cuando escribo. En esta s&oacute;lo obtengo contento cuando consigo lo que quiero. Todo escritor sabe cu&aacute;l es una buena p&aacute;gina y cu&aacute;l no. No necesitas un editor para eso. A veces s&eacute; que he producido basura y he malgastado el tiempo en algo no va a estar en el libro.</p>
<p>- Quiz&aacute; como ejercicio...</p>
<p>- No puedo decir que sea una persona radiante. Algunos escritores se visten bien antes de escribir, o toman chocolate, o eligen un sitio bonito. Yo no. Puedo hacerlo en la cocina, s&oacute;lo debo tener la mente enfocada. A veces, en la cama me viene una idea, y pienso: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago?: &iquest;me despierto?, &iquest;cojo el ordenador?&rdquo;. Y me niego.</p>
<p>- &iquest;Al d&iacute;a siguiente la recuerda?</p>
<p>- Nunca [sonr&iacute;e]. S&eacute; que deber&iacute;a levantarme y ser disciplinada. Los escritores tienen que trabajar en su obra todo el tiempo, se trata de atender constantemente al detalle, y a los fallos. Y yo no lo hago.</p>
<p>- Lo dice como si no se considerase demasiado escritora.</p>
<p>- Me veo con los pies muy en la tierra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No me tengo que esconder para decir lo que quiero&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Cervantes, en <em>El Quijote</em>, us&oacute; la locura del personaje para decir cosas inc&oacute;modas. &iquest;Usted se ha servido de ese ardid para poner problemas sobre la mesa?</p>
<p>- No. No me tengo que esconder para decir lo que quiero. Creo que eso ocurri&oacute; en mi primera novela, utilizando una voz de chico. No s&eacute; por qu&eacute; lo hice. En cierto sentido, me ayud&oacute; a decir bastantes cosas que probablemente, de haber usado mi voz femenina en aquella edad y en aquel punto de mi vida, no habr&iacute;a podido. El libro que estoy escribiendo tiene la voz de una mujer de mi edad. Est&aacute; siendo muy org&aacute;nico. Por supuesto, siempre puedes poner lo que t&uacute; quieras en tus personajes. Si est&aacute;s escribiendo un libro significa que est&aacute;s contando algo que quieres a trav&eacute;s de voces de otra gente. &iquest;Por qu&eacute; esconderlo m&aacute;s? Escribir un libro significa hablar en voz alta para mucha gente. No tengo que inventar un personaje para decir nada. Y si le digo la verdad, todav&iacute;a no he utilizado gente loca. He utilizado gente infeliz y gente enferma, que es un poco distinto. Pero &iquest;qu&eacute; es la locura? No lo s&eacute;, todos estamos un poco locos.</p>
<p>- En <em>El jard&iacute;n de vidrio</em>, &iquest;la mujer que adopta a la ni&ntilde;a del orfanato y le pide que hable ruso, y que se demuestra autoritaria a la par que a veces caritativa, es un trasunto de Rusia?</p>
<p>- No pens&eacute; en eso cuando estaba escribiendo el libro, pero no es una tonter&iacute;a: lo ha pensado m&aacute;s gente. Dir&iacute;a que el libro entero, la vida de ese personaje, Lastotchka, es la vida de mi pa&iacute;s. &Eacute;l es tambi&eacute;n, de cierto modo, adoptado. Moldova fue parte de Rumania, de Rusia, de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, siempre hu&eacute;rfana, explotada, no muy querida. As&iacute; es mi pa&iacute;s. Pero mientras lo escrib&iacute;a no quer&iacute;a hacer que la vieja Tamara Pavlovna fuese malvada. Para ser sincera, es una mujer muy t&iacute;pica de esa &eacute;poca. Muchos padres eran as&iacute;, no necesariamente los adoptivos.</p>
<p>-Fue una &eacute;poca cruel sobre todo desde la perspectiva actual.</p>
<p>- Nosotros, de ni&ntilde;os, no lo sent&iacute;amos as&iacute;. Un ni&ntilde;o s&oacute;lo es infeliz si le ocurre algo especialmente malo. Si todo el mundo come helados y t&uacute; comes patatas, entonces eres infeliz. En cambio, si todo el mundo est&aacute; comiendo patatas, no lo eres porque te ves como los dem&aacute;s.</p>
<p>- Se ha dicho que, incluso en las guerras, los ni&ntilde;os no lo pasan tan mal. Se adaptan y juegan con tubos de escape.</p>
<p>- Cuando eres peque&ntilde;o tienes el poder magn&iacute;fico de no ver lo malo, por cerca que est&eacute;. Muchos ni&ntilde;os tuvieron la misma vida que esta ni&ntilde;a, Lastotchka. As&iacute; era la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, no hab&iacute;a demasiada supervisi&oacute;n parental, trabaj&aacute;bamos desde que &eacute;ramos peque&ntilde;os. Yo crec&iacute; en la capital, pero la gente del campo trabajaba criando animales, cocinando&hellip; Las ni&ntilde;as de 8 y 9 a&ntilde;os cocinaban, y yo ni siquiera cocino ahora. As&iacute; que la infelicidad del libro no surge de la explotaci&oacute;n, sino de saberse abandonada. Eso se dio en Moldova todos aquellos a&ntilde;os, y Moldova no era necesariamente pobre. En la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica ten&iacute;amos m&aacute;s o menos comida, no fue como en Ruman&iacute;a, con d&eacute;ficit de todo. Nuestro problema era que no sab&iacute;amos cu&aacute;l era nuestro idioma, o quienes &eacute;ramos, o nuestra identidad. As&iacute; que creo que Tamara Pavlovna puede ser una met&aacute;fora de Rusia, pero al mismo tiempo puede no serlo: puede ser s&oacute;lo una mujer que adopt&oacute; una ni&ntilde;a porque necesitaba mano de obra, puede que la amara y la explotara en su beneficio... Y la ni&ntilde;a, cuando creci&oacute;, tampoco fue una persona amable. No dijo: &ldquo;Est&aacute; bien, fui adoptada, voy a ser buena con todo el mundo&rdquo;. No. Es c&iacute;nica como la &eacute;poca en que vivi&oacute;.</p>
<p>- Moldavia, para la gente&hellip;</p>
<p>- Moldova, no diga Moldavia. Moldavia es el nombre ruso, ponga Moldova por escrito.</p>
<p>- &iquest;Moldavia es el nombre ruso?</p>
<p>- Nadie lo sabe, por eso lo digo.</p>
<p>- Moldova, pues. La gente ubica Ruman&iacute;a, no Moldova. He le&iacute;do que un 40 por ciento de las poblaciones de Moldova y de Ruman&iacute;a es favorable a la uni&oacute;n de ambos pa&iacute;ses, pero tambi&eacute;n que en 2006 se dio un refer&eacute;ndum, no s&eacute; si limpio, en el que el 97 por ciento se mostr&oacute; partidario de la anexi&oacute;n a Rusia. &iquest;Cu&aacute;l es la realidad y c&oacute;mo se relaciona usted con Moldova, ya que vive fuera? Y en tercer lugar: usted escribe en rumano: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre Moldova y Ruman&iacute;a?</p>
<p>- Nunca el cien por cien ha querido volver a anexionarse a Ruman&iacute;a, pero siempre ha sido m&aacute;s del 50. No s&oacute;lo hay etnias rumanas en Moldova: hay rusos, gaga&uacute;zos, ucranianos&hellip; que ahora est&aacute;n hablando de &ldquo;la pureza&rdquo;. Siempre ha existido gente que piensa que Rusia nos puede proveer de puestos de trabajo. Ahora, con la guerra en Ucrania, la postura es distinta. En este momento, querer estar con Ruman&iacute;a significa querer estar en la Uni&oacute;n Europea. Una forma de preservar la independencia. Y querer estar con Rusia no significa lo mismo que hace tres a&ntilde;os. Me barrunto que, incluso aquellos que no quer&iacute;an unirse a Ruman&iacute;a, dir&iacute;an hoy no a Rusia. Moldova siempre ha necesitado que alguien le diga qu&eacute; hacer. En el presente es obvio que la sensaci&oacute;n mayoritaria es de acercamiento a Ruman&iacute;a y a la UE, reconociendo fuerzas pol&iacute;ticas ligadas a Rusia. No lo veo normal, pero existe. Lo puedo entender como un inter&eacute;s econ&oacute;mico&hellip; y porque a mucha gente no le gusta nuestro gobierno actual, aunque al fin, despu&eacute;s de mucho tiempo, es democr&aacute;tico. En pa&iacute;ses as&iacute;, las cosas cambian r&aacute;pido. Moldova no tiene poder, no tiene protecci&oacute;n. Ahora la meta es la paz. Si la guerra termina, podremos reanudar el debate, ahora no creo que haya mucho deseo de volver a Rusia, es la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Europa es un sentimiento, no un lugar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; significa para usted Europa Central?</p>
<p>- He vivido en Europa durante muchos a&ntilde;os y creo que desde que estoy aqu&iacute;, y llevo casi cuarenta en Francia, incluso la Europa que conoc&iacute; ha cambiado. Ahora no hablamos de Europa como geograf&iacute;a. Europa son valores democr&aacute;ticos, una sensaci&oacute;n de tolerancia. Donde vivo, tengo vecinos franceses, espa&ntilde;oles, italianos&hellip; que no se preguntan la nacionalidad. Para m&iacute; Europa es un sentimiento, no un lugar.</p>
<p>- Cita la tolerancia y la democracia. En su primer libro de cuentos, que no est&aacute; en espa&ntilde;ol y no he le&iacute;do, habla de la inmigraci&oacute;n. Este fen&oacute;meno est&aacute; sacudiendo el continente, vinculado especialmente al origen isl&aacute;mico. &iquest;Cree posible la asimilaci&oacute;n?</p>
<p>- La asimilaci&oacute;n no tiene que venir del pa&iacute;s que acoge a los inmigrantes. La asimilaci&oacute;n tiene que venir de la persona que llega al pa&iacute;s. Si voy a Francia, debo estar preparada para respetar la ley francesa y pagar sus impuestos. Debo hablar franc&eacute;s y ser lo m&aacute;s francesa que pueda.</p>
<p>- El pensamiento l&iacute;quido actual pasa por <em>respetar las diferencias.</em></p>
<p>- A ver, usted debe ser lo m&aacute;s franc&eacute;s que pueda, al menos, en la vida p&uacute;blica. En casa, si no hace da&ntilde;o a nadie, me da igual. Eso Europa te lo permite. Soy cristiana ortodoxa, celebro la Pascua cat&oacute;lica, esa es mi festividad. Y nunca nadie me ha dicho: &ldquo;No vayas a la iglesia, no hagas esto o aquello&rdquo;. Creo que hay diferentes tipos de migraciones. Quienes huyen de la guerra quiz&aacute; no quieren necesariamente estar aqu&iacute;, pero terminan aqu&iacute;. Puede ser dif&iacute;cil para ellos. Pero si una persona elige venir a Europa debe firmar ese contrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es una elecci&oacute;n muy subjetiva que te gusten mucho los libros de alguien a quien tienes que perdonar como persona&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En sus dos novelas hay problemas paternofiliales y en esta misma conversaci&oacute;n ha mencionado m&aacute;s de una vez a sus hijos. Alice Munro, seg&uacute;n hemos le&iacute;do, conoc&iacute;a que su marido abus&oacute; durante a&ntilde;os de su hija. Ella lo ocult&oacute; y sigui&oacute; con &eacute;l. Fallecida la novelista, la hija ha revelado los hechos de manera impactante. Algunos lectores se han visto afectados -&ldquo;Ahora no puedo leer a Munro&rdquo;-. Pero los libros son los mismos. Este tema sali&oacute; antes. A modo de cierre, se lo reformulo: &iquest;una cosa son los libros y el autor literario, y otra la persona y su vida privada?</p>
<p>- Hace dos a&ntilde;os habr&iacute;a dicho que s&iacute; al cien por cien. Yo separaba al escritor, al pintor y al director de cine. No estoy segura ahora. Mentir&iacute;a si dijese que veo a algunos escritores con los mismos ojos que antes. Esta guerra me ha afectado. Es nuestra. Lo ideal ser&iacute;a que s&oacute;lo hubiera buenas personas y buenos escritores y buenos artistas, pero la vida no es as&iacute;. Es una elecci&oacute;n muy subjetiva que te gusten mucho los libros de alguien a quien tienes que perdonar como persona. A la gente que dice que no volver&aacute; a leer a Alice Munro probablemente yo no pueda convencerla de que lo haga. Esa historia me horroriz&oacute; y me llev&oacute; a pensar, ya que escribo sobre madres e hijos todo el rato, tiene raz&oacute;n, en las elecciones vitales tan distintas que puede asumir una mujer. A veces el amor es lo primero, a veces los hijos, a veces lo tu arte. Es cuesti&oacute;n de cada uno. Ella es una gran artista, una gran escritora. Yo no hubiera acometido esa elecci&oacute;n, pero quiz&aacute; tampoco soy tan buena escritora. Es una tristeza, pero ella s&iacute; sigue siendo una gran escritora.</p>
<p>Le quedan pocos d&iacute;as de descanso, lamenta haber invertido sus vacaciones en trabajar. En breve va a Moldova. All&iacute; han montado, para el Teatro Nacional, un espect&aacute;culo sobre <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>. Se pone en pie: &ldquo;Seguimos en contacto. Ahora voy con mis hijos&rdquo;. Si pudiera, Tatiana Tibulaec se teletransportar&iacute;a. Pero sus ojos se anclan en la cubierta de <em>El jard&iacute;n de vidrio</em>. Desvela que los ni&ntilde;os que salen le recuerdan a los suyos. &ldquo;Es una locura, pero ella se parece mucho a mi hija y &eacute;l se parece mucho a mi hijo&rdquo;. No fue buscado. Una casualidad. Los dos sonre&iacute;mos pensando que, de alguna manera, durante la entrevista han seguido junto a ella.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 04:56:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una trinchera de lucidez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-trinchera-de-lucidez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_MANUEL_BARRADO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>Los caballos azules</em>, Juan Manuel Barrado &mdash;poeta extreme&ntilde;o que ha hecho de la frontera entre filosof&iacute;a y lenguaje una trinchera de lucidez&mdash; entrega un libro que, m&aacute;s que leerse, se atraviesa. Publicado por Ediciones Trea en febrero de 2025, este poemario no solo contin&uacute;a la senda de una obra profundamente personal y cr&iacute;tica, sino que despliega una intensidad verbal que roza, por momentos, la revelaci&oacute;n ontol&oacute;gica.&nbsp;</p>
<p>Este poemario dialoga con una tradici&oacute;n que une lo espiritual, lo po&eacute;tico y lo pol&iacute;tico. Lo hace sin solemnidad, pero con una gravedad tranquila que invita al recogimiento. El t&iacute;tulo, tomado del c&eacute;lebre cuadro de Franz Marc &ldquo;Los grandes caballos azules&rdquo;, que ilustra la cubierta, remite a una imagen poderosa y abierta: los caballos azules, criaturas de lo on&iacute;rico, lo ancestral, lo libre. Algo ind&oacute;mito y bello que irrumpe en el lenguaje y desestabiliza lo previsible.&nbsp;</p>
<p>Desde el inicio, la obra declara su programa: &ldquo;Algo que brilla ante nosotros como existente. / Una forma inestable de verdad. / Quiz&aacute; la ontolog&iacute;a de la uva en el espacio entre dos n&uacute;meros&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n &mdash;incluida en el primer texto del libro&mdash; establece el tono y el m&eacute;todo: una b&uacute;squeda fragmentaria, entre lo visible y lo inasible, que remite tanto a la conciencia fracturada del presente como al asombro frente a lo m&aacute;s nimio. La poes&iacute;a de Barrado propone as&iacute; una especie de metaf&iacute;sica del fragmento, en la que cada imagen, cada secuencia, parece funcionar como una unidad de sentido independiente, aunque encadenada al resto por una l&oacute;gica interna de extra&ntilde;amiento.&nbsp;</p>
<p>Los poemas, breves en general pero muy intensos, muy concentrados y enigm&aacute;ticos, nos conducen a trav&eacute;s de paisajes interiores donde lo natural y lo humano se funden. Hay en ellos una contenci&oacute;n que no oculta la emoci&oacute;n, una mirada limpia que busca lo esencial sin caer en lo f&aacute;cil. Se trata de una poes&iacute;a que reh&uacute;ye el efectismo y se entrega a lo esencial: la pregunta, el silencio, la perplejidad.&nbsp;</p>
<p><em>Los caballos azules</em> es un libro para leer despacio, para releer, y donde muchas veces las respuestas del poema solo las podemos encontrar fuera de &eacute;l, en lo no dicho, en lo silenciado, en lo intuido. Esa dimensi&oacute;n abierta convierte al lector en c&oacute;mplice, en int&eacute;rprete, en testigo de una experiencia que no se agota en la lectura, sino que persiste como una vibraci&oacute;n sutil.&nbsp;</p>
<p>Junto a esa introspecci&oacute;n, hay en el libro un impulso igualmente pol&iacute;tico, que analiza con iron&iacute;a, desencanto y lucidez las estructuras sociales, culturales e ideol&oacute;gicas de nuestro tiempo. Una de las prosas po&eacute;ticas del final del libro poema es especialmente reveladora; la voz po&eacute;tica observa el espectro pol&iacute;tico espa&ntilde;ol desde una posici&oacute;n equidistante pero no neutral: &ldquo;Observo la posici&oacute;n dial&eacute;ctica de la Izquierda, la <em>gauche divine</em>, que defiende el sacramento de la libertad como un rito contra una administraci&oacute;n monol&iacute;tica... Pero observo no menos la posici&oacute;n dial&eacute;ctica de la Derecha, cuya existencia se sustenta en la monarqu&iacute;a. &iquest;Y la clase obrera? &iquest;Ha heredado alguna finca r&uacute;stica?&rdquo;. Aqu&iacute;, Barrado se mueve entre el humor &aacute;cido y el pensamiento inc&oacute;modo. En lugar de ofrecer soluciones o dogmas, el poema se constituye como una interrogaci&oacute;n que desarma las certidumbres heredadas. La poes&iacute;a se vuelve entonces un lugar de resistencia, no en el sentido panfletario, sino como espacio de disidencia est&eacute;tica y moral.&nbsp;</p>
<p>A lo largo del libro, el autor despliega un imaginario cultural amplio, cosmopolita y profundamente referencial. Poetas, fil&oacute;sofos, pintores y pensadores habitan sus p&aacute;ginas. Sylvia Plath aparece de pronto, interpelada desde una especie de realismo m&aacute;gico mesetario: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n te lleva tequila y chicharrones, Sylvia Plath?&rdquo;. Este tipo de im&aacute;genes, que podr&iacute;an parecer en principio anecd&oacute;ticas o irreverentes, tienen una funci&oacute;n clave: insertan lo sublime en lo cotidiano, lo universal en lo dom&eacute;stico, rompiendo con la jerarqu&iacute;a de los discursos y abriendo paso a una po&eacute;tica m&aacute;s libre, m&aacute;s h&iacute;brida, m&aacute;s cercana a lo que Mar&iacute;a Zambrano llam&oacute; &ldquo;raz&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, <em>Los caballos azules</em> es un libro poderoso, concentrado y profundo. Un libro que no da respuestas f&aacute;ciles, pero que formula las preguntas adecuadas. Que no teme a lo oscuro, ni a lo inexacto, ni al silencio. Y que, por ello, permanece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Manuel Barrado, <em>Los caballos azules</em>, Asturias, Trea, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 May 2025 12:05:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sonata y fuga de vela]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sonata-y-fuga-de-vela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARTA_VELA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Quasi una fantasia&rdquo;. Porque ese deber&iacute;a ser el subt&iacute;tulo de esta rese&ntilde;a y de la misma <em>opera</em>, que ha compuesto Marta Vela. Qui&eacute;n podr&iacute;a decirme hace apenas unos d&iacute;as, cuando me ocuparon el <em>tempo</em> en esta tarea, que iba verme <em>sostenido</em> en los artes que marcan el todo: la literatura y la m&uacute;sica. M&aacute;s a&uacute;n, que iba a ver <em>ligadas </em>la delicia de la literatura de Gald&oacute;s y la poderosa m&uacute;sica de Beethoven, en un mismo <em>comp&aacute;s</em>. Desde luego, el t&eacute;rmino con el que se debe comenzar a definir esta partitura es la originalidad. Marta Vela nos entrega una partitura repleta, en cuya <em>armadura</em> se erigen dos tonos &uacute;nicos. La articulaci&oacute;n de este pentagrama singular viene dada por una extraordinaria recopilaci&oacute;n de fuentes, en cuya <em>tonalidad</em> es capaz de equilibrar los fragmentos extra&iacute;dos de las novelas de Gald&oacute;s con su misma relaci&oacute;n epistolar y personal, conjuntamente a las partituras de Beethoven. Y en este <em>allegro</em>se marca una din&aacute;mica de apreciar la importancia que en la &eacute;poca de Gald&oacute;s ten&iacute;a la m&uacute;sica dentro de la literatura y, por supuesto, en sus vidas diarias. No existe un <em>silencio</em>, ni siquiera premeditado: todo se encuentra envuelto dentro de un lenguaje musical&hellip; No perdamos de vista esta <em>corchea</em>: lenguaje musical. Dos t&eacute;rminos, dos artes, trabados por una <em>cadencia</em> predestinada. Bajo este patr&oacute;n, Marta Vela encuentra su signo y sino.</p>
<p>La m&uacute;sica discurre por la obra de Gald&oacute;s, en un <em>adagio sostenuto</em> que compone cada escena literaria, la trama entera o sencillamente queda integrada de forma natural en la escritura misma del autor canario. Es cierto que, en esta panoplia de fragmentos que re&uacute;ne Marta Vela, Gald&oacute;s se encuentra en una octava m&aacute;s elevada que Beethoven. Sin desmerecer el tiempo elegido, Vela arma una discordancia en esta paralela: Beethoven queda totalmente integrado en las incontables <em>notas</em> que recoge la autora de entre las novelas de Gald&oacute;s. Era evidente la pasi&oacute;n musical que ten&iacute;a, y la admiraci&oacute;n concreta por Beethoven; sin embargo, parece componerse un arreglo de su m&uacute;sica dentro de su literatura y no un verdadero equilibrio r&iacute;tmico. Es cierto que a partir del cap&iacute;tulo 5, titulado &ldquo;Fortunata y Jacinta: Rienzi, Claro de Luna y homenaje a Beethoven&rdquo;, se produce un <em>in crecendo </em>en la comparativa entre las obras de ambos artistas, que culmina, efectivamente, en un cap&iacute;tulo concreto de &ldquo;Vidas paralelas&rdquo;. Este &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, esta <em>coda</em>, encierra un lamento en re menor, como el m&aacute;s triste de los desenlaces para dos genios cuyo declive, o <em>decrecendo</em>, vino marcado por las <em>tesituras </em>de una sociedad que les castig&oacute; sin m&aacute;s <em>clave</em> que la de su propio ser. Tal vez este <em>himno</em>, aunque breve y cantado al final, sirva de fiel homenaje a estas dos figuras. Beethoven y Gald&oacute;s: dos hombres que fueron libres, dos seres excelsos que no necesitan espejos, ni p&uacute;lpito ni altavoz, sino sus propias voces, entremezcladas y aut&oacute;nomas, porque sus &oacute;peras son &uacute;nicas y solo en s&iacute; mismas pueden entenderse. Literatura y m&uacute;sica; la <em>armon&iacute;a</em> de las letras y el verbo del sonido. Una sinfon&iacute;a sin fin, que se compone <em>DA CAPO&hellip;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta Vela, <em>Beethoven y Gald&oacute;s. Vidas paralelas</em>, Madrid, Editorial Verbum, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 May 2025 11:53:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Finnegans wake” de James Joyce: poética del caosmos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/finnegans-wake-de-james-joyce-poetica-del-caosmos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAMES_JOYCE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>INTROITO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">&laquo;riverrun, past Eve and Adam's, from swerve of shore to bend of bay,</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs&raquo; (1.01)</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">As&iacute; empieza <em>Finnegans Wake</em>, probablemente el libro m&aacute;s extra&ntilde;o, rico, poli&eacute;drico y polif&oacute;nico de la literatura mundial, compuesto por James Joyce durante casi dos d&eacute;cadas y publicado el a&ntilde;o 1939. O quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s acertado decir: <em>estas son las l&iacute;neas que el lector halla en la primera p&aacute;gina de Finnegans Wake</em>, ya que el verbo <em>empezar</em> presupone demasiadas convenciones sobre estructura narrativa que, en este caso, carecen de sentido. Pues FW<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn1">[1]</a> no comienza propiamente, sino que contin&uacute;a &ndash;<em>in medio textus</em>&ndash; con ese &laquo;riverrun&raquo; o r&iacute;o errante que enlaza, como la serpiente que se muerde la cola, con la &uacute;ltima frase del libro, cerrando &ndash;y abriendo&ndash; el c&iacute;rculo de la lectura, de la historia, del mundo que encierran sus 628 p&aacute;ginas. Se trata, en sus propias palabras, de una &laquo;moodmoulded cyclewheeling history&raquo; (186.02)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn2">[2]</a>, como veremos m&aacute;s adelante con mayor detalle.</p>
<p class="Prrafodelista1">En este ensayo nos proponemos ofrecer algunas pinceladas, incursiones, muestras y recreaciones<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn3">[3]</a> de la po&eacute;tica que inspira FW, teniendo muy en cuenta que &laquo;el libro mismo es la po&eacute;tica continua de s&iacute; mismo&raquo; y que &laquo;un examen de la obra, de cualquier parte de la obra, nos ayudar&aacute; a aclarar la idea sobre la que esta se basa&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn4">[4]</a> Empecemos por dar algunas pistas y notas para el lector que se atreva a entrar en un libro de estas caracter&iacute;sticas.</p>
<p class="Prrafodelista1">Una vez sumergidos en el r&iacute;o de la lectura, lo primero que percibimos &ndash;a la deriva en la corriente de esta &laquo;fishy fable&raquo; (245.09)&ndash; es la tremenda densidad sem&aacute;ntica de cada p&aacute;rrafo, de cada frase caracolada, de cada palabra, incluso de cada letra; as&iacute; como de esa inquietante plasticidad verbal que llev&oacute; a Umberto Eco a declarar: &laquo;<em>Finnegans Wake</em> constituye el documento de inestabilidad formal y ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica m&aacute;s aterrador del que jam&aacute;s se haya tenido noticia&raquo;;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn5">[5]</a> un universo que no puede ser comprendido en un &uacute;nico acto mental, ni por el autor, ni por los lectores.</p>
<p class="Prrafodelista1">Y pronto nos hacemos varias preguntas: &iquest;se trata de un balbuceo desbordante, &laquo;overgrown babeling&raquo; (6.31)? En todo caso, ser&iacute;a m&aacute;s bien, como el mismo texto sugiere, un <em>babeluceo</em>, pues la aparente incomprensibilidad no proviene de una jerigonza sin sentido sino de una in&eacute;dita y arrolladora mixtura de lenguas (Torre de Babel), de una idioglosia compuesta por t&eacute;rminos de m&aacute;s de sesenta idiomas, adem&aacute;s de los distintos registros de lenguaje que, como descubrimos posteriormente, solo es posible descifrar si se desvela su ca&oacute;tico artificio, &laquo;their own fine artful disorder&raquo; (126.09), lo que aqu&iacute; llamamos <em>po&eacute;tica del caosmos</em>.</p>
<p class="Prrafodelista1">&iquest;O se trata m&aacute;s bien de una joya literaria de intrincad&iacute;sima confecci&oacute;n, radicalmente nueva y singular y, por lo tanto, dif&iacute;cil y sorprendente? Si el esforzado lector &ndash;<em>rara avis</em>&ndash; consigue terminar el libro, no le queda ya ninguna duda de que, en efecto, est&aacute; ante una obra maestra &uacute;nica y riqu&iacute;sima, una maravilla ensimismada, un fascinante elefante blanco de la literatura (&laquo;What a lubberly whide elephant for the men-in-the straits!&raquo;, 300. F04).</p>
<p class="Prrafodelista1">Para cerrar estas notas preliminares, apuntamos dos posibles aproximaciones a este laberinto verbal: la que podr&iacute;amos llamar <em>talm&uacute;dica</em> y la l&uacute;dica.</p>
<p class="Prrafodelista1">Seg&uacute;n la primera, el libro es una especie de grimorio codificado cuyos lectores, previa ardua iniciaci&oacute;n casi m&iacute;stica, deben descifrar &ndash;durante varios a&ntilde;os, lecturas de toda &iacute;ndole y numerosas relecturas&ndash; si quieren hallar <em>la perla escondida</em>, el <em>tesoro enterrado</em> que su complej&iacute;sima red de s&iacute;mbolos y correspondencias oculta. De esta visi&oacute;n hiper-exeg&eacute;tica se deriva la mir&iacute;ada de t&iacute;tulos de cr&iacute;tica interpretativa que ha generado, muchos de los cuales parecen, por su necesaria naturaleza taxonomista y enciclop&eacute;dica, las extensas bibliograf&iacute;as de teolog&iacute;a acumuladas a lo largo de los siglos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn6">[6]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Seg&uacute;n la otra, a pesar de la innegable intrincaci&oacute;n de su textura, es posible acercarse a la obra de un modo m&aacute;s ligero y diletante, y disfrutar en ella del humor intransferiblemente joyceano: de sus caricaturas esperp&eacute;nticas &ndash;&laquo;their gaiety pantheomime&raquo; (180.04)&ndash;, del juego de palabras incesante, de la profunda y omn&iacute;moda s&aacute;tira que transpira su panor&aacute;mico viaje por la Historia mundial (una pesadilla de la que quiere despertar, seg&uacute;n sus propias palabras). Esta aproximaci&oacute;n m&aacute;s l&uacute;dica estar&iacute;a en la l&iacute;nea de la que Vladimir Nabokov recomienda, en sus <em>Lectures on Don Quixote</em>, a los lectores del cl&aacute;sico cervantino, pues este se entendi&oacute; tambi&eacute;n a veces como una novela &eacute;pica muy compleja (historias dentro de historias) cuyo tono eminentemente humor&iacute;stico se perd&iacute;a en la interpretaci&oacute;n excesivamente solemne.</p>
<p class="Prrafodelista1">Cuando uno lee y relee el libro, sin embargo, pronto queda convencido de que la mejor aproximaci&oacute;n probablemente tiene que ser una tercera: la que re&uacute;ne ambas perspectivas y que podr&iacute;amos llamar, joyceanamente, <em>talml&uacute;dica</em>. Esto es, partir de que la intenci&oacute;n de Joyce, en el proceso de escribir FW, era en gran medida humor&iacute;stica &ndash;&laquo;I tell you no story. Smile!&raquo; (55.2)&ndash;, mas siendo conscientes, a la vez, de que el &oacute;ptimo disfrute de este texto suele alcanzarse despu&eacute;s de haber comprendido &ndash;desvelado&ndash; las numerosas capas de sentido que cubren las palabras, transfigur&aacute;ndolas: &laquo;Only is order othered&raquo; (613.14).</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>T&Iacute;TULO Y ESBOZO DE ARGUMENTO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;Lots of fun at Finnegan's Wake!&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">El t&iacute;tulo alude a una balada callejera irlandesa de mediados del siglo XIX, <em>Tim Finnegan's Wake</em>, en la que se narra la muerte y resurrecci&oacute;n par&oacute;dica de un irland&eacute;s aficionado a la bebida. Transcribimos algunas estrofas:</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p align="center">Tim Finnegan lived in Walkin Street, a gentle Irishman mighty odd</p>
<p align="center">He had a brogue both rich and sweet, an&rsquo; to rise in the world he carried a hod</p>
<p align="center">You see he&rsquo;d a sort of a tipplers way but the love for the liquor poor Tim was born</p>
<p align="center">To help him on his way each day, he&rsquo;d a drop of the craythur every morn. (&hellip;)</p>
<p align="center">One morning Tim got rather full, his head felt heavy which made him shake</p>
<p align="center">Fell from a ladder and he broke his skull, and they carried him home his corpse to wake(&hellip;)</p>
<p align="center">Mickey Maloney ducked his head when a bucket of whiskey flew at him</p>
<p align="center">It missed, and falling on the bed, the liquor scattered over Tim</p>
<p align="center">Bedad he revives, see how he rises, Timothy rising from the bed</p>
<p align="center">Saying &ldquo;Whittle your whiskey around like blazes, t&rsquo;underin&rsquo; Jaysus, do ye think I&rsquo;m dead?&rdquo;</p>
<p align="center">Whack fol the dah now dance to yer partner around the flure yer trotters shake</p>
<p align="center">Wasn&rsquo;t it the truth I told you? Lots of fun at Finnegan&rsquo;s Wake!</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Resumidamente: un obrero de la construcci&oacute;n, Tim Finnegan, bajo la influencia de la bebida, cae de una escalera y se rompe el cr&aacute;neo. Los amigos lo llevan a casa y lo tienden en la cama, alrededor de la cual se celebra el Velatorio. Pero entre el distendido comer, beber y danzar, se producen ri&ntilde;as y peleas: vuelan los vasos y las botellas. Una jarra de whisky va a parar sobre el cuerpo de Tim, que milagrosamente se despierta (resucita), diciendo: &laquo;Do you think I&rsquo;m dead?&raquo;. As&iacute; que <em>Wake</em> tiene dos significados, velatorio y despertar, y Joyce ha situado el juego de palabras &ndash;el recurso ret&oacute;rico m&aacute;s frecuente del libro&ndash; en el mismo t&iacute;tulo de su obra. Y, por otro lado, entendiendo Finn<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn7">[7]</a> como <em>fin</em>, en franc&eacute;s o castellano, el apellido rezar&iacute;a: <em>fin-again</em>, finado de nuevo; o bien, si lo leemos como <em>fine</em> (<em>bien</em>, en ingl&eacute;s), resultar&iacute;a: <em>El que vuelve a estar bien tras el velatorio</em> (<em>fine-again</em>, el resurrecto).</p>
<p class="Prrafodelista1">Si ya el t&iacute;tulo de un libro se presta a tantas lecturas, todas conc&eacute;ntricas hacia un mismo patr&oacute;n, no es de extra&ntilde;ar que podamos esperar muchos retru&eacute;canos y trampantojos en su interior. Es muy notable el hecho de que en este t&iacute;tulo y esta canci&oacute;n popular (microcosmos), est&eacute;n ya los elementos estructurales de los grandes esquemas hist&oacute;ricos universales (macrocosmos) del libro: la Ca&iacute;da, el Velatorio y la Resurrecci&oacute;n.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn8">[8]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">En el plano narrativo local, pues, la acci&oacute;n transcurre en las afueras de Dubl&iacute;n, en una taberna, escenario de toda la obra, si bien expandido en una geograf&iacute;a y cronolog&iacute;a mucho m&aacute;s amplia provocada por el Sue&ntilde;o. El tabernero est&aacute; casado, y con su esposa tienen tres hijos: dos varones y una hija menor. Debido a la mencionada ca&iacute;da &ndash;que en los otros planos tiene connotaciones morales y catacl&iacute;smicas&ndash;, el protagonista tiene un sue&ntilde;o muy complejo que se entrevera c&iacute;clicamente con los sue&ntilde;os de su mujer y de sus hijos. Sin embargo, esto es apenas apreciable como l&iacute;nea argumental, y lo citamos aqu&iacute; solo como aviso para navegantes, pues, como veremos, lo decisivo no es la narraci&oacute;n, sino la textura de la obra, sus m&uacute;ltiples dimensiones. Ning&uacute;n libro mejor que FW para aplicarle estas ideas post-estructuralistas de <em>Rizoma</em> de Gilles Deluze y F&eacute;lix Guattari:</p>
<p>Un libro no tiene un objeto ni un sujeto definidos, est&aacute; hecho de materias diversamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes (&hellip;) Cuando se atribuye el Libro a un sujeto, se est&aacute; descuidando el trabajo de las materias y la exterioridad de sus relaciones. El libro es una multiplicidad. (&hellip;) Nunca hay que preguntar qu&eacute; quiere decir un libro, significado o significante; en un libro no hay nada que comprender, tan s&oacute;lo hay que preguntarse con qu&eacute; funciona, en conexi&oacute;n con qu&eacute; hace pasar o no intensidades, en qu&eacute; multiplicidades introduce y metamorfosea la suya. <a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn9">[9]</a>&nbsp;</p>
<p>Subrayemos, para no confundir al lector, que FW no tiene una estructura dram&aacute;tica, sino que es m&aacute;s bien una cr&iacute;tica al Teatro del Mundo, y como tal presentamos brevemente a sus actores.</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>DRAMATIS PERSONAE</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;preprepronominal funferal&raquo; (120.10)<strong></strong></p>
<p>Como hemos mencionado, en FW nos encontramos con las ceremonias de un funeral, pero los protagonistas y asistentes a este son una rara especie de personajes: seres que, aunque arquet&iacute;picamente definidos, se mueven en un ca&oacute;tico mar pre-pronominal; son polim&oacute;rficos, cambiantes, multitudinarios; <em>agregados</em> de personalidad m&aacute;s que sujetos definidos, al modo de ciertos personajes de Samuel Beckett. Y esta prol&iacute;fera ambig&uuml;edad se reconoce por la multitud de variaciones sobre sus nombres &ndash;cada una con diversas capas de significado o connotaci&oacute;n&ndash; con las que estos personajes aparecen a lo largo del libro, as&iacute; como por unas siglas que les representan a modo de s&iacute;mbolo unificador. Algunas notas sobre los cinco protagonistas:<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn10">[10]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;HCE</p>
<p align="center"><br /> &laquo;Whist! Come here, Herr&nbsp;Studiosus, till I tell you a wig in your ear&raquo; (193.13)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Humphrey Chimpden Earwicker es el padre de famila, el &laquo;pattermind&raquo; o &laquo;paradigmatic ear&raquo;. Aunque en el plano local es un tabernero inspirado en el Tim Finnegan de la mencionada balada, su persona es transmutada en figuras divinas, como el Dios cristiano, Ad&aacute;n, Zeus, el dios celta Lir o el egipcio Osiris; y personajes m&iacute;ticos o hist&oacute;ricos como el gigante Finn Mac Cool, D&eacute;dalo, Ulises, el patriarca No&eacute; o San Patricio, entre muchos otros, como el mismo Leopold Bloom del <em>Ulises</em> de Joyce. Es la reencarnaci&oacute;n de grandes h&eacute;roes del pasado, y su resurgimiento aparece siempre como el retorno de un principio numinoso. Por otro lado, representando un arquetipo universal, se nos presenta tambi&eacute;n como Here Comes Everybody o Haveth Childers Everywhere y el acr&oacute;stico HCE aparece diseminado y metamorfoseado por todo el libro, como tambi&eacute;n sucede con el de su esposa ALP.&nbsp;</p>
<p>El nombre de Earwicker, &laquo;messiagh of roaratorios&raquo; (41.28), proviene del ingl&eacute;s &laquo;earwig&raquo; (<em>tijereta,</em> pero tambi&eacute;n el verbo <em>escuchar</em>)<em>, </em>y se presta a muchas variaciones que inciden en los valores auditivos y musicales de la propia obra, de los que hablaremos despu&eacute;s. Ejemplos: &laquo;earwakers&raquo;, &laquo;earwuggers&raquo;, &laquo;earwiggers&raquo;, &laquo;Aerwenger&raquo;, &laquo;Irewaker&raquo;, &laquo;Eelweek&raquo;, &laquo;Ereweaker&raquo;. Y, como Finnegan, aparece tambi&eacute;n m&uacute;ltiplemente transnombrado: &laquo;Mr. Finn&raquo;, &laquo;Mister Finnagain&raquo;, &laquo;fined again&raquo;, &laquo;Mister Funn&raquo;, &laquo;Fillagain&raquo; o &laquo;Timm Finn again's&raquo;, entre muchos otros. Al final del cap&iacute;tulo III,3 puede leerse un fragmento sobre HCE que incorpora cientos de nombres de ciudades.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">ALP</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">&laquo;Annah the Allmaziful, the Everliving, the Bringer of Plurabilities&raquo; (104, 01)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Anna Livia Plurabelle, esposa de Humphrey, madre de la familia. En el plano local representa a una ama de casa sufrida &ndash;Mrs. Finnegan&ndash;, detestada por su marido y sus hijos desagradecidos. Como arquetipo, se asocia a la Madre Eva y al r&iacute;o Liffey de Dubl&iacute;n, entre otras muchas personalidades: Mar&iacute;a madre de Jes&uacute;s, Hera, Isis, Pen&eacute;lope, Rebeca, Grace O'Malley, Ana Bolena o la Molly Bloom del <em>Ulises</em>. Es, sin embargo, su encarnaci&oacute;n en cursos fluviales y en lluvias fecundantes la que m&aacute;s destaca entre todas sus apariencias, y probablemente con la que el autor ha alcanzado su escritura m&aacute;s po&eacute;tica, llegando a considerarse el cap&iacute;tulo dedicado a ALP (I.8) uno de los m&aacute;s bellos poemas en prosa en lengua inglesa.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn11">[11]</a> En este episodio, Joyce introduce, enmascarados, cientos de nombres de r&iacute;os.&nbsp;</p>
<p>Entre las muchas variaciones del nombre de Ana Livia, la dadora de <em>plurabilidades</em>, encontramos &laquo;Annabella Lovabella Pullabella&raquo;, &laquo;Appia Lippia Pluviabilla&raquo;, &laquo;Alma Luvia Pollabella&raquo;, &laquo;Allaniuvia pulchrabelled&raquo; o &laquo;Allalivial allalluvial&raquo;, &laquo;Annushka Lutetiavitch Pufflovah&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">SHEM</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;he scrabbled and scratched and scriobbled and skrevened nameless shamelessness</p>
<p align="center">about everybody ever he met&raquo; (182.13)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Shem (forma irlandesa de James) es uno de los dos hijos mellizos del matrimonio que, en su relaci&oacute;n de opuestos id&eacute;nticos (y en alg&uacute;n momento intercambiables), luchan con la pluma y la espada por su lugar preeminente, desatando guerras raciales, religiosas, nacionales, literarias y cient&iacute;ficas. Un ep&iacute;teto que su hermano aplica a Shem y que le describe muy bien es: &laquo;anarch, egoarch, hiresiarch&raquo; (188.16). Introvertido, aunque abierto a la b&uacute;squeda y a la novedad, es el favorito de ALP, y es el autor de la Carta de su madre, un elemento muy importante &ndash;como trasunto del propio libro&ndash; dentro de FW. Shem the Penman, el escribiente, podr&iacute;a entenderse como una caricatura de Stephen Dedalus (protagonista de las primeras obras de Joyce) y, en buena medida, del propio autor.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn12">[12]</a>&nbsp;</p>
<p>Shem no se toma en serio a s&iacute; mismo, tiene conciencia del absurdo de la existencia y de que est&aacute; involucrado en un &laquo;funferal&raquo;: se ve como un personaje en una novela autobiogr&aacute;fica y se r&iacute;e ante la imagen de s&iacute; mismo, recuperando temas del <em>Retrato del artista adolescente</em> de una forma c&oacute;mica, exenta del idealismo rom&aacute;ntico de la juventud: &laquo;the tarandtan plaidboy, making encostive inkum out of the last of his lavings&raquo; (27.09).&nbsp;</p>
<p>Y en el tejido de las transmutaciones, su personaje se identifica con Homero, Sat&aacute;n, Ca&iacute;n, Ham, Tel&eacute;maco, Jerem&iacute;as, Trist&aacute;n de Cornualles, Romeo o Apolo. Su nombre aparece transfigurado, connotado de escribano o de mago, como &laquo;Maistre Sheames de la Plume&raquo;, &laquo;Mr. Seumas McQuillad&raquo;, &laquo;Pain the Shamman&raquo;, &laquo;Master Shemmy&raquo;, &laquo;Shem Skrivenitch&raquo;, &laquo;Shun the Punman&raquo;, &laquo;alshemist&raquo;, &laquo;Schelm the Pelman&raquo;, &laquo;Mr. O'Shem the Draper&raquo;; y, tildado de farsante, como &laquo;Shame&raquo;, &laquo;shamus&raquo;, &laquo;O'Shame&raquo;, &laquo;Shames&raquo;, entre otras innumerables variaciones. La descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de este personaje se encuentra en el cap&iacute;tulo I.6.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">SHAUN</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">&laquo;a weltall fellow raumybult and abelboobied&raquo; (416.03)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Shaun (forma irlandesa de John) es el otro hijo var&oacute;n y predilecto de su padre HCE. Si Shem era el autor de la Carta de ALP, Shem the Post es el cartero, el encargado de entregarla. En diversos pasajes es descrito como un hombre aburrido y fanfarr&oacute;n, convencional, ajustado a las expectativas sociales y defensor de las normas. El personaje va cambiando en un desarrollo ascendente que le conduce a querer deshacerse del viejo HCE para convertirse en &eacute;l. A lo largo del libro, lo vemos personificado en el Ant&iacute;noo hom&eacute;rico, San Miguel, Judas, Abel, Japhet, San Kevin o Mercurio, entre otros. Los retru&eacute;canos con su nombre incluyen: &laquo;Hans the Curier&raquo;, &laquo;Lamppost Shawe&raquo;, &laquo;Johnny Post&raquo;, &laquo;Show'm the Posed&raquo;, &laquo;Jaun the Boast&raquo;, &laquo;Jaunty Jaun&raquo;, &laquo;Shuhorn the posth&raquo; o &laquo;Shoen&raquo;. La descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de este personaje se encuentra en el cap&iacute;tulo III.1.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">ISSY</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;Nuvoletta in her lightdress, spunn of sisteen shimmers&raquo; (157.08)</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Issy es la hermana menor de la familia y est&aacute; inspirada en la hija del propio Joyce, Lucia, cuyo estado mental inestable, imposible de diagnosticar, ocup&oacute; y preocup&oacute; a su padre muy intensamente durante d&eacute;cadas, en especial durante la redacci&oacute;n de FW. En el libro, personifica la tentaci&oacute;n er&oacute;tica, el trofeo por el que contienden los hermanos gemelos, y su personalidad se escinde y multiplica en dos, en siete o en veintinueve muchachas disociadas. A menudo denominada Nuvoletta, adopta la caracterizaci&oacute;n de la hija de Ad&aacute;n, las Siete ni&ntilde;as del Arco&iacute;ris, la b&iacute;blica Raquel, Mar&iacute;a Magdalena, Nausica, Isolda la Bella, Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas y su imagen en el espejo, Ofelia, Afrodita, Leda o Isis. Puede encontrarse su nombre escrito de muy diversas maneras: &laquo;Izzy&raquo;, &laquo;Isobel&raquo;, &laquo;Isolde&raquo;, &laquo;Isabel&raquo;, &laquo;Is&raquo;, &laquo;Iz&raquo;, &laquo;Lisa&raquo;, &laquo;Ish&raquo; o &laquo;Felicia&raquo; son solo algunos de ellas. Hay una bella descripci&oacute;n de Issy en las p&aacute;ginas 157-159.&nbsp;</p>
<p>Otros personajes secundarios, aunque recurrentes, son Kate (sirviente, cocinera, limpiadora); los doce bebedores de la taberna; los Cuatro Ancianos (que representan a los cuatro evangelistas, a los cuatro maestros autores de los Anales de historia irlandesa o a las cuatro provincias de ese pa&iacute;s); entre cientos de otros de dif&iacute;cil identificaci&oacute;n.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>LA PROSA M&Aacute;S PO&Eacute;TICA JAM&Aacute;S ESCRITA</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;a loudburst of poesy&raquo; (91.03)</p>
<p class="Prrafodelista1">Trataremos de demostrar por qu&eacute; nos parece que <em>Finnegans Wake</em> es la novela &ndash;si esta obra cabe a&uacute;n en este g&eacute;nero&ndash; m&aacute;s po&eacute;tica jam&aacute;s escrita.</p>
<p class="Prrafodelista1">En primer lugar, pues, habr&aacute; que definir qu&eacute; entendemos &ndash;y qu&eacute; no&ndash; por poes&iacute;a. Aqu&iacute; no nos referimos a la poes&iacute;a entendida como un g&eacute;nero de escritura, en cualquier tipo de verso, que convencionalmente se ocupa de dibujar bellas estampas l&iacute;ricas. Varias expresiones del propio FW relacionadas con el lenguaje apuntan hacia una concepci&oacute;n viva y fre&aacute;tica de la poes&iacute;a (ese &laquo;subgramineal speech&raquo; que propon&iacute;a Nabokov en <em>The gift)</em>, una escritura prol&iacute;fica e indomable como la grama: &laquo;malherbal Magis landeguage&raquo; (478.09); &laquo;All flores of speech&raquo; (143.04); &laquo;the languo of flows&raquo; (621.22). O como esas &laquo;Worte wie Blumen&raquo; que ped&iacute;a H&ouml;lderlin: palabras como flores. Mucho m&aacute;s cercano, pues, al profundo sentido original griego de <em>poiesis</em> (&pi;&omicron;ί&eta;&sigma;&iota;&sigmaf;): producci&oacute;n, composici&oacute;n, generaci&oacute;n, creaci&oacute;n art&iacute;stica. Samuel Beckett resume muy bien esta noci&oacute;n en su ensayo sobre <em>Finnegans Wake</em>, relacionando la escritura po&eacute;tica del libro con su alcance cosmog&oacute;nico:</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;El primer humano tuvo que crear la materia con la fuerza de su imaginaci&oacute;n, y <em>poeta</em> significa <em>creador</em>. La poes&iacute;a fue la primera operaci&oacute;n de la mente humana. (&hellip;) Antes de la articulaci&oacute;n viene el canto; antes de los t&eacute;rminos abstractos, las met&aacute;foras. El movimiento animista primitivo fue una manifestaci&oacute;n de la <em>forma po&eacute;tica dello spirito</em>. (&hellip;) La poes&iacute;a es la fundaci&oacute;n de la escritura&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn13">[13]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Contrastemos estas ideas preliminares con las definiciones que ofrece Ezra Pound en su paradigm&aacute;tico ensayo <em>How to read. </em>Seg&uacute;n su visi&oacute;n, &laquo;la gran literatura es, simplemente, lenguaje cargado de sentido hasta el grado m&aacute;s alto&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn14">[14]</a> Y, en este sentido, <em>Finnegans Wake</em> nos parece, sin duda alguna, la obra literaria con una mayor carga de sentido; no solo por las 63.924 palabras <em>distintas</em> que contiene (de las cuales decenas de miles son neologismos o palabras no regladas),<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn15">[15]</a> sino por el novedoso uso recreador que de estas hace, gracias a lo que Eco denomina &laquo;morfema abierto&raquo;, multiplic&aacute;ndolas exponencialmente. La naturaleza metam&oacute;rfica de cada palabra, de cada &eacute;timo, hace que estas puedan siempre convertirse en otras y estallar en nuevas dimensiones sem&aacute;nticas.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn16">[16]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Pongamos un ejemplo. En la frase &laquo;But the world, mind, is, was and will be writing its own wrunes for ever<em>&raquo; </em>(19.36)<em>, </em>el neologismo<em> &laquo;</em>wrunes&raquo; incluye, entre otros posibles sentidos: las runas (<em>runes</em>, caracteres antiguos), las ruinas (<em>ruins</em>), las normas (<em>rules</em>) y, fon&eacute;ticamente, tambi&eacute;n los errores (<em>wrongs</em>), connotando de diversos modos el sentido de la oraci&oacute;n. Lo que, seg&uacute;n la frase citada, el mundo y la mente escribieron, escriben y escribir&aacute;n eternamente (visi&oacute;n c&iacute;clica), son a la vez signos (escritura), arquitecturas (ruinas), c&oacute;digos morales (leyes) y faltas (la historia repite sus errores); todo esto incluido, como en el interior de un <em>matrioska</em> verbal, en una sola palabra inventada: &laquo;wrunes&raquo;.</p>
<p class="Prrafodelista1">Agr&eacute;guese esta potencia num&eacute;rica de connotaciones a los miles de neologismos que pueblan FW y se podr&aacute; entender qu&eacute; niveles puede alcanzar la mencionada &laquo;carga de sentido&raquo; total del texto.</p>
<p class="Prrafodelista1">Pero demos a&uacute;n m&aacute;s razones, fij&aacute;ndonos en los diversos modos de crear poes&iacute;a. Pound estableci&oacute; tres de ellos como los principales: la fanopoeia, la melopoeia y la logopoeia. A continuaci&oacute;n, mostraremos que James Joyce hace un uso abundante, consciente y reiterado de los tres, convirtiendo esta obra en una &laquo;polifon&iacute;a polim&oacute;rfica pervers&aacute;til&raquo;, como la define Juli&aacute;n R&iacute;os.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn17">[17]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">FANOPOEIA: UN IMAGINISMO DESBORDADO</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;Not shabbty little imagettes, pennydirts and dodgemyeyes you buy in the soottee stores.</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">But offerings of the field&raquo; (25.02)</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">En esta cita, Joyce se distingue de la visi&oacute;n reduccionista de la escritura po&eacute;tica, mirando acaso de reojo, para trascenderla, la est&eacute;tica <em>imaginista</em>, muy en boga en sus tiempos; y nos propone una concepci&oacute;n mucho m&aacute;s viva y feraz de la poes&iacute;a &ndash;<em>ofrendas del campo</em>&ndash;, atenta a la plasticidad moldeadora &ndash;&laquo;claybook&raquo; (18.17)&ndash; y a una redescubierta capacidad connotativa de las palabras que incluye y anima toda una nueva flora l&eacute;xica; una in&eacute;dita lengua proteica y fluida.</p>
<p class="Prrafodelista1">La fanopoeia, que Pound defin&iacute;a como una &laquo;proyecci&oacute;n de im&aacute;genes sobre la imaginaci&oacute;n visual&raquo;, muy arraigada, por ejemplo, en la poes&iacute;a china y japonesa, es tambi&eacute;n un modo habitual de trasponer po&eacute;ticamente las ideas en FW. Adaline Glasheen sugiere este s&iacute;mil textil: &laquo;Es una red de juegos visuales y de palabras, con muchas texturas, densamente entretejida, elaboradamente coloreada y con patrones similares a los de una alfombra turca&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn18">[18]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Podr&iacute;an se&ntilde;alarse ciertos p&aacute;rrafos &ndash;sorprendentemente inteligibles ya en la primera lectura&ndash; en los que el autor describe, mediante la acumulaci&oacute;n enumerativa de im&aacute;genes, un espacio, una escena o un personaje. V&eacute;anse, por ejemplo, las descripciones de Shem (Libro I, 7) y de su extra&ntilde;a casa, &laquo;the haunted Inkbottle&raquo; (183.31); de las p&aacute;ginas miniadas y arabescas del <em>Book of Kells</em> (I,5); de la vida monacal de San Kevin (604-606) o las recreaciones fluviales de Anna Livia (I.8).</p>
<p class="Prrafodelista1">Veamos brevemente dos ejemplos de esta capacidad <em>imaginista</em>. El siguiente pasaje (159.06), del cual ofrecemos una traducci&oacute;n po&eacute;tica, pertenece a una descripci&oacute;n de Issy, Nuvoletta, la hermana menor:</p>
<p>&laquo;Then Nuvoletta reflected for the last time in her little long life and she made up all her myriads of drifting minds in one. She cancelled all her engauzements. She climbed over the bannistars; she gave a childy cloudy cry: Nu&eacute;e! Nu&eacute;e! A lightdress fluttered. She was gone. And into the river that had been a stream (&hellip;) there fell a tear, a singult tear, the loveliest of all tears (&hellip;) for it was a leaptear. But the river tripped on her by and by, lapping as though her heart was brook&raquo;.<em>&nbsp;</em></p>
<p>Luego Nuvoletta reflexion&oacute; por &uacute;ltima vez sobre su peque&ntilde;a y larga vida y trab&oacute; en uno solo la mir&iacute;ada de sus pensamientos flotantes. Cancel&oacute; todos sus desvelos. Trep&oacute; por la barandilla estrellada y profiri&oacute; un lamento de nube infantil. <em>Nu&eacute;e! Nu&eacute;e! </em>Un ligero camis&oacute;n de luz revolote&oacute;. Se hab&iacute;a desvanecido. Y en el r&iacute;o que hab&iacute;a sido una corriente (&hellip;) cay&oacute; una l&aacute;grima, una &uacute;nica l&aacute;grima sollozante, la m&aacute;s hermosa de todas las l&aacute;grimas (&hellip;) porque era una l&aacute;grima d&iacute;scola, saltarina. Pero el r&iacute;o acab&oacute; tropezando con ella, sorbi&eacute;ndola como si su coraz&oacute;n fuera un arroyo.<span style="vertical-align: sub;">&nbsp;</span></p>
<p>O, finalmente, este otro breve poema en prosa que encontramos en (3.22):&nbsp;</p>
<p>&laquo;in the park where oranges have been laid to rust upon the green since devlinsfirst loved livvy&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&laquo;en el parque donde las naranjas se han tendido a oxidarse sobre los verdes desde que el deblin se enamor&oacute; de Livvy por primera vez&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">MELOPOEIA: EL ENCANTO DE LAS SIRENAS</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;the whacker his word the weaker our ears for auracles who parles parses orileys&raquo; (467.28)</p>
<p class="Prrafodelista1">Gracias a la melopoeia, &laquo;las palabras se cargan, m&aacute;s all&aacute; de su significado llano, con alguna propiedad musical, que indica la orientaci&oacute;n o la tendencia de ese significado&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn19">[19]</a> Adem&aacute;s de la importancia de la m&uacute;sica y las canciones en la composici&oacute;n del libro, entre los cr&iacute;ticos de FW es una recomendaci&oacute;n ya muy extendida la de que no hay que leer esta obra solo con los ojos y el intelecto, sino que es muy enriquecedor <em>escucharla</em>, estar atentos a su sonido, su ritmo, su musicalidad. El propio Joyce &ndash;que adem&aacute;s de escritor era un buen tenor&ndash; invitaba a hacerlo e incluso grab&oacute; algunos fragmentos que a&uacute;n pueden escucharse. Su amigo y colaborador Eugene Jolas escribi&oacute;:</p>
<p>&laquo;Los que han o&iacute;do al se&ntilde;or Joyce leer en voz alta el&nbsp;<em>Work in Progress</em>&nbsp;conocen la inmensa belleza r&iacute;tmica de su t&eacute;cnica. Exhala un flujo musical que halaga al o&iacute;do, que tiene la estructura org&aacute;nica de las obras de la naturaleza, que transmite cuidadosamente cada vocal y consonante creados por su o&iacute;do&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn20">[20]</a>&nbsp;</p>
<p>Veamos un ejemplo del uso de la melopoeia en el juego con las letras que enga&ntilde;an al o&iacute;do. En la frase &laquo;the leaves of the living in the boke of the deeds&raquo; (13.30), a pesar de que los ojos leen &laquo;leaves&raquo; (hojas), &laquo;boke&raquo; (t&eacute;rmino antiguo para <em>libro</em>) y &laquo;deeds&raquo; (deberes), los o&iacute;dos interpretan &laquo;lives&raquo; (vidas), &laquo;book&raquo; y &laquo;dead&raquo; (muertos), reescribiendo la frase como: <em>las vidas (o p&aacute;ginas) de los vivos en el Libro de los Muertos</em>.&nbsp;</p>
<p>Y una &uacute;ltima muestra, transformada en poema, en la que abunda la instrumentaci&oacute;n y los efectos de sonido:</p>
<p>(6.36)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>And all the way &nbsp;(a horn!)</p>
<p>from fjord to fjell</p>
<p>his baywinds' oboboes</p>
<p>shall wail him rockbound (hoahoahoah!)</p>
<p>in swimswamswum</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>and all the livvylong night,</p>
<p>the delldale dalppling night,</p>
<p>the night of bluerybells,</p>
<p>her flittaflute in tricky trochees (O carina! O carina!)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>wake him...&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es por ello por lo que Glasheen define el libro como: &laquo;Una muy variada polifon&iacute;a cuyo objetivo es lograr diversos efectos subliminales no declarados para que las palabras adquieran el poder de la m&uacute;sica y convoquen al vocabulario m&aacute;s amplio y preciso del subconsciente&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn21">[21]</a>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">LOGOPOEIA: UNA F&Eacute;RTIL NEOLOG&Iacute;A</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">&laquo;wanamade singsigns to soundsense an yit he wanna git all his flesch nuemaid motts</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpLast" align="center">truly prural and plausible&raquo; (138.08)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Siguiendo el esquema de Ezra Pound, la logopoeia se define como &laquo;el baile del intelecto entre las palabras (&hellip;) es decir, el uso de las palabras no solo por su significado directo, sino tomando en cuenta de manera especial los h&aacute;bitos de uso, el contexto, las frecuentes concomitantes, sus acepciones conocidas y los juegos de la iron&iacute;a&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn22">[22]</a> Ya lo hemos mencionado: en FW es extremadamente frecuente el uso de la polisemia y los dobles sentidos, adem&aacute;s de los numerosos neologismos de los que ofreceremos una buena muestra m&aacute;s adelante.</p>
<p class="Prrafodelista1">En la cita que encabeza este ep&iacute;grafe se establece con claridad y belleza el prop&oacute;sito de la mult&iacute;para escritura <em>wakeana</em>: crear <em>sonosignos</em> (&laquo;singsigns&raquo;) que apelen tanto al o&iacute;do cuanto al sentido (&laquo;soundsense&raquo;), y que estos neologismos (&laquo;nuemaid motts<em>&raquo;)</em>, frescos y recentales, sean verdaderamente diversos y plausibles. Vemos en esta sola frase una gran cantidad de lecturas posibles, pues adem&aacute;s de la explicaci&oacute;n ofrecida, se suman muchos otros ecos:<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn23">[23]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">1.- &laquo;soundsense&raquo;: aparte de aludir al sonido (melopoeia), tambi&eacute;n indica la necesaria sensatez y buen sentido (funci&oacute;n adjetiva de <em>sound</em>) de estas nuevas palabras.</p>
<p class="Prrafodelista1">2.- &laquo;flesch&hellip;motts&raquo;: adem&aacute;s del obvio <em>fresh</em> que percibimos, el cambio de letra por un L, asocia lo fresco con la carne, con la piel nueva, y nos recuerda el b&iacute;blico &laquo;la Palabra se hizo carne&raquo; del Evangelio de Juan 1:14. Y en cuanto a &laquo;motts&raquo;, no solo remite al <em>mot</em> (en franc&eacute;s<em> palabra</em>), sino que va tintando de erotismo la frase, pues <em>mot</em> tambi&eacute;n significa <em>chica</em> en la jerga de Dubl&iacute;n.</p>
<p class="Prrafodelista1">3.- &laquo;nuemaid&raquo;: asociado con <em>new-made</em>, contiene en realidad muchos m&aacute;s matices: <em>nuer</em>, en franc&eacute;s literario, significa <em>matizar</em>, un eco muy apropiado;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn24">[24]</a> y las palabras <em>nue</em> (franc&eacute;s, <em>desnuda)</em> y <em>maid</em>, es decir <em>doncella,</em> aumentan las resonancias sexuales de la frase.</p>
<p class="Prrafodelista1">4.- &laquo;prural&raquo;: sumado al m&aacute;s evidente sentido de <em>plural</em>, descubrimos que la R intercambiada nos remite al verbo <em>prurire</em>, que en lat&iacute;n tiene la acepci&oacute;n de desear, ansiar algo con vehemencia; terminando as&iacute; de pintar con colores er&oacute;ticos lo que, en principio, parec&iacute;a una frase referida solo a la escritura.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn25">[25]</a>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Una aportaci&oacute;n creativa a este ensayo es el siguiente florilegio de algunos neologismos que hemos seleccionado, con una posible definici&oacute;n y traducciones in&eacute;ditas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn26">[26]</a> en castellano:</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p align="center">BREVE GLOSARIO WAKEANO</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Alcoherently </strong>(40.05):<strong> </strong>adv.<em> </em><strong>Alcoherentemente</strong>. L&oacute;gica propia y extra&ntilde;amente l&uacute;cida de la conciencia embriagada.&nbsp;</p>
<p><strong>Anemone&rsquo;s letter </strong>(563.17): adj. <strong>Anem&oacute;nimo</strong>. Carta sin firmar, redactada en un raro estilo flageliforme, vibrante, colorido y fr&aacute;gil.&nbsp;</p>
<p><strong>Blackguardism </strong>(180.32):<strong> </strong>n<strong>. Canallismo</strong>. Corriente art&iacute;stica de la m&aacute;s desvergonzada vanguardia.&nbsp;</p>
<p><strong>Chaosmos </strong>(118.21):<strong> </strong>n.<strong> [Caosmos</strong>]. Universo perfectamente desordenado o caos exhaustivamente ordenado.&nbsp;</p>
<p><strong>Collideorescape</strong> (143.28): n. <strong>Colideoscapio</strong>. Instrumento inveros&iacute;mil, caleidosc&oacute;pico, que provoca la acelerada colisi&oacute;n y fuga de las part&iacute;culas, creando nuevos elementos.&nbsp;</p>
<p><strong>Cumulonubulocirrhonimbant</strong> (599.25): adj. <strong>Cumolocirronimbos</strong>. Masa nubosa polim&oacute;rfica que adopta todas las formaciones de nubes posibles.&nbsp;</p>
<p><strong>Cycloptically </strong>(55.22):<strong> </strong>adv.<strong> Cicl&oacute;pticamente. </strong>Cualidad de la visi&oacute;n pan&oacute;ptica y c&iacute;clica, omniabarcadora.&nbsp;</p>
<p><strong>Cyclological </strong>(220.30): adj. [<strong>Ciclol&oacute;gico</strong>]. Relativo o perteneciente a la ciclolog&iacute;a, la ciencia que estudia los ciclos, &oacute;rbitas o revoluciones, ya sea dentro de la biolog&iacute;a, la historia, la astronom&iacute;a, la f&iacute;sica u otros campos del saber.&nbsp; &nbsp;</p>
<p><strong>Deplurabel </strong>(224.10):<strong> </strong>adj.<strong> Deplurable</strong>.<strong> </strong>Acontecimiento o circunstancia que se considera lamentable por causa de m&uacute;ltiples razones.&nbsp;</p>
<p><strong>Darktongues </strong>(223.28):<strong> </strong>n<strong>. </strong>pl.<strong> Negrilenguas</strong>. Idiomas oscuros, poco conocidos, que solo hablan los r&iacute;os de noche, las sombras y las voces de los sue&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p><strong>Egoarch </strong>(188.16):<strong> </strong>n. [<strong>Egoarca</strong>]. Apl&iacute;case a los sujetos capaces de se&ntilde;orear su propia alma, dentro de cuyos dominios no hay otro soberano.&nbsp;</p>
<p><strong>Foaminine </strong>(241.15):<strong> </strong>adj<strong>.</strong> <strong>Espumenina</strong>. Calidad al&iacute;gera y flotante, ingr&aacute;vida, de ciertas almas femeninas o afeminadas.&nbsp;</p>
<p><strong>Freewritten </strong>(280.02): v. <em>To freewrite</em>: <strong>Librescribir</strong>. Acci&oacute;n de escribir con libertad, lib&eacute;rrimamente y de un modo deliberadamente liberador.&nbsp;</p>
<p><strong>Funferall </strong>(111.15)<strong>: </strong>n.<strong> Funferial</strong>. Entierro festivo en el que el luto se sustituye por la chanza, la m&uacute;sica popular y la jocosidad general.&nbsp;</p>
<p><strong>Heroticism </strong>(615.35): n. <strong>Herotismo</strong>. Acci&oacute;n valerosa y memorable en el terreno de la sexualidad.&nbsp;</p>
<p><strong>Homogenius</strong> (34.14): n. [<strong>Homogenio</strong>]. Persona que muestra genialidad en el mismo &aacute;mbito del saber o del arte que otro genio.&nbsp;</p>
<p><strong>Intimology </strong>(101.17):<strong> </strong>n. [<strong>Intimolog&iacute;a</strong>]. Ciencia que estudia la vida interior de los individuos y el origen de los t&eacute;rminos que la describen.&nbsp;</p>
<p><strong>Laughtears </strong>(15.09):<strong> </strong>n. pl. <strong>Ris&aacute;grimas</strong>. Carcajada luctuosa o llanto hilarante.&nbsp;</p>
<p><strong>Langscape</strong> (595.05): n. <strong>Linguarama</strong>. Paisaje verbal extendido, panor&aacute;mico, de un lenguaje o un idioma.&nbsp;</p>
<p><strong>Macroscope </strong>(275.22): n. [<strong>Macroscopio</strong>]. Instrumento &oacute;ptico cuyas lentes convexas permiten ver, de una sola mirada, las vastas distancias del universo.&nbsp;</p>
<p><strong>Mangrovemazes </strong>(221.20):<strong> </strong>n.<strong> </strong>pl.<strong> [Manglaberintos</strong>]. Arquitectura intrincada, con corredores que se multiplican, se bifurcan y se entreveran de forma semejante a las ra&iacute;ces de los manglares.&nbsp;</p>
<p><strong>Marmorial</strong> (9.34): n. <strong>Marmorial</strong>. Monumento conmemorativo construido en piedra de m&aacute;rmol.&nbsp;</p>
<p><strong>Meandertale </strong>(18.22<strong>): </strong>n. <strong>Meandromanza</strong>. Relato paleol&iacute;tico y sinuoso, lleno de vueltas y revueltas.&nbsp;</p>
<p><strong>Megalogue (</strong>467.08): n. <strong>Meg&aacute;logo</strong>. Discurso de dimensiones inconmensurables proferido por un solo orador o panegirista.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Millentury </strong>(32.32):<strong> </strong>n. <strong>Siglenio</strong>. Unidad de medida temporal que corresponde a un largu&iacute;simo siglo de mil a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p><strong>Mothernaked </strong>(206.30):<strong> </strong>adj.<strong> Madresnuda</strong>. Embellecido por la hermosura propia de las mujeres encinta desnudas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>Mythametical </strong>(286.23): adj. <strong>Mitom&aacute;tico</strong>.<strong> </strong>C&aacute;lculo preciso de la estad&iacute;stica aplicada a las leyendas; o mitos generados por misterios matem&aacute;ticos.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Nightynovel </strong>(54,21):<strong> </strong>n. <strong>Noctvela</strong>. Relato escrito en prosa heroica y nocturnal.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Noisense </strong>(147.06):<strong> </strong>n. <strong>Sinsenruido</strong>. Algarab&iacute;a molesta y estruendosa, ininteligible.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Nomomorphemy </strong>(599&ndash;18): n.<strong> Nomomorfinia</strong>. Efecto aletargante que tienen algunos morfemas cuando se organizan y repiten siguiendo ciertas normas.&nbsp;</p>
<p><strong>Pearlagraph (226.01)</strong>: n. <strong>Perl&aacute;grafo</strong>. En algunas obras literarias, p&aacute;rrafo de belleza diamantina: perfecto, brillante, pulido, esf&eacute;rico.</p>
<p><strong>Plurabilities </strong>(104.02):<strong> </strong>n. pl. [<strong>Plurabilidades</strong>].<strong> </strong>Conjunto de posibilidades m&uacute;ltiples que ofrece una situaci&oacute;n o acontecimiento.&nbsp;</p>
<p><strong>Roaratorios </strong>(41.28): n. pl. <strong>Clamoratorios</strong>. Composici&oacute;n musical dram&aacute;tica, de asunto religioso, ejecutada mediante vehementes bramidos polif&oacute;nicos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn27">[27]</a>&nbsp;</p>
<p><strong>Roundtheworlder </strong>(77.36):<strong> </strong>n. <strong>Mundariego</strong>. D&iacute;cese del viajero infatigable y trotamundos.&nbsp;</p>
<p><strong>Scribicide</strong> (14.21):<strong> </strong>n.<strong> [Escribicidio</strong>]. Forma particular de homicidio o inmolaci&oacute;n cuyo instrumento, causa o finalidad, es la escritura.&nbsp;</p>
<p><strong>Scripturereader </strong>(67.12):<strong> </strong>n. <strong>Escrilector</strong>. Lector activo cuyos ojos, mientras leen, tambi&eacute;n escriben.&nbsp;</p>
<p><strong>Syllabelles </strong>(61.06):<strong> </strong>n. pl.<strong> [Silabellas</strong>]<strong>. </strong>S&iacute;labas de belleza silvana, llenas de silfos y de silbos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>Thistlewords </strong>(169.22):<strong> </strong>n. pl. <strong>Palabrardos</strong>. Palabras que se abren como cardos y sueltan al aire los vilanos sem&aacute;nticos de sus semillas.&nbsp;</p>
<p><strong>Transname </strong>(145.21):<strong> </strong>v. <strong>Transnombrar</strong>. Transfundir el nombre de una cosa a otra, efectuando transvaloraciones l&eacute;xicas.&nbsp;</p>
<p><strong>Vowelthreaded </strong>(61.06):<strong> </strong>adj.<em> </em><strong>Entrevocalado</strong>. T&eacute;rmino ensartado por vocales suplementarias; o letras enhebradas por algo, como la Q por su virgulilla.&nbsp;</p>
<p><strong>Woodwordings </strong>(280.04)<strong>: </strong>n. pl.<strong> Silvogramas</strong>. Inscriptura realizada sobre la corteza de los &aacute;rboles o superficies de madera.&nbsp;</p>
<p><strong>Weedhearted </strong>(240.22)<strong> </strong>adj<strong>. Enhierbado</strong>.<strong> </strong>Estado alterado del alma alumbrada por ciertas plantas psicoactivas.&nbsp;</p>
<p><strong>Whirlworlds</strong> (17.29) n. pl. <strong>Giromundos</strong>. Galaxias, planetas o sat&eacute;lites que giran en forma de torbellino.&nbsp;</p>
<p><strong>Whistlewhirling </strong>(192.34): n. <strong>Silvor&aacute;gine</strong>. Arremolinamiento fragoroso de pitidos y silbidos.&nbsp;</p>
<p><strong>Wineglasses </strong>(183.21): n. pl. <strong>Vin&oacute;culos</strong>. Anteojos propios del borracho, fabricados con aros de copas finas o con verdes culos de botella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">PALABRAS TRUENO</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>En <em>Finnegans Wake</em> aparecen, respectivamente situadas al final de cada ciclo, diez palabras-trueno. Cada una de ellas contiene 100 palabras, excepto la &uacute;ltima que consta de 101. En total, 1001 palabras extra&iacute;das de diversos idiomas. Estas quimeras verbales &ndash;que aluden a un tema del episodio&ndash; han sido un misterio durante mucho tiempo; actualmente se empiezan a desentra&ntilde;ar, generando diversa bibliograf&iacute;a. Eric MacLuhan<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn28">[28]</a> afirma que cada estallido de trueno es un <em>logos</em> resonante que representa una transformaci&oacute;n de la cultura humana, codificadores de diez grandes revoluciones de la comunicaci&oacute;n, que van desde tecnolog&iacute;as neol&iacute;ticas, como el lenguaje y el fuego, pasando por las ciudades, el ferrocarril y la imprenta, hasta la radio, el cine y la televisi&oacute;n. Seg&uacute;n Eco, el trueno &laquo;coincide con el ruido de la ca&iacute;da de Finnegan, pero de esta ca&iacute;da nace el intento de dar nombre a lo ignoto y al caos&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn29">[29]</a>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Transcribimos, sin analizarlas por falta de espacio, estas palabras-trueno, como muestra del extremo creador ilimitado al que puede llegar la escritura en FW:</p>
<p class="Prrafodelista1">1.- P&aacute;g. 3 (trueno)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">2.- P&aacute;g. 23 (trueno)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Perkodhuskurunbarggruauyagokgorlayorgromgremmitghundhurthrumathunaradidillifaititillibumullunukkunun&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">3.- P&aacute;g. 44 (aplauso)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;klikkaklakkaklaskaklopatzklatschabattacreppycrottygraddaghsemmihsammihnouithappluddyappladdypkonpkot&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">4.- P&aacute;g. 90 (prostituci&oacute;n)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Bladyughfoulmoecklenburgwhurawhorascortastrumpapornanennykocksapastippatappatupperstrippuckputtanach&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;5.- P&aacute;g. 113</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Thingcrooklyexineverypasturesixdixlikencehimaroundhersthemaggerbykinkinkankanwithdownmindlookingated&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">6. P&aacute;g. 257 (portazo)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Lukkedoerendunandurraskewdylooshoofermoyportertooryzooysphalnabortansporthaokansakroidverjkapakkapuk&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">7. P&aacute;g. 314</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Bothallchoractorschumminaroundgansumuminarumdrumstrumtruminahumptadumpwaultopoofoolooderamaunsturnup&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;8.- P&aacute;g. 332</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Pappappapparrassannuaragheallachnatullaghmonganmacmacmacwhackfalltherdebblenonthedubblandaddydoodled&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">9.- P&aacute;g. 414 (tos)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;husstenhasstencaffincoffintussemtossemdamandamnacosaghcusaghhobixhatouxpeswchbechoscashlcarcarcaract&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">10.- P&aacute;g. 424 (dioses n&oacute;rdicos)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Ullhodturdenweirmudgaardgringnirurdrmolnirfenrirlukkilokkibaugimandodrrerinsurtkrinmgernrackinarockar&raquo;&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Logopoeia, melopoeia y fanopoeia, pues, se re&uacute;nen para dar rienda suelta a los nuevos significados y dotan de un poderoso car&aacute;cter po&eacute;tico a la escritura de <em>Finnegans Wake</em>.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>NOTAS SOBRE ESTRUCTURA: UNA ESPIRAL DE SUE&Ntilde;OS</strong></p>
<p class="Prrafodelista1">De Joyce se puede afirmar que era m&aacute;s un <em>compositor</em> &ndash;o constructor&ndash; que un creador, al modo de los artistas medievales, seg&uacute;n los cuales a los humanos nos es dado m&aacute;s organizar, componer, construir, que <em>crear</em> en el sentido del artista-dios. As&iacute;, si ya <em>Ulises</em> era un fascinante producto de composici&oacute;n (pi&eacute;nsese en la estructura compleja, las distintas t&eacute;cnicas para cada episodio, los paralelismos con la obra de Homero), en FW el esfuerzo y resultado compositivo son a&uacute;n m&aacute;s sorprendentes.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">EL LIBRO DE LA NOCHE</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;We drames our dreams tell Bappy returns. And Sein annews&raquo; (277.17)</p>
<p class="Prrafodelista1">Joyce describi&oacute; <em>Finnegans Wake</em>, con resonancias m&iacute;sticas, como un experimento en la interpretaci&oacute;n de la <em>noche oscura del alma</em> que trataba de reconstruir la vida nocturna. A Edmond Jaloux le dijo que escrib&iacute;a este libro &laquo;para adaptarse a la est&eacute;tica del sue&ntilde;o, en la que las formas se prolongan y multiplican solas&raquo;. Y a su amigo Max Eastman le explic&oacute;:</p>
<p>&laquo;Para escribir sobre la noche, sent&iacute; que realmente no pod&iacute;a usar palabras en sus conexiones ordinarias. Utilizadas de esta manera no expresan c&oacute;mo son las cosas en la noche, en las diferentes etapas: el consciente, semiconsciente, el inconsciente&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn30">[30]</a>&nbsp;</p>
<p>Libro de la noche, como <em>Ulises</em> lo era del d&iacute;a, que por su misma naturaleza requiere una conexi&oacute;n distinta, inventada, entre las palabras: su escritura nocturna reproduce los sue&ntilde;os de los personajes, como el mismo autor declar&oacute; en otra ocasi&oacute;n: &laquo;El sue&ntilde;o del viejo Finn, yaciendo muerto junto al r&iacute;o Liffey y observando la historia de Irlanda y del mundo, la pasada y la futura, fluyendo a trav&eacute;s de su mente como un pecio en el r&iacute;o de la vida&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn31">[31]</a>&nbsp;</p>
<p>Joyce utiliza la estructura del sue&ntilde;o porque esta ofrece una herramienta &oacute;ptima para la exploraci&oacute;n de la personalidad. Y, como el an&oacute;nimo narrador en tercera persona de la novela tradicional, el So&ntilde;ador es tambi&eacute;n omnisciente y el lector se integra en su sue&ntilde;o como lo har&iacute;a en cualquier narrativa, independientemente de quien sea el narrador externo. Aunque ha habido mucho debate entre los cr&iacute;ticos sobre qui&eacute;n o qui&eacute;nes son realmente los So&ntilde;adores y sobre si hay o no en alg&uacute;n momento un Despertar, lo que nos parece m&aacute;s cierto es que el Sue&ntilde;o es continuo desde el inicio al fin. Y en esa l&oacute;gica del sue&ntilde;o, la identidad de las personas se confunde y puede intercambiarse, las ideas o los recuerdos de un acontecimiento se transforman en s&iacute;mbolos con una gran capacidad de crear nuevas conexiones.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Clive Hart<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn32">[32]</a> distingue tres niveles o capas del Ciclo del Sue&ntilde;o: el primero es simplemente el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre todo lo que ocurre en el libro de principio a fin; el segundo es el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre las enso&ntilde;aciones de Earwicker, con el que el autor nos introduce en la mente del anciano, cambiando un mundo en apariencia objetivo &ndash;relativamente&ndash; por uno subjetivo enteramente, en el que se incluyen tambi&eacute;n los sue&ntilde;os de Shaun; y el tercero, el m&aacute;s profundo y doblemente subjetivo, es el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre el sue&ntilde;o del padre en relaci&oacute;n al sue&ntilde;o de Shaun. Y a pesar de que esta red de sue&ntilde;os podr&iacute;a extenderse infinitamente, parece que el prop&oacute;sito de Joyce era el de usar estas secuencias on&iacute;ricas como ilustraci&oacute;n de los tres ciclos de Vico, de los que hablaremos a continuaci&oacute;n.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;LOS GRANDES CICLOS</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;by writing thithaways end to end and turning, turning and end to end hithaways writing and with lines of litters slittering up and louds of latters slettering down&raquo; (114.16)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Como mencion&aacute;bamos al principio, en <em>Finnegans Wake</em> se demuestra la posibilidad de una escritura infinita, tejida con un hilo circular interminable; &laquo;the endless sentence&raquo;, que dir&iacute;a Ezra Pound. El libro responde a una concepci&oacute;n esf&eacute;rica en la que cada uno de los elementos puede funcionar como el principio y el fin del conjunto.</p>
<p>Los Ciclos hist&oacute;ricos (basados en la obra de Giambattista Vico y de Giordano Bruno, y en los <em>Upanishads, </em>entre otros); <a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn33">[33]</a> las figuras del c&iacute;rculo y la cruz (que arquitraban las partes y los cap&iacute;tulos); el tejido primoroso de las correspondencias y contrapuntos; la armon&iacute;a sutil que, diseminados a lo largo del libro, producen los diversos <em>leitmotivs</em>; todos ellos son muestra de una pormenorizada labor de tejedur&iacute;a literaria, de composici&oacute;n. Aqu&iacute; nos detendremos a observar una de esas estructuras en particular, por ser quiz&aacute; la m&aacute;s evidente y efectiva: la de los Ciclos, cuyo primer ejemplo es la ilaci&oacute;n entre la frase inicial y final del libro que cit&aacute;bamos al comienzo de este ensayo. Clive Hart resume as&iacute; esta forma c&iacute;clica &ndash;&laquo;cycloannalism&raquo;&ndash; del libro:&nbsp;</p>
<p>De entre todos los patrones de <em>Finnegans Wake</em>, sin duda los m&aacute;s importantes son los que subyacen a los sistemas m&iacute;sticos del ciclo de crecimiento, descomposici&oacute;n y renacimiento (&hellip;) que Joyce ha usado para mantener el material de su libro en un constante estado de urgencia din&aacute;mica: ruedas que giran aceleradamente dentro de otras ruedas, al ritmo que gira el ciclo mayor de la totalidad, alrededor de un centro inespec&iacute;fico, desde la primera p&aacute;gina hasta la &uacute;ltima, y de vuelta de nuevo al principio.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn34">[34]</a></p>
<p>En FW, los tres grandes ciclos (libros I a III) culminan en el libro IV, cuyo &uacute;nico episodio es posiblemente el m&aacute;s interesante de la obra. Este libro &ndash;y todos los <em>ricorso</em> de los ciclos menores&ndash; representa, en relaci&oacute;n a los esquemas estructurales citados, el <em>eterno ahora</em> m&iacute;stico: la misteriosa simultaneidad de pasado, presente y futuro, observados <em>sub specie aeternitatis</em>. Un punto central que no gira y del que, sin embargo, emana cada movimiento circular. Todo el contenido del libro tiende hacia este punto eterno, atra&iacute;do por las fuerzas centr&iacute;petas de la muerte, la disoluci&oacute;n y el resurgimiento: &laquo;There's now with now's then in tense continuant&raquo; (598.28). En este sentido, como posible representaci&oacute;n del propio libro, el s&iacute;mbolo surgido de esta formalizaci&oacute;n &ndash;un universo circular con un centro atemporal&ndash; nos permite pensar en FW como un tipo muy especial de <em>mandala</em>, tal como se muestra, &laquo;gyrographically&raquo;, en la siguiente figura:&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Aunque aqu&iacute; no podemos analizar en detalle la complejidad de esta estructura de ciclos, hay un motivo recurrente en el libro, estrechamente relacionado con este, que s&iacute; nos parece muy interesante destacar: el del baile gir&oacute;vago que la propia escritura de Joyce practica e invita a practicar a sus lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LA DANZA DE UN DERVICHE LITERARIO</strong></p>
<p align="center">&laquo;Belonging to the winders of the circuit of the circuits.<strong> </strong>One of that centripetal and centrifugal gang&raquo;</p>
<p align="center">&nbsp;Walt Whitman</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el verano de 1924, James Joyce recibi&oacute; una carta de su hermano Stanislaus en la que este declaraba, tras haber le&iacute;do su &uacute;ltima obra: &laquo;Me niego a dejarme llevar rodando en la danza loca de un derviche literario<em>&raquo;</em>.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn35">[35]</a></p>
<p>Frase clave, luminaria. En efecto, leer &ndash;y escuchar&ndash; <em>Finnegans Wake</em> implica dejarse llevar por el baile circular de la rara locura joyceana; locura l&uacute;cida e ir&oacute;nica, locura sabia y pol&iacute;glota. Por esta raz&oacute;n, hay siempre dos reacciones muy contrapuestas ante la lectura de este libro. O bien uno se retira confundido, presa del mareo y del desvanecimiento &ndash;as&iacute; reaccionaron el hermano de Joyce<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn36">[36]</a> y los muchos detractores que tuvo y tiene esta obra&ndash;, como le pasar&iacute;a a un observador profano ante la ceremonia derviche del <em>dhikr</em>.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn37">[37]</a></p>
<p>O bien, como los participantes de la danza ext&aacute;tica de los mevlev&iacute;s, el lector se lanza al ruedo, a la rueda, y gira y gira, lentamente primero, como la hiedra alrededor de un roble; acelerando despu&eacute;s, como agua que se abisma por una roseta; y al fin con ritmo acompasado se abandona a su fluir, sin entender del todo,<em> toda ciencia trascendiendo</em>. Y estos son los lectores activos: &laquo;esos ideales lectores que sufren un insomnio ideal&raquo;<em> </em>que Joyce so&ntilde;aba para sus obras.</p>
<p>Es la lectura en espiral: baile gir&oacute;vago en las norias de un lenguaje sin ra&iacute;ces, de un esperanto roto; baile atorbellinado que mueve a sus iniciados hacia un estado de m&iacute;stica lucidez, hacia el v&oacute;rtice omnis&eacute;mico en el que nacen todas las palabras, hacia su primer nido larval.</p>
<p>El derviche que Stanislaus ve&iacute;a en el centro de <em>Finnegans Wake</em> era, ciertamente, un extra&ntilde;o disc&iacute;pulo de Rumi. En un sugerente <em>pearlagraph</em>, Joyce describe a su <em>alter ego</em> Shem the Penman como &laquo;Pain the Shamman&raquo; y las referencias suf&iacute;s abundan:&nbsp;</p>
<p>&laquo;(&hellip;) special sighs, longsufferings of longstandings, ahs ohs ous sis jas jos gias <strong>neys</strong> thaws sos yeses and yeses and yeses, to which, if one has the stomach to add the breakages, upheavals distortions, inversions of all this chambermade music one stands, given a grain of goodwill, a fair chance of actually seeing <strong>the whirling dervish</strong>, Tumult, son of Thunder, self exiled in upon his ego, a nightlong a shaking betwixtween white or reddr hawrors... writing the mystery of himsel in furniture&raquo;. (184.02)<strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p>En este fragmento, entre el aparente espesor de las palabras, suenan los &laquo;neys<em>&raquo;</em> (flauta derviche) convocando a los lectores al trance; se produce la <em>inversi&oacute;n</em> de la m&uacute;sica de c&aacute;mara, mientras en el centro danza el &laquo;whirling dervish&raquo;, ebrio de m&uacute;sica<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn38">[38]</a>, enajenado, desterrado de s&iacute;, bien adentro y sobre s&iacute; mismo &ndash;&laquo;self exiled in upon his ego&raquo;&ndash;, balance&aacute;ndose, acerc&aacute;ndose a la abolici&oacute;n del ego: &laquo;the mystery of himsel&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Algunos autores, en esta l&iacute;nea, han querido ver en la escritura de FW la expresi&oacute;n de un estado mental alterado. Carl Gustav Jung afirm&oacute; que su estilo era definitivamente esquizofr&eacute;nico, con la salvedad de que, mientras que la gran mayor&iacute;a de sus pacientes no pod&iacute;an evitar ese estado, en el caso de Joyce este era deliberadamente buscado y desarrollado con todas sus fuerzas. Fintan O'Toole, por su lado, nos acerca m&aacute;s al car&aacute;cter cham&aacute;nico de esta rara dimensi&oacute;n del escritor:&nbsp;</p>
<p>&laquo;Joyce se oblig&oacute; a s&iacute; mismo a entrar en un tipo de enajenaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que para otros hubiera sido una locura aterradora. (&hellip;) Si queremos sugerir una analog&iacute;a religiosa, esta no es la del santo, sino la del cham&aacute;n, que tiene el valor de habitar el terreno oscuro m&aacute;s all&aacute; del mundo racional y de traer de vuelta los relatos de lo que all&iacute; ha visto&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn39">[39]</a>&nbsp;</p>
<p>Veamos, sin entrar a comentarlos en detalle, algunos ejemplos del <em>leitmotiv</em> del remolino que ofrecen una buena muestra de las distintas facetas que puede adoptar esta figura recursiva.</p>
<p>&ndash; Im&aacute;genes c&oacute;smicas de galaxias espirales, tornados y ciclos temporales:</p>
<p>&nbsp;<strong>&laquo;</strong>flowflakes, litters from aloft, like a waast wizzard all of <strong>whirl</strong><strong>worlds</strong>. Now are all tombed to the mound, isges to isges, erde from erde&raquo; (17.29)&nbsp;</p>
<p>&laquo;lugly <strong>whizzling</strong> tournedos&raquo; (416.34)</p>
<p>&nbsp;&laquo;a flash from a future of maybe mahamayability through the windr of a wondr in a <strong>wildr</strong> is a weltr as a wirbl of a warbl is a world&raquo; (597.29)&nbsp;</p>
<p>&laquo;multimirror megaron of returningties, <strong>whirled</strong> without end to end&raquo; (582.20)&nbsp;</p>
<p>&ndash; Relacionadas con la danza y la m&uacute;sica:&nbsp;</p>
<p>&laquo;With the tabarine tamtammers of the <strong>whirligigmagees</strong>&raquo; (27.20)&nbsp;</p>
<p>&laquo;Is it not the fact (&hellip;) that, while <strong>whistlewhirling</strong> your crazy elegies around Templetombmount joyntstone, (&hellip;) you squandered among underlings the overload of your extravagance (&hellip;)?&raquo; (192.34)&nbsp;</p>
<p>&ndash; Relacionada con la caligraf&iacute;a intrincada del <em>Libro de Kells</em>:&nbsp;</p>
<p>&laquo;the touching reminiscence of an incompletet trail or dropped final; a round thousand <strong>whirligig</strong> glorioles, prefaced by (alas!) now illegible airy plumeflights, all tiberiously ambiembellishing the initials majuscule of Earwicker&raquo; (119.15)&nbsp;</p>
<p>Vueltas, revueltas y torbellinos. Danzas espirales, ciclos y ciclones. Nunca leer se hab&iacute;a parecido tanto a lanzarse a un mar tempestuoso, a verse arrastrado por las l&iacute;quidas aspas del remolino, sabiendo que solo dej&aacute;ndose absorber por &eacute;l se hallar&aacute; la salida, como en el cl&aacute;sico <em>ma&euml;lstrom</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn40">[40]</a> de Edgar Allan Poe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>RICORSO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;The Vico road goes round and round to meet where terms begin&raquo; (579.21)&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">La forma final de este ensayo, parte de un <em>work in progress</em> m&aacute;s extenso, surge de un largo estudio sobre FW en el que, antes de que apareciera la versi&oacute;n de Zabaloy, se hicieron muchos experimentos de traducci&oacute;n de fragmentos, seleccionados despu&eacute;s de una primera lectura espinosa y de una relectura, igual de desafiante, pero mucho m&aacute;s amena. Y la experiencia mostr&oacute; que, como hemos visto, descifrar y traducir un fragmento de <em>Finnegans Wake</em> es siempre un complicado juego &ndash;colosal y laber&iacute;ntica rayuela&ndash; en el que cada palabra (a menudo cada s&iacute;laba e incluso letra) multiplica los sentidos de la frase de un modo exponencial, fractal.</p>
<p class="Prrafodelista1">Misterioso libro de Pandora: al abrirlo, de su agitado vientre surgen siempre cientos de serpientes sem&aacute;nticas, enjambres de significados, m&uacute;ltiples estratos de lenguaje. Intentar ex-plicar (desplegar) de d&oacute;nde procede una frase o hacia d&oacute;nde se dirige, es como querer describir todo un bosque estirando de una sola liana.&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">As&iacute; que, aunque ya llegamos al final de este ensayo, todo parece indicar que, como los ciclos de Vico, el estudio de FW volver&aacute; a empezar una y otra vez para profundizar, disfrutar y recorrer mejor sus innumerables senderos. Abandonamos, pues, esta humilde <em>obra abierta</em> mostrando algunos &uacute;ltimos ejemplos de este importante <em>leitmotiv</em> del libro: lo mismo que retorna, lo nuevo resurgiendo de lo muerto:</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;the same retourns&raquo; (18.05)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;moves in vicous cicles yet remews the same&raquo; (134.16)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;till shee that drawes dothe smoake retourne&raquo; (143.30)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The seim anew. Ordovico or viricordo.&raquo; (215.23)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The same renew&raquo; (226.17)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The novo takin place&raquo; (292.20)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The sehm asnuh&raquo; (620.15)</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1"><em>Finnegans Wake</em> se levanta tras su ca&iacute;da, se recompone tras su descomposici&oacute;n, resucita tras su muerte y termina en 628.16 para luego volver a empezar:</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;End here. Us then. Finn, again! Take. Bussoftlhee, mememormee! Till thousendsthee. Lps. The keys to. Given! A way a lone a last a loved a long the&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">RIVERRUN</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">*****</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>BIBLIOGRAF&Iacute;A</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Prrafodelista1">Joyce, James, <em>Finnegans Wake</em>, Faber &amp; Faber, Londres, 1975.</p>
<p>Joyce, James, <em>Finnegans Wake</em> (trad. de Marcelo Zabaloy), Buenos Aires, El cuenco de plata, 2016.</p>
<p>Beckett Samuel, et al.,&nbsp;<em>Our Exagmination Round His Factification for Incamination of Work in Progress</em>, Par&iacute;s,</p>
<p>Shakespeare and Company, 1929.</p>
<p>Bennstock, Bernard, <em>Joyce-again's Wake. An analysis of Finnegans Wake</em>, University of Washington Press, 1995.</p>
<p>Hart, Clive, <em>Structure and Motif in Finnegans Wake</em>, Faber and Faber, Londres, 1962.</p>
<p class="Prrafodelista1">Deleuze, Gilles y Guattari, F&eacute;lix, <em>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</em>, Valencia, Pre-Textos, 1988.</p>
<p>Eco, Umberto, <em>Las po&eacute;ticas de Joyce</em>. Barcelona, DeBolsillo, 2011.</p>
<p>Ellman, Richard,<em>&nbsp;</em><em>James Joyce. </em>Oxford University Press, 1983.</p>
<p>Glasheen, Adaline, <em>Third Census of Finnegans Wake</em>, Berkeley, University of California Press, 1977.</p>
<p>MacLuhan, Eric, <em>The Role of Thunder in Finnegans Wake</em>, Toronto, University of Toronto Press, 1997.</p>
<p>McHugh, Roland, <em>Annotations to Finnegans Wake</em>, Baltimore, John Hopkins University Press, 2006.</p>
<p>Fintan O'Toole, &laquo;Joyce: Heroic, Comic&raquo;, <em>The New York Review of Books</em>, New York, 25 de octubre de 2012.</p>
<p>Parrinder, Patrick, <em>James Joyce</em>, Cambridge University Press, 1984.</p>
<p>Pound, Ezra, <em>Literary Essays of Ezra Pound</em>, edici&oacute;n de T.S. Eliot, New York, New Directions, 1968.</p>
<p>R&iacute;os, Juli&aacute;n, <em>La vida sexual de las palabras</em>, Madrid, Mondadori, 1991.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> Usaremos a menudo la abreviaci&oacute;n del t&iacute;tulo FW por razones de econom&iacute;a de espacio.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> Otra manera de mostrar, en lugar de sobrexplicar, la idiosincrasia de esta obra va a ser, como es muy usual en toda la bibliograf&iacute;a sobre FW, ofrecer abundantes citas &ndash;palabras, sintagmas, pasajes&ndash; tomadas del propio libro, con la referencia al n&uacute;mero de p&aacute;gina y l&iacute;nea entre par&eacute;ntesis.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref3">[3]</a> <em>Captatio benevolentiae: </em>debido a la compleja naturaleza del texto analizado, este breve ensayo recurrir&aacute; a numerosas notas a pie de p&aacute;gina, referencias bibliogr&aacute;ficas y citas. Tambi&eacute;n incorpora, llevado por el mismo <em>&eacute;lan</em> de la obra comentada, algunos neologismos en castellano. Todas las traducciones de Joyce y de los autores citados son m&iacute;as, excepto cuando se indica lo contrario.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref4">[4]</a> Umberto Eco, <em>Las po&eacute;ticas de Joyce</em>. Barcelona, DeBolsillo, 2011, p&aacute;g. 118.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref5">[5]</a> Umberto Eco, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref6">[6]</a> Seg&uacute;n Joyce, la realidad no puede ser nunca clara y concisa; tiene que ser misteriosa, en el sentido medieval, lo cual le parec&iacute;a mucho m&aacute;s estimulante y rico que las pretensiones del clasicismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref7">[7]</a> La ausencia de ap&oacute;strofe detr&aacute;s de &laquo;Finnegan&raquo; indica que est&aacute; dirigido a un plural, los Finnegan, y que el &laquo;Wake&raquo; podr&iacute;a ser tambi&eacute;n un verbo imperativo: <em>&iexcl;Despierta!,</em> lo que algunos relacionan con una posible invitaci&oacute;n a la resurrecci&oacute;n de los Fianna (antiguos guerreros irlandeses, hijos del legendario Finn MacCool), pues se cre&iacute;a que estos nunca murieron del todo, sino que permanecieron dormidos en una cueva, esperando a ser despertados para redimir a Irlanda.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref8">[8]</a> En el caso de Tim motivada por el efecto del whisky que, precisamente, en ga&eacute;lico irland&eacute;s, &laquo;uisce beathadh&raquo;, significa Agua de Vida.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref9">[9]</a> Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari, <em>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</em>, Valencia, Pre-Textos, 1988, p. 10.</p>
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<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref10">[10]</a> Para la descripci&oacute;n y localizaci&oacute;n de las distintas personificaciones: Adaline Glasheen, <em>Third Census of Finnegans Wake</em>, Berkeley, University of California Press, 1977.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref11">[11]</a> Patrick Parrinder <em>James Joyce</em>, Cambridge University Press, 1984, p&aacute;g. 205.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref12">[12]</a> Bernard Bennstock, <em>Joyce-again's Wake. An analysis of Finnegans Wake</em>, University of Washington Press, 1995, p.115.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref13">[13]</a> Samuel Beckett et al.,&nbsp;<em>Our Exagmination Round His Factification for Incamination of Work in Progress</em>, Par&iacute;s, Shakespeare and Company, 1929, pp. 9-10.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref14">[14]</a> Todas las siguientes citas son de Ezra Pound, <em>Literary Essays of Ezra Pound</em>, edici&oacute;n de T.S. Eliot, New York, New Directions, 1968, p&aacute;g. 25.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref15">[15]</a> Para hacernos una idea, se considera que Shakespeare cre&oacute; unas 1700 palabras nuevas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref16">[16]</a> Umberto Eco, op. cit. p&aacute;g. 145.</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;17 Juli&aacute;n R&iacute;os, <em>La vida sexual de las palabras</em>, Madrid, Mondadori, 1991, p&aacute;g. 152.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref18">[18]</a> Adaline Glashine, op. cit. p&aacute;g. xviii.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref19">[19]</a> Ezra Pound, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref20">[20]</a> Samuel Beckett et al.,&nbsp;op. cit., p&aacute;g. 89.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref21">[21]</a> Adaline Glashine, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref22">[22]</a> Ezra Pound, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref23">[23]</a> Para este tipo de an&aacute;lisis pormenorizados utilizamos: Roland McHugh, <em>Annotations to Finnegans Wake</em>, Baltimore, John Hopkins University Press, 2006.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref24">[24]</a> En franc&eacute;s, &laquo;nu&eacute;e&raquo; es nube, y eso lo relacionar&iacute;a, adem&aacute;s, con Issy, la hermana menor, a quien se llama a menudo &laquo;Nuvoletta&raquo; (157.08 y 17, 159.05 y 06).</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref25">[25]</a> Otra reverberaci&oacute;n de este &laquo;prural and plausible&raquo; es, muy posiblemente, la propia Anna Livia Plurabelle: dadora de vida, multiplicadora de sentidos y latencias.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref26">[26]</a> Las traducciones entre [corchetes] indican que hay coincidencia entre mi versi&oacute;n y la de Marcelo Zabaloy en <em>Finnegans Wake</em>, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2016. Todas las dem&aacute;s traducciones son m&iacute;as.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref27">[27]</a> El m&uacute;sico John Cage compuso una obra con el t&iacute;tulo de <em>Roaratorio, an Irish Circus on Finnegans Wake </em>(2002), en la que superpone su voz recitante con ruidos, sonidos y fragmentos musicales extra&iacute;dos de FW.</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref28">[28]</a> Eric MacLuhan, <em>The Role of Thunder in Finnegans Wake</em>, Toronto, University of Toronto Press, 1997.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref29">[29]</a> Umberto Eco, op. cit., p&aacute;g. 124.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref30">[30]</a> Ambas citas aparecen en: Richard Ellman,<em>&nbsp;</em><em>James Joyce. </em>Oxford University Press, 1983, p&aacute;g. 546.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref31">[31]</a> Clive Hart, <em>Structure and Motif in Finnegans Wake</em>, Faber and Faber, Londres, 1962, p&aacute;g. 81.</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref32">[32]</a> Clive Hart, op. cit. pp. 85 - 88.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref33">[33]</a> De Vico, Joyce tom&oacute; la concepci&oacute;n recogida en <em>La Scienza Nuova </em>(1725), seg&uacute;n la cual la historia avanza en amplias espirales de desarrollo social y cultural; y cada ciclo hist&oacute;rico completo consiste en una sucesi&oacute;n de tres grandes Edades: la Divina, la Heroica y la Humana, seguidas de una breve cuarta Edad &ndash;<em>ricorso</em>&ndash; que finaliza ese ciclo y preludia el nuevo.</p>
<p>De Bruno tom&oacute; sobre todo la noci&oacute;n de <em>coincidentia oppositorum</em>, la identidad de los contrarios. Hab&iacute;a le&iacute;do <em>De l'infinito universo e mondi </em>(1584), e hizo suya la idea de la infinitud de mundos.</p>
<p>Tambi&eacute;n se han reconocido como referentes para estos modelos c&iacute;clicos, la obra teos&oacute;fica H. P. Blavatsky <em>Isis Unveiled</em>; el texto <em>A Vision</em>, de W. B. Yeats, as&iacute; como el poema &laquo;<em>The Mental Traveller&raquo;</em> de William Blake.</p>
</div>
<div>
<p>33 Clive Hart. Op. cit, p. 45. En la Tabla de la p&aacute;gina 48 y en las p&aacute;ginas 57-62, el autor resume la correspondencia entre los ciclos viconianos y las distintas partes de FW.</p>
<p>[34] Clive Hart, op. cit, pp. 76-77.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref35">[35]</a> Richard Elllman, op. cit. p&aacute;g. 577.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref36">[36]</a> En un pasaje de la novela tambi&eacute;n aparece: &laquo;you&rsquo;re too dada for me to dance&raquo; (65.17).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref37">[37]</a> La danza de los derviches gir&oacute;vagos, practicada durante m&aacute;s de siete siglos, es parte de una ceremonia musulmana llamada <em>dhikr</em>, cuyo fin es glorificar a Dios y buscar la perfecci&oacute;n espiritual. La practican los derviches Mawlawi, una orden fundada por el poeta y m&iacute;stico persa Jalal ad-Din Rumi en el siglo XIII. Los danzantes se sientan en c&iacute;rculo escuchando m&uacute;sica. Luego, levant&aacute;ndose lentamente, se mueven para saludar al <em>shaykh</em>, o maestro, y se quitan el abrigo negro para emerger con camisas blancas. Mantienen su propio lugar con respecto a los dem&aacute;s y comienzan a girar r&iacute;tmicamente. Echan la cabeza hacia atr&aacute;s y levantan las palmas de sus manos derechas, manteniendo la mano izquierda hacia abajo, un s&iacute;mbolo de dar y recibir. El ritmo se acelera y giran cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. De esta manera entran en trance en un intento de perder sus identidades personales y alcanzar la uni&oacute;n m&iacute;stica.<em></em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref38">[38]</a> En una carta de 1931, Stanislaus se pregunta, rechazando FW: &laquo;What is the meaning of that rout of drunken words?&raquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref39">[39]</a> Fintan O'Toole, &laquo;Joyce: Heroic, Comic&raquo;, <em>The New York Review of Books</em>, New York, 25 de octubre de 2012.&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref40">[40]</a> Hallamos varias recreaciones de este nombre en FW, como &laquo;mudstorm&raquo; (86.20); &laquo;malestream&raquo; (547.32).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 May 2025 10:52:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Salvago: “soy muy poco mitómano”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-salvago-soy-muy-poco-mitomano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAVIER_SALVAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tengo para m&iacute; que si alguna vez Javier Salvago le hubiera preguntado al Loco de la Colina (Jes&uacute;s Quintero) si, en alg&uacute;n instante de su vida, le habr&iacute;a gustado ser Javier Salvago, el Loco le hubiera dicho que s&iacute;. Y seguramente el primer sorprendido de una respuesta como esa hubiese sido el propio Salvago, porque inmediatamente se habr&iacute;a preguntado qu&eacute; tendr&iacute;a &eacute;l de envidiable para que un personaje famoso, poderoso, rico y admirado como El Loco quisiera transmutarse por un momento en una persona casi an&oacute;nima, huidiza, sin ning&uacute;n poder medi&aacute;tico y medio derrotado por la vida. Mi intuici&oacute;n (o mi osada fantas&iacute;a) me dice que al Loco no le hubiera importado nada despojarse de todo lo que ten&iacute;a para, por unas horas, unos d&iacute;as o unas semanas, tener uno de los dones que m&aacute;s apreciaba: el de la poes&iacute;a. Ser poeta, escribir textos conmovedores, llenar con la magia de la tinta el blanco cielo del papel, saber hacer, en fin, lo que Salvago sab&iacute;a hacer con maestr&iacute;a inigualable. Eso, sigo con mi fantas&iacute;a, al Loco de la Colina le hubiera encantado, por la sencilla raz&oacute;n de que, muy por encima de la fama, del postureo, del mucho dinero o de la esplendente popularidad, lo que m&aacute;s estimaba El Loco era la gracia que las Musas solo regalan a unos pocos mortales: los artistas, los poetas. Y aunque El Loco, a su manera, tambi&eacute;n era un artista, un artista de profundos silencios, de intensas miradas y de preguntas lac&oacute;nicas, en el fondo carec&iacute;a de la capacidad de moldear un discurso propio con su mano de nieve, cosa en la que s&iacute; era competente el poeta Javier Salvago escribi&eacute;ndole sus reflexiones para los diferentes programas de radio y de televisi&oacute;n en los que trabaj&oacute;, siempre a la sombra, como guionista durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Ahora algunas de esas reflexiones que El Loco le&iacute;a en sus programas acaban de ver la luz en una peque&ntilde;a editorial, Los papeles del sitio (Sevilla), justo con el preciso t&iacute;tulo de <em>Mis reflexiones de El Loco</em>, firmadas naturalmente por Salvago, que fue quien las escribi&oacute; para que El Loco las hiciera suyas y su millonaria audiencia las creyera como salidas de su mag&iacute;n. Es verdad que esas reflexiones cuadraban muy bien con el personaje encarnado por Jes&uacute;s Quintero, pero no menos cierto es que si Salvago las escribi&oacute; fue porque tambi&eacute;n muchas de ellas se amoldaban a su propia filosof&iacute;a de vida, la de un descre&iacute;do de las grandes palabras (Justicia, Paz, Igualdad, etc.) o la de un so&ntilde;ador de sue&ntilde;os imposibles.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Recuerdo a Jes&uacute;s Quintero, el Loco de la Colina, con agradecimiento, admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; otro libro sobre El Loco de la Colina, si ya hablaste mucho (y no en t&eacute;rminos muy halag&uuml;e&ntilde;os) de &eacute;l en <em>El Purgatorio</em>, segundo tomo de tus memorias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, este no es exactamente un libro sobre el Loco, es solo una peque&ntilde;a muestra de parte del trabajo que durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os desarroll&eacute; como guionista de radio y televisi&oacute;n, especialmente junto a Jes&uacute;s Quintero, el Loco de la Colina. Pero te aseguro que no tengo ning&uacute;n inter&eacute;s en seguir hablando del Loco. Lo que pasa es que me llaman periodistas m&aacute;s o menos conocidos o amigos, como t&uacute;, pidi&eacute;ndome entrevistas, y me cuesta decir no. Tampoco quiero que se piense, si me niego, que es porque odio a Quintero o algo por el estilo. Nada m&aacute;s lejos. Lo recuerdo con agradecimiento, admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o. Pero, desde 2013, fecha en la que hicimos los &uacute;ltimos programas, yo estoy en otra historia, mi historia, dedicado a m&iacute; y a escribir mis libros. Que, desde entonces, he publicado trece, sin contar los que he publicado &uacute;ltimamente en Amazon.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No entiendo esa necesidad de mitificar a gentes que son iguales que todos los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Precisamente en esas memorias dec&iacute;as que no sentiste mucha simpat&iacute;a por &eacute;l. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No es que no sintiera simpat&iacute;a por &eacute;l, sino que no siempre estaba de acuerdo con el personaje. Esas memorias est&aacute;n escritas en caliente y con cierta mala leche, lo reconozco. Es normal que haya roces en treinta a&ntilde;os de estrecha colaboraci&oacute;n, digamos art&iacute;stica, cuando no siempre se tiene la misma visi&oacute;n de las cosas ni la misma mentalidad. Hab&iacute;a cosas de Quintero que no me gustaban y seguramente tambi&eacute;n habr&iacute;a cosas m&iacute;as que no le gustaran a &eacute;l. Quiz&aacute; tendr&iacute;a que haber sido m&aacute;s comedido en mis opiniones personales. Pero como estoy acostumbrado a decir pestes de m&iacute; mismo no le doy demasiada importancia a decir inconveniencias de los dem&aacute;s. Adem&aacute;s yo, por naturaleza, soy muy poco mit&oacute;mano. No entiendo esa necesidad de mitificar a gentes que son iguales que todos los dem&aacute;s, solo que tienen un talento especial para hacer algo, pero que ni son dioses ni lo saben ni lo pueden todo. Son gente, limitada en muchos aspectos, que necesita a la gente, como todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir diariamente por obligaci&oacute;n me dio m&uacute;sculo literario&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ahora, en <em>Mis reflexiones de El Loco</em>, apuntas a que nunca te has avenido a escribir por obligaci&oacute;n, como cuando escrib&iacute;as los guiones de los programas de Jes&uacute;s Quintero, porque afirmas que los textos de esos guiones no los consideras realmente tuyos, pero, sin embargo, lo son, son parte de ti. &iquest;No consideras que haber escrito por obligaci&oacute;n ha sido un mecanismo literario para descubrir cosas de ti mismo que de otra manera no habr&iacute;as descubierto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Escribir diariamente por obligaci&oacute;n -que, en principio, lleg&oacute; a anularme como poeta y como escritor, estuve once a&ntilde;os sin escribir para mi y sin publicar un solo libro m&iacute;o- me dio algo muy importante que descubr&iacute; cuando dej&eacute; de escribir por obligaci&oacute;n: m&uacute;sculo literario. Yo no habr&iacute;a escrito todos los libros que he escrito despu&eacute;s -cuatro libros de relatos, tres de aforismos, tres novelas, etc.- si no hubiera sido por el ejercicio casi gimn&aacute;stico de escribir por obligaci&oacute;n durante tantos a&ntilde;os. Eso me ha desarrollado los m&uacute;sculos de escritor. Yo antes me cansaba solo de pensar en escribir una novela, y ahora me la puedo escribir en un par de meses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Quintero ten&iacute;a la vanidad necesaria para ser quien era y para hacer lo que hac&iacute;a, que no todos pod&iacute;an ni pueden hacerlo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Tan vanidoso era Quintero como para afirmar que lo que escrib&iacute;as para &eacute;l eran todos textos de autobombo, de ensalzamiento de su personaje?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No todos los textos eran de autobombo, como se puede comprobar en este librito, ni siquiera la mayor&iacute;a de ellos. Quintero era vanidoso como cualquier artista y con toda la raz&oacute;n porque lo que hac&iacute;a ten&iacute;a mucho &eacute;xito. Adem&aacute;s era Leo, rey sol. Cuando hablo de autobombo no es algo exclusivo de Quintero ni de sus programas. Todos los programas y todos los presentadores se elogian a s&iacute; mismos de alg&uacute;n modo. Eso se llama venderse y vender el producto. M&aacute;s que vanidad, es marketing. Tambi&eacute;n lo hacen los escritores y todos los que venden algo. Pero, vamos, Quintero ten&iacute;a la vanidad necesaria para ser quien era y para hacer lo que hac&iacute;a, que no todos pod&iacute;an ni pueden hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-De rareza calificas tu libro. &iquest;Qu&eacute; tiene de raro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hombre, de raro tiene que es trabajo, que no nace de una necesidad m&iacute;a de expresar algo, sino de la obligaci&oacute;n de llenar unos folios para cumplir con un trabajo. Esto puede sonar despectivo quiz&aacute;. Pero esos folios no son basura, son trabajo, pero trabajo bien hecho en el que hay mucho de m&iacute; mismo y mucha autenticidad, mucha verdad. Aunque la verdad no siempre sea la m&iacute;a, sino la del personaje que habla. Yo no s&eacute; trabajar ni escribir de otra manera, sino de la mejor manera. Y estas son reflexiones del Loco escritas por m&iacute;, como si fuera el Loco, y aport&aacute;ndole al personaje mi visi&oacute;n y mi experiencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Utop&iacute;a hoy es poder comprarse un piso o llegar a fin de mes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;De verdad crees que estas reflexiones tuyas dichas por El Loco ten&iacute;an m&aacute;s sentido hace treinta a&ntilde;os que si fuesen dichas ahora, porque grandes palabras como Revoluci&oacute;n, Utop&iacute;a, Libertad, Justicia, Democracia, Paz o Solidaridad significaban otra cosa que lo que significan ahora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Est&aacute; claro que todas esas palabras o no significan hoy nada o significan cualquier cosa. Yo he visto spots publicitarios en los que se llamaba revoluci&oacute;n a cualquier majader&iacute;a moderna. Utop&iacute;a hoy es poder comprarse un piso o llegar a fin de mes. Y ya hemos visto la destrucci&oacute;n de pa&iacute;ses bajo las bombas en nombre de la libertad y la democracia. De la justicia, mejor no hablar, ni de la divina ni de la humana. La apropiaci&oacute;n indebida de esas palabras por gente que representa todo lo contrario de libertad, justicia o democracia, es una de las aberraciones de estos tiempos. La manipulaci&oacute;n o prostituci&oacute;n del lenguaje est&aacute; matando las palabras y lo que significan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El Loco aceptaba tus textos y guiones sin ponerles nunca ning&uacute;n reparo? Si fue as&iacute;, &iquest;es que intuiste desde el principio c&oacute;mo era el personaje y que supiste hacer que dijera lo que t&uacute; quer&iacute;as que dijera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El Loco aceptaba mis textos porque le gustaba mi manera de escribir y lo que dec&iacute;an, los sent&iacute;a muy pr&oacute;ximos, como propios. Pero unos textos le gustaban m&aacute;s y otros menos, como es normal. Antes de trabajar con &eacute;l, yo apenas hab&iacute;a escuchado el programa. Comenc&eacute; a escucharlo cuando Quintero me dijo que escribiera para &eacute;l, y la verdad es que lo que escuchaba me parec&iacute;a por lo general demasiado excesivo para mi gusto, muy remontado, muy ret&oacute;rico, muy efectista y muy cursi incluso. No era mi estilo y aunque sab&iacute;a que deb&iacute;a adaptarme al personaje, porque ese era mi trabajo, sab&iacute;a que si no consegu&iacute;a llevarlo un poco a mi terreno me iba a sentir muy inc&oacute;modo. Y fui quit&aacute;ndole palabrer&iacute;a, d&aacute;ndole sentido a su locura, baj&aacute;ndolo de las nubes y haciendo que pisara tierra.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las ingenuidades de hoy no por ser m&aacute;s c&iacute;nicas son menos ingenuas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En algunas de las reflexiones incluidas en el libro parece que escribes una gu&iacute;a de vida a modo de consejos trillados, de esos que vienen en los libros de autoayuda, como cuando dices: &laquo;Quiero vivir como si no tuviera nada que perder, como si cada d&iacute;a fuera el &uacute;ltimo&raquo;. Parece un consejo un poco naif, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, puede que est&eacute; trillado ahora. Pero ese texto es de 1984 cuando no creo que hubiera demasiados libros de autoayuda conocidos. A lo mejor muchos de los gur&uacute;s que dicen eso ahora se inspiraron en el Loco, qui&eacute;n sabe. Muchos de estos textos tienen cuarenta a&ntilde;os, como digo. Eran otros tiempos y otras nuestras ingenuidades, aunque las ingenuidades de hoy no por ser m&aacute;s c&iacute;nicas son menos ingenuas. Y claro que eran reflexiones para animar a los que las escuchaban y para que las entendieran a la primera. Piensa que estaban dirigidas a millones de personas, que era la audiencia normal de los programas de Quintero, no a una veintena de intelectuales. Aunque he de decir que los intelectuales andaban locos por que los entrevistara el Loco. Y no solo los intelectuales. Que te llevara el Loco a su programa era todo un privilegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otras reflexiones, por ejemplo, las dedicadas a Mayakovski, reivindicas el derecho a la locura, a no sentar cabeza. &iquest;Eso era revolucionario o simple provocaci&oacute;n para que la gente dejara de ser conformista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Esa reflexi&oacute;n no me cost&oacute; nada escribirla porque en realidad la escribi&oacute; Mayakovski. Yo lo &uacute;nico que hago es citarla tal cual con una m&iacute;nima entradilla. El loco era el Loco y, por mucho que yo intentara bajarlo de las nubes, su naturaleza era la locura. Deb&iacute;a reivindicar la locura y el derecho a estar locos en un mundo horrible de cuerdos horribles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y por qu&eacute; tantas referencias a autores tan dispares como Nietzsche, Dostoievski, Eugenio Sue, Goethe, Allen Ginsberg, B&eacute;cquer, etc.? &iquest;Te ped&iacute;a El Loco que amoldaras sus opiniones a sus ideas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No, el Loco no me ped&iacute;a nada. Era yo el que recurr&iacute;a a ellos para facilitarme mi trabajo. Si me faltaba inspiraci&oacute;n glosaba una frase de alguno de estos autores y ya ten&iacute;a una reflexi&oacute;n. M&aacute;s o menos como creo que dec&iacute;a Gonz&aacute;lez-Ruano cuando escrib&iacute;a un art&iacute;culo sobre un texto ajeno: &ldquo;y ahora a firmar y a cobrar&rdquo;. Pero, en mi caso, esas citas ajenas estaban perfectamente seleccionadas para poder decir, a trav&eacute;s de ellas, lo que quer&iacute;a y deb&iacute;a decir el Loco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con el Loco de la Colina me hice trabajador, obrero de la escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>-&iquest;Con El Loco te hiciste mayor o El Loco te hizo mayor?</p>
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<p>-Con el Loco me hice trabajador, obrero de la escritura. Yo, hasta entonces, solo hab&iacute;a escrito poemas y alg&uacute;n art&iacute;culo de prensa. No ten&iacute;a trabajo ni encontraba una manera digna de tenerlo puesto que en el 68, cuando termin&eacute; el bachillerato, en lugar de estudiar una carrera, me hice hippie. Lo &uacute;nico que quer&iacute;a era ser escritor y cre&iacute;a que la carrera de escritor se estudiaba viviendo a tope y a fondo y leyendo mucho. As&iacute; que, cuando me lleg&oacute; la hora de tener que trabajar, ten&iacute;a pocas armas para defenderme en el mundo laboral. Una de las cosas que le agradecer&eacute; siempre a Quintero es que me ofreciera un trabajo que se adaptaba a m&iacute;, puesto que se trataba principalmente de escribir, que se acab&oacute; convirtiendo en mi medio de vida y que me permiti&oacute; vivir en un ambiente envidiable, para muchos, y ganar un buen sueldo. Porque aunque empec&eacute; ganando mil pesetas por folio, que tampoco era poco en aquellos tiempos, cuando llegamos a la televisi&oacute;n ten&iacute;a sueldo de yuppie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-De Schopenhauer se dec&iacute;a que era el fil&oacute;sofo m&aacute;s pesimista de la historia de la filosof&iacute;a, pero yo he le&iacute;do todos tus libros de poemas y de aforismos, y la conclusi&oacute;n que saco es que se podr&iacute;a decir de ti que eres el poeta y el aforista m&aacute;s pesimista de la historia. &iquest;Tan poca esperanza de mejora tienes en el ser humano?</p>
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<p>-Yo no me considero pesimista. La realidad es mucho peor de lo que yo pueda imaginar o temer. Vosotros los vitalistas y optimistas no lo veis porque est&aacute;is ciegos, os dej&aacute;is engatusar con fines de semana, fiestas, vacaciones, aguinaldos y los mil espejismos de la felicidad. Pero yo solo me dejo engatusar por los gatos, que no me mienten.</p>
<p><strong>&ldquo;Las aspiraciones, como los sue&ntilde;os, sue&ntilde;os son&rdquo;</strong></p>
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<p>-El Loco le dec&iacute;a a sus oyentes: &laquo;No envidiar a nadie. No temer a nadie. Contar con alguien a quien poder llamar amigo. Trabajar poco y en lo que te gusta. Descubrir cada d&iacute;a cosas nuevas en las cosas de siempre. Sacarle jugo a lo que hay. No esperar lo que no existe. No tener nunca que mentir a nadie y mucho menos a uno mismo&raquo;. &iquest;Cumpl&iacute;a &eacute;l esos consejos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Nadie cumple esos consejos. Todos envidiamos, tememos, esperamos de lo que no existe, mentimos a los dem&aacute;s y a nosotros mismos. M&aacute;s que consejos son aspiraciones. Y las aspiraciones, como los sue&ntilde;os, sue&ntilde;os son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro de tus m&aacute;s recientes libros, <em>Aqu&iacute; nac&iacute;, este es mi pueblo</em>, confiesas que, pese a haberos relacionado durante muchos a&ntilde;os y muchas horas, nunca os considerasteis amigos. Entonces &iquest;qu&eacute; er&aacute;is, conocidos, saludados?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ten&iacute;amos una cordial y amistosa relaci&oacute;n y hasta hab&iacute;a un cierto cari&ntilde;o. A m&iacute; me dol&iacute;a lo malo que le pasaba y me consta que a &eacute;l lo mismo. Lo que sucede es que creo que no debes ser amigo de alguien que te paga y con el que trabajas diariamente porque entonces no hay frontera entre el trabajo y la amistad y todo se convierte en trabajo. Si yo estaba en una fiesta con Quintero estaba trabajando porque se nos ocurr&iacute;an cosas que ten&iacute;an que ver con el trabajo, habl&aacute;bamos del trabajo, lo mir&aacute;bamos todo como materia de trabajo, etc. Y eso no es sano. Hay que desconectar. As&iacute; que &eacute;ramos amigos, pero cada uno en su casa y Dios en la de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La soledad es mi estado natural&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El final de una de tus reflexiones dice: &laquo;La soledad es la princesa de la noche, la inevitable compa&ntilde;&iacute;a de los insomnes y los noct&aacute;mbulos&raquo;. Es una bella frase, sin duda, pero &iquest;con <em>esa princesa de la noche</em> te refer&iacute;as al Loco o a ti mismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Yo me he llevado siempre mucho mejor con la soledad que Quintero. Al Loco no le gustaba la soledad, no quer&iacute;a ni sab&iacute;a estar solo. Yo s&iacute;, la soledad es mi estado natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El Loco se cre&iacute;a un profeta, un consejero a&uacute;lico para miles de oyentes, una divinidad radiof&oacute;nica y televisiva, un cham&aacute;n, una criatura con poderes sobrehumanos o solo era un simple locutor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El Loco era todo eso para millones de oyentes y de espectadores. Lo que no fue nunca es un simple locutor. El Loco no era un locutor, era ante todo y sobre todo un artista. Vino a hacer arte con la radio y la televisi&oacute;n. Y creo que lo logr&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico trabajo que de verdad valoraba el Loco de la Colina era el arte&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Qu&eacute; crees que hubiera respondido El Loco a la pregunta que &eacute;l mismo le hizo una vez a sus oyentes: &laquo;&iquest;Crees, como Cicer&oacute;n, que el trabajo nos endurece contra el dolor?&raquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, a &eacute;l el trabajo lo salvaba de muchas cosas, entre otras de la soledad, de la que hemos hablado. &Eacute;l era muy trabajador, pero trabajando en lo suyo, en lo que le interesaba. En eso no ten&iacute;a descanso, siempre estaba trabajando, buscando cosas nuevas para sus programas. El &uacute;nico trabajo que de verdad valoraba era el arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y no te parece que algunas de sus alocuciones ten&iacute;an algo de homil&iacute;as, de sermones laicos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Pues s&iacute;, pero algunas de esas homil&iacute;as eran precisamente las que m&aacute;s le llegaban a la gente. A veces necesitamos que nos sermoneen para despertarnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;A qu&eacute; se refer&iacute;a cuando dijo que para &eacute;l la revoluci&oacute;n era mucho m&aacute;s que un cambio de sistema pol&iacute;tico, que lo que &eacute;l deseaba era un cambio total?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Eso s&iacute; que es una utop&iacute;a, la utop&iacute;a total.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Trabajar en los medios me ha inmunizado contra la propaganda y la manipulaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; le agradecer&iacute;as a Jes&uacute;s Quintero si tuvieras que agradecerle algo, aparte de haberte dado trabajo durante treinta a&ntilde;os?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>.Aparte de un atractivo trabajo durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que me ha dado m&uacute;sculo literario para escribir m&aacute;s y mejor, me ha dado la oportunidad de ver a gente supuestamente grande o importante que de cerca ni son tan grandes ni importan demasiado. Nadie es m&aacute;s que nadie, unos hacen bien unas cosas y otros otras, la diferencia es puro marketing. Trabajar en los medios me ha inmunizado contra la propaganda y la manipulaci&oacute;n, las huelo a kil&oacute;metros, y me ha hecho ver lo cutre que suele ser la fama. La fama, como he dicho en alg&uacute;n lado, es un criadero de monstruos. Si alguna vez dese&eacute; ser famoso, mi trabajo me cur&oacute; de cualquier tentaci&oacute;n de serlo. No dir&eacute; que antes muerto que famoso, pero casi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que ser muy bobo, por mucha fama, poder o dinero que consigas, para creerte un triunfador&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No s&eacute; si piensas que tu larga trayectoria con &eacute;l fue un &eacute;xito o un fracaso (personal o profesional), pero lo cierto es que a ti siempre te ha atra&iacute;do mucho m&aacute;s la senda del perdedor que la del triunfador. &iquest;Tienes una propensi&oacute;n natural por el malditismo o maldita la gracia que te hace el triunfalismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-He tenido un buen trabajo, lo he hecho lo mejor que s&eacute; y hasta estoy considerado dentro de la profesi&oacute;n, as&iacute; que de fracaso nada. Lo que pasa es que yo, aunque he trabajado durante treinta a&ntilde;os como guionista, nunca me he sentido guionista. Quiz&aacute; porque antes que guionista siempre he sido poeta y dejar de ser poeta para ser otra cosa puede que sea un buen negocio en cuesti&oacute;n de dinero, pero nada m&aacute;s. En cuanto a lo del &eacute;xito, ya he dicho en alg&uacute;n aforismo que el &eacute;xito -como la felicidad, seg&uacute;n S&eacute;neca- es no necesitarlo. Y triunfalismo, el m&iacute;nimo. &iquest;C&oacute;mo un pesimista como yo, seg&uacute;n mi fama, va a confiar en el triunfo cuando sabe que ning&uacute;n triunfo, por grande que parezca, nos podr&aacute; salvar del inevitable fracaso final? La vida misma es un fracaso, siempre acaba mal. As&iacute; que todos, a la postre, somos perdedores. Y s&iacute;, maldita la gracia que me hacen los triunfadores, porque hay que ser muy bobo, por mucha fama, poder o dinero que consigas, para creerte un triunfador. Triunfador &iquest;de qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Si tuvieras que escribir un epitafio para El Loco de la Colina, qu&eacute; escribir&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Suponiendo que, est&eacute; donde est&eacute;, seguir&aacute; pensando en su programa y en tener a los m&aacute;s ilustres entrevistados, m&aacute;s que epitafio, yo pondr&iacute;a: Buenas noches, aqu&iacute; el Loco. Te hablo desde una colina del Ed&eacute;n de las estrellas. &nbsp;Esta noche tenemos con nosotros a Dios padre, &nbsp;y seguidamente conseguir&eacute; entrevistar por fin a Fidel Castro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fidel Castro era el personaje fetiche que todas las temporadas aparec&iacute;a el primero en las listas de grandes invitados, y que nunca consigui&oacute; entrevistar&hellip; en la tierra. En la gloria no sabemos si lo habr&aacute; conseguido).&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Javier Salvago, <em>Mis reflexiones de</em> El Loco, Sevilla, Editorial Los Papeles del Sitio, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 May 2025 08:15:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hija salvaje del sur]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-hija-salvaje-del-sur/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_NAVARRO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Fernando Navarro (Granada, 1980), que maneja la narrativa audiovisual por su condici&oacute;n de guionista en diferentes proyectos, ha conseguido generar una expectaci&oacute;n como hac&iacute;a mucho no se ve&iacute;a en la literatura espa&ntilde;ola con la llegada de este t&iacute;tulo, <em>Cris&aacute;lida</em>, editada por Impedimenta, su primera novela, que llega despu&eacute;s del &eacute;xito arrollador de su volumen de cuentos, <em>Malaventura</em> (Impedimenta, 2022) y su participaci&oacute;n como guionista en <em>Segundo premio</em>, largometraje sobre la banda granadina Los Planetas y que consigui&oacute; ser propuesta a los Oscar para mejor pel&iacute;cula extranjera despu&eacute;s de llevarse el Goya a la mejor pel&iacute;cula espa&ntilde;ola del a&ntilde;o 2024.&nbsp;</p>
<p><em>Cris&aacute;lida</em> es una historia que conjuga dos espacios literarios: el descenso a la locura de una familia que se interna en la sierra para vivir alejada de la civilizaci&oacute;n y las consecuencias que tiene esa huida en la protagonista, uno de los v&aacute;stagos, desde su despertar y estancia en lo que parece un pabell&oacute;n de reposo. La novela suena a sello Gong, a las leyendas del tiempo y del espacio, a una vieja noche y un nuevo d&iacute;a.&nbsp;</p>
<p><em>Cris&aacute;lida</em> es una historia de lluvia y barro, de ni&ntilde;os encendidos por la fiebre que abandonan la infancia en un salvajismo de gusanos grises y yerbas t&oacute;xicas mientras Granada, siempre Granada&nbsp; (ciudad innombrable) aparece en la lejan&iacute;a, fr&iacute;a y atemporal, una Granada de sierra y nieve, dominada por la se&ntilde;ora de las alturas y las sustancias, carbono, hidr&oacute;geno y ox&iacute;geno. Destiladas o fermentadas, hasta que las semillas, abordadas por el agua pura de la nieve, germinan en sangre y delirio: &ldquo;El agua en sus cabellos, esas aguas son aguas que vienen de ni&ntilde;os como nosotros, ni&ntilde;os de la niebla, perdidos y muertos, desangrados ah&iacute; arriba&rdquo;. La idea de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola, del norte gallego al sur andaluz, de las canciones de Golpes Bajos a las de Los Planetas.&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;ora de las alturas, Se&ntilde;or Mostaza, Till podr&iacute;a ser ella, la pobre Till que pisaba charcos mientras hu&iacute;a de los fantasmas. Esos cuerpos y esa sangre de los muertos, los que le dan al agua el color rojo de la sangre y convierten la sierra en un lugar que parece m&aacute;s selva que bosque. En Granada el calor y la nieve conviven, como la electricidad y el flamenco, la modernidad t&oacute;xica y la tradici&oacute;n opaca. Bater&iacute;as de vidrio y percusi&oacute;n de Semana Santa. El sabor a cuero de las estatuas, diazepam y duermevela, padre y madre, Lole y Manuel, Enrique y la mujer de Morente. Elegir estos nombres no es balad&iacute; para la rese&ntilde;a, est&aacute;n ah&iacute;, tras las palabras, en el hueco estrecho que hay entre cada frase.</p>
<p>Fernando Navarro, que ven&iacute;a del polvo y los suelos &aacute;ridos del sur, sin cascadas de agua, de silencios secos en la garganta, de otro sur donde la lluvia es un mito, se adentra en el horror de la civilizaci&oacute;n ausente, de la disfuncionalidad familiar. Para alimentar el terror utiliza los muslos del romancero y las pistolas de los guardias civiles, monstruosos son los elementos ar&aacute;cnidos, mucosos, una excreci&oacute;n que surge entre dimensiones, ah&iacute; donde confundimos sierra con sanatorio, u&ntilde;as largas para poder dejar marcas en el suelo que, con la luz de la ma&ntilde;ana, han desaparecido, u&ntilde;as afiladas para recorrer la madera ahogada de humedad y acercarse hasta el catre, u&ntilde;as y huesos, de tu&eacute;tano demente. Un padre, Capit&aacute;n, que se lanza hacia el abismo de la miel (como un caballo, en los pulmones) y la escopeta, met&aacute;fora de p&oacute;lvora y locura.&nbsp;</p>
<p><em>Malaventura</em> su sobresaliente libro de relatos, era un cuerpo recorrido por la calima del estrecho, penetrado hasta sus hambrientos &oacute;rganos, mientras que <em>Cris&aacute;lida</em> peca del misterio resuelto en<em> El peque&ntilde;o salvaje</em> (L'Enfant sauvage, 1970) de Fran&ccedil;ois Truffaut o la herencia de El se&ntilde;or de las moscas, antes, claro, de caer en <em>El juego de los ni&ntilde;os</em> de Juan Jos&eacute; Plans o&nbsp;<em>Los chicos del ma&iacute;z</em> de Stephen King. Claramente hablamos de lenguaje literario y audiovisual, yendo de un lado a otro, en <em>Cris&aacute;lida</em> hay espacio para la &eacute;tica innata o naturalismo desbocado y convive con el Jack Ketchum y su familia desdentada y falta de vitamina C, como si los vaivenes en tierra trajeran escorbuto y un tripi malo. Cris&aacute;lida es Gualberto de &aacute;cido, whisky malo y Lole cantando una seguidilla de benzodiacepinas y <em>rohypnol. </em>Todos los horrores tienen ramificaciones, del pasado al presente, confundi&eacute;ndose las se&ntilde;ales: incesto subliminal, instintos, un carnaval de muerte que va acercando conforme la familia reduce su radio social, la muerte, s&iacute;, otra vez, insisto, la muerte que sigue al amor, la madre es dolor y la madre es muerte, as&iacute; que la si la madre sigue al amor, el padre sigue la locura. Y los hijos son un aullido de los dos.&nbsp; Nadie puede escapar con vida porque ya est&aacute;n todos muertos. O porque el &uacute;nico tiempo para vivir ya se lo han ofrecido. Comenzar el libro con la muerte. Y por el camino, como vetas en la narraci&oacute;n, los pinchazos de la voz que narra, atenazada, en la cl&iacute;nica, sanatorio, prisi&oacute;n o psiqui&aacute;trico. De pronto es una novela-manicomio, <em>El pabell&oacute;n de reposo</em> de Camilo Jos&eacute; Cela, <em>Razas de noche</em> de Clive Barker o <em>La saga del oso m&iacute;stico</em> de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Integramos al enfermo en el edificio. Se convierte en un fantasma, las ruinas son los restos, &iquest;Qui&eacute;n observa y qui&eacute;n es el observado? Fernando Navarro juega con la estructura circular del tiempo, con la cinta de Moebius, comienzo frente a final. &iquest;Somos nosotros, los lectores o los enfermos, los que observan o los observados? Ella es la se&ntilde;ora de las alturas, otra vez, volvemos a Los Planetas, m&aacute;s bien los Evangelistas o, m&aacute;s recientemente, David Monta&ntilde;&eacute;s. Es un libro notable, que se queda atrapado en su desarrollo acumulativo, que desemboca en una violencia narrativa que enmudece, que ser&iacute;a sobresaliente si no vini&eacute;ramos de <em>Malaventura</em>. Quiz&aacute; el sabor de un cuento espl&eacute;ndido estirado a base de coleccionar capas y capas sobre la digesti&oacute;n que caracteriza a los personajes. Enso&ntilde;aciones, estadios subjetivos&hellip; Fernando Navarro crea un estado de sierra que acumula frustraci&oacute;n y demencia. Un libro abierto, sugerente, esquivo. Un libro que marca un punto y seguido en la obra de Fernando Navarro.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Navarro, Cris&aacute;lida, &nbsp;Madrid, Editorial Impedimenta, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2025 10:27:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poeta de la gente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poeta-de-la-gente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PABLO_GARC_A_CASADO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los poemas en prosa de Pablo Garc&iacute;a Casado (C&oacute;rdoba, 1972) son parte del canon de la literatura espa&ntilde;ola. De la poes&iacute;a contempor&aacute;nea, en realidad. Es la generaci&oacute;n DVD, el cat&aacute;logo de la editorial de Sergio Gaspar, que hace que cualquier libro que encuentres con su sello en una librer&iacute;a de lance sea, con toda seguridad, una compra necesaria, puesto que en ella se encontraban Manuel Vilas, por supuesto, pero tambi&eacute;n Miriam Reyes, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez, Roger Wolfe o Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega. Y Pablo Garc&iacute;a-Casado. Con <em>Las afueras</em>, de 1997, y <em>Dinero</em>, de 2001, marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de unos a&ntilde;os de una producci&oacute;n m&aacute;s calmada, vuelve a la poes&iacute;a con <em>Cada uno es mucha gente</em>, Premio Ciudad de Burgos 2025, editado por Visor. Los poemas de Pablo Garc&iacute;a-Casado son elementos de una narrativa l&iacute;rica de la vida, p&iacute;ldoras de urbanismo infinito y l&iacute;rico extrarradio, de madurez po&eacute;tica, de mujeres y hombres, poemas de padre y de marido, trufados de una lluvia com&uacute;n que nos empapa y sorprende. &iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre el cuento corto y el extracto l&iacute;rico en los poemas de este libro? El instante, el &aacute;mbar que atrapa: &ldquo;Le dije gracias, fue lo &uacute;nico que le dije y que se lo devolver&iacute;a&rdquo;. Mujeres que son madres, esposas e hijas: en ADN, con m&uacute;sica de Lou Reed de fondo, <em>Sweet Jane</em>, por ejemplo, capturan las generaciones y nos ofrecen un espacio para crecer al que volvemos una y otra vez. &ldquo;Sabemos que es lo m&aacute;s conveniente, que es un error aferrarse a las cosas. Porque son solo eso, cosas. Que nuestra vida, como &eacute;l dice, est&aacute; ya en otra parte&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Todo el futuro es belleza, el &uacute;nico momento en el que la envidia se convierte en felicidad. Quiz&aacute; no sea envidia, quiz&aacute;, m&aacute;s bien, es admiraci&oacute;n, la sensaci&oacute;n entre la f&iacute;sica y la &eacute;tica, complement&aacute;ndose. Protecci&oacute;n suprema: &ldquo;Yo ser&eacute; tu castillo, yo, tu &uacute;nica centinela, armada de apiretal&rdquo;. El &uacute;nico amor es el de las v&iacute;sceras, los recuerdos pueden venderse, en la basura los besos m&aacute;s sinceros&hellip; la primera parte del libro, <em>Mujeres</em> encuentra incluso el espacio para el muro de Facebook de un muerto, el silencio como agon&iacute;a. El poema <em>Baltimore</em> tiene: &ldquo;Piensas en beb&eacute;s gateando en el pasillo&rdquo; y el poema <em>Mujeres</em>, donde todo est&aacute; contenido, la vida, la ruptura, el derrumbe, padre y madre, segundas partes y dinero termina de este modo: &ldquo;Le dije gracias, fue lo &uacute;nico que dije. Y que se lo devolver&iacute;a&rdquo;. Magn&iacute;fico.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte tiene como t&iacute;tulo <em>Hombres</em>. Poemas como <em>Equipo</em> donde el nosotros es una palabra t&eacute;cnica, la paz es una siesta y los objetivos siempre son a largo plazo. Fuera de lugar, en un orden distinto, la familia se enfrenta a la realidad. Todo queda en el camino, el recuerdo de las papelinas y las frentes desesperadas. Pablo Garc&iacute;a-Casado habla de su generaci&oacute;n y de los que aprendimos ley&eacute;ndoles, puesto que no somos parte de ella, ella forma parte de nosotros: &ldquo;Pero una parte de ti pisar&iacute;a a fondo&rdquo;. Un punto vital, el empate, el descuento, que te salva en el descuento, antes de sacar a Alexanco de delantero centro. Pienso en Pier Paolo Pasolini y sus medias y su cigarrillo y, claro, en Saturnino Arr&uacute;a. Pienso, sobre todo en Albis, Ricardo Ra&uacute;l Albisbeascoechea Pertica, oriundo centrocampista del M&aacute;laga CF. El poema <em>Casa</em>, una eleg&iacute;a para proteger al ca&iacute;do, un hilo para escapar del laberinto. Como siempre, ese cierre en el texto, el verso, la frase, el momento en el que poema explota: &ldquo;En casa me espera Marisa para ba&ntilde;ar al beb&eacute;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hablamos de Manuel Vilas al principio, su poema <em>Mujeres</em>, aparecido en su libro <em>Resurrecci&oacute;n </em>(Visor, 2005), emparentado con el poema <em>Invisible</em>, las cajeras con las cut&iacute;culas destrozadas del &aacute;cido y del amon&iacute;aco, las parafarmacias, la pizza del viernes como una fiesta, el tel&eacute;fono m&oacute;vil, el aburrimiento. M&aacute;s adelante, el 303 que nos convierte en h&eacute;roes: &ldquo;Solo el sonido hidr&aacute;ulico del cami&oacute;n de la basura&rdquo;. Pablo Garc&iacute;a Casado disfruta del rock y del f&uacute;tbol: del alop&eacute;cico <em>Creep</em> de Radiohead en las revistas musicales en papel, &iquest;qu&eacute; nos ofreces, funcionario de provincias? Te preguntas: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;, qu&eacute; ha sido de nosotros, qui&eacute;nes somos que no nos reconocemos&rdquo;. No es una comparaci&oacute;n, pero el Tato Abad&iacute;a acab&oacute; en el Compostela y Ruggeri, &ldquo;El cabez&oacute;n&rdquo;, invitaba a pavo por Navidad a Diego Armando Maradona cuando estaba en Logro&ntilde;o. Gente: &ldquo;Que hablaban de Luis Aragon&eacute;s como si fuera el profeta Isa&iacute;as&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los campos, los quesos, la exmujer, sal&iacute;an en los cromos, solo hab&iacute;a dos extranjeros por equipo, mi amigo Juan Luis Salda&ntilde;a, poeta y futbolista, y el recuerdo de Maradona saliendo al campo del Sevilla mientras sonaba <em>Mi enfermedad</em> de Andr&eacute;s Calamaro. &iquest;Pablo, lo escuchaste? No estabas muy lejos, cerca, en C&oacute;rdoba seguro que se notaba el temblor: &ldquo;Te lanzas a los pies del contrario con la honradez de un soldado del Vietcong&rdquo;. La tos socialdem&oacute;crata: &ldquo;La hija cansada y gris&rdquo; y cuando &eacute;l se va, se queda la enfermedad, porque es un concepto: &ldquo;Comienzan los picores. Justo aqu&iacute;, detr&aacute;s del paladar&rdquo;. Un d&iacute;a menos, un d&iacute;a m&aacute;s, el port&aacute;til, bajar la tapa del port&aacute;til. En los seiscientos kil&oacute;metros que nos separan del poema <em>Lobo</em> uno encuentra el recuerdo de un ciclista, del cromo de Arteche, m&aacute;s estampita que colecci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En <em>Genoma,</em> tercera parte del libro, encontramos poemas directos, m&aacute;s cortos, una especie de sorpresa donde la gen&eacute;tica se erige a la vez como misi&oacute;n y como raz&oacute;n de vida: &ldquo;Enamorado, aunque el cansancio me haya vuelto m&aacute;s distante. As&iacute;, en estado de oxidaci&oacute;n&rdquo;. Una rese&ntilde;a como esta, que tiene algo de carta, que escapa de lo acad&eacute;mico, me lo pide la emoci&oacute;n y la admiraci&oacute;n por el poeta, capaz de enhebrar palabras como estas para hablar de su v&aacute;stago: &ldquo;No poner sobre tus hombros mis expectativas. No una versi&oacute;n corregida y aumentada&rdquo; o del ma&ntilde;ana, cuando todos coincidimos en el mismo mensaje, recibido o por recibir: &ldquo;Ll&eacute;vate los libros, hay ropa tuya en el trastero, tengo unas s&aacute;banas para ti&rdquo;. Una mutaci&oacute;n de Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo.&nbsp;</p>
<p>La &uacute;ltima parte del libro, <em>Mucha gente</em>, es una carta de amor a la presi&oacute;n de los neum&aacute;ticos, al despertarse a las cinco de la ma&ntilde;ana para buscar a tu hija que vuelve de juerga, al minuto 89 de un partido. Hac&iacute;a calor en agosto, ahora a todos los que nacimos en los setenta nos duele la espalda, es, como escribe en <em>Balada de Santa Rosa</em>, &ldquo;Un dolor de hipoteca a treinta a&ntilde;os&rdquo;. El poeta y el padre duerme con un cuchillo bajo la almohada. Y es capaz de escribir un poema majestuoso como &ldquo;Eleg&iacute;a contempor&aacute;nea para Roc&iacute;o Jurado&rdquo;. Roc&iacute;o de amor y leucemia, caminando por la playa, con Quintero, Le&oacute;n y Quiroga, y Manuel Alejandro y Bambino, con una copita o dos de m&aacute;s, en la noche profunda de una camisa de lino negra empapada de sudor: &ldquo;Tu voz en el cuerpo de las camareras que te rezan, te cantan, desde las seis de la ma&ntilde;ana. &iquest;De d&oacute;nde vendr&aacute;n estas mujeres tan temprano?&rdquo;. Leo y paladeo, casi saboreo: &ldquo;&iquest;Desde qu&eacute; hora el r&iacute;mel caliente, la pintura en los labios, sombra en los ojos, desde qu&eacute; hora?&rdquo;. Mugre de vertederos e insectos, de v&iacute;deo VHS, la frase: &ldquo;Manolo, ponme un White Label que tengo prisa&rdquo;. Un poema de vinilos y algas, turbio. El poeta que vive conmigo es un extra&ntilde;o. Solo aparece cuando sopla la bohemia o toca dialogar con los fantasmas. Germ&aacute;n Coppini y Jean Luc Godard. El poeta siempre busca un cuerpo m&aacute;s joven sobre el que hacer el trasvase: &ldquo;Aquel que tenga la vida por delante&rdquo;, serio, sin teatros, solo, disfrutando.&nbsp; UBER Y KFC (yo que tomo <em>Lorazepan</em> y busco el amor como quien busca una emisora en la FM) para el poeta de los hombres lobos, el poeta adulto, que colecciona horrendas placas cer&aacute;micas de los lugares donde recita, hace sus bolos, botellas de vino, facturas a noventa d&iacute;as, el poeta, Pablo Garc&iacute;a-Casado, que ofrece su poes&iacute;a a unos ojos y unos cuerpos que tienen m&aacute;s cansancio que euforia: &ldquo;Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a en un futuro lejano, el azar de otros ojos lo reclame, ojos limpios, j&oacute;venes, ojos que nunca llegar&eacute; a conocer&rdquo;. Uno de nuestros grandes poetas contempor&aacute;neos en uno de sus libros m&aacute;s notables.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pablo Garc&iacute;a Casado, <em>Cada uno es mucha gente</em>, Madrid, Visor, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2025 10:02:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Albero: “no consigo dejar de escribir”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miguel-albero-no-consigo-dejar-de-escribir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MIGUEL_ALBERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Miguel Albero es poeta, novelista, cuentista y ensayista, es decir, una suerte de hombre orquesta, un escritor que toca todos los palos o todos los g&eacute;neros literarios, y adem&aacute;s con finura, porque tiene buen o&iacute;do para la m&uacute;sica de las letras. Y no solo eso: tambi&eacute;n es bibli&oacute;filo, que no bibli&oacute;mano, porque como dec&iacute;a Paul Lacroix &ldquo;la biblioman&iacute;a m&aacute;s elevada y la m&aacute;s ilustre no est&aacute; exenta de man&iacute;a, y en cada man&iacute;a se percibe un ente de locura&rdquo;, y Albero no est&aacute; loco, sino que colecciona libros para leerlos, que es lo propio de cualquier bibli&oacute;filo, porque como tambi&eacute;n dec&iacute;a otro franc&eacute;s, Charles Nodier, los bibli&oacute;filos son hombres dotados de cierto ingenio y gusto, que gozan con las obras fruto del talento, la imaginaci&oacute;n y el sentimiento, que es para lo que al fin y al cabo est&aacute;n hechos los libros: no para atesorarlos como piezas de colecci&oacute;n por el mero af&aacute;n de tenerlas, sino para disfrutar con su lectura. Y Albero ha le&iacute;do mucho, mucho, cosa que se nota sin duda alguna en su <em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, que no es simplemente un diccionario en el que&nbsp; da cabida a un sinf&iacute;n de <em>voces</em> que directa o indirectamente est&aacute;n relacionadas con las p&eacute;rdidas, sino que tambi&eacute;n contiene un fastuoso repertorio de citas, de fragmentos y de referencias literarias de toda clase de autores (poetas, fil&oacute;sofos, novelistas, historiadores <em>i tutti quanti</em> letraherido) que han dejado una reflexi&oacute;n aguda o un juicio inteligente para la posteridad y que Albero, con su habitual pericia para encontrar puentes de uni&oacute;n entre unos y otros, ha sido capaz de encajarlas en cada una de las entradas que arman su ameno y curioso diccionario. Porque curioso es que algunas de esas entradas sean, por ejemplo, &lsquo;spleen&rsquo;, &lsquo;ayer&rsquo;, &lsquo;acrasia&rsquo;, &lsquo;nunca&rsquo;, &lsquo;pero&rsquo;, &lsquo;tampoco&rsquo;, que casi nadie imaginar&iacute;a que suponen alguna clase de p&eacute;rdida, pero que sin duda lo son, como el lector que se adentre en sus p&aacute;ginas podr&aacute; comprobar fehacientemente guiado por la persuasiva prosa del autor madrile&ntilde;o afincado en Washington, donde actualmente ejerce su profesi&oacute;n de diplom&aacute;tico.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>-En la biosemblanza de tu <em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, se dice que has publicado ya demasiados libros. &iquest;Para qu&eacute; entonces este nuevo libro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Borges dec&iacute;a que publicar un libro es la &uacute;nica manera de librarse de &eacute;l, y as&iacute; nombras a quien te estorba envi&aacute;ndolo a alg&uacute;n consulado pal&uacute;dico para librarte de &eacute;l, alej&aacute;ndolo, y el autor se libra de la obsesi&oacute;n que todo libro supone public&aacute;ndolo. En este caso siendo adem&aacute;s un diccionario provisional, o lo publicas o por mor de la provisionalidad se te van a seguir ocurriendo p&eacute;rdidas cada d&iacute;a. Pero en lo que a m&iacute; respecta, creo que la pregunta atinada es por qu&eacute; sigo escribiendo, no tanto publicando. Lo cuento en un poema de un libro in&eacute;dito (otro m&aacute;s), titulado <em>No consigo</em>, una suerte de reverso del<em> Me Acuerdo </em>de Perec. Aqu&iacute; van las dos primeras estrofas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">OCUPA TU TIEMPO LIBRE EN OTRA COSA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NO CONSIGO dejar de escribir,</p>
<p>Grafoman&iacute;a es una forma de llamarlo,</p>
<p>Logorrea escrita y publicada,</p>
<p>Me levanto y pienso en escribir,</p>
<p>Me acuesto y sigo pensando en escribir,</p>
<p>Y entremedias escribo, en el aeropuerto,</p>
<p>En un taxi, en la sala de espera del dentista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NO CONSIGO dejar de escribir,</p>
<p>Y lo cierto es que los hechos debieran disuadirme,</p>
<p>Si no de escribir s&iacute; de publicar al menos,</p>
<p>Porque los lectores brillan hermosos por su ausencia,</p>
<p>Y como mientras tanto t&uacute; no paras de escribir&nbsp;</p>
<p>Ya tienes orgulloso m&aacute;s libros que lectores,&nbsp;</p>
<p>Ya incluso atesoras, siempre orgulloso,</p>
<p>M&aacute;s premios que lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En fin, no hay m&aacute;s preguntas, se&ntilde;or&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Este es un diccionario que se lee y no se consulta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A nadie se le ocurrir&iacute;a leer un Diccionario de pe a pa, y t&uacute; mismo en la introducci&oacute;n&nbsp; ofreces una serie de sugerencias para su lectura, pero &iquest;cu&aacute;l es la mejor, o la que t&uacute;, si no fueses su autor, preferir&iacute;as?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En el pr&oacute;logo sugiero que los diccionarios se consultan, no se leen, pero este es un diccionario que se lee y no se consulta.&nbsp; Y de las l&iacute;neas de lectura que propongo a m&iacute; me gusta esa que llamo marcarse un Rayuela, esto es, no hacer una lectura lineal del diccionario, sino abrir al azar una p&aacute;gina y luego ir de entrada en entrada por las referencias a otras que en cada una hay, y as&iacute;, el &lsquo;spleen&rsquo; te lleva travieso al &lsquo;desencanto&rsquo;, y de ah&iacute; vas derecho al &lsquo;desenga&ntilde;o&rsquo; y as&iacute; transitas de p&eacute;rdida en p&eacute;rdida con fluidez e ignorancia, como hablo yo alg&uacute;n idioma que otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En alguna parte de tu libro afirmas que no se puede perder lo que no se ha pose&iacute;do, pero &iquest;no crees que tambi&eacute;n perdemos lo que no tenemos, y que tal cosa es quiz&aacute;s la mayor p&eacute;rdida de todas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo poema, con el tiempo, es una eleg&iacute;a&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por darle la vuelta a tu argumento, no es tanto que perdemos lo que no tenemos como que lo que tenemos es lo que perdemos, o mejor dicho, lo que hemos perdido. Pero lo dice, c&oacute;mo no, mucho mejor Borges que yo, en ese poema magn&iacute;fico que se llama &ldquo;Posesi&oacute;n del ayer&rdquo;, siendo &lsquo;ayer&rsquo;, (<em>p&eacute;rdida del presente</em>), otra entrada de mi diccionario:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;S&eacute; que he perdido tantas cosas que no podr&iacute;a contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es m&iacute;o. S&eacute; que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y est&aacute; siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. S&oacute;lo el que ha muerto es nuestro, s&oacute;lo es nuestro lo que perdimos. Ili&oacute;n fue, pero Ili&oacute;n perdura en el hex&aacute;metro que la pla&ntilde;e. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una eleg&iacute;a. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujeto a la v&iacute;spera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros para&iacute;sos que los para&iacute;sos perdidos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tambi&eacute;n dices que perder algo casi siempre causa dolor. &iquest;C&oacute;mo explicas entonces que algunas p&eacute;rdidas sean, sin embargo, un alivio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En mi definici&oacute;n, la p&eacute;rdida debe ser siempre involuntaria e incluir un <em>patere</em>, en efecto, un dolor, un menoscabo. Si hay alivio no hay p&eacute;rdida, como puede suceder por ejemplo en la &lsquo;ausencia&rsquo; <em>(p&eacute;rdida de la presencia</em>). La ausencia&nbsp; es una de las p&eacute;rdidas m&aacute;s dolorosas que puedes sufrir, cuando lo es de un ser querido. Pero si tu pareja es lamentable y se marcha a comprar tabaco y no regresa nunca, como canta el Boss en lo que parece un microrrelato de Carver: &ldquo;Got a wife and kids in Baltimore Jack, I went out for a ride and I never came back&rdquo;, entonces en efecto hay alivio pero no p&eacute;rdida, porque la ausencia no te procura menoscabo, m&aacute;s bien liberaci&oacute;n, dicha, otra vez alivio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro lugar afirmas categ&oacute;rico que tu diccionario no es un instrumento para revertir ni mitigar el conjunto de p&eacute;rdidas que pueblan invasivas nuestro triste existir, o sea, que no es un libro de autoayuda ni un vadem&eacute;cum, sino un diccionario literario. Pero, &iquest;la literatura no es, a su modo, un remedio, una autodefensa, un instrumento de evasi&oacute;n, incluso de consuelo, frente al prosaico mundo real?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Advierto que es un diccionario literario y no m&eacute;dico, para que no acuda a &eacute;l ingenuo quien sufre &lsquo;alopecia&rsquo; <em>(p&eacute;rdida del pelo)</em> pensando que va a encontrar en esa entrada remedios para las suyas, para su mal, curas milagrosas o descuentos para implantes capilares con visita guiada a Santa Sof&iacute;a, porque se decepcionar&aacute;, a&ntilde;adiendo m&aacute;s descontento si cabe al que ya le procura dadivosa la propia calvicie. Y s&iacute;, la literatura es una forma de esquivar la realidad, es incluso una forma de realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En general la p&eacute;rdida genera mejor literatura que la ganancia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Es mejor cantar lo que se pierde, como dec&iacute;a Machado, que cantar y contar lo que se gana?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sin duda, a nadie le interesa lo que ganas, m&aacute;s bien disfr&uacute;talo pero no me lo cuentes, no lo cantes tampoco. Adem&aacute;s, es tras la p&eacute;rdida cuando lo quieres verbalizar, hay m&aacute;s poemas de &lsquo;desamor&rsquo;, otra entrada del diccionario, o de &lsquo;desenga&ntilde;o&rsquo;, una m&aacute;s, que de amor. El desamor impregna pastoso toda la poes&iacute;a y desde luego por entero ese mundo empalagoso de la canci&oacute;n ligera, porque al que ama y es correspondido ya le basta con eso. Claro, si eres Luis Miguel Domingu&iacute;n y acabas de acostarte con Ava Gardner, igual en efecto sales corriendo para contarlo, a ti puede interesarte contarlo, a m&iacute; escucharlo menos. Pero en general la p&eacute;rdida genera mejor literatura que la ganancia, as&iacute; el fracaso que el &eacute;xito, desde el inicio de la novela con el Quijote, el protagonista tiene que ser un perdedor para que nos interese, los pr&iacute;ncipes victoriosos se quedan para la literatura medieval o las pel&iacute;culas de Marvel.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Realmente es la p&eacute;rdida de la voluntad la mayor de las p&eacute;rdidas, tal como llegas a afirmar en tu libro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para m&iacute; s&iacute;. El &lsquo;abandono&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la voluntad</em>) es p&eacute;rdida severa, casi irreversible, porque sin voluntad te vienen luego p&eacute;rdidas en racimo, nada puedes hacer porque careces de voluntad para afrontarlo. Y es que en la vida, m&aacute;s importante que el talento, desde luego que la suerte, es la voluntad. Otra cosa es la &lsquo;acrasia&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del buen juicio</em>) que implica una p&eacute;rdida temporal de la voluntad, el buen juicio se ve alterado por otras cosas y cedes por ejemplo a la tentaci&oacute;n. As&iacute;, Eva cedi&oacute; y termin&oacute; comi&eacute;ndose la manzana, en la que es la madre de todas las p&eacute;rdidas, la fundacional, la &lsquo;ca&iacute;da&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del Para&iacute;so</em>). Pero aunque no recuperes el Para&iacute;so (en verdad nunca lo tuviste, es el invento para no asumir la idea de un creador chapucero), en la acrasia la voluntad s&iacute; puedes recuperarla, en el abandono no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;adicci&oacute;n&rsquo;, dices que significa p&eacute;rdida del control en el consumo de algo. &iquest;Ser&iacute;a entonces un adicto el bibli&oacute;filo y, por tanto, un descontrolado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sin duda, la bibliofilia es casi siempre biblioman&iacute;a, es decir, es una patolog&iacute;a como otra cualquiera. Yo la padezco y a veces a mi pesar, he pasado de comprar libros que sab&iacute;a que iba a leer a comprar libros que igual no le&iacute;a y he terminado comprando libros que s&eacute; que no voy a leer. Y todo esto sin control, poni&eacute;ndome l&iacute;mites que luego incumplo, como Samuel Peppys, que dec&iacute;a que la biblioteca de un caballero no tiene que tener m&aacute;s de 3000 libros y luego libro que entra libro que tiene que salir. Pero &eacute;l no hac&iacute;a caso a su propia regla, tambi&eacute;n trataba de controlar su dipsoman&iacute;a diciendo no antes de las seis no m&aacute;s de seis, esta vez para los gintonics, pero a veces el l&iacute;mite ejerc&iacute;a de acicate, vaya, son las ocho y solo me he tomado dos, esto hay que arreglarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Esa idea de que el sufrimiento nos hace mejores personas es una de las mayores falacias&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-San Agust&iacute;n afirmaba que es malo sufrir, pero bueno haber sufrido. &iquest;No piensas, como &eacute;l, que las p&eacute;rdidas nos humanizan, y que en puridad no todas son malas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sufrir no sirve para nada, esa idea de que el sufrimiento nos hace mejores personas es una de las mayores falacias. Lo dec&iacute;a Leopoldo Mar&iacute;a Panero, en una pel&iacute;cula en la que particip&eacute; hace ya tantos a&ntilde;os,&nbsp; desde el muy pinturero manicomio de Mondrag&oacute;n: &ldquo;yo cre&iacute;a que los locos iban a ser buenos porque han sufrido mucho, pero precisamente porque han sufrido son los mayores hijos de puta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;asimilaci&oacute;n&rsquo;, declaras que es sin&oacute;nimo de Integraci&oacute;n (en otra cultura), con un car&aacute;cter positivo. &iquest;De verdad? &iquest;No has le&iacute;do a Arcadi Espada? &iquest;La integraci&oacute;n, sensu estricto, no es m&aacute;s bien un modo de sumisi&oacute;n, y sobre todo el modo en que los que te acogen te siguen viendo no como a uno m&aacute;s de los suyos, sino como lo que eres, el charnego docilizado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, m&aacute;s bien digo que &lsquo;asimilaci&oacute;n&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la identidad por abrazar la del entorno)</em>, es algo chungo, literalmente <em>&nbsp;tiene un tufillo feo y rancio, suena a p&eacute;rdida y no gustosa, suena a obligaci</em><em>&oacute;</em><em>n, suena a imposici&oacute;n, tiene como ellas ese final agudo y asertivo, o te asimilas o te vas, vienen a decirte, asimilaci&oacute;n o rechazo, conversi</em><em>&oacute;</em><em>n o expulsi</em><em>&oacute;n. </em>&nbsp;Integraci&oacute;n es la versi&oacute;n positiva, y suena m&aacute;s bien a voluntad tuya, te integras, asimilaci&oacute;n es la versi&oacute;n en efecto chunga. Salvo si eres camale&oacute;n o Zelig, entonces tu identidad es precisamente la de abrazar la identidad del entorno, luego no hay ah&iacute; p&eacute;rdida ni menoscabo, m&aacute;s bien la habr&iacute;a si no cambiaras. Y no, no he le&iacute;do a Arcadi Espada, pero supongo que tampoco &eacute;l me ha le&iacute;do a m&iacute;, as&iacute; que ya tenemos algo en com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Te consideras un buscap&eacute;rdidas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin duda, ando buscando p&eacute;rdidas todo el tiempo. Y a veces me encantan los hallazgos, me gustan por ejemplo las p&eacute;rdidas digamos m&aacute;s abstractas como &lsquo;nunca&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la posibilidad</em>), &lsquo;tampoco&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la segunda oportunidad</em>) o &lsquo;pero&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del valor de cuanto antecede</em>). De entre todas ellas, por escoger la p&eacute;rdida preferida de este buscap&eacute;rdidas que soy, a m&iacute; me fascina &lsquo;casi&rsquo;<em>,</em> (p<em>&eacute;rdida del todo</em>), de la que por una vez el diccionario da una definici&oacute;n maravillosa, acierta, como lo hacen dos veces al d&iacute;a los relojes detenidos. <em>Poco menos de, aproximadamente, con corta diferencia, por poco</em>. Por eso es hermosa pero terrible esta p&eacute;rdida, casi ganas la marat&oacute;n pero no la ganaste, por poco, casi apruebas las oposiciones pero nunca lo hiciste, aprobaron otros, t&uacute; no, casi llegas a la cima pero te quedaste con las ganas. Para eso, <em>casi </em>mejor no haber salido de casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El humor hace a las p&eacute;rdidas m&aacute;s tolerables, hasta las peores&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En tu libro recurres con bastante frecuencia al humor en un tema aparentemente tan serio como este de las p&eacute;rdidas. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Porque no quiero incurrir en una de las peores p&eacute;rdidas con derecho a entrada en mi diccionario, la &lsquo;solemnidad&rsquo;, (<em>p&eacute;rdida de la iron&iacute;a</em>),&nbsp; mal que afecta a gran parte de la literatura espa&ntilde;ola, no as&iacute; a la anglosajona. Se pueden abordar las p&eacute;rdidas desde el humor, el humor no debe ser el ant&oacute;nimo de lo riguroso, se puede ser riguroso pero con humor.&nbsp; Y se puede perder pero con humor, es m&aacute;s se pierde mucho mejor, el humor hace a las p&eacute;rdidas m&aacute;s tolerables, hasta las peores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;cese&rsquo; describes con sarcasmo lo que has visto en algunos casos de ceses de diplom&aacute;ticos, pol&iacute;ticos o similares&hellip;, &iquest;siendo t&uacute; diplom&aacute;tico, ver&iacute;as tu cese de la misma forma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Distingo entre el &lsquo;cese&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del cargo</em>) y el &lsquo;despido&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del trabajo</em>), porque al primero se le supone una cierta solemnidad, la mejor liturgia era la de Franco, que te mandaba el motorista a casa, para que no asistieras ya al consejo de ministros, hab&iacute;as dejado de ser parte de &eacute;l, y de paso te ahorrabas los monos&iacute;labos del jefe con voz atiplada. En el despido la liturgia es m&aacute;s cutre y sales con la inevitable caja de cart&oacute;n con la foto enmarcada de los ni&ntilde;os (que ni siquiera son tuyos), devolviendo la tarjeta para entrar en el edificio porque ya no eres bienvenido. Y hablando de mi cese, lo que me gustar&iacute;a es ser cesante, esa categor&iacute;a maravillosa del XIX, el uso del participio pasado lo estropea todo, cesado es terrible, cesante es hermoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; se gana y qu&eacute; se pierde al leer tu <em>Diccionario</em>?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En el asunto de las ganancias no soy experto, pero igual ganas en ganas de leer otra cosa, de practicar el senderismo o la nataci&oacute;n. Y perder se pierde sin duda, se pierde el tiempo, la ocasi&oacute;n de ver el partido de la Champions, los veinticinco euros del ala que cuesta el libro, la posibilidad de releer las obras completas de Mart&iacute;n Vigil, tan injustamente preterido en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-He notado que te muestras muy cr&iacute;tico con los libros de autoayuda, pero en tu libro tambi&eacute;n hay consejos y recomendaciones, como cuando en el cierre de la voz &lsquo;extrav&iacute;o&rsquo; invitas al lector a que trate &ldquo;de no incurrir en esta p&eacute;rdida, de no extraviarte, de no perderte en suma cuando perderte no quieres, porque vendr&aacute;n despu&eacute;s las p&eacute;rdidas racimo y nada podr&aacute;s hacer para evitarlas&rdquo;. &iexcl;Ah, cre&iacute;a que tus lectores no necesitaban consejos&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El asunto es que no tengo lectores, y eso me permite hacer lo que me d&eacute; la gana, porque a diferencia de Lola Flores no me debo a mi p&uacute;blico, porque carezco de &eacute;l. Y por eso puedo aconsejar al lector despu&eacute;s de haber dicho que no iba a hacerlo, dirigirme a &eacute;l o ignorarlo ol&iacute;mpicamente. Pero s&iacute;, el &lsquo;extrav&iacute;o&rsquo; (<em>P&eacute;rdida del rumbo. P&eacute;rdida a secas</em>) es otro de los nombres de la p&eacute;rdida, si pierdes el rumbo prep&aacute;rate porque vienen curvas, si pierdes el rumbo te pierdes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; no te gustar&iacute;a perder nunca? Y no me vale que me digas la vida&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sentido del humor, ya mencionado, para no incurrir as&iacute; en &lsquo;solemnidad&rsquo;. Pero si me pongo serio aunque solo sea por un momento, no me gustar&iacute;a perder la voluntad, motor de todo, puede estar mermada, maltrecha pero sigue ah&iacute;. Ah&iacute; s&iacute; que perderla ser&iacute;a perderme. Y claro si te pierdes voluntariamente, en esa idea del <em>fl&acirc;neur</em> de Benjamin, que nos sugiere que <em>perderse en la ciudad requiere un aprendizaje,</em> entonces est&aacute; todo bien, pero si pierdes la voluntad entonces te pierdes sin querer, y ya no te encuentras, como en el extrav&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y de qu&eacute; cosas de las que has perdido hasta ahora te lamentas m&aacute;s?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cuando alcanzas una edad empiezan a acumularse las p&eacute;rdidas. Fitzgerald dec&iacute;a que la vida es un proceso de demolici&oacute;n, pero erraba, es primero un proceso de construcci&oacute;n. Luego s&iacute;, luego empiezan los golpes peque&ntilde;os, la demolici&oacute;n sistem&aacute;tica se pone en marcha. Y es tambi&eacute;n una sucesi&oacute;n de p&eacute;rdidas, pero de nuevo empieza m&aacute;s bien siendo un proceso de acumulaci&oacute;n, es verdad que algunos acumulan m&aacute;s que otros, pero si tienes la desdicha de vivir muchos a&ntilde;os acumulas, amigos, cosas, recuerdos, familia. Y luego s&iacute;, luego empieza ceniza la sucesi&oacute;n de p&eacute;rdidas irreversibles, cotidianas. En mi caso la p&eacute;rdida de mi padre, su &lsquo;ausencia&rsquo;, es todav&iacute;a hoy la p&eacute;rdida m&aacute;s dolorosa, m&aacute;s a&ntilde;os pasan, m&aacute;s le echo de menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje a veces ofrece segundas oportunidades a las palabras&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>-Aunque yo no te veo como un perdedor, &iquest;qu&eacute; te gustar&iacute;a perder?</p>
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<p>-Si &lsquo;perdedor&rsquo; es el que siempre pierde, el que ha nacido para perder,&nbsp; y no como dice el diccionario solo <em>el que pierde</em>, todos somos al cabo perdedores, algunos llegan antes como el poeta menor llega antes al &lsquo;olvido&rsquo; (otra vez Borges), pero a &eacute;l vamos todos derechitos. Es curioso c&oacute;mo &lsquo;perdedor&rsquo; era siempre el var&oacute;n, porque de &eacute;l se esperaba el &eacute;xito y por tanto era el que perd&iacute;a, mientras que la &lsquo;perdida&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la tilde de p&eacute;rdida</em>) era ella, porque de ella se esperaba la virtud, y el hombre nunca era un perdido, en todo caso un golfo, pero perdido no. El lenguaje a veces ofrece segundas oportunidades a las palabras, y perdida ya no es sin&oacute;nimo de mujer de vida licenciosa, sino una llamada perdida. Mucho mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La historia de la literatura est&aacute; llena de fracasados, de perdedores&hellip;, &iquest;podr&iacute;as hablarnos de cu&aacute;les te han llamado m&aacute;s la atenci&oacute;n?</p>
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<p>-La lista es infinita, desde Ignatius Riley a Arturo Belano, de Oscar Wao a Alonso Quijano. Y est&aacute;n claro los malditos, que pierden de antemano porque se sit&uacute;an al margen, los extravagantes en su sentido literal, que vagan fuera de las lindes. Y ah&iacute; de nuevo la lista es interminable, del citado Panero a su primo Artaud, de Satie a Arthur Cravan.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escribir, para m&iacute;, es m&aacute;s bien terapia, es mi tiempo de disfrute&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y ya que estamos, &iquest;cu&aacute;l de tus libros consideras que fue una p&eacute;rdida de tiempo haberlo escrito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Yo me lo paso muy bien escribiendo, luego no hay p&eacute;rdida para m&iacute; por no mediar menoscabo, y por ser siempre algo voluntario, hago muchas cosas al d&iacute;a por obligaci&oacute;n pero escribir no se encuentra entre ellas. Por otra parte,&nbsp; nunca he entendido eso del sufrimiento para escribir, para m&iacute; es m&aacute;s bien terapia, es mi tiempo de disfrute. Otra cosa es que luego nadie lo lea y t&uacute; te frustres o no, que antes s&iacute; pero ahora desde luego ya no, pero haber escrito libros no ha supuesto p&eacute;rdida de tiempo, tantas otras cosas en mi vida s&iacute;. Porque en esto de perder el tiempo siempre hay ese sentido utilitarista, el de aprovechar el tiempo, en ingl&eacute;s perderlo es <em>to waste time</em>. S&aacute;nchez Ferlosio se preguntaba &ldquo;&iquest;de qui&eacute;n es esa vida que dicen que sigue cuando dicen que la vida sigue?&rdquo;, y podr&iacute;amos reformularlo pregunt&aacute;ndonos &iquest;de qui&eacute;n es ese tiempo que dicen que pierdo cuando dicen que pierdo el tiempo? El m&iacute;o quiz&aacute;s no. Si uno tiene claro cuanto quiere hacer con su tiempo, entonces cualquier otra cosa ser&aacute; perder el tiempo. Kafka dec&iacute;a que todo lo que no era literatura era perder el tiempo. Ahora bien, somos muy ingenuos con esto del tiempo, lo perdemos, lo matamos e incluso lo hacemos, hacemos tiempo, qui&eacute;n pudiera. Matarlo tampoco podemos en verdad, porque como nos recuerda Cioran, &ldquo;mi misi&oacute;n es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a m&iacute;. Qu&eacute; c&oacute;modo se encuentra uno entre asesinos&rdquo;. Y ya sabemos qui&eacute;n gana esa apuesta, qui&eacute;n cumple con su misi&oacute;n de forma inapelable.</p>
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<p><strong>&ldquo;No prestes nunca tus libros, compra y regala, incluso roba y regala&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>-Hay un libro tuyo que me gusta mucho, <em>Roba este libro</em>, y sin embargo no has incluido la voz &lsquo;robo&rsquo; en tu <em>Diccionario</em>. A los bibli&oacute;filos, incluido t&uacute;, nos apasiona ese tema, as&iacute; que no entendemos que nos hayas hurtado esa voz, &iquest;alguna raz&oacute;n que lo explique?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como este es un diccionario provisional habr&aacute; que a&ntilde;adirla, es verdad que est&aacute; &lsquo;tir&oacute;n&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del bolso por sustracci&oacute;n violenta</em>), pero en el bolso no sueles llevar libros. Podr&iacute;amos improvisar una que fuera &lsquo;pr&eacute;stamo&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de libros por estupidez manifiesta del propietario</em>), aunque en puridad no es robo, que implica violencia, ni hurto, sin ella, sino apropiaci&oacute;n indebida, porque yo te he prestado ese libro pero quer&iacute;a que me lo devolvieras. Pero es sin duda la peor manera de perder un libro, porque pierdes adem&aacute;s al amigo al que se lo prestaste, y se te queda de paso una cara de idiota que es la que has debido gastar siempre pero no te hab&iacute;as percatado. Luego no prestes nunca tus libros, compra y regala, incluso roba y regala, pero no prestes.</p>
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<p>-Si este es un libro de p&eacute;rdidas, qu&eacute; le dir&iacute;as a un lector para que se perdiera en &eacute;l.</p>
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<p>-A ese lector improbable le dir&iacute;a que se sumerja en las p&eacute;rdidas como quien se aficiona a esnifar pegamento, y no ser&aacute; nunca una victoria, porque no es lo mismo la derrota que la p&eacute;rdida, en la p&eacute;rdida se te sustrae algo que ten&iacute;as previamente, en la derrota no, nunca alcanzaste la victoria, luego tuya no era. Sum&eacute;rjase pues el lector en el diccionario, aporte p&eacute;rdidas propias, discuta las que hay, y como si esto fuera una clase de las de ahora, ya sumergido, subraye la entrada&nbsp; &lsquo;hundimiento&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del contacto con la superficie por inmersi&oacute;n)</em> y com&eacute;ntela con su vecino de pupitre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel Albero, &nbsp;<em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, Madrid, Abada Editores, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Apr 2025 12:25:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor sin convencionalismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amor-sin-convencionalismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GONZALO_ESCARPA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; clase de libro es este poemario? Porque la verdad es que es raro: a veces rima o traza un pentagrama, y muchas, juega, s&iacute;, juega con las palabras con la seriedad con que juegan los ni&ntilde;os, la seriedad con que nos juega la vida&rdquo; comenta Hugo Mujica de este &uacute;ltimo libro de Gonzalo Escarpa (1977). &nbsp;Un libro que no acaba en ese expl&iacute;cito juego verbal o &ldquo;perfoescrito&rdquo; (pensado para escucharse, pues lo excede de largo) como gusta definir cierto tipo de poes&iacute;a el autor (pr&oacute;xima a la canci&oacute;n). Y no lo es porque tambi&eacute;n filtra desasosiegos su canci&oacute;n de amor insurgente, amable y profundamente seria, a veces en la contralectura con Nicanor Parra (sin su acidez), frente quienes corrompen el mundo por su falta de empat&iacute;a y solidaridad. <em>Quiero decir</em> trae mucho de eso en su miscel&aacute;nea de poemas de diferentes registros y tonos, emociones, metros y f&oacute;rmulas, desde el mentado sentido del juego, a veces puro ludismo verbal, pero otras cr&iacute;tica y reflexi&oacute;n, necesidad de intimidad, no s&eacute; si cierto cansancio&hellip; pero sobre todo amor sin convencionalismos cursis o astucias, pues estamos ante un libro de amor lleno de delicadezas. Y pienso en el estupendo &ldquo;No cabe en un color el Para&iacute;so&rdquo;, claro en dicci&oacute;n en su declaraci&oacute;n de intenciones. Me refiero a ese expl&iacute;cito amor vitalista que reflexiona y piensa en s&iacute;, hecho actitud y postura frente al mundo, comprensi&oacute;n de la vida, hermen&eacute;utica, piedra tirada al fondo, dir&iacute;a Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente. <em>Quiero decir</em> es eso fundamentalmente; tambi&eacute;n mirar, repasar, y un sopesar pensativo (ya est&aacute; Escarpa en esa poes&iacute;a de la edad o de reflexi&oacute;n), sin gravedad atosigante, con sugerencia, ante el motivo del mar frente al mar de la vida, de donde nacen, en ocasiones, algunos poemas estupendos con ese motivo, y se hila el libro en su reiteraci&oacute;n, engranaje.</p>
<p><em>Quiero decir</em> es todo eso, pero adem&aacute;s de esa reflexi&oacute;n llena de deseo de intimidad es un poema. Uno que debi&oacute;, quiz&aacute;, poner al frente: &ldquo;Regoc&iacute;jate, hermano&rdquo; realmente estupendo en intenci&oacute;n y f&oacute;rmula, hijo de Walt Whitman, sin desbordamientos. Y m&aacute;s en un libro miscel&aacute;neo en tiempos en que los conglomerados de miscel&aacute;neas no terminan de soltarse la melena, frente a estas maceradas vivencias, reflexiones o poemas de la madurez, elaboradas por la vivencia y por el tiempo, bien macerados. &nbsp;De ese orujo de yerbas destilado por los d&iacute;as, l&eacute;ase reflexi&oacute;n y &ldquo;saber decir&rdquo;, por contarlo a la manera de &Aacute;ngel Gabilondo, surge este libro apetecible, vivo, con sus colinas y valles, pero siempre con esa verdad de fondo, con ese adentramiento sin trampa de quien tiene verdades o situaciones que contar/cantar. Las de &ldquo;Un hombre frente al mar/no est&aacute; del todo solo&rdquo; u otro delicioso, realmente, &ldquo;Un hombre frente al mar/ puede estar en silencio / sin estar en silencio. / Es como un hombre frente a un libro. / Est&aacute; leyendo el mar, / que le habla / sin hablar&rdquo;, por no hablar de &ldquo;Mazunte&rdquo;, o esa soledad donde parece empezar a pesarle al yo. Sin duda en el extremo opuesto al deseo, a ese &ldquo;Regoc&iacute;jate, hermano&rdquo;, estupendo, o el vitalismo del que est&aacute; impregnado el libro y su di&aacute;logo con la vida de un poeta con otro m&eacute;rito a&ntilde;adido en sus aciertos. Me refiero a que Gonzalo Escarpa (que no s&eacute; por qu&eacute; publica poco), cuando se lo propone, sabe narrar l&iacute;ricamente, a la manera de Jos&eacute; Hierro, y sabe mantener la tensi&oacute;n. Y lo hace muy bien. Tal debiera emprenderse m&aacute;s desde ah&iacute;. Me refiero a poemas, estupendos, como &ldquo;Nick Cave llega a la playa de Ant&oacute;n Lizardo, en Veracruz&rdquo;. No es f&aacute;cil desarrollar esa mezcla de distancia con el yo y de transparentarlo en medio del camino de la vida, narrarlo l&iacute;ricamente y sostener un poema largo, como hizo Hierro, del que sin duda ha aprendido a hacerlo. Y lo hace bien. Y no solo una vez, sino tambi&eacute;n en &ldquo;Memoria de la sombra. Par&iacute;s ya no recuerda a Paul Celan&rdquo; (si alguna vez lo record&oacute;), y donde Escarpa nos cuenta que no todo en su poes&iacute;a est&aacute; hecho para la canci&oacute;n y el recital, sino tambi&eacute;n para la lectura atenta debajo de la luz en un rinc&oacute;n de la casa, o debajo del hueco de la escalera, escribi&oacute; Marcel Proust.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gonzalo Escarpa, <em>Quiero decir</em>, Madrid, La Imprenta, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Apr 2025 11:52:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La calidez nívea de la poesía de Mariano Castro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-calidez-nivea-de-la-poesia-de-mariano-castro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARIANO_CASTRO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El libro <em>Del giro en la quietud</em> de Mariano Castro (Zaragoza, 1954), editado por Olifante, es la &uacute;ltima entrega po&eacute;tica de un autor, que lleva construyendo varios a&ntilde;os y a trav&eacute;s de distintas entregas -<em>El p&aacute;jaro y la piedra</em> (Prensas Universidad Zaragoza, 2008) o <em>El ojo y la ceniza</em> (Ediciones Poes&iacute;a - Olifante, 2019)-, un universo propio, intenso y formal, y que, con este volumen, lo capacita, definitivamente para mantener la llama del canon en las letras aragonesas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El libro, estructurado en tres partes, comienza con versos tan rotundos como &ldquo;Y percibir el aire de la edad / misteriosa memoria que reposa&rdquo;, donde descansa la nieve de Trasmoz, su lugar de residencia y faro de inspiraci&oacute;n l&iacute;rica, de la que extrae el fr&iacute;o pac&iacute;fico con el que construye un nombre, un cuerpo, una idea que permuta la sorpresa por la calidez: &ldquo;Y desciendes / pensando en el alivio / del teatro de las sombras / y el fuego en el hogar&rdquo;. Se acerca el fr&iacute;o, del copo al silencio: &ldquo;Has querido tapar el hueco que te hiere / con la sola palabra arrancada al silencio&rdquo;, mientras el tiempo aparece: &ldquo;Canci&oacute;n del tiempo ya vencido / que en el ojo discute su apariencia&rdquo;, un instante que se detiene, &ldquo;No tortures a la palabra o nunca cantar&aacute;&rdquo; mientras un dado es la apuesta por el momento remanente: &ldquo;El azar es tan s&oacute;lo / rigor de dioses abatidos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, en el instante sensitivo: &ldquo;El discurso corrupto necesita / unos cuantos cad&aacute;veres / para ocultar su propio hedor&rdquo;. El poder contra el arte, la belleza como &uacute;nica arma. El sujeto muerte y solo queda su recuerdo: &ldquo;Un eterno latido universal&rdquo;. Es el poeta Mariano Castro, el que en sus versos ofrece parte de la contemplaci&oacute;n y el silencio: &ldquo;Suena un acorde no resuelto / en el cegado resplandor del d&iacute;a/y en la lejana noche sue&ntilde;a / para morir y as&iacute; vivir&rdquo;. El acorde de la luz y la sombra, un espejo que devuelve la imagen mutilada, distinta, en el alma y en la paz. &iquest;Qu&eacute; es la paz? Un amante exigente: &ldquo;Con ella permaneces / como noche de luz perdida entre los dedos&rdquo;. Se vuelve al silencio, la distancia, la contemplaci&oacute;n. As&iacute; une palabra y lenguaje, &iquest;qu&eacute; le sucede al poeta cuando se separa de lo que no es &eacute;l? &iquest;Y si eso es todav&iacute;a un yo m&aacute;s profundo? Agua, piedra, c&iacute;rculo. El poeta enamorado, el poeta contempla: &ldquo;Salgo de m&iacute; y regreso / hacia el origen: / en &eacute;l siempre est&aacute;s t&uacute;&rdquo;. La vida como tragedia, como una escena que se revela frente al poeta, &iquest;qui&eacute;n nombra como definitiva la ausencia?: &ldquo;T&uacute;, que es presente llevas/con el humo de lo que nunca fuiste, / jam&aacute;s ser&aacute;s futuro mi ceniza&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En la &uacute;ltima parte se acercan los recuerdos, primero, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, la pulcritud formal de &Aacute;lvaro Valverde, el Trasmoz de &Aacute;ngel Guinda, el fr&iacute;o de vivir de Manuel Estevan, as&iacute;, Mariano Castro, un poeta que vislumbra el desierto como en la contemplaci&oacute;n de los entresijos, recordando a Alfredo Salda&ntilde;a. Todos esos nombres se junta: &ldquo;Oscuro est&aacute; sumido / en el polvo de ayer,/ azoque que refleja / la t&uacute;rbida ficci&oacute;n de tu pasado&rdquo;. La tradici&oacute;n del Nik&eacute;, desde Miguel Labordeta hasta Julio Antonio G&oacute;mez, recogida en la obra de Mariano Castro, que se sobrepone a la destrucci&oacute;n: &ldquo;El resplandor que ayer dejaste / de ruinas devoradas por el fuego / es hoy la luz que alumbra / un torpe y desnortado paso&rdquo;. El amor se enhebra con el tiempo, la sensualidad se adivina en la contemplaci&oacute;n, el otro es quien completa: &iquest;qu&eacute; define la eternidad, los d&iacute;as o la belleza? &ldquo;El susurro inaudible de la vida: / en su ritmo est&aacute; el tiempo / en &eacute;l te encuentras t&uacute;&rdquo;. Sigue el proceso de construir lo que termina en el futuro: &ldquo;Solo pide que haya luz en las ruinas / cuando por fin la muerte los alcance&rdquo;. Bosque, aves, ramas, cuerpo de m&uacute;sica, barro, olvido, lenguas&hellip; Un cuerpo fundido con la palabra y el tiempo que Castro adivina y contempla c&oacute;mo lo quiere atrapar en la palabra (o en el silencio, estado de construcci&oacute;n en su poes&iacute;a), &iquest;semillas?, &iquest;palabras? &ldquo;Ni siquiera podemos consolarlos / al pensar esparcidas las esferas&rdquo;. Reflexi&oacute;n de un poeta que atrapa lo que busca: sombras y ocaso, agua y m&uacute;sica, flores y desnudez. Un idioma de preguntas, una lengua de respuestas: &ldquo;Ilumina la noche / el agudo clamar de lo imposible&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde encuentra el final tr&aacute;gico? &ldquo;Has muerto una vez ya y de nuevo morir&aacute;s: /triste rito de vida profanada&rdquo;, la realidad es mort&iacute;fera, plena de sombras, aberraci&oacute;n, vida siniestra: &iquest;Qui&eacute;n es el que arrebata el poeta? No m&aacute;s ciudad, solo un instante de alquitr&aacute;n: agua, aceite, cuerpo ungido, el amor en el cuerpo, el placer en la palabra, humus y el musgo. Una poes&iacute;a de reflexi&oacute;n y espacios, de silencio y contemplaci&oacute;n. Mariano Castro es un poeta de lo formal, notable constructor de sus propios espacios.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mariano Castro, <em>Del giro en la quietud</em>, Zaragoza, Olifante, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2025 11:23:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poso de autocomplacencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poso-de-autocomplacencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAY_LORIGA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Qu&eacute; nos queda de Loriga? Quiz&aacute; las frases resultonas, el misterio con humor, las referencias universales&hellip; que no sea reduccionista. Una pizca de Lou Reed, eso siempre. Algo de Hank Wiliams, como si hubiera estado leyendo a Silvana Vogt. No lo s&eacute;. Ray Loriga (Madrid, 1967) ha vivido un renacer literario desde 2017 el premio y la publicaci&oacute;n de <em>Rendici&oacute;n</em> (Alfaguara, 2017), a las que han seguido <em>S&aacute;bado, domingo</em> (Alfaguara, 2019) y <em>Cualquier verano es un final</em> (Alfaguara,2023). Ninguna de ellas a la altura de obras como <em>Tokio ya no nos quiere, Tr&iacute;fero</em> o <em>El hombre que invent&oacute; Manhattan</em>. No hablo de madurez o de pop, hablo de literatura. Ray Loriga ha demostrado ser un excelente escritor, pero <em>TIM</em> no es una de sus obras notables. Ray Loriga es disciplinado, ha evitado el poso de toxicidad, pero en ahora mismo, tras esta tetralog&iacute;a casi funcionarial, milim&eacute;trica, me deja con un poso de autocomplacencia muy peligroso.&nbsp;</p>
<p>La novela, <em>TIM</em>, que se encaja dentro de lo que se puede llamar &ldquo;Espacio Mago de Oz&rdquo;, entrar en el metauniverso de las cajas de arenas de los videojuegos de nueva generaci&oacute;n, los de mundo abierto, lo podr&iacute;an colocar junto a Mariano Gista&iacute;n o Vicente Luis Mora, pero nos queda la sensaci&oacute;n, m&aacute;s bien, de que nos encontramos con personajes no jugables deambulando de un lado a otro en servidores en los que ya nadie entra.&nbsp;</p>
<p>La novela, con un despertar que bebe por un lado de la imaginer&iacute;a audiovisual de <em>Moon </em>de Duncan Jones o la narrativa cl&aacute;sica del universo entomol&oacute;gico de Franz Kafka, tiene un sabor de reinicio, iteraci&oacute;n, vivir y morir: introduzca 25 pesetas en la m&aacute;quina. Una habitaci&oacute;n en la que se prolonga el duermevela y personajes con hechuras de Fernando Arrabal o Jorge Luis Borges, esquem&aacute;ticos, lac&oacute;nico&hellip; Una ciencia ficci&oacute;n sovi&eacute;tica e impersonal. Un instante que es m&aacute;s nacimiento que despertar. Ciertamente el mar siempre acaba estando demasiado lejos como para disfrutarlo o demasiado cerca para que el ruido de las olas no nos robe el sue&ntilde;o.&nbsp;</p>
<p>Loriga saca de contexto cultural a su personaje, haci&eacute;ndolo cosmopolita sin vocaci&oacute;n: las maravillas se suceden en su habitaci&oacute;n de hotel. Un hotel asm&aacute;tico, desabrido, excesivamente sobrio. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; las habitaciones de motel de Sam Shepard o de Barry Gifford? Los pensamientos confrontan con el paisaje. Repetir la palabra TIM, el personaje TIM, mutante, cat&oacute;lico, con sombrero (siempre el sombrero como icono en la literatura de Ray Loriga), su abuela (lo mismo), una serie de listados y alternancias, gui&ntilde;os constantes, claro, a Georges Perec.&nbsp;</p>
<p>El Gatsby en los tiempos de Rodrigo Fres&aacute;n, el limbo de Berl&iacute;n, como en los noventa, poco despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro. Pero s&iacute;, fiestas y canap&eacute;s, una casa de empe&ntilde;os, un invento: el mon&oacute;logo interior, acumulativo, circular, los electrones, los reflejos. Me viene a la cabeza Mariano Gista&iacute;n y su <em>Nadie y nada</em> o el <em>C&uacute;bit</em> de Vicente Luis Mora.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y si al lector de Ray Loriga le pasa como a su personaje, en el que un reflejo no responde a sus gestos? La fiesta, TIM y Elisa, m&aacute;s fiestas, una con <em>house</em> europeo y la otra con fruta tropical y boleros. Canciones, siempre las canciones, como los cementerios, Atahualpa Yupanqui o Les Rita Mitsouko. De ah&iacute; que esta novela, como esta rese&ntilde;a, pequen de acumulaci&oacute;n y de sugerir m&aacute;s que de narrar. Un gui&ntilde;o bello a F&eacute;lix Romeo: &ldquo;&iquest;Queda poco para El Paso?, en la bolsa de piel lleva anfetaminas y gominolas suficientes para cruzar Luisiana&rdquo; o, al menos, a m&iacute; me lo ha parecido.</p>
<p>Un listado de cosas a empe&ntilde;ar, una revisi&oacute;n del pasado de sus personajes como imitadores de personajes de la cultura pop: Elvis Presley, Maradona (El Pelusa) y, aunque no lo nombra, est&aacute; en aire, Johnny Hallyday. A cambio, unos guiris mirando en alguna isla perdida y una botella de co&ntilde;ac para hacerlo todo m&aacute;s amable. Tolstoi y el caviar, una primera edici&oacute;n de <em>El retrato de Dorian Grey</em>, una colecci&oacute;n de cromos de Godzilla, que podr&iacute;a ser, perfectamente, un saludo a Mart&iacute;n Mantra, estampitas de la Virgen de F&aacute;tima y su abuela en Bratislava, aprendiendo a montar en bicicleta y a tirarse de cabeza a la piscina.&nbsp;</p>
<p>Loriga siempre nos deja frases: &ldquo;Una comida aceptable siempre es mejor que el mejor de los postres&rdquo; o &ldquo;De cada dos hombres uno es un ladr&oacute;n y el otro no tiene el coraje de serlo&rdquo;. Qu&eacute; horarios manejan los usureros, buena pregunta: listados o<em> array </em>cl&aacute;sico, de aquellos primeros lenguajes de programaci&oacute;n (Fortran, Pascal). De TIM a mi amigo Timoteo, dos personajes, dos lugares, dos momentos, pero ah&iacute; est&aacute;n: de los tebeos de Bruguera, Sir Tim O&rsquo;Teo y Tim Buckley, que sobrevuela el libro, con su manera de caer en el r&iacute;o, de su manera de sumergirse en el agua, la canci&oacute;n de la sirena. &iquest;Timoteo, el de la Biblia? No hay m&aacute;s Tim que otro Tim y, como he escrito antes, roca, mar, piscinas, obsesiones, el salto desde un lugar alto, fundido a negro, el apag&oacute;n, la salida de <em><span style="text-decoration: underline;">Matrix</span></em>.&nbsp;</p>
<p>Vuelvo a Rodrigo Fres&aacute;n como hace Ray Loriga, por un lado el horario de los trenes, los jardines de Kensington, la visita a Coney Island o el doctor Robert de los Beatles. Ah&iacute;, donde te hace sentir bien, que tiene las palabras adecuadas y las pastillas adecuadas y con ambas ser&aacute; generoso. El olvido, los recuerdos, tangibles, en sustancias, la qu&iacute;mica. M&aacute;s all&aacute; de los sue&ntilde;os.&nbsp; Volver a leer <em>La casa del sue&ntilde;o</em> de Jonathan Coe cuando Ray Loriga escribe sobre oneirophobia (el miedo irracional y enfermizo de los sue&ntilde;os), aunque tambi&eacute;n puede ser que te d&eacute; por volver a ver en VHS <em>A Nightmare on Elm Street 3: Dream Warriors</em>.&nbsp;</p>
<p>En el final, en la casa de empe&ntilde;os, el encuentro, el final, te sientes como si Ray Loriga quisiera acumular, a base atajos y se&ntilde;ales que al parecer estaban ah&iacute; y deber&iacute;as haber seguido, a P&eacute;rez-Prado, Par&iacute;s, Berl&iacute;n, los <em>bugs </em>de la vida-videojuegos, la idea del Test de Turing frente a los <em>bots </em>de internet, un poco de Philip K. Dick y sus replicantes, pasando por las novelas decimon&oacute;nicas con toques de la imaginer&iacute;a de Adolfo Bioy Casares. Una novela con demasiados p&iacute;xeles, demasiada distorsi&oacute;n, referencias cruzadas&hellip; lees a Michel Houellebecq o a Chuck Palahniuk y te quedas con apetito. Pero, claro, le debemos una d&eacute;cada a Ray Loriga. Esperemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ray Loriga, <em>TIM</em>, Barcelona, Alfaguara, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2025 11:11:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una narración mística y pagana sobre la Galicia misteriosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-narracion-mistica-y-pagana-sobre-la-galicia-misteriosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CRISTINA_S_NCHEZ-ANDRADE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard"><em>Habitada </em>de Cristina S&aacute;nchez-Andrade, escritora compostelana, es una de las obras m&aacute;s nutritivas y personales de este a&ntilde;o 2025. El tremendismo con retazos surreales de su anterior novela La nostalgia de la Mujer Anfibio (Anagrama, 2022) o los macabros cuentos de <em>El ni&ntilde;o que com&iacute;a lana</em> (Anagrama, 2019) parec&iacute;an ser ensayos completos que desembocaban, como las r&iacute;as de su tierra, en un mar turbio y furioso que se encrespa en <em>Habitada</em>.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La narraci&oacute;n est&aacute; estructurada en dos partes, en la primera utiliza el recuerdo de la voz interior, una voz atropellada e intensa, donde se refleja la soledad de una rapaza gallega, l&uacute;brica, ag&oacute;nica, temerosa, hu&eacute;rfana de madre, en un tiempo indistinguible, una regi&oacute;n atravesada por aldeas, brujas y hadas. No es una narraci&oacute;n de folklore amable o de cuentos para ni&ntilde;os, los que habitan el pesado bosque son duendes que devoran a los beb&eacute;s, que traen la enfermedad, que temen el metal y conviven de manera natural con el catolicismo de alcanfor, imp&uacute;dico, sudoroso. Un ambiente de patas hervidas, hortalizas en sopa, nabos y tub&eacute;rculos, sudor y falta de higiene. Silvia Plath, con la ra&iacute;z, la baba, los caminos, los bosques y el verd&iacute;n, esa es la protagonista, Manuela que se introduce en las v&iacute;sceras de los animales dom&eacute;sticos, contempla la podredumbre de las lombrices en las ra&iacute;ces y el humus, las llagas abiertas donde se coloca el polvo y las moscas. Una gram&aacute;tica repetitiva, descoyuntada y retorcida, junto a la enso&ntilde;aci&oacute;n y la distancia enjaula la literatura de la autora en la descripci&oacute;n de la vida como un ovillo de lana enmara&ntilde;ada. Hay sangre de muerte oscura, tensi&oacute;n en los ojos, un cura que la enga&ntilde;a para acudir al pazo, el caciquismo casi medieval, las mujeres enfermas y los infantes demasiado muertos. En el juego de espejos resulta chocante la sexualidad tuberculosa frente a la exuberancia animal, las toses l&uacute;bricas contra los vientres abultados, el olor de la naturaleza femenina frente al lavado, los frascos y la pelea contra la enfermedad.&nbsp;</p>
<p class="Standard">En un libro sobre lo m&aacute;s profundo y arcaico de Galicia no pod&iacute;a faltar la bruja que cobra en botellas de orujo, yerbas y remedios caseros, que la toma bajo su tutela. Hijas desaparecidas, dedos gordos sobre vientres, una ra&iacute;z que imita brazos, la imitaci&oacute;n de la vida en forma de espantap&aacute;jaros mugrientos. Es una novela de co&aacute;gulos, pero tambi&eacute;n de semillas que crecen en la oscuridad de los vientres. De Santas Compa&ntilde;as y rezos repetidos. 10 de agosto de 1922. Verano de las naranjas: Una pareja, ella muerta, &eacute;l, marido, apasionado del arroz con liebre, la miseria: los que emigraron a Am&eacute;rica por no ser quintos en la guerra de Marruecos... el rumor del dinero, la historia del cura nuevo. Un nuevo cura que se mezcla con los fantasmas de los lobos, las ni&ntilde;as hechizadas, todos los que habitan entre la niebla, los cotilleos de la aldea. Un animal en descomposici&oacute;n, tan asqueroso en su olor, que pens&oacute; que era la propia muerte. Cl&eacute;rigos sexualizados, los conjuros con huesos humanos, las muertas al agua, qui&eacute;n caza al lobo, qui&eacute;n se lleva a la gente. La obsesi&oacute;n de la muerte, las perdices con arroz y esa manera en la que la protagonista empieza a demostrar unos poderes, energ&iacute;as, imposici&oacute;n de manos, para que remita el dolor. La madre del cura, la mujer del amo, todas construidas sobre la toxicidad de la sociedad: la primera, Do&ntilde;a Sulfurosa, que se le muri&oacute; la hija. Una tos que agarr&oacute; en La Habana y no la solt&oacute;, las hierbas, alivio, (valeriana, c&uacute;rcuma, jengibre). Y la otra, muerta en vida, hasta que un alacr&aacute;n se la lleva por delante. El amante potencial que se convierte en imposible, Helechos en el bosque. Se toma el veneno, cristos, sacerdotes, &aacute;rboles que le hablaban entre el bosque y el pazo. Poes&iacute;a de mujer. Ella escucha, en la voz de Santiago, que hace las cosas muy bien. Es la primera vez que alguien se lo dice. Y, a pesar de todo, hay que casar a la ni&ntilde;a, a Manuela, que est&aacute; de m&aacute;s en el pazo, encontr&aacute;ndose con hombres, yendo al bosque, con la bruja. Ella, Manuela, que descubre que el tiempo, su tiempo, podr&iacute;a ser suyo. La ni&ntilde;a que muri&oacute; por no hervir la leche. Los ni&ntilde;os polilla, la sed, todo un cosmos alrededor. Rafael, el cura, culpable de todo, de su madre y su hermana. Es una descripci&oacute;n de lo m&aacute;s nocivo del ser humano. La madre, que piensa de su hija que est&aacute; en el cielo cuando vaga por el bosque, bajo del dominio de las viejas del caldo. A esa vieja la esperan con los brazos abiertos en el infierno. Y la obligan, a Manuela, la obligan en la carne y en el alma, la hacen beber jengibre para el aborto, le queman los pelos del pubis, las viejas vienen a por el beb&eacute;, de ma&iacute;z. Me impresionan frases o situaciones que la autora revisa con manos firmes o el brebaje del cornezuelo como un tejido que se rompe, animal y l&iacute;rico. Es la historia del monte, del cuervo que penetra, a&uacute;n tiene que ser el momento en el que algo se introduzca dentro de ella. En el fundido a negro se ven llegar al abad y a un hombre&hellip;&nbsp;</p>
<p class="Standard">Y, en la segunda parte, Manuela desaparece y la narraci&oacute;n desemboca en una especie de diario del asombro: un sacerdote cubano se hace con el cuerpo de la protagonista. Una lucha entre la superstici&oacute;n y la ciencia, con la religi&oacute;n por el medio. Un vozarr&oacute;n, de nuevo La Habana. Los m&eacute;dicos hablan de deseo sexual reprimido y, como su marido, Obludio, ha desaparecido, todo se convierte un delirio: Ajo y agua de rosas, mordiscos, locura de lobo, trance y olor a pescado. Un cura, el que habita, provocador. La indecencia de la hermana del culo, los te&oacute;logos de Santiago de Compostela, el material m&aacute;s avanzado de Londres, un santo cubierto de pieles en el momento de ser concebida que diera sentido a sus pilosidades. La virginidad, el matrimonio consumado, no es el demonio, es otro mal. Pero ha tenido varios embarazos y, entre el cura y la bruja han hecho desaparecer las pruebas. Un fragmento del libro nos recuerda los tiempos de las Hermanas Fox, Arthur Conan Doyle y la locura por los m&eacute;diums, recurrimos a la hipnosis, llega la misma locura que con &ldquo;El duende del hornillo&rdquo;, prensa y vibradores. La teolog&iacute;a, Dios como maestro del mal, manzanas y malecones donde el habitado se acercaba a ver c&oacute;mo las parejas consumaban su pasi&oacute;n. De Cuba a Galicia. Otros cielos, otra prensa: la milagrer&iacute;a se extiende, la habitada habla de ni&ntilde;os enterrados en el bosque, llora por su locura. El amo la obliga, muerta su mujer, a vestir como la se&ntilde;ora. Y el abad le obliga a casarse con Obdulio. Un hombre destrozado, capador de animales, amante de los p&aacute;jaros. La hipnosis y el sexo, la ambig&uuml;edad que flora en el olor &iacute;ntimo de la novela. Una boda de alcohol y odio, Lorquiana, con arroz con leche por el suelo, humillaciones por encima de las clases sociales. Ella y su marido, confusos, una mosca que es la madre, una baba viscosa: en el bosque est&aacute;n los ni&ntilde;os que no nacieron. Y un marido que, en vez de hacer mayores, pone un huevo. Los ni&ntilde;os que la llaman loca, lo llaman loco, el bosque, un cl&eacute;rigo, un p&aacute;jaro, dos hombres, juez y guardia civil. R&iacute;os, &aacute;rboles, chaparrones, luces. Una novela que termina desembocando en lo que ahora se llama folk-horror (disculpen la simplicidad), pero que otorga alguna de las escenas m&aacute;s perturbadoras que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos tiempos. Una turba, primero el amo, despu&eacute;s el abad, finalmente la madre del abad. Un alma, todos muertos, el agua en el mundo de los muertos, la luz, las piernas tullidas, el bosque, un desalojo de almas final. Esta novela es un golpe, una sapiencia, el paganismo narrativo, una confusi&oacute;n constante, la realidad de una historia detenida, una novela de fantasmas y esp&iacute;ritus, pero tambi&eacute;n de met&aacute;foras de azufre que describen de manera aleatoria una sociedad podrida y atrapada en el tiempo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cristina S&aacute;nchez-Andrade, <em>Habitada</em>, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Apr 2025 11:33:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Jorge Bustos: “la mirada foránea es la mirada del reportero por excelencia: no sabe pero quiere saber” ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jorge-bustos-la-mirada-foranea-es-la-mirada-del-reportero-por-excelencia-no-sabe-pero-quiere-saber/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORGE_BUSTOS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>A Jorge Bustos le va la marcha, pero no cualquier marcha. En 2022 vino a Sevilla desde su Madrid natal para cubrir como reportero la Semana Santa de Sevilla, despu&eacute;s de que la pandemia causada por el Covid la hubiera cancelado durante los dos a&ntilde;os anteriores (2020 y 2021), algo que no suced&iacute;a en la capital hispalense desde 1933, cuando las fuertes tensiones pol&iacute;ticas en Espa&ntilde;a entre la izquierda republicana y los tradicionalistas conservadores hicieron imposible las procesiones de todas las cofrad&iacute;as por las calles de la ciudad, tensiones que agrav&oacute; la nueva Constituci&oacute;n al suprimir las ayudas econ&oacute;micas a la Iglesia, y de paso, la subvenci&oacute;n a las cofrad&iacute;as que otorgaba cada a&ntilde;o el Ayuntamiento, cosa que provoc&oacute; que las Hermandades se quedaran sin recursos econ&oacute;micos para llevar a cabo sus estaciones de penitencia.&nbsp;</p>
<p>En <em>La pena alegre</em> (Renacimiento, 2025), Bustos recoge las cr&oacute;nicas que escribi&oacute; para el diario &ldquo;El Mundo&rdquo;. Cr&oacute;nicas escritas a vuela pluma, sin prejuicios, con una mirada limpia abierta al asombro y la admiraci&oacute;n por un prodigio de pasi&oacute;n y contenido entusiasmo a la vez. El t&iacute;tulo de su libro es un ox&iacute;moron, pero tambi&eacute;n un claro manifiesto de que para los sevillanos (y, por extensi&oacute;n, para todos los andaluces que viven con ardor la Semana Santa) no es una contradicci&oacute;n casar la pena con la alegr&iacute;a, el drama con la dicha, pues al fin y al cabo seis d&iacute;as de dolor se ven compensados por un eterno d&iacute;a de resurrecci&oacute;n. Al gozo por el dolor podr&iacute;a haberse titulado este libro. Un gozo y un dolor que acent&uacute;an las marchas de las bandas de m&uacute;sica. Las marchas de los Campanilleros, la del Silencio blanco o la de La Esperanza, por ejemplo.&nbsp; Marchas que han hecho que a Jorge Bustos le vaya la marcha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bonilla, en su pr&oacute;logo, dice que Sevilla es un g&eacute;nero literario. Tu libro, seg&uacute;n &eacute;l, pertenece al de las cr&oacute;nicas escritas por gente de paso, for&aacute;nea. &iquest;Qu&eacute; has visto en la Semana Santa sevillana que no haya visto un sevillano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La mirada for&aacute;nea es la mirada del reportero por excelencia: no sabe pero quiere saber. Se trata de compensar la falta de conocimiento con la capacidad virgen para el asombro. Asomarse a un espect&aacute;culo tan poderoso como la Semana Santa de Sevilla con los ojos de un ni&ntilde;o que lo ve todo de nuevas puede aportar impresiones novedosas que interesen por igual al cofrade experimentado y al visitante ne&oacute;fito. Eso he intentado, humildemente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El sevillano anticipa la gloria en todo momento&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Titulas tu libro <em>La pena alegre</em> y no <em>La alegre pena</em>. Sustantivizas la pena sobre la alegr&iacute;a, pero qu&eacute; hay de alegre en la pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El sustantivo debe ser la pena porque la Semana Santa es un drama: la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s. Una tragedia matizada solo al final por la Resurrecci&oacute;n. Pero el sevillano nunca pierde de vista el &uacute;ltimo episodio durante los d&iacute;as previos de dolor, anticipa la gloria en todo momento. Por eso no es pena sin m&aacute;s: aguarda un final feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Viniste a ver la Semana Santa el primer a&ntilde;o despu&eacute;s de la pandemia, &iquest;como <em>fl&acirc;neur</em>, como <em>voyeur</em> o como periodista sin prejuicios? &iquest;Y qu&eacute; libros trajiste como bot&iacute;n para redactar el tuyo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Fui como reportero, con la mirada limpia y dispuesta al asombro. Pero llevaba muchos libros en la mochila: &ldquo;La ciudad&rdquo; de Chaves Nogales, el preg&oacute;n cl&aacute;sico de Romero Murube, &ldquo;Divagando por la ciudad de la gracia&rdquo; de Jos&eacute; Mar&iacute;a Izquierdo, &ldquo;El embrujo de Sevilla&rdquo; de Carlos Reyles y muchos otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En alguna de tus cr&oacute;nicas dices que, desde el principio, quedaste deslumbrado. &iquest;El deslumbramiento no es sin&oacute;nimo de ceguera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Claro, pero de ceguera moment&aacute;nea. Luego uno se encierra a escribir en una habitaci&oacute;n, mientras los ojos se acostumbran de nuevo a la penumbra, y trata de describir el fogonazo que ha sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Prefiero la emoci&oacute;n sosegada, pasada por el tamiz de la reflexi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Sevilla fue para ti, como lo fue para N&uacute;&ntilde;ez de Arce, una fiesta nueva que se desboca en los potros de la sangre, muchedumbre de tesoros que sube y baja por las iluminaciones de la simpat&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Mi temperamento tiene alguna aptitud para la l&iacute;rica, pero me temo que mi estilo no propende al barroquismo de N&uacute;&ntilde;ez de Arce. Prefiero la emoci&oacute;n sosegada, pasada por el tamiz de la reflexi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y no hay algo de exageraci&oacute;n en afirmar que Sevilla es la &ldquo;dorada capital del mundo&rdquo; del dolor semanasantero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No soy sevillano pero no creo que sea exagerado. Dime alguna otra ciudad del mundo que bloquee sus calles durante una semana para convertirlas en un museo masivo al aire libre de arte, de folclore y de espiritualidad. Yo no conozco otra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La Semana Santa es un mundo que sabe re&iacute;rse de s&iacute; mismo precisamente porque se toma su estaci&oacute;n de penitencia como el acto m&aacute;s importante del a&ntilde;o&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tambi&eacute;n afirmas que &ldquo;las m&aacute;s sublimes manifestaciones de lo andaluz insisten sabiamente en el trazo tragic&oacute;mico de la vida humana&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hay de c&oacute;mico en la Semana Santa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La comedia la ponen los cofrades con su gracejo constante, las hermandades y sus comentarios a pie de paso, los rancios conscientes de su ranciedad insuperable. Es un mundo que sabe re&iacute;rse de s&iacute; mismo precisamente porque se toma su estaci&oacute;n de penitencia como el acto m&aacute;s importante del a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro lugar del libro hablas de una &ldquo;verdad profunda y complicada&rdquo;, dif&iacute;cil de comprender para un forastero venido de Madrid. &iquest;Crees que esa &ldquo;verdad&rdquo; la comprenden los propios sevillanos o es incomprensible incluso para la mayor&iacute;a de ellos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ser&iacute;a muy petulante que un madrile&ntilde;o viniera a explicarles la Semana Santa a los sevillanos. Pero habr&aacute; algunos que viven de espaldas a su fiesta mayor, a su significado profundo y ancestral, y quiz&aacute; para ellos tambi&eacute;n est&aacute; escrito este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y t&uacute;, la comprendiste?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No creo que baste una Semana Santa para eso, pero fue una inmersi&oacute;n bastante profunda, la verdad. Me met&iacute; a fondo. Juzgue el lector del libro si lo logr&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A la gloria se va por el dolor; la pena alegre, gozar sufriendo&hellip; &iquest;no son demasiados ox&iacute;moron?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Carlos Herrera cit&oacute; en la presentaci&oacute;n del libro una frase de un cofrade que resume bien todas las paradojas pascuales: &ldquo;Qu&eacute; mal bien lo estoy pasando&rdquo;. Eso es. El goce en el dolor de la Sevilla semanasantera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Para ser sevillano hay que ser cofrade, como dec&iacute;a C&eacute;sar D&iacute;az, cofrade enfermizo de&hellip; Asturias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cada cual es muy libre de serlo o no, seguramente hay muchos sevillanos que prefieren el reguet&oacute;n a la marcha de los Campanilleros. Pero en un concurso de sevillan&iacute;a quedar&iacute;an segundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sevilla vive casada con la eternidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;Sevilla es una ciudad de gustos conservadores, pero al mismo tiempo posibilista y amable&raquo;, dec&iacute;a Chaves Nogales. &iquest;Es la Semana Santa todo eso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Es un rasgo del car&aacute;cter meridional, andaluz en general, tambi&eacute;n canario. Pueblos de luz y acogida, aferrados a sus tradiciones, pero muy pragm&aacute;ticos, abiertos al comercio y a la tolerancia a fuerza de haber visto pasar a innumerables culturas y reg&iacute;menes por sus tierras desde la noche de los tiempos. La Semana Santa no es una excepci&oacute;n a la expresi&oacute;n de ese car&aacute;cter sino seguramente su momento culminante. Sevilla regresa entonces al Siglo de Oro, su presente continuo. Vive casada con la eternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; tiene de parad&oacute;jica Sevilla? &iquest;Solo ser sensual y sacra a la vez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Exacto. Como las tallas de los imagineros. Esa paradoja barroca, tan cat&oacute;lica, la define.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;No crees que es un atraso o un bald&oacute;n que Sevilla viva excesivamente del sevillanismo y que no se haya movido del Siglo de Oro, como dec&iacute;a Eugenio Noel?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El alcalde que ve c&oacute;mo las arcas p&uacute;blicas se llenan cada Semana Santa gracias al turismo nacional e internacional te dir&aacute; que bendito sea el Siglo de Oro. La sevillan&iacute;a es la industria principal de Sevilla, y todo apunta a que lo seguir&aacute; siendo. Otra cosa es que un sevillano cabal admita muchos otros intereses y curiosidades en su vida y en su sensibilidad, y sepa trascender el peso de su identidad m&aacute;s tradicional: esto es no solo posible sino deseable. Pero jam&aacute;s puede ser un bald&oacute;n, cuando tantas ciudades del mundo matar&iacute;an por tener una identidad tan fuerte y globalmente conocida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ponderas que el silencio, la quietud y el rigor son virtudes abolidas por las reformas de las nuevas ense&ntilde;anzas. &iquest;Quiere esto decir que la Semana Santa es una escuela de formaci&oacute;n de virtuosos ciudadanos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Las hermandades son escuelas c&iacute;vicas y morales: uno aprende ah&iacute; un sentido de pertenencia y unos c&oacute;digos de solidaridad. Desde luego una estaci&oacute;n de penitencia como la del Silencio inculca m&aacute;s valores que una pe&ntilde;a de ultras de f&uacute;tbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Para ti las V&iacute;rgenes son mujeres que r&iacute;en mientras lloran&hellip; &iquest;Las ves entonces como m&aacute;s humanas que divinas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No es que las vea yo as&iacute;: es que as&iacute; las ve&iacute;an Juan de Mesa o Mart&iacute;nez Monta&ntilde;&eacute;s. La imaginer&iacute;a andaluza parte de lo carnal, de lo human&iacute;simo, para llegar a lo celestial. Nunca al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Catalu&ntilde;a est&aacute; en deuda con Andaluc&iacute;a, no al rev&eacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Te metes con los nacionalistas catalanes y encumbras a los camareros sevillanos. &iquest;Es una forma de politizar las diferencias mal digeridas de quienes han ponderado siempre el trabajo como cosa del catal&aacute;n y la vagancia como car&aacute;cter de la gente del Sur?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por desgracia esos t&oacute;picos necios tienen plena actualidad: solo tienes que echar un vistazo a las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos y a las negociaciones parlamentarias. Escribo que los camareros sevillanos son un cuerpo de &eacute;lite porque trabajan m&aacute;s y mejor que nadie. Trabajaron adem&aacute;s para hacer grande a Catalu&ntilde;a durante d&eacute;cadas, en condiciones laborales a veces miserables, como emigrantes abnegados a los que los se&ntilde;oritos nacionalistas siguen acusando de no haberse integrado a poco que reivindiquen sus ra&iacute;ces y no catalanicen su apellido. Catalu&ntilde;a est&aacute; en deuda con Andaluc&iacute;a, no al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Si la Semana Santa es la pena alegre, la Feria ser&iacute;a la alegre pena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Est&aacute; muy bien visto eso. La alegre pena ser&iacute;a la resaca, claro. O alegr&iacute;a penosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Debajo de los t&oacute;picos sevillanos late una historia secular&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Romero Murube se lamentaba de la existencia de una Sevilla de pandereta, de una Sevilla de azulejos, tur&iacute;stica y relumbrona, que se estaba comiendo a dentelladas a esa otra Sevilla &laquo;de sangre, miserias, pasiones y dif&iacute;ciles verdades que es la que est&aacute; esperando, intacta, que un d&iacute;a llegue el artista, el escritor, que sepa descubrir su belleza peregrina, su hond&iacute;sima sabidur&iacute;a&raquo;. &iquest;No es pedir demasiado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Romero Murube sabe lo que dice. Pem&aacute;n tambi&eacute;n escribi&oacute; cosas parecidas. Cualquier escritor con sensibilidad y cultura sabe que debajo de los t&oacute;picos sevillanos late una historia secular, y que m&aacute;s all&aacute; de las atracciones tur&iacute;sticas m&aacute;s evidentes hay una Sevilla rec&oacute;ndita, se&ntilde;orial, que huye de las masas y se remonta al embrujo &aacute;rabe y al car&aacute;cter castellano. Herrera siempre dice que Andaluc&iacute;a es una Castilla a la que le ha dado m&aacute;s el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Fiesta cristiana y pagana, sacrificial y hedonista, &iquest;no son muchas contradicciones para definir la Semana Santa, o es que en Sevilla, como bien dices, las cosas pueden ser una cosa y la contraria?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sevilla ofrece todas las contradicciones a quien sepa mirar bien. Luego ya cada cual se queda con una faceta o su contraria, con la jarana o con el recogimiento, con la barra del bar o con el sagrario en penumbra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En dos de tus cr&oacute;nicas hablas de la superioridad del sentir sobre el pensar, en la l&iacute;nea de N&uacute;&ntilde;ez de Arce, que dec&iacute;a que &laquo;la Semana Santa de Sevilla no ser&aacute; nunca un objeto de raz&oacute;n&raquo;, &iquest;pero no es eso rebajar la precisi&oacute;n del cronista a la hora de contar lo que ve?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se puede escribir desde la pura emoci&oacute;n, a riesgo de hacer el rid&iacute;culo. Pero tampoco se puede escribir desde la raz&oacute;n pura, a riesgo de aburrir a todo el mundo. La precisi&oacute;n nunca debe estar re&ntilde;ida con el sentimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay quien ha hablado del &ldquo;abismo de Sevilla&rdquo; en la Semana Santa, como si Sevilla en esa semana fuese un espejo donde la voluntad se pierde. &iquest;Llegaste a perder tu voluntad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto como la voluntad no, pero cerca del paso experiment&eacute; emociones que no sab&iacute;a que ten&iacute;a, o que ten&iacute;a dormidas. Y con ellas, en vez de cantar una saeta, escrib&iacute; este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como todas las ciudades imperiales, Sevilla tiene sus secretos, dif&iacute;ciles de escuchar, pero m&aacute;s dif&iacute;ciles de contar. &iquest;Con qu&eacute; prop&oacute;sito encaraste tu forma de contar esos secretos? O, mejor a&uacute;n, &iquest;lograste extraerle sus zumos secretos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Corresponde al lector ese juicio. Yo anotaba todo lo que ve&iacute;a y todo lo que me contaban, benefici&aacute;ndome de un cicerone de excepci&oacute;n como Carlos Herrera, entrando en la Casa de Pilatos cerrada para mis amigos y para m&iacute;, accediendo a historias personales de una Sevilla que acaba de salir de la pandemia. Quiero pensar que algo de eso se refleja en el libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al sevillano cofrade desde luego la muerte le pillar&aacute; bien entrenado&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Celebraci&oacute;n de la muerte es la Semana Santa, pero sin miedo a la muerte. &iquest;As&iacute; la has visto t&uacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Al sevillano cofrade desde luego la muerte le pillar&aacute; bien entrenado. Esa familiaridad con el drama final, representado una y otra vez, comporta seguramente una ventaja cuando llegue la hora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Has escrito tu libro con desenfado y libertad, sin censuras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como siempre escribo. No hemos llegado hasta aqu&iacute; para cortarnos ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Ateo, agn&oacute;stico o creyente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No existe el ate&iacute;smo. Un ateo es un creyente de trasuntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y, por &uacute;ltimo&hellip; Imbuido o arrebatado por la escenograf&iacute;a sensual y m&iacute;stica, pagana y religiosa de la Semana Santa sevillana, se dir&iacute;a que no viste nada negativo en ella. &iquest;Es que el sevillanismo es contagioso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo &uacute;nico negativo son las bullas, porque soy al&eacute;rgico a las multitudes. Pero yo tuve la suerte de mirar desde balc&oacute;n.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Apr 2025 10:30:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía reivindicativa para y desde la vida vivida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poesia-reivindicativa-para-y-desde-la-vida-vivida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/NOSOTRAS_-_PLATAFORMA_DE_POETAS_POR_TERUEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Nosotras. Antolog&iacute;a de autoras de la Plataforma de Poetas por Teruel</em>, coordinada por Cristina Gim&eacute;nez, Miriam Grimalt y Marisol Julve, es la primera publicaci&oacute;n de esta asociaci&oacute;n cultural, plataforma, sin &aacute;nimo de lucro radicada en la provincia de Teruel. 13 poetas con sus versos y una poeta, Alejandra Vanessa, con su pr&oacute;logo <em>Todas somos todas</em>, es lo que la persona lectora, &aacute;vida de pasiones y sensaciones fuertes, duras y pedag&oacute;gicas encontrar&aacute; en este centenar de p&aacute;ginas. Un poemario plural de ilimitadas voces, singulares y se&ntilde;eras, que tienen que ver con Teruel (y provincia), por nacimiento o por residencia. &iexcl;Sin ir m&aacute;s lejos!&nbsp;</p>
<p>El t&iacute;tulo de este florilegio, <em>Nosotras</em>, ya da cuenta de esa poes&iacute;a espa&ntilde;ola creada por mujeres y supone una reivindicativa y expl&iacute;cita voz de voces en esa y no otra declaraci&oacute;n de principios. Que nadie crea que ha remitido la atenci&oacute;n a la buena poes&iacute;a escrita por mujeres, pues siguen y seguimos en la lucha tan justa y necesaria de la igualdad y la libertad. Creo que es necesario articular la sociedad mediante la poes&iacute;a y <em>Nosotras</em> es un buen ejemplo de esto. Ya Alejandra Vanessa lo se&ntilde;ala: &ldquo;Provoquemos e acompa&ntilde;amiento consciente de nuestros iguales, los hombres: padres, amigos, hermanos. &iquest;Y si dejamos de ser lo que esperan de nosotras y tejemos red? El tiempo es nuestro. La felicidad est&aacute; de nuestra parte. Y nuestras manos, firmes, se alzan hacia la libertad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Bien pues, las poetas con sus poemas son, por orden alfab&eacute;tico del primer apellido: Anaya Ruiz, Yohana; And&uacute;jar, Sonia; Garc&iacute;a, Sonia; Garzo Cam&oacute;n, Tiffany; Gim&eacute;nez L&oacute;pez, Cristina; Gonz&aacute;lez Berm&uacute;dez, Natalia; Gonz&aacute;lez Cant&oacute;n, Felicidad; Gonzalvo, Bel&eacute;n; Grimalt, Miriam; Julve Barea, Marisol; Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, Isabel; Perruca Hurtado, Asun; y Royuela, Bea. &iexcl;Ah&iacute; son estas voces: <em>solo quiero que lo sepan</em> (BR)! Y como dec&iacute;a Rosal&iacute;a de Castro, &ldquo;S&oacute;lo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Creo que <em>Nosotras</em> es un vasto poemario para la resistencia, con varios poemas de cada una de las autoras, unos m&aacute;s extensos que otros, claro. Creo que todas ellas tienen una vinculaci&oacute;n establecida entre la mirada y la memoria y ese lenguaje femenino: de su paso por la realidad, que es la que es. Cuentan con una gama certera de registros mel&oacute;dicos, que saben utilizar y bien en sus versos, todas ellas. No s&eacute; cual ha sido el motivo de la elecci&oacute;n de estas 13 poetas, pero si ha sido el de representatividad de la poes&iacute;a femenina que se escribe en Teruel, han acertado. Pues creo en la poes&iacute;a que es capaz de compartir emociones y sentimientos, reflexiones: poes&iacute;a inteligente que conmueve y emociona.&nbsp;</p>
<p>Estas poetas trabajan con el tiempo en ese su di&aacute;logo sonoro que fluye; hacen una apuesta por la defensa del discurso de ser mujer, pese a quien pese; utilizan la poes&iacute;a para su verdad y belleza; voces di&aacute;fanas; versos &aacute;giles y consistentes; met&aacute;foras como latigazos cerebrales de lucidez; y ah&iacute; grandes hallazgos y sobre todo escriben con la complicidad de la persona lectora, que es quien, en definitiva acaba el poema, descifr&aacute;ndolo. En este florilegio discurre, cual Jiloca por Burb&aacute;guena, el entusiasmo, la tristeza, la nostalgia, el amor, el dolor, la p&eacute;rdida, la amistad, el olvido, el paso del tiempo, la renuncia y la b&uacute;squeda de la identidad.&nbsp;</p>
<p>Tras leer este <em>Nosotras</em> uno tiene la convicci&oacute;n de que estas magn&iacute;ficas poetas tienen clara una cosa, como son las ganas de vivir que presiden sus versos. Pues, redescubren cada d&iacute;a ese mundo en el que viven. Son notarias de la actualidad. En sus poemas, en su melod&iacute;a, est&aacute;n activas todas las sombras del mundo de ayer y hoy. &iexcl;Gracias por escribir, poetas!&nbsp;</p>
<p>Y para que las personas lectoras se animen a leer este <em>Nosotras</em> copiar&eacute; algunos versos de cada poeta; pues creo que es justo y necesario, que dir&iacute;a cualquier presb&iacute;tero que se precie: la p&aacute;gina web de esta revista digital que tiene nuestra revista cultural <em>Turia</em>, conocida y reconocida y premiada, lo soportar&aacute;, por extensi&oacute;n, digo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella es una ni&ntilde;a con manos de anciana,</p>
<p>un cuerpo cansado de jugar a ser adulta</p>
<p>que vio en los labios de &eacute;l</p>
<p>la oportunidad de estar a ocho besos</p>
<p>de distancia de un nuevo pa&iacute;s.</p>
<p><strong>Yohana Anaya Ruiz</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida que so&ntilde;&eacute; nace de las ant&iacute;podas de tu nombre.</p>
<p>Las paredes tiemblan tras tus manos</p>
<p>y el ox&iacute;geno arde dentro de tus palabras.</p>
<p>Las horas lentas esperan como el amor paciente</p>
<p>desplum&aacute;ndose en su jaula.</p>
<p><strong>Sonia Andujar</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su rostro, sin rostro.</p>
<p>Sus ojos, sin vida.</p>
<p>Mirada perdida.</p>
<p>Su piel, marchita.</p>
<p>Su alma, de muerte herida.</p>
<p><strong>Sonia Garc&iacute;a Calvo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, pasa. Si destapas la tela ver&aacute;s una piel erizada.</p>
<p>All&iacute;, a la derecha hay una marca.</p>
<p>Depende de quien la toque sangra,</p>
<p>no es culpa suya.</p>
<p><strong>Tiffany Garzo Cam&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La quer&iacute;a.</p>
<p>Tanto que dol&iacute;a.</p>
<p>Y sus abrazos oprim&iacute;an el t&oacute;rax</p>
<p>y asfixiaban la tr&aacute;quea,</p>
<p>callada y dormida,</p>
<p>y sus dedos chasqueaban silencios.</p>
<p><strong>&nbsp;Cristina Gim&eacute;nez L&oacute;pez</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las madrugadas de mi recuerdo</p>
<p>no son una albada</p>
<p>medieval</p>
<p>no hay besos ni despedidas</p>
<p>no hay amantes ni grandes amores</p>
<p>no descubre el d&iacute;a una dulce compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p><strong>Natalia Gonz&aacute;lez Berm&uacute;dez</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que hoy es el d&iacute;a de la mujer</p>
<p>y yo digo que soy mujer todos los d&iacute;as.</p>
<p>Agradezco cualquier d&iacute;a de mi vida</p>
<p>a todas las mujeres que lucharon antes que yo.</p>
<p><strong>Felicidad Gonz&aacute;lez Cant&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me acompa&ntilde;abas en las idas y venidas.</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me invitabas a lugares deseados.</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me colmabas de regalos.</p>
<p><strong>Bel&eacute;n Gonzalvo</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por m m&iacute; y por todas mis compa&ntilde;eras.</p>
<p>Lazos morados en la calle,</p>
<p>gritos en las aceras,</p>
<p>grupos de mujeres alzando la voz,</p>
<p>el 25 dibujado en las paredes.</p>
<p><strong>Miriam Grimalt</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hago balance y os digo que,</p>
<p>este a&ntilde;o que ahora termina,</p>
<p>he muerto 47 veces &ndash;que yo sepa-.</p>
<p>Y he resultado herida de gravedad</p>
<p>en una ingente cantidad de ocasiones</p>
<p>que no me atrevo ni ha contar.</p>
<p><strong>Marisol Julve Barea</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;El d&iacute;a?: mustia&hellip; &iexcl;ahora&hellip; reina de la noche!</p>
<p>el patr&oacute;n en el catre, cual alimoche&hellip;</p>
<p>yo, cual lechuza, custodio mi abad&iacute;a.</p>
<p>So&ntilde;ando cabriolas cual bailarina,</p>
<p>luciendo visera pal sol de la noche,</p>
<p>bruna y brillante como el azabache,</p>
<p>rondando a la noche cual hero&iacute;na.</p>
<p><strong>Isabel Mart&iacute;nez S&aacute;nchez</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ni&ntilde;as buenas no arrastran</p>
<p>las sillas ni los pies.</p>
<p>No hablan a gritos</p>
<p>y r&iacute;en con sordina.</p>
<p><strong>Asun Perruca Hurtado</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qui&eacute;n te iba a decir a ti</p>
<p>que el silencio era</p>
<p>tu lugar com&uacute;n&hellip;</p>
<p>y no la luna, poeto.</p>
<p><strong>Bea Royuela</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Vaya versos los de estas 13 poetas: verdad y belleza por doquier! Y es que estos poemas son pura donaci&oacute;n a la espera de un encuentro de intimidad c&oacute;mplice con la persona lectora, a la espera de una mirada que vuelva a iluminar la experiencia de estar vivos y ser libres y no otra. Son poetas que lejos de separar, re&uacute;nen, ligan y funden las sensaciones en un crisol de orfebrer&iacute;a. Este libro, <em>Nosotras</em>, es todo lirismo y hondura, escrito con m&aacute;s de una y de dos sonrisas distantes, aunque sea un libro de esplendor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo pues que este primer libro de la Plataforma de Poetas por Teruel, <em>Nosotras</em>, est&aacute; pensado como ese viaje en distintas etapas del conocimiento existencial ligado al destino y a la otredad. Las poetas se mueven por los derroteros de la b&uacute;squeda: un viaje inevitable, justo y necesario, perseguido y querido dir&iacute;ase: para descubrir ese enigma de la vida: del azar y la necesidad, del saber y del conocer. Pues no sabemos o s&iacute;, qu&eacute; es m&aacute;s verdad, la realidad o la apariencia: son formas complejas, de resistencia, de vivir esa realidad, no me cabe ninguna duda. Y todo con temor y temblor pero fascinando. &iexcl;L&eacute;anlas, no lo duden!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez, Miriam Grimalt y Marisol Julve<em> coords,&nbsp;Nosotras. Antolog&iacute;a de autoras de la Plataforma de Poetas por Teruel, </em>Teruel, PPT Ediciones, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 12:21:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria está en la espesura del cielo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-memoria-esta-en-la-espesura-del-cielo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/VIVIANA_PALETTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La espesura del cielo</em> de Viviana Paletta (1) es la novela de una poeta. Como toda narraci&oacute;n, contiene una historia y en su trama se guarda una sorpresa; sin embargo, la densidad que logra, en sus pocas p&aacute;ginas, procede del lenguaje justo y evocativo que emplea; su expresi&oacute;n es capaz de dar cuerpo a todo un mundo y registrar sensaciones profundas. &ldquo;Baqueano&rdquo;, &ldquo;duelear&rdquo;, &ldquo;zascandileando&rdquo; son ejemplos de t&eacute;rminos que constelan el bosque, la selva inh&oacute;spita que envuelve a la protagonista. Estas palabras tejen, de forma virtuosa, la historia personal de una joven mujer, embarazada, que huye del silbar lejano de las ametralladoras.&nbsp;</p>
<p>Uno de los temas que se citan en la novela, dram&aacute;tico y a&uacute;n presente y palpitante de diferentes maneras en tantos pa&iacute;ses latinoamericanos, es el de las muertes y desapariciones provocadas durante los reg&iacute;menes dictatoriales que sufrieron muchos de ellos, en este caso el de la dictadura argentina. No son asuntos ni ser&aacute;n nunca temas del pasado, y la novela de Paletta es parte de las m&uacute;ltiples voces que participan en el conflicto. A&uacute;n hoy esas tragedias necesitan revisarse de manera ineludible, pues manifiestan el dolor de una sociedad que exige dignificarse. Algo que acabamos de ver en el reconocimiento del premio &oacute;scar a la mejor pel&iacute;cula extranjera concedido a <em>A&uacute;n estoy aqu&iacute;</em> del director Walter Selles, que trata el drama de la esposa de un desaparecido en la dictadura brasile&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>La novela es breve como apasionada. Su gran logro es constituir la palabra desde una voz an&oacute;nima. Desde ese lugar, la narradora no solo nos cuenta su historia, sino que permite que los lectores podamos ocupar su lugar, reflejarnos y participar hondamente del relato sin la interferencia de un nombre. Igual que ocurre en la poes&iacute;a, el que habla es m&aacute;s bien un <em>m&eacute;dium</em> para dejar que surja aquello que reclama salir y ser dicho, vuelve as&iacute; a la sociedad, a trav&eacute;s de sus lectores, que reconocen lo expresado.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>La espesura del cielo</em> es un libro donde hay <em>escritura</em>, quiero decir, se trata de un libro libre, que posee una idea y pulso propios, no est&aacute; concebido para gustar o disgustar, no cae en la impostura o en reclamar una posici&oacute;n f&aacute;cil; quiere <em>ser </em>a partir de la mayor libertad creadora posible, que proviene de las entra&ntilde;as. Nunca mejor dicho en el caso de esta novela que nos habla de la maternidad: &ldquo;Me queda el pozo de mi cuerpo como ancla y lastre, una pinza. Un vientre que late con su propio p&eacute;ndulo dispuesto a estallar cuando alcance su hora.&rdquo;(2) Marguerite Duras dec&iacute;a algo que me recuerda mucho a c&oacute;mo se va procesando esta historia: &ldquo;Es el tren de la escritura que pasa por vuestro cuerpo. Lo atraviesa. De ah&iacute; es de donde se parte para hablar de esas emociones dif&iacute;ciles de expresar, tan extra&ntilde;as y que sin embargo, de repente, se apoderan de ti.&rdquo;(3).&nbsp;</p>
<p>El libro nos cuenta un drama del pasado que lo trasciende y est&aacute; dirigido al porvenir, a este mundo de migraciones, a este mundo globalizado donde pareciera que todo es ef&iacute;mero y se olvida al instante. En contraste con ello, el amor, el dolor, la injusticia son de una materia incombustible, el tiempo solo logra clarificarlas porque permanecen en esa espesura del cielo, ese aparente silencio que &ldquo;sin embargo&rdquo; habla y es memoria. As&iacute; escribe Viviana Paletta: &ldquo;Pulir, adelgazar la memoria, hilachas de escenas, palabras que no vuelven, y sin embargo.&rdquo; (4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Notas:</p>
<p>(1)&nbsp;&nbsp; Viviana Paletta, <em>La espesura del cielo</em>, Los Libros de la Mujer Rota, Madrid, 2024.</p>
<p>(2)&nbsp;&nbsp; <em>Ib&iacute;d</em>., p. 80.</p>
<p>(3)&nbsp;&nbsp; Marguerite Duras, <em>Escribir</em>, Tusquets, Barcelona, 2000, p. 83.</p>
<p>(4)&nbsp;&nbsp; Viviana Paletta, <em>op. cit</em>., p. 64.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 12:04:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuentos de una intensidad emocional extrema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuentos-de-una-intensidad-emocional-extrema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PEDRO_UGARTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">El nuevo libro de Pedro Ugarte, <em>Un lugar mejor</em>, es uno de los m&aacute;s destacados conjuntos de cuentos publicados en este &uacute;ltimo a&ntilde;o. De una intensidad emocional extrema, Pedro Ugarte (Bilbao,1963) nos lleva por caminos terminales, instantes extremos y cari&ntilde;os disfuncionales en un carrusel de emociones estructurado como una sucesi&oacute;n de estaciones vitales que ejemplarizan la vida como un conjunto de estadios puntuales caracterizados unas veces por el extra&ntilde;amiento y otras por la rutina. En 2016, Ugarte ya hab&iacute;a publicado su inmenso volumen "Nuestra historia", tambi&eacute;n en P&aacute;ginas de Espuma y, con &eacute;l, obtuvo el prestigioso premio Setenil al mejor libro de cuentos. La exquisita editorial balear Sloper edit&oacute; en 2024 su, hasta ahora, &uacute;ltimo poemario, "Las cosas de este mundo", dejando 2025 para este nuevo cap&iacute;tulo en la trayectoria del escritor vasco.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cuentos como "&Eacute;ramos tan felices" donde una familia se descompone ante sucesivas situaciones, enfermedades casi transitivas, hasta dejar al protagonista extra&ntilde;amente feliz en su compendio de recuerdos, es uno de esos cuentos que nos provoca una enajenaci&oacute;n emocional, ante el retrato de una experiencia gen&eacute;tica, sangu&iacute;nea, donde la fidelidad familiar, la ausencia filial, en un ajedrez de ciudades, donde todo son puzles descompuestos en piezas infinitas, es la metamorfosis cualitativa de unas personas que no distinguen la tragedia de lo cotidiano. Encontrarse con "No podr&iacute;a morirse ese animal" es vitriolo puro. La primera tem&aacute;tica que recorrer&aacute; el libro: vidas con un origen com&uacute;n que se ramifican hasta convertir a los amigos, a los camaradas, en aut&eacute;nticos extra&ntilde;os. Por un lado la productividad y el sexo, el poder capitalino (aunque el autor deja caer una opini&oacute;n desesperada: &ldquo;No podr&iacute;a haber vidas felices debajo de aquel caparaz&oacute;n de de tejas encarnadas, en esa sucesi&oacute;n de sarc&oacute;fagos de sucio cemento armado&rdquo;), s&aacute;banas de sensualidad lujosa de los paradores y, por otro, la misma estepa de Castilla y Le&oacute;n, el pueblo de Adraque del Molino, de escaso internet, una reducci&oacute;n arterial desde la autov&iacute;a, a la nacional, llegando a la puerta por una comarcal donde los&nbsp; ladridos de los perros sueltos es el sonido con el que la naturaleza expresa su miseria. El protagonista y su antagonista, el ejecutivo frente a un kioskero, el atl&eacute;tico y el dejado. La amante y la mujer que no trabaja, cubierta de hijos. Las terribles dimensiones de las noches de invierno y la rabia que cristaliza en la frase que da t&iacute;tulo al cuento. Un perro, el asfalto, un volantazo, el reproche, qui&eacute;n vive y qui&eacute;n muere. En "Ulises y los mapaches" encontramos otro eslab&oacute;n m&aacute;s en la ristra de perdedores y, como si fuera parte del esquema, un protagonista que intenta alejarse de esa decadencia social, pero no quiere abandonar al personaje en la desgracia. Intentan ser buenos, no son falsos, tampoco se esfuerzan demasiado. Hijos de matrimonios rotos, lejos geogr&aacute;fica y emocionalmente, que evitan a sus padres destrozados. Una vida de mierda. La vuestra y la m&iacute;a. La de todos.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La segunda parte, "Estaci&oacute;n de la soledad" comienza con una oficina, con su enga&ntilde;osa p&aacute;tina de orden y paz as&eacute;ptica que termina por ser un microclima t&oacute;xico. Mucho de Franz Kafka, pero tambi&eacute;n de la ic&oacute;nica "Las doce pruebas de Asterix", en ese arrebato descriptivo de la pen&uacute;ltima y abigarrada burocracia p&uacute;blica. Dinero, expedientes, papeles, miedo a tirar algo que sirva en el futuro, legajos frente a equipos inform&aacute;ticos, la capacidad de almacenamiento ha crecido de manera exponencial, pero est&aacute; la duda de si no sabemos seleccionar lo necesario. No sucede con las fotos de los m&oacute;viles, con los v&iacute;deos de nuestros hijos. Una balada, una broma de mal gusto, "Un plan estrat&eacute;gico", papel y m&aacute;s papel, satinado. Maravillosa la idea de la neo lengua de esta sociedad de fortalezas y debilidades. Un gui&ntilde;o a las adolescentes t&iacute;sicas de los cuentos de Edgard Allan Poe como el retazo de luz y color en lo gris. El odio a los concejales de cultura y la socialdemocracia. Al final, el protagonista, en su revuelta frustrada, se queda solo en la oficina. Como en <em>Un lugar mejor</em>, donde Ugarte coloca a su personaje en dos estadios paralelos, uno en el metro, donde cada ma&ntilde;ana vive una historia de amor subjetiva y so&ntilde;adora y el otro, en su casa, con una mujer enferma, postrada, qu&iacute;micamente inv&aacute;lida. Pero, de nuevo, las oposiciones, el cine, los bollos, una viuda joven, dolor, s&aacute;banas, paranoia y m&aacute;s medicaci&oacute;n. Un movimiento en el tablero, un intercambio de fichas, deja, por primera vez en el libro, que entre un poco de ilusi&oacute;n. Amarga e improbable, pero con algo de color: "Enamorarse en los vagones de metro, es aceptar, de puro improbable, que la vida ha terminado". Cuando le&iacute;a "Ni&ntilde;o jugando a la guerra con pistolas de verdad", me ven&iacute;a a la cabeza "Paquito", el tema de los Enemigos, con letra de Javier Corcobado: una resacosa ciudad castellana, con autobuses (quiz&aacute; trenes), pero sin aeropuerto. El encuentro de un escritor de clase media con un seguidor de clase alta. Uno ungido, el otro mediocre en su estado de cabeza de rat&oacute;n provincial. La detonaci&oacute;n, un cuerpo y una &uacute;ltima recompensa inesperada para un talento escaso. Plano, como la capital de provincia, como el c&iacute;rculo de la metaliteratura.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La siguiente parada es en "La estaci&oacute;n de las mentiras", con un instante, "Arantxa", un punto de no retorno, como en "El adversario" de Emmanuel Carr&egrave;re sin ser, l&oacute;gicamente, tan tr&aacute;gico. M&aacute;s inc&oacute;modo que otra cosa. Dos parejas. M&aacute;scaras de clase alta. Incomodidad. La verdad, el p&aacute;nico, la mentira, un final de cart&oacute;n piedra, abierto, que nos aboca al abismo. El primero de una galer&iacute;a de personajes ajenos (muchas veces extranjeros), que nos van a acompa&ntilde;ar en esta parte del libro. En "Una isla sucia y abandonada" volvemos a encontrar la penuria social transitiva entre el protagonista y un secundario, Ferm&iacute;n (tambi&eacute;n con hijos, tambi&eacute;n lejos, alguien a quien sus v&aacute;stagos le piden que nos les escriba), sumido en un estado de apestado formal, y el protagonista, que se descubre como una pen&iacute;nsula en su grupo de amigos: un simple comentario lo lleva al p&aacute;ramo alcoh&oacute;lico junto a un malec&oacute;n en el Mediterr&aacute;neo. Nombres violentos en pueblos levantinos, parejas bien llegadas desde Madrid, una sociedad sanguinaria donde la culpa se transmite se&ntilde;al&aacute;ndose con el dedo y provocando un terremoto estructural a trav&eacute;s de la mentira del plural mayest&aacute;tico. Y con "Westerman Servicios Generales" nos queda la sensaci&oacute;n de que el mentiroso, el falso personaje, se ha disfrazado, yendo desde "Arantxa" hasta aqu&iacute;. Ahora convertido en un siniestro hombre de negocios, el futuro suegro del narrador. Impostor, turbio, el dinero abundante producido por la nada. En la plusval&iacute;a del pelotazo o del crimen, Pedro Ugarte define sus secundarios a trav&eacute;s de una ramificaci&oacute;n vital, un salto &iacute;nfimo, una mariposa moviendo las alas y, de pronto, los personajes se convierten en desconocidos por una transmisi&oacute;n, un desplazamiento. Inquietante final, de nuevo. La mentira siempre trae semillas de duda.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La &uacute;ltima parte del manuscrito son los "Cuentos de la &uacute;ltima estaci&oacute;n": tres relatos muy distintos entre s&iacute;, que van de lo l&iacute;rico a lo prosaico de manera natural y poseen un barniz emotivo que permite una cierta lectura esperanzadora: "Ermita de San Sebasti&aacute;n" que comienza casi como un proyecto de "folk horror" donde se lee &lt;&lt;Es como si la tierra se quejara de algo&gt;&gt;, para mutar a una historia de tristeza infinita, de desaz&oacute;n salvaje: flechas rotas, como las de los indios en los mu&ntilde;equitos del oeste, mujeres que hasta hace poco eran ni&ntilde;as, el cuento de la lechera... un pecho desnudo, un ni&ntilde;o en camino, el arrepentimiento. Vera y Kevin, verrugas de un mundo en descomposici&oacute;n que sobreviven a base de brutalidad. "Dientes, caricias, agosto" es un instante en el est&iacute;o de uno de esos derrotados divorciados que abundan en los cuentos de Ugarte, con una ni&ntilde;a extra&ntilde;a y un hermano, que es uno de esos m&iacute;nimos instantes en los que se les permite recibir algo de calor humano, antes de que, tras los mapaches y el malec&oacute;n, lleguemos al animal, otro animal, el mismo destino. Mi favorito es "Viento inclemente", con el que termina el volumen. Nos es por la belleza formal del mismo, es la perspectiva diferente que le otorga Ugarte: un padre, un hijo, la separaci&oacute;n emocional y geogr&aacute;fica, cuantitativa y cualitativa. Las pocas oportunidades de una intimidad paterno-filial, un tipo que, tras abandonar a su familia, no quiere reparar nada, no quiere dar consejos, que no se agarra al miedo a la soledad para chantajear a su hijo. Solo revelarle el secreto, la m&aacute;xima, lo que ha guiado su vida: "Tienes que ser feliz aunque hagas sufrir a los dem&aacute;s". Una sensaci&oacute;n de metal en la boca, un c&iacute;rculo vicioso, entre lo &eacute;tico y lo literario, el muelle que se estira y no vuelve. Una&nbsp; infidelidad hacia uno mismo, por querer agradar a los que lo rodean. Es una magn&iacute;fica manera de terminar un libro que, por otro lado, es estupendo en su conjunto. Uno de los grandes, Ugarte, con uno de sus mejores vol&uacute;menes de cuentos.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Pedro Ugarte, <em>Un lugar mejor</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2024.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2025 08:44:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rendirá un homenaje internacional a Juan Benet ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rendira-un-homendaje-internacional-a-juan-benet/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/JUAN_BENET_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con esta iniciativa, <em>TURIA</em> quiere contribuir al fomento de la lectura de la obra de Juan Benet en un momento muy oportuno: cuando nos encontramos en el pre&aacute;mbulo de una efem&eacute;rides que bien merece ser celebrada como corresponde. Porque, en 2027, se cumplir&aacute; el centenario del nacimiento de uno de los grandes nombres propios de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX. Por eso <em>TURIA</em> le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico internacional que re&uacute;ne a los mejores escritores y expertos en su obra. Un total de 21 autores espa&ntilde;oles e hispanistas de varios pa&iacute;ses, publican 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que van a permitir conocer m&aacute;s y mejor la relevancia y singularidad creativa de Benet.&nbsp;</p>
<p>El monogr&aacute;fico que ofrecer&aacute; <em>TURIA</em> resulta muy atractivo, tanto para los buenos lectores que ya conocieran la tarea desarrollada por Juan Benet, como para aquellos que quieran descubrir hoy la obra de este singular ingeniero de caminos que tambi&eacute;n se desempe&ntilde;&oacute; magistralmente como hombre de letras. De ah&iacute; que este trabajo colectivo sirva a un doble prop&oacute;sito: reivindicar su notable valor literario y estimular un mayor conocimiento de sus principales obras en la actualidad. Coordinado por el profesor Domingo R&oacute;denas de Moya, catedr&aacute;tico Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y actual cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, entre los autores que participan sobresale no s&oacute;lo la presencia de varios de los mejores hispanistas y expertos en Benet. Tambi&eacute;n la revista aporta, por primera vez en papel, &nbsp;testimonios reveladores de otros escritores que lo conocieron de cerca como Javier Mar&iacute;as, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Vicente Molina Foix, Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Algo l&oacute;gico por cuanto, para ellos, Benet fue siempre &ldquo;un escritor ejemplar, un literato de la estirpe de los antiguos y un fascinante creador de opiniones radicales&rdquo;, seg&uacute;n lo describe Vila-Matas en su texto titulado &ldquo;Benet, saltador de p&eacute;rtiga&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SE PUBLICA UN VALIOSO IN&Eacute;DITO DEL PROPIO BENET</strong></p>
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<p>Merece la pena subrayar que, entre los materiales originales que aporta <em>TURIA</em>, sobresale un texto in&eacute;dito del propio Juan Benet y que forma parte del archivo personal del escritor madrile&ntilde;o que est&aacute; depositado en la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a. Este documento posee un extraordinario valor por cuanto sirve de ilustraci&oacute;n del modo en que Benet afrontaba sus distintos proyectos narrativos. Se trata de dos manuscritos recogidos en la carpeta &ldquo;El viaje de invierno: res&uacute;menes de argumentos&rdquo;. En ellos Benet prepar&oacute; y orden&oacute; las bases reflexivas para la redacci&oacute;n de una de sus obras m&aacute;s trascendentes: la novela &ldquo;Un viaje de invierno&rdquo;, publicada por primera vez en 1972 y que supuso un paso adelante en la exploraci&oacute;n de nuevos territorios narrativos para la literatura espa&ntilde;ola.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Domingo R&oacute;denas de Moya, estos textos que da a conocer ahora la revista <em>TURIA</em> &ldquo;pueden leerse como el fascinante y excepcional documento de un proceso espec&iacute;fico de creaci&oacute;n literaria, y a la vez, como un incisivo, privado y aut&oacute;nomo ensayo que nos habla, fundamentalmente, de una manera radical de concebir la literatura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LEER HOY A UN CL&Aacute;SICO CONTEMPOR&Aacute;NEO&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Juan Benet&nbsp; (Madrid, 1927-1993) est&aacute; considerado, por un amplio sector de la cr&iacute;tica y de los estudiosos de nuestra literatura, como uno de los escritores m&aacute;s influyentes del siglo XX. Y, sin duda, quien siempre se gan&oacute; la vida con su profesi&oacute;n de ingeniero de caminos, bien merece con creces ser descrito como un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico contempor&aacute;neo. La ambici&oacute;n y extraordinaria exigencia de su obra literaria, as&iacute; como el indiscutible influjo que obtuvo en otros creadores justificar&iacute;a esa posici&oacute;n de privilegio en cualquier balance de las letras espa&ntilde;olas.&nbsp;</p>
<p>Benet cultiv&oacute; diversos g&eacute;neros (ensayo, teatro, o cuento), pero es en la novela donde alcanzar&iacute;a su mayor protagonismo. Por ejemplo, con su obra &ldquo;Volver&aacute;s a Regi&oacute;n&rdquo;, dio un cerrojazo incontestable a la novela de posguerra y desarrollaba narrativamente sus postulados te&oacute;ricos ya expuestos en otra de sus obras de referencia: &ldquo;La inspiraci&oacute;n y el estilo&rdquo;, publicada en 1966. Seg&uacute;n argumentan Domingo R&oacute;denas de Moya y Lucas Capellas Franco en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em>, desde la aparici&oacute;n de dicha obra, y a lo largo de m&aacute;s de una d&eacute;cada, &ldquo;Benet se hab&iacute;a erigido en una figura fundamental en el campo literario del tardofranquismo, no solo por su radical apuesta por una narrativa ind&oacute;cil a las demandas del mercado o de la utilidad social y pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n por convertirse en referente literario e intelectual de un grupo de j&oacute;venes escritores como Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n o Javier Fern&aacute;ndez de Castro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el citado art&iacute;culo que inaugura el homenaje al escritor madrile&ntilde;o, y bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;Juan Benet o la luz oscura&rdquo;, sus autores nos aseguran que su principal m&eacute;rito fue la concepci&oacute;n y puesta en pr&aacute;ctica de una teor&iacute;a de la novela que &ldquo;se alejaba violentamente de los realismos beligerantes en Espa&ntilde;a, del utilitarismo ingenuo de ciertos escritores antifranquistas, de la prosa descorazonadora que era com&uacute;n, ret&oacute;rica y casticista en unos casos, descalandrajada por otros a base de desgarrones y coloquialismo. Benet fue definiendo lo que no quer&iacute;a hacer &mdash;lo que ya no se pod&iacute;a hacer&mdash; al mismo tiempo que resolv&iacute;a cu&aacute;l era la literatura que le complac&iacute;a hacer &mdash;lo que <em>hab&iacute;a</em> que hacer&mdash; y que entroncaba directamente con la modernidad de ra&iacute;z simbolista, la de Conrad, Proust y Faulkner, la de la exploraci&oacute;n en los fondos abisales de la conciencia y la experimentaci&oacute;n audaz con los recursos del lenguaje y de la narraci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Gracias a su celebrada novela &ldquo;Volver&aacute;s a Regi&oacute;n&rdquo;, publicada en 1967, como a los t&iacute;tulos editados en los a&ntilde;os setenta del pasado siglo, como &ldquo;Un viaje de invierno&rdquo; (fechada en 1972), Juan Benet ingresar&iacute;a ya para siempre en el &ldquo;exclusivo club de los autores afortunados y consagrados por el reconocimiento de la cr&iacute;tica, el de los autores prestigiados por la originalidad y la altura est&eacute;tica de su obra&rdquo;. En 1980 aparecer&iacute;a su novela &ldquo;Sa&uacute;l ante Samuel&rdquo;, en cuya elaboraci&oacute;n estuvo enfrascado siete a&ntilde;os que se considera paradigma y cima de sus principios y m&eacute;todos art&iacute;sticos. Esa serie de t&iacute;tulos, y los que vendr&iacute;an con posterioridad como &ldquo;Herrumbrosas lanzas&rdquo;, le granjearon un significativo aumento de protagonismo por parte de la cr&iacute;tica, tanto nacional como extranjera y terminaron por consagrarle como escritor can&oacute;nico.&nbsp;</p>
<p>Y es que, para Benet, &ldquo; la literatura configura una espacio de individuaci&oacute;n reflexiva instalado entre el silencio de la soledad y la vida comunicativa de la sociedad, a la que pertenecen las palabras, a la vez, por supuesto, que una extraordinaria y vertiginosa distracci&oacute;n. Como dijo en una conferencia de 1978, para &eacute;l la literatura era &lsquo;un divertimento y una forma de ser esencial&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>AMPLIA PRESENCIA DE LOS MEJORES HISPANISTAS</strong><strong>&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Buena prueba de la dimensi&oacute;n universal alcanzada por la obra de Juan Benet, es la destacada presencia de especialistas de otros pa&iacute;ses en este monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em> que le rinde homenaje. As&iacute;, en la revista publican interesantes an&aacute;lisis divulgativos los siguientes hispanistas: Claude Murcia, profesora de literatura comparada y estudios cinematogr&aacute;ficos en la Universidad Diderot-Paris 7; Cristina Moreiras Menor, catedr&aacute;tica de Literatura, Cine y Estudios de G&eacute;nero en la Universidad de Michigan; Malcolm Alan Compitello, profesor em&eacute;rito en la Universidad de Arizona y director del Departamento de Espa&ntilde;ol y Portugu&eacute;s en Arizona entre 1995 &nbsp;y 2018. Se da la circunstancia, adem&aacute;s, que Compitello es uno de los pioneros de la investigaci&oacute;n de la obra de Juan Benet entre los hispanistas norteamericanos. Igualmente participan el hispanista brit&aacute;nico Alexis Grohmann, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola Contempor&aacute;nea en la Universidad de Edimburgo y el hispanista alem&aacute;n Gerhard Poppenberg, catedr&aacute;tico del Departamento de Filolog&iacute;a Moderna de la Universidad de Heildelberg.&nbsp;</p>
<p>No es menos relevante la participaci&oacute;n de estudiosos espa&ntilde;oles de la obra de Juan Benet. En ese sentido, <em>TURIA</em> publica textos originales de Epicteto D&iacute;az Navarro, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad Complutense; Lucas Capellas y Dar&iacute;o Luque, investigadores predoctorales en el Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y Carlos Femen&iacute;as Ferr&aacute;, doctor en Filolog&iacute;a hisp&aacute;nica y profesor en el MeCOPH (M&aacute;ster en Comunicaci&oacute;n, Periodismo y Humanidades) de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona.&nbsp;</p>
<p>Entre las colaboraciones de otros autores, hay que citar la del escritor, traductor y editor Gonzalo Torn&eacute; (Barcelona, 1976; un autor en cuya obra la cr&iacute;tica ha se&ntilde;alado la infuencia de Benet y que ha sido traducido&nbsp;al ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, alem&aacute;n, holand&eacute;s, portugu&eacute;s&nbsp;y catal&aacute;n).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GRANDES CREADORES ESPA&Ntilde;OLES APORTAN SU TESTIMONIO SOBRE JUAN BENET</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s notables que aporta <em>TURIA</em> sobre Juan Benet es el conjunto de importantes y reveladores testimonios que se publican en papel por primera vez, ya que proceden de la revista acad&eacute;mica digital &ldquo;Artes del ensayo&rdquo;, de la Universidad Pompeu Fabra y fueron publicados originalmente en 2019: Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, Javier Fern&aacute;ndez de Castro, Eduardo Mendoza, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, Francisco Rico, Enrique Vila-Matas y M&aacute;ximo Pradera.&nbsp;</p>
<p>A ellos se a&ntilde;ade un clarificador texto, escrito expresamente para <em>TURIA</em> por Ram&oacute;n Benet, hijo primog&eacute;nito del escritor homenajeado y en que, a partir de la condici&oacute;n de ingeniero de caminos de su padre, hace una serie de oportunas consideraciones y analog&iacute;a fluviales sobre las incertidumbres y peligros de la situaci&oacute;n espa&ntilde;ola actual. Se refiera Ram&oacute;n Benet a &ldquo;esas otras aguas ponzo&ntilde;osas, la variante ruidosa de las palabras, los discursos inflamados, las narrativas interesadas, los relatos hiperb&oacute;licos, falsarios, de agitaci&oacute;n, o todo ello a un mismo tiempo; la realidad manipulada, los bulos, los dicterios, las desinformaciones, las noticias falsas cargadas de veneno; no hay ingeniero que pueda contenerlos y aislarlos en una balsa de residuos t&oacute;xicos, y si esos caudales verbales crecen y se desbordan entonces la devastaci&oacute;n puede llegar a ser todav&iacute;a mayor que la riada, como bien sabemos y en nuestra estupidez ignoraremos una y otra vez, como Benet tambi&eacute;n una y otra vez nos viene a recordar la necedad de la guerra en sus narraciones, unas aguas literarias cuyo autor, por medio de su intuici&oacute;n, ha recogido en libros con el prop&oacute;sito de ser puestas en circulaci&oacute;n por la inteligencia del lector desde la frase inicial, para comprobar c&oacute;mo&nbsp; fluyen ayuso, se estancan a veces por la bardomera acumulada en un estrecho, otras se remansan si el cauce se ensancha o forman r&aacute;pidos por una falla del terreno y en ocasiones hay que remontar para localizar en el mapa alguna surgencia o afluente que en el primer descenso hab&iacute;a pasado inadvertido, para finalmente desembocar en un pi&eacute;lago de incertidumbres&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>TURIA</em></strong><strong>: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, <em>TURIA</em> ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad&nbsp; y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 42 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 47.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a <em>TURIA</em>.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, el pasado a&ntilde;o, el&nbsp; Instituto Cervantes acord&oacute; que <em>TURIA</em> ingresara en la Caja de</p>
<p>las Letras, ese espacio simb&oacute;lico que se ha convertido en la aut&eacute;ntica c&aacute;mara acorazada de la cultura en espa&ntilde;ol y que acredita el prestigio y la trascendencia de la labor desarrollada por la revista. Seg&uacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;cada n&uacute;mero de <em>TURIA</em> es en realidad una peque&ntilde;a biblioteca y no tiene nada que ver con esa habitual revista literaria con unos pocos textos dispares&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Previamente, en 2023, el Gobierno&nbsp; de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a <em>TURIA</em> su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista <em>TURIA</em> compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.&nbsp;</p>
<p>El perfil de sus lectores digitales nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas preferentemente entre los 45 y los 64 a&ntilde;os. Por otra parte, las cinco ciudades mayor n&uacute;mero de lectores de <em>TURIA</em> son Madrid, Ciudad de M&eacute;xico, Zaragoza, Barcelona y Lima.&nbsp;</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre Juan Benet ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y del Ministerio de Cultura.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>DOMINGO R&Oacute;DENAS DE MOYA, UNA PRESENCIA HABITUAL EN </strong><strong><em>TURIA</em></strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El profesor Domingo R&oacute;denas de Moya, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y actual cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, es uno de los veteranos colaboradores de la revista cultural <em>TURIA</em>. Se da la circunstancia de que, adem&aacute;s de coordinar ahora el monogr&aacute;fico sobre Juan Benet, ya se ocup&oacute; de hacerlo en 2014 con el que se dedic&oacute; al escritor Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s.&nbsp;</p>
<p>En <em>TURIA</em> ha escrito tambi&eacute;n numerosos art&iacute;culos sobre autores como Luis Bu&ntilde;uel, Javier Cercas, Vicente Molina Foix, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget y otros, as&iacute; como diversos textos de cr&iacute;tica de libros. Su primera colaboraci&oacute;n se public&oacute; en el n&ordm; 49 de la revista, fechado en junio de 1999.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE RAM&Oacute;N BENET: <em>JUAN EL AGUADOR</em> </strong><strong></strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Este homenaje internacional de la revista <em>TURIA</em> a Juan Benet ha contado con la valiosa ayuda y colaboraci&oacute;n de su familia. Buena prueba de ello es la participaci&oacute;n del hijo primog&eacute;nito de Benet, Ram&oacute;n, que aporta un original y representativo testimonio in&eacute;dito sobre su padre bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Juan el aguador&rdquo;. &nbsp;Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese revelador art&iacute;culo:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;De su propio pa&iacute;s pronto comprendi&oacute; que sin un equilibrio del agua entre las regiones nunca se lograr&iacute;a su equiparaci&oacute;n en riqueza, y a este prop&oacute;sito hizo suyo el sue&ntilde;o regeneracionista y<strong>,</strong> con los recursos que tuvo en su mano, levant&oacute; construcciones civiles y redact&oacute; estudios y proyectos con los que pretendi&oacute; reducir esta desigualdad, aun consciente de que ese sue&ntilde;o de la raz&oacute;n ser&iacute;a sacrificado en la refriega pol&iacute;tica y auton&oacute;mica aunadas con la corriente conservacionista que protege y descuida los cauces y fantasea con la imposible vuelta del paisaje a su estado primigenio, convirtiendo en quimera esa visi&oacute;n racional de la igualdad h&iacute;drica del territorio, aunque no por ello el ingeniero dej&oacute; de proclamarla contra una concepci&oacute;n deificada de la Naturaleza que, al amparo de la Ciencia investida de Religi&oacute;n, ante&nbsp; fen&oacute;menos atmosf&eacute;ricos bien conocidos por su magnitud y periodicidad y la negligente falta administrativa de nuevas infraestructuras que los contrarresten o reduzcan, nos deja expuestos a su ira celestial en forma de sequ&iacute;a que hace los campos improductivos o de diluvio torrencial catastr&oacute;fico que desborda los protegidos y descuidados cauces sin limpiar y arrasa una comarca entera llevando a la ruina absoluta todo lo conseguido en generaciones, de lo cual la especie humana hace uni&oacute;n de contrarios siendo al mismo tiempo v&iacute;ctima de tanto estrago y culpable -a ojos de la moral cient&iacute;fica- por los efectos de nuestros irresponsables desmanes industriales; de esa conducta ab&uacute;lica frente a los riesgos conocidos pero ignorados proven&iacute;a buena parte de la profunda desconfianza de Juan Benet hacia las disciplinas del conocimiento. Todo esto, al anochecer en su estudio ante la m&aacute;quina de escribir bajo la l&aacute;mpara de acorde&oacute;n, serv&iacute;a bien a sus invenciones narrativas, pero la ma&ntilde;ana siguiente, en el trabajo en obra o en oficina no hab&iacute;a asomo de esa desconfianza y se dedicaba al estudio, redacci&oacute;n o ejecuci&oacute;n de esas obras hidr&aacute;ulicas tan malfamadas&nbsp; por su apropiaci&oacute;n franquista como necesarias en la regulaci&oacute;n del&nbsp; agua de escorrent&iacute;a para almacenarla en tiempo de escasez o retenerla en evitaci&oacute;n de avenidas, y al mismo tiempo con raz&oacute;n incomprendidas y rechazadas por los desplazados de su tierra y los defensores de la Naturaleza.&nbsp;</p>
<p>De an&aacute;loga manera tambi&eacute;n encontr&oacute; pronto que en Espa&ntilde;a, m&aacute;s que una desigualdad en su reparto, hab&iacute;a una escasez general de determinadas aguas literarias, de las que &eacute;l sab&iacute;a bien que hubo un tiempo en que corrieron por aqu&iacute; en abundancia y que, fuera de aqu&iacute;, eran bien fluidas y caudalosas. Libre de los condicionantes administrativos, presupuestarios, de organizaci&oacute;n de personal y ambientales de toda obra p&uacute;blica, quiso remediar esa sequ&iacute;a llevando a la pr&aacute;ctica &mdash;de conformidad con el principio seg&uacute;n el cual &ldquo;la mejor utilidad de un cl&aacute;sico se deriva de su explotaci&oacute;n por un moderno&rdquo;&mdash; una operaci&oacute;n de gran alcance de captaci&oacute;n de las aguas mineralizadas de los manantiales del alto estilo, atendiendo a sus propios gustos, siendo el gusto literario, para Juan Benet, una variante del prejuicio que resulta muy &uacute;til en la selecci&oacute;n de lecturas, tal y como &eacute;l mismo explica con analog&iacute;a minera en el pr&oacute;logo de <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>, su segundo libro, un extenso ensayo que constituye su obra de embalse literario en el cual ir&aacute; almacenando los caudales narrativos de su predilecci&oacute;n &nbsp;que, &nbsp;una &nbsp;vez &nbsp;filtrados y tratados adecuadamente con t&eacute;cnica propia, ir&aacute; dosificando posteriormente en forma d<span style="text-decoration: line-through;">e</span> libros, desde las conducciones del dique hasta la red de abastecimiento, ofreciendo sin interrupci&oacute;n un suministro de letras muy profundas y ricas y que, al contrario de las aguas que pretendi&oacute; equilibrar, tienen buen reparto y vocaci&oacute;n universal, se llevan a otras lenguas, se analizan en las universidades y siguen siendo muy apreciadas por los lectores por las sales sint&aacute;cticas y nutrientes narrativos que aportan.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 08:43:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una manera nueva de mirar y pensar el mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-manera-nueva-de-mirar-y-pensar-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LORENZO_OLIV_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo he dicho m&aacute;s de una vez y lo vuelvo a repetir: la val&iacute;a de un libro no depende del n&uacute;mero de sus p&aacute;ginas; no es m&aacute;s verdadero un libro de quinientas p&aacute;ginas que otro de solo cincuenta. La cantidad de p&aacute;ginas no es la medida de un libro. Si as&iacute; fuera, la mayor&iacute;a de los libros de poes&iacute;a, de microrrelatos o de aforismos, en comparaci&oacute;n con los novelones, los ensayos o los libros de memorias, tendr&iacute;an siempre las de perder, ya que son g&eacute;neros que se avienen mejor con la brevedad que con la vastedad. <em>La &oacute;ptica sutil</em>, de Lorenzo Oliv&aacute;n, ganador del IX Premio de Aforismos Rafael P&eacute;rez Estrada, es un libro corto, exiguo, peque&ntilde;o, que contiene &uacute;nicamente cincuenta y cinco aforismos, uno por p&aacute;gina.</p>
<p>Seg&uacute;n se nos dice en la &ldquo;contraportada&rdquo; se trata de un libro que combina la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a, la reflexi&oacute;n y la imaginaci&oacute;n, y que adem&aacute;s ofrece una manera nueva de mirar y pensar el mundo. Y no solo eso, que no es poca cosa: tambi&eacute;n se nos dice que en sus p&aacute;ginas el autor ha querido que sus ojos y su mente persiguieran &ldquo;la misteriosa vida, el tiempo en fuga y la vibraci&oacute;n del instante&rdquo;, dando por supuesto con ello tres lugares comunes: lo que de misterioso tiene la vida, el <em>tempus fugit</em> y el estremecimiento que nos puede producir cualquier momento por prosaico o por po&eacute;tico que sea.</p>
<p>A mi entender, en la mayor&iacute;a de los aforismos de este libro hay m&aacute;s poes&iacute;a que filosof&iacute;a y m&aacute;s imaginaci&oacute;n que reflexi&oacute;n. Tanto es as&iacute; que algunos de los aforismos bien pudieran ser el principio o el final de un poema, como por ejemplo cuando dice: &ldquo;Con la huellas dejadas en las playas el mar busca naufragios&rdquo; o &ldquo;La luz s&iacute; que juega en serio&rdquo;. En estos dos aforismos se nota no tanto la disquisici&oacute;n filos&oacute;fica o reflexiva sobre un tema de car&aacute;cter metaf&iacute;sico, &eacute;tico o pol&iacute;tico, como una sensibilidad l&iacute;rica descriptiva, que como el mismo autor nos advierte en otro de sus aforismos es m&aacute;s propia de la poes&iacute;a que de la filosof&iacute;a, pues &ldquo;En la mejor poes&iacute;a habla una lengua ciega que hace ver&rdquo;. Se dir&iacute;a, por tanto, que a Oliv&aacute;n le interesa m&aacute;s poner de manifiesto el poder visionario que tienen las alocuciones po&eacute;ticas que las que tienen las disertaciones filos&oacute;ficas.</p>
<p>No en vano, el propio t&iacute;tulo del libro se&ntilde;ala la importancia que le da a la sensibilidad o a los &oacute;rganos sensoriales (fundamentalmente al de la vista) en detrimento de las facultades intelectuales, que quedar&iacute;an relegadas a un segundo plano. De ah&iacute; que no sean pocos los aforismos en los que los verbos &ldquo;ver&rdquo;, &ldquo;mirar&rdquo; u &ldquo;observar&rdquo; aparezcan de manera recurrente, como gu&iacute;as principales para captar sutilmente los secretos o los misterios que encierra el mundo que nos rodea: &ldquo;Las personas que no ven c&oacute;mo las cosas desean a las cosas se pierden buena parte del deseo del mundo. &iquest;C&oacute;mo viven sin esa er&oacute;tica de la visi&oacute;n?&rdquo;, &ldquo;Somos solo una cuesti&oacute;n de &oacute;ptica. Somos solo preguntas que miran&rdquo;, &ldquo;El amor y el deseo quiz&aacute;s no nos abran m&aacute;s los ojos, pero intensifican m&aacute;s que ninguna otra cosa las ganas de ver&rdquo; o &ldquo;A veces verlo claro impide ver&rdquo;.</p>
<p>Visto lo visto, pareciera que lo racional no estuviera constre&ntilde;ido por los l&iacute;mites de la mente, sino que hubiera un resquicio de luz interior por donde se colara la imaginaci&oacute;n, que es ver m&aacute;s all&aacute; de lo que nuestros propios ojos ven, haciendo as&iacute; que la mente fuese una gran curva sin fin o que el pensamiento discurriera a su aire, como el vuelo zigzagueante de las golondrinas (y c&oacute;mo no recordar ahora que Eugenio d&rsquo;Ors dijese precisamente que los aforismos son las golondrinas de la dial&eacute;ctica). A m&iacute; me parece que a estos aforismos de Oliv&aacute;n le vienen como anillo al dedo la definici&oacute;n de d&rsquo;Ors, porque el vuelo de las golondrinas no es majestuoso ni imperial, sino m&aacute;s bien humilde y modesto, err&aacute;tico y gir&oacute;vago, como si no tuvieran la grandeza del vuelo regio de las &aacute;guilas. Pero, aun as&iacute;, Oliv&aacute;n considera que &ldquo;el aforismo se muestra como un todo tan peque&ntilde;o, que parece un fragmento para ser completado&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;He ah&iacute; su humildad y su grandeza&rdquo;.</p>
<p>Con todo, y en contraste con la definici&oacute;n dorsiana, el autor de <em>La &oacute;ptica sutil</em> cierra su libro con un s&iacute;mil en el que compara los aforismos con las gotas de lluvia: una lluvia leve, humilde, lenta y sostenida. &ldquo;La lluvia lo toca todo, leve. Lo abarca todo, humilde. Lo quiere todo, rota. La lluvia, esa aforista&rdquo;. Y es que, lejos del martilleo torrencial de un aguacero de pensamientos desaforados, los aforismos de Lorenzo Oliv&aacute;n caen sobre el mag&iacute;n del lector de una manera pausada, gradual y sosegada, sin pretender doblegarlo o rendirlo a su propio ideario, sino m&aacute;s bien cautivarlo o conquistarlo con una po&eacute;tica vaporosa, tenue, sutil, que en algunos casos se expresa m&aacute;s como interrogaci&oacute;n que como afirmaci&oacute;n, pues al mundo (y a los secretos que guarda) hay que acercarse con una mirada modesta pero inquisitiva para ver si nos revela algo de sus inc&oacute;gnitas. Por eso no es de extra&ntilde;ar que Oliv&aacute;n agradezca a todos aquellos que esperan que se equivoque en sus apreciaciones sobre la realidad que le circunda el haberle llevado a dar menos pasos en falso, haci&eacute;ndole ver mucho mejor.</p>
<p>Y eso, a pesar de que, como &eacute;l mismo dice, somos un pa&iacute;s que quiz&aacute; hace tanto ruido para no o&iacute;r lo que piensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lorenzo Oliv&aacute;n, <em>La &oacute;ptica sutil</em>, Sevilla, Editorial Renacimiento, 2024.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 08:03:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Sierra: “Estoy en la literatura por mi afán aventurero. Cada libro es una nueva exploración”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-sierra-estoy-en-la-literatura-por-mi-afan-aventurero-cada-libro-es-una-nueva-exploracion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Javier_Sierra500.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas veces una vocaci&oacute;n tan temprana llega a t&eacute;rmino superando con creces las expectativas de su protagonista. Pero este es el caso de Javier Sierra (Teruel, 1971) escritor y periodista focalizado en temas como el misterio, la vida extraterrestre y otros enigmas de nuestra civilizaci&oacute;n. Autor de <em>best sellers</em> como <em>La dama azul</em>, <em>El fuego invisible</em>, que le vali&oacute; el Planeta en 2017, o <em>La cena secreta</em>, novela por la que se convirti&oacute; en el primer autor espa&ntilde;ol en la lista de libros m&aacute;s vendidos de <em>The New York Times</em>, es adem&aacute;s viajero, conferenciante, aventurero, divulgador en medios de comunicaci&oacute;n, editor, organizador de eventos relacionados con sus actividades e incansable curioso. Un sinf&iacute;n de actividades que acaban confluyendo en sus libros cuando encuentra el reposo necesario para escribirlos. Por ahora, el listado abarca once novelas, cuatro ensayos, un libro de relatos y numerosas colaboraciones en obras colectivas. Ha sido traducido en m&aacute;s de cuarenta pa&iacute;ses y las ediciones de sus t&iacute;tulos superan los dos centenares. Ha conseguido, adem&aacute;s, ser profeta en su tierra. El barrio turolense de su ni&ntilde;ez, El Carrel, tiene un parque con su nombre. Tambi&eacute;n la biblioteca de su ciudad natal lo ostenta, lo que supuso un hito, pues era la primera vez que una biblioteca del Estado adoptaba el nombre de un autor vivo, y esa biblioteca ve incrementarse con el tiempo el legado de este autor que ha querido que sea ese lugar donde se inici&oacute; su vocaci&oacute;n literaria el refugio del trabajo de toda una vida. &Eacute;l intenta no renunciar a ninguna de sus pasiones. La conversaci&oacute;n tuvo lugar v&iacute;a internet desde su &ldquo;casa de soltero&rdquo; en las cercan&iacute;as de Madrid donde encontr&oacute; la concentraci&oacute;n necesaria para terminar la novela que ya est&aacute; en librer&iacute;as, <em>El plan maestro</em>, una continuaci&oacute;n de <em>El maestro del Prado</em>. Sierra contesta r&aacute;pido a las preguntas, con franqueza, no elude ninguna cuesti&oacute;n y, aunque avisa de que su cabeza est&aacute; centrada en la novela, no tiene prisa por acabar la conversaci&oacute;n. Entrevistar a Javier Sierra es preguntarse a qui&eacute;n se va a entrevistar: al escritor, al aventurero, al divulgador&hellip; Averiguar cu&aacute;l de esas facetas ha ido ganando terreno o perdi&eacute;ndolo a lo largo de su trayectoria.</p>
<p>&ndash; Las mantengo m&aacute;s o menos vivas todas. Me gustan todas y me cuesta un imperio tener que renunciar a algunas de ellas. La del aventurero, desde luego, est&aacute; porque me sigue gustando viajar y conocer lugares nuevos, sobre todo desde que me he focalizado en cuestiones de tipo arqueol&oacute;gico. La gran pregunta de d&oacute;nde venimos ha ido ganando territorio en mi caso a medida que he ido cumpliendo a&ntilde;os y la &uacute;nica forma que tengo de responder a ese de d&oacute;nde venimos es mediante la lectura y los viajes. La del comunicador es que es innata en m&iacute;. Desde que era muy peque&ntilde;o me ha gustado compartir lo que aprendo con los dem&aacute;s. Empec&eacute; en Teruel invent&aacute;ndome peri&oacute;dicos cuando era ni&ntilde;o y haciendo peque&ntilde;as tiradas de magazines en ciclostil y salt&eacute; a la radio a edad temprana y ah&iacute; me he quedado atrapado. Sigo colaborando con la radio, en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os con Carlos Herrera en Cope, pero he hecho mucha radio nocturna con Iker Jim&eacute;nez, Miguel Blanco &hellip;. Y la de escritor es la m&aacute;s delicada de todas porque es la que requiere mayor concentraci&oacute;n y en el mundo en el que me manejo, que es de mucho viaje, de mucha &uacute;ltima hora, la concentraci&oacute;n es algo que tengo que conquistar. Yo no puedo escribir en Madrid ciudad, donde hay tantos est&iacute;mulos y tanto ruido. Tengo que luchar por ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura me permite encontrar respuestas y compartirlas&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La suya es una vocaci&oacute;n muy temprana por el periodismo, la divulgaci&oacute;n, el mundo del misterio y de la ciencia. Pero cuando se cruza en su camino la posibilidad de escribir una novela, da la sensaci&oacute;n de que la literatura hace que todas las piezas de sus intereses encajen.</p>
<p>&ndash; Las encaja y las complementa. Lo que me da la literatura es organizar todas esas piezas que conozco y re&uacute;no con alegr&iacute;a en mis otras facetas y me permite jugar con ellas y darles un sentido. El mundo en el que me he manejado siempre, que es el mundo de las preguntas, tiene una contrapartida tenebrosa y es que rara vez encuentras respuestas a esas grandes preguntas y como yo soy inconformista por naturaleza vi que la literatura me permit&iacute;a encontrar esas respuestas. Obviamente son respuestas literarias, de la imaginaci&oacute;n, pero respuestas al fin y al cabo. Ya que la ciencia y la investigaci&oacute;n no me permiten acceder a ellas porque no las tenemos, la imaginaci&oacute;n s&iacute; me lo permite. Y en ese sentido s&iacute; que la literatura encaj&oacute; como un guante en lo que yo hab&iacute;a sido porque me permit&iacute;a cerrar el c&iacute;rculo. Encontrar esas respuestas y compartirlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los libros de Carl Sagan me alimentaron la imaginaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En la serie de televisi&oacute;n <em>Otros mundos</em>, que cre&oacute; y present&oacute;, se refiere a su ni&ntilde;ez y cuenta que desde ni&ntilde;o le persiguieron grandes enigmas. &iquest;Cu&aacute;les?</p>
<p>&ndash; El primer enigma al que yo me enfrento tiene que ver con la pregunta de si estamos solos en el universo. Y la raz&oacute;n es muy dom&eacute;stica. Yo viv&iacute;a en una calle a las afueras de Teruel, en el barrio de El Carrel, y m&aacute;s all&aacute; de ese barrio lo que hab&iacute;a era la zona de la periferia donde todo era oscuridad. Tengo muy grabado el salir tarde del colegio, cuando ya era de noche, y al llegar a casa quedarme un rato en la calle, ah&iacute; sentado viendo ese firmamento y haci&eacute;ndome preguntas que eran un poco como de <em>Principito</em>: estar sentado en un planeta y preguntarte si habr&iacute;a otro ni&ntilde;o sentado en otro planeta mir&aacute;ndome. Y aquello se convirti&oacute;, yo creo que tambi&eacute;n por el ambiente de la &eacute;poca, estamos hablando de los ochenta, en una marca en mi cerebro. Recuerdo que en el 82, el a&ntilde;o del Mundial de F&uacute;tbol, todo mi entorno estaba muy fascinado con el Mundial y yo en cambio me qued&eacute; prendado de Carl Sagan y la serie <em>Cosmos </em>que empezaron a emitir ese verano. As&iacute; que ese ni&ntilde;o que se quedaba fascinado con las estrellas de repente encend&iacute;a la tele y ve&iacute;a a un se&ntilde;or hablando de la profundidad del universo y de las misiones Voyager y de todo lo que en fin significaba la exploraci&oacute;n del gran desconocido que nos rodea y aquello ya se qued&oacute; prendido para siempre. Empec&eacute; a dar alimento a aquella inquietud. Es la &eacute;poca en que me hago lector de la biblioteca: en mi casa hab&iacute;a libros, pero no tantos y empiezo a ser de los m&aacute;s activos en las desideratas de aquellos a&ntilde;os. Los libros de Carl Sagan y los de otros autores menos cient&iacute;ficos pero que me alimentaron la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es bueno tener una locura cuando eres peque&ntilde;o, porque eso te focaliza, hace que tengas una misi&oacute;n por la que vivir, sea leer libros de ovnis o de caballer&iacute;as&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En aquella &eacute;poca estaban muy de moda los avistamientos de ovnis.</p>
<p>&ndash; Yo mont&eacute; un grupo de ovnis en mi casa. Con once o doce a&ntilde;os en Teruel no hab&iacute;a internet ni redes sociales, ninguna de las posibilidades que ahora tenemos de encontrar gente que nos es af&iacute;n, y en aquella &eacute;poca la &uacute;nica forma era a trav&eacute;s de los anuncios por palabras de las revistas y como hab&iacute;a revistas de divulgaci&oacute;n que se dedicaban a estos temas, yo pon&iacute;a mis anuncios con el fin de montar un grupo en mi ciudad dedicado a investigar estos asuntos. Bueno investigar&hellip; Ya ves con doce a&ntilde;os lo que podr&iacute;as investigar, pero aquello me permiti&oacute;, a trav&eacute;s del servicio del correo, contactar con mucha gente y encontrar la que ser&iacute;a mi tribu. Fue interesante porque en esa tribu tambi&eacute;n hab&iacute;a escritores, hab&iacute;a poetas. Por ejemplo, conoc&iacute; a Carlos Murciano, gran poeta que escribi&oacute; un libro sobre ovnis a finales de los sesenta porque &eacute;l fue el primer y &uacute;nico corresponsal que tuvo el diario <em>Abc </em>en el mundo de los ovnis. Yo lo conoc&iacute;, me impact&oacute; porque me permiti&oacute;, a trav&eacute;s de los ovnis, conectar tambi&eacute;n con la poes&iacute;a. Esto es muy curioso. Es un camino raro. Luego descubr&iacute; que lo de los ovnis afectaba a muchos otros letraheridos. Por ejemplo, a Buero Vallejo. Lo descubr&iacute; a trav&eacute;s de su hijo, porque yo a &eacute;l no lo conoc&iacute; pero Buero Vallejo estaba obsesionado, yo dir&iacute;a, con los ovnis, porque m&aacute;s que dramaturgo &eacute;l lo que quer&iacute;a ser es uf&oacute;logo y hablaba a todas horas de ello. Claro, era gente que a m&iacute; me permit&iacute;a cuando hablaba en casa con mis padres, que quer&iacute;an que me dedicar a cosas m&aacute;s productivas, contrargumentar y decir que hab&iacute;a se&ntilde;ores muy importantes a los que les interesaba tambi&eacute;n esta cuesti&oacute;n, que no era incompatible. Y bueno, ah&iacute; ya no s&eacute; c&oacute;mo explicarlo, a medida que fui creciendo me di cuenta de que en realidad para m&iacute; los ovnis fueron como la puerta de entrada a un mundo de lecturas y cosas que no necesariamente eran sobre este tema. Me conect&eacute; con los textos v&eacute;dicos por ejemplo que hablaban como vagamente de naves extraterrestres, o con otros textos sagrados o antiguos&hellip; Fue una &eacute;poca en la que le&iacute;a mucho buscando mis ovnis, no enloquec&iacute; como el ingenioso hidalgo pero me dio una perspectiva muy amplia sobre muchas cosas y yo lo agradezco. Agradezco haber tenido esa curiosidad y aprend&iacute; una lecci&oacute;n que he inculcado a mis hijos: es bueno tener una locura cuando eres peque&ntilde;o, porque eso te focaliza, hace que tengas una misi&oacute;n por la que vivir, sea leer libros de ovnis o de caballer&iacute;as. Es bueno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El ser humano siempre ha tenido la necesidad de ver para sostener su mundo y, cuando no lo ve, lo inventa&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Ahora que ha avanzado mucho la investigaci&oacute;n espacial, el tema ha cambiado. La ciencia a medida que avanza va aclarando misterios en &eacute;sta y en tantas cuestiones. Pero el misterio es, dir&iacute;a, la columna vertebral de su trabajo. &iquest;Qu&eacute; misterios son los que le ocupan ahora o qu&eacute; lugar ocupa en este momento el misterio en su vida?</p>
<p>&ndash; Yo me he diversificado mucho y he conectado con otro tipo de misterios, claro. Y ahora los misterios que me ocupan tienen que ver mucho con la expresi&oacute;n art&iacute;stica. El mundo del arte y en concreto el mundo de la pintura me ha atra&iacute;do durante estos a&ntilde;os mucho. Yo no veo la pintura como la ve un cr&iacute;tico de arte, en el sentido de que, por las escuelas materialistas que han conducido la cr&iacute;tica, a veces se examinan las obras desde el punto de vista de la biograf&iacute;a del artista, de los materiales que usa, de la escuela a la que pertenece, de las tendencias etc. Yo en cambio lo que quiero averiguar, cuando me asomo a una obra de arte, es el porqu&eacute; de esa obra de arte y haciendo la pregunta de por qu&eacute;, en un n&uacute;mero nada desde&ntilde;able de ocasiones, la respuesta es un porqu&eacute; m&iacute;stico o sobrenatural. El arte est&aacute; lleno de criaturas invisibles, lleno de &aacute;ngeles, de dragones, de monstruos, de demonios, de cosas que no vemos porque el ser humano siempre ha tenido la necesidad de ver para sostener su mundo y, cuando no lo ve, lo inventa. En ese arte he encontrado cosas muy curiosas y estoy muy fascinado con esa b&uacute;squeda. No es algo que se inventen los pintores de la Edad Media con los &aacute;ngeles y demonios. Es algo que ya est&aacute; en las cavernas. El arte rupestre, el arte m&aacute;s antiguo que conocemos, es un arte que no se hac&iacute;a con prop&oacute;sitos est&eacute;ticos sino con prop&oacute;sitos m&aacute;gicos. Se pintaba en el coraz&oacute;n de las cavernas, en la parte m&aacute;s oscura, m&aacute;s profunda, donde ten&iacute;as que ir con el elemento m&aacute;gico de la &eacute;poca que era el fuego y a la luz del fuego ve&iacute;as temblar esas pinturas y el cham&aacute;n las interpretaba y hablaba sobre ellas al resto de la tribu. Pues bien, esa funci&oacute;n m&aacute;gica del arte a m&iacute; me tiene muy fascinado y lo estudio con inter&eacute;s. Me tiene muy entretenido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es verdad que con <em>La cena secreta</em> se hace muy evidente esa pasi&oacute;n m&iacute;a por el arte, pero ven&iacute;a de atr&aacute;s y la culpa la tienen los ovnis&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En esta faceta me quer&iacute;a detener por la importancia que tiene en su obra. La relaci&oacute;n de su escritura con el arte empieza con <em>La cena secreta</em>, la novela en torno a la realizaci&oacute;n del c&eacute;lebre cuadro <em>La &uacute;ltima cena</em> de Leonardo da Vinci que se conserva en el convento dominico de Santa Mar&iacute;a delle Grazie en Mil&aacute;n. En ella se plantea un enigma relacionado con la posible pertenencia del artista a una secta religiosa perseguida por la oficialidad eclesi&aacute;stica. &iquest;De d&oacute;nde le vino la idea para escribirla?</p>
<p>&ndash; En el fondo&hellip; Es verdad que con <em>La cena secreta</em> se hace muy evidente esa pasi&oacute;n m&iacute;a por el arte, pero ven&iacute;a de atr&aacute;s y la culpa la tienen los ovnis. Los ovnis me abren la puerta a eso. Hay en el Palazzo Vecchio de Florencia un tondo que se atribuye a Filippo Lippi que es una Madonna que tiene a San Juan y al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s en la parte inferior, es muy cl&aacute;sica, <em>La Madonna de San Giovannino</em> se llama, y en una esquina de esa pintura que es una pintura del Quattrocento se ve sobre el paisaje como una mancha que irradia unas luces que parecen un ovni y en la parte inferior a un lado hay un se&ntilde;or con un perro que est&aacute; mirando a esa luz. El pintor reprodujo algo que vio o que le contaron y le llam&oacute; la atenci&oacute;n y lo coloc&oacute; dentro de una escena sagrada. Aquello hizo que yo viajara a Florencia en cuanto pude y visit&eacute; otros museos buscando pinturas similares y me fascin&oacute; que en pinturas de ese periodo hab&iacute;a muchas referencias raras. Claro, ya era inevitable que te pusieras a documentarte sobre cualquiera de los otros maestros del Renacimiento y era inevitable que desembocara en Leonardo y en <em>La &uacute;ltima cena</em>. Y ah&iacute; no encontr&eacute; ovnis, ah&iacute; era otra cosa que ten&iacute;a que ver con la fe y si Leonardo pintaba en lo que cre&iacute;a o no, y a partir de ah&iacute; y de hacerme una serie de preguntas sobre la verdadera fe de Leonardo que estuvo muy en discusi&oacute;n en su &eacute;poca surge el relato de <em>La cena secreta</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al final descubres que el &eacute;xito tiene que ver con ser aut&eacute;ntico contigo mismo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Que es un libro clave en su trayectoria porque est&aacute; traducido a m&aacute;s de cuarenta idiomas. Le sit&uacute;a, adem&aacute;s, en la lista de libros m&aacute;s vendidos de <em>The New York Times</em>, algo que no hab&iacute;a sucedido antes con ning&uacute;n escritor espa&ntilde;ol. No s&eacute; si eso introduce en su carrera el v&eacute;rtigo. Luego transcurren siete a&ntilde;os hasta que publica la siguiente novela y me pregunto si ese tiempo tiene que ver con el v&eacute;rtigo de no saber si el &eacute;xito le sonreir&iacute;a de nuevo.</p>
<p>&ndash; S&iacute;. Claro que hay un v&eacute;rtigo. Lo que ocurre es que con <em>La cena secreta</em> el &eacute;xito es tan grande que me obliga a gestionarlo. Esto parece una cosa de Perogrullo pero no lo es. El &eacute;xito es algo demandante. No s&oacute;lo te da, sino que tambi&eacute;n te exige y hace que durante casi dos a&ntilde;os tenga que estar viajando por muchos de los pa&iacute;ses donde se lanza la novela, present&aacute;ndola, en fin, trabajando en promoci&oacute;n y despu&eacute;s los editores inmediatamente piden m&aacute;s madera y eso pasa por rescatar libros que hab&iacute;a publicado antes pero que no hab&iacute;an tenido ese &eacute;xito y eso pasa por revisarlos y por lo tanto dedicar mucho tiempo a eso tambi&eacute;n. Y luego est&aacute; el pudor de pensar: bueno, despu&eacute;s de este &eacute;xito qu&eacute; voy a entregar a mis lectores. Y ah&iacute; pas&eacute; por muchos vaivenes, por un proceso de aprendizaje psicol&oacute;gico muy interesante porque al final descubres que el &eacute;xito tiene que ver con ser aut&eacute;ntico contigo mismo. A m&iacute; me interes&oacute; mucho el tema de Leonardo y le dediqu&eacute; mucho esfuerzo y tiempo y sali&oacute; un gran libro y lo que ten&iacute;a que hacer era aplicar la misma f&oacute;rmula: encontrar algo que me fascinase y que pudiese dedicarme a ello en cuerpo y alma y lo encontr&eacute; en la mitolog&iacute;a: hay un mito que es universal, que est&aacute; en todas las partes del mundo, hay m&aacute;s de 240 versiones de ese mito escritas en distintas culturas y es el mito del diluvio universal. Y quise explorarlo con la perspectiva de una novela. Y ah&iacute; construyo <em>El &aacute;ngel perdido</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me he encontrado con personas que han sido claves en un momento determinado de la vida y que los ves como enviados de una divina providencia&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En esta novela, adem&aacute;s del diluvio universal, aparece el tema de los &aacute;ngeles, esos mensajeros que llegan para desvelar cuestiones decisivas. No puedo evitar preguntarle si ha tenido contacto con alguno de ellos.</p>
<p>&ndash; [Risas] No, no ya me hubiera gustado. Me gustar&iacute;a tenerlo. S&iacute; que me he encontrado, pero eso nos ha pasado a todos, con personas que han sido claves en un momento determinado de la vida y que los ves como enviados de una divina providencia. Eso desde luego. Y eso me hace pensar, y es un poco la moraleja de <em>El &aacute;ngel perdido</em>, que todos somos un poco &aacute;ngeles. Otra cosa es que seamos conscientes de esa dimensi&oacute;n cuando actuamos de cara a los dem&aacute;s, pero el tema de los &aacute;ngeles o de estos mensajeros est&aacute; en toda mi obra. Est&aacute; en <em>La dama azul</em>, est&aacute; en <em>Las puertas templarias</em>, en <em>El &aacute;ngel perdido</em>, en <em>El maestro del Prado</em> donde ese personaje que da la informaci&oacute;n correcta en el momento adecuado se puede interpretar como un &aacute;ngel&hellip;&nbsp; As&iacute; que s&iacute;, es un tema que me ocupa. Hace unos a&ntilde;os le&iacute; un libro que me fascin&oacute; y que lo cit&eacute; en <em>El fuego invisible</em> y lo voy a volver a mencionar en este libro que estoy escribiendo. Es un libro de Mark Twain que se llama <em>El forastero misterioso</em>. Es el &uacute;ltimo libro que escribi&oacute;, de hecho, lo dej&oacute; inacabado porque le cambi&oacute; muchas veces el final, no estaba seguro de ese manuscrito. Y es la historia de un forastero misterioso que llega a un pueblo en el siglo XVI y que conoce todo lo que le va a pasar a la gente del pueblo. Y el hombre se presenta ante aquella gente diciendo que se llama Satan&aacute;s y que su t&iacute;o era el Satan&aacute;s famoso, pero que &eacute;l no es el de la religi&oacute;n. Y este personaje termina influyendo enormemente en el pueblo. Y esa llegada de un tipo que viene de fuera, que te ense&ntilde;a cosas, que parece que se adelanta al tiempo, que es capaz de predecir tu destino, esa historia a m&iacute; me resuena. La he encontrado en todas partes. Todas las religiones son eso tambi&eacute;n. O los dioses, por ejemplo, de la tradici&oacute;n americana como Viracocha que aparece en Los Andes y que tambi&eacute;n va caminando de pueblo en pueblo ense&ntilde;ando a la gente a cultivar, a mirar las estrellas, a hacer nudos para hacer la contabilidad de lo que tienen cerca, a construir casas, les ense&ntilde;a todo y un d&iacute;a desaparece. Bueno pues esa historia de los forasteros misteriosos o de los extra&ntilde;os que se nos acercan y nos cambian la vida s&iacute; que es mi obsesi&oacute;n primordial y por eso aparece tanto en mi literatura. No sabr&iacute;a decir por qu&eacute;, si me analizo tampoco puedo decir es por esto. Pero me interesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; me gusta la originalidad y me gusta navegar contracorriente&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Lo que est&aacute; claro es que cuando tiene un nuevo proyecto en la cabeza no ahorra esfuerzos tanto en documentaci&oacute;n &ndash;y ah&iacute; est&aacute; la justificaci&oacute;n que dio el jurado del premio Planeta cuando lo gan&oacute; y destac&oacute; la erudici&oacute;n que hab&iacute;a en <em>El fuego invisible</em>&ndash; como en todo lo que haya que hacer para sentir algo cercano a la experiencia de lo que cuenta. Como subirse a la cima del Monte Ararat, cosa que hizo con C&eacute;sar P&eacute;rez de Tudela para terminar <em>El &aacute;ngel perdido</em>. A cualquiera esta aventura le causar&iacute;a pavor.</p>
<p>&ndash; A cualquiera y a mis editores. Yo recuerdo que sub&iacute; al Monte Ararat cuando ya ten&iacute;a casi acabada la novela. Le hab&iacute;a dedicado muchas p&aacute;ginas al Monte Ararat pero no hab&iacute;a estado all&iacute; y no me quedaba tranquilo. Necesitaba subir, ver lo que hab&iacute;a, corregir despu&eacute;s cosas, y me vino muy bien porque efectivamente correg&iacute; muchas cosas de la novela antes de publicarla. Yo creo que eso es un cortocircuito que tengo dentro por culpa del periodismo. El periodismo al que yo pertenezco, que es el pre internet, era un periodismo presencial, te exig&iacute;a sentarte delante de las caras de la noticia para saber lo que estaba pasando o viajar al coraz&oacute;n del suceso para enterarte bien y contar tu visi&oacute;n. Por eso aquel periodismo era tan diverso, porque al final era la interpretaci&oacute;n del periodista del hecho, no como ahora que es un periodismo de comunicados de prensa. Y eso me ense&ntilde;&oacute; que poner los pies en el escenario que t&uacute; quieres describir te da algo que no te puede dar internet ni te pueden dar los libros &iquest;no? Y ese algo tiene un nombre muy sencillo que es seguridad. Puedes estar perfectamente equivocado en tu percepci&oacute;n, pero es la tuya y est&aacute;s seguro de ella. De alguna manera en la literatura &nbsp;yo persigo tambi&eacute;n esa originalidad. Por eso yo no soy mucho de escuelas. No me gusta considerarme dentro de una corriente literaria o dentro de una tendencia o de una moda, porque a m&iacute; me gusta la originalidad y me gusta navegar contracorriente. Y me hace gracia que, por ejemplo, en una &eacute;poca como &eacute;sta que es m&aacute;s de novela negra, de cr&iacute;menes, de acci&oacute;n reacci&oacute;n, de repente aparezco yo con una clase de literatura que habla de &aacute;ngeles, pues es ir contra corriente.</p>
<p>&ndash; Ha comentado en alguna entrevista que tanto <em>La dama azul </em>como <em>El maestro del Prado</em> son sus libros m&aacute;s &iacute;ntimos, por decirlo as&iacute;. En ambos, claramente, hay un alter ego suyo en el protagonista.</p>
<p>&ndash; Claro, claro. En ambos el protagonista es, en efecto, un alter ego. En&nbsp;<em>La dama azul</em>, Carlos Albert, el periodista que articula toda la trama, soy yo, y lo que le pasa a Carlos me pas&oacute; a m&iacute; en buena medida: c&oacute;mo de repente va encontrando cosas la causalidad, en t&eacute;rminos de Jung, le va mostrando. Ese fen&oacute;meno es algo que me ha interesado desde siempre y lo he observado con atenci&oacute;n. Desde hace a&ntilde;os escribo un diario de coincidencias, quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a lo publique, porque me considero un observador del fen&oacute;meno. En&nbsp;<em>El maestro del Prado</em>, &nbsp;el protagonista es un jovencito&nbsp;Javier&nbsp;que llega a Madrid y busca refugio los fines de semana en el Museo del Prado. All&iacute; entra en contacto con el arte tal y como se refleja en el libro. De hecho, el libro que acabo de publicar, <em>El plan maestro</em>, completa esa especie de autobiograf&iacute;a novelada introduciendo personas del mundo real para hacer cosas del mundo de la ficci&oacute;n. Mover los hilos de esta trama me ha hecho comprender que el arte &ndash;en todas sus expresiones&mdash;es la &uacute;ltima v&iacute;a que tenemos abierta para conversar con nuestra alma. Y esa v&iacute;a, ese canal, hay que mantenerlo limpio y abierto para no perder la esencia de lo que somos. En&nbsp;<em>El plan maestro</em>&nbsp;hablo de eso, y lo hago a trav&eacute;s de los misterios del arte y de la historia, que es el terreno donde m&aacute;s c&oacute;modo me siento desde los tiempos de&nbsp;<em>La cena secreta</em>.</p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;l es ese <em>plan maestro</em> que otorga al arte un hilo trascendental que unir&iacute;a polos tan distantes como el arte rupestre o Frida Kahlo?</p>
<p>- El plan que une toda la historia del arte, en la novela, est&aacute; muy conectado a la mirada. El arte nace como un mecanismo trascendente, de comunicaci&oacute;n con lo invisible. Cada vez aparecen m&aacute;s indicios que nos invitan a pensar que el arte naci&oacute; entre los chamanes como parte de una aproximaci&oacute;n m&aacute;gica, necesaria en los primeros momentos de la conciencia humana. Y ese &ldquo;instinto&rdquo; llega incluso a artistas ateas como Frida Kahlo. En la novela exploro el salto que se produce en la mirada humana al arte a lo largo de decenas de miles de a&ntilde;os y lo trasformo en una intriga literaria. Creo que este ha sido el trabajo con el que m&aacute;s he aprendido de toda mi carrera, y tambi&eacute;n es el m&aacute;s provocador: invitar&aacute; a quien lo lea a desarrollar una &ldquo;segunda mirada&rdquo; hacia el arte, una que atraviese las limitaciones f&iacute;sicas de la pintura y le vuelva a dotar del sentido ancestral y m&aacute;gico para el que naci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El secreto est&aacute; en el entusiasmo. En que lo que hago es algo que me apasiona de verdad&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&nbsp; Es una novela que empez&oacute; en mayo de 2023. Lo raro es que con todas las actividades</p>
<p>que realiza tenga tiempo de escribir.</p>
<p>&ndash; Suelo tardar un a&ntilde;o en redactar una novela, pero hay veces que las cosas se resisten porque, como te dec&iacute;a, hay mucho ruido. El secreto est&aacute; en el entusiasmo. En que lo que hago es algo que me apasiona de verdad. La palabra entusiasmo tambi&eacute;n es muy bonita etimol&oacute;gicamente porque viene del griego entheos que es estar con lo divino, en estado de gracia, y eso es lo que yo intento aplicar a todas mis actividades. A veces estoy tan en estado de gracia que no mido la energ&iacute;a que las aplico. A veces aplico tiempo y energ&iacute;a a cosas que parecen poco productivas pero hay que hacerlas porque forman parte tambi&eacute;n del mensaje. Pero, aunque parezcan cosas muy dispares, todas est&aacute;n muy centralizadas en lo que es contar cosas a la gente que les muevan que les inquieten que le interesen y que les saquen del propio medio por el que reciben las historias. Para m&iacute; eso es muy importante: que cuando alguien lea uno de mis libros o escuche alguno de mis podcasts, vea un art&iacute;culo en prensa o acuda a alguna conferencia, que tenga la necesidad de ir &eacute;l o ella a ver si eso es as&iacute; o a obtener m&aacute;s informaci&oacute;n. Yo me veo a m&iacute; mismo como un potenciador de la curiosidad. Soy eso.</p>
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<p><strong>&ldquo;La ciencia y la religi&oacute;n son v&iacute;as de conocimiento&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El misterio, eso que est&aacute; en el origen de muchas de sus obras y trabajos, siempre ha estado asociado de alguna manera a la religi&oacute;n. Ahora, por una parte, vivimos en una sociedad m&aacute;s laica y, adem&aacute;s, la ciencia va desvelando lo que antes eran misterios. Pero al mismo tiempo vivimos en unos momentos extra&ntilde;os en los que crecen ciertas supersticiones. Ganan terreno. Est&aacute;n los que niegan el cambio clim&aacute;tico, est&aacute; el movimiento antivacunas. Alguien que se relaciona con lo misterioso puede encontrarse de pronto cerca de personas que defienden esas posturas. &iquest;C&oacute;mo se relaciona con eso?</p>
<p>&ndash; Yo tengo grandes amigos que son cient&iacute;ficos de primer orden y que est&aacute;n en la vanguardia de muchas cosas. Tengo un hijo que quiere ser ingeniero aeroespacial y est&aacute; muy metido en ello y en casa se habla mucho de temas cient&iacute;ficos, pero a la vez tambi&eacute;n tengo amigos en el otro lado y los escucho y converso con ellos. Yo creo que mi actitud es antidogma. Yo no veo la ciencia como la gran verdad. La ciencia es una herramienta para obtener conocimiento, igual que no veo a la religi&oacute;n como una herramienta de la gran verdad. Es una herramienta que nos hemos dado durante muchos miles de a&ntilde;os para ponerle nombre a las cosas que desconocemos. Ambas son v&iacute;as de conocimiento. Creo que nos ha dado muchas m&aacute;s alegr&iacute;as la ciencia que la religi&oacute;n. Sobre todo, si vemos lo que ha ocurrido en nuestra civilizaci&oacute;n en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os. Vivimos en la mejor de las civilizaciones de las que tenemos conocimiento. De eso no cabe ninguna duda, pero aun as&iacute; creo que no debemos sustituir el esp&iacute;ritu solo por la materia. El componente espiritual tiene que estar. Y &eacute;ste no siempre es el componente de la religi&oacute;n porque la religi&oacute;n suele ser una estructura dogm&aacute;tica, no responde finalmente a las inquietudes espirituales, te hace comulgar con unas visiones espirituales, pero no te da libertad para explorarlas. Yo creo que ah&iacute;, en el centro de los dos caminos, el de la ciencia y el de la religi&oacute;n, est&aacute; la espiritualidad. Creo que el ser humano es mejor si es espiritual porque eso te da unos valores de respeto al pr&oacute;jimo y al entorno que no debemos perder. Desde la noche de los tiempos nuestros antepasados ve&iacute;an la naturaleza y todo lo que les pasaba con una visi&oacute;n animista y es verdad que todo est&aacute; vivo de alguna manera y conviene llevarse bien con esa vida que te rodea. La revoluci&oacute;n industrial hace que despreciemos eso y destruyamos mucha naturaleza y creo que ahora llega el tiempo de rectificarlo. En mi visi&oacute;n y a tu pregunta creo que hay que escuchar a todas las voces, pero hay que formarse un sentido propio cr&iacute;tico y tomar un camino neutro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El miedo te bloquea la capacidad de reacci&oacute;n y la raz&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El miedo es tambi&eacute;n un elemento fundamental en su obra. No me refiero a que sus novelas sean de miedo o de terror, sino que en sus libros el miedo est&aacute; presente porque los personajes tienen que enfrentarse a &eacute;l. &iquest;Qu&eacute; es el miedo para usted o a qu&eacute; tiene miedo Javier Sierra?</p>
<p>&ndash; Creo que tengo miedo a dos cosas. Una es al miedo mismo, que es algo que te bloquea la capacidad de reacci&oacute;n y la raz&oacute;n. Y la otra cosa que es muy humana y muy vulgar que es miedo al dolor. Superados esos dos miedos, el resto de cosas no me dan miedo incluida la muerte. Es algo sobre lo que yo he reflexionado desde que era muy peque&ntilde;o. Creo que tambi&eacute;n en eso hay un componente turolense porque yo recuerdo que ten&iacute;a que pasar al lado del cementerio de la ciudad &nbsp;todos los d&iacute;as, de las escalinatas que dan al cementerio de Teruel, para ir al colegio y era algo que ten&iacute;a muy cerca. A veces me escapaba incluso a dar una vuelta por el cementerio, un lugar que me resultaba interesante. Y por lo tanto miedo a la muerte no tengo, encuentro que es algo inevitable, que forma parte del proceso natural del universo, no nuestro, &iquest;eh?, del universo donde todo nace, se desarrolla y desaparece. Y lo tengo asumido. Hombre, puedo tener preocupaci&oacute;n pero no es miedo, es un grado distinto, por lo que le pueda pasar a los m&iacute;os, en fin, estas cosas que son muy humanas pero yo no lo calificar&iacute;a de miedo sino de un nivel inferior que es preocupaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cada novela intento ponerme un l&iacute;mite o traspasar un dogma literario&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Por eso pudo pasar una noche en la c&aacute;mara mortuoria de la Gran Pir&aacute;mide.</p>
<p>&ndash;&nbsp; Ah&iacute; hay un punto tambi&eacute;n de osad&iacute;a, es decir, ah&iacute; manda la mente del explorador, del aventurero, el que quiere saber y se mete en vericuetos que, a lo mejor, si se lo hubiera pensado un par de veces hubiera evitado, pero aquella experiencia que fue pre Javier escritor, fue en la &eacute;poca del periodista, s&iacute; que me sirvi&oacute; mucho cuando me convert&iacute; en escritor, porque cuando me sal&iacute; de all&iacute; y fui capaz de escribir un reportaje sobre aquello, como todo era tan subjetivo, lo que hab&iacute;a vivido entend&iacute;a que era poco m&aacute;s o menos que inefable, que no se pod&iacute;a contar, me di cuenta de que al final todo se puede contar de una manera u otra, y si te pones el traje de escritor obviamente encuentras la manera de contarlo y as&iacute; es de donde nace <em>La pir&aacute;mide inmortal</em>, s&iacute;, s&iacute;, me sirvi&oacute; para eso. Yo bromeo siempre diciendo que segu&iacute;a los pasos de Napole&oacute;n porque &eacute;l entr&oacute; all&iacute; siendo general y sali&oacute; convertido en emperador, en lo que despu&eacute;s ser&iacute;a para la historia de Europa, y yo entr&eacute; siendo periodista y sal&iacute; convertido en escritor porque de alguna manera necesitaba contar con otro tipo de recursos lo que ah&iacute; me sucedi&oacute;. Ello me ayud&oacute; a romper las barreras que tiene el periodismo que son muchas. A la hora de narrar, el periodismo es muy limitante, mientras que la literatura no tiene l&iacute;mites. Tambi&eacute;n eso es lo que me atrajo. Estoy en el campo de la literatura en parte empujado por esa mente del aventurero, porque estoy explorando y cada libro m&iacute;o nuevo es una exploraci&oacute;n. Me resisto mucho, yo veo que lo hacen otros autores, pero yo me resisto a ser un escritor de f&oacute;rmula. Es decir, yo no he encontrado una f&oacute;rmula y aplico esa f&oacute;rmula en cada novela. En cada novela intento ponerme un l&iacute;mite o traspasar un dogma literario y juego a esas cosas en mis libros. Desde ese punto de vista [mi escritura] es experimental, aunque cuenta con la bendici&oacute;n del gran p&uacute;blico, cosa que tambi&eacute;n es sorprendente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El m&aacute;s all&aacute; para m&iacute; es sin&oacute;nimo de esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Un asunto que ha dado mucho a la literatura reciente ha sido la pandemia. Leemos muchas novelas que tienen su origen, su tema, o su proceso en el periodo de enclaustramiento que provoc&oacute; la Covid. Su &uacute;ltima novela tiene tambi&eacute;n que ver con ello, aunque entroncando con lo que le es propio e intentando buscar una implicaci&oacute;n en el m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>&ndash; S&iacute;, es cierto que siempre busco un m&aacute;s all&aacute;, pero porque el m&aacute;s all&aacute; para m&iacute; es sin&oacute;nimo de esperanza. Y, claro, en una situaci&oacute;n como la que vivimos en la pandemia en la que todo era desesperanza, sobre todo en los momentos m&aacute;s fuertes de la misma, en los que parec&iacute;a que no iba a haber un ma&ntilde;ana, yo me rebel&eacute; y mi manera de manifestarme fue a trav&eacute;s de esa peque&ntilde;a novela. En realidad, era un grito que en ese momento era muy at&iacute;pico de ir contra el pesimismo imperante y contra todas las voces que clamaban que aquello era el desastre final. Yo me resist&iacute;a a eso y sab&iacute;a, porque hab&iacute;a le&iacute;do mucho sobre este tipo de cosas, que el ser humano tiene una capacidad de reactivarse espectacular y por supuesto estaba convencido de que nos &iacute;bamos a recuperar, pero hab&iacute;a que recordarlo y para m&iacute; lo m&aacute;s bonito de ese libro es que lleg&oacute; a las librer&iacute;as el d&iacute;a que las abrieron. Las librer&iacute;as abren, siempre me acordar&eacute;, el 25 de junio, despu&eacute;s de unos meses de confinamiento total, y aquel 25 de junio mi libro estaba en las librer&iacute;as. Para m&iacute; fue muy simb&oacute;lico. Trabaj&eacute; con la editorial durante el periodo de clausura, pudimos hacerlo a trav&eacute;s de v&iacute;deo conferencia, a trav&eacute;s del tel&eacute;fono, del correo electr&oacute;nico, en fin, estaba la tecnolog&iacute;a de nuestro lado y pudimos hacerlo. Pero ponerlo a la venta el primer d&iacute;a, el primer d&iacute;a de rayo de sol para m&iacute; fue muy bonito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El ser humano tiene una visi&oacute;n muy reducida de la realidad&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La teor&iacute;a que propone es la de que el virus pudo llegar de fuera de la Tierra, utiliza el concepto de panspermia con el que algunos cient&iacute;ficos sit&uacute;an el origen de la vida. Y propone que tuvo un fin evolutivo, de la misma manera que se afirma que despu&eacute;s de la Peste Negra vino el Renacimiento.</p>
<p>&ndash;&nbsp; A ver c&oacute;mo explico esto. Creo que el ser humano, por c&oacute;mo es y por sus l&iacute;mites, tiene una visi&oacute;n muy reducida de la realidad. Vivimos confinados en un planeta peque&ntilde;&iacute;simo, en una estrella que est&aacute; en el per&iacute;metro exterior de la V&iacute;a L&aacute;ctea, en una galaxia que es una entre miles de millones de galaxias que hay en el Universo. Por lo tanto, nuestra visi&oacute;n de conjunto es muy limitada y pensamos que todo lo que nos ocurre tiene su origen aqu&iacute;. Opino todo lo contrario: que estamos hiperconectados con la Naturaleza y con todo lo que hay ah&iacute; fuera. Que la vida no es algo exclusivo del planeta Tierra, sino que es una vulgaridad c&oacute;smica y que, por lo tanto, es m&aacute;s factible, m&aacute;s cre&iacute;ble, que la vida haya llegado aqu&iacute; soplada por vientos de cometas que haya aparecido de manera espont&aacute;nea y exclusiva en esta roca insignificante de la galaxia. Y desde esa visi&oacute;n: que tiene una parte de cient&iacute;fica, pero tambi&eacute;n una parte de po&eacute;tica. Y yo me siento muy c&oacute;modo porque me ampl&iacute;a el horizonte y me hace ver que efectivamente hay algo m&aacute;s all&aacute; de la atm&oacute;sfera terrestre. Eso define mi visi&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; me ha ense&ntilde;ado a leer poes&iacute;a Luis Alberto de Cuenca&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La palabra poes&iacute;a est&aacute; presente en su discurso. Y siento curiosidad por saber si le queda tiempo para leer algo que no est&eacute; relacionado con su obra, con las b&uacute;squedas que lleva a cabo para escribir sus libros. Si lee otra clase de literatura que no est&eacute; relacionada con la ciencia o el misterio.</p>
<p>&ndash; Cuando no estoy leyendo por trabajo que suele ser efectivamente la mayor parte del tiempo, lo que hago es leer mucho la literatura de la gente a la que admiro o de amigos. Y esa lista es muy grande. Yo no tengo pudor en eso. Yo admiro a mucha gente y no me cuesta nada decirlo. Me encanta porque, de alguna manera, te est&aacute;n hablando de la incre&iacute;ble complejidad de la psique humana y de la incre&iacute;ble variedad de mentalidades que encarnamos. Y si hablamos de poes&iacute;a, a m&iacute; me ha ense&ntilde;ado a leer poes&iacute;a Luis Alberto de Cuenca. Esto parece un lujo pero es que durante los a&ntilde;os en que me honra con su amistad me ha ido regalando sus libros de poes&iacute;a y los he ido leyendo porque le quiero mucho. &Eacute;l me ha conectado con la poes&iacute;a y adem&aacute;s hemos tenido grandes conversaciones sobre los poetas cl&aacute;sicos. A m&iacute; el mundo cl&aacute;sico me fascina. Entiendo que la poes&iacute;a en el mundo cl&aacute;sico no ten&iacute;a tan fuertemente arraigado el componente est&eacute;tico como el componente narrativo y eso me interesa mucho. Me interesa descifrar lo que hay en la poes&iacute;a cl&aacute;sica y de ello he hablado mucho tambi&eacute;n con Luis Alberto. Pero luego tengo tambi&eacute;n muchos escritores amigos que leo con gran gusto. Por ejemplo, en casa, y digo en casa porque tambi&eacute;n lo leen mis hijos y mi mujer, somos grandes fans de Juan Eslava Gal&aacute;n, que me divierte&nbsp; y le queremos mucho. Y tambi&eacute;n leo a Jos&eacute; Luis Corral, a Santiago Posteguillo, a Jos&eacute; Calvo Poyato, en fin, a esta generaci&oacute;n de escritores de novela hist&oacute;rica espa&ntilde;ola que son muy potentes y que me honran con su amistad. Es verdad que estamos yendo a una &eacute;poca de lectura un tanto particular. Tengo la sensaci&oacute;n de que todos nos hemos vuelto unos lectores muy utilitaristas &iquest;no? Es decir, leemos porque queremos sacar algo de la lectura que trascienda el placer est&eacute;tico. No solo leemos para entretenernos, porque tenemos muchas cosas para entretenernos, sino que leemos para aprender algo o para comprender algo y esa aproximaci&oacute;n utilitarista tambi&eacute;n me ha salpicado a m&iacute;. Es decir, leo muchas cosas que me interesan o que necesito comprender y quiz&aacute; en estos &uacute;ltimos yo dir&iacute;a que quince a&ntilde;os o veinte leo menos por puro placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;De la confrontaci&oacute;n de los opuestos siempre surge algo interesante&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Recientemente se ha celebrado una nueva edici&oacute;n de los encuentros Ocultura que usted cre&oacute; para reunir a escritores, viajeros, antrop&oacute;logos y expertos en corrientes del pensamiento relacionadas con lo oculto. En esta ocasi&oacute;n se conmemoraba el 50 aniversario de la publicaci&oacute;n del libro de Raymond Moody <em>Vida despu&eacute;s de la vida</em>. Las sesiones se celebraron bajo el t&iacute;tulo <em>&iquest;Hay vida m&aacute;s all&aacute;?</em> &iquest;Encontraron respuesta? &iquest;Llegaron a alguna conclusi&oacute;n?</p>
<p>&ndash;&nbsp; [Risas] &nbsp;Ah&iacute; pasa como con las novelas, es decir, una cosa es el texto literario y otra cosa muy distinta es lo que lee el lector. Es decir, cada lector lee una cosa. Y en el fondo, recibe lo que ya lleva dentro. Pero yo creo que all&iacute; nos juntamos seiscientas personas para, en fin, plantearnos la pregunta de si hay vida m&aacute;s all&aacute;. Pero esas seiscientas personas ya intu&iacute;an o creen o est&aacute;n abiertas a la posibilidad de que haya vida m&aacute;s all&aacute; y se fueron convencidos de que hay vida m&aacute;s all&aacute;. Pero hubo una conferencia, de entre todas, que fue para m&iacute; la m&aacute;s provechosa, que fue la que dio Antonio Resines, el actor, porque &eacute;l ha tenido al menos una gran y cl&aacute;sica experiencia cercana a la muerte. Y &eacute;l se vio desde fuera del cuerpo y vio a su m&eacute;dico y a la familia alrededor de la camilla en la que &eacute;l estaba agonizando, pero &eacute;l no cree que haya vida m&aacute;s all&aacute;. &Eacute;l cree que eso fue consecuencia de las drogas que le estaban suministrando para devolverlo a la vida y me parec&iacute;a interesante porque hay gente que no necesita ver para creer y hay gente que habiendo visto no cree. Como elemento de reflexi&oacute;n sobre lo que es la realidad me pareci&oacute; muy oportuno y muy interesante. Mucha gente qued&oacute; muy descolocada porque claro estaban all&iacute; reforzando su sistema de creencias y &eacute;l planteaba justo lo opuesto. Por eso vuelvo un poco a lo que antes me preguntabas sobre el conflicto entre la ciencia y la superstici&oacute;n. Yo creo que es interesante confrontarlas porque de la oposici&oacute;n, de la confrontaci&oacute;n de los opuestos siempre surge algo interesante y a m&iacute; me gusta ese juego y lo practico incluso en este tipo de acontecimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:37:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Benet o la luz oscura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-benet-o-la-luz-oscura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/JUAN_BENET_1.jpg" alt="" /></p>
<p>El ensayo de Benet &laquo;La deuda de la novela con el poema religioso de la Antig&uuml;edad&raquo; lleva solo una nota que reza as&iacute;: &laquo;Alguna vez esas voces que tanto suspiran por la revelaci&oacute;n p&uacute;blica del escritor sobre los secretos de su arte y su vida, comprender&aacute;n que obra y confesi&oacute;n son incompatibles, que una considerable fuerza de toda novela procede de la ocultaci&oacute;n&raquo;. Al denegar la compatibilidad entre literatura y confesi&oacute;n Benet, parad&oacute;jica y sutilmente, contrariaba su propio aserto al desvelar uno de los motores de sentido de su obra: la elusi&oacute;n. Esa nota al pie se proyecta, hacia atr&aacute;s y hacia adelante, sobre una d&eacute;cada de laborioso empe&ntilde;o literario basado en buena medida en el ejercicio de variados m&eacute;todos de <em>ocultaci&oacute;n</em>. El libro singular al que pertenece el ensayo citado, <em>Del pozo y del Numa</em>, se public&oacute; en La Gaya Ciencia en 1978 y encierra no pocas claves de lo que para entonces constitu&iacute;a un proyecto literario de extraordinaria exigencia y ampl&iacute;simo influjo (por la v&iacute;a imitativa y por la pol&eacute;mica) en las letras espa&ntilde;olas.</p>
<p>&nbsp;Diez a&ntilde;os antes Benet hab&iacute;a dado un cerrojazo incontestable a la novela de posguerra con <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>, si bien los mimbres te&oacute;ricos en los que se sustentaba ya hab&iacute;an sido expuestos en el ensayo <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em> en 1966. En ese decenio Benet se hab&iacute;a erigido en una figura fundamental en el campo literario del tardofranquismo, no solo por su radical apuesta por una narrativa ind&oacute;cil a las demandas del mercado o de la utilidad social y pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n por convertirse en referente literario e intelectual de un grupo de j&oacute;venes escritores como Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n o Javier Fern&aacute;ndez de Castro.</p>
<p>&nbsp;Benet supo extraer ventajas de las dificultades que encontr&oacute; para llegar a ese lugar simb&oacute;lico. Cuando public&oacute; <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> tras varios rechazos y gracias a mediaciones como la de Dionisio Ridruejo, Benet ten&iacute;a cuarenta y dos a&ntilde;os, pero llevaba veinte a&ntilde;os escribiendo. De sus primeras tentativas solo recientemente hemos podido leer algunas muestras, como los microrrelatos fechables entre 1948 y 1950 que forman parte del proyecto de libro conjunto con Luis Mart&iacute;n-Santos <em>El amanecer podrido</em> (2020), editado por Mauricio Jal&oacute;n. Las novelas de lo que el propio Benet llam&oacute; en una entrevista &laquo;cronolog&iacute;a perif&eacute;rica de la iniciaci&oacute;n&raquo; han permanecido inaccesibles hasta fechas recientes en que han sido depositadas en la Biblioteca Nacional. Es el caso de <em>Paisaje perpetuo</em>, <em>La libertad y el papel</em>, ambas escritas alrededor de 1950. O de <em>El guarda</em>, escrita en 1951 bajo la impresi&oacute;n que le caus&oacute; la lectura de <em>La rama dorada</em> de James G. Frazer, y que habr&iacute;a de ser el embri&oacute;n de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n. El guarda</em> se reescribi&oacute; hacia 1963 como <em>Preste Juan</em> y enseguida <em>Preste Juan</em> fue reescrito para convertirse en una primera versi&oacute;n de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> sobre la que Benet, instalado en las inmediaciones del r&iacute;o Porma como ingeniero responsable de la presa, trabajar&iacute;a para darle a la novela su forma definitiva.</p>
<p>&nbsp;En 1961 apareci&oacute; en la editorial Tebas <em>Nunca llegar&aacute;s a nada</em>, una recopilaci&oacute;n de los cuentos que Benet hab&iacute;a escrito en la segunda mitad de los cincuenta, donde quedaban por tanto descartados los relatos y ap&oacute;logos compuestos bajo la idea del &laquo;bajorrealismo&raquo; que hab&iacute;a ideado con Mart&iacute;n-Santos hacia 1950 como propuesta joco-seria. En esa d&eacute;cada tentativa quedaban tambi&eacute;n un par de obras teatrales, <em>Max</em> (publicado en <em>Revista Espa&ntilde;ola </em>&nbsp;en 1953) y <em>Anastas o el origen de la Constituci&oacute;n</em> (1958), presentado al premio Valle-Incl&aacute;n sin suerte, m&aacute;s las piezas menores o divertimentos que compuso para las reuniones o francachelas de la Orden de Caballeros de don Juan Tenorio, fundada por Alfonso Bu&ntilde;uel en 1949, como fue el caso de <em>El burlador de Calanda</em> (1952) o <em>El salario de noviembre</em> (1954). Pero la principal cosecha de aquellos a&ntilde;os fue la lenta forja de una concepci&oacute;n de la novela (quiz&aacute; ser&iacute;a mejor hablar de &lsquo;escritura literaria&rsquo;) que se alejaba violentamente de los realismos beligerantes en Espa&ntilde;a, del utilitarismo ingenuo de ciertos escritores antifranquistas, de la prosa descorazonadora que era com&uacute;n, ret&oacute;rica y casticista en unos casos, descalandrajada por otros a base de desgarrones y coloquialismo. Benet fue definiendo lo que no quer&iacute;a hacer &mdash;lo que ya no se pod&iacute;a hacer&mdash; al mismo tiempo que resolv&iacute;a cu&aacute;l era la literatura que le complac&iacute;a hacer &mdash;lo que <em>hab&iacute;a</em> que hacer&mdash; y que entroncaba directamente con la modernidad de ra&iacute;z simbolista, la de Conrad, Proust y Faulkner, la de la exploraci&oacute;n en los fondos abisales de la conciencia y la experimentaci&oacute;n audaz con los recursos del lenguaje y de la narraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;No era nada f&aacute;cil, a comienzos de los a&ntilde;os sesenta, saltar a la palestra literaria con semejantes pertrechos. Aquella d&eacute;cada fue la de la pugna por construirse y ser admitido como escritor. En el mecanuscrito final de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> consta que la novela se acab&oacute; de redactar en septiembre de 1964. Su amigo Luis Mart&iacute;n-Santos hab&iacute;a muerto en enero como autor de una novela de extraordinario &eacute;xito, <em>Tiempo de silencio</em> (1962), que a &eacute;l no le hab&iacute;a gustado por lo que ten&iacute;a de <em>aggiornamento</em> del costumbrismo que detestaba. De ese &eacute;xito, y de lo que cree que es su incapacidad para alcanzarlo, habla en una carta del 31 de mayo al hermano del escritor, Leandro Mart&iacute;n-Santos:</p>
<p>&nbsp;Por el contrario yo que cuento con mucho tiempo no soy, hoy por hoy, capaz de provocar m&aacute;s que indiferencia all&aacute; donde &eacute;l sab&iacute;a despertar inter&eacute;s. En mi fuero interno se ha producido cierta cerraz&oacute;n y un encastillamiento, no logro reconocer el valor de ciertas monedas que hoy son de curso legal y com&uacute;n y me emperro en coleccionar otras que no conocen el menor aprecio. En esta situaci&oacute;n, la confianza y el inter&eacute;s de Luis (y estoy seguro de que no se trataba de piedad) no solo me supon&iacute;an un est&iacute;mulo considerable sino que, a trav&eacute;s del reconocimiento por parte de sus figuras m&aacute;s solventes, me deparaba una peque&ntilde;a venganza sobre un club en el que no soy capaz de entrar y en el que &ndash;con toda probabilidad&ndash; no entrar&eacute; nunca (1964 [2020: 319-320]).</p>
<p>&nbsp;En pocos a&ntilde;os tambi&eacute;n Benet ingresar&iacute;a en ese exclusivo club, el de los autores afortunados y consagrados por el reconocimiento de la cr&iacute;tica, el de los autores prestigiados por la originalidad y la altura est&eacute;tica de su obra, pero cuando eso sucedi&oacute; ya no pod&iacute;a hacerlo como joven escritor. Bien sab&iacute;a que el primer libro publicado determinaba en gran medida la imagen del escritor y eso le alent&oacute; a reescribir varias veces <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>. Tan claro lo ten&iacute;a que lo dej&oacute; dicho en 1966 en una p&aacute;gina de <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>: de todos los libros que han de jalonar la carrera del hombre de letras ninguno va a tener una significaci&oacute;n tan especial como ese primero que debe llevar su nombre al p&uacute;blico. Es un segundo nacimiento m&aacute;s que una profesi&oacute;n de votos. Solo a partir del momento en que su nombre es en cierto modo p&uacute;blico puede el escritor dedicarse al perfeccionamiento de su arte y a la forja de una carrera literaria condenada al crecimiento fetal si no ve la luz de la calle ni goza del consenso de la opini&oacute;n (1966 [2023: 28-29]).</p>
<p>&nbsp;As&iacute; pues, Benet &ndash;y dejemos de lado las contingencias&ndash; public&oacute; su primera novela habiendo dilatado el periodo formativo de su vocaci&oacute;n, y ello explica que, a partir de 1968, fuera capaz no solo de publicar un libro nuevo pr&aacute;cticamente cada a&ntilde;o durante la d&eacute;cada de los setenta, sino de levantar una obra de extraordinaria coherencia, complejidad y rigor. Si la publicaci&oacute;n de la primera novela era para Benet equiparable a un <em>segundo nacimiento</em>, el premio Biblioteca Breve que gan&oacute; en 1969 con <em>Una meditaci&oacute;n</em> podr&iacute;a decirse que constituy&oacute; su tercer y definitivo nacimiento. Consolid&oacute; el prestigio que hab&iacute;a logrado con <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>y se erigi&oacute; en referente de autoridad de una literatura que, recusando el testimonialismo realista, avanzaba en la experimentaci&oacute;n formal mirando por el retrovisor hacia una modernidad que lindaba por un lado con el simbolismo y por otro con las subversiones vanguardistas. Su c&eacute;lebre pol&eacute;mica en 1970 con Isaac Montero en <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo</em> fue tan solo una escenificaci&oacute;n de esa condici&oacute;n de referente simb&oacute;lico, pero no supon&iacute;a novedad alguna para quienes hubieran le&iacute;do no ya <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>y <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>, sino tambi&eacute;n para los lectores de <em>Revista de Occidente</em>, donde Benet hab&iacute;a publicado textos tan elocuentes como &laquo;Ilusitania&raquo; (1967), &laquo;De Canudos a Macondo&raquo; o la nota sobre el premio Nobel del 69 a Samuel Beckett, o de <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, donde hab&iacute;an aparecido &laquo;Cordelia Khan&raquo; (1968) o la pieza teatral <em>Agonia confutans</em> (1969). Siendo la de Benet una voz ins&oacute;lita desde, por lo menos, 1966, nada deb&iacute;a extra&ntilde;ar la eclosi&oacute;n de su talento en el bienio 1969-70, de igual modo que solo los ignorantes o doctrinarios pod&iacute;an escandalizarse ante gestos p&uacute;blicos suyos como la c&eacute;lebre renuncia a participar en el homenaje a Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en 1970 arguyendo su total falta de inter&eacute;s por el novelista y a&ntilde;adiendo que, en su opini&oacute;n, el culto a su obra era una &laquo;desgracia nacional&raquo;.</p>
<p>En 1968, cuando <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>empez&oacute; a circular, Benet ya trabajaba en <em>Una meditaci&oacute;n</em>, que supon&iacute;a una aventura radical de escritura desce&ntilde;ida y exenta de cualquier otra regulaci&oacute;n que no fuera la de su avance ininterrumpido. Para ello ide&oacute; e hizo construir un original soporte: el c&eacute;lebre &laquo;andarivel portarrollos&raquo;, nombre que recibe en el dise&ntilde;o impreso en la guarda de <em>Del pozo y del Numa</em>. Este andarivel sosten&iacute;a, en efecto, &laquo;un rollo de papel continuo de unos 80 metros de longitud&raquo;, y su virtud literaria, del todo experimental, surg&iacute;a del impedimento que impon&iacute;a al escritor: el avance en el proceso de redacci&oacute;n deb&iacute;a llevarse a cabo sin posibilidad de volver sobre lo ya escrito, procedimiento este mediante el cual Benet lograba imprimir en el mon&oacute;logo reminiscente de su narrador las fallas y las fluctuaciones propias del flujo mental y, por tanto, del discurrir de la memoria. Fue F&eacute;lix de Az&uacute;a quien, tras visitar a Benet en su casa de la calle Pisuerga de Madrid y lograr que le mostrara la &laquo;pieza inacabada&raquo;, inform&oacute; a Carlos Barral de su existencia, y quien le comunic&oacute;, en una segunda visita, que el editor lo invitaba a presentar la novela al premio. La tarea de recoger el rollo de papel en la calle Pisuerga y trasladarlo a Barcelona le correspondi&oacute; a Juan Garc&iacute;a Hortelano. Barral, que desde Seix-Barral hab&iacute;a impulsado los &eacute;xitos editoriales del realismo social, de su amigo Luis Mart&iacute;n-Santos y del <em>boom</em> latinoamericano, iba a ser un actor fundamental en el lanzamiento de Benet. Tambi&eacute;n lo ser&iacute;a el ambiente en el que lo introdujo. En 1990, tras la muerte del editor, Benet escribir&iacute;a, recordando el d&iacute;a en que entr&oacute; por primera vez en la editorial: &laquo;tuve la sensaci&oacute;n de que aquella tarde, para m&iacute; en particular, hab&iacute;a concluido la posguerra&raquo; (2007: 154). En esa especie de oasis de la modernidad literaria, Benet conoci&oacute; asimismo a quien ser&iacute;a su editora y compa&ntilde;era durante aquella d&eacute;cada intensa en muchos sentidos: Rosa Reg&agrave;s, que al a&ntilde;o siguiente, tras su salida de la editorial, fund&oacute; La Gaya Ciencia. En esa editorial publicar&iacute;a Benet el grueso de su obra durante los setenta: las novelas <em>Un viaje de invierno </em>(1972) y <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em> (1980); los ensayos <em>El &aacute;ngel del se&ntilde;or abandona a Tob&iacute;as </em>(1976), <em>Qu&eacute; fue la guerra civil </em>(1976); el singular e h&iacute;brido <em>Del pozo y del Numa </em>(1978) y los libros de relatos <em>5 narraciones y 2 f&aacute;bulas </em>(1972) y <em>Sub rosa </em>(1973).</p>
<p>&nbsp;Dentro de la trayectoria de Benet aquella d&eacute;cada fue la de la reafirmaci&oacute;n insobornable de sus principios y sus m&eacute;todos art&iacute;sticos, de los que es paradigma y cima <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>, en cuya composici&oacute;n estuvo enfrascado siete a&ntilde;os. Durante ese tiempo, el aumento de la atenci&oacute;n por parte de la cr&iacute;tica (nacional y extranjera) se increment&oacute; en paralelo a la dificultad de las novelas, piedra angular de su obra. Si bien las ideas y las posiciones que en ellas cobran entidad literaria son constantes y perfectamente coherentes, as&iacute; como lo es su estilo, cada novela prueba de un modo distinto la originalidad de Benet. Tras la descripci&oacute;n orogr&aacute;fica y los di&aacute;logos monol&oacute;gicos del Doctor Sebasti&aacute;n y Marr&eacute; Gamallo en <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>; tras el largu&iacute;simo y sinuoso bloque textual de trescientas p&aacute;ginas que constituye <em>Una meditaci&oacute;n</em>, Benet escribi&oacute; en <em>Un viaje de invierno</em> una novela herm&eacute;tica en la que la estrecha caja del texto convive con los ladillos reflexivos y abstractos dispuestos en los m&aacute;rgenes que, aparentemente, no guardan ninguna relaci&oacute;n con la trama; una trama que, por otra parte, trata sobre una fiesta de incierta existencia y sobre la iniciaci&oacute;n (&iquest;frustrada?) a una ciencia que se opone al saber racional. La compleja interrelaci&oacute;n entre la narraci&oacute;n y los ladillos y el car&aacute;cter simb&oacute;lico de la novela se pone de manifiesto en las reflexiones que Benet anot&oacute; en 1970 en dos documentos in&eacute;ditos que ofrecemos aqu&iacute;.</p>
<p>Desde entonces y hasta 1980, Benet escribi&oacute; dos novelas breves &ndash;no por ello m&aacute;s accesibles ni m&aacute;s simples&ndash;: <em>La otra casa de Maz&oacute;n </em>(1973) y <em>En el Estado </em>(1977), &uacute;ltima novela en Seix-Barral y primera en Alfaguara, respectivamente. La composici&oacute;n de la segunda, que fue paralela al largo y arduo proceso de redacci&oacute;n de <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>, era para el escritor un receso o distracci&oacute;n de aquel empe&ntilde;o absorbente. &Eacute;l mismo dej&oacute; constancia de ello en <em>El pozo</em> (es decir en el ensayo citado &laquo;La deuda de la novela&hellip;&raquo;), donde reflexionaba, <em>por experiencia propia</em>, sobre la dificultad de llevar adelante a la vez dos proyectos de la magnitud de <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>:</p>
<p>&nbsp;Por experiencia propia puedo afirmar hasta qu&eacute; punto resulta dif&iacute;cil, si no imposible, intercalar la creaci&oacute;n de dos obras mayores y absorbentes; una novela no es solo el resultado de una larga experiencia anterior; existen sin duda novelas de aluvi&oacute;n en las que una vicisitud un tanto singular y desusada se vierte, por lo general en poco tiempo y no numerosas p&aacute;ginas, en ese libro que suele gozar de la frescura y la veracidad de todo lo intensa, r&aacute;pida y sorprendentemente vivido; pero cuando se trata de una novela extensa, polin&oacute;mica, que recoge gran parte de la experiencia global de su autor, de sus conocimientos y tal vez opiniones, que requiere a&ntilde;os de trabajo y numerosas lecturas, no se puede olvidar que tanto o m&aacute;s que el acopio de ideas del que se parte para escribir la primera p&aacute;gina y que funciona, por as&iacute; decirlo, como par de arranque del largo movimiento que con ella se inicia, influir&aacute;n en ella las nuevas ocurrencias que se suceder&aacute;n durante el per&iacute;odo de gestaci&oacute;n. Cabe decir que durante la escritura se abre un per&iacute;odo primaveral y f&eacute;rtil de la creatividad que de tal manera se siente fecundable que asimilar&aacute; cuantas sugerencias le aporte la experiencia, cultiv&aacute;ndolas de forma que se acomoden a su proyecto con tal aprovechamiento que resulta dif&iacute;cil pensar que puedan servir para dos obras diferentes &mdash;si se trata en verdad de obras diferentes&mdash; o que se puedan distribuir, como una herencia entre varios hijos, con equidad y adecuaci&oacute;n (40-41).</p>
<p>Con la novela &laquo;polin&oacute;mica&raquo; <em>Sa&uacute;l ante Samuel </em>culminaba la primera etapa de Benet como escritor y, en cierto modo, con ella expiraba la confianza en la viabilidad de una empresa literaria de alt&iacute;sima complejidad, laber&iacute;ntica cuando no impenetrable para muchos lectores y que, sin embargo o quiz&aacute; precisamente por eso, hab&iacute;a suscitado ya la fascinaci&oacute;n de muchos cr&iacute;ticos y estudiosos de las letras espa&ntilde;olas. Pero si puede afirmarse que fue un escritor minoritario, no puede decirse lo mismo de su presencia como figura p&uacute;blica y muy determinante no solo en el campo literario de los setenta y ochenta sino en el debate social y pol&iacute;tico de la Transici&oacute;n. Su presencia en el diario <em>El Pa&iacute;s </em>desde enero de 1977 (el peri&oacute;dico hab&iacute;a nacido meses antes) se hizo habitual durante a&ntilde;os, con opiniones a menudo a contrapelo de la <em>doxa</em> pero siempre esclarecedoras. Su incorporaci&oacute;n al nuevo peri&oacute;dico de Ortega Spottorno era inevitable por muchas razones: porque ven&iacute;a colaborando en <em>Revista de Occidente</em> desde que en 1963 el hijo de Ortega la hab&iacute;a resucitado y el esp&iacute;ritu liberal y democr&aacute;tico de la revista se hab&iacute;a trasvasado al diario; porque su primo Fernando Chueca Goitia, tan decisivo en su vida y formaci&oacute;n, era uno de los accionistas iniciales; y porque, en fin, las convicciones socialdem&oacute;cratas de Benet, que hasta entonces y desde mediados de los sesenta se hab&iacute;an alimentado de las reuniones semisecretas del Partido Social de Acci&oacute;n Democr&aacute;tica de Dionisio Ridruejo (conviene leer su contribuci&oacute;n al homenaje <em>Dionisio Ridruejo. De la Falange a la oposici&oacute;n</em>, Taurus, 1976), encontraron en la l&iacute;nea editorial un alojamiento adecuado.</p>
<p>&nbsp;En el articulista se afilaron algunos perfiles de la personalidad del escritor, como su libertad de juicio, su desprecio al pensamiento gregario o el gusto por la provocaci&oacute;n, ahora dirigida a centros candentes del debate p&uacute;blico. En 1983 reunir&iacute;a algunos de aquellos textos en <em>Art&iacute;culos I</em> (1962-1977), con la obvia intenci&oacute;n de compilar los art&iacute;culos de 1978 en adelante en otro volumen que no lleg&oacute; a publicar, si bien en 1982 s&iacute; dio una selecci&oacute;n en el volumen <em>Sobre la incertidumbre</em>. Y mientras surt&iacute;a de tribunas <em>El Pa&iacute;s</em> &mdash;y tambi&eacute;n <em>Diario 16</em>, fundado en octubre de 1976&mdash;, Benet reserv&oacute; su especulaci&oacute;n ensay&iacute;stica para la escritura m&aacute;s pausada que dar&iacute;a en revistas o ya en libro, como hizo en <em>El &aacute;ngel del Se&ntilde;or abandona a Tob&iacute;as</em> (1976) con sus cavilaciones sobre el misterio inexpugnable del lenguaje, capaz de resistir a los embates de la racionalidad cient&iacute;fica (esto es, la ling&uuml;&iacute;stica y derivados). Al mismo tiempo, Benet fue convirti&eacute;ndose en un conferencista brillante que aprovechaba las diversas invitaciones como oportunidades de reflexi&oacute;n de las que surg&iacute;an ensayos memorables. Tambi&eacute;n estas conferencias o ensayos <em>para ser dichos</em> ser&iacute;an reunidas en vol&uacute;menes como <em>En ciernes</em> (1976), donde &laquo;Una &eacute;poca troyana&raquo; describe bien el horizonte literario del que surgi&oacute;, o <em>La moviola de Eur&iacute;pides</em> (1981), un volumen miscel&aacute;neo donde conviven una aguda consideraci&oacute;n sobre el hip&eacute;rbaton como recurso (antes en <em>Revista de Occidente</em>) con el atestado &laquo;La historia editorial y judicial de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>&raquo;, imprescindible para conocer su litigio con la editorial Destino y, m&aacute;s all&aacute; del caso, su relaci&oacute;n con los editores.</p>
<p>Pero aquel mismo a&ntilde;o, convertido ya Benet en un referente intelectual y literario, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero estuvo a punto de mandar a la trastienda de la irrelevancia el hip&eacute;rbaton y las querellas editoriales. Ante la amenaza de una interrupci&oacute;n del proceso democr&aacute;tico espa&ntilde;ol, Benet intervino el d&iacute;a 27 con un art&iacute;culo tajante, &laquo;Sentimientos imperecederos&raquo;, en el que tras sopesar la noci&oacute;n de patriotismo y la aberrante acu&ntilde;aci&oacute;n franquista de &laquo;anti-Espa&ntilde;a&raquo;, exigi&oacute; que no hubiera indulgencia con los golpistas, incluidos &laquo;todos los guardias civiles &mdash;todos, absolutamente todos&mdash;&raquo;, que se &laquo;tuvieron que dar cuenta que estaban acatando las &oacute;rdenes de un desobediente, de un sedicioso&raquo;. Aquel Benet, con un fuerte componente &eacute;tico en su acci&oacute;n p&uacute;blica, ya no pod&iacute;a sustentar con la misma firmeza que anta&ntilde;o una po&eacute;tica de la ocultaci&oacute;n y la dificultad, por mucho que siguiera considerando que aquella era, o m&aacute;s bien hab&iacute;a sido, su m&aacute;s perdurable contribuci&oacute;n a la literatura en Espa&ntilde;a. Ni siquiera Thomas Bernhard, al que ven&iacute;a leyendo desde 1978, opon&iacute;a a sus lectores la muralla de obst&aacute;culos que &eacute;l hab&iacute;a levantado. Por otro lado, algunos de los j&oacute;venes escritores que pululaban a su alrededor y sobre los que &eacute;l ejerc&iacute;a una especie de tutelaje, estaban orientando su obra hacia horizontes literarios m&aacute;s abiertos, relacionados con g&eacute;neros populares, como hab&iacute;a sucedido con el jovenc&iacute;simo Javier Mar&iacute;as de <em>Los dominios del lobo</em> (1971) y <em>Traves&iacute;a del horizonte</em> (1973), y con Vicente Molina Foix y F&eacute;lix de Az&uacute;a, coautores con Mar&iacute;as de <em>Tres cuentos did&aacute;cticos</em> (1975), t&iacute;tulo tan flaubertiano como ir&oacute;nico, habida cuenta de que el didactismo literario era una de las bestias negras de Benet.</p>
<p>&nbsp;El origen del proyecto &eacute;pico de <em>Herrumbrosas lanzas</em> se encuentra en esta encrucijada, en la que convergen tantas cosas, desde el ensayo <em>Qu&eacute; fue la guerra civil</em> (1976) que le hab&iacute;a encargado Rosa Reg&agrave;s, y el inter&eacute;s de Benet por la estrategia militar hasta la aterradora manifestaci&oacute;n de las dos Espa&ntilde;as y el cainismo patrio irrumpiendo en el Parlamento 23 de febrero e incluso sus viajes acad&eacute;micos a Estados Unidos, donde pudo conocer una sociedad escindida en la que las huellas de los bandos enfrentados en la guerra de Secesi&oacute;n no hab&iacute;an desaparecido. Al tiempo que desplegaba el ciclo de <em>Herrumbrosas lanzas</em>, Benet tuvo nuevas pruebas de su consagraci&oacute;n como escritor can&oacute;nico. Y decimos nuevas porque ya en 1976 hab&iacute;a aparecido en Estados Unidos la monograf&iacute;a de David H. Herzberger <em>The Novelistic World of Juan Benet</em> y aun antes Dar&iacute;o Villanueva (en <em>Camp de l&rsquo;Arpa</em>, 1973) o Jos&eacute; Ortega (en <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, 1974) le hab&iacute;an dedicado una seria atenci&oacute;n cr&iacute;tica. As&iacute;, en 1981 Ricardo Gull&oacute;n edit&oacute; <em>Una tumba y otros relatos</em> en Taurus y enseguida vendr&iacute;an compilaciones cr&iacute;ticas como la del citado Herzberger, Roberto C. Manteigna y Malcolm A. Compitello en 1984: <em>Critical Approaches to the Wrintings of Juan Benet</em> o, en 1986, la de Kathleen M. Vernon en la serie &laquo;El escritor y la cr&iacute;tica&raquo; de Taurus. Juan Benet deven&iacute;a cl&aacute;sico y, como tal, objeto de escrutinio cr&iacute;tico, fen&oacute;meno que no dej&oacute; de hacerle gracia dado el escepticismo &mdash;doblado en alg&uacute;n momento en chacota&mdash; hacia los cr&iacute;ticos como especie.</p>
<p>&nbsp;Esa desconfianza, reflejada en muchos de sus escritos y en no pocas entrevistas, tuvo una expresi&oacute;n singular en el prefacio que escribi&oacute; ex profeso para el volumen citado de Herzberger, Manteigna y Compitello. Eran dos p&aacute;ginas &aacute;cidas y clar&iacute;simas, fechadas en &laquo;New York City, march 1982&raquo;, donde pon&iacute;a en berlina la tarea de quienes se acercan a una obra literaria con el prop&oacute;sito de elucidarla. Para empezar, negaba que lo que pudieran decir los cr&iacute;ticos tuviera ning&uacute;n inter&eacute;s para el autor, puesto que &laquo;who better than he knows its intention and meaning &mdash;be it explicit or implicit, its style, its narrative technique, its relation to his own experiences, the cultural environment in which it was engendered, the influences that decisively molded its coming into being?&raquo;. Y ello equival&iacute;a no solo a reconocerse como autor plenamente consciente de sus intenciones &mdash;dando por descontado que las hay y son determinables&mdash; y sus procedimientos sino a afirmar que cualquier empe&ntilde;o cr&iacute;tico es &uacute;nicamente &laquo;a disciplinary approximation to a reality that only the autor knows fully&raquo;. Entender as&iacute; la tarea cr&iacute;tica es avecindarla al diagn&oacute;stico cl&iacute;nico (la deducci&oacute;n de un sentido &mdash;patol&oacute;gico&mdash; a trav&eacute;s de la suma de los s&iacute;ntomas) o al proceso judicial &mdash;la analog&iacute;a es suya&mdash;, en la medida en que la sociedad conf&iacute;a al cr&iacute;tico la investigaci&oacute;n de las causas y la naturaleza del acto <em>perpetrado</em> por el escritor, que &eacute;l, como el reo confeso, reh&uacute;sa discutir. Y por eso &eacute;l no va a discutir sobre la dificultad de su obra, aludida en el pr&oacute;logo a esa colect&aacute;nea destinada &mdash;se dice&mdash; &laquo;to help the reader penetrate Benet&rsquo;s fiction and theory well beyond page fifteen&raquo;.</p>
<p>&nbsp;Pero Benet no deja pasar la oportunidad de ironizar sobre tan <em>humanitario</em> prop&oacute;sito y, m&aacute;s acerado, de preguntarse por el enigm&aacute;tico valor de una obra que disuade a los lectores de seguir m&aacute;s all&aacute; de la p&aacute;gina quince y que, sin embargo, da ocupaci&oacute;n a los cr&iacute;ticos, puesto que de no existir ese valor estos no perder&iacute;an su tiempo. Siendo as&iacute;, se tratar&iacute;a de un valor escondido en su enmara&ntilde;ada (<em>entangled</em>) obra que solo con la ayuda de los cr&iacute;ticos podr&iacute;a conocer el lector com&uacute;n, lo que plantea una cuesti&oacute;n simple: &laquo;why didn&rsquo;t I embark on the path of clarifying it and making accessible to the average reader and, at the same time, try to preserve its value as much as possible?&raquo;. A esa pregunta a&ntilde;ade otras dos: &iquest;no ser&iacute;a un esfuerzo vano y contraproducente resolver el enigma (o el sentido) si con ello se arruina el supuesto valor?, y &iquest;no podr&iacute;a ser que el valor, el enigma y la dificultad estuvieran indisolublemente unidas en la obra? Como es obvio, las preguntas enmascaran aserciones sobre las que Benet apoy&oacute; su respuesta. &Eacute;l no pod&iacute;a haber escrito <em>m&aacute;s claro</em> porque no pod&iacute;a hacerlo: &laquo;What I have said, even of an obscure nature, I have said in the clearest possible way that was in my power&raquo;. En ning&uacute;n caso se propuso oscurecer gratuitamente el texto (&laquo;simply to mortify the reader, or to hide a scarcely relevant text in chiaroscuro&raquo;) porque eso hubiera socavado sus principios y hubiera incurrido en uno de los vicios literarios que detesta. Y, para terminar, asegura que, como escritor, teniendo algunas ideas claras y desconociendo c&oacute;mo esclarecer los enigmas, no se le ocurre peor empresa que nublar lo que ya es oscuro. La lecci&oacute;n de este valioso <em>Foreword</em> es inequ&iacute;voca: el discurso tupido que encuentra el lector es la m&aacute;s clara expresi&oacute;n que Benet ha encontrado para alcanzar su intenci&oacute;n est&eacute;tica y sem&aacute;ntica, es decir el efecto sobre el lector y el sentido de su lectura. La oscuridad de su obra es la forma que adquiere la luz en su escritura.</p>
<p>&nbsp;Con todo, hay un elemento que queda fuera de esta ecuaci&oacute;n explicitada por parte del propio escritor &mdash;aunque en cierto modo sobrevuela el <em>Foreword</em>&mdash;, un elemento t&eacute;cnico o metodol&oacute;gico cuya inclusi&oacute;n es asimismo crucial dentro de la creaci&oacute;n literaria de Benet, y que resulta indisociable de la sincera y a la vez de la confesa &mdash;ret&oacute;ricamente&mdash; imposibilidad de ser m&aacute;s claro. Pues son muchas las formas de representar literariamente la claridad con que se concibe y experimenta el oscuro enigma de la existencia y el mundo, y son muchas las maneras, por ende, de parecerse a &eacute;l. Deb&iacute;a ocultar este elemento porque, en efecto, es indisociable de la obra, de sus novelas, y porque&hellip; <em>una considerable fuerza de toda novela procede de la ocultaci&oacute;n</em>. La dificultad de la obra benetiana est&aacute; doblemente destinada; tiene, por as&iacute; decir, dos p&uacute;blicos: el que estar&aacute; dispuesto a perderse en ella (gozosamente dispuesto a corroborar cu&aacute;n impotente es el pensamiento a la hora de desentra&ntilde;ar la enigm&aacute;tica composici&oacute;n de la realidad, que incluye la ficci&oacute;n) y el que se resistir&aacute; a hacerlo. En este segundo p&uacute;blico, que encarna las pulsiones de la raz&oacute;n y el pensamiento, Benet pens&oacute; tanto como en el primero. Los lectores de este cartapacio encontrar&aacute;n una prueba de ello en el p&aacute;rrafo final del in&eacute;dito sobre <em>Un viaje de invierno</em>, donde Benet se impone las condiciones y el prop&oacute;sito al que debe obedecer la escritura de la novela.</p>
<p>Todo, en la obra de Benet, orbita alrededor de una s&oacute;lida idea de individualidad. Desde sus inicios, en el seno de una dictadura en la que el peso del Estado era asfixiante, hasta su final en la d&eacute;cada de los noventa. En <em>La construcci&oacute;n de la torre de Babel</em> (Siruela, 1990), el ensayo que da t&iacute;tulo al libro desemboca en una apolog&iacute;a de la conciencia individual y de las peque&ntilde;as comunidades capaces de prescindir de las regulaciones comunitarias determinadas por el Estado. Y retomando la figura de Lutero, muy importante en el desarrollo del ensayo, Benet escribi&oacute; por encargo de Rafael Borr&agrave;s <em>El caballero de Sajonia </em>(Planeta, 1991), su &uacute;ltima novela. All&iacute;, en conversaci&oacute;n con Carlos V, el te&oacute;logo cism&aacute;tico cita a su anterior interlocutor, Sat&aacute;n, con quien comparte una misma aversi&oacute;n hacia el &laquo;cuento de la dominaci&oacute;n universal por un nuevo C&eacute;sar&raquo;. Para Benet, la literatura configura una espacio de individuaci&oacute;n reflexiva instalado entre el silencio de la soledad y la vida comunicativa de la sociedad, a la que pertenecen las palabras, a la vez, por supuesto, que una extraordinaria y vertiginosa distracci&oacute;n. Como dijo en una conferencia de 1978, para &eacute;l la literatura era &laquo;un divertimento y una forma de ser esencial&raquo;. En la primera versi&oacute;n de <em>En la penumbra</em> (1982), que siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde ampliar&iacute;a y publicar&iacute;a en Alfaguara acompa&ntilde;ada por una notable promoci&oacute;n comercial, Benet pon&iacute;a en boca del personaje de la t&iacute;a estas palabras: &laquo;As&iacute; es mi momento, todo mi momento: en un instante todo lo que he estado observando a distancia puede con un gui&ntilde;o desaparecer de mi campo &iquest;y qui&eacute;n me asegura a mi que ha de reaparecer?&raquo;. Son palabras en las que Benet cifr&oacute; su inquietud literaria. Cerca del centenario de su nacimiento, que se celebrar&aacute; en 2027, la dimensi&oacute;n compartida de ese momento sigue sin desaparecer. Su momento est&aacute; en sus libros, a los que el presente cartapacio pretende invitar a volver la mirada.&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:24:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué cabe esperar del centenario de Carmen Martín Gaite?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-cabe-esperar-del-centenario-de-carmen-martin-gaite/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/Gaite500.jpg" alt="" /></p>
<p>El pr&oacute;ximo 8 de diciembre de 2025 se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os del nacimiento de Carmen Mart&iacute;n Gaite. Los centenarios son fechas simb&oacute;licas, cuya celebraci&oacute;n puede servir para que se hable <em>m&aacute;s</em> de un autor, pero cabe tambi&eacute;n esperar que se hable <em>mejor</em> (quiero decir con <em>mejor</em> conocimiento), que se ilumine la significaci&oacute;n cultural de una trayectoria, que se vaya m&aacute;s all&aacute; de las afirmaciones de manuales y del mero anecdotario de su representaci&oacute;n p&uacute;blica. Es lo que espero de la celebraci&oacute;n de este centenario. Ser&aacute; necesario desvelar el papel de Carmen Mart&iacute;n Gaite de testigo, coparticipe y legataria de la llamada generaci&oacute;n del medio siglo, cuya memoria quiso legar a los m&aacute;s j&oacute;venes &mdash;a trav&eacute;s de t&iacute;tulos como <em>El cuarto de atr&aacute;s </em>(1978), <em>Usos amorosos de la postguerra espa&ntilde;ola</em> (1987) o <em>Esperando el porvenir</em> (1994)&mdash;, y valorar la amplitud de una obra literaria, que no conviene reducir solo con la de una novelista.</p>
<p>Mart&iacute;n Gaite en la historia de la cultura espa&ntilde;ola es un paradigma de <em>mujer de letras</em>. Sus intereses literarios fueron m&uacute;ltiples y se desplegaron en distintas direcciones: desde los g&eacute;neros literarios consabidos (cuento, <em>nouvelle</em>, novela, ensayo, conferencia, poes&iacute;a y teatro) a ese h&iacute;brido de la escritura del yo, que su hija bautiz&oacute; como <em>Cuaderno de todo</em>; desde la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica a la cr&iacute;tica literaria; desde el <em>collage</em> al art&iacute;culo de opini&oacute;n; desde las adaptaciones teatrales de los cl&aacute;sicos y los guiones para televisi&oacute;n a la traducci&oacute;n literaria de seis lenguas (ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, portugu&eacute;s, rumano y gallego). No encuentro otro ejemplo de escritora con una mayor heterogeneidad de intereses intelectuales en la cultura espa&ntilde;ola (y no solo en la del siglo pasado).</p>
<p>Pese a esta diversidad de modalidades y direcciones, la producci&oacute;n literaria de la Gaite es un tejido unitario y coherente, donde todos los g&eacute;neros se interfieren y confluyen (la edici&oacute;n anotada que dirig&iacute; de sus <em>Obras completas</em> lo demuestra, expl&iacute;citamente en las &ldquo;Notas finales&rdquo; de cada uno de los siete extensos tomos). Mart&iacute;n Gaite como ensayista, historiadora, cr&iacute;tica literaria, poeta, traductora, conferenciante, guionista y cualquier otra modalidad de su creaci&oacute;n intelectual, nunca depuso su condici&oacute;n de narradora: convirti&oacute; cualquier asunto en narraci&oacute;n. Todo para ella era un cuento que ten&iacute;a que estar bien contado: las lecturas, el amor, la vida propia y ajena, los sue&ntilde;os, la historia. Y tambi&eacute;n entendi&oacute; que el hecho de que el cuento estuviera mejor o peor contado depend&iacute;a siempre de su grado de credibilidad. Su pensamiento fue fundamentalmente narrativo: &ldquo;La vida es una narraci&oacute;n que se va haciendo, aunque no la escribas [&hellip;]. Uno es lo que narra y c&oacute;mo lo narra&rdquo;, anota en uno de sus <em>Cuadernos de todo</em>, donde apuntaba &ldquo;asuntos&rdquo; en caliente para que no se los llevara el olvido, ni las trampas que todos los g&eacute;neros literarios presuponen.</p>
<p>La articulaci&oacute;n narrativa de su pensamiento cohesiona su producci&oacute;n intelectual por encima de los compartimentos estancos de unos g&eacute;neros literarios que se dejan leer cada vez peor por separado. Mart&iacute;n Gaite rechaz&oacute; en su propia biograf&iacute;a que la encasillaran en etiquetas clasificatorias y como lectora se pronunci&oacute; igualmente en contra de la enconada tendencia de la preceptiva literaria a segregar con nitidez unos g&eacute;neros de otros. Durante el periodo en el que ejerci&oacute; semanalmente la cr&iacute;tica literaria en <em>Diario 16</em> (desde octubre de 1976 a mayo de 1980) puso en tela de juicio la discutible raya divisoria que en la literatura contempor&aacute;nea separa unos g&eacute;neros de otros: &ldquo;Seguimos alimentando una serie de ideas t&oacute;picas acerca de los diferentes g&eacute;neros literarios, entre las cuales tal vez la m&aacute;s t&oacute;pica y dif&iacute;cil de descartar sea la de su misma estricta diferenciaci&oacute;n&rdquo;, comenta en su rese&ntilde;a de la novela corta, <em>Andreas o los unidos</em>, del dramaturgo, libretista de &oacute;pera y ensayista Hugo von Hofmannsthal.</p>
<p>El marco de referencia de su escritura se vertebr&oacute; a trav&eacute;s de una categor&iacute;a cognitiva y ret&oacute;rica llamada <em>experiencia</em>: ser&aacute; este otro poderoso rasgo que cohesione toda su producci&oacute;n y sustente de ra&iacute;z su pensamiento narrativo. Hasta en sus trabajos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica o de cr&iacute;tica literaria Mart&iacute;n Gaite tuvo la necesidad de detallarnos su particular relaci&oacute;n con el personaje retratado, con la &eacute;poca objeto de estudio o con el libro rese&ntilde;ado. Poniendo el acento en el modo, encontr&oacute; la sinton&iacute;a, y buscando la manera de contarse con placer y sentido las cosas a s&iacute; misma, tropez&oacute; simult&aacute;neamente con su oyente ut&oacute;pico. En ella se funden interlocuci&oacute;n y m&eacute;todo como dos caras de una misma busca. El ensayo &ldquo;La b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo; (1966), tantas veces citado por sus estudiosos, fue tambi&eacute;n en su caso una b&uacute;squeda estil&iacute;stica, una dicci&oacute;n, una ret&oacute;rica en torno a la posible capacidad de sugerencia de un relato. Mart&iacute;n Gaite dej&oacute; muy claro que la persecuci&oacute;n de un di&aacute;logo abierto con un hipot&eacute;tico destinatario comenzaba siendo necesariamente el placer de hallar en soledad la expresi&oacute;n buscada. En otros t&eacute;rminos, la anhelada b&uacute;squeda de un lector a lo largo de su singladura literaria &mdash;desde <em>El balneario</em> (1955) hasta <em>Irse de casa</em> (1998), pasando por <em>El proceso de Macanaz </em>(1969)&mdash; solo fue posible gracias a su tenaz persecuci&oacute;n de una voz propia, un estilo personal y un punto de vista narrativo eficaz para que &ldquo;el cuento una vez encarnado alcance o no a convencer a los dem&aacute;s&rdquo;, corrobora en <em>El cuento de nunca acabar</em>.</p>
<p>Su po&eacute;tica es comunicativa y afectiva por la presencia del lector, a quien se pretende embarcar en el trayecto e incluso seducir. E <em>interlocuci&oacute;n</em> y <em>afectos</em> eran t&eacute;rminos con muy mala prensa entre los varones sesudos de su generaci&oacute;n (a quienes ella llamaba &ldquo;altivos narradores de tupidos textos&rdquo;). Hacer literatura presupon&iacute;a para Mart&iacute;n Gaite la presencia del otro: siempre hab&iacute;a un destinatario. Entendi&oacute; que la verdad art&iacute;stica era una representaci&oacute;n compartida y que la literatura deb&iacute;a ser todo lo contrario al discurso de los locos o los vanidosos. Su producci&oacute;n intelectual manifest&oacute; adem&aacute;s una fuerte sensibilizaci&oacute;n con los conflictos intergeneracionales gracias a la presencia en su biograf&iacute;a de Marta y los amigos de su hija, que le insuflaron un aire de modernidad, al que ya estaba muy predispuesta. Quiz&aacute; sea la autora del medio siglo m&aacute;s <em>viva</em> por haberse interesado en conocer a qu&eacute; tipo de p&uacute;blico se dirig&iacute;a y c&oacute;mo hacerlo.</p>
<p>Si recorremos toda su obra novel&iacute;stica &mdash;desde <em>Entre visillos</em> (1958) a su novela p&oacute;stuma e inacabada, <em>Los parentescos</em> (2001)&mdash;, encuentro un motivo recurrente: las historias de familia, desde la mesocracia provinciana hasta las parentelas desintegradas de hoy. Y en relaci&oacute;n con las historias de familia est&aacute;n las casas,<strong> </strong>su preferencia por los observatorios dom&eacute;sticos para urdir tramas: desde el hogar amenazado con desintegrarse en <em>Entre visillos</em> hasta la casa &ldquo;zurriburri&rdquo; de <em>Los parentescos</em>, atravesando el chalet ruinoso de <em>Ritmo lento</em> (1963), el pazo de los veranos de la infancia en Pi&ntilde;or de <em>Retah&iacute;las</em> (1974), el &aacute;tico atiborrado de objetos y fantasmas de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> (donde una narradora, que firma con la inicial del nombre de la autora, repasa su educaci&oacute;n sentimental), el apartamento v&iacute;ctima de las continuas reformas posmodernas de Sof&iacute;a Montalvo en <em>Nubosidad variable</em> (1992), o la guarida de <em>Fragmentos de interior </em>(1976) e <em>Irse de casa</em>,<em> </em>en las que todos los personajes est&aacute;n a punto de marcharse, se han ido definitivamente o desean regresar al sitio de donde partieron. Y siempre en esas casas hay mucho de la historia particular de su autora, para recordarnos que lo autobiogr&aacute;fico se cuela siempre por las grietas de la ficci&oacute;n en Mart&iacute;n Gaite: &ldquo;La levadura de los seres de ficci&oacute;n estriba en que est&aacute;n provistos de una doble entidad: por una parte, inventan la realidad, pero, por otra (como creados que han sido por personas de carne y hueso), la reflejan&rdquo;, confiesa en el apartado dedicado a &ldquo;Las mujeres noveleras&rdquo; de <em>El cuento de nunca acabar</em>. Me atrever&iacute;a a afirmar que lo que unifica toda su obra de ficci&oacute;n desde sus primeros cuentos en la d&eacute;cada de 1950 es una reflexi&oacute;n sobre los v&iacute;nculos, como clave de la construcci&oacute;n de la identidad: &ldquo;Las verdaderas ataduras son las que uno escoge, las que se busca y se pone uno solo, pudiendo no tenerlas&rdquo;, leemos en su novela corta <em>Las ataduras</em> (1960). Despu&eacute;s del hecho m&aacute;s doloroso de su vida, que fue la muerte de su hija Marta, con 28 a&ntilde;os, ahondar&aacute; en un lazo no elegido, aunque en &iacute;ntima conexi&oacute;n con el uso de la libertad: la relaci&oacute;n maternofilial.</p>
<p>En abril de 1963 se public&oacute; <em>Ritmo lento</em>, novela finalista del Premio Biblioteca Breve del a&ntilde;o anterior, pero que alcanz&oacute; una escasa acogida y termin&oacute; provoc&aacute;ndole una crisis en el cultivo de la ficci&oacute;n, que acab&oacute; siendo un par&eacute;ntesis de once a&ntilde;os sin publicar novelas (hasta <em>Retah&iacute;las</em>), como pone de manifiesto su interesante <em>Correspondencia</em> con Juan Benet (edici&oacute;n incomprensiblemente descatalogada). Mart&iacute;n Gaite experiment&oacute; que el lenguaje novel&iacute;stico estaba anquilosado y tampoco le convenc&iacute;a c&oacute;mo los novelistas del llamado <em>boom</em> latinoamericano quer&iacute;an poner en evidencia este anquilosamiento: hasta el punto de reconocer en una entrevista de 1970 que solo hab&iacute;a le&iacute;do <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> y<em> La ciudad y los perros</em> (la novela en la que recay&oacute; el Premio Biblioteca Breve de 1962), y que ambas le hab&iacute;an parecido &ldquo;estupendas&rdquo;, pero no hab&iacute;a tenido tiempo ni inter&eacute;s en leer <em>Rayuela</em>, <em>La muerte de Artemio Cruz</em> o <em>Conversaci&oacute;n en la Catedral</em>.</p>
<p>En el mismo 1963, la escritora por consejo de su padre se hizo social del Ateneo. A partir de las ocho de la tarde, despu&eacute;s de acostar a su hija, todas las noches se dirig&iacute;a a la calle Prado 21, para estudiar sobre todo Historia de Espa&ntilde;a, con la idea de completar lagunas de su curiosidad y formaci&oacute;n universitaria (entre las que sobresal&iacute;a la escasa atenci&oacute;n que en sus planes de estudio se hab&iacute;a dispensado al pariente pobre de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola, el siglo xviii), o quiz&aacute; tambi&eacute;n para distanciarse de historias propias. El pasado remoto pod&iacute;a ser un lenitivo: &ldquo;El cercano hace m&aacute;s da&ntilde;o&rdquo;, como su personaje ficticio Ambroise Dupont recomienda a &Aacute;gueda Soler en una de sus &uacute;ltimas novelas, <em>Lo raro es</em> <em>vivir</em> (1996).</p>
<p>La biblioteca del Ateneo cerraba a la una de la madrugada &ldquo;y muchas veces, cuando sonaba el timbre para avisar el cierre [&hellip;] era yo el &uacute;nico lector nocturno de la sala&rdquo;, anota en un esbozo autobiogr&aacute;fico. De esta vocaci&oacute;n de autodidacta naci&oacute; su inter&eacute;s por seguirle la pista a la peripecia vital de aquel ministro de Felipe V, Melchor de Macanaz, m&aacute;s regalista que el rey<strong> </strong>y<strong> </strong>que plante&oacute; unas reformas de una osad&iacute;a espectacular, como la supresi&oacute;n del Santo Oficio o la pol&iacute;tica de desamortizaci&oacute;n, no afrontadas hasta el siglo xix. Su estudio sobre el proceso inquisitorial de Macanaz tendr&aacute; una posici&oacute;n axial en el trayecto narrativo de Mart&iacute;n Gaite, al acelerar la conciencia de engarce entre la historia y las historias. El sesgo hacia la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica le ense&ntilde;&oacute; a la novelista no dejar cabos sueltos en sus historias y le permiti&oacute; comprender el desfase entre el orden de los acontecimientos y su sucesi&oacute;n dentro de un relato, como el argumento mismo de la historia que quer&iacute;a descifrar. Sus relaciones con Macanaz no siguieron un proceso demasiado distinto al que mantuvo con otras criaturas de ficci&oacute;n: <em>a priori</em> no lo conoc&iacute;a y, partiendo de una intuici&oacute;n inicial, lo fue entendiendo poco a poco, a medida que la narraci&oacute;n se iba gestando.</p>
<p>El lector podr&aacute; constatar la coherencia de la labor historiadora de Mart&iacute;n Gaite con su biograf&iacute;a intelectual, ya que los dos periodos en los que centr&oacute; su investigaci&oacute;n estuvieron firmemente vinculados con el tiempo que le toc&oacute; vivir y entender. Esta relaci&oacute;n es muy evidente en <em>Usos amorosos de la postguerra espa&ntilde;ola</em>,<em> </em>concebido como un compromiso moral con la propia memoria que hab&iacute;a que legar a los hijos de su generaci&oacute;n; pero tambi&eacute;n en su incursi&oacute;n en el siglo xviii, dada la desconfianza y la manipulaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a en la que fue educada hacia la actitud cr&iacute;tica y revisionista de los ilustrados. Para un joven de la d&eacute;cada de 1960 &ldquo;desamordazar el siglo xviii ven&iacute;a a ser algo as&iacute; como una transferencia oblicua del intento imposible por combatir de frente la mordaza de la censura oficial&rdquo;, puntualiza Mart&iacute;n Gaite en un art&iacute;culo dedicado a Jos&eacute; Antonio Llardent. Esta transferencia queda perfectamente trazada en el Exordio preliminar a <em>Usos amorosos del dieciocho en Espa&ntilde;a</em> (1972): &ldquo;Si antes de conocer la existencia de los usos galantes dieciochescos no hubiera estado previamente preocupada por la suerte de las mujeres educadas en el tira y afloja del darse a valer y gustar como mera mercanc&iacute;a, encarriladas para el matrimonio, si no hubiera pensado tanto en su esclavitud a los modelos que se les proponen, no siempre coincidentes ni mucho menos con sus ansias de vida y realizaci&oacute;n, me habr&iacute;a limitado a reparar en el fen&oacute;meno del cortejo con los ojos as&eacute;pticos de los especialistas en anotar pasado&rdquo;. De su faceta de historiadora recalcar&iacute;a c&oacute;mo su inter&eacute;s por el pasado est&aacute; presidido por lo vivo &mdash;y no por lo dictado desde fuera&mdash;, por lo que permanec&iacute;a pendiente en su propia experiencia generacional. En sus t&iacute;tulos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica la escritora consigui&oacute; adem&aacute;s alcanzar una original mixtura de fil&oacute;loga, narradora e historiadora.</p>
<p>En el total de su extensa obra, destaco la particular voz de la ensayista. Mart&iacute;n Gaite concibi&oacute; el ensayo como una aut&eacute;ntica autobiograf&iacute;a espiritual. Su ensayismo adopt&oacute; un cauce narrativo y manifest&oacute; en m&uacute;ltiples ocasiones su aspiraci&oacute;n a conseguir un parecido inalcanzable (que no le impidi&oacute; el desaf&iacute;o) con el relato oral, donde &ldquo;ni se lleva un programa previo ni est&aacute;n prohibidos los vericuetos&rdquo;, tal como propuso desde <em>El cuento de nunca acabar</em>. Su registro m&aacute;s portentoso como ensayista fue su capacidad de hacer visible las abstracciones en letra may&uacute;scula y carentes de narraci&oacute;n, de convertirlas en un cuento coloreado, de transcribirlas en letra min&uacute;scula. Parad&oacute;jicamente estas capacidades han suscitado ciertos prejuicios y lecturas cegatas de su obra, que la han condenado al escalaf&oacute;n de escritora de segunda fila entre los grandes iconos masculinos de su generaci&oacute;n y al g&eacute;nero de la literatura escrita <em>para</em> mujeres, como muy bien supo examinar Rafael Chirbes en sus <em>Diarios</em> y otros art&iacute;culos (&ldquo;Puntos de fuga&rdquo; y &ldquo;La generosidad de la constancia&rdquo;).</p>
<p>El oficio de contar, el cuento como pretexto para la compa&ntilde;&iacute;a, las diferencias entre &nbsp;la narraci&oacute;n abierta frente a la cerrada, la defensa de la <em>afici&oacute;n</em> en la cr&iacute;tica literaria, los modelos literarios de la infancia, las historias de su grupo de amigos de 1950 &mdash;cuya memoria quiso legar a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes&mdash;, el poder de la palabra femenina para roturar terrenos salvajes y la esencia fundamentalmente narrativa de nuestro proyecto existencial son algunos de los motivos recurrentes de sus grandes ensayos literarios: <em>La b&uacute;squeda de interlocutor</em>, <em>El cuento de nunca acabar (apuntes sobre la narraci&oacute;n, el amor y la mentira)</em>, <em>Desde la ventana. Enfoque femenino de la literatura espa&ntilde;ola</em> (t&iacute;tulo incomprensiblemente tambi&eacute;n descatalogado) y <em>Esperando el porvenir. Homenaje a Ignacio Aldecoa</em>. Este ensayismo literario est&aacute; presidido por un af&aacute;n de persuadir al lector, pero al mismo tiempo por el placer desinteresado de la disquisici&oacute;n, de quedar &ldquo;expuesta al extrav&iacute;o&rdquo; sin &ldquo;el andamio de la teor&iacute;a previa&rdquo;, como advierte desde uno de los pr&oacute;logos a <em>El cuento de nunca acabar</em>.</p>
<p>Habitualmente en la bibliograf&iacute;a sobre Mart&iacute;n Gaite se ha utilizado este &uacute;ltimo t&iacute;tulo como dispensario, donde extraer recetas y principios de su taller de novelista. Ello va en detrimento de una valoraci&oacute;n de la categor&iacute;a ensay&iacute;stica de su autora y del libro. (En el fondo, la figura de la novelista ha absorbido y desdibujado el rostro de la ensayista; sin embargo, en el total de sus <em>Obras completas</em>, el lector se ha podido encontrar con la evidencia de que hay m&aacute;s vol&uacute;menes dedicados al ensayo que a la novela). <em>El cuento de nunca acabar</em> presenta una articulaci&oacute;n solo en apariencia descompensada, pero perfectamente trabada en su propio entramado argumentativo de invitaci&oacute;n a un viaje emprendido &ldquo;a base de vela de foque&rdquo;. De hecho, estuvo a punto de titularlo <em>La vela de foque</em>: sin duda, un r&oacute;tulo menos acertado, pero toda una declaraci&oacute;n de principio sobre el punto de vista, esto es, sobre su sistema de <em>navegaci&oacute;n</em> y el modo de sortear obst&aacute;culos. Y como en el amor, en la mentira o en cualquier traves&iacute;a, se comienza siempre por los proleg&oacute;menos para embarcar y embaucar al lector a trav&eacute;s de la ins&oacute;lita elecci&oacute;n de siete pr&oacute;logos (que ponen en escena una de las contrase&ntilde;as del discurso autobiogr&aacute;fico desde los <em>Pens&eacute;es </em>de Pascal: por d&oacute;nde y c&oacute;mo empezar); le sigue el trayecto &ldquo;A campo a trav&eacute;s&rdquo;; y se detiene en una sorprendente &ldquo;Ruptura de relaciones&rdquo;, record&aacute;ndonos lo perecedero de toda relaci&oacute;n amorosa y su relaci&oacute;n biol&oacute;gica con el libro que deja, pero no acaba. El ap&eacute;ndice ser&aacute; un &ldquo;R&iacute;o revuelto&rdquo; con notas procedentes de los entonces in&eacute;ditos <em>Cuadernos de todo</em>: &ldquo;algo parecido a lo que hace el prestidigitador cuando ense&ntilde;a la trampa&rdquo;. El subt&iacute;tulo <em>Apuntes sobre la narraci&oacute;n, el amor y la mentira</em> queda perfectamente justificado porque los tres fen&oacute;menos se conciben como experiencias perturbadoras y desconcertantes, como incentivo para las versiones contradictorias.</p>
<p><em>El cuento de nunca acabar</em> nos permite acceder a lo que ella misma denomin&oacute; &mdash;mientras rememoraba <em>El</em> <em>libro de la fiebre</em> a la luz del proceso compositivo de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>&mdash; su estilo &ldquo;excitado y pirado&rdquo;. La ruptura de Mart&iacute;n Gaite, desde temprana fecha, con el &ldquo;realismo acomodaticio&rdquo; la llev&oacute; no solo a desligarse de los esquemas habituales de credibilidad y aceptaci&oacute;n a trav&eacute;s de lo extra&ntilde;o y lo maravilloso (basten citar dos ejemplos temprano: la primera parte de &ldquo;El balneario&rdquo; y uno de sus mejores cuentos &ldquo;La mujer de cera&rdquo;), sino tambi&eacute;n al deseo de una escritura donde el lenguaje parezca tomar la iniciativa y sobreponerse al autor. Esta experiencia estil&iacute;stica ha sido poco explorada en su bibliograf&iacute;a, ya que ella misma se empe&ntilde;&oacute; en ocultarla, tal vez debido a su respeto por el lector, por su defensa de la luz contra el caos de los argumentos, que deb&iacute;a venir &ldquo;de aquella man&iacute;a escolar de los cuadernos de limpio&rdquo;, como leemos en &ldquo;Flores malva&rdquo; (1988), un curioso injerto de memoria, fabulaci&oacute;n y ensayo, como tambi&eacute;n lo fueron sus dos grandes t&iacute;tulos: <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> y <em>El cuento de nunca acabar</em>. Esta veta desafinada y salvaje se vincula con dos situaciones compositivas y expresivas: los momentos en que la narradora se queda sin interlocutor y su relato no sabe contra qui&eacute;n apuntalarse, o cuando intenta contar su experiencia subjetiva del tiempo en puro alud. El estilo excitado ilumina poderosamente el estadio de prefiguraci&oacute;n de su obra y la autocr&iacute;tica de su escritura. Toda la producci&oacute;n m&aacute;s pirada y salvaje de la Gaite no estar&aacute; nunca en sus cuadernos de limpio, sino en los cuadernos en borrador, los que no quiso publicar en vida. Parece como si nuestra autora hubiera guardado a buen recaudo ese coto de su obra que formaba parte de la &ldquo;cultura de la verg&uuml;enza&rdquo;, seg&uacute;n leemos en sus cartas con Benet. Algunas secuencias de los <em>Cuadernos de todo</em>, <em>El libro de la fiebre</em> y<em> Visi&oacute;n de Nueva York</em> son los t&iacute;tulos (publicados p&oacute;stumamente) que m&aacute;s se aproximan a ese ideal de escritura descarrilada que ya enunciara como necesidad &mdash;y que tan conscientemente la tentara&mdash; tras la publicaci&oacute;n de <em>Ritmo lento</em>. Aunque tambi&eacute;n es preciso reconocer que esa escritura desconcertada se asoma (y no solo como tentaci&oacute;n) en muchos momentos de su producci&oacute;n narrativa y ensay&iacute;stica publicada en vida. De su narrativa breve, podr&iacute;amos recordar su ins&oacute;lito cuento de 1958, &ldquo;Tendr&aacute; que volver&rdquo;, y tres de sus &uacute;ltimos relatos: &ldquo;Variaciones sobre un tema&rdquo; (1967), &ldquo;Retirada&rdquo; (1975) y &ldquo;Flores malva&rdquo;. Desde luego, <em>El cuento de nunca acabar</em>, m&aacute;s all&aacute; de los desplantes a los g&eacute;neros literarios de ese &ldquo;cuento, ensayo o lo que vaya a ser&rdquo;, quiz&aacute; sea la obra que m&aacute;s se aproxime por sus ramificaciones a ese ideal de estilo descarrilado, sin olvidar el reto formal de <em>Retah&iacute;las</em> y <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> de presentarnos una escritura haci&eacute;ndose y aparentemente en borrador, donde la narraci&oacute;n cuestiona con insistencia la diferencia entre lo improvisado y lo organizado, entre lo pensado y lo dicho, entre lo oral y lo escrito. A Mart&iacute;n Gaite le interesaba m&aacute;s investigar una historia que contarla y hacer part&iacute;cipe al lector en esta pesquisa. Era su pr&aacute;ctica de la escritura salvaje. La autora de &ldquo;La b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo; echaba en falta la borrachera, ese estado de trance que empuja a escribir de un tir&oacute;n, el arrebato de Kafka la noche del 22 de septiembre de 1912 cuando redactaba <em>La condena</em>, pensando que era solo un borrador.</p>
<p>La atracci&oacute;n y el miedo al caos fueron un enfrentamiento constante en su vida y obra. El lado <em>payo </em>y disciplinado de la que fuera se&ntilde;orita universitaria de provincias, e hija de notario, no renunci&oacute; al margen <em>gitano</em> de la existencia y la escritura. En ambas, estuvo en ocasiones al borde del precipicio, aunque nunca se atrevi&oacute; a dar el salto al vac&iacute;o. Pero s&iacute; estuvo tentada y se asom&oacute;: &ldquo;No nos aficionamos de verdad a la literatura hasta que nos atrevemos a divagar, a tejer la misma tela de ara&ntilde;a que se cr&iacute;a, en torno a los pretextos. Pero nunca llegamos a atrevernos del todo, la mano tiembla insegura con miedo a salirse de los cauces, a desafinar, a irse demasiado por las ramas de la libertad pura. La sombra de aquella preceptiva literaria infantil se cierne siempre sobre el resultado del dibujo, condiciona su trazo. A m&iacute;, ahora mismo, ya me parece que estoy divagando m&aacute;s de la cuenta&rdquo;, confiesa de un modo program&aacute;tico en <em>El cuento de nunca acabar</em> o la genuina clave de b&oacute;veda de toda su producci&oacute;n literaria.</p>
<p>Espero que este centenario sirva para examinar la significaci&oacute;n cultural de Carmen Mart&iacute;n Gaite a la luz de su biograf&iacute;a intelectual, para valorar las particularidades de su ensayo literario y de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, y para que t&iacute;tulos como <em>Desde la ventana</em>, la <em>Correspondencia</em> cruzada con Juan Benet y <em>Cuadernos de todo</em> dejen de ser obras descatalogadas, si queremos acercarnos a una <em>mejor</em> comprensi&oacute;n de la complejidad y la heterogeneidad de los intereses intelectuales de una figura paradigm&aacute;tica en nuestra historia cultural.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:18:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[John Banville: “Los escritores nos comemos a nuestros hijos por una buena frase”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/john-banville-los-escritores-nos-comemos-a-nuestros-hijos-por-una-buena-frase/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/John500.jpg" alt="" /></p>
<p>Siempre que pasa por Madrid visita el Museo del Prado. Al final de un viaje ya piensa en el siguiente. Empez&oacute; como pintor y eso, de alguna manera, se percibe en su obra. No se limita a escribir las palabras, es como si las dibujase. El sentido expresivo de su prosa, a p&aacute;rrafos, podr&iacute;a considerarse una pinacoteca. Para desmadejar los colores de su partitura en lienzo conversamos con &eacute;l: John Banville.</p>
<p>- Usted no es realista -se fija en Joyce, no en Dickens-, pero s&iacute; se fija en Vel&aacute;zquez.</p>
<p>- &iexcl;Pero Dickens no es realista! Dickens son personajes. Personajes que no son de verdad. Yo creo, sin embargo, que Joyce s&iacute; es realista, al menos en sus mejores p&aacute;ginas.</p>
<p>- &iquest;Y usted? &iquest;Qu&eacute; se considera?</p>
<p>-Primero hay que definir qu&eacute; es realismo. El arte no es realista. Y la novela no tiene nada que ver con la vida. Se parece a la vida, sabe como la vida, se siente como la vida&hellip; pero no es la vida. La novela es un <em>objeto</em> que tiene una forma concreta y que existe, como una cosa m&aacute;s, en el mundo. A su lado, la vida resulta incoherente.</p>
<p>- Usted reconoce practicar la poes&iacute;a en prosa. Desde luego, cuida el estilo con esmero. En su &uacute;ltimo libro, <em>La alquimia del tiempo. Un memoir dublin&eacute;s</em>, cita tres veces, creo, a Larkin, que es un poeta coloquial, llano, transparente, claro&hellip; Usted es m&aacute;s dif&iacute;cil que Larkin.</p>
<p>- Bueno, espero que s&iacute; [el humor en sus intervenciones, a diferencia de lo que ocurre en otros autores, no viene remarcado por una risa o una sonrisa -aunque puntualmente participa de ellas-, sino por el tono de su voz y alg&uacute;n moh&iacute;n]. Pero Philip Larkin es uno de los grandes poetas del siglo XX. Lo mismo que Yeats, lo mismo que Rilke, lo mismo que Wallace Stevens. Todos son muy diferentes entre s&iacute;. Cada artista no voy a decir que sea &uacute;nico, porque toda persona lo es, pero tiene una voz.</p>
<p>- Luego no hay una poes&iacute;a, hay muchas.</p>
<p>- Un amigo irland&eacute;s al que cito a veces porque dice mejor que yo lo que a m&iacute; me gustar&iacute;a expresar hizo una distinci&oacute;n atinada: hay verso y hay prosa, y luego est&aacute; la poes&iacute;a; y esta puede expresarse por cualquiera de los dos medios. Y como &eacute;l es novelista, dice que la poes&iacute;a se da m&aacute;s en la prosa que en el verso.</p>
<p>Parece que habla como si te fuera a contar un secreto. Pero no. Susurra como si no quisiera despertar a sus propias respuestas. Como si dormidas pudieran formularse mejor o, al menos, de una forma m&aacute;s libre. Su voz se expande en s&iacute;labas m&aacute;s que en palabras. Es &aacute;gil y directo. S&oacute;lo alguna vez se recuesta y memora unos segundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Uno de mis modelos es Kafka&rdquo;</strong></p>
<p>- Larkin expres&oacute; en un verso que la vida es una muerte lenta. &iquest;Sus memorias tratan de eso?</p>
<p>- S&iacute;, tratan de eso, pero en ese periodo breve, entre el nacimiento y la muerte, lo pasamos muy bien. Larkin tambi&eacute;n celebra el mundo: lea por ejemplo el poema &lsquo;Hierba segada&rsquo;, del libro <em>Ventanas altas</em>. Es un poema corto, con versos cortos. Uno de los poemas l&iacute;ricos m&aacute;s bonitos del siglo XX. No se trata de lo que <em>digan</em> los poetas y los novelistas en las entrevistas, se trata de lo que <em>hacemos</em> en la obra, de lo que conseguimos <em>mostrar</em>. Uno de mis modelos es Kafka. &Eacute;l tiene el siguiente aforismo: &ldquo;Artista es aquel que no tiene nada que decir&rdquo;. Yo no tengo nada que decir [y separa las manos]. Muestro pruebas, evidencias&hellip; y digo: &ldquo;Esto es un hombre y su existencia fugaz&rdquo;. Es toda la informaci&oacute;n que debo dar al respecto.</p>
<p>- Por eso en sus novelas, no en las memorias, pesan m&aacute;s los temas que el argumento.</p>
<p>- Por supuesto. Los argumentos&hellip; bah. &iquest;Acaso la vida tiene un argumento? No me he dado cuenta de eso. Un argumento, bueno, est&aacute; bien, es un relato, obedece a una historia, es entretenido, nos ayuda a pasar las noches de insomnio&hellip; pero la vida no es as&iacute;.</p>
<p>- Su obra est&aacute; conectada a la verdad y a la vida.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- Se ha referido a Rilke. Usted ha citado alguna vez este consejo suyo: &ldquo;Ve a un zool&oacute;gico, observa a un animal durante d&iacute;as y luego escribe sobre &eacute;l. No sobre lo que t&uacute; sientas sobre &eacute;l&rdquo;. &iquest;No hab&iacute;amos quedado en que era lo subjetivo lo que importaba, aquello que distingue a un autor y lo separa del resto, su mirada sobre el mundo?</p>
<p>- No. Yo no existo. Cuando yo me pongo a escribir, no existo. Es <em>alguien</em>. Es otro. No me extra&ntilde;a que, cuando estoy en actos p&uacute;blicos y en lecturas, o cuando firmo, las personas parezcan decir: &ldquo;Es mayor de lo que pensaba, es m&aacute;s bajo&hellip;&rdquo;. Me dan ganas de responder: &ldquo;Es que la persona que escribi&oacute; este libro no est&aacute; aqu&iacute; sentada&rdquo;. La persona que escribe un libro deja de existir en el momento en que abandona la mesa de trabajo. Como dijo el poeta T. S. Eliot: &ldquo;El arte es una forma de escapar de la personalidad&rdquo;. Seguramente esa es la raz&oacute;n por la que se escribe y por la que hacemos arte. El artista deja de existir durante el tiempo en que el escritor da forma a la novela o al poema.</p>
<p>- Canudo dividi&oacute; las artes en siete. &Eacute;l se refiri&oacute; a la poes&iacute;a, no a la novela -aunque suponemos que, por extensi&oacute;n, podr&iacute;amos hablar de <em>literatura</em>-. Yendo al quid, en poes&iacute;a, en literatura, &iquest;es m&aacute;s importante la expresi&oacute;n o la comunicaci&oacute;n?</p>
<p>- Primero, Canudo estableci&oacute; esa diferencia porque la expresi&oacute;n literaria es poes&iacute;a, o po&eacute;tica, o tiende a la poes&iacute;a. Por otro lado, no hay comunicaci&oacute;n [lo enuncia extra&ntilde;ado, impostado y burl&oacute;n: como si no cupiera la pregunta]. A m&iacute; no me interesa la comunicaci&oacute;n, en caso contrario, ser&iacute;a un periodista. Por los cuales siento todo el respeto del mundo -yo mismo lo fui durante treinta y cinco a&ntilde;os-, pero sencillamente el arte de escribir es otra cosa.</p>
<p>- Usted escribe para usted.</p>
<p>- Claro que s&iacute; [vuelve a dibujar signos de admiraci&oacute;n]. Todos los escritores escriben para ellos mismos. Algunos pretenden una conciencia social y se muestran compelidos a resolver los problemas en Gaza y la guerra en Ucrania&hellip; No los crea. No es as&iacute;. No es posible. El arte va por otro lado. Otro poeta ingl&eacute;s, H. D. Auden, dijo: &ldquo;La poes&iacute;a no hace que ocurra nada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte no va a cambiar el mundo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; nos da que no se encuentre en otro sitio?</p>
<p>- Un sentido extraordinariamente v&iacute;vido de lo que significa estar sobre la Tierra. Cuando uno lee un buen poema de Larkin, o de W. B. Yeats, o de cualquier otro&hellip; o cuando lee un relato de Kafka, o cuando, como yo ahora, est&aacute; en Madrid y puede ver <em>Las Meninas</em> de Vel&aacute;zquez, tiene esa sensaci&oacute;n profunda y potente de estar vivo. Eso es el arte. El arte no va a cambiar el mundo. Existe esa ilusi&oacute;n de que el arte es bueno para las personas, de que las hace mejores. No. Nada de eso es cierto. Y adem&aacute;s&hellip; ni siquiera habr&iacute;a que intentarlo.</p>
<p>- Acostumbramos, sin embargo, a escuchar ese tipo de apelaciones &iquest;Qu&eacute; porcentaje de los libros que se publican son realmente literatura?</p>
<p>- Bueno, cuando oye lo contrario, si quiere que le diga la verdad, lo que pienso, es porque son una panda de bobos. Respecto a la pregunta: en toda generaci&oacute;n el arte que hay es escaso. Hay muchas cosas -materiales, libros, rese&ntilde;as, talleres&hellip;-, pero arte verdadero, poco. El arte es una rara avis.</p>
<p>- Usted quiso ser pintor. &iquest;C&oacute;mo es su relaci&oacute;n con la pintura abstracta? M&aacute;s bien le oigo hablar de autores figurativos.</p>
<p>- La pintura abstracta no me interesa. Es como papel pintado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca he querido hacer nada convencional&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus memorias no son papel pintado, si acaso dibujado. &iquest;Qu&eacute; filtro ha pasado por ellas? Parecen bastante t&eacute;cnicas, poco <em>humanas</em>, dedica varias p&aacute;ginas a la columna de Nelson, a algunos parques, bastantes al duque de Ormond, y las cuestiones personales ocupan poco y son laterales.</p>
<p>- [calla un momento] S&iacute;. Tiene raz&oacute;n.</p>
<p>- No son convencionales&hellip;</p>
<p>- &iexcl;Espero que no lo sean! Nunca he querido hacer nada convencional.</p>
<p>- Lo s&eacute;. Pero el filtro&hellip; &iquest;usted qu&eacute; quiso hacer?</p>
<p>- Mire, es que esto no es una <em>memoria</em>. Es una pieza de arte. Si est&aacute; lograda, lo ignoro. Y no me interesan los hechos. Los hechos no son la verdad. Los hechos son los hechos y la verdad es la verdad. Son cosas independientes. Y la verdad es lo que est&aacute; detr&aacute;s de los hechos.</p>
<p>- &iquest;En su vida tambi&eacute;n? Yo le he o&iacute;do decir de sus personajes que no le importa lo que hacen sino lo que son</p>
<p>- Claro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Benjamin Black s&iacute; tiene inter&eacute;s en las personas, en lo que hacen. Yo no&rdquo;</strong></p>
<p>- Entonces, &iquest;en su vida tambi&eacute;n?, &iquest;se trata a usted como un personaje?: &iquest;tambi&eacute;n le importa lo que <em>es</em>?</p>
<p>- Por supuesto. A m&iacute; no me interesa en absoluto lo que hace la gente. Como artista, &iquest;eh?, como ser humano es distinto. Menos mal que soy un humano [primera vez que r&iacute;e, aunque de forma apagada]. Como persona no me interesa lo que hace la gente. A eso se dedican los novelistas [con tono de ligero desprecio o, por lo menos, poniendo distancia]. Benjamin Black s&iacute; tiene inter&eacute;s en las personas, en lo que hacen. Yo no.</p>
<p>- Yo nunca he le&iacute;do a Benjamin Black, pero he le&iacute;do casi todo Banville.</p>
<p>- Bien por ti. Me alegro [baja a&uacute;n m&aacute;s el tono]. Negar&eacute; haberlo dicho.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; diferencia la memoria de la confesi&oacute;n?</p>
<p>- Supongo que una confesi&oacute;n deber&iacute;a estar m&aacute;s basada en los hechos y en aquello que <em>ocurri&oacute;</em>. En todo caso, no puedo pensar en nadie escribiendo una confesi&oacute;n verdadera. San Agust&iacute;n escribi&oacute; sus confesiones y en ellas todo es mentira.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opina de la etiqueta autoficci&oacute;n?</p>
<p>- Una moda. Otra. Cosas que vienen y van. &iexcl;A mi edad he visto tantos cambios! Cuando publiqu&eacute; mi primera novela, en 1970, a nadie le interesaba en lengua inglesa la ficci&oacute;n. Todo era poes&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?: a principios de los ochenta, hubo un esc&aacute;ndalo con el Booker Prize -escritores critic&aacute;ndose los unos a los otros- y eso despert&oacute; el inter&eacute;s de los periodistas. &ldquo;Aqu&iacute; hay una historia&rdquo;. Y qu&eacute; pas&oacute;: cuando la ficci&oacute;n se convirti&oacute; en una historia noticiable empezamos a vender. Despu&eacute;s la cosa se descontrol&oacute;, todo el mundo se volvi&oacute; loco: recuerdo que le ofrecieron a una chica de 23 a&ntilde;os medio mill&oacute;n de libras por el resumen de su primera novela. Hubo una inflaci&oacute;n peligrosa como en cualquier otro &aacute;mbito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La solemnidad es la muerte del arte, pero la seriedad es necesaria y todo lector la puede alcanzar&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Ahora es m&aacute;s dif&iacute;cil que la buena novela sobreviva a los vaivenes del mercado?</p>
<p>- Siempre queda un grupo de mil lectores, o de algunos miles, serios, que no solemnes, a los que les gusta pasarlo bien con los libros. La solemnidad es la muerte del arte, pero la seriedad es necesaria y todo lector la puede alcanzar.</p>
<p>-L a seriedad se refleja en el estilo, supongo.</p>
<p>- Todo se refleja en el estilo. La gente se queja del m&iacute;o. &ldquo;Tengo que estar mirando el diccionario&rdquo;. &iexcl;Pero si un diccionario es algo maravilloso!: &iquest;por qu&eacute; no quieres buscar palabras? Adem&aacute;s, cuando uno busca en el diccionario -en el libro, me refiero, no en la web- una palabra se entretiene con otras. &ldquo;Mira, esta significa esto&rdquo;. Toda consulta es una aventura.</p>
<p>- Hace unos a&ntilde;os, en la feria de Guadalajara, M&eacute;xico, hubo un debate acerca de cu&aacute;ntos lectores hab&iacute;a en Espa&ntilde;a&hellip;</p>
<p>- &iquest;Y no me llamaron?... [pregunta serio, en broma]</p>
<p>- Y determinaron que dos mil.</p>
<p>- S&iacute;, es una cifra correcta, adecuada, por ah&iacute; andar&aacute;. Borges dijo algo maravilloso: &ldquo;Cuando empec&eacute; a escribir ten&iacute;a siete lectores: les pasaba la obra a mis amigos. Cuando publiqu&eacute; en revistas peque&ntilde;as alcanc&eacute; los 70. Luego, al publicar en libro, llegu&eacute; a 700. Y ahora que soy famoso, &iquest;tengo 700 mil?... &iquest;qui&eacute;nes son estas personas?&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa la verdad en sus memorias y qu&eacute; lugar, en sus novelas?</p>
<p>- El mismo. La verdad existe en la autenticidad del trabajo. Me refiero de nuevo al estilo de la obra. Los hechos ya le he comentado que son poca cosa. Los hechos son para los estad&iacute;sticos; la verdad es para los artistas. Mire, un aforismo [r&iacute;e por segunda vez, tan en bajo como en la primera].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La esencia de un escritor es su estilo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La autobiograf&iacute;a de un escritor es, pues, al final, su estilo?</p>
<p>- Buena pregunta. Creo que s&iacute;. Est&aacute; bien eso. Se lo voy a robar&hellip;</p>
<p>- En realidad parto de Vila-Matas: &ldquo;Lo mejor de la autobiograf&iacute;a de un autor es su estilo&rdquo;. Yo le ofrezco el todo.</p>
<p>- Pues no s&eacute; si es la autobiograf&iacute;a, pero s&iacute; quiz&aacute; la esencia. Todo es el estilo. Incluso los escritores sin estilo, si lo son, tienen uno: J. M. Coetzee escribe sin estilo, pero de un modo personal. Y eso ya es un estilo.</p>
<p>- Hace unos meses Ida Vitale, con m&aacute;s de cien a&ntilde;os, me dijo que hab&iacute;a elegido &ldquo;vivir, no escribir&rdquo;.</p>
<p>- &iexcl;Eso est&aacute; muy bien!: &iexcl;empezar a vivir a los cien!: tener <em>affaires</em>, enamorarse, beber m&aacute;s de la cuenta&hellip; perd&oacute;n, perd&oacute;n&hellip;</p>
<p>- Usted tambi&eacute;n decidi&oacute; con <em>Las singularidades</em> dejar de escribir cierto tipo de libro.</p>
<p>- No. Pens&eacute; que iba a ser mi &uacute;ltima novela, pero s&oacute;lo lo pens&eacute;. Imaginaba que a estas alturas de curso ya me habr&iacute;a muerto o estar&iacute;a demenciado. Pero no me ha pasado ni lo uno ni lo otro. O sea, que ahora me ha dado por escribir mi autobiograf&iacute;a. La he titulado <em>La verdad</em> y estar&aacute; llena de mentiras.</p>
<p>- &iquest;<em>La alquimia del tiempo</em> es el primer cap&iacute;tulo del proyecto?</p>
<p>- No. Es independiente. <em>La alquimia</em>&hellip; ignoro si tendr&aacute; continuaci&oacute;n. Me voy a centrar en los hechos.</p>
<p>- Los mismos que desprecia.</p>
<p>- Ah, pero ser&aacute;n todos falsos y lo pasar&eacute; bomba. Me lo estoy pasando bomba. Si lo veo publicado antes de morir, cuando en las entrevistas me digan: &ldquo;Pero en Wikipedia pone&hellip;&rdquo;, responder&eacute;: &ldquo;Olv&iacute;date de Wikipedia. Esta es la verdad&rdquo;. &iexcl;Pero ser&aacute; todo mentira!</p>
<p>- &iquest;Har&aacute; pasar la mentira por la verdad?</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Sin dec&iacute;rselo a nadie?</p>
<p>- Es mi intenci&oacute;n.</p>
<p>- No le creo: &iexcl;ya est&aacute; desmintiendo que <em>La verdad</em> vaya a contener la verdad!</p>
<p>- Pero esta entrevista no la va a leer todo el mundo.</p>
<p>- &iquest;Entonces la verdad de los hechos, la verdad verdadera, nunca va a salir?</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>-&iquest;?</p>
<p>- Se llamar&aacute; <em>Las mentiras</em>.</p>
<p>- [cara de p&oacute;quer]</p>
<p>- Si vivo lo suficiente. A ver, lo que digo es que quiero escribir una novela factual. &iquest;Por qu&eacute; no? Ser&aacute; la otra cara de mi autobiograf&iacute;a.</p>
<p>- Pero es un juego&hellip;</p>
<p>- Todos los artistas juegan.</p>
<p>- Suena posmoderno.</p>
<p>- Oh, por dios, no diga eso, por favor. Este ser&aacute; un juego&hellip; trascendental. Pero un juego. &iquest;Posmoderno? Nunca se me hab&iacute;a ocurrido que dijeran tal cosa de m&iacute;&hellip; [voz teatrera, entre s&uacute;plica y preocupaci&oacute;n]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte proporciona una sensaci&oacute;n m&aacute;s intensa de la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- Ley&eacute;ndole &ndash;tambi&eacute;n en sus entrevistas- he pensado en la frase de Oscar Wilde: &ldquo;La realidad imita la ficci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Usted cree eso?</p>
<p>- No, ese es uno de los aforismos menos exitosos de Oscar.</p>
<p>- Pero usted s&iacute; ha dicho que con la ficci&oacute;n construimos la vida.</p>
<p>- [cara de aprieto] No, no. Lo que habr&eacute; dicho es que el arte proporciona una sensaci&oacute;n m&aacute;s intensa de la vida, o algo as&iacute;. Eso s&iacute; lo creo. Que no te va a hacer actuar de una forma diferente, o sea, ni mejor ni peor. Y que los hijos no te van a salir m&aacute;s guapos. Y que tampoco vas a ayudar a traer la paz al mundo. El arte no est&aacute; ah&iacute; para eso. El efecto que tiene el arte es intensificar la sensaci&oacute;n de estar vivo.</p>
<p>- De acuerdo, es una derivada. Pero le leo su respuesta: &ldquo;Vivimos en un mundo imaginado. Con esto no quiero decir que no sea real, pero tomamos el material de nuestra imaginaci&oacute;n y lo formulamos para construir una realidad. La imaginaci&oacute;n es la que crea la realidad de nuestro mundo&rdquo;.</p>
<p>- [respira] Bueno, s&iacute;. Pero no es que la realidad imite la ficci&oacute;n, sino que la ficci&oacute;n nos sirve para crear una realidad vivible en la que no haremos del mundo un lugar mejor, pero s&iacute; un lugar en el que podremos amar y leer, y ver un museo, esto es, participar de ficciones, por llamarlas de alg&uacute;n modo. Y gracias a ellas disfrutaremos m&aacute;s de la vida y sentiremos, en definitiva, que no somos muertos vivientes.</p>
<p>- En <em>Las singularidades</em>, usted califica a un personaje del siguiente modo: &ldquo;gordita sonrosada&rdquo;.</p>
<p>- Ahora no me saldr&iacute;a con la m&iacute;a&hellip;</p>
<p>- A Roald Dahl los censores le cambiaron justamente ese adjetivo; por nuestro bien, lo cambiaron por enorme.</p>
<p>- &iexcl;Gran cambio! Enorme&hellip;</p>
<p>- Tambi&eacute;n eliminaron otras palabras.</p>
<p>- Lo cual ha sido una desgracia. Es gente enferma. Ella es la que tiene problemas. Veamos: &iquest;por qu&eacute; piensa que decir de alguien que est&aacute; gordo es una cr&iacute;tica? A m&iacute; me cae bien la gente gorda. Hay gente gorda, gente flaca&hellip; es un hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que hacerle frente al nuevo puritanismo con toda la fuerza que podamos&rdquo;</strong></p>
<p>- Bueno, es un modo de usar la ficci&oacute;n para intervenir la realidad. Como si negando esa expresi&oacute;n dejara de haber gordos. Creen que el lenguaje crea la realidad, que lo que no se dice no existe. Eso s&iacute; es posmoderno, &iquest;eh?</p>
<p>- Totalmente. Quieren negar la realidad. A m&iacute; me pas&oacute; ir caminando por Dubl&iacute;n y ver a una mujer de veintipocos a&ntilde;os embutida en un vestido de c&oacute;ctel. Le sal&iacute;an carnes&nbsp; por todas partes. Pero ella iba como diciendo: &ldquo;Esta soy yo&rdquo;. Yo, si hubiera tenido otra edad, le habr&iacute;a dicho: &ldquo;Vamos a tomar una copa, montones de carne&rdquo;. Para darte una respuesta seria: este es el nuevo puritanismo y hay que hacerle frente con toda la fuerza que podamos porque, si no, van a destruir el placer de la vida. Eso es lo que quieren los puritanos. Para ellos no lo debes pasar demasiado bien.</p>
<p>- Al mismo tiempo, al poder le gusta ejercer el poder.</p>
<p>- El poder te sube las reglas, te aumenta las normas&hellip; te va regulando esferas de la vida en la que no hab&iacute;a entrado. No me interesa eso. El desorden de la vida es gozoso, valioso&hellip;</p>
<p>- &iquest;La cultura woke es una moda, como la autoficci&oacute;n, o hay que tom&aacute;rsela en serio?</p>
<p>- Es una moda. Estamos viviendo en una era posreligosa y, como la gente, en el fondo, necesita religi&oacute;n, se ha inventado eso. La necesita pero se separa de ella. Es una lectura limitada de la Ilustraci&oacute;n. &iquest;Recuerda, al comienzo del periodo <em>wokista</em>, aquellas fotos de hombres blancos de rodillas, con las manos juntitas ante los negros, como pidi&eacute;ndoles perd&oacute;n?</p>
<p>- S&iacute;, incluso oficiales de polic&iacute;a.</p>
<p>- Y los negros, con cara de: &ldquo;Pero a estos bobos blancos &iquest;qu&eacute; les pasa?&rdquo;.</p>
<p>- En la NBA hincaron la rodilla hasta los negros.</p>
<p>- [gesto de no entender]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy profundamente enemigo de los acad&eacute;micos&rdquo;</strong></p>
<p>- Tampoco est&aacute; bien visto el concepto de lo sublime, y est&aacute;n pretiriendo las clases magistrales en la universidad. &iquest;C&oacute;mo va a haber gente que lea buena literatura? El ambiente es muy contrario.</p>
<p>- A ver, debo tener cuidado [pausa]. Hay que entender una cosa: una persona sin formaci&oacute;n puede coger un libro, contemplar un cuadro y escuchar una pieza musical y sentirse transportada. Los que han convertido la literatura, el arte y la m&uacute;sica, en su <em>profesi&oacute;n</em>, no se transportan. Odian esas disciplinas. Hablo de los que producen obras para el consumo f&aacute;cil y de todas las personas que forman parte de la cadena. Es como la gente que se pasa la vida empaquetando jud&iacute;as cocidas. Pues las odia. Son m&aacute;s enemigos del arte verdadero que los ignorantes. &iexcl;Y no perdamos de vista a los <em>profesionales</em> que diseccionan la obra, la analizan!&hellip; yo soy profundamente enemigo de los acad&eacute;micos.</p>
<p>- Por fortuna&hellip;</p>
<p>- Los acad&eacute;micos deber&iacute;an quedarse en su mundo, no salir. En &eacute;l desarrollan un buen trabajo: mantienen viva la tradici&oacute;n, la conservan&hellip; eso es bueno, pero no puedo imaginar que a ellos les importe realmente lo que se practica en el &aacute;mbito del arte. &iquest;Que les interese porque les pagan a final de mes? Vale.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser culpable te lleva a ser hiperconsciente del mundo y de ti mismo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Se ha desvanecido la culpa como tema literario?</p>
<p>- No en mi trabajo. Eso es pr&aacute;cticamente lo &uacute;nico por lo que agradezco la fe cat&oacute;lica. Me sobrecarg&oacute; de sentimiento de culpa. Ser culpable te lleva a ser hiperconsciente del mundo y de ti mismo. Te acerca a los ojos el peso de tu propia responsabilidad&hellip; Hum, nunca hab&iacute;a pensado en ello. &nbsp;S&iacute;, est&aacute; bien, algo as&iacute; [se da el aprobado].</p>
<p>- En <em>Las singularidades</em>, Freddie Montgomery dice que un hombre nuevo no puede ocultar sus pecados pret&eacute;ritos. &iquest;Es m&aacute;s f&aacute;cil hablar del arrepentimiento en una novela, a trav&eacute;s de un personaje, que en una memoria, a trav&eacute;s de uno mismo?</p>
<p>- [Respiraci&oacute;n profunda]</p>
<p>- Porque usted habla de arrepentimientos personales: respecto de los padres, de una t&iacute;a&hellip;</p>
<p>- S&iacute;, pero eso no es m&aacute;s que material. A la persona que escribi&oacute; ese libro le dan igual sus padres. Lo que le importa es escribir el libro. El remordimiento, la culpa&hellip; no son m&aacute;s que materiales. Para nosotros [los escritores] todo es material. Recursos. Picasso hac&iacute;a llorar a sus mujeres sencillamente para pintarlas. &iquest;Somos maestros o animales? Nos comemos a nuestros hijos a cambio de una buena frase. Algo de monstruo tenemos.</p>
<p>- Eso lo entiendo. Pero tambi&eacute;n he cre&iacute;do ver ciertos arrepentimientos como <em>sinceros</em>. Cuando dice: &ldquo;Deb&iacute; de ser odioso, ego&iacute;sta. Me fui de casa con cruel despreocupaci&oacute;n&hellip;&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute; [interrumpe, como no queriendo escuchar m&aacute;s pecados] Pero eso no deja de ser material. No soy <em>yo</em>. Ese es el monstruo. Que escribe sobre las actitudes de John Banville. Pero es el monstruo el que escribe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nada est&aacute; por encima de la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El arte est&aacute; por encima de la vida?</p>
<p>- Absolutamente. S&iacute;. Lo est&aacute;. Un momento&hellip; &iquest;qu&eacute; quiere decir exactamente?: que el arte est&aacute; &iquest;aparte, a un lado?. &iquest;No querr&aacute; decir que es <em>superior</em>?... No es superior. Nada est&aacute; por encima de la vida. La vida es todo lo que tenemos.</p>
<p>- Y en ella est&aacute; el arte. Conocemos el arte porque estamos vivos.</p>
<p>- [asiente] Nuestra peque&ntilde;a existencia en este mundo... [la voz apag&aacute;ndose, casi cantando la frase]</p>
<p>- Pero para usted qu&eacute; es m&aacute;s importante: &iquest;la familia o el arte?</p>
<p>- [r&iacute;e y asiente] Ya veo. No voy a responder a esa pregunta [deja correr unos segundos y pide una pausa con la palma de la mano]. Bueno. La voy a responder: para el hombre, para el ciudadano John Banville, que vive en el mundo, que se gana la vida, que mantiene su familia y vota en las elecciones&hellip; la vida es importante. Para la persona que se sienta y escribe, la familia, los seres queridos, no son m&aacute;s que material.</p>
<p>- &iquest;La literatura es un sacerdocio?</p>
<p>- D&eacute;jeme pensar [deja pasar m&aacute;s segundos]. El arte es una especie de adoraci&oacute;n. Yo no soy un sacerdote. Soy la persona que est&aacute; arrodillada en la iglesia y ofrece una adoraci&oacute;n, su adoraci&oacute;n, al mundo [y remacha con humor: &ldquo;&iquest;Ha quedado bien?, &iquest;se me ha entendido?&rdquo;]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El pudor, para un artista, es bueno&rdquo;</strong></p>
<p>- Para terminar. Usted refiere su primer desenga&ntilde;o amoroso en <em>La alquimia del tiempo</em>. Pero luego no vuelve a hablar de amor. S&iacute; hay menciones varias al sexo. Una pregunta ser&iacute;a si el sexo es un motor importante de la vida.</p>
<p>- &iquest;Usted no lo piensa?</p>
<p>- Pero &iquest;m&aacute;s de lo que creemos?</p>
<p>- Vaya con la pregunta. En aquel entonces, al que se refiere el libro, el sexo s&iacute; era un motor importante para m&iacute;. En todo caso, las mujeres siempre me han parecido m&aacute;s interesantes que el sexo. Me lo siguen pareciendo. A mi edad ya poco importa lo que diga o lo que quiera hacer. S&iacute; le dir&eacute; que nunca me habr&iacute;a acostado con una mujer cuya mente o cuya sensibilidad no me interesaran. No puedo comprender por qu&eacute; hay gente que se acuesta con una prostituta. Tengo una gran admiraci&oacute;n por las prostitutas, me parecen mujeres muy valientes. Pero &iquest;qu&eacute; sentido tiene acostarse con una? Es como hacer el amor con el motor de una motocicleta.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; papel representa el pudor a la hora de escribir?</p>
<p>- El pudor es bueno. Para un artista, digo.</p>
<p>- Y entre una tarde con sexo con una mujer que le atrae mental y f&iacute;sicamente, y escribir una buena p&aacute;gina, &iquest;qu&eacute; elige?</p>
<p>-Tengo la suerte de haber hecho las dos cosas [da dos golpes con los nudillos en la mesa]. No me pidas que elija. S&eacute; lo que elegir&iacute;a, pero no te lo voy a decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regreso a Proust]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/regreso-a-proust/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARCEL_PROUST_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Durante a&ntilde;os me acost&eacute; temprano&rdquo;, ha sido la elecci&oacute;n de Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros para traducir el celeb&eacute;rrimo &ldquo;Longtemps, je me suis couch&eacute; de bonne heure&rdquo;, con el que da comienzo la monumental obra de Marcel Proust, y que ahora podemos leer, otra vez en castellano, en esta nueva y maravillosa traducci&oacute;n que ha publicado Alfaguara a finales de 2024. Enfrentarse a la empresa de verter a otra lengua el sutil y minucioso universo proustiano, con su inconfundible estilo arborescente, construido a base de largu&iacute;simas frases, y que deslumbra tanto por su complejidad estructural como por su precisi&oacute;n y riqueza l&eacute;xica, es una tarea que exigir&iacute;a lo mejor hasta del m&aacute;s talentoso y experimentado de los traductores, pero es un desaf&iacute;o del que la autora de este reciente trabajo traslaticio ha sabido salir magistralmente con bien; una labor que, a todas luces, perdurar&aacute; en el tiempo como un hito en la recepci&oacute;n de Proust en espa&ntilde;ol, puesto que esta nueva versi&oacute;n no solo honra la genialidad del novelista franc&eacute;s sino que la hace accesible y vibrante para una nueva generaci&oacute;n de lectores que tal vez no se haya atrevido a&uacute;n a dejarse seducir por el torrente de esa sintaxis laber&iacute;ntica que ha reflejado como ninguna el flujo de la conciencia y la superposici&oacute;n de los recuerdos.</p>
<p><em>En busca del tiempo perdido </em>es el descomunal relato del descubrimiento de una vocaci&oacute;n literaria y art&iacute;stica, de c&oacute;mo el protagonista (Marcel, igual que el autor) ha devenido escritor, y la obra se acaba ofreciendo as&iacute; como un juego de espejos en el que se refleja la escritura del propio texto que se estaba leyendo; pero eso no se revelar&aacute; sino hasta el final, en el &uacute;ltimo de los (siete u ocho, depende de la edici&oacute;n) vol&uacute;menes. <em>Por el camino de Swann</em>, la primera entrega de la novela, presenta al narrador en su infancia, ese cr&iacute;o hiper-est&eacute;tico y consentido, v&aacute;stago de la alta burgues&iacute;a, que vive alternando estancias entre Par&iacute;s, la capital, y la rural Combray (localidad ficticia creada como espacio simb&oacute;lico que encapsula los recuerdos, pero descrita con tanta vivacidad que trasciende su naturaleza inventada). Una entrega inaugural que se lee como una condensaci&oacute;n de los elementos formales y tem&aacute;ticos que hacen de la obra una de las novelas fundamentales y m&aacute;s influyentes del siglo XX (Proust representa al mismo tiempo la sublimaci&oacute;n y la disoluci&oacute;n del realismo decimon&oacute;nico), y donde la memoria y la introspecci&oacute;n se erigen en los pilares de la experiencia humana. Memoria, amor, tiempo, el arte como herramienta para capturar la esencia de la vida, el deseo frustrado, el naufragio del lenguaje, la incomunicaci&oacute;n y los malentendidos (especialmente en las relaciones sentimentales), la idealizaci&oacute;n del ser amado, pero tambi&eacute;n el enga&ntilde;o, y la imposibilidad de conocer verdaderamente al otro, y, por &uacute;ltimo, la iron&iacute;a (la s&aacute;tira de la ridiculez y peque&ntilde;eces del llamado &ldquo;gran mundo&rdquo;, con sus fiestas, esnobs y salones; un aspecto a menudo no lo bastante apreciado en la historia). La genialidad de Proust radica en transformar experiencias personales en materia de inter&eacute;s universal. Y para ello se vali&oacute; de los recursos estil&iacute;sticos y discursivos de una obra multifac&eacute;tica que sigue desafiando las categor&iacute;as literarias convencionales, y que hizo de la libertad compositiva su ense&ntilde;a principal (y tal vez sea este su m&aacute;s importante legado a la narrativa contempor&aacute;nea). En efecto, novela narrativa, autobiograf&iacute;a, poes&iacute;a, cr&iacute;tica literaria, narrativa psicol&oacute;gica, ensayo, entre otros, se dan cita en una hibridaci&oacute;n gen&eacute;rica inaudita hasta aquel momento, y sirven para configurar un universo ficcional que por la alquimia del lenguaje literario con el que se construye es capaz de imponerse al lector con una fuerza persuasiva que poqu&iacute;simos escritores han logrado alcanzar en toda la historia de la literatura.</p>
<p>Esta hibridaci&oacute;n genial se manifiesta en la totalidad de la obra, si bien puede tambi&eacute;n apreciarse en miniaturas que replican, dentro del propio relato, su vasto alcance, como ocurre con la novela dentro de la novela que constituye <em>Un amor de Swann</em> en este primer volumen, una pieza que reproduce a peque&ntilde;a escala la esencia del universo proustiano. Este segmento funciona como una deliciosa mini-novela independiente dentro de la narraci&oacute;n y relata la historia de la obsesi&oacute;n amorosa de Charles Swann, un hombre adinerado, culto, elegante y refinado, por Odette de Cr&eacute;cy, una mujer de pasado dudoso que forma parte de la alta sociedad parisina. Desde el desinter&eacute;s inicial, Swann pasar&aacute; a idealizarla (mediante la conexi&oacute;n est&eacute;tico-sentimental que establece con la melod&iacute;a de la sonata de Vinteuil, una m&uacute;sica que se convierte as&iacute; en espejo de su estado interior, mezcla de &eacute;xtasis y tormento, como se narra en el c&eacute;lebre pasaje en que se describe esa imaginaria frase musical), y a sumergirse en una espiral de celos y angustia que se presenta como un anticipo de los futuros padecimientos amorosos del protagonista con Gilberte y Albertine, las dos muchachas de las que se enamorar&aacute; m&aacute;s adelante.</p>
<p>Toda traducci&oacute;n es tambi&eacute;n una lectura y, en consecuencia, tambi&eacute;n una interpretaci&oacute;n. De este modo, en esta nueva versi&oacute;n de Proust realizada por Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros, esta m&aacute;xima se hace evidente en la manera en que su trabajo resuena con las sensibilidades de dos de los m&aacute;s grandes escritores espa&ntilde;oles de todos los tiempos, y a los que ella conoci&oacute; bien: Juan Benet y Javier Mar&iacute;as. As&iacute;, esta traducci&oacute;n no solo actualiza el estilo proustiano para el lector de hoy, sino que ilumina asimismo su influencia en la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, realzando los rasgos que, a trav&eacute;s de esas dos grandes figuras, han dejado m&aacute;s honda huella en nuestras letras: la densidad reflexiva, la atenci&oacute;n al flujo del tiempo y la memoria, la libertad compositiva, la introspecci&oacute;n psicol&oacute;gica, la cadencia musical de la frase, la exploraci&oacute;n de la subjetividad o las digresiones narrativas; son aspectos que encuentran en esta versi&oacute;n un vigor renovado en nuestro idioma. En fin, se trata de un trabajo extraordinario, que permite leer a Proust como nunca se lo hab&iacute;a le&iacute;do en espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Marcel Proust, <em>En busca del tiempo perdido: I. Por el camino de Swann</em>, traducci&oacute;n de<strong> </strong>Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros, Barcelona, Alfaguara, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Mar 2025 08:52:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ejercicio de madurez poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-ejercicio-de-madurez-poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALMUDENA_VIDORRETA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha escrito Almudena Vidorreta (1986) un libro femenino y feminista, explic&oacute; Ana Garriga en la reciente presentaci&oacute;n <em>La cicatriz de la selva</em> en la librer&iacute;a Enclave de libros. Tiene raz&oacute;n la profesora de Brown University, cuando abord&oacute; la lectura de este &uacute;ltimo poemario escritora aragonesa (Zaragoza, 1986), a la que debemos algunos trabajos de referencia sobre Santa Teresa de Jes&uacute;s, o sobre la literatura sardo espa&ntilde;ola, en tiempos en que Cerde&ntilde;a pertenec&iacute;a al Reino de Arag&oacute;n, y luego a Espa&ntilde;a hasta el siglo XVIII. Adem&aacute;s, esta distinguida arteria paralela, la creaci&oacute;n po&eacute;tica, no le ha abandonado, como a tanta gente en la madurez, a esta investigadora y docente (ha sido profesora de la Universidad de Nueva York, entre otras), desde que se dio a conocer en 2009, que yo sepa, con <em>Algunos hombres insaciables</em>. Almudena Vidorreta ha sabido guardar los tiempos de escritura para atenderse con verdad, con necesidad y capacidad de cantar sin impostura -mercado-, como alguna vez le escuch&eacute; a Jos&eacute; Hierro, que supo hacerse esperar hasta el<em> Libro de las alucinaciones</em>, porque sab&iacute;a que no ten&iacute;a nada nuevo que contar hasta ese momento.</p>
<p><em>La cicatriz de la selva </em>llama la atenci&oacute;n desde la invenci&oacute;n, la<em> inventio</em>, dijo Quintiliano, al abordar el asunto de la maternidad, no solo de la maternidad, sino tambi&eacute;n de la p&eacute;rdida y de la herida en el cuerpo, del aborto no deseado, si prefieren, con unos lenguajes de gran realismo, sin desabrimiento en la destilaci&oacute;n del dolor, donde no se elude un l&eacute;xico necesariamente l&iacute;rico cuando quien lo escribe es poeta.&nbsp; O si prefieren, alguien ajeno a las servidumbres al mercado como primer objetivo (Saturno devorador de quienes lo anteponen al poema para estar en el tenderete a toda costa y hacen olvidar al estimable poeta -aunque sea de unas pocas ocasiones y con sencillez primaria de observador atento, por exceso de producci&oacute;n y falta de capacidad para evolucionar en lo fundamental -pienso ahora en la reiteraci&oacute;n en Karmelo Iribarren (Roger Wolfe dio un paso al lado), entre muchos-; asunto que vaticin&oacute; &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez en &ldquo;&iquest;Malos tiempos para la poes&iacute;a?&rdquo;, aduciendo que ya entonces hab&iacute;a demasiado &ldquo;hummus&rdquo;). No es el caso gracias a esa originalidad en el asunto (pienso en la Juana Castro cuando habl&oacute; del alzheimer), vivida y v&iacute;vida, reflexiva, adem&aacute;s, plena, que dota de verosimilitud al libro. Esa verdad de fondo, escrita desde ella cuando el libro se impone, eleg&iacute;aca o de la p&eacute;rdida (el estupendo &ldquo;Buitres&rdquo;), viene acompa&ntilde;ada simult&aacute;neamente el amor al hijo concebido, al que se rinde amor en otro momento-ese h&aacute;pax &uacute;nico- junto a la esperanza de una nueva y deseada maternidad.</p>
<p>En efecto ese desgarro, esa herida expl&iacute;cita en el canto, en la convivencia con el embri&oacute;n muerto hasta el legrado, es palmaria igualmente en el l&eacute;xico: vagina, neuroendocrino, regla, flujo sodio, hospital, cicatriz, legrado, aborto, extractores de leche&hellip; de la misma manera que lo es en el hilo umbilical que re&uacute;ne a la mujer entre generaciones, atenci&oacute;n al estupendo poema &ldquo;Caja de costura&rdquo;. Libro de la mujer, femenino, reivindicador de la maternidad, de la misma manera que otras escritoras de cierto fuste, pienso en Rosa Berbel, plantean los problemas de su juventud desde ella, tal y como hizo la estupenda Elena Medel en su libro de referencia, <em>Mi primer bikini</em> (pese a esfuerzos posteriores a ese libro <em>trampa</em>, que la atrap&oacute; y sobre el que no sobresali&oacute; despu&eacute;s como escritora). Estamos ante un ejercicio de madurez, donde cada palabra est&aacute; pensada tras haber sido sentida, sin malabarismos, y traspasada de dolor o esperanza &ldquo;Sin donde&rdquo; seg&uacute;n toque, con poemas espl&eacute;ndidos desde esa rotundidad de lo sufrido. Me refiero, entre tantos, a poemas como &ldquo;Antes del aborto&rdquo; o &ldquo;Regla nueva&rdquo; escribiendo poes&iacute;a de lo aparentemente antipo&eacute;tico&hellip;y algo dijo Pablo Neruda, no solo, sobre esas cuestiones cotidianas elevadas a la emoci&oacute;n del poema que as&iacute; puede llamarse, como es el caso. Si a todo ello le unimos capacidad pl&aacute;stica, tropolog&iacute;a inusual, propia, desde esa circunstancia a pie de tierra, la sangre o &ldquo;compota de grosella sobre el m&aacute;rmol&rdquo;, sabremos del esfuerzo por decirse desde un proceso de amor y dolor simult&aacute;neos. Un proceso o diario de emociones, sensaciones, de esperanza y empe&ntilde;o, donde caben tambi&eacute;n otros registros ocasionales, los viajes y los sitios con sus m&uacute;sicas y bailes interpretados desde el ser mujer, poetas (Alfonsina Storni)-por ejemplo-, sobre esos otros de la gestaci&oacute;n y p&eacute;rdida. Cumplen su cometido y enriquecen el libro, no son meras adendas, sino que cumplen su funci&oacute;n, alivian cl&iacute;max y &nbsp;&nbsp;tensi&oacute;n, sirven de contrapunto a este libro distinto, &nbsp;valiente y hondo, legible, maduro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Almudena Vidorreta, <em>La cicatriz de la selva, </em>Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Feb 2025 07:45:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una gramática del amor doliente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-gramatica-del-amor-doliente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALEJANDRO_TARANTINO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Como todos los poetas &aacute;ureos, Alejandro Tarantino (Laredo, Cantabria, 1963), vuelve una y otra vez <em>del coraz&oacute;n a sus asuntos</em>, a su trama, su obstinaci&oacute;n, su desvelo. A cada escritor le mueve la buj&iacute;a de su propia obsesi&oacute;n. La cerca, la rodea, se ci&ntilde;e su contorno. Dir&iacute;ase que por momentos la toca. La insistencia de Alejandro es el maridaje j&aacute;nico de la luz y la sombra. Desde ah&iacute; convoca los <em>Espejos rotos de una mujer</em> (Amargord), su &uacute;ltimo poemario. Estas teselas dentadas, romas, con aristas, superficies que son y no lo que reflejan, nos hablan no de la univocidad sino de lo m&uacute;ltiple, de esa muchedumbre que somos, desde el espanto a lo numinoso, con las alcanc&iacute;as incesantes del matiz. &ldquo;Hay fragmentos sin totalidad&rdquo;, nos dice el poeta.</p>
<p>En <em>Espejos rotos de una mujer</em>, Tarantino oficia el sublime y bello oficio de hacer presente a la amada sin su presencia. El amor permite hacer presente lo amado cuando no est&aacute;, porque se ha interiorizado, porque transcurre y crece y mengua y se expande y duele sin la necesidad de lo corp&oacute;reo. No es la ausencia lo que nos duele. Ocurre que la amada ya no est&aacute; en el lugar de lo amado. Y s&iacute;, pero desde la p&eacute;rdida.</p>
<p>Teje, Tarantino, una gram&aacute;tica del amor doliente. Lo anuncian los versos que abren el poemario: &ldquo;La oscuridad restaura la cosecha de las agujas,/ lenta es la estaci&oacute;n de la noche&rdquo;. La altura de su desnudez, &ldquo;a falta de im&aacute;genes,/ oblicuo el lenguaje/ solo alcanza la melancol&iacute;a&rdquo;. Sabe que hay lo indecible. Por eso este sustantivo concluye lo escrito. Pese a que cierra la prosa de un ep&iacute;logo en la que vuelve a tantear lo que pareciera haber sido dicho, la enunciaci&oacute;n misma de lo inefable.</p>
<p>Tarantino hace del amor un constitutivo de s&iacute; sin enga&ntilde;o. Y sabe que lo amado deviene en fruto, a pesar de la p&eacute;rdida. De ah&iacute; que los poemas acojan una y otra vez vocablos como &ldquo;simientes&rdquo;, &ldquo;semillas&rdquo;, &ldquo;&uacute;tero&rdquo;, &ldquo;vientre&rdquo;, al tiempo que lo que &ldquo;no lacta de tu pecho&rdquo;, aquello que &ldquo;no engendrar&aacute; de su sangre lo alado&rdquo;.</p>
<p>Tarantino a&uacute;lla en una desolaci&oacute;n que es silencio. Lejos del teatro, se sabe en un campo de batalla, all&iacute; donde (interregno) uno ha sido despose&iacute;do y hace suyo el surco desde el que morir (en tanto que tr&aacute;nsito) sin odio rencor falsedad: &ldquo;Despose&iacute;do el tiempo, solo ahora,/ nunca m&aacute;s ayer, nunca m&aacute;s dos,/ &uacute;nica, sin centro,/ desear&aacute;s, inacabable, morir en lo vivido&rdquo;. Tarantino enloquece desde la dignidad del que quiere saber all&iacute; donde &ldquo;la realidad calc&aacute;rea del oc&eacute;ano&rdquo;. Sin tretas, sin estrategias, sin escudos, asistido &uacute;nicamente por &ldquo;el impulso insomne de lo tr&aacute;gico/ que yace en la desgracia de tu valor&rdquo;.</p>
<p>Hay pocos poemarios tan valientes que aborden as&iacute; el amor, &ldquo;desde el flujo de duraci&oacute;n que lleva tu nombre&rdquo;, porque hay que querer saber, y hay que desandar, y contemplar la noche de lo amado, y la propia, y todo ello &ldquo;feraz en la ruina de la cordura&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Tengo ausencias de loco, tengo/ una pena tan honda, tan muda, tan tuya,/ tengo de m&iacute; lo que de ti he perdido&rdquo;. Hay una belleza tan &iacute;ntima en estos versos que conforman la cartograf&iacute;a de <em>Espejos rotos de una muje</em>r, una belleza tan aut&eacute;ntica, tan libre de exaltaci&oacute;n, tan recogida, versos acompa&ntilde;ados por la obra gr&aacute;fica del autor, correspondiente a la serie <em>La mujer rota</em>, donde lo indecible descansa, de otro modo.</p>
<p>Encontramos una magnificencia humana en ese encarar la p&eacute;rdida y ajustar el vuelo del amor que ya siempre ser&aacute;, una majestuosidad &uacute;nica. &ldquo;La larga noche del adi&oacute;s acaba,/ en la celda queda el amado, concebido/ como lumbre, hoguera de flores/ que anuncia esquelas al alba/ con su nombre&rdquo;. Hay un yo que habla a un t&uacute; desde la honestidad, no alzando su mirada porque sit&uacute;e la p&eacute;rdida de la amada all&iacute; donde solo cabe situar a los dioses; tampoco inclinando el &aacute;ngulo en el mirar por haber depuesto lo amado all&iacute; donde la sa&ntilde;a. Hay una p&eacute;rdida compartida.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Y as&iacute; Tarantino deja que la voz discurra emocionada, pero sin afecci&oacute;n alguna, que preserve lo dado, lo recibido, cuanto fue. No hay contenci&oacute;n, pero s&iacute; lealtad a lo sentido. No se espere de este poemario la sublimaci&oacute;n del fulgor que no deja ver lo que se contempla. Hay una exactitud de quien ama las simas y los abismos y las cumbres de lo amado. Hay un yo que no se enga&ntilde;a. Que nombra y se nombra en ello, en cuanto va diciendo. Hay la distancia justa para que lo exacto aparezca, una distancia que no ciega, en uno u otro sentido. De ah&iacute; que la espalda de esta mujer sea recurrente, como si el poeta contemplase su marcha para, desde ese verla partir, ser capaz de no mentirse (&ldquo;la espalda de tus &eacute;litros se hace humana&rdquo;, &ldquo;tu espalda dolida/ sacude de sus v&eacute;rtebras lo que fue todo&rdquo;, &ldquo;de espalda/ a los cielos sin costa&rdquo;, &ldquo;Al borde de ti tu espalda&rdquo;, &ldquo;Amar la l&iacute;nea de tu espalda&rdquo;&hellip;). Quiz&aacute;s porque la espalda sea &ldquo;la forma de mirarme de tu abismo&rdquo;.</p>
<p>El amor, tan mal entendido tantas veces, es &ldquo;argumento&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;sed anochecida&rdquo;, y todo al un&iacute;sono, sin disociaci&oacute;n alguna, sucediendo &ldquo;en un tiempo anciano&rdquo;. Lo amado es odiado. Porque la pureza tambi&eacute;n contiene lo impuro. Solo adentr&aacute;ndonos en estos espejos rotos de lo amado podremos esperar &ldquo;que llegue la paz de lo que se fue&rdquo;, cumpli&eacute;ndose &ldquo;la pureza solar del adi&oacute;s&rdquo;. En esa desolaci&oacute;n en la que Tarantino escribe, trata de llegar al antes de s&iacute;, a esa penumbra (no lo oscuro, tampoco lo iluminado) en la que lo amado ya no est&aacute;. &ldquo;La apariencia del ser/ que fui/ se aleja infinitamente/ desde el centro de los caminos sin salida,/ donde no ser es haber nacido,/ ing&eacute;nito tiempo de la destrucci&oacute;n,/ al absurdo de estar en el ser,/ cuando no estoy siendo&rdquo;.</p>
<p>De Tarantino, su sost&eacute;n de los cl&aacute;sicos, su imaginario, los hoplitas (lo com&uacute;n siempre en Tarantino), las referencias de sus mayores, su poso filos&oacute;fico (&ldquo;Ser y no estar,/ estar sin ser,/ no ser sin estar&rdquo;) y psicoanal&iacute;tico (&ldquo;Poder ser en ti sin ti&rdquo;), la zarabanda de los pronombres (&ldquo;Eras en ti solo t&uacute;&rdquo;, &ldquo;como un t&uacute; de ti tan m&iacute;o sin m&iacute;,/ para verte sin mi toda t&uacute;&rdquo;), el verso que piensa (&ldquo;Ser amada fue irse a lo abisal,/ vivir la ruptura de la luz,/ hacer insondable la respiraci&oacute;n,/ surgir del lugar de la vida&rdquo;), el lujo de lo exquisito (&ldquo;F&iacute;o en ti toda mi tierra&rdquo;).&nbsp; &nbsp;</p>
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<p>Alejandro Tarantino, <em>Espejos rotos de una mujer, </em>Madrid, Amargord, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Feb 2025 12:29:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El realismo mágico, ¿vuelve, se queda o va?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-realismo-magico-vuelve-se-queda-o-va/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JOS_ANTONIO_PRADES_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Con la emisi&oacute;n en una plataforma televisiva de la serie sobre la obra cumbre de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, resurge en el escenario medi&aacute;tico el realismo m&aacute;gico.</p>
<p>Ese ox&iacute;moron manipulado y exprimido hasta la saciedad presenta unos or&iacute;genes y contenidos complejos. Este art&iacute;culo pretende lograr un encuadre conciso de su origen, de su conceptualizaci&oacute;n, del uso interesado con fines cremat&iacute;sticos y de su evoluci&oacute;n a lo largo de sus cien a&ntilde;os de su existencia.</p>
<p>El impacto que en la literatura mundial tuvo el Boom latinoamericano en los a&ntilde;os 60 del siglo pasado coloc&oacute; al realismo m&aacute;gico como una tendencia o estilo que impregn&oacute; gran n&uacute;mero de obras y que sigue haci&eacute;ndolo con los mismos mimbres con los que nac&iacute;a.</p>
<p>Diversos autores que han profundizado en el an&aacute;lisis del realismo m&aacute;gico y sus implicaciones en la literatura contempor&aacute;nea muestran los elementos que lo componen y facilitan el encuadre buscado. &nbsp;</p>
<p>Tal como expresa Pialorsi (2014), &ldquo;el marchamo &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; y su formulaci&oacute;n te&oacute;rica han sido una de las cuestiones m&aacute;s controvertidas&rdquo; (p. 6). Por ello, se hace necesario delimitar el concepto para extraer sus elementos distintivos y sus caracter&iacute;sticas identitarias, y as&iacute; establecer las l&iacute;neas que determinar&aacute;n el an&aacute;lisis.</p>
<p>Los inicios de este movimiento se localizan en obras de autores latinoamericanos del Boom, pero existen otros estudios e investigaciones (Alfaro, 1975; M&uuml;ller-L&oacute;pez, 2004; Moure, 2012) que remontan sus or&iacute;genes al propio Miguel de Cervantes.</p>
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<h2><strong>Sea as&iacute; el nombre</strong></h2>
<p>La expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; genera desde su aparici&oacute;n y uso una importante trascendencia. Une el sustantivo, que significa adhesi&oacute;n a la realidad sin idealizaciones, con un adjetivo que presenta connotaciones de mundo imaginario aparecidas fuera de la realidad; es un ox&iacute;moron. Esa uni&oacute;n de conceptos extremos, referencia de la propia dualidad humana, es probable que influya en que su aplicaci&oacute;n est&eacute; extendida desde su primer advenimiento y llegue a nuestros d&iacute;as como un reclamo llamativo. No obstante, siguiendo a Volek (1991), la realidad no deja de ser una construcci&oacute;n de cada &eacute;poca, ya se haya definido por modelos divinos o cient&iacute;ficos. Es decir, no deja de ser un simulacro (p. 236). Y lo m&aacute;gico se establece en comparaci&oacute;n con esa dicha realidad simulada.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Origen de la expresi&oacute;n</h3>
<p>Coinciden varios ensayos de los consultados para este trabajo (Gonz&aacute;lez B, 2017; Pialorsi, 2014; Kofman, 2015; Volek, 1991) en establecer su primer uso como t&iacute;tulo de un ensayo de Franz Roh sobre la pintura vanguardista en 1925, aunque, seg&uacute;n Gonz&aacute;lez B., el uso que se le da en ese texto nada tiene que ver con los significados que se le han ido aplicando posteriormente, sobre todo en creaci&oacute;n literaria. En el arte, supuso un reflejo de las ideas jungianas de unir el consciente con el inconsciente, aspecto tambi&eacute;n relacionado con caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas de la corriente surrealista. Tras Roh, hay continuidad en el uso y readaptaci&oacute;n de la expresi&oacute;n en varios autores de los que destacaremos Arturo Uslar Pietri, en 1948, &Aacute;ngel Flores, en 1967, y Luis Leal en 1975 (Gonz&aacute;lez B., 2017; Volkova, 2018). De estas, es la del escritor venezolano la que cobra mayor relevancia, puesto que de ella surge la conceptualizaci&oacute;n literaria para referirse, desde distintas perspectivas, a la narrativa, en especial a la surgida del Boom latinomericano.</p>
<p>Es el propio Uslar Pietri quien explica (Molina, 2022) c&oacute;mo le surgi&oacute; el uso de esa expresi&oacute;n en una charla en Par&iacute;s con Miguel Angel Asturias y Alejo Carpentier, tambi&eacute;n considerados precursores de ese movimiento, cuando, conversando sobre elementos de sus novelas <em>El se&ntilde;or presidente</em> y &iexcl;<em>&Eacute;cue-Yamba-O!</em>, lanz&oacute; que podr&iacute;an tratarse de &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;, creyendo que hab&iacute;a inventado esa expresi&oacute;n. Sigui&oacute; explicando que despu&eacute;s consider&oacute; que debi&oacute; ser un recuerdo, ya que encontr&oacute; en su biblioteca el ensayo as&iacute; titulado del pintor Roh, aunque &ldquo;describ&iacute;a algo que no ten&iacute;a que ver con lo que ellos hab&iacute;an hablado&rdquo; (min. 4:40). En 1948, el venezolano &ldquo;incorpor&oacute; el t&eacute;rmino en el &aacute;mbito de la novela hispanoamericana en su libro <em>Letras y hombres de Venezuela</em>, de 1948 (Rodr&iacute;guez Monegal, citado en Volkova, 2018, p. 274). Al a&ntilde;o siguiente, Alejo Carpentier, habl&oacute; de lo &lsquo;real maravilloso&rsquo; con significado muy similar a lo que posteriomente termin&oacute; denomin&aacute;ndose &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;. Monique Nomo (2016, p. 108)) establece el cuento <em>La lluvia</em>, publicado en 1935, de Uslar Pietri, como el primer antecedente de ese movimiento; en ese cuento, incluido en <em>Barrab&aacute;s y otros relatos</em> (1936), la naturaleza sobrenatural de un ni&ntilde;o sobrevuela sobre los problemas de un matrimonio que espera la lluvia para que riegue sus campos.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Origen del concepto</h3>
<p>Desde el mundo literario, la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; toma contenido y cuerpo paulatinamente, asumida por la cr&iacute;tica desde su aparici&oacute;n con diversas definiciones y orientaciones. Una vez que Uslar Pietri la nombr&oacute; para referirse al entorno global y variado de la Am&eacute;rica hispana, comenz&oacute; a percibirse &ldquo;como algo muy propio y originario de la cultura local&rdquo; (Kofman, 2015, p. 9). El propio Kofman se&ntilde;ala tres concepciones que delimitan su procedencia. La primera quedar&iacute;a refer&iacute;a al &ldquo;sustrato folcl&oacute;rico y mitol&oacute;gico que pervive en Am&eacute;rica Latina&rdquo; (p. 9). La segunda v&iacute;a estar&iacute;a relacionada con el surrealismo franc&eacute;s; los tres escritores latinoamericanos citados en el ep&iacute;grafe anterior (Asturias, Carpentier y Uslar Pietri) vivieron integrados en el germen y apogeo de esa vanguardia, el coraz&oacute;n de Par&iacute;s, a caballo de las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os 20 y 30 del siglo pasado. &ldquo;En sus obras se percibe de manera obvia la huella de tal movimiento, especialmente en lo referente al inter&eacute;s en la conciencia del hombre primitivo y el concepto de milagro&rdquo; (p. 10). La tercera concepci&oacute;n proceder&iacute;a de Alejo Carpentier, expresada en el pr&oacute;logo de <em>El reino de este mundo</em> (1949), que cierra con esa pregunta ret&oacute;rica: &ldquo;Pero &iquest;qu&eacute; es la historia de Am&eacute;rica toda, sino una cr&oacute;nica de lo real-maravilloso?&rdquo; (p. 8), novela en la que relaciona su observaci&oacute;n de la realidad cotidiana de Hait&iacute; con una concepci&oacute;n del ambiente que denomina as&iacute;: &ldquo;A cada paso me encontraba yo con lo real maravilloso&rdquo; (p. 6). Desarrollaremos la relaci&oacute;n entre este concepto y el de realismo m&aacute;gico en el ep&iacute;grafe 3.2.</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Alfaro (1975) cita el concepto en palabras de Gonzalo Sobejano como &ldquo;la puesta en relieve de una forma objetiva de aprehender la esencia de lo real en objetos que aparecen en una forma misteriosa&rdquo; (min. 6:30).&nbsp; Seymour Menton (citado por Cervera, s.f.) lo define de una forma similar, a&ntilde;adiendo la calificaci&oacute;n de inesperado y/o improbable a lo misterioso, as&iacute; como la incidencia en el lector, al dejarlo &ldquo;desconcertado, aturdido, o agradablemente maravillado&rdquo; (p&aacute;rr. 4).</p>
<p>Seg&uacute;n varios autores (Pialorsi, 2014; Volek, 1991), no existe un claro consenso en la cr&iacute;tica sobre la conceptualizaci&oacute;n del realismo m&aacute;gico. El propio Mario Vargas Llosa (EFE, 2007) ha declarado que la etiqueta de &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se us&oacute; para incluir a toda la literatura latinoamericana de la &eacute;poca, lo que considera impreciso, ya que todo autor, a su manera, aplica la imaginaci&oacute;n a sus obras.&nbsp; Es decir, no por coincidir en la aplicaci&oacute;n gen&eacute;rica de ciertos elementos similares debe incluirse en una tendencia o movimiento de este tipo a un elenco de autores.&nbsp; As&iacute;, el propio Vargas Llosa cita a Juan Rulfo, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Julio Cort&aacute;zar o Borges, cada uno con sus propias mitolog&iacute;as e influencias (p&aacute;rr. 3).&nbsp;</p>
<p>Existen elementos que se incluyen en la mayor&iacute;a de las definiciones: lo imaginario, lo irracional, lo maravilloso, lo misterioso, lo invisible, lo m&aacute;gico, lo sensorial, lo fant&aacute;stico, lo ins&oacute;lito y lo sobrenatural, entre otros. Gonz&aacute;lez B. (2017) establece a nuestro parecer el mejor an&aacute;lisis sobre la evoluci&oacute;n del concepto, al hacer referencia a dos encuadres diferentes que permiten salir airosamente de las discrepancias, observando los distintos enfoques que han querido superponerse. Presenta el &ldquo;tipo ontol&oacute;gico&rdquo;, que partir&iacute;a de la teor&iacute;a que Uslar Pietri y Carpentier acunaron en sus inicios y que queda reflejada en sus referencias a la realidad mitol&oacute;gica y antropol&oacute;gica de los pueblos ind&iacute;genas y sus ritos y costumbres que sobrevivieron a la colonizaci&oacute;n, y el &ldquo;tipo t&eacute;cnico&rdquo;, que coloca como inicio en <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, publicada en 1967. Seg&uacute;n su exposici&oacute;n, aplicando estas dos visiones por separado podemos entrar en el concepto y lograr un mejor asentamiento. A&ntilde;ade finalmente otra concepci&oacute;n de lo que ha sido considerado como realismo m&aacute;gico, que es la literatura fant&aacute;stica (ver ep&iacute;grafe 3.2.1), para concluir indicando que, entendido desde el punto de vista ontol&oacute;gico, el realismo m&aacute;gico &ldquo;no puede comprenderse fuera del contexto hist&oacute;rico en el marco de la literatura hispanoamericana&rdquo; (Gonz&aacute;lez B., 2017, p. 119).</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Antecedentes en la literatura espa&ntilde;ola</h3>
<p>Los antecedentes del realismo m&aacute;gico, atendiendo a su componente fant&aacute;stico, se han buscado en la literatura espa&ntilde;ola hasta remontarnos incluso a los primeros textos del castellano. M&uuml;ller-L&oacute;pez (2004) cree ver ya antecedentes en <em>El libro de Alexandre</em> y en <em>El libro de Apolonio</em>, ambos del siglo XII, e incluso en los libros de caballer&iacute;as, si bien, situ&aacute;ndonos en el contexto hist&oacute;rico, lo que desde nuestra &eacute;poca consideramos fant&aacute;stico o m&aacute;gico se ten&iacute;a entonces como real, y as&iacute; su diferencia con lo m&aacute;gico tendr&iacute;a tambi&eacute;n otra connotaci&oacute;n para centrar el concepto que estamos tratando. Asimismo, las f&aacute;bulas de Iriarte y Samaniego contienen elementos que podr&iacute;an asignarse tanto a lo fant&aacute;stico como a lo maravilloso.</p>
<p>Lara ve en las hagiograf&iacute;as del siglo XIII &ldquo;una lectura apasionante desde esta &oacute;ptica&rdquo; (2021, p&aacute;rr. 6). Esas vidas de santos contienen elementos que hoy consideramos m&aacute;gicos, aunque tambi&eacute;n debe entenderse que, en ese momento, esas escenas, como &ldquo;quedar sin afectaci&oacute;n en el cuerpo una vez colocado en una parrilla, o salir andando con la cabeza en la mano una vez decapitado&rdquo;, que se aceptaron como reales, marcar&iacute;an instantes repetidos en ciertas tramas contempor&aacute;neas que consideramos realismo m&aacute;gico. Merino (2009) cita el <em>Libro de Patronio y el Conde Lucanor</em>, adem&aacute;s de los libros de caballer&iacute;as, como ejemplos de antecedentes de la literatura fant&aacute;stica y m&aacute;gica. Y contin&uacute;a con Cervantes citando <em>Los trabajos de Persiles y Segismunda</em>, Calder&oacute;n de la Barca, con <em>La vida es sue&ntilde;o</em>, <em>El gran teatro del mundo</em> o <em>El m&aacute;gico prodigioso</em> y Lope de Vega, con <em>El peregrino en su patria</em>.&nbsp; Y son otras las referencias a Cervantes como el inspirador primigenio de la fantas&iacute;a y la magia en la narrativa. As&iacute;, M&uuml;ller-L&oacute;pez: &ldquo;Cervantes contribuy&oacute; como ninguno a maravillarnos con el genio de las deliciosas fantas&iacute;as de D. Quijote&rdquo; (2004, p. 40). E igualmente observa: &ldquo;Literatura maravillosa tambi&eacute;n encontramos en los <em>Sue&ntilde;os</em>, de Quevedo, y en el teatro de Calder&oacute;n con <em>El m&aacute;gico prodigioso</em>&rdquo; (2004, p. 40).</p>
<p>Seg&uacute;n Lara, no quedan fuera de esta mirada ciertas experiencias m&iacute;sticas narradas por Teresa de &Aacute;vila o ciertas cr&oacute;nicas sobre el rey Carlos II, el Hechizado. Adem&aacute;s, De la Puente (1991, p. 10) cita a Gustavo Adolfo B&eacute;cquer con <em>Las leyendas en prosa</em> (1871), por su ambiente fant&aacute;stico de poes&iacute;a y ensue&ntilde;o.</p>
<p>Ya en el siglo XX, tal como expresaron repetidamente los autores latinoamericanos citados, Asturias, Carpentier y Uslar Pietri, en su periplo parisino se imbuyeron de las consignas surrealistas, que tienen una gran influencia en la evoluci&oacute;n literaria de la &eacute;poca. El surrealismo quiere cambiar la forma de mirar el mundo, y lo quiere conseguir a trav&eacute;s del inconsciente, siguiendo as&iacute; los postulados de Sigmund Freud. Es decir, se salta el terreno de la l&oacute;gica, de la realidad, y se basa en el sue&ntilde;o y en lo imaginario. La aplicaci&oacute;n de estos conceptos se centra en la poes&iacute;a y excluye expresamente a la narrativa, pero los postulados influyeron en los tres autores, incluso aunque se desmarcaron del conjunto de intenciones surrealistas. Adem&aacute;s, siguiendo a M&uuml;ller-L&oacute;pez &ldquo;ciertas caracter&iacute;sticas grotescas estaban enraizadas profundamente en la tradici&oacute;n est&eacute;tica espa&ntilde;ola: las obras de Cervantes, Quevedo, Goya&hellip;&rdquo; (2004, p. 44). El surrealismo se enfrenta al realismo inmediatamente anterior, as&iacute; como el romanticismo lo hace con el racionalismo de la Ilustraci&oacute;n.</p>
<p>Retrocediendo unos tres siglos, nos encontrar&iacute;amos en medio de la conquista americana, en la que Kofman observa la aparici&oacute;n de componentes de una realidad extraordinaria y prodigiosa, &ldquo;el aura de lo excepcional&rdquo; (2015, p. 12). Pero, adem&aacute;s, profundiza en otro componente, el milagro, que estaba anclado en todas las peripecias de aquella aventura. As&iacute;, se a&ntilde;ad&iacute;a lo maravilloso desde un origen espiritual. Deduce que, aunque se entendieron fines pr&aacute;cticos en la colonizaci&oacute;n, realmente fue una &ldquo;empresa fant&aacute;stica&rdquo; (p. 13), ya que los conquistadores viajaron y exploraron influidos por las narraciones orales y textos que conten&iacute;an espejimos como realidades: El Dorado, la fuente de la juventud, los tesoros. No podemos eludir que los grandes impulsores del Boom, movimiento al que se asigna la aplicaci&oacute;n de los elementos del realismo m&aacute;gico, fueron &aacute;vidos lectores de los textos de los conquistadores. &ldquo;El conquistador percib&iacute;a las tierras reci&eacute;n descubiertas como el universo de las desviaciones, de la hipertrofia, de lo ins&oacute;lito, contrapuesto a lo conocido y reglamentado&rdquo; (Kofman, 2015, p. 17).</p>
<p>Regresando al siglo XX, nos expresa M&uuml;ller-L&oacute;pez que el propio &Aacute;lvaro Cunqueiro, cuyos elementos de realismo m&aacute;gico en su novela <em>Merl&iacute;n y familia</em> son objeto de estudio en este trabajo, &ldquo;confluye con Cervantes en el uso de una misma f&oacute;rmula novel&iacute;stica en la que los saltos entre los niveles de realidad y de ficci&oacute;n son constantes&rdquo; (2004, p. 122).</p>
<p>Es Moure (2012, p. 16)) otro autor que menciona a Cervantes como influencia en esta l&iacute;nea, y nos lleva igualmente hasta Valle-Incl&aacute;n, con sus fantasmas gallegos que no quieren morir.</p>
<p>Habiendo nombrado a Cunqueiro y Valle Incl&aacute;n, se hace necesario irnos a la Galicia ancestral, cuyas caracter&iacute;sticas hist&oacute;ricas y antropol&oacute;gicas la colocan en un lugar preferente de lo m&aacute;gico y fant&aacute;stico, con sus meigas, duendes, esp&iacute;ritus y monstruos. Lara (2021, p&aacute;rr. 10) refiere la emigraci&oacute;n gallega a Latinoam&eacute;rica, y se va con ella a inferir si aquellas historias que esos migrantes se llevaron no podr&iacute;an ser ese germen literario para promover o alimentar el realismo m&aacute;gico que de all&iacute; surg&iacute;a.</p>
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<h2 align="left"><strong>En sus cercan&iacute;as</strong><strong></strong></h2>
<p>Algunos de los elementos que se incluyen dentro de la tendencia conocida como realismo m&aacute;gico se encuentran tambi&eacute;n en otras corrientes, lo que puede provocar cierta mezcla o confusi&oacute;n cuando se habla de una u otras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Lo real maravilloso y lo real fant&aacute;stico</h3>
<p>Todorov (1980) inicia as&iacute; su Introducci&oacute;n a la literatura fant&aacute;stica: &ldquo;La expresi&oacute;n &lsquo;literatura fant&aacute;stica&rsquo; se refiere a una variedad de la literatura o, como se dice corrientemente, a un g&eacute;nero literario&rdquo; (p. 3). Lo fant&aacute;stico requiere que se defina frente a imaginaci&oacute;n y realidad (Rodr&iacute;guez, 2006). Soloviov es citado por Todorov (1980, p. 4) para exponer que lo fant&aacute;stico presenta una explicaci&oacute;n simple, pero es improbable que pueda ser explicado. Es decir, el fen&oacute;meno se encuentra entre lo real y lo irreal, y desde ambas posiciones puede entenderse como v&aacute;lido. &ldquo;La posibilidad de vacilar entre ellas crea el efecto fant&aacute;stico&rdquo; (Todorov, 1980, p. 19). La visi&oacute;n de Todorov plantea tres partes: lo maravilloso/lo extraordinario/lo fant&aacute;stico, con matices diferenciadores que permiten la clasificaci&oacute;n. Se entender&iacute;a que es extraordinario si lo inexplicable se acepta de forma natural. Lo fant&aacute;stico dejar&iacute;a dudas sobre su realidad. Y lo maravilloso ocurrir&iacute;a cuando el hecho sobrenatural, sabiendo que lo es, se inserta en el relato. Cervera (s.f.) coincide con esta apreciaci&oacute;n y precisa que el realismo fant&aacute;stico trata de superar la percepci&oacute;n de los sentidos y adem&aacute;s no tiene el ingrediente ind&iacute;gena con tanta fuerza. Cita a Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges como autores que manejaron estos elementos fant&aacute;sticos como &ldquo;tendencias existencialistas y metaf&iacute;sicas&rdquo; (p&aacute;rr. 45). No obstante, varios autores latinoamericanos aparecen incluidos tanto en el g&eacute;nero fant&aacute;stico como en el realismo m&aacute;gico. Celia Zapata, citada por Rodr&iacute;guez (2006, p. 40), centra el debate concluyendo que ambos, lo fant&aacute;stico y el realismo m&aacute;gico, confluyen de tal manera que es muy dif&iacute;cil marcar su l&iacute;nea divisoria, y que la discusi&oacute;n ser&aacute; duradera. Tambi&eacute;n cita Rodr&iacute;quez (2006, pp. 39-40)) a Anderson Imbert para expresar que lo perturbador y sobrenatural, que sobrecoge, pertenece a la literatura fant&aacute;stica, donde &ldquo;lo imposible en el orden f&iacute;sico se hace posible en el orden fant&aacute;stico&rdquo; (p. 40).</p>
<p>Tal como hemos anticipado, lo real maravilloso fue definido por Alejo Carpentier en su famoso pr&oacute;logo a <em>El reino de este mundo</em>. Ah&iacute;, Carpentier se refiere a la presentaci&oacute;n literaria de ese entorno que encuentra en Hait&iacute;, &ldquo;ancestral, supersticioso y colorista&rdquo; (Cervera, s.f., p&aacute;rr. 46).</p>
<p>Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Hait&iacute;, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podr&iacute;amos llamar lo real maravilloso. [...] A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, adem&aacute;s, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio &uacute;nico de Hait&iacute;, sino patrimonio de la Am&eacute;rica entera (Carpentier, 1933, p. 6).</p>
<p>Seg&uacute;n Nomo (2016), ambos conceptos son id&eacute;nticos en sus manifestaciones, pero por el contrario Kofman (2015) expresa que el propio Carpentier los separaba, &ldquo;concibiendo este &uacute;ltimo (realismo m&aacute;gico) como una invenci&oacute;n europea&rdquo; (p. 11). Aparicio (2020), haciendo referencia a antecedentes que colocan el concepto del realismo m&aacute;gico como descubierto en el siglo XVI por los cronistas de indias (ver ep&iacute;grafe 3.1.3), refiere que Carpentier identific&oacute; ese concepto con lo real maravilloso. Otra noci&oacute;n importante a tener en cuenta para establecer las diferencias y similitudes en estos conceptos lo obtenemos con Gonz&aacute;lez M. (1990), que puntualiza que en literatura no debe preguntarse si algo es verdadero o falso, si es verdad o mentira, y que debemos acudir &ldquo;a lo fant&aacute;stico y a lo maravilloso como formas particulares de expresi&oacute;n&rdquo; (p. 438). Tambi&eacute;n entiende lo fant&aacute;stico como la duda ante los hechos para decir si son o no reales. Y por eso, &ldquo;lo maravilloso es interpretado como algo distinto de lo fant&aacute;stico&rdquo; (p. 441). Se introduce en lo sobrenatural para expresar que, si es aceptado sin explicaci&oacute;n, estaremos dentro de lo &ldquo;maravilloso&rdquo;. Y ser&aacute; &ldquo;fant&aacute;stico&rdquo; si debe ser explicado por leyes naturales. Resulta muy interesante su enumeraci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas que debe tener un relato para calificarlo como fant&aacute;stico: que integre a quien lo lea en el mundo de cada personaje, sobre todo del narrador en primera persona de sus propias vivencias; que quien lo lea perciba con ambig&uuml;edad los hechos que se relatan; que produzca un rechazo evidente a las interpretaciones no realistas de la historia.</p>
<p>De la Puente (1991) concluye que</p>
<p>En general, se aceptan como pertenecientes a la literatura fant&aacute;stica a aquellas obras que contengan alg&uacute;n elemento maravilloso, grotesco, altamente po&eacute;tico, superrealista, on&iacute;rico, aleg&oacute;rico, sobrenatural, concerniente al ocultismo o la magia o relativo a las facultades del hombre a las cuales dedica su atenci&oacute;n la parapsicolog&iacute;a. (p. 10)</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>La ciencia-ficci&oacute;n</h3>
<p>El g&eacute;nero de la ciencia-ficci&oacute;n tambi&eacute;n se ha comparado con el realismo m&aacute;gico y se han intentado encontrar similitudes.&nbsp; Rodr&iacute;guez (2006, pp. 41-42) cita a Suvin y Scholes, ambos coincidentes en asignar a la ciencia-ficci&oacute;n la especulaci&oacute;n con el futuro, asignando probabilidades de que puedan ocurrir distintos hechos o fen&oacute;menos. Se tratar&iacute;a de emitir una hip&oacute;tesis literaria que se desarrolla como realidad total. La ciencia ficci&oacute;n trata la fantas&iacute;a y el mito. Rodr&iacute;guez concluye que &ldquo;no hay similitudes entre la ciencia-ficci&oacute;n y el realismo m&aacute;gico&rdquo; (p. 5). Entendemos que la &uacute;nica coincidencia es aplicar elementos de fantas&iacute;a, de lo ins&oacute;lito, pero, una vez aplicados, su tratamiento narrativo toma senderos divergentes, ya que el realismo m&aacute;gico mantiene la acci&oacute;n dentro de los mismos par&aacute;metros, y la ciencia-ficci&oacute;n fabula con esos elementos para literaturizar un futuro posible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>Elementos </strong><strong>clave</strong><strong></strong></h2>
<p>Gonz&aacute;lez B. (2017) propone una definici&oacute;n del &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; partiendo desde &lsquo;lo ins&oacute;lito&rsquo;, ya que este elemento ser&aacute; lo que permita la revisi&oacute;n de c&oacute;mo la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se ha utilizado con abuso desde su aparici&oacute;n con Franz Roh. Esta es su definici&oacute;n: &ldquo;la presencia de lo sobrenatural en un relato tipificado como realista, sin que este hecho provoque una reacci&oacute;n de extra&ntilde;eza en los personajes&rdquo; (p. 122). Resultar&iacute;a as&iacute; imprescindible la falta de asombro de los personajes, que mantienen la acci&oacute;n sin sorpresa ni cambio relevante en sus comportamientos, incluso despu&eacute;s de haberse visto involucrados en esos hechos sobrenaturales, que sobrepasan &ldquo;el sentido com&uacute;n que rige la relaci&oacute;n del lector con la realidad&rdquo; (p. 122).</p>
<p>Seg&uacute;n Santos Sanz Villanueva, citado por Jos&eacute; Mar&iacute;a Alfaro (1975, min. 6:45), las caracter&iacute;sticas del realismo m&aacute;gico ser&iacute;an la combinaci&oacute;n de realidad y fantas&iacute;a, la deformaci&oacute;n del tiempo y el espacio y, finalmente, la existencia de una t&eacute;cnica para lograr la versosimilitud. Nomo (2016) tambi&eacute;n coincide con Gonz&aacute;lez B., al expresar que el realismo m&aacute;gico contiene &ldquo;elementos m&aacute;gicos/fant&aacute;sticos, percibidos por los personajes como parte de la normalidad&rdquo; (p. 109) y que, adem&aacute;s de no ser explicados, son recibidos quiz&aacute; por la intuici&oacute;n, y por ello no necesitan ser razonados. Otro elemento existente es precisamente lo sensorial: esa &lsquo;realidad&rsquo; se observa por cualquiera, o por varios, de los sentidos, antes que por la mente como depositaria de la raz&oacute;n. Por otro lado, la acci&oacute;n se suele colocar en ambientes de carencia o, incluso, de exclusi&oacute;n social, quiz&aacute; favoreciendo que en ese &aacute;mbito pueda ser m&aacute;s cre&iacute;ble el convencimiento de la irrealidad, valga la paradoja. Y finalmente, los acontecimientos sin posible explicaci&oacute;n tienen poca probabilidad de que se produzcan, salvo en ese entorno que se crea en el relato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>La magia en las novelas precursoras</strong><strong></strong></h2>
<p>Si Arturo Uslar Pietri fue el primer autor en usar el t&eacute;rmino realismo m&aacute;gico para una aplicaci&oacute;n literaria, y Alejo Carpentier lo configur&oacute; en el citado pr&oacute;logo a <em>El reino de este mundo</em>, fue Miguel &Aacute;ngel Asturias quien tambi&eacute;n consider&oacute; la cr&iacute;tica como uno de los precursores, si no el precursor (Mart&iacute;nez, 2014, p&aacute;rr. 2)) del movimiento literario.</p>
<p>Al igual que se considera m&iacute;tico el encuentro de Shelley, Byron y Polidori para el nacimiento de Frankenstein, en el Par&iacute;s de 1931 convivi&oacute; otro tr&iacute;o que dejar&iacute;a un poso permanente en la literatura universal: Asturias, Uslar Pietri y Carpentier que, entre las vanguardias nacientes en ese per&iacute;odo entreguerras, dieron el nacimiento de lo que qued&oacute; finalmente denominado como &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;. Relata Milliani (1987) que los tres escritores compartieron colaboraciones en revistas literarias editadas en Par&iacute;s como Im&aacute;n (p&aacute;rr. 23) y v&aacute;lvula (sic) (p&aacute;rr. 6), e incluso debatieron sobre sus novelas escritas o en proceso, para as&iacute; surgir diferentes elementos comunes en las obras de los tres, de los que, para este estudio, nos interesan los que pueden considerarse dentro del realismo m&aacute;gico. Hay que observar que esa detecci&oacute;n siempre estar&aacute; condicionada por lo que despu&eacute;s se identific&oacute; como caracter&iacute;stico y definitorio de ese movimiento, estilo o t&eacute;cnica y que no fue por los autores as&iacute; considerado en el momento de su creaci&oacute;n.</p>
<p>Al objeto de este estudio, cobran relevancia las novelas que se han considerado pioneras del movimento. La cr&iacute;tica nombra generalmente tres ya citadas: <em>Las lanzas coloradas</em>, de Arturo Uslar Pietri, publicada en 1931, <em>&iexcl;&Eacute;cue-Yamba-&Oacute;!</em>, de Alejo Carpentier, publicada en 1933, aunque escrita varios a&ntilde;os antes, y <em>Leyendas de Guatemala</em>, de Miguel &Aacute;ngel Asturias, publicada en 1930.&nbsp; Otras obras de estos autores con elementos similares a las anteriores son: <em>El se&ntilde;or presidente</em> (1946) y <em>Hombres de ma&iacute;z</em> (1949), de Asturias y <em>El reino de este mundo</em> (1946), de Carpentier. Existe constancia de un anticipo de <em>Hombres de ma&iacute;z</em> en la revista Im&aacute;n, publicada en Par&iacute;s, en 1931<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<h3><strong>&ldquo;Las lanzas coloradas&rdquo;, de Arturo Uslar Pietri</strong><strong></strong></h3>
<p><em>Las lanzas coloradas</em> es una novela ambientada en las guerras de independencia hispanoamericana, con una est&eacute;tica salvaje y que, seg&uacute;n indica Endara (2021), &ldquo;propone una realidad hist&oacute;rica ambigua y confusa [&hellip;] La obra [&hellip;] rompe los moldes de la novela hist&oacute;rica&rdquo; (p&aacute;rr. 1):</p>
<p>la perspectiva de Uslar Pietri es visualizar la dimensi&oacute;n temporal que tiene la literatura, mediante la acci&oacute;n del pasado en el presente y la transformaci&oacute;n continua del presente a trav&eacute;s de los personajes y sus relaciones en un tiempo/espacio que, como el nuestro, est&aacute; en cambio continuo, siendo, dejando o impidiendo ser en todo momento [...] Leer a Uslar Pietri es comprobar que la magia real es la literatura. (p&aacute;rr. 1)</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<h3>&ldquo;&iexcl;Ecu&eacute;-Yamba-O!&rdquo;, de Alejo Carpentier</h3>
<p><em>&iexcl;&Eacute;cue-Yamba-O!</em> narra la vida de Menegildo Cue, negro cubano, en el principio del siglo pasado. Carpentier la escribi&oacute; estando encarcelado por motivos pol&iacute;ticos. La expresi&oacute;n significa &ldquo;Dios, loado seas&rdquo; (Otero, 2020, p&aacute;rr. 1). Esta novela fue repudiada despu&eacute;s por el autor, al considerar &ldquo;que no posee las conquistas narrativas de su obra posterior&rdquo; (Blanco y Rodr&iacute;guez, 2010, p&aacute;rr. 1). Puede considerarse una novela de corte social que denuncia las condiciones de los trabajadores negros en las explotaciones de az&uacute;car, pero a trav&eacute;s de su protagonista presenta una concepci&oacute;n m&aacute;gico-religiosa del mundo, uniendo conceptos cristianos con afrocubanos, como la santer&iacute;a (Miampika, 1997):</p>
<p>Los mitos recreados son los que m&aacute;s se relacionan con la concepci&oacute;n del mundo de los creyentes, para quienes no existe ning&uacute;n aspecto o hecho de la vida que no est&eacute; vinculado con los principios de una de las religiones afrocubanas m&aacute;s importantes, la santer&iacute;a. Los personajes de la novela, la familia Cu&eacute; en particular, son cristianos, pero no dejan de creer en sus dioses yorubas. Las creencias m&aacute;gico-religiosas organizan, determinan y explican, para ellos, todas las vicisitudes de su existencia. (p. 4)</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 align="left">&ldquo;El se&ntilde;or presidente&rdquo;, &ldquo;Leyendas de Guatemala&rdquo; y &ldquo;Hombres de ma&iacute;z&rdquo;, de Miguel &Aacute;ngel Asturias</h3>
<p>Seg&uacute;n hemos indicado, Miguel &Aacute;ngel Asturias presenta tres novelas entre 1930 y 1949, con elementos que pueden incluirse dentro del realismo m&aacute;gico: <em>Leyendas de Guatemala</em> (1930), <em>El se&ntilde;or presidente</em> (1946) y <em>Hombres de ma&iacute;z</em> (1949). Seg&uacute;n Mart&iacute;nez, (2014) ser&iacute;a esta &uacute;ltima &ldquo;la primera novela hispanoamericana del realismo m&aacute;gico&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn2">[2]</a>, si bien &ldquo;<em>Leyendas de Guatemala</em> puede considerarse como precursora de ese movimiento literario&rdquo;. Seg&uacute;n Giuseppe Bellini (2008), aparece Asturias en esta novela como un &ldquo;creador m&aacute;gico de evanescencias&rdquo; (cap. I, p&aacute;rr. 20). Es para &eacute;l &ldquo;el sue&ntilde;o una necesidad imprescindible de la vida&rdquo; (cap. I, p&aacute;rr. 25).</p>
<p>Los elementos espirituales y religiosos importados por la civilizaci&oacute;n hisp&aacute;nica y [&hellip;] la presencia constante del demonio penetra las expresiones de la &eacute;poca colonial. Sustratos de creencias ind&iacute;genas afloran en las verdades de la nueva religi&oacute;n en una amalgama que se perpet&uacute;a en el tiempo bajo la forma de mito renovado. (cap. I, p&aacute;rr. 28)</p>
<p>Y en <em>El se&ntilde;or presidente</em>, el escritor guatemalteco presenta, seg&uacute;n Millares (2021), una nueva &ldquo;versi&oacute;n del infierno, un quevedesco mundo invertido dominado por las fuerzas del mal&rdquo; (p&aacute;rr. 8):</p>
<p>El viento y la luna son presencias muy significativas [&hellip;] en una novela arquet&iacute;pica que desde el ritmo encantatorio de la palabra participa en la inauguraci&oacute;n del realismo m&aacute;gico al tiempo que trasciende las coordenadas de su momento concreto para alcanzar un sentido universal. (p&aacute;rr. 10)</p>
<p>Son tambi&eacute;n relevantes como elementos del realismo m&aacute;gico el llamado &lsquo;tiempo eterno&rsquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> (Navas-Ruiz, 2021) y el uso de un narrador inmerso en la propia historia que cuenta como suya, pero que no aparece en ning&uacute;n hecho (Millares, 2021).</p>
<p>Milliani indica que con estas tres novelas: <em>&iexcl;Ecu&eacute;-Yamba-&Oacute;!</em>,&nbsp;<em>Las lanzas coloradas</em>&nbsp;y&nbsp;<em>El Se&ntilde;or Presidente</em> se transforma de forma sorprendente la narrativa hispanoamericana. &ldquo;En las tres se hallan delineados los rasgos que posteriormente se dar&iacute;an en llamar realismo m&aacute;gico&rdquo; (Milliani, 1987, p&aacute;rr. 21).</p>
<h1><strong>&nbsp;</strong></h1>
<h1><strong>Colof&oacute;n</strong></h1>
<p>El impacto del realismo m&aacute;gico fue relevante a partir de la incursi&oacute;n en el panorama narrativo mundial de las obras de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, finales de los a&ntilde;os 60, especialmente tras la publicaci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>. Pero el origen de sus elementos, as&iacute; como la propia expresi&oacute;n del concepto es muy anterior. La aplicaci&oacute;n de la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; cobr&oacute; inusitado despliegue y numerosos estudiosos, cr&iacute;ticos y escritores comenzaron a utilizarla, muchas de las veces sin profundizar en sus or&iacute;genes o intenciones, atendiendo a una significaci&oacute;n superficial, basada en la sonoridad o el brillo. Todo movimiento literario presenta derivaciones, con similitudes y diferencias, que provocan consideraciones dispares. El caso del &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; no escapa a esta afirmaci&oacute;n. Y dada su consolidaci&oacute;n y, por lo tanto, el aumento y profundizaci&oacute;n en su estudio, la documentaci&oacute;n m&aacute;s extensa revisada en este trabajo contiene investigaciones y explicaciones bastante alejadas en el tiempo del momento de creaci&oacute;n de esas novelas consideradas precursoras y publicadas en los a&ntilde;os 30.&nbsp;</p>
<p>Puede afirmarse que, con la investigaci&oacute;n realizada, se aprecia una visi&oacute;n de moda en la aplicaci&oacute;n del concepto, ya que se extiende m&aacute;s all&aacute; del hecho literario para identificar determinadas actuaciones o contenidos dentro de acciones publicitarias o comerciales por lo atractivo del t&eacute;rmino. Despu&eacute;s del impacto posterior a los a&ntilde;os 60, el &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se ha convertido en una acumulaci&oacute;n de herramientas que confieren una t&eacute;cnica narrativa, en una evoluci&oacute;n del concepto que lo rebaja de categor&iacute;a filol&oacute;gica, pero lo ampl&iacute;a en posibilidades de aplicaci&oacute;n; de aceptar esta mutaci&oacute;n, pasar&iacute;a de considerarse como el movimiento literario que fue en sus inicios para convertirse en una t&eacute;cnica literaria consistente en una bater&iacute;a de recursos e instrumentos que dotan de caracter&iacute;sticas identitarias a las obras en las que se se apliquen, tal como la cr&iacute;tica implica en autores ya muy posteriores y de gran repercusi&oacute;n, como Haruki Murakami, Mariana Enr&iacute;quez o Salman Rusdhie. Pero, no obstante, puede colegirse que gran parte de los elementos que contiene se tomaron de antecedentes en la literatura que nos llevan hasta los inicios de la lengua castellana (<em>Libro de Alexandre</em> y <em>Libro de Apolonio</em>), pasando por los libros de caballer&iacute;as, el Quijote, las f&aacute;bulas (de Iriarte y Samaniego) y los cuentos infantiles, es decir, en un amplio abanico de tiempo que supera con creces la osad&iacute;a de comentar que nacieron en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 30 del siglo pasado, o de los 60 incluso, con ese mundo tan propio que Garc&iacute;a M&aacute;rquez cre&oacute;.</p>
<p>Incluso se puede concluir el inter&eacute;s de la sugerencia de que los emigrantes gallegos quiz&aacute; llevaran sus historias hasta el continente americano para azuzar as&iacute; la creatividad con la idiosincrasia m&aacute;gica que les caracteriza. O tambi&eacute;n ese punto de fantas&iacute;a que supuso el impulso de las acciones de conquista en la colonizaci&oacute;n americana, buscando tesoros u otros poderes m&aacute;s all&aacute; de los metales preciosos, con la inspiraci&oacute;n de la fantas&iacute;a medieval que rodea los libros de caballer&iacute;as y sus mundos fant&aacute;sticos. De hecho, tal y como se desprende de esta investigaci&oacute;n, dichos antecedentes son detectables en las obras nombradas incipientes en la aplicaci&oacute;n del realismo m&aacute;gico.</p>
<p>Definir y concretar un movimiento literario probablemente necesite una mayor perspectiva que la obtenida en estos noventa a&ntilde;os transcurridos desde la &eacute;poca que presentan las novelas y los autores mencionados. Es necesario un poso mayor y un asentamiento de los estudios y de los an&aacute;lisis para llegar a observar los hechos literarios desde una mayor altura y obtener as&iacute; una visi&oacute;n m&aacute;s objetiva y totalizadora. Adem&aacute;s, teniendo en cuenta que esos noventa a&ntilde;os se reducen en m&aacute;s de treinta si consideramos el impacto del Boom a partir de la d&eacute;cada de los 60, como primera atenci&oacute;n masiva al &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;.</p>
<p>Los nuevos tiempos, la explosi&oacute;n de las tecnolog&iacute;as, la futilidad de las creaciones, el apasionamiento por la medici&oacute;n del &eacute;xito por valores econ&oacute;micos, llevan a la sociedad a admitir como mejor valor no el que m&aacute;s peso conceptual, intelectual o de pensamiento aporta, sino aquello que los medios de comunicaci&oacute;n divulgan por el mero hecho de conseguir atenci&oacute;n mayoritaria por el brillo y no por el contenido. La motivaci&oacute;n es conseguir mayor n&uacute;mero de espectadores/lectores que, directa o indirectamente por la publicidad, suponen mayor cantidad de ingresos econ&oacute;micos. La expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; posee un brillo maravilloso (como su origen) y es m&aacute;s que probable que ese brillo deslumbre y ciegue el contenido de m&aacute;s densidad y profundidad literaria, e incluso social, hist&oacute;rica o filos&oacute;fica.</p>
<p>Ese paso del tiempo, junto a la aproximaci&oacute;n m&aacute;s objetiva a las obras que dieron a los estudiosos esa visi&oacute;n conjunta para incluirlas en un mismo movimiento, es lo que proporcionar&aacute; el sedimento necesario para conseguir un resultado m&aacute;s ajustado a la realidad de las intenciones primigenias y no a las modas imperantes. Podemos alegrarnos de que esta expresi&oacute;n tan llamativa colabor&oacute; en la divulgaci&oacute;n de la creatividad y de la idiosincrasia de los autores del Boom latinoamericano que a&uacute;n sigue influyendo tan grandemente en sus seguidores.&nbsp;</p>
<p>Es aqu&iacute; interesante referenciar el previsto movimiento de tendencia opuesta que toda &eacute;poca presenta sobre el anterior y que, sobre el que nos ocupa se ha producido, a expensas de una mayor perspectiva en ida y vuelta, llamando ida a la corriente McOndo, que rechaz&oacute; al &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; por estereotipado, y llamando vuelta a una nueva generaci&oacute;n de escritoras espa&ntilde;olas, nacidas entre 1970 y 1990 que elevan su mirada a aquellos cielos m&aacute;gico/fant&aacute;stico/maravillosos y son premiadas por sus creaciones (Isabel del R&iacute;o, Noela Lonxe, Bel&eacute;n Mart&iacute;nez, Patricia Esteban Erl&eacute;s, M&oacute;nica L&oacute;pez del Consuelo, Eva Gavil&aacute;n, entre otras).</p>
<p>Convengamos, entonces, que quedan v&iacute;as de exploraci&oacute;n para profundizar en los contenidos, e impactos que, nacidos en aquellos a&ntilde;os 30 del siglo pasado, enriquecieron al mundo art&iacute;stico, intelectual, hist&oacute;rico y filos&oacute;fico. Se trata de aguardar con paciencia y observaci&oacute;n profunda la evoluci&oacute;n de las obras literarias que apliquen esos elementos.&nbsp;</p>
<p class="Ttulo1sinnumerar">&nbsp;</p>
<p>Referencias bibliogr&aacute;ficas</p>
<p>Alfaro, Jos&eacute; Mar&iacute;a. 1975. Di&aacute;logo con &Aacute;lvaro Cunqueiro. <em>Ciclo Literatura Viva, canal March</em> <a href="https://www.march.es/es/madrid/conferencia/literatura-viva-iii-dialogo-con-alvaro-cunqueiro">https://www.march.es/es/madrid/conferencia/literatura-viva-iii-dialogo-con-alvaro-cunqueiro</a></p>
<p align="left">Aparicio, Yannelys (2020). Col&oacute;n en Carpentier y Carpentier en Col&oacute;n: El arpa y la sombra, <em>Hipogrifo 9.1, </em>pp. 1077-1087 <a href="http://dx.doi.org/10.13035/H.2021.09.01.60">http://dx.doi.org/10.13035/H.2021.09.01.60</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Asturias, Miguel A., 1931, En la tiniebla del ca&ntilde;averal, <em>Revista Im&aacute;n</em>, pp. 116-122</p>
<p><a href="https://hemerotecadigital.bne.es/hd/eu/pdf?id=05740cc7-6ba1-484c-8c45-38ade51a632b&amp;attachment=Im%C3%A1n+%28Paris%29.+4%2F1931%2C+zk.+1.pdf">https://hemerotecadigital.bne.es/hd/eu/pdf?id=05740cc7-6ba1-484c-8c45-38ade51a632b&amp;attachment=Im%C3%A1n+%28Paris%29.+4%2F1931%2C+zk.+1.pdf</a></p>
<p>Bellini, Giuseppe (2008). Mundo m&aacute;gico y mundo real: la narrativa de Miguel &Aacute;ngel Asturias Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcqv414">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcqv414</a></p>
<p>Blanco Serrano Esther y Rodr&iacute;guez Aguilar, Mario Eugenio (2010). Una nueva visi&oacute;n de la novela prima de Alejo Carpentier: estudio del espacio literario. <em>Revista electr&oacute;nica de Filolog&iacute;a</em>, n&uacute;mero 19, julio 2010</p>
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<p>De la Puente Samaniego, Pilar (1991). La novela fant&aacute;stica espa&ntilde;ola (1940-70). <em>Revista de Pedagog&iacute;a de la Universidad de Salamanca, nro.4</em>, pp. 9-14</p>
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<p><a href="https://www.eluniverso.com/entretenimiento/libros/recomendacion-literaria-las-lanzas-coloradas-de-arturo-uslar-pietri-un-canto-que-denuncia-el-absurdo-de-la-guerra-nota/">https://www.eluniverso.com/entretenimiento/libros/recomendacion-literaria-las-lanzas-coloradas-de-arturo-uslar-pietri-un-canto-que-denuncia-el-absurdo-de-la-guerra-nota/</a> (consultado 03/06/2024)</p>
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<p>Gonz&aacute;lez Maestro, Jes&uacute;s (1990). Lo fant&aacute;stico y lo maravilloso en la cueva de Montesinos, <em>Actas del III Coloquio Internacional de la Asociaci&oacute;n de Cervantistas, </em>Alcal&aacute; y Barcelona: Antrophos (1994) "Cervantes y Avellaneda. Creaci&oacute;n y transducci&oacute;n del sentido en la elaboraci&oacute;n del Quijote", <em>Cervantes. Estudios en la v&iacute;spera de su centenario</em>, I, Kassel: Reichenberger, pp. 309-341.</p>
<p>Kofman, Andrey (2015) Las fuentes del realismo m&aacute;gico en la literatura latinoamericana, <em>Revista La Colmena 85</em>, pp. 9-17</p>
<p>Lara, Emilio (2021). El realismo m&aacute;gico habita entre nosotros. <em>Revista digital Zenda</em>, <a href="https://www.zendalibros.com/el-realismo-magico-habita-entre-nosotros/">https://www.zendalibros.com/el-realismo-magico-habita-entre-nosotros/</a></p>
<p>(consultado 20/04/2024)</p>
<p>Mart&iacute;nez, Francisco (2014) Miguel &Aacute;ngel Asturias, precursor del realismo m&aacute;gico.&nbsp; <em>Revista digital Prensa libre</em>. 19/10/2014</p>
<p><a href="https://www.prensalibre.com/revista-d/miguel-angel-asturias-premio-nobel-guatemala-0-1229877261/">https://www.prensalibre.com/revista-d/miguel-angel-asturias-premio-nobel-guatemala-0-1229877261/</a> (consultado 03/06/2024)</p>
<p>Merino, Jos&eacute; Mar&iacute;a (2009). Reflexiones sobre la literatura fant&aacute;stica en Espa&ntilde;a, <em>Ensayos sobre ciencia ficci&oacute;n y literatura fant&aacute;stica: actas del Primer Congreso Internacional de literatura fant&aacute;stica y ciencia ficci&oacute;n (1, 2008, Madrid)</em>. Teresa L&oacute;pez Pellisa y Fernando &Aacute;ngel Moreno Serrano (eds.). Madrid: Asociaci&oacute;n Cultural Xatafi: Universidad Carlos III de Madrid, p. 55-64</p>
<p>Miampika, Landry-Wilfrid (1997). Ficci&oacute;n y mitos de origen africano en Ecue-Yamba-O! y El reino de este mundo. <em>EHSA</em>, nro.15, julio/diciembre 1997, pp. 309-328</p>
<p>Millares, Selena (2021). Los sue&ntilde;os de la raz&oacute;n: El Se&ntilde;or Presidente, mito y par&aacute;bola del poder absoluto. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1053124">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1053124</a></p>
<p>Milliani, Domingo (1987) Biograf&iacute;a de Arturo Uslar Pietri. Biblioteca virtual M. de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/portales/arturo_uslar_pietri/autor_biografia/">https://www.cervantesvirtual.com/portales/arturo_uslar_pietri/autor_biografia/</a></p>
<p>Molina, Luis (2022) Similitud entre lo real maravilloso y el realismo m&aacute;gico.&nbsp; <em>Entrevista a Arturo Uslar Pietri</em>. YouTube. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=0Zliv04AOzY">https://www.youtube.com/watch?v=0Zliv04AOzY</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Moure, Edmundo (2012). Valle Incl&aacute;n y el realismo m&aacute;gico.</p>
<p><a href="https://edmundomoure.cl/realismomagico.pdf">https://edmundomoure.cl/realismomagico.pdf</a></p>
<p align="left">M&uuml;ller-L&oacute;pez, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles (2004). Parodia de la literatura taumat&uacute;rgica en &Aacute;lvaro Cunqueiro con Merl&iacute;n y familia, Las cr&oacute;nicas del sochantre y Vida y fugas de Fanto Fantini como paradigmas. <em>Disertaci&oacute;n en la Facultad de Filosof&iacute;a e Historia de la Universidad de Berna. </em><a href="https://biblio.unibe.ch/download/eldiss/04mueller_m.pdf">https://biblio.unibe.ch/download/eldiss/04mueller_m.pdf</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Navas-Ruiz, Ricardo (2021). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1078636">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1078636</a></p>
<p>Nomo Ngamba, Monique (2016). El Realismo M&aacute;gico y lo Real Maravilloso: dos visiones de la literatura postcolonial. <em>Intercambio/&Eacute;change I</em>, pp. 106-126</p>
<p><a href="https://doi.org/10.21001/ie.2016.1.09">https://doi.org/10.21001/ie.2016.1.09</a></p>
<p><a href="https://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/isaac-otero/ecue-yamba-0-magia-novela-alejo-carpentier/20200413120423099044.html">https://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/isaac-otero/ecue-yamba-0-magia-novela-alejo-carpentier/20200413120423099044.html</a> (consultado 03/06/2024)</p>
<p>Pialorsi, Massimilla (2014). Ra&iacute;ces culturales del &ldquo;Realismo M&aacute;gico&rdquo; de &Aacute;lvaro Cunqueiro. <em>Revista electr&oacute;nica de estudios hisp&aacute;nicos, nro. 15</em>, pp. 5-16</p>
<p>Rodr&iacute;guez, Lidia (2006). Consideraciones te&oacute;ricas: el realismo m&aacute;gico y la ciencia ficci&oacute;n, <em>Hybrido, arte y literatura, a&ntilde;o 8, n&ordm; 8</em>, pp. 39-43</p>
<p><a href="https://doi.org/10.14201/1616202212251273">https://doi.org/10.14201/1616202212251273</a>&nbsp;</p>
<p>Segura, Gast&oacute;n (2016). El se&ntilde;or presidente, de Miguel &Aacute;ngel Asturias, cumple setenta a&ntilde;os, <em>Fronterad, Revista digital</em></p>
<p><a href="https://www.fronterad.com/el-senor-presidente-de-miguel-angel-asturias-cumple-setenta-anos/">https://www.fronterad.com/el-senor-presidente-de-miguel-angel-asturias-cumple-setenta-anos/</a></p>
<p>Todorov, Tzvetan (1980). Introducci&oacute;n a la literatura fant&aacute;stica. Premia Editores<em></em></p>
<p>Volek, Emil (1991). Hacia un concepto cultura postmoderno del realismo m&aacute;gico en la narrativa hispanoamericana actual, <em>Publications of the society of Spanisk and Spanish- American Studies, Anejo Anales de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea</em>, pp.235-243</p>
<p>Volkova, Ekaterina (2018). Lo que el viento trajo: el realismo m&aacute;gico en Galicia. Madrygal. <em>Revista de Estudios Gallegos, nro. 21</em>, pp. 273-287</p>
<p><a href="http://dx.doi.org/10.5209/MADR.62604">http://dx.doi.org/10.5209/MADR.62604</a></p>
<p class="Ttulo1sinnumerar">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> La revista Im&aacute;n fue editada y financiada por Elvira de Alvear, argentina musa de Borges, instalada en Par&iacute;s en ese a&ntilde;o de 1931, con Alejo Carpentier de secretario de redacci&oacute;n, y aglutin&oacute;, en su &uacute;nico n&uacute;mero publicado, a escritores de varias nacionalidades, entre ellos los tres latinoamericanos citados, y de Miguel &Aacute;ngel Asturias incluye un extracto in&eacute;dito, el cap&iacute;tulo titulado En la tiniebla del ca&ntilde;averal (Asturias, 1931, p. 116-122). de su novela <em>Hombres de ma&iacute;z</em>. Finalmente, ese cap&iacute;tulo se titul&oacute; En las tinieblas de ca&ntilde;averal (Segura, 2016).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> Ver nota al pie 1, donde se informa del anticipo de esta novela en 1931 en dos revistas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref3">[3]</a> Seg&uacute;n explica Navas-Ruiz (2021), este concepto se crea por Asturias con el objetivo de generar una sensaci&oacute;n de difusi&oacute;n del tiempo en la narraci&oacute;n para expresar indefinici&oacute;n de fechas y lapsos que introduzcan el terror de la dictadura, con la impresi&oacute;n de que nunca va a terminar.</p>
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      <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 08:18:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Política y ciencia cien años después de Max Weber]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/politica-y-ciencia-cien-anos-despues-de-max-weber/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GOIO_BORGE_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Durante los a&ntilde;os de duraci&oacute;n de la pandemia del coronavirus, los habitantes del planeta tuvimos el raro &ldquo;privilegio&rdquo; de ver y comprobar y necesitar la influencia de la ciencia en nuestras vidas en tiempo real y en un primer plano absoluto. Hasta entonces no estaba oculta, pero probablemente d&aacute;bamos por amortizados grandes avances cient&iacute;ficos y su traducci&oacute;n tecnol&oacute;gica sin demasiada consciencia de ello (ciencia y tecnolog&iacute;a son tambi&eacute;n usar un ascensor, graduarse la vista, o enviar un mensaje de WhatsApp).</p>
<p>Exist&iacute;a, y por supuesto a&uacute;n lo hace de manera aguda, la discusi&oacute;n recurrente sobre el fundamento antropog&eacute;nico del cambio clim&aacute;tico, aunque desde la ciencia se considera m&aacute;s batalla cultural que realmente cient&iacute;fica. El cambio clim&aacute;tico, no obstante, se manifiesta en episodios en principio puntuales, cuya violencia y destrucci&oacute;n van en aumento progresivo, pero cuya continuidad es menos presente y global que la que mostr&oacute; la experiencia de la pandemia. No as&iacute; sus consecuencias, cuya persistencia muestra la reciente y terror&iacute;fica DANA de Valencia. En cualquier caso, los doscientos a&ntilde;os de avances cient&iacute;ficos prodigiosos que lleva la historia reciente de la humanidad, y nuestra poca memoria para recordar errores, han otorgado un aura religiosa por parte de la sociedad a la ciencia, suponi&eacute;ndole una infalibilidad que ni tiene ni debe tener, pues ser&iacute;a su final y perder&iacute;a su eficacia al negar su naturaleza dubitativa verdadera. Pero, desgraciadamente, invocar a la ciencia como dogma es frecuente, para hablar de clima, de salud, de sexo/g&eacute;nero, u otros temas.</p>
<p><em>La mala ciencia</em> es el t&iacute;tulo de un libro escrito por el m&eacute;dico Ben Goldacre en 2008 dedicado al uso espurio de los t&eacute;rminos y pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. El libro lamenta el escaso conocimiento del m&eacute;todo cient&iacute;fico por parte de la sociedad y subraya que esta ignorancia tiene consecuencias concretas en decisiones que afectan a la vida de las personas. Goldacre estudia los grandes negocios relacionados con la salud, alrededor de la cual se publican a&uacute;n hoy la mayor&iacute;a de art&iacute;culos cient&iacute;ficos de alcance general. Habla y desacredita con ejemplos bibliogr&aacute;ficos abundantes los resultados de los productos que la homeopat&iacute;a y el nutricionismo hacen llegar al p&uacute;blico. Tambi&eacute;n denuncia la incultura cient&iacute;fica pretenciosa e interesada de muchos medios de comunicaci&oacute;n, cuyo lenguaje de comunicaci&oacute;n no es el de la ciencia. Pero, adem&aacute;s, partiendo de la perversi&oacute;n del m&eacute;todo cient&iacute;fico que hacen estas pseudociencias para un lector lego pero abrumado por los medios, presenta tambi&eacute;n los intereses y errores de la pr&aacute;ctica de la medicina y la farmac&eacute;utica oficiales, a las que Goldacre reprocha que demasiado a menudo se apartan tambi&eacute;n del rigor del m&eacute;todo cient&iacute;fico en favor de valores econ&oacute;micos. En algunos casos su juicio es feroz, lo que puede ser poco eficaz, puesto que linda con la arrogancia de la que las personas desconfiadas de la ciencia acusan a la misma.</p>
<p>La ciencia parece jugar en una absurda inferioridad de condiciones en este debate. Frente a estas acusaciones de arrogancia o absolutismo cient&iacute;fico, la ciencia y su m&eacute;todo por defecto son humildes, porque se basan en la duda sobre la ciencia anterior establecida y en la realizaci&oacute;n de nuevos experimentos que permitan provocar la realidad y comprobar sus respuestas para establecer conclusiones. Frente al elitismo del que se acusa a los cient&iacute;ficos, estos saben -o deber&iacute;an- que todas sus hip&oacute;tesis s&oacute;lo ser&aacute;n aceptables mientras no aparezca quien explique mejor sus resultados, y saben -o deber&iacute;an- que eso le ha pasado a Newton o a Einstein, por lo que no deben hacerse muchas ilusiones, aunque su orgullo humano les venza. Por su lado, parece haber correlaci&oacute;n entre el desarrollo econ&oacute;mico y el cient&iacute;fico, y tambi&eacute;n entre los sistemas cient&iacute;ficos avanzados y las democracias consolidadas, aunque, a juicio del exdirector de la C&aacute;tedra de Cultura Cient&iacute;fica de la Universidad del Pa&iacute;s Vasco, Juan Ignacio P&eacute;rez Iglesias, el reciente desarrollo cient&iacute;fico de China introduce aqu&iacute; una duda. Este autor, en su <em>Los males de la ciencia</em> (coescrito con Joaqu&iacute;n Sevilla) destaca otras deficiencias del modelo de desarrollo actual de las disciplinas cient&iacute;ficas, como las desigualdades de g&eacute;nero y raciales para acceder a los puestos superiores. Pero, por otro lado, tal y como el fil&oacute;sofo Daniel Innerarity ha defendido en varios medios, se ha producido un empoderamiento del ciudadano frente a la ciencia, gracias a una mayor educaci&oacute;n y el enorme acceso actual a la informaci&oacute;n en red. Su planteamiento es que no puede hacerse ya ciencia sin la ciudadan&iacute;a.</p>
<p>Pero, independientemente de esta realidad, relacionada tambi&eacute;n con la transparencia presupuestaria de una actividad generalmente financiada con fondos p&uacute;blicos, las personas de ciencia ya saben que &eacute;sta no tiene nunca un car&aacute;cter divino ontol&oacute;gico definitivo. La pandemia fue un excelente ejemplo: la ciencia logr&oacute; hitos dificil&iacute;simos, siendo el mayor el desarrollo y distribuci&oacute;n de vacunas complejas en tiempo r&eacute;cord. Pero tambi&eacute;n dej&oacute; errores, como la previsi&oacute;n de inmunidad de reba&ntilde;o (que no funcion&oacute; y tuvo consecuencias terribles en algunos pa&iacute;ses en la primera ola), o la insistencia en la persistencia de los f&oacute;mites. No obstante, no son errores debidos a la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo cient&iacute;fico, sino a la falta de definici&oacute;n de las condiciones de contorno de un virus desarrollado a una escala global y veloc&iacute;sima como el SARS-CoV-2. Sin conocimiento del m&eacute;todo cient&iacute;fico, con desprecio judicial por ejemplo hacia los epidemi&oacute;logos, es explicable que el discurso negacionista tuviera p&uacute;blico, y que, enviciando las relaciones entre las ciencias llamadas naturales y las llamadas sociales, se hablara de absolutismo cient&iacute;fico. &iquest;La ciencia absolutista, cual gobierno tir&aacute;nico que oprime al pueblo, en contra de la evidencia hist&oacute;rica arriba mencionada sobre la relaci&oacute;n entre ciencia y democracia? Pienso que no, que nada m&aacute;s alejado de ello que la ciencia, necesitada profundamente del relativismo que permite abandonar teor&iacute;as implantadas por mejores postulados, aquellos que explican una mayor proporci&oacute;n de realidad.</p>
<p>Para muchos cient&iacute;ficos la afirmaci&oacute;n no es sino sard&oacute;nica, considerando los problemas actuales de la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica, como la exigencia de productividad publicadora o la precariedad profesional. Pero es tambi&eacute;n corta de miras&hellip; Pongamos un contraejemplo astron&oacute;mico: en su libro <em>Un Universo de la Nada</em>, el f&iacute;sico te&oacute;rico Lawrence M. Krauss comenta que, debido a la expansi&oacute;n del universo, estamos en el &uacute;nico momento de la existencia del mismo en que se puede recoger y registrar la informaci&oacute;n necesaria para &ldquo;ver&rdquo; (o percibir) el universo desde el momento del big bang y poder predecir precisamente su expansi&oacute;n. Si la vida y la especie humana hubieran surgido en la Tierra en otro momento de la existencia del universo, determinada informaci&oacute;n imprescindible para alcanzar estas conclusiones no nos habr&iacute;a llegado. Es decir, es un azar c&oacute;smico lo que permite que sepamos algo a priori tan trascendental como el momento del origen del universo, algo a lo que hemos dado una relevancia m&aacute;xima en nuestra historia. No se trata ya de provocar la realidad con la experimentaci&oacute;n, o de que dispongamos de mejor tecnolog&iacute;a: en otro momento, las se&ntilde;ales que permiten deducir la creaci&oacute;n y duraci&oacute;n del Universo no existir&iacute;an. S&oacute;lo imaginarlo aplasta cualquier arrogancia humana sobre la capacidad de conocimiento absoluto.</p>
<p>Otra cuesti&oacute;n de todos modos supera al desconocimiento de factores puramente t&eacute;cnicos, y se comprobaron en la pandemia y recientemente en la DANA, y en ambos de manera dolorosa: las necesidades de gesti&oacute;n pol&iacute;tica. La pandemia oblig&oacute; a una interacci&oacute;n diaria de la ciencia con la pol&iacute;tica, cuando la suya es en general una relaci&oacute;n m&aacute;s distante. Las necesidades de seguridad del mundo, a&uacute;n m&aacute;s exacerbadas, llevaron a imponer criterios que la ciencia no hab&iacute;a podido demostrar de acuerdo a su m&eacute;todo estructurado y comparativo. En la primera ola algunos fueron evidentes: se opt&oacute; por confinamiento masivo en pa&iacute;ses de contagio severo y escasez de tests de detecci&oacute;n del virus, mientras que all&iacute; donde el n&uacute;mero de tests era mayor las pol&iacute;ticas fueron menos restrictivas. En la etapa final de la pandemia, el mantenimiento de las pol&iacute;ticas de Covid cero del gobierno chino, y su posterior brusca finalizaci&oacute;n a finales de 2022 ante las protestas continuadas, ejemplific&oacute; el ninguneo del poder a las evidencias cient&iacute;ficas, incluso gozando del caso demostrado durante meses en otros pa&iacute;ses. Pero no es necesario irse a China para ejemplos flagrantes de desatenci&oacute;n del criterio cient&iacute;fico por decisiones pol&iacute;ticas err&oacute;neas: el alejamiento del accidentado petrolero Prestige de la costa gallega a finales de 2002, en lugar de acercarlo a un puerto seguro y controlado, es un ejemplo hist&oacute;rico paradigm&aacute;tico. Al episodio de la DANA de Valencia tambi&eacute;n se le ven costuras similares: los avisos realizados desde d&iacute;as antes no fueron atendidos, y, aunque los hechos sucedieron con una velocidad vertiginosa, todo parece indicar que bajo la aparente desidia de las autoridades encargadas de realizar llamamientos de seguridad a la poblaci&oacute;n se escond&iacute;a una indiferencia profunda a las previsiones cient&iacute;ficas, de continuo despreciadas en medios de comunicaci&oacute;n y discursos pol&iacute;ticos que consideran <em>woke</em> las acciones mitigadoras o adaptativas del cambio clim&aacute;tico.</p>
<p>Es inevitable recordar al soci&oacute;logo Max Weber y su cl&aacute;sico <em>El pol&iacute;tico y el cient&iacute;fico</em>, publicado en 1919, donde reconoce que ambas disciplinas son profundamente vocacionales pero que trabajan en ritmos diferentes. Para Weber es m&aacute;s f&aacute;cil definir las virtudes necesarias para ejercer bien la pol&iacute;tica (pasi&oacute;n, responsabilidad, mesura, humildad), pero no menciona esta &uacute;ltima entre los atributos que adornan la vocaci&oacute;n cient&iacute;fica. En la pol&iacute;tica se es persona de acci&oacute;n, que ha de ser con frecuencia inmediata. Esto no combina bien con la ciencia, que requiere estudio, pero la posesi&oacute;n del saber objetivo que proporciona la paciente ciencia es beneficiosa para que la necesitada pol&iacute;tica proponga e imponga la acci&oacute;n m&aacute;s razonable. Sin duda esta idea es a&uacute;n preponderante, pero la radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica la tensiona.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 08:03:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida es una montaña rusa en la que acabas cayendo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-es-una-montana-rusa-en-la-que-acabas-cayendo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PALOMA_D_AZ-MAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La escritora espera en la llamada una sola frase: &ldquo;Estamos aqu&iacute;, los dos&rdquo;. Ella quer&iacute;a que su hermana, su querida hermana, verbalizara aquellas cuatro palabras. Un primer cap&iacute;tulo impresionante, doloroso, que captura una muerta blanca y aislada. La escritora Paloma D&iacute;az-Mas recorre los distintos estadios emocionales y f&iacute;sicos para encontrar una manera de narrar la noticia del fallecimiento de su hermano. En un espacio agreste en lo metereol&oacute;gico, la distancia abrumadora, se construye el presente, uno que no termina, uno que busca sea irreal, un sue&ntilde;o de muerte. Gritos: &ldquo;Mi hermano est&aacute; muerto&rdquo;. No dice, mi hermano ha muerto. Busca despertar de la pesadilla, construir un duelo de cuatrocientos kil&oacute;metros, de doscientas p&aacute;ginas, a trav&eacute;s de una ciudad colapsada, de l&iacute;neas de tel&eacute;fono ahogadas, de mascotas ajadas. El hielo y el fr&iacute;o son los sabores que ofrece la muerte. Paloma D&iacute;az-Mas escribe despu&eacute;s de la pandemia, escribe una novela disonante, permanente, tangible. Es la ausencia el &uacute;nico protagonista y, el resto de las voces, simplemente ejercen de coro. La literatura durante el encierro del COVID se paraliz&oacute;. Solo se acumularon amagos de diarios, dietarios imperfectos ante el temor de que, pasada la crisis, el mundo no tendr&iacute;a ni el mismo sentido. Cuando el escritor descubre que las estructuras no han colapsado, que todo sigue igual, recupera lo escrito. Esta novela, de muerte y ausencia, es parte de esa terrible ola que nos inunda, que nos cubrir&aacute; durante un tiempo. Emociona como maneja los paralelismos, el taxi con la amiga, como si moverse bajo la ventisca terrible otorgara una mayor emoci&oacute;n, un cari&ntilde;o especial, como la sencillez de la mujer del servicio de emergencias que acude para ser un referente objetivo en aquel instante infernal. La guardia civil y el cad&aacute;ver, la guardia civil y la mujer que llora. La guardia civil as&eacute;ptica y correcta. Fr&iacute;o y silencio, como la muerte, como la ausencia. Porque la escritora deja claro que del apartamento de su hermano se ha marchado tambi&eacute;n la muerte, ha dejado el ordenador en modo reposo y, sin clave, sin hermano, no hay desbloqueo. Es la lista, el enunciado de la propia benem&eacute;rita, la que nos describe al finado: dos gatos, cat&aacute;logos de arte, un taller de encuadernaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Mascarillas, ni besos ni abrazos. El cari&ntilde;o queda para cuando el hielo se derrita, se marche del interior del esqueleto de sus hermanas, donde el tu&eacute;tano se neg&oacute; a proteger el recuerdo. De fuera llegar&aacute; el hombre de la funeraria, tambi&eacute;n, a las cuatro de la ma&ntilde;ana, prudente y sin rencor. Agn&oacute;stico del dolor, parece sacado de una pel&iacute;cula de ciencia-ficci&oacute;n. La muerte es caoba que se quema y olvida. El hombre desea volver a su casa. Sus hijos son el reflejo del fuego, del calor. Dejar&aacute; a las hermanas, a los amigos, dejar&aacute; tambi&eacute;n, como el muerto, a todos los que quer&iacute;an solos, entre el fr&iacute;o. Y es as&iacute; que se construye el primer acto, el m&aacute;s importante de la novela de Paloma D&iacute;az-Mas, pues en &eacute;l se desarrolla muerte y descubrimiento, espera y velatorio, una muerte que atraer&aacute; otras muertes o el recuerdo de ellas. Tanta tristeza y enfermedad acumulada por la sociedad y, ahora, hoy, en un brote sin aviso, un hermano fallece. Pero ah&iacute; sigue el miedo, en esos meses de ojos lega&ntilde;osos, incapaces de abortar el miedo a la tos y la fiebre, donde se creaban c&iacute;rculos as&eacute;pticos para poder compartir la distancia. Un abrazo de hermanas, locas de dolor, obviando la paranoia de la doble mascarilla. Ella, s&iacute;, la autora, vencer&aacute; el miedo, porque, repito, no hay peor recuerdo que una muestra de cari&ntilde;o perdida en el desag&uuml;e de la prudencia.&nbsp;</p>
<p>Un interludio que parece una f&aacute;bula. Carpinter&iacute;a dorada, un momento de oriente elegante, cer&aacute;mica, Jap&oacute;n, China, el momento de una belleza restaurada que supera la original. Una frase: &ldquo;Con tiempo todo acaba quebr&aacute;ndose / todo se rompe y deteriora. No hay que urgir las fracturas que, de todas formas, llegan&rdquo;. La novela, las fases del duelo, todo avanza: una tercera parte, &lsquo;Fragmentos&rsquo;, en las que se incide en la b&uacute;squeda de la pesadilla como soluci&oacute;n a la realidad terror&iacute;fica. Marcar en el m&oacute;vil el n&uacute;mero de su hermano, un n&uacute;mero fantasmal e in&uacute;til, &iquest;Qui&eacute;n nos apagar&aacute;, qui&eacute;n borrar&aacute; nuestro reguero digital? Seremos electrones golpeando en las esquinas virtuales durante d&eacute;cadas, mucho despu&eacute;s de que la &uacute;ltima persona que nos conoci&oacute; haya fallecido. Pero no borramos el contacto, no lo borra su hermana. Conserva audios, fotos, frases de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea. Cotidianas y mon&oacute;tonas, sencillos avisos. Porque s&iacute;, la &uacute;ltima muerte es el olvido. La felicitaci&oacute;n del A&ntilde;o nuevo, los d&iacute;as despu&eacute;s de muerto. La vida que se apaga de una manera brusca y callada, como un interruptor que alguien acciona al entrar o al salir de una habitaci&oacute;n. Una muerte imprecisa. As&iacute; son las de los hermanos. &iquest;De qu&eacute; hab&iacute;an hablado por &uacute;ltima vez? &iquest;Del tiempo? Vivimos a veces tan lejos unos de otros que nuestras vidas vulgares nos abocan al silencio. Solo interrumpimos en la vida de nuestros familiares para comunicar grandes noticias, terribles hechos, enfermedades, dolores, riquezas, comienzos y finales. &iquest;Y el d&iacute;a a d&iacute;a? Todo igual, siempre. En la novela queda clara la dualidad frente a esta sensaci&oacute;n. Perder el compromiso con lo cotidiano de nuestros hermanos a cambio de no importunarnos en nuestras vidas poco profundas. Solo lo malo o lo muy malo queda. El doble <em>check</em>, perd&oacute;n por el anglicismo, la doble marca azul. No contestas, no respondes. La paranoia de los meses siguientes. Las dos hermanas se controlan, se azuzan, quieren, como en un extra&ntilde;o sistema industrial, estar al tanto de las constantes vitales de la otra. &iquest;Cu&aacute;nto durar&aacute; ese impertinente seguimiento? Buena pregunta. Cuando el dolor d&eacute; paso a la rutina, cuando puedas dormir sin qu&iacute;mica, cuando ya no haga un a&ntilde;o de cada cosa. Las cosas que hacemos por &uacute;ltima vez, estar juntos, fotografiarnos&hellip; el momento en el que la autora, escritora, trasunto o protagonista, reconstruye las &uacute;ltimas horas de su hermano, con precisi&oacute;n narrativa, los detalles de la soledad. &iquest;Vivimos vidas resumidas? Volvemos a la justicia de la muerte. Solo vale aquella que cumple muy exigentes condiciones. Esas que se hacen llamar &lsquo;Ley de vida&rsquo;: padres, ancianos, enfermos, gente con mala vida. Duelen, pero as&iacute; son las cosas. Un hermano peque&ntilde;o, m&aacute;s joven, no es posible. Se reparten los esquejes del hermano. La vida es un tobog&aacute;n de sentimientos en que nada es recto, una monta&ntilde;a rusa en la que acabas cayendo. &iquest;Qui&eacute;nes fueron sus amigos?, &iquest;querr&aacute;n sus cosas? Tras el reparto, el &uacute;ltimo acto, el final. El cambio cualitativo. Pasar de &ldquo;Nuestro hermano ha muerto&rdquo; a &ldquo;Nuestro hermano muri&oacute; en enero de 2021&rdquo;. Cuando llegan los aniversarios. Cuando aparecen los muertos en sue&ntilde;os y es una alegr&iacute;a al despertarse. La rabia nos hace ver gente vida que desear&iacute;amos intercambiar por nuestro hermano, como cromos macabros. Es, como dice la autora: &ldquo;Cuya muerte fue una especie de transgresi&oacute;n brutal&rdquo;. S&iacute;, claro, de la &lsquo;Ley de vida&rsquo;. La novela &lsquo;Las fracturas doradas&rsquo; de Paloma D&iacute;az-Mas se traslada hasta la IV parte, la restauraci&oacute;n. Recuperan para la vida la casa del hermano: &ldquo;La casa donde nuestro hermano muri&oacute;, ya que no podemos decir que vivi&oacute;. Podemos decirlo, pero &eacute;l no fue a un hospital. Muri&oacute; all&iacute;&rdquo;. Paredes conocidas y frecuentadas, donde la naturaleza instaura el lugar de un crimen. Cosas, libros, talleres, ropas incluso&hellip; amigos, instituciones, bibliotecas. Su hermano guarda las obras de la autora. Todos sus libros, incluso los primeros, los de adolescencia. Un ejemplar que val&iacute;a para toda la familia y su hermano fue el que se lo qued&oacute;. Fotos, fotos reales, fotos herm&eacute;ticas, de desconocidos, de lugares, de proyectos. De nuevo la casa se habita -la hermana se la queda-, y una nevada hace su entrada. Ya no hace da&ntilde;o. Se ha restaurado la vida. Incluso el final, con el marido de Paloma enfermo del virus, cuando el virus ya no es sin&oacute;nimo de miedo y muerte, implica un salto social, emocional, familiar, absolutamente cualitativo. El final, la quinta parte, las fracturas doradas, sirve de despedida y explicaci&oacute;n, de g&eacute;nesis y respeto. Una carpeta que permanece siempre a la vista, con los fragmentos de la historia. Un caj&oacute;n, un port&aacute;til, siempre ah&iacute;&hellip; hasta que la historia, la novela, ya no causa dolor a los que la escriben, la viven, es un duelo terminado que se comunica y se deja llevar, que se nos ofrece a los lectores. Como ese taz&oacute;n que alcanza su belleza, una belleza diferente, al ser restaurado.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paloma D&iacute;az-Mas, <em>Las fracturas doradas</em>, Barcelona, Anagrama, 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Feb 2025 14:08:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una geografía familiar diferente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-geografia-familiar-diferente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAMIRO_GAIR_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El poeta Ramiro Gair&iacute;n (Zaragoza, 1980) obtuvo Premio Ciudad de Salamanca 2024 con este <em>Carreteras que brillan en el bosque</em>, un recorrido sentimental por sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, tanto vitales como literarios, fuera de su Zaragoza natal, en la construcci&oacute;n de una carrera profesional y vital alejado del asfalto y los sonidos de la ciudad. Despu&eacute;s de una serie de notables libros como <em>Que caiga el favorito</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2011), <em>Aguanieve</em> (Isla de Siltol&aacute;, Sevilla, 2015), <em>Lar</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016), <em>Llegar aqu&iacute;</em> (Vers&aacute;tiles, Huelva, 2020), <em>La ciudad que no somos</em> (Polibea, Madrid, 2020) o <em>Tiempo de frutos</em> (Piezas Azules, Madrid, 2022), con este alcanza una madurez literaria, m&aacute;s all&aacute; del reconocimiento medi&aacute;tico.&nbsp;</p>
<p>Bajo el auspicio de las palabras de Louise Gl&uuml;ck, Ramiro Gair&iacute;n, veterano poeta, padre primerizo, describe con precisi&oacute;n sensorial y cualitativa su huida, su b&uacute;squeda de la pereza que emana la naturaleza en forma de paz: &ldquo;A veces la ciudad / solo tiene fatigas / para sus hijos pr&oacute;digos&ldquo;. Construye su libro: primera piedra &ldquo;Merecer los top&oacute;nimos&rdquo;, donde resume la b&uacute;squeda de posesi&oacute;n de un espacio; salir del alquitr&aacute;n, ofrecer pureza: &ldquo;En las cumbres, / rocas y huecos para el blanco&rdquo;. Avistar el presente como un aciano agotado, una mujer madura: &ldquo;La mareas que fueron / antes mucho m&aacute;s que estos montes/entregan todav&iacute;a en cada puerta / los restos repetidos de naufragios/semillas infecundas, / heridas para siempre palpitantes&rdquo;. El poeta sale de la ciudad y se asoma a las estaciones cambiantes que reinan en su refugio, escapado, fortificado, la nueva felicidad que adquiere va asociada a un aroma desconocido: &ldquo;Le han crecido tent&aacute;culos/al cielo negro sobre el valle/vienen de la ciudad, y a&uacute;n m&aacute;s lejos:/dicen que el monstruo naci&oacute; seco/en las regiones donde el sur se dobla&rdquo;. Las palabras de otros sirven de luz, de gu&iacute;a en mitad de la agreste ventisca, otro oto&ntilde;o es posible. Yo tambi&eacute;n, lector, atrapado en mi lugar, leo al poeta que parece hablar de mi propia tragedia: &ldquo;esos ni&ntilde;os ahogados en piscinas/familiares, vencidos por el humo/de un incendio en su casa&rdquo;. Nunca unas palabras fueron tan cercanas para m&iacute;, en esta Ateca que recoge naranjas, en el verano que ha pasado. Nunca una ausencia de ocho de la ma&ntilde;ana ha tenido un aspecto tan tenebroso y asm&aacute;tico.&nbsp;</p>
<p>Este poeta que se construye, con las palabras paternas, arrendamientos que se heredan, con plusval&iacute;a exponencial, as&iacute; llegamos a &ldquo;El oto&ntilde;o o los l&iacute;mites del lenguaje&rdquo;, la segunda parte del libro, con palabras como: &ldquo;No pido privilegios para ti/solo quiero estad&iacute;stica/pido que llegues a viejo como la mayor&iacute;a de los hombres&rdquo;. Este poema, este en concreto, es estremecedoramente bello y cautiva mi pasi&oacute;n de lector y poeta, desgarrando cualquier niebla, mostrando la sobresaliente capacidad de Ramiro Gair&iacute;n para atrapar en el &aacute;mbar de lo cotidiano toda la belleza. Como padre, como hijo, el que pone los ojos y el que ofrece su coraz&oacute;n, no quiere un trato especial, solo la herencia, la configuraci&oacute;n por defecto del hombre del S. XXI: &ldquo;Reclamo solamente/la aplicaci&oacute;n estricta/ de la ley natural: /que veas muchos muertos/antes de que te baje alguien los p&aacute;rpados&rdquo;. Que los hijos entierren a sus padres, que el orden prevalezca, que la biolog&iacute;a sea coherente con la funci&oacute;n estad&iacute;stica que define la vida: nacimiento, desarrollo, muerte. Tres actos. Sin m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>Los cuerpos han olvidado que las estaciones eran algo m&aacute;s que luz y frutos. Vida artifical en mitad de la boscosidad. Familia que se acercan en la soledad de la civilizaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; dejaron atr&aacute;s?: &ldquo;&iquest;Me sobrevivir&aacute;?, &iquest;seguir&aacute; ah&iacute; / cuando ya no est&eacute;, / cuando me haya mudado/a la ciudad sin tumbas?&rdquo; Bajo el alquitr&aacute;n y el cemento no queda ni lugar para el descanso, apenas para el recuerdo. En el exterior, el poeta sabe que el silencio es una forma de vida, que lo que queda es m&iacute;nimo, pero imprescindible: &ldquo;las voces de la luna/y que la oscuridad vaya engull&eacute;ndome&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Civilizaci&oacute;n que se extingue, que avanza y retrocede, que se define: desde tribu hasta familia. Lugar y espacio, tiempo y paisaje. Llegamos a &ldquo;Lograr el fuego&rdquo;. Pesadamente, pero con un punto de ternura, las ra&iacute;ces avanzan. Hay decisi&oacute;n, el poeta deja su semilla en cada verso y se permite que crezcan, que su lectura alimente de recuerdo a su hijo. Son palabras nutritivas de herencia paterna, as&iacute;: &ldquo;La encima est&aacute; pariendo/saurios de mediod&iacute;a; / su escamosa corteza / da forma a toda clase de reptiles. / Se desprenden, incr&eacute;dulas, y caen. / Aturdidos, se arrastran hacia el bosque&rdquo;. Una vida, otra vida, distintas formas a su alrededor. B&aacute;sicos: fuego, aire, sol y fr&iacute;o. Palabras que contienen las propias met&aacute;foras, im&aacute;genes de una poes&iacute;a ancestral, b&aacute;sica y atemporal. La poes&iacute;a de lo cotidiano ofrece una pasi&oacute;n de tibia dulzura cuando llega el momento de alejarse. Es el momento para que el poeta, Ramiro Gair&iacute;n, ejerza tambi&eacute;n de trovador: &ldquo;Los cielos han bajado a la monta&ntilde;a, / mesan sus largas barbas las laderas, / cruzan los animales, los p&aacute;jaros andando, / carreteras que brillan en bosque&rdquo;. Y es que, despu&eacute;s de encontrar su nombre, llega el temblor: &ldquo;Al fr&iacute;o le aparecen ojos blancos, / asomado a las ventanas / de la peque&ntilde;a casa, / y la niebla y el viento y la tormenta / se hacen carne apretada, / manos y pies que tocan a kil&oacute;metros / de aire, que desmontan la afilada/composici&oacute;n del vaho que respiran&rdquo;.</p>
<p>Cerramos o nos acercamos al final. Ese es el lugar donde, sin querer ser meticuloso o agresivamente dogm&aacute;tico, surge una po&eacute;tica de calmada sencillez: &ldquo;No es la imaginaci&oacute;n lo que se pierde; / son los cuerpos, mi hijo, que se gastan. / No le tengas en cuenta / a este aturdido padre la torpeza / de no haber extra&iacute;do una ense&ntilde;anza, / pisado bien la vida en aquel lapso&rdquo;. Final, con el fuego, alrededor del que todo se erige, sin olvidar el humo y piel, este libro, delicado, tierno, maravilloso, del poeta aragon&eacute;s Ramiro Gair&iacute;n: &ldquo;No es este su lugar, ninguno vivi&oacute; aqu&iacute;, / y se alegran de vernos entroncados&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n, Carreteras que brillan en el bosque, Madrid, Reino de Cordelia, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jan 2025 09:14:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida como un gran poema cósmico de sudor y supervivencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-como-un-gran-poema-cosmico-de-sudor-y-supervivencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/NATALIA_GARC_A_FREIRE_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Natalia Garc&iacute;a Freire naci&oacute; en 1991 en Ecuador. Despu&eacute;s de dos novelas como <em>Trajiste contigo el viento </em>(2022) y <em>Nuestra piel muerta</em> (2019), se acerca al relato corto con una intensidad ambiental que pivota entre lo m&aacute;gico y lo herm&eacute;tico, ajena a giros y trucos efectistas, con este <em>La m&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros</em>, editado en 2024 por la editorial P&aacute;ginas de Espuma, que la incluye en su nutritivo cat&aacute;logo de narradoras hispanoamericanas.&nbsp;</p>
<p>El t&iacute;tulo del libro remite a la segunda banda del m&uacute;sico argentino Charly Garc&iacute;a, un proyecto de rock progresivo que se desarroll&oacute; durante la Dictadura y que lleg&oacute; a publicar dos discos: <em>La M&aacute;quina de Hacer P&aacute;jaros</em> (1976) y <em>Pel&iacute;culas</em> (1977) y fue el interludio para Garc&iacute;a entre su primer grupo, Sui Generis (uno de sus versos aparece como cita inicial en el libro) y el gran &eacute;xito que supuso Ser&uacute; Gir&aacute;n.&nbsp;</p>
<p>El libro comienza con &lsquo;Las lumbres&rsquo;, donde un remedo de la autora, con el simb&oacute;lico nombre de &lsquo;Escritora&rsquo; avanza en el recuerdo de una selva tropical y anciana. Un entorno a punto de ser invadido por personajes ajenos: mineros y militares, desde la capital. Avatares que simbolizan la lucha de la escritora por frenar la devastaci&oacute;n, el dolor interno de la tierra a trav&eacute;s de la comuni&oacute;n con sus ancestros. Una mitolog&iacute;a de verd&iacute;n y selva que se pudre que, por cierto, podemos encontrar en alguno de los libros de la colecci&oacute;n de P&aacute;ginas de Espuma, como el de Nuria Labari o Liliana Colanzi. Las carpas que flotan, muertas, en el r&iacute;o, la pavita de la muerte como elemento de paganismo que acompa&ntilde;a a la novia, al ni&ntilde;o, hasta el pasado primero y el otro lado despu&eacute;s, camiones, soldado e ingenieros hambrientos que arrasan con todo a su paso, como una plaga b&iacute;blica en un mundo que ya no reza: &ldquo;&iquest;Rezar? Como si dios fuera a acordarse de nosotros&rdquo;. Con una cinta de David Foster Wallace se abre &lsquo;Hasta que desearas dejar tu coraz&oacute;n sin sangre&rsquo;, donde la autora descubre que es m&aacute;s sencillo amar a un hombre muerto que a un vivo. La crisis matrimonial es el detonante de un descenso a lo m&aacute;s profundo de la psicodelia social: una curandera, amigas y terapeutas, la Ruthie, la Renata&hellip; se mezclan los cigarrillos y la transpiraci&oacute;n, la mujer salvaje, Xuxa, Lacan y la Manicura, Lacan y el tinte para el pelo. El &uacute;nico amor posible es el del hombre desconocido, el hombre fantasma. Altares, &eacute;xtasis, obsesiones. &lsquo;Formas de reparar lo que no est&aacute; roto&rsquo; mezcla la locura y el amor, Romina, con su olor a pabell&oacute;n y diazepam, la muerte, el aire y treinta y cuatro a&ntilde;os, catorce encerrada. Las pel&iacute;culas, Mulder y Scully, el CSI, la televisi&oacute;n es tan real como un coraz&oacute;n arrancado, que acaba pareciendo una semilla, un hueso de zapatito. &iquest;Locura o pasi&oacute;n? Esos finales herm&eacute;ticos son pura literatura, nada de efectismo barato. Avanzamos hacia &lsquo;Yo amo a Paquita Gallegos&rsquo;, con una mujer, una mujer sola, Bobby Brown, &iquest;qu&eacute; es el uno? El uno es uno y es gato. Como una telenovela, la vida avanza lenta y siempre parece que llegar&aacute; una sorpresa que lo cambiar&aacute; todo, la desaparici&oacute;n del individuo, Mostach&oacute;n y D&eacute;bora Dalila. Una habitaci&oacute;n. Cualquier cosa es mejor que no sentirse sola. Todos amamos la cumbia, todos amamos a Gilda, leo &lsquo;Tecnocumbia para el fin del mundo&rsquo;, uno de los relatos m&aacute;s impresionantes del libro y del a&ntilde;o. Seducido y abrumado, mi padre era sed y polvo, mi padre era tan padre como cansancio, nos llamaba cerdos, solo estaba por el dinero. Estamos aislados, ellos, sus hermanos y ella, madre y hermana. Porque la madre est&aacute; atrapada en una desidia t&oacute;xica. Pienso una y otra vez en el teatro de Fernando Arrabal y en el Samuel Beckett, personajes esquem&aacute;ticos, sin nombre, que te agarran el alma por el cuello. Una mujer, Bum Bum, su marido-hermano desaparece. La c&aacute;rcel. Las mujeres, las dos libres, la madre encerrada. Lo &uacute;nico que quiero es volver a bailar: &ldquo;Yo sab&iacute;a que, cada uno de ellos, hab&iacute;a nacido con la muerte en la boca&rdquo;. Hijos-hermanos que vuelven con el dolor, la madre, la musa, la mujer, all&iacute; arriba solo hay cumbia y estrellas. Juntas buscan la huida diminuta, l&eacute;sbica e incestuosa, la vida como un gran poema c&oacute;smico de sudor y supervivencia. &lsquo;Amor m&iacute;o, coraz&oacute;n de otro&rsquo; El miedo a salir de casa, en ese apocalipsis formal sobre el que se construye el libro, los tres monstruos del folklore tropical postmoderno: ropavejero, Julita y el Chupacabras. Un tuc&aacute;n, un p&aacute;jaro m&aacute;s, un ave especial. Las canciones de Luz Casa. Madre e hija. Hija de hambre y soledad, madre de aguardiente y pastillas. Piernas, las furias con sus hilos, arrancando las costras de la jovencita. Un sue&ntilde;o, un amor, la pelea por el coraz&oacute;n del tuc&aacute;n, que es la proyecci&oacute;n de todo lo prohibido, desde el dulce incesto hasta la insultante zoofilia. Una finura de realismo m&aacute;gico y met&aacute;fora herm&eacute;tica. Una zozobra emocional barniza cada uno de los cuentos, como &lsquo;La m&aacute;scara del oso&rsquo;, que suena a delirio y a cuento, a padre que involuciona de adulto hasta beb&eacute;, que pasa de aguantar el trago y dejarse el acn&eacute; como premio, hasta un ni&ntilde;o cruel que mata renacuajos. Todos vemos las mismas pel&iacute;culas, unas veces con pasi&oacute;n, otras con miedo: &lsquo;Alien&rsquo; o &lsquo;Los langoniers&rsquo;. La madre-esposa, la esposa-madre, en ese remedio de convulsa sexualidad, lo protege, deja que tome de su pecho como antes dejaba que le devorara el sexo. Pero es un pibe horrible, que las deja sin plata. Llora y llora, con una m&aacute;scara de oso, las tres hijas, como en un cuento infantil, terminan por enterrarlo en el bosque. Impactado, avanzo por el libro como quien lo hace por una selva, cubierto de broza y p&aacute;nico. Porque llego a &lsquo;Cabeza quemada&rsquo;, el m&aacute;s intenso de los relatos, de Gucci falsos, de t&iacute;a joven, perdida, de A&ntilde;o nuevo y a&ntilde;o fina. Las ni&ntilde;as de 1999 quer&iacute;an ser como la Spears o como Selena, pero la medianoche les trajo el mal alcohol y una ma&ntilde;ana de moho, pis y heces que se extender&aacute; durante meses. Encerrados, abuelo que muere, como en uno de esos apocalipsis donde se tiene que criar la vida como si fueran plantas, la vida en el planeta en una permutaci&oacute;n incestuosa que hace infame a la Biblia. Un ciclo, unas corrientes el&eacute;ctricas, la alucinante prosa Natalia Garc&iacute;a Freire acaba estremeciendo al lector, salpicado de Walter Delgado y Billy Gato. Y si fuera no hubiera acabado el mundo, y si todo el dolor fuera para nada, panzonas de ni&ntilde;os desconocidos, la feminidad que traer&aacute; el hombre nuevo. El mundo todav&iacute;a existe, pero ustedes no. Sangre, hombres que abusan, el ni&ntilde;o que nace, la madre que no desea saber si el beb&eacute; est&aacute; vivo o si est&aacute; muerto. La muerte es un final que se repite hasta que, al final, sean una con los astros. Ese es el hombre nuevo, el que ya no es ni hombre ni nuevo. Maravilla &lsquo;La balada del vaquero espacial&rsquo;, con su juego de religiosidad azteca, un abuelo sin nombre, unos mineros que cierran el c&iacute;rculo con el primer relato, la metamorfosis en Alien, en Michoac&aacute;n, mezclando la cultura pop (la que ve&iacute;a el padre-ni&ntilde;o, el ni&ntilde;o-padre de &lsquo;M&aacute;scara de oro&rsquo;) y toda la mitolog&iacute;a anterior a los espa&ntilde;oles, llena de plumas, de plumas de armadillo y avestruz, que pone huevos y picotea, y sigue fumando, el abuelo, alien con sangre de &aacute;cido, la &uacute;ltima mutaci&oacute;n con la cita de la Nostromo: &lsquo;En el espacio nadie puede o&iacute;r tus gritos&rsquo;. Enciendo un Philip Morris y me acerco al final con &lsquo;La persona que te enamoraste&rsquo;. Expulso el humo, vuelvo al cuerpo roto de un avestruz, el torso feo de Silvia Plath, y en 'C&oacute;mo desaparecer completamente' el doctor Rex me ense&ntilde;a, ense&ntilde;a a la protagonista, a desaparecer completamente (&lsquo;Desaparezca aqu&iacute;&rsquo; como una frase de Brett Easton Ellis). &ldquo;Usted est&aacute; muerta&rdquo;, le dice el doctor. Palabra de ley. &iquest;Por qu&eacute; ahora? Qu&eacute; maleducada la muerte, mam&aacute;, he muerto, siento por no haber avisado. Leer&eacute; a Anne Sexton, le pedir&eacute; a la ciencia que me permita unos a&ntilde;os m&aacute;s, al doctor y sus alumnos, al menos, opositar a una plaza fija en el teatro definitivo de Fernando Arrabal. Los estudiantes dicen adi&oacute;s, les pido un beso, un marido, una hija, un cigarrillo. Cuentos de simbolismo tropical, extenuantes, plenos de sexo silencioso, de camas con s&aacute;banas sudorosas, de mujeres que ocultan el aliento del hombre con aguardiente. Hipercandombe y frutillas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Natalia Garc&iacute;a Freire, <em>La m&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 10:58:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres poemas de Juan Bautista Durán]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-poemas-de-juan-bautista-duran/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_BAUTISTA_DUR_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Golondrinas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vuelo circundante</p>
<p>acortan las golondrinas</p>
<p>la vana y magra noche</p>
<p>con su canto matinal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El patio de manzana es</p>
<p>un ruedo sin diestro ni</p>
<p>banderilleros, un ruedo</p>
<p>donde nadie ha de poner</p>
<p>al viento enga&ntilde;o alguno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se alarga y alarga el d&iacute;a</p>
<p>es junio el mes m&aacute;s leve</p>
<p>los hay que mudan de piel</p>
<p>y otros que revolotean</p>
<p>cual moscas inmortales</p>
<p>en una misma baldosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No saben ser ni alcanzan</p>
<p>los moscardones a imaginar</p>
<p>el luminoso espect&aacute;culo</p>
<p>de las golondrinas al alba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Viejo crimen</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acorde menor tras acorde</p>
<p>menor, se oye a alguien al piano</p>
<p>antesala de un viejo crimen</p>
<p>tantas veces cometido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el patio de luces asciende</p>
<p>la afilada sombra musical</p>
<p>del sujeto que va a dar muerte</p>
<p>al escribiente delator.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Designio antiguo (vallejiana)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Morir&eacute; en el siglo XX</p>
<p>en una tarde ventosa</p>
<p>de la que mucho me hablaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencios de sobremesa</p>
<p>un inocente recuerdo&nbsp;</p>
<p>de vuelta toda Navidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me voy enterando as&iacute;</p>
<p>con susurros decembrinos</p>
<p>de c&oacute;mo ha de ser mi muerte:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dolorosa imperceptible</p>
<p>la mu&ntilde;eca en el asfalto</p>
<p>y un seco tajante estruendo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el filo entresecular.</p>
<p>Morir&eacute; en el siglo XX</p>
<p>sin testigos todav&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>este relato nada m&aacute;s</p>
<p>que trae el viento sibilante</p>
<p>designio antiguo de Herodes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 09:35:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida descompuesta antes de empezar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-vida-descompuesta-antes-de-empezar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MAX_PORTER_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un libro de voces m&uacute;ltiples, de gram&aacute;ticas sinuosas, un mon&oacute;logo interior bombardeado por la sociedad, la familia, los amigos. Un muchacho encapsulado en las drogas y el<em> jungle</em> -la electr&oacute;nica derivada del <em>drum&amp;bass</em> que rein&oacute; en la Inglaterra de mediados de los noventa-, ic&oacute;nico, hipn&oacute;tico, de voces m&aacute;ntricas. Shy es el resto que queda en el vaso al final de la fiesta, inapetente, distra&iacute;do, tibio. Recuerda a los personajes de Irvine Welsh sin el poso narc&oacute;tico, m&aacute;s psic&oacute;ticos que desdentados, con un resto de inocencia a punto de evaporarse. Las voces aparecen, de naturaleza esquizoide, en una exigente tormenta literaria que hacen del libro una experiencia exhuberante y agotadora. Cursivas, centradas, de cuerpos distintos, acumuladas en estratos geogr&aacute;ficos y temporales diferentes. La manera de escribir de Max Porter, con los cambios tipogr&aacute;ficos, las voces de fuera, la experimentaci&oacute;n narrativa, refleja a la perfecci&oacute;n el laberinto de desaz&oacute;n y violencia al que se ve sometido el protagonista, desahuciado por su familia y entorno, atrapado en <em>&Uacute;ltima oportunidad</em>, una residencia para muchachos problem&aacute;ticos donde su psique experimenta episodios propios de una monta&ntilde;a rusa, terribles, venenosos, a veces esperanzadores. Un lugar donde las historias de terror que aparecen en los libros asustan menos que las que cuentan los chicos que viven all&iacute;. Chillidos y fantasmas, nadie teme lo que atrapan las paredes del lugar. Algunos nombres se repiten: Becky, su madre, el primo Shaun, Jenny, Amanda, Iain, Toby&hellip; el sexo, la frustraci&oacute;n adolescente, la m&uacute;sica, siempre la m&uacute;sica y la resina, <em>stepdub</em>, <em>beatbox</em>, electr&oacute;nica hipn&oacute;tica y ritmos abstractos que sumen al protagonista en una ag&oacute;nica ausencia de sentimientos relacionada, inevitablemente, con la misma falta de melod&iacute;a en la m&uacute;sica que escucha. Pero el contraste que nos presenta Porter va m&aacute;s all&aacute;: el amor por su madre, la descompensada relaci&oacute;n con su padrastro, el ni&ntilde;o que todav&iacute;a colecciona cepillos de dientes de <em>Star War</em>s, figuras de las &lsquo;Tortugas ninja&rsquo;, cromos de la &lsquo;Pandilla basura&rsquo;, <em>Micromachines</em>, cochecitos de <em>Hot Wheels</em>&hellip; pero es capaz de buscar el dinero para unos platos, para poder pinchar puesto de <em>speed</em> y recitar su propio mantra: &ldquo;El mejor de los tiempos&rdquo;. O el peor, claro. La m&uacute;sica abandona Detroit y llega a los suburbios de Inglaterra, se abandonan las guitarras y las vidas son <em>mixtape</em>s grabadas en casetes, fantasmas, colectivos, remezclas, pasquines, octavillas de clubes a los que no ir&aacute; nunca, logotipos de discogr&aacute;ficas pero ni una libra para discos. &iquest;C&oacute;mo te atreves a hablarnos as&iacute;? En un momento dado el lector tiene que tomar partido. O, por lo menos, discernir entre tanto gris. Por un lado un adolescente incomprendido, por otro unos padres carentes de argumentos. &iquest;Hasta d&oacute;nde se puede llegar para hacer feliz a un hijo? &iquest;Qu&eacute; es lo que le convertir&aacute; en una persona normal? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la normalidad? Le piden que les hable y &eacute;l les escupe. &iquest;Ahora qu&eacute;? Ahora <em>&Uacute;ltima oportunidad</em>. Pero Shy no sabemos si es un maleducado, un enfermo mental o un desgraciado. El clima es violento, en todos los lados. En su casa y en el reformatorio, en la calle y en la escuela. Pero Shy no evita la pelea, la busca, la recibe, se arrepiente. Da la sensaci&oacute;n de que &eacute;l mismo se busca una realidad a largo plazo sin futuro, &iquest;No te agota, a veces, ser t&uacute; mismo? <em>Acid kouse</em>, <em>Rhymer court</em>, T<em>umble tots</em>, la Gran Breta&ntilde;a anterior al <em>Brit Pop</em>, una isla desierta, la desidia de la d&eacute;cada, recuerda a &lsquo;Kids&rsquo;, la pel&iacute;cula de Larry Clarck, cambiando los Estados Unidos del grunge por la Inglaterra de Goldie y The Burial. El bajo y la bater&iacute;a, una y otra vez, copia y pega. Eran otros tiempos: &ldquo;Dejad de hacer como si me conoc&eacute;is, lo &uacute;nico que sab&eacute;is de m&iacute; es lo que yo os he contado&rdquo;. Una doble p&aacute;gina para el padrastro conciliador. &Eacute;l lo intenta, como tambi&eacute;n lo hace su madre. Pero ah&iacute; est&aacute; la maestr&iacute;a en la literatura de Max Porter: transmitir la nada como necesidad. Nada me cambiar&aacute; dice el protagonista, nadie me dice qu&eacute; tengo que hacer. Ni los medicamentos ni repasar una y otra vez una lista con las personas que le importan algo. Su microcosmos reducido a un solo p&aacute;rrafo. Realismo her&eacute;tico, sin normas, como la mente de Daniel Johnston, como un &uacute;ltimo exabrupto de <span style="text-decoration: underline;">D</span>ennis Cooper. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde Shy volver&aacute; la vista atr&aacute;s y no ver&aacute; nada porque, seguramente, est&eacute; muerto o todos los que conformaban su red de emergencia lo habr&aacute;n olvidado. &iquest;Hay alguien ah&iacute;? El mundo s&oacute;lido se disuelve: &ldquo;Carga con una pesada bolsa de lamentos&rdquo;, cigarrillos y cintas familiares: &ldquo;Ya estamos otra vez / no hay forma de ganar / vuelve aqu&iacute; / deja que se vaya&rdquo;. Se va por el parque, fumando, escupiendo, vaciando su cabeza, d&aacute;ndole la vuelta a su sesi&oacute;n, a sus mezclas. &iquest;Qui&eacute;n es el culpable cuando se ha intentado todo? Palos, amor, m&aacute;s palos, castigos, otra oportunidad, di&aacute;logo, gritos, medicamentos, internamientos, tratarlo como un adulto, intentar que sea un ni&ntilde;o&hellip; solo recordamos una parte de la letra y con eso pretendemos cantar todo el tema. Un profesor de historia, una &uacute;ltima oportunidad en &uacute;ltima oportunidad. Pero su pesadilla es el agua. &iquest;Qu&eacute; camino acaba recorriendo el libro? Es una estructura compleja sin una linealidad temporal aparente y una sucesi&oacute;n de voces desorganizadas, solo cuando llega el tercer acto, en la b&uacute;squeda del t&eacute;rmino medio, uno encuentra la realidad postural: &ldquo;Cuando te vienes arriba te vienes muy arriba y cuando te hundes, vas hasta el fondo&rdquo;. Como si Shy fuera un fantasma y nos estuviera visitando, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, ahogado en la electr&oacute;nica y las sustancias. Es el tercer acto de la novela un momento acuoso, profundo, tr&aacute;gico, donde los sentidos se a&iacute;slan, desde los auriculares (encienden y apagan el mundo con el <em>play</em> y el <em>stop</em>) o la capucha: &ldquo;La desnudez y la calma del mundo son atroces&rdquo;. Los mismos cables de los cascos pueden ser usados como instrumento para colgarse. El estanque es el s&iacute;mbolo del vac&iacute;o, el agua fr&iacute;a de la muerte, colocado, al dormir todo su cuerpo se vuelve pantano. Moho sobre la piel c&aacute;lida que termina por ahogarse. &iquest;Animales flotando? Como un &lsquo;Mr Potato&rsquo;, como los jabal&iacute;es de &Aacute;sterix, Shy es un ni&ntilde;o perdido, en el valle de las sombras, como una canci&oacute;n. Lodo y verd&iacute;n, la noche, los animales flotan. Shy flota. La paz es estar seco, la paz, para Shy, no es siquiera estar vivo. El autor ametralla con pensamientos que se aceleran, como las remezclas de los temas de <em>dub</em>, de <em>jungle</em>, de todos los estilos de electr&oacute;nica en manos de un pinchadiscos. Termina el tercer acto, engancha con el final, un final angustiado sazonado con esperanza. Piedras y destrucci&oacute;n. Una mente atrapada en un punto de no retorno, un pensamiento laberinto, d&iacute;a y no che que se confunden en la destrucci&oacute;n. Si el fr&iacute;o es la muerte, los abrazos son la vida. Lo siento. Ventanas rotas, lleno de vac&iacute;o, pleno de agujeros. Envuelto en los cuerpos de los dem&aacute;s su temperatura, su vida, aumenta, se eleva. Es el comienzo de un nuevo d&iacute;a. Una novela extenuante, atemporal, que te muerde, que no te suelta. Una novela escrita hoy sobre un momento tres d&eacute;cadas atr&aacute;s. La pregunta que te deja, &iquest;ahora qu&eacute;? No lo s&eacute;. Estoy cansado, solo quiero dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Max Porter, <em>Shy</em>, Barcelona, Random House, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 09:26:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién con fuego, quién con frío? La ausencia de Isabel Bono]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quien-con-fuego-quien-con-frio-la-ausencia-de-isabel-bono/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ISABEL_BONO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Isabel Bono (M&aacute;laga, 1964) vuelve a la poes&iacute;a tras sus &uacute;ltimas tres novelas, <em>Una casa en</em> <em>Bleturge</em> de 2017 y las dos &uacute;ltimas, publicadas por Tusquets Editores: <em>Diario del asco</em> (2020) y <em>Los secundarios</em> (2022). Un libro, este <em>Fr&iacute;o polar</em>, homenaje a su amigo, el escritor Antonio Mu&ntilde;oz Quintana, cuya muerte prematura hace una d&eacute;cada, dej&oacute; un abismo helador en el coraz&oacute;n de la poeta. Como una penitencia autoimpuesta, un homenaje cat&aacute;rtico, una carta de amistad infinita, Isabel Bono, una de las mejores poetas espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, comparte su soledad sustantiva a trav&eacute;s de im&aacute;genes perennes que pivotan entre la luz, el sol, el fr&iacute;o y la nieve. Un di&aacute;logo unidireccional emocionante que posee, como la misma autora, un enorme poso de ternura.</p>
<p>El miedo a la p&eacute;rdida se evita con una permutaci&oacute;n: cambiando dolor por acidez: &ldquo;vamos a decir adi&oacute;s / como quien dice manzanas&rdquo;, dejando la duda universal de qui&eacute;n es el que m&aacute;s sufre, el que marcha o el que queda atr&aacute;s: &ldquo;Hay quien muere sin hacer ruido / hay quien vive&rdquo; y as&iacute;, la poeta vuelve una y otra vez: &ldquo;despu&eacute;s se me olvida / y vuelvo a amarte como si siguieras vivo&rdquo; o &ldquo;Dormir ya no es importante / vivir ya no es importante". El desprecio a la vida incompleta, a la vida en ausencia. Isabel Bono, con su lirismo profundo, desentierra en lo cotidiano el alimento para el lector, con la saudade de sus versos, sus im&aacute;genes inquietantes: &ldquo;Las s&aacute;banas rendidas al placer / de ser velas al pairo por unas horas&rdquo;, el blanco lej&iacute;a como oposici&oacute;n al ceniza de las l&aacute;grimas: &ldquo;una mujer tiende / ves su ropa all&aacute; lejos / ox&iacute;geno all&aacute; lejos&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; reparto se realiza entre vivos y muertos? &iquest;Tierra y cielo? En este libro el ausente es fr&iacute;o y la autora el calor que, en hoguera, sirve de recuerdo y gu&iacute;a, gu&iacute;a in&uacute;til para el que no va a volver: &ldquo;Que la casa no est&aacute; ardiendo/que es el fr&iacute;o / quien hace crujir mis articulaciones/que no son insectos devorados por el fuego&rdquo;. Transmite, de alg&uacute;n modo, a todo lo que le rodea, una imagen de reparto y verd&iacute;n, del que se marcha y permanece: &ldquo;Si hasta las palomas m&aacute;s sucias / se han marchado / &iquest;qu&eacute; nos queda?&rdquo;. Una enumeraci&oacute;n de lo que pertenece, de recuerdos sin gracia, una enumeraci&oacute;n de aquello que hace innecesaria la separaci&oacute;n, una maleta vac&iacute;a que se contiene a s&iacute; misma, a ella y a la muerte. &iquest;Qui&eacute;n llega en la noche, qui&eacute;n con fuego, qui&eacute;n con barbit&uacute;ricos? La poeta insiste en los s&iacute;mbolos, rueda sobre la que gira el libro: &ldquo;Y t&uacute; / la luz de octubre / alej&aacute;ndonos de todas estas cosas / sin hacer ruido&rdquo;. Im&aacute;genes de la naturaleza que atrapan el recuerdo, que lo hacen emerger, con toda su belleza, con toda su atemporalidad: &ldquo;ignorantes de su belleza / del inmenso dolor que me provocan / ser &aacute;rbol y no saberlo/ser fuente de dolor y no saberlo&rdquo;. Atrapados en el hielo, el fr&iacute;o se extiende por el tu&eacute;tano, venas y arterias de la vida: &ldquo;Deseo que nieve toda la noche / dentro de mi cabeza&rdquo;, y el fr&iacute;o atrae el silencio y el silencio es una manera como otra cualquiera de hablar de soledad. El dolor viene encapsulado, es el recuerdo, sed de charcos, p&uacute;as y cactus. Cuando se marchan, otra vez, el silencio: &ldquo;Aquellas tardes no existen/porque no existe aquella casa / ni aquella luz&rdquo;. &iquest;Y cu&aacute;ndo vuelve la luz? &ldquo;La vida sobre todo es eso / silencio, no aullidos&rdquo;. El dolor est&aacute; presente en el silencio. La escritora busca resquicios: &ldquo;S&eacute; que se han ido / he visto sus huellas en la nieve / si hubiera nevado&rdquo;, en la calle, ella, la poeta, se ausenta, en el silencio es una m&aacute;s, una vida que es vida y espera a los que dejaron de serlo: &ldquo;En silencio / espero una orden / pero / &iquest;de qui&eacute;n la orden? / &iquest;Y hacia d&oacute;nde camina?&rdquo;.</p>
<p>As&iacute;, Isabel Bono vence a la pereza de la voz que se ausenta, que sabemos que evita el mal morir, la muerte que no termina, el final que se niega a ser definitivo. Algo a lo que agarrarse: &ldquo;Y tu dolor sigue ah&iacute; / y la vida sigue ah&iacute; / esperando&rdquo;. La Bono busca la transmutaci&oacute;n en objeto inanimado para evitar la consciencia, olvidar que ella existe y el otro se ha marchado. En esa ausencia de conocimiento busca la paz: &ldquo;El &aacute;rbol que no nunca he sido / los p&aacute;jaros que nunca he sido&rdquo;. No conocer, no saber, estar sin sentir, como la forma definitiva de escapar del dolor: &ldquo;Imagina todas las cosas / imagina no sentir la necesidad de registrarlas / imagina ser libre&rdquo;, como alternativa a un viaje infinito: &ldquo;Deseo llegar a un lugar suficientemente lejos / donde todos sean viajes y nadie hable mi idioma&rdquo;. Poder perder el tiempo, ausentarse de la realidad terrible que la rodea. No tener que dar explicaciones a nadie. Los cuatro sustantivos, convertidos en estadios: nieve, fr&iacute;o, luz y silencio. El silencio es un pozo para alguien que no tiene sed. La luz que no entorpece el camino, la ropa tendida, el &aacute;rbol que crece, la tierra que gira y t&uacute;, &eacute;l, enterrado, en el final del mundo, con ella. La luz enamorada del sol, que se marcha y, en su ausencia, Paul Klee se asoma desde la triste r&uacute;brica de un San Sebasti&aacute;n atravesado. Y de esas cicatrices, que son recuerdos, son los mapas para encontrar el sol. Un libro de contrarios, de finales y comienzos, de presencias y ausencias, que funciona como un c&iacute;rculo que se niega a cerrarse: &ldquo;Nunca le puse nombre al dolor / tampoco tus apellidos&rdquo; o &ldquo;La voz del amigo ah&iacute;, / sosteniendo una escalera / que nadie m&aacute;s sostiene&rdquo;. Todos pensamos que la vida es ant&oacute;nimo de la muerte cuando, en realidad es su complemento, su compa&ntilde;&iacute;a: &ldquo;Me da igual vivir o morir / hay que vivir si est&aacute;s vivo / y correr si est&aacute; lloviendo&rdquo;. As&iacute;, &iquest;qui&eacute;n llega? Solo lo que se ha marchado antes: &ldquo;Y recuerdo cuando tu risa paraba el mundo / y todo parec&iacute;a estar por hacer&rdquo;. Un libro de lluvia en el sur, donde uno no pude ofuscarse por la ropa olvidada, porque el sol volver&aacute; r&aacute;pido, pero no la palabra, solo el recuerdo. As&iacute; que en el extra&ntilde;amiento la poeta que no las l&aacute;grimas son gotas que llueven por nadie, que si la ropa se salva, el fr&iacute;o se encargar&aacute; de someterla a esquirlas afiladas, que no dejar&aacute;n que celebremos juntos. Una ausencia que se llena con versos, un pozo insaciable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel Bono, <em>Fr&iacute;o polar</em>, Barcelona, Tusquets, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:41:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueve horas con la familia Cortázar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nueve-horas-con-la-familia-cortazar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAFAEL_SOLER_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">El encuentro de cuatro personas de una misma familia a lo largo de 9 horas, contado por un narrador ins&oacute;lito, con un inesperado y brutal acontecimiento como tel&oacute;n de fondo.</p>
<p class="Standard">En <em>La pistola de mi padre</em>, Soler vuelve a construir una historia familiar, desde la posguerra a nuestros d&iacute;as, que le sirve para hurgar no solo en las vicisitudes, los conflictos y los traumas de unos personajes atados por un destino com&uacute;n y separados por mil querellas, sino tambi&eacute;n para adentrarse en una reflexi&oacute;n sobre c&oacute;mo la historia de nuestro pa&iacute;s ha ido influyendo y modelando las vidas de sus gentes.</p>
<p class="Standard"><em>La pistola de mi padre</em><em> </em>probablemente sea la mejor novela de Rafael Soler, y la m&aacute;s ambiciosa. Los personajes est&aacute;n perfectamente construidos: padre abnegado pero distante; madre voluntariosa y cari&ntilde;osa; hijo borrascoso y una hija con problemas psiqui&aacute;tricos. Sin embargo, los personajes no se mueven por el naturalismo literario, no viven en condiciones morales extremas, no se retuercen por sus tormentos y pasiones; son los de una familia normal, casi anodina, y eso permite una reflexi&oacute;n de &aacute;mbito universal analizando sus relaciones mediante simbolismos. As&iacute;, el libro es una hermosa reflexi&oacute;n l&iacute;rica y universal sobre la vida, el destino y la familia.</p>
<p class="Standard"><strong><br /></strong></p>
<p class="Standard"><strong>Primer simbolismo: Los personajes se miran ante el espejo de la historia</strong>.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Frente a los grandes acontecimientos hist&oacute;ricos los conflictos familiares empeque&ntilde;ecen y hasta quedan rid&iacute;culos. Las ambiciones personales, las diminutas tragedias, los firmes prop&oacute;sitos, no significan nada frente a la inexorable apisonadora de las efem&eacute;rides.</p>
<p class="Standard">Apelo a algunos ejemplos del libro:</p>
<p class="Standard">&nbsp; - La familia deja todo en Castell&oacute;n y se marcha a Madrid para abrir un bar; pero el coche entra en la ciudad el mismo d&iacute;a en que Eisenhower est&aacute; visitando la capital en 1959. Podemos imaginar el desfile triunfal de Eisenhower y sentir un paralelismo con la entrada triunfal de los Cort&aacute;zar, pero lo cierto es que un urbano detiene el coche de la familia y les advierte que no pueden pasar, que las calles est&aacute;n cortadas, que se echen a un lado y esperen.</p>
<p class="Standard">&nbsp; - Otro ejemplo: En las primeras elecciones democr&aacute;ticas, el padre est&aacute; en una mesa electoral cuando llega el hermano mayor y le propone un negocio que lo llevar&aacute; de nuevo a la ruina: &iquest;era ese d&iacute;a el germen del futuro para un convencido dem&oacute;crata, o el regalo estaba envenenado?</p>
<p class="Standard">&nbsp; - El ejemplo m&aacute;s simb&oacute;lico: Cuando Tejero intenta el golpe de estado en 1981, el padre coge la pistola de la Guerra Civil, que esconde desde entonces, y va con ella a las inmediaciones del Congreso. Sin embargo, luego regresa a casa, igual que se march&oacute;: tanto pasado esperando en el caj&oacute;n no ha servido para nada.</p>
<p class="Standard">&iquest;D&oacute;nde arranca y termina el presente de los Cort&aacute;zar? El presente arranca y se estanca el 11 de septiembre de 2001, durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York.&nbsp; La noticia del ataque re&uacute;ne a la familia y el libro trascurre esa tarde. El derrumbe de las Torres Gemelas es el comienzo de una nueva era, piensan los Cort&aacute;zar; pero la nueva era volver&aacute; a burlarse de ellos al margen de las efem&eacute;rides.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Segundo simbolismo: la estructura de cada cap&iacute;tulo</strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cada cap&iacute;tulo tiene tres partes. La primera es un di&aacute;logo telegr&aacute;fico y preciso. La segunda es la voz del narrador omnipresente, que analiza con detenimiento el pasado y los recuerdos. Y la tercera es la voz interior de los personajes, bien a trav&eacute;s del diario escrito por la hija, bien por las grabaciones de la madre en cintas de casete, o bien a trav&eacute;s de los relatos en los que el hijo eleva a lo imaginario su historia y la de su familia. Es decir, tres c&aacute;maras: una enfoca boca y o&iacute;dos (son los di&aacute;logos), otra el cerebro (lo que recordamos y reflexionamos), y la tercera el coraz&oacute;n (lo que sentimos)</p>
<p class="Standard">La vida no es s&oacute;lida y perfecta. La vida es estruendo y confusi&oacute;n (intenciones, esfuerzos, decepciones, errores y sorpresas), la vida es vida, imperfecta acaso pero &ldquo;vida&rdquo;. Y la estructura del libro simboliza esos pies de barro de la vida.&nbsp; La conclusi&oacute;n ser&aacute; que no hay conclusiones, que no somos infalibles ni hemos triunfado ni somos perfectos. A saber si deben primar los hechos (primera c&aacute;mara), las reflexiones objetivas del narrador omnipresente (segunda c&aacute;mara) o nuestra visi&oacute;n subjetiva de las cosas (tercera c&aacute;mara).</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>El tercer simbolismo est&aacute; en el propio t&iacute;tulo: <em>La pistola de mi padre.</em></strong><strong></strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler repite una frase en el libro: &laquo;Lo primero es antes&raquo;, y lo primero est&aacute; en el t&iacute;tulo, en la pistola de la guerra del padre. Atada al pasado por un extremo, es el hilo de la vida, lo que nos sostiene en alto, y cuyo otro extremo aferramos nosotros mismos para mantenerlo tenso.</p>
<p class="Standard">Ah&iacute; est&aacute; la pistola, como la espada de Damocles. Posiblemente, desde que nacemos, todos tenemos una pistola apunt&aacute;ndonos a la sien, lo que suceda ser&aacute; la consecuencia de nuestros actos o la consecuencia del azar, &iquest;qui&eacute;n sabe?</p>
<p class="Standard">El gran simbolismo de la vida no es Dios, para Rafael Soler el gran simbolismo de la vida es la pistola, que est&aacute; ah&iacute;, metida en un caj&oacute;n, muerte disponible pero guardada. No es casualidad que la guada&ntilde;a tenga la misma forma que el gatillo de la pistola.</p>
<p class="Standard">Rafael Soler describe el gran teatro universal de la familia y del ser humano. Hasta ahora, en su obra literaria, siempre ha tratado de comprenderse a s&iacute; mismo, y comprender el mundo que le ha tocado vivir. Tanto <em>El grito </em>(1979) como <em>El coraz&oacute;n del lobo </em>(1981) tratan lo que era su vida, del matrimonio y la familia cuando las escribi&oacute;. <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> (2018) trata de la familia y de la muerte, con ese s&iacute;mbolo clavado que es el velatorio. En <em>Necesito una isla grande </em>(2019) juega con la huida de la muerte a pesar de todo, incluso a pesar de la vejez. Ahora, en <em>La pistola de mi&nbsp; padre </em>extrae las grandes conclusiones de la vida, con universalidad, inteligencia y cari&ntilde;o.</p>
<p class="Standard">Y esta es su mejor novela porque analiza la vida de los Cort&aacute;zar y, con ello, analiza la nuestra.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler, <em>La pistola de mi padre</em>, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:22:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía como tarea ética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-como-tarea-etica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LUIS_G._ADALID_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">A veces llueve, leemos en <em>Ser Lugar</em> (RIL Ediciones, 2024). Imagino que este libro tuvo una elaboraci&oacute;n lenta, a golpe de vivencia. Es muy probable que no se haya escrito de un tir&oacute;n, sino en dubitativas vueltas que va dando la vida, con continuas anotaciones que una y otra vez se corrigen. Casi siempre cuesta mucho saber lo que se ha vivido, que es la materia prima de estos versos.</p>
<p class="Cuerpo">No s&eacute; a qui&eacute;n se le ha ocurrido la idea de que la poes&iacute;a debe ser bonita, un bello adorno que humanice la marcha prosaica del mundo. Puede ser tambi&eacute;n eso, y a veces quiz&aacute; no sobra, pero <em>Ser lugar</em> tambi&eacute;n muestra que la poes&iacute;a es ante todo peligrosa, una dura forma de entrar en la verdad de un mundo adormecido en el silicio de su prisa. De ser as&iacute;, la poes&iacute;a no tendr&iacute;a nada que ver con lo que llamamos fr&iacute;volamente "cultura". Hay, tras sus ademanes delicados, una &aacute;spera fortaleza de mujeres y hombres que descienden a la soledad com&uacute;n sin rencor, cargada incluso de amor por lo extra&ntilde;o, por una orfandad com&uacute;n para la que no estamos f&aacute;cilmente preparados. Es posible que Rilke ya lo haya dicho todo al respecto.</p>
<p class="Cuerpo">El lenguaje puede ser una capa de gelatina con la que tapamos la vida secreta de las cosas. Sobre todo hoy, la hipertrofia del significado y de la interpretaci&oacute;n corre en detrimento de la presencia directa y misteriosa de los cuerpos. Sin tiempo cero, sin vacuolas de reposo, sin nidos espaciales. En <em>Ser lugar</em> la morrena de nuestra temerosa velocidad vuelve, de ah&iacute; que sea frecuente la imagen de un tiempo <em>empozado</em>, detenido, cuajado en escenas. Muy lejos de nuestra deformaci&oacute;n espectacular, este libro es inmensamente atento al instante, ese lapso incalculable de tiempo que es a la vez el espacio infraleve donde ocurre lo poco que es importante y nos cambia. Tanto un probable diablo como un dios inveros&iacute;mil duermen en los detalles.</p>
<p class="Cuerpo">Nada permanece, escribe Luis Adalid, mientras somos arrastrados en una corriente incesante. Todo, hasta las algas, acaba siendo viento. "Nada se detiene ni se detendr&aacute; nunca. Todo son partes, renov&aacute;ndose incansables" (Whitman). Quiz&aacute; lo permanente es s&oacute;lo un fondo inescrutable que vuelve, una y otra vez. Es preciso entonces reconciliarse con la noche, establecer un pacto con su quietud insondable para que haya un descanso.</p>
<p class="Cuerpo">Este entero libro est&aacute; recorrido por la tarea &eacute;tica de <em>afinarse </em>con las horas, con el atardecer, con el alba que tarda. Leyendo a Adalid somos noct&iacute;vagos al seguir el hilo de un bajo continuo de sombra, una diagonal que imanta y enturbia incluso los momentos m&aacute;s luminosos. Dir&iacute;a que <em>Ser lugar </em>est&aacute; contra la imperial radiaci&oacute;n con la que intentamos protegernos, apartarnos de la noche com&uacute;n de la que venimos. Y que en realidad vuelve, encarnada en la multitud de seres lentos y atrasados que salen de ella.</p>
<p class="Cuerpo">Encontramos tambi&eacute;n en este poemario una suerte de tabla peri&oacute;dica de los elementos, cada uno de ellos bendecidos por su rara tendencia al milagro. El hinojo, la ca&ntilde;a, la higuera... La luna oculta: &ldquo;hay tanta soledad en ese oro&rdquo;, dec&iacute;a Borges. Bajo ella los desechos, las botellas perdidas, las colillas que obligan al agua a redibujar continuamente la orilla. Y acaso tambi&eacute;n el temor y el amor como elementos, como part&iacute;culas que pertenecen al suelo que pisamos.</p>
<p class="Cuerpo">No hay nada desechable, nada despreciable en este desierto atiborrado en el que vivimos. Por eso es cre&iacute;ble el momento en el que <em>Ser lugar</em> defiende pedir tambi&eacute;n un deseo cuando sobre nosotros pasa chatarra espacial. &iquest;La poes&iacute;a esboza la gloria de un basurero desconocido, exhibiendo las joyas de un d&iacute;a que es pobre porque no desciende a la humildad de sus materias primas? Para esto, para palpar la sacralidad de lo banal, una alianza secreta de lo &Iacute;nfimo y el Alt&iacute;simo en la que eran expertos los escritores rusos, hay ciertamente que salirse de "la cola del miedo".</p>
<p class="Cuerpo">Lo cual significa sin duda <em>rendirse</em> a lo visible, entrar en la revelaci&oacute;n que s&oacute;lo ocurre tras la derrota, en una aceptaci&oacute;n del signo de la adversidad. El mundo vencido nos entrega otras estrellas, a veces en el sabor renovado de lo m&aacute;s sencillo. Entramos entonces en una oscuridad acogedora donde todo, tambi&eacute;n el &uacute;ltimo amigo muerto, tambi&eacute;n azules imposibles y lunas casi inexistentes, encuentra su lugar.</p>
<p class="Cuerpo">Acompa&ntilde;ado de un rosario de benditos seres an&oacute;nimos, hero&iacute;nas que bajan las luces para que se puedan divisar las estrellas, h&eacute;roes que buscan en la basura para rescatar algo en la masa ingente de lo despreciado. Mientras titanes desconocidos saludan a cualquiera, como si fuera un hermano. <em>Ser lugar</em> est&aacute; ocupado por la voluntad de no herir m&aacute;s, de atenuar una intensa radiaci&oacute;n que ha da&ntilde;ado el umbral en el que ha de vivir cada ser y es culpable de la lenta extinci&oacute;n de las luci&eacute;rnagas. Para este gesto heroico es necesario romper con la manada y salir a la intemperie. Es corporal y moralmente obligatorio sentir un raro orden en lo que parec&iacute;a s&oacute;lo penumbra. Lo que semeja un caos s&oacute;lo es peligroso visto desde una noci&oacute;n de orden demasiado estrecha, excesivamente policial.</p>
<p class="Cuerpo">Este libro, incluso en lo dom&eacute;stico y desesperadamente cotidiano, espera continuamente la conjugaci&oacute;n de lo inesperado. &ldquo;En el principio era la posibilidad&rdquo;, escribe Adalid, el verbo donde el tiempo se hizo carne. &ldquo;Somos lo que ha podido ser de todos los infinitos posibles&rdquo;. Tal vez lo que nuestros abuelos llamaban Dios es tambi&eacute;n la necesidad incalculablemente contingente de las voces, los rostros y cosas. El azar nunca se equivoca, tampoco en un calidoscopio: como se escribi&oacute; hace tiempo, nadie ha hecho jam&aacute;s objeciones a una nube mal formada. Todo lo que ocurre es bueno, el signo de algo que hay que atender, suger&iacute;a un humilde entrenador de f&uacute;tbol.</p>
<p class="Cuerpo">Este libro est&aacute;, como si fuera antiguo, atento a esos signos. Dispuesto a bendecir lo encontrado por el hecho de haber sido <em>hallado</em>, no construido con nuestro orgulloso narcisismo, esta imperial estrategia de radiantes elecciones. El deseo es otra cosa muy distinta al capricho de lo que queremos: incluye escuchar, atender al temple en el que respira cada cosa. Estamos, creo, ante un libro muy "religioso" en su forma devota de ser materialista. Una fe intuitiva compatible, naturalmente, con una desconfianza incansable ante las iglesias. Y esto aunque algunos creyentes no se sientan necesariamente propietarios de nada. Hay un dios que acampa en los descampados, que llama a inclinarnos ante la hierba que se inclina bajo nuestro peso y roza las manos.</p>
<p class="Cuerpo">Las creencias apuestan por lo que no es nuestro, ni apropiable. Son m&aacute;s bien un tipo de relaci&oacute;n que acepta la no pertenencia. No olvidemos que si la industria pretende conservar las cosas a&ntilde;adi&eacute;ndoles un sustancia ajena que finalmente las estropea, el arte conserva dejando ser, entreg&aacute;ndose a la caducidad incorruptible de cada cuerpo.</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;La deslealtad es la nueva ley&rdquo;, leemos en <em>Ser lugar</em>. No quisiera acabar estas notas sin unas palabras sobre una de las primeras especies en v&iacute;as de extinci&oacute;n: la buena educaci&oacute;n, la amabilidad, la atenci&oacute;n. No digamos ya las formas de la bonhom&iacute;a. La celebrada globalizaci&oacute;n no es m&aacute;s que un narcisismo expandido, un sectarismo de masas. Es en realidad incompatible con la atenci&oacute;n a los matices que avivan la singularidad del otro. Si se han perdido las formas es porque &ldquo;la demora de la forma&rdquo;, su ritual silencioso, es la &uacute;nica manera de cortejar la rareza de los contenidos, ese pulular de seres a ajenos a la horda "mundial" de la informaci&oacute;n. Es el mundo mismo el que resiste a la mundializaci&oacute;n. Sin demasiados rodeos, este libro maldice la ferocidad <em>canceladora</em> que se ha adue&ntilde;ado de las democracias occidentales. En tal sentido, <em>Ser lugar </em>es incluso un excelente manual para otra pol&iacute;tica posible, tal vez una nueva y desconocida edad. Aunque, como vemos en las cacer&iacute;as humanas de la actualidad, esa era no est&eacute; pr&oacute;xima a llegar, es una obligaci&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica preparar su remota posibilidad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Luis G. Adalid, <em>Ser lugar</em>, RIL Editores, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:04:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrañeza de Carlos Droguett]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-extraneza-de-carlos-droguett/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CARLOS_DROGUETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En tiempos de confusi&oacute;n, cuando la fronda cultural amenaza con extraviar el criterio, es bueno retomar la idea de canon como br&uacute;jula literaria. Harold Bloom asociaba la excelencia art&iacute;stica con la rareza, por la cual el autor, en un di&aacute;logo a un tiempo deleitoso y ag&oacute;nico con la tradici&oacute;n que lo precede, finalmente vence, encontrando su propia e inalienable originalidad. &nbsp;</p>
<p>La enorme densidad de la obra de Carlos Droguett, que constituye por s&iacute; misma toda una literatura, posibilita una pl&eacute;yade de enfoques cr&iacute;ticos. De este modo, la vertiente social de la escritura del autor chileno podr&iacute;a ser interpretada, tambi&eacute;n, desde un punto de vista psicoanal&iacute;tico, como una rebeli&oacute;n del hijo (Carlos Droguett-personaje-Cristo) contra el Padre con may&uacute;scula (Don Adolfo-personaje-Dios), contra un progenitor saturniano que devora a sus criaturas &ldquo;desde la primera hoja araucana&rdquo;. Esto es puramente rom&aacute;ntico, y recuerda al Shelley del <em>Prometeo liberado</em>, obra en que J&uacute;piter se bate contra el defensor de la raza humana. As&iacute;, la presencia de Pedro de Valdivia, de los &ldquo;pacos&rdquo; (que llevan a cabo una guerra civil lorquiana contra los proletarios en toda la narrativa de Droguett), la sombra de los oligarcas o del ej&eacute;rcito, entre otros, no ser&iacute;an sino la encarnaci&oacute;n de un super-ego represivo contra el que clama la voz del escritor. Ya en el lejano &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; se enfr&iacute;a la sopa?&rdquo;, de 1932, la palabra &lsquo;padre&rsquo;, en un cuento de apenas unas pocas p&aacute;ginas, aparece mencionada treinta y siete veces. Es una figura que se caracteriza por una frialdad violenta que golpea en lo m&aacute;s hondo al hijo, trasunto de nuestro autor.</p>
<p>Por otra parte, la orfandad materna (do&ntilde;a Sara muere cuando Droguett era muy ni&ntilde;o) trata de sublimarse por medio del arte, y en este sentido podr&iacute;a aseverarse, siguiendo a Julia Kristeva, que en la literatura del chileno, de signo fundamentalmente po&eacute;tico, el genotexto (la reserva del Id, del inconsciente) irrumpe constantemente en el fenotexto, rompiendo la unicidad que en el lenguaje corriente posee el eje de selecci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. Es en esta clave, quiz&aacute;, como deber&iacute;a leerse la intergenericidad (de una prosa que es siempre l&iacute;rica, de un teatro que es narrativo y po&eacute;tico), la intratextualidad y la intertextualidad de la literatura droguettiana, de los que no se ofrecer&aacute;n aqu&iacute; m&aacute;s que algunos ejemplos (extra&iacute;dos, de forma consciente, de obras que no han sido las m&aacute;s aclamadas por la cr&iacute;tica).</p>
<p>En la cuent&iacute;stica del escritor, tanto en la &eacute;dita (la que parte de los a&ntilde;os treinta del pasado siglo y fue recogida en las colecciones <em>Los mejores cuentos de Carlos Droguett</em>, de 1966, y <em>El cementerio de los elefantes</em>, de 1971) como en la in&eacute;dita (que ya no lo es gracias a la editorial santiaguina LOM) la dominante se desplaza desde lo puramente narrativo hacia lo l&iacute;rico, en unos relatos que cumplen con todos y cada uno de los rasgos de la prosa po&eacute;tica, desde la escasa referencialidad hasta la ambig&uuml;edad del yo de los personajes, cuya identidad se difracta en un sinf&iacute;n de rememoraciones, temas y digresiones. En estos textos la esfera m&iacute;tica transforma el tiempo en circular, y la brillantez del lenguaje (la imagen, el ritmo, el s&iacute;mbolo) desplaza en inter&eacute;s a la trama, al <em>siuzhet</em>, como la denominaban los formalistas rusos.</p>
<p>Como ocurre con la gran literatura, en la obra literaria de Carlos Droguett el signo se disemina siempre. Hay tantos Cristos en su escritura, desde el Jes&uacute;s consuetudinario del cuento &ldquo;El desesperado&rdquo;, de 1933, hasta el Cristo feminizado que concibe Ram&oacute;n Neira, o el personaje sufriente de <em>Eloy</em> o <em>Patas de perro</em>. Sin olvidar al Cristo par&oacute;dico de <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, al guerrillero del mundo antiguo perennemente resucitado en su literatura del exilio o a la figura del criminal, infanticida en <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, o bien asesino de hombres y mujeres en <em>Todas esas muertes.</em> Por no hablar del Cristo tr&aacute;gico de un cuento (magn&iacute;fico) como &ldquo;A veces tambi&eacute;n&rdquo;.</p>
<p>Una se&ntilde;al de buena literatura es el grado de extra&ntilde;amiento que las obras imprimen a nuestra percepci&oacute;n automatizada de la realidad. En esta direcci&oacute;n, vale la pena leer la primera p&aacute;gina de la obra <em>Ventura de Pedro de Valdivia</em> (publicada en Santiago en 1942), del historiador Jaime Eyzaguirre, el cual es un representante de la versi&oacute;n oficial (y oficialista) de la historia de Chile: &ldquo;Le cabe a Chile -dice- revelarse a la historia del mundo con una dignidad especial&iacute;sima. Esa irrupci&oacute;n del esp&iacute;ritu y de la vida de occidente al trav&eacute;s de sus cordilleras hirsutas, de sus desiertos de sobriedad implacable, de sus valles floridos y de sus bosques de h&uacute;meda aroma, tiene todos los acentos de una epopeya grandiosa&rdquo;. Y en lo que concierne a Pedro de Valdivia (un militar de gran celebridad en la &eacute;poca, al que el mismo Francisco Pizarro llama a su lado en la guerra civil del Per&uacute;), se apunta: &ldquo;solo &eacute;l concibe con mirada de estratega la conquista de Chile y con mente de estadista sabe trazar las primeras y m&aacute;s dif&iacute;ciles l&iacute;neas de la organizaci&oacute;n. Valdivia es el art&iacute;fice de esta obra maestra de la audacia, el m&aacute;s arriesgado protagonista de la epopeya, el m&aacute;s fiel historiador de sus hechos de gloria, el captador m&aacute;s tierno y afectuoso de la belleza que exhala la tierra de Chile&rdquo;. Esta visi&oacute;n &eacute;pica de la Conquista comienza con las <em>Cartas</em> de los paladines, donde se articula una visi&oacute;n trascendente de esta empresa hist&oacute;rica, se realiza una autoglorificaci&oacute;n del individuo vencedor y se presenta la tierra ganada como un negocio provechoso, como un bot&iacute;n. La gran innovaci&oacute;n que ponen en pr&aacute;ctica las novelas droguettianas (a saber, <em>Supay el cristiano</em> y <em>100 gotas de sangre y 200 de sudor</em>) es precisamente la de subvertir completamente la epopeya al leer y escribir los hechos de la conquista de Chile a partir de un discurso del fracaso cuyo modelo es el de los <em>Naufragios</em> (1542) de Alvar N&uacute;&ntilde;ez Cabeza de Vaca. Chile no aparece entonces como una tierra de maravillas, sino como un suelo yermo de oro, donde se sufren las inclemencias del tiempo y sobre todo el hambre, una hambruna atroz que hace pensar obsesivamente a los soldados en la antropofagia. El m&eacute;rito de Droguett es el de entregarnos la intrahistoria de la epopeya, en que el hombre com&uacute;n conoce la verdadera cara de la utop&iacute;a. &ldquo;Estaban todos -se dice en <em>100 gotas</em>- ya en Valpara&iacute;so, felices de abandonar la apestosa tierra&rdquo;. Y, los miembros de la tropa &ldquo;sent&iacute;an un extra&ntilde;o gusto en maldecir de Dios y del Rey&rdquo;. La denuncia contra el protocapitalismo (y su derivaci&oacute;n imperialista) no puede ser mayor.</p>
<p>La polifon&iacute;a se advierte en narraciones como <em>Los asesinados del Seguro Obrero</em>, el cual supone a la vez un texto fundacional del g&eacute;nero del testimonio en la literatura latinoamericana y representa asimismo su deconstrucci&oacute;n (y el retrato de los alzados, personajes rom&aacute;nticos, favorece adem&aacute;s esta lectura). Parodia existe, a m&aacute;s de esto, en <em>El compadre</em>, cuyo protagonista proletario, Ram&oacute;n Neira, es un doble a escala real con respecto a personajes del realismo socialista chileno como el Enrique Quilodr&aacute;n de <em>La sangre y la esperanza</em>, de Nicomedes Guzm&aacute;n, o el El&iacute;as Lafertte de <em>Hijo del salitre</em>, de Volodia Teitelboim. Constituyen estos &uacute;ltimos encarnaciones ideales e idealistas de la ortodoxia pol&iacute;tica. Igual ocurrir&aacute; en una obra como <em>Seg&uacute;n pasan los a&ntilde;os</em> donde, junto al retrato hagiogr&aacute;fico del presidente Salvador Allende, aparece una subtrama (la del aviador Francisco y su hermano Roberto) que dialoga intertextualmente con la composici&oacute;n de Carlos Droguett titulada <em>Ca&iacute;n, Abel y Ca&iacute;n.</em> Recu&eacute;rdese que, en esta profund&iacute;sima pieza dram&aacute;tica, Yahv&eacute; resucita a Abel para que se produzca la ansiada reconciliaci&oacute;n, mas el pastor asesina a su hermano con la quijada de burro, difuminando todas las seguridades &eacute;ticas. La complejidad filos&oacute;fica es siempre sin&oacute;nimo de rebeld&iacute;a y ant&oacute;nimo de monologismo y univocidad.</p>
<p><em>Todas esas muertes</em> es un tributo a la belleza m&oacute;rbida, en que aun los elementos m&aacute;s desagradables de la existencia resultan atrayentes sublimados en arte. En esta novela, el mal adquiere un tono uncioso y untuoso muy propio del decadentismo (el relato est&aacute; enclavado temporalmente en la primera d&eacute;cada del pasado siglo), y los actos m&aacute;s crueles de Dubois revisten una apariencia sacra, para escarnio y befa de la religi&oacute;n oficial. De ello resulta una suerte de misticismo endemoniado del que el asesino es ap&oacute;stol. Pero m&aacute;s all&aacute; de estas paradojas, el significado de la novela se disemina a trav&eacute;s de sus intertextos. En este aspecto, la obra posee m&uacute;ltiples niveles, ya que la comprensi&oacute;n del crimen en su funci&oacute;n social y en un sentido nietzscheano provienen muy posiblemente de la novela <em>Crimen y castigo</em>, de Dostoievski, donde Raskolnikov asesina a la vieja usurera con la voluntad de deshacerse de un par&aacute;sito social (como lo ser&aacute;n Lafontaine, Chaille o Titius en <em>Todas esas muertes</em>), pero tambi&eacute;n con el deseo de sobrepujarse, resistiendo la soledad en un p&aacute;ramo allende de lo bueno y lo malo. Ni uno ni otro, ni Raskolnikov (que claudica en brazos de Sonia, que representa la pureza del cristianismo ortodoxo) ni Dubois (que tambi&eacute;n acaba desistiendo) ser&aacute;n capaces de soportar una escisi&oacute;n completa con respecto a su comunidad, instal&aacute;ndose en el puro devenir y en la superaci&oacute;n de todos los valores. El texto droguettiano dialoga tambi&eacute;n con <em>Del asesinato considerado como una de las bellas artes</em>, de Thomas de Quincey, pero sobre todo posee una significaci&oacute;n m&aacute;s profunda, de estirpe psicoanal&iacute;tica. &Eacute;mile Dubois asesina en todos los hombres (que representan simb&oacute;licamente el poder y la ley) a su padre ausente, y en todas las f&eacute;minas a la madre que lo abandon&oacute;. Como dice el protagonista: &ldquo;esas mujeres me dejaron triste, todas las mujeres, desde que tengo recuerdo para acordarme de mi vida me han hecho sufrir y me han ido dejando cada vez m&aacute;s solo, por ellas soy criminal&rdquo;. Las posibles conexiones son evidentes. Carlos Droguett no solo era Eloy, sino que era, en mayor o menor medida, todas sus criaturas literarias.</p>
<p>Se mencionar&aacute; en &uacute;ltimo lugar otra obra pionera, <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, que ha sido ya estudiada como un texto precursor del neopoliciaco y de la novela antidetectivesca en la literatura de Am&eacute;rica Latina. En efecto, a los supuestos hechos (el asesinato plat&oacute;nico-cristiano de cincuenta ni&ntilde;os, a los que alguien corta la cabeza para que su esp&iacute;ritu no sufra la tiran&iacute;a del cuerpo, es decir, del est&oacute;mago) se superpone la versi&oacute;n a lo divino de una serie de testigos sospechosos (los neoevangelistas, a saber: un neur&oacute;tico, un asesino, una prostituta y un morfin&oacute;mano), que confunden al criminal con una especie de Cristo redivivo. De esta suerte, la novela policiaca se transforma en un delirio paranoico y finalmente par&oacute;dico y c&oacute;mico que concretiza una celebraci&oacute;n del arte de la escritura. Estamos ante un texto de una originalidad (y una heterodoxia) que no tiene precedentes (ni subsecuentes) en lengua espa&ntilde;ola.</p>
<p>Incluso el estilo de Carlos Droguett, tironeado entre una acumulaci&oacute;n metaf&oacute;rica con la que quiere abarcarse el mundo y el anacoluto, por medio del cual el af&aacute;n anal&oacute;gico se rebela y deviene en ocasiones verbosidad ca&oacute;tica (igual que en el teatro del absurdo) carece de paralelo en el arte literario de nuestro idioma. Se trata de una literatura densa y dif&iacute;cilmente aprehensible (como la sopa del famoso cuento de Droguett), la cual por su extra&ntilde;eza y originalidad merece sin duda un lugar central en el canon.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Jan 2025 14:09:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diálogos entre ángeles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dialogos-entre-angeles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DI_LOGOS_ENTRE_NGELES_-_LUIS_GRACIA_GASPAR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El joven investigador literario, Luis Gracia Gaspar nos ofrece, en este su primer trabajo editado, el estudio de un buen pu&ntilde;ado de cartas entre dos poetas tocados por el &ldquo;hado&rdquo;<em>,</em> y es que entre &ldquo;&aacute;ngeles anda el juego&rdquo;<em>, </em>es decir, seres con poderes sobrenaturales cuya m&aacute;xima es servir a un ser superior, ll&aacute;mese poes&iacute;a.</p>
<p>Este ensayo, con un interesante pr&oacute;logo del poeta Luis Antonio de Villena, gira en torno a las &nbsp;sesenta y dos misivas in&eacute;ditas hasta el momento, entre el poeta, traductor y cr&iacute;tico, &Aacute;ngel Crespo, nacido en Ciudad Real y cuyos restos descansan en Calaceite (Teruel) y el vate &mdash;como el autor gusta de llamar a ambos&nbsp; a lo largo del texto&mdash; zaragozano, &Aacute;ngel Guinda, que tambi&eacute;n toc&oacute; el tema de la traducci&oacute;n y sobre todo de la edici&oacute;n. Las cartas originales &nbsp;pertenecen al archivo personal del &uacute;ltimo&nbsp; y a la fundaci&oacute;n Jorge Guill&eacute;n.</p>
<p>No solo encontramos en este texto la informaci&oacute;n contenida en las cartas transcritas por el autor, sino que Gracia Gaspar trasciende lo puramente epistolar y nos ofrece una amplia foto fija del panorama literario del momento. As&iacute;, el libro, tras el pr&oacute;logo y una breve introducci&oacute;n, se divide&nbsp; en dos partes; una primera que a su vez se divide en cuatro periodos y en la que encontramos un an&aacute;lisis pormenorizado de las misivas y de los acontecimientos que a modo de marco hist&oacute;rico nos permiten hacernos una idea de la &eacute;poca en la que estas cartas cruzaron, en su mayor&iacute;a, el Atl&aacute;ntico. Todo esto complementado con una gran cantidad de notas a pie de p&aacute;gina, fruto de la minuciosa investigaci&oacute;n del autor que nos facilita&nbsp; una mejor comprensi&oacute;n y conocimiento de muchos de los nombres que van apareciendo a largo de las conversaciones entre ambos y que dan cuenta de escritores, editores y personajes del mundo intelectual del momento. Magistralmente medidos los tiempos y el ritmo, el autor intercala interesantes notas &nbsp;del diario personal del poeta de Ciudad Real, as&iacute; como fragmentos de otros estudios o art&iacute;culos &nbsp;sobre los poetas y sus obras firmados por &nbsp;escritores como Alfredo Salda&ntilde;a Jos&eacute; Mar&iacute;a Balcells, Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;, Amador Palacios o Luis Jim&eacute;nez Martos entre otros. Adem&aacute;s de extractos de los testimonios de Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, quien no solo fue la primera mujer del aragon&eacute;s, sino su editora y amiga incondicional, o del escritor &nbsp;Manuel Mart&iacute;nez-Forega.</p>
<p>En la segunda parte, el autor nos ofrece las&nbsp; cartas objeto de estudio por orden cronol&oacute;gico, y previamente comentadas y analizadas. De vez en cuando nos regala imagen de la original, &nbsp;bien manuscrita &nbsp;o bien &nbsp;mecanografiada. Esto confiere a los lectores la sensaci&oacute;n de atisbar o de tener acceso a las cosas m&aacute;s &iacute;ntimas de los poetas. Nada&nbsp; hay m&aacute;s &iacute;ntimo y personal que una carta. Y nada m&aacute;s m&aacute;gico que ese&nbsp; mensaje viajando<em> overseas </em>buscando su destino. Personalmente, me he quedado con ganas de m&aacute;s, de saber c&oacute;mo acab&oacute; aquello o c&oacute;mo se desarroll&oacute; lo otro.&nbsp; S&iacute;, ll&aacute;menme morbosa, pero &iquest;qu&eacute;, si no es la curiosidad, te lleva a leer la correspondencia ajena?</p>
<p>Estos ingredientes bien estructurados y dosificados mantienen el inter&eacute;s del lector a lo largo de unas l&iacute;neas que nos recuerdan y confirman que el g&eacute;nero epistolar, considerado ya como un subg&eacute;nero literario m&aacute;s, es<em> </em>&ldquo;la mejor obra del autor&rdquo; o &nbsp;&ldquo;literatura vena adentro&rdquo;<em> </em>como nos recuerda Luis Antonio<em> </em>de Villena<em> </em>en el pr&oacute;logo<em>. </em>Un g&eacute;nero que sigue gozando &nbsp;de buena salud como nos indican los numerosos epistolarios entre escritores que siguen saliendo a la luz. Precisamente uno de&nbsp; los temas que ocupan estas conversaciones en diferido es la publicaci&oacute;n en el &nbsp;entonces reci&eacute;n creado sello editorial de Olifante de las cartas entre Luis Cernuda y el poeta portugu&eacute;s, Eugenio de Andrade, a las que el mismo Crespo tiene acceso por su amistad con el vate luso. Casualidad del destino, sus propias misivas son las que ocupan a otro autor, Luis Gracia Gaspar, cuarenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s. Y es que antes del advenimiento de las nuevas tecnolog&iacute;as, las cartas fueron tambi&eacute;n para los intelectuales&nbsp; el medio habitual de comunicaci&oacute;n para establecer esos v&iacute;nculos tan necesarios para nutrirse de la otredad y huir de la tan temida soledad del poeta. Esta idea queda corroborada con&nbsp; la relaci&oacute;n epistolar que &Aacute;ngel Guinda decide establecer no sabemos por qu&eacute; (no queda constancia de la primera misiva) con el poeta &Aacute;ngel Crespo que vive en Puerto Rico fruto de un exilio forzoso o m&aacute;s bien autoimpuesto. Qu&eacute; le lleva al aragon&eacute;s a elegir al castellano-manchego como interlocutor es algo que me he preguntado a lo largo de la lectura de esta obra y he buscado, como Luis Antonio de Villena un nexo com&uacute;n entre ambos; no se conoc&iacute;an personalmente, les separan veinte a&ntilde;os y Guinda ni siquiera sab&iacute;a que Crespo resid&iacute;a en Puerto Rico. Busco pues, ya no un nexo sino una&nbsp; raz&oacute;n y la hallo, ya no tanto entre las l&iacute;neas sino &ldquo;leyendo entre l&iacute;neas&rdquo;<em> </em>y viendo como ambos escritores, en un par de cartas olvidan la f&oacute;rmula de cortes&iacute;a &nbsp;y se empieza a fraguar una relaci&oacute;n distendida y sincera. Tenemos acceso en este volumen a las cartas que se cruzaron durante cuatro a&ntilde;os primero ininterrumpidamente y al resto despu&eacute;s y hasta 1989 de una manera m&aacute;s anecd&oacute;tica y distanciada en el tiempo, con detalles pormenorizados de dos visitas a Espa&ntilde;a de Crespo y su mujer, Pilar G&oacute;mez Bedate, muy presente en todos los escritos, y un viaje a Oporto donde se encontraron con Eugenio de Andrade. &iquest;Y qu&eacute; hallo? Pues me encuentro con dos poetas &aacute;vidos de transcender, de ir m&aacute;s all&aacute; de la marginalidad donde se encuentran como explica De Villena. &nbsp;El ma&ntilde;o no es conocido fuera de sus fronteras y el de Ciudad Real no logra reconocimiento m&aacute;s all&aacute; de su tarea de traductor, en especial de la <em>Divina Comedia</em>, cuando &eacute;l lo que quiere es triunfar en Espa&ntilde;a como poeta, que no se le olvide all&aacute; en la patria chica de la que huy&oacute;. Como dos amigos se intercambian poemarios, impresiones de los mismos y pronto se servir&aacute;n el uno del otro para buscar salidas a sus obras y que el trabajo cruzado de ambos les permita que sus nombres suenen en el plano intelectual&nbsp; del momento. Un ambiente que se hace presente en estas p&aacute;ginas en nombres de autores, cr&iacute;ticos y editores o&nbsp; de revistas literarias como <em>Estafeta</em>, <em>&Iacute;nsula </em>o <em>Cal. </em>&nbsp;La lectura de dichas cartas nos ofrece &nbsp;la oportunidad de conocer c&oacute;mo se fraguaba la edici&oacute;n de un libro o la ansiedad que les generaba la falta o la demora de noticias al respecto.</p>
<p>Descubrimos tambi&eacute;n la dimensi&oacute;n m&aacute;s humana de ambos, pues hablar de estos dos bardos no es solo hablar de poes&iacute;a; es hablar de mucho m&aacute;s ya que ambos trascienden al g&eacute;nero l&iacute;rico como podr&aacute;n comprobar quienes se acerquen a estas l&iacute;neas que nos muestran a un Crespo muy interesado en&nbsp; lo espiritual y esot&eacute;rico &mdash;influido seguramente por la lectura y traducci&oacute;n de la <em>Divina Comedia</em>&mdash; que disfruta, defiende y lucha por la pervivencia de las lenguas &nbsp;relegadas como las retorromanas, o la misma fabla o aragon&eacute;s. Al Guinda hombre que sufre las crisis y miserias de su condici&oacute;n humana, &ldquo;que se bebe la vida a tragos&rdquo;<em>,</em> sin abandonar nunca su humor y su facilidad para jugar con el lenguaje. Un Guinda en constante b&uacute;squeda y autodestrucci&oacute;n para renacer de nuevo. Unos poetas muy exigentes en su labor creadora que&nbsp; encuentran el uno en el otro un gran apoyo y est&iacute;mulo para seguir creando.</p>
<p>En suma, no me resta sino felicitar al autor por su elecci&oacute;n del g&eacute;nero po&eacute;tico y a la vez epistolar para su primer trabajo cr&iacute;tico, en el que hace gala de una gran maestr&iacute;a del decir&nbsp; y de una &nbsp;cultura literaria extensa como no pod&iacute;a ser de otra manera siendo hijo de quien es, el&nbsp; profesor, cr&iacute;tico literario y poeta, Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo. Agradecerle tambi&eacute;n el ofrecernos la posibilidad de degustar estas cartas que rebosan poes&iacute;a, porque, no olvidemos que,&nbsp; quien es poeta llena de poes&iacute;a todo lo que toca.</p>
<p>&iexcl;Ah! Y no pasen por alto las citas que ilustran la apertura de cada parte. Nada est&aacute; elegido al azar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Gracia Gaspar, <em>El epistolario in&eacute;dito entre &Aacute;ngel Crespo y &Aacute;ngel Guinda (1974-1989)</em>, Madrid, Visor, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:38:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El drama de los días]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-drama-de-los-dias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANN_LAUTERBACH_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ann Lauterbach, poeta poco conocida entre nosotros, lectores en espa&ntilde;ol, ocupa, sin embargo, un destacado lugar en la poes&iacute;a norteamericana de nuestros d&iacute;as, y con frecuencia se ha incluido dentro de la vanguardia de aquel pa&iacute;s junto a nombres como David Saphiro, poeta calificado de radical, inspirador del cineasta Jim Jarmush, y con Peter Gizzi, eleg&iacute;aco y luminoso, influenciado por Ezra Pound.&nbsp;</p>
<p>Aunque, tal vez m&aacute;s apropiadamente, con John Ashbery, uno de los mayores poetas norteamericanos del pasado siglo, fallecido en 2017, contorsionista del lenguaje, explorador de los l&iacute;mites de la conciencia, que reflexiona sobre el acto creativo y, en especial, sobre la propia poes&iacute;a; cr&iacute;ptico, ir&oacute;nico, deudor de Auden. Tambi&eacute;n, y muy especialmente, con Barbara Guest, perteneciente a la escuela de Nueva York como el mismo Ashbery y cuya poes&iacute;a se caracteriza por su proximidad con el arte contempor&aacute;neo, sobre todo con el expresionismo abstracto.&nbsp; L&uacute;cida ensayista sobre poes&iacute;a y pintura, como la autora que nos ocupa, se detiene entre otros, con rigor y acierto, en la complejidad de la poes&iacute;a de Wallace Stevens, al que no debemos olvidar como descubridor de una nueva sensibilidad, distinta y audaz, exuberante, llena de sabidur&iacute;a, y como gran transformador de la moderna poes&iacute;a estadounidense.&nbsp;</p>
<p>Ediciones Contrabando nos ofrece dentro de su colecci&oacute;n Marte de poes&iacute;a esta edici&oacute;n biling&uuml;e de la mano de la escritora y traductora Marta L&oacute;pez Luaces, que demuestra un profundo conocimiento, dedicaci&oacute;n y pasi&oacute;n para poder verter en nuestra lengua este poemario con la exigencia que requiere, ya que trata de reconstruir con &eacute;xito, en la lengua de llegada, complejos matices, sin tener que recurrir a excesivas amplificaciones cuando el ingl&eacute;s se muestra m&aacute;s econ&oacute;mico estructuralmente que el castellano.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Y por ejemplo </em>es el quinto libro de poes&iacute;a de los once de esta autora y fue publicado en 1994. Es la primera vez que es traducido al espa&ntilde;ol y suponemos que la elecci&oacute;n de este t&iacute;tulo se debe al hecho de ser este poemario un pilar fundamental de la obra. Por densidad tem&aacute;tica, por su intensa meditaci&oacute;n que hace que el lector llegue a abandonar el mismo poema y entre en un laberinto de reflexiones, en una nueva idea de libertad, de m&iacute;stica de la creaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Hay en estos poemas un perfeccionamiento intelectual de la poes&iacute;a, una exigencia emocional del escritor que quiere esculpir el drama de los d&iacute;as en tan solo dos versos: &ldquo;Deb&iacute;a hacer mucho fr&iacute;o / En el cubo lleno de lo previo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Si bien es cierto que Lauterbach se ha definido en alguna entrevista como<em>: </em>&ldquo;lonely, paranoid and scared&rdquo;, algo as&iacute; como: solitaria, paranoica y temerosa, ante la idea de ser clasificada, todos nosotros sabemos que en poes&iacute;a la inclusi&oacute;n en un determinado grupo es una obsesi&oacute;n sist&eacute;mica; poner l&iacute;mites a la literatura, encerrar el vasto mundo del poeta dentro de una caja de cerillas; estandarizar es tentaci&oacute;n en quienes no creen en el ser del mismo lenguaje, porque no han descubierto su infinita libertad; en el poema &ldquo;&Eacute;pocas perdidas&rdquo;, dice: &ldquo;Aspiro la noche estoy bordada a ti / con una pena incendiaria&rdquo;<em>.</em>&nbsp;</p>
<p>Ha dicho, con solemnidad, en numerosas entrevistas, sentirse en la periferia; es una manera de expresar su inconformismo, una protesta apasionada, po&eacute;tica, irreconciliable con la castrante clasificaci&oacute;n en cualquier orden de la vida, y as&iacute; es, pues el lenguaje con el que se construye <em>Y por ejemplo</em> expresa esa extra&ntilde;a mezcla de una voz que son muchas voces, el <em>yo </em>po&eacute;tico se diluye, en realidad parece que se busca a s&iacute; mismo en la voz en <em>off</em> que &eacute;l mismo proyecta. Esa exigencia suya en la diferenciaci&oacute;n, en la b&uacute;squeda sin que sea nunca forzada, en la creaci&oacute;n de un tejido vivo: &ldquo;todo robado a algo llamado abril&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hay un mundo propio muy trabajado que desencadena en cada poema una especie de conmoci&oacute;n emocional. La pujanza evocadora aparece disfrazada entre los restos del propio poema roto, fragmentado.&nbsp;</p>
<p>En &ldquo;Cenizas, Cenizas (Ashes, Ashes)&rdquo; -t&iacute;tulo de la &uacute;ltima parte del poemario-, en la propia abstracci&oacute;n de lo que no llega a decirse por falta de aire, es donde la creadora neoyorkina m&aacute;s se entrega: &ldquo;Soy un atuendo abandonado / mi categor&iacute;a est&aacute; rota // Codicio el extremo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>V&iacute;nculo de naturaleza compleja, las palabras exploran en esa especie de desmoronamiento de lo cotidiano en nuestras vidas, a veces con falsa trivialidad, otras con la sobrecogedora elocuencia de quien todo escruta y analiza; con la evocaci&oacute;n eleg&iacute;aca que los grandes poetas hacen coincidir con el deseo de renovaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En ella podemos escuchar, entre otros, los ecos de Rilke, Elliot, Stevens, Auden o Faulkner. Podemos sentirlos porque en la gran poes&iacute;a habita la poes&iacute;a de los que hicieron al poeta ser quien es.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Destrucci&oacute;n y renovaci&oacute;n se encuentran, pero la felicidad no existe, no es real, no es algo que se pueda concretizar, sino que es un concepto abstracto, moral.</p>
<p>Explorar en el desmoronamiento, en la capacidad para soportar la tragedia de la p&eacute;rdida; hallar el eslab&oacute;n que te ha de mantener enganchado al mundo, que ese eslab&oacute;n sea el mismo mundo de las cosas reales; el tiempo presente que es un punto fijo, una anilla donde sujetarnos, rodeados del oc&eacute;ano de las ausencias. Asistimos a la dramatizaci&oacute;n del paso del tiempo. Ann Lauterbach hace crecer sus poemas en la tensi&oacute;n ps&iacute;quica y se eleva por encima de las palabras. Crea otra lengua en la lengua y busca los l&iacute;mites de &eacute;sta.&nbsp;</p>
<p>El poeta ha de llegar a ese &ldquo;punto cero&rdquo; del que nos hablaba Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, el de la libertad creativa, infinita, sin l&iacute;mites, que escapa del sistema dominante; ha de saber convertir la ausencia en presencia y ser consciente del sentido del ser y en ese desorden del alma saber dialogar con los fantasmas de lo no dicho y soltar el cometa de la imaginaci&oacute;n.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Esculpir dentro de esa falta de fuerzas para que &eacute;sta se torne fuerza, b&uacute;squeda y curaci&oacute;n. Llenar una superficie blanca. Escribir no para transmitir un mensaje sino para ser ave que deja su trazo en el cielo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ser&iacute;a muy de agradecer que Marta L&oacute;pez Luaces tradujese su reciente poemario <em>Door </em>(&ldquo;Puerta&rdquo;), aparecido en 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Ann Lauterbach, <em>Y por ejemplo</em>, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:27:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Fosfenos”: destellos en la esquina del verso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fosfenos-destellos-en-la-esquina-del-verso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ENRIQUE_VILLAGRASA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Enrique Villagrasa teje un trama po&eacute;tica desde el Jiloca hasta Tarragona que atrapa al lector.</p>
<p class="Cuerpo">Me he quedado pegada, como un insecto, a la gigantesca tela de ara&ntilde;a que ha tejido, con paciencia y primor, el poeta y critico literario Enrique Villagrasa. Se trata de su &uacute;ltimo poemario: <em>Fosfenos</em>, cuyo t&iacute;tulo ya previene de los posibles riesgos que entra&ntilde;a la lectura: una vez que se posan los ojos en &eacute;l, es dif&iacute;cil olvidar la luz que desprende. Son fogonazos que quedan atrapados en la mirada y que siguen deslumbr&aacute;ndonos aunque el objeto resplandeciente ya no est&eacute; al alcance de la vista.</p>
<p class="Cuerpo">&iquest;Y qu&eacute; nos muestran esos fosfenos? Nos hablan del protagonista del poemario, que aparentemente es Burb&aacute;guena, el pueblo turolense a orillas del Jiloca donde naci&oacute; el poeta, pero que, en realidad, constituye un <em>alter ego</em> de la voz po&eacute;tica. El escritor personifica el paisaje hasta tal punto que el ser humano se integra en el mismo y no puede desligarse de &eacute;l. Es como si fuera una parte m&aacute;s del lugar al que pertenece. Aunque se aleje del sitio, sus ra&iacute;ces lo conectan a esa tierra y se sigue alimentando de ella en la distancia. El lector siente c&oacute;mo el r&iacute;o Jiloca lo va llevando, aguas abajo, desde Burb&aacute;guena hasta Tarragona, la localidad donde vive Villagrasa pero no se trata de un viaje definitivo, porque da la sensaci&oacute;n de que la marcha nunca se ha producido y solo ha sido una ilusi&oacute;n. Los fosfenos siguen brillando y traen Burb&aacute;guena de vuelta.</p>
<p class="Cuerpo">En Burb&aacute;guena la voz po&eacute;tica toma forma, se construye. El paisaje se encarna y la carne se hace verso. Del paisaje al verso media el poeta, que est&aacute; dispuesto a desparecer para destilar la poes&iacute;a que existe en ese lugar. Y en esta fusi&oacute;n hombre-paisaje podemos observar, transparente como las aguas del Jiloca, la esencia misma de la poes&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Y, as&iacute;, cuando leemos <em>Fosfenos</em> comprobamos que, a partir de unos cuantos hilos luminosos se va tejiendo un poemario que se plantea en la naturaleza arm&oacute;nica y va cobrando intensidad conforme avanza la obra hasta llegar a un &eacute;xtasis final donde las r&aacute;fagas de obsesiones consiguen posarse y descansar, de nuevo, en la esquina del verso. All&iacute; temor y temblor se agitan en calma y, posiblemente, se materializa el regreso final a la vi&ntilde;a de los ancestros, cuyo espejismo camina como una sombra fiel desde el comienzo de la obra: "Frente a ti, la vid de la poes&iacute;a y su sabor".</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Enrique Villagrasa, <em>Fosfenos</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:10:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recordando a Samuel Beckett]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recordando-a-samuel-beckett/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JAVIER_OLIVARES_JORGE_CARRI_N_-_SAMUEL_BECKETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En lo m&aacute;s profundo de la mente humana, m&aacute;s all&aacute; de los museos, la ciencia-ficci&oacute;n, Stephen King o el teatro p&aacute;nico, ah&iacute;, donde los avatares pelean contra la pulsi&oacute;n del detalle, se encuentra el recuerdo de Samuel Beckett. Premio Nobel, irland&eacute;s afincado en Par&iacute;s, humano herm&eacute;tico&hellip; del que Jorge Carri&oacute;n en el texto y Javier Olivares en la ilustraci&oacute;n, realizan un friso vital y creativo en esta novela gr&aacute;fica, <em>Samuel &amp; Beckett</em>, editada por Salamandra. Una obra profunda, que recorre no solo las andanzas del autor dublin&eacute;s, tambi&eacute;n es un esbozo intr&eacute;pido y compacto de la historia social y cultural de la Europa de entreguerras, del territorio que resiste a dejar de ser la cuna formativa de los movimientos de vanguardia, a pesar de los tiros, la tristeza y el hambre. Beckett, que nacer&aacute; con la primera de las contiendas, fallece con el desgraciado estreno de la masacre balc&aacute;nica. El dolor de las trincheras, la liberaci&oacute;n pop, la contracultura: ser&aacute; Beckett capaz de intuir la pataf&iacute;sica y servir de inspiraci&oacute;n de la <em>no-wave</em> de Birthday Party. Palabras mayores, no excluyentes, por otro lado, de una autoridad intelectual que le permite ser tratado de igual a igual con autores como su amigo James Joyce o el argentino Jorge Luis Borges. Samuel Beckett, desde la portada del libro, parece la emanaci&oacute;n pura de la toxicidad <em>beatnik</em>, con ese rostro pop que nos recuerda al vidrio de amarillo l&aacute;udano de William Burroughs o se construye, mim&eacute;tico y circular, en sus gafas John Lennon, en sus gafas Fernando Arrabal. Sin querer ser simplista, Olivares capta su aura entre maldito y tecn&oacute;crata para demostrarnos, desde la misma presentaci&oacute;n, un esp&iacute;ritu atrapado en una existencia at&aacute;vica, esquem&aacute;tica en sentimientos y reacciones. La estructura de la obra, con una doble p&aacute;gina de color amarillo viscoso, apagado mate de pel&iacute;cula radioactiva, agrio, sirve de introducci&oacute;n a las vi&ntilde;etas en negro profundo, negro variado, alg&uacute;n blanco de amor, dinero y esperanza. Narraci&oacute;n lineal que va desde el a&ntilde;o 1906, en Dubl&iacute;n, con su hermano, su madre (de la que no escapar&aacute; nunca, metaf&oacute;rica y, seg&uacute;n Carl Jung, pr&aacute;cticamente de manera biol&oacute;gica) y su padre, importante basti&oacute;n estructural de su biograf&iacute;a. El padre, con los libros de John Milton, paseante en la delicada formaci&oacute;n de la ciudad, se ofusca en la pl&eacute;yade de alcohol y patata con la que la capital irlandesa acabar&aacute; expulsando a sus hijos. Mapas que, por el orden trazado, m&aacute;s que mapas son planos. Se trata pues de &ldquo;Una cerradura complicada que no se puede abrir con una llave sencilla&rdquo;. El masaje del disparate, la l&iacute;rica austera de las im&aacute;genes, un autor que hace de la ausencia una presencia. As&iacute;, sin dios, sin ley, sin sentido, se adentra en las ideas del que ser&aacute; su teatro, pleno de arenas postapocal&iacute;pticos, de desiertos abandonados devorados por la gangrena. En su miop&iacute;a de desconsuelo busca Par&iacute;s como gu&iacute;a, all&iacute; tendremos a James Joyce acompa&ntilde;ando su formaci&oacute;n definitiva hacia la literatura. Sombras para la belleza en forma de la hija de Joyce y un intento de asesinato que ser&iacute;a encarnaci&oacute;n del absurdo futuro. La voz del alcohol y la madrugada del autor de &lsquo;Dublineses&rsquo; que lo rodea: &ldquo;Posiblemente todos los caminos sean equivocados, pero debes encontrar el camino equivocado que te conviene&rdquo;. Carl Jung, del que he escrito al principio, le permite introducirse en la &lsquo;Teor&iacute;a del hombre retenido&rsquo;, atrapado en el interior del vientre materno, el hombre atrapado, que no ha nacido todav&iacute;a. Resolviendo, en parte, algunas de las inc&oacute;gnitas que le atan emocionalmente. Un esquema de acci&oacute;n ante la luz y el fuego, el aviso de una Alemania que arde y el combustible son el arte y la libertada. La ruptura de los espejos, una especie de muestrario de enfermos monstruos que no desean contemplarse, una distancia de absolutos. El amor, que es como un juego de naipes, en el que no sabes qu&eacute; cartas te van a tocar ni c&oacute;mo son las reglas. Tal vez en Par&iacute;s, con su baraja francesa y el alimento de una Peggy Guggenheim que aparece con invitada especial. Ojos de glamour, el intento de asesinato, la cuchilla cubierta de luz de farola del proxeneta que hace que la herida le lata en el pecho como un segundo coraz&oacute;n (o el m&uacute;sculo quiera huir a trav&eacute;s de la rendija).&nbsp; Par&iacute;s, el Par&iacute;s ocupado, su ingreso en la resistencia, papel y tinta. Uno, lector, se ve abocado a repasar la Teor&iacute;a de Grafos para entender las ra&iacute;ces, los v&eacute;rtices y las posibilidades. Personajes decadentes que lo rodean y que acabar&aacute;n siendo el alimento perfecto para su obra. Miniaturas que se iluminan con el fuego de un cigarrillo. Una pieza del ajedrez que cae, intelectual de manos agarrotadas, incapaz de atrapar la herramienta que lo alimente a &eacute;l y a su mujer Suzanne. Personajes que se ahogan en las distintas bilis del hombre, esperan su papel m&iacute;nimo en las obras que los mantengan como avatares de la eternidad. Acr&oacute;nimos que sostienen el apellido, como permutaciones con y sin repetici&oacute;n de un personaje, 'Molloy', capaz de airear su miseria, los dos esperando en un lugar que se define por la ausencia. La misma que la del autor en el estreno de &lsquo;Esperando a Godot&rsquo; en el teatro de babilonia. La prensa es un aplauso y, luego, perm&iacute;tanme esta veleidad nada objetiva, detenerse en la magna &lsquo;Final de partida&rsquo;, una de mis obras favoritas, con los reyes en toneles, la arena que lo cubre todo como el polvo del apocalipsis, los prism&aacute;ticos para buscar restos de una revuelta que no tuvo &eacute;xito. La inyecci&oacute;n del Rey, la morfina y el algod&oacute;n. Junto a 'Fando y Lis' de Fernando Arrabal o 'A puerta cerrada' de Jean Paul Sartre, el dibujo introductorio de los autores avisa, tras el amarillo, el s&iacute;mbolo claro de peligro radioactivo. La parte m&aacute;s nutritiva es, sin duda, la que abordan Olivares y Carri&oacute;n tras el &eacute;xito teatral, buceando en la pasi&oacute;n de Samuel Beckett por las formas de expresi&oacute;n audiovisuales, cristalizando en la radio, con sus teatros le&iacute;dos para BBC y el encuentro con Buster Keaton para rodar FILM. Keaton, con sus pantalones de jubilado, subidos muy por encima de la cintura, remueve el sue&ntilde;o de la Am&eacute;rica de pastel de manzana y unifamiliares. No entiendo nada, confiesa, sin rumor, el actor de cine mudo. Un partido de b&eacute;isbol, una partida de cartas terminada porque todos los participantes han fallecido. A&uacute;n en su estancia en Brooklyn, durante el rodaje, Beckett encontrar&aacute; una extra&ntilde;a paz en el dise&ntilde;o urbano, eucl&iacute;deo y racional de la ciudad, sin olvidar, ni por un momento, que Europa, todav&iacute;a de pie, colecciona cicatrices muy profundas, igual que los Estados Unidos hacen con sus conflictos perdidos. El Premio Nobel, los ideales, la degradaci&oacute;n y la b&uacute;squeda del perd&oacute;n: &ldquo;&iquest;Me permitir&aacute; mi obra que vuelva ella despu&eacute;s de esto?&rdquo;. Dos fechas, 1977, el &uacute;ltimo a&ntilde;o de Eddy Merckx en el ciclismo, la entrevista de Charles Juniet, el boxeo, la cultura popular, se suceden frente a &eacute;l las trivialidades que regala la paz. Pero, con una obra de teatro de un minuto, &eacute;l se conforma con escuchar. Todas las cosas son importantes. La segunda, 1989. Beckett, tras la muerte de sus padres y su esposa, es el &uacute;ltimo de la fiesta, el que le toca bailar con la muerte. &iquest;Sigue el p&uacute;blico contemplando el escenario? &iquest;Est&aacute; Samuel Beckett dentro de ellos? &iquest;O del vientre de su madre? Los s&iacute;mbolos, sus s&iacute;mbolos, son poderosos, no se puede atrapar, su rostro se filtra en las paredes de ladrillo y &eacute;l se expande, sin posibilidad de extirpar su presencia de nosotros, sus lectores, pero tambi&eacute;n de Europa, la Europa que lo aliment&oacute; de leche agria y cinismo hasta que lo hizo parte de su interior, de su material gen&eacute;tico. Nadie podr&aacute; ahora impedir su salida. Fundido a negro. Volver a la vida con la excusa de la muerte del genio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Olivares y Jorge Carri&oacute;n, <em>Samuel &amp; Beckett</em>, Barcelona, Salamandra, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Dec 2024 13:29:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nada, una novela excepcional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nada-una-novela-excepcional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARMEN_LAFORET_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas obras dentro de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea poseen la singularidad de <em>Nada</em> de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por&nbsp; la excepcionalidad de una novela fulgurante, &uacute;nica, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicaci&oacute;n en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, que descarga as&iacute; al texto de muchas notas a pie de p&aacute;gina y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiraci&oacute;n hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. <em>Nada</em> se convirti&oacute; muy pronto en un &ldquo;fen&oacute;meno socioliterario&rdquo;, que arrumb&oacute; al resto de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Laforet y que pareci&oacute; convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la cr&iacute;tica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un ep&iacute;grafe <em>m&aacute;s</em> dentro de la narrativa espa&ntilde;ola de posguerra, aunque antes, cuando se le&iacute;a bastante m&aacute;s que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> de Baroja, <em>Las ratas</em> de Delibes o <em>Tiempo de silencio</em> de Mart&iacute;n Santos, hab&iacute;a que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de C&aacute;tedra &ndash;colecci&oacute;n &ldquo;Letras Hisp&aacute;nicas&rdquo;, color negro (y tipograf&iacute;a no muy grande)- est&aacute; tambi&eacute;n asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que deb&iacute;an acompa&ntilde;ar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecd&oacute;tica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edici&oacute;n de <em>Nada</em>, a cargo de Jos&eacute; Teruel, quien tambi&eacute;n ha editado con primor las obras completas de Carmen Mart&iacute;n Gaite en C&iacute;rculo de Lectores (por cierto, en el n&uacute;mero 124 de <em>Turia</em> aparece un extenso estudio en torno a la investigaci&oacute;n que la autora de <em>Usos amorosos de la posguerra</em> llev&oacute; a cabo sobre los Tor&aacute;n) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; resulta clara y amena, y sit&uacute;a a los lectores en el contexto de creaci&oacute;n y recepci&oacute;n de la obra, tan importante para entender el porqu&eacute; de su trascendencia.</p>
<p>Lo que tal vez m&aacute;s pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en s&iacute; posee una estructura lineal sencilla &ndash;un curso acad&eacute;mico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es m&aacute;s bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y as&iacute; se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a trav&eacute;s de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en&nbsp; ese curso de 1939-1940. Tambi&eacute;n es una novela que muestra el &ldquo;mito de la conciencia desorientada&rdquo;, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generaci&oacute;n, la de esos j&oacute;venes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participaci&oacute;n directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quiz&aacute;s sea este &uacute;ltimo aspecto sobre el que m&aacute;s se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendr&aacute; su continuaci&oacute;n en la novel&iacute;stica posterior.</p>
<p>Pero no solo hay que prestar atenci&oacute;n al contexto hist&oacute;rico y social en el que transcurre la narraci&oacute;n, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y c&oacute;mo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones &ndash;muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narraci&oacute;n, a modo de retratos que de alg&uacute;n modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos t&iacute;os, Juan y Rom&aacute;n, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese ni&ntilde;o por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del t&iacute;o Rom&aacute;n la m&aacute;s enigm&aacute;tica y compleja, con muchas sombras e historias detr&aacute;s de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparec&iacute;an en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda ser&aacute; Ena, la amiga de Andrea, el personaje m&aacute;s importante, aquel que con sus idas y venidas, est&eacute; presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a trav&eacute;s de sucesivos episodios.</p>
<p><em>Nada</em> es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el &ldquo;desarraigo existencial&rdquo; de una generaci&oacute;n y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, ser&aacute;, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecer&aacute;n, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deber&aacute; ir adapt&aacute;ndose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y peque&ntilde;os fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (&iquest;qu&eacute; j&oacute;venes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco m&aacute;s de 23 a&ntilde;os?) o por todo lo que la ha rodeado y que todav&iacute;a hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detr&aacute;s de lo que se cuenta tienen tambi&eacute;n su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narraci&oacute;n. Quiz&aacute;s en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deber&iacute;amos volver a las obras que sustentan nuestra formaci&oacute;n literaria y personal, aunque sea para sentir la desaz&oacute;n y angustia de Andrea, esa &ldquo;chica rara&rdquo; que protagoniza <em>Nada</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen Laforet, <em>Nada</em>, edici&oacute;n de Jos&eacute; Teruel, Madrid, C&aacute;tedra, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Dec 2024 13:09:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sombra de lo que fuimos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sombra-de-lo-que-fuimos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_SEP_LVEDA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Aunque en nada compense la p&eacute;rdida que ha significado su muerte, recordar la obra literaria de Luis Sep&uacute;lveda es contribuir a que su presencia siga viva de alg&uacute;n modo. Los muchos a&ntilde;os de residencia en Gij&oacute;n (desde 1997) no agotan su relaci&oacute;n con Asturias: en 1988 obtuvo el Premio Tigre Juan de Novela Corta con <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, donde fijaba los recuerdos de sus experiencias cuando en 1978 vivi&oacute; en la Amazon&iacute;a ecuatoriana, y cuyo &eacute;xito habr&iacute;a de suponer alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s la irrupci&oacute;n de su autor en el &aacute;mbito entonces prestigioso de la novela latinoamericana. &ldquo;Esquivando la escuela del realismo m&aacute;gico, tan en boga en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la creaci&oacute;n de Luis Sep&uacute;lveda discurre por las nuevas corrientes de una escuela narrativa que hace hincapi&eacute; en la &laquo;magia de la realidad&raquo;&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn1">[1]</a>, se pod&iacute;a leer en el pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n. Lo cierto es que ni el realismo m&aacute;gico hab&iacute;a estado en boga en los a&ntilde;os precedentes (aunque el Premio Nobel adjudicado en 1982 a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez hubiera actualizado la significaci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> e incrementado su difusi&oacute;n internacional), ni <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor </em>era ajena al registro hiperbolizante de aquella famosa novela, a su narraci&oacute;n imperturbable de sucesos incre&iacute;bles, como puede comprobar cualquiera que se acerque al relato protagonizado por Antonio Jos&eacute; Bol&iacute;var Proa&ntilde;o y advertir las reiteradas menciones de su difunta esposa Dolores Encarnaci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacramento Estupi&ntilde;&aacute;n Otavalo.</p>
<p>Sep&uacute;lveda volv&iacute;a a proponer al lector un mundo irreductible a los modos del pensamiento europeo y asociado con frecuencia a lo m&iacute;tico, a lo primitivo, a lo popular o no intelectualizado. Ciertamente, las diferencias eran notorias. La magia de la realidad parec&iacute;a acentuarse al recuperar espacios que la literatura hispanoamericana contempor&aacute;nea hab&iacute;a marginado en aras de su modernizaci&oacute;n. Al releer ahora <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> no he podido no recordar la selva devoradora de <em>La vor&aacute;gine</em>, de Jos&eacute; Eustasio Rivera, o a los j&iacute;baros y z&aacute;paros de <em>Cumand&aacute; o un drama entre salvajes</em>, de Juan Le&oacute;n Mera. Esa recuperaci&oacute;n inevitablemente result&oacute; condicionada por inquietudes ecologistas que actualizaban la imagen del buen salvaje y subrayaban su adaptaci&oacute;n a una naturaleza solo agresiva con los que pretend&iacute;an devastarla, estos decididamente ligados al capitalismo y al poder de quienes lo ejercen en Latinoam&eacute;rica por delegaci&oacute;n del imperialismo. Esta perspectiva hist&oacute;rica y pol&iacute;tica invalidaba cualquier interpretaci&oacute;n &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo;: el mundo latinoamericano no estaba al margen de la historia, m&aacute;s bien era su v&iacute;ctima<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn2">[2]</a>. Adem&aacute;s, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> ofrec&iacute;a otros aspectos de inter&eacute;s, acordes con orientaciones de la narrativa hispanoamericana que entonces parec&iacute;an novedosas y que esa novela ven&iacute;a a fortalecer: el t&iacute;tulo y la tal vez inveros&iacute;mil afici&oacute;n del casi analfabeto protagonista a leer melodram&aacute;ticas historias de amor &mdash;cabe suponer que en la l&iacute;nea de <em>El Rosario</em> (1909), la novela de Florence L. Barclay mencionada en el relato&mdash; se ajustaban a la entonces extendida pretensi&oacute;n de asimilar g&eacute;neros antes incompatibles con la calidad de la verdadera literatura.</p>
<p>Las novelas posteriores de Sep&uacute;lveda habr&iacute;an de ofrecer otras particularidades, pero las se&ntilde;aladas pueden servir para iniciar un acercamiento al conjunto de su obra. No es dif&iacute;cil advertir en <em>Yacar&eacute;</em>, relato que el diario madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em> public&oacute; por entregas en 1997, inquietudes similares a las mostradas por <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, ahora al narrar la sucesi&oacute;n de asesinatos con curare cometidos por los &uacute;ltimos indios anar&eacute;, en venganza por las muertes de los miembros de la tribu perpetradas por quienes violan la prohibici&oacute;n de cazar yacar&eacute;s en El Platanal, la llanura aluvial del Mato Grosso brasile&ntilde;o y las zonas lim&iacute;trofes del Paraguay y Bolivia. Pero Sep&uacute;lveda ya hab&iacute;a encontrado otro &aacute;mbito sobre el que verter sus inquietudes ecologistas: el narrador de <em>Mundo del fin del mundo</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn3">[3]</a> era alguien que en su juventud, animado por la lectura de <em>Moby Dick</em>, se embarc&oacute; en una ballenera y a&ntilde;os despu&eacute;s regresaba al sur de Chile como miembro de <em>Greenpeace</em> para enfrentarse a las faenas depredadoras de los pescadores japoneses, ahora fascinado por los territorios que parec&iacute;a haber descubierto con la lectura de <em>En la Patagonia</em>, de Bruce Chatwin. Quiz&aacute;s <em>Historia de una ballena blanca</em>, una de sus novelas &ldquo;para j&oacute;venes de 8 a 88 a&ntilde;os&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn4">[4]</a> y la &uacute;ltima ficci&oacute;n que public&oacute;, ayuda a comprender mejor el sentir de Sep&uacute;lveda al respecto: una concha de loco permit&iacute;a al escritor escuchar y transcribir el relato narrado por una ballena, ocasi&oacute;n para dar cuenta de las distintas especies de cet&aacute;ceos y de sus problem&aacute;ticas relaciones con el hombre, y para recordar que los <em>lafkenche</em> o gente de mar no mostraban la actitud depredadora de los balleneros. Sep&uacute;lveda recuper&oacute; adem&aacute;s la leyenda mapuche de las <em>trempulkawe</em>, las cuatro ballenas nocturnas (durante el d&iacute;a se transforman en ancianas) encargadas de llevar las almas de los muertos desde la costa continental hasta la isla Mocha, lugar de reuni&oacute;n en el que esperar&aacute;n a la muerte del &uacute;ltimo <em>lafkenche </em>para iniciar hombres y ballenas la gran traves&iacute;a hacia el lugar m&aacute;s all&aacute; del horizonte al que no podr&aacute;n llegar los balleneros. Fue la forma en que Sep&uacute;lveda resolvi&oacute; reescribir <em>Moby Dick</em>, dando voz con <em>Mocha Dick </em>a la ballena blanca difamada por Melville y por el odio resentido de su capit&aacute;n Ahab. Esa referencia y una adecuada recuperaci&oacute;n de la leyenda mencionada dan a esta obra un inter&eacute;s indudable y no solo por su dramatismo, que culmina cuando el lector sabe que las <em>trempulkawe</em> han sido asesinadas por los balleneros y que el gran viaje jam&aacute;s se emprender&aacute;. No sin nostalgia, <em>Mundo del fin del mundo</em> ya hab&iacute;a dicho adi&oacute;s a la &eacute;pica de <em>Moby Dick</em> en favor de las inquietudes ecol&oacute;gicas que hasta los balleneros de aquel relato parec&iacute;an asumir.</p>
<p>Una tercera opci&oacute;n abordada por Sep&uacute;lveda, conjugada a veces con las ya se&ntilde;aladas, fue la que cabr&iacute;a relacionar con el relato neopolicial latinoamericano, si por tal se entiende aquella novela &ldquo;negra&rdquo; en la que la investigaci&oacute;n pone al descubierto el crimen o enigma y a la vez una dif&iacute;cil realidad pol&iacute;tica y social de la que el poder es el mayor responsable, y cuyo investigador, en consecuencia, act&uacute;a al margen de ese poder o frente a &eacute;l. Los cultivadores de esa novela mostraban as&iacute; su compromiso intelectual, su actitud reflexiva o cr&iacute;tica, lo que sin duda oper&oacute; decisivamente para que se fuera superando el desd&eacute;n acad&eacute;mico hacia obras antes consideradas ajenas a la aut&eacute;ntica literatura, aunque en el cambio de actitud tambi&eacute;n influyera una mayor exigencia &ldquo;literaria&rdquo; por parte de los escritores interesados en el g&eacute;nero. En ese contexto Sep&uacute;lveda desarroll&oacute; en <em>Nombre de torero</em> (1994) una historia de amor imposible y de misiones secretas que llevaban a Juan Belmonte a competir en la b&uacute;squeda de unas antiguas monedas de oro que en su d&iacute;a hab&iacute;an viajado desde la Alemania nazi hasta la Tierra del Fuego.</p>
<p>La alambicaba trama de <em>Nombre de torero </em>se enriquec&iacute;a con el pasado de Belmonte, sobre el que el autor proyect&oacute; episodios de su propia biograf&iacute;a, tal como la iba recuperando una memoria selectiva y propensa a imaginar: guerrillero en Bolivia tras las huellas de Ernesto Che Guevara<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn5">[5]</a>, hab&iacute;a participado en actividades revolucionarias en Chile, hab&iacute;a pertenecido al GAP (Grupo de Amigos Personales) del presidente Salvador Allende, hab&iacute;a luchado con la Brigada Sim&oacute;n Bol&iacute;var al lado del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn6">[6]</a>. Aunque Sep&uacute;lveda mantuvo siempre la convicci&oacute;n satisfactoria de haber estado entre los protagonistas de &ldquo;los mil d&iacute;as m&aacute;s plenos, bellos e intensos de la historia de Chile"<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn7">[7]</a>, los de la presidencia de Allende, su personaje parece ya de vuelta, lo que permite enriquecer su significaci&oacute;n a la luz de las citas de Ibn Battuta recogidas en el &ldquo;Intermedio&rdquo;, mediada la novela: como la del viajero &aacute;rabe del siglo XIV, su suerte es la de &ldquo;aquellos que suspiran contemplando el indefinible horizonte del mar&rdquo;, los que prefieren las tormentas y el rugir del viento, confiados en que Al&aacute; o el destino les procure un lugar en el orden del universo<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn8">[8]</a>. Eso le evit&oacute; derivar sin m&aacute;s desde el buen salvaje al buen revolucionario, e incurrir en la simplificaci&oacute;n de plantear el mero conflicto entre buenos y malos que sus convicciones pol&iacute;ticas le exig&iacute;an.</p>
<p>Las razones hist&oacute;ricas de esa actitud pueden encontrarse en los fracasos de la izquierda en Latinoam&eacute;rica y en Europa, pero tambi&eacute;n en las contradicciones internas del proceso chileno hacia el socialismo, en la deriva del sandinismo y en los errores del comunismo europeo desde que se hizo con el poder y hasta que la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n dio a sus ideales una significaci&oacute;n irreparablemente anacr&oacute;nica. <em>Nombre de torero</em>, por tanto, no hablaba solo del golpe militar de 1973 en Chile y de la represi&oacute;n que sigui&oacute; al fin del gobierno de la Unidad Popular, la v&iacute;a chilena hacia el socialismo. Transformar al revolucionario en detective exig&iacute;a justificaciones, y Sep&uacute;lveda las dio al tener en cuenta no solo la derrota sufrida con la muerte de Allende, sino tambi&eacute;n las deserciones y traiciones que no permit&iacute;an otra salida que el individualismo final, lo que adem&aacute;s dejaba bajo sospecha a la Cuba castrista, a la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana y a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Al margen de la verosimilitud, el g&eacute;nero negro parec&iacute;a ajustarse a esa evoluci&oacute;n desde las inquietudes colectivas a la dudosa salvaci&oacute;n personal: es el amor imposible de la desaparecida y ahora reaparecida Ver&oacute;nica, v&iacute;ctima de la dictadura de Augusto Pinochet, lo que recupera a Belmonte para la acci&oacute;n, una motivaci&oacute;n &iacute;ntima compatible con la visi&oacute;n amarga de la condici&oacute;n humana que el cinismo y el humor no pretenden disimular.</p>
<p>Lo cierto es que Sep&uacute;lveda se hab&iacute;a dejado ganar por el neopolicial, como prueba el mencionado relato <em>Yacar&eacute;</em>, resultado de la investigaci&oacute;n realizada en Mil&aacute;n por el chileno Dany Contreras para la compa&ntilde;&iacute;a Seguros Helv&eacute;tica. Tusquets Editores public&oacute; esa novela corta en 1998 junto con otra titulada <em>Diario de un killer</em> <em>sentimental</em>, historia de asesinatos por encargo aderezados con complicidades de droga y oeneg&eacute;s que hab&iacute;a aparecido por entregas en el diario madrile&ntilde;o <em>El Mundo</em> en 1996, otra muestra de que en aquellas &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX los narradores no solo acercaban la literatura a su entorno subliterario: a veces lo subliterario invad&iacute;a el territorio de la literatura hasta sustituirla. Tal vez por eso Sep&uacute;lveda volvi&oacute; a la historia reciente de su pa&iacute;s natal en <em>Hot line</em> (2002) al proponer una investigaci&oacute;n a cargo del detective mapuche George Washington Caucam&aacute;n, en la atm&oacute;sfera a&uacute;n inquietante del retorno de Chile a la democracia, con el regreso sin causa de los exiliados y la amenazadora vigilancia de los militares, con el recuerdo de los horrores de la dictadura y la justicia po&eacute;tica que la novela consigue contra uno de los responsables de la represi&oacute;n. La versi&oacute;n inicial de <em>Hot line</em> hab&iacute;a aparecido en el peri&oacute;dico madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em>, en 1998, lo que resulta de inter&eacute;s si se tiene en cuenta que Sep&uacute;lveda parec&iacute;a haber descubierto los secretos del follet&iacute;n: &ldquo;ese g&eacute;nero tan bien cultivado por mis mayores del siglo XIX, como Alejandro Dumas (padre), impulsor de lo popular en la narrativa y al mismo tiempo popularizador de la literatura&rdquo;, valoraba en su &ldquo;&hellip;a manera de pr&oacute;logo&rdquo; a la edici&oacute;n de la novela<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn9">[9]</a>, consciente de que su elaboraci&oacute;n por entregas para la prensa, con las exigencias que eso implicaba, supon&iacute;a recordar el follet&iacute;n y sus opciones, ahora como apuesta por la utilizaci&oacute;n de recursos &ldquo;subliterarios&rdquo; como salidas novedosas para la nueva narrativa latinoamericana.</p>
<p><em>La sombra de lo que fuimos </em>(2009) y <em>El fin de la historia </em>(2017) fueron otras consecuencias inevitables del fin de las utop&iacute;as de los a&ntilde;os sesenta que ya se anunciaba mediada la d&eacute;cada siguiente. No en vano los protagonistas de la primera de esas novelas son de los condenados &ldquo;a conservar lo mejor de sus recuerdos, esos pocos a&ntilde;os que iban del 68 al 73, marcados d&iacute;a a d&iacute;a por la sonrisa del m&aacute;s militante de los optimismos&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn10">[10]</a>, como apunta Cacho Salinas, uno de ellos, sin duda por delegaci&oacute;n del autor. Aparecen en gran medida anclados en aquella &eacute;poca feliz que adem&aacute;s fue la de su juventud, y que ha pervivido bajo las experiencias del exilio interior (clandestinidad) o exterior, recordadas por ellos mismos y por alg&uacute;n otro, convirti&eacute;ndolos en inadaptados perpetuos. No es que Sep&uacute;lveda renunciara a ofrecer una nueva muestra de buenos revolucionarios, sucesores de Robin Hood en la tarea de robar a los ricos para ayudar a los pobres, pero ahora, con la distancia que daban los a&ntilde;os transcurridos, la recuperaci&oacute;n nost&aacute;lgica no consegu&iacute;a ocultar del todo las contradicciones del pasado ni permit&iacute;a alentar las esperanzas o proyectos de anta&ntilde;o. La fusi&oacute;n de humor o iron&iacute;a con desencanto no es el menor de los atractivos de <em>La sombra de lo que fuimos</em>, que recuerda las discrepancias entre el Partido Comunista chileno y los ultraizquierdistas adeptos al castrismo y al guevarismo del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, las actuaciones de los anarquistas y aun las inconveniencias del mao&iacute;smo. Ahora, en un tiempo sin ideales, insolidario y decadente, poco cabe esperar de esos personajes embarcados en una empresa descabellada, y que obtienen una suerte de justicia po&eacute;tica cuando consiguen hacerse con medio mill&oacute;n de d&oacute;lares oculto desde los tiempos de Allende y a la vez sacar a la luz p&uacute;blica documentos que confirman la corrupci&oacute;n de los militares. Quiz&aacute; no se hab&iacute;a perdido toda esperanza, esta vez gracias a la polic&iacute;a: los desmanes (en buena medida ecol&oacute;gicos) del gobierno y sus c&oacute;mplices quedaban de manifiesto para los lectores gracias a los recuerdos que el tambi&eacute;n desencantado inspector Manuel Crespo recupera para la joven detective Adelita Bobadilla. Por lo dem&aacute;s, no son pocos los nombres y sucesos de la historia de Chile incorporados por Sep&uacute;lveda a su ficci&oacute;n, que propone una soluci&oacute;n para el caso no resuelto de la desaparici&oacute;n de Kiko Barraza, instructor de guerrilleros en Chau&iacute;n cuando se intensificaba la campa&ntilde;a electoral que llev&oacute; a Allende a la presidencia. Tal vez la exaltaci&oacute;n del anarquismo que impregna la novela ―con el recuerdo de Clotario Blest, anarquista chileno fallecido en 1990, y con el protagonismo de Pedro Nolasco Gonz&aacute;lez, personaje cuya muerte absurda impulsa la superaci&oacute;n de las antiguas discordias― era una manifestaci&oacute;n del socialismo individualista derivado de la derrota y de la dispersi&oacute;n, lo que tambi&eacute;n hablaba del escritor y de su consciencia de los errores cometidos en aquellos a&ntilde;os de esperanza y de locura.</p>
<p>La sombra de lo que hab&iacute;a sido ya hab&iacute;a determinado la conducta de Juan Belmonte en <em>Nombre de torero</em>, en contraste con la deriva seguida por la mayor&iacute;a de los compa&ntilde;eros de anta&ntilde;o. Esa sombra explicar&iacute;a tambi&eacute;n all&iacute; que Carlos Cano, otro &ldquo;descolgado&rdquo; (y en su caso del todo), salvase la vida del antiguo revolucionario convertido en investigador. Gracias a ello, este pudo reaparecer en <em>El fin de la historia</em>, novela cuyo presente se sit&uacute;a en 2010, a&ntilde;o que vio el primer traspaso de la presidencia de Michelle Bachelet a Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, y tambi&eacute;n el terremoto de 8,8 que sacudi&oacute; Chile el 27 de febrero, justo cuando Belmonte apuntaba a la cabeza de Miguel Krassnoff, uno de los militares encarcelados por los cr&iacute;menes cometidos durante la dictadura. La biograf&iacute;a novelesca de Belmonte da al lector otra oportunidad de revisar la riqueza del movimiento insurreccional latinoamericano de las d&eacute;cadas precedentes y las manifestaciones del mismo signo en otras partes del mundo; y la historia de Krassnoff y de sus antepasados permiti&oacute; a Sep&uacute;lveda repasar el papel de los cosacos desde que Le&oacute;n Trotsky perdon&oacute; la vida al derrotado atam&aacute;n Krasnov tras la victoria de los bolcheviques en Petrogrado, durante el proceso revolucionario iniciado en 1917 en Rusia, hasta los a&ntilde;os posteriores al final de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1991 (con la corrupci&oacute;n que sigui&oacute;), con especial atenci&oacute;n para su colaboraci&oacute;n con los ej&eacute;rcitos de Hitler. El cinismo pesimista con que observa el presente hist&oacute;rico no impide a Belmonte actuar de nuevo como la sombra de lo que fue, ahora que el desencanto lo ha convertido en un investigador de la estirpe de Philip Marlowe o de Sam Spade, como no pocos de los que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han animado el relato policial hispanoamericano.</p>
<p>Las novelas mencionadas conforman apenas una parte de la obra de Sep&uacute;lveda, en cuya &ldquo;prehistoria&rdquo; hay referencias a publicaciones de las que aqu&iacute; prescindir&eacute;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn11">[11]</a>, as&iacute; como tambi&eacute;n de sus art&iacute;culos de opini&oacute;n publicados en la prensa y reunidos en libros, normalmente determinados por sus posiciones pol&iacute;ticas, convincentes para los ya convencidos de antemano. S&iacute; considero obligado llamar la atenci&oacute;n sobre los cuentos reunidos en <em>Desencuentros</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn12">[12]</a>, entre los que se ofrecen algunas muestras de literatura fant&aacute;stica (&ldquo;Cambio de ruta&rdquo;, &ldquo;Una casa en Santiago&rdquo;) de notable inter&eacute;s. Sep&uacute;lveda tambi&eacute;n propendi&oacute; a escribir sobre sus viajes, que de alguna manera satisficieron la pasi&oacute;n por la vida n&oacute;mada que con frecuencia dej&oacute; patente al evocar personajes reales o al imaginar los ficticios. Buena prueba son las historias incluidas en <em>Patagonia Express</em> (1995), enmarcadas entre sus recuerdos de la ni&ntilde;ez con su abuelo anarquista y su llegada a Martos, el pueblo andaluz en el que aquel hab&iacute;a nacido, con especial atenci&oacute;n para la Patagonia y la Tierra del Fuego<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn13">[13]</a>. Entre el testimonio y la ficci&oacute;n se desarrollan tambi&eacute;n sus <em>Historias marginales</em> (2000), inspiradas en lugares muy diversos, relacionadas con su pasado y con las inquietudes dominantes en su obra, y &uacute;tiles para recuperar ese per&iacute;odo iniciado en los irreverentes a&ntilde;os sesenta, cuyas esperanzas sufrieron el primer gran rev&eacute;s con &ldquo;la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de Checoslovaquia, el aplastamiento a sangre y fuego de la Primavera de Praga&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn14">[14]</a>, en agosto de 1968. De esos libros un tanto miscel&aacute;neos prefiero <em>La l&aacute;mpara de Aladino</em> (2008), muestra destacada de la variedad de opciones que Sep&uacute;lveda cultiv&oacute;, borrando las fronteras entre lo escuchado y lo vivido, entre el recuerdo y la invenci&oacute;n, entre el realismo m&aacute;gico y la novela rosa, entre el testimonio sociopol&iacute;tico y el relato policial, entre la selva amaz&oacute;nica y los paisajes remotos de la Patagonia y de los canales magall&aacute;nicos. No est&aacute; mal como recuerdo del entusiasmo de un pasado a&uacute;n reciente, y sobre todo como testimonio del proceso que condujo a un tiempo en el que la esperanza apenas puede radicar en personajes a la deriva, para quienes Sep&uacute;lveda supo imaginar historias de indudable inter&eacute;s, dejando patentes tanto su necesidad de contarlas como su gran capacidad para atrapar la atenci&oacute;n de sus lectores.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Benito Arg&uuml;elles, &ldquo;A manera de pr&oacute;logo&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, Gij&oacute;n: J&uacute;car, 1989, pp. 7-9 (7)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;Breve novela de una novela breve&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, Barcelona: Ediciones B, 2004, pp. 93-97), Sep&uacute;lveda record&oacute; haber pasado siete meses entre los shuar y atribuy&oacute; a esa &ldquo;novela de la selva&rdquo; una base autobiogr&aacute;fica: &ldquo;la &uacute;nica presencia del autor, y del yo narrador, que se me antoj&oacute; leg&iacute;tima, consisti&oacute; en otorgarle al personaje la m&aacute;s terrible de mis se&ntilde;as de identidad. As&iacute;, el Viejo, exiliado en dos mundos y habitante de una tierra de nadie, me permiti&oacute; contarme el largo d&iacute;a de mi vida y entender mi propio exilio&rdquo; (95).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La public&oacute; el Ayuntament de D&eacute;nia en 1991, tras haber obtenido el Primer Premio de Novela Corta &ldquo;Juan Chab&aacute;s&rdquo; el a&ntilde;o anterior.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Tusquets, 2019. La intenci&oacute;n did&aacute;ctica no impide que los relatos que Sep&uacute;lveda imagin&oacute; para ni&ntilde;os y j&oacute;venes ofrezcan un notable inter&eacute;s, como tambi&eacute;n permiten comprobar <em>Historia de una gaviota y del gato que le ense&ntilde;&oacute; a volar</em> (1996), <em>Historia de un perro llamado Leal </em>(2016) e <em>Historia de un caracol que descubri&oacute; la importancia de la lentitud</em> (2018).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los episodios autobiogr&aacute;ficos reunidos en <em>Patagonia Express </em>(Barcelona: Tusquets, 1995) se apunta que a los dieciocho a&ntilde;os quiso seguir &ldquo;el ejemplo del hombre m&aacute;s universal que ha dado Am&eacute;rica Latina, el Che&rdquo; (p. 22). En &ldquo;Breve historia de un hombre digno&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 203-210), Sep&uacute;lveda se inclu&iacute;a entre los chilenos del ELN (Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional) que acudieron a Bolivia a reemplazar al Che Guevara, recordados por Osvaldo &ldquo;Chato&rdquo; Peredo en un encuentro en Mil&aacute;n, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Ram&oacute;n, ese era el nombre de combate de Sergio Leiva; Gonzalo, ese era el nombre de combate de Agust&iacute;n Carrillo, campe&oacute;n de box panamericano de los pesos welter, e Iv&aacute;n, ese era mi nombre de combate aquella tarde de 1969&rdquo; (p. 204).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;&hellip; 19 de julio de 1979&hellip;&rdquo; (<em>Historias de aqu&iacute; y de all&aacute;</em>, Barcelona: La Otra Orilla, 2010, pp. 81-83) Sep&uacute;lveda recordaba el triunfo de la revoluci&oacute;n sandinista y su participaci&oacute;n con la Brigada Internacional Sim&oacute;n Bol&iacute;var del paname&ntilde;o Hugo Spadafora.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Memorial de los a&ntilde;os felices&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>El poder de los sue&ntilde;os</em>, Santiago de Chile: Editorial A&uacute;n Creemos En Los Sue&ntilde;os, 2004, pp. 27-32 (32).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nombre de torero</em>, Barcelona: Tusquets, 1994, pp. 109-113.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Ediciones B, 2002, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La sombra de lo que fuimos</em>, Madrid: Espasa Calpe, 2009, p. 133.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;La voluntad de escribir&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 259-264), Sep&uacute;lveda se refiri&oacute; a <em>Crepusculario de la tristeza</em>, poemario que Arancibia Hermanos le habr&iacute;a publicado en los a&ntilde;os sesenta, cuando &eacute;l militaba en las Juventudes Comunistas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n apareci&oacute; en Barcelona: Tusquets, 1997. Inclu&iacute;a relatos nuevos con otros extra&iacute;dos de <em>Los miedos, las vidas, las muertes y otras alucinaciones</em> (1985), <em>Cuaderno de viaje </em>(1986) y <em>Komplot I </em>(1995).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con fotograf&iacute;as de Daniel Mordzinski, Sep&uacute;lveda trat&oacute; de preservar esos territorios y a sus habitantes en <em>&Uacute;ltimas noticias del Sur</em> (2011).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase &ldquo;&laquo;68&raquo;&rdquo;, <em>Historias marginales</em>, Barcelona: Seix Barral, 2000, pp. 105-107 (106).</p>
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      <pubDate>Mon, 16 Dec 2024 12:32:08 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un libro que permite sembrar en el lector la pasión por la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-que-permite-sembrar-en-el-lector-la-pasion-por-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_MAR_A_MERINO_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta entrega de uno de nuestros maestros en el cuento corto es un anecdotario literario, un herbolario m&aacute;s bien, semillero donde todo se conduce en una o dos p&aacute;ginas como m&aacute;ximo. Esa idea de recopilaci&oacute;n de muestras aparece, incluso, en alguna de las im&aacute;genes que acompa&ntilde;an las p&aacute;ginas. Muestras que parecen esperar ser regadas, desarrolladas como una propuesta. De ah&iacute; la idea de falsa recopilaci&oacute;n de ideas y muestras obtenidas en un taller de escritura creativa que nunca se realiz&oacute;. Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino nos ofrece una sucesi&oacute;n de muestras, un breviario que, como aperitivos, puede no llegar a saciar, pero deja las papilas gustativas dispuestas.&nbsp;</p>
<p>La sucesi&oacute;n de temas, aparentemente heterog&eacute;nea, acaba tiendo un hilo conductor, unos hitos obsesivos a los que Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino vuelve una y otra vez. El paso del tiempo, el recuerdo de la infancia, los juegos de personajes (con afecto hacia el <em>doppelganger</em>, en la onda del cuento can&oacute;nico argentino, de Jorge Luis Borges a Manuel M&uacute;jica Mart&iacute;nez), con su proceso de suplantaci&oacute;n, el alter ego, un amigo, finalmente, de cultivo de un jard&iacute;n con cientos de senderos que se bifurcan, o la escritura sobre la escritura, con gui&ntilde;os hacia Roberto Bola&ntilde;o o Enrique Vila-Matas, con ese deseo expreso de situar los textos en un entorno de escritores, de premios, novelas inacabadas y editoriales. Un microcosmos que acaba, desde el clasicismo brit&aacute;nico, a un lixiviado que incluye las andanzas de Julio Cort&aacute;zar o Alejandro Bioy Casares. Nos encontramos muestras de inocente ciencia-ficci&oacute;n cient&iacute;fica, una enorme cantidad de cuentos referidos a los sue&ntilde;os y sus respectivas derivaciones (este tejido en el que tan c&oacute;modos se encuentran los recuerdos y los muertos, una cita: &laquo;Los sue&ntilde;os son anteriores al lenguaje articulado&raquo;), an&eacute;cdotas de lo cotidiano, que en una breve explosi&oacute;n, mutan hacia el absurdo, incluyendo chispas de oscuros manejos de aroma Beckeriano (Samuel, enti&eacute;ndase). Un autor atrapado en la ciudad postmoderno y buscando siempre, el juego de la investigaci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n de lo humano. Una ciudad dentro de la ciudad, una ciudad sumergida al modo del Madrid de Emilio Carrere, llena de aparecidos, con encuentros en calles, mujeres imposibles, caminantes sin nombre, vidas atrapadas en la enfermedad y la vejez.&nbsp;</p>
<p>Entre esos hitos, esos islotes que ofrecen una coherencia en el discurrir del libro, est&aacute;, sin duda, el mar. Un s&iacute;mbolo pleno que permite al autor y sus personajes identificarse con el infinito (el n&aacute;ufrago y sus tiempos), el misterio (cualquier cosa est&aacute; permitida cuando se pierde la l&iacute;nea de tierra, pregunten a William Hope Hodgson), la obsesi&oacute;n entomol&oacute;gica (como parte de una tradici&oacute;n kafkiana, l&oacute;gicamente), atrapados entre libros imposibles, casas viejas y polvo acumulado, que no deja de ser parte de ese tiempo perdido.&nbsp;</p>
<p>Aparte del mar, que abarca y recoge, que es escenario y personaje, es inevitable destacar el inter&eacute;s del autor por la Inteligencia Artificial y Chat GPT, elementos ambos que aparecen en la parte final del libro, una y otra vez, de muy distintas maneras, pero todas con ese extra&ntilde;ismo porte&ntilde;o que, como dir&iacute;a C&eacute;sar Aira, terminar&aacute; con el nacimiento de los cuentos que se escriben solos. La multiplicidad de las historias artificiales como arenas de un desierto cibern&eacute;tico. Aqu&iacute; encontrar&iacute;amos algunas de las idas m&aacute;s recientes de autores renovados y renovadores como Jorge Carri&oacute;n y, especialmente, Vicente Luis Mora. Un lejano futuro que traer&aacute; el pasado (con una referencia pop al &lsquo;Planeta de los simios&rsquo; que har&aacute; las delicias de los amantes de la ciencia ficci&oacute;n cl&aacute;sica como es mi caso). Pero de ah&iacute; hacia El Quijote, con peque&ntilde;as burbujas que ponen en nuestra boca las posibilidades de la imaginaci&oacute;n, m&aacute;s Stanislaw Lem que Philip K. Dick, incluyendo narrativas de asesinos virtuales, de cuentos artificiales premiados, de un mundo literario que sobrevive entre un &eacute;xito pasado y un abismo presente.&nbsp;</p>
<p>No hacen falta muchas p&aacute;ginas, como he escrito al principio, para sembrar la inquietud para el lector. La penicilina de una literatura infectada de maquinaria ser&aacute;n, de nuevo, los sue&ntilde;os (&laquo;Los sue&ntilde;os pueden tener esa asombrosa marea de verosimilitud&raquo;) y el mar. Forasteros que se mueve entre la fr&aacute;gil tela de la realidad, siempre m&aacute;s liviana en el cuento que en la novela, as&iacute; que, entre delirios gatunos e interpretaci&oacute;n de los mundos paralelos, podemos bracear de la playa hacia el oc&eacute;ano, como un avatar cl&aacute;sico, de niebla y accidente, de relaci&oacute;n entre personaje y autor divinizado (Miguel de Unamuno pero tambi&eacute;n Grant Morrison) que acaba con el exabrupto de un lienzo en blanco. El cierre, que se percibe casi desde que uno se adentra en las primeras p&aacute;ginas, est&aacute; centrado en el paso del tiempo, en la relaci&oacute;n del autor con su edad, con ese se&ntilde;or que agarra a una mujer, confundi&eacute;ndola con su esposa, los insertos cl&iacute;nicos, el futuro de cuidados paliativos, el abuelo Telmo, que acabar&aacute; siendo compa&ntilde;ero en la interpretaci&oacute;n de &lsquo;El d&iacute;a que me quieras&rsquo;, ambos igualados por el final de la partida: &laquo;Debo salir de este siniestro sue&ntilde;o y cuando parece que el sue&ntilde;o se va difuminando, entro en una pl&aacute;cida, s&oacute;lida, oscuridad&raquo;. Final de partida, final de pasillo, un n&aacute;ufrago olvidado. El despertar (o no) del sue&ntilde;o &uacute;ltimo: &laquo;Sigo so&ntilde;ando, pienso, a ver si despierto de una vez. Sin comprender que, esta vez, ya no despertar&eacute;&raquo;. Una obra de madurez, trufada de pistas y semillas, como he comentado al principio, peque&ntilde;as ofrendas, gu&iacute;as que, al germinar en el lector, lo llevar&aacute;n a otros lugares de disfrute. &iquest;Un libro para escritores? Sin duda. En peque&ntilde;os cap&iacute;tulos que tienden a la contundencia dentro de su brevedad. Un libro que permite sembrar en el lector la pasi&oacute;n por la vida. Porque leer es vivir y viceversa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, <em>Yo y yo en breve</em>, Madrid, Alfaguara, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Dec 2024 11:28:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La erudición utópica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-erudicion-utopica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JORGE_VOLPI_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La art&iacute;stica mexicana Teresa Margolles se&ntilde;ala mediante su obra la realidad de violencia que la rodea. O dicho de otro modo: &ldquo;&iquest;De qu&eacute; otra cosa voy a hablar?&rdquo; Esa realidad mexicana es de la que ni puede ni quiere desligarse su compatriota, Jorge Volpi. Y qu&eacute; mejor manera de hacerlo que dedicar cuatro a&ntilde;os de escritura y casi una vida a crear una historia de la ficci&oacute;n. Ficci&oacute;n viene del lat&iacute;n <em>fingere</em> que no quiere decir fingir, sino modelar. Y para el autor, la realidad es como la arcilla.</p>
<p><em>La invenci&oacute;n de las cosas</em> es el altar al que ha querido acercarse Volpi a&uacute;n a sabiendas de que en su ascensi&oacute;n gracias al empe&ntilde;o, pod&iacute;a quemarse las alas. No lo ha hecho, todo lo contrario. Ha entregado un volumen &uacute;nico con todo el compendio que nadie, hasta ahora, se hab&iacute;a atrevido a realizar. Ocho libros de ocho invenciones, con di&aacute;logos intercalados del bicho, deriva del Gregorio Samsa kafkiano, y de Felice, la eterna pareja y no del autor checo. Estructura muy s&oacute;lida a la que cubre un falso pr&oacute;logo y otro a modo de ep&iacute;logo que hacen de corolario a esta aventura vital de la que Volpi sale vivo y bien imprimado. Lo hace porque se ha valido de todas las ramas del saber. La cient&iacute;fica, con sus postulados; la filosof&iacute;a, Volpi nunca dejar&aacute; de serlo, lo sepa o no; y la literaria, quince novelas y laureles, acreditan y refrendan su trayectoria. Nadie puede enmendar la plana a su obra. Quiz&aacute; por eso, se lanza a lo que no ten&iacute;a obligaci&oacute;n, s&iacute; devoci&oacute;n, eso que todo escritor que se precie, sabe. El escritor que no arriesga puede acabar siendo un escribano. Lejos, muy lejos, casi a la distancia de una galaxia, est&aacute; ahora el mexicano con este libro que ha entregado. Con esta forma de afrontar los problemas con gran seriedad. De forma curiosa o centr&iacute;peta en ocasiones, pero dando grandes catas de realidad para explicar lo inventado. Que no deja de ser la mejor manera de explicar la realidad como trata Teresa Margolles.</p>
<p>Vemos vericuetos diversos, maneras de circunvalar para acabar entrando en el meollo de la historia y de las historias a trav&eacute;s de todos los cerebros creativos que en el mundo han sido capaces de crear ficciones explicativas de lo que se ha dado. Dado el esfuerzo, la documentaci&oacute;n avasalladora y el resultado, podemos pensar que estamos ante un libro que no exist&iacute;a en nuestra lengua. Un libro necesario, sobre todo para los que pensasen que ya estaba todo escrito, que se agradece poder leerlo. O de como cuando se llega al final y aparece la Cronolog&iacute;a de la ficci&oacute;n, desde el principio de los tiempos a nuestro a&ntilde;o, todos los hechos creados por la ficci&oacute;n, en arte, literatura, cine, m&uacute;sica, derecho, ciencia, filosof&iacute;a y m&aacute;s ramas que hacen comprender el enorme &aacute;rbol y ramajes que ha levantado a lo largo del tiempo el mundo de la ficci&oacute;n. Esta cronolog&iacute;a es el regalo imprevisto que hasta ahora nadie hab&iacute;a brindado.</p>
<p>Otro motivo para acercarse, entrar y dejarse llevar por el compendio de lucidez ficcional que no busca sacar a nadie de la realidad sino asirla desde la cara b que a veces olvidamos que existe. Y hay, palpable al leerlo, un contrapeso necesario y acierto pleno del autor, en forma de historia personal, del padre y del hijo, no como detalle, sino como proceso vital de comprensi&oacute;n de lo que son cada uno. Un punto de realismo que mediante la ficci&oacute;n, adquiere el peso insustituible de lo verdaderamente cierto. No es pleonasmo, es certificaci&oacute;n o comprobaci&oacute;n cient&iacute;fica si se quiere derivar, de lo que de verdad tiene la duda cuando ya no lo hace. La certeza en y de la ficci&oacute;n. La abrumadora capacidad de permeabilidad de Volpi hacen de este libro algo tan particular como la tierra. No se sabe si hay otra, tampoco si volveremos a tener a mano un libro as&iacute;. Solo por eso ya podemos sonre&iacute;r ante lo que es el esfuerzo supino del escritor. Que en un rasgo m&aacute;s de que es cabal, termina sabiendo cuando uno se despide. Volpi lo hace en este libro de ciertas ficciones, de la muerte de su madre y de dejar de vivir en M&eacute;xico. Nuevo director art&iacute;stico del Centro Condeduque de Madrid, nuevo ciclo vital al que ha llegado como dice al final del libro por los dones que nos concede la ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Volpi, <em>La invenci&oacute;n de todas las cosas. Una historia de la ficci&oacute;n</em>, 694 p&aacute;ginas, Madrid, Alfaguara, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Dec 2024 11:12:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres poemas de Maribel Hernández del Rincón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-poemas-de-maribel-hernandez-del-rincon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIBEL_HERN_NDEZ_DEL_RINC_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard"><em>Era verano.</em></p>
<p class="Standard"><em>Tu figura tras la reja era lo &uacute;nico cierto</em></p>
<p class="Standard"><em>que consegu&iacute; rescatar</em></p>
<p class="Standard"><em>una vez atravesado el puerto.</em></p>
<p class="Standard"><em>Las manos, tus manos, aferradas al hierro.</em></p>
<p class="Standard"><em>Los ojos punzantes </em></p>
<p class="Standard"><em>horadando rumbos</em> <em>invisibles en la oscuridad.</em></p>
<p class="Standard"><em>&nbsp;...Y los siento al dormir,</em></p>
<p class="Standard"><em>y cuando paseo por calles desiertas</em></p>
<p class="Standard"><em>y hay farolas reflejadas en el agua de los charcos,</em></p>
<p class="Standard"><em>y me parece que el tiempo, y la vida,</em></p>
<p class="Standard"><em>solo han sido desde siempre una ficci&oacute;n.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Standard" align="center"><em>II</em></p>
<p class="Standard" align="center"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Standard"><em>Y as&iacute;, p</em>ulverizadas nuestras horas</p>
<p class="Standard">junto al r&iacute;o.</p>
<p class="Standard">Las circunferencias en el agua.</p>
<p class="Standard">Hipn&oacute;ticas. <em>Delirantes.</em></p>
<p class="Standard"><em>Dejando su rastro invisible sobre la autopista</em></p>
<p class="Standard"><em>y el olvido, la fugacidad de un reflejo.</em></p>
<p class="Standard"><em>Convergi&eacute;ndose, agit&aacute;ndose,</em></p>
<p class="Standard"><em>expandi&eacute;ndose en la memoria</em></p>
<p class="Standard"><em>los espejos.</em></p>
<p class="Standard"><em>Las mil caras de las horas incontables</em></p>
<p class="Standard"><em>que anduve frente a ellos,</em></p>
<p class="Standard"><em>buscando mi rostro,</em></p>
<p class="Standard"><em>o el tuyo.</em></p>
<p class="Standard"><em>O el tuyo en el m&iacute;o.</em></p>
<p class="Standard"><em>O el m&iacute;o en el tuyo.</em></p>
<p class="Standard"><em>Como si mirarse all&iacute; cada verano,</em></p>
<p class="Standard"><em>fuera un punto de partida</em></p>
<p class="Standard"><em>o de inflexi&oacute;n</em></p>
<p class="Standard"><em>o un suicidio.</em></p>
<p class="Standard"><em>El veredicto final.</em></p>
<p class="Standard"><em>El instante irrenunciable</em></p>
<p class="Standard"><em>en el que sentirse uno o ninguno,</em></p>
<p class="Standard"><em>o saberse otro.</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><em>Era verano.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y yo, perdida en el humo gris</em></p>
<p class="Standard"><em>del cigarrillo. Alarg&aacute;ndome</em></p>
<p class="Standard"><em>hasta ese otro humo gris</em></p>
<p class="Standard"><em>desmadejado del mundo,</em></p>
<p class="Standard"><em>hablaba sola desde la ventana.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y mis palabras ca&iacute;an</em></p>
<p class="Standard"><em>como hebras de lluvia.</em></p>
<p class="Standard"><em>Perpendiculares.</em></p>
<p class="Standard"><em>En el aire.</em></p>
<p class="Standard"><em>T&uacute;. Yo. Nosotros. El tiempo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<p class="Standard"><em>T&uacute; me mirabas.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y me mirabas sin verme.</em></p>
<p class="Standard"><em>Pero yo a&uacute;n segu&iacute;a ah&iacute;.</em></p>
<p class="Standard"><em>Justo detr&aacute;s de todas aquellas ideas</em></p>
<p class="Standard"><em>desde las que t&uacute;</em></p>
<p class="Standard"><em>me mirabas.</em></p>
<p class="Standard"><em>El silencio.</em> <em>El verano.</em> <em>El mundo.</em></p>
<p class="Standard"><em>El silencio de los lugares tranquilos.</em></p>
<p class="Standard"><em>Los cementerios.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Dec 2024 13:00:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hiperblasfemos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hiperblasfemos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/HERN_N_RUIZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Se cuenta que hab&iacute;a en el coraz&oacute;n de Celtiberia un pueblo que blasfemaba hasta para darte los buenos d&iacute;as, no siendo eso &oacute;bice para que se proclamaran catolicosapostolicosromanos por los cuatro costados. A pesar de que el refranero (&ldquo;En casa del que jura no faltar&aacute; desventura&rdquo;) y las autoridades les hab&iacute;an garantizado el apocalipsis, en aquella localidad no hab&iacute;an ocurrido ni m&aacute;s ni menos desgracias que en las del contorno. Eran muy originales en sus sacrilegios verbales, cobrando fama algunos tan singulares como &ldquo;me cago en Dios, la Virgen y todos los santos y que me perdone el malnacido de san Pedro si me dejo alguno&rdquo;, &ldquo;me cago en la cortinilla del sagrario&rdquo; (el preferido del erudito local) o &ldquo;&iexcl;Viva San Blas!, que es la madre de Dios&rdquo;, siendo esta la blasfemia que m&aacute;s sacaba de quicio al viejo cura p&aacute;rroco tan devoto de la Sant&iacute;sima Virgen.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">En aquel pueblo &ldquo;juraban&rdquo; -que es como all&iacute; llamaban a &ldquo;esa tradici&oacute;n tan nuestra&rdquo;- hombres, mujeres, ni&ntilde;os, ancianos y -dec&iacute;an- hasta perros, gatos y dem&aacute;s fauna dom&eacute;stica; cuanto m&aacute;s cat&oacute;licos se proclamaban los vecinos, m&aacute;s proclives a emporcar lo sagrado; de hecho, los &uacute;nicos que no <em>juramentaban</em> eran los dos ateos oficiales de la localidad, quienes, pese a negar lo divino, sent&iacute;an su debido respeto por la religi&oacute;n. A esta peculiaridad blasfematoria se a&ntilde;ad&iacute;a en aquellos habitantes rurales su fama de brutos. Y para certificarlo se rememoraba aquel episodio de los dos alba&ntilde;iles que estaban intentando meter un espejo por una puerta y, como no cab&iacute;a a lo ancho, se dispusieron a hacer una mordida lateral en ambas jambas para que as&iacute; penetrase; cuando se pon&iacute;an manos a la chapuza, un forastero que pasaba por ah&iacute; les indic&oacute;, con la intenci&oacute;n de ayudarlos, que era mejor poner de canto el espejo para que cupiera. Por pasarse de listo (as&iacute; argumentaron entre imprecaciones de pecado mortal ante el juez), al pobre samaritano le partieron el cr&aacute;neo de un mazazo al grito de mecag&uuml;ensanjuansanpedroysusputasmadresenmedio, quedando emparedado para la eternidad en la alcoba, justo al lado del vidrio que introdujeron con el m&eacute;todo que les hab&iacute;an ense&ntilde;ado sus mayores.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">La localidad ten&iacute;a, seg&uacute;n su erudito y cronista local, alcurnia de blasfema proyectada en la historia; ya los cronistas romanos mencionaron la particular tendencia de estos celt&iacute;beros a enmerdar a Lug y compa&ntilde;&iacute;a&hellip; Aunque no se ten&iacute;a constancia de esas citas cl&aacute;sicas, s&iacute; hab&iacute;a una irrefutable prueba para el citado cronista: la filacteria sobre un barroco escudo nobiliario de una de las mansiones principales de la calle de Sandi&oacute;s <em>(sic):</em> &ldquo;Antes que Dios fuera Dios y los tormos fueran tormos, los Bar&oacute;s eran Bar&oacute;s y los Fornos Fornos&rdquo;. Se fueron sucediendo aqu&iacute; insignes personajes, cuyas haza&ntilde;as y her&aacute;ldicas se adornaban con escatol&oacute;gicas imprecaciones a lo sacro. El m&aacute;s celebrado entre sus paisanos era El Agapito, que estuvo dando guerra hasta 1960. Dicen que se hab&iacute;a ca&iacute;do desde m&aacute;s de treinta metros mientras restauraban el castillo y exclam&oacute; &ldquo;&iexcl;cag&uuml;en la os!, casi me mato y sin almorzar entoav&iacute;a!&rdquo;<em>. </em>Una tarde cortando le&ntilde;a se clav&oacute; el hacha en el pie y, tras advocar a la puta Virgen y al cornudo de san Jos&eacute;, concluy&oacute; &ldquo;&iexcl;m&aacute;s lo siento por la albarca&rdquo;. Su hermano, Riejo el molinero, se autoproclamaba elegido de Dios con contundente razonamiento: &ldquo;como ese cabr&oacute;n del triangulico me ha dejado tullido, no necesito como vosotros ir a misa ni hostias para asegurarme el Para&iacute;so&rdquo;; y conclu&iacute;a en verso: &ldquo;No voy a la iglesia / porque soy cojo. / Me voy a la taberna / poquito a poco&rdquo;. Y cuando de all&iacute; regresaba a su lecho, su mujer le espetaba:</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parece que vienes un poco cargao</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por no hacer dos viajes. &iquest;O es que quieres que vuelva otra vez a la cantina?</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Y como colof&oacute;n de esa ingeniosa respuesta, cada relator a&ntilde;ad&iacute;a la jaculatoria blasfema m&aacute;s ocurrente, que siempre era distinta y a cu&aacute;l m&aacute;s osada. Pero el escarnio a lo divino m&aacute;s sobrepasado, la ofensa m&aacute;s tremenda se atribuye, valga la paradoja, al t&iacute;o Teodoro, quien la dej&oacute; labrada en la l&aacute;pida de su tumba. Esa parte de su epitafio, seg&uacute;n el cronista local, fue raspada por un p&aacute;rroco o alma piadosa y se perdi&oacute; para siempre. Dicen que incluso her&iacute;a la sensibilidad de sus paisanos m&aacute;s blasfemos. Hoy d&iacute;a en el cementerio solo queda inc&oacute;lume la parte po&eacute;tica de aquella mitificada epigraf&iacute;a: &ldquo;Oh, vosotros que pas&aacute;is, considerad si hay dolor como el nuestro&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Don Eufemio, p&aacute;rroco de la villa (no se acredita ese t&iacute;tulo pero el cronista lo utilizaba), viv&iacute;a desquiciado; no sab&iacute;a ya c&oacute;mo detener la persistente hemorragia blasfema de sus feligreses. Aprovech&oacute; la visita del obispo para que el excelent&iacute;simo y reverend&iacute;simo les censurara tan horrible vicio. En solemne serm&oacute;n, con el templo atestado de fieles, el mitrado recrimin&oacute; a esta grey sin ambages, afe&aacute;ndoles que eran el segundo pueblo que m&aacute;s blasfemaba de la di&oacute;cesis&hellip; Como un resorte, el alcalde se levant&oacute; en la primera fila y dio un boinazo en el tablero del asiento: &ldquo;me cago en el Sant&iacute;simo Sacramento, ma&ntilde;ana seremos los primeros&rdquo; (advoc&oacute; al Alt&iacute;simo por respeto al obispo y al templo); los asistentes asintieron con murmullos y hubo alguno que incluso aplaudi&oacute;. Tras esa afrenta ante su superior, don Eufemio dio por perdidos a los adultos. Y con el fin de erradicar la plaga de ra&iacute;z, en las catequesis hab&iacute;a iniciado una campa&ntilde;a para que las tiernas mentes infantiles asociaran la blasfemia a la excomuni&oacute;n y, lo que era peor, a la condena eterna. No sirvi&oacute; de mucho, porque cada vez que los peque&ntilde;os catequistas se equivocaban embadurnaban de esti&eacute;rcol sonoro todo el santoral. Por el contrario, estos asuntos hicieron que la localidad ganara celebridad entre las corrientes laicistas, ap&oacute;statas y ateas, todas ellas clandestinas en esos compases finales de la dictadura. Desde la capital acordaron hacer alg&uacute;n <em>happening</em> -entonces muy de moda- para mostrar la solidaridad con aquellos valientes vecinos; la acci&oacute;n, planificada con sumo sigilo y anonimato, consist&iacute;a en poner un verso del c&eacute;lebre poeta anticlerical &Aacute;ngel Guinda en el front&oacute;n: &ldquo;eyaculad en el ano de Dios hasta su conversi&oacute;n al placer&rdquo;. Los vecinos lo tomaron como una afrenta tan grave al buen nombre del pueblo y al Creador, que expulsaron a los sacr&iacute;legos activistas a garrotazos.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">La paciencia de las autoridades no se colm&oacute; con este suceso, que incluso recibieron con simpat&iacute;a, sino con el que vivi&oacute; como protagonista un mos&eacute;n reci&eacute;n llegado al pueblo. Tuvo aquel joven sacerdote la mala fortuna de que el t&eacute;rmino municipal fuera asolado por una sucesi&oacute;n de tronadas acompa&ntilde;adas de granizo pelotero. No se arredr&oacute; el ministro del Se&ntilde;or, sino que proclam&oacute; solemnemente que esa plaga percutora se solucionaba procesionando a san Esteban, con tan escaso predicamento en la villa que no era villa que su efigie languidec&iacute;a arrinconada en el trastero anexo a la sacrist&iacute;a. El intr&eacute;pido cl&eacute;rigo la recuper&oacute;, la atavi&oacute; y la hizo desfilar un domingo en nutrida comitiva. San Esteban no solo no detuvo la ira de los meteoros, sino que acrecent&oacute; rayos, truenos y el calibre de la piedra escupida por los cielos. Los parroquianos pensaron que aquel m&aacute;rtir lapidado era m&aacute;s bien un enviado del demonio y arrojaron su policromada talla por el barranco de la t&iacute;a Perica coreando &ldquo;ah&iacute; te pudras en el infierno y te apedreen con ascuas y tizones&rdquo; junto a airadas defecaciones en el Supremo Hazedor, Cristo, santa B&aacute;rbara y buena parte de los santos y cohortes celestiales. No corri&oacute; mejor suerte el novel p&aacute;rroco, que fue echado al pil&oacute;n al grito de &ldquo;me cago en el jodido Dios que te cri&oacute; y en su put&iacute;sima madre, hijo de Satan&aacute;s y sus diez mil barraganas&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">El asunto lleg&oacute; a o&iacute;dos del gobernador, que era numerario del Opus Dei. Envi&oacute;, sin m&aacute;s dilaci&oacute;n, a la Guardia Civil con el mandato expreso de poner orden e impedir tanto sacrilegio lenguaraz. Los n&uacute;meros que por all&iacute; anduvieron patrullando se mostraban impotentes, porque la gente mascullaba delante de sus tricornios sacros improperios y, al no emitir sonido alguno, nadie pod&iacute;a ser incriminado. El asunto alcanz&oacute; al mism&iacute;simo palacio del Pardo. Lo primero que hizo el General&iacute;simo fue ordenar que a do&ntilde;a Carmen Polo no le alcanzara ni un &aacute;pice de semejante afrenta, pues pod&iacute;a darle un s&iacute;ncope al constatar que hab&iacute;a s&uacute;bditos tan imp&iacute;os en su Espa&ntilde;a una, grande, libre y tan cat&oacute;lica. Franco consult&oacute; el tema postrado ante el brazo incorrupto de santa Teresa, que custodiaba en su dormitorio, mas no recibi&oacute; se&ntilde;al alguna (nunca la hab&iacute;a recibido); la iluminaci&oacute;n no provino finalmente de instancias divinas, sino de su ch&oacute;fer, originario de un pueblo vecino al de los contumaces blasfemos: &ldquo;perdone que me meta en esto, su excelencia&hellip; Le aconsejo encarecidamente que no mueva nada en ese pu&ntilde;etero (con perd&oacute;n) villorrio; esos deslenguados son capaces de vengarse a&ntilde;adiendo el sagrado nombre del Caudillo, a quien el no menos Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s guarde muchos lustros, al elenco de jaculatorias infames. El &uacute;ltimo que entr&oacute; en esa maldita lista (se santigu&oacute;) fue el comandante de la Benem&eacute;rita que se atrevi&oacute; a multarlos por injuriar la religi&oacute;n, y ya sabr&aacute; su Excelencia, que lo sabe todo, c&oacute;mo acab&oacute; el pobre servidor de la patria&hellip;&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Franco, que dicen era prudente gobernante, meti&oacute; este espinoso asunto en ese inmenso congelador burocr&aacute;tico donde acababan tantos otros. Los vecinos del pueblo, ahora s&iacute;, m&aacute;s blasfemador de Espa&ntilde;a siguieron con su t&oacute;nica. Hasta que lleg&oacute; la democracia y con ella las libertades, que parec&iacute;an salidas de una caja de Pandora con la efigie del Caudillo por tapadera. Fue entonces cuando la blasfemia fue dejando de tener ese mordiente subversivo. A medida que menguaba el fervor cat&oacute;lico, ciscarse en lo sagrado fue perdiendo fuelle -a la vez que morbo- entre las costumbres de aquellos aldeanos hasta que pr&aacute;cticamente desapareci&oacute;. Ese fue, seg&uacute;n el erudito y cronista del lugar, el milagro m&aacute;s sonado de la democracia.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 13:49:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ucronía y la verdad, Antonio Hitler a través del espejo (el de Alicia)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ucronia-y-la-verdad-antonio-hitler-a-traves-del-espejo-el-de-alicia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JUAN_TALL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En qu&eacute; momento la vida se bifurca, &iquest;existen los jardines borgianos donde las realidades son las mismas pero paralelas? &iquest;Es la ucron&iacute;a parte de la nueva literatura? Muchas preguntas y, por el medio, una novela, <em>Lo mejor del mundo</em> de Juan Tall&oacute;n, un texto donde el protagonista cruza la realidad, recibe una segunda oportunidad, encuentra un agujero de gusano que lo lleva a una dimensi&oacute;n alternativa. La estructura de la novela es un puzzle. Salta de las dos realidades, se mueve por la l&iacute;nea temporal de ambas. Mezcla la exigencia para el lector con un punto de divertimento. El protagonista, coleccionista de relaciones disfuncionales: su padre, su mujer, &eacute;l mismo. Atrapado por un apellido, Hitler, que representa, en una sucesi&oacute;n de letras, la maldad en la sociedad occidental y cabeza de rat&oacute;n en la sociedad orensana, vive en M&eacute;xico, durante un encuentro con otros empresarios, la toxicidad extrema, la violencia gratuita y l&uacute;dica, como un Patrick Bateman de Bret Easton Ellis gallego, antes de cruzar el espejo, ahora Alicia consumida por las sustancias y en el que un adi&oacute;s se convierte en una forma de descontento. &iquest;Recuerdan las revistas sobre efectos paranormales de finales de los setenta? Esas en las que las personas, montadas en su coche, atravesaban una niebla y aparec&iacute;an horas, d&iacute;as, meses, a&ntilde;os en el futuro. Cuando sale del local son las 3:27 y cuando llega a la capital, 8:36. &iquest;Qu&eacute; ha sido de ese tiempo? No importa. Existen peque&ntilde;os <em>macguffin</em> a lo largo del texto, todos dentro del tono de humos escabrosos: una noche de juerga descontrolada y un padre sol&iacute;cito que cierra una puerta por accidente sobre su hijo. Antonio Hitler es hijo de empresario y director del museo provincial con nueve dedos. Las fotograf&iacute;as y sus marcos, una tienda con su apellido y los s&iacute;ntomas de una terrible enfermedad en su hija se superponen. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en 1998 en la calle Jacinto? Huevos rotos, unos con solomillo y otros con boletos. La coca&iacute;na amarga. Las comidas de negocios. Compro, vendo, cambio. La muerte en Londres. La verdadera muerte en un accidente. El triste poder provincial de las diputaciones, cabezas de rat&oacute;n en esta sociedad corrupta. Ata&uacute;des Ourense vs. Laminados sider&uacute;rgicos Ourense. En una l&iacute;nea temporal, la original, su padre lo somete a la misma tortura vital que &eacute;l somete a los dem&aacute;s y a s&iacute; mismo, un c&iacute;rculo de violencia, sexo y algo de coca&iacute;na. Un negocio legal pero con provocador componente s&oacute;rdido, como la fabricaci&oacute;n de ata&uacute;des. Lo m&aacute;s cercano a trabajar con la muerte dentro de lo legal. Lidia, su madre, lo dej&oacute; abandonado con un bocadillo de Nocilla en la mano antes de saltar por el balc&oacute;n y, desde entonces, la violencia ha crecido dentro de Antonio, Antonio Hitler, como una mala semilla. Su sexo de bienvenida, un padre que conoci&oacute; a Julio Iglesias, la abuela, personaje oculto, que gotea la historia otorg&aacute;ndole un sentido muy concreto (no es casualidad que el comienzo de la historia sea la mujer, Elvira, yendo a la Universidad de Berl&iacute;n para estudiar mec&aacute;nica cu&aacute;ntica). Ella elige a Hitler. En una de las l&iacute;neas temporales todo lo malo, en la otra, un apellido m&aacute;s. Incluso ligado a lo art&iacute;stico y creativo. Un provocador Juan Tallo. Y eso que el taxista que lo recoge al llegar a Orense le dice: &ldquo;&iquest;Cambio, esta ciudad no cambia ni muerta&rdquo;, mientras hace un giro innecesario? Ha cambiado el urbanismo que tan bien conoce Antonio. Antonio Hitler, no lo olviden. Tiene cientos de libros. Su suegra parece haber muerto de c&aacute;ncer, por fin. La muerte, ya digo. La Divina comedia con sus iniciales en la primera p&aacute;gina. Su padre le da la llave, los diarios que lleva escribiendo desde adolescente, con la idea de escribir una novela. Una cierta burla de metaliteratura, una manera de recordar que, en una dimensi&oacute;n paralela, tambi&eacute;n los autores dan/damos las brasas con novelas autobiogr&aacute;ficas. En su nueva vida, en su nuevo espacio geogr&aacute;fico, su mujer lo quiera, personas que deber&iacute;an estar muertas caminan por la calle, algunos bares siguen sirviendo sus bocadillos favoritos, hay un padre que pasa temporadas en Pe&ntilde;&iacute;scola, que ha sido amigo de Julio Iglesias. Que descansa. Que lo abraza. Pero toma un caf&eacute; con su mujer en La Ibense, que lleva quince a&ntilde;os cerrada. &iquest;Pero qu&eacute; es la fantas&iacute;a m&aacute;s que un producto del se&ntilde;or de las pesadillas? Si lo &uacute;nico que quiere, su hija, no existe. Como siempre lo que no tenemos es lo que m&aacute;s deseamos, la mujer que odiaba le parece m&aacute;s atractiva. Est&aacute; embarazada. El protagonista se agarra a eso para poder creer, recuperar lo &uacute;nico que ama de verdad. Pero no es Irene, es Marco. En esa l&iacute;nea temporal que parece vibrar a una frecuencia distinta se ha dejado llevar por sus deseos, por el arte, abandonando los n&uacute;meros y las finanzas por la gesti&oacute;n cultural. Escribe para una de esas odiosas novelas de autoficci&oacute;n en las que todos acabamos. Juega con los puntos de ucron&iacute;a de los que habl&aacute;bamos al principio: existe Juan Tamariz, Ray Loriga es un reputado director de cine y a Stephen King le han dado el Nobel. Pero, tambi&eacute;n existen los Rolling Stones y &eacute;l es un tipo oscuro, con aristas, destinado a acabar mal, con dinero manchado de sangre y en efectivo en los armarios. &iquest;Cu&aacute;nto puede alguien sobrevivir con su aspecto, pero sin los recuerdos? Como el comienzo de <em>Dragones y Mazmorras</em>, perd&oacute;n por la referencia de dibujos animados ochenteros, pero suena a cuando entra en el <em>after,</em> cuando sale del <em>after</em> con los mexicanos. Como todos hubi&eacute;ramos hecho -somos humanos consumidores de la cultura pop y audiovisual europea-retorna al lugar donde todo cambi&oacute;, la ciudad de M&eacute;xico. Es un gui&ntilde;o a la magia de la capital azteca, como lo es que, en este viaje, en esta incursi&oacute;n de vuelta, lo acompa&ntilde;e un argentino tratante de libros raros. H.P. Lovecraft o Jorge Luis Borges. &iquest;Quiz&aacute; es uno de esos jardines que se bifurcan que hemos elucubrado al comienzo del texto? Es una novela notable, que se disfruta. Exigente, eso s&iacute;, por c&oacute;mo se entrelazan los escenarios y los personajes, que encuentra una segunda y una tercera lectura, sobre todo al poder encajar todas las piezas y crear tu propia visi&oacute;n de conjunto. Pero es valiente, es creativo, no es autocomplaciente. Aplauso para Juan Tall&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Juan Tall&oacute;n, <em>El mejor del mundo</em>, Barcelona, Anagrama, 2024.</p>
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      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 13:03:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Voces en el gran teatro del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/voces-en-el-gran-teatro-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_INIESTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta pieza singular, <em>Un tigre sin selva</em>, de Jos&eacute; Iniesta, me recuerda a las tragedias griegas y a Shakespeare, a Valle-Incl&aacute;n y me parece un gran acierto porque funde poes&iacute;a y teatro. Volvemos al origen, porque el teatro, la m&uacute;sica que componen los actos, las escenas, los personajes, son poes&iacute;a. Y asimismo los poemas que ponemos frente al mundo &iquest;qu&eacute; son sino voces en el gran teatro del mundo?&nbsp;</p>
<p>Es este tigre sin selva un homenaje a dos obras: <em>Pato salvaje, </em>de Ibsen y <em>M&aacute;quina Hamlet,</em> de M&uuml;ller, en las que, dice el poeta, encontr&oacute; clasicismo y vanguardia. Aprendi&oacute; esta lecci&oacute;n en estas obras y en las ense&ntilde;anzas de Paco Zarzoso.&nbsp;</p>
<p>La escritura ha de ser &ldquo;destino y moral&rdquo;, desde la gratitud. &ldquo;Vuelo rasante sobre la fea realidad, entre el cielo y la tierra, rozando los espinos (&hellip;) piedra en el aire, lo que somos, cayendo al abismo&rdquo; (p. 11). As&iacute; lo dice Jos&eacute; Iniesta en un pr&oacute;logo bell&iacute;simo en el que transmite su sentir sobre la vida y el arte y nos introduce al poema-tragedia que sigue.&nbsp;</p>
<p>El teatro ha de ser moral, en el sentido m&aacute;s elevado del t&eacute;rmino. Ha de provocar catarsis, ha de ser ejemplar, como la <em>Numancia </em>de Cervantes, o <em>San Juan,</em> de Max Aub, o las tragedias griegas o de Shakespeare. El teatro la palabra, la poes&iacute;a, &ldquo;palabra esencial en el tiempo&rdquo;, como dec&iacute;a Antonio Machado, no se deben malgastar porque son tiempo: nuestra vida.&nbsp;</p>
<p><em>Un tigre sin selva</em> es un canto a la vida. Este canto incluye la dicha, el dolor, &ldquo;memoria de ciudades ardiendo junto al mar, la ceguera de Dios&rdquo; (p. 12). Incluye un mundo en destrucci&oacute;n, un mar de pl&aacute;stico, glaciares que desaparecen, escenas como la de Gaza, al final del libro. Pero tambi&eacute;n somos &ldquo;del sol en la monta&ntilde;a m&aacute;gica y del aire encendido del oto&ntilde;o&rdquo;. &ldquo;C&oacute;mo amamos vivir -dice- no moriremos&rdquo; (p. 12).&nbsp;</p>
<p>En uno de los poemas de <em>Arder en el c&aacute;ntico</em> (2008), leemos: &ldquo;atr&eacute;vete a entonar el canto que celebra / el tr&aacute;nsito en el mundo. Y regala a esa nada excelsa del existir (&hellip;) las voces que nombraron (&hellip;) el pr&iacute;stino misterio de la felicidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Es <em>Un tigre sin selva:</em> teatro y poes&iacute;a, poes&iacute;a y teatro, sin credos ni fronteras, para que hable el silencio. Porque todo fue lo mismo: la representaci&oacute;n, el c&aacute;ntico, el poema, para enaltecer el &aacute;nimo y poder adentrarse en lo secreto, en los misterios, &ldquo;para nombrar lo imposible, lo sagrado&rdquo; (p. 13): para abrir la puerta. As&iacute; fue todo hasta que lo desmembramos.&nbsp;</p>
<p>El aliento tr&aacute;gico de este poema-teatro vibra desde el pr&oacute;logo. El cuerpo del poema, dividido en dos partes, a los que se a&ntilde;ade un ep&iacute;logo, con un mismo temblor. Jos&eacute; Iniesta ha creado una obra original, ha ido a las fuentes m&aacute;s remotas, al origen, a desenterrar la vida para iluminarla.&nbsp;</p>
<p>Todos los personajes son uno solo, no existen. Y su aventura es un viaje al coraz&oacute;n de las tinieblas. No es un canto de esperanza: son hambre y palabras juntando los pedazos del c&aacute;ntaro roto de la vida. Conrad, y el c&aacute;ntaro roto. Todo cabe en este gran libro, tan original.&nbsp;</p>
<p>Este poema-tragedia se ci&ntilde;e a las tres partes que posee la tragedia griega: pr&oacute;logo, episodios y &eacute;xodo. Est&aacute; muy pr&oacute;ximo a la tragedia cl&aacute;sica, a su tono elevado, a su sufrimiento, a la anagn&oacute;risis. Incluso el coro tiene su presencia en el est&aacute;simo que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;La pregunta del &aacute;tomo&rdquo; (p. 43), aunque el coro se siente en toda la obra al ser todos los personajes uno, al estar todas las voces en &eacute;l.</p>
<p>La complejidad y calidad de un texto viene de su capacidad de generar sinapsis, de su riqueza connotativa. De su capacidad, tambi&eacute;n, de interpretar el dolor y la belleza de la vida, de ser para todos y de toda la humanidad.</p>
<p>El hombre que clama es el ser universal, como en el teatro griego o Shakesperiano; su grandeza lo convierte en arquetipo, en el que se pueden fundir todos los seres humanos.&nbsp;</p>
<p>Llama la atenci&oacute;n que todas las acotaciones formen parte del poema-teatro, algo que hac&iacute;a Valle-Incl&aacute;n, por est&eacute;tica, y porque las acotaciones tienen una funci&oacute;n po&eacute;tica que no puede quedarse fuera del texto. Los actores y actrices han de interpretarlas. Si no es posible, una voz en off deber&iacute;a recitarlas.&nbsp;</p>
<p>El metro es cl&aacute;sico: endecas&iacute;labos, heptas&iacute;labos, pentas&iacute;labos, alejandrinos, dotando a las dos partes del texto de ritmo musical.&nbsp;</p>
<p>La grandeza de la aparici&oacute;n del viejo loco (todos los seres humanos y entre ellos, el padre muerto) (p. 20), tiene la fuerza de una tormenta en el p&aacute;ramo de Macbeth.&nbsp;</p>
<p>En muchas ocasiones sentimos en diferentes obras de arte el aire rasgado por el rayo, el trueno y la lluvia impetuosa. Aqu&iacute; est&aacute; el tigre, en ese ambiente explosivo; lo est&aacute; en la <em>Pastoral </em>de Beethoven; por &eacute;l se ordenan los personajes de la Cena de Leonardo da Vinci. Es el principio que rige una obra de arte, la ordena, aunque est&eacute; formada por lo m&aacute;s dispar.&nbsp;</p>
<p>El poeta ha incorporado a su obra el ritmo de la naturaleza, es bosque y canto de los p&aacute;jaros, lluvia que salva. Y su no-personaje, todos los personajes, este ser frente al mundo, reivindica la belleza de los astros, se sabe &ldquo;zozobra y tempestad&rdquo;. La belleza venciendo en la batalla. Sabe que ha existido desde siempre y &ldquo;entona el c&aacute;ntico salvaje/ de ser en la floresta / el ciervo vulnerado&rdquo; (p.19).&nbsp;</p>
<p>El ser primigenio en la cueva profunda, con su fragilidad, presto a morir, sin haber entendido nada, o sea, como nosotros. Todos los tiempos a la vez pivotan sobre este anciano de los tiempos.&nbsp; Suena su voz entre la vida y la muerte. Puede cruzar los l&iacute;mites entre ambas. El tiempo es est&aacute;tico y fluido a la vez. Todas las escenas son posibles: la ni&ntilde;a muerta, que a la vez nos increpa: el bosque que se venga. Por todo esto, por la capacidad del texto para asumir cien vidas y cien muertes, cada poema parece estar esculpido en la roca. Es piedra. Es un tigre sin selva, un fuego a quien derrota el arquero de la noche.&nbsp;</p>
<p>Este tigre desea &ldquo;la belleza del mundo al reflejarse / en el diamante vivo de otros ojos / el sol emocionado al proyectar / mi sombra / en el silencio / contra el muro&rdquo; (26).&nbsp;</p>
<p>Todos los tiempos y los seres se unen en uno. Se cumple el aserto machadiano de que hay que cantar siempre en coro, con toda la humanidad. En este poema, en el que una voz constata el horror de su p&eacute;rdida, todos los seres humanos pueden alcanzar la catarsis, la purificaci&oacute;n: &ldquo;Tan solo es posesi&oacute;n cantar la vida&rdquo; (p. 42).&nbsp;</p>
<p>Este libro est&aacute; arraigado en nuestra vida actual y en la de todos los tiempos. Las guerras y desastres son el escenario en donde nos sit&uacute;an las acotaciones. Una vez es un &aacute;rbol quemado; otras, un p&aacute;ramo; otras, es, directamente, Gaza. El texto est&aacute; anclado en todos los tiempos, porque la guerra es, por desgracia, de todos los tiempos. Los escenarios son m&iacute;nimos, rotundos, y en ellos habla el universo, porque est&aacute;n vivos, son carga dram&aacute;tica, intensidad: hablan.&nbsp;</p>
<p>La hija y el pato salvaje son los &uacute;nicos inocentes, libres, en medio del horror. No existe la muerte: &ldquo;fuiste (&hellip;) y lo ser&aacute;s, /la semilla en la tierra que florece / tras las lluvias de mayo, / la promesa del vuelo / hacia el sentido&rdquo;. La hija viva: &ldquo;la ni&ntilde;a vulnerada / del amor en la luz&rdquo; (p. 39).&nbsp;</p>
<p>El poeta se sit&uacute;a en una atalaya desde la que contempla el paisaje de guerra y destrucci&oacute;n, la ausencia. Constata tambi&eacute;n la belleza. Es la historia del ser humano: sobrevivimos porque somos capaces de ver, de construir belleza.&nbsp;</p>
<p>Para ser todos los seres humanos hay que transformarse, perder identidad, vivir fuera del tiempo, ser todos los tiempos. Por eso, el anciano es el padre muerto, el padre y la madre, que componen con la hija una Piet&agrave; impresionante, con la hija que ha muerto y vive al mismo tiempo. El desastre de la vida es implacable, pero la voluntad del ser humano le hace decir: &ldquo;continuar&eacute;&rdquo;, vivo, aunque la muerte invada todos los resquicios.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>La ni&ntilde;a y el pato son tiempo y alma, nada tienen que ver con la barca de Caronte, ni con el Can Cerbero. La Piet&agrave; del padre la madre de piedra, con la ni&ntilde;a en brazos, es un lamento y es tambi&eacute;n la resurrecci&oacute;n del amor y de la libertad: &ldquo;Mi sacrificio os salva, desprecia el oro sucio y las creencias&rdquo; (p. 62).</p>
<p>El personaje, la voz que habla, vive en la incertidumbre: no sabe si es real, como tampoco puede saberlo el p&uacute;blico. Todo es un inmenso teatro desolado. La gran met&aacute;fora del sue&ntilde;o y del teatro del mundo.&nbsp;</p>
<p>Es la voz de la ni&ntilde;a, que aparece sin el disparo en el pecho, la que suena al final. Es el bosque, es la aut&eacute;ntica vida, tiempo y alma.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Jos&eacute; Iniesta, Un tigre sin selva, Sevilla, Renacimiento, 2024</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 12:17:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ombligo del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ombligo-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOAN_MONTA_S_XIPELL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Joan Monta&ntilde;&eacute;s (Castell&oacute;n, 1965), conocido art&iacute;sticamente como <em>Xipell</em>, es humorista gr&aacute;fico e ilustrador. Desde finales de los a&ntilde;os ochenta se dedica profesionalmente a satirizar la vida pol&iacute;tica y social en la prensa diaria: fue redactor gr&aacute;fico en el peri&oacute;dico Levante-El Mercantil Valenciano hasta su cierre en 2019 (recopilatorios de sus colaboraciones son las publicaciones <em>Draps de Clau</em>, <em>Costa de Aznar </em>y <em>Gaudeamus Ujitur</em>), para pasar despu&eacute;s a ejercer como vi&ntilde;etista en el Mundo-Castell&oacute;n. Adem&aacute;s de su labor period&iacute;stica, ha publicado el libro de cr&oacute;nicas escritas <em>Los d&iacute;as del trencad&iacute;s</em>, el anecdotario de memorias&nbsp;<em>Examen oral d&acute;historias</em>, la novela <em>La peste del azahar, </em>la obra de teatro&nbsp;<em>El concilio del arroz</em> y los vol&uacute;menes de ilustraciones&nbsp;<em>El &uacute;ltimo mono</em>,&nbsp;<em>La Panderola, el tren que vol&oacute;</em>,&nbsp;<em>Lengua M&aacute;gica, un d&iacute;a al parque de las Normas</em>,&nbsp;<em>Viaje al pa&iacute;s de Tombatossals</em> y <em>Norma al ataque.</em> Tambi&eacute;n ha sido cofundador de la revista sat&iacute;rica <em>Gurb.</em></p>
<p><em></em>Su segunda incursi&oacute;n en el g&eacute;nero narrativo, publicada recientemente por AdN Editorial, <em>El viaje circular</em>, es un juego entre realidad y ficci&oacute;n como proceso de creaci&oacute;n. <em>Xipell</em>, como buen humorista gr&aacute;fico, salta desde la observaci&oacute;n a la imaginaci&oacute;n, para realizar un proceso de subversi&oacute;n que supone un continuo trasvase de la m&iacute;mesis a la di&eacute;gesis.</p>
<p>El ge&oacute;grafo franc&eacute;s Jean-Claude Chigot, doctor de la Sorbonne, racionalista cartesiano, inicia en 1989 un viaje-exploraci&oacute;n por encargo del mism&iacute;simo Fran&ccedil;ois Mitterrand, a trav&eacute;s del Bureau des Grands Travaux, en busca del centro del mundo, con motivo de la celebraci&oacute;n del Bicentenario de la Revoluci&oacute;n y con la finalidad de &ldquo;certificar si nuestra <em>civilisation </em>continuaba siendo el faro de la humanidad&rdquo;. No busca quimeras ni entelequias, nada de piedras filosofales, arcas perdidas, griales, fuentes de la eterna juventud o dorados &mdash;la cr&iacute;tica a las novelas enigma es evidente&mdash;, si bien casi todas acaban apareciendo en sus p&aacute;ginas.</p>
<p>Tampoco su particular aventura tiene nada de fant&aacute;stico al modo de <em>El viaje al centro de la Tierra</em>, simple y llanamente trata de encontrar las ense&ntilde;anzas del &ldquo;hombre c&eacute;ntrico&rdquo; para, con absoluto rigor cient&iacute;fico, estudiarlas y aplicarlas con la finalidad de situar a la Rep&uacute;blica en un lugar puntero &mdash;&iquest;en el centro?&mdash; de las naciones.</p>
<p>Tras tres a&ntilde;os dando la vuelta al mundo como un nuevo Phileas Fogg, se dispone a regresar a Par&iacute;s sin haber alcanzado su objetivo, cuando la diosa Fortuna lo lleva a un almac&eacute;n de c&iacute;tricos en la localidad de Almenara (Castell&oacute;n) y a entablar conversaci&oacute;n con el octogenario tabernero, Virginio Bonet, experto en &ldquo;mundolog&iacute;a&rdquo;, con el que se dispone a iniciar un periplo por la comarca de los <em>petits ch&acirc;teaux</em> en el viejo Citr&ouml;en DS, el m&iacute;tico <em>Tibur&oacute;n</em>.</p>
<p>Tras ingerir como b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s una infusi&oacute;n de hierbas locales, unas copas de An&iacute;s del Mono y varios espa&ntilde;ol&iacute;simos &ldquo;Sol y sombra&rdquo;, con un calendario ilustrado utilizado como mapa del tesoro, nuestros ebrios amigos comienzan su alucinada aventura en busca del &ldquo;punto exacto con el mayor grado de armon&iacute;a universal jam&aacute;s conocido&rdquo;. Durante el trayecto, se intercalan las visitas reales a los pueblos (Cabanes, Torreblanca, Morella, etc.) y parajes (barranco del Valltorta, Puig de la Nau, fort&iacute;n de Onda, castillo de Pe&ntilde;&iacute;scola, etc.), plasmados por el hiperrealista y egoc&eacute;ntrico pintor castellonense Vidal en las doce l&aacute;minas que les sirven de gu&iacute;a, con los recuerdos de las realizadas anteriormente por el ilustrado viajero a lo largo y ancho de este mundo examinando de manera infructuosa dictaduras, teocracias, satrap&iacute;as y democracias, incluyendo a los Estados Unidos y el mism&iacute;simo Vaticano.</p>
<p>Mediante el cervantino recurso del manuscrito, en este caso no encontrado, sino enviado en forma de trig&eacute;simo cuarto cuaderno de bit&aacute;cora al propio Fran&ccedil;ois Mitterrand, acompa&ntilde;amos a este Ignatius Reilly viajero siguiendo su ret&oacute;rica prosa volteriana salpimentada con grandes dosis de iron&iacute;a, en la que constantemente se confunden el mito y la realidad. Si el alucinado caballero andante confund&iacute;a una bac&iacute;a de barbero con el Yelmo de Mambrino, nuestro personaje transmuta una gigantesca caracola fosilizada acompa&ntilde;ada de una naranjas n&aacute;vel un tanto pasadas en el m&iacute;tico cuerno de la abundancia y le llevan a pensar en la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol del t&eacute;rmino ingl&eacute;s, <em>navel, </em>ombligo, como indicio de hallarse cerca del epicentro terr&iacute;cola. De igual forma, su calenturienta imaginaci&oacute;n racionalista interpreta literalmente la frase <em>La millor terreta del m&oacute;n</em> como una nueva se&ntilde;al ling&uuml;&iacute;stica de encontrarse en su anhelado <em>pays </em>axial, si bien su sanchopancista compa&ntilde;ero le explicar&aacute; que se trata de una expresi&oacute;n local utilizada como eslogan publicitario por unos comerciantes para vender un estupendo detergente para fregar sartenes.</p>
<p>Desde las primeras p&aacute;ginas,<em> Xipell</em> experimenta con el humor &mdash;sin duda el verdadero protagonista de la novela&mdash; y nos atrapa en su juego literario, con una sonrisa perenne en los labios, que en ocasiones deviene en risa, cuando no en estruendosa carcajada, participamos con sus personajes en sus delirantes andanzas. Con un estilo chestertoniano, tan parad&oacute;jico como simb&oacute;lico e ir&oacute;nico &mdash;en ocasiones corrosivo sarcasmo que se decanta del sainete al esperpento&mdash;, un tanto barroco e hiperb&oacute;lico, pero fluido y directo, no exento de hilarantes cultismos y abundantes referencias mitol&oacute;gicas (Arcadia, Fuente de Castalia, Jard&iacute;n de las Hesp&eacute;rides, etc.), hist&oacute;ricas (desde los hom&iacute;nidos y cavern&iacute;colas, pasando por los pr&iacute;ncipes de la iglesia, santos, templarios, c&aacute;taros, hasta militares, maquis e industriales, que ejemplifica con el esbozo de las biograf&iacute;as de los personajes de la zona m&aacute;s destacados: Benedicto XIII, Vicente Ferrer, Cabrera, Teresona, Segarra, etc.) filos&oacute;ficas, cinematogr&aacute;ficas y art&iacute;sticas &mdash;no en vano el autor es licenciado en Historia del Arte&mdash;, busca siempre la complicidad del lector.</p>
<p>Lo m&aacute;s llamativo de esta novela consiste en que la transposici&oacute;n on&iacute;rica de la realidad subvierte lo concreto para trascenderlo por medio del lenguaje y elevarlo a la categor&iacute;a de s&iacute;mbolo c&oacute;smico &mdash;entendido como deseo y sue&ntilde;o&mdash; para, al final, demostrar una verdad universal, presente ya en la no menos universal obra cervantina: &ldquo;En todas casas cuecen habas y, en la m&iacute;a, a calderadas&rdquo;. La autoiron&iacute;a es tambi&eacute;n otra constante y el mismo protagonista participa de las peque&ntilde;as corrupciones que observa a su alrededor sin ning&uacute;n pudor. En cierto modo, la novela es una parodia amable de la propia ilustraci&oacute;n que &eacute;l representa.</p>
<p>&iquest;Es <em>El viaje circular</em>, valga la redundancia, un libro de viajes? Desde luego, siempre entendido en el sentido decimon&oacute;nico, mezcla de aventura y abundantes disertaciones de todo tipo. &iquest;Es una obra aleg&oacute;rica? Sin duda. &iquest;Es una novela hist&oacute;rica? No, pero tiene mucha historia. &iquest;Es literatura fant&aacute;stica? Tampoco, pero es fant&aacute;stica. &iquest;Se podr&iacute;a categorizar como posmoderna? Podr&iacute;a ser, pero qu&eacute; m&aacute;s da, sea lo que sea el artefacto, fruto del mordaz ingenio de un afilado vi&ntilde;etista, funciona, esta odisea es disparatada, divertida, acida e inteligente, contiene s&aacute;tira pol&iacute;tica y cr&iacute;tica social, local y universal (los temas son numerosos: guerras de religi&oacute;n, nacionalismos, megaloman&iacute;as, discriminaci&oacute;n de la mujer, especulaci&oacute;n urban&iacute;stica, ecolog&iacute;a, etc.), humor a paladas, identidad regional y personal&hellip; hasta el punto de que yo he descubierto que mi padre naci&oacute; en el pa&iacute;s donde no funciona la br&uacute;jula y que yo pas&eacute; los primeros seis meses de mi vida en el mism&iacute;simo centro de la yema del huevo sin saberlo, pero eso ya es otra historia, la de mi propio ombligo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joan Monta&ntilde;&eacute;s Xipell, <em>El viaje circular</em>, Madrid, AdN, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 11:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada diferente sobre la vida en la cárcel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-mirada-diferente-sobre-la-vida-en-la-carcel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JORGE_BARCO_INGELMO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Siempre hay que felicitarse por la aparici&oacute;n de nuevas editoriales, caso de Sloper en 2008, y ya con una trayectoria reconocida, a la que se suma la colecci&oacute;n de poes&iacute;a Isla Elefante bajo la direcci&oacute;n de un poeta laureado con alguno de los premios importantes de nuestros pagos, me refiero a Ben Clark. Siempre es una garant&iacute;a ese filtro de una direcci&oacute;n entendida, atenta a cuanto pasa en la poes&iacute;a que actual y que su director contempla desde el privilegio de la Fundaci&oacute;n &nbsp;Antonio Gala. Isla Elefante es una colecci&oacute;n pensada, al menos en principio, para autores menores de cuarenta a&ntilde;os, que se nos hacen muy flexibles, seg&uacute;n demuestra Jorge Barco Ingelmo (1977), autor de este <em>Jailhouse Rock</em>. Libro al que pocas objeciones se le pueden poner, salvo el t&iacute;tulo en ingl&eacute;s, un error, creo (salvo por extra&ntilde;as cuestiones comerciales), cuando los poemas est&aacute;n escritos en el buen castellano de Salamanca, donde naci&oacute; este fil&oacute;logo que ejerce de funcionario de prisiones y cuya experiencia le ha valido para un libro distinto, humano, mucho, con humor y tragedia, pensativo en numerosas ocasiones. &nbsp;Se me ocurren algunos t&iacute;tulos igual de eficaces en nuestra lengua, a la que salvamos de paso de la colonizaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica por parte del ingl&eacute;s.</p>
<p><em>Jailhouse Rock</em>, dividido en cinco partes, pero con tres fundamentales en funci&oacute;n de la situaci&oacute;n del preso y peligrosidad, primer, segundo y tercer grado, va reflexionando desde distintas perspectivas sobre su situaci&oacute;n, incluida la del confinamiento en los tiempos de pandemia, &ldquo;T&uacute; que no has ido nunca a comprar el pan / ni has montado en bicicleta / ahora te vale lo que sea / con tal de pasar el menor tiempo posible / entre tus tres o cuatro o quince paredes&rdquo;. Y desde ah&iacute;, desde esa puesta en el lugar del otro, del preso, va ofreciendo en el escaparate un pu&ntilde;ado de situaciones que se producen detr&aacute;s de las paredes de una c&aacute;rcel. Jorge Barco las plantea desde una sensibilidad pensativa, hermosa, con un sentido del ritmo l&iacute;rico, del decir y la pausa; o si prefieren, desde el buen hacer de sus mejores versos y que, acorde a los tiempos, son libres. Numerosos asuntos van filtr&aacute;ndose as&iacute;, caso del poeta encarcelado Marcos Ana, al que una mano an&oacute;nima &ldquo;justo hoy que te has muerto / (&hellip;) sin que presos y funcionarios sepan por qu&eacute; / han colocado una rosa&rdquo;. La locura, la ausencia de cosas tan habituales como una mera bolsa de pl&aacute;stico que le falta a un preso italiano, pero imposible de conseguir en el economato de la prisi&oacute;n, el miedo a presos potencialmente peligrosos, pero llenos de preocupaciones, por la ausencia de llamadas familiares o un error en el men&uacute;, la denuncia del maltrato, van surgiendo entre otros asuntos en sus versos.</p>
<p>Me ha gustado especialmente la aventura de escribir un poema a base de textos de otros, ya sea de prensa El Pa&iacute;s o Europa Press, sobre situaciones de paquetes bomba que se env&iacute;an a funcionarios a sus casas. Me ha recordado un tanto con lo que juguete&oacute; la poeta Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, salmantina de adopci&oacute;n, en <em>Interferencias</em>, a partir de versos que admira. Aqu&iacute; sin embargo se construye un poema desde textos y situaciones que dialogan entre s&iacute;, en &eacute;poca adem&aacute;s que el experimentalismo est&aacute; de capa ca&iacute;da, salvo por el buen hacer Mar&iacute;a Salgado o de Lola Nieto, como punta de lanza. Dentro de ese amplio espectro de miradas, donde cabe la ternura, la solidaridad, la circunstancia de cada uno, el miedo, tiene cabida el humor, caso de unos presos expertos en robos que no saben abrir una puerta hasta que uno de ellos, al fin, abre el candado&hellip;o el horror, como el caso de &ldquo;un preso que el otro d&iacute;a / se hab&iacute;a rajado la barriga y se chupaba / delante de nosotros una mano / ensangrentada mientras dec&iacute;a / lo mucho que le gusta la sangre&rdquo;. No decepcionar&aacute; este <em>Jailhouse Rock </em>desde esta perspectiva peculiar, la de la vida en la c&aacute;rcel, que a veces se hace en un curioso poema <em>C&aacute;rcel de amor</em>, aunque lejos del libro de Diego de San Pedro, como comprobar&aacute; el lector que se aventure en una mirada diferente y en una colecci&oacute;n que promete, por lo visto hasta ahora, dar mucho de s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Barco Ingelmo, <em>Jailhouse Rock,</em>&nbsp; Badajoz, Isla Elefante, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Nov 2024 08:50:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Ida Vitale y Fernando Savater ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-ida-vitale-y-fernando-savater/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/IDA_VITALE_7_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo y en exclusiva con dos protagonistas de evidente atractivo, por lo que dicen y por c&oacute;mo lo dicen: Ida Vitale y Fernando Savater. Sin duda, y si tenemos en cuenta la proyecci&oacute;n y el reconocimiento que sus respectivas obras y trayectorias han obtenido a nivel internacional, resulta acertado afirmar que son dos nombres propios de indiscutible relevancia dentro del mundo cultural de habla hispana.&nbsp;</p>
<p>Con 101 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos, la escritora uruguaya Ida Vitale es una verdadera leyenda viva de la literatura latinoamericana. Mujer culta y cosmopolita, TURIA convers&oacute; con ella en su &uacute;ltima visita a Espa&ntilde;a y lo hizo en uno de sus lugares favoritos cuando se encuentra en Madrid: la m&iacute;tica Residencia de Estudiantes. El periodista y poeta Fernando del Val comparti&oacute; un provechoso di&aacute;logo que ahora transcribe para nuestra revista y que describe as&iacute;: Ida Vitale &ldquo;parece eterna, tambi&eacute;n una ni&ntilde;a. Disfruta de saberse viva y de compartir un rato con quien se le acerca&rdquo;. No por casualidad, el jurado del Premio Cervantes dijo de ella, al concederle el galard&oacute;n en 2018, que &ldquo;es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del espa&ntilde;ol&rdquo;.</p>
<p>El fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Fernando Savater es uno de los indiscutibles protagonistas del mejor ensayismo contempor&aacute;neo en nuestro idioma. Aunque no es la primera vez que TURIA lo entrevista con amplitud, hemos cre&iacute;do conveniente volver a conversar con &eacute;l para conocer la evoluci&oacute;n de su pensamiento y sus opiniones actuales sobre un amplio abanico de temas. Adem&aacute;s, en estos pasados meses, Savater fue un nombre envuelto en la pol&eacute;mica tras su despido como hist&oacute;rico colaborador del influyente peri&oacute;dico &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. Una controversia suscitada por sus cr&iacute;ticas al peri&oacute;dico por haberse transformado en un mero altavoz gubernamental de la gesti&oacute;n del PSOE y de su actual l&iacute;der.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La conversaci&oacute;n con Fernando Savater siempre brinda titulares. Buena prueba de ello es cuando nos asegura que &ldquo;en Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo&rdquo;. Tambi&eacute;n resulta clarificador cuando afirma &ldquo;me indigna que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen&rdquo;. Y, cuando le preguntamos sobre su despido del que ha sido el peri&oacute;dico de su vida, lo tiene claro: &ldquo;El Pa&iacute;s se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo&rdquo;<strong>.</strong>&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de la revista TURIA ofrece, por tanto, dos extensas y enriquecedoras conversaciones que permiten no s&oacute;lo conocer mejor a Ida Vitale y Fernando Savater, sino tambi&eacute;n descubrir muchos y valiosos detalles de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Por ejemplo, Vitale asegura que &ldquo;escribir es una opci&oacute;n que te ofrece la&nbsp; vida. Vida y literatura pueden ser lo mismo. Lo han sido&rdquo;. Sin embargo, &ldquo;en estos momentos, pensar en hacerlo me resulta tan pesado como trasladar un bloque de ladrillos&rdquo;. Eso s&iacute;, leer es otra cosa: &ldquo;eso me hace volar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte Fernando Savater, en su entrevista para TURIA con Jos&eacute; Antonio Vila, confiesa que siempre ha sido una persona &ldquo;ingenuamente alegre&rdquo;. No obstante, reconoce &nbsp;la tragedia que ha supuesto estos &uacute;ltimos a&ntilde;os la muerte de su esposa: &ldquo;uno no muere de pena. La vitalidad no muere, pero uno se acostumbra a vivir en la tristeza. Yo siempre he sido una persona ingenuamente alegre. Me despertaba como un jilguerillo. Pero eso ya no lo tengo. Estoy acostumbrado a la tristeza. Estoy acostumbrado a que, en alg&uacute;n momento del d&iacute;a, se me salten las l&aacute;grimas cuando me acuerdo de mi mujer. Como yo era un ne&oacute;fito de la tristeza, pensaba que no iba a durar mucho, que no se pod&iacute;a vivir estando triste. Pero me he dado cuenta de que s&iacute; se puede vivir teniendo un trasfondo de tristeza. Se puede vivir, se puede recordar, e incluso se puede disfrutar de la vida en una serie de aspectos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IDA VITALE: &ldquo;TENDR&Iacute;AMOS QUE REPENSAR LA IDEA DE PROGRESO&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida en Montevideo (Uruguay) en 1923, Ida Vitale es una de las grandes poetas latinoamericanas y la &uacute;ltima superviviente de la excepcional &ldquo;Generaci&oacute;n del 45&rdquo;, de la que formaron parte intelectuales destacados como Emir Rodr&iacute;guez Monegal, &Aacute;ngel Rama (su primer marido), o Mario Benedetti, entre otros. Fue docente de literatura durante varias d&eacute;cadas y posee una amplia y valiosa obra como poeta, ensayista y cr&iacute;tica literaria. Siempre ha declarado&nbsp; que sus dos grandes referentes fueron Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que fue su profesor en Montevideo y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a quien conoci&oacute; en persona. Como escritora, su labor confirma que posee un lenguaje preciso, maleable, cargado de iron&iacute;as y sutilezas, inteligente.</p>
<p>En su larga vida, Ida Vitale ech&oacute; ra&iacute;ces en varios pa&iacute;ses. Empujada por la dictadura de su pa&iacute;s, emigr&oacute; a M&eacute;xico (donde desarroll&oacute; una intensa actividad literaria y fue docente de literatura del prestigioso El Colegio de M&eacute;xico). Tambi&eacute;n vivi&oacute; un tiempo en Par&iacute;s,&nbsp; aunque regresara de forma peri&oacute;dica a Uruguay y M&eacute;xico. Luego, a finales de los ochenta se estableci&oacute; en Estados Unidos, en la ciudad tejana de Austin. Pero, ya desde 2018, &nbsp;8 reside de nuevo en Montevideo.&nbsp;</p>
<p>Su &uacute;ltimo libro disponible en Espa&ntilde;a, &ldquo;Donde vuela el camale&oacute;n&rdquo;, apareci&oacute; aqu&iacute; el pasado a&ntilde;o aunque originalmente se hab&iacute;a editado en 1996. Se trata de una obra muy sugerente, situada a medio camino entre la prosa y la poes&iacute;a, en la que Vitale re&uacute;ne cuentos, f&aacute;bulas y alegor&iacute;as que conforman una suerte de bestiario humano en el que la premio Cervantes uruguaya revisita algunos mitos cl&aacute;sicos y da cabida a la fantas&iacute;a de aliento borgiano. Son, en definitiva, un conjunto de historias inquietantes en torno a la belleza, el dolor, el misterio y la profunda cuesti&oacute;n de la existencia.&nbsp;Una peque&ntilde;a joya literaria que revela su manera de ver la vida.</p>
<p>Tambi&eacute;n Ida Vitale es una traductora de prestigio, pues ha publicado versiones en espa&ntilde;ol de grandes autores franceses e italianos como &nbsp;<a title="Simone de Beauvoir" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir">Simone de Beauvoir</a>,&nbsp;<a title="Benjamin P&eacute;ret" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_P%C3%A9ret">Benjamin P&eacute;ret</a>,&nbsp;<a title="Gaston Bachelard" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gaston_Bachelard">Gaston Bachelard</a>,&nbsp;<a title="Jules Supervielle" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jules_Supervielle">Jules Supervielle</a>,&nbsp;<a title="Jean Lacouture" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Lacouture">Jean Lacouture</a>,&nbsp;<a title="Mario Praz" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Praz">Mario Praz</a>&nbsp;y&nbsp;<a title="Luigi Pirandello" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Luigi_Pirandello">Luigi Pirandello</a>.</p>
<p>Adem&aacute;s del Premio Cervantes, la autora uruguaya tiene en su haber numerosos reconocimientos, tiene numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Internacional Octavio Paz de Poes&iacute;a y Ensayo; el Premio al M&eacute;rito Cultural de la Ciudad de M&eacute;xico Carlos Monsivais y el Premio Internacional Alfonso Reyes; el Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana; el Premio Federico Garc&iacute;a Lorca; el Premio Max Jacob (Par&iacute;s) y el Premio de la Feria del Libro de Guadalajara (M&eacute;xico).&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que le realiza Fernando del Val para TURIA, Vitale reconoce que no le gusta la falta de libertad. Y tambi&eacute;n que &ldquo;he sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila&rdquo;. Preguntada sobre el lenguaje inclusivo, nos dir&aacute;: &ldquo;son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;. Y es que, para ella, &ldquo;es bueno que los ni&ntilde;os y los adolescentes reciban una educaci&oacute;n lo m&aacute;s neutra posible, sin sesgos ni ideolog&iacute;a&rdquo;. Hay que ir al colegio a recibir clase&rdquo;. Adem&aacute;s, Vitale plantea una cuesti&oacute;n capital en nuestras vidas: &ldquo;tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso. Pero eso a m&iacute; no me toca. Les toca a ustedes, los que tienen a&ntilde;os por delante. No hay que aceptar todo lo que viene por el hecho de que viene&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FERNANDO SAVATER: &ldquo;EL TIEMPO NO PASA EN VANO, PERO EN MI PENSAMIENTO HAY UN FONDO CONSTANTE&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Savater (San Sebasti&aacute;n, 1947) protagoniza en TURIA una conversaci&oacute;n sincera y valiosa para conocer su trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que parte de la publicaci&oacute;n de su reciente libro &ldquo;Carne gobernada&rdquo;. Y es que, como subraya Jos&eacute; Antonio Vila, charlar de forma distendida sobre asuntos literarios, pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos con este donostiarra ejerciente es una magn&iacute;fica oportunidad para descubrir la autenticidad y la coherencia de uno de nuestros intelectuales de cabecera.</p>
<p>Reconoce Savater que su &uacute;ltima obra es &ldquo;un libro menos encorsetado, tal vez m&aacute;s desenfadado&rdquo;. A la pregunta sobre su pol&eacute;mico cambio de orientaci&oacute;n pol&iacute;tica, nuestro fil&oacute;sofo asegura no haber cambiado tanto. Y lo argumenta as&iacute;: &ldquo;La gente parece preocuparse mucho de lo que he cambiado yo, pero no se preocupa de lo que ha cambiado el Partido Socialista, por ejemplo. O de c&oacute;mo ha cambiado la izquierda en este pa&iacute;s. Efectivamente, como t&uacute; bien dices, hoy hay un rechazo cada vez mayor de las ideas ilustradas, y una introducci&oacute;n de identitarismos que antes parec&iacute;an lo contrario del progresismo. &nbsp;La &nbsp;exaltaci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;lo &nbsp;identitario &nbsp;por &nbsp;encima &nbsp;del &nbsp;universalismo&nbsp; y del cosmopolitismo siempre hab&iacute;a sido considerado lo m&aacute;s reaccionario que hab&iacute;a. Hoy es la izquierda la que insiste en lo identitario por encima de lo universal y lo cosmopolita. El universalismo y el cosmopolitismo parecen ser vistos como cosas negativas. Yo casi te dir&iacute;a, como dec&iacute;a Churchill, que he cambiado de partido para no tener que cambiar de ideas [risas]. Esto me parece que es un poco lo que me ha pasado&rdquo;.</p>
<p>Y es que Fernando Savater, a prop&oacute;sito de ese retorno de lo identitario que ha bendecido la izquierda, declara en TURIA una vez m&aacute;s su oposici&oacute;n a todo &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;: yo no soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas. Pero ese es el magma en el que vivimos en algunas regiones, como el Pa&iacute;s Vasco o Catalu&ntilde;a.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Sobre su despido de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; tras toda una vida escribiendo en ese peri&oacute;dico, Savater lo tiene muy claro: &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; &ldquo;se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo. Ya no es un peri&oacute;dico cr&iacute;tico que te d&eacute; una visi&oacute;n plural sobre las cosas, sino que lo lees para enterarte de lo que piensa el gobierno&rdquo;. Adem&aacute;s, recuerda, &ldquo;yo ya hab&iacute;a empezado a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo; antes de todo el jaleo. Nos hab&iacute;an rebajado varias veces el sueldo a los colaboradores de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, seg&uacute;n dec&iacute;an porque el peri&oacute;dico estaba muy mal econ&oacute;micamente. Eso no lo han dicho p&uacute;blicamente, pero a nosotros s&iacute; nos lo dec&iacute;an como pretexto para bajarnos el sueldo. Entonces, la &uacute;ltima vez que me lo bajaron, les dije que con esa rebaja de sueldo yo me sent&iacute;a autorizado a escribir en otro sitio, para tratar de compensar un poco la p&eacute;rdida econ&oacute;mica, y por eso me puse a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo;. En ese momento, protestaban contra m&iacute; por lo que dec&iacute;a, pero no porque me hubiera puesto a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo;. En cambio, en el caso de Juan Luis Cebri&aacute;n, en cuanto se puso a escribir en el otro lado, se le vino el mundo encima&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s entra&ntilde;ables de la entrevista es cuando recuerda su relaci&oacute;n con Javier Mar&iacute;as, que form&oacute; parte de su grupo de amigos en Madrid y del que Mar&iacute;as era el integrante m&aacute;s joven: &ldquo;Yo tendr&iacute;a unos 24 a&ntilde;os y &eacute;l tendr&iacute;a 18 o as&iacute;. Todos lo ve&iacute;amos como un ni&ntilde;o, porque &eacute;l adem&aacute;s era muy juguet&oacute;n y se pon&iacute;a a andar con las manos y a hacer piruetas, y nos dejaba a todos sorprendidos. Los dos ten&iacute;amos en com&uacute;n que nos gustaban mucho las novelas de aventuras y las historias de fantasmas&rdquo;. Confiesa, por &uacute;ltimo, Savater que hacia Mar&iacute;as siempre tuvo una admiraci&oacute;n muy sincera: &ldquo;he sido lector suyo toda la vida, me encantaban sus libros, y me parec&iacute;a un escritor extraordinario&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ROB RIEMEN: EL RETO DE RESCATAR LOS VALORES HUMANITARIOS CL&Aacute;SICOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El profesor turolense de Filosof&iacute;a Rub&eacute;n Benedicto es el autor de un amplio art&iacute;culo que explica las claves del pensamiento de Rob Riemen (Pa&iacute;ses Bajos, 1962). Este ensayista es fundador y presidente de Nexus Instituut, una instituci&oacute;n independiente neerlandesa, creada en 1994, con el objetivo de fomentar el debate filos&oacute;fico y cultural europeo y tambi&eacute;n la reflexi&oacute;n intelectual. Una de sus tesis es que solo desde la educaci&oacute;n y los valores puede hacerse frente al avance de las ideas totalitarias.&nbsp;</p>
<p>Aunque su obra est&aacute; siendo traducida en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, merece la pena conocerla y compartirla. Como se nos dice en el art&iacute;culo: &ldquo;Frente al adocenamiento materialista, la simple estupidez y la decadencia consiguiente, pretende rescatar los valores humanitarios cl&aacute;sicos cuyas ra&iacute;ces filos&oacute;fico-pol&iacute;ticas se hallan en S&oacute;crates y Plat&oacute;n. En su obra destaca la fuerza del esp&iacute;ritu humano para afrontar los rasgos desmotivadores de una cultura que obtura la posibilidad de alumbrar un futuro en el que el ser humano se reconozca en la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismo.&rdquo; No en vano, a la pregunta &iquest;qu&eacute; hace que mi vida tanga sentido?, Riemen responde: &ldquo;ni la ciencia ni la tecnolog&iacute;a pueden responder a&nbsp; esta pregunta y si creemos que lo har&aacute; el dinero es que somos idiotas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El reto de Riemen y del Nexus Instituut es rescatar el humanismo. Eso significar&iacute;a &ldquo;insuflar en nuestra cultura el aliento liberador de unos valores &eacute;ticos y est&eacute;ticos casi olvidados. La belleza, la serenidad, la coherencia, la firmeza, la valent&iacute;a, la armon&iacute;a, la contemplaci&oacute;n, son anhelos humanos reprimidos por un sistema mutilador que empuja nuestras conciencias hacia el miedo activando la agresi&oacute;n. Frente a esta amenaza, la prosa de este escritor atesora la virtud de inspirarnos, lo que resulta excepcionalmente dif&iacute;cil en esta &eacute;poca de ruido; sus textos indican con precisi&oacute;n y elegancia el lugar hacia el que dirigirnos en el paisaje de la cultura facult&aacute;ndonos para la belleza, la compasi&oacute;n, el bien y la verdad&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Nov 2024 11:24:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lírica que deslumbra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lirica-que-deslumbra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/FERNANDO_SANMART_N_-_Fotograf_a_de_Oliver_Duch_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Maestro, amigo, or&aacute;culo zaragozano, viajero, Fernando Sanmart&iacute;n se ha convertido en uno de los escritores fundamentales de Arag&oacute;n. La variedad de su obra literaria, que abarca el dietario, la novela, el cuento corto o la poes&iacute;a y su presencia en los cat&aacute;logos de distintas editoriales nacionales lo convierten en un referente ineludible de las letras aragonesas. En esta nueva entrega po&eacute;tica, una elegante separata publicada con mimo amanuense por los Cuadernos del Mirador, con la magn&iacute;fica ilustraci&oacute;n naval de Pepe Cerd&aacute; en portada, encontramos a un Sanmart&iacute;n contemplativo y errante, levemente terminal, atrapado en recuerdos de parada &uacute;ltima, recorriendo espacios interiores e hitos paisaj&iacute;sticos. Me atrevo a utilizar el paralelismo con los antiguos sencillos, los singles del pop. Como adelanto. Como golosina. Quiz&aacute;, m&aacute;s bien, ser&iacute;a un <em>Extended Play</em>, un EP de final de d&eacute;cada: conceptuales, inmediatos, con una cohesi&oacute;n larval que pide ser compartida. Ya el barco inaugural, el vapor que ha escapado de del refugio transparente del vidrio, exhibe, en contra de sus hermanos mayores, de sus primos lejanos de velas bellas y trasnochadas, una picaresca l&iacute;rica que deslumbra.&nbsp;</p>
<p>Exige una mirada reparadora. Yo, que escribo mis notas sobre los libros en cuadernos sobrantes de cursos pasados, cuadros en blanco de temas y lecciones inacabadas, con una birome atemporal, de dise&ntilde;o industrial perfecto, una empat&iacute;a hacia el poema de Sanmart&iacute;n, hacia sus formas cl&aacute;sicas y pausadas. Como el texto que abre el libro: &iquest;Qui&eacute;n puede permitirse el lujo de perderse en Manhattan? Federico Garc&iacute;a Lorca, Enrique Morente y Leonard Cohen. As&iacute; escribe Fernando Sanmart&iacute;n: &ldquo;Perderse, a veces / puede ser como lavar una herida&rdquo;, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a en aquella isla? &iquest;Piratas o n&aacute;ufragos? &iquest;Jud&iacute;os ortodoxos o borrachos nigerianos? Quiz&aacute; solo las huellas de los cocodrilos sobre el alquitr&aacute;n de la aurora. Poeta que, al final, escribe: &ldquo;Y camin&eacute; tanto / que perd&iacute; / el asombro de los t&uacute;neles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De Estambul al Pireo, vergonzoso lector aficionado al baloncesto europeo celebramos la ruta. Ya me disculpar&aacute; el poeta Sanmart&iacute;n. Los alimentos hab&iacute;an perdido el miedo porque los turistas llegaban con apetito, algunos, incluso, con hambre atrasada: &ldquo;Cuando los cangrejos/se mov&iacute;an/como carruajes/encima de las rocas&rdquo;. El sopor&iacute;fero sur de Europa, el norte de &Aacute;frica, el Mediterr&aacute;neo inexacto que anima al sue&ntilde;o y al olvido. Utilizo la tecnolog&iacute;a para calcular la distancia entre T&aacute;nger y Estambul, porque no puede evitar recordar a Paul Bowles y William Burroughs &minus; sobre todo tras el sintagma &lsquo;Pr&iacute;ncipe vicioso&rsquo;. Son, exactamente cuatro mil ochenta y cuatro kil&oacute;metros. Casi dos d&iacute;as en coche. Podr&iacute;a haber sido otra parte, podr&iacute;a pensar en Mick Jagger en 1975, tiempos de <em>Black and blue,</em> y puede que el Estambul de Sanmart&iacute;n tenga algo de azul. Y de negro, claro.&nbsp;</p>
<p>Nos preguntamos qu&eacute; himno se canta en cada una de las dos orillas, en la de Estambul o en la de Budapest. Las palabras escritas en la mano son aventureras, les gusta jugar. Parece que siempre tienen un lugar mejor donde estar, se arrastran, se olvidan, son manchas de tinta en la piel del libro. Por eso su forma de final (negro) o de fr&iacute;o (azul). Y pienso, claro, en la &uacute;ltima vez que vi a Luis Eduardo Aute. Fue en la misma sala en la que estaba el poeta Fernando Sanmart&iacute;n, aunque quiz&aacute; &eacute;l solo tenga el recuerdo de la distancia amable que mantiene con el mundo. En aquel lugar, con el poeta Gabriel Sope&ntilde;a, Luis Eduardo Aute me firm&oacute; unos discos, un ejemplar de Fuga, un ejemplar de Rito: &ldquo;O iniciando, quiz&aacute; / sin saberlo, / inconsciente / los ritos de la fuga&rdquo;. Cierra el poema, cierra la vida, el cielo protector, la compa&ntilde;&iacute;a de Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, la canci&oacute;n <em>Hafa caf&eacute;</em> del disco <em>Slowly </em>de Luis Eduardo Aute.&nbsp;</p>
<p>Estoy sentado en una guardia de aula. Es viernes, &uacute;ltima hora. Mis alumnos, en realidad, los alumnos de otro, se afanan con sus tareas de ingl&eacute;s. Yo leo y escribo esta rese&ntilde;a. El aula min&uacute;scula ha hecho un hueco al silencio y el silencio es un elemento fundamental en las canciones de Kiev cuando nieva, en la pintura de Pepe Cerd&aacute;, en los poemas de Fernando Sanmart&iacute;n. Y as&iacute;: &ldquo;El silencio / es un suburbio / en el que muchachos terribles / tiran piedras / a un oso ciego&rdquo;. Y suspiro, atrapado en la evocaci&oacute;n y el mutismo reinante. Y sigo leyendo y escribiendo, en un quiero y no puedo, en un cuaderno que, m&aacute;s que dejarnos ir, nos devora: &ldquo;Quiero ser linterna en la noche/para meter dos cicatrices en una bolsa de basura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Tur&iacute;n, como antes Estambul, como siempre Par&iacute;s. Par&iacute;s, se diga a o no, Par&iacute;s es un poema que no necesita ser nombrado, al menos en uno libro de Fernando Sanmart&iacute;n. En Tur&iacute;n hay una bestia se&ntilde;orial y ancianos que nos regalan consejos como solo pueden hacer las personas mayores. Si tanto llov&iacute;a las huellas de Ernest Hemingway debieron haberse borrado del poema. En Tur&iacute;n, donde solo pueden ganar Francesco y Giuseppe, Gino y Fausto o Claudio y Gianni, en Tur&iacute;n es por eso que son dos ancianos los que quer&iacute;an indicar algo al poeta Sanmart&iacute;n. Los ancianos que van, bajo la lluvia, en parejas. Solo de lo perdido Marco, quiz&aacute; Vincenzo. El elegante Felice. Pero ellos, ellos son nombres que debemos olvida: &ldquo;Obedec&iacute;a a los laberintos / apart&eacute; mi confusi&oacute;n de perseguido / y memoric&eacute; tu nombre / antes de borrarlo / como esa indicaci&oacute;n que reciben los esp&iacute;as de quemar una evidencia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Poeta de aplicaci&oacute;n general, como esos antibi&oacute;ticos de amplio espectro que se le administran a los enfermos de males ciegos, en tiempos de muerte del padre, de terribles ausencias de amigos, en sus llamadas de primera hora, Fernando Sanmart&iacute;n (padre biol&oacute;gico y padre no venal), confiesa que, como todos, acumulamos el alcohol, las pinturas y la ropa de nuestros padres como marte de una captura en &aacute;mbar, de una eternidad en forma de memoria. Escribe: &ldquo;En este poema no hay ruido/ y s&iacute; mucha intemperie/porque la memoria es un idioma/que me produce insomnio&rdquo;. Orfidal de todos los santos, hijos de Lee Marvin o de militares lectores del ABC. En este Mediterr&aacute;neo de amistad y plenilunio, Fernando Sanmart&iacute;n monta en la misma embarcaci&oacute;n que nos salvar&aacute;, m&aacute;s all&aacute; de Sirualas o la playa de los Capellanes. Ya no hay se&ntilde;al: &ldquo;Es la hora/de borrar los errores&rdquo;.</p>
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<p>Fernando Sanmart&iacute;n, <em>Archivo fotogr&aacute;fico</em>, &Uacute;beda, Cuadernos El Mirador, 2024)</p>
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      <pubDate>Tue, 12 Nov 2024 08:18:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jon Fosse: el latido de la existencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jon-fosse-el-latido-de-la-existencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/jon500.jpg" alt="" /></p>
<p>Que los libros de Jon Fosse circularan por el mundo antes de recibir el Nobel y que su nombre sonara durante a&ntilde;os para el premio se lo debemos en gran parte a Daimon Searls, su traductor al ingl&eacute;s. Los traductores van teniendo cara y nombre en el siglo XXI.&nbsp;</p>
<p>Hace veinte a&ntilde;os Daimon Searls tradujo al ingl&eacute;s un <em>sample</em> en alem&aacute;n de <em>Melancol&iacute;a</em>. Fascinado por su estilo decidi&oacute; co-traducir el libro con una noruega nativa. Despu&eacute;s de ese trabajo, ella decidi&oacute; no seguir con Fosse y Searls aprendi&oacute; noruego para continuar trabajando con la obra del que cre&iacute;a un genio. Desde entonces, no s&oacute;lo ha traducido sus libros, sino que ha proclamado su genialidad y se ha convertido en un amigo incondicional, en la persona en la que Fosse conf&iacute;a. Sin esta ayuda, sin la pasi&oacute;n de alguien dispuesto a proclamar la genialidad de un autor no comercial, probablemente no estar&iacute;amos hablando de este premio Nobel.&nbsp;</p>
<p>La literatura de Jon Fosse es el ejemplo perfecto de que un buen&nbsp;libro no s&oacute;lo necesita un autor con un punto de vista y un estilo nuevos enfrentado a una hoja en blanco, necesita adem&aacute;s una cadena de lectores, una comunidad que crece poco a poco con el apoyo de instituciones, premios o fundaciones. En este caso,&nbsp;el apoyo de la cr&iacute;tica literaria ha sido pr&aacute;cticamente nulo. Atravesar el ruido del mundo literario no es f&aacute;cil y menos para un autor que representa el silencio, que construye personajes empe&ntilde;ados en cruzar la vida cotidiana hacia otro tipo de experiencias y que escribe libros que escucha y no piensa.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Fue en 2014 cuando me encontr&eacute; con <em>Alice at the fire, </em>publicada recientemente en Espa&ntilde;a como <em>Alice ante la hoguera</em>. Estaba<em>&nbsp;</em>buscando un autor diferente en la infinita red de conexiones que es internet. Y no me acuerdo c&oacute;mo llegu&eacute; en ese navegar a la deriva hasta Fosse.&nbsp; De repente descubr&iacute; una forma de narrar completamente diferente, un autor que dirig&iacute;a al lector a un estado de conciencia alterado. El libro no me convenci&oacute;, pero el estilo de escritura me pareci&oacute; absolutamente genial. No pude olvidarlo y en 2018, cuando Beatriz Gonz&aacute;lez y yo fundamos De Conatus, fue Fosse el primer autor que quer&iacute;a tener en nuestro cat&aacute;logo. Me puse a investigar sobre &eacute;l y me asombr&oacute; descubrir que hab&iacute;a publicado unas treinta obras de teatro, diecisiete obras de narrativa, nueve libros de poes&iacute;a, varios libros de ensayo e incluso cuentos infantiles. Ten&iacute;a numerosos premios, estaba clasificado como el n&uacute;mero ochenta y tres en la lista de los 100 genios vivos del <em>The Daily Telegraph</em>, hab&iacute;a sido nombrado caballero de la Orden Nacional del M&eacute;rito de Francia y pod&iacute;a usar de manera permanente la residencia <em>Grotten</em>, situada en las instalaciones del Palacio Real en Oslo. Me pareci&oacute; muy curiosa la mezcla de toda esta informaci&oacute;n. No s&oacute;lo era abrumadora sino tambi&eacute;n extra&ntilde;a. Su obra no estaba apenas traducida, en espa&ntilde;ol exist&iacute;a <em>Melancol&iacute;a </em>en la editorial Emec&eacute; descatalogada y sin ning&uacute;n &eacute;xito y el teatro tampoco hab&iacute;a sido pr&aacute;cticamente representado en nuestra lengua. Ni siquiera llegu&eacute; entonces al estupendo v&iacute;deo de una entrevista que Ana Fernandez Valbuena con la Sgae le hab&iacute;a hecho en Noruega. Las personas que conoc&iacute;an a Fosse en Espa&ntilde;a probablemente se podr&iacute;an contar y ning&uacute;n periodista se hab&iacute;a interesado por &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Con estas premisas contradictorias: una escritura tan &iacute;ntima y fuera del mundo convencional, un autor sin embargo tan reconocido y un desconocimiento pr&aacute;cticamente total de su obra en el mundo entero, escrib&iacute; a su agente, Gina&nbsp;Winje. Gina tambi&eacute;n es un personaje fundamental en la vida de Jon Fosse. Durante muchos a&ntilde;os ha puesto su agencia a su servicio. Ha apoyado su obra sin descanso intentando conseguir el apoyo no s&oacute;lo de editores extranjeros sino tambi&eacute;n del gobierno de Noruega. Ha transmitido un entusiasmo genuino que me contagi&oacute; habl&aacute;ndome de <em>Trilog&iacute;a</em>, el libro que pude leer ya en ingl&eacute;s para valorar su edici&oacute;n en Espa&ntilde;a. El autor con el que hab&iacute;a experimentado una alteraci&oacute;n de conciencia a&ntilde;os atr&aacute;s ahora hab&iacute;a conseguido dominar su estilo. <em>Trilog&iacute;a</em> me pareci&oacute; una obra redonda, una historia&nbsp;que de alguna forma respond&iacute;a a aquel deseo de Walter Benjamin de volver a la narraci&oacute;n comunitaria, a los relatos que los humanos se contaban alrededor de la hoguera en un af&aacute;n de compartir un sentido. <em>Asle y Alida caminaban por las calles de Bi&oslash;rgvin, Asle llevaba al hombro dos hatillos con todo lo que ten&iacute;an y en la mano la caja con el viol&iacute;n que hab&iacute;a heredado de su padre Sigvald. </em>Dos amantes adolescentes que van a ser padres, pobres, con dos hatillos, pero con un viol&iacute;n. En este comienzo est&aacute;n todos los elementos que llevan a un relato cl&aacute;sico. Podr&iacute;a ser <em>Un coraz&oacute;n sencillo </em>de Flaubert donde el amor tambi&eacute;n aparece en la pobreza, en la sencillez. Podr&iacute;a ser <em>Dafnis y Cloe </em>de Longo, esos pastores que desconocen la sofisticada maldad del mundo. &iquest;Es necesaria la desnudez total para que exista el amor? &iquest;Viene a contar Fosse lo de siempre? Que encontremos el mismo mito en distintas culturas y distintas &eacute;pocas quiz&aacute;s signifique que el mundo tiene una racionalidad inespec&iacute;fica que el arte puede captar. Ese es el sentido del mito y esa es la lectura de <em>Trilog&iacute;a</em>, una lectura mitol&oacute;gica que de repente llama la atenci&oacute;n y tiene la capacidad de impactar a lectores del siglo XXI, lectores que han perdido esa capacidad de escucha ancestral pero que todav&iacute;a pueden&nbsp;reconocer de una manera inconsciente lo espec&iacute;ficamente humano.&nbsp;</p>
<p>Escribir con un narrador ancestral que parece totalmente nuevo significa haber encontrado un nuevo campo de exploraci&oacute;n narrativa. Conocemos a Dafnis y a Cloe por sus actos y por lo que el narrador nos dice que sienten, pero no asistimos en directo a su interior. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde conocemos a Molly Bloom en <em>Ulises </em>de Joyce presenciando su flujo de conciencia, y en <em>Trilog&iacute;a</em> podemos sentir la percepci&oacute;n de la existencia de Alida, ese momento de temblor ante el hecho radical de existir. Los acontecimientos en la historia no parecen reales del todo, importante el matiz del todo porque aunque suenan a cuento sin embargo el lector los vive como una experiencia propia. Lo que verdaderamente atrapa al lector es esa consciencia de la existencia, que no es vac&iacute;o. No es eso, ni es nada concreto, es simplemente existencia. Ponemos nombre no s&oacute;lo a las cosas, tambi&eacute;n a emociones, percepciones, formas de sentir. La literatura en lugar de nombrar crea una emoci&oacute;n. Si en nuestra vida cotidiana nos hemos olvidado de qu&eacute; significa sentirnos existiendo, en las obras de Fosse lo podemos experimentar. Me gusta pensar en la Historia de la Literatura como una carta de experiencias a elegir. Y en ese sentido los genios son los que aportan una radicalmente nueva.</p>
<p>La forma es fundamental en Fosse. Muchas veces he escuchado a lectores que preguntan c&oacute;mo es capaz de crear tantas sensaciones que no ten&iacute;an registradas. No hay tanta necesidad de hablar sobre los temas que trata como sobre su forma de escritura. Y tienen raz&oacute;n en que es lo m&aacute;s importante en su literatura. Cristina G&oacute;mez Baggethun es la traductora de Fosse en Espa&ntilde;a. Su madre, Kirsty Baggethun era la gran recomendada y le pareci&oacute; muy adecuado trabajar con su hija en los textos de un autor tan importante. Cristina estudi&oacute; Filosof&iacute;a, ha escrito una tesis sobre Ibsen y tiene pulso de escritora, as&iacute; que pod&iacute;amos hablar de aspectos formales en <em>Trilog&iacute;a</em> y tomar decisiones en la traducci&oacute;n desde una intuici&oacute;n perceptiva que ten&iacute;a que ver tambi&eacute;n con entender qu&eacute; estaba haciendo Fosse. Las dos est&aacute;bamos de acuerdo en que hab&iacute;a que mantener su estilo por encima de todo, trabajar cada matiz del texto para que la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de su obra mantuviera la poes&iacute;a que hay detr&aacute;s de los textos. Fosse entiende que escribe prosa po&eacute;tica. Siempre he tenido prejuicios acerca de llamar po&eacute;tica a la prosa, pero en este caso lo acept&eacute; sin reservas porque Fosse entiende la poes&iacute;a como misticismo y el misticismo como poes&iacute;a. Para &eacute;l son inseparables. En su forma de escritura, una actitud de escucha total sin pensar en lo que escribe, aparece la m&uacute;sica. El ritmo no es aleatorio, responde a una respiraci&oacute;n y, en el fondo, al enfrentamiento del ser humano ante la consciencia de estar existiendo. Sus personajes son noruegos que han nacido en medio de una naturaleza abrumadora, omnipresente, mucho m&aacute;s poderosa que cualquier idea, imposible de dominar. En un territorio enorme en extensi&oacute;n y poco poblado, las relaciones sociales son m&iacute;nimas y se producen en medio de un silencio solemne que a la vez se solapa con el estruendo de las cascadas. No hay espacio para largas digresiones. El habla, de alguna manera, tiene que sobrepasar una barrera natural. As&iacute; que en ese traspaso de una lengua a otra hab&iacute;a que tomar decisiones que mantuvieran la esencia de la cultura noruega que Fosse atraviesa hasta una concepci&oacute;n universal del ser humano. Esas decisiones ten&iacute;an que ver con el sentido de las may&uacute;sculas, con dejar nombres propios de lugares o piedras en noruego y traducir aquellos en los que el significado era necesario, no perder nunca la pulsaci&oacute;n, dejar que se escuchara el silencio entre parlamentos, mantener la ausencia de puntos y que la lectura respirara en una especie de ondulaci&oacute;n muy parecida a la que se siente en una barca a la deriva en medio del mar. Y nunca olvidar el sentido, las ideas filos&oacute;ficas que subyacen bajo el texto.&nbsp;</p>
<p>Fosse est&aacute; muy influenciado por Heidegger o Wittgenstein. &Eacute;l mismo ha dicho en numerosas ocasiones que vivi&oacute; la esquizofrenia entre su lado te&oacute;rico y su pulsi&oacute;n art&iacute;stica. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y escrib&iacute;a art&iacute;culos acad&eacute;micos y hubo un momento en que eligi&oacute; permanecer en la parte musical de su escritura, en el lado m&aacute;s puramente art&iacute;stico. Puede que en su escritura haya un aspecto heideggeriano de sentir la existencia como sensaci&oacute;n de estar lanzado al mundo. Sus personajes sienten ese terror existencial de distintas maneras, pero las ra&iacute;ces cu&aacute;queras de Fosse matizan ese existencialismo y, su protagonista principal, Asle, el pintor de <em>Septolog&iacute;a, </em>lo conduce a una b&uacute;squeda interna de Dios. Jon Fosse es conocido por su conversi&oacute;n al catolicismo. Una de las entrevistas m&aacute;s interesantes que se le han hecho es la de Valbuena. Entrevistar a Fosse no es f&aacute;cil. Se tiene que sentir c&oacute;modo, tiene que intuir que la persona que le pregunta ha entrado de alguna manera en su escritura como &eacute;l mismo entr&oacute; en el texto en el momento de escribir, tiene que sentir algo as&iacute; como compartir algo que nos eleva por encima de las conversaciones banales, que nos lleva m&aacute;s all&aacute; de los aspectos m&aacute;s superficiales del sistema literario. No importa la biograf&iacute;a, no importa el &eacute;xito, no importa el n&uacute;mero de lectores, los temas, las modas. Lo importante es entrar en un estado de conciencia ext&aacute;tico. En esa conversaci&oacute;n se sinti&oacute; c&oacute;modo y a la pregunta sobre el tema de la religi&oacute;n respondi&oacute; que hab&iacute;a crecido entre cu&aacute;queros y que ellos, que est&aacute;n en contra de toda forma de ritual y autoridad, buscan &ldquo;la luz interna dentro de cada uno&rdquo;. Incluso describe esas reuniones como un c&iacute;rculo de personas en silencio. Si alguna necesita hablar lo hace y si no, permanecen en silencio. En un momento dado levantan los brazos y se termina la reuni&oacute;n. Creo que es importante entender el aprendizaje que ha tenido en ese mundo de lo que significa el silencio y de la no necesidad de hablar para tapar una emoci&oacute;n o el aburrimiento o la vivencia del tiempo como si fuera un metr&oacute;nomo. Lo interesante es que esa forma cu&aacute;quera de experimentar el silencio lo ha llevado al Maestro Eckart, que aparece de manera directa en <em>Septolog&iacute;a, </em>y que el Maestro Eckart lo llev&oacute; a los m&iacute;sticos medievales y que los m&iacute;sticos medievales lo llevaron a un acercamiento a la Iglesia Cat&oacute;lica. La evoluci&oacute;n literaria de Fosse es paralela a su evoluci&oacute;n personal. Su biograf&iacute;a s&oacute;lo es pertinente en la comprensi&oacute;n de su escritura por aquellos acontecimientos que lo empujaron a experimentar una luz que procede de la oscuridad creando un resplandor. Desde mi punto de vista, esta descripci&oacute;n del momento m&iacute;stico es el ingenio que lo distingue como autor. Una intuici&oacute;n poderosa que ordena su narrativa. Es posible que esa naturaleza noruega en la que alg&uacute;n rayo surge de la oscuridad en mitad de las alt&iacute;simas monta&ntilde;as haya creado en &eacute;l esa sensaci&oacute;n de ir m&aacute;s all&aacute;, de entender que en un resplandor est&aacute; todo y que ese todo no est&aacute; f&iacute;sicamente aunque podemos sentirlo. El hecho es que narrativamente, sus personajes, guiados por una b&uacute;squeda de &ldquo;el gran vuelo&rdquo;, como dice Asle en <em>Trilog&iacute;a, </em>viven situaciones de oscuridad que en otras novelas estar&iacute;an planteadas como conflicto pero que Fosse las recrea como una ca&iacute;da de la inocencia en la perversi&oacute;n. La perversi&oacute;n en m&uacute;ltiples manifestaciones, la perversi&oacute;n como una salida inconsciente de lo natural, como una forma de vida sin esperanza, sin sentido y, lo m&aacute;s importante, sin energ&iacute;a. Los personajes de Fosse caen en el alcoholismo o la desesperanza pero nunca pierden la b&uacute;squeda inocente de &ldquo;el gran vuelo&rdquo;. En lugar de un conflicto, la nostalgia del ser de la que hablaba Heidegger es una forma de vida que va m&aacute;s all&aacute; de un combate con los otros. En las novelas de Fosse, cada personaje principal vive un momento donde el cuerpo y el esp&iacute;ritu son uno y sufre el shock de tomar conciencia de la existencia. Es una especie de rel&aacute;mpago con su descarga el&eacute;ctrica f&iacute;sica que Fosse llama resplandor y que aparece de una forma muy espec&iacute;fica en <em>Septolog&iacute;a. </em>Algo muy diferente a otra percepci&oacute;n fantasmag&oacute;rica descrita en<em> Blancura</em>, que tiene que ver con la calma, con lo atemporal, indefinido, silencioso, que est&aacute; ah&iacute; tambi&eacute;n para quien lo escuche.&nbsp;</p>
<p>La novela ampl&iacute;a sus campos de representaci&oacute;n en cada momento hist&oacute;rico. El autor que sea capaz de captar alg&uacute;n aspecto de la sensibilidad de su &eacute;poca que, de alguna manera, no exist&iacute;a antes, es un autor representativo. Y Fosse capta ese aspecto actual del ser humano en una relaci&oacute;n con su mundo complicada por una desvinculaci&oacute;n generalizada. Desvinculaci&oacute;n con la naturaleza, consigo mismo y con el mundo. El existencialismo, creado en el siglo XX y que ya describe esa desvinculaci&oacute;n de una manera radical, se convierte ahora en una oportunidad no para unirse al mundo tal y como est&aacute; concebido sino para ir m&aacute;s all&aacute;. La&nbsp;incapacidad de los personajes de Fosse de construir una vida en su entorno, la huida a trav&eacute;s del alcohol de los m&aacute;s sensibles o la obcecada concentraci&oacute;n en la pura supervivencia de los otros parece venir de un temblor muy n&oacute;rdico ante un absurdo lleno de sentido, ante algo desconocido y necesario a la vez.&nbsp; En algunas culturas, la palabra que se usa para rel&aacute;mpago es l&oacute;strego o l&uacute;strigo, lluched, llaucet. La etimolog&iacute;a de la palabra es incierta, pero puede venir del lat&iacute;n lustrum que tiene que ver con la iluminaci&oacute;n y la purificaci&oacute;n, el sacrificio o del protocelta lowstriko. En cualquier caso, en ese resplandor est&aacute; la idea de purificaci&oacute;n, sacrificio, iluminaci&oacute;n. Hacia ah&iacute; van algunos personajes de Fosse, los que est&aacute;n abducidos por esa percepci&oacute;n de la existencia. En esos momentos de experiencia m&iacute;stica absolutamente terrena los otros est&aacute;n lejos para el personaje. Sus palabras se escuchan lejanas. Fosse es capaz de crear esa distancia como un eco, en realidad es la revelaci&oacute;n del absurdo de la vida cotidiana que arrastra al fondo en lugar de llevar al vuelo. Ante esa intuici&oacute;n de algo m&aacute;s potente, cuando alguien ha visto un resplandor, la vida cotidiana aparece como una forma de organizaci&oacute;n alejada de lo esencial. La novela siempre ha narrado el conflicto entre un personaje que quiere desarrollar su singularidad y una sociedad que se le opone como si fuera un enemigo. En el caso de Fosse el conflicto se vuelve m&aacute;s radical porque esa singularidad del personaje en realidad encarna lo humano com&uacute;n a todos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se puede hablar de un personaje global, prototipo en Fosse, que est&aacute; en <em>Alice ante la hoguera</em>, <em>Blancura</em>,<em> Infancia, Ma&ntilde;ana y tarde</em>, <em>Melancol&iacute;a</em>, <em>Trilog&iacute;a</em> y <em>Septolog&iacute;a</em>. Es el personaje que no tiene angustia existencial, que no se ve lanzado al mundo y abocado al vac&iacute;o, a la nada como especificaba Heidegger, sino que m&aacute;s bien se ve sobrepasado por la consciencia de la existencia, que entiende que hay algo m&aacute;s. Mientras otros personajes secundarios viven la cotidianidad estos personajes se sienten existiendo y en ese momento la cotidianidad se convierte en un mundo incomprensible. Esa mirada distanciada de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, de nuestra forma de organizarnos, de nuestro estilo de vida siguiendo inconscientemente reglas y h&aacute;bitos y costumbres que nos definen de forma automatizada lleva al lector a sentir dos grandes impactos: el conocimiento de una vida consciente sensible y el darse cuenta de la falta de humanidad en las relaciones preestablecidas por la sociedad, sea la que sea. Piensa Di&oacute;tima, el gran personaje femenino de <em>El hombre sin atributos</em> de Musil: &ldquo;no hay hombres de raz&oacute;n y de provecho en estado puro; cada uno entra en la vida con un alma viva, pero la monoton&iacute;a de la existencia lo cubre como la arena cubre los obst&aacute;culos del desierto, las pasiones vulgares caen sobre &eacute;l como un incendio y el mundo g&eacute;lido causa en su ser esa frigidez en la que languidece el alma&rdquo;. El estilo de Fosse es nuevo, pero su impulso art&iacute;stico tiene unas profundas ra&iacute;ces en la cultura europea. La p&eacute;rdida de la energ&iacute;a vital en el d&iacute;a a d&iacute;a de nuestra cultura ya se vislumbra en Longo, ya est&aacute; en el nacimiento de la novela. Nuestra sofisticada forma de organizarnos provoca esa consciencia de p&eacute;rdida vital. Lo m&aacute;s interesante de Di&oacute;tima, ese&nbsp;personaje tan europeo de Musil es su salvaje intento de vivir conscientemente y esa es la gran diferencia entre el vac&iacute;o y la existencia plena. A eso se enfrenta Asle, el personaje de <em>Septolog&iacute;a</em>, que incapaz de vivir la tediosa vida que le espera en un mundo de relaciones sociales sin lenguaje, sin matices, sin posibilidad de llenar su impulso&nbsp;art&iacute;stico, se sumerge en la bebida para vivir en un estado amni&oacute;tico, un movimiento ingr&aacute;vido constante alejado de la percepci&oacute;n definida y por supuesto de cualquier posibilidad de relaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En la <em>Septolog&iacute;a</em>, con sus tomos titulados <em>El otro nombre,</em> <em>Yo es otro</em> y <em>Un nuevo nombre,</em> Fosse llega al culmen de su est&eacute;tica. El estado de alteraci&oacute;n de conciencia que crea en el rezo del rosario, en el movimiento ondular del barco, en la luminosa claridad ante la muerte en una experiencia infantil es una puerta a percibir el mundo de otra manera. No es lo mismo vivir en la inmediatez que vivir en la distancia de ser consciente de estar viviendo, de experimentar la existencia.&nbsp;</p>
<p>Al lector no le interesa la voz individual de un individuo sino la voz singular de un individuo que no est&aacute; separado, que no es un &aacute;tomo en medio del mundo. Los personajes de Fosse precisamente sufren una incomprensi&oacute;n de su singularidad, en especial porque son artistas y no se atienen a reglas y formas de comportamiento estipuladas. Su mundo n&oacute;rdico parece libre, de hecho, las instituciones no est&aacute;n presentes, hasta un personaje es ajusticiado sin juicio, sin embargo, es el lugar m&aacute;s cerrado a cualquier experiencia que vaya m&aacute;s all&aacute; de la supervivencia. El pecado de vivir no est&aacute; dictado en leyes religiosas, est&aacute; marcado por una especie de pobreza ancestral que domina el territorio. Cualquier forma de comportamiento que se aleja del hecho de sobrevivir es enemiga, temible. Puede ser fumar un cigarrillo o adoptar una intenci&oacute;n est&eacute;tica como dejarse el pelo blanco o vestir una americana de pana. Puede ser tener una pulsera de oro, pero tambi&eacute;n simplemente querer pintar un cuadro abstracto, un cuadro que no represente la realidad. O tocar el viol&iacute;n con una intenci&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de hacer bailar a la gente en una celebraci&oacute;n como en <em>Trilog&iacute;a</em>. Cada miembro de esa sociedad act&uacute;a como un polic&iacute;a, como alguien que tiene que mantener ese esp&iacute;ritu de austeridad que nadie ha tocado durante siglos. Y resulta que austeridad es sin&oacute;nimo de sobrio, grave, parco, riguroso, severo, duro, r&iacute;gido, puritano. Esa es la sociedad en la que se mueven los personajes de Fosse con alma de artistas, que no est&aacute; alejada aunque con otros matices de cualquier sociedad del mundo. Y ese conflicto es el que los empuja al alcoholismo. El alcoholismo est&aacute; naturalizado en las obras de Fosse. Empieza un d&iacute;a, est&aacute; muy bien contado en <em>Septolog&iacute;a</em>, empieza un d&iacute;a en el que compartes la inquietud con alguien que ya est&aacute; instalado en ella y&nbsp;te ofrece una cerveza. Algo tan simple, una asociaci&oacute;n de lo sublime y lo vulgar.&nbsp;</p>
<p>En realidad Fosse crea su propio universo, su propia est&eacute;tica a lo largo de toda una carrera. Atiende a distintos planos de la vida del ser humano: el f&iacute;sico, el art&iacute;stico y el espiritual en esa interesante emoci&oacute;n que aparece y desaparece y que en su momento Roman Rollain llam&oacute; <em>sentimiento oce&aacute;nico. </em>&nbsp;Ese sentimiento que surge en el silencio obliga a Fosse a representar algo en principio no representable. &iquest;Se puede hablar del silencio? Narrar es contar, contarnos algo que nos lleve a otro lugar. Los personajes de Fosse buscan el silencio y sus novelas, especialmente <em>Septologia</em>, nos cuentan el camino hacia all&iacute;. Un camino que Asle no escoge, porque est&aacute; impreso en su propia naturaleza, pero que est&aacute; lleno de dificultades, la m&aacute;s importante, o la fundamental,&nbsp;el miedo a los otros, los que organizan el mundo desde un punto de vista contrario, desde la negaci&oacute;n del silencio. La simple materialidad de los cuerpos ante la muerte, la violencia sexual que no es deseo sino desesperaci&oacute;n, la necesidad de ser alguien a trav&eacute;s de un trabajo sin alma como puede ser pintar bonito, representar una realidad edulcorada, eso es lo que est&aacute; permitido, lo aceptado. As&iacute; que Asle, que puede ver la perversi&oacute;n que esconde ese mundo parco, sencillo de formas, austero incluso, teme a ese grupo inconsciente de hombres y mujeres que exigen que sea como ellos.&nbsp;</p>
<p>Ojal&aacute; Asle o cualquiera de nosotros pudi&eacute;ramos llegar a iluminarnos en ese resplandor s&oacute;lo con desearlo o en la soledad elegida, con ella comienza el primer libro de <em>Septolog&iacute;a. </em>El gran giro narrativo de Fosse es el descubrimiento de la necesidad del otro en el miedo que nos provoca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:47:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Verón Gormaz: imágenes y palabras, poesía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-veron-gormaz-imagenes-y-palabras-poesia-/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/veron500.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Todo el mundo tiene experiencias po&eacute;ticas &mdash;la vida ya es en s&iacute; una experiencia po&eacute;tica&mdash; y todos sienten la necesidad de comunicarlas a sus semejantes&raquo;, pero solo unos pocos deciden hacerlo por medio de un lenguaje art&iacute;stico<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz (Calatayud, 1946-Calatayud, 2021) es uno de esos seres poetas que pertenecen al &aacute;mbito de lo po&eacute;tico, ese lugar donde surge el impulso de indagar en los fen&oacute;menos ocultos del universo y de expresar la experiencia m&aacute;s &iacute;ntima a trav&eacute;s de poemas o de fotograf&iacute;as. Si tuviera que elegir una palabra que sirviera para nombrar lo esencial de la identidad de este autor, ser&iacute;a la de <em>poeta</em>, porque m&aacute;s all&aacute; de sus palabras que narran, de sus fotograf&iacute;as que hablan o de sus versos que trascienden, la poes&iacute;a brota de lo m&aacute;s profundo de su ser y se imprime m&aacute;gicamente en cada una de sus obras, materializ&aacute;ndose en diferentes formatos art&iacute;sticos. Y es que la poes&iacute;a es inherente a Jos&eacute; Ver&oacute;n, indisoluble a su esencia y su sello indiscutible, nace de su esp&iacute;ritu y se renueva sorprendentemente en cada una de sus manifestaciones art&iacute;sticas.</p>
<p>Ver&oacute;n estudi&oacute; Ingenier&iacute;a Agr&iacute;cola y Administraci&oacute;n y Planificaci&oacute;n de Empresas con el objetivo de administrar los viveros familiares. Sin embargo, el destino le deparar&iacute;a otros caminos muy alejados de aquellos a los que parec&iacute;a estar abocado inicialmente. Transit&oacute; la poes&iacute;a, el ensayo, la cr&iacute;tica literaria, la fotograf&iacute;a, la narraci&oacute;n y el periodismo, y fue Cronista Oficial de Calatayud, la ciudad que lo vio nacer y que lo nombr&oacute; Hijo Predilecto en 2006. Miembro de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Consejero y Vicepresidente del Centro de Estudios Bilbilitanos y socio de honor de la Real Sociedad Fotogr&aacute;fica de Zaragoza, obtuvo el t&iacute;tulo EFIAP (Excelencia de la Federaci&oacute;n Internacional de Arte Fotogr&aacute;fico) y recibi&oacute; numeros&iacute;simos y prestigiosos premios &mdash;m&aacute;s de 300&mdash; a lo largo de su trayectoria profesional, sobre todo por su labor fotogr&aacute;fica y literaria.</p>
<p>En esta aproximaci&oacute;n a la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, me centrar&eacute; de manera general en su labor fotogr&aacute;fica, po&eacute;tica y narradora, tres expresiones art&iacute;sticas a las que dedic&oacute; gran parte de su vida y trayectoria profesional. Para ello, recorreremos algunas de las obras m&aacute;s importantes que marcaron su hacer literario y fotogr&aacute;fico.</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Obra fotogr&aacute;fica</strong></p>
<p>Su pasi&oacute;n por la fotograf&iacute;a empez&oacute; a gestarse muy pronto. Con tan solo doce a&ntilde;os comenz&oacute; a disfrutar de la aventura fotogr&aacute;fica con su padre y a dar sus primeros pasos en el aprendizaje de los conceptos b&aacute;sicos de una nueva afici&oacute;n que acabar&iacute;a siendo parte fundamental de su vida. Padre e hijo compartir&iacute;an momentos fotogr&aacute;ficos inolvidables y c&aacute;maras como la Retina II B, que fue la primera que manej&oacute; Ver&oacute;n. A los diecis&eacute;is a&ntilde;os gan&oacute; su primer certamen de fotograf&iacute;a, el primero de muchos otros que se suceder&iacute;an a lo largo de su s&oacute;lida y productiva carrera (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 67).<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Las fotograf&iacute;as veronianas son aut&eacute;nticas narraciones y cada una de ellas pretende contar una historia que conmueve y traslada al espectador al lugar y momento justo de la toma. Adem&aacute;s, como buen poeta, fue capaz de extraer la poes&iacute;a de todo aquello que capt&oacute; con su c&aacute;mara y de sorprender al p&uacute;blico con nuevos poemas visuales que parec&iacute;an renovar los viejos paisajes conocidos. Para esa mirada po&eacute;tica, era imprescindible mimar cada imagen y ser paciente hasta hallar la luz exacta y el instante decisivo en el que todo conflu&iacute;a destinado a dar forma al sentimiento que invad&iacute;a al autor en esos momentos de la captura. Gran observador del paisaje, buscaba incansablemente nuevas localizaciones que pudieran expresar lo que quer&iacute;a contar. Ver&oacute;n fue un gran fot&oacute;grafo de Arag&oacute;n, en particular de Calatayud, y el amor por su ciudad natal le hizo recorrer apasionadamente sus lugares emblem&aacute;ticos, pero tambi&eacute;n los rincones m&aacute;s insospechados con el objetivo extraer lo mejor de su tierra y darlo a conocer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un momento dado, se especializ&oacute; en macrofotograf&iacute;a, pero tambi&eacute;n realiz&oacute; otro tipo de obras y trabaj&oacute; el retrato, el desnudo, la fotograf&iacute;a abstracta, el reportaje y el paisaje, convirtiendo poco a poco estos dos &uacute;ltimos en los grandes temas protagonistas de su trabajo, o al menos, los m&aacute;s conocidos. Aunque manej&oacute; c&aacute;maras como la Retina III C de sus inicios, ten&iacute;a predilecci&oacute;n por las Nikon, que le daban el rendimiento y la calidad que necesitaba. Sol&iacute;a trabajar con diafragmas que no superaban el f/16 y aunque revel&oacute; en blanco y negro, el color invade la mayor&iacute;a de sus fotograf&iacute;as, un color intenso que junto con suaves brumas y un ligero desenfoque, crean atm&oacute;sferas po&eacute;ticas y art&iacute;sticas que conducen al asombro y al extra&ntilde;amiento de aquellos que contemplan sus obras. Las fotograf&iacute;as de Jos&eacute; Ver&oacute;n tienen una composici&oacute;n muy cuidada, sobria y equilibrada, sin grandes estridencias ni recargamientos. La mirada de quien las recorre fluye suavemente guiada por la claridad y la rotundidad de los motivos destacados en sus im&aacute;genes, bien de naturaleza o paisaje urbano, bien de grandes extensiones o de detalles que se posan en un primer plano (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 13). Su actividad fotogr&aacute;fica incluye numerosas exposiciones, as&iacute; como una enorme cantidad de publicaciones en libros, revistas, cat&aacute;logos, carteles y peri&oacute;dicos, entre otras. Algunos de los premios que recibi&oacute; por su labor fotogr&aacute;fica fueron el Premio Santa Isabel de Portugal de Fotograf&iacute;a (1992) y el Premio Nacional de Fotograf&iacute;a (CEF, 2000). Public&oacute; varios libros de fotograf&iacute;a, alguno en colaboraci&oacute;n con otros autores.</p>
<p>En el a&ntilde;o 2000 vio la luz la colecci&oacute;n <em>Calatayud, im&aacute;genes y sue&ntilde;os</em>, una iniciativa del Centro de Estudios Bilbilitanos que dedicaba un volumen a cada uno de sus fot&oacute;grafos m&aacute;s destacados, dando fe de la belleza paisaj&iacute;stica e hist&oacute;rica de un lugar tan fotog&eacute;nico y especial como Calatayud, al que tambi&eacute;n se dedicar&iacute;a el libro <em>Calatayud, ciudad en el tiempo</em> (2001), obra promovida por el Ayuntamiento de Calatayud y encargada a la Delegaci&oacute;n de Turismo con el objeto de promocionar el rico patrimonio art&iacute;stico e hist&oacute;rico de la ciudad. Recoge textos de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, Manuel Mart&iacute;n Bueno y Agust&iacute;n Sanmiguel Mateo, as&iacute; como fotograf&iacute;as del propio Ver&oacute;n. En 2002 se public&oacute; <em>Plaza de Toros de Calatayud </em>con motivo del 125 aniversario de su construcci&oacute;n.</p>
<p>Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Arag&oacute;n quiso unirse al reconocimiento que supon&iacute;a el Premio Nacional de Fotograf&iacute;a para Jos&eacute; Ver&oacute;n, reuniendo una selecci&oacute;n de sus fotos m&aacute;s representativas en el libro-cat&aacute;logo <em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, que recog&iacute;a las fotograf&iacute;as que hab&iacute;an sido expuestas en las salas &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; del Edificio Pignatelli (Zaragoza), del 24 de enero al 18 de febrero de 2001. &laquo;Im&aacute;genes en el tiempo&raquo; se present&oacute; en la sala &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y pretend&iacute;a dar una visi&oacute;n global de la trayectoria art&iacute;stica del autor desde su primera exposici&oacute;n. El amor de Ver&oacute;n por la tierra que le vio nacer y por sus gentes se manifiesta impecable a trav&eacute;s de sus lentes, dando lugar a una nueva imagen de la realidad en la que se entremezclan las sensaciones del autor y las del espectador, que puede sentir el alma de cada rinc&oacute;n fotografiado. En esto &uacute;ltimo ahonda &laquo;El color del silencio&raquo;, expuesta en la &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 7).</p>
<p>De 2003 es <em>Los dedos de la luz</em>, un libro que combina poemas de Mariano Castro con fotograf&iacute;as de Jos&eacute; Ver&oacute;n. Se trata de im&aacute;genes donde el autor realiza una verdadera abstracci&oacute;n hacia los caminos de la mente a partir de fragmentos de muros que habitan el paisaje urbano. Palabras e im&aacute;genes transitan el tiempo, la escucha y el silencio bajo la misteriosa luz que da vida al color, a la materia y al ser. En palabras de Mariano Gim&eacute;nez que podemos leer en el cat&aacute;logo <em>Los dedos de la luz</em> (2004), &laquo;la luz de la materia expuesta en estas im&aacute;genes nos asalta la po&eacute;tica de lo que podr&iacute;a reconocerse como expresividad abstracta de la concreci&oacute;n mat&eacute;rica&raquo;. Las fotograf&iacute;as presentes en la publicaci&oacute;n se mostrar&iacute;an tambi&eacute;n en una exposici&oacute;n de id&eacute;ntico nombre que se realiz&oacute; en 2004 en la Escuela de Arte de Zaragoza, del 29 de abril al 28 de mayo de 2004. Ese mismo a&ntilde;o se public&oacute; <em>Ecos de la vieja Roma</em> para conmemorar el XIX centenario de la muerte de Marco Valerio Marcial, poeta nacido en la ciudad romana de B&iacute;lbilis. Textos de M. Mart&iacute;n Bueno y del propio Ver&oacute;n comparten espacio con epigramas de Marcial seleccionados por Ver&oacute;n. Tambi&eacute;n son varios fot&oacute;grafos, entre ellos nuestro autor, los que colaboran con sus im&aacute;genes en el recuerdo de los lugares que pudo transitar en el pasado el poeta bilbilitano.</p>
<p><em>Arag&oacute;n im&aacute;genes</em> (2009) recoge las fotograf&iacute;as que fueron expuestas en la segunda planta del Pabell&oacute;n de Arag&oacute;n en la Exposici&oacute;n Internacional que tuvo lugar en Zaragoza en 2008, todas ellas de Jos&eacute; Ver&oacute;n. En esta publicaci&oacute;n, las im&aacute;genes son reflejo de la geograf&iacute;a aragonesa en toda su extensi&oacute;n y est&aacute;n acompa&ntilde;adas por reflexiones po&eacute;ticas del propio autor que refuerzan, si cabe, la poes&iacute;a que cada fotograf&iacute;a ya evoca por s&iacute; misma. Tambi&eacute;n aparecen citas de otros poetas aragoneses.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos&eacute; Ver&oacute;n realiz&oacute; m&aacute;s de setenta exposiciones, algunas individuales y otras en colaboraci&oacute;n con diferentes autores, algunas nacionales, y otras internacionales, fundamentalmente en Europa y Am&eacute;rica. Aparte de las exposiciones ya mencionadas que fueron publicadas en formato libro, podemos mencionar alguna otra como &laquo;Las orillas del cielo&raquo; y &laquo;Los Instantes y los D&iacute;as&raquo;. La primera de ellas tuvo lugar en las Salas de Exposiciones de la UNED, tanto en Calatayud, del 6 de septiembre al 14 de octubre de 2003, como en Barbastro, del 31 de octubre al 28 de noviembre de 2003. En la muestra se expone una cuidada selecci&oacute;n de las obras de Ver&oacute;n, que recorre, con su particular forma de sentir, las brumas, los reflejos, los cielos y, en definitiva, todo aquello que atraviesa su mirada, como diferentes paisajes naturales y urbanos, reportajes, fiestas, retratos, abstracciones, etc. En todas ellas se manifiesta aquello que no se puede expresar si no es desde la sensibilidad de un poeta que sabe captar lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n y la apariencia. En la introducci&oacute;n del cat&aacute;logo, escribe Mar&iacute;a Jes&uacute;s Buil: &laquo;Para Heidegger, el poeta es un m&eacute;dium que est&aacute; entre los dioses y los humanos&raquo; y &laquo;est&aacute; expuesto al rel&aacute;mpago de Dios&raquo; (<em>Las orillas del cielo</em>, 2003). &laquo;Los Instantes y los D&iacute;as&raquo; fue otra de sus conocidas exposiciones, organizada por el Gobierno Comarcal de Calatayud. Se trata de una colecci&oacute;n de fotograf&iacute;as expuestas en el Aula Cultural San Benito (Calatayud), del 2 al 19 de septiembre de 2004, que supone un fiel reflejo de los pueblos y rincones de la comarca de Calatayud, de su folklore, de su patrimonio, de sus costumbres y de su esencia. El t&iacute;tulo &mdash;en opini&oacute;n del comisario de la muestra, F. J. Lorenzo de la Mata&mdash; sugiere lo que muestran delicadamente las im&aacute;genes que aparecen, la poes&iacute;a de la sencillez del d&iacute;a a d&iacute;a y la magia de unos momentos y lugares que se alzan ante nosotros y no siempre somos capaces de apreciar (<em>Los Instantes y los D&iacute;as</em>, 2004).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Obra po&eacute;tica</strong></p>
<p>A pesar de su amor por la imagen y de la intensa labor fotogr&aacute;fica que llev&oacute; a cabo a largo de su vida, Jos&eacute; Ver&oacute;n se define ante todo como poeta. Afirma en una entrevista realizada por Ant&oacute;n Castro tras ganar el Premio de las Letras Aragonesas de 2013: &laquo;La fotograf&iacute;a y la poes&iacute;a son formas de expresi&oacute;n en cierto modo cercanas. Creo que soy un poeta que hace fotograf&iacute;as&raquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Su aventura literaria se inici&oacute; muy pronto y, mientras estudiaba Ingenier&iacute;a Agr&iacute;cola en Madrid, frecuentar&iacute;a diferentes caf&eacute;s literarios y se sumergir&iacute;a en la lectura de grandes poetas que le influenciar&iacute;an, como Quevedo, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Ezra Pound o Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, entre otros. Comenzaba a gestarse una gran vocaci&oacute;n que lo llevar&iacute;a a convertirse en uno de los mejores poetas aragoneses del &uacute;ltimo siglo, reconocido as&iacute; por la cr&iacute;tica literaria. A su vuelta a Calatayud, alternar&iacute;a ya sus dos grandes pasiones, poes&iacute;a y fotograf&iacute;a (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 14).<em> </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver&oacute;n fue muy prol&iacute;fico y, aunque la l&iacute;rica fue su gran dedicaci&oacute;n literaria y por la que obtuvo sus m&aacute;s importantes premios, cultiv&oacute; tambi&eacute;n otros g&eacute;neros literarios como el cuento, la novela, la copla y los epigramas. Algunas de las distinciones m&aacute;s significativas de su carrera lo fueron a su obra po&eacute;tica, como el Premio Isabel de Portugal de Poes&iacute;a (1988) y el Premio Hermanos Argensola de Poes&iacute;a (1999), aunque tambi&eacute;n hubo otros premios, entre ellos el Premio San Jorge de Novela por <em>La muerte sobre Armantes</em> (1981). El reconocimiento a su obra completa llegar&iacute;a con la entrega del Premio Im&aacute;n en 2009 y m&aacute;s tarde con el Premio de las Letras Aragonesas 2013 (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 67).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor public&oacute; sus primeros poemas en los siguientes vol&uacute;menes colectivos: <em>Trilog&iacute;a</em> (1971), <em>Gestaci&oacute;n de la Sorpresa</em> (1972) y <em>Poes&iacute;a Bilbilitana Actual</em> (1979), as&iacute; como en diferentes revistas literarias, hasta que, en 1980, la Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo; public&oacute; en su colecci&oacute;n &laquo;San Jorge&raquo; su primer poemario,<em> Legajo incorde</em>, por el que recibi&oacute; el Acc&eacute;sit del Premio San Jorge de Poes&iacute;a 1979. La publicaci&oacute;n est&aacute; introducida por una nota previa en la que el autor dice haber dividido el libro en dos partes independientes oscuramente relacionadas que pueden dar lugar a confusiones, para lo que recomienda la lectura de <em>Estructura y pre-estructura. Notas sobre la guerrilla po&eacute;tica</em>, de Betulius J. Charpentier. Tambi&eacute;n advierte sobre las diferentes posibilidades de lectura de algunos de los poemas (<em>Legajo incorde</em>, p. 5). Abre el poemario un soneto de t&iacute;tulo &laquo;Vida - Poema - Teorema&raquo;, en el que hace una declaraci&oacute;n de su po&eacute;tica y en el que se ponen sobre la mesa algunos de los temas que m&aacute;s le interesar&aacute;n a lo largo de su trayectoria, tales como el tiempo, el recuerdo, el misterio, el camino, la nostalgia o la metapoes&iacute;a: &laquo;quiero vivir mi vida y mis recuerdos: / mi vida es culto al mundo de los cuerdos: / mi culto a la locura es el poema&raquo;. Se advierte en el poemario un sutil culturalismo propio de la &eacute;poca, la fina iron&iacute;a que le caracterizaba, su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica y una gran admiraci&oacute;n por autores como Goya o Lorca, a los que dedica algunos de sus poemas (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 9).</p>
<p>En 1983<em> </em>se publica el poemario<em> Instrucciones para cruzar un puente</em>, tambi&eacute;n en la colecci&oacute;n &laquo;San Jorge&raquo;. El propio autor, en la primera solapa del volumen, lo define como &laquo;una odisea po&eacute;tica al final de la cual s&oacute;lo importar&aacute; el camino recorrido&raquo;. El tono ha adquirido ahora un tinte m&aacute;s apesadumbrado y pesimista que da paso al siguiente poemario, <em>Tr&iacute;ptico del silencio (Cavernario) </em>(1984)<em>,</em> galardonado en 1981 con el XXV Premio de Poes&iacute;a Amantes de Teruel y en 1982 con el Premio Ciudad Santo Domingo de Poes&iacute;a (<em>Tr&iacute;ptico del silencio</em>, p. 3). Las tres partes en que se divide: &laquo;Rumor deshabitado&raquo;, &laquo;Depredaciones&raquo; y &laquo;La estaci&oacute;n imbricada&raquo;, quedan atravesadas por el tiempo, la muerte y sobre todo el silencio, que no por casualidad aparece en el t&iacute;tulo. Dice el autor en el primer poema, &laquo;Isagoge&raquo;: &laquo;En silencio / con esa melancol&iacute;a serena de la fatal certeza / dispuestos a morir&raquo; o &laquo;La noche el sol / el tiempo inexistente / ser&aacute;n nuestro verdugo&raquo; (<em>Tr&iacute;ptico del silencio</em>, p. 11).</p>
<p>Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se edita<em> Baladas para el tercer milenio</em> (1987), un libro que se adscribe al culturalismo y que de nuevo se divide en tres partes (algo habitual en Ver&oacute;n): &laquo;Un planeta y un d&iacute;a&raquo;, &laquo;Poemas de viajeros&raquo; y &laquo;Las puertas de la noche&raquo; (<em>Baladas para el tercer milenio</em>, p. 55). El libro hace gala de numerosas referencias culturales, citas y dedicatorias a otros autores. De car&aacute;cter narrativo y con cierto aire filos&oacute;fico, sus poemas se hacen ahora m&aacute;s extensos que en poemarios anteriores. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se publica <em>Auras de </em><em>Adviento</em> (1988), Premio del III concurso Isabel de Portugal. Como el anterior, este libro se encuentra dividido en tres partes: &laquo;Mitos privados, p&uacute;blicas leyendas&raquo;, &laquo;Para&iacute;so perdido en una botella&raquo; y &laquo;Brisas de la memoria&raquo;, y tambi&eacute;n forma parte de la &laquo;Colecci&oacute;n San Jorge&raquo;. Un cierto aire de pasado y melancol&iacute;a se respira en este poemario protagonizado por la historia, la leyenda, la mitolog&iacute;a y la memoria. En &eacute;l conviven con armon&iacute;a universos tan alejados como el mundo heroico y el rural, lo elevado y lo popular, el pasado y el futuro. Dice el poema &laquo;Mecedora&raquo;: &laquo;ADORMECI&Eacute;NDOSE recorre / con suave movimiento de vaiv&eacute;n / los extremos del mundo&raquo; (<em>Auras de Adviento</em>, p. 45).</p>
<p><em>Ceremonias dispersas </em>(<em>Epigramas, espumas y otras depredaciones</em>), op&uacute;sculo publicado en 1990 y Premio Internacional de Poes&iacute;a Juan Alcaide, contin&uacute;a la tradici&oacute;n epigram&aacute;tica greco-latina de la que es prototipo incuestionable Cayo Valerio Marcial, conciudadano de Jos&eacute; Ver&oacute;n. En una combinaci&oacute;n de tradici&oacute;n y originalidad, el autor utiliza la s&aacute;tira para hablar de la condici&oacute;n humana. Para Javier Barreiro, &laquo;Conceptualismo y juego verbal son los ejes sobre los que se construyen estas breves y jugosas ceremonias&raquo; (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 13), dando lugar a un tipo de escritura en la que Jos&eacute; Ver&oacute;n se mover&aacute; con soltura a lo largo de su trayectoria literaria, no siendo esta la &uacute;nica publicaci&oacute;n dedicada a la escritura afor&iacute;stica. A&uacute;n publicar&iacute;a Ver&oacute;n otro op&uacute;sculo del mismo tono epigram&aacute;tico, <em>Epigramas desnudos </em>(1991), con tan solo diecinueve poemas que hab&iacute;an obtenido un acc&eacute;sit del Premio de Poes&iacute;a Ciudad de Zaragoza en 1991 y 1992, y hab&iacute;an aparecido tambi&eacute;n en el libro <em>Poemas 1991</em>, publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p><em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> (1992) recoge algunos ejercicios po&eacute;ticos realizados entre 1979 y 1990. &laquo;El poeta, al que generalmente sit&uacute;an dentro de un vanguardismo que &eacute;l solo admite parcialmente, muestra en este libro una parte de sus cimientos cl&aacute;sicos&raquo; (<em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, primera solapa). El poemario se divide en tres partes: &laquo;Suite del tiempo herido&raquo;, que dedica a los poetas Ildefonso Manuel Gil y Rosendo Tello A&iacute;na; &laquo;Romancero Mud&eacute;jar&raquo;, constituida por romances dedicados a diferentes autores y, por &uacute;ltimo, &laquo;Sonetos para un reloj de mar&raquo;, una selecci&oacute;n de sonetos dedicados a sus hijos (<em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, p. 65). En este libro de abundantes dedicatorias y m&aacute;s rimas que de costumbre, queda patente su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica, como ya se&ntilde;ala el t&iacute;tulo del poemario.</p>
<p>El &uacute;ltimo libro publicado en la &laquo;Colecci&oacute;n San Jorge&raquo; es <em>A orillas de un silencio</em> (1995), Premio de Poes&iacute;a Isabel de Portugal 1994. Prologado por R. Tello, este poemario se dispone en tres partes: &laquo;Exordios&raquo;, &laquo;Exorcismos&raquo; y &laquo;Sombras del blanco d&iacute;a&raquo;, y est&aacute; poblado de citas y dedicatorias a otros autores, algo que ya es habitual en Jos&eacute; Ver&oacute;n. Afirma el autor: &laquo;Al fin venci&oacute; el silencio&raquo;; &laquo;Poes&iacute;a es la tensi&oacute;n engendrada entre un grito y su silencio&raquo;; &laquo;El grito es un poema fugitivo&raquo;. El silencio, el grito, la palabra, el poema, el d&iacute;a y las sombras confeccionan minuciosamente las p&aacute;ginas de este libro marcadamente metapo&eacute;tico y veroniano, que bien podr&iacute;a adscribirse a la &laquo;Po&eacute;tica del silencio&raquo; (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 14). Dice el poeta en el poema &laquo;Tiempo de brumas&raquo;: &laquo;La palabra y el silencio se miraban / se amaban&raquo; (<em>A orillas de un silencio</em>, p. 30).</p>
<p>En 1997, Jos&eacute; Ver&oacute;n encarga a J. Barreiro la introducci&oacute;n y selecci&oacute;n de textos que habr&iacute;an de constituir su <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>. Ser&iacute;an finalmente ochenta y cuatro poemas procedentes de los trabajos publicados hasta el momento: <em>Legajo incorde</em>, <em>Instrucciones para cruzar un puente</em>, <em>Tr&iacute;ptico del silencio </em>(<em>Cavernario</em>), <em>Baladas para el tercer milenio</em>, <em>Auras de Adviento</em>, <em>Ceremonias dispersas</em> (<em>Epigramas, espumas y otras depredaciones</em>), <em>Epigramas desnudos </em>y<em> Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 139).</p>
<p><em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, publicado en 1998, sigue la l&iacute;nea de libros epigram&aacute;ticos anteriores y es un tipo de escritura que el autor sabr&aacute; combinar a la perfecci&oacute;n con otro tipo de poes&iacute;a m&aacute;s honda y filos&oacute;fica. El libro, prologado por Enrique Badosa, ofrece una sat&iacute;rica radiograf&iacute;a social, como es t&iacute;pico en este tipo de l&iacute;rica, en la que se entreveran precisi&oacute;n, agudeza, sorpresa e ingenio. &laquo;Son epigramas que despliegan una fuerza inusual en la poes&iacute;a de nuestro tiempo, y un vitalismo que trasciende en armon&iacute;a el canto de lo cotidiano, lo pr&oacute;ximo, en clara alegor&iacute;a del universo moderno&raquo; (<em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, primera solapa). Un epigrama que creo que define muy bien el tono del libro es el titulado &laquo;A un escritor de moda&raquo;, que dice: &laquo;&iexcl;Oh narrador fecundo / tengo mil razones / para no leer tus libros, / pero con una, basta: / &iexcl;no me da la gana!&raquo; (<em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, p. 30).</p>
<p>En 1999 se publica la primera edici&oacute;n de<em> El naufragio perpetuo</em>, Premio &laquo;Hermanos Argensola&raquo; 1999, donde el autor vuelve a hablarnos de naufragio, de ilusiones perdidas, de fracaso, en definitiva. En palabras de Ildefonso-Manuel Gil, que prologa esta edici&oacute;n, &laquo;La poes&iacute;a de Ver&oacute;n tiene clara la existencia del mundo y la del trasmundo. Realidad e irrealidad dejan de ser t&eacute;rminos antit&eacute;ticos, conviven, no en contraste, sino en armon&iacute;a, enriquecidos uno y otro por el emparejamiento&raquo; (<em>El naufragio perpetuo</em>, p. 12). En 2016 se publica una edici&oacute;n ampliada que prologar&aacute; Miguel &Aacute;ngel Yusta.</p>
<p><em>Rayuela blues</em> (2000) es un poemario de tan solo ocho poemas que dedica a Julio Cort&aacute;zar y que surge como reflexi&oacute;n tras la lectura de su novela <em>Rayuela</em>. De nuevo advertimos la importancia de la m&uacute;sica para Ver&oacute;n en un libro metapo&eacute;tico y lleno de referencias culturales por el que desfilan m&uacute;sicos y escritores a los que admira, como Charlie Parker, Villon o Rilke. Para el poeta, vivir es jugar rayuela: &laquo;Jugaremos rayuela en aquel manicomio / que nunca existir&aacute; aunque ha existido siembre [&hellip;] Jugaremos rayuela en las barricadas grises, en los d&iacute;as malditos&raquo;, porque todav&iacute;a hay esperanza: &laquo;Y esperamos, / esperamos que un viento diferente / nos abra nuevamente la ventana&raquo; (<em>Rayuela blues</em>, pp. 37 y 17).</p>
<p>Admirador de la poes&iacute;a medieval de origen popular desde ni&ntilde;o, y de la labor coplista de poetas como Manuel Machado o Federico Garc&iacute;a Lorca, Ver&oacute;n public&oacute; en 2002 <em>Cantos de tierra y verso</em> con la intenci&oacute;n de renovar las coplas de la jota aragonesa y despojarla de los t&oacute;picos y el baturrismo que la sol&iacute;an caracterizar. La primera parte del poemario, &laquo;Voces cautivas&raquo;, est&aacute; dedicada a la creaci&oacute;n de coplas; la segunda, &laquo;El papel y la sangre&raquo;, se compone de sonetos conceptistas en un intento de combinar las formas po&eacute;ticas populares y las formas cultas. A modo de ejemplo, una copla que recoge muy bien el car&aacute;cter de la publicaci&oacute;n dice as&iacute;: &laquo;t&uacute; y yo sabemos muy bien / que hay dos clases de amor&iacute;os: / unos, todos los dem&aacute;s, / y otros el tuyo y el m&iacute;o&raquo; (<em>Cantos de tierra y verso</em>, pp. 5 y 35). Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se incluir&aacute; este poemario<em> en La llama y la sombra: dos poemarios</em>, que incluir&aacute; <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna </em>y <em>Cantos de tierra y verso</em>. El <em>Libro de las horas perseguidas </em>(2005) es otra recopilaci&oacute;n, aunque en esta ocasi&oacute;n se trata de una selecci&oacute;n de sonetos, muchos de ellos provenientes de publicaciones anteriores como <em>Legajo incorde</em>, <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> y <em>Cantos de vida y verso</em>, pero tambi&eacute;n de poemas in&eacute;ditos dedicados a poetas que el autor admira, como es el caso de &laquo;Quevedo en Cadaqu&eacute;s&raquo; o &laquo;La biblioteca de Babel&raquo;, dedicado a Borges. El autor defiende el hecho de publicar sonetos en pleno siglo XXI, y es que &laquo;la poes&iacute;a es intemporal y no debe caer en las trampas de la moda: todos los caminos po&eacute;ticos de ayer y de hoy se dirigen a un mismo territorio habitado por la palabra en libertad y el misterio del universo&raquo; (<em>Libro de las horas perseguidas</em>, p. 3).</p>
<p>Los siguientes tres poemarios son cruciales en la obra po&eacute;tica de Ver&oacute;n y constituyen la trilog&iacute;a <em>El tr&aacute;nsito y la duda</em>: <em>El exilio y el reino</em> (2005), <em>En las orillas del cielo</em> (2007) y <em>El viento y la palabra</em> (2010), que se iba a llamar <em>El jard&iacute;n transparente.</em><a title="" href="#_ftn5">[5]</a> El primero de ellos destaca por un tono &iacute;ntimo que va recorriendo el paisaje, la soledad, el olvido, la nostalgia y el misterio, motivos habituales en Ver&oacute;n, plasmados ahora con absoluta perfecci&oacute;n: &laquo;Crece la sombra, crece / en torno a la nostalgia&raquo;, escribe en el poema &laquo;Lluvia de verano&raquo;; &laquo;Calla la voz. La noche asoma / detr&aacute;s de los enigmas&raquo;, en &laquo;El tr&aacute;nsito y la duda&raquo;; &laquo;Sobre los horizontes / el silencio dibuja, muy despacio, / los signos vivos del olvido&raquo;, en &laquo;Crepusculario&raquo; (<em>El exilio y el reino</em>, pp. 32, 33 y 14). <em>En las orillas del cielo</em> transita los enigmas del tiempo y de la memoria y busca la palabra a trav&eacute;s de luces y sombras que se entremezclan.&nbsp; El poema es palabra, pero es tambi&eacute;n luz, soledad, incertidumbre, ausencia, desolaci&oacute;n, en definitiva, el reflejo del sentir del poeta. Las palabras viajan desde la memoria a trav&eacute;s del tiempo y se posan en la hoja en blanco en forma de poema. En su &laquo;Po&eacute;tica&raquo;, afirma: &laquo;Han llegado hasta m&iacute; niebla y palabras / desde el confuso mar de la memoria. / Les pregunto qu&eacute; quieren o qu&eacute; buscan / en el cansado yermo que hoy habito, / y callan. / No responden, / pero en una hoja en blanco del cuaderno / han dejado un poema&raquo; (<em>En las orillas del cielo</em>, p. 14). Por su parte, <em>El viento y la palabra</em>, prologado de nuevo por J. Barreiro, es el poemario que culmina la trilog&iacute;a. El tiempo, el silencio y la soledad, acompa&ntilde;ados del viento y la palabra, se hacen ahora protagonistas y llegan a su expresi&oacute;n m&aacute;xima en el tr&aacute;nsito del misterio de la noche y del paisaje. En el poema &laquo;Signos del laberinto&raquo;, &laquo;El silencio remoto de los cielos / seduce la ciudad, / colma sus calles, / golpea en las ventanas. / Sobre el lienzo infinito de la noche / se encienden los enigmas y las f&aacute;bulas, / arde la soledad de los misterios&raquo; (<em>El viento y la palabra</em>, p. 21).</p>
<p>En el mismo a&ntilde;o en que fue publicado <em>En las orillas del cielo</em> (2007), aparece tambi&eacute;n <em>Epigramas incompletos</em>, de inspiraci&oacute;n marcialesca. Este poemario se publica diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde que <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em> e incluye la mayor&iacute;a de los poemas pertenecientes a este g&eacute;nero tan habitual ya en Ver&oacute;n. As&iacute; pues, la primera parte de la nueva publicaci&oacute;n se constituye con la obra completa <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, prologada por Enrique Badosa, y la segunda parte, &laquo;Otras depredaciones&raquo;, re&uacute;ne epigramas ya aparecidos en otras publicaciones junto con otros in&eacute;ditos, con la intenci&oacute;n de explorar y demostrar las posibilidades de este tipo de escritura (<em>Epigramas incompletos</em>, p. 7).<em> </em>Los motivos principales de los epigramas de Ver&oacute;n son los tradicionales en este g&eacute;nero, mencionados por J. Barreiro en un art&iacute;culo publicado en esta misma revista: &laquo;la pol&iacute;tica, la vacuidad del mundo literario o las peculiaridades humanas con especial atenci&oacute;n a la hipocres&iacute;a, la fatuidad, el sexo, la ignorancia, la falsa moral&raquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Otros poemarios del autor que se adscriben a este g&eacute;nero epigram&aacute;tico son: <em>Sala de los espejos (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones) </em>(2014) y <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em> (2018). El primero de ellos es prologado por &Aacute;ngel Guinda, que afirma que &laquo;Hay en esta poes&iacute;a una incondicional defensa de la sabidur&iacute;a y de la prudencia. Y un rasgo caracter&iacute;stico en la historia de la literatura aragonesa: el didactismo moralizador no dogm&aacute;tico&raquo; (<em>Sala de los espejos</em>, p. 12). Es <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em> (2018) el &uacute;ltimo poemario de epigramas que publica Ver&oacute;n, esta vez con un pr&oacute;logo de Manuel Mart&iacute;nez-Forega en el que se&ntilde;ala que &laquo;Son fundamentalmente necesarios el genio y la sabidur&iacute;a para profundizar y encontrar el fondo miserable y oculto de las aparentes grandezas humanas que Ver&oacute;n nos revela haciendo un alarde de concisi&oacute;n, vitalidad y buen humor sin renunciar a la gravedad&raquo; (<em>Salirologio</em>, p. 20).</p>
<p><em>Ritual del visitante</em> se publica en 2012 y de nuevo se estructura en tres partes: &laquo;Entre las horas&raquo;, &laquo;Voces y versos&raquo; y &laquo;Sombras de la ciudad&raquo;. Tambi&eacute;n habitual en la obra de Ver&oacute;n, es la utilizaci&oacute;n de un l&eacute;xico normalmente cotidiano y sencillo, pero no exento de originalidad, sensibilidad y precisi&oacute;n. Los poemas se tejen de nuevo con tiempo, preguntas, incertidumbre, silencio, pero sobre todo con la b&uacute;squeda incansable de la palabra. Las palabras &laquo;Buscan, bajo la l&aacute;mpara, el amor de alg&uacute;n verso&raquo;, dice el poeta en &laquo;Po&eacute;tica naciente&raquo;; en &laquo;Invocaci&oacute;n ante un papel en blanco&raquo;: &laquo;Invoco a la palabra para ver tras la niebla, para buscar los senderos del conocimiento&raquo;, &laquo;Invoco a la palabra para sentir el tiempo. / Invoco a la palabra para nombrar la realidad / que tantas, tantas veces desconozco&raquo;. Por otro lado, &laquo;El silencio responde, / omnipresente y sabio, / que ese vac&iacute;o es nuestro, / tan lejano y confuso / tan dentro de nosotros / como la soledad, / como la duda&raquo; (<em>Ritual del visitante</em>, pp. 15, 39 y 51).</p>
<p>En el a&ntilde;o 2014 se publican otros dos libros aparte de <em>Sala de los espejos</em>: <em>Un mar de montes </em>(con motivo de la entrega del Premio de Las Letras Aragonesas 2013) y <em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>. La decisi&oacute;n del jurado fue un&aacute;nime: &laquo;considerando su trayectoria multidisciplinar, orgullo de las letras aragonesas. La obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n refleja una dimensi&oacute;n humana y su enraizamiento con la sociedad de su tiempo&raquo; (<em>Un mar de montes</em>, p. 6). El libro se divide en dos partes: En la primera, &laquo;Poes&iacute;a, penumbra en el tiempo&raquo;, aparece una breve selecci&oacute;n de poemas de 1980-2010. En la segunda, &laquo;Microcosmos&raquo;, se re&uacute;nen algunas narraciones extra&iacute;das del libro <em>Cuentos para sentir las horas</em>. El poemario <em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em> est&aacute; compuesto por peque&ntilde;os poemas para leer y cantar basados en la l&iacute;rica popular. Dice Jos&eacute; Luis Melero en el pr&oacute;logo:</p>
<p>Solo quien sigue libremente al margen de pautas establecidas, solo quien entiende que no hay poes&iacute;a con may&uacute;sculas y min&uacute;sculas, sino solo poes&iacute;a buena o mala, est&aacute; capacitado para tomar la decisi&oacute;n de trocar en algunos de sus libros la l&iacute;rica culta por la l&iacute;rica popular (<em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>, p. 7).</p>
<p>Explica Ver&oacute;n en la introducci&oacute;n al libro que este se estructura en tres partes: la primera re&uacute;ne poemas variados, algunos que han sido cantados con tonadas de jota, aunque no los hab&iacute;a compuesto para ello; la segunda parte es un homenaje a la jota aragonesa y, en este caso, los poemas s&iacute; que han sido compuestos para tal fin; la tercera parte est&aacute; dedicada al Sur y a sus soleares, piezas que ya trabajaron Antonio y Manuel Machado (<em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>, p. 12). Tambi&eacute;n de la misma tem&aacute;tica que este &uacute;ltimo libro es <em>Cantares y presagios</em> (2020), que incluye dos libros: <em>Huellas del camino</em> y <em>Cancionero del caf&eacute;</em>, este &uacute;ltimo ya publicado con el mismo pr&oacute;logo de J. L. Melero, que afirma: &laquo;Nunca en la poes&iacute;a de Ver&oacute;n hubo impostaci&oacute;n, aceptaci&oacute;n de las modas o sujeci&oacute;n a intereses inconfesables. Todo en Ver&oacute;n ha sido siempre de verdad&raquo; (<em>Cantares y presagios</em>, p. 9).</p>
<p>Dedicado a su nieta Mar&iacute;a, <em>Claros de bruma</em> (2016) es un poemario de nuevo metapo&eacute;tico y de gran intensidad donde la b&uacute;squeda de la luz, de la palabra y de los enigmas de la existencia se hace primordial a la hora de afrontar las preguntas, las dudas, el olvido y el dolor. En el poema &laquo;Palabras&raquo; el poeta dice: &laquo;Lleg&oacute; prendida de la aurora [&hellip;] la esperanza desnuda / la palabra&raquo;, y en &laquo;Poes&iacute;a secreta&raquo;: &laquo;como un milagro mudo, / la voz, la poes&iacute;a&raquo; (<em>Claros de bruma</em>, pp. 13 y 53). Destaca en el poemario la presencia del paisaje, aunque hay que decir que este es un elemento habitual en gran parte de su obra, como no pod&iacute;a ser de otra forma, como buen fot&oacute;grafo que es. A trav&eacute;s del paisaje, Ver&oacute;n se pregunta por los enigmas del universo y busca incansablemente el conocimiento que quiz&aacute; en alguna ocasi&oacute;n pueda ofrecerle algunas respuestas: &laquo;&iquest;Y qu&eacute; pregunta el mar / ahora que la noche se despierta / sobre los horizontes? / &iquest;Qu&eacute; dudas sin destino / orlan el oleaje?&raquo; (<em>Claros de bruma</em>, p. 21).</p>
<p>Poco antes de morir, el autor escrib&iacute;a<em> &Iacute;ntimo retorno</em>, libro que fue publicado p&oacute;stumamente en 2023. Nuevamente palabras que hablan de palabras, de paisaje, de memoria y sobre todo de tiempo, un tiempo que se acelera sin poder hacer nada para evitarlo. Quiz&aacute; intu&iacute;a Ver&oacute;n, avanzada su enfermedad, lo que hab&iacute;a de llegar y sent&iacute;a el pasar del tiempo de manera m&aacute;s veloz que nunca: &laquo;&iexcl;Reloj m&iacute;o, / mensajero del tiempo, / cierra ya la ventana de las horas, que se est&aacute;n despe&ntilde;ando en un raudal sin l&iacute;mites!&raquo;; &laquo;Sentir, sentir la estela de las horas / que se despe&ntilde;a en el abismo del ayer / y andar, / andar, / andar&hellip;&raquo; (<em>&Iacute;ntimo retorno</em>, pp. 12 y 54). Temas conocidos en poemas renovados magistralmente que hasta el final de sus d&iacute;as demostraron la belleza del preciso y cuidado lenguaje de Ver&oacute;n, en el que las palabras buscan &laquo;su destino, el poema&raquo;. A pesar del paso del tiempo y del estado en el que se encontraba, dice Ver&oacute;n en el poema &laquo;L&iacute;mites&raquo;: &laquo;a pesar de las puertas y los muros / sigue llegando a m&iacute; la poes&iacute;a&raquo; (<em>&Iacute;ntimo retorno</em>, pp. 38 y 55).</p>
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<p><strong>Obra narrativa</strong><strong></strong></p>
<p>Jos&eacute; Ver&oacute;n fue un autor muy polifac&eacute;tico, y aparte de su labor fotogr&aacute;fica, po&eacute;tica, ensay&iacute;stica y period&iacute;stica, cultiv&oacute; tambi&eacute;n la narrativa &mdash;no sin &eacute;xito ni reconocimiento&mdash;, aunque de forma m&aacute;s espor&aacute;dica. Ya hab&iacute;a escrito algunos libros de poes&iacute;a como <em>Legajo incorde</em> (1980) o <em>Tr&iacute;ptico del Silencio</em> (1981) cuando se public&oacute; <em>La muerte sobre Armantes</em> (1981), novela de ciencia ficci&oacute;n que recibi&oacute; el Premio &laquo;San Jorge&raquo; de Novela 1981, convocado por la Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;. Se trata de una ficci&oacute;n hist&oacute;rica desarrollada en las cercan&iacute;as de Calatayud, lugar donde dos pueblos invasores (terrones y espigos) luchan a muerte por el dominio de otro pueblo, Armantes. Dice Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo en el proemio de la edici&oacute;n publicada en 2006 que este es &laquo;un relato &eacute;pico, pero tambi&eacute;n una alegor&iacute;a moral; una novela sobre las convenciones de la civilizaci&oacute;n y persecuci&oacute;n de la libertad&raquo; (<em>La muerte sobre Armantes</em>, p. 6).</p>
<p>En 1994 se publica <em>Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, con un pr&oacute;logo de Jos&eacute; Antonio Duce. El libro re&uacute;ne diecinueve narraciones independientes escritas en prosa po&eacute;tica que se estructuran en dos partes diferenciadas. Son &laquo;una especie de curiosas par&aacute;bolas en las que los personajes hablan con la espontaneidad de los hombres verdaderos&raquo; (<em>Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, p. 8).</p>
<p>El siguiente libro en publicarse es <em>La letra prohibida </em>(2004), que re&uacute;ne diez narraciones breves en las que los sue&ntilde;os se entremezclan con los hechos reales. Forma parte de la colecci&oacute;n CANTELA de la editorial Libros Certeza, voz popular aragonesa que recoge cuentos, leyendas y relatos (<em>La letra prohibida</em>, cubierta).</p>
<p>En la novela<em> Las puertas de Roma (cr&oacute;nicas de Marco Valerio Marcial</em>), publicada en 2012 y prologada por Jos&eacute; Luis Corral, de nuevo queda patente la admiraci&oacute;n de Ver&oacute;n por su conciudadano Marcial. Poeta bilbilitano que vivi&oacute; en la Roma Imperial, ser&aacute; protagonista de esta narraci&oacute;n en la que se trasluce, ahora en forma de prosa, la sutil iron&iacute;a y sentido del humor de los que Ver&oacute;n hace gala habitualmente en sus poemarios afor&iacute;sticos. <em>Las puertas de Roma</em> es una novela multig&eacute;nero: hist&oacute;rica, did&aacute;ctica, de memorias, de viajes e incluso picaresca (<em>Las puertas de Roma</em>, p. 9). El tiempo del presente y el tiempo de la Roma Imperial se contraponen en cap&iacute;tulos alternos mostrando as&iacute; diferentes perspectivas en una estructura tan singular como interesante.</p>
<p><em>Cuentos para sentir las horas </em>(2014) es una obra narrativa, una reuni&oacute;n de relatos cortos que se estructuran a lo largo de cuatro partes: &laquo;Microcosmos&raquo;, &laquo;Rumores de Lilandia&raquo;, &laquo;El laberinto de la dicha&raquo; y &laquo;Cuaderno de notas&raquo;. Se&ntilde;ala A. Castro en el pr&oacute;logo que se trata de un &laquo;libro emotivo, de instantes e intuiciones, de alguien que explora el coraz&oacute;n del hombre&raquo;, un libro con &laquo;tensi&oacute;n y ritmo, con atm&oacute;sferas y con personajes intensos y sorprendentes, entre ellos uno que bien podr&iacute;a parecerse a s&iacute; mismo&raquo; (<em>Cuentos para sentir las horas</em>, p. 13), un libro donde reverberan la magia y la belleza del lenguaje propios de la esencia po&eacute;tica de Ver&oacute;n.</p>
<p>En 2017 se publica <em>El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o</em>, que prologa Juan Bolea y que consta de cuatro partes: &laquo;El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o&raquo;, &laquo;El enigma del signo sonriente y otras breves odiseas&raquo;, &laquo;Pasos en la niebla&raquo; y &laquo;Ap&eacute;ndice. Dos rarezas de ayer&raquo;. La primera parte, de igual t&iacute;tulo que el libro, consta de una narraci&oacute;n que se ambienta en la sierra de Teruel y tiene que ver con la asolaci&oacute;n en la que se ha sumido ese lugar a consecuencia de la violencia. En las partes segunda y tercera, se presentan varios relatos de signo variado. El volumen se completa con un ap&eacute;ndice que contiene otras dos narraciones.</p>
<p>Creo que trav&eacute;s de este recorrido por la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz podemos comprender mejor la labor de un autor enormemente vers&aacute;til que desde muy joven supo combinar las pasiones de su vida y dejar su huella po&eacute;tica en todos los trabajos que realiz&oacute;. Y es que Ver&oacute;n es ante todo un poeta de la palabra o de la imagen, pero un poeta, cuya esencia se filtra por cuantas p&aacute;ginas recorre su pluma, por cuantas im&aacute;genes traspasan el objetivo de su c&aacute;mara. Varias son las constantes de su obra, entre las que podr&iacute;amos destacar la continua reflexi&oacute;n que hace sobre la palabra en una obra marcadamente metapo&eacute;tica. Tambi&eacute;n el tiempo, el paisaje, el camino, la melancol&iacute;a y el recuerdo son temas que recorren muchas de sus obras, en las que tampoco faltan referencias musicales y culturales. Del silencio, tambi&eacute;n fundamental en su hacer, brotan la imagen, la palabra y el poema como destino, como esperanza, como milagro. Su fina iron&iacute;a y sentido del humor le permitieron renovar la escritura epigram&aacute;tica, y tambi&eacute;n regener&oacute; la copla aragonesa, combinando con gran acierto lo culto y lo popular. Escribi&oacute; poes&iacute;a hasta el final de sus d&iacute;as, una poes&iacute;a cada vez m&aacute;s intensa y sincera que sigue deleitando a quienes se sumergen en ella. Como lectora, quedo prendada de este extraordinario autor aragon&eacute;s que, a pesar de su inmenso trabajo y dedicaci&oacute;n, de la calidad de su poes&iacute;a y de su buen hacer literario y fotogr&aacute;fico, ha destacado sobre todo por su forma de ser, su sencillez y su amabilidad, y por eso siempre ha sido muy querido por quienes han tenido la suerte de conocerlo en persona. Yo no pude hacerlo, pero descubrir su obra ha sido un aut&eacute;ntico viaje para mis sentidos a trav&eacute;s del apasionante mundo po&eacute;tico de sus palabras y de sus im&aacute;genes. Gracias a Alfredo Salda&ntilde;a y a Ignacio Escu&iacute;n por haber hecho posible este encuentro entre el universo de Ver&oacute;n y el m&iacute;o.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Lloren&ccedil; Raich Mu&ntilde;oz, <em>Fotograf&iacute;a como poes&iacute;a</em>, Madrid, Casimiro, 2018, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Se&ntilde;alo aqu&iacute; las ediciones de las que he extra&iacute;do las referencias citadas en el texto: Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, <em>Legajo incorde</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1980; <em>La muerte sobre Armantes</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1981; <em>Instrucciones para cruzar un puente</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1983;<em> Tr&iacute;ptico del silencio</em>, Zaragoza, Colecci&oacute;n Poemas, 1984; <em>Baladas para el tercer milenio</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1987; <em>Auras de Adviento</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1988; <em>Ceremonias dispersas: (Epigramas, espumas y otras depredaciones)</em>, Valdepe&ntilde;as, Ayuntamiento de Valdepe&ntilde;as, 1990; <em>Epigramas desnudos</em>, en <em>Poemas 1991</em>, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, pp. 26-49, 1991;<em> Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, Calatayud, Jos&eacute; M&ordf; L&oacute;pez Alcoitia, 1994; <em>A orillas de un silencio</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1995; <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1997; <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, Barcelona, Seuba ediciones, 1998; <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1999; <em>Rayuela blues</em>, Zaragoza, Lola Editorial, 2000; <em>Calatayud, im&aacute;genes y sue&ntilde;os</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2000; <em>Ciudad en el tiempo</em>, Zaragoza, Ayuntamiento de Calatayud, 2001; <em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2001 (Libro-Cat&aacute;logo de las exposiciones celebradas en las Salas &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; del Edificio Pignatelli del 24 de enero al 18 de febrero de 2001); <em>Cantos de tierra y verso</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2002; <em>La llama y la sombra: dos poemarios</em>, Zaragoza, Vinci Park, 2003; <em>Los dedos de la luz</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2003; <em>Ecos de la vieja Roma</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2003; <em>Las orillas del cielo,</em> Barbastro, UNED, 2003 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en las Salas de Exposiciones de la UNED de Calatayud del 6 de septiembre al 14 de octubre de 2003, y de Barbastro del 31 de octubre al 28 de noviembre de 2003); <em>La letra prohibida</em>, Zaragoza, Libros Certeza, 2004; <em>Los dedos de la luz,</em> Zaragoza, Escuela de Artes de Zaragoza, 2004 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en la Escuela de Artes de Zaragoza del 29 de abril al 28 de mayo de 2004); <em>Los Instantes y los D&iacute;as,</em> Calatayud, Ayuntamiento de Calatayud, 2004 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en el Aula Cultural San Benito de Calatayud del 2 al 19 de septiembre de 2004); <em>Libro de las horas perseguidas</em>, Zaragoza, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, 2005; <em>La muerte sobre Armantes</em>, Zaragoza, Certeza, 2006; <em>El exilio y el reino</em>, Zaragoza, Prensas universitarias de Zaragoza, 2005; <em>En las orillas del cielo</em>, Zaragoza, Tropo, 2007; <em>Epigramas incompletos</em>, Zaragoza, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2007; <em>Arag&oacute;n Im&aacute;genes</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2009; <em>El viento y la palabra</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2010; <em>Las puertas de Roma (cr&oacute;nicas de Marco Valerio Marcial</em>), Zaragoza, Mira editores, 2012; <em>Ritual del visitante</em>, Zaragoza, Olifante, 2012; <em>Sala de los espejos (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones)</em>, Zaragoza, Olifante, 2014; <em>Cuentos para sentir las horas</em>, Zaragoza, Mira editores, 2014; <em>Un mar de montes</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2014; <em>El naufragio perpetuo</em>, Toledo, Lastura, 2016; <em>Claros de bruma</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2017; <em>El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o</em>, Zaragoza, Mira editores, 2017; <em>Cantares y presagios</em>, Zaragoza, Pregunta, 2020; <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em>, Zaragoza, Pregunta, 2018; <em>&Iacute;ntimo retorno</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2023. A partir de ahora, indicar&eacute; solo el t&iacute;tulo de la obra y la p&aacute;gina correspondiente a la edici&oacute;n citada.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Ant&oacute;n Castro, &laquo;Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz: &ldquo;El humor es como un viento fresco para la existencia&rdquo;&raquo;<em>, </em><em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, 17.06.2020, accesible en l&iacute;nea: &lt;<a href="https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/17/jose-veron-gormaz-el-humor-es-como-un-viento-fresco-para-la-existencia-1380915.html">https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/17/jose-veron-gormaz-el-humor-es-como-un-viento-fresco-para-la-existencia-1380915.html</a>&gt; [Consultado el 27.03.2024].</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 380.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 383.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 383.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:40:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Ida Vitale: “Aprendí a ser piadosa releyéndome”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ida-vitale-aprendi-a-ser-piadosa-releyendome/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/Ida500.jpg" alt="" /></p>
<p>Los significados parecen escritos en piedra. Luego va la poes&iacute;a y rompe las palabras en mil y un pedazos. &lsquo;Desvahar plantas&rsquo;. Ella limpia y moldea. Es el ej&eacute;rcito enemigo del Principio de no contradicci&oacute;n. Eso de que nos lleva a las fronteras del lenguaje suena manido; los lugares comunes, sin embargo, hay que sonarlos de vez en cuando: una campana sin tocar es poco m&aacute;s que un adorno del paisaje. &lsquo;Muchas cosas se dan al margen de palabras / que hayan sabido detenerlas&rsquo;. &iquest;Nace de la inteligencia?, &iquest;de la experiencia?, &iquest;de la inocencia?, &iquest;de la intuici&oacute;n? Tal vez sea una mezcla o una tirada de dados. La imaginaci&oacute;n, &iquest;hasta qu&eacute; punto trabaja? Ida Vitale, doctora en Poes&iacute;a, prefiere la pr&aacute;ctica. Divertida, camina como si acabara de tomar el desayuno, pero acaba de comer. Son las cuatro de la tarde. Mientras habla, lo hace pose&iacute;da por el recuerdo. &lsquo;La memoria su leve tela teje&rsquo;. Est&aacute; encantada de regresar, por no sabe ya qu&eacute; vez, a la Residencia de Estudiantes, en Madrid. Disfruta de saberse viva y de compartir un rato con quien se le acerca. Parece eterna, tambi&eacute;n una ni&ntilde;a; y los ni&ntilde;os, en su libertad, abrazan la l&oacute;gica m&aacute;s de lo que parece. Por eso dicen <em>abrido</em>, no <em>abierto</em>. La vida es una conjugaci&oacute;n que se perfecciona con los a&ntilde;os. Los ni&ntilde;os, como los perros, son m&aacute;quinas de repetici&oacute;n de cuanto les conviene. Ella es una ni&ntilde;a-animal que improvisa y salta de la l&oacute;gica a la fantas&iacute;a como si fueran habitaciones separadas por un tabique que no le cuesta atravesar. Tiene memoria y no escribe. Ser&aacute; que esa no es condici&oacute;n suficiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Para qu&eacute; sirve la memoria a un escritor, si no escribe?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Para hablar con usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro. Qu&eacute; obsesi&oacute;n, la literatura. Como si ella fuera la &uacute;nica. Ida ha elegido vivir, no escribir, actividades que de repente se presentan contrapuestas. &ldquo;Escribir es una opci&oacute;n que te ofrece la vida. Vida y literatura pueden ser lo mismo. Lo han sido. En estos momentos, pensar en hacerlo me resulta tan pesado como trasladar un bloque de ladrillos hasta all&aacute;&rdquo;, y uno ignora si all&aacute; son los l&iacute;mites de la estancia, del recinto o de la ciudad. Leer es otra cosa. &ldquo;Eso me hace volar. Ah&iacute; los ladrillos no pesan&rdquo;. La ficci&oacute;n es ligera; no la realidad. Prefiere gastar el tiempo que le queda en la risa. Pospone hablar de sus libros. No se toma en serio, signo de lucidez. Sabe por diabla m&aacute;s que por vieja. Indiferente no quiere decir perezosa ni desganada. Las distinciones retoricas son fundamentales. Ella dota a todo de liviandad. Una pluma de ave. Extrae del ladrillo su masa de arcilla para transportarlo. Y sonr&iacute;e con los ojos, que poseen un halo de inocencia traviesa. La risa es el punto con que termina sus frases. De tal modo, parece que impugna lo que acaba de decir. Si la respuesta es larga, mete dos o tres y la oraci&oacute;n se subordina. Sonr&iacute;e porque aunque la vida va en serio sabe tambi&eacute;n que no importa demasiado, que la vida, como nosotros, es un material de construcci&oacute;n que terminar por caer. Un ladrillo con el que se erigen casas de paja. Disponemos de cultura y ra&iacute;ces, no de cimientos. &lsquo;Pero lo aun precioso ser&aacute; olvido, / ya lo sabemos la memoria y yo, / aunque intentemos seguir adelante / con el dibujo&rsquo;. Pasa un tipo alto: &ldquo;Sig&aacute;mosle. A ver si da con la cabeza en el dintel&rdquo;. El hombre atraviesa el umbral sin problema, y vuelve a re&iacute;r, sin decepci&oacute;n. Risa y sonrisa no son lo mismo, pero en ella se confunden. Admite V&iacute;ctor Erice que la aportaci&oacute;n de Ana Torrent a <em>El esp&iacute;ritu de la colmena</em> result&oacute; fundamental: su inocencia otorg&oacute; al personaje una verdad innegociable desde la inteligencia: no distingu&iacute;a realidad de ficci&oacute;n, condici&oacute;n de la primera infancia. Parece que Vitale ha traspasado un umbral en el que tampoco. Es, al conquistar la raz&oacute;n, tan bajo cielo, cuando empieza el ni&ntilde;o a estabularse. Ida se mantiene libre y hace lo que le da la gana, tarea a la que le ayuda su hija Amparo, a quien dedica <em>Sue&ntilde;os de la constancia</em> (1984). No han pasado m&aacute;s que seis meses de su anterior visita. Entonces present&oacute; <em>Tiempo sin claves</em> (2021). Ahora la excusa es <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>. Sali&oacute; en el 96 y lleg&oacute; a Espa&ntilde;a en 2023. Es relato. Un relato muy Vitale, pasado por la f&aacute;bula, por la historia, por el mito, por la poes&iacute;a, por la alegor&iacute;a, por el humor, por la paradoja... La mezcla de g&eacute;neros tal vez nos salva de la disoluci&oacute;n. La realidad es contradictoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me gusta la posmodernidad, pero hay en ella un algo de vanguardia que s&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Reconstrucci&oacute;n o deconstrucci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pueden ser lo mismo [r&iacute;e].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Cl&aacute;sica o moderna?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pueden ser lo mismo tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No la veo muy posmoderna.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No me gusta la posmodernidad, pero hay en ella un algo de vanguardia o de cambio, como de refutar lo anterior&hellip; que s&iacute;. Como cualquier &eacute;poca, tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. No hay ninguna buena o mala totalmente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos, que quit&oacute; alg&uacute;n dique al mar, pero insuficiente para tomarla demasiado en serio, no es una constituci&oacute;n. &iquest;Usa, entonces, Vitale las armas del enemigo, su impulso, para derribarle? &iquest;Aplica t&eacute;cnicas de arte marcial a las letras?, &iquest;alguna prosa de Sun Tzu? S&iacute; da la impresi&oacute;n de que fabrica caba&ntilde;as con ramas que ha dejado la tormenta. De que le gusta construir a partir de la mezcla y del fragmento. Lo demuestra en su prosa, religando temas y registros, y tambi&eacute;n en su poes&iacute;a. &lsquo;Un l&aacute;piz, / una hoja, tan s&oacute;lo de papel, que quisiera / como de &aacute;rbol, vivaz y renaciente, / que destilase savia y no in&uacute;til tristeza / y no fragilidad, disoluciones&rsquo;. Fragilidad, disoluciones. P&aacute;jaros de barro. Ladrillo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Qu&eacute; a gusto estoy&rdquo;. Y cambia de postura y avisa, por tercera vez, de que oye mal. &ldquo;A partir de los cien, el o&iacute;do disminuy&oacute;&rdquo;. Carcajada. La gravedad la transforma en despreocupaci&oacute;n. En un alarde, se&ntilde;ala que oye incluso mal &iexcl;por el o&iacute;do bueno! Los aud&iacute;fonos van cumpliendo su cometido y uno piensa que igual lo que quiere es tenerle m&aacute;s cerca. La proximidad facilita la confesi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Me va a preguntar por la tapa? [se refiere a la portada de <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>, pr&oacute;ximo, en una mesa, junto a otros t&iacute;tulos]</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues no ten&iacute;a pensado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tiene que hacerlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No se ha dado cuenta?: Se titula <em>Donde vuela el camale&oacute;n </em>&iexcl;y sale un p&aacute;jaro! &iquest;Qui&eacute;n ha elegido la ilustraci&oacute;n?, &iexcl;qu&eacute; disparate! [r&iacute;e]. No quiero pensar que alguien ve en esto un camale&oacute;n. Nunca me encontr&eacute; con el responsable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habr&aacute; que mirar los cr&eacute;ditos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No dicen nada. Lo primero que debe tener una tapa es cierta relaci&oacute;n con el t&iacute;tulo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O no.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O no... [concede, educada, y regresa en seguida al ataque] Pero si citas un animal, &iquest;por qu&eacute; meten otro? Siempre tiene que haber alguna <em>originalidad</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Igual el camale&oacute;n es tan camale&oacute;n que elige disfrazarse de p&aacute;jaro&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [carcajada] &iquest;Y va por el cielo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Piense en el t&iacute;tulo. Usted lo dice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Si el responsable me ofrece esa respuesta, se la acepto, pero me temo que la verdad no ser&aacute; tan po&eacute;tica. No hago m&aacute;s que mirar la tapa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Usted arranca un relato, ah&iacute;, diciendo: &ldquo;El gorri&oacute;n, &iquest;era gris porque se sent&iacute;a gris?&rdquo;. Igual su camale&oacute;n se siente p&aacute;jaro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Una cosa es lo que el gorri&oacute;n quiera sentirse y otra lo que sea [cambia el tono]. &Uacute;ltimamente est&aacute;n impugnando la biolog&iacute;a. &iquest;Se ha dado cuenta? &iquest;No pensar&aacute; que hago yo lo mismo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Su relato es anterior a esa corriente, y en &eacute;l no hay espacio para el relativismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Porque los de mi generaci&oacute;n sabemos diferenciar la biolog&iacute;a de la literatura. Yo, si hablo de algo ah&iacute;, que tampoco lo s&eacute;, habr&aacute; de ser del problema de creerse lo que no se es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -La identidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Un tema de moda. Hace mucho que escrib&iacute; el libro. Lo olvid&eacute;. Tuve que releerlo para&nbsp; la presentaci&oacute;n. Ese p&aacute;jaro no recuerdo si quer&iacute;a ser azul, pero se acostumbr&oacute; a ser quien era. Quien <em>era</em>. Si damos por buena su tesis, el camale&oacute;n de la tapa no parece muy conforme con su identidad [m&aacute;s risa].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Lo mismo, igual que en el cine, hay que suspender la incredulidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ah, yo estoy a favor de eso. Adem&aacute;s, es un p&aacute;jaro bastante especial&hellip; Al final me va a gustar. &iquest;A usted le gusta?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -A m&iacute; s&iacute;, y le dir&eacute; que no me hab&iacute;a percatado del fallo -si lo es-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No creo que sea un p&aacute;jaro inventado. Parece una foto. Bueno&hellip; est&aacute; bonito. Al menos dentro creo que no hay erratas...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que no me va mucho es la foto que adorna varias solapas suyas: usted con un p&aacute;jaro de papel, por muy de Mordzinski que sea, y por mucho que le haya dedicado un poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A m&iacute; tampoco me apetece verla tan repetida. Una vez, vale. Dos, vale. &iquest;Me hace muy ni&ntilde;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo mejor que podemos hacer es no ser comedidos ni previsibles&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vuelve a demostrar que es un animal adulto, una ni&ntilde;a con candidez justa, al tiempo que una escritora que traspasa las paredes. Alterna raz&oacute;n e inocencia. Es caballo salvaje y brida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vaya forma de empezar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un tanto incorrecta, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo mejor que podemos hacer es no ser comedidos ni previsibles. Son tiempos muy sosos. Parece que estamos en el colegio. Una puede parecer una ni&ntilde;a, pero no es tonta. &iquest;Usted no cree que nos tratan como a tontos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qui&eacute;nes?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pol&iacute;ticos, periodistas, qu&eacute; s&eacute; yo, pedagogos. Las asociaciones de esto y de aquello... siempre hay alguien que defiende la &uacute;ltima ocurrencia del universo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy vieja, no tonta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Usted lo nota?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pero c&oacute;mo no. Soy vieja, no tonta. Tengo mucha vida, puedo comparar [vuelve la risa].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En una respuesta se define como ni&ntilde;a y a la siguiente, como vieja.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las dos cosas son la misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; O sea, deconstruye y reconstruye, moderna y cl&aacute;sica, y ni&ntilde;a y vieja. No ser&aacute;n los &uacute;ltimos dualismos. Ni los &uacute;ltimos vuelos de p&aacute;jaro. <em>Vieja</em>, por cierto, una palabra que seguramente los que dictan el lenguaje en los despachos no aconsejan. En Ida Vitale cada acto de resistencia es un canto de libertad. En la &uacute;ltima entrega de J. A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz, <em>Por as&iacute; decirlo</em>, tropezamos con el t&eacute;rmino <em>retrasado</em>, o <em>retrasadillo</em>. Los garantes del orden sugerir&iacute;an &lsquo;persona con discapacidad&rsquo;. Menos mal que no se han metido, todav&iacute;a, a correctores de estilo en las editoriales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y c&oacute;mo se enfrenta a esta situaci&oacute;n &ldquo;sosa y tonta&rdquo;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [tarda en contestar] Me da igual. Miro a otro lado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y gira, literal, la cabeza y lanza su escepticismo lejos, oblig&aacute;ndole a uno a dudar si lo deposita fuera de la estancia, fuera del recinto o fuera de la ciudad. Lo seguro es que descansa junto a unos ladrillos pesados, lejos del cielo por el que vuelan los camaleones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Hemos entrado en un periodo de decadencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No [pone cara de susto]. Eso es muy serio. Supongo que hay decadencia en unas cosas y simple tiempo de nacimiento para otras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El nacimiento de unas cosas -pongamos, la barbarie- puede significar el fin de lo opuesto -digamos, la ilustraci&oacute;n-. No hay por qu&eacute; celebrar todo cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde la cultura se tienen a veces percepciones de la realidad que no encajan con los acontecimientos propios del momento&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Que lo que venga sea peor? No lo s&eacute;. En Uruguay no veo mucha decadencia. En Europa lo mismo es distinto. Les pasa que son viejos como yo. Tambi&eacute;n le digo que desde la cultura se tienen a veces percepciones de la realidad que no encajan con los acontecimientos propios del momento. Si est&aacute;n en decadencia en Europa lo tienen que determinar ustedes. Ser&iacute;a muy atrevido que yo me pronunciase. Pero si est&aacute;n en periodo de decadencia, pobres personas las que les sucedan.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Respecto del identitarismo, parece que viene de Estados Unidos. De campus en los que retomaron viejas ideas minoritarias fracasadas. Luego la revisi&oacute;n, en tal caso, fue hecha por un pa&iacute;s joven&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Al joven le enga&ntilde;an igual que al viejo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En varios relatos se muestra cr&iacute;tica no s&eacute; si con el hombre o con el progreso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Puede ser la misma cosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En uno dice: &ldquo;Desde lo m&aacute;s alto se le est&aacute; pidiendo a los hombres distra&iacute;dos un esfuerzo por detener este desvencijamiento, este derrumbe del m&aacute;s puro y menos defendido bien que hayamos heredado&rdquo;. A pesar del tono, quiz&aacute; pretendidamente ambiguo, el texto tiene un esp&iacute;ritu inequ&iacute;voco de reprobaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Puedo estar hablando de la civilizaci&oacute;n, de la bondad, de algo b&iacute;blico, prof&eacute;tico, tampoco lo s&eacute;. De la presencia del hombre en la tierra. De la noci&oacute;n misma de progreso. Son textos que escrib&iacute; hace mucho&hellip; no s&eacute; qu&eacute; me movi&oacute; a ellos. Yo hablo de un cielo que se cae, hasta ah&iacute;. Y utilizo una primera persona masculina desde las alturas, que suena grande y que planea sobre el colectivo. &iquest;Indicios de un desastre? No lo s&eacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Aceptemos las cosas seg&uacute;n vengan y la vida tal cual es&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habla de ruidos que proceden de la tierra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La culpa, la necesidad de estar en paz, de vivir en paz, la tradici&oacute;n&hellip; esos podr&iacute;an ser otros temas. El hombre no es mi personaje favorito. Prefiero los minotauros [r&iacute;e]. Conf&iacute;o poco en el hombre, pero si hemos llegado hasta aqu&iacute; es porque tambi&eacute;n tiene una parte positiva. Aceptemos las cosas seg&uacute;n vengan y la vida tal cual es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa postura, entre el pesimismo y la aceptaci&oacute;n, consta, disimulada, en muchas p&aacute;ginas de su obra. En el cap&iacute;tulo &lsquo;La ecolog&iacute;a&rsquo;, del libro <em>De plantas y animales</em> (2019), refiere a Dorst: &ldquo;El hombre apareci&oacute; como un gusano en una fruta&rdquo;. No cuesta imaginar a Vitale adscrita a ese enunciado. Las dudas emergen en forma de patada al tremendismo actual, esta vez con John Donne: &ldquo;El cielo est&aacute; perdido y la tierra tambi&eacute;n y nadie sabe d&oacute;nde ir a buscarlos. / Y los hombres confiesan libremente que este mundo est&aacute; agotado&rdquo;. Dudas y patadas porque Donne naci&oacute; en 1572. Muri&oacute; en 1631. Desde siempre han habitado la sospecha y el pesimismo. Quiz&aacute; sean un modo culto de estar en el mundo. Seguramente por eso avisa la autora de percepciones que no tienen que ver con los hechos. Vitale, para distanciarse, cuestiona: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; tan malo vegetar?&rdquo;. Pertenece a <em>Tiempo sin claves</em>, otro t&iacute;tulo sintom&aacute;tico. Critica el voluntarismo y afirma que para que existan brotes ha de haber antes una ra&iacute;z m&iacute;nima, y que &eacute;sta s&oacute;lo se logra a base de quietud y de hundimiento. De hecho, <em>De plantas y animales</em> empieza con Alberto Caeiro: &ldquo;Vi que no hay Naturaleza, / que la Naturaleza no existe, / que hay valles, monta&ntilde;as, planicies, / (&hellip;) / pero no un todo a lo que eso pertenezca&rdquo;. El hombre crea. El hombre destruye. Y, mientras tanto, pinta y escribe versos. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s podemos pedir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En todo momento hist&oacute;rico ha habido un sentimiento de fin. Por eso no s&eacute; si estamos en decadencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ejercer la autocr&iacute;tica demasiado puede ser negativo? &iquest;Puede contribuir al colapso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, y hay que precaverse. En todo momento hist&oacute;rico ha habido un sentimiento de fin. Por eso no s&eacute; si estamos en decadencia. Yo creo que cada d&iacute;a hay gente m&aacute;s tonta y por eso es tratada como tal. Lo entiendo. Es dif&iacute;cil salir adelante en libertad. Al mismo tiempo, hay gente maravillosa. Me gusta la gente. Soy feliz entre ella. Algunas personas tienen un exceso de negatividad. Los dirigentes, no. Ellos piensan en los votos. Lo peligroso es la negatividad social y veo que se da en los j&oacute;venes. Me gustar&iacute;a que no fuera as&iacute; y se dedicaran a disfrutar, a salir, a leer&hellip; La juventud es una etapa dif&iacute;cil. Yo fui feliz. &iquest;Usted?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A los j&oacute;venes parece que todo les acecha. Es peligroso para ellos demasiado discurso pol&iacute;tico. Tambi&eacute;n demasiada apertura. Yo creo que todo tiene que ser equilibrado. Siento que, en general, habr&iacute;a que mandar alg&uacute;n mensaje de esperanza. Est&aacute;n preocupados por el trabajo, por la naturaleza...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay libros que hablan de ecoansiedad y de ni&ntilde;os con pesadillas, que ri&ntilde;en a los padres si gastan agua en la ducha o si tiran la basura en el cubo equivocado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A m&iacute; tambi&eacute;n me preocupa la naturaleza, pero no alarmemos: pensemos en la salud mental de los j&oacute;venes. Se sacan las cosas de quicio. Parecer&iacute;a que algunos temen la civilizaci&oacute;n. Se puede retroceder frenando el progreso y tambi&eacute;n apelando a &eacute;l. Qu&eacute; s&eacute; yo. Supongo que el punto medio es el mejor. Eso se sabe desde hace mucho. Cambiar las cosas requiere un proceso lento. Tambi&eacute;n es verdad que hay voces que indican que hay que darse prisa [se encoje de hombros]. No lo s&eacute;. Prefiero no pensar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pensar es atascarse, dice, textualmente, en una p&aacute;gina del libro &uacute;ltimo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ah, s&iacute;? Pues me gusta [r&iacute;e].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Pecamos de excesivo racionalismo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Puede ser [se queda callada. Dos veces hace adem&aacute;n de hablar. No se decide. Un p&aacute;jaro se posa cerca, parece que la mira. Ella no lo ve. Queda a su espalda].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted ofrece, en <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>, una imagen positiva de la ciudad. &ldquo;La ciudad -todav&iacute;a las hay- con la bendita cualidad de gozar de un cielo limpio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo no he terminado de saber d&oacute;nde se vive mejor. Me gusta el campo, pero vivo fuera de &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La ciudad, en s&iacute; misma, no es mala. Parece un invento bueno, &iquest;no? Los pulmones pueden estar m&aacute;s limpios en el campo. Yo no he terminado de saber d&oacute;nde se vive mejor. No lo s&eacute;. Podr&iacute;a resumir mis contradicciones en que me gusta el campo, pero vivo fuera de &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En Montevideo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Montevideo es todav&iacute;a una ciudad-poco ciudad. Est&aacute; al borde de un r&iacute;o que para nosotros es como un mar. Los que viven cerca de la desembocadura tienen esa impresi&oacute;n. Yo vivo en el medio. Del otro lado est&aacute; Argentina. No se la ve.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que no se ve, pero est&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ense&ntilde;anza que aportan la poes&iacute;a y, seg&uacute;n se ve, la geograf&iacute;a [echa a re&iacute;r].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y la religi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tambi&eacute;n [reconoce, sin entusiasmo]. El r&iacute;o de la Plata ofrece unas tormentas importantes. Yo viv&iacute; siempre cerca del mar, a cuatro cuadras. La playa -hay mar por todos lados- es importante para el montevideano. El mar se vuelve una compa&ntilde;&iacute;a, aunque es un peligro. Cuando yo era chica o&iacute; que alguien se ahog&oacute;. Una persona mayor. Le dio un mareo. Se ahog&oacute;, nadie se enter&oacute;. Algo as&iacute;. Eso me infundi&oacute; temor al agua. Terror casi.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No aprendi&oacute; a nadar?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No me apetec&iacute;a arriesgarme [r&iacute;e]. &iexcl;Y eso que lo ten&iacute;a cerca! No es el caso de quien vive lejos y va al mar una vez cada muerte de obispo. No. Yo lo ten&iacute;a ah&iacute;. Pero me inspiraba respeto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le inspiraba. Ahora es distinto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora terror no siento ante nada. Tampoco paso cerca. Me gusta tenerlo a distancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - <em>Montevideo</em> ha titulado una novela Vila-Matas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No sab&iacute;a&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted le defendi&oacute; para el Cervantes contra el criterio oficial, no s&eacute; si inductor, incluso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qui&eacute;n gan&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Joan Margarit.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah [y da la impresi&oacute;n de que no le ubica o se ha olvidado de &eacute;l]. Cuando defend&iacute; a Vila-Matas, &iquest;hab&iacute;a salido el libro? [pregunta, extra&ntilde;ada].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. Ha salido hace poco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Menos mal, podr&iacute;an haber pensado que hab&iacute;a implicancia [r&iacute;e]. &iexcl;Qu&eacute; raro que se le haya ocurrido titular as&iacute; una novela! &Eacute;l no ha estado en Montevideo. O s&iacute;, pero no le vi. &iquest;Qu&eacute; contiene el libro?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo lo veo como un viaje por ciertos hitos, m&aacute;s o menos transformados, de su obra. A Montevideo le dedica un cap&iacute;tulo. La excusa es el cuento de Cort&aacute;zar &lsquo;La puerta condenada&rsquo;, que transcurre en el hotel Cervantes. Ahora que lo pienso, no s&eacute; si existe realmente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, cambi&oacute; de nombre: Hotel Esplendor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Eso refiere &eacute;l. Entonces es verdad. El caso es que proyecta un viaje para buscar la habitaci&oacute;n del cuento. Pero no es monogr&aacute;fico: salen Barcelona, Par&iacute;s, las Azores, Londres&hellip; hasta Reikiavik.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [asiente complacida] Lo conoc&iacute; porque era &iacute;ntimo de &Aacute;lvaro [Mutis]. Yo siempre me cuid&eacute; de no llegar a los dem&aacute;s a trav&eacute;s de &Aacute;lvaro porque, entre novelistas, puede haber celitos. No era el caso: entre los dos se percib&iacute;a camarader&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No le vot&oacute; por amistad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nunca la hubo. Coincidimos puntualmente hace mucho. Le vot&eacute; por sus libros, obvio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Mutis siempre habl&oacute; en t&eacute;rminos muy positivos de usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Con mi marido se dio una relaci&oacute;n estrecha. Y con la mujer de &Aacute;lvaro, qu&eacute; persona tan bell&iacute;sima. Con ellos hubo desde el principio muy buena relaci&oacute;n. Son personas generosas y abiertas, como recuerdo a Vila-Matas. Han vivido mucho, tambi&eacute;n en los libros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y tienen sentido del humor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni que hablar. Eso forma parte del hombre total.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &ldquo;Hombre total&rdquo;... Usted recurre al uso gen&eacute;rico del masculino en sus libros: &ldquo;el hombre en su ceguera&rdquo;; &ldquo;los hombres tej&iacute;an proyectos&rdquo;...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Claro. Los hombres. La comunidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje inclusivo son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; le parece el lenguaje inclusivo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Son rachas. Me da igual. Las particiones las veo absurdas. Nos hace perder, eso pienso. Habr&aacute; quien lo vea de otra manera. Para m&iacute; son guerras que se alejan de lo importante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted incurre en algo incluso que se prestar&iacute;a a ser tachado como <em>estereotipos de g&eacute;nero</em>: &ldquo;Los guardabosques espiaban como vecinas chismosas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [encoge sus hombros] A veces la gente, por defender causas que considera justas, se inclina a los extremos. Una pena. Y piensa que los dem&aacute;s son esto y aquello simplemente porque tienen una opini&oacute;n distinta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Con qu&eacute; intensidad se da el fen&oacute;meno en su pa&iacute;s?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Uruguay ha tenido muchos defectos, pero tambi&eacute;n algunas virtudes. No hay gente dando vueltas al lenguaje, no hay teor&iacute;as de esas&hellip; Los dos sexos disfrutan de una ense&ntilde;anza com&uacute;n. En la educaci&oacute;n est&aacute; la igualdad real. Las cosas en Uruguay se dan, creo, con naturalidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Hace un par de a&ntilde;os, Buenos Aires, Argentina, sac&oacute; de la ense&ntilde;anza el lenguaje inclusivo. Antes, Francia lo hab&iacute;a retirado de los programas docentes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En Uruguay hay un organismo llamado Administraci&oacute;n Nacional de Educaci&oacute;n P&uacute;blica. Hace unos a&ntilde;os emiti&oacute; una circular para limitarlo. No son cosas que me preocupen. No veo que tengan que ver mucho con la literatura. S&iacute; creo que es bueno que los ni&ntilde;os y los adolescentes reciban una educaci&oacute;n lo m&aacute;s neutra posible, sin sesgos ni ideolog&iacute;as. Hay que ir al colegio a recibir clase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Reclama contenidos acad&eacute;micos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que pasa es que hay modas&hellip; [hace una pausa] Tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso. Pero eso a m&iacute; no me toca. Les toca a ustedes, los que tienen a&ntilde;os por delante. No hay que aceptar todo lo que viene por el hecho de que viene.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En su infancia [naci&oacute; en 1923] &iquest;s&iacute; percibi&oacute; un entorno machista?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo habr&iacute;a, como lo hay en todos lados, pero yo me cri&eacute; en una casa en la que ten&iacute;an m&aacute;s peso las mujeres que los hombres. Todas estudiaron y todas hicieron carreras, por cierto, m&aacute;s o menos culturales. Yo no sent&iacute; ninguna diferencia de trato con ning&uacute;n hombre. Y si no la sent&iacute; entonces, ahora menos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Su madre muri&oacute; cuando era peque&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por eso me cri&eacute; con una t&iacute;a a la que me confi&oacute; mi padre. Era directora de un colegio con cierto prestigio. Mi padre no intervino para nada en mi educaci&oacute;n, lo digo en el mejor de los sentidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Un matriarcado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un matriarcado, si acaso muy especial. Estaba mi abuela, que ya hab&iacute;a cuidado a un mont&oacute;n de hijos, y le tocaba descansar. Hab&iacute;a t&iacute;os&hellip; &iquest;qu&eacute; quiere que le diga?: a unos los quer&iacute;a&hellip; otros no me gustaban [risas]; vamos, una familia normal. Mi padre fue la persona m&aacute;s alejada que tuve. Me vino bien. Lo disfrut&eacute;. Antes los hombres pasaban mucho tiempo fuera de casa. Y en mi caso se daba la circunstancia de que &eacute;l confiaba en esa t&iacute;a pedagoga.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Tuvo una vida privilegiada o con facilidades?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No nos empujaron a trabajar, eso es cierto. Pero yo creo que todo fue normal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em> dedica un relato a Zen&oacute;n, disc&iacute;pulo de Parm&eacute;nides. &iquest;C&oacute;mo es su relaci&oacute;n con los presocr&aacute;ticos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No tengo una relaci&oacute;n &iacute;ntima [r&iacute;e]. Son nombres a los que visitaba cuando llevaba una vida intelectual activa. Ahora me dejo llevar. Me gusta mirar por la ventana, sentarme [r&iacute;e]. Eso siempre me ha gustado, &iquest;eh? He sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila. Los presocr&aacute;ticos me pillan un poco lejos. No tengo inclinaci&oacute;n manifiesta sobre ninguno, pero le dir&eacute; que ya de chica distingu&iacute;a entre Roma y su cultura, y Grecia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Inclin&aacute;ndose por&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por Grecia, evidentemente. Despu&eacute;s, cuando estudi&eacute;, estuve m&aacute;s cerca, por desgracia, del mundo del Derecho, o sea, del que puede venir directamente de Roma. De muy ni&ntilde;a registr&eacute; la presencia de mi abuelo [vuelve a desviar la mirada]. Evidentemente, fue una persona culta. Dir&iacute;a que no le <em>conoc&iacute;</em>, que le <em>registr&eacute;</em>&hellip; Fue abogado y ten&iacute;a una biblioteca formidable que hered&eacute;, en parte, compuesta por textos legales. A mi abuelo le hac&iacute;a representante de ese mundo latino que situaba al margen de mi inter&eacute;s. El mundo heleno era otra cosa. En casa tambi&eacute;n hab&iacute;a mucho libro de esa otra parte. Y, gracias a la biblioteca de la t&iacute;a pedagoga, novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; me dice de la poes&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Menos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Cu&aacute;ndo se zambulle en ella?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En la escuela de mi t&iacute;a. No me faltaron libros prestados, pero entr&eacute; de verdad en ella en la biblioteca de ese centro. Ten&iacute;a que esperarla para volver a casa juntas. Entonces me entreten&iacute;a con los libros. En mi recuerdo, todos eran de poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde luego, no me gusta la falta de libertad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La griega parece una sociedad m&aacute;s libre que la romana. Usted tambi&eacute;n es libre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Supongo. Desde luego, no me gusta la falta de libertad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Con la edad se va ganando?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La libertad se descubre sin esfuerzo. El hecho de que mi padre estuviera mucho tiempo fuera -y yo a cargo no s&oacute;lo de mi abuela, tambi&eacute;n de un t&iacute;o que ten&iacute;a un problema cardiaco, y que permanec&iacute;a muy quieto en casa-, favoreci&oacute; que me criase de un modo independiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Hasta qu&eacute; punto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Bueno, me dejaban hacer lo que yo quer&iacute;a. No me preguntaban en qu&eacute; andaba o ad&oacute;nde iba. Lo har&iacute;an, pero no se crea que tanto. Una vez mi t&iacute;a llam&oacute; a casa preguntando por m&iacute;, y mi abuela le dijo: &ldquo;&iexcl;Pero ella nunca est&aacute; a esta hora!&rdquo;. Ser&iacute;an las tres o las cuatro de la tarde. &ldquo;&iquest;Y ad&oacute;nde va?&rdquo;. &ldquo;Ah, no s&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y d&oacute;nde iba?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Pues a otra biblioteca [r&iacute;e]. A una que hab&iacute;a a tres cuadras. Un d&iacute;a entr&oacute; una se&ntilde;ora m&aacute;s o menos conocida y se acerc&oacute; a mirar qu&eacute; andaba leyendo. Era una novela, no buscaba all&iacute; libros de estudio, obvio. Hizo un gesto desaprobatorio: &ldquo;Ah, yo te cre&iacute;a m&aacute;s seria&rdquo; [r&iacute;e]. Yo le&iacute;a lo que me daba la gana. &ldquo;Los diccionarios los pido m&aacute;s tarde&rdquo;, respond&iacute; [y r&iacute;e m&aacute;s]. &iexcl;Esa idea tan primaria de lo que debe ser una biblioteca! Me sent&iacute;a importante estando all&iacute;. Lo pasaba muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le quiero preguntar por los p&aacute;jaros. Salen en sus relatos, en sus poemas, en sus entrevistas &ndash;hace poco, en una, emple&oacute; la frase &ldquo;gastar p&oacute;lvora en chimango&rdquo;-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un chimango es un p&aacute;jaro peque&ntilde;o que no cuenta para nada, una cosa muy uruguaya.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su poes&iacute;a est&aacute; marcada por la bot&aacute;nica y por los animales m&aacute;s que por la ciencia y la filosof&iacute;a. En <em>Tiempo sin claves</em> salen golondrinas. En <em>Procura de lo imposible</em> (1998), mirlos, palomas, colibr&iacute;s. En <em>Sue&ntilde;os de la constancia</em>, mariposas. En <em>L&eacute;xico de afinidades</em> (1994) vemos p&aacute;jaros convertidos en alegor&iacute;a. En <em>Oidor andante</em> (1972), hay alondras. Esto, en un recuento muy somero. En <em>M&iacute;nimas de aguanieve</em> (2015) llega a dedicar una secci&oacute;n entera a los p&aacute;jaros. Qu&eacute; decir del volumen <em>De plantas y animales</em>, encabezado por una cita de Niels Bohr: &ldquo;El espacio es azul y en &eacute;l pasan los p&aacute;jaros&rdquo;. Dentro, grajos, alondras, loros, palomas, urracas, mariposas&hellip; Y, cuando parece que en un sitio no los hay, aparecen mediante personaje interpuesto: &ldquo;Viene el &aacute;ngel de raso, replegadas las alas&rdquo;, dice en &lsquo;Anunciaci&oacute;n&rsquo;, perteneciente a <em>Reducci&oacute;n del infinito</em>, en el que hay otro titulado &lsquo;Orden de &aacute;ngeles&rsquo;. Los &aacute;ngeles, sabemos por Rilke, en <em>Historias del buen dios</em>, que bien pueden ser p&aacute;jaros. &lsquo;Dios Padre dijo: &ldquo;Los p&aacute;jaros tienen que permanecer en el lugar donde yo los he puesto&rdquo;. Pero se acord&oacute; de que, a petici&oacute;n de los &aacute;ngeles, los hab&iacute;a dotado de alas para que en la Tierra hubiese tambi&eacute;n algo parecido a las criaturas angelicales&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay toda una tradici&oacute;n po&eacute;tica con las aves.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Yo me desligo de ella [mueve las manos y resta importancia]. El inter&eacute;s en m&iacute; no es l&iacute;rico ni simb&oacute;lico. Se me llenaron los poemas de animales, yo no los met&iacute;. Debi&oacute; de producirse por la presencia ausente de otra t&iacute;a dedicada a la Historia Natural. Era muy ni&ntilde;a cuando falleci&oacute;. De ella s&eacute; lo que me contaron.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La menciona al comienzo de <em>De plantas y animales</em>: Ida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - As&iacute; es. De ella hered&eacute; el nombre. Efectivamente, ese libro, tan centrado en la naturaleza, se presta a mencionarla. Creo que ah&iacute; explico que no s&oacute;lo le debo mi nombre, sino mi cuarto: recib&iacute; el suyo, con sus libros, sobre todo de ciencia. Total, en vez de novelas, me tocaba leer vidas de bichos [r&iacute;e]. Y los integr&eacute; en m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Supongo que a los p&aacute;jaros les sucede como a las personas: cuando pierden la libertad se acostumbran&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes hab&iacute;a p&aacute;jaros enjaulados en las casas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, claro, en la m&iacute;a tambi&eacute;n hubo. Pajaritos. Pobres. Recuerdo que mi abuela ten&iacute;a uno libre, circulando por casa [lo dice seria, como si fuera normal o comprensible o recomendable]. Imagino [cambia la voz, que se vuelve socarrona] que le habr&iacute;an recortado las alas para que no fuera lejos. No tengo ni idea [r&iacute;e], es un decir [sigue riendo]. Yo siempre tuve su ejemplo en mente, y me llev&oacute;, en otra &eacute;poca, a hacer lo mismo. Ten&iacute;amos entonces un ejemplar cautivo. Yo atravesaba un corredor que daba a la cocina y, una vez en ella, bajaba la jaula a una mesa, y abr&iacute;a la puertecita. Y &iquest;sabe qu&eacute;?: &iexcl;el p&aacute;jaro no sal&iacute;a! Ten&iacute;a que meter la mano y obligarle. Aun as&iacute;, se quedaba cerca del armaz&oacute;n. Cuando descubr&iacute;an lo que hab&iacute;a hecho, ven&iacute;an todos a chillarme: &ldquo;&iquest;&iexcl;No te das cuenta de que se puede meter en una olla!?&rdquo; El p&aacute;jaro nunca sal&iacute;a de la jaula. Era un canarito. Supongo que a los p&aacute;jaros les sucede como a las personas: cuando pierden la libertad se acostumbran.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Qu&eacute; reflexi&oacute;n!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es as&iacute;. Llega un punto en que, si no ves las cadenas, las echas de menos. Ten&iacute;a canarito. No perro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Gato?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tampoco. Despu&eacute;s s&iacute;. Cuando tuve independencia de elecci&oacute;n siempre intent&eacute; tener bichos a mano. Y gatos. Bichos y libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir requiere dos contrarios: mucha tranquilidad y mucha actividad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Suele dejar dormir los libros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En general, s&iacute;. <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em> tuvo una composici&oacute;n prolongada. Empez&oacute; siendo una cosa y acab&oacute; otra. Nunca he tenido la sensaci&oacute;n de que hubiera alguien esperando para quitarme de las manos lo que escrib&iacute;a. Adem&aacute;s, es dif&iacute;cil que a la primera salga algo duradero. A m&iacute;, desde luego, no me pasa. Siempre hay algo que corregir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En poes&iacute;a, &iquest;trabaja la idea?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;, pero en la primera escritura. Luego corriges el estilo. Pero la idea debe estar al principio. Esa primera escritura ya lleva su trabajo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Trabajo aparte, &iquest;le sale f&aacute;cil? Me refiero a ese primer impulso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me sal&iacute;a f&aacute;cil. Ahora no escribo. Me da igual. Escribir requiere dos contrarios: mucha tranquilidad y mucha actividad. Tranquilidad para disponer de tiempo y energ&iacute;a, que pierdes al escribir. Y luego, leer y tener inquietud ante la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Estoy al final de la &uacute;ltima etapa. Es natural que tenga la sensaci&oacute;n de haber dicho todo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Escribir es cansado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aunque sea un p&aacute;rrafo. Pero lo hacemos porque queremos. Yo, aunque a veces no me d&eacute; cuenta, estoy al final de la &uacute;ltima etapa. Es natural que tenga la sensaci&oacute;n de haber dicho todo. Me llaman de sitios para leer mis poemas o para que hable, y me gusta moverme y atender a la gente. Creo que es una suerte que alguien le preste atenci&oacute;n a tu poes&iacute;a. Pero para escribir hay que tener la cabeza muy bien; yo no la tengo mal, pero no tengo ganas de agobios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No est&aacute; cansada pero tampoco se quiere cansar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Algo as&iacute; [r&iacute;e]. Leer, leo. Pero escribir -aunque un libro siempre ha sido una tentaci&oacute;n- es algo que pas&oacute;, es algo que no volver&aacute; a suceder.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La muerte, &iquest;qu&eacute; sensaci&oacute;n le produce? Igual est&aacute; cansada de o&iacute;r esta pregunta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues no. No se deben de atrever a hac&eacute;rmela. Miedo, ninguno. Miedo me da perder gente. En general, est&aacute; sana la que tengo a mi alrededor. Pero ha habido bajas. Y se cumple lo de pensar en tiempos muy lejanos: yo a diario recuerdo gente de atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Normal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se me viene una compa&ntilde;era de clase, un poco mayor, que entr&oacute; al liceo tarde, por un episodio de tuberculosis. Una t&iacute;a m&iacute;a tambi&eacute;n estuvo tuberculosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Una enfermedad rom&aacute;ntica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues entonces en el siglo XX segu&iacute;amos siendo rom&aacute;nticos [r&iacute;e]. En Uruguay era rara la familia que no ten&iacute;a casos. No se sabr&iacute;a que era tan contagiosa y no se tomar&iacute;an precauciones. Qu&eacute; s&eacute; yo. Pero, seguir, segu&iacute;a existiendo. Aquella compa&ntilde;era era muy inteligente, encantadora. Su familia, tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;La enfermedad cort&oacute; su relaci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. La madre, obviamente, quer&iacute;a que su hija tuviera amigas, y esa era una cosa dif&iacute;cil. Yo la visitaba, estudiaba con ella, y la madre ven&iacute;a cada poco a controlar que no me acercara mucho. Yo guardaba mis precauciones, por eso jam&aacute;s coment&eacute; en casa que iba a la de ella [vuelve a salir su lado <em>mal&eacute;volo</em>]. No quer&iacute;a que me privasen de ir. Adem&aacute;s&hellip; ya se hab&iacute;a medio curado... No corr&iacute;a demasiado peligro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muy audaz, usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No se crea. Me cri&eacute; con cierto miedo. Al margen de esa t&iacute;a que le he dicho, m&aacute;s de un t&iacute;o m&iacute;o contrajo la enfermedad. No pensaba en el c&aacute;ncer, que puede ser m&aacute;s letal. Pensaba en la tuberculosis. El miedo a contagiarme fue uno de esos terrores secretos que tuve.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes sali&oacute; el mar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya van dos [r&iacute;e]. El del mar era fuerte tambi&eacute;n. Igual de &iacute;ntimo, pero menos intenso. Mi abuela hablaba siempre de la tuberculosis. Era un tema recurrente. Y yo iba a escondidas con mi amiga. Por suerte no hab&iacute;a demasiado control. En una familia promedio de hoy, habr&iacute;a sido una pesadilla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay m&aacute;s l&iacute;mites.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por todos lados. Todos piensan en ti, todos se preocupan por ti [r&iacute;e, sard&oacute;nica]. La vida antes&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ten&iacute;a m&aacute;s encanto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era m&aacute;s humana. Y no por ello, m&aacute;s peligrosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aunque su familia le dejaba libre, incurr&iacute;a en mentirijillas y omisiones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [r&iacute;e] Pero me portaba bien. Una vez a una t&iacute;a le dio por controlarme. Me sigui&oacute;. Cuando vio que iba a la biblioteca, no volvi&oacute; a seguirme. En casa estaba medio sola y aburrida: hab&iacute;a un t&iacute;o, mi abuela y una empleada. Nadie m&aacute;s. Pues sal&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que no salen, en su &aacute;ngulo de visi&oacute;n, son los p&aacute;jaros. Y los echa en falta. Ve la Residencia igual que siempre... salvo en eso. Recuerda que una vez permaneci&oacute; tres meses seguidos aqu&iacute;. &ldquo;Es emocionante. Uno se va, pero las cosas siguen intactas a la espera de otros. Hay pocos p&aacute;jaros. Eso s&iacute; me extra&ntilde;a. Esto deber&iacute;a estar lleno [se&ntilde;ala un exterior ajardinado]. Nada les perturbar&iacute;a. &iquest;Ser&aacute; que en la ciudad hay pocos?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo hab&iacute;a o&iacute;do que, al rev&eacute;s, vienen a comer, que los contenedores son un fest&iacute;n para ellos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ac&aacute; no se oye uno ni por chiripa. En Montevideo, s&iacute;. Gorriones, no se crea: ning&uacute;n p&aacute;jaro prestigioso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De joven, coleccion&oacute; una revista &iacute;ntegramente dedicada a los p&aacute;jaros. Las revistas eran, entonces, un veh&iacute;culo cultural de primer orden. Afirma que hubo buenas publicaciones en el R&iacute;o de la Plata, sobre todo, argentinas, pero igualmente uruguayas. Tan presentes estaban que fund&oacute; una.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el liceo-preparatoria creamos una que se llamaba Clinamen. &iexcl;Qu&eacute; mal elegimos el nombre!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiene un poema as&iacute; titulado en <em>Procura de lo imposible</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vaya memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No se crea. Solamente es un t&iacute;tulo poco habitual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un poema se puede llamar as&iacute;, una revista, no. Pusimos muchas ganas en ella. Hab&iacute;a que hacer de todo, no s&oacute;lo escribir, hasta conseguir fondos para la impresi&oacute;n. &Iacute;bamos por la ciudad, en busca de dinero. No tengo ni un ejemplar. En alguna mudanza se perdieron los n&uacute;meros. Sacamos media docena, no m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habr&aacute; en bibliotecas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Deber&iacute;a. No me ha dado por mirar. Ser&iacute;a curioso. A ver si a la vuelta busco. Me interesa ver los errores que pude cometer en aquella &eacute;poca. Aprend&iacute; a ser piadosa reley&eacute;ndome. Publicar siempre es un problema. Me acuerdo de lo que sufr&iacute;a, pensando &lsquo;y qu&eacute; voy a hacer con todo esto&rsquo;. Siempre hay gente compasiva; profesores, por ejemplo, que apoyan. &iquest;Le suena Carlos Sabat Ercasty?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nombre raro. Sabat hay pocos, Ercasty nadie. Ercasty suena como vasco. A m&iacute; me lo parece. Public&oacute; mucho. Sobre todo, poes&iacute;a. Se tir&oacute; d&eacute;cadas escribiendo. Era el padre de una compa&ntilde;era. Era muy conocido en los entornos de la escuela, me refiero a la que dirig&iacute;a mi t&iacute;a. Su titularidad era privada, pero el precio, bajo: cab&iacute;a mucha gente. A un lado estaba la secci&oacute;n femenina; al otro, la masculina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre me he sublevado ante la idea de que el italiano sea una lengua de segunda&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Qu&eacute; importantes son los profesores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Ahora se me viene a la cabeza una mujer mayor, tranquila, no precisamente simp&aacute;tica. Impart&iacute;a italiano. La quise mucho. Estuvo sola en el Uruguay mientras duraba la guerra en Europa. Me parec&iacute;a penoso que estuviera sola. Una profesora excelente. Recuerdo a otra, de sexto a&ntilde;o, joven, extranjera. Viv&iacute;a sola y le gustaba la historia natural. Hab&iacute;a buen ambiente. La gente mandaba a sus hijos al liceo franc&eacute;s para que salieran con el idioma aprendido; luego hab&iacute;a colegios ingleses y alemanes -cuando la guerra, Uruguay fue antialem&aacute;n-. El colegio italiano fue perdiendo peso. Todos mis t&iacute;os y mi padre acudieron a &eacute;l. Hoy no va nadie. Siempre me he sublevado ante la idea de que el italiano sea una lengua de segunda. Quiz&aacute; se ten&iacute;a esa visi&oacute;n porque hab&iacute;a mucho descendiente de italiano que hablaba mal espa&ntilde;ol. A m&iacute; me parece una lengua divina. La recib&iacute; un a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Lee en italiano?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Nunca lo he dejado. Ten&iacute;a m&aacute;s facilidad con el franc&eacute;s, impartido por otra buena profesora. Lo que nunca aprend&iacute; bien fue ingl&eacute;s. La profesora ceceaba&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El centro de su t&iacute;a, &iquest;era moderno para la &eacute;poca?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Durante el siglo XIX s&oacute;lo ten&iacute;a secci&oacute;n de varones y fue importante. Mi t&iacute;a introdujo a las mujeres. &iquest;Moderna? S&iacute;. Hab&iacute;a dos tipos de educaci&oacute;n: <em>liceo normal</em>, para los que quer&iacute;an hacer carrera; y <em>liceo de la joven</em>, donde ense&ntilde;aban a tejer y ofrec&iacute;an algo as&iacute; como un barniz cultural. Era para las ni&ntilde;as casaderas [r&iacute;e]. Bordaban los ajuares. Nosotros, los que &iacute;bamos al normal, no ten&iacute;amos contacto con las que iban a bordar. Eran dos mundos separados. Pero, s&iacute;, fue un centro avanzado. Y tener buenos profesores, efectivamente, es muy importante. A nivel humano y acad&eacute;mico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sabiendo que su t&iacute;a era la directora, se portar&iacute;an bien con usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me ten&iacute;an terror. Sab&iacute;an que, a trav&eacute;s de mis cuadernos, mi t&iacute;a las controlaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Al comienzo cit&oacute; Derecho.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que pretend&iacute; hacer Derecho. Hice unos cuantos ex&aacute;menes y plant&eacute; bandera. Me aburr&iacute;an las clases. No terminaba de entrar en la materia. Me recuerdo diciendo: &ldquo;Nos env&iacute;an aqu&iacute; para que aprendamos a estafar&rdquo; [r&iacute;e]. Un d&iacute;a, mi t&iacute;a me oy&oacute; y casi me mata [estalla en risa]. De primeras se call&oacute;. Muy astuta. Fue por la noche, despu&eacute;s de la cena, cuando me lo hizo saber: &ldquo;&iquest;Te puedo preguntar una cosa?&rdquo;. Jam&aacute;s usaba esa f&oacute;rmula. &ldquo;S&iacute;&rdquo;. &ldquo;En tu lenguaje, &iquest;qu&eacute; quiere decir estafar?&rdquo;. Yo no era consciente de que me hab&iacute;a o&iacute;do, no ten&iacute;a ni idea del por qu&eacute; me preguntaba. &ldquo;Pues qu&eacute; s&eacute; yo, cobrar m&aacute;s de lo que se debe a alguien, o usar un cuento para sacarle dinero a una persona&rdquo;. Se me qued&oacute; mirando: &ldquo;&iquest;Ese es el sentido que le das?&rdquo;. &ldquo;Supongo. Nunca la uso&rdquo;. &ldquo;&iquest;Est&aacute;s segura?&rdquo; [r&iacute;e] Mi t&iacute;a era de las que iba pasito a pasito. &iexcl;Qu&eacute; estupenda! Y luego estaba mi temor de que ella esperase que yo fuera, o quisiera ser, profesora. En la escuela, en el Uruguay, los que quieren ser maestros hacen pr&aacute;cticas mientras estudian. Y yo no daba el paso. Lleg&oacute; un d&iacute;a en el que no pude m&aacute;s y le coment&eacute; mis temores. Me contest&oacute;: &ldquo;Tranquila, ya s&eacute; que no est&aacute;s capacitada&rdquo;. Siempre iba un paso por delante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que le habr&iacute;a gustado estudiar es m&uacute;sica. No se vio dotada. &ldquo;Nunca supe escribirla ni tocar un instrumento. El que quer&iacute;a estudiar m&uacute;sica en Uruguay, pod&iacute;a&rdquo;. En casa no eran muy aficionados. S&iacute; lleg&oacute; a cantar en un coro. &ldquo;Luego, me plante&eacute; ir a clases de manera informal, pero lo fui retrasando -cualquier aprendizaje es absorbente- y al final, ya ve. Nada. No hay que posponer demasiado las cosas&rdquo; [r&iacute;e]. Le gusta la cl&aacute;sica. El tango, no; aunque lo considera <em>cercano</em>, &ldquo;una costumbre uruguaya&rdquo;. Prefiere Mahler, prefiere Bach. De alg&uacute;n modo, ella trata las s&iacute;labas en su verso como notas en un pentagrama. Dice que en Uruguay hay una radio oficial, Sodre, Servicio Oficial de Difusi&oacute;n Radioel&eacute;ctrica, con un buen repertorio, que escucha y que tiene una filial en la que se programa &ldquo;la m&uacute;sica de los pueblos&rdquo;. No desprecia las m&uacute;sicas populares italiana y espa&ntilde;ola: &ldquo;No est&aacute;n tan separadas de la m&uacute;sica culta, pero no me va nada lo que ahora suena como popular por la radio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los veredictos de la siesta siguen sin hacer mella. Hay en su cabeza tanta sangre como luz. Pero, desoyendo la advertencia de San Juan -trabaja mientras a&uacute;n tengas luz-, Ida Vitale ha renunciado a escribir. Uno entiende su renuncia. Para qu&eacute; m&aacute;s. Para qu&eacute; m&aacute;s, tambi&eacute;n, en esta entrevista. Nos vamos a despedir y se interesa por la funda de mis libros. Su hija Amparo Rama, que nos ha dejado a solas todo el rato, acaba de llegar. Parece que no oye, pero oye. Atenta, me dice: &ldquo;Ni se te ocurra d&aacute;rsela. El otro d&iacute;a, una chica se acerc&oacute; a ella y mi madre le dijo: &lsquo;Qu&eacute; zapatos m&aacute;s bonitos&rsquo;. Cuando nos quisimos dar cuenta, se los hab&iacute;a dejado en una mesa y hab&iacute;a marchado descalza&rdquo;. Eso es campo magn&eacute;tico. Ella es Ida Vitale.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:32:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Savater: “No soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-savater-no-soy-ni-quiero-ser-nacinalista-ni-de-izquierdas-ni-de-derechas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/sabater500.jpg" alt="" /></p>
<p>Con motivo de la publicaci&oacute;n de su &uacute;ltimo libro, <em>Carne gobernada</em>, tuve la oportunidad de conversar un rato a trav&eacute;s de Zoom con Fernando Savater, uno de los grandes referentes del ensayo, la filosof&iacute;a y la literatura de peri&oacute;dicos en Espa&ntilde;a desde hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. Yo desde Barcelona y &eacute;l desde su amada San Sebasti&aacute;n, pudimos charlar distendidamente sobre asuntos literarios, pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos. Recordar sus comienzos como escritor en los a&ntilde;os setenta, y la pol&eacute;mica que ha representado su expulsi&oacute;n de las p&aacute;ginas de <em>El Pa&iacute;s</em>, un rotativo del que hab&iacute;a sido parte fundamental desde el principio. Quiero agradecer a Fernando que tuviera la amabilidad de atenderme entre entrevista y entrevista y entre viaje y viaje. Tambi&eacute;n su paciencia con mi ineptitud t&eacute;cnica para las conversaciones v&iacute;a Internet.</p>
<p>- Si te parece empezamos hablando de tu &uacute;ltimo libro, <em>Carne gobernada</em>. Casi que el t&iacute;tulo parece una iron&iacute;a, &iquest;no? Porque, aunque dices que es un libro de vejez, las p&aacute;ginas rebosan del vitalismo que siempre te ha caracterizado, e incluso encontramos en &eacute;l una exaltaci&oacute;n del erotismo. &iquest;No ser&iacute;a mejor &ldquo;Carne ingobernable&rdquo;?</p>
<p>- Bueno, lo de &ldquo;Carne gobernada&rdquo;, aparte de que me gusta como suena el t&iacute;tulo, es un plato de la cocina asturiana que requiere de mucho tiempo para hacerse, que necesita de tiempo para adquirir su sabor. Me parec&iacute;a que por eso respond&iacute;a bien a lo que es el libro. Porque el libro es el precipitado de muchos a&ntilde;os. Es un libro que se ha ido cociendo a lo largo de mucho tiempo, por eso utilic&eacute; ese nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ahora escribo sobre recuerdos, sobre esperanzas o sobre desesperanzas m&aacute;s bien&rdquo;</strong></p>
<p>- Literariamente es tambi&eacute;n un libro muy interesante. En el pr&oacute;logo hablas de &ldquo;estilo tard&iacute;o&rdquo; para describirlo. Y no me parece una mala definici&oacute;n, en referencia a la libertad que adquiere el autor cuando ha alcanzado la madurez. Aqu&iacute; mezclas ensayo con autobiograf&iacute;a, al tiempo que tratas de asuntos pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos. Incluso practicando a veces una escritura que se asemeja a la de un diario &iacute;ntimo.</p>
<p>- S&iacute;, eso del &ldquo;estilo tard&iacute;o&rdquo; o de vejez, se lo invent&oacute; un poco Edward G. Said. Yo siempre hab&iacute;a hecho los libros planeados (en los casos en que el libro no era una simple recopilaci&oacute;n de art&iacute;culos). Vamos que sab&iacute;a lo que iba a poner en el libro. En este no. Este lo empec&eacute; casi al azar. No sab&iacute;a lo que iba a hacer. Terminaba un cap&iacute;tulo y empezaba el siguiente sin saber lo que iba a decir. Y me pareci&oacute; que eso respond&iacute;a a una cierta despreocupaci&oacute;n por mi parte. Que se me hab&iacute;a pasado ya la man&iacute;a de pensar que yo iba a escribir &ldquo;el gran libro&rdquo;. Ahora yo ya escribo &ldquo;cosas&rdquo;. Escribo sobre recuerdos, escribo sobre esperanzas, o sobre desesperanzas m&aacute;s bien [risas]. En ese sentido s&iacute; es un libro distinto a mis otros libros. Es un libro menos encorsetado, tal vez m&aacute;s desenfadado, &iquest;no?</p>
<p>- En realidad, los tuyos siempre han sido un poco as&iacute;. Porque me acuerdo de haber le&iacute;do la rese&ntilde;a que te hizo Carmen Mart&iacute;n Gaite en su momento cuando t&uacute; sacaste <em>La infancia recuperada</em>. A ella le encant&oacute; el libro, porque estaba trabajando por aquella &eacute;poca en lo que ser&iacute;a <em>El cuento de nunca acabar</em>, y destacaba que el tuyo era un ensayo escrito &ldquo;a lo gitano&rdquo;. Hoy en d&iacute;a no se podr&iacute;a decir as&iacute;, porque ser&iacute;a pol&iacute;ticamente incorrecto, pero ella lo dec&iacute;a en el sentido de que era un ensayo muy libre, poco encorsetado y muy poco acad&eacute;mico.</p>
<p>- No recuerdo exactamente lo que ella dec&iacute;a en la rese&ntilde;a, pero s&iacute; recuerdo que le gust&oacute; mucho el libro, lo cual a m&iacute; me hizo una gran ilusi&oacute;n, como te imaginar&aacute;s, porque yo a ella la ten&iacute;a en gran consideraci&oacute;n. Ahora que lo mencionas, s&iacute; que me acuerdo de que ella dijo algo as&iacute;. Y que le gust&oacute; el libro por eso. A lo mejor en la juventud yo ya ten&iacute;a un estilo de vejez [risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he sido una persona ingenuamente alegre&rdquo;</strong></p>
<p>- A lo mejor es que en la vejez sigues teniendo un estilo de juventud [risas]. Lo mismo que con la idea del vitalismo que te mencionaba antes. A pesar de la tragedia que has vivido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con el fallecimiento de tu esposa.</p>
<p>- Bueno, el tema del libro es un poco decir que uno no muere de pena. La vitalidad no muere, pero uno se acostumbra a vivir en la tristeza. Yo siempre he sido una persona ingenuamente alegre. Me despertaba como un jilguerillo. Pero eso ya no lo tengo. Estoy acostumbrado a la tristeza. Estoy acostumbrado a que en alg&uacute;n momento del d&iacute;a se me salten las l&aacute;grimas cuando me acuerdo de mi mujer. Como yo era un ne&oacute;fito de la tristeza, pensaba que no iba a durar mucho, que no se pod&iacute;a vivir estando triste. Pero me he dado cuenta de que s&iacute; se puede vivir teniendo un trasfondo de tristeza. Se puede vivir, se puede recordar, e incluso se puede disfrutar de la vida en una serie de aspectos.</p>
<p>- Y tambi&eacute;n est&aacute; el humor.</p>
<p>- Eso yo no me lo puedo quitar. Supongo que cuando me muera y me manden al infierno, como es natural, tambi&eacute;n encontrar&eacute; motivos para hacer chistes [risas]. Eso es algo que siempre me ha salido naturalmente.</p>
<p>- Tambi&eacute;n pasaba en <em>La peor parte</em>, tu anterior libro, incluso hablando de episodios que eran muy dolorosos para ti.</p>
<p>-<strong> </strong>S&iacute;, eso ya me lo dec&iacute;a una asistenta navarra que ten&iacute;an mis padres: &ldquo;Eres un ganso, eres un ganso&rdquo;. Bueno, pues siempre he sido un ganso [risas].</p>
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<p><strong>&ldquo;El tiempo no pasa en vano, pero creo que en mi pensamiento hay un fondo bastante constante&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Siguiendo con <em>Carne gobernada</em>, ya que hemos hablado un poco del enfoque literario del libro, podr&iacute;amos hablar ahora de tu tan pol&eacute;mico cambio de orientaci&oacute;n pol&iacute;tica. Yo soy de los que opina que en el fondo tu pensamiento no ha cambiado tanto.</p>
<p>- Yo tampoco creo haber cambiado tanto. Por ejemplo, en <em>El Pa&iacute;s </em>yo desde siempre mantuve pol&eacute;micas con los m&aacute;s izquierdistas, como Alfonso Sastre. Esas pol&eacute;micas yo las he tenido de toda la vida. Tambi&eacute;n en la facultad, en mi &eacute;poca de activista locoide, yo era anticomunista y antimarxista. &iquest;Tanto he cambiado? S&iacute;, claro que he cambiado. Por supuesto que he cambiado. No me averg&uuml;enzo de haber cambiado. Lo vergonzoso ser&iacute;a no haber cambiado nunca. Porque el tiempo no pasa en vano y no se puede pensar siempre lo mismo. Pero creo que en mi pensamiento hay un fondo bastante constante. Al menos yo creo que s&iacute;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo&rdquo;</strong></p>
<p>- Eso pienso yo tambi&eacute;n. T&uacute; siempre has estado en contra de la sumisi&oacute;n del individuo a los dogmas pol&iacute;ticos, fueran de izquierdas o de derechas, as&iacute; como a los dogmas religiosos, o de cualquier otra &iacute;ndole.</p>
<p>- S&iacute;, lo que pasa es que en Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo. O sea, que si t&uacute; te quitas el r&oacute;tulo parece que hayas cambiado de ideas. Aunque esto no sea as&iacute;. Lo que sucede es que el r&oacute;tulo ya no responde a tus ideas.</p>
<p>- Relacionado con esto, en bastantes de tus art&iacute;culos de opini&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os has hablado de lo que parece ser una crisis de la raz&oacute;n ilustrada que estamos viviendo en esta &eacute;poca. La idea misma de Ilustraci&oacute;n parece estar en crisis.</p>
<p>- Pues s&iacute;. La gente parece preocuparse mucho de lo que he cambiado yo, pero no se preocupa de lo que ha cambiado el Partido Socialista, por ejemplo. O de c&oacute;mo ha cambiado la izquierda en este pa&iacute;s. Efectivamente, como t&uacute; bien dices, hoy hay un rechazo cada vez mayor de las ideas ilustradas, y una introducci&oacute;n de identitarismos que antes parec&iacute;an lo contrario del progresismo. La exaltaci&oacute;n de lo identitario por encima del universalismo y del cosmopolitismo siempre hab&iacute;a sido considerado lo m&aacute;s reaccionario que hab&iacute;a. Hoy es la izquierda la que insiste en lo identitario por encima de lo universal y lo cosmopolita. El universalismo y el cosmopolitismo parecen ser vistos como cosas negativas. Yo casi te dir&iacute;a, como dec&iacute;a Churchill, que he cambiado de partido para no tener que cambiar de ideas [risas]. Esto me parece que es un poco lo que me ha pasado.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me indigna que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen&rdquo;</strong></p>
<p>- Luego parece haber habido una mutaci&oacute;n de conceptos, en principio positivos, como &ldquo;progresismo&rdquo; o &ldquo;feminismo&rdquo;, que han devenido en lo contrario de lo que deber&iacute;an ser.</p>
<p>- Claro, el contenido ha cambiado. En eso, las feministas han sido las primeras en saltar indignadas. Ahora resulta que Lidia Falc&oacute;n no es feminista, y que un se&ntilde;or con barba se convierte en mujer porque le ha parecido bien. Vivimos situaciones risibles. Como ese equ&iacute;voco que tuvo lugar en un programa de televisi&oacute;n en Canarias: el periodista que conduc&iacute;a el programa esperaba ver a una mujer cuando le dijeron que conectaban con una tal Emma Colao, y al ver que sal&iacute;a en pantalla un t&iacute;o calvo, dio por hecho que se hab&iacute;an equivocado al establecer la conexi&oacute;n y que hab&iacute;an conectado con el se&ntilde;or que ten&iacute;a que intervenir despu&eacute;s [risas]. A m&iacute; eso me indign&oacute;: que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen.</p>
<p>- Hace no tantos a&ntilde;os todos ten&iacute;amos claras estas cosas, pero ahora parece que no. Esto me hace pensar en una frase de <em>Carne gobernada</em> que me gust&oacute; mucho: &ldquo;a m&iacute; me han curado del izquierdismo a palos&rdquo;. &iquest;A qu&eacute; te refieres con eso?</p>
<p>- Hombre, uno siempre va con la ilusi&oacute;n de creer en la izquierda. Pero luego te pasa como con la religi&oacute;n, que en un momento dejas de creer. En que te das cuenta de que ya no crees. Antes pod&iacute;as ir a misa y comulgar, pero llega un momento en que dices: lo siento, pero yo ya no creo en esto. Hay un momento en que despiertas. Sobre todo, despu&eacute;s de vivir en el Pa&iacute;s Vasco y de ver a lo que se llama &ldquo;izquierda&rdquo; en el Pa&iacute;s Vasco. Ah&iacute; siempre ha sido as&iacute;. Si la izquierda es Otegi, pues yo no soy de izquierdas. Es dif&iacute;cil seguir siendo de izquierdas viendo a los representantes que la izquierda tiene a su alrededor. Viendo los muertos que est&aacute; dejando la izquierda, y viendo las barbaridades que est&aacute; sancionando la izquierda. Hay en un momento en que dices: bueno, pues yo me borro de esto.</p>
<p>- Es el retorno de lo identitario que ha bendecido la izquierda. Me recuerda a la expresi&oacute;n tuya que hizo fortuna del &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;- S&iacute;, claro. Eso se me ocurri&oacute; para la &uacute;ltima manifestaci&oacute;n que hicimos con Basta Ya. Est&aacute;bamos buscando una f&oacute;rmula que no se hubiera utilizado antes y se me ocurri&oacute; lo del &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;. Porque eso es lo que hemos tenido siempre en el Pa&iacute;s Vasco. Podemos tener un nacionalismo moderado u otro m&aacute;s radical, unos m&aacute;s de derechas y otros m&aacute;s de izquierdas, pero todos obligatoriamente nacionalistas. Como en la Edad Media cuando todo el mundo era cristiano. Unos eran m&aacute;s radicales, y otros eran incluso herejes, pero todos eran cristianos. Ahora vivimos lo mismo: todo el mundo tiene que ser nacionalista. Cuando yo no soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas. Pero ese es el magma en el que vivimos en algunas regiones, como el Pa&iacute;s Vasco o Catalu&ntilde;a.</p>
<p>- S&iacute;, en Catalu&ntilde;a nos pasa lo mismo.</p>
<p>- Lo s&eacute;. Estoy enterado. Pero lo de Catalu&ntilde;a no lo he conocido personalmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para estar en contra de las dictaduras, lo mejor es no ser marxista&rdquo;&nbsp; </strong></p>
<p>- Volviendo al libro, ya que hac&iacute;as ese comentario respecto a la Edad Media. En <em>Carne gobernada</em> dec&iacute;as que tu juventud estuvo permeada de marxismo, como la Edad Media lo estuvo de cristianismo.</p>
<p>- Bueno, en aquella &eacute;poca el marxismo era un poco lo que hab&iacute;a que aprender para ir contra Franco. Si t&uacute; no quer&iacute;as ser franquista, lo &uacute;nico que hab&iacute;a ideol&oacute;gicamente era el marxismo. Un marxismo de aquella manera, porque, como te puedes imaginar, nadie se le&iacute;a <em>El Capital</em>. Es un libro muy largo [risas]. Lo que le&iacute;amos eran res&uacute;menes de Marx. O hab&iacute;a quien se hac&iacute;a marxista existencialista, a lo Sartre. Ese era el marxismo que muchos, m&aacute;s o menos, ten&iacute;amos. Otros se hac&iacute;an marxistas m&aacute;s, digamos, rotundos. Pero, en fin, era lo que hab&iacute;a. Est&aacute;bamos todos, m&aacute;s o menos, dentro del marxismo. Un marxismo m&aacute;s o menos dogm&aacute;tico, o un marxismo m&aacute;s o menos &ldquo;liberal&rdquo;, por decirlo as&iacute;. Pero, repito, era lo que hab&iacute;a en aquel tiempo. Luego, claro, fuimos saliendo de &eacute;l, poco a poco, cuando supimos que uno pod&iacute;a respirar libremente fuera del marxismo. Pero vamos, en aquella &eacute;poca, hab&iacute;a la idea de que, para enfrentarse a Franco, para enfrentarse a las dictaduras, hab&iacute;a que ser marxista. Cuando m&aacute;s bien, para estar en contra de las dictaduras, lo mejor es no ser marxista.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que hay ahora en Espa&ntilde;a es un <em>izquierdismo obligatorio</em>&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No crees que despu&eacute;s del 15-M y de Podemos eso ha vuelto? En <em>Carne gobernada</em> cuentas la an&eacute;cdota de un joven escritor que afirma no haber escrito en su vida una sola l&iacute;nea que no fuera pol&iacute;tica. Eso me lo he encontrado a menudo hablando con escritores j&oacute;venes, que sostienen que todo es pol&iacute;tica, que todo es ideolog&iacute;a. Una noci&oacute;n t&iacute;pica del marxismo.</p>
<p>- S&iacute;, claro. Lo que hay ahora en Espa&ntilde;a es un &ldquo;izquierdismo obligatorio&rdquo;. O sea, la extrema derecha parece que es un peligro, pero la extrema izquierda parece que no lo es. En fin, yo comprendo que a mucha gente no le guste la extrema derecha, y a m&iacute; tampoco me gusta. Pero tampoco nos ha impuesto ninguna dictadura de momento. Y sin embargo la extrema izquierda est&aacute; ah&iacute; promulgando leyes, y tenemos que aguantarlos d&iacute;a y noche. Y a ver qui&eacute;n le lleva la contraria a la extrema izquierda.</p>
<p>- A m&iacute; me parece estar viviendo cosas que ya estaban superadas, y que pertenec&iacute;an al pasado. De estar viviendo cosas que he le&iacute;do en los libros de historia, o en los primeros libros tuyos, y de otros escritores de tu generaci&oacute;n.</p>
<p>- Vuelve un tel&oacute;n que se parece bastante al cierre de horizontes que hubo en una &eacute;poca. Pero piensa que en aquel momento el marxismo estaba enfrentado a una realidad que era el franquismo. Con esto quiero decir que ser de izquierdas en la &eacute;poca de Franco ten&iacute;a una justificaci&oacute;n que era estar en contra de la dictadura. En aquel momento cualquier cosa que estuviera enfrentada al franquismo nos parec&iacute;a bien. Hoy lo que sucede es m&aacute;s bien lo contrario: utilizar la izquierda contra la democracia. Utilizar la izquierda contra las instituciones liberales de la democracia. Lo cual es bastante diferente.</p>
<p>- Me refer&iacute;a al momento, por ejemplo, en que, junto a otros compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, publicabas <em>En favor de Nietzsche</em>. Rechazabas tanto la filosof&iacute;a escol&aacute;stica de la universidad del r&eacute;gimen, como la ortodoxia del marxismo, que era tambi&eacute;n dogm&aacute;tico y antidemocr&aacute;tico. Y buscar, al contrario, lo que ser&iacute;a una cultura democr&aacute;tica, digamos, normal. Que Espa&ntilde;a fuese, por fin, un pa&iacute;s normal, tambi&eacute;n culturalmente. Donde, por ejemplo, en el &aacute;mbito literario, un escritor pudiera escribir literatura fant&aacute;stica si le daba la gana.</p>
<p>- Hombre, los que, por cultura, y por haber viajado un poco, conoc&iacute;amos lo que hab&iacute;a en otros pa&iacute;ses, dec&iacute;amos: yo no quiero ser marxista, yo quiero ser franc&eacute;s [risas]. Ser franc&eacute;s nos parec&iacute;a mejor [risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; los libros que me han salido bien, que tampoco son tantos, me han salido bien por casualidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Siguiendo con lo literario, me gustar&iacute;a preguntarte ahora por <em>La infancia recuperada</em>. Cuando escribiste ese libro, &iquest;eras consciente de estar escribiendo un libro que acabar&iacute;a siendo tan importante como fue para el decurso posterior de la literatura espa&ntilde;ola?</p>
<p>- A m&iacute; los libros que me han salido bien, que tampoco son tantos, me han salido bien por casualidad [risas]. <em>&Eacute;tica para Amador </em>fue una cosa que me pidi&oacute; una amiga que daba clase en Barcelona. Y lo hice para darle gusto a ella, y luego result&oacute; que el libro tuvo un &eacute;xito enorme. <em>La infancia recuperada</em> fue un libro que respond&iacute;a a un gusto m&iacute;o por la literatura popular y para adolescentes. Hablando con Jes&uacute;s Aguirre, que era entonces el director de la editorial Taurus, &eacute;l quer&iacute;a que yo escribiera sobre Walter Benjamin, sobre Nietzsche, y sobre otros autores as&iacute;. Pero yo le dije: lo que a m&iacute; me gusta leer es Salgari [risas]. Yo creo que &eacute;l al principio estaba un poco escandalizado. Porque pasamos de estar hablando de Nietzsche, y de autores serios y de peso, a ponernos a hablar de Julio Verne. &Eacute;l me dijo: bueno, esto est&aacute; bien, pero es un desahogo que has tenido. Creo que me lo permiti&oacute; por amistad. Pero como dici&eacute;ndome: con este libro es suficiente, no volvamos m&aacute;s a esto [risas].</p>
<p>- A lo mejor acertaste de manera inconsciente. Un poco al estilo del mito rom&aacute;ntico del <em>Zeitgeist</em>, seg&uacute;n el cual los artistas captan mejor que nadie el esp&iacute;ritu de los tiempos. En cualquier caso, parece que a casi todos los escritores les encant&oacute; ese libro. Te hablaba antes del caso de Mart&iacute;n Gaite, pero tambi&eacute;n se entusiasmaron autores como Javier Mar&iacute;as, Pere Gimferrer, Eduardo Mendoza, etc. Muchos escritores se vieron legitimados para hacer una literatura m&aacute;s narrativa a partir de <em>La infancia recuperada</em>. No se avergonzaban por contar historias de polic&iacute;as o de aventuras.</p>
<p>- Bueno, s&iacute;, fue un libro que tuvo visi&oacute;n de futuro, digamos. Por ejemplo, fue el primer libro en Espa&ntilde;a en el que se hablaba de <em>El se&ntilde;or de los anillos</em>. De hecho, creo que ni siquiera se hab&iacute;a traducido por entonces, y faltaban siglos para que se hicieran las pel&iacute;culas. Pero cuando yo lo le&iacute; me pareci&oacute; que era un libro importante, y por eso quise hablar de &eacute;l. En este sentido, s&iacute; es cierto que mi libro tuvo aspectos modestamente prof&eacute;ticos [risas].</p>
<p>- La verdad es que s&iacute;. Marc&oacute; mucha tendencia. &iquest;T&uacute; segu&iacute;as en aquel tiempo las pol&eacute;micas que hab&iacute;a entre los escritores espa&ntilde;oles a prop&oacute;sito del enfrentamiento entre el realismo social y el experimentalismo?</p>
<p>- Hombre, s&iacute;, porque yo era amigo de Javier Mar&iacute;as y de F&eacute;lix de Az&uacute;a. A trav&eacute;s de ellos conoc&iacute;a a Juan Benet, y lo trataba mucho. Y del otro lado, tambi&eacute;n era amigo de Isaac Montero, y de otros autores que representaban la tendencia m&aacute;s realista. Y la pol&eacute;mica m&aacute;s famosa que hubo en aquella &eacute;poca fue la que tuvieron Juan Benet e Isaac Montero. Y yo era amigo de los dos. Me ve&iacute;a frecuentemente con ellos, as&iacute; que estaba un poco en medio del asunto.</p>
<p>- A prop&oacute;sito de Benet, ya en los ochenta t&uacute; tuviste una pol&eacute;mica famosa con &eacute;l, que dio como resultado un m&iacute;tico art&iacute;culo tuyo: &ldquo;El lector omn&iacute;voro&rdquo;. Donde argumentabas que el buen lector es el que se alimenta de todo tipo de literatura: de la alta literatura, pero tambi&eacute;n de la, digamos, baja.</p>
<p>- Juan hab&iacute;a sacado un art&iacute;culo un tanto malicioso, como era costumbre en los suyos, que se llamaba &ldquo;Pan y chocolate&rdquo;. Diciendo que lo que yo estaba pidiendo era el retorno a las meriendas de pan y chocolate, como cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os [risas]. Y yo le contest&eacute; con ese art&iacute;culo, &ldquo;El lector omn&iacute;voro&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura es un lujo, pero es un lujo del que vivimos y que nos est&aacute; alimentando constantemente&rdquo;</strong></p>
<p>- Yo tambi&eacute;n pienso que necesitamos un poco de las dos cosas. Ya que estamos hablando de esto, me gustar&iacute;a preguntarte por aquella frase de Chesterton que tanto te gusta citar: &ldquo;La literatura es un lujo, pero la ficci&oacute;n es una necesidad&rdquo;. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo con esta frase al 100%? &iquest;No piensas que a veces la literatura puede ser tan necesaria como la pura ficci&oacute;n?</p>
<p>- Creo que lo que quer&iacute;a decir Chesterton es que, para algunos de nosotros, la literatura es imprescindible. La literatura es un lujo, pero es un lujo del que vivimos y que nos est&aacute; alimentando constantemente. Pero, para la mayor parte de la poblaci&oacute;n, la literatura s&iacute; es un lujo en el sentido de que no lee libros literarios, sino que la clase de libros que busca son cosas pragm&aacute;ticas, como manuales, que tengan una utilidad. Pero la ficci&oacute;n como tal, aunque sea oral, es imprescindible para cualquiera. Sea cual sea su nivel cultural. Hoy, por ejemplo, vemos que los chicos siguen con las ficciones en sus juegos de ordenador. Un juego de ordenador dif&iacute;cilmente lo vas a poder considerar literatura, aunque en algunos casos est&eacute;n inspirados en obras literarias, como puedan ser las de Lovecraft o Tolkien. Pero, dejando aparte la literatura, lo que queda es la ficci&oacute;n. Crearte t&uacute; tus propias ficciones con los juegos. Eso es una prueba de que la frase de Chesterton sigue teniendo sentido.</p>
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<p><strong>&ldquo;He sido lector de Javier Mar&iacute;as toda la vida. Me encantaban sus libros y me parec&iacute;a un escritor extraordinario&rdquo;</strong></p>
<p>- Por terminar con lo literario, ya que hemos mencionado antes a Javier Mar&iacute;as, me gustar&iacute;a que me hablaras un poco de &eacute;l. Yo lo trat&eacute; bastante, porque escrib&iacute; mi tesis doctoral sobre su obra, y s&eacute; que vosotros dos fuisteis muy amigos durante d&eacute;cadas.</p>
<p>- Javier y yo crecimos juntos. En el grupo de amigos era el m&aacute;s joven. Yo entonces ten&iacute;a un c&iacute;rculo de amigos en Madrid y otro en Barcelona. Los m&aacute;s cercanos eran Eugenio Tr&iacute;as, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Ferr&aacute;n Lobo, y Javier, que era el m&aacute;s jovencito, y que tambi&eacute;n ten&iacute;a mucha relaci&oacute;n con la gente del grupo de Catalu&ntilde;a. &Eacute;l era el ni&ntilde;o del grupo. Yo tendr&iacute;a unos 24 a&ntilde;os y &eacute;l tendr&iacute;a 18 o as&iacute;. Todos lo ve&iacute;amos como un ni&ntilde;o, porque &eacute;l adem&aacute;s era muy juguet&oacute;n y se pon&iacute;a a andar con las manos y a hacer piruetas, y nos dejaba a todos sorprendidos [risas]. Los dos ten&iacute;amos en com&uacute;n que nos gustaban mucho las novelas de aventuras y las historias de fantasmas. Una de sus primeras novelas fue <em>Traves&iacute;a del horizonte</em>, que es una novela de aventuras marineras, y tambi&eacute;n algunos de sus primeros relatos tienen un gusto a lo Stevenson. &Eacute;l estaba suscrito a revistas y fanzines ingleses que trataban de historias de fantasmas, porque le gustaban mucho, y me los pasaba. Tambi&eacute;n nos intercambi&aacute;bamos novelas y cuentos de fantasmas que no eran f&aacute;ciles de encontrar en las librer&iacute;as. A&ntilde;os despu&eacute;s, hizo una antolog&iacute;a de algunos de sus cuentos de fantasmas preferidos, <em>Cuentos &uacute;nicos</em>, y me lo dedic&oacute; a m&iacute;, porque hab&iacute;amos hablado mucho de estos temas. A m&iacute; lo que m&aacute;s me enorgullece es que en la revista <em>Claves de raz&oacute;n pr&aacute;ctica</em> &eacute;l public&oacute; lo que yo creo que son sus mejores textos ensay&iacute;sticos y que luego reuni&oacute; en <em>Vidas escritas</em>. Donde contaba vidas de escritores, y eran todos textos estupendos. Esos textos los public&oacute; todos originalmente en <em>Claves</em>. Por eso me alegro mucho de que Javier Pradera y yo pudi&eacute;ramos convencerlo para que las escribiera ah&iacute;. Creo que conseguimos sacarle una cosa muy buena, porque le salieron textos muy interesantes. Ya lo cuento en el pr&oacute;logo a <em>Carne gobernada</em>, que a m&iacute; no me sal&iacute;a decirle: Javier, qu&eacute; buen escritor eres, &iexcl;cu&aacute;nto te admiro! Me sonaba raro dec&iacute;rselo, porque era como de la familia [risas]. Lo que hac&iacute;amos m&aacute;s bien era hacernos bromas el uno con el otro. &Eacute;l me sacaba a veces en sus novelas o cuentos, y me tomaba as&iacute; el pelo. Vamos, lo normal entre amigos [risas]. Pero yo ten&iacute;a una admiraci&oacute;n muy sincera por &eacute;l. De hecho, en cuanto aparec&iacute;a uno de sus libros, yo dejaba todo lo que estuviera haciendo para ponerme a leerlo. Cuando me enter&eacute; de que se muri&oacute;, me qued&eacute; asombrado, porque pens&eacute;: &iexcl;pero si me tocaba antes a m&iacute;! [risas]. Yo nunca pens&eacute; que &eacute;l fuera a morirse antes que yo. Y luego pens&eacute;: pero si he sido lector suyo toda la vida, y me encantaban sus libros, y me parec&iacute;a un escritor extraordinario, y nunca le he dicho lo mucho que yo lo admiraba. Y me ha quedado eso de no hab&eacute;rselo dicho nunca de verdad, porque &eacute;ramos demasiado amigos. Por escrito s&iacute; lo hab&iacute;a elogiado alguna vez, sobre todo frente a otros, porque hubo una &eacute;poca en que hab&iacute;a una revistucha de psic&oacute;patas llamada <em>La fiera literaria</em> que estaba dedicada al 90%&nbsp; meterse con Javier. Entonces s&iacute; que sal&iacute; a defenderlo de estos tipejos. Aunque no hac&iacute;a falta [risas].</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El Pa&iacute;s</em> se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo&rdquo;</strong></p>
<p>- Antes de dar por concluida la conversaci&oacute;n, tendr&iacute;a que preguntarte por tu despido de <em>El Pa&iacute;s</em>. Porque es una cuesti&oacute;n que ha salido en todas las entrevistas que has dado en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. As&iacute; que tambi&eacute;n tengo que preguntarte yo por ello.</p>
<p>- Bueno, tampoco creas que hay mucho que decir [risas]. Yo me he sentido defensor de los lectores de <em>El Pa&iacute;s</em>, porque es un peri&oacute;dico en el que estuve escribiendo m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Volviendo a lo que hemos estado hablando hace un rato, yo era consciente, en los inicios, de que el lector de <em>El Pa&iacute;s</em> no era un p&uacute;blico franquista, pero que tampoco eran marxistas o comunistas rabiosos, ni mucho menos. Yo siempre me dirig&iacute; a ese p&uacute;blico, pero, poco a poco, me parece que ese p&uacute;blico ha ido desapareciendo. O sea, que <em>El Pa&iacute;s</em> se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo. Ya no es un peri&oacute;dico cr&iacute;tico que te d&eacute; una visi&oacute;n plural sobre las cosas, sino que lo lees para enterarte de lo que piensa el gobierno. Sin m&aacute;s ni m&aacute;s. Yo no descarto que un medio de comunicaci&oacute;n pueda ponerse de parte del gobierno, si el gobierno fuera un gobierno extraordinario y benefactor. Eso podr&iacute;a tener una explicaci&oacute;n. Ahora bien, cuando el gobierno es, en mi opini&oacute;n, lo peor que ha habido en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la Transici&oacute;n, convertirse en un sicario de este gobierno, la verdad es que eso no tiene ning&uacute;n pase. Entonces, yo empec&eacute; a escribir contra la l&iacute;nea del peri&oacute;dico, completamente a sabiendas. Vamos, tampoco voy a fingir ignorancia. Yo escrib&iacute;a a sabiendas y a la contra de algo que, por ejemplo, se dec&iacute;a tres p&aacute;ginas m&aacute;s all&aacute;. Al principio eso lo aceptaron, en parte porque yo llevaba much&iacute;simo tiempo en el peri&oacute;dico, en parte tambi&eacute;n porque yo como electr&oacute;n libre les daba un poco de miedo [risas]. Pensaron que era mejor tenerme dentro. Un poco como dec&iacute;a Lyndon Johnson de J. Edgar Hoover: es mejor tener a ese individuo dentro de mi tienda meando hacia afuera, que fuera de mi tienda meando hacia dentro. Creo que ellos tambi&eacute;n pensaron que yo estaba mejor dentro de la tienda meando hacia afuera [risas]. Pero luego ya al final, sobre todo a ra&iacute;z de una reproducci&oacute;n de un pasaje de mi libro en que hablo de <em>El Pa&iacute;s</em> y que sali&oacute; en <em>El </em></p>
<p><em>Confidencial</em> (sin yo saberlo, por cierto, son estas cosas que hacen las editoriales, que de pronto te meten en un l&iacute;o sin preguntarte), eso ya les pareci&oacute; que era demasiado, porque empez&oacute; a difundirse por Internet, y pas&oacute; lo que pas&oacute;. Pero, bueno, yo ya me esperaba que antes o despu&eacute;s tendr&iacute;a que ocurrir. Despu&eacute;s la cosa sigui&oacute; y se confirm&oacute; con el trato que le dieron a Juan Luis Cebri&aacute;n. Yo soy caza menor, pero Juan Luis es caza mayor [risas]. De hecho, lo han tratado mucho peor que a m&iacute;. Porque yo ya hab&iacute;a empezado a escribir en <em>The Objective</em> antes de todo el jaleo. Nos hab&iacute;an rebajado varias veces el sueldo a los colaboradores de <em>El Pa&iacute;s</em>, seg&uacute;n dec&iacute;an porque el peri&oacute;dico estaba muy mal econ&oacute;micamente. Eso no lo han dicho p&uacute;blicamente, pero a nosotros s&iacute; nos lo dec&iacute;an como pretexto para bajarnos el sueldo. Entonces, la &uacute;ltima vez que me lo bajaron, les dije que con esa rebaja de sueldo yo me sent&iacute;a autorizado a escribir en otro sitio, para tratar de compensar un poco la p&eacute;rdida econ&oacute;mica, y por eso me puse a escribir en <em>The Objective</em>. En ese momento, protestaban contra m&iacute; por lo que dec&iacute;a, pero no porque me hubiera puesto a escribir en <em>The Objective</em>. En cambio, en el caso de Juan Luis, en cuanto se puso a escribir en el otro lado, se le vino el mundo encima.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:23:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reivindicación del mito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reivindicacion-del-mito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JACOBO_SIRUELA_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Evocar la figura del escritor y editor Jacobo Siruela al calor de un nuevo libro resulta siempre una idea atractiva. Al ponerse a ello, uno recuerda de inmediato unas palabras suyas en torno al principal de sus quehaceres, la edici&oacute;n, en las que se defin&iacute;a a s&iacute; mismo como un artesano. De repente nos vienen a la cabeza libros como el op&uacute;sculo de Beatrice Warde (<em>La copa de cristal. La tipograf&iacute;a deber&iacute;a ser invisible</em>) o los que dio a la imprenta el malogrado Josep Maria Pujol. De igual modo su labor en la editorial Siruela, en la que public&oacute; a cl&aacute;sicos modernos como Italo Calvino y Robert Walser &ndash;ah&iacute; es nada&ndash; o recuper&oacute; t&iacute;tulos de una inextinguible Edad Media.&nbsp;</p>
<p>Jacobo Siruela se caracteriza, pues, por confeccionar buenos libros (la referencia a Warde y Pujol no era gratuita, aunque tambi&eacute;n es cierto que podr&iacute;amos haber mencionado otros nombres del oficio tipogr&aacute;fico o simplemente libresco), tanto en el fondo como en la forma, se entiende. Libros, a&ntilde;adimos, que en su mayor&iacute;a llegan avalados por &eacute;l mismo. Libros, en fin, que definen un vasto grupo de intereses, de entre los que podr&iacute;amos destacar los que conformar&iacute;an &ndash;en una imprecisa definici&oacute;n&ndash; el subgrupo dedicado al &ldquo;pensamiento m&aacute;gico&rdquo;. Valga como ejemplo la recuperaci&oacute;n de la obra ensay&iacute;stica y po&eacute;tica de Juan Eduardo Cirlot o la de su hija, Victoria Cirlot, en torno a dos cuestiones que le son queridas a nuestro escritor y editor: la Edad Media y el misticismo. O, m&aacute;s recientemente, ya en su nueva casa editora, los rescates de estudiosos del mito como Karl Kerenyi o Joseph Campbell.&nbsp;</p>
<p>Tras esta breve evocaci&oacute;n del personaje, el lector que se adentra en las p&aacute;ginas de este nuevo libro siente de inmediato la familiaridad de los temas tratados. Nos hallamos, cabe tenerse muy en cuenta tambi&eacute;n, ante un volumen miscel&aacute;neo en el que se recogen diversos textos, escritos durante &eacute;pocas diferentes y a menudo por encargo, del conde de Siruela.&nbsp;</p>
<p>El primero de ellos, como explica nuestro autor, le fue encomendado por Sergio Vila-Sanju&aacute;n, director del suplemento de cultura del diario <em>La Vanguardia</em>. En esta ocasi&oacute;n el tambi&eacute;n escritor barcelon&eacute;s ejerc&iacute;a como responsable del ciclo de conferencias titulado <em>El libro como universo</em>, celebrado en la Biblioteca Nacional en 2012. As&iacute; pues, <em>Libros secretos</em> supuso la contribuci&oacute;n de Jacobo Siruela a dicho acontecimiento.&nbsp;</p>
<p>En &eacute;ste, como en otros textos que conforman este libro, aparece una de las tesis defendidas por el autor: la necesidad del mito como creador de sentido. Una idea que conecta con la concepci&oacute;n tradicional de la obra de arte como &ldquo;portadores de significado&rdquo; (seg&uacute;n la definici&oacute;n de &ldquo;s&eacute;miophores&rdquo; de K. Pomian), a menudo recept&aacute;culo del propio mito como puede comprobarse &ndash;para remontarnos a la Antig&uuml;edad&ndash; en las cer&aacute;micas &aacute;ticas de un maestro como Exequias.&nbsp;</p>
<p>Para desarrollarla, Siruela pone en juego una serie de libros que tienen &ldquo;cierto grado de complejidad&rdquo;. El m&aacute;s significativo de todos ellos es el titulado <em>Though Forms</em>, obra de Annie Besant y Charles Webster Leadbeater. Ambos se integraron en la Sociedad Teos&oacute;fica Inglesa, convirti&eacute;ndose de este modo en disc&iacute;pulos de Madame Blavatsky. Como tales, pusieron en marcha estudios de hondo calado como el origen del universo. La importancia que les otorga Jacobo Siruela tiene que ver con la influencia que algunos de los artistas de las vanguardias hist&oacute;ricas (fundamentalmente Kandinsky) reciben de ellas. En su b&uacute;squeda de lo real, afirma siguiendo a Plat&oacute;n, &ldquo;la mera imitaci&oacute;n de la apariencia exterior no bastaba&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Siruela insiste &ndash;y &eacute;ste es uno de los puntos m&aacute;s interesantes del libro y de este primer texto&ndash; en la importancia de la espiritualidad, negada por el &ldquo;materialismo cient&iacute;fico moderno&rdquo;, en la aparentemente impermeable obra de artistas de la modernidad como Piet Mondrian o el ya citado Vasily Kandinsky. Se hace necesaria, pues, la &ldquo;tensi&oacute;n entre opuestos&rdquo;: raz&oacute;n y magia se dan la mano para dar de s&iacute; el conocimiento completo. Este punto conecta con otros textos del libro, como el que le dedica a Valentine Penrose, poeta surrealista y esposa durante unos a&ntilde;os de Roland Penrose, pero tambi&eacute;n con su disertaci&oacute;n en torno a uno de los primeros mitos de la civilizaci&oacute;n como <em>Gilgamesh</em>.&nbsp;</p>
<p>Otro de los atractivos de este libro son las fuentes que maneja su autor. De vuelta a Libros secretos, en &eacute;l nos damos de bruces con el relato de una serie de t&iacute;tulos enigm&aacute;ticos, lo que nos lleva a sentirnos inmersos en una suerte de <em>W&uuml;nderkammern</em> o c&aacute;mara de maravillas. El primero de ellos es el conocido como <em>Manuscrito Voynich</em>. De origen medieval, llega a las manos de un exrevolucionario metido a librero llamado Wilfrid Michal Habdank-Wojnicz procedente de un lote adquirido a los jesuitas. Descubre que nadie ha podido descifrarlo.&nbsp; El segundo de ellos, <em>el Mutus liber</em> (o <em>Libro mudo</em>), es un libro sin texto escrito pero con significado que arrastra la influencia de la escritura jerogl&iacute;fica del Egipto antiguo. Por &uacute;ltimo, <em>La arquitectura natural</em> (Vega, 1949) hace lo propio en referencia a las proporciones &aacute;ureas tan comunes en la Antig&uuml;edad (volvemos a la Grecia antigua, donde el mito convive con la ciencia de arquitectos como Ictino, proyectista del Parten&oacute;n).&nbsp;</p>
<p>Los textos que completan el libro, y que en cierto modo confirman la gran tesis del autor en torno a la necesaria convivencia de raz&oacute;n y pensamiento m&aacute;gico en aras a un conocimiento completo, son los que Siruela escribe para su recopilaci&oacute;n de cuentos en torno a la figura del vampiro y el que dedica al fot&oacute;grafo japon&eacute;s Masao Yamamoto.&nbsp;</p>
<p>Acabemos como empezamos: volviendo a la figura del editor para insistir una vez m&aacute;s en el buen dise&ntilde;o y la legibilidad de lo publicado. No es habitual destacar aspectos de la manufactura del libro en cuesti&oacute;n en una rese&ntilde;a, pero debiera serlo. Los libros se leen de un modo u otro seg&uacute;n c&oacute;mo est&eacute;n editados. Lo dec&iacute;a el poeta de Moguer, y nosotros lo tenemos muy en cuenta. Por eso tampoco nos olvidamos de la fotograf&iacute;a del autor hecha por Inka Mart&iacute; que aparece en la contraportada: otra maravilla.- RAFA MART&Iacute;NEZ.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jacobo Siruela, <em>Libros, secretos</em>, Atalanta, Vila&uuml;r, 2015</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 11:02:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La muerte secreta de las plantas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-muerte-secreta-de-las-plantas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUANMA_GARC_A_ESTEBAN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Atardece, y por la calle principal resuenan unos golpes secos, acompasados, recuerdan el repiqueteo indolente de los obreros despu&eacute;s de una jornada de trabajo que se alarga sin objetivo; recuerdan cuando se constru&iacute;a el pueblo dentro del pueblo, como si a todos les hiciera ilusi&oacute;n ser la nueva ciudad dormitorio de la capital, aunque fuera capital de provincia. Y de repente el par&oacute;n. Parece que nadie lo vio venir desde su rinconcito de prosperidad; pero se acabaron las obras, no hay futuro, y Do&ntilde;a Elvira es la &uacute;nica novedad que ha llegado al pueblo.</p>
<p>El eco de los golpes, igual que las sombras en el suelo, se hace cada vez m&aacute;s n&iacute;tido, m&aacute;s contundente. Las vecinas le abren paso con discreci&oacute;n, y luego se arremolinan, muy juntas, y chismorrean: &laquo;Ya est&aacute; aqu&iacute; Do&ntilde;a Erguida.&raquo; Camina trabajosamente pero muy digna en sus tacones negros, ya gastados, cada vez m&aacute;s llenos por la carne que se le agolpa en las pantorrillas. Ella sabe que la miran de reojo y las vecinas se preguntan por qu&eacute; elegir&iacute;a precisamente su pueblo para apartarse de las c&aacute;maras &mdash;de las miradas no, de eso, nunca&mdash;, y c&oacute;mo consigue mantener ese porte rotundo, ese recogido tan blanco como tieso. Pero al cruzar por la farmacia, le parece ver c&oacute;mo alguien tuerce una sonrisa cuando la ven pasar de impecable blanco y negro: &laquo;Pues yo, ya no la veo tan erguida&raquo;.</p>
<p>Do&ntilde;a Elvira ya ha absorbido suficiente luz del sol; siente que ha terminado su fotos&iacute;ntesis, que es hora de volver. Y camina hacia casa con m&aacute;s ganas que otros d&iacute;as, aunque m&aacute;s despacio, porque hoy se encuentra cansada, inc&oacute;moda en esos zapatos tan altos. As&iacute; que, sin dar un taconazo fuera del barrio caro, y antes de que la noche se cierre del todo, llega a su vivienda unifamiliar, unipersonal, encajonada como una cu&ntilde;a entre los pisos nuevos. La casa de piedra parece un error de c&aacute;lculo al que pusieron el tejado demasiado pronto, con las dos ventanas enrejadas siempre a cal y canto, dos ojos que no quieren mirar hacia afuera.</p>
<p>Igual que ayer, igual que el d&iacute;a anterior, nada m&aacute;s abrir la puerta la reciben los cactus y las rosas de invierno; la ven abrir el buz&oacute;n y pasar las hojas de publicidad una a una, hasta que vuelve a la primera. Con la propaganda en la mano, se queda apoyada en la barandilla de forja al pie de las escaleras y, unos segundos despu&eacute;s, empieza a subir pesadamente. A lo largo de la pared, van escalando las cintas, y sus hojas, alargadas como lanzas, la envuelven con un apego selv&aacute;tico, tan irreal como su &ldquo;casa para uno&rdquo; entre los bloques de pisos.</p>
<p>Dentro de su escondite, ficus, alocasias, filodendros, trepan unos sobre otros, se empe&ntilde;an en crecer sin miramientos, sin respeto por el tiempo muerto que los rodea. Despu&eacute;s de casi un a&ntilde;o de refugio, Do&ntilde;a Elvira apenas llega a abrir el armario de las infusiones, alargando el brazo por encima de las chefleras, que ya son m&aacute;s altas que ella; los tallos rectos, las hojas fuertes. En aquella cocina, blanca y holgada, las plantas le devuelven una chispa de luz, cumpliendo un pacto breve, desproporcionado. Aunque bien mirado, estaban m&aacute;s lustrosas cuando les quitaba el polvo con un pincel. Se ha vuelto r&aacute;cana hasta con el agua, y ellas se han puesto de un verde mate, gastado.</p>
<p>Con la taza llena de t&eacute; de Ceil&aacute;n, Do&ntilde;a Elvira entra en su habitaci&oacute;n y se sienta frente a la c&oacute;moda. Despu&eacute;s de quitarse los zapatos, se palpa las piernas hinchadas, igual que un jinete acaricia a un caballo fatigado, mientras se mira en el espejo por encima de las hojas anaranjadas de las clivias. Con lo que le cost&oacute; atreverse a dejar que las plantas entraran en su dormitorio. Hab&iacute;a le&iacute;do que envenenan el aire con di&oacute;xido de carbono, que pueden robarte el ox&iacute;geno mientras duermes; y no ten&iacute;a ninguna intenci&oacute;n de compartir el suyo. Pero unas cu&aacute;ntas macetas no pod&iacute;an ser peligrosas. Ahora piensa y mira las clivias, las dr&aacute;cenas, que se levantan orgullosas, guardianas de sus fotos en blanco y negro, aunque en realidad ya empiezan a taparlas con un abanico verde y rojizo: ah&iacute; est&aacute; Do&ntilde;a Elvira enmarcada en primer plano con su traje de gala, rodeada de la flor y nata de otra generaci&oacute;n; y al lado, a la salida del Teatro Principal, con un hombre muy alto, moreno, que la coge de la cintura. Ella se vuelve hacia &eacute;l con unos ojos que llevan mir&aacute;ndolo m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os; cuando era Elvira de Ja&eacute;n, cuando era otra. As&iacute; aparece en las fotos, detenida en aquel tiempo en que apenas ten&iacute;an que girarse para verla pasar, porque ella era el objetivo de las c&aacute;maras, el fondo de las pantallas en blanco y negro. Despu&eacute;s, con el color, llegaron otras caras, otros repertorios, nunca el suyo. La idea le hace sonre&iacute;r, lo cierto es que empezaba a cansarse hasta de miradas; y la sonrisa le amontona las arrugas, que acuden como las ondas que provoca una piedra al caer al agua. Rebotando de una d&eacute;cada a otra, hojea los &aacute;lbumes de fotos hasta que le vence la fatiga. Entonces cierra de golpe el &aacute;lbum. Queda en el aire un olor seco, a papel viejo a punto de resquebrajarse, de tan deformado por el peso de los recuerdos uno encima del otro, por las im&aacute;genes de un tiempo que ya no es suyo.</p>
<p>Se dirige al armario, y empieza a apartar abrigos, vestidos de otras temporadas, buscando entre las perchas. &iexcl;Ah&iacute; est&aacute; su traje de gala! Bajo una funda porosa color beige y un chal a juego: el mismo dise&ntilde;o de una pieza que marcaba su cintura en aquellas fotos sin color. El fondo, granate, con rosas amarillas bordadas. El tejido, delicado, granuloso al tacto; el encaje es casi el &uacute;nico testigo de otra manera de trabajar. Do&ntilde;a Elvira echa una mirada a su alrededor: la l&aacute;mpara de ara&ntilde;a, que cubre la habitaci&oacute;n mientras las bombillas se siguen fundiendo de una en una; las paredes, de un blanco deslucido. Junto al espejo, repara en la taza de t&eacute;, quiz&aacute; demasiado ex&oacute;tico, demasiado fr&iacute;o ya. Tampoco tiene hambre. Su apetito prodigioso tambi&eacute;n pertenece al pasado, a los d&iacute;as de festejos, cuando devoraba hombres y mujeres, dulce y amargo por igual. Ahora s&oacute;lo quiere tumbarse y descansar. As&iacute; que rodea la cama y cierra tambi&eacute;n las ventanas que dan a la parte trasera de la casa. Pero a&uacute;n le queda una cosa por hacer.</p>
<p>Deja el vestido estirado cuidadosamente sobre la cama, deslumbrada como si lo viera por primera vez, y se va quitando la ropa, dej&aacute;ndola por el suelo con indiferencia. Vuelve a la c&oacute;moda y abre el &uacute;ltimo caj&oacute;n. De all&iacute; saca la ropa interior a juego que no usa hace d&eacute;cadas; y luego se dispone a meterse dentro del vestido. Despacio. Primero el recogido, que ya empieza a desarmarse. La tela se atasca antes del cuello y se queda ah&iacute; colgando, como p&eacute;talos desordenados que la van cubriendo. Do&ntilde;a Elvira se ve medio encorvada en el espejo. Los brazos suspendidos parecen ramas mal podadas, sarmientos temblones que agita una brisa helada. Hasta que consigue incorporarse y, poco a poco, se recompone y va arreglando los obst&aacute;culos, dando tirones para ajustar el vestido desde la falda. Pausadamente, acaba de estirar la tela y se ci&ntilde;e un lazo, los dedos lentos, hinchados.</p>
<p>Cuando Do&ntilde;a Elvira vuelve a sentarse en la cama, su sonrisa sigue arrugada, intacta. Se pone el chal sobre los hombros y, para terminar la funci&oacute;n, se calza los tacones negros. Se tumba sigilosamente, y alisa la cubierta con las manos, exhausta. En cuesti&oacute;n de minutos, Do&ntilde;a Elvira vuelve a ser esa foto en blanco y negro, vuelve a ser otra. Sin esfuerzo, reproduce el comp&aacute;s de sus plantas y expulsa di&oacute;xido de carbono.</p>
<p>Cintas, dr&aacute;cenas, clivias, todas siguieron respirando alg&uacute;n tiempo m&aacute;s que ella; racionando, mendigando la luz que se colaba por los postigos. Las chefleras fueron las primeras en secarse, en consumirse poco a poco mientras dejaban caer las flores una a una. Las dr&aacute;cenas se acabaron arrugando hasta parecer ancianos milenarios. Los ficus empezaron a amarillear; fueron encorv&aacute;ndose casi desde el techo, y se pusieron a tirar hojas como un globo que suelta lastre a la desesperada. Pero ya era tarde. Las cintas fueron las &uacute;ltimas en morir, cuando se les acab&oacute; el agua que hab&iacute;an ido almacenando en las ra&iacute;ces, retorcidas en la tierra de su maceta igual que dedos deformados por la artrosis.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 09:30:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos premios Nobel y tres premios Cervantes protagonizan el nuevo número de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-premios-nobel-y-tres-premios-cervantes-protagonizan-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_152_-_Portada_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>OLGA TOKARCZUK: CALIDAD LITERARIA Y COMPROMISO DEMOCR&Aacute;TICO</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre esos materiales in&eacute;ditos tan relevantes para los buenos lectores, cabe subrayar que TURIA publica, en exclusiva mundial en espa&ntilde;ol, un avance de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo;, la nueva novela de Olga Tokarczuk, que publicar&aacute; la editorial Anagrama en 2025. Para Tokarczuk, la literatura puede ser un espacio donde crear mitos, deshacer silencios y ampliar los imaginarios que gobiernan el presente. Adem&aacute;s de por su calidad e inter&eacute;s, su labor intelectual ha sido reconocida por su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos en Polonia. Tokarczuk es autora de nueve novelas y tres libros de relatos, sus obras se han traducido a cuarenta y cinco lenguas y ha obtenido prestigiosos premios en su pa&iacute;s y fuera de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>La acci&oacute;n de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo; sucede en G&ouml;rbensdorf, Baja Silesia, en 1913. El joven polaco Miecyslaw Wojnicz, estudiante de ingenier&iacute;a, llega en busca de aire puro y de una cura para su tuberculosis en el prestigioso sanatorio local. Se aloja en la pensi&oacute;n para caballeros de Wilhelm Optiz, donde coincide con otros enfermos procedentes de toda Europa. Por las tardes, entonados por el potente licor, los hu&eacute;spedes conversan sobre lo divino y lo humano. &iquest;Habr&aacute; guerra en el continente? &iquest;Las mujeres nacen inferiores? &iquest;Existen los demonios? &iquest;Es preferible la monarqu&iacute;a o la democracia? &iquest;Al leer un texto cuyo autor se desconoce se puede deducir si lo ha escrito un hombre o una mujer?&nbsp;</p>
<p>Y entre tanto, en ese id&iacute;lico paraje suceden cosas inquietantes la esposa del due&ntilde;o de la pensi&oacute;n al parecer se ha suicidado hace poco, circulan rumores de que en los bosques de las monta&ntilde;as circundantes se producen muertes violentas y se intuye la presencia de alguien o algo que observa y acecha.&nbsp;</p>
<p>Hay en esta novela claros ecos de otra escrita hace ahora cien a&ntilde;os: &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;&nbsp;de Thomas Mann, con la que la Premio Nobel polaca juega y dialoga desde una mirada contempor&aacute;nea y feminista. Lo que la autora nos propone es una relectura y reescritura de esa obra magna -y acaso caduca en muchos aspectos- del pasado. Y lo hace con su envolvente impuso narrativo, su potente prosa, su capacidad de observaci&oacute;n de los comportamientos humanos y su particular sentido del humor.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de&nbsp;haber fascinado a cr&iacute;tica y lectores con su anterior obra, &ldquo;Los libros de Jacob&rdquo;, ahora Olga Tokarczuk nos presenta un nuevo&nbsp;<em>tour de force</em>, un novel&oacute;n de sanatorio sobre hombres que filosofan y hablan -muchas veces sin ton ni son- de mujeres, sobre j&oacute;venes enfermos, misteriosas muertes, enso&ntilde;aciones, demonios y una Europa que se dirige hacia el abismo. En definitiva, que su novela &ldquo;Tierra de empusas&rdquo; gira en torno a las principales cuestiones de identidad de nuestro tiempo, en torno a la masculinidad t&oacute;xica, el&nbsp;<em>mansplaining</em>&nbsp;y la fluidez de g&eacute;nero, y se podr&iacute;a considerarla una novela del esp&iacute;ritu de la &eacute;poca si no pareciera maravillosamente cl&aacute;sica, como es habitual en Tokarczuk.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LUIS MATEO D&Iacute;EZ, UN ESCRITOR CERVANTINO FRENTE A TODA ADVERSIDAD</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de un fragmento de su novela in&eacute;dita &ldquo;El lastre de las fugas&rdquo;, el escritor Luis Mateo D&iacute;ez (Villablino, Le&oacute;n, 1942), ratifica su larga y fruct&iacute;fera vinculaci&oacute;n con TURIA. No en vano, ya en 2010, la revista le dedic&oacute; un inolvidable monogr&aacute;fico hoy agotado.&nbsp;</p>
<p>Quien obtuviera el pasado a&ntilde;o el Premio Cervantes es, seg&uacute;n destac&oacute; el jurado en el acta de concesi&oacute;n, &ldquo;uno de los grandes narradores de la lengua castellana, heredero del esp&iacute;ritu cervantino, escritor frente a toda adversidad, creador de mundos y territorios imaginarios. Con una prosa, una sagacidad y un estilo que lo hacen singular en la consideraci&oacute;n literaria del m&aacute;s alto vuelo, Luis Mateo D&iacute;ez sorprende y ofrece continuos y nuevos desaf&iacute;os con los que traspasa el &aacute;mbito de la fantas&iacute;a y adquiere realidad en los lectores, que se apropian de su universo creativo. En sus creaciones sobresalen la pericia y el dominio indiscutible del lenguaje, que el autor acredita en una escritura en la que mezcla con maestr&iacute;a lo culto y lo popular. Un estilo propio, exigente, de gran originalidad, donde prevalece el humor expresionista, par&oacute;dico o esperp&eacute;ntico como el mejor resorte para relativizar lo que sucede, y que conlleva una perspectiva l&uacute;cida y ambigua que permite comprobar la complejidad de la condici&oacute;n humana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JON FOSSE, O C&Oacute;MO ATRAVESAR LA VIDA COTIDIANA EN BUSCA DE OTRO TIPO DE EXPERIENCIAS </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jon Fosse, Premio Nobel de Literatura en 2023 es objeto de un sugerente y completo art&iacute;culo in&eacute;dito elaborado por Silvia Bardel&aacute;s, su gran descubridora en nuestro pa&iacute;s y que ha editado en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, en su peque&ntilde;a editorial independiente De Conatus, buena parte de su obra. Nadie mejor que ella para contagiarnos la fascinaci&oacute;n que brinda al lector la obra del autor noruego, que practica una escritura &iacute;ntima y poco convencional, aunque como dramaturgo s&iacute; que ha obtenido notables &eacute;xitos de cr&iacute;tica y p&uacute;blico.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Silvia Bardel&aacute;s, &ldquo;la literatura de Jon Fosse es el ejemplo perfecto de que un buen&nbsp;libro no s&oacute;lo necesita un autor con un punto de vista y un estilo nuevos enfrentado a una hoja en blanco, necesita adem&aacute;s una cadena de lectores, una comunidad que crece poco a poco con el apoyo de instituciones, premios o fundaciones. En este caso,&nbsp;el apoyo de la cr&iacute;tica literaria ha sido pr&aacute;cticamente nulo. Atravesar el ruido del mundo literario no es f&aacute;cil y menos para un autor que representa el silencio, que construye personajes empe&ntilde;ados en cruzar la vida cotidiana hacia otro tipo de experiencias y que escribe libros que escucha y no piensa&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Afirma tambi&eacute;n Bardel&aacute;s en TURIA que &ldquo;el estilo de Fosse es nuevo, pero su impulso art&iacute;stico tiene unas profundas ra&iacute;ces en la cultura europea&rdquo;. Por otra parte asegura, al analizar &ldquo;Septolog&iacute;a&rdquo;, que esos tres tomos en los que se estructura son el culmen de su est&eacute;tica y su obra m&aacute;s representativa. Y es que &ldquo;no es lo mismo vivir en la inmediatez que vivir en la distancia de ser consciente de estar viviendo, de experimentar la existencia. En definitiva, concluye Silvia Bardel&aacute;s, &ldquo;el gran giro narrativo de Fosse es el descubrimiento de la necesidad del otro en el miedo que nos provoca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RAFAEL CADENAS: LA POES&Iacute;A NOS PERMITE VISLUMBRAR LO QUE NO VEMOS </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De gran inter&eacute;s es el art&iacute;culo que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria del gran poeta venezolano Rafael Cadenas, Premio Cervantes 2022. M&aacute;xime porque Cadenas es autor de una obra sobresaliente, tanto para la cr&iacute;tica como para los lectores de poes&iacute;a, caracterizada por su sensibilidad y su an&aacute;lisis profundo de la realidad. Adem&aacute;s, es otro ilustre venezolano y experto en su trabajo literario, el profesor y escritor Antonio L&oacute;pez Ortega, quien se encarga de elaborar una aproximaci&oacute;n muy certera a las claves de la creatividad l&iacute;rica de Rafael Cadenas, uno de los principales poetas latinoamericanos vivos.</p>
<p>Seg&uacute;n escribe L&oacute;pez Ortega en TURIA, dentro de las muchas variantes de la obra de Rafael Cadenas (Barquisimeto, Venezuela, 1930), &ldquo;destacan la reflexi&oacute;n sobre el lenguaje, que busca depurar al extremo, y la inquietud metaf&iacute;sica en torno al mismo hecho de la existencia, que considera un misterio. Cadenas se ha acercado a las filosof&iacute;as orientales para entender que en la tradici&oacute;n occidental el concepto del <em>yo</em> pesa mucho y que la poes&iacute;a m&aacute;s bien busca revelaciones, que suelen estar m&aacute;s cerca del <em>ser</em>.&rdquo;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, y de acuerdo con la tesis defendida en este art&iacute;culo, &ldquo;desde sus primeros poemarios, Cadenas entendi&oacute; que la poes&iacute;a es la m&aacute;s fina herramienta para entrever el milagro de la realidad. No se trata de temas, pensamientos ni posiciones, sino m&aacute;s bien de expectaci&oacute;n. En este sentido, las palabras son muletillas incompletas: el poeta debe buscar la combinaci&oacute;n m&aacute;s propicia para que, combinadas de otra manera, digan m&aacute;s de lo que suelen decir. La b&uacute;squeda o el hallazgo del <em>ser</em> siempre ser&aacute; una tarea imposible, pero la poes&iacute;a al menos nos acerca m&aacute;s para intuir su presencia.&rdquo;</p>
<p>El &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA consagra a los estudios literarios es una sugerente aproximaci&oacute;n a dos autores siempre presentes en cualquier balance de lo mejor de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX: Antonio Machado y Luis Cernuda. Y es que, a trav&eacute;s de un original art&iacute;culo, el tambi&eacute;n poeta, traductor y ensayista Antonio Rivero Taravillo nos habla de las divergencias y confluencias entre ambos grandes cl&aacute;sicos de nuestra literatura contempor&aacute;nea. Porque &ldquo;hubo un tiempo en el que la sensibilidad machadiana no lograba atraer a los j&oacute;venes poetas, que s&iacute; recabaron por el contrario la complicidad de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez para luego morder su mano. Esto dijo JRJ al respecto, seg&uacute;n recogi&oacute; Ricardo Gull&oacute;n: &lsquo;Machado y yo, buenos amigos siempre, nos distanciamos en la &eacute;poca en que la juventud me rode&oacute; a m&iacute; alej&aacute;ndose de &eacute;l. No fue culpa m&iacute;a que la juventud se acercara a m&iacute; y que Antonio Machado me zahiriera antes que yo a &eacute;l&rsquo;.&rdquo;</p>
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<p><strong>IDA VITALE: &ldquo;APREND&Iacute; A SER PIADOSA RELEY&Eacute;NDOME&rdquo;</strong></p>
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<p>La escritora uruguaya Ida Vitale completa el elenco de ilustres premiados que TURIA ofrece en su nuevo n&uacute;mero. Vitale (Montevideo, 1923) es una aut&eacute;ntica leyenda viva de las letras latinoamericanas. Adem&aacute;s del Premio Cervantes obtenido en 2018, tiene en su haber los m&aacute;s relevantes reconocimientos literarios de &aacute;mbito hisp&aacute;nico. &Uacute;ltima representante viva de la vanguardia literaria hispanoamericana, es autora de numerosos t&iacute;tulos de poes&iacute;a, prosa, ensayo y cr&iacute;tica literaria. Siempre ha declarado que sus dos grandes referentes fueron Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que fue su profesor en Montevideo y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a quien conoci&oacute; en persona. Como traductora del franc&eacute;s y del italiano, se destacant sus versiones al espa&ntilde;ol de libros de autores como Simone de Beauvoir, Benjamin P&eacute;ret, Gaston Bachelard, Jules Supervielle o Luigi Pirandello.&nbsp;</p>
<p>La entrevista, realizada en su &uacute;ltima visita a Espa&ntilde;a e in&eacute;dita, es obra del poeta y periodista cultural Fernando del Val. No tiene desperdicio. Se realiz&oacute; en el marco de la m&iacute;tica Residencia de Estudiantes de Madrid. En ella nos dir&aacute;, por ejemplo, &ldquo;soy vieja, pero no tonta&rdquo; o afirmaciones como &ldquo;el lenguaje inclusivo son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;. Tambi&eacute;n postula que &ldquo;tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso&rdquo;.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE &ldquo;EL LASTRE DE LAS FUGAS&rdquo;,&nbsp;</strong><strong><span style="text-decoration: underline;">NOVELA IN&Eacute;DITA DE LUIS MATEO D&Iacute;EZ</span></strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La revista TURIA da a conocer un fragmento de la novela in&eacute;dita &ldquo;El lastre de las fugas&rdquo;, de Luis Mateo D&iacute;ez. Quien obtuviera el Premio Cervantes en 2023 se muestra en plena forma narrativa, para alegr&iacute;a de los muchos lectores que posee el escritor leon&eacute;s y acad&eacute;mico de la RAE:&nbsp;</p>
<p class="Mateo-Ruina">&ldquo;Lo encontr&eacute; tirado en la cuneta de la carretera de Balma, en la curva que abre la &uacute;ltima vuelta hacia el barrio de Teselas, donde se concentraba la mayor&iacute;a de los almacenes de coloniales.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Estaba hecho un gui&ntilde;apo, con los pantalones bajados, la camisa rota y toda suerte de ara&ntilde;azos por el pecho, los brazos y las piernas. Ten&iacute;a en la frente una herida con la sangre reseca y en el pelo revuelto el barro que se hab&iacute;a convertido en un polvo apelmazado; la costra del golpe o la huella de la ca&iacute;da, cuando todav&iacute;a ten&iacute;a perdido el conocimiento.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Abri&oacute; los ojos al tiempo que intentaba moverse.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los ojos manten&iacute;an el extrav&iacute;o del que vuelve sin saber de d&oacute;nde viene y a d&oacute;nde llega, como si todo formara parte de una fuga que no se produjo pero deja su efecto.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Estir&oacute; las piernas.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los pantalones bajados le imped&iacute;an otro movimiento en ellas, y cuando logr&oacute; incorporarse lo primero que hizo, no sin esfuerzo, fue alzar y ajustarse los pantalones. Luego pudo sentarse y al mirarme movi&oacute; la cabeza, cerr&oacute; y abri&oacute; los ojos con un gesto de asentimiento, como si tuviera la primera sensaci&oacute;n que acompa&ntilde;aba la lucidez del conocimiento recobrado, lo que supon&iacute;a reconocerme aunque todav&iacute;a fuese con el alboroto de la cabeza revuelta y la vaguedad de una desaparici&oacute;n que no pod&iacute;a recordar.</p>
<p class="Mateo-Ruina">No dije nada, no pens&eacute; en otra cosa que en el trabajo que me costar&iacute;a reanimarlo por completo, lograr que pudiera caminar, volver otra vez a recuperarlo para llevarlo conmigo a ser posible sin que nadie supiera nada; como habitualmente hac&iacute;a con lo que se hab&iacute;a convertido en el rastro de una infancia que pod&iacute;a maldecir, si era verdad, como bien ten&iacute;a comprobado, que el ni&ntilde;o que yo hab&iacute;a sido era el causante del desastre del hombre que era, y no exist&iacute;a mejor raz&oacute;n para mi profundo aborrecimiento.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Lo saqu&eacute; de la cuneta.</p>
<p class="Mateo-Ruina">En aquella curva de la carretera de Balma no era f&aacute;cil que alguien se decidiera a recogernos. Los coches suavizaban la velocidad para tomarla pero en seguida la recuperaban sin que los conductores prestaran atenci&oacute;n a otra cosa. De suyo esa curva, m&aacute;s irregular que pronunciada, era la causa de muchos accidentes y hasta ten&iacute;a un apelativo que advert&iacute;a de su peligro.</p>
<p class="Mateo-Ruina">No me quedaba otro remedio que ir llev&aacute;ndolo como buenamente pod&iacute;a, con el &uacute;nico alivio de que el cuerpo esquel&eacute;tico y desgalichado no pesaba mucho, ya que los doce a&ntilde;os, todav&iacute;a escasos, ten&iacute;an la merma de su raquitismo y poco a poco recompon&iacute;a el esfuerzo de moverse por s&iacute; mismo, prevalecido de la vanidad de hacerlo y del menosprecio a quien le ayudaba. No hab&iacute;a nada que &eacute;l quisiera o necesitase. Ninguna acci&oacute;n o voluntad que contradijera su arrogancia, el m&eacute;rito de sus merecimientos y el desprecio a quien los contradijera o contrarrestara.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 09:03:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad Puértolas y Manuel Rico presentarán el nuevo número de la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/soledad-puertolas-y-manuel-rico-presentaran-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/SOLEDAD_PU_RTOLAS_12_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz (Calatayud, Zaragoza, 1946-2021) fue, adem&aacute;s, no s&oacute;lo un hist&oacute;rico colaborador de TURIA sino un veterano suscriptor de la misma. De ah&iacute; que, tanto la revista TURIA como el&nbsp; Ayuntamiento su ciudad, hayan acordado sumar esfuerzos y rendir a este ilustre y muy apreciado hijo de Calatayud un m&aacute;s que merecido homenaje. Con ese objetivo compartido, el monogr&aacute;fico que ahora se le dedica re&uacute;ne a los mejores y m&aacute;s reconocidos estudiosos de su obra, as&iacute; como a varios especialistas en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Buena prueba de ello es que colaboran un total de 14 autores coordinados por Javier Barreiro, gran experto en la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz y uno de sus m&aacute;s valiosos amigos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de TURIA se dar&aacute; a conocer los d&iacute;as 21 de noviembre en Calatayud, por parte de Manuel Rico, y 28 de noviembre en Teruel, mediante un conversatorio con Soledad Pu&eacute;rtolas. Ambos autores respaldar&aacute;n con su participaci&oacute;n esa filosof&iacute;a de trabajo que ha definido la trayectoria de la revista y que ha sido el secreto de su longevidad y de su &eacute;xito: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, a los autores emergentes y a los cl&aacute;sicos de nuestros d&iacute;as. Un ejercicio permanente de mestizaje cultural y de convivencia ideol&oacute;gica, est&eacute;tica y generacional que, junto a los atractivos monogr&aacute;ficos dedicados a autores de inter&eacute;s que protagonizan cada n&uacute;mero, han consolidado su labor cultural m&aacute;s all&aacute; de las modas y conquistado el favor de los buenos lectores.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>POEMAS IN&Eacute;DITOS DE JOS&Eacute; VER&Oacute;N GORMAZ</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA, dedica su monogr&aacute;fico a reivindicar al escritor aragon&eacute;s Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, fallecido en 2021. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento/relanzamiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n que su obra merece en el &aacute;mbito de la cultura hisp&aacute;nica. Porque TURIA considera que Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, un autor reconocido y laureado en Arag&oacute;n, deber&iacute;a ser apreciado como uno de los poetas m&aacute;s estimables de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimos d&eacute;cadas. De &nbsp;ah&iacute; &nbsp;que, para fomentar su lectura, protagonice un amplio y cuidado monogr&aacute;fico en &nbsp;el &nbsp;que &nbsp;participan 14 autores. Tambi&eacute;n se publican seis poemas in&eacute;ditos, ya p&oacute;stumos, del propio Ver&oacute;n Gormaz. Pertenecen a &ldquo;Manual de incertidumbre&rdquo; un libro de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n por la editorial Olifante.</p>
<p>En opini&oacute;n de Javier Barreiro, que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz &ldquo;en su dedicaci&oacute;n tan apasionada como duradera a su vocaci&oacute;n l&iacute;rica, en general, ha sido bastante inmune a las modas&rdquo;. De ah&iacute; que, al analizar su trayectoria, subraye como elemento fundamental su &ldquo;personalidad tan discreta como ir&oacute;nica&rdquo;, su &ldquo;cultura tan proteica como intensa&rdquo; y su &ldquo;honestidad personal siempre admirada por quienes le acompa&ntilde;aron&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, asegura Barreiro que &ldquo;la sobriedad presente en los &uacute;ltimos libros de Ver&oacute;n le ha permitido escapar del antipo&eacute;tico vicio de la divagaci&oacute;n, presente en mucha de la poes&iacute;a hodierna, que, a veces, no parece prosa po&eacute;tica sino periodismo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA PREMIO NOBEL DE LITERATURA OLGA TOKARCZUK ESCRIBE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
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<p>Quiz&aacute; &nbsp;la &nbsp;colaboraci&oacute;n &nbsp;internacional &nbsp;m&aacute;s &nbsp;relevante &nbsp;de &nbsp;esta &nbsp;entrega &nbsp;de TURIA sea el texto in&eacute;dito de una autora de contrastada val&iacute;a literaria: la polaca Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura en 2018.&nbsp; Se trata del inicio de su nueva novela &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo;, que publicar&aacute; la editorial Anagrama en espa&ntilde;ol en 2025. Las empusas del t&iacute;tulo son criaturas fant&aacute;sticas del folklore griego antiguo, consideradas a menudo demon&iacute;acas.&nbsp;</p>
<p>Para Tokarczuk, la literatura puede ser un espacio donde crear mitos, deshacer silencios y ampliar los imaginarios que gobiernan el presente.&nbsp;Adem&aacute;s de por su calidad e inter&eacute;s, su labor intelectual ha sido reconocida por su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos en Polonia. Tokarczuk es autora de nueve novelas y tres libros de relatos, sus obras se han traducido a cuarenta y cinco lenguas y ha obtenido prestigiosos premios en su pa&iacute;s y fuera de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>La acci&oacute;n de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo; sucede en G&ouml;rbensdorf, Baja Silesia, en 1913. El joven polaco Miecyslaw Wojnicz, estudiante de ingenier&iacute;a, llega en busca de aire puro y de una cura para su tuberculosis en el prestigioso sanatorio local. Se aloja en la pensi&oacute;n para caballeros de Wilhelm Optiz, donde coincide con otros enfermos procedentes de toda Europa.&nbsp;</p>
<p>Por &nbsp;las &nbsp;tardes, &nbsp;entonados &nbsp;por &nbsp;el &nbsp;potente licor, los hu&eacute;spedes conversan sobre lo divino y lo humano. &iquest;Habr&aacute; guerra en el continente? &iquest;Las mujeres nacen inferiores? &iquest;Existen los demonios? &iquest;Es preferible la monarqu&iacute;a o la democracia? &iquest;Al leer un texto cuyo autor se desconoce se puede deducir si lo ha escrito un hombre o una mujer?&nbsp;</p>
<p>Y entre tanto, en ese id&iacute;lico paraje suceden cosas inquietantes:&nbsp;la esposa del due&ntilde;o de la pensi&oacute;n al parecer se ha suicidado hace poco, circulan rumores de que en los bosques de las monta&ntilde;as circundantes se producen muertes violentas y se intuye la presencia de alguien o algo que observa y acecha.&nbsp;</p>
<p>Hay en esta novela claros ecos de otra escrita hace ahora cien a&ntilde;os:&nbsp;&ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;&nbsp;de Thomas Mann, con la que la Premio Nobel polaca juega y dialoga desde una mirada contempor&aacute;nea y feminista. Lo que la autora nos propone es una relectura y reescritura de esa obra magna -y acaso caduca en muchos aspectos- del pasado. Y lo hace con su envolvente impuso narrativo, su potente prosa, su capacidad de observaci&oacute;n de los comportamientos humanos y su particular sentido del humor.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>SOLEDAD PU&Eacute;RTOLAS Y MANUEL RICO, DOS AUTORES MUY VINCULADOS A &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Soledad Pu&eacute;rtolas y Manuel Rico, dos grandes autores espa&ntilde;oles muy vinculados a la trayectoria de la revista, &nbsp;ser&aacute;n los encargados de dar a conocer el nuevo n&uacute;mero de TURIA a los lectores. Se da la circunstancia de que ambos no s&oacute;lo han colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que la escritora y acad&eacute;mica aragonesa Soledad Pu&eacute;rtolas, protagoniz&oacute; el n&uacute;mero 100 de TURIA en 2011.&nbsp; &nbsp;</p>
<p class="zfr3q">En &nbsp;primer &nbsp;lugar &nbsp;se &nbsp;desarrollar&aacute; &nbsp;una &nbsp;presentaci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;TURIA &nbsp;en &nbsp;Calatayud, &nbsp;el &nbsp;jueves &nbsp;21 de noviembre y a las 19 h. en el Aula cultural San Benito. En este acto intervendr&aacute; Manuel Rico, escritor y cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, adem&aacute;s de Presidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Para Rico, que tambi&eacute;n participa con un art&iacute;culo en el monogr&aacute;fico sobre Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, el autor bilbilitano podr&iacute;a ser valorado como un &ldquo;poeta consciente de la contemporaneidad y de las corrientes de fondo que caracterizaban la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, cuid&oacute;, a lo largo de su obra, compuesta de una treintena de poemarios, su independencia y su vocaci&oacute;n de singularidad dando lugar a una poes&iacute;a que no se parece a ninguna otra y en la que la&nbsp;&nbsp; reflexi&oacute;n sobre la propia materia po&eacute;tica es un vector esencial&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Una segunda presentaci&oacute;n de TURIA se llevar&aacute; a cabo en Teruel, en el sal&oacute;n de actos de la Delegaci&oacute;n Territorial del Gobierno de Arag&oacute;n. Ser&aacute; el 28 de noviembre, a las 19,30 horas, cuando la escritora Soledad Pu&eacute;rtolas mantendr&aacute; un interesante conversatorio con el periodista cultural de RNE y poeta Fernando del Val. Un di&aacute;logo enriquecedor que servir&aacute; para que conozcamos mejor la personalidad y la obra de una de las escritoras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas m&aacute;s destacadas. Por otra parte, la presencia de la tambi&eacute;n acad&eacute;mica de la RAE ha sido una constante en la revista TURIA. Una vinculaci&oacute;n estrecha y mantenida en el tiempo que culmin&oacute; en un espectacular monogr&aacute;fico que ratificaba la condici&oacute;n de escritora consagrada de Soledad Pu&eacute;rtolas y que acreditaba, al mismo tiempo, su plena vitalidad creativa. Seg&uacute;n el fil&oacute;logo y editor Daniel Fern&aacute;ndez, que elabor&oacute; el art&iacute;culo introductorio de aquel monogr&aacute;fico, &ldquo;Soledad est&aacute; especialmente dotada para narrarnos de alguna forma la confusi&oacute;n y el desconcierto&nbsp;de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>TURIA, UNA REVISTA CULTURAL CON 41 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En los 41 a&ntilde;os de trayectoria, que cumplir&aacute; el pr&oacute;ximo mes de noviembre, ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores y un total de 46.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista ingres&oacute; el pasado 7 de octubre en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Su director, el poeta y profesor Luis Garc&iacute;a Montero, calific&oacute; a TURIA como una revista mod&eacute;lica con "una historia irrepetible" y cuya iniciativa ha servido para "ampliar nuestro esp&iacute;ritu y tener una mirada cultural m&aacute;s ambiciosa".&nbsp;</p>
<p>Con anterioridad, TURIA obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s,&nbsp; en 2023, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 14.000 seguidores. El perfil de sus lectores nos informa de que se trata por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha obtenido, por otra parte, el apoyo del Ayuntamiento de Calatayud.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 12:18:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imprescindible rescate del artista y pedagogo Luis Torres Pastor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/imprescindible-rescate-del-artista-y-pedagogo-luis-torres-pastor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/LUIS_TORRES_PASTOR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La monograf&iacute;a dedicada al artista y pedagogo <em>Luis Torres Pastor</em> (Rubielos de Mora, Teruel, 1913--Valencia, 2013) ha sido fruto de una estrecha, deseada y consciente colaboraci&oacute;n, entre sus tres autores --Francesc Miralles Bofarull (Tarragona, 1940), Ricardo Garc&iacute;a Prats (Puertomingalvo, 1947) y Mart&iacute;n Dom&iacute;nguez Romero (Madrid,1966)-- adem&aacute;s de contar con el oportuno y decisivo respaldo de su tierra chica y la constancia visceral de su incansable hija, pintora y grabadora, la conocida Rosa Torres Molina (Valencia, 1948), cuya admiraci&oacute;n y afecto sostenido, por su padre, se han convertido, sin duda, en la clave eficaz y el determinante motor de esta esperada, oportuna y justa publicaci&oacute;n. Era imprescindible, sin duda, recordar y rescatar del olvido su trayectoria art&iacute;stica y vital.</p>
<p>He especificado, conscientemente, los roles de <em>artista y pedagogo,</em> al matizar el alcance de la biograf&iacute;a, porque, en este caso, como en otros muchos, se trata de dos vertientes fundamentales y estrechamente co-implicadas, en el desarrollo de la trayectoria vital y profesional, del autor estudiado, siempre vinculadas, ambas facetas, tanto a la docencia de las artes pl&aacute;sticas, como al ejercicio investigador de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, funcionalmente incorporadas, adem&aacute;s, de forma directa, a sus entreveradas tareas como dibujante, pintor y escultor.</p>
<p>Como en tantas otras circunstancias hist&oacute;ricas familiares --paralelas y similares, abundantes en tantos periodos anteriores y actuales-- los padres de Luis Torres Pastor, buscando un mejor marco de sobrevivencia, para su linaje numeroso (siete hijos), en calidad de migrantes interiores &ndash;en aquellos tiempos tan duros como dif&iacute;ciles-- se trasladaron de Rubielos de Mora a la ciudad de Valencia, siendo el mismo Luis --nuestro protagonista, en esta espec&iacute;fica historia-- solo un ni&ntilde;o.</p>
<p>Este cambio radical de contexto sociocultural posibilitar&iacute;a, m&aacute;s tarde, que el muchacho pudiese matricularse, con plenas e ilusionadas aspiraciones, en la Escuela de Artes y Oficios, como fase inicial, vers&aacute;tilmente preparatoria y capacitante de cara a sus deseos, y que luego, como veremos, asimismo --siendo habitual y aconsejable, dado su caso-- pasase a estudiar, complementariamente, ya m&aacute;s tarde, en la posguerra, alguno de los niveles superiores, organizados en los Planes de Estudios vigentes, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos (donde oficialmente se impart&iacute;an especialidades de Dibujo, Grabado, Pintura y Escultura).</p>
<p>Pero en tal intervalo cronol&oacute;gico, como es bien sabido, estas generaciones vieron interrumpidos sus proyectos personales, dram&aacute;ticamente, por el estallido del Golpe Militar de 1936, contra el Gobierno Republicano. (Incluso en la propia monograf&iacute;a se habla, sin tapujos, de &ldquo;generaciones fracasadas&rdquo;, debido, testimonialmente, a la distancia existente, entre los previos deseos perseguidos hist&oacute;ricamente y sus efectivas consecuencias posteriores, convertidas, al fin y al cabo, en funcionales salidas adaptadas y/o logros personales, transformados por la realidad circundante).</p>
<p>De hecho, llegado el momento y por la edad cumplida, Torres Pastor fue reclutado y movilizado, desde Valencia, en aquel trienio b&eacute;lico, participando directamente en el llamado frente de Teruel, del que acab&oacute; desertando, quiz&aacute;s muy consciente del doble drama que, efectivamente, por una parte se estaba viviendo y adem&aacute;s, por otra, se aproximaba: tanto en relaci&oacute;n con los concretos resultados b&eacute;licos, dado el marcado decurso de la contienda, como por lo que se fraguaba, de cara a la radicalidad del per&iacute;odo posterior, con la implantaci&oacute;n de la dilatada dictadura.</p>
<p>Tras los cursos iniciales, realizados en El Carmen, donde recibi&oacute; las bases t&eacute;cnicas pertinentes en dibujo, pintura y estampaci&oacute;n, prefiri&oacute;, el joven Luis Torres, por decisi&oacute;n propia, especializarse en escultura, en plena d&eacute;cada de los cuarenta, &aacute;mbito por el que se hab&iacute;a sentido sumamente atra&iacute;do, siempre, en este per&iacute;odo de formaci&oacute;n. Quiz&aacute;s una especialidad m&aacute;s costosa (en el doble sentido de <em>trabajosa </em>y de <em>m&aacute;s cara</em>) precisamente por los precios de origen de los diversos materiales utilizados.</p>
<p>Es sabido que sus profesores --Jos&eacute; Capuz (Valencia, 1884-Madrid, 1964) y Carmelo Vicent (Valencia, 1890-1957) entre otros-- valoraron debidamente sus estudios, preparaci&oacute;n y pr&aacute;cticas escult&oacute;ricas, como se nos informa en la monograf&iacute;a, por las noticias recibidas, a trav&eacute;s de sus memorias, documentos y entrevistas disponibles. Cont&oacute; Torres Pastor con compa&ntilde;eros generacionales como Esteve Edo (Valencia, 1917-2015), Carmelo Pastor (Valencia 1924-1966) o Amadeo Gabino (Valencia, 1922-Madrid, 2004).</p>
<p>Ya entonces --como tambi&eacute;n en la actualidad-- al finalizar los estudios de Bellas Artes, era y sigue siendo habitual toparse con una especie de dualidad electiva, frente a la realidad sociocultural y econ&oacute;mica exterior: o bien intentar asegurarse una plaza docente de las materias estudiadas, opositando a funcionario del estado; o bien aventurarse a montar un <em>atelier </em>y producir obra para el posible mercado art&iacute;stico circundante. Incluso se ha venido dando hist&oacute;ricamente y sigue propici&aacute;ndose la versi&oacute;n h&iacute;brida de ambas opciones, a caballo entre la actividad del taller y la docencia paralela. O, incluso, alternativamente, tambi&eacute;n, se mantiene un trabajo exterior de sobrevivencia, al margen de la pasi&oacute;n art&iacute;stica pertinente.</p>
<p>Torres Pastor, cursada su formaci&oacute;n en la Escuela de Bellas Artes, se casaba con Leonor Molina (de Mosqueruela), en el a&ntilde;o 1946, joven residente en Valencia y atra&iacute;da por los estudios del dise&ntilde;o de moda. En pocos a&ntilde;os construyen su familia y se dan cuenta de la complejidad vital a la que se enfrentan, laboralmente.</p>
<p>En aquel contexto, pronto Luis Torres toma nota, por experiencia directa, de la dificultad que iba a comportar, para &eacute;l, vivir de la escultura, que era y segu&iacute;a siendo su pasi&oacute;n ya que no hab&iacute;a menguado aquella radicalidad vocacional, inicialmente preferente, en su entrega al mundo del arte. En tal sentido, incluso hab&iacute;a ya acudido, en esa &eacute;poca, forzando posibilidades, a la ayuda de un trabajo complementario y exterior, como refuerzo, (industria del mueble) y, con ese bagaje de contrastes, asume la decisi&oacute;n definitiva, bien meditada, de preparar las oposiciones a una plaza de profesor de Dibujo de Ense&ntilde;anzas Medias, como tantos otros compa&ntilde;eros de promoci&oacute;n.</p>
<p>Efectivamente, un tiempo despu&eacute;s, ya con su t&iacute;tulo bajo el brazo de Profesor Adjunto de Dibujo y de acuerdo con su cualificaci&oacute;n, se le asigna una plaza entre las disponibles, en el marco de las Ense&ntilde;anzas Medias, en la geograf&iacute;a nacional, concretamente se convierte en el titular de esa docencia, en el Instituto de Llodio (&Aacute;lava). En consecuencia, tuvo que poner rumbo, con su nueva familia, hacia el Pa&iacute;s Vasco (1952). De hecho, en ese activo y acumulativo &iacute;nterin vital, de decisiones, trabajo, sobrevivencia y estudio, Luis Torres con Leonor Molina hab&iacute;an tenido dos hijas (Rosa y Luisa).</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, por referirnos globalmente a su trayectoria de profesor, decidir&iacute;a complementar su estatus acad&eacute;mico y econ&oacute;mico, opositando, de nuevo, esta vez apuntando determinantemente hacia la obtenci&oacute;n de una C&aacute;tedra de Ense&ntilde;anzas Medias. Lo consigui&oacute; y consecuentemente, ya en 1980, solicitar&aacute; el traslado a la ciudad valenciana de X&agrave;tiva, donde continu&oacute; ejerciendo su especialidad pedag&oacute;gica, hasta la inmediata coyuntura de su jubilaci&oacute;n.</p>
<p>Comenzando por la faceta pedag&oacute;gica, conviene resaltar que, a lo largo de su destino docente, Torres Pastor afianz&oacute; su marcado compromiso y creciente responsabilidad con sus tareas socioformativas. Se trataba, sobre todo, de educar est&eacute;ticamente al alumnado, en paralelo al hecho de facilitarle el aprendizaje de las t&eacute;cnicas b&aacute;sicas de dibujo preceptivas, en los programas ministeriales. Se consideraba, sin duda y sobre todo, educador y maestro, habiendo dejado amplios y numerosos testimonios --tanto en Llodio (1952-1979), como en X&agrave;tiva (1980-82)-- de su labor, prestigio, entrega y constancia profesionales. La monograf&iacute;a insiste, sobradamente, en esta concreta vertiente, ejemplificando el tema, incluso con abundantes declaraciones propias del artista estudiado.</p>
<p>En relaci&oacute;n a su amplia y persistente actividad dibuj&iacute;stica y pict&oacute;rica, ejercitadas, hist&oacute;ricamente, a costa del repliegue sistem&aacute;tico, por compensaci&oacute;n, del cultivo de la escultura, como ya hemos apuntado &ndash;a pesar de considerarse, en sus primeras d&eacute;cadas y en su intimidad personal, ante todo, escultor, <em>a radice</em>-- se hace imprescindible analizar sosegadamente las etapas propias de la trayectoria art&iacute;stica de Torres Pastor, comenzando, en un primer acercamiento, a la puntualizaci&oacute;n estil&iacute;stica de sus rasgos m&aacute;s destacados y caracter&iacute;sticos, de aquella dilatada y b&aacute;sica &eacute;poca suya (1952-1984), como pueden ser, por ejemplo: su obsesi&oacute;n por el tratamiento del color, la constante atenci&oacute;n tem&aacute;tica a su entorno, la reiteraci&oacute;n de su inter&eacute;s por los paisajes, as&iacute; como a la vitalidad expresiva de la vida cotidiana o su intensa admiraci&oacute;n por la pintura japonesa y el aligeramiento de las formas, junto la simplificaci&oacute;n espec&iacute;fica de las figuras y el cuidado de las atm&oacute;sferas lum&iacute;nicas o el hecho, en fin, de &nbsp;ser capaz de <em>desdibujar</em> con plena soltura. Rasgos estos que, por cierto, predominaron, rotundamente, durante d&eacute;cadas en su quehacer pl&aacute;stico.</p>
<p>No en vano, diariamente pintaba en su estudio, tras el horario cumplido de las clases, como si se tratara de un deber premonitorio y generalizado, para &eacute;l. De hecho, se esforzaba, peri&oacute;dicamente, por llevar a cabo exposiciones personales en diversos centros culturales del entorno vasco y de distintas capitales pr&oacute;ximas, en aquellas d&eacute;cadas, buscando, de alguna manera, asimismo, ejemplificar la fuerza de la cultura visual del momento y fomentar el cultivo de la educaci&oacute;n est&eacute;tica en los visitantes. (Habilit&oacute;, con indiscutible asiduidad, cerca de dos docenas de muestras individuales, a lo largo de su panor&aacute;mica dedicaci&oacute;n-- facilitando, de este modo una informaci&oacute;n determinante y de explicable inter&eacute;s, a la vez que afianzaba su prestigio y reconocimiento). En la biograf&iacute;a publicada se recurre, a menudo, a los documentos, cr&iacute;ticas y comentarios en la prensa, referentes a dichas muestras personales suyas.</p>
<p>Muy oportuno es, igualmente, gracias a la monograf&iacute;a que estamos comentando, descubrir el salto est&eacute;ticamente cualitativo (que se produce, entre la actividad pict&oacute;rica de Torres Pastor, cultivada en el bloque de 1985 y 2004, mientras se merma, a la vez, b&aacute;sicamente su dedicaci&oacute;n escult&oacute;rica), giro est&eacute;tico que transformar&aacute; sus pr&aacute;cticas pict&oacute;ricas, iniciadas en X&agrave;tiva y que le ocupar&aacute; hasta sus postreros d&iacute;as, conformando un profundo reajuste, que cabr&iacute;a re-denominar como la atrevida propuesta de su <em>creciente geometrizaci&oacute;n tanto del paisaje, como de las arquitecturas e incluso de las personas </em>representadas en sus cuadros. Nunca dej&oacute; de pintar, tampoco en Valencia, cuando se interes&oacute;, de forma creciente, por las escenas de ba&ntilde;o, yendo asiduamente a la orilla del mar, tomando notas o acudiendo, con frecuencia, asimismo, a las programadas sesiones de trabajo del C&iacute;rculo de Bellas Artes de Valencia, con sus amigos y colegas.</p>
<p>Siempre he pensado que este inter&eacute;s --evidente en sus pr&aacute;cticas art&iacute;sticas, ya en plena madurez vital-- por el &aacute;mbito est&eacute;tico de la geometrizaci&oacute;n y sus posibilidades significativas y formales, no fue, de hecho, algo ajeno a la influencia del lenguaje pict&oacute;rico potenciado personalmente, de forma resolutiva, por su hija Rosa Torres, reconstruyendo / releyendo el paisaje, tambi&eacute;n durante d&eacute;cadas, en sus investigaciones incansables e impactantes, de fuerte vocaci&oacute;n vanguardista. No se trata aqu&iacute; de intentar asimilar ambos planteamientos, ni mucho menos, si no de hacer ver c&oacute;mo aquellas pr&aacute;cticas, que contempla, no sin sorpresa, Torres Pastor, en el estudio de su hija, le permiten, efectivamente, decantarse hacia una potencialidad pict&oacute;rica estructurante, que viabiliza la fuerza de la geometrizaci&oacute;n sistematizada, en las nuevas escenas, que precisamente armonizan personas y paisajes, en sus estudiadas pinturas. Conjuntos narrativos sumamente simplificados, potentes en su soltura y resueltos con colores fuertes, intensos y contrastados.</p>
<p>Tal fue, por cierto, la &uacute;ltima aventura visual de Torres Pastor --capaz a&uacute;n de revitalizar sus metas, hasta en su &uacute;ltima apuesta-- quiz&aacute;s buscando, en cierta manera, poder asimilar, de alguna manera, creativamente, la fuerza ejemplarizante y tentadora, que, a su vez, desped&iacute;an aquellos paradigm&aacute;ticos paisajes, habitados, a ultranza, por la contrastada y potente geometr&iacute;a de Rosa Torres, aquellos que, incluso, pod&iacute;an llegar a destruir radicalmente, la imagen misma de la naturaleza, en su exclusivo af&aacute;n de redefinirla, de nuevo, deconstruy&eacute;ndola incansablemente, en su secreto / enigm&aacute;tico diccionario visual, constantemente puesto a prueba y renovado.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p>Francesc Miralles <em>et al.</em> &ldquo;Luis Torres Pastor&rdquo;<strong><em>. </em></strong>Exordio, Ricardo Garc&iacute;a Prats. Ep&iacute;logo, Mart&iacute; Dom&iacute;nguez. Edita Ayuntamiento de Rubielos de Mora / Comarca Gudar-Javalambre. 2024. ISBN-978-84.09-62631-1. Dep&oacute;sito Legal: V-2355-2024. Impresi&oacute;n: Gr&agrave;fiques Garc&iacute;a Bes&oacute;. 71 p&aacute;ginas. Numerosas im&aacute;genes en color.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 11:40:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Ginés de la Jara: un monasterio, un monte, un grito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/san-gines-de-la-jara-un-monasterio-un-monte-un-grito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/GIULIA_CONTE_-_ZAIDA_S_NCHEZ_TERRER_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando las p&aacute;ginas de esta novela son abiertas por primera vez, se puede vislumbrar que las palabras de Giulia Conte descubren, detr&aacute;s de su velo, el rostro de una nueva gran dama de la literatura &iacute;ntima <em>en noir</em>, asom&aacute;ndose muy despacio a su lector. Al comienzo, sus palabras hablan disfrazadas de <em>r&eacute;cit, </em>invocando una situaci&oacute;n <em>durasiana, </em>envuelta en su visi&oacute;n del despertar de la conciencia de infancia en el personaje de Nathalie, afirmando que &ldquo;la infancia tiene cosas terribles de las que nadie sabe. Y ya, desde peque&ntilde;os, nos crecen por dentro caracteres monstruosos que, luego, con los a&ntilde;os, se convierten en rocas que nos varan&rdquo; (p. 31).</p>
<p>Desde este despertar, tenemos el inmenso placer de presentar a Giulia Conte. Naci&oacute; en la Murcia de principios de los a&ntilde;os sesenta, desde donde inici&oacute; un eterno periplo inagotable por los paisajes y las almas de la mujer y su universo. Giulia Conte desembarc&oacute; en la literatura a trav&eacute;s de la uni&oacute;n de las sensibilidades, de las almas y, por supuesto, de los cuerpos de Zaida S&aacute;nchez Terrer y de Ana Verd&uacute; Conesa. Zaida S&aacute;nchez curs&oacute; estudios de Filolog&iacute;a, y Ana Verd&uacute;, de Veterinaria, en su Universidad local. No ser&iacute;a justo decir que Giulia Conte es su solo su heter&oacute;nimo. Giulia Conte es la uni&oacute;n de ambas, de la mujer universal y del lector invitado, en forma de <em>inspector Lecteur</em>, como ser&aacute; presentado en estas p&aacute;ginas.</p>
<p>Esta novela re&uacute;ne las variables de la novela<em> </em>negra rom&aacute;ntica, que ahora se nutre tambi&eacute;n del aroma est&eacute;tico del <em>roman &agrave; clef</em> mediante la duda, la deuda, el pasado, el dolor, con el fin de favorecer su tratamiento literario siempre ligado al desgarro, a la violencia del amor o al hecho de morir para seguir viviendo. En <em>Las voces del Monasterio</em>, Giulia Conte tiene el instinto creativo de Marguerite Duras y la sagacidad deductiva de Djuna Barnes. Son los universos existenciales de las principales protagonistas, Nathalie y Julia, los que llevan de la mano al lector hasta deslizarse por los recovecos m&aacute;s s&oacute;rdidos y condolidos de la naturaleza humana, desde el triunfo de sus propias ruinas, como le ocurre al monasterio, verdadero protagonista de esta historia. Mientras tanto, para el inspector Lecteur, que investiga en Par&iacute;s la extra&ntilde;a muerte de Nathalie, <em>&nbsp;</em>su devenir cotidiano es un encuentro consigo mismo, desde la <em>Place des Vosges</em>, paseando por los empedrados m&aacute;s sonoros del <em>Marais,</em> hasta poder respirar el aire fresco de San Gin&eacute;s de la Jara y el Monte Miral en Cartagena.</p>
<p>Desde el punto de vista po&eacute;tico narrativo, como una aut&eacute;ntica pieza de metaliteratura, la novela <em>Las voces del monasterio</em> est&aacute; estructurada en diez cap&iacute;tulos titulados y once invocaciones, articuladas en nombres propios franceses, susurros de la mujer universal que habita en las paredes de este tr&iacute;ptico conformado por los paisajes de Par&iacute;s, Cabo de Palos, y San Gin&eacute;s de la Jara, a trav&eacute;s de sutiles reminiscencias de Colette, Stendhal y Andr&eacute; Gide.</p>
<p>Asimismo, Giulia Conte nos invita a recordar su compromiso po&eacute;tico con la tierra y el patrimonio murciano. Es cierto que el car&aacute;cter l&iacute;rico de su prosa ha nacido de la esencia po&eacute;tica del pueblo, desde su propia tierra como ra&iacute;z, encarnada en las manos de cada lector. As&iacute; lo describe Miguel Hern&aacute;ndez en su obra &ldquo;Viento del pueblo&rdquo;, escrita en 1937, mediante la dedicatoria dedicada a Vicente Aleixandre, donde nos habla de la tierra como cimiento del poeta. Mar&iacute;a Herrera, en su pr&oacute;logo, da fe de este destino cuando afirma que:</p>
<p>&ldquo;Con esta obra, la autora contribuye al rescate del patrimonio murciano, pues su lectura favorece y provoca el inter&eacute;s y deseo en el lector de conocer el citado monasterio, as&iacute; como los dem&aacute;s lugares que lo rodean y donde trascurre la novela.</p>
<p>La lectura plantea al lector el concepto de multiverso, los universos paralelos, as&iacute; como las causalidades y revelaciones. De esta forma el lector cae en la cuenta de que nuestro universo podr&iacute;a ser uno en un n&uacute;mero infinito de universos paralelos, pudiendo existir conexiones entre estos&rdquo; (p. 14).</p>
<p>Momentos antes, Mar&iacute;a Herrera nos introduce a este paisaje comentando que &ldquo;la novela se encuentra ubicada en dos escenarios muy distintos: Cabo de Palos y Par&iacute;s, manteniendo como tel&oacute;n de fondo el monte Miral y el derruido Monasterio de San Gin&eacute;s de la Jara, declarado BIC con categor&iacute;a de sitio hist&oacute;rico en 1992, donde se hallan bienes paleontol&oacute;gicos, arqueol&oacute;gicos, y testigos de historia medieval, moderna y contempor&aacute;nea de la Regi&oacute;n de Murcia&rdquo; (p. 13).</p>
<p>Concluye su pr&oacute;logo diciendo que &ldquo;se trata pues de un multiverso, con el monasterio como tel&oacute;n de fondo, donde las &ldquo;voces del monasterio&rdquo; llaman a los diversos personajes ubicados en diferentes puntos geogr&aacute;ficos conectando de esta manera los distintos espacios&rdquo; (p. 14).</p>
<p>Nuestra autora inicia la novela con la muerte Nathalie, casi como decisi&oacute;n vital pura y consecuente con la desolaci&oacute;n de su propio impulso:</p>
<p>&ldquo;Algunos suicidas son personas que no lo han pensado dos veces. Son gente impulsiva, valiente, consecuente con su malestar, no como la mayor&iacute;a, que nos acostumbramos a la vida, aunque nos pese.&rdquo; (p. 25), porque &ldquo;la muerte es lo de menos, es la vida la gran protagonista, la que se lleva todo&rdquo; (p. 55).</p>
<p>Pero en realidad no sabemos c&oacute;mo ha muerto Nathalie. Esa muerte parece m&aacute;s un recorrido de p&eacute;rdidas. Ya en su infancia, el patio de juegos era el preludio de esa geograf&iacute;a silenciosa llena de dudas que va convirti&eacute;ndose en carencia, en ese silencio que&nbsp; &ldquo;se instala en la forma de jugar, de mirar a las amigas, de responder en el colegio&rdquo; (p. 31).</p>
<p>Para sobrevivir, dentro de aquel caos organizado, Nathalie aprendi&oacute; a distanciarse de su madre &ldquo;para no ser golpeada por su desd&eacute;n. Y eso me salv&oacute;, pero arruin&oacute; mi infancia. La inocencia se pobl&oacute; de prejuicios, de calculada prevenci&oacute;n, de sutiles cautelas&rdquo;. Llega a constatar que se convirti&oacute; &ldquo;en una ni&ntilde;a introvertida para no ser descubierta y empez&oacute; a escribir&rdquo; (p. 107)</p>
<p>Esta conversi&oacute;n se transforma en elemento clave de metaliteratura como doble ejercicio de maternidad en el texto de nuestra autora. Se trata del binomio Julia/Nathalie, las dos protagonistas, de su doble gestaci&oacute;n po&eacute;tica y maternal. &ldquo;Ahora vivo en la textualidad&rdquo;, afirma Nathalie. Como tal, este binomio siembra la entra&ntilde;a creativa de Ana/Zaida, a su vez, para gestar a Giulia Conte desde la complicidad m&aacute;s pura.</p>
<p>En este proceso de metaliteratura, la creaci&oacute;n literaria de Giulia Conte mediante Julia/Nathalie y desde Ana/Zaida es mucho m&aacute;s grata. No hay tanta responsabilidad o est&aacute; diluida entre emisores y receptores, autores y personajes, suspiros y paisajes, contenidos y continentes.</p>
<p>Otro aspecto que merece atenci&oacute;n en esta obra son los ecos de surrealismo po&eacute;tico, heredados de las obras de Gabriel Mir&oacute;, Azor&iacute;n, Juan Gil Albert y Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez. Desde esta situaci&oacute;n, tambi&eacute;n podemos disfrutar de ecos naturalistas apreciados en momentos basados en la descripci&oacute;n c&aacute;lido-crom&aacute;tica de la paisaj&iacute;stica de estos enclaves, donde el color del alma de San Gin&eacute;s y el Monte Miral susurran una sensualidad serena, que recuerda a ese cielo protector que ya evoca Paul Bowles en la obra del mismo nombre.</p>
<p>Esta tradici&oacute;n surrealista cobra un toque <em>blixeniano</em> cuando describe que &ldquo;la atracci&oacute;n que sin ton ni son siento por el monte Miral me fascina. Y no pienso resistirme. Es la tercera salida sola y en coche lejos de cabo de Palos, y de nuevo me dirijo all&iacute;&rdquo; (p 139). Momentos m&aacute;s tarde, la pasi&oacute;n <em>blixeriana</em> recobra su serenidad <em>yourcernariana</em> al afirmar que &ldquo;sigo contemplando el Monasterio de San Gin&eacute;s, all&aacute; abajo, el campo y el mar al fondo. Marr&oacute;n y verde en sus palmeras, naranjas de d&aacute;tiles en lo alto. Qu&eacute; bonito es. Me imagino sus huertos cuidados, sus muros completos y recios, sus tejados intactos, su torre orgullosa. Un monasterio, varias ermitas &hellip; &ldquo; (p. 142).</p>
<p>Dentro de estos paralelismos, merece ser destacado este fragmento donde nuestra autora nos evoca a las palabras del Conde de Volney desde la Palmira de su imaginaci&oacute;n cuando se afirma:&nbsp; &ldquo;salgo de las ruinas y bordeo ahora la ermita por la derecha para regresar al punto de partida, la fachada principal. Quiero disfrutar de la magn&iacute;fica panor&aacute;mica una vez m&aacute;s antes de alejarme del monasterio entre palmeras y el mar de fondo, pero no lleg&oacute; a completar el rodeo&rdquo; (p. 144).</p>
<p>La novela<em> Las Voces del Monasterio</em> despliega multitud de alas, como los &aacute;ngeles que, seg&uacute;n la leyenda, ayudaron a San Gines a construir una de las ermitas del Monte Miral. Este es tan s&oacute;lo uno de los escenarios de los muchos mundos posibles en los que la obra nos sumerge, mostrando un alma que diverge en varias esencias. Los personajes que aparecen en la novela no hacen m&aacute;s que buscar una identidad a trav&eacute;s de la acci&oacute;n literaria, de las formas reflejadas en su espejo, del silencioso banquete explosivo que resulta de sus m&uacute;ltiples interrelaciones.</p>
<p>Para terminar se hace necesario elegir un &uacute;ltimo <em>memento</em> que complete esta invitaci&oacute;n a su lectura. Nos estamos refiriendo a la calidad r&iacute;tmica, al valor sonoro y musical del texto. La afinada sensualidad <em>contiana</em>, conducida de un modo literario desde un contexto postmodernista, puede ser distinguida entre miles de envolturas. Por ejemplo, en la eufon&iacute;a de los nombres, donde nuestra autora se deja llevar por la epidermis tan atractiva de sus t&eacute;rminos y nos descubre denominaciones de personas, lugares y cosas, cuyo simple enunciado produce en el lector ese inmenso placer voluptuoso que nos provocan las palabras cuando est&aacute;n habitando el preciso lugar que les pertenece.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Giulia Conte, <em>Las voces del monasterio</em>. Murcia, Raspabook, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 11:21:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marina Oroza: “Solo tienen resonancia las palabras que parimos con vértigo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marina-oroza-solo-tienen-resonancia-las-palabras-que-parimos-con-vertigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARINA_OROZA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marina Oroza es hija del tambi&eacute;n poeta Carlos Oroza (Galicia, 1923-2015), un personaje que habita el imaginario colectivo de quienes persiguen lo ind&oacute;mito de lo po&eacute;tico, de quienes hacen (o admiran c&oacute;mo otros lo hacen) de su biograf&iacute;a su mejor verso. Imprevisible, inspirado, rebelde. Pero este poeta fue hombre, y el v&iacute;nculo que teji&oacute; con su hija fue &aacute;spero, complejo, de tan invisible incurable. De ello habla en <em>Decir</em> (&Aacute;rdora), un artefacto po&eacute;tico en el que se conjuran los efectos y las ausencias, donde su convoca la belleza y el dolor exacto de dos vidas que ni siquiera discuten. O s&iacute;, de otra manera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que abrirse a la extra&ntilde;eza, al asombro&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para &ldquo;entrar en uno mismo&rdquo;, &iquest;qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere?</p>
<p>- Supongo que hay que prepararse para entrar de puntillas, con mucho respeto. Abrirse a la extra&ntilde;eza, al asombro. Atender a lo que puede ser y no es, pero es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera se vence el pudor para contar (decir) esta historia tan &iacute;ntima?</p>
<p>- En mi casa no se pod&iacute;a hablar de mi origen, era un tab&uacute; familiar. A pesar de todo, fui creciendo a trancas y barrancas, qued&oacute; pendiente hasta ahora la necesidad de desmentir una leyenda, a nivel &iacute;ntimo y social. Una leyenda de la que he formado parte involuntariamente hasta ahora. Empec&eacute; a habitar el territorio social del que fui excluida, gracias a un esp&iacute;ritu inconformista y rebelde. He transgredido con mi existencia; de hecho, hoy en d&iacute;a no habr&iacute;a nacido. <em>Decir</em> es una necesidad vital que fluye con la fuerza de la corriente de un r&iacute;o y sobrepasa las piedras de su cauce. Por fin ya no es m&iacute;a esta historia ni esta herida, este libro es una cicatriz y es del mundo. Sin embargo, como es un libro, cuando se abre, tambi&eacute;n lo hace la herida y cuando se cierra, la herida se cierra. Conf&iacute;o y espero que este abrir y cerrar al lector le pueda servir como lo ha hecho conmigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sentido encontr&oacute; la escritura de <em>decir</em>?</p>
<p>- Ten&iacute;a que cerrar una historia para poder reconciliarme con mi ra&iacute;z. De ni&ntilde;a, solo cre&iacute;a lo que imaginaba, ese misterio alrededor de mi origen me daba mucha libertad. Pod&iacute;a inventar lo que quisiera, eran escenas que meticulosamente imaginaba, recuerdos inventados, como los del cine y los sue&ntilde;os. Despu&eacute;s vino una voz antigua, ese ritmo que escuchaba era el principio de un poema. Esa voz era una herramienta para transcribir lo que hab&iacute;a sucedido junto con lo que hab&iacute;a imaginado. He tenido que finalmente escribir para poder pensar y llegar a decir, la escritura permite diseccionar, investigar, reflexionar. El t&iacute;tulo del libro es <em>Decir</em>, sin embargo es escritura y funciona como una partitura. Primero estaba el silencio, im&aacute;genes sin palabras, luego lleg&oacute; esa voz que desemboc&oacute; en la escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo marca la escritura una ausencia insoslayable como la de un padre?</p>
<p>- Del mismo modo que marca la escritura todo lo que tiene que ver con el misterio de nuestro origen y el de nuestras peque&ntilde;as biograf&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Le devuelvo una pregunta que aparece en uno de los versos: &ldquo;&iquest;van frases en la sangre, palabras?&rdquo;</p>
<p>- S&iacute;, creo que son resonancias magn&eacute;ticas que vienen de una especie de or&aacute;culo gen&eacute;tico y biol&oacute;gico. Es una memoria ancestral de la voz. Por experiencia, s&eacute; que no es cultural, no depende de la vida en com&uacute;n, de la educaci&oacute;n ni de la informaci&oacute;n que te pueda llegar. Son ecos org&aacute;nicos de la sangre, se manifiestan con palabras. Vale la pena afinar el o&iacute;do para escucharlos, pero son m&aacute;s anecd&oacute;ticas que sustanciales. El procedimiento de la escritura po&eacute;tica es diferente al biogr&aacute;fico y al biol&oacute;gico, va por otro lado y es esencial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La belleza de los matices se puede apreciar cuando aceptas la vulnerabilidad y la transformas en fortaleza&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; brota de &ldquo;la tierra f&eacute;rtil de la resistencia&rdquo;?</p>
<p>- Brotan flores sencillas, humildes y orgullosas como las amapolas. Y brota la sensaci&oacute;n de haber cumplido con lo que te ha tocado vivir. La belleza de los matices se puede apreciar cuando aceptas la vulnerabilidad y la transformas en fortaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;les son esas &ldquo;palabras sin resonancia que quedar&aacute;n borradas por la niebla&rdquo;?</p>
<p>- Las palabras c&aacute;scara, las que nacen del ruido y no sienten. Solo tienen resonancia las palabras que parimos con v&eacute;rtigo, las palabras llave: funcionan como conjuros y nacen del silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que &ldquo;no seamos en todo momento / quien hubieran querido que fu&eacute;ramos / los que forman parte de nosotros&rdquo;, &iquest;es un alivio, una contrariedad, algo fatal?</p>
<p>- Es dif&iacute;cil de aceptar. Algo que juzgas como fatal y la contrariedad que genera se convierte en un alivio cuando logras aceptar lo que realmente es, sin juzgar ni buscar explicaciones. Lo importante es poder llegar a desentra&ntilde;arlo y saber lo que es. Los genes son solo un punto de partida para elegir lo que vas a potenciar y lo que no. La libertad de elegir es un gran honor cuando sabes lo que hay.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; territorio recorre esa &uacute;ltima palabra que requiere la vida entera para decirse?</p>
<p>- El inconsciente est&aacute; en el cuerpo. Esa &uacute;ltima palabra recorre el cuerpo en todas sus dimensiones y direcciones hasta que llega a tener la conciencia de si misma necesaria para poder articularse con propiedad, de manera rotunda y verdadera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El proceso de escritura solo es potente y transformador cuando es radicalmente honesto&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo el dolor convierte a alguien en poeta?</p>
<pre>- El dolor es un s&iacute;ntoma incapacitante, es la alarma que reclama la necesidad de sanar una herida. La escritura po&eacute;tica, aunque no lo parezca, es de una gran utilidad en este sentido. Entresaca las palabras de su contexto habitual para ponerlas al servicio de una transformaci&oacute;n, es la medicina necesaria para fluir con lo que, por ser inexplicable de nuestra existencia, es tambi&eacute;n maravilloso. El proceso de escritura solo es potente y transformador cuando es radicalmente honesto. </pre>
<pre>&nbsp;</pre>
<p>Cuando muri&oacute; mi padre biol&oacute;gico, escrib&iacute; un texto narrativo fruto de una catarsis dolorosa y, al cabo de los a&ntilde;os, he tenido la necesidad de cerrar esa historia con el fruto de una catarsis placentera que consiste en decir lo mismo, pero en clave po&eacute;tica. &ldquo;Decir&rdquo; es un poema largo que destil&oacute; el primer texto, hizo falta placer para formar finalmente la cicatriz.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 10:57:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La genialidad premiada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-genialidad-premiada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/LUIS_BU_UEL_Y_JEAN-CLAUDE_CARRI_RE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hab&iacute;amos conocido la querencia de Ferm&iacute;n Sol&iacute;s por la obra de Luis Bu&ntilde;uel con la aparici&oacute;n del majestuoso &ldquo;Bu&ntilde;uel en el laberinto de las tortugas&rdquo; que recog&iacute;a el rodaje de &ldquo;Tierra sin pan&rdquo;, con el apoyo log&iacute;stico y econ&oacute;mico de Ram&oacute;n Ac&iacute;n y que reflejaba el retraso social de Las Hurdes tuvo su adaptaci&oacute;n posterior en una pel&iacute;cula animada donde el actor Jorge Us&oacute;n realiz&oacute; un doblaje extraordinario de la voz de Luis Bu&ntilde;uel, en especial en los momentos donde el director de Calanda hablaba con acento franc&eacute;s. En esta ocasi&oacute;n acompa&ntilde;ado en el guion por &Oacute;scar Arce y Esteve Soler, &ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo; reproduce las semanas de escritura del guion de &ldquo;Belle de jour&rdquo; con un esquema que va de lo on&iacute;rico a lo arquitect&oacute;nico.&nbsp;</p>
<p>No puede ser casualidad que, hace unas pocas semanas, me encontrara paseando por Zaragoza, ciudad mutante, ciudad que se ausenta, y encontrara en una librer&iacute;a de lance dos ejemplares de la edici&oacute;n de bolsillo de &ldquo;Mi &uacute;ltimo suspiro&rdquo;, la autobiograf&iacute;a de Luis Bu&ntilde;uel en la que dedica unas l&iacute;neas al laborioso proceso de preparaci&oacute;n de aquel rodaje: &laquo;En 1966 acept&eacute; la proposici&oacute;n de los hermanos Hakim de adaptar &ldquo;Belle de jour&rdquo; de Jose Kessel. Ofrec&iacute;a, adem&aacute;s, la posibilidad de introducir en im&aacute;genes algunas de las enso&ntilde;aciones diurnas de Severin, el personaje principal, que interpretaba Catherine Deneuve. La pel&iacute;cula me permit&iacute;a describir con bastante fidelidad varios casos de perversiones sexuales. Me divierte y me interesa, pero yo, personalmente, no tengo nada de perverso en mi comportamiento sexual. Lo contrario ser&iacute;a sorprendente. Yo creo que a un perverso no le gusta mostrar en p&uacute;blico su perversi&oacute;n, que es su secreto&raquo;. Bu&ntilde;uel fuma, como si fumar fuera respirar y, en la primera semana madrile&ntilde;a, contempla a la diosa Cibeles desde su hotel. Si el acto de fumar es la respiraci&oacute;n, el coraz&oacute;n son las teclas de su guionista, golpeando la m&aacute;quina de escribir, en un ejercicio desesperanzado. Una jirafa y un folio en blanco. En el aire, uno de los mayores misterios de Luis Bu&ntilde;uel, de su obra: &iquest;Qu&eacute; hay en la cajita que provoca el temor? Nada. El director se pregunta: &laquo;Y si lo invisible fuera lo &uacute;nico que hay ver en el cine?&raquo;. Los autores hacen aparecer a una pareja de fantasmas parisinos como catalizador del proyecto. Presentados por invitados por Luis Bu&ntilde;uel a su compa&ntilde;ero, le deja claro que no es necesario que est&eacute;n muertos. Parte de la arquitectura l&iacute;rica con la que se construyen las vi&ntilde;etas lo constituyen las im&aacute;genes del metro de Madrid, completamente vac&iacute;o y cubierto de destrozados maniqu&iacute;es. Es de una sugerencia abrumadora. Como asumir que es en el blanco y negro de Friz Lanz, en su pel&iacute;cula &ldquo;Las tres luces&rdquo; donde Luis Bu&ntilde;uel encuentra su inspiraci&oacute;n. De nuevo, en declaraciones extra&iacute;das de su libro &ldquo;Mi &uacute;ltimo suspiro&rdquo;: &laquo;Abri&oacute; mis os a la po&eacute;tica expresividad del cine&raquo;. El guion debe de ser un demiurgo frente a la escena: el cementerio de Madrid, territorio entre Mariano Jos&eacute; de Larra y el joven Francisco Umbral, los autores cobijan el concepto de que los fantasmas no deben estar ausentes, solo aislarse, suministrar su aliento fr&iacute;o desde el lugar preciso. En voz de Bu&ntilde;uel: &laquo;El mundo ha llegado a su fin. Si la muerte es la nada, &iquest;C&oacute;mo le va a tener nadie miedo a la nada?&raquo;. Escenarios como los Estudios de Chamart&iacute;n, donde Luis Bu&ntilde;uel aparece disfrazado de muerte, un traje que ha tra&iacute;do desde M&eacute;xico y que le sirve para el encuentro con el vino y Jean-Claude, el segundo protagonista del tebeo. Jean-Claude Carri&egrave;re, un treinta&ntilde;ero con cierta fama como guionista, que se encuentra junto y tras Luis Bu&ntilde;uel en esta aventura. El paralelismo entre el demente Quijote y el prosaico Sancho Panza resulta evidente en las primeras p&aacute;ginas, hasta que, como todo en la obra de Luis Bu&ntilde;uel, se desborda: la destrucci&oacute;n de la novela, las p&aacute;ginas al azar como en procesos de escritura autom&aacute;tica de William S. Burroughs, nos llevan a la pregunta: &iquest;Qu&eacute; es lo que quer&iacute;a Bu&ntilde;uel? &iquest;Hasta d&oacute;nde quer&iacute;a llegar? &iquest;Comercial o an&aacute;rquico? La decisi&oacute;n se la dar&aacute; su viaje, simb&oacute;lico y pleno, al otro lado del espejo, con el que termina el primer acto.&nbsp;</p>
<p>Ese paso hacia el otro lado, del que en ning&uacute;n momento se nos hace acuse de recibo, nos revela que Luis Bu&ntilde;uel quiere que su cine sea para la pareja parisina, que los retenga en la sala, sin que piensen en salir. Una sencillez que provoca la complicidad con el lector. La segunda semana, de nuevo la belleza del viejo Madrid es parte intr&iacute;nseca del desarrollo de la historia de &ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo;, ofreci&eacute;ndonos algo del Madrid antiguo, delicado, bello, donde a&uacute;n queda algo de Emilio Carrere y en el que los transe&uacute;ntes apartan viejos peri&oacute;dicos con art&iacute;culos de Cesar Gonz&aacute;lez Ruano. La famosa receta del martini perfecto, el Bu&ntilde;ueloni, los productores, el dinero, la doble p&aacute;gina de cuatro por seis vi&ntilde;etas donde nos muestran la combinaci&oacute;n del alcohol y la actriz, los cameos de Yves Saint Laurent y Louis Malle, la llegada a Par&iacute;s. Ceniceros llenos, desbordados, el cinzano, los cinzanos acumulados, la prueba de c&aacute;mara de Catherine Deneuve. El momento del surrealismo, con Carri&egrave;re sufriendo un confeti de teclas en una arquitectura de tela de arena. Es un sue&ntilde;o: &laquo;Los fantasmas disfrutan m&aacute;s del sue&ntilde;o que de la muerte&raquo;. Muerte y Dios, los grandes temas de la obra de Bu&ntilde;uel. De Par&iacute;s a San Jos&eacute; Pur&uacute;a, un lugar para el descanso y la creaci&oacute;n. Balneario con radiaci&oacute;n, sue&ntilde;o, aperitivos y trabajo. El guion toma forma: lo que no se ve es un maullido constante durante todo el metraje. Por fin, al final de segundo acto, Jean-Claude Carri&egrave;re ve por fin a los ancianos, a los fantasmas, y comienza el teclear enfebrecido del texto, como una S&aacute;bana Santa, como un manuscrito beatnik, anfetam&iacute;nico y es en esa febr&iacute;cula donde se ve atrapado, la inspiraci&oacute;n se convierte en una bella alfombra de letras. La vuelta a Madrid, al Hotel Palace nos ofrece una experiencia total, una inmersi&oacute;n de urbanismo y arte que hace de esta obra algo m&aacute;s que la simple narraci&oacute;n ilustrada de los hechos: la sirena Deneuve, el advenimiento de la muerte como cierre, el Museo del Prado, un t&uacute;nel con luz en el fondo -ah&iacute; es donde est&aacute; la parca, est&aacute; claro-, Jean-Claude Carri&egrave;re y Luis Bu&ntilde;uel frente a las pinturas negras de Francisco de Goya: &laquo;Hagamos una agujero en la noche/para saber si ma&ntilde;ana habr&aacute; d&iacute;a&raquo;. Atravesaron el espejo, quiz&aacute; en el momento final, cuando ambos contemplan &lsquo;Las meninas&rsquo; de Vel&aacute;zquez se produce la vuelta. La quinta y &uacute;ltima semana se completa con m&aacute;s fantasmas, m&aacute;s cementerios, m&aacute;s m&aacute;scaras y un aviso: la genialidad puede acabar siendo premiada. El cierre majestuoso con la presencia del Cine Dor&eacute; de la capital de Espa&ntilde;a, donde se encuentra la sede de la Filmoteca Nacional, demuestra que estamos ante una de las novelas gr&aacute;ficas m&aacute;s sugerentes y profundas del a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo;. Ilustraci&oacute;n de Ferm&iacute;n Sol&iacute;s y gui&oacute;n de &Oacute;scar Arce/ Esteve Soler, Barcelona, Reservoir Books, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Oct 2024 07:34:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isabel González: “El camino a la esencia discurre siempre por vericuetos complejos”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Isabel-gonzalez-el-camino-a-la-esencia-discurre-siempre-por-vericuetos-complejos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ISABEL_GONZ_LEZ_-_Fotograf_a_de_Luc_a_Bailon_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>La geometr&iacute;a de los cuentos</em> (Universidad de Le&oacute;n) es un hermoso y fascinante artefacto. Un grimorio que permite transmutar la palabra en imagen, en articulaci&oacute;n m&oacute;vil, en ilustraci&oacute;n de lumbre capaz de aportar a lo esf&eacute;rico una nueva textura. Su autora, Isabel Gonz&aacute;lez (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1972) ha unido su naturaleza de narradora y su oficio de infografista para adentrarse a algunos de los relatos m&aacute;s altos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y profundizar en ellos convirti&eacute;ndolos en una infograf&iacute;a que no es sino una manera diferente (y salvaje) de mirarlos. Estos gr&aacute;ficos empezaron a aparecer en el suplemento &lsquo;La Esfera de Papel&rsquo;, de El Mundo, y el profesor Jos&eacute; Manuel Trabado, que iba a escribir un art&iacute;culo acad&eacute;mico sobre el trabajo de Gonz&aacute;lez, se involucr&oacute; de tal modo en el proceso art&iacute;stico-period&iacute;stico de la escritora que finalmente procur&oacute; una exquisita edici&oacute;n que podr&iacute;a presidir cualquier biblioteca palatina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al trasvasar el lenguaje literario al visual, la escritura adquiere propiedades pl&aacute;sticas&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La geometr&iacute;a de los cuentos, &iquest;es una suerte de f&oacute;rmula matem&aacute;tica de la narraci&oacute;n?</p>
<p>- No s&eacute; si cabe una f&oacute;rmula matem&aacute;tica que explique la narraci&oacute;n perfecta, como no s&eacute; si existe una f&oacute;rmula que explique el origen del universo. Lo que s&iacute; existe es un af&aacute;n de comprender, algo opuesto al sentir en primera instancia, pero no. No es as&iacute;. Sentir y pensar est&aacute;n enlazados. Como dice Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, hay pensamientos confusos e impulsivos y emociones reflexivas y precisas. Y de existir una f&oacute;rmula, habr&aacute; de ser matem&aacute;tica en tanto que abstracta, com&uacute;n y particular, cerebral y sensitiva. La misma f&oacute;rmula que explique el origen del universo explicar&aacute; el mejor de los cuentos (si es que esto existe), la mejor hogaza de pan y el mejor trayecto de Alicante a Burgos.</p>
<p>A efectos pr&aacute;cticos, al trasvasar el lenguaje literario al visual, la escritura adquiere propiedades pl&aacute;sticas y se transforma en planos, l&iacute;neas, &aacute;ngulos, colores; elementos que empiezan a relacionarse entre ellos acorde con la narraci&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; color es el infinito? &iquest;C&oacute;mo se configuran las conexiones entre dos mundos? &iquest;Qu&eacute; ropajes viste el orgullo? Cada cuento plantea unas cuestiones que habr&aacute;n de resolverse mediante s&iacute;mbolos y patrones gr&aacute;ficos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El t&iacute;tulo es un homenaje al libro de Cheever <em>La geometr&iacute;a del amor</em>.</p>
<p>- Por supuesto. Me he tirado a muchas piscinas y con mucho amor en este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sabemos descifrar los c&oacute;digos visuales con bastante m&aacute;s agilidad de lo que pensamos&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; aporta la lectura de las infograf&iacute;as al cuento, de qu&eacute; modo extrae, la infograf&iacute;a &ldquo;el encofrado invisible del cuento&rdquo;?</p>
<p>- Como mi hermana dir&iacute;a, lo que aportan estas infograf&iacute;as es m&aacute;s complejidad. Y tiene raz&oacute;n. Porque es una nueva perspectiva que se a&ntilde;ade a la propia y porque el camino a la esencia discurre siempre por vericuetos complejos. En todo caso, no se tratan de una &ldquo;soluci&oacute;n&rdquo; sino de un an&aacute;lisis particular, de una perspectiva matizable, contradecible o adorable, all&aacute; cada cual. Jam&aacute;s cerrada, eso s&iacute;. Se trata de cuentos m&iacute;ticos y universales que resisten el paso del tiempo. Y si resisten es gracias a su misterio irreductible. Creo que estas infograf&iacute;as abren un nuevo di&aacute;logo con los cuentos en otro idioma. En un idioma gr&aacute;fico y visual no tan desconocido como creemos a poco que entremos en &eacute;l. Sabemos descifrar los c&oacute;digos visuales con bastante m&aacute;s agilidad de lo que pensamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada nueva historia engendra un nuevo misterio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo era el proceso de estas infograf&iacute;as literarias?</p>
<p>- Cada cuento plantea unas exigencias. Pero en todos ellos hay un proceso com&uacute;n. En todos ellos hay que vencer el miedo a que al analizar minuciosa y gr&aacute;ficamente ese relato que tanto amamos se pierda la magia, el misterio. Y por lo tanto, en primer lugar, hay un duelo por el fin del misterio. Despu&eacute;s, una vez superado el duelo, se pasa a una p&eacute;rdida de respeto casi s&aacute;dica. Es decir, amo tanto, pero tanto esta rana que la voy a rajar, la voy a eviscerar y voy a alinear sus tripas sobre la mesa para saber qu&eacute; lleva dentro. Una vez hecho esto, comienza el periodo de ensimismamiento, de clasificaci&oacute;n e indagaci&oacute;n mediante patrones gr&aacute;ficos, un proceso lleno de errores y m&aacute;s errores y alg&uacute;n acierto, v&aacute;lgame dios, que nos permita seguir avanzado. Aqu&iacute; se dan cita el pensamiento y la emoci&oacute;n, la s&iacute;ntesis y el desparrame, y se trata de un proceso hipn&oacute;tico y desesperante. Hasta que llega el &eacute;xtasis, la catarsis, el gran hallazgo que nos permite volver a ordenar las tripas. Este es el momento de mayor placer quiz&aacute;, al que sigue una nueva tarea, la m&aacute;s trabajosa y delicada y artesanal que consiste en recoser todo mediante c&oacute;digos visuales. Este proceso es laborioso, pero m&aacute;s pac&iacute;fico y con mayor nivel de aciertos. Despu&eacute;s, una vez reconstituido el cuento, llega la paz. Y otra duda. Menos mal. No hay soluci&oacute;n. Cada nueva historia engendra un nuevo misterio. El enamoramiento no cesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l ha sido el criterio para escoger estos once relatos?</p>
<p>- El criterio es que yo los amara y que ellos se desvelaran. Y no siempre es posible. Cuando no se dejan hay que desistir. Lo dice muy bien la enorme escritora Lucia Berlin. En todo cuento &ldquo;la imagen debe conectar irremediablemente con una experiencia concreta e intensa&rdquo;. Esta es la b&uacute;squeda. La de la imagen generatriz que puede envolver y explicarlo todo. Si no lograba dar con esta imagen (<em>interpretante gr&aacute;fico</em> ha bautizado este t&eacute;rmino el profesor, investigador y editor Jos&eacute; Manuel Trabado) no hab&iacute;a nada que hacer. &nbsp;Se trata, en todo caso, de una especie de traducci&oacute;n de c&oacute;digos literarios a gr&aacute;ficos, de una alquimia arriesgada, pues el material original (el cuento en cuesti&oacute;n) ya es oro y a veces se fracasa, s&iacute;. No hay otra. &iquest;C&oacute;mo convertir el oro en m&aacute;s oro? Ni idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hubo alg&uacute;n relato que diera por imposible a la hora de &lsquo;traducirlo&rsquo; a gr&aacute;ficos?</p>
<p>- S&iacute;. Pero acabar&eacute; haci&eacute;ndolos, soy de Zaragoza. La apertura no ha de ser solo del cuento sino tambi&eacute;n del infografista. Ah&iacute; tengo pendientes &lsquo;La cosecha&rsquo; de Amy Hempel, o &lsquo;Un d&iacute;a perfecto para el pez pl&aacute;tano&rsquo;, de Salinger. &lsquo;El Aleph&rsquo;, un cuento que no entend&iacute;a, el cuento con la acci&oacute;n m&aacute;s aburrida de la historia, a mi parecer, tambi&eacute;n me result&oacute; muy dif&iacute;cil y tortuoso. No acababa de encontrar esa met&aacute;fora visual que permitiera, al mismo tiempo, explicar y representar la historia. Entonces los colores primarios se conjugaron y &iexcl;eureka! Ahora me parece mucho m&aacute;s fascinante.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cada infograf&iacute;a nace de un deseo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n autores tan dispares como Grace Paley, Borges, Shirley Jackson?</p>
<p>- La capacidad de envolver la perla. Me explico. Cada infograf&iacute;a nace de un deseo. En &lsquo;El nadador&rsquo; de Cheever quer&iacute;a ver las piscinas. &lsquo;El Aleph&rsquo; de Borges quer&iacute;a entenderlo. En &lsquo;La noche boca arriba&rsquo; quer&iacute;a desvelar los trucos de Cort&aacute;zar (te pill&eacute;). Con el an&aacute;lisis de &lsquo;La loter&iacute;a&rsquo; de Shirley Jackson quer&iacute;a vengar a Tessie Hutchinson. &lsquo;La debutante&rsquo; de Leonora Carrington me impulsaba a dibujar a mano. Con &lsquo;La metamorfosis&rsquo; de Kafka quer&iacute;a visualizar el an&aacute;lisis de Deleuze y Guattari, etc. Y a partir de ah&iacute;, comienza la indagaci&oacute;n. En la superficie. Dec&iacute;a Hugo von Hofmansthal: &laquo;La profundidad hay que esconderla. D&oacute;nde. En la superficie&raquo;. He aqu&iacute; lo com&uacute;n. La capacidad de trazar la superficie m&aacute;s f&eacute;rtil donde arraigue una cuesti&oacute;n at&aacute;vica, primaria, primitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Todo cuento es susceptible de ser transformado en infograf&iacute;a?</p>
<p>- S&iacute;. E incluso en varias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Definitivamente, no tengo ni idea de qu&eacute; escribo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- El hecho de que usted escriba relatos, &iquest;de qu&eacute; modo ha facilitado la tarea?</p>
<p>- No lo tengo claro. No s&eacute; si facilita o dificulta. Sin duda, si no me apasionara la lectura ni la escritura, ni el g&eacute;nero del cuento en particular, estas infograf&iacute;as literarias hubieran sido imposibles. &iquest;Pero la cuesti&oacute;n en concreto de escribir? A ver. Por petici&oacute;n del editor, en este libro, he hecho el primer an&aacute;lisis gr&aacute;fico de un cuento m&iacute;o. De &lsquo;Nadie cumple a&ntilde;os&rsquo;, un relato que aparece en el libro <em>Nos queda lo mejor </em>(P&aacute;ginas de Espuma), y lo cierto es que me resist&iacute; un poco a hacerlo. Lo dicho. Un poco. Vamos, que no tard&eacute; en aceptar. La cosa me repel&iacute;a y me atra&iacute;a a la vez. Sab&iacute;a que iba a someterme a m&iacute; misma a una extra&ntilde;a sesi&oacute;n de auto-terapia infogr&aacute;fica. Y as&iacute; sucedi&oacute;. Eleg&iacute; ese relato porque es el que menos me cost&oacute; escribir y el que m&aacute;s conecta con la gente. &iquest;Por qu&eacute;? Esta era la pregunta. La respuesta me flip&oacute;. Definitivamente, no tengo ni idea de qu&eacute; escribo. Freud, un principiante. Menos psicoan&aacute;lisis y m&aacute;s infograf&iacute;as literarias.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Oct 2024 12:58:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inmutable belleza de lo inabarcable]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-inmutable-belleza-de-lo-inabarcable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ENRIQUE_CEBRI_N_ZAZURCA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Enrique Cebri&aacute;n Zazurca (Zaragoza, 1978) es un poeta de la contemplaci&oacute;n y la m&iacute;stica anecd&oacute;tica. En lo cotidiano construye su arquitectura po&eacute;tica, refugio generacional, proyecto de canon con sus &uacute;ltimos libros: <em>La chica del verano</em>, una explosi&oacute;n tormentosa de amor hacia su madre ausente y <em>Familia numerosa</em> un patio de juegos para el escritor, donde amalgama pasado y presente en la construcci&oacute;n de nuevos recuerdos, &lsquo;<em>S&iacute; la ola</em>&rsquo;, tercero en esta subjetiva trilog&iacute;a, es la ventana abierta al mar. El mar como m&iacute;stica inconclusa e inabarcable de la poes&iacute;a. Como mito de la creaci&oacute;n, como met&aacute;fora &uacute;ltima del universo y la vida: &lsquo;He roto el mar&rsquo; de Manuel Mart&iacute;nez Forega o &lsquo;Arde el mar&rsquo; de Pere Gimferrer son los t&iacute;tulos reverenciales de una armon&iacute;a c&oacute;smica, de una lucidez l&iacute;quida que Enrique Cebri&aacute;n, el m&aacute;s l&uacute;cido de los poetas aragoneses de su generaci&oacute;n, utiliza para recibir los lenguaraces susurros del Mediterr&aacute;neo, cargados de amor, de pasado, de contemplaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>La ra&iacute;z est&aacute; enterrada en la playa, en el continente de Sirualas, logotipo m&iacute;tico del &uacute;nico pa&iacute;s posible, un pa&iacute;s propio, familiar y ajeno, que se asoma, humilde, hacia el mar Mediterr&aacute;neo y recibe, constantemente, los fogonazos de inspiraci&oacute;n del poeta. El pasado enterrado en la arena, el hoy como monedas en los bolsillos: la poes&iacute;a queda encerrada en la &uacute;nica palabra que es capaz de contenerla; cuartilla. La generaci&oacute;n es transitiva: abuelo, padre e hijo, activistas m&uacute;ltiples en el profuso negacionismo del dolor. Enrique Cebri&aacute;n es poeta que combate contra el tiempo para defender la vida y lo hace dando carta de existencia al recuerdo a trav&eacute;s de sus versos. Todav&iacute;a h&eacute;roe en la gesta, encuentra el rastro del caballero en sus reverenciados Luis Alberto de Cuenca y Julio Mart&iacute;nez Mesanza &minus; que cierra el libro-, y nos hace preguntarnos: &iquest;Cu&aacute;ndo llegar&aacute; el mar con su hambre atrasada? &iquest;Son las olas bocanadas de dispuestas a empapar la arena hasta hacerla intransitable?&nbsp;</p>
<p>La segunda parte del libro constituye el n&uacute;cleo fundamental, tanto en longitud como en construcci&oacute;n po&eacute;tica. Escribe Enrique Cebri&aacute;n: &ldquo;Pa&iacute;s peque&ntilde;o junto al mar&rdquo;, lugar de democracia alterada, de espera calma donde la muerte ha llegado con sus mejores galas, dispuesta a vivir un verano eterno. Los ni&ntilde;os de los poemas son hijos de los poetas que los escriben, como el dolor de los versos son propiedad de las cicatrices que abren a sus padres. Amantes y amigos, el verano permite tomar aire frente a la enfermedad. El verano es tregua, todo lo dem&aacute;s constituye &uacute;nicamente d&iacute;as de asueto, triste espera de la vuelta al vulgar invierno. Solo el mar no falla. Su naturaleza permanece en el hombre que fue ni&ntilde;o de secano y encontr&oacute; su descanso cada julio o agosto: &ldquo;Luego entrar&eacute; en el mar y la resaca/me arrastrar&aacute;/hacia el noreste/tan solo eso es seguro&rdquo;. Rematar el est&iacute;o con &ldquo;Barcos en el dique seco&rdquo;, con &ldquo;Aplaudir el final de los fuegos artificiales&rdquo;, con el cuerpo querido maquillado por el sol de Sirualas. El poeta, con sus distintas palabras, nos recuerda que escupir sobre los castillos de arena es hacerle el trabajo a las lluvias del oto&ntilde;o y que, cuando se aleja la l&iacute;nea de tierra, el cuerpo de la mujer amada es la trayectoria que nos devuelve, entre cada l&aacute;mina y vericueto, hacia la ciudad, sea esta esquirla entre el recuerdo o fleco que dejas al marcharte. Escribe Enrique Cebri&aacute;n: &ldquo;Volvemos hoy a esta ciudad con mar/en donde en cada calle/apu&ntilde;ala un recuerdo/la memoria&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Elige un nombre para la mujer, leer a Jos&eacute; Mateos, el poema es para Mar&iacute;a, la divinidad principal del Olimpo del poeta. Un pante&oacute;n m&iacute;nimo, devoto el poeta, encuentra la paz mediterr&aacute;nea de Sirualas compartida con ella: &ldquo;Comprendimos el sol de la tarde d&oacute;cilmente/o la menuda lluvia&rdquo;. Los ni&ntilde;os que anulan la soledad cumplen la misma misi&oacute;n con la tristeza: &ldquo;Porque trazar de nuevo una derrota/es saber, quiz&aacute;s, /que hemos triunfado&rdquo;. En &lsquo;Posidonia', como la canci&oacute;n de La habitaci&oacute;n roja, la obsesi&oacute;n generacional, queroseno de nuestros tiempos, m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;Una idea de la mar&rdquo; es el paso del hijo al padre, del padre al hijo. Cercado por los impulsos, estos se abren paso entre el verd&iacute;n submarino hasta completar su metamorfosis en recuerdos: &ldquo;Navegar con mis padres/y me ve ahora/surcarla con mis hijos&rdquo;. Donde el lector puede encontrar mar u olas tambi&eacute;n puede hallar vida. El Mediterr&aacute;neo, en su min&uacute;sculo tama&ntilde;o geogr&aacute;fico, crece hasta el dominar la pasi&oacute;n l&iacute;rica del poeta aragon&eacute;s. Como otros escritores zaragozanos, sedientos por el mar ausente, son cautivos del recuerdo infantil de sus costas. Y, as&iacute;, sin nave, Ulises todos de un secano creciente, hacen del incendio otra ola distinta, que arrasa con todo, en un doble juego de paralelismos: abandonar la literatura para alcanzar la vida, escapar de la noche para lograr dictaminar un punto de partida.&nbsp;</p>
<p>Tras la enumeraci&oacute;n, caballo, yegua, misterio, arena, gotas&hellip; pensar en Lisboa, en el otro extremo de la pen&iacute;nsula, donde la espuma, novia de la ola, rompe contra la roca, retenida en un limbo de ligereza y olvido, como tantas otras olas, como tantas otras mareas, como tantos otros mares y oc&eacute;anos. Son definitivos estos versos finales: &ldquo;Una mujer camina/y no hay ojos que puedan/comprender su belleza&rdquo;. Es el amor, incansable y fiel como el golpe de la marejada, de la ola que da t&iacute;tulo al libro, que enjuaga los versos: &ldquo;Cuando te conoc&iacute;/y me ense&ntilde;aste el modo/en que adorar tu cuerpo&rdquo;. Palabras, que como las l&aacute;grimas en la piel de los peces, como el surco del pez&oacute;n ineludible, son un canto de plata. Ese es el secreto del reflejo donde los lectores de Enrique Cebri&aacute;n podemos encontrarnos.&nbsp;</p>
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<p>Enrique Cebri&aacute;n Zazurca, <em>S&iacute; la ola</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2024</p>
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      <pubDate>Mon, 14 Oct 2024 06:42:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Iberia desvertebrada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/iberia-desvertebrada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/DAVID_UCL_S_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em>, novela escrita por el joven autor jienense David Ucl&eacute;s, y que est&aacute; siendo uno de los libros de 2024, es, cuando menos, una obra singular y osada, que opera l&oacute;gicamente en el campo de la literatura, pero que, dado su tema y estilo, ser&iacute;a ingenuo pensar que no lo hace en los de la historia o la pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s. Ve&aacute;moslo.</p>
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<p><strong>Literatura</strong></p>
<p>La novela utiliza el realismo m&aacute;gico para explicar, o narrar, o sentir, o m&aacute;s bien todo ello, la Guerra Civil espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de la historia de una familia diezmada por el conflicto. Esta opci&oacute;n estil&iacute;stica es lo m&aacute;s evidente y singular en el libro, cuyo epicentro es un pueblo de nombre ficticio, J&aacute;ndula, de Ja&eacute;n, que irremediablemente recuerda al Macondo de C<em>ien a&ntilde;os de soledad</em>. Como en el libro de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, la tierra tiene sus magias y da lugar a acontecimientos no sospechables, adem&aacute;s de existir una genealog&iacute;a a lo Buend&iacute;a, con sus antepasados apicales.</p>
<p>Pero el autor, inmerso en una gira inacabable por el pa&iacute;s, afirma no sentirse tan inspirado por el realismo m&aacute;gico m&aacute;s conocido, el de los autores latinoamericanos, sino por el de autores europeos, donde G&uuml;nter Grass y <em>El tambor de hojalata</em> parecen una menci&oacute;n obligada. Como el autor alem&aacute;n, <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> se asienta en un conflicto b&eacute;lico resultado de una locura cultural y pol&iacute;tica, y, con frecuencia, utiliza el recurso de la par&aacute;lisis del tiempo (eje central en Grass) para su narraci&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Existe distinci&oacute;n entre el realismo m&aacute;gico europeo y el latinoamericano? Si bien siempre se enmarcan en lo inexplicable o impensable, en los autores latinoamericanos la exuberancia de la naturaleza y sus excesos (los de la jungla inabarcable, en general) forman un marco f&iacute;sico y mental que motiva la acci&oacute;n, mientras que en los europeos lo inexplicable es con frecuencia una locura b&eacute;lica o violenta que asesina humanos sin remisi&oacute;n y cuya narraci&oacute;n s&oacute;lo puede partir de ese solo te&oacute;ricamente imposible. Lo que s&iacute; resulta in&eacute;dito en la narrativa de la Guerra Civil es el uso del realismo m&aacute;gico. Tambi&eacute;n en cine, donde m&aacute;s que realismo m&aacute;gico encontramos cine fant&aacute;stico y de terror (por ejemplo, el d&iacute;ptico de un director extranjero, Guillermo del Toro: <em>El espinazo del diablo</em> y <em>El laberinto del fauno</em>). Que a&uacute;n sea necesario ajustarse al realismo estricto al narrar la Guerra Civil probablemente indique c&oacute;mo es todav&iacute;a nuestra relaci&oacute;n con el hecho hist&oacute;rico.</p>
<p>Ucl&eacute;s tambi&eacute;n afirma que en la escritura de la novela se ha topado con elementos de realismo m&aacute;gico que encajaban en los hechos. Y peculiarmente, s&iacute; que lo hacen, mimetiz&aacute;ndose con los hechos hist&oacute;ricos y permitiendo as&iacute; una narraci&oacute;n nueva, o, al menos, sugerente en su diferencia. El realismo m&aacute;gico de Ucl&eacute;s parece una mixtura de los dos mencionados. Sin duda J&aacute;ndula es profundamente tel&uacute;rica: existen plantas (las chuzas) que congelan los miembros del cuerpo que entran en contacto con ellas; existe tierra en J&aacute;ndula que, a quien tiene ese poder e introduce sus manos en ella, le permite adivinar que ha sido de alguien; o hay torcas que parecen detener el tiempo y ser la perdici&oacute;n de las cabezas. A la par, las locuras de la guerra encuentran su propia &ldquo;magia&rdquo;: aviones que se congelan en vuelo, hombres disparados que sangran tierra (conseguid&iacute;sima imagen que se pega al alma), un diluvio y un volc&aacute;n deus ex machina que paran el tiempo y parecen representar el deseo de final de la pesadilla, en alg&uacute;n caso incluso antes de empezar, o la ruptura &ldquo;saramaguiana&rdquo; de los Pirineos. En la met&aacute;fora de la desaz&oacute;n de varias de estas propuestas se transmite un cierto determinismo f&aacute;cilmente legible, pues todos conocemos el final.</p>
<p>Un elemento especialmente arriesgado desde el punto de vista literario es la presencia recurrente del autor, que act&uacute;a como un demiurgo frustrado puesto que a veces cambia acontecimientos hist&oacute;ricos, pero es incapaz de cambiar el total de la Guerra. La quiebra del relato convencional que suponen estas intervenciones queda engarzada con la ficci&oacute;n m&aacute;gica escogida, pero revela un anhelo de imposici&oacute;n de una realidad imposible incluso para un escritor. La reflexi&oacute;n sobre por qu&eacute; utiliza este recurso no acaba de quedar clara. As&iacute;, Ucl&eacute;s se atreve a hablar directamente con Franco, y dialogan en t&eacute;rminos de poder, y, aunque se trata de un cap&iacute;tulo breve, supone una imagen muy potente de lo que significa crear una representaci&oacute;n de la realidad.</p>
<p><em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> puede tambi&eacute;n considerarse, a su manera, una novela de viaje, o de viajes... El autor ha visitado todo el pa&iacute;s, ha visto los lugares de la memoria hist&oacute;rica, ha recogido informaci&oacute;n de infinidad de localizaci&oacute;n. Si la novela empieza en su primera parte en J&aacute;ndula antes del golpe de estado, durante la segunda y la tercera se produce la dispersi&oacute;n de los personajes con el estallido y desarrollo de la contienda; en la cuarta existe un regreso al pueblo. La explosi&oacute;n familiar acompa&ntilde;a a la b&eacute;lica y a la quiebra del pa&iacute;s, y los hermanos hijos del protagonista principal, Odisto -que suena tan hom&eacute;rico-, tambi&eacute;n se dividen. Los chicos j&oacute;venes salen por primera vez del pueblo, pero su viaje no es de aventuras. Su viaje y aprendizaje moral, el debido a la novela de formaci&oacute;n, sucede en un entorno de importante miseria moral. La novela debe luchar ah&iacute; contra el fuerte recuerdo de J&aacute;ndula, epicentro enorme de la historia.</p>
<p>Finalmente, si de caracter&iacute;sticas estil&iacute;sticas de <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em>, es inevitable hablar del multiformato de sus 120 cap&iacute;tulos, todos breves excepto el dedicado a la batalla del Ebro. Una estructura no encorsetada alivia mucho el determinismo de la historia, agiliza la lectura, y suma originalidades literarias. No es que sean in&eacute;ditas: el uso de caligramas, el personaje est&aacute;tico que lanza augurios -m&aacute;s un or&aacute;culo a la griega que un orate-, los di&aacute;logos en idiomas no castellanos, el apunte a escuchar una pieza de m&uacute;sica durante la lectura de seg&uacute;n qu&eacute; cap&iacute;tulos, etc&hellip; Reconozco que el uso de citas me parece un poco excesivo, aunque entiendo su valor como un coro (&iquest;de nuevo griego?) de sabios que definen un pa&iacute;s sentenciado mediante un fresco in&uacute;til de opiniones. Pero, por su lado, hay elementos incre&iacute;blemente emotivos como un cap&iacute;tulo hecho de puntos simb&oacute;licos, o tan particulares en su lucidez como la descripci&oacute;n de los movimientos de la partida de ajedrez que juega Franco, que son momentos de enorme alcance literario, y, si te introduces en la propuesta est&eacute;tica de Ucl&eacute;s, dif&iacute;cilmente olvidables. Y no son pocos&hellip; A ello hay que a&ntilde;adir el lenguaje rico en que abundan olvidados -para un urbanita- pero preciosos t&eacute;rminos de labranza y campo, y el tono musical de la sintaxis.</p>
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<p><strong>Historia</strong></p>
<p>Se puede afirmar que <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> supone un ejemplo de lo que Jorge Wagensberg llama el m&eacute;todo art&iacute;stico de conocimiento, en contraposici&oacute;n al m&eacute;todo cient&iacute;fico o al m&eacute;todo revelador. Es decir, Ucl&eacute;s emplea el artificio de la ficci&oacute;n novelesca como manera de explicaci&oacute;n de la Historia, mediante una &ldquo;extensi&oacute;n de la experiencia de la realidad&rdquo; (en palabras de Wagensberg). Al tratarse de una ficci&oacute;n, necesariamente su correspondencia con la realidad no ha de ser plena, pero en un tema como la Guerra Civil esto puede ser problem&aacute;tico, y, en &uacute;ltimo extremo, es controversia de nuestra guerra cultural actual. De hecho, Ucl&eacute;s retuerce la Historia en beneficio de la narraci&oacute;n, pero sin detrimento de la comprensi&oacute;n, incluso de precisamente la comprensi&oacute;n hist&oacute;rica. As&iacute;, el realismo m&aacute;gico de la novela no maquilla la realidad, que tambi&eacute;n se presenta de manera muy cruda; de hecho, bien puede decirse que apoya esta crudeza con frecuencia.</p>
<p>Ahora bien, &iquest;es l&iacute;cito preguntarse si este m&eacute;todo puede confundir al lego? La novela es necesariamente un relato incompleto de la Guerra, pero adem&aacute;s existen saltos de tiempo y modificaci&oacute;n de hechos, incluso algunos que alcanzan cierto grado m&iacute;tico, si bien entonces aparece el autor demiurgo con una justificaci&oacute;n, tal vez a modo de prevenci&oacute;n, y que tal vez una autor&iacute;a literaria pura discutir&iacute;a. Por el otro extremo, hay una pregunta que puede llegar m&aacute;s all&aacute; en esta discusi&oacute;n: &iquest;es l&iacute;cito preguntarse si el m&eacute;todo art&iacute;stico de este caso puede incluso ofender? Esta pregunta no est&aacute; lejana de lo que antes subrayaba, que s&oacute;lo un realismo estricto ha sido aceptable al menos hasta ahora para narrar la Guerra Civil. Y es entendible porque en muchas ocasiones no se realiza bajo el prisma de una narraci&oacute;n ampliada, sino de la mentira hist&oacute;rica descarada. Pero&hellip; &iquest;puede la Guerra Civil ser el tema de un ejercicio de estilo formalista, incluso de un espect&aacute;culo literario? Creo que la pregunta sobrepasa realmente el inter&eacute;s honesto del autor. Y hay un argumento de apoyo en el m&eacute;todo art&iacute;stico, en este caso el literario: la novel&iacute;stica exige indagaci&oacute;n por parte del autor y transmisi&oacute;n a los lectores de las psicolog&iacute;as de personajes que viv&iacute;an emocionalmente el momento. En conseguir eso hay un valor a&ntilde;adido que es dif&iacute;cil ver en los libros de Historia. No obstante, estas dudas sobre la representaci&oacute;n tampoco son novedosas; no son lejanas a c&oacute;mo tratar la imagen de las v&iacute;ctimas de la violencia. La situaci&oacute;n no es tan discutida, de todos modos, en la literatura como, por ejemplo, en el cine.</p>
<p>Determinados planteamientos del libro resultan m&aacute;s problem&aacute;ticos. Por ejemplo, una cierta exaltaci&oacute;n de las regiones de Iberia, incluyendo cierto idealismo del uso de los idiomas diferentes al castellano. Su aparici&oacute;n se salva por la humildad de la interpretaci&oacute;n del hecho ling&uuml;&iacute;stico, pues es notorio que parte de un inter&eacute;s de aprendizaje y de respeto a una incomprensible persecuci&oacute;n cultural espec&iacute;fica. Tambi&eacute;n sufre el relato por el iberismo, porque es f&aacute;cilmente comprobable que la visi&oacute;n a ambos lados de la raya no es igual, aunque determinada intelectualidad portuguesa lo haya apoyado. La soluci&oacute;n que Ucl&eacute;s encuentra para encajar Lusitania en una narraci&oacute;n que siempre habla de Iberia es la existencia de una especie de dictador federado, y, por tanto, m&aacute;s bien una trastienda de apoyo que una amenaza hacia Franco. Esto encaja en una desvertebraci&oacute;n de origen medieval, pero es un apunte complicado de desarrollar.</p>
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<p><strong>Pol&iacute;tica</strong></p>
<p>La Guerra Civil y sus consecuencias directas son el pecado original a&uacute;n vigente de nuestra democracia. Entre esas consecuencias directas est&aacute; la dictadura franquista. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s relativamente excepcional en el mal reconocimiento de su pasado, lo que se debi&oacute; a motivos pol&iacute;ticos de construcci&oacute;n de la democracia actual, pero lo cierto es que el revisionismo de un pasado ultranacionalista aparentemente (so&ntilde;adamente) mejor est&aacute; sucediendo en m&aacute;s pa&iacute;ses. Los posicionamientos en este tema no deber&iacute;an ser complejos, pero haber entrado en par&aacute;metros de guerra cultural lo hace as&iacute; para mucha gente, desgraciadamente.</p>
<p>Entre el texto que ha escrito y la presentaci&oacute;n que hace del mismo, mi opini&oacute;n es que Ucl&eacute;s tiende a la visi&oacute;n hist&oacute;rica de Paul Preston; a m&iacute; me parece ver ecos de ello en la elecci&oacute;n de un pueblo (J&aacute;ndula en la novela es una representaci&oacute;n de Quesada) de Ja&eacute;n que no es asaltado por las fuerzas de Queipo, sino que pasa toda la Guardia Civil bajo mando republicano, con un exaltado y vengativo l&iacute;der local de izquierdas, que purga a la poblaci&oacute;n sin reparo, y al que temen todos los vecinos. La novela por tanto no huye de esta parte del retrato hist&oacute;rico, pero tambi&eacute;n es consciente de que las cifras, la sistem&aacute;tica de la guerra y la represi&oacute;n son peores en el bando vencedor, y es evidente que en la historia de la novela el protagonismo es llevado adelante por campesinos humildes y no por otras clases o estamentos.</p>
<p>El hecho de recoger testimonios novelescos o el de proponer citas de autores del bando rebelde no significa b&uacute;squeda de una equidistancia imposible por parte del autor. Un miembro de la familia pertenece al bando rebelde, y act&uacute;a con crueldad esperable con frecuencia. Es dif&iacute;cil interpretar de acuerdo a estas etiquetas cuando, por ejemplo, la novela recoge citas, entre muchos, de Grandes, Trapiello, y Espri&uacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Coda</strong></p>
<p>El principal valor a&ntilde;adido de <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> es narrar el horror mediante una significativa diferenciaci&oacute;n estil&iacute;stica del texto frente a anteriores relatos. Diferenciaci&oacute;n radical y de resoluci&oacute;n excelente, casi pasmosa, dentro del riesgo enorme que ha asumido. La Guerra Civil sigue siendo contada, pero &eacute;ste es un escritor de 34 a&ntilde;os, nacido 61 a&ntilde;os despu&eacute;s de terminada la guerra y 15 tras la muerte del dictador. Dispone de datos familiares hundidos en los acontecimientos de 1936 a 1939, que nos preceden y nos definen, y que en su caso crearon la necesidad personal de dar forma al texto.</p>
<p>La narraci&oacute;n tiene una agilidad tremenda. El uso continuado de la met&aacute;fora m&aacute;gica genera una expectaci&oacute;n relevante por el siguiente asombro a recibir, o el acontecimiento hist&oacute;rico escogido para ello. La combinaci&oacute;n del lenguaje de la tierra con la ternura hacia sus personajes y la estructura fluida son un logro narrativo significativo que alcanza las 700 p&aacute;ginas, que han sido pulidas durante 15 a&ntilde;os de escritura. Me pregunto si apela a las generaciones actuales. Pero sospecho que el libro ser&aacute; le&iacute;do m&aacute;s por generaciones mayores e interesadas por el tema, porque estamos m&aacute;s necesitados de nuevas aproximaciones a lo que tantas veces hemos visto, pero puedo estar sesgado en esto. Ojal&aacute; lo est&eacute;. &iexcl;David, enhorabuena! &iexcl;Qu&eacute; empresa enorme! &iexcl;Qu&eacute; &eacute;xito m&aacute;s merecido!</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Oct 2024 06:25:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Florencia del Campo, "El regreso a la casa"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/florencia-del-campo-el-regreso-a-la-casa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FLORENCIA_DEL_CAMPO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Florencia del Campo, como en la canci&oacute;n de Nacha Guevara -versi&oacute;n de la original de Chico Buarque-, recorre la construcci&oacute;n de la una vida a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de un hogar. La vida es la melod&iacute;a del libro y la novela, claro, necesita tambi&eacute;n un ritmo. En este caso es la b&uacute;squeda vital y geogr&aacute;fica de una identidad. Ella, que confluye a trav&eacute;s de sus palabras, en la falta de arm&oacute;nica de su pasado familiar en Buenos Aires con su presente en Madrid y alrededores. Una enorme espacio de terreno y narraci&oacute;n se despliega ante nosotros: Florencia recorre una especie de remedo del Gran Buenos Aires, una transposici&oacute;n de Avellaneda y Caballito, convertida en el cintur&oacute;n castellano de la capital de Espa&ntilde;a, con su belleza, pero tambi&eacute;n repleto de ausencias y des&aacute;nimos.</p>
<p>Cualquier edificaci&oacute;n precisa de materiales, de s&oacute;lidos referentes y ambientaci&oacute;n nominal: una ecl&eacute;ctica selecci&oacute;n que va desde el Antonio Machado en su faceta de soriano abandonado, Javier Cercas y la b&uacute;squeda de S&aacute;nchez Mazas y el resto de los &aacute;ngeles ca&iacute;dos, caminantes de las letras malheridas de la posguerra, aquellas que aparec&iacute;an en <em>Leyenda del C&eacute;sar Visionario</em> de Francisco Umbral, con los fantasmas acomplejados afectos a la falange, extra&ntilde;os en sus propios espacios como el &aacute;ngel ca&iacute;do de la Casa de Campo. <em>El Cuaderno gris</em> de Josep Pla traducido por Dionisio Ridruejo, Luis Racionero, pero tambi&eacute;n <em>Casa partida</em> de Julio Cort&aacute;zar, los discos de los Rodr&iacute;guez, la canci&oacute;n de Fito P&aacute;ez que habla de Caballito, Luis Eduardo Aute y Leopoldo Macheral, Alejandro Dolina y el amor de Laura, Caf&eacute; Tacuba.&nbsp; <em>El amante</em> de Marguerite Duras y el paralelismo entre Soria y el Chaco, entre Gabinete Caligari y los Illya Kuryaki and the Valderramas.</p>
<p>Un simple personaje, un t&iacute;o de la protagonista, que ejerce de or&aacute;culo falto de comp&aacute;s en distintas cafeter&iacute;as e instantes, hacen el esfuerzo primario, casi brutal, del cambio social que constituye el t&uacute; por el vos. Dionisio Ridruejo y las sardanas y habaneras, presencias que solo una porte&ntilde;a se atrever&iacute;a a incluir sin levantar suspicacias -no las m&iacute;as, perdonen la intromisi&oacute;n-, en una historia espa&ntilde;ola, provocando un a ternura c&oacute;mica que recuerda a los atardeceres tranquilos en tiempos de sosiego. El desinter&eacute;s del porte&ntilde;o por los conflictos internos en su pa&iacute;s de acogida son similares a las del espa&ntilde;ol que viaja sin entender el peronismo o el proceso-dictadura de la generaci&oacute;n que vio el Mundial 78. En Argentina y en Espa&ntilde;a. Todo, claro, aderezado con ese inocuo centralismo del bonaerense. Pasar de Antonio a Manuel Machado es un ejercicio de valent&iacute;a, m&aacute;s l&uacute;dico que real, como el anticapitalismo populista de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera. No es balad&iacute; que Florencia del Campo abrace la des&eacute;rtica Castilla para evitar el pantano de la pol&iacute;tica. No es necesario, nada lo es. Quiz&aacute; solo, como traza en su novela, la familia y el hogar. Imaginen una cita as&iacute;: &ldquo;Se sospecha de ella como de un videoclub que no acaba de cerrar&rdquo;.</p>
<p>La protagonista se mueve en un presente continuo, en el que la casa es presencia y b&uacute;squeda a la vez, con lo que solamente nos ofrece retazos de su pasado. La salida de la Argentina, pr&aacute;cticamente con lo puesto, unos d&oacute;lares y un sue&ntilde;o de escribir. Y Espa&ntilde;a, donde se instala en la selva madrile&ntilde;a, construye su futuro con aplazamientos y el cuidado de ni&ntilde;os que no son suyos, revel&aacute;ndose as&iacute; el juego de sombras y espejos que abordar&aacute; a lo largo de las p&aacute;ginas. Un derrumbe, una editora, un cuento infantil. Madre y literatura, no madre e hijos extra&ntilde;os. Transportar las canciones de Argentina a Espa&ntilde;a: &ldquo;Yo tengo una casita, as&iacute;, as&iacute;, as&iacute;&rdquo;. Habitaciones alquiladas, marcando en cada calle, en cada barrio, lugares donde la protagonista cuida ni&ntilde;os, hace lista de sus lugares vividos, de sus lugares habitados. &iquest;Es lo mismo habitar que vivir? Cuidar a una ni&ntilde;a mientras la madre trabaja: &ldquo;&Eacute;ramos un texto lleno de faltas&rdquo;. Hija, madre muriendo de c&aacute;ncer, ni&ntilde;os, editora y escritora. Y m&aacute;s trabajo, trabajo que la acerca a la literatura: pisos tur&iacute;sticos o modelo de peluquer&iacute;a. &iquest;Ser ni&ntilde;era tiene que ver con las cosas o con el cuerpo? &iquest;Y ser escritora? Escribir art&iacute;culos en el ba&ntilde;o mientras los ni&ntilde;os de otros golpean la puerta. Al final son palabras para otros, como son momentos compartidos con otros. Los minutos de la mam&aacute;, pero sin ser la mam&aacute;. Acabar pensando que el beb&eacute; se parece a ella. La gen&eacute;tica transitiva, el ambiente sobre la ciencia. Cambiar de ni&ntilde;os es m&aacute;s f&aacute;cil que hacerlo con los hermanos. Si la autora no se hubiera marchado de Buenos Aires, &iquest;tendr&iacute;amos un libro distinto? Una casa en San Telmo, unos hijos propios, unos cuentos del interior. Ser&iacute;a una melod&iacute;a coherente que improvisa placeres cl&aacute;sicos, una conversaci&oacute;n disidente entre un mesetario y una porte&ntilde;a.</p>
<p>Belleza en el recorrido por el &lsquo;Gran Madrid&rsquo; o &lsquo;La Castilla de los autobuses&rsquo;, El Espinar, &Aacute;vila, Serranillos, Gredos, lugares donde acaba la Vuelta a Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os ochenta... Los &Aacute;ngeles de San Rafael, las curvas de Navacerrada, la factor&iacute;a de DYC, Jes&uacute;s GIL y, s&iacute;, otra vez, todos los fantasmas del pasado. Un pueblo cualquiera de torreznos y camarera inmigrante con el olor a grasa frita en el pelo negro, en la belleza ahogada. Volver a Segovia, a la capital, de luces de ne&oacute;n, para los enamorados. &Aacute;vila, el Barraco -m&aacute;s fantasmas, esta vez ciclistas-, se&ntilde;oras que pintan lienzos grises con sus maridos desaparecidos.&nbsp; Segovia rural, de coca&iacute;na y electr&oacute;nica. Buscar el amor, encontrarlo, quemarlo como el propano, el butano, el fr&iacute;o de la sierra. &Aacute;vila, los pisos extra&ntilde;os, juegos de trileros, el cadalso de los pinos. Las l&iacute;neas de autob&uacute;s, 545 y 546, Pr&iacute;ncipe P&iacute;o, la Sierra, las Rozas de Puerto Real, los pulmones de Vicente Aleixandre. Dormita en la vista.</p>
<p>La autora selecciona fragmentos de canciones y poemas, de textos y narraciones. Yo me permito seguir el juego, espero que con algo de fortuna. La casa es el t&iacute;tulo, la casa es la canci&oacute;n, en el cien, en Natalia Ginzburg, en la canci&oacute;n de Los Planetas (&lsquo;Nueva visita a la casa&rsquo;), en los relatos de los ni&ntilde;os, en <em>Hansel y Gretel</em> (canci&oacute;n de Golpes Bajos), Caperucita Roja o los tres cerditos. Los cuentos est&aacute;n llenos de casas fallidas, de humedales y perdici&oacute;n.</p>
<p>La novela plantea un juego de transferencias emocionales: al venderse la casa de su madre ella va a comprar una casa que destruya por completo la casa de su infancia. Cuando su casa es mi casa yo soy mi padre. La casa como un cuerpo y los alba&ntilde;iles como m&eacute;dicos. La muerte de su madre en Buenos Aires, los obreros argentinos, todos los obreros del mundo contemplan los pezones de queso de campo, de queso curado. Derecho a una casa, a una ruina habitable, a tu propia le&ntilde;a, a los calcetines desparejados que encuentran su lugar entre las rendijas de cada casa conquistada.</p>
<p>El libro tiene un inserto que aparece, una y otra vez, la b&uacute;squeda del cuento, del libro sobre familia, casas y extracci&oacute;n vital, como c&oacute;mo construir una casa -que representa el futuro-, frente a conservar el recuerdo. Piezas, unidas, que acaban teniendo un hilo conductor, la literatura fraccionada, la literatura en olas y secciones, escribir es extranjerizarse. Que tenga una casa de Florencia del Campo es una propuesta de encrucijada &iacute;ntima, fragmentaria y atemporal, realista hasta que encuentras citas como esta: &ldquo;La casa que vuelve en sue&ntilde;os todas las noches en el sue&ntilde;o hay una casa&rdquo;.&nbsp; Casas sobre planos. Parejas en la foto. Herencias y repartos. Una casa es distinta a una vida porque la casa se puede trocear y, si se derrumba, se puede volver a construir.&nbsp;</p>
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<p>Florencia del Campo, <em>Que tenga una casa</em>. Barcelona, Candaya, 2024</p>
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      <pubDate>Thu, 03 Oct 2024 12:29:42 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[He llegado hasta aquí gracias al dolor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/he-llegado-hasta-aqui-gracias-al-dolor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IULIANA_S_APOSTU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>O c&oacute;mo mantenerse viva gracias a la literatura. Iuliana S. Apostu, nacida en Sibiu, Rumania, en 1995, vive en Espa&ntilde;a desde hace casi veinte a&ntilde;os. Graduada en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, actualmente es profesora de Lengua y Literatura Espa&ntilde;ola en un instituto turolense. Ha sido premiada en algunos concursos literarios, como el Premio Internacional de Cuentos Max Aub de Segorbe (modalidad comarcal) por el relato &ldquo;Sin t&iacute;tulo&rdquo; &ndash;primero de los presentes en el libro objeto de rese&ntilde;a, aunque con leves modificaciones estil&iacute;sticas y de contenido&ndash; y el Premi Universitat de Val&egrave;ncia d&rsquo;Escriptura de Creaci&oacute; por el poemario <em>v&aacute;lgame dios</em>, ambos en el a&ntilde;o 2020.</p>
<p>Cuidada edici&oacute;n la de la sevillana Editorial Diecis&eacute;is, con bella portada de una muchacha cerrando los ojos y viajando, que es muy &uacute;til, como C&eacute;line suger&iacute;a al principio de su novela m&aacute;s famosa. Solapas y contraportada tambi&eacute;n nos proporcionan buena informaci&oacute;n sobre el universo vital de la autora.</p>
<p>Ocho relatos del taller de la autora componen el volumen: &ldquo;Sin t&iacute;tulo&rdquo; (que intitula el libro), &ldquo;Una ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Puntadas&rdquo;, &ldquo;nacer, morir&rdquo;, &ldquo;Mirilla&rdquo;, &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;, &ldquo;crac, amor, crac&rdquo; y &ldquo;Yo quer&iacute;a quedarme en Barcelona&rdquo;, interconectados por cierta experiencia vital y/o literaria y narrados en primera persona, a excepci&oacute;n de &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;. Ocho cuadros, como los de la exposici&oacute;n de Mussorgsky, con diferente m&uacute;sica literaria. <em>Ut pictura poesis</em> atormentada e interior: no es casualidad que cierto inquietante universo pict&oacute;rico est&eacute; reflejado en algunos de ellos &ndash;Rothko, Polke, Kiefer por partida doble&hellip;&ndash;. Tan turbadores como el indiscutible lenguaje po&eacute;tico de nuestra autora.</p>
<p>Porque es peligroso asomarse tanto al exterior como al interior, ambos universos inh&oacute;spitos. La lectura de los relatos demuestra que Iuliana S. Apostu es maestra en el recurso de la elipsis, no exenta de un hermetismo que no pone las cosas f&aacute;ciles al lector. Pero ah&iacute; radica lo sugestivo de su literatura. Automartirio, autoinmolaci&oacute;n, sangre, cuerpos y mentes maltratados. Aunque sea curioso que, ante tanta truculencia, la descomposici&oacute;n y la podredumbre est&eacute;n relativamente poco presentes en su narrativa. Porque lo podrido est&aacute; muerto y en esta escritura hay mucha vida, demasiada.</p>
<p>Leamos el relato &ldquo;Puntadas&rdquo;: son las catorce que se aplica en la boca el personaje. Cada una de ellas es un momento de su vida, explicado con mayor o menor extensi&oacute;n. Lo que en principio es sin&oacute;nimo de callar, parad&oacute;jicamente y gracias al poder de la escritura deviene literatura&hellip; Rom&aacute;ntica (s&iacute;), posmoderna o de retorno a lo real, que el lector elija. Y puede que oracular desentra&ntilde;ando se&ntilde;ales: de ah&iacute; los sacrificios cruentos. Porque todo es hecatombe, como la de las cabras y humanos en &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;, que recuerda a versos de su poemario <em>v&aacute;lgame dios</em>: &ldquo;[&hellip;] los corderos a punto de ser desollados / para degustarlos en la mesa de Pascua / despu&eacute;s de ir a misa / y rezarle a un dios que est&aacute; de vacaciones&rdquo;. Cosmogon&iacute;as vac&iacute;as, que de alguna forma hay que llenar el par&eacute;ntesis de cada cual.</p>
<p>Lo cotidiano, la vida normal, conduce en ocasiones a aut&eacute;nticas historias de terror, como acontece en los relatos &ldquo;Una ni&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;Mirilla&rdquo;, no exentos de cierto suspense con finales inquietantes.</p>
<p>Amores y desamores tambi&eacute;n pululan entre las l&iacute;neas de las ficciones literarias de la autora, casi siempre con mucha inestabilidad cargada de esperanza y, sin embargo, consciente de desilusiones anteriores, as&iacute; como de imposibilidades a veces cargadas de cr&iacute;tica. As&iacute; sucede en el &uacute;ltimo cuento de la recopilaci&oacute;n (&ldquo;Yo quer&iacute;a quedarme en Barcelona&rdquo;): &ldquo;Tu capacidad de invadir lo bello y descomponerlo, de convertirlo en basura, es asombrosa. Y es una pena porque te repito que te arrastrar&iacute;a hasta esa puta pared porque ese rojo no es m&aacute;s de lo que reflejas: muerte, descomposici&oacute;n, hambre de carro&ntilde;a&rdquo; (p. 152). Ante lo cual, el rese&ntilde;ista se abstiene de cualquier comentario. No es lo mismo un rojo &ldquo;arteria&rdquo; que un rojo &ldquo;put&oacute;n&rdquo; (p. 151). O un expresionismo abstracto de Rothko que, pongamos por ejemplo, el de Barnett Newman de &ldquo;Vir heroicus sublimis&rdquo;&hellip; Formas de ver la vida y sensibilidades incompatibles, lo que es casi inevitable.</p>
<p>Literatura espa&ntilde;ola, s&iacute;, pero con or&iacute;genes, no lo olvidemos, en una Ruman&iacute;a natal no desde&ntilde;ada ni olvidada, lo que conduce a una excelente simbiosis. &Eacute;ste y otros aspectos de la narrativa de Iuliana S. Apostu quedar&aacute;n en el tintero, como ciertos feminismos, vista la poca relevancia de elementos masculinos en los cuentos &ndash;a excepci&oacute;n de &ldquo;Llueve con rabia&rdquo; &ndash; o cierta sexualidad natural que da lugar a encuentros&hellip; y desencuentros.</p>
<p><em>Sin t&iacute;tulo </em>es una recopilaci&oacute;n muy bien hilvanada con puntadas expertas, pero tambi&eacute;n un prometedor banco de pruebas de la autora, de la que cabe esperar mucho en un futuro. No cabe duda de que el &ldquo;Continuar&aacute;&rdquo; augura buenas expectativas.</p>
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<p>Iuliana S. Apostu, <em>Sin t&iacute;tulo</em>, Sevilla, Editorial Diecis&eacute;is, 2024.</p>
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      <pubDate>Mon, 30 Sep 2024 08:01:34 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[La luz de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-luz-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/VICENTE_CERVERA_SALINAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La poes&iacute;a de Vicente Cervera alcanza plenitud expresiva en <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> (Sevilla, Renacimiento, 2023) gracias a una destilaci&oacute;n est&eacute;tica en la que se dan cita el impulso h&iacute;mnico y la cadencia elegiaca, la emoci&oacute;n y el misterio, la sensualidad y la erudici&oacute;n. A lo largo de la trayectoria del autor se prefiguraban diversos temas que encuentran una feliz decantaci&oacute;n en estas p&aacute;ginas. El descubrimiento de la otredad, la interrogaci&oacute;n sobre el enigma de la existencia o la reflexi&oacute;n metapo&eacute;tica son motivos que ya asomaban en la galer&iacute;a de semblanzas literarias contenida en <em>De aurigas inmortales </em>(1993, reeditado en 2018), en los acordes que animaban <em>La partitura </em>(2001) o en las inquisiciones metaf&iacute;sicas que protagonizaban <em>El alma oblicua </em>(2003)<em> </em>y <em>Escalada y otros poemas </em>(2010). No obstante, <em>El sue&ntilde;o de Leteo </em>aporta una nueva tonalidad que surge de la aleaci&oacute;n entre la serena distancia y la combusti&oacute;n emotiva, de tal modo que se difuminan las fronteras que separan &ldquo;el desgarr&oacute;n afectivo&rdquo; de la evocaci&oacute;n l&iacute;rica. Tambi&eacute;n la impronta de los maestros aparece ahora metabolizada en una voz personal, por m&aacute;s que adivinemos aqu&iacute; y all&aacute; la huella de los cl&aacute;sicos latinos, la altivez estoica tamizada por los vates del Siglo de Oro, el homenaje a los rom&aacute;nticos alemanes o la acogedora sombra de Borges, a quien Cervera ha estudiado en su faceta de investigador y profesor universitario.</p>
<p>Si bien <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> se divide externamente en tres partes numeradas, no es dif&iacute;cil apreciar una serie de hilos conductores que dotan de continuidad al discurso. El primero se corresponde con las paradojas de la identidad, que nos muestran a un yo escindido y tentado alternativamente por la luz y la oscuridad. Ya el primer poema, &ldquo;Leteo&rdquo;, en el que el poeta discute con &ldquo;el impostor de la conciencia&rdquo;, remite a los monodi&aacute;logos de Gil de Biedma, aunque sustituyendo el efecto de intimidad y el registro coloquial por una pudorosa lecci&oacute;n existencial. La presencia del doble se advierte asimismo en &ldquo;Mi maestro&rdquo;, una recreaci&oacute;n del mito de Jekyll y Hyde, o en &ldquo;<em>Over the rainbow</em>&rdquo;, donde el camino de baldosas amarillas conduce al extra&ntilde;amiento: &ldquo;Baj&eacute; / la vista y all&iacute; esperaba, radiante, / mi otro yo: la fecha, el nombre y el &aacute;rbol / de la genealog&iacute;a&rdquo;. Las m&aacute;scaras subjetivas se asocian en ocasiones con el <em>somnium imago mortis</em>, seg&uacute;n se observa en &ldquo;Despiertas&rdquo; o &ldquo;Del sue&ntilde;o&rdquo;, y con los s&iacute;mbolos de la desaz&oacute;n, como la lechuza o el &ldquo;felino rampante&rdquo; que vigilan a un yo aprisionado por la rutina en &ldquo;El filo&rdquo;.</p>
<p>Otro n&uacute;cleo sem&aacute;ntico del libro es la oda a los poetas, a quienes se les atribuyen valores vinculados a la ilusi&oacute;n, la inocencia y la libertad. Con todo, la materialidad del mundo circundante los condena irremisiblemente al desencanto: los retratos espirituales de H&ouml;lderlin (en la torre de &ldquo;T&uuml;bingen&rdquo;) y de Byron (ante las tinieblas de &ldquo;<em>Tenebrae factae sunt</em>&rdquo;) ejemplifican el combate entre el anhelo auroral y la propensi&oacute;n a la penumbra. De distinto sesgo es &ldquo;Unidos en Eleusis&rdquo;, que se eleva sobre la desesperanza para culminar con una admonici&oacute;n a los poetas de la Arcadia bajo la bandera del paganismo hedonista: &ldquo;Unidos en Eleusis, poetas del Leteo&rdquo;. Junto con la poes&iacute;a, la m&uacute;sica adquiere relevancia en &ldquo;<em>O grosse liebe!</em>&rdquo; (sobre una pieza coral de Bach), &ldquo;Algarab&iacute;a&rdquo; (consagrado a un coro de gorriones) o &ldquo;Bremen&rdquo;, que retoma la melod&iacute;a del cuento &ldquo;Los m&uacute;sicos de Bremen&rdquo; para reivindicar la capacidad cat&aacute;rtica del canto &ldquo;frente al presagio oscuro o la noticia / ronca o el heraldo negro o la sonrisa / hosca&rdquo;.</p>
<p>La eleg&iacute;a amorosa constituye el eje de algunos poemas en los que se entrelazan la p&eacute;rdida de la inocencia y la cicatriz del deseo. &ldquo;La inocencia&rdquo;, &ldquo;<em>Anima dannata</em>&rdquo; o &ldquo;Dos almas&rdquo; inciden en la fugacidad de una comuni&oacute;n er&oacute;tica que a menudo desemboca en &ldquo;turbias l&aacute;grimas de ausencia&rdquo;. Siguiendo el lema del romance franc&eacute;s &ldquo;plaisir d&rsquo;amour ne dure qu&rsquo;un moment, / chagrin d&rsquo;amour dure toute la vie&rdquo;, el personaje de estos versos lleva a cabo una ritualizaci&oacute;n amorosa presidida por la melancol&iacute;a. As&iacute; ocurre en &ldquo;Del absurdo&rdquo; o en &ldquo;<em>Halloween</em>&rdquo;, en cuyo desenlace los disfraces&nbsp;aterradores se reemplazan por una espectralidad m&aacute;s inquietante: &ldquo;Sab&iacute;an que los esqueletos / no estaban en los disfraces ni en los filosos / chillidos, sino en sus pasos torpes y en sus desligados / corazones&rdquo;. De ese desligamiento dan cuenta igualmente aquellas composiciones que afrontan con serena resignaci&oacute;n el paso del tiempo, a veces atemperado por la compa&ntilde;&iacute;a de los libros (&ldquo;Clamor&rdquo;, que rubrica el mensaje de Quevedo en &ldquo;Desde la torre&rdquo;) y otras veces adscrito a la plantilla t&oacute;pica de las ruinas (&ldquo;Mutaciones&rdquo;, donde la devastaci&oacute;n arquitect&oacute;nica funciona como una suerte de correlato ps&iacute;quico del paseante que contempla los estragos de la <em>vanitas</em>).</p>
<p>El &uacute;ltimo apartado de <em>El sue&ntilde;o de Leteo </em>a&uacute;n nos depara m&aacute;s sorpresas: si &ldquo;La verg&uuml;enza&rdquo; ofrece una entra&ntilde;ada denuncia social mediante la reconstrucci&oacute;n de una estampa infantil, &ldquo;Rosas y apotegmas&rdquo; se erige en una conturbadora eleg&iacute;a a la figura del padre, m&aacute;s cerca del regeneracionismo del Machado que cantaba a Giner de los R&iacute;os que del patetismo al que se prestan esta clase de composiciones, en las que el dolor por la p&eacute;rdida suele imponerse a la coloraci&oacute;n afectiva del recuerdo. En definitiva, con <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> Vicente Cervera emprende un viaje hacia el alumbramiento (tanto hacia la luz de la conciencia como hacia la ceniza de la memoria) y firma su mejor libro hasta la fecha.</p>
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<p>Vicente Cervera, <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em>, Sevilla, Renacimiento, 2023.</p>
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      <pubDate>Mon, 30 Sep 2024 07:43:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seis poemas del portugués Ruy Belo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seis-poemas-del-portugues-ruy-belo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/RUY_BELO_500_px_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Parece dif&iacute;cil de explicar el hecho de que la poes&iacute;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978) no cuente a&uacute;n con una presencia editorial bien visible en Espa&ntilde;a. Con una obra publicada entre los a&ntilde;os sesenta y setenta, Ruy Belo es, sin duda, una de las voces m&aacute;s personales y singulares de la l&iacute;rica lusa del siglo XX, y su nombre ocupa un lugar destacado y merecido en el canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad. Eduardo Louren&ccedil;o lo afirm&oacute; vinculando la existencia de Belo a la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa: &ldquo;si hay una posteridad digna de Pessoa (&hellip;) es la de la po&eacute;tica omnicomprensiva de Ruy Belo&rdquo;, y lo escribi&oacute; en un lugar significativo, el volumen <em>S&eacute;culo de Oiro. Antologia cr&iacute;tica da poesia portuguesa do s&eacute;culo XX </em>(p. 215), organizada en 2002 por Osvaldo Manuel Silvestre y Pedro Serra. En ese t&iacute;tulo, 73 cr&iacute;ticos literarios eleg&iacute;an un poema destacado del siglo de oro de la l&iacute;rica vecina, y Ruy Belo aparec&iacute;a en cuatro ocasiones, escogido por Lu&iacute;s Mour&atilde;o (&ldquo;VIII. A m&atilde;o no arado&rdquo;), Eduardo Louren&ccedil;o (&ldquo;Em louvor do vento&rdquo;), V&iacute;tor Manuel de Aguiar e Silva (&ldquo;Morte ao meio-dia&rdquo;) y Manuel Ant&oacute;nio Pina (&Aacute;cidos e &oacute;xidos&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>El medio editorial espa&ntilde;ol, sin embargo, aunque relativamente atento a los nombres fundamentales de la literatura portuguesa del siglo XX, no ha sabido encontrar a&uacute;n el espacio que en rigor merece la poes&iacute;a desasosegante de Belo. Es verdad que existen dos t&iacute;tulos de nuestro autor en espa&ntilde;ol, el primero de los cuales ya descatalogado: <em>Pa&iacute;s posible</em>, editado en 1991 por Adolfo A. Montejo Navas, con traducci&oacute;n de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano, y <em>El problema de la habitaci&oacute;n: algunos aspectos</em>, 2009, ediciones Sequitur, con introducci&oacute;n de Pedro Serra y traducci&oacute;n de Luis Julio Gonz&aacute;lez Plat&oacute;n (que se deja llevar por el falso amigo del t&eacute;rmino &ldquo;habita&ccedil;&atilde;o&rdquo; del t&iacute;tulo, cuya mejor versi&oacute;n habr&iacute;a sido &ldquo;vivienda&rdquo;). Es cierto tambi&eacute;n que su obra est&aacute; presente en dos de las tres antolog&iacute;as m&aacute;s importantes de poes&iacute;a lusa del siglo XX editadas en Espa&ntilde;a, la <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a portuguesa contempor&aacute;nea</em> de &Aacute;ngel Crespo (J&uacute;car, 1982, con los poemas &ldquo;Figura yacente&rdquo;, &ldquo;Algunas proposiciones con p&aacute;jaros y &aacute;rboles que el poeta remata con una referencia al coraz&oacute;n&rdquo;, &ldquo;La imagen de la alegr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;[Otro fragmento]&rdquo;, y &ldquo;Tres o cuatro ni&ntilde;os&rdquo;) y <em>Los nombres del mar</em>, de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano (Editora Regional de Extremadura, 1985, con los poemas &ldquo;Encuentro de garcilaso de la vega con do&ntilde;a isabel freire, en granada, en el a&ntilde;o de 1526&rdquo;, &ldquo;El tiempo s&iacute; el tiempo casualmente&rdquo; y &ldquo;Adi&oacute;s a la tierra de la alegr&iacute;a&rdquo;), mientras que no aparece en <em>Poes&iacute;a portuguesa actual</em>, de Pilar V&aacute;zquez Cuesta, publicada por la Editora Nacional en 1976, a&uacute;n en vida del poeta. Y es verdad, por &uacute;ltimo, que en Espa&ntilde;a la academia universitaria no ha sido ajena a su poes&iacute;a, incluso se ha realizado una tesis doctoral dedicada a su obra (de la autor&iacute;a de Hugo Manuel Milhanas, en la Universidad de Salamanca, 2015), al tiempo que la <em>Revista de Filolog&iacute;a Rom&aacute;nica de la Universidad Complutense </em>dedic&oacute; buena parte de su volumen 25, en2008, a su memoria (hab&iacute;a sido Lector de Portugu&eacute;s en esa instituci&oacute;n entre 1971 y 1978), con motivo del trig&eacute;simo aniversario de su muerte.&nbsp;</p>
<p>Todo ello, sin embargo, y otras presencias que no mencionamos por no disponer de espacio, siendo elementos notables para la recepci&oacute;n de un poeta portugu&eacute;s en Espa&ntilde;a, no parece saldar la deuda con Ruy Belo, un autor fuertemente vinculado al pa&iacute;s de Garcilaso y Lorca, y que todav&iacute;a espera ansiosamente la aparici&oacute;n de una amplia colect&aacute;nea de su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
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<p>Ruy Belo, en efecto, vivi&oacute; en Madrid entre 1971 y 1977, periodo durante el cual public&oacute; en Portugal traducciones de Jorge Luis Borges (<em>Poemas escolhidos</em>, 1971) y Federico Garc&iacute;a Lorca (<em>Dona Rosinha a Solteira ou a Linguagem das Flores</em>, 1973). En la capital espa&ntilde;ola experiment&oacute; con una profundidad irresistible la percepci&oacute;n de una cierta p&eacute;rdida o vac&iacute;o existencial que es marca constante en su poes&iacute;a, atravesada en este caso por la conciencia del extra&ntilde;amiento de un sujeto que con frecuencia se siente extranjero o exiliado (&ldquo;Madrid, uma das cidades do mundo mais distantes de Lisboa&rdquo;, escribe en la &ldquo;Explicaci&oacute;n que el autor ha tenido por indispensable anteponer a esta segunda edici&oacute;n&rdquo; de <em>Aquele grande rio Eufrates</em>, de 1972). Ese vac&iacute;o al que conduce el abismo de una utop&iacute;a inalcanzable se plasma en su obra, de profundo aliento metaf&iacute;sico, a trav&eacute;s del recurso al tema de la muerte como una melancol&iacute;a propia y visible en cuanto fundamento est&eacute;tico, hasta el punto de convertir el texto po&eacute;tico, como afirma Pedro Serra en <em>Um nome para isto</em>, en el &ldquo;lugar en que se <em>literaliza</em> una muerte como Realidad absoluta&rdquo; (p. 13). El lenguaje revela en su poes&iacute;a una p&eacute;rdida constante, enmascarada a veces tras la sobriedad de un registro profundamente discursivo. La muerte, as&iacute;, la propia invenci&oacute;n de la finitud, se convierte en el modo mediante el cual el poeta &ldquo;se ficciona a s&iacute; mismo, inmune y protegido&rdquo;, siguiendo la l&iacute;nea de pensamiento de Cristina Firmino, en la introducci&oacute;n e <em>O problema da habita&ccedil;&atilde;o</em> (ed. Presen&ccedil;a, 1997, p. 16).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo escribi&oacute; poemas en los que Madrid cobra protagonismo, y son esos los que hemos elegido fundamentalmente para esta muestra. Con el p&oacute;rtico de &ldquo;La medida de espa&ntilde;a&rdquo; (perteneciente a <em>Homem de palavra(s)</em>, de 1970) hasta &ldquo;En la noche de madrid&rdquo; (aparecido en 1978 en la revista <em>Raiz e utopia</em>), pasando por poemas como &ldquo;Primer poema de madrid&rdquo;, &ldquo;Solo en la ciudad&rdquo;, &ldquo;Madrid revisited&rdquo; o &ldquo;En el aeropuerto de barajas&rdquo;, el pa&iacute;s vecino fue para Belo parte inseparable de su &ldquo;problema de la vivienda&rdquo;, si entendemos este t&iacute;tulo como una aut&eacute;ntica y vertebradora alegor&iacute;a de su propia escritura. Son numerosos los poemas del autor fechados en la capital, del mismo modo que son fundamentales en su producci&oacute;n los poemas que toman como motivo a Garcilaso de la Vega y a Isabel Freire. Esos textos, sin embargo, m&aacute;s disponibles para los lectores atentos del poeta en Espa&ntilde;a, ceden ahora espacio a una visi&oacute;n en la que Espa&ntilde;a, con Madrid en primer plano, se convierte en algo as&iacute; como el adverbio de lugar en el que se representa el drama elegante, profundamente posmoderno, de la poes&iacute;a de Ruy Belo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>RUY BELO</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA MEDIDA DE ESPA&Ntilde;A</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cambiado algunas veces de ciudades</p>
<p>y mi pasado es todo olvido</p>
<p>La noche llega precedida por la sombra</p>
<p>y siempre en vano repudio la noche</p>
<p>Cualquier d&iacute;a me muero y s&eacute; poco de la vida</p>
<p>es peligrosa la vida la simple vida</p>
<p>la vida la simple vida es violenta</p>
<p>Pero cuando llega la primavera XXX</p>
<p>me siento invulnerable y empiezo</p>
<p>Es formidable marzo cuando se acerca</p>
<p>prometiendo a su paso un verano integral</p>
<p>Soy todo de este tiempo y son m&iacute;os estos d&iacute;as</p>
<p>Yo no soy nada pero el verano existe</p>
<p>Canta mi coraz&oacute;n</p>
<p>Esta es la medida de espa&ntilde;a</p>
<p>oh vida m&iacute;a vida extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PRIMER POEMA DE MADRID</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que por todos se haga la poes&iacute;a</p>
<p>que rompa la soledad n&iacute;tido nulo</p>
<p>la soledad de las armas aves manzanas</p>
<p>la soledad del cuarto la soledad de Kafka</p>
<p>Que a todos se destine la poes&iacute;a</p>
<p>que no m&aacute;s en duino encierre el grito</p>
<p>la escogida palabra restaurada</p>
<p>Que la voz del hombre de la sierra de m&eacute;sio</p>
<p>llegue a miranda tal&oacute;n del mundo</p>
<p>no vaya la izquierda a ser de los coches de carreras</p>
<p>No crezca m&aacute;s el ni&ntilde;o qu&eacute;dese quieto</p>
<p>inm&oacute;vil m&aacute;s real que en las fotograf&iacute;as</p>
<p>Estaba so&ntilde;ando de viejos m&aacute;s est&uacute;pidos</p>
<p>que tus oh diego conejitos</p>
<p>Hay tantas estrellas parecen bailar</p>
<p>en la noche rasa desag&uuml;es de castilla</p>
<p>et mourir &agrave; madrid le coeur bris&eacute;</p>
<p>salamanca unamuno ba&ccedil;&atilde;o Alentejo</p>
<p>Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil ser dios</p>
<p>y yo solo aqu&iacute; en la noche me suicido de sue&ntilde;o</p>
<p>llegado del viento vasto del invierno</p>
<p>el suicidio s&iacute; el &uacute;nico problema</p>
<p>para el hombre que por haber nacido</p>
<p>hered&oacute; la maldici&oacute;n que no quer&iacute;a</p>
<p>Bailemos nosotros malditos marginales</p>
<p>de todas las ciudades sociedades</p>
<p>que no tenemos doctrina que nos salve</p>
<p>Sepa siempre el cinatti timorense</p>
<p>el n&oacute;mada de lo dicho por no dicho</p>
<p>que si m&aacute;s cercanos cuanto m&aacute;s distantes</p>
<p>soy siempre su lector atento y dedicado</p>
<p>Adem&aacute;s no hay ni t&uacute; ni yo falso problema</p>
<p>est&aacute;n los sin pan y los sin postre</p>
<p>y hasta sin Portugal cuesti&oacute;n antigua</p>
<p>As&iacute; si nos vendieron los pa&iacute;ses</p>
<p>peregrinos y hu&eacute;spedes en otras tierras</p>
<p>all&iacute; lanzamos nuestras viscerales ra&iacute;ces</p>
<p>Pero el pa&iacute;s est&aacute; dentro de nosotros</p>
<p>el pa&iacute;s somos nosotros s&iacute; pasa por aqu&iacute;</p>
<p>pasa por nosotros los de explorar palabras</p>
<p>esa guerra civil inevitable</p>
<p>(No oig&aacute;is lo que digo en este c&oacute;digo</p>
<p>sino lo que el coraz&oacute;n contento al rojo vivo</p>
<p>contiene porque el otro del alma lo desplac&eacute;)</p>
<p>Qu&eacute; f&aacute;cil le resultaba al cuerpo la sepultura</p>
<p>pero nosotros los que somos de los peces</p>
<p>los que con la tormenta al final todos nos perdemos</p>
<p>tenemos por patria sencilla la lengua portuguesa</p>
<p>y por eso como arma tenemos estar de pie</p>
<p>oponer al sol la cara incorregible</p>
<p>y dar la palabra a los que no tienen voz</p>
<p>pues al silencio los tienen sometidos</p>
<p>Poema de palabras no de paz sino de pavor</p>
<p>construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica dif&iacute;cil aparentemente</p>
<p>yo que a cambio de la vida y el triunfo me volv&iacute; tu &iacute;nfimo cultor</p>
<p>bajo esa superficie de impasible frialdad</p>
<p>s&eacute; que se oculta la voz no de la humanidad</p>
<p>palabra con el m&aacute;s dudoso de los significados</p>
<p>sino de los hombres que Dostoievski vio ofendidos y humillados</p>
<p>C&aacute;lida y humana aunque en apariencia fr&iacute;a</p>
<p>que a todos se destine la poes&iacute;a&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SOLO EN LA CIUDAD</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras una estancia en las alturas</p>
<p>a expensas del m&aacute;s puro pensamiento</p>
<p>que ha detenido el d&iacute;a la hora y el momento</p>
<p>en una fuga de la vida y los ruidos y los coches</p>
<p>los cuales que yo sepa solo Venecia repudia</p>
<p>sin dolores ni cuidados horas seguras</p>
<p>sin asuntos urgentes porque todo se ha vuelto olvido</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo renunciar ahora a tanta luz</p>
<p>y c&oacute;mo pactar con tan antiqu&iacute;simo poder</p>
<p>como aquel que a las cosas les consiente suceder?</p>
<p>Los pl&aacute;tanos disputan las &uacute;ltimas hojas</p>
<p>a los vientos y a las lluvias de diciembre</p>
<p>y como que se quejan del invierno</p>
<p>Ya se pudre el coraz&oacute;n de los &aacute;rboles</p>
<p>y esa raza ciega pero sagaz de los sencillos</p>
<p>de los seres condenados a la mentira</p>
<p>se socorren con la oscuridad de las aguas</p>
<p>para pensar la parte a sus siervos debida</p>
<p>como si un ser cediese a razonamientos</p>
<p>cuando est&aacute; en causan la propia vida</p>
<p>No dejamos en el suelo el menor rastro</p>
<p>las cosas que pensamos no dan resto</p>
<p>y la destrucci&oacute;n de nuestro rostro</p>
<p>es ahora mayor que en el delirio del verano</p>
<p>Ya no nos sorprende el mediod&iacute;a</p>
<p>el mar si lo fue ha dejado de ser inofensivo</p>
<p>un destino de hierro nos detiene</p>
<p>y son largos los d&iacute;as lejos de nosotros mismos</p>
<p>Ni siquiera ya se pierde la infancia imperiosa</p>
<p>en la fuerte frecuencia de las preguntas sin respuesta</p>
<p>Hasta la luna ese incendio de plata</p>
<p>que antes era como astro fe</p>
<p>ahora es una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe</p>
<p>En ning&uacute;n muro blanco alguna sombra es</p>
<p>representaci&oacute;n probile para el hombre</p>
<p>En los propios corazones la tempestad</p>
<p>se sirve de la complicidad de la edad</p>
<p>de los restos impalpables de un destino</p>
<p>que no nos mata menos que a los peces</p>
<p>despreocupados en el estanque el agua de las habas</p>
<p>(hab&iacute;a llovido me acuerdo y as&iacute; llueve ahora</p>
<p>cuando le pido a la infancia una met&aacute;fora</p>
<p>y la lluvia es m&aacute;s real que si lloviese)</p>
<p>Todo trabaja pero ocultamente</p>
<p>y todo es parecido al sobresalto</p>
<p>Terrible tempestad de alegr&iacute;a</p>
<p>&iquest;qu&eacute; parcela del d&iacute;a hoy d&iacute;a nos permite?</p>
<p>La vida es una rep&uacute;blica odiosa</p>
<p>y hasta es monstruosa esa punta del pensamiento</p>
<p>que me deja en los dedos solo palabras y no d&iacute;as</p>
<p>Oculta crece la hierba del profundo sentimiento</p>
<p>E incluso cuando fuera es domingo</p>
<p>en nuestro interior es d&iacute;a de diario</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; mundo es este mundo de estos d&iacute;as</p>
<p>que nos mata m&aacute;s de lo que Atenas nos mat&oacute;?</p>
<p>El corte ingl&eacute;s en plena primavera</p>
<p>seg&uacute;n dicen todos los anuncios</p>
<p>que veo en las paredes hoy d&iacute;a dos de marzo</p>
<p>Voy a entrar para ver puede que est&eacute; ah&iacute;</p>
<p>el t&eacute;rmino de este invierno que me invade</p>
<p>Talvez recupere lo que perd&iacute;</p>
<p>y me vea de nuevo envuelto en hojas</p>
<p>como cualquier &aacute;rbol an&oacute;nimo que vi&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MADRID REVISITED</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; tal vez en estos cincuenta versos consiga mi prop&oacute;sito</p>
<p>ofrecer en esa forma objetiva y hasta incluso impersonal en m&iacute; habitual</p>
<p>la ordenaci&oacute;n externa de esta ciudad a la que regreso</p>
<p>llueve sobre estas calles desolada y espesa como lluvia desmenuzada</p>
<p>tu ausencia l&iacute;quida mojada y por got&iacute;culas multiplicada</p>
<p>El cielo entristecido hay una soledad y un color grises</p>
<p>en esta ciudad hace meses capital del sol n&uacute;cleo de la claridad</p>
<p>Es otra esta ciudad esta ciudad es hoy tu ausencia</p>
<p>una enorme ausencia donde las casas se han separado en varias calles</p>
<p>ahora tan diferentes que una diversidad as&iacute; hace</p>
<p>de mi ciudad otra ciudad.</p>
<p>Tu ausencia son preferentemente algunos lugares determinados</p>
<p>como correos o el caf&eacute; gij&oacute;n ciertos domingos como este</p>
<p>para los dem&aacute;s normales solo para nosotros secretamente rituales</p>
<p>si neutros para los otros neutros hasta para m&iacute;</p>
<p>antes de heredar en ti particular significado</p>
<p>Tu ausencia pesa en estos loca sacra uno por uno</p>
<p>los cuales m&aacute;s importantes que lugares en s&iacute;</p>
<p>son simples sitios que solo he conocido en funci&oacute;n de ti</p>
<p>y ahora se alzan piedra a piedra como monumento de la ausencia</p>
<p>No veo aqu&iacute; el n&uacute;cleo geogr&aacute;fico administrativo de un pa&iacute;s</p>
<p>capital de edificios centro de donde emanan decisiones</p>
<p>complejo de museos bancos parques vida profesional turismo</p>
<p>que conoc&iacute; un d&iacute;a y ya no conozco</p>
<p>Aqu&iacute; solo est&aacute; el hecho de saber que fui feliz</p>
<p>y hoy tanto lo s&eacute; que s&eacute; que serlo no lo ser&eacute; jam&aacute;s</p>
<p>Esta es la capital pero capital no de un cierto pa&iacute;s</p>
<p>capital de tu rostro y de tus ojos a ningunos otros iguales</p>
<p>o de un pa&iacute;s profundo y propio como t&uacute;</p>
<p>Madrid es saber piedra por piedra y paso a paso c&oacute;mo te perd&iacute;</p>
<p>es una ciudad ajena siendo m&iacute;a</p>
<p>es algo extra&ntilde;o y conocido</p>
<p>Abro la ventana sobre la plaza y el teatro donde estuvimos</p>
<p>y donde en la Desd&eacute;mona que vi te vi a ti</p>
<p>No es lluvia al final lo que cae solo cae tu ausencia</p>
<p>lluvia m&aacute;s y pluvial que si lloviese</p>
<p>M&aacute;s que esta ciudad es solo cierta ciudad que jam&aacute;s hubiese</p>
<p>en una medida tal que solo all&iacute; profundamente yo estuviese</p>
<p>y en ella solo mi dolor como una piedra condensada</p>
<p>de pie tumbada o de cualquier forma cupiese</p>
<p>Es una ciudad alta como las cosas que perd&iacute;</p>
<p>y enseguida la perd&iacute; casi no la conoc&iacute;</p>
<p>pues m&aacute;s que a ella te conoc&iacute; a ti</p>
<p>Fue de una altura as&iacute; desde donde ca&iacute;</p>
<p>superior a la propia torre de este hotel</p>
<p>escogida por muchos suicidas para poner fin a su vida</p>
<p>No es esta ciudad esa ciudad donde viv&iacute;</p>
<p>donde fui al cine y trabaj&eacute; y pase&eacute;</p>
<p>y en la llama del propio cuerpo a m&iacute; sin compasi&oacute;n me consum&iacute;</p>
<p>Aqu&iacute; fue la ciudad donde te conoc&iacute;</p>
<p>y enseguida al conocerte m&aacute;s que nunca te perd&iacute;</p>
<p>Debe hacer casi un a&ntilde;o m&aacute;s que al verte vi</p>
<p>que al verte no te vi y te perd&iacute; al tenerte</p>
<p>Pero a esta ciudad muchos le dan el nombre de Madrid&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EN EL AEROPUERTO DE BARAJAS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son los aviones los que aqu&iacute; levantan vuelo</p>
<p>aqu&iacute; no es met&aacute;lica la imaginaci&oacute;n</p>
<p>Desde aqu&iacute; levantan vuelo estos americanos</p>
<p>que cerca matan lejos al heroico pueblo vietnamita</p>
<p>que aqu&iacute; pagan en d&oacute;lares el dolor de los suramericanos</p>
<p>que fingen vida aqu&iacute; la muerte del noroeste brasile&ntilde;o</p>
<p>Las barrigas aqu&iacute; se&ntilde;aladas al menos por medio centenar de estrellas</p>
<p>ocultan a esos indios a esos negros a esa gente subamericana</p>
<p>que asegura la barriga de estos sobreamericanos</p>
<p>Aqu&iacute; refulge la floja casa blanca</p>
<p>perforada por la m&aacute;s nariguda de las narices</p>
<p>que surge en todas partes donde no ha sido llamada</p>
<p>Aqu&iacute; se representa la primera de las damas de este mundo</p>
<p>esa madre virtuosa y responsable</p>
<p>que limita su natalidad sin dejar</p>
<p>de controlar tambi&eacute;n la de las mujeres de todo el mundo</p>
<p>Pat adem&aacute;s acaba de ganar la elecci&oacute;n anual de las</p>
<p>mujeres que seg&uacute;n la revista good housekeeping</p>
<p>merecen nuestra mayor admiraci&oacute;n</p>
<p>por la valent&iacute;a y el deseo</p>
<p>de ayudar a otros seres humanos y</p>
<p>si no ayuda a los negros ni a los indios ni a aquellos</p>
<p>que en este mundo en esta vasta am&eacute;rica del norte</p>
<p>que es la mayor parte de este mundo</p>
<p>es porque hay dudas serias de que sean seres humanos</p>
<p>Aqu&iacute; se desarrolla el mal gusto aqu&iacute; la gente</p>
<p>que se queda por aqu&iacute; en todos cuantos se marchan</p>
<p>aqu&iacute; la gente disfruta viendo a estos bufos</p>
<p>que pasan con la montera en la cabeza</p>
<p>aqu&iacute; la gente vive la muerte que anda por ah&iacute; aqu&iacute;</p>
<p>viven en estas barrigas quienes no viven</p>
<p>Aqu&iacute; los siervos nosotros ellos se&ntilde;ores</p>
<p>aqu&iacute; nos quedamos aqu&iacute; levantan el vuelo no</p>
<p>los aviones sino ciertas aves migratorias&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EN LA NOCHE DE MADRID</strong></p>
<p>&nbsp;<em>Para Jo&atilde;o Miguel Fernandes Jorge</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>En la noche de Madrid vi a un hombre muerto</p>
<p>Yac&iacute;a como una afrenta para los vivos</p>
<p>que volv&iacute;an de los bares con m&uacute;sica en los ojos</p>
<p>con estrellas en la frente y fiesta en los o&iacute;dos</p>
<p>y pasaban en taxi a buena velocidad</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevar&iacute;a el hombre all&iacute;</p>
<p>en la superficie oscura del asfalto</p>
<p>ya medio devuelto a la tierra nuestra madre?</p>
<p>No lo cubr&iacute;a el manto de los h&eacute;roes</p>
<p>ning&uacute;n clar&iacute;n hab&iacute;a tocado en su honor</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo lo reconfortar&iacute;a la santa madre iglesia?</p>
<p>Solo hab&iacute;a ca&iacute;do inmolado al d&iacute;a a d&iacute;a</p>
<p>Hab&iacute;a pagado con su vida la paz de la conciencia</p>
<p>de toda una ciudad que dorm&iacute;a</p>
<p>Y &eacute;l crec&iacute;a tendido en la calle</p>
<p>y asum&iacute;a proporciones inesperadas</p>
<p>cuando hace bien poco a&uacute;n se reduc&iacute;a al d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a sido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; peri&oacute;dico contendr&iacute;a la inmensidad del nombre</p>
<p>de quien como un insulto all&iacute; yac&iacute;a?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; pensamientos cercanos habr&iacute;a tenido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; llevar&iacute;a en los bolsillos?</p>
<p>&iquest;De d&oacute;nde vendr&iacute;a? &iquest;Sonreir&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde iba?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o? &iquest;So&ntilde;ar&iacute;a ser feliz?</p>
<p>&iquest;Cambiar&iacute;a de vida a la ma&ntilde;ana siguiente?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a jugado alguna vez en aquella misma calle?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o all&iacute; donde profundamente lo vi?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a soluciones para sus propios problemas?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a a lo mejor un buen padre de familia?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a la consideraci&oacute;n de sus vecinos?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a un buen trabajador? &iquest;Un hombre con futuro?</p>
<p>Pero ya en aquel momento le cubr&iacute;an el rostro</p>
<p>pues no podr&iacute;a ver ni las estrellas</p>
<p>ni siquiera la luz de las farolas de la ciudad</p>
<p>Hab&iacute;a curiosos y polic&iacute;a hab&iacute;a una ambulancia in&uacute;til</p>
<p>para quien como cama solo tendr&iacute;a la piedra fr&iacute;a</p>
<p>&ldquo;&iquest;A d&oacute;nde va?&rdquo; &ndash;me pregunt&oacute; el taxista&ndash;</p>
<p>&ldquo;Yo tengo cinco mil pesetas &ndash;le respond&iacute;&ndash;</p>
<p>Ll&eacute;veme por las calles de la ciudad hasta que salga el sol</p>
<p>tal vez &eacute;l pueda decirme algo</p>
<p>sobre las muchas cosas que me gustar&iacute;a saber</p>
<p>(el sol es hoy una de mis pocas soluciones)</p>
<p>Pase lejos del cuerpo por favor&rdquo;</p>
<p>record&eacute; lecturas soterradas</p>
<p>de repente me vinieron a la memoria escenas olvidadas</p>
<p>&iquest;Samaritano yo? Un levita m&aacute;s</p>
<p>que buscaba tranquilo la promesa del d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Inquietud o pena? &iquest;Sombra de metaf&iacute;sica?</p>
<p>&iquest;Pol&iacute;tica? &iquest;Moral? &iquest;Lecci&oacute;n? &iquest;Comportamiento?</p>
<p>&iquest;Querr&iacute;a algo? No lo sab&iacute;a</p>
<p>Puedo aseguraros que no lo sab&iacute;a</p>
<p>Solo sab&iacute;a que miraba y ning&uacute;n mar hab&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P&oacute;voa de Varzim, viendo el mar, a las 10 de la ma&ntilde;ana del 29 de diciembre de 1971</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 09:41:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una moderna elegía a la muerte del padre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-moderna-elegia-a-la-muerte-del-padre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ALICIA_LOUZAO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Una de las mayores alegr&iacute;as que puede encontrar un lector de poes&iacute;a es la de un libro bien escrito y distinto, lejos de los c&aacute;nones transitados (pero con los lenguajes y usos del momento que habitamos), y con esa autenticidad de la poes&iacute;a genuina. Algo dice T. S Eliot sobre esa poes&iacute;a en <em>Lo cl&aacute;sico y el talento individual</em>, aunque desgraciadamente para &eacute;l, salvo Virgilio, todos seamos poetas menores. Lo cierto es que en este gran momento de las lenguas asentadas y donde el todo por venir est&aacute; en las que aguardan su clasicismo, es esta incumbencia que vivimos, explic&oacute; Northrop Frye, la hipersubjetividad est&aacute; a la orden del d&iacute;a. Es el caso de esta moderna eleg&iacute;a que guarda en lo &iacute;ntimo el desgarro &ldquo;&eacute;l se quedar&aacute; aqu&iacute; en el pecho prendido y en las fotograf&iacute;as manchadas de huellas dactilares&rdquo; porque no necesita enumerar para la gloria, para la Fama, las virtudes del padre a lo Jorge Manrique, sino guardarlas, atesorarlas en su propio dolor e intimidad, en la coraza de su propio pecho. Y es que <em>Cabeza de familia </em>es una moderna eleg&iacute;a a la muerte del padre con el horizonte referencial de Jorge Manrique (solo referencial, pues poco tienen en com&uacute;n salvo el &oacute;bito del progenitor), para hacer una emulaci&oacute;n de las virtudes del fallecido, pero tambi&eacute;n del aura que se infiltra y tizna la espera ante la muerte de quienes le aman, las circunstancias, en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, ciudad donde naci&oacute; Alicia Bouzao (1987). Y para mostrar esos dos mundos, el del recuerdo del muerto, el de las creencias, que &ldquo;guarda mi madre&rdquo; y el del puro fervor sin creencia, el yo l&iacute;rico desenrolla estos versos llenos de delicadeza y ternura, emoci&oacute;n.</p>
<p><em>Cabeza de familia </em>es un libro dividido en cuatro secciones con el mismo asunto, para contarnos un proceso emocional (y un suceso que lo desencadena) en verso libre y vers&iacute;culos, a veces casi &ldquo;proemas&rdquo; e indistinguibles en la pr&aacute;ctica pues todo depende del c&oacute;mo se lean&hellip; As&iacute; lo estudiaron Carlos Jim&eacute;nez Arribas (demuestra en un ejercicio a prop&oacute;sito de ello) y Mar&iacute;a Victoria Utrera Torremocha. Proemas que han tenido en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas una importante presencia en Espa&ntilde;a, aunque vinculada a ciertos herederos de las po&eacute;ticas del silencio en los 2000, si bien no solo. Y as&iacute; asistimos al proceso de la espera, de la generosidad y virtudes del padre, a los vac&iacute;os, a veces con la t&eacute;cnica del leixa-pren para relatar ese dolor &iacute;ntimo que algunos poemas sobrecogedores y espl&eacute;ndidos elevan a poemas que as&iacute; pueden llamarse, con may&uacute;sculas. Me refiero a &laquo;Dust&raquo; o &laquo;Para crear el ojo de Emilia&raquo;, &laquo;En el cuello&raquo; y &laquo;Una bala lleg&oacute; en mayo&raquo; que nos hablan del talento de una poeta relativamente tard&iacute;a en cuanto a la publicaci&oacute;n de su primer libro, <em>Manual para la comprensi&oacute;n del insomnio</em> (2019), y que ha sabido esperar para cantar con fuerza y autenticidad, con esa determinaci&oacute;n literaria del poeta genuino, con el que comenz&aacute;bamos la rese&ntilde;a. Lecturas no parecen faltarle y, adem&aacute;s, bien escogidas (la de Dylan Thomas es estupenda), bien tra&iacute;das. Y si a eso le sumamos la mezcla de referencias realistas (zapatos de Zara o Jin Morrison), y las asociaciones de corte irracional que maneja con tropolog&iacute;a propia, &ldquo;la chica de perfil recto/como la l&iacute;nea de un divorcio&rdquo; o esa personificaci&oacute;n de la melena que &ldquo;empezaba a caer dormido sobre los hombros&rdquo;, entre otras m&aacute;s arriesgadas y sugerentes,&nbsp; pero controladas (no es Michaux ni Ashbery), sabremos que estamos ante una poeta que lo es, con mucho que decir y futuro por delante. Una grata sorpresa este <em>Cabeza de familia</em> y su cuidada edici&oacute;n en Lastura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alicia Loustao, <em>Cabeza de familia</em>, Madrid, Lastura, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 07:58:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eternidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eternidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ANDR_S_TRAPIELLO_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Pensar la eternidad</p>
<p>(con sus distintas marcas registradas:</p>
<p>&laquo;la gloria literaria&raquo; es una de ellas,</p>
<p>tal vez la menos falsa o la que pasa</p>
<p>mejor las aduanas, sin levantar sospechas</p>
<p>su a menudo dudosa mercanc&iacute;a),</p>
<p>pensar la eternidad, dec&iacute;a y digo,</p>
<p>es manejar trilita, un explosivo;</p>
<p>raro ser&aacute; que no te estalle un d&iacute;a</p>
<p>en el alma y te deje para siempre</p>
<p>mutilado de sue&ntilde;os y esperanzas.</p>
<p>Si &laquo;humano no es medirse</p>
<p>con los dem&aacute;s, sino ocuparse solo</p>
<p>de las cosas&raquo;, no quieras</p>
<p>medir tu corta vida con nada que no sea</p>
<p>tan corto como ella.</p>
<p>Bl&iacute;ndate el alma con la rosa ef&iacute;mera;</p>
<p>hazte un b&uacute;nker por dentro con el canto</p>
<p>del ruise&ntilde;or, basti&oacute;n inexpugnable;</p>
<p>alambra con espino tus afectos</p>
<p>y mina sus contornos&nbsp;</p>
<p>de soledad, pues los resentimientos</p>
<p>son buenos zapadores. Que ninguna</p>
<p>luna llena se vaya sin que t&uacute;</p>
<p>con ella hayas hablado unos minutos:</p>
<p>nada te har&aacute; m&aacute;s fuerte.</p>
<p>&laquo;Oh monte, oh fuente, oh r&iacute;o&raquo; es todo cuanto</p>
<p>un hombre como t&uacute; va a precisar.</p>
<p>Ninguna de las ruinas gloriosas del pasado</p>
<p>ni la suma de siglos que hasta aqu&iacute;</p>
<p>nos las han conservado etiquetadas</p>
<p>vale lo que este d&iacute;a, uno de tantos,</p>
<p>lo que esta rosa ef&iacute;mera,</p>
<p>lo que un ruise&ntilde;or, lo que cualquier</p>
<p>noche de luna llena.</p>
<p>Cada segundo de esos, vividos a conciencia,</p>
<p>vale lo que mil a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Ninguna eternidad podr&iacute;a compar&aacute;rsele.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Sep 2024 10:04:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La Grecia que duele”  o la identidad ante la historia en la poesía griega del siglo XXI]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-grecia-que-duele-o-la-identidad-ante-la-historia-en-la-poesia-griega-del-siglo-xxi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/HELENA_GONZ_LEZ-VAQUERIZO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un t&iacute;tulo ajustado, tomado de Yorgos Seferis &ldquo;Dondequiera que viaje Grecia me duele&rdquo; (o el dolor ante esa Grecia que ya no es la Magna Grecia), le sirve de partida a Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo en este ensayo, para hablar de la poes&iacute;a griega reciente como respuesta a una situaci&oacute;n social e identitaria de un pa&iacute;s enfrentado a la precariedad frente a la mitificaci&oacute;n de su historia. Y a sus propios conflictos ante una herida que vuelve a sangrar, por culpa de la crisis econ&oacute;mica reciente, y todav&iacute;a en el imaginario, con todo lo que de humillaci&oacute;n y precariedad puso sobre la mesa. No hace falta ir muy lejos. En la memoria colectiva reciente europea a&uacute;n colea la crisis econ&oacute;mica de 2008-2009, como consecuencia de m&uacute;ltiples causas, contras las que estall&oacute; una rebeld&iacute;a social de la juventud en la calle. Una de las causas desencadenantes fueron los riesgos adquiridos por ciertos alquimistas financieros, los famosos &ldquo;quants&rdquo;, o exprimidores al m&aacute;ximo de las posibilidades de crecimiento econ&oacute;mico, y partidarios de la autorregulaci&oacute;n de los mercados sin necesidad de mecanismos controladores o de su disminuci&oacute;n e irrelevancia. La rueda de las especulaciones montadas y falta de control sobre los prestatarios que solicitaban cr&eacute;ditos hipotecarios subi&oacute; hasta el punto de generar grandes pasivos y morosidades, adem&aacute;s de una inflaci&oacute;n exponencial que acab&oacute; con bancos, instituciones, y casi con estados. Algunos debieron ser rescatados (Portugal, Italia, Irlanda, Espa&ntilde;a y Grecia), por algo que se origin&oacute; en Estados Unidos. Cuando Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo aborda la poes&iacute;a de un periodo con epicentro en 2010, desde el t&iacute;tulo <em>La Grecia que duele. Poes&iacute;a griega de la crisis</em>, parte fundamentalmente de la repercusi&oacute;n de esa crisis en los poetas nacidos entre los 70/80, y de c&oacute;mo toman conciencia de su pa&iacute;s desde la historia y crisis citada, que conlleva, acorde a los tiempos, una mirada sobre el g&eacute;nero, crisis migratorias y la identidad nacional ante el presente y su historia. Siempre desde la poes&iacute;a, recordemos. Estamos ante un minucioso ensayo generacional y visto desde dentro, con conocimiento profundo, rigurosidad y entusiasmo (en sentido etimol&oacute;gico) que, adem&aacute;s de acercarnos a la poes&iacute;a griega actual entre la tradici&oacute;n y la modernidad, muestra en las traducciones el hacer de unas promociones equivalentes en cierta manera a los/as poetas del malestar espa&ntilde;ol (pero distintas) seg&uacute;n los denomin&eacute;. O, si prefieren, a los &ldquo;deshabitados&rdquo; (en t&eacute;rminos de Juan Carlos Abril), en un momento de la invisibilizaci&oacute;n del capitalismo como ideolog&iacute;a dominante.&nbsp; Es muy posible que, en medio de las diferencias entre pa&iacute;ses con tradiciones tan diversas (Occidente/Oriente), tengamos que hacer m&aacute;s caso a las propuestas de Ra&uacute;l Molina Gil (<em>Poes&iacute;a espa&ntilde;ola joven: un estudio del campo po&eacute;tico. 2000-2019</em>), en nuestro caso, sobre el desencanto y la marginalizaci&oacute;n o nuevos territorios que, desde <em>Alicia bajo Cero</em> a <em>Voces del Extremo</em>, han desembocado en los <em>Hijos de los hijos de la ira</em>, por contarlo con Ben Clark.</p>
<p>La nueva poes&iacute;a griega surge &ldquo;de manera espont&aacute;nea y con gran &iacute;mpetu en un escenario de crisis econ&oacute;mica a partir de la primera d&eacute;cada del siglo XXI&rdquo;, explica Gonz&aacute;lez Vaquerizo.&nbsp; Espontaneidad e &iacute;mpetu son sin&oacute;nimos de respuesta de la juventud y de escritores en su primera madurez ante una situaci&oacute;n insatisfactoria, tal y como ocurri&oacute; con el 15-M en Espa&ntilde;a en 2011.&nbsp; En este caso el hecho desencadena una diferenciaci&oacute;n estil&iacute;stica y asuntos marcados, de identidades frente a la canonizaci&oacute;n de la tradici&oacute;n (reutilizada con otros sesgos), que en Espa&ntilde;a no se ha producido con esa virulencia, en mi opini&oacute;n. Y para explicarnos todo ello ha dividido la autora el libro en dos secciones: &ldquo;una introducci&oacute;n al contexto del pa&iacute;s y de su producci&oacute;n po&eacute;tica reciente, y una selecci&oacute;n y comentario de poemas&rdquo;.&nbsp; En una explicaci&oacute;n sint&eacute;tica, clara y muy convincente, sin digresiones, se explica la primera secci&oacute;n y el resurgimiento de la problem&aacute;tica identitaria del pa&iacute;s a partir de su reciente historia y los movimientos filohelenos, el peso del pasado o la reacci&oacute;n ante la citada crisis, hasta la relaci&oacute;n de criptocolonialismo que Europa establece con Grecia. Es el pre&aacute;mbulo al estudio de cuanto tambi&eacute;n se ha llamado generaci&oacute;n de la &ldquo;melancol&iacute;a de la izquierda&rdquo;, y adelanto de cuanto se ver&aacute; desde la poes&iacute;a y que, nos avisa, parte de antolog&iacute;as recientes: &ldquo;la mayor&iacute;a de los poemas analizados (&hellip;) proceden de antolog&iacute;as biling&uuml;es griego-ingl&eacute;s&rdquo; publicadas a partir del a&ntilde;o 2009 y que su existencia es en s&iacute; misma una prueba de las complejas relaciones de servidumbre y dependencia de la cultura griega con Occidente&rdquo;. Siempre es de agradecer esa honradez, pues muchas veces, tantas veces, vemos ant&oacute;logos que no leen las fuentes primarias, pero no lo cuentan. Aqu&iacute;, sin embargo, veremos una interpretaci&oacute;n tem&aacute;tica muy clara y amplia, aunque sea desde lo canonizado por los estudiosos, poetas y cr&iacute;ticos griegos y extranjeros.</p>
<p>La segunda parte del libro, mucho m&aacute;s personal, incide en el asunto espec&iacute;fico del libro. La autora avisa de haber realizado traducciones literales y no literarias, algo que para mi generaci&oacute;n tiene connotaciones grandes a causa de las estupendas versiones realizadas sobre traducciones ajenas. Pienso en Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez (las de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente), frente, por ejemplo, a las de un gran conocedor de Cavafis, Miguel Castillo Didier (el pr&oacute;logo a <em>Kavafis &iacute;ntegro </em>(2003) es una delicia), pero cuyas traducciones emocionan mucho menos. Y tambi&eacute;n en la de Juan Manuel Mac&iacute;as en la <em>Poes&iacute;a Completa</em> (2015), de referencia. &nbsp;La autora nos avisa de esa literalidad con modestia y deja &ldquo;a los profesionales de la traducci&oacute;n po&eacute;tica&rdquo; el salto, aunque a pesar de la letra diminuta (deber&iacute;a haber sido m&aacute;s cuidado ese aspecto), los textos funcionen con sensibilidad literaria en castellano. Estamos pues ante un libro apasionante y apasionado, riguroso y filol&oacute;gico (por ah&iacute; anda, aunque sea tarea personal, el grupo de investigaci&oacute;n <em>Marginalia Classica</em>) sobre esta revitalizaci&oacute;n de lo antiguo. Y as&iacute; llegan con una perspectiva moderna &ldquo;El pa&iacute;s de los lot&oacute;fagos&rdquo; y la cr&iacute;tica impl&iacute;cita al hedonismo y a la b&uacute;squeda de una revitalizaci&oacute;n contra la adormidera del des&aacute;nimo, con poetas como Phoebe Giannisi (1964), Kyoko Kishida (1983) o Lina Fytili (1974), por citar por lo breve. Y al fondo la cr&iacute;tica que hizo el poeta laureado Alfred Lord Tennyson contra la inercia y sensualidad sin misi&oacute;n, a diferencia de los Ulises o Eneas. La perspectiva reivindicadora exige, acorde a los tiempos, otras lecturas. Y as&iacute; la perspectiva alcanza al g&eacute;nero, a la Pen&eacute;lope cantada por varones, contra su papel m&iacute;tico pasivo de un simple hilar y deshilar. Tal y como como dir&iacute;a Fernando Pessoa es una Pen&eacute;lope &ldquo;revisitada&rdquo; por la modernidad y otro rol literario (desde hace dos siglos) por un sinf&iacute;n de escritores/as en la revisi&oacute;n feminista del mito. Los nombres son innumerables, desde Margaret Atwood o Louise Gl&uuml;k, por citar las medi&aacute;ticas de moda, junto a otras personalidades revisadas frente a la mirada narrada por hombres (desde Circe a Ifigenia o Nausica). Y junto a esta secci&oacute;n la crisis de los refugiados o las muertes de los migrantes en el mar ante la indiferencia de Occidente al que el Egeo queda lejos, los movimientos migratorios por falta de futuro o el machismo, van teniendo reflejo en poetas como Yannis Stiggas (1977), Christodoulos Makris (1971), Jazra Khaleed (1979) o tantos otros que la autora estudia con claridad y precisi&oacute;n. Y, por supuesto, se cierra el libro con un cap&iacute;tulo dedicado a los &ldquo;m&aacute;rmoles y ruinas&rdquo;, o ese recuerdo del pasado heroico frente al presente en crisis, de las duras analog&iacute;as entre el hero&iacute;smo de ayer y el presente en crisis, frente a las visiones rom&aacute;nticas idealizadas. Tambi&eacute;n hay una llamada de atenci&oacute;n, llena de intenci&oacute;n, sobre la policrom&iacute;a estatuaria y la multirracialidad, frente a la &ldquo;blanquicizaci&oacute;n&rdquo; o monocromatismo de las estatuas por parte del pensamiento occidental. Las ruinas son &ldquo;un vivir entre ruinas&rdquo;, entre diferentes perspectivas de las mismas, a las que asistimos a trav&eacute;s de los poemas de Apostolos Thivaios (1981), Elena Penga (1981), Yannis Doukas (1981) o Dimitra Kotoula (1974) entre otros. No le falta tampoco el humor al libro en una divertida comparaci&oacute;n entre Pericles e Isabel D&iacute;az Ayuso. Un libro que, como recordaba Ortega y Gasset, adem&aacute;s de ser un libro de ciencia y ser riguroso, &ldquo;tambi&eacute;n tiene que ser un libro&rdquo;, es decir estar bien escrito. Y si a todo ello le a&ntilde;adimos biobibliograf&iacute;a de los poetas estudiados y una extens&iacute;sima bibliograf&iacute;a, tendremos un libro necesario y legible. Un ensayo muy serio, &aacute;gil, de plena actualidad, que nos habla de la Grecia real desde una perspectiva actual, la de la tercera d&eacute;cada del siglo XXI, a trav&eacute;s de la revisi&oacute;n de su historia en el presente desde la poes&iacute;a.</p>
<p>Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo, <em>La Grecia que duele. Poes&iacute;a griega de la crisis</em>, Madrid, Catarata, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Sep 2024 07:42:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volver, volver, volver. Una aproximación a “Fosfenos”, de Enrique Villagrasa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/volver-volver-volver-una-aproximacion-a-fosfenos-de-enrique-villagrasa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ENRIQUE_VILLAGRASA_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>Dichoso quien, como Ulises, ha hecho un buen viaje</em></p>
<p>Joachim du Bellay<em></em></p>
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<p><em>Ten siempre a Itaca en tu mente</em></p>
<p><em>Llegar all&iacute; es tu destino</em></p>
<p>Konstantino Kavafis</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Desandas el camino de la fuente, de la v&iacute;a, de la vi&ntilde;a. Y de pronto recuerdas el silencio de los membrillos&rdquo; &ldquo;Con prados silenciosos, en la orilla / de mi siempre Jiloca avanzo libre, / por lenta seda del ribazo oscuro /a beber en la fuente del regreso&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo mi poes&iacute;a puede carecer de temas:/&nbsp; c&oacute;mo no puedo cantar lo que a Burb&aacute;guena se debe?"</p>
<p>Decimos&eacute;ptimo poemario del autor es el poemario donde la ausencia del tiempo ido est&aacute; m&aacute;s presente.&nbsp;<em>Fosfenos</em> es un poemario que el propio poeta describe como&nbsp;<em>&laquo;revelador&raquo;</em>,&nbsp;<em>&laquo;contundente&raquo;</em>&nbsp;y&nbsp;<em>&laquo;m&iacute;stico&raquo;</em>.&nbsp;</p>
<p>Itaca, Burb&aacute;guena, origen y destino. Alfa y omega. Raz&oacute;n de ser. Adem&aacute;s de eso, nos encontramos ante un silbo de afirmaci&oacute;n en la aldea como hiciera Miguel Hern&aacute;ndez y Fray Antonio de Guevara en su <em>Menosprecio de Corte y alabanza de aldea</em>. Su mundo, su tierra; s&oacute;lo su tierra. Su para&iacute;so tantas veces a&ntilde;orado y recobrado. Le sobra todo lo dem&aacute;s.</p>
<p>En el pr&oacute;logo a las <em>P&aacute;ginas escogidas</em>, Machado, citado profusamente en <em>Fosfenos</em>, nos explic&oacute; uno de los logros formalizados con su poes&iacute;a, del que se mostr&oacute; muy satisfecho. &ldquo;Como valor absoluto bien poco tendr&aacute; mi obra, si alguno tiene; pero creo &ndash;y en esto estriba su valor relativo&mdash; haber contribuido con ella, y al par de otros poetas de mi promoci&oacute;n, a la poda de ramas superfluas en el &aacute;rbol de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola, y haber trabajado con sincero amor para futuras y m&aacute;s robustas primaveras&rdquo;.</p>
<p>Del frondoso &aacute;rbol po&eacute;tico, como Machado, ha podado, cuidosamente, las ramas superfluas, del mismo modo que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez: &ldquo;Se qued&oacute; con la t&uacute;nica/ de su inocencia antigua./ (&hellip;)/ &iexcl;Oh pasi&oacute;n de mi vida, poes&iacute;a/ desnuda, m&iacute;a para siempre!&rdquo; Ha quitado las ramas pero no han desaparecido los ecos y los trinos de cuantas aves las han poblado. Esas que lo han acompa&ntilde;ado en sus despertares como a Fray Luis. Se adivinan los fosfenos deslumbrantes de Quevedo, B&eacute;cquer, Machado, Juan Ram&oacute;n y tantos otros. Como Don Antonio, a distinguir se para las voces de los ecos, y escucha solamente, entre las voces, una. Cumplen esas ramas superfluas que est&aacute; decidido a podar, con el fin de que el &aacute;rbol metaf&oacute;rico de la l&iacute;rica luzca en su integridad. No debe extra&ntilde;arnos el tremendo parecido entre la preocupaci&oacute;n de B&eacute;cquer, otro autor numerosamente evocado por el autor, al principio de las <em>Rimas</em> y la de Enrique Villagrasa en su <em>Fosfenos</em>.</p>
<p>&ldquo;Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantas&iacute;a, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo. En algunas ocasiones, (&hellip;)&nbsp;buscan en tropel por donde salir a la luz de entre las tinieblas en que viven.(&hellip;) Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabar&aacute;n por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo. (&hellip;) Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que veng&aacute;is a ser mi pesadilla, maldici&eacute;ndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido&rdquo;.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>En las <em>Rimas</em> se nos ofrece una poes&iacute;a desnuda de artificios, una poes&iacute;a de m&aacute;xima condensaci&oacute;n l&iacute;rica. Si a B&eacute;cquer lo llev&oacute; a decir poes&iacute;a eres t&uacute;, la presencia de la amada, la misma que, como en Dante, entiende que un poema cabe en un beso/ verso tr&eacute;mulo. &ldquo;La bocca mi bacci&oacute; tutto tremante&rdquo; (Dante: <em>Inferno</em>, V, 136), en el caso de nuestro poeta, podemos decir que el t&uacute; que justifica el poema es Burb&aacute;guena. &ldquo;Burb&aacute;guena con el Jiloca se hace verso/ y el poeta exiliado en el mar de su escritura/ abraza ribera y ribazos&rdquo; (p.19). &ldquo;(Toda luz amanece en verso justo en Burb&aacute;guena con su Jiloca)&rdquo;. (p.30.)</p>
<p>Siles dice, a prop&oacute;sito de Enrique &ldquo;Todo poeta tiene, guardado en su memoria, un espacio-tiempo al que siempre que lo necesita &ndash; y poeta es quien lo necesita- suele regresar. Ese espacio-tiempo, que puede tomar &ndash; o no- forma de lugar, es el que el poeta invoca y busca en ese otro espacio, nunca coincidente del todo con &eacute;l, que es el de la p&aacute;gina.&rdquo;</p>
<p>Buscando la raz&oacute;n po&eacute;tica, la metapoes&iacute;a, la metal&iacute;rica de <em>Fosfenos</em>, podemos convenir, sin excesivo esfuerzo, no hacen falta ni la hermen&eacute;utica ni Gadamer, que &ldquo;todo poeta es su pueblo&rdquo;, (p.185) que lo sublime es lo normal que &ldquo;toda poes&iacute;a es mirada errante y todo poema/ es/ palabra ida. Al fin, marm&oacute;reo fr&iacute;o/ en Burb&aacute;guena&rdquo;. (p. 35).</p>
<p>Villagrasa ha sido y es un experimentador (El poeta experimenta en el poema/ todas las formas de la nada y el azar/ del lenguaje en el lenguaje), que no se ha arredrado ni ante el poema en prosa ni ante las formas fijas ni ante la estrofa. Lo que prueba su decidida voluntad de innovaci&oacute;n, y su necesidad tambi&eacute;n. &ldquo;Todo poeta tiene, guardado en su memoria, un espacio-tiempo al que siempre que lo necesita &ndash; y poeta es quien lo necesita &ndash; suele regresar&rdquo; (&hellip;) &ldquo;el yo del autor y el yo de su persona poem&aacute;tica conversan sobre lo que a ambos les parece fue &ndash; y&nbsp;&nbsp;en cierto modo sigue siendo a&uacute;n &ndash; su identidad.&rdquo; Dice Jaime Siles.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Villagrasa despert&oacute; a Burb&aacute;guena, &iquest;lo descubri&oacute;? al salir del convento. &ldquo;Desde la celda llegaste a Burb&aacute;guena./ Llegaste al amanecer del nuevo d&iacute;a./ La poes&iacute;a pudo al fin contener la luz/ del murmullo de las quietas aguas del Jiloca&rdquo; (p.121). Como Machado, &ldquo;Toda la imaginer&iacute;a/que no ha brotado del r&iacute;o, /barata bisuter&iacute;a&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Lo confiesa. Del mismo modo que confiesa que la belleza, el fin &uacute;ltimo de la poes&iacute;a, no puede ponerse en palabras, &iexcl;ah lo inefable l&iacute;rico!, m&aacute;s que por aproximaci&oacute;n (o el silencio). La palabra po&eacute;tica empieza justo donde el decir es imposible. (Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El silencio que est&aacute; en la base de la obra de arte (...) es la indecibilidad de la cual nace la obra, la oscuridad inherente a cada una de sus revelaciones. En el arte, la forma se condena y se redime al mismo tiempo. Su consonancia es disonante, su entonaci&oacute;n milagrosa, armon&iacute;a cacof&oacute;nica. El arte no brinda respuestas, sino s&oacute;lo una pregunta, y todo a su alrededor, la vida&rdquo; (Thomas Harrison). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;ala J. A. Valente: &ldquo;sabemos que comentar es aprender a callar, generar el silencio en el que el texto habla&rdquo;. El silencio es entonces la materia de la escritura, indica los l&iacute;mites de su extensi&oacute;n y abre el camino a su posibilidad, una posibilidad que incorpora el riesgo de su propia imposibilidad; as&iacute; se entienden las palabras de J. A. Valente: &ldquo;Leer es entrar en el libro, es decir, en el territorio de su infinita posibilidad. Entrar en su blanco, en su silencio o en su vac&iacute;o. (&hellip;) La plenitud del libro es su vac&iacute;o&rdquo;, y los poemas en los que escribe: &ldquo;Vienen/ desde el vac&iacute;o las palabras&rdquo;, &ldquo;Este tiempo vac&iacute;o, blanco, extenso,/ su lenta progresi&oacute;n hacia la sombra&rdquo;. &ldquo;El arte no brinda respuestas, sino s&oacute;lo una pregunta, y todo a su alrededor, la vida&rdquo;.</p>
<p>Su pueblo es el topos al que volver y recurrir constantemente, como el mito del eterno retorno, el lugar donde se encuentra y se define a s&iacute; mismo. En el pr&oacute;logo del libro, &ldquo;Burb&aacute;guena o la poes&iacute;a de los lares&rdquo; Jos&eacute; Luis Rey dice: &ldquo;Villagrasa construye una obra de alabanza a los dioses primigenios del lugar; dioses de infancia y para infancia. Dioses para la palabra y para el silencio; para el poema y el ser.&rdquo; Estamos ante un poeta profundamente l&iacute;rico, qu&eacute; poco hay en <em>Fosfenos</em> fuera de la poes&iacute;a, y &ldquo;l&aacute;rico&rdquo;, fiel a su lar, a sus lares, que lo hacen volver, volver, volver, cada momento a su &Iacute;taca, a su para&iacute;so. Es all&iacute;, en su para&iacute;so, donde cuidadosamente teje y desteje, no le hace falta Pen&eacute;lope, la malla m&aacute;gica del poema.</p>
<p>Hay que establecer un pacto entre los ojos y el coraz&oacute;n, pacto que se crea con memoria y lenguaje, con vida y poes&iacute;a. La belleza depende del verso y el verso depende de Burb&aacute;guena.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Burb&aacute;guena: esa realidad inventada, renacida, resurrecta, so&ntilde;ada, que re&uacute;ne en s&iacute; misma los juncos de ayer con los de hoy, la escuela y el cementerio, y que permite a Enrique Villagrasa no huir de la huida sino dar sentido a su propio fluir. No otra cosa es la poes&iacute;a: fijaci&oacute;n de un instante que cre&iacute;amos perdido, salvaci&oacute;n de un momento que no queremos ver desaparecer&rdquo; sigue Jaime Siles. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Los poemas que contienen referentes expl&iacute;citos o elementos relacionados con la vida o el entorno de la voz po&eacute;tica, que son pr&aacute;cticamente todos, se presentan en la nostalgia de lo indefinido En ese sentido un buen n&uacute;mero de poemas plantean como un profundo motor para la nostalgia, el hecho de la imposibilidad de la palabra para ser la cosa que refiere, ese hecho refuerza en los poetas la impresi&oacute;n nost&aacute;lgica de que hay una parte inaprensible en cada cosa; perciben que no hay modo de referir lo vivido sin lenguaje y, a la vez, notan que lo vivido queda tocado o convertido en buena medida en lenguaje.</p>
<p>Ese topos absoluto, topos trascendido y trascendente, que es Burb&aacute;guena, se desarrolla en otros topoi que anclan a este &ldquo;monaguillo de incensario e hisopo&rdquo; en su para&iacute;so. Ah&iacute; est&aacute;n firmes en el recuerdo y en el presente &ldquo;en el seco recinto de tus muertos ese tu espacio y su tiempo&rdquo; (p.101), el r&iacute;o Jiloca, la vi&ntilde;a, la fuente, el cierzo, la ermita, la casa, el barrio Moral, el cementerio, &ldquo;Cuando yo venga a esta casa, el cementerio, no llegar&eacute; como extranjero/ Me quedar&eacute; aqu&iacute; para encender tu memoria, como un cirio perfumado. Resonancia y ecos de vidas vividas&rdquo; (p.149), &ldquo;a lo lejos la imagen que te persigue: el cementerio/ de Burb&aacute;guena, al sol de la tarde siempre&rdquo; (p,198) o el gratificante sabor de las cerezas, las uvas o los membrillos que nos aproximan la experiencia de nuestro poeta a la de Fray Luis y su huerto o a la de San Juan y el zumo de granadas. &ldquo;El poeta prueba el exquisito sabor de las uvas en la vi&ntilde;a/ de su padre&rdquo; (p. 168).</p>
<p>Este locus amoenus, cerca del r&iacute;o y en soledad amena, como en Garcilaso, esta raz&oacute;n de ser para el poeta, requieren un contrapunto que haga m&aacute;s entendible la fascinaci&oacute;n por ese pueblo-poema-verso-memoria-lenguaje. Ese silbo de afirmaci&oacute;n en la aldea del que hablaba al principio.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>El contrapunto parece serlo Tarragona y su mar, la aldea y su r&iacute;o frente a la ciudad y el mar. Ciudad y mar que son vistos en el poema con un enfrentamiento en los t&iacute;tulos &ldquo;En Burb&aacute;guena, mi pueblo&rdquo; (p.46) y &ldquo;En Tarragona, media vida&rdquo;.(p.47). &ldquo;&iexcl;En el Diari, en el Port: oh triste memoria! Ciudad con menos teclas que un piano&rdquo;. (p.47).</p>
<p>Ciudad y aldea que encuentran su nexo, aparte de en la biograf&iacute;a del poeta, en el puerto. Ambos, Burb&aacute;guena y Tarragona tienen un puerto que ha conocido las diferentes inquietudes del poeta. Tarragona, exilio pluscuamperfecto la llama en ocasiones, &nbsp;ofrece un puerto en el que trabajar, Burb&aacute;guena le ofrece un Puerto: plaza donde descansa el viajero, ante el signo grave de &nbsp;tres bares y una farmacia, (p.170) y la casa del Temple. Cerca del Puerto. (p.134). en la que naci&oacute;, aunque no la reconozca.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>&ldquo;As&iacute; es mi vida del Jiloca al Mediterr&aacute;neo en este oto&ntilde;o primaveral&rdquo; (&hellip;) Aunque/ siempre estoy en mi pueblo con los que est&aacute;n en mi tierra cercana&rdquo; (p.99). &ldquo;No quiero volver a ese mar mediterr&aacute;neo de la Tarragona del noreste. No quiero/ vivir bru&ntilde;ido por el sol. Estoy con la belleza/inaudita de Burb&aacute;guena y sus gentes&rdquo; (p.178)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Pero en <em>Fosfenos</em> ni todo es retorno ni solo es luz. Como dije de <em>S&iacute;laba del anochecer</em>, es un libro recorrido por la tristeza, lleno de percepciones tristes, rom&aacute;nticas si se quiere, en las que el autor se anega. El recuerdo es nostalgia, a&ntilde;oranza del para&iacute;so de la infancia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Observamos como peculiaridad que el inter&eacute;s de la poes&iacute;a de nostalgia por la ausencia y lo perdido deriva en la reflexi&oacute;n sobre lo irresoluble o lo imposible. Nos anuncia el fin de algo, la imposibilidad de seguir poblando de palabras las hojas, bien porque la mancha de la tinta las ha hecho inservibles o bien porque no hay tinta con la que impregnar la pluma, dije en otra ocasi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Cernuda dec&iacute;a: &ldquo;Importa que el poeta se d&eacute; cuenta de cu&aacute;ndo acaba una fase y comienza otra en su desarrollo espiritual; mientras el poeta est&aacute; vivo, es decir, mientras no se agote su capacidad creadora. No solo es letraherido. Aparecen aqu&iacute; y all&aacute; destellos del presente que nos dicen que la poes&iacute;a sabe esperar, y dejar paso a otras realidades como puedan ser la pandemia, la muerte de una gatita o las guerras, las malditas guerras, que nos rodean o la visi&oacute;n id&iacute;lica de unos &ldquo;ni&ntilde;os jugaban en la acequia con sus c&aacute;scaras /de nuez&rdquo; (p.175).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Fosfenos</em> da para mucho, como las infinitas esquinas del verso que lo contiene. &ldquo;La poes&iacute;a de Enrique Villagrasa, tiene un componente metapo&eacute;tico esencial, hasta el punto de que no la comprenderemos si no somos consciente de ello. Vale decir que este autor tiene, en gran parte de su obra, la poes&iacute;a como referente &uacute;ltimo de su mensaje.&rdquo; (P&eacute;rez Lasheras) &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Efectivamente, como caracter&iacute;stica que tiene ya arraigo en los anteriores poemarios de nuestro poeta, la metapoes&iacute;a hace presencia en casi todas las secciones del libro. Junto con estos ingredientes habr&iacute;a que a&ntilde;adir otros formales (como el dominio del ritmo po&eacute;tico) o de tono (como la nostalgia -el poeta ha vivido, por razones laborales, lejos de su tierra natal, la muy hermosa comarca del r&iacute;o Jiloca- o la ternura), y de este modo nos har&iacute;amos una primera imagen de la poes&iacute;a de Enrique Villagrasa, en apariencia sencilla pero complejamente elaborada.&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;Acaso en el fondo del verso no es donde vives/ aquel poema que palpita en su profunda luz?&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Enrique Villagrasa, sigue Siles, &ldquo;La poes&iacute;a es lo que &eacute;l encuentra en Burb&aacute;guena, donde la palabra es vida y sendero directo al pasado. Lo que lo obliga a buscar en el texto lo que llama las fronteras de la palabra, que &eacute;l identifica con el l&iacute;mite blanco/ sonoro, del lenguaje del silencio&rdquo;.</p>
<p>Cierro esta breve aproximaci&oacute;n al libro y su autor con otro reto po&eacute;tico: es la reivindicaci&oacute;n del especio lector, como hizo, hace casi un siglo, Robert Escarpit. &ldquo;Lo sagrado, es la comunicaci&oacute;n, el texto es algo secundario" dec&iacute;a el Profesor de Burdeos.&nbsp;</p>
<p>El receptor, con sus posibilidades descodificadoras, es el protagonista final de la cadena de comunicaci&oacute;n y conocimiento. La relaci&oacute;n es entre tres: emisor-receptor, siendo el texto la bisagra en torno a la cual giran ambos. O No&eacute; Jitrik: &ldquo;Leer es transformar lo que se lee, lo cual deviene, de este modo, un objeto refractado, interpretado, modificado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El poema lo es porque lo es para el lector. En muchos casos el autor, el poeta, es su propio lector. De ah&iacute; que entre la p&aacute;gina y aquel se establezca siempre una din&aacute;mica dial&oacute;gica, en la que el yo del autor y el yo de su persona poem&aacute;tica conversan sobre lo que a ambos les parece fue -y en cierto modo sigue siendo a&uacute;n- su identidad.</p>
<p>&ldquo;Es la persona lectora quien termina el poema al atravesar esa y no la puerta que conduce al desierto&rdquo; (p.97). &ldquo;Que es un juego de espejos en el misterio, del que no hay que separar obra y lector&rdquo; (p.53).&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Hay que transgredir los l&iacute;mites entre lo vivo, lo experimentado y la met&aacute;fora&rdquo; &ldquo;canto y cuento es el deseo po&eacute;tico&rdquo; nos dir&aacute; ( p. 105). &ldquo;Al igual que el Jiloca busca el mar/ el que esto escribe busca y persigue/su conocerse y conocer mejor lo propio&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo habitar&aacute;n mis versos/ en tu pasi&oacute;n? Urge ese/ planteamiento po&eacute;tico de la realidad&rdquo; (p.177).</p>
<p>&ldquo;El lector es siempre el que escribe/ el poema y su decir significado/ yo me (re)invento en los poemas. T&uacute; te descubres en las palabras./ En tu lectura los signos son. En mi escritura no se significan. &iquest;Qu&eacute; clave utilizas poeta?/ La misma que t&uacute; lector./La palabra ida&rdquo; (p.207).&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Un libro de plena madurez reflexiva en el que la memoria se hace filosof&iacute;a y sensaci&oacute;n, conciencia disgregada que busca lo originario y el retorno, que conf&iacute;a en el lenguaje para que persista en los ojos del ni&ntilde;o que habitamos esa ilusi&oacute;n azul de eternidad&rdquo; (Jos&eacute; Luis Morante). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tu sola compa&ntilde;&iacute;a es la palabra. La soledad del verso te sustenta. No est&aacute; nada mal reconocer que el poeta vive de (entre, por, hacia, para, con, etc. se puede a&ntilde;adir muchas preposiciones) la soledad de su verso. El eco de ese verso que, de acuerdo con las palabras del poeta en ese mismo poema, alumbra el d&iacute;a en el recorrido del poeta por las calles.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;S&oacute;lo el poeta puede/ mirar lo que est&aacute; lejos/ dentro del alma, en turbio/ y mago sol envuelto./ En esas galer&iacute;as,/ sin fondo del recuerdo, /...&rdquo; (Machado). El ancho azul de la tarde y su rostro fosf&eacute;nico.</p>
<p>Hace muchos a&ntilde;os escrib&iacute; sobre <em>S&iacute;laba del anochecer</em>: &ldquo;es un libro recorrido por la tristeza, lleno de percepciones tristes, rom&aacute;nticas si se quiere, en las que el autor se anega. El recuerdo es nostalgia, a&ntilde;oranza del para&iacute;so perdido de la infancia y el presente intentos de una fuga imposible&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Digamos, para cerrar estas p&aacute;ginas que todo el poemario no es m&aacute;s que la b&uacute;squeda de la palabra definitiva, del verso que refleje mejor sus estados de &aacute;nimo, sus sentimientos. El poema demiurgo: El poema quiere alumbrar con el verso lo que el silencio clama. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Burb&aacute;guena es la marca de origen, el factor desencadenante. El poeta labra sus surcos po&eacute;ticos desde esta confesi&oacute;n, esa es su atalaya, su perspectiva, el cristal que ti&ntilde;e con su color cuanto se contempla a trav&eacute;s de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Termino con su final, con su confesi&oacute;n: &ldquo;Y decirles a las personas lectoras de <em>Fosfenos</em> que aqu&iacute; est&aacute; mi vida y su poes&iacute;a, con muchos ecos y muchas voces, con muchas lecturas, con muchos versos repetidos en una forma y en otra, una estructura y otra, siempre necesarias por y para la unidad tem&aacute;tica, Es un libro de libros muy descriptivo, pienso, de lo que es el proceso de escritura, o al menos del m&iacute;o. Y es, tal vez, un tanto, mucho o poco, m&iacute;stico, revelador y contundente. Ahora, las personas lectoras tienen la palabra. &iexcl;Gracias!&rdquo; Nota final. (p.215.)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2024 11:55:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ejemplar antología del género aforístico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-ejemplar-antologia-del-genero-aforistico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_LUIS_MORANTE_-_PASO_LIGERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo dijo Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y a m&iacute; me gusta repetirlo: a la hora de elaborar una antolog&iacute;a las razones por las cuales se incluye a unos escritores y se excluye a otros depende en gran medida del grado de amistad, de enemistad o de indiferencia existente entre quien elige a los antologados y estos. As&iacute; que una antolog&iacute;a, por lo general y seg&uacute;n el poeta moguere&ntilde;o, no suele ser sino una criba hecha por afinidades electivas en la que obviamente y como no pod&iacute;a ser menos son todos los que est&aacute;n pero no est&aacute;n todos los que son. O dicho de otra manera: no hay antolog&iacute;a en la que la subjetividad no sea el criterio de selecci&oacute;n. En el caso que nos ocupa, el propio Jos&eacute; Luis Morante, autor de esta antolog&iacute;a de aforistas espa&ntilde;oles comprendidos entre los siglos XX y XXI, nos recuerda ya al final de su prolijo y detallado pr&oacute;logo algo que afirm&oacute; el tambi&eacute;n ant&oacute;logo de aforistas Jos&eacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez a prop&oacute;sito del car&aacute;cter personal y subjetivo de toda antolog&iacute;a, en cuanto que &laquo;una antolog&iacute;a es, por necesidad, una propuesta siempre incompleta y cuestionable, y es imposible sustraerse al juicio severo e inapelable del lector, que suele moverse entre el &ldquo;falta este autor&rdquo; y el &ldquo;sobra este otro&rdquo;&raquo;. Ni que decir tiene que esta apelaci&oacute;n al <em>juicio severo e inapelable del lector</em> parte de la suposici&oacute;n o de la hip&oacute;tesis de que todo lector de una antolog&iacute;a conoce al dedillo el universo literario en el que pulula una porrada de escritores dedicados a un mismo g&eacute;nero, y que por esa misma raz&oacute;n estar&iacute;a justificado entonces que se mostrara cr&iacute;tico con la selecci&oacute;n llevada a cabo por el ant&oacute;logo siempre y cuando echara en falta a tal autor o le sobrara tal otro. Pero, &iquest;realmente las antolog&iacute;as se elaboran pensando especialmente en ese tipo de lectores tan enterados y puntillosos? &iquest;O, m&aacute;s bien, se hacen para dar a conocer a los m&aacute;s representativos escritores de un g&eacute;nero, sin m&aacute;s pretensi&oacute;n que esa?</p>
<p>En el caso de <em>Paso ligero</em> Jos&eacute; Luis Morante ha seleccionado, seg&uacute;n su criterio, &laquo;las aportaciones coet&aacute;neas m&aacute;s exigentes de la producci&oacute;n afor&iacute;stica en castellano desde el despertar del siglo XX hasta el ahora&raquo;, que incluye a autores de la llamada Edad de Plata, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Jos&eacute; Bergam&iacute;n, a autores de la Posguerra y la Dictadura, como Ram&oacute;n J. Sender, Max Aub o Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, y por &uacute;ltimo a autores vivos enclavados dentro del per&iacute;odo de la Transici&oacute;n y la democracia, como Manuel Neila, Ram&oacute;n Eder, Benjam&iacute;n Prado o Erika Mart&iacute;nez. En total son veintisiete aforistas los que Morante ha seleccionado. Evidentemente podr&iacute;an (o deber&iacute;an) ser m&aacute;s, si nos atenemos a su criterio de m&aacute;xima exigencia respecto a las aportaciones afor&iacute;sticas producidas en castellano durante los aproximadamente &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, excluyendo las llevadas a cabo por autores hispanoamericanos (que, por cierto, aunque no son espa&ntilde;oles, tambi&eacute;n escriben en castellano, lo cual no casa bien con lo que se apunta en el subt&iacute;tulo del libro, dado que <em>la tradici&oacute;n de la brevedad en castellano</em> deber&iacute;a incluirlos).</p>
<p>En su largo pr&oacute;logo (casi doscientas p&aacute;ginas), Morante se remonta a los or&iacute;genes de la escritura breve, situ&aacute;ndolos en los &laquo;espacios colonizados por las civilizaciones fluviales: Egipto, Mesopotamia, Babilonia, China, India, Persia y Judea&raquo;, donde fundamentalmente tuvieron un car&aacute;cter pr&aacute;ctico, moralizante y aleccionador, en forma de preceptos, normas, refranes o dichos, que m&aacute;s tarde llegar&iacute;an a los territorios de las antiguas Grecia y Roma para incorporarse al pensamiento lapidario de la filosof&iacute;a en autores como Di&oacute;genes Laercio, Prot&aacute;goras, Parm&eacute;nides, Cicer&oacute;n o Marco Aurelio. La Edad Media, el Renacimiento y el Barroco son otras estaciones de paso en las que se analiza el devenir de la escritura breve, estaciones en las que despuntaron Sem Tob, Juan Rufo o Baltasar Graci&aacute;n, entre otros. Pero donde Morante se detiene con m&aacute;s ah&iacute;nco es en el transcurso que va desde la Generaci&oacute;n del 98 hasta nuestros d&iacute;as, pues es ah&iacute; donde percibe un cambio de rumbo en el g&eacute;nero afor&iacute;stico, que abandona su car&aacute;cter moralizante y aleccionador para abrirse a nuevas expresiones que abarcan desde las reflexiones filos&oacute;ficas hasta los divertimentos verbales, sin que las ocurrencias, las greguer&iacute;as o las ideas l&iacute;ricas queden ni mucho menos postergadas, dado que &laquo;el aforismo ya no es solo &ldquo;una sentencia breve y doctrinal que se propone como m&aacute;xima&rdquo;, seg&uacute;n argumentaba el diccionario de la Real Academia, sino un material expresivo contradictorio, un g&eacute;nero maleable que admite disquisiciones y da pie a una etimolog&iacute;a donde conviven intenciones hondas y juegos verbales&raquo;. Y es precisamente ese car&aacute;cter contradictorio el que ha permitido que el g&eacute;nero afor&iacute;stico se haya convertido a lo largo de esta &uacute;ltima centuria en un verdadero caj&oacute;n de sastre, que incluso afecta al propio nombre del g&eacute;nero, pues no han sido pocos los autores que lo han bautizado a su peculiar modo como cofrecillos de sorpresas (Benajm&iacute;n Jarn&eacute;s), aerolitos (Carlos Edmundo de Ory), sofismas (Vicente N&uacute;&ntilde;ez), greguer&iacute;as (G&oacute;mez de la Serna), consejos, sentencias y donaires (Antonio Machado), m&aacute;ximas m&iacute;nimas (Jardiel Poncela) o n&oacute;tulas (Crist&oacute;bal Serra).&nbsp;</p>
<p>Afirma Jos&eacute; Luis Morante que &laquo;m&aacute;s all&aacute; de contingencias y gustos circunstanciales, el aforismo ha encontrado por fin, en su despliegue, reconocimiento mayoritario y activa presencia intelectual&raquo;. Sin duda, tal aserto es manifiestamente optimista, quiz&aacute; algo exagerado, porque que haya unas pocas peque&ntilde;as editoriales y algunos concursos dedicados al fomento y la publicaci&oacute;n de libros de aforismos no supone, creo yo, un <em>reconocimiento mayoritario</em> entre los lectores, que probablemente no pasar&aacute;n de los doscientos o trescientos en nuestro pa&iacute;s, cosa que no es suficientemente notable como para tirar cohetes, lo cual no quita que <em>Paso ligero</em> sea una obra importante que ayudar&aacute; a entender el devenir hist&oacute;rico del g&eacute;nero afor&iacute;stico en Espa&ntilde;a y a conocer a algunos de sus principales representantes. Bien es cierto que estos representantes incluidos en este libro podr&iacute;an haber sido otros, sobre todo los que pertenecen al &uacute;ltimo per&iacute;odo, Transici&oacute;n y democracia, pues nombres como los de Jos&eacute; Mateos, Jos&eacute; Manuel Ben&iacute;tez Ariza, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, Jos&eacute; Luis Trullo, Javier Salvago o Antonio Rivero Taravillo hubieran merecido igualmente formar parte de la selecci&oacute;n, tanto por su valor literario como por su notable producci&oacute;n afor&iacute;stica, cosa esta &uacute;ltima que en tales autores est&aacute; muy por encima de la de por ejemplo Juan Manuel Ur&iacute;a o Erika Mart&iacute;nez, pero ya record&eacute; al principio lo que dec&iacute;an JRJ o Jos&eacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez y no vale la pena insistir m&aacute;s en ello. No obstante esta salvedad, unida a alg&uacute;n peque&ntilde;o equ&iacute;voco, como confundir la Alianza de Intelectuales Antifascistas con una inexistente Alianza de Intelectuales Antifranquistas (p&aacute;g., 74) o referir que Max Aub ingres&oacute; en el PSOE en 1927 cuando en realidad lo hizo en 1929 (p&aacute;g., 90), lo cierto es que la labor llevada a cabo por Jos&eacute; Luis Morante en esta antolog&iacute;a es irreprochable, no solo por su amplio y minucioso conocimiento de todo lo relativo al g&eacute;nero afor&iacute;stico de habla hispana sino tambi&eacute;n por su ejemplar difusi&oacute;n de la importancia que esta breve forma expresiva ha tenido en la obra de algunos de nuestros m&aacute;s insignes literatos. Raz&oacute;n suficiente como para que cualquier lector interesado en este g&eacute;nero literario no deje pasar la ocasi&oacute;n de adentrarse felizmente en sus p&aacute;ginas.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Paso ligero. La tradici&oacute;n de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI)</em>. Edici&oacute;n, selecci&oacute;n y pr&oacute;logo de Jos&eacute; Luis Morante. La isla de Siltol&aacute;, 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Aug 2024 10:59:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pasión arrebatada por lo mundano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-pasion-arrebatada-por-lo-mundano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/CRISTINA_GRANDE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo libro de Cristina Grande es uno de los mejores de su carrera. Cristina, costumbrista acelerada por la vida, escribe en <em>Diario del asombro</em>, un compendio de celebraciones, casualidades y situaciones que recorren los a&ntilde;os anteriores y posteriores a la pandemia en forma de diario l&iacute;rico y, sorprendentemente, atemporal. Digo que sorprendente por la misma naturaleza de la narraci&oacute;n: parecer&iacute;a que las vivencias personales tendr&iacute;an una fecha de caducidad para el lector, pero no es as&iacute; en absoluto. Cristina Grande elabora una especie de bestiario de jornadas, donde tienen cabida desde su afici&oacute;n por el ciclismo, su ecl&eacute;ctica selecci&oacute;n de pasiones literarias y cin&eacute;filas o sus distintos viajes. Cristina Grande exhala el pulso de Natalia Ginzburg y la cotidianidad de Annie Ernaux, pero, por no circunscribirnos a literatura femenina, los ecos de Georges Perec y la pasi&oacute;n por la mutaci&oacute;n del presente de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s se recogen en las p&aacute;ginas de Diario del asombro. Leer el recorrido de una vida, aunque sea en un periodo de unos pocos meses, tiene una parte de <em>voyeur </em>y otra de cazador de disonancias. La plaza de Chodes, un t&eacute; de Calmarza, una parada en Roda de Is&aacute;bena, la belleza fronteriza de Valderrobres o un vino en Bodega Almau. Ferias del libro que marcan las estaciones, presentaciones que acaban siendo encuentros con amigos, un caf&eacute; en las Cinco Villas, compartir el A&ntilde;o Nuevo Chino con Ismael Grasa y, despu&eacute;s, recordar el disco m&aacute;gico de Lole y Manuel, de aquel a&ntilde;o 1975 en el que todo parec&iacute;a comenzar.&nbsp;</p>
<p>Construir los a&ntilde;os a partir de fragmentos enlazados por el anecdotario b&aacute;sico de la vida. Lo que lleva siendo, desde siempre, el cemento fundamental de la literatura. Canciones en El Frasno, cerezas de autov&iacute;a, el apeadero de Sabi&ntilde;&aacute;n, la llegada del encierro, esa muerte v&iacute;rica con apellido de n&uacute;mero primo, encontrar frases como: Leer estos d&iacute;as a Rodrigo Fres&aacute;n y Cristina Grande te hace coincidir en una cierta obsesi&oacute;n por <em>La invasi&oacute;n de los ladrones de cuerpos</em>. Y sus distintos <em>remakes</em>, claro. Cristina Grande, desbordante cuentista, vaporosa columnista, ha cultivado la cotidianidad de un paseo con su madre observando la marabunta de zaragozanos recuperando su libertad tras el encierro o la lectura de Miguel Mena, Fernando Sanmart&iacute;n o Eva Puy&oacute;, con recuerdos de momentos claves en la historia reciente de la modernidad en Arag&oacute;n (desde la fallida presentaci&oacute;n de <em>Vida &aacute;vida</em> de &Aacute;ngel Guinda en la sala Oasis el d&iacute;a del golpe de Estado de 1981 hasta la 'amputaci&oacute;n' de las salas de cine en la ciudad de Zaragoza). Cristina Grande hace del alimento y la cocina nutritivos temas literarios, de los encuentros casuales un ejercicio de recuerdo, una especie de concatenaci&oacute;n que parece encerrarnos en un mullido laberinto, una relaci&oacute;n fraternal entre la autora y su lector, que se encuentra c&oacute;modo sumergi&eacute;ndose en unas p&aacute;ginas familiares. El aliento de Francisco de Goya, la lectura de <em>Mortal y rosa</em> de Francisco Umbral, el SEPU que salta de las l&iacute;neas escritas por Ana Alcolea a las de Cristina Grande. Toda una mara&ntilde;a de referencias y vivencias, un coraz&oacute;n que escupe cenizas despu&eacute;s de haber ardido con fuerza durante d&eacute;cadas, un momento m&aacute;gico, volc&aacute;n en tierra plana.&nbsp;</p>
<p>En <em>Diario del asombro </em>hay espacio para Mar&iacute;a Moliner y Vicky Calavia, para Eurovisi&oacute;n y Franco Battiato, el fallido concierto de Leonard Cohen en Bin&eacute;far en el a&ntilde;o 1998, la cultura m&aacute;s <em>pop </em>con Sigourney Weaver en <em>Alien 3</em>, para &Aacute;lvaro Cunqueiro e Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, para la Quiter&iacute;a Mart&iacute;n y el n&uacute;mero &Aacute;ureo y, tambi&eacute;n, el amor plat&oacute;nico de Sean Connery y su madre. Con una estructura construida a base de a&ntilde;os, inequ&iacute;voca sucesi&oacute;n de sensaciones, desde la monoton&iacute;a previa a la distop&iacute;a mundial, la asonancia social de los meses de encierro y la voracidad por la vida que trastorna el mundo en los meses de mascarillas, distancia social y hambre atrasada. Hambre por ejecutar los verbos copulativos como se hac&iacute;a en los tiempos de las canciones pop. Ese mismo contraste nos acuna hacia la sensaci&oacute;n dubitativa que emerge entre las p&aacute;ginas: Cristina fuma y deja de fumar, recuerda que es una urbanita implantada, habla de sus amigos, su familia, su pareja para, unas p&aacute;ginas m&aacute;s tarde, construir una bit&aacute;cora de encastillamiento, de soledad elegida. <em>La reina de &Aacute;frica</em>, una especie de presencia constante en la novela, provoca un estado de empat&iacute;a hacia la autora, sedienta de grandes aventuras mientras habita la comodidad de los d&iacute;as sin demasiados tumbos. Quiz&aacute; ese sea uno de los paralelismos m&aacute;s potentes de la narrativa de Cristina Grande, al menos en este libro, donde, por supuesto, se reflexiona sobre el acto de escribir. Sin pedanter&iacute;a ni saberes absolutos, deja al lector algunas pistas (me niego a usar la palabra 'instrucciones'): &ldquo;Escribimos para no olvidar, ya que es muy fr&aacute;gil la memoria humana&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Este libro de Cristina Grande supone un momento magn&iacute;fico en su trayectoria como autora. El lector termina seducido por las posibilidades que se abren, tanto durante su lectura como en una reflexi&oacute;n posterior. &iquest;Qu&eacute; regusto deja <em>Diario del asombro</em>? &iquest;Somos capaces de discernir la naturaleza de lo le&iacute;do? Un dietario, un diario, una novela autobiogr&aacute;fica... quiz&aacute; eso sea algo demasiado evidente. Hay mucho m&aacute;s, tanto que uno siente necesaria una revisi&oacute;n puntillosa y visceral, porque la pasi&oacute;n que transmite la calma narrativa de Cristina Grande convierte <em>Diario del asombro </em>en la obra de un heter&oacute;nimo, de un ausente, de una autora distinta, que escribe sobre Cristina Grande. Con o sin su permiso.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Grande,&nbsp; <em>Diario del asombro</em>, Libros del Gato Negro, Zaragoza, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Jul 2024 07:49:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La maestría de Mariano Gistaín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-maestria-de-mariano-gistain/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIANO_GISTA_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Mariano Gista&iacute;n es uno de los escritores m&aacute;s avanzados y originales de las letras aragonesas. Un referente en el manejo de las distop&iacute;as cotidianas, la influencia del avance tecnol&oacute;gico en la sociedad y, tambi&eacute;n, un autor capaz de insertar la cultura pop en la literatura, haciendo del asombro su sello &uacute;nico y del costumbrismo aragon&eacute;s una nueva forma de ciencia-ficci&oacute;n anticipatoria. En este <em>Nadie y nada</em>, la narrativa se construye en forma de di&aacute;logo interior, esquem&aacute;tico y abstracto, con claros efluvios al Samuel Beckett de<em> Final de partida</em> y, por ende, los abandonados protagonistas de las obras de teatro de Fernando Arrabal. El di&aacute;logo interior, sintagma arriesgado, entre A y B, como personajes atrapados en un remedo de &ldquo;di&aacute;logo de besugos&rdquo;, como se estilaba en los tebeos de los setenta y ochenta, busca el contraste entre un desierto apocal&iacute;ptico de arena cristalizada y los restos de las p&aacute;ginas webs abandonadas tras el colapso digital. Son veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s de una bomba nuclear o un servidor ca&iacute;do, son A y B, el 1 y el 0, que no pueden sumarse ni multiplicarse porque el resultado deja de ser d&uacute;o y se convierte en &uacute;nico. Mariano Gista&iacute;n acelera y desacelera el di&aacute;logo, como instantes de arco voltaico, como el sobrecalentamiento de una resistencia que detiene el procesador de la vida: &ldquo;No puedo ver m&aacute;s all&aacute; de mis pensamientos /&iquest;Y cu&aacute;les son? Pr&aacute;cticamente ninguno / Entonces ver&aacute;s muy lejos. Hasta el infinito / &iquest;Y qu&eacute; hay? Nada&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Se puede dormir dentro de la muerte? Inmateriales, pero conscientes, intercambiables, pero &uacute;nicos, los dos personajes son conscientes de la historia de la Humanidad, sus elucubraciones recorren libros, pel&iacute;culas o series de televisi&oacute;n. Incluso dramas y vi&ntilde;etas: astronautas hibernando, videojuegos inacabados, sue&ntilde;os de los vivos, limbo de los muertos. Escapan al Test de Turing asegurando que no son m&aacute;quinas porque no tienen miedo, intentan recoger el eco de una vida buscando el registro de sus almas al rebotar en las paredes invisibles que los rodean. Mutuamente traspasables, no responden a ninguna ley en concreto, as&iacute; que exigen la &uacute;nica responsabilidad posible: el entrelazamiento cu&aacute;ntico. No es el d&oacute;nde est&aacute;n, es la mayor probabilidad de encontrarlos. La maestr&iacute;a de Gista&iacute;n es manejar los instrumentos literarios para desarrollar un texto &aacute;gil, trufado de referencias cient&iacute;ficas, pero que, por otro lado, funcionan para el lector humanista, a pesar de la exigencia te&oacute;rica de las mismas. Es por eso que cualquiera puede sentirse identificado ante semejante despliegue de azar e identidades reseteadas, de duelos a garrotazos o perros hundidos en el alquitr&aacute;n transparente. Es amor y es guerra, es beso y pelea. Uno duda y Gista&iacute;n parece responderte: es el azar, la estad&iacute;stica, el n&uacute;mero, son monos en cantidad suficiente, durante infinito tiempo, tecleando m&aacute;quinas de escribir -quiz&aacute; mejor computadoras., las que en ausencia de l&iacute;mites, acabas delineando la existencia de A y B.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Y si fu&eacute;ramos los &uacute;ltimos, y si fu&eacute;ramos los primeros&rdquo; Se preguntan. Si hay ventana hay p&uacute;blico que contempla, manifestaci&oacute;n &uacute;ltima de la cultura digital que nos rodea. Es una subasta, un canal de cable, un &ldquo;pagar por ver&rdquo;, donde se confunden los recuerdos implantados con los reales -y aparece un gui&ntilde;o al cl&aacute;sico &ldquo;Blade Runner&rdquo;, no por manido menos oportuno-, como si los protagonistas fueran una especie de mezcla entre &ldquo;bots&rdquo; de p&aacute;ginas de atenci&oacute;n al cliente y &ldquo;replicantes&rdquo; de Philip K. Dick programados para &ldquo;Gran Hermano&rdquo;. Woody Allen y la muerte &ldquo;No tengo miedo a la muerte, solo espero no estar ah&iacute; cuando llegue&rdquo;, una emanaci&oacute;n, romper la cuarta pared con una tercera letra, impar, que resuelve el empate.&nbsp;</p>
<p>Mariano Gista&iacute;n busca sorprender, busca mantener atento al lector, compartir con &eacute;l el escapismo, la monoton&iacute;a, la situaci&oacute;n excepcional, lo cotidiano. Es una lista que crece conforme avanzan las hojas, acumulando tras de s&iacute; todo lo propuesto previamente, como en una intrincada narrativa de ra&iacute;ces y grafos, bosques de valor intr&iacute;nseco que nos llevan a algunos estadios de Javier Tomeo. Encontramos la dicotom&iacute;a entre Inteligencia Artificial y Dios Creador, encontramos, por otro lado, la necesidad de ambos entes/conceptos de sus creaciones para existir. As&iacute; que sin fuera no puede haber un dentro, sin voces no puede tener sentido el trueno. Si antes habl&aacute;bamos de cultura pop, Gista&iacute;n trae los ectoplasmas de los <em>Cazafantasmas</em>, los muertos vivientes de George A. Romero y, por supuesto, Hal 9000, ic&oacute;nica y fundacional m&aacute;quina de pensamiento aut&oacute;nomo, aparecida por primera vez en Odisea del espacio, el largometraje de Stanley Kubrick basado en la obra de Arthur C. Clarke. Incluso nos deja, como miguitas de pan o gui&ntilde;os al lector avezado, la idea de una canci&oacute;n, quiz&aacute; <em>Daisy Bell</em>. &ldquo;Te puedo dar todo menos el amor, baby&rdquo;, resuena a nuestro alrededor. Es un final como otro cualquier, probable, pero no seguro: &ldquo;si no hay p&uacute;blico no existimos, si el p&uacute;blico existe, nosotros tambi&eacute;n&rdquo;. Una exigencia neuronal, la culpabilidad del lector, su responsabilidad m&aacute;s bien. Si no lee <em>Nadie y Nada</em> es probable que no existan A. y B. o, incluso, que nadie recuerde a un escritor llamado Mariano Gista&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mariano Gista&iacute;n, <em>Nadie y Nada</em>, Zaragoza, Prames, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jul 2024 12:24:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Peyrou: “Hace falta estudiar en serio esa dimensión imaginaria, estudiarse en ella”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mariano-peyrou-hace-falta-estudiar-en-serio-esa-dimension-imaginaria-estudiarse-en-ella/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIANO_PEYROU_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La realidad, en ocasiones, parece surgida de la ficci&oacute;n. Hace algunas semanas, la idea de construir (en Barcelona) un aeropuerto en el mar, aparec&iacute;a en todos los peri&oacute;dicos de tirada nacional. Mucho m&aacute;s bella la propuesta de Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971), <em>El mar hospital es el mar aeropuerto</em> (Espasa), un poemario que transita por la experiencia del exilio y trata de trazar su l&aacute;bil hechura. Se cierra con unas notas a prop&oacute;sito del maridaje entre esta experiencia y la escritura.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene quedar del lado de lo imaginario en vez de lo real, &laquo;sentir m&aacute;s inter&eacute;s por lo que podr&iacute;a haber que por lo que hay&raquo;?</p>
<p>- No s&eacute; si &ldquo;conviene&rdquo; eso, as&iacute;, en general. Creo que el inter&eacute;s por lo imaginario es algo que todos tenemos en alguna medida y que en algunas personas est&aacute; m&aacute;s desarrollado que en otras, hasta convertirse en una especie de rasgo de personalidad. Cuando se da en exceso, tiene efectos deplorables: la desconexi&oacute;n con la realidad. Pero tambi&eacute;n es deplorable una excesiva conexi&oacute;n con la realidad, por decirlo as&iacute;.</p>
<p>Lo que s&iacute; s&eacute; es que, igual que conviene no desconectarse demasiado de lo que hay &mdash;de la gente que nos rodea o de los sem&aacute;foros, por ejemplo&mdash;, igual que hace falta desarrollar una serie de habilidades para insertarse en el mundo, tambi&eacute;n conviene y hace falta estudiar en serio esa dimensi&oacute;n imaginaria, estudiarse en ella. Me parece que esa es una peque&ntilde;a revoluci&oacute;n que forma parte del conjunto de revoluciones que tenemos pendientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay voz capaz &ldquo;de competir con mil graznidos&rdquo;? &iquest;C&oacute;mo saber que lo que uno ve es &ldquo;es digno de contarse&rdquo;?</p>
<p>- Esas dos citas son del primer poema de mi primer libro. No recuerdo bien en qu&eacute; pensaba cuando escrib&iacute; eso, pero ahora me hace gracia que en ese primer momento est&eacute; el deseo de decidir de qu&eacute; se va a hablar, qu&eacute; entra en el poema y qu&eacute; no, c&oacute;mo se articula la voz.</p>
<p>Supongo que lo de los mil graznidos tiene que ver con eso real que nos deja callados, o con la necesidad de escuchar antes de hablar. Ahora lo que m&aacute;s me interesa de ese verso es la palabra &laquo;mil&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; discurre entre &laquo;el coraz&oacute;n y el pie&raquo;?</p>
<p>- Lo imprevisible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el riesgo de &ldquo;entretenerse jugando a la indiferencia&rdquo;?</p>
<p>- Evidentemente, distanciarse de uno mismo y meramente existir en vez de vivir. Por supuesto, esto no significa que me parezca mal la indiferencia en todos los casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustaba sospechar de los lugares comunes&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a tener de mentira el d&iacute;a?</p>
<p>- A veces el lugar com&uacute;n &mdash;lo est&aacute;tico&mdash; oculta una verdad. O la luz oculta las verdades de la sombra. Me gustaba sospechar de los lugares comunes y tratar de deshabitarlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Con independencia de quien mande m&aacute;s (la aguja grande o la peque&ntilde;a), &iquest;Qu&eacute; es lo que marca el tiempo del poema?</p>
<p>- Las s&iacute;labas, las palabras, los espacios, los versos, las frases, el poema que fue antes y el que ir&aacute; despu&eacute;s, todos los dem&aacute;s poemas, la persona que lee, todas las dem&aacute;s personas, la luna y el sol y las dem&aacute;s estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el poema &lsquo;En esa &eacute;poca&rsquo;. &iquest;Qu&eacute; distingue mirar por la ventana de mirar una pantalla?</p>
<p>- Depende de la ventana y depende de la pantalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El poema es tambi&eacute;n eso, &laquo;una verdad en fuga&raquo;?</p>
<p>- S&iacute;, para m&iacute; es bastante eso. No el poema, en realidad, sino la experiencia de lectura. Un contacto con algo que se vive como verdadero, una especie de epifan&iacute;a, algo que desaparece r&aacute;pido y no deja un recuerdo claro, sino una sensaci&oacute;n. Esto sucede poco, desde luego; no con cualquier poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si &ldquo;el problema de hablar del deseo es darlo / por &uacute;nico&rdquo;, &iquest;pueden convivir distintas presencias deseantes en el poema?</p>
<p>- S&iacute;, dir&iacute;a que no pueden no convivir. Creo que en cualquier deseo hay m&aacute;s deseos: otros deseos y deseos de otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>-&iquest;C&oacute;mo se conjugan esas dos vidas que se afirman en el poema?</strong></p>
<p>- &iexcl;Malamente! Y tambi&eacute;n maravillosamente. En esto tambi&eacute;n hay tremendo vaiv&eacute;n. Y donde dice &ldquo;dos&rdquo; habr&iacute;a que leer &ldquo;mil&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2024 09:41:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eco de los vivos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-eco-de-los-vivos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/RAFAEL_MORALES_BARBA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Y por un denso c&uacute;mulo rojo,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>golpes se avecinan</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>al ocaso nocturno,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>pasos, </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>o el eco de los vivos.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Rafael Morales Barba, &ldquo;Pasos&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Recientemente, a comienzos de 2024, Bartleby editores ha publicado la poes&iacute;a reunida del profesor y poeta Rafael Morales Barba (Madrid, 1958), bajo el sugerente t&iacute;tulo de <em>Guardia nocturna</em>. Este libro, integrante de la colecci&oacute;n dirigida por Manuel Rico, se compone de los tres poemarios que forman hasta el momento la obra del madrile&ntilde;o: <em>Canciones de deriva</em> (2007), <em>Climas</em> (2014) y <em>Aquitania </em>(2020). A estos, se a&ntilde;ade un texto inicial denominado &ldquo;A manera de pr&oacute;logo&rdquo;, en el que el poeta establece algunas claves de lectura, rutas sugeridas y paradas posibles. Bit&aacute;cora de un viaje que es m&aacute;s interior que exterior, aunque su poes&iacute;a, de modo persistente, se cimienta en la contemplaci&oacute;n de la naturaleza -en especial en sus paisajes marinos- tanto como trasunto, en espejos poli&eacute;dricos del yo como, en ocasiones, como escenario y marco de las cavilaciones existenciales y subjetivas. Un devenir reflexivo, poblado de recuerdos, de &ldquo;anhelos sin alivio&rdquo;, de soledades y pulsiones tan meditativas como sensoriales; b&uacute;squedas y afanes de quien es consciente de un tiempo implacable que se conjura en im&aacute;genes recurrentes; proyecciones a trasluz de fragmentos de remembranzas y emociones: &ldquo;Como se pronuncia el viento / sin sosiego en el desvelo de las p&aacute;ginas, / se agita, y como en palimpsestos / maceran sin fulgor las contiendas, / las justas, el orgullo / de los pensamientos&hellip;&rdquo;.</p>
<p>Siguiendo los consejos de T.S. Eliot, los poemas transitan la ausencia, los desvelos y la evocaci&oacute;n tenaz de &ldquo;recuerdos /cada vez m&aacute;s ocultos /y emborronados / v&iacute;nculos&rdquo;, objetivados bajo correlatos que &ldquo;circundan y asedian&rdquo; los diversos poemarios. Los temas y escenarios mar&iacute;timos y n&aacute;uticos, en primer lugar, permiten con sus <em>Canciones de deriva, </em>del 2007, representar el fluir incesante y el movimiento de la naturaleza en sus derivas constantes. As&iacute;, el viento, el agua y las olas, las medusas, los estambres, los peces, los p&aacute;jaros, junto con las soledades, los nocturnos pensamientos y &ldquo;un nombre que est&aacute; y&eacute;ndose / deriva con el presentimiento de los / besos lentos murmurados&rdquo;, encuentran breves asideros en rocas, o en &ldquo;libros en viejas estanter&iacute;as&rdquo;, como v&eacute;rtebras que gu&iacute;an y se&ntilde;alizan las p&aacute;ginas. Versos que acuden a la memoria para franquear una &ldquo;nada sin huella&rdquo;, para llenarla de s&iacute;mbolos y palabras.</p>
<p>Las p&aacute;ginas construyen postales, im&aacute;genes que se condensan como calas sucintas en un tiempo cosmol&oacute;gico que atraviesa los d&iacute;as infinitos y mon&oacute;tonos de la ausencia. A lo largo del volumen, y en especial en el libro segundo, <em>Climas</em>, del 2014, predomina en las estampas que delinean los versos un cromatismo apagado, con la paleta ocre de la arena, el verde musgo y, a veces, tambi&eacute;n, el &oacute;xido rojizo de la enfermedad &ndash;co&aacute;gulos, gasas, piel rota, cuerpo seco-, salpicado en ocasiones, como brillos recurrentes, por el plateado de las olas y los reflejos del sol en el mar; luces que se espejan en los poemas, en sus corrientes y vaivenes. Estos climas que componen el segundo libro acuden no solo a la naturaleza en sus matices insondables, sino tambi&eacute;n al arte, por ejemplo, a trav&eacute;s de la m&uacute;sica, en el breve &ldquo;Vals triste&rdquo; que abre las p&aacute;ginas, y tambi&eacute;n la pintura, en la visi&oacute;n ecfr&aacute;stica de un cuadro de Rembrandt &ndash;&ldquo;en el cuadro, el paisaje es un lienzo, un horizonte / o un nombre reticente&rdquo;- o en la referencia a la roca Tarpeya, en el cruce fecundo y aleg&oacute;rico de poes&iacute;a, mito y pintura. El tiempo, esta vez, acompa&ntilde;a los climas que bosquejan los textos con las vagas remisiones po&eacute;ticas a septiembre y octubre &ndash;&ldquo;Aceres en septiembre&rdquo;, &ldquo;Octubre en Plencia&rdquo;-: el tiempo equinoccial y crepuscular del acabamiento y la visi&oacute;n incierta de &ldquo;sombras / que se asoman / o transitan breves&rdquo;.</p>
<p>En <em>Aquitania,</em> finalmente, tras d&eacute;cadas de escritura, persiste el sujeto en su quietud est&aacute;tica, &ldquo;esperando mareas&rdquo;. La &ldquo;noche sin aire&rdquo;, &ldquo;el ajado fuelle sin vientos&rdquo;, &ldquo;los bronquios sin aire&rdquo; marcan los pasos detenidos y la espera expectante en &ldquo;horas /como remos varados&rdquo;. El antiguo territorio que nomina el volumen, una regi&oacute;n con una historia extensa y fecunda, recientemente desaparecida en 2014, congrega en sus horizontes m&uacute;ltiples los s&iacute;mbolos que atraviesan los poemarios y desembocan en este libro &uacute;ltimo. La ausencia, la navegaci&oacute;n, el dolor, el vac&iacute;o, las horas expuestas ante &ldquo;centinelas dormidos&rdquo; se condensan en esta imagen y en este nombre, cuya etimolog&iacute;a nos remite, de modo circular, hacia el primer poemario y sus tintes marinos, para quienes encuentran en los or&iacute;genes de este top&oacute;nimo lleno de historia y lenguas diversas los sones del <em>aqua.</em></p>
<p>En su texto inicial alude Rafael Morales Barba a su decir lac&oacute;nico, cuyas palabras se tornan &ldquo;espejo de una historia obsesiva&rdquo;. En ella, en busca de la verdad propia, con &ldquo;desnudez y metonimia&rdquo;, los poemas reunidos bajo el r&oacute;tulo de <em>Guardia nocturna </em>entraman una voz en la que resuena el &ldquo;eco de los vivos&rdquo;. Como dice el poema que cierra <em>Climas, </em>un sujeto que se emplaza &ldquo;a este lado del tiempo&rdquo;, con sus met&aacute;foras, obsesiones y abismos que, sin embargo, se observan desde la superficie, como &ldquo;trapecistas / en la punta del filo / sin valor de saltar&rdquo;. Los versos conjuran las soledades, las p&eacute;rdidas y el vac&iacute;o; &ldquo;marcas de agua&rdquo;, &ldquo;letra menuda&rdquo;, como dice uno de sus breves y luminosos poemas de <em>Aquitania,</em> con el irrenunciable anhelo de habitar el refugio de unas p&aacute;ginas po&eacute;ticas en las que sea posible &ldquo;otra soledad / m&aacute;s tibia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafael Morales Barba,&nbsp; <em>Guardia nocturna</em>, Bartleby editores, Madrid, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2024 08:30:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intento recordar a mi padre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/intento-recordar-a-mi-padre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JAIME_SILES_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Veo a&nbsp; mi padre, vivo, un momento</p>
<p>tal como en la memoria lo recuerdo.</p>
<p>&iquest;Firmamos con el tiempo un acuerdo</p>
<p>o la muerte nos pone en movimiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es eso lo que ahora aqu&iacute; intento:</p>
<p>fijar en mi memoria su recuerdo?</p>
<p>Una sombra de su lado izquierdo</p>
<p>lo va borrando con un breve viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veo a mi padre fuera, si me adentro.</p>
<p>Es joven, es maduro, est&aacute; ya viejo</p>
<p>sentado en su sal&oacute;n, donde es el centro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, ni&ntilde;o, adolescente, joven, viejo,<em></em></p>
<p><em>es mi padre</em>- me digo. Este reflejo</p>
<p>es lo &uacute;nico de &eacute;l con que me encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 10:59:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo, de repente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todo-de-repente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/ISABEL_BONO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La luz aquieta el calor</p>
<p>aquieta el fr&iacute;o, si lo hubiera</p>
<p>aquieta a quienes esperan en el and&eacute;n</p>
<p>aquieta a los cubos de papel prensado</p>
<p>en la planta de reciclaje</p>
<p>y a los barriles de cerveza</p>
<p>templ&aacute;ndose bajo los &uacute;ltimos rayos del sol&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>parece que va a llover</p>
<p>parece que la tarde se llena de luz</p>
<p>como lo har&iacute;a yo</p>
<p>justo antes de la tormenta&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero no va a llover porque aqu&iacute; nunca llueve&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>est&aacute;n quietas las palmeras</p>
<p>alineadas en la acera del centro comercial</p>
<p>quieta su sombra</p>
<p>quietas mis ganas</p>
<p>quietos los postes de la luz</p>
<p>de los que cuelgan cables muertos</p>
<p>quietas las vallas publicitarias</p>
<p>quietas y mudas</p>
<p>limpias del grito del cuerpo de una mujer</p>
<p>nunca la misma, nunca su cara</p>
<p>s&oacute;lo su cuerpo desnudo, siempre otro</p>
<p>quietos los hombres sin pelo, antes y despu&eacute;s</p>
<p>ahora con pelo y esa sonrisa</p>
<p>tan falsa</p>
<p>en c&oacute;modos plazos&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>todo quieto y tranquilo</p>
<p>como si nunca m&aacute;s pudiera pasar algo malo</p>
<p>ni a las mujeres desnudas ni a los hombres sin pelo</p>
<p>ni a las palmeras</p>
<p>ni a los postes de la luz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>porque el sol se est&aacute; yendo tan despacio</p>
<p>que nadie puede pensar en una cat&aacute;strofe&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>miro esos postes de madera que antes fueron &aacute;rboles</p>
<p>el reino de la luz entre sus ramas, una vez&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mientras, pasan los eucaliptos</p>
<p>quietos y erguidos</p>
<p>con ese gesto insomne de los &aacute;rboles de hoja perenne</p>
<p>a la espera de alg&uacute;n viento que los agite</p>
<p>que los despierte de un sue&ntilde;o</p>
<p>en el que son incapaces de caer del todo&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a la espera todos nosotros</p>
<p>casi perennes, casi insomnes</p>
<p>sin ramas sin reino sin luz</p>
<p>nuestros brazos cables muertos</p>
<p>en cada despedida, a la espera</p>
<p>de otra despedida</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 10:27:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Filantropía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/filantropia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/CARLOS_ALCORTA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Regresan m&aacute;s tarde de lo previsto</p>
<p>de la excursi&oacute;n al yacimiento</p>
<p>de Atapuerca. Despierta su curiosidad,</p>
<p>mientras espera al lado del colegio,</p>
<p>un peque&ntilde;o Platero trotando por el prado</p>
<p>pr&oacute;ximo, juguet&oacute;n y despreocupado,</p>
<p>ajeno a la glotoner&iacute;a impl&iacute;cita</p>
<p>del menestral que lo contempla. Es, quiz&aacute;,</p>
<p>como el gorri&oacute;n de Williams, una verdad po&eacute;tica.</p>
<p>M&aacute;s que por el hambre,</p>
<p>como har&iacute;a el <em>Homo Antecesor,</em></p>
<p>lo cazar&iacute;a por vanagloriarse</p>
<p>en la pr&oacute;xima reuni&oacute;n con amigos</p>
<p>y ense&ntilde;ar&iacute;a fotos de la limpia</p>
<p>incisi&oacute;n que le provoc&oacute; la muerte</p>
<p>sin asomo de compasi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No existe,</p>
<p>lo sabes, progreso en el arte</p>
<p>pero, &iquest;lo habr&aacute; en la moral?</p>
<p>La evoluci&oacute;n es s&oacute;lo una medalla</p>
<p>prendida, como un tatuaje, en los pechos</p>
<p>desnudos de esas terceras personas</p>
<p>a cuya zafiedad has terminado</p>
<p>acostumbr&aacute;ndote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Azota el aire fr&iacute;o de la noche</p>
<p>creciente su pelaje tosco e indisciplinado</p>
<p>cuando el enjambre infantil desciende</p>
<p>entre gritos y abrazos del autob&uacute;s escolar.</p>
<p>El aplicado alumno recordar&aacute; durante</p>
<p>mucho tiempo cr&aacute;neos y otros huesos</p>
<p>quebrados que revelan una violencia animal,</p>
<p>prof&eacute;tica, de la que &eacute;l no ha formado parte.</p>
<p>Sangre fantasma que alimentar&aacute;</p>
<p>su insomnio. No sabe c&oacute;mo funciona</p>
<p>el mundo porque a&uacute;n no est&aacute; infectado</p>
<p>por ese endiosamiento sin sentido</p>
<p>que gobierna los actos de su padre.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 07:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frío camina conmigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/frio-camina-conmigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ALFREDO_SALDA_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Perm&iacute;tanme se&ntilde;alarles que si ha habido una flor sorprendente en esta primavera, siempre tan literaria, sin duda ha sido encontrar <em>La ra&iacute;z del aire</em> brotando en la editorial Nautilus ante los ojos de nuestra lectura admirada, pues en este poemario se abren fragantes los poemas que conforman la poes&iacute;a selecta que abarca m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de escritura de Alfredo Salda&ntilde;a Sagredo, quien tambi&eacute;n ha estado al cargo de la selecci&oacute;n, en lo que &mdash;comparando con la expresi&oacute;n cinematogr&aacute;fica&mdash; completar&iacute;a el montaje en absoluta libertad de sus escenas m&aacute;s significativas y personales, componiendo su creaci&oacute;n inalterada por terceros en la <em>versi&oacute;n del director</em>. Por tanto, y es importante recalcarlo, nos encontramos ante una pieza de coleccionista &mdash;por lo corto de la tirada&mdash;, pero tambi&eacute;n ante una obra fundamental en la bibliograf&iacute;a de Salda&ntilde;a, pues se trata asimismo de una especie de piedra de Rosetta, con la que descifrar la personal codificaci&oacute;n del mundo en lenguaje, verso a verso, que el poeta y catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura comparada nos ofrece en esta obra ordenada y escogida en la que todo es sentido, camino, invierno e indocilidad.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Creo que acertar&iacute;amos aproxim&aacute;ndonos a esta antolog&iacute;a &mdash;y, al contemplar las relaciones entre entes tales como el ser y el lenguaje, tambi&eacute;n ontolog&iacute;a&mdash; predispuestos a sentirla como prueba de vida, de haber filtrado el tiempo a trav&eacute;s, como una clepsidra, y abiertos a apreciar que esta escritura ha sido concebida &mdash;consecuentemente&mdash; como &ldquo;herida abierta&rdquo;, como coagulaci&oacute;n del plasma literario del autor, quien se dice convertido en &ldquo;un personaje de ficci&oacute;n cuya sangre alguien est&aacute; transformando en la tinta impresa de este texto: soy ya un texto, tejido textual, cuerpo devenido en discurso que fluye como la corriente rebosada del r&iacute;o&rdquo;. Desde este torrente mana una voz y un ordenamiento cartesiano por el que avanza el caminante, siendo el sistema de representaci&oacute;n &mdash;por su posicionamiento a la hora de figurar esa funci&oacute;n po&eacute;tica&mdash; &nbsp;muestra de rebeld&iacute;a y de resistencia, pues es consciente de la penetraci&oacute;n de una suerte de dominaci&oacute;n global en toda la extensi&oacute;n de nuestra existencia y &ldquo;&iquest;qui&eacute;n dir&iacute;a sin temblar &laquo;esta boca es m&iacute;a&raquo; en contra del tirano&rdquo;; dej&aacute;ndolo as&iacute; ya dicho.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Por su parte, las magnitudes en torno a las que se organizan sus tres ejes son la soledad, el fr&iacute;o y el silencio &mdash;de los que hablaremos m&aacute;s adelante y que tienen sus apoyos en las citas de apertura que, como tres pilares, sustentan estos conceptos respectivamente: &ldquo;el camino no es indulgente para el que se desv&iacute;a&rdquo;, Edmond Jab&egrave;s; &ldquo;el coraz&oacute;n de la eternidad habita en el rel&aacute;mpago&rdquo;, Ren&eacute; Char; y &ldquo;est&aacute;bamos muertos y pod&iacute;amos respirar&rdquo;, Paul Celan&mdash;, pero que encuentra sus par&aacute;metros m&aacute;s significativos, condicionando a aquellas tres variables, en la debilidad, la incertidumbre y el desequilibrio, puesto que en el avance &mdash;mientras que un pie sustenta el peso del cuerpo que se alza en el aire&mdash;, hay una inestabilidad, un desequilibrio mientras que el cuerpo se proyecta hacia adelante, hasta topar con la verdad firme del paso que se completa, propuls&aacute;ndose hacia un progreso nuevo, siempre precario y firme a la vez. Sabedor de la flaqueza consustancial al individuo, de su gran dificultad para manejar y recomponer los cortantes pedazos de la verdad, observando la pendular vacilaci&oacute;n de cualquier m&iacute;nimo progreso, Salda&ntilde;a nos ofrece firmeza para avanzar, como fun&aacute;mbulos, por un p&aacute;ramo desierto extendido como cuerda floja ante la conciencia del ser y el verbo con el que se pronuncia a s&iacute; mismo.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El autor nos expone que el prop&oacute;sito de su obra es ser testigo como &ldquo;flor de un d&iacute;a&rdquo; que ha brotado para &ldquo;dar cuenta de una relaci&oacute;n con el lenguaje&rdquo; de la que es relator para s&iacute;: para todos. Como anticip&aacute;bamos, el primero de los ejes de este sistema no eucl&iacute;deo por el que se mueve su funci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica es el del silencio &mdash;en el que a&uacute;n respiramos&mdash; como obvio contrapeso del lenguaje y su sem&aacute;ntica; como pauta en su pentagrama; como lindero en un p&aacute;ramo; como l&iacute;nea que dibuja una silueta reconocible alrededor de cada palabra, de cada p&aacute;rrafo, de cada libro&hellip; y que es recurso que usa al &ldquo;pasar, delimitar la vida con la voz,/ disolver la existencia/ en un acontecimiento escrito,/ ir hacia el silencio&rdquo;. El silencio, como elemento b&aacute;sico del lenguaje, como fonema mudo, emparenta simb&oacute;licamente con un vac&iacute;o al que acude el viaje del poeta, pero &mdash;como veremos &mdash; es un espacio que, lejos de ser nada, es pura plenitud.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Por su parte, el fr&iacute;o como magnitud po&eacute;tica, como rel&aacute;mpago chariano, puede entenderse &mdash;o al menos ese podr&iacute;a ser uno de sus atributos principales&mdash; como met&aacute;fora del conocer, de la contrapartida prometeica a la obtenci&oacute;n del entendimiento; del conocimiento que desentra&ntilde;a la complejidad y nos desvela los mecanismos m&aacute;s simples y dolorosos de la vida; por alcanzar a &ldquo;rozar la realidad/ con el extremo afilado de una idea&rdquo;. Ese conocimiento permite tambi&eacute;n al poeta &ldquo;dar en la hora del fr&iacute;o/ testimonio de p&eacute;rdidas&rdquo;, puesto que lo que ha de reclamar nuestra atenci&oacute;n en la b&uacute;squeda del discernimiento no es todo lo que aparece ante nuestra mirada, &ldquo;sino lo que desaparezca cuando mires&rdquo;. Quiz&aacute;, por esto mismo, parece inevitable apreciar una sensaci&oacute;n g&eacute;lida devenida tras un adi&oacute;s menos metaf&oacute;rico. No obstante, nos recuerda en <em>Flores en el r&iacute;o</em> al hablar de sus riveras florecidas, &ldquo;las muertes que las abonan fortalecen la verdad&nbsp; de nuestras vidas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Si el espacio geom&eacute;trico del papel se pauta entre el silencio y el fr&iacute;o, el tiempo que le otorga su tercera dimensi&oacute;n en la escritura/lectura se mide a trav&eacute;s del apartamiento del caminante que la recorre. Esta soledad, por su parte, creo que deber&iacute;a analizarse como simplificaci&oacute;n unitaria de la existencia y que, por tanto, singularizada, es indicio de ese mundo que simboliza, tal como una figura de barro cocido en un yacimiento arqueol&oacute;gico es muestra de civilizaci&oacute;n, pero nos deja ante la duda de si observamos en ese viajero del tiempo la representaci&oacute;n de un pueblo o de sus dioses, de las creencias que dio forma la mano experta del artesano, mientras que &mdash;as&iacute;, como ep&iacute;tome de la experiencia universal de la vida sentida y pensada desde el (no)lenguaje&mdash; la soledad se muestra como lugar distinguible en el todo, en esa ausencia global de silencio que conforma el ruido universal de la multitud y su algarab&iacute;a...</p>
<p class="Cuerpo">Por ello, el espacio de la soledad en la poes&iacute;a de Salda&ntilde;a es una ubicaci&oacute;n que, lejos de empeque&ntilde;ecer el mundo del poeta, lo agranda, lo sublima y consecuentemente, en sus versos nos insta a &ldquo;cuidar la soledad que acoge&rdquo;, pues ese saber adquirido nos revela la visi&oacute;n del juego de espejos, la empat&iacute;a, la humanidad, la vinculaci&oacute;n al semejante a trav&eacute;s del lenguaje que propicia el amparo del otro, es decir, del otro concebido tambi&eacute;n como reflejo unitario, lo que nos otorga la capacidad de extender la piedad adquirida en nuestro propio sufrimiento a una proyecci&oacute;n ajena, a la otredad, al haber experimentado que &nbsp;&ldquo;pensar en un hombre que cae al caminar es mitigar su ca&iacute;da&rdquo;. Complementariamente, como ya avanz&aacute;ramos, esta soledad fundacional del espacio po&eacute;tico se despliega como apartamiento del caminante en una errancia &mdash;severa con quien se desv&iacute;e&mdash; que pide no contar el paso sino ser la propia v&iacute;a de avance, pues, nos advierte, &ldquo;eres migraci&oacute;n y no n&oacute;mada&rdquo; y, a&ntilde;ade m&aacute;s adelante, &ldquo;la casa est&aacute; en el camino&rdquo;, es decir, andar es el lugar de acogida, en lo que ser&iacute;a un avance dentro del pensamiento n&oacute;mada deleuziano.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Este no-lugar po&eacute;tico que se genera al caminar en <em>La ra&iacute;z del aire</em> &mdash;muestra selecta de m&aacute;s de treinta a&ntilde;os del deambular y el magisterio po&eacute;tico de Alfredo Salda&ntilde;a&mdash;, &nbsp;no se construye como suma de ladrillos, sino que se excava como hueco en la p&aacute;gina, como un vac&iacute;o que nombra &mdash;acorde con el silencio&mdash; y que, a la vez, fuera un cuenco en el que todo cupiera, tambi&eacute;n toda la luz del mundo, alcanzando a proyectar ante el lector un vac&iacute;o absolutamente pleno, rotundo y pertinente en un momento hist&oacute;rico en el que decir &ldquo;yo&rdquo; parece estar ya al alcance de las m&aacute;quinas.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Alfredo Salda&ntilde;a<em> La ra&iacute;z del aire</em>, Nautilus, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:59:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lección quietista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leccion-quietista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2024/BASILIO_S_NCHEZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El libro <em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em> de Basilio S&aacute;nchez se alz&oacute; el pasado noviembre con el premio de la Fundaci&oacute;n Loewe, sin duda uno de los m&aacute;s prestigiosos del actual abanico de concursos de poes&iacute;a. Que un poeta tan discreto, tan poco dado a las alharacas y la exhibici&oacute;n como Basilio S&aacute;nchez se haya hecho con el codiciado galard&oacute;n no deja de ser una buena noticia, al mismo tiempo que una saludable anomal&iacute;a en tiempos medi&aacute;ticos y revueltos como los nuestros. Que un libro tan sereno y pl&aacute;cido como el suyo haya llamado la atenci&oacute;n del jurado habla tambi&eacute;n, en mi opini&oacute;n, de la necesidad o el deseo de remansar las agitadas aguas de nuestro panorama po&eacute;tico: uno tiene la impresi&oacute;n de que optar por una apuesta tan cl&aacute;sica, comedida y equilibrada como esta es casi una declaraci&oacute;n de intenciones.</p>
<p>La poes&iacute;a de Basilio S&aacute;nchez ha ido decant&aacute;ndose con parsimonia y regularidad a lo largo de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Autor de m&aacute;s de una decena de libros de poemas, S&aacute;nchez ha escrito sus versos con un esp&iacute;ritu totalmente ajeno a modas y camarillas, fiel a una austeridad verbal y unos presupuestos est&eacute;ticos que le han venido acompa&ntilde;ando sin desmayo hasta sus libros m&aacute;s recientes: el tambi&eacute;n espl&eacute;ndido <em>Esperando las noticias del agua</em> (Pre-Textos, 2018) y este que venimos a comentar. Es la suya una poes&iacute;a tersa, pulida, hondamente arraigada en una tradici&oacute;n que S&aacute;nchez ha ido haciendo propia con los a&ntilde;os y la experiencia, y que abarca desde el Antiguo Testamento (varios de sus modos de escritura arrancan de la po&eacute;tica hebrea, tan laboriosamente estudiada y documentada entre nosotros por Luis Alonso Sch&ouml;kel), pasando por nuestra Edad Media y nuestros Siglos de Oro, hasta llegar al simbolismo franc&eacute;s y el surrealismo, su heredero. Que tras ese extenso periplo de lecturas (a las que habr&iacute;a que sumar probablemente otras pertenecientes a la espiritualidad oriental) sigamos escuchando, n&iacute;tida y sin impostar, la voz propia del poeta no es uno de los m&eacute;ritos menores de la obra de S&aacute;nchez.</p>
<p><em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em> es un libro org&aacute;nico, distribuido en forma de tr&iacute;ptico y coda, cuyos poemas sin t&iacute;tulo (solo las tres partes lo tienen) parecen con frecuencia fragmentos, piezas de una unidad mayor: como teselas de un mosaico. Algo parecido sucede a menudo con las estrofas de los poemas: tomadas de una en una, aisladas del resto, muestran una cohesi&oacute;n que las hace brillar como aforismos o met&aacute;foras aisladas. Por contraste, la inserci&oacute;n de cada estrofa en el poema, como la de cada poema en la parte a la que pertenece, es frecuentemente problem&aacute;tica, misteriosa. S&aacute;nchez opera a menudo mediante la suma (la colecci&oacute;n) de afirmaciones vibrantes con valor de m&aacute;xima y deja al lector la libertad de elegir cu&aacute;les son las conexiones que se dan entre sus aserciones. Por ello abundan la impersonalidad y el presente gn&oacute;mico, tan evidentemente encarnados en la abundancia de la forma <em>Hay</em>; por ello, tambi&eacute;n, el libro contiene varios poemas que adquieren el ritmo y el tono de la salmodia o que se acercan, tal vez de un modo no totalmente consciente, a la enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica y a la definici&oacute;n. Comentar&eacute; algunos ejemplos.</p>
<p>Son declaraciones con valor categ&oacute;rico que inciden en uno de los temas principales del libro: la naturaleza de la propia escritura po&eacute;tica: &ldquo;Escribir un poema es andar sobre las aguas, / confiarnos a lo bueno del mundo&rdquo;. (pg. 57). &ldquo;Escribir un poema / supone, de alg&uacute;n modo, regresar / otra vez al principio, / al hervor silencioso de la nada, / al caldo primigenio / y a los cielos sin luna, a la inminencia / de las casualidades y los astros&rdquo;. (pg. 63). &ldquo;Uno escribe un poema para sentirse vivo. / Uno escribe un poema / para que otro descubra que est&aacute;s vivo&rdquo;. (pg. 62). Estas afirmaciones, a menudo vinculadas con un espacio de intimidad someramente descrito (una l&aacute;mpara de cobre, una mesa de madera, una ventana), tienen el valor de un programa vital: la primera asocia la escritura po&eacute;tica al &aacute;mbito de la espiritualidad de ra&iacute;z cristiana; la segunda, a la fuerza ad&aacute;nica de lo todav&iacute;a nunca dicho, lo a&uacute;n inexistente (con Huidobro, probablemente, gui&ntilde;ando un ojo al lector desde una esquina de la p&aacute;gina) y, por ende, con la oscura voluntad de fundar un mundo verbal; la tercera, en fin, se lanza a la b&uacute;squeda de un interlocutor capaz de acoger estos versos como quien acepta a un hu&eacute;sped en su casa.</p>
<p>En cualquier caso, las tres desvelan tambi&eacute;n que m&aacute;s que el mundo natural, la inmediatez de lo vivo, el paisaje natural constantemente evocado en el libro es de naturaleza eminentemente verbal, mental, simb&oacute;lica e ic&oacute;nica. No es que lo sensorial est&eacute; totalmente excluido, como tampoco lo est&aacute; lo anecd&oacute;tico. Es m&aacute;s bien que los sentidos se difuminan y aminoran tras una gruesa capa de reflexi&oacute;n est&eacute;tica y moral; y que la escasa an&eacute;cdota, reducida a la m&iacute;nima expresi&oacute;n, se ve sometida al quietismo que palpita en todas las definiciones, las afirmaciones en presente, los pensamientos que parecen tallados en la piedra: &ldquo;La realidad es un rel&aacute;mpago que persiste&rdquo;. (pg. 13); &ldquo;Somos hijos de un &aacute;rbol / Al que le falta s&oacute;lo una manzana&rdquo;. (pg. 16); &ldquo;El que entiende de p&aacute;jaros entiende de narcisos&rdquo;. (pg.17); &ldquo;No hay ning&uacute;n escritor / que no se sienta abandonado por las estrellas&rdquo;. (pg. 18); &ldquo;El poeta no ha elegido el futuro. / El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto&rdquo;. (pg.22). Son todos ejemplos de la primera parte del libro.</p>
<p>En su conjunto, la m&uacute;sica de los versos (a menudo vers&iacute;culos) de S&aacute;nchez se f&iacute;a principalmente al significado y el poder evocador de las palabras, prescindiendo con frecuencia tanto de la prosodia cl&aacute;sica como de la medida sil&aacute;bica. Es la suya una opci&oacute;n deliberadamente austera que a menudo aproxima el ritmo del texto a la prosa de ideas, y que va calando poco a poco en el lector. Y hay en ello una m&aacute;s que probable elecci&oacute;n moral: en vez de deslumbrar, el poeta pretende sugerir; en vez de epatar, empapa. &Eacute;l mismo afirma &ldquo;que no nombra las cosas con grandeza, / sino con gratitud&rdquo;. (pg.79), y un poco antes: &ldquo;Yo creo en el poema / que es capaz de sumir al que lo lee / en el mismo silencio / que el ejercicio a solas de la propia escritura / consigue suscitar en torno a s&iacute;.&rdquo; (pg. 74). Ese deseo de comunicaci&oacute;n sincera, esencial, tan alejada de la frivolidad y el lugar com&uacute;n como de la grandilocuencia vac&iacute;a, es uno de los rasgos m&aacute;s valiosos del libro: &ldquo;La poes&iacute;a es el oficio del esp&iacute;ritu&rdquo;, llega a decir en la p&aacute;gina 44, en uno de los m&aacute;s logrados momentos de la obra.</p>
<p>Y de ah&iacute;, de ese constante deseo de trascendencia, de ese valor ad&aacute;nico, convocatorio, que S&aacute;nchez otorga a la palabra po&eacute;tica, extraigo yo la afirmaci&oacute;n con que abr&iacute;a esta rese&ntilde;a. Dice el poeta en la p&aacute;gina 22: &ldquo;Amo lo que se hace lentamente, / lo que exige atenci&oacute;n, / lo que demanda esfuerzo.&rdquo; &iquest;Acaso no es esta toda una declaraci&oacute;n de intenciones, una aguja de marear en los actuales mares revueltos de la poes&iacute;a nuestra de hoy? Basilio S&aacute;nchez ha escrito un libro deliberadamente austero, demorado y reflexivo que pretende regresar a la ra&iacute;z, al fondo de lo po&eacute;tico, y al fondo de lo humano. Ya solo el esfuerzo, la atenci&oacute;n puesta en ello, merecen la lectura. &ndash;AGUST&Iacute;N P&Eacute;REZ LEAL</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basilio S&aacute;nchez, <em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em>, Madrid, Visor, 2019</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:42:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La calle más literaria del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-calle-mas-literaria-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/C_SAR_ANTONIO_MOLINA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;La idea de viajar me provoca n&aacute;useas&rdquo; escribe Bernardo Soares en el <em>Libro del desasosiego</em>. Soares, el heter&oacute;nimo que m&aacute;s coincide con la propia biograf&iacute;a de su creador, Fernando Pessoa, nunca dese&oacute; salir de su ciudad, Lisboa. &ldquo;Ya he visto todo lo que nunca hab&iacute;a visto&rdquo; escribe; y a&ntilde;ade otro comentario parad&oacute;jico &ldquo;Ya he visto todo lo que todav&iacute;a no he visto&rdquo;. Sin embargo, en aquella Lisboa del primer cuarto del siglo XX, Soares est&aacute; rodeado de gente que se mueve a trav&eacute;s de puerto tan importante. Soares renuncia al viaje como forma de vida porque su existencia est&aacute; m&aacute;s completa en el estatismo y la monoton&iacute;a cotidiana de su trabajo en una oficina comercial en la Rua dos Douradores. &ldquo;&iexcl;Ah, que viajen los que no existen!&rdquo;. Para viajar, seg&uacute;n &eacute;l, basta con existir. Y los viajes son los viajeros. Y lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos. En esto coincide con Cicer&oacute;n y S&eacute;neca que ya hab&iacute;an explicado que por el mero hecho de cambiar de lugar no dejamos de ser nosotros ni abandonamos nuestras preocupaciones e inquietudes. Nunca, por muy lejos que estemos de nuestro eje vital, desembarcamos de nosotros mismos. En varias de las p&aacute;ginas de este extraordinario diario filos&oacute;fico-literario, Soares se dedica no solo a criticar a los viajes y viajeros sino tambi&eacute;n a quienes utilizan este g&eacute;nero. El heter&oacute;nimo confiesa que ya solo un viaje entre Lisboa y Cascaes lo dejaba agotado. Y que Ca&ccedil;ilhas, frente a Lisboa, le parec&iacute;a otro continente.&nbsp; Y el Tajo todos los oc&eacute;anos del mundo.</p>
<p>Pero Soares que es como el propio Pessoa, una buena persona pero muy sarc&aacute;stica, siente compasi&oacute;n por la &ldquo;estupidez&rdquo; del mozo de la oficina entusiasmado por la sola idea de conocer otros lugares del mundo m&aacute;s all&aacute; de la Baixa pombaliana. Aquel joven coleccionaba folletos de propaganda de ciudades, pa&iacute;ses, compa&ntilde;&iacute;as mar&iacute;timas, mapas, publicaciones, carteles&hellip;Parte de sus horas de asueto aquel muchacho las invert&iacute;a visitando consulados, embajadas, oficinas de turismo. Soares melanc&oacute;licamente se pregunta qu&eacute; habr&aacute; sido de &eacute;l. Un d&iacute;a desapareci&oacute; del trabajo y nunca m&aacute;s se supo &iquest;Embarc&oacute;?&iquest;Hacia d&oacute;nde? Soares siente esa curiosidad inconfesable y hasta duda de su propio e inmutable estatismo. &ldquo;Era el mayor viajero, por ser el m&aacute;s verdadero que he conocido: era tambi&eacute;n una de las personas m&aacute;s felices que me encontr&eacute;&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; entonces la felicidad en el estatismo o en el viajar?</p>
<p>Pessoa viaj&oacute; a Durban varias veces. All&iacute; vivi&oacute; los a&ntilde;os m&aacute;s importantes de su formaci&oacute;n. Por motivos familiares residi&oacute; en &Aacute;frica desde el a&ntilde;o 1896 hasta el 1905 cuando regres&oacute; definitivamente a Portugal. Ning&uacute;n viaje m&aacute;s. Intentos de ir a Londres donde ten&iacute;a familia, o a Galicia. Pero Pessoa ha sido quiz&aacute;s el mayor viajero de su propia ciudad natal y alrededores. Tuvo m&aacute;s de una veintena de domicilios. El m&aacute;s duradero fue el &uacute;ltimo en la Rua Coelho da Rocha n&uacute;mero 16-1&ordm;-D. All&iacute; habit&oacute; desde el a&ntilde;o 1920 al 1935. Muri&oacute; relativamente cerca en el Hospital de San Luis de los franceses sito en la Rua Luz Soriano. A&uacute;n existe hoy. La imagen exterior es la misma: un muro encalado rodea el recinto y da entrada por un ancho portal&oacute;n. Ahora cuelga una placa de m&aacute;rmol donde se reproduce la &uacute;ltima frase que escribi&oacute; en ingl&eacute;s: &ldquo;I know not what tomorrow will bring&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n puede saberlo?</p>
<p>En su &uacute;ltimo domicilio vivi&oacute; en una habitaci&oacute;n acompa&ntilde;ado de su peque&ntilde;a pero selecta biblioteca, el ba&uacute;l con sus miles de manuscritos in&eacute;ditos, la c&oacute;moda sobre la que escrib&iacute;a de pie, la m&aacute;quina de escribir, la estrech&iacute;sima cama y poco m&aacute;s. Hoy se puede visitar esta casa-museo. Yo la hubiera conservado tal cual manteniendo as&iacute; el esp&iacute;ritu del escritor, pero el interior fue demolido y &uacute;nicamente se respet&oacute; la habitaci&oacute;n que ahora queda como un elemento extra&ntilde;o dentro del conjunto. La actividad cultural de este centro es sin embargo muy importante. Si uno se asoma a la ventana de esa habitaci&oacute;n, la casa roja de enfrente sigue siendo la misma contemplada por &eacute;l. La calle larga permanece casi intacta. Domicilio, del que se conserva la hoja del contrato firmada por el due&ntilde;o e inquilino, un poco lejano de su centro social y en medio de un laberinto de cuestas. Pessoa debi&oacute; de moverse en los tranv&iacute;as tan inspiradores para &eacute;l. &ldquo;Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranv&iacute;a cuando va a Bemfica y, si un d&iacute;a va a Cintra, siente que ha ido a Marte&rdquo;, escribe Soares.</p>
<p>Si la Lisboa hist&oacute;rica y alrededores es el espacio donde se mueve seguro Pessoa, su heter&oacute;nimo lo reduce a la cuadr&iacute;cula pombaliana. La Baixa reconstruida tras el terremoto de 1755 por el Marqu&eacute;s de Pombal. Centro a&uacute;n financiero, comercial y pol&iacute;tico, pero ya sobre todo recept&aacute;culo de un oc&eacute;ano de turistas. En La Baixa est&aacute; la Rua Augusta (la calle principal) con el Arco de la Pra&ccedil;a do Comercio y la estatua de Jos&eacute; I al fondo. La Pra&ccedil;a do Comercio con su ir y venir de tranv&iacute;as viejos y nuevos, sus terrazas, sus mercadillos, sus viejos caf&eacute;s como el Martinho das Arcadas frecuentado por Pessoa y otros escritores y artistas, es uno de los lugares m&aacute;s bellos y nost&aacute;lgicos del mundo. Y ese muelle con las dos columnas que parece sumergirse todo &eacute;l en la marea alta. Y al lado, en otra plaza recoleta, la Casa dos Bicos dedicada al primer Premio Nobel de literatura en portugu&eacute;s, Jose Saramago, cuyas cenizas est&aacute;n depositadas bajo un olivo.</p>
<p>Gran parte de las calles de La Baixa llevan los nombres de los oficios de los primeros comerciantes de la zona: Prata, Ouro, Douradores, Correeiros, Sapateiros. En esta cuadr&iacute;cula de calles peatonales, todav&iacute;a sobreviven algunos de los establecimientos de toda la vida. Bernardo Soares vive, trabaja y medita desde una de estas calles. Precisamente desde una de las m&aacute;s desapercibidas, la Rua dos Douradores. Esa calle que es para &eacute;l su vida entera. All&iacute; est&aacute; la oficina y tambi&eacute;n su vivienda a la que hace referencia vagamente. Nunca da el n&uacute;mero del inmueble pero es el 190. En el bajo estaba el restaurante de gallegos donde com&iacute;a. Hoy en el mismo lugar existe otro con una terraza que da a una peque&ntilde;a plazuela. &ldquo;Si yo tuviera el mundo en la mano, lo cambiar&iacute;a, estoy seguro, por un billete para la Rua dos Douradores&rdquo;, escribe Soares. La oficina, s&oacute;rdida hasta la m&eacute;dula, representaba para &eacute;l la vida, comprend&iacute;a para &eacute;l todo el sentido de las cosas, la soluci&oacute;n de todos los enigmas &ldquo;salvo el de que existan los enigmas, que es lo que no puede tener soluci&oacute;n&rdquo;. La oficina le daba de comer, de beber, el lugar donde vivir y, adem&aacute;s, donde dormir-so&ntilde;ar-pensar-escribir. La oficina pon&iacute;a en orden la monoton&iacute;a y la anarqu&iacute;a de la vida cotidiana. Soares (administrativo, traductor y redactor de cartas oficiales) sabe que est&aacute; explotado laboralmente, pero se siente satisfecho de ser contable o ayudante de contabilidad. En realidad &eacute;l no se sue&ntilde;a como un gran escritor sino como un gran contable de fama. Soares se siente muy satisfecho de codearse con el contable Moreira, el patr&oacute;n Vasques (una de sus grandes decepciones al descubrir que es un ladr&oacute;n), el cajero Borges, el sociocapitalista y el resto de empleados. &ldquo;La oficina se me vuelve una p&aacute;gina con palabras de gente, la calle es un libro&rdquo;. &ldquo;La Rua dos Douradores la calle ideal de La Baixa&rdquo;.</p>
<p>En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, La Baixa lisboeta estaba habitada, aparte de por personas, por comercios de loter&iacute;as, estancos, ultramarinos, casas de comidas, oficinas, almacenes de todo tipo, sastrer&iacute;as, barber&iacute;as, tabernas, consultas m&eacute;dicas, oficinas estatales, hoteles, pensiones, iglesias, zapater&iacute;as, casas de citas, panader&iacute;as, confiter&iacute;as, fruter&iacute;as sobre todo en la Rua da Prata, correos, etc. Casi nada ya de esto puede verse. Los carreteros y mozos de cuerda que sal&iacute;an de los almacenes de la Rua dos Douradores ya no existen y, por tanto, aquella ajetreada vida que tuvo este lugar hoy est&aacute; circunscrita a los turistas, afortunadamente pocos por esta calle estrecha, asombrada, donde permanecen tan solo los hoteles, restaurantes, alguna iglesia vecina y poco m&aacute;s. Muchos de los edificios est&aacute;n en proceso de restauraci&oacute;n.</p>
<p>En su piso de la Rua dos Douradores, encima de la oficina, Soares se refiere al mobiliario basto de su cuarto barato. La gente que pasa hoy por esta calle ya no es &ldquo;siempre la misma que ha pasado hace poco&rdquo;. Todos o casi todos entonces se conoc&iacute;an. Ya no. &ldquo;Ma&ntilde;ana tambi&eacute;n desaparecer&eacute; yo de la Rua dos Douradores, de la Rua da Prata. Yo tambi&eacute;n ser&eacute; el que dej&oacute; de pasar por estas calles&rdquo;. Hoy ya nadie se conoce. Soares adem&aacute;s de su calle por excelencia cita a otras como habituales para sus idas y venidas: La Rua nova de Almada, la Rua da Prata (la primera paralela a la de los Douradores en direcci&oacute;n oeste, all&iacute; estaba la librer&iacute;a de viejo del librero Pires frecuentada por Pessoa), La Rotonda, La Praza do Marques de Pombal, la Rua do Arsenal, la Rua da Alfandega, el Chiado m&aacute;s arriba por un lado y el castillo por el otro&hellip; Soares-Pessoa viajaban por estos caminos reflexionando sobre el sentido desconocido de este viaje obligado de la vida. A veces, como anta&ntilde;o como ahora, la lluvia oblicua cambiaba los ruidos de la calle y el Tajo tomaba el color azul verdoso tirando a oro. La Rua dos Douradores es peque&ntilde;a, insignificante, de dif&iacute;cil caminar por sus aceras rotas pero, sin embargo, como dec&iacute;a Soares, vale m&aacute;s que las grandes avenidas. &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;ntos C&eacute;sares he sido, aqu&iacute; mismo, en la Rua dos Douradores!&rdquo;. &ldquo;Tambi&eacute;n hay universo en la Rua dos Douradores. Tambi&eacute;n concede Dios aqu&iacute; que no falte el enigma de vivir. Y por eso, si son pobres, como el paisaje de carros y cajones, los sue&ntilde;os que consigo extraer de entre las ruedas y las tablas, a&uacute;n as&iacute; son para m&iacute; lo que tengo, lo que puedo ser&rdquo;.</p>
<p>Soares-Pessoa amaban las tardes demoradas del verano, el sosiego de La Baixa. El escritorio era un baluarte contra una vida vac&iacute;a. Y los libros de contabilidad eran como sus propios libros. Viv&iacute;a en casa ajena. El resto, un continuo pasear callado, una continua conversaci&oacute;n entre hombres, casas, piedras, letreros y cielo, una multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesi&oacute;n del Destino. Soares ama las plazas solitarias de La Baixa, las peque&ntilde;as e insignificantes, pero tambi&eacute;n otras m&aacute;s grandes como la Praza da Figueira con los vendedores ambulantes hoy reconvertidos en manteros. Esta Plaza presidida por la estatua de Joao I. En esta plaza estuvo el antiguo mercado de la ciudad. Al lado se encuentra la Praza do Rocio con la estatua de Don Pedro IV, el primer emperador de Brasil. Otro de los heter&oacute;nimos, Alvaro de Campos, le escribi&oacute; estos versos: &ldquo;La Pra&ccedil;a da Figueira en la ma&ntilde;ana,/cuando el d&iacute;a es de sol (como sucede/ siempre en Lisboa), nunca en m&iacute; se olvida,/aunque apenas sea memoria vana./ Hay tantas cosas m&aacute;s interesantes/que este lugar tan l&oacute;gico y plebeyo,/pero lo amo, incluso as&iacute;&hellip;&iquest;Qu&eacute; se yo/ porque lo amo? Importa poco. Adelante&hellip;&rdquo;.</p>
<p>La Rua dos Douradores es la calle por excelencia pessoana. Hoy ya no nos cruzamos con el mozo de cuerda, con el barbero que contaba chistes, con el camarero que le hizo la fraternidad de desearle esa mejor&iacute;a porque solo se hab&iacute;a bebido la mitad de la copa de vino (Pessoa muri&oacute; de un c&oacute;lico hep&aacute;tico), con el dependiente de la tabaquer&iacute;a que se hab&iacute;a suicidado, con el viajante de comercio que trajo las sedas del Indo, de Samarcanda o de Persia. En la Rua dos Douradores ya nadie tirar&aacute; desde el &uacute;ltimo piso del n&uacute;mero 190 una caja de cerillas vac&iacute;a al abismo del empedrado. En la Rua dos Douradores ya no hay libros de caja abiertos sino ordenadores fr&iacute;os y abstractos. Ha vuelto a ser una calle m&aacute;s del mundo. Pero siempre seguir&aacute; siendo toda ella una filosof&iacute;a y una literatura universal. &ldquo;Lo que escribo en el libro auxiliar de caja y lo que escribo en este papel del alma son cosas igualmente limitadas a la Rua dos Douradores, muy poco a los grandes espacios millonarios del universo&rdquo;. A Rua dos Douradores ha vuelto a su humildad. Permanecen a&uacute;n all&iacute; los instantes, los mil&iacute;metros y las sombras de las casas peque&ntilde;as, todav&iacute;a m&aacute;s humildes que ellas. A Rua dos Douradores tan estrecha y ef&iacute;mera que nadie ser&iacute;a capaz de tener un deseo.</p>
<p>Los lugares fundamentales de la geograf&iacute;a pessoana son: El n&uacute;mero 4 del Largo de Sao Carlos donde naci&oacute; en el cuarto piso; el n&uacute;mero 190 de la Rua dos Douradores; la Rua Coelho da Rocha n&uacute;mero 16-1&ordm;- D; el hospital San Luis de los franceses en la Rua Luz Soriano; el cementerio Dos Prazeres donde fue enterrado (muy cerca de su domicilio) y los Jer&oacute;nimos donde yace hoy en d&iacute;a. Pero la Rua dos Douradores es una de las esencias simb&oacute;licas de su magna obra. &ldquo;Ser&eacute; siempre de la Rua dos Douradores, como la humanidad entera&rdquo;. Soares-Pessoa y cia ten&iacute;an un gran r&iacute;o, un gran oc&eacute;ano, un muelle y todos los barcos con todas las banderas del mundo para zarpar y, sin embargo, se quedaron all&iacute; en la Rua dos Douradores, un lugar insignificante que apenas cabe en un mapa, pero que ahora es una epifan&iacute;a del mundo. Alberto Caeiro, otro heter&oacute;nimo, escribi&oacute; estos versos: &ldquo;Desde la ventana m&aacute;s alta de mi casa/ con un pa&ntilde;uelo blanco digo adi&oacute;s/ a mis versos que parten hacia la humanidad&rdquo;. Suenan como la carte de Emily Dickinson de la cual creo no tuvo demasiada noticia. Otra est&aacute;tica como &eacute;l. Soares, cansado de la vida, cerr&oacute; las contraventanas de su habitaci&oacute;n, de la Rua dos Douradores, para excluirse del mundo y ganar la libertad. &ldquo;&iexcl;Oh pena revisitada, Lisboa de otro tiempo, hoy!&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:15:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Jaume Plensa y Carme Riera]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-jaume-plensa-y-carme-riera/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/JAUME_PLENSA_8_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Como bien subraya el periodista cultural Sergio Vila-Sanju&aacute;n al inicio de su entrevista con ella, &ldquo;Carme Riera es una instituci&oacute;n de la cultura mallorquina, catalana y espa&ntilde;ola. Con una producci&oacute;n de m&aacute;s de 40 t&iacute;tulos publicados, en narrativa y ensayo; un n&uacute;mero casi igual de galardones &ndash;entre los &uacute;ltimos, el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas- y una incansable actividad acad&eacute;mica y como gestora cultural, parecer&iacute;a que el concepto &lsquo;mujer de letras&rsquo; se hubiera acu&ntilde;ado para ella&rdquo;. No obstante, y durante la conversaci&oacute;n, Carme Riera confiesa que una de sus preocupaciones es el descenso de las capacidades de lectura en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Una circunstancia que, tambi&eacute;n en su condici&oacute;n de profesora, ha constatado con la bajada de nivel en los alumnos universitarios: &ldquo;la comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible. Si no eres capaz de entender un texto, has perdido la capacidad cr&iacute;tica y eres carne de ca&ntilde;&oacute;n, perfectamente manipulable&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de la revista TURIA ofrece, por tanto, dos extensas y enriquecedoras conversaciones que permiten no s&oacute;lo conocer mejor a Jaume Plensa y Carme Rera, sino tambi&eacute;n descubrir muchos y valiosos detalles de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Por ejemplo, Plensa reconoce que &ldquo;siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas, con nuestras propias vibraciones&rdquo;. De ah&iacute;, que ante los conflictos del presente, considere que &ldquo;estamos viviendo, no s&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n, un momento en el que las ideas y los mensajes generan mucha crispaci&oacute;n. Se ha polarizado mucho todo. Incluso en la cultura. Parece que nos dividimos en buenos y malos. Siempre se est&aacute; contra alguien. Y te juro que yo no estoy contra nadie. Ni creo que mis ideas sean mejores que las de otros. Simplemente son las m&iacute;as.&nbsp; A veces parece que no cuadren. Por eso pido calma. Si est&aacute;is en silencio, entender&eacute;is mejor vuestros pensamientos. Y pasar&eacute;is al espectador este mensaje para que &eacute;l trate de escuchar los suyos, porque son tan importantes como los nuestros&rdquo;. Por eso las esculturas monumentales figurativas de Jaume Plensa piden e invitan al silencio.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Carme Riera, que es acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, &ldquo;la cultura interesa poco, a la gente le interesan otras cosas, como el deporte. Se puede vivir la mar de bien siendo un perfecto inculto, sin haber entrado nunca en un museo ni le&iacute;do un libro ni asistido a un concierto. Y es una l&aacute;stima porque se pierden maravillosas posibilidades de ensanchar la vida. Es una pena, pero en Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura porque a muchos pol&iacute;ticos les ha importado muy poco que seamos cultos o no. Ellos tampoco lo son&rdquo;. Preguntada en TURIA por su condici&oacute;n de defensora de la monarqu&iacute;a como una instituci&oacute;n positiva para Espa&ntilde;a y para nuestra cultura, Riera afirma con contundencia: &ldquo;me siento monarquicana. Creo que nadie mejor que los Reyes don Felipe y do&ntilde;a Leticia encarnan los principios republicanos y adem&aacute;s nos representan fuera del pa&iacute;s mejor que nadie. No encontrar&iacute;amos ning&uacute;n presidente de una futura Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola que lo hiciera mejor que don Felipe&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JAUME PLENSA: &ldquo;EL ARTE ES LA VIDA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jaume Plensa (Barcelona, 1955) es uno de los nombres propios fundamentales del &nbsp;arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo. Aunque se form&oacute; en su ciudad natal en la Escuela de Arte y Dise&ntilde;o de la Llotja y en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi, desde 1980, a&ntilde;o de su primera exposici&oacute;n en Barcelona, ha vivido y trabajado en Berl&iacute;n, Bruselas, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Actualmente reside y trabaja en la ciudad que le vio nacer, si bien muestra peri&oacute;dicamente su obra en galer&iacute;as y museos de Europa, Estados Unidos y Asia. Aunque se le considera escultor y grabador, en realidad Plensa es un artista muy polifac&eacute;tico que ha experimentado tambi&eacute;n con el dibujo, escenarios para &oacute;pera, videoproyecciones o instalaciones ac&uacute;sticas.</p>
<p>Por otra parte, Jaume Plensa ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Entre los m&aacute;s relevantes se encuentran el prestigioso Premio Vel&aacute;zquez de las Artes en 2013, la Medalla al M&eacute;rito de las Bellas Artes en 2021, la Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1993 o el Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas en 2012.</p>
<p>Preguntado por sus or&iacute;genes como artista, Plensa asegura que los desconoce, &ldquo;pero me acuerdo que acompa&ntilde;aba mucho a mi padre a comprar libros de segunda mano al Mercat de Sant Antoni. Y me fascinaban las portadas de esos libros maravillosos: sobre los etruscos, los sumerios, el arte egipcio... Y creo que si soy artista tambi&eacute;n es gracias a la poes&iacute;a, a los poetas, porque ellos tienen la capacidad maravillosa de generar im&aacute;genes a trav&eacute;s de las palabras. Y t&uacute; como lector creas la imagen. Esta sensaci&oacute;n tan extraordinaria de poseer una imagen que solo tienes t&uacute;, a m&iacute; me dio mucha seguridad con mi vida y con mis cosas. Le estoy muy agradecido a los poetas por todo lo que me aportaron&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Jaume Plensa, &ldquo;la maravilla de un artista o de un creador es su obra; su obra, en el fondo, es el documento. Un d&iacute;a desaparecemos, y ya est&aacute;, pero es muy bonito que hayas podido dejar esta c&aacute;psula en el tiempo y que otra persona la pueda coger, abrir y seguir, como en esas carreras que te pasan un relevo. A m&iacute; estos autores me han ayudado much&iacute;simo&rdquo;.</p>
<p>En la entrevista se habla tambi&eacute;n con detenimiento del motivo y los significados que brindan obras p&uacute;blicas de Plensa tan c&eacute;lebres como la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; de Chicago o &ldquo;Julia&rdquo;, instalada en la plaza de Col&oacute;n, en Madrid. A prop&oacute;sito de ambas, su creador reconoce que &ldquo;siempre me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza&rdquo;. Y, a prop&oacute;sito de &ldquo;Julia&rdquo;, nos dir&aacute; que &ldquo;expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir&rdquo;.</p>
<p>Termina la conversaci&oacute;n record&aacute;ndonos cu&aacute;l ha sido siempre el motor del trabajo creativo de Jaume Plensa: &ldquo;la obsesi&oacute;n no era crecer como artista sino como persona. El arte es una consecuencia de tu vida. Siempre lo he pensado as&iacute;.&nbsp; Yo creo que el arte no es una reflexi&oacute;n intelectual aparte. Es la vida. Nunca ser&aacute; tan fuerte como ella pero es lo que m&aacute;s puede sentir su perfume. El perfume de la vida. Y yo creo que sin arte nos morir&iacute;amos en segundos&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CARME RIERA: &ldquo;EN ESPA&Ntilde;A NO SE HA HECHO UNA POL&Iacute;TICA CULTURAL DE ALTURA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) protagoniza en TURIA una conversaci&oacute;n sincera y valiosa para conocer su trayectoria y opiniones. Tiene toda la raz&oacute;n el periodista cultural Sergio Vila-Sanju&aacute;n cuando, al describirla, se refiere a ella como &ldquo;una persona con &lsquo;autorictas&rsquo;, que no duda en ejercer cuando toca, y tambi&eacute;n por esa raz&oacute;n es muy respetada&rdquo;. Y es que Riera, adem&aacute;s de catedr&aacute;tica de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, es una de las autoras catalanas m&aacute;s valoradas por la cr&iacute;tica y m&aacute;s queridas por los lectores. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Letras y se doctor&oacute; en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica con Premio Extraordinario por la UAB. Se dio a conocer en 1975 con&nbsp;&ldquo;<em>Te deix, amor, la mar com a penyora&rdquo; (&ldquo;Palabra de mujer&rdquo;, en la edici&oacute;n en castellano)</em><em>,&nbsp;</em>un libro de cuentos que, desde entonces, no ha dejado de reeditarse. Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas, y ha merecido los m&aacute;s importantes premios de las letras catalanas. Como investigadora y ensayista est&aacute; especializada en la llamada Escuela de Barcelona. En el a&ntilde;o 2012 fue elegida miembro de la Real Academia Espa&ntilde;ola y en 2015 le fue otorgado el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas. Desde 2002 dirige la C&aacute;tedra Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona y, desde 2015, es presidenta del Centro Espa&ntilde;ol de Derechos Reprogr&aacute;ficos (CEDRO).&nbsp;</p>
<p>Sobre su infancia, reconoce Carme Riera que &ldquo;en casa hab&iacute;a una buena biblioteca y toda mi familia le&iacute;a, de manera que los libros eran algo familiar. Adem&aacute;s, hab&iacute;a escritores entre mis antepasados&rdquo;. Aunque ella aprendi&oacute; a leer m&aacute;s tarde, &ldquo;escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia&rdquo;. Ello supuso que publicara muy joven, en 1975, un primer libro de relatos que caus&oacute; un gran impacto. Un &eacute;xito que su autora atribuye a que &ldquo;abordaba un tema tab&uacute;, el amor entre dos mujeres, de eso no se hablaba y menos se escrib&iacute;a en aquella &eacute;poca&rdquo;. Sobre su relaci&oacute;n con Montserrat Roig, otra autora con la que comparti&oacute; el antifranquismo y el feminismo militante, nos dir&aacute;: &ldquo;cuando muri&oacute; me jur&eacute; a m&iacute; misma que en mis intervenciones sobre literatura buscar&iacute;a cualquier pretexto para recordarla y lo he venido cumpliendo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Asegura tambi&eacute;n Riera, en la entrevista que publica TURIA, que &ldquo;el feminismo es un deber y un compromiso &eacute;tico&rdquo; y que echa de menos &ldquo;la intensidad de la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68&rdquo;. Sobre el contacto en Catalu&ntilde;a entre la literatura en lengua catalana y en lengua castellana, Carme Riera afirma: &ldquo;cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual, aunque tanto a los de un lado, como a los del otro, eso no les guste mucho&rdquo;. Por otra parte, reconoce que &ldquo;no hay trabajo mejor para una escritora o un escritor que ser acad&eacute;mico de la RAE&rdquo; y, a prop&oacute;sito de la c&eacute;lebre agente literaria Carmen Balcells, sobre la que ha escrito una cuidada biograf&iacute;a, nos confiesa: &ldquo;desde el punto de vista de los autores, Carmen Balcells pasar&aacute; a la historia como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad&rdquo; y, tambi&eacute;n, que sin ella &ldquo;es posible que Garc&iacute;a M&aacute;rquez no hubiera llegado a ser tan importante&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, preguntada por la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de la cultura, Riera se muestra contundente: &ldquo;no tengo una opini&oacute;n demasiado buena de la gesti&oacute;n de pol&iacute;tica cultural. Creo que hay un dato que lo resume: el bajo presupuesto destinado a Cultura por parte del gobierno, tanto el estatal como los auton&oacute;micos&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PLENSA, UN ORFEBRE DEL IDIOMA, ILUSTRA &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque TURIA siempre se ha definido como una revista para leer, en la que los textos tienen mayor protagonismo que las im&aacute;genes, cada nueva entrega ofrece una cuidada selecci&oacute;n de ilustraciones elaboradas por un creador de referencia. En algunas ocasiones, se ofrece el trabajo de un artista de dilatada trayectoria y, en otras, de ilustradores m&aacute;s j&oacute;venes pero que ya cuentan con una significativa proyecci&oacute;n y reconocimiento a su labor. As&iacute;, las diez ilustraciones interiores a toda p&aacute;gina sirven, no s&oacute;lo para delimitar cada una de las diez secciones en las que se estructura su edici&oacute;n en papel, sino para incentivar el atractivo di&aacute;logo con el lector que las contempla, convirti&eacute;ndose en una aut&eacute;ntica pausa enriquecedora, un tiempo para detener la mirada y observar una imagen con detalle, entre cada grupo de textos.&nbsp;</p>
<p>A esas im&aacute;genes intercaladas entre las 500 p&aacute;ginas de la revista se a&ntilde;ade la ilustraci&oacute;n original llevada a cabo para la cubierta, lo que dota a cada sumario de TURIA de una identidad propia, al tiempo que se singulariza y revaloriza su contenido para los lectores.&nbsp;</p>
<p>En esa l&iacute;nea de favorecer la creatividad y de estimular la creaci&oacute;n de im&aacute;genes visuales que nos atraigan y hagan reflexionar, hay que situar el trabajo gr&aacute;fico que Jaume Plensa ha realizado en exclusiva para este n&uacute;mero de TURIA. Un sumario muy especial por cuanto supone el retorno de la revista a Catalu&ntilde;a, a Barcelona, a nivel de actos p&uacute;blicos. De ah&iacute; que la contribuci&oacute;n art&iacute;stica de Plensa, una serie de once dibujos realizados a una tinta que visualizan su apuesta por el di&aacute;logo entre culturas, entre personas, confirme su condici&oacute;n de verdadero orfebre del idioma aunque no escriba.&nbsp;</p>
<p>Jaume Plensa, un ejemplo de barcelon&eacute;s universal al igual que el fil&oacute;sofo Eugenio Tr&iacute;as al que la revista dedica su monogr&aacute;fico, es un claro defensor de la obra gr&aacute;fica desde sus inicios, habiendo realizado numerosas exposiciones dedicadas a las artes gr&aacute;ficas y a las ediciones. Entre ellas, destacan las retrospectivas que en 2006 se llevaron a cabo en Francia y B&eacute;lgica. Por otra parte, Plensa recibi&oacute; en 2013 el Premio Nacional de Artes Gr&aacute;ficas otorgado por la Calcograf&iacute;a Nacional en Madrid.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 10:54:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Barcelonas de Juan Marsé]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-barcelonas-de-juan-marse/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/marse500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su art&iacute;culo titulado "Literatura y ciudad", publicado en la revista <em>Clar&iacute;n</em>en 2006, Luis Garc&iacute;a Jambrina se&ntilde;alaba: "Como es bien sabido, la ciudad -cualquier ciudad- no es tan s&oacute;lo un lugar geogr&aacute;fico, un territorio urbano. Es tambi&eacute;n un espacio literario, un &aacute;mbito en el que se funden el mito, la invenci&oacute;n y la realidad. No en vano las ciudades las construyen tambi&eacute;n los escritores, los novelistas, los dramaturgos y, desde luego, los poetas. Son ellos los que las crean, configuran y remodelan, libro tras libro y siglo tras siglo, en el imaginario colectivo de las gentes." El espacio urbano se ha venido considerando como el recept&aacute;culo geogr&aacute;fico de la civilizaci&oacute;n, mientras que los &aacute;mbitos rurales quedaban relegados a un imaginario un tanto primitivo, natural, de una bonhom&iacute;a sencilla y primaria. Los patrones culturales han ido intercambiando el predominio de ambos referentes a trav&eacute;s de los siglos, desde el consabido "menosprecio de Corte y alabanza de aldea" hasta la actual consideraci&oacute;n de la urbe como modelo de espl&eacute;ndida modernidad. Y muy a tener en cuenta los trasvases migratorios que, en una &eacute;poca u otra, se han producido en un sentido u otro entre ambos n&uacute;cleos sociales.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que resulta innegable es que la ciudad ostenta una s&oacute;lida tradici&oacute;n como protagonista de la mejor literatura contempor&aacute;nea. Basta referirse al Paris de <em>Rayuela</em>, de Cort&aacute;zar;<em> </em>y a <em>Par&iacute;s era un fiesta</em>, de Hemingway o<em> </em>al Dublin de <em>Dublineses </em>y el <em>Ulyses</em>, de Joyce; y c&oacute;mo olvidar <em>La novela de Ferrara</em>, de Giorgio Bassani; <em>La trilog&iacute;a de Nueva York</em>, de Paul Auster; <em>Tokio Blues</em>, de Haruki Murakami; o el Edimburgo de <em>Trainspotting, de Irvine Welsh. </em>En el &aacute;mbito de la literatura espa&ntilde;ola decimon&oacute;nica baste recordar Vetusta, trasunto de Oviedo en <em>La Regenta</em>, de Clar&iacute;n, o el Madrid galdosiano y, ya en el siglo XX y adentr&aacute;ndonos en la ciudad de Barcelona, la relaci&oacute;n de novelas y autores resultar&iacute;a extens&iacute;sima; qued&eacute;monos, a riesgo de injustos olvidos, con <em>Nada</em>, de Carmen Laforet; <em>Los mares del Sur</em>, de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n; <em>La ciudad de los prodigios</em>, de Eduardo Mendoza; o <em>La sombra del </em>viento, de Ruiz Zaf&oacute;n, entre otros muchos t&iacute;tulos. En las letras francesas, <em>Diario de un ladr&oacute;n</em>, de Jean Genet y <em>La Marge</em>, de Pieyre de Mandiargues; y en la literatura catalana, <em>Vida privada</em>, de Josep Maria de Sagarra; <em>Un senyor de Barcelona</em>, de Josep Pla; o <em>La pla&ccedil;a del Diamant</em>, de Merc&egrave; Rodoreda. En estas &uacute;ltimas novelas la Ciudad Condal no es un mero referente ambiental, el&nbsp; simple soporte escenogr&aacute;fico de la acci&oacute;n, sino que se erige en protagonista esencial de los argumentos y, adem&aacute;s, los personajes responden a esa exclusiva identidad urbana, que conforma su origen, mentalidad y actitud.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de los narradores aludidos abrieron su obra a otros espacios geogr&aacute;ficos, pero si hay un novelista que la concentra mayoritariamente en Barcelona, ese es Juan Mars&eacute;. La propia generaci&oacute;n literaria de los a&ntilde;os cincuenta, a la que pertenec&iacute;a, tendr&iacute;a una especial querencia hacia esa ciudad, y basta mencionar en este sentido a Jaime Gil de Biedma o Carlos Barral. Como bien se&ntilde;alara V&aacute;zquez Montalb&aacute;n en su ensayo <em>Barcelonas</em> (1987) no existe en esta ciudad -ni en casi ninguna- un &uacute;nico espacio de configuraci&oacute;n social. Barrios, barriadas, suburbios, zonas residenciales o, en otros tiempos, poblados barraquistas, conforman una diversidad de connotaciones econ&oacute;micas y culturales que, a lo largo del siglo XX y para lo que aqu&iacute; interesa, ir&aacute;n construyendo un imaginario literario en el que Juan Mars&eacute; desarrollar&aacute; sus mejores capacidades narrativas. En sus novelas aparecen predominantemente los barrios correspondientes a los actuales distritos de Sarri&agrave; y Sant Gervasi (en adelante San Gervasio, como aparece en esta narrativa), en la zona alta de la ciudad, con un vecindario tradicional y acomodado; adem&aacute;s de los de Horta-Guinard&oacute; (incluyendo aqu&iacute; el barrio de El Carmel -El Carmelo a partir de ahora-) y Nou Barris, habitados por poblaci&oacute;n trabajadora, de limitado poder adquisitivo, aunque tambi&eacute;n con una clara implantaci&oacute;n de clases medias. Cabe precisar que las historias de Mars&eacute; se desarrollan sobre todo en las d&eacute;cadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, con alguna que otra reminiscencia hacia los a&ntilde;os anteriores a la Guerra Civil, con lo que reflejan un nivel econ&oacute;mico-cultural sensiblemente inferior a la realidad actual, aunque con id&eacute;ntica morfolog&iacute;a social.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> (1966) es una de sus m&aacute;s representativas novelas en orden al protagonismo barcelon&eacute;s, al encaramiento entre estas caracter&iacute;sticas zonas de la ciudad, y donde los personajes aparecen m&aacute;s potentemente vinculados a las mismas. Manolo Reyes, el Pijoaparte, recordemos, es un joven ladronzuelo -"tenebroso hijo de barrio", se nos describe- que vive a salto de mata en la zona casi suburbial de Monte Carmelo; se enamorar&aacute; fantasiosa y equ&iacute;vocamente de Teresa Serrat, hija de la alta burgues&iacute;a catalana y residente en San Gervasio. La tipificaci&oacute;n geogr&aacute;fico-urbana de los ambientes no se hace esperar, y se dedican cinco profusas p&aacute;ginas del inicio de la novela a la descripci&oacute;n de El Carmelo, aunque la m&aacute;s punzante imagen nos la ofrece la madre de Teresa, cuando leemos: "Para la se&ntilde;ora Serrat, el Monte Carmelo era algo as&iacute; como el Congo, un pa&iacute;s remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas." Tambi&eacute;n el Pijoaparte, desde la elevada situaci&oacute;n geogr&aacute;fica de esa zona, contempla en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n "la ciudad desconocida bajo la niebla distante, casi como so&ntilde;ada"; se refuerzan de este modo, respectivamente y entre s&iacute;, las lejanas posiciones sociales con espacios urbanos que suponen un cierto enfrentamiento clasista, de soterrado menosprecio y recelosa relaci&oacute;n. El ambiente universitario -de la Universidad de Barcelona- en el que vive Teresa fricciona igualmente con el desclasamiento del "robamotos" que es Manolo, aunque se haga pasar por obrero comprometido pol&iacute;ticamente. Por decirlo de otra manera: un pobre entre ricos; por cierto, es lo que ven&iacute;a a ser el propio Mars&eacute; entre sus compa&ntilde;eros y amigos de generaci&oacute;n literaria, los Gil de Biedma, Barral, Castellet, etc. Como es sabido, uno de los conseguidos objetivos de esta novela es la ir&oacute;nica desmitificaci&oacute;n de la rebeld&iacute;a estudiantil universitaria, as&iacute; como de las bondades inherentes a la obrera condici&oacute;n social; en esta pretensi&oacute;n, la Barcelona de la lucha antifranquista de finales de los a&ntilde;os cincuenta y principios de los sesenta tiene un protagonismo fundamental. Aparece con cierta frecuencia en esta narrativa la visi&oacute;n enso&ntilde;ada, difuminada, de envolvente lirismo, de una ciudad de desle&iacute;dos contornos, cercana a una est&eacute;tica impresionista; en <em>Rabos de lagartija</em> (2000) se puede leer: "Por la ma&ntilde;ana temprano, arrebujada bajo un cielo aplomado y espectral, la ciudad que se extiende all&aacute; abajo parece un espejismo chafado, reverberando su descalabro de grises frente al mar, un decorado maltrecho que acabaron de repintar los &aacute;ngeles nocturnos, esos que remiendan nuestros sue&ntilde;os al despuntar el d&iacute;a."</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>&Uacute;ltimas tardes...</em> se da un curioso vaiv&eacute;n de variado recorrido por la ciudad, en la medida en que la pareja protagonista callejea sin cesar, reafirmando as&iacute; su relaci&oacute;n y apropi&aacute;ndose libremente de la ciudad que acoge su equ&iacute;voco enamoramiento frecuentando "el bullicio veraniego de las Ramblas, cerveza y calamares en la Plaza Real, lentos paseos por el parque G&uuml;ell, encendidos crep&uacute;sculos contemplados desde el Monte Carmelo." Se adue&ntilde;an as&iacute; de una topograf&iacute;a moral, aparentemente superadora de clases sociales, que hace exclamar melodram&aacute;ticamente a Manolo: "&iexcl;Oh, Teresa, la ciudad es nuestra!". Lo que no impide que se produzca una cierta sensaci&oacute;n de extra&ntilde;amiento entre la propia intimidad sentimental de los personajes y los entornos que les acogen: "A veces tengo la sensaci&oacute;n de... no s&eacute;, de vivir en otra ciudad, desconocida, t&uacute; y yo solos", le dice a Teresa el Pijoaparte. Este vive en perpetua desubicaci&oacute;n espacial, porque aqu&iacute; se cruza un tema b&aacute;sico en la conformaci&oacute;n argumental de la novela: la inmigraci&oacute;n, ya que &eacute;l, desertor del arado, proviene de la localidad malague&ntilde;a de Ronda y ha aterrizado en una realidad urbana que linda con el hampa suburbial y el desacomodo colectivo.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De igual importancia en lo referente al protagonismo de Barcelona es <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> (1973), novela donde encontramos las correr&iacute;as por la desolada ciudad de la postguerra, por el Guinard&oacute; sobre todo, del Java, Sarnita, Mingo... un grupo de muchachos que alimentan su carencia de futuro con "aventis" (ap&oacute;cope de "aventuras"), fantasiosas historias a medio camino entre la leyenda urbana y la m&iacute;sera realidad. Estos ap&oacute;logos populares encuentran su marco f&iacute;sico en las calles de la ciudad, en los rincones de un ocioso esparcimiento. Mars&eacute; imagina, en su columna de la revista <em>Por Favor</em>, en la secci&oacute;n "Confidencia de un chorizo", que este ha recibido una carta de Sarnita en la que se lee: "No renuncio en mis "aventis", siempre que haga el caso, a vengarme de un sistema que saque&oacute; y false&oacute; mi ni&ntilde;ez y mi adolescencia, el sol de mis esquinas." Estas invenciones, un mixtificado ficcionario, son as&iacute; un arma de la memoria justiciera contra un tiempo escamoteado por la violencia fratricida; transcurren en pasajes, callejones, rincones y esquinas donde se fragua una inconsciente&nbsp; conspiraci&oacute;n "antisistema" por as&iacute; decir. En la entrevista del hispanista Samuel Amell a Mars&eacute;, grabada el 12 de noviembre de 1981, este concreta al respecto: "<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> surgi&oacute; porque yo ten&iacute;a ganas de recrear el mundo de mi infancia, las calles, el barrio, los juegos, el tipo de vida que hac&iacute;amos, aquella violencia callejera que hab&iacute;a, etc. (...) Esto, mitificado por la imaginaci&oacute;n juvenil del barrio, junto con las noticias que contaban los adultos, los a&ntilde;os de la represi&oacute;n, la &eacute;poca de mi vida parroquial, las muchachas del centro aquel de la casa de caridad de la calle Verdi..., en fin, todo eso constitu&iacute;a el paisaje de mi infancia." A destacar aqu&iacute; dos referentes caracter&iacute;sticos de esta narrativa: la pormenorizaci&oacute;n del callejero ciudadano, y su condici&oacute;n claramente autobiogr&aacute;fica.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jan Julivert Mon, en <em>Un d&iacute;a volver&eacute; </em>(1982), sale de la c&aacute;rcel Modelo de Barcelona a finales de la primavera de 1959, donde ha cumplido un condena de doce a&ntilde;os por su militancia anarquista, de decidido activismo antifranquista. Antiguo guerrillero urbano -"una sombra prestigiosa del Carmelo"-, ha generado con su regreso la expectaci&oacute;n en el barrio de un posible ajuste de cuentas con los culpables represores del pasado. Aparecen aqu&iacute; los espacios coincidentes con la anterior novela tratada: el cine Roxy, la entidad cultural Los Luises de Gracia, el asilo de ancianos de la calle de San Salvador..., las plazas, calles y organismos civiles que constituyen una vez m&aacute;s la mitograf&iacute;a espacial del autor. Igualmente sucede en <em>Ronda del Guinard&oacute;</em> (1984); donde un viejo inspector de polic&iacute;a inicia un recorrido por Barcelona en una tarde de la postguerra asediado por tortuosos recuerdos y con el fin de esclarecer el caso de la violaci&oacute;n de una adolescente; se encadenan los conocidos &aacute;mbitos de una caracter&iacute;stica vecindad: la Casa de Familia de la calle Verdi, el campo de f&uacute;tbol del Europa, la comisar&iacute;a de la Travesera de Gracia o la iglesia de las &Aacute;nimas. En <em>La oscura historia de la prima Montse</em> (1970) la&nbsp; protagonista, Montse Claramunt, joven idealista perteneciente a una orden seglar dedicada a&nbsp; caritativas actividades sociales, encaja mal en los entornos altoburgueses benefactores de esas iniciativas; se expresa este desencuentro a trav&eacute;s, de nuevo, de significativos entornos escenogr&aacute;ficos: "En el marco incomparable del Club de Tenis La Salud y bajo una maravillosa noche estival cuajada&nbsp; de estrellas se celebr&oacute; con extraordinaria brillantez la verbena a beneficio de la Congregaci&oacute;n de Se&ntilde;oritas Visitadoras, de la que es activa secretaria la se&ntilde;ora Carmen Reixach de Joveller (Menchu de soltera). Montse asisti&oacute;, de mala gana. Los jardines gentilmente cedidos para tan benem&eacute;rito fin aparec&iacute;an bellamente iluminados y engalanados." La demoledora iron&iacute;a sobre el artificioso altru&iacute;smo de las clases altas, de consolidada ascendencia catalana, se ofrece aqu&iacute; en el marco de una velada de refinada ambientaci&oacute;n y elitista entidad social.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se da la curiosa circunstancia de que Mars&eacute; vive en los a&ntilde;os sesenta, reci&eacute;n casado, en un peque&ntilde;o apartamento alquilado de la calle Mayor de Gracia y, a&ntilde;os despu&eacute;s, desde el &aacute;tico que habitar&aacute; podr&aacute; contemplarse el espacio urbano comprendido entre las plazas Sanllehy y Lesseps por un lado, y las Traveseras de Dalt y Gracia por otro; en este &uacute;ltimo barrio transcurri&oacute; tambi&eacute;n su infancia y adolescencia. Es decir, los &aacute;mbitos ciudadanos en los que acontecen buena parte de sus novelas, resultan ser espacios vividos previamente y ficcionados despu&eacute;s o simult&aacute;neamente. La ciudad se erige as&iacute; en veh&iacute;culo e instrumento de la memoria personal, que se transformar&aacute; en colectiva a trav&eacute;s de inolvidables personajes, conflictivas y entra&ntilde;ables situaciones, agridulces desenlaces, y una acerada cr&iacute;tica hist&oacute;rico-social. Esta geograf&iacute;a moral condiciona y posibilita la profundidad introspectiva de los protagonistas, porque en buena medida <em>son</em> los enclaves en que <em>viven</em>, a la vez que un problem&aacute;tico pasado acostumbra a gravitar sobre la realidad del presente; ambas temporalidades se dan en una muy concreta localizaci&oacute;n ciudadana.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cap&iacute;tulo aparte merece la presencia de los cines de barrio en las novelas de Mars&eacute;. Muchos de ellos han ido tristemente desapareciendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. El cine form&oacute; parte de la educaci&oacute;n sentimental de varias generaciones, una distracci&oacute;n popular que era a la vez un medio de cohesi&oacute;n social, de encuentro del vecindario, donde se mezclaban entretenimiento, arte, ocio cultural y tardes de programa doble, variedades diversas entre pel&iacute;culas y selecto ambig&uacute;; todo&nbsp; un mundo de ficciones visuales, que alimentar&iacute;a la literatura de escritores como Terenci Moix, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Vicente Molina Foix, Alberto Fuguet, o Guillermo Cabrera Infante entre tantos otros. Muchas de las novelas del mismo Mars&eacute; han sido llevadas a la pantalla grande, con su general descontento, por cierto. De entre los cines que pululan en su literatura destaca el cine Delicias, situado en la Travesera de Gracia; funcionaba ya en 1925 y en los a&ntilde;os sesenta pas&oacute; a ser gestionado por la influyente empresa Bala&ntilde;a; cerr&oacute; sus puertas en diciembre de 1987. Sin olvidar el cine Rovira, en la plaza graciense del mismo nombre; su inauguraci&oacute;n data de principios del siglo XX; durante la Guerra Civil se vio incautado por la CNT-FAI, y cerr&oacute; en 1965. Ahora bien, sin duda el m&aacute;s conocido en la obra de Mars&eacute; es el Roxy, "un cine de reestreno preferente / que iluminaba la plaza Lesseps", como rezan los versos de <em>El fantasma del cine Roxy</em>,&nbsp; la canci&oacute;n de Serrat, en cuya letra colabor&oacute; el escritor, quien un a&ntilde;o antes hab&iacute;a publicado su conocido relato de igual t&iacute;tulo. Este cine se inaugur&oacute; en abril de 1941 con la proyecci&oacute;n -<em>Temps era temps</em>, otra canci&oacute;n de Serrat- del film <em>Robert Koch, el vencedor de la muerte</em>, de la emblem&aacute;tica productora alemana UFA. Ech&oacute; el cierre en noviembre de 1968, y durante los a&ntilde;os anteriores acogi&oacute; tambi&eacute;n bailes, conciertos y verbenas, un elemento m&aacute;s de comunitaria identificaci&oacute;n social. El cine como arte -el cl&aacute;sico sobre todo- y las salas de proyecci&oacute;n constituyen un elemento fundamental del imaginario literario de Mars&eacute;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la narrativa de Juan Mars&eacute; se recorren varias Barcelonas: la de la alta burgues&iacute;a catalana, la marcada por los desastres de la Guerra Civil, la que vive en el imaginario de legendarias "aventis", la que enmarca un eficaz melodramatismo ir&oacute;nico, la de extracci&oacute;n obrera y ascendencia vagamente anarquista, la de las salas de cine uniendo a un vecindario de popular familiaridad, la que a&ntilde;ora ic&oacute;nicas heroicidades del pasado, la de una postguerra de estraperlo y racionamiento, la que conoce la persistencia de una miseria barraquista no exenta de cierta dignidad, la de una picaresca sobrevivencial y, en definitiva, la que se diversifica en varios registros narrativos que se mantienen entre nosotros con plena vigencia lectora, memoria viva ya de un ayer documentado con la potencia de la ficci&oacute;n y la excelencia de la mejor literatura.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 07:08:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eugenio Trías: Apología de una vida esclarecida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/euganio-trias-apologia-de-una-vida-esclarecida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/trias500.jpg" alt="" /></p>
<p>El pasado a&ntilde;o celebramos los diez a&ntilde;os de la muerte de Eugenio Tr&iacute;as, acaecida el 10 de febrero de 2013. Tr&iacute;as es, sin duda, uno de los grandes fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles de la segunda mitad del siglo XX, que viene a cerrar hasta la fecha esa rica tradici&oacute;n filos&oacute;fica espa&ntilde;ola, iniciada con Unamuno y Ortega y Gasset y que llega hasta Mar&iacute;a Zambrano, pasando por Zubiri. La conmemoraci&oacute;n de los diez a&ntilde;os de su muerte fue una buena ocasi&oacute;n para revisitar su obra y adentrarse en su aventura filos&oacute;fica, que queremos ahora presentar.</p>
<p>Tr&iacute;as naci&oacute; el 31 de agosto de 1942 en la ciudad de Barcelona. Se gradu&oacute; en Filosof&iacute;a en la Universidad de Barcelona en 1964, aunque la segunda etapa de sus estudios de licenciatura (entre los a&ntilde;os 1961 y 1963) los realizar&iacute;a primero en Pamplona, donde conoci&oacute; al profesor Leonardo Polo, al que siempre reconoci&oacute; como su maestro y una influencia crucial para su proyecto filos&oacute;fico de superar el l&iacute;mite trascendental kantiano; y, posteriormente, en Alemania, en las ciudades de Bonn y Colonia. Su estancia en Alemania ser&aacute; decisiva para su formaci&oacute;n, ya que le pondr&aacute; en contacto tanto con los grandes pensadores alemanes (Gadamer, Heidegger, Hegel, Schelling y Kant), como con sus grandes escritores y poetas (Goethe, Rilke, H&ouml;lderlin, Stefan George, Thomas Mann).&nbsp; A partir de ese momento Tr&iacute;as se mover&aacute; siempre con soltura entre la filosof&iacute;a y la literatura.</p>
<p>Desde 1965 fue profesor asistente, y luego asociado, de filosof&iacute;a en las Universidades Central y Aut&oacute;noma de Barcelona, respectivamente. En el a&ntilde;o acad&eacute;mico 1972-73, viaj&oacute; a Brasil y Argentina, donde imparti&oacute; cursos y conferencias. All&iacute; contact&oacute; con Oscar Masotta y el grupo de psicoanalistas freudianos y lacanianos, quienes influir&iacute;an poderosamente en sus obras posteriores. En 1976 obtuvo el puesto de profesor asistente de Est&eacute;tica y Composici&oacute;n en la Escuela T&eacute;cnica Superior de Arquitectura de Barcelona. A partir de este momento llega la impronta del famoso "archipi&eacute;lago de las artes" que impregna su trabajo y que lo llevar&aacute; a concebir un concepto de raz&oacute;n en di&aacute;logo continuo con lo que llam&oacute; las artes del s&iacute;mbolo y el espacio. En 1986 obtuvo la c&aacute;tedra de filosof&iacute;a en la ETSAB, en la que permanecer&aacute; hasta 1992. Ese a&ntilde;o es nombrado Catedr&aacute;tico de Est&eacute;tica y Teor&iacute;a de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde ejercer&iacute;a su magisterio hasta su muerte.&nbsp;</p>
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<ol start="1">
<li>Los or&iacute;genes del pensamiento filos&oacute;fico de Tr&iacute;as: la filosof&iacute;a francesa de los a&ntilde;os 50 y 60</li>
</ol>
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<p>Tr&iacute;as inaugura su aventura filos&oacute;fica con la obra <em>La filosof&iacute;a y su sombra</em> (1969), de clara inspiraci&oacute;n estructuralista, centrada ya en la idea de &laquo;l&iacute;mite&raquo;, que aparece ahora como barra demarcadora (/) entre saber y no saber, entre la filosof&iacute;a y su sombra, para posteriormente ir a ocupar un lugar central en su propuesta filos&oacute;fica. En esta obra Tr&iacute;as intenta ampliar los estrechos l&iacute;mites de una raz&oacute;n que ha dejado fuera de s&iacute; sus sombras: la pasi&oacute;n, los sue&ntilde;os, lo m&iacute;tico, lo religioso. La nueva filosof&iacute;a debe hacer dialogar a la raz&oacute;n con esas sombras, con el fin de volverla l&uacute;cida y consciente de todo aquello que, con su saber normativo, elude y margina. Tr&iacute;as pretende acabar con la ingenuidad del proyecto moderno conduci&eacute;ndolo a una verdadera madurez de la Raz&oacute;n.</p>
<p>A pesar de ello, las siguientes obras de este per&iacute;odo, <em>Filosof&iacute;a y Carnaval</em> (1970) y <em>La dispersi&oacute;n</em> (1971) &mdash;de clara inspiraci&oacute;n nietzscheana, escritas en un tono de cr&iacute;tica y rebeld&iacute;a, muy propio de esa generaci&oacute;n espa&ntilde;ola del 68 en la que se incluyen Savater y Rubert de Vent&oacute;s&mdash; reivindican un pensamiento afor&iacute;stico, vital, autobiogr&aacute;fico y asistem&aacute;tico. A pesar de eso, Tr&iacute;as, un pensador at&iacute;pico y heterodoxo, se presenta ya como un "pensador metaf&iacute;sico" &mdash;inoportuno para un tiempo dominado por el neo-positivismo, la filosof&iacute;a anal&iacute;tica y el marxismo&mdash; en su obra <em>Metodolog&iacute;a del pensamiento m&aacute;gico</em> (1971), en la que defiende, en la l&iacute;nea de Levi-Strauss, el pensamiento m&aacute;gico como matriz de toda raz&oacute;n humana y primera metaf&iacute;sica en la historia de la Humanidad, que debe ser recuperado ahora en los nuevos estudios de antropolog&iacute;a y ciencias humanas.</p>
<p>En esta primera fase de su filosof&iacute;a explora una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica, apropiada para un sujeto escindido, como el que describ&iacute;an el psicoan&aacute;lisis, el estructuralismo y las ciencias sociales de los a&ntilde;os 60, de procedencia francesa, cuyos autores &mdash;entre los que brillan nombres como Foucault, Levi-Strauss, L&eacute;vy-Bruhl, Lacan, Althusser, Deleuze o Derrida&mdash;, Tr&iacute;as lee con pasi&oacute;n y detenimiento. Sin embargo, a pesar de esa impronta de &eacute;poca, late en su pensamiento un anhelo explicativo m&aacute;s omniabarcador, de cariz metaf&iacute;sico y religioso, que no abandonar&aacute; nunca en su aventura filos&oacute;fica.</p>
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<ol>
<li>A la b&uacute;squeda de la propia identidad: el exilio americano</li>
</ol>
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<p>Como el propio Tr&iacute;as relata en su libro <em>El &aacute;rbol de la vida</em> (2003), que recoge sus memorias hasta 1975, a&ntilde;o de la muerte de Franco y de su retorno a Espa&ntilde;a desde Buenos Aires, el a&ntilde;o 1972 ser&aacute; determinante en su vida. Distintas circunstancias personales le llevan a tomar una decisi&oacute;n extraordinaria: dejarlo todo y viajar, junto con su hermano Carlos, a Latinoam&eacute;rica. Dicho exilio voluntario, fruto de la ruptura con todo lo anterior, ir&aacute; acompa&ntilde;ado de la firme resoluci&oacute;n de que, a partir de ahora, el &uacute;nico tema de su filosof&iacute;a ser&iacute;a su propia vida. Esta decisi&oacute;n marcar&aacute; el tono &eacute;tico y gn&oacute;stico de su filosof&iacute;a, que en esta &eacute;poca se canalizar&aacute; hacia el psicoan&aacute;lisis, en su versi&oacute;n freudiana y lacaniana, como v&iacute;a para el conocimiento de s&iacute; mismo.</p>
<p>Esa experiencia del exilio, la de la traves&iacute;a por lo extra&ntilde;o en busca de la propia identidad, quedar&aacute; claramente reflejada en todas las obras de este per&iacute;odo. En su primera obra publicada despu&eacute;s de su retorno, <em>Drama e identidad</em> (1974), Tr&iacute;as tematizar&aacute; la distinci&oacute;n entre culturas dram&aacute;ticas y tr&aacute;gicas: aqu&eacute;llas tienen un origen y un fin al que retornar (como en la Odisea), mientras que &eacute;stas han perdido el origen y ya no tienen una &Iacute;taca a la que regresar. Vemos c&oacute;mo la experiencia personal y autobiogr&aacute;fica conforma la base para formular una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica, la de un sujeto escindido, en continuo exilio y &eacute;xodo, empe&ntilde;ado en la continua b&uacute;squeda y conocimiento de s&iacute;, porfiando por la realizaci&oacute;n plena de su vocaci&oacute;n interior, de su destino, en un mundo marcado por el nihilismo y la muerte de Dios.</p>
<p>Ese sujeto que retorna de su exilio, empero, no se mueve aislado en el &aacute;mbito de un solipsismo radical, sino en el marco de la ciudad, a la que llega, como Jon&aacute;s, para desplegar en ella su actividad poi&eacute;tica y contemplativa; en realidad, prof&eacute;tica. Tal ser&aacute; la tem&aacute;tica desarrollada en <em>El artista y la ciudad</em> (1976), una nueva versi&oacute;n de su tesis de licenciatura, que retomar&aacute; este viejo tema plat&oacute;nico para adaptarlo a los tiempos presentes: el conflicto entre <em>eros </em>y <em>poiesis</em>, entre contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n, en el &aacute;mbito urbano. El libro rezuma la experiencia de un Tr&iacute;as que, tras su exilio voluntario, vuelve a Barcelona para incorporarse al claustro de la Escuela de Arquitectura, donde durante diecisiete a&ntilde;os impartir&aacute; la asignatura de Est&eacute;tica y Composici&oacute;n. Ser&aacute; en ese di&aacute;logo fluido con los arquitectos donde se frag&uuml;en las ideas de &laquo;ciudad&raquo;, &laquo;alzado&raquo;, &laquo;proyecci&oacute;n&raquo; y &laquo;l&iacute;mite&raquo;, que ir&aacute;n cobrando un lugar central en su producci&oacute;n y reflexi&oacute;n filos&oacute;ficas del per&iacute;odo intermedio.</p>
<p>Como siempre en su obra, a ese movimiento de despliegue hacia fuera le seguir&aacute; un movimiento de repliegue, vislumbr&aacute;ndose ese juego de expansi&oacute;n y contracci&oacute;n que en su obra filos&oacute;fica posterior tematizar&aacute; como las dos potencias del l&iacute;mite. De la mano de Spinoza, en <em>Meditaci&oacute;n sobre el poder</em> (1977), abordar&aacute; el papel del sujeto desde la noci&oacute;n de &laquo;poder&raquo;, de clara raigambre nietzscheana. Resuena aqu&iacute; el <em>amor sui </em>como fuente de alegr&iacute;a, motor de la verdadera eticidad, alejado de toda comprensi&oacute;n de la muerte como angustia. El temor ante la muerte no nace de la angustia ante la finitud, como quer&iacute;a Heidegger, sino que refleja el miedo a malograr, o malversar, nuestro propio poder, como ya lo se&ntilde;alara Deleuze en su lectura nietzscheana de Spinoza. Poder de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n, goce del que, saliendo de s&iacute;, se afirma en la vida, inscribiendo su huella y trazo propios en la comunidad y en el curso de la historia.</p>
<p>&nbsp;Este sujeto din&aacute;mico y vital, radicalmente temporal, en pleno desarrollo de s&iacute; mismo, vive siempre en la tesitura de olvidar o recordar, como lo muestra en ese hermos&iacute;simo op&uacute;sculo, casi olvidado, <em>La memoria perdida de las cosas </em>(1978). La profunda impronta de la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a alemanas &mdash;Goethe, Rilke, H&ouml;lderlin y Benjamin&mdash; advierten al autor, entrado en el mediod&iacute;a de su existencia, de las mentiras y trampas de la memoria. En esta especie de mirada atr&aacute;s, en este primer juicio sobre su propia vida, Tr&iacute;as retorna a sus amores de juventud &mdash;Mann (<em>Thomas Mann. El intelectual y su obra</em>, 1980) y a Goethe (<em>Prefacio a Goethe</em>, 1981)&mdash;, con la distancia que da el tiempo, para evaluar su impronta y huella en la propia trayectoria vital.</p>
<p>Junto a esta vuelta a su per&iacute;odo de formaci&oacute;n en Alemania, ocupar&aacute; un lugar central ahora la rememoraci&oacute;n de esa experiencia amorosa, traum&aacute;tica y decisiva, que motiv&oacute; su forzado exilio a Latinoam&eacute;rica. Los dulces y temibles ecos de la pasi&oacute;n son analizados, de la mano de Lacan, en la lectura que de ese fen&oacute;meno radical del <em>amor-pasi&oacute;n</em>, central en la l&iacute;rica trovadoresca de la <em>terra del</em> <em>migdia</em> en la que naci&oacute; el autor, realiza Tr&iacute;as en su <em>Tratado de la Pasi&oacute;n</em> (1979). Descender a los &iacute;nferos del propio fondo pasional, atravesar con el intelecto la memoria de esa huella profunda en la propia vida, confrontarse con el otro Yo, es atravesar el coraz&oacute;n de las tinieblas que nos lleva a desvelar el lado siniestro de la belleza, como proclamar&aacute; en su obra <em>Lo bello y lo siniestro </em>(1982). Esa experiencia de desfondamiento pasional aporta la clave para analizar la categor&iacute;a de lo bello desde lo siniestro, como ya supieron los rom&aacute;nticos, pioneros en este aspecto que aborda el psicoan&aacute;lisis de Freud y Lacan, con el que Tr&iacute;as ya estaba familiarizado desde su estancia en Buenos Aires. Estas dos obras reportar&iacute;an reconocimiento y fama a nuestro autor, quien lograr&iacute;a con ellas una lograda s&iacute;ntesis entre tradici&oacute;n y modernidad, entre clasicismo y romanticismo, como quer&iacute;a su amado Goethe.</p>
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<li>De la pol&iacute;tica al principio de variaci&oacute;n</li>
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<p>Sin embargo, esta rememoraci&oacute;n de la experiencia juvenil del amor-pasi&oacute;n y de la dimensi&oacute;n siniestra de la belleza, va acompa&ntilde;ada de un nuevo movimiento hacia el exterior. Entre ambas obras, Tr&iacute;as publica en el a&ntilde;o 1981 el libro con el que inicia su reflexi&oacute;n pol&iacute;tica, en torno a las relaciones entre Espa&ntilde;a y Catalu&ntilde;a. Hablamos de la menos conocida, pero fundamental en su producci&oacute;n, <em>El pensamiento c&iacute;vico de Joan Maragall</em> (1981). Este enigm&aacute;tico texto, bifronte, conforma un d&iacute;ptico cuyo sentido se nos escapa. La primera parte est&aacute; dedicada a reivindicar el vitalismo nietzscheano del mayor poeta cat&oacute;lico de la burgues&iacute;a catalana: Joan Maragall. Ese nietzscheanismo vitalista, una nueva forma de espiritualismo lindando con el pante&iacute;smo, queda patente en su <em>Leyenda del Comte Arnau</em>, penetrantemente analizada por Tr&iacute;as. Pero en la segunda parte del texto, cuyo tono cambia radicalmente, Tr&iacute;as se dedica a analizar los pormenores del conflicto entre las diferentes fuerzas revolucionarias y la burgues&iacute;a que dieron origen al famoso episodio de la Semana Tr&aacute;gica, paso obligado y traum&aacute;tico en la modernizaci&oacute;n de Barcelona, forjada sobre el conflicto social que acab&oacute; en derramamiento de sangre, lo que conducir&aacute; al poeta, en su &laquo;Oda a Barcelona&raquo;, su verdadero testamento vital, a reivindicar el perd&oacute;n como &uacute;nica v&iacute;a para acometer la reconstrucci&oacute;n de la paz civil que asegura la convivencia, para lo cual cada una de las partes debe reconocer su parte de culpa en el conflicto.</p>
<p>A la luz de este texto resulta totalmente coherente el proyecto presentado por Tr&iacute;as para su tesis doctoral (<em>El lenguaje del perd&oacute;n</em>, 1981), dedicada a Hegel, en la que se pregunta por qu&eacute; aqu&eacute;l abandon&oacute; su concepci&oacute;n rom&aacute;ntica del amor de la &eacute;poca de Jena para pensar el conflicto social en forma de lucha a muerte de las autoconciencias por el se&ntilde;or&iacute;o y el reconocimiento. Hegel renuncia as&iacute; a la dimensi&oacute;n solipsista de una concepci&oacute;n rom&aacute;ntica del amor para introducir la mediaci&oacute;n social &mdash;a trav&eacute;s de las experiencias del trabajo, el lenguaje y el amor&mdash; en la vertebraci&oacute;n de la propia subjetividad. Dicha tesis finalizar&aacute; con la ineludible cuesti&oacute;n del perd&oacute;n como tema central. No resulta casual que, justo entonces, Espa&ntilde;a se encuentre de nuevo sumida en el dilema del perd&oacute;n, tras un intento de golpe de Estado que hab&iacute;a vuelto a reabrir la incurable herida de las dos Espa&ntilde;as de la Guerra Civil, haciendo peligrar la reci&eacute;n estrenada y precaria democracia.</p>
<p>Este per&iacute;odo se cierra con uno de los textos m&aacute;s enigm&aacute;ticos, si no el que m&aacute;s, de la producci&oacute;n filos&oacute;fica de Tr&iacute;as: <em>Filosof&iacute;a del Futuro </em>(1983). Tras estudiar con detalle las categor&iacute;as de lo bello y lo siniestro, Tr&iacute;as se lanza ahora a pensar las relaciones de lo singular y lo universal en la Filosof&iacute;a y el Arte. Dichas relaciones fueron el tema de inter&eacute;s de la est&eacute;tica rom&aacute;ntica e idealista, con la que los modernos se enfrentan a la herencia nominalista de la Baja Edad Media, recuperando la discusi&oacute;n en torno al problema de los universales. En el marco de esta reflexi&oacute;n Tr&iacute;as encontr&oacute; uno de sus principios filos&oacute;ficos, que vendr&iacute;a a hibridar posteriormente con la idea de l&iacute;mite: el &laquo;principio de variaci&oacute;n&raquo;. Las relaciones entre lo universal y lo singular (&laquo;Ideas&raquo; en la Filosof&iacute;a, &laquo;S&iacute;mbolos&raquo; en el Arte) marcan un <em>perpetuum mobile</em>, sin origen ni fin. En el seno de esta metaf&iacute;sica, de cu&ntilde;o vitalista, en la que la vida se debate entre universalizaci&oacute;n y singularizaci&oacute;n, irrumpir&aacute; el l&iacute;mite como impronta del giro &eacute;tico de la metaf&iacute;sica.</p>
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<li>El nacimiento de la &lsquo;filosof&iacute;a del l&iacute;mite&rsquo;</li>
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<p>El nacimiento de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite tendr&aacute; lugar en los a&ntilde;os ochenta con la publicaci&oacute;n de <em>Los l&iacute;mites del mundo</em> (1985). En una peculiar lectura de Kant, Heidegger y Wittgenstein, que busca formular una nueva noci&oacute;n de raz&oacute;n, se le revelar&aacute; al autor, de un modo todav&iacute;a no muy consciente, la idea central de &lsquo;ser del l&iacute;mite&rsquo;, conjunci&oacute;n de ontolog&iacute;a y epistemolog&iacute;a. La exploraci&oacute;n de los l&iacute;mites de la raz&oacute;n (pensar-decir) en dichos pensadores constituye el camino preparatorio para el &laquo;acceso &eacute;tico&raquo; al l&iacute;mite como realidad ontol&oacute;gica, generadora de ser, vida y sentido. Kant, Hegel y Wittgenstein siempre hab&iacute;an hablado del l&iacute;mite como un muro o barrera (<em>Schranke</em>) impenetrable. El acierto de Tr&iacute;as es darle la vuelta a esa noci&oacute;n desde la dimensi&oacute;n &eacute;tica que sit&uacute;a al sujeto en un terreno fronterizo, a caballo entre un cerco herm&eacute;tico y el cerco del aparecer, desde el que el l&iacute;mite aparece como suelo metaf&iacute;sico, <em>limes</em>, frontera (<em>Grenze</em>), redefini&eacute;ndose al sujeto vinculado con &eacute;l como &laquo;habitante fronterizo&raquo;. Tal es el &laquo;giro metaf&iacute;sico&raquo; de la filosof&iacute;a triasiana, preanunciado tambi&eacute;n en autores como Levinas y Derrida, en los que la presencia de Schelling y Kierkegaard resulta clave, y para los cuales urg&iacute;a un giro m&aacute;s all&aacute; de la ontolog&iacute;a, hacia la metaf&iacute;sica, que habr&iacute;a de ser de naturaleza &eacute;tica: tendr&iacute;a lugar en el &aacute;mbito de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, a manos de la libertad. Ese giro radica en el descubrimiento, no de la dimensi&oacute;n trascendental del l&iacute;mite en el pensar-decir, sino de su car&aacute;cter trascendente con respecto a la raz&oacute;n, a la que desborda, convirti&eacute;ndose as&iacute; en ra&iacute;z misma de lo real.&nbsp;</p>
<p>El descubrimiento de esta idea innovadora ir&aacute; siendo colonizado progresivamente por su autor. La idea de l&iacute;mite, como &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo;, ser&aacute; objeto de una reflexi&oacute;n pormenorizada en <em>La aventura filos&oacute;fica</em> (1988) &mdash;una de sus obras m&aacute;s incomprendidas e importantes, debido en parte a los avatares del sello editorial que poco despu&eacute;s tuvo que cerrar, con lo que el libro no fue reeditado&mdash;, en la que establece un v&iacute;nculo radical entre el proceder met&oacute;dico y el acceso al ser del l&iacute;mite, una caracter&iacute;stica genuinamente moderna del trabajo filos&oacute;fico triasiano. Todo acceso a una verdad metaf&iacute;sica est&aacute;, por lo tanto, acompa&ntilde;ado por el procedimiento met&oacute;dico que la revela, y que constituye una parte intr&iacute;nseca de su significado. Adem&aacute;s, esa idea del l&iacute;mite y de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo; es explorada &mdash;como en el <em>Parm&eacute;nides</em> plat&oacute;nico&mdash; en su dial&eacute;ctica interna, en sus potencias conjuntiva y disyuntiva, cuya reflexividad, a diferencia de la reflexividad absoluta de lo negativo en Hegel, da lugar a una circularidad abierta y quebrada, incapaz de cerrarse sobre s&iacute; misma, continuamente productiva y productora. Parad&oacute;jicamente, nos encontramos a&uacute;n en el marco de una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica en la que el ser del l&iacute;mite que se recrea se configura como un inicio sin fin (abismo) y un fin sin final (futuro escatol&oacute;gico).</p>
<p>Esta idea de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo; se mostrar&aacute; extremadamente f&eacute;rtil en su despliegue hacia el exterior. En su <em>L&oacute;gica del l&iacute;mite</em> (1991), Tr&iacute;as ensaya una peculiar g&eacute;nesis de un &laquo;sistema de las artes&raquo; partiendo de las artes fronterizas (m&uacute;sica y arquitectura), formalizadoras del espacio y el tiempo humanos, para desde all&iacute; elevarse a las artes del signo y el s&iacute;mbolo, pre&aacute;mbulo necesario para las artes del lenguaje y la escritura. De un modo magistral, su autor explora aqu&iacute; la dimensi&oacute;n espacial y topol&oacute;gica de la idea de l&iacute;mite, en su constituci&oacute;n de un espacio y un tiempo humanos como base del mundo habitable, construido simb&oacute;licamente.</p>
<p>En una de sus obras clave, <em>La edad del esp&iacute;ritu</em> (1994), recreaci&oacute;n de la memoria viva de la tradici&oacute;n occidental que se remonta a sus or&iacute;genes, surgir&aacute; con fuerza la noci&oacute;n de &laquo;s&iacute;mbolo&raquo;, que llegar&aacute; a hibridarse con fortuna con la noci&oacute;n de l&iacute;mite, previamente conquistada. El intento de promover la uni&oacute;n entre &laquo;simbolismo&raquo; y &laquo;raz&oacute;n fronteriza&raquo; marca, seg&uacute;n Tr&iacute;as, los dos grandes ciclos (simb&oacute;lico y racional) que caracterizan el despliegue de la historia occidental, en el curso de la cual surgir&aacute;n las categor&iacute;as de la raz&oacute;n fronteriza (materia, cosmos, presencia, logos, claves, m&iacute;stica y s&iacute;mbolo). Estas siete categor&iacute;as corresponden a los siete eones que explican la lectura que Tr&iacute;as hace de la historia a partir de su idea de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo;. Ser&aacute; aqu&iacute; donde la idea de l&iacute;mite se funda con el &laquo;principio de variaci&oacute;n&raquo;, facilitando que una idea, la de l&iacute;mite, que parece meramente topol&oacute;gica y espacial, se vuelva din&aacute;mica y temporal, dando lugar a una ley hist&oacute;rica de progresi&oacute;n, de naturaleza variacional.</p>
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<li>La ciudad del l&iacute;mite</li>
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<p>Con la obra monumental de 1994, su gran obra, Tr&iacute;as sienta las bases para el despliegue de su filosof&iacute;a del l&iacute;mite en los diferentes espacios y esferas de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica: primero, en el &aacute;mbito de una filosof&iacute;a de las religiones [<em>Diccionario del esp&iacute;ritu</em> (1996), <em>Pensar la religi&oacute;n</em> (1997) y <em>&iquest;Por qu&eacute; necesitamos religi&oacute;n?</em> (2000)]; segundo, en el de la epistemolog&iacute;a (<em>La raz&oacute;n fronteriza</em>, 1999) y tercero, en el dominio de la &eacute;tica (<em>&Eacute;tica y condici&oacute;n humana</em>, 2000) y de la pol&iacute;tica (<em>La pol&iacute;tica y su sombra</em>, 2005). De esta manera Tr&iacute;as considera haber desplegado la noci&oacute;n de &laquo;ser del l&iacute;mite que se recrea&raquo;, con su binomio de raz&oacute;n fronteriza y suplemento simb&oacute;lico, en todas las llanuras f&eacute;rtiles del pensamiento humano.</p>
<p>En <em>Ciudad sobre Ciudad. Arte, religi&oacute;n y &eacute;tica en el cambio de milenio</em> (2001) Tr&iacute;as reconstruye su propuesta de una filosof&iacute;a del l&iacute;mite bajo la sugerente imagen de una &laquo;ciudad del l&iacute;mite&raquo;. Esta ciudad estar&iacute;a compuesta por cuatro barrios, correspondientes respectivamente al uso te&oacute;rico y pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n fronteriza, y de su suplemento simb&oacute;lico. El barrio ontol&oacute;gico, donde la raz&oacute;n fronteriza, en su uso te&oacute;rico, se confronta con el dato originario de la existencia, que no puede producir, sino que s&oacute;lo es capaz de formalizar mediante la idea de un l&iacute;mite y un m&aacute;s all&aacute; del l&iacute;mite. Como bien vio Schelling en su disputa con Hegel, los l&iacute;mites de la raz&oacute;n nos abocan al dato originario de la existencia que la raz&oacute;n no puede poner por s&iacute; misma. Tal era el tema de <em>Los l&iacute;mites del mundo</em> (1985), pero de un modo mucho m&aacute;s claro en <em>La raz&oacute;n fronteriza</em> (1999). A continuaci&oacute;n, el barrio &eacute;tico-pol&iacute;tico, explorado por Tr&iacute;as en sus obras <em>&Eacute;tica y condici&oacute;n humana</em> (2000) y <em>La pol&iacute;tica y su sombra</em> (2005), correspondiente al uso pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n fronteriza, en el que la condici&oacute;n humana es definida como fronteriza, lo cual le lleva&nbsp; a cumplir con el imperativo de ajustarse a su propia condici&oacute;n, evitando el exceso de identificarse con el imperativo categ&oacute;rico (voz del Padre muerto, Ley, etc.) y el defecto de no llegar a elevarse a dicha condici&oacute;n fronteriza, negando la dimensi&oacute;n herm&eacute;tica de toda existencia humana. El &laquo;barrio religioso&raquo; que corresponde al uso simb&oacute;lico de la raz&oacute;n fronteriza, que ya se abord&oacute; en <em>La edad del esp&iacute;ritu </em>(1994) y en su trabajo <em>Pensar la religi&oacute;n</em> (1999), muestra al hombre en su cita con lo sagrado, luchando denodadamente con el cerco herm&eacute;tico, lucha que dar&aacute; origen a la diversidad de lenguajes simb&oacute;licos de las diferentes tradiciones religiosas. Finalmente, el cuarto barrio, el art&iacute;stico, donde el uso pr&aacute;ctico del simbolismo, que se lleva a cabo a trav&eacute;s de las artes, sirve para dar forma a la materia conformando el mundo humano (el famoso &laquo;mundo interpretado&raquo; de Rilke):&nbsp; primero, con la m&uacute;sica y la arquitectura; y luego, con las artes de la danza y el cuerpo, para finalmente llegar a las artes del signo y la imagen, como ya las sistematiz&oacute; en su obra <em>L&oacute;gica del l&iacute;mite</em> (1990).&nbsp;</p>
<p>Esta ciudad del l&iacute;mite, forjada en esa obra de cambio de milenio, recoge, en una imagen clara, toda su propuesta de una filosof&iacute;a del l&iacute;mite. Dicha filosof&iacute;a del l&iacute;mite, fruto de la lectura de la tradici&oacute;n espiritual de Occidente elaborada en <em>La edad del esp&iacute;ritu</em>, arroj&oacute; como fruto las nociones de &laquo;raz&oacute;n fronteriza&raquo; y &laquo;suplemento&raquo; simb&oacute;lico, o sea, la necesaria correcci&oacute;n de la Ilustraci&oacute;n y el Romanticismo, en la exigencia de que ambas llegaran a un maridaje que no dejara fuera nada de lo relevantemente humano, en un horizonte escatol&oacute;gico de s&iacute;ntesis que gu&iacute;a el actual e&oacute;n de una edad del esp&iacute;ritu para la condici&oacute;n e historia humanas.&nbsp;</p>
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<li>La &uacute;ltima prueba: la verdad de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite</li>
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<p>Por su propia naturaleza, como hemos visto, la noci&oacute;n de l&iacute;mite, emergida en el decurso de la aventura filos&oacute;fica triasiana, no pod&iacute;a presentarse como una teor&iacute;a universalista y necesaria de la Raz&oacute;n, como quer&iacute;a Hegel, en la que la libertad individual quede subsumida en la necesidad esencial de despliegue de un Esp&iacute;ritu absoluto. Por el contrario, en la l&iacute;nea de Schelling, Tr&iacute;as aboga por un ideal-realismo en el que el acceso a lo real ha de ser libre porque la realidad precede siempre a la raz&oacute;n y no puede ser fundado por &eacute;sta, lo cual supone que la raz&oacute;n es de naturaleza ext&aacute;tica: puesto en lo real, fuera de la realidad misma. Por eso, toda filosof&iacute;a ha de considerarse una propuesta &mdash;de ah&iacute; la original ex&eacute;gesis que Tr&iacute;as hace de la ra&iacute;z alemana de &laquo;setzen&raquo;, &laquo;Satz&raquo;, &laquo;vorsetzen&raquo; elaborada por el Idealismo alem&aacute;n&mdash; que la libertad ha de someter a prueba.&nbsp;</p>
<p>Esa reelaboraci&oacute;n de la noci&oacute;n de verdad, entendida como interpretaci&oacute;n variacional, es la que aborda en <em>El hilo de la verdad</em> (2004), con la cual se puede dar por cerrado su <em>sistema filos&oacute;fico</em>. La verdad o falsedad no es meramente una adecuaci&oacute;n entre una idea externa a la realidad y una realidad de naturaleza extramental, la cl&aacute;sica <em>adaequatio rei et intellectus</em>, sino que la raz&oacute;n, donde idea y s&iacute;mbolo se hibridan, se abre a la realidad para iluminarla, a la par que la realidad se abre a la raz&oacute;n para vivificarla y animarla. En esta extra&ntilde;a s&iacute;ntesis de raz&oacute;n y vida, de vida &laquo;esclarecida&raquo;, que constituye el hilo rojo de la Verdad que nada puede romper aunque se adelgace, como dec&iacute;a su amado Calder&oacute;n de la Barca, se funda el criterio hermen&eacute;utico que sirve para interpretar todo simbolismo a la luz de la raz&oacute;n.&nbsp; El simbolismo encuentra su criterio y su fuente en las ideas de la Raz&oacute;n que lo gu&iacute;an, mientras que la Idea muestra su grado de verdad en la capacidad que tiene de generar un simbolismo capaz de iluminar la realidad.</p>
<p>As&iacute; la verdad de una propuesta filos&oacute;fica se muestra en la capacidad que tiene de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de otras propuestas filos&oacute;ficas anteriores, ilumin&aacute;ndolas y dot&aacute;ndolas de un nuevo sentido, sacando a la luz alguna verdad escondida y latente a la sombra. En esta teor&iacute;a de la Verdad, de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n y acceso, se encuentra el &laquo;coraz&oacute;n de las tinieblas&raquo; de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite.&nbsp;</p>
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<li>Del amor y la muerte</li>
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<p>Terminada y sistematizada su propuesta filos&oacute;fica, Tr&iacute;as dedic&oacute; su &uacute;ltima d&eacute;cada de vida a confrontar su filosof&iacute;a de l&iacute;mite con dos pasiones fundamentales en su vida desde la adolescencia: la m&uacute;sica y el cine. Ese acercamiento a los amores vitales y constantes est&aacute; motivado, una vez m&aacute;s, por la presencia irrecusable de la muerte. Tr&iacute;as llevaba desde el a&ntilde;o 1994 luchando contra un c&aacute;ncer, que se fue reproduciendo en distintas modalidades y estadios, hasta su fallecimiento, en el a&ntilde;o 2013. De un modo palmario, dicha presencia se vuelve acuciante y perentoria a partir del a&ntilde;o 2005.</p>
<p>Desde esta perspectiva Tr&iacute;as percibi&oacute; en el simbolismo musical una de las antenas m&aacute;s clarividentes de la historia cultural de Occidente para abordar el asalto al cerco herm&eacute;tico de la existencia: el que encierra las peliagudas cuestiones del nacimiento y de la muerte. As&iacute;, sus dos obras monumentales <em>El canto de las sirenas: Argumentos musicales </em>(2007) y <em>La imaginaci&oacute;n sonora: argumentos musicales</em> (2010) constituyen una verdadera filosof&iacute;a de la m&uacute;sica que vuelve a retomar la idea plat&oacute;nica-pitag&oacute;rica de la m&uacute;sica como<em> gnosis</em> capaz de iluminar la vida humana en referencia al problema del nacimiento y la muerte. Tr&iacute;as ha promovido, junto a todo el pensamiento de finales del siglo XX, una poderosa correcci&oacute;n del existencialismo y su obsesi&oacute;n con la muerte, redirigiendo la mirada a la cuesti&oacute;n del nacimiento, del origen del mundo y de la propia persona: lo <em>matricial</em>. Siguiendo la estela de Schelling, Otto Rank y otros autores, Tr&iacute;as reivindica la necesidad de ligar el principio matricial con el paternal, desechando la oposici&oacute;n radical entre ambos que pretendi&oacute; una determinada lectura de Freud. Ya en nuestros d&iacute;as, Sloterdijk ha defendido, desde su peculiar orientaci&oacute;n, el mismo descubrimiento en su trilog&iacute;a <em>Esferas</em>, especialmente en su primer volumen.</p>
<p>Finalmente, y publicado p&oacute;stumamente, en <em>De cine. Aventuras y extrav&iacute;os</em> (2013), Tr&iacute;as se sumerge en los universos cinematogr&aacute;ficos de su personal canon de los grandes directores de cine (Fritz Lang, Stanley Kubrick, Orson Welles, Ingmar Bergman, David Lynch y su amado Alfred Hitchcock). El cine, el s&eacute;ptimo arte, junto con la m&uacute;sica, constituye la otra antena simb&oacute;lica que permite orientar nuestra existencia en referencia al cerco herm&eacute;tico. De todos los ricos y extra&ntilde;os an&aacute;lisis de esta obra, cabe resaltar dos de ellos: Hitchcock y Welles.</p>
<p>Resulta sintom&aacute;tico el caso de Alfred Hitchcock, quien ha acompa&ntilde;ado toda la trayectoria vital de nuestro autor. Un especial idilio existe con la pel&iacute;cula <em>V&eacute;rtigo</em>, a la que dedic&oacute; dos importantes ensayos &mdash;&laquo;El abismo que sube y se desborda&raquo; en <em>Lo bello y lo siniestro </em>(1982), <em>V&eacute;rtigo y pasi&oacute;n. Un ensayo sobre la pel&iacute;cula V&eacute;rtigo de Alfred Hitchcock </em>(1998)&mdash; y que dar&iacute;a lugar a su definici&oacute;n del v&eacute;rtigo como la pasi&oacute;n existencial fundamental que determina al sujeto fronterizo, a diferencia de la nada heideggeriana o la n&aacute;usea sartreana. Sin embargo, en esta nueva mirada de Tr&iacute;as a la filmograf&iacute;a de Hitchcock, lo que resaltar&aacute; es el predominio en la filmograf&iacute;a del director de historias de amores sometidos a pruebas radicales que, parad&oacute;jicamente, en sus pel&iacute;culas alcanzan un final inquietante pero feliz: <em>Rebecca</em>, <em>Los p&aacute;jaros</em>, <em>Marnie la ladrona</em>, <em>Con la muerte en los talones</em>. Tr&iacute;as subraya esa dimensi&oacute;n de un amor m&aacute;s fuerte, si no que la muerte, s&iacute; que la prueba radical a la que todo amor se ve sometido.</p>
<p>Cabe resaltar, de un modo especial, su ex&eacute;gesis de <em>Ciudadano Kane</em>, en la que Orson Welles es capaz de mostrar f&iacute;lmicamente el ejercicio de rememoraci&oacute;n de una vida en la cual el final rima con el origen, donde la mirada de lo vivido revierte en la infancia y adquiere plena conciencia de lo que se ha sido, y de lo que se deber&iacute;a haber sido: de lo que se es. Como dec&iacute;a Eliot, en sus <em>Cuatro cuartetos</em>, &laquo;all&iacute; donde est&aacute; mi principio, all&iacute; est&aacute; mi fin/ All&iacute; donde est&aacute; mi fin, all&iacute; est&aacute; mi principio&raquo;. De este modo, en la extra&ntilde;a circularidad de un c&iacute;rculo que no se cierra, quedando permanentemente abierto, hermanando los misterios del nacimiento y de la muerte, Eugenio Tr&iacute;as nos dej&oacute; su testamento filos&oacute;fico y vital, junto con ese sustrato apasionado que siempre domin&oacute; su vida, desde la infancia hasta la vejez: el cine.</p>
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<ol>
<li>La filosof&iacute;a de Tr&iacute;as a contraluz</li>
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<p>Una d&eacute;cada es a&uacute;n poco tiempo para vislumbrar la huella que dejar&aacute; la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as en la posteridad. Las nuevas generaciones se acercar&aacute;n a ella desde inquietudes y presupuestos totalmente diferentes a los nuestros, con sus propios interrogantes en busca de respuestas. Aqu&iacute; y all&aacute; se multiplican los estudios sobre su obra, abordando un mosaico abigarrado de temas: la religi&oacute;n, la pasi&oacute;n, el arte, el espacio-luz, la m&iacute;stica, el simbolismo, el habitar, la voz &eacute;tica, el cine, la m&uacute;sica. Tal era la voluntad de su autor: que esta filosof&iacute;a &laquo;fecundase&raquo; los m&aacute;s diversos campos de conocimiento. Esta fecundidad, una verdadera &laquo;diseminaci&oacute;n&raquo;, constituye la virtualidad m&aacute;s grande de una propuesta filos&oacute;fica que ella misma ha abarcado los m&aacute;s diversos &aacute;mbitos, abri&eacute;ndose al di&aacute;logo con multitud de disciplinas y campos del saber humano: antropolog&iacute;a, &eacute;tica, pol&iacute;tica, religiones, m&uacute;sica, cine, pintura, arquitectura y un largo etc&eacute;tera.&nbsp;</p>
<p>No obstante, una mirada retrospectiva, a contraluz, al propio desarrollo de la aventura filos&oacute;fica de Tr&iacute;as, marcado por un deambular fren&eacute;tico e inquieto, nos permite distinguir una serie de fases. Una primera fase tentativa y rebelde, juvenil, muy dependiente de su &eacute;poca hist&oacute;rica, que se va a ver r&aacute;pidamente sustituida por una fase <em>&eacute;tica</em> que le lleva a concebir la tarea filos&oacute;fica como un asunto de alma propia, de iluminaci&oacute;n y salvaci&oacute;n. En esta segunda fase Tr&iacute;as se aproxima tambi&eacute;n al archipi&eacute;lago de las artes y a las grandes categor&iacute;as est&eacute;ticas (lo bello, lo siniestro, lo sublime), desde la propia experiencia pasional, rememorada y reflexionada. Se cumple as&iacute; en este per&iacute;odo de su obra el aserto wittgensteniano de que &laquo;Ethik und Aesthetik sind Eins&raquo;. La &eacute;tica y la est&eacute;tica son una misma cosa.&nbsp;</p>
<p>A esta segunda fase seguir&iacute;a una &eacute;poca de madurez, la de la reflexi&oacute;n <em>&eacute;tico-pol&iacute;tica</em>, con su preocupaci&oacute;n por la ciudad, su organizaci&oacute;n y ordenamiento, sus virtudes c&iacute;vicas, as&iacute; como por el problema de la intersubjetividad, de la ofensa y el perd&oacute;n. Esta apertura de lo &eacute;tico a lo pol&iacute;tico, m&aacute;s all&aacute; del marco est&eacute;tico, coincidir&aacute; con el descubrimiento y fundaci&oacute;n de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite a mediados de los ochenta y comienzos de los noventa. Salir del solipsismo de lo pasional hacia la mediaci&oacute;n social y c&iacute;vica, transitar del romanticismo al clasicismo por hablar en terminolog&iacute;a decimon&oacute;nica, parece haber sido la condici&oacute;n previa para el nacimiento de esta filosof&iacute;a del l&iacute;mite.</p>
<p>Esa fase desembocar&iacute;a, a mediados de los noventa, en la preocupaci&oacute;n por la <em>religi&oacute;n, </em>plenamente imbricada con la pol&iacute;tica. Tr&iacute;as advirti&oacute;, muy tempranamente, que las religiones, lejos de desaparecer, como pretende cierta visi&oacute;n secularizada del nihilismo, ganaban un nuevo protagonismo en la esfera p&uacute;blica y mundial. Tr&iacute;as advierte que las mayores carencias de la modernidad, filos&oacute;fica y pol&iacute;tica, radican en su insuficiente an&aacute;lisis del fen&oacute;meno religioso. Una modernidad verdadera, m&aacute;s ilustrada, exige pensar a fondo las religiones, y la religiosidad humana, para lo cual es preciso reformular nuestro concepto de raz&oacute;n. Dicha raz&oacute;n, m&aacute;s razonable por realista que la moderna, debe ser una raz&oacute;n fronteriza, consciente de sus l&iacute;mites y para la cual el simbolismo, est&eacute;tico y religioso, constituye una de sus dimensiones inextirpables. En la cuesti&oacute;n religiosa, la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as fue pionera, en m&aacute;s de una d&eacute;cada, al avanzarse a vaticinar los conflictos pol&iacute;tico-religiosos del nuevo milenio.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, y motivado por la enfermedad, podemos percibir una &uacute;ltima fase <em>est&eacute;tico-religiosa</em> en el pensamiento de Tr&iacute;as, en la que se acerca de nuevo a la m&uacute;sica y el cine, antenas simb&oacute;licas de la raz&oacute;n, para vislumbrar en el estilo tard&iacute;o (<em>Sp&auml;tstil</em>) de los grandes creadores de Occidente, los destellos de una gnosis, de un conocimiento salvador, capaz de iluminar la zona de misterio, velada por la realidad inexorable de la muerte.</p>
<p>Estas fases constituyen tan s&oacute;lo el devenir de una pasi&oacute;n &uacute;nica, en la que se muestra la ra&iacute;z rom&aacute;ntica de su filosof&iacute;a: la pasi&oacute;n<em> de</em> Absoluto. Puede resultar parad&oacute;jico, incluso chocante, que una filosof&iacute;a del l&iacute;mite siempre atenta a los intersticios en los que toda totalidad se quiebra, advertida a todas horas sobre la <em>hybris</em> que conduce a lo humano a violar sus propios l&iacute;mites, extralimit&aacute;ndose m&aacute;s all&aacute; de su propia condici&oacute;n, pueda caracterizarse como una pasi&oacute;n <em>de</em> Absoluto. Aunque la antropolog&iacute;a parece ser la ciencia reina de esta aventura filos&oacute;fica, que tiene en el Hombre y la Ciudad su medida, en Tr&iacute;as anida a&uacute;n esa pasi&oacute;n filos&oacute;fica por la metaf&iacute;sica, por un discurso sobre el Ser en el que se fundamente todo lo existente, aunque &eacute;ste sea concebido como un ser-del-l&iacute;mite-que-se-recrea. Esta pasi&oacute;n de Absoluto hace que esta filosof&iacute;a, en sus ansias de profundizaci&oacute;n, vaya siempre a la b&uacute;squeda del fundamento de todo lo existente, a la par que est&eacute; abierta a todas las dimensiones existenciales, sin restricci&oacute;n ni limitaci&oacute;n algunas. Esta pasi&oacute;n de<em> </em>Absoluto en Tr&iacute;as, como en los pensadores jud&iacute;os contempor&aacute;neos (Levinas, Derrida), muta el estatuto de lo que entendemos por <em>&eacute;tica</em>. Como ya ocurriera con Kant y Kierkegaard, la &eacute;tica en Tr&iacute;as es de &iacute;ndole metaf&iacute;sica, &eacute;tico-religiosa, siendo la realizaci&oacute;n del sujeto humano apertura al Otro, a lo radicalmente Otro, al fundamento abismal de la propia condici&oacute;n humana.</p>
<p>En cualquier caso, si algo define la concepci&oacute;n que de la filosof&iacute;a ten&iacute;a Tr&iacute;as, ya desde su juventud, y de una manera radical desde su primer per&iacute;odo de crisis y exilio, no es otra cosa que la indisoluble unidad de vida y pensamiento, que hace que el &uacute;nico tema apropiado para la filosof&iacute;a sea la propia vida, la cual, como en la sabidur&iacute;a antigua, tal como nos record&oacute; el &uacute;ltimo Foucault, exig&iacute;a ser una vida examinada, &eacute;ticamente vivida. Una vida &laquo;esclarecida&raquo; &mdash;&iexcl;m&aacute;s luz!, clamaba el viejo Goethe, cuyo eco recorre tanto el pensamiento de Ortega como la vida de Zambrano, en su velar el Alba&mdash;, llevada al conocimiento de s&iacute;, guiada por una forma de gnosis, de conocimiento salvador y redentor, en la que vida e inteligencia se interpenetren a la luz del Bien. Tr&iacute;as entend&iacute;a la filosof&iacute;a como vida esclarecida e iluminada por un amor sapiente. En esta concepci&oacute;n perenne de la filosof&iacute;a Tr&iacute;as no hizo sino proseguir su propio camino, guiado por las estrellas binarias de sus amados Plat&oacute;n y Nietzsche, siempre en pos de la luz, haciendo suyo el lema <em>per aspera ad astra</em>.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 07:05:14 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Jaume Plensa: “Mi voluntad ha sido siempre la de crear puentes, entre personas, entre culturas, entre épocas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jaume-plensa-mi-voluntad-ha-sido-siempre-la-de-crear-puentes-entre-personas-entre-culturas-entre-epocas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/jaume500.jpg" alt="" /></p>
<p>Es Jaume Plensa (Barcelona, 1955), un autor que habla constantemente de vibraciones, y &eacute;l es una persona que genera buena &ldquo;vibra&rdquo;, como dir&iacute;an en Sudam&eacute;rica. Ha de vibrar el material, como lo ha de hacer la idea que lo atraviesa, y la relaci&oacute;n que genera la obra con el espectador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es Plensa un orfebre del idioma aunque no escriba, y lo es creando im&aacute;genes visuales (esta entrevista es buen compendio de un generoso pu&ntilde;ado de ellas) que suele terminar volcando en el dibujo y, sobre todo, la escultura. Es la ubicada en &aacute;mbitos p&uacute;blicos la que le ha terminado dando notoriedad (la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; de Chicago, o &ldquo;Julia&rdquo;, en la&nbsp; arisca plaza de Col&oacute;n de Madrid, donde ayuda a poner algo de calma), aunque ese reconocimiento comenzara en los noventa en su experimentaci&oacute;n con los materiales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy, el catal&aacute;n es uno de los creadores espa&ntilde;oles m&aacute;s afamados fuera de nuestras fronteras. Su labor ha sido reconocida con galardones como el Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas o el Premio Vel&aacute;zquez, tambi&eacute;n con la Medalla al M&eacute;rito de las Bellas Artes (2021) o la Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1993). En sus idas y venidas, conseguimos citarnos con &eacute;l telef&oacute;nicamente una ma&ntilde;ana de domingo. Le pillamos en el estudio rodeado de silencio, para &eacute;l, tambi&eacute;n materia prima de la labor escult&oacute;rica. Comienza aqu&iacute; la sucesi&oacute;n de recuerdos, de lecciones de vida, que afable comparte con nosotros y que van estructurando los grandes hitos de una biograf&iacute;a necesaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ni siquiera en domingo descansa</p>
<p>- Bueno. El estudio es una maravilla en s&aacute;bado y domingo porque no tengo ning&uacute;n ayudante rondando. Aqu&iacute; hay una paz maravillosa. El m&iacute;o est&aacute; en una zona industrial, de forma que tampoco molestan los vecinos. Hay como un silencio especial. Por eso los fines de semana, los festivos o las vacaciones cl&aacute;sicas de agosto, Laura y yo intentamos estar aqu&iacute; porque es el mejor momento para la reflexi&oacute;n.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;<br /> </strong>- Se avanza m&aacute;s, supongo, claro.</p>
<p>-No lo s&eacute;. Hay mayor intimidad. Ayer me lo pas&eacute; bomba. Fue un d&iacute;a extraordinario. Es entonces cuando dibujo. El silencio del estudio normalmente es para dibujar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El dibujo posee una inmediatez que te ayuda a crecer&rdquo;<br /> </strong>- Para muchos creadores, el dibujo es una manera tambi&eacute;n de organizar ideas, de pensar en voz baja.</p>
<p>-Yo desde siempre he trabajado mucho, por supuesto la escultura, pero tambi&eacute;n el dibujo y el grabado, porque han sido elementos casi de laboratorio. El grabado, por descontado. Y el dibujo, porque hay una inmediatez entre tu cabeza y tu mano que a veces la escultura no puede tener porque implica procesos industriales, procesos para los que necesitas la ayuda de un equipo. El dibujo posee una inmediatez que, no s&eacute;, es muy satisfactoria porque te ayuda a crecer. <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo supo que quer&iacute;a ser artista? &iquest;Hab&iacute;a antecedentes familiares?</p>
<p>- En mi casa no hab&iacute;a antecedentes. Yo nac&iacute; en el barrio de Sants, que es un barrio muy,&nbsp; dir&iacute;amos, castizo para lo que es Barcelona. Muy bonito. Un barrio muy barrio porque la gente ni sal&iacute;a de &eacute;l para hacer nada. Todo pasaba all&iacute;. Un microcosmos. Y la verdad, no s&eacute; por qu&eacute; soy artista a&uacute;n, pero me acuerdo que acompa&ntilde;aba mucho a mi padre a comprar libros de segunda mano al Mercat de Sant Antoni. Y me fascinaban las portadas de esos libros maravillosos: sobre los etruscos, los sumerios, el arte egipcio... Y creo que si soy artista tambi&eacute;n es gracias a la poes&iacute;a, a los poetas, porque ellos tienen la capacidad maravillosa de generar im&aacute;genes a trav&eacute;s de las palabras. Y t&uacute; como lector creas la imagen. Esta sensaci&oacute;n tan extraordinaria de poseer una imagen que solo tienes t&uacute;, a m&iacute; me dio mucha seguridad con mi vida y con mis cosas. Le estoy muy agradecido a los poetas por todo lo que me aportaron.</p>
<p>&nbsp;<br /> - &iquest;Y se lo pusieron f&aacute;cil en casa una vez que dijo &ldquo;me voy a dedicar a esto&rdquo;? Porque si no me equivoco, hay en usted como una especie de vocaci&oacute;n, una inclinaci&oacute;n hacia la medicina truncada.</p>
<p>-A mi padre al principio le cost&oacute; un poquito. Pensaba que era un desastre, pero despu&eacute;s se fueron acostumbrando. Yo perd&iacute; a mi madre muy joven. Entonces mi padre tambi&eacute;n se tuvo que adaptar&nbsp; a la situaci&oacute;n. Con los a&ntilde;os, al ver que yo era feliz con lo que hac&iacute;a, se tranquiliz&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El artista tiene un privilegio, que es su mirada conceptual sobre las cosas&rdquo;</strong><br /> - &iquest;Fue el miedo al dolor lo que trunc&oacute; esa vocaci&oacute;n m&eacute;dica? Porque el mundo est&aacute; lleno de dolor, Jaume. &iquest;C&oacute;mo se afronta ese dolor desde el arte?</p>
<p>-El artista tiene un privilegio, que es su mirada conceptual sobre las cosas. Yo tengo muchos amigos m&eacute;dicos, los admiro profundamente, porque ellos est&aacute;n al pie del ca&ntilde;&oacute;n, como aquel que dice verdad. Afrontan el sufrimiento cara a cara y el dolor humano. No s&eacute; c&oacute;mo compararlo. Por ejemplo: un alcalde est&aacute; m&aacute;s cercano a los ciudadanos que un presidente de un pa&iacute;s, por decir algo. Por esta lejan&iacute;a, nosotros tenemos una visi&oacute;n del dolor mucho m&aacute;s conceptual, m&aacute;s global. Cuando ves a Goya, &ldquo;Los desastres de la guerra&rdquo;, obviamente &eacute;l no estaba disparando en una trinchera. Pero s&iacute; que entendi&oacute; mejor que nadie lo que era el dolor de una contienda b&eacute;elica.&nbsp; Y a veces casi m&aacute;s que un fotorreportero.&nbsp; Esta capacidad extraordinaria es solo del artista. Por eso siempre lo considero un privilegio. Y es verdad: el dolor est&aacute; en todas partes, pero esta proximidad o distancia de la que te hablo, creo que es definitiva. Suerte que me di cuenta de esto, porque, de no ser as&iacute;, estar&iacute;as hablando ahora con un m&eacute;dico...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus esculturas monumentales recientes, figurativas, piden silencio...</p>
<p>- S&iacute;. Yo creo que desde siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas, con nuestras propias vibraciones. Lo he repetido infinidad de veces. Lo que pasa es que en estas &uacute;ltimas piezas, que son m&aacute;s figurativas, decid&iacute; hacer algo muy literal, ese dedo que se posa sobre los labios. De una forma muy suave, pero pidiendo silencio. Pero no es un silencio impositivo, es un silencio de &ldquo;hablen un poquito m&aacute;s bajo, por favor. Calmaos un poco&rdquo;. Porque creo que estamos viviendo, no s&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n, un momento en el que las ideas y los mensajes generan mucha crispaci&oacute;n. Se ha polarizado mucho todo. Incluso en la cultura. Parece que nos dividimos en buenos y malos. Siempre se est&aacute; contra alguien. Y te juro que yo no estoy contra nadie. Ni creo que mis ideas sean mejores que las de otros. Simplemente son las m&iacute;as.&nbsp; A veces parece que no cuadren. Por eso pido calma. Si est&aacute;is en silencio, entender&eacute;is mejor vuestros pensamientos. Y pasar&eacute;is al espectador este mensaje para que &eacute;l trate de escuchar los suyos, porque son tan importantes como los nuestros. Esta voluntad de silencio lo es de que la obra de arte, de alguna forma, sea como un espejo en donde se refleje cada espectador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Desde luego hay una gran diferencia entre esos proyectos &uacute;ltimos a los que se refiere y los iniciales, cuando trabajaba con el hierro fundido. &iquest;Qu&eacute; se mantiene y que ha cambiado?</p>
<p>- Se mantiene desde el minuto cero en mi trabajo intentar que sea reconocible como obra. Que lo aportado no necesite contexto.&nbsp; Estar&aacute;s de acuerdo conmigo en que muchas veces cuando exponemos en una galer&iacute;a, en un museo, eso nos da el contexto que nos permite hacer cosas que en otro sitio no ser&iacute;an comprensibles. Yo siempre he pretendido que la obra sea como una c&aacute;psula que se entienda por s&iacute; sola. Como cuando tienes un libro entre las&nbsp; manos. Despu&eacute;s, si lo abres y lo lees, sabr&aacute;s si te gusta o no. Pero de nada lo has reconocido. Creo que el arte tendr&iacute;a que volver a ser reconocible inmediatamente. Despu&eacute;s, para m&iacute; siempre fue b&aacute;sico acercar al espectador el arte, o mi obra, de una forma emocional. He pasado un tr&aacute;nsito donde siempre ha habido cierta figuraci&oacute;n, a veces de una forma menos evidente, porque incluso lo que hab&iacute;a era ausencia de la figura. Por ejemplo, en la &eacute;poca de las &ldquo;Puertas&rdquo;; el pomo de una puerta te da la medida exacta de una mano. O la misma puerta, la medida de tu cuerpo para pasar.&nbsp; Pero no estaban presentes ni el cuerpo, ni la mano.&nbsp; Siempre he sido un artista con una voluntad figurativa en su obra. Representar el cuerpo. Reivindicar la forma humana como complemento en el arte, en el espacio p&uacute;blico o en la Naturaleza es imprescindible. <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Llegar&iacute;an luego otros materiales, quiz&aacute;s menos relacionados con la escultura como la luz. Alguna vez ha dicho que no importaba tanto el material como la vibraci&oacute;n de la materia. &iquest;A d&oacute;nde conduce esa vibraci&oacute;n?</p>
<p>- Bueno, estar&aacute;s de acuerdo en que la materia es imprescindible. Como lo es la relaci&oacute;n entre el cuerpo y el alma: sin el cuerpo, es muy dif&iacute;cil hablar de alma. Sin el material es muy dif&iacute;cil hablar de este contenedor que es la escultura, en el cual intentas guardar mensajes, que son estas vibraciones de las que yo te hablo, estas ideas. Me di a conocer internacionalmente con el hierro fundido. Y un d&iacute;a, fij&aacute;ndome en la fundici&oacute;n en ese hierro de color rojo, pens&eacute;: &ldquo;Esto es luz&rdquo;. Entonces, &iquest;qu&eacute; es lo que cambia de la luz o del hierro? Simplemente tu actitud con &eacute;l. Esto me abri&oacute; un mundo nuevo, y estuve investigando y probando con la luz, con el sonido, y a&uacute;n sigo, con los c&iacute;mbalos y las gotas de agua, con los gongs...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte tiene una capacidad enorme de regeneraci&oacute;n y de futuro&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y cu&aacute;l es la conclusi&oacute;n?</p>
<p>Vuelvo a la pregunta que me has hecho antes, vuelvo al silencio. No hay un material que vaya en una &uacute;nica direcci&oacute;n, no hay un material bueno, ni malo. Es tu actitud con ellos la que cuenta. La gente cree que he experimentado muchos materiales, lo que es probable, pero es que cada material nac&iacute;a con una idea. No puedes utilizar el mismo si la idea no es exactamente parecida. Entonces, creo que he tenido un registro muy amplio, pero al final siempre he estado hablando de las mismas cosas, sobre lo que t&uacute; me preguntabas antes tambi&eacute;n: La voluntad de crear puentes entre las personas, entre las culturas, entre el pasado y el futuro. Esta idea de que el arte tiene una capacidad enorme de regeneraci&oacute;n y de futuro. No importa qu&eacute; material utilices, sino la vibraci&oacute;n que hay detr&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tiene otra an&eacute;cdota muy bonita que ha contado tambi&eacute;n alguna vez,&nbsp; que es c&oacute;mo se quedaba dormido en la caja del piano que tocaba su padre.&nbsp; Y ah&iacute;, claro, no s&eacute; si esa obsesi&oacute;n por la vibraci&oacute;n ya est&aacute; presente desde el propio Jaume ni&ntilde;o, en el que experimenta la vibraci&oacute;n en todo su cuerpo.</p>
<p>- Es probable. Lo que pasa es que no me di cuenta hasta adulto de que, en el fondo, me fascinaba estar dentro del piano.&nbsp; Y sobre todo que mi padre, al no reparar en ello, tocase ese instrumento. Estos recuerdos son recuerdos muy poderosos, pero que se han ido configurando, los he ido entendiendo con los a&ntilde;os. Y cuestiones que tal vez eran misteriosas, se han ido volviendo luminosas y muy claras. Pero siempre parece que hay algo que no est&aacute; resuelto.&nbsp; Y entonces hay como cierta obsesi&oacute;n por volverlo a intentar.&nbsp; Parece como el mito de S&iacute;sifo, que cuando parece que rozas algo con los dedos, &iexcl;pum!, se te vuelve a derrumbar. Y creo que esto es maravilloso en nuestro trabajo. Aunque es complejo gestionarlo. Tambi&eacute;n con la edad lo entiendes mejor,&nbsp; ya no te lo tomas todo tan a pecho como cuando eres joven, que pasabas d&iacute;as que cre&iacute;as que estabas acabado,&nbsp; otros que eras un genio, otros que volv&iacute;as... Los altibajos eran brutales. Ahora creo que disfruto tambi&eacute;n esta duda permanente, esta especie de falta de confort en mi propio trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute; que hay dos influencias clar&iacute;simas en su labor. Ha hablado de la m&uacute;sica, pero est&aacute; asimismo la literatura. Eso nos lleva&nbsp; a Blake, a Shakespeare, a Canetti...&nbsp; Pero me gustar&iacute;a centrarme m&aacute;s en las personas que le han influido. Gente de carne y hueso cercana con la que ha convivido.</p>
<p>- Creo que siempre que pienso en ello, acabo acord&aacute;ndome de un t&iacute;o de mi padre, cuya hermano era violinista y que hac&iacute;a jaulas para p&aacute;jaros. Era un hombre muy rom&aacute;ntico que se llamaba Josep Frank. Era de descendencia jud&iacute;a, del centro de Europa. No sabemos muy bien por qu&eacute; vino a parar aqu&iacute;.&nbsp; Se cas&oacute; con una prima de mi padre. Y este se&ntilde;or, cuando yo era ni&ntilde;o, me adopt&oacute; un poquito. Me hac&iacute;a discursos y me dio mucha seguridad.&nbsp; Conservo con gran amor un retrato que le hice a l&aacute;piz siendo yo ni&ntilde;o. Este hombre fue clave en mi vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El alma de una sociedad es el poeta, el escritor, esta persona que est&aacute; pensando mientras todos los dem&aacute;s duermen&rdquo;</strong></p>
<p>- Vuelvo entonces ahora a la literatura... Ese puente que establece entre el arte y los libros. &iquest;C&oacute;mo se produce?</p>
<p>- Creo que lo que me suced&iacute;a con esos autores que mencionaste antes, Canetti, Shakespeare, y me sigue sucediendo todav&iacute;a, es que con ellos confirmo mis intuiciones. Era como si de pronto alguien hubiera dicho muy bien algo que t&uacute; ten&iacute;as ah&iacute; pero no te acababa de salir.&nbsp; Aquello que decimos &ldquo;lo tengo en la punta de la lengua&rdquo;.&nbsp; Y de pronto Blake dec&iacute;a algo que t&uacute; ya percib&iacute;as. Me acuerdo cuando le&iacute; por primera vez a Ernesto S&aacute;bato.&nbsp; Pas&eacute; semanas que no sab&iacute;a qu&eacute; pasaba en la vida. Me peg&oacute; un revolc&oacute;n&nbsp; tremendo. Bueno, tantos y tantos otros autores. Encontr&eacute; en la literatura, o en escritores muy espec&iacute;ficos que rozan la poes&iacute;a permanentemente en cada l&iacute;nea,&nbsp; esta confirmaci&oacute;n de mis im&aacute;genes, de que t&uacute; no eres el due&ntilde;o de estas im&aacute;genes. Muchas veces he dicho que el alma de una sociedad es el poeta, el escritor, esta persona que est&aacute; pensando mientras todos los dem&aacute;s duermen. &Eacute;l sigue en reflexi&oacute;n, en esta larga noche de su pueblo que tomo de un poema de Vicente Andr&eacute;s Estell&eacute;s, un poeta valenciano extraordinario, que escrib&iacute;a en valenciano, una maravilla. &iexcl;Yo qu&eacute; s&eacute;!: Goethe, <em>Fausto;</em>&nbsp; <em>Las flores del mal</em>, de Baudelaire; <em>Los proverbios del infierno</em>, de Blake... La lista es infinita. Shakespeare, que es <em>Macbeth</em>... Y tantos y tantos... Yo los comparo con las patas de mi mesa, donde he ido construyendo toda una especie de estructura personal gracias a estos compa&ntilde;eros de viaje. A veces pienso si habr&iacute;a sido estupendo conocerlos personalmente, pero creo que la maravilla de un artista o de un creador es su obra; su obra, en el fondo, es el documento. Un d&iacute;a desaparecemos, y ya est&aacute;, pero es muy bonito que hayas podido dejar esta c&aacute;psula en el tiempo y que otra persona la pueda coger, abrir y seguir, como en esas carreras que te pasan un relevo. A m&iacute; estos autores me han ayudado much&iacute;simo.</p>
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<p>- De <em>Macbeth</em> ha dicho en el documental &ldquo;&iquest;Puedes o&iacute;rme?&rdquo;, de Pedro Caballero (2020), que es &ldquo;escultura en estado puro&rdquo;. &iexcl;Usted no deja de crear im&aacute;genes mentales!</p>
<p>- &iexcl;Claro! Es que, imag&iacute;nate t&uacute;, cuando &eacute;l se da cuenta de que no ha matado al rey, sino que ha asesinado la posibilidad de dormir, cuando se lo cuenta a su esposa. Es exactamente lo que pasa cuando est&aacute;s trabajando en escultura: que a trav&eacute;s de la materia est&aacute;s hablando de abstracci&oacute;n, a trav&eacute;s de lo concreto est&aacute;s hablando de lo invisible. Creo que es la mejor definici&oacute;n que se ha hecho jam&aacute;s de escultura. Y &ldquo;Macbeth&rdquo; es casi cinematogr&aacute;fico, es trepidante, cuando el bosque de B&iacute;rnam se mueve, empiezas a preocuparte; pero ellos se ponen ramas en la cabeza y se mueve el bosque. Eso es escultura todo el tiempo, &iexcl;en estado puro!&nbsp; Shakespeare deb&iacute;a ser un genio porque, te hablo de &ldquo;Macbeth&rdquo;, pero hay otras piezas extraordinarias...</p>
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<p><strong>&ldquo;Dedicarse al arte es un destino&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha mencionado que ''mientras la sociedad duerme el poeta, el artista sigue trabajando&rdquo;. Hay una cosa que les caracteriza a los creadores y es que no pueden dejar de crear.&nbsp; Yo no s&eacute; si dedicarse al arte o a la poes&iacute;a, en el fondo, es una maldici&oacute;n.</p>
<p>- Yo creo que es un destino. Cuando me han preguntado por qu&eacute; me hice artista, muchas veces respondo que era inevitable.&nbsp; Estoy de acuerdo contigo. A veces no es confortable, a veces es inc&oacute;modo, porque te das cuenta de que era inevitable cuando has formado una vida que no era esta&nbsp; o est&aacute;s en un lugar que no era el adecuado. Has de transformar y corregir cosas a tu pesar, porque tambi&eacute;n las quer&iacute;as y tambi&eacute;n eran pr&oacute;ximas y cercanas, pero hay algo que te obliga de alguna manera a seguir.&nbsp; Y s&iacute;, la creaci&oacute;n a veces tiene este punto tan fuerte.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;El alfabeto ser&iacute;a como la partitura de nuestra voz&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha llega a usar el texto, el alfabeto como material. &iquest;Qu&eacute; le caracteriza en esa dimensi&oacute;n?</p>
<p>- El alfabeto es una locura, &iexcl;es de una belleza! Porque ser&iacute;a como la partitura de nuestra voz. Cuando un m&uacute;sico escribe algo que quiere que otro interprete, lo documenta en una partitura. Nosotros eso mismo lo escribimos en un papel o en el ordenador, con letras, y otro puede interpretarlo. Pero cuando hable y lo lea, estar&aacute; sonando la m&uacute;sica de su voz.&nbsp; El texto es la m&uacute;sica de nuestra voz.&nbsp; Es una carga de memoria brutal. Una letra con otra letra, con otra letra... Van formando palabras, textos, mensajes, cultura. De lo m&aacute;s peque&ntilde;o a lo m&aacute;s general. Es la idea de la piedra fundacional a cuyo alrededor se hizo el templo, la ciudad, el pa&iacute;s, el continente, el mundo, el universo.</p>
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<p>- &iquest;Escribe Jaume Plensa?</p>
<p>- Lo intento, porque esto es algo muy serio. Pero s&iacute; que hay veces que lo que intento decir no me es posible con una imagen, pero s&iacute; con un peque&ntilde;o texto.&nbsp; Cada vez escribo m&aacute;s cosas m&aacute;s. Cosas cortas. No son haikus, pero casi.&nbsp; Hay una frase de Oscar Wilde que me tiene fascinado. &Eacute;l dec&iacute;a que cuanto m&aacute;s viejo se hac&iacute;a, menos escrib&iacute;a. Se hab&iacute;a dado cuenta de que no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en describir la vida, sino en vivirla.&nbsp; Es verdad que cuando nos hacemos mayores parece que nos vayamos concentrando en eso mucho m&aacute;s.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre me interes&oacute; enormemente el espacio p&uacute;blico y la relaci&oacute;n del arte con la sociedad&rdquo;</strong></p>
<p>- Y luego est&aacute; la estatuaria p&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; supone ese salto de escala y esa ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico?</p>
<p>- Desde que empec&eacute;, siempre me interes&oacute; enormemente el espacio p&uacute;blico y la relaci&oacute;n del arte con la sociedad. Era la forma m&aacute;s democr&aacute;tica de intercambiar experiencias, mis sue&ntilde;os personales con los de una comunidad, con las ambiciones de un colectivo.&nbsp; Desde el minuto cero ya trabaj&eacute; en ello. Y es verdad que ha funcionado muy bien. He tenido experiencias en todo el mundo. Sigo teniendo muchos encargos. Me gusta mucho trabajar no solo en galer&iacute;as y museos, sino en el espacio p&uacute;blico. A pesar de que yo entiendo que un museo tambi&eacute;n es un espacio p&uacute;blico. Pero la forma de encararlo es distinta porque el museo quiere o te pide determinadas obras; en cambio, de pronto, un grupo, una comunidad, se encuentra al d&iacute;a siguiente que han puesto algo en su contexto que no hab&iacute;an pedido. Es llenar un espacio que crees que no estaba completo. &iquest;Y para qu&eacute;? Para que se vea todo lo dem&aacute;s, lo que tiene alrededor, mejor y m&aacute;s bello. Eso es obsesi&oacute;n en mi trabajo. Lo que aporte -volvemos a la vibraci&oacute;n- debe equilibrar lo que estaba como un poco descompensado. Creo, por ejemplo, que ha sido una experiencia en este pa&iacute;s extraordinaria lo que ha sucedido en la Plaza Col&oacute;n de Madrid.</p>
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<p><strong>&ldquo;La <em>Crown Fountain</em> fue todo un compendio de buenas vibraciones que llevaron a hacerla&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablaremos luego de ella, pero antes le quer&iacute;a preguntar por <em>Crown Fountain</em>, en Chicago, no s&eacute; si, para usted, un hito en su carrera.</p>
<p>- Fue un hito porque no solo es fant&aacute;stica, sino porque se pudo realizar.&nbsp; A veces tenemos el caj&oacute;n lleno de ideas estupendas que no han sido posibles por mil razones. Pero la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; fue todo un compendio de buenas vibraciones que llevaron a hacerla. La empec&eacute; en el a&ntilde;o 2000 y se inaugur&oacute; en&nbsp; 2004, es decir,&nbsp; se cumplen 20 a&ntilde;os de esta pieza. Es curioso que siga siendo tan importante, muy radical como concepto de espacio p&uacute;blico y, sobre todo, una gu&iacute;a y una inspiraci&oacute;n para muchos urbanistas en su concepto de plaza. La plaza vac&iacute;a, que es un concepto de pa&iacute;ses como el nuestro, mediterr&aacute;neo. La plaza &aacute;gora siempre estuvo un poquito vac&iacute;a, precisamente porque vendr&aacute; gente a llenarla. No la llenes t&uacute; de objetos. Por eso Chicago fue la reivindicaci&oacute;n de la g&aacute;rgola como idea para el espacio p&uacute;blico porque nos aporta asimismo el agua como elemento, algo tan fundamental en nuestras vidas. Sigue siendo una pieza muy importante en mi vida.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre que puedo instalo obras en el agua, o cerca, o en el l&iacute;mite del agua. O hago un espacio con agua&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha definido alguna vez el agua como el gran espacio p&uacute;blico. <em>Crown Fountain</em> es una l&aacute;mina de agua transitable...</p>
<p>- Tambi&eacute;n me habr&aacute;s o&iacute;do decir que yo no s&eacute; nadar, no floto.&nbsp; Solo he podido flotar en el Mar Muerto y he sido feliz all&iacute;.&nbsp; Pero mi obsesi&oacute;n era poder andar sobre el agua, volver a sentir la humedad, a ser part&iacute;cipe con el agua. Porque todo lo relacionado con ella lo ves de lejos. En el fondo, no notas nada. Y ese fue, yo creo, uno de los &eacute;xitos de esta pieza. Siempre que puedo instalo obras en el agua, o cerca, o en el l&iacute;mite del agua. O hago un espacio con agua. F&iacute;jate la casualidad all&iacute;, en la Plaza Col&oacute;n, el lugar donde me pidieron la pieza&nbsp; era&nbsp; sobre un teatro, el Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez, donde hab&iacute;a en el pasado toda aquella cascada. &iquest;Te acuerdas? Y pens&eacute; &ldquo;mira, qu&eacute; suerte tengo, porque siempre hay agua cerca&rdquo;. Era lo &uacute;nico que a m&iacute; me gustaba de toda la Plaza de Col&oacute;n.</p>
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<p>- Esa obra fue un encargo. &iquest;Se lleva bien con ellos, no limitan la imaginaci&oacute;n?</p>
<p>- Si todos los encargos son como este, yo firmo. El encargo fue que hiciera un proyecto con agua. No se limitaba m&aacute;s. Y se lo pidieron a tres artistas. El m&iacute;o gan&oacute; el concurso de ideas. Chicago ya contaba con una fuente muy famosa pero muy tradicional. Y ellos quer&iacute;an, en el nuevo Millennium Park,&nbsp; darle una vuelta a la idea. Creo que lo logr&eacute; con este proyecto. Es una fuente,&nbsp; porque me gusta el agua con locura, pero pod&iacute;a ser muchas cosas. Recuerdo que cuando me encontr&eacute; con los Crown, la familia que esponsorizaba el proyecto,&nbsp; yo estaba instalando la exposici&oacute;n en el Palacio de Vel&aacute;zquez de Madrid,&nbsp; en el a&ntilde;o 2000, que fue una exposici&oacute;n muy importante tambi&eacute;n y que cambi&oacute; muchas cosas en mi forma de ser. Y me acuerdo que en la reuni&oacute;n hab&iacute;a dos 'advisors' que dijeron que hab&iacute;an visto mi exposici&oacute;n en el Jeu de Paume de Par&iacute;s, y que les hab&iacute;a impresionado tanto que yo era el artista adecuado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cabe preguntarse si sus resultados son tan figurativos como parece. Cuando est&aacute; trabajando con los alfabetos, por ejemplo, reconocemos las formas, pero hay m&aacute;s de abstracci&oacute;n de lo que pueda parecer.</p>
<p>- La idea de esos cuerpos que hago con alfabetos la tuve en Tel -Aviv, donde decid&iacute; hacer un cuerpo con textos. Porque pronto me di cuenta de que la vida nos va tatuando. Y que es invisible este tatuaje que nos genera. As&iacute; llam&eacute; &ldquo;Hombre de Tel-Aviv&rdquo; a la primera obra de esas caracter&iacute;sticas que hice.&nbsp; Y es verdad que, a pesar de sus formas humanas, son piezas m&aacute;s abstractas. Por ejemplo, casi nunca les pongo cara. Y el pecho queda abierto para que sean penetrables. Esto me interesa mucho: el cuerpo como una c&uacute;pula en donde puedes entrar y sentirte protegido. Ver el mundo a trav&eacute;s del texto.&nbsp; Hay un componente muy arquitect&oacute;nico en estas piezas que tal vez las hace m&aacute;s abstractas, como t&uacute; dices.</p>
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<p>- Mencion&aacute;bamos antes su capacidad para generar constantemente im&aacute;genes. Hay una frase suya que me encanta,&nbsp; se refiere a la escultura que es figurativa. En esos casos, la escultura tiene espalda. Y es una cosa que le ha obsesionado: intentar descubrir la espalda de las esculturas.&nbsp; &iquest;Has intentado tambi&eacute;n verle la espalda a los textos?&nbsp; &iquest;Fue como nace, por ejemplo, <em>El libro de vidrio</em>?</p>
<p>- <em>El libro de vidrio</em>, y tambi&eacute;n las cortinas de textos. Lo hab&iacute;a dicho muchas veces antes: a veces me parec&iacute;a al leer un texto que las letras estaban delante&nbsp; de un pared&oacute;n a punto de ser fusiladas.&nbsp; Yo quise liberarlas de esta presi&oacute;n&nbsp; que es la pared blanca, el papel. Y &ldquo;El libro de vidrio&rdquo; lo hice con un poeta,&nbsp; Toni Tapi&egrave;s i Barba. &Eacute;l hizo un poema que yo descompuse en todas las p&aacute;ginas del libro. Y cuando lo cerrabas ten&iacute;as a la vista toda la composici&oacute;n entera. Creo que es muy potente.&nbsp; Si pon&iacute;as la mano detr&aacute;s, la ve&iacute;as. Fue un libro muy importante conceptualmente en aquel momento. Hice s&oacute;lo quince ejemplares. Supongo que algunos se habr&aacute;n roto en el camino. Y, despu&eacute;s, la herencia de este libro han sido las cortinas de poes&iacute;a&nbsp; que he seguido haciendo con los a&ntilde;os.</p>
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<p><strong>&ldquo;La cabeza es el resumen de todo el cuerpo&rdquo;</strong></p>
<p>- Sin embargo, usted se ha centrado en otra paradoja: el rostro; aquella parte del cuerpo, tan importante, que somos incapaces de vernos, y que entregamos a los dem&aacute;s.</p>
<p>- La cabeza es el resumen de todo el cuerpo. Cuando dos ideas se encuentran, ya est&aacute;: es demasiado tarde para arreglarlo.&nbsp; Entonces todo el cuerpo, en el fondo, verifica las experiencias o las intuiciones que est&aacute;s teniendo en tu cabeza en torno a esas dos ideas. La cabeza es tan potente que por eso todas las culturas hist&oacute;ricamente, en un momento u otro, las han hecho: cabezas de Budas, las cabezas olmecas, las de Pascua... Incluso las caras que ves en el planeta Marte. Todo rostro es un poquito como el silencio. Es una ambici&oacute;n que no logramos nunca abarcar. Porque nunca lo que vemos es de verdad; porque lo hacemos a trav&eacute;s de un espejo y siempre invertido. Hay deseos que jam&aacute;s se llegan a cumplir, como el silencio absoluto, como traducir un rostro. Yo a la cabeza la tengo una fascinaci&oacute;n, y al rostro m&aacute;s que a la cara. F&iacute;jate en una tradici&oacute;n religiosa, en el cristianismo, aquella S&aacute;bana Santa que guard&oacute; la impronta de uno. &iexcl;Qu&eacute; fuerte!, &iquest;no?&nbsp; Es fascinante. Creo que siempre, en un momento u otro de la Historia, tenemos esta necesidad de volver al punto de salida. No podemos siempre vivir en la abstracci&oacute;n. La abstracci&oacute;n es muy interesante, pero tiene un punto intelectual muy fuerte que necesita de lo f&iacute;sico en alg&uacute;n momento. Si no, se deshace. Todos los grandes pintores abstractos, en alg&uacute;n momento, acaban haciendo referencias figurativas. &iquest;Por qu&eacute;? Porque no puedes vivir en la flotaci&oacute;n.&nbsp; Somos humanos.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Una persona acaba siendo un lugar que siempre te acoge, al que siempre puedes volver&rdquo;</strong></p>
<p>- Su imagen m&aacute;s poderosa es la que dice que cada rostro es un lugar y que su lugar favorito es su pareja, Laura. Eso s&iacute; que dejar&aacute; a todo el mundo en silencio.&nbsp;</p>
<p>- Esto ocurri&oacute; un d&iacute;a, no me acuerdo si era en Jap&oacute;n, que me preguntaron d&oacute;nde me gustar&iacute;a vivir. Yo contest&eacute;: &ldquo;Donde viva Laura&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;? Porque Laura es el lugar. Para mucha gente que tenga pareja o que quiera a alguien y se sienta a gusto cerca entender&aacute; perfectamente lo que quiero decir. Una persona acaba siendo un lugar que siempre te acoge, al que siempre puedes volver. Es un punto de salida y de encuentro. La mano de Laura es un destino. En el fondo, somos n&oacute;madas hasta que encontramos el amor. El amor de verdad es el que te da alas. Te hace m&aacute;s n&oacute;mada, m&aacute;s salvaje, m&aacute;s aventurero porque aporta seguridad. Sabes que tienes un refugio de vuelta. No creo en el amor que te encierra o te reduce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La belleza es muy fugaz, es como un tr&aacute;nsito&rdquo;</strong></p>
<p>- Tampoco es casualidad que todos sus rostros sean femeninos.</p>
<p>- Esto fue una decisi&oacute;n. Cuando acab&eacute; la <em>Crown Fountain</em>, para la que se filmaron en v&iacute;deo alrededor de mil rostros de gente que habitaba la ciudad, yo quer&iacute;a hacer un mosaico lo m&aacute;s amplio posible: Ni&ntilde;os, ancianos, hombres, mujeres, razas... Lo m&aacute;ximo que representase perfectamente la ciudad de Chicago. Me di cuenta de que me encantaba el retrato. &iexcl;Qu&eacute; agradable era estar cerca de alguien y pedirle que cierre los ojos, los abra, que ponga la boca como si fuera a apagar una vela!... El resultado es una g&aacute;rgola. Cuando termin&eacute; decid&iacute; seguir en el retrato, pero solo de mujeres. Mujeres j&oacute;venes que est&aacute;n en este momento en que no son ya ni&ntilde;as. La belleza es muy fugaz, es como un tr&aacute;nsito. Reivindicaba lo femenino como gran arma de futuro. Una mujer, lo femenino, conserva la memoria y la tradici&oacute;n en una familia, en una sociedad. Pero tiene la carga extraordinaria de crear futuro. Nosotros los hombres, que somos muy interesantes, somos un accidente en este proceso.&nbsp; Decid&iacute; pues solo hacer estas ni&ntilde;as. Siempre con los ojos cerrados, intentando hablar de este mundo interior que mantenemos oculto, que no nos acabamos nunca de mostrar por pudor, por cultura, por mil razones. De pronto, aquella mujer, aquella ni&ntilde;a, ya no es una persona concreta, sino puede ser la tuya, la suya... Esto pas&oacute; con la &ldquo;Crown Fountain&rdquo;, que de pronto te muestra el rostro de un anciano&nbsp; que pod&iacute;a ser tu padre o tu t&iacute;o, de un ni&ntilde;o que pod&iacute;a ser tu hijo, o de una mujer que pod&iacute;a ser tu esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Julia</em> expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar&nbsp; y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir&rdquo;</strong></p>
<p>- Por cierto, &iquest;qu&eacute; le evoca a usted Julia en la Plaza de Col&oacute;n?</p>
<p>-Yo creo que ha sido de las cosas m&aacute;s fant&aacute;sticas que me han ocurrido en mi vida. La forma en que la gente de Madrid, los madrile&ntilde;os, han abrazado a &ldquo;Julia&rdquo; y la han hecho suya. El otro d&iacute;a mi hijo, que vive en Estados Unidos, me mand&oacute; una imagen de un p&oacute;ster de Madrid que han hecho en Inglaterra.&nbsp; La imagen es &ldquo;Julia&rdquo;. Esto me emociona mucho. Ya sali&oacute; en una revista que ten&eacute;is en Madrid&nbsp; una conversaci&oacute;n el D&iacute;a de la Mujer, el 8 de marzo, entre la Cibeles y &ldquo;Julia&rdquo;. Ella bajaba del carro y hablaba con la escultura. Esto es genial porque expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar&nbsp; y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir. La plaza de Col&oacute;n, como tantas en el mundo,&nbsp; es muy dura, muy hostil. Creo que &ldquo;Julia&rdquo; le ha dado ternura, un punto de referencia. La ha vuelto humana, por la escala, por mil razones m&aacute;s. Espero que se quede.&nbsp; La pieza, como sabes, no es m&iacute;a. Es de la Fundaci&oacute;n Mar&iacute;a Cristina Massaveu-Peterson. Han sido de una elegancia extraordinaria porque la cuidan, la restauran, la limpian. La poluci&oacute;n en Madrid es alt&iacute;sima,&nbsp; m&aacute;s en el centro, en la plaza de Col&oacute;n. La pieza, al ser tan blanca, tan pura, de vez en cuando se ha de limpiar. Y cada a&ntilde;o ellos la ceden de nuevo al Ayuntamiento. Espero que siga esta cesi&oacute;n, porque creo que la pieza queda fant&aacute;stica en ese emplazamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y considera que una gran esfera de alfabetos es su autorretrato. &iquest;Se ha enfrentado alguna vez a su propia imagen?</p>
<p>- Bueno, yo creo que est&aacute; bien as&iacute;. Mi autorretrato es esta esfera que mencionas y que contiene un personaje dentro. Tanto la esfera como el personaje est&aacute;n hechos de alfabetos.&nbsp; En el fondo, supongo que es lo que acabar&eacute; siendo,&nbsp; difumin&aacute;ndome en esto.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Siempre me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>- La frase es suya: &ldquo;Se ha pensado siempre que el intelectual, que el artista ha de estar m&aacute;s por la tristeza que por la alegr&iacute;a. M&aacute;s por la fealdad que por la belleza&rdquo;. De hecho, reivindica la belleza. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>- Porque desde siempre tambi&eacute;n me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza. Ya s&eacute; que el mundo es un desastre. El ser humano es muy imperfecto,&nbsp; pero tambi&eacute;n te tengo que decir que a veces con nuestra imperfecci&oacute;n tenemos la capacidad de iluminar la vida. Esto es un mensaje que puede ser muy &uacute;til no solo para el m&aacute;s rico sino tambi&eacute;n para el m&aacute;s pobre. Me acuerdo una vez que, con M&eacute;dicos del Mundo, me toc&oacute; inaugurar una exposici&oacute;n para ayudar en la guerra de los Balcanes. Yo nunca hab&iacute;a estado en un pa&iacute;s en guerra y eso me impresion&oacute; profundamente, porque aquella gente lo que necesitaba era una flor en la mesa, un abrazo,&nbsp; amor de verdad. No precisaban de una escena m&aacute;s de guerra tambi&eacute;n en mi exposici&oacute;n. Ellos ya sab&iacute;an qu&eacute; era la guerra y a&uacute;n mejor que yo. Y a veces esto me ha puesto en duda, y por eso de verdad yo intento mandar belleza. La belleza siempre ha sido en toda la Historia un arma revolucionaria. Porque la belleza no tiene ning&uacute;n compromiso con nada. Y la puedes entender t&uacute;, yo y el otro. Cada uno la hacemos nuestra de una manera diversa y esa es su fuerza arrolladora. Me molesta que a veces que se ha utilizado la palabra como algo cursi o de color rosa, y la belleza no tiene nada que ver con eso. Es un arma cargada de futuro, que dir&iacute;a el poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte ha de ser tan in&uacute;til que todos nos sintamos capaces de apropiarnos de &eacute;l. Esto es su fuerza&rdquo;</strong></p>
<p>- Cuando fue investido doctor honoris causa por la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona reivindic&oacute; la inutilidad, y sin embargo, necesidad del arte. Esto tiene que explic&aacute;rnoslo.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; gran contradicci&oacute;n o paradoja!, &iquest;no?&nbsp; Pero, &iexcl;qu&eacute; verdad! Es decir, cuando t&uacute; le quieres sacar rendimiento a la creaci&oacute;n est&aacute;s perdido. Esto es: el arte ha de ser tan in&uacute;til que todos nos sintamos capaces de apropiarnos de &eacute;l. Esto es su fuerza.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;En mi vida todo empieza a ser retrospectiva&rdquo;. Tambi&eacute;n cree que la mejor obra es la que est&aacute; por llegar. Eso significa que queda mucho por hacer, &iquest;no?</p>
<p>- Pues s&iacute;. Si no, no ir&iacute;a hoy al estudio porque me faltan horas. Es otro de los privilegios de nuestro oficio, esta posibilidad de reflexi&oacute;n y de trabajar con tus fantasmas. Y la edad tambi&eacute;n acaba siendo un fantasma porque cada vez acumulas m&aacute;s informaci&oacute;n y memoria, y has de saber liberarte de ella para seguir siendo fresco. Esto es muy apasionante.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte es la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- Termino parafraseando torpemente a Shakespeare.&nbsp; Dice ser artista como manera de crecer como persona. &ldquo;&iquest;Esa es la cuesti&oacute;n?&rdquo;</p>
<p>- Tambi&eacute;n he dicho en muchas ocasiones que la obsesi&oacute;n no era crecer como artista sino como persona. El arte es una consecuencia de tu vida. Siempre lo he pensado as&iacute;.&nbsp; Yo creo que el arte no es una reflexi&oacute;n intelectual aparte. Es la vida. Nunca ser&aacute; tan fuerte como ella pero es lo que m&aacute;s puede sentir su perfume. El perfume de la vida. Y yo creo que sin arte nos morir&iacute;amos en segundos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Perm&iacute;tame la licencia y la iron&iacute;a, pero usted se ha hecho &ldquo;muy mayor&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, mi densidad humana es cada vez m&aacute;s enorme. He multiplicado muchas cosas. Hay cuestiones que no puedes hacer en una edad o en otra. Pero creo que el arte tiene la enorme capacidad de ayudarte a utilizar todas las herramientas de tu &eacute;poca. Y cada edad tiene unas. Estamos en un momento s&uacute;per excitante.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;<br /> </strong>- Yo estoy a punto de cumplir los 50. Deme alg&uacute;n consejo.</p>
<p>-L&aacute;nzate al agua de los 50 porque es una edad extraordinaria.&nbsp; La gente tiene la crisis de los 40, pero nunca tiene crisis de los 50. Igual tienes otras, pero la d&eacute;cada de los 50 ya ver&aacute;s c&oacute;mo ser&aacute; inolvidable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 06:48:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carme Riera: “Mi vida, sin la literatura, no hubiera sido vida”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-riera-mi-vida-sin-la-literatura-no-hubiera-sido-via/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/Riera500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Carme Riera es una instituci&oacute;n de la cultura mallorquina, catalana y espa&ntilde;ola. Con una producci&oacute;n de m&aacute;s de 40 t&iacute;tulos publicados, en narrativa y ensayo; un n&uacute;mero casi igual de galardones &ndash;entre los &uacute;ltimos, el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas- y una incansable actividad acad&eacute;mica y como gestora cultural, parecer&iacute;a que el concepto &ldquo;mujer de letras&rdquo; se hubiera acu&ntilde;ado para ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Debo a Carme Riera, en primer lugar, que me hiciera leer el <em>Quijote</em> cuando yo era un desorientado estudiante y ella una jovenc&iacute;sima profesora de literatura en la Universidad Aut&oacute;noma de Bellaterra. En los a&ntilde;os que han seguido nos hemos ido encontrando en multitud de escenarios: el mundo literario barcelon&eacute;s, por supuesto, pero tambi&eacute;n las ferias de libros de Frankfurt o de Guadalajara, en M&eacute;xico; durante la celebraci&oacute;n del A&ntilde;o del Libro 2005, donde dedic&oacute; una inolvidable exposici&oacute;n a los cap&iacute;tulos catalanes&nbsp; de Cervantes; en los jurados del premio Princesa de Asturias de las Letras; en <em>La Vanguardia</em>, donde yo trabajo y ella es colaboradora ilustre. Me invit&oacute;, y acud&iacute; encantado, a su entrada en la RAE, que presidi&oacute; la entonces princesa Letizia, y tuvo la generosidad de proponerme y apadrinarme para la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Se trata de una persona con <em>autorictas</em>, que no duda en ejercer cuando toca, y&nbsp; tambi&eacute;n por esta raz&oacute;n es muy respetada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tengo un gran afecto por Carme Riera, me divierto siempre que hablo con ella presencialmente o por tel&eacute;fono &ndash;est&aacute; muy al d&iacute;a de todo y despliega un sentido del humor bastante agudo-&nbsp; y admiro su capacidad para multiplicarse, haciendo cosas &uacute;tiles para la comunidad y al mismo tiempo trabajando en su obra literaria, sin bajar el nivel y aceptando retos tan ambiciosos como la reciente biograf&iacute;a de Carmen Balcells. Por todo ello ha sido un placer aceptar la invitaci&oacute;n de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas para mantener con ella este di&aacute;logo epistolar en el que hemos trazado un recorrido panor&aacute;mico de su trayectoria. Con Carme siempre se aprende.</p>
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<p><strong>&ldquo;En casa los libros eran algo muy familiar, aunque yo aprendiera a leer muy tarde&rdquo;</strong></p>
<p>- Naciste en Palma de Mallorca en 1948, plena posguerra. En 2013 publicaste tus memorias de infancia, <em>Temps d&acute;innocencia </em>/ <em>Tiempo de inocencia</em>. Por sus p&aacute;ginas desfilan la relaci&oacute;n con tu madre; la abuela Catalina; el colegio cat&oacute;lico del Sagrado Coraz&oacute;n; el Domund, la bodega de la esquina, el nacimiento de tu hermano menor, los saba&ntilde;ones causados por el fr&iacute;o&hellip; &iquest;C&oacute;mo escribiste este libro? &iquest;Con esquema y apuntes, o bien dejaste ir a la memoria?</p>
<p>- Saqu&eacute; a pasear la memoria y los recuerdos fueron emergiendo creo que ajenos a mi voluntad, como si se hubieran quedado en un cesto de cerezas se enlazaron unos con otros y as&iacute; surgi&oacute; el libro.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; recuerdos infantiles guardas en relaci&oacute;n con el mundo del libro, al que ibas a dedicar toda tu vida?</p>
<p>&nbsp;- En casa hab&iacute;a una buena biblioteca y toda mi familia le&iacute;a, de manera que los libros eran algo familiar. Adem&aacute;s, hab&iacute;a escritores entre mis antepasados. El tatarabuelo, Fernando Weyler, escribi&oacute; varios libros entre ellos uno sobre Ramon Llull y no deja de parecerme curioso que S&aacute;nchez Drag&oacute; le plagiara unas p&aacute;ginas en su <em>Gargoris y Habidis</em>. El bisabuelo, Eusebio Estada, public&oacute; libros de car&aacute;cter t&eacute;cnico por su condici&oacute;n de ingeniero de caminos canales y puertos. La poeta Maria Ant&ograve;nia Salv&agrave; era prima de mi abuela&hellip; De manera que los libros eran algo muy familiar, aunque yo aprendiera a leer muy tarde&hellip;</p>
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<p>- Estudiaste filolog&iacute;a en Barcelona. &iquest;Por qu&eacute; en esta ciudad?</p>
<p>- Los mallorquines sol&iacute;amos estudiar en Barcelona, m&aacute;s cercana que Madrid, adem&aacute;s mi madre era catalana y mi abuela materna y mis t&iacute;as viv&iacute;an en Barcelona.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia&rdquo;</strong></p>
<p>- Publicas muy joven, en 1975, un libro de relatos que hab&iacute;a ganado un premio y del que se habl&oacute; mucho: <em>Te deix, amor, la mar com a penyora (Palabra de mujer</em>, en la edici&oacute;n en castellano) &iquest;Qu&eacute; proyecto literario ten&iacute;as al escribirlo?</p>
<p>- Ninguno, escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia. Las monjas del Sagrado Coraz&oacute;n, las mismas que educaron a Mme. de Merteuil de <em>Les liaisions dangereuses</em>, cuidaban mucho la redacci&oacute;n y nos ense&ntilde;aron a escribir cartas. <em>Te deix,</em> no es otra cosa que una carta&hellip;</p>
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<p>- &iquest;A qu&eacute; atribuyes su inmediato &eacute;xito?</p>
<p>&nbsp;- Creo que abordaba un tema tab&uacute;, el amor entre dos mujeres, de eso no se hablaba y menos se escrib&iacute;a en aquella &eacute;poca. <em>Te deix</em> gan&oacute; el Premio Recull de Blanes en 1973, luego, al publicarse en el 75, tuvo mucho &eacute;xito porque trataba con desenvoltura de ese tipo de amor llamado amistad. Adem&aacute;s el catal&aacute;n permit&iacute;a &ndash;ya que la primera persona del pronombre personal en plural no marca el sexo&ndash;, que no se desvelara hasta el final que no se trataba de un amor heterosexual.</p>
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<p>- De ti y de Montserrat Roig se dice en esa &eacute;poca que introduc&iacute;s en la narrativa en lengua catalana &ndash;y en cierta medida en la espa&ntilde;ola- de esa &eacute;poca, a&ntilde;os 70, cuestiones de intimidad, de sensibilidad, un enfoque femenino. &iquest;Qu&eacute; queda de todo aquello?</p>
<p>- No creo que quede demasiado. Los tiempos han cambiado mucho.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con Montserrat Roig hicimos un pacto: jam&aacute;s hablar&iacute;amos mal la una de la otra&rdquo; </strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; hay de paralelo y qu&eacute; hay de divergencia en las trayectorias de Montserrat Roig, con la que mantuviste una gran amistad, y la tuya?</p>
<p>- Comenzamos a escribir en la misma &eacute;poca, aunque Roig public&oacute; antes y nos comprometimos, como se dec&iacute;a entonces, con el antifranquismo y el feminismo militante. Montserrat adem&aacute;s se dedicaba al periodismo y era m&aacute;s combativa que yo. Como alguna vez trataron de enfrentarnos, hicimos un pacto: jam&aacute;s hablar&iacute;amos mal la una de la otra y mucho menos de nuestros libros nos gustaran o no. Cuando muri&oacute; me jur&eacute; a m&iacute; misma que en mis intervenciones sobre literatura buscar&iacute;a cualquier pretexto para recordarla y lo he venido cumpliendo.</p>
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<p>- Desde el inicio utilizas en tus libros la variante mallorquina del catal&aacute;n. &iquest;Qu&eacute; ventajas y qu&eacute; condicionamientos te supone?</p>
<p>- El mallorqu&iacute;n o si prefieres la variante dialectal catalana de Mallorca, es mi lengua de infancia, mi lengua familiar. Mi vocabulario mallorqu&iacute;n no siempre coincide con el catal&aacute;n del Principat. Adem&aacute;s, creo que es mucho m&aacute;s rico que el est&aacute;ndar barcelon&eacute;s y eso es una ventaja. Tiene eso s&iacute;, inconvenientes, los correctores a menudo no aceptan los mallorquinismos. Recuerdo que en un relato me cambiaron &ldquo;gorrions&rdquo;, usual en mallorqu&iacute;n, porque les pareci&oacute; un castellanismo, por &ldquo;pardals&rdquo;, p&aacute;jaros en catal&aacute;n, palabra que en mallorqu&iacute;n significa &oacute;rgano genital masculino&hellip; Menos mal que llegu&eacute; a tiempo de remediarlo.</p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo ves tu obra literaria en relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n literaria mallorquina?</p>
<p>- No me lo he preguntado nunca, pero s&iacute; te puedo decir que creo que pertenezco al grupo de escritores que comienzan a publicar en los setenta, algunos un poco antes, como Guillem Frontera, Gabriel Janer Manila o Maria Ant&ograve;nia Oliver, y que contamos con un antecedente de la categor&iacute;a de Miguel &Agrave;ngel Riera, cuyas novelas, magn&iacute;ficas, son poco conocidas y con otro de tipo popular, <em>Rondaies mallorquines</em>, una maravilla por el tipo de lengua, viva, espont&aacute;nea que hoy la apisonadora de la TV ha barrido y es una pena.</p>
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<p><strong>&ldquo;Camilo Jos&eacute; Cela&nbsp; tiene cuentos, libros de viajes y novelas estupendas&rdquo;</strong></p>
<p>- En los a&ntilde;os 50 y 60, cuando t&uacute; te estabas formando, viv&iacute;an en Mallorca dos figuras que han quedado para la posteridad: Lloren&ccedil; Villalonga y Camilo Jos&eacute; Cela. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n te merecen?</p>
<p>-&nbsp; A Villalonga no le conoc&iacute;, mi padre no me dej&oacute;. Mi familia no ten&iacute;a muy buena relaci&oacute;n con &eacute;l, porque mis abuelos le hab&iacute;an alquilado una casa y, al parecer, se hab&iacute;a ido sin pagar. Puede que fuera un mal inquilino, pero era un gran escritor, <em>Mort de dama</em> y <em>Bearn </em>son magn&iacute;ficas. A Cela s&iacute; le conoc&iacute;, en la relaci&oacute;n personal era una persona educad&iacute;sima, nada que ver con el personaje que le gustaba exhibir y tiene cuentos, libros de viajes y novelas estupendas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Uno de los hombres m&aacute;s fascinantes que he conocido es don Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos, concu&ntilde;ado de Federico Garc&iacute;a Lorca&rdquo;</strong></p>
<p>- En tu segundo libro de relatos, <em>Jo pos per testimoni les gavines</em>, abordas temas muy caracter&iacute;sticos de la &eacute;poca de la Transici&oacute;n, como el retorno y la reivindicaci&oacute;n de los intelectuales exiliados y en el caso de uno de los personajes femeninos, su relaci&oacute;n con los campos de exterminio nazi.</p>
<p>- S&iacute;, me preocupaban esos temas. La cuesti&oacute;n del exilio siempre me pareci&oacute; y me sigue pareciendo un horror, adem&aacute;s por la &eacute;poca en que est&aacute;n escritos los cuentos de <em>Jo pos&hellip;</em> trat&eacute; asiduamente a uno de los hombres m&aacute;s fascinantes que he conocido, don Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos, concu&ntilde;ado de Federico Garc&iacute;a Lorca, que acababa de regresar del exilio y que me cont&oacute; muchas cosas de su peregrinaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;El feminismo es un deber y un compromiso &eacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p>- De tu primera novela larga, <em>Una primavera per a Domenico Guarini</em>/<em>Una primavera para Domenico Guarini </em>observaste que era tambi&eacute;n tu &ldquo;primera y &uacute;nica novela militante. Militante del feminismo y de las libertades&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; ha significado el feminismo para ti?</p>
<p>-&nbsp; Un deber y un compromiso &eacute;tico. El feminismo comporta, en primer lugar, la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres y aunque en esta lucha hemos avanzado mucho queda todav&iacute;a bastante camino por recorrer.</p>
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<p>- <em>Una primavera per a Domenico Guarini</em> se centra en un joven que ha atentado contra un cuadro de Botticelli, anticipando el &ldquo;s&iacute;ndrome de Stendhal&rdquo;. Una periodista est&aacute; tan interesada en cubrir el caso que se desplaza a Florencia. &iquest;Clara Alabern es un &ldquo;alter ego&rdquo; tuyo?</p>
<p>- En parte, pero solo en parte, por el com&uacute;n inter&eacute;s por el feminismo y porque est&aacute;, como yo, bastante literaturizada. Tambi&eacute;n por la fascinaci&oacute;n por la pintura y por ciertos cuadros como <em>El nacimiento de la Primavera</em> de Botticelli.</p>
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<p><strong>&ldquo;Echo de menos la intensidad de la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68&rdquo;</strong></p>
<p>- Se&ntilde;alas a prop&oacute;sito de esta novela que &ldquo;nosotros, la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68, quer&iacute;amos cambiar el mundo con la fuerza del amor&rdquo;&hellip; &iquest;Echas de menos la intensidad de aquella &eacute;poca?</p>
<p>- Cada minuto de mi vida.</p>
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<p>- Tras <em>Domenico Guarini</em>, te embarcas en dos sucesivos proyectos ambiciosos, novelas hist&oacute;ricas de gran formato: <em>Dins el darrer blau</em> / <em>En el &uacute;ltimo azul </em>(1994) <em>y Cap al cel obert / Por el cielo y m&aacute;s all&aacute;</em> (2000). La primera se centra en un duro episodio de la Inquisici&oacute;n mallorquina, que juzga a un grupo de conversos que al intentar huir de la isla son atrapados, juzgados y tres de ellos, quemados vivos. Abordas el tema del juda&iacute;smo, lo que te lleva a la cuesti&oacute;n de los <em>xuetas </em>mallorquines. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;as vivido esta problem&aacute;tica?</p>
<p>- De una manera directa. Cuando yo era peque&ntilde;a la cuesti&oacute;n de los descendientes de los conversos sacrificados en los Autos de Fe de 1691 todav&iacute;a estaba muy viva. Los sambenitos con los nombres de las v&iacute;ctimas no desaparecieron del claustro de Convento de Santo Domingo hasta que este fue derruido, tras abolirse la Inquisici&oacute;n, de manera que hab&iacute;a una serie de apellidos que identificaban a los descendientes de aquellos marcados, como <em>xuetas</em> y objeto de burlas e insultos. Pero incluso despu&eacute;s de abolida la Inquisici&oacute;n en 1834, la gente guard&oacute; en su memoria esos apellidos. Yo recuerdo como algunos ni&ntilde;os eran objeto de humillaci&oacute;n y befa por esa raz&oacute;n tan injusta, cosa que me impresionaba mucho y cuando fui mayor quise saber de donde proced&iacute;a ese desprecio y comenc&eacute; a investigar&hellip;</p>
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<p>- <em>Cap al cel obert / Por el cielo</em> <em>y m&aacute;s all&aacute;</em> est&aacute; ambientada en el siglo XIX y en el mundo de los indianos, con dos hermanos instalados en La Habana y dos mujeres que han de viajar al Caribe para casarse con ellos. Mallorca es tierra de indianos. &iquest;La inspir&oacute; tus propias reminiscencias familiares?</p>
<p>- En parte s&iacute;, mi antepasado el general Valeriano Weyler estuvo en la guerra y fue objeto de muchas <em>fake news </em>por parte de los americanos y tambi&eacute;n de los mambises. No hizo las animaladas que le atribuye la leyenda negra, que tanta tendencia tenemos a creernos los espa&ntilde;oles. Era un militar &iacute;ntegro, constitucionalista, que se opuso al directorio de Primo de Rivera. Mi abuela, que tan importante fue para m&iacute;, me contaba continuamente cosas de Cuba.</p>
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<p>- Volvemos a Mallorca con tu &uacute;ltima novela. <em>Una ombra blanca/Una sombra blanca</em>, se centra en la crisis vital de una soprano estadounidense, que le lleva a rememorar una infancia ambulante y una estancia mallorquina de su pasado. &iquest;Qu&eacute; crees que aporta respecto a tu obra narrativa anterior, y en qu&eacute; se nutre de experiencias tuyas recientes?</p>
<p>- Tiene muy poco que ver con mis novelas anteriores, pese a que tambi&eacute;n, en la segunda parte, el escenario sea mallorqu&iacute;n y coincida con el de mi infancia, aunque la m&iacute;a transcurr&iacute;a en Dei&agrave; y la de mi protagonista en el pueblo inventado de Fosclluc, que ya aparece en <em>Te deix amor la mar com a penyora</em>. En cuanto a lo que aporta, tal vez ciertos aspectos esot&eacute;ricos de los que nunca trat&eacute; antes. La novela parte de una experiencia ECM y de una pregunta que a todos nos interesa: &iquest;Hay vida despu&eacute;s de la muerte?</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; es lo que te result&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil a la hora de redactarla?</p>
<p>- Conseguir ensamblar las diferentes voces.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los autores de la Escuela de Barcelona eran estupendos&rdquo;</strong></p>
<p>-Tienes, como m&iacute;nimo, una doble direcci&oacute;n muy marcada, como narradora en catal&aacute;n y como investigadora literaria en castellano. En 1988 ganas el premio Anagrama de Ensayo con tu libro <em>La Escuela de Barcelona</em>. <em>Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el n&uacute;cleo po&eacute;tico de la generaci&oacute;n de los cincuenta</em>. Un tema sobre el que has vuelto regularmente. &iquest;Qu&eacute; te interesa de este grupo y esta generaci&oacute;n?</p>
<p>- Eran unos escritores estupendos, me encantaba leerlos y adem&aacute;s cuando empec&eacute; a trabajar sobre ellos estaban vivos y pod&iacute;as preguntarles, lo que era una ventaja</p>
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<p>- &iquest;Cu&aacute;l es tu recuerdo personal de Carlos Barral?</p>
<p>- Me citaba en el Senado para hablar de su obra y me presentaba a sus colegas: &ldquo;Esta chica se dedica a estudiar mi obra&rdquo;, lo dec&iacute;a pavone&aacute;ndose. Por entonces creo que solo Masoliver le hab&iacute;a dedicado un art&iacute;culo. Barral era conocido como editor, pero desconocido como poeta.</p>
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<p>- &iquest;Y de Jaime Gil de Biedma?</p>
<p>- Me dedic&oacute; el ejemplar de <em>Las personas del verbo</em> repleto de notas m&iacute;as con este texto: &ldquo;Para Carmen, este libro que tambi&eacute;n ha escrito ella.&rdquo; Tuve un disgusto morrocotudo el d&iacute;a que unos chorizos en el parquin de la Aut&oacute;noma me abrieron el coche y me robaron la cartera con los apuntes de clase y, entre otros libros, &eacute;ste para m&iacute; tan especial.</p>
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<p><strong>&ldquo;Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo era, si no estaba deprimido,&nbsp; divertid&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y de Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo?</p>
<p>- A Jos&eacute; Agust&iacute;n le trat&eacute; mucho m&aacute;s que a Carlos y a Jaime y le quise mucho, porque era un tipo estupendo y, si no estaba deprimido, era divertid&iacute;simo. Su muerte fue un trauma para m&iacute;. Como yo lo llevaba muy a menudo a leer sus poemas a la Universidad Aut&oacute;noma, pensamos con Ton (Asunci&oacute;n Carandell), su mujer y su hija Julia en crear una c&aacute;tedra con su nombre que recogiera sus manuscritos, cartas y libros, etc. Hoy la C&aacute;tedra Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo que todav&iacute;a dirijo acoge todos estos materiales a disposici&oacute;n de los investigadores.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual&rdquo;</strong></p>
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<p>- Tu dedicaci&oacute;n al grupo barraliano nos permite hablar del contacto en Catalu&ntilde;a entre la literatura en lengua catalana y en lengua castellana, del que Barral y t&uacute; constitu&iacute;s dos buenos ejemplos. Es un contacto que ha sido habitual pero posiblemente se ha estudiado poco. &iquest;Qu&eacute; piensas al respecto?</p>
<p>- Cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual, aunque tanto a los de un lado, como a los del otro, eso no les guste mucho. Y s&iacute;, como t&uacute; dices y lo sabes bien, se ha estudiado poco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mart&iacute;n de Riquer trabaj&oacute; sobre textos catalanes y castellanos sin ning&uacute;n problema de mala conciencia&rdquo;</strong></p>
<p>- Una investigaci&oacute;n interesante que hiciste en su d&iacute;a fue sobre la recepci&oacute;n del <em>Quijote</em> por parte del nacionalismo catal&aacute;n con motivo del tercer aniversario de su publicaci&oacute;n, en 1905. Te lo encarg&oacute; Mart&iacute;n de Riquer. &iquest;Qu&eacute; puedes decirnos de esta gran figura de la historia y la filolog&iacute;a?</p>
<p>- No me lo encarg&oacute; Riquer, pero &eacute;l me propuso para que yo entrara en la Reial Acad&egrave;mia de Bones Lletres de Barcelona. Me hizo mucha ilusi&oacute;n que el maestro Riquer pensara en m&iacute; y, como yo hab&iacute;a ido a sus estupendas clases sobre el <em>Quijote</em>, consider&eacute; que deb&iacute;a centrar mi discurso sobre un tema cervantino y me dediqu&eacute; a estudiar la recepci&oacute;n del libro de Cervantes en la prensa catalana en 1905. Riquer era un sabio, un gran experto internacional en literatura medieval, al que le interesaban temas muy variados y que trabaj&oacute; sobre textos catalanes y castellanos sin ning&uacute;n problema de mala conciencia&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;El hecho de que ahora en el Parlamento se utilicen las lenguas cooficiales me parece positivo&rdquo;</strong></p>
<p>- En el 2016 encabezas, con Manuel Rivas, Bernardo Atxaga, Daniel Innerarity y Manuel Cruz, el apoyo a un &ldquo;Manifiesto por el desarrollo de la pluralidad ling&uuml;&iacute;stica de Espa&ntilde;a&rdquo;. La iniciativa entroncaba con una proposici&oacute;n de ley org&aacute;nica para racionalizar y aumentar la visibilidad y el uso de las diferentes lenguas en los estamentos del Estado, asegurar su presencia conjunta en la educaci&oacute;n de las autonom&iacute;as espa&ntilde;olas y consolidar su reconocimiento simb&oacute;lico. Se eleva al Senado y ah&iacute; se encalla. &iquest;Por qu&eacute; este tema no se acaba de resolver?</p>
<p>- El hecho de que ahora en el Parlamento se utilicen las lenguas cooficiales me parece positivo.</p>
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<p>- Tu activismo cultural catalanista no te impidi&oacute; manifestarte contra el proceso independentista. &iquest;C&oacute;mo juzgas ahora lo que ocurri&oacute; en Catalu&ntilde;a en el periodo 2012-2019?</p>
<p>- Creo que las cosas se hicieron enormemente mal y que adem&aacute;s se actu&oacute; con prisa y sin buscar el necesario consenso.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; ha representado para ti dedicar cuatro d&eacute;cadas de vida profesional a la Universidad? &iquest;C&oacute;mo has compatibilizado esta dedicaci&oacute;n con la literaria?</p>
<p>- Un lujo. Pod&iacute;a hablar de literatura por la ma&ntilde;ana, tratar de contagiar mi entusiasmo por los autores a la gente joven, y escribir por la noche. Por la tarde estaban mis hijos, mi marido, las labores propias de mi sexo, como se dec&iacute;a por entonces.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me aburro si no pruebo g&eacute;neros nuevos. Cada libro es un reto&rdquo;</strong></p>
<p>- En los &uacute;ltimos a&ntilde;os experimentas con distintos g&eacute;neros. En <em>L'estiu de l'angl&egrave;s/El verano del ingl&eacute;s </em>la novela g&oacute;tica.</p>
<p>- Me aburro si no pruebo g&eacute;neros nuevos. Cada libro es un reto.</p>
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<p>- Abordaste la parodia pol&iacute;tica en <em>Amb ulls americans / Con ojos americanos</em>, que te permiti&oacute; analizar Catalu&ntilde;a con la mirada de un periodista yanqui, con repasos a los grandes t&oacute;picos y en tono de farsa.</p>
<p>- S&iacute;, aunque Ferran Mascarell (ex regidor de cultura del Ayuntamiento de Barcelona y ex conseller de Cultura de la Generlitat), cuando present&oacute; el libro me dijo que me hab&iacute;a quedado corta &ndash;&eacute;l todav&iacute;a no se hab&iacute;a hecho indepe&ndash;, no gust&oacute; nada en Catalu&ntilde;a. Es mi libro menos reeditado.</p>
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<p>- Te lanzas al g&eacute;nero negro con <em>Natura quasi morta</em>, que ambientas en la Universidad Aut&oacute;noma de Bellaterra, de donde has sido profesora muchos a&ntilde;os y donde yo te conoc&iacute;.</p>
<p>- Me hac&iacute;a ilusi&oacute;n saber si ser&iacute;a capaz de escribir una novela negra de campus y adem&aacute;s me desesper&oacute; mucho que en 2007 desapareciera Romain Lannuzel un estudiante Erasmus del que nunca volvimos a saber nada, y trat&eacute; de que se volviera a poner en marcha su b&uacute;squeda a trav&eacute;s de mi novela, cosa que sucedi&oacute;. Los Mossos reabrieron el caso, pero infructuosamente, aunque su foto se encontr&oacute; en casa de un depredador sexual, hoy en la c&aacute;rcel, por matar a otro estudiante, no se tir&oacute; de ese hilo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los asesinos de paisajes han destrozado gran parte de la belleza de Mallorca&rdquo;</strong></p>
<p>- En 2013 fuiste elegida acad&eacute;mica de la RAE. Tu discurso de ingreso vers&oacute; sobre los viajeros literarios a Mallorca. El t&iacute;tulo, &ldquo;Sobre un lugar parecido a la felicidad&rdquo;, remite a un texto de Jorge Luis Borges enviado a su amigo Jacobo Sureda en 1926. Para el autor de El Aleph, "Mallorca es un lugar parecido a la felicidad, apto para escenarios de dicha, y yo -como tantos isle&ntilde;os y forasteros- no hab&iacute;a pose&iacute;do casi nunca el caudal de felicidad que uno debe llevar dentro para sentirse espectador digno (y no avergonzado) de tanta claridad de belleza". Dio la impresi&oacute;n por tu intervenci&oacute;n de que no estabas muy de acuerdo con ese enfoque.</p>
<p>- Con la cita de Borges s&iacute; estoy de acuerdo, lo que no estoy de acuerdo es con los asesinos de paisajes que han destrozado gran parte de la belleza de la isla.</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay trabajo mejor para una escritora o un escritor que ser acad&eacute;mico de la RAE&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ha representado este nombramiento para ti? S&eacute; que vas puntualmente a la RAE todos los jueves. &iquest;De qu&eacute; te ocupas?</p>
<p>- Me hizo much&iacute;sima ilusi&oacute;n, adem&aacute;s fue inesperado. Algunos de los autores m&aacute;s admirados por m&iacute;, como Riquer o Gimferrer &ndash;que fue uno de los tres que me propusieron, junto a Carmen Iglesias y a Pombo&ndash;, eran acad&eacute;micos. Voy todos los jueves, porque adem&aacute;s ahora soy vicedirectora. Como el resto de los acad&eacute;micos me ocupo de trabajar con las palabras. Creo que no hay trabajo mejor para una escritora o un escritor.</p>
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<p>- Has obtenido muchos galardones a lo largo de tu carrera, y en el 2015 uno que constituye una coronaci&oacute;n, el Premio Nacional de las Letras espa&ntilde;olas. &iquest;C&oacute;mo lo viviste?</p>
<p>- Con una enorme emoci&oacute;n, sinceramente y no menos agradecimiento al jurado.</p>
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<p>- Incluso has sido profeta en tu tierra, en 2018 el gobierno balear te concede la Medalla d'Or de les Illes Balears.</p>
<p>- Jaja, no creas, lo que ocurre es que vivo solo a medias en Mallorca, paso mucho tiempo aqu&iacute;, en Barcelona.</p>
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<p><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s, que cre&oacute; la picaresca, con demasiada frecuencia se olvida que el que piratea un texto lo est&aacute; robando&rdquo;</strong></p>
<p>- Tambi&eacute;n desempe&ntilde;as la presidencia de la entidad CEDRO. &iquest;Qu&eacute; haces al frente de esta entidad? &iquest;De d&oacute;nde sacas tiempo y energ&iacute;a para tantas cosas?</p>
<p>- Trabajamos por la defensa de los derechos de autor, que no siempre se tienen en cuenta. En este pa&iacute;s, que cre&oacute; la picaresca, con demasiada frecuencia se olvida que el que piratea un texto, lo est&aacute; robando. En cuanto al tiempo, la verdad es que me falta para muchas otras cosas que tambi&eacute;n me interesan, como la jardiner&iacute;a y la costura.</p>
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<p>- Tu novela <em>Les darreres paraules / Las &uacute;ltimas palabras</em> gira en torno al archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primo de la emperatriz Sissi, naturalista y ecologista a su manera, con una hermosa finca mallorquina. &iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; hasta &eacute;l?</p>
<p>- Veraneamos en Dei&agrave;, en una casa situada en tierras que fueron de los herederos del archiduque y en la infancia conoc&iacute; a la esposa de Vives, secretario del archiduque, do&ntilde;a Aina, nuestra vecina, que contaba cosas extraordinarias de sus singladuras a bordo de la goleta Nixe con su alteza imperial. Adem&aacute;s cuando trabajaba como comisaria de la exposici&oacute;n que Palma dedic&oacute; a la figura del Arxiduc en el centenario de muerte en 2015, encontr&eacute; la correspondencia de mi bisabuelo Estada al archiduque, y supe que le hab&iacute;a ayudado con datos para el <em>Die Balearen</em>. El archiduque, por otro lado, era una referencia habitual en la Mallorca de mi infancia. Mi abuela, que le conoci&oacute;, porque &eacute;l frecuentaba su casa, contaba infinitas an&eacute;cdotas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sin Carmen Balcells, es posible que Garc&iacute;a M&aacute;rquez no hubiera llegado a ser tan importante&rdquo;</strong></p>
<p>- Con <em>Carmen Balcells, traficante de palabras</em>, emprendiste la ambiciosa y exhaustiva biograf&iacute;a de la agente literaria catalana (1930-2015), una de las figuras m&aacute;s influyentes del mundo del libro contempor&aacute;neo. &iquest;Por qu&eacute; este proyecto?</p>
<p>- Porque ten&iacute;a mucho cari&ntilde;o y admiraci&oacute;n a Carmen y porque me apetec&iacute;a cumplir con lo que me pidi&oacute; ir&oacute;nicamente, que tras su muerte abriera la causa de su beatificaci&oacute;n...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Fuiste amiga de Balcells. &iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s importante que has aprendido de ella que no supieras previamente?</p>
<p>-Por ejemplo, su relaci&oacute;n con Fidel Castro. A trav&eacute;s de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, se conocen en La Habana y ella le pide durante una fiesta mayores libertades para Cuba. A Castro le sienta muy mal y le contesta en muy mal tono. Muestra la arrogancia de Carmen: hablar con un poderoso y pensar que le va a hacer caso, cosa que a veces consegu&iacute;a. Despu&eacute;s se reconcilian y cuando Castro vino a Espa&ntilde;a ella fue a verle a Santiago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El contacto con Garc&iacute;a M&aacute;rquez le cambi&oacute; la vida, en lo econ&oacute;mico y en la vida cotidiana.</p>
<p>- S&iacute;, su encuentro de 1965 fue fundamental, pero tambi&eacute;n para &eacute;l. &nbsp;Sin Carmen es posible que no hubiera llegado a ser tan importante, quien sabe si le hubieran dado el Nobel. Garc&iacute;a M&aacute;rquez le transmiti&oacute; cierto sentido supersticioso, que Carmen cultiv&oacute; mucho, con astr&oacute;logos y pitonisas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo consigui&oacute; llevar a la vez dos autores peleados entre s&iacute; como Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Vargas Llosa?</p>
<p>- Porque los quer&iacute;a much&iacute;simo a los dos, era una cuesti&oacute;n de cari&ntilde;o. Y estupenda mano izquierda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde el punto de vista de los autores, Carmen Balcells pasar&aacute; a la historia como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad&rdquo;</strong></p>
<p>- La agencia Balcells se ha identificado mucho con ellos, aunque revelas que en cierto momento los m&aacute;ximos ingresos se deb&iacute;an a Isabel Allende. &iquest;Qu&eacute; otros escritores fueron los m&aacute;s pr&oacute;ximos?</p>
<p>- Entre los espa&ntilde;oles, Eduardo Mendoza, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y Jos&eacute; Luis Sampedro se hicieron muy amigos de Carmen. Cuando muri&oacute; V&aacute;zquez Montalb&aacute;n recuerdo su enorme dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sin duda fue un gran car&aacute;cter. La defines como una personalidad barroca, &ldquo;un ox&iacute;moron&rdquo;.</p>
<p>-Pod&iacute;a tener una emotividad fort&iacute;sima y a la vez ser muy d&eacute;spota, de la manera en que lo son los genios, de forma arbitraria.</p>
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<p>- Uno de sus logros fue la reforma impositiva para los escritores.</p>
<p>La llamada clausula Balcells es el gran favor que nos hizo a todos, al escalonar las declaraciones de los derechos de autor en concepto de adelanto.</p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo pasar&aacute; Carmen Balcells a la historia?</p>
<p>- Desde el punto de vista de los autores, como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad. Luch&oacute; por los derechos de autor como nadie, y fue la primera agente del mundo hispano durante sesenta a&ntilde;os. Sin ella no hubiera habido boom literario hispanoamericano. O hubiera sido muy distinto, o no se hubiera escrito con B de Barcelona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible&rdquo;</strong></p>
<p>- Como articulista, uno de tus temas recurrentes es el descenso de las capacidades de lectura en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y como profesora te has quejado a menudo de la bajada de nivel en los alumnos universitarios.</p>
<p>- Una verdadera l&aacute;stima. La comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible. Si no eres capaz de entender un texto, has perdido la capacidad cr&iacute;tica y eres carne de ca&ntilde;&oacute;n, perfectamente manipulable.</p>
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<p>- Eres de los pocos autores, quiz&aacute;s la &uacute;nica, que has estado presente en las tres comparecencias espa&ntilde;olas como invitado en la Feria del Libro de Frankfurt: la de 1991, la catalana del 2007 y la del 2022. &iquest;Qu&eacute; cambios experimentaste de una a otras?</p>
<p>- Para m&iacute; la mejor, tal vez porque era joven, fue la del 91. En 2007 Catalu&ntilde;a tir&oacute; la casa por la ventana y creo que hizo una muy buena puesta en escena. La del 2020 me pareci&oacute; de ambici&oacute;n y presupuesto menor en comparaci&oacute;n, sobre todo, a la organizada en el 91 tambi&eacute;n por el Ministerio de Cultura. Adem&aacute;s, not&eacute; que la Feria en vez de ir como un tiro, algo que me deslumbr&oacute; en el 91, andaba con dificultades. Me preocupa pensar que el mundo editorial, pese a los datos que se nos ofrecen, decrece.</p>
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<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo crees que ha evolucionado la cultura espa&ntilde;ola en los ya 46 a&ntilde;os que llevamos de democracia, si contamos a partir de la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n?</p>
<p>- La cultura interesa poco, a la gente le interesan otras cosas, como el deporte. Se puede vivir la mar de bien siendo un perfecto inculto, sin haber entrado nunca en un museo ni le&iacute;do un libro ni asistido a un concierto. Y es una l&aacute;stima porque se pierden maravillosas posibilidades de ensanchar la vida. Es una pena, pero en Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura porque a muchos pol&iacute;ticos les ha importado muy poco que seamos cultos o no. Ellos tampoco lo son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de la cultura?</p>
<p>- No tengo una opini&oacute;n demasiado buena de la gesti&oacute;n de pol&iacute;tica cultural. Creo que hay un dato que lo resume: el bajo presupuesto destinado a Cultura por parte del gobierno, tanto el estatal como los auton&oacute;micos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- T&uacute; has defendido la monarqu&iacute;a como una instituci&oacute;n positiva para Espa&ntilde;a, y tambi&eacute;n para su cultura.</p>
<p>- Me siento monarquicana. Creo que nadie mejor que los Reyes don Felipe y do&ntilde;a Leticia encarnan los principios republicanos y adem&aacute;s nos representan fuera del pa&iacute;s mejor que nadie. No encontrar&iacute;amos ning&uacute;n presidente de una futura Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola que lo hiciera mejor que don Felipe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para acabar me gustar&iacute;a pedirte una breve reflexi&oacute;n sobre un tema muy concreto: &iquest;c&oacute;mo crees que hubiera sido tu vida sin la literatura?</p>
<p>- No habr&iacute;a sido vida.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 06:41:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 151 de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-151-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/JUAN_MARS_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA publica, en exclusiva mundial en espa&ntilde;ol, un avance &ldquo;Los vulnerables&rdquo;, el nuevo libro de Sigrid Nunez. Esta autora neoyorkina, nacida en 1951 y que ha sido colaboradora habitual de medios como &ldquo;The New York Times&rdquo; y ha ejercido la docencia en las universidades de Princeton, Columbia o Boston, es una de las principales escritoras norteamericanas actuales. Ganadora en 2018 del National Book Award, la cr&iacute;tica la considera una de las m&aacute;s cualificadas autoras a la hora de abordar en sus novelas, con agudeza y sensibilidad, las problem&aacute;ticas a las que nos enfrentamos en estos tiempos tan complejos. Completan el apartado que TURIA dedica a la creaci&oacute;n narrativa, textos in&eacute;ditos de Rodrigo Fres&aacute;n, Laura Fern&aacute;ndez, Juan Jos&eacute; Flores, Carlota Gurt, Use Lahoz y Gemma Pellicer.&nbsp;</p>
<p>Junto a la participaci&oacute;n de Nunez, tiene especial relevancia en esta nueva entrega de la revista el testimonio de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n sobre su relaci&oacute;n con Javier Mar&iacute;as. El escritor aragon&eacute;s radicado en Barcelona publica un texto bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Diez a&ntilde;os de amistad&rdquo;. En &eacute;l confiesa Pis&oacute;n haber sido un lector fiel y tenaz de Mar&iacute;as durante los a&ntilde;os ochenta&nbsp; del&nbsp; pasado&nbsp; siglo XX, cuando el autor de &ldquo;Los dominios del lobo&rdquo; era un &ldquo;escritor muy &nbsp;minoritario&rdquo;. Tambi&eacute;n reconoce que aquella amistad inicial &ldquo;ten&iacute;a mucho de relaci&oacute;n maestro-disc&iacute;pulo&rdquo; y se tradujo en una relaci&oacute;n epistolar que dur&oacute; diez a&ntilde;os.</p>
<p>Uno de los textos originales m&aacute;s interesantes que publica el nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA es el art&iacute;culo del profesor universitario, escritor y periodista Sergi Doria titulado &ldquo;Nuccio Ordine, la rebeli&oacute;n del Humanismo&rdquo;. En &eacute;l se rinde un merecido homenaje al prestigioso docente y ensayista italiano Nuccio Ordine, Premio Princesa de Asturias de Comunicaci&oacute;n y Humanidades, y se defiende la idoneidad de sus postulados para afrontar los retos del mundo que vivimos. Su libro &ldquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rdquo; fue un aut&eacute;ntico aldabonazo argumental, un verdadero manifiesto contra el utilitarismo economicista, contra la satisfacci&oacute;n inmediata y la conversi&oacute;n de las pantallas en altares de la religi&oacute;n digital. En suma, un sincero y ejemplar llamamiento a la necesidad del saber humanista.</p>
<p>El &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios es una sugerente aproximaci&oacute;n a un autor singular y que bien merecer&iacute;a una mayor atenci&oacute;n por parte de los buenos lectores: Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o. Poeta, narrador, ensayista, diarista y artista pl&aacute;stico, su particular universo creativo es analizado por Manuel Arranz en un singular formato de breve diccionario bajo el t&iacute;tulo &ldquo;L&eacute;xico Cata&ntilde;o. Voces y ecos en la obra de Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o. Siempre vinculado a su Canarias natal, pese a su residencia en Barcelona, fue sobre todo notable y exquisito diarista, un apasionado viajero y un practicante del juda&iacute;smo.</p>
<p>A subrayar tambi&eacute;n la amplia n&oacute;mina de poetas que colaboran en esta entrega de TURIA con textos in&eacute;ditos. Una diversidad que acredita el permanente mestizaje generacional y est&eacute;tico que practica la revista. Gracias a ese trabajo cultural abierto, plural e integrador, es posible leer versos originales de poetas de contrastada trayectoria como Rafael Argullol, Jes&uacute;s Aguado, Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo, Eduardo Moga, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mic&oacute;, Juan Bufill, Miriam Reyes, &Aacute;lex Chico, &Aacute;ngel Petisme o Carlos Zan&oacute;n junto a voces emergentes como Julia Per&oacute;,&nbsp; Laura Rodr&iacute;guez D&iacute;az, Marta Fuembuena o Loredana Volpe.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JUAN MARS&Eacute;, EL MEJOR NOVELISTA DE BARCELONA</strong>&nbsp;</p>
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<p>Un atractivo y excelente art&iacute;culo sobre &ldquo;Las Barcelonas de Juan Mars&eacute;&rdquo;, elaborado por el profesor de la Universidad de Barcelona y cr&iacute;tico literario Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, inaugura el sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA. No pod&iacute;a ser de otra forma por cuanto, esta entrega de la revista, ser&aacute; presentada en el Museu de Picasso de Barcelona el pr&oacute;ximo 19 de junio. En el art&iacute;culo se subraya un dato incuestionable: &ldquo;la ciudad ostenta una s&oacute;lida tradici&oacute;n como protagonista de la mejor literatura contempor&aacute;nea&rdquo;. Baste recordar el Par&iacute;s de &ldquo;Rayuela&rdquo;, de Julio Cort&aacute;zar o de &ldquo;Par&iacute;s era una fiesta&rdquo;, de Hemingway&rdquo;. O el Dubl&iacute;n en el que se desarrollan libros fundamentales como &ldquo;Ulises&rdquo; y &ldquo;Dublineses&rdquo;, de James Joyce. Nunca olvidaremos, igualmente, &ldquo;La trilog&iacute;a de Nueva York&rdquo; de Paul Auster&nbsp; o &ldquo;Tokio Blues&rdquo; de Haruki Murakami.</p>
<p>Sin duda, la relaci&oacute;n de novelas y autores que tienen a Barcelona como escenario es ampl&iacute;sima y notable por su calidad pero, entre ellas, sobresale la producci&oacute;n narrativa de Juan Mars&eacute; porque gran parte de ella tiene como epicentro fundamental a esa ciudad y sus habitantes. Y es que &ldquo;en la narrativa de Juan Mars&eacute; se recorren varias Barcelonas: la de la alta burgues&iacute;a catalana, la marcada por los desastres de la Guerra Civil, la que vive en el imaginario de legendarias &lsquo;aventis&rsquo;, la que enmarca un eficaz melodramatismo ir&oacute;nico, la de extracci&oacute;n obrera y ascendencia vagamente anarquista, la de las salas de cine uniendo a un vecindario de popular familiaridad, la que a&ntilde;ora ic&oacute;nicas heroicidades del pasado, la de una postguerra de estraperlo y racionamiento, la que conoce la persistencia de una miseria barraquista no exenta de cierta dignidad, la de una picaresca sobrevivencial y, en definitiva, la que se diversifica en varios registros narrativos que se mantienen entre nosotros con plena vigencia lectora, memoria viva ya de un ayer documentado con la potencia de la ficci&oacute;n y la excelencia de la mejor literatura&rdquo;. Buena prueba de esa pluralidad de miradas y retratos de Barcelona ser&iacute;an t&iacute;tulos imprescindibles en la trayectoria novel&iacute;stica de Mars&eacute; como &ldquo;&Uacute;ltimas tardes con Teresa&rdquo;, &ldquo;Si te dicen que ca&iacute;&rdquo;, &ldquo;Un d&iacute;a volver&eacute;&rdquo; o &ldquo;La oscura historia de la prima Montse&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JAVIER MAR&Iacute;AS, SEG&Uacute;N IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N</strong>&nbsp;</p>
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<p>De gran valor testimonial es el art&iacute;culo que Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n dedica en TURIA al tambi&eacute;n sobresaliente escritor que fue Javier Mar&iacute;as. En &eacute;l, y con el t&iacute;tulo de &ldquo;Diez a&ntilde;os de amistad&rdquo;, narra con absoluta franqueza y naturalidad la relaci&oacute;n amistosa y la correspondencia que mantuvo con quien lograr&iacute;a convertirse en uno de los escritores m&aacute;s destacados de las letras espa&ntilde;olas. Y tambi&eacute;n uno de los que ha obtenido m&aacute;s proyecci&oacute;n internacional. El retrato que elabora Pis&oacute;n de Mar&iacute;as nos lo presenta como una persona &ldquo;de trato educado y amistoso pero no particularmente c&aacute;lido, demasiado centrado en su propia persona aunque no necesariamente vanidoso, ya entonces Mar&iacute;as se ve&iacute;a a s&iacute; mismo como el futuro escritor de &eacute;xito que acabar&iacute;a siendo. La suya era la magnanimidad de los grandes maestros cuando todav&iacute;a no lo era. Lo que daba lo daba a cambio de muy poco: admiraci&oacute;n, nada m&aacute;s. Y no daba pocas cosas. Aqu&iacute; va un ejemplo de su generosidad. Algunos meses despu&eacute;s de conocernos, me llam&oacute; a casa para ofrecerme una plaza de profesor en Oxford que por tradici&oacute;n se reservaba a escritores espa&ntilde;oles. Por all&iacute; hab&iacute;an pasado Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a y &eacute;l mismo. Obs&eacute;rvese que lo que me ofrec&iacute;a no era un puesto de trabajo. Lo que me ofrec&iacute;a era empezar a formar parte de su peque&ntilde;o Olimpo, seguir su trayectoria, ser como &eacute;l, en definitiva. Para alguien como Mar&iacute;as, que acabar&iacute;a repartiendo t&iacute;tulos y honores desde su imaginario Reino de Redonda, aquello equival&iacute;a a admitirme oficialmente en su isla. Desgraciadamente, no pudo ser&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre esa etapa de fruct&iacute;fera relaci&oacute;n epistolar, que concluy&oacute; en abril de 1996, Pis&oacute;n nos dir&aacute;: &ldquo;Releyendo esas cartas y esas postales, compruebo que era m&aacute;s afectuoso por escrito que en persona. Su afecto mezclaba las expresiones de amistad con las alusiones a mi corta edad y a lo &ldquo;enormemente prometedor&rdquo; de mis inicios literarios. Hab&iacute;a en su actitud cierta condescendencia, pero era una condescendencia que a m&iacute; no me molestaba y de la que &eacute;l mismo era consciente, pues no en vano algunos de los comentarios dec&iacute;a hacerlos &ldquo;a riesgo de parecer (o ser) paternalista&rdquo;. Por supuesto, la nuestra era una amistad eminentemente literaria, pero es que para &eacute;l exist&iacute;an muy pocas cosas importantes fuera del territorio de la literatura. Hacer comentarios sobre mis libros o responder a mis comentarios sobre sus libros era una forma muy suya de hablar de la vida&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>NUCCIO ORDINE: </strong><strong>SOBRE LA UTILIDAD DE LO IN&Uacute;TIL</strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">La secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo est&aacute; protagonizada por un sincero homenaje a la labor intelectual de Nuccio Ordine (Diamante, Italia, 1958, - Cosenza, Italia, 2023). Son p&aacute;ginas en las que Sergi Doria, en un art&iacute;culo titulado &ldquo;Nucci Ordine, la rebeli&oacute;n del Humanismo&rdquo;, traza una entusiasta y c&oacute;mplice glosa de la notable trayectoria intelectual y la profunda huella que nos ha dejado la obra y el compromiso en defensa del humanismo del profesor y escritor calabr&eacute;s.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&ldquo;Los saberes aparentemente in&uacute;tiles son cada vez m&aacute;s necesarios&rdquo; era el mensaje de Ordine, nos dir&aacute; Sergi Doria. Y es que, mientras &ldquo;el utilitarismo se erig&iacute;a, desp&oacute;tico, sobre nuestras sociedades y nuestras vidas&rdquo;, las palabras del autor de &lsquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rsquo; sonaban tan subversivas como saludables: &ldquo;La dictadura del dinero contamina nuestras relaciones sociales y afectivas&rdquo;. A los j&oacute;venes que desprecian el aprendizaje, al mismo tiempo que blasonan de que ya lo tienen todo en la Wikipedia, Ordine les lanzaba una advertencia: &ldquo;Sin esfuerzo no hay saber, que es la &uacute;nica cosa que no puede comprarse con dinero. Sin una base cultural previa, internet no sirve de nada&rdquo;. Y pon&iacute;a un ejemplo que ligaba a su autor de cabecera, el sabio Giordano Bruno: &ldquo;Si un estudiante quiere conocer su vida y obra encontrar&aacute; decenas de webs delirantes y si no conoce al personaje acabar&aacute; repitiendo datos equivocados&rdquo;. Y no solo los estudiantes, las &uacute;ltimas generaciones de profesores que proven&iacute;an de unos planes de estudio que hab&iacute;an arrumbado las Humanidades. La referencia a Giordano Bruno (1548-1600) no era casual. Ordine hab&iacute;a dedicado muchos a&ntilde;os a estudiar la literatura, filosof&iacute;a y pintura de esta figura del renacimiento italiano. De hecho, su debut editorial en Espa&ntilde;a fue en 2006 con &lsquo;El umbral y la sombra&rsquo; (Siruela). Aquel ensayo, que no tuvo resonancia popular, recibi&oacute; los elogios de Ilya Prigogine. El premio Nobel de Qu&iacute;mica de 1977 lo defini&oacute; como &ldquo;una monumental y apasionante introducci&oacute;n a Giordano Bruno, donde literatura y pintura, filosof&iacute;a y ciencia se entrecruzan en una perspectiva que vincula pasado y presente&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Con cada reforma educativa, apuntaba Ordine, nuestra educaci&oacute;n hab&iacute;a ido a peor: &ldquo;Como se trataba de nivelar por abajo, las universidades actuales parecen cada d&iacute;a m&aacute;s institutos de Secundaria; ya nadie se esfuerza en leer las obras en origen; todo son antolog&iacute;as, manuales y sinopsis&rdquo;. Reconvertidas en sat&eacute;lites empresariales, las instituciones acad&eacute;micas ten&iacute;an a sus profesores m&aacute;s ocupados en cumplimentar la burocracia del plan de Bolonia que en dotar de contenido unas clases cada vez m&aacute;s dirigidas al &ldquo;estudiante-cliente&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>SIGRID NUNEZ: TIERNA, DIVERTIDA Y PROFUNDA</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los textos m&aacute;s sugerentes y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista TURIA se encuentra el material in&eacute;dito de Sigrid Nunez (Nueva York, 1957), una autora considerada por la cr&iacute;tica como una de las voces m&aacute;s valiosas de las letras norteamericanas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Hija de madre alemana y padre chino-paname&ntilde;o, fue una lectora compulsiva desde su infancia. Se licenci&oacute; en Bellas Artes por la Universidad de Columbia y ha ejercido como docente en dicho centro formativo y tambi&eacute;n en Princeton o Boston. Tambi&eacute;n ha sido colaboradora de medios como &ldquo;The New York Times&rdquo;, &ldquo;Harper&rsquo;s&rdquo;, &ldquo;O: The Oprah Magazine&rdquo; y &ldquo;The New York Rewiew of Books&rdquo;. Gracias a su trabajo en esta &uacute;ltima publicaci&oacute;n, conoci&oacute; a Susan Sontag, una de las celebridades de la intelectualidad estadounidense del siglo XX. A ella le dedicar&iacute;a uno de sus mejores libros: &ldquo;Siempre Susan: recuerdos sobre Susan Sontag&rdquo;. Es autora de nueve novelas, entre las que destacan y se han traducido al espa&ntilde;ol dos: &ldquo;El amigo&rdquo;, que la catapult&oacute; a la popularidad internacional y le granje&oacute; premios como el National Book Award y el New York Public Library Best Book Award y &ldquo;Cu&aacute;l es tu tormento&rdquo;.</p>
<p>TURIA ofrece ahora en primicia en espa&ntilde;ol un anticipo del libro &ldquo;Los vulnerables&rdquo;, que apareci&oacute; en ingl&eacute;s en noviembre pasado a&ntilde;o y que en nuestro pa&iacute;s publicar&aacute; la editorial Anagrama en los pr&oacute;ximos meses. <em>Los vulnerables</em> revela lo que sucede cuando un tr&iacute;o de perfectos desconocidos est&aacute; dispuesto a abrir sus corazones al otro y c&oacute;mo, incluso a trav&eacute;s de peque&ntilde;os actos, pueden aliviar la angustia de los dem&aacute;s. Una narraci&oacute;n que, con sus reflexiones y digresiones, desborda las costuras de la novela m&aacute;s tradicional para explorar las relaciones humanas, la soledad, la necesidad de empat&iacute;a y la escritura como un modo de comunicaci&oacute;n. Tierna, divertida y profunda, se trata de una obra de gozosa lectura que confirma a Sigrid Nunez como una de las voces m&aacute;s estimulantes de la literatura estadounidense contempor&aacute;nea. Un libro en el que el lector encontrar&aacute; un amigo.</p>
<p>A Sigrid Nunez se la ha comparado con Emmanuel Carr&egrave;re o Rachel Cusk por su capacidad de lograr que el lector se interese por cualquier tema. &laquo;Eleg&iacute;a m&aacute;s comedia es la &uacute;nica manera de expresar c&oacute;mo vivimos hoy. Y que algo no sea divertido en la vida real no significa que no pueda escribirse sobre ello como si lo fuese&raquo;, dice un personaje de esta novela. Su narradora es una mujer solitaria que acepta hacerse cargo de un vivaracho loro llamado Eureka a petici&oacute;n de la amiga de una amiga. Del cumplimiento de ese encargo y de su relaci&oacute;n con un miembro a la deriva de la Generaci&oacute;n Z, surgen preguntas que solo pueden resolverse, quiz&aacute;, indagando en la naturaleza y el prop&oacute;sito de la escritura misma. &iquest;Qu&eacute; significa estar viva en un momento tan complejo de la historia como el actual? &iquest;Hasta qu&eacute; punto nuestra realidad presente afecta a la manera en que una persona mira hacia su pasado?</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 May 2024 09:55:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poema de Julieta Valero ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poema-de-julieta-valero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JULIETA_VALERO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Escuchar el cuerpo, dicen, pero</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo se hace? &iquest;Escuchar la contractura la</p>
<p>lascivia que se derrama, peine en mano,</p>
<p>buscando su centro, escuchar la celiaqu&iacute;a imaginaria?</p>
<p>Porque lo real del cuerpo no viene al o&iacute;do</p>
<p>estruendo es, no mudo, nudo de vida o</p>
<p>desv&iacute;o a barranco. El cuerpo solo puede</p>
<p>ser real como el hijo, un mortalmente</p>
<p>acompa&ntilde;arse, y no cabe en la poes&iacute;a falsa</p>
<p>humildad, siempre amanece 1789, un asalto</p>
<p>a la solemnidad que es bicho palo y eso est&aacute; bien,</p>
<p>todos en lo Darwin, lanzando metamorfosis,</p>
<p>dentelladas, besos. Siempre ateridos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 10:30:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Potencia confesional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/potencia-confesional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IGNACIO_ESCU_N_BORAO_3_-_Fotograf_a_de_ngel_L._Fern_ndez_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocos poetas sabr&aacute;n transmitir la singular mezcla de verosimilitud, artificio u oficio, explicitud al hilo de la vida y &ldquo;sinceridad&rdquo;, pr&oacute;xima a la de los poemas de Nacho Escu&iacute;n en este libro. No es el &uacute;nico registro de un poeta con una considerable mochila l&iacute;rica, aunque esta entrega pueda oscurecerlos por la potencia confesional. Si los poetas desolados tienden a reiterarse en un registro que, a veces, entroncan con una sensibilidad hist&oacute;rica y circunstancia, el turolense, poeta vers&aacute;til seg&uacute;n demuestran los diferentes tonos y f&oacute;rmulas empleados a lo largo de su poes&iacute;a, vuelve sobre s&iacute; mismo de forma inmediata y diferenciada al hilo de la vida, o eso parece, como motivo ficcional o confesional. <em>Cover</em> (2024) muestra una crisis expl&iacute;cita y versos en un ajuste de cuentas consigo mismo y los dem&aacute;s, con desabrimiento y tristeza en ocasiones, ternura en otras, bajo el palio de lo reflexivo y desazonado simult&aacute;neamente. <em>Cover</em> es todo eso y algo m&aacute;s. Los diarios l&iacute;ricos y sus autofabulaciones tienen ese sinclinal propuesto en un libro complejo donde se excede lo autoconfesional descriptivo del diario l&iacute;rico, para mostrar autognosis y sentido de una crisis. Un desbordamiento emocional se convierte en madurez l&iacute;rica al encuentro de algunos de sus poemas marcados por ello. <em>Cover </em>es el cierre de sendas y el encuentro de bruces con la madurez amarga (hay otras), cantando en las cuatro partes del libro su herida y peleas con la vida, arrepentimientos y pulsiones. Sin duda coinciden o traen el sesgo de un acto de conciencia y asunci&oacute;n del yo, da&ntilde;o hecho y recibido, soledad y desamor, salvaci&oacute;n y perd&oacute;n, desde el desgarro del poema inicial: <em>Nada se rompe como un coraz&oacute;n</em>, al hilo de la canci&oacute;n de Mark Robson popularizada por Miley Cirus, recuerda el autor. El mismo t&iacute;tulo, <em>Cover</em>, habla de versiones tra&iacute;das por la vecindad con sus propios textos e identificaci&oacute;n de motivos. Y as&iacute; sus vers&iacute;culos son un abra o delta, multiplicidad de asuntos o desembocaduras desde ese pistoletazo inicial del dolor y el precipicio del fracaso autorremitente y conjurado en su recomposici&oacute;n de un yo que asume su culpa cuando toca y debe/sabe pedir perd&oacute;n. En fin, una desembocadura y precipicio emocional tormentoso, capaz.</p>
<p>Si en los dietarios l&iacute;ricos hay confidencia, en otros, como este, late o urge sanar la herida, y la una puesta en escena de un alambre que saca lo mejor del poeta aragon&eacute;s entre el recomponerse y olvidar, callar o cantar, sanarse, como al final propone. Lo hace con personalidad no lejana en su pulsi&oacute;n, no en sus modos y con otra supervivencia de fondo, a la del desgarro de David Gonz&aacute;lez o la sucinta reflexividad ca&uacute;stica o simplemente lac&oacute;nica de Karmelo Iribarren (mientras pienso en Jos&eacute; Mar&iacute;a Fonollosa), con elaborada sencillez. Y, pese a todo, esa capacidad de sortear intermediarios y de agarrarse al verbo, evita a Nacho Escu&iacute;n el abismo nihilista de los desolados profesionales, etc., con esa versatilidad atada a la vida y contradicciones, hipersensibilidad oferente en el altar desde las pugnas consigo. Un m&eacute;rito m&aacute;s. No siempre, pero s&iacute; en muchas ocasiones, es donde hay que buscar al poeta en su torrente o en su delicadeza. Me refiero a los estupendos versos encerrados en &ldquo;Como renace un mirlo en su vuelo tras una ca&iacute;da por/un golpe de viento equivocado&rdquo;, de expl&iacute;cita intenci&oacute;n o identidades no menos claras: &ldquo;As&iacute; la vida, as&iacute; la ausencia, as&iacute; tambi&eacute;n la nieve&rdquo;. Vale un libro este poema donde reflexiona la hiperestesia conmovida de un yo atormentado y propuesto en una letan&iacute;a de llantos con fortaleza y sentido de <em>fatum</em>, b&uacute;squeda de paz, nitidez <em>dicendi</em> y capacidad pl&aacute;stica, juego laber&iacute;ntico de motivos que se revuelven sobre s&iacute; mismos y resurgen en un tablero de claroscuros donde se imanta el yo. &ldquo;Turbulento es el paisaje de la noche terca&rdquo; en efecto, de quien tambi&eacute;n sabe, desde ese realismo que sus versos se ti&ntilde;en &ldquo;sin importarte demasiado cuanto dicen hoy /los peri&oacute;dicos&rdquo;. Una liberaci&oacute;n y una confesi&oacute;n entre resortes simb&oacute;licos y analog&iacute;as, pleno de concreci&oacute;n o vuelta al remanso de paz de la cotidianidad de otro poema estupendo &ldquo;Hay algo m&aacute;gico en lo m&aacute;s sencillo&rdquo;. Restructuraci&oacute;n o recomposici&oacute;n, olvido del tr&aacute;fago social o mundos sumergidos, acusaciones y reconcomimientos, perdones, tentaciones de evaporizaci&oacute;n. &nbsp;<em>Cover</em> es una catarsis cuando esperas algo extraordinario inexistente en tu propia &ldquo;tortura existencial&rdquo; y en b&uacute;squeda de anonimato, o paz consigo mismo. Un buen libro, en definitiva, por sus mejores poemas. Si a todo ello sumamos la cuidada edici&oacute;n de Lorena Carbajo en Bala Perdida, miel sobre hojuelas.</p>
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<p>Nacho Escu&iacute;n, <em>Cover</em>, Madrid, Bala Perdida, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 10:03:11 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Eugenio Trías protagoniza un espectacular monográfico de la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eugenio-trias-protagoniza-un-espectacular-monografico-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_151_-_Portada_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>Un homenaje colectivo que pretende reivindicar tanto su protagonismo en el pensamiento contempor&aacute;neo, como la singularidad y el valor de su obra intelectual. En &eacute;l participan un total de 13 autores y especialistas que publican cerca de 150 p&aacute;ginas de textos originales sobre la rica y diversa labor de Tr&iacute;as. Adem&aacute;s, TURIA da a conocer material in&eacute;dito del propio Eugenio Tr&iacute;as. En suma, un conjunto de art&iacute;culos que brindar&aacute;n al buen lector una aproximaci&oacute;n completa, rigurosa y atractiva sobre uno de los grandes nombres propios de nuestra cultura.</div>
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<div>Seg&uacute;n el profesor Jordi Ib&aacute;&ntilde;ez, miembro del Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as de la Universidad Pompeu Fabra y que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA, &ldquo;en los libros y la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as el pensamiento, el arte, la arquitectura, el psicoan&aacute;lisis, la pol&iacute;tica, la religi&oacute;n, la m&uacute;sica y el cine configuran el laberinto de callejuelas que palpita en el centro de una ciudad pensada y so&ntilde;ada, atravesada por las grandes avenidas de las vanguardias del siglo XX y conservando en sus barrios m&aacute;s antiguos, en sus calles y plazas m&aacute;s secretas, el cultivo de las grandes cuestiones cl&aacute;sicas de la filosof&iacute;a. La obra de Tr&iacute;as se ha vinculado con la idea de l&iacute;mite, y de hecho se la ha llegado a conocer como una &lsquo;filosof&iacute;a del l&iacute;mite&rsquo;. Pero se trata de un l&iacute;mite que articula m&aacute;s que corta o separa, de una experiencia del conf&iacute;n que permite asomarse tanto al abismo del ser como al propio proceso de significaci&oacute;n, de ganarle sentido a lo oscuro, a lo ultramundano, a lo infinitamente extra&ntilde;o. En sus libros, desde el primerizo &lsquo;La filosof&iacute;a y su sombra&rsquo;, de 1969, hasta los &uacute;ltimos trabajos sobre m&uacute;sica o en el ya p&oacute;stumo &lsquo;De cine&rsquo;, la creatividad filos&oacute;fica y el impulso conceptual se encarnan en una receptividad cultural de primer orden, en el m&aacute;s afinado talento cr&iacute;tico y hermen&eacute;utico, y tambi&eacute;n en la asumida condici&oacute;n de ciudadano que registra, como un sism&oacute;grafo, las corrientes pol&iacute;ticas y espirituales de su &eacute;poca. Su obra no solamente nos ofrece la arqueolog&iacute;a m&aacute;s inmediata de nuestro presente. En ella est&aacute; inscrita tambi&eacute;n la l&oacute;gica que sigue d&aacute;ndole y quit&aacute;ndole sentido al mundo, as&iacute; como la imagen inalcanzable en su totalidad del laberinto que nos tiene presos y al mismo tiempo nos incita a liberarnos&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>Es importante resaltar que, el monogr&aacute;fico sobre Eugenio Tr&iacute;as de TURIA, recoge en sus p&aacute;ginas la colaboraci&oacute;n tanto de reconocidos expertos en la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as como de j&oacute;venes investigadores, as&iacute; como el testimonio de amigos y familiares. Gracias a ese conjunto de aproximaciones, se ofrece una imagen caleidosc&oacute;pica, &uacute;nica y original de un autor que siempre se movi&oacute; con soltura entre la filosof&iacute;a y la literatura. TURIA brinda de este modo una ocasi&oacute;n excepcional al conseguir un doble objetivo: en primer lugar, permite que se calibre la vigencia de la obra de Tr&iacute;as entre quienes llevan tiempo estudi&aacute;ndola. Por otra parte, y como segunda l&iacute;nea de trabajo, el monogr&aacute;fico reivindica su actualidad y porvenir entre quienes se asoman a ella por primera vez.&nbsp;</div>
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<div>Esta aproximaci&oacute;n colectiva que ofrece TURIA resulta, por tanto, muy atractiva no s&oacute;lo para los lectores que ya conocen la producci&oacute;n ensay&iacute;stica de Tr&iacute;as sino para aquellos que quieran descubrir hoy las claves de la su obra, su actualidad y los motivos que fundamentan el que su autor est&eacute; considerado como uno de los grandes nombres propios de la cultura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</div>
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<div><strong>EUGENIO TR&Iacute;AS, EL FIL&Oacute;SOFO ESPA&Ntilde;OL M&Aacute;S GLOBAL</strong></div>
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<div>Eugenio Tr&iacute;as (Barcelona, 1942 &ndash; 2013) es, sin duda, uno de los fil&oacute;sofos m&aacute;s relevantes del siglo XX y principios del XXI y el &uacute;nico pensador espa&ntilde;ol distinguido con el premio Internacional Friedrich Nietzsche, concedido a la trayectoria global de un fil&oacute;sofo. Ese dato confirmar&iacute;a la proyecci&oacute;n universal obtenida por su pensamiento.&nbsp;</div>
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<div>Tras cursar estudios de Filosof&iacute;a en Espa&ntilde;a y Alemania, fue profesor en distintas universidades y, desde 1992, ocup&oacute; la c&aacute;tedra de Historia de las Ideas de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. En esta misma universidad, en el a&ntilde;o 2015 se cre&oacute; el Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as (CEFET) que alberga su biblioteca y archivo personal y que vela por la difusi&oacute;n de su obra.&nbsp;&nbsp;</div>
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<div>Eugenio Tr&iacute;as llev&oacute; a cabo una profunda reflexi&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana, del hombre como habitante del l&iacute;mite, en ese espacio fronterizo entre el ser y la nada, lo divino, lo sagrado y lo trascendente. Todo ello lo divulg&oacute; en una ambiciosa producci&oacute;n de m&aacute;s de cuarenta t&iacute;tulos.</div>
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<div>Fernando P&eacute;rez-Borbujo, profesor titular de Filosof&iacute;a de la Universidad Pompeu Fabra es el autor del art&iacute;culo introductorio del &ldquo;Cartapacio&rdquo; que TURIA dedica al ensayista y docente barcelon&eacute;s. En &eacute;l se nos dir&aacute; que Tr&iacute;as &ldquo;viene a cerrar hasta la fecha esa rica tradici&oacute;n filos&oacute;fica espa&ntilde;ola, iniciada con Unamuno y Ortega y Gasset y que llega hasta Mar&iacute;a&nbsp; &nbsp;Zambrano, pasando por Zubiri&rdquo;.&nbsp; No obstante, asegura P&eacute;rez-Borbujo que el hecho de que s&oacute;lo haya transcurrido una d&eacute;cada tras su muerte, &ldquo;a&uacute;n es poco tiempo para vislumbrar la huella que dejar&aacute; la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as en la posteridad. Las nuevas generaciones se acercar&aacute;n a ella desde inquietudes y presupuestos totalmente diferentes a los nuestros, con sus propios interrogantes en busca de respuestas. Aqu&iacute; y all&aacute; se multiplican los estudios sobre su obra, abordando un mosaico abigarrado de temas: la religi&oacute;n, la pasi&oacute;n, el arte, el espacio-luz, la m&iacute;stica, el simbolismo, el habitar, la voz &eacute;tica, el cine, la m&uacute;sica. Tal era la voluntad de su autor: que esta filosof&iacute;a &laquo;fecundase&raquo; los m&aacute;s diversos campos de conocimiento. Esta fecundidad, una verdadera &laquo;diseminaci&oacute;n&raquo;, constituye la virtualidad m&aacute;s grande de una propuesta filos&oacute;fica que ella misma ha abarcado los m&aacute;s diversos &aacute;mbitos, abri&eacute;ndose al di&aacute;logo con multitud de disciplinas y campos del saber humano: antropolog&iacute;a, &eacute;tica, pol&iacute;tica, religiones, m&uacute;sica, cine, pintura, arquitectura y un largo etc&eacute;tera&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>El editor de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, relata en TURIA que inici&oacute; su vinculaci&oacute;n con Eugenio Tr&iacute;as con la publicaci&oacute;n del libro &ldquo;El canto de las sirenas&rdquo;, cuya lectura result&oacute; para &eacute;l &ldquo;una iluminaci&oacute;n&rdquo;. Con ese t&iacute;tulo iniciar&iacute;a una relaci&oacute;n que se ha concretado hasta el momento en catorce libros, cifra que convierte a Tr&iacute;as en el autor con m&aacute;s libros editados en su sello junto a Tzvetan Todorov. Tambi&eacute;n revela que: &ldquo;uno de los &uacute;ltimos d&iacute;as en que nos vimos, consciente de que su vida se apagaba, me hizo un &uacute;ltimo encargo: que public&aacute;ramos de nuevo su libro &lsquo;El hilo de la verdad&rsquo;. Me dijo que de todos sus libros era el que m&aacute;s ilusi&oacute;n le hac&iacute;a ver de nuevo al alcance de los lectores. &Eacute;l mismo hab&iacute;a escrito que &laquo;si hay un libro m&iacute;o capaz de defenderse solo, es este. Si se me diera a elegir un &uacute;nico libro susceptible de ser salvado de una cat&aacute;strofe inminente, sin la menor duda elegir&iacute;a este&raquo;. Lo publicamos en febrero de 2014, justo cuando se cumpl&iacute;a un a&ntilde;o de su fallecimiento&rdquo;.</div>
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<div>Sobre el impacto de la obra de Eugenio Tr&iacute;as en las j&oacute;venes generaciones de universitarios amantes de las Humanidades, resulta muy significativo el art&iacute;culo que publica Julia L&oacute;pez Garc&iacute;a bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Tr&iacute;as al comienzo de casi todo&rdquo;. En &eacute;l se argumenta que esos j&oacute;venes que leen hoy a Tr&iacute;as tienen &ldquo;la peculiar sensaci&oacute;n de haber encontrado en las p&aacute;ginas de sus libros una especie de origen, de comienzo de un camino&rdquo;. Y ello ocurre porque &ldquo;de sus libros y las&nbsp; conversaciones&nbsp; con&nbsp; los que le acompa&ntilde;aron, se desprende la intuici&oacute;n de que Eugenio Tr&iacute;as fue, por encima de todas las cosas, un humano apasionado por su propia condici&oacute;n, a la cual quiso rendir culto y ofrendar con su obra. Su verdadero faro fue sentir con pasi&oacute;n la existencia, amar maravillado la vida y los misterios que la cercan, y perseverar en el don de la pluma, con el fin de encontrar ah&iacute; refugio, sentido y libertad&rdquo;.</div>
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<div>Otros art&iacute;culos, que completan la aproximaci&oacute;n de TURIA a Eugenio Tr&iacute;as y su obra son los de Alberto Sucasas (&ldquo;La edad del esp&iacute;ritu. Una historia filos&oacute;fica de la religi&oacute;n&rdquo;), Adri&aacute;n Ruiz Fern&aacute;ndez (&ldquo;Alma, historia y ciudad: hacia un di&aacute;logo con la herencia filos&oacute;fica espa&ntilde;ola&rdquo;), Jacobo Zabalo Puig (&ldquo;Crear en belleza: s&iacute;ntoma y celebraci&oacute;n de una existencia escindida&rdquo;), Manuel Neila (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as y la escritura afor&iacute;stica&rdquo;), Miguel Tr&iacute;as Sagnier (&ldquo;Mi hermano Eugenio Tr&iacute;as&rdquo;), Marta Llorente (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as en la Escuela de Arquitectura de Barcelona: im&aacute;genes, estancias, territorios&rdquo;), Juan Antonio Rodr&iacute;guez Tous (&ldquo;Hablando del l&iacute;mite. El seminario barcelon&eacute;s en la casa de Eugenio Tr&iacute;as (1998-2005)&rdquo;), Patxi Lanceros (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as. Maestro y amigo&rdquo;) y Carlos Francesch (&ldquo;Biocronolog&iacute;a de Eugenio Tr&iacute;as&rdquo;)</div>
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<div><strong>TURIA PUBLICA EL TEXTO QUE ESCRIBI&Oacute; EUGENIO TR&Iacute;AS DIEZ DI&Aacute;S ANTES DE MORIR</strong></div>
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<div>De singular relevancia es el material in&eacute;dito del propio Eugenio Tr&iacute;as que publica TURIA. Se trata de un texto titulado &ldquo;Ideas&rdquo; y es lo &uacute;ltimo que escribi&oacute; Eugenio Tr&iacute;as diez d&iacute;as antes de morir. En &eacute;l reconoce el fil&oacute;sofo barcelon&eacute;s que &ldquo;mis grandes pasiones culturales son la m&uacute;sica, el cine y la filosof&iacute;a. A trav&eacute;s de ellas consigo comunicarme con alg&uacute;n sector de lectores que se complacen con estos mismos gustos. M&uacute;sica y cine tienen mucho en com&uacute;n. Ambas tienen la dur&eacute;e como h&aacute;bitat y el espacio lanzado hacia el tiempo como eje prioritario. La m&uacute;sica es, sin duda, m&aacute;s abstracta, pero el cine le da una argumentaci&oacute;n distinta de la que dispone la literatura, &eacute;pica, l&iacute;rica, dram&aacute;tica o novelesca&rdquo;.</div>
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<div>Se trata de un esbozo de art&iacute;culo destinado a la tribuna del diario &lsquo;ABC&rsquo; conocida como &laquo;La Tercera&raquo;. Visto al cabo de los a&ntilde;os, ofrece el testimonio extraordinario de un hombre que, sabi&eacute;ndose condenado, pide tiempo &mdash;&laquo;si los dioses me protegen&raquo;&mdash; y traza planes, duda entre seguir con un tercer libro dedicado a la m&uacute;sica u otro dedicado al cine, esboza listas de compositores y cineastas pendientes de tratar en los otros libros, y al final se fija en &lsquo;Qu&eacute; bello es vivir&rsquo; de Frank Capra &mdash;el mundo deja de ser el mejor mundo posible si se borra la existencia de un solo individuo, por anodina que este piense que ha sido su vida&mdash;, en los flashbacks de Mankiewicz y en el pante&iacute;smo sabio y conciliador de &lsquo;El r&iacute;o&rsquo; de Jean Renoir. Pero tambi&eacute;n en la gran maniobra surrealista de &laquo;un mundo al rev&eacute;s&raquo; en &lsquo;El fantasma de la libertad&rsquo; de Luis Bu&ntilde;uel. El &laquo;habitante del l&iacute;mite&raquo; que acab&oacute; siendo para s&iacute; mismo el propio fil&oacute;sofo apunt&oacute; l&iacute;neas de trabajo que son toda una muestra de car&aacute;cter y templanza: el empuje del deseo de vivir, la aceptaci&oacute;n de la gravedad real de su situaci&oacute;n, la ambiciosa seriedad del prop&oacute;sito y el humor&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div><strong>IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N Y TURIA, UNA VALIOSA Y DILATADA VINCULACI&Oacute;N</strong></div>
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<div>Muchos son los ejemplos que acreditan la estrecha y dilatada vinculaci&oacute;n del escritor Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n con&nbsp; TURIA. Aragon&eacute;s residente desde hace tiempo en Barcelona, Pis&oacute;n es uno de los autores espa&ntilde;oles m&aacute;s valorados tanto por los lectores como por la cr&iacute;tica, y su trayectoria creativa se encuentra estrechamente ligada a la de la propia revista. Buena prueba de ese reconocimiento es su presencia en sumarios especialmente simb&oacute;licos de la revista. As&iacute; ocurri&oacute; en 2008 cuando, con motivo de su 25 aniversario, TURIA dedic&oacute; un monogr&aacute;fico a Luis Bu&ntilde;uel que fue presentado en Teruel por el propio Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. En aquel momento asegur&oacute; que la longevidad de TURIA era un hecho felizmente ins&oacute;lito entre nosotros, m&aacute;xime porque, seg&uacute;n este autor galardonado con Premio Nacional de Narrativa, es "una revista llena de palabras que nos reconcilia con la idea natural de la cultura, la palabra escrita".</div>
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<div>Otro momento especial de esa prolongada relaci&oacute;n con TURIA fue cuando, en 2013, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n protagoniz&oacute; el monogr&aacute;fico del n&uacute;mero 105-106 de la revista turolense. Se present&oacute; en el Teatro Principal de su ciudad natal, Zaragoza, y en aquel inolvidable sumario se reunieron destacados estudiosos de las letras espa&ntilde;olas como Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, Fernando Valls, Jos&eacute; Carlos Mainer o Jordi Gracia. Tambi&eacute;n fueron importantes los testimonios de amigos y creadores como Enrique Vila-Matas, David Trueba, Jos&eacute; Luis Melero Luis Alegre o Daniel Gasc&oacute;n. Asimismo se public&oacute; entonces una extensa entrevista exclusiva en la que Pis&oacute;n aseguraba, al periodista cultural Fernando del Val, que: &ldquo;La realidad teje historias tan literarias que yo mismo tendr&iacute;a problemas para crearlas&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>No obstante, la primera colaboraci&oacute;n de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n data de 1985 y fue un texto narrativo que apareci&oacute; en el n&uacute;mero 2-3 de TURIA, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;El rey sin nombre&rdquo;. A partir de entonces se iniciar&iacute;a una fruct&iacute;fera relaci&oacute;n con la revista que permiti&oacute; a Pis&oacute;n ofrecer a los lectores no s&oacute;lo nuevos textos creativos originales, sino art&iacute;culos y cr&iacute;ticas de libros. De igual forma, buena parte de sus libros han sido rese&ntilde;ados en TURIA. Por tanto, bien puede decirse que su vinculaci&oacute;n con la revista ha sido notable, s&oacute;lida y constante a lo largo de los a&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;</div>
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<div>TURIA es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Fue fundada en Teruel en 1983, su difusi&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n y est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas de referencia en el &aacute;mbito cultural.</div>
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<div>Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero especial sobre Eugenio Tr&iacute;as ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as de la Universidad Pompeu Fabra y del Ministerio de Cultura.&nbsp;</div>
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<div>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista tiene actualmente m&aacute;s de 14.000 seguidores.&nbsp;</div>
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<div><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE MIGUEL TR&Iacute;AS SAGNIER:&nbsp;</strong></div>
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<div><strong>&ldquo;MI HERMANO EUGENIO TR&Iacute;AS&rdquo;</strong>&nbsp;</div>
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<div>Uno de los testimonios in&eacute;ditos m&aacute;s &iacute;ntimos, reveladores y sugerentes del monogr&aacute;fico que TURIA dedica al fil&oacute;sofo Eugenio Tr&iacute;as es el elaborado por su hermano Miguel Tr&iacute;as Sagnier, prestigioso abogado y catedr&aacute;tico de Derecho Mercantil de ESADE. Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese art&iacute;culo:&nbsp;</div>
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<div>&ldquo;Lo primero que recuerdo de Eugenio es su ausencia. Mis primeros a&ntilde;os de memoria coinciden con sus a&ntilde;os universitarios en Navarra, en Madrid y en Alemania. Despu&eacute;s se asent&oacute; en Barcelona, donde residi&oacute; hasta su muerte con el relevante par&eacute;ntesis de un viaje a Latinoam&eacute;rica que emprendi&oacute; con nuestro hermano Carlos y su mujer Cristina Fern&aacute;ndez Cubas y que relata bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;viaje inici&aacute;tico&rdquo; en su libro de memorias &lsquo;El &aacute;rbol de la vida&rsquo;.&nbsp;</div>
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<div>Mi primer contacto de verdad con &eacute;l fue en otro viaje, &eacute;ste a Italia, que hicimos junto con mi madre y mi hermana In&eacute;s en el verano de 1972. Mi padre hab&iacute;a muerto tres a&ntilde;os antes y Eugenio ofici&oacute; all&iacute; un difuso papel paterno en el que nunca se imbuy&oacute; del todo.&nbsp;</div>
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<div>Ten&iacute;amos que coger el Canguro (as&iacute; se llamaba el barco transbordador que hac&iacute;a el trayecto de Barcelona a G&eacute;nova), pero por una raz&oacute;n que no recuerdo el barco no sali&oacute;, as&iacute; que decidimos cubrir el trayecto en coche, haciendo noche por el camino. Al no haber reservado habitaci&oacute;n fuimos a parar a un extra&ntilde;o hotel de carretera regentado por un &eacute;mulo de Anthony Perkins. Eugenio y mi madre se pasaron la cena bromeando acerca del lugar en el que deb&iacute;a guardar la momia de su madre o del peligro que representar&iacute;a la ducha matutina. Compart&iacute;an la afici&oacute;n por el cine de Hitchcock. A mi madre siempre le gustaron las pel&iacute;culas escabrosas y disfrutaba con el humor negro. Lo siniestro se hallaba presente en casa. Una cabeza de j&iacute;baro reducida colgaba de uno de los pelda&ntilde;os de la escalera de caracol de hierro colado que conectaba el primer y el segundo piso de la calle Balmes donde viv&iacute;amos. Mi madre, que conjugaba la indicada afici&oacute;n con un marcado sentido pr&aacute;ctico la coloc&oacute; all&iacute; para evitar que nadie se diera con la cabeza en la parte posterior de la escalera. A Eugenio tambi&eacute;n le atra&iacute;a lo escabroso. Una de sus series favoritas fue &lsquo;Seis pies bajo tierra&rsquo;, en la que se narran las aventuras y desventuras de la familia que regenta un tanatorio.</div>
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<div>Tras iniciar el viaje por el camino de lo siniestro, transitamos hacia la explosi&oacute;n de belleza de Florencia. All&iacute; descubr&iacute; de su mano el &lsquo;Nacimiento de Venus&rsquo; y la &lsquo;Alegor&iacute;a de la Primavera&rsquo; de Botticelli. Fue para m&iacute; un ejercicio de autocontenci&oacute;n, a mis 14 a&ntilde;os, estar parado media hora enfrente de cada uno de los cuadros. Eugenio los escrutaba, se sumerg&iacute;a en ellos. En ocasiones me hac&iacute;a una breve observaci&oacute;n. Pero su posici&oacute;n ante la obra de arte era la del di&aacute;logo interior que qued&oacute; reflejado en algunas p&aacute;ginas de su ensayo &lsquo;Lo bello y lo siniestro&rsquo;, en las que describe con intensidad ambas obras sublimes y recogi&oacute; esa imagen de Venus en la portada de su primera edici&oacute;n.&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Mi madre y mi hermana In&eacute;s se adelantaban y qued&aacute;bamos con ellas m&aacute;s tarde. Yo aprend&iacute; a contemplar el arte y a conmoverme frente a las obras que han marcado nuestro imaginario pict&oacute;rico del &lsquo;Quattrocento&rsquo;. Junto a Botticelli descubr&iacute; de su mano a Masaccio, Benozzo Gozzoli, Fra Angelico, Piero della Francesca, Fra Filippo Lippi y Ghirlandaio. Disfrutamos tambi&eacute;n de las puertas del Baptisterio de Ghiberti, y por supuesto de la maravillosa c&uacute;pula de Brunelleschi.&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Estaba entonces Eugenio elaborando los conceptos que, m&aacute;s adelante, plasmar&iacute;a en &lsquo;El artista y la ciudad&rsquo; y el viaje le sirvi&oacute; para observar de primera mano esa ciudad real renacentista en la que, siguiendo el discurso de Pico de la Mir&aacute;ndola, se consuma &laquo;esa &uacute;ltima esencia del platonismo que implica la reintegraci&oacute;n del artista en la ciudad&raquo;. Tuvimos entonces nuestras primeras conversaciones como adultos y, pese a que me doblaba en edad, encontr&eacute; en &eacute;l la complicidad de un hermano con el que compartir intimidades&rdquo;.</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 09:29:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Blagdaross]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/blagdaross/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/LUIS_ALBERTO_DE_CUENCA_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>L&eacute;eme otra vez el cuento de la infancia perdida,</p>
<p>donde un simple caballo de madera es el h&eacute;roe</p>
<p>de toda una Cruzada, y una mu&ntilde;eca rota,</p>
<p>una princesa altiva de Grimm o de Perrault.</p>
<p>Cu&eacute;ntamelo otra vez &mdash;como dec&iacute;a Amalia</p>
<p>en un inolvidable poema&mdash;, cu&eacute;ntame</p>
<p>c&oacute;mo el ni&ntilde;o se hizo mayor, y sus juguetes</p>
<p>quedaron arrumbados en un desv&aacute;n oscuro</p>
<p>hasta que otro ni&ntilde;o, de otra generaci&oacute;n,</p>
<p>volvi&oacute; a jugar con ellos, volvi&oacute; a so&ntilde;ar con ellos,</p>
<p>y los resucit&oacute;. Cu&eacute;ntame las proezas</p>
<p>de Blagdaross. Si lo haces, podr&aacute;s ver c&oacute;mo fluye</p>
<p>de mis ojos cansados una lluvia de l&aacute;grimas</p>
<p>que surgen de lo m&aacute;s profundo que hay en m&iacute;,</p>
<p>y c&oacute;mo me emociono, igual que el primer d&iacute;a,</p>
<p>al pensar en las nuevas batallas que, al comp&aacute;s</p>
<p>del llanto inconsolable que brota de mis ojos,</p>
<p>seguiremos librando hasta el fin de los siglos,</p>
<p>contra el tiempo y el mundo y las desilusiones,</p>
<p>mi caballito de madera y yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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      <pubDate>Wed, 15 May 2024 11:56:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Experiencias de rotulador]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/experiencias-de-rotulador/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/ELOY_TIZ_N_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un d&iacute;a te despiertas y est&aacute;s ciego. Un d&iacute;a te despiertas y est&aacute;s mudo: has perdido la capacidad de comunicarte con los dem&aacute;s; no vocalizas bien, tu lengua se mueve con torpeza. Un d&iacute;a te despiertas y no eres t&uacute;; no reconoces tus manos. Tus manos no son tuyas, te las han trasplantado por otras durante el sue&ntilde;o. Mueves, sin comprenderlos del todo, tus dedos como enguantados en una sustancia ligera. Un d&iacute;a aprietas el interruptor de la luz y de la alcachofa de la ducha comienza a manar el agua.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; est&aacute; ocurriendo?&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a, en la adolescencia, contraje algo. Algo raro, vivo. Aqu&iacute;, no s&eacute;, en la frente. Se me meti&oacute;. Algo sin forma que me manten&iacute;a alerta y al mismo tiempo me hac&iacute;a infeliz. Una cosa. Un zumbido. Un surco en el cerebro. Una zozobra seca, cuyos s&iacute;ntomas eran parecidos a los del enamoramiento o la gripe, pero sin estar yo ni griposo ni enamorado. Me cuesta explicarlo mejor.</p>
<p>Voz caliente y pies fr&iacute;os.&nbsp;</p>
<p>Esa cosa me imped&iacute;a dormir; era un tormento que me obligaba a no conformarme con lo que hab&iacute;a. A desear m&aacute;s. A desearlo todo, con ansia.</p>
<p>La Cosa. Me ordenaba pedalear entre las s&aacute;banas, moviendo mucho las piernas, hasta sentir un tir&oacute;n en el empeine o montados los gemelos. Me ordenaba levantarme de madrugada, descalzo, cojeando, y abrir las hojas del balc&oacute;n en contra de mi voluntad. Para nada.</p>
<p>Te ordeno, te ordeno, te ordeno. <em>Teordeno.</em></p>
<p>Yo: &laquo;No quiero ir&raquo;. Ella: &laquo;S&iacute;. Hazlo, Erizo. Hazlo&raquo;.</p>
<p>Lo hac&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Ya estoy en el balc&oacute;n abierto. Hace fr&iacute;o. &iquest;Est&aacute;s contenta?</p>
<p>Nada ni nadie responde a mi pregunta. Un pasillo de viento. Autom&oacute;viles seminuevos y una manzana en la acera.</p>
<p>Una manzana. Sola. Qu&eacute; humillaci&oacute;n. Me daba rabia y verg&uuml;enza.&nbsp;</p>
<p>Me sent&iacute;a humillado todo el tiempo. Algo tiritaba en m&iacute;. El mundo era insuficiente, un cat&aacute;logo borroso, fr&iacute;gido, mal rematado, una selva de gr&uacute;as y buzones y tel&eacute;fonos.</p>
<p>Un l&iacute;quido para beber caliente que se ha enfriado.</p>
<p>Todo era un l&iacute;mite que no se pod&iacute;a traspasar. La materia: un l&iacute;mite. El tiempo: otro l&iacute;mite. Y as&iacute; todo.</p>
<p>Yo ansiaba&hellip; sobrepasar, bordear, rotular&hellip; No, no era eso, muy mal expresado. Yo&hellip; No encontraba las palabras. Me rindo. Voy a intentarlo de nuevo: yo ansiaba, supongamos, ensanchar el mundo. O corregirlo.</p>
<p>(&iquest;Mejor as&iacute;? Bueno, psh, por ahora nos conformaremos con eso.)</p>
<p>No por m&iacute;, sino por culpa de ese hormigueo invasor que me exig&iacute;a, me retaba, me remord&iacute;a, demandaba sus derechos.</p>
<p>Un d&iacute;a te despiertas y te sientes incapaz de seguir siendo t&uacute;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; me estaba ocurriendo? Yo estaba mal, muy alterado. Pasaba semanas al acecho, nervioso e irritable. Aquella Cosa hablaba por m&iacute;. Contestaba mal a mis padres, lo cual era injusto, porque no lo merec&iacute;an. No merec&iacute;an aquel hijo defectuoso, chafado. La Cosa.</p>
<p>Muy p&aacute;lido, no atend&iacute;a las clases del instituto, olvidaba comer. La Cosa.</p>
<p>Los profesores cubr&iacute;an el encerado con f&oacute;rmulas algebraicas y gr&aacute;ficas de fiebre, igual que en los hospitales. La ense&ntilde;anza era una especie de convalecencia. Nos amontonaban a todos all&iacute;, a la espera de un diagn&oacute;stico. Ingresado, yo prestaba poca atenci&oacute;n a las pel&iacute;culas medievales de campesinos o a la mitosis de c&eacute;lulas, que para m&iacute; eran lo mismo.</p>
<p>Campesinos, c&eacute;lulas: l&iacute;mites.</p>
<p>La historia avanzaba a c&aacute;mara lenta, se arrastraba a la pata coja. &iexcl;Vamos, m&aacute;s br&iacute;o!Tardaban una eternidad hasta empujar a la guillotina a F&eacute;lix III y entronizar en su lugar a Trist&aacute;n IV, quien no tardaba en correr la misma suerte de ser conducido tambi&eacute;n al cadalso y eso entraba en el examen parcial.</p>
<p>No paraban de rodar cabezas.</p>
<p>Lo cual me recordaba aquella manzana en la acera que llevaba pudri&eacute;ndose tres d&iacute;as seguidos sin que ning&uacute;n barrendero la retirase. En serio, &iquest;por qu&eacute;?&nbsp;</p>
<p>No encontraba mi espacio. La vida daba siempre la se&ntilde;al de estar comunicando. Un mensaje grabado que dec&iacute;a: &laquo;Todas nuestras operadoras est&aacute;n ocupadas en este momento&raquo;. En cambio, escuchaba como un llanto lejano que no cesaba de sonar en todo el d&iacute;a. Miraba a los grupos de estudiantes con aprensi&oacute;n: nadie m&aacute;s parec&iacute;a notar nada raro. Sus cuerpos embutidos en sudarios de rocanrol y poli&eacute;ster.</p>
<p>Los o&iacute;a cacarear en el patio, debajo de la canasta de baloncesto, entre risas, toses suaves, alegres, muy suyos, desesperados, haciendo chascar sus nudillos mientras alardeaban de algo alzando mucho el cuello o trazaban planes conspiratorios para la tarde del s&aacute;bado y la ma&ntilde;ana del domingo. Hab&iacute;a una gran precisi&oacute;n y riqueza de detalles en esos planes cuchicheados, procedentes de estirar mucho el cuello, de cuya belleza yo, por alguna raz&oacute;n, estaba excluido.&nbsp;</p>
<p>En alg&uacute;n sitio se celebra una boda, un baile de disfraces, una fiesta de pijamas, alguien se casa, uno grit&oacute;:</p>
<p>&ndash;&iexcl;Tenemos que hacer una colecta entre todos para el regalo a los novios!</p>
<p>Esto los alter&oacute; mucho. Provoc&oacute; malentendidos, ri&ntilde;as, enfados. O planeaban juntarse otro d&iacute;a, en casa de Katia Orororo, aprovechando la ausencia de sus padres, para celebrar una sesi&oacute;n de espiritismo, sentarse a oscuras en el suelo del sal&oacute;n, formando un c&iacute;rculo de manos, y desde esa rueda invocar a los esp&iacute;ritus por medio de una ouija.</p>
<p>No era la primera vez que lo hac&iacute;an. Aseguraban que en cierta ocasi&oacute;n un esp&iacute;ritu respondi&oacute; a sus demandas, qu&eacute; susto, el vaso se desplaz&oacute; solo de una letra a la otra, de la ese a la eme, de la hache a la uve, para deletrear palabras o frases simples, t&uacute; eres pura, t&uacute; eres pura, le escribi&oacute; a una el esp&iacute;ritu, el vaso se deslizaba solo, sin intervenci&oacute;n de nadie, hasta que de repente sali&oacute; volando por los aires y se estrell&oacute; contra la pared, rompi&eacute;ndose en a&ntilde;icos, momento en que todos salieron huyendo despavoridos de casa de Katia Orororo.</p>
<p>A partir de aquella tarde celebraron las reuniones en casa de Camilo Coria.&nbsp;</p>
<p>Chascaban los nudillos, mis compa&ntilde;eros de estudios, sobreexcitados con la colecta para la boda o con aquel vaso de ultratumba, debajo de la canasta de baloncesto.</p>
<p>Iban a bodas. Hac&iacute;an espiritismo. Se relacionaban con novios o con esp&iacute;ritus, gente interesante. Yo no.</p>
<p>Tambi&eacute;n esto era otro l&iacute;mite. Un fracaso personal.</p>
<p>Mov&iacute;an los labios para hablar y lo que yo escuchaba era: un llanto.&nbsp;</p>
<p>Me aterraba la muerte y a veces deseaba morir.</p>
<p>Estar muerto ya. En pleno mediod&iacute;a, joven. La oscuridad de la tumba. El silencio eterno. La nada. Nada se mueve, nadie duda, no hay titubeos. Los grandes interrogantes filos&oacute;ficos que te ara&ntilde;an la mente a lo largo de toda tu existencia, sin dejarte en paz ni un segundo, al final se reducen a esto: una inscripci&oacute;n con dos fechas.</p>
<p>&iquest;Eso era todo?</p>
<p>Llueve sobre tu l&aacute;pida, que se vuelve resbaladiza como una pista de patinaje. La muerte es resbaladiza, gotea. Una hoja cae, no cae. Unas manos hacendosas modifican ramos de flores, tralar&iacute; tralar&aacute;. La vida, pese a todo, contin&uacute;a sin ti. La vida siempre triunfa. El mundo no te necesita, ni a ti ni a nadie. Un universo reptante de larvas, ra&iacute;ces, secreciones, nudos, siseos. &laquo;Aqu&iacute; yace&hellip;&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El m&eacute;dico del Seguro que me examin&oacute;, el doctor Barrientos, tras auscultarme me encontr&oacute; sano, nada, no tienes nada, muchacho, Erizo, me inst&oacute; a hacer ejercicio aer&oacute;bico, nadar y pedalear hasta agotarme, nada que no se cure sudando, &iquest;tienes novia, muchacho, Erizo?, y antes de darme tiempo a responder el doctor Barrientos me recomend&oacute; tomar un complejo vitam&iacute;nico y vuelves en seis meses, o antes si est&aacute;s peor, muchacho, Erizo, pero yo no estaba ni mejor ni peor, sab&iacute;a que no era eso, no era eso. Ni parecido.</p>
<p>Guard&eacute; silencio. El m&eacute;dico tambi&eacute;n guard&oacute; silencio.</p>
<p>Los dos guardamos silencio.&nbsp;</p>
<p>La manzana en la acera llevaba ya cinco d&iacute;as pudri&eacute;ndose. Cinco. Nadie hac&iacute;a nada por remediarlo. Aboll&aacute;ndose ella sola, con una abolladura interior. Vi c&oacute;mo brotaba de ella una suerte de absceso, que comenz&oacute; a supurar un l&iacute;quido parduzco. Poco a poco iba cobrando el aspecto de una manzana asada.&nbsp;</p>
<p>Prob&eacute; a cantar. Nada. Prob&eacute; a dibujar. Nada, tampoco.</p>
<p>Segu&iacute;a sintonizando el llanto.</p>
<p>Prob&eacute; a escalar una monta&ntilde;a, con resultados nulos. Despu&eacute;s de extenuarme todo el d&iacute;a al aire libre bajo el sol, entre rocas naranjas y cascadas verdes, baj&eacute; trotando de las alturas medio grogui y af&oacute;nico de tanto ox&iacute;geno.</p>
<p>&ndash;Por intentarlo nada se pierde, Erizo &ndash;me dijo alguien.&nbsp;</p>
<p>El consultorio del doctor Barrientos se encontraba al fondo de un largo, largu&iacute;simo pasillo. El pasillo alcanzaba el consultorio ya exhausto. Con sus &uacute;ltimas fuerzas, se desparramaba en dos butaquitas verdes de felpa con minifalda de flecos, un velador sobre el cual sonre&iacute;a una revista warholiana y una l&aacute;mpara de pie, pero no mucho.</p>
<p>Hab&iacute;a un biombo blanco en el consultorio del doctor Barrientos. Visillos tambi&eacute;n blancos, como hecho adrede. Todo muy conjuntado. Art&iacute;stico, incluso. El doctor Barrientos era un m&eacute;dico pop. Una camilla de hierro con pinta de confortable, a la que apetec&iacute;a llamar &laquo;lecho&raquo;. Un armario met&aacute;lico, pr&aacute;ctico, que contendr&iacute;a guantes de goma, algod&oacute;n, yodo, jeringuillas o esterilizadores o yo qu&eacute; s&eacute;. Formas.</p>
<p>El doctor Barrientos me extendi&oacute; una receta. La letra del doctor Barrientos era legible.&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a, por hacer algo, prob&eacute; a escribir algunas frases sueltas, en un pedazo de papel que encontr&eacute; en la cocina.</p>
<p>Algo hizo clic. &iquest;Ahora s&iacute;?</p>
<p>Mi estado pareci&oacute; mejorar un poco. El llanto se mitig&oacute;. Sent&iacute; que algo sucio y pesado se me remov&iacute;a dentro, pesaba menos, la bola se desatascaba, la sangre flu&iacute;a m&aacute;s acuosa.</p>
<p>La bestia, durante algunos minutos, dio la impresi&oacute;n de apaciguarse, ceder, doler menos, antes de que el efecto se disipase y ella volviese a la carga.</p>
<p>La luz en la ventana se agazapaba, era un gato de sol.&nbsp;</p>
<p>Compr&eacute; un cuaderno escolar. Anot&eacute; frases. Dibuj&eacute; flores. Escrib&iacute;a sin pensar, en una especie de trance loco, durante varias horas, lo primero que se me ocurriese, sin levantar la vista del papel ni para releer lo escrito ni para corregir.</p>
<p>Mis padres se asomaron a la cocina, me sonrieron, tranquilizados, casi conmovidos, y retrocedieron de puntillas, para no molestarme: pensaban que estaba volcado en mis estudios.&nbsp;</p>
<p>Ellos ten&iacute;an otras preocupaciones. Pronto nos mudar&iacute;amos a una casa m&aacute;s grande y mejor, en un barrio nuevo. Nuevas calles, nuevos afectos. Hab&iacute;a que desmontar el hogar. Las paredes empezaron a vaciarse de estanter&iacute;as, fotos, libros y cachivaches, y los pasillos a poblarse con pilas de cajas rotuladas con t&iacute;tulos de cat&aacute;logo de decoraci&oacute;n o pel&iacute;cula de gritos: &laquo;Vajilla nueva&raquo;, &laquo;Ba&ntilde;o&raquo;, &laquo;Cocina/2&raquo;, &laquo;Varios&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Iba a todas partes con mi cuaderno. El hecho de que no me separase de &eacute;l motiv&oacute; que mis compa&ntilde;eros de clase me apodasen burlonamente el Taqu&iacute;grafo. Ni siquiera me molest&oacute;. A mis espaldas, sin consultarme, propusieron mi candidatura para ser delegado de curso. No era opcional. Mi cara apareci&oacute; en los carteles. Qued&eacute; el segundo. Gan&oacute; Camilo Coria, por un escaso margen de votos.</p>
<p>La lluvia desti&ntilde;&oacute; los carteles. Mi cara, arrugada, termin&oacute; en la papelera.</p>
<p>Nada hab&iacute;a cambiado, nada, y, no obstante, todo era distinto. El mundo. Las caras de la gente. Los edificios de hombros estrechos, salivados de lluvia. Al pasar por mi cuaderno, el mundo se revitalizaba, intensificaba sus colores o sal&iacute;a huyendo con otro estilo.</p>
<p>Al s&eacute;ptimo d&iacute;a, la manzana en la acera desapareci&oacute;. O yo dej&eacute; de verla.&nbsp;</p>
<p>Si no se me ocurr&iacute;a nada, lo me que suced&iacute;a con frecuencia, anotaba en mi cuaderno una sola palabra: &laquo;Cactus&raquo;.</p>
<p>Me obligaba a repetirla cien veces, o doscientas, con total solemnidad lit&uacute;rgica, en un castigo placentero, cactus cactus cactus cactus cactus. Una l&iacute;nea tras otra, sin desfallecer. Lo importante no era el significado concreto de tal palabra, o de cualquier otra, sino la acumulaci&oacute;n verde y espinosa que esas seis letras convocaban y expand&iacute;an.</p>
<p>Las palabras despertaban al diccionario.&nbsp;</p>
<p>Me concentraba. Visto desde fuera, pod&iacute;a dar la sensaci&oacute;n de que hac&iacute;a algo &uacute;til, importante o beneficioso para alguien. Mi casa se vaciaba, pronto habr&iacute;a una mudanza. Yo me limitaba a cubrir las p&aacute;ginas de los cuadernos con facilidad, una tras otra, sin sufrimiento alguno, a buen ritmo, por ambas caras, persiguiendo aquella caligraf&iacute;a huidiza que siempre iba un paso por delante de m&iacute; y se me escapaba, como la correa de un perro suelto al doblar la esquina.&nbsp;</p>
<p>El lenguaje sab&iacute;a m&aacute;s que yo. Me teledirig&iacute;a. Me indicaba las posibles direcciones, postes se&ntilde;aladores. Yo me abandonaba a su canto. Era mi manera de escalar montes, o de hacer espiritismo, para contactar con los muertos.</p>
<p>Algo aprend&iacute;: que no deb&iacute;a oponer resistencia, sino rendirme, no intervenir, dejar que el lenguaje tomase todas las decisiones por m&iacute;, hiciese &eacute;l solo todo el trabajo, mientras yo permanec&iacute;a al margen, ocioso, mir&aacute;ndome las u&ntilde;as.</p>
<p>Escribir no es trabajar, sino permitir que trabaje el otro. Que el otro hable. Que nos inunde. Que nos posea. Lo verdaderamente dif&iacute;cil, a la hora de escribir, es mantenernos callados, apartarnos y molestar lo menos posible.</p>
<p>Cuando quiso darse cuenta, el Taqu&iacute;grafo ya hab&iacute;a entrado en el club de los comedores de papel. Masticadores de verbos.&nbsp;</p>
<p>Quien escrib&iacute;a no era del todo yo, sino alg&uacute;n otro Erizo desconocido hasta entonces, que la escritura sacaba a la luz. Escribir es duplicarse, multiplicarse. Yo era el primer asombrado al ver brotar de mis dedos aquella proliferaci&oacute;n horizontal, un pentagrama donde bailaban astros. Pueblos de cartulina. Una hilera de iglesias, una pegada a la otra, en cada una de las cuales se sumerg&iacute;a la cabeza de un reci&eacute;n nacido en una pila bautismal rebosante de agua bendita. Una pared. Otra pared. Un tiroteo.</p>
<p>La escritura activaba alg&uacute;n resorte oculto de memoria peligrosa. Me acordaba perfectamente de cosas que nunca hab&iacute;a vivido.&nbsp;</p>
<p>La siguiente fase fue cuando comenc&eacute; a ver personajes de ficci&oacute;n. Dos, en concreto: se me aparecieron muy j&oacute;venes, casi adolescentes, un hombre y una mujer, todav&iacute;a sin nombre. &iquest;Qui&eacute;nes eran? Los veo como en sue&ntilde;os, metidos en alguna clase de dilema serio o de amenaza inapelable. Discuten mientras caminan al aire libre, en el centro del verano, por una finca campestre, poblada de &aacute;rboles, r&iacute;os, ganado, sombras, revuelo de gallinas, moscas, embarcaderos con flores. En el aire flotan briznas de alquitr&aacute;n y calor.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n veo que est&aacute;n escondidos, que no pueden salir de all&iacute; ni aunque quieran. Sus vidas corren peligro. Alguien poderoso, un familiar lejano, ha encargado a un sicario &shy;&ndash;se me ocurre de repente, y as&iacute; lo transcribo sin dudar en el cuaderno&ndash; la tarea de localizarlos y abatirlos a tiros como si fuesen bestias. Trofeos de caza. Animales heridos.&nbsp;</p>
<p>En esta misma finca jugaban ellos dos cuando eran ni&ntilde;os. Y mira ahora. El cielo enfila hacia el mar, en mi cuaderno. Sin embargo, &eacute;l trata de persuadirla de que lo m&aacute;s conveniente es que regrese &ndash;ella sola, sin &eacute;l&ndash;&nbsp;al peor sitio posible, a donde mayor es el riesgo, la posibilidad de cacer&iacute;a, la sangre.</p>
<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; me pides eso? &ndash;protesta Cordelia&ndash;. No tiene sentido.&nbsp;</p>
<p>Discuten. Al parecer, no queda otro remedio. Es una apuesta descabellada. Sabe que si la descubren, perder&aacute; la vida. Se perder&aacute;n el uno al otro. Hay como una fatalidad en todo ello, un hado, rencillas s&oacute;rdidas del pasado sin resolver, traiciones, deudas de dinero, laberintos del destino que los obligan a separarse (&iquest;por qu&eacute;, si se aman?) en el peor momento posible.</p>
<p>&ndash;Tiene que ser ya &ndash;insiste &eacute;l&ndash;. Lo antes posible. Si puede ser hoy, mejor que ma&ntilde;ana.&nbsp;</p>
<p>Cordelia tiene agujas de pino en el pelo. Un segundo antes de hablar, cierra los ojos. Parece a punto de llorar, se retuerce las manos. No entiende, se resiste:</p>
<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s peligroso? &ndash;pregunta&ndash;. &iquest;Que me encuentren ellos a m&iacute; por la calle o que me los encuentre yo a ellos?</p>
<p>Ella ignora si se trata de un estado de locura pasajera o una inocentada o incluso una ocurrencia genial de &eacute;l, de su amante, la persona con quien se acuesta.</p>
<p>(Ya desarrollar&eacute; esto m&aacute;s adelante).&nbsp;</p>
<p>Tal vez el &uacute;nico lugar donde no se les ocurrir&iacute;a buscarlos sea precisamente all&iacute;, donde &eacute;l la env&iacute;a, al infierno, a un palmo del cuartel general de los matones o de la discoteca de la muerte. Una idea tan idiota que no es posible creerla. O puede que gracias a eso, a su incongruencia, ella salve la vida.</p>
<p>Despu&eacute;s de todo.&nbsp;</p>
<p>Como con miedo a quebrarse, Cordelia ofrece, por decir algo, posibles refugios alternativos: Malasia, Singapur, una islita que&hellip; Menciona otros cuantos, cada vez menos cre&iacute;bles.</p>
<p>Los dos saben que no es posible. El momento del adi&oacute;s se aproxima.&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l pronuncia la &uacute;nica palabra prohibida entre ellos. El t&eacute;rmino tab&uacute;. Una sola vez:</p>
<p>&ndash;Hermana.</p>
<p>En la catedral de &aacute;rboles se hace el silencio. Una nota.</p>
<p>&ndash;&iquest;Reconoces el canto de ese p&aacute;jaro? &ndash;pregunta &eacute;l&ndash;. Es un herrerillo com&uacute;n.&nbsp;</p>
<p>Se abrazan. Permanecen largo tiempo abrazados. Yo los veo, en mi cuaderno. No puedo hacer nada para ayudarlos, lo siento mucho. Cordelia, resignada a lo peor, se rinde, que ocurra lo que tenga que ocurrir, al fin murmura:</p>
<p>&ndash;Entonces, si no queda otro remedio, deber&iacute;a prepararme ya, hacer la maleta.</p>
<p>&Eacute;l asiente.</p>
<p>Ninguno de los dos se mueve.&nbsp;</p>
<p>Mientras yo no lo decida, no se mover&aacute;n de all&iacute;. Se amar&aacute;n, se odiar&aacute;n, soy due&ntilde;o de sus pasiones, al contrario que de las m&iacute;as. Intervengo o no, teledirijo sus sue&ntilde;os. Decido corregir un &aacute;rbol, trasplantar otro de sitio, trasladar un r&iacute;o. &Aacute;rboles que simulan ser personas. Solo hablan cuando yo les doy permiso. Sin mi permiso, los personajes permanecen mudos, a la espera. Qu&eacute; solos est&aacute;n, me dan pena. Deposito mis palabras en sus bocas, si quiero. Puedo matarlos o permitirlos que vivan, si quiero. A&uacute;n no lo s&eacute;. Ellos dos son mis rehenes. Seguir&aacute;n estando presos y agujereados, atrapados en el desierto campestre y en mi cuaderno.&nbsp;</p>
<p>(Si el mundo se enterase. Si alguna vez el mundo, por casualidad. De rebote, digo. Qu&eacute; miedo, cu&aacute;nta zozobra. Si alguna vez el mundo &ndash;me refiero al mundo adulto, al no-nosotros, ese de portafolios y corbata y salario m&iacute;nimo interprofesional&ndash; sospechase de nuestra existencia, nos imaginase juntos, solos, convertidos en plural, nos sorprendiese in fraganti saliendo o entrando de los espejos del recibidor de los hoteles, registr&aacute;ndonos con nombres falsos, se&ntilde;or y se&ntilde;ora Duarte, se&ntilde;or y se&ntilde;ora Gabalda, &hellip;</p>
<p>Si eso pasase. Nos pasase. Entonces).&nbsp;</p>
<p>La vida cambia a cada minuto. Durante un minuto o dos te parece que es algo y al minuto siguiente se rectifica y ya es otra. La vida no tiene ning&uacute;n prop&oacute;sito preconcebido, ning&uacute;n esquema fijo trazado de antemano para nosotros, qu&eacute; va, el destino no existe, ni los dioses, todo es pura improvisaci&oacute;n de la materia, puro esc&aacute;ndalo, la vida toca jazz sin partitura, somos libres pero estamos solos, todo est&aacute; en el aire. Nadie sabe qu&eacute; le deparar&aacute; el despertar de hoy, si amaneceremos oficinistas o escarabajos.</p>
<p>Yo no s&eacute; lo que busco hasta que lo encuentro.&nbsp;</p>
<p>Las cajas para la mudanza se apilaban en el sal&oacute;n, formando torres. Ya faltaba poco para mudarse. Nos vamos. A partir de ahora las cosas pueden salir bien o mal, puede que el amor te sea adverso o propicio, puede que no pare de llover en todo el d&iacute;a, en&nbsp; toda la semana, mientras t&uacute; te inclinas sobre tu cuaderno. Y qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 15 May 2024 11:35:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ansón y la menos conocida Transición española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anson-y-la-menos-conocida-transicion-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ANTONIO_ANS_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El narrador, ensayista y poeta, Antonio Ans&oacute;n (Villanueva del Huerva,1960) reedita la novela &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo; en la colecci&oacute;n Letra &uacute;ltima que dirige la profesora de la Universidad de Zaragoza Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval en la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico de la Diputaci&oacute;n de Zaragoza. La primera edici&oacute;n fue en Artemisa Ediciones (La Laguna, Tenerife) en 2007 y en 2008 recibi&oacute; el Premio C&aacute;lamo Extraordinario. Esta nueva edici&oacute;n de la novela cuenta con un excelente estudio y materiales complementarios pedag&oacute;gicos de la novelista y catedr&aacute;tica de Literatura Espa&ntilde;ola Ana Rodr&iacute;guez Fischer. &iexcl;Ah&iacute; es nada! esta novela es la narraci&oacute;n de los a&ntilde;os finales de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola y la llegada de la democracia, desde la &oacute;ptica de los pueblos de Arag&oacute;n, de todos y de ninguno: todos se parecen.&nbsp;</p>
<p>Una de las cosas que m&aacute;s me sorprende de esta novela es que apuesta por una eternidad negra, apuesta por la nada: por esa negritud infinita. Y en esa soledad uno recuerda historias, an&eacute;cdotas, vicisitudes, pues en &ldquo;este cielo de los muertos no se ve nada porque reina la negrura absoluta&rdquo; (p. 129). As&iacute; pues tenemos una novela que sorprende desde la primera l&iacute;nea hasta la &uacute;ltima. Nos podemos hacer una idea del m&aacute;s all&aacute; y tenemos a Ambrosio el Renacido que habla con los muertos y ve lo que sucede allende y aquende. Un personaje entra&ntilde;able a quien hablar con los muertos le hace mucha gracia.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, esta novela, por m&aacute;s veces que la releo, me llama poderosamente la atenci&oacute;n el que el narrador sea una persona muerta y siempre me lleva a recordar la forma de contar de aquel c&eacute;lebre personaje legendario, el mago Merl&iacute;n, de origen demon&iacute;aco que conoc&iacute;a, o al menos era capaz de adivinar el pasado y el futuro. En este caso el narrador testimonial muerto ha sido compa&ntilde;ero de todos, j&oacute;venes y viejos, y hasta amigo de algunos de ellos: los muertos le cuentan y &eacute;l cuenta: el bueno de Andr&eacute;s que se fue virgen.&nbsp;</p>
<p>La novela est&aacute; ambienta en un pueblo llamado Valcorza y ya se sabe y es de todos conocido y repito que todos los pueblos m&aacute;s o menos se parecen: uno es como el otro y el otro como el uno. La narraci&oacute;n no pod&iacute;a tener otro inicio m&aacute;s firme, contundente, sereno y sugerente: &ldquo;En el cementerio de Valcorza nos han ido enterrando a todos. Uno tras otro. Uno tras otro&rdquo;. Ley de vida es el morir, aunque no siempre ahogados, claro. Hasta de un tiro de escopeta de caza o atropellado por tu propio tractor.&nbsp;</p>
<p>Esta es una novela que consta de 41 cap&iacute;tulos, en unas 150 p&aacute;ginas en esta reedici&oacute;n, m&aacute;s 50 de estudio, un par de bibliograf&iacute;a y una veintena de material complementario pedag&oacute;gico, por las 200 p&aacute;ginas de la primera edici&oacute;n, con los mismos cap&iacute;tulos, claro. Y es esa ocultaci&oacute;n de la identidad del narrador lo que para m&iacute; es el principal motivo de la obra: puede ser el doble del autor, como Valcorza de Villanueva, tal vez&hellip; Lo que tambi&eacute;n me recuerda al &ldquo;convidado de piedra&rdquo;, aunque salvando las distancias, claro.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n pienso que es todo y nada de esto pues &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo; es una isla libre que se yergue a los cielos, que ha resistido el paso del tiempo, 17 a&ntilde;os ya, contra la corriente m&aacute;s que a favor, y que a quienes se adentran en ella todav&iacute;a se les ofrece un pasado reciente pasmoso, algo lejano ya es cierto, pero seguimos igual, que abre los ojos, a las persona lectoras, a todas esas posibilidades &eacute;ticas y est&eacute;ticas narrativo po&eacute;ticas que purgan por salir del plano del momento aquel.&nbsp;</p>
<p>Creo que es una novela tan pl&aacute;stica que bien se parece a un conjunto exquisitamente hilvanado de im&aacute;genes, estampas literarias, para un corto o para toda una pel&iacute;cula en blanco y negro. Es, no me cabe ninguna duda, todo un maravilloso gui&oacute;n de cine. Adem&aacute;s, no me equivoco si aseguro que esta novela, &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo;, que nunca traspaso, que tiene t&iacute;tulo de bolero o de canci&oacute;n norteamericana country o rock, aunque a mi me recuerda aquella canci&oacute;n &ldquo;Hotel California&rdquo; y tambi&eacute;n a Horacio, por aquello de que por mucho que salgas de tu casa nunca sales de ti mismo. Creo que es una obra plural que se alimenta de todo el bagaje lector del autor, hombre de basta cultura: que parece que lo ha le&iacute;do todo y lo ha visto todo desde esos montes que sube y baja a menudo. Ans&oacute;n es un amante impenitente de la fotograf&iacute;a y de la escalada.&nbsp;</p>
<p>La novela, seg&uacute;n se nos dice, es un relato sobre la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola, una sociedad rural que llama a las puertas de Europa, tratando de sobrevivir a su historia y a s&iacute; misma, una met&aacute;fora sobre la aldea que llevamos dentro, porque Valcorza podr&iacute;a ser cualquier lugar de Espa&ntilde;a, y ninguno. Creo que, adem&aacute;s el narrador, Andresito como su padre, llamado Andr&eacute;s el Zanguango, quiere dejar testimonio de ese cantar y contar, de ese ser palabra en el tiempo: el autor es un poeta que, tambi&eacute;n hay que leer y tener en cuenta, busca captar y capturar la belleza fugaz del instante, de ese instante que narra, de ese temblor de la hoja de papel cuando escribes en ella con la pluma, y del brillo de las miradas de los vecinos: &ldquo;El vano de las ventanas tambi&eacute;n manchaba con matices de amarillo cadmio la superficie lisa del mediod&iacute;a vencido&rdquo; (p. 75).&nbsp;</p>
<p>La historia se centra en los a&ntilde;os 70 del pasado siglo. Y est&aacute; escrita, por un humanista dir&iacute;ase, de forma sencilla, humilde, maravillosa, de corte popular que engancha. Y no s&eacute; si sigue mucho las corrientes literarias de ayer ni de hoy, ese realismo que no termina de ser, donde Antonio Ans&oacute;n da muestras de que domina con maestr&iacute;a el arte de contar como nadie. Humor ir&oacute;nico a raudales, aragonesismos. Un recorrido o una traves&iacute;a de lo real a lo casi m&aacute;gico, con milagro incluido a Miguel Zalaya, de ah&iacute; que se le apodase Tres Patas, con ese su estilo vigoroso, firme y po&eacute;tico. Si leemos entrel&iacute;neas y pensamos un poco es alta teolog&iacute;a lo que se debate en esta novela.&nbsp;</p>
<p>Una obra emocionante y conmovedora, enraizada en lo m&aacute;s popular, en lo m&aacute;s nuestro, para describir la cotidiana realidad de ese mundo violento, asesinato incluido, y l&iacute;rico a la vez. Nuestro mundo de labradores que tan bien conocemos, somos de pueblo, al igual que el &eacute;xodo de los pueblos a las ciudades, esa di&aacute;spora est&aacute; descrita con exquisita sobriedad, sin molestar, ni a los muertos ni a los vivos. Antonio Ans&oacute;n trasciende la realidad, esta historia real de su Valcorza y el m&iacute;o. El de todos. Me gusta este cl&aacute;sico innovador en su forma de contar la sorprendente descripci&oacute;n del paisaje y su paisanaje: cura, de Trento o vaticanista; y alcalde, del r&eacute;gimen y democr&aacute;ticos; maestro, fil&oacute;sofo kantiano trasmutado en socr&aacute;tico &ldquo;hippy&rdquo;; barbero, pastor, zoofilia, sida, prostitutas, amores y desamores, pantano, laguna, molino, r&iacute;o Alt&aacute;n, corruptos, drogadictos. O sea, todo un cuadro, de enormes dimensiones, cabe decir. Incluido el cansino f&uacute;tbol y el Barcelona, que tambi&eacute;n este a&ntilde;o ha perdido la Liga.&nbsp;</p>
<p>Creo que Antonio Ans&oacute;n es todo un novelista intenso donde plasma y se preocupa por igual de las pasiones y trabajos de los protagonistas como de la t&eacute;cnica narrativa de la novela, que va y viene. Vemos el argumento a trav&eacute;s de sus personajes, del narrador muerto: a veces se invierte o confunde el orden temporal y asistimos primero a una escena y luego a otra anterior que la explica o la caricaturiza, cual Merl&iacute;n. El estilo, sin ninguna duda, es apasionado y minucioso. Se fija en los peque&ntilde;os detalles que hacen grande la obra. Tal vez y solo tal vez, a Valcorza, tu pueblo y el m&iacute;o, persona lectora, le falta una bruja o curandera, que en muchos pueblos la hab&iacute;a, por aquellos a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Pero para mejor decir y concluir esta rese&ntilde;a, citaremos a Rodr&iacute;guez Fischer, que ella s&iacute; que sabe: un estudio pr&oacute;logo de m&aacute;s que justa y necesaria lectura: &ldquo;&rsquo;Llamando a las puertas del cielo&rsquo; es una novela tan variada y rica en su composici&oacute;n y en los aspectos formales que articulan el relato, como en los personajes y las historias que protagonizan, cuyo conjunto da cuenta de un proceso hist&oacute;rico, pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico que cubre medio siglo de la vida de Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n en el plano cotidiano e intrahist&oacute;rico&rdquo;. &iexcl;Am&eacute;n!.-&nbsp;</p>
<p>Antonio Ans&oacute;n, &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo;, Zaragoza, Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 May 2024 13:16:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Media vida en 500 aforismos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/media-vida-en-quinientos-aforismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IGNACIO_DOCAVO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Aunque no vayas a ninguna parte,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>no te quedes en el camino.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">J. Bergam&iacute;n, <em>El cohete y la estrella</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">A un libro de aforismos, deber&iacute;a bastarle con un &uacute;nico aforismo como introducci&oacute;n. En el supuesto de que un libro de aforismos necesitase una introducci&oacute;n, y de que supi&eacute;semos a ciencia cierta lo que es y lo que no es un aforismo. Porque un aforismo, como tantas cosas en esta vida que todo el mundo cree saber lo qu&eacute; son, casi nunca es lo que parece, y ese aforismo &uacute;nico, propio o ajeno, siempre preferiblemente ajeno, y a ser posible ap&oacute;crifo, que legitimara el dudoso e improbable g&eacute;nero, la particular e inconfundible escritura afor&iacute;stica, ese aforismo no existe ni ha existido nunca. Y sin embargo, abundan los aforismos sobre aforismos, los aforismos af&oacute;nicos, los aforismos despeinados, los aforismos afrancesados, los aforismos afor&iacute;sticos, los aforismos infiltrados, los aforismos de la cabeza parlante, los <em>aforismos impertinentes</em>&hellip; pero ese aforismo deslumbrante, ese aforismo de aforismos que zigzaguea como el rayo, que brilla como el rel&aacute;mpago y retumba como el trueno, ese aforismo que trastorna la raz&oacute;n y obnubila el pensamiento, ese aforismo no existe, nunca ha existido. Es un mito, una leyenda. Cr&eacute;anme, he buscado por todos los rincones de mi biblioteca y no existe. Quiz&aacute;, no crean que cosa tan obvia se me escapa, no exista en mi biblioteca &ndash; mi biblioteca es muy limitada, como mis lecturas y mi memoria, y como tantas otras cosas que no vienen al caso &ndash; pero podr&iacute;a existir en la suya. <em>Estas cosas pasan</em>. Si as&iacute; fuera, si ese aforismo &uacute;nico existiera, no tienen m&aacute;s que copiarlo al principio de este original libro de Ignacio Docavo, a modo de exergo, esa cita que solemos poner al principio para parecer m&aacute;s cultos o, mejor a&uacute;n, escribir una rese&ntilde;a y publicarla, poniendo en evidencia al autor de este pedante texto. Es lo que yo har&iacute;a. En realidad, yo har&iacute;a las dos cosas si pudiera.</p>
<p>Ignacio Docavo, poeta, aforista, y profesor de matem&aacute;ticas, adem&aacute;s de algunas colaboraciones espor&aacute;dicas en revistas y el gui&oacute;n de una obra de teatro infantil <em>La tigresa Violeta,</em> es autor del poemario <em>Ladr&oacute;n de horizontes</em> (UPV, 2005) y de un libro in&eacute;dito, de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en La Coz, <em>El malestar</em>. En <em>ejemplares</em> Docavo ha reunido 500 aforismos, 500 frases, que abarcan todo el espectro de su existencia cotidiana, es decir de su vida de profesor y poeta, que profesa palabras y evoca recuerdos en un mundo indiferente, y, como quien no quiere la cosa, que es como hacemos casi todo lo que vale la pena en esta vida, en la que tan pocas cosas valen la pena, ha dejado escrita media vida. Media vida no es la mitad de una vida. Ni siquiera para un profesor de matem&aacute;ticas como &eacute;l, habituado sin duda a las divisiones inexactas. Porque no es lo mismo la vida a una edad que a otra. Siempre habr&aacute; m&aacute;s vida en una de las mitades, y no necesariamente en la misma mitad. La vida casi siempre empieza demasiado tarde, y acaba demasiado pronto. A veces incluso acaba sin haber llegado a empezar. <em>Estas cosas pasan</em>, repito. Y siempre la dejamos, o nos deja ella a nosotros, a medias. Media vida en 500 aforismos, que &eacute;l prefiere llamar sencillamente <em>frases</em> y acaba llamando <em>ejemplares</em>, con min&uacute;scula, &nbsp;frases ejemplares al mismo tiempo que ejemplos de frases. Frases espont&aacute;neas las que parecen haber sido m&aacute;s pensadas, frases que cuestionan el orden del discurso, frases poco ejemplares que subvierten el sentido com&uacute;n y la l&oacute;gica de los enunciados. Frases que son caprichos, que son lances, que son dardos y estocadas, que son ecuaciones y flechas, que son coces y son chascos, frases de un aforista solitario, pecios de un involuntario naufragio, 500 aforismos de un poeta que escribe en prosa, pero piensa en poes&iacute;a.</p>
<p><em>Mientras lees no existes</em>.</p>
<p>Escribo a Docavo:</p>
<p>Hay algo en tu libro que se me escapa. Llevo d&aacute;ndole vueltas todo el d&iacute;a porque s&eacute; lo que es, pero no consigo expresarlo. Probar&eacute; durmiendo, a veces da resultado. Cierro el ordenador. Me voy a la cama. Me duermo. No he acabado de dormirme cuando abro sobresaltado los ojos. Est&aacute; amaneciendo. Qu&eacute; cortas se han hecho las noches. Mientras dorm&iacute;a he hecho un descubrimiento. La mayor&iacute;a de los descubrimientos que ha hecho el hombre los ha hecho durmiendo. Comprend&iacute; que aquella media vida, la mitad de aquella vida, no era la que yo cre&iacute;a, no era la que se ve&iacute;a. Era la que no se ve&iacute;a, la que estaba sumergida, la que no se cuenta a nadie, la que se oculta en los libros. <em>Ejemplares</em>, el libro de Ignacio Docavo, no es un libro de aforismos. Frases, s&iacute;, pero frases de un diario, ahora lo veo claro. Son las entradas sin fecha y reordenadas de un improbable diario que Docavo se niega a escribir. Una vez m&aacute;s me hab&iacute;a dejado enga&ntilde;ar por las formas. Me levanto. Cojo el libro. Lo abro y leo al azar: <em>la &uacute;nica certeza que tengo son mis dudas</em>. Paso algunas p&aacute;ginas: <em>A veces me siento en deuda con el mundo</em>. Vuelvo atr&aacute;s: <em>En el momento de explicarlo, dejo de saber lo que sab&iacute;a</em>. Sigo leyendo: <em>&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a m&aacute;s bien desaprovechado!</em> Sigo leyendo: <em>Qu&eacute; dif&iacute;cil es explicar lo obvio</em>. Cierro el libro. <em>Aunque no vayas a ninguna parte, no te quedes en el camino</em>. Lo vuelvo a abrir: <em>Tengo una prima que veranea en la calle Truman Capote de Benitachel. &nbsp;</em>Qu&eacute; obvio resulta todo. Qu&eacute; dif&iacute;cil es explicar lo obvio<em>.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignacio Docavo, <em>ejemplares</em>, Valencia, Contrabando, 2023.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FRASES</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Por Ignacio Docavo</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los que afirman que el aforismo no es un g&eacute;nero menor los animar&iacute;a a escribir una novela en un sobre de az&uacute;car.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo mejor la Gioconda sonr&iacute;e porque no tiene nada que decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n escucho mientras sesteo, un le&oacute;n sirve para proteger a una leona de otro le&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Existir&aacute; una timidez de pensamiento, una especie de pudor ante la ch&aacute;chara interior?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que nos averg&uuml;enza de la desnudez es mostrar la hoja de parra que llevamos debajo de la ropa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien teme a la muerte vive por obligaci&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez nuestro pensamiento no sea m&aacute;s que un residuo de nuestras acciones. Humo de locomotora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo mejor hubiera sido tirar la margarita despu&eacute;s del primer p&eacute;talo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rectificar es de sabios. Rectificar no es de sabios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compruebo estupefacto que un famoso escritor chino se parece m&aacute;s a un intelectual que a un chino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La libertad de elegir con quien perderla. No hay otra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La memoria es la cuarta dimensi&oacute;n de la mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Darle un euro a un mendigo no te evita la mezquindad de no haberle dado dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasan los a&ntilde;os y sigue habiendo j&oacute;venes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;amos esperar al verde de las praderas, pero no, ha de ser al del sem&aacute;foro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien espera siempre espera un milagro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Agua corriente viene de corriente o de corriente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Escribes en primera persona o generalizas contigo mismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una cuesta abajo sin fin. Sensaci&oacute;n de estar siempre en lo m&aacute;s alto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una pistola de primeros auxilios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pudiendo ser palmera de oasis haber de serlo en la mediana de Primado Reig.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si las garras de mi perra fueran manos al menos podr&iacute;a ayudarme a doblar s&aacute;banas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es una nimiedad, pero hab&iacute;a una mosca en la pantalla y la he espantado colocando el rat&oacute;n sobre ese punto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a m&aacute;s bien desaprovechado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me miro de reojo en un escaparate y pienso: ese se&ntilde;or soy yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pasar frente al edificio en ruinas de la Cofrad&iacute;a de Pescadores del Caba&ntilde;al pens&eacute; si el &uacute;ltimo cofrade se sinti&oacute; cofrade hasta el final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo que estaba a mi izquierda cuando voy, est&aacute; a mi derecha cuando vuelvo. Ser&aacute; una tonter&iacute;a, pero da que pensar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La otra noche, mientras corr&iacute;amos por el carril bici, una&nbsp;chica en bicicleta nos pidi&oacute; paso imitando un timbre:&nbsp;<em>cling, cling</em>. Si hubiera sido de&nbsp;nuestra generaci&oacute;n hubiera hecho&nbsp;<em>ring, ring.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa una ambulancia y la Loba comienza a aullar; la primera vez me sorprendi&oacute;, ahora me admira lo inexorable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abro la puerta de mi habitaci&oacute;n, pienso: &ldquo;ancha es Castilla&rdquo; y la vuelvo a cerrar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se me cae al suelo una moneda de veinte c&eacute;ntimos y no sale cara ni cruz, sino canto. Consulto en internet y resulta que la probabilidad de que suceda es de una entre seis mil. Y ha ocurrido precisamente hoy: un d&iacute;a cualquiera entre seis mil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los recuerdos son fot&oacute;fobos o tienen su propia luz, pienso mientras aparto la vista de la pantalla para recordar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le pregunto a uno de los operarios de la obra que han empezado en el solar de enfrente por lo que van a hacer y me contesta que no sabe, que &eacute;l s&oacute;lo se encarga de hormigonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La curva que forma la parte trasera del muslo de esa chica sentada en el banco con medias de rejilla y falda corta, tambi&eacute;n se llama catenaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Esa se&ntilde;ora se ha colado con tanta solvencia que la perdonaremos&rdquo;, iba a decirle a la verdulera, pero entonces me enred&eacute; pensando en si la verdulera conocer&iacute;a la palabra solvencia y ya no dije nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo una prima que veranea en la calle Truman Capote de Benitachell.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El autob&uacute;s se detiene porque estoy parado ante el paso de cebra. No pensaba cruzar, pero c&oacute;mo negarse a lo que sesenta personas esperan de ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tener raz&oacute;n, menuda ordinariez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 May 2024 12:59:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro imprescindible de la literatura fundacional hispanoamericana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-imprescindible-de-la-literatura-fundacional-hispanoamericana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUAN_JOS_NIETO_GIL_-_Yngermina_o_la_hija_de_Calamar_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hispanoam&eacute;rica es un mundo literario con seis siglos de vida para la mirada occidental y cuanto entendemos como literatura escrita, colonial o poscolonial e independiente de la metr&oacute;poli en su polifon&iacute;a de pa&iacute;ses. Es precisamente en ese momento de tr&aacute;nsito hacia la emancipaci&oacute;n y la desaparici&oacute;n de los virreinatos, cuando empieza a surgir el esp&iacute;ritu que posibilita novelas fundacionales, tal y como las denomin&oacute; Doris Summer. &nbsp;Ese es el mundo al que pertenece <em>Yngermina o la hija de Calamar</em> (1844), con unas caracter&iacute;sticas muy peculiares, que para el lector espa&ntilde;ol han pasado, en la pr&aacute;ctica, desapercibidas hasta esta edici&oacute;n de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola. No ten&iacute;amos estudios sobre ella, ni textos recientes, pese a su importancia hist&oacute;rica. Estamos ante novelas fundacionales de los pa&iacute;ses latinoamericanos, en este caso de Colombia y con asuntos similares a los del romanticismo franc&eacute;s (con quien guarda deudas), pero con mundo diferenciado y propio, pues aparece la cuesti&oacute;n ind&iacute;gena y el mestizaje como circunstancia identitaria, adem&aacute;s de pionera. Surgen en la mente de los lectores al leerla/s, sin duda, las celeb&eacute;rrimas <em>Atal&aacute;</em> (1801) de Ren&eacute; de Chateaubriand o el <em>Pablo y Virginia</em> (1788) de Bernardin de Saint-Pierre. Pero tambi&eacute;n otros, tal y como recuerda en el largo estudio preliminar Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, caso de <em>Manuela</em> de Eugenio D&iacute;az de Castro (1857) o <em>Clemencia</em> (1861) del mexicano Ignacio Manuel Altamirano.&nbsp; Y con ellos un cierto tipo de mujer blanca y criolla, perteneciente a la &eacute;lite econ&oacute;mica o social, llena de &laquo;virtudes morales y religiosas; atributos f&iacute;sicos, (&hellip;). La mujer americana solo posee cualidades positivas, mezcla de ingenuidad, pureza, virtud, lealtad, valor y fervor religioso; ella es capaz de sacrificarse por amor e, incluso de morir, antes que traicionar los valores morales adquiridos&raquo; recuerda la estudiosa mientras hace hincapi&eacute; en el dato diferencial:&nbsp; <em>Yngermina</em> es ind&iacute;gena, y posee las mismas virtudes, e incluso m&aacute;s, pues renuncia por su amor a don Alonso de Heredia a su pueblo, tal y como le hace ver Catarpa. Lo cierto es que, a Bartolom&eacute; Mitre (1821-1906) y a Jos&eacute; M&aacute;rmol (1817-1871), autores respectivamente de <em>Soledad</em> (1847) y <em>Amalia </em>(1851), los conocemos muy bien, tanto como al autor de <em>Cecilia Vald&eacute;s</em> (1839) Cirilo Villaverde. Sin embargo, del cartagenero Juan Jos&eacute; Nieto Gil (1804-1866), que incorpora a la mujer ind&iacute;gena y habla del mestizaje fundacional, apenas ten&iacute;amos noticias en Espa&ntilde;a, y mucho menos ediciones fiables y solventes, pese a ser un reconocido escritor, militar y pol&iacute;tico. La verdad es que tampoco pose&iacute;amos hasta ahora, pese a existir una abundante bibliograf&iacute;a sobre <em>Yngermina o la hija de Calamar</em>, ninguna edici&oacute;n cr&iacute;tica. La editora ha partido de la edici&oacute;n publicada en Kingston (Jamaica) en 1844, corregido el texto ortotipogr&aacute;ficamente de cajistas ingleses, pero no solo, pues tambi&eacute;n actualiza algunos usos, o pone en cursiva las historias intercaladas. En la secci&oacute;n dedicada a la edici&oacute;n, da buena explicaci&oacute;n de los criterios seguidos, para quien desee profundizar en el asunto.</p>
<p>Incide, con muchas y poderosas razones, Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola en la figura de Juan Jos&eacute; Nieto Gil (1804-1866). Un intelectual surgido casi de la nada, de &ldquo;los de abajo&rdquo;, por decirlo con Mariano Azuela, en su dimensi&oacute;n hist&oacute;rica en la construcci&oacute;n de la futura Colombia. Entendemos mucho mejor esa lucha por el igualitarismo, la equiparaci&oacute;n de colonizadores e ind&iacute;genas, el mestizaje desde su personalidad bien retratada por la editora, y su apasionante vida. Hombre de acci&oacute;n y letras, pol&iacute;tico republicano, valiente militar defensor de la justicia social y de la democracia, de los ind&iacute;genas y de liberar a los esclavos negros, al menos parcialmente (los nacidos antes de 1821), mas&oacute;n, en una vida de muchos vaivenes, pero consecuente en lo fundamental. Si a todo ello se le a&ntilde;ade un contexto hist&oacute;rico, ideol&oacute;gico y literario, adem&aacute;s de un estudio de las principales caracter&iacute;sticas de las novelas fundacionales, tendr&aacute; el lector universitario, pero no solo, una lectura amena y solvente a la vez. La prosa de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola (1956) es fluida y engancha al lector, pese a ser un trabajo de investigaci&oacute;n. No en balde es, adem&aacute;s de fil&oacute;loga y reputada ensayista, novelista y cuentista (pienso en &uacute;ltimo libro de relatos del 2013, <em>Extrav&iacute;os y desvar&iacute;os</em>), con t&iacute;tulos que su editora Seix Barral, debiera traer a Espa&ntilde;a. Me refiero a <em>Prohibido salir a la calle</em><em> (1997-2022)</em>,&nbsp;<em>La semilla de la ira</em><em> (2008-2013)</em>,&nbsp;<em>Una isla en la Luna</em><em> (2009)</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Transterrados</em><em> (2018), </em><em>Ventana o pasillo</em><em> (2021)</em>. Y esa capacidad de acercarnos esta novela hist&oacute;rica rom&aacute;ntica, puesta al servicio de pensar y hacer naci&oacute;n es buena prueba de ello. Sin duda para ese &ldquo;hacer naci&oacute;n&rdquo; tuvo Nieto Gil la idea de colocar al frente de la novela una breve cr&oacute;nica sobre el pueblo de Calamar (actual Cartagena de Indias), de corte antropol&oacute;gico tomada de Fray Alonso de la Cruz Paredes o de Fray Pedro Sim&oacute;n. Es el p&oacute;rtico de esa novela de amores y mestizaje (frente a las tesis contrarias del <em>Facundo</em> <em>o civilizaci&oacute;n y barbarie</em> (1845)<em> </em>de Domingo Faustino Sarmiento), y de presentar la relaci&oacute;n amorosa de los protagonistas, la ind&iacute;gena y el espa&ntilde;ol como imagen aleg&oacute;rica. Lo hace sin manique&iacute;smos, pues tambi&eacute;n hay personajes malvados en las dos vertientes de esta novela apasionante por ella misma, pero tambi&eacute;n por cuanto supone. Es extra&ntilde;o que no se hubiera ca&iacute;do antes en la cuenta, pero as&iacute; son las cosas. Y, adem&aacute;s, para concluir, si a este esfuerzo se le suma un aparato de notas a pie de p&aacute;gina y una extens&iacute;sima bibliograf&iacute;a actualizada, sabremos que estamos ante un libro imprescindible para conocer bien la literatura fundacional hispanoamericana y que no hemos perdido el tiempo. No es poca cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Jos&eacute; Nieto. <em>Yngermina</em><em> o la hija de Calamar</em>. Edici&oacute;n de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, Madrid, C&aacute;tedra, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 May 2024 10:38:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Hay alas en el olvido”: la poesía reunida de Eduardo Moga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hay-alas-en-el-olvido-la-poesia-reunida-de-eduardo-moga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/EDUARDO_MOGA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Est&aacute;n locos. Ya sab&iacute;amos que Eduardo Moga estaba loco, con su ritmo creativo desenfrenado, con sus cuatro o cinco libros al a&ntilde;o, estaba loco; lo que no sab&iacute;amos es que una editorial, Dilema, tambi&eacute;n estaba suficientemente loca como para editar esta torre tripartita de color lim&oacute;n que es <em>Ser de incertidumbre</em>, nada m&aacute;s y nada menos que la <em>Poes&iacute;a Reunida </em>(1994-2023) de<em> </em>Eduardo Moga, con muchas sorpresas extra: un ap&eacute;ndice con sus textos te&oacute;ricos, es decir, sus po&eacute;ticas, una Bibliograf&iacute;a espectacular y exhaustiva (sobre Moga se ha escrito m&aacute;s de lo que nos pens&aacute;bamos) y un pr&oacute;logo excelente de uno de los mejores fil&oacute;logos del pa&iacute;s, Jos&eacute; Antonio Llera, que empieza a poner las cosas en su sitio de una forma exacta y sistem&aacute;tica.</p>
<p>Porque, &iquest;qu&eacute; significa esta edici&oacute;n monumental en tres vol&uacute;menes? Buenas y malas noticias para Eduardo Moga: para el poeta, su conversi&oacute;n a cl&aacute;sico vivo, materia para la filolog&iacute;a y el an&aacute;lisis central, quiero decir acad&eacute;mico. Y es que, no nos enga&ntilde;emos, aunque impere la secta global siliconiana, continuar&aacute; habiendo pensamiento alejandrino, y cuando pase la pesadilla, podremos volver a reunirnos bajo los versos y las filosof&iacute;as, porque no habr&aacute;n podido acabar con el ser humano, aunque el intento actual vaya bastante en serio. Y tambi&eacute;n mala noticia para Eduardo Moga considerado como persona viva, porque editar estos m&aacute;s de mil quinientas hojas de poes&iacute;a te tiene que convertir, a la fuerza, en un concepto, una obra total, cerrada, o ya construida sobre fundamentos s&oacute;lidos, una obra que seguir&aacute; hablando mientras no acabe de pasar la borrasca imbecilista y que, seguramente, hablar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s fuerte y claro cuando finalmente despertemos todos.&nbsp;</p>
<p>Desde la propia primera p&aacute;gina, las palabras de Llera nos informan de lo que vamos a encontrar en este oc&eacute;ano de poes&iacute;a y filosof&iacute;a: &ldquo;Lector, en muy pocos escritores contempor&aacute;neos encontrar&aacute;s, como en Eduardo Moga, una alianza tan estrecha entre la conciencia desolada de lo que somos y el canto al cuerpo en toda su plenitud, en perpetuo alimento de su finitud, su libido y su pureza&rdquo; (I, p&aacute;g.5). Imposible ser m&aacute;s exacto: esto es lo que es <em>Ser de incertidumbre</em>, una gran pregunta metaf&iacute;sica sobre el cuerpo, la rabia y el amor, guilleniana, formulada en m&aacute;s de mil quinientos folios que rezuman semen, sangre, saliva y raz&oacute;n materialista.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde un punto de vista formal, la poes&iacute;a de Eduardo Moga podr&iacute;a enclavarse o clasificarse en tres grupos, tipolog&iacute;as o vectores, como ustedes prefieran: el canto poundiano (en realidad whitmaniano), el poema m&iacute;nimo o epigram&aacute;tico, y el poema en prosa. En los tres registros la mano de Moga es igualmente h&aacute;bil. La irrupci&oacute;n progresiva de poes&iacute;a en prosa empez&oacute;, lo ha observado correctamente Llera, en <em>El coraz&oacute;n, la nada</em> (1999), libro a partir del cual las formas expresivas de Eduardo Moga empezaron a diversificarse mucho. Es cierto: sus lectores lo notamos, y las novedades menudearon m&aacute;s a partir de <em>Bajo la piel, los d&iacute;as </em>(2010), un libro en el que los objetos cotidianos y las rutinas b&aacute;sicas le ganaban terreno a la reflexi&oacute;n m&aacute;s et&eacute;rea.&nbsp;</p>
<p>Son, pues, poundianos o torrenciales y torrentescos <em>&Aacute;ngel mortal </em>(1994), <em>La luz o&iacute;da </em>(1996), <em>El barro en la mirada </em>(1998), <em>Soliloquio para dos </em>(2005), <em>Cuerpo sin m&iacute; </em>(2007) y <em>Hombre solo </em>(2022). Predomina el poema en prosa en los libros <em>Un&aacute;nime fuego </em>(1999), <em>El coraz&oacute;n, la nada </em>(1999), <em>Las horas y los labios </em>(2003), <em>Bajo la piel, los d&iacute;as </em>(2010), <em>El desierto verde </em>(2011) y <em>Dices </em>(2014). Por &uacute;ltimo, el modo epigram&aacute;tico es caracter&iacute;stico de t&iacute;tulos como <em>Los haikus del tren </em>(2007), <em>D&eacute;cimas de fiebre </em>(2014)<em> </em>y<em> Mi padre</em> (2019). <em>La monta&ntilde;a hendida </em>(2002), manual de sensualidades h&uacute;medas, queda un poco aparte, ya que es un poemario m&aacute;s convencional, en el que conviven extensiones breves y medias. Por &uacute;ltimo, combinan verso y prosa <em>Insumisi&oacute;n </em>(2013), <em>Muerte y amapolas en Alexandra Avenue </em>(2017), que contiene una secci&oacute;n de poemas breves epif&aacute;nicos (&ldquo;Estampas del destierro&rdquo;) y <em>T&uacute; no morir&aacute;s</em> (2021), testimonio de una convivencia matrimonial y una devastadora ruptura.&nbsp;</p>
<p>Queda fuera de la macroedici&oacute;n el volumen reciente <em>Poemas enumerativos </em>(2024), que ha publicado Olifante con su mimo artesanal de siempre. Lo cual significa que Eduardo Moga no tiene ninguna intenci&oacute;n de frenarse o contenerse. &iquest;Se han dado ustedes cuenta de la cantidad de poes&iacute;a que ha escrito este hombre durante treinta a&ntilde;os? Y no hablaremos en ning&uacute;n momento del otro oc&eacute;ano creativo de este autor desaforado, el universo de sus libros de prosa viajera o reflexiva, sobre los que quise llamar la atenci&oacute;n en mi contribuci&oacute;n a la miscel&aacute;nea titulada <em>Mago Moga </em>(Libros de Aldar&aacute;n / Los Papeles de Brighton, 2024).</p>
<p>Desde un punto de vista tem&aacute;tico, Eduardo Moga suele escribir poemas construidos sobre grandes preguntas metaf&iacute;sicas, largas cr&oacute;nicas sobre la materialidad cotidiana que rodea la vida del ser humano; otras composiciones congelan o radiograf&iacute;an momentos espec&iacute;ficos, como epifan&iacute;as joyceanas, y luego est&aacute;n los poemas m&aacute;s chocarreros o quevedescos, que combinan el rigor formal con los tonos burlescos, festivos y hasta escatol&oacute;gicos. Esto le convierte, no ya en un cl&aacute;sico andante como hemos dicho antes, sino en un hombre-literatura, un esp&eacute;cimen totalmente desgajado del Idioceno actual, un animal del Siglo de Oro, del que fluyen manantiales de versos como leche natural, como aquellos caballeros que llenaban miles de p&aacute;ginas con pulidas octavas reales y descubrimientos gongorinos.&nbsp;</p>
<p>Eduardo Moga, en este sentido, es un escritor de la desmesura, pero no por la propia factura de sus poemas, siempre moderados y perfectamente medidos, sino por la pura cantidad de escritura que exuda. Es una criatura compulsiva, con alma de tinta y hacedor de incendios. Llera, a prop&oacute;sito de <em>La luz o&iacute;da </em>(1996) en su pr&oacute;logo, nos habla de &ldquo;casi un <em>big bang </em>ling&uuml;&iacute;stico&rdquo;, para a&ntilde;adir, un poco m&aacute;s abajo: &ldquo;A poco que se compare con el canon que imperaba a mediados de los noventa se advertir&aacute; su singularidad y atrevimiento. Cuando se nos urg&iacute;a a escribir desde par&aacute;metros realistas y conversacionales, estos versos desbordan aquellos raqu&iacute;ticos diques&rdquo; (I, p&aacute;g.6). Lo que nos conduce a lo que a d&iacute;a de hoy ya es toda una evidencia: Eduardo Moga era y sigue siendo un pionero.</p>
<p>Una vez m&aacute;s, tiene raz&oacute;n el prologuista. La moda conversacional no era poes&iacute;a sino ideolog&iacute;a, populismo paralelo al logsismo oficial, y por eso las torres de versos moguianas se han llevado el gato al agua porque hablaban al lector real de poemas, no a la mesa urgente de novedades. Desde esta peculiar mezcla de Vicente Aleixandre, el Neruda m&aacute;s impuro y &eacute;pico, la poes&iacute;a barroca espa&ntilde;ola (la m&aacute;s antipetrarquista) y las torrenteras norteamericanas, Eduardo Moga se ha pasado treinta a&ntilde;os proclamando democracias, texturas y sexualidades, de una forma radicalmente personal y solitaria.</p>
<p>De aquel primer grupo de libros, destaca <em>El barro en la mirada </em>(1998), no porque lo consideremos mejor o m&aacute;s acabado que los t&iacute;tulos de alrededor, sino por ser una construcci&oacute;n moguiana arquet&iacute;pica de su primer momento, ese tradicional coro de torres licu&aacute;ndose a que nos tuvo acostumbrados hasta que empezaron a irrumpir cada vez m&aacute;s elementos menos metaf&iacute;sicos y m&aacute;s autobiogr&aacute;ficos. Lo dijo Juan Luis Calbarro en su intervenci&oacute;n en el Homenaje a Moga que se le rindi&oacute; en Badalona con motivo de la publicaci&oacute;n de <em>Mago Moga</em>, una miscel&aacute;nea cr&iacute;tica y creativa que tambi&eacute;n ha empezado a poner las cosas en su sitio. Juan Luis Calbarro, dec&iacute;a, nos cont&oacute; precisamente esto: que los dos momentos fundamentales de la trayectoria del autor ven&iacute;an definidos por la creciente introducci&oacute;n de biograf&iacute;a propia en un esquema previo de preguntas sobre la perplejidad de vivir y la de habitar en un cuerpo. &ldquo;Mientras los endecas&iacute;labos discurren por un ventr&iacute;culo de concatenaciones&rdquo;, ha escrito Llera a prop&oacute;sito de <em>El barro en la mirada</em>, &ldquo;se va haciendo cada vez m&aacute;s profundo el extra&ntilde;amiento frente a la propia identidad, desgajada de su centro&rdquo; (I, p&aacute;g.7). En un poema de <em>Muerte y amapolas en Alexandra Avenue </em>(2017), uno de los mejores libros del poeta, leemos: &ldquo;El pasaporte dice qui&eacute;n soy yo. Yo lo ignoro&rdquo; (II, p&aacute;g. 496).</p>
<p>En este poemario sobre el destierro y los exilios se encuentra, sin duda, una de las cimas de la literatura moguiana, el largo poema detonado &ldquo;Clamor cuchillo&rdquo;, que yo considero equivalente a &ldquo;Espacio&rdquo; en la trayectoria literaria juanramoniana. Es decir, el poema clave, que re&uacute;ne, culmina y anticipa. En pocas ocasiones encontraremos tan expresivamente pintadas y cinceladas todas las implicaciones emotivas que implican el tedio, la incomunicaci&oacute;n y el desarraigo (II, p&aacute;gs. 527-540). Sum&eacute;rjanse en este poema y pienso que no saldr&aacute;n de &eacute;l iguales o indemnes.</p>
<p>A veces, muy cerca los unos de los otros, encontramos poemas de Eduardo Moga que pertenecen a alguno de estos polos opuestos, tan alejados pero a la vez tan cercanos a la voz habitual de Moga. Si abrimos el peque&ntilde;o libro <em>D&eacute;cimas de fiebre </em>(2017) por la p&aacute;gina 68 encontramos un caso clar&iacute;simo de esta mezcla promiscua tan chocante. En la p&aacute;gina par, leemos un poema puro en la m&aacute;s firme tradici&oacute;n juanramoniana:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ladra, interminable, un perro.&nbsp;</p>
<p>Breves orugas de luz</p>
<p>se despliegan al trasluz</p>
<p>de las monta&ntilde;as. El hierro</p>
<p>lunar taracea un cerro</p>
<p>con incisiones de plata.&nbsp;</p>
<p>Croan las ranas, y mata</p>
<p>un azor a un indefenso</p>
<p>rat&oacute;n. El silencio es denso.</p>
<p>Y el perro, mortal, lo acata.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahora compar&eacute;moslo con la d&eacute;cima de la p&aacute;gina vecina, la siguiente, es decir, la 69:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amar&eacute; enteros tus senos,</p>
<p>como si enteramente</p>
<p>fueran t&uacute;. Y lo har&eacute;, paciente,</p>
<p>con besos que sean truenos</p>
<p>y amor que los deje llenos</p>
<p>de hambre y magulladuras.</p>
<p>Amar&eacute; tus tetas duras</p>
<p>hasta que se reblandezcan&nbsp;</p>
<p>y los pezones parezcan</p>
<p>ajadas empu&ntilde;aduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Amar es devorarse&rdquo;, nos recuerda Llera (I, p&aacute;g. 8). Imposible ser m&aacute;s nerudiano, m&aacute;s frontalmente &ldquo;impuro&rdquo; y erotizante. Una estampa alejada y congelada en el tiempo, casi azoriniana, y al lado esta declaraci&oacute;n de deseo brutal. Y, por cierto, a prop&oacute;sito del erotismo, el autor ha escrito lo siguiente: &ldquo;Escribo poes&iacute;a er&oacute;tica porque el amor me salva. Del tedio, de la soledad, de la infelicidad, de la muerte. Pero no me refiero al sentimiento del amor, sino a su materialidad ven&eacute;rea; hablo del amor en su sentido primigenio: del goce f&iacute;sico, del placer sexual. No desconozco las razones qu&iacute;micas del amor, que lo reducen a mera secreci&oacute;n hormonal. Sea: esto me basta. Tambi&eacute;n el alma es un producto del cuerpo; tambi&eacute;n la conciencia y la inteligencia. Y todo ello, alumbrado, amparado por el cuerpo, me configura como hombre&rdquo;. Este fragmento est&aacute; recogido en el volumen tercero de esta edici&oacute;n de <em>Ser de incertidumbre </em>(III, p&aacute;g. 475), y pertenece al <em>Ep&iacute;logo </em>de <em>Lo profundo es la piel. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a er&oacute;tica</em>, publicado en el a&ntilde;o 2020 por la editorial Aldar&aacute;n.</p>
<p>Una parte de la poes&iacute;a de Eduardo Moga, exacto anti Petrarca y anti Lope de Vega, por ser su pensamiento amoroso voluntaria y acertadamente furtivo y animal, es un diario amoroso hundido en la carnalidad, la sed, el hambre y el furor amatorio, como en este poema de <em>Las horas y los labios </em>(2003): &ldquo;Veo mi rostro: es el rostro de la farmac&eacute;utica, cuyo silencio era blanco. Veo mis brazos: son los brazos del cartero o del repartidor de butano o del mendigo que se lavaba en la fuente. Veo mi sexo: es el sexo de la dependienta a la que no me atrev&iacute; a amar. Veo, en fin, mi olor: es el olor de los jardines escondidos o de los libros robados o de las personas a las que nunca m&aacute;s encontrar&eacute;: el olor de la extirpaci&oacute;n. Vuelve la luz al lugar donde la conoc&iacute;: a las islas de los parques, a los atardeceres l&iacute;quidos y caminados, al bullicio arcilloso de las horas, y la doblo con los dedos, la guardo en el bolsillo, someto su indisciplina. Grito sin que me oigan&rdquo; (I, p&aacute;g. 399).&nbsp;</p>
<p>A veces, el erotismo moguiano puede ser absolutamente genital y buscar incluso la provocaci&oacute;n y el descaro (como en sus pol&eacute;micas <em>Seis sextinas soeces</em>, de 2008, que abren bomb&aacute;sticamente el Tomo II), realmente soeces, merecedoras de los dos rombos, e inauditamente ingeniosas; pero en otros rincones de su producci&oacute;n el erotismo puede ser extraordinariamente discreto, como en este <em>haiku</em> del a&ntilde;o 2007:&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lee a Salinas.&nbsp;</p>
<p>Se quita la bufanda.&nbsp;</p>
<p>Delicadeza.</p>
<p>(I, p&aacute;g. 486)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la poes&iacute;a de Eduardo Moga, los recuerdos tienen casi siempre genitales y dientes, todo est&aacute; hecho de barro y luz. Eduardo Moga es un ilustrado radical, a la manera del Bar&oacute;n de Holbach. A la vez, es un materialista enamorado, que opina que fuera del espectro del amor no hay nada que merezca demasiado la pena vivir. Quien le conoce sabe que es un ateo de una pieza, un mecanicista materialista a la manera de los grandes esc&eacute;pticos. Su pelaje es el de un Pierre Charron, un Lucrecio, un Sexto Emp&iacute;rico o un George Santayana, el de alguien que ha aceptado que el &uacute;nico sentido de nuestro cuerpo es la lucha a dentelladas para lograr el amor y la iluminaci&oacute;n totalmente f&iacute;sica, antes de la aniquilaci&oacute;n absoluta. Alguien que podr&iacute;a haber vivido o vivir c&oacute;modamente en Roma. Un moralista del siglo pasado lo llamar&iacute;a un &ldquo;m&iacute;stico sensual&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Acaso no ser&aacute; la obra po&eacute;tica completa de Eduardo Moga sino un compendio de &ldquo;sentidos primigenios&rdquo;? Una especie de regreso sofisticado e imposible al primitivismo imprescindible. Ya que estamos obligados a respirar, lo que nos plantea Moga es la gran pregunta sobre ese aire en circulaci&oacute;n. Su poes&iacute;a intenta alcanzar el nivel extremo de abandono a la sensualidad, como le ocurr&iacute;a a San Juan, pero a trav&eacute;s de un culturalismo que consigue rejuvececernos o reembrionarnos. Y es aqu&iacute; donde parece que Walt Whitman, un aut&eacute;ntico fetiche y maestro para Moga, es donde cobra su significado m&aacute;ximo: un culturalismo que no sofistique ni nos convierta en gestos, sino que nos devuelva al primitivismo o al animalismo que no debimos abandonar. En este sentido, el pensamiento de Moga es rousseauniano, o neorrom&aacute;ntico, como ustedes prefieran, a la manera celebratoria y tom&aacute;ndose la vida en serio, como en los libros m&aacute;s tropicales de Vicente Aleixandre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Ser de incertidumbre, 1994-2023. Poes&iacute;a reunida&rdquo;. Eduardo Moga, Editorial Dilema, Madrid, 2024. 3 vols.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 May 2024 10:04:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Traer el pulso de cirujana de las silenciadas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/traer-el-pulso-de-cirujana-de-las-silenciadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/PILAR_ASTRAY_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Acercarse a la poes&iacute;a escrita y visual, a las actuaciones o <em>performances</em> de Pilar Astray, es hacerlo a uno de los espect&aacute;culos sonoros y reivindicadores de una artista que as&iacute; puede llamarse. Una poeta con espacio propio desde el saber decir y situarse con verosimilitud y contundencia, en los mundos invisibles y dolorosos, pero muy presentes, de nuestra sociedad y de muchas familias. De un saber revelar (y denunciar) esa trastienda emocional que da&ntilde;a a las v&iacute;ctimas de la violencia patriarcal, y que sabe trasmitir por su capacidad teatral, s&oacute;lida presencia sobre las tablas e, indudablemente, por su talento al trasmitir desde el verso libre sus preocupaciones sobre la violencia dom&eacute;stica y el maltrato. Pilar Astray se ha ido aupando imperceptiblemente a un mundo en el que, en la &uacute;ltima d&eacute;cada, han destacado los ejercicios de Mar&iacute;a Salgado y Lola Nieto (no solamente, pero no quiero caer en el <em>dropping name</em>), en una reactualizaci&oacute;n de una tradici&oacute;n que en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 60- 70, tuvo nombres importantes como Jos&eacute; Luis Castillejo, Fernando Mill&aacute;n, el colectivo Zaj entre tantos y tantos (pienso desde la teor&iacute;a en Rafael de C&oacute;zar y en la misma Mar&iacute;a Salgado), o los Encuentros de Pamplona 72, de hace m&aacute;s de medio siglo. De lo que no cabe duda es que ese esp&iacute;ritu en que se materializa la actuaci&oacute;n, la palabra y el espect&aacute;culo sonoro, ha evolucionado y redirigido hacia las preocupaciones de la sociedad actual (el maltrato y secuelas, en este caso), con algunos nombres de referencia entre los que se encuentra Pilar Astray y la m&uacute;sica de Marcos Mu&ntilde;oz. Artista con el nombre art&iacute;stico de Rooteo y con un talento mayor que el simple acompa&ntilde;ar con su m&uacute;sica electr&oacute;nica al texto. De hecho, el cuidado libro (se debe elogiar la excelente f&oacute;rmula y dise&ntilde;o, mezcla de fotos y calidades de papel, maquetaci&oacute;n y tipograf&iacute;as), trae unos c&oacute;digos QR para proporcionar al lector que no pueda asistir al espect&aacute;culo, la posibilidad de hacerlo desde su tableta o tel&eacute;fono m&oacute;vil, y vivir unas oleadas apabullantes en su emocionalidad y misterio, sugerencia. Oleadas que se fusionan admirablemente con la poes&iacute;a de la escritora madrile&ntilde;a y su ejercicio de catarsis, de puesta en escena y denuncia, pero tambi&eacute;n de complicidad y llamada al dolor del espectador, de superaci&oacute;n del mismo a trav&eacute;s de la imagen, la palabra y la m&uacute;sica. El espect&aacute;culo, con esa fortaleza y presencia propio de artistas como Ang&eacute;lica Liddell o las dos poetas citadas, incrementa su verosimilitud con esa investigaci&oacute;n musical basada en el Ambient y el Drone sorteando el mero acompa&ntilde;amiento, como hemos dicho, pues se fusiona, ratifica y realza los poemas. En ese sentido estamos ante esa imposibilidad de diferenciar la bailarina de la danza, escribi&oacute; nada menos que alguien muy atento a las actuaciones y espect&aacute;culos, como William Butler Yeats.</p>
<p>Pilar Astray cuenta con una larga tradici&oacute;n como artista con t&iacute;tulos que empiezan a ser bien conocidos: <em>El lenguaje de la gravedad</em> (2016)&nbsp; y <em>Aquelarre</em> (2018) ha presentado un di&aacute;logo entre &ldquo;la poeta&rdquo; y &ldquo;el carnicero&rdquo; en el primero de los libros, titulado expl&iacute;citamente as&iacute;, <em>El carnicero</em>, pues est&aacute; diferenciado aun en sus contig&uuml;idades y f&oacute;rmula de <em>C&oacute;mo recuperar un cuerpo maltratado</em>. T&iacute;tulos rotundos, honrados, pues responden al asunto, tal y como ha estudiado G&eacute;rard Genette, y donde encontramos esa denuncia de &laquo;el fantasma que fui bajo su ala&raquo; y el da&ntilde;o infringido a &ldquo;la poeta&rdquo; y no solo. Tambi&eacute;n a su &aacute;mbito familiar, al <em>oikos</em> que desea y pretende proteger desde el amor o, si prefieren, sanar, pues es imposible preservar el da&ntilde;o cuando est&aacute; hecho, la herida causada por el maltratador o carnicero que se desea cicatrizar. Esa es la angustia que la puesta en escena propone (insisto, se debe asistir al espect&aacute;culo, si bien el libro pueda leerse y escucharse en s&iacute; mismo como un todo muy convincente) resalta con una iluminaci&oacute;n roja y donde un cuchillo ocupa el &aacute;mbito, como el silencio en <em>La casa de Bernarda Alba</em>. Y donde se escribe silencio se puede escribir horror, temor, miedo, despotismo. Los poemas en prosa o proemas que acompa&ntilde;an a esta estupenda aventura denuncian las tremendas consecuencias: &laquo;La carne es ef&iacute;mera pero las palabras perduran todas tus palabras perduran las reconozco congeladas en mi banco de memorias no puedo extraerlas tan f&aacute;cilmente&raquo;. Y as&iacute; es. Los t&iacute;tulos van apuntando a todo ello &laquo;Desvelo&raquo;, &laquo;La jaula&raquo; o &laquo;No se puede triturar la carne que no est&aacute; en venta&raquo;, por ejemplificar brevemente, y muestran las intenciones y calado del libro. Poema versicular y salm&oacute;dico este &uacute;ltimo, centro del poemario en mi opini&oacute;n, y fuera de ese vers&iacute;culo que Antonio Gamoneda o Juan Carlos Mestre tras sus pasos (Mario Obrero), han propuesto, sino con uno muy diferenciado, propio, y que apela a sus intereses y lecturas cuando lo necesita o lo desea, vers&iacute;culo que lanza la red al fondo desde ese grito contra la violencia de g&eacute;nero y el silencio que hist&oacute;ricamente ha rodeado a las v&iacute;ctimas, mujeres o hijos, normalmente.&nbsp; Pilar Astray busca la sanaci&oacute;n de la herida por la palabra, cuenta en otro poema, &laquo;Khandroma&raquo; y esa relaci&oacute;n con las palabras que saben de &laquo;cuanto amor me has robado&raquo; y de &laquo;(&hellip;) la orfandad/cuando se seca: sacra plausible diadema&raquo;. Poema y dolor se suben al pedestal del verso y del verbo que le interroga, y desde donde nos interroga en un ag&oacute;nico envite con unos dolientes &laquo;Si me est&aacute; doliendo tanto, por qu&eacute; lo escribo&raquo; y v&iacute;a donde nace la ra&iacute;z del canto que trae &laquo;(&hellip;) esta pose melanc&oacute;lica y secreta/que me apunta con su duelo/cuando intento acercarme al poema desde lejos/cuando intento acercarme al poema desde lejos&raquo;. Si algo tiene Pilar Astray es mundo propio, capacidad pl&aacute;stica y verosimilitud, deseo de dejar de ser esta &laquo;azucena vac&iacute;a&raquo; o vaciada por el odio que se reconstruye y construye la denuncia con esta nueva poes&iacute;a comprometida con la vida; y sabedora e inconformista con un &laquo;Soy la mula que carga con secretos en su lomo&raquo;, pues a pesar de las ciclotimias busca siempre esa mujer nueva y expl&iacute;cita, lejos del viejo da&ntilde;o desde &laquo;voy a parirme&raquo;. Y esto es en buena medida esta suma de libros complementarios, que no quieren derretirse &laquo;en el env&eacute;s de la venganza&raquo; sino traer el &laquo;pulso de cirujana de las silenciadas&raquo; con la misma actitud, pero con otros asuntos, que portaron en su d&iacute;a las mujeres del Lyceum Club o las c&eacute;lebres &ldquo;sin sombrero&rdquo;. Algo afortunadamente ha ido cambiando y nos podemos encontrar ante versos y actuaciones, poetas y m&uacute;sicas, aventuras, sol&iacute;a decir Claudio Rodr&iacute;guez, como las que nos regalan Rooteo y Pilar Astray al un&iacute;sono, con este libro que as&iacute; puede llamarse en la cuidada edici&oacute;n de Mundos Flotantes.</p>
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<p>Pilar Astray, <em>El Carnicero. C&oacute;mo recuperar un cuerpo </em>maltratado, Madrid, Mundos flotantes, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Apr 2024 11:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos de José María Cumbreño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismos-de-jose-maria-cumbreno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JOS_MAR_A_CUMBRE_O_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>EL RETROVISOR</p>
<p>A pesar de su tama&ntilde;o, es el m&aacute;s cruel de los espejos. O el m&aacute;s sincero, seg&uacute;n se mire. Su principal utilidad no es reflejar el rostro de quien lo contempla, sino mostrarle insistentemente, al tiempo que cree que avanza, lo que ha dejado atr&aacute;s.</p>
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<p>EL COLADOR</p>
<p>La mujer del pescador cuela el agua antes de beberla para no so&ntilde;ar por la noche con tempestades y naufragios.</p>
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<p>LLAVE</p>
<p>Instrumento que abre o cierra una puerta.</p>
<p>En plural (<em>las llaves</em>) hace referencia a las de casa.</p>
<p>Dos juegos.</p>
<p>Quedamos en que te pasar&iacute;as a recoger tus cosas cuando yo no estuviese.</p>
<p><em>Av&iacute;same antes.</em></p>
<p><em></em>Y que luego me las dejar&iacute;as encima de la mesa.</p>
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<p>LA COMETA</p>
<p>Un antiguo emblema oriental sentencia que quien consigue hacerla volar se conoce mejor a s&iacute; mismo, pues la cometa ni se entrega por completo al viento ni abandona del todo el suelo.</p>
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<p>MENSAJES EN EL CONTESTADOR</p>
<p>Vivo solo.</p>
<p>Aunque a veces, en el trabajo, marco el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de mi casa.</p>
<p>Y pregunto por m&iacute;.</p>
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<p>EL HILO DE ARIADNA</p>
<p>Una vez que dio muerte a la bestia, Teseo decidi&oacute; cortar aquel hilo.</p>
<p>Y no regresar.</p>
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<p>LO QUE T&Uacute; MIRAS</p>
<p>Me gusta mirarte cuando no sabes que te estoy mirando.</p>
<p>Entonces, para verte, miro lo que t&uacute; miras.</p>
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<p>COMPRENDER</p>
<p>Para comprender a alguien es preciso cultivar con detenimiento todos sus defectos.</p>
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<p>INERCIA</p>
<p>En el r&iacute;o, el agua es agua en movimiento.</p>
<p>La sed es una excusa.</p>
<p>Se bebe para ver el mar.</p>
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<p>ILESO</p>
<p>Aunque acordarse de algo ya no duela, del pasado nadie regresa ileso.</p>
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<p>PIZARRA</p>
<p>Ninguna palabra o f&oacute;rmula que se copia en ella sobrevive a la clase siguiente.</p>
<p>Se borran por igual el problema y la soluci&oacute;n del problema.</p>
<p>Escribir todos los d&iacute;as en una pizarra es el mejor ant&iacute;doto contra la vanidad.</p>
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<p>AFILAR</p>
<p>Conseguir que una palabra haga sangrar los ojos de quien la lea.</p>
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<p>MAESTRO</p>
<p>El maestro debe tener menos certezas que sus alumnos.</p>
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<p>F&Oacute;RMULAS</p>
<p>El espacio que una persona deja al irse es igual a la velocidad con la que se marcha multiplicado por el tiempo que estuvo a nuestro lado.</p>
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<p>ESCALERAS</p>
<p>Sub&iacute;a los pelda&ntilde;os de dos en dos. Es decir, llegar&iacute;a arriba habiendo conocido s&oacute;lo la mitad de la escalera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ESCRIBIR</p>
<p>Enhebrar una aguja con los ojos cerrados.</p>
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<p>LAS S&Aacute;BANAS Y LOS SUE&Ntilde;OS</p>
<p>Planchaba las s&aacute;banas porque quer&iacute;a quemar los sue&ntilde;os que hab&iacute;an quedado enredados en ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA PARTE POR EL TODO</p>
<p>Todas las casas se construyen con presencias y ausencias.</p>
<p>El ladrillo que se pone ser&aacute; un muro.</p>
<p>El ladrillo que no se pone ser&aacute; una puerta.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Apr 2024 11:17:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descrédito de la política]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/descredito-de-la-politica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2024/DAVID_TRUEBA_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Queridos ni&ntilde;os</em>, de David Trueba, podr&iacute;a leerse como la ex&eacute;gesis de lo que nunca debiera ser la pol&iacute;tica. Podr&iacute;a ser perfectamente una comedia amarga de las de Billy Wilder, tan querido por su autor, (estoy pensando, por ejemplo, en <em>El apartamento</em>), en la que bajo un tono amable, incluso decididamente humor&iacute;stico en ocasiones, se esconde el desconsuelo o la pesadumbre por una vida triste y fracasada. En la novela de Trueba, ocultas tras un manto de aparente ligereza o frivolidad, las vidas de todos los protagonistas son profundamente grises y desgraciadas, aunque parezca que el mundo de los poderosos en el que se mueven pudiera un d&iacute;a hacer el milagro de redimirlas y convertirlas en algo mejor, en algo que tal vez las alejara de la villan&iacute;a y miseria moral en que est&aacute;n instaladas y las acercara a posturas nobles o, al menos, simplemente decorosas.</p>
<p><em>Queridos ni&ntilde;os</em> (que es como el protagonista llama a los electores) trata sobre la campa&ntilde;a electoral en la que participa Amelia, una catedr&aacute;tica de universidad candidata a la presidencia del gobierno por un partido conservador (al que el narrador llama Los Cuervos y al que no es dif&iacute;cil imaginar como el Partido Popular), en la que recorre toda Espa&ntilde;a pidiendo el voto junto con un peque&ntilde;o equipo de personas que trabaja para ella: su mano derecha, Carlota, una antigua alumna suya muy ambiciosa; la venezolana Tania, que bajo una apariencia de mujer dulce encubre una personalidad falaz;&nbsp; Albert,&nbsp; conocido como &ldquo;Arroba&rdquo;, que se encarga de las redes sociales; y, sobre todo, Basilio, el gran personaje de la novela junto con Amelia, a quien el partido ha contratado para que le escriba los discursos y que hace en el libro las veces de narrador. Basilio es un c&iacute;nico y un amoral, al que s&oacute;lo al final de la novela podremos tratar (sin demasiado &eacute;xito) de comprender y perdonar. Basilio representa lo peor de la pol&iacute;tica y sus frases son, una p&aacute;gina s&iacute; y otra tambi&eacute;n, abyectas y demoledoras: &ldquo;ese empe&ntilde;o de construir las campa&ntilde;as con gente de fuera de la casa se debe a que no se f&iacute;an ni ellos de su cuadrilla propia, porque s&oacute;lo saben relacionarse a cuchilladas&rdquo;; y a&ntilde;ade, para que no haya dudas: &ldquo;Todos dentro de los partidos quieren escalar, es un microclima criminal&rdquo;. Conoce muy bien la pol&iacute;tica: &ldquo;en pol&iacute;tica quien te protege te domina&rdquo;; &ldquo;te nombran, lo aceptas y cuando llegas a saber lo que necesitas saber, ya no est&aacute;s en el cargo&rdquo;; o &ldquo;sin poder un partido se vac&iacute;a de fondos y por tanto de motivo&rdquo;, ya que &ldquo;esa m&aacute;quina de crear empleos para los cercanos si no funciona a pleno gas machaca al l&iacute;der, por culpable y responsable m&aacute;ximo del lucro cesante&rdquo;. Basilio no cree que la pol&iacute;tica corrompa a la gente, sino que sucede al rev&eacute;s: &ldquo;es la gente corrupta la que encuentra en la pol&iacute;tica un campo por explotar y les atrae ese sector para progresar en su maldad&rdquo;. Su cinismo sobrecoge y encoleriza: &ldquo;Los fieles a las esencias de los partidos son sus votantes, no sus integrantes&rdquo;, pues una cosa es &ldquo;pedir el voto por unos motivos y otra muy distinta convertir esos motivos en tu pensamiento &iacute;ntimo&rdquo;; y cuando van a visitar en Alicante unas casas afectadas por aluminosis, tras decir Amelia unas &ldquo;frases hechas y topicazos sobre la solidaridad&rdquo;, afirma que &ldquo;nuestro plan de gobierno m&aacute;s bien consist&iacute;a en dejar tirada a esa gente, en apostar por algo m&aacute;s fotog&eacute;nico&rdquo;. Es un c&iacute;nico de manual cuando ironiza sobre los discursos que le escribe a la candidata (&ldquo;mierdas que enlac&eacute; con an&eacute;cdotas inventadas y fraseolog&iacute;a de grader&iacute;o&rdquo;), cuando finge preocupaci&oacute;n por el futuro de su hijo, cuando escribe en el colmo de la deslealtad una rese&ntilde;a, que firma otro en su lugar, contra la autobiograf&iacute;a que acaba de publicar la propia Amelia, o cuando pone en labios de uno de los l&iacute;deres de Los Cuervos estas trist&iacute;simas palabras: &ldquo;la izquierda es necesaria en el poder en momentos puntuales. La reconversi&oacute;n, la crisis, la protesta necesitan de su gobierno para ser aplacadas. El resto del tiempo, Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s conservador y de orden, orgulloso de su hogare&ntilde;a paz callada. Si perdemos las elecciones es por culpa nuestra o porque alguien en la izquierda es tan inteligente que se convierte en una derecha m&aacute;s pragm&aacute;tica. Hay que ser burros para no aprovechar la ventaja que nos concede este pa&iacute;s&rdquo;. Y es desolador cuando afirma que &ldquo;todas las personas que se dedican a la pol&iacute;tica lo hacen porque hay un vac&iacute;o en su vida&rdquo;; que no se elige a los inteligentes, sino que &ldquo;para ganar las elecciones tienes que parecer un poco tonto&rdquo;; o que los mayores de su partido hab&iacute;an robado tanto que &ldquo;no les dejaban un frente por corromper a las juventudes que llegaban sedientas de su propia oportunidad&rdquo;. Todo muy triste.</p>
<p>Tan triste como las opiniones de Basilio sobre la vida: &ldquo;considero la bondad un signo de cobard&iacute;a, como la buena educaci&oacute;n, la gente es as&iacute; para que no le partan la cara&rdquo;; &ldquo;los buenos sentimientos son una impostura&rdquo;; o cuando, al recordar a sus padres, dice que aprendi&oacute; de ellos que &ldquo;para ser una buena pareja es necesario ser algo necio y primario&rdquo;. La norma de su vida es &eacute;sta: &ldquo;Nada es sagrado, tienes que amenazar para que no te amedrenten y hay que humillar para que te dejen avanzar&rdquo;. Pero el personaje de Basilio est&aacute; tan extraordinariamente bien construido que consigue que el lector se sienta atra&iacute;do por &eacute;l, por canalla y amoral, y que a la vez le odie por las mismas razones.</p>
<p>Amelia, la candidata (turolense por m&aacute;s se&ntilde;as, de un pueblo entre Lechago y Navarrete del R&iacute;o), tiene un coraz&oacute;n m&aacute;s limpio, pero sabe muy bien en qu&eacute; lodazal se mete y qu&eacute; barrizales pisa. Tampoco es inocente, y acepta muchas de las marruller&iacute;as que le proponen para tratar de desacreditar o apartar del camino a sus rivales. Como dice Basilio, la campa&ntilde;a consiste en hacerse malos: &ldquo;entra una doncella y sale una bruja&rdquo;. Y es que, en realidad, en la novela no hay ning&uacute;n sentimiento noble ni un solo personaje que pudi&eacute;ramos salvar de la quema: polic&iacute;as que redactan informes falsos, pol&iacute;ticos que inventan historias s&oacute;lo para conmover al electorado, asesores que crean cuentas falsas en las redes para lanzar encuestas manipuladas, especialistas en desactivar esc&aacute;ndalos a trav&eacute;s de negocios de &ldquo;defensa reputacional y lavado de imagen&rdquo;&hellip; Lo que ocurre es que la trama est&aacute; tan bien urdida, los personajes son tan fieramente humanos, que al final, como se dice en el libro, todos los pol&iacute;ticos acaban siendo como un edificio feo al que cuando pasan los a&ntilde;os le tomas cari&ntilde;o. Uno s&oacute;lo desea que la pol&iacute;tica de verdad no llegue a ser nunca como la que refleja esta gran novela de David Trueba, que te atrapa y te engulle desde la primera p&aacute;gina, esa en que la precampa&ntilde;a arranca en el Gran Hotel de Zaragoza.</p>
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<p>David Trueba, <em>Queridos ni&ntilde;os</em>, Barcelona, Anagrama, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Apr 2024 10:33:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hacia un mundo sin pensamiento crítico?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hacia-un-mundo-sin-pensamiento-critico/</link>
      <description><![CDATA[<p><em><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2023/ANDREU_NAVARRA_500_px.jpg" alt="" /></em></p>
<p><em>Prohibido aprender</em>&nbsp;es un libro tan real que parece de ficci&oacute;n. Traza un recorrido desolador por las ocho leyes generales de Educaci&oacute;n que ha sufrido (s&iacute;, este es el verbo adecuado) este pa&iacute;s, pero no se trata de un ensayo aburrido ni de una enumeraci&oacute;n de desprop&oacute;sitos, sino de la narraci&oacute;n ir&oacute;nica y muy bien documentada del desmantelamiento del sistema educativo en aras de una modernidad que ya era antigua mucho antes de convertirse en ley.</p>
<p>Desde la LOGSE, nos explica Andreu Navarra se han ido sucediendo leyes educativas cada vez m&aacute;s alejadas de las aulas, y adem&aacute;s dictadas desde despachos en los que ha primado, frente a la pedagog&iacute;a, un utilitarismo mercantil que ha tergiversado el verdadero significado de la palabra competencia (pericia, nos recuerda el autor) hasta convertirla en la palabra clave de una jerga religiosa que pertenece al campo sem&aacute;ntico de <em>los buhoneros neoeducativos y sus moralinas sensoafectivas. </em></p>
<p><em>Prohibido aprender</em> es tambi&eacute;n la cr&oacute;nica del escepticismo de los profesores y de los alumnos,&nbsp; y una novela del desencanto,&nbsp; y la descripci&oacute;n de una distop&iacute;a tan tangible y tan cercana que asusta. Podr&iacute;a leerse como la precuela, esa palabra tan de moda, de un mundo similar al descrito en <em>Farenheit 451</em>, <em>1984</em>,&nbsp; o en <em>El cuento de la criada</em>, un mundo sin pensamiento cr&iacute;tico, sin capacidad de an&aacute;lisis, sin posibilidad de salvaci&oacute;n ante el tsunami de datos con que el Gran Hermano nos bombardea a diario.</p>
<p>Pensar se convertir&aacute; en un acto revolucionario, el &uacute;nico posible. Como nos explica el autor, hemos dejado que la cultura se asocie al elitismo, que se nos convenza de que escribir bien no es democr&aacute;tico, pero al mismo tiempo,&nbsp; quien quiera formarse deber&aacute; pagarse su formaci&oacute;n al margen de la escuela p&uacute;blica, cerrando as&iacute; un c&iacute;rculo vicioso: nos han convencido de que el conocimiento es solo un adorno de las clases altas para llegar a la realidad de que as&iacute; lo sea. Solo quien pueda pagar el conocimiento podr&aacute; acceder a &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Se llega a la paradoja de que en un mundo sobrecargado de informaci&oacute;n hasta convertirse en un vertedero digital, no dotaremos a nuestros alumnos de la herramienta indispensable para abrirse paso entre la inmundicia: el pensamiento cr&iacute;tico. A cambio, podr&aacute;n jugar con la basura, controlar sus emociones ante su aparici&oacute;n, pero no discernir&aacute;n qu&eacute; pueden aprovechar de todo lo que les llega a trav&eacute;s de mil canales distintos. Tendr&aacute;n barcos, pero no sabr&aacute;n navegar. Ante la ola de la desinformaci&oacute;n, boquear&aacute;n ahogados por material que ni saben comprender ni podr&aacute;n asimilar.</p>
<p>Sin saber comprender un texto, es imposible que luego puedan aprender a esquivar los anzuelos que se les tienden no solo en las redes sociales (el mundo es m&aacute;s que esto), sino tambi&eacute;n en la publicidad, en los contratos de trabajo, en la ret&oacute;rica que ya no sabr&aacute;n qu&eacute; es, en la propaganda pura y dura.&nbsp; Y no sabr&aacute;n qu&eacute; son los da&ntilde;os colaterales de una guerra o una crisis, los reajustes de personal, el ox&iacute;moron de las guerras humanitarias&hellip; los eufemismos que nos rodean como una red de la que no sabremos salir. Por seguir con las met&aacute;foras mar&iacute;timas, nuestros alumnos no sabr&aacute;n dudar, creer&aacute;n que la vida es un mar de certezas.</p>
<p>El problema es que habr&aacute; otros que no solo sabr&aacute;n tender trampas sino que se han adue&ntilde;ado de un saber que era com&uacute;n y adem&aacute;s, gratuito. Hemos dejado que otros nos digan que aprender menos es saber m&aacute;s. Y les hemos dado el poder de hablar bien, de escribir bien, de convencer, o sea, de manipular.</p>
<p>Como nos dice el autor, el verdadero problema es que no se est&aacute; dando clase. Mientras la burocracia no deja de crecer y en las aulas prima la gamificaci&oacute;n como si fuera la &uacute;nica opci&oacute;n posible, los profesores han dejado de creer en que las leyes traer&aacute;n una soluci&oacute;n, m&aacute;s bien al contrario. Con su ret&oacute;rica hueca y su l&eacute;xico entusiasta, cada ley que abogaba por la inclusi&oacute;n y la atenci&oacute;n a la diversidad ha ocultado que sin financiaci&oacute;n, sin bajar el n&uacute;mero de alumnos por profesor y sin formaci&oacute;n, nada es posible. Sin fondos y sin inter&eacute;s por crear material pedag&oacute;gico que se ajuste a la realidad, las leyes fracasan.</p>
<p>Apunta tambi&eacute;n el autor a los posibles intereses privados que acechan a la escuela p&uacute;blica, y a la falta de confianza en el profesorado como si ya solo fuera necesaria una pantalla para conseguir lo que un docente apenas puede conseguir. La desprofesorizaci&oacute;n a cambio de las supuestas ventajas de lo digital. Ya en el a&ntilde;o 2000 &Aacute;lvaro Marchesi alertaba contra la introducci&oacute;n de juegos de marcianos en el sistema educativo. De un modo parecido escrib&iacute;a que la inmersi&oacute;n digital no pod&iacute;a consistir en el mismo libro de texto pero en CD-ROM. Esto es exactamente lo que est&aacute; pasando pero con herramientas mucho m&aacute;s sofisticadas.</p>
<p>No hay que discutir si se pone en el centro al alumno o al profesor, sino a la educaci&oacute;n, que deber&iacute;a estar por encima de cualquier disensi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero no es as&iacute;, como nos recuerda a lo largo de todo el ensayo Andreu Navarra: la cultura se asocia al elitismo, la ignorancia se fabrica, y la oposici&oacute;n o el sentido com&uacute;n se consideran propios de reaccionarios.&nbsp; As&iacute;, todo el que se opon&iacute;a a Marchesi era tachado de conservador.</p>
<p>Ad&oacute;nde vamos, se pregunta el autor al final, al mismo tiempo que se espanta de que las familias no reaccionen ante la falta de pensamiento cr&iacute;tico de los alumnos.</p>
<p>El aprendizaje ser&aacute; algo clandestino. Volveremos a aprendernos los libros de memoria para que no se pierdan, crearemos sociedades secretas, trataremos de luchar contra un sistema que fomenta centros de d&iacute;a para los j&oacute;venes, con tal de que no est&eacute;n sin trabajo y en la calle&hellip;o quiz&aacute; dejaremos de hablar de distop&iacute;as y utop&iacute;as, y trabajaremos para revertir la frase final del ensayo: &ldquo;hemos prohibido ense&ntilde;ar y aprender para poner en venta el futuro de nuestra juventud&rdquo;.</p>
<p>Hasta ese momento, conviene leer este libro que muestra una realidad que parece ficci&oacute;n, esta cr&oacute;nica del desencanto escrita por un profesor que sabe de lo que habla, una cualidad cada vez menos com&uacute;n en estos tiempos extra&ntilde;os.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andreu Navarra, <em>Prohibido aprender. Un recorrido por las leyes de educaci&oacute;n de la democracia</em>, Barcelona, Anagrama, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Apr 2024 07:33:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una fábula decantada del yo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-fabula-decantada-del-yo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FRANCISCO_JOS_MART_NEZ_MOR_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n (1981) pertenece a esa serie de poetas discretos que van generando un curriculum l&iacute;rico lleno de calidad e inter&eacute;s fuera del aparato medi&aacute;tico. Conoc&iacute; pronto su poes&iacute;a gracias al permio F&eacute;lix Grande por &ldquo;Variadas posiciones del amante&rdquo;<em> </em>(2006) y por otro libro apetecible, &ldquo;Tras la puerta tapiada&rdquo; (2009), premio Hiperi&oacute;n. Le siguieron una serie de entregas de entre las que destacar&iacute;a &ldquo;No&rdquo; (2021) premio igualmente Francisco Brines y rese&ntilde;&eacute;, como &ldquo;Obligaci&oacute;n&rdquo; (2011). Lo cierto es que lleva una trayectoria ya de casi veinte a&ntilde;os y buen hacer, ya digo, discreto. Las virtudes de su poes&iacute;a clara, aunque yo sea ac&eacute;rrimo de Wallace Stevens, me hicieron seguir una obra que ahora parece girar hacia otros territorios pensativos o de la llamada &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, incluso desde el significativo t&iacute;tulo y la ruptura del mundo un&aacute;nime, la certeza. Tambi&eacute;n desde la f&oacute;rmula con que nos entrega el libro, el fragmento que se hila con similar sentido a otro en su ansia de recomponer lo perdido. Alguna vez he comentado que nada es tan inocente tras esa marca del t&iacute;tulo en su relevancia fundamental cuando abraza el asunto y no lo enmascara, como estudi&oacute;, entre tantos, Gerard Genette en &ldquo;Umbrales&rdquo;. El t&iacute;tulo como concentraci&oacute;n sem&aacute;sica e indicaci&oacute;n de cuanto se form&oacute; en libertad y luego se reconoce y se le adjudica al libro, escribi&oacute; Joan Maragall en el Diario de Barcelona por el all&aacute; de 1905, y por eso, con esa honradez, adquiere ese t&iacute;tulo ajustado esta &ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo;. En efecto, es cuanto ocurre ahora con esta mirada con poco que ver con las po&eacute;ticas del fragmento que estudi&eacute; en el pr&oacute;logo de una antolog&iacute;a, &ldquo;Po&eacute;ticas del malestar: antolog&iacute;a de poetas contempor&aacute;neos&rdquo; (2017) y en un art&iacute;culo &laquo;Las po&eacute;ticas del fragmento y el malestar&raquo; en el n&uacute;mero 469 de la Revista de Occidente del 2020. All&iacute; estaban poetas nacidos por el 80 y que Juan Carlos Abril hab&iacute;a reunido en una operaci&oacute;n de lanzamiento bajo el marbete de <em>Deshabitados</em>. Una promoci&oacute;n colindante, con la que poco tiene que ver, pues aquella se parec&iacute;a en la com&uacute;n ruptura del realismo. Ha pasado el tiempo y esta trayectoria de Mart&iacute;nez Mor&aacute;n, en medio del camino de la vida, va por otros derroteros, fuera de cualquier ruptura desde la ansiedad de las influencias con la citada poes&iacute;a realista de los 90, o con cierta manera de entender el vers&iacute;culo, de cuantos all&iacute; se reun&iacute;an.</p>
<p>&ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo; es un poema lo suficientemente largo como para participar de lo fragmentario y, sin paradoja, de una intencionalidad expl&iacute;cita como tal poema extenso, aunque lo es. El libro est&aacute; cohesionado, fragmento a fragmento hasta constituir una f&aacute;bula decantada del yo en el desfiladero de las emociones y la vida, pues asistimos a un proceso de decantaci&oacute;n reflexiva. La f&aacute;bula espiritual es la de un protagonista que encarna esta dramatizaci&oacute;n en forma de &ldquo;proema&rdquo; o poema en prosa, tal y como es habitual hoy, donde el poeta genera un espacio teatral, un pasillo con puertas que se van superando (atenci&oacute;n a la m&iacute;stica y a Santa Teresa en lo fundamental), en b&uacute;squeda de una luz pura, sin m&aacute;cula. El protagonista en esa indagaci&oacute;n &laquo;tiene sed, pero es la sed, precisamente lo que le mantiene vivo&raquo; (2024: 45), en un camino penoso de pasillos o desiertos. Y mientras lo escribo y percibo esa desnudez esencial de Mart&iacute;nez Mor&aacute;n tan atractiva, tan diferenciada, nada agria, pero con un punto amargo como la misma vida, y en c&oacute;mo esa desnudez le hermana en una espiritualidad similar a la de Edmond Jab&egrave;s. Y es que el tr&aacute;fago del siglo produce poetas como el madrile&ntilde;o, donde la poes&iacute;a excede al verso, seg&uacute;n mantuvo uno de los primeros modernos te&oacute;ricos literarios, Philip S&iacute;dney o los rom&aacute;nticos, y donde una espiritualidad subyacente pugna por decirse para reencontrar al yo. En ese camino doloroso y tambi&eacute;n de autognosis, donde la insatisfacci&oacute;n y el pasillo conllevan la espera, la paciencia infinita en esa b&uacute;squeda de la luz, entendemos esta centralidad de la madurez y comprender a Jos&eacute; Francisco Mart&iacute;nez Mor&aacute;n en este libro; o si prefieren entender su an&aacute;lisis con un bistur&iacute; simb&oacute;lico, un estado suyo y de tantos, cuando la memoria se va borrando lo pasado y el autorreconocimiento, casi fantasmal, incluso los del <em>oikos</em>. Y es que en cierta manera se encuentra nuevamente solo y en la incertidumbre en b&uacute;squeda de esa luz final.</p>
<p>La soledad reflexiva, nunca paralizante, a la que dedic&oacute; Karl Vossler un estudio de referencia, se le impone, junto a la desconfianza de cuanto de cuanto crey&oacute; ser, y donde cabe &laquo;quiz&aacute;s una oraci&oacute;n, una plegaria&raquo; (2024: 71), pero solo &ldquo;quiz&aacute;s&rdquo;. Ese aleg&oacute;rico itinerario del &ldquo;pasillo&rdquo;, lleno de puertas que el paseante no se atreve a abrir o duda sobre la elecci&oacute;n, mientras avanza por un espacio un tanto claustrof&oacute;bico, provoca la doble sensaci&oacute;n de &ldquo;hogar&rdquo; y &ldquo;extra&ntilde;eza&rdquo;, mientras abandona lecturas y los razonamientos de un oculto interlocutor, un tal &ldquo;P&rdquo;, que propone una &ldquo;felicidad impostada&rdquo; [2024: 33]. &nbsp;Prefiere el personaje el dolor de la realidad, la sangre del espino con que se hiere en este corredor (no es un laberinto borgiano), ya sin enso&ntilde;aciones de &ldquo;caballos blancos&rdquo;, l&eacute;ase magias, sino una triste ca&iacute;da hacia lo pragm&aacute;tico en el camino, si no de perfecci&oacute;n, s&iacute; de renovaci&oacute;n o restructuraci&oacute;n. Una desnudez lo plasma, una desnudez que elimina lo superfluo, aunque duela el desencanto de fondo, tan axial como la b&uacute;squeda y la metamorfosis del personaje, hacia esa citada luz. Un peregrinaje &aacute;vido, en efecto, donde todo lo pasado se ha incendiado mientras el futuro se muestra tan cerrado como los ojos de una ni&ntilde;a muerta en la cuneta, que toma como ejemplo. En el fondo, pese a esos estados de estar en el &ldquo;alambre&rdquo; late una pulsi&oacute;n catab&aacute;tica, serena y dolida, en pugna con un horizonte que no alumbra, salvo al final, en esa pugna por entenderse y avanzar, desembarazarse de lastres, renovarse o recuperarse.</p>
<p>La extra&ntilde;eza del personaje con que se ha querido distanciar el yo, muestra un de esta manera un estado en tr&aacute;nsito, palabra que define este libro tan diferente, tan para leer sin prisas. O, si prefieren, para reconocerse en &eacute;l quienes est&aacute;n atravesando cambios, y reflexionan sobre lo fugaz, los espejismos, y la incertidumbre. La irrealidad ante lo nuevo pugna con la tentaci&oacute;n abisal, sin asideros ni pasados m&iacute;ticos, y que Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n ha sabido contar, quiero decir, poetizar con pulcritud y talento. Y sin atenerse a modas o momentos, pues ya dec&iacute;a al comienzo algo sobre su naturaleza de poeta discreto, un buen poeta discreto, que sabe contar con distancia, talento y limpieza un momento cualquiera de la vida de un hombre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n, &ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo;, Murcia, Editorial Balduque, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Mar 2024 11:46:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Llamazares: “Vivimos en un mundo que trivializa la pasión creadora”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julio-llamazares-vivimos-en-un-mundo-que-trivializa-la-pasion-creadora/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/JULIO_LLAMAZARES.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal"><strong>Julio Llamazares: &ldquo;Vivimos en un mundo que trivializa la pasi&oacute;n creadora&rdquo;</strong></p>
<p>Desde que en 1985 publicara su primera novela, <em>Luna de lobos</em>, y m&aacute;s a partir del &eacute;xito de la segunda, <em>La lluvia amarilla</em>, Julio Llamazares (Vegami&aacute;n, Le&oacute;n, 1955) no ha dejado de escribir ni de publicar peri&oacute;dicamente novelas, libros de viajes, guiones cinematogr&aacute;ficos... Fue la buena recepci&oacute;n de esas dos novelas primerizas lo que le permiti&oacute; dedicarse a tiempo completo a la escritura con incursiones m&aacute;s o menos espor&aacute;dicas en el Periodismo, campo en el que mantiene su faceta de columnista. Antes hab&iacute;a publicado dos libros de poes&iacute;a, <em>La lentitud de los bueyes</em> y <em>Memoria de la nieve,</em> que tambi&eacute;n figuran en el imaginario colectivo de sus fieles lectores. Que los tiene, y asegura que son su mayor patrimonio. En los casi 45 a&ntilde;os que han transcurrido desde su primer poemario, siete novelas (entre ellas, <em>El cielo de Madrid</em>, <em>Las l&aacute;grimas de San Lorenzo</em>, <em>Distintas formas de mirar el agua</em>), siete libros de viajes (<em>El r&iacute;o del olvido</em>, <em>Tr&aacute;s-os-montes, Las rosas de piedra</em>, <em>El viaje de Don Quijote</em>&hellip;), varios guiones de cine y tres libros que recogen sus colaboraciones en prensa son su cosecha. Al&eacute;rgico a los premios, deja muy claro que, salvo los que dan una primera oportunidad a j&oacute;venes talentos, deber&iacute;an desaparecer. Independiente y sin pelos en la lengua, afirma que va por el campo solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El por qu&eacute; me dedico yo a escribir es esa p&oacute;lvora que se va acumulando toda la vida en la conciencia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&ndash; Por empezar por su &uacute;ltima novela publicada, <em>Vagalume</em>, &iquest;qu&eacute; fue la chispa que encendi&oacute; la mecha de la narraci&oacute;n?</p>
<p>&ndash; La p&oacute;lvora se va acumulando toda la vida en la conciencia. El por qu&eacute; me dedico yo a escribir, por qu&eacute; la &uacute;nica vida que tengo y voy a tener la dedico a escribir es esa p&oacute;lvora que se va acumulando. La chispa que la encendi&oacute; fue el descubrimiento de que el que fue mi primer editor como novelista, Mario Lacruz, un se&ntilde;or barcelon&eacute;s, el editor m&aacute;s importante en los a&ntilde;os setenta y ochenta, el que me dio a m&iacute; la primera oportunidad con <em>Luna de lobos</em> y <em>La lluvia amarilla</em> y con <em>El r&iacute;o del olvido</em>, pero tambi&eacute;n a otros autores, a Rosa Montero, a Mu&ntilde;oz Molina en fin&hellip; hab&iacute;a escrito en secreto. Resulta que descubr&iacute; que de joven hab&iacute;a publicado tres novelas muy interesantes en los a&ntilde;os sesenta y luego hab&iacute;a dejado te&oacute;ricamente de escribir. Despu&eacute;s de a&ntilde;os, cuando muri&oacute;, recib&iacute; una llamada de un hijo que vive en Luxemburgo. Me cont&oacute; que, deshaciendo la casa familiar en Barcelona, en un armario que estaba siempre cerrado con llave, seg&uacute;n Mario Lacruz porque guardaba las herramientas de bricolaje al que era muy aficionado y no quer&iacute;a que anduvieran con ellas y las desordenaran o perdieran, descubrieron una docena de manuscritos mecanografiados entre novelas, guiones de cine, una biograf&iacute;a de Gaud&iacute;&hellip; Y ni la mujer ni los hijos sab&iacute;an que hab&iacute;a seguido escribiendo. Lo o&iacute;an teclear por la noche cuando volv&iacute;a del trabajo, pero cre&iacute;an que era trabajo de la editorial, informes o lo que fuera. Y su sorpresa fue may&uacute;scula. El hijo me llamaba porque quer&iacute;an editar alguna de las novelas, de hecho, as&iacute; lo hizo en una editorial que se llama Funambulista y que cre&oacute; pr&aacute;cticamente para eso. El hijo se llama Max Lacruz y me ped&iacute;a un pr&oacute;logo para una de las novelas. Y lo hice. Y a m&iacute; eso me hizo replantearme muchas cosas. El calambrazo que me produjo la noticia hizo que me replanteara qu&eacute; es realmente la pasi&oacute;n por escribir, c&oacute;mo en este mundo tan trivializado como es el mundo editorial actual, donde prima lo comercial sobre lo emocional y lo realmente importante que es lo literario, hay gente que sigue escribiendo, aunque sepa que no va a publicar. Y, sobre todo, la gran pregunta es por qu&eacute; alguien que pod&iacute;a haber publicado donde quisiera, decidi&oacute; seguir escribiendo pero no publicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los verdaderos escritores son aquellos que escriben sin importarles demasiado la proyecci&oacute;n p&uacute;blica de sus libros&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es un homenaje a esos escritores que, como suele se&ntilde;alar, lo son de verdad porque escribir&iacute;an, aunque no publicaran. A diferencia de otros que escriben libros, pero no son verdaderos escritores.</p>
<p>- Un homenaje a la Literatura, a la pasi&oacute;n por escribir. Vivimos en un mundo frivolizado donde parece que todo el mundo es escritor, que todo el mundo es fot&oacute;grafo porque hace fotos con el m&oacute;vil, o pintor porque hace cuatro dibujos&hellip; Hay una trivializaci&oacute;n sobre lo que es la pasi&oacute;n creadora que no es un oficio ni una profesi&oacute;n sino una manera de entender la vida y de vivir la vida. El escritor es escritor no porque escriba o publique sino porque su concepci&oacute;n de la vida es a trav&eacute;s de la Literatura y la interpreta a trav&eacute;s de las palabras. Es algo f&aacute;cil de entender, pero dif&iacute;cil de explicar porque parece que con los criterios comerciales que rigen el mundo editorial los grandes escritores deben ser los que tienen mucho &eacute;xito y sin embargo no es que el &eacute;xito anule la calidad, pero no la determina. Los verdaderos escritores son aquellos que escriben sin importarles demasiado la proyecci&oacute;n p&uacute;blica de sus libros. Un escritor es un n&aacute;ufrago y lo importante para &eacute;l es escribir mensajes y lanzarlos al vac&iacute;o no a qui&eacute;n le van a llegar ni la respuesta que van a tener. Lo importante para un n&aacute;ufrago es escribir esos mensajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura y el periodismo son dos caras de la misma moneda&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; El protagonista de <em>Vagalume</em> es un personaje que los que hemos trabajado en peri&oacute;dicos de provincia conocemos bien. Ese periodista vocacional que pasaba horas y horas en la redacci&oacute;n y que no s&eacute; si es una especie en peligro de extinci&oacute;n. O al menos lo es el mundo que le rodea. Por cierto, la provincia en que se desarrolla la acci&oacute;n &iquest;es Le&oacute;n?</p>
<p>- No. Si hubiera querido que fuera Le&oacute;n lo hubiera puesto y tambi&eacute;n los nombres de las calles. He querido crear una ciudad inventada que participe de muchas ciudades. Igual que esos periodistas no son ninguno en concreto y son todos. Aparte de un homenaje a los escritores de verdad es un homenaje al periodismo que no deja de ser la otra cara de la literatura. Yo creo que la literatura y el periodismo son dos caras de la misma moneda. En una, la mirada se dirige al presente y, en la otra, al pasado y al futuro. La Literatura empieza donde acaba el periodismo, donde acaba lo objetivo, donde acaban los datos empieza la imaginaci&oacute;n. Pero al fin y al cabo los periodistas y los escritores trabajamos con la misma herramienta, el lenguaje, las palabras, y tenemos una vocaci&oacute;n que es contar, transmitir nuestros pensamientos, nuestros sentimientos. Y hay en la novela un homenaje especial a esos periodistas &lsquo;de provincias&rsquo;, como dicen en Madrid, que son tan buenos o mejores o iguales que los presuntamente importantes porque publican en peri&oacute;dicos importantes y que no s&eacute; si son una especie en extinci&oacute;n, pero tal como los conocimos s&iacute;. Yo ahora voy a una redacci&oacute;n y me parece la UCI de un hospital. Ya no hay botellas, no hay bocadillos, no hay ruido. Es todo muy as&eacute;ptico. Ha cambiado mucho. La esencia del periodismo sigue siendo la misma, pero ha cambiado mucho el esp&iacute;ritu en las redacciones y porque la realidad se ha sustituido por la realidad virtual. Ahora los periodistas no salen de las redacciones y a veces no salen de sus casas. Todo es a trav&eacute;s de la realidad virtual como nosotros ahora. [La entrevista tiene lugar a trav&eacute;s de una plataforma de Internet] Aquellos periodistas que pateaban la calle y la viv&iacute;an y conoc&iacute;an a todo el mundo y que viv&iacute;an el periodismo no como un oficio sino tambi&eacute;n como una manera de estar en la vida&hellip; Para ellos hay un recuerdo especial en esta novela.</p>
<p>&ndash; &iquest;Y la ciudad?</p>
<p>- Por &uacute;ltimo, sobre la ciudad, aunque tambi&eacute;n en Le&oacute;n en seguida han pensado que era all&iacute;, voluntariamente he querido que fuera una ciudad de provincias de interior que podr&iacute;a ser cualquiera para no tener problemas de verosimilitud. Es m&aacute;s, si hay una ciudad que se le parece m&aacute;s a lo que yo cuento es Zamora, por ese r&iacute;o hacia el que descienden las calles como si fueran calles portuarias. Esos molinos arruinados&hellip; Ser&iacute;a m&aacute;s bien Zamora&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>La lluvia amarilla</em> es la novela que a m&iacute; me situ&oacute; en una posici&oacute;n en el mundo literario de la que ya no he vuelto a salir&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; Hace 38 a&ntilde;os que p&uacute;blico <em>La lluvia amarilla</em>. Al cumplirse el vigesimoquinto</p>
<p>aniversario, la editorial, Seix Barral, hizo una edici&oacute;n conmemorativa en la que particip&oacute; con un pr&oacute;logo. Cuando una novela es objeto de una edici&oacute;n especial por un aniversario quiere decir que fue un hito en la historia literaria del pa&iacute;s y por supuesto en la carrera del escritor. &iquest;C&oacute;mo lo vivi&oacute;?</p>
<p>- <em>La lluvia amarilla</em> no es que yo la considere mi mejor novela. Yo creo que todas cumplen una funci&oacute;n. Los libros son radiograf&iacute;as del alma del autor y en cada momento de su vida el alma va cambiando y se refleja de una forma diferente. Pero s&iacute; es verdad que es la novela que a m&iacute; me situ&oacute; en una posici&oacute;n en el mundo literario de la que ya no he vuelto a salir. Digamos que primero era una novela, y as&iacute; lo dije en el pr&oacute;logo a la nueva edici&oacute;n, que yo pens&eacute; que iba a ser muy minoritaria. En principio, el mon&oacute;logo de alguien que se muere no parece muy comercial y, sin embargo, tuvo la virtud de tocar una fibra en carne viva de much&iacute;sima gente que hab&iacute;a vivido personalmente o a trav&eacute;s de sus padres o de sus abuelos la historia que se cuenta en la novela, que es el fin del mundo rural tal como lo conocimos. Y esa fibra est&aacute; muy en carne viva todav&iacute;a y eso explica que 38 a&ntilde;os despu&eacute;s sea mi novela m&aacute;s traducida fuera de Espa&ntilde;a, y las m&aacute;s vendida y reeditada, es decir, es la novela m&iacute;a que m&aacute;s &eacute;xito editorial ha tenido, pero eso no significa que para m&iacute; sea la preferida. Normalmente los padres y las madres tenemos m&aacute;s predilecci&oacute;n por los hijos o las hijas que han tenido menos suerte y a veces no coincide con el criterio del p&uacute;blico. Yo me alegro mucho y le debo mucho a <em>La lluvia amarilla</em> entre otras cosas, y antes tambi&eacute;n a <em>Luna de lobos</em>, el haber podido dedicarme a tiempo completo a escribir cosa que antes no pod&iacute;a ser.</p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;les son esos hijos predilectos que no tuvieron tanta suerte?</p>
<p>&ndash; Podr&iacute;a decir varios t&iacute;tulos, pero me limitar&eacute; a uno: <em>Escenas de cine mudo.</em></p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>&ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em></strong><strong>, de Sergio del Molino,</strong><strong> tuvo la gran virtud de ponerle nombre a un fen&oacute;meno&rdquo;<em></em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>La &nbsp;lluvia amarilla</em> anticipa en mucho tiempo algo que ahora est&aacute; en la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica y literaria: la Espa&ntilde;a vac&iacute;a.</p>
<p>&ndash; Pero no solo yo, hab&iacute;a m&aacute;s gente escribiendo de ello. No fui el primero. Delibes, quiz&aacute; no de forma tan directa pero s&iacute; indirecta, hablaba de eso en Castilla; Labordeta en sus canciones ya cantaba de los que se van y no vuelven y dejan los pueblos vac&iacute;os; un escritor muy querido y que desapareci&oacute; pronto, por desgracia, soriano, Avelino Hern&aacute;ndez, que escribi&oacute; mucho sobre el tema en <em>La sierra del alba</em> y en un libro para ni&ntilde;os, <em>Silvestrito</em>, en el que un abuelo le cuenta a su nieto de la ciudad c&oacute;mo era su pueblo y c&oacute;mo se viv&iacute;a y, sobre todo, un libro que en teor&iacute;a es una gu&iacute;a de viajes por Soria pero que es un canto a la desaparici&oacute;n de un mundo que estaba finiquit&aacute;ndose en ese momento que es <em>Donde la vieja Castilla se acaba</em>. Hubo m&aacute;s gente, Ignacio Sanz, segoviano, que hizo con Avelino Hern&aacute;ndez y Miguel Manzano un viaje al Aliste zamorano [<em>Cr&oacute;nicas del poniente castellano</em>]. Hay much&iacute;sima gente que ha escrito de eso, pero s&iacute; es verdad que <em>La lluvia amarilla</em> fue como un aldabonazo en la conciencia de una sociedad que estaba viviendo ajena a un fen&oacute;meno que estaba viviendo la mitad o un tercio de la sociedad del pa&iacute;s. Y a partir de ah&iacute; se empez&oacute; a crear una especie de inter&eacute;s que un d&iacute;a eclosion&oacute; &ndash;porque estall&oacute; una chispa a nivel period&iacute;stico y pol&iacute;tico&ndash; en el libro de Sergio del Molino <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em> que tuvo la gran virtud de ponerle nombre a un fen&oacute;meno. Parece que a veces las cosas no existen hasta que se les pone un nombre como pas&oacute; con la Memoria hist&oacute;rica: en Espa&ntilde;a hab&iacute;a 100.000 personas en las cunetas, pero hasta que no se le puso un nombre no se empez&oacute; a hablar de ello porque al fin y al cabo el tiempo de la literatura y del periodismo y de la pol&iacute;tica son diferentes. Cuando escrib&iacute; <em>La lluvia amarilla</em> lo hice por el calambrazo que me produc&iacute;a entrar en pueblos abandonados. No quer&iacute;a inventar la Espa&ntilde;a vaciada, quer&iacute;a imaginar c&oacute;mo me hubiera sentido yo si me hubiera tocado vivir lo que ha vivido mucha gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para cada persona su vida es la m&aacute;s importante que ha ocurrido en la historia de la humanidad&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- En su caso, adem&aacute;s, el haber nacido en un pueblo que desapareci&oacute; bajo el pantano del Porma ha influido en su literatura.</p>
<p>&ndash; Todas las personas somos el fruto de nuestra vida y a todos nos influye de una forma mayor o menor los acontecimientos m&aacute;s importantes de nuestra vida. Seguramente si yo hubiera nacido en Madrid o en Nueva York el ver un pueblo abandonado en un viaje por Castilla o por Arag&oacute;n no me hubiera producido la conmoci&oacute;n que nos produce a gente que hemos vivido en lugares as&iacute; y, al rev&eacute;s, si yo no hubiera nacido en un pueblo que no existe ya seguramente me resultar&iacute;a m&aacute;s o menos indiferente la visi&oacute;n de un pueblo en ruinas. Todos somos el fruto de nuestra vida, ninguna vida es mejor que otras ni m&aacute;s novelesca que otras, frente a lo que las personas piensen, todas son igual de importantes y sobre todo para cada persona su vida es la m&aacute;s importante que ha ocurrido en la historia de la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando los pa&iacute;ses o las sociedades sufren de Alzh&eacute;imer hist&oacute;rico no son conscientes de lo que son realmente&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para los escritores la herramienta com&uacute;n es el lenguaje y la materia com&uacute;n es la memoria. En su caso, en t&iacute;tulos tan expl&iacute;citos como <em>Memoria de la nieve</em>. Pero pensando en otro de sus libros, en concreto de viajes<em>, El r&iacute;o del olvido</em>, podemos decir que memoria y olvido van de la mano de forma rotunda.</p>
<p>&ndash; La materia sobre la que trabajamos los escritores es la memoria. La memoria es la personalidad. Hay una enfermedad, para m&iacute; la m&aacute;s terrible, que es el Alzh&eacute;imer. Porque lo que hace es destruir la memoria, como pasa cuando entra un virus en el ordenador. Pero no destruye la memoria, destruye la personalidad. De hecho, una persona con Alzh&eacute;imer se convierte en una especie de maniqu&iacute; o de robot sin alma. El alma de las personas es la memoria y somos esa memoria, que es una especie de ci&eacute;naga que va acumulando restos de naufragios y de experiencias. Tambi&eacute;n los pa&iacute;ses y las sociedades. De repente cuando los pa&iacute;ses o las sociedades sufren de Alzh&eacute;imer hist&oacute;rico no son conscientes de lo que son realmente. Lo que pasa es que hay un siguiente paso a la memoria y es lo que Lobo Antunes, el escritor portugu&eacute;s, llamaba la imaginaci&oacute;n, y dec&iacute;a: &ldquo;La imaginaci&oacute;n no es m&aacute;s que la memoria fermentada&rdquo;. T&uacute; vas viviendo, acumulando experiencias, eso se solidifica en tu conciencia, fermenta como pasa con el humus de los bosques y eso se convierte en otra materia m&aacute;s rica org&aacute;nica y emocionalmente que es la imaginaci&oacute;n, pero siempre parte de la memoria o por lo menos yo lo veo as&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los escritores somos gente que vivimos en la frontera con un pie en la realidad y otro en la ficci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En el pr&oacute;logo de su novela <em>El cielo de Madrid</em> dice que en toda obra de memorias o pretendidamente biogr&aacute;fica hay ficci&oacute;n y que en toda obra de ficci&oacute;n hay memoria. &iquest;En ese terreno fronterizo se mueve toda su obra?</p>
<p>&ndash; Al final es la mezcla entre el periodismo y la literatura. Es la mezcla de la experiencia vivida y la experiencia imaginada. Yo he combinado, aunque no soy periodista, el periodismo m&aacute;s o menos privilegiado, de opini&oacute;n o de reportajes que t&uacute; mismo propones o eliges, con la literatura y hay muchos vasos comunicantes. De hecho, en un seminario en Suiza en Neuch&acirc;tel que cada a&ntilde;o dedican a un escritor, en un a&ntilde;o que me lo dedicaron a m&iacute;, hab&iacute;a una ponencia que dec&iacute;a que muchos de los temas que yo hab&iacute;a tratado en el periodismo aparec&iacute;an en mis novelas y al rev&eacute;s. Al final la experiencia vivida y la experiencia imaginada confluyen en un territorio fronterizo que es donde yo mejor me muevo. No olvidemos que es el territorio m&aacute;s rico porque, como dec&iacute;a Cervantes, el que vive en la frontera tiene dos patrias y ninguna. Los escritores somos gente que vivimos en la frontera con un pie en la realidad y otro en la ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Toda novela es autobiogr&aacute;fica&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; En esa novela, a un pintor que ha buscado el reconocimiento con ah&iacute;nco, le llega de pronto en forma de un &eacute;xito tan grande que se ve incapaz de digerirlo y necesita apartarse de todo para reencontrarse a s&iacute; mismo. No s&eacute; si a usted, que vivi&oacute; ese &eacute;xito temprano, le ocurri&oacute; en alg&uacute;n momento algo parecido. Esa necesidad de apartarse por un tiempo.</p>
<p>&ndash; Toda novela es autobiogr&aacute;fica. No tanto porque cuente an&eacute;cdotas puntuales de tu vida sino porque transmite tus pensamientos y tus sentimientos. Dec&iacute;an los griegos que todos los personajes son m&aacute;scaras del autor. Y al final no es que t&uacute; seas el personaje principal o tal otro, sino que te atomizas en todos los personajes de la novela, y seguramente si yo escrib&iacute; sobre eso es porque fue algo que yo viv&iacute;, porque me agobi&oacute; o me preocup&oacute; en su momento. Efectivamente yo tuve&hellip; bueno el &eacute;xito que puede tener un escritor en Espa&ntilde;a, un relativo &eacute;xito y, de repente, yo no me sent&iacute;a c&oacute;modo representando un papel porque al final t&uacute; te conviertes en un personaje que no eres t&uacute;, que es el personaje que los dem&aacute;s crean sobre ti o imaginan en ti y eso produce una disfunci&oacute;n que seguramente les pasa a muchas personas. Todas mis novelas son de tesis, digamos, reflexivas, y en cada una hay muchos temas sobre los que se reflexiona, pero siempre hay un tema importante. En <em>Luna de lobos</em> es el instinto de supervivencia; en<em> La lluvia amarilla</em>, la soledad en grado extremo; en <em>Escenas de cine mudo</em>, la memoria; en <em>El cielo de Madrid</em>, el &eacute;xito y el fracaso&hellip; Porque vivimos en una sociedad que nos educa para el &eacute;xito social no para el &eacute;xito personal y luego te das cuenta de que hay mucha gente que ha tenido gran &eacute;xito profesional que son unos desgraciados y, al rev&eacute;s, hay mucha gente que no ha tenido ning&uacute;n &eacute;xito social que son mucho m&aacute;s felices. Y hago una reflexi&oacute;n a partir de una frase que recuerdo que le&iacute; al poco de llegar a Madrid en una entrevista a Francisco Umbral que por entonces era Dios, era el gran columnista, el gran escritor. Me impact&oacute; el titular de la entrevista en el que Umbral dec&iacute;a: &ldquo;El &eacute;xito est&aacute; vac&iacute;o&rdquo;. Eso, dicho por alguien que hab&iacute;a perseguido el &eacute;xito casi enfermizamente como Umbral y que ten&iacute;a todo el &eacute;xito, me impact&oacute;. En ese caso el chispazo de esa novela fue esa frase de Umbral.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es esa magia que hace que las palabras signifiquen m&aacute;s de lo que significan coloquialmente&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Cuando se piensa y se habla de su obra, siempre aparece <em>La lluvia amarilla</em>, pero tambi&eacute;n se piensa en <em>Memoria de la nieve</em> y en <em>La lentitud de los bueyes</em>, dos poemarios que se han quedado en la memoria de sus lectores y de la cr&iacute;tica. Es curioso que nunca haya vuelto a escribir poes&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&ndash; He escrito algunos poemas sueltos &uacute;ltimamente. No he vuelto a escribir poes&iacute;a pero no he dejado de escribir poes&iacute;a. Quiero decir, no he dejado de escribir po&eacute;ticamente. Una cosa es la poes&iacute;a como g&eacute;nero y otra cosa es la poes&iacute;a como concepci&oacute;n del lenguaje. Para m&iacute; lo que separa la simple escritura de la literatura es la existencia o no de un halo po&eacute;tico. Y ese s&iacute; que est&aacute; en todo lo que t&uacute; escribes incluso en los reportajes de peri&oacute;dico. La poes&iacute;a es esa magia que hace que las palabras signifiquen m&aacute;s de lo que significan coloquialmente. Si yo leo una novela, por eso distingo entre escritores y gente que escribe libros, en que no hay un &aacute;tomo de poes&iacute;a, quiero decir, de emoci&oacute;n que surja del fondo, del n&uacute;cleo de las palabras, es que eso no es literatura es simple escritura, porque los notarios escriben mucho y no hacen literatura. Una cosa es contar &lsquo;a la pata la llana&rsquo; y otra es contar manipulando las palabras para que adquieran otra dimensi&oacute;n. Y eso se consigue con un tratamiento po&eacute;tico del lenguaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es el magma del volc&aacute;n, la lava que bulle dentro del lenguaje y de la conciencia del escritor y eso acaba aflorando de una forma o de otra&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Pero de momento no vamos a ver ning&uacute;n poemario suyo nuevo.</p>
<p>&ndash; Mi deseo ser&iacute;a despedirme, cuando me toque, y espero que tarde mucho, volviendo a la poes&iacute;a, con un libro de poes&iacute;a. Para m&iacute;, la poes&iacute;a me parece el estadio superior de la Literatura. Tampoco tengo una explicaci&oacute;n para todo lo que hago o dejo de hacer. Yo empec&eacute; escribiendo poes&iacute;a y de repente dej&eacute; de hacerlo seguramente porque me di cuenta de que iba a escribir siempre lo mismo. Para m&iacute; la poes&iacute;a es el magma del volc&aacute;n, la lava que bulle dentro del lenguaje y de la conciencia del escritor y eso acaba aflorando de una forma o de otra. La novela y otros g&eacute;neros te permiten hacer modulaciones de lo mismo, pero en una reedici&oacute;n de la poes&iacute;a dije y lo digo ahora: todo lo que yo he escrito y lo que voy a escribir estaba ya en esos dos libros, los materiales emocionales con los que yo me he manejado a partir de entonces hasta hoy.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura de viajes es el g&eacute;nero fundacional de todos los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Una parte importante de su obra son los libros de viajes. &iquest;Por qu&eacute; cree que en Espa&ntilde;a este g&eacute;nero tiene menos reconocimiento?</p>
<p>&ndash;La literatura de viajes tiene una aceptaci&oacute;n digamos guadianesca. As&iacute; como en el mundo anglosaj&oacute;n y en Centroeuropa est&aacute; mucho m&aacute;s normalizada, aqu&iacute; ha tenido un desarrollo irregular. Hay &eacute;pocas en que no se considera y &eacute;pocas en las que se pone de moda. Ahora parece que ha ca&iacute;do un poco, pero hubo una &eacute;poca con Javier Reverte y otros autores con los que se vivi&oacute; un cierto <em>boom</em> igual que en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta hubo un cierto <em>boom</em> con Cela, con Delibes, con Sueiro, con Torbado m&aacute;s tarde&hellip; Y yo no entiendo por qu&eacute;. S&iacute; s&eacute; por qu&eacute; pero no lo entiendo. El mercado, que es el que manda en todo, ha consagrado la novela como el g&eacute;nero por excelencia, porque es el que m&aacute;s se vende o porque m&aacute;s demandan los autores, pero eso no quiere decir que sea un g&eacute;nero superior a los otros, ni al ensayo, ni al teatro, ni a la poes&iacute;a, ni a la literatura de viajes. Es m&aacute;s, creo que la literatura de viajes, y lo he escrito alguna vez, es el g&eacute;nero fundacional de todos los dem&aacute;s. La gente empez&oacute; a escribir para contar sus experiencias, sobre todo los viajes, y si te fijas toda la literatura fundacional de los distintos pa&iacute;ses son libros de viajes, el &Eacute;xodo de a Biblia, la An&aacute;basis, la Odisea, el viaje de Marco Polo, los viajes de Gulliver, el viaje de Nils Holgersson que se sube a un ganso y vuela por toda Escandinavia, las Cr&oacute;nicas de Indias espa&ntilde;olas&hellip; La gente lo primero que hace al volver de un viaje, incluso todav&iacute;a hoy en que ya est&aacute; todo globalizado y conocemos todo, qu&eacute; es: contar a los que se quedaron qu&eacute; ha visto, que experiment&oacute;, aunque sea un viaje organizado del Imserso a Palma de Mallorca. Porque eso forma parte de la condici&oacute;n humana, contar a los dem&aacute;s lo que sentimos y pensamos. Por eso considero que la literatura fundacional es la de viajes, la esencia. Es m&aacute;s, las grandes novelas, todas las novelas, yo dir&iacute;a, encierran viajes en su interior, en el tiempo o en la imaginaci&oacute;n. El Quijote son viajes que hace por Espa&ntilde;a un loco acompa&ntilde;ado de un pobre hombre que es Sancho Panza buscando aventuras; El Cantar del M&iacute;o Cid es el viaje al destierro del Cid&hellip; O viajes interiores en la conciencia de sus protagonistas. Si te fijas, la imagen m&aacute;s homologable a la del escritor es la del viajero. Un viajero es una persona que va por un camino y cada cierto tiempo se sienta a contar o a escribir lo que ha pensado, lo que le ha pasado ese d&iacute;a. Un escritor es alguien que viaja por la vida y cada cierto tiempo se sienta a contar lo que ha vivido. El viaje, la gran met&aacute;fora de la vida, es la esencia de la Literatura. Por eso, a m&iacute; me encantan como lector los libros de viajes incluso los malos porque todos tienen algo bueno siempre. Y me encanta escribirlos. Es m&aacute;s, mi pr&oacute;ximo libro va a ser un viaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;El viaje es azar y descubrimiento&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; &iquest;Se puede saber ya algo de &eacute;l?</p>
<p>&ndash; Se puede saber la idea, la esencia, aunque todav&iacute;a no he hecho el viaje. Pero ya se sabe que se viaja tres veces: cuando imaginas el viaje, cuando lo realizas y a la vuelta cuando lo escribes o lo cuentas. Pues se va a llamar <em>El viaje de mi padre</em> y es un viaje que voy a hacer intentado repetir el gran viaje que hizo mi padre, pr&aacute;cticamente el &uacute;nico que hizo, con dieciocho a&ntilde;os a la guerra. Ir por los lugares que &eacute;l fue, intentando&hellip; porque cuando mi padre viv&iacute;a me contaba cosas que cuando eres joven no haces ni pu&ntilde;etero caso y luego te arrepientes de no haber escuchado m&aacute;s. Y s&iacute;, tengo los hitos principales de ese viaje que hizo un chaval de dieciocho a&ntilde;os, obligado por las circunstancias, porque les movilizaban, desde Le&oacute;n hasta el punto final en el mar Mediterr&aacute;neo, viaje que por cierto pasa por Teruel, donde se hace esta revista, porque le toc&oacute; vivir las peores batallas de la guerra civil espa&ntilde;ola, la de Teruel, la de Castell&oacute;n, la de Espad&aacute;n. As&iacute; fue como mi padre fue a ver el mar a mil kil&oacute;metros teni&eacute;ndolo a cien en el Cant&aacute;brico. Pero en aquellos tiempos nadie viajaba salvo por necesidad, que es otra cosa que ha cambiado much&iacute;simo y que ha cambiado la propia literatura de viajes. Antes la gente no viajaba, lo hac&iacute;a por necesidad. El viaje no formaba parte de la vida de la gente. Esto que ahora hacemos todos en vacaciones y tal. Yo creo que nunca se ha viajado menos que ahora porque ha cambiado la idea del viaje. El viaje es azar y descubrimiento y la gente cuando empieza un viaje, no digo ya el organizado que es el antiviaje, sino que la gente se anticipa al viaje, entra en Internet porque va a ir en Semana a Santa a Praga, por ejemplo. Entra en Internet y mira c&oacute;mo es Praga, entra y ve c&oacute;mo es el hotel en el que se va a alojar, c&oacute;mo es el buffet del desayuno, qu&eacute; tiempo va a hacer&hellip; Y entonces te preguntas para qu&eacute; vas a Praga si ya has estado y ya lo sabes todo. Esto es una simplificaci&oacute;n pero es as&iacute;, la gente viaja mucho pero nunca se ha viajado menos que ahora en el sentido puro y original de lo que es el viaje. Pero es que antiguamente hasta el Romanticismo la gente no viajaba salvo por necesidad, porque iba a la guerra o por una necesidad. Ahora hay una concepci&oacute;n ol&iacute;mpica del viaje. La gente parece que va a disfrutar m&aacute;s si va muy lejos, es como las Olimpiadas, m&aacute;s alto, m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s no s&eacute; qu&eacute;&hellip; T&uacute; puedes hacer un viaje como el que hice yo al Curue&ntilde;o, que es el r&iacute;o junto al que pasaba los veranos, a pie durante una semana, 40 kil&oacute;metros por la monta&ntilde;a de Le&oacute;n&hellip; Yo por suerte o por desgracia he estado en China, en Ir&aacute;n, en Bolivia y no necesariamente por ir m&aacute;s lejos el viaje es m&aacute;s interesante.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los viajes sirven para conocerte a ti mismo&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Ese viaje que planeas tiene muchos elementos para ser en el futuro tu libro preferido de viajes, pero no s&eacute; si ahora tienes alguna preferencia sobre los que has escrito</p>
<p>&ndash; Yo he hecho siempre los viajes que me ha apetecido hacer, para escribir me refiero. Mi pasi&oacute;n por Portugal y por algunos escritores portugueses &iquest;c&oacute;mo la llev&eacute; a cabo literariamente? Haciendo un viaje por la regi&oacute;n de Portugal que es Tr&aacute;s os Montes. Luego he hecho un librito que se llama <em>Atlas de la Espa&ntilde;a imaginaria</em> que son siete viajes a lugares que la gente cree que no existen pero que s&iacute; existen como es Babia, como Las Batuecas, como Jauja que es un pueblo de C&oacute;rdoba, como la &iacute;nsula de Barataria o los Cerros de &Uacute;beda. Y cuando se lo cuentas a la gente te dice, pero &iquest;c&oacute;mo? &iquest;Te has ido a hacer un viaje a los Cerros de &Uacute;beda? Pues s&iacute;, porque quiero saber c&oacute;mo son. El de <em>Las rosas de piedra</em> es un viaje por Espa&ntilde;a con un leit motiv que son las catedrales, pero claro en Espa&ntilde;a hay 74 catedrales que forman una especie de malla sobre la geograf&iacute;a y viajando de catedral en catedral vas conociendo las distintas regiones, sensibilidades, identidades&hellip; Y ves c&oacute;mo este pa&iacute;s es lo que luego los pol&iacute;ticos dicen, un pa&iacute;s plural, diverso&hellip; Hay mucha m&aacute;s diferencia entre Galicia y Andaluc&iacute;a o entre Catalu&ntilde;a y el Pa&iacute;s vasco que entre Espa&ntilde;a y Alemania. Eso me ha permitido hablar con much&iacute;sima gente y conocer muchos lugares, pero tambi&eacute;n algo para lo que sirven los viajes que es para conocerte a ti mismo. Porque cuando t&uacute; te reflejas siempre en el mismo espejo, el espejo siempre te devuelve la misma imagen. Ahora bien, cuando te reflejas en otros espejos vas cambiando. Es lo que pasa cuando viajas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hemos perdido mucha magia de la vida, de la imaginaci&oacute;n, por la omnipresencia de las tecnolog&iacute;as&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Otra parte muy importante en su trayectoria es la relaci&oacute;n con el cine. Hay un momento inicial en el libro <em>Escenas de cine mudo</em> en que un ni&ntilde;o que se entiende que es usted est&aacute; mirando fascinado una cartelera del cine en su pueblo, mientras espera que sus padres salgan de ver la pel&iacute;cula. Pensaba al leerlo que poco imaginaba ese ni&ntilde;o que alg&uacute;n d&iacute;a estar&iacute;a al otro lado del cartel formando parte de los que lo hacen posible.</p>
<p>&ndash; Ese ni&ntilde;o soy yo y no soy yo porque es un yo narrativo que ahora estar&iacute;a en lo que se llama la autoficci&oacute;n, pero una parte muy elevada del libro es mentira, pero ese ni&ntilde;o que nunca imagin&oacute; que iba a estar al otro lado de la c&aacute;mara escribiendo las historias incluso protagoniz&aacute;ndoles como en el caso de <em>El filand&oacute;n</em> en que salgo haciendo de m&iacute; mismo, es un homenaje al cine que tanto nos marc&oacute; la vida a gentes de mi generaci&oacute;n y&nbsp; de generaciones anteriores cuando el cine era algo sagrado, una m&aacute;quina de sue&ntilde;os. Ahora tambi&eacute;n lo es pero se ha perdido mucho, como ha pasado con la fotograf&iacute;a. Tambi&eacute;n el libro es un homenaje a la fotograf&iacute;a que ahora se ha trivializado mucho porque antes en mi caso a lo mejor hasta los doce a&ntilde;os te hac&iacute;an veinte fotos. Ahora un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido a la media hora ya tiene trescientas fotos que le han hecho los padres, los abuelos, la enfermera&hellip; Eso ha quitado importancia a la fotograf&iacute;a. Las fotograf&iacute;as se hac&iacute;an para la eternidad, ahora se hacen para borrarlas&hellip; Con el cine pasa igual, en el momento en que el cine sali&oacute; de las salas con todo el ritual que implicaba, que la sala se quedara a oscuras, que no hubiera un ruido&hellip; Era meterte en una burbuja en la que empezabas a so&ntilde;ar. Si t&uacute; ves el cine en la televisi&oacute;n, suena el tel&eacute;fono, paras la televisi&oacute;n, das para atr&aacute;s&hellip; Es como si est&aacute;s so&ntilde;ado y de repente suena el tel&eacute;fono y te despiertas y luego pretendes seguir so&ntilde;ando en el mismo punto y es imposible. Las cosas cambian, no s&eacute; si son mejores o peores pero en muchos casos hemos perdido mucha magia de la vida, de la imaginaci&oacute;n, por la omnipresencia de las tecnolog&iacute;as que, por otra parte, nos permiten hacer lo que estamos haciendo ahora.</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es sobre todo adjetivaci&oacute;n y en el caso del cine los adjetivos los pone el director&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Su participaci&oacute;n en el cine ha tenido que ver con la adaptaci&oacute;n de algunas novelas suyas como <em>Luna de lobos.</em></p>
<p>&ndash; Siempre en colaboraci&oacute;n con el director y teniendo muy claro que se trata de una obra distinta. Mi primera colaboraci&oacute;n con el cine fue la adaptaci&oacute;n de un poema en <em>El filand&oacute;n</em> que eran cinco historias de cinco escritores leoneses con una historia com&uacute;n que las un&iacute;a. Y ya mi primer gui&oacute;n de una pel&iacute;cula fue ya la adaptaci&oacute;n de <em>Luna de lobos</em> y porque me lo propuso el director [Julio S&aacute;nchez Vald&eacute;s] que yo al principio le dec&iacute;a que no porque yo no lo hab&iacute;a hecho nunca. Y &eacute;l me dec&iacute;a &ldquo;si es m&aacute;s f&aacute;cil porque es como hacer una novela, pero solo tienes que hacer el esqueleto&rdquo;, (tambi&eacute;n es verdad que la novela ya estaba escrita). Pero la literatura es sobre todo adjetivaci&oacute;n y en el caso del cine los adjetivos los pone el director. Eso dec&iacute;a Azcona, el gran guionista espa&ntilde;ol, con mucha co&ntilde;a. &ldquo;Es mucho mejor el cine que la novela, porque en la novela tienes que estar ah&iacute; buscando los adjetivos, en el cine t&uacute; pones &lsquo;amanece&rsquo; y los adjetivos los pone el director&rdquo;. Claro, porque el autor del cine no es el guionista sino el director que es el que decide qu&eacute; luz, d&oacute;nde se pondr&aacute; la c&aacute;mara etc. Fue una experiencia muy curiosa y luego S&aacute;nchez Vald&eacute;s me propuso el gui&oacute;n de su siguiente pel&iacute;cula que era la adaptaci&oacute;n de <em>La fuente de la edad</em>, de Luis Mateo D&iacute;ez, al que acaban de dar el premio Cervantes. Y esto fue tambi&eacute;n otra experiencia porque no era trabajar sobre lo que yo hab&iacute;a escrito sino meterme en el terreno de otro autor que admiro en este caso. Luego ya tuve una propuesta de Felipe Vega, al que no conoc&iacute;a, sobre un gui&oacute;n que estaba lejanamente inspirado en <em>El r&iacute;o del olvido</em> y escrib&iacute; con &eacute;l <em>El techo del mundo</em> y en el rodaje de esta pel&iacute;cula estaba como actriz Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n y me propuso escribir <em>Flores de otro mundo</em> sobre las caravanas de mujeres, el tema de los solterones que traen mujeres de Cuba&hellip; y&nbsp; lo escrib&iacute; con ella y luego he seguido con un documental, incluso uno lo he firmado como director junto a Felipe Vega que es <em>Elogio de la distancia</em>, una pel&iacute;cula documental rodada en La Fonsagrada en Lugo en un territorio de esos remotos de Galicia.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las pel&iacute;culas las hacen los directores&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El que hizo con Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n estuvo nominado a los Goya y luego tuvo un premio de la cr&iacute;tica Internacional en Cannes y dio lugar a un libro de ambos en el que reflexion&aacute;is sobre el trabajo. &iquest;Qu&eacute; le ense&ntilde;o esa experiencia cinematogr&aacute;fica?</p>
<p>&ndash;No s&eacute;, ya lo hab&iacute;a hecho con Julio y con Felipe&hellip; Con Ic&iacute;ar fue m&aacute;s complicado porque los dos somos muy cabezones y ten&iacute;amos visiones diferentes en algunas cosas o hab&iacute;a cierto manique&iacute;smo que yo ve&iacute;a en ciertas cosas. Con lo cual, as&iacute; como con los dos anteriores el entendimiento fue como m&aacute;s engrasado con Ic&iacute;ar discut&iacute;amos mucho. Ella ten&iacute;a su visi&oacute;n y era la directora y me intentaba convencer de algo y yo le dec&iacute;a, &ldquo;si no te voy a dar la raz&oacute;n, luego t&uacute; como directora har&aacute;s lo que quieras, pero yo estoy para decirte lo que pienso&rdquo;. Por ejemplo, hab&iacute;a un punto de desencuentro en el que me sent&iacute;a inc&oacute;modo y se lo dije y es que al final la visi&oacute;n feminista de ella a m&iacute; me parec&iacute;a que era maniquea porque tan desgraciado es un solter&oacute;n de un pueblo de Guadalajara que decide ir a buscar una mujer a Cuba casi comprarla para no estar solo que la pobre mujer que para poder salir de Cuba o tener su propia casa y su familia&hellip; me parec&iacute;an todos unos pobres hombres y mujeres. Pero bueno, aprend&iacute; algo fundamental, que los guiones como su nombre indica son guiones y las pel&iacute;culas las hacen los directores y todas las experiencias fueron muy provechosas. Me permiti&oacute; ver el cine desde el otro lado de la pantalla.</p>
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<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico premio que persigo y que apetezco es que me lean&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Ya que lo ha mencionado y es un autor pr&oacute;ximo a usted por procedencia y por amistad, &iquest;qu&eacute; le ha parecido la concesi&oacute;n del premio Cervantes al autor de ese territorio m&iacute;tico que es Celama?</p>
<p>Dos cosas: me alegro mucho por &eacute;l, porque es una grand&iacute;sima persona y un gran escritor. Me parece merecid&iacute;simo. Pero a m&iacute; los premios no me gustan. El mundo literario est&aacute; demasiado pendiente&hellip; cada vez se parece m&aacute;s al mundo militar, que van luciendo las medallas en la pechera. No hablo de Luis Mateo D&iacute;ez, hablo en general. Vivimos en una sociedad en la que parece que lo &uacute;nico importante son los premios. Y yo el &uacute;nico premio que persigo y que apetezco es que me lean. El &uacute;nico premio es la atenci&oacute;n de los lectores. Todo lo dem&aacute;s me parece que forma parte de la sociedad de las pompas. Dec&iacute;a Julio Camba que todas las pompas son f&uacute;nebres.</p>
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<p><strong>&ldquo;La gente debe hacer su trabajo con pasi&oacute;n y no esperar m&aacute;s reconocimiento que su trabajo sea aceptado y valorado&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Su disgusto con los premios lo ha manifestado en varias ocasiones como cuando renunci&oacute; p&uacute;blicamente a la posibilidad de ganar el de la Cr&iacute;tica de Castilla y Le&oacute;n cuando qued&oacute; finalista por <em>Distintas</em> <em>formas de mirar el agua</em>.</p>
<p>- Creo que los premios tienen una funci&oacute;n que cumplir: facilitar que la gente que no tiene acceso al mundo editorial tenga una v&iacute;a para abrirse paso, es decir para gente nueva, para gente joven. Todo lo dem&aacute;s solo sirve para halagar la vanidad de los autores o engordar su cuenta corriente y es que parece adem&aacute;s que se han establecido unos escalafones que si no tienes tal premio te lo tienen que dar porque ya tienes no s&eacute; qu&eacute; edad, y luego el otro y el otro, de forma que se ha creado una sociedad en la que importan m&aacute;s las medallas&hellip; Mi visi&oacute;n es la misma con todos los premios. De hecho, yo no me he vuelto a presentar a ning&uacute;n premio, los que me han dado han sido sin yo pedirlos y te puedo decir que los que me han dado a partir de esos dos primeros con los que pude publicar mis primeros libros de poes&iacute;a y a los que me present&eacute; para ver si pod&iacute;a publicar, desde entonces han sido dos en Italia y uno en Francia. Y el de la cr&iacute;tica de Cannes que mencionaste antes que, bueno, alguna parte tuve que ver en la pel&iacute;cula. Pero no me he presentado a ninguno m&aacute;s y tengo que decir que he rechazado unos cuantos que me han ofrecido, hablo de los comerciales y no voy a dar nombres. En la literatura espa&ntilde;ola como en el cine y en otros sitios sobran todos los premios. La gente debe hacer su trabajo con pasi&oacute;n y no esperar m&aacute;s reconocimiento que su trabajo sea aceptado y valorado. En el caso del premio de la Cr&iacute;tica de Castilla y Le&oacute;n es que me parece ya una duplicaci&oacute;n con el&nbsp; Nacional, el de Le&oacute;n&hellip; hay una &lsquo;premitis&rsquo; en el mundo cultural que eclipsa el verdadero valor de los escritores. Que tengan premios no les hace mejores. Y en el caso de Castilla y Le&oacute;n es que no me considero de Castilla y Le&oacute;n. Soy leon&eacute;s y vivo en Madrid, pero si me dieran el premio en Le&oacute;n tampoco lo aceptar&iacute;a. Y un tercer factor es que no estaba dispuesto a que me premiara el actual consejero de Vox que no merece darme un premio a m&iacute;. Porque al final el premio es m&aacute;s para el que lo da que para el que lo recibe. Mi mayor &eacute;xito como escritor es no tener ning&uacute;n premio, ni comercial ni institucional. Voy por el campo solo y cuando vas por el campo solo no te dan premios. Y no estoy criticando a los que los tienen.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:39:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clara Obligado: “La literatura es la búsqueda de un lenguaje”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/clara-obligado-la-literatura-es-la-busqueda-de-un-lenguaje/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/CLARA_OBLIGADO_-_Fotograf_a_de_lex_Garc_a.jpeg" alt="" /></p>
<p>Clara Obligado lleg&oacute; a Madrid el cinco de diciembre de 1976 en un avi&oacute;n de Iberia que tom&oacute; en Montevideo. Tres d&iacute;as antes hab&iacute;a dejado su Buenos Aires natal vestida con ropa de verano y un bolso con lo esencial para una tarde de playa, como si fuera una turista que cruzaba la frontera entre Argentina y Uruguay. Ocho meses antes, el 24 de marzo, un golpe de Estado hab&iacute;a terminado con el gobierno de Isabel Per&oacute;n, quien asumi&oacute; la presidencia en julio de 1974, despu&eacute;s de la muerte de su esposo, Juan Domingo Per&oacute;n, electo por votaci&oacute;n popular para un tercer per&iacute;odo ocho meses antes. Los l&iacute;deres de facto impusieron un plan sistem&aacute;tico de terrorismo de Estado que incluy&oacute; el secuestro, la desaparici&oacute;n forzada, la tortura, la violaci&oacute;n y el robo de beb&eacute;s para someter a los opositores. Seg&uacute;n c&aacute;lculos hechos por organismos para la protecci&oacute;n de los Derechos Humanos, unas treinta mil personas fueron detenidas y desaparecidas hasta 1983, cuando se disolvi&oacute; la Junta Militar, como resultado del impacto pol&iacute;tico de la derrota en la Guerra de las Malvinas contra Reino Unido, a&ntilde;o y medio antes.</p>
<p>Obligado lleg&oacute; a una Espa&ntilde;a que se preparaba para celebrar las primeras elecciones generales despu&eacute;s de la muerte de Francisco Franco. Era la &eacute;poca de la movida y del destape.</p>
<p>Ten&iacute;a veintis&eacute;is a&ntilde;os.</p>
<p>Tard&oacute; tres d&eacute;cadas en poder narrar el exilio. Y, sin embargo, en ninguna de sus obras publicadas se refiere a las actividades que la pusieron en peligro ni revela el momento exacto cuando sinti&oacute; la necesidad de abandonar su pa&iacute;s, como tampoco el nombre del desaparecido que determin&oacute; esta decisi&oacute;n. &laquo;El lamento personal se mezcla con la exhibici&oacute;n de las heridas ajenas, es dif&iacute;cil demarcar un territorio propio&raquo;, explica en el ensayo <em>Una casa lejos de casa: La escritura extranjera </em>(2020): &laquo;Si bien la reflexi&oacute;n sobre la violencia es indispensable, quiz&aacute; es m&aacute;s f&aacute;cil o m&aacute;s leg&iacute;timo abordar el tema desde el espacio de un reportaje, un documental, historias de vida, el ensayo, la propia lucha por la justicia y la memoria&raquo;.</p>
<p>Puede que all&iacute; est&eacute; el origen del quiebre en la continuidad narrativa tan caracter&iacute;stico en las obras de Obligado, hechas siempre de pedazos, como textos h&iacute;bridos que la mayor&iacute;a de las veces se encuentran entre el relato y la novela. Los bruscos cambios en las dimensiones del espacio o del tiempo que resultan de este estilo, aunados a una rigurosa econom&iacute;a de palabras, permiten a la autora proponer a los lectores itinerarios en donde las faltas cuentan m&aacute;s que las palabras. Alguien cuya identidad has sido construida a partir de ausencias conoce el valor literario del silencio. En el vac&iacute;o, las estructuras fragmentadas proyectan el sentido profundo de sus textos, como fractales que repiten formas geom&eacute;tricas <em>ad infinitum</em>.</p>
<p>La proyecci&oacute;n de fractales se hace epifan&iacute;a en algunos de sus mejores cuentos, como el titulado &laquo;El efecto coliflor&raquo;. All&iacute;, un detective obsesionado con encontrar al culpable de un crimen acaecido varias d&eacute;cadas antes lo comprende <em>todo</em> &mdash;&laquo;la estructura del universo, el tejido del cerebro, el camino de los nervios, las venas, el crimen&raquo;&mdash; mientras observa a su esposa trajinar en la cocina. &laquo;S&iacute;, se dijo, en un ataque de exaltaci&oacute;n casi m&iacute;stica, tiene que haber sido as&iacute;, todo se repite a diferente escala, hab&iacute;a atisbado el ojo del universo en una hortaliza, el tallo grueso que se separaba en conglomerados id&eacute;nticos hasta formar una cabezota semejante a una nube&raquo;, se lee en el relato contenido en <em>La muerte juega a los dados </em>(2015). El mensaje del relato expresado por la esposa sorprende m&aacute;s que el hallazgo de la soluci&oacute;n a un asesinato en la coliflor, pues deja sin efecto la epifan&iacute;a: &laquo;Lo fundamental no es la soluci&oacute;n de los grandes enigmas, sino la vida de todos los d&iacute;as&raquo;. En esa reflexi&oacute;n aparece cifrado el pensamiento pol&iacute;tico de Obligado, para quien las grandes utop&iacute;as del siglo pasado fracasaron y acaso el &uacute;nico movimiento social que ha conquistado algunas victorias sea el feminismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escrib&iacute;a porque necesitaba recuperar de alguna manera el pa&iacute;s que hab&iacute;a dejado, necesitaba encontrar un uso del idioma y unas sensaciones que ya no estaban&rdquo;</strong></p>
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<p>El otro rasgo de la experiencia como transterrada presente en las obras de Obligado es la tensi&oacute;n entre el castellano hablado en Madrid, la ciudad donde vive, al confrontarlo con el habla que se trajo de Buenos Aires. El resultado es lo que llama su &laquo;lengua mestiza&raquo;. En el cuento &laquo;Lenguas vivas&raquo; publicado en <em>Las otras vidas </em>(2006), se refiere a esto con humor: &laquo;Tuvo que aprender que aparcar era estacionar, prolijo quer&iacute;a decir detallado, un grifo no era un monstruo mitol&oacute;gico sino una canilla, pararse no era ponerse de pie sino detenerse, estar constipado no ten&iacute;a nada que ver con los intestinos sino m&aacute;s bien con los pulmones y que la amiga Conchita Boluda se llamaba as&iacute;, de verdad, de verdad&raquo;. Esa lengua mestiza es algo m&aacute;s que un uso del idioma consciente de las diferencias entre la pen&iacute;nsula y las antiguas colonias de ultramar. La autora fundamenta all&iacute; su po&eacute;tica de la excentricidad.</p>
<p>Durante la segunda edici&oacute;n de las Jornadas de la Red Internacional de Universidades Lectoras celebradas el ocho de mayo de 2015 en la Universidad de Le&oacute;n, Obligado imparti&oacute; una conferencia en donde se refiri&oacute; a su noci&oacute;n de literatura &laquo;exc&eacute;ntrica&raquo; y ubic&oacute; all&iacute; su propio trabajo. No se trata de un tipo de escritura rara o extravagante, sino de una alejada de los centros de poder, en las ant&iacute;podas de los nacionalismos. A las obras de este tipo las signa la vocaci&oacute;n exploratoria, en situaci&oacute;n de continuo desplazamiento. La noci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de la &laquo;desterritorializaci&oacute;n&raquo; planteada por Homi Bhabha en <em>El lugar de la cultura</em> (1994) y no alude al espacio intermedio &mdash;ni de aqu&iacute; ni de all&aacute;&mdash;, que sugiere su idea del &laquo;tercer espacio&raquo;. Se refiere a una manera h&iacute;brida de escribir que incorpora ideas y estilos de aqu&iacute; y de all&aacute; para plantear algo por completo nuevo. &laquo;Desde el punto de vista del lector, es evidente tambi&eacute;n que tales procedimientos generan una cierta desorientaci&oacute;n y exigen la participaci&oacute;n activa de quien lee para llenar los vac&iacute;os y encontrar nexos entre los fragmentos&raquo;, explic&oacute; la autora durante la charla, antes de referirse a c&oacute;mo hab&iacute;a llegado a estas conclusiones a partir del trabajo en las tres colecciones de cuentos sucesivas en las cuales se hab&iacute;a propuesto referir la historia de su desarraigo desde t&eacute;cnicas narrativas que la colocan en los m&aacute;rgenes. Dos de estas colecciones se han citado aqu&iacute;, la tercera es <em>El libro de los viajes equivocados</em>, con el que gan&oacute; el Premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en Espa&ntilde;a el a&ntilde;o 2012.</p>
<p>A estos experimentos narrativos de escritura h&iacute;brida &mdash;as&iacute; los llama la autora&mdash;se le sum&oacute; en 2019 <em>La biblioteca de agua</em>, el cuarto libro que publica con P&aacute;ginas de Espuma, la editorial madrile&ntilde;a especializada narrativa breve. En esta colecci&oacute;n de relatos propone la exploraci&oacute;n l&uacute;dica de Madrid a lo largo del tiempo tanto como a trav&eacute;s de la geograf&iacute;a del Barrio de Las Letras. All&iacute; se mud&oacute; Obligado reci&eacute;n llegada a la ciudad, m&aacute;s precisamente a la calle Lope de Vega 2, donde vivi&oacute; diecis&eacute;is a&ntilde;os. All&iacute; nacieron sus dos hijas, all&iacute; acept&oacute; su vocaci&oacute;n de escritora. Ya se mud&oacute; de calle, pero todav&iacute;a vive en el centro. Quiz&aacute; lo &uacute;nico constante para ella sea esta ciudad; la variopinta, h&iacute;brida y mutable Madrid.</p>
<p>El desarrollo de una po&eacute;tica exc&eacute;ntrica tambi&eacute;n se relaciona con su llegada a esta ciudad en el pleno auge del <em>boom</em> latinoamericano. En <em>Una casa lejos de casa</em> se queja de que este movimiento tan comercial como literario convino a quienes quer&iacute;an mantener la literatura peninsular libre de influencias for&aacute;neas, pues en lugar de plantear un mestizaje de lenguas, temas o tendencias, encapsulaba al otro lado del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, sin el mayor debate, el supuesto exotismo de autores &mdash;la mayor&iacute;a hombres&mdash; y confund&iacute;a acentos, nacionalidades e influencias; por eso, aquellos asociados a esa tendencia no impactaron en la cultura espa&ntilde;ola, a pesar de que la mayor&iacute;a vivi&oacute; muchos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, incluido Mario Vargas Llosa que todav&iacute;a reside en Madrid. &laquo;El verdadero conflicto brota con la nueva generaci&oacute;n de inmigrantes que, de manera un tanto d&iacute;scola, est&aacute; destinada a generar, tanto en la vida cotidiana como en la cultura, malentendidos, problemas, roces cuestionamientos de dif&iacute;cil articulaci&oacute;n&raquo;, escribe: &laquo;En realidad de lo que se trata es de pensar los l&iacute;mites entre las culturas y situarlos en el v&oacute;rtice del conflicto&raquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La forma del texto no puede ser cualquier cosa, es inherente a su cualidad literaria&rdquo;</strong></p>
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<p>La otredad latinoamericana en el espacio central de la cultura espa&ntilde;ola es el tema de <em>Salsa</em> (2002), a la cual Obligado define como una novela trasatl&aacute;ntica, pues all&iacute; se entrecruzan varias historias de mujeres inmigrantes en Madrid, a partir del enigma de la paternidad que plantea el nacimiento de un ni&ntilde;o. Entre ellas hay personajes entra&ntilde;ables como una argentina que se siente extranjera en todas partes, una cubana negra y vieja llamada Omara, que hace y dice lo que quiere; Jamaica Bronx en perpetua discusi&oacute;n con su hija, Tha&iuml;s, as&iacute; como Gloria, la madre reciente traspasada por el deseo y la culpa. Ninguna es lo que parece, y se relacionan con hombres tan artificiales como ellas. Un s&iacute;mbolo de tanta impostura es Los bongoseros de Bratislava, el ex&oacute;tico club en donde el baile y el alcohol borran los or&iacute;genes culturales&mdash;como pasa con el salsero Ulises, oriundo de &Aacute;frica, no del Caribe&mdash;. Ni siquiera el ritmo que bailan tiene una identidad fija como el son, la guaracha o el mambo, que tienen ra&iacute;ces en la m&uacute;sica tradicional caribe&ntilde;a. &laquo;La salsa es una palabra inventada por los que venden m&uacute;sica&raquo;, explica alguien indeterminado en la novela: &laquo;La salsa no se canta, se come&raquo;. As&iacute; como hace dos generaciones la salsa ocultaba una amalgama de ritmos caribe&ntilde;os convirti&eacute;ndolos en un bonito paquete para vender los discos que produc&iacute;an m&uacute;sicos latinoamericanos en la ciudad de Nueva York, los personajes multiculturales de <em>Salsa</em> [la novela] se someten al travestismo para encajar en el lugar reservado para ellos por la sociedad castellana.</p>
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<p>&mdash;En la conferencia de Le&oacute;n clasificaste tus obras como &laquo;exc&eacute;ntricas&raquo; debido a su cualidad alejada del centro, un desplazamiento que te marca en lo personal igual que en lo literario. &iquest;Comenzaste a trabajar conscientemente en lo exc&eacute;ntrico o te diste cuenta de esta condici&oacute;n tuya despu&eacute;s de varios libros?</p>
<p>&mdash;Nada de lo que hago parte de una idea fija. De manera intuitiva me voy acercando a los temas. Lo hago a trav&eacute;s de la lectura. Leo much&iacute;simo, y voy afinando las ideas y ese proceso a veces termina en un libro donde cierro el pensamiento inicial. Lo que llamo literatura exc&eacute;ntrica surgi&oacute; de una incomodidad. Escrib&iacute;a porque necesitaba recuperar de alguna manera el pa&iacute;s que hab&iacute;a dejado, necesitaba encontrar un uso del idioma y unas sensaciones que ya no estaban. Luego, poco a poco, me fui planteando la pregunta de qui&eacute;n era yo en la escritura. Entonces me di cuenta de que soy naturalmente exc&eacute;ntrica. Y a partir de all&iacute; plante&eacute; una estructura para mis textos removida del centro. Esa forma de mi obra tambi&eacute;n es mi manera de ser: porque soy exc&eacute;ntrica socialmente, lo soy personalmente, con mi familia en Argentina y aqu&iacute;, lo he sido siempre. Siempre he estado as&iacute;, movida, lejos del centro. Siempre he sido leal, porque lo contrario no es mi car&aacute;cter, pero siempre estoy contestando a lo que est&aacute; en el centro. En cuanto comprend&iacute; esta realidad personal y de mi trabajo, comenc&eacute; a preguntarme c&oacute;mo contestan formalmente mis obras a la literatura central. Da igual si me refiero al centro de la literatura argentina o al centro de la literatura espa&ntilde;ola. Lo que me interesa es la forma de los textos.</p>
<p>&nbsp;&mdash;El desaf&iacute;o entonces es integrar esa perspectiva removida del centro al contenido de la forma narrativa, &iquest;qu&eacute; problema te ocupa primero cuando trabajas as&iacute;, la an&eacute;cdota o la estructura?</p>
<p>&mdash;Las an&eacute;cdotas no me interesan, son intercambiables, y los temas me dan igual, ni si quiera me importan cuando leo: nunca un libro me conmueve por su tem&aacute;tica. La tem&aacute;tica de un texto podr&iacute;a tomar la forma de cualquier cosa, podr&iacute;a ser un ensayo o una conferencia, incluso una pintura; podr&iacute;a ser cualquier manifestaci&oacute;n art&iacute;stica o intelectual. Pero la forma del texto no puede ser cualquier cosa, es inherente a su cualidad literaria. La tem&aacute;tica en literatura solo tiene sentido cuando cambia la manera de narrar. Por ejemplo, un tema novedoso con el estilo narrativo del siglo XIX no me interesa, para eso prefiero leer una novela decimon&oacute;nica. La tem&aacute;tica y la an&eacute;cdota pueden enriquecerme, pero no me dicen mucho sobre lo literario. La literatura es expresar algo de una manera distinta, es la b&uacute;squeda de un lenguaje. Pero no se trata de la b&uacute;squeda de unas palabras, sino de un conjunto de estas; es decir: de una estructura con determinadas palabras donde la historia surge de cierta manera de subordinar las oraciones, por ejemplo. Lo importante para m&iacute; es descubrir qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre el pensamiento y ciertas formas ret&oacute;ricas. Esto est&aacute; en Jorge Luis Borges.</p>
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<p><strong>&ldquo;Al caminar por los terrenos m&aacute;s abstractos de la literatura, como son la forma o la sintaxis, te encuentras con el pensamiento globalizador del lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;La preeminencia de las figuras ret&oacute;ricas sobre la an&eacute;cdota puede provenir de la literatura de Borges, pero &eacute;l est&aacute; en el centro de la tradici&oacute;n literaria, &iquest;c&oacute;mo explicas su influencia en tu obra, a la cual has caracterizado como &laquo;exc&eacute;ntrica&raquo;?</p>
<p>&mdash;Es un error esa lectura que coloca a Borges en el centro de la literatura argentina. Es parte de la tradici&oacute;n, pero desde el margen. &Eacute;l comienza a escribir fuera de Argentina y vuelve para voluntariosamente situarse en el margen. Por eso hay que leerlo como alguien del extrarradio. Su literatura se vincula siempre con las zonas marginales, como el sur. Hered&eacute; de Borges m&aacute;s de lo que me gusta reconocer. En sus obras, lo importante no est&aacute; en el relato ni en el discurso escrito, lo importante sucede en otro lado, un lado que es casi metaf&iacute;sico. Porque &eacute;l hace algo m&aacute;s que situarse en un costado, desde ese lugar modifica todo el plano. En mi escritura eso es el eje. No escribo cuentos ni novelas, escribo en el medio de ambos g&eacute;neros.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&mdash;En <em>Una casa lejos de casa </em>te muestras cr&iacute;tica con el <em>boom</em> latinoamericano, al cual si bien le reconoces &laquo;valores y grand&iacute;simos aciertos&raquo;, lo describes como problem&aacute;tico porque en Espa&ntilde;a &laquo;no planteaba mestizaje alguno&raquo;, m&aacute;s bien manten&iacute;a encapsuladas a las culturas latinoamericanas en un todo m&iacute;tico y ex&oacute;tico el cual no alteraba nada en la pen&iacute;nsula. &iquest;Crees que algo similar pasa ahora con la generaci&oacute;n que en la prensa espa&ntilde;ola llamar el (supuesto) <em>boom </em>de las escritoras latinoamericanas?</p>
<p>&mdash;No reconocer la fuerza de las autoras latinoamericanas actuales es estar ciego. Y en este sentido hablo en femenino. Son escritoras impresionantes y dudo que sean una generaci&oacute;n. En algunas es evidente que hay familiaridad, pues se encuentran en los congresos y hay di&aacute;logo entre ellas o sus obras. En realidad, las est&eacute;ticas son diferentes, pero al mercado le conviene tratar de venderlas juntas. Esto es perverso. No estamos hablando del mercado de los tiempos del boom en que te pon&iacute;an un piso o te pagaban una millonada como a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez o a Mario Vargas Llosa por una novela. Y hay otra cosa peor: a las mujeres en cuanto cumplen cincuenta o sesenta a&ntilde;os las desaparecen. Debemos estar conscientes de que esto es una estrategia masculina para manipular la potencia de las escritoras: las cortan por un lado y por el otro, sin integrarlas horizontalmente al resto de los escritores de su &eacute;poca.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los cuentos son m&aacute;s dif&iacute;ciles que las novelas, por eso me gustan m&aacute;s&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; g&eacute;nero de la narrativa disfrutas m&aacute;s trabajar?</p>
<p>&mdash;Los cuentos son m&aacute;s dif&iacute;ciles que las novelas, por eso me gustan m&aacute;s. Acabo de terminar un libro compuesto por tres cuentos largos, de m&aacute;s o menos cincuenta p&aacute;ginas cada uno. Los relatos est&aacute;n relacionados entre s&iacute; y adem&aacute;s se conectan con otras de mis obras. All&iacute; intento borrar los ejes del tiempo y del espacio. &iexcl;Eso es casi teor&iacute;a cu&aacute;ntica! Aunque no tengo una mente cient&iacute;fica reconozco que al caminar por los terrenos m&aacute;s abstractos de la literatura, como son la forma o la sintaxis, te encuentras con el pensamiento globalizador del lenguaje. &Uacute;ltimamente, cuando empiezo a pensar en un texto me encuentro en el camino de la ciencia, porque todo est&aacute; conectado, como en el cuento &laquo;Teddy&raquo; de J.D. Salinger, en el cual un ni&ntilde;o se da cuenta de pronto que Dios est&aacute; en todo: en la leche que est&aacute; tomando su hermana, en el vaso que contiene la leche, en su hermana misma. Todo est&aacute; en todo, por eso mismo mis obras tambi&eacute;n est&aacute;n conectadas.</p>
<p>&nbsp;Para llegar a considerarse autora de hecho y derecho, Obligado no mat&oacute; al &laquo;&aacute;ngel del hogar&raquo;, como aconsejaba Virginia Woolf en su c&eacute;lebre conferencia &laquo;Profesiones para las mujeres&raquo; dictada en 1931 ante la Liga de Servicio Femenil del Reino Unido. A ella le toc&oacute; algo m&aacute;s doloroso: distanciarse del legado familiar. Quiz&aacute;, si se hubiera quedado en Argentina, esta nieta y bisnieta de hombres en el centro de la tradici&oacute;n literaria de ese pa&iacute;s jam&aacute;s se habr&iacute;a atrevido a reclamar su herencia intelectual, aunque escrib&iacute;a desde ni&ntilde;a y estudi&oacute; la carrera de Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad Cat&oacute;lica Argentina. Porque ella pensaba que la &laquo;Literatura&raquo; &mdash;as&iacute;, con may&uacute;scula&mdash; era lo que hac&iacute;an <em>otros</em> &mdash;atenci&oacute;n aqu&iacute; al masculino plural&mdash;. Por ejemplo, su bisabuelo Rafael Obligado, exponente fundamental de la l&iacute;rica gauchesca. O su abuelo, Carlos Obligado, uno de los fundadores de la Academia Argentina de las Letras, el mismo que en 1940 escribi&oacute; la canci&oacute;n oficial donde se reivindica la potestad del pa&iacute;s sobre las Islas Malvinas, titulada la &laquo;Marcha de las Malvinas&raquo;, de la cual Jos&eacute; Tieri compuso la m&uacute;sica. Entre los Obligado, ni siquiera Borges se consideraba a la altura. Cuando ella paseaba con su padre a caballo, este sol&iacute;a disminuir la trascendencia del autor de <em>Ficciones </em>(1944) porque no sab&iacute;a sobre el campo. &laquo;Todas sus historias suceden en verano, un turista&raquo;, dec&iacute;a. Ella era todav&iacute;a muy joven e intentaba explicarle porqu&eacute; Borges le parec&iacute;a un portento. Pero su padre no la escuchaba: &laquo;Ni le interesa ni le importa mi respuesta, tiene algo que encontrar&eacute; en tantos hombres: solo se escucha a s&iacute; mismo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La an&eacute;cdota est&aacute; en <em>Todo lo que crece: Naturaleza y escritura</em> (2021), el ensayo literario a mitad de camino entre memorias y <em>ars po&eacute;tica</em>, en donde relaciona el oficio de la escritura con la faena del campo. &laquo;No soy yo la que escribe, es alguien que me habita&raquo;, explica en ese libro: &laquo;Yo soy la que ba&ntilde;a a mis hijas, prepara garbanzos, inventa mermeladas&raquo;. Y as&iacute; contin&uacute;a en el m&aacute;s puro estilo borgiano:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;Dentro de m&iacute; hay otra que no quiere dormir y escribe hasta la aurora y espera a que p&iacute;e el primer p&aacute;jaro para cerrar el cuaderno y descansar. Esa que no soy yo imagina y poda los textos hasta dejarlos en nada, viaja a la semilla, se sorprende con sus propias ideas, baila con el ritmo de las palabras&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tardar&iacute;a d&eacute;cadas en comprender que esa es la rutina de una escritora. Y todav&iacute;a dice no sentirse como tal. Ni siquiera despu&eacute;s de los galardones literarios. A los veinte a&ntilde;os de llegar a Madrid gan&oacute; el Premio Femenino de Lumen por su novela er&oacute;tica <em>La hija de Marx </em>(1996). Si bien antes de ese libro hab&iacute;a publicado <em>La mujer en la cama y otros relatos </em>(1990) y las obras <em>Cartas er&oacute;ticas </em>(1990) y <em>Manjares econ&oacute;micos</em> (1995) &mdash;la primera en coautor&iacute;a con &Aacute;ngel Zapata y la segunda, con Mari&aacute;ngeles Fern&aacute;ndez y Marcos del Pont&mdash;, <em>La hija de Marx</em> la puso en el panorama literario hispanohablante, aunque tuviera menos trascendencia en ventas y peor recepci&oacute;n cr&iacute;tica de la que hubiera querido su autora.</p>
<p>En esta novela que Lumen reedit&oacute; en 2023, Obligado imagina que en lugar de un hijo bastardo con una criada, el padre del materialismo hist&oacute;rico engendr&oacute; una hija con una noble rusa llamada Natalia Petrovna, cuyo tutor y amante es otro noble ruso de inclinaciones socialistas exiliado en Europa. La obra tiene tres partes. La primera es el diario de esa hija, Annushka Ivanovna Dolgorukov; una novela de formaci&oacute;n narrada como memorias er&oacute;ticas ambientadas en el Londres de finales del siglo XIX. En la segunda, su tutor, Iv&aacute;n Dolgorukov, cuenta la historia de Petrovna apelando al estilo de la narrativa victoriana. En la tercera y &uacute;ltima parte se conoce la historia de la Annushka madura y el tr&aacute;gico destino de su hija desde una narraci&oacute;n realista, acorde con el esp&iacute;ritu de los &laquo;locos a&ntilde;os veinte&raquo; del siglo pasado. Similares met&aacute;foras de viajes y exilios resuenan tambi&eacute;n en su <em>nouvelle</em> m&aacute;s reciente, <em>Petrarca para viajeros </em>(2015), con la cual gan&oacute; el Premio Juan March Cencillo. Tambi&eacute;n hay aqu&iacute; tres historias llenas de elipsis y giros dram&aacute;ticos que se tejen desde detalles: una es la de un chico que conoce en un tren a un viajero argentino &mdash;&laquo;por casualidad&raquo;, aclara este pues es el v&aacute;stago de una asturiana y de un descendiente de polacos&mdash;; otra es la de una mujer que huye del esposo con quien se ha casado por equivocaci&oacute;n &mdash;&laquo;ya no le hace gracia que su marido sea tan rico, tan elegante, tan aburrido&raquo;, piensa&mdash;; la tercera es la historia del viejo guardagujas viudo que maneja los cambios de los trenes.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los talleres son un punto intermedio entre lo popular y lo culto, democratizan la cultura&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una escritora exc&eacute;ntrica rodeada de personajes en tr&aacute;nsito necesita un puerto seguro: eso han sido los talleres literarios para Obligado, el oficio a trav&eacute;s del cual ella se ha centrado en la escritura. Reci&eacute;n llegada a Espa&ntilde;a firmaba art&iacute;culos en varias revistas y divid&iacute;a sus d&iacute;as entre la escritura de guiones para un tel&eacute;fono porno y otros guiones para un proyecto audiovisual cat&oacute;lico. Sin embargo, estos eran trabajos intrascendentes, destinados al pago de cuentas. Encontr&oacute; su vocaci&oacute;n cuando empez&oacute; a impartir talleres literarios casi por casualidad, en reuniones con amigos para escribir y hablar de libros. Despu&eacute;s recibi&oacute; una propuesta para un taller, luego otra. M&aacute;s tarde, otra. Y todos iban bien, as&iacute; que reconoci&oacute; una oportunidad. As&iacute; naci&oacute; en 1980 el Taller de Escritura Creativa Clara Obligado. Hasta ahora ha dictado talleres en prestigiosas instituciones como el C&iacute;rculo de Bellas Artes y la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, as&iacute; como en la c&aacute;rcel. Y durante diez a&ntilde;os los dio tambi&eacute;n en la Librer&iacute;a de Mujeres. Esta &eacute;poca la recuerda como especialmente formativa debido a la mesa de novedades que tuvo a su disposici&oacute;n. All&iacute; descubri&oacute; a las argelinas Malika Mokkeddem y Assia Djebar, entre otras autoras &aacute;rabes franc&oacute;fonas que problematizan la extranjer&iacute;a, la lengua y el cuerpo femenino.</p>
<p>&nbsp;&mdash;En <em>Una casa lejos de casa </em>escribes que aquellos llegados en los a&ntilde;os setenta a Espa&ntilde;a se planteaban la posibilidad de un di&aacute;logo de sordos o la de crear un lector para entenderlos, lo cual ten&iacute;a la virtud de fortalecer el debate cultural. En la obra usas este planteamiento para volver sobre la pregunta ret&oacute;rica de para qui&eacute;n se escribe. &iquest;Los talleres fueron una manera de crear a tus lectores?</p>
<p>&mdash;En cierta manera, y no como estrategia pensada, s&iacute;. Durante los primeros a&ntilde;os, cuando firmaba en la Feria del Libro, me llamaba much&iacute;simo la atenci&oacute;n que me pidiera una firma gente que no me conoc&iacute;a personalmente. Era como si s&oacute;lo pudiera leerme alguien con quien hubiera compartido un encuentro en la realidad. Creo que el cuento, en Espa&ntilde;a (y tambi&eacute;n en parte en los Estados Unidos, con Raymond Carver y el realismo sucio), es hijo de los talleres y, en mi caso, del encuentro posterior con una editorial como P&aacute;ginas de Espuma, con la cual desde el inicio he mantenido un di&aacute;logo constante. Pens&aacute;ndolo desde hoy creo que es bastante evidente que el cuento ha encontrado soporte de lectores en los talleres, y no solamente en el m&iacute;o. Ense&ntilde;amos a leer algo que no ten&iacute;a demasiada tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a y s&iacute; en Am&eacute;rica Latina o en Estados Unidos. En los talleres que impart&iacute; con Mario Merlino en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, all&aacute; por mediados los ochenta se habl&oacute; por primera vez de cuento fant&aacute;stico, por ejemplo. Sin saberlo, est&aacute;bamos abriendo nuevos caminos de lectura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuesta m&aacute;s formar una identidad individual cuando tu apellido forma parte de la identidad nacional&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Vienes de una familia de &laquo;hombres de letras&raquo;, &iquest;qu&eacute; dificultades supuso esto para tu vocaci&oacute;n literaria?</p>
<p>&mdash;Mi bisabuelo es casi un poeta patrio en Argentina; incluso escrib&iacute;a gauchesca, que est&aacute; al centro del ser nacional. Siempre he fluctuado entre dos posturas: la admiraci&oacute;n, por un lado y, por el otro, la verg&uuml;enza que me daban sus poemas decimon&oacute;nicos, horrorosos y cursis porque eran propios de esa &eacute;poca. Al principio, no pensaba que yo pod&iacute;a acceder al parnaso masculino. Me encantaban los libros, era lectora, pero de ninguna manera quer&iacute;a ocupar aquel lugar, as&iacute; que no ten&iacute;a ninguna competencia con ellos. Cuesta m&aacute;s formar una identidad individual cuando tu apellido forma parte de la identidad nacional.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iquest;Por eso no publicaste hasta que te mudaste a Espa&ntilde;a?</p>
<p>&mdash;Yo no quer&iacute;a ser escritora. Primero, me parec&iacute;a que era un oficio masculino; segundo, me parec&iacute;a de derechas y, adem&aacute;s, me parec&iacute;a solemne. Tres cosas que no soy. Todo esto es consecuencia del peso que el apellido &laquo;Obligado&raquo; tiene en Argentina. El d&iacute;a de la batalla de la Vuelta de Obligado [el 20 de noviembre de 1845] es una fecha patria. All&aacute; siempre me estoy defendiendo de un estereotipo que no me corresponde, mientras que aqu&iacute; en Espa&ntilde;a soy inmigrante, y mi apellido suena portugu&eacute;s. En este pa&iacute;s vivo en la indiferencia total. A m&iacute;, esa indiferencia de los espa&ntilde;oles me hizo bien porque me permiti&oacute; desarrollarme.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de emigrar, en 2016, te referiste a los escritores argentinos en el exilio como la &laquo;generaci&oacute;n transparente&raquo; y dijiste que te sent&iacute;as acompa&ntilde;ada por pocos autores de tu edad. Estas declaraciones corresponden a una entrevista que te hizo Adri&aacute;n Ferrero para <em>Confluencia: Revista hisp&aacute;nica de cultura y literatura</em>.</p>
<p>&mdash;No me acordaba de ese t&eacute;rmino, pero estoy de acuerdo: somos transparentes. Marcelo Cohen viv&oacute; en Barcelona veinti&uacute;n a&ntilde;os, hasta su retorno a Argentina en 1996, sin dejar rastro. Me parece alucinante. Otro caso es el de Susana Constante que vivi&oacute; en Arag&oacute;n hasta los noventa y volvi&oacute; a Argentina, donde muri&oacute;. All&aacute; s&iacute; la reconocieron, pero aqu&iacute; en Espa&ntilde;a, no. De la generaci&oacute;n del exilio no hay ni un escritor reconocido en este pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Si bien comenzaste a publicar libros cuando viv&iacute;as en Espa&ntilde;a veinte a&ntilde;os pasaron entre que te exiliaste y apareci&oacute; tu primera novela, <em>La hija de Marx. </em>En esos a&ntilde;os te dedicaste a dar talleres literarios &iquest;C&oacute;mo comenzaste ese camino?</p>
<p>&mdash;Los talleres comenzaron de forma natural, cuando me juntaba con amigos. Ten&iacute;a cualidades b&aacute;sicas para desarrollar estas actividades: sab&iacute;a m&aacute;s de literatura porque hab&iacute;a terminado la carrera, me gustaba escribir y me gustaba mandar. Adem&aacute;s, me gustaba ense&ntilde;ar, lo hac&iacute;a desde que ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, a grupos de todos los estratos sociales. Me gusta ense&ntilde;ar porque es una forma de hablar sobre la literatura. La primera vez que prepar&eacute; un taller aqu&iacute; fue porque me lo pidi&oacute; un amigo para un grupo de <em>scouts</em> cat&oacute;licos. Y fue muy bien. Era un buen momento para comenzar a dar talleres por la reforma de las escuelas que se emprendi&oacute; durante el postfranquismo; en aquella &eacute;poca Daniel Moyano daba talleres en Oviedo y Jos&eacute; Donoso en Barcelona. Silvia Adela Kohan hab&iacute;a llevado a esa misma ciudad el grupo Grafein, nacido en la Universidad de Buenos Aires.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Nombras a escritores de Chile y Argentina como facilitadores de los primeros talleres literarios en Espa&ntilde;a. &iquest;Por qu&eacute; crees que todos proven&iacute;an de Am&eacute;rica Latina?</p>
<p>&mdash;Porque ten&iacute;amos otra ideolog&iacute;a y una idea diferente de qu&eacute; significaba ense&ntilde;ar. Los talleres llegaron con la democracia. Mi generaci&oacute;n de inmigrantes se planteaba la vida a nivel grupal m&aacute;s que a nivel individual y el franquismo hab&iacute;a dificultado la ideolog&iacute;a del grupo en Espa&ntilde;a. Los talleres fueron importantes porque significaron un cambio en la manera de pensar la ense&ntilde;anza de la literatura, aunque encontraron la resistencia de los escritores espa&ntilde;oles de aquella &eacute;poca que dec&iacute;an que no se puede ense&ntilde;ar a escribir. Todav&iacute;a sigue ese debate. Los talleres son un punto intermedio entre lo popular y lo culto, democratizan la cultura.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iquest;C&oacute;mo te ayudaron los talleres a tomarte en serio como escritora?</p>
<p>&mdash;Nunca me he tomado en serio como escritora.</p>
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<p><strong>&ldquo;Nunca me sent&iacute; escritora porque lo identificaba con la impronta masculina en la literatura&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Una vez que presentas una obra para un concurso es porque te consideras escritora.</p>
<p>&mdash;Entonces me dije: &laquo;No voy a escribir m&aacute;s, esto es muy cansado&raquo;. Pero segu&iacute;a escribiendo. Luego present&eacute; otro libro. Y lo mismo: &laquo;no quiero escribir m&aacute;s&raquo;. Pero sigo escribiendo. Esa ha sido mi vida. Jam&aacute;s me hab&iacute;a sentido escritora. Sin embargo, ahora tengo veinte libros publicados y es hora de que asuma lo que hago. Nunca me sent&iacute; escritora porque lo identificaba con la impronta masculina en la literatura.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Llama la atenci&oacute;n que tu primera novela sea de g&eacute;nero er&oacute;tico, aunque <em>La hija de Marx</em> no se queda solo all&iacute;: integra la novela de formaci&oacute;n, la hist&oacute;rica, la epistolar y la realista, entre otras.</p>
<p>&mdash;S&iacute;, all&iacute; hay un <em>patchwork</em>. La primera parte es una novela victoriana; la segunda, una novela rom&aacute;ntica. Escrib&iacute; la novela como un homenaje a quienes cultivaron esos g&eacute;neros antes que yo. Por eso encuentras all&iacute; la narrativa realista, que me fascina; la novela de entreguerras, que tambi&eacute;n me fascina, y la novelita porno victoriana, que me hace much&iacute;sima gracia.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Lo importante es que son homenajes hechos desde lo er&oacute;tico, que era un g&eacute;nero menor hasta los noventa.</p>
<p>&mdash;<em>La hija de Marx</em> es una novela de mi generaci&oacute;n. Mientras los hombres hablan de pol&iacute;tica a nivel abstracto, las mujeres hablamos de la pol&iacute;tica al nivel del cuerpo. Somos nosotras las que cambiamos las reglas. Nuestra revoluci&oacute;n fracas&oacute;. Fracas&oacute;, pero s&iacute; ganamos en el terreno de las costumbres, que es el terreno donde jugamos las mujeres. Nosotras salimos de aquellos a&ntilde;os siendo mujeres diferentes, aunque los hombres no cambiaron. Ese es el fondo que me propuse mostrar en la novela<em>. </em>Aunque est&eacute; ambientada en otro momento hist&oacute;rico, <em>La hija de Marx</em> es una novela del exilio argentino. All&iacute; me pregunto qu&eacute; pas&oacute; con las mujeres de mi generaci&oacute;n. Por eso no es casual que haya varias mujeres de la militancia argentina que en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa escribieron novelas er&oacute;ticas. Una fue Susana Constante, con <em>La educaci&oacute;n sentimental de la se&ntilde;orita Sonia</em>, que es el primer Premio de la Sonrisa Vertical, en 1978. El problema es que Susana se muri&oacute; muy pronto, en 1993. La otra autora es Griselda Gambaro. Ella escribi&oacute; una novela buen&iacute;sima titulada <em>Lo impenetrable </em>[de 1984] sobre<em> </em>una mujer a la que no la penetran nunca.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura tiene algo prof&eacute;tico: llegas a ciertas ideas antes, no porque seas un genio sino porque tu objeto de trabajo es el lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;&iquest;Fue en la presentaci&oacute;n de la reedici&oacute;n de <em>La hija de Marx </em>cuando dijiste que no hay nada m&aacute;s dif&iacute;cil de escribir que una escena de sexo, porque est&aacute; en la frontera con la risa?</p>
<p>&mdash;Puede ser. Es rid&iacute;culo escribir del sexo en serio hoy en d&iacute;a; no hay manera de hablar del tema si no es ri&eacute;ndote un poco. No digo que no sea un tema importante, pero aunque sea importante, algo que nos concierne much&iacute;simo, tambi&eacute;n la risa es importante.</p>
<p>&nbsp;&mdash;El gran tema del feminismo es el cuerpo y, m&aacute;s precisamente, el cuerpo de las mujeres. &iquest;Cu&aacute;l crees que ha sido el gran cambio que ha permitido en la literatura el feminismo?</p>
<p>&mdash;La entrada de lo trans es muy importante. Mi b&uacute;squeda formal en la literatura engancha con lo que est&aacute; pasando hoy en la revoluci&oacute;n del cuerpo, en la necesidad contempor&aacute;nea de no definirte. Me interesa esa indefinici&oacute;n en lo nacional, porque cuando digo que soy extranjera eso es una indefinici&oacute;n, y me interesa tambi&eacute;n en lo formal, en la manera como escribo. Se trata de nunca terminar siendo una cosa ni la otra. Pienso en este asunto de la indeterminaci&oacute;n a partir de las obras de Paul B. Preciado, porque encajan con mi idea de la literatura como un punto intermedio. &laquo;Esto sobre lo que quiero trabajar&raquo;, me dije cuando le&iacute; <em>Yo soy el monstruo que os habla</em>. El problema es que cuando uno piensa desde el margen siempre se adelanta un poco. Ese es mi sino y mi desgracia, porque si te adelantas al grupo que hace ruido, nunca te ven. La literatura tiene algo prof&eacute;tico: llegas a ciertas ideas antes, no poque seas un genio sino porque tu objeto de trabajo es el lenguaje y la literatura.<em></em></p>
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<p><strong>&ldquo;Vivimos en crisis. No sabemos lo que hay delante, yo lo llamar&iacute;a &laquo;esperanza&raquo;, mis ensayos insisten mucho en esa idea&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;En ese libro, Preciado plantea a los psicoanalistas la disyuntiva entre continuar usando las categor&iacute;as de conocimiento de la diferencia sexual y promover as&iacute; la perspectiva patriarcal sobre la cultura o abrirse al cuestionamiento constante de los lenguajes y las pr&aacute;cticas sociales. Se trata de una postura filos&oacute;fica, t&uacute; lo haces desde la narrativa. &iquest;Cu&aacute;l es la dificultad de trabajar con una herramienta literaria como esa?</p>
<p>&mdash;Que tienes que pensar en varios caminos distintos al mismo tiempo. Sin embargo, ese es el destino del mundo moderno. Las categor&iacute;as cerradas quedaron para los movimientos de derecha y los milenaristas. En el resto del mundo se est&aacute; craquelando esa visi&oacute;n. La manera trans de ver la realidad quiz&aacute; nos d&eacute; una estructura para acercarnos a una manera de ver el mundo que empez&oacute; con la Ilustraci&oacute;n. En estos momentos estamos rompiendo con eso. Con el movimiento de la Ilustraci&oacute;n empezaron tendencias como el Enciclopedismo, que clasificaba todas las cosas de la realidad y pon&iacute;a a cada cual en un lugar. Ahora hemos empezado a desmontar esa manera de concebir el mundo inaugurada con los enciclopedistas, porque no nos sirve. No podemos pensar la complejidad de la realidad desde las estructuras. Estamos ante el fin de los grandes relatos, por eso la pregunta ahora es c&oacute;mo pensar cuando estamos en proceso de romper las estructuras. La literatura ofrece un buen camino. Todav&iacute;a no s&eacute; enunciar muy bien esto que te digo, apenas es un pensamiento en estado larvario, pero trabajo a partir de esas ideas. Vivimos en crisis. No sabemos lo que hay delante, yo lo llamar&iacute;a &laquo;esperanza&raquo;, mis ensayos insisten mucho en esa idea.</p>
<p>&nbsp;&mdash;La esperanza vista a trav&eacute;s de met&aacute;foras vegetales est&aacute; presente en tu ensayo <em>Todo lo que crece: Naturaleza y escritura</em>.</p>
<p>&mdash;La naturaleza aparece en todas mis obras. Ahora estoy trabajado en un libro sobre &aacute;rboles. Aunque suene infantil dicho sin elaborar, tenemos que pensarnos desde los &aacute;rboles porque vencen el tiempo. Hace poco encontraron en la Patagonia uno que estaba vivo en los en tiempos de la guerra de Troya. &iexcl;Imag&iacute;nate! Cuando pienso en esas cosas, entro en v&eacute;rtigo. Con su lentitud, los &aacute;rboles han hecho lo que el ser humano no ha podido: vencer al tiempo. Tienen un tipo de consciencia distinta a nuestra consciencia de seres de la Ilustraci&oacute;n. Como todav&iacute;a necesito mucha informaci&oacute;n sobre el tema, pronto comenzar&eacute; a trabajar con el bi&oacute;logo naturalista Ra&uacute;l Alcanduerca. Cada vez que hablo con &eacute;l, aprendo mucho.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Aquello de pensar en varios caminos distintos al mismo tiempo es muy borgiano.</p>
<p>&mdash;S&iacute;, yo vuelvo a Borges una y otra vez, siempre ando por su jard&iacute;n de senderos que se bifurcan.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:28:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién era Franz Kafka?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quien-era-franz-kafka/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/kafka500_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Referida a uno de los escasos escritores cuyo nombre se ha convertido hace ya tiempo en un s&iacute;mbolo, esta pregunta le parecer&aacute; a cualquier lector ingenuamente absurda. Y ello seguramente porque el mundo literario de Franz Kafka ha adquirido a d&iacute;a de hoy tal magnitud que el nombre de su autor se ha desligado de la persona y se ha independizado de los escritos hasta el punto de conseguir preformar nuestras interpretaciones de la realidad y nuestros modelos de percepci&oacute;n abusando de &eacute;l hasta convertirlo en un adjetivo, &laquo;kafkiano&raquo;, que el diccionario de la Real Academia define como calificador de una situaci&oacute;n absurda o angustiosa. El autor y su mundo han saltado, pues, las barreras de lo literario para entrar en nuestra vida cotidiana en el marco del absurdo y la angustia, algo verdadera y asombrosamente calificable como aut&eacute;nticamente kafkiano, pues su vida cotidiana fue, sin m&aacute;s, el eje en torno al que gir&oacute; en verdad toda su escritura.</p>
<p><br />Adem&aacute;s, la pregunta no dejar&iacute;a de resultar absurda en tanto que a Kafka se lo conoce incluso sin haberlo le&iacute;do, pero lo cierto es que ni siquiera el largo siglo transcurrido ya desde su muerte nos permite darle una respuesta satisfactoria. Y ello aun a tenor de que es m&aacute;s que probable que ning&uacute;n otro autor se haya visto sometido a tantas incursiones en su biograf&iacute;a ni a tantas interpretaciones de su obra, las cuales, y a pesar de que sus escritos permanecen invariables, contin&uacute;an cambiando sin cesar al hilo de las modas y los dictados de nuevas ideas y formas de pensar, sin que en realidad ninguna interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica haya sido capaz de abarcar todos los posibles significados de su obra. As&iacute; lo pon&iacute;a de manifiesto Susan Sontag en su ensayo Contra la interpretaci&oacute;n (1964):<br /><br />La obra de Kafka [&hellip;] ha estado sujeta a secuestros en serie por no menos de tres ej&eacute;rcitos de int&eacute;rpretes. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a social ven en &eacute;l ejemplos cl&iacute;nicos de las frustraciones y la insensatez de la burocracia moderna, y su expresi&oacute;n definitiva en el estado totalitario. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a psicoanal&iacute;tica ven en &eacute;l desesperadas revelaciones del temor de Kafka a su padre, sus angustias de castraci&oacute;n, su sensaci&oacute;n de impotencia, su dependencia de los sue&ntilde;os. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a religiosa explican que K. intenta, en El castillo, ganarse el acceso al cielo; que Josef K., en El proceso, es juzgado por la inexorable y misteriosa justicia de Dios...<br /><br />A Kafka se le ha ensalzado tambi&eacute;n como pensador, pero sus pensamientos, recogidos en aforismos, cartas y diarios, est&aacute;n llenos de paradojas, contradicciones y ambivalencias, pues precisamente su singularidad como escritor reside en el hecho de haber construido una obra plena de numerosas facetas y escasas certezas, expuestas siempre con la iron&iacute;a y la ambig&uuml;edad, tan propias de su escritura y que tanto han contribuido a su vez a la construcci&oacute;n de esa idea de &laquo;lo kafkiano&raquo;. Pero la escritura de Kafka no trata m&aacute;s que de reflejar las inquietudes del d&iacute;a a d&iacute;a de un hombre que vivi&oacute; en un momento dif&iacute;cil (la &uacute;ltima etapa del reinado del emperador Francisco Jos&eacute;, el breve reinado del emperador Carlos y la primera Guerra Mundial) y en un entorno dif&iacute;cil (el reino de Bohemia determinado en su cotidianeidad por el conflicto entre checos y alemanes), una vida verdaderamente dif&iacute;cil, marcada por situaciones sociales y personales que hicieron de &eacute;l ya en vida y a pesar de sus escasas publicaciones, un autor reconocido, aunque fuera &uacute;nicamente entre un selecto grupo de artistas e intelectuales de Praga y Viena, que lo consideraban un escritor prometedor, que impresionaba sobre todo por su estilo y su sintaxis. Que esto fuera as&iacute; se debi&oacute; seguramente a que supo acabar con los cors&eacute;s literarios de corte clasicista que constre&ntilde;&iacute;an las formas literarias al uso para dejar que entraran en sus textos los procesos de modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y social que generar&iacute;an numerosas experiencias de crisis en sus coet&aacute;neos y sobre los que siempre reflexion&oacute; con cierto tono de escepticismo, utilizando recursos, como el de la exageraci&oacute;n, que generaron en sus escritos visiones grotescas, a veces incluso caricaturescas, que distorsionaban la realidad &uacute;nicamente con el fin de hacerla m&aacute;s reconocible. Dotado de una perspicacia y un poder de expresi&oacute;n extraordinarios, sus largas, a menudo tortuosas, frases y di&aacute;logos han impresionado tanto a cr&iacute;ticos y lectores, que se lleg&oacute; a asumir que su estilo era esencialmente el de los periodos largos e intrincados. La amplificaci&oacute;n y la matizaci&oacute;n son, en efecto, una caracter&iacute;stica importante de su palabra y expresan v&iacute;vidamente la incertidumbre y la confusi&oacute;n que dominaban su vida; sin embargo, sus largas frases est&aacute;n invariablemente equilibradas por otras cortas, las conversaciones laber&iacute;nticas y las reflexiones enrevesadas por descripciones vivas, acciones tensas e incidentes llamativos. Es m&aacute;s que probable, pues, que la multiplicidad de interpretaciones que se han ofrecido de su obra proceda directamente de este car&aacute;cter tan particular de su escritura, a trav&eacute;s del que Kafka comparte pensamientos y sentimientos con muchos escritores y pensadores del siglo XX, con los que comparti&oacute; tambi&eacute;n dudas similares y con los que supo reflejar esa misma p&eacute;rdida de fe en algo que pudiera dar sentido a la vida, dejando a la vista la falta de un sistema de orden universal.</p>
<p>Como punto de anclaje al que aferrarse en su encrucijada vital, marcada desde la infancia por un constante sentimiento de culpabilidad ante la imposibilidad de cumplir las expectativas paternas, Kafka escogi&oacute; la literatura como medio a trav&eacute;s del cual dar rienda suelta a su voz interior. Ya en una carta fechada en enero de 1904, esto es, cuando solo ten&iacute;a 20 a&ntilde;os, escribe a su amigo Oskar Pollak: &laquo;[&hellip;] un libro ha de ser el hacha que resquebraje el mar helado que hay dentro de nosotros&raquo;. Precisamente durante aquellos a&ntilde;os en los que Kafka present&iacute;a ya que su interior se convertir&iacute;a en un mar helado sin espacio para otra cosa que no fuese la palabra escrita, el futuro escritor le&iacute;a los diarios y cartas de autores como Hebbel, Goethe, Schiller, Kleist, Grillparzer, M&ouml;rike, Stifter, Dickens, Dostoievski o Flaubert. Para &eacute;l este tipo de escritura diar&iacute;stica pose&iacute;a un valor mucho mayor que las obras de ficci&oacute;n de estos mismos autores, pues a trav&eacute;s de ella daban voz a su propio mundo interior, algo dif&iacute;cil de llevar a cabo con la misma soltura en la ficci&oacute;n. Es evidente que con estas lecturas buscaba en otros autores experiencias en cierto modo similares a las suyas, que pudieran iluminar su situaci&oacute;n personal y ayudarlo a conseguir una v&iacute;a de expresi&oacute;n escrita para su complejo mundo interior. Tal vez por ello sea en las numerosas cartas y diarios que escribi&oacute; a lo largo de su breve vida donde se ocultan las principales claves para entender qui&eacute;n era Franz Kafka y, con ello, el conjunto de su producci&oacute;n literaria.</p>
<p>Fue Pollak precisamente quien debi&oacute; animarle a escribir ya muy pronto, durante sus a&ntilde;os de estudiante. Por desgracia, no se ha conservado ning&uacute;n texto de aquella &eacute;poca, solamente apuntes al respecto en sus diarios y cartas. En su propia casa nadie se interesaba por ello, pues ninguno de sus miembros consideraba la escritura como una actividad adecuada para el &uacute;nico hijo var&oacute;n, predestinado como tal ya desde peque&ntilde;o a continuar con el negocio familiar. El padre, Hermann Kafka, nacido en el seno de una familia de carniceros en un pueblo del sur de Bohemia, hab&iacute;a emigrado a Praga una vez finalizado el servicio militar. Hablante de checo y alem&aacute;n, contrajo all&iacute; matrimonio con Julie L&ouml;wy, hija de una acomodada familia jud&iacute;a de Podiebrad, entre cuyos miembros se contaban m&eacute;dicos, hombres de letras y algunos solterones. De constituci&oacute;n d&eacute;bil en general, Kafka manifest&oacute; siempre sentirse atra&iacute;do de forma particular por los miembros de esta rama de su familia, de cuya sensibilidad, introversi&oacute;n y timidez se consideraba heredero. Tras el matrimonio, el padre abri&oacute; un negocio de accesorios de moda y complementos que les fue proporcionando cada vez mayores ingresos y, con ellos, su ascenso en la escala social, hecho que conllevar&iacute;a a su vez diversos cambios de domicilio, as&iacute; como tambi&eacute;n de sinagoga, de la checa a la alemana.</p>
<p>En aquella &eacute;poca Praga era una ciudad socialmente explosiva y culturalmente efervescente. La ciudad contaba con 450.000 habitantes, el 90% de los cuales eran checos, y de ellos 14.000 jud&iacute;os; de los 34.000 germanohablantes, 11.000 eran jud&iacute;os, una proporci&oacute;n mucho m&aacute;s elevada. La clase alta de la burgues&iacute;a praguense estaba constituida principalmente por alemanes, que ocupaban la mayor parte los cargos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica y resid&iacute;an en la ciudad antigua y el distrito de Mal&aacute; Strana, mientras la poblaci&oacute;n checa, mayoritaria y en expansi&oacute;n, habitaba la ciudad nueva y el extrarradio. A pesar de que la pr&aacute;ctica religiosa no lleg&oacute; a tener en el seno de su familia el peso y la importancia que hubiera sido de esperar (las primeras manifestaciones del inter&eacute;s de Kafka respecto de la cultura jud&iacute;a tuvieran lugar muy tarde, en 1917, tras la entrada en contacto con un grupo de teatro y&iacute;dico), Hermann Kafka, como miembro de la minor&iacute;a jud&iacute;a de habla alemana, sab&iacute;a muy bien de la necesidad de asimilarse al primer grupo si quer&iacute;a alcanzar mayor prestigio e influencia social, para lo cual decidi&oacute; enviar a sus hijos (Elli, Valli, Ottla y Franz, Georg y Heinrich no hab&iacute;an llegado a cumplir siquiera dos a&ntilde;os de edad) a escuelas alemanas. De este modo, sus descendientes continuar&iacute;an hablando tambi&eacute;n ambas lenguas: alem&aacute;n en la escuela y en la familia, checo en la calle y con el personal de servicio. All&iacute;, en la escuela, y m&aacute;s tarde tambi&eacute;n en la universidad, ser&iacute;a donde el futuro escritor encontrar&iacute;a la motivaci&oacute;n de la que carec&iacute;a en su casa para empezar a escribir sus primeros textos literarios en el entorno de la clase media jud&iacute;a, culturalmente desarraigada, que viv&iacute;a en una crisis de identidad continua y que, pese a la actitud ambivalente de la mayor&iacute;a de los jud&iacute;os hacia la monarqu&iacute;a austriaca, manten&iacute;a la idea de que el gobierno de Viena, que se encontraba ya en una situaci&oacute;n d&eacute;bil y claudicante, era el &uacute;nico medio de garantizar la ley y el orden frente a los crecientes ataques del antisemitismo checo, que no solo ten&iacute;a ra&iacute;ces culturales y pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n econ&oacute;micas (tal vez a esa esperanza se debiera precisamente la elecci&oacute;n del nombre del emperador para el hijo primog&eacute;nito). Esa crisis se manifestaba tambi&eacute;n en la propia lengua que hablaban y que para Kafka supuso un problema constante, pues dudaba de su capacidad para describir la realidad que lo rodeaba, el d&iacute;a a d&iacute;a que tanto le importaba y de donde nac&iacute;a su necesidad de expresi&oacute;n literaria. Estas dudas fueron increment&aacute;ndose, sobre todo porque era consciente de que su alem&aacute;n, el alem&aacute;n de Praga, era una lengua aislada, incluso artificial, resultado de la mezcla con el y&iacute;dico de las comunidades rurales emigradas a la ciudad en busca de una mayor tolerancia, una variante dif&iacute;cil de entender incluso por aquellos que ten&iacute;an el alem&aacute;n como lengua materna. Esta situaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica originaba un grave problema entre los escritores praguenses de su &eacute;poca, que se reflejaba por lo general en una acusada necesidad de diferenciar entre esta lengua hablada y la lengua escrita, que hab&iacute;a de estar libre de todas estas mezclas. Precisamente por ello el alem&aacute;n de Kafka resulta en algunas ocasiones ciertamente peculiar tanto en lo relativo a la sintaxis como al l&eacute;xico, un hecho reforzado a su vez por la exigencia de escribir en un alem&aacute;n correcto que el autor constantemente se impon&iacute;a a s&iacute; mismo.</p>
<p>El hecho de que Kafka encontrara tan pronto refugio en la escritura no es en absoluto el argumento que explica la calidad de sus textos, pero s&iacute; el hecho de que su literatura se desarrollara en esa direcci&oacute;n concreta que hace su obra tan peculiar, y que, parad&oacute;jicamente, no es m&aacute;s que una consecuencia de las condiciones tan poco favorables en las que se desarroll&oacute; su vida. Precisamente por ello, su obra presenta ese sesgo diferencial del constante af&aacute;n de lucha por el reconocimiento en todos los sentidos: la lucha por el reconocimiento de su persona en la casa paterna (le prohib&iacute;an leer por la noche y para que no lo hiciera le apagaban la luz), la lucha por el reconocimiento de su propia lengua y su identidad &eacute;tnica y cultural (que tuvo que defender incluso en la escuela), la lucha por el reconocimiento de su voluntad de ser escritor (que le llev&oacute; a enfrentarse directamente con su padre), la lucha por el reconocimiento del p&uacute;blico lector (acostumbrado entonces a una literatura de tonos bien diferentes), y tambi&eacute;n la posterior lucha entre sus int&eacute;rpretes por incluirlo dentro de una u otra escuela literaria (que lo convirti&oacute;, por ejemplo, en el modelo de la decadencia capitalista y burguesa en el marco del realismo socialista). Llevado, pues, por esta aspiraci&oacute;n, el 3 de enero de 1912 anota en su diario:<br /><br />En m&iacute; es posible encontrar perfectamente la concentraci&oacute;n necesaria para escribir. Cuando en mi organismo se hizo evidente que la literatura era la manifestaci&oacute;n m&aacute;s productiva de mi personalidad, todo se inclin&oacute; hacia ella y dej&oacute; vac&iacute;as todas las facultades que se orientaban hacia los placeres del sexo, de la comida, de la bebida, de la meditaci&oacute;n filos&oacute;fica, y principalmente de la m&uacute;sica. Me atrofi&eacute; en todos los aspectos. Esto fue necesario, porque mis energ&iacute;as, en su totalidad, eran tan escasas que solo reunidas pod&iacute;an ser medianamente utilizables para la finalidad de escribir. Naturalmente, no di con esta finalidad de un modo aut&oacute;nomo y consciente; fue ella la que se encontr&oacute; a s&iacute; misma y ahora se ve obstaculizada, &uacute;nicamente, pero de un modo radical, por la oficina.<br /><br />Esta actividad en la oficina era un mal necesario, pues Kafka era consciente de que jam&aacute;s podr&iacute;a vivir de sus trabajos literarios; debido a ello se hab&iacute;a decantado por estudiar algo que le permitiera una subsistencia digna y, tras algunos escarceos con la qu&iacute;mica y la filolog&iacute;a, hab&iacute;a concentrado sus esfuerzos en la jurisprudencia, no tanto por presi&oacute;n de su padre, sino con la idea de que un trabajo en este campo le dejar&iacute;a tiempo suficiente para la escritura. Los amigos que hizo en la Universidad y los c&iacute;rculos que frecuent&oacute; resultaron decisivos para su posterior carrera literaria: Max Brod, Felix Weltsch, Oskar Pollak y Oskar Baum mitigaron la tendencia de Kafka al aislamiento y le animaron a dar rienda suelta a sus inclinaciones. A pesar de que los primeros s&iacute;ntomas de enfermedad empezaban a manifestarse levemente y de acudir a algunas curas en diversos sanatorios, durante este periodo Kafka vivi&oacute; unos a&ntilde;os de apertura hacia el exterior como no hab&iacute;a conocido hasta entonces y, como miembro del &laquo;Aula de Lectura y Oratoria de los estudiantes alemanes&raquo;, tuvo acceso a una biblioteca tan completa que le permiti&oacute; ampliar en buena medida, junto con las numerosas conferencias a las que all&iacute; asisti&oacute;, sus conocimientos. As&iacute; fue como durante los a&ntilde;os de estudio empez&oacute; a trabajar en un primer relato al que puso un t&iacute;tulo enormemente gr&aacute;fico: Descripci&oacute;n de una lucha. A este seguir&iacute;a poco tiempo despu&eacute;s, una vez concluidos los estudios y llevado a cabo el obligado a&ntilde;o de pr&aacute;cticas, otra de sus grandes narraciones: Preparativos de boda en el campo. El recuerdo de aquel periodo de la vida, en el que hab&iacute;a disfrutado con la lectura m&aacute;s que con el estudio (Kleist es ahora uno de sus autores favoritos y lee con pasi&oacute;n todos sus escritos, sobre todo el Michael Kohlhaas, la historia de un rebelde que pronto se convertir&aacute; para &eacute;l en modelo inexcusable), y en el que a&uacute;n no se hab&iacute;a visto enfrentado al mundo laboral, encontr&oacute; asimismo un espacio en sus textos.</p>
<p>Tambi&eacute;n en el marco de su actividad laboral la escritura desempe&ntilde;&oacute; siempre para &eacute;l un importante papel. El escritorio, representante, pues, de la dualidad de su vida (la vida segura de la administraci&oacute;n, del trabajo, del orden, y la vida incierta de la escritura, de la transformaci&oacute;n, de la voluntad, del desorden), se convirti&oacute; as&iacute; para &eacute;l en su herramienta vital, tanto de d&iacute;a como de noche, y no resulta extra&ntilde;o, por tanto, que sea precisamente esta pieza de mobiliario la que se convierta en el objeto &laquo;por excelencia&raquo;, siempre presente en el entorno de sus protagonistas en los momentos cruciales de unas biograf&iacute;as que Kafka describe con sumo detalle. Baste recordar la intensidad con la que Gregor Samsa se aferra a &eacute;l cuando tratan de retirar el mueble de su habitaci&oacute;n, de la misma forma, quiz&aacute;, en que el autor se aferrar&aacute; a la correcci&oacute;n de las galeradas de su &uacute;ltima obra como si fueran, cual escritorio, papel y pluma, su &uacute;nica posibilidad de salvaci&oacute;n.</p>
<p>Efectivamente, en su vida profesional Kafka lleg&oacute; a demostrar amplias capacidades y, a pesar de sus reiteradas bajas por enfermedad, consigui&oacute; varios ascensos a lo largo de su carrera, debido seguramente a la calidad de sus informes y de sus inspecciones laborales para el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia,&nbsp; donde el horario de ocho a dos le dejaba tiempo suficiente para leer y escribir, al contrario de lo que le hab&iacute;a sucedido en su primer encuentro con el mundo laboral en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, la Assicurazioni Generali, un puesto que hab&iacute;a conseguido por mediaci&oacute;n de su &laquo;t&iacute;o de Madrid&raquo;, Alfred L&ouml;wy, amigo de Joseph Arnold (Jos&eacute; Arnaldo) Weissberger, quien por aquel entonces representaba a la compa&ntilde;&iacute;a en la capital hispana. No obstante, este primer trabajo le hab&iacute;a abierto las puertas al mundo laboral, as&iacute; como a la posibilidad de salir de Praga, o al menos de so&ntilde;ar con ello: &laquo;Aun con todo [&hellip;] tengo esperanzas de poder sentarme yo tambi&eacute;n alg&uacute;n d&iacute;a en los sillones de pa&iacute;ses remotos, contemplar desde las ventanas de mis despachos plantaciones de ca&ntilde;a de az&uacute;car o cementerios musulmanes&raquo;. Al Instituto de Seguros, a trav&eacute;s del cual la monarqu&iacute;a estaba introduciendo importantes reformas en la vida laboral de los trabajadores, hab&iacute;a llegado tambi&eacute;n gracias a la ayuda de Ewald Feliz Př&iacute;bram, hijo del presidente de la compa&ntilde;&iacute;a, lo que supon&iacute;a una exigencia mucho mayor que, al principio, le llev&oacute; m&aacute;s tiempo de lo esperado. Pero tres meses antes de empezar su nueva actividad hab&iacute;a visto la luz su primera publicaci&oacute;n: ocho breves textos en prosa que, con el t&iacute;tulo de Contemplaci&oacute;n, hab&iacute;a enviado a finales de 1907 a la revista Hyperion.<br />Es cierto que hasta comienzos de 1912 public&oacute; muy poco. La publicaci&oacute;n m&aacute;s importante de este periodo vino directamente relacionada con un viaje que hizo en septiembre de 1909 a Riva, a orillas del lago de Garda, con Max Brod y su hermano Otto: &laquo;Los aeroplanos de Brescia&raquo; apareci&oacute; el 28 de noviembre de ese mismo a&ntilde;o en el diario Bohemia de Praga y es un temprano testimonio del inter&eacute;s del autor por los avances t&eacute;cnicos que estaban teniendo lugar en esos a&ntilde;os. Adem&aacute;s, los viajes supusieron para &eacute;l una liberaci&oacute;n que se percibe en las notas escritas en esos momentos, as&iacute; como en el testimonio de Brod, que fuera de la ciudad lo encontraba siempre como transformado, pues &laquo;todas las preocupaciones, todos los sinsabores se quedaban en Praga&raquo;. Y no carec&iacute;a de ellos, porque a las presiones familiares y laborales hab&iacute;a venido a sumarse otra de tipo econ&oacute;mico: las quejas de la familia por su nula implicaci&oacute;n en la compa&ntilde;&iacute;a de amianto Prager Asbestwerke Hermann &amp; Co., de la que era socio, y que llev&oacute; a Ottla, que siempre lo apoyaba en todo, a ponerse del lado del padre. A un mejor estado de &aacute;nimo durante este periodo de tiempo contribuy&oacute; sin duda su encuentro con la mencionada compa&ntilde;&iacute;a de teatro y&iacute;dico, cuyas representaciones lo fascinaron tanto que lleg&oacute; a entablar una estrecha amistad con uno de los actores, Jizchak L&ouml;wy, y aunque su postura al respecto fuera en estos momentos a&uacute;n un tanto ambivalente, s&iacute; que influir&iacute;a posteriormente en su voluntad de emigrar a Palestina.</p>
<p>En cualquier caso, es evidente que el ejercicio de la redacci&oacute;n de los informes laborales influy&oacute; en el tono de neutralidad que supo infundir posteriormente a toda su obra y que, al excluir cualquier manifestaci&oacute;n de tipo intimista, hace que el trasfondo biogr&aacute;fico de la misma no logre nunca salir del todo a la luz. Al margen del trabajo, el resto del d&iacute;a lo pasaba siguiendo un plan muy estricto: almorzar, leer la prensa, poner al d&iacute;a la correspondencia, dormir unas horas, pasear, cenar con la familia y, a partir de las diez de la noche, escribir hasta que aguantaran sus fuerzas. Esta &laquo;vida de maniobras&raquo;, como &eacute;l mismo la denominaba en sus cartas a Felice Bauer y a Milena Jesensk&aacute;, dos de las mujeres de su vida, lo llevaba a menudo hasta la extenuaci&oacute;n y, a la larga, se demostrar&iacute;a casi como imposible, tal como le manifest&oacute; al doctor Rudolf Steiner con ocasi&oacute;n de una de sus visitas a Praga, donde este hab&iacute;a sido invitado a impartir una serie de conferencias:<br /><br />[&hellip;]: mi felicidad, mis aptitudes y cualquier posibilidad de ser &uacute;til en alg&uacute;n aspecto residen desde siempre en lo literario. [&hellip;] O sea, que no puedo entregarme completamente al trabajo de la literatura, como deber&iacute;a ser, y no puedo hacerlo as&iacute; por razones diversas. Al margen de mis relaciones familiares, yo no podr&iacute;a vivir de la literatura a causa de la larga gestaci&oacute;n de mis trabajos y de su car&aacute;cter ins&oacute;lito; adem&aacute;s, mi salud y mi car&aacute;cter me impiden asimismo entregarme a una vida que, en el mejor de los casos, ser&iacute;a incierta. Por ello soy funcionario de un organismo de seguros sociales. Pero resulta que estas dos profesiones nunca podr&aacute;n tolerarse entre s&iacute; ni dar lugar a una feliz convivencia. La menor suerte en una de ellas viene a convertirse en una gran desgracia en la otra. Si una noche he escrito algo bueno, lo quemo al d&iacute;a siguiente en la oficina y no soy capaz de acabar nada. Este ir y venir es cada vez m&aacute;s desagradable. En la oficina cumplo con mis obligaciones externas, pero no con mis obligaciones internas, y toda obligaci&oacute;n interna no cumplida se convierte en una desdicha que ya no se aparta de m&iacute;.<br /><br />Las consecuencias que este conflicto entre las obligaciones externas e internas le tra&iacute;a consigo se reduc&iacute;an en realidad al continuo sentimiento de culpabilidad que tuvo siempre respecto de su familia y que, para el propio Kafka result&oacute; determinante en el proceso de su enfermedad. La noche del 12 al 13 de abril de 1913 vomit&oacute; sangre por primera vez. La imagen de una herida ensangrentada la utilizar&iacute;a despu&eacute;s en el relato Un m&eacute;dico rural, escrito en unos pocos meses en la casita de la Alchemistengasse, que Ottla le hab&iacute;a alquilado para que pudiera trabajar en soledad. M&aacute;s tarde ver&iacute;a siempre en &eacute;l una especie de premonici&oacute;n, tal como le escribe a Brod: &laquo;Yo mismo lo predije. &iquest;Te acuerdas de la herida en Un m&eacute;dico rural?&raquo;. Apenas un mes despu&eacute;s de ese primer v&oacute;mito los m&eacute;dicos diagnosticaron una tuberculosis, que Kafka siempre interpret&oacute; como la manifestaci&oacute;n f&iacute;sica de una enfermedad ps&iacute;quica, una idea novedosa por aquel entonces que ha llevado a los estudiosos de la psicosom&aacute;tica a mencionar con frecuencia sus manifestaciones al respecto. Al igual que la metamorfosis de Gregor Samsa, desde un principio Kafka consider&oacute; la propia enfermedad como liberaci&oacute;n de todos los conflictos y ataduras que le imped&iacute;an escribir y que se hab&iacute;an vuelto insoportables. A Max Brod le escribe a mediados de septiembre de 1917:<br /><br />Sigo buscando una explicaci&oacute;n a la enfermedad, porque no me la he pillado yo solo. A veces me parece como si el cerebro y el pulm&oacute;n se hubieran puesto de acuerdo sin que yo lo supiera. &laquo;As&iacute; no podemos seguir&raquo;, dijo el cerebro y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s el pulm&oacute;n se declar&oacute; dispuesto a ayudar.<br /><br />Cinco a&ntilde;os dur&oacute; precisamente su lucha interna en lo relativo a la relaci&oacute;n con Felice, a la que hab&iacute;a conocido en 1912, una lucha de la que, sin duda, la enfermedad le ayud&oacute; a salir y que, reelaborada literariamente en El proceso, termin&oacute;, a pesar de sus numerosas dudas (&laquo;con ella no puedo vivir y no puedo vivir sin ella&raquo;), en el fracaso de todos sus intentos de contraer matrimonio, fundar una familia y tener hijos, y que intent&oacute; superar tambi&eacute;n a trav&eacute;s de un buen n&uacute;mero de cartas, esta vez a Grete Bloch, la amiga de Felice que hab&iacute;a tratado de mediar entre ambos para que no rompieran su compromiso, y con la que mantuvo una abundante correspondencia pararela, que ha hecho correr a su vez muchos r&iacute;os de tinta. Aunque conocer a Felice le hab&iacute;a ayudado a salir de una profunda crisis, que le hab&iacute;a robado la capacidad de escribir y cuya feliz conclusi&oacute;n fructific&oacute; en La condena, una clara reescritura de la relaci&oacute;n paternofilial, renunciar a su vida de soltero era para &eacute;l tanto como traicionar a la literatura, en la que ve&iacute;a su &uacute;nico destino, tal como escribe en 1914:<br /><br />La vida de funcionario podr&iacute;a ser buena para m&iacute; si estuviese casado. Me ofrecer&iacute;a un buen respaldo en todos los sentidos, frente a la sociedad, frente a la esposa, frente a la literatura, sin exigir demasiados sacrificios y sin degenerar por otra parte en una vida comodona y carente de independencia; porque, estando casado, no tendr&iacute;a que temer semejante cosa. Pero, como soltero, no puedo llevar a buen fin una vida as&iacute;. [&hellip;] Desde el punto de vista de la literatura, mi destino es muy simple. El sentido de la descripci&oacute;n de mi enso&ntilde;adora vida interior ha desplazado todo lo dem&aacute;s al terreno de lo accesorio y se ha atrofiado de un modo terrible, y no cesa de atrofiarse. Nada m&aacute;s podr&aacute; satisfacerme nunca.<br /><br />Este pasaje de los diarios resulta decisivo para poder comprender la producci&oacute;n literaria de Kafka en su conjunto, pues pone de manifiesto de manera muy clara las dudas que siempre alberg&oacute; tanto respecto de s&iacute; mismo como de todos y cada uno de sus textos literarios. La descripci&oacute;n de su &laquo;enso&ntilde;adora vida interior&raquo; fue siempre un hecho imprevisible, incalculable, que para &eacute;l solo acontec&iacute;a rara vez, pero que, sin embargo, podemos leer en todas y cada una de sus obras. Es evidente que, sin percibirlo, Kafka tuvo muchos momentos afortunados en los que se dio esa asociaci&oacute;n perfecta entre su &laquo;enso&ntilde;adora vida interior&raquo; y su lenguaje, aunque tambi&eacute;n fueron muchas las ocasiones en las que &eacute;l mismo constat&oacute; un fracaso total.</p>
<p>La enfermedad daba se&ntilde;ales de no mejorar en absoluto, sigue vomitando sangre (&laquo;Diez minutos o m&aacute;s dur&oacute; el chorro de la garganta, pensaba que no iba a acabarse nunca&raquo;, escribe a Felice) y en 1917 consigue una baja de medio a&ntilde;o que aprovecha para visitar a Ottla en Z&uuml;rau (hoy Siřem), al noroeste de Bohemia. All&iacute; se siente verdaderamente libre y agradece a la enfermedad el haberle ofrecido un motivo para romper su compromiso con Felice. Son meses alegres, libres de conflictos, los que pasa en el campo paseando, cortando madera, incluso trabajando en el huerto de su hermana, hasta el punto de que jug&oacute; con la idea de dejar la ciudad y trabajar como campesino. Su salud mejora e incluso engorda. Pero con la vida en el campo Kafka experiment&oacute; tambi&eacute;n cierto distanciamiento de la literatura, una fase que, con breves intervalos, durar&iacute;a hasta 1921. Tan solo escribe textos muy breves, aforismos, contemplaciones, la pr&aacute;ctica totalidad de ellos sobre cuestiones fundamentales de filosof&iacute;a y teolog&iacute;a, acontecimientos hist&oacute;ricos, motivos literarios o mitos b&iacute;blicos y de la Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica. Y tambi&eacute;n cartas, como las muchas que desde Merano escribir&iacute;a a partir de 1920 a Milena, la joven rebelde, casada con el tambi&eacute;n literato Ernst Pollak y con un pasado muy similar al suyo, que quer&iacute;a traducir sus textos al checo. Su relaci&oacute;n se sostuvo gracias a la incesante correspondencia (lo mismo que hab&iacute;a sucedido tambi&eacute;n con Felice Bauer y Grete Bloch), pues tras haberse conocido brevemente en un caf&eacute; en Praga, se vieron en muy contadas ocasiones hasta que poco despu&eacute;s, en 1921, Kafka le pidi&oacute; que no le escribiera m&aacute;s. A pesar de la confianza que hab&iacute;an desarrollado a trav&eacute;s de su intercambio epistolar, la situaci&oacute;n vital de ambos no se aven&iacute;a en absoluto a esta relaci&oacute;n. La distancia relativa de la literatura acentu&oacute; su mirada esc&eacute;ptica hacia los textos que hab&iacute;a escrito hasta entonces. Ninguno se libr&oacute; de sus cr&iacute;ticas, con excepci&oacute;n de La condena. Aun con todo, y a pesar de sus constantes inseguridades, Kafka consider&oacute; algunas de sus narraciones como dignas de ser publicadas. Entre ellas se cuentan Primer sufrimiento, Una mujercita, Un artista del hambre y Josefina la cantante; el resto de relatos, incluida la novela fragmentaria El castillo, deb&iacute;a ser destruido junto con todo lo que quedara de sus primeros a&ntilde;os. Kafka le pidi&oacute; a su amigo Max Brod que se encargase de ello en dos notas manuscritas que se encontraron entre sus papeles tras su muerte, una de las cuales le hab&iacute;a mostrado al amigo en el curso de una conversaci&oacute;n. Brod se hab&iacute;a negado tajantemente y, como tras esta negativa Kafka no designara a ning&uacute;n otro albacea, se atribuy&oacute; el derecho a conservar el legado de su amigo, puesto que &eacute;l tampoco lo hab&iacute;a destruido y as&iacute;, tras editar primero una serie de vol&uacute;menes aislados, comenz&oacute; en 1935 la publicaci&oacute;n de sus Obras completas, una edici&oacute;n que acabar&iacute;a siendo prohibida por los nazis y que tuvo como consecuencia el hecho de que Kafka no fuera ampliamente conocido en Alemania hasta despu&eacute;s de la II Guerra Mundial, cuando ya era objeto de culto en ciertos c&iacute;rculos de Francia, Gran Breta&ntilde;a y Am&eacute;rica. En la segunda disposici&oacute;n testamentaria, no obstante, Kafka hab&iacute;a ido incluso m&aacute;s lejos, pues en ella sosten&iacute;a que si las pocas obras que consideraba como acabadas y publicables (La condena, El fogonero, En la colonia penitenciaria, Un m&eacute;dico rural y Un artista del hambre) se perdieran, no pasar&iacute;a absolutamente nada, pues responder&iacute;a a sus propios deseos, una muestra m&aacute;s de rigurosidad que, aunque ambigua, debe entenderse como una evidente insatisfacci&oacute;n con todo lo que sal&iacute;a de su pluma.</p>
<p>Poco a poco, en 1922, vuelve a escribir, y en mayor proporci&oacute;n de lo que lo hab&iacute;a hecho hasta entonces. Sus ganas de retomar el trabajo literario, as&iacute; como de sacar de su interior a trav&eacute;s de &eacute;l un nuevo fracaso, esta vez el de su relaci&oacute;n con Julie Wohryzek, la joven a la que hab&iacute;a conocido en Schelesen, donde se recuperaba como &eacute;l de una enfermedad pulmonar y con la que tambi&eacute;n llega a prometerse, fructifican en una novela: El castillo. La lucha que Josef K. hab&iacute;a mantenido con las autoridades para saber realmente cu&aacute;l era su culpa se convierte aqu&iacute; en la lucha del agrimensor K. con las autoridades del castillo a fin de que reconozcan su identidad. De nuevo una lucha contra el poder, cuyas instancias superiores se mantienen ocultas, y de nuevo una muestra m&aacute;s del sometimiento a las estructuras de poder al que se ve obligado el individuo en el marco de su entorno social. El final tampoco es positivo y, como muchos de sus protagonistas, tambi&eacute;n el agrimensor acaba muriendo, tal como le comentara a Max Brod, &laquo;por falta de fuerzas&raquo;. Todo aquel que pretende seguir su voluntad perece, no hay otra salida. Georg Bendemann, Karl Rossmann, Josef K., Gregor Samsa&hellip; ninguno de ellos se libra de su tr&aacute;gico destino, como tampoco Kafka pudo librarse del suyo. Son individuos comunes igual que &eacute;l, que nunca dicen algo brillante ni son due&ntilde;os de un ingenio destacable. Y tampoco sus actos son desaforados, extraordinarios, heroicos o demenciales. De caracter&iacute;sticas un tanto quijotescas, en realidad resultan ser la m&aacute;s clara evidencia de la confusi&oacute;n entre los l&iacute;mites de la realidad y el ensue&ntilde;o, del conflicto que el individuo vive al intentar en vano descubrir la verdad sobre s&iacute; mismos o sobre el mundo que los rodea a trav&eacute;s de la raz&oacute;n, indign&aacute;ndose especialmente ante la aparente falta de l&oacute;gica de todo aquello a lo que han de hacer frente, vi&eacute;ndose as&iacute; inmersos en una lucha sin fin contra las condiciones adversas que se les oponen y que, en el desesperado intento de recuperar su dignidad, les impiden ver la realidad tal como es. Inconsistentes con la realidad emp&iacute;rica persiguen objetivos que tan solo tienen vida en el interior de las palabras, lo que plantea a su vez una clara reflexi&oacute;n sobre la relaci&oacute;n del individuo con las formas de opresi&oacute;n totalitaria propias del mundo moderno.</p>
<p>La lucha contra el poder encuentra tambi&eacute;n su expresi&oacute;n en la Carta al padre, resultado de la negativa de Hermann Kafka al compromiso de su hijo con Julie y a la denigrante propuesta que este le hace a modo de justificaci&oacute;n:<br /><br />Probablemente se puso alguna blusa bien escogida, como saben hacer las jud&iacute;as de Praga, y entonces, por supuesto, decidiste casarte con ella. Y lo antes posible, en una semana, ma&ntilde;ana, hoy. No te entiendo, eres adulto, est&aacute;s en la ciudad, y no sabes hacer otra cosa que casarte enseguida con una cualquiera. &iquest;Es que no hay otras posibilidades? Si te da miedo, yo mismo ir&eacute; contigo.<br /><br />De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que viera en una frase de Jonathan Swift en su Gulliver en Liliput (&laquo;De entre todas las personas, a los padres es a los que menos hay que confiar la educaci&oacute;n de los hijos&raquo;) la mejor manera de reflejar la idea de que la familia no es en realidad m&aacute;s que un organismo animal regido por un amor irracional, resultado de una ley de la naturaleza, que tiene como &uacute;nico objetivo confirmar y perpetuar la especie. Citando esta frase escribi&oacute; a Elli, preocupado por la educaci&oacute;n de su sobrino, pidi&eacute;ndole que enviara al ni&ntilde;o a un internado y lo liberara de &laquo;la jaula de los adultos&raquo;, la familia, tal vez el mayor de sus fracasos, y que, seguramente por ello, recorre la pr&aacute;ctica totalidad de sus grandes obras. En Am&eacute;rica, la otra gran novela, el tema desempe&ntilde;a un importante papel, en tanto que el joven Karl Rossmann es expulsado por sus propios padres de su patria europea y ha de madurar, aprender a ser adulto, en una cultura ajena. Vista desde esa perspectiva, la obra es, evidentemente, una novela de formaci&oacute;n enormemente moderna en todos los sentidos, pues el &laquo;viaje de formaci&oacute;n&raquo; no es un viaje emprendido aqu&iacute; de forma voluntaria y con ese objetivo, sino que es un viaje impuesto, obligado, y no precisamente un viaje a cualquier parte, sino un viaje hacia aquel pa&iacute;s en el que Kafka ve&iacute;a tambi&eacute;n un proyecto de futuro y modernidad. La elecci&oacute;n de los Estados Unidos como nueva patria en la que empezar una nueva vida no deja, al fin y al cabo, de ser un testimonio de la realidad de aquel momento y un claro reflejo de las noticias que el autor le&iacute;a a diario en la prensa. En ella tiene cabida, adem&aacute;s, otro de los temas privilegiados por el autor, el de la relaci&oacute;n filiopaternal, en tanto que es el padre el que decide la marcha del joven protagonista. El hecho, adem&aacute;s, de que la estatua de la libertad que Kafka dibuja no porte una antorcha, sino una espada, ha dado pie a m&aacute;s de una conjetura sobre este tema.</p>
<p>La cuesti&oacute;n no es, ni mucho menos, irrelevante. En 1913 Kafka hab&iacute;a escrito al editor Kurt Wolff proponi&eacute;ndole la edici&oacute;n de tres de sus relatos en un volumen conjunto que podr&iacute;a llevar por t&iacute;tulo Los hijos. Se trata ni m&aacute;s ni menos que de El fogonero, La metamorfosis y La condena. Los tres son una recreaci&oacute;n literaria del conflicto que Kafka mantuvo con su padre durante toda su vida, y que puede entenderse como una atadura que lo lig&oacute; de por vida a algo que lo privaba de tiempo para su vocaci&oacute;n literaria, extrapolable adem&aacute;s a otras tantas que recorrieron su vida: la atadura a la casa paterna (no solo al padre, sino tambi&eacute;n a la madre y a las hermanas), la atadura al puesto de trabajo (donde depend&iacute;a de sus superiores) o la atadura a las mujeres (con las que nunca fue capaz de llegar a un compromiso real), entre otras tantas. En los tres relatos, adem&aacute;s, el final es pr&aacute;cticamente el mismo, pues los deseos de libertad acaban siendo sometidos por las instancias del poder patriarcal.</p>
<p>Fue tambi&eacute;n ese extra&ntilde;o destino que lo hab&iacute;a perseguido durante toda su vida el que quiso que se acelerara su final. La gripe espa&ntilde;ola, de la que se contagi&oacute; en 1918, no hizo m&aacute;s que agravar su fr&aacute;gil estado de salud. Empez&oacute; entonces un periplo por diversos balnearios, en los que, dado lo avanzado de la enfermedad, no consigui&oacute; ninguna mejor&iacute;a. En el de M&uuml;ritz, en el B&aacute;ltico, conoci&oacute; a Dora Diamant. Con ella decide abandonar Praga y trasladarse a Berl&iacute;n. La ilusi&oacute;n de un cambio de vida le hizo creer en la posibilidad de un futuro, pero muy poco tiempo despu&eacute;s volvi&oacute; a ser ingresado en un sanatorio y, ya muy enfermo, regres&oacute; a Praga, donde fue testigo de un buen n&uacute;mero de manifestaciones antisemitas. Con la laringe atacada ya por la tuberculosis, no puede hablar, y solo el papel y el l&aacute;piz, los instrumentos que tanto amaba, le permitir&aacute;n comunicarse con el mundo exterior, dando claro testimonio de que escribir hasta el final era en realidad su verdadero destino. Aunque ya no redacta ning&uacute;n texto nuevo, corrige con detalle las galeradas de Un artista del hambre, cuya publicaci&oacute;n est&aacute; prevista para agosto. Kafka es consciente de que no llegar&aacute; a ver el texto publicado, por eso esta actividad no deja de resultar llamativa y deja al aire una cuesti&oacute;n dif&iacute;cil de resolver, teniendo en cuenta que su intenci&oacute;n era que, tras su muerte, se destruyeran todos sus escritos y que incluso aquellos que consideraba publicables pod&iacute;an destruirse tambi&eacute;n. &iquest;Acaso preve&iacute;a Kafka ya su posterior fama universal y, en medio de sus indecisiones, jugaba con la posibilidad de llegar a ser tras su muerte el escritor que le habr&iacute;a gustado ser en vida? A sabiendas de que el tiempo apremia y mientras reflexiona sobre su &laquo;vida no vivida&raquo;, piensa sin m&aacute;s en ofrecer un nuevo texto a los lectores, en hacer que la vida siga fluyendo a trav&eacute;s de su pluma, en un intento, tal vez desesperado, de esquivar por el momento, ese momento feliz que proporciona la obra de arte concluida, la llegada de la muerte, un personaje que de principio a fin ha recorrido con &eacute;l su obra y su vida: &laquo;He estado muriendo toda mi vida y ahora voy a morir de verdad [&hellip;]. A veces me parece como si fuera la vida lo que me molestara&raquo;. Una vida a la que, parad&oacute;jicamente, pero como &eacute;l bien sab&iacute;a, fue capaz de sobrevivir en sus textos, a los que, con la ambig&uuml;edad que lo caracteriza, tambi&eacute;n quiso condenar a una temprana muerte, sabiendo, probablemente, que en manos de un amigo que, aunque fiel, era consciente de su verdadero valor literario, esta muerte, al contrario que la de su cuerpo, nunca llegar&iacute;a a tener lugar, sino que se convertir&iacute;a en su bien m&aacute;s preciado gracias al cual su amigo lograr&iacute;a vencerla definitivamente para convertirlo en un breve espacio de tiempo en un escritor de magnitud universal.</p>
<p>En manos del amigo Kafka super&oacute; as&iacute; sus miedos a publicar una obra de arte inacabada, imperfecta, descargando sobre &eacute;l el peso de darle, como dir&iacute;a Walter Benjamie, el &laquo;&iacute;mprimase&raquo; que &eacute;l tanto tem&iacute;a, de manera que la fidelidad con la que Brod sigui&oacute; sus deseos fue precisamente la de descargarlo de la responsabilidad de tener que hacer frente a sus m&aacute;s profundos temores, asumiendo la arriesgada tarea de dar luz a lo que &eacute;l m&aacute;s amaba, lo que verdaderamente era para &eacute;l la felicidad, su escritura, todo un mundo de l&aacute;piz y papel, que, a&uacute;n hoy, en medio de esa dicotom&iacute;a entre temor y placer, tras cien a&ntilde;os de las m&aacute;s diversas lecturas e interpretaciones, nos sigue haciendo vacilar y preguntarnos si sabemos verdaderamente qui&eacute;n era y qu&eacute; quer&iacute;a Franz Kafka.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:13:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Annie Ernaux, una escritora comprometida con su género, con su clase… y con su lengua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/annie-ernaux-una-escritora-comprometida-con-su-genero-con-su-clase-y-con-su-lengua/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/annie500.jpg" alt="" /></p>
<p>Siguiendo los pasos de Le Clezio y Modiano, la escritora Annie Ernaux recibi&oacute; el a&ntilde;o pasado el premio de Literatura m&aacute;s prestigioso del mundo porque, seg&uacute;n el comit&eacute; del Nobel, &ldquo;su obra que examina constantemente, desde distintos &aacute;ngulos, unas vidas marcadas por las disparidades, a saber, de g&eacute;nero, de lengua y de clase social&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;A sus ochenta y dos a&ntilde;os, fue la decimos&eacute;ptima mujer de los ciento catorce Premios Nobel de Literatura que se han concedido desde 1901. El &uacute;ltimo franc&eacute;s en recibir el galard&oacute;n fue Patrick Modiano en 2014, y antes Le Cl&eacute;zio en 2008. De los diez &uacute;ltimos premios, cinco han sido europeos y cuatro han reca&iacute;do en mujeres. La Academia coronaba as&iacute; a una autora que &ldquo;examina constantemente, desde distintos &aacute;ngulos, vidas marcadas por disparidades, a saber: el g&eacute;nero, la lengua y la clase social&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Nacida en 1940 en Lillebonne (Seine-Maritime), Annie Ernaux creci&oacute; en el coraz&oacute;n del Pays de Caux, en Yvetot, donde sus padres regentaban una peque&ntilde;a tienda de ultramarinos-bar. Desde esa Normand&iacute;a semi-rural, desde sus modestos or&iacute;genes, ha escrito m&aacute;s de veinte libros &uacute;nicos, en un estilo caracterizado por una &ldquo;escritura blanca&rdquo;, despojado y seco, algunos de los cuales han cosechado un gran &eacute;xito, ilustrando una vida fuertemente marcada por las huellas del pasado y por sus or&iacute;genes.</p>
<p>&nbsp;Despu&eacute;s de un primer intento fallido de publicaci&oacute;n de su primera obra, <em>Du soleil &agrave; cinq heures</em> (inspirada en el poema de Garc&iacute;a Lorca &ldquo;A las cinco de la tarde&rdquo;, in&eacute;dita a&uacute;n hoy, ya que la escritora ha afirmado que solo permitir&aacute; que vea la luz tras su fallecimiento), puesto que es rechazada por distintos editores, su segundo relato, <em>Los armarios vac&iacute;os </em>(Cabaret Voltaire, 2022), se ve reconocido por fin por la cr&iacute;tica y el p&uacute;blico como una obra de gran originalidad, tras ser publicada por Gallimard en 1974. En efecto, ya en este libro, aunque Ernaux no ha encontrado todav&iacute;a su estilo propio y definitivo, apunta ya lo que ser&aacute;n sus grandes apuestas: una escritura autosociobiogr&aacute;fica (aunque aqu&iacute;, como en su siguiente novela, tengamos que hablar a&uacute;n de autoficci&oacute;n), una legitimaci&oacute;n de sus or&iacute;genes populares desde su condici&oacute;n de tr&aacute;nsfuga de clase (muy influenciada por Bourdieu en este sentido), de su condici&oacute;n de mujer, y de una lengua popular que pone en escena con una densidad arg&oacute;tica y una &lsquo;vulgaridad&rsquo; que le son propias, sin tapujos y sin complejos.</p>
<p>Mientras ense&ntilde;aba literatura francesa en un insituto, public&oacute; <em>Ce qu'ils disent ou rien </em>(1977), que tuvo buena acogida tambi&eacute;n, pero dentro de una relativa discreci&oacute;n. En 1981, ya en Cergy (una &ldquo;ciudad nueva&rdquo; del Val-d&rsquo;Oise, cerca de Par&iacute;s), Ernaux publica su tercer libro, <em>La mujer helada</em> (Cabaret Voltaire, 2015), acerc&aacute;ndose cada vez m&aacute;s a ese g&eacute;nero socioautobiogr&aacute;fico, al que se mantendr&aacute; fiel en el resto de su producci&oacute;n, aunque cada libro revista una forma distinta, la que exige la tem&aacute;tica abordada. <em>La mujer helada</em> relata desde un &ldquo;yo transpersonal&rdquo; la condici&oacute;n &ldquo;normal&rdquo; de una mujer casada y madre de familia de los a&ntilde;os sesenta en Francia. La toma de conciencia de sus decepciones y sus frustraciones, que hacen que se convierta en una mujer &ldquo;helada&rdquo;, la llevan a narrar una situaci&oacute;n personal de manera descarnada, objetiva, sin grandes declaraciones feministas ni reivindicativas. Annie Ernaux inaugura as&iacute; un discurso postfeminista que hoy ha cobrado mucho protagonismo, y que parte m&aacute;s de una constataci&oacute;n l&uacute;cida la situaci&oacute;n real de la mujer que de sus aspiraciones m&aacute;s o menos idealizadas.</p>
<p>El &eacute;xito le lleg&oacute; en 1984 con <em>El lugar</em>, que obtuvo el Prix Renaudot. Se trata de un relato &iacute;ntimo de su infancia y juventud en Normand&iacute;a. Aqu&iacute; Ernaux consolida ese g&eacute;nero socioautobiogr&aacute;fico concebido ya como una especie de puzle constituido por relatos breves y personales de t&iacute;tulos cortos y sencillos que narran distintos episodios de su vida. Se convierte as&iacute; en etn&oacute;loga de s&iacute; misma, manteniendo esa distancia objetiva con respecto a lo narrado tan caracter&iacute;stica de su escritura que se ha tildado de &lsquo;fr&iacute;a&rsquo; pero que en realidad es un mecanismo que fomenta la empat&iacute;a con el lector. Ernaux considera imprescindible, en efecto, ese distanciamiento precisamente para acercarse m&aacute;s a las sensaciones de la Annie del pasado que ella pone en escena. Para ello, se &lsquo;ayuda&rsquo; de su diario &iacute;ntimo, que lleva escribiendo ininterrumpidamente desde los diecisiete a&ntilde;os.</p>
<p>La existencia de esos &ldquo;cuadernos&rdquo; explica, por ejemplo, la doble publicaci&oacute;n de <em>Passion simple</em> y m&aacute;s adelante <em>Se perdre</em> (<em>Perderse</em>, Cabaret Voltaire, 2021). En efecto, en el primero, Ernaux revela su breve y apasionada relaci&oacute;n amorosa con un hombre casado, un diplom&aacute;tico ruso afincado en Par&iacute;s. Pues bien, aunque el &eacute;xito de p&uacute;blico fue total (si bien la cr&iacute;tica se mostr&oacute; dividida como a menudo al abordar las obras de Annie Ernaux a la que no perdonan que como tr&aacute;nsfuga de clase no se haya pasado al bando de la &lsquo;intelligentsia&rsquo; francesa y reivindique &ldquo;a su raza&rdquo;) Annie Ernaux volvi&oacute; sobre el tema, publicando <em>Perderse</em>, un libro compuesto de extractos, sin modificar, de su diario &ldquo;crudo y negro&rdquo; de la &eacute;poca, para que el lectorado no se perdiera nada de lo que hab&iacute;a sido su estado de &aacute;nimo en esa &eacute;poca, algo que cre&iacute;a la autora, pod&iacute;a haberse visto desfigurado simplemente al pasar el diario a una narraci&oacute;n m&aacute;s estructurada.</p>
<p>Todo ello conforma un eterno retorno a uno mismo, a una misma, enriquecido por una contextualizaci&oacute;n sociohist&oacute;rica que dan envergadura a sus obras, haciendo de ellas casi aut&eacute;nticos documentos de &eacute;poca. En este sentido, su obra m&aacute;s &lsquo;lograda&rsquo;, es sin duda <em>Los a&ntilde;os </em>(Cabaret Voltaire, 2019, a&ntilde;o en que recibi&oacute; el Premio Formentor), aut&eacute;ntica cr&oacute;nica de la &ldquo;peque&ntilde;a historia&rdquo; como dicen en el pa&iacute;s vecino, del siglo XX, y que la autora ha definido como &ldquo;una especie de autobiograf&iacute;a impersonal&rdquo;.</p>
<p>Cergy ser&aacute; escenario y tel&oacute;n de fondo de algunas de sus obras (<em>Journal du dehors</em>, <em>La Vie ext&eacute;rieure</em> y <em>Mira las luces amor m&iacute;o</em>, este en Cabaret Voltaire, 2021), lo que le permitir&aacute; hacer una cr&oacute;nica de los suburbios e introducir tem&aacute;ticas hasta entonces in&eacute;ditas en la literatura, y propias de su origen de clase y de su condici&oacute;n de mujer, como los viajes en ese tren que une Par&iacute;s con las afueras, el RER, o los centros comerciales. Otra de las caracter&iacute;sticas de su escritura socioautobiogr&aacute;fica, y que hace que sea tal, es que cada episodio que cuenta de su vida lo tienen, lo tenemos en com&uacute;n, miles, millones de personas, de mujeres: el aborto clandestino (Cabaret Voltaire,<em> Los armarios vac&iacute;os</em>, 2022; <em>El acontecimiento</em>), la crisis de la adolescencia (<em>Ce qu&rsquo;ils disent ou rien</em>), la violaci&oacute;n (Cabaret Voltaire,<em> Memoria de chica</em>, 2016), el c&aacute;ncer de pecho (Cabaret Voltaire,<em> El uso de la foto</em>, 2018), la pasi&oacute;n amorosa por un hombre casado (Cabaret Voltaire,<em> Perderse</em>, 2021), la aventura sentimental con un hombre joven (Cabaret Voltaire,<em> El hombre joven</em>, 2023), la vida y la muerte del padre (<em>El lugar</em>), la enfermedad de la madre y su paso por una residencia de ancianos (Cabaret Voltaire,<em> No he salido de mi noche</em>, 2021, Cabaret Voltaire,<em> Una mujer</em>, 2020), el descubrimiento de una hermana muerta antes de que ella naciera (Cabaret Voltaire,<em> La otra hija</em>, 2023) &hellip; son temas fundamentados en el trauma y que nos resultan familiares, tanto que tenemos la impresi&oacute;n de que alguien, por fin, ha puesto palabras a nuestras impresiones, sensaciones y sentimientos m&aacute;s hondos.</p>
<p>Se le ha criticado haber recuperado el verso de Rimbaud &ldquo;Soy de raza inferior por toda la eternidad&rdquo; (&ldquo;Mala sangre&rdquo;) para explicar el motor de su escritura mediante esa frase que escribi&oacute; en su diario cuando, de muy joven, decidi&oacute; ser escritora: &ldquo;Escribo para vengar a mi raza&rdquo;, y que repiti&oacute; en su discurso de recepci&oacute;n del preciado galard&oacute;n. Sin embargo, lejos de las connotaciones que el concepto &lsquo;raza&rsquo; puede evocar hoy, Ernaux, entonces (es importante la contextualizaci&oacute;n espaciotemporal, algo clave para descifrar correctamente el mensaje ernaldiano) la escritora reenviaba a esa &ldquo;raza&rdquo; de &lsquo;seres inferiores&rsquo; condenados al silencio, a la no existencia y a quienes ella quiere dar voz y entidad, pese a quien pese.</p>
<p>Ernaux dijo en una ocasi&oacute;n: &ldquo;Escribo mis historias de amor y vivo mis libros&rdquo;, con esta variaci&oacute;n: &ldquo;A veces tengo la impresi&oacute;n de vivir en dos planos a la vez, el de la vida y el de la escritura&rdquo;. Deber&iacute;amos decir que, como lectoras y lectores, vivimos sus libros y tenemos la sensaci&oacute;n de vivir en dos planos a la vez, el de la vida y el de la lectura, el de la literatura, gracias a ella.</p>
<p>Su estilo, su lengua, necesitan, pues, de un an&aacute;lisis particular, m&aacute;s all&aacute; de esta presentaci&oacute;n general. En 1983, en un c&eacute;lebre pasaje de <em>El lugar</em>, Ernaux afirmaba realizar una &ldquo;escritura plana&rdquo;, rechazando toda escritura literaria que traicionara a la clase &ldquo;dominada&rdquo; a la que pertenec&iacute;a su padre. Para dar cuenta de una vida sometida a la necesidad, dec&iacute;a, no pod&iacute;a hacer uso del arte, ni intentar hacer algo &lsquo;conmovedor&rsquo;. As&iacute; pues, la escritura plana era la &uacute;nica que le resultaba natural, la misma que entender&iacute;an sus padres y nos les sonar&iacute;a a falso a ellos, esa misma que usar&iacute;a para escribir a sus padres para contarles las noticias esenciales.</p>
<p>El contexto literario y cr&iacute;tico de finales del siglo XX y principios del XXI ha llevado a asociar esta escritura plana con la noci&oacute;n de &ldquo;escritura blanca&rdquo; propuesta por Roland Barthes a prop&oacute;sito del <em>Extranjero </em>de Camus, obra de la que se reclama la hero&iacute;na de <em>Ce qu&rsquo;ils disent ou rien</em>. Barthes define esa escritura un esfuerzo por liberarse del lenguaje literario, una escritura inocente que eliminar&iacute;a todo recurso al ornamento considerado literario. No por ello dicha escritura es de un estilo &lsquo;descuidado&rsquo;, al contrario, puesto que la propia Ernaux subraya la importancia de la elaboraci&oacute;n de un texto que procede de la clase trabajadora y de las mujeres toda vez que para su elaboraci&oacute;n hace uso de las herramientas de la cultura dominante. No obstante, cabe precisar que Ernaux no intenta situarse contra la lengua elitista de la producci&oacute;n literaria francesa, que ignora, sino, sobre todo, fuera de ella, aparte, en otra dimensi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, cultural. De suerte que hemos de considerar este discurso de Ernaux, hecho de normandismos, de un l&eacute;xico infantil, popular, de un entorno social de ama de casa, de obrero, popular y tangencial, en suma, como una posici&oacute;n pol&iacute;tica, como un compromiso ideol&oacute;gico. Por ello, no puede extra&ntilde;arnos que Ernaux aparezca en la escena social y pol&iacute;tica tomando partido como en otro tiempo lo hicieran Beauvoir o Sartre.</p>
<p>As&iacute; pues, Annie Ernaux insiste en la importancia de no escribir de manera demasiado densa, demasiado rica o demasiado l&iacute;rica. El objetivo es doble. Por una parte, quiere acercarse lo m&aacute;s posible a la realidad y retratarla con veracidad; por otra, est&aacute; decidida a rechazar toda escritura demasiado literaria que traicione a su clase.</p>
<p>La posici&oacute;n de Annie Ernaux es eminentemente pol&iacute;tica y debe leerse desde una perspectiva sociol&oacute;gica. Utiliza la escritura como instrumento de diferenciaci&oacute;n social y de lucha para invertir la relaci&oacute;n de fuerzas entre dominantes y dominados. Se sit&uacute;a deliberadamente al lado y por debajo de la literatura tradicional para dar voz a los silenciados y ofrecer otra forma de entender el lenguaje.</p>
<p>De este modo, Annie Ernaux adopta una &ldquo;postura de escritura&rdquo;, seg&uacute;n sus propias palabras. Produce un discurso enraizado en reivindicaciones sociopol&iacute;ticas. Sus libros constituyen un verdadero escenario literario y pol&iacute;tico de enunciaci&oacute;n, un ejercicio de estilo destinado a pasar a la acci&oacute;n en lugar de permanecer confinado a una dimensi&oacute;n puramente est&eacute;tica.</p>
<p>Con todo, esa postura, lejos de ser novedosa, aunque s&iacute; subversiva, es cl&aacute;sica. El estilo deliberadamente sencillo de Annie Ernaux, alej&aacute;ndose del <em>miles dominans</em>, no hace sino adaptarse a la forma de hablar adecuada al estilo medio (<em>agricola</em>) o al sencillo (p<em>astor octiosus</em>, algo que ya hiciera Du Bellay en el Renacimiento.</p>
<p>Pero la lengua ernaldiana no se ci&ntilde;e a un estilo, por iconoclasta que sea, sino que se fundamenta, tambi&eacute;n, de manera ret&oacute;ricamente equilibrada, en una tem&aacute;tica abordada que se aleja de los temas heteropatriarcales de la literatura tradicional, masculina y clasista. Ya nos hemos referido a la tem&aacute;tica popular, al lugar excepcional que ocupan temas supuestamente triviales como los medios de transporte o los espacios comerciales. Pero tambi&eacute;n est&aacute;n, y, sobre todo, priorizados, esos temas considerados vulgares y que sin embargo son esenciales en el universo reivindicado por Ernaux: la sociabilidad popular en torno a una mesa rige las escenas de <em>Los armarios vac&iacute;os</em> y tambi&eacute;n de <em>Los a&ntilde;os</em>, y el sexo, desde su descubrimiento en la infancia y la adolescencia, hasta su prioridad en la edad adulta, marca pr&aacute;cticamente todas las obras publicadas por Ernaux entre ambos libros.</p>
<p>Y, soldando esas relaciones entre familiares, amigos y amantes, est&aacute; esa cultura popular que florece con el mismo orgullo y a la misma altura que todas las referencias literarias cultas que tambi&eacute;n sabe hacer suyas la autora: los anuncios de la radio y de la tele, las novelas por entregas, las canciones populares, las pel&iacute;culas destinadas al gran p&uacute;blico, salpican y colorean un relato que, gracias a ello, se convierte en familiar para un lector, una lectora, que, gracias a ello, recuerda, empatiza, asume, se asume.</p>
<p>Y en esta constelaci&oacute;n de diversidad cultural popular, la imagen, l&oacute;gicamente, adquiere una importancia especial. Si la foto juega un papel semejante al del diario personal en Ernaux, llev&aacute;ndola a recordar sensaciones y sentimientos de a&ntilde;os pasados, esas im&aacute;genes sirven igualmente para que el lector o la lectora se retrotraiga a esos a&ntilde;os de su infancia, de la de sus padres o de sus abuelos donde esas caras, esos cuerpos se transforman en reminiscencias de los cinco sentidos s&uacute;bitamente despertados.</p>
<p>En suma, Annie Ernaux, autora original, &uacute;nica, escribe en un estilo infraliterario que es a la vez sociol&oacute;gico, pol&iacute;tico e hist&oacute;rico. Su escritura est&aacute; determinada por figuras microestructurales que luego influyen en el modo de enunciaci&oacute;n total de la narraci&oacute;n. Por consiguiente, los elementos ret&oacute;ricos deben estar siempre vinculados a un contexto metatextual m&aacute;s amplio.</p>
<p>No obstante, como su estilo ha ido depur&aacute;ndose al cabo de los a&ntilde;os, tambi&eacute;n lo ha hecho su lengua. De un registro fundamentalmente popular trufado de idiotismos propios de ese nivel de lenguaje, con una puntuaci&oacute;n escasa, al l&iacute;mite de la simulaci&oacute;n de una oralidad usual rayana en la trivialidad, el estilo ernaldiano ha pasado a una concisi&oacute;n m&aacute;s sobria, de frases m&aacute;s breves, a menudo contenidas en enumeraciones, para evitar toda jerarqu&iacute;a tem&aacute;tica pero tambi&eacute;n ling&uuml;&iacute;stica, de donde se eliminan las may&uacute;sculas, en un acto escritural casi simb&oacute;lico. As&iacute;, ha ido pasando de un sociolecto a una lengua suya, propia, estilizada, con un origen popular, ciertamente, pero que ha evolucionado hasta un lenguaje autorial caracter&iacute;stico de ella, con un refinamiento que ha acabado superando el burdo y trasnochado refinamiento de la literatura m&aacute;s tradicional y convencional.</p>
<p>Y todo ello contemplado por la autora como un riesgo vital, un desaf&iacute;o, porque, para Annie Ernaux, la escritura solo puede ser utilizada como un cuchillo (<em>La escritura como un cuchillo</em>, con Fr&eacute;d&eacute;ric-Yves Jeannet, Cabaret Voltaire, 2023).</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:13:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rendirá un homenaje internacional a Franz Kafka]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rendira-un-homenaje-internacional-a-franz-kafka/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_149-150_PORTADA_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con esta iniciativa, TURIA quiere contribuir al fomento de la lectura de la obra de Kafka en un a&ntilde;o muy especial. Porque, en este 2024, se cumple el centenario de la muerte de uno de los m&aacute;s grandes e indiscutibles nombres propios de la literatura universal. Por eso TURIA le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico internacional que re&uacute;ne a los mejores escritores y expertos en su obra. Un total de 15 autores espa&ntilde;oles, alemanes, austr&iacute;acos y checos, publican 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que van a permitir conocer m&aacute;s y mejor la genialidad creativa de Franz Kafka.&nbsp;</p>
<p>El sumario que ofrecer&aacute; TURIA resulta muy atractivo tanto para los buenos lectores como para aquellos que quieran descubrir hoy las claves de la obra de Kafka, su vigencia e inter&eacute;s. Coordinado por la profesora Isabel Hern&aacute;ndez, catedr&aacute;tica de Filolog&iacute;a Alemana y Eslava de la Universidad Complutense, entre los autores que participan sobresale la presencia de la escritora austr&iacute;aca Elfriede Jelinek, Premio Nobel de Literatura en 2004. Algo l&oacute;gico por cuanto, para ella, &ldquo;Kafka es un autor de emoci&oacute;n extrema&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De igual relevancia es la presencia en el sumario de TURIA del escritor y editor alem&aacute;n Reiner Stach, el mayor experto mundial en Kafka, al que dedic&oacute; como editor unos cuantos a&ntilde;os de su vida para publicar la versi&oacute;n definitiva de sus obras completas en Alemania. Con posterioridad, Stach consagrar&iacute;a toda una d&eacute;cada a la escritura de las tres entregas de una extraordinaria y rigurosa biograf&iacute;a. Buena prueba de su excepcional conocimiento del universo kafkiano es el original art&iacute;culo que publica en TURIA sobre &ldquo;Los animales parlantes de Kafka&rdquo;.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>KAFKA, UN AUTOR M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LAS MODAS</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Franz&nbsp; Kafka (1883-1924) tuvo una vida breve pero intensa. Es, adem&aacute;s, un claro ejemplo de mestizaje cultural: aunque nacido en Praga, se le puede considerar como un autor jud&iacute;o bohemio de lengua alemana que muri&oacute; en le sanatorio austr&iacute;aco de Kierling, v&iacute;ctima de la tuberculosis y cuando s&oacute;lo ten&iacute;a 41 a&ntilde;os.</p>
<p>En el homenaje y reivindicaci&oacute;n que TURIA realiza de la figura y la obra de Franz Kafka se publican textos in&eacute;ditos de gran valor tanto por lo que se dice en ellos como por la relevante personalidad de sus autores y su contrastada vinculaci&oacute;n al estudio interpretativo de la obra de un creador que nunca permite la indiferencia.</p>
<p>En el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico, y bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n era Franz Kafka?&rdquo;, Isabel Hern&aacute;ndez, se nos dice: &ldquo;el mundo literario de Franz Kafka ha adquirido a d&iacute;a de hoy tal magnitud que el nombre de su autor se ha desligado de la persona y se ha independizado de los escritos hasta el punto de conseguir preformar nuestras interpretaciones de la realidad y nuestros modelos de percepci&oacute;n abusando de &eacute;l hasta convertirlo en un adjetivo, "kafkiano", que el diccionario de la Real Academia define como calificador de una situaci&oacute;n absurda o angustiosa. El autor y su mundo han saltado, pues, las barreras de lo literario para entrar en nuestra vida cotidiana en el marco del absurdo y la angustia, algo verdadera y asombrosamente calificable como aut&eacute;nticamente kafkiano, pues su vida cotidiana fue, sin m&aacute;s, el eje en torno al que gir&oacute; en verdad toda su escritura&rdquo;.</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s notables es la que realiza Luis Landero, uno de los m&aacute;s confesos admiradores de Kafka entre los escritores espa&ntilde;oles. En TURIA, Landero reconoce su devoci&oacute;n por el autor de libros como <em>El proceso</em> o <em>El castillo</em>, por el creador de personajes tan singulares como Gregorio Samsa, m&iacute;tico protagonista de <em>La metamorfosis</em>: &ldquo;Yo solo soy un lector curioso, y bien s&eacute; que lo que digo no es nuevo, y este es otro motivo de estupor. No hay autor del siglo XX m&aacute;s estudiado y comentado que Kafka. Dir&iacute;ase que todo est&aacute; ya dicho sobre &eacute;l. Y, sin embargo, ah&iacute; sigue, tan misterioso, tan inaccesible y seductor e intacto como siempre. Como el mensajero imperial, que nunca llegar&aacute; a su destino, tampoco nosotros, sus lectores, los curiosos y los ex&eacute;getas, lograremos desvelar nunca el enigma insondable de las historias que nos cuenta. Es m&aacute;s, a veces da la impresi&oacute;n de que cualquier acercamiento cr&iacute;tico o filos&oacute;fico a su obra, aun siendo un homenaje, la empobrece y profana. Dentro de muchos siglos, cuando del XX apenas quede nada en la memoria colectiva, y especulando acerca de qui&eacute;nes representar&aacute;n para entonces la esencia cultural de nuestra &eacute;poca, uno piensa en Einstein, en Picasso, en Chaplin&hellip;, y en cuanto a la literatura, no tengo dudas de que ser&aacute; Kafka quien hablar&aacute; por nosotros y dar&aacute; testimonio de nuestro paso por el mundo&rdquo;.</p>
<p>Entre las aportaciones internacionales sobre Kafka, tambi&eacute;n publica TURIA un art&iacute;culo de Felix Philipp Ingold, uno de los grandes autores, periodistas culturales, traductores y profesores suizos de lengua alemana. Otro reputado experto&nbsp; en Kafka es el &nbsp;germanista Michael Braun, director del departamento de literatura de la Fundaci&oacute;n Konrad Adenauer. La literatura checa tiene en el monogr&aacute;fico de la revista una representaci&oacute;n muy representativa: la de Mark&eacute;ta Malisov&aacute;, directora del Centro Franz Kafka de Praga. Por otra parte, la n&oacute;mina de autores austr&iacute;acos la completa Leopold Federmair, que desde 2002 reside en Jap&oacute;n, impartiendo clases en la Universidad de Hirosima y realizando una gran labor como escritor, traductor y cr&iacute;tico literario.</p>
<p>Respecto a la presencia espa&ntilde;ola en este sugerente asedio creativo y cr&iacute;tico a Franz Kafka se&ntilde;alar, adem&aacute;s de los ya citados, tambien la presencia de escritores como Gonzalo Hidalgo Bayal, Berta V&iacute;as Mahou y Diego Moldes; de cr&iacute;ticos como Ignacio Echevarr&iacute;a, de traductores como Adan Kovacsis y de profesores universitarios como: Carlos Fortea, Marisa Siguan, Carmen G&oacute;mez Garc&iacute;a, &Aacute;lvaro de la Rica, Elisa Mart&iacute;nez Salazar y Javier S&aacute;nchez Zapatero.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA REVISTA CULTURAL &ldquo;TURIA&rdquo;: M&Aacute;S DE 40 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p><strong></strong>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 45.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, el pasado a&ntilde;o, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.</p>
<p>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con 13.600 seguidores.</p>
<p>El perfil de sus lectores nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico Kafka ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Foro Cultural de Austria, de la fundaci&oacute;n alemana S. Fischer y de la Universidad Complutense de Madrid.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARTA SANZ, UNA PRESENCIA CONSTANTE EN TURIA</strong></p>
<p><strong></strong>Marta Sanz, una de las autoras espa&ntilde;olas actuales m&aacute;s apreciadas por los lectores y la cr&iacute;tica, se encuentra muy vinculada a la trayectoria de la revista. De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que sea la encargada de dar a conocer, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 16 de abril, el monogr&aacute;fico Kafka de TURIA en el sal&oacute;n de actos de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a.</p>
<p>Se da la circunstancia de que Marta Sanz, no s&oacute;lo ha colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que varios de sus libros han sido objeto de un cuidadoso an&aacute;lisis cr&iacute;tico. Singular inter&eacute;s para conocer mejor su personalidad y su obra literaria y ensay&iacute;stica es la amplia conversaci&oacute;n exclusiva que se public&oacute; en&nbsp; el n&uacute;mero 133-134 de TURIA, en 2020.</p>
<p>Gracias a dicha entrevista a fondo, conocemos m&aacute;s y mejor a una mujer en la que la fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus ideas. Porque Sanz ha ido levantando una obra en la que la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo nos muestran su capacidad para contar lo que quiere contar. Y es que su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p>Marta Sanz reconoc&iacute;a en dicha entrevista que para ella la escritura es una necesidad: &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas&rdquo;. Inquieta, perfeccionista y meticulosa, la autora de <em>Monstruas y centauras</em>, nos confesar&aacute;: &ldquo;siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por el origen de esa energ&iacute;a, de ese tes&oacute;n, Sanz confiesa que &ldquo;siempre fui una ni&ntilde;a bastante precoz y esto ten&iacute;a que ver con mis padres. Ambos eran dos personas involucradas en todo lo que tiene que ver con la cultura y con la pol&iacute;tica&rdquo;. En el origen de su labor como escritora fue muy importante el paso por la Escuela de Letras de Madrid, cuando acababa de finalizar la carrera de Filolog&iacute;a: &ldquo;all&iacute; empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos&rdquo;. No en vano, para ella, &ldquo;la literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;.</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s relevantes de Marta Sanz a TURIA tiene que ver con ese gran narrador de nuestra &eacute;poca que fue Rafael Chirbes, el gran escritor. En el inolvidable y hoy agotado monograf&iacute;co que le dedic&oacute; la revista, Marta Sanz nos dir&aacute; a la hora de analizar su m&iacute;tico libro &ldquo;En la orilla&rdquo;. &ldquo;Como los insecticidas. Rafael Chirbes es uno de esos escritores que conserva interiorizadas en su ADN ling&uuml;&iacute;stico las solidaridades l&eacute;xicas y sus limitaciones: uno que sabe que al sustantivo &ldquo;polic&iacute;a&rdquo; le corresponde el adjetivo &ldquo;eficiente&rdquo; y no el adjetivo &ldquo;eficaz&rdquo;. Al fin y al cabo, Chirbes es de los que creen que la literatura es un oficio y, si hablamos de &ldquo;polic&iacute;as eficaces&rdquo;, o no sabemos lo que nos traemos entre manos o estamos buscando otro sentido a las combinaciones de palabras: un sentido que parta de la idea de que, en literatura, no existen dos formas distintas de decir lo mismo y cada una de esas formas es una forma que encierra una visi&oacute;n del mundo. La expresi&oacute;n &ldquo;una forma ideol&oacute;gica&rdquo; no es un ox&iacute;moron&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE LUIS LANDERO: &ldquo;DOS NOTAS SOBRE KAFKA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>&ldquo;(&hellip;) En Kafka, continuamente nos encontramos con la ruptura entre causa y efecto, que es el sustento&nbsp; del&nbsp; absurdo.&nbsp; (&hellip;)&nbsp; El&nbsp; estado&nbsp; de&nbsp; extra&ntilde;amiento,&nbsp; que tan dif&iacute;cil es de alcanzar para tantos artistas, en &eacute;l es lo sencillo y lo natural.</p>
<p>Extra&ntilde;amiento que tambi&eacute;n alcanza a la escritura, porque sus historias ins&oacute;litas, al borde siempre de lo irreal, pero a la vez inquietantemente familiares, est&aacute;n contadas en una prosa clara, impecable, cl&aacute;sica, l&oacute;gica, impasible, y tan puntillosa, sutil y matizada como lo es el lenguaje jur&iacute;dico, que &eacute;l conoc&iacute;a muy bien, donde todas las circunstancias, desde las m&aacute;s excepcionales hasta las m&aacute;s obvias, han de quedar registradas y esclarecidas en todas sus minucias, o como el lenguaje rab&iacute;nico, que no puede permitirse la menor imprecisi&oacute;n, para preservar la pureza y el sentido exacto del texto sagrado que glosan e interpretan. Y ese rigor l&oacute;gico de la forma, tan ilusoriamente exacto, est&aacute; al servicio de un fondo esencialmente absurdo, como si tambi&eacute;n entre ellos hubiera quedado abolida la ley de la causalidad. La cara de p&oacute;ker de Buster Keaton (puesta tambi&eacute;n al servicio de un contenido c&oacute;mico) expresa bien el estilo de Kafka. Esa discordia entre fondo y forma, que nadie que yo sepa ha utilizado de un modo tan radical antes de Kafka, es el humor m&aacute;s caracter&iacute;stico del siglo XX. Lo encontramos en las vanguardias de los a&ntilde;os 20, en Charlot, en el teatro del absurdo, o en detalles tan nimios y significativos como en las instrucciones de Cort&aacute;zar para subir una escalera, o de Tip y Coll para llenar un vaso de agua. Cuando el fondo va por un lado y la forma por otra, nos sale la risa agria e infantil propia de nuestra &eacute;poca. Es el humor de un tiempo en que, desvanecidas las creencias religiosas y la ilusi&oacute;n de un mundo coherente y seguro, perdida tambi&eacute;n la fe en las palabras, y de que todo efecto tiene su causa, y de que cada cosa est&aacute; en su sitio, queda al desnudo el formidable y angustioso absurdo de la existencia humana, y de su indefensi&oacute;n y orfandad.</p>
<p>&ldquo;(..) Quiz&aacute; el car&aacute;cter fant&aacute;stico, desrealizado, con que Kafka nos presenta su mundo, haya atenuado, y casi invisibilizado, la presencia continua, atormentada y escabrosa del sexo, que, de haber sido presentado de un modo realista y directo, lo hubiera convertido en uno de los autores m&aacute;s refinadamente licenciosos de nuestro tiempo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Mar 2024 11:13:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La coherencia del discurso poético de Juan Carlos Abril]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-coherencia-del-discurso-poetico-de-juan-carlos-abril/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUAN_CARLOS_ABRIL_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha sido un acierto de Juan Carlos Abril (1974) y de la editorial Pre-Textos, la publicaci&oacute;n de esta <em>Poes&iacute;a reunida (1997-2023)</em>, pues algunos libros del jienense eran inencontrables en la pr&aacute;ctica. Una cuesti&oacute;n que limitaba mucho el acercamiento al poeta y cr&iacute;tico, profesor e investigador en la &uacute;ltima poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea en sentido estricto. En efecto, su presencia constante desde esa faceta de estudioso de la poes&iacute;a hac&iacute;a olvidar las suyas, reflexivas o pensativas, atadas a un discurso obsesivo, conc&eacute;ntrico a&uacute;n en sus giros y evoluci&oacute;n, cambios de registro, y donde rememoraci&oacute;n, autognosis atormentada y soledad son elementos recurrentes, aunque no solo, ni mucho menos. Juan Carlos Abril, poeta reconocido, con mucha presencia en referencias, antolog&iacute;as y encuentros en Espa&ntilde;a e Hispanoam&eacute;rica, ten&iacute;a una presencia desigual, que se difuminaba en el sentido de que el estudioso venc&iacute;a al poeta por la ausencia f&iacute;sica de sus libros de poemas y que, en definitiva, nos hac&iacute;a llegar descompensada su aventura intelectual y art&iacute;stica. Para confirmar cuanto digo, y mientras escribo estas l&iacute;neas y leo sus versos, acaba de salir otro apetecible ensayo <em>La tercera v&iacute;a</em>. <em>La poes&iacute;a espa&ntilde;ola entre la tradici&oacute;n y la vanguardia </em>(2024), donde replantea las miradas de enfoque sobre la poes&iacute;a actual espa&ntilde;ola.</p>
<p>Son casi treinta a&ntilde;os de poes&iacute;a publicada los que hallamos aqu&iacute; reunida y, tal vez, revisada. No lo s&eacute;. Solo cuatro libros se proponen y se visten de largo, lo cual nos da idea de la rigurosidad a la que somete sus versos y al alejamiento de estar por estar en el mercado. Los dos primeros, ya digo, inencontrables, <em>Un intruso nos somete</em> (1997) y <em>El laberinto azul</em> (2001), sirven de pre&aacute;mbulo a otros m&aacute;s (re)conocidos y tambi&eacute;n en mi predilecci&oacute;n, <em>Crisis </em>(2007) y <em>En busca de una pausa</em> (2018), aunque la relaci&oacute;n con el mundo rural del primero y su agonismo fuera de t&oacute;picos e idealizaciones me seduce en muchas ocasiones en su autenticidad y saber decir(se). Esta confluencia de todos ellos en un libro ayuda a comprender la coherencia del discurso de Abril y a entender, ahora mucho mejor desde el panorama de las obras reunidas, su evoluci&oacute;n desde el poema discursivo y reflexivo hacia formas m&aacute;s breves (me refiero a los poemas de <em>Crisis</em>), al hilo de esta tendencia hoy muy presente del aforema, del poema aforismo, que en Juan Carlos Abril es, con todo, diferente, m&aacute;s amplia.&nbsp;</p>
<p>Hablar de su po&eacute;tica en verso libre es hacerlo de soledad, reconvenci&oacute;n, junto a la memoria o el amor conformadoras de una &laquo;escritura autobiogr&aacute;fica&raquo; (2024: 229) en forma de diario l&iacute;rico, autorremitente. Como tal no es un diario en sentido estricto, sino una manera de entender el yo en sus circunstancias a lo largo del tiempo, y en otra tradici&oacute;n del pionero diario en verso,<em> Iter Brundisinum </em>de Horacio, con permiso de Lucilio.&nbsp; <em>Un intruso nos somete</em> (1997) ya mostr&oacute; ese camino discursivo, todav&iacute;a no plenamente asentado en las analog&iacute;as y tropos que luego adquirieron honda sugerencia, para ense&ntilde;ar su relaci&oacute;n con el mundo rural de origen, desde una mirada ajena a la ecopoes&iacute;a, si es que existe. Las disquisiciones e inquisiciones, reflexiones, el gozo dialogan con un pasado de infancia y f&aacute;bula, de progreso dif&iacute;cil pues &laquo;tu conquista es dolor y bien lo sabes&raquo; (2024: 32), pero donde va dejando aparecer una confesi&oacute;n constante &laquo;Tambi&eacute;n yo estoy solo y sin nadie&raquo; (2024: 30). Su poes&iacute;a llena de recovecos pensativos, desemboc&oacute; en <em>El laberinto azul </em>(2001) donde con planteamientos formales parecidos dio paso al &laquo;universo carnal&raquo; (2024: 68), mientras ratific&oacute; esa soledad &laquo;ciega y salvaje&raquo; (2024: 73) que veremos constante en libros posteriores, y en algunos de sus poemas m&aacute;s atractivos, siempre con la luna al fondo, como Felipe Ben&iacute;tez Reyes, pero sin esteticismo. La memoria, la nostalgia de la vida adolescente, el im&aacute;n de &laquo;otro vac&iacute;o&raquo; (2024: 80) o &laquo;los clavos del pasado&raquo; (2024: 97), mostraron su equilibrio prendido a la autognosis pensativa de su pugna en la &laquo;oscuridad, camino, oscuridad&raquo; (2024: 101).</p>
<p>&laquo;Crisis&raquo; (2007) mostraba ya una capacidad de condensaci&oacute;n y reflexi&oacute;n, capacidad para breves y fugaces notas m&aacute;s o menos expl&iacute;citas y pl&aacute;sticas simult&aacute;neamente, veladas y sugerentes, en un libro de referencia de su saber hacer. Y siempre con ese &laquo;rumor de sombras&raquo; (2024: 139), entre &laquo;harapos d&eacute;biles de luz&raquo; (2024: 144), sobre el otro fantasma de fondo de su po&eacute;tica, &laquo;la melancol&iacute;a&raquo; (2024: 155) mientras &laquo;envejeces deprisa&raquo; (2024: 139).&nbsp; Una herida que <em>En</em> <em>busca de una pausa</em> (2018) anhelaba &laquo;recuperar los sue&ntilde;os&raquo; (2024: 169), mientras en su verso atormentado &laquo;el pasado te persigue&raquo; (2024: 185). Y es que en esa ecuaci&oacute;n autorremitente de la autognosis se sabe o se acusa en &laquo;la incapacidad de desprendernos/ del pasado, romper con nada&raquo; (2024: 177). Su &laquo;conversaci&oacute;n /inacabada&raquo; (2024: 183), sus ag&oacute;nicos &laquo;tiempos deshabitados&raquo; (2024:187), y esa emocionada reflexi&oacute;n, que esconde m&aacute;s que dice al hilo de Rimbaud parafraseado, como a veces hace con versos de otros poetas, hablan de que &eacute;l tambi&eacute;n &laquo;por delicadeza/ he perdido mi vida&raquo; (2024: 199). O as&iacute; lo siente, aunque no, auguro, para sus muchos lectores de entonces y de ahora, tras esta reuni&oacute;n de su obra. Con esa verosimilitud, si me permiten sinceridad, llegan un libro que se hac&iacute;a esperar pues no siempre en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, a veces tan herm&eacute;tica, a veces tan medi&aacute;tica, prima esa edad de merecer, por decirlo con una poeta de la que se espera ratifique alternativa, Berta Garc&iacute;a Faet. Si lo hace desde la edad de repensarse, y con madurez cumplida, esta entrega que finalmente nos ha regalado Juan Carlos Abril para compensar esa carencia echada en falta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Carlos Abril, <em>Poes&iacute;a reunida (1997-2023)</em>, Valencia, Pre-Textos, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 13:36:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El origen es el fin]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-origen-es-el-fin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JAIME_D._PARRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Como cuando empieza una pel&iacute;cula y miramos a trav&eacute;s de un hueco muy peque&ntilde;o. Vemos dentro c&iacute;rculos en movimiento. De pronto uno de estos se hace m&aacute;s grande. Hay un texto. Un poema. Las palabras se ordenan caprichosamente. Con gracia. Para dar sentido a algo.</p>
<p>Voz en <em>off: </em>&ldquo;El origen es el fin./ El viaje que comienzo. Una espiral no suicida el aliento/ si se va abriendo como un sue&ntilde;o/ y se abre y se abre/ a un cuerpo mayor/ a otro cosmos/ y la imagen/ se va haciendo c&oacute;smica/ como un hombre/ una mujer/ maximxs/ Leonardo, Swedenborg y Schneider/ Un sonido se expande/ y libera/ una energ&iacute;a/ Rotkho, Skriabin/ la m&uacute;sica del universo/ esferific&aacute;ndose/ No se suicida el aliento/ respiramos desde dentro/ La espiral que se abre./ Desde su g&eacute;nesis hacia fuera. El viaje que hacemos./ Del punto a la Galaxia, al Universo./ El origen es un film.&rdquo;</p>
<p>Afuera est&aacute; el poeta. Cu&aacute;ntos sue&ntilde;os. Cu&aacute;nto camino recorrido para volver al principio. El texto es ese objeto est&eacute;tico que nos hace ver el pasado que somos. Ese tiempo que hemos escrito y descrito en met&aacute;foras latinas y rimas de autores favoritos. Nuestro inicio es lo que le da sentido a lo que ahora escribimos.</p>
<p>Jaime D. Parra ha recorrido el camino del conocimiento a la inversa. Primero intuitivamente. Escribiendo textos llenos de s&iacute;mbolos y signos para estudiarlos luego. <em>&nbsp;Contrici&oacute;n bajo los signos</em> es su primera obra po&eacute;tica. Reeditado ahora, m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s. Resurge con un dise&ntilde;o especial. En su portada aparece un poema visual espiral, de azul el&eacute;ctrico. Que nos transporta por su viaje a trav&eacute;s de contenidos y formas simb&oacute;licas, que recurren tanto al discurso narrativo, a la imagen sugerente, al verbo alucinado, como al objeto s&iacute;gnico o ir&oacute;nico, as&iacute; como a la recreaci&oacute;n de ciertos modos aplicados para una po&eacute;tica desde las ciencias, la filosof&iacute;a y el arte, hasta la poes&iacute;a; sin dejar fuera varias de las aportaciones de la moderna inform&aacute;tica.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Poes&iacute;a experimental, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n poes&iacute;a discursiva, o ambas cosas a la vez, pues toda poes&iacute;a, como recordaba Joan Brossa, experimenta siempre.</p>
<p>En el poema &ldquo;Gen&eacute;tica y dramatismo de los n&uacute;meros&rdquo; Jaime D. Parra escribe: &ldquo;Yo el 5: nada de hoz, nada de cruz. Soy un cinco. Semiciclo. Me declaro amigo absoluto de las abejas -esas risas voladoras- y fabrico con oro dulce un poco de inteligencia. No hago la violencia.&rdquo;</p>
<p>En el &ldquo;Yo el 7&rdquo; dice &ldquo;soy como un p&eacute;talo. Florezco sobre toda calavera...&rdquo; Lo encuento cautivador.</p>
<p>Son poemas dominados por sue&ntilde;os, ilusiones y decepciones. Y recurre a las matem&aacute;ticas, los juegos y las artes con una intuici&oacute;n existencial y c&oacute;smica, que solo desde la poes&iacute;a puede disfrutarse y entenderse.</p>
<p>Larga vida al espacio circular interior.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Contrici&oacute;n bajo los signos</em>. Jaime D. Parra. Zaragoza, Libros del innombrable, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 12:54:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Liberar el pensamiento hacia nuevos tiempos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/liberar-el-pensamiento-hacia-nuevos-tiempos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/BENJAM_N_LABATUT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>
<p class="Cuerpo">El escritor chileno-neerland&eacute;s Benjam&iacute;n Labatut (R&oacute;terdam, 1980) publicaba a finales del pasado a&ntilde;o su &uacute;ltima novela &ldquo;Maniac&rdquo; (Anagrama, 2023), sin duda la obra m&aacute;s interesante y con la que m&aacute;s he disfrutado (y cavilado) de entre lo le&iacute;do en los &uacute;ltimos meses.</p>
<p class="Cuerpo">Labatut parece aplicarse a s&iacute; mismo el lema vital que, seg&uacute;n nos narra, guio la obra personal del f&iacute;sico austr&iacute;aco Ludwig Eduard Boltzman: &ldquo;Exp&oacute;n la verdad, escr&iacute;bela con claridad y defi&eacute;ndela hasta la muerte&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">As&iacute;, acorde con el prop&oacute;sito, nos regala una prosa &aacute;gil, n&iacute;tida y, adem&aacute;s, contundente y amplia en su capacidad de acercar sentido al lector; componiendo un volumen que, a mi parecer, funciona tanto como relato de una &eacute;poca de transici&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica &mdash;en la que nos acerca y nos propone una imagen de los principales protagonistas en la transformaci&oacute;n del mundo que se desencaden&oacute; la pasada d&eacute;cada de los cuarenta&mdash;, pero que tambi&eacute;n funciona como gran relato de una parte significativo de la historia del pensamiento cient&iacute;fico de mediados del siglo XX, en un tiempo en el que &ldquo;la invenci&oacute;n m&aacute;s creativa de la humanidad surgi&oacute; exactamente al mismo tiempo que la m&aacute;s destructiva&rdquo;, pues tan hijos suyos son los tel&eacute;fonos m&oacute;viles como las cohetes bal&iacute;sticos y sus ojivas at&oacute;micas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Es &eacute;ste, sin duda, un libro fuera del &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; &mdash;entendi&eacute;ndolo como el coraz&oacute;n del discurso l&oacute;gico de un cierto statu quo&mdash;, pues busca generar significado fuera de &eacute;l y no s&oacute;lo nos adentra en el n&uacute;cleo filos&oacute;fico de la f&iacute;sica y la matem&aacute;tica moderna, sino que nos abre una ventana a esas mentes prodigiosas que contribuyeron al fin de la Segunda Guerra Mundial, lo que trajo el alumbramiento de la Guerra Fr&iacute;a, con todas sus tensiones y sus escaladas armament&iacute;sticas.</p>
<p class="Cuerpo">La novela, lejos de querer enunciar un relato m&iacute;tico de aquellos seres extraordinarios, nos expone abiertamente sus debilidades, sus deseos, sus motivaciones, sus proyectos visionarios o sus crisis m&aacute;s profundas. As&iacute;, m&aacute;s cerca de su humanidad, tambi&eacute;n quedamos al alcance de un cierto entendimiento mejor, con lo que nos arrastra y consigue contagiarnos de un saber al que s&oacute;lo con mucho esfuerzo y dedicaci&oacute;n habr&iacute;amos podido acceder y que encontramos aqu&iacute; recopilado, resumido, perfectamente relacionado. Benjam&iacute;n Labatut, adem&aacute;s, lo hace de una forma elegante y hermosa, pues nos propone un relato compuesto por una sucesi&oacute;n de mon&oacute;logos, con lo que acierta a llevar la modernidad de la Inteligencia Artificial al plano de la tradici&oacute;n oral, reuni&eacute;ndonos a escuchar su relato alrededor de un fuego prometeico.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Esta novela es, de alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n un libro de aventuras, pues muestra el apasionante mundo de lo nuevo, de su ideaci&oacute;n, de su planificaci&oacute;n de su implementaci&oacute;n, de c&oacute;mo se juega la gran partida geoestrat&eacute;gica amenazando al adversario con nuevas piezas, mayores, m&aacute;s poderosas&hellip;, avanzando en el tablero abierto del go.</p>
<p class="Cuerpo">Pero es tambi&eacute;n un libro de pensamiento, pues en &eacute;l se replican ideas que fueron disruptivas y abrieron nuevos caminos de exploraci&oacute;n para una realidad que se conformaba de forma diferente al amparo de una concepci&oacute;n revolucionaria de los fen&oacute;menos f&iacute;sicos y matem&aacute;ticos; cambios tan dr&aacute;sticos como para hacer tambalearse a una generaci&oacute;n de acad&eacute;micos incapaces de seguir el paso vertiginoso de tales avances. Sin duda, tambi&eacute;n lo es por que invita a pensar, porque genera multiplicidad de cuestiones, de ideas, durante su lectura, mientras nos recuerda que &ldquo;las preguntas son la verdadera medida de un hombre&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Sin embargo, no todas las propuestas de reflexi&oacute;n giran alrededor de la ciencia, muy al contrario, tal vez lo m&aacute;s significativo sea el cuestionamiento de la moralidad y de los principios, del concepto de sociedad o de pareja, como tambi&eacute;n se tambalean los de cordura o de genialidad, de juego &mdash;sobre todo del juego y de sus din&aacute;micas&mdash;, de aprendizaje, de creaci&oacute;n, de genialidad; mientras nos deja asomarnos para ver los demonios que se desatan con la obsesi&oacute;n, por la soberbia o desde la necedad del academicismo que trata de conservar el saber como un mosquito dentro de una perla de &aacute;mbar y en el que se demuestra cient&iacute;ficamente que el foco del presente, normalmente, ilumina sobre todo a la mediocridad y se&ntilde;ala a los que hablan con ese sentido com&uacute;n y esos arbitrios sociales a los que siempre hay que superar con nuevos conocimientos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Para la historia quedan libros como &eacute;ste, obras en las que podemos dialogar con tantas voces y caminar por tantas fracturas del saber establecido, ideas todas que nos alientan a pensar y a conocer m&aacute;s all&aacute; del plano cotidiano, de adentrarnos en un pensamiento m&aacute;s profundo a trav&eacute;s de esas hendijas.</p>
<p class="Cuerpo">Pero Labatut no se conforma con escribir un resumen, tan enciclop&eacute;dico como literario, de las ideas que han propiciado el presente en el que vivimos, sino que a&ntilde;ade un plano de interpretaci&oacute;n del momento actual, al prolongar aquellos hallazgos y avances tecnol&oacute;gicos &mdash;y sus consecuencias&mdash; hasta el vertiginoso desarrollo de la Inteligencia Artificial. As&iacute; el t&iacute;tulo de su novela hace referencia al proyecto M.A.N.I.A.C. I (Mathematical Analyzer, Numerical Integrator, and Computer), una de las primeras computadoras construidas secretamente en el Laboratorio Nacional de los &Aacute;lamos; una herramienta de computaci&oacute;n sin la que no podr&iacute;amos concebir los modernos ordenadores ni el mundo tecnol&oacute;gico que nos va absorbiendo y del que somos ya, casi, meros dispositivos perif&eacute;ricos. No se conforma, digo, porque su apuesta es una apuesta intelectual, sabiendo que en esta ra&iacute;z de sentido se halla tanto el cultivo de las ciencias y el hecho de entender, como la referencia la parte espiritual e incorp&oacute;rea. Por eso su apuesta, a mi juicio, busca provocar la liberaci&oacute;n del pensamiento del lector y de forma totalmente revolucionaria, nos afirma: &ldquo;Los hombres de las cavernas inventaron a los dioses [&hellip;]. No veo nada que nos impida hacer lo mismo&rdquo;. As&iacute; pues, <em>Maniac</em>, una novela que nos ofrece una lectura deliciosa, puede verse como un manual revolucionario para liberar el pensamiento hacia nuevos mitos, hacia nuevas metas, hacia nuevos tiempos.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo">Benjam&iacute;n Labatut. <em>Maniac</em>. Anagrama, Narrativas hisp&aacute;nicas, 2023.</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 12:25:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trascendencia de Ramón J. Sender (1901-1982)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-trascendencia-de-ramon-j-sender-1901-1982/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/RAM_N_J._SENDER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En 1976 Vicente Verd&uacute; entrevistaba a Sender en <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo</em> e inquir&iacute;a al escritor acerca de la satisfacci&oacute;n que deb&iacute;a suponerle saber que ten&iacute;a asegurada la &ldquo;supervivencia&rdquo;, es decir, la fama p&oacute;stuma como autor de obras memorables. El novelista, sin embargo, respond&iacute;a: &ldquo;Mi supervivencia me importa un comino&rdquo;. Y, con toda probabilidad, no se trataba de ning&uacute;n alarde de altivez. Sender trat&oacute; de salvarse a trav&eacute;s de la escritura, pero era el proceso de creaci&oacute;n y no el resultado lo que le insuflaba una cierta sensaci&oacute;n de trascendencia. Escrib&iacute;a, seg&uacute;n le confesaba a Marcelino Pe&ntilde;uelas, impelido por &ldquo;una obsesi&oacute;n de la que hay que librarse&rdquo;, mientras que ante la obra ya impresa se sent&iacute;a &ldquo;m&aacute;s bien culpable&rdquo;. Y pensaba: &ldquo;Deber&iacute;a haberlo hecho mejor o no deber&iacute;a haberlo escrito de ning&uacute;n modo&rdquo;.</p>
<p>Por lo mismo, el novelista se mostraba generalmente m&aacute;s complacido con el trabajo en curso o con el reci&eacute;n concluido que con los anteriores. Al poco de finalizar un texto perduraba en el autor la tensi&oacute;n creativa. Despu&eacute;s, lo asaltaban la desconfianza y la incertidumbre. Sus libros eran fruto, seg&uacute;n afirmaba, &ldquo;de una necesidad biol&oacute;gica de expresarse m&aacute;s que del deseo de hacer efecto o de levantar artificiosamente un cuadro de valores con vistas al &eacute;xito&rdquo;. Ello explica que ninguno de los intrincados episodios que le asaltaron lograra acallarlo. Si el exilio conllev&oacute; el silencio o la repetici&oacute;n fastidiosa para otros autores, Sender encontr&oacute; en el Nuevo Mundo motivos in&eacute;ditos para sus libros, ya fuese la exultante naturaleza americana (<em>Mexicayotl</em>, 1940; <em>Epitalamio del prieto Trinidad</em>, 1942), la evocaci&oacute;n de la guerra civil (<em>El rey y la reina</em>, 1948; <em>El vado</em>, 1948; <em>Mos&eacute;n Mill&aacute;n</em>, 1953) o la indagaci&oacute;n cat&aacute;rtica en la propia vida (<em>Cr&oacute;nica del alba</em>, 1942).</p>
<p>Al conmemorar el centenario del nacimiento del autor, alguien que conoc&iacute;a bien los resortes del &eacute;xito editorial, como era Rafael Conte, expresaba en las p&aacute;ginas de esta misma revista un justificado escepticismo sobre la posibilidad de que la celebraci&oacute;n lograra modificar &ldquo;el lugar que ocupa Ram&oacute;n J. Sender en la historia de Espa&ntilde;a y de su literatura&rdquo;. A su juicio, las pompas conmemorativas no alterar&iacute;an el silencio que las modas comerciales inflig&iacute;an al escritor, pero tampoco esta postergaci&oacute;n lograr&iacute;a deslucir un &aacute;pice los m&eacute;ritos de una producci&oacute;n tan extensa y variada como la suya, susceptible de numerosas lecturas e interpretaciones. En suma, Conte contemplaba una obra literaria de incuestionable val&iacute;a, pero de escaso acceso al gran p&uacute;blico. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel vaticinio, habr&iacute;a que concluir que no se equivocaba, aunque tampoco acertaba del todo. La percepci&oacute;n de Sender se ha modificado en aspectos relevantes en los &uacute;ltimos lustros. En este tiempo, la literatura del aragon&eacute;s ha gozado de un inter&eacute;s constante por parte de no pocos estudiosos, nuevas promociones de analistas han accedido a sus textos y la resonancia de su obra se expande por distintas partes del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los nuevos territorios de Ram&oacute;n J. Sender</strong></p>
<p>Ya en 2003, Jean Pierre Ressot suministraba un penetrante an&aacute;lisis de la creaci&oacute;n del autor desde la sugerente &oacute;ptica de su proclividad hacia lo grotesco, <em>Apolog&iacute;a de lo monstruoso. Una lectura de la obra de Ram&oacute;n J. Sender. </em>En este mismo a&ntilde;o, Israel Rol&oacute;n publicaba <em>Carmen Laforet, Ram&oacute;n J. Sender: puedo contar contigo, correspondencia</em>, donde afloraban deliciosos entresijos de una amistad sostenida en la admiraci&oacute;n mutua. El volumen ha sido reeditado por Destino en 2019. En 2004 aparec&iacute;an dos nuevos tratados de enjundia sobre el escritor: <em>El soldado occidental. Ram&oacute;n J. Sender en &Aacute;frica (1923-1924)</em>, de Vicente Moga, minuciosa exploraci&oacute;n de la estancia militar del futuro autor en &Aacute;frica, que tan hondas consecuencias acarrear&iacute;a para su obra, y <em>Testigo, v&iacute;ctima, profeta: los trasmundos literarios de Ram&oacute;n J. Sender</em>, del profesor &Aacute;ngel Alcal&aacute;, ambiciosa y bien fundada vista panor&aacute;mica de la obra del aragon&eacute;s. Ana Long&aacute;s publicaba en 2005 <em>Un paseo por el Tauste novelado de Ram&oacute;n J. Sender</em>, breve pero muy documentada incursi&oacute;n de lo que signific&oacute; en el futuro escritor su breve estancia (1911-1913) en esta poblaci&oacute;n de las Cinco Villas. De 2006 es la detallada revisi&oacute;n de la obra del escritor firmada por Jos&eacute; Luis Negre Carasol, <em>Aproximaci&oacute;n a la narrativa de Sender</em>. En 2007, Francisco Carrasquer entregaba una suerte de testamento de su larga y provechosa dedicaci&oacute;n reflexiva a la creaci&oacute;n de su coterr&aacute;neo: <em>Servet,</em> <em>Spinoza y Sender. Miradas de eternidad</em>. Jos&eacute; Luis Cano, en 2008, le dedicaba un n&uacute;mero de la colecci&oacute;n ilustrada Xordiqueta, en torno a personajes ilustres aragoneses, con el t&iacute;tulo de <em>Sender y sus criaturas</em>, una percepci&oacute;n desenfada y sagaz del autor. De 2009 es el ensayo de otro antiguo estudioso de nuestro autor, el profesor chileno Eduardo Godoy Gallardo, <em>Novela espa&ntilde;ola de postguerra: Ram&oacute;n J. Sender, Camilo J. Cela, exilio republicano</em>. Al a&ntilde;o siguiente, la historiadora Elvira Garc&iacute;a Arnal trataba de discernir en su <em>Gu&iacute;a de lectura: Cr&oacute;nica del alba de Ram&oacute;n J. Sender</em> entre lo que esta serie narrativa contiene de referencias hist&oacute;ricas y lo que encierra de pura imaginaci&oacute;n literaria. Tambi&eacute;n en 2010 Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval publicaba <em>Cuesti&oacute;n de memoria: estudios sobre Ram&oacute;n J. Sender, Luis Cernuda y Francisco Ayala</em>. Del mismo a&ntilde;o es el <em>Diccionario de autores aragoneses contempor&aacute;neos</em> de Javier Barreiro, donde la entrada m&aacute;s extensa y detallada corresponde a nuestro escritor. En 2011, Marta Fuembuena, en <em>Turrones para Sender</em>,<em> </em>recog&iacute;a la correspondencia entre el fundador y propietario de <em>Arag&oacute;n/Expr&eacute;s</em> y el escritor. El libro se completa con un ensayo nuestro titulado &ldquo;Una maleta llena de historias. El regreso literario de Ram&oacute;n J. Sender&rsquo;. En 2012, Isabel Carabantes de las Heras y Ernesto Viamonte Lucientes dedicaban al autor una parte sustancial de su libro <em>La novela aragonesa (1973-1982)</em>. En 2019, el profesor Antonio Valmario Costa Junior publicaba en R&iacute;o de Janeiro el estudio <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=414"><em>Entre a aus&ecirc;ncia e a presen&ccedil;a: vest&iacute;gios da essencialidade em duas arquitecturas narrativas de Ram&oacute;n J. Sender, </em>acerca de <em>Im&aacute;n y R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol. </em></a></p>
<p>En un entorno intelectual af&iacute;n, recientemente se reimprim&iacute;a el estremecedor reportaje <em>Muerte en Zamora</em> (1990), de Ram&oacute;n Sender Baray&oacute;n, hijo del novelista y de Amparo Baray&oacute;n. Como bien se sabe, Sender Baray&oacute;n reconstru&iacute;a en estas p&aacute;ginas, veteadas de sufrimiento, la figura de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, cuando &eacute;l apenas contaba dos a&ntilde;os. El libro, recuperado por Postmetropolis en 2017, incluye ahora estudios de Paul Preston y Helen Graham, adem&aacute;s de nuevos testimonios de elevado inter&eacute;s acerca del desdichado final de Amparo. Tambi&eacute;n Manuel Sender, el hermano del novelista fusilado en Huesca en agosto de 1936, ha merecido un estudio biogr&aacute;fico, <em>Manuel Sender y el republicanismo oscense</em> (2015), a cargo del historiador Enrique Sarasa Bara.</p>
<p>A prop&oacute;sito de las ediciones cr&iacute;ticas de las obras del autor, hay que detenerse necesariamente en la colecci&oacute;n &lsquo;Larumbe. Textos Aragoneses&rsquo;, que edita Prensas de la Universidad de Zaragoza junto con el Instituto de Estudios Altoaragoneses, el Instituto de Estudios Turolenses y el Gobierno de Arag&oacute;n. Aqu&iacute; se public&oacute; ya en 2004 <em>Casas Viejas</em>, con pr&oacute;logo de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, edici&oacute;n de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y Antonio P&eacute;rez Lasheras y notas de Julita Cifuentes. El mismo a&ntilde;o se imprim&iacute;a <em>Siete domingos rojos</em>, de acuerdo con la versi&oacute;n original de 1932, al cuidado de Jos&eacute; Miguel Oltra, Francis Lough y Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as. En 2005, Larumbe insertaba en su cat&aacute;logo <em>Los cinco libros de Ariadna</em>, la pol&eacute;mica novela de 1957 donde el autor arremete contra el estalinismo, en edici&oacute;n de Patricia McDermott, m&aacute;xima especialista en los entresijos y avatares de esta serie narrativa. En 2008, se publicaba <em>Proclamaci&oacute;n de la sonrisa</em>, con edici&oacute;n de Jos&eacute; D. Due&ntilde;as, recopilaci&oacute;n muy sugerente de breves ensayos que no se hab&iacute;a vuelto a imprimir desde 1934. Francis Lough, profesor brit&aacute;nico que ha dedicado abundantes y sustanciosas p&aacute;ginas a nuestro novelista, preparaba en 2010 la edici&oacute;n de <em>La Esfera, </em>narraci&oacute;n de particular complejidad filos&oacute;fica publicada en 1947 como reelaboraci&oacute;n de <em>Proverbio de la muerte</em> (1939). Por &uacute;ltimo, y hasta la fecha, en 2015 aparec&iacute;a el <em>Teatro completo</em> de Sender, en edici&oacute;n de Manuel Aznar Soler, donde se compilan nada menos que trece piezas dram&aacute;ticas del escritor de Chalamera. En la vertiente juvenil de la misma colecci&oacute;n, &lsquo;Larumbe chicos&rsquo;, hab&iacute;a aparecido poco antes la recopilaci&oacute;n <em>Cuentos y leyendas</em> (2011), narraciones escasamente conocidas de la primera etapa del escritor, con ilustraciones de Fernando Alvira e introducci&oacute;n, edici&oacute;n y glosario de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as. Tambi&eacute;n con aparato cr&iacute;tico, Stockcero publicaba <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=361"><em>Im&aacute;n </em>(2006 y 20014), con pr&oacute;logo de Borja Rodr&iacute;guez Guti&eacute;rrez y notas de Aldolfo Campoy-Cubillo. </a></p>
<p>Por otra parte, como bien se sabe, el grueso de los libros del autor se ha publicado tradicionalmente en Destino, en virtud del manifiesto inter&eacute;s por la obra de Ram&oacute;n J. Sender de quien fuera su fundador y director hasta 1989, Jos&eacute; Verg&eacute;s. Tambi&eacute;n es conocido que Destino pertenece desde hace tiempo al Grupo Planeta y que los t&iacute;tulos senderianos no son peri&oacute;dicamente reeditados en sus colecciones. Aun as&iacute;, en Destino se han publicado tras el aniversario de 2001 <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> (2003), <em>Im&aacute;n</em> (2003 y 2008), <em>Carolus Rex</em> (2004) y <em>El rey y la reina</em> (2004). Sin embargo, otros sellos se interesan peri&oacute;dicamente por las obras del autor.</p>
<p>Ya en 2003 Zanz&iacute;bar Editorial publicaba <em>Epitalamio del prieto Trinidad, </em>novela de 1942, que ya hemos mencionado. Este mismo a&ntilde;o Ediciones Irreverentes lanzaba <em>Donde crece la marihuana</em>. En 2005, el diario <em>El pa&iacute;s</em> editaba y distribu&iacute;a <em>La aventura equinoccial de Lope de Aguirre</em>. Por entonces, Virus Editorial recuperaba dos t&iacute;tulos de la etapa m&aacute;s puramente anarcosindicalista del narrador, ambos presentados por Jos&eacute; Mar&iacute;a Salguero: en 2005, <em>Siete domingos rojos</em>, que hab&iacute;a aparecido a finales de 1932, cuando el joven escritor se alejaba ya de la militancia libertaria, y en 2007, <em>O. P. Orden p&uacute;blico</em>, narraci&oacute;n original de 1931, donde el novelista refiere su breve experiencia carcelaria de 1926. <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em>, sin duda su t&iacute;tulo m&aacute;s universal, ha sido difundido por Espasa-Calpe (2006), con edici&oacute;n y gu&iacute;a de lectura de Enrique Turpin, <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em> (2010), el diario <em>P&uacute;blico</em> (2010) o RBA (2012), donde forma parte de un volumen, <em>Las novelas de los perdedores</em>, prologado por Domingo R&oacute;denas, junto con <em>M&iacute;ster Witt en el Cant&oacute;n</em> e <em>Im&aacute;n</em>. La &uacute;ltima obra citada hab&iacute;a sido incluida unos a&ntilde;os antes en las colecciones de Cr&iacute;tica (2006).</p>
<p>De 2007 es la reedici&oacute;n de <em>Las criaturas saturnianas </em>publicada por Visor<em>, </em>con pr&oacute;logo de la escritora y antigua estudiosa de la literatura senderiana Julia Uceda. En 2008, Tropo Ediciones inclu&iacute;a en su cat&aacute;logo <em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, que no se hab&iacute;a publicado desde 1982, y, en 2010, <em>Solanar y lucernario aragon&eacute;s</em>, introducido por Ant&oacute;n Castro, recopilaci&oacute;n de las colaboraciones del autor maduro en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, que hab&iacute;a editado el propio peri&oacute;dico en 1978. Los dos t&iacute;tulos son muestras notables de la escritura h&iacute;brida del Sender de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando declinaba su capacidad fabuladora, pero lograba insuflar nueva gracia a su prosa mediante una combinaci&oacute;n muy caracter&iacute;stica de evocaci&oacute;n personal, comentario period&iacute;stico, secuencias narrativas y ciertas dosis de ensayismo. La misma receta aplicaba, tambi&eacute;n con indudable acierto, en <em>Monte Odina</em>, volumen de dif&iacute;cil catalogaci&oacute;n aparecido en 1980 en la Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses que dirig&iacute;a Jos&eacute;-Carlos Mainer para Editorial Guara, y que fue incluido en 2003 en la Biblioteca del Exilio, al cuidado de Jean-Pierre Ressot. En 2010, Montesinos reimprim&iacute;a <em>Bizancio</em>, una de las grandes novelas hist&oacute;ricas del autor. Al a&ntilde;o siguiente, la Asociaci&oacute;n de Libreros de Lance de Madrid tiraba de nuevo <em>Siete domingos rojos</em>, con pr&oacute;logo de Carlos Garc&iacute;a Alix. En 2012 aparec&iacute;a una versi&oacute;n en c&oacute;mic de <em>El fugitivo</em>, con <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7605/ID28ce6721/NT9?ACC=165&amp;DOC=183">&nbsp;guion de Hans Leuenberger y dibujo de Jaime Asensi.</a> &nbsp;De 2014 es la reedici&oacute;n de <em>T&uacute;pac Amaru</em> de Navona, con introducci&oacute;n de Lorenzo Silva.</p>
<p>La editorial aragonesa Contrase&ntilde;a, caracterizada por el esmero en la selecci&oacute;n y preparaci&oacute;n de sus t&iacute;tulos, ha lanzado ya tres obras de Sender: en 2014, <em>El bandido adolescente</em>, con pr&oacute;logo de Fernando Savater, la novela con la que el escritor regresaba editorialmente a Espa&ntilde;a en 1965; en 2016, <em>Contraataque</em>, que hab&iacute;a aparecido originalmente en 1937, ahora con estudio de Alberto Sabio; y en 2020, <em>M&iacute;ster Witt en el Cant&oacute;n</em>, con introducci&oacute;n de Jos&eacute; D. Due&ntilde;as, la novela que le hab&iacute;a procurado al escritor el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa ya en 1935. Una nueva edici&oacute;n de <em>Viaje a la aldea del crimen</em>, el gran reportaje de 1934 sobre la matanza de Casas Viejas, sal&iacute;a en 2016 en las colecciones de Libros del Asteroide, con pr&oacute;logo de Antonio G. Maldonado. En 2017, F&oacute;rcola entregaba en cuidado volumen la cr&oacute;nica de la visita de Sender a la URSS, <em>Madrid-Mosc&uacute;. Notas de viaje, 1933-1934</em>, con estudio de Jos&eacute;-Carlos Mainer; la obra no se reeditaba desde que la Imprenta de Juan Pueyo le diera forma en 1934. Rasmia Editorial publicaba en 2018 <em>La noche de las cien cabezas</em>, con pr&oacute;logo de Jos&eacute; Luis Calvo Carilla; una narraci&oacute;n entre social y expresionista que no hab&iacute;a sido publicada desde que apareciera en 1934.</p>
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<p><strong>La esforzada difusi&oacute;n de una obra ingente</strong></p>
<p>Con lo ya expuesto cabe pensar que las meritorias conmemoraciones de hace veinte a&ntilde;os lograron, pues, sus prop&oacute;sitos: alertar de la importancia de una obra no demasiado atendida, atraer las miradas de nuevos lectores hacia un autor de desigual fama p&oacute;stuma. Por otra parte, si la conmemoraci&oacute;n del centenario mostr&oacute; un explicable talante local -la mayor parte de las iniciativas surgieron en el marco territorial de Arag&oacute;n-, con el tiempo la obra senderiana propaga su brillo en lugares muy dispares. En este cometido se identifican hoy dos focos de particular pujanza: el Instituto de Estudios Altoaragoneses (Diputaci&oacute;n de Huesca), que da cobijo desde hace veinte a&ntilde;os al Centro de Estudios Senderianos, y el hispanismo italiano, donde ha ejercido su vida acad&eacute;mica la profesora Donatella Pini y ha sembrado con singular provecho su querencia por la obra del escritor.</p>
<p>Con el fin de dar continuidad al grandioso esfuerzo del Instituto de Estudios Altoaragoneses en la conmemoraci&oacute;n de 2001, el Centro de Estudios Senderianos, dirigido en un principio por quien firma este art&iacute;culo y desde 2016 por Luis G&oacute;mez Cald&uacute;, acord&oacute; convocar anualmente una conferencia sobre Sender, su obra o su tiempo. Se pens&oacute; entonces que la disertaci&oacute;n deber&iacute;a correr a cargo preferentemente de escritores. De esta manera se pretend&iacute;a propiciar un di&aacute;logo entre creadores, se procuraba que autores en activo escrutaran lo que la producci&oacute;n de Sender pudiera significar para la suya. As&iacute;, desde 2002 han concurrido en este empe&ntilde;o Eduardo Haro Tecglen, Andr&eacute;s Trapiello, Lorenzo Silva, Ian Gibson, F&eacute;lix Romeo, Carlos Fonseca, Benjam&iacute;n Prado, Ant&oacute;n Castro, Santos Juli&aacute;, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Daniel Gasc&oacute;n, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Sergio del Molino, Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, Luis Garc&iacute;a Montero, Irene Vallejo, etc. En no pocos casos, las intervenciones han quedado recogidas en las p&aacute;ginas del <em>Bolet&iacute;n senderiano</em>, que se edita como encarte de la revista <em>Alazet. </em>De esta forma, han sido objeto de an&aacute;lisis la faceta period&iacute;stica del autor, el exilio, las incursiones africanas de sus novelas, su posicionamiento como intelectual en los a&ntilde;os treinta, una cierta proclividad hacia el juda&iacute;smo en algunos relatos, la relaci&oacute;n de su obra con el cine, los pormenores de su regreso a Espa&ntilde;a en 1974, el singular acierto de varios t&iacute;tulos (<em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, <em>El bandido adolescente</em>,), etc.</p>
<p>Si revisamos la sucesi&oacute;n de tesis doctorales sobre el autor en estos a&ntilde;os, as&iacute; como las traducciones de sus libros constatamos la mencionada preeminencia de las universidades italianas, aunque tambi&eacute;n la condici&oacute;n universal que va conquistando el escritor altoaragon&eacute;s. Ya en 2003 Elisa de Bortol defend&iacute;a su trabajo <em>Un juego de espejos: El rey y la reina, de Ram&oacute;n J. Sender</em> en la Universidad de Venecia<em>.</em> En 2005, en la Universidad de Giorgia, Dorothy Kelly Wheatley ofrec&iacute;a su estudio <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=425"><em>Contraataque and R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol: two Spanish Civil War novels by Ram&oacute;n J. Sender</em></a>. Giorgio Bolleta<em> </em>se doctoraba en la Universidad de Perugia en 2007 con la tesis<em> La a-topia en la obra de Sender: El lugar de un hombre trasladada al italiano.</em> En el mismo a&ntilde;o,<em> </em>Michele Fonseca conclu&iacute;a su estudio <em>Dois textos, um conflito, um h&eacute;roi: leittura de R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol de Ram&oacute;n J. Sender</em> en la Universidad Federal Fluminense de Brasil. De 1980 data la aportaci&oacute;n de Jess M. Boersma titulada <em>Combating the modern state: war and literatura as weak dialectic in Gald&oacute;s, Sender, Sempr&uacute;n and Goytisolo</em>, aunque no fue publicada hasta 2008 por la Universidad de Michigan. Bajo la direcci&oacute;n de Francisco Caudet, Mar&iacute;a Lourdes N&uacute;&ntilde;ez defend&iacute;a tambi&eacute;n en 2008, en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, su investigaci&oacute;n <em>La concepci&oacute;n antropol&oacute;gica-social en la obra narrativa de Ram&oacute;n J. Sender (1939-1953)</em>. El mismo a&ntilde;o, Ignacio V&aacute;zquez Molin&iacute; presentaba en la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia (UNED) <em>La memoria del desastre (1921): las principales narraciones de &Aacute;frica como fuente hist&oacute;rica</em>, donde se ocupaba por extenso de <em>Im&aacute;n</em>. De nuevo una universidad italiana, ahora la de Mil&aacute;n, era el marco donde Mauro Fradegalli ultimaba su investigaci&oacute;n, <em>La narrativa western dall&acute;America all&acute;Europa: L&acute;esperienza spagnola </em>(2011), donde analiza, entre otras novelas, <em>El bandido adolescente</em>. Dos indagaciones recientes se han ocupado de <em>La tesis de Nancy</em>: en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en 2013, Mona Helmchen conclu&iacute;a <em>Procesos de autorreflexi&oacute;n sobre la traducci&oacute;n de La tesis de Nancy, de Ram&oacute;n J. Sender al alem&aacute;n: un comentario cr&iacute;tico</em> (&hellip;). Poco despu&eacute;s, en 2016 y en la UNED, Francisco A. Folgueiras, con <em>Interlenguaje y extranjerismos en el marco de la traducci&oacute;n fabulada en La tesis de Nancy, de Ram&oacute;n J. Sender</em>, se centraba tambi&eacute;n en los problemas de traducci&oacute;n que se desprenden de esta narraci&oacute;n. Asimismo, en 2016, el ya citado profesor Antonio Valmario Costa Junior defend&iacute;a en la Universidad Federal Fluminense la tesis <em>Soy una rutina: matrizes da guerra civil espa&ntilde;ola nos cotidianos ficcionais de Im&aacute;n, de Ram&oacute;n J. Sender.</em></p>
<p><em></em>Tampoco han escaseado las traducciones de los t&iacute;tulos del autor en este tiempo. As&iacute;, la novela <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> ha sido trasladada al ingl&eacute;s (2007) por Graham Whittaker, para la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos Hisp&aacute;nicos de Oxford; al portugu&eacute;s (2007), a cargo de Jos&eacute; Viale Moutinho, para la editorial Campo das Letras de Lisboa; al franc&eacute;s (2010), junto con <em>El vado</em>, a cuenta de J. P. Cortada y J. P. Ressot, para la editorial Attila de Par&iacute;s; un sello que ha propiciado adem&aacute;s las traducciones de <em>El rey y la reina</em> (2009), a cargo de Emmanuel Robles; <em>El lugar de un hombre</em> (2011), <em>El fugitivo</em> (2011), con estudio de Donatella Pini, y <em>O. P. (Ordre Public)</em> (2016), con ep&iacute;logo de Elsa Pierrot, traducidas todas ellas por Claude Bleton. Menci&oacute;n especial requiere la primera traslaci&oacute;n de <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> al &aacute;rabe (2014), a cargo de la profesora tunecina Meimouna Haches Khabou. Anthony Trippet, antiguo conocido en el terreno de los estudios senderianos, traduc&iacute;a al ingl&eacute;s el primer tomo de <em>Cr&oacute;nica del alba</em> (2013), en edici&oacute;n anotada para la Manchester University Press. Al italiano se han volcado <em>El rey y la reina</em> (2011), con estudio de Donatella Pini y traducci&oacute;n de Graziella Fantini; <em>El lugar de un hombre</em> (2014), con prefacio de Rita Imperatori y traducida por Giorgio Bolleta; <em>Las gallinas de Cervantes</em> (2016), en traducci&oacute;n de Donatella Pini; <em>El fugitivo</em> (2018), con estudio y traducci&oacute;n de Federica Capelli; quien ya hab&iacute;a trasladado al italiano cuentos de Sender (2008) as&iacute; como la colecci&oacute;n <em>Relatos fronterizos</em> (2014), para Edizioni ETS, de Pisa.</p>
<p>No cabe en estas p&aacute;ginas una relaci&oacute;n detallada de las indagaciones recientes que ha merecido el autor en revistas y libros colectivos. Baste se&ntilde;alar que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha ampliado su obra conocida mediante la recuperaci&oacute;n de cartas o de contribuciones de juventud. As&iacute;, Javier Barreiro difund&iacute;a en las p&aacute;ginas de esta misma revista (2016) un relato de diciembre de 1916, cuando Sender ten&iacute;a solo quince a&ntilde;os, titulado &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; e insertado en el diario madrile&ntilde;o <em>Los comentarios</em>, &ldquo;el primer texto -en palabras de Barreiro- de Sender publicado en Madrid&rdquo;. El mismo estudioso localizaba (2014, 2016) varias aportaciones del joven escritor como guionista de la serie &ldquo;Infancia y juventud de Cocoliche y Tragavientos&rdquo;, publicada en la revista barcelonesa <em>Charlot. Semanario festivo</em>, entre 1917 y 1918. Poco despu&eacute;s, Pedro Miana completaba las referencias de la contribuci&oacute;n del jovenc&iacute;simo escritor a esta misma revista. Tambi&eacute;n recientemente Jos&eacute; Luis Melero (2018) daba noticias de una novela desconocida del autor, <em>Napolitana</em> (1916, 1917), a la vez que animaba a emprender las indagaciones necesarias para su recuperaci&oacute;n.</p>
<p>El <em>Bolet&iacute;n senderiano</em>, del Instituto de Estudios Altoaragoneses, y <em>Orillas. Rivista d&acute;ispanistica, </em>de la Universidad de Padua, son desde hace tiempo los principales epicentros de difusi&oacute;n de las investigaciones sobre el autor. Del <em>Bolet&iacute;n senderiano </em>hay que mencionar aportaciones recientes de inter&eacute;s a cargo de Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, Ana Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Mauro Fradegadi, Aurora Smerghetto, Gabriele Bizzarri, Luis A. Esteve, Pol Mad&iacute; Besal&uacute;, etc., sin que falten contribuciones provenientes de lugares bien distantes, as&iacute; las de Abdelaal Saleh (Universidad de Minaya, Egipto) o las de Jinmei Chen (Beijing Language and Culture University). En <em>Orillas</em> se han ocupado de Sender en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Ilaria Loro, Maura Rossi, Federica Capelli, Donatella Pini o Angela Moro.</p>
<p>En suma, de este c&uacute;mulo de referencias parece inferirse que la producci&oacute;n senderiana ha accedido finalmente a una nueva etapa de sereno conocimiento y de profusa divulgaci&oacute;n; un periodo que presagia una consideraci&oacute;n consolidada y firme que hasta hace poco se le negaba al autor. Claro que la solidez y la capacidad de sugerencia de su obra dejan escaso margen para la duda.</p>
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      <pubDate>Fri, 01 Mar 2024 10:29:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Alba Rico: “Los humanos tenemos infancias tan largas que nos morimos sin alcanzar la mayoría de edad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/santiago-alba-rico-los-humanos-tenemos-infancias-tan-largas-que-nos-morimos-sin-alcanzar-la-mayoria-de-edad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/SANTIAGO_ALBA_RICO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>&ldquo;</em>De la moral terrestre entre las nubes&rdquo; es el t&iacute;tulo de una pieza que Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) public&oacute; en &ldquo;CTXT&rdquo; en marzo de 2021. En ella se concita buena parte del universo tem&aacute;tico del fil&oacute;sofo: cine, literatura, marxismo, conflicto de identidades, moral, corporeidad, conciencia, la justicia de los vencedores&hellip; ahora, con ese mismo ep&iacute;grafe, la editorial Pepitas de calabaza acaba de publicar una antolog&iacute;a de ensayos breves del madrile&ntilde;o, con el que conversamos a prop&oacute;sito de algunos asuntos que analiza en esas p&aacute;ginas.</p>
<p>En la d&eacute;cada de 1980 fue guionista del m&iacute;tico programa de televisi&oacute;n &ldquo;La bola de cristal&rdquo; y ha publicado varias decenas de ensayos sobre pol&iacute;tica, filosof&iacute;a y literatura, as&iacute; como tres cuentos para ni&ntilde;os y una obra de teatro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En algunas de las cuestiones en las que usted repara en sus art&iacute;culos (pienso ahora en la belleza de lo grande y lo peque&ntilde;o) no toma partido. &iquest;C&oacute;mo saber cu&aacute;ndo uno ha de significarse, ante qu&eacute; cuestiones ha de hacerlo?</p>
<p>-<strong> </strong>Respecto de lo grande y lo peque&ntilde;o no cabe tomar partido, salvo para que las cosas grandes sigan siendo grandes y las peque&ntilde;as, peque&ntilde;as. Queremos monta&ntilde;as grandes y alfileres peque&ntilde;os: una monta&ntilde;a peque&ntilde;a es una arruga; un alfiler gigante es una espada. Respetar las escalas forma parte de la ecolog&iacute;a del mundo. En cuanto a otras cuestiones, es inevitable acabar teniendo una postura. Pero aqu&iacute; incidir&iacute;a en este &ldquo;acabar teniendo&rdquo;. Probablemente todos tenemos una tomada de antemano y cedemos sin darnos cuenta a los sesgos de confirmaci&oacute;n, pero hay objetos te&oacute;ricos cuya complejidad es tan grande (pienso, por ejemplo, en la tecnolog&iacute;a, muy tratada en mi libro) que exigen un trabajo previo de argumentaci&oacute;n y pensamiento elaborados. Se debe empezar por el conocimiento y acabar por la postura o la toma de partido; en nuestra sociedad polarizada y tecnologizada ocurre cada vez m&aacute;s lo contrario: nos sentimos obligados a tener una postura antes siquiera de tener una opini&oacute;n o incluso informaci&oacute;n. Hay que empezar por el conocimiento, digo, y acabar por la postura, salvo en un caso, los derechos humanos, donde la toma de partido es imperativa y previa a cualquier argumento; de hecho, cuando alguien argumenta en este terreno suele hacerlo siempre contra ellos.</p>
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<p><strong>&ldquo;La fantas&iacute;a es a&eacute;rea y jer&aacute;rquica; la imaginaci&oacute;n terrestre e igualitaria&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si &ldquo;la imaginaci&oacute;n mide y la fantas&iacute;a calcula&rdquo;, &iquest;podr&iacute;a decirse que la fantas&iacute;a es alienante?</p>
<p>- Es enga&ntilde;osa y potencialmente peligrosa. Si no tiene poder, se vuelve insolidaria; si lo tiene, destructiva. Le pondr&eacute; un ejemplo de fantas&iacute;a sin poder y otro de fantas&iacute;a con poder. El primero: frente a un anciano vencido por la edad, encorvado, tembloroso, aquejado de Alzheimer, podemos escoger uno de estos dos caminos: dejarnos llevar por la fantas&iacute;a de creer que eso no nos pasar&aacute; nunca a nosotros o activar la imaginaci&oacute;n y ponernos en ese lugar que tarde o temprano ser&aacute; el nuestro tambi&eacute;n. El que fantasea, al contrario que el que imagina, es poco proclive a la empat&iacute;a y los cuidados. El segundo ejemplo: un hombre ve a un jud&iacute;o y fantasea con la idea de su superioridad racial o ve una monta&ntilde;a y fantasea con la idea de vaciar el petr&oacute;leo que lleva en sus entra&ntilde;as. Si adem&aacute;s de fantas&iacute;a tiene poder se convertir&aacute; en Hitler y cometer&aacute; un genocidio, o se convertir&aacute; en el director de la ExonMobil y cometer&aacute; un ecocidio. Hay que ser muy fantasioso para creer en la jerarqu&iacute;a racial o en el car&aacute;cter ilimitado de los recursos del planeta. A la primera fantas&iacute;a la llamamos nazismo; a la segunda, capitalismo. En ese mismo caso, la imaginaci&oacute;n opera al rev&eacute;s: en el jud&iacute;o ve un sufrimiento hermano, en la monta&ntilde;a, un peque&ntilde;o dios en s&iacute; mismo respetable (por evocar el t&iacute;tulo del gran &uacute;ltimo libro de Eduardo Romero). La fantas&iacute;a es a&eacute;rea y jer&aacute;rquica; la imaginaci&oacute;n terrestre e igualitaria. Un ejemplo tr&aacute;gico y actual de fantas&iacute;a es el Estado de Israel, que considera los cuerpos de los palestinos obst&aacute;culos para su proyecto de pureza supremacista y los destruye desde el aire, sin tocarlos. La fantas&iacute;a deber&iacute;amos reservarla para la vida sexual. Hoy, por desgracia, est&aacute; volviendo con mucha fuerza a nuestra vida pol&iacute;tica y hasta gobierna pa&iacute;ses enteros.</p>
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<p>- Esas construcciones fantasmas, esas urbanizaciones que nunca llegaron a estar habitadas, de esos escombros (que no ruinas), &iquest;podemos resignificarlas, reapropi&aacute;rnoslas?, &iquest;conviene, en el caso de que fuera posible, hacerlo?</p>
<p>- No tengo una respuesta clara. En mi libro hablo de esas obras arquitect&oacute;nicas &ldquo;incompletas&rdquo; que se convierten en ruinas antes de haber sido habitadas y que pueblan fantasmalmente nuestros paisajes: miles de casas, s&iacute;, pero tambi&eacute;n edificios p&uacute;blicos en los que se han gastado millones de euros. Las ruinas sabemos c&oacute;mo tratarlas. Con independencia de su origen (pensemos en las pir&aacute;mides, construidas con mano de obra esclava o, seg&uacute;n otras hip&oacute;tesis, con mucho sufrimiento asalariado), su existencia misma es un imperativo de conservaci&oacute;n, porque han adquirido belleza en el tiempo y porque nos ponen en relaci&oacute;n con el tiempo mismo. &iquest;Y con esas urbanizaciones fantasma? &iquest;O con el hotel El Algarrobico, en el Cabo de Gata, quince a&ntilde;os pendiente de demolici&oacute;n? Creo que habr&aacute; que juzgar caso por caso; hay lugares resignificables y otros que deben desaparecer sin dejar huella: este es el caso, a mi juicio, de El Algarrobico. Digamos que la especulaci&oacute;n capitalista tiene dos caras contradictorias. Por un lado, se apoya en la mansedumbre antropol&oacute;gica con la que los humanos aceptamos y nos acostumbramos a todo lo que existe, ya sea un bosque o la urbanizaci&oacute;n que lo destruye y sustituye: con tal de que haya algo en lugar de nada. Por otro, trata a los edificios y las casas como a mercanc&iacute;as, de tal manera que est&aacute; constantemente destruyendo y reconstruyendo las ciudades y por eso, como dec&iacute;a Richard Sennet, &ldquo;del New York de acero y fibra &oacute;ptica quedar&aacute;n muchos menos vestigios que de la Roma imperial&rdquo;. Cambiamos de ciudad cada treinta a&ntilde;os como cambiamos de m&oacute;vil o de coche cada dos. Hace poco, Antonio Giraldo nos recordaba que la edad media de la Espa&ntilde;a edificada es de 37 a&ntilde;os. Espa&ntilde;a, esa naci&oacute;n al parecer milenaria, naci&oacute;, &iexcl;en 1987! De todas las provincias la m&aacute;s nueva ser&iacute;a Toledo, que en t&eacute;rminos urban&iacute;sticos se remonta al a&ntilde;o 2003; la m&aacute;s vieja Barcelona, de 1964. As&iacute; que m&aacute;s que de resignificar se tratar&iacute;a de conservar y de durar. China ha derribado casi la mitad de sus edificios en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os. Tenemos el problema de las casas vac&iacute;as o sin terminar y el problema de las casas demolidas sin agotar su ciclo vital.</p>
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<p><strong>&ldquo;La espera y la atenci&oacute;n son incompatibles con el universo de las mercanc&iacute;as&rdquo;</strong></p>
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<p>- Recala con frecuencia en el concepto y la necesidad de la &ldquo;atenci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;nto de incapacidad para ella tenemos los humanos y de qu&eacute; manera nos la amputa un sistema que dispara continuamente est&iacute;mulos y ruidos y que fosfatina los cuerpos despu&eacute;s de largas jornadas de trabajo?</p>
<p>-<strong> </strong>Le&iacute; hace no mucho el estimulante e inquietante libro de Johann Hari, &ldquo;El valor de la atenci&oacute;n&rdquo;, donde se da, entre otros datos, el siguiente: un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os estadounidense no es capaz de mantener la atenci&oacute;n en un mismo objeto o en una misma tarea m&aacute;s de sesenta y cinco segundos; un adulto, de media, apenas llega a los tres minutos. Llevo a&ntilde;os ocup&aacute;ndome de esta cuesti&oacute;n, que me parece crucial para la supervivencia de la civilizaci&oacute;n, porque de la atenci&oacute;n depende el valor mismo de los objetos y los cuerpos: solo podemos querer lo que hemos mirado largamente y por eso &mdash;sea dicho de paso&mdash; son las madres, y no los padres, los que tradicionalmente han valorizado la vida humana; y por eso se puede querer lo mismo a un hijo biol&oacute;gico que a uno adoptado, con tal de que se le hayan cambiado los pa&ntilde;ales. Dec&iacute;a la fil&oacute;sofa, m&iacute;stica y activista francesa Simone Weil que la salvaci&oacute;n de los humanos no depende de la voluntad sino de la atenci&oacute;n, y ten&iacute;a raz&oacute;n. Es la atenci&oacute;n, asociada al concepto de espera, la que mantiene los objetos y los cuerpos erguidos en el mundo: la que construye y sostiene el mundo. La espera y la atenci&oacute;n son incompatibles con el universo de las mercanc&iacute;as y sobre todo con el de esas mercanc&iacute;as vol&aacute;tiles y celer&iacute;simas que llamamos &ldquo;im&aacute;genes&rdquo;; son incompatibles con el dominio antropol&oacute;gico de las nuevas tecnolog&iacute;as. No es que nos distraigamos f&aacute;cilmente o que tengamos patolog&iacute;as de hiperactividad; no es culpa nuestra. Las nuevas tecnolog&iacute;as no nos dejan esperar y hay cosas &mdash;la mayor parte de las que valen la pena&mdash; que deben ser esperadas: no s&eacute;, el amor, la puesta de sol, el climaterio de una cereza, el florecimiento de las jacarandas, el domingo. Porque el problema es que los cuerpos no son im&aacute;genes que uno pueda pasar con el dedo, como en una pantalla t&aacute;ctil: son exigentes, vinculantes, duraderos, fr&aacute;giles. Convertir los cuerpos en im&aacute;genes tiene un coste &eacute;tico muy grande: acabamos por no distinguir un ni&ntilde;o muerto de un meme, una guerra de un anuncio publicitario de coches. Mientras el neoliberalismo predica voluntad y nos hace culpables de nuestra pobreza, nosotros debemos reivindicar y practicar la atenci&oacute;n: el valor del mundo procede en realidad de la duraci&oacute;n de una mirada.</p>
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<p>- Ser ni&ntilde;o en tanto que tomarse en serio una tarea que sabe imposible. &iquest;C&oacute;mo distinguir este hermoso ejemplo que usted rescata de la infantilizaci&oacute;n a la que somete el capitalismo inocul&aacute;ndonos esa otra tarea imposible de llenar un hueco (ll&aacute;mese falta) a base de consumir?</p>
<p>- Creo que es interesante observar la relaci&oacute;n que establecen las distintas culturas entre la repetici&oacute;n y la novedad. Las sociedades &ldquo;antiguas&rdquo;, digamos, apostaban por la repetici&oacute;n, intentaban repetirse a s&iacute; mismas, y la novedad era algo que ocurr&iacute;a casi contra su voluntad: nuevo era precisamente aquello, bueno o malo, que los humanos no pod&iacute;an impedir que ocurriera. En nuestras sociedades de consumo, la paradoja es que la novedad se ha impuesto como principio rector del tiempo (todo es todo el rato &ldquo;hist&oacute;rico&rdquo;, &ldquo;revolucionario&rdquo;, &ldquo;sin precedentes&rdquo;) pero debe repetirse precisamente como novedad, cada vez m&aacute;s deprisa y sin interrupci&oacute;n. Ahora bien, nada es finalmente hist&oacute;rico si todo es lo; y nada es nuevo si todo es nuevo. Por eso, como he dicho otras veces, el capitalismo no solo ha producido una antropolog&iacute;a sin cosas (pues las mercanc&iacute;as no lo son) sino tambi&eacute;n una sociedad sin acontecimientos (pues hasta las noticias son mercanc&iacute;as de obsolescencia programada). Todo es, si se quiere, comestible. De ah&iacute; la &ldquo;infantilizaci&oacute;n&rdquo; de la que hablas: un mundo de puro presente digestivo sin memoria es lo que llamamos lactancia.<strong></strong></p>
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<p><strong>&ldquo;El neoliberalismo es una gran neurosis universal&rdquo;</strong></p>
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<p>- Vincula, en uno de sus textos, la ingenuidad con la repetici&oacute;n de un gesto. &iquest;Qu&eacute; importancia tienen los rituales en la creaci&oacute;n de comunidad?</p>
<p>- Lo contrario de un rito o una ceremonia es una pulsi&oacute;n neur&oacute;tica: el que todas las noches se asegura tres veces de que ha cerrado el gas est&aacute; privatizando la idea de rito. Neurosis, h&aacute;bito y ceremonia son formas de repetici&oacute;n diferentes, porque los dos primeros se ci&ntilde;en al &aacute;mbito privado y la ceremonia compromete siempre a un colectivo. Tradici&oacute;n es repetici&oacute;n; pero la repetici&oacute;n se produce en el tiempo como transmisi&oacute;n y como anticipo. Un rito es un rito porque se ha repetido en el pasado, pero asimismo, porque va a repetirse en el futuro: porque en su propia ejecuci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita la voluntad de repetir el gesto el a&ntilde;o que viene. La humanidad es sociable y ritual y el esquema ceremonial puede llenarse de cualquier cosa. Ceremonia es el desfile de las fuerzas armadas, pero tambi&eacute;n el del Orgullo Gay. Las ceremonias tienen, pues, dos ejes decisivos: son lentas y son colectivas. Como dice Byung Chul-Han, las ceremonias no se pueden acelerar sin destruirlas: no podemos celebrar una cena de Navidad expr&eacute;s (ni tampoco un juicio expr&eacute;s, pues ser&iacute;a un juicio sumar&iacute;simo contrario al Derecho). Del mismo modo, solo puede hablarse de rito o ceremonia cuando hay m&aacute;s de una persona implicada en la acci&oacute;n: es lo que los antiguos cristianos llamaban &ldquo;eklesia&rdquo;<em> </em>o asamblea, para lo que se necesitan al menos dos personas. Pues bien, el neoliberalismo es claramente anticeremonial: lo acelera todo al tiempo que lo mide todo en t&eacute;rminos individuales: imprime velocidad a las acciones y disuelve todas las asambleas. Es, si se quiere, una gran neurosis universal.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si no tenemos un ejemplo moral para las clases medias y populares, se impondr&aacute; sin duda de nuevo el populismo hitleriano&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si con &ldquo;obedecer&rdquo; se trata de &ldquo;escuchar&rdquo;, es decir, de emitir un juicio cr&iacute;tico, de &ldquo;tomar partido&rdquo; (volviendo al inicio de la conversaci&oacute;n), por tanto, de ejercer la libertad, &iquest;por qu&eacute; sucumbimos con tanto placer &mdash;o lo que es peor, con tanta inercia&mdash; a la obediencia ciega?</p>
<p>-<strong> </strong>S&iacute;, en uno de los textos del libro cito esta etimolog&iacute;a del verbo &ldquo;obedecer&rdquo;, que podr&iacute;a traducirse como &ldquo;escuchar con atenci&oacute;n&rdquo;; es decir, que tiene que ver con escuchar y no solo con o&iacute;r. Un sordo, que no puede o&iacute;r, puede escuchar; y una persona dotada de &ldquo;o&iacute;do absoluto&rdquo; puede permanecer sorda a la voz que le pide ayuda o a un poema de Rilke. Pero es verdad lo que usted dice: sentimos placer en la obediencia ciega. O sorda. Como usted recordar&aacute;, Eichmann, responsable nazi del traslado de miles de jud&iacute;os a los &ldquo;lager&rdquo;, trat&oacute; de justificarse ante el tribunal que lo juzg&oacute; invocando la &ldquo;obediencia&rdquo;: se hab&iacute;a limitado, dijo, a cumplir &oacute;rdenes. Hannah Arendt, que recogi&oacute; ese proceso en un famos&iacute;simo libro, relacionaba ese tipo de obediencia con la ausencia de pensamiento. Si el verdadero obedecer es un &ldquo;escuchar con atenci&oacute;n&rdquo;, solo la falta de pensamiento, es decir, de escucha interior profunda, puede aceptar las &oacute;rdenes de un sistema criminal. Lo inquietante, en todo caso, no es Eichmann, un dirigente que tomaba decisiones y que era responsable, por tanto, de sus actos. Lo inquietante son los millones de personas buenas, normales, decentes, solidarias con sus vecinos, buenas madres, amigables compa&ntilde;eros, que creyeron posible mantener una vida normal en medio de la debacle. No nos hagamos ilusiones y menos en un momento en que los riesgos vuelven a ser grandes: todos podemos ser as&iacute;. Eichmann es una excepci&oacute;n; tambi&eacute;n, en el otro lado, el rebelde Bonhoeffer, ejecutado por Hitler. Entre los dos, estamos la mayor parte de los humanos, de los que en una situaci&oacute;n semejante se puede esperar igualmente la obediencia ciega que la desobediencia ciega y quiz&aacute;s por el mismo motivo: porque solo vemos lo que tenemos delante de los ojos. Por eso siempre me gust&oacute; la propuesta de Mumford en su &ldquo;Historia de la Utop&iacute;a<em>&rdquo;</em>. Hay pocos Hitler, aunque pueden hacer un da&ntilde;o incalculable, y hay pocos Cristos, cuyo bien no se puede medir. Entre unos y otros est&aacute; Robin Hood, cuyo sentido de la justicia, terrestre y juguet&oacute;n, s&iacute; podemos imitar todos. En tiempos de crisis en los que hay que movilizar mayor&iacute;as sociales en favor de la democracia, conviene que interpelemos al Robin Hood que todos llevamos dentro; y no al Che Guevara idealizado a cuya altura muy pocos pueden estar. Porque si no tenemos un ejemplo moral para las clases medias y populares, se impondr&aacute; sin duda de nuevo el populismo hitleriano, con otro nombre y otra doctrina.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay que pensar un mundo de reglas democr&aacute;ticas que reprima las infancias infelices&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;El adulto es un ni&ntilde;o arruinado?</p>
<p>- No s&eacute;. Por un lado, tendemos a idealizar a los ni&ntilde;os, que juegan sin parar pero no son felices; juegan sin parar porque no son felices y juegan tanto, y encuentran tanta felicidad en el juego, que al final se olvidan la mayor tiempo de la infelicidad que los espera cuando, por ejemplo, se meten en la cama o se pierden en alg&uacute;n bosque (digamos el colegio). Lo terrible, a mi juicio, es que cuando nos hacemos mayores conservamos la infelicidad, y no la felicidad, de la infancia. Nos olvidamos de las reglas del juego (que es lo atractivo de los juegos), hacemos trampas, prolongamos o vengamos los abusos recibidos; seguimos, en definitiva, en el colegio, pero ahora lo llamamos empresa, parlamento, familia, gobierno. Los humanos tenemos infancias tan largas que nos morimos sin alcanzar la mayor&iacute;a de edad. No nos da tiempo a madurar. Por eso tambi&eacute;n hay que pensar un orden pol&iacute;tico para ni&ntilde;os eternos, para humanos inmaduros: un mundo de reglas democr&aacute;ticas que reprima las infancias infelices.</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay que confundir el olvido con el perd&oacute;n&rdquo;</strong></p>
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<p>- Otro de los asuntos en los que recala es el perd&oacute;n. Rescata una idea hermosa de &ldquo;Los hermanos Karamazov&rdquo;: &ldquo;no es posible castigar lo que no se puede perdonar&rdquo;. &iquest;Se puede perdonar a quien no solicita o implora o pide nuestro perd&oacute;n?</p>
<p>- No hay que confundir el olvido con el perd&oacute;n. El rencoroso no lo es porque recuerde el agravio sino porque no lo perdona. Creo que, en los conflictos cotidianos entre amigos o amantes, lo que predomina es el olvido: decidimos olvidar para seguir la vida en com&uacute;n; y hasta tal punto se trata de olvido y no de perd&oacute;n que basta que se reproduzca una nueva situaci&oacute;n de conflicto, la m&aacute;s banal, para que salgan a la luz todos los agravios del pasado. El perd&oacute;n, como indica el propio t&eacute;rmino, es donaci&oacute;n y no depende, por tanto, de una petici&oacute;n o reclamaci&oacute;n del otro. Es gratuito y, a&uacute;n m&aacute;s, gratis y solo por eso puede producir, del otro lado, gratitud, sentimiento siempre curativo. Pero el perd&oacute;n es una cosa muy rara y no deber&iacute;amos contar con &eacute;l para construir o reparar nuestras relaciones sociales. Es heroico, moral, maravilloso, religioso, y hay que celebrarlo y predicarlo, pero ni los jueces ni los gobiernos perdonan. Pueden conceder beneficios penitenciarios a presos no arrepentidos o indultos y amnist&iacute;as a condenados dispuestos a repetir lo que hicieron. En todo caso, el problema no es el perd&oacute;n sino el castigo. &iquest;Existe el mal? S&iacute;. &iquest;Se puede castigar? No. Por eso el Derecho tiene que pensar castigos a la medida de los humanos falibles y corregibles, que somos la mayor&iacute;a, y no con el prop&oacute;sito de evitar el Mal. Cuando se construye una ley para castigar a los monstruos, confiando en poder de esa manera reprimir el Mal, es la ley la que se acaba convirti&eacute;ndose en el Mal. El derecho tiene que legislar a partir del presupuesto de que no existen los monstruos, pues de ese modo evita que un poder arbitrario pueda tratarnos a todos como si lo fu&eacute;ramos. A Hitler no se le puede castigar. Cuando a&uacute;n viv&iacute;a y gobernaba Alemania, en el a&ntilde;o 1942, Simone Weil ya insist&iacute;a en esta idea: a Hitler, dec&iacute;a, nunca se le podr&aacute; castigar. &iquest;Por qu&eacute;? Porque, incluso torturado, encarcelado, ejecutado, Hitler ya hab&iacute;a alcanzado su objetivo: el de ser una criatura grandiosa, el de tener un destino grandioso, el de estar en la Historia y no en su cuerpo. El &uacute;nico castigo que se le puede infligir a Hitler, a&ntilde;ad&iacute;a Weil, es el de transformar de tal manera el concepto de lo grandioso que a ning&uacute;n joven futuro, con sed de grandiosidad, se le ocurra pensar en &eacute;l y mucho menos imitarlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico que ha conseguido la construcci&oacute;n de un &lsquo;hombre nuevo&rsquo; es el capitalismo neoliberal&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;El mundo son los &aacute;rboles. La realidad es internet&rdquo;. El hecho de que cada vez destinemos m&aacute;s tiempo de nuestras vidas a internet, en detrimento del mundo, &iquest;se explica por una enfermedad del alma, del cuerpo, por una decepci&oacute;n y devastaci&oacute;n de ambos&hellip;?</p>
<p>- Es el fruto de una revoluci&oacute;n material que incluye el fin del neol&iacute;tico y la proletarizaci&oacute;n del ocio. El socialismo y el cristianismo siempre so&ntilde;aron con la construcci&oacute;n de un &ldquo;hombre nuevo&rdquo;, pero el &uacute;nico que lo ha conseguido es el capitalismo neoliberal. &ldquo;Un estado del mundo y un estado del alma&rdquo;, dec&iacute;a Kafka. Pero ha hecho falta infligir mucha violencia econ&oacute;mica y mucho placer industrial al ser humano para separarlo de su propio cuerpo y de los v&iacute;nculos que generaba a su alrededor. El espacio, los &aacute;rboles, el propio cuerpo son solo los residuos de un mundo que tampoco era una maravilla pero que ten&iacute;a arreglo; son, a&uacute;n m&aacute;s, los obst&aacute;culos interpuestos en el camino de esa fantas&iacute;a poderos&iacute;sima que nos arrebata la atenci&oacute;n y rentabiliza nuestro tiempo libre. Ese &ldquo;hombre nuevo&rdquo;, al que a&uacute;n resiste (porque se muere) el cuerpo viejo, considera una &ldquo;p&eacute;rdida de tiempo&rdquo; todo el tiempo lento pasado entre cuerpos y entre &aacute;rboles; todo el tiempo que pasamos alejados de internet. Volver al espacio es la consigna m&aacute;s radical que se me ocurre proponer en estos momentos.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Es llamativo que la &eacute;poca que m&aacute;s ha cuestionado las grandes &lsquo;autenticidades&rsquo; haya acabado produciendo una polvareda identitaria&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Hay una crisis de identidad a la que el sistema prescribe con otra identidad suced&aacute;nea, la que deviene de ciertos diagn&oacute;sticos que asumimos como err&oacute;neamente identitarios (&ldquo;soy&rdquo; cel&iacute;aco, bipolar, vegano, de g&eacute;nero fluido&hellip;) convirtiendo la propia identidad en otro veh&iacute;culo para a mercanc&iacute;a. A esto se une la crisis de identidad &uacute;ltima (si cabe esta categor&iacute;a), la de &laquo;ser humano&raquo;. &iquest;Podremos llamar a s&iacute; a quienes tengan &mdash;ya se est&aacute; experimentado&mdash; chips en su cerebro conectados a internet o cuerpos bi&oacute;nicos?</p>
<p>- El lat&iacute;n distingu&iacute;a entre &ldquo;lo mismo&rdquo; (idem) y lo propio (ipse). Idem define la identidad l&oacute;gica (A es igual a A), que en el caso de los cuerpos individuales solo puede aplicarse al nombre, y no siempre: yo me sigo llamando Santiago como cuando nac&iacute;, a pesar de los muchos cambios experimentados. En cuanto a lo propio, no sabemos lo que es; nos pasamos toda la vida busc&aacute;ndolo, en los mapas, en las ideas, en la sexualidad, y creemos siempre (y este espejismo es lo que llamamos identidad) que el otro, al contrario que nosotros, s&iacute; lo ha encontrado. Por eso es llamativo que la &eacute;poca que m&aacute;s ha cuestionado las grandes &laquo;autenticidades&raquo; haya acabado produciendo una polvareda identitaria muy funcional a menudo, como usted dice, al mercado neoliberal. Tenemos que nombrarlo todo con el verbo &ldquo;ser&rdquo;; es una maldici&oacute;n, un descanso y un negocio. En cuanto a la humanidad, el &uacute;nico idem que conoce es el cuerpo humano, que no ha cambiado en 300.000 a&ntilde;os. Su ipse, en cambio, tenemos que decidirlo nosotros. Es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica y moral, una apuesta, una &mdash;aqu&iacute; s&iacute;&mdash; toma de partido. &iquest;Queremos una humanidad sin &ldquo;instanciaci&oacute;n biol&oacute;gica&rdquo;, como la imagina Nick Land? &iquest;Una humanidad trasladada a o consumada en la IA? &iquest;Una humanidad completamente informatizada? &iquest;Una humanidad inmortal? &iquest;O apostamos por una humanidad en la que el idem, el cuerpo, siga generando v&iacute;nculos, que reconozca por tanto su condici&oacute;n natural y que, a partir de ella, busque un orden pol&iacute;tico reglado en el que sea posible, sin aspirar a derrocar el Mal, establecer una relativa igualdad, una relativa justicia social y una relativa democracia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El mito que mejor nos representa hoy en d&iacute;a es Narciso &mdash;cerca de trescientas muertes por &ldquo;selfies&rdquo; no s&eacute; si es hilarante o terror&iacute;fico&mdash;, Salom&eacute; (por querer constantemente cosas sin desearlas, como ella la cabeza de Juan), Prometeo&hellip;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El de Narciso, que se muri&oacute; por no salir de s&iacute; mismo; el de Acte&oacute;n, que muri&oacute; por mirar lo que no deb&iacute;a; el de Eresicton, castigado a devorar todas las criaturas, &aacute;rboles, piedras, casas, incluyendo a su propia hija; y el de Prometeo, al que los dioses castigaron por hacer demasiado f&aacute;cil la vida a los humanos. Hacer f&aacute;cil la vida a los humanos es una buena obra; hac&eacute;rsela &ldquo;demasiado&rdquo; f&aacute;cil, ya lo hemos visto, solo es posible introduciendo niveles de desigualdad y destrucci&oacute;n incompatibles, al final, con la humanidad misma. Pero para no acabar en este tono apocal&iacute;ptico, citar&eacute; otro mito: el de Pen&eacute;lope, que supo, desplegando mayor astucia que la de Ulises, mantener a raya a 108 hombres y convertir la espera y la atenci&oacute;n en la condici&oacute;n misma de todas las aventuras.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2024 09:14:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andar bajo el pozo que nos abriga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andar-bajo-el-pozo-que-nos-abriga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MAR_A_MART_N_HERN_NDEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>A finales de junio del a&ntilde;o pasado salt&oacute; la noticia de que el poemario que se alz&oacute; con el I Premio Internacional de Poes&iacute;a Joven &Aacute;ngel Guinda fue &ldquo;Deshabitar el cuerpo&rdquo;, de Mar&iacute;a Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez (Zaragoza, 1996). Si bien es verdad que es el primer libro publicado de la autora, lo que el lector se encuentra a la hora de adentrarse en &eacute;l es una obra tallada con la paciencia, el esfuerzo y el cari&ntilde;o de quien sabe que la palabra es lo que nos salva y une con nuestras ra&iacute;ces para poder llegar a ser, para poder borrar la niebla y adentrarnos en la claridad de los bosques.&nbsp;</p>
<p>Dividido en cuatro partes Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, vestida para la ocasi&oacute;n con la t&uacute;nica de Virgilio, nos muestra y nos gu&iacute;a por un camino de vida, su vida, marcado por un dolor interior y un desarraigo al que las circunstancias le han llevado y del que solo a trav&eacute;s de la palabra po&eacute;tica podr&aacute; salir, esa palabra donde el vac&iacute;o se hace carne para nombrar lo que no se puede decir, para describir lo difuso.&nbsp;</p>
<p>La senda que recorremos junto a ella se inicia en la gestaci&oacute;n del ser, en el vientre materno, por ello no es extra&ntilde;o que este comienzo reciba el nombre de &ldquo;Ovum&rdquo;, concepto que nos retrotrae ya no solo al origen de la vida, pues con este latinismo Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez tambi&eacute;n nos declara de manera metaf&oacute;rica sus intenciones de volver a los or&iacute;genes y profundidades del lenguaje, el po&eacute;tico en concreto, concebido como un pulso que permite a la poeta profundizar en la sombra que le cerca. Un asunto que podemos encontrar en esta primera parte es el amor a su madre, una persona que para la poeta es un &ldquo;cobijo&rdquo;, una &ldquo;isla&rdquo; que le guarda y protege; un amor que se hace patente en la dedicatoria a esta secci&oacute;n y, sobre todo, en el poema &laquo;Ecosistema&raquo;. Sin embargo, las piezas po&eacute;ticas recogidas en &ldquo;Ovum&rdquo; est&aacute;n marcado por la sombra, por esa &ldquo;patria oscura de lo invisible&rdquo;; una oscuridad concebida como un dominio donde ni la palabra ni la vida ha surgido a&uacute;n. Sin embargo, ha de dejar este lugar para acudir a la vida ante &ldquo;la llamada del desierto la nombra&rdquo; y comenzar a trazar sus pasos en la arena est&eacute;ril del mundo.&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte, &laquo;Trazos en la tierra&raquo;, reverberan las palabras de Rilke que rezan que la patria de todo hombre es la infancia, pues los recuerdos, el pasado, las instant&aacute;neas que crujen levemente en sus ojos &ndash; &ldquo;restos de un claro en su memoria&rdquo; &ndash; , son una constante en los poemas de esta segunda secci&oacute;n. No obstante, en este tramo del camino aparece el desarraigo de la poeta y el dolor que supone el divorcio entre el cuerpo y la mirada. El sujeto po&eacute;tico pierde as&iacute; cuanto desea: el amor, el arte, los libros, la identidad&hellip; El choque entre la realidad y el deseo, entre el cuerpo y su idealismo le lleva a que no se reconozca y a que todo atisbo de felicidad vuele &ldquo;hacia una tierra m&aacute;s seca, donde las larvas se mueren de sed y escupen sangre sobre el pupitre de un aula vac&iacute;a&rdquo;. As&iacute; pues Mar&iacute;a deja el camino iluminado para adentrarse en la noche del mundo: comienza el camino en el p&aacute;ramo.&nbsp;</p>
<p>La tercera parte, &ldquo;Devorar el cuerpo&rdquo;, puede considerase como un tratado sobre el desierto. El dolor que siente el sujeto l&iacute;rico, al igual que en Machado, empapa todo el paisaje donde el &ldquo;aire teje una hemorragia&rdquo; y &ldquo;las ra&iacute;ces del roble se ahogan con el viento&rdquo;. El yo po&eacute;tico se encuentra en medio de un erial donde el silencio y la herida es lo &uacute;nico que respira. Pero contra todo pron&oacute;stico, es en esta misma tierra bald&iacute;a donde toma conciencia de que la &uacute;nica manera de diluir la tierra yerma en la que se encuentra es la palabra po&eacute;tica, la &uacute;nica v&iacute;a para &ldquo;llegar a la ra&iacute;z de la sombra&rdquo; que le domina y as&iacute;, poder zafarse de la mara&ntilde;a de seda en la que se encuentra y abrirse a la vida, filosof&iacute;a que se refleja en la &uacute;ltima parte del poemario, &ldquo;Sostener el vuelo&rdquo;, que se configura como un homenaje precioso a la poes&iacute;a y al verbo po&eacute;tico. Aqu&iacute;, el yo l&iacute;rico se adentra en la materia prima de las palabras para poder encontrase a s&iacute; misma en el fondo de ellas y arropar sus ra&iacute;ces. El silencio, que durante todo el poemario hab&iacute;a sido la se&ntilde;al de la mudez de la vida, aqu&iacute; se alza como mudez del mundo, es decir, como una puerta abierta a lo sensible. El silencio as&iacute; se conforma como el elemento previo y necesario al poema. La poeta, a trav&eacute;s de su dialecto, camina por el desierto comprendiendo que &ldquo;escribir es fracturar las sombras&rdquo;, adentrarse en la oscuridad para poder destruirla y resucitar las ra&iacute;ces.&nbsp;</p>
<p>Finalmente, todo esfuerzo tiene su recompensa y el sujeto po&eacute;tico llega al claro de un bosque donde la influencia de Mar&iacute;a Zambrano es patente y que hace que dicho lugar se erija como un s&iacute;mbolo de esperanza, claridad y revelaci&oacute;n. Despu&eacute;s de tanto dolor, Mar&iacute;a llega la ataraxia a trav&eacute;s de un argot que le ha ense&ntilde;ado que resta&ntilde;ar la herida no es sumirla en el olvido, sino aceptarla porque, como sabiamente sentencia, &ldquo;el &uacute;nico arraigo es andar bajo el pozo que nos abriga&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como se puede observar, esta primera muestra de Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez presenta a su autora como una escritora madura que ha alcanzado una voz propia alejada de las tendencias imperantes de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea pues, como todo poeta consecuente, Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez tiene claro que el &uacute;nico compromiso que tiene es consigo misma y con la palabra.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, <em>&nbsp;Deshabitar el cuerpo</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Feb 2024 13:56:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La belleza ya no podrá ser nunca más entendida como lo que fue]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-belleza-ya-no-podra-ser-nunca-mas-entendida-como-lo-que-fue/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/RICARDO_VIRTANEN_-_UN_INSTANTE_EN_EL_PARA_SO_500_px.png" alt="" /></p>
<p>Quienes hayan visto <em>El peque&ntilde;o salvaje</em>, de Fran&ccedil;ois Truffaut, quiz&aacute; recuerden la escena en que el doctor Pinel le dice al doctor Itard el extraordinario momento que supondr&aacute; para todos que V&iacute;ctor de L&rsquo;Aveyron se admire por primera vez ante las maravillas y las bellezas de Par&iacute;s, ignoradas por esa criatura desamparada que ha vivido pr&aacute;cticamente desde que naci&oacute; como un rudo animal, solitario y sin las m&aacute;s b&aacute;sicas nociones de educaci&oacute;n y moral. Pinel est&aacute; convencido de que el ni&ntilde;o sabr&aacute; reconocer y disfrutar de la objetiva belleza de los monumentos y de las obras de arte en cuanto los tenga delante de s&iacute;. Sin duda, se trata de una escena (recreaci&oacute;n, por cierto, de los apuntes recogidos por el m&eacute;dico y pedagogo Jean Itard, que nos leg&oacute; un fabuloso conjunto de apuntes y reflexiones sobre el proceso educativo al que someti&oacute; a V&iacute;ctor para que dejara de ser un salvaje y se convirtiera en una persona civilizada) en la que se da por hecho que la idea de belleza no es un constructo cultural ni una noci&oacute;n cargada de historicidad, variable, el&aacute;stica, incierta, sino m&aacute;s bien un concepto invariable, universal y por ello mismo connatural a todos los seres humanos, independientemente de las circunstancias y del tiempo que les haya tocado vivir. Pinel parte del axioma de que la belleza, en cualquiera de sus manifestaciones, naturales o art&iacute;sticas, tiene que provocar el mismo efecto de conformidad y de refrendo en todos los sujetos que la contemplen. Se dir&iacute;a que tal planteamiento bebe en gran medida de la filosof&iacute;a plat&oacute;nica, que concibe la idea de belleza (y, por extensi&oacute;n, cualquier idea) como un ente inmutable, cuya naturaleza definitoria no depende de ninguna opini&oacute;n subjetiva, personal o colectiva, pues est&aacute; al margen de los vaivenes e inconstancias de lo temporal, como un Absoluto intempestivo.</p>
<p>En su muy entretenido e instructivo <em>Diccionario de las Artes</em>, F&eacute;lix de Az&uacute;a refiere que la idea de belleza, seg&uacute;n los antiguos era cosa del esp&iacute;ritu, del intelecto, no de las obras de arte ni de la naturaleza, cosas estas groseras y m&aacute;s o menos pr&aacute;cticas. Seg&uacute;n &eacute;l, lo bello concebido como una <em>necesidad</em> siempre presente en las obras de arte o en la naturaleza es algo relativamente tard&iacute;o, ya que si exceptuamos a los herederos renacentistas y a los neoplat&oacute;nicos platonianos, la primera teor&iacute;a consciente que pone en relaci&oacute;n de necesidad lo bello y el arte es la est&eacute;tica de Kant en su tercera Cr&iacute;tica o Cr&iacute;tica del Juicio. Bello es lo que produce un placer &laquo;desinteresado&raquo;, agradable y sereno. Lo contrario, por ejemplo, un trozo de mierda enlatada, algo repugnante y nada agradable, no ser&iacute;a, desde la &oacute;ptica kantiana, digno de llamarse bello, y mucho menos obra de arte. Y lo mismo podr&iacute;a decirse de la imagen fotogr&aacute;fica de la explosi&oacute;n producida por el impacto mort&iacute;fero de un avi&oacute;n contra un rascacielos, que, en principio, lejos de provocarnos una sensaci&oacute;n de serenidad, nos causar&iacute;a una honda conmoci&oacute;n y, por supuesto, tristeza, p&aacute;nico y espanto.</p>
<p>Pero, con Hegel, lo bello deja definitivamente de formar parte <em>necesaria</em> de los productos de las artes y pasa a tener s&oacute;lo una presencia<em> hist&oacute;rica</em>. Porque lo que la racionalizaci&oacute;n de la est&eacute;tica hegeliana consigue es que las bellas artes se dejen ver por primera vez como una sola unidad a lo largo de toda la historia, haciendo as&iacute; que t<em>odos los pueblos de la tierra aparezcan unidos en una tarea gigantesca: el arte, o sea, el Arte</em>. El Arte, la Belleza, como algo universal, que se ha ido desarrollando o desplegando en sucesivos pero diferentes momentos hist&oacute;ricos, pues lo propio del Arte o de la Belleza no es su inherente necesidad inmutable a las obras art&iacute;sticas o a la Naturaleza (como pensaba Kant), sino su historicidad y, sobre todo, la conciencia de esa historicidad, ausente en los egipcios, los griegos, los chinos o los cristianos. Ahora bien, desde el momento crucial en que el artista (pero tambi&eacute;n el cr&iacute;tico, el espectador, el Estado) toma conciencia hist&oacute;rica de lo que sea el Arte o la Belleza o la obra de arte bella, es decir, desde el momento en que las artes se universalizan con el desarrollo de las democracias occidentales tecnologizadas, la idea de Belleza se destruye o, peor a&uacute;n, se diluye en un marem&aacute;gnum confuso de propuestas y ejecutorias en las que todo puede acabar entendi&eacute;ndose como obra de arte bella, desde&nbsp; un trozo de mierda enlatada hasta la imagen fotogr&aacute;fica de la explosi&oacute;n producida por el impacto mort&iacute;fero de un avi&oacute;n contra un rascacielos. De manera que hoy en d&iacute;a ya no existen unas coordenadas precisas bajo las cuales amparar el concepto de belleza, pues todo puede ser Bello y todo puede ser Arte.</p>
<p>&iquest;La Belleza ha muerto? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la Belleza? &iquest;Qu&eacute; es la Belleza? En <em>Un instante en el para&iacute;so</em>, 50 aforistas espa&ntilde;oles ejemplifican a trav&eacute;s de sus aforismos que actualmente la Belleza se puede decir de muchas maneras, y cabe tanto verla en lo sencillo como en lo recargado y barroco, en lo que atrae a unos como en lo que repele a otros, en lo preciso como en lo impreciso, o, en fin, en cualquier cosa que sea susceptible de llamarse bello por el hecho mismo de que se le quiera llamar as&iacute;. Precisamente, en el pr&oacute;logo que firma Jos&eacute; Luis Trullo, se hace hincapi&eacute; en la urgente necesidad de recuperar el aut&eacute;ntico sentido de la palabra Belleza, tan poco escrupulosamente manejado en nuestra sociedad, que ve sin inmutarse c&oacute;mo ese venerable vocablo u otros como Verdad o Dios &laquo;que siempre se pronunciaron con recato y moderaci&oacute;n, ahora corren de boca en boca (y de tuit en tuit) de un modo desconsiderado&raquo;. Cree Trullo que esa misi&oacute;n de rescate del sentido verdadero de la Belleza corresponde fundamentalmente a los poetas (y quiz&aacute; por ello no sea casualidad que haya tantos poetas entre esos 50 aforistas), &laquo;quienes, seg&uacute;n Heidegger, <em>fundan lo que dura</em>, ante todo, preservando las palabras del mal uso al que se ven sometidas&raquo;. Pero leyendo a estos poetas que escriben aforismos, mi impresi&oacute;n es que, como dice uno de ellos, la posibilidad de acertar mucho respecto a que sea la belleza es tanta como la posibilidad de errar mucho. Y es que la Belleza, el inodoro de Marcel Duchamp mediante, ya no podr&aacute; ser nunca m&aacute;s entendida como lo que fue.</p>
<p>Tal vez, o sin el tal vez, porque Hegel ten&iacute;a raz&oacute;n.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Un instante en el para&iacute;so</em>, Ricardo Virtanen (ed.), Apeadero de aforistas, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Feb 2024 13:44:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sergio del Molino: “La literatura autobiográfica ayuda a expiar culpas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sergio-del-molino-la-literatura-autobiografica-ayuda-a-expiar-culpas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/SERGIO_DEL_MOLINO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros no buscados que cambian el rumbo de un escritor. A veces se imponen por capricho; la creaci&oacute;n literaria tiene su cuota de azar. Pero otros los dictan las circunstancias y el autor, por mucho que se resista, ya no vuelve a ser el mismo.</p>
<p>A Sergio del Molino le sucedi&oacute; con <em>La hora violeta</em> (Mondadori, 2013), en el que describe la enfermedad y muerte de su hijo Pablo. Ese relato testimonial torci&oacute; sus coqueteos con el realismo sucio y la pretensi&oacute;n de escribir humor al m&aacute;s puro estilo ingl&eacute;s. Del mismo modo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em> (Turner, 2016) revalid&oacute; su labor como ensayista al tiempo que desbrozaba el camino a otros autores en la denuncia de la desestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y poblacional de nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>Ya cumplidos los cuarenta, este madrile&ntilde;o trasplantado a Zaragoza ha publicado una docena de libros, a ritmo de uno por a&ntilde;o, y es voz conocida en las columnas de prensa y&nbsp; tertulias radiof&oacute;nicas. Hay que cazarlo al vuelo, aprovechando su viaje de los viernes a Madrid, por lo que quedamos en un restaurante cercano a la emisora desde la que aconseja libros y pel&iacute;culas; incluso resuelve a los oyentes peque&ntilde;as dudas morales. Disponemos de una hora para comer y hacer la entrevista. El AVE no espera.</p>
<p>&nbsp;El restaurante tiene nombre de copla. A Estrellita Castro le temblaba el caracolillo cuando cantaba que la gitana protagonista fue desgraciada porque antepuso el dinero al amor. En las paredes, fotos taurinas en blanco y negro de Anya Bartels-Suermondt; punto andaluz que, sin rayar en lo ca&ntilde;&iacute;, se extiende a la carta. Sergio del Molino la conoce bien y me dejo llevar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor&rdquo;</strong></p>
<p>Mientras aguardamos la <em>esperanza rusa </em>(no deja de ser una ensaladilla, pero de textura m&aacute;s suave. Casi hummus. Parece un gui&ntilde;o a Sevilla. La forma de contentar a los devotos de las dos Esperanzas: la Macarena y la de Triana), hablamos de su libro m&aacute;s reciente, <em>Calomarde. El hijo bastardo de las luces </em>(Libros del K.O), donde profundiza en la biograf&iacute;a del turolense que fue ministro de Gracia y Justicia con Fernando VII, al que presenta como iniciador de las &ldquo;cloacas del Estado&rdquo; en Espa&ntilde;a. &ldquo;No he pretendido hacer un ensayo acad&eacute;mico, sino un retrato literario y period&iacute;stico, porque me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor. Para desmitificar ya est&aacute;n los historiadores. Y Calomarde es un ministro muy importante en el momento en el que se est&aacute; fundando el Estado Espa&ntilde;ol, con la estructura que hoy conocemos. Una de mis querencias por &eacute;l es porque representa muy bien la figura del arribista. En el fondo es un intruso, que no deb&iacute;a estar ah&iacute;, y eso explica todos sus movimientos. Fernando VII es un tirano muy extra&ntilde;o, porque ejerce la tiran&iacute;a de forma un tanto pasiva. Calomarde le es muy af&iacute;n y aguanta casi diez a&ntilde;os como valido suyo, como su mano derecha, porque los dos est&aacute;n un poco a verlas venir. No se creen su papel. A m&iacute; me parece que Fernando VII se sorprende de aguantar tanto en el trono sin merecerlo. Ya que, en contra de lo que se cree, no es un gran conspirador. De la misma forma que Calomarde tampoco lo es. Pero saben mantenerse teniendo un perfil muy discreto y dejando que sus enemigos se maten entre ellos. Se compara a Calomarde, y yo tambi&eacute;n lo hago, con Fouch&eacute;. Sin embargo, en ese sentido, se parece m&aacute;s a un Rajoy; una persona por la que nadie apuesta, siempre en segundo plano, que no es percibida como amenaza, porque a Calomarde lo ve&iacute;an como un labriego sin m&eacute;ritos, y acab&oacute; matando a todos sus enemigos por la v&iacute;a lenta.</p>
<p>- La respuesta al soplamocos que le dio la Infanta Carlota por reinstaurar la Ley S&aacute;lica: &ldquo;Manos blancas no ofenden. Se&ntilde;ora&rdquo;, ser&iacute;a ap&oacute;crifa, seg&uacute;n usted.</p>
<p>- As&iacute; lo creo, porque le presupondr&iacute;a mayor intelecto del que tuvo. Calomarde supo manejar los resortes del poder pero no era, ni mucho menos, un hombre cultivado.</p>
<p>- Al leer el libro queda claro que Gald&oacute;s, con toda su perspicacia, no habr&iacute;a calado al personaje.</p>
<p>-Gald&oacute;s hace una caricatura de forma intencionada. Javier Cercas, recordemos la pol&eacute;mica que ha mantenido con Mu&ntilde;oz Molina a cuenta de don Benito, tiene raz&oacute;n en que es un escritor muy parcial. Su versi&oacute;n de la Historia de Espa&ntilde;a est&aacute; completamente sesgada hacia el Liberalismo, y pinta a todos los personajes que tienen relaci&oacute;n con el Absolutismo con rasgos muy esperp&eacute;nticos. A Calomarde lo retrata como un monstruo, como un buf&oacute;n, de la misma forma que trata mal a Floridablanca o a Fernando VII y a todos sus ministros. Pero Calomarde, a pesar de lo abyecto que resulta, no era ese comparsa que describe Gald&oacute;s. Resultaba m&aacute;s interesante y complejo, ten&iacute;a muchos pliegues.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>El primer libro de Sergio del Molino, cuando se ganaba la vida como periodista<em>,</em> fue un volumen de relatos: <em>Malas influencias </em>(Tropo Editores, 2009). Heredero del realismo sucio, sus protagonistas, alguno de carne y hueso como la escritora Sylvia Plath, son seres inadaptados y v&iacute;ctimas de la frustraci&oacute;n. Un rasgo que se repetir&aacute; en obras posteriores, cuando ya frecuente la ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica. &ldquo;Yo borrar&iacute;a mis primeros libros. No tienen ning&uacute;n inter&eacute;s para el lector, si acaso para alg&uacute;n estudioso. Cuando escribes uno que destaca, repescan los anteriores, pero casi con intenci&oacute;n arqueol&oacute;gica. Es verdad que las obsesiones de un escritor vienen de lejos. Algunas entroncan ya en la infancia y las vas desplegando poco a poco. Yo creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando. Hay escritores que no se lanzan a la piscina hasta que no lo tienen absolutamente claro. En ese sentido, yo soy muy imprudente y pienso que todos mis libros se encuentran ya insinuados en los anteriores. Por ejemplo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a e</em>staba esboz&aacute;ndose ya en mi novela anterior, <em>Lo que a nadie le importa. </em>Y as&iacute;, unos libros llevan a otros&rdquo;.</p>
<p>- <em>Soldados en el jard&iacute;n de la paz</em> (Prames, 2009) fue su primera incursi&oacute;n en el ensayo narrativo. La historia de esos alemanes, procedentes de Camer&uacute;n, que llegaron a Zaragoza durante la Gran Guerra y se establecieron entre las &eacute;lites de la ciudad, podr&iacute;a haber dado tambi&eacute;n para una novela.</p>
<p>- Probablemente. De la misma forma que no me reconozco en <em>Malas influencias,</em> &eacute;ste es para m&iacute; un libro muy importante y quisiera rescatarlo en alg&uacute;n momento. Pero necesita una reescritura absoluta para sacarlo del localismo; porque, aunque es una historia de Zaragoza, resulta muy espa&ntilde;ola. Bastante de lo que luego cuento en <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>ya est&aacute; ah&iacute;. Y el tema central, el de los extra&ntilde;os desubicados, despu&eacute;s ha sido una constante en mi obra. Es una idea que me fascina.</p>
<p>- Con <em>No habr&aacute; m&aacute;s enemigo </em>(Tropo Editores, 2012) dio el salto a la novela. Es una historia de suspense, protagonizada por personajes atrapados en la gran ciudad, donde, por no faltar, no falta ni el sexo duro. A pesar de ese ritmo de thriller, Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz escrib&iacute;a en <em>Calibre 38</em>: &ldquo;Abundan destellos de literatura reflexiva que brillan con luz propia&rdquo; Literatura reflexiva&hellip;O sea que el Sergio del Molino que hemos conocido despu&eacute;s asomaba la patita.</p>
<p>- La verdad es que tampoco me reconozco ya en esa novela. Est&aacute; escrita por alguien que muri&oacute;, con una noci&oacute;n de la literatura y de la narraci&oacute;n que ahora no comparto. La escrib&iacute; antes de la enfermedad y muerte de Pablo, aunque se public&oacute; despu&eacute;s. La rehice en un estado que yo calificar&iacute;a de trastorno mental grave y no he vuelto sobre ella. Temo que est&aacute; escrita por alguien que no soy yo.</p>
<p>- Cuando se abre la puerta a una literatura reflexiva, pasa como con el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n: aparecen monstruos. Y lo vemos en esas supuestas memorias familiares de <em>Lo que a nadie le importa</em> (Random House, 2014). La sentencia que dirige el abuelo a su esposa en el lecho de muerte: &ldquo;Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos&rdquo;, como dicen los italianos: &ldquo;Se non &egrave; vero, &eacute; ben trovato&rdquo;.</p>
<p>- &Egrave; vero, &egrave; vero&hellip;</p>
<p>- La pronuncia su abuelo materno. Perteneci&oacute; al bando de los que ganaron la guerra y, sin embargo, tambi&eacute;n arrastr&oacute; miedos y silencios. Al leer la historia, da la sensaci&oacute;n de que los que nacieron inmediatamente despu&eacute;s de la muerte de Franco, usted es de 1979, heredaron esas lacras. Obviamente transformadas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>- En el caso de mi generaci&oacute;n, ya m&aacute;s que miedos y silencios, ser&iacute;an tics culturales. La sombra del franquismo ha sido largu&iacute;sima. Acabamos de desenterrarlo y volverlo a enterrar.&nbsp; A la hora de revisar nuestra historia, la gente de mi edad se encuentra con unos padres que vivieron la Transici&oacute;n y dieron por finiquitado aquel trauma, hicieron borr&oacute;n y cuenta.&nbsp; Por eso nos fijamos en los abuelos, que no lo llegaron a superar. Desde una perspectiva <em>benjaminiana, </em>me interesaba m&aacute;s ese di&aacute;logo intergeneracional en el que la historia va condicionando el presente. Por eso me fij&eacute; en mi abuelo. Buscaba el legado que pudiera quedar de sus silencios. No estoy seguro de que los traumas se hereden, pero una sombra y una cierta forma de mirar y de enfrentarte a las cosas creo que s&iacute; quedan. Y eso se manifiesta a trav&eacute;s de la cultura pol&iacute;tica, pero sobre todo de la familia en la que has crecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos&rdquo;</strong></p>
<p>El camarero acaba de servirnos las <em>croquetas de pring&aacute;</em>. P&iacute;ldoras de puchero andaluz en cucurucho de papel. Como casta&ntilde;as asadas. Hay que cocer a fuego lento magro, pollo, morcilla, chorizo y tocino, desmenuzarlos y fundirlos con la bechamel que lleva caldo del propio cocido. De Despe&ntilde;aperros para abajo nunca prob&eacute; bocado tan sabroso.</p>
<p>En <em>Lo que a nadie le importa</em> aparece otro de los elementos que luego se repetir&aacute;n en la obra de Sergio del Molino: el sentimiento de culpa. &ldquo;La literatura autobiogr&aacute;fica es una forma de confesi&oacute;n. Te ayuda a expiar las culpas. Y s&oacute;lo desde la perspectiva de la culpa tiene sentido el indulto que obtenemos al escribir. No hablo de culpa tal como la concibe la cultura judeocristiana, porque he sido criado en un ambiente ajeno a la religi&oacute;n y a la Iglesia, sino mucho m&aacute;s intimista y vinculada, por ejemplo, a la filosof&iacute;a de Hannah&nbsp; Arendt. Para m&iacute; es una gu&iacute;a &eacute;tica muy clara. No est&aacute; vinculada a los remordimientos ni la necesidad de purgar tus pecados, sino con la suciedad que vas dejando al vivir. Y te obliga constantemente a enfrentarte a ti mismo. Para m&iacute; la literatura va de eso: es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos y que escapa por completo de la geograf&iacute;a y de la celebraci&oacute;n de uno mismo. Por eso veo la culpa como un requerimiento &eacute;tico, muy vinculado a la vida en sociedad y a la autocr&iacute;tica constante de c&oacute;mo nos enfrentamos los unos a los otros.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>La hora violeta</em> probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Lo que a nadie le importa</em> lo escribi&oacute; despu&eacute;s de <em>La hora violeta</em>,<em> </em>que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en su obra. Cuando planeaba otras historias, la leucemia que acab&oacute; con la vida de su hijo Pablo, poco antes de cumplir los dos a&ntilde;os, le condujo a ese libro. Y dice que todav&iacute;a no sabe por qu&eacute; encuentra lectores.</p>
<p>- Para m&iacute; es un misterio, porque lo escrib&iacute; en condiciones muy desesperadas. En trance y casi, casi, sin ninguna pretensi&oacute;n literaria. O s&iacute;. O con todas las pretensiones literarias del mundo. Ah&iacute; desarrollo una idea para m&iacute; elemental: que la literatura es una misma cosa con la vida. Y la literatura es significativa en la medida en que exprese bien todas las rarezas y las asperezas de vivir. En ese sentido, una obra escrita de forma demasiado autoconsciente, demasiado pretenciosa, me parece antiliteraria y la veo condenada al fracaso. Si <em>La hora violeta</em> lleg&oacute; a ser significativa es porque se escribi&oacute; desde la inconsciencia. Yo creo. Y, por eso mismo, probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros. Aunque algunos cr&iacute;ticos digan lo contrario. Es una obra rara, lo reconozco, pero perfectamente coherente con esa idea de la literatura como reacci&oacute;n a la vida. Una reacci&oacute;n que intenta ordenar y situarte en el mundo. Por eso hay gente que se identifica, aunque no haya pasado por nada parecido, con lo que cuenta el libro.&nbsp;</p>
<p>Nos retiran los platos. En el cucurucho queda la croqueta de la verg&uuml;enza. &iexcl;No, hay dos! Estamos de suerte. As&iacute; evitamos el espect&aacute;culo hip&oacute;crita de ced&eacute;rsela al otro, cuando a los dos nos apetece. La pring&aacute;, en el nombre lo lleva, no es tan popular como otros cocidos espa&ntilde;oles, pero puede medirse con cualquiera de ellos.&nbsp;</p>
<p>- Como parte de ese discurso, usted reivindica tambi&eacute;n el valor de los sentimientos en la obra literaria. Jam&aacute;s del sentimentalismo. Eso hubiera hecho naufragar a <em>La hora violeta</em>. &iquest;Lo escribi&oacute; m&aacute;s con la cabeza que con el coraz&oacute;n?</p>
<p>- Con mucha cabeza, con mucha consciencia. Porque es un esfuerzo por mantenerme en el mundo e indagar en ese dolor. Es un libro muy cerebral que intenta ser fiel al dolor que est&aacute; expresando. Y, en ese sentido, ten&iacute;a que ser necesariamente contenido y austero. No pod&iacute;a desbordarse por el melodrama, porque entonces fracasar&iacute;a por completo. Esa es la paradoja del libro: que fue escrito en trance pero con una autoconsciencia muy, pero que muy, exacerbada.</p>
<p>Sergio del Molino ha explicado muchas veces que <em>La hora violeta</em> no fue una terapia, sino una necesidad. La necesidad -como escribe en el libro- de dar nombre. Pero hay silencios, elipsis, en los que cuenta m&aacute;s que con muchas palabras. &ldquo;Sin duda, la literatura calla. Est&aacute; mucho m&aacute;s en los silencios y en las sugerencias que en la expresi&oacute;n. En el fondo, es una especie de elegancia. Me parece muy burdo contarlo todo. Vila-Matas, en un art&iacute;culo sobre Bola&ntilde;o que he le&iacute;do hace poco, dice que la literatura fracasa cuando hace eso. Y tiene raz&oacute;n. Yo creo que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir es una elipsis. Me sorprendieron algunas cr&iacute;ticas, que eran muy elogiosas con el libro pero dec&iacute;an que lo contaba todo pormenorizadamente, que era muy detallista. No estoy de acuerdo: soy tremendamente elusivo. Es como si te asomaras por una mirilla a ese mundo hospitalario. Observas, pero apenas ves nada. Es evidente para cualquier lector que oculto much&iacute;simo. Por eso me sorprende tambi&eacute;n que, en algunas universidades de Latinoam&eacute;rica, se da en clases de periodismo como ejemplo de cr&oacute;nica. De cr&oacute;nica intimista, pero cr&oacute;nica. Cuando la cr&oacute;nica cuenta cosas y este libro intenta contar las menos posibles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>- En &eacute;l explica, tambi&eacute;n, c&oacute;mo fue su relectura de <em>Mortal y rosa</em>, de Francisco Umbral.</p>
<p>- Decepcionante. Bastante, adem&aacute;s. Porque me encuentro una obra elusiva hasta el punto que me incomoda. Pero no hablo de elusi&oacute;n literaria, con la que estar&iacute;a de acuerdo, sino&nbsp; elusi&oacute;n cobarde. Umbral, en vez de indagar en su dolor, creo que est&aacute; intentando huir de &eacute;l. Y hace terapia cuando usa la literatura como tapadera en lugar de como penetraci&oacute;n. La convierte en un trampantojo constante: el hecho de que no llame al hijo por su nombre, que apenas se perciba el momento en que muere Pincho, o que sea a veces casi una trama secundaria dentro del libro. Percib&iacute; que utilizaba la escritura como escapismo, justo lo contrario de lo que yo conceb&iacute;a que debe ser la literatura y lo que hab&iacute;a entendido en un primer momento de <em>Mortal y Rosa.</em> Esa relectura a m&iacute; me deja devastado y me hace pensar mucho en lo que quiero hacer y c&oacute;mo lo quiero contar. Por eso lo inclu&iacute; en <em>La hora violeta.</em></p>
<p><em>La mirada de los peces</em> (Random House, 20017)<em> </em>parte de otra p&eacute;rdida, aunque muy diferente, para Sergio del Molino. Su profesor Antonio Aramayona, coherente con la &Eacute;tica y Filosof&iacute;a que imparti&oacute; en las aulas, opt&oacute; por quitarse la vida. En este libro, que no es propiamente una reflexi&oacute;n sobre el suicidio, &uacute;ltimo tab&uacute; de nuestra sociedad, el autor parece acentuar ese sentimiento de culpa que rige gran parte de su obra.&nbsp; &ldquo;Puede ser. La verdad es que no lo he pensado. Pero uno de los hilos es el arrepentimiento que siento porque creo que no he estado a la altura del personaje de Antonio. Realmente no lo he entendido en algunos momentos de la vida y no he sabido estar donde deb&iacute;a. Es posible que haya una reflexi&oacute;n sobre la culpa entendida como crecimiento de la vida. Porque es algo consustancial a crecer y desmontar los mitos de nuestra adolescencia. A gente que cre&iacute;amos que eran santos y puros, pero luego descubrimos que no lo son. Y no sabemos estar a la altura de su humanidad. Una cosa que me gusta mucho de la literatura de Cercas, y esto lo he hablado mucho con &eacute;l, es que sus libros persiguen la construcci&oacute;n de un h&eacute;roe pero se acaban encontrando al ser humano. Se ve en <em>Soldados de Salamina</em> pero, sobre todo, en <em>El monarca de las sombras.</em> Cercas intenta estar a la altura del hombre y en <em>La mirada de los peces</em> yo sigo un proceso inverso: ten&iacute;a un h&eacute;roe, casi un santo, que era mi profesor Antonio Aramayona, y, conforme voy creciendo, me voy encontrando a una persona. Una persona con sus contradicciones, debilidades, miserias y peque&ntilde;eces. A m&iacute; me va decepcionando y no estoy a la altura de esa decepci&oacute;n. Porque en lugar de ver al ser humano, que es mucho m&aacute;s interesante y grande, me refugio en el mito. Y &eacute;se es un poco el juego que hila toda la relaci&oacute;n entre los dos personajes&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar&rdquo;</strong></p>
<p>Cuando empez&oacute; a escribir, Sergio del Molino quer&iacute;a ser un autor humor&iacute;stico, de los que cuentan historias con sarcasmo e iron&iacute;a. Tipo ingl&eacute;s. Pero la muerte de Pablo dio un giro de 180 grados a ese prop&oacute;sito inicial. Sin embargo, hay cr&iacute;ticos que ven destellos de humor en obras posteriores a <em>La hora violeta </em>y, por extra&ntilde;o que parezca, tambi&eacute;n en ese libro. Manuel Hidalgo habla de &ldquo;humor torcido&rdquo; a prop&oacute;sito de <em>En el Pa&iacute;s del Bidasoa</em> (IPSO Ediciones, 2018), donde Sergio del Molino recuerda c&oacute;mo marcaron su juventud las novelas de Baroja. &ldquo;En mis comienzos quer&iacute;a hacer parodia de todo y no tomarme nada en serio. La verdad es que, a d&iacute;a de hoy, la s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar y, especialmente, de hacer cr&oacute;nica pol&iacute;tica. Pero, claro, me siento incapaz porque me he vuelto solemne. Aunque la solemnidad no tiene por qu&eacute; estar re&ntilde;ida con la iron&iacute;a. La iron&iacute;a es necesaria y basal para la literatura y para la vida. Permea y ayuda a evacuar.&rdquo;</p>
<p>El camarero ha escuchado las &uacute;ltimas palabras. S&iacute;, fuera de contexto, se explica su mueca. Pero sirve campechano el <em>bacalao en tempura</em>. En rigor, es rebozado. Un bienmesabe sin vinagre, crujiente y dorado al punto. Nada que objetar, salvo el nombre. La tempura es otra cosa. Sergio del Molino retoma el hilo de la iron&iacute;a: &ldquo;En mis libros est&aacute; muy presente. Incluso en <em>La hora violeta</em> hay momentos con trasfondo ir&oacute;nico, donde dejo de tomarme en serio ciertas cosas. Si es una herramienta esencial para cualquier escritor, en el caso de los autobiogr&aacute;ficos con mayor motivo. Porque, si no, caes en el autobombo, en la autocomplacencia, y acabas haciendo una cosa absolutamente hueca. La iron&iacute;a es el arma que nos permite ser complejos y ser conscientes de que en las cosas nada, absolutamente nada, tiene importancia. Y luego, en mi vida diaria, yo no sabr&iacute;a convivir con alguien sin sentido del humor&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea&rdquo;</strong></p>
<p>- Su literatura no es estrictamente autobiogr&aacute;fica, porque deja espacio para la invenci&oacute;n, pero el sustrato b&aacute;sico son experiencias vividas por el autor y sus familiares. &iquest;El uso de la primera persona, predominante en sus libros, le ha obligado a vencer el pudor?</p>
<p>- Lo venc&iacute; en <em>La hora violeta, </em>de forma inconsciente, y no es un debate que me haga. Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea. Y tengo la suerte, adem&aacute;s, de que esa impudicia la comparte mi entorno, mi familia, a la que tengo de c&oacute;mplice. El uso de la primera persona para m&iacute; es algo muy natural. Y, adem&aacute;s, instrumental porque la uso para ocultarme. Una de las maneras m&aacute;s &uacute;tiles de esconderse es hacer creer al lector que est&aacute;s hablando de ti mismo cuando en realidad no lo haces. Estoy fijando la atenci&oacute;n, pero mis libros son muy poco intimistas. Hay intimidades, hay confesiones, aunque, en el fondo, uso el personaje que me construyo sobre m&iacute; mismo para llevar la narraci&oacute;n a ramas y a cerros de &Uacute;beda que son los que a m&iacute; me interesan. No deja de ser una estrategia narrativa.</p>
<p>-&iquest;Y descarta volver alg&uacute;n d&iacute;a a la ficci&oacute;n pura y dura?</p>
<p>-En buena medida ya lo hago en mi pr&oacute;ximo libro, que se titula <em>La piel. </em>Tiene parte de narraci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, parte de ensayo y otra de ficci&oacute;n. En &eacute;l incluyo una serie de relatos can&oacute;nicamente ficticios, basados en personajes hist&oacute;ricos, y en los que no aparezco yo. Aqu&iacute;, el narrador me ped&iacute;a aparecer en tercera persona. O sea que no descarto en absoluto volver a la ficci&oacute;n total.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p><em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>(Turner, 2016) inaugur&oacute; una serie de libros y reportajes sobre el &eacute;xodo rural en nuestro pa&iacute;s y el desequilibrio de la balanza demogr&aacute;fica<em>. </em>Sergio del Molino, que dio el pistoletazo de salida a otros autores, considera espantosa e innecesaria la correcci&oacute;n <em>vaciada</em> que han impuesto, despu&eacute;s de publicado su libro, los movimientos sociales y medios de comunicaci&oacute;n. Antonio Mu&ntilde;oz Molina, en una entusiasta cr&iacute;tica, escribe que la mirada del narrador est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a la de Machado que a la de un Azor&iacute;n o un Unamuno. &ldquo;Estoy de acuerdo y, adem&aacute;s, lo digo en el libro. Machado es mucho m&aacute;s nuestro contempor&aacute;neo. A Azor&iacute;n hoy no lo lee nadie. Es ilegible para la sensibilidad del lector actual, porque tiene un sentido de la poes&iacute;a en el paisaje que nos es completamente ajeno. Cuesta entrar en sus obras. Hay una barrera est&eacute;tica. Y Unamuno parece excesivamente contempor&aacute;neo. Interpela constantemente a su tiempo y muchos de los presupuestos desde los que escribe, no todos, resultan extra&ntilde;os o antiguos en este momento. Su nacionalismo cae antip&aacute;tico. Cuando habla de la raza, las esencias y cierto ecumenismo hisp&aacute;nico, nos suena a chirigota. Luego hay otras cosas, mucho m&aacute;s intimistas, que s&iacute; que nos llegan. Sin embargo, Machado es un paseante que est&aacute; plenamente inserto dentro la sensibilidad de hoy. Y no me pasa solo a m&iacute;. De los tres, es el &uacute;nico que sobrevive y podemos leer su obra como si estuviera reci&eacute;n escrita.&rdquo;</p>
<p>En el fondo, todos los libros de Sergio del Molino, ya sea a trav&eacute;s de pueblos abandonados, islas dentro de un continente o la literaturizaci&oacute;n de su propia familia, acaban hablando de Espa&ntilde;a. &ldquo;Creo que hay dos perfiles que est&aacute;n contaminados dentro de m&iacute; como ensayista. Pero a la vez se diferencian mucho. Hay uno m&aacute;s intelectual, del escritor que interviene p&uacute;blicamente en su tiempo, a trav&eacute;s de ensayos, art&iacute;culos, tertulias o conferencias. Y a &eacute;se le preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a. Pero como escritor m&aacute;s solipsista, que quiere crear una obra literaria al margen de la utilidad que pueda tener en el momento y de c&oacute;mo interpele a sus contempor&aacute;neos, me intereso por lo invisible, lo oculto, los espacios innominados y los yermos. Algo que tiene que ver tambi&eacute;n con los silencios de las familias. Por lo tanto, en ensayos como <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>y <em>Lugares fuera de sitio</em> intento llamar la atenci&oacute;n sobre realidades que son banales y que no se perciben como conflictivas, pero que para m&iacute; lo son mucho en lo que afecta a la articulaci&oacute;n de la convivencia y la cultura de un pa&iacute;s. Y en la obra m&aacute;s estrictamente narrativa, aqu&iacute; est&aacute; la contaminaci&oacute;n de los dos perfiles, hago lo mismo: fijarme en lo banal, en lo que a nadie le importa, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de mi novela, para desentra&ntilde;ar las historias que guardan&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Tom&aacute;s y Juan Jos&eacute; Padilla, retratados por Anya Bartels-Suermondt, observan, desde el muro de ladrillo visto, el pase&iacute;llo de los <em>Huevos camperos con jam&oacute;n de bellota 5J</em> desde cocinas a nuestra mesa. Romper bien la yema, para que impregne m&aacute;s las patatas que el pernil, tambi&eacute;n es un lance. Le reservo ese quiebro a Sergio del Molino.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Lugares fuera de sitio </em>fue galardonado con el premio Espasa de ensayo en 2018 y se ley&oacute; como la secuela de <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>. Porque enclaves como el Condado de Trevi&ntilde;o, el Rinc&oacute;n de Ademuz, Ll&iacute;via o Gibraltar no dejan de ser peque&ntilde;os laboratorios donde se ensaya la convivencia. En <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>, mientras tanto, hay una pasi&oacute;n por la estela que dejan las cosas al marcharse. Me recuerda a los cuadros de Amalia Avia, a esos comercios cerrados o puertas desvencijadas de lugares por los que -como escribi&oacute; sobre ellos Cela- &ldquo;alguna vez pas&oacute; la vida.&rdquo;&nbsp; &ldquo;Me gusta la comparaci&oacute;n. S&iacute;, busco ese eco, la fantasmagor&iacute;a. Yo vengo de una familia muy esot&eacute;rica. Mi madre no cre&iacute;a en Dios, pero s&iacute; en los fantasmas. Y en las brujas. Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas. Esa reverberaci&oacute;n de los espacios siempre me ha sugerido mucho, porque hay ecos del pasado que se pueden trastear. Es una obsesi&oacute;n est&eacute;tica que luego he convertido en un discurso &eacute;tico&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted se curti&oacute; en el mundo de las letras como periodista de <em>Heraldo de Arag&oacute;n </em>y, entre la docena de libros publicados, tiene uno, <em>El restaurante favorito de Nina Hagen</em> (Anorak Ediciones, 2011), que recopila, aunque me consta que hay mucha reescritura, art&iacute;culos y entradas de su p&aacute;gina personal. En el pr&oacute;logo dice que el periodismo ha renunciado a su sustancia narrativa. &nbsp;&iquest;Necesitamos en Espa&ntilde;a un periodismo m&aacute;s entroncado con la literatura como el que practica la Nueva Cr&oacute;nica Latinoamericana?</p>
<p>- Est&aacute; d&aacute;ndose. Por pura necesidad. El periodismo, al entrar en esa hecatombe que fue la crisis, tuvo que buscar nuevos espacios y formas. As&iacute; ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a. Est&aacute; Chaves Nogales, pero tenemos ejemplos m&aacute;s pr&oacute;ximos en el tiempo&nbsp; como Manu Leguineche y los grandes cronistas de la Transici&oacute;n, que est&aacute;n muy olvidados. Aqu&iacute; el gran escaparate period&iacute;stico estuvo dominado casi siempre por la opini&oacute;n. Por una opini&oacute;n, adem&aacute;s, banal, efectista y centrada en el estilo. Muy <em>umbraliana</em>, para entendernos. Y la cr&oacute;nica, que conlleva ir, ver y contar cosas desde una particular mirada, siempre ha ocupado un segundo plano. Sigue ocup&aacute;ndolo. Lo que s&iacute; es verdad es que, a consecuencia de la crisis, han ido apareciendo buenos documentalistas. Ahora hay cierto auge de libros de periodistas y de periodismo que durante tiempo estuvieron opacados en muchos sentidos. Las editoriales ten&iacute;an colecciones de cr&oacute;nica, pero se vend&iacute;an en el fondo de la librer&iacute;a. Y ahora, por poner dos ejemplos, Anagrama publica, como libros narrativos, los de Leila Guerriero o <em>El colgajo,</em> donde Philippe Lan&ccedil;on cuenta c&oacute;mo renaci&oacute; tras el atentado a la revista sat&iacute;rica <em>Charlie Hebdo</em>. O sea, que tienen un prestigio en la industria editorial que todav&iacute;a no les concede la period&iacute;stica. Ah&iacute;, en su propia casa, se sigue considerando un g&eacute;nero segund&oacute;n.</p>
<p>- Existi&oacute; una escuela de <em>El Norte de Castilla,</em> a trav&eacute;s de la cual algunos periodistas derivaron en grandes escritores. Si miramos a <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, encontramos nombres como el suyo, Manuel Vilas, Ant&oacute;n Castro, Irene Vallejo... Algunos ya llegaron siendo escritores y otros no han ejercido propiamente el periodismo, pero &iquest;se podr&iacute;a hablar de una escuela del <em>Heraldo</em>?</p>
<p>- No sabr&iacute;a responder. <em>Heraldo de Arag&oacute;n, </em>a pesar de que le faltaba el estilismo de <em>El Norte de Castilla</em>, porque no ten&iacute;a a Delibes como director, ha sido un peri&oacute;dico que tradicionalmente, ya no, ten&iacute;a unas p&aacute;ginas culturales muy bien cuidadas. Y ha sido refugio de buenas plumas. Eso es verdad. Pero no s&eacute; si ha sido tanto escuela como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n. Hubiera hecho falta alguien que orientara, como Delibes, ya digo. Por tanto, creo que los que salimos fue de forma espont&aacute;nea. M&aacute;s que ense&ntilde;arnos, nos dejaron hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>Sergio del Molino ejerce tambi&eacute;n como divulgador cultural a trav&eacute;s de la radio, donde lo mismo comenta un libro o una pel&iacute;cula como interviene en ese g&eacute;nero tan denostado que es el de la tertulia. &ldquo;No quiero hacer tertulia pol&iacute;tica, sino la relacionada con temas culturales, o sociales, porque en este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n. Se hace una opini&oacute;n de trinchera. Sin embargo, reconozco que en el columnismo s&iacute; me decanto mucho m&aacute;s. Tengo una posici&oacute;n muy esc&eacute;ptica con el poder en general y con el discurso de los poderosos. Creo que tanto el escritor p&uacute;blico, el que se expresa en los peri&oacute;dicos, como el periodista deben delatar las imposturas de ese discurso, encontrarle las fallas para re&iacute;rse de &eacute;l, y ser un poco bufones. En ese sentido, los partidos, cuanto m&aacute;s ideologizados est&aacute;n, m&aacute;s motivos dan para la risa. Son carne de parodia. Sin embargo, los de perfil m&aacute;s tecnocr&aacute;tico provocan menos chanzas&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>A Sergio del Molino le gusta decir que a los veinte era un anciano descre&iacute;do y que, con los a&ntilde;os, se ha vuelto m&aacute;s joven e ingenuo. Le pregunto, para acabar la entrevista, c&oacute;mo ve desde esa ingenuidad y su escepticismo pol&iacute;tico, la llegada de Teruel Existe al parlamento nacional. &iquest;Cree que habr&aacute; una segunda, y m&aacute;s legislaturas? &ldquo;Para m&iacute;, el peor escenario es que tuviera &eacute;xito. Uno de los movimientos pol&iacute;ticos que con m&aacute;s entusiasmo han celebrado esa llegada al Congreso y el Senado ha sido el independentismo catal&aacute;n. Porque ha visto refrendados en el discurso de Teruel Existe su idea victimista del Estado. Entonces, si lo parasitan, ser&aacute; el germen de algo nefasto para las reivindicaciones de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Si terminaran expres&aacute;ndose de forma nacionalista y esencialista, con el reproche por arma, ser&iacute;a terrible. Creo que est&aacute; muy lejos de suceder porque Teruel Existe es una plataforma ciudadana donde, evidentemente, cabe de todo. Lo &uacute;nico que les une es la indignaci&oacute;n por el abandono de la provincia. Nada m&aacute;s. Es muy dif&iacute;cil que ese discurso cale hasta transformarla en fuerza pol&iacute;tica. Imagino que se ir&aacute; desinflando, pero, curiosamente, creo que el salto a la pol&iacute;tica de Teruel Existe ha hecho da&ntilde;o a un movimiento que estaba en un momento muy dulce. Porque hab&iacute;a conseguido copar todos los espacios p&uacute;blicos con su discurso transversal de oposici&oacute;n al poder y de demanda ciudadana. Creo que han jodido&hellip;&rdquo;</p>
<p>-&hellip; &iquest;Pongo esa palabra en la transcripci&oacute;n?</p>
<p class="NoSpacing">- Por supuesto. Creo que han jodido parte de lo que les hac&iacute;a fuertes e indispensables. Adem&aacute;s, se perpet&uacute;a una forma de hacer pol&iacute;tica vinculada al caciquismo y el conseguidismo. Algo a lo que nos ten&iacute;an acostumbrados el PNV y los nacionalistas catalanes. El movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a pierde una oportunidad muy buena de intentar vertebrar el Estado de otra forma para que haya m&aacute;s igualdad y prevalezca la solidaridad. Si en las pr&oacute;ximas elecciones Cuenca obtiene un diputado por esa v&iacute;a y sale otro de Soria, cuando cada uno reclame en el Parlamento qu&eacute; hay de lo suyo, estaremos perdidos. Esto ser&iacute;a un neocarlismo. Creo que Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. S&eacute; que mi opini&oacute;n es dura, y que la comparte muy poca gente, pero me parece que han tomado la peor de las decisiones.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">El entrevistado consulta el reloj. Los viernes por la tarde, Madrid se convierte en un infierno para el tr&aacute;fico y tiene que coger el taxi ahora mismo si quiere llegar con tiempo a la estaci&oacute;n de Atocha. Regresa a Zaragoza, como hace todas las semanas, tras su colaboraci&oacute;n en la radio. &ldquo;Dejamos la<em> torrija de brioche con helado</em> para la siguiente comida&rdquo;.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me hab&iacute;an dicho que con ese pan dulce y de corteza dorada las torrijas quedan acorchadas en su punto. Ni duras ni hechas un sufl&eacute;. Toda una tentaci&oacute;n para el laminero que reprimo desde hace tiempo. Queda pendiente, por tanto. Nada hace barruntar que, d&iacute;as despu&eacute;s, el Gobierno decretar&aacute; el estado de alarma y Madrid se va a quedar tan vac&iacute;a como esa Espa&ntilde;a moribunda a la que tom&oacute; el pulso Sergio del Molino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Feb 2024 09:02:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una antología rigurosa de la última poesía española ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-antologia-rigurosa-de-la-ultima-poesia-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_ANTONIO_LLERA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, donde los poetas proliferan como las setas en primavera y donde hay casi tantos premios como bardos (con la consiguiente p&eacute;rdida de valor), es grato encontrar antolog&iacute;as rigurosas y claras que ayudan a situar al lector ante el mapa abrumador de nombres. Son antolog&iacute;as acad&eacute;micas, pero vividas y escritas desde dentro de la cuesti&oacute;n, conocimiento de causa. &nbsp;Jos&eacute; Antonio Llera nos ha regalado una de ellas. Y adem&aacute;s bien empaquetada en el cuidado papel de regalo de la editorial Libros del Aire, que dirige el poeta c&aacute;ntabro Carlos Alcorta, una de las voces de referencia de la cr&iacute;tica en prensa. Nos situamos pues ante una extensa antolog&iacute;a realizada con oficio y criterio, donde algunos de los elegidos, veintitr&eacute;s, son bien conocidos, pero otros no tanto. As&iacute; hay poetas casi desconocidos junto a los nombres de alg&uacute;n peso, como David Leo Garc&iacute;a, Ben Clark, Martha Asunci&oacute;n Alonso, &Aacute;ngela Segovia, Carlos Catena, &Aacute;ngelo N&eacute;store, Pablo Fidalgo, Elena Medel, Berta Garc&iacute;a Faet (de lo mejorcito en &ldquo;Los salmos fosforitos&rdquo;), o la inexcusable voz de Mar&iacute;a Salgado, poeta visual y uno de los nombres de referencia en la investigaci&oacute;n de la mirada anal&iacute;rica.&nbsp; En cualquier caso, hay una apuesta rigurosa y muy personal e innovadora sobre nombres &ldquo;in mente&rdquo; del lector avezado o para los especialistas, pero poco habituales en este tipo de trabajos. Me refiero a Carlos Bueno Vera, Luc&iacute;a Bosc&aacute;, Juan Bello, Gonzalo Hermo, Xu Xiaoxiao, Ruth Llana, Enrique Morales, Xaime Mart&iacute;nez, Ismael Ramos, Juan &Aacute;ngel Asensio, Rodrigo Garc&iacute;a Marina, Javier Fajarn&eacute;s, Laura Rodr&iacute;guez D&iacute;az. Cada uno de ellos con la consiguiente po&eacute;tica y nota biobibliogr&aacute;fica, a lo que debemos a&ntilde;adir un breve an&aacute;lisis, pero suficiente, de cada uno de ellos en el estudio introductorio, y que a veces sobrepasa la p&aacute;gina dedicada. Esta presentaci&oacute;n de voces menos medi&aacute;ticas, su incorporaci&oacute;n y an&aacute;lisis, los poemas seleccionados, es otro de los m&eacute;ritos de la antolog&iacute;a.</p>
<p>Apela Jos&eacute; Antonio Llera a un texto del &ldquo;Viaje al Parnaso&rdquo; sobre el &ldquo;temblor&rdquo; ante &ldquo;los puestos&rdquo; y los &ldquo;no puestos&rdquo; en las antolog&iacute;as. No deber&iacute;a preocuparse, porque de los &ldquo;puestos&rdquo; habla bien, dando opini&oacute;n y valorando con cautela sus libros. Adem&aacute;s de que alguno de ellos no suele ser incorporado a otras recopilaciones. &nbsp;Y los &ldquo;no puestos&rdquo;, no deben dolerse, pues sobran antolog&iacute;as a las que incorporarse, aunque pocas lleven un estudio inicial de ocho p&aacute;ginas reflexionando sobre la tarea del ant&oacute;logo o la poes&iacute;a actual; adem&aacute;s de sobre las corrientes que se imponen o m&aacute;s en boga (me hubiera ah&iacute; gustado que no sea tan prudente y, a veces, pol&iacute;tico. No se tome como defecto, sino como actitud cauta). Y eso antes de zambullirse con tino en los estudios individuales, que suman cuarenta p&aacute;ginas m&aacute;s. En cualquier caso, el ant&oacute;logo parece querer distanciarse de po&eacute;ticas distintas a los monocultivos de la poes&iacute;a de la experiencia de Luis Antonio de Villena o Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n. Ciertamente una antolog&iacute;a m&iacute;a que no cita, &ldquo;Las po&eacute;ticas del fragmento y el malestar&rdquo; (2020), con pr&oacute;logo de Antonio Gamoneda y donde va antologado el mismo Jos&eacute; Antonio Llera, avanz&oacute; en ese sentido en su extensa recopilaci&oacute;n y pr&oacute;logo. Hay un mundo diferente al de finales del siglo XX, que en un libro de 2021, &ldquo;Visiones y revisiones&rdquo;, y en otros art&iacute;culos termin&eacute; de intentar aclarar, junto a los trabajos de Juan Carlos Abril y del recientemente fallecido Jos&eacute; And&uacute;jar. Llera traza sobre esa cartograf&iacute;a la suya propia, otro de los valores del libro, tanto como la cuidada bibliograf&iacute;a, en la que le faltan pocos trabajos relevantes. Estamos pues, y, en definitiva, ante un libro s&oacute;lido y valiente, altamente recomendable para saber qu&eacute; se est&aacute; cociendo, y donde incorpora nuevos poetas (y poemas) con criterio, aunque se eche en falta, en ocasiones la presencia de alg&uacute;n libro. Pienso en Elena Medel, cuyo estupendo y adolescente &ldquo;Mi primer bikini&rdquo; (2002), fue su cima antes de caer en la temida amplificaci&oacute;n hueca o en la iron&iacute;a realista (que tiene un pase, sin m&aacute;s), pero desprovista del inicial talento. Y es que la solidaridad con la pobreza y ser mujer no son suficientes, ni ser medi&aacute;tico, para ser poeta de alg&uacute;n inter&eacute;s. Que se lo cuenten al genio oscuro del aparte Fernando Pessoa. En ese sentido es muy de agradecer que no haya ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n el ant&oacute;logo de caer en esa llamada de lo medi&aacute;tico, para apostar por su propio criterio y acercar al lector a un libro al que deseo larga vida, pues tiene todos los mimbres para que as&iacute; ocurra y adem&aacute;s lo merece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La noche es un p&aacute;jaro azul. Antolog&iacute;a de la &uacute;ltima poes&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;. Varios autores. Edici&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Llera, Cantabria, Libros del Aire, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Feb 2024 08:19:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una invitación para acceder a la poesía de Osvaldo Picardo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-invitacion-para-acceder-a-la-poesia-de-osvaldo-picardo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/OSVALDO_PICARDO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha tardado el lector espa&ntilde;ol en poder acceder a la poes&iacute;a pensativa de Osvaldo Picardo (Mar del Plata, 1955), a su sentido del humor y melancol&iacute;a. Una obra dif&iacute;cil de encontrar en Espa&ntilde;a, pues buena parte de ella est&aacute; publicada en Argentina, y cuya ausencia queda resuelta, al menos en parte, con esta breve antolog&iacute;a y no &ldquo;antojol&iacute;a&rdquo;. El lector podr&aacute; establecer las correspondencias entre el realismo reflexivo espa&ntilde;ol y el argentino en la voz de un poeta que, adem&aacute;s, es un estupendo autor de reflexiones sobre su arte. Sin duda muy en consonancia con una &eacute;poca en que, como nunca, las autopo&eacute;ticas est&aacute;n recibiendo gran atenci&oacute;n, despu&eacute;s de un peque&ntilde;o par&eacute;ntesis. Lo demuestra el estupendo libro de Jos&eacute; &Aacute;ngel Ba&ntilde;os Salda&ntilde;a &ldquo;M&aacute;s perenne que el bronce. El discurso autopo&eacute;tico en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo; (2023) que reactualiza el viejo y pionero estudio de Leopoldo S&aacute;nchez Torre &ldquo;La poes&iacute;a en el espejo del poema. La pr&aacute;ctica metapo&eacute;tica en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX&rdquo; (1993). Estamos pues ante un escritor que no sortea los desaf&iacute;os hermen&eacute;uticos que la poes&iacute;a propone en el periodo entre siglos, el suyo, el nuestro, en ese &aacute;mbito com&uacute;n del realismo de ambos m&aacute;rgenes, entre otras propuestas. La suya parte de un &laquo;escribir a conciencia&raquo; y de cuanto podr&iacute;amos llamar con Cesare Pavese, el oficio del poeta: atenci&oacute;n, tiempo, talento y dedicaci&oacute;n plena y lejana al escribir pensando en el mercado. Su poes&iacute;a se inscribe desde ah&iacute; y en cuanto en Argentina se denomina &laquo;poes&iacute;a de pensamiento&raquo; y que, como esos pescadores de sus poemas, reflexiona y busca iluminar zonas cubiertas de agua para descubrir una nueva realidad, mostr&aacute;rnosla o hacernos c&oacute;mplice de ella. Lo cuentan sus versos, pero tambi&eacute;n en la po&eacute;tica que cierra el libro y public&oacute; la revista &ldquo;Tropel&iacute;as&rdquo; de la Universidad de Zaragoza, desde ese silabeo en voz baja pensativo, de dicci&oacute;n clara, que se va empapando de la &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, aunque sepa tambi&eacute;n re&iacute;r e ironizar cuando la ocasi&oacute;n lo requiere.</p>
<p>La antolog&iacute;a recoge poemas desde los primeros libros &ldquo;Quis Quid Ubi. Poemas de Quintiliano&rdquo;<em> </em>(1996) hasta &ldquo;Nadar en el tiempo&rdquo; (2023), y entre ellos unos cuantos m&aacute;s, pero no muchos, pues no se prodiga este poeta tard&iacute;o. Destacar&iacute;a de todos ellos &ldquo;Mar del Plata. Seguido de otros lugares y viajes&rdquo; (2005), <em>Pasiones de la l&iacute;nea (poemas de Nicol&aacute;s de Cusa) </em>(2008) o <em>21 gramos</em> (2014). Y as&iacute; van surgiendo poemas en los que la circunstancia, el amor, se relata desde la confesi&oacute;n del saberse c&oacute;mplice del otro en ese esfuerzo que &ldquo;sobrevive&rdquo; al egotismo o el derrotismo, sin caer en sensibler&iacute;as o en enervamientos. Un amor hecho vida, pero donde &laquo;tropiezan la culpa y el amor&raquo;. Picardo sabe contar lo &iacute;ntimo desde ah&iacute;, tanto como simbolizar la existencia en sus trabajos y sus d&iacute;as, matices, compromisos, orfandades. Y as&iacute; lo hace desde la an&eacute;cdota de un &ldquo;D&iacute;a de pesca con mi padre&rdquo;, para extraer confesiones y reflexiones, mostrar amor, ironizar y denunciar al &ldquo;yo&rdquo;, o fijarse en unos obreros despedidos en otros momentos. Y, junto a ellos, los poemas en que una sensaci&oacute;n se convierte en reflexi&oacute;n, en &laquo;un imprevisto hueco/en el incre&iacute;ble bolsillo del mundo&raquo;. Esa extra&ntilde;eza, que a veces le asalta, honda, ese &laquo;silencio de buzo&raquo; y de costas imposibles para el superficial, donde el turista &laquo;nunca ha llegado a estas playas&raquo;, pues solo el &laquo;inmigrante y el desterrado /me entienden&raquo;. Y mucha ternura sobre la vida, sobre el origen y la resistencia de &laquo;El alba&ntilde;il y el socialista/ (&hellip;) y barrio pobre&raquo;. Y entre tantas circunstancias humanas, or&iacute;genes, amores, soledades y compromisos, cabe la denuncia del horror sobre los desaparecidos del estupendo poema VIII. Los desaparecidos en Argentina no es cualquier asunto, sino un hondo desgarro en la sociedad que Osvaldo Picardo refleja con firmeza, aunque esa poes&iacute;a de la edad o <em>de senectute</em>, habite a partes iguales &laquo;la nieve que dentro ha ca&iacute;do&raquo;, y sufre en su hiperestesia por un mar que dejar&aacute; de mirar. Picardo mira hacia dentro y hacia los lados, lo hemos dicho, desde la cortes&iacute;a de la claridad y desde el compromiso reflexivo, pero sobre todo emocional, con los an&oacute;nimos marineros de un barco pesquero con la palabra amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Y miramos c&oacute;mo oscurece. Antolog&iacute;a (1996-2023)&rdquo;<em>. </em>Osvaldo Picardo, Madrid, Ediciones Endymion, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 01 Feb 2024 10:47:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lectura productiva y estimulante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lectura-productiva-y-estimulante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ESTEBAN_MART_NEZ_SERRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Esteban Mart&iacute;nez Serra (Figueres, 1962) es profesor de Lengua y Literatura espa&ntilde;olas, editor y poeta; siendo autor de los libros&nbsp;<em>Palabras indefensas&nbsp;</em>(1999),<em> Las voces de la sobra&nbsp;</em>(1999),<em> A los frutos tard&iacute;os&nbsp;</em>(2001),<em> Pen&uacute;ltimos poemas &uacute;ltimos&nbsp;</em>(2004), <em>Paisajes de la voz</em> (2005), <em>Amarres </em>(2009), <em>Las luces n&oacute;madas&nbsp;</em>(2010),<em> Carencias&nbsp;</em>(2015),<em> </em><em>El lento aprendizaje de la paciencia&nbsp;</em>(2019) y<em> El temblor&nbsp;</em>(2022) y que recientemente nos ha entregado su &uacute;ltimo poemario Cuaderno <em>Japon&eacute;s y otros poemas&nbsp;</em>(La Gar&uacute;a, 2023).&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Las coordenadas de navegaci&oacute;n de estos poemas dibujan una ruta de escritura esencial, m&iacute;nima, marcando un trazo de avance lento, cuyos puntos componen una ruta hacia una suerte de poes&iacute;a con reminiscencias orientales. Esteban Mart&iacute;nez Serra, en su <em>Cuaderno Japon&eacute;s</em>, expone una caligraf&iacute;a hermosa, de pu&ntilde;o cl&aacute;sico &mdash;justific&aacute;ndose este ep&iacute;teto que le otorga &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; en lo evidente: no nos encontramos ante una escritura disruptiva, que pretenda cartografiar una literatura inexplorada y, por tanto, por negaci&oacute;n de la negaci&oacute;n, la taxonom&iacute;a de sus versos, nos inducen a clasificarla como perteneciente a un cierto canon&mdash;. Tambi&eacute;n salta a la vista que tanto la letra como el trazo son firmes y dan muestra de destreza. As&iacute; sus versos exponen reflexi&oacute;n y experiencia, al tiempo que acercan al lector las vivencias que en ellos quiere transmitir y que pretende que &eacute;ste alcance siguiendo la carta de navegaci&oacute;n que aqu&iacute; les deja. Es tambi&eacute;n &eacute;sta una escritura sin excesos ni estridencias, una escritura que respeta la pauta musical y el ritmo de una forma natural y amable.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El volumen est&aacute; compuesto por las secciones "Cuaderno japon&eacute;s", "Cinco poemas de amor", "Dime qu&eacute; es", "Manual de &aacute;rboles" y "Cierres", cap&iacute;tulos en los que se ofrece una variedad de estilos y una intensidad desigual &mdash;&uacute;nica pena que nos deja el poso de su lectura, pues tal vez menos hubiera sido m&aacute;s&mdash;. Si me lo permiten, podr&iacute;amos distinguir con la vitola de &ldquo;m&aacute;s relevantes&rdquo; al apartado que encabeza la obra y le da t&iacute;tulo adem&aacute;s de por esta raz&oacute;n, porque su extensi&oacute;n es la m&aacute;s significativa y por la coherencia al aportar un aire oriental en sus composiciones, y en la que el poeta se dirige a una figura femenina, Sonome, lo que a&ntilde;ade una p&aacute;tina rom&aacute;ntica al texto. Para ejemplificar su brisa oriental, dejo el poema XXXIV como bot&oacute;n de muestra: &ldquo;He abierto la puerta al jilguero. / Lo he visto volar hasta la higuera / y, luego, hilvanar una nube con otra./ Al final de la tarde / dos verderones han entrado en su jaula. / &iquest;Qu&eacute; debo hacer ahora?&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Entre esos cap&iacute;tulos destacados, adem&aacute;s del inaugural, tambi&eacute;n incluir&iacute;a los cuadernos breves "Dime qu&eacute; es" y "Manual de &aacute;rboles", en los que se recogen poemas valiosos, que son veh&iacute;culos para la presentaci&oacute;n y el desarrollo de ideas y cuestiones que el poeta de Figueres &mdash;con trazo limpio y natural&mdash; compone ante el lector, facilitando una lectura productiva y estimulante. Y, si por una parte, en la primera secci&oacute;n solicita definir un monstruo, un adi&oacute;s o un poema &mdash;&ldquo;un poema no es una barca / porque no se acomodan bien hombres y peces. / Tampoco es una quilla que rompa nada. / En el mejor de los casos es ese surco ilusorio / que deja en el agua, / pues el agua misma vuelve r&aacute;pidamente a ocuparlo. / Un poema es la fr&aacute;gil memoria de ese surco / y es por eso que tienes que volver la cabeza para verlo / antes de que concluya del todo su cicatrizaci&oacute;n&rdquo;&mdash;; en aquella otra (que se compone como manual bot&aacute;nico, m&aacute;s que alternativo, complementario al del ilerdense P&iacute;o Font Quer) realiza una taxonom&iacute;a arb&oacute;rea del silencio, del odio o de la paciencia, por ponerles un ejemplo: &ldquo;Debes apoyar la espalda en &eacute;l / y esperar. &iexcl;S&oacute;lo la espera da alg&uacute;n fruto! / Entonces la savia remontar&aacute;. / Ascender&aacute; por tu espalda el fluido de la vida: / esa agua nutricia en la que -durante siglos- / se maceraron otros antes que t&uacute;. Contigo.&rdquo;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Tampoco conviene perder de vista una secci&oacute;n muy lucrosa, sus "Cierres", donde leemos: &ldquo;as&iacute; como no existe el crimen perfecto / no existe la idea perfecta&rdquo;. Entiendo que tampoco hay lectura ni ideal ni perfecta, pero aqu&iacute; les ofrezco estas razones, que espero hagan m&aacute;s provechosa la que, tras esta lectura, ustedes puedan emprender.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><em>Cuaderno Japon&eacute;s y otros poemas. </em>Esteban Mart&iacute;nez Serra. La Gar&uacute;a, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jan 2024 07:52:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela excepcional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novela-excepcional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/CARMEN_LAFORET_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas obras dentro de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea poseen la singularidad de <em>Nada</em> de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por&nbsp; la excepcionalidad de una novela fulgurante, &uacute;nica, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicaci&oacute;n en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, que descarga as&iacute; al texto de muchas notas a pie de p&aacute;gina y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiraci&oacute;n hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. <em>Nada</em> se convirti&oacute; muy pronto en un &ldquo;fen&oacute;meno socioliterario&rdquo;, que arrumb&oacute; al resto de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Laforet y que pareci&oacute; convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la cr&iacute;tica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un ep&iacute;grafe <em>m&aacute;s</em> dentro de la narrativa espa&ntilde;ola de posguerra, aunque antes, cuando se le&iacute;a bastante m&aacute;s que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> de Baroja, <em>Las ratas</em> de Delibes o <em>Tiempo de silencio</em> de Mart&iacute;n Santos, hab&iacute;a que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de C&aacute;tedra &ndash;colecci&oacute;n &ldquo;Letras Hisp&aacute;nicas&rdquo;, color negro (y tipograf&iacute;a no muy grande)- est&aacute; tambi&eacute;n asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que deb&iacute;an acompa&ntilde;ar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecd&oacute;tica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edici&oacute;n de <em>Nada</em>, a cargo de Jos&eacute; Teruel, quien tambi&eacute;n ha editado con primor las obras completas de Carmen Mart&iacute;n Gaite en C&iacute;rculo de Lectores (por cierto, en el n&uacute;mero 124 de <em>Turia</em> aparece un extenso estudio en torno a la investigaci&oacute;n que la autora de <em>Usos amorosos de la posguerra</em> llev&oacute; a cabo sobre los Tor&aacute;n) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; resulta clara y amena, y sit&uacute;a a los lectores en el contexto de creaci&oacute;n y recepci&oacute;n de la obra, tan importante para entender el porqu&eacute; de su trascendencia.</p>
<p>Lo que tal vez m&aacute;s pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en s&iacute; posee una estructura lineal sencilla &ndash;un curso acad&eacute;mico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es m&aacute;s bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y as&iacute; se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a trav&eacute;s de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en&nbsp; ese curso de 1939-1940. Tambi&eacute;n es una novela que muestra el &ldquo;mito de la conciencia desorientada&rdquo;, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generaci&oacute;n, la de esos j&oacute;venes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participaci&oacute;n directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quiz&aacute;s sea este &uacute;ltimo aspecto sobre el que m&aacute;s se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendr&aacute; su continuaci&oacute;n en la novel&iacute;stica posterior.</p>
<p>Pero no solo hay que prestar atenci&oacute;n al contexto hist&oacute;rico y social en el que transcurre la narraci&oacute;n, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y c&oacute;mo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones &ndash;muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narraci&oacute;n, a modo de retratos que de alg&uacute;n modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos t&iacute;os, Juan y Rom&aacute;n, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese ni&ntilde;o por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del t&iacute;o Rom&aacute;n la m&aacute;s enigm&aacute;tica y compleja, con muchas sombras e historias detr&aacute;s de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparec&iacute;an en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda ser&aacute; Ena, la amiga de Andrea, el personaje m&aacute;s importante, aquel que con sus idas y venidas, est&eacute; presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a trav&eacute;s de sucesivos episodios.</p>
<p><em>Nada</em> es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el &ldquo;desarraigo existencial&rdquo; de una generaci&oacute;n y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, ser&aacute;, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecer&aacute;n, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deber&aacute; ir adapt&aacute;ndose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y peque&ntilde;os fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (&iquest;qu&eacute; j&oacute;venes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco m&aacute;s de 23 a&ntilde;os?) o por todo lo que la ha rodeado y que todav&iacute;a hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detr&aacute;s de lo que se cuenta tienen tambi&eacute;n su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narraci&oacute;n. Quiz&aacute;s en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deber&iacute;amos volver a las obras que sustentan nuestra formaci&oacute;n literaria y personal, aunque sea para sentir la desaz&oacute;n y angustia de Andrea, esa &ldquo;chica rara&rdquo; que protagoniza <em>Nada</em>.- PEDRO MORENO P&Eacute;REZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen Laforet, <em>Nada</em>, edici&oacute;n de Jos&eacute; Teruel, Madrid, C&aacute;tedra, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 09:17:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Cerviño: “Un poema es una cápsula fuera del tiempo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-cervino-un-poema-es-una-capsula-fuera-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/_NGEL_CERVI_O_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre la metaliteratura, el alc&aacute;zar de la ling&uuml;&iacute;stica embarazada de dones y una teatralidad que discurre por los meandros de la iron&iacute;a como de la gravedad incorporada de los asuntos que nos traspasan en lo com&uacute;n, &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o (Lezoce, Sarria, Lugo, 1956) construye un poemario, &ldquo;Poco L&aacute;zaro&rdquo;, cercano a la melancol&iacute;a de El Escorial, con esas mismas piedras hechas prosa de porosidad l&iacute;rica, en el que eje de la muerte est&aacute; al servicio de todo un despliegue de pases pernocta.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Adem&aacute;s de todos los &ldquo;ensayos&rdquo; descritos en el pr&oacute;logo de la propia muerte (Lorca, G&oacute;mez de la Serna, los suyos propios), tambi&eacute;n Carlos V ensay&oacute; su sepelio. &iquest;Qu&eacute; prende esta morbosidad mortuoria?</p>
<p>- El &ldquo;asunto&rdquo; de la muerte resulta inevitable. Nombrarla, convertirla en algo externo, y recluirla en un escenario para poder contemplarla desde fuera, debe de ser una de las maneras de hacerla m&aacute;s digerible. Un truco para ser capaces de asumirla: convertirla en representaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que &ldquo;en la morgue no haya lectores de poes&iacute;a moderna&rdquo;, &iquest;es una decepci&oacute;n, una iron&iacute;a, una justicia po&eacute;tica?</p>
<p>- La frase es una cita de Saul Bellow que me enamor&oacute; desde el momento en que me tropec&eacute; con ella, hace ya varios a&ntilde;os. Llega a este libro desde una de las secciones de mi anterior publicaci&oacute;n<em>, </em>&ldquo;La explotaci&oacute;n industrial del gusano de la seda&rdquo;, all&iacute; en una secci&oacute;n titulada &lsquo;Recuerdos de mi autopsia&rsquo;, se establec&iacute;a la morgue como escenario teatral y lugar de encuentro. Muchos ecos de aquellos textos resuenan en este L&aacute;zaro, y la cita encontr&oacute; de forma natural su acomodo.</p>
<p>En este contexto mortuorio, la frase tiene algo de recapitulaci&oacute;n final, y supongo que sigue recalcando cierto desasosiego, &iquest;realmente a qui&eacute;n le importan todos estos largos discursos?, &iquest;a qui&eacute;n le importa el resultado de esta actividad absurda a la que hemos dedicado media vida?</p>
<p>En la medida en que L&aacute;zaro es tambi&eacute;n el yo l&iacute;rico que produce el libro, esa constataci&oacute;n confirma la soledad del escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; &ldquo;los falsos dioses son los m&aacute;s crueles&rdquo;?</p>
<p>- Porque su crueldad no es sino una proyecci&oacute;n de la nuestra (somos sus inventores), un reflejo de nuestros peores impulsos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La muerte ha sufrido un proceso de ocultaci&oacute;n&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La muerte postmoderna &iquest;es m&aacute;s as&eacute;ptica, menos muerte, menos trascendente?</p>
<p>- La muerte ha sufrido un proceso de ocultaci&oacute;n, ha desaparecido de todo nuestro &aacute;mbito vital. La idea es vivir como si no existiera, hacer como que no va con nosotros.</p>
<p>Todos los procesos simb&oacute;licos y rituales relacionados con la muerte se han traspasado a un entramado de empresas cuyo primer cometido, ciertamente urgente, es sacarnos al muerto de delante, bien sea de la casa, o de la habitaci&oacute;n del hospital&hellip; Y devolv&eacute;rnoslo en una coqueta urna, que no desentonar&aacute; con la decoraci&oacute;n del sal&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Vindico la meditaci&oacute;n&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;&iquest;Es tiempo dilapidado todo aquel que no empleamos en contemplar las sonrosadas nubes que pasan&rdquo;?</p>
<p>- Supongo que lo que aqu&iacute; se plantea es una vindicaci&oacute;n de la meditaci&oacute;n, de la atenci&oacute;n extrema, y de algo as&iacute; como la vida contemplativa. Y, claro, la frase es tambi&eacute;n un eco de las conocidas palabras de Baudelaire: &ldquo;-&iquest;Pues qu&eacute; es lo que amas, extraordinario extranjero?&nbsp;-&iexcl;Amo las nubes..., las nubes que pasan... all&aacute; lejos... las maravillosas nubes!&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El espectro omnipresente que atormenta a la poes&iacute;a es el de su inutilidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Con qu&eacute; fantasmas convive &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o? &iquest;Y la poes&iacute;a, en general?</p>
<p>- &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o convive con el fantasma de s&iacute; mismo, pero como muy bien apuntaba el demonio b&iacute;blico que se negaba a ser expulsado del endemoniado de Gerasa, &ldquo;mi nombre es Legi&oacute;n, porque somos muchos&rdquo;.</p>
<p>Eso explicar&iacute;a la multiplicaci&oacute;n de voces dentro del libro, y dentro de cada poema. As&iacute;, cada una de las voces convocadas al texto deber&aacute; exorcizar al fantasma que le haya sido asignado.</p>
<p>En cuanto a los fantasmas de la poes&iacute;a, creo es un tema demasiado amplio y demasiado complejo para abordarlo en este formato de entrevista, s&oacute;lo podr&iacute;a decir que el espectro omnipresente que atormenta a la poes&iacute;a es el de su inutilidad: saber que es esencial y que no sirve para nada. Esa paradoja irresoluble es su mayor tormento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Conviene que los apetitos carezcan de utilidad?</p>
<p>- Un deseo sin finalidad y sin objeto ser&iacute;a el deseo supremo: el deseo de desear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todos somos L&aacute;zaro, cada ma&ntilde;ana al despertarnos de la pre-muerte del sue&ntilde;o&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sucede, qu&eacute; transcurre entre el sue&ntilde;o y la vigilia?</p>
<p>- La duermevela. Y ese es tambi&eacute;n el espacio intermedio en que se mueve L&aacute;zaro, a tientas entre la vida y la muerte.</p>
<p>Todos somos L&aacute;zaro, cada ma&ntilde;ana al despertarnos de la pre-muerte del sue&ntilde;o. La duermevela es el estado vital de L&aacute;zaro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; se requiere para que un instante &ldquo;sea pleno de gracia&rdquo;?</p>
<p>- Deber&iacute;an serlo todos y cada uno. Pero nuestra capacidad de atenci&oacute;n es limitada y nadie podr&iacute;a soportarlo; a lo sumo podemos permitirnos peque&ntilde;os destellos de iluminaci&oacute;n.</p>
<p>En una primera versi&oacute;n de ese texto aparec&iacute;a una referencia a una canci&oacute;n de Bob Dylan, de la &eacute;poca cristiana, &ldquo;Every grain of sand&rdquo; (cada grano de arena cuenta en el plan del Se&ntilde;or), donde se hablaba de &laquo;la furia del momento&raquo;. En posteriores versiones esa referencia desapareci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;El hombre que fing&iacute;a vivir no ha venido&rdquo;. Para que la vida sea digna de tal nombre, &iquest;c&oacute;mo ha de ser vivida?</p>
<p>- El hombre que fing&iacute;a vivir es uno de los personajes ausentes de la maravillosa novela (&iquest;anti-novela?) de Macedonio Fern&aacute;ndez, &ldquo;<em>Museo de la novela de la Eterna</em>&rdquo;. Aparece en mi texto quiz&aacute; para resaltar lo incompleto de L&aacute;zaro, ese &laquo;poco&raquo; que lo acompa&ntilde;a desde el t&iacute;tulo. Si L&aacute;zaro estaba poco vivo, tampoco necesitar&aacute; resucitar tanto.</p>
<p>La vida ha de ser vivida con j&uacute;bilo y resignaci&oacute;n, y es tarea de cada uno de nosotros ajustar las proporciones de esos dos elementos a cada momento de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo poema abre un par&eacute;ntesis, los mejores se olvidan de cerrarlo&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo se necesita &laquo;de veras&raquo; abrir un par&eacute;ntesis?</p>
<p>- Esa afirmaci&oacute;n viene de una idea fijada en un libro anterior (&ldquo;Exogamia&rdquo;), de la que me siento muy satisfecho: todo poema abre un par&eacute;ntesis, los mejores se olvidan de cerrarlo.</p>
<p>Creo que todo poema abre un espacio diferente de vida y lenguaje, un cambio de c&oacute;digo que nos empuja a dejar atr&aacute;s muchas convenciones, y abrirnos (entregarnos) a una jungla de posibilidades.</p>
<p>As&iacute; un poema ser&iacute;a una c&aacute;psula fuera del tiempo, un universo de pura verbalidad, abierto a todas las posibilidades de significaci&oacute;n, opciones inagotables de lectura y relectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto tiene de oraci&oacute;n el poema?</p>
<p>- Aqu&iacute; se juega con el doble sentido de &ldquo;oraci&oacute;n&rdquo;, como rezo y como concepto sint&aacute;ctico. Evidentemente cada oraci&oacute;n (rezo) es tambi&eacute;n una oraci&oacute;n (sint&aacute;ctica).</p>
<p>El poema, en tanto que oraci&oacute;n laica (la atenci&oacute;n, esa &ldquo;oraci&oacute;n natural del alma&rdquo; que refer&iacute;a Walter Benjamin, citando al te&oacute;logo cartesiano Malebranche), es tambi&eacute;n una oraci&oacute;n gramatical, una cl&aacute;usula que el lenguaje consiente.</p>
<p>Supongo que eso es lo que se quiere destacar en ese texto: que pese a todas sus intensidades, y su inclinaci&oacute;n a lo sublime, poemas y oraciones no son m&aacute;s que constructos ling&uuml;&iacute;sticos que ya dorm&iacute;an, como posibilidad, en el lenguaje.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 09:04:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Georges Perec en papel biblia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/georges-perec-en-papel-biblia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/georges_perec_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>
<p>Dos mil cuatrocientas sesenta y cuatro p&aacute;ginas ocupa la obra completa de Georges Perec en sus dos vol&uacute;menes de la Biblioteca de La Pl&eacute;iade, la colecci&oacute;n de la editorial francesa Gallimard que se ocupa de establecer el canon de las letras franc&oacute;fonas y, en menor medida, internacionales, pues en su colecci&oacute;n figuran tambi&eacute;n escritores como Edgar Allan Poe y Mario Vargas Llosa.</p>
<p>Esta "panteonizaci&oacute;n de papel", como defini&oacute; la periodista Claire Conruyt de <em>Le Figaro</em> a la consagraci&oacute;n del escritor por la v&iacute;a de publicaci&oacute;n en La Pl&eacute;iade, llega a los 35 a&ntilde;os de su prematura muerte en 1982, poco antes de que Perec celebrase su 46 cumplea&ntilde;os. Los dos vol&uacute;menes de color habano &ndash;este es el tono asignado a los autores del siglo XX en la colecci&oacute;n&ndash; contienen obras de &iacute;ndole tan diversa que los lectores podr&iacute;an llegar a pensar que se encuentran ante una recopilaci&oacute;n de obras de diversos escritores. "&iquest;A qu&eacute; Perec me acerco?", podr&iacute;a ser la pregunta que funcionase como punto de partida para abordar estos dos tomos; por suerte, el propio escritor, tan aficionado a hacer de ex&eacute;geta de s&iacute; mismo, especific&oacute; en sus <em>Notas sobre lo que busco</em> que su obra consta de cuatro vertientes: la sociol&oacute;gica, la autobiogr&aacute;fica, la l&uacute;dica &ndash;que remite a su inter&eacute;s por las constricciones literarias, desarrolladas junto a otros escritores y matem&aacute;ticos del colectivo Oulipo&ndash; y, por &uacute;ltimo y en su propias palabras, la que concierne "a lo novelesco, al gusto por las historias y las peripecias, al deseo de escribir libros que se devoren de bruces en la cama; <em>La vida instrucciones de uso</em> es el ejemplo t&iacute;pico de ello".</p>
<p>Gran parte de esta cartograf&iacute;a de s&iacute; mismo que Perec fue elaborando en paralelo a su obra se encuentra en sus <em>cahiers des charges</em>, los minuciosos cuadernos de preparaci&oacute;n para la novela <em>La vida instrucciones de uso</em>. Todo este material nos permite conocer al escritor como si tuvi&eacute;ramos una llave que nos diese acceso directo a su cerebro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Perec como navaja suiza</strong></p>
<p>El escritor franc&eacute;s Ivan Jablonka, recientemente traducido al castellano, apunt&oacute; con acierto al considerar a Perec m&aacute;s que como escritor, como un investigador en ciencias humanas. Esto no desmerecer&iacute;a en nada su labor, pues es cierto que Perec, al igualque muchos investigadores, nos ha ayudado a comprender nuestra sociedad gracias a sus intuiciones. Tomemos como ejemplo su novela <em>Las cosas</em>, galardonada con el Premio Renaudot en 1965. Su subt&iacute;tulo la describe como "una novela de los a&ntilde;os sesenta", pero al leerla hoy resulta escalofriantemente contempor&aacute;nea, pues retrata tambi&eacute;n los valores que imperan actualmente. En <em>Las cosas</em>, la pareja de protagonistas formada por Jerome y Sylvie quieren, ante todo, obtener placer inmediato a trav&eacute;s de una vida f&aacute;cil, confortable y en la que se rodeen de objetos bellos y bien dise&ntilde;ados. Estamos en plena &eacute;poca del desarrollo de la publicidad y de los estudios de mercado, y ellos pertenecen de lleno a ella, pues trabajan realizando encuestas sobre h&aacute;bitos de consumo &iquest;Nos suena muy distinto a lo que vivimos a principios del siglo XXI? Mi impresi&oacute;n es que no.</p>
<p>Tambi&eacute;n los trabajos de campo experimentales de Perec, desarrollados principalmente en obras como <em>Tentativa de agotamiento de un lugar parisino </em>y <em>Especies de espacios, </em>han hecho mella en diversas corrientes de investigaci&oacute;n, tal como ha sabido ver el acad&eacute;mico Richard Phillips, quien destaca que los m&eacute;todos y pr&aacute;cticas propuestos por Perec han calado en trabajos sobre paisajismo, vida cotidiana, espacio y teor&iacute;a social urbana. Destaca tambi&eacute;n el esp&iacute;ritu l&uacute;dico del escritor, su atenci&oacute;n a lo corriente y cotidiano y su peculiar pr&aacute;ctica de escritura sobre el terreno, que tiene su exponente m&aacute;s notable en la <em>Tentativa de agotamiento</em>: Perec se instala en diversos lugares de la Place Saint-Sulpice a mirar pasar la vida cotidiana, a dar fe, como un notario de lo urbano, de lo que ocurre en esa plaza durante tres d&iacute;as de octubre de 1974.</p>
<p>Por todo esto, nos queda ya claro que leer a Perec es una experiencia estimulante que nos pone en contacto con la literatura tal como se nos inculc&oacute; en la infancia para animarnos a leer y de la que nos enamoramos los que hoy somos adictos a la lectura. La literatura de Perec nos anima a emplear las infinitas posibilidades de nuestra imaginaci&oacute;n y nos da v&iacute;a libre para un uso l&uacute;dico del lenguaje, en las ant&iacute;podas de los escritos plagados de lugares comunes o de esos odiosos textos burocr&aacute;ticos propios &uacute;nicamente de la vida adulta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El lector arqu&eacute;ologo</strong></p>
<p>La obra de Perec posee diversos estratos o capas de lectura que conectan con diversos tipos de lector. Tan apasionante es leer a Perec como estudiarlo, ya que &eacute;l mismo permite a sus lectores convertirse en convertirse en arque&oacute;logos de sus textos. Como ya mencion&eacute; m&aacute;s arriba, el mejor ejemplo de esta posibilidad lo encontramos en la novela <em>La vida instrucciones de uso</em>, Premio Medicis en 1978. Su estructura imita la de una casa de mu&ntilde;ecas a la que se le hubiera retirado la fachada para que quien juegue con ella pueda decorarla y transformarla a su capricho. Tal vez nos sorprenda descubrir que la organizaci&oacute;n de este "plano-damero", como Perec lo consider&oacute; para trabajar sobre &eacute;l, reposa sobre tres procesos formales complejos. O quiz&aacute; nos resulte tan natural como nos resulta el virtuosismo de un violinista que parece mover los dedos sin esfuerzo, cuando en realidad lleva a sus espaldas semanas de ensayos y repeticiones.</p>
<p>Uno de estos procesos formales es la poligraf&iacute;a del caballo, un enigma matem&aacute;tico de los que hac&iacute;an las delicias del Oulipo. En &eacute;l se parte de un tablero de ajedrez con un caballo situado en una casilla determinada. La regla es que caballo ha de posarse en todas las casillas sin repetir ni omitir ninguna, siguiendo su manera de moverse en L. Este deseo de organizar la novela partiendo de un modelo formal, alejado de opciones realistas o basadas en el azar, est&aacute; mucho m&aacute;s emparentado con lo medible y calculable, &aacute;mbitos en los que los miembros del Oulipo se sent&iacute;an muy c&oacute;modos. Y para dar respuesta a c&oacute;mo ir llenando de elementos esas habitaciones y c&oacute;mo organizarlos despu&eacute;s, Perec tambi&eacute;n emplear&aacute; procedimientos matem&aacute;ticos como el bicuadrado ortogonal de orden 10. Las permutaciones de los distintos elementos las realizar&aacute; bas&aacute;ndose en la regla de la quenina, una estrofa que procede de la sextina y que fue modificada por el tambi&eacute;n escritor Raymond Queneau, de ah&iacute; su nombre. Este car&aacute;cter artesanal recorre toda la novela, que no est&aacute; exenta de otro de los ingredientes caracter&iacute;sticos de la escritura oulipiana: la intertextualidad. Es probable, por tanto, que muchos lectores finos detecten que la historia del acr&oacute;bata que figura en el cap&iacute;tulo trece de <em>La vida instrucciones de uso</em> es una reescritura del cuento de Kafka <em>Un artista del trapecio</em>.</p>
<p>Tampoco olvidemos que Georges Perec se apellidaba en realidad Peretz y era descendiente de jud&iacute;os polacos que emigraron a Par&iacute;s en torno a 1920. Su apellido paterno fue mal transcrito por un funcionario de aduanas y este peque&ntilde;o error le otorg&oacute; su nueva identidad. Por eso, quiz&aacute; no sea casual su afici&oacute;n por los crucigramas, ya que es en estos pasatiempos donde se hace m&aacute;s evidente que la palabra no es sino una agrupaci&oacute;n de letras. En esa rejilla l&uacute;dica, la palabra deja de ser unidad sem&aacute;ntica para convertirse en un conjunto de unidades gr&aacute;ficas. En definitiva, el crucigrama nos hace ver que las palabras que son un conjunto ef&iacute;mero de letras que se pueden rearticular para formar otro concepto distinto, que son tan provisionales como la identidad polaca del matrimonio Peretz, cuyo hijo Georges era franc&eacute;s y se apellidaba Perec.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Recetas contra el vac&iacute;o</strong></p>
<p>La dimensi&oacute;n juguetona de la obra de Perec es uno de sus aspectos m&aacute;s significativos. De hecho, la primera vez que le&iacute; sus <em>Doscientas cuarenta y tres postales de colores aut&eacute;nticos</em>, incluidas en el volumen <em>Lo infraordinario,</em> qued&eacute; impresionada por lo l&uacute;dico de la propuesta. Yo ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y ya escrib&iacute;a ficciones breves, pero me parec&iacute;a que entre la literatura "oficial" y mi escritura hab&iacute;a un abismo. Las reglas formales de lo literario hab&iacute;an sido establecidas de antemano y yo deb&iacute;a seguirlas: no me quedaba otra. Sin embargo, al leer aquella peque&ntilde;a colecci&oacute;n de parodias de los textos t&iacute;picos que figuran en las postales, tan repetitivos y acartonadamente optimistas, se abri&oacute; para m&iacute; un ventanal intangible que hizo correr una brisa liberadora: aquello que otros con desprecio llamar&iacute;an "inventiva", era tambi&eacute;n literatura, pues Perec era un escritor. S&oacute;lo con el tiempo aprend&iacute; a descubrir los gui&ntilde;os contenidos en aquellas postales en las que sus narradores dicen estar tost&aacute;ndose al sol constantemente ("Estamos cruzando Cerde&ntilde;a. Nos da el sol por todas partes. &iexcl;Quemaduras! &iexcl;Pasta prima! Pensamos volver el pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles."), a pesar de encontrarse a menudo en la Breta&ntilde;a francesa, donde sus rayos no son apenas visibles durante el verano ("Un gran saludo desde Trouville. Largas sesiones de bronceado. Estoy colorada como dos bogavantes. Mil recuerdos."). Este gusto por el enga&ntilde;o y el juego de espejos ya no nos sorprende, pero su descubrimiento hace dos d&eacute;cadas fue para m&iacute; como un salvavidas de colores brillantes.</p>
<p>El &uacute;nico peligro de este aspecto l&uacute;dico de Perec es que puede haber opacado otra dimensi&oacute;n no menos importante de su escritura: su trabajo en torno al vac&iacute;o y a la p&eacute;rdida. Este aspecto de su obra se encarna con claridad en uno de los ciento diecisiete personajes de <em>La vida instrucciones de uso</em>: Bartlebooth. El nombre del personaje procede de dos creaciones de otros escritores: el c&eacute;lebre Bartleby de Melville y el Barnabooth de Valery Larbaud, menos familiar para los lectores en castellano. El personaje y la misi&oacute;n vital de Bartlebooth son el eje de la novela, puesa trav&eacute;s de ellos se desarrolla una met&aacute;fora de la escritura como proyecto de absoluta gratuidad cuyo resultado puede llegar a ser simplemente una hoja de papel en blanco y que, adem&aacute;s, resulta una complicaci&oacute;n a&ntilde;adida a la de vivir. Bartlebooth es el recurso que emplea Perec para hablarnos de la tarea del escritor. Sus decisiones las describe as&iacute;: "Bartlebooth, en otros t&eacute;rminos, decidi&oacute;́ un d&iacute;a que su vida entera estar&iacute;a organizada en torno a un proyecto &uacute;nico cuya necesidad arbitraria no tendr&iacute;a otro fin que ella misma. Esta idea le vino cuando ten&iacute;a veinte a&ntilde;os. Fue, al principio, una idea vaga, una pregunta que se hac&iacute;a &mdash; &iquest;qué hacer?&mdash;, una respuesta que se esbozaba: nada". Finalmente,&nbsp; el narrador nos hace ver que el &uacute;nico inter&eacute;s de Bartlebooth es "una cierta idea de la perfecci&oacute;n", tan emparentada con lo que se persigue al emprender cualquier disciplina art&iacute;stica, en concreto la escritura.</p>
<p>El proyecto de Bartlebooth, aparentemente alocado e in&uacute;til, destila una gran melancol&iacute;a y se resume as&iacute;: durante diez a&ntilde;os se dedicar&iacute;a a aprender la t&eacute;cnica de la acuarela. Despu&eacute;s recorrer&iacute;a el mundo pintando marinas, siempre del mismo formato. Cada una de ellas se le enviar&iacute;a a un artesano especializado que la pegar&iacute;a en una placa de madera para construir con ella un rompecabezas de 750 piezas que Bartlebooth reconstruir&iacute;a m&aacute;s adelante. Por &uacute;ltimo, las marinas se trasladar&iacute;an al lugar donde fueron pintadas para ser sumergidas en una soluci&oacute;n qu&iacute;mica que las convertir&iacute;a de nuevo en una hoja de papel inmaculada: no quedar&iacute;a ni rastro de esta operaci&oacute;n que se hab&iacute;a convertido en el &uacute;nico sentido de la vida de Bartlebooth.</p>
<p>Este personaje cuya relaci&oacute;n con la memoria es compleja, nos lleva directamente a la vertiente autobiogr&aacute;fica de Perec, a su deseo por recuperar los recuerdos borrados de su ni&ntilde;ez. En <em>W el recuerdo de infancia</em>, el dolor por la p&eacute;rdida nos convoca, pues Perec afirma no tener recuerdos de infancia: "Hasta los doce a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, mi historia no ocupa m&aacute;s que unas pocas l&iacute;neas: perd&iacute; a mi padre a los cuatro a&ntilde;os y a mi madre a los seis; pas&eacute; la guerra en distintas pensiones de Villard-de-Lans. En 1945 me adoptaron la hermana de mi padre y su marido". La madre y el padre de Perec desaparecieron en el Holocausto, por eso comprendemos su pasi&oacute;n por lo infraordinario, por la historia con min&uacute;sculas, cuando afirma que: "otra historia, la Grande, la Historia con su gran hache, ya hab&iacute;a respondido por m&iacute;: la guerra, los campos". Al respecto, Claude Burgelin, amigo del escritor y parte del equipo editorial de los dos vol&uacute;menes dedicados a Perec en La Pl&eacute;iade, declara que su novela lipogram&aacute;tica <em>La disparition </em>no se limita a ser un ejercicio acrob&aacute;tico que nos hace reparar en las limitaciones del lenguaje (pues la novela en el original franc&eacute;s no emplea en ning&uacute;n momento la letra "e", mientras que su versi&oacute;n en castellano, titulada <em>El secuestro</em>, carece de letra "a"): es tambi&eacute;n una f&aacute;bula sobre la desaparici&oacute;n de los jud&iacute;os, una v&iacute;a para metaforizar su exterminio durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tras las huellas de Perec</strong></p>
<p>Es tentador justificar la seriedad del proyecto perecquiano aludiendo a esta tr&aacute;gica dimensi&oacute;n autobiogr&aacute;fica reci&eacute;n citada, pero en mi opini&oacute;n, la prueba m&aacute;s evidente de lo s&oacute;lido e imperecedero de su trabajo (m&aacute;xime para alguien que buscaba "lo eterno y lo ef&iacute;mero", como &eacute;l mismo sostiene en el ep&iacute;grafe del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>La vida instrucciones de uso</em>), es la cantidad de homenajes que ha recibido a trav&eacute;s de la obra de otros artistas. Perec tiene la virtud de generar el gusanillo de la creaci&oacute;n en quienes lo leen o, mejor dicho, en quienes lo <em>experimentan</em>, de ah&iacute; la cantidad de artistas que lo consideran un faro que ilumina su proceso de creaci&oacute;n. Como ejemplo, mencionar&eacute; al artista visual barcelon&eacute;s Ignasi Aball&iacute;, que dialoga con Perec a trav&eacute;s de su serie <em>Desapariciones</em>, as&iacute; como en otras muchas obras. Aball&iacute; abandon&oacute; la pintura en los a&ntilde;os noventa y se centr&oacute; en la reflexi&oacute;n conceptual, interes&aacute;ndose en los planteamientos de Foucault y Derrida acerca del archivo. <em>Desapariciones</em> consta de veintitr&eacute;s carteles publicitarios de pel&iacute;culas cuyos guiones fueron escritos por Perec, si bien casi ninguno de ellos se llev&oacute; a la pantalla en su momento. Con el dise&ntilde;o y producci&oacute;n de estos carteles, Aball&iacute; invoca una ausencia, instalando al espectador la nostalgia por lo que nunca existi&oacute;.</p>
<p>Mientras tanto, el Oulipo est&aacute; lejos de haberse disuelto tras el fallecimiento &ndash;o mejor, la desaparici&oacute;n&ndash; de Perec y de varios de sus fundadores. Siguen en activo tanto la secci&oacute;n literaria del colectivo como otros grupos de artistas potenciales de otras disciplinas: el colectivo de pintores OuPeinPo, el de m&uacute;sicos &ndash;llamado OuMuPo&ndash; o el de literatura policiaca, el OuLiPoPo. Todos ellos siguen con alborozo la est&eacute;tica en la que los artistas, al imponerse ciertas constricciones, emplean sus herramientas de trabajo de un modo distinto que les abre nuevas v&iacute;as de exploraci&oacute;n.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, y en el campo de lo especulativo, surge la pregunta de c&oacute;mo habr&iacute;a abrazado Perec las redes sociales y el gusto contempor&aacute;neo &ndash;rayano en la adicci&oacute;n&ndash; por lo nimio, por el comentario banal acerca de nuestra cotidianidad, esos miles de "Estoy en pijama comiendo muesli" o "Por fin saqu&eacute; del armario la ropa de invierno" a los que nos exponemos diariamente. Mi impresi&oacute;n es que les habr&iacute;a sacado un partido creativo que no estamos preparados para comprender. En su deseo de apertura de nuevas sendas literarias por las que adentrarse, &eacute;l se situ&oacute; sin pretenderlo como uno de los precursores de lo que hoy es <em>trending topic</em>. Por eso, sus dos vol&uacute;menes en La Pl&eacute;iade hablan de nuestro tiempo y seguir&aacute;n hablando de los tiempos por venir. Pero, sobre todo, generan ese placer tan caracter&iacute;stico que solo los frutos de la inteligencia logran proporcionarnos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p>La traducci&oacute;n de los fragmentos de <em>W o el recuerdo de la infancia</em> es de Alberto Claver&iacute;a, (Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1987).</p>
<p>La de "doscientas postales", inclu&iacute;da en <em>Lo infraordinario</em> es m&iacute;a (Lo infraordinario, Impedimenta, 2008).</p>
<p>La versi&oacute;n castellana de <em>La vida instrucciones de uso</em> es de Josep Escu&eacute; (Anagrama, 2004).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Jan 2024 08:22:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conciencia de clase]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/conciencia-de-clase/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_ANTONIO_CONDE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">A la hora de contemplar la evoluci&oacute;n del decir en esta voz po&eacute;tica, podemos observar en la lectura cuidadosa de la obra &uacute;ltima de Jos&eacute; Antonio Conde (Sierra de Luna, 1961), un cierto gir&oacute; que comenzara ya hace cinco a&ntilde;os, cuando su poes&iacute;a esencial, estricta y evocadora dio un giro hacia una cierta forma de poes&iacute;a social o, como m&iacute;nimo, hacia una escritura con conciencia social. El momento inaugural, como les propongo, se dio con la publicaci&oacute;n de <em>Palabras rotas</em>, un poemario en el que el estilo tradicional de Conde se pone al servicio del testimonio y de la denuncia de un tiempo en el que la injusticia y la vileza se ense&ntilde;orearon por doquier y cuyo eje de giro, alrededor del que se componen los versos breves y bien hilados, se centra en la memoria familiar de la guerra y la posguerra en las Cinco Villas. En un ejercicio identitario, de puro poeta, recogi&oacute; al final de aquel volumen un peque&ntilde;o glosario de t&eacute;rminos propios del tiempo y de las tierras que sus versos invocaran. El segundo paso en este andar decidido a elevar la voz de esa clase menos favorecida, tuvo lugar hace tres a&ntilde;os &mdash;a mi parecer y siendo consciente de que se trata de una afirmaci&oacute;n discutible&mdash; cuando continu&oacute; camino con la publicaci&oacute;n de <em>Cuenta atr&aacute;s</em>, una obra heterodoxa en la que la factura po&eacute;tica de Conde empez&oacute; a evolucionar hacia una forma m&aacute;s directa, m&aacute;s narrativa; de hecho en este trabajo se suceden poemas y prosas po&eacute;ticas (una escritura en la que Conde siempre ha destacado) en las que, junto al relato del auge y ca&iacute;da del boxeador Sony Liston, se denuncia la hipocres&iacute;a de una sociedad que niega toda oportunidad a los m&aacute;s infortunados, que se recrea en la denigraci&oacute;n del bruto analfabeto, al tiempo que relata la obsolescencia del juguete roto, del producto que deja de servir al espect&aacute;culo porque no es capaz de amoldarse y atenta contra las reglas morales del sistema.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Con estas obras precedentes en la memoria, y continuando con lo que podr&iacute;a calificarse como un ajuste de cuentas con nuestro tiempo, Conde firma su nuevo poemario, <em>Clase baja</em>, que constituye el tercer libro consecutivo con Los libros del gato negro y que &mdash; de momento&mdash;, completa lo que ser&iacute;a una trilog&iacute;a de poes&iacute;a de transcendencia social.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">A la hora de definir la escritura po&eacute;tica de Conde de una forma clara y sint&eacute;tica, lo m&aacute;s prudente me parece atender a las acertad&iacute;simas palabras de Antonio P&eacute;rez Lasheras, quien se&ntilde;alara tres de sus cualidades m&aacute;s caracter&iacute;sticas: &ldquo;su sincretismo, su concentraci&oacute;n conceptual y su destilaci&oacute;n de las palabras hasta acrisolarlas y hacer que digan lo que hasta ese momento no hab&iacute;an dicho nunca&rdquo;. En este &uacute;ltimo proyecto, y sin distanciarse claramente de facturas anteriores, s&iacute; podemos encontrar una cierta renuncia al continuo cincelado, a la esmerada pulimentaci&oacute;n que, con la extenuaci&oacute;n, dejara bru&ntilde;ido el verso de obras anteriores, en las que cada l&iacute;nea conformaba una cuenta esf&eacute;rica, brillante, y el poema, por tanto, luc&iacute;a como un fino collar en el que se engarzaban esos corales trabajad&iacute;simo. En la evoluci&oacute;n durante esta epopeya social, parece que Conde se hubiera lanzado a explorar un camino que se abre paso usando un estilo m&aacute;s directo, tal vez por ofrecer un registro acorde con esa poes&iacute;a de barrio obrero con la que desnuda las verg&uuml;enzas de un capitalismo injusto y que es una maldici&oacute;n con la que se eleva la denuncia de la relegaci&oacute;n de las clases trabajadoras a la vida m&aacute;s anodina y desesperanzadora. Esa voz es m&aacute;s fresca, m&aacute;s desde&ntilde;osa, menos aterciopelada, sin temblarle el pulso al esbozar con trazo grueso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Dada la conocida faceta pict&oacute;rica de Conde &mdash;arte en la que tambi&eacute;n se aplica con excelencia&mdash;, se me antoja que estos son una suerte de retratos de &eacute;poca que, de alguna manera, se emparentan con aquellos catorce &oacute;leos al secco que ocuparan las paredes de la Quinta del Sordo, esas Pinturas negras, &iacute;ntimas, que representan y sintetizan una visi&oacute;n personal &mdash;que el artista quiere guardar y tener cerca porque le son propias&mdash; de unas vivencias, de un momento hist&oacute;rico; obras que en ning&uacute;n caso est&aacute;n exentas de la crueldad del golpe del garrote o del desamparo de esa ancianidad a la que s&oacute;lo le resta comer sopas y en las que Goya se aplic&oacute; haciendo uso de un trazo menos definido y, a la vez, enormemente expresivo.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">En los versos que componen esta <em>Clase baja</em> se muestra un hondo reconocimiento a la familia, puesto &ldquo;que enciende la luz como refugio/ que sabe estirar el jornal y la parva&rdquo; y al empe&ntilde;o de esa unidad de esfuerzo y sacrificio que &eacute;sta constituye, muy especialmente para los desfavorecidos: &ldquo;este es el testimonio de una deriva,/ el naufragio de un linaje,/ un linaje com&uacute;n/ que se pronuncia en el desaliento&rdquo;; as&iacute; como manifiesta un desaire insurrecto que eleva el rostro, que muestra su desplante hacia &ldquo;el amo&rdquo;, hacia la sociedad que lo encumbra, y que en su mirada altiva mantiene su perseverancia en la belleza despreciada: &ldquo;al pie de los quebrantos,/ a nadie el importa/ el soliloquio de la rosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El poso de su lectura deja un testimonio personal con &mdash;insistimos&mdash;, retrogusto a poes&iacute;a social, y deja en los labios que reciten tanto su conciencia de clase como el color tinto de los latidos pasados. Sin embargo, esta obra tiene una enorme vigencia, puesto que para muchos ese &ldquo;anta&ntilde;o&rdquo; es a&uacute;n su d&iacute;a a d&iacute;a, es vivencia actual para quienes el regateo a&uacute;n es herramienta de trabajo y donde es preciso descender otra vez al fondo, por si a&uacute;n quedara algo que reba&ntilde;ar... &ldquo;Los m&iacute;os &mdash;dice Conde&mdash; son de fiar,/ son buena gente,/ pero cuidado con ellos,/ son los parientes m&aacute;s cercanos/ de la ira&rdquo;. Conde cava rectas las regueras de sus versos y, mientras, ve en su memoria al padre de su padre todav&iacute;a en el surco. Con estos versos tambi&eacute;n se pretende sacar a los suyos, por fin, del barro, del fr&iacute;o y de toda penuria.<em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo"><em>Clase baja</em>, Jos&eacute; Antonio Conde, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2024 13:52:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos nos parecemos a un desconocido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todos-nos-parecemos-a-un-desconocido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FLORENCIO_LUQUE_ALFONSO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sabido es que a Azor&iacute;n le gustaba mucho salpicar sus textos con palabras antiguas, pasadas de moda, cuyos significados s&oacute;lo estaban al alcance de quienes, como &eacute;l, eran muy dados a fatigar constantemente los diccionarios o de quienes &mdash;sobre todo en los pueblos, desempe&ntilde;ando oficios ancestrales&mdash; las usaban como moneda corriente en sus parloteos. Palabras como alcaller, adunca, aljezares, antuvi&oacute;n, barbiponiente, baladres, bodigo, cojijo, copela, companages, fl&aacute;mulas del ca&ntilde;ar, granzones, profincuo, recazo, taravilla, zalagardas&hellip;, que en un tiempo no tan remoto corr&iacute;an de boca en boca en gentes que no eran bachilleres pero s&iacute; rudamente cultas (valga el ox&iacute;moron), en el sentido de que eran capaces de machihembrar cada t&eacute;rmino ling&uuml;&iacute;stico con su propia cosa, cualidad o ambiente, haciendo m&aacute;s pr&oacute;ximo y m&aacute;s sustantivo el trozo de realidad referido por ellas. Ha bastado, sin embargo, un breve transcurso de tiempo y la creencia de que cualquier campo de la realidad se ha ido transformando poco a poco hasta el punto de que parezca no ser ya la misma realidad de antes, para que se piense que esos vocablos precisos y limpios no sirven ya hoy, y han acabado arrumbados en el repositorio del olvido por anticuados. Azor&iacute;n, sin embargo, se serv&iacute;a habitualmente de tales palabras, pues natural era para &eacute;l que quien las encontrara en sus libros hace sesenta o setenta a&ntilde;os no se extra&ntilde;ara de verlas, conociendo al momento su exacto significado. A esto Azor&iacute;n lo llamaba pobreza de l&eacute;xico, que es la que debiera de practicar el poeta, el orador o el escritor que quisiera hablarnos con propiedad de las cosas del mundo. Pero, &iexcl;ay!, de nosotros y de los bachilleres (y tambi&eacute;n de los universitarios) de ahora, que no es s&oacute;lo que no sepan qu&eacute; significan t&eacute;rminos tan poco usuales como alcaller, adunca o antuvi&oacute;n, sino que posible y hasta probablemente ni se les pase por la cabeza buscar su significado en un diccionario, tal y como hac&iacute;a el mismo Azor&iacute;n.</p>
<p>&laquo;Acerico&raquo; bien podr&iacute;a ser una de esas palabras antiguas que ya hoy casi nadie maneja pero que Florencio Luque (Marchena, 1955) ha querido rescatar de ese fabuloso y rico repositorio plagado de palabras que un d&iacute;a estuvieron llenas de vida, espolvoreando con su sal y su pimienta toda clase de conversaciones, pero que ahora, por desgracia, est&aacute;n a punto de expeler su &uacute;ltimo aliento si no es que han pasado ya definitivamente a mejor vida. Para quien no lo sepa un &laquo;acerico&raquo; es una especie de peque&ntilde;o coj&iacute;n en el que nuestras madres y abuelas clavaban los alfileres o las agujas que usaban para sus costuras. Pero, claro, &iquest;qui&eacute;n es el guapo o la guapa que en la actualidad tiene un set de costura con todos sus &uacute;tiles y cuando, pongamos por caso, se le descosa la cremallera de un pantal&oacute;n busque hilo, dedal y por supuesto la correspondiente aguja que debiera de estar en su acerico y se ponga pacientemente a coserla? Lo normal es que la mayor&iacute;a de la gente deje esa laboriosa tarea para otro d&iacute;a... exactamente para el d&iacute;a en que le lleve el pantal&oacute;n a una costurera m&aacute;s o menos profesional que lo arreglar&aacute; en un santiam&eacute;n sin que esa mayor&iacute;a sepa nada de hilos,&nbsp; dedales, agujas y acericos.</p>
<p>A tenor de lo punzantes y agudos que son los aforismos de Florencio Luque, se dir&iacute;a que el t&iacute;tulo que le ha puesto a su libro (Premio Internacional Artemisa de Aforismos) le sirve de met&aacute;fora para hacerle ver al lector lo que de acerico tiene la realidad, que, <em>mutatis mutandis</em>, vendr&iacute;a a ser el aparentemente blando y confortable coj&iacute;n al que agujerea con sutileza e inteligencia para descubrir lo que de verdad esconde. Y desde esa perspectiva metaf&oacute;rica, no son pocos los aforismos que en el libro de Luque no act&uacute;en como una aguja o como un alfiler cuyos pinchazos penetran en lo m&aacute;s hondo de la realidad para hacer que esta supure por su herida no tanto una corriente espesa de sangre como un r&iacute;o manso de esperanza en creer que puede ser mucho mejor de lo que piensan los pesimistas y los apocal&iacute;pticos. Por eso se atreve a decir con inocultable seguridad que &laquo;Siembra agujas quien cosecha esperanzas&raquo; o &laquo;Quien se da, renace&raquo; o, m&aacute;s a&uacute;n, &laquo;Quien salva a otro salva al mundo&raquo;.</p>
<p>Y como adem&aacute;s de aforista, Florencio Luque es poeta, son muchos los momentos en que sus frases podr&iacute;an pasar por versos sueltos, en los que no es infrecuente que aparezcan envueltos en una elipsis verbal, recurso literario morfosint&aacute;ctico muy com&uacute;n en la poes&iacute;a y que tan bien se adapta al g&eacute;nero del aforismo, puesto que minimiza a&uacute;n m&aacute;s el ya de por s&iacute; m&iacute;nimo n&uacute;mero de palabras que se suele emplear en la construcci&oacute;n de cualquier aforismo (que, por cierto, en el caso de los que componen <em>Acerico </em>no sobrepasan en general las cuatro, cinco o seis palabras). Esas frases, esos versos sueltos, esas elipsis, que insin&uacute;an, sugieren o evocan algo que solamente la sensibilidad de un poeta puede percibir m&aacute;s all&aacute; de lo que el com&uacute;n de la gente ve (&laquo;Coraz&oacute;n de guijarro, eco de agua&raquo;, &laquo;&Aacute;rbol de sue&ntilde;os, frutos de humo&raquo;, &laquo;Reloj, nido de cenizas&raquo; o &laquo;Umbral de vida, puerta de laberinto&raquo;) y que normalmente, en el caso de los poetas, viene acentuada por su prodigiosa capacidad de imaginaci&oacute;n para establecer correspondencias, s&iacute;miles o relaciones entre un sinf&iacute;n de cosas precisamente dis&iacute;miles. Quiz&aacute; por eso, por tirar de imaginaci&oacute;n, el libro est&aacute; dividido en cinco apartados cuyos ep&iacute;grafes remiten a algunas de las formas m&aacute;s et&eacute;reas de la realidad: Visiones, Sue&ntilde;os, Tiempo, Laberinto y Lienzos. Y es que, como dijo Lawrence Durrell en <em>El cuarteto de Alejandr&iacute;a</em>, vivimos vidas que se basan en una selecci&oacute;n de hechos imaginarios. Tan imaginarios, en fin, que no es de extra&ntilde;ar que el propio Luque llegue a afirmar en un momento dado que &laquo;Todos nos parecemos a un desconocido&raquo;, idea en cierta medida af&iacute;n, por su falta de engreimiento, con esa otra frase tan c&eacute;lebre que dice: &laquo;Me llamo Eric Satie, como todo el mundo&raquo;. Porque tal vez Florencio Luque intuya, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, que el desconocido al que se parece tambi&eacute;n lleva su mismo nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Florencio Luque Alfonso, <em>Acerico</em>, C&oacute;rdoba, Detorres editores, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jan 2024 09:44:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olifante: se hace poema al andar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/olifante-se-hace-poema-al-andar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/TRINIDAD_RUIZ_MARCELL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace unos meses se cumplieron los primeros cuarenta a&ntilde;os de ininterrumpida, emocionante e intensa vida editorial de Olifante. Si embarcarse en un proyecto de este calibre fue algo ya en s&iacute; mismo extraordinario, mantenerlo activo durante todo este tiempo resulta, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda, un hecho asombroso y legendario. M&aacute;s todav&iacute;a si tenemos en cuenta que la poes&iacute;a es, en gran medida, el g&eacute;nero en el que esta editorial se ha volcado desde el principio, una actuaci&oacute;n que ha llevado a cabo con un rigor y un compromiso indestructibles.</p>
<p>En Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s en el que se edita mucha poes&iacute;a pero, en comparaci&oacute;n con otros lugares, me temo que no se lee tanta, hablar hoy de editoriales de poes&iacute;a es hacerlo, inevitablemente, de Olifante, es decir, de Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, coraz&oacute;n y cerebro de un sello editor que se ha ganado a pulso &mdash;sin reblar, con una enorme tenacidad&mdash; un puesto de primer&iacute;simo nivel en el panorama de las editoriales independientes de este pa&iacute;s, primero desde Zaragoza, y luego y todav&iacute;a hoy desde Litago, en las faldas del Moncayo, donde, junto a Marcelo Reyes (1962-2015) y sus hijos (Manisha, Kike y Snehal), han desarrollado una encomiable actividad vinculada a la poes&iacute;a. Ah&iacute; est&aacute;n la Casa del Poeta en Trasmoz, un pajar en ruinas que rehabilitaron y transformaron en un acogedor refugio que mantuvieron abierto durante a&ntilde;os como residencia para escribir, traducir o analizar obras po&eacute;ticas, la promoci&oacute;n de la Ruta B&eacute;cquer como homenaje a la presencia de los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano en tierras monca&iacute;nas entre 1863 y 1864, el Premio Poes&iacute;a de Miedo o el Festival Internacional de Poes&iacute;a Moncayo, que impulsaron desde 2002 y durante quince programaciones, un acontecimiento que &mdash;adem&aacute;s de teatro, m&uacute;sica, danza, escultura y pintura&mdash; aglutin&oacute; a un buen n&uacute;mero de poetas de muy diferentes lenguas, culturas y procedencias geogr&aacute;ficas.</p>
<p>Trinidad, seg&uacute;n ha contado ella misma, descubri&oacute; la poes&iacute;a con quince a&ntilde;os en la Biblioteca p&uacute;blica de la calle Santa Teresa de Zaragoza, a trav&eacute;s de unos versos de <em>La voz a ti debida</em> de Pedro Salinas. Aquella experiencia fue para ella un acontecimiento que jam&aacute;s olvidar&iacute;a. Desde entonces, ley&eacute;ndola, escribi&eacute;ndola y <em>rompi&eacute;ndola</em> &mdash;ese gesto tan necesario y tan poco frecuente&mdash;, la poes&iacute;a ha sido una inseparable presencia en su vida. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, Trinidad &mdash;cuya editorial ha dado casa y aliento a tantas y tantas voces&mdash; romper&iacute;a su particular y prolongado silencio y, tras aparecer en alg&uacute;n volumen colectivo, se revelar&iacute;a como una singular poeta, primero con <em>Traducci&oacute;n del silencio</em> (2017), una emotiva y contenida eleg&iacute;a a quien fuera su compa&ntilde;ero de vida, Marcelo, y despu&eacute;s con <em>Una carta de amor como un disparo. Moncayo Moncayo</em> (2019), un libro tocado por un cierto vaho crepuscular en el que las emociones y los elementos naturales se entrelazan como ra&iacute;ces de un mismo &aacute;rbol. En paralelo, como un tributo a su memoria, se public&oacute; <em>Marcelo anda por ah&iacute; (Homenaje a Marcelo Reyes)</em> (2016). Y desde ah&iacute; precisamente, desde las laderas de esa m&iacute;tica monta&ntilde;a, tan cerca de la machadiana Soria y del becqueriano Veruela, con Mario Muchnik como un referente imprescindible en el trabajo editorial, Trinidad contin&uacute;a dirigiendo con perseverancia y discreci&oacute;n las riendas de esta casa. <em>E la nave va</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Como es sabido, en la segunda mitad del siglo pasado, Arag&oacute;n fue un lugar propicio para el desarrollo de proyectos editoriales centrados en la poes&iacute;a. Recordar&eacute; aqu&iacute; &uacute;nicamente tres de esas aventuras que, por diversas circunstancias &mdash;proximidad temporal, afinidades est&eacute;ticas o ideol&oacute;gicas, amistad, etc.&mdash;, pudieron dejar alguna huella en la posterior actividad editorial de Olifante.</p>
<p>Luciano Gracia (1917-1986) fund&oacute; y dirigi&oacute; Poemas, una colecci&oacute;n que se mantuvo viva desde 1963, cuando ve la luz <em>Nada es del todo</em>, de Manuel Pinillos, hasta 1986, a&ntilde;o en el que se publica el n.&ordm; 56 y &uacute;ltimo de la colecci&oacute;n, <em>Los ojos verdes del b&uacute;ho</em>, de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a. Aqu&iacute;, y en 1967, apareci&oacute; y desapareci&oacute; una leyenda de la bibliograf&iacute;a po&eacute;tica aragonesa contempor&aacute;nea, <em>Generaci&oacute;n del 65. Antolog&iacute;a de poetas hallados en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Zaragoza</em>, al cuidado de Juan Mar&iacute;n y Fernando Villacampa y con pr&oacute;logo de Miguel Labordeta.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez (1933-1988), al margen de otras aventuras menores, sac&oacute; adelante dos planes literarios: una revista de resonancias mozartianas, <em>Papageno</em>, y, sobre todo, una colecci&oacute;n de poes&iacute;a que tuvo una presencia significativa en el panorama editorial de finales de los sesenta y comienzos de los setenta, Fuendetodos, un af&aacute;n en el que J. A. G&oacute;mez se volc&oacute; hasta vaciarse. La serie encontr&oacute; acomodo en la editorial Javalambre, fundada por Eduardo Valdivia en 1967, y, en el lapso de cinco a&ntilde;os, public&oacute; dieciocho libros, algunos magistrales, todos ellos resultado de un trabajo de composici&oacute;n, maquetaci&oacute;n, impresi&oacute;n y encuadernaci&oacute;n merecedor de los mayores elogios (hay que ver los vol&uacute;menes, apreciar al tacto el gramaje del papel empleado, disfrutar de la inteligencia y la sensibilidad con que se redactaron los colofones, olisquear todav&iacute;a hoy el rastro de las tintas utilizadas, etc., si se quieren valorar los logros t&eacute;cnicos de un repertorio &uacute;nico en el conjunto de la edici&oacute;n po&eacute;tica espa&ntilde;ola de esos a&ntilde;os). La primera entrega, <em>Los soliloquios</em>, de Miguel Labordeta, apareci&oacute; en 1969, poco antes de la muerte del autor de <em>Sumido 25</em>; la &uacute;ltima, <em>Funci&oacute;n de Uno, Equis, Ene. F (1.X.N)</em>, de Gabriel Celaya, en 1973. Entre ambos, otros de Vicente Aleixandre, Leopoldo de Luis, Blas de Otero, Ildefonso M. Gil, Luis Rosales, Gloria Fuertes, y proyectos que no cuajaron, entre los que se encuentran t&iacute;tulos de Carlos Edmundo de Ory o Salvador Espriu.</p>
<p>En 1975, &Aacute;ngel Guinda funda Puyal, colecci&oacute;n que ve la luz al abrigo de Publicaciones Porvivir Independiente. Se mantuvo activa hasta 1982 (gracias al empe&ntilde;o de su impulsor y, tambi&eacute;n, al considerable n&uacute;mero de suscriptores que la apoyaron), y public&oacute; un total de veintid&oacute;s t&iacute;tulos de, entre otros, Jos&eacute; Luis Alegre Cud&oacute;s, Manuel Pinillos, Ana Mar&iacute;a Navales, Francho Nagore, Jos&eacute; A. Rey del Corral, &Aacute;ngel Crespo, Joaqu&iacute;n S&aacute;nchez Vall&eacute;s, Manuel Estevan y Manuel M. Forega.</p>
<p>He citado estas tres colecciones &mdash;Poemas, Fuendetodos y Puyal&mdash;, ya lo he se&ntilde;alado, por razones de peso, argumentos en los que encuentro una l&iacute;nea de continuidad entre estos proyectos y Olifante. De hecho, la propia Trinidad ha se&ntilde;alado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n su filiaci&oacute;n y su deuda con respecto a esos cat&aacute;logos, sostenidos, con todas sus diferencias, sobre unos principios &eacute;ticos y est&eacute;ticos insoslayables. Hubo y hay, claro, otras colecciones que han prestado y contin&uacute;an prestando atenci&oacute;n a la poes&iacute;a en y desde Arag&oacute;n: Orejud&iacute;n, vinculada a la revista hom&oacute;nima que fundara J. A. Labordeta; Alcorce, promovida por la editorial Coso Aragon&eacute;s del Ingenio (E. Alfaro, J. A. Anguiano, E. Gast&oacute;n y J. Mateo Blanco); San Jorge de la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, que inicia su trayectoria en 1969 con <em>F&aacute;bula del tiempo</em>, de R. Tello; Horizontes (1974-1976) de la editorial Litho Arte; las &laquo;Galeradas&raquo; de <em>Andal&aacute;n</em>, separatas po&eacute;ticas quincenales que se publicaron entre 1982 y 1987. Y, m&aacute;s pr&oacute;ximas en el tiempo, La gruta de las palabras, de Prensas Universitarias de Zaragoza, Cancana, de Lola Editorial, Cave Canem, las editoriales Libros del Innombrable y Eclipsados, con nutridos y potentes cat&aacute;logos po&eacute;ticos en sus sellos, etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Fue en 1979 cuando vio la luz el primer t&iacute;tulo de Olifante, <em>Cartas a Eug&eacute;nio de Andrade</em>, de Luis Cernuda, en edici&oacute;n de &Aacute;. Crespo y con un retrato hasta ese momento in&eacute;dito del autor de <em>La realidad y el deseo</em> (Trinidad ha recordado en m&aacute;s de una oportunidad aquel conmovedor viaje a Oporto para conocer al poeta portugu&eacute;s, en compa&ntilde;&iacute;a de &Aacute;. Guinda, &Aacute;. Crespo y Pilar G&oacute;mez Bedate). Sin duda, la editorial iniciaba su trayectoria con un libro singular &mdash;se trataba de un epistolario y no de un poemario&mdash; que, sin embargo, daba ya alguna pista sobre el inter&eacute;s que el sello habr&iacute;a de mostrar por la poes&iacute;a portuguesa y en portugu&eacute;s, y escribo &laquo;en portugu&eacute;s&raquo; porque, con el tiempo, la editorial publicar&iacute;a otros muchos t&iacute;tulos de poetas del pa&iacute;s vecino, brasile&ntilde;os, mozambique&ntilde;os, etc. (Jos&eacute; Agostinho Baptista, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Casimiro de Brito, Alberto de Lacerda, Teixeira de Pascoaes, Jorge de Sena, Augusto dos Anjos, L&ecirc;do Ivo, Ant&oacute;nio Os&oacute;rio, Ant&oacute;nio Ramos Rosa, Jos&eacute; Viale Moutinho, Vergilio Alberto Vieira, etc.), un hecho que demuestra esa <em>ibericidad</em> declarada por la editorial desde el primer momento. En 1989, ver&iacute;a la luz otro epistolario, <em>El coraz&oacute;n desbordado</em> (ed. de A. Castro), esta vez de Julio Antonio G&oacute;mez, un volumen que ha de leerse, tambi&eacute;n, como un homenaje a quien fuera uno de los referentes de Trinidad en el &aacute;mbito de la edici&oacute;n; y a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2013, publicar&iacute;a de nuevo otro del mismo Cernuda, las <em>Cartas a Bernab&eacute; Fern&aacute;ndez-Canivell</em>, al cuidado de &Aacute;. Guinda, quien a&ntilde;os antes, en 1980, hab&iacute;a editado estas cuatro cartas en Puyal. Desde entonces, y hasta la fecha, han sido m&aacute;s de seiscientos (se escribe pronto) los t&iacute;tulos que esta editorial ha acogido en sus diferentes colecciones &mdash;Olifante, Papeles de Trasmoz, Veruela, Antonio Machado, Audiovisual, Voces, Maior, Prosa, Haya, Olifante ib&eacute;rico&mdash;, escritos en diversas lenguas (alban&eacute;s, alem&aacute;n, &aacute;rabe, aragon&eacute;s, bengal&iacute;, b&uacute;lgaro, catal&aacute;n, escoc&eacute;s, eslovaco, espa&ntilde;ol, estonio, flamenco, franc&eacute;s, gallego, hindi, h&uacute;ngaro, ingl&eacute;s, irland&eacute;s, italiano, persa, polaco, portugu&eacute;s, etc.).</p>
<p>En el panorama editorial espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo &mdash;&laquo;precario, castigado, resistente&raquo;, seg&uacute;n la responsable de Olifante&mdash; abundan las antolog&iacute;as de poes&iacute;a, textos que con frecuencia se han utilizado para librar batallas cainitas y comerciales o para explotar, sancionar y consolidar corrientes de escritura, vol&uacute;menes que a menudo se han interpretado como s&iacute;ntomas con los que calibrar una determinada temperatura l&iacute;rica y no como propuestas de exploraci&oacute;n de escenarios in&eacute;ditos, (con)fundiendo los valores de la est&eacute;tica con las plusval&iacute;as del mercado. As&iacute;, en dicho horizonte encontramos un exceso de bibliograf&iacute;a que ha anulado tantos y tantos intentos de an&aacute;lisis y ha convertido en costumbre y canon unos cuantos t&oacute;picos y lugares comunes. Y, como digo, en ese super&aacute;vit bibliogr&aacute;fico no escasean precisamente unas antolog&iacute;as de poes&iacute;a que responden a factores e intereses muy precisos que pocas veces tienen que ver con la compleja y heterog&eacute;nea realidad literaria: la proximidad o lejan&iacute;a de editores y ant&oacute;logos con respecto a unas determinadas concepciones art&iacute;sticas y, por lo tanto, la elecci&oacute;n de unos u otros poetas, la amistad o animadversi&oacute;n que los unan o separen de esos mismos poetas, el mayor o menor conocimiento que sean capaces de mostrar del propio tejido po&eacute;tico, los deseos de airear la vitalidad de una tradici&oacute;n po&eacute;tica particular en detrimento de otras, agentes, en fin, muchos de ellos extraliterarios condicionados por objetivos muy diversos.</p>
<p>Olifante, en este sentido, no es una excepci&oacute;n. A lo largo de su dilatada trayectoria, ha entregado unas cuantas muestras de poes&iacute;a colectiva, de muy diversa condici&oacute;n y proyecci&oacute;n. En 1987, &Aacute;. Guinda, autor y colaborador habitual de la editorial, prepar&oacute; la edici&oacute;n de <em>Los placeres permitidos. Joven poes&iacute;a aragonesa</em>, que reun&iacute;a textos de Javier Carb&oacute;, Jos&eacute; Carlos de la Fuente, Carlos Esteban, Javier Sanz y Alfredo Salda&ntilde;a; en 2007, vio la luz <em>20 poetas aragoneses expuestos</em> (ed. de F&eacute;lix Esteban y pr&oacute;l. de Pilar Manrique); en 2009, <em>Avanti. Poetas espa&ntilde;oles de entresiglos XX-XXI</em> (ed. de Pablo Luque); recientemente, en 2017, se ha publicado, al cuidado de M. M. Forega, <em>Amantes. 88 poetas aragoneses</em>.</p>
<p>Para el caso de la poes&iacute;a aragonesa, es conocido que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os hay dos repertorios relevantes, el preparado por A. M.&ordf; Navales (<em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea</em>, Zaragoza, Librer&iacute;a General, 1978) y el posterior, m&aacute;s amplio y documentado, de Antonio P&eacute;rez Lasheras (<em>Poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea. Antolog&iacute;a consultada</em>, Zaragoza, Mira Editores, 1996). En ambos casos, la presencia de voces femeninas, con la excepci&oacute;n de la propia Navales, que aparece representada en los dos vol&uacute;menes, brilla por su ausencia.</p>
<p>Por esa raz&oacute;n, quiero dedicar unas l&iacute;neas a un libro que forma parte del cat&aacute;logo de la editorial, <em>Yin. Poetas aragonesas 1960-2010</em> (2010), un volumen con el que Olifante trat&oacute; de reparar esa injusticia hist&oacute;rica y que cumple con creces el objetivo principal que sus responsables se marcaron, que no era otro que el de mostrar la riqueza y diversidad de la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea escrita por mujeres (hab&iacute;a algunos precedentes en el Estado espa&ntilde;ol: <em>Las diosas blancas. Antolog&iacute;a de la joven poes&iacute;a espa&ntilde;ola escrita por mujeres</em>, ed. de R. Buenaventura, Madrid, Hiperi&oacute;n, 1985; <em>Ellas tienen la palabra. Dos d&eacute;cadas de poes&iacute;a espa&ntilde;ola</em>, ed. de N. Benegas y J. Mun&aacute;rriz, Madrid, Hiperi&oacute;n, 1997; <em>Poetisas espa&ntilde;olas</em>, ed. de L. Jim&eacute;nez Faro, Madrid, Torremozas, 2003).</p>
<p>Por lo que respecta a <em>Yin. Poetas aragonesas 1960-2010</em>, nos encontramos con un volumen en el que pueden leerse propuestas para todos los gustos, escritas en los m&aacute;s diferentes registros: vitalismo m&aacute;s o menos depurado (Pilar Rubio, T. Ruiz Marcell&aacute;n, Luisa Mi&ntilde;ana), culturalismo tocado por contenidos en ocasiones clasicistas, realismo (m&aacute;s o menos limpio o sucio), neorromanticismo un tanto culto e intelectual (Olga Bernad, Almudena Vidorreta), hiperrealismo, neosurrealismo, poes&iacute;a de la experiencia, de la diferencia, de la conciencia, poes&iacute;a sensista adornada de un erotismo m&aacute;s o menos leve o acusado (Loli Bernal, Marta Fuembuena, Clara Santaf&eacute;), metapoes&iacute;a (Elena Pallar&eacute;s, Carmen Aliaga, Vida Armada), poes&iacute;a neosocial, comprometida con una transformaci&oacute;n m&aacute;s o menos radical de la realidad (Sof&iacute;a D&iacute;az Gotor, Elvira Lozano), figurativa, elaborada al calor de elementos tel&uacute;ricos (Sonia Llera), visionaria, iluminada por un cierto y heterodoxo misticismo, etc., y algunas de estas propuestas muestran un gran compromiso con la denuncia de la realidad m&aacute;s destructiva de su tiempo y dan testimonio de la situaci&oacute;n en que se encuentran aquellos que viven &laquo;sur le dos tourment&eacute; de la terre&raquo;, como escribiera Ren&eacute; Char.</p>
<p>Estas poetas llevan a cabo estos aportes de muy diferentes maneras porque saben que la realidad puede disfrazarse con distintos ropajes y, por lo tanto, representarse de diversas formas. Algunos textos suponen una apuesta permanente por el riesgo (incluso por aquel que acarrea la posibilidad de la p&eacute;rdida de sentido), no aceptan la idea de la poes&iacute;a como ficci&oacute;n, apariencia o simulacro y responden a una deliberada voluntad de ruptura y transgresi&oacute;n (Miriam Reyes). La poes&iacute;a se presenta as&iacute; como una extraordinaria oportunidad para la insumisi&oacute;n y la subversi&oacute;n permanentes (Cristina J&aacute;rboles) y, tambi&eacute;n, como discurso social, podr&iacute;a decirse que supone en algunas de estas voces un viaje de regreso hacia la soledad y el silencio (Teresa Agust&iacute;n), sus aut&eacute;nticos lugares de origen, hacia la p&eacute;rdida &mdash;cuando no la negaci&oacute;n&mdash; de su propio registro y su particular rostro dado el escenario radicalmente marginal y perif&eacute;rico que ocupa en nuestra escala de valores.</p>
<p>Dicho esto, es evidente que resulta <em>extraordinaria</em>, por insuficiente, la presencia de voces femeninas en la bibliograf&iacute;a po&eacute;tica aragonesa a lo largo de su historia. Este volumen supuso un primer abono en el pago de esa deuda e implica un merecido reconocimiento hacia quienes &mdash;en contra de sus propios deseos y sus leg&iacute;timas aspiraciones&mdash; hicieron del silencio su casa. En general, la poes&iacute;a que aqu&iacute; puede leerse nada o muy poco tiene que ver con la que escribieron aragonesas de otros tiempos &mdash;Ana Abarca de Bolea, Luisa Herrero de Tejada, etc.&mdash;, que convirtieron el g&eacute;nero en una herramienta al servicio de la fe religiosa. Esta poes&iacute;a &mdash;seleccionada por &Aacute;. Guinda, que opt&oacute; desde por la inclusi&oacute;n y un abanico amplio de presencias, y acompa&ntilde;ada por un texto introductorio inteligente y clarificador de Ignacio Escu&iacute;n&mdash; es ahora fuente de posibilidades diversas, oportunidad para la exposici&oacute;n de conflictos de todo tipo, venero de ideas y emociones sin domar, escenario para la representaci&oacute;n de tensiones y alternativas a los discursos m&aacute;s gastados, y todo ello desde la m&aacute;s veterana de las poetas reunidas, Lola Mej&iacute;as (1912-1999), hasta las m&aacute;s j&oacute;venes, Ana Mu&ntilde;oz y Clara D&aacute;vila, nacidas en 1987, cuando la editorial que acogi&oacute; esta publicaci&oacute;n contaba ya con ocho a&ntilde;os de andadura. Son sesenta y cuatro voces llamadas a desempolvar nuestras conciencias adormecidas por el letargo cr&iacute;tico, ateridas por el fr&iacute;o, vapuleadas por el miedo. Recientemente, al cuidado de &Oacute;scar Latas y &Aacute;ngeles Cipr&eacute;s Palac&iacute;n, ha visto la luz en la misma editorial <em>Arquimesa. Poes&iacute;a en aragon&eacute;s escrita por mujeres&nbsp; 1650-2019</em> (2019), un volumen configurado desde una doble perspectiva diacr&oacute;nica y t&oacute;pica que recoge poemas de catorce escritoras, entre las que pueden leerse textos de Rosario Ust&aacute;riz Borra, Nieus Luzia Dueso Lascorz, Carmina Para&iacute;so, Elena Chazal y Mar&iacute;a Pilar Ben&iacute;tez.</p>
<p>Y, al margen de estos libros colectivos, Olifante ha publicado a lo largo de todos estos a&ntilde;os un buen pu&ntilde;ado de t&iacute;tulos que nos han demostrado con <em>soberana</em> naturalidad que la poes&iacute;a es tambi&eacute;n cosa de mujeres, de mujeres de hoy y de ayer, de aqu&iacute; y de m&aacute;s all&aacute;, de esta y de otras lenguas: C. Aliaga, Bego&ntilde;a Abad, Rosana Acquaroni, T. Agust&iacute;n, Ana Lu&iacute;sa Amaral, Elisa Berna, Ana Cristina Cesar, Moya Cannon, Marga Clark, Anabel Corc&iacute;n, Florbela Espanca, Concepci&oacute;n Estevarena, Pilar G&oacute;mez Bedate, Cristina Grande, Cristina Grisol&iacute;a, Clara Jan&eacute;s, Katar&iacute;na Kucbelov&aacute;, Magdalena Lasala, Luljeta Lleshanaku, L. Mi&ntilde;ana, Nancy Morej&oacute;n, A. Mu&ntilde;oz, Mary O&acute;Malley, Carolina Otero, E. Pallar&eacute;s, Lili&aacute;n Pallar&eacute;s, Julia Piera, Marina Pino &mdash;autora de <em>Dejemos que Venecia se hunda</em>, primer libro de una mujer en la editorial, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de su fundaci&oacute;n&mdash;, Estela Puyuelo, In&eacute;s Ram&oacute;n, Elena Rom&aacute;n, Carlota Urgel, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Krisztina T&oacute;th, Irene Vallejo, Concha Vicente y Sholeh Wolp&eacute; son algunas poetas que podemos encontrar en el cat&aacute;logo de la editorial.</p>
<p>Olifante, adem&aacute;s de los ya citados, ha publicado otros vol&uacute;menes colectivos que dan muestra de ese inter&eacute;s que ha mantenido siempre este sello por la poes&iacute;a como un fen&oacute;meno de alcance y proyecci&oacute;n mundiales. Entre ellos: <em>Poes&iacute;a italiana de hoy (1974-1984). La narraci&oacute;n del desenga&ntilde;o</em> (1984, ed. de Pietro Civitareale), <em>Poes&iacute;a mozambicana del siglo XX. Poes&iacute;a en acci&oacute;n</em> (1987, ed. de Xos&eacute; Lois Garc&iacute;a), <em>La pared de agua. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a bengal&iacute; contempor&aacute;nea</em> (2011, ed. y trad. de Subhro Brandopadhyay y con adaptaci&oacute;n de Violeta Medina), <em>Poetas de Otros Mundos. Resistencia y verdad</em> (2018, ed. de &Aacute;. Guinda), con veinticuatro poetas&nbsp; procedentes de los cinco continentes.</p>
<p>Y, en paralelo a esta ininterrumpida labor de edici&oacute;n po&eacute;tica, habr&iacute;a que se&ntilde;alar que Olifante tambi&eacute;n ha acogido en su cat&aacute;logo algunos otros textos y ensayos que revelan un inter&eacute;s por la propia poes&iacute;a, desde otras perspectivas: <em>Abisal c&aacute;ncer</em>, un singular &laquo;diario po&eacute;tico&raquo; de Miguel Labordeta editado por Clemente Alonso Crespo; <em>Hundiendo en las palabras las huellas de los labios. Poes&iacute;a y Canci&oacute;n</em>, de J. A. Labordeta; <em>Memoria y recuerdo en el poema &laquo;Espacio&raquo; de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez</em> y <em>Le&oacute;n Felipe: de la soledad espa&ntilde;ola al definitivo exilio mejicano</em>, ambos de Manuel M. Forega; <em>Poetas suicidas: sensibilidad o supervivencia</em>, de Ricardo Fern&aacute;ndez Moyano; <em>Hay alguien ah&iacute;</em>, de Alfredo Salda&ntilde;a; <em>La M&iacute;stica</em>, volumen colectivo coordinado por M. M. Forega.</p>
<p>En un inventario tan amplio como el que tiene ya esta editorial, son muchos, sin duda, los libros que, por diversas razones, podr&iacute;amos destacar. Entre ellos, algunos t&iacute;tulos de los que la propia editora se siente especialmente orgullosa son estos: <em>Cancionero</em>, de Cecco Angiolieri, <em>Cantos &oacute;rficos</em>, de Dino Campana, <em>La Partenza</em>, de Francis Viel&eacute;-Griffin, <em>Poemas</em>, de Jacobo Fijman, y <em>Las leyes de la gravedad</em>, de Mohsen Emadi. Y si hay un escritor vinculado a la trayectoria de esta casa, ese, sin duda, es &Aacute;ngel Guinda, autor, entre otros libros publicados en distintas editoriales, de <em>Vida &aacute;vida</em> (1980), <em>Claustro</em> (1991), <em>Conocimiento del medio</em> (1996), <em>Toda la luz del mundo</em> (2002), <em>Claro interior</em> (2007), <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> (2009), <em>Espectral</em> (2011), <em>Caja de lava</em> (2012), <em>(Rigor vitae)</em> (2013) y <em>Catedral de la Noche</em> (2015), todos ellos en Olifante, donde tambi&eacute;n ha publicado <em>Poes&iacute;a violenta. Manifiesto</em> (2012), el ensayo <em>El Mundo del Poeta. El Poeta en el Mundo</em> (2007), adem&aacute;s de coordinar varias antolog&iacute;as y ejercer como editor literario en algunos vol&uacute;menes.</p>
<p>Y, desde luego, hay otras personas estrechamente ligadas a la editorial a lo largo de todos estos a&ntilde;os: Columna Villarroya, que ha llevado a cabo el trabajo de laboratorio fotogr&aacute;fico con una inteligencia y una sensibilidad extraordinarias; Alberto Lisbona en el proceso t&eacute;cnico; Julio &Aacute;lvarez, Vicente Pascual y Ricardo Calero en el dise&ntilde;o gr&aacute;fico; Luis Felipe Alegre, que ha puesto nervio y voz a la poes&iacute;a en tantas y tantas ocasiones vinculadas a la editorial; Manuel M. Forega, A. Castro e Inmaculada Muro en diferentes labores puntuales de coordinaci&oacute;n editorial; todas ellas, junto a un sinf&iacute;n de traductores, editores literarios, coordinadores de obras colectivas, maquetadores, procesadores de textos, impresores, encuadernadores, etc., han contribuido de manera fundamental a que el resultado final fuese en cada ocasi&oacute;n el mejor posible.</p>
<p>Que el cierzo sea propicio para que el olifante nos siga trayendo durante mucho tiempo la buena nueva de la poes&iacute;a, que la cumbre de la monta&ntilde;a siga protegiendo a quienes viven y descansan en sus laderas, que la pasi&oacute;n de editar no se apague, que el fr&iacute;o, el silencio y la soledad de las noches invernales contin&uacute;en cuidando de las palabras y de quien, junto a la encina, es &laquo;Reluciente amanecer. / Llama en pie&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jan 2024 10:48:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seis poemas de Ruy Belo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seis-poemas-de-ruy-belo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RUY_BELO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece dif&iacute;cil de explicar el hecho de que la poes&iacute;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978) no cuente a&uacute;n con una presencia editorial bien visible en Espa&ntilde;a. Con una obra publicada entre los a&ntilde;os sesenta y setenta, Ruy Belo es, sin duda, una de las voces m&aacute;s personales y singulares de la l&iacute;rica lusa del siglo XX, y su nombre ocupa un lugar destacado y merecido en el canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad. Eduardo Louren&ccedil;o lo afirm&oacute; vinculando la existencia de Belo a la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa: &ldquo;si hay una posteridad digna de Pessoa (&hellip;) es la de la po&eacute;tica omnicomprensiva de Ruy Belo&rdquo;, y lo escribi&oacute; en un lugar significativo, el volumen <em>S&eacute;culo de Oiro. Antologia cr&iacute;tica da poesia portuguesa do s&eacute;culo XX </em>(p. 215), organizada en 2002 por Osvaldo Manuel Silvestre y Pedro Serra. En ese t&iacute;tulo, 73 cr&iacute;ticos literarios eleg&iacute;an un poema destacado del siglo de oro de la l&iacute;rica vecina, y Ruy Belo aparec&iacute;a en cuatro ocasiones, escogido por Lu&iacute;s Mour&atilde;o (&ldquo;VIII. A m&atilde;o no arado&rdquo;), Eduardo Louren&ccedil;o (&ldquo;Em louvor do vento&rdquo;), V&iacute;tor Manuel de Aguiar e Silva (&ldquo;Morte ao meio-dia&rdquo;) y Manuel Ant&oacute;nio Pina (&Aacute;cidos e &oacute;xidos&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>El medio editorial espa&ntilde;ol, sin embargo, aunque relativamente atento a los nombres fundamentales de la literatura portuguesa del siglo XX, no ha sabido encontrar a&uacute;n el espacio que en rigor merece la poes&iacute;a desasosegante de Belo. Es verdad que existen dos t&iacute;tulos de nuestro autor en espa&ntilde;ol, el primero de los cuales ya descatalogado: <em>Pa&iacute;s posible</em>, editado en 1991 por Adolfo A. Montejo Navas, con traducci&oacute;n de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano, y <em>El problema de la habitaci&oacute;n: algunos aspectos</em>, 2009, ediciones Sequitur, con introducci&oacute;n de Pedro Serra y traducci&oacute;n de Luis Julio Gonz&aacute;lez Plat&oacute;n (que se deja llevar por el falso amigo del t&eacute;rmino &ldquo;habita&ccedil;&atilde;o&rdquo; del t&iacute;tulo, cuya mejor versi&oacute;n habr&iacute;a sido &ldquo;vivienda&rdquo;). Es cierto tambi&eacute;n que su obra est&aacute; presente en dos de las tres antolog&iacute;as m&aacute;s importantes de poes&iacute;a lusa del siglo XX editadas en Espa&ntilde;a, la <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a portuguesa contempor&aacute;nea</em> de &Aacute;ngel Crespo (J&uacute;car, 1982, con los poemas &ldquo;Figura yacente&rdquo;, &ldquo;Algunas proposiciones con p&aacute;jaros y &aacute;rboles que el poeta remata con una referencia al coraz&oacute;n&rdquo;, &ldquo;La imagen de la alegr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;[Otro fragmento]&rdquo;, y &ldquo;Tres o cuatro ni&ntilde;os&rdquo;) y <em>Los nombres del mar</em>, de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano (Editora Regional de Extremadura, 1985, con los poemas &ldquo;Encuentro de garcilaso de la vega con do&ntilde;a isabel freire, en granada, en el a&ntilde;o de 1526&rdquo;, &ldquo;El tiempo s&iacute; el tiempo casualmente&rdquo; y &ldquo;Adi&oacute;s a la tierra de la alegr&iacute;a&rdquo;), mientras que no aparece en <em>Poes&iacute;a portuguesa actual</em>, de Pilar V&aacute;zquez Cuesta, publicada por la Editora Nacional en 1976, a&uacute;n en vida del poeta. Y es verdad, por &uacute;ltimo, que en Espa&ntilde;a la academia universitaria no ha sido ajena a su poes&iacute;a, incluso se ha realizado una tesis doctoral dedicada a su obra (de la autor&iacute;a de Hugo Manuel Milhanas, en la Universidad de Salamanca, 2015), al tiempo que la <em>Revista de Filolog&iacute;a Rom&aacute;nica de la Universidad Complutense </em>dedic&oacute; buena parte de su volumen 25, en2008, a su memoria (hab&iacute;a sido Lector de Portugu&eacute;s en esa instituci&oacute;n entre 1971 y 1978), con motivo del trig&eacute;simo aniversario de su muerte.&nbsp;</p>
<p>Todo ello, sin embargo, y otras presencias que no mencionamos por no disponer de espacio, siendo elementos notables para la recepci&oacute;n de un poeta portugu&eacute;s en Espa&ntilde;a, no parece saldar la deuda con Ruy Belo, un autor fuertemente vinculado al pa&iacute;s de Garcilaso y Lorca, y que todav&iacute;a espera ansiosamente la aparici&oacute;n de una amplia colect&aacute;nea de su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo, en efecto, vivi&oacute; en Madrid entre 1971 y 1977, periodo durante el cual public&oacute; en Portugal traducciones de Jorge Luis Borges (<em>Poemas escolhidos</em>, 1971) y Federico Garc&iacute;a Lorca (<em>Dona Rosinha a Solteira ou a Linguagem das Flores</em>, 1973). En la capital espa&ntilde;ola experiment&oacute; con una profundidad irresistible la percepci&oacute;n de una cierta p&eacute;rdida o vac&iacute;o existencial que es marca constante en su poes&iacute;a, atravesada en este caso por la conciencia del extra&ntilde;amiento de un sujeto que con frecuencia se siente extranjero o exiliado (&ldquo;Madrid, uma das cidades do mundo mais distantes de Lisboa&rdquo;, escribe en la &ldquo;Explicaci&oacute;n que el autor ha tenido por indispensable anteponer a esta segunda edici&oacute;n&rdquo; de <em>Aquele grande rio Eufrates</em>, de 1972). Ese vac&iacute;o al que conduce el abismo de una utop&iacute;a inalcanzable se plasma en su obra, de profundo aliento metaf&iacute;sico, a trav&eacute;s del recurso al tema de la muerte como una melancol&iacute;a propia y visible en cuanto fundamento est&eacute;tico, hasta el punto de convertir el texto po&eacute;tico, como afirma Pedro Serra en <em>Um nome para isto</em>, en el &ldquo;lugar en que se <em>literaliza</em> una muerte como Realidad absoluta&rdquo; (p. 13). El lenguaje revela en su poes&iacute;a una p&eacute;rdida constante, enmascarada a veces tras la sobriedad de un registro profundamente discursivo. La muerte, as&iacute;, la propia invenci&oacute;n de la finitud, se convierte en el modo mediante el cual el poeta &ldquo;se ficciona a s&iacute; mismo, inmune y protegido&rdquo;, siguiendo la l&iacute;nea de pensamiento de Cristina Firmino, en la introducci&oacute;n e <em>O problema da habita&ccedil;&atilde;o</em> (ed. Presen&ccedil;a, 1997, p. 16).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo escribi&oacute; poemas en los que Madrid cobra protagonismo, y son esos los que hemos elegido fundamentalmente para esta muestra. Con el p&oacute;rtico de &ldquo;La medida de espa&ntilde;a&rdquo; (perteneciente a <em>Homem de palavra(s)</em>, de 1970) hasta &ldquo;En la noche de madrid&rdquo; (aparecido en 1978 en la revista <em>Raiz e utopia</em>), pasando por poemas como &ldquo;Primer poema de madrid&rdquo;, &ldquo;Solo en la ciudad&rdquo;, &ldquo;Madrid revisited&rdquo; o &ldquo;En el aeropuerto de barajas&rdquo;, el pa&iacute;s vecino fue para Belo parte inseparable de su &ldquo;problema de la vivienda&rdquo;, si entendemos este t&iacute;tulo como una aut&eacute;ntica y vertebradora alegor&iacute;a de su propia escritura. Son numerosos los poemas del autor fechados en la capital, del mismo modo que son fundamentales en su producci&oacute;n los poemas que toman como motivo a Garcilaso de la Vega y a Isabel Freire. Esos textos, sin embargo, m&aacute;s disponibles para los lectores atentos del poeta en Espa&ntilde;a, ceden ahora espacio a una visi&oacute;n en la que Espa&ntilde;a, con Madrid en primer plano, se convierte en algo as&iacute; como el adverbio de lugar en el que se representa el drama elegante, profundamente posmoderno, de la poes&iacute;a de Ruy Belo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Ruy Belo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La medida de Espa&ntilde;a</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cambiado algunas veces de ciudades</p>
<p>y mi pasado es todo olvido</p>
<p>La noche llega precedida por la sombra</p>
<p>y siempre en vano repudio la noche</p>
<p>Cualquier d&iacute;a me muero y s&eacute; poco de la vida</p>
<p>es peligrosa la vida la simple vida</p>
<p>la vida la simple vida es violenta</p>
<p>Pero cuando llega la primavera XXX</p>
<p>me siento invulnerable y empiezo</p>
<p>Es formidable marzo cuando se acerca</p>
<p>prometiendo a su paso un verano integral</p>
<p>Soy todo de este tiempo y son m&iacute;os estos d&iacute;as</p>
<p>Yo no soy nada pero el verano existe</p>
<p>Canta mi coraz&oacute;n</p>
<p>Esta es la medida de espa&ntilde;a</p>
<p>oh vida m&iacute;a vida extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Primer poema de Madrid</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que por todos se haga la poes&iacute;a</p>
<p>que rompa la soledad n&iacute;tido nulo</p>
<p>la soledad de las armas aves manzanas</p>
<p>la soledad del cuarto la soledad de Kafka</p>
<p>Que a todos se destine la poes&iacute;a</p>
<p>que no m&aacute;s en duino encierre el grito</p>
<p>la escogida palabra restaurada</p>
<p>Que la voz del hombre de la sierra de m&eacute;sio</p>
<p>llegue a miranda tal&oacute;n del mundo</p>
<p>no vaya la izquierda a ser de los coches de carreras</p>
<p>No crezca m&aacute;s el ni&ntilde;o qu&eacute;dese quieto</p>
<p>inm&oacute;vil m&aacute;s real que en las fotograf&iacute;as</p>
<p>Estaba so&ntilde;ando de viejos m&aacute;s est&uacute;pidos</p>
<p>que tus oh diego conejitos</p>
<p>Hay tantas estrellas parecen bailar</p>
<p>en la noche rasa desag&uuml;es de castilla</p>
<p>et mourir &agrave; madrid le coeur bris&eacute;</p>
<p>salamanca unamuno ba&ccedil;&atilde;o Alentejo</p>
<p>Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil ser dios</p>
<p>y yo solo aqu&iacute; en la noche me suicido de sue&ntilde;o</p>
<p>llegado del viento vasto del invierno</p>
<p>el suicidio s&iacute; el &uacute;nico problema</p>
<p>para el hombre que por haber nacido</p>
<p>hered&oacute; la maldici&oacute;n que no quer&iacute;a</p>
<p>Bailemos nosotros malditos marginales</p>
<p>de todas las ciudades sociedades</p>
<p>que no tenemos doctrina que nos salve</p>
<p>Sepa siempre el cinatti timorense</p>
<p>el n&oacute;mada de lo dicho por no dicho</p>
<p>que si m&aacute;s cercanos cuanto m&aacute;s distantes</p>
<p>soy siempre su lector atento y dedicado</p>
<p>Adem&aacute;s no hay ni t&uacute; ni yo falso problema</p>
<p>est&aacute;n los sin pan y los sin postre</p>
<p>y hasta sin Portugal cuesti&oacute;n antigua</p>
<p>As&iacute; si nos vendieron los pa&iacute;ses</p>
<p>peregrinos y hu&eacute;spedes en otras tierras</p>
<p>all&iacute; lanzamos nuestras viscerales ra&iacute;ces</p>
<p>Pero el pa&iacute;s est&aacute; dentro de nosotros</p>
<p>el pa&iacute;s somos nosotros s&iacute; pasa por aqu&iacute;</p>
<p>pasa por nosotros los de explorar palabras</p>
<p>esa guerra civil inevitable</p>
<p>(No oig&aacute;is lo que digo en este c&oacute;digo</p>
<p>sino lo que el coraz&oacute;n contento al rojo vivo</p>
<p>contiene porque el otro del alma lo desplac&eacute;)</p>
<p>Qu&eacute; f&aacute;cil le resultaba al cuerpo la sepultura</p>
<p>pero nosotros los que somos de los peces</p>
<p>los que con la tormenta al final todos nos perdemos</p>
<p>tenemos por patria sencilla la lengua portuguesa</p>
<p>y por eso como arma tenemos estar de pie</p>
<p>oponer al sol la cara incorregible</p>
<p>y dar la palabra a los que no tienen voz</p>
<p>pues al silencio los tienen sometidos</p>
<p>Poema de palabras no de paz sino de pavor</p>
<p>construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica dif&iacute;cil aparentemente</p>
<p>yo que a cambio de la vida y el triunfo me volv&iacute; tu &iacute;nfimo cultor</p>
<p>bajo esa superficie de impasible frialdad</p>
<p>s&eacute; que se oculta la voz no de la humanidad</p>
<p>palabra con el m&aacute;s dudoso de los significados</p>
<p>sino de los hombres que Dostoievski vio ofendidos y humillados</p>
<p>C&aacute;lida y humana aunque en apariencia fr&iacute;a</p>
<p>que a todos se destine la poes&iacute;a&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Solo en la ciudad</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras una estancia en las alturas</p>
<p>a expensas del m&aacute;s puro pensamiento</p>
<p>que ha detenido el d&iacute;a la hora y el momento</p>
<p>en una fuga de la vida y los ruidos y los coches</p>
<p>los cuales que yo sepa solo Venecia repudia</p>
<p>sin dolores ni cuidados horas seguras</p>
<p>sin asuntos urgentes porque todo se ha vuelto olvido</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo renunciar ahora a tanta luz</p>
<p>y c&oacute;mo pactar con tan antiqu&iacute;simo poder</p>
<p>como aquel que a las cosas les consiente suceder?</p>
<p>Los pl&aacute;tanos disputan las &uacute;ltimas hojas</p>
<p>a los vientos y a las lluvias de diciembre</p>
<p>y como que se quejan del invierno</p>
<p>Ya se pudre el coraz&oacute;n de los &aacute;rboles</p>
<p>y esa raza ciega pero sagaz de los sencillos</p>
<p>de los seres condenados a la mentira</p>
<p>se socorren con la oscuridad de las aguas</p>
<p>para pensar la parte a sus siervos debida</p>
<p>como si un ser cediese a razonamientos</p>
<p>cuando est&aacute; en causan la propia vida</p>
<p>No dejamos en el suelo el menor rastro</p>
<p>las cosas que pensamos no dan resto</p>
<p>y la destrucci&oacute;n de nuestro rostro</p>
<p>es ahora mayor que en el delirio del verano</p>
<p>Ya no nos sorprende el mediod&iacute;a</p>
<p>el mar si lo fue ha dejado de ser inofensivo</p>
<p>un destino de hierro nos detiene</p>
<p>y son largos los d&iacute;as lejos de nosotros mismos</p>
<p>Ni siquiera ya se pierde la infancia imperiosa</p>
<p>en la fuerte frecuencia de las preguntas sin respuesta</p>
<p>Hasta la luna ese incendio de plata</p>
<p>que antes era como astro fe</p>
<p>ahora es una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe</p>
<p>En ning&uacute;n muro blanco alguna sombra es</p>
<p>representaci&oacute;n probile para el hombre</p>
<p>En los propios corazones la tempestad</p>
<p>se sirve de la complicidad de la edad</p>
<p>de los restos impalpables de un destino</p>
<p>que no nos mata menos que a los peces</p>
<p>despreocupados en el estanque el agua de las habas</p>
<p>(hab&iacute;a llovido me acuerdo y as&iacute; llueve ahora</p>
<p>cuando le pido a la infancia una met&aacute;fora</p>
<p>y la lluvia es m&aacute;s real que si lloviese)</p>
<p>Todo trabaja pero ocultamente</p>
<p>y todo es parecido al sobresalto</p>
<p>Terrible tempestad de alegr&iacute;a</p>
<p>&iquest;qu&eacute; parcela del d&iacute;a hoy d&iacute;a nos permite?</p>
<p>La vida es una rep&uacute;blica odiosa</p>
<p>y hasta es monstruosa esa punta del pensamiento</p>
<p>que me deja en los dedos solo palabras y no d&iacute;as</p>
<p>Oculta crece la hierba del profundo sentimiento</p>
<p>E incluso cuando fuera es domingo</p>
<p>en nuestro interior es d&iacute;a de diario</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; mundo es este mundo de estos d&iacute;as</p>
<p>que nos mata m&aacute;s de lo que Atenas nos mat&oacute;?</p>
<p>El corte ingl&eacute;s en plena primavera</p>
<p>seg&uacute;n dicen todos los anuncios</p>
<p>que veo en las paredes hoy d&iacute;a dos de marzo</p>
<p>Voy a entrar para ver puede que est&eacute; ah&iacute;</p>
<p>el t&eacute;rmino de este invierno que me invade</p>
<p>Talvez recupere lo que perd&iacute;</p>
<p>y me vea de nuevo envuelto en hojas</p>
<p>como cualquier &aacute;rbol an&oacute;nimo que vi&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Madrid<em> revisited</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; tal vez en estos cincuenta versos consiga mi prop&oacute;sito</p>
<p>ofrecer en esa forma objetiva y hasta incluso impersonal en m&iacute; habitual</p>
<p>la ordenaci&oacute;n externa de esta ciudad a la que regreso</p>
<p>llueve sobre estas calles desolada y espesa como lluvia desmenuzada</p>
<p>tu ausencia l&iacute;quida mojada y por got&iacute;culas multiplicada</p>
<p>El cielo entristecido hay una soledad y un color grises</p>
<p>en esta ciudad hace meses capital del sol n&uacute;cleo de la claridad</p>
<p>Es otra esta ciudad esta ciudad es hoy tu ausencia</p>
<p>una enorme ausencia donde las casas se han separado en varias calles</p>
<p>ahora tan diferentes que una diversidad as&iacute; hace</p>
<p>de mi ciudad otra ciudad.</p>
<p>Tu ausencia son preferentemente algunos lugares determinados</p>
<p>como correos o el caf&eacute; gij&oacute;n ciertos domingos como este</p>
<p>para los dem&aacute;s normales solo para nosotros secretamente rituales</p>
<p>si neutros para los otros neutros hasta para m&iacute;</p>
<p>antes de heredar en ti particular significado</p>
<p>Tu ausencia pesa en estos loca sacra uno por uno</p>
<p>los cuales m&aacute;s importantes que lugares en s&iacute;</p>
<p>son simples sitios que solo he conocido en funci&oacute;n de ti</p>
<p>y ahora se alzan piedra a piedra como monumento de la ausencia</p>
<p>No veo aqu&iacute; el n&uacute;cleo geogr&aacute;fico administrativo de un pa&iacute;s</p>
<p>capital de edificios centro de donde emanan decisiones</p>
<p>complejo de museos bancos parques vida profesional turismo</p>
<p>que conoc&iacute; un d&iacute;a y ya no conozco</p>
<p>Aqu&iacute; solo est&aacute; el hecho de saber que fui feliz</p>
<p>y hoy tanto lo s&eacute; que s&eacute; que serlo no lo ser&eacute; jam&aacute;s</p>
<p>Esta es la capital pero capital no de un cierto pa&iacute;s</p>
<p>capital de tu rostro y de tus ojos a ningunos otros iguales</p>
<p>o de un pa&iacute;s profundo y propio como t&uacute;</p>
<p>Madrid es saber piedra por piedra y paso a paso c&oacute;mo te perd&iacute;</p>
<p>es una ciudad ajena siendo m&iacute;a</p>
<p>es algo extra&ntilde;o y conocido</p>
<p>Abro la ventana sobre la plaza y el teatro donde estuvimos</p>
<p>y donde en la Desd&eacute;mona que vi te vi a ti</p>
<p>No es lluvia al final lo que cae solo cae tu ausencia</p>
<p>lluvia m&aacute;s y pluvial que si lloviese</p>
<p>M&aacute;s que esta ciudad es solo cierta ciudad que jam&aacute;s hubiese</p>
<p>en una medida tal que solo all&iacute; profundamente yo estuviese</p>
<p>y en ella solo mi dolor como una piedra condensada</p>
<p>de pie tumbada o de cualquier forma cupiese</p>
<p>Es una ciudad alta como las cosas que perd&iacute;</p>
<p>y enseguida la perd&iacute; casi no la conoc&iacute;</p>
<p>pues m&aacute;s que a ella te conoc&iacute; a ti</p>
<p>Fue de una altura as&iacute; desde donde ca&iacute;</p>
<p>superior a la propia torre de este hotel</p>
<p>escogida por muchos suicidas para poner fin a su vida</p>
<p>No es esta ciudad esa ciudad donde viv&iacute;</p>
<p>donde fui al cine y trabaj&eacute; y pase&eacute;</p>
<p>y en la llama del propio cuerpo a m&iacute; sin compasi&oacute;n me consum&iacute;</p>
<p>Aqu&iacute; fue la ciudad donde te conoc&iacute;</p>
<p>y enseguida al conocerte m&aacute;s que nunca te perd&iacute;</p>
<p>Debe hacer casi un a&ntilde;o m&aacute;s que al verte vi</p>
<p>que al verte no te vi y te perd&iacute; al tenerte</p>
<p>Pero a esta ciudad muchos le dan el nombre de Madrid&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el Aeropuerto de Barajas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son los aviones los que aqu&iacute; levantan vuelo</p>
<p>aqu&iacute; no es met&aacute;lica la imaginaci&oacute;n</p>
<p>Desde aqu&iacute; levantan vuelo estos americanos</p>
<p>que cerca matan lejos al heroico pueblo vietnamita</p>
<p>que aqu&iacute; pagan en d&oacute;lares el dolor de los suramericanos</p>
<p>que fingen vida aqu&iacute; la muerte del noroeste brasile&ntilde;o</p>
<p>Las barrigas aqu&iacute; se&ntilde;aladas al menos por medio centenar de estrellas</p>
<p>ocultan a esos indios a esos negros a esa gente subamericana</p>
<p>que asegura la barriga de estos sobreamericanos</p>
<p>Aqu&iacute; refulge la floja casa blanca</p>
<p>perforada por la m&aacute;s nariguda de las narices</p>
<p>que surge en todas partes donde no ha sido llamada</p>
<p>Aqu&iacute; se representa la primera de las damas de este mundo</p>
<p>esa madre virtuosa y responsable</p>
<p>que limita su natalidad sin dejar</p>
<p>de controlar tambi&eacute;n la de las mujeres de todo el mundo</p>
<p>Pat adem&aacute;s acaba de ganar la elecci&oacute;n anual de las</p>
<p>mujeres que seg&uacute;n la revista good housekeeping</p>
<p>merecen nuestra mayor admiraci&oacute;n</p>
<p>por la valent&iacute;a y el deseo</p>
<p>de ayudar a otros seres humanos y</p>
<p>si no ayuda a los negros ni a los indios ni a aquellos</p>
<p>que en este mundo en esta vasta am&eacute;rica del norte</p>
<p>que es la mayor parte de este mundo</p>
<p>es porque hay dudas serias de que sean seres humanos</p>
<p>Aqu&iacute; se desarrolla el mal gusto aqu&iacute; la gente</p>
<p>que se queda por aqu&iacute; en todos cuantos se marchan</p>
<p>aqu&iacute; la gente disfruta viendo a estos bufos</p>
<p>que pasan con la montera en la cabeza</p>
<p>aqu&iacute; la gente vive la muerte que anda por ah&iacute; aqu&iacute;</p>
<p>viven en estas barrigas quienes no viven</p>
<p>Aqu&iacute; los siervos nosotros ellos se&ntilde;ores</p>
<p>aqu&iacute; nos quedamos aqu&iacute; levantan el vuelo no</p>
<p>los aviones sino ciertas aves migratorias&nbsp;</p>
<p><strong><br clear="all" /> </strong></p>
<p><strong>En la noche de Madrid</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>para Jo&atilde;o Miguel Fernandes Jorge</em><strong></strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>En la noche de Madrid vi a un hombre muerto</p>
<p>Yac&iacute;a como una afrenta para los vivos</p>
<p>que volv&iacute;an de los bares con m&uacute;sica en los ojos</p>
<p>con estrellas en la frente y fiesta en los o&iacute;dos</p>
<p>y pasaban en taxi a buena velocidad</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevar&iacute;a el hombre all&iacute;</p>
<p>en la superficie oscura del asfalto</p>
<p>ya medio devuelto a la tierra nuestra madre?</p>
<p>No lo cubr&iacute;a el manto de los h&eacute;roes</p>
<p>ning&uacute;n clar&iacute;n hab&iacute;a tocado en su honor</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo lo reconfortar&iacute;a la santa madre iglesia?</p>
<p>Solo hab&iacute;a ca&iacute;do inmolado al d&iacute;a a d&iacute;a</p>
<p>Hab&iacute;a pagado con su vida la paz de la conciencia</p>
<p>de toda una ciudad que dorm&iacute;a</p>
<p>Y &eacute;l crec&iacute;a tendido en la calle</p>
<p>y asum&iacute;a proporciones inesperadas</p>
<p>cuando hace bien poco a&uacute;n se reduc&iacute;a al d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a sido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; peri&oacute;dico contendr&iacute;a la inmensidad del nombre</p>
<p>de quien como un insulto all&iacute; yac&iacute;a?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; pensamientos cercanos habr&iacute;a tenido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; llevar&iacute;a en los bolsillos?</p>
<p>&iquest;De d&oacute;nde vendr&iacute;a? &iquest;Sonreir&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde iba?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o? &iquest;So&ntilde;ar&iacute;a ser feliz?</p>
<p>&iquest;Cambiar&iacute;a de vida a la ma&ntilde;ana siguiente?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a jugado alguna vez en aquella misma calle?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o all&iacute; donde profundamente lo vi?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a soluciones para sus propios problemas?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a a lo mejor un buen padre de familia?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a la consideraci&oacute;n de sus vecinos?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a un buen trabajador? &iquest;Un hombre con futuro?</p>
<p>Pero ya en aquel momento le cubr&iacute;an el rostro</p>
<p>pues no podr&iacute;a ver ni las estrellas</p>
<p>ni siquiera la luz de las farolas de la ciudad</p>
<p>Hab&iacute;a curiosos y polic&iacute;a hab&iacute;a una ambulancia in&uacute;til</p>
<p>para quien como cama solo tendr&iacute;a la piedra fr&iacute;a</p>
<p>&ldquo;&iquest;A d&oacute;nde va?&rdquo; &ndash;me pregunt&oacute; el taxista&ndash;</p>
<p>&ldquo;Yo tengo cinco mil pesetas &ndash;le respond&iacute;&ndash;</p>
<p>Ll&eacute;veme por las calles de la ciudad hasta que salga el sol</p>
<p>tal vez &eacute;l pueda decirme algo</p>
<p>sobre las muchas cosas que me gustar&iacute;a saber</p>
<p>(el sol es hoy una de mis pocas soluciones)</p>
<p>Pase lejos del cuerpo por favor&rdquo;</p>
<p>record&eacute; lecturas soterradas</p>
<p>de repente me vinieron a la memoria escenas olvidadas</p>
<p>&iquest;Samaritano yo? Un levita m&aacute;s</p>
<p>que buscaba tranquilo la promesa del d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Inquietud o pena? &iquest;Sombra de metaf&iacute;sica?</p>
<p>&iquest;Pol&iacute;tica? &iquest;Moral? &iquest;Lecci&oacute;n? &iquest;Comportamiento?</p>
<p>&iquest;Querr&iacute;a algo? No lo sab&iacute;a</p>
<p>Puedo aseguraros que no lo sab&iacute;a</p>
<p>Solo sab&iacute;a que miraba y ning&uacute;n mar hab&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P&oacute;voa de Varzim, viendo el mar, a las 10 de la ma&ntilde;ana del 29 de diciembre de 1971</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Dec 2023 11:12:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Viático” va más allá de la muerte, la maldad, el azar, la soledad, la culpa...]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/viatico-va-mas-alla-de-la-muerte-la-maldad-el-azar-la-soledad-la-culpa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/CARLOS_SU_REZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay novelas que no son lo que parecen, y en el caso de la obra narrativa de Carlos Su&aacute;rez (Le&oacute;n, 1961), esa excepci&oacute;n ha acabado por convertirse en regla. <em>La muerte zurda </em>(Atodaplana, Madrid, 2004) y <em>Una mujer en Pigalle </em>(Roja &amp; Negra, Penguin Random House, Barcelona, 2016), ambas con un cad&aacute;ver en la primera p&aacute;gina, podr&iacute;an parecer llamadas a repetir los trillados caminos por los que suele transitar la novela negra. Su lectura, sin embargo, deja claro que los exquisitos cad&aacute;veres de Leonor Cienfuegos y Rachel R&ocirc;hm son solamente dos bellas excusas para reflexionar sobre la identidad, el deseo, la culpa o el olvido. Lo mismo sucede con <em>Vermeil </em>(Eolas Ediciones, Le&oacute;n, 2022), una historia de esp&iacute;as ambientada en Par&iacute;s en 1944, que es en realidad un juego y una celebraci&oacute;n dionis&iacute;aca de la literatura, la ficci&oacute;n y el lenguaje.</p>
<p><em>Vi&aacute;tico </em>(Mira Editores, Zaragoza, 2023) sigue en esa l&iacute;nea. Es en apariencia una novela negra, una trama de asesinatos en serie en la que Carlos Su&aacute;rez &mdash;como el propio autor ha confesado&mdash; utiliza los elementos y c&oacute;digos de la novela negra para <em>envolver </em>el aut&eacute;ntico tema de la novela: el azar, la enfermedad, la muerte.</p>
<p>No deber&iacute;amos hacer <em>spoiler</em>, ese t&eacute;rmino de origen latino (<em>spoliare </em>= despellejar) que vuelve al castellano revestido del falso exotismo con el que lo adorna su paso por el ingl&eacute;s para tratar de destronar al igual o a&uacute;n m&aacute;s gr&aacute;fico &laquo;destripar&raquo;. Basta, sin embargo, ojear la contracubierta de <em>Vi&aacute;tico</em>. El autor, la editorial o ambos decidieron dar alguna pista en lo que hoy en d&iacute;a es el aut&eacute;ntico principio de las novelas, el lugar por el que el lector empieza a leer. Hablo &mdash;lo habr&aacute;n adivinado&mdash; de la contraportada, ese escaparate que la necesidad de vender libros invent&oacute; &iquest;en los a&ntilde;os setenta? y en el que suele practicarse un arriesgado ejercicio de funambulismo: contar un argumento sin contarlo; tratar de captar la atenci&oacute;n del lector sin desvelar la intriga.</p>
<p>Ah&iacute;, en la contraportada de <em>Vi&aacute;tico</em>, se incluye una frase &mdash;puesta en boca de la protagonista&mdash; que delata la intenci&oacute;n del libro: &laquo;Eso es lo que quiero&hellip; lo que necesito escribir. Dios como un asesino en serie, un criminal que elige a sus v&iacute;ctimas aleatoriamente, las mata con una crueldad inhumana [&hellip;], un personaje que en su perversidad forzara esa similitud, ese parecido&raquo;.</p>
<p>El asesino o asesina (ese desdoblamiento de g&eacute;nero imprescindible aqu&iacute; para no desvelar la identidad del criminal o <em>criminala</em>) no va a ser otro que el azar, la gen&eacute;tica, el Dios cristiano o la deidad que a cada uno le haya tocado por cultura, en definitiva, la causa a la que se&ntilde;alemos como culpable de enfermar y morir, disfrazada en este caso de un/a irrelevante &eacute;mulo/a de Jack el Destripador.</p>
<p>Nada de eso se anticipa, sin embargo, en las primeras p&aacute;ginas (a las que el lector llega muy probablemente tras haber ojeado la contraportada), porque de nuevo nada es lo que parece. <em>Vi&aacute;tico </em>comienza cuando el protagonista &mdash;H&eacute;ctor Brey― cree reconocer en la calle a una mujer que ha muerto treinta a&ntilde;os atr&aacute;s y narra en principio la enfermiza pasi&oacute;n de una adolescente por el amante de su madre. Son pues dos historias (amor y muerte) que acaban entremezcl&aacute;ndose en una trama que alterna presente y pasado.</p>
<p>Los saltos en el tiempo son &laquo;marca de la casa&raquo; para el autor. Los vemos en <em>La muerte zurda </em>y en <em>Una mujer en Pigalle</em>, pero en <em>Vi&aacute;tico </em>cobran una nueva dimensi&oacute;n. No solo contribuyen a administrar los tiempos y mantener el inter&eacute;s del lector. Son parte fundamental de la trama, el elemento con el que se crea la intriga. Al&eacute;rgico al narrador omnisciente, Carlos Su&aacute;rez pone el peso del relato en la voz de tres personajes que hablan desde su propio punto de vista, obligando al lector a montar el puzle final de los hechos.</p>
<p><em>Vi&aacute;tico </em>es de nuevo una historia cargada de erotismo (un rasgo habitual en toda la obra del autor), pero es, sobre todo, una novela con una clara ambici&oacute;n literaria, con un lenguaje trabajado, cuidado &mdash;como en una guerra de trincheras&mdash;, palabra a palabra y frase a frase.</p>
<p>Es preciso hacer algunas advertencias. <em>Vi&aacute;tico </em>no es una novela f&aacute;cil. Los juegos continuos con el tiempo, o la ya citada narraci&oacute;n en boca de tres personajes &mdash;que el autor no identifica en ning&uacute;n momento&mdash;, obligan al lector a cierto esfuerzo suplementario. Tampoco es una novela dulce. Las descripciones de los asesinatos reflejan con crudeza lo que se quiere transmitir: la brutalidad de la enfermedad y la muerte.</p>
<p>He discutido durante horas con el autor lo que considero &laquo;defectos&raquo; o &laquo;faltas veniales&raquo; de <em>Vi&aacute;tico</em>. He objetado cierta despreocupaci&oacute;n por los personajes, el recurso a casualidades demasiado improbables que hieren la verosimilitud del relato, la excesiva concisi&oacute;n del texto o la desbordante acumulaci&oacute;n de trama en cada cent&iacute;metro o p&aacute;rrafo de novela&hellip; Carlos Su&aacute;rez jura que <em>Viatico </em>es as&iacute;. (Habla como si la novela le hubiera obligado a escribirla, y no al rev&eacute;s). Arguye que los personajes tienen zonas de sombra para que lo que se relata evidencie la ausencia de lo que se oculta, que lo inveros&iacute;mil da la medida exacta del azar, que <em>Vi&aacute;tico </em>es trama pura: m&uacute;sculo y fibra, sin un gramo de grasa. Echo de menos los guisos lentos en cazuela de barro con unto o manteca de Clar&iacute;n o Stendhal. &Eacute;l tambi&eacute;n, pero en estos tiempos no est&aacute; bien visto el colesterol.</p>
<p>Acabo ya. En definitiva, y a modo de resumen, creo que <em>Vi&aacute;tico </em>trata de conciliar lo mejor de dos mundos, a&uacute;na la ambici&oacute;n literaria, el cuidado y la preocupaci&oacute;n por el lenguaje, por un lado, y la estrategia narrativa &mdash;artima&ntilde;as, trucos, ardides― de la novela comercial, por el otro. Carlos Su&aacute;rez ensaya una tercera v&iacute;a. Pretende demostrar que la buena literatura no ha de ser necesariamente aburrida, porque siempre puede encontrarse una manera de contar que enganche al lector, y reniega a la vez de la banalizaci&oacute;n de la muerte a la que nos tiene acostumbrados la novela negra, las tramas que utilizan el crimen como puro instrumento para atraer al lector y malbaratan la oportunidad de ir m&aacute;s all&aacute;, hablarnos de la muerte, la maldad, la soledad, la culpa.</p>
<p>No voy a aventurar la reacci&oacute;n de los posibles lectores. No s&eacute; si sumar&aacute; seguidores esa tercera v&iacute;a o &mdash;al contrario&mdash; defraudar&aacute;, y por igual, a quienes busquen buena literatura y a quienes esperen sangre, v&iacute;sceras e intriga a cualquier precio.</p>
<p>Conozco a Carlos Su&aacute;rez desde hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Entonces, reci&eacute;n llegado a Madrid de provincias, cultivaba cierto aura de escritor incomprendido y fracasado. <em>Vi&aacute;tico </em>y sus tres novelas anteriores no dejan dudas. A veces la vida nos defrauda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Su&aacute;rez, <em>Vi&aacute;tico</em>, Zaragoza, Mira Editores, col. Sue&ntilde;os de tinta, 2023, 212 p&aacute;gs.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Dec 2023 10:36:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escondite deseado y deseante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escondite-deseado-y-deseante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RUB_N_MART_N_D_AZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Empiezo este texto desde Tur&iacute;n, donde casualmente he comprado, porque lo he visto en un escaparate, el &ldquo;lavorare stanca&rdquo; de Pavese. Es una se&ntilde;al. Este cielo es el de las f&aacute;bricas y el del fr&iacute;o, es el de la ciudad que trabaja. Es un buen escenario, sin duda, para empezar.</p>
<p>L&iacute;rica industrial, de Rub&eacute;n Mat&iacute;n D&iacute;az (Albacete, 1980), se me ha presentado de m&uacute;ltiples maneras, con diferentes atuendos, pero con una desnudez que es capaz de coser el traje de costuras caravista de tanta poes&iacute;a que viene ya disfrazada desde su nacimiento.</p>
<p>Este libro de me vino vestido de <em>Stalker</em>, ya saben, ese personaje que gu&iacute;a, en la pel&iacute;cula de Tarkowsky, a un par de turistas a trav&eacute;s de una zona reservada. Esa pel&iacute;cula en la que los fisgones empiezan hablando con un discurso muy locuaz, sesudo, programado, y acaban sin apenas palabras. Rub&eacute;n, lejos de ser ese tipo marginal que se gana la vida acompa&ntilde;ando, es, sin embargo, un excelente y pulcro gu&iacute;a, y nos va dejando, una vez que entramos en el libro, un discurso cada vez m&aacute;s despojado y l&iacute;rico, para una tem&aacute;tica que podr&iacute;a parecer alejada de lo po&eacute;tico. Vamos a este Open day magn&iacute;fico de manos de nuestro Stalker.</p>
<p>&iexcl;Y qu&eacute; hermosa cita de San Juan la que abre este espacio! &iexcl;Qu&eacute; precioso tatuaje ser&iacute;a en el brazo motor de cualquier currela!: &ldquo;Mi alma se ha empleado/ y todo mi caudal, en su servicio; / ya no guardo ganado / ni ya tengo otro oficio, / que ya solo en amar es mi ejercicio&rdquo;. Ese ejercicio, <em>ex-arcere</em>, en su &eacute;timo, sacar a alguien de su estado de contenci&oacute;n o encierro. Qu&eacute; bien puesta esta palabra, para el trabajador que desea que llegue su tiempo y para el bueno de San Juan, en su condena.</p>
<p>Entro y aqu&iacute; hay de todo, se oyen m&uacute;sicas, ruidos; algunos lejanos y continuos, otros cercanos y m&aacute;s caprichosos, como pasa en la misma consciencia, en la que siempre hay un ruido de fondo que nos dice que algo est&aacute; trabajando en la sombra, y otros son parte de la realidad que tenemos de frente, golpeadora y pajaretera. Aqu&iacute; hay de todo, se oyen ruidos, se oyen m&uacute;sicas, lentas melod&iacute;as que podr&iacute;an ser perfectamente de Martynov,&nbsp; Ludovico Einaudi, que acompa&ntilde;an a tantas aves que levantan vuelo, pero en ocasiones son las bases del &uacute;ltimo Portishead las que suenan, que vendr&iacute;an a engrasar los rodamientos de una enorme m&aacute;quina que devora.</p>
<p>Y vemos desde la entrada a esos artilugios que al poeta le encantar&iacute;a humanizar, buscarles un coraz&oacute;n, una arteria, un &oacute;rgano vital por el que puedan sufrir como sufre un humano, y, adem&aacute;s, lo encuentra. &ldquo;Cu&aacute;ndo hablar&eacute; de ti sin voz de hombre/ para no acabar nunca&rdquo; que dice Claudio Rodr&iacute;guez, as&iacute; descubrimos una m&aacute;quina que juega a ser Pigmali&oacute;n y desea tacto humano casi lascivo de su cuidador, desea hablar sin voz de hombre y que el poeta hable la lengua del metal y los circuitos.</p>
<p>&iquest;Pero es este el lugar de un poeta? Se pregunta Rub&eacute;n, pues all&iacute; tambi&eacute;n se tiembla, en todo se tiembla cuando el alma est&aacute; deseante, en todo participas querido poeta, y all&iacute; donde crees que tu mirada es escrutadora, all&iacute; donde sientes que tu retina absorbe, all&iacute;, est&aacute;s proyectando, est&aacute;s siendo parte de lo observado, tu esencia es la esencia de las cosas e igual que te trascienden, t&uacute; las trasciendes, se trate de una perfumada rosa como del efecto letal del bisfenol. Por tanto, no hay m&aacute;s <em>locus amoenus</em> que tu propia anima, as&iacute;, <em>locus animae</em>.</p>
<p>Y es ah&iacute;, en el alma desde donde se puede escribir y decir callado, secretamente, como el rabino que en plena ceremonia se esconde para decir en secreto el nombre de su dios. &ldquo;Nunca el silencio / dijo una verdad tan honda en mi palabra. Nunca el verbo cant&oacute; / con id&eacute;ntica fiebre&rdquo;, dice, seguramente escondido entre una sala de m&aacute;quinas y un pasillo atronador, el silencio sonoro de su verbo, la palabra creadora de luz.</p>
<p>Hay mucha luz, como en toda su poes&iacute;a. Pero en esta ocasi&oacute;n la luz no viene de arriba, no es la luz que todo lo envuelve y que hace de lo que no florece, al menos, algo que destella. La luz en este libro va apareciendo, como tremendos haces, cuando destapas algo, cuando tropiezas y se abre una v&iacute;a de escape, cuando est&aacute;s descansando en la hora del almuerzo, en la f&aacute;brica, cuando miras por la ventana porque de all&iacute; entra fulgurante, aparece entonces as&iacute;, como una columna de luz brutal, como un hilo que sorprende en un pasillo. Una luz que guarda en ocasiones un pajarillo, pero que es la luz de la palabra. Qu&eacute; gran contenedor ese gorri&oacute;n humilde. Qu&eacute; transformadora la luz que hasta a los peces los convierte en p&aacute;jaros.</p>
<p>Y el amor, un amor &eacute;pico, porque el libro, en el fondo, tambi&eacute;n lo es. Entonces, Rub&eacute;n se convierte en ocasiones en un Cid campeador, que se despide de su familia como Don Rodrigo en el Monasterio de Carde&ntilde;a, y los besa y se va apelando a la suerte con una moneda, y dibujando un ave con el dedo, s&iacute;mbolo de buena suerte; Cid lo har&iacute;a mirando a la corneja a la salida de Vivar, y en ese amor &eacute;pico me inmiscuyo para ver que hay una hermosa idea que siempre vuelve recurrente a su poes&iacute;a, el cuenco, que como unas manos que tuvieran que recoger agua, est&aacute; por ser llenado de la esencia de la amada. Dice Anne Carson que los amantes son tres, el amante, la amada y el hueco del amante cuando sabe que no puede vivir sin la amada, qu&eacute; preciosas conexiones.</p>
<p>En este viaje no hay moralinas, no hay panfletos, hay una verdad que ha transcendido a nuestro poeta que vive en un mundo en el que las columnas que lo sostienen est&aacute;n bien fijadas a la Tierra, hay un<em> perfecto equilibrio en la disposici&oacute;n de las cosas</em>, dice. Ser&aacute; este, seguramente para Rub&eacute;n, como para Leibniz, el mejor de los mundos posibles, y de este modo <em>gira el mondo gira</em> en manos de un ni&ntilde;o que hace rodar una canica, o gracias a la inercia que provoca un acelerador pisado a fondo en una carretera desierta. Un mundo construido con espacio entre las cosas, un espacio que alberga arcos para que amanezca como en una pintura de Piero della Francesca, o pozos solo para que aparezcan sombras milagrosas. En la poes&iacute;a de Rub&eacute;n las cosas, los elementos, los actantes de este mundo, est&aacute;n todos para que nos hagan crear, para que la mirada del poeta los detecte y los atrape. Y ese es un trabajo que no puede hacer la m&aacute;quina.</p>
<p>Y llega tambi&eacute;n el descanso, el momento para uno mismo, para la desalienaci&oacute;n, el momento para mirar el m&oacute;vil y repasar unos poemas, leer unos versos de otro, encontrarse de nuevo, pero esta vez con alevos&iacute;a, con la palabra, la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo&hellip;</p>
<p>Llegados a este momento, a este descanso que es solo tem&aacute;tico, nos hundimos en una poes&iacute;a que se acaricia con la poes&iacute;a oriental, que se introduce en paisajes que son estados de &aacute;nimo, lugares que son momentos y escenas que, como en una canci&oacute;n callada, suenan a escondite deseado y deseante.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rub&eacute;n Mart&iacute;n D&iacute;az, <em>L&iacute;rica industrial</em>, Madrid, Rialp, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Dec 2023 10:48:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La grandeza de lo pequeño ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-grandeza-de-lo-pequeno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RICARDO_D_EZ_PELLEJERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ricardo D&iacute;ez Pellejero (Bilbao, 1971) cuenta con una amplia y contrastada trayectoria literaria en su haber; con anterioridad, entre otros, ha publicado los libros de poes&iacute;a <em>Stromboli </em>(Editorial Braulio Casares, 1999), <em>El viajero en la tormenta </em>(Lola Editorial, 2001), <em>El cielo del sol mecido </em>(Olifante, 2007), <em>Pornai en el Hostal Roma </em>(Los libros del Gato Negro, 2019) y <em>MICTl&Aacute;N, Odas a la muerte </em>(Olifante, 2020); ha formado parte de las antolog&iacute;as <em>Archipi&eacute;lago de voces </em>(Universidad de Zaragoza, 1991), <em>Los Borbones en pelota </em>(Olifante, 2014), <em>Parnaso 2.0: Un mar de labrant&iacute;os / Antolog&iacute;a de poes&iacute;a aragonesa del siglo XXI </em>(Gobierno de Arag&oacute;n, 2016), <em>Amantes </em>(Olifante, 2017) y <em>Poemas a Miguel</em>, a Miguel Labordeta, claro (Libros del fr&iacute;o, 2021). Columnista y articulista habitual como rese&ntilde;ista literario en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, <em>Turia</em> y otras publicaciones, fue director de la revista literaria <em>Im&aacute;n</em>, editada por la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Escritores, en la que se dej&oacute; la piel y en la que llev&oacute; a cabo una interesant&iacute;sima y muy meritoria labor de difusi&oacute;n de escritores de diferentes lenguas y pa&iacute;ses. Ha sido publicado parcialmente en China, Macao y Bulgaria y traducido al ingl&eacute;s, al serbio, al b&uacute;lgaro y al portugu&eacute;s. Visitante y residente asiduo de la Casa del Traductor en Tarazona, colabor&oacute; con la poeta y traductora Rada Panchovska adaptando al espa&ntilde;ol su <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea</em>, una obra que mereci&oacute; el VI premio Marcelo Reyes a la Traducci&oacute;n (Olifante, 2021). Ha sido invitado por el Instituto Cervantes a presentar su obra en Sof&iacute;a y ha participado en actos del XXVIII Festival Internacional de poes&iacute;a de Bogot&aacute; y en los Conversatorios del Instituto Confucio de Costa Rica en 2021.&nbsp;</p>
<p>Y ahora, en Olifante &mdash;una de las m&aacute;s grandes y longevas editoriales de poes&iacute;a con que cuenta este pa&iacute;s&mdash;, publica Ricardo D&iacute;ez <em>El silencio del colibr&iacute;</em>, su tercer t&iacute;tulo en esta casa, un libro estructurado en cuatro partes &mdash;&laquo;Taxonom&iacute;a&raquo;, &laquo;Etolog&iacute;a&raquo;, &laquo;De su ecolog&iacute;a&raquo; y &laquo;De su biolog&iacute;a evolutiva&raquo;&mdash; con el que consolida avances y logros anteriores y en el que contin&uacute;a dando forma a su singular y personal proyecto po&eacute;tico, una propuesta que pasa por el deambular de un sujeto que camina &mdash;ya desde el primer poema, titulado &laquo;Sandalias&raquo;&mdash; a la intemperie.&nbsp;</p>
<p>En las citas iniciales que abren el libro (incluida la dedicatoria a sus hijos, Cloe y Alex), aparece la palabra &laquo;silencio&raquo; mencionada hasta en tres ocasiones (un t&eacute;rmino que encontramos de nuevo entre las palabras de Alejandra Pizarnik que anteceden al poema que abre el libro). En &laquo;Humildad&raquo;, una de las composiciones de este libro, leemos: la literatura &laquo;es un viaje / a trav&eacute;s del silencio de un pueblo&raquo; (p. 25), en &laquo;Ayer un limonero&raquo;: &laquo;Quien en silencio obra / labra silencios&raquo; (p. 38) y en &laquo;Lindes&raquo; se habla de &laquo;Escribir un silencio&raquo; (p. 57). Son solo unos pocos ejemplos. Sin duda, el silencio funciona como un motivo vertebrador a lo largo de todo el conjunto, un elemento que respira y que deja su huella entre las palabras, m&aacute;s a&uacute;n en un mundo como el nuestro, arrasado y cegado por tanto ruido f&uacute;til. El objetivo no es balad&iacute;, se tratar&iacute;a de llenar &mdash;como leemos en &laquo;Antiexistencia&raquo;, otro de los poemas de este libro&mdash; &laquo;ese hueco en el ser [&hellip;] / un lugar en apariencia vac&iacute;o, / pero que muda y avanza / para ser evidencia de luz&raquo; (p. 36). Pero, &iquest;c&oacute;mo llenar ese hueco?,&nbsp; &iquest;c&oacute;mo conseguir que el silencio respire entre las palabras?, m&aacute;s a&uacute;n en un mundo, repito, en el que el ruido, la impostura y el espect&aacute;culo ciegan a menudo lo m&aacute;s interesante y conmovedor de la existencia.&nbsp;</p>
<p>Frente a las tendencias m&aacute;s planas y sensibleras que pululan en el panorama po&eacute;tico actual, la propuesta de Ricardo D&iacute;ez ofrece signos de resistencia y renovaci&oacute;n, &iacute;ndices reveladores de una escritura, a la vez, m&aacute;s libre y comprometida con el ser humano, el lenguaje y los paisajes de este tiempo. A la luz de poetas como la ya citada Pizarnik, Rosal&iacute;a de Castro, Yordanka Beleva, Andrea Cote, Dulce Mar&iacute;a Loynaz, Alfonsina Storni o Celia Carrasco Gil, entre otras, la voz po&eacute;tica de Ricardo D&iacute;ez logra encontrar un registro aut&eacute;ntico y personal al margen de los senderos m&aacute;s trillados y aplaudidos. Se trata de una escritura aparentemente sencilla pero cargada de matices sorprendentes, una propuesta que no deja de interpelar al lector, de quien exige una atenci&oacute;n &mdash;que no una entrega&mdash; incondicional, una poes&iacute;a repleta de diferentes registros y formas, vol&uacute;menes presentes y espacios sugeridos, una escritura conmovedora que nos reconcilia con lo m&aacute;s ancestral de nuestra existencia, como sucede, por ejemplo, en ese sugerente e inquietante poema titulado &laquo;Altamira&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Conocido como chuparrosa, tucusito, ermita&ntilde;o, picaflor, <em>huitzil</em> (&lsquo;espina preciosa&rsquo;, en n&aacute;huatl), el colibr&iacute; &mdash;que es un ser muy inteligente (tiene el cerebro m&aacute;s grande en el mundo de las aves en proporci&oacute;n a su tama&ntilde;o corporal)&mdash; no puede emitir vocalizaciones pero s&iacute; chirridos para comunicarse, construye su nido con el leng&uuml;eteo y con su lengua tubular, que es m&aacute;s larga que el pico, chupa la savia de los &aacute;rboles y el n&eacute;ctar y el polen de las flores con los que se alimenta. A partir de ah&iacute;, &iquest;c&oacute;mo es ese silencio del colibr&iacute; al que se alude en el t&iacute;tulo de un poema que a su vez da t&iacute;tulo a este libro? A mi parecer, se trata de un silencio que guarda el secreto al que accede, como leemos en ese poema, &laquo;quien se adentra en la mayor espesura&raquo;, un silencio que custodia un saber crepuscular y postrero: &laquo;Pronto sentir&aacute;s, con mi &uacute;ltimo aliento, / el silencio del colibr&iacute;&raquo; (p. 40). El colibr&iacute;, por otra parte, simboliza la verdad y el misterio de lo peque&ntilde;o, de lo que pasa desapercibido, de lo que avanza sin hacer ruido, de lo que nos acompa&ntilde;a en la soledad y el silencio (Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago escribi&oacute; acerca de estos motivos un libro muy evocador y recomendable, <em>La belleza de lo peque&ntilde;o</em>).&nbsp;</p>
<p>Lo he expresado en otras ocasiones. Si queremos describir la relaci&oacute;n que Ricardo D&iacute;ez mantiene con la poes&iacute;a, no cabe hablar de un capricho o una moda pasajera sino, m&aacute;s bien, de una pr&aacute;ctica constante, meditada y prolongada en el tiempo, un trato asumido con rigor y seriedad dado que &eacute;l sabe lo mucho que se juega en cada palabra. Y as&iacute; ha sucedido desde el inicio de una trayectoria que he tenido la fortuna de seguir de cerca y que se ha caracterizado, insisto, por el deseo constante de interpelar al lector, al que se ha dirigido como un compa&ntilde;ero de viaje en la traves&iacute;a escabrosa de la vida y a quien no deja de plantear cuestiones que apelan a los motivos esenciales de la vida, preguntas que demandan respuestas necesarias. Se trata de ejercer la opci&oacute;n del movimiento continuo que supone la celebraci&oacute;n de la vida como viaje, a sabiendas de que el saber m&aacute;s certero es siempre un saber incierto, un proceso en construcci&oacute;n, un deambular, un caminar sin una ruta previamente trazada, y esto, como digo, es un motivo recurrente a lo largo de todos sus libros.&nbsp;</p>
<p>En este sentido, y porque he sido testigo muy pr&oacute;ximo de c&oacute;mo ha ido desarroll&aacute;ndose su trabajo con las palabras a lo largo de todos estos a&ntilde;os, me gustar&iacute;a dar prueba del compromiso con el que Ricardo D&iacute;ez ha encarado su labor escritural, del trabajo de construcci&oacute;n arquitect&oacute;nica con el que ha afrontado este libro, un volumen que contiene algunos poemas memorables &mdash;&laquo;Ayer un limonero&raquo;, &laquo;Lindes&raquo;, &laquo;Silbares&raquo;, &laquo;No cazar&aacute;s vampiros&raquo;&mdash; en el que nada ha quedado al azar y todo es resultado de una elecci&oacute;n deliberada, del respeto y la consideraci&oacute;n &mdash;en fin&mdash; que este hombre siente por la escritura po&eacute;tica.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 13:22:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que le den a Piaget]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-le-den-a-piaget/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/PERCIVAL_EVERETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Que le den a Piaget&rdquo;. Esta frase, que pronuncia un personaje de esta original&iacute;sima obra, la doctora Steimmel, expresa muy bien el impulso que subyace en todas sus p&aacute;ginas y encarna su protagonista&nbsp; y narrador, Ralph, un beb&eacute; inteligent&iacute;simo que lee libros de filosof&iacute;a y matem&aacute;ticas, conoce a los autores cl&aacute;sicos y a los pensadores posmodernos, y sabe de teor&iacute;a literaria, ling&uuml;&iacute;stica, y disciplinas pr&oacute;ximas, en fin, que se ha saltado todas las fases de desarrollo y supera al m&aacute;s sagaz de los adultos. Adem&aacute;s se niega a hablar, a hacer los movimientos bucales que dan lugar a la oralidad, no se trata de un rechazo ideol&oacute;gico al lenguaje, que utiliza en breves notas cuando lo necesita, sino a la comunicaci&oacute;n,&nbsp; al contacto, una forma de rebeld&iacute;a. Por lo dem&aacute;s, posee todas las limitaciones de un ni&ntilde;o peque&ntilde;o.</p>
<p>Esta personalidad improbable, para utilizar el mismo t&eacute;rmino con que Ralph descalifica las acciones de un cuento que le leen, nos introduce, una vez aceptada, en varias l&iacute;neas o dominios de desarrollo, m&aacute;s o menos interconectados. 1. Ralph y sus padres, c&oacute;mo los ve (&ldquo;Mi padre era postestructuralista y a mi madre&rdquo;, a quien prefiere y considera m&aacute;s inteligente, &ldquo;le parec&iacute;a un ser vomitivo&rdquo; ), c&oacute;mo reconocen y viven su condici&oacute;n, y su vida posterior; 2. las peripecias que surgen una vez que lo llevan a la psic&oacute;loga (secuestrado, primero por esta y una especialista en monos, luego por una agente gubernamental que lo conduce a instalaciones militares donde pretenden hacer de &eacute;l un esp&iacute;a, pero de donde sale esta vez en manos de una pareja de hispanos que lo quieren como hijo,&hellip;) y 3. Finalmente, pero no menos extensas, las creaciones y/o evocaciones de Ralph (poemas, listas de palabras, citas, recreaciones y reflexiones personales). Cada cap&iacute;tulo, por otra parte, va encabezado de esquemas y estructuras, preferentemente de relaciones semi&oacute;ticas m&aacute;s o menos fieles (el cuadrado semi&oacute;tico de Greimas, la semi&oacute;tica connotativa de Hjelmslev, etc.). Aunque la historia de los padres y los secuestros sigue un orden m&aacute;s o menos natural y configura una trama perfectamente reconocible, no se presenta de manera continua, sino entremezclada con documentos variopintos: poemas y listas de palabras elaborados por Ralph, conversaciones entre reconocidos fil&oacute;sofos y acad&eacute;micos (Nietzsche y Wittgenstein, S&oacute;crates y James Baldwin, Barthes y Hurston,&hellip;), reflexiones y evocaciones de textos, predominantemente de est&eacute;tica, psicolog&iacute;a, semi&oacute;tica, teolog&iacute;a y teor&iacute;a de la ficci&oacute;n:</p>
<p class="Ejemplos1">Mi escritura no era una amenaza para mi pensamiento, ni era una amenaza para mi significaci&oacute;n ni de manera alguna se opon&iacute;a a mi significaci&oacute;n&nbsp; (porque era <em>mi</em> significaci&oacute;n) y no era de ninguna manera opuesta al pensamiento o lenguaje interno o a cualquier fijaci&oacute;n de significado. Era lo que era y eso era todo lo que era porque &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a, como cualquier otra cosa, finalmente, haber sido cualquier cosa?</p>
<p>Aunque la conexi&oacute;n entre los ep&iacute;grafes no responde a la causalidad narrativa m&aacute;s que en lo que se refiere al avance de la trama, los contenidos m&aacute;s reflexivos y eruditos, muy numerosos, tienen doble coartada: por un lado se relacionan con las profesiones de los personajes: la madre (pintora), el padre (&ldquo;profesor universitario&rdquo;), la psic&oacute;loga (&ldquo;iba a revelar los secretos de la adquisici&oacute;n del lenguaje diseccionando mi cerebro), la primat&oacute;loga (&ldquo;iba a mostrar que los monos eran tambi&eacute;n personas&rdquo;), etc.; por otro, la propia actividad discursiva del narrador y sus preocupaciones con el lenguaje y la ficci&oacute;n, con frecuencia, tautol&oacute;gicas, contradictorias o simplemente absurdas.</p>
<p>El resultado, en mi opini&oacute;n es sorprendente, m&uacute;ltiple y parad&oacute;jico; sorprendente, porque a pesar del revoltijo de microtextos y lo abigarrado de su estructura, el libro no pierde unidad y puede leerse de corrido. Es posible que no entendamos algunas reflexiones, pero pueden disfrutarse con independencia de lo que quieran decir, gracias a su formulaci&oacute;n, recursiva, parad&oacute;jica y metaf&oacute;rica, po&eacute;tica en fin, pues atraen la atenci&oacute;n por s&iacute; mismas: &ldquo;el aburrimiento es una colina elevada, un nido de cuervo, un puesto ciego en una batida&rdquo;. M&uacute;ltiple, porque el componente m&aacute;s &ldquo;filos&oacute;fico&rdquo; puede proyectarse, de manera literal o ir&oacute;nica, sobre los personajes y la trama, sobre el lenguaje, sobre la actividad narrativa de Ralph, sobre el mundillo acad&eacute;mico, etc. Y parad&oacute;jico, porque la obra no deja de ser densa y simple a un tiempo, al menos si no se pretende entender seriamente y en toda su aparente complejidad las parrafadas frecuentemente superabstractas. La trama no presenta dificultades y los contenidos no narrativos pueden asimilarse simplemente como un paisaje conceptual, un tono o colorido que brilla con diversos matices, a veces contradictorios: rigor y palabrer&iacute;a, iron&iacute;a y seriedad, trivialidad y trascendencia, expresi&oacute;n y diversi&oacute;n. Como en el siguiente di&aacute;logo entre S&oacute;crates y James Baldwin:</p>
<p class="Ejemplos1"><strong>sema</strong></p>
<p class="Ejemplos1">S&Oacute;CRATES: Ya sabes que envidio tu arte. Ser capaz de crear un mundo, construir gente, mentir de la manera en que lo haces tan convincentemente. BALDWIN: Yo no lo llamar&iacute;a mentir. S&Oacute;CRATES: Muy bien. Pero tengo una pregunta para ti. Creas un mundo y para hacer eso tienes que recurrir al mundo que conocemos y luego recrearlo. &iquest;Es as&iacute; m&aacute;s o menos? BALDWIN: M&aacute;s o menos. S&Oacute;CRATES: As&iacute; que, para presentar un mundo como lo haces t&uacute;, tienes que comprender plenamente el mundo del que has tomado tu material y tu sustancia. BALDWIN: En realidad, es el hecho de crear el mundo de mi ficci&oacute;n lo que me permite comprender el llamado mundo real. S&Oacute;CRATES: Pero &iquest;c&oacute;mo puede ser eso cuando el mundo real es el que necesitas antes de poder comenzar tu arte?</p>
<p>Una figura especialmente relevante es Roland Barthes. No aparece solo como nombre de reconocido prestigio acad&eacute;mico, sometido a la visi&oacute;n ir&oacute;nica y hasta sat&iacute;rica que este mundo recibe de continuo, sino que se hace presente como personaje (admirado por el padre de Ralph), sirve de conexi&oacute;n con la trama, y aporta un toque ir&oacute;nico suplementario al contraponer el ambiente norteamericano a <em>la France</em> que &eacute;l representa (&ldquo;Nosotros los franceses tenemos un dicho. <em>C&rsquo;est plus qu&rsquo;un crime, c,est une faute</em>&rdquo;, le dice a la madre de Ralph a prop&oacute;sito de la infidelidad de su marido. &ldquo;Soy franc&eacute;s, ya sabes&rdquo;).</p>
<p>A pesar de la mala imagen personal que el texto da de Roland Barthes y la reducci&oacute;n al rid&iacute;culo de algunos de sus pensamientos, dos observaciones suyas sobre el lector, nos parecen aplicables a <em>Fligo</em>. &ldquo;En el texto solo habla el lector&rdquo;, dice en <em>S/Z</em>; el lector no inventa las palabras, pero las hace suyas, las dice al leerlas y hace con ellas lo que quiera o buenamente pueda y, en definitiva, dicen lo que el lector les permite decir. En este caso, tiene muchas opciones: puede abandonarlas si la trama le resulta insulsa y los discursos pedantes, puede saborear estos por su belleza formal (espl&eacute;ndida la traducci&oacute;n de Cristina Guti&eacute;rrez Valencia y Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez), por los pensamientos que le suscitan, por la visi&oacute;n ir&oacute;nica que desarrollan, por los contrastes y confluencias con los avatares de la trama, puede seguir la trama porque le suscita expectativas y saltarse consciente o inconsciente los otros p&aacute;rrafos, o puede dejar en segundo plano la trama y recorrer los ep&iacute;grafes discursivos, buscando relaciones y significados entre ellos o deleit&aacute;ndose con cada uno por separado, etc. La segunda observaci&oacute;n de Barthes, conectada con la anterior, se refiere a&nbsp; <em>&Agrave; la recherche du temps perdu,</em> pero puede aplicarse a <em>Glifo</em>: &ldquo;uno no se salta nunca los mismos pasajes, de ah&iacute; que pueda releerlo con gran frecuencia porque no es nunca el mismo libro&rdquo;. Y eso es lo que le ocurre a <em>Glifo</em>, un libro singular y, al mismo tiempo, muchos libros en relaci&oacute;n con los conocimientos de los lectores, sus gustos, su sentido del humor, su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, sus momentos de atenci&oacute;n y desconexi&oacute;n.</p>
<p>Ralph apenas escribe breves notas en momentos cr&iacute;ticos y nunca habla, pero el lenguaje, la sem&aacute;ntica, el significante y el significado, est&aacute;n presentes obsesivamente en sus reflexiones y citas, en su lenguaje de narrador que no sabemos si es una transcripci&oacute;n de un pensamiento no verbal a palabras o la reproducci&oacute;n de un discurso interior. Es particularmente significativa, adem&aacute;s, la presencia de la sem&aacute;ntica greimasiana, cuando ya hab&iacute;a perdido actualidad. Sin duda conceptos como el de <em>isotop&iacute;a</em>, de ra&iacute;ces m&aacute;s cient&iacute;ficas que filol&oacute;gicas, est&aacute;n en la base de las jergas postestructuralistas de las que el texto se hace eco, falta solo la fuerza literal de la definici&oacute;n de Greimas: &ldquo;la permanencia de una base clasem&aacute;tica jerarquizada que permite, gracias a la apertura de los paradigmas, la variaci&oacute;n de las unidades de manifestaci&oacute;n&rdquo;. Igu&aacute;lalo, Ralph.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 12:55:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eszter Orbán: “Colores y años muestra con gran maestría cómo las decisiones personales y la realidad social están interrelacionadas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eszter-orban-colores-y-anos-muestra-con-gran-maestria-como-las-decisiones-personales-y-la-realidad-social-estan-interrelacionadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MARGIT_KAFFKA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre la rabia y la resignaci&oacute;n, entre la ambici&oacute;n y el disgusto deambula Magda P&oacute;rtelky, la protagonista de <em>Colores y a&ntilde;os</em>, una novela de una frondosidad de estilo (estructura y disposici&oacute;n) y una intensidad narrativa exacta, de bello vuelo l&iacute;rico. Publicada por Greylock y traducida por Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Trevejo y Eszter Orb&aacute;n, con quien hablamos de esta historia escrita por Margit Kaffka, una autora no muy conocida en nuestro pa&iacute;s que sorprende por la belleza de su estilo y la claridad de su mirada.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; habr&iacute;a que leer a Kaffka?</p>
<p>- A m&iacute;, personalmente, me gusta leer a Kaffka porque sus narraciones dan testimonio, por lado, de una lucidez y una sensibilidad sin par en cuestiones sociales; por otro, de una pasi&oacute;n narradora que le lleva a crear un lenguaje y un estilo inconfundibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Clarividencia social y pasi&oacute;n narradora</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; hace de su estilo el de &laquo;una grand&iacute;sima escritora&raquo; como calificase Kafka?</p>
<p>- En las narraciones de Kaffka, la mayor&iacute;a de corte realista, muy centrada en problemas de la &eacute;poca, hay mucho lirismo, mucha m&uacute;sica. Algunos cr&iacute;ticos califican su escritura de impresionista, y de hecho, como podemos ver tambi&eacute;n en <em>Colores y a&ntilde;os</em>, Kaffka est&aacute; muy preocupada por transmitir sensaciones -olores, aromas, sonidos-, por describir estados de &aacute;nimo, procesos psicol&oacute;gicos, ambientes. Para lograrlo emplea los m&aacute;s variados recursos po&eacute;ticos, desde la hip&eacute;rbole hasta las onomatopeyas. Creo que no es el estilo en s&iacute; lo que hace de Kaffka una gran escritora, sino esa curiosa mezcla de realismo y modernismo, de clarividencia social y pasi&oacute;n narradora, de precisi&oacute;n y lirismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Margit Kaffka representa la mujer moderna, muy valiente y con un criterio independiente&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de la protagonista, Magda P&oacute;rtelky, hay en la propia Margit?</p>
<p>- Aunque estemos convencidos de la &laquo;muerte del autor&raquo;, a lo Roland Barthes, hemos de reconocer que las personas que rodean a un autor en la vida real y su propio yo siempre han constituido fuentes de inspiraci&oacute;n para los personajes de ficci&oacute;n. &laquo;Madame Bovary, cest moi&raquo;. En el caso de Magda P&oacute;rtelky, la autora se inspir&oacute; m&aacute;s bien en la figura de su madre. Margit Kaffka pertenec&iacute;a a otra generaci&oacute;n, era representante de la mujer moderna, muy valiente y con un criterio independiente. Gozaba de una sensibilidad social &uacute;nica, era progresista, adelantando muchas veces a su entorno. Era m&aacute;s clarividente en un sinn&uacute;mero de cuestiones sociales que sus celebrados coet&aacute;neos masculinos. Fue pacifista desde el primer momento en la I Guerra Mundial, cuando los dem&aacute;s intelectuales a&uacute;n celebraban la guerra; condenaba la explotaci&oacute;n de las clases cuando las criadas a&uacute;n constitu&iacute;an uno de los fundamentos de la vida burguesa; arremet&iacute;a contra la desigualdad entre hombres y mujeres y consigui&oacute; hacerse un hueco entre los mejores escritores del c&iacute;rculo de la revista Nyugat, todos varones. Poco que ver, pues, con la pobre Magda P&oacute;rtelky, tan d&eacute;bil y pasiva. No obstante, cabe recordar que son dos generaciones distintas, tiempos diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Una novela sobre la tragedia de muchas mujeres condenadas a la pasividad&rdquo;</strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>- Colores y a&ntilde;os</em> nos habla de una mujer que trata de rebelarse contra el orden establecido, contra el lugar que se le asigna a la mujer, pero que no es capaz de terminar de hacerlo. &iquest;Por cobard&iacute;a o por imposibilidad?</p>
<p>- No veo en Magda tanto deseo de rebelarse. Es una mujer inc&oacute;moda con su situaci&oacute;n, eso s&iacute;, pero no se rebela. Es muy ambiciosa, pero ambiciona ante todo lo que se puede conseguir a trav&eacute;s de un marido: el bienestar y un estatus social alto. Mientras parezca contar con todo esto, lo dem&aacute;s importa poco. Pero no quiero culparla, as&iacute; era la &eacute;poca. La mujer no exist&iacute;a como persona aut&oacute;noma, con decisiones propias acerca de su vida, en todo depend&iacute;a de su familia y de los hombres. Eran otros los que decid&iacute;an sobre su futuro. Hay que recordar que el matrimonio era una instituci&oacute;n econ&oacute;mica, de &eacute;l depend&iacute;a la supervivencia de una mujer, y muchas veces tambi&eacute;n la de su familia. Me parece que al principio de la narraci&oacute;n Kaffka describe magistralmente la presi&oacute;n a la que estaban sometidas las muchachas j&oacute;venes al entrar en edad casadera. Encontrar un marido era cuesti&oacute;n de vida o muerte, de &eacute;xito o fracaso social. En fin, para m&iacute;, la historia de Magda P&oacute;rtelky refleja la tragedia de muchas mujeres condenadas a la pasividad por las absurdas reglas de la moral y las exigencias injustas de la sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Kaffka experiment&oacute; en carne propia lo dif&iacute;cil que era ser madre, mantener a su hijo trabajando, realizar las labores de la casa y ejercer de escritora&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo entiende Margit Kaffka el amor?, porque Magda cree que no puede ser ella sin un marido pero, al tiempo, el matrimonio la constri&ntilde;e, le depara una vida miserable, pero despu&eacute;s vive de su pensi&oacute;n&hellip; parece una mujer rom&aacute;ntica, pero solo en el recuerdo&hellip;</p>
<p>- Como lo mencion&eacute; anteriormente, Kaffka era una mujer muy diferente de su protagonista. Al final del libro, la narradora habla de sus hijas, que estudian y trabajan, ellas s&iacute; que pertenecen a la generaci&oacute;n de la autora y guardan m&aacute;s parecido con ella. Con todo, Kaffka era una mujer excepcional incluso para su &eacute;poca. Seg&uacute;n sus cartas y sus notas de diario, no se conformaba con la vida que le ofrec&iacute;a a una mujer su clase y su &eacute;poca y anhelaba la independencia intelectual y econ&oacute;mica en un entorno m&aacute;s bien hostil ante semejantes pretensiones. Al divorciarse de su marido renunci&oacute; a una vida burguesa segura y predecible, y junto con su hijo se fue a vivir por su cuenta a un apartamento de Buda. Kaffka experiment&oacute; en carne propia lo dif&iacute;cil que era ser madre, mantener a su hijo trabajando, realizar las labores de la casa y ejercer de escritora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El inmovilismo social a finales del siglo XIX es absoluto&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la condiciona el paisaje, ese inmovilismo social que la rodea?</p>
<p>- El inmovilismo social es absoluto y la provincia h&uacute;ngara de finales del siglo XIX en la que est&aacute; ambientada la novela lo refleja a la perfecci&oacute;n. Se respira el mismo aire que en los dramas de Ch&eacute;jov, en los que los protagonistas anhelan huir de aquel mundo rural restringido, sin posibilidades ni sorpresas, donde su destino est&aacute; ya escrito. Para ellos, Mosc&uacute; permanece eternamente en un sue&ntilde;o; Magda, sin embargo, logra salir de la provincia y llega a Budapest. No obstante, las posibilidades de las que goza una mujer en la gran ciudad para salir adelante no resultan ser en absoluto mejores o m&aacute;s dignas que las que tiene una mujer en la provincia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;De qu&eacute; es v&iacute;ctima Magda?</p>
<p>- Es v&iacute;ctima de las normas sociales, desde luego, y tambi&eacute;n de su propia ambici&oacute;n, bastante materialista, de su debilidad y falta de valent&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el personaje de Telekdy, ambivalente, por un lado reivindica unas condiciones dignas para los campesinos, al tiempo que su gran preocupaci&oacute;n es la orientaci&oacute;n de las ventanas de los graneros.</p>
<p>- Telekdy es una figura interesante. Al contrario de la protagonista, &eacute;l s&iacute; que se atreve a enfrentarse a las normas vigentes, a pregonar sus ideas progresistas tra&iacute;das del extranjero y le&iacute;das en unos libros, a implementar cambios sociales. Sin embargo, sus ideas son confusas y contradictorias, sus convicciones, incoherentes e inestables. Es un personaje exc&eacute;ntrico, ridiculizado por su entorno e incluso por la propia autora. Me recuerda un poco a Bouvard y a P&eacute;cuchet, esos personajes de Flaubert.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Colores y a&ntilde;os</em></strong><strong> no es un simple alegato feminista</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de cr&iacute;tica pol&iacute;tica podemos encontrar en <em>Colores y a&ntilde;os</em>?</p>
<p>- Mucha. Por todo lo que acabo de decir. Recuerde, &laquo;the personal is political&raquo;, en el caso de Magda P&oacute;rtelky tambi&eacute;n. Sin embargo, el libro no es un simple alegato feminista o un escrito contra la retr&oacute;grada sociedad h&uacute;ngara de la &eacute;poca, la sociedad es solo el marco de la vida de la protagonista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le impide a la protagonista sistem&aacute;ticamente evitar tomar decisiones, actuar?</p>
<p>- Yo aprecio especialmente <em>Colores y a&ntilde;os</em> porque -eso me parece a m&iacute;- muestra con gran maestr&iacute;a c&oacute;mo las decisiones personales y la realidad social est&aacute;n interrelacionadas. Magda P&oacute;rtelky es una mujer d&eacute;bil en una sociedad injusta y llena de restricciones para las mujeres, como para muchos otros sectores de la sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ha sido lo m&aacute;s gratificante y lo m&aacute;s complejo de traducir esta obra?</p>
<p>- En esta traducci&oacute;n, como en muchas otras, he trabajado en t&aacute;ndem con Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Trevejo. Traducir este libro ha sido un gran reto y a la vez un enorme placer para los dos. Recuerdo que al escribir la &uacute;ltima frase en espa&ntilde;ol me emocion&eacute;. En cuanto a las dificultades, una de ellas fue comprender el original, incluso para m&iacute;, que soy h&uacute;ngara. El texto est&aacute; lleno de expresiones que han ca&iacute;do en desuso, de palabras raras. Tuve que consultar a varios especialistas, desde historiadores de la moda hasta expertos en gastronom&iacute;a. Leer a Dezső Kosztol&aacute;nyi, por ejemplo, que era coet&aacute;neo de Kaffka, resulta mucho m&aacute;s f&aacute;cil, su lenguaje parece m&aacute;s moderno, m&aacute;s ligero. Lo que m&aacute;s quebraderos de cabeza nos dio fueron las complej&iacute;simas, muchas veces interminables frases de Kaffka, con su acumulaci&oacute;n de adjetivos, sus intercalaciones, etc. El gran reto ha sido conservar en la traducci&oacute;n las particularidades del estilo de la autora, sin violar la lengua espa&ntilde;ola y creando un texto legible del que pueda disfrutar el lector espa&ntilde;ol. Espero que lo hayamos conseguido.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 12:42:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro diferente para un lector diferente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-diferente-para-un-lector-diferente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JAVIER_GARC_A_RODR_GUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez (1965) lleva publicados los suficientes libros de poes&iacute;a con personalidad diferenciada e inusual, tierna y &aacute;cida, mordaz y reflexiva, burlona a veces, como para empezar a considerarlo seriamente. <em>La cuarta pared</em> (2023), libro de poemas que ahora nos ocupa, completa un legado amplio, vers&aacute;til y diverso, formado por Los<em> mapas falsos</em> (1996), <em>Estaciones</em> (2007) y <em>Que ves en la noche</em> (2010). No solo, pero s&iacute; el que afecta a la poes&iacute;a no dedicada a un p&uacute;blico juvenil, para la que escribi&oacute; los estupendos <em>Mi vida es un poema</em> y <em>Miedo a los perros que me han dicho que no muerden</em> (2020). Casi treinta a&ntilde;os de escribir poes&iacute;a de corte claro y donde &ldquo;no es f&aacute;cil distinguir/actor y personaje&rdquo; (2023: 85). El t&iacute;tulo de este &uacute;ltimo libro surge de esa confesionalidad que habla de un pacto de verosimilitud. Un mundo donde las circunstancias &iacute;ntimas, rememoraciones, el padre, &ldquo;levantar una casa&rdquo; u hogar, la memoria personal reencontrada, se combinan con la mordacidad de quien se aparta de la &ldquo;normalidad&rdquo; del mundo moderno e ironiza. S&iacute;. <em>La cuarta pared</em> tiene la virtud de que habla al p&uacute;blico sentado en la butaca, al espectador o lector, desde lugares donde se reconoce. Verso libre, pautado y estr&oacute;fico en alguna ocasi&oacute;n, al servicio de un tono ligero contra &ldquo;la gravedad y sus secuaces&rdquo; (2023: 29). S&iacute;. Estamos ante una poes&iacute;a muy personal y muy apetecible, legible, atractiva en sus aciertos, que son muchos, y fuera, sobre todo fuera &ldquo;de lugares comunes, /de panfletos, de f&oacute;rmulas vac&iacute;as&rdquo; (2023: 80).&nbsp;</p>
<p>Unas breves l&iacute;neas para consignar algunas filiaciones parecen necesarias, o lugar en la historiograf&iacute;a l&iacute;rica de la que forma parte Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez. Sin duda uno de los rasgos de &eacute;poca de una gran parte de la l&iacute;rica de los 80/90 tuvo la cortes&iacute;a de la claridad. La suya trae esos genes de la claridad realista (y cr&iacute;tica) con poco que ver con la fragmentaci&oacute;n posterior, mucho menos con las po&eacute;ticas del silencio y las vinculaciones con el vers&iacute;culo que los ecos del asociativismo han vuelto a replantear con diferentes miradas. El realismo espa&ntilde;ol, ajeno a la Nueva/Otra Sentimentalidad (aunque es poeta que sabe narrar l&iacute;ricamente), tuvo en poetas como Jorge Riechmann o &Aacute;ngel Guinda, una mirada cr&iacute;tica (pienso tambi&eacute;n en Alicia Bajo Cero), que, en el caso de Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga, se combinaba tambi&eacute;n con un simbolismo y un mundo de analog&iacute;as, aqu&iacute; tambi&eacute;n presentes, partiendo de las plantas. Una mirada personal, reflexiva, donde las vicisitudes de la vida nos emplazan en la misma aventura de intentarla y en las que Javier Garc&iacute;a indaga desde el mundo de las plantas&hellip;y los cactus. Lo hace con un tono m&aacute;s serio que en el poema inicial, donde rememora su vida &ldquo;y la fam&eacute;lica legi&oacute;n que yo era entonces&rdquo; (2023: 8), entre la ternura y el humor, novias piadosas en aquel mundo del extrarradio, donde el amor daba &ldquo;la dosis exacta de temor y compasi&oacute;n, catarsis y suburbio, f&aacute;bula y periferia&rdquo; (2023: 8). Ah&iacute; hay tambi&eacute;n un mundo de partida&hellip;y de insurgencia. La rememoraci&oacute;n, los amores, la reflexi&oacute;n que sabe escoger h&eacute;roes cl&aacute;sicos y de los medios de comunicaci&oacute;n de masas, el cine, para decir algo nuevo e inesperado, la distancia con la sociedad de consumo llena de humor e iron&iacute;a sutil y otras m&aacute;s &ldquo;bertsolari&rdquo; (a lo Jon Juaristi), alcanza a la propia obra y el lograr un &ldquo;poema sublime&rdquo; (2023: 31). Y, sin embargo, esta poes&iacute;a &iacute;ntima muchas veces y tierna otras, tras/pese al/el encofrado del an&aacute;lisis y la mordacidad inteligente, denuncia el fin de las ideolog&iacute;as en manos de las marcas comerciales, mientras apela al hombre en su fragilidad, en ese espacio donde tiene que vivir, en esta sociedad del anonimato donde &ldquo;Todos somos nosotros:/nadie en suma&rdquo; (2023: 59).&nbsp;</p>
<p>Y en todo este tr&aacute;fago un poema espl&eacute;ndido &ldquo;Supermercado&rdquo; (2023: 71-74), no s&oacute;lo, pero este casi dando broche al libro, llega para resumir gran parte de su po&eacute;tica. La mirada &aacute;cida y tierna sobre ese &ldquo;Metr&oacute;polis&rdquo; donde todo se basa y hace primar el poder del dinero pues solo hay &ldquo;intercambio de papeles/ usados por mil manos&rdquo; (2023: 73). Un mundo &nbsp;de urgencias donde &ldquo;nadie seduce con la mirada tierna a un desconocido&rdquo; (2023: 73) en el anonimato m&aacute;s cruel, y donde por supuesto nadie sabe que ha muerto Leonard Cohen. Ni le importa. Una delicia de libro diferente, para un lector diferente, en suma, alejado de tanta pedanter&iacute;a o tanto borbolleo de palabrer&iacute;a o de g&eacute;neros h&iacute;bridos, de &ldquo;proemas&rdquo; o poemas ininteligibles, o de haikus manidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, <em>La cuarta pared</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Nov 2023 13:20:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Salgado: “Echo de menos una conversación intensa, vibrante y significativa entre las personas que participan del hecho artístico”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maria-salgado-echo-de-menos-una-conversacion-intensa-vibrante-y-significativa-entre-las-personas-que-participan-del-hecho-artistico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MAR_A_SALGADO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>El momento anal&iacute;rico. </em><em>Una historia expandida de la poes&iacute;a en Espa&ntilde;a de 1964 a 1983</em> (Akal) es un artefacto fascinante para (re)pensar el hecho po&eacute;tico enmarcado en un transcurso de tiempo convulso, a&uacute;n inocente en muchos aspectos, hambriento de nuevas formas expresivas conjugadas con el deseo de hacer comunidad, de habitar el espacio p&uacute;blico, de zarandear la mirada del espectador para que forme parte de lo contemplado. Su autora, la poeta e investigadora Mar&iacute;a Salgado (Madrid, 1984) lo explica con detalle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- Tendemos a pensar que la poes&iacute;a es exclusividad del poema. &iquest;C&oacute;mo reconocer lo po&eacute;tico, all&iacute; donde se manifieste?</p>
<p class="ListParagraph">- Eso cada quien sabe, no hace falta que nadie te diga o te preescriba, sino solo tal vez desaturdir los sentidos, porque la cosa es bien del orden sensorial. Una alteraci&oacute;n en la percepci&oacute;n, una descarga, un desv&iacute;o o corte o apertura del significado m&aacute;s conveniente y esperable, una tensi&oacute;n que no se resuelve y que te causa extra&ntilde;amiento y/o una sensaci&oacute;n placentera: todo eso son se&ntilde;ales.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Cu&aacute;l es el v&iacute;nculo, de haberlo, entre poes&iacute;a y pol&iacute;tica?</p>
<p class="ListParagraph">- No se me ocurre un no v&iacute;nculo, en la medida en que los poemas son le&iacute;dos y escritos por personas que comparten con otras personas el espacio social, y est&aacute;n hechos en una lengua que es producida por el trabajo de todas ellas, y que, como el resto del trabajo, tambi&eacute;n se ve sometido a procesos de explotaci&oacute;n, alienaci&oacute;n y &ldquo;malreparto&rdquo;.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Cada vez son m&aacute;s dif&iacute;ciles de generar espacios cr&iacute;ticos en las condiciones materiales precarias en que tambi&eacute;n se produce el trabajo cultural&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">-&iquest;Cu&aacute;les son las principales &ldquo;grietas en el degradado casco de la institucionalidad cultural&rdquo;?</p>
<p class="ListParagraph">- Esa frase del libro refiere la investigaci&oacute;n y acci&oacute;n de personas nacidas despu&eacute;s de los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n, interesadas en poner en cuesti&oacute;n algunas de sus herencias; la principal, yo dir&iacute;a, el consenso como forma cultural connivente con un sistema econ&oacute;mico cada vez m&aacute;s desigual, y la despolitizaci&oacute;n de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica antes de la crisis de 2008 y las revueltas de 2011... Pero tambi&eacute;n con una falta de imaginaci&oacute;n, riesgo y viveza, que se refleja en todo tipo de grietas, desde los temas de los que se hac&iacute;an las pel&iacute;culas y poemas, hasta la falta de pluralidad de estilos o de espacios cr&iacute;ticos, que, por otro lado, cada vez son m&aacute;s dif&iacute;ciles de generar en las condiciones materiales precarias en que tambi&eacute;n se produce el trabajo cultural.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Que la poes&iacute;a visual no sea visual la deslegitima?</p>
<p class="ListParagraph">- No, para nada. Decir, como digo en el libro, que &ldquo;la poes&iacute;a visual no es visual&rdquo; no implica negar la utilidad de ese sintagma para referirse a fen&oacute;menos de intensidad gr&aacute;fica particulares, sino m&aacute;s bien devolver nuestra atenci&oacute;n a la materialidad ling&uuml;&iacute;stica de la poes&iacute;a que las met&aacute;foras de la visualidad a menudo ocultan, y enfocar las complejas relaciones entre graf&iacute;a, sonido y performance, y entre escritura y oralidad, que toda pieza po&eacute;tica, y no solo las llamadas &ldquo;visuales&rdquo;, pone a funcionar.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Hay poemas visuales cuyo destello dura lo que un parpadeo&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- El poema visual, &iquest;est&aacute; m&aacute;s cerca del chiste, del ingenio, del destello..?</p>
<p class="ListParagraph">- Depende del poema visual del que estemos hablando, y si queremos hablar en esos t&eacute;rminos, tambi&eacute;n depende de su momento hist&oacute;rico de producci&oacute;n, etc. Los hay tremendamente planos, cuyo destello dura lo que un parpadeo, y los hay mucho m&aacute;s afilados en su condensaci&oacute;n, pero ya digo que a m&iacute; no me interesa mucho pensar estos poemas desde un posible g&eacute;nero separado, sino precisamente en di&aacute;logo con otros tipos de poema.&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Qu&eacute; diferencia la pr&aacute;ctica anart&iacute;stica de la anal&iacute;rica?</p>
<p class="ListParagraph">- En verdad, nada. <em>Anal&iacute;rica</em> es una palabra que de hecho en parte cre&eacute; como calco de <em>anart&iacute;stica</em> y <em>anartista</em>, y en otra parte, quiz&aacute; m&aacute;s importante, como portadora del prefijo an- en vez del prefijo anti-, para darle nombre a una serie de pr&aacute;cticas verbales al env&eacute;s de la melod&iacute;a y armon&iacute;a del r&eacute;gimen l&iacute;rico que entra en mutaci&oacute;n a finales del siglo XIX y al cambio general del sonido del siglo XX, que no solo tiene lugar en la poes&iacute;a sino tambi&eacute;n en la m&uacute;sica o las artes vivas, y por eso puede contener a la vez los escritos de Gertrude Stein, una partitura de performance de Esther Ferrer, un dibujo de Robert Smithson, un libro mojado por la lluvia de Brossa, y un poema de Jos&eacute; Miguel Ull&aacute;n. Se trata de un cambio de hecho producido por el conjunto de las artes en varios momentos de mezcla, hibridaci&oacute;n y transdisciplinariedad, pero es evidente que el campo literario es un medio menos r&aacute;pido que el de las artes visuales a la hora de integrar las mutaciones, por lo que la pr&aacute;ctica <em>anal&iacute;rica</em> puede quiz&aacute; sonar m&aacute;s extra&ntilde;a.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;La matriz po&eacute;tica hegem&oacute;nica desde los a&ntilde;os 80 es la poes&iacute;a de la nueva sentimentalidad&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Qu&eacute; explicar&iacute;a que la poes&iacute;a can&oacute;nica de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se haya reducido a los nov&iacute;simos?</p>
<p class="ListParagraph">- No s&eacute; si los nov&iacute;simos son el canon de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, me parece que la matriz po&eacute;tica hegem&oacute;nica desde los a&ntilde;os 80 es la poes&iacute;a de la nueva sentimentalidad y su devenir en lo que quiera que sea la poes&iacute;a de la experiencia. Lo que los nov&iacute;simos han absorbido y, a mi modo de ver, reducido con su preeminencia en el relato hist&oacute;rico de los a&ntilde;os 60 y 70 es lo que podemos entender por pr&aacute;cticas de neovanguardia, o mejor a&uacute;n, pr&aacute;cticas radicalmente orientadas al lenguaje que est&aacute;n teniendo lugar en los mismos a&ntilde;os no solo dentro del campo de la poes&iacute;a experimental y las artes visuales, sino en el propio campo literario del que los autores de la famosa antolog&iacute;a de Castellet ocuparon por un tiempo el foco. Algunas de aquellas po&eacute;ticas nov&iacute;simas tienen mucho m&aacute;s que ver con una serie de l&eacute;xicos y temas en ese momento novedosos y atractivos, que con una radicalidad est&eacute;tica que s&iacute; estaban probando y practicando otras partes de la generaci&oacute;n; lo cual creo que reduce nuestra posibilidad de comprensi&oacute;n del periodo y, en consecuencia, de invenci&oacute;n en el presente.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;El aislamiento no solo de las obras sino sobre todo de las personas me parece un hecho cultural dram&aacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">-&iquest;C&oacute;mo afecta la desaparici&oacute;n de la cr&iacute;tica a la poes&iacute;a en particular y a la literatura en general?</p>
<p class="ListParagraph">- De muchas maneras. Como poeta y artista dir&eacute; que la falta de cr&iacute;tica nos deja muy desprovistas de un contraste y tensi&oacute;n con los que pensar, hacer y crecer la propia pr&aacute;ctica, que de por s&iacute; no puede conocerse a s&iacute; misma del todo, adem&aacute;s de abandonar las escenas art&iacute;sticas a una suerte de corrientes de opini&oacute;n demasiado influidas por amistades, enemistades, redes y posiciones de poder. Y m&aacute;s all&aacute; de la creaci&oacute;n que no se ve avivada, est&aacute; el dram&aacute;tico problema de una recepci&oacute;n ef&iacute;mera y superficial, y al fin y al cabo despolitizada, dependiente del reparto de atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n y sus programas est&eacute;ticos. Y con esto que digo no estoy echando en falta unos dispositivos cr&iacute;ticos centralizados, altoculturales, jer&aacute;rquicos y en papel, y que ya no creo que puedan volver desde el siglo XX al XXI, sino m&aacute;s bien me refiero a una conversaci&oacute;n intensa, vibrante y significativa entre las personas que participan del hecho art&iacute;stico, cre&aacute;ndolo o recibi&eacute;ndolo, y de todas ellas con el espacio social, por las v&iacute;as actuales, que, pese a todas sus carencias, son mucho m&aacute;s horizontales. Lo que echo de menos es un tiempo y un espacio, f&iacute;sicos y editoriales, para una conversaci&oacute;n continua en que nos demos unas preguntas que nos importan y a partir de ellas preguntemos a las obras que vemos, o&iacute;mos o atendemos, como para poner en movimiento un pensamiento com&uacute;n m&aacute;s conectado al mundo y a los dem&aacute;s. El aislamiento no solo de las obras sino sobre todo de las personas me parece un hecho cultural dram&aacute;tico.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Es la poes&iacute;a vanguardista, m&aacute;s susceptible de acoger suced&aacute;neos, como sostiene la creencia popular?</p>
<p class="ListParagraph">- Entiendo por qu&eacute; se podr&iacute;a sospechar de ciertos usos y texturas mal llamados vanguardistas, por la misma falsedad que de hecho deber&iacute;an ellos mismos poner en cuesti&oacute;n, pero hay un mont&oacute;n de poemas de la poes&iacute;a hegem&oacute;nica que se vienen sucediendo en serie desde hace d&eacute;cadas sin ninguna revisi&oacute;n ni tensi&oacute;n cr&iacute;tica o vital, y que no entiendo por qu&eacute; no podr&iacute;an tambi&eacute;n ser llamados suced&aacute;neos con la misma sospecha. Pero lo que me parece m&aacute;s importante, en todo caso, es afirmar que lo que suele considerarse vanguardista en poes&iacute;a suele tener que ver con formas y texturas de un estilo hist&oacute;rico, es decir, del pasado, y que si atendemos a la din&aacute;mica de cambio que ellas mismas abrieron, como m&iacute;nimo deber&iacute;amos esperar ser sorprendidas o desafiadas por las formas de poes&iacute;a que est&eacute;n cambiando la poes&iacute;a aqu&iacute; y ahora, y que es muy posible que no est&eacute;n pasando en el medio po&eacute;tico ni literario sino en artes y vidas con mucha m&aacute;s viveza verbal.&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;El espectador de hoy es m&aacute;s indolente frente a provocaciones como la de ZAJ en el teatro Garraye, en 1972?</p>
<p class="ListParagraph">- No s&eacute;, me es dif&iacute;cil valorar esto, no creo que se trate de un problema de indolencia exactamente. Creo que s&iacute; me es posible decir que las lectoras de los a&ntilde;os 60 y 70 estaban envueltas por una &eacute;poca de mayor compromiso cr&iacute;tico y pol&iacute;tico, y cuando entran en el Gayarre est&aacute;n adem&aacute;s agitadas por una acci&oacute;n de ETA en la ciudad. Pero tambi&eacute;n podr&iacute;a verlas mucho m&aacute;s ingenuas que nosotras, en lo que el t&eacute;rmino tiene de potencia e impotencia, porque a&uacute;n est&aacute;n asistiendo a los inicios de la performance. Creo que es dif&iacute;cil que una performance como tal &ndash;por ser una performance, quiero decir&ndash; hoy nos pueda alterar del mismo modo, como tampoco el LSD, por poner otro ejemplo de altercado sensorial de aquel momento, porque ambas formas y experiencias ya han sido algo m&aacute;s integradas e interiorizadas en nuestro imaginario. Despu&eacute;s est&aacute; el hecho de que justo a mitad de los 70 arranca la expansi&oacute;n de la econom&iacute;a e ideolog&iacute;a neoliberales que conforma nuestros modos de percibir y recibir hoy, y que creo que hace nuestro momento uno muy diferente de aquel.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Hay hoy poca tolerancia al extra&ntilde;amiento&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- En muchos artistas que usted recoge y analiza, el espacio p&uacute;blico es uno de los elementos centrales. &iquest;Qu&eacute; papel ocupa hoy en d&iacute;a?&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- Pues un papel de nuevo muy diferente por el curso de las pol&iacute;ticas y econom&iacute;as neoliberales, que han individualizado mucho la sociedad, por no hablar de fen&oacute;menos como la turistificaci&oacute;n o la gentrificaci&oacute;n, que hacen de la calle un sitio menos vivido, m&aacute;s comercializado y, por lo tanto, menos p&uacute;blico. Pero es que, adem&aacute;s, en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os en que afloran estas pr&aacute;cticas que de pronto sienten un deseo de suceder en el espacio p&uacute;blico, hay una dictadura que proh&iacute;be el derecho de reuni&oacute;n y la libre expresi&oacute;n de las opiniones, volviendo este deseo en s&iacute; mismo un peque&ntilde;o altercado, tome la forma que tome. La diferencia es bastante grande, pues, y compleja de diferente modo, pero se me escapa su alcance hoy... Tambi&eacute;n siento que se trataba de artefactos, por un lado, muy extra&ntilde;ados, y hay hoy poca tolerancia al extra&ntilde;amiento, pero, por otro lado, muy artificiosos, y no s&eacute; si es eso lo que hoy necesitar&iacute;amos. Este momento nuestro, creo que pide algo m&aacute;s vital, y que quiz&aacute; no pase tanto por objetos desafiantes sino quiz&aacute; tan solo por sencillamente estar.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;De qu&eacute; cura, de qu&eacute; sirve la poes&iacute;a?</p>
<p class="ListParagraph">- De la lengua muerta, la prosa est&aacute;ndar, la llanura, el muesli y el algoritmo, del lenguaje motivacional y terape&uacute;tico con que aplacar la neura de entenderlo todo y sobre todo al otro para que el mundo y el otro en verdad desaparezcan pulverizados por nuestra comprensi&oacute;n que no es sino identificaci&oacute;n, de la frustraci&oacute;n, de la soledad en la angustia, de la muerte del secreto y el misterio, de la falta de riesgo y de deseo.</p>
<p class="ListParagraph">Para no servir aparentemente de nada, sale muy a cuenta la poes&iacute;a, la verdad.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Nov 2023 13:08:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda protagoniza el monográfico del nuevo número de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-guinda-protagoniza-el-monografico-del-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/_NGEL_GUINDA_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Para este n&uacute;mero tan especial de TURIA, la revista ha preparado un espectacular monogr&aacute;fico que pretende rendir homenaje y reivindicar la val&iacute;a del poeta aragon&eacute;s &Aacute;ngel Guinda como uno de los escritores de referencia de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola del siglo XX&nbsp; y comienzos del XXI. Un total de veinte autores, coordinados por el catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza &nbsp;Alfredo Salda&ntilde;a, se aplican con &eacute;xito al objetivo com&uacute;n de lograr que la obra de Guinda trascienda las fronteras de la minor&iacute;a y conquiste nuevos lectores. No en vano, y &nbsp;al igual que ocurriera anteriormente con la poes&iacute;a de Miguel Labordeta, la labor creativa de &Aacute;ngel Guinda deber&iacute;a tener un mayor protagonismo en nuestras letras por la originalidad, inter&eacute;s y m&eacute;rito de su trabajo literario.&nbsp;</p>
<p>Esta clara apuesta por fomentar la lectura de &Aacute;ngel Guinda es la mejor prueba de que TURIA contin&uacute;a practicando una de las l&iacute;neas de actuaci&oacute;n que ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y difusi&oacute;n que la calidad literaria de su obra merece. Porque TURIA considera que Guinda deber&iacute;a ser valorado como uno de los escritores a tener en cuenta en cualquier balance de las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. M&aacute;xime porque Guinda siempre mantuvo una coherencia expresiva y un insobornable compromiso con la palabra y con la vida. Una actitud que lo situar&iacute;a al margen de lo pol&iacute;ticamente correcto y de las modas m&aacute;s o menos ef&iacute;meras, anodinas e insustanciales.&nbsp;</p>
<p>Conscientes de la necesidad imperiosa de reparar esa injusticia y de la importancia de favorecer el conocimiento de la obra de &Aacute;ngel Guinda entre los lectores de hoy, la revista TURIA le ha dedicado un amplio, atractivo y riguroso monogr&aacute;fico en el que participan tanto especialistas en su obra como reconocidos estudiosos de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola. A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos se estudian y ofrecen las claves que marcan la trayectoria vital y literaria del citado escritor aragon&eacute;s, &nbsp;nacido en Zaragoza 1948 y que muri&oacute; en 2022 en Madrid, ciudad en la que resid&iacute;a desde 1987.&nbsp;</p>
<p>No es la primera vez que TURIA presta atenci&oacute;n a &Aacute;ngel Guinda, m&aacute;xime si tenemos en cuenta que el poeta fue colaborador habitual y numerosos poemas suyos aparecieron publicados en las p&aacute;ginas de la revista. El propio Alfredo Salda&ntilde;a le dedic&oacute;, en el n&uacute;mero 132, un amplio y certero art&iacute;culo panor&aacute;mico y, unos meses antes de morir, Guinda protagonizaba una reveladora y muy amplia entrevista realizada por el periodista cultural y tambi&eacute;n poeta Fernando del Val.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Su distribuci&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&Aacute;NGEL GUINDA O LA POES&Iacute;A COMO OPCI&Oacute;N DE VIDA</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Como muy bien subraya Alfredo Salda&ntilde;a en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico, &Aacute;ngel Guinda, siempre entendi&oacute; la poes&iacute;a como una opci&oacute;n de vida y no dej&oacute; nunca de tener los pies en la tierra y la mirada en el horizonte: &ldquo;hizo de la poes&iacute;a el centro en torno al cual gir&oacute; a lo largo y ancho de toda su vida. Poeta, ensayista, cr&iacute;tico literario y de arte, traductor, editor, impulsor de incontables proyectos literarios, como la colecci&oacute;n Puyal, que comenz&oacute; su andadura en 1977, o la revista <em>Malv&iacute;s</em>, de la que edit&oacute;, ya desde su residencia madrile&ntilde;a, diez n&uacute;meros entre 1988 y 1991.&nbsp;</p>
<p>Esos proyectos, sin embargo, no le impidieron desarrollar una dilatada y singular obra po&eacute;tica publicada, casi toda ella, en Olifante, su editorial de referencia, dirigida desde el primer momento (1979) por Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n. En paralelo, llev&oacute; a cabo un meritorio trabajo de traducci&oacute;n del italiano (Cecco Angiolieri, Antonio Sagredo, con Inmaculada Muro), portugu&eacute;s (Teixeira de Pascoaes, Florbela Espanca, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Ana Cristina Cesar, Augusto dos Anjos), franc&eacute;s (Paul &Eacute;luard) y catal&aacute;n (&Agrave;lex Susanna) y una actividad de aliento reflexivo plasmada en ensayos como <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> (2007), <em>Leopoldo Mar&iacute;a Panero. El peligro de vivir de nuevo</em> (2015) y <em>Revelaci&oacute;n y rebeli&oacute;n (Art&iacute;culos de cr&iacute;tica de arte)</em> (2021), vol&uacute;menes de aforismos &mdash;<em>Breviario (1980-1992)</em> (1992), <em>Huellas</em> (1998), <em>Libro de huellas</em> (2014)&mdash; y manifiestos &mdash;&laquo;Poes&iacute;a y subversi&oacute;n&raquo; (1978), &laquo;Poes&iacute;a &uacute;til&raquo; (publicado en diferentes ocasiones), &laquo;Poes&iacute;a violenta&raquo; (2012), <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016)&mdash;, que han de leerse entrelazados a su obra po&eacute;tica, configurando un universo en donde el <em>contar</em> y el <em>cantar</em>, el contenido y la forma de la expresi&oacute;n, son permanentes y complementarios compa&ntilde;eros de viaje&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Acierta Alfredo Salda&ntilde;a al escribir en TURIA que &Aacute;ngel Guinda, siempre &ldquo;al margen de modas y dictados, entendi&oacute; la poes&iacute;a como un territorio de exploraci&oacute;n caracterizado por la apertura hacia lo simb&oacute;lico e imaginario, hacia una otredad donde el yo se construye a partir de una indomable rebeld&iacute;a, una poes&iacute;a en la que, desde una desatada incertidumbre, se pone en tela de juicio <em>el orden</em> y <em>el sentido</em> de la realidad, someti&eacute;ndolos a un estado de tensi&oacute;n permanente con el objetivo de crear un nuevo espacio moral a partir del cual quiz&aacute;s sea posible, si no reinventar la existencia, soportar la vida. Vivi&oacute; en las palabras, desvivi&eacute;ndose y derram&aacute;ndose sin contenci&oacute;n. Ah&iacute; encontr&oacute; su tumba, y hasta ah&iacute; tendremos que desplazarnos si queremos encontrarnos con ella&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por su parte, el tambi&eacute;n profesor de la Universidad de Zaragoza Antonio P&eacute;rez Lasheras, &nbsp;en su art&iacute;culo &ldquo;Notas para una edici&oacute;n cr&iacute;tica de la poes&iacute;a completa de &Aacute;ngel Guinda&rdquo;, considera esta tarea necesaria e inevitable y reclama para esa empresa unas &ldquo;bases te&oacute;ricas serias y coherentes&rdquo;. Una labor que augura no ser&aacute; nada f&aacute;cil por cuanto &ldquo;es evidente que chocan intereses contrapuestos: los de un autor que busca la excelencia de su obra y que rechaza aquella que cree no alcanza la altura necesaria o que no describe a la perfecci&oacute;n su pensamiento po&eacute;tico, y la del cr&iacute;tico e historiador literario que ha de constatar y analizar los hechos literarios, sean del gusto o no del autor&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En cualquier caso, P&eacute;rez Lasheras considera a &Aacute;ngel Guinda &ldquo;un poeta muy reconocible en todas sus manifestaciones creativas, marcadas por el compromiso (social, con la escritura y con un sentido &eacute;tico dominante), la rebeld&iacute;a, la tendencia afor&iacute;stica y asertiva y un lenguaje caracter&iacute;stico y singular, marca indudable del autor, adem&aacute;s de esa percepci&oacute;n tr&aacute;gica de la vida, tan propia, y la intensidad que imprime en cada uno de sus versos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RETRATO DE UN MILITANTE SAGRADO DE LA POES&Iacute;A Y LA BELLEZA</strong>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n argumenta en TURIA el escritor y cr&iacute;tico literario Manuel Rico, gran conocedor y estudioso de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, es muy oportuno reivindicar hoy a Guinda entre los autores de calidad incuestionable por haberse quedado injustamente fuera de foco. Y es que, para Rico, &ldquo;&Aacute;ngel Guinda fue una suerte de militante sagrado de la poes&iacute;a y de la belleza. Y un hombre, afable, generoso y comprometido con su tiempo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo inequ&iacute;voco de &ldquo;Un poeta para una editorial&rdquo;, Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n aporta un testimonio clave y enriquecedor para conocer m&aacute;s y mejor a &Aacute;ngel Guinda. No en vano su editorial, Olifante, es el sello que est&aacute; detr&aacute;s de casi toda su obra. Una tarea que considera un honor y un lujo: &ldquo;durante cincuenta y ocho a&ntilde;os he vivido la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda intensamente, le he conocido en un proceso creativo vertebrado por la palabra puesta en pie para compartir esa verdad que siempre clamaba: &ldquo;la poes&iacute;a es la tumba del poeta que &uacute;nicamente profanan los lectores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Otra de las colaboradoras de este monogr&aacute;fico sobre Guinda de TURIA, Teresa Agust&iacute;n, le escribe una &ldquo;Carta a un viejo poeta&rdquo; y confiesa: &ldquo;Tus poemas se oyen en el silencio, traspasan una oscuridad que aterra, vas desde la vida a la muerte, de lo cotidiano a la luz, a lo tel&uacute;rico. Vuelves a vivir y vuelves a morir, pero te asiste la belleza escuchada en cada verso. La magia de una vida, tan vivida. Una casa de la poes&iacute;a donde has tenido el<em> arrojo de vivir</em>, y donde ha sido posible el amor. No hubo poeta m&aacute;s enamorado&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte, el tambi&eacute;n catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza y cr&iacute;tico literario T&uacute;a Blesa, escribe en TURIA a prop&oacute;sito de los &lsquo;afolirismos&rdquo; y aforismos de Guinda y concluye que son textos &ldquo;expresi&oacute;n del saber, de lo que el yo sabe, del pensamiento <em>en gotas </em>del yo, un yo en sus afolirismos que es &Aacute;ngel Guinda, un pensamiento que fue siempre el de una palabra (y una vida) libre, rebelde, generosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Un breve y hermoso texto de su viuda, Raquel Arroyo, sirve de introducci&oacute;n a los seis poemas in&eacute;ditos y ya p&oacute;stumos de &Aacute;ngel Guinda que TURIA publica como colof&oacute;n de su homenaje. En ese texto cargado de emoci&oacute;n y de sinceridad, se nos describe muy bien c&oacute;mo era Guinda: &ldquo;&Aacute;ngel no ha sido complaciente ni con los lectores ni consigo mismo. La inmensa mayor&iacute;a de los poemas no son amables, pero s&iacute; aut&eacute;nticos, contundentes, l&uacute;cidos, graves. Su poes&iacute;a no caduca; al contrario, con el paso de los a&ntilde;os adquiere m&aacute;s matices, se hace m&aacute;s profunda, m&aacute;s verdadera, m&aacute;s &iacute;ntima. De esta manera nos ha ido revelando los misterios inherentes a la existencia y condici&oacute;n del ser humano y a su desaparici&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, que con inequ&iacute;voca justicia y merecimiento recibi&oacute; en 2010 el Premio de las Letras Aragonesas a toda una vida de dedicaci&oacute;n a la literatura, es objeto de otros reveladores estudios en este homenaje que le profesa TURIA y cuyos autores son: Celia Carrasco Gil (&ldquo;Fugitivo interior hacia la luz: los dinamismos en la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda&rdquo;), Nacho Escu&iacute;n (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda que est&aacute;s en los cielos&rdquo;), Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo (&ldquo;Como un pez en el aire&rdquo;), Rafael Morales Barba (&ldquo;La poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda no se consume&rdquo;), Manuel Mart&iacute;nez-Forega (&ldquo;Con profundidad de campo: sobremorir a &Aacute;ngel Guinda&rdquo;), Enrique Ester Mari&ntilde;oso (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda: una poes&iacute;a &uacute;til que apuesta por la vida&rdquo;), Alejandro Bona Ester (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, el Prometeo moderno&rdquo;), Manuel Neila (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, aforista en su punto&rdquo;), Jes&uacute;s Soria Caro (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda: una gota de dudas en el mar de la negaci&oacute;n&rdquo;), Agust&iacute;n Porras (&ldquo;La avidez de &Aacute;ngel Guinda por vivir&rdquo;) y Mariano Castro (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, vivir despu&eacute;s de haber vivido&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>Cierra el monogr&aacute;fico una cuidada y completa biocronolog&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda &nbsp;elaborada por el reconocido bi&oacute;grafo J. Benito Fern&aacute;ndez.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los escritores que participan con textos in&eacute;ditos en este n&uacute;mero especial de la revista TURIA figuran premios Cervantes como Luis Mateo D&iacute;ez y Antonio Gamoneda; acad&eacute;micos como Soledad Pu&eacute;rtolas y Clara Jan&eacute;s, o autores de consolidado prestigio como Luis Landero (Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas), Javier Gom&aacute; (escritor y fil&oacute;sofo, director de la Fundaci&oacute;n Juan March y Premio Nacional de Ensayo), Enrique Vila-Matas (Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances), o varios autores galardonados con los Premios Nacionales de Narrativa, como Pilar Ad&oacute;n, y de Poes&iacute;a: Chantal Maillard, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Colinas y Yolanda Casta&ntilde;o.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n forman parte del sumario de TURIA destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola como Sara Mesa, Sergio del Molino y Manuel Vilas. Poetas como Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Jordi Doce, Raquel Lanseros, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Juana Castro, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n. A ellos hay que a&ntilde;adir autores aragoneses como Antonio Castellote, en narrativa o Ang&eacute;lica Morales, &Aacute;ngel Petisme y Juan Antonio Tello en poes&iacute;a.</p>
<p>En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla sobre una&nbsp; cuesti&oacute;n de palpitante palpitante actualidad: el papel de la educaci&oacute;n en el siglo XXI. Y para hacerlo nadie mejor que Javier Gom&aacute;, Premio Nacional de Ensayo en 2004 y uno de los ensayistas m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as. Gom&aacute;, que adem&aacute;s de fil&oacute;sofo y escritor es director de la Fundaci&oacute;n Juan March, desarrolla en el texto in&eacute;dito publicado en la revista una tesis muy a tener en cuenta: &ldquo;El fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.</p>
<p>Las dos entrevistas exclusivas que TURIA publica en cada entrega tienen en esta ocasi&oacute;n como protagonistas a Alberto Manguel y Mercedes Monmany. Por un lado, el prestigioso escritor y editor argentino-canadiense asegura, a prop&oacute;sito de su obra: &ldquo;Mi relaci&oacute;n con los libros empez&oacute; antes que mi relaci&oacute;n con el mundo&rdquo;. Por su parte, Monmany, una de las mejores ensayistas y cr&iacute;ticas literarias espa&ntilde;olas actuales lo tiene claro: &ldquo;La corrupci&oacute;n mental se instala, deforma los valores y cuesta desprenderse de ella&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Menci&oacute;n destacada merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, escribe sobre &ldquo;Ana Mar&iacute;a Navales y Virginia Woolf, una pasi&oacute;n compartida&rdquo;. Un texto que relata la absoluta devoci&oacute;n y la notoria influencia que la c&eacute;lebre autora inglesa de &ldquo;Una habitaci&oacute;n propia&rdquo; ejerci&oacute; sobre la escritora zaragozana. Un v&iacute;nculo que fructificar&iacute;a luego en numerosas p&aacute;ginas que se encuentran entre lo mejor de su obra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No menos atractivo presenta la secci&oacute;n &ldquo;Cuadernos Turolenses&rdquo;. En ella, la revista ofrece un art&iacute;culo de la escritora y bibliotecaria Ana Ub&eacute; que nos informa con todo detalle sobre un descubrimiento ins&oacute;lito: la existencia de una novela de tem&aacute;tica turolense escrita por un popular escritor franc&eacute;s del siglo XIX: Fortun&eacute; du Boisgobey (1821-1891). Aunque olvidado hoy, fue un autor muy le&iacute;do en el siglo XIX tanto en Francia como en Gran Breta&ntilde;a y EE.UU. y que, entre su prol&iacute;fica producci&oacute;n narrativa&nbsp; policiaca y detectivesca, escribi&oacute; una obra titulada &ldquo;Fontenay coup d&rsquo;ep&eacute;e&rdquo; cuya acci&oacute;n se desarrolla en la provincia m&aacute;s meridional de Arag&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).&nbsp;</p>
<p>La portada e ilustraciones interiores de esta nueva entrega de TURIA corren a cargo de la fot&oacute;grafa turolense &Aacute;ngeles P&eacute;rez. Con su elecci&oacute;n, la revista ha querido reconocer la val&iacute;a art&iacute;stica de su trabajo con la c&aacute;mara, que ha alcanzado ya la madurez y favorecer su mayor visibilidad fuera de Arag&oacute;n. Se reafirma as&iacute;, una vez m&aacute;s, la condici&oacute;n de puente cultural entre artistas y territorios que siempre ha tenido TURIA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;TURIA CUMPLE 40 A&Ntilde;OS: 45.000 P&Aacute;GINAS DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE M&Aacute;S DE 1.500 AUTORES</strong>&nbsp;</p>
<p>Fundada y dirigida desde su origen por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, la revista cultural TURIA tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n, desde 2013, con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con 12.600 seguidores y m&aacute;s de 6.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web.&nbsp;</p>
<p>TURIA solo publica textos in&eacute;ditos y su edici&oacute;n en papel se estructura en diez secciones y, en las 500 p&aacute;ginas de cada entrega, no faltan relatos, poemas, art&iacute;culos de an&aacute;lisis literario, ensayos, extensas entrevistas exclusivas, fragmentos de novelas y diarios, aforismos, art&iacute;culos de investigaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n en materia de humanidades y un amplio apartado de cr&iacute;tica de libros. Adem&aacute;s,&nbsp; cada n&uacute;mero de TURIA es enriquecido gr&aacute;ficamente por un artista con 11 im&aacute;genes in&eacute;ditas que sirven para identificar la portada y cada una de las secciones. No obstante, desde su primer n&uacute;mero, la cabecera de la revista ha mantenido inalterable su dise&ntilde;o, elaborado por el artista Gonzalo Tena, por su original y permanente modernidad.&nbsp;</p>
<p>En 40 a&ntilde;os de trayectoria se han editado 148 n&uacute;meros de TURIA, con un total de 45.000 p&aacute;ginas y se ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores de las m&aacute;s diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, as&iacute; como de los m&aacute;s variados or&iacute;genes geogr&aacute;ficos e idiom&aacute;ticos.&nbsp;</p>
<p>Pero lo que verdaderamente la convierte en una revista para conservar y consultar en cualquier biblioteca son sus atractivos monogr&aacute;ficos &nbsp;que, &nbsp;con &nbsp;una extensi&oacute;n m&iacute;nima de 150 p&aacute;ginas, se ocupan en cada n&uacute;mero de analizar a fondo a &nbsp;un &nbsp;autor y su obra, o a la literatura de un pa&iacute;s. Entre esos monogr&aacute;ficos inolvidables de TURIA, alguno de ellos agotado o que ha sido objeto de traducciones a otros idiomas, se encuentran los dedicados a Max Aub, Roberto Bola&ntilde;o, Heinrich B&ouml;ll, Rafael Chirbes, Salvador Dal&iacute;, Luis Mateo D&iacute;ez, Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, L&iacute;dia Jorge, Luis Landero, Antonio Machado, Claudio Magris, Heinrich Mann, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Patrick Modiano, Vicente Molina Foix, Soledad Pu&eacute;rtolas, Carlos Saura, Wislawa Szymborska, Mario Vargas Llosa o Robert Walser.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>TURIA PUBLICA SEIS POEMAS IN&Eacute;DITOS DE &Aacute;NGEL GUINDA</strong>&nbsp;</p>
<p>A continuaci&oacute;n ofrecemos uno de los seis poemas in&eacute;ditos de &Aacute;ngel Guinda que TURIA publica. Son versos que testimonian su solvencia y autenticidad como creador que vivi&oacute; por y para la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA POES&Iacute;A</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no incendia el hielo&nbsp;</p>
<p>no traspasa el cerebro ni abre el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no tiene v&iacute;sceras</p>
<p>no revienta el silencio ni trepida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no transfunde sangre</p>
<p>se asfixia de asma como llama de humo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no conmociona</p>
<p>no repercutir&aacute; en la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no saca las u&ntilde;as, la poes&iacute;a</p>
<p>es aplastada por sus propias alas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Nov 2023 13:21:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas de Trần Nhuận Minh. Traducción de John Liddy]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-de-tran-nhuan-minh-traduccion-de-john-liddy/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JOHN_LIDDY_Y_TRAN_NHUAN_MINH_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este autor vietnamita, nacido el 20 de agosto de 1944 en Hải Dương, vive y escribe en Quang Nin desde 1962. Ha publicado 32 colecciones de poemas que se concentran en un tema &uacute;nico: los desafortunados destinos que sufren las personas a causa de los despiadados enfrentamientos de las sociedades. Las obras de este poeta han sido reeditadas varias veces, traducidas a 14 idiomas y publicadas en 18 naciones del mundo. Los poemas que traduce John Liddy pertenecen al libro &ldquo;En la tierra de Goethe&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Dentro del jard&iacute;n Yesenin</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece que todos los vientos de toda Rusia</p>
<p>Se pegan y se aferran a este lugar</p>
<p>Arrebatando y rasgando a trav&eacute;s del cielo azul</p>
<p>El eucalipto da vueltas salvajemente casi en pedazos</p>
<p>&iexcl;Ay viento! &iexcl;Ay viento! Yesenin ha muerto</p>
<p>Dentro de la casa de madera solo se escucha el graznido de los cuervos&hellip;&nbsp;</p>
<p>Parece que todos los cuervos de toda Rusia</p>
<p>se est&aacute;n reuniendo en este mismo lugar</p>
<p>Y vuelan, vuelan, vuelan&hellip;</p>
<p>Corriendo aqu&iacute; y all&aacute;, como si fueran sacados de sus colmenas</p>
<p>&iexcl;Ay cuervos! &iexcl;Ay cuervos! Rusia est&aacute; muerta</p>
<p>Dentro de la casa de madera, solo se escucha el sonido de los vientos...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Riad&aacute;n, 1990<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Noche blanca</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las hileras de &aacute;rboles de ensue&ntilde;o estaban tan medio dormidas, medio despiertas</p>
<p>En el vestido de la novia</p>
<p>A tal punto que las casas antiguas</p>
<p>Estaban cada noche enamorados el uno del otro...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Leningrado, 1990<strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Observado en Vancouver</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Al poeta V&acirc;n Hai</em></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>El bosque de arces es rojo hasta el aire</p>
<p>Tan rojo que uno no puede retener los sentimientos</p>
<p>Oh, la hoja de arce roja</p>
<p>Que tiene su imagen impresa en la bandera Nacional&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em>&nbsp;</p>
<p>Garabatos de focas en el puerto</p>
<p>Las palomas se posan en los hombros de las personas</p>
<p>En los parques las flores compiten por florecer</p>
<p>El Gobernador pasea con su perro&hellip;&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em>&nbsp;</p>
<p>La ciudad bajo el roc&iacute;o ilusorio</p>
<p>Las hileras de casas brillan con diamantes</p>
<p>Osos del bosque pidiendo comida en la puerta de uno</p>
<p>Dormir por la noche, uno puede dejar el veh&iacute;culo en la carretera&hellip;&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Columbia Brit&aacute;nica, 2010</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Extra&ntilde;a historia en un hotel en Tai Bey</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Necesito una taza de agua para usar el medicamento</p>
<p>Me lo trajo y en silencio espera</p>
<p>Quer&iacute;a preguntarle</p>
<p>&iquest;Se ha hervido la taza de agua?&nbsp;</p>
<p>Lo mir&eacute;</p>
<p>Un hombre de unos 45 a&ntilde;os</p>
<p>Su estatura parece bastante versada</p>
<p>- &iquest;Est&aacute;s trabajando en el hotel?</p>
<p>- &iexcl;No, soy un funcionario gubernamental!</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;?</p>
<p>- Hoy es mi d&iacute;a libre</p>
<p>Quiero hacer algo &uacute;til para otras personas</p>
<p>Como para ti por ejemplo...</p>
<p>&iquest;Est&aacute;s complacido con mi taza de agua?</p>
<p>-Gracias, estoy muy contento&hellip;</p>
<p>Hizo una reverencia y salud&oacute; y felizmente se fue&hellip;<strong>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Jidong (Carretera Jinan), 2018</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Nov 2023 08:33:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Alberto Manguel y Mercedes Monmany]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-alberto-manguel-y-mercedes-monmany/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ALBERTO_MANGUEL_1_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal">La escritora y cr&iacute;tica literaria Mercedes Monmany es, sin duda, una de las mayores expertas espa&ntilde;olas en literatura contempor&aacute;nea, y en particular en la literatura europea actual. Desde hace varias d&eacute;cadas, la firma de quien protagoniza la segunda entrevista de TURIA puede encontrarse en los suplementos culturales y literarios de los principales peri&oacute;dicos. Sus opiniones siempre avalan su conocimiento y criterio a la hora de analizar las letras y los autores de nuestro tiempo. Laureada con distintos premios en Francia, Italia y otros pa&iacute;ses, Monmany es tambi&eacute;n asesora y comisaria de exposiciones, miembro del jurado de relevantes premios literarios nacionales e internacionales. Adem&aacute;s, &nbsp;durante &nbsp;los &nbsp;&uacute;ltimos &nbsp;a&ntilde;os, &nbsp;est&aacute; &nbsp;cosechando &nbsp;notables &nbsp;&eacute;xitos en su faceta de autora de libros de ensayo con t&iacute;tulos como &ldquo;<em>Por las fronteras de Europa&rdquo; </em>(2015) o como &ldquo;<em>Ya sabes que volver&eacute;&rdquo; (2017)</em>, que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. En 2021 public&oacute;, siempre en la editorial Galaxia Gutenberg, &ldquo;Sin tiempo para el adi&oacute;s. Exiliados y emigrados en la literatura del siglo XX&rdquo;. En la entrevista que publica TURIA, Monmany muestra con contundencia sus an&aacute;lisis de lo que nos pasa y, entre otras cuestiones, afirma que &ldquo;en cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n&rdquo;. De ah&iacute; que muestre su preocupaci&oacute;n porque, en no pocas ocasiones,&nbsp; &ldquo;la corrupci&oacute;n mental se instala, deforma los valores y cuesta desprenderse de ella&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla sobre una&nbsp; cuesti&oacute;n de palpitante actualidad: el papel de la educaci&oacute;n en el siglo XXI. Y para hacerlo nadie mejor que Javier Gom&aacute;, Premio Nacional de Ensayo en 2004 y uno de los ensayistas m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as. Gom&aacute;, que adem&aacute;s de fil&oacute;sofo y escritor es director de la Fundaci&oacute;n Juan March, desarrolla en el texto in&eacute;dito publicado en la revista una tesis muy a tener en cuenta: &ldquo;El fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>ALBERTO MANGUEL: &ldquo;VOLVEMOS AL FASCISMO, VOLVEMOS A LA CENSURA, VOLVEMOS A LA TEOCRACIA&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Alberto Manguel es un verdadero erudito cosmopolita y pol&iacute;glota, pues aunque escribe habitualmente en ingl&eacute;s y espa&ntilde;ol, domina el alem&aacute;n, el franc&eacute;s y el italiano. Escritor, traductor, gestor cultural, editor y cr&iacute;tico argentino-canadiense nacido en Buenos Aires en 1948. Ha publicado varias novelas y libros de no-ficci&oacute;n, incluyendo&nbsp;&ldquo;<em>Personajes imaginarios&rdquo;, &ldquo;Una historia natural de la curiosidad&rdquo;, &ldquo;Con Borges&rdquo;, &ldquo;Una historia de la lectura&rdquo; y &ldquo;Breve gu&iacute;a de lugares imaginarios&rdquo;</em>. Ha recibido numerosos reconocimientos internacionales y es doctor honoris causa por varias universidades de Europa y Am&eacute;rica. Hasta agosto de 2018 fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Uno de los elementos centrales de la conversaci&oacute;n que TURIA publica con Alberto Manguel gira en torno al controvertido debate sobre la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. &iquest;Es l&iacute;cita la modificaci&oacute;n/alteraci&oacute;n actual de textos cl&aacute;sicos literarios? Manguel nos recuerda que esta pr&aacute;ctica es un &ldquo;sistema muy antiguo de censura&rdquo; y, por ejemplo, comenta que ya en la Inglaterra del siglo XIX las obras del propio Shakespeare eran objeto de expurgo y manipulaci&oacute;n: se eliminaban los elementos sexuales o se transformaban en finales felices.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Alberto Manguel lo tiene claro, de ah&iacute; que afirme en TURIA: &ldquo;Nosotros tenemos la ilusi&oacute;n de progreso intelectual, pensamos que en el siglo XXI ya no sufrimos los prejuicios, los errores pol&iacute;ticos y morales que ten&iacute;amos en el pasado. Obviamente no es as&iacute;. Volvemos al fascismo, volvemos a la censura, volvemos a la teocracia. Es casi inevitable. Por supuesto, como lectores, deseamos resistirnos a estos actos de brutalidad, aut&eacute;nticas violencias contra el texto que no podemos permitir. Y lo que es m&aacute;s importante, ponemos en evidencia la presunci&oacute;n de estos editores, los que piensan que el p&uacute;blico no es lo suficientemente inteligente como para leer textos con perspectiva hist&oacute;rica, los que suponen que el lector se va a ofender con un comentario antisemita en una novela de Agatha Christie, o con un comentario racista, y que no ser&aacute; capaz de decir, &ldquo;bueno, esa era la forma de pensar com&uacute;n en los a&ntilde;os 30&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Preguntado por las &ldquo;fake news&rdquo; y sus consecuencias nefastas, Manguel se lamenta de que en nuestra &eacute;poca el sentido com&uacute;n haya desaparecido: &ldquo;No hay l&iacute;mites y cualquier texto que aparece en la pantalla puede ser recibido como verdad, aunque sea ficticio&rdquo;. No obstante, recuerda que &ldquo;siempre hubo algo de esto; hace unos d&iacute;as le&iacute;a sobre una estela de piedra babil&oacute;nica donde se tall&oacute; un texto falso, modificando una fecha para que los sacerdotes de un templo no tuviesen que pagar impuestos. Este fen&oacute;meno de las &ldquo;fake news&rdquo; ha sucedido desde siempre, pero no es lo mismo modificar una estela de piedra que tomar cualquiera de los cientos de miles de textos que aparecen y leerlo a nuestra manera para satisfacer nuestros prejuicios y nuestra ignorancia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Sobre la problem&aacute;tica que genera la aplicaci&oacute;n de la inteligencia artificial se muestra prudente: &ldquo;la m&aacute;quina no posee ese elemento de intuici&oacute;n, de emoci&oacute;n, de asociaci&oacute;n&rdquo;. Ese instrumento que llamamos inteligencia artificial no es sino &ldquo;una imitaci&oacute;n de nuestro sistema de pensamiento. El problema es que no sabemos qu&eacute; estamos imitando&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>MERCEDES MONMANY: &ldquo;EL NACIONALISMO NO ME GUSTA EN NING&Uacute;N ASPECTO&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Dice el periodista cultural Fernando del Val que una conversaci&oacute;n con Mercedes Monmnay siempre resulta un excelente seminario de literatura contempor&aacute;nea. Y es que, en Espa&ntilde;a, pocas personas dedicadas al ensayo y la cr&iacute;tica literaria, poseen su conocimiento y dominio sobre las letras de otros pa&iacute;ses occidentales y, particularmente europeos. Es un fruto positivo m&aacute;s de su cosmopolitismo militante, de su apuesta por la belleza, la inteligencia creativa y la libertad: &ldquo;me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores&rdquo;. Y es que Monmany se reconoce parte de una generaci&oacute;n que, en la universidad, ley&oacute; el &ldquo;Cuarteto de Alejandr&iacute;a&rdquo;, de Durrell, al mismo tiempo que &ldquo;La broma&rdquo; y &ldquo;La vida est&aacute; en otra parte&rdquo;, de Kundera.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">No duda Monmany en afirmar que &ldquo;le interesa el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias&rdquo;. Por ejemplo, &ldquo;la obra de Zagajewski (de quien fue amiga) refleja el mundo oscuro de la persecuci&oacute;n al disidente, de la paranoia de los delatores&rdquo;. Al respecto, argumenta: &ldquo;me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico&rdquo;. En ese sentido, asegura que &ldquo;Hungr&iacute;a y Polonia son democracias vigiladas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Se muestra Mercedes Monmany claramente partidaria de separar siempre la trayectoria vital de un autor de su obra: &ldquo;Por repugnante que sea la vida que ha llevado la persona: de la ferocidad antisemita de C&eacute;line se sorprend&iacute;an los propios nazis. Pero luego se demuestra un escritor admirable. Es algo diab&oacute;lico.&rdquo; No obstante, tiene claro Monmany que &ldquo;debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique donde est&aacute; el bien y donde est&aacute; el mal&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Defiende Mercedes Monmany la tesis de que &ldquo;liberal es cualquier persona que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia&rdquo;. Y cita como ejemplos de liberalismo a Isaiah Berlin, a nuestro Chaves Nogales, a Albert Camus. Sobre este &uacute;ltimo afirma: &ldquo;Camus defendi&oacute;, en un momento dif&iacute;cil, el derecho a ir contracorriente. Siempre me ha gustado la gente que va contra las mareas de la historia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Cita como los tres autores de novela total en el siglo XX a James Joyce, Marcel Proust y Robert Musil. &ldquo;Kafka es un planeta aut&oacute;nomo. &Eacute;l es su propio universo&rdquo;. Son autores que abren caminos que cierran ellos mismos y de los que resulta imposible la imitaci&oacute;n: &ldquo;Son autores que dejan el adjetivo: <em>kafkiano</em> -cuando se confronta la realidad con su absurdo-, <em>proustiano</em> -cuando hay largos p&aacute;rrafos en torno a la memoria y sale el mon&oacute;logo interior-&ldquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Concluye Fernando del Val su entrevista afirmando que &ldquo;la vitalidad de Mercedes Monmany se parece al optimismo o, por lo menos, linda con la alegr&iacute;a. Se escribe escribiendo de los dem&aacute;s. E irradia entusiasmo. Lo que es una prueba de vida tan v&aacute;lida como la detecci&oacute;n de las pulsaciones en la mu&ntilde;eca&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>JAVIER GOM&Aacute; ESCRIBE SOBRE EL PAPEL DE LA EDUCACI&Oacute;N: &ldquo;FORMAR PROFESIONALES Y FORMAR CIUDADANOS&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal">Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Profesionales y ciudadanos. Teor&iacute;a de la educaci&oacute;n&rdquo;, el escritor y fil&oacute;sofo Javier Gom&aacute; publica en TURIA un notable art&iacute;culo destinado a poner en valor la cultura como el elemento clave que nos permite a los seres humanos poseer una s&oacute;lida posici&oacute;n en el mundo. Seg&uacute;n argumenta Gom&aacute;, que es tambi&eacute;n director de la Fundaci&oacute;n Juan March, &ldquo;el fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho figuradamente, suministrar al ni&ntilde;o un manto en el que envolver su desnudez y un mapa con el que orientarse por los laberintos del mundo. Dicho literalmente, ense&ntilde;arle a ser &uacute;til a la sociedad y despertarle un sentimiento. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">En esa l&iacute;nea, tambi&eacute;n defiende Javier Gom&aacute; en TURIA que &ldquo;desde que conservamos testimonio literario, la sociedad ha reconocido la funci&oacute;n que siempre ha cumplido y sigue cumpliendo hoy el oficio: satisface una necesidad social y, al hacerlo, el profesional que lo desempe&ntilde;a se gana la vida. Teniendo en cuenta este universal reconocimiento de su importancia, a nadie le sorprender&aacute; que el programa educativo de las sociedades, tanto antiguas como modernas, contenga asignaturas destinadas a que el joven llegue a ser un d&iacute;a un buen profesional&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Concluye Javier Gom&aacute; su art&iacute;culo sobre la trascendencia de la educaci&oacute;n con s&oacute;lidos argumentos. Y es que &ldquo;para cubrir nuestra desnudez necesitamos ganarnos la vida por medio del negocio, pero no menos necesitamos que, a trav&eacute;s de muchas horas de ocio human&iacute;stico hallemos a la vida un valor que la haga digna de ser vivida. Profesional y ciudadano, negocio y ocio, oficio y dignidad, manta y mapa: quien re&uacute;na los dos polos al mismo tiempo habr&aacute; completado plenamente su educaci&oacute;n y ocupar&aacute; por derecho propio su posici&oacute;n en el mundo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">No obstante, conviene que tengamos todos muy presente que &ldquo;la racionalidad del mercado y la dignidad de lo humano no siempre coinciden y surgen tensiones entre ellos, se dec&iacute;a antes. En caso de conflicto, prevalece el ciudadano sobre el profesional por lo mismo que la dignidad est&aacute; siempre antes que el precio. No nos ocurra que, como escribi&oacute; Juvenal (<em>S&aacute;tiras </em>vv. 82-84): &ldquo;por amor a la vida / perdamos lo que la hace <em>digna</em> de ser vivida".</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Nov 2023 13:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro del medio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-libro-del-medio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JAMES_JOYCE_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Desde que en 2022 se cumplieron cien a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de <em>Ulises</em> de James Joyce por parte de Sylvia Beach en Par&iacute;s, los estudios y an&aacute;lisis de toda la obra del escritor irland&eacute;s han proliferado por libros, revistas, cursos universitarios o podcasts. Aunque mayoritariamente centrados en su obra mayor, resulta dif&iacute;cil obviar, al estudiar un escritor apegado tanto a la experiencia como al s&iacute;mbolo, sus otros libros principales: <em>Dublineses</em>, <em>Retrato del artista</em><strong> </strong><em>adolescente</em>, (ambos previos al <em>Ulises</em>) y <em>Finnegans Wake</em> (posterior). En cierto modo, por eje angular y obra maestra que sea <em>Ulises</em> del conjunto de la obra joyceana, el &ldquo;Retrato&rdquo; es probablemente el texto en que mejor podemos leer personalidad, intereses, formaci&oacute;n y decisi&oacute;n del autor del Odiseo moderno.</p>
<p>El &ldquo;Retrato&rdquo; (mal dicho as&iacute;, porque el t&iacute;tulo original es <em>"A" Portrait of the Artist as a Young Man</em>, es decir, <em>"Un" retrato del artista adolescente</em>) es tradicionalmente saludado como un libro puente entre el naturalismo costumbrista y realista de <em>Dublineses</em> y el simbolismo complejo de <em>Ulises</em>, entre un estilo narrativo acorde con el clasicismo y la irrupci&oacute;n del flujo de conciencia y los formatos narrativos alejados de la literatura cl&aacute;sica (diario de prensa, un di&aacute;logo teatral, preguntas y respuestas como en un catecismo). Y esto no es falso, se tiene esa sensaci&oacute;n, pues el libro atesora momentos est&eacute;ticos reconocibles de sus dos libros vecinos: el viaje a Cork con su padre que hace Stephen Dedalus o la cena familiar arruinada por una discusi&oacute;n pol&iacute;tica con una mujer pol&iacute;ticamente activista, frente a las constantes revelaciones de religiosidad y vida procaz enfrentadas en el cuerpo f&iacute;sico y la mente filos&oacute;fica del protagonista.</p>
<p>Dedalus. En efecto, el s&iacute;mbolo empieza desde el mismo nombre de un protagonista que tiene en su identidad el germen del vuelo po&eacute;tico. <em>Retrato del artista adolescente</em> cuenta la adolescencia de Stephen Dedalus, desde su entrada en el internado jesuita siendo pr&aacute;cticamente un ni&ntilde;o a su salida del pa&iacute;s una vez terminados sus estudios superiores. En ese per&iacute;odo en que pasa de ni&ntilde;o a adulto joven, Dedalus crea su conciencia art&iacute;stica, encuentra su propia voz y la capacidad de decidir su propia vida, peca gravemente, pero se arrepiente casi de manera m&iacute;stica, y crece construyendo un pensamiento afectado por los omnipresentes catolicismo y nacionalismo irland&eacute;s, de los que acaba abjurando.</p>
<p>Estos cuatro libros de Joyce mencionados forman un conjunto que, en su total, presentan una progresi&oacute;n que curiosamente encuentra tambi&eacute;n un reflejo en el arco temporal y sentido simb&oacute;lico de lo vital de cada libro. <em>Dublineses</em> es un libro de cuentos aut&oacute;nomos sobre habitantes varios de la ciudad, que empieza con relatos protagonizados por ni&ntilde;os, pasa despu&eacute;s a j&oacute;venes, sigue con personajes maduros, y termina con <em>Los muertos</em>, cuyo t&iacute;tulo avanza un tema que oscila entre los personajes a los que no les queda mucho tiempo y el peso que los que ya murieron ejercen sobre los vivos. El estilo es realista, el formato es el relato breve, al que injustamente no se suele considerar el formato mayor de la ficci&oacute;n sino su pr&oacute;logo, su <em>infancia</em>. El &ldquo;Retrato&rdquo; abandona el relato y es ya una novela corta, con un estilo mixto que por probablemente sorprender&iacute;a en su &eacute;poca pues como <em>Bildungsroman</em> en la pr&aacute;ctica desprecia aventura, acci&oacute;n y amor rom&aacute;ntico, y se centra en la adolescencia y primera juventud. Llegamos a <em>Ulises</em>: novel&oacute;n largo y simbolista, de lectura compleja en todos los sentidos, que sucede en un &uacute;nico d&iacute;a en el que Leopold Bloom vaga por la ciudad mientras en elipsis sucede un adulterio <em>de la edad madura</em> consumado por su mujer, para acabar en <em>Finnegans Wake</em>, novela inasible, relato casi para la lectura &uacute;nica posible del propio autor, al que acechan la ceguera y la muerte, probablemente la senilidad.</p>
<p>La decisi&oacute;n, definici&oacute;n, y necesidades de lo que Joyce considera que es un artista se proyectan en las decisiones epif&aacute;nicas de Stephen Dedalus en <em>Retrato del artista adolescente</em>. La principal es liberarse de las diferentes cadenas que le impedir&iacute;an tener una carrera o vida de artista. Esas cadenas son varias y todas arraigan en la tradici&oacute;n: la familia, la naci&oacute;n irlandesa (a&uacute;n no formada, pero a punto del alzamiento de Semana Santa), y la religi&oacute;n. Las tres est&aacute;n profundamente imbricadas, y en ellas Dedalus responde con la soledad y el exilio, en las que Joyce vivir&aacute; en efecto gran parte de su vida (no as&iacute; Dedalus, que volver&aacute; a Dubl&iacute;n tras fracasar en Par&iacute;s, y poder ser as&iacute; el Tel&eacute;maco de Leopold Bloom en <em>Ulises</em>). No obstante, este ensimismamiento autoral es tambi&eacute;n en s&iacute; mismo una condena, pues esas tres obsesiones llenar&aacute;n su obra, de modo que no existe probablemente escritor m&aacute;s asociado al reflejo de Irlanda, su vida y sus valores que precisamente Joyce. Ese reflejo es indesligable del catolicismo y la vida familiar.</p>
<p><em>Retrato de un artista adolescente</em> va progresando lentamente en la construcci&oacute;n de un protagonista y su voz. Es muy conocido que el final de la novela (cuando Stephen se ha despedido de sus amigos, que le reclaman para una vida intensa de lucha nacional) olvida la narraci&oacute;n y la tercera persona, y pasa al diario; en unas breves p&aacute;ginas, Joyce usa su asombrosa precisi&oacute;n descriptiva, desprovista de la ternura emotiva que abundaba m&aacute;s en <em>Dublineses</em>, para reescribir los &uacute;ltimos episodios de la "ficci&oacute;n" previa, y acaba invocando al mito que da apellido al personaje para permanecer siempre en un estado creativo y solitario. Hab&iacute;a empezado como un ni&ntilde;o apocado y temeroso, hab&iacute;a sido un esclavo del deseo sexual y una arrepentido del mismo mediante un impulso m&iacute;stico, hab&iacute;a rechazado ser sacerdote jesuita (a pesar de la fascinaci&oacute;n confesa que el autor permite tener al protagonista por las figuras se&ntilde;eras de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s), y hab&iacute;a discutido con sus amigos sobre el futuro de cada uno y el sentido de la est&eacute;tica y el arte. La progresi&oacute;n presenta varias tomas de conciencia, y un poder cada vez mayor de decidir como individuo, adem&aacute;s de la creaci&oacute;n paulatina de un car&aacute;cter arisco. La ruptura de la voz narradora y la disrupci&oacute;n de un diario avanzan el modernismo estil&iacute;stico de <em>Ulises</em>. La novela de introspecci&oacute;n juvenil preludia el <em>angst</em> existencialista adolescente. La infinita cantidad de referencias tanto culturales como populares (canciones, poemas, latiguillos) y su reflejo habitual desde el pensamiento y devenir del protagonista se a&ntilde;aden de forma muy natural, pero con la obviedad de que el conjunto de todos ellos apela a la personalidad &uacute;nica y un&iacute;voca y solipsista del personaje y probablemente del autor.</p>
<p>Como reflejo de adolescencia, <em>Retrato del artista adolescente</em> se sit&uacute;a en la obra de Joyce entre dos per&iacute;odos mayores. <em>Dublineses</em>, libro de elegancia, observaci&oacute;n y comprensi&oacute;n del mundo enormes, est&aacute; escrito por un hombre joven capaz de transmitir el desamparo y la decadencia de personajes d&eacute;cadas mayores que &eacute;l con una precisi&oacute;n esclarecedora y ajustad&iacute;sima, y anuncia ciertamente el genio que encerraba James Joyce. En cuanto a <em>Ulises</em>, es innegable su influencia en toda la literatura posterior, a la que parece prologar con toda su innovaci&oacute;n literaria; una influencia s&oacute;lo comparable en su tiempo a la de Marcel Proust. El &ldquo;Retrato&rdquo; se sit&uacute;a en medio de esos soles con dignidad, pero tal vez resultados menores. Atesora no obstante una serie de momentos memorables en su escritura. Dos de ellos son parte ineludible del desarrollo filos&oacute;fico del protagonista: la escena en que ofrecen a Stephen entrar en la Orden (que tiene un ineludible tono f&aacute;ustico mediante una oferta de ventajas o poderes, y que parece inspiraci&oacute;n directa de la escena en que Mefist&oacute;feles consigue el alma de Alexander Leverkuhn en el <em>Doktor Faustus</em> de Thomas Mann: la escena se inicia con una frase que atesora aliteraciones sinuosas: &ldquo;<em>he had heard the handle of the door turning and the swish of a soutaine&rdquo;</em> (&ldquo;hab&iacute;a o&iacute;do girar el picaporte de la puerta y el ruido de una sotana&rdquo;), y la conocida reflexi&oacute;n est&eacute;tica basada en los principios de Tom&aacute;s de Aquino sobre el sentido del arte y la est&eacute;tica, con su arte &lsquo;impropio por din&aacute;mico&rsquo; producido por asco o por deseo <em>versus</em> el arte est&aacute;tico (de <em>stasis</em>) producido por el arte verdadero y elevado -no estamos lejos de las categor&iacute;as semiaristocr&aacute;ticas que defiende Ortega y Gasset en <em>La deshumanizaci&oacute;n del arte</em>, aunque obvia con indiferencia estos elitismos. Probablemente este inter&eacute;s se deba a que en estos cap&iacute;tulos se est&aacute; empezando a entender <em>Ulises</em>. Sin embargo, el costumbrismo m&aacute;s usual (siempre dotado de una exactitud asombrosa y nada de complacencia literaria) que proporcionan la cena familiar o el viaje a Cork, o incluso los castigos corporales de los jesuitas, remiten mucho al mundo ya visto en el libro de relatos.</p>
<p>Marcel&hellip; En su c&oacute;mic <em>Dublin&eacute;s</em>, Alfonso Zapico dibuja una secuencia sobre una visita de Joyce a Par&iacute;s en que Proust y &eacute;l coinciden en una fiesta en honor de Stravinsky y Di&aacute;ghilev en 1922, seis meses antes de la muerte de Marcel y cuando probablemente era dif&iacute;cil que Proust abandonara su cama, mucho menos para socializar. Zapico dibuja un Joyce bromista, travieso, borracho y arruinado, atormentado por continuas enfermedades oculares, que intenta irse de juerga con Proust, quien lo rechaza. Ninguno de los dos ha le&iacute;do la obra del otro, o eso dicen. Y sin embargo y a pesar de las diferencias, los paralelismos son variados. Son muy interesantes las comparaciones que Ernesto Castro les dedica en su curso <em>Yo es Joyce</em> (colgado en YouTube) sobre el car&aacute;cter antag&oacute;nico del uso por parte de ambos de dos mecanismos de sus literaturas, como el flujo de conciencia y su traslaci&oacute;n tan diferente a la sintaxis (corta y afilada en el Ulises de Joyce, como luces de pensamiento que a modo de ocurrencia mental del personaje plasman en el texto su devenir; larga en el desarrollo, con frases encadenadas e interminables en Proust, como si el pensamiento fuera una madeja que se va desenrollando), o el sentido de las epifan&iacute;as (constructivas y positivas en Proust, negativas o dolorosas en Joyce). Pero es inevitable pensar en c&oacute;mo la obra de ambos es reflejo direct&iacute;simo de su vida, como ambos escriben desde cierto exilio interior -inducido por la enfermedad y soledad en Proust, y por el alcohol y la ceguera en progresi&oacute;n en Joyce-, y c&oacute;mo potencian mediante el gusto art&iacute;stico la experiencia est&eacute;tica convirti&eacute;ndola en motivo de construcci&oacute;n personal de vida y pensamiento. Adem&aacute;s, no se trata de un ensalzamiento de los antiguos sino de un reconocimiento de la influencia del arte y lo cultural en la cotidianidad de la vida intelectual; tiene que ver con las epifan&iacute;as, por supuesto: son tambi&eacute;n fogonazos de recuerdo que inevitablemente llevan al pasado a una existencia con frecuencia solo mental. Ambos son especialmente h&aacute;biles en el retrato social local como reflejo de lo universal. Mucho de todo ello procede del contexto modernista, por otro lado.</p>
<p>Y, finalmente, frente al conjunto de estudios de <em>Ulises</em> que han recogido valores literarios y pol&eacute;micas editoriales, es de destacar una lectura peculiar&iacute;sima: la de Joyce como influenciado directa y decisivamente por la obra y sentido del arte de Richard Wagner. Para Alex Ross, la influencia de Wagner en la cultura de su tiempo y posterior, hoy d&iacute;a incluso, es insoslayable, y a eso dedic&oacute; las casi ochocientas p&aacute;ginas de <em>Wagnerismo</em>, en las que Joyce disfruta de un buen espacio. Ross da cr&eacute;dito a un autor anterior, Timothy Martin, autor de <em>Joyce and Wagner: A study of influence</em>, quien ya recoge que el periplo dublin&eacute;s de Leopold Bloom a&uacute;na dos analog&iacute;as del holand&eacute;s errante que Wagner hab&iacute;a dejado por escrito al afrontar su &oacute;pera: el viaje de Odiseo en busca de su casa y su mujer, y el jud&iacute;o errante condenado a una vida agotada hace tiempo. Bloom, recordemos era de ascendencia jud&iacute;a. Joyce hab&iacute;a le&iacute;do y subrayado ese texto de Wagner. Parece no obstante que a Joyce no le gustaba admitir que admiraba a Wagner, o que al menos su obra le atra&iacute;a. Tal vez por placer culpable, pues no hay duda de que el romanticismo nacionalista no era del gusto de Joyce, si bien le resultaba relevante como contexto dram&aacute;tico. Pero Joyce ten&iacute;a dotes y talentos musicales, y con frecuencia estudia en sus ensayos universitarios las obras de Wagner que llegaban a Dubl&iacute;n. Entre algunos de los elementos que emparentan a ambos autores, o que muestran al menos el peso de Wagner en Joyce, est&aacute;n la conexi&oacute;n entre las epifan&iacute;as joyceanas y los <em>leitmotiv</em> musicales de Wagner, utilizados con recurrencia en su obra para no ya subrayar la presencia de un personaje definido anteriormente con su m&uacute;sica en un pasaje anterior, sino para representar un recuerdo o emoci&oacute;n repentinos. Al Dedalus del &ldquo;Retrato&rdquo;, Ross le reconoce la actitud heroica de Siegfried al decidir salir de su pa&iacute;s y vida para alcanzar el arte puro. Unas p&aacute;ginas antes de ese final, Stephen ha mencionado la &oacute;pera del anillo wagneriano. Pero el juicio de m&aacute;s inter&eacute;s literario que hace Ross sobre ambos autores es entender la inversi&oacute;n que Joyce realiza en <em>Ulises</em> sobre el dise&ntilde;o de su historia: utilizar una arquitectura m&iacute;tica e introducir sus correspondencias en medio del realismo de un d&iacute;a concreto de la vida de un hombre en Dubl&iacute;n en 1904. Wagner, dice Ross, hizo de alguna manera lo contrario en el anillo: insertar las cuestiones sociales modernas en los h&eacute;roes m&iacute;ticos usados como personajes. No es Joyce el &uacute;nico que hace esto, pero la maduraci&oacute;n enormemente larga de un texto como <em>Ulises</em> no parece ajena, dado su car&aacute;cter, a esta posibilidad de enmendar la propuesta wagneriana. No significa que Joyce rinda pleites&iacute;a a Wagner, dado el trato que da a Dedalus en <em>Ulises</em> como personaje frustrado y h&eacute;roe ca&iacute;do y necesitado. Para muchos autores y cr&iacute;ticos (de T. S. Eliott a Harold Bloom), Joyce destruye el arte del siglo XIX y desde luego a Wagner con &eacute;l.</p>
<p>En fin, basta. Pues es hora de salir, de beber unas cervezas: este texto se escribe el d&iacute;a despu&eacute;s de San Patricio.</p>
<p>Finalmente, un apunte personal: es dif&iacute;cil atraer atenci&oacute;n sobre el &ldquo;Retrato&rdquo;. Le&iacute; <em>Dublineses</em> en 1992 (traducido por Cabrera Infante en la edici&oacute;n de Alianza) y en 2003 (en ingl&eacute;s). Al <em>Ulises</em> traducido por Salas Subirats le dediqu&eacute; cuatro meses en 1999. Veinte a&ntilde;os he tardado en interesarme de una vez por el &ldquo;Retrato&rdquo;, y ha sido empujado por el centenario de <em>Ulises</em>. Por significativo que sea esto, mi impresi&oacute;n es que el propio Joyce no gusta de su sinceramiento en el &ldquo;Retrato&rdquo;, que prefiere en realidad mostrarse bajo las diferentes "formas de creaci&oacute;n" (de personajes, de estilo, de s&iacute;mbolos), que desarrolla en <em>Dublineses</em> y <em>Ulises</em>. Tal vez por ello sea su libro m&aacute;s descompensado, como creado por yuxtaposiciones que revelan su conexi&oacute;n y egolatr&iacute;a art&iacute;stica, pero a la par permite esta madeja de interpretaciones literarias y vitales que dan luz a la obra del genio.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 11:01:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrea Jeftanovic: “Toda relación cercana es el recorrido de una negociación con el otro”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andrea-jeftanovic-toda-relacion-cercana-es-el-recorrido-de-una-negociacion-con-el-otro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ANDREA_JEFTANOVIC_-_Fotograf_a_de_Julia_Toro_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando la tierra del exilio son las palabras, cuando el amor surge, ingr&aacute;vido, sin pisar firme porque brota en el aire, en ese pasillo un tanto opresivo que conforman los aviones. All&iacute; la lengua, la que besa, que la lame, la que apura, y la otra, la que construye, la que nomina el mundo. &Aacute;lex y Sara transitan por esta otredad, f&iacute;sica, ling&uuml;&iacute;stica, cultural, conociendo en el entretanto la enfermedad, la pasi&oacute;n, la voluntad de construir un territorio com&uacute;n. El resultado, &ldquo;Geograf&iacute;a de la lengua&rdquo; (Comba), de la escritora Andrea Jeftanovic (Santiago de Chile, 1970).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo las diferencias culturales operan a favor del amor y cu&aacute;ndo comienzan a convertirse en un obst&aacute;culo?&nbsp;</p>
<p>- Frente a esta pregunta resuena en m&iacute; esta frase que est&aacute; en alguna parte de la novela: &ldquo;Si no nos vemos m&aacute;s comenzaremos a inventar emociones sint&eacute;ticas&rdquo;, porque de alg&uacute;n modo quise explorar la idea del &laquo;extranjero&raquo;, pero de un modo m&aacute;s simb&oacute;lico en tanto el otro siempre es un extra&ntilde;o, es un punto ciego. Ac&aacute; se juega con la idea de no compartir lengua y territorio, pero, como digo, est&aacute; la idea de que en toda relaci&oacute;n hay palabras no traducibles, la omisi&oacute;n, la incomprensi&oacute;n. Y tambi&eacute;n pensar qui&eacute;n es el extra&ntilde;o, el extranjero, la condici&oacute;n de extranjer&iacute;a en un mundo abierto y en permanente conflicto. Y, claro, siempre una historia &iacute;ntima, se busca su expresi&oacute;n y tambi&eacute;n apunta al sentido de la traducci&oacute;n, de generar un lenguaje com&uacute;n. Toda relaci&oacute;n cercana es el recorrido de una negociaci&oacute;n con el otro, con lo diferente, el camino en la creaci&oacute;n de un terreno com&uacute;n, capaz de reconciliar dos universos distintos.</p>
<p>Adem&aacute;s, quise explorar la &laquo;mediaci&oacute;n&raquo; que puede existir en la pareja, quiz&aacute;s en toda relaci&oacute;n &iacute;ntima, porque desde la carta, la relaci&oacute;n entre dos personas est&aacute; mediada, distanciada, idealizada y confrontada a trav&eacute;s de una serie de ideas, or&iacute;genes, expectativas. Ahora, con otros medios y tecnolog&iacute;as, se impone otro ritmo, otra velocidad, un espacio intangible, una permanente creaci&oacute;n de archivos inmediatos (frases, im&aacute;genes, etc.,) que reemplazan la ausencia del otro que siempre est&aacute; en fuga. Entonces, por qu&eacute; no pensar eso con un ritmo narrativo acelerado y en la reiteraci&oacute;n, de estructuras sint&aacute;cticas que subrayan la obsesi&oacute;n por el paso del tiempo y la p&eacute;rdida y la distancia con otro.</p>
<p>La alucinaci&oacute;n por el decir, por la p&eacute;rdida de la palabra, del lenguaje y la sustituci&oacute;n del encuentro por el texto en la pantalla. Pienso en frases como &eacute;sta: &ldquo;Besos que ni siquiera eran besos de tan nerviosos, de tan r&aacute;pido. Su historia en ciudades extranjeras. Traves&iacute;as incomprensibles en una ma&ntilde;ana de esquinas. C&oacute;mo desandar la propia historia. El derecho a la fatiga. Lo que se dice, lo que no se dice. Lo que se hace, lo que no se hace. Lo que se deja de hacer, lo que se reconoce que no se est&aacute; haciendo&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto, como sucede en la novela, el contexto sociopol&iacute;tico puede influir en los avatares de una historia de amor?</p>
<p>- En esta historia imagin&eacute; el cuerpo de una pareja como un campo de batalla en el que se cruzaban las tensiones geopol&iacute;ticas y quer&iacute;a imaginar c&oacute;mo eso repercut&iacute;a en sus emociones, en su lenguaje corporal y emocional. C&oacute;mo se manejan los miedos en la atracci&oacute;n. Establecer ese itinerario del viaje norte a sur, de oriente a occidente, el viaje a trav&eacute;s de las culturas, el viaje a trav&eacute;s del de los atentados a civiles castigando a los viajeros comunes impulsados, en esta historia, por la energ&iacute;a de la pasi&oacute;n y cruzados por t&aacute;natos. Porque tambi&eacute;n hay una segunda parte de la novela que problematiza el lenguaje m&eacute;dico, el lenguaje econ&oacute;mico. Y al mismo tiempo, c&oacute;mo imaginar un romance sin gram&aacute;tica ni familias ni amigos en com&uacute;n.&nbsp; &iquest;Es posible existir sin tal contexto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los celos, el amor, el deseo, son verdaderas puestas en escena en nuestra mente&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- Da la sensaci&oacute;n de que la historia de amor, en realidad, es una especie de MacGuffin para hablar sobre ciertas cuestiones pol&iacute;ticas&hellip;</p>
<p>- Dir&iacute;a que es algo m&aacute;s polis&eacute;mico, porque s&iacute; ten&iacute;a la intenci&oacute;n de reflexionar sobre las relaciones de pareja, de la imaginaci&oacute;n de otro, de la m&aacute;quina ficcional que despliega cuando estamos enamor&aacute;ndonos de otro, de otra. Los celos, el amor, el deseo, son verdaderas puestas en escena en nuestra mente. Tambi&eacute;n es ingenuo pensar que, en nuestra dimensi&oacute;n amorosa, no somos cruzados por los conflictos exteriores que nos circundan, nos cruzan sin darnos cuenta, tomando forma de miedo, prejuicios. Parafraseando la pel&iacute;cula de Sof&iacute;a Coppola, siempre estamos perdidos en la traducci&oacute;n, como est&aacute; en la escena: dos desconocidos se encuentran en un aeropuerto y se dan un beso. &ldquo;No un beso cualquiera. Un beso en la sala de espera. Un segundo beso en la puerta de embarque de un vuelo de conexi&oacute;n. Me bes&oacute; sin entender bien lo que dec&iacute;a ni las preguntas que intentaba hilar en su idioma&rdquo;.</p>
<p>Es el cuerpo de los viajeros que se desplaza, el cuerpo enfermo que se deteriora. Tambi&eacute;n quise trabajar la relaci&oacute;n de pareja, dos personas que se encuentran y se dedican a satisfacer lo que ese otro provoca, que es deseo, claro, pero tambi&eacute;n miedo, sospecha, jerarqu&iacute;a, dominaci&oacute;n, intimidad, complicidad.&nbsp; Por eso me resultaba apropiada la polisemia del t&eacute;rmino &laquo;lengua&raquo; como campo ling&uuml;&iacute;stico y cultural (el idioma), y como un &oacute;rgano f&iacute;sico que sirve para la comunicaci&oacute;n verbal y er&oacute;tica.</p>
<p>Y, por supuesto, un libro siempre tiene algo de homenaje t&iacute;mido y tartamudo, el m&iacute;o es hacia el guion-libro-pel&iacute;cula <em>Hiroshima Mon Amour</em>, de Margarite Duras/Alain Renais, hacia <em>Marcas de nacimiento</em>, de Nancy Huston, al dec&aacute;logo cinematogr&aacute;fico de Kristof Kieslowski, en especial, la que se titula <em>Amar&aacute;s a Dios sobre todas las cosas</em>, que expone dos racionalidades en torno al resquebrajamiento del hielo del lago de la ciudad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Somos ef&iacute;meros, el atentado al clic de la tecla del celular o la guerra puede arrasar con todo a su paso&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- A la obsesi&oacute;n por el tiempo se a&ntilde;adir&iacute;a, por tanto, la cuesti&oacute;n que se relaciona directamente con el siguiente punto de nuestro an&aacute;lisis: &Aacute;lex y Sara se conocen en un avi&oacute;n, es decir (o podr&iacute;amos decirlo), un no lugar, seg&uacute;n la denominaci&oacute;n de Marc Aug&eacute;. &iquest;C&oacute;mo reapropiarnos de esos espacios en los que no se espera que nada importante suceda? Para que un libro no se convierta en un no-lugar, &iquest;qu&eacute; se requiere? &ldquo;No hay silencio en los hospitales&rdquo;. &iquest;S&iacute; en la escritura?</p>
<p>- Escuchar el silencio en la escritura es algo absolutamente necesario; el silencio no est&aacute; s&oacute;lo en los puntos suspensivos (&hellip;), est&aacute; en cada frase de un modo signado, en la elipsis que son saltos de tiempo o trama, pero tambi&eacute;n en eso no dicho, lo que est&aacute; al otro lado del espejo. Del cuerpo, la lengua-molusco, anat&oacute;mica y visceral, del cuerpo tambi&eacute;n la lengua, conceptual y sonora.&nbsp; Las lenguas, la doble lengua del beso, la doble lengua del habla que se anuda en espiral. La revisi&oacute;n de lo amoroso se transforma en un pretexto para hacer confluir discursos ling&uuml;&iacute;sticos, emocionales, hist&oacute;ricos, geopol&iacute;ticos y biol&oacute;gicos, creando un palimpsesto de sentidos.</p>
<p>Las dos historias tramadas dentro del texto no corren paralelas, sino que se superponen, una contiene a la otra, una es una met&aacute;fora de la otra. Somos fronteras, ef&iacute;meros, el serpenteo del petr&oacute;leo, el atentado al clic de la tecla del celular o la guerra puede arrasar con todo a su paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los recuerdos heredados son algo como un sistema el&eacute;ctrico que enciende y apaga tu cerebro de modos misteriosos&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo nos condicionan los recuerdos heredados? La infancia &iquest;domina siempre la adultez, como un ni&ntilde;o vengativo? &iquest;Por qu&eacute; decidi&oacute; que los protagonistas narraran la historia pasando de una voz a otra sin aviso previo para el lector?</p>
<p>- Dir&iacute;a que los recuerdos heredados son algo como un sistema el&eacute;ctrico que enciende y apaga tu cerebro de modos misteriosos. Me ha interesado especialmente los recursos posn&eacute;micos, esos que uno no podr&iacute;a recordar porque no los vivi&oacute;, pero de una forma y otra nos afectan, se hilan inclusos y arbitrarios de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Son un prisma interno que nos condiciona a mirar de una forma particular, adquieren formas que se contaminan de otras sensibilidades y momentos de la historia. Son verdaderos agujeros negros en nuestras biograf&iacute;as que se asoman entre la incertidumbre y un aparente vac&iacute;o y la oscuridad. Nos llevan a intentar descifrar ese pasado difuso, del cual solo quedan algunas certezas que persiguen como rastros que permitan crear memoria por medio del ensamblaje de diversos eventos y hallazgos. En ambos casos se hace imposible acceder al momento de los hechos hist&oacute;ricos y familiares y comprobar de manera tangible su existencia; solo queda intentar predecir, teorizar y crear imaginarios para definir una memoria o bien evaluar los efectos que esas omisiones o traumas dejan en la subjetividad de los personajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de Julia Toro.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 10:35:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Cuando se hacen demasiados artificios literariamente  falta vida, observación y atención”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/natalia-carrero-cuando-se-hacen-demasiados-artificios-literalmente-falta-vida-observacion-y-atencion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/NATALIA_CARRERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Otra</em> (Tr&aacute;nsito) es un aullido de quien no se sostiene pero juega a intentarlo, sorteando los convencionalismo de una sociedad que condena a las mujeres descarriadas que, como M&oacute;nica, la protagonista, emplea los tragos de alcohol como cayado an&iacute;mico. Su autora, Natalia Carrero (Barcelona, 1970) se adentra de nuevo en la inagotable naturaleza de los personajes rotos, orillados, los que quedan de puntillas en los arrabales del sistema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La enfermedad incurable es la propia vida&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;- &iquest;El mundo es una enfermedad incurable?</p>
<p>- El mundo es una enfermedad peor que incurable, pero es el mundo que tenemos y, por otra parte, el mundo tambi&eacute;n es capaz de denostar la enfermedad cuando la enfermedad es intr&iacute;nseca a la vida misma. La enfermedad incurable es la propia vida.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de una misma y cu&aacute;nto de otra u otras hay cuando se escribe?</p>
<p>- Tanto como la distancia que se decida adoptar, o que a veces ni se decide. En mi caso, me dejo llevar mucho por las demandas de la propia escritura. Son las demandas de mis inquietudes vitales y como escritora las que lo deciden. En este caso, hay mucho. Pero no importa tanto la cantidad sino que haya, en cualquier caso, un componente de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me doy licencia para jugar, para jugar a lo literario, para jugar bien&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- Destaca de tu escritura lo lib&eacute;rrimo de la misma, y el punto l&uacute;dico que no rebaja, en ning&uacute;n caso, la intensidad y cr&iacute;tica. &iquest;Debe de haber l&iacute;mites a la hora de escribir?</p>
<p>- Me gusta que digas que lo l&uacute;dico no va en detrimento de lo serio; lo lib&eacute;rrimo es un hallazgo y una necesidad para escribir y articular este tipo de ideas sobre abismos que me propongo representar, porque tengo que tirar por sitios, por lugares no comunes, me voy mucho a la rareza y lo extra&ntilde;o para m&iacute; misma, y en esa extra&ntilde;eza hay una libertad que es la que quiero, la que necesito, la que me permite navegar en las palabras. De ah&iacute; me sale el juego y me doy licencia para jugar, para jugar a lo literario, para jugar bien.&nbsp;</p>
<p>- Hay ciertas constantes en tu escritura: la insubordinaci&oacute;n a la narrativa cl&aacute;sica, cierta tendencia al caos, un determinado fluir de conciencia, rasgos tem&aacute;ticos que terminan por brotar (como la incomunicaci&oacute;n o el aplastamiento del sistema). Un escritor, &iquest;escribe siempre desde sus obsesiones?</p>
<p>- Me gustar&iacute;a responderte que no, que un buen escritor no debe hablar de sus obsesiones, sino tener los pies en la realidad con toda su complejidad y moralidad, darse cuenta del cuadro completo; por eso no me considero una buena escritora, porque estoy atravesada por mis obsesiones, pero las condiciones de cada escritor son diferentes y las m&iacute;as, por las prisas del tiempo, son las que son. Me morir&eacute; antes de hacer una novela que no hable de ellas, aunque si escribiera una novela dickensiana tambi&eacute;n recoger&iacute;a mis obsesiones, pero no s&oacute;lo.&nbsp;</p>
<p>- En qu&eacute; casos, de haberlos, conviene ocultar parte de nosotros incluso a nuestra pareja, como hace M&oacute;nica con su secreto.</p>
<p>- No lo tengo claro&hellip; En teor&iacute;a convendr&iacute;a no ocultar ning&uacute;n secreto, pero en la narrativa me funcionaba lo contrario. Es mucho m&aacute;s dura la realidad, claro, en la vida habr&iacute;a que afrontar que quedara al descubierto todo, lo bueno y malo, lo bicolor y lo tricolor, el abismo y sus entra&ntilde;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta creer que la literatura ayuda a la vida, que es esa tabla de salvaci&oacute;n&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Durante la pandemia, el entonces ministro de Cultura &nbsp;Jos&eacute; Manuel Rodr&iacute;guez Uribes afirm&oacute; que &ldquo;primero la vida y luego, el cine&rdquo;. La literatura &iquest;es vida, supone vivir menos, como dicen algunos, la prolonga, se puede vivir sin arte?</p>
<p>- En <em>Soy una caja</em>, una de mis anteriores novelas, hablo de eso. Trata de una joven que no puede soportar la vida y se aferra a la escritura como tabla de salvaci&oacute;n; ese debate vida/literatura es interesante. Desde luego, a nivel experiencia primero es la vida, salvar vidas, hacer algo &uacute;til de verdad, hacer trabajos de verdad. Luego, la literatura, y vamos a quitar de en medio la cultura de la banalidad. Me gusta creer, aunque me equivocase, que la literatura ayuda a la vida, que es esa tabla de salvaci&oacute;n. Algo que se dice mucho entre los escritores es que lo que sirve para escribir sirve para vivir; adem&aacute;s, en los peores momentos, existe el consuelo de la literatura. Son dos cosas que se complementan, sin perder de vista que la literatura no es una entidad viviente que nos ayude a hacer algo concreto, no fabrica pan.&nbsp;</p>
<p>- Carmen Mart&iacute;n Gaite dec&iacute;a que no se trata de &ldquo;vivir para contarlo&rdquo; sino de &ldquo;vivir, y despu&eacute;s contarlo&rdquo;&hellip;</p>
<p>- Exacto, nombrar la experiencia, como dec&iacute;a Simone Weil es poner palabras a lo vivido. Cuando se hacen demasiados artificios literariamente falta vida, observaci&oacute;n y atenci&oacute;n; no se trata de vivir cosas intensas o dolorosas pero s&iacute; de vivir con atenci&oacute;n y contemplaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; momento la l&iacute;nea lim&iacute;trofe que separa el consumo saludable del alcohol del abuso comienza a desdibujarse?</p>
<p>- Dir&iacute;a que es muy f&aacute;cil pasar al otro lado y cuando se pasa ya todo es lo mismo, es una zona como la intersecci&oacute;n entre la consciencia y la inconsciencia, y explorar esa zona resulta apasionante, es una zona intermedia donde no hay distinci&oacute;n entre lo vivo y lo muerto, entre el d&iacute;a y la noche, lo sano y lo enfermo, donde se junta la pasi&oacute;n m&aacute;xima.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es m&aacute;s f&aacute;cil distinguir esa zona en la literatura que en la vida? &iquest;Cu&aacute;ndo uno se pasa de listo escribiendo?</p>
<p>- Para escribir bien tienes que haberlo observado y atendido bien, puedes haber habitado esa zona de la que hablamos y haberle prestado atenci&oacute;n, pero puedes no ser capaz de escribirlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Todo merece ser contado, hasta c&oacute;mo una tortuga cruza la carretera&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se sabe qu&eacute; cosas de la vida se pueden convertir en materia literaria?</p>
<p>- Todo merece ser contado, hasta c&oacute;mo una tortuga cruza la carretera, como hace Steinbeck en <em>Las uvas de la vida</em>, una novela de humanidad atroz, sociol&oacute;gica, de g&eacute;nero, en donde cuenta eso mismo porque tambi&eacute;n es vida, todo es material para la artesan&iacute;a literaria si est&aacute; bien hecha y hecha desde una observaci&oacute;n para conocer qu&eacute; es eso y tratar de comprenderlo, o al menos respetarlo.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de ebriedad tiene la escritura?</p>
<p>- Mucho, pero tambi&eacute;n de sobriedad, y me interesa esa escritura que mezcla, que juega a la alquimia, a lo mutable, donde se producen procesos, vertiendo sobriedades y ebriedades, moviendo lo l&uacute;dico, haciendo armon&iacute;as y desarmon&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>- Esa transmutaci&oacute;n no sucede en el ochenta por ciento de los libros que se publican, la mayor&iacute;a complacientes y c&oacute;modos&hellip; &iquest;Por qu&eacute; la buena literatura no llega al p&uacute;blico de masas?</p>
<p>- Quien escribe hoy tom&aacute;ndose en serio la escritura no est&aacute; queriendo apartarse y formar minor&iacute;a, al contrario, trata de acercarse; pero se publica tanto producto de mercado, escrito por y para el mercado, sin intenci&oacute;n literaria, que produce un serio problema de acceso. Lo minoritario no vende y se genera esta falla en la interlocuci&oacute;n, aunque por suerte siempre habr&aacute; quien nos lea. Pero no, la literatura no llega a todas partes.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Tiene que ver el hecho de que la propia obra ha sido desplazada en importancia por la figura del autor, que se ha convertido en una especie de marca o franquicia?</p>
<p>- Hay unas egolatr&iacute;as muy desproporcionadas, la cuesti&oacute;n es si quieres ser escritor porque te gusta escribir o por el postureo, porque quieres una imagen de lo que crees que es un escritor; esa gente ha hecho personaje de s&iacute; mismos, se preocupan de sus propias promociones y son ellos materia de escritura, tienden a autofagocitarse, sin recordar que somos materiales fungibles. Si tus materiales de escritura comienzan y terminan en tu <em>selfie</em>, &iquest;cu&aacute;l es el recorrido de lo que me vas a narras? No hay narraci&oacute;n posible.&nbsp;</p>
<p>- Donde s&iacute; que hay mucha <em>narraci&oacute;n</em> y mucho <em>relato</em> en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica, porque ambas palabras aparecen en los discursos cada vez con m&aacute;s asiduidad&hellip;</p>
<p>- Es inquietante, y al mismo tiempo se mezcla todo, lugares comunes para el discurso hegem&oacute;nico, que da consignas f&aacute;ciles para que todos nos entendamos y estemos de acuerdo; olvidan que no todos queremos una misma narrativa, que queremos discusi&oacute;n, y matices, y conversaciones m&aacute;s interesantes y complejas.&nbsp;</p>
<p>- En sus libros, &iquest;cu&aacute;nto de <em>Diarios de una borracha</em>, el diario de la protagonista, hay, es decir cu&aacute;nta puesta en abismo?</p>
<p>- Es muy vivencial, se puede decir, mucho, y por eso no puedo negar que, al publicarse, sintiese un poco de pudor.&nbsp;</p>
<p>- Pudor que se vence&hellip;</p>
<p>- Afront&aacute;ndolo, que tampoco es para tanto. Y que hay cosas peores; al fin y al cabo, somos una clase media que hacemos lo que nos da la gana, con cierto compromiso de hacerlo bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Me detengo en esa tem&aacute;tica que siempre aparece en sus historias, ese sutil aplastamiento al individuo por parte del sistema. Apenas hay reflejo en la literatura de hoy de la lucha de clases, cuando sigue siendo la enjundia del problema, el binomio fracasados y poderosos, y qui&eacute;n sostiene la cuerda a cada lado&hellip;</strong></p>
<p>- Empleamos este lenguaje porque el nudo gordiano es el conflicto comunicativo, a un lado est&aacute;n los poderosos y al otro, otros poderosos, pero hay quien queda fuera. Utilizo esos t&eacute;rminos simplistas en mis novelas, as&iacute; que el &uacute;nico triunfo ser&iacute;a el triunfo del discurso narrativo imprevisible, romper la sintaxis de la propia novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En esa angostura que provoca el sistema, &iquest;qu&eacute; margen de libertad tenemos?</strong></p>
<p>- Hay muy poco margen. A lo que llamamos libertad no lo es, ese discurso buenista de &laquo;te lo mereces&raquo;, &laquo;puedes hacerlo si realmente lo deseas&raquo;, etc. nos atrapa, como estamos atrapados por los datos y el algoritmo. Las instancias libres est&aacute;n en los <em>hackers</em> y en las sombras del sistema, en los que no entran en esta interlocuci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Ha afectado la correcci&oacute;n pol&iacute;tica a la escritura?</strong></p>
<p>- Puedo decirte que yo me he recortado mucho, quer&iacute;a ser inc&oacute;moda pero no por mucho rato; de alguna manera sigo teniendo autocensura o autocancelaci&oacute;n, la &eacute;poca me pesa al escribir, me gustar&iacute;a tener m&aacute;s fuerza y ser m&aacute;s bestia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qu&eacute; te lo impide?</strong></p>
<p>- Yo misma, mis tensiones a la hora de escribir. Termino y siempre pienso: &laquo;Qu&eacute; poco he hecho&raquo;. La literatura debe de ser algo que incomode a la gente, porque est&aacute; hecha con fisuras y restos del naufragio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;De veras no hay nada peor que una mujer alcoh&oacute;lica, como se afirma en la novela?</strong></p>
<p>- Esto es lo que dir&iacute;a la sociedad ahora mismo, esta sociedad patriarcal, con su discurso mis&oacute;gino. Las mujeres, en general, han sido las perdedoras y las intoxicadas y drogadictas son las perdidas, por eso las defiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Si M&oacute;nica hubiera tenido un interlocutor, alguien que la escuchara y al que fuera capaz de contarse, &iquest;hubiera cambiado su historia?</strong></p>
<p>- S&iacute;, M&oacute;nica es producto de una &eacute;poca dominada por el discurso hetero-cis-normativo, todo lo que se saliese de esa norma es censurado. Si traj&eacute;semos a d&iacute;a de hoy a M&oacute;nica hubiera encontrado otras interlocutoras, no hubiese tenido tanta zona de silencio consigo misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Chat GPT &iquest;pone en entredicho la creaci&oacute;n?</strong></p>
<p>- Prefiero las novelas hechas por una inteligencia donde todo sea natural y nada artificial; no lo veo como una amenaza, nos lo podemos tomar, incluso, como un aliciente para escribir mejor. La inteligencia artificial nunca har&aacute; las cosas que un escritor puede hacer con el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Asimov confesaba tener demasiada fe en la estupidez humana como para amedrentarse por la inteligencia artificial&hellip;</strong></p>
<p>- Exacto. Por ejemplo, el idiotismo, el lenguaje disfuncional, terminan siendo inatrapables, mientras que las frases bonitas y peripuestas, planas, vac&iacute;as, est&aacute;n atrapadas en s&iacute; mismas. Se llama l&iacute;mite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qui&eacute;nes forman la estirpe de escritores de los que te consideras parte?</strong></p>
<p>- Nombro a Virginia Woolf, a Mart&iacute;n Gaite, a Bel&eacute;n Gopegui, te nombro a ti&hellip; por supuesto a Simone Weil, Hebe Uhart&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Un libro que te haya conmovido &uacute;ltimamente?</strong></p>
<p><em>- Todos deber&iacute;amos romper</em>, de Marta Gordo; habla de un extra&ntilde;amiento, de una situaci&oacute;n personal que resulta, en su conjunto, sociol&oacute;gica.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 09:33:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Chirbes, escritor de diarios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-chirbes-escritor-de-diarios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/Chirbes500.jpg" alt="" /></p>
<p>Como el Malraux de las <em>Antim&eacute;moires </em>o el Pavese de <em>Il mestiere di vivere</em>, tambi&eacute;n el Rafael Chirbes de los <em>Diarios</em> &nbsp;hace gravitar sus reflexiones sobre el doble plano de perplejidades e incitaciones que la vida le ha venido &nbsp;deparando: el biogr&aacute;fico, como escritor, y el de sujeto hist&oacute;rico implicado en la historia colectiva.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Con todo, esta &uacute;ltima dimensi&oacute;n queda reducida a contadas alusiones a su pasada militancia comunista y a la pol&iacute;tica del presente.</p>
<p>El contenido de estos <em>Diarios</em> responde ante todo a las caracter&iacute;sticas de una escritura con un <em>tempo</em> de ejecuci&oacute;n diferente al que su autor estaba habituado como periodista y escritor de novelas. Una escritura &ldquo;a ratos perdidos&rdquo; (t&iacute;tulo avanzado ya en sus anticipos en <em>Turia</em>), sin urgencias y, en principio, sin objetivos concretos ni plazos de entrega previstos.</p>
<p>Los <em>Diarios</em> registran las bruscas oscilaciones an&iacute;micas del escritor, pero tambi&eacute;n se nutren de los m&aacute;s variados est&iacute;mulos externos: la evocaci&oacute;n de una ciudad o de una calle &mdash;visitadas en sus presentaciones de libros y en sus viajes como conferenciante e informador gastron&oacute;mico de la revista <em>Sobremesa</em>&mdash;; citas literarias, comentarios de lecturas y de pel&iacute;culas, recientes o ya olvidadas; descripciones, juicios de valor sobre sus preferencias est&eacute;ticas y reflexiones o apuntes sobre su propia obra y la de sus contempor&aacute;neos. En este sentido, y por m&aacute;s que algunos novelistas de actualidad hayan sido objeto de sus cr&iacute;ticas, la intenci&oacute;n de Chirbes al comentar sus obras no ha ido m&aacute;s all&aacute; de la norma impl&iacute;cita que las ha inspirado (no otra que la de tratar al pr&oacute;jimo con el mismo rigor con el que acostumbraba a tratarse a s&iacute; mismo). En modo alguno parece haber sido su intenci&oacute;n la de iniciar pol&eacute;micas literarias est&eacute;riles &mdash;ni, mucho menos, personales&mdash; con otros escritores (a cuyas novelas alude, por otra parte, de pasada).</p>
<p>Los dos vol&uacute;menes de los <em>Diarios</em> reproducen parcialmente el contenido de una veintena de peque&ntilde;os cuadernos manuscritos. La elecci&oacute;n de cada uno de ellos obedece a alg&uacute;n gui&ntilde;o u homenaje literario, al recuerdo de pa&iacute;s donde los adquiri&oacute; o, &nbsp;simplemente, al mero capricho fetichista del autor. El primero de los cuadernos que conforman los <em>Diarios</em> &nbsp;(&ldquo;Restos del cuaderno grande&rdquo;) re&uacute;ne anotaciones desde el mes de abril de 1984, y la entrada final del &uacute;ltimo de ellos pertenece&nbsp; a &ldquo;Un cuadernito negro marbr&eacute;&rdquo; y est&aacute; redactada el d&iacute;a de los Reyes Magos de 2007. El conjunto de estos cuadernos, distribuido en cuatro partes, ha quedado reunido en los dos gruesos vol&uacute;menes que aqu&iacute; se comentan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS <em>DIARIOS</em> DE UN HOMBRE QUE FUMA Y ESCRIBE CON LA MANO. </strong></p>
<p>De entrada, la lectura de los <em>Diarios </em>de Rafael Chirbes brinda la oportunidad de contemplar de cerca a un ser humano no solo en los momentos de lucidez&nbsp; autoindagatoria, sino tambi&eacute;n en sus m&aacute;s prosaicos desahogos. En principio, esa &nbsp;inmediatez, y a veces la crudeza &nbsp;de la fe de vida privada que contienen, pueden llegar a sorprender, aunque, a medida que se avanza en la lectura, la presencia expl&iacute;cita y descarnada del sexo, del tabaco y del alcohol&nbsp; pasa a ocupar un lugar cada vez m&aacute;s secundario. Del mismo modo, los est&iacute;mulos puramente exteriores que incitan a escribir al diarista (viajes, lecturas, paisajes, etc.) van espaci&aacute;ndose y reducen progresivamente su importancia, mientras crece en intensidad el profundo desasosiego &mdash;inseguridad, soledad, hast&iacute;o, des&aacute;nimo,&nbsp; pesadilla, depresi&oacute;n&hellip;&mdash; en que se encuentra sumido. &nbsp;</p>
<p>Como indican las fechas de publicaci&oacute;n de estos dos vol&uacute;menes, no ha sido sino a t&iacute;tulo p&oacute;stumo cuando la escritura confesional chirbesiana ha podido ser conocida. Tal vez porque hasta su muerte el escritor estuvo librando consigo mismo uno de los m&aacute;s duros<strong> </strong>episodios de sus interminables guerras interiores: el del eterno dilema entre conservar o airear su intimidad. Se lo planteaba ya&nbsp; el 23/01/1986, nada m&aacute;s comenzado su <em>Diario</em> (&ldquo;&iquest;Por qu&eacute;&nbsp; tener pudor tambi&eacute;n aqu&iacute;, en la intimidad de un cuaderno escrito para nadie? &iquest;Es que se puede escribir para uno mismo? Me digo que s&iacute;, que se puede escribir para recordar, comprenderse, pero no acabo de cre&eacute;rmelo del todo. Entonces, &iquest;pienso que estos cuadernos acabar&aacute; ley&eacute;ndolos alguien que no sea yo?&rdquo;) (I, 137). Chirbes termin&oacute; encontr&aacute;ndose preso en la misma eterna e irresoluble contradicci&oacute;n de todo escritor de diarios. Y es que escribirlo es optar por una&nbsp; sinceridad tan solo a medias, ya que, como se&ntilde;al&oacute; Gide &nbsp;y sancionar&iacute;a luego el cr&iacute;tico parisino Lejeune, por muy acuciante que sea el deseo que un escritor pueda tener en plasmar su verdad &iacute;ntima,&nbsp; todo es siempre mucho m&aacute;s complicado de lo que en un diario puede leerse. &Eacute;ste es tambi&eacute;n el caso de Chirbes, quien lamenta su impotencia a la hora de desentra&ntilde;ar la oscuridad de sus presentimientos e intuiciones y de taponar las no menos irremediables &ldquo;fugas del recuerdo&rdquo; que padece. De modo general, la insatisfacci&oacute;n por la insuficiencia del lenguaje se apodera por momentos de su escritura. Pese a que, como anota, &ldquo;el pudor, y, sobre todo, las prisas con que me acerco a ellos han dejado poco espacio para la expresi&oacute;n de sentimientos, para la narraci&oacute;n de experiencias personales&rdquo; (I, 339).</p>
<p>En l&iacute;nea con la tradici&oacute;n de los g&eacute;neros confesionales (incluido el memorial&iacute;stico, al que tambi&eacute;n podr&iacute;an adscribirse estos <em>Diarios</em>, dada la naturaleza de su escritura), muchas de las anotaciones chirbesianas, pese a haber surgido de las&nbsp; incitaciones de un aqu&iacute; y un ahora concretos,&nbsp; guardan una vinculaci&oacute;n indisoluble con el <em>continuum</em> temporal de la totalidad de la existencia del escritor,&nbsp; desde algunos recuerdos aislados de infancia a vivencias m&aacute;s recientes. Como Malraux&nbsp; y, por supuesto, como Proust, su vecino de balda en la biblioteca chirbesiana, el diarista vislumbra e ilumina&nbsp; multitud de zonas de la memoria del pasado con cada rel&aacute;mpago del&nbsp; presente desde el que escribe.</p>
<p>En definitiva, los <em>Diarios</em> no solo representan para Chirbes la mera expresi&oacute;n de &ldquo;la pasi&oacute;n de un graf&oacute;mano&rdquo; o un mec&aacute;nico&nbsp; ejercicio de digitaci&oacute;n para mantenerse en forma mientras planea una pr&oacute;xima novela. Han supuesto para &eacute;l, ante todo, un refugio y un desahogo &iacute;ntimos en sus horas bajas de depresi&oacute;n y &ldquo;de mucho sufrir a solas&rdquo;; &nbsp;como tambi&eacute;n la oportunidad de &ldquo;poder respirar&rdquo; y un modo privilegiado de sentirse y de reconocerse como un ser humano emocionalmente vivo a trav&eacute;s del contacto f&iacute;sico con la pluma y del roce del papel en sus manos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DIARIO <em>VS</em> NOVELA</strong><strong> (EL POZO, EL AGUA FRESCA Y EL CUBO PARA SACARLA</strong><strong>).</strong></p>
<p>Los <em>Diarios</em> de Rafael Chirbes no solo brindan en sus p&aacute;ginas una mirada cercana sobre las entretelas palpitantes del ser humano que los ha redactado, sino que de ellos puede extraerse tambi&eacute;n una breve caracterizaci&oacute;n de su labor como diarista y, lo que es m&aacute;s importante por tratarse de un narrador, a lo largo de sus p&aacute;ginas pueden reconstruirse las principales ideas-fuerza que vertebran su concepci&oacute;n de la novela.</p>
<p>Cabe recordar en este punto que los cuadernos tuvieron inicialmente la finalidad de convertirse en vadem&eacute;cum auxiliar del novelista, en dep&oacute;sito de sedimentaci&oacute;n de materiales narrativos&nbsp; a los que, en caso de necesidad,&nbsp; poder recurrir m&aacute;s tarde en sus novelas. En definitiva, en un banco de trabajo donde el escritor pudiera encontrar ideas &ldquo;para ahondar en lo que andaba buscando&rdquo; (&ldquo;Cada vez que empiezo un cuaderno, me imagino frases que acabar&aacute;n formando parte de alguna novela&rdquo; &mdash;afirmar&aacute; en otra ocasi&oacute;n (I, 339). Si la novela era para Chirbes una forma privilegiada de conocimiento, los cuadernos ten&iacute;an que contribuir sin duda a realizarla. (Con todo, y pese a sus obvias diferencias, diario y novela no son para Chirbes modalidades antag&oacute;nicas: antes bien, est&aacute;n relacionadas entre s&iacute;, en tanto que ambas se proponen ser art&iacute;sticas y deben responder a una escritura de id&eacute;ntica dignidad literaria).</p>
<p>Como en la aplicada actividad de las <em>Manos que dibujan</em> en la conocida litograf&iacute;a de Escher, en los cuadernos del valenciano discurren a la par el ininterrumpido fluir ensimismado del yo y una reflexi&oacute;n constante sobre la propia naturaleza de la escritura de quien &nbsp;se est&aacute; escribiendo a s&iacute; mismo. Chirbes enfatiza la importancia de este misterioso flujo interior con la unci&oacute;n de la imagen evang&eacute;lica: &ldquo;escribir es arrojar el cubo al pozo y tirar de la cuerda, hasta que saca un poco del agua que uno lleva dentro&rdquo;.</p>
<p>Los <em>Diarios</em> cumplen tambi&eacute;n el papel de interlocutor y de espejo en el que contemplarse a s&iacute; mismo mientras escribe. Representan su modo natural de ser escritor y en ellos la pluma se desliza por la p&aacute;gina con la libertad absoluta &nbsp;que requiere el &ldquo;puro divagar&rdquo; o vagabundeo intelectual que en &uacute;ltima instancia los justifica.</p>
<p>La novela, en cambio, supone para Rafael Chirbes una realidad literaria sustancialmente diferente de la diar&iacute;stica, hasta el extremo de imponer al narrador tal&nbsp; objetivaci&oacute;n de su cosmovisi&oacute;n personal &mdash;valga decir externalizaci&oacute;n y hasta desvinculaci&oacute;n&mdash;, que, seg&uacute;n propia confesi&oacute;n, &nbsp;&eacute;ste llega a tener la impresi&oacute;n&nbsp; de que sus novelas las est&aacute; escribiendo otra persona, otro autor, pero no &eacute;l.</p>
<p>Chirbes ha dejado constancia en los <em>Diarios</em> de sus desfallecimientos y de sus derrotas como narrador, la cr&oacute;nica de su lucha contra el fantasmal e imbatible &aacute;ngel de Jacob de la novela &mdash;que le amenazaba con convertir en infructuosos todos sus agobiantes esfuerzos por hacerse con los resortes del g&eacute;nero&mdash;. Ya mientras escrib&iacute;a <em>Mimoun</em> (1988), aquellos reci&eacute;n iniciados &nbsp;cuadernos hab&iacute;an empezado a convertirse, no solo en desahogo de los agobios existenciales del escritor, sino en v&aacute;lvula de escape de la tensi&oacute;n a la que la propia escritura de su primera novela le estaba sometiendo. De ah&iacute; que, al margen de su utilidad como vivero de ideas, propias y recibidas, y de representar la funci&oacute;n de un div&aacute;n de psicoanalista, las p&aacute;ginas de los <em>Diarios</em> muestran la denonada y constante lucha que conlleva el oficio de escribir novelas, un g&eacute;nero que no se deja dominar sin oponer tenaz resistencia y que le exige al narrador trabajo, planificaci&oacute;n, precisi&oacute;n y una paciencia artesanal.</p>
<p>Para Chirbes no es posible escribir&nbsp; novelas sin respetar las leyes constructivas que las dotan de coherencia estructural interna (de lo contrario &ldquo;se caen, como&nbsp; se caen los edificios a los que no se les aplican las leyes de c&aacute;lculo y resistencia de los materiales&rdquo;). Una y otra vez insistir&aacute; en que la novela es orden, rigor, medida, proporci&oacute;n, armon&iacute;a muscular, respiraci&oacute;n acompasada y ritmo de metr&oacute;nomo. Esa solidez y &nbsp;esa coherencia constructivas que demanda el g&eacute;nero las hab&iacute;a descubierto tempranamente en los grandes maestros del realismo decimon&oacute;nico y las segu&iacute;a encontrando cada d&iacute;a en los contempor&aacute;neos de mayor prestigio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS DIARIOS DE UN NOVELISTA TESTIMONIAL (LA NOVELA COMO &ldquo;PROSA DE LA HISTORIA&rdquo;)</strong></p>
<p>Viejo luckacsiano y educado en el cine neorrealista italiano y en la lectura de la mejor novela europea y americana del siglo XX, el Chirbes de los <em>Diarios</em> reclama para el g&eacute;nero el estatuto de servicio p&uacute;blico. Da por supuesto que el novelista debe perseguir como &uacute;nico objetivo el de entenderse a s&iacute; mismo y entender el mundo que le rodea, misi&oacute;n de la que, complementariamente,&nbsp; debe desprenderse una cierta responsabilidad did&aacute;ctica. Aunque las prevenciones que Chirbes muestra hacia esta etiqueta y hacia sus cultivadores no son pocas (por ejemplo, en el caso de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, adivina cierta inclinaci&oacute;n ejemplarizante que puede llegar a arrojar sombra incluso sobre alguna de las que, por otra parte, considera espl&eacute;ndidas obras). &nbsp;Porque una novela debe carecer de lecci&oacute;n, sea &eacute;sta expl&iacute;cita o impl&iacute;cita. &nbsp;El g&eacute;nero solo cumplir&aacute; plenamente con su finalidad si logra &ldquo;dotar de sentido la vida del lector, situarlo en el mundo, ponerlo ante esas contradicciones que solo a &eacute;l&nbsp; compete enfrentar&rdquo; (I, 233).</p>
<p>Para ello es suficiente con que lo esencial de su relato se desarrolle &ldquo;en los engranajes de la historia&rdquo;: la novela tiene que estar protagonizada &nbsp;por un &ldquo;yo civil&rdquo; y debe construirse a partir de un s&oacute;lido &ldquo;andamiaje c&iacute;vico&rdquo;, similar al de los grandes conocedores del alma humana (Gald&oacute;s, Balzac, Dostoievski, Toltoi, Dickens, Dumas, entre otros). Considera su magisterio especialmente mod&eacute;lico por haber acertado&nbsp; a &ldquo;coordinar los movimientos de sus personajes con los de la gran ola de la historia&rdquo; (&ldquo;que no haya alma fuera de la clase a la que se pertenece y de la historia que se vive&rdquo;). Ejemplares son tambi&eacute;n para Chirbes el Clar&iacute;n de <em>La Regenta</em> o el Baroja de <em>La busca</em> y <em>C&eacute;sar o nada</em>, cuyos h&eacute;roes descubren en sus comportamientos una profunda encarnadura social. As&iacute; lo hab&iacute;a aprendido en Gald&oacute;s y en Balzac, sus dos novelistas de cabecera, en cuyas obras &ldquo;la carne de los personajes lleva adheridos los avatares de la historia, carne e historia son una misma cosa, no hay espacio para que el esp&iacute;ritu encuentre un lugar aislado, una habitaci&oacute;n propia&rdquo;) (II, 157). Y es que la novela es, en definitiva, &ldquo;la prosa de la historia&rdquo;: debe &ldquo;rozar la historia de la humanidad&rdquo; y aun &ldquo;pincharse con ella&rdquo;.</p>
<p>Para Chirbes no existe una buena novela sin que &eacute;sta mantenga un firme anclaje en la realidad de su tiempo. Las preferencias del diarista se inclinan con claridad hacia aquellas creaciones &nbsp;que, sin renunciar a ser verdaderas obras de arte (limitaci&oacute;n que ve en algunas novelas de Bel&eacute;n Gopegui y, en sentido opuesto, en <em>El disputado voto del se&ntilde;or Cayo</em> de Miguel Delibes, pese a la loable intenci&oacute;n social que inspira a ambos autores), han conseguido materializar art&iacute;sticamente una acabada m&iacute;mesis o simulaci&oacute;n de la sociedad contempor&aacute;nea. El ideal realista al que el diarista aspira para sus novelas se resume en la an&eacute;cdota atribuida a Napole&oacute;n cuando &eacute;ste, contemplando el cuadro que David hab&iacute;a pintado sobre su coronaci&oacute;n, exclam&oacute; admirado: &mdash;&ldquo;Esto no es pintura. Se puede caminar por dentro&rdquo; (I, 448).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;Por la misma raz&oacute;n, el valenciano rechaza ret&oacute;ricas y esteticismos vacuos, &nbsp;pese a que &eacute;stos sean considerados elogiosamente como de &ldquo;alta expresi&oacute;n&rdquo; por la cr&iacute;tica (calificaci&oacute;n que entiende como &ldquo;el af&aacute;n de llenar las novelas de referencias y gui&ntilde;os literarios, m&aacute;s o menos encubiertos: Enrique Vila-Matas como ejemplo preclaro). A la hora de adjudicar responsabilidades, Chirbes pone en el punto de mira a Borges, como culpable de tanto gui&ntilde;o intertextual que ha condenado a muchos novelistas contempor&aacute;neos a irrespirables encerronas creativas. Distancias similares toma el valenciano respecto a lo que considera irrefrenable &ldquo;miedo a contar&rdquo; que hoy invade la novela y que descubre en algunos escritores franceses coet&aacute;neos &mdash;Patrick Modiano,&nbsp; Pierre Bayard y Patrick Deville&mdash;, cuyos h&eacute;roes renuncian a hab&eacute;rselas con la conflictiva y degradada realidad que tienen ante s&iacute; para vivir as&eacute;pticamente en sus m&aacute;rgenes, en un mundo cerrado, solipsista y carente de todo problematismo. Y es que el cultivo del g&eacute;nero exige al novelista&nbsp; explorar la conflictiva dial&eacute;ctica entre el yo &iacute;ntimo de los personajes y el clima social en que se mueven. Ambos t&eacute;rminos son irrenunciables, ya que, cuando solo se toca lo &iacute;ntimo y aislado, &nbsp;no estamos ante una novela sino ante un tratado de psicolog&iacute;a (&ldquo;ret&oacute;rica del alma&rdquo;) o, quiz&aacute;, &ldquo;de medicina interna&rdquo; (I, 263).</p>
<p>A modo de corolario, cabe se&ntilde;alar en este punto que sorprende que el novelista valenciano, que hab&iacute;a ambientado su trilog&iacute;a en la posguerra &mdash;<em>La larga marcha</em>&nbsp; (1996), <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> (2000) y <em>Los viejos amigos</em> (2003)&mdash; y estaba preparando &nbsp;una implacable radiograf&iacute;a de la Espa&ntilde;a de la especulaci&oacute;n inmobiliaria (<em>Crematorio</em>, 2007) y de sus desastrosas consecuencias (<em>En la orilla</em>, 2013), renunciara a ambientar sus novelas en los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n pol&iacute;tica, periodo hist&oacute;rico un tanto confuso y resbaladizo que desde entonces no ha dejado de ser objeto de vivas controversias y de constantes revisiones. Aunque tambi&eacute;n para esta cuesti&oacute;n, sobre la que han llamado la atenci&oacute;n recientemente algunos cr&iacute;ticos, puede encontrarse respuesta en los <em>Diarios</em>, donde la tajante posici&oacute;n del diarista levantino queda meridianamente formulada: &ldquo;Estoy convencido de la ilegitimidad de lo que se estableci&oacute;, una usurpaci&oacute;n astuta&mdash;zorrer&iacute;o&mdash; de la voluntad popular, pero no soy capaz de intuir la legalidad posible&rdquo; (II, 633).</p>
<p>Pero, &iquest;por qu&eacute; Chirbes no afront&oacute; la Transici&oacute;n como marco de sus novelas?&nbsp; Pues, tal vez, porque aquel delicado momento hist&oacute;rico hab&iacute;a dejado ya de interesarle como novelista, en tanto que lo consideraba de hecho una prolongaci&oacute;n del r&eacute;gimen de la dictadura. Desde su severa &oacute;ptica de buen marxista, y anticip&aacute;ndose al desmesurado revisionismo de una parte de la historiograf&iacute;a actual, &nbsp;el Chirbes de los <em>Diarios</em> no ve&iacute;a apenas diferencias entre el franquismo que acababa de novelar en su trilog&iacute;a y la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica que arranca de los a&ntilde;os transicionales. Un tiempo que considera pr&oacute;digo en&nbsp; &ldquo;celestineos&rdquo;, &ldquo;pactos&rdquo;, &ldquo;mamposter&iacute;a&rdquo; de ocasi&oacute;n y actitudes cara a la galer&iacute;a, y cuya pervivencia detectaba todav&iacute;a tanto en la &ldquo;desverg&uuml;enza&rdquo; democristiana de la derecha, como en la &ldquo;hipocres&iacute;a&rdquo; de la bienpensante burgues&iacute;a socialdem&oacute;crata con su doble lenguaje y con&nbsp; su &ldquo;ecumenismo de la bondad&rdquo; (II, 185).</p>
<p>Con no poco rigor, Chirbes repudiaba este estado de cosas pero, a la vez, se sent&iacute;a tambi&eacute;n hasta cierto punto c&oacute;mplice del mismo, como corresponsable del fracaso de una generaci&oacute;n (la suya propia) que no hab&iacute;a podido ni sabido cambiar el curso de la&nbsp; historia y, como los personajes de <em>Los viejos amigos</em>, hab&iacute;a terminado adapt&aacute;ndose a ella. Aunque a la vez &nbsp;reconocer&aacute; &nbsp;que la lucha antifranquista supuso para &eacute;l, como para multitud de &nbsp;j&oacute;venes de su generaci&oacute;n provenientes de familias diezmadas o sojuzgadas por el dictador, algo mucho m&aacute;s serio que una simple aventura burguesa bajo la hipn&oacute;tica seducci&oacute;n de la transgresi&oacute;n subversiva. A diferencia de &eacute;stos &mdash;que quedaron totalmente domesticados tras la muerte de Franco&mdash;, Chirbes se reconoce perteneciente a una generaci&oacute;n marcada: &ldquo;Muchos de nosotros recog&iacute;amos el rencor, el eco de injusticias familiares, quer&iacute;amos lavar viejos pecados que se remontaban a la Guerra Civil, y tambi&eacute;n librarnos de la sensaci&oacute;n de asfixia o de mutilaci&oacute;n que nos provocaban las prohibiciones, los insufribles controles de la dictadura, todo eso aderezado con dosis m&aacute;s o menos abundantes de voluntariosa caridad cristiana travestida [pronto] en marxismo. Creo que ha sido una generaci&oacute;n que ha sacrificado a la pol&iacute;tica a sus mejores hijos, quienes hace a&ntilde;os abandonaron sobre las mesas de sus despachos oficiales el impuso de una libertad conseguida con extremo sacrificio y con no poco riesgo&rdquo;&nbsp; (II, 559-590). Y, en otro lugar, se compadec&iacute;a de s&iacute; mismo y de aquellos generosos j&oacute;venes del 68 que quisieron cambiar el mundo: &ldquo;Una oscura pena te invade cuando piensas en ellos. &iquest;Toda esa energ&iacute;a se ha desvanecido?, &iquest;se ha derrochado para nada? Tristes muertos in&uacute;tiles, desesperados, cocidos de uno en uno&rdquo; (II, 279).</p>
<p>Y, junto con el sentimiento de culpabilidad que lo atormentaba, Chirbes asumi&oacute; impl&iacute;citamente en sus <em>Diarios</em> una conciencia generacional de <em>outsider</em>, de perdedor y desplazado, tanto de la sociedad como de la cultura m&aacute;s o menos oficialista (&ldquo;Ahora, vagamos entre los descampados, nos escondemos tras los muros que se han quedado en pie, en las casamatas abandonadas: vivimos a salto de mata, formamos parte del ej&eacute;rcito de los desertores y de los vencidos&rdquo;) (II, 337).</p>
<p>No es que el escritor valenciano renunciara a airear sus opiniones pol&iacute;ticas, aunque tampoco se excedi&oacute; a la hora de prodigarlas.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Narrador &ldquo;bobarista&rdquo; como era, Chirbes deleg&oacute; la funci&oacute;n de cronista de la Transici&oacute;n en los personajes de sus novelas, quienes &nbsp;a fin de cuentas sol&iacute;an sufrir unas contradicciones ideol&oacute;gicas y existenciales similares a las de su creador &nbsp;(&ldquo;Yo nunca he escrito sobre el franquismo. He escrito sobre m&iacute; mismo. Sobre lo que me rodea, ten&iacute;a que mirar por fuerza hacia atr&aacute;s y hacia afuera, la novela es tiempo, lo que sucede entre dos tiempos&hellip;&rdquo;) (II, 583).&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de la larga pausa reflexiva de cinco a&ntilde;os &mdash;los de <em>impasse</em> creador ante las dificultades del nuevo proyecto narrativo que estaba tardando demasiado en definirse como tal&mdash;, Chirbes reanudar&iacute;a su actividad con dos magistrales novelas, <em>Crematorio</em> (2007) y <em>En la orilla </em>(2013), nacidas ambas del imperativo moral de iluminar un conocimiento profundo del periodo de la historia espa&ntilde;ola m&aacute;s reciente ante las que consideraba versiones oficiales interesadas de la misma. (&ldquo;Renunciar a escribir? &iquest;Y dejarles a estos payasos la exclusiva de la narraci&oacute;n del tiempo en que he vivido?&rdquo;) (II, 140).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>FINAL</strong></p>
<p>Los <em>Diarios</em> muestran el periodo m&aacute;s decisivo de la trayectoria literaria de un hombre que un d&iacute;a venci&oacute; sus pudores y se decidi&oacute; a revelar su escritura m&aacute;s celosamente guardada: aquella de trazos caligr&aacute;ficos desinhibidos que hab&iacute;a fluido de tarde en tarde en el ilimitado &aacute;mbito de libertad de sus cuadernos. &Eacute;stos acompa&ntilde;aron a lo largo de dos d&eacute;cadas la actividad del Chirbes novelista, &nbsp;a modo de &ldquo;toma de tierra&rdquo; de los excedentes energ&eacute;ticos de su combusti&oacute;n creativa.</p>
<p>El lector de estos <em>Diarios</em> puede experimentar una cierta desaz&oacute;n ante &nbsp;algunas zonas de sombra de su obra novel&iacute;stica, cuyo esclarecimiento ha podido quedar a veces descuidado o difuminado por la descripci&oacute;n en primer plano de los pormenores de su peripecia vital cotidiana. La &ldquo;perplejidad&rdquo;&nbsp; &mdash;lectora, en este caso&mdash; surge tambi&eacute;n al comprobar los largos silencios de estos <em>Diarios </em>(algunos periodos de inactividad rondan casi el a&ntilde;o). Tanto la supresi&oacute;n de numerosas p&aacute;ginas de los manuscritos originales, como la fijaci&oacute;n temporal y las modificaciones sufridas en su paso a archivo inform&aacute;tico y en sus probables reescrituras posteriores plantean inc&oacute;gnitas textuales por el momento irresolubles (ya detectadas por Fernando Valls en el completo pr&oacute;logo al primer volumen de los <em>Diarios</em>, y por Llamas en distintos trabajos).</p>
<p>En cualquier caso, si los <em>Diarios</em> no llegan a desvelar completamente al &ldquo;todo Chirbes&rdquo; o a un &ldquo;Chirbes total&rdquo; (tal vez porque ning&uacute;n diario ser&iacute;a capaz de&nbsp; obrar tal milagro), lo que s&iacute; parece fuera de discusi&oacute;n es que muestran al Chirbes esencial y constituyen una mediaci&oacute;n (condicionada por el diarista, pero, a fin de cuentas, privilegiada) &nbsp;para acceder al conjunto de su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <em>Diarios. A ratos perdidos </em>1 y 2. Pr&oacute;logos de Marta Sanz y Fernando Valls; &nbsp;&nbsp;<em>Diarios. A ratos perdidos, </em>3 y 4, Barcelona,&nbsp; Anagrama, 2021&nbsp; y 2023 respectivamente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>Adem&aacute;s de las vertidas en sus <em>Diarios</em>, algunas de ellas se filtran en las conferencias de <em>El novelista perplejo</em>, 2002); otras, aparecidas en revistas culturales,&nbsp; como <em>Ozono</em> (1975-1979) &mdash;han difo estudiadas &nbsp;por Jacobo Llamas Mart&iacute;nez en la revista <em>Archivum</em>&nbsp; (2021)&mdash;&nbsp; y&nbsp; recopiladas recientemente por &Aacute;lvaro D&iacute;az Ventas (<em>Asentir o desestabilizar. Cr&oacute;nica contracultural de la Transici&oacute;n</em>, 2023).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 06:11:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía es la tumba del poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-es-la-tumba-del-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/Guinda500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;En 2010, en el n.&ordm; 96 de <em>Turia</em>, tuve la oportunidad de coordinar con A. P&eacute;rez Lasheras un cartapacio dedicado a Miguel Labordeta (1921-1969), el poeta nacido en Arag&oacute;n probablemente m&aacute;s relevante del siglo XX, un vate que, siendo muy bien valorado por un grupo m&aacute;s o menos reducido de lectores que encuentra en &eacute;l una acusada coherencia expresiva y un compromiso intenso con la palabra, sigue todav&iacute;a hoy sin ocupar el lugar de referencia que, a nuestro juicio, merecer&iacute;a, y ello debido a la actitud insobornable que mantuvo siempre con respecto a la poes&iacute;a, entendi&eacute;ndola al margen de subvencionados cen&aacute;culos literarios, modas m&aacute;s o menos ef&iacute;meras, anodinas e insustanciales y consignas establecidas en torno al <em>prietas las filas</em>, ese llamado &mdash;otrora fascista, hoy pol&iacute;ticamente correcto&mdash; al que acuden tantos y tantos advenedizos de la poes&iacute;a que han encontrado en ella un <em>modus vivendi</em> o una profesi&oacute;n y no una posibilidad riesgosa de p&eacute;rdida, ruptura y creaci&oacute;n.</p>
<p>Tengo para m&iacute; que sobre &Aacute;ngel Guinda (Zaragoza, 1948-Madrid, 2022) podr&iacute;an aducirse argumentos similares a los esgrimidos acerca del autor de <em>Los soliloquios</em>. Uno y otro &mdash;que no dejaron de tener los pies en la tierra y la mirada en el horizonte&mdash; entendieron la poes&iacute;a como una opci&oacute;n de vida, compartiendo una actitud que encontramos reflejada en textos como &laquo;Escucha joven poeta inadvertido&raquo;, de Labordeta, o el aforismo &laquo;Ni <em>a la minor&iacute;a siempre</em> ni <em>a la inmensa mayor&iacute;a</em>. A los suficientes&raquo; (<em>Breviario</em>, 61), aviso a navegantes que coloca a la poes&iacute;a en ese punto incierto tan alejado de la selecci&oacute;n elitista y excluyente como del lugar m&aacute;s com&uacute;n y frecuentado.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Como un mevlev&iacute;, &Aacute;ngel Guinda hizo de la poes&iacute;a el centro en torno al cual gir&oacute; a lo largo y ancho de toda su vida. Poeta, ensayista, cr&iacute;tico literario y de arte, traductor, editor, impulsor de incontables proyectos literarios, como la colecci&oacute;n Puyal, que comenz&oacute; su andadura en 1977 y en la que, adem&aacute;s de libros de L. Cernuda, P. &Eacute;luard, M. Pinillos, &Aacute;. Crespo, J. L. Alegre Cud&oacute;s, A. M.&ordf; Navales, R. de Garciasol, I.&ndash;M. Gil, F. Nagore, J. A. Rey del Corral, M. Esquillor, J. L. Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, J. S&aacute;nchez Vall&eacute;s o M. Mart&iacute;nez Forega, entre otros, el propio Guinda public&oacute; <em>Entre el amor y el odio</em>, volumen perteneciente a su particular &laquo;prehistoria po&eacute;tica&raquo; y que en el momento de su aparici&oacute;n, 1977, su autor &mdash;a pesar de que ya hab&iacute;a entregado a la imprenta algunos t&iacute;tulos&mdash; reconoc&iacute;a &laquo;como mi primer &mdash;y ojal&aacute; &uacute;ltimo&mdash; libro&raquo;,&nbsp; o la revista <em>Malv&iacute;s</em>, de la que edit&oacute;, ya desde su residencia madrile&ntilde;a, diez n&uacute;meros entre 1988 y 1991 (en ocasiones con sus complementos &laquo;Fuente de Cibeles&raquo; y &laquo;Rect&aacute;ngulo de Agua&raquo;). Esos proyectos, sin embargo, no le impidieron desarrollar una dilatada y singular obra po&eacute;tica publicada, casi toda ella, en Olifante, su editorial de referencia, dirigida desde el primer momento (1979) por Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n. En paralelo, llev&oacute; a cabo un meritorio trabajo de traducci&oacute;n del italiano (Cecco Angiolieri, Antonio Sagredo, con Inmaculada Muro), portugu&eacute;s (Teixeira de Pascoaes, Florbela Espanca, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Ana Cristina Cesar, Augusto dos Anjos), franc&eacute;s (Paul &Eacute;luard) y catal&aacute;n (&Agrave;lex Susanna) y una actividad de aliento reflexivo plasmada en ensayos como <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> (2007), <em>Leopoldo Mar&iacute;a Panero. El peligro de vivir de nuevo</em> (2015) y <em>Revelaci&oacute;n y rebeli&oacute;n (Art&iacute;culos de cr&iacute;tica de arte)</em> (2021), vol&uacute;menes de aforismos &mdash;<em>Breviario (1980-1992)</em> (1992), <em>Huellas</em> (1998), <em>Libro de huellas</em> (2014)&mdash; y manifiestos &mdash;&laquo;Poes&iacute;a y subversi&oacute;n&raquo; (1978), &laquo;Poes&iacute;a &uacute;til&raquo; (publicado en diferentes ocasiones), &laquo;Poes&iacute;a violenta&raquo; (2012), <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016)&mdash;, que han de leerse entrelazados a su obra po&eacute;tica, configurando un universo en donde el <em>contar</em> y el <em>cantar</em>, el contenido y la forma de la expresi&oacute;n, son permanentes y complementarios compa&ntilde;eros de viaje.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>&Aacute;. Guinda vivi&oacute; fuera del mundo por llevar un mundo dentro, y ese gesto no le impidi&oacute; empatizar con los dem&aacute;s, mostrarse afable con cuantos se acercaban para ense&ntilde;arle sus escritos o pedirle alg&uacute;n consejo, apoyar el trabajo de tantos y tantos j&oacute;venes poetas a los que pudo conocer a lo largo de su vida, en fin, entender la poes&iacute;a como una actividad (est)&eacute;tica, desarrollada &mdash;desde una soledad solidaria y c&oacute;mplice con los otros&mdash; por y para los dem&aacute;s, marcada por su dimensi&oacute;n social o, como &eacute;l mismo dir&iacute;a, por su <em>utilidad</em>. En ese sentido, de una manera intensa y radical, Guinda fue carne verbal y su coraz&oacute;n y su pensamiento no dejaron de derramarse a trav&eacute;s de las palabras. Por ese territorio ling&uuml;&iacute;stico transit&oacute; de una forma desatada y febril, por ah&iacute; se desplaz&oacute; como un poseso &mdash;la poes&iacute;a, acostumbraba a repetir, no es una profesi&oacute;n, es una posesi&oacute;n&mdash; y por esos senderos se adentr&oacute; tratando de encontrar un singular e imposible <em>regressus ad uterum</em> marcado por la muerte de su madre al nacer &eacute;l (un acontecimiento biogr&aacute;fico trascendental que adquiere la dimensi&oacute;n de mito en su cosmovisi&oacute;n po&eacute;tica). En ese h&aacute;bitat fij&oacute; su residencia y su identidad, intentando localizar entre los pedazos desordenados y polvorientos de sus palabras la memoria sumergida y luminosa de un lenguaje del alba.</p>
<p>Encontramos aqu&iacute; diferentes manifestaciones de un mismo lenguaje animado por la consigna <em>sapere aude</em> que parece responder al t&oacute;pico <em>rerum concordia discors</em> y al deseo irrefrenable &mdash;como &eacute;l mismo recordaba incesantemente&mdash; de <em>escribir como se vive</em>, un fluir en donde la emoci&oacute;n y la reflexi&oacute;n forman parte de una misma potencia expresiva; como es sabido, consigna y t&oacute;pico entra&ntilde;an un riesgo de desestabilizaci&oacute;n e incertidumbre que nuestro poeta asume sin ambages, cuesti&oacute;n que pasa en primer lugar por sembrar el desconcierto (<em>La pasi&oacute;n o la duda</em> es el t&iacute;tulo de su primer libro publicado en 1972 en la colecci&oacute;n Poemas, dirigida Luciano Gracia), dudar de los sentidos atribuidos a las palabras &mdash;su m&aacute;s preciada posesi&oacute;n en la vida&mdash;, esas compa&ntilde;eras con las que emprende el viaje a la b&uacute;squeda de un sentido. Soy &mdash;declara en muchos de esos poemas y aforismos&mdash; aquello que deshace mi identidad, soy lo que voy construyendo a lo largo del camino, soy con todos mis titubeos y conflictos; en ese sentido &mdash;a partir de <em>Vida &aacute;vida</em> (1980), momento que marca un punto de inflexi&oacute;n, el instante en el que brota una voz que percibe ya como propia&mdash;, podemos pensar que un mismo hilo teje esta escritura, tanto la que leemos en sus libros de poes&iacute;a como la que hallamos en sus manifiestos o en sus vol&uacute;menes de aforismos, un cord&oacute;n entreverado de pasi&oacute;n y reflexi&oacute;n, delirio y meditaci&oacute;n. El propio poeta defendi&oacute; en diversas ocasiones la necesidad de una est&eacute;tica entrelazada con una suerte de &eacute;tica c&iacute;vica. Por otra parte, muchos poemas pueden leerse como planteamientos de vida, entenderse como propuestas para la acci&oacute;n, del mismo modo que bastantes aforismos destacan por sus sugerentes im&aacute;genes y su potente y expresiva plasticidad.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Aforismos, axiomas, sentencias, adagios y proverbios, <em>huellas</em>, en todo caso, que van dejando testimonio fragmentario de la &laquo;vida de un hombre&raquo;, t&iacute;tulo con el que agrup&oacute; sus diferentes libros Giuseppe Ungaretti, un indudable referente del aragon&eacute;s. <em>Huellas</em>, precisamente, es el t&iacute;tulo de una de sus entregas, un volumen que se inicia con la sentencia en la que, a modo de po&eacute;tica, declara: &laquo;El aforismo es una gota de la destilaci&oacute;n del pensamiento&raquo; (p. 17), gotas que van horadando en la roca las se&ntilde;ales de una vida que la escritura trata de proteger y que el paso del tiempo y el olvido har&aacute;n desaparecer; en este sentido, leemos: &laquo;Tengo miedo a leer, tengo miedo a escribir. Las palabras aparecen para desaparecerme&raquo; (<em>Huellas</em>, 21). Con expresiones como estas, nombra la desintegraci&oacute;n y la disoluci&oacute;n de su propio ser en el ser impersonal del lenguaje, traslada el eco desvanecido de una voz apagada desde la huesa en la que se oculta y es: &laquo;Fosa propia. La poes&iacute;a es la tumba del poeta&raquo; (<em>Libro de huellas</em>, 36). De ah&iacute; la par&aacute;frasis de Rimbaud y la crisis de identidades que estalla en diferentes lugares del libro: &laquo;Yo es otros que no quieren ser yo&raquo; (<em>Huellas</em>, 22), un conflicto que estalla en una realidad intempestiva, que act&uacute;a como un taladro ante cuya agresi&oacute;n el sujeto se resiste a claudicar. Escribir as&iacute; implica una cierta labor de erosi&oacute;n: el poeta escribe, traza un signo en el blanco de la p&aacute;gina, desaparece tras las palabras que aparecen, y en esa aparici&oacute;n es. Hablar para dejar de ser o para dar testimonio de una p&eacute;rdida, con el prop&oacute;sito de ganar soberan&iacute;a.</p>
<p>Como a menudo dej&oacute; plasmado, se trata de subvertir la realidad para levantar otro mundo y, en ese sentido, esta escritura contiene unos valores &eacute;ticos, pol&iacute;ticos y sociales incuestionables.&nbsp; Para el autor de <em>Vida &aacute;vida</em>, las relaciones entre la poes&iacute;a y la realidad desencadenaron profundas tensiones y contradicciones y con frecuencia se establecieron a partir de una necesaria e inevitable ruptura, como si esa realidad le resultara hostil e irrespirable. La poes&iacute;a trabaja con el objetivo inequ&iacute;voco de, por decirlo con expresi&oacute;n juarrociana, &laquo;abrir la escala de lo real&raquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, acabar con los automatismos, los t&oacute;picos, los elementos consabidos y las frases hechas con la intenci&oacute;n de explorar el horizonte desconocido e infinito que bordea lo real, ir m&aacute;s all&aacute; de los nombres de las cosas con el prop&oacute;sito de nombrarlas de otra manera y generar huecos de posibilidad. Un <em>mandamiento</em> que Guinda interioriz&oacute; muy pronto y trat&oacute; siempre de cumplir.</p>
<p>Si en &laquo;La realidad&raquo; leemos: &laquo;A pesar de que escribo / contra ella / &mdash;sobre ella jam&aacute;s&mdash; / no s&eacute; en qu&eacute; consiste / la realidad&raquo; (<em>Claro interior</em>, 17), recordemos que en <em>Huellas</em> ya se hab&iacute;a referido al &laquo;taladro de la realidad&raquo; (p. 27), y que en &laquo;Arquitextura&raquo;, un poema de <em>Hielo en llamas</em>, hab&iacute;a declarado: &laquo;Escribo contra la realidad, / no sobre ella&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 67). As&iacute;, sin desvincularse en ning&uacute;n momento de una realidad que percibe como una potencia extraordinariamente dolorosa, castrante y agresiva &mdash;&laquo;Y a la vida agresiva agr&eacute;dele&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 38) era el verso de <em>Vida &aacute;vida</em> que adopt&oacute; como una suerte de lema&mdash;, inteligencia en la recreaci&oacute;n de las emociones, responsabilidad y una soledad solidaria y c&oacute;mplice con los dem&aacute;s acaban siendo finalmente los compa&ntilde;eros de viaje de un poeta que opt&oacute; por anteponer la cr&iacute;tica a cualquier otro objetivo. Al fondo, la conocida declaraci&oacute;n acu&ntilde;ada por Cesare Pavese &mdash;un poeta recordado en el texto que cierra y da t&iacute;tulo al libro: &laquo;Vendr&aacute; la muerte y no tendr&aacute; tus ojos, / esa muerte que separa&raquo; (<em>Claro interior</em>, 45)&mdash; en la entrada del 10 de noviembre de 1938 de su diario <em>El oficio de vivir</em>: &laquo;La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida&raquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Se tratar&iacute;a, repito, de resistir y actuar en leg&iacute;tima defensa frente al agresor, de protestar con una palabra rebelde &mdash;aunque tambi&eacute;n valdr&iacute;a un silencio desobediente y no otorgante&mdash; frente a los esc&aacute;ndalos de la historia, confiando todav&iacute;a en que &laquo;Acaso hemos venido al mundo para destruirlo y de las ruinas levantar otro orden&raquo; (<em>Huellas</em>, 29), aforismo que, con una ligera variante, abr&iacute;a ya en 1983 su primera <em>summa</em> po&eacute;tica, <em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>A partir de ah&iacute;, la poes&iacute;a implica un peculiar modo de ser del lenguaje, una relaci&oacute;n determinada con la realidad que pretende reflejar y con la que establece alg&uacute;n tipo de correspondencia anal&oacute;gica que no tiene por qu&eacute; basarse en relaciones culturalmente consolidadas. Si esto es as&iacute;, parece obvio que el punto de amarre se encuentra en el lenguaje y no tanto en una realidad que aparece ya transformada en otra cosa; es el lenguaje el que nos ancla a una realidad que, en todo caso, queremos comprender, una realidad poblada a menudo de elementos azarosos, irregulares e inesperados que, sin embargo, no se deja domesticar desde los presupuestos de ninguna po&eacute;tica realista de corto vuelo. Es ah&iacute; donde se practica una cierta poes&iacute;a cr&iacute;tica que no consiste solo en contar historias o inventar situaciones sino en modificar con el lenguaje las relaciones que establecemos con la realidad, escribiendo, como reclama el poeta, contra ella y no sobre ella; leemos en &laquo;Disidencia&raquo;: &laquo;Escucha / dentro de ti la voz de la conciencia / y &aacute;lzala como escudo contra / el mundo: ser&aacute; / temeridad, pero es tu triunfo&raquo; (<em>Conocimiento del medio</em>, 25).</p>
<p>&Aacute;. Guinda conoci&oacute; bien la poes&iacute;a de su tiempo y detect&oacute; con claridad y precisi&oacute;n sus carencias y debilidades; en <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre la decadencia y la alarmante falta de calidad que afectaban a buena parte de la m&aacute;s reciente poes&iacute;a espa&ntilde;ola, un empobrecimiento que relacionaba con un preocupante descuido del lenguaje y un desinter&eacute;s por la lectura. La consecuencia de todo ello: &laquo;libros [que] apenas sirven para calzar sillas&raquo; (<em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em>, 16).</p>
<p>En mi entender, Guinda escribe a la luz de una idea de compromiso que traspasa lo social, haciendo del lenguaje el lugar donde se materializan las crisis de los imaginarios ideol&oacute;gicos y culturales, entendi&eacute;ndolo como una factor&iacute;a de producci&oacute;n de preguntas, una oportunidad id&oacute;nea para tratar cuestiones relacionadas con la identidad y, de paso, ahondar tanto en los intersticios de la <em>propia extra&ntilde;eza</em> como en las fisuras de la <em>otra familiaridad</em>, una extra&ntilde;eza que acaba resultando amigable, una familiaridad que se torna muchas veces incomprensiblemente inaudita. En ese sentido, lleva a cabo una permanente labor de desparasitaci&oacute;n del lenguaje, depur&aacute;ndolo de todas esas adherencias que lentifican su movimiento, descongel&aacute;ndolo para que pueda recuperar su pulso y su capacidad para nombrar el mundo de maneras in&eacute;ditas. Un compromiso y una responsabilidad que deben asumirse de manera incondicional y que conllevan por parte del escritor, como dec&iacute;a Pasolini, el deber de no temer la impopularidad.</p>
<p>Al hilo de una posmodernidad transformadora, algunos poetas &mdash;y estoy convencido de que el autor de <em>Caja de lava</em> se encuentra entre ellos&mdash; han llevado a cabo una oxigenaci&oacute;n del compromiso entendido no tanto como elemento de denuncia o cr&iacute;tica social sino como herramienta de desubicaci&oacute;n o agente de (trans)formaci&oacute;n a trav&eacute;s de la palabra. En esos casos, la palabra ya no es solo un interpuesto entre el poeta y el mundo, convirti&eacute;ndose en el escenario en el que plasmar todo tipo de tensiones y contradicciones, comenzando por las que de un modo artificial puedan darse entre lo real y lo imaginario, el lugar en el que exponer todos los conflictos, el territorio en donde desencadenar todas las hostilidades y donde la propia realidad, a fuerza de ser codificada con un lenguaje <em>claro</em> y <em>transparente</em>, corre el riesgo de desaparecer para dejar que tras ella surja <em>lo real</em> como una especie de <em>imperativo categ&oacute;rico</em> limitado y estrecho.</p>
<p>Guinda contempl&oacute; la muerte reflejada en la fragilidad y la potencia de cada instante vital, no por m&aacute;s quebradizo y ef&iacute;mero menos intenso y extraordinario; mir&oacute; con los ojos del que ans&iacute;a saber y comprendi&oacute; que el aut&eacute;ntico regalo &mdash;como sucede en la &Iacute;taca de Cavafis&mdash; se hallaba en el mismo viaje, la vida, y que lo que entonces &mdash;la muerte, un texto en todo caso a&uacute;n no escrito&mdash; era solo una presencia moment&aacute;neamente demorada, hoy es emblema del vac&iacute;o que el poema con su presencia trata de colmar. Es obvio que la muerte ocupa una presencia permanente a lo largo de toda su trayectoria, pero esa certeza no anula ni desdibuja el enorme y entusiasta vitalismo que trasluce esta poes&iacute;a, una actitud que aparece ya en algunos momentos de su en gran medida rechazada prehistoria po&eacute;tica, por ejemplo, en &laquo;Vida mortal&raquo;, texto que abre <em>Entre el amor y el odio</em>: &laquo;Y que la muerte nos sorprenda vivos&raquo; (p. 15), y que se prolonga despu&eacute;s en otros como &laquo;Recuento&raquo;: &laquo;Avanz&oacute; a trompicones, hasta / aqu&iacute;. Sin embargo &mdash;ni partir, / ni llegar: lo m&aacute;s bello / del viaje fue el camino&raquo; (<em>Despu&eacute;s de todo</em>, 59) o, por citar solo otro caso, &laquo;Felicidad&raquo;, poema que se abre y se cierra con estos versos: &laquo;Me hace feliz haber despertado a este d&iacute;a. / [&hellip;] / Me hace feliz abrir los brazos a la vida&raquo; (<em>Caja de lava</em>, 45).</p>
<p><em>La voz de la mirada</em> (2000) dio t&iacute;tulo a una <em>plaquette</em> que se presentaba como el avance de un libro en preparaci&oacute;n. Al margen de que con posterioridad no aparecer&iacute;a ning&uacute;n nuevo volumen con ese t&iacute;tulo, lo relevante es la confluencia en un mismo sintagma de dos campos sem&aacute;nticos como son el lenguaje (la palabra, la expresi&oacute;n, la voz) y la visi&oacute;n (la contemplaci&oacute;n, la imagen, la mirada). Las palabras son las proyecciones de los ojos del poeta, sus miradas, las herramientas con las que observa y modela el mundo, lo esencial de un mundo que a menudo se encuentra m&aacute;s all&aacute; de la apariencia. Es preciso haber mirado con los ojos abrasados por el sol para hacer de la oscuridad germen de la luz: &laquo;He cerrado los ojos para ver&raquo; (<em>Toda la luz del mundo</em>, 47), afirma el poeta reescribiendo a Paul &Eacute;luard, quien entend&iacute;a la actividad po&eacute;tica como un <em>hacer visible</em> o un <em>dar a luz</em> (&laquo;donner &agrave; voir&raquo;, dec&iacute;a el autor de <em>Capitale de la douleur</em>).<a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>Guinda supo mirar con las palabras, y vio: &laquo;Encendida en la luz hay otra luz. / Oscuridad adentro, lo visible&raquo; (p. 13), escribe en &laquo;Hay otra luz&raquo;, poema que abre <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> y que conserva destellos de una po&eacute;tica que encontramos en su primer libro reconocido, <em>Vida &aacute;vida</em>: &laquo;la sola Claridad est&aacute; en lo Oscuro&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 55). Hay precedentes de esta mirada antirrealista y visionaria: en el &aacute;mbito del primer romanticismo alem&aacute;n, Novalis clama en los <em>Himnos a la noche</em>: &laquo;Hacia abajo, al seno de la tierra, / &iexcl;lejos del imperio de la luz!&raquo; (p. 73), y, m&aacute;s recientemente, Antonio Gamoneda en <em>Libro del fr&iacute;o</em>: &laquo;Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos&raquo;, &laquo;He atravesado las cortinas blancas: / ya solo hay luz dentro de mis ojos&raquo; (pp. 67 y 151)<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. En medio de ese viaje a trav&eacute;s de la noche &mdash;hermanada con la muerte en algunos de sus libros&mdash;, el poeta es un condenado a la claridad y al canto: &laquo;&iquest;Ad&oacute;nde va esta noche que me lleva? / Toda pregunta es revelaci&oacute;n / como el deseo es aviso f&eacute;rtil. / [&hellip;] / &iexcl;Qu&eacute; dura es esta noche y cu&aacute;nto dura!&raquo; (<em>Catedral de la Noche</em>, 70).</p>
<p>La poes&iacute;a se present&oacute; a menudo como una oportunidad para plantear preguntas, cuando no como una aparici&oacute;n, una presencia ante la muerte o una manera de enfrentarla. En esa l&iacute;nea indagatoria, <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> supone una renovada vuelta de tuerca a un campo sem&aacute;ntico bastante frecuentado, el intento de otorgar sentido a esa <em>realidad irreal</em> que es la muerte, experimentar conciencia de una muerte que hermana y entrelaza el final con lo que precede al comienzo, la clausura &mdash;ese instante crepuscular en el que las palabras se callan y las presencias se desvanecen&mdash; con lo que antecede al umbral, ese intervalo abonado de silencio y soledad, coordenadas necesarias desde las que puede brotar la poes&iacute;a. Construido sobre un contrasentido elemental muy caracter&iacute;stico del poeta (&iquest;c&oacute;mo escribir la biograf&iacute;a &mdash;esto es, el relato de una vida&mdash; de la muerte, es decir, de algo que todav&iacute;a no ha acontecido?), este libro se concibe como un &laquo;ejercicio espiritual&raquo;, una pr&aacute;ctica preparatoria que ha de reconciliarle con la disoluci&oacute;n de su propia biograf&iacute;a. Con ese mismo t&iacute;tulo, en 1994, hab&iacute;a incluido ya un poema en <em>Despu&eacute;s de todo</em>, y en 1998 abrir&iacute;a <em>La llegada del mal tiempo</em> con otro titulado &laquo;Autobiograf&iacute;a&raquo; en el que puede leerse: &laquo;Para / saber de mi vida piensa en la muerte, / piensa en ti que est&aacute;s viva / y has de sobrevivirme. No s&eacute; / si tendr&eacute; tiempo para vivir / lo no vivido, para matar lo que viv&iacute;, / para vivir la muerte antes de que me muera&raquo; (<em>La llegada del mal tiempo</em>, 9).</p>
<p>En<em> Claro interior</em> encontramos el contrapicado de una voz que no rebla en denunciar de una manera inflexible una realidad a menudo grosera y miserable, una escritura apegada a la existencia singular aunque, al mismo tiempo, orientada hacia un lugar en el que el sujeto comparte aspiraciones con otros seres. As&iacute;, ya desde el primer poema: &laquo;Cada palabra pesa / todo lo que la vida / ha pasado por ella. / [&hellip;] / Cada palabra pesa / su paso por la vida&raquo; (<em>Claro interior</em>, 11), una vida que no se entiende sin la inevitable compa&ntilde;&iacute;a de la muerte, porque hablar de la muerte consiste al final en hablar, <em>desde</em> la conciencia, <em>de</em> la vida. En &laquo;Otro mundo&raquo; la voz po&eacute;tica declara: &laquo;Yo persigo la luz de lo profundo&raquo; (<em>Claro interior</em>, 19), conocedora &mdash;como H&ouml;lderlin, Novalis, Blake y otros grandes poetas visionarios&mdash; de que el ascenso a las estrellas pasa por previos itinerarios abisales.</p>
<p>Hay una l&iacute;nea de continuidad en esta trayectoria. En un registro que recuerda, en parte, al de ciertos textos de los a&ntilde;os ochenta (<em>Vida &aacute;vida</em>, <em>Hielo en llamas</em>), algunos poemas de este libro (&laquo;Derribos y construcciones&raquo;, &laquo;El discurso&raquo;) dejan entrever el duende y la magia que con frecuencia han acompa&ntilde;ado a esta escritura, que no ha cesado nunca de explorar en las contradicciones, ant&iacute;tesis y paradojas del lenguaje, esto es, de la vida, una escritura que solo se entiende al calor de un marco social compartido, un vivir y escribir en, por y para los dem&aacute;s: &laquo;Ser poema es ser nada / si no hace vida en nadie&raquo;, idea a la que, con un registro muy pr&oacute;ximo al de algunos de los mejores bardos del realismo, vuelve en otro texto de ese mismo libro: &laquo;Si escribo para nada, para nadie, / me sobra la palabra&raquo; (<em>Claro interior</em>, 13 y 28). Ya me he referido m&aacute;s arriba a esa utilidad que Guinda cifra en una poes&iacute;a orientada como un bien social que ha de hacer mella y cumplir alg&uacute;n servicio en el destinatario; a lo largo de su trayectoria, son muchos los textos que responden a esta po&eacute;tica. Uno de ellos es &laquo;A un poeta adolescente&raquo;, que comienza y acaba con estos versos: &laquo;Abomina a cuantos escriben de memoria, / de le&iacute;das, con pose, movidos / por el &eacute;xito, la fama o el Poder. / Aborrece al que se impone la escritura / como una profesi&oacute;n y no un destino / m&aacute;gico o misterioso. F&iacute;jate / en aquellos para quienes escribir / ha sido una incurable enfermedad. / [&hellip;] / L&iacute;brate de aquellos / que toman la palabra / por instrumento y no como un ser vivo. / Oye s&oacute;lo tu m&uacute;sica cuando cantes / por oscura que sea y espinosa. / Que la luz te ensordezca, que no te ciegue / el ruido. Y, al final de tus d&iacute;as, tu obra / sea m&aacute;s que tu vida / porque te contramuera&raquo; (<em>Claustro</em>, 115).</p>
<p>La trayectoria guindiana se caracteriza por una considerable coherencia interna, apuntalada sobre unos cuantos motivos, campos sem&aacute;nticos y temas que &mdash;a pesar de ser lugares muy visitados por la tradici&oacute;n po&eacute;tica&mdash; dan cuenta de un entramado est&eacute;tico muy singular. En ese sentido, <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> contin&uacute;a algunas l&iacute;neas abiertas en libros anteriores (<em>Breviario</em>, <em>Huellas</em>, <em>Claro interior</em>), el poeta insiste en apuntalar una est&eacute;tica que no se desancle de la &eacute;tica y, de este modo, muchos de sus poemas tratan temas sociales sin que se resienta por ello la potencia de sus im&aacute;genes, el valor art&iacute;stico y la plasticidad de sus s&iacute;mbolos. El conjunto se caracteriza por el desgaste y la erosi&oacute;n de los t&oacute;picos y los elementos ret&oacute;ricos m&aacute;s triviales y por la desactivaci&oacute;n del engranaje po&eacute;tico m&aacute;s com&uacute;n. En<strong> &laquo;</strong>Semillas&raquo;, por ejemplo, puede leerse: &laquo;Escribo con palabras / rotundas y sinceras, / con palabras de pan, / de aceite, vino, agua, / de casa, de la calle, / con ideas en bruto, / para que t&uacute; me entiendas. / [&hellip;] / Con palabras de vida, / con palabras de tiempo, / con palabras de amor, / con palabras de odio. / Escribo con semillas. / Sencillamente, escribo. / Escribo como vivo. / Escribo como soy&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 15-16). De esta manera, quien en el poema &laquo;Acercamiento a Lucifer&raquo; desactivara con la incorporaci&oacute;n de un simple adverbio aquella sentencia can&oacute;nica del realismo po&eacute;tico espa&ntilde;ol de los cincuenta al declarar &laquo;No siempre la claridad viene del cielo&raquo; (<em>Vida &aacute;vida</em>, 23), se inclina ahora por una escritura liberada de toda servidumbre ret&oacute;rica innecesaria, comprometida con la transformaci&oacute;n de algunos de los valores ideol&oacute;gicos e imaginarios m&aacute;s arraigados: &laquo;No queremos poemas teoremas. / Poemas soluci&oacute;n a los problemas. / [&hellip;] / No escribamos impunemente a tientas. / Escribamos poemas herramientas&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 19-20). Es una vieja historia, suficientemente conocida, recuerda a la de aquel otro vate que un d&iacute;a baj&oacute; a la calle, vio lo que hab&iacute;a, rompi&oacute; todos sus versos y comenz&oacute; a escribir de otra manera.</p>
<p>El volumen se plantea como un lavado de conciencia y un ajuste de cuentas consigo mismo, y ello en un escenario en el que hablar de la muerte consiste al final en sustituir su vac&iacute;o ontol&oacute;gico por la misteriosa e insurgente claridad que emana de las potencias del mundo: &laquo;La muerte es la verdad de haber vivido&raquo;, presencia que, <em>in absentia</em>, certifica la plasmaci&oacute;n de una realidad arrasada, una muerte que es ya solo el aviso de una certeza constantemente aplazada, un texto a&uacute;n no redactado: &laquo;Hace mucho que viene / lo que no viene&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 52 y 61), escribe quien planta cara a la muerte con una mirada casi anhelante. Esta presencia planea en composiciones como &laquo;El superviviente&raquo;, &laquo;Devenir&raquo;, &laquo;El esc&eacute;ptico&raquo;, &laquo;Larga espera&raquo;, ese emotivo canto de despedida que es &laquo;Trasmoz&raquo; o esa suerte de epitafio que cierra el libro titulado &laquo;A pie de p&aacute;gina&raquo;, donde se lee: &laquo;El poeta &Aacute;ngel Guinda / desert&oacute; de este mundo. // De espaldas a la muerte / y abrazado a la vida&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 64). Y con todos esos materiales de derribo se van construyendo algunos fragmentos de&nbsp; una vida que no deja de proyectarse sobre los dem&aacute;s, el escenario social en que el yo se diluye en un nosotros con el que comparte realidad, convive y <em>conmuere</em>. Y en un libro titulado de esta manera, <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, no podr&iacute;a faltar el motivo de la utilidad, recurrente en tantos y tantos textos del poeta: &laquo;Todo poema debe ser un &uacute;til / para arreglar el mundo / &mdash;el mundo propio y el de los dem&aacute;s; / incluso, si lo hay, el otro mundo&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 48), una utilidad que orient&oacute; tambi&eacute;n el sentido de la selecci&oacute;n antol&oacute;gica que podemos leer en el libro + CD titulado <em>Poemas &uacute;tiles de un poeta in&uacute;til</em> (Zaragoza, Arscesis, 2017).</p>
<p>La mirada visionaria (una huella, reitero, que Guinda hereda de ciertas po&eacute;ticas rom&aacute;nticas) ti&ntilde;e algunos fragmentos de <em>Espectral</em>, un libro atravesado por motivos que funcionan como esas <em>met&aacute;foras obsesivas</em>, en expresi&oacute;n de la psicocr&iacute;tica, que han circunvalado esta escritura desde sus inicios: la interrogaci&oacute;n permanente sobre el (sin)sentido de la existencia, las im&aacute;genes de la utop&iacute;a, la escritura po&eacute;tica como representaci&oacute;n de la identidad o, mejor, de los conflictos identitarios. En este sentido, es un libro menos social, m&aacute;s &iacute;ntimo y personal,&nbsp; <em>relata</em> un viaje al m&aacute;s all&aacute; interior de un sujeto que no deja de proyectarse en cada uno de los textos sobre los dem&aacute;s, un sujeto que, sin renunciar al protagonismo de la enunciaci&oacute;n, se esfuerza en desempe&ntilde;ar una funci&oacute;n significativa en el enunciado: &laquo;un ni&ntilde;o cruza el mundo con un f&eacute;retro al hombro, y ese ni&ntilde;o soy yo&raquo; (<em>Espectral</em>, 11). La poes&iacute;a emerge entonces para apuntalar el t&oacute;pico: la vida es una b&uacute;squeda, un proceso de aprendizaje, un viaje a trav&eacute;s del mundo que encuentra su destino en lo m&aacute;s desconocido de uno mismo. Y el sujeto que aqu&iacute; surge se integra en esa misma tradici&oacute;n cuando confiesa: &laquo;He caminado tanto y aqu&iacute; estoy. &iexcl;Huimos siempre hacia nosotros mismos!&raquo; (<em>Espectral</em>, 22-23), una huida que se materializa al final como un enfrentamiento ante uno mismo, el paso inici&aacute;tico hacia una posterior renovaci&oacute;n; sin embargo, esa huida no impide a la voz po&eacute;tica, animada por una cierta comuni&oacute;n pante&iacute;sta con la naturaleza y tocada por un acusado sentimiento vitalista, declarar su solidaridad con todo ser vivo: &laquo;Estoy vivo desde hace mucho fuelle y, sin embargo, no quiero morir&raquo; (<em>Espectral</em>, 38). Y la muerte, como no podr&iacute;a ser de otra manera en un poeta tan vitalista, tan entregado a exprimir la vida, ocupa su lugar en este libro, una muerte que, de nuevo, vuelve a manifestarse en Trasmoz y la geograf&iacute;a monca&iacute;na (como ya hab&iacute;amos tenido oportunidad de leer en <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>), un escenario que funciona aqu&iacute; como met&aacute;fora del destino definitivo y de la complicidad con el mundo natural: &laquo;Un d&iacute;a fulgurante, desatrapado de las garras del ruido, me adentrar&eacute; en senderos pedregosos&raquo; (<em>Espectral</em>, 49). Se trata de una escritura muy representativa de su autor, esa que ha hecho de este poeta un orfebre consumado en el arte de la contradicci&oacute;n, la ant&iacute;tesis y la paradoja, una escritura que vuelve una y otra vez sobre s&iacute; misma sin dejar por ello de dar la espalda a la realidad.</p>
<p><em>Espectral</em>, como <em>(Rigor vitae)</em>, de 2013, tiene algo de laico libro de horas, <em>slides of life</em>, cuaderno de bit&aacute;cora o <em>breviario</em> organizado para recoger en &eacute;l apuntes, notas, fragmentos e im&aacute;genes de una vida, dispuesto para ser administrado en diferentes dosis y alcanzar con todo ello un escenario en el que la palabra sobreviva a una vida ya logografiada. El lenguaje responde aqu&iacute; a planteamientos habituales defendidos por el poeta en sus diferentes manifiestos. Escribir <em>para los dem&aacute;s</em> y, a veces, en nombre de los dem&aacute;s, como sucede en <em>(Rigor vitae)</em> cuando leemos: &laquo;&iexcl;Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada!&raquo; (p. 27). Sin descuidar en ning&uacute;n momento la densidad expresiva y el nivel de exigencia formal, es un rasgo permanente de esta escritura la complicidad con el <em>dictum</em> que entiende la poes&iacute;a como una herramienta necesaria y eficaz al servicio de la comunicaci&oacute;n y no como una actividad lastrada por el solipsismo.</p>
<p>Esta poes&iacute;a es una formidable muestra del conflicto que a veces surge entre una actividad de la emoci&oacute;n y una pr&aacute;ctica del pensar, como si la emoci&oacute;n y el pensamiento fuesen diferentes planos de un mismo imaginario po&eacute;tico. Heredero y en parte deudor de la mejor tradici&oacute;n l&iacute;rica de la modernidad, Guinda supo reactualizar con una voz singular algunos de los t&oacute;picos a los que esa tradici&oacute;n se ha aproximado: la soledad del ser humano, compatible con su proyecci&oacute;n social, y los abismos infranqueables de la conciencia. Y as&iacute;, con el transcurrir del tiempo, su poes&iacute;a ha ido creciendo en intensidad emocional y actitud cr&iacute;tica. De ser en sus inicios la manifestaci&oacute;n de un furor desatado pas&oacute; a ser la escritura de un ser arrebatado a la vida por la propia poes&iacute;a. As&iacute;, eso que com&uacute;nmente se entiende por &laquo;ser poeta&raquo; podr&iacute;a entenderse en este caso con vivir una especie de <em>fatum</em>, experimentar un tipo de relaci&oacute;n incondicional y arriesgada con el lenguaje en la que algunos se han dejado <em>eso</em> que, precisamente, demanda la poes&iacute;a como una exigencia sin l&iacute;mites: la vida. Escribir <em>&Aacute;ngel Guinda </em>es escribir <em>poes&iacute;a</em> hasta el punto de que su vida aparece profundamente vinculada con su escritura. Podr&iacute;a decirse, sin resultar hiperb&oacute;lico, que su biograf&iacute;a puede leerse en sus textos po&eacute;ticos. No se entiende la una sin la otra, y este conflicto, esta elecci&oacute;n, emerge con frecuencia en sus poemas, como cuando manifiesta: &laquo;Escribir como se vive&raquo; (<em>Breviario</em>, 21).</p>
<p>La poes&iacute;a, encarada como una <em>necesidad</em>, desata una meditaci&oacute;n sobre el lenguaje al tiempo que procura un efecto de protecci&oacute;n y seguridad al afrontar la presencia del abismo. Guinda, con una fe indestructible en una poes&iacute;a con la que mantuvo una relaci&oacute;n casi religiosa, crey&oacute; firmemente en una palabra oracular y salv&iacute;fica que le protegiera de ese abismo, que en su caso tiene un nombre, la muerte, una presencia, como hemos visto, permanente en toda su obra. En ese sentido, el p&oacute;stumo <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> no representa sino la confirmaci&oacute;n de una serena e inevitable aceptaci&oacute;n: &laquo;La muerte sabe mi nombre. / Me doy por enterado / con el miedo en el cuerpo. / Dejadme decir las cosas / como las cosas me dicen. / La muerte no hace ruido. / Todo aparece para desaparecer. / La muerte sabe mi nombre&raquo; (<em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, 22).</p>
<p>A esa palabra se entreg&oacute; a lo largo de su vida, con el prop&oacute;sito de salvar con ella el abismo de la soledad, el silencio y el vac&iacute;o que tanto le atormentaba. Escribi&oacute; y public&oacute; en ocasiones quiz&aacute;s con profusi&oacute;n &mdash;retract&aacute;ndose a veces de lo ya publicado, convencido al mismo tiempo de que &laquo;La poes&iacute;a es Palabra sin apenas palabras&raquo; (<em>Huellas</em>, 19)&mdash;, mantuvo (de acuerdo a esa idea que defendi&oacute; siempre de una poes&iacute;a &uacute;til, comprometida &eacute;tica y moralmente con el mundo) una presencia social permanente, hizo de la palabra po&eacute;tica el contrafuerte con el que salv&oacute; la verdad de dicho abismo.</p>
<p>Una vez superados sus primeros y tentativos escarceos con la palabra, escribi&oacute; al calor de una est&eacute;tica literaria <em>comprometida</em> con la &eacute;tica y, de este modo, sin descuidar la forma, muchos de sus poemas est&aacute;n marcados por un profundo didactismo y un incuestionable valor moral. El poeta que se adentra en esos territorios y lleva un vivir errabundo y desgarrado alcanza, como detallara M.&ordf; Zambrano en <em>Filosof&iacute;a y poes&iacute;a</em>, un nivel de conciencia tocado por la lucidez, una <em>&eacute;tica verbal</em> sostenida sobre una envolvente y por momentos obsesiva intratextualidad que parece impedir el avance de esta escritura pero que, en mi opini&oacute;n, habr&iacute;a que interpretar como la se&ntilde;al de un pensamiento imparable, esto es, de <em>un pensar po&eacute;tico</em> que se pone en cuesti&oacute;n continuamente. De esta manera, no dej&oacute; de retorcer el lenguaje con el prop&oacute;sito de desvelar la (in)consistencia y las falacias de lo real. Al margen de modas y dictados, entendi&oacute; la poes&iacute;a como un territorio de exploraci&oacute;n caracterizado por la apertura hacia lo simb&oacute;lico e imaginario, hacia una otredad donde el yo se construye a partir de una indomable rebeld&iacute;a, una poes&iacute;a en la que, desde una desatada incertidumbre, se pone en tela de juicio <em>el orden</em> y <em>el sentido</em> de la realidad, someti&eacute;ndolos a un estado de tensi&oacute;n permanente con el objetivo de crear un nuevo espacio moral a partir del cual quiz&aacute;s sea posible, si no reinventar la existencia, soportar la vida. Vivi&oacute; en las palabras, desvivi&eacute;ndose y derram&aacute;ndose sin contenci&oacute;n. Ah&iacute; encontr&oacute; su tumba, y hasta ah&iacute; tendremos que desplazarnos si queremos encontrarnos con ella.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> &Aacute;ngel Guinda, <em>Breviario</em>, Zaragoza, Lola Editorial, 1992. El aforismo guindiano comparte un mismo esp&iacute;ritu con ideas labordetianas recogidas en manifiestos como &laquo;Poes&iacute;a revolucionaria&raquo; (1950) y &laquo;Ni poes&iacute;a pura ni poes&iacute;a popular&raquo; (1951). Se&ntilde;alo aqu&iacute; las ediciones de las que he extra&iacute;do las referencias citadas en el texto: <em>Entre el amor y el odio</em>, Zaragoza, Publicaciones Porvivir Independiente, 1977; <em>Vida &aacute;vida</em>, Zaragoza, Olifante, 1980; <em>Crep&uacute;scielo esplendor (1970-1982)</em>, Zaragoza, Olifante, 1983; <em>Claustro. Poes&iacute;a 1970-1990</em>, Zaragoza, Olifante, 1991; <em>Despu&eacute;s de todo</em>, Madrid, Ediciones Libertarias, 1994; <em>Conocimiento del medio</em>, Zaragoza, Olifante, 1996;<em> Huellas</em>, Madrid, Poes&iacute;a, por ejemplo, 1998; <em>La llegada del mal tiempo</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 1998; <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em>, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2001; <em>Toda la luz del mundo</em>, Zaragoza, Olifante, 2002 (hay ediciones posteriores en 2005 y 2008); <em>Claro interior</em>, Zaragoza, Olifante, 2007;<em> El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em>, Zaragoza, Olifante, 2007;<em> Poemas para los dem&aacute;s</em>, Zaragoza, Olifante, 2009; <em>Espectral</em>, Zaragoza, Olifante, 2011 (libro dibujado por Josema Carrasco en <em>Espectral. C&Oacute;MIC</em>, Zaragoza, Olifante, 2018); <em>Caja de lava</em>, Zaragoza, Olifante, 2012; <em>(Rigor vitae)</em>, Zaragoza, Olifante, 2013; <em>Libro de huellas</em>, Madrid, Ediciones Tigres de Papel, 2014; <em>Catedral de la Noche</em>, Zaragoza, Olifante, 2015; <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, Zaragoza, Olifante, 2023. Puede encontrarse informaci&oacute;n de y sobre su obra en http://www.angelguinda.com. A partir de ahora, indicar&eacute; solo el t&iacute;tulo de la obra y la p&aacute;gina correspondiente a la edici&oacute;n citada. Por otra parte, habr&iacute;a que recordar que <em>Turia</em> ha prestado atenci&oacute;n a la obra de &Aacute;. Guinda en reiteradas ocasiones, rese&ntilde;ando sus libros, dedic&aacute;ndole alg&uacute;n art&iacute;culo panor&aacute;mico (&laquo;Algunas notas sobre la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda&raquo;, por A. Salda&ntilde;a, <em>Turia</em>, 132, pp. 319-330) o entrevist&aacute;ndole (&laquo;&Aacute;ngel Guinda: &ldquo;confesar los propios miedos es honrar la poes&iacute;a&rdquo;&raquo;, por F. del Val, <em>Turia</em>, 136, pp. 305-318).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Tras su muerte, acaecida el 29 de enero de 2022, han visto la luz <em>El arrojo de vivir</em>, una antolog&iacute;a de poes&iacute;a amorosa publicada ese mismo a&ntilde;o, y <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> (2023), los dos t&iacute;tulos en Olifante, editorial comprometida con la publicaci&oacute;n de sus &laquo;obras completas&raquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> A. Salda&ntilde;a, &laquo;Dos calas en la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea: Jos&eacute; A. Rey del Corral y &Aacute;ngel Guinda&raquo;, en A. P&eacute;rez Lasheras y A. Salda&ntilde;a, eds., <em>Un mar de labrant&iacute;os. Contribuciones para el estudio de la poes&iacute;a aragonesa</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2016, pp. 213-236.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Roberto Juarroz, <em>Poes&iacute;a y Realidad</em>, Valencia, Pre-Textos, 2000, p. 16.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Cesare Pavese, <em>El oficio de vivir. El oficio de poeta</em>, trad. E. Ben&iacute;tez, Barcelona, Bruguera, 1980, p. 185.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> La edici&oacute;n lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de la primera aproximaci&oacute;n de envergadura a esta poes&iacute;a, resultado de un trabajo de curso en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Zaragoza realizado por M. Mart&iacute;nez Forega (<em>&Aacute;ngel Guinda: Pus esplendoroso del cielo</em>, Zaragoza, al margen, 1983). En ese mismo centro universitario, en 2011, M. &Aacute;. Long&aacute;s present&oacute; un trabajo sobre esta poes&iacute;a para la obtenci&oacute;n del DEA.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Guinda vuelve una y otra vez sobre sus textos, reescribi&eacute;ndolos, entendiendo su obra como un trabajo en marcha que no se cerr&oacute; sino con su propia muerte. Un ejemplo, entre otros muchos, lo encontramos en el t&iacute;tulo de uno de sus libros, <em>Toda la luz del mundo</em>, que procede de un aforismo ya recogido en 1998, &laquo;Toda la luz del mundo pasa por tu mirada&raquo; (<em>Huellas</em>, 45), un rasgo analizado por E. Ester en su tesis doctoral <em>La poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda: amor y muerte, compromiso y lenguaje</em>, defendida en la U. de Zaragoza en 2023.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Novalis, <em>Himnos a la noche</em>, ed. biling&uuml;e, trad. J. M. Valverde, intr. R. Argullol, Barcelona, Icaria, 1985. Antonio Gamoneda, <em>Libro del fr&iacute;o</em>, Madrid, Siruela, 1992.</p>
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      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 06:05:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Alberto Manguel: “Mi relación con los libros empezó antes que mi relación con el mundo”  El lugar en que nos cita Alberto Manguel para hablar de su trayectoria como intelectual, de su visión de la lectura hoy y de su estancia en Lisboa, uno de los depósit]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alberto-manguel-mi-relacion-con-los-libros-empezo-antes-que-mi-relacion-con-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/Alberto500.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal" style="text-align: left;" align="center"><strong>ALBERTO MANGUEL: &ldquo;MI RELACI&Oacute;N CON LOS LIBROS EMPEZ&Oacute; ANTES QUE MI RELACI&Oacute;N CON EL MUNDO&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">El lugar en que nos cita Alberto Manguel para hablar de su trayectoria como intelectual, de su visi&oacute;n de la lectura hoy y de su estancia en Lisboa, uno de los dep&oacute;sitos de la Biblioteca Municipal, tiene algo de vientre de la ballena, muy a prop&oacute;sito para quien, sin buscarla, ha alcanzado la condici&oacute;n de personaje casi mitol&oacute;gico por su obra y biblioteca. Un edificio inmenso en uno de esos arrabales centrales de la ciudad, una estancia en la que esperan centenares de cajas con sus libros -nos anuncia que en los s&oacute;tanos se guardan muchos m&aacute;s a la espera de ser catalogados-, un equipo que trabaja sin descanso mientras conversamos, en una mesa junto a un anaquel en que comparten balda la colecci&oacute;n de revistas <em>FMR</em> y varios n&uacute;meros de <em>Turia</em>. Hay algo que, afortunadamente, contradice la facilidad con que determinados espacios se definen con ligereza como no lugares.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">La voz de Alberto Manguel, la serenidad que transmite, es una combinaci&oacute;n de sus novelas y relatos, intensos y tan estimulantes, y de la reflexi&oacute;n de las obras que abordan el universo de la lectura. Antes de sentarnos le entrego un ejemplar de la revista en lenguas ib&eacute;ricas <em>Suroeste</em>, y al instante aparece la voracidad del bibli&oacute;filo y la curiosidad del lector:&iquest;Y nosotros vamos a recibir esto regularmente? Pero qu&eacute; bien, qu&eacute; bien esa intenci&oacute;n de reconstruir el Siglo de Oro. En la escuela secundaria, si bien estudiamos literatura espa&ntilde;ola, nos ense&ntilde;aron a decir que la lengua que habl&aacute;bamos era el castellano, no el espa&ntilde;ol.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">-Recordamos en este momento uno de esos libros que dejan un recuerdo permanente, aquel texto de Amado Alonso que se titul&oacute;<em> </em><em>Castellano, espa&ntilde;ol, idioma nacional: Historia espiritual de tres nombres</em>.</p>
<p class="LO-normal">-Las lenguas de Am&eacute;rica Latina, sobre todo en Argentina, interesaron mucho a los fil&oacute;logos espa&ntilde;oles. &iquest;Recuerda aquel ensayo tan c&aacute;ustico de Borges? &ldquo;Las alarmas del doctor Am&eacute;rico Castro&rdquo; sobre la cr&iacute;tica que hac&iacute;a de las lenguas del R&iacute;o de la Plata. Sin embargo, al citar a Amado Alonso, recuerdo tambi&eacute;n que tengo una relaci&oacute;n muy personal con &eacute;l, porque mi madre fue su secretaria, en la biblioteca en la que &eacute;l estableci&oacute; su gabinete en la Biblioteca del Maestro, en Buenos Aires, siendo ella muy joven.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Tuve una infancia un poco extra&ntilde;a: me cri&oacute; una nodriza checa que me ense&ntilde;&oacute; alem&aacute;n e ingl&eacute;s, esas fueron mis primeras lenguas&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">-Rodeado de tantos vol&uacute;menes, parece dif&iacute;cil imaginar a nuestro autor sin un libro entre las manos o despidi&eacute;ndose de sus libros, como anticip&oacute; en <em>Mientras embalo mi biblioteca.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">-Mi relaci&oacute;n con los libros empez&oacute; antes que mi relaci&oacute;n con el mundo. Yo tuve una infancia un poco extra&ntilde;a. Me cri&oacute; una nodriza checa de lengua alemana que me ense&ntilde;&oacute; alem&aacute;n e ingl&eacute;s: esas fueron mis primeras lenguas. Mi padre fue nombrado embajador en Israel y nos trasladamos all&aacute; al mes de fundarse el pa&iacute;s, pero yo ten&iacute;a unos pocos meses y mis padres decidieron tomar una nodriza que me cuidase. Viv&iacute; con esta nodriza los primeros siete u ocho a&ntilde;os de mi vida. Despu&eacute;s volvimos a Argentina en 1955 y all&iacute; empez&oacute; a ocuparse de mi hermana&hellip; pero esos primeros ocho a&ntilde;os fueron tan especiales&hellip; Ella, que era una mujer que hab&iacute;a hu&iacute;do con la familia de los nazis, cre&iacute;a profundamente en lo que llamamos la <em>deutsche Kultur</em>. Por si fuese poco, no ten&iacute;a mucha idea de lo que era un ni&ntilde;o y me trataba como a un peque&ntilde;o adulto, de modo que aprend&iacute; a leer muy temprano, yo ten&iacute;a tres a&ntilde;os, quiz&aacute;s, y me le&iacute;a cuentos y m&aacute;s tarde empec&eacute; a leer en ingl&eacute;s y alem&aacute;n. Mi primer conocimiento del mundo fue ese. Cuando me encontr&eacute; por primera vez con la amistad, la muerte, el amor, los viajes, las cosas que nos ocurren a todos en la vida, ya ten&iacute;a las palabras para nombrar esas experiencias porque las hab&iacute;a le&iacute;do. Por eso digo que para m&iacute; los libros fueron anteriores al mundo. No ten&iacute;a conciencia de ser lector, ni de la lectura ni de la literatura, ni de la traducci&oacute;n, ni de ninguna de estas facetas de la vida intelectual, porque para m&iacute; esa vida de libros y lecturas era tan com&uacute;n como respirar. Nosotros no pensamos, bueno, lleno de aire mis pulmones, y despu&eacute;s lo expulso, camino poniendo la pierna izquierda y despu&eacute;s la derecha. No pensamos, sino que resulta natural; para m&iacute; la relaci&oacute;n con los libros ten&iacute;a esa calidad, de cosa completamente autom&aacute;tica, natural. Tiempo despu&eacute;s descubr&iacute; otros aspectos: por ejemplo, que hab&iacute;a lenguas distintas. Durante mi primera infancia yo sab&iacute;a que -y sostiene un vaso en la mano- esto era un objeto que ten&iacute;a varios nombres, se llamaba glass, se llamaba sklenka, se llamaba&hellip; Y depend&iacute;a de con qui&eacute;n estuviese hablando para darle otro nombre. As&iacute; aprend&iacute; la diversidad del mundo, m&aacute;s all&aacute; de los r&oacute;tulos que damos a las distintas actividades intelectuales, como lectura, o escritura o traducci&oacute;n. Pero para volver a la pregunta, a mi relaci&oacute;n con la lectura, debo decir que mi relaci&oacute;n era autom&aacute;tica y casi inconsciente.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Una historia de la lectura</em> fue un aprendizaje de las distintas formas de relacionarnos con la palabra escrita&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">-Autor de una extensa obra literaria (donde podr&iacute;amos citar, entre otros textos, <em>Noticias del extranjero</em>, <em>El amante extremadamente puntilloso </em>o el muy recientemente traducido al portugu&eacute;s Todos los hombres son mentirosos<em>), </em>de abundantes ponencias, ensayos (&iquest;qui&eacute;n no recuerda su<em> </em><em>Gu&iacute;a de lugares imaginarios?), </em>y art&iacute;culos de muy variados temas.<em> </em>Alberto Manguel es un referente universal a la hora de abordar el acto de leer desde todos sus &aacute;ngulos a partir de<em> </em><em>Una historia de la lectura, </em>publicado en 1996. En perspectiva, &iquest;c&oacute;mo ha evolucionado su idea de la lectura en este tiempo?</p>
<p class="LO-normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="LO-normal">-A la edad de cuarenta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, m&aacute;s tal vez, tuve que escribir un art&iacute;culo para el <em>New York Times</em> despu&eacute;s de haber preparado un ensayo sobre las antolog&iacute;as. Me dije: bueno, voy a escribir sobre esta cosa que hago, que es leer, y fue all&iacute; donde empec&eacute; a reflexionar sobre la lectura. Hasta ese momento no hab&iacute;a pensado en qu&eacute; consist&iacute;a la lectura, de modo que el libro que escrib&iacute;, <em>Una historia de la lectura</em>, fue un aprendizaje de estas distintas formas de relacionarnos con la palabra escrita.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Y s&iacute;, mi idea de la lectura ha evolucionado. Cuando publiqu&eacute; <em>Una historia de la lectura</em>, en realidad no hab&iacute;a historias de la lectura. Ese mismo a&ntilde;o en que se public&oacute;, Roger Chartier hab&iacute;a reunido varios ensayos sobre la historia de la lectura, firmados por distintos especialistas, una cosa mucho m&aacute;s acad&eacute;mica, m&aacute;s seria. Recuerdo que cito a Robert Darnton, cuando en uno de sus libros dice que quiz&aacute;s tendr&iacute;a que haber una historia de la lectura, porque no exist&iacute;a. Hoy en d&iacute;a, sin embargo, es casi un g&eacute;nero literario, y todos han escrito su historia de la lectura: <em>Mi a&ntilde;o con Proust</em>, <em>Mi a&ntilde;o con Montaigne</em>, qu&eacute; libros le&iacute;a de ni&ntilde;o&hellip; incluso la editorial Ampersand tiene una colecci&oacute;n donde diferentes escritores cuentan su historia de la lectura.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">-&iquest;No hay nada nuevo, nada que resulte ahora diferente a nuestra relaci&oacute;n anterior con la lectura, previa al universo digital?</p>
<p class="LO-normal">A&uacute;n as&iacute; hay cosas nuevas que comentar: cuando escrib&iacute; el libro, la electr&oacute;nica estaba en sus inicios, al menos para m&iacute; como lector, ya que evidentemente hab&iacute;a comenzado a principios del siglo XX, pero yo no tuve mi primera computadora hasta mediados de los a&ntilde;os 80, una de esas viejas m&aacute;quinas, y siempre me he sentido inc&oacute;modo con la tecnolog&iacute;a electr&oacute;nica. Ahora que mis nietas manejan todas esas m&aacute;quinas como nosotros manej&aacute;bamos un l&aacute;piz, todav&iacute;a me siento muy extranjero en esa tecnolog&iacute;a, y sin culpabilidad. Mi hijo me dice que soy un torpe porque no s&eacute; c&oacute;mo manejar esta tecnolog&iacute;a de forma completa, para m&iacute; la computadora sigue siendo una m&aacute;quina de escribir m&aacute;s pr&aacute;ctica, porque no necesito hacer lo que hac&iacute;a cuando ten&iacute;a m&aacute;quina de escribir, aquello de cortar y pegar fuera de la m&aacute;quina, ya que ahora lo hace autom&aacute;ticamente&hellip; Pero todos estos peque&ntilde;os dibujitos que aparecen debajo de mi pantalla y que no uso ninguno, ni s&eacute; lo que quieren decir&hellip; Aprend&iacute; a usar Skype y Zoom durante el COVID porque ten&iacute;a que comunicarme con gente, pero por el momento no tengo m&aacute;s que el correo electr&oacute;nico y no dispongo de tel&eacute;fono m&oacute;vil, no tengo ninguna de esas otras cosas como TikTok o WhatsApp.</p>
<p class="LO-normal">Cuando escrib&iacute; <em>Una historia de la lectura</em>, lectura significaba lectura de textos, manuscritos o impresos. Despu&eacute;s extend&iacute; la idea de lectura: lectura del mundo, lectura de im&aacute;genes, lectura de la naturaleza, lectura de la expresi&oacute;n del rostro de los otros. Y por eso escrib&iacute; un segundo libro que se llama <em>Leer im&aacute;genes</em>, para extender esa noci&oacute;n. Pero a&uacute;n no me hab&iacute;a puesto a reflexionar sobre la lectura digital. Poco tiempo despu&eacute;s de acabar el primer libro me di cuenta de que eso estaba all&iacute; y de que quiz&aacute;s tendr&iacute;a que escribir sobre mi relaci&oacute;n con ese universo, y publiqu&eacute; un ensayo all&aacute; por principios de los a&ntilde;os noventa, que se llama &ldquo;De San Agust&iacute;n a la computadora&rdquo;, donde comparo el sistema de lectura que hubiese tenido San Agust&iacute;n con el sistema de lectura de una computadora. Afortunadamente no lo publiqu&eacute; como un cap&iacute;tulo de <em>Una historia de lectura</em>, porque lo que ocurre con esta tecnolog&iacute;a digital es que avanza tan r&aacute;pido que lo que nosotros podemos saber por la ma&ntilde;ana ya ha cambiado por la tarde, y publicar sobre eso es escribir un texto que queda obsoleto de inmediato.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Lectura digital y consumo</strong></p>
<p class="LO-normal">Nunca hasta finales de siglo XX y principios del siglo XXI, la tecnolog&iacute;a que sirve de soporte al texto hab&iacute;a tenido una extensi&oacute;n en el mundo econ&oacute;mico tan potente como las tiene ahora. Naturalmente, despu&eacute;s de Gutenberg, la imprenta cre&oacute; una industria del libro que creci&oacute;, pero no es nada comparada con la industria electr&oacute;nica, la industria electr&oacute;nica nos ha convencido de la necesidad de tener aparatos electr&oacute;nicos para cada una de las actividades de nuestra vida. Est&aacute; comprobada, en el mundo capitalista del consumidor, la idea de que el deseo es algo que creamos para desear. El mundo capitalista tiene que crear el deseo en el consumidor para que el consumidor desee consumir. Y es un deseo que nunca debe satisfacerse por completo, porque si no la industria se acabar&iacute;a. Entonces, se trata de la creaci&oacute;n de un deseo frustrado. Deseo frustrado de conocimiento de relaciones humanas, sexuales, intelectuales, de satisfacer los sentidos, nunca satisfechos del todo. La industria electr&oacute;nica ofrece ciertos instrumentos para que intentemos satisfacer ese deseo que nunca puede ser satisfecho; como toda tecnolog&iacute;a, el peligro no est&aacute; en la tecnolog&iacute;a misma, sino en el uso que hacemos de la misma. El cuchillo es un instrumento espl&eacute;ndido si lo empleamos para cortar el pan, pero podemos usarlo para asesinar a alguien, y en ese caso no es culpa del cuchillo ese crimen. Creo que no tenemos que limitar el poder del instrumento, de la tecnolog&iacute;a, para evitar que la empleemos mal; es decir, no tenemos que producir cuchillos sin filo. Tenemos que educarnos mejor. Este es el mismo problema que ahora ocurre con lo que llamamos inteligencia artificial.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><em>-Sin embargo, hay un debate encendido sobre la diferencia cognitiva entre leer textos en papel y en pantalla, que adem&aacute;s se complica cuando se trata de la lectura que realizamos como parte del estudio.</em></p>
<p class="LO-normal">Creo que la caracter&iacute;stica m&aacute;s extraordinaria de la lectura electr&oacute;nica es el distanciamiento que se produce entre el texto y su lector. Frente a un manuscrito, el lector estaba confrontado a una personalidad &uacute;nica, por m&aacute;s que el copista fuese un t&eacute;cnico extraordinario y no podamos reconocer f&aacute;cilmente el trazo de su mano, pero siempre va a haber una identidad en esa escritura, sea de un codex medieval o de una carta, como las que escrib&iacute;amos hasta mediados del siglo XX. Con la imprenta ocurre un distanciamiento. Ya no reconocemos en el texto impreso una personalidad del autor del texto, sin embargo, porque la imprenta no es id&eacute;ntica en cada caso, hay una relaci&oacute;n de valor, de jerarqu&iacute;a, de intimidad que se produce cuando leemos un texto en papel biblia de la colecci&oacute;n Aguilar o un texto en ese papel rudo de la colecci&oacute;n Austral. Esta correlaci&oacute;n existe, y hay notas en los m&aacute;rgenes, por lo que contin&uacute;a esa relaci&oacute;n personal del texto con el lector, aunque no sea tan &iacute;ntima como la del manuscrito. Con la tecnolog&iacute;a electr&oacute;nica ocurre de forma inmediata la demolici&oacute;n de las jerarqu&iacute;as: un texto en pantalla no tiene atributos jer&aacute;rquicos, no podemos saber si est&aacute; editado por Oxford University Press o por mi sobrina, que estaba jugando con la computadora, porque aparece exactamente igual. Y no solo esto, que en verdad ofrece al lector la ilusi&oacute;n de tener una relaci&oacute;n &iacute;ntima con ese texto con el que no tiene ninguna intimidad, ya que el lector tiene que crear la p&aacute;gina, como en la &eacute;poca de los rollos de papiro, tiene que crear la p&aacute;gina y buscar y proporcionar un contexto a ese texto. Pero la distancia que produce la ausencia de jerarqu&iacute;a hace que el texto se preste a una interpretaci&oacute;n cualquiera. Ya no hay l&iacute;mites.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Posmodernidad y lectura</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Si ya no hay l&iacute;mites a la interpretaci&oacute;n, frente a la que hab&iacute;a sido relaci&oacute;n tradicional con los textos, &iquest;cu&aacute;ndo ha comenzado esta especie de hermen&eacute;utica sin fronteras?</em></p>
<p class="LO-normal">Umberto Eco dec&iacute;a que los l&iacute;mites de la interpretaci&oacute;n coinciden con los l&iacute;mites del sentido com&uacute;n. Lamentablemente en nuestra &eacute;poca el sentido com&uacute;n ha desaparecido. No hay l&iacute;mites y cualquier texto que aparece en la pantalla puede ser recibido como verdad, aunque sea ficticio. De ah&iacute; las <em>fake news</em> y sus consecuencias nefastas. No encuentro culpa en la tecnolog&iacute;a, querr&iacute;a matizar, somos nosotros quienes hemos permitido esta lectura sin l&iacute;mites. Es un gesto que, si buscamos sus ra&iacute;ces, nace de la posmodernidad, nace de los gestos de Joseph Beuys o de de Andy Warhol diciendo que todos, todos, somos creadores, todos somos artistas, todos somos genios&hellip; que no es cierto, pero bueno, nos gusta creerlo. Todos somos hermosos, todos somos atractivos, todos somos inteligentes. No es cierto. Cada uno tiene su inteligencia particular, pero algunas inteligencias no sirven para una lectura honesta. Dir&iacute;a que el cambio fundamental que ocurri&oacute; en la segunda mitad del siglo XX en la lectura es el distanciamiento del lector con el texto, la falta de jerarqu&iacute;a de los textos y la posibilidad de distorsionar la lectura no de forma positiva, creativa, sino de formas mucho m&aacute;s nefastas de las que ocurr&iacute;an antes. Siempre hubo algo de esto; hace unos d&iacute;as le&iacute;a sobre una estela de piedra babil&oacute;nica donde se tall&oacute; un texto falso, modificando una fecha para que los sacerdotes de un templo no tuviesen que pagar impuestos. Este fen&oacute;meno de las <em>fake news</em> ha sucedido desde siempre, pero no es lo mismo modificar una estela de piedra que tomar cualquiera de los cientos de miles de textos que aparecen y leerlo a nuestra manera para satisfacer nuestros prejuicios y nuestra ignorancia.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Inteligencia artificial</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Al preparar esta entrevista, una vez listas las preguntas que me gustar&iacute;a hacerle, ped&iacute; a Chat GPT que propusiera una entrevista a Alberto Manguel. Como era de esperar, coincidimos en muchas aunque me parec&iacute;an, y esto lo digo sin vanidad, un poco menos perspicaces que las m&iacute;as, pero en general muy cercanas.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">Claro, porque lo que ocurre con nosotros es que de nuevo olvidamos que etiquetar algo no es solo etiquetarlo, sino censurarlo, definirlo y constre&ntilde;irlo. Ponemos en un libro <em>Historia de Espa&ntilde;a</em> y ya no es ficci&oacute;n. Cuando llamamos a eso inteligencia artificial, estamos diciendo, por un lado, que es inteligencia, que no lo es, y que es artificial, que tampoco lo es. Se trata, en verdad, de una mec&aacute;nica estad&iacute;stica que resulta similar, hasta un cierto punto, a nuestro sistema de pensamiento, en el sentido de que si yo tengo que contestar a su pregunta sobre qu&eacute; pienso de la historia de la lectura hoy, reviso en mi mente las estad&iacute;sticas que conservo, quiero decir estad&iacute;stica, no cifras sino la informaci&oacute;n que conservo en mi mente de mi experiencia de la lectura, a partir de un cierto momento, la reviso y saco una conclusi&oacute;n. La m&aacute;quina hace eso de una manera mucho m&aacute;s eficaz, ya que tiene mucho m&aacute;s informaci&oacute;n, pero no posee ese elemento de intuici&oacute;n, de emoci&oacute;n, de asociaci&oacute;n.</p>
<p class="LO-normal">Nosotros hemos creado, con ese instrumento que llamamos inteligencia artificial, una imitaci&oacute;n de nuestro sistema de pensamiento. El problema, como en las c&eacute;lebre <em>Imitaci&oacute;n de Cristo</em>, <em>De imitatione Christi</em>, es que no sabemos qu&eacute; estamos imitando. Tom&aacute;s de Kempis lo explica: una imitaci&oacute;n de Cristo, pero imitaci&oacute;n en la medida en que mi pobre mente humana puede leer las ense&ntilde;anzas de Cristo y entender a Cristo, que no lo podemos entender. Los fil&oacute;sofos &aacute;rabes medievales dec&iacute;an que Dios no se puede definir, porque si yo defino a Dios, yo soy Dios, y esa es una capacidad de entendimiento que no tengo. No sabemos c&oacute;mo razonamos, no sabemos qu&eacute; ocurre en nuestro cerebro cuando pensamos; s&iacute; podemos ver qu&eacute; zonas neurol&oacute;gicas se encienden con ciertos pensamientos, con ciertas lecturas, con ciertas actitudes, pero eso no significa que sepamos c&oacute;mo funcionan. Yo uso mi computadora y no tengo la menor idea de lo que est&aacute; sucediendo dentro. Cuando usted le pregunta a la inteligencia artificial qu&eacute; preguntas le puede hacer a Alberto Manguel, la inteligencia artificial recurre a todas las estad&iacute;sticas que almacena y saca una conclusi&oacute;n. Pero yo no s&eacute;, yo no lo he probado; por fortuna o desgracia, hay muchas cosas escritas sobre Alberto Manguel. Y si le pregunto a la inteligencia artificial por un nombre inventado&hellip; Alejandro Shoppenticken&hellip; y qu&eacute; preguntas le har&iacute;a&hellip; No s&eacute; si la m&aacute;quina sabr&iacute;a qu&eacute; preguntar, tal vez invente alguna cosa como inventamos a partir de cierto conocimiento de una persona, del tipo &iquest;est&aacute; casado? Debemos esperar y ver&hellip;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Correcci&oacute;n pol&iacute;tica y literatura</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Durante los d&iacute;as previos a esta conversaci&oacute;n las p&aacute;ginas de cultura han convocado a todo tipo de p&uacute;blico a un debate que tiene consecuencias m&aacute;s all&aacute; de los libros, como es el caso de las ediciones modificadas de textos cl&aacute;sicos de Roald Dahl o Agatha Christie, o de la literatura comercial de Ian Fleming, &iquest;debemos esperar una corriente de alteraciones que conforme casi una biblioteca paralela de libros &ldquo;correctos&rdquo;?</em></p>
<p class="LO-normal">Pero es una t&eacute;cnica muy, muy, muy antigua. Cu&aacute;ndo varios de los textos de la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica fueron traducidos o copiados durante la Edad Media, los copistas tambi&eacute;n alteraban ciertas cosas. Por ejemplo, lo vemos en los poemas de Catulo, el sexo de la persona a la que Catulo se dirig&iacute;a, para convencer a los lectores de que Catulo no era homosexual. Ocurre tambi&eacute;n en las reformas que encontramos en los traductores de <em>Las mil y una noches</em>: Mardrus evita aquello que puede herir la sensibilidad de sus lectores; la traducci&oacute;n es un campo f&eacute;rtil para la censura. Tambi&eacute;n est&aacute; presente en la edici&oacute;n. Por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XIX, el se&ntilde;or Thomas Bowdler dio origen a un verbo, <em>to bowdlerize</em>, expurgar, porque publicaba las obras de Shakespeare eliminando los elementos sexuales, o transformando los finales de las obras en finales felices: este es un sistema muy antiguo de censura.</p>
<p class="LO-normal">Nosotros tenemos la ilusi&oacute;n de progreso intelectual, pensamos que en el siglo XXI ya no sufrimos los prejuicios, los errores pol&iacute;ticos y morales que ten&iacute;amos en el pasado. Obviamente no es as&iacute;. Volvemos al fascismo, volvemos a la censura, volvemos a la teocracia. Es casi inevitable. Por supuesto, como lectores, deseamos resistirnos a estos actos de brutalidad, aut&eacute;nticas violencias contra el texto que no podemos permitir. Y lo que es m&aacute;s importante, ponemos en evidencia la presunci&oacute;n de estos editores, los que piensan que el p&uacute;blico no es lo suficientemente inteligente como para leer textos con perspectiva hist&oacute;rica, los que suponen que el lector se va a ofender con un comentario antisemita en una novela de Agatha Christie, o con un comentario racista, y que no ser&aacute; capaz de decir, &ldquo;bueno, esa era la forma de pensar com&uacute;n en los a&ntilde;os 30&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Esto se asocia a otro sistema de defensa que no le pedimos a nadie: en las universidades americanas hay un sistema de prevenci&oacute;n de ciertas escenas que pueden resultar chocantes para el lector en determinados textos. Cuando yo ense&ntilde;aba en la Universidad de Columbia recib&iacute; un memorandum diciendo que cuando hubiera una escena que pudiese chocar al lector, deb&iacute;a prevenir a mis estudiantes, por si no quer&iacute;an leerla en esas circunstancias. Imagine, escenas de violaciones en Ovidio, escenas de incesto en <em>Edipo</em>, escenas racistas en H<em>uckleberry Finn</em>, escenas antisemitas en Shakespeare... Dije que renunciaba completamente a hacer aquello, porque si no pod&iacute;a mostrar textos que chocaran a los j&oacute;venes, no quer&iacute;a ense&ntilde;ar. Ense&ntilde;ar textos anodinos, textos que ni fu ni fa, es una actividad in&uacute;til y, lo que es peor, convence a los j&oacute;venes de que esa literatura es insulsa, que no les va a dar nada. Solo cuando estamos confrontados a la brutalidad, a la violencia, a la pasi&oacute;n, al prejuicio literariamente expresado, es cuando podemos actuar como seres inteligentes.</p>
<p class="LO-normal">Tengo una convicci&oacute;n profunda, que no puedo demostrar, y es que la literatura, la buena literatura, es una literatura moral. No conozco un texto literario que yo llamase verdaderamente bueno -vamos a usar esa definici&oacute;n que es tan dif&iacute;cil de precisar. &ldquo;este es un texto que yo llamar&iacute;a bueno&rdquo;- que sea puramente racista, antisemita, mis&oacute;gino, cualquier prejuicio que quiera. &iquest;Por qu&eacute; digo esto? Porque la literatura que a m&iacute; me parece importante, la que perdura, la que nos llega profundamente, es necesariamente ambigua. <em>El Mercader de Venecia</em>, que tiene un elemento antisemita en los personajes, sin embargo no permite una lectura conclusivamente antisemita. Lo mismo ocurre con la misoginia en, por ejemplo, <em>La Fierecilla Domada</em>. Las compa&ntilde;&iacute;as de teatro reh&uacute;san montar <em>La Fierecilla Domada</em> sobre todo por la &uacute;ltima escena donde Catalina, la fierecilla, que es una mujer independiente, que no quiere depender de los hombres, acepta la tiran&iacute;a del marido, y no solamente la acepta, sino que adem&aacute;s ense&ntilde;a a las otras mujeres a obedecer a sus maridos. Por supuesto, es un horror en la &eacute;poca del <em>#MeToo</em> y el feminismo. Pero aqu&iacute; est&aacute; la magia de Shakespeare. he visto una puesta en escena de la obra que en esa &uacute;ltima escena, sin cambiar una palabra, presentaba a la actriz recitando las instrucciones para obedecer al marido con l&aacute;grimas en los ojos, con un dolor evidente, como si la estuviesen torturando. Es imposible escuchar y ver esa escena pensando que ella est&aacute; convencida, es como un prisionero que est&aacute; siendo torturado y que confiesa, y sabemos que no confiesa la verdad. Esto est&aacute; en Shakespeare, y por eso es gran literatura. Pienso en Borges, que en su vida personal ten&iacute;a declaraciones racistas espantosas, como reproduce el diario de Bioy Casares: no hay nada en su obra que sea as&iacute;, porque la literatura no se lo permite; aunque &eacute;l quisiera, la literatura no se lo permitir&iacute;a; era un gran escritor y se trata de las estrategias de la gran literatura. Lo mismo ocurre con Louis-Ferdinand C&eacute;line, para m&iacute; uno de los m&aacute;s o el m&aacute;s grande novelista del siglo XX. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; su antisemitismo? se encuentra en esos panfletos que no valen nada, lo mismo pasa con Pablo Neruda. Un gran poeta. Pero cuando escribe <em>Incitaci&oacute;n al nixonicidio</em> sab&iacute;a que eso no era poes&iacute;a, no era nada, era una declaraci&oacute;n como el berrinche de un ni&ntilde;o malcriado. Los escritores lo saben, pero los lectores tendr&iacute;an que saberlo tambi&eacute;n.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Del libro a la creaci&oacute;n audiovisual</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Hablamos de literatura rodeados de libros. Sin embargo, si en vez de estos libros maravillosos estuvi&eacute;semos hojeando ahora mismo los documentos oficiales de la Uni&oacute;n Europea sobre cultura, apenas encontrar&iacute;amos referencias a la edici&oacute;n y la cultura escrita, y s&iacute; muchas m&aacute;s a la audiovisual. &iquest;Ha perdido presencia la lectura y la literatura en el horizonte cultural?</em></p>
<p class="LO-normal">D&eacute;jeme decir dos cosas. Ayer o anteayer le&iacute; que 2022 fue el a&ntilde;o en que, en el Reino Unido, se publicaron m&aacute;s libros que nunca y fueron comprados m&aacute;s libros que nunca. Segunda parte de la respuesta: cada vez que aparece una nueva tecnolog&iacute;a, y el videojuego es una nueva tecnolog&iacute;a, esa nueva forma de arte declara que la tecnolog&iacute;a anterior ha muerto y toma de la antigua su vocabulario y lo transforma. Lo mismo ocurri&oacute; con la fotograf&iacute;a y la pintura. Nace la fotograf&iacute;a bajo el lema &ldquo;la pintura ha muerto&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hace la fotograf&iacute;a? Retratos, naturalezas muertas, paisajes. Conceptos que vienen de la pintura. Y, claro, la pintura no muere, pero toma de la fotograf&iacute;a elementos de hiperrealismo y dem&aacute;s; lo mismo sucede con el cine y el teatro, lo mismo con el los v&iacute;deo y el cine, lo mismo con los videojuegos y la novela, porque finalmente son otras formas narrativas. Es un proceso fruct&iacute;fero y que, como siempre, depende del resultado; hay videojuegos que son extraordinarios, hay novelas gr&aacute;ficas que son extraordinarias y hay otras que son muy malas, como hay novelas muy malas y poemas muy malos. Una tecnolog&iacute;a no garantiza la calidad de sus productos, es simplemente una tecnolog&iacute;a.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><em>-Entonces podemos estar tranquilos</em>, seguros de esa permanencia de la sabidur&iacute;a de lo escrito&hellip;</p>
<p class="LO-normal">Bueno, nunca podemos estar tranquilos porque siempre est&aacute; el grito fascista de &ldquo;Viva la muerte&rdquo; qu&eacute; estamos sintiendo ahora en todo el mundo, sea en Ucrania, sea en Estados Unidos Tambi&eacute;n aquello que est&aacute; ocurriendo en la guerra por las armas en Estados Unidos, que tambi&eacute;n tiene como grito de batalla &ldquo;Viva la muerte&rdquo;. Durante la toma del Capitolio, en una de las banderas aparec&iacute;an las palabras del general espartano Le&oacute;nidas: <em>&mu;&omicron;&lambda;ώ&nu; &lambda;&alpha;&beta;έ</em>. &ldquo;&iquest;Me est&aacute;s atacando? Ven a buscar mis armas, ven a tomar mis armas&rdquo;. Volvemos a esa idea: las armas nos van a defender.</p>
<p class="LO-normal">Esto resulta inconcebible, pero es la realidad, los Estados Unidos se han convertido en una sociedad que prefiere la respuesta de las armas a la respuesta de la palabra. Esta ma&ntilde;ana le&iacute; que un muchacho negro de 16 a&ntilde;os hab&iacute;a llamado a una puerta equivocada, iba a buscar a su hermano en otra casa y cuando llam&oacute; a la puerta por error el propietario sac&oacute; una pistola y le dispar&oacute;, sin hacer ninguna pregunta: <em>shoot first</em> <em>and ask questions afterwards</em>. En ese contexto, la palabra tiene que reafirmar su importancia. Somos, o decimos que somos, seres racionales porque tenemos la palabra. Pero estamos enfrentados siempre por esta pasi&oacute;n suicida que alberga nuestra especie.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Dante</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Esta visi&oacute;n de una naturaleza humana presa de las pasiones nos lleva a preguntar por Dante, una de sus debilidades&hellip;</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">A&uacute;n seguimos en el Infierno y jugando los juegos del Infierno y dem&aacute;s, cuando la revelaci&oacute;n final se hace en los &uacute;ltimos versos del Para&iacute;so, el Infierno es un pr&oacute;logo. El error est&aacute; en nuestra fascinaci&oacute;n con la violencia. Stevenson dec&iacute;a que cuando se paseaba por Edimburgo, ve&iacute;a los r&oacute;tulos en que los arquitectos presbiterianos hab&iacute;an escrito algunos de los Diez Mandamientos sobre las fachadas de las casas grises. Y &eacute;l, como hombre joven, llamaba a aquello <em>Tentaci&oacute;n invertid</em>a, es decir, ve&iacute;a &ldquo;no desear&aacute;s a la mujer de tu pr&oacute;jimo&rdquo; y &eacute;l, a quien no se le hab&iacute;a ocurrido nunca, dec&iacute;a &ldquo;Ah, pero la mujer de mi pr&oacute;jimo es tan guapa&hellip;&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Leemos determinadas cosas, como el Infierno, como si fuesen tentaciones invertidas, como fascinaciones invertidas, y esos castigos los entendemos como vemos pel&iacute;culas violentas, y no pensamos que esos castigos est&aacute;n all&iacute;, ante todos, construidos por los mismos pecadores. Dios no construye los castigos, construy&oacute; el lugar del infierno. Pero lo que ocurre en el infierno es consecuencia de nuestros actos y debemos entender, como Dante, que se trata de la demostraci&oacute;n de lo contagioso del pecado: cuando Dante est&aacute; en el infierno, en el c&iacute;rculo de los traidores se contagia de traici&oacute;n. Y se convierte en traidor de su propia palabra. No lo vemos porque somos lectores superficiales. Siempre fuimos superficiales y siempre el porcentaje de buenos lectores, por llamarlos as&iacute;, o lectores m&aacute;s o menos buenos, fue m&iacute;nimo. Pero todav&iacute;a la lectura de la literatura es siempre generosa y paciente y nos espera.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Experiencia portuguesa: <em>Espa&ccedil;o Atl&acirc;ntida</em></strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Si la entrevista se realiza en Lisboa es porque Alberto Manguel es, desde hace unos a&ntilde;os, vecino de la ciudad, a la que lleg&oacute; junto con su m&iacute;tica biblioteca y donde ultima la apertura del Espacio Atl&aacute;ntida, un centro cultural y de estudios centrado en esos fondos, que ha donado a Portugal y que estar&aacute;n a disposici&oacute;n de lectoras y lectores a partir del 25 de abril de 2024. Lisboa y Portugal se suman a un Atlas que hasta el momento estaba presidido por los mapas de Am&eacute;rica -de Argentina a Canad&aacute;-, Espa&ntilde;a o Francia.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">Todos llevamos una suerte de geograf&iacute;a imaginaria en nuestra cabeza, no necesariamente compuesta de espacios reales, sino de espacios experimentados emocionalmente, intelectualmente. Mi geograf&iacute;a imaginaria se conforma tambi&eacute;n de espacios geogr&aacute;ficos, tiene ciudades como Venecia, Buenos Aires, Par&iacute;s, Madrid. Pero nunca hab&iacute;a estado en Portugal, no aparec&iacute;a en ese espacio.Hab&iacute;a le&iacute;do algunos autores portugueses, pero sin pensar en la literatura portuguesa. Lo m&aacute;s cerca que estuve de la literatura portuguesa fue cuando estudi&eacute; en el colegio secundario a Rosal&iacute;a de Castro, y se trata de una autora gallega, que escribe en ese gallego tan cercano al portugu&eacute;s, pero nunca me acerqu&eacute; ni a esa lengua ni a esa literatura. Ah, pero la vida escribe novelas con cap&iacute;tulos sorpresa. Nunca hubiese esperado que a esta altura de mi vida -cumpl&iacute; 75 a&ntilde;os ahora- otro espacio geogr&aacute;fico se integrase de tal manera en mi imaginaci&oacute;n. Cuando me fue ofrecida la posibilidad de donar mi biblioteca a la ciudad de Lisboa, con la posibilidad de montar alrededor de esa biblioteca un Centro Cultural, en un Palacio que pertenece a la ciudad de Lisboa y con un equipo de bibliotecarios, pens&eacute;: esto es un milagro. Nunca hubiese imaginado que suceder&iacute;a esto. En diferentes momentos trat&eacute; de instalar mi biblioteca, de donar mi biblioteca -naturalmente, de modo completamente gratuito. Se ofreci&oacute; a la ciudad de Nueva York, a la Ciudad de M&eacute;xico, a Estambul, a la ciudad de Quebec&hellip;y, bueno, llegaba hasta un cierto punto y no se realizaba, porque no solo consiste en donar la biblioteca, alguien tiene que gestionarla tras ese momento y debe haber un presupuesto para su funcionamiento, de modo que cuando lleg&oacute; la oferta de Lisboa, fue muy especial.</p>
<p class="LO-normal">En realidad no conoc&iacute;a Lisboa, hab&iacute;a venido a Lisboa varias veces invitado por la Fundaci&oacute;n Gulbenkian para dar conferencias, llegaba una noche y me iba. Hab&iacute;a estado en Coimbra, una vez a Porto, nada m&aacute;s. Y, de pronto, ya que mi biblioteca ven&iacute;a aqu&iacute;, decid&iacute; instalarme en Lisboa y acercarme a una identidad nueva. He tenido que aprender una lengua que no conoc&iacute;a, porque siempre he pensado que si uno vive en un pa&iacute;s debe hablar la lengua de ese pa&iacute;s, no tiene derecho a permanecer extranjero en su lengua. Borges, cuando tuvo la posibilidad de ir, ya muy enfermo, a Jap&oacute;n, dijo: no quiero morir en una lengua que no conozco. Yo tampoco, no quiero morir en una lengua que no conozco, por eso estoy estudiando portugu&eacute;s, hablando portugu&eacute;s, y descubro una literatura extraordinaria. Mi paisaje imaginario se ha ampliado.</p>
<p class="LO-normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="LO-normal"><em>-Algunos nombres de la literatura portuguesa contempor&aacute;nea, sin duda, resultan muy cercanos a la sensibilidad de Alberto Manguel, incluso a su propia literatura, desde Gonzalo M. Tavares a Eduardo Louren&ccedil;o o, incluso, Maria Gabriela Llansol.</em></p>
<p class="LO-normal">Claro, s&iacute;, Gon&ccedil;alo M. Tavares, un autor al que hab&iacute;a le&iacute;do desde sus primeros libros y para el que he escrito pr&oacute;logos en ediciones francesas y espa&ntilde;olas. Y como a Tavares, yo hab&iacute;a le&iacute;do a Saramago, hab&iacute;a le&iacute;do a Pessoa, y sobre todo a Lobo Antunes, que para m&iacute; es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo. Pero a los otros los descubr&iacute; aqu&iacute;.</p>
<p class="LO-normal">A Eduardo Louren&ccedil;o lo conoc&iacute; a trav&eacute;s de uno de mis editores franceses, cuando viv&iacute;a en Francia, y simpatizamos, yo lo quer&iacute;a mucho, ten&iacute;a una gran inteligencia&hellip; es un fen&oacute;meno curioso, porque si Eduardo Louren&ccedil;o hubiese sido franc&eacute;s o italiano o americano, el mundo lo hubiese conocido. Como portugu&eacute;s, con esa modestia portuguesa, este gran fil&oacute;sofo apenas traducido en ingl&eacute;s en franc&eacute;s un poco m&aacute;s, pero bueno, merece ser m&aacute;s conocido.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>Un paseo con Alberto Manguel por la lectura, la inteligencia artificial y la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, hasta Dante, la literatura portuguesa y su nueva Atl&aacute;ntida</strong><strong></strong></p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 05:59:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mercedes Monmany: “La corrupción mental se instala, deprime los valores y cuesta desprenderse de ella”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mercedes-monmany-la-corrupcion-mental-se-instala-deprime-los-valores-y-cuesta-desprenders-de-ella/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/MERCEDES_MONMANY_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MERCEDES MONMANY: &ldquo;LA CORRUPCI&Oacute;N MENTAL SE INSTALA, DEFORMA LOS VALORES Y CUESTA DESPRENDERSE DE ELLA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La historia desagua en la enciclopedia y la cr&iacute;tica, en el ensayo. Estos son los centros que dominan la actividad literaria de Mercedes Monmany. Si Gombrowicz logr&oacute; un <em>Curso de filosof&iacute;a en seis horas y cuarto</em> en ciento cincuenta p&aacute;ginas, lo que sigue bien podr&iacute;a considerarse un seminario de literatura contempor&aacute;nea. Milan Kundera, fallecido hace unas jornadas, ser&aacute; la gu&iacute;a de esta conversaci&oacute;n. &Eacute;l ha sido un pilar en las lecturas de nuestra entrevistada, junto a los exyugoslavos Danilo Ki&scaron; e Ivo Andrić y a los checos Bohumil Hrabal y V&aacute;clav Havel, menos conocido como dramaturgo que en su faceta pol&iacute;tica. Monmany se reconoce parte de una generaci&oacute;n que, en la universidad, ley&oacute; el <em>Cuarteto de Alejandr&iacute;a</em>, de Durrell, al mismo tiempo que <em>La broma</em> y <em>La vida est&aacute; en otra parte</em>, de Kundera. &ldquo;Estos autores nos sirvieron a muchos j&oacute;venes de la Europa occidental -y de Espa&ntilde;a, en concreto- para conocer las dictaduras de la Europa Central y del Este. Eran la otra cara de la nuestra, pero muy desconocidas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y apoyadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Incluso. Y mire que tuvimos oportunidades para despertar: los h&uacute;ngaros tuvieron su revoluci&oacute;n fracasada en el 56. Los checos, la Primavera en el 68. Y en julio del 80, los polacos empezaron las revueltas de Gdańsk, lideradas por Lech Wałęsa. Todo esto era muy poco atendido. Durante mucho tiempo, las izquierdas occidentales no quisieron ver el sufrimiento europeo. Se supone que, en esos pa&iacute;ses, los dirigentes apoyaban la lucha contra Franco, o que combat&iacute;an las dictaduras de derechas -Salazar-, y con eso bastaba. Al dolor que sufr&iacute;an los opositores al comunismo se le quitaba importancia. Hab&iacute;a que estarlo ah&iacute; padeciendo en el d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Kundera analiz&oacute; la impregnaci&oacute;n del pensamiento totalitario en la vida cotidiana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En la vida social, s&iacute;. Tambi&eacute;n Czesław Miłosz, en <em>El pensamiento cautivo</em>. Las ideas llegaban a ocupar todas las capas del arte, lo sabemos tambi&eacute;n por los procesos del realismo socialista ruso. La libertad se alcanza en el arte a la vez que en la pol&iacute;tica. No quiero jugar a visionaria y decir que no volver&aacute; a salir alguien con su energ&iacute;a, pero para m&iacute; Kundera ha sido insustituible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me interesa el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Acaba de referir grandes nombres con el Nobel -Andrić, Miłosz...-. Kundera se va sin &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Deber&iacute;an hab&eacute;rselo concedido. Es una tara que padecemos. Un galard&oacute;n m&aacute;s o menos no aporta especial significado, pero es un reconocimiento que merec&iacute;a. Al final, estas literaturas no reciben la atenci&oacute;n que merecen, a pesar de que no han faltado miradas cosmopolitas. Susan Sontag tiene unos ensayos buen&iacute;simos sobre Danilo Ki&scaron;, el James Joyce de la Europa Central. Yo siempre he buscado estos vig&iacute;as culturales que, adem&aacute;s de fabricar buenas obras de creaci&oacute;n, han dejado huella en la teor&iacute;a de la novela, as&iacute; como en algo que me interesa: en el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias. La obra Adam Zagajewski [de quien fue amiga] refleja el mundo oscuro de la persecuci&oacute;n al disidente, de la paranoia de los delatores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Kundera fue acusado, en 2008 y 2009, de delator o, al menos, de colaboracionista,.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -... de delator, s&iacute;. Durante un tiempo lo castigaron porque se expandi&oacute; el rumor que, de joven, hab&iacute;a participado en delaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; cr&eacute;dito le merece? G&uuml;nter Grass, al final de su vida, sin que nadie le preguntara, confes&oacute; una pertenencia muy antigua a las SS.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Son operaciones. Cuando un genio cobra respeto y alcance internacional, a menudo hay alguien que saca lo que sea. Lo hicieron con Kapuściński, de quien todos conocemos sus cr&oacute;nicas, sus viajes. &iquest;Que ten&iacute;a tratos con el r&eacute;gimen porque, en caso contrario, no habr&iacute;a podido viajar?... En estos reg&iacute;menes todo era tan difuso... y los calumniadores no descansan. Le&iacute; con pasi&oacute;n las novelas de Kundera y, despu&eacute;s, con deslumbramiento sus ensayos: <em>El arte de la novela</em>, <em>Los testamentos traicionados</em>&hellip; su teatro, <em>Jacques y su amo</em>. Su pensamiento cultural gira alrededor de la pol&iacute;tica tanto como del arte. Eso s&iacute;, perteneci&oacute; al Partido Comunista en su juventud.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Como tantos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Pero tantos! Recuerdo que, con veintipico a&ntilde;os, conoc&iacute; a unos cuantos intelectuales polacos. Estaban el croata Predrag Matvejevic, el polaco Adam Michnik&hellip; y coment&eacute; que me gustaba Kazimierz Brandys, que hab&iacute;a publicado en Anagrama, y a&ntilde;ad&iacute; ingenuamente: &ldquo;Bueno, creo que perteneci&oacute; al Partido Comunista&rdquo;. Hicieron un gesto, alargando el brazo, como quitando importancia al hecho, como diciendo &lsquo;qui&eacute;n no ha pertenecido&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Szymborska dedic&oacute; poemas a Stalin.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [ahora es Monmany la que reproduce el gesto con el brazo] Ella tiene un comienzo muy ortodoxo. Eran j&oacute;venes que hab&iacute;an soportado la larga posguerra europea. Se met&iacute;an en partidos muy potentes y luego se apartaban... &Eacute;se era el proceso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo que importa es la obra&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era un mundo bipolar. Entonces, a&ntilde;os 30, 40, 50, no s&eacute; si cab&iacute;a ser antifascista sin ser comunista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - De eso quiero hablar justamente en mi pr&oacute;ximo libro: c&oacute;mo muchos j&oacute;venes quedaban absorbidos por ideolog&iacute;as ante las que ahora nos llevamos las manos a la cabeza. Lo hac&iacute;an con tal de formar parte de la resistencia al fascismo. Lo importante es que la gente v&aacute;lida se acababa separando. La propia Szymborska, el propio Kundera...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &hellip; Miłosz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Al pobre Miłosz le calumnian, como &eacute;l dec&iacute;a, por todos lados. Se fue a Estados Unidos, volvi&eacute;ndose un blanco muy generador de odios. Al igual que en otros casos, le llega el triunfo y le sacan de todo. Fue la misma &eacute;poca en que atacaron a Kapuściński, vuelvo a &eacute;l, con una biograf&iacute;a vergonzosa, llena de miserias, asuntos de mujeres...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - ... sensacionalista...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &hellip; retrospectivamente amarillista. Una cosa es que sigas tocando la misma tecla ideol&oacute;gica, sin un <em>mea culpa</em>. Pero estamos hablando de personas a las que les avala una obra. &iexcl;La obra de Kundera es profundamente antitotalitaria! O era bipolar y ment&iacute;a... [con retint&iacute;n] A m&iacute; lo que me interesa de Szymborska son sus escritos, su conciencia profundamente contraria a cualquier r&eacute;gimen represivo. Lo que importa es la obra.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses, no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;La liberaci&oacute;n de Europa pierde encanto si pensamos que, detr&aacute;s, estaba la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica? Era un &lsquo;qu&iacute;tate t&uacute; para ponerme yo&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La pol&iacute;tica de los grandes bloques llev&oacute; a eso. &iquest;Que unos sustituyen a los otros? Pues s&iacute;. Por eso me resulta una obligaci&oacute;n insistir en la crueldad hist&oacute;rica a que se refiere. En el sadismo inmenso que han recibido estos pa&iacute;ses. Echan a los nazis, con lo que ello significa -muertos, internamientos en campos, sufrimiento colectivo&hellip;- y, al d&iacute;a siguiente, los sovi&eacute;ticos. En Espa&ntilde;a, les digo a mis amigos extranjeros, pasamos una Guerra Civil, pero no participamos en ninguna guerra mundial. Y hubo dos. Tampoco padecimos una invasi&oacute;n sovi&eacute;tica ni conocimos los campos nazis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni hubo persecuci&oacute;n de jud&iacute;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La persecuci&oacute;n de jud&iacute;os fue muy ambigua, muy &lsquo;de palabra&rsquo;. Apelar a la &lsquo;confabulaci&oacute;n judeomas&oacute;nica&rsquo;. Nada m&aacute;s. Sabemos por el embajador de Budapest, &Aacute;ngel Sanz-Briz, y por otros que, encubierto, exist&iacute;a un acuerdo con los sefard&iacute;es. Pasaba el mayor n&uacute;mero de jud&iacute;os por nuestras fronteras para luego, desde Portugal, embarcar hacia Am&eacute;rica e Israel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pa&iacute;ses no albergaron campos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Adem&aacute;s del nuestro, Suiza e Inglaterra. Los hubo hasta en el norte de Italia: Claudio Magris escribi&oacute; sobre los de Trieste. El proceso fue traum&aacute;tico. Stalin dividi&oacute; en dos a Europa y nadie se atrevi&oacute; a enfrentarse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni a &eacute;l ni al resto de dictaduras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Efectivamente. Nadie vino a salvarnos. Cuando las dictaduras se implantaban, se las dejaba continuar. No vinieron aviones estadounidenses a bombardear el Pardo. Hab&iacute;a una Guerra Fr&iacute;a y los reg&iacute;menes quedaban intactos. S&eacute; que muchas veces tocaba una dictadura o la otra, pero me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses, no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hungr&iacute;a y Polonia son democracias vigiladas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se dice que los de Hungr&iacute;a y Polonia incluyen tendencias autoritarias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tiene que ver, supongo, con el modo en que los habitantes se han criado. Hasta cierto punto, en alguna cosa, imitan a quienes expulsaron. Son democracias vigiladas. La Uni&oacute;n Europea emite sanciones. Es un proceso colectivo que merece estudio. No quieres tiran&iacute;a y luego manifiestas cierta inclinaci&oacute;n. Lo analiz&oacute; Miłosz: la corrupci&oacute;n mental se instala, motivando una especie de deformaci&oacute;n en los valores. Cuesta desprenderse de ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la pulsi&oacute;n europe&iacute;sta de Monmany naci&oacute; <em>Por</em><em> las fronteras de Europa</em> (2015), un total de 320 autores que van de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos a la literatura turca. El libro, prologado por Claudio Magris, contempla a Israel. &ldquo;Es una tierra de emigrantes europeos. Israel se construye a partir de Europa y de la tragedia de la Shoah&rdquo;. Se quedaron fuera dos temas, que dominaron las siguientes entregas: la Shoah y los exilios, en <em>Ya sabes que volver&eacute;</em> (2017) y en <em>Sin tiempo para el adi&oacute;s</em> (2021). En el primero, en vez de registrar nombres, una tarea infinita, se fij&oacute; en el posicionamiento de los intelectuales. Parti&oacute; del ensayo de Jean Am&eacute;ry <em>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</em> -<em>Intellettuale a Auschwitz</em>-. El tema segu&iacute;a siendo demasiado amplio, as&iacute; que escribi&oacute; un nutritivo pr&oacute;logo de medio centenar de p&aacute;ginas y se centr&oacute; en tres figuras: Gertrud Kolmar, prima de Walter Benjamin, Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky y Etty Hillesum, que recomienda a cualquiera. &ldquo;Una excelente diarista. Me cambi&oacute; la vida&rdquo;. Murieron a los 29, 39 y 49 a&ntilde;os. &ldquo;Con cada una, asesinan una obra, l&oacute;gicamente, no s&oacute;lo a una persona&rdquo;. En el diccionario europeo queda una parte en blanco -o una parte negra, seg&uacute;n se mire-: los escritores adolescentes a los que mataron. Monmany cree que muchos podr&iacute;an haber sido figuras. En este apartado se encuentran, por citar s&oacute;lo cinco: Ana Frank, H&eacute;l&egrave;ne Berr -muerta a los 23-, &Eacute;va Heyman -a los 13-, Petr Ginz -a los 16- y, aunque m&aacute;s mayor, la misma Etty Hillesum, &ldquo;lectora apasionada de Rilke y de San Agust&iacute;n&rdquo;. El segundo libro est&aacute; dedicado a las expatriaciones generadas por las dictaduras, de los dos signos. &ldquo;Muchos mueren exiliados: S&aacute;ndor M&aacute;rai se pega un tiro un mes antes de la ca&iacute;da del muro, en su soledad de San Diego, Estados Unidos&rdquo;. Su &uacute;ltimo libro hasta la fecha <em>Del Drina al V&iacute;stula</em> (2023), de alguna manera, tiene algo que ver: recoge lecturas de treinta escritores centroeuropeos que encarnan el acoso y derribo del nazismo y, m&aacute;s todav&iacute;a, del comunismo. Todos, resulta espectacular, todos los autores, fueron perseguidos y/o censurados: Adam Zagajewski, Zbigniew Herbert, Wislawa Szymborska, J&oacute;sef Czapski, Mircea Cărtărescu, Ana Blandiana, Gabriela Adamesteanu y Tatiana Tibulec, por dejar la n&oacute;mina en cuatro polacos y en cuatro rumanos. Daba igual la sensibilidad social de cada uno. Dedicarse al pensamiento y la creaci&oacute;n parec&iacute;a sin&oacute;nimo de quedar marcado. Es la continuaci&oacute;n de casos rese&ntilde;ados en <em>Ya sabes que volver&eacute;</em>: Robert Margolius, superviviente de los campos y ejecutado en las purgas estalinistas en Checoslovaquia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No faltan en sus libros pasajes en los que le resulta inevitable citar autores con una trayectoria vital, digamos, mejorable. &iquest;Deber&iacute;amos separar definitivamente autor de obra?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo creo que s&iacute;. Por repugnante que sea la vida que ha llevado la persona: de la ferocidad antisemita de C&eacute;line se sorprend&iacute;an los propios nazis. Acud&iacute;a a una exposici&oacute;n de Arte Degenerado y, a la salida, se quejaba de que faltaba agresividad en las propuestas. Pero luego se demuestra un escritor admirable. Es algo diab&oacute;lico. M&aacute;s colaboracionistas menos conocidos internacionalmente: Drieu La Rochelle...</p>
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<p><strong>&ldquo;El nacionalismo no me gusta en ning&uacute;n aspecto&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; pasa con Ernst J&uuml;nger?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me he le&iacute;do sus diarios y no encuentro afirmaciones contra los jud&iacute;os ni rasgos de antisemitismo. Sin embargo&hellip; era un militar alem&aacute;n. Es decir, estaba escribiendo una gran obra al tiempo que <em>invadiendo </em>Europa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No olvidemos a los que rectifican&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&hellip; que se vuelven respetables: Cioran pidi&oacute; perd&oacute;n por haber sido fascista. En alg&uacute;n momento lo dice: &ldquo;Errores de juventud&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pound se a&iacute;sla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se hace el loco y se a&iacute;sla. Mircea Eliade jam&aacute;s pide perd&oacute;n. Es duro. Una vez, en un caf&eacute;, me atendi&oacute; un rumano que parec&iacute;a culto -el nivel cultural de Ruman&iacute;a es alto-. Pero no es lo mismo ser que parecer: le coment&eacute; que me gustaba su pa&iacute;s, que lo hab&iacute;a visitado varias veces y que me cautivaban sus escritores. No s&eacute; por qu&eacute;, me sali&oacute; que acababa de escribir sobre Mihail Sebastian. &ldquo;&iexcl;Ah, fue usted! La que dijo que los rumanos somos antisemitas&rdquo;. Dios m&iacute;o, yo jam&aacute;s he dicho eso, pero s&oacute;lo con que aludas a uno... El nacionalismo no me gusta en ning&uacute;n aspecto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;C&oacute;mo sigui&oacute; la discusi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Bueno, le aconsej&eacute; disfrutar de sus grandes escritores al mismo tiempo que reconocer el aspecto biogr&aacute;fico de cada uno. Es como si un franc&eacute;s se ofende porque digo que la actitud moral de C&eacute;line, grand&iacute;simo escritor, me parece repugnante. Espero que no. Si es una persona culta, no deber&iacute;a. Aquel camarero no sab&iacute;a deslindar.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo ideal es que el periodista cumpla unas reglas &eacute;ticas b&aacute;sicas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - De Kapuściński se ha citado mucho aquello de &lsquo;Un buen periodista tiene que ser una buena persona&rsquo;. &iquest;Esa frase no ha hecho mal a la profesi&oacute;n? El periodista igual tiene que ser honesto, simplemente; y luego, como persona, lo que quiera o pueda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sin ser periodista, he frecuentado las redacciones desde los 21 a&ntilde;os y creo que esa enunciaci&oacute;n pertenece, nada m&aacute;s, a las llamadas &lsquo;frases de titular&rsquo;. Quiero entender a qu&eacute; se refiere: no hay que ser, blablabl&aacute;, ya sabe la lista de pecados: manipulador, mentiroso, malintencionado&hellip; Imagino que lo sintetiz&oacute; de ese modo y ahora le persigue.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un tanto naif.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, lo ideal es que el periodista cumpla unas reglas &eacute;ticas b&aacute;sicas. La deontolog&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O sea, que sea buen periodista -no buena persona-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -El problema del periodismo es que, igual que la literatura, es una <em>profesi&oacute;n</em> basada en la palabra. Se me ocurre. Un ingeniero puede ser un desgraciado y hacer buenos puentes. Un arquitecto puede ser un fan&aacute;tico y levantar edificios bellos. Nosotros trabajamos con la palabra, y la palabra va muy ligada a la persona. Seguramente, &eacute;l se refer&iacute;a a los intelectuales. Utiliz&oacute; el t&eacute;rmino <em>periodista</em>, pero se refer&iacute;a a ellos, ese n&uacute;cleo que, si no est&aacute; en una conferencia, anda escribiendo un art&iacute;culo o dando clase en una universidad. Son oficios que tienen que ver con la divulgaci&oacute;n, con la construcci&oacute;n de la memoria, con el humanismo. No son profesiones t&eacute;cnicas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique d&oacute;nde est&aacute; el bien y d&oacute;nde est&aacute; el mal&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El relativismo ha hecho mella en todas las &aacute;reas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo dir&iacute;a que nos hemos liberado de las religiones, pero debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique d&oacute;nde est&aacute; el bien y d&oacute;nde est&aacute; el mal. Hablo de profesiones sensibles: periodista, profesor, historiador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay historiadores negacionistas. Pocos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues a esos s&iacute; se les podr&iacute;a decir, uno a uno: &ldquo;Usted, aparte de mal historiador, es un mentiroso, lo que equivale a una mala persona, porque los campos nazis est&aacute;n perfectamente documentados. Hay fotos, archivos de variado tipo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes ha citado la Shoah. A veces salpica los libros de referencias cinematogr&aacute;ficas. Qu&eacute; documental prefiere: &iquest;el de Lanzmann o el de Resnais, <em>Noche y niebla</em>, m&aacute;s est&eacute;tico?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Como cin&eacute;fila, siempre me quedar&iacute;a con Alan Resnais. El documental de Lanzmann tiene el valor de la entrevista, una joya dentro del campo documental. Siempre se tendr&aacute; que estudiar. El de Resnais, m&aacute;s est&eacute;tico, como usted dice, no me parece menos profundo. Y en cuanto a la ficci&oacute;n de los hechos, igual me quedar&iacute;a con <em>Au revoir les enfants</em>, de Louis Malle, sobre su infancia. Los ni&ntilde;os en las escuelas. La versi&oacute;n de la historia estadounidense es <em>La lista de Schindler</em>, de Spielberg. Est&aacute; bien hecha.</p>
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<p><strong>&ldquo;Del cine me fijo en lo mismo que en la literatura: el caudal informativo que ofrece de la historia de los pa&iacute;ses&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Para usted el cine parece casi tan importante como la literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sin el casi. Creo en las dos artes. Desde adolescente. Del cine me fijo en lo mismo que en la literatura: el caudal informativo que ofrece de la historia de los pa&iacute;ses. Visconti, lo mismo en <em>El gatopardo</em> que en <em>Senso</em>, te habla de la Italia del Risorgimento, de la liberaci&oacute;n, de la lucha contra los austriacos. Podr&iacute;a haber sido cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica, pero escog&iacute; los libros. Es el mismo aprendizaje: en <em>Guerra y paz</em>, de Tolst&oacute;i, est&aacute; la historia rusa; en <em>Las ilusiones perdidas</em>, de Balzac, te acercas a las costumbres de Francia en la primera mitad del XIX, visualizas el ascenso de la burgues&iacute;a, la avidez de los periodistas, que viv&iacute;an una &eacute;poca dorada... Siempre tengo una novela en una mano y en la otra, un libro de historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No sale de esos g&eacute;neros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por supuesto, visito la poes&iacute;a y la filosof&iacute;a. Pero me tira la historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se publica mucha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tanto de espa&ntilde;oles como traducciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Alg&uacute;n autor especialmente de su gusto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Apreciaba a Tony Judt. &Eacute;l analiz&oacute; las dos Europas. Se sent&iacute;a culpable. Dec&iacute;a: &ldquo;Estuve en Mayo del 68 y me he dado cuenta de que guerre&aacute;bamos idealmente, dentro de sociedades libres. Ignor&aacute;bamos que en Praga luchaban contra tanques&rdquo;. &Eacute;l admit&iacute;a el yerro de su generaci&oacute;n: &ldquo;Fuimos una sociedad mimada, del bienestar. &Eacute;ramos j&oacute;venes y hac&iacute;amos revueltas contra estados democr&aacute;ticos&rdquo;. En Par&iacute;s no se encarcelaba&hellip; en Hungr&iacute;a s&iacute;. Y se mataba.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los franceses son buenos haciendo revoluciones y luego buscando respuestas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El pensamiento franc&eacute;s ha realizado contrici&oacute;n: Bernard-Henri L&eacute;vy, Glucksmann, no s&eacute; hasta qu&eacute; punto Lipovetsky&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Los franceses son buenos haciendo revoluciones y luego buscando respuestas. Hay varios intelectuales franceses importantes en mi vida. Los tres que ha citado son capaces de reconocer errores y rectificar por escrito. Alain Finkielkraut es a quien m&aacute;s admiro. Fue muy claro. No temi&oacute; ser acusado de antiprogresista. Admirable. Gente valiente en el an&aacute;lisis. En otros pa&iacute;ses son m&aacute;s hip&oacute;critas y eluden afrontar temas delicados, por temor a ser tachados de antiizquierdistas, o incluso de racistas cuando se invoca la tiran&iacute;a isl&aacute;mica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Contrasta el testimonio de Mircea Cărtărescu, volcado en <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, con el de cierta <em>intelligentsia</em> espa&ntilde;ola. Ignacio Ramonet, al comienzo de <em>La tiran&iacute;a de la comunicaci&oacute;n</em>, intenta exculpar al gobierno de aquella Ruman&iacute;a de 1989, en descomposici&oacute;n. En <em>El ala derecha</em>, Cărtărescu dice: &ldquo;Ni los cerdos, comer&iacute;an lo que ellos han hecho con este pa&iacute;s&rdquo;. Cuarenta mil muertos en Timisoara. A pesar de Ramonet.</p>
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<p><strong>&ldquo;Liberal es cualquier persona que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En varios momentos de su obra cita a otro franc&eacute;s: Albert Camus. En el cap&iacute;tulo &lsquo;Katyn en la memoria&rsquo; -<em>Del Drina al V&iacute;stula</em>-, dedicado a J&oacute;zef Czapski, cuenta c&oacute;mo luch&oacute; &ldquo;a brazo partido&rdquo; por difundir su <em>En tierra inhumana</em>, que usted equipara al <em>Archipi&eacute;lago Gulag</em>. Algunos autores, afirma, corrieron un velo. Esto viene a ser una constante. Sartre viaj&oacute; a China, vio los <em>triunfos</em> de la Revoluci&oacute;n Cultural y sigui&oacute; en sus trece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muchos siguieron siendo mao&iacute;stas, no s&oacute;lo &eacute;l. Los liberales eran mirados entonces &ndash;y en Espa&ntilde;a hasta hace poco- de forma sospechosa. No digamos desde la ortodoxia comunista. Para Sartre y su esposa eran lo peor. Liberal ser&iacute;a Chaves Nogales. Liberal es cualquier persona que est&eacute; por encima de las ideolog&iacute;as y, por supuesto, de los totalitarismos. Esto es, que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia. Isaiah Berlin. Por supuesto, Albert Camus, en aquellos momentos, el perdedor. Pocos reconoc&iacute;an estarse equivocando. Pocos admit&iacute;an que lo principal era la libertad, la libertad individual, el hombre; y ah&iacute; est&aacute; <em>El hombre rebelde</em>. Los poderes f&aacute;cticos los detentaba la ideolog&iacute;a comunista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Siempre m&aacute;s permitida que la fascista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues s&iacute;, a&uacute;n hoy. Entonces, la sociedad estaba instalada en la paranoia. Queda algo de eso. La suerte es que el menos atendido ayer es el m&aacute;s reivindicado hoy: &iquest;qui&eacute;n habla de Sartre actualmente? Cualquier escritor europeo joven citar&aacute; a Camus. Ni siquiera a Ortega y Gasset. Camus defendi&oacute;, en un momento dif&iacute;cil, el derecho a ir a contracorriente. Y lo hizo cuando por todos los lados se o&iacute;a que Mao era una bendici&oacute;n. Siempre me ha gustado la gente que va contra las mareas de la historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En Italia fue imposible publicar <em>Un mundo aparte</em>, de Gustaw Herling-Grudziński, sobre los gulags, despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os exiliado en N&aacute;poles, donde era un desconocido. Todo, debido al peso de una izquierda pagada de s&iacute;, y al poderoso PCI.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Siempre ha existido una izquierda muy r&iacute;gida. Yo hablo del martirologio de algunos libros hasta entrar en imprenta, d&eacute;cadas despu&eacute;s de ser escritos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y publicados con sordina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, pocos conocen la inmensa documentaci&oacute;n que existe del siglo XX. Llegan a Solzhenitsyn. El libro de Herling, y eso que era socialista, aunque no autoritario, se public&oacute; en el 51 en Inglaterra; en su Polonia natal no vio la luz hasta 1983.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Camus medi&oacute; ante Gallimard para publicarlo, sin suerte. De nuevo, pes&oacute; m&aacute;s la influencia de Sartre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y de Louis Aragon. El dogmatismo recorri&oacute; todo el siglo. Herling lament&oacute; en sus memorias la poca gente que estaba dispuesta a conocer. Y esta ignorancia se hereda&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando un escritor destaca hay que estar dispuesto a leerlo en todos los niveles narrativos&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las grandes ideolog&iacute;as se han visto frenadas por la posmodernidad. Cărtărescu, retratista de los a&ntilde;os de plomo de Ceau&ccedil;escu, ha estudiado este fen&oacute;meno en el arte y lo ha llevado a cabo. Acu&ntilde;&oacute; el <em>textualismo</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Todos son movimientos. Antes, el Nouveau Roman, igual de rompedor, y el experimentalismo. Cuando yo era muy joven, viv&iacute; el imperio de Tel Quel, del 60 al 82, con Julia Kristeva, con Philippe Sollers&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El experimentalismo duro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le&iacute;as y no ten&iacute;as por qu&eacute; entender demasiado. Luego llegaron el rescate del realismo balzaquiano de Jonathan Franzen... y el posmodernismo, del que un buen ejemplo es Cărtărescu. Yo creo que &eacute;l es un gran escritor, hay que quedarse ah&iacute;. Las etiquetas no me entusiasman. Le he le&iacute;do textos realistas, indudablemente buenos, traducido por Marian Ochoa de Eribe, en Impedimenta, y tambi&eacute;n me gusta cuando escribe de forma no lineal, barroca, mezclando &eacute;pocas... parecido a Lobo Antunes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, le sit&uacute;a en la frontera de Pynchon y de William Gadis. &iquest;Qu&eacute; herencia pesa en &eacute;l?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La de William Faulkner, la de C&eacute;line, la de Thomas Bernhard, la de Peter Handke...; por descontado, la de Kafka y la de Joyce. La de todos en los que no hay una l&iacute;nea realista exacta. Todos, admirables. Reitero que me dan igual las etiquetas. La importancia del posmodernismo fue romper con el costumbrismo can&oacute;nico y con el experimentalismo fuerte de los 70. Al final, los que valen son los autores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Otro fallecimiento reciente ha sido el de Martin Amis. Su escritura es m&aacute;s aposentada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es una muerte que me ha afectado. Qu&eacute; categor&iacute;a tan inmensa la suya. Califica su escritura como m&aacute;s aposentada, y es cierto, pero su &uacute;ltimo libro [<em>Desde dentro</em>] podr&iacute;a ser posmoderno. Introduce la autobiograf&iacute;a, dialoga con personajes clave en su vida, incluye p&aacute;ginas centradas en el ensayismo y en el pensamiento sobre lo contempor&aacute;neo, mezcla sistemas narrativos&hellip; Responde a una l&iacute;nea cultivada con brillantez por Julian Barnes y Coetzee. Hay que estar abierto. Cuando un escritor destaca hay que estar dispuesto a leerlo en todos los niveles narrativos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Apoyando su tesis, los que m&aacute;s alto han llegado estaban fuera de etiqueta. Usted dice que los tres autores de novela total, en el XX, son Joyce, Proust y Musil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Bueno, Joyce es el experimentalismo&hellip; Yo dir&iacute;a que son los mejores renovadores del arte de la novela. Esto lo explica muy bien Kundera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>El tel&oacute;n</em> refiere varias veces el <em>Quijote</em> como el principio de la renovaci&oacute;n, claro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Libro que<em> </em>hoy ser&iacute;a posmoderno. La novela es un g&eacute;nero en continua modificaci&oacute;n, completamente abierto. Desde Cervantes y desde Sterne, con <em>Tristram Shandy</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Kafka es un planeta aut&oacute;nomo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;No consider&oacute; a Kafka?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Perfectamente podr&iacute;a sacar un elemento de la triada y meterle a &eacute;l. O hablar de cuatro. Kafka es un planeta aut&oacute;nomo. Hablamos antes de las fuentes de Cărtărescu, que son las de Lobo. &iquest;Cu&aacute;les son las fuentes de Kafka?: &iquest;el misticismo, el simbolismo...? &Eacute;l es su propio universo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se cumple eso de que los grandes abren caminos que cierran ellos mismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que resulta imposible la imitaci&oacute;n. Por mucho que digan &lsquo;tiene la herencia de Joyce&rsquo;, o &lsquo;su tono es kafkiano&rsquo;... Puede haber alg&uacute;n gui&ntilde;o, no te puedes subir a ellos. Son autores que dejan el adjetivo: <em>kafkiano</em> -cuando se confronta la realidad con su absurdo-, <em>proustiano</em> -cuando hay largos p&aacute;rrafos en torno a la memoria y sale el mon&oacute;logo interior-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No es un t&oacute;pico: la cultura va unida a la ebullici&oacute;n de la libertad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ha citado a Bernhard y a Handke. Ellos mantuvieron una relaci&oacute;n tensa con Austria. Tambi&eacute;n Robert Musil. En el cine se me ocurre Haneke. &iquest;Austria es tan madrastra como la pintan?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; Austria? Porque yo soy seguidora del Imperio Austroh&uacute;ngaro&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tan reivindicado por Kundera. La modernidad de Europa termin&oacute; ah&iacute;, dice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muy reivindicado. Y por Joseph Roth, otro de mis autores fetiche. Con todas sus imperfecciones, la riqueza cultural del Imperio es evidente. Kundera siente nostalgia porque sabe que ah&iacute; se acaba todo. Despu&eacute;s vienen los nazis, pocas bromas. Era una naci&oacute;n de naciones, t&eacute;rmino ahora de moda [enarca una ceja], cada una con su lengua y su particularismo. No era un modelo perfecto, hab&iacute;a luchas internas, pero era un caparaz&oacute;n protector hasta para los jud&iacute;os. Cuando el Imperio cae, empiezan las persecuciones. La Austria previa es la <em>Felix Austria</em>, la Austria Feliz, llena de arquitectos, de m&uacute;sicos&hellip; No es un t&oacute;pico: la cultura va unida a la ebullici&oacute;n de la libertad. Con el totalitarismo, las obras se van al caj&oacute;n &ndash;Bulg&aacute;kov se desespera porque no puede publicar-. Pero el 98% de los austriacos vot&oacute; a favor de la anexi&oacute;n con la Alemania nazi. Ah&iacute; llega esa Austria inc&oacute;moda para los autores que ha citado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Acaba de asociar cultura y libertad. Cărtărescu dijo que los poetas son mejores cuando tienen un adversario y Handke admite escribir desde la c&oacute;lera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un enemigo da fuerzas. Motiva. Escribir contra algo tiene sentido. El Imperio Austroh&uacute;ngaro no representaba dificultades objetivas. No pierdo de vista que &eacute;stas llegaron con los nazis y con el comunismo; los totalitarismos son las obras perseguidas, los autores masacrados. La negrura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do asociar el franquismo al color gris. El mismo adjetivo es el que usa Adam Zagajewski para definir los a&ntilde;os del socialismo real. Las dos caras de la misma moneda, apuntadas al comienzo por Monmany.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No poder publicar, para un creador es m&aacute;s serio de lo que parece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n [vuelve a elevar una ceja]. En la de Stalin, el solo terror de que le encontraran algo impreso llev&oacute; a la mujer de &Oacute;sip Mandelshtam a aprenderse los poemas de memoria. Era su manera de conservarlos. Esto es brutal. La pel&iacute;cula<em> Fahrenheit 451</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;, pues, con el Imperio? &iquest;Estaba ensimismado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo creo -igual escribo en extenso sobre ello alg&uacute;n d&iacute;a- que hay momentos de esplendor localizado. Ocurre en la cultura europea. Nadie sabe por qu&eacute;. Pensemos en la Italia de la segunda posguerra mundial, a&ntilde;os 50, 60, 70: tenemos a Pasolini, a Calvino, a Bassani, a Montale, a Quasimodo, a Rossellini, a Visconti, a Bertolucci, a Eco... Una vez, a un periodista italiano me sali&oacute; preguntarle, admirada: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo tuvisteis aquella riqueza?&rdquo;. Ahora son como nosotros. Espa&ntilde;oles, italianos, franceses... nuestra cultura est&aacute; igualada, con aciertos modestos y parecidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ese &ldquo;esplendor localizado&rdquo; &iquest;surge en qu&eacute; circunstancia?, &iquest;sin motivo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, al margen de condicionantes. Si tuviera que resumir la idea, hablar&iacute;a de <em>contagio cultural</em>. Cuando las &eacute;pocas tienen, por lo que sea, un brillo especial, las artes se contagian. Todo es bueno. Hay vasos comunicantes y sensaci&oacute;n de infecci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Qu&eacute; eco tiene eso en las revistas? Antes cit&oacute; Tel Quel. Eran un veh&iacute;culo cultural de primer orden.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un eco inmediato. Las revistas eran la continuaci&oacute;n de los libros. Buen&iacute;simas. Las devoro. Las revistas recogen est&eacute;tica y pensamiento. En las &eacute;pocas resplandecientes colaboraban todos. Volviendo a Italia: escrib&iacute;an Natalia Ginzburg, Elsa Morante... toda la gente que le digo, comprimida en treinta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Una reuni&oacute;n de talento parecida a la del Imperio Austroh&uacute;ngaro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A eso voy. All&iacute;, en novela tenemos: Joseph Roth y Stefan Zweig...; en teatro: Arthur Schnitzler&hellip;; en arquitectura: Otto Wagner&hellip;; en m&uacute;sica: Strauss, Mahler... Podr&iacute;amos citar y citar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Los momentos que menciona son de paz. Seguro que no f&aacute;ciles, pero de paz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mucha tensi&oacute;n imagino que no ser&aacute; buena. La libertad es importante. Francisco Jos&eacute; manten&iacute;a un equilibro muy fr&aacute;gil. Estamos hablando de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica imperial en la mitad de Europa. Ya lo advirti&oacute; Kundera: &ldquo;Las peque&ntilde;as naciones se cargan el imperio ignorando lo que viene despu&eacute;s&rdquo;. &Eacute;l lo expresa mejor. El Imperio ten&iacute;a que ver con la cultura m&aacute;s que con la pol&iacute;tica. Aunque va unido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En el pr&oacute;logo de su &uacute;ltimo libro lo cita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, le miento varias veces. Kundera atribuye al fracaso del Imperio un fracaso para Europa entera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Italia, el Imperio&hellip; me habla de extensiones bastas, &iquest;tambi&eacute;n cabe la concentraci&oacute;n creativa en entornos peque&ntilde;os?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Irlanda es como un invernadero de escritores&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vayamos a Irlanda. Una isla de cinco millones. La Comunidad de Madrid.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Seguramente Madrid sea mayor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues f&iacute;jese, esa peque&ntilde;a naci&oacute;n tiene cuatro premios Nobel en el siglo XX: Beckett, Bernard Shaw, Yeats y Heaney. Sume a James Joyce, a Flann O&rsquo;Brien, a Edna O&rsquo;Brien, a John Banville... Es como un invernadero de escritores. O mi querida Sicilia, que tiene a Pirandello, a Lampedusa, a Brancati... Oiga, en Mallorca no hemos dado ning&uacute;n Nobel. Hablando de concentraci&oacute;n de talento y de libertad, en otro orden mucho m&aacute;s humilde, aqu&iacute; tuvimos un minicontagio en La Movida: Ceesepe, Almod&oacute;var, Gabinete... es un momento en que surge lo moderno. Todos estaban juntos o pasaban por los mismos lugares. Fuera tenemos correspondencia entre Sigmund Freud y Stefan Zweig, entre Stefan Zweig y Hermann Hesse...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora todo se antoja m&aacute;s fr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - E individualista. &iquest;Usted cree que estos autores necesitaban agentes literarios? Ahora todo es mecanizado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes mencionaba a S&aacute;ndor M&aacute;rai, peg&aacute;ndose un tiro antes de caer el muro. Stefan Zweig se suicida poco antes de que se desplome el nazismo. No parece una decisi&oacute;n juiciosa. &iquest;Estaba perturbado o deprimido...?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La depresi&oacute;n est&aacute; ah&iacute;. Hace poco vi una pel&iacute;cula que trata de forma po&eacute;tica el suicidio: <em>El primer d&iacute;a de mi vida</em>, de otro italiano, Paolo Genovese, con Toni Servillo. Para que haya suicidio tiene que haber depresi&oacute;n. Es lo que usted indica: est&aacute; en Brasil, protegido, no hay bombardeos, pod&iacute;a haberse dedicado a escribir... pero le persegu&iacute;a una depresi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ha citado varios premios Nobel. Echo en falta en sus libros a Herta M&uuml;ller.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No la introduzco en <em>Sin tiempo para el adi&oacute;s</em> porque no es una exiliada convencional&hellip; Le dedico protagonismo en <em>Por las fronteras de Europa</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Esperaba una entrada para ella en <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, como tiene Danilo Ki&scaron;, s&oacute;lo recuerdo dos menciones a ella, en los cap&iacute;tulos dedicados a Ana Blandiana y a Gabriela Adameșteanu. Pero entiendo que es porque ya ha estado atendida en otros lugares.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Exacto, yo no la infravaloro en absoluto. Al rev&eacute;s: me parece fundamental. La he conocido y mantenemos el trato. De hecho, uno de mis primeros <em>podcasts</em>, en la web de RTVE, en 2021, se lo dediqu&eacute;. Cuando aqu&iacute; era totalmente desconocida, me empe&ntilde;&eacute; en traerla a un ciclo en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, en Madrid, a&ntilde;o 99.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O sea, diez a&ntilde;os antes del Nobel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era minoritaria no, lo siguiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y a Espa&ntilde;a, &iquest;no le va tocando otro Nobel?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Claro que le va tocando. Fall&oacute; Mar&iacute;as. Era un premio clar&iacute;simo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nos queda Vila-Matas. Tiene traducciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Much&iacute;simas, est&aacute; volcado a 37 lenguas. Eran los dos con oportunidad de serlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Por qu&eacute; Francia ha tenido tantos los &uacute;ltimos a&ntilde;os y a nosotros nos dejan esperando?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Esto ha sido tratado en el articulismo cultural. Los franceses son muy buenos promotores de lo suyo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que hasta el chino Gao Xingjian se hab&iacute;a nacionalizado franc&eacute;s antes de obtenerlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute; [r&iacute;e]. Francia es una m&aacute;quina de atracci&oacute;n. Es, de hecho, el pa&iacute;s que m&aacute;s premios Nobel tiene, por encima de Estados Unidos [14-10]. All&iacute; todos reman a favor. Hay que tomar nota. Los institutos franceses -parte de mi familia es francesa- son muy activos, es admirable. Nosotros, a pesar del elevado n&uacute;mero de lectores de nuestra lengua, no llamamos la atenci&oacute;n. Algo est&aacute; fallando. Le Cl&eacute;zio, Modiano, Annie Ernaux...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Ah&iacute; bajaron un pelda&ntilde;o?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;, a m&iacute; tampoco me interesa... Pero hay una escritora esplendorosa actual a la que hay que seguir: Delphine de Vigan, paralela a Emmanuel Carr&egrave;re. Ambos me cautivan, son de lo que m&aacute;s me gusta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Y Houellebecq?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tambi&eacute;n. Me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores. Y escribe muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Se encuentra en un momento bajo, tal vez?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No s&eacute;, esperemos la pr&oacute;xima novela. Es un intelectual muy potente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - As&iacute; lo veo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La gente que lo desprecia, de entrada, por ideolog&iacute;a... demuestra su carencia cultural... Yo soy muy <em>houellebecquiana</em>. Eso s&iacute;, no creo que se atrevan a concederle el Nobel, por su incorrecci&oacute;n. Pero lo merecer&iacute;a&hellip; &iquest;Y dice, entonces, que no ha le&iacute;do a&uacute;n a Delphine de Vigan?...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese giro &uacute;ltimo, sus puntos suspensivos me parecen un punto final. Al menos, de la entrevista. Ella camina a ultimar un viaje: ma&ntilde;ana parte a Sicilia, Italia, para fallar el premio G. T. di Lampedusa, del que es jurado. Yo camino, hacia el metro, escuchando su <em>podcast</em> sobre Delphine de Vigan. Su programa se llama &ldquo;Por las Fronteras de Europa&rdquo;, igual que su libro. Despu&eacute;s, encargo por tel&eacute;fono dos libros de la francesa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vitalidad de Mercedes Monmany se parece al optimismo o, por lo menos, linda con la alegr&iacute;a. Igual, despu&eacute;s de escribir sobre la parte m&aacute;s dura del siglo XX, s&oacute;lo cabe salir a la calle con una sonrisa, en leg&iacute;tima defensa. En <em>Ya sabes que volver&eacute;</em>, usa como frontispicio una cita de Etty Hillesum: &ldquo;(&hellip;) Y sin embargo, considero que esta vida es bella y est&aacute; llena de sentido&rdquo;. Parece un aserto contra las dudas del materialista Adorno. En <em>Del Drina al V&iacute;stula</em> nos informa de que su admirado Zagajewski intent&oacute;, a lo largo de toda su vida, &ldquo;hacer exactamente lo que dice su poema escrito tras el atentado de las Torres Gemelas: alabar un mundo que, a pesar de todo es sorprendentemente hermoso&rdquo;. Mercedes Monmany se escribe escribiendo de los dem&aacute;s. E irradia entusiasmo. Lo que es una prueba de vida tan v&aacute;lida como la detecci&oacute;n de las pulsaciones en la mu&ntilde;eca.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 05:52:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 148 de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-148-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/TURIA_148_-_Portada_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, y dentro de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios, se analiza ampliamente la obra diar&iacute;stica del inolvidable escritor valenciano Rafael Chirbes. Fallecido en 2015, Chirbes ha sido uno de los escritores m&aacute;s queridos y le&iacute;dos en la historia de la revista. Buena prueba de ello es el atractivo monogr&aacute;fico, hoy agotado, que protagoniz&oacute; unos meses antes de su muerte. Fueron casi 200 p&aacute;ginas de material in&eacute;dito elaboradas por 16 autores que confirmaron que la literatura de Chirbes lo acreditaba como la voz de la verdad. Hoy, gracias a la publicaci&oacute;n p&oacute;stuma de sus diarios sigue obteniendo el aplauso mayoritario de la cr&iacute;tica y de los lectores. Y es que, al igual que ocurriera con el resto de su obra, en los diarios Chirbes contin&uacute;a incomodando a unos y a otros por su compromiso con la dignidad, por su nula complacencia con la frivolidad y por su disidencia ideol&oacute;gica.</p>
<p>Los buenos lectores tienen en este sumario especial de TURIA una cita con los mejores autores espa&ntilde;oles de narrativa y poes&iacute;a. La revista ha reunido a varios de sus colaboradores m&aacute;s prestigiosos y &eacute;stos ofrecen textos in&eacute;ditos para que la celebraci&oacute;n de estas cuatro d&eacute;cadas de la revista concite el inter&eacute;s de cuantos disfrutan del placer de la lectura. As&iacute;, en narrativa son nueve los escritores de renombre que ofrecen sus textos. Por orden alfab&eacute;tico son: Pilar Ad&oacute;n, Luis Mateo D&iacute;ez, Luis Landero, Sara Mesa, Sergio del Molino, Soledad Pu&eacute;rtolas, Enrique Vila-Matas y Manuel Vilas. Y, junto a los ya citados, tambi&eacute;n se encuentra un representante turolense: el escritor y profesor Antonio Castellote.&nbsp;</p>
<p>En poes&iacute;a el panorama no puede ser m&aacute;s plural y enriquecedor, con la participaci&oacute;n de veintid&oacute;s autores representantes de diversas est&eacute;ticas y generaciones, muchos de ellos poseedores de los premios literarios y culturales m&aacute;s relevantes. Por ejemplo, citaremos a Antonio Gamoneda, que obtuvo el Premio Cervantes en 2006 o a Yolanda Casta&ntilde;o, reciente ganadora del Premio Nacional de Poes&iacute;a de 2023; al igual que Pilar Ad&oacute;n, que acaba de obtener el Premio Nacional de Narrativa de 2023.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>RAFAEL CHIRBES, UN DIARISTA SORPRENDENTE E INOLVIDABLE</strong>&nbsp;</p>
<p>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la obra diar&iacute;stica de Rafael Chirbes, el profesor de la Universidad de Zaragoza Jos&eacute; Luis Calvo Carilla subraya:&nbsp; &ldquo;Los <em>Diarios</em> registran las bruscas oscilaciones an&iacute;micas del escritor, pero tambi&eacute;n se nutren de los m&aacute;s variados est&iacute;mulos externos: la evocaci&oacute;n de una ciudad o de una calle &mdash;visitadas en sus presentaciones de libros y en sus viajes como conferenciante e informador gastron&oacute;mico de la revista <em>Sobremesa</em>&mdash;; citas literarias, comentarios de lecturas y de pel&iacute;culas, recientes o ya olvidadas; descripciones, juicios de valor sobre sus preferencias est&eacute;ticas y reflexiones o apuntes sobre su propia obra y la de sus contempor&aacute;neos. En este sentido, y por m&aacute;s que algunos novelistas de actualidad hayan sido objeto de sus cr&iacute;ticas, la intenci&oacute;n de Chirbes al comentar sus obras no ha ido m&aacute;s all&aacute; de la norma impl&iacute;cita que las ha inspirado (no otra que la de tratar al pr&oacute;jimo con el mismo rigor con el que acostumbraba a tratarse a s&iacute; mismo). En modo alguno parece haber sido su intenci&oacute;n la de iniciar pol&eacute;micas literarias est&eacute;riles &mdash;ni, mucho menos, personales&mdash; con otros escritores (a cuyas novelas alude, por otra parte, de pasada).&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Luis Calvo Carilla compara en TURIA los diarios de Chirbes con los de dos grandes autores europeos del siglo XX: Malraux y Calvino. Y es que, como ellos, en sus diarios Chirbes &ldquo;hace gravitar sus reflexiones sobre el doble plano de perplejidades e incitaciones que la vida le ha venido&nbsp; deparando: el biogr&aacute;fico, como escritor, y el de sujeto hist&oacute;rico implicado en la historia colectiva&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los lectores de los diarios de Chirbes descubrir&aacute;n que &ldquo;han supuesto para &eacute;l, ante todo, un refugio y un desahogo &iacute;ntimos en sus horas bajas de depresi&oacute;n y &ldquo;de mucho sufrir a solas&rdquo;;&nbsp; como tambi&eacute;n la oportunidad de &ldquo;poder respirar&rdquo; y un modo privilegiado de sentirse y de reconocerse como un ser humano emocionalmente vivo a trav&eacute;s del contacto f&iacute;sico con la pluma y del roce del papel en sus manos.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>En definitiva, y como se concluye en el art&iacute;culo que publica TURIA, &nbsp;&ldquo;si los <em>Diarios</em> no llegan a desvelar completamente al &ldquo;todo Chirbes&rdquo; o a un &ldquo;Chirbes total&rdquo; (tal vez porque ning&uacute;n diario ser&iacute;a capaz de&nbsp; obrar tal milagro), lo que s&iacute; parece fuera de discusi&oacute;n es que muestran al Chirbes esencial y constituyen una mediaci&oacute;n (condicionada por el diarista, pero, a fin de cuentas, privilegiada)&nbsp; para acceder al conjunto de su obra.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NUEVE GRANDES NARRADORES CONTEMPOR&Aacute;NEOS</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a la narrativa y que denomina &ldquo;Taller&rdquo; se ofrecen textos in&eacute;ditos de nueve grandes autores de nuestros d&iacute;as. As&iacute;, hay que citar a los acad&eacute;micos de la RAE Luis Mateo D&iacute;ez (&ldquo;Morir un poco&rdquo;) y Soledad Pu&eacute;rtolas (&ldquo;Escritores que hablan de sus vidas&rdquo;), que ya protagonizaron anteriores monogr&aacute;ficos de la revista y que representan a la generaci&oacute;n de autores consagrados, verdaderos cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos y que poseen una amplia y sobresaliente obra publicada.&nbsp;</p>
<p>Un respaldo mayoritario de lectores y cr&iacute;tica es el concitan tambi&eacute;n otros autores participantes en esta entrega de TURIA. As&iacute;, cuentan con consolidadas y premiadas trayectorias creativas escritores como Luis Landero, Premio Nacional de las Letras en 2022, entre otros galardones (&ldquo;T. y P.&rdquo;, avance de su nueva novela todav&iacute;a sin t&iacute;tulo definitivo) o Enrique Vila-Matas, poseedor del prestigioso e internacional Premio FIL de Literatura entre un nutrido repertorio de premios (&ldquo;Nac&iacute; Odradek&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>Y entre las generaciones algo m&aacute;s j&oacute;venes, resulta indiscutible el reconocimiento obtenido por autores como Sara Mesa (&ldquo;Iniciaci&oacute;n&rdquo;), Pilar Ad&oacute;n (&ldquo;A tu casa vendr&aacute;n&rdquo;), reciente Premio Nacional de Narrativa 2023; Sergio del Molino (&ldquo;Fragmentos de un diario de invierno&rdquo;) y Manuel Vilas (&ldquo;Los &Aacute;ngeles").&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, en esa n&oacute;mina de narradores representativos de nuestras letras contempor&aacute;neas, participa el escritor turolense Antonio Castellote con un texto titulado &ldquo;Dramatis personae&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LOS MEJORES 22 POETAS ACTUALES</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece tambi&eacute;n textos in&eacute;ditos y representativos de la indudable riqueza y diversidad de que goza hoy la poes&iacute;a en espa&ntilde;ol. As&iacute;, encontraremos versos de un Premio Cervantes, Antonio Gamoneda y de cuatro Premios Nacionales de Poes&iacute;a: Chantal Maillard (2004), Luis Alberto de Cuenca (2015), Antonio Colinas (1982) y Yolanda Casta&ntilde;o (2023).&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Poetas consagrados como Clara Jan&eacute;s (acad&eacute;mica de la RAE),&nbsp; Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Juana Castro, Rosa Lentini, Enrique Andr&eacute;s Ruiz e Isabel Bono, o m&aacute;s j&oacute;venes como Jordi Doce, Raquel Lanseros, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n de la creatividad l&iacute;rica de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No faltan poetas aragoneses de proyecci&oacute;n como &Aacute;ngel Petisme, Juan Antonio Tello, Ang&eacute;lica Morales y Mario Hinojosa.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista cultural editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y del Gobierno de Arag&oacute;n. Adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, de periodicidad cuatrimestral y que se distribuye a nivel nacional e internacional por suscripci&oacute;n, tambi&eacute;n cuenta con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que diariamente ofrece contenidos de acceso gratuito a los lectores.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE SERGIO DEL MOLINO:&nbsp;</strong><strong>&ldquo;FRAGMENTOS DE UN DIARIO DE INVIERNO&rdquo;</strong></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es el avance de un futuro libro del reconocido escritor y periodista Sergio del Molino: &ldquo;Fragmentos de un diario de invierno&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sergio del Molino, que colabora actualmente con el diario &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; y con la emisora de radio Onda Cero, ha elaborado una rica y atractiva obra que ha obtenido el favor de los lectores cultivando los m&aacute;s diversos g&eacute;neros y siempre utilizando con gran solvencia literaria, y &eacute;xito de p&uacute;blico, elementos de la realidad o de su propia biograf&iacute;a. Baste citar, en ese sentido, libros como &ldquo;La hora violeta&rdquo; o su ensayo &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;. Ahora, TURIA ofrece un avance de sus diarios:&nbsp;</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>5 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Pasamos un par de d&iacute;as maravillosos en Madrid para ver el musical de <em>Matilda</em>. Contra todo pron&oacute;stico, es una velada impresionante. La adaptaci&oacute;n es impecable, llena de ritmo, buen gusto y humor. Daniel se rompe las manos de aplaudir, y no es para menos. Al salir nos zampamos unos <em>noodles</em> en un sitio cutre asi&aacute;tico junto al teatro, frente a Pr&iacute;ncipe de Vergara, y me callo la epifan&iacute;a que siento. Ah&iacute;, comiendo una basura en una caja con palillos, despu&eacute;s de un musical, soy m&aacute;s feliz de lo que he sido en todo el a&ntilde;o. He vivido bien, qu&eacute; diablos.</p>
<p>Al mediod&iacute;a, frente a un cocido en un sitio de la calle Ibiza, le he dicho a Daniel que prefiero morirme antes que mis amigos, por ego&iacute;smo, porque prefiero que ellos vivan sin m&iacute; a vivir yo sin ellos. Eso le incluye a &eacute;l y a Cris. Y por la noche, tras el teatro, me doy por bien vivido. Nadie sabe hasta qu&eacute; punto. Nadie sabe calcular la indiferencia que siento hacia lo que me queda por vivir. Yo ya he cumplido, tengo m&aacute;s de lo que nunca so&ntilde;&eacute;. Ahora s&oacute;lo me queda abusar.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>6 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Fant&aacute;stico, fr&iacute;o y hogare&ntilde;o d&iacute;a de reyes. Termin&eacute; <em>Jugadores de billar</em>. Magn&iacute;fico, pero innecesariamente bien cerrado. Final con aroma de <em>deus ex machina</em>. Confirmo mis sospechas: las lecturas izquierdistas de la novela no tienen fundamento. Tal vez le hicieron da&ntilde;o y son en parte responsables de su fracaso.</p>
<p>Cris me ha regalado la primera edici&oacute;n de <em>Tarabas</em> de Querido Verlag en 1934. No quiero saber lo que le ha costado.</p>
<p>Ayer, en la comida familiar en casa de mis padres, mi sobrina me dijo que su abuelo se llama M.: &ldquo;Y tambi&eacute;n es tu padre&rdquo;, dijo en un tono acusador que no supe interpretar y me ha dejado intrigado. Qu&eacute; diablos sabr&aacute;. Le digo a mi hermano que tenemos que comer un d&iacute;a para hablar de este asunto. No le hace gracia la idea.</p>
<p>El cuello me est&aacute; matando. Creo que he perdido m&aacute;s movilidad. Me duele mucho cualquier movimiento hacia arriba, abajo y a los lados. El lunes me toca pinchazo. Me temo lo peor para la pr&oacute;xima visita a reuma. Empiezo a ser un trozo de madera.&nbsp;</p>
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<p><em>10 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Cien p&aacute;ginas del tir&oacute;n, unas cuatro horas de lectura que me han dejado la voz un poco tomada. En la editorial se han vuelto locos y han planteado una superproducci&oacute;n sonora: actores (Javier Guti&eacute;rrez como Fraga) y efectos especiales, pero lo esencial sigue siendo mi voz. Va a quedar algo muy digno, me encanta.</p>
<p>A las dos y media me he excusado y he ido a comer al italiano de la calle Trafalgar, y all&iacute; me han encontrado A y B. Mi idea era comer solo, pero con ellas, mucho mejor. Han rematado un d&iacute;a (un mediod&iacute;a) muy grato en Madrid. A. ha contado que C. le hizo <em>bullying</em>. He intentado disimular la sorpresa. En realidad, no me sorprende tanto, pero no imaginaba que fuese tan brutal. Dice que en su familia le odian, que no pueden o&iacute;r su nombre. No me extra&ntilde;a. Nos hemos re&iacute;do con las miserias del gremio y de algunos viejos marxistas que, mientras echan sermones en <em>Mundo Obrero</em>, traicionan y echan a la calle a sus maestros y trepan y apu&ntilde;alan como el ejecutivo mis&aacute;ntropo de Bret Easton Ellis.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Nov 2023 13:30:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fenomenología de la pregunta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fenomenologia-de-la-pregunta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LUCAS_BENET_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tomarse el trabajo de responder una pregunta es m&aacute;s significativo que el de la formulaci&oacute;n de la propia pregunta. Ciertamente, la pregunta manifiesta por s&iacute; misma una solicitud. Solicita un esfuerzo por ser respondida. Una pregunta no consiste en preguntar y quedarse simplemente sin respuesta o dejar la pregunta abierta. Es mucho m&aacute;s absorbente responder una pregunta que estar siendo preguntado continuadamente de un modo reiterativo, sin ning&uacute;n respiro, para una posible y remota respuesta a alguna o ninguna de ellas. Ser pregunt&oacute;n tampoco es una actitud acertada. El di&aacute;logo o comercio entre pregunta y respuesta se ha de dar en el caso de la una para la otra&mdash; secuencialmente&mdash; hasta invertir los polos de ambas. De manera que la importancia de la pregunta y la respuesta vaya alternando en uno y otro polo a modo de comercio entre las partes interesadas en una transacci&oacute;n, desnud&aacute;ndose la una para la otra, cual juego entre amantes, en el que todo acaba por responderse por s&iacute; mismo, ajustado todo ello por el resultado al que, en primera y &uacute;ltima instancia, toda la pregunta en su totalidad remitir&iacute;a (y presumiblemente no se dar&aacute; el di&aacute;logo entre pregunta y respuesta cuando dejemos de preguntar. Sin embargo, las preguntas tambi&eacute;n pueden ser infinitas o ser sucedidas una tras otra de un modo indefinido).</p>
<p>Por lo tanto, el acto de responder una pregunta es m&aacute;s significativo que el de la mera interrogaci&oacute;n.</p>
<p>En primer lugar, uno no pregunta y ya, y se queda como estaba. En toda pregunta hay una respuesta impl&iacute;cita que requiere ser manifestada, y puede incluso que el que la formula no sepa que hay un indicio de por d&oacute;nde comenzar a elaborar la respuesta desde su preguntar.</p>
<p>Preguntar supone ante todo el final de un recorrido, un alto en el camino, desde el que se vislumbra una posible continuaci&oacute;n del mismo pero que no puede continuarse a menos que respondamos a la pregunta tra&iacute;da a colaci&oacute;n y continuemos as&iacute; con la natural marcha del discurso.</p>
<p>La inversi&oacute;n entre pregunta y respuesta es la siguiente: la pregunta atrae a cualquier posible respuesta y que trate de compensarla, y da una muestra parcial de su pasado discursivo hasta ese preciso instante interrogativo. La respuesta, por su parte (en caso de darse), promete un futuro y natural desenvolvimiento de la pregunta &aacute;vida de respuesta y que, por consiguiente, desencadena m&aacute;s discurso. Sin esa respuesta v&aacute;lida a ese discurso que contin&uacute;a &ndash;y que por el momento no ha encontrado otro modo de discurrir que no sea a trav&eacute;s de la neutralizaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la pregunta formulada&mdash; no habr&aacute; m&aacute;s juego discursivo con el que tratar de responder la impert&eacute;rrita y petrificada pregunta. Todo ello ocasionado por no encontrarse con los precisos y apropiados recursos ling&uuml;&iacute;sticos con los que auspiciar, acoger y, sobre todo, articular con justicia por qu&eacute; incurrir en ese preguntar y por qu&eacute; hacer esa pregunta en concreto y no otra cualquiera que bien podr&iacute;a no haber anulado, hasta ahora, todo lo discurrido hasta ese preciso momento interrogativo.&nbsp;</p>
<p>Ahora bien, a la hora de formular una pregunta, ha de desarrollarse una posible respuesta que venga de la propia pregunta dada. Toda pregunta contiene o implica una respuesta a&uacute;n por formular; a&uacute;n por darse desde su preguntar. Conscientes de tal posibilidad, una pregunta ya hecha y pertinentemente elaborada manifiesta de un modo t&aacute;cito una respuesta. Toda respuesta arrastra consigo misma, por consiguiente, una pregunta que est&aacute; siendo respondida. Si la pregunta se puede hacer, entonces la respuesta es tambi&eacute;n posible de ofrecer. Toda pregunta bien hecha y coherente con el sentido proposicional del discurso que la engendra &mdash;el cual es acorde con el sentido congruente e hist&oacute;rico de la realidad&mdash; puede ser respondida en un ulterior discurso, con las palabras precisas para la pregunta en cuesti&oacute;n.</p>
<p>Toda pregunta incuba, por lo pronto, su propia respuesta. Y toda respuesta proyecta en el futuro discursivo del hablante m&aacute;s preguntas que, poco a poco, habr&aacute;n de ir siendo respondidas o, por el contrario, ser rotuladas como indecidibles, y sortearlas mediante un rodeo que las evite, y mostrar otras v&iacute;as discursivas para continuar con la exposici&oacute;n del restante discurso a&uacute;n por acontecer. Esas v&iacute;as (tanto para responder a la pregunta como para sortearla) suelen ser la respuesta f&aacute;ctica de la historia acontecida y epist&eacute;mica de lo Real.</p>
<p>Querer mostrar un discurso es propio de los que necesitan medios espec&iacute;ficos de expresi&oacute;n de sus ideas. Estas expresiones encuentran habitualmente una canalizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la problematizaci&oacute;n de lo Real por medio de preguntas, y un modo de expresar una interioridad individual hacia un com&uacute;n conjunto de cosas que se manifiestan a modo de preguntas todav&iacute;a sin respuesta.</p>
<p>Sin embargo, no es necesario hacer una pregunta tras otra con tal de desentra&ntilde;ar lo Real en un sondeo historiogr&aacute;fico hasta el origen de la causa que suscita &eacute;se preguntar. Es preciso, por el contrario, preguntar por lo fundamental, lo cual se convierte en la pregunta definitiva. La pregunta digna de hacerse. La primera y &uacute;ltima labor por la que vale la pena preguntar.</p>
<p>La pregunta que importa y que eventualmente es pensada y meditada por algunos es la pregunta digna. La pregunta verdadera, y cuya respuesta desvelar&iacute;a el car&aacute;cter verdadero del asunto abordado, sondeando hasta su origen no &uacute;nicamente el motivo de por qu&eacute; la hacemos, sino por qu&eacute; preguntamos con la naturalidad que caracteriza al ser humano (y tambi&eacute;n por qu&eacute; proyectamos preguntas entre nosotros mismos).</p>
<p>Ciertamente, el ser humano es el &uacute;nico lugar hist&oacute;rico del acontecer del Ser que puede albergar preguntas. Aquellas preguntas que se hace son categ&oacute;ricamente para &eacute;l y no de dominio de ninguna otra especie. La especie que pregunta y que responde es la del ser humano. El ser humano, por lo tanto, es el &uacute;nico que puede formular y responder sus propias preguntas. Las preguntas son exclusivamente de dominio humano y de nada m&aacute;s. No hay un qui&eacute;n fuera de la especie humana que pueda responder sus interrogantes.</p>
<p>Luego, lo interrogativo es el com&uacute;n elemento del ser humano. Un lugar donde proyectarse a s&iacute; mismo dentro de una esfera de habitabilidad. Una habitabilidad sustentada por preguntas e interrogantes que someten su raciocinio al dominio del ser humano sobre s&iacute; mismo. Posteriormente puede ocurrir que las preguntas le lleven de un lugar a otro, pero en primer lugar son para dominarse psicof&iacute;sicamente dentro de las esferas de supervivencia y de habitabilidad. O de dominar a especies que ladran, relinchan, balan, ma&uacute;llan, mugen, barritan, trinan, ululan, croan, rebuznan o cacarean&hellip; pero que no preguntan. Tan incapacitante es el silencio de tales especies que no les queda otra que sustituir su mutismo inquiridor por otros sonidos que poco les valen ante el apabullante arrumbamiento de s&iacute; mismas por parte de la excepci&oacute;n humana sin que ning&uacute;n Dios lo impida. &Uacute;nicamente lo pol&iacute;tico puede hacer virar las direcciones e intentonas humanas (por parte de lo humano y su mundo administrado) y retroceder m&iacute;nimamente hacia un origen que, de hecho, no ha hecho m&aacute;s que comenzar a modo de pregunta a&uacute;n por ser respondida.</p>
<p>Si una pregunta es imposible de alcanzar no es porque no se haya dado como incontestable por el asunto abordado, sino porque no se ha dado con la formulaci&oacute;n inquiridora apropiada como para desnudar y articular el lenguaje con la pertinente pregunta. El desnudo di&aacute;logo entre pregunta y respuesta solamente puede darse como forma ulterior de entendimiento, pero lo importante y lo que permanecer&aacute; lo fundan las preguntas que se desnudan ante una posible respuesta.</p>
<p>Cierto es que hay una gran variedad de preguntas a&uacute;n por responder. Sin embargo, todas quedan incardinadas por un mismo sentido an&iacute;mico que, confesadamente, habla del motivo de nuestra existencia. Esa pregunta es la expl&iacute;cita interrogaci&oacute;n en torno al sentido del Ser. Su primac&iacute;a destaca por encima del resto de preguntas. Una primac&iacute;a que desbanca y desbarata cualquier otra pregunta que no sea esa o que remita a ella. Bien puede ser formulada de otro modo a c&oacute;mo se ha estado haciendo hasta ahora, pero siempre tendr&aacute; como horizonte ontol&oacute;gico el desvelamiento del sentido del Ser y esa es la urgent&iacute;sima labor que se propone la actitud inquiridora en estos momentos. Los m&uacute;ltiples modos de ser la pregunta por el sentido del Ser siempre tienen como lugar com&uacute;n un horizonte ontol&oacute;gico. Un com&uacute;n modo de ser m&aacute;s all&aacute; de la mera interrogaci&oacute;n. Un com&uacute;n modo que una y otra vez remite a la dignidad filos&oacute;fica y su modo de ser inquiridor.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 12:30:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Araña, un poema de la gallega Yolanda Castaño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arana-un-poema-de-la-gallega-yolanda-castano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/YOLANDA_CASTA_O_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La madre toca a su hijo como si fuese un instrumento.</p>
<p>La culpa se ha vuelto una monedita pintada.</p>
<p>Algo en ella:</p>
<p>clausurado.&nbsp;</p>
<p>Si tuviera ocho patas</p>
<p>ofrecer&iacute;a a las cr&iacute;as tambi&eacute;n yo</p>
<p>de mi carne.&nbsp;</p>
<p>F&iacute;jate en la de las criaturas, que est&aacute; toda hecha de espejo.</p>
<p>Un brazo vicario y menudo en un</p>
<p>pulso contigo misma.</p>
<p>La ciega, la animal, la j&iacute;bara.&nbsp;</p>
<p>La madre y el hijo negocian su poder con moneditas de pl&aacute;stico.</p>
<p>Comen y defecan ese mismo lenguaje.</p>
<p>Miedo, berrinche, elogio, confianza.&nbsp;</p>
<p>Por el env&eacute;s del d&iacute;a va gru&ntilde;endo la madre su ternura.</p>
<p>Lleva como conchitas colgadas de un collar.</p>
<p>Culpa deber atenci&oacute;n pertenencia.&nbsp;</p>
<p>Se abrazan fuerte para que la dicha no llegue a derramarse.</p>
<p>Frotan de los pa&ntilde;os lo que no desearon nunca.</p>
<p>At&aacute;ndose al m&aacute;stil de un amor tan fiero</p>
<p>algo en la ara&ntilde;a qued&oacute; clausurado.&nbsp;</p>
<p>El hijo y la madre comercian con su placer y su castigo.</p>
<p>Algunas manchas no salen jam&aacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 12:03:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Landero y Soledad Puértolas presentarán el 40 Aniversario de la revista TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-landero-y-soledad-puertolas-presentaran-el-cuarenta-aniversario-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/LUIS_LANDERO_4_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>La nueva entrega de TURIA se dar&aacute; a conocer los d&iacute;as 23 de noviembre en Teruel y 27 de noviembre en Madrid, en la sede central del Instituto Cervantes. Tanto Luis Landero como Soledad Pu&eacute;rtolas respaldar&aacute;n con su participaci&oacute;n esa filosof&iacute;a de trabajo que ha definido la trayectoria de la revista y que ha sido el secreto de su longevidad y de su &eacute;xito: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, a los autores emergentes y a los cl&aacute;sicos de nuestros d&iacute;as. Un ejercicio permanente de mestizaje cultural y de convivencia ideol&oacute;gica, est&eacute;tica y generacional que, junto a los atractivos monogr&aacute;ficos dedicados a autores de inter&eacute;s que protagonizan cada n&uacute;mero, han consolidado su labor cultural m&aacute;s all&aacute; de las modas y conquistado el favor de los buenos lectores.&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En 40 a&ntilde;os de trayectoria ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores y un total de 45.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, en el a&ntilde;o actual, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace diez a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con 12.500 seguidores. El perfil de sus lectores nos informa de que se trata por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
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<p><strong>UN SUMARIO MUY ATRACTIVO PARA LOS LECTORES</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los escritores que participan con textos in&eacute;ditos en este n&uacute;mero especial de la revista TURIA figuran premios Cervantes como Antonio Gamoneda; acad&eacute;micos como Soledad Pu&eacute;rtolas, Luis Mateo D&iacute;ez y Clara Jan&eacute;s, o autores de consolidado prestigio como Luis Landero (Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas), Javier Gom&aacute; (escritor y fil&oacute;sofo, director de la Fundaci&oacute;n Juan March y Premio Nacional de Ensayo), Enrique Vila-Matas (Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances), o varios autores galardonados con los Premios Nacionales de Narrativa, como Pilar Ad&oacute;n, y de Poes&iacute;a: Chantal Maillard, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Colinas y Yolanda Casta&ntilde;o.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n participan destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola como Sara Mesa, Sergio del Molino y Manuel Vilas. Poetas como Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Jordi Doce, Raquel Lanseros, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA, que conmemora su 40 aniversario, dedica su monogr&aacute;fico a reivindicar al escritor aragon&eacute;s &Aacute;ngel Guinda, fallecido en 2022. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y el fomento de la lectura que su obra merece. Porque TURIA considera que Guinda deber&iacute;a ser valorado como uno de los poetas m&aacute;s sobresalientes de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX. De ah&iacute; que protagonice un amplio y cuidado monogr&aacute;fico en el que participan 20 autores y se publican seis poemas in&eacute;ditos, y ya p&oacute;stumos, del propio Guinda.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong><br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>BU&Ntilde;UEL SEG&Uacute;N PHILIPPE LAN&Ccedil;ON</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong></strong>Quiz&aacute; &nbsp;la colaboraci&oacute;n &nbsp;internacional &nbsp;m&aacute;s &nbsp;relevante &nbsp;de &nbsp;esta &nbsp;entrega &nbsp;de TURIA sea el texto in&eacute;dito del reconocido periodista y escritor franc&eacute;s Phillippe Lan&ccedil;on sobre la poes&iacute;a de Luis Bu&ntilde;uel. Este original e interesante art&iacute;culo es la traducci&oacute;n del pr&oacute;logo que su autor escribi&oacute; para el libro editado por Gallimard en 2022: &ldquo;Luis Bu&ntilde;uel, El perro andaluz y otras obras po&eacute;ticas&rdquo;. Esa edici&oacute;n, a cargo del traductor de este texto, Jordi Xifra, recopila no solo los poemas en verso y prosa que Bu&ntilde;uel compuso la d&eacute;cada de los 1920 y principios de la de 1930, sino tambi&eacute;n su &uacute;nica pieza de teatro, &ldquo;Hamlet&rdquo;, los guiones de &ldquo;Un perro andaluz&rdquo; y de &ldquo;Ilegible, hijo de flauta&rdquo;, escrito con Juan Larrea, y la conferencia dictada en 1953, &ldquo;El cine, instrumento de poes&iacute;a&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre Luis Bu&ntilde;uel, escribe Lan&ccedil;on en TURIA: &ldquo;La gestaci&oacute;n de <em>Un perro andaluz</em>, la primera pel&iacute;cula realizada con Dal&iacute; en 1929, informa sobre los poemas que escribi&oacute; en esa misma &eacute;poca, sobre lo que buscan y lo que les falta. Lo que buscan: &ldquo;Busc&aacute;bamos un equilibrio inestable e invi&shy;sible entre lo racional y lo irracional que nos diera, a trav&eacute;s de este &uacute;ltimo, una capacidad de entender lo ininteligible, de unir el sue&ntilde;o y la realidad, lo consciente y lo inconsciente, huyendo de todo simbolismo. No se trataba de unir una imagen con la otra a base de la raz&oacute;n o de la sinraz&oacute;n, sino exclusivamente de que nos diera una continuidad que satisficiera nuestro inconsciente, sin herir lo consciente, pero que, a su vez, no tuviera una relaci&oacute;n directa con lo racional&rdquo;. Lo que les falta: &ldquo;Hicimos el <em>script </em>en seis d&iacute;as, rechazando todo lo que fueran asociaciones m&aacute;s o menos normales, recuerdos o l&oacute;gica. Por ejemplo, coge una cajetilla de Gitanes, la pone so&shy;bre una mesa baja y yo digo: &ldquo;Ahora en vez de caja hay un sapo&rdquo;. Recha&shy;zado por malo. Nada de magia. No. Nada m&aacute;s las cosas que nos gustaban, que no significaran nada, que nos gustaran las im&aacute;genes. De cada seis rechaz&aacute;bamos cinco. Las primeras nos salieron muy f&aacute;cilmente&rdquo;. El cineasta conducir&aacute; al poeta hacia la sobriedad.&rdquo;</p>
<p>Conviene recordar que Philippe Lan&ccedil;on fue herido en el&nbsp;ataque terrorista contra&nbsp;<em>Charlie Hebdo</em>&nbsp;el 7 de enero de 2015, mientras trabajaba para el semanario sat&iacute;rico franc&eacute;s. Aunque qued&oacute; gravemente herido, fue uno de los pocos supervivientes de aquel tristemente c&eacute;lebre atentado islamista. Sobre su experiencia y el largo proceso de rehabilitaci&oacute;n posterior escribi&oacute; un libro estremecedor y muy recomendable titulado &ldquo;El colgajo&rdquo;, que obtuvo un gran &eacute;xito y varios premios literarios y que en Espa&ntilde;a public&oacute; la editorial Anagrama.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LUIS LANDERO Y SOLEDAD PU&Eacute;RTOLAS, UNA PRESENCIA CONSTANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Luis Landero y Soledad Pu&eacute;rtolas, dos grandes autores espa&ntilde;oles muy vinculados a la trayectoria de la revista, &nbsp;ser&aacute;n los encargados de dar a conocer el n&uacute;mero especial conmemorativo del 40 aniversario de TURIA a los lectores. Se da la circunstancia de que ambos no s&oacute;lo han colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que los dos han sido objeto de sendos monogr&aacute;ficos. As&iacute;, la escritora y acad&eacute;mica aragonesa Soledad Pu&eacute;rtolas, protagoniz&oacute; el n&uacute;mero 100 de TURIA en 2011. Por su parte, el narrador extreme&ntilde;o Luis Landero, fue objeto de un an&aacute;lisis completo de su vida y obra en el n&uacute;mero 121-122 de TURIA, editado en 2017.</p>
<p>En primer lugar se desarrollar&aacute; una presentaci&oacute;n de TURIA en Teruel, el &nbsp;jueves 23 de noviembre y a las 19:30 horas en el sal&oacute;n de actos de la Delegaci&oacute;n Territorial del Gobierno de Arag&oacute;n. En ella intervendr&aacute;n, bajo el formato de conversatorio entre ambos, el escritor Luis Landero y el periodista cultural Fernando del Val. As&iacute;, el p&uacute;blico asistente podr&aacute; disfrutar de un fruct&iacute;fero di&aacute;logo sobre los diversos temas que vehiculan la obra de Landero. Un autor que, seg&uacute;n la hispanista Elvire Gomez-Vidal que coordin&oacute; el monogr&aacute;fico de TURIA, nos brinda una obra en la que &ldquo;internarse es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podr&iacute;a llamar un &lsquo;estilo&rsquo; inimitable, dotado de una agradable fluidez pero tambi&eacute;n de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible. Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola actual&rdquo;. Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra &eacute;poca y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. &ldquo;Landero &ndash;seg&uacute;n ha asegurado la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no hab&iacute;a captado en un primer momento&rdquo;.</p>
<p>Una segunda presentaci&oacute;n de TURIA se llevar&aacute; a cabo en Madrid, en el sal&oacute;n de actos de la sede central del Instituto Cervantes. Ser&aacute; el lunes 27 de noviembre, a las 19:30 horas, cuando la escritora Soledad Pu&eacute;rtolas intervenga para hablarnos de la tarea realizada por una revista cultural espa&ntilde;ola que ha alcanzado una ins&oacute;lita y merecida longevidad. En sus p&aacute;ginas, la presencia de la tambi&eacute;n acad&eacute;mica de la RAE ha sido una constante que culmin&oacute; en un espectacular monogr&aacute;fico que ratificaba la condici&oacute;n de escritora consagrada de Soledad Pu&eacute;rtolas y que acreditaba, al mismo tiempo, su plena vitalidad creativa. Seg&uacute;n el fil&oacute;logo y editor Daniel Fern&aacute;ndez, que elabor&oacute; el art&iacute;culo introductorio de aquel monogr&aacute;fico, &ldquo;Soledad est&aacute; especialmente dotada para narrarnos de alguna forma la confusi&oacute;n y el desconcierto&nbsp;de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;PRIMEROS SUSPIROS&rdquo;: PHILIPPE LAN&Ccedil;ON ESCRIBE&nbsp;</strong><strong>SOBRE LOS TEXTOS PO&Eacute;TICOS DE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong>&nbsp;</p>
<p>Buena prueba de la vigencia y el permanente inter&eacute;s que suscita la obra de Luis Bu&ntilde;uel a nivel mundial es el texto del escritor y periodista franc&eacute;s Philippe Lan&ccedil;on que publica TURIA en su nuevo n&uacute;mero.&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Primeros suspiros (Sobre los textos po&eacute;ticos de Bu&ntilde;uel&rdquo;), Lan&ccedil;on ofrece un valioso material hasta ahora in&eacute;dito en espa&ntilde;ol y del que ofrecemos un fragmento a continuaci&oacute;n:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Al final de su vida, Luis Bu&ntilde;uel est&aacute; sordo, casi ciego, pero no tiene amnesia. En <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, las memorias escritas con su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y publicadas en 1982, un a&ntilde;o antes de su muerte, repasa sus a&ntilde;os surrealistas y resume, con la claridad que le caracteriza, los que le quedan: &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de todo descubrimiento art&iacute;stico, de todo afinamiento de mis gustos y pensamientos, es una exigencia moral clara e irreductible a la que he tratado de mantenerme fiel contra viento y marea. Y no es tan f&aacute;cil guardar fidelidad a una moral precisa. Constantemente, tropieza con el ego&iacute;smo, la vanidad, la codicia, el exhibicionismo, la ramploner&iacute;a y el olvido. Algunas veces, he sucumbido a una de estas tentaciones y he quebrantado mis propias reglas por cosas que yo considero de poca importancia. En la mayor parte de los casos, mi paso por el surrealismo me ha ayudado a resistir. En el fondo, acaso sea esto lo esencial&rdquo;. Los textos recogidos en esta edici&oacute;n son las primeras huellas de esta moralidad.&nbsp;</p>
<p>Pronto los amparar&aacute; con las im&aacute;genes que con raz&oacute;n han hecho la gloria insular del cineasta. He aqu&iacute; uno, &ldquo;<em>Polisoir</em> milagroso&rdquo;, escrito por un joven que pronto ser&aacute; surrealista: &ldquo;Ese paisaje se hiela menos sobre el espejo / que sobre las u&ntilde;as de los muertos / que han de resucitar / con los dedos convertidos en flores / en flores de agon&iacute;a extinta y de salvaci&oacute;n&rdquo;. O de nuevo, en &ldquo;P&aacute;jaro de angustia&rdquo;: &ldquo;&iquest;qu&eacute; anhelos, qu&eacute; deseos de mares rotos / convertidos en n&iacute;quel / o en un canto ecum&eacute;nico de lo que pudo ser tragedia, / nacer&aacute;n, los p&aacute;jaros de nuestras bocas juntas, / mientras la muerte nos entra por los pies?&rdquo;, y esta ca&iacute;da, que interrelaciona en lo alto un reba&ntilde;o y una procesi&oacute;n: &ldquo;A las seis se oyeron las cabrillas de los Alpes / conducidas por los monjes al altar&rdquo;. Bu&ntilde;uel teme a la muerte y al infierno y s&oacute;lo piensa en ellos, pero introduce la vida, en las sombras, a trav&eacute;s de esa particular vidriera que es el orificio del f&eacute;retro.&nbsp;</p>
<p>Quien se haya adentrado en sus pel&iacute;culas como en la tierra irreductible de la infancia, tierra &iacute;ntima por ajena y ajena por &iacute;ntima, descubrir&aacute; o redescubrir&aacute; en esta recopilaci&oacute;n de qu&eacute; est&aacute; hecha su moral: un rechazo lac&oacute;nico, sarc&aacute;stico e intransigente a las mentiras de la sociedad, los procedimientos de sometimiento que constantemente implementa y justifica con <em>creencias</em>, <em>relatos exclusivos y coherentes</em> y, para colmo, <em>explicaciones</em> m&aacute;s o menos eruditas. Es una moral de rebeli&oacute;n y misterio. La rebeli&oacute;n y el misterio son los caminos hacia la verdad, crudos como una cebolla en una rebanada de pan. Son puertas estrechas, pero cuando se abren conducen al oc&eacute;ano. No podemos pretender vaciarlo, ni ver su fondo, ni controlar el viento y las corrientes que lo agitan. Podemos observarlo, describir lo que sale de &eacute;l y nos invade. &ldquo;Yo he elegido mi lugar, escribe en <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, est&aacute; en el misterio. S&oacute;lo me queda respetarlo&rdquo;.</p>
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<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 11:40:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacer claro lo oscuro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hacer-claro-lo-oscuro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JAVIER_SALVAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>No son pocos los escritores que adem&aacute;s de poes&iacute;a escriben prosa, pero quiz&aacute; s&iacute; son menos los que en la prosa no se dejan llevar por sus efluvios po&eacute;ticos y renuncian a alambicar sus frases con retorcidas met&aacute;foras. Por todo lo que he le&iacute;do de la obra de Javier Salvago, tanto en verso como en prosa, me atrever&iacute;a a decir que ninguno de sus textos llevan la m&aacute;cula del esteticismo vacuo ni est&aacute;n&nbsp; imbuidos de profusas ornamentaciones verbales cercanas al barroquismo o a expresiones abigarradas. Se dir&iacute;a, m&aacute;s bien, que en uno y otro caso, en verso y prosa, Salvago no ha abandonado nunca las dos principales se&ntilde;as de identidad que han caracterizado desde su primer libro toda su restante escritura, y que no son otras que la sobriedad discursiva y la sencillez en el decir. &Eacute;l mismo ha escrito alguna vez, de manera lac&oacute;nica y contundente, que a la hora de darle forma a las ideas de lo que se trata es de "hacer sencillo y f&aacute;cil lo complejo, claro lo oscuro", cosa, todo hay que decirlo, que ya en su d&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez juzg&oacute; como lo m&aacute;s conveniente para cualquier escritor que quisiera ser comprendido, pues "No se trata de decir cosas chocantes, sino de decir la verdad sencillamente, la mayor verdad y del modo m&aacute;s claro posible y m&aacute;s duradero", algo no tan dif&iacute;cil de ejecutar si uno no quiere caer en lo conceptuoso o en la oscura palabrer&iacute;a.</p>
<p><em>Nada como la nada</em> es un libro de aforismos &mdash;el segundo en la producci&oacute;n textual del escritor sevillano, despu&eacute;s de que en 2016 publicara <em>Hablando solo por la calle</em>&mdash; en el que sus m&aacute;ximas, m&iacute;nimas, fragmentos y frases sueltas no pretenden complacer al lector ni tampoco darle una visi&oacute;n amable de la compleja realidad en la que estamos inmersos. Su t&iacute;tulo, adem&aacute;s, remite claramente al poemario <em>Nada importa nada </em>(2011), donde, en uno de sus poemas, ya avisaba de la poca importancia que tiene todo. De ah&iacute; que Salvago tampoco en este libro condescienda con el buenismo o con los postulados falsamente esperanzadores que le hagan creer al lector que <em>el mundo lo tiene todo para ser un para&iacute;so</em>. Lo ser&iacute;a, tal vez, si sobr&aacute;ramos nosotros, los seres humanos, que, seg&uacute;n &eacute;l, somos quienes hemos convertido un para&iacute;so a nuestra medida en un infierno a la medida de todos. Traspasados de desilusi&oacute;n, pesimismo y decepci&oacute;n, los aforismos reunidos en este libro muestran un perfil del autor y su mundo que dejan poco lugar a las dudas o a la confusi&oacute;n, pues una y otra vez, p&aacute;gina tras p&aacute;gina, expresan una visi&oacute;n descarnada de la existencia, a la que pr&aacute;cticamente no se le concede casi ning&uacute;n resquicio de exultaci&oacute;n y de la que pareciera que no hay mejor salida para escapar de su sinsentido que desaparecer, ya que "El mundo es una manzana podrida y los gusanos somos nosotros". Resulta cuando menos curioso que este descarnamiento con que Salvago contempla actualmente la vida ya lo mostraba en su primer libro de poemas, <em>La destrucci&oacute;n o el humor </em>(1980), donde en una de sus Soledades advert&iacute;a que "por esta senda, / que llaman vida, todos / vamos a tientas, / igual que un ciego. / En ceniza terminan / todos los fuegos". Pero esos fuegos en los que termina cualquier vida no son &uacute;nicamente aquellos a los que nos veremos abocados todos al final de nuestra existencia, sino tambi&eacute;n esos otros (m&aacute;s indignos o m&aacute;s ruines) producidos por quienes, en lugar de hacernos la vida m&aacute;s placentera, menos problem&aacute;tica y sobre todo m&aacute;s verdadera, se dedican a enturbi&aacute;rnosla y a falsearla con vanas promesas de felicidad: "Miente, pol&iacute;tico, los tuyos y los bobos te creer&aacute;n". Lo que Salvago nos reclama es que no creamos a ning&uacute;n embaucador o farsante disfrazado de bienhechor. De ah&iacute; que su mayor cr&iacute;tica vaya dirigida a los pol&iacute;ticos y a quienes detentan el poder, sea este econ&oacute;mico, religioso o incluso cultural, pues "con tanto pol&iacute;tico c&iacute;nico, vamos a tener que exigir que se introduzca en el c&oacute;digo penal el delito de insulto a la inteligencia y a la sensibilidad".</p>
<p>Las redes sociales, Dios, el dinero, la historia de la humanidad, tambi&eacute;n buena parte de la poes&iacute;a y la cantidad de cr&iacute;menes que se han cometido en el mundo en nombre de la verdad, la moral y el saber de cada &eacute;poca, son algunos de los temas sobre los que reiteradamente se ceba el autor de <em>Nada como la nada</em>, t&iacute;tulo con que ha bautizado su libro no por af&aacute;n de producir una bonita eufon&iacute;a, sino porque, fiel a su desencantamiento de la existencia, cree que es el <em>locus amoenus</em> donde mejor se puede estar: "La muerte es lo mejor que nos puede pasar. Pero eso solo lo descubrimos cuando nos morimos y ya no podemos contarlo". No s&eacute; si Salvago habr&aacute; le&iacute;do a Schopenhauer, pero a tenor de su aquiescencia por el desenga&ntilde;o y su concepci&oacute;n de la vida como fuente de dolor, parece que no anda muy lejos de las tesis filos&oacute;ficas del pensador alem&aacute;n, quien en alg&uacute;n lugar de su obra manifest&oacute; que si bien en un principio todo es un frenes&iacute; de deseos y un &eacute;xtasis de placer sensual, poco despu&eacute;s, sin embargo, llega el turno de la frustraci&oacute;n y de la paulatina destrucci&oacute;n y el marchitamiento de las ilusiones. Schopenhauriano o no, el caso es que tambi&eacute;n los aforismos de Javier Salvago se prestan a una lectura anatematizadora de la vida, sin concesiones a ninguna promesa de felicidad duradera, esa "pelotita de los trileros" o esa "zanahoria con que nos engatusa la vida cuando se cansa de darnos palos". A las toneladas de ilusos o ingenuos que salen cada ma&ntilde;ana a comerse el mundo, Salvago los manda directamente a comerse una mierda, esos "tipos con trajes caros que se levantan cada ma&ntilde;ana muy temprano con el &uacute;nico af&aacute;n de ganar dinero, caiga quien caiga, muera quien muera". La vida deber&iacute;a de ser otro af&aacute;n, otra cosa. Pero &iquest;qu&eacute; cosa, qu&eacute; af&aacute;n? Pudieran ser el amor o el humor o el talento o la inteligencia, pero no. Porque nada puede ya contra su desencanto. Nada, excepto la nada, que todo lo borrar&aacute; como si nunca hubiera sucedido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Salvago, <em>Nada como la nada</em>, Apeadero de Aforistas, 2023.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 11:46:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro de las alabanzas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-libro-de-las-alabanzas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/L_DIA_JORGE_-_Foto_Jo_o_Pedro_La_Umbr_a_y_la_Solana_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Isaac Bashevis Singer sol&iacute;a decir que el novelista s&oacute;lo necesitaba tres cosas para escribir un libro. Un buen tema o asunto real, el deseo irrefrenable de querer escribirlo y la convicci&oacute;n de que s&oacute;lo &eacute;l pod&iacute;a hacerlo con todas sus consecuencias. Al novelista no le bastaba con encontrar una buena historia, sino que deb&iacute;a ser &ldquo;su historia&rdquo;, y expresar su individualidad, su car&aacute;cter, su manera de ver el mundo.</p>
<p>No creo que el lector de <em>Estuario</em>, la &uacute;ltima novela de Lidia Jorge pueda albergar alguna duda acerca de que se cumplen en ella las tres condiciones. Posee un argumento misterioso y conmovedor, est&aacute; escrita con dolorosa pasi&oacute;n, y su autora es, m&aacute;s que nunca, fiel a su propia manera de escribir y contar. No es extra&ntilde;o que sea as&iacute;, pues Lidia Jorge, desde su primera novela, no ha hecho otra cosa que ser fiel a esa manera y concentrarse, como ped&iacute;a W. Faulkner, en la verdad y en el coraz&oacute;n humano. Ella siempre ha buscado un lector c&oacute;mplice, capaz no tanto de leer sus libros como de vivirlos &eacute;l tambi&eacute;n. Un lector que se entregue al libro hasta el punto de llegar a pensar que le pertenece, que s&oacute;lo ha sido escrito para que &eacute;l lo pueda leer. Que llegue incluso a sentir celos de que otros puedan tenerlo entre sus manos.</p>
<p>"Todo libro debe estar escrito con urgencia, como si uno no pudiera vivir sin&nbsp; &eacute;l, porque aquellas historias que no se pueden dejar de lado son las &uacute;nicas&nbsp; que un escritor debe perseguir y ofrecer a sus lectores", dice la autora en una entrevista reciente. El tipo de compromiso que Lidia Jorge le pide a su lector es semejante al que el poeta pide a los suyos. Y <em>Estuario </em>no es sino un largo poema escrito contra la muerte. Un libro que habla de la escritura como visi&oacute;n, como la voz de lo que est&aacute; en otro lugar. Todos los grandes libros, guardan la memoria de esa voz, la voz que no ha dejado de hablarse nunca, ni puede dejar de hacerse, pues su persistencia constituye nuestra humanidad. Se escucha en los momentos m&aacute;s inesperados, y entonces el mundo se transforma en una biblioteca y los hombres son libros vivientes. Y eso ser&aacute; Edmundo Galeano desde el comienzo de <em>Estuario</em>, un libro viviente. El libro como s&iacute;mbolo del coraz&oacute;n humano.</p>
<p>Una de las constantes de la obra de Lidia Jorge es &Aacute;frica, y m&aacute;s en concreto el &Aacute;frica colonial portuguesa. La autora pas&oacute; buena parte de su juventud en Angola y Mozambique, donde trabaj&oacute; como profesora y fue testigo de las guerras por la independencia de esos pa&iacute;ses. All&iacute; se enfrent&oacute; por primera vez al horror de la guerra y a los abusos del colonialismo. Esa experiencia ha nutrido una parte de su obra, en la que ha vuelto una y otra vez a ese mundo y a esos horrores, tratando de iluminarlos con el poder de la ficci&oacute;n. Pues como ella misma ha dicho es la ficci&oacute;n la que completa el relato de la historia, ya que aporta el mundo interior, el coraz&oacute;n profundo de los hombres. "La literatura lava con l&aacute;grimas ardientes los fr&iacute;os ojos de la historia".<em> Estuario</em> es una novela que partiendo de episodios hist&oacute;ricos mezcla lo real con lo m&iacute;tico, dando lugar&nbsp; a una suerte de realismo m&aacute;gico a la portuguesa.</p>
<p>Su protagonista es un hombre joven, Edmundo Galeano, que regresa a Lisboa tras una experiencia traum&aacute;tica vivida en los campos de refugiados de Dadab, surgidos para dar una cobertura humanitaria a los refugiados somal&iacute;es huidos de la guerra civil. Edmundo es un cooperante que sufrir&aacute; un accidente que pr&aacute;cticamente inutilizar&aacute; su mano derecha. <em>Edmundo hab&iacute;a estado en &Aacute;frica, la terrible &Aacute;frica de las grandes polvaredas, de las grandes batallas sin imagen ni noticia, de las terribles religiones primitivas, sanguinarias, con dioses hechos del cruce del caim&aacute;n y del buitre, y hab&iacute;a sido una v&iacute;ctima, hab&iacute;a regresado de una misi&oacute;n de paz con una mano mutilada como si hubiese participado en una guerra.</em></p>
<p>Regresa a Portugal pero el horror de lo vivido, su&nbsp; misma mano muerta, le hace preguntarse por el sentido de su aventura humana y de ese regreso a la casa familiar. Y decide escribir un libro donde deben estar las cat&aacute;strofes y los horrores, pero tambi&eacute;n la belleza&nbsp; de la vida y del mundo.&nbsp;<em>Sin embargo, al mal no se le opon&iacute;a el bien, sino la belleza y era esa porci&oacute;n de s&iacute; mismo la que deber&iacute;a dar al mundo, despu&eacute;s de la vida en Dadaab. Las belleza. Sab&iacute;a que tendr&iacute;a que conquistar la belleza para que su libro funciona como lecci&oacute;n.</em>&nbsp;</p>
<p>Un libro destinado a evitar el fin del mundo, un libro que tuviera el poder de salvar a quien lo leyera. Obsesionado con este proyecto Edmundo Galeano debe enfrentarse al primero de sus problemas: aprender a&nbsp; escribir con su mano enferma. Decide copiar otros libros para recuperar esa funci&oacute;n de su mano, y elige para sus ejercicios dos libros: <em>Oda mar&iacute;tima</em> de Pessoa y <em>La II&iacute;ada</em>.&nbsp;<em>Oda mar&iacute;tima</em> de &Aacute;lvaro de Campos, heter&oacute;nimo de Pessoa, es un canto entusiasta y radiante al ingenio humano, que a trav&eacute;s de la ciencia y la t&eacute;cnica ha permitido al llamado mundo civilizado enriquecerse y dominar el mundo natural. Un canto que reivindica con entusiasmo la fuerza y la energ&iacute;a, por encima de la belleza. Mas ese &iacute;mpetu que ha permitido al ser humano alcanzar grados de desarrollo inimaginables ha sido tambi&eacute;n la causa de la destrucci&oacute;n de una parte del mundo y del dominio que los pueblos desarrollados han ejercido sobre los pueblos del llamado Tercer Mundo. El canto a la energ&iacute;a y al ingenio humano se transforma en un canto de destrucci&oacute;n y pillaje como tal vez nunca ha tenido lugar en la historia de la humanidad. El segundo de los libros, <em>La Il&iacute;ada,</em> apenas se aparta de este gui&oacute;n idea, pues es el canto de c&oacute;mo un pueblo lleva a otro la destrucci&oacute;n y la muerte a trav&eacute;s de su b&uacute;squeda de un ideal heroico. La elecci&oacute;n de estos libros para sus ejercicios de escritura, lejos de ser arbitraria, forma parte del coraz&oacute;n mismo de su proyecto.</p>
<p>La mano herida de Edmundo es la mano del escritor. Para eso escribe para poder completarse. Adorno dijo que la verdadera pregunta, la que funda la filosof&iacute;a, no es la pregunta por lo que tenemos sino por lo que nos falta. Y el lugar de la falta es donde se plantea la pregunta sobre si podr&iacute;amos ser de otra manera. Perder algo, puede leerse en el libro de Lidia Jorge, es estar preparado para perder m&aacute;s si fuera necesario. La mano muerta de Edmundo Galeano es su v&iacute;nculo con todos los humillados de la tierra. Un v&iacute;nculo con su verdad. La escritura como una forma de recuperar la decencia y el honor. Rafael S&aacute;nchez Ferlosio al explicar el conflicto de Lord Jim dice esto del honor. &ldquo;El sentimiento de honor perdido no es un conflicto psicol&oacute;gico. El honor es una relaci&oacute;n de lealtad con los dem&aacute;s&rdquo;. De forma que el deshonor no es tanto &ldquo;haberse fallado a uno mismo&rdquo; sino &ldquo;haberles fallado a los otros&rdquo;.</p>
<p>Para que esto no suceda hay otra pregunta que el escritor no puede dejar de hacerse: &iquest;qu&eacute; debe aparecer en ese libro?&nbsp;<em>&iquest;Si ninguna de esas personas ha visto matar ni ha visto morir de privaci&oacute;n, solo de enfermedad natural, como fue el caso de nuestra madre, Maria Balbina, que falleci&oacute; de neumon&iacute;a? &iquest;Si ninguna de esas personas ha pasado hambre o sed? &iquest;Si ninguna de esas personas ha pasado una noche al relente, jam&aacute;s una noche sin luz, nunca un d&iacute;a sin cuarto de ba&ntilde;o, nunca un d&iacute;a sin ropa, sin comida, sin medicamentos como les ocurre diariamente a aquellos que yo vi en los campos donde permanec&iacute; a lo largo de tres a&ntilde;os, sobre todo los dos en Dadaab? &iquest;C&oacute;mo pueden estas personas entrar en el libro 2030?</em></p>
<p>A&uacute;n m&aacute;s, si todo ya est&aacute; escrito &iquest;por qu&eacute; le parece que hace falta un libro m&aacute;s y que debe escribirlo &eacute;l? Y &iquest;c&oacute;mo lo har&aacute;?, &iquest;con qu&eacute; palabras? Hay un momento en que Charlote, uno de los personajes clave del libro, reflexiona sobre el amor. Lo define como un rel&aacute;mpago que une a dos personas, pero siente a la vez que no hay palabras suficientes para expresar las realidades humanas, y las que tantas veces se utilizan est&aacute;n desgastadas y no serven de nada. <em>El amor de Trist&aacute;n e Isolda ya no exist&iacute;a m&aacute;s en la faz de la tierra, o mejor, se sab&iacute;a ahora que, al final, siempre hab&iacute;a sido aquello que era, un mito construido con imaginaci&oacute;n y palabras. Lo que hab&iacute;a quedado, eso s&iacute;, era un rel&aacute;mpago que un&iacute;a a dos personas. Entre ellos ten&iacute;a lugar ese rel&aacute;mpago. Sin embargo, ambos buscaban en el amplio aparato verbal de su lengua la palabra que correspond&iacute;a a ese sentimiento y no la encontraban. Como no la encontraban, usaban la palabra desgastada, la &uacute;nica que conoc&iacute;an que se le pareciese, y era de nuevo la palabra amor. </em></p>
<p>Tal es el descubrimiento doloroso que hace Edmundo a trav&eacute;s de las dificultades que encuentra para llevar adelante su proyecto: que las palabras de su lenguaje no coinciden con los l&iacute;mites del mundo que tiene ante &eacute;l. Hab&iacute;a que buscar esas palabras que no existen en los diccionarios comunes y que solo se encuentran en los limites del lenguaje. No hablar con palabras prestadas sino con otras que persigan no tanto desvelar el misterio como protegerlo.&nbsp;<em>Estamos hecho para alimentarnos de lo inexpresable, pens&oacute; Charlote, por eso nos encanta el misterio</em>. Esa es la dificultad a la que se deber&aacute; enfrentar Edmundo en la escritura de su libro: Encontrar las palabras que necesita para dar cuenta de eso inexpresable que eran. <em>Dijo que Edmundo hac&iacute;a bien en escribir lo que deseaba escribir- Un libro para salvar a los hombres de la Tierra. Acabar&aacute; siendo un libro en alabanza de todo lo que nace, independientemente de la muerte que vaya a tener, dijo ella y de todo lo que muere algo nace. De tu mano muerta nacer&aacute; un libro. </em></p>
<p>La novela de Lidia Jorge es un desaf&iacute;o permanente para sus lectores, pues nada en ella es lo que parece. Se trata de un libro sobre la escritura de un libro, donde sus personajes, se van construyendo y deconstruyendo ante nuestros ojos como pasa con los personajes que pueblan los sue&ntilde;os. Un libro sobre una de esas casas llenas de secretos que aparecen en tantas novelas. Vemos empa&ntilde;arse los espejos, hablan los retratos, los pasillos se llenan de ruidos, hasta que nos damos cuenta de que toda esa actividad no encubre sino el esfuerzo de la autora por dar cuenta de la vida con todas sus contradicciones. No solo de la vida de nuestra raz&oacute;n, sino tambi&eacute;n de la que tiene que ver con nuestros deseos. Es de esa vida de la que, en un intenso y doloroso p&aacute;rrafo, habla Amadeu lima, el amante de Charlote:&nbsp;<em>Y de repente sent&iacute; que la perfecci&oacute;n que yo viv&iacute;a al lado de una mujer bella y completa, que la vida me hab&iacute;a puesto a ala orilla de las olas un mes de septiembre, llenaba mi vida domesticada, civilizada, pero no mi vida salvaje. Imposible explicarlo con palabras. Para que lo comprendas, mi vida necesitaba fidelidad e infidelidad, La fidelidad era vivida con ella, tu hermana Charlote, la infidelidad, que yo tambi&eacute;n necesitaba, no ten&iacute;a cara, era vivida con varias caras superpuestas, y yo quer&iacute;a las dos, la fidelidad y la infidelidad. Sent&iacute;a placer en ese riesgo, en vivir una asimetr&iacute;a inc&oacute;moda, entre la vida fiel a Charlote y la vida disoluta con cualquiera. Sent&iacute;a placer en intentar equilibrar con dificultad la vida salvaje y la vida pura, sabiendo peligrosamente que las dos resid&iacute;an en el mismo pecho.</em></p>
<p><em></em>Puede que Charlote sea el personaje m&aacute;s cautivador, delicado y profundo, de todos cuantos ha concebido Lidia Jorge a lo largo de su ya larga obra. Es como un esponja que va absorbiendo todo cuanto sucede a su alrededor, pero que no puede protagonizar su propia vida. Alguien due&ntilde;o de esa rara aptitud para vincular &ldquo;lo que cura con lo que hiere&rdquo;, que para Henry James era la raz&oacute;n &uacute;ltima de la verdadera literatura. El libro trata, en suma, de c&oacute;mo poner en el mundo un poco de cordura y amor. <em>Ella cre&iacute;a que el hombre y la mujer eran seres luminosos con puntos de oscuridad y no al contrario</em>, se lee en una de las p&aacute;ginas de <em>Estuario</em>. Sus personajes padecen lo que Chesterton llam&oacute; bellamente &ldquo;las agon&iacute;as del anhelo".</p>
<p>La obra de Lidia Jorge nos habla de las fuerzas terribles o ben&eacute;ficas de la naturaleza, del placer y de la muerte, de las servidumbres del amor y del sufrimiento debido a la p&eacute;rdida. Mas ella sabe que el verdadero narrador nunca cuenta una historia, por muy terrible que sea, para sumir en la desolaci&oacute;n a los que le escuchan. Es un mediador. Se ofrece a su comunidad no para aumentar su inquietud, sino para ayudarla a sobreponerse a las amenazas que la apremian o inquietan. Sus relatos son f&oacute;rmulas de cohesi&oacute;n que le permiten conjurar el efecto desintegrador de esas amenazas, y nos permiten entrar en regiones de la realidad que de otra forma nos resultar&iacute;an inaccesibles. Esta novela, toda la obra de Lidia Jorge, nos ense&ntilde;a a aprehender el mundo como pregunta, por lo que supone un alegato contra el totalitarismo en todas sus formas. Todos los totalitarismos&nbsp; son mundos de respuestas, no de preguntas. Frente a los que prefieren juzgar a comprender, contestar a preguntar, Lidia Jorge defiende el poder sanador de la novela como pregunta, que su voz se oiga en el estr&eacute;pito necio de las certezas humanas.</p>
<p>La obra de Lidia Jorge es comparable a la de todos los grandes moralistas, en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasi&oacute;n del coraz&oacute;n humano. La autora portuguesa forma parte de esa larga tradici&oacute;n de grandes moralistas, que desde Cervantes o Stendhal, se dan en el mundo de la novela. Se confunde con ellos porque busca al hombre en el entorno y la comunidad en que vive; y la verdad en donde se oculta, en sus rasgos particulares. Lidia Jorge suscribir&iacute;a sin dudarlo las palabras de Camus acerca de que el desprecio por los hombres constituye con frecuencia el estigma de un coraz&oacute;n vulgar.<strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 10:41:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escritor turolense Isidoro Villarroya y el “Mito de Sagunto”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-escritor-turolense-isidoro-villarroya-y-el-mito-de-sagunto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ISIDORO_VILLAROYA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Poco se sabe del autor turolense Isidoro Villarroya y Crespo, escritor de la primera mitad del siglo XIX, pero hemos podido acceder a su expediente administrativo, su &ldquo;Hoja de servicios&rdquo; &mdash;que se encuentra en el Archivo del Instituto &ldquo;Vega del Turia&rdquo; de Teruel&mdash;, y de ella podemos extraer los datos biogr&aacute;ficos y bibliogr&aacute;ficos b&aacute;sicos que exponemos a continuaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Biograf&iacute;a de Isidoro Villarroya y Crespo</strong></p>
<p>Nace el 3 de abril de 1800 en el pueblo turolense de Corbal&aacute;n y a los13 a&ntilde;os comienza sus estudios de Gram&aacute;tica latina en las aulas p&uacute;blicas de la ciudad de Teruel. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1814, obtiene una beca de n&uacute;mero en el Real y Conciliar Seminario de Teruel y cursa como seminarista interno Filosof&iacute;a, y dos a&ntilde;os de Teolog&iacute;a escol&aacute;stico-dogm&aacute;tica y Sagradas Escrituras. En 1824 obtiene por oposici&oacute;n el Magisterio de latinidad en la villa de Mora de Rubielos, y en 1827 el t&iacute;tulo de Preceptor de latinidad. Ese mismo a&ntilde;o, es invitado por el Obispo de Teruel a desempe&ntilde;ar la C&aacute;tedra de Ret&oacute;rica y mayores del Seminario Conciliar, cargo que ejercer&aacute; durante 18 a&ntilde;os.</p>
<p>En 1834 es nombrado vocal de la Junta de Instrucci&oacute;n primaria de la provincia de Teruel y en 1845 ser&aacute; comisionado por el Excelent&iacute;simo Ayuntamiento para redactar la contestaci&oacute;n que se deb&iacute;a remitir a la Comisi&oacute;n provincial de Monumentos hist&oacute;ricos y art&iacute;sticos de dicha ciudad. Tambi&eacute;n el a&ntilde;o 1845 fue invitado, con motivo de la creaci&oacute;n del Instituto Provincial de Segunda Ense&ntilde;anza, a ocupar la misma C&aacute;tedra que desempe&ntilde;aba en el Seminario Conciliar. En marzo de 1847 recibi&oacute; el nombramiento de Catedr&aacute;tico de Lat&iacute;n y Castellano de ese mismo Instituto. En 1853 fue invitado por el Obispo de Teruel a impartir clases de griego en el Seminario, lo que har&aacute; hasta su muerte el 19 de mayo de 1855.</p>
<p>La pr&aacute;ctica totalidad de sus libros los edita en Teruel, en tres Imprentas (Gimeno, Garc&iacute;a y Zarzoso), pero editar&aacute; un libro, por el que es m&aacute;s conocido, en Valencia, en la colecci&oacute;n del librero, editor e impresor, Mariano de Cabrerizo.</p>
<p>El primer texto que publica es un folleto en 16&ordm;, <em>El Santo Via-Crucis y Dolores de Mar&iacute;a, en cuartetas y d&eacute;cimas</em> (Gimeno, Teruel), en 1834. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp; en&nbsp; 1837, unas <em>Lecciones de geograf&iacute;a</em> (Gimeno, Teruel), en un tomo en 8&ordm;. Al a&ntilde;o siguiente la novela hist&oacute;rica, <em>Marcilla y Segura o los amantes de Teruel. Historia del siglo XIII</em>, en dos tomos en 16&ordm;, editados por Cabrerizo en Valencia. En 1840 edita en un folleto en 16&ordm;, unas cuartetas con el t&iacute;tulo, <em>Inventiva contra la blasfemia </em>(Zarzoso, Teruel). Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1845, publica tres libros:<em> Baturrillo o una caravana estudiantina</em> (Zarzoso, Teruel), en dos tomos en 16&ordm; papel marquilla, una obra sat&iacute;rica; y los dos libritos que a nosotros nos interesan, <em>Las ruinas de Sagunto. Poema hist&oacute;rico perteneciente a la &eacute;poca de la dominaci&oacute;n cartaginesa de la Espa&ntilde;a Antigua</em> (Garc&iacute;a, Teruel) y <em>El hombre de la cueva negra o las ruinas y restauraci&oacute;n de Sagunto, hoy </em>Murviedro, los dos libros editados en Teruel, por la imprenta Garc&iacute;a, en dos tomos en 8&ordm;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Isidoro Villarroya y el &ldquo;Mito de Sagunto&rdquo;</strong></p>
<p>Estos dos &uacute;ltimos libros pueden considerarse como formando una unidad, tanto desde un punto de vista tem&aacute;tico como de cronolog&iacute;a referencial: los avatares de Sagunto desde su asedio y destrucci&oacute;n en el a&ntilde;o 218 a. de C, &nbsp;hasta su reconquista por los hermanos Escipi&oacute;n, Publio y Cneo Cornelio, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en el 212 a. de C. Si bien, &nbsp;ambos difieren en su g&eacute;nero textual. Por una parte, <em>Las ruinas&hellip;</em>, es un largo poema &eacute;pico, escrito en versos endecas&iacute;labos, con rima asonante en los versos pares (manteniendo la siguiente regularidad: los cantos I y II la rima es &eacute; o; el III y IV, &nbsp;&iacute; o; el V y VI, &nbsp;&aacute; o; y el VII y VIII, &nbsp;&eacute; a) y en &eacute;l se refieren los hechos constitutivos del &ldquo;mito de Sagunto&rdquo;, siguiendo las fuentes cl&aacute;sicas y los estudios historiogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos a su autor, como &eacute;l mismo refiere en el pr&oacute;logo y en la multitud de notas que acompa&ntilde;an a su texto.</p>
<p>Por otra parte, <em>El hombre de la cueva negra</em>&hellip;, es una novela en prosa, en la que el autor narra unos amores y unas peripecias ficticias, enmarcadas en el periodo siguiente a la destrucci&oacute;n de Sagunto hasta desembocar en la restituci&oacute;n de la ciudad tras su conquista por el ej&eacute;rcito romano, si bien todo el primer cap&iacute;tulo, as&iacute; como la totalidad el tercero, y parte del segundo y cuarto, refieren acontecimientos hist&oacute;ricos anteriores que lo ligan con el poema &eacute;pico.</p>
<p><em>Las ruinas&hellip;</em>, es un poema de factura cl&aacute;sica, que sigue estrictamente el canon &eacute;pico y se atiene al paradigma de la narraci&oacute;n del mito saguntino, extrayendo su informaci&oacute;n de las fuentes cl&aacute;sicas (Polibio y los excerpta de Fabio P&iacute;ctor, Tito Livio y Apiano), as&iacute; como lo referido por otros autores, posteriores, o contempor&aacute;neos a Villarroya, y que &eacute;l alude, extrayendo en sus notas citas de estos: Mariana, Isla, Masdeu, Romey o Miguel Cort&eacute;s. Este &uacute;ltimo y su obra <em>Diccionario geogr&aacute;fico-hist&oacute;rico de la Espa&ntilde;a Antigua</em>, ser&aacute; muy citado por Villarroya, con continuos elogios. Posiblemente, Villarroya fuese alumno del sacerdote Miguel Cort&eacute;s y L&oacute;pez, nacido en Camarena en 1776, que fue durante un tiempo Catedr&aacute;tico en los Seminarios de Teruel y Segorbe. Quiz&aacute;, tambi&eacute;n, fuese a trav&eacute;s de &eacute;l como Villarroya public&oacute; en la colecci&oacute;n de Cabrerizo en Valencia, ya que por esa &eacute;poca estaba Cort&eacute;s residiendo all&iacute;, como Chantre de su Catedral, &nbsp;y debemos recordar sus ideas liberales (fue diputado en las Cortes de C&aacute;diz y sufri&oacute; exilio pol&iacute;tico, adem&aacute;s de un proceso inquisitorial), que lo situaban en la &oacute;rbita de Cabrerizo.</p>
<p><em>El hombre de la cueva negra&hellip;</em>, como hemos dicho m&aacute;s arriba, es una novela hist&oacute;rica, que cabr&iacute;a incluir, siguiendo la clasificaci&oacute;n que propone Jos&eacute; Ignacio Ferreras, dentro de la denominada &ldquo;novela arqueol&oacute;gica&rdquo;. Responde al modelo rom&aacute;ntico de Victor Hugo y Walter Scott, y en ella se nos relatan los infortunios de una pareja amorosa: Lidoro y Aminta, v&iacute;ctimas de la violencia y el despotismo cartagin&eacute;s. La obra presenta situaciones siniestras, giros inesperados y aventuras y peripecias propias de la novela rom&aacute;ntica y sentimental.</p>
<p>La trama novelesca comienza con el personaje Laufitel, ciudadano de Emporion, quien&nbsp; se encuentra en las cercan&iacute;as de Sagunto, en el rio Idubeda,&nbsp; huyendo de unos cartagineses que lo buscan temiendo que sea un esp&iacute;a. Efectivamente lo es, de Escipi&oacute;n, quien le ha enviado a que le informe de los cartagineses y de Sagunto. Una tormenta virulenta le lleva a una mas&iacute;a en la que se niegan a darle cobijo porque la mujer del campesino y su hijo cree que es el gigante de la cueva negra. Laufitel les muestra que no es as&iacute;, pero se entera por una conversaci&oacute;n que tienen unos hombres en la mas&iacute;a junto al fuego, que cerca de all&iacute; hay una cueva habitada por un m&aacute;gico o nigromante que arroja fuegos.</p>
<p>Laufitel movido por la curiosidad se acerca a la cueva y descubre all&iacute; a su habitante, a quien le dice que no le har&aacute; nada y le descubre qui&eacute;n es. Al enterarse que se encuentran los romanos en Hispania y de qui&eacute;n es, el gigante le dice que &eacute;l es un jefe saguntino y le cuenta su historia: el asedio y destrucci&oacute;n de Sagunto, la muerte de sus padres, la muerte de su amada, Aminta y c&oacute;mo lleg&oacute; hasta all&iacute; gracias a los colonos de una casa de campo suya y a la de una aldeana que le suministra cada cierto tiempo v&iacute;veres.</p>
<p>Miestras resuelven c&oacute;mo llegar a los romanos e informarles, sabemos que no todos los saguntinos han perecido, que Aminta est&aacute; viva, es una de los rehenes que fue salvada por un capit&aacute;n cartagin&eacute;s hispano (su madre, amiga de Himilce, la esposa hispana de An&iacute;bal, consigue saldar sus deudas y enrolar a su hijo). Este la requiere, pero Aminta lo evita. Se la somete a Aminta a un juicio y el Comandante Ind&uacute;bal cree que quien mat&oacute; a Felicio y a otros soldados cartagineses fue Lidoro, que a&uacute;n sigue vivo. Y acusa a Aminta de ocultarlo.</p>
<p>Como se ve, se trata de una obra repleta de amores, intrigas, cambios s&uacute;bitos, revelaciones insospechadas&hellip;. Tan solo aludir&eacute; al fin de los amantes porque enlaza esta obra con otra suya &mdash;mucho m&aacute;s famosa en su &eacute;poca y por la que es recordado&mdash;, <em>Marcilla y Segura o Los amantes de Teruel</em>, ya que los amigos de Lidoro, Laufitel y Roseel naturales de Emporion, cuando se dirigen hacia Sagunto, cerca ya de la batalla final que acabar&aacute; con el poder cartagin&eacute;s, encuentran a su amigo en un s&oacute;tano, muerto junto a un arca, bes&aacute;ndola, donde se haya sepultada Aminta.</p>
<p>Perm&iacute;tanme, para finalizar, que les exponga unas palabras del pr&oacute;logo de <em>El hombre de la cueva negra&hellip;</em>, que les dar&aacute; el tono que atraviesa a estas dos obras de Isidoro Villarroya: &ldquo;Mas no forma la celebridad de Sagunto la antig&uuml;edad de su fundacion y pros&aacute;pia de sus fundadores , ni la fortaleza de sus murallas y alcazar, ni su benigno clima y f&eacute;rtil suelo, ni el c&uacute;mulo de riquezas que la prodig&aacute;ra su decantado comercio, ni la dignidad y excelencia de su gobierno; f&oacute;rmala el inimitable hero&iacute;smo de sus habitantes. Los Saguntinos lanzaron los primeros el m&aacute;jico grito de independencia: los Saguntinos dieron el mas relevante ejemplo de amor patrio, oponi&eacute;ndose con entusiasmo y her&oacute;ico denuedo al ominoso yugo de la dominaci&oacute;n estrangera, y sell&aacute;ndolo con su misma sangre el sacrosanto juramento de fidelidad bien merecidos son los repetidos encomios, que les han prodigado los antiguos poetas e historiadores&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 09:56:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tonto encumbrado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-tonto-encumbrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/CONSTANTINO_MOLINA_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Me gusta la poes&iacute;a que se entiende.</em></p>
<p><em>La que habla de la vida</em>.</p>
<p>Dijo el tonto encumbrado.</p>
<p>Y se call&oacute; la t&oacute;rtola,</p>
<p>se secaron los pozos en los que nadie sabe</p>
<p>por qu&eacute; ni para qui&eacute;n su agua aflora.</p>
<p>Dejaron de vibrar las mist&eacute;ricas cuerdas,</p>
<p>le abatieron el vuelo al canto de la nada</p>
<p>y en la noche al amor se transform&oacute;</p>
<p>en una triste mueca de evidencia.</p>
<p>Se pusieron muy tristes Juan de Yepes,</p>
<p>Valente y Jackson Pollock.</p>
<p>Se deshizo el hechizo de los salmos,</p>
<p>se le agot&oacute; la voz al mundo,</p>
<p>y el tonto fue feliz</p>
<p>mientras su triste vida nos contaba.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Oct 2023 09:45:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Winterreise. Un viaje de invierno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/winterreise-un-viaje-de-invierno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ESTHER_KINSKY_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>D&iacute;a tras d&iacute;a. Quiz&aacute; noche tras noche, durante tres meses seguidos, una mujer sola se sienta a escribir en su habitaci&oacute;n alquilada, junto a la ventana, antes de acostarse. Ya ha estado en Italia anteriormente. Este viaje, sin embargo, proyectado minuciosamente en todos sus detalles, iba a hacerlo con M., el hombre que compart&iacute;a sus sue&ntilde;os y sus esperanzas. Ahora &eacute;l est&aacute; muerto, piensa mientras escribe. Piensa en &eacute;l a todas horas. Tambi&eacute;n hoy ha puesto el <em>Winterreise</em> de Schubert a un volumen inadmisible para la hora. Al volumen que a &eacute;l le gustaba escucharlo. Su <em>lieder</em> preferido. La mujer baja el volumen. Pronto se ir&aacute; a la cama.</p>
<p><em>Arboleda</em> es uno de esos libros, aparentemente sencillos, pero que basta con leer unas pocas p&aacute;ginas para darse cuenta de que no lo es, de que la sencillez casi siempre tiene un elevado precio, y no est&aacute; al alcance de cualquiera. Uno de esos libros sobre los que la cr&iacute;tica enmudece y para los que el lector no es m&aacute;s que un accidente, una contingencia, un pretexto. Libros, generalmente, que su autor escribe para superar alg&uacute;n golpe inesperado de la vida, para poder seguir viviendo, sobreviviendo. Porque el mundo ya no es el mismo para quien ha perdido a un ser querido. El mundo ya no es el mismo para quien ha perdido &ldquo;al testigo de su vida, y teme que en adelante su vida va a transcurrir en el mayor abandono, en la mayor soledad&rdquo;, como dej&oacute; escrito insuperablemente en una de sus ep&iacute;stolas Plinio el Joven.</p>
<p>&ldquo;Acostada y despierta, medit&eacute; sobre las posibilidades que ten&iacute;a en aquel lugar para ajustar mi vida durante tres meses a un orden que me permitiera sobrevivir a la inesperada extra&ntilde;eza&rdquo;.</p>
<p>No es un viaje literario, aunque visite m&aacute;s adelante la tumba de Keats, aunque la primera etapa del viaje sea Ferrara y pregunte por la tumba de Bassani. Es un viaje en el que algunos muertos siguen vivos. Un viaje a Italia. Un viaje a la memoria. Pero un viaje a Italia sin poner los pies en ning&uacute;n museo. Ni olvidar un cementerio (hay personas, confieso que soy una de ellas, que sienten una atracci&oacute;n especial por los cementerios).</p>
<p>Una ma&ntilde;ana, mientras se hace el caf&eacute;, la narradora se asoma al balc&oacute;n y ve c&oacute;mo el pueblo se va despertando poco a poco. Un d&iacute;a y otro d&iacute;a y otro d&iacute;a. Ve c&oacute;mo se van abriendo las ventanas. C&oacute;mo un cami&oacute;n de la basura recula por las callejas, y peque&ntilde;as figuras con chalecos reflectantes acercan los contenedores y los vac&iacute;an en el colector. El ruido de la cafetera la reclama y mientras desayuna escribe, no quiere que se le olvide: <em>Desde el balc&oacute;n, ve&iacute;a c&oacute;mo despertaba transform&aacute;ndose en un mundo de juguete: movidas por dedos invisibles, se abr&iacute;an las ventanas; un cami&oacute;n de la basura reculaba por las callejas, y peque&ntilde;as figuras con chalecos reflectantes acercaban los contenedores y los vaciaban en el colector.</em> Anota lo que hace cada d&iacute;a nada m&aacute;s hacerlo. Anota lo que ve, anota lo que oye, lo que piensa, lo que recuerda, anota incluso las cosas que no ve y cuya existencia sospecha. El paisaje, el pueblo, la casa de la colina, el cementerio, depende desde d&oacute;nde se los mire, componen un cuadro diferente. El mismo cuadro, pero diferente. Describe los gestos de la vida, los gritos, las conversaciones, los silencios, las miradas. Describe los paisajes, cambiantes seg&uacute;n las estaciones. Y los sue&ntilde;os. Los recuerdos y los sue&ntilde;os, que tantos hombres y mujeres desde&ntilde;an. Los sue&ntilde;os que tantas cosas dicen a quien sabe escuchar, a quien sabe escucharse.</p>
<p>La narradora observa, nombra, describe lo que ve, pero muchas veces ignora qu&eacute; significa lo que ve. Entonces recurre a la duda, a la sospecha, al lenguaje en el que se expresa lo inexpresable, lo inefable, y escribe <em>quiz&aacute;</em>, la palabra <em>quiz&aacute;</em>. <em>Quiz&aacute; se tratara de un rito&hellip;, quiz&aacute; la foto se tom&oacute; en Olevano&hellip;, quiz&aacute; le gustaba apoyarse en el marco de la puerta&hellip;, quiz&aacute; la escena se repet&iacute;a&hellip;, quiz&aacute; sub&iacute;a por el sendero&hellip;, quiz&aacute; le faltaba valor</em>. O tal vez. O al parecer. O posiblemente.</p>
<p>Y nos preguntamos una vez m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; es lo que hace que estas p&aacute;ginas, escritas por una mujer que viaja sola, nos emocionen tanto? &iquest;Qui&eacute;n es Esther Kinsky? &iquest;Qui&eacute;n es la autora de este emocionante y po&eacute;tico libro? Nacida en 1956, en Renania, poeta y traductora del polaco, el ingl&eacute;s y el ruso, le han bastado dos novelas, tan premiadas como traducidas a otras lenguas, para ocupar un lugar de excepci&oacute;n en la literatura alemana.&nbsp;</p>
<p><em>Arboleda</em> es quiz&aacute; una novela. O tal vez. O al parecer. Poco importa. <em>Una novela del territorio</em> reza enigm&aacute;tico el subt&iacute;tulo. Pero una novela que no se atiene a las caracter&iacute;sticas (servidumbres) tradicionales del g&eacute;nero (&iquest;y por qu&eacute; habr&iacute;a de hacerlo?). Una novela sin personajes estrictamente hablando, pero con personas, personas an&oacute;nimas,&nbsp; algunas est&aacute;n muertas (<em>morti</em>) y otras vivas (<em>vii</em>). Y entre las muertas, algunas siguen vivas en nuestra memoria. Mientras alguien te recuerde, no est&aacute;s muerto, reza un lugar com&uacute;n poco consolador. Pero los recuerdos no se fijan para siempre, ni se fijan de una vez. Cada vez que acuden a la memoria (&iquest;por qu&eacute; esos y no otros?) son recuerdos distintos. Los mismos pero distintos. De manera que <em>Arboleda</em> es y no es una novela, una novela sin argumento, sin trama, sin desenlace. En pocas palabras: un libro bell&iacute;simo que no se parece a ning&uacute;n otro.</p>
<p><em>Declinaba el sol, el cielo se enarcaba en capas de naranja, rojo, p&uacute;rpura y lila sobre aquel paisaje cuyas superficies de agua reflejaban los colores perfilados por unas l&iacute;neas terrestres cada vez m&aacute;s negras [&hellip;] O&iacute; unas cercetas comunes al otro lado del estanque, unas avefr&iacute;as a lo lejos y, despu&eacute;s, unos martinetes</em>.</p>
<p><em>Me dispuse a partir. En los &uacute;ltimos paseos trat&eacute; de grabarme lo que hab&iacute;a visto a diario en aquel lugar: las aguas con las estrechas franjas de tierra en medio; las l&iacute;neas que los p&aacute;jaros trazaban en el cielo sobre el paisaje; los colores de las ruinosas construcciones de ladrillo a la luz cambiante; las p&aacute;lidas ca&ntilde;as del carrizo; las garzas serenas, la inercia invernal de los flamencos y el quieto cortejo de los camiones</em>.&nbsp; Se acerca el final. Hay que volver. Hay que volver aunque nadie nos est&eacute; esperando. Todo vuelve. Todo acaba por volver. Todo menos nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esther Kinsky, <em>Arboleda. Una novela del territorio</em>, trad. de Richard Gross, C&aacute;ceres, Perif&eacute;rica, 2021.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Oct 2023 11:33:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si quieres futuro prepara el presente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/si-quieres-futuro-prepara-el-presente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MAT_AS_ESCALERA_CORDERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La ciencia ficci&oacute;n es la proyecci&oacute;n veros&iacute;mil del presente, lo dem&aacute;s es fantas&iacute;a. Es la diferencia que existe, por ejemplo, entre las sagas gal&aacute;cticas de Lucas y la de <em>Star Trek</em>, porque este g&eacute;nero no abandona la especulaci&oacute;n cient&iacute;fica. Un sollozo del fin del mundo es ciencia ficci&oacute;n, incluso podr&iacute;amos afirmar que es una cr&oacute;nica del m&aacute;s que inquietante presente bajo la apariencia de ese g&eacute;nero futurible. Jameson, en un libro que ahora citaremos, va incluso m&aacute;s all&aacute;: &ldquo;El presente no deja, de hecho, de ser un pasado, aunque su destino demuestre ser las maravillas tecnol&oacute;gicas de Verne o, por el contrario, los aut&oacute;matas destartalos y tullidos del futuro pr&oacute;ximo de P.K. Dick&rdquo; (2009: 343).</p>
<p>Para hacer veros&iacute;mil narrativamente este reto Mat&iacute;as Escalera, consagrado poeta y avezado contador, ha orquestado un <em>collage</em> de m&uacute;ltiples voces narrativas conformado por di&aacute;logos contados por personajes, documentos le&iacute;dos, excursos reflexivos, etc. Todo ello amasado en una &ldquo;focalizaci&oacute;n 0&rdquo;, eso que antes de la narratolog&iacute;a contempor&aacute;nea se llamaba con un ese ox&iacute;moron denominado &ldquo;narraci&oacute;n objetiva&rdquo;. Escalera abanica, embraga y desembraga con singular maestr&iacute;a ese abanico de voces narrativas -con algunas &ldquo;focalizaciones internas homodieg&eacute;ticas,&rdquo; es decir, puntos de vista subjetivos- y documentos que resultan estimulantes para un lector con vocaci&oacute;n de recreador, especie en peligro de extinci&oacute;n desde que los t&eacute;cnicos de la mercadotecnia tomaron al asalto las editoriales.</p>
<p>En su novela precedente, <em>Un mar invisible</em> (Isla Varia, 2009) el autor madrile&ntilde;o hab&iacute;a desplegado una maquinaria narrativa de gran complejidad, nada complaciente, herm&eacute;tica y alineada con una vanguardia sin complejos que entroncaba con los experimentos (&iquest;olvidados, denostados, varados?) de la d&eacute;cada prodigiosa. Escalera escribe con precisi&oacute;n, con una pertinencia muy cervantina -algo se pega viviendo en Alcal&aacute;-, quiz&aacute; con un abuso de los puntos suspensivos que ya se atisbaba en su anterior novela. Escritor y poeta, domina el lenguaje y su ritmo, por lo que la lectura de <em>Un sollozo</em> es experiencia tan gozosa en lo literario como inquietante en lo tem&aacute;tico. Estamos ante una apuesta valiente, temeraria incluso, en estos tiempos de involuci&oacute;n sociopol&iacute;tica y tambi&eacute;n, y no es menos grave, est&eacute;tica. Este aullido del fin del mundo, que lo es literal y figuradamente, est&aacute; orquestado con vocaci&oacute;n m&aacute;s posibilista en su escritura, menos herm&eacute;tica y menos aparentemente ca&oacute;tica, si bien sigue siendo una necesaria <em>rara avis</em> en un panorama de &ldquo;ficci&oacute;n especulativa&rdquo; -ah&iacute; la encuadra el prologuista Alberto Garc&iacute;a Teresa- profuso en producci&oacute;n, pero m&aacute;s bien convencional en la novel&iacute;stica hoy publicada con bulimia incontrolada. De nuevo aqu&iacute; este <em>enfant terrible</em> sesentero/sesent&oacute;n ensaya una escritura del caos posmoderno, una alegor&iacute;a del naufragio de ideolog&iacute;as y grandes relatos que anunciaran -qued&aacute;ndose cortos tras el advenimiento de la cultura digital participativa- Vattimo, Lyotard o Jameson.</p>
<p>Precisamente el libro del &uacute;ltimo pensador citado, <em>Arqueolog&iacute;as del futuro. El deseo llamado utop&iacute;a y otras aproximaciones a la ciencia ficci&oacute;n</em> (Akal, 2009), hace una l&uacute;cida introspecci&oacute;n en este g&eacute;nero contempor&aacute;neo que no puede ser nunca neutral: &ldquo;nuestras im&aacute;genes de la utop&iacute;a, todas las posibles im&aacute;genes de la utop&iacute;a, siempre ser&aacute;n ideol&oacute;gicas y estar&aacute;n distorsionadas por un punto de vista que no puede corregirse o ni siquiera explicarse, como cuando observamos que &eacute;ste o aqu&eacute;l ut&oacute;pico tal vez no se diese cuenta de las evoluciones sociales m&aacute;s recientes&rdquo; (pag. 210). Escalera es muy consciente de esa imposible equidistancia, por eso asume el punto de vista ideol&oacute;gico que le caracteriza, en sinton&iacute;a con Jameson, de un posmodernismo cr&iacute;tico, alineado con el pensamiento de la izquierda altersist&eacute;mica. Muchos de los acuciantes problemas que observamos desde esta &oacute;ptica hoy d&iacute;a aparecen contados en proyecci&oacute;n futur&iacute;stica: el desmontaje del <em>Welfare State</em>, el abismo creciente de la desigualdad a favor de una oligarqu&iacute;a financiera, el acorralamiento, cuando no derrota, de la cultura del com&uacute;n y, sobre todo y ante todo, el desastre ecol&oacute;gico que comenz&oacute; con el calentamiento, continu&oacute; con la crisis clim&aacute;tica y camina hacia un Armaged&oacute;n imprevisible e imparable. Ese desastre solo puede ser conjurado por una <em>fuga mundi</em>, por una respuesta espiritual como la de los monjes que la emprendieron durante el Bajo Imperio romano, justo en otra antesala del Apocalipsis. En esta novela lucen los resistentes conectados en redes <em>blockchain</em> (como los del enclave alpino autogestionado Rojaba-Detroit), convertidos en verdaderos protagonistas. Klein, Sa&uacute;l, Gersak y sus abuelos, que le ense&ntilde;aron el camino de esa rebeld&iacute;a, parecen ser el &uacute;nico rayo de esperanza ante la gran cat&aacute;strofe que avanza inexorable. No falta el humor en medio de la amenaza -hay hasta una cardenal llamada Marie Claire-. Y es que el mundo actual, el del 2023, se percibe ya como un gran sinsentido que en el 2053, el a&ntilde;o en que el autor ser&iacute;a centenario, llegar&iacute;a a un punto de no retorno. Es el momento v&oacute;rtice: o rebeli&oacute;n o desaparici&oacute;n. De aquellos polvos...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mat&iacute;as Escalera. <em>Un sollozo del fin del mundo.</em> Madrid, 2023, Ka&oacute;tica Libros<strong>.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Sep 2023 12:00:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lente a través de la que todo se ve]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-lente-a-traves-de-la-que-todo-se-ve/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ZADIE_SMITH_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Acaba de publicarse en castellano esta recopilaci&oacute;n de ensayos que Zadie Smith, londinense del 75, escribi&oacute; entre 2008 y 2016, durante los dos mandatos del presidente estadounidense Barack Obama.&nbsp; La autora de <em>Dientes Blancos</em> nos lo recuerda en el pr&oacute;logo con el fin de que los leamos con esa perspectiva en mente, pertenecen al pasado, si bien no se trata de un pasado lejano, pero pasado al fin y al cabo. Durante esos a&ntilde;os vivi&oacute; a caballo entre el Reino Unido y Estados Unidos, donde se instal&oacute; en Nueva York por motivos laborales para no desaprovechar la ocasi&oacute;n de compaginar su labor como profesora de escritura creativa en la <em>New York University</em>&nbsp; con la de activista comprometida en pro de los derechos de las mujeres, por un lado, y sobre todo con la de defensora del multiculturalismo como motor social de las comunidades en las que m&aacute;s profundamente asentado est&aacute;, digamos Londres y Nueva York.</p>
<p>Estos ensayos se escribieron, por lo tanto, a ambos lados del Atl&aacute;ntico y algunos de ellos vieron la luz en prestigiosos medios como <em>Harper&rsquo;s</em>,<em> </em><em>The New Yorker</em>&nbsp; o <em>The New York Review of Books</em>.&nbsp; Pero aun perteneciendo a la d&eacute;cada pasada no podemos decir que hayan perdido su frescura, ni mucho menos, toda vez que los temas de los que la mayor&iacute;a de ellos tratan son atemporales, como el arte, la literatura, los sentimientos o las relaciones personales.&nbsp; La obra est&aacute; dividida en cinco secciones cuyos t&iacute;tulos revelan el contenido de los ensayos de cada una. As&iacute;, <em>&ldquo;En la galer&iacute;a&rdquo;</em> recoge cr&iacute;ticas, concienzudas y puntillosas, de diferentes obras de arte, esculturas y pinturas.&nbsp; Por su parte <em>&ldquo;En la estanter&iacute;a&rdquo;</em> nos ofrece rese&ntilde;as literarias, y <em>&ldquo;Entre el p&uacute;blico&rdquo;</em> nos permite conocer la agudeza con la que Zadie Smith visiona distintas pel&iacute;culas. Los ensayos de la primera secci&oacute;n, <em>&ldquo;En el mundo&rdquo;,</em> abordan temas universales como el cambio clim&aacute;tico o el multiculturalismo junto con otros m&aacute;s locales, como el <em>Brexit</em>, e incluso una reflexi&oacute;n desde la distancia sobre su novela <em>NW London </em>publicada en 2012.&nbsp; En la &uacute;ltima secci&oacute;n, quiz&aacute; la m&aacute;s intimista y cuyo t&iacute;tulo es el mismo que el de la obra que hoy nos ocupa, se mezclan consideraciones de la autora sobre experiencias propias o familiares.</p>
<p>Zadie Smith habla mucho sobre s&iacute; misma, sobre su familia y sobre <em>Willesden</em>, el barrio del noroeste de Londres en el que se cri&oacute; y del que le cuesta horrores despegarse. El vecindario donde todav&iacute;a reside su madre y al que vuelve no solo de visita.&nbsp; Comprometida con la defensa de uno de los iconos culturales del mismo, su biblioteca p&uacute;blica, no duda en ponerse pr&aacute;cticamente al frente del colectivo que pelea para que no sucumba a la piqueta de la brutal especulaci&oacute;n inmobiliaria que reg&iacute;a, y rige, en la capital del Reino Unido.&nbsp; Como tampoco duda en postularse como activa defensora del medio ambiente, pregunt&aacute;ndose varias veces en sus textos <em>&ldquo;&iquest;qu&eacute; hemos hecho?&rdquo; &ldquo;&iquest;qu&eacute; podemos hacer?&rdquo;</em>&nbsp; Dos preguntas que tienen la misma validez intelectual cuando aborda el tema del multiculturalismo y que son claro reflejo de desesperaci&oacute;n incr&eacute;dula cuando las utiliza para hablar del abismo que se abre a sus pies ante la terrible perspectiva de un Reino Unido <em>post </em>&nbsp;<em>Brexit</em>.</p>
<p>Y de nuevo <em>Willesden</em> para reivindicar su barrio como el ambiente ideal para criar a sus hijos. De hecho tiene casa alquilada all&iacute;, y para predicar con el ejemplo es en <em>Willesden</em> donde vive cuando peri&oacute;dicamente regresa a Londres. Zadie Smith, defensora de la tolerancia y de la permeabilidad, critica abiertamente el paternalismo fariseo de los blancos y propugna la militancia activa para conseguir la igualdad real. Si bien en su etapa universitaria luch&oacute; desde una perspectiva casi exclusivamente feminista, despu&eacute;s de casi treinta a&ntilde;os ampl&iacute;a su compromiso y lo dirige hacia la negritud, as&iacute; en general, porque est&aacute; convencida de que la hipocres&iacute;a ciega cada vez a m&aacute;s personas. En varios ensayos se cuestiona incluso el concepto mismo de negritud. Preguntas y m&aacute;s preguntas. &iquest;Y los <em>birraciales</em> como ella misma, hija de jamaicana negra descendiente de esclavos y brit&aacute;nico blanco? &iquest;Y los <em>cuarterones</em> como sus propios hijos, fruto de su matrimonio con un blanco norirland&eacute;s?&nbsp; La raza es <em>&ldquo;la lente a trav&eacute;s de la que todo se ve&rdquo;</em>, dice en voz alta Zadie Smith, que lo sabe bien porque lleva casi tres d&eacute;cadas dando explicaciones. Demasiado tiempo para conseguir que se le considere una intelectual brit&aacute;nica, no una intelectual brit&aacute;nica <em>de</em> <em>color</em>.</p>
<p>En definitiva, <em>Con total libertad </em>pone al descubierto un perfil desconocido de esta grande de la literatura inglesa contempor&aacute;nea, el de ensayista. Sin embargo, ya en 2011 se tradujo al espa&ntilde;ol otra colecci&oacute;n titulada <em>Cambiar de idea</em>, y durante los primeros meses de la pandemia escribi&oacute; seis ensayos que acaban de ver la luz&nbsp; bajo el t&iacute;tulo de <em>Contemplaciones</em>. Si se trata de una nueva direcci&oacute;n en su profusa producci&oacute;n escrita o no, ya lo veremos. Pero de algo estamos seguros, su compromiso con las causas en las que cree va a seguir impregnando su obra futura, sea de ficci&oacute;n o no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Zadie Smith, <em>Con total libertad</em>, Barcelona, Salamandra, 2021.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Sep 2023 11:39:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía como vínculo cosmopolita]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-como-vinculo-cosmopolita/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ABDUL_HADI_SADOUN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>No nos sorprende el excepcional enfoque social y literario que Abdul Hadi Sadoun (Bagdad, Irak, 1968) nos ofrece en este libro, <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol</em><strong> </strong>(Olifante, 2023). Este escritor iraqu&iacute;, afincado en Espa&ntilde;a desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, se ha ganado a pulso su condici&oacute;n de hispanista. No todos los escritores nacidos en Espa&ntilde;a cuentan en su haber con la admirable trayectoria de Abdul Hadi Sadoun ni han escudri&ntilde;ado tanto en los diferentes latidos que la literatura espa&ntilde;ola ha dejado a lo largo de su historia.</p>
<p>Lejos de centrarse exclusivamente en la proyecci&oacute;n de su propia obra, que es intensa y extensa, y en la que ha ido confluyendo la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo, Abdul Hadi Sadoun ha ido dejando tras de s&iacute; un campo sembrado de investigaci&oacute;n rigurosa y de estudios centrados en escritores concretos (en el &aacute;mbito de la narrativa o la poes&iacute;a) o movimientos literarios cuya trascendencia ha traspasado fronteras hasta la cultura &aacute;rabe, a cuya lengua ha dado a conocer innumerables autores espa&ntilde;oles. Y a la inversa, este incansable estudioso de la literatura ha tra&iacute;do hasta nuestra cultura y en nuestra lengua a numerosos poetas de origen &aacute;rabe que hemos agradecido conocer por medio de las traducciones que este escritor iraqu&iacute; ha ido desarrollando y por las cuales nos permite conocer voces que merecen ser atendidas y conocidas en el contexto de la poes&iacute;a actual, sin tener en cuenta las fronteras.</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, Abdul Hadi Sadoun se ha propuesto, con &eacute;xito, acercarnos a los poetas que, sin haber nacido en Espa&ntilde;a, han elegido nuestro idioma como alternativa de expresi&oacute;n para sus creaciones po&eacute;ticas. <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol<strong>, </strong></em>supone un interesante y revelador trabajo sobre las m&uacute;ltiples razones que han propiciado que escritores nacidos fuera de Espa&ntilde;a hayan optado por expresarse literariamente en espa&ntilde;ol. Para ello, ha seleccionado a 18 poetas que, seg&uacute;n apunta el autor en su pr&oacute;logo, &ldquo;destacan, no s&oacute;lo las voces magreb&iacute;es, sino otras voces de diferentes culturas y generaciones, un grupo de poetas del Oriente &aacute;rabe, &Aacute;frica y pa&iacute;ses de Europa que se han convertido en un signo distintivo de la nueva escritura en lengua espa&ntilde;ola&rdquo;. Son, sigue apuntando el autor del libro, &ldquo;18 poetas de diferentes pa&iacute;ses que han elegido el espa&ntilde;ol como idioma com&uacute;n o compartido con su lengua materna para escribir y manifestarse po&eacute;ticamente&rdquo;.</p>
<p>Todos los poetas seleccionados en este libro deb&iacute;an cumplir tres requisitos: que incluyeran poemas escritos directamente en castellano, que hayan sido publicados en un libro, antolog&iacute;a o in&eacute;ditos y una &uacute;ltima condici&oacute;n, la m&aacute;s significativa para contextualizar el libro. Deb&iacute;an responder todos a la pregunta: &iquest;Por qu&eacute; escribo en otra lengua (el espa&ntilde;ol) que no es mi lengua materna?</p>
<p>Uno tras otro, los 18 poetas, originarios de Bulgaria, Escocia, India, Italia, Irak, Ir&aacute;n, Nueva Zelanda, Mal&iacute;, Marruecos, Polonia, Portugal, Serbia, Ruman&iacute;a, T&uacute;nez y USA, &nbsp;fueron respondiendo a los tres apartados y ante la pregunta requerida por el autor del libro surgen m&uacute;ltiples razones para justificar el uso del espa&ntilde;ol como lengua adoptiva para crear. Resulta sumamente interesante adentrarse en las 18 razones de estos poetas. Lo m&aacute;s&nbsp; que llama la atenci&oacute;n en la mayor&iacute;a de ellos es su inclinaci&oacute;n por llegar a ser capaces de &ldquo;pensar en espa&ntilde;ol&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo se consigue, realmente, pensar en un idioma que no es el nuestro originariamente? &iquest;Qu&eacute; significa pensar desde un idioma? &iquest;Hay una forma de pensar en ingl&eacute;s, &aacute;rabe, italiano o espa&ntilde;ol? &iquest;Hay alg&uacute;n rasgo distintivo que tengamos que tener en cuenta para pensar desde un idioma determinado? &iquest;Cu&aacute;les son esos rasgos?</p>
<p>Entre los poetas seleccionados en este libro, Lawrence Schimel (USA, 1971), nos revela que un poema (&ldquo;Sida y vuelta&rdquo;) que ha compuesto en espa&ntilde;ol lo considera intraducible al ingl&eacute;s. La raz&oacute;n que expone es que pensaba en castellano. Tal vez ayude a entender esta afirmaci&oacute;n si partimos de que este autor vive en Espa&ntilde;a, pero cabr&iacute;a preguntarse si ser&iacute;a diferente si viviera fuera de nuestro pa&iacute;s. Y en medio de esta perspectiva, otros poetas del libro que nos ocupa coinciden en que escriben en el idioma en el que piensan. La poeta serbia Nikodim- Divna Nikolic lo confirma al decir: &ldquo;Normalmente pienso en castellano&rdquo;.</p>
<p>En algunas ocasiones, siguiendo con los poetas incluidos en este libro, optar por expresarse po&eacute;ticamente en castellano responde a una raz&oacute;n humana o social, incluso de tintes hist&oacute;ricos. La poeta italiana Stefania Di Leo (1976), recurre a una respuesta personal, unida a sus sentimientos de a&ntilde;oranza por el idioma espa&ntilde;ol que para ella es &ldquo;memoria de mi historia, es recuerdo vivo de Espa&ntilde;a&rdquo;. Esta poeta, personalmente vinculada a su estancia en nuestro pa&iacute;s, guarda un sentimiento de simbiosis entre su idioma y el espa&ntilde;ol. De ah&iacute; que diga que &ldquo;el castellano es un idioma con el que sue&ntilde;o todav&iacute;a, del que oigo el ritmo, parecido al ruido de mis pasos mientras alcanzo la universidad Complutense o mientras ando por las calles vallisoletanas&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, la poeta iraqu&iacute; Bahira Abdulatif Yasin (1957) ve en el uso del espa&ntilde;ol un &nbsp;instrumento de expresi&oacute;n, una raz&oacute;n social, a la vez que humana y personal, que hace que su respuesta sea reveladora y sumamente interesante. Esta poeta ve en la lengua &ldquo;una se&ntilde;a de identidad esencial, especial para una persona exiliada&rdquo;. En este caso la posibilidad de poder expresarse en otro idioma (el espa&ntilde;ol), supone una tabla de salvaci&oacute;n para enfrentarse a la opresi&oacute;n y el idioma adoptivo (en este caso el espa&ntilde;ol), se convierte en fuente de libertad o liberaci&oacute;n de los sentimientos. De ah&iacute; que esta poeta iraqu&iacute; afirme: &ldquo;Escribir en espa&ntilde;ol empez&oacute;, en mi caso, como necesidad urgente para poder tender puentes con la sociedad espa&ntilde;ola y su cultura, para defender mi estatus como mujer iraqu&iacute;, cuya memoria contin&uacute;a habitada por el dolor, la muerte y tambi&eacute;n por las ganas de vivir y crear&rdquo;. Creemos que nada se puede a&ntilde;adir&nbsp; a estas sentidas palabras.</p>
<p>Todos los poetas seleccionados en el libro guardan una raz&oacute;n de peso para justificar el uso del espa&ntilde;ol en sus creaciones, como segundo idioma o idioma entrecruzado con el materno por lazos inquebrantables. Incluso alg&uacute;n poeta, como es el caso de Isma&euml;l Diadi&eacute; Ha&iuml;dara (Mal&iacute;, 1957), va m&aacute;s all&aacute; de su vinculaci&oacute;n est&eacute;tica o sentimental con el espa&ntilde;ol, es algo m&aacute;s que adoptar nuestro idioma como instrumento po&eacute;tico. Para &eacute;l, concretamente, supone un v&iacute;nculo que le hace recuperar su pasado y el espa&ntilde;ol se convierte, entonces, en un soporte de car&aacute;cter hist&oacute;rico. Lleg&oacute; al castellano como fuente de sus antepasados, junto al &aacute;rabe. Resulta conmovedor su afirmaci&oacute;n: &ldquo;Volver al castellano es en cierta manera reconquistar lo que mis antepasados perdieron, reencontrarme con mis ra&iacute;ces&rdquo;.</p>
<p>No falta la opini&oacute;n de otros poetas que han visto en el castellano la forma de acercarse a los grandes autores de nuestra literatura, conocerles en su lengua y pensar desde el espa&ntilde;ol, sin intermediarios ling&uuml;&iacute;sticos. Es &eacute;sta una raz&oacute;n que se repite y desarrolla en los &uacute;ltimos tiempos, porque no hay mejor forma de conocer y adentrarse en la obra de un autor que hacerlo en su mismo idioma. Para la poeta marroqu&iacute; Lamiae El Amrani (1980), crear en otro idioma (el espa&ntilde;ol) va m&aacute;s all&aacute; de un inter&eacute;s literario. Para ella, escribir en espa&ntilde;ol &ldquo;ha ampliado los horizontes de mi lenguaje y la capacidad de trazar y construir nuevos caminos para reconocernos en el otro, para crear lazos y acercarnos a esos sentimientos universales que s&oacute;lo se consiguen cuando creamos espacios comunes, donde nos podemos mirar con tolerancia y podemos coexistir en libertad&rdquo;.</p>
<p>Creemos que no podr&iacute;amos contar con mejor colof&oacute;n para terminar estas palabras que sumarnos a esta cita de Lamie El Amrani. Y tras una s&iacute;ntesis de las observaciones de algunos poetas de <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol</em>, resulta necesario felicitar a Abdul Hadi Sadoun por ayudarnos a acercarnos, una vez m&aacute;s, a Letras y palabras de otras culturas y un mismo sentir.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Escribir con e&ntilde;e (Otros poetas en espa&ntilde;ol), </em>ed. Abdul Hadi Sadoun, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 Sep 2023 10:09:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sangre de esta idea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sangre-de-esta-idea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/FERNANDO_AND_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pese a las apariencias, Marwan Landulsi (Ezzahara, T&uacute;nez, 1430 de la h&eacute;gira) no es un heter&oacute;nimo, ni siquiera un pseud&oacute;nimo de Fernando And&uacute; (Zaragoza, barrio del Arrabal, 1965, a&ntilde;o cristiano o globalizador...). Son la misma persona, aunque sin la complejidad trinitaria. Marwan, si acaso, resulta un producto de su&nbsp;<em>amor</em>&nbsp;(en todas las variantes) por la cultura musulmana (quiz&aacute; mejor oriental) y, en su mayor parte, de sus aspectos m&aacute;s heterodoxos. Eso s&iacute;, con feliz sincretismo o imbricaci&oacute;n con el mundo occidental del que procede el saraqust&iacute;, tanto en sus elementos cl&aacute;sicos como en los vanguardistas. C&oacute;mo, si no, mostrar los antecedentes del autor del poemario rese&ntilde;ado. Aunque siempre se podr&iacute;a inventar una historia rom&aacute;ntica y sugerente...</p>
<p>Despu&eacute;s de varias incursiones l&iacute;ricas en peque&ntilde;os libros (<em>La sangre y los alerces</em>, 1989;&nbsp;<em>En otros&nbsp;t&eacute;rminos</em>, 1992;&nbsp;<em>Invenciones de las c&aacute;rceles</em>, 2002 y&nbsp;<em>Diferencias</em>, 2013), And&uacute;/Landulsi &ndash;y tras su acostumbrada gestaci&oacute;n decenal&ndash; nos regala&nbsp;<em>Noticia de Abu-l-Al&aacute;</em>, que sigue la est&eacute;tica de su anterior volumen, pero con&nbsp;<em>diferencias</em>&nbsp;notables. Exquisita autoedici&oacute;n realizada mediante micromecenazgo, donde se demuestra que la calidad literaria no est&aacute; re&ntilde;ida con lo no comercial, tristes voces aparte. Qu&eacute; mejor cosa que convocar (o invocar) Marwan/Fernando a un grupo de amigos y familiares para pasar unos buenos momentos. A eso lo denominar&iacute;a vitalidad.</p>
<p>Simple, pero de una est&eacute;tica ejemplar, la portada y la tipograf&iacute;a del volumen, atractivo a primera vista. El autor, as&iacute; como &Aacute;lvaro Santamar&iacute;a en lo art&iacute;stico y B&aacute;rbara Solans en lo t&eacute;cnico, nos ofrecen un libro ya agradable en su presentaci&oacute;n f&iacute;sica. La ilustraci&oacute;n de portada, que puede representar tanto unas ventanas o puertas &aacute;rabes desde las que se mira (o accede) al mundo como l&aacute;pidas verticales de una&nbsp;<em>maqbara</em>&nbsp;musulmana, nos marca el tono contradictorio del mensaje po&eacute;tico con el que nos vamos a encontrar.</p>
<p>Mas tambi&eacute;n es sorprendente su interior. Escoltando la parte propiamente l&iacute;rica de Landulsi/And&uacute; (n&oacute;tese c&oacute;mo en el apellido del primero est&aacute; incluido el del segundo, casualidad o no), hay como delantal una biograf&iacute;a ejemplar de Abu-l-Al&aacute; y, en la coda, unas &laquo;Correspondencias&raquo;. La primera nos&nbsp;<em>noticia</em>&nbsp;(en su acepci&oacute;n de &laquo;conocimiento&raquo;) sobre la vida del sabio y poeta sirio Abu-l-Al&aacute;. N&oacute;tese c&oacute;mo su cronolog&iacute;a hace referencia al calendario musulm&aacute;n y no al cristiano. Dicha biograf&iacute;a debe mucho a las cl&aacute;sicas grecolatinas (Plutarco, Di&oacute;genes Laercio...), pero m&aacute;s a las escritas, en el &aacute;mbito oriental, acerca de eruditos, cad&iacute;es o alfaqu&iacute;es, verdaderos eslabones de la cadena cultural isl&aacute;mica del saber. De lo que no cabe duda es de la pericia con la prosa &ndash;y no s&oacute;lo con la poes&iacute;a&ndash; de And&uacute;/Landulsi (tanto monta...), conjunci&oacute;n de utilidad y deleite y con la cual alg&uacute;n d&iacute;a seguramente nos sorprender&aacute;. En cuanto a las &laquo;Correspondencias&raquo;, escritas en pleno proceso de edici&oacute;n de la obra, ya el t&iacute;tulo es ambiguo y se refiere tanto al intercambio epistolar, casi l&uacute;dico, entre Jos&eacute; Ignacio de Diego, Marwan Landulsi y Fernando And&uacute; como a una aut&eacute;ntica&nbsp;<em>po&eacute;tica</em>&nbsp;sobre el texto, en la que se nos dan pistas sobre el cuerpo central del poemario. Interesantes sus disquisiciones sobre influencias, pero ejemplares las que versan sobre la traducci&oacute;n de obras literarias a otros idiomas, si conviene realizarlas sobre la letra o el esp&iacute;ritu. Correspondencias estas que a&ntilde;aden cierta viveza al acto literario. Otra literatura es posible, no s&oacute;lo la de los &laquo;valores seguros&raquo; de las grandes editoriales. Y de nuevo una excelente prosa entre los corresponsales, que deviene buen texto creativo.</p>
<p>Penetremos en el poemario propiamente dicho, centro (o laberinto) del volumen. Si en <em>Diferencias</em> &nbsp;el poeta And&uacute; nos ofrec&iacute;a 24 composiciones englobadas en cuatro grupos de seis poemas, en la <em>Noticia...</em>&nbsp;de Landulsi hay una complicaci&oacute;n estructural algo mayor escalonada en ascenso (aunque tampoco hay que descartar el descenso, ambos iluminadores). A una &laquo;Invocaci&oacute;n&raquo; inicial le suceden 36 poemas divididos en seis partes (&laquo;Gentes&raquo;, &laquo;Trabajos d&iacute;as&raquo;, &laquo;Raz&oacute;n&raquo;, &laquo;Imperativas&raquo;, &laquo;Las visiones&raquo; y &laquo;Lo indecible&raquo;), con seis poes&iacute;as cada una de ellas. Ep&iacute;grafes los enumerados rotulados en rojo, lo cual no es casualidad si leemos la inicial noticia biogr&aacute;fica de Abu-l-Ala. Los dos primeros y los dos &uacute;ltimos concluyen con frases exentas, genuinos&nbsp;<em>objets trouv&eacute;s </em>a&ntilde;adidos por el poeta, tres de ellos con sabor arcaico: vanguardia y tradici&oacute;n aunadas. Las dos partes centrales semejan la bisagra de la obra: ninguna de sus composiciones lleva t&iacute;tulo &ndash;como s&iacute; sucede en los cuatro grupos mencionados&ndash; y para colmo conllevan una problem&aacute;tica especular. En &laquo;Raz&oacute;n&raquo; habla el autor, mientras &laquo;Imperativas&raquo; es una traducci&oacute;n de pensamientos po&eacute;ticos de Abu-l-Al&aacute;. &iquest;Apropiacionismo? L&eacute;anse para el tema las amenas &laquo;Correspondencias&raquo; acerca del volcar un lenguaje en otro.</p>
<p>Andulsi/And&uacute; prosigue (en singular) con muchas de sus tem&aacute;ticas presentes en anteriores obras. La progresi&oacute;n de lo cr&iacute;ptico a lo evocativo es patente, ganando en cl&aacute;sica claridad, casi horaciana o virgiliana. Algunas de las poes&iacute;as de&nbsp;<em>Diferencias</em>&nbsp;est&aacute;n conectadas con las de <em>Noticia</em>&hellip; Verbigracia, el mundo de las c&aacute;rceles (sean interiores o exteriores), ya presentes en el piranesiano grabado en la contraportada del temprano&nbsp;<em>La sangre y los alerces</em>, incluso autoimpuestas, como la del propio Abu-l-Ala, verdadera met&aacute;fora universal. La desolaci&oacute;n de los paisajes (tanto externos como personales), existenciales y esencialistas a la vez: mares, desiertos, cielos que no amparan, tierra dif&iacute;cil agotada y de cultivo agotador, la flora silvestre dominando a la cultivada. Pasados arcaicos en ruina, pero tambi&eacute;n descomposici&oacute;n presente. Nomadeos y errancias, pero tambi&eacute;n dif&iacute;ciles y problem&aacute;ticos arraigos infructuosos. Una claridad l&eacute;xica la del poeta que intenta organizar el caos primigenio producido por &laquo;la tenebrosa / chispa del eslab&oacute;n&raquo; evocada por el sabio sirio, genuino&nbsp;<em>big bang</em>&nbsp;de todo. Aunque la ruina es casi poetizada por Marwan/Fernando con cierta delectaci&oacute;n, que recuerda a la descripci&oacute;n de nuestros noventayochistas &mdash;o, con m&aacute;s propiedad, a la rom&aacute;ntica con regusto ruskiniano&mdash; apreciando una belleza casi majestuosa en la decadencia. Como demuestra su &uacute;ltimo poema, &laquo;Plenitud&raquo;, &laquo;avenirse / a lo que hay&raquo; (p&aacute;g. 43). A paisajes desolados, versos bellos, que pueden ser recitados de manera diferente, pero siempre satisfactoria, por cada lector, que es soberano aut&eacute;ntico creador de los valores art&iacute;sticos. El cr&iacute;tico &laquo;habla / por boca de ganso&raquo; (parafraseando los versos finales del poema &laquo;Tierra&raquo;, p&aacute;g. 18), y &eacute;sta no es excepci&oacute;n, como inseguro gu&iacute;a&nbsp;<em>stalker</em>&nbsp;hacia la habitaci&oacute;n de Abu-l-Ala. O hacia la poes&iacute;a de And&uacute;/Landulsi.</p>
<p>Interesantes ciertos versos de nuestro libro &laquo;&iquest;te dibujan/ un centro? / prop&oacute;n t&uacute; / el laberinto&raquo; (p&aacute;g. 42). Aunque ya se sabe, hay centros dibujados que devienen aut&eacute;nticos y enmara&ntilde;ados laberintos. Libros sagrados (de los cuales encontramos numerosas referencias esparcidas por la obra) y farragosos c&oacute;digos legislativos (cuyos conceptos proceden muchas veces de escritos religiosos) lo demuestran. Contradicciones vitales. O &laquo;en esta tierra / donde se halla la raz&oacute;n / no encontrar&eacute;is la fe&raquo; (p&aacute;g. 52). Enigm&aacute;ticos versos del nacido en Ma&acute;arrat que propone lo imposible. Ya no hay Romas a las que Persiles y Sigismunda se dirijan en su nomadeo. Es lo que hay. Visto lo cual, el cr&iacute;tico no impondr&aacute; centro alguno en la rese&ntilde;a...</p>
<p>El l&eacute;xico de Landulsi/And&uacute; registra palabras arcaicas casi olvidadas (aunque no hace demasiado tiempo usadas) de antiguos mundos agr&iacute;colas, as&iacute; como estratos arqueol&oacute;gicos fragmentados (&laquo;la mansi&oacute;n / derruida por el r&iacute;o // lascas / huesos / esquirlas / en torno a ella&raquo;), en &laquo;Plenitud&raquo;, p&aacute;g. 74. Ocurre lo mismo con la cer&aacute;mica y alfarer&iacute;a. Aut&eacute;ntica Historia Antigua de anteayer. Espiritualidad y m&iacute;stica aproximada, pero a ras de tierra, donde los muertos. Tambi&eacute;n hay ecos sociales, casi evocando al gran C&eacute;sar Vallejo, en los poemas de &laquo;Gentes&raquo;, y una gran presencia del agua, necesaria y destructora, pero tambi&eacute;n elemento de toda l&iacute;rica amorosa que se precie. Planto f&uacute;nebre por el hombre (&laquo;el golpe / en la sien / al que aguardo // el recuerdo / de quien ser&eacute;&raquo;, p&aacute;g. 64). La tem&aacute;tica es inagotable. Y la experiencia lectora, motivadora. A la poes&iacute;a de And&uacute;/Landulsi no le sobra ni falta punto ni coma. Ni falta que hacen. Poes&iacute;a redonda, vitalista y sobrecogedora. Ejemplo de ello, los versos de &laquo;Faena&raquo;: &laquo;a golpe de azada // pozos sin fondo / cavo // como adobe / surjo / del fango // levanto / muros de cal / viva // me tumbo / y muero&raquo; (p&aacute;g. 30). O el genial e irrepetible &laquo;Broza&raquo;, casi apocal&iacute;ptico en los campos del Se&ntilde;or: &laquo;arranco / de cuajo / la maleza) // en este cardizal // no hay hoz mejor / que este brazo / para trabajar la muerte&raquo; (p&aacute;g. 32). Si as&iacute; seguimos, reproducimos todo el libro...</p>
<p>Paseos los de And&uacute;/Landulsi con regusto rousseauniano, pero con las iluminaciones (&iquest;ser&aacute;n chispas del tenebroso eslab&oacute;n?) de Benjamin. O flaneurismo de caminante o peregrino ante las epigraf&iacute;as mortuorias cl&aacute;sicas. Hacia una renovada ilustraci&oacute;n-rom&aacute;ntica: lector, atr&eacute;vete a leer este completito mundo.</p>
<p>Y esperaremos nuevas creaciones de And&uacute;/Landulsi, as&iacute; pasen diez a&ntilde;os m&aacute;s. Su calidad lo hacen merecedor del&nbsp;<em>am&aacute;n</em>...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marwan Landulsi,&nbsp;<em>Noticia de Abu-l-Al&aacute;</em>, 2023, 111 p&aacute;ginas, edici&oacute;n del autor. ISBN 978-84-09-50798-6.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Sep 2023 10:48:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueve pájaros ante el espejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nueve-pajaros-ante-el-espejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/TERE_IRASTORTZA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Nueve son los p&aacute;jaros, seg&uacute;n el ritual del curandero de Goizueta, necesarios para la sanaci&oacute;n:<em> </em>&ldquo;Los p&aacute;jaros son nueve, nueve son ocho, ocho son siete, siete son seis... dos son uno, los p&aacute;jaros son uno, los p&aacute;jaros no son uno, que el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo curen a este uno&rdquo;. Los p&aacute;jaros nunca han gobernado el mundo, sino los seres humanos, pero su presencia, haciendo piruetas en el aire o dando peque&ntilde;os saltos en la tierra, ha llamado la atenci&oacute;n, y concitado un sinf&iacute;n de interrogantes. Preguntar es dar asiento a la duda. Responder no es, que yo sepa, labor de la poes&iacute;a. El p&aacute;jaro, s&iacute;mbolo de la ligereza y levedad, dej&oacute; de ser s&iacute;mbolo po&eacute;tico. Recordad a Gamoneda y su &ldquo;Paisaje con p&aacute;jaros amarillos&rdquo;. Que Tere Irastortza recupere una tradici&oacute;n en declive, como casi todo lo que se enfrenta a la naturaleza humana, es motivo de gozo.</p>
<p>Tere Irastortza public&oacute; su primer libro de poemas en 1980, <em>Gabeziak/ Carencias.</em> Han pasado, pues, m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os desde entonces. La privaci&oacute;n era uno de sus motivos, uno de sus referentes, uno de sus asideros po&eacute;ticos. Se puede comprender, o podemos comprender, siguiendo nuestro instinto, que el concepto de privaci&oacute;n nos remita al del tiempo. La carencia es un vac&iacute;o en el presente, un hueco en el devenir, un pu&ntilde;o cerrado en la memoria. Cabe preguntarse asimismo si alguna vez tendr&aacute; fin, o si es la continuaci&oacute;n de un vac&iacute;o existencial, algo que tampoco tuvo inicio. La carencia se acompa&ntilde;a de otros conceptos interrelacionados: silencio, desnudez, oscuridad, ceguera, tristeza.</p>
<p>La realidad de un p&aacute;jaro, sin embargo, es f&iacute;sica. Los sentidos son conscientes: la vista que identifica al ave; el o&iacute;do que escucha el canto; el tacto, cuando se deja atrapar, y se siente la blandura de un cuerpo peque&ntilde;o, caliente, tenso y agitado. He aqu&iacute; una muestra de la autora: &ldquo;Aunque haya visto las ramas desnudas en el oto&ntilde;o m&aacute;s veces que a los petirrojos posados en ellas, puedo describir con mayor soltura al p&aacute;jaro: cuello rojo, ojo redondo, pico muy abierto... Pero no encuentro la palabra adecuada para ese liquen de la rama que oscila entre el verde y el amarillo: Lo que indica mi falta de intenci&oacute;n, al observar la naturaleza&rdquo;.</p>
<p>Creo que escribir es abrir las puertas y los candados que impiden de forma natural acceder a nuestro interior y dejar salir a lo que se ha guardado o, simplemente, se ha escondido y ha permanecido all&iacute;, al abrigo de lo ajeno. La poes&iacute;a, en efecto, es fluidez: las palabras que van y vienen, el silencio que desaparece, p&aacute;jaros asustados que alzan el vuelo, cuando atisban un espacio de donde huir y transformarse. La dimensi&oacute;n de este &uacute;ltimo libro de Tere Irastortza es espacial. Busca fundar y refundar el mundo, construirlo desde las cenizas, desde las ruinas de algo que fue memorable. No trata de suplir ausencias, de llenar vac&iacute;os, sino de extenderse por los lugares que a&uacute;n sobreviven, no en el apartamento de la memoria, sino en el refugio endeble y delicado del lenguaje. De ah&iacute; la obsesi&oacute;n por las palabras, sobre su significado, sobre su origen, previendo quiz&aacute;s que, igual que lo que nos rodea, tengan su fecha de caducidad. Hay en Tere Irastortza un intento de redenci&oacute;n de la lengua y, tambi&eacute;n, de asumir su propia existencia. Cuando muere un ave, se produce tal conmoci&oacute;n en el cielo, que el aire se calma y el viento enmudece. Cuando muere un animal, la tierra se contrae y la inquietud se extiende, como un temblor que agita las ramas de los &aacute;rboles, y palidecen las rosas y los claveles lloran l&aacute;grimas perfumadas de aroma de estrellas. Cuando muere un ser humano, el mundo se agrieta y se rompe en alg&uacute;n lugar, las olas se repliegan y el mar se rebela, lanzando espuma por su boca. Cuando muere una palabra, las monta&ntilde;as se envuelven en niebla, la arena se lamenta y la tierra ennegrece.</p>
<p>Es poeta de su tiempo: quiero decir que es poeta del aqu&iacute; y del ahora. El ser humano tiende al tiempo, o al no-tiempo, al tiempo sin tiempo, porque no es consciente de sus l&iacute;mites. Pero la poeta que observa a los p&aacute;jaros siempre va en direcci&oacute;n contraria, siguiendo las huellas que las aves van dejando en el cielo, siguiendo el curso de las palabras en el texto amplio de la escritura &ndash;que no es otro que el de la vida&ndash;, siguiendo al tiempo hasta su extenuaci&oacute;n.</p>
<p>Volar ya no es atributo de aves y p&aacute;jaros. Vuelan las nubes: aparecen y, en un instante, ya no est&aacute;n. Vuelan los sue&ntilde;os. Si no se repiten es buena se&ntilde;al, si lo hacen se convierten en pesadilla. Vuelan las palabras en este retrato de la fugacidad y de la alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tere Irastortza Garmendia, <em>Son nueve, los p&aacute;jaros</em>, Zaragoza, Olifante, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 11:27:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un haz de luz sobre la hierba]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-haz-de-luz-sobre-la-hierba/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ALFREDO_SALDA_A_2_500_px.png" alt="" /></p>
<p><em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em> es &mdash;tras <em>Humus</em> (Eclipsados, 2008) y <em>Malpa&iacute;s</em> (La Isla de Siltol&aacute;, 2015)&mdash; un paso m&aacute;s en la obra po&eacute;tica de Alfredo Salda&ntilde;a en la b&uacute;squeda de un yo que camina en la direcci&oacute;n hacia una mirada que requiere una contraescritura de otras lecturas m&aacute;s libres de la realidad. Se viaja a trav&eacute;s del desierto de la verdad, siguiendo una contra-direcci&oacute;n. En este poemario hay adem&aacute;s un sentido existencial, ya que se vislumbra lo vital como un camino hacia esa otredad en la que dejamos de ser, porque cada paso en el tiempo implica el alejamiento de nuestro yo, de su identidad del ayer, porque esta es un paso sobre el dejar lo que somos para marchar hacia quienes seremos, y as&iacute; finalmente llegar al no ser. Somos caminantes y tambi&eacute;n camino, nos reconocemos en ese viaje por la identidad, siempre en construcci&oacute;n o en deconstrucci&oacute;n, en transformaci&oacute;n hacia nuestra mejor otredad: &ldquo;Vivir es abandonarse, / [&hellip;] / liberarse / de la biograf&iacute;a al desertar / de ese pa&iacute;s imaginario / que es el pasado, soltar lastre, / vencer la gravedad al tocar la luz&rdquo; (p. 19).</p>
<p>&ldquo;Invierno&rdquo; propone diluir la identidad en la corriente, dejar de ser en la nada para ser una brizna de aire, un rayo de sol sobre una hoja, un haz de luz sobre la hierba, la gota del r&iacute;o que va a evaporarse. Es el viaje al centro de la nada, a un origen que sostiene el todo. El fin es el trayecto hacia el origen, el lugar de la muerte, del no ser, el lugar anterior del que provenimos antes de nacer: &ldquo;Encaramarse a lo alto / de una rama escrita sobre el agua / y dejarse arrastrar con ella / por la corriente / [&hellip;] / seguir el curso del manantial / hacia la desembocadura / para encontrar el lugar / en donde sea posible / que hasta el centro / se sostenga en un vac&iacute;o&rdquo; (p. 29).</p>
<p>&ldquo;Contradicci&oacute;n&rdquo; nos recuerda que al mirarse en el espejo de la alteridad podemos ver c&oacute;mo en el cuerpo de lo visible late el coraz&oacute;n de lo invisible, imagen que conecta con la idea de lo oculto a la percepci&oacute;n, esa realidad invisible, imperceptible al ojo de la raz&oacute;n. Esta, como afirmaban Coleridge y Wordsworth, es vista con el ojo interior, con el de la imaginaci&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Salir de uno como si se entrara</p>
<p>en el interior de un recinto</p>
<p>amurallado por la luz,</p>
<p>percibir que lo visible</p>
<p>es una carencia</p>
<p>o una tara de lo invisible,</p>
<p>la met&aacute;fora imperfecta que oculta</p>
<p>el coraz&oacute;n de otra aseidad.</p>
<p>Ser la se&ntilde;al que no es.</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Si todo fuese afuera,</p>
<p>&iquest;habr&iacute;a ah&iacute; lugar para el adentro? (pp. 35-36)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n es el yo? &iquest;Cu&aacute;l es piel interna de su otredad? &iquest;D&oacute;nde es posible desnudar su piel de subjetividad aprisionada en la ilusi&oacute;n de la identidad para que quede as&iacute; el otro que sin ser somos? &iquest;Ha sido nuestra verdad borrada? Todo el poemario es metaliteratura del existir, o &ldquo;metaexistencia&rdquo; del lenguaje, ya que se nombra desde los l&iacute;mites del lenguaje los del existir. El silencio es la epidermis de la idea, de all&iacute; surge la verdad otra, de esos sustratos que &ldquo;sudoran&rdquo; su vac&iacute;o, que respiran la ausencia de lo indecible. El sentido es la piel externa, pero se ans&iacute;a alcanzar aquello que queda m&aacute;s all&aacute; del lenguaje, que subyace en sus profundidades, en el interior del cuerpo del lenguaje, en lo m&aacute;s abisal de su organismo, con el objetivo de explorar &ldquo;las ideas que est&aacute;n ah&iacute;, / ah&iacute; mismo, ah&iacute; detr&aacute;s, / sin dejarse ver, desplazadas / hacia los arrabales de la historia, [&hellip;] / las ideas que est&aacute;n ah&iacute;, / a la vuelta de la esquina, / enterradas bajo el lodo del tiempo&raquo; (p. 43).</p>
<p>Desnudarse de la piel del lenguaje del yo, acceder al vac&iacute;o del ego, a su voz otra, al centro de la nada que habita en esa &ldquo;pre-forma&rdquo;. Es un viaje de retorno al final que es nuestro origen. Todo esto se alcanza con una expresi&oacute;n de alta potencia filos&oacute;fica con reminiscencias plat&oacute;nicas al mito caverna. &ldquo;Salvar la nada&rdquo; habla de reb(v)elarse en (contra) todo. Ambas ideas, el todo y la nada est&aacute;n juntas, la una como antag&oacute;nica de la otra. Son las dos caras del mismo vac&iacute;o. La nada es el silencio anterior al ser, el todo el destino inmaterial del no ser. Este poema abraza ambos conceptos antag&oacute;nicos. Nos lanza hacia una sugerente apor&iacute;a, un mar de cosmogon&iacute;a en el que navegar su universo de misterio:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una palabra que sirva</p>
<p>para desordenar la realidad</p>
<p>o rozar la contingencia</p>
<p>de lo imposible,</p>
<p>para amparar</p>
<p>la lucidez devastadora</p>
<p>de la soledad,</p>
<p>para romper el todo</p>
<p>y as&iacute; tambi&eacute;n</p>
<p>salvar la nada. (p. 54)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Una ramita&rdquo;&raquo;, hermoso poema simb&oacute;lico de est&eacute;tica japonesa, haiku, presenta simb&oacute;licamente el silencio como un p&aacute;jaro refugiado del fr&iacute;o, siendo esta sensaci&oacute;n t&eacute;rmica, que forma parte del t&iacute;tulo del poemario, una met&aacute;fora recurrente que representa la muerte del ego, su ausencia absoluta y su libertad alcanzada donde el silencio es la nada, la necesidad de acceder a ese vac&iacute;o trascendental: &ldquo;Ah&iacute;, / en el yermo / ilimitado y blanco / del vac&iacute;o, / sobre una ramita / a punto de quebrarse / por el peso de la nieve, / donde no hay nada / y es posible / hallarlo todo&hellip;&rdquo; (p. 59).</p>
<p>En esa renuncia de las verdades definitivas, de las m&aacute;scaras de la identidad que reflejan quienes no somos, podemos ser una otredad m&aacute;s libre, pero se debe auscultar el silencio, la palabra que desde la ausencia diga lo indecible, cuestionar los l&iacute;mites de lo pensable: &ldquo;Arder en el desaliento de la elipsis, / sofocar su violenta ausencia / y su insoportable temperatura, / [&hellip;] / Habr&aacute; que seguir abism&aacute;ndose / [&hellip;] / hasta dar con la palabra sin palabra / que franquee la &uacute;ltima puerta (p. 61).</p>
<p><em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em>, cuyo t&iacute;tulo podr&iacute;a entenderse como un ox&iacute;moron po&eacute;tico, habla del fr&iacute;o en el que arde el desierto de la otredad. Es la b&uacute;squeda m&iacute;stica de un no-lugar, una itinerancia por aquellos caminos libres de lo impuesto, de la construcci&oacute;n fijada con la que hemos creado nuestro relato de la realidad. Falta, como Prometeo, robar a los dioses de la verdad el fuego de la libertad. La piel del incendio que habita en el interior del fr&iacute;o que es tambi&eacute;n la de la palabra, donde late otra identidad, el coraz&oacute;n de los otros significados que llevan a otros caminos m&aacute;s libres de nuestra alteridad. El yo es el otro, somos todo aquello que podr&iacute;amos ser. Se debe transitar ese desierto, enfrentarnos a nuestro vac&iacute;o, caminar por ese interior en el que no hay nada, alcanzar as&iacute; la iluminaci&oacute;n del desierto, su fuego de la verdad, el hielo del silencio, la c&aacute;lida respuesta del fr&iacute;o del viaje a la alteridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Soria Caro</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a, <em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 11:04:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Rupestre”, poemas en racimo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rupestre-poemas-en-racimo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/CELIA_CARRASCO_GIL_500px.jpg" alt="" /></p>
<p>Celia Carrasco Gil despunt&oacute; ya con <em>Entre temporal y frente</em> (Olifante, 2020) y, desde entonces, ha continuado publicando un libro por a&ntilde;o &mdash;<em>Selvaci&oacute;n</em> (Torremozas, 2021; <em>Limos del cielo</em> (Ediciones del 4 de agosto, 2022)&mdash; y ha participado en distintas antolog&iacute;as y proyectos art&iacute;sticos. En 2023 acaba de publicar con Olifante un libro singular, que la distingue: <em>Rupestre.</em> Rugosa portada de color rojo arcilla. Blancas letras de luz. El t&iacute;tulo <em>Rupestre</em> parece como agarrado a una roca; el blanco <em>rupestre </em>parece lucir<em> </em>lo granado del ocre.</p>
<p>Que, aun as&iacute;, nadie busque huellas del arte rupestre, figuras esquem&aacute;ticas adaptadas a los vientres de las grutas, ni descripciones de cavernas. Que nadie busque huellas de dragones ni osos cavernarios, ni&nbsp; interprete lo rupestre como el lugar donde hibernan humanos de otras eras con rituales m&aacute;gicos de caza&hellip;, aunque el libro est&eacute; repleto de maravillosas y deslumbrantes im&aacute;genes que una blanca liturgia hace avanzar. Ahora bien, s&iacute; se topar&aacute; con tallos rastreros con voluntad colonizadora, como de fresas o fragarias; s&iacute; con ra&iacute;ces, rizomas, s&iacute; con f&oacute;siles (vasos, vasijas, botellas, cuencos, odres) y destellos vidriosos que aportan el vigor de las peque&ntilde;as flores perennes.</p>
<p>Y es que en el interior del libro, como en el de las grutas, o&iacute;mos nuestros cuerpos, pues los sentidos, todos, parecen explosionar y nuestras emociones pugnan por buscar las palabras, la oralidad &nbsp;de un balbuceo, de un gemido, de un suspiro que aflora del silencio; tal vez, porque esa oralidad que ocupa nuestros instintos enmudecidos, solo puede ser vertida como poes&iacute;a, que impulsa el aliento y sopla para que el susurro atraviese sigilosamente la l&oacute;gica de lo habitual, aceptado como certero.&nbsp;</p>
<p>Solo ahondando en las im&aacute;genes del libro puede hablarse de la forma, del <em>sentido</em> &mdash;que no <em>significado</em>&mdash; del libro de Celia Carrasco Gil. As&iacute; se han escrito el pr&oacute;logo y la solapa de <em>Rupestre.</em> El poeta y profesor Alfredo Salda&ntilde;a en su pr&oacute;logo presentando racimos de im&aacute;genes; y la poeta Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez en su atinada solapa acerc&aacute;ndose al sentir del adentro y del afuera, seg&uacute;n nos gu&iacute;e la luz, el sonido, el aire, el olfato, ligando lo que se presiente con <em>Rupestre</em> que puede ser considerado un diario de creaci&oacute;n.</p>
<p>Podr&iacute;a definirse el estilo como la forma en la que los sonidos, las palabras, la sintaxis y el ritmo pueden ser contenidos en un cuenco (<em>vasija, odre, b&uacute;caro&hellip;</em>). No es de extra&ntilde;ar que la tensi&oacute;n de un estilo propio requiera de tantas met&aacute;foras sobre los &uacute;tiles que contienen lo l&iacute;quido, lo gaseoso, lo crudo y lo cocido, el aliento o la sangre, los espacios de secano, los silos o la podre, la bo&ntilde;iga: lo vivo, a veces aparentemente inerte o muerto.</p>
<p>Pero, en cierta manera, <em>el pensamiento de lo moviente</em> sobre el que reflexionara Bergson nos descubre un movimiento imperceptible casi, que es una duraci&oacute;n por transformaci&oacute;n o vida incombustible. Adem&aacute;s la noci&oacute;n del continente es solidaria a la de contenido. Y la autora persigue desde el primer poema los rastros de la vida en espacios ya inhabitados como cavernas, en plantas rastreras que se multiplican por rizomas y estolones, en espacios al aire como secanos y humedales de vida: vida que emerge tanto en grietas, fisuras y bocas como en la tierra negra, el <em>humus, </em>donde concluye el libro y se atisba el verbo, la obra de la lectura y la vida.</p>
<p>El estilo de <em>Rupestre</em> requiere contenidos que surgen de palabras, hiatos, asociaciones de im&aacute;genes y brillos. Y en <em>Rupestre</em> las palabras brotan ya desde el primer poema y van expandi&eacute;ndose, literalmente, poema tras poema, van posicion&aacute;ndose en los poemas consecutivos y en el libro y van estructurando primero cada poema y posteriormente el libro que vierte en el &uacute;ltimo poema. La primera vez que en <em>Rupestre</em> la voz asoma al texto, la palabra y el lenguaje asoman y balbucean y juegan con lo que se dice y se presiente (nombre/hombre), la palabra anonada o que &ldquo;a/no/nada&rdquo; hasta que <em>te detienes</em> o &ldquo;Te/de/tienes&rdquo; y el sabor se sabe como &ldquo;el aire sabe a loriga-gorila-girola-gloria&rdquo;, as&iacute; la voz cecea o coquea, se inventa incluso<em> toqueando</em>&nbsp;o&nbsp;<em>troqueando. </em></p>
<p>En <em>Rupestre</em> la gram&aacute;tica nutre la ret&oacute;rica, pues los nombrados como <em>nombre </em>y v<em>erbo </em>no son sino lo aparente de la sustancia<em>, </em>no son sino los n&uacute;cleos de los sintagmas a las que las im&aacute;genes de Celia Carrasco Gil se adhieren. De modo que los verbos no necesitan a menudo de sujetos que act&uacute;en y en la primera parte del libro se formulan como infinitivos o con formas personales casi exclusivamente singulares y auto-reflexivos; y mientras los sustantivos o nombres son las apoyaturas de la imagen, lo adjetivo se encarga de amplificar o concretar, adhiri&eacute;ndose a adjetivos y a otros sustantivos mediante la comparaci&oacute;n, la complementaci&oacute;n, la derivaci&oacute;n, la fusi&oacute;n o la propia vampirizaci&oacute;n. Eso s&iacute;, listos siempre para colonizar cualquier limo, grieta o fisura que atienda a la vida en su momento de creaci&oacute;n. Por algo en <em>Rupestre, </em>son las <em>palabras </em>&mdash;frente a la <em>voz</em>&mdash; a la vez flor, fruto y fragancia, como las fresas.</p>
<p>Y es que el t&iacute;tulo mismo del libro<em> </em>no es sino un adjetivo, describe una adherencia desde la que la vida busca luz, superando a veces virulentamente lo doliente o <em>nocens </em>del propio nacimiento<em>, </em>adhiri&eacute;ndose<em> </em>a los sustantivos y verbos, algunas veces <em>brotes</em>, otras simplemente <em>mu&ntilde;ones</em> que sostienen el devenir. De modo que no hay un poema que no brille en su p&aacute;gina, en su posici&oacute;n en el libro. Fundamentalmente por su factura, por las potent&iacute;simas im&aacute;genes que vuelven m&aacute;s tarde en otro poema a manifestarse y extender su sentido. Las im&aacute;genes surgen de asociaciones de palabras, en sinest&eacute;sicas percepciones; en las deslumbrantes comparaciones y las metonimias, las palabras, incluso con sentidos fosilizados, ocupan el espacio de la vida, bien con su presencia o bien vampirizando los matices de una antigua.</p>
<p>Dir&iacute;ase que el poema inaugural trata de la tarde de un nacimiento, que hace estallar cristales, que asoma de las aguas primigenias a una luz que deslumbra como un faro, que cuartea la oscuridad como un rayo, que para respirar ha de gritar un verbo que se hace presente, para luego mostrar y marcar con el dedo de un dios-infante lo que todav&iacute;a es la nada, previa a la propia oralidad, a la voz y a la palabra. <em></em></p>
<p>El libro de Celia Carrasco, que en este primer poema empuja a la<em> </em>voz &ldquo;como a una espina de Verbo en la garganta [&hellip;] y nada/ en el vac&iacute;o/ originario&rdquo;, concluye con el poema &ldquo;Humus&rdquo;<em>, </em>en el que &ldquo;el son, ya armon&iacute;a es el Nombre, qu&eacute; op&eacute;rculo del mundo&rdquo;<em>. </em></p>
<p>En el centro se despliega una hermosa pieza titulada &ldquo;C&aacute;ntico Es(pi)ritual&rdquo;, en homenaje a San Juan de la Cruz. Este hermoso poema subtitulado &ldquo;Canciones entre el Alma y el cuerpo&rdquo; eclosiona en un libro de poemas en racimo, aparentemente invertebrado donde la autora celebra la vida como movimiento que piensa; celebra no ya lo concedido hasta este momento en el poema, sino lo concebible, lo concebido; celebra el encuentro que atend&iacute;a a lo com&uacute;n, al futuro, al deseo, al imperativo de lo <em>es(pi)ritual</em> que es ritual amoroso de dos, del esposo y la esposa, del verbo y el alma, de la acci&oacute;n&nbsp; y lo perenne. Se trata de un poema-ritual alrededor del cual gravita todo el poemario, convirti&eacute;ndolo en liturgia compartida. Ya en estos cantares la primera y segunda persona del verbo dialogan, y no son personas auto-reflejas, sino que han urdido el &nbsp;vals com&uacute;n donde cobran fuerza la primera y segunda persona y el plural, los dos, superando el trauma del nacimiento, de la separaci&oacute;n. A partir de estos cantares el verbo-verso se derrama como la vida y &ldquo;Los sones me embriagan [&hellip;] / y si acaso se apagan / algo queda vertiendo / un verbo que verbera verdad viendo&rdquo;. En torno a estos cantares se abren todas las vasijas, vasos, cuellos de botella, odres, &aacute;nforas, aljibes: incluso los sepulcros se derraman. Los continentes descubren ya los contenidos perennes, son &uacute;teros ya vaciados dispuestos a volver a concebir. En torno a estos cantares bailan los sones, las voces, las palabras. Y el lenguaje se oye, las palabras chocan contra la piedra para trashumar e<em>co </em>y fluyen. A partir de estos cantares se erige la liturgia de la vida, permutando las palabras b&aacute;sicas del poemario.</p>
<p>En cierta manera, el libro en su totalidad, tanto en el nivel fon&eacute;tico, sint&aacute;ctico como sem&aacute;ntico, se desarrolla como una liturgia que busca ramificarse y extenderse, bebiendo de los distintos sentidos de las palabras e im&aacute;genes rastreadas en la vida, en una vida a ras de tierra y con sed de luz. En <em>Rupestre,</em> cada poema, adem&aacute;s, se ha hecho eco de palabras e im&aacute;genes utilizadas previamente. Cada poema ha religado. Tal vez la m&iacute;stica no ha podido nunca trascender con mayor fuerza que con el verso, lo que se vierte, lo que se invierte. &ldquo;Humus&rdquo; cierra el libro de Celia con el recurso a la f&eacute;rtil tierra negra, al<em> humus</em>, puro nutriente que retiene el agua del origen, del nacimiento<em> </em>del que surge el humano innombrado en el libro,<em> Ad&aacute;n, </em>el hombre no creado de mujer, el hombre de barro y aliento o lo humano &mdash;<em>hominus</em>&mdash; que deriva del <em>humus.</em></p>
<p>Tal vez, Celia Carrasco concibe un poemario rupestre, en una sociedad en la que, relegada la religi&oacute;n, la vida misma no se considera ya perenne. En la contraportada lo granulado es ya <em>humus</em> y luz: &ldquo;Naciste para costra&rdquo;. Detente en la grieta, lectora; escucha tu voz, lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celia Carrasco Gil, <em>Rupestre</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Sep 2023 11:41:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mónica Caldeiro: “La rebeldía beat expresó el malestar de toda una generación”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monica-caldeiro-la-rebeldia-beat-expreso-el-malestar-de-toda-unageneracion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/M_NICA_CALDEIRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Breton asegur&oacute; que en su poes&iacute;a &laquo;vuelve a o&iacute;rse la voz de Lautr&eacute;amont, pura, joven, que alimenta el fuego que ha empezado a surgir de mis profundidades&raquo;; Ferlinghetti lo calific&oacute; de &laquo;visionario&raquo; y ese himno let&aacute;rgico de Ginsberg titulado <em>Aullido</em> es deudor de su manera de entender la poes&iacute;a. Hablamos de Philip Lamantia (1927-2005), puntal <em>beat</em>, gema surrealista, llama m&iacute;stica. Sus versos, prof&eacute;ticos, alucinados, tel&uacute;ricos, apenas han sido traducidos al castellano. Ahora, la editorial Varasek publica en dos tomos una <em>Selecci&oacute;n de poemas</em>, con un formidable estudio introductorio a cargo de Vicen&ccedil; Quera. La poeta y conocedora de la poes&iacute;a <em>beat</em> M&oacute;nica Caldeiro ahonda en la proyecci&oacute;n, importancia y eco de este colosal poeta.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>- Philip Lamantia, &iquest;se encuadra mejor en el misticismo, el surrealismo o la poes&iacute;a beat?</p>
<p>- Lamantia es una intersecci&oacute;n entre esos tres ejes, aunque me inclinar&iacute;a por afirmar que, sobre todo, se sit&uacute;a entre los dos primeros. No se puede entender a Lamantia sin su influencia surrealista y tampoco sin su misticismo ext&aacute;tico. Aun as&iacute;, me aventurar&iacute;a a asegurar que en su obra general existe cierta independencia de lo <em>beat, </em>aunque ciertamente viviera esa etapa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo <em>beat </em>es la ant&iacute;tesis de un modo de vida dictado por la sociedad&rdquo;</strong></p>
<p>- Y en cuanto a modo de vida, &iquest;encaj&oacute; el planteamiento <em>beat</em> de ejercitar una constante rebeld&iacute;a?</p>
<p>- Lo <em>beat </em>es una clara rebeli&oacute;n contra todo lo que significaba la cultura norteamericana en los a&ntilde;os cincuenta y el modelo ideal de vida estable, vivienda en las afueras y familia nuclear. Lo <em>beat </em>es la ant&iacute;tesis de un modo de vida dictado por la sociedad, pero que tambi&eacute;n responde al concepto de &laquo;beatitud&raquo;, en el sentido de la b&uacute;squeda de lo trascendental no solo en lo cotidiano, sino tambi&eacute;n en lo marginal. La representaci&oacute;n de ese <em>ethos</em> tom&oacute; diversas formas en los escritores <em>beat</em>, y Lamantia desarroll&oacute; su propia forma de &laquo;desencajar&raquo; y de habitar la marginalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La rebeld&iacute;a de Philip Lamantia y otros poetas <em>beat</em>, &iquest;es una condici&oacute;n, una impostura, una necesidad? &iquest;Llegaron a domesticarse?</p>
<p>- La rebeld&iacute;a <em>beat </em>es una necesidad que naci&oacute; de un grupo de artistas que expres&oacute; el malestar de toda una generaci&oacute;n. Es fundamental comprender que no se trata de una pataleta temporal ni de rebeld&iacute;a adolescente, sino de la b&uacute;squeda de otras formas de vivir fuera de un sistema opresivo para la vida y el arte.</p>
<p>No creo que los <em>beat</em> llegaran a domesticarse, sino que cada uno de ellos encontr&oacute; diferentes formas de encarnar esa marginalidad. Algunos lo hicieron poniendo en riesgo su propia vida, otros perecieron por el camino, y los que siguieron, encontraron maneras de seguir escribiendo desde su propio lugar. Si se hubieran doblegado de alg&uacute;n modo, dudo que siguieran suscitando el inter&eacute;s que a&uacute;n hallamos en sus obras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Esa visi&oacute;n tan de Blake, visionaria, la contundencia de sus versos, el aroma de espiritualidad que los sacude&hellip; &iquest;Qu&eacute; destacar&iacute;a de su poes&iacute;a?</p>
<p>- Para m&iacute;, Lamantia es un torrente inagotable de im&aacute;genes con luces estrobosc&oacute;picas, es como si su poes&iacute;a te obligara a ver algo parpadeante, luminoso y &uacute;nico. Es una poes&iacute;a exigente que requiere que el lector se sumerja en la explosi&oacute;n de cada una de sus evocaciones. No da tregua: obliga a mirar de cerca en las palabras la representaci&oacute;n de lo trascendente.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todo acto po&eacute;tico es pol&iacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p>- El registro pol&iacute;tico en la poes&iacute;a de Lamantia no est&aacute; tan presente como en otros autores <em>beat</em>, salvo la causa del pacifismo, acaso, &iquest;a qu&eacute; se debe?</p>
<p>- Ninguna escritura es inocente y todo acto po&eacute;tico es pol&iacute;tico. No creo que se deba infravalorar a Lamantia en ese aspecto. Dedicarse plenamente al misticismo y la trascendencia es una posici&oacute;n pol&iacute;tica que huye de la producci&oacute;n del capitalismo. Para poder dedicarse a la <em>visi&oacute;n</em> es necesario detenerse, y para detenerse es necesario dejar de producir.</p>
<p>Por otro lado, tampoco hay que olvidar su participaci&oacute;n en el <em>Libertarian Circle</em> de San Francisco. Por lo general, la literatura de Lamantia no es abiertamente panfletaria ni necesita serlo, pero su anarquismo pacifista qued&oacute; patente en su modo de vida y en su forma de vivir la poes&iacute;a. Cuando hablamos de poes&iacute;a y pol&iacute;tica, es necesario separar la poes&iacute;a del panfleto. Lamantia no necesitaba expresar con palabras sus ideas pol&iacute;ticas para ser anarquista y ecologista, aunque sus libros <em>Narcotica</em> y <em>Meadowlark West </em>sean profundamente pol&iacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; explicar&iacute;a que siendo &eacute;l en un primer momento, el poeta <em>beat</em> &mdash;o en su &oacute;rbita&mdash; m&aacute;s conocido pasase a un eterno segundo plano?</p>
<p>- Lamantia estuvo m&aacute;s interesado en escribir, aprender y vivir que en darse autobombo. Hay otros ejemplos de autoras <em>beat </em>a las que les sucedi&oacute; algo parecido, como a Joanne Kyger. Kerouac y Ginsberg fueron muy medi&aacute;ticos y eso propuls&oacute; su fama (para bien o para mal), pero no todos los escritores <em>beat </em>escogieron el mismo camino. &iquest;Afecta eso al acercamiento al p&uacute;blico lector? Por supuesto. Pero, por otro lado, la exposici&oacute;n tambi&eacute;n influye en la mirada de quien lee e incluso a la recepci&oacute;n de la obra, por lo que creo que Lamantia pudo tener menos lectores, pero m&aacute;s aut&eacute;nticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a de Lamantia se basa en la b&uacute;squeda de lo visionario y lo trascendente&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo el abuso de sustancias psicotr&oacute;picas afect&oacute; a su poes&iacute;a? &iquest;Y su enfermedad, su trastorno bipolar?</p>
<p>- La poes&iacute;a de Lamantia se basa en la b&uacute;squeda de lo visionario y lo trascendente por diferentes v&iacute;as, y una de ellas fue la experiencia ext&aacute;tica mediante el uso de sustancias. No obstante, Lamantia era muy consciente de que su abuso no era algo que necesariamente beneficiara a su poes&iacute;a. Concretamente, su adicci&oacute;n a la hero&iacute;na hizo mella en &eacute;l, pero consigui&oacute; curarse gracias a una terapia de LSD con Timothy Leary. Supongo que las sustancias eran un doble filo dada su enfermedad man&iacute;aco-depresiva: con algunas buscaba salir de sus fases depresivas, pero otras pod&iacute;an exacerbar el problema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El concepto de lo sublime, de lo maravilloso surrealista est&aacute; muy presente en la vida y obra del poeta. &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere para encontrarlo?</p>
<p>- Creo que esta es una pregunta para Philip Lamantia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; supuso el descubrimiento del &laquo;m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico&raquo; para el joven Lamantia?</p>
<p>- Debi&oacute; de ser lo suficientemente impactante como para que experimentase con &eacute;l y aplicase ya la superposici&oacute;n de im&aacute;genes en sus primeros poemas, de los cuales podemos encontrar &laquo;The Touch of the Marvelous&raquo; [El toque de lo maravilloso] en la antolog&iacute;a ahora publicada por Varasek. Como ejemplo, me remito a los versos que abren el poema: &laquo;Las sirenas han venido al desierto / est&aacute;n levantando un tocador junto al camello / que yace a sus pies de rosas&raquo;. En estos versos, Lamantia crea una imagen aparentemente antit&eacute;tica en la que se superponen planos de al menos dos im&aacute;genes distintas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El que, en un determinado momento, quemase parte de su obra pasada, &iquest;fue un acto de contrici&oacute;n, de psicomagia?</p>
<p>- Lo que me parece un acto de psicomagia (y tambi&eacute;n, en cierto modo, un exorcismo) fue que destruyera parte de su obra y despu&eacute;s escribiera otro libro titulado <em>Destroyed Works. </em>Quiz&aacute; hab&iacute;a alguna faceta que quer&iacute;a dejar atr&aacute;s, quiz&aacute; estuvo motivado a hacerlo por alguna de sus fases depresivas o tal vez fue un acto de llevar al extremo lo que ya hab&iacute;a hecho en la lectura de la Six Gallery: quitarse a s&iacute; mismo de en medio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- De entre los muchos y buenos amigos de Lamantia (Paul Bowles, Breton, Leonora Carrington, John Hoffman, Ernesto Cardenal, Kerouac, Allen&hellip;), &iquest;Qui&eacute;n result&oacute; el m&aacute;s decisivo?</p>
<p>- Dir&iacute;a que Kenneth Rexroth y John Hoffman, sobre todo en sus primeros a&ntilde;os como poeta. Rexroth fue una figura decisiva tanto en los c&iacute;rculos del San Francisco de la &eacute;poca como lo fue para el joven Lamantia. Con Hoffman desarroll&oacute; una amistad que le dej&oacute; una profunda huella; de hecho, en el m&iacute;tico recital de la Six Gallery que antes mencionaba, ley&oacute; los poemas de su amigo fallecido en vez de los suyos. A pesar de los a&ntilde;os, siempre le tuvo presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lamantia fue un lorquiano a la americana&rdquo;</strong></p>
<p>- Con la cantidad de datos que tenemos sobre el poeta, &iquest;c&oacute;mo es que apenas si sabemos de su primer matrimonio, con Lucile Dejardin?</p>
<p>- Tal vez se deba al hecho de que fue un matrimonio relativamente breve (apenas dur&oacute; cuatro a&ntilde;os) y se desconoce si Dejardin tuvo alguna filiaci&oacute;n literaria concreta. Si no es el caso, no creo que saber m&aacute;s sobre su matrimonio pueda contribuir a arrojar m&aacute;s luz sobre la obra de Lamantia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A su juicio, &iquest;cu&aacute;l es el gran poemario de Lamantia?</p>
<p>No s&eacute; si &laquo;gran poemario&raquo; es el t&eacute;rmino adecuado, pero reconozco que me parece muy bella la edici&oacute;n de City Lights en la que aparecen <em>Tau </em>de Lamantia y <em>Journey to the End </em>de John Hoffman, donde se publican los poemas que Lamantia ley&oacute; la noche de la Six Gallery. Quiz&aacute;, si tuviera que quedarme con un libro de Lamantia, me quedar&iacute;a con <em>Tau</em>: no solo es representativo de su etapa <em>beat, </em>sino que fue de los pocos manuscritos que &eacute;l mismo salv&oacute; de la destrucci&oacute;n de su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Vivi&oacute; durante varios periodos en distintos puntos de Espa&ntilde;a. &iquest;De qu&eacute; poeta espa&ntilde;ol podr&iacute;amos encontrar ecos en Lamantia, de haberlo?</p>
<p>- No puedo afirmarlo con plena seguridad, pero me apostar&iacute;a un brazo a que Lamantia fue un lorquiano a la americana llevado a lo m&aacute;s extremo de la experiencia.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Jun 2023 10:48:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura contra el vacío]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/literatura-contra-el-vacio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/gabi500.jpg" alt="" /></p>
<p>Ahora que tanto se habla de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a (o vaciada), vale la pena se&ntilde;alar que, como todo el mundo en realidad sabe, ese vac&iacute;o es mentira. La idea, brillantemente gr&aacute;fica, ha servido para explicar cu&aacute;nto se han alejado los espa&ntilde;oles de los entornos m&aacute;s rurales y salvajes, pero su propia formulaci&oacute;n da la pista para entender por qu&eacute; tanta gente ha dejado de vivir en el campo, la dehesa o la monta&ntilde;a: la perspectiva ultrahumana. La misma perspectiva que proclama a la ciudad como ideal mientras sentencia que donde no hay humanos no hay nada. Pero si por un instante decidimos ser objetivos, adem&aacute;s de realistas, ser&aacute; sencillo preguntarse: &iquest;Vac&iacute;a? &iquest;Vac&iacute;a de qu&eacute;?</p>
<p>El presunto vac&iacute;o est&aacute; lleno de seres y palabras que, eso s&iacute;, muy pocos usan y muchos ni siquiera conocen, entre otras razones porque llevamos d&eacute;cadas hu&eacute;rfanos de narradores que nos cuenten historias sobre especies ajenas, relatos fundamentales para sugerirnos que compartir espacios con una lib&eacute;lula, una ortiga o un lobo puede tener valor.&nbsp;</p>
<p>Espa&ntilde;a posee 52 Reservas de la Biosfera, 7.905 kil&oacute;metros de costa, 121 tipos de h&aacute;bitat diferentes y una literatura de naturaleza tan raqu&iacute;tica que hasta hace cuatro d&iacute;as nos refer&iacute;amos a ella empleando un t&eacute;rmino anglosaj&oacute;n: <em>nature writing</em>. Acudir a otra lengua para definir todo un g&eacute;nero da la medida de la distancia con la que la mayor&iacute;a de escritores e intelectuales han observado el asunto &ldquo;natural&rdquo; hasta ahora. &iquest;Los motivos?</p>
<p>A finales del siglo XIX, la debacle en Cuba y Filipinas desmoraliz&oacute; a un pa&iacute;s tambi&eacute;n econ&oacute;micamente perjudicado. Buscando reanimar a la ciudadan&iacute;a, la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza se aplic&oacute; a programar excursiones que pusieran en contacto a las personas con la tierra, el agua, la flora y la fauna, educando en los tesoros del entorno. Ese tratamiento tan simple y f&iacute;sico reanim&oacute; espiritualmente a miles de personas y estimul&oacute; su imaginario dando lugar por ejemplo a la generaci&oacute;n del 27, una de las hornadas m&aacute;s universales que haya procurado la literatura espa&ntilde;ola.</p>
<p>La Guerra Civil dinamit&oacute; la productiva alianza entre cultura y naturaleza. Tras la contienda, el campo y la monta&ntilde;a se convirtieron en lugares que ayudaban a que los furtivos paliaran el hambre y unos cuantos privilegiados cazaran a discreci&oacute;n. La Ley de Alima&ntilde;as permiti&oacute; disparar m&aacute;s o menos a todo lo que se moviera en el monte a la vez que millones de personas se desplazaban del pueblo a la ciudad atra&iacute;das por el canto de la tecnolog&iacute;a y la urbe, que promet&iacute;a futuros tan boyantes como el del creciente turismo, que espoleaba la construcci&oacute;n de hoteles y apartamentos en costas. Ese flujo result&oacute; imparable y se extendi&oacute; a lo largo del tiempo sin atender a perjuicios medioambientales.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, durante cuarenta a&ntilde;os, los escritores se alejaron del campo como el resto de la sociedad y la naturaleza casi no existi&oacute; en nuestras letras. La guerra, la posguerra, la emigraci&oacute;n a las ciudades y el boom especulativo resultante del turismo la borraron como tema. Es cierto que, hasta la d&eacute;cada de los setenta, lo rural fue una presencia normal en muchas narraciones, al fin y al cabo mucha gente viv&iacute;a a&uacute;n en el campo, pero la naturaleza tan solo era un fondo, un decorado en el que los seres no humanos ten&iacute;an una importancia &iacute;nfima o, como mucho, utilitaria. De hecho, el campo y lo silvestre empezaron a cobrar mala fama, asociados a la pobreza y la incultura. Y &ldquo;el pensamiento&rdquo; opt&oacute; por apartarse de &eacute;l.</p>
<p>Tuvo que ser un naturalista presentador de televisi&oacute;n el que recordara a sus paisanos que ah&iacute; fuera hab&iacute;a una naturaleza impresionante. Si el punto cero de la <em>nature writing</em> puede situarse en el <em>Walden</em> de Henry David Thoreau, el inicio de la reacci&oacute;n en Espa&ntilde;a lo marca F&eacute;lix Rodr&iacute;guez de la Fuente m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, y su v&iacute;a es la audiovisual. Tampoco es que la literatura espa&ntilde;ola se haga eco inmediato del fen&oacute;meno F&eacute;lix, pero las ideas e im&aacute;genes que &eacute;l comunic&oacute; calaron singularmente en unos cuantos ni&ntilde;os que en el siglo XXI son ya adultos at&oacute;nitos ante el descalabro medioambiental y comienzan a escribir sobre bosques, peces, cabras. De manera cauta o t&iacute;mida, eso s&iacute;. Y no ser&aacute; hasta 2018 cuando se presente el concepto liternatura. Esta demora posee unas implicaciones filos&oacute;ficas decisivas. Veamos por qu&eacute;.</p>
<p>Pensar en la naturaleza supone escrutar realidades no humanas, y eso, en nuestra civilizaci&oacute;n, equivale a indagar en los m&aacute;rgenes. El inter&eacute;s y los hallazgos encontrados por Thoreau en un lago y un bosque, le impulsaron a cuestionar las jerarqu&iacute;as arquet&iacute;picas. Un interrogante instant&aacute;neo es por qu&eacute; el humano se sit&uacute;a a s&iacute; mismo en la c&uacute;spide animal, cuando en la cadena tr&oacute;fica ocupamos el nivel 2,2. A la altura de la anchoa y el cerdo. Muy lejos del 5,5 de la orca. (Las cifras las hemos sabido recientemente pero no era dif&iacute;cil intuir algo parecido en los tiempos de Thoreau).</p>
<p>Revisando supuestas verdades intocables, Thoreau lleg&oacute; a cambiar el orden de su nombre -hab&iacute;a sido bautizado David Henry-, siguiendo la estela de Walt Whitman, el poeta autor de <em>Hojas de hierba</em> que firmaba sus libros con el diminutivo (de Walter) que empleaban sus amigos al hablarle. Thoreau tambi&eacute;n se neg&oacute; a pagar impuestos que consideraba injustos, se moviliz&oacute; contra su gobierno esclavista y escribi&oacute; sobre la necesidad de la desobediencia civil.</p>
<p>Todo ese pensamiento reactivo es la consecuencia de observar la naturaleza y respetar sus din&aacute;micas m&aacute;s sanas hasta el punto de estar dispuesto a imitarlas y defenderlas. Escribiendo historias, por ejemplo. A Thoreau le siguieron otros autores pioneros como John Muir, Aldo Leopold o John Burroughs, que simultanearon la escritura de libros con las expediciones, la creaci&oacute;n de los primeros parques naturales o su labor como forestales. La mayor&iacute;a eran buenos cazadores y expresaron antol&oacute;gicamente su asombro e insignificancia en medio de los grandes espacios salvajes.</p>
<p>A partir de ah&iacute;, la liternatura ha brindado autores de lo m&aacute;s diverso. Por una parte, figuran los<strong> emblemas del aislamiento</strong> al estilo de Pete Fromm, quien siendo chaval se instal&oacute; con una tienda de campa&ntilde;a en una monta&ntilde;a de Idaho para pasar siete meses de invierno cuidando de dos millones y medio de huevos de salm&oacute;n. Sylvain Tesson prefiri&oacute; narrar seis meses en una caba&ntilde;a siberiana, y Henry Beston se construy&oacute; <em>La casa m&aacute;s lejana</em> en la &uacute;ltima estribaci&oacute;n de Cape York para vivir un a&ntilde;o en ella. Se trata de libros muy sensoriales y f&iacute;sicos, que destilan iniciaci&oacute;n.</p>
<p>Luego, hay quienes han concedido el protagonismo a un <strong>elemento</strong> o a <strong>espacios v&iacute;rgenes</strong>. Ah&iacute; destacan Roger Deakin, que nad&oacute; varios r&iacute;os brit&aacute;nicos y algunos lagos y piscinas al aire libre para radiograf&iacute;ar a su naci&oacute;n a ras de agua; Tristan Gooley, que realiz&oacute; un ins&oacute;lito y meticuloso estudio del mismo l&iacute;quido; y Robert Macfarlane, cuya <em>Naturaleza virgen</em> viene a demostrar que todav&iacute;a es posible hallar rincones v&iacute;rgenes en la superurbanizada Gran Breta&ntilde;a. Lo escribi&oacute; despu&eacute;s de <em>Las monta&ntilde;as de la mente</em>, donde refleja la influencia de la monta&ntilde;a en el imaginario contempor&aacute;neo.</p>
<p>Mientras la mayor&iacute;a de estos libros se publicaban, &iquest;qu&eacute; pasaba en Espa&ntilde;a? La especulaci&oacute;n inmobiliaria hab&iacute;a ido arrinconando a los ecologistas, cuya voz fue bastante barrida de unos medios de comunicaci&oacute;n que a menudo los presentaba como sin&oacute;nimo de alteraci&oacute;n o amenaza. El terreno se abon&oacute; para que las historias urbanas sepultaran a las del campo y, en general, los literatos nacionales aceptaron la coyuntura sin m&aacute;s. El campo y la naturaleza no humana se fueron diluyendo de la narrativa, y la literatura que los trataba se vincul&oacute; al bucolismo o a la &eacute;pica rancia, como si sobre esos espacios no se pudiera escribir con la &ldquo;normalidad&rdquo; que se escrib&iacute;a de las ciudades. Como si fuera literatura de peor calidad.</p>
<p>Una consecuencia de tanto olvido y menosprecio fue la radicalizaci&oacute;n del movimiento ecologista, que a&uacute;n dura: sus colegas europeos se&ntilde;alan a los espa&ntilde;oles como los m&aacute;s extremos del continente. Ese nicho de rabia e impotencia al menos ha aportado a algunos grandes autores afines a la liternatura m&aacute;s <strong>cr&iacute;tica</strong>, la volcada en desenmascarar abusos contra el medioambiente. Su &iacute;dolo internacional ser&iacute;a Rachel Carson, quien con&nbsp; <em>Primavera silenciosa</em>, publicada en 1962, inaugur&oacute; la liternatura de denuncia, que tiene en fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles como Jorge Riechmann o Marta Tafalla y en la ingeniera ecofeminista Yayo Herrero a insignes representantes. No solo denuncian, tambi&eacute;n ofrecen modelos alternativos y escriben poemas preciosos que invitan a reconectar con el entorno, pero cuando atizan, su cr&iacute;tica es tan demoledora como lo puedan ser las de Paul Kingsnorth o George Monbiot.&nbsp;</p>
<p>Hace pocos a&ntilde;os, Inglaterra asisti&oacute; a una pol&eacute;mica incitada por el escritor Mark Cocker, quien, abrumado ante las m&uacute;ltiples alertas medioambientales, recrimin&oacute; a Robert Macfarlane ofrecer una visi&oacute;n demasiado edulcorada de los espacios naturales. Cocker ped&iacute;a m&aacute;s furia y contundencia en los textos, menos ocultar los desastres. Macfarlane respondi&oacute; que &eacute;l prefer&iacute;a contar la hermosura para, a fin de cuentas, conseguir lo mismo que Cocker buscaba: una reacci&oacute;n del lector.</p>
<p>En su libro <em>Naturaleza es nombre de mujer</em>, la treinta&ntilde;era Abi Andrews se&ntilde;ala que hasta ahora los libros de <em>nature writing</em> los han firmado b&aacute;sicamente hombres blancos heterosexuales, y para demostrar que la naturaleza se puede contar de otra forma, se va a Alaska siguiendo los pasos de Chris McCandless, el joven que muri&oacute; al quedar atrapado en aquel norte y cuya historia inmortaliz&oacute; Jon Krakauer en <em>Hacia rutas salvajes</em>. El resultado es una narraci&oacute;n asilvestrada donde una joven aprende a sobrevivir mezclando experiencias propias con una cr&iacute;tica imp&iacute;amente sostenida a la mirada tan masculina de hist&oacute;ricos santones naturalistas, desde Thoreau al mism&iacute;simo Darwin.</p>
<p>Las cuestiones que plantean Cocker o Andrews pertenecen a una cultura en la que la <em>nature writing</em> est&aacute; asentada. Por eso, los peri&oacute;dicos de su pa&iacute;s no suelen hacer reportajes en los que m&aacute;s que nada se enumeran los libros de ese g&eacute;nero publicados recientemente -&iexcl;oh, qu&eacute; simp&aacute;tica sorpresa, libros de liternatura!- sino que abren debates sobre los temas que los libros proponen. La realidad en Espa&ntilde;a es que, antes de 2008, cualquier debate de ese estilo habr&iacute;a sido impensable por la falta de libros, de autores y de una audiencia interesada.</p>
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<p><strong>Antecedentes</strong></p>
<p>Para ilustrar el estado de la liternatura en Espa&ntilde;a antes de 2008 recurro a un fragmento de mi libro <em>Lagarta</em>, donde intent&eacute; sintetizarlo:</p>
<p>&ldquo;Si el elefante es una catedral del reino animal, Cervantes se eleva como un equivalente en el &aacute;mbito literario. Pero Cervantes no era a&uacute;n CERVANTES cuando escrib&iacute;a, sino un hombre manco y encerrado que adem&aacute;s de contar la historia sobre un hidalgo loco y su escudero obeso, que montaban a un caballo y un burro de nombres Rocinante y Rucio, ofreci&oacute; una novela narrada en primera &iquest;persona? por un perro: Berganza. Al parecer, el manco que escrib&iacute;a sobre locos y perros en primera &iquest;persona? era un incondicional del pensamiento alternativo que llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el descomunal maltrato que se daba a los animales en su &eacute;poca, basta leer a Berganza en <em>El coloquio de los perros</em>.</p>
<p><em>El Quijote</em> es un libro que tiene mucho de viajes, y en eso conecta con otro &ldquo;elefante&rdquo; anterior, el <em>Poema de Mio Cid</em>, de autor an&oacute;nimo, cuyo protagonista desterrado habla con los p&aacute;jaros mientras cabalga a la yegua Babieca. Muchos siglos m&aacute;s tarde, el Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez que se recuperaba de la ruina econ&oacute;mica y la depresi&oacute;n por la que lleg&oacute; a ingresar en un sanatorio, invent&oacute; al burro Platero. Y a finales del mismo XX, un deficiente mental imaginado por Miguel Delibes regal&oacute; una especie concreta al acervo m&iacute;tico espa&ntilde;ol: la milana. Citada en femenino.</p>
<p>Un manco confinado, un escritor invisible, un superviviente de la ruina y la depresi&oacute;n y un cazador que han pensado como un loco, un desterrado, un burro y un deficiente mental han firmado algunos de los contactos con animales m&aacute;s memorables de la literatura espa&ntilde;ola. Da que pensar c&oacute;mo hab&iacute;a que estar para escribir literatura sobre animales cercanos, hasta hace poco&rdquo;.</p>
<p>Ese era el panorama, m&aacute;s o menos. Pero en 2008 se despierta algo. El crack financiero mundial coincide con las numerosas alertas por las consecuencias del cambio clim&aacute;tico, incluso el exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore produce un documental a prop&oacute;sito. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, la editorial espa&ntilde;ola errata naturae rescata <em>Walden</em> y vende m&aacute;s de veinte mil ejemplares. El inter&eacute;s por esta literatura hace que afloren t&iacute;tulos como el magn&iacute;fico <em>&iquest;Para qu&eacute; sirven las aves?</em> de Antonio Sandoval, y se recuerde que Joaqu&iacute;n Ara&uacute;jo o Alejandro L&oacute;pez Andrada llevan picando esta piedra literaria desde siempre.</p>
<p>De todas formas, no es que abunden las obras. En 2013 hay periodistas que de vez en cuando redactan chispeantes columnas sobre temas de naturaleza, se publica alguna novela espa&ntilde;ola donde el paisaje cobra una relevancia inusual, pero quien desee impregnarse con la geograf&iacute;a, la flora y la fauna espa&ntilde;olas, mejor que acuda a los libros cient&iacute;ficos, porque no hay demasiada literatura local que haya dotado a esos seres y espacios de alma. La intimidad que establece la literatura no afecta a los bosques o el mar. Hasta 2013, cuesta leer no ya a escritores sino a bi&oacute;logos, zo&oacute;logos, ornit&oacute;logos, a cient&iacute;ficos espa&ntilde;oles en fin, capaces de escribir con un m&iacute;nimo pulso literario. La separaci&oacute;n entre ciencias y humanidades evidencia su boquete en la falta de narraciones naturalistas.</p>
<p>Sin embargo, el incesante flagelo de la crisis econ&oacute;mica y las ya indiscutibles evidencias de que el cambio clim&aacute;tico est&aacute; siendo acelerado por la acci&oacute;n de la especie humana provoca que un buen n&uacute;mero de lectores comience a consumir libros de la a&uacute;n llamada <em>nature writing</em>. Santiago Beruete publica <em>Jardinosof&iacute;a. Una historia filos&oacute;fica de los jardines</em>. Tafalla presenta su <em>Ecoanimal</em>, abordando la relaci&oacute;n entre los humanos y su entorno desde la est&eacute;tica y concediendo gran importancia a los sentidos: ella misma padece anosmia, la p&eacute;rdida total de olfato.</p>
<p>La carencia sensorial de Tafalla conecta con la prol&iacute;fica l&iacute;nea de <em>nature writing</em> por la que personas, a menudo mujeres, con alguna enfermedad, discapacidad o trauma han encontrado en la naturaleza una fuerza e inspiraci&oacute;n que les ha permitido cuajar obras fundamentales. Ah&iacute; est&aacute; Annie Dillard, que se mud&oacute; a las monta&ntilde;as tres a&ntilde;os para recuperarse de una neumon&iacute;a y plasm&oacute; su experiencia en <em>Una temporada en Tinker Creek</em>.Despega con una chinche gigante acu&aacute;tica succionando a un sapo, y fue elegido entre los cien mejores ensayos del siglo XX en Estados Unidos. Elizabeth Tova firm&oacute; <em>El sonido de un caracol salvaje al comer</em> tras quedar postrada un a&ntilde;o a causa de un fallo en el sistema nervioso. Una amiga le regal&oacute; un terrario con un caracol, y de esa relaci&oacute;n nace un libro delicioso que logra que nos identifiquemos con nada menos que un gaster&oacute;podo, invit&aacute;ndonos a pensar de otro modo en el tiempo, en la velocidad. <em>Un a&ntilde;o en los bosques</em> es donde Sue Hubbell narra cu&aacute;nto le ayuda la granja y la apicultura a recuperarse de la separaci&oacute;n de su marido. Y adiestrar a un halc&oacute;n sirvi&oacute; para que Helen Macdonald apaciguara su desasosiego tras la muerte de su padre y para hacer de <em>H de halc&oacute;n</em> un superventas.</p>
<p>En la misma frecuencia autoafirmativa, e influido por los ecos acu&aacute;ticos de Roger Deakin, Jordi Ballart escribi&oacute; <em>L&iacute;nia de flotaci&oacute;</em>. El barcelon&eacute;s explica c&oacute;mo nadar en aguas abiertas le ha aportado sosiego y ayudado a ubicar socialmente su homosexualidad. Despu&eacute;s, todo el libro es disfrute de olas. Cuenta la Barceloneta como casi nadie la ha contado -nadando-, la naturaleza de la medusa inmortal o c&oacute;mo afrontar remolinos en los mares del norte.</p>
<p>Ballart escribe en catal&aacute;n, a&uacute;n no le han traducido al espa&ntilde;ol. Sandoval es gallego. Beruete, pamplonica residente en Ibiza. Ara&uacute;jo vive en Las Villuercas, Extremadura. Tafalla, Herrero, y Merc&egrave; Ibarz, Irene Sol&agrave;, Noem&iacute; Sabugal, Elvira Valga&ntilde;&oacute;n, Leire Bilbao, Maria Josep Escriv&agrave;, Maixa Zugasti, Pilar Codony, Pilar Ad&oacute;n&hellip; son mujeres&hellip; la mayor&iacute;a nacidas en o muy vinculadas a pueblos. As&iacute; que todas y todos estos autores se mueven, digamos, por espacios de un modo u otro exc&eacute;ntricos, entienden lo que es la periferia y el margen, y escriben sobre naturaleza. <em>Nature writing</em>, dec&iacute;an algunos.</p>
<p>Pero los nombres y apellidos de estas personas no cuadraban con ese t&eacute;rmino ingl&eacute;s. Y salt&oacute; la idea. Fue durante el a&ntilde;o que pas&eacute; trabajando con pastores en La Siberia extreme&ntilde;a. Por la noche, en el bar de Sancti Sp&iacute;ritus, conversaba con mi amigo ganadero Miguel Cabello sobre las derivas de la cultura y el campo, cuando me pregunt&oacute; de qu&eacute; ser&iacute;a el libro que iba a escribir. De qu&eacute; ser&iacute;a. Pens&eacute; en responder de <em>nature writing</em> pero Miguel no lo habr&iacute;a entendido, y me pregunt&eacute; por qu&eacute; se me hab&iacute;a ocurrido en ingl&eacute;s cuando por entonces ya estaba escribiendo unas columnas tem&aacute;ticas bajo el ep&iacute;grafe Litenatura, precisamente para reivindicar un espacio literario de ese estilo en la lengua propia. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, recib&iacute; una llamada de Emma Quadrada, una periodista que quer&iacute;a organizar un festival de literatura de naturaleza en Barcelona y necesitaba alguien que la ayudara con los contenidos. &ldquo;Se llamar&aacute; Liternatura&rdquo;, dijo Emma. Con erre. Le coment&eacute; que yo estaba trabajando con la misma palabra sin erre pero no tard&eacute; en convencerme de que la consonante otorgaba otra fuerza al t&eacute;rmino, m&aacute;s presencia. Y organizamos el festival.</p>
<p>El estreno p&uacute;blico del concepto Liternatura fue en el festival celebrado en octubre de 2018 en Barcelona. Cuando prepar&aacute;bamos la segunda edici&oacute;n, la pandemia suspendi&oacute; los actos culturales en la ciudad, aunque el pueblo de Tamurejo, en La Siberia extreme&ntilde;a, decidi&oacute; llevarlo adelante bajo el nombre de Siberiana. Tamurejo ya programa su cuarto Siberiana. En 2022, Barcelona ha celebrado el segundo Liternatura auspiciado por Biblioteques de Barcelona. Poco antes, el Ministerio de Cultura hab&iacute;a convocado un encuentro de escritores y cr&iacute;ticos de literatura de naturaleza en Verines, Asturias, coordinado por Luis Garc&iacute;a Jambrina. Estos encuentros existen desde 1985. Nunca antes hab&iacute;an abordado ese tipo de literatura.</p>
<p>Parece que la Liternatura se extiende respondiendo a una demanda que incumbe a toda la lengua espa&ntilde;ola, y por eso M&eacute;rida, M&eacute;xico, prepara su primer festival este a&ntilde;o, y Bogot&aacute; y San Jos&eacute; de Costa Rica estudian sumarse no muy tarde. Varias bibliotecas y librer&iacute;as est&aacute;n incluyendo la secci&oacute;n Liternatura en sus estantes, se han abierto clubes de lectura especializados, residencias internacionales de escritores del g&eacute;nero y, sobre todo, cada vez hay m&aacute;s libros escritos en nuestras lenguas que encajan en esa idea. B&aacute;sicamente, se trata de que la naturaleza sea una protagonista principal. Que la narraci&oacute;n incluya sustantivos y acciones solo posibles en el &aacute;mbito rural o salvaje. Que refleje La Gran Conversaci&oacute;n entre humanos y naturaleza que propuso el historiador y naturalista Thomas Berry.</p>
<p>Los libros sobre <strong>animales</strong> ilustran muy bien el alance de esta Gran Conversaci&oacute;n. John Vaillant logr&oacute; una formidable novela negra adentr&aacute;ndose en el esp&iacute;ritu de un tigre siberiano -<em>El tigre</em>-, J.A. Baker nos aproxim&oacute; con el&eacute;ctrica delicadeza al d&iacute;a a d&iacute;a del halc&oacute;n en <em>El peregrino</em>, Geoffroy Delorme ha sublimado la sinton&iacute;a humano-animal transform&aacute;ndose en <em>El hombre corzo</em> -no se lo pierdan, obra maestra del g&eacute;nero-, y despu&eacute;s de Javier P&eacute;rez de Alb&eacute;niz y Lars Berge, entendemos de otra manera al lobo. De cualquier forma, el m&aacute;s atractivo encanto de la liternatura es aupar las maravillas y regalos de animales habitualmente ignorados. Patrik Svensson acaba de publicar <em>El Evangelio de las anguilas</em> en Espa&ntilde;a, y pronto vamos a leer traducido a otro sueco amante de las ara&ntilde;as. Con mi <em>Lagarta</em>, fui a buscar lagartos gigantes a El Hierro y urogallos a Villablino para evidenciar que nuestra fauna va mucho m&aacute;s all&aacute; del lobo y el toro, por eso cont&eacute; historias de amistad, traici&oacute;n y desextinciones que implicaban a humanos y animales poco vistos, incluidos el bucardo y el desm&aacute;n. Y, por ejemplo en M&eacute;xico, Andr&eacute;s Cota Iriart ha dedicado un volumen al ajolote, prestando siempre atenci&oacute;n a serpientes, escorpiones y compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p>La liternatura, en fin, est&aacute; ofreciendo algunas de las mejores obras contempor&aacute;neas, y el espa&ntilde;ol y las lenguas latinas empiezan a aportar historias de este tipo asegurando que nuestro ecosistema literario ser&aacute;, a partir de ahora, un poco m&aacute;s (bio)diverso. M&aacute;s aireado, m&aacute;s fresco, m&aacute;s conectado a lo que ocurre lejos de nuestro ombligo y, en consecuencia, mejor.</p>
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      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 05:12:15 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[“Puedo hablar de lo que he vivido”. El desastre español según Arturo Barea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/puedo-hablar-de-lo-que-he-vivido-el-desastre-espanol-segun-arturo-barea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/arturo500.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>Al explorar yo mi pasado, [&hellip;] tuve la esperanza de exponer a la vista algunas de las ra&iacute;ces de la guerra. Quise describir los golpes que hab&iacute;a dejado en m&iacute;, porque yo estoy convencido de que esos golpes, bajo formas individuales distintas, pero siempre proviniendo de las mismas causas colectivas, marcaron y modelaron tambi&eacute;n las almas de otros espa&ntilde;oles. Quise exhibir mis propias reacciones por creer que las reacciones de los dem&aacute;s estaban determinadas por fuerzas parejas y que el mundo que ellos ve&iacute;an era id&eacute;ntico al m&iacute;o, aunque lo vieran con distintas lentes. </em></p>
<p align="right">&ldquo;Novela y autobiograf&iacute;a&rdquo;, prefacio de <em>The Track, </em>en <em>Palabras recobradas</em></p>
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<p><strong>Vivir y contarlo</strong></p>
<p>Pocas veces la obra de un autor ha aportado tantos cauces de comprensi&oacute;n<strong> </strong>de la historia de un pa&iacute;s y de su pueblo. <em>La forja de un rebelde </em>es probablemente la mejor narraci&oacute;n que se haya escrito sobre las primeras d&eacute;cadas del siglo XX espa&ntilde;ol, el m&aacute;s preciso y en&eacute;rgico esfuerzo literario por entender, desde su &oacute;ptica particular, la causas que explican la guerra civil y las experiencias colectivas de un pueblo que convive secularmente con la derrota. Corren d&iacute;as en los que la omnipresencia de las narrativas del yo en el campo literario se limitan a circunvalar ombligos y casu&iacute;sticas personales sin trascender la epidermis de los procesos, como si la experiencia hist&oacute;rica se limitara a las condiciones de los individuos que las escriben. En cambio, la escritura autobiogr&aacute;fica que emprende Barea, significativamente la que produce desde su exilio en febrero de 1938, trata en todo momento de abarcar el conjunto de experiencias las clases populares y revelar las tensiones de largo recorrido temporal entre el poder y la miseria, deteni&eacute;ndose a explicar las fuerzas &ldquo;ocultas&rdquo; que hab&iacute;an provocado la guerra de Espa&ntilde;a en relaci&oacute;n con sus propias vivencias.</p>
<p>El m&eacute;todo parece simple. &ldquo;Lo que he registrado en este libro [&hellip;] es de estricta verdad hist&oacute;rica dentro de los l&iacute;mites de una experiencia puramente personal. [&hellip;] he hecho lo mejor para verificar los datos, intentando<strong> </strong>comprobar lo que mi memoria me dec&iacute;a&rdquo;, afirma en el pr&oacute;logo de la edici&oacute;n inglesa de <em>La ruta. </em>&ldquo;Me he sometido a un esfuerzo constante para evitar que mi interpretaci&oacute;n y convicci&oacute;n actuales deformen la<strong> </strong>visi&oacute;n que entonces ten&iacute;a, ya que solo esa visi&oacute;n inmediata tiene inter&eacute;s hist&oacute;rico.&rdquo;<em> </em>Es decir, recurre a la memoria para colectivizarla en un an&aacute;lisis sociol&oacute;gico que parte de su identificaci&oacute;n con las clases populares. Pero Barea es consciente que la memoria juega malas pasadas, que recordar es un acto siempre tamizado por las expectativas del presente, por el anacronismo de analizar los procesos conociendo de antemano su resultado final. En <em>La forja, </em>reconoce los l&iacute;mites de su recuerdo, &ldquo;sincero en mi sinceridad de los hechos, aun cuando tal<strong> </strong>vez no sea sincero en la realidad en s&iacute; de los hechos.&rdquo;</p>
<p>La obra de Barea transita<strong> </strong>territorios fronterizos de inclasificable delimitaci&oacute;n: novela hist&oacute;rica, ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, ensayo hist&oacute;rico-pol&iacute;tico. Si tuvi&eacute;ramos que se&ntilde;alar una, destacar&iacute;amos la impronta que dejan sus experiencias en la forma de narrar, tachada no pocas veces de fr&iacute;a, seca o dura. Su falta de inter&eacute;s por aderezos estil&iacute;sticos neobarrocos es algo que, en cambio, ha sabido destacar la literatura y la historiograf&iacute;a de tradici&oacute;n brit&aacute;nica. Su estilo no resta tensi&oacute;n a la obra, al contrario, la hace m&aacute;s vibrante y ver&iacute;dico, m&aacute;s certero. El desnudo de la forma otorga a su testimonio un halo de fidelidad.</p>
<p>El recurso a la autobiograf&iacute;a no es algo propio de Barea, sino que caracteriza la literatura del exilio, marcada por la b&uacute;squeda introspectiva de las causas de la derrota y por la nostalgia de una Espa&ntilde;a que fue, pero que ya no es, que ha cortado el cord&oacute;n umbilical y ha roto unas ra&iacute;ces que ya no podr&aacute;n trasplantarse en otro lugar. Sin embargo, el elemento distintivo de Barea es su enfoque &ldquo;desde abajo&rdquo;, la dilataci&oacute;n de su experiencia a la del resto de los espa&ntilde;oles a partir del sufrimiento, el miedo, el fr&iacute;o o el hambre. Se erige como voz de una generaci&oacute;n que no es literaria sino demogr&aacute;fica. &ldquo;Yo he escrito una trilog&iacute;a en la que he presentado lo que yo entend&iacute; que era la ra&iacute;z del desastre espa&ntilde;ol de mi generaci&oacute;n, tal y como generaci&oacute;n lo hab&iacute;a visto [&hellip;].&rdquo;</p>
<p>Cuando hablamos de clases populares o de pueblo, aludimos a su propia terminolog&iacute;a, pero no hay en ellas atisbos de tecnicismos ni de materialismo cient&iacute;fico. Al contrario, se trata de una clasificaci&oacute;n intuitiva e identitaria, resultado de haber experimentado las profundas desigualdades estructurales y culturales de la sociedad espa&ntilde;ola. &nbsp;Toda su obra es un alegato de dignificaci&oacute;n de las clases populares y una cr&iacute;tica despiadada a las clases dominantes: caciques, generales, terratenientes y religiosos que sustentaban su poder en un sistema radicalmente injusto que proteg&iacute;a y sancionaba su avaricia. En abril de 1937, Barea escribi&oacute; al escritor ruso David Vigodsky que &ldquo;en Espa&ntilde;a lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a m&iacute; me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo.&rdquo; Son palabras similares a las que escribi&oacute; Richard Ford casi un siglo antes, en 1845, en <em>Handbook for Travellers in Spain and Readers at home, </em>en alusi&oacute;n a la resistencia popular a la invasi&oacute;n francesa: &ldquo;[&hellip;] noble pueblo de Espa&ntilde;a, merecedor de mejores gobernantes y de mejor fortuna! [&hellip;] Tal resistencia fue realmente salvaje, desorganizada, indisciplinada y argelina, pero mostr&oacute; a Europa un ejemplo que no fue dado por los civilizados italianos o por los intelectuales alemanes.&rdquo; Palabras que sirvieron para la apertura de <em>La Llama </em>y que tambi&eacute;n compart&iacute;a Antonio Machado en su <em>Juan de Mairena, </em>al concebir la patria como &ldquo;un sentimiento [&hellip;] del cual suelen jactarse los se&ntilde;oritos<em>. </em>En los trances m&aacute;s duros, los se&ntilde;oritos la invocan y la venden, el pueblo la compra con su sangre no la mienta siquiera.&rdquo; Mar&iacute;a Zambrano, otra republicana exiliado, en <em>Hora de Espa&ntilde;a </em>defini&oacute; al pueblo como &ldquo;el m&aacute;ximo sujeto de la historia&rdquo;, porque &ldquo;es a quien pasa todo lo profundo y esencial que pasa [&hellip;] y porque es quien realiza todo lo que pasa y nada puede pasar sin &eacute;l.&rdquo; Esta noci&oacute;n estaba plenamente extendida entre la intelectualidad de los a&ntilde;os treinta que se moviliz&oacute; en defensa de la legalidad republicana.</p>
<p>Barea no es historiador, ni lo pretende. Su historia no es para los gabinetes ministeriales ni para las cr&oacute;nicas period&iacute;sticas. Tampoco para uso de ciclos conmemorativos ni rastreadores de biograf&iacute;as &eacute;picas. &ldquo;Los libros de historia lo llaman el Desastre de Melilla o la Derrota Espa&ntilde;ola [&hellip;]; dan lo que llaman los hechos hist&oacute;ricos. No s&eacute; nada de ellos, con excepci&oacute;n de lo que le&iacute; despu&eacute;s de estos libros. Lo que yo conozco es parte de la historia nunca escrita, que cre&oacute; una tradici&oacute;n en las masas del pueblo, infinitamente m&aacute;s poderosa que la tradici&oacute;n oficial&rdquo;, apunt&oacute; en <em>La ruta. </em>La cr&iacute;tica valor&oacute; este empe&ntilde;o de historizar a los personajes sin historia. Hugh Thomas afirm&oacute; en <em>The Nation, </em>el 3 de mayo de 1975, que las doscientas primeras p&aacute;ginas de <em>La forja </em>&ldquo;est&aacute;n entre las dos o tres mejores obras inspiradas en la vida obrera que nunca se han escrito.&rdquo;</p>
<p>En <em>La ruta </em>cuenta su movilizaci&oacute;n para socorrer Melilla tras el desastre del verano de 1921. Tras una jornada maratoniana a pie hasta Ceuta, tomaron un barco para auxiliar la ciudad y recoger los millares de cad&aacute;veres. &ldquo;Los peri&oacute;dicos que yo le&iacute; mucho m&aacute;s tarde describ&iacute;an una columna de socorro que hab&iacute;a embarcado en el puerto de Ceuta, llena de fervor patri&oacute;tico, para liberar Melilla.&rdquo; Sin embargo, &ldquo;todo lo que yo conozco es que unos pocos miles de hombres exhaustos embarcaron en Ceuta con destino desconocido, agotados hasta el l&iacute;mite de su resistencia despu&eacute;s de cien kil&oacute;metros de marcha a trav&eacute;s de Marruecos, bajo un sol asfixiante, mal vestidos, mal equipados y peor comidos. Tan pronto como el barco dej&oacute; el puerto, comenzaron a marearse y a ensuciar la cubierta del buque. Comenzaron a blasfemar [&hellip;], jugar o emborracharse [&hellip;], el barco era un infierno.&rdquo; No hay en sus palabras &aacute;pices de &eacute;pica, ni voluntad patri&oacute;tica, ni ideales de progreso y civilizaci&oacute;n. &ldquo;La guerra &ndash;mi guerra y el Desastre de Melilla &ndash;mi desastre- no ten&iacute;a semejanza alguna con la guerra y con el desastre que estos peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles desarrollaban ante los ojos del lector.&rdquo; Los hijos m&aacute;s pobres de la Espa&ntilde;a profunda &ndash;&ldquo;la gente m&aacute;s miserable e inculta [&hellip;], tan incivilizados como los moros&rdquo;- pasaron d&iacute;as recogiendo cad&aacute;veres con un olor a podredumbre humana que calaba hasta los pulmones. Tras el horror, Barea pas&oacute; a&ntilde;os sin probar la carne.</p>
<p>La obra menos autobiogr&aacute;fica del escritor<strong> </strong>fue su &uacute;ltima novela, <em>La ra&iacute;z rota, </em>publicada en Inglaterra en 1951. A diferencia de la trilog&iacute;a y de buena parte de sus relatos, &eacute;sta no se sustenta en sus experiencias personales. En sus p&aacute;ginas se imagina c&oacute;mo hubiera sido un hipot&eacute;tico regreso a Espa&ntilde;a para convencerse y convencer a los dem&aacute;s de la imposibilidad de volver a un lugar que ya no existe. El personaje, Antol&iacute;n Moreno, es un alter ego de Barea. Al llegar a Madrid, descubre un pa&iacute;s gris, marcado por el hambre y el estraperlo, sometido a un miedo omnipresente, un pa&iacute;s sin esperanza. En t&eacute;rminos cronol&oacute;gicos, supone la continuaci&oacute;n de <em>La llama, </em>pero difiere tanto en estilo como en t&eacute;cnica y agilidad narrativa. Barea es un escritor que moldea su narrativa con la masa de sus experiencias. Cuando la escribe, ya dispone de pasaporte brit&aacute;nico y podr&iacute;a regresar al pa&iacute;s con ciertas garant&iacute;as jur&iacute;dicas &ndash;hay que recordar que siguen en Espa&ntilde;a sus cuatro hijos y su exmujer-. Pero siente que la ra&iacute;z se ha roto. En un primer momento su trilog&iacute;a iba a denominarse <em>La ra&iacute;z, </em>en su acepci&oacute;n de origen. En cambio, la ra&iacute;z del exilio es una met&aacute;fora bot&aacute;nica. Barea no ha visitado personalmente el pa&iacute;s que describe, aunque<strong> </strong>s&iacute; se ha esforzado en hablar con exiliados que s&iacute; lo han hecho. Este viaje ficticio anticipa otros que s&iacute; se materializaron, como el que describe Max Aub en <em>La gallina ciega </em>sobre su experiencia en la Espa&ntilde;a de Franco en 1969, que comparte con <em>La ra&iacute;z rota </em>la sensaci&oacute;n de desarraigo. Barea se muestra muy cr&iacute;tico con la situaci&oacute;n del pa&iacute;s y se convence de que ya no es posible el regreso. Como en la ciudad invisible de Zirma, descrita por Italo Calvino, los lugares existen en la memoria de los que los habitan. Si esa memoria cambia, la ciudad, tal cual es, se desvanece.</p>
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<p><strong>Las causas de un rebelde</strong></p>
<p><em>La ruta </em>no es s&oacute;lo el relato de las peripecias de su autor en Marruecos, sino que es un original an&aacute;lisis de la construcci&oacute;n de una cultura de guerra que llevar&iacute;a al generalato, una d&eacute;cada despu&eacute;s, a extender sobre su propio pa&iacute;s estrategias de dominaci&oacute;n y represi&oacute;n<strong> </strong>aprendidas en el Protectorado. La guerra colonial fue tambi&eacute;n el trampol&iacute;n de Franco y la semilla del fascismo espa&ntilde;ol, tal y como se&ntilde;al&oacute; junto a su mujer, Ilsa Barea, en los ensayos <em>Struggle for the Spanish Soul </em>y <em>Spain in the Post-War World. </em>Las p&aacute;ginas de <em>La ruta </em>documentan el alto grado de ideologizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, significativamente de sus oficiales y del generalato. Cuenta el autor que un d&iacute;a el comandante mayor le encontr&oacute; leyendo <em>Abajo las armas </em>de Bertha Von Suttner. Descubri&oacute; que tambi&eacute;n ten&iacute;a libros de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, Anatole France o de V&iacute;ctor Hugo. Le recomend&oacute; que los quemara: &ldquo;Muchacho, voy a hablar como si fuera tu padre. Esto es un cuartel [&hellip;]. Yo s&eacute; c&oacute;mo pasan las cosas [&hellip;]. Los compa&ntilde;eros te pedir&aacute;n prestados los libros y t&uacute; no puedes decir que no. Bien, en el momento que estos libros caen en las manos de estos pobres diablos que apenas si saben leer o escribir, es lo mismo que si les pusieras dinamita en las manos.&rdquo; Sin embargo, hab&iacute;a total tolerancia con libros y revistas pornogr&aacute;ficas: &ldquo;mejor es que lean eso que no que lean <em>El Socialista.</em>&rdquo; Lo mismo ocurr&iacute;a con la permisividad hacia la figura de la querida y hacia los prost&iacute;bulos. La moral asfixiaba s&oacute;lo a las mujeres. En Ceuta, por ejemplo, era imposible comprar peri&oacute;dicos liberales o de izquierda que cuestionaran la guerra o solicitaran la retirada de las tropas. De este boicot participaban los quioscos, que solo vend&iacute;an <em>ABC, El debate </em>o <em>El Defensor de Ceuta. </em>La &ldquo;corrupta&rdquo; y &ldquo;patri&oacute;tica&rdquo; guerra de Marruecos contentaba a muchos sectores de la poblaci&oacute;n ceut&iacute;, pues estaba generando mucho movimiento econ&oacute;mico. Tambi&eacute;n era muy beneficiosa para el mando militar, ya que le permit&iacute;a mete&oacute;ricos ascensos, como el de Franco, &ldquo;el general m&aacute;s joven de Europa&rdquo;, y una oportunidad de enriquecimiento il&iacute;cito inimaginable en contextos de paz. Por eso mismo presionaron a todos los gobiernos y al propio dictador Primo de Rivera para que no retiraran las tropas de &Aacute;frica, fuente inagotable de su prestigio y riqueza. Los perdedores, los de siempre, la soldadesca que entregaba su sangre en grandilocuentes discursos patri&oacute;ticos, no ten&iacute;an voz en los cuarteles ni peri&oacute;dicos que protegieran sus intereses. &nbsp;Nada m&aacute;s llegar Barea al Protectorado, en junio de 1920, le ponen al d&iacute;a del sistema de corrupci&oacute;n de su unidad. Su primera misi&oacute;n fue la de construir una carretera hacia una kabila que ya no exist&iacute;a, es decir, un camino hacia ninguna parte, met&aacute;fora de una guerra sinsentido que s&iacute; reportaba suculentos beneficios. Robar, le dicen, &ldquo;es quitar el dinero a alguien. [&hellip;] Si robamos a alguien, es al estado, y bastante nos roba &eacute;l a nosotros.&rdquo; Hab&iacute;a corrupci&oacute;n incluso en la alimentaci&oacute;n que recib&iacute;an los soldados, en muchos casos insalubre y podrida, que les provocaba enfermedades y hasta la muerte: &ldquo;a unos les da disenter&iacute;a y a otros el tifus. Pero los soldados cuestan baratos.&rdquo; Hab&iacute;a ciertas enfermedades que no llegaban a los oficiales.</p>
<p>Una amplia generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles ven&iacute;a asimilando y relacion&aacute;ndose de forma natural con la barbarie en un conflicto que se prolong&oacute; entre 1909 y 1927. Barea supo ver que todo este aprendizaje se despleg&oacute; una d&eacute;cada despu&eacute;s en la guerra civil. Si se hab&iacute;a estado entregando la sangre de las clases humildes en la lucha patri&oacute;tica contra un enemigo deshumanizado, &ldquo;el moro&rdquo;, no ser&iacute;a dif&iacute;cil que continuara el sacrificio con otros enemigos de la naci&oacute;n como el &ldquo;rojo&rdquo;, el &ldquo;mas&oacute;n&rdquo; o el &ldquo;jud&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>Barea comienza a escribir &ndash;exceptuando algunos relatos y poemas de su infancia y juventud- para entenderse y entender lo que ha ocurrido en su pa&iacute;s en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y contarlo a los dem&aacute;s. Lo que comenz&oacute; como una terapia para superar las crisis nerviosas provocadas por el bombardeo constante del Madrid sitiado, desemboc&oacute; en un oficio que pudo desarrollar durante todo su exilio. Como explica en el prefacio de la edici&oacute;n inglesa de <em>La ruta, </em>&ldquo;quer&iacute;a descubrir c&oacute;mo y por qu&eacute; he llegado a ser el que soy; quer&iacute;a comprender las fuerzas y las emociones que est&aacute;n detr&aacute;s de mis sentimientos y acciones actuales. Trat&eacute; de encontrarlas, no por medio del an&aacute;lisis psicol&oacute;gico, sino evocando las im&aacute;genes y las sensaciones que alguna vez vi y sent&iacute; [&hellip;].&rdquo; No hay, por tanto, apelaciones a genios, musas o id&iacute;licos paseos inspiradores. Empez&oacute; a escribir su vida, reconoce en la primera edici&oacute;n en castellano de <em>La Forja de un rebelde </em>para Losada, &ldquo;porque pensaba que aprender&iacute;a a entender a los dem&aacute;s si me investigaba a m&iacute; mismo sin piedad. Adem&aacute;s, me parec&iacute;a la ruta m&aacute;s directa para penetrar debajo de la superficie de las impresiones.&rdquo; En una carta remitida a Ram&oacute;n J. Sender, con quien comparti&oacute; una nutrida correspondencia recogida parcialmente en <em>Palabras recobradas </em>por Nigel Townson, reconoci&oacute; que &ldquo;sin la Guerra Civil yo no hubiera sido escritor; tampoco hubiera al fin conocido a Ilsa y sin ella, tampoco hubiera sido escritor [&hellip;]&rdquo;.</p>
<p>Su trabajo colaborativo con Ilsa, traductora al ingl&eacute;s de buena parte de su obra, en cuya lengua fueron publicadas primero -a excepci&oacute;n de <em>Valor y miedo-, </em>ha generado ciertas suspicacias en torno a la autor&iacute;a &iacute;ntegra de los textos. Estas dudas se sustentan en que cuando la editorial bonaerense Losada pidi&oacute; el manuscrito original de <em>La forja de un rebelde </em>para publicarlo en castellano, Barea aleg&oacute; haberlo perdido, teniendo que traducirse con ciertas fallas de la traducci&oacute;n inglesa realizada por Ilsa. Desconocemos si se perdi&oacute; o, si como apunta a modo de hip&oacute;tesis Francisco Caudet, no exist&iacute;a ese original porque &eacute;l<strong> </strong>dictaba en castellano al mismo tiempo que Ilsa lo iba traduciendo. Sin embargo, contamos con testimonios recogidos por Michael Euade que vendr&iacute;an a desvanecer cualquier atisbo de dudas sobre la autor&iacute;a de Barea. Sabemos que en su exilio parisino se turnaban la m&aacute;quina de escribir, Barea estaba con el primer borrador de <em>La forja </em>e Ilsa con <em>Telef&oacute;nica. </em>Tambi&eacute;n sabemos que Chalmers-Mitchell tradujo al ingl&eacute;s los dos primeros tomos de la trilog&iacute;a, por lo tanto esos originales exist&iacute;an. Adem&aacute;s, Margaret Weeden, que vivi&oacute; un tiempo con los Barea en su exilio ingl&eacute;s, se&ntilde;al&oacute; que &eacute;l escrib&iacute;a sus textos en castellano a m&aacute;quina y que luego los pasaba a Ilsa para que los tradujera al ingl&eacute;s. Ella<strong> </strong>s&iacute; firm&oacute; alguno de los ensayos, corrigi&oacute; manuscritos, le anim&oacute; a escribir y publicar sus obras, le consigui&oacute; trabajo en la secci&oacute;n latinoamericana de la BBC y le introdujo en los c&iacute;rculos intelectuales de los exiliados centroeuropeos en Inglaterra.</p>
<p>Cuando comenz&oacute; a escribir, Barea no frecuentaba c&iacute;rculos literarios ni formaba parte de las redes intelectuales espa&ntilde;olas. No tiene padrinos ni aduladores, m&aacute;s all&aacute; de la sensibilidad que manifest&oacute; Ilsa por sus escritos y que le animaron a seguir. En cierto momento de su juventud, cuenta en <em>La ruta </em>que se acerc&oacute; a algunas tertulias literarias de Jacinto Benavente en el Caf&eacute; de Castilla o de Valle-Incl&aacute;n en el Caf&eacute; La Granja. Con &eacute;ste &uacute;ltimo tuvo un roce ejemplarizante y que puede explicar su desinter&eacute;s por los circuitos intelectuales de la capital. Valle-Incl&aacute;n pregunt&oacute; Barea si &eacute;ste cre&iacute;a que se hab&iacute;a equivocado, a lo que el joven respondi&oacute; &ldquo;yo no creo que se haya equivocado, lo que creo es que lo hace usted a sabiendas y que todos estos se&ntilde;ores lo saben tambi&eacute;n.&rdquo; Valle-Incl&aacute;n empatiz&oacute; con la valiente respuesta y le recomend&oacute; marcharse a su casa si quer&iacute;a ser un buen escritor. &ldquo;Usted viene a tomar caf&eacute;, mejor si otro lo paga, a hablar mal de todos los dem&aacute;s y a mendigar un d&iacute;a una presentaci&oacute;n. Pero si lo que usted quiere es aprender a escribir, qu&eacute;dese en su casa y estudie. [&hellip;] usted se imagina que lo estoy insultando, pero se equivoca. No le conozco, pero me merece una opini&oacute;n mejor que la mayor&iacute;a de los que est&aacute;n aqu&iacute; mir&aacute;ndonos como bobos. Y por eso le digo, no venga a estas tertulias [&hellip;], de aqu&iacute; no va a usted a sacar m&aacute;s provecho que, si acaso, un puesto de chupatintas en un peri&oacute;dico y la costumbre de tragarse todos los insultos.&rdquo; Era lo mismo que le hab&iacute;a advertido Emirlio Carr&egrave;re cuando le dijo que &ldquo;en Espa&ntilde;a, ser escritor es hacer oposiciones a muerto de hambre&rdquo;, ya que cuando, tras a&ntilde;os adulando y pagando el caf&eacute; a alg&uacute;n escritor consagrado, tuviera la oportunidad de publicar en alg&uacute;n peri&oacute;dico, lo har&iacute;a sin cobrar.</p>
<p>Barea escribe desde fuera del sistema literario, sin atender a gustos o afinidades tem&aacute;ticas y formales. &Eacute;ste es otro de los hechos diferenciales de su obra<strong> </strong>y que marca indeleblemente su estilo y sus pretensiones literarias. Se reconoce como &ldquo;el primer escritor espa&ntilde;ol proveniente<strong> </strong>de las clases bajas de una gran ciudad.&rdquo; Cuando escribe, lo hace con esta noci&oacute;n de pertenencia, empatizando con el hambre, la miseria y la lucha no pocas veces picaresca y despiadada por la supervivencia. Barea cuenta una forma de estar en el mundo compartida por una mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles que no hab&iacute;a ocupado hasta entonces con espacios de identificaci&oacute;n en la literatura espa&ntilde;ola. &Eacute;sta, incluso cuando hablaba de las clases populares, lo hac&iacute;a desde posicionamientos verticales: el escritor, capitalino o capitalizado, que idealiza lo popular con cierto paternalismo. Su noci&oacute;n de pueblo<strong> </strong>no se ha forjado en un caf&eacute; literario ni en c&iacute;rculo de eruditos etnogr&aacute;ficos. No hay en sus p&aacute;ginas idealizaci&oacute;n ni herencias caracterol&oacute;gicas del romanticismo. La picard&iacute;a supera a la &eacute;pica, salvo cuando el autor se refiere a &ldquo;los suyos&rdquo;, donde adopta un tono m&aacute;s trascendente. Rasgos de este enfoque se pueden encontrar en la literatura en formato popular que le&iacute;a en su infancia desaviniendo las indicaciones de su colegio religioso: Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, Zola, V&iacute;ctor Hugo o Tolst&oacute;i. Su sensibilidad hacia lo popular parte del influjo de su propia trayectoria vital, que si bien transita dos horizontes bien diferenciados &ndash;el de su humilde madre y su acomodado t&iacute;o o el del casino obrero y el de los propietarios-, no duda en ning&uacute;n momento de cu&aacute;l es su lugar y a qui&eacute;nes<strong> </strong>entregar sus esfuerzos. Tampoco<strong><em> </em></strong>cuando conoce el sistema de corruptelas del ej&eacute;rcito en el Protectorado que le invita a participar del fest&iacute;n. Barea no tolera la desigualdad social que se extiende en todos los sectores, inundando<strong> </strong>&nbsp;las formas de socializaci&oacute;n hasta dividir los bares, los prost&iacute;bulos, incluso las aceras de paseo, en clases.</p>
<p>Se ha insistido en que Barea se mueve en ambos territorios, pero lo cierto es que cuando se ve obligado a elegir se decanta por la fr&iacute;a buhardilla de su madre antes que por la pudiente casa de sus t&iacute;os. Prefiere buscarse la vida antes que seguir en la red caritativa de la Iglesia, donde experimenta a diario el rechazo clasista. Se afili&oacute; a &nbsp;la UGT a principios de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os diez, frecuent&oacute; la Casa del Pueblo y colabor&oacute; activamente con la movilizaci&oacute;n del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 en el pueblo toledano al que hab&iacute;a trasladado a su familia: Nov&eacute;s. Tras la sublevaci&oacute;n militar de julio, particip&oacute; activamente en la defensa de la Rep&uacute;blica, instruy&oacute; a milicias y dirigi&oacute; la Oficina de censura de la prensa extranjera del Ministerio de Estado. Trabaj&oacute; con la Junta de Defensa y en labores propagand&iacute;sticas y movilizadoras con el general Miaja. Tras la retirada del gobierno a Valencia, en noviembre de 1936, decidi&oacute; quedarse en Madrid para combatir con sus medios el avance de las tropas franquistas. Cuando abandon&oacute; Espa&ntilde;a junto a Ilsa por el paso de La Junquera, el 17 de febrero de 1938, se declar&oacute; ante el guardia franc&eacute;s de aduanas como &ldquo;un socialista.&rdquo; En 1951, en sus apuntes sobre &ldquo;Literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo; recogidos en <em>Palabras recobradas, </em>volvi&oacute; a definirse como obrero: &ldquo;En la vida diaria como en mis escritos, mi lenguaje es el de la clase obrera madrile&ntilde;a de la que vengo [&hellip;] Seg&uacute;n las reglas literarias, es un lenguaje bruto, y sin embargo, el idioma del pueblo espa&ntilde;ol, de la gente baja, posee fuerza y un gran caudal de destellos po&eacute;ticos.&rdquo; Su escritura intent&oacute; &ldquo;expresar las penas y esperanzas de mi gente [&hellip;]. Esta es la &uacute;nica manera en que puedo ayudar en la lucha contra la injusticia, violencia y falta de honradez que est&aacute;n arruinando a mi pa&iacute;s y envenenando nuestra civilizaci&oacute;n.&rdquo; Y ah&iacute; &eacute;l mismo reconoci&oacute; su originalidad: &ldquo;Quiz&aacute; esto sea algo nuevo en la literatura espa&ntilde;ola, que carece de tradici&oacute;n autobiogr&aacute;fica de este tipo, a pesar de tener una antigua tradici&oacute;n de brutal realismo popular.&rdquo;</p>
<p>Barea pretende narrar la historia de Espa&ntilde;a, al modo de los episodios nacionales de Gald&oacute;s o Baroja, vista desde las clases populares y empleando el g&eacute;nero de la autoficci&oacute;n. No importa si hay m&aacute;s o menos ingredientes novel&iacute;sticos ni el espacio que deja el autor a la ficci&oacute;n. Escribe para contar su verdad, que considera com&uacute;n para buena parte de los espa&ntilde;oles de su generaci&oacute;n. Para ello recurre a la observaci&oacute;n meticulosa y aguda de sus recuerdos, novelados, empleando t&eacute;cnicas del diario y del ensayo hist&oacute;rico. Pretend&iacute;a hacer de su experiencia una obra literaria.</p>
<p>Por esto mismo, las guerras que cuenta Barea no tienen nada de heroico: soldados &ldquo;vomitando sin cesar&rdquo;, &ldquo;oliendo a cad&aacute;ver&rdquo;, enfermedad y muerte, patrocinadas por la negligencia y corruptelas del generalato y un rey que cifraba su prestigio y patriotismo en el sacrificio sangriento de los sectores m&aacute;s humildes de la sociedad espa&ntilde;ola que no pod&iacute;an pagar para librarse del servicio militar y, por tanto, de ser carne de ca&ntilde;&oacute;n para las veleidades expansionistas del nacionalismo espa&ntilde;ol. La guerra civil que relata su trilog&iacute;a, en sus cuentos y en sus ensayos es un proceso cargado de humanidad. No se reconoce como un te&oacute;rico. Como le escribe a Roberto F. Giuisti el 18 de febrero de 1956: &ldquo;me interesan los seres vivos mucho m&aacute;s que las teor&iacute;as y los an&aacute;lisis.&rdquo; Buen ejemplo es el libro de relatos <em>Valor y miedo </em>&ndash;de t&iacute;tulo sustancial-, elaborado a partir de sus charlas radiof&oacute;nicas como &ldquo;La voz inc&oacute;gnita de Madrid&rdquo; y editado en Barcelona en 1938 &ndash;la que ser&iacute;a seg&uacute;n el autor la &uacute;ltima publicaci&oacute;n en la ciudad antes de su ca&iacute;da-. En &eacute;l no da cuenta de estrategias militares, discursos ideol&oacute;gicos, h&eacute;roes ni l&iacute;deres populares. Al contrario, narra la cotidianeidad del conflicto personificada en personajes an&oacute;nimos, donde las balas y ca&ntilde;onazos comparten espacio con el fr&iacute;o, el miedo, el hambre, el amor y la muerte. No hay abstracci&oacute;n ni una clara definici&oacute;n ideol&oacute;gica, pese a que tuvieran en su origen unos fines movilizadores. Su propaganda emplea recursos reconocibles por la poblaci&oacute;n, poco maniqueos -&iexcl;la experiencia nunca lo es!-, lo que le granje&oacute; a&uacute;n m&aacute;s problemas con los partidos que rapi&ntilde;aban los restos de un Estado a las puertas de la debacle. La normalidad de esos protagonistas es la anormalidad de Barea, tanto en su relaci&oacute;n con la propaganda de guerra como con la literatura del exilio. Sin<strong> </strong>florituras ni perfiles dicot&oacute;micos, pero con un ritmo narrativo directo y &aacute;gil reconocible e identificable f&aacute;cilmente por los miles de combatientes que hab&iacute;an aprendido a la vez a leer y a empu&ntilde;ar las armas. <strong></strong></p>
<p>Cada uno de los tomos de <em>La forja de un rebelde </em>aporta una comprensi&oacute;n profunda de los condicionantes que provocaron la guerra y civil y la victoria del fascismo, y lo hace abriendo enfoques interpretativos a&uacute;n hoy vigentes. En este sentido, Barea fue pionero en relacionar el conflicto con la guerra colonial de Marruecos, donde se formaron los generales rebeldes. En <em>La ruta </em>dedica el cap&iacute;tulo V de la segunda parte, &ldquo;El embri&oacute;n del dictador&rdquo;, a la casu&iacute;stica de Franco. Tambi&eacute;n en <em>Struggle for the Spanish Soul: </em>&ldquo;Durante muchos a&ntilde;os de su juventud y de su edad adulta Franco vivi&oacute; y creci&oacute; en medio de este ej&eacute;rcito salvaje, form&aacute;ndolo y form&aacute;ndose en &eacute;l. Se acostumbr&oacute; [&hellip;] a ver la destrucci&oacute;n [&hellip;].&rdquo; Convertido ya en joven general, volvi&oacute; de Marruecos &ldquo;implacable&rdquo;, &ldquo;egoc&eacute;ntrico&rdquo; y &ldquo;sumamente seguro de s&iacute; mismo&rdquo;. Pero para continuar su escalada de ascensos necesitaba m&aacute;s sangre, que encontrar&iacute;a primero en la represi&oacute;n de la revoluci&oacute;n de Asturias y despu&eacute;s en la guerra civil: &ldquo;a la cabeza del pa&iacute;s gracias a la oportuna intervenci&oacute;n de la muerte y a su magistral organizaci&oacute;n de la matanza de un mill&oacute;n de espa&ntilde;oles.&rdquo; Esto mismo se&ntilde;ala en las p&aacute;ginas introductorias de <em>The Track: </em>&ldquo;me doy cuenta de que lo que hab&iacute;a visto era la etapa embrionaria en el desarrollo del autoritarismo castrense, y en particular los comienzos de la carrera pol&iacute;tica del general Franco.&rdquo; La vida en el tercio era &ldquo;algo as&iacute; como estar en un presidio. Los m&aacute;s chulos son los amos de la c&aacute;rcel. Y algo de esto le ha pasado a este hombre. Todo el mundo le odia, igual que todos los penados odian al jefe m&aacute;s criminal del presidido, y todos le obedecen y le respetan [&hellip;]&rdquo;. La actitud de Franco en &Aacute;frica era la de un aut&eacute;ntico kamikaze. Fue entonces cuando comenz&oacute; a construirse el mito de la baraka. Pero su figura no puede explicarse de forma aislada, sino dentro de una contraofensiva de las clases privilegiadas de Espa&ntilde;a.</p>
<p>El <em>leitmotiv </em>de su producci&oacute;n narrativa es la &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo;, que no surge por capricho o motivaci&oacute;n individual sino que es una respuesta a un sistema caracterizado por la desigualdad social y econ&oacute;mica que &eacute;l siente y padece desde sus primeros recuerdos de la infancia. Sus d&iacute;as pasan a medio camino entre la casa de su madre, lavandera en el r&iacute;o Manzaneres, y la pudiente posici&oacute;n de su t&iacute;o Jos&eacute; y su beata esposa. R&aacute;pidamente percibe la alteridad, el clasismo y la imposibilidad de ascenso social. Siendo un ni&ntilde;o le mandan a vivir a casa de sus t&iacute;os, que le matriculan en un colegio religioso. El padre de Barea fue un militar republicano que particip&oacute; en el levantamiento republicano de Badajoz de 1883, salv&aacute;ndose azarosamente de ser ajusticiado tras su fracaso. Su abuela paterna, que resid&iacute;a en Navalcarnero, era anticlerical y antimon&aacute;rquica. En numerosas ocasiones su abuela y su t&iacute;a discuten por la educaci&oacute;n de Arturo: &ldquo;Buena falta le hace al chico tomar un poco de aire y salir de tus faldas. Con tanto cura y tanto rezo, le est&aacute;is atontando. Ni la cara de gil&iacute; que tiene [&hellip;] lo que no soy ni quiero que sea el chico es un espiritado como t&uacute;, que no sale de las faldas de curas y sacristanes.&rdquo; Entre dos ambientes irreconciliables Barea va construyendo su personalidad y sus principios pol&iacute;ticos. En las p&aacute;ginas de <em>La forja </em>va surcando las contradicciones sin atisbos de nostalgia. El dramatismo se diluye en la propia rebeld&iacute;a &ndash;que bien pudi&eacute;ramos llamar supervivencia-. Barea, a modo de lazarillo, hace un retrato de las desigualdades de la &eacute;poca. Habla de &eacute;l mismo como excusa para explicar las ra&iacute;ces esenciales y seculares del problema espa&ntilde;ol: la avaricia de la riqueza apoyada por la sanci&oacute;n moral de la iglesia y el miedo provocado por el ej&eacute;rcito y la Guardia Civil.</p>
<p>La frontera entre estos dos mundos pronto se convierte en muro infranqueable. Es consciente que nunca pertenecer&aacute; a la &eacute;lite pese a las becas que va obteniendo por sus buenas calificaciones. La discriminaci&oacute;n clasista es estructural y se reproduce en la escuela, en la iglesia y en cualquier &aacute;mbito del espacio p&uacute;blico. En Navalcarnero observa c&oacute;mo los &ldquo;ricos&rdquo; pujan importantes cantidades de dinero por llevar a la Virgen, no por piedad, sino para ostentar su riqueza.&nbsp; En la iglesia del pueblo &ldquo;en los bancos se sit&uacute;an los se&ntilde;oritos y en las sillas las se&ntilde;oras. En el resto de la iglesia se colocan los dem&aacute;s, los labradores y los pobres [&hellip;] se arrodillan sobre las piedras.&rdquo; Lavapi&eacute;s tambi&eacute;n se presenta como un espacio de escenificaci&oacute;n de la desigualdad y donde persist&iacute;an unas expectativas nunca satisfechas de mejora que fueron canalizadas a partir del 18 de julio de 1936 en la quema y destrucci&oacute;n de los edificios que simbolizaban lo infranqueable de las fronteras de clase. Barea juega en el colegio con los otros dos ni&ntilde;os becados: &ldquo;como solo hay clases de bachillerato para los ni&ntilde;os ricos, estamos en las mismas clases que ellos, pero como los ni&ntilde;os pobres no se pueden mezclar con los ricos porque ser&iacute;a un mal ejemplo y como tampoco podemos mezclarnos con los pobres porque no pertenecemos a sus clases [&hellip;], no tenemos fila. [&hellip;] los ricos me han llamado el hijo de la lavandera y los pobres me han llamado el se&ntilde;orito.&rdquo; La misma segregaci&oacute;n clasista encuentra Barea en las calles de Ceuta, donde hab&iacute;a aceras de las calles para los soldados y las criadas y otras para los oficiales y las se&ntilde;oritas. Lo mismo ocurr&iacute;a en los caf&eacute;s, los casinos y los prost&iacute;bulos.</p>
<p>Barea encuentra esta segregaci&oacute;n clasista incluso en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza y en la Residencia de Estudiantes. Para su disgusto, descubre &ldquo;una nueva aristocracia, que nunca hab&iacute;a pensado que pudiera existir. Una especie de aristocracia de la izquierda.&rdquo; Era tan caro estudiar en la Residencia como en los mejores colegios jesuitas. &ldquo;Me convenc&iacute; que la obra magn&iacute;fica de Giner de los R&iacute;os adolec&iacute;a de los mismos defectos de toda la educaci&oacute;n espa&ntilde;ola: que sus puertas estaban cerradas para las clases trabajadoras&rdquo;, escribe en <em>La ruta. </em>Tras la muerte de su t&iacute;o, abandona su sue&ntilde;o de ser ingeniero pese a los intentos del colegio para que contin&uacute;e estudiando becado. Barea lo rechaza con una declaraci&oacute;n de principios: &ldquo;ya s&eacute; lo que es ser hijo de la lavandera; s&eacute; lo que es que le recuerden a uno la caridad; [&hellip;] s&eacute; lo que es fregar mi madre el suelo en casa de mi t&iacute;a, sin cobrar sueldo. S&eacute; lo que son los ricos y los pobres. S&eacute; que soy pobre y no quiero nada de los ricos.&rdquo;</p>
<p>En realidad, este navegar entre dos aguas tiene mucho de habitar una &uacute;nica orilla con distinto traje. En <em>La Forja </em>se llega a preguntar si &eacute;l podr&iacute;a ser un buen socialista, ya que no ten&iacute;a claro si era un obrero o no. El crecimiento del sector servicios en Madrid, al calor de la capitalidad, fue generando una nueva clase social pobre y no movilizada pol&iacute;ticamente, con unas condiciones laborales competitivas propias del capitalismo m&aacute;s salvaje, pero que no encajaba en la tipolog&iacute;a del mundo obrero. En primer lugar, por algo tan simb&oacute;lico como el atuendo. Esta clase vest&iacute;a con traje y corbata, pero sus condiciones laborales eran en no pocas ocasiones inferiores a la de los obreros. Por eso Barea desde la UGT intent&oacute; movilizar sindicalmente a los empleados de oficina. El escritor desentra&ntilde;a las claves del capitalismo que funciona acosta de las expectativas nunca cumplidas de una clase obrera de empleados con corbata. En agosto de 1911 entra como meritorio en el banco Credit &nbsp;&Eacute;tranger y experimenta en s&iacute; mismo el sistema de explotaci&oacute;n del sistema. Cada a&ntilde;o entran como becarios decenas de j&oacute;venes sin sueldo o bien recibiendo cantidades m&iacute;seras. Trabajan durante un a&ntilde;o a modo de prueba, bajo la promesa de que los mejores recibir&aacute;n en el futuro un contrato de trabajo y podr&aacute;n prosperar en el banco. Esto hace que los becarios acepten unas condiciones laborales de semiesclavitud para mantener vivas sus expectativas de ascenso social. Sin embargo, Barea pronto comprende que &ldquo;la mayor&iacute;a de los que tienen sueldos mejores son precisamente los que no han sido meritorios.&rdquo; Se trata de un capitalismo de explotaci&oacute;n de las expectativas. &ldquo;En el banco no puede esperarse nada hasta pasados muchos a&ntilde;os, cuando ya se han convencido no de que uno sabe trabajar, sino de que est&aacute; sometido totalmente.&rdquo; As&iacute; proliferan en la capital negocios a costa del trabajo de meritorios, como el Continental Express, en la calle Alcal&aacute;, dedicado al env&iacute;o de cartas y recados urgentes. Los repartidores son ni&ntilde;os sin salario que se conforman con las propinas que reciben de los clientes. El negocio era redondo. Barea entra en la UGT porque comprueba que la lucha sindical mejora las condiciones laborales: &ldquo;los socialistas hacen huelgas todos los d&iacute;as. [&hellip;] Los meten en la c&aacute;rcel, les dan palos, pero luego al final se salen con la suya. Son los &uacute;nicos que trabajan ocho horas al d&iacute;a y los &uacute;nicos que cobran el jornal que piden.&rdquo;</p>
<p>En esta l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n de clases, Barea emplea con frecuencia en sus novelas y cuentos la figura estereotipada del cacique y del terrateniente, a los que responsabiliza de la guerra, la miseria y la destrucci&oacute;n de Espa&ntilde;a. La conciencia de clase le hace entender desde bien joven que el sistema premiaba y proteg&iacute;a con leyes, con la Guardia Civil y con la sanci&oacute;n religiosa a los que m&aacute;s ten&iacute;an: &ldquo;Dios premia a los buenos.&rdquo; Se refiere en <em>La forja </em>a Luis Bah&iacute;a, propietario de medio Brunete: &ldquo;no s&oacute;lo no le castiga Dios sino que, cuando va a San Mart&iacute;n, todos los curas le quieren mucho y le consideran como una buen&iacute;sima persona porque encarga misas y novenas. [&hellip;] los &uacute;nicos buenos son los que tienen dinero y todos los dem&aacute;s son malos. Cuando protestan les dicen que ganar&aacute;n el cielo y que no importa nada lo malo que se pasa en esta vida. Al contrario, que es un m&eacute;rito [&hellip;], pero yo no veo que, para ganar el cielo, los ricos se metan a pobres [&hellip;].&rdquo; Este discurso arremete contra el sistema de recaudaci&oacute;n de la Iglesia y con la bendici&oacute;n del poder econ&oacute;mico a trav&eacute;s de bulas de cruzada, indulgencias y encargo de misas para liberar a las almas del purgatorio. &ldquo;El que tiene miles de pesetas para ir a Lourdes, puede ser que est&eacute; cojo y vuelva andando. Pero si no puede ir a Lourdes, entonces se queda cojo toda la vida, porque la Virgen no hace milagros m&aacute;s que con los que van all&iacute;.&rdquo; Su t&iacute;a acomodada participa de esta opini&oacute;n. Un d&iacute;a, saliendo de la novena, encuentra una mujer mendigando con su beb&eacute; a la que la madre de Barea siempre le da limosna para leche. Su t&iacute;a, con otra noci&oacute;n de solidaridad, le explica que &ldquo;hay muchos desgraciados. Pero Dios sabe por qu&eacute; lo hace. A lo mejor era una mala mujer.&rdquo; El historiador Alfonso Botti ha explicado magistralmente en <em>Cielo y dinero </em>c&oacute;mo la Iglesia espa&ntilde;ola rechaz&oacute; hasta mediados del siglo XX el liberalismo pol&iacute;tico pero asumi&oacute; con vehemencia los valores del liberalismo econ&oacute;mico y justific&oacute; moralmente la desigualdad.</p>
<p>Tambi&eacute;n revisten inter&eacute;s las cr&iacute;ticas literarias de Barea publicadas en el exilio, en las que el autor tiene un papel de autoridad intelectual sobre las &ldquo;cosas de Espa&ntilde;a.&rdquo; En 1941 public&oacute; en la revista <em>Horizon </em>una sonada rese&ntilde;a de <em>Por qui&eacute;n doblan las campanas </em>de Hemingway. Ambos autores se conocieron en la oficina de censura durante la guerra y Barea no guardaba buen recuerdo del estadounidense. Sostiene que Hemingway demuestra poco conocimiento del pueblo &ldquo;real&rdquo;, que su mirada est&aacute; permeada de estereotipos. &ldquo;Siempre fue un espectador que quiso ser actor<strong> </strong>y que quiso escribir como si hubiera sido actor. Y sin embargo, no basta con mirar: para escribir con verdad hay que vivir y hay que sentir lo que se vive.&rdquo; En el polo opuesto estaba <em>The Spanish Labyrinth </em>de Gerald Brenan, que, salvo ciertas generalizaciones esencialistas y perennes de los rasgos espa&ntilde;oles &ldquo;como si fueran inmutables, esencialmente raciales y no condicionados por factores sociales o hist&oacute;ricos&rdquo;, celebr&oacute; en las p&aacute;ginas de <em>Horizon </em>en 1943 que se trataba de una acertada explicaci&oacute;n hist&oacute;rica de las hondas ra&iacute;ces de la guerra de Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n elogi&oacute; la obra de Unamuno, Lorca, G&oacute;mez de la Serna y Alberti, no as&iacute; las de Ortega o Madariaga por considerarlos autores de &ldquo;sal&oacute;n&rdquo; y de &ldquo;alta sociedad&rdquo;, alejados del sentimiento del pueblo. Lorca representar&iacute;a lo contrario, la fusi&oacute;n de lo culto y lo popular. El granadino era &ldquo;el poeta del pueblo espa&ntilde;ol&rdquo; porque &ldquo;gran parte de su trabajo es popular en el sentido de que toca a su pueblo.&rdquo; Tambi&eacute;n escribi&oacute; los pr&oacute;logos de las ediciones inglesas de <em>La Colmena </em>de Cela, <em>Nada </em>de Carmen Laforet y de <em>Epitalamio del prieto Trinidad </em>de Ram&oacute;n J. Sender. <strong></strong></p>
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<p><strong>El discreto olvido de Barea&nbsp; </strong></p>
<p>Quiz&aacute; se ha exagerado el &ldquo;olvido&rdquo; de la obra de Barea en Espa&ntilde;a. Esta afirmaci&oacute;n ten&iacute;a cierto sentido hasta hace un par de d&eacute;cadas pero, en el nuevo siglo, gracias al &nbsp;trabajo de recopilaci&oacute;n y de investigaci&oacute;n llevado a cabo por Nigel Townson, Michael Euade, Eva Nieto McAvoy, Francisco Caudet, Gregorio Torres Nebrera, Luis Monferrer, Paul Preston, Juan Marqu&eacute;s y otros participantes en este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de la revista <em>Turia</em> &ndash;el listado es largo y siempre dejar&iacute;a en el tintero investigaciones relevantes-; as&iacute; como por el incansable esfuerzo memorial&iacute;stico de William Chislett &ndash;promotor de la colocaci&oacute;n de una l&aacute;pida conmemorativa en el cementerio donde se encuentran las cenizas de Barea con el apoyo de escritores como Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Elvira Lindo o Javier Mar&iacute;as y de la concesi&oacute;n del nombre de Arturo Barea para una plaza en Lavapi&eacute;s, entre otras iniciativas-, no puede sostenerse. Leyendo la n&oacute;mina de investigadores salta a la vista la amplia presencia de hispanistas, que se sumar&iacute;an a los elogios vertidos sobre la obra de Barea por Gerald Brenan, Hugh Thomas, Raymond Carr o Gabriel Jackson. Y es que la primera repercusi&oacute;n y los principales logros en vida del autor fueron en Inglaterra &ndash;donde vendi&oacute; miles de ejemplares y actu&oacute; en las redes intelectuales como int&eacute;rprete privilegiado de la guerra civil-. Su obra est&aacute; pensada para explicar la historia de Espa&ntilde;a en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Como ha se&ntilde;alado Michael Euade, entre 1948 y 1952 fue el quinto escritor espa&ntilde;ol m&aacute;s traducido, s&oacute;lo por detr&aacute;s de Cervantes, Ortega y Gasset, Lorca y Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez. En vida, Barea cont&oacute; con el reconocimiento de intelectuales internacionales como Orwell, Benedetti, Dos Passos, Roland Grant o Garrett Mattingly, que elogiaron su obra. Tambi&eacute;n exiliados como Ram&oacute;n J. Sender o Guillermo de Torre, como se desprende de la correspondencia que mantuvieron con &eacute;l.<strong></strong></p>
<p>S&iacute; se puede se&ntilde;alar una recepci&oacute;n tard&iacute;a de su obra si la comparamos con la de otros exiliados consagrados como Max Aub, Ram&oacute;n J. Sender o Francisco Ayala, pero este atraso tiene que ver con posicionamientos pol&iacute;ticos de los c&iacute;rculos de exiliados y por la cerraz&oacute;n de &nbsp;la &nbsp;Espa&ntilde;a&nbsp; franquista, no tanto con el prestigio internacional de Barea, que era incuestionable. Su obra se tradujo a una decena de idiomas. En 1948 el sello Gallimard public&oacute; la edici&oacute;n francesa de <em>La forja de un rebelde. </em>Tambi&eacute;n se tradujo al dan&eacute;s, donde un grupo de intelectuales lleg&oacute; a proyectar proponerle para el Premio Nobel de Literatura. Fue invitado a universidades norteamericanas y, gracias a su prestigio radiof&oacute;nico en Am&eacute;rica Latina por sus charlas para la BBC, fue agasajado en 1956 en Argentina, Chile y Uruguay. Han sido numerosas las reediciones de sus obras, especialmente de su trilog&iacute;a. Tambi&eacute;n han contribuido a su popularidad<strong> </strong>las tiradas en ediciones econ&oacute;micas de bolsillo de algunos peri&oacute;dicos de &aacute;mbito<strong>&nbsp; </strong>nacional: <em>El Mundo </em>incluy&oacute; <em>La Forja de un rebelde </em>en su biblioteca de &ldquo;Cien mejores novelas en castellano del siglo XX&rdquo; en 2001&ndash;ocupando cada tomo un n&uacute;mero de la colecci&oacute;n-, con pr&oacute;logo de Luis Antonio de Villena, y <em>P&uacute;blico </em>edit&oacute; La<em> ra&iacute;z rota, </em>en 2010, en su &ldquo;Biblioteca de la Rep&uacute;blica&rdquo;. <em>Debate</em> public&oacute;, en los a&ntilde;os 2000 y 2001, con edici&oacute;n de Nigel Townson, el mayor corpus publicado hasta la fecha de Barea y <em>C&aacute;tedra</em> incluy&oacute; en 2019 en su colecci&oacute;n de Letras Hisp&aacute;nicas <em>La forja de un rebelde</em> con edici&oacute;n cr&iacute;tica de Francisco Caudet. A finales de 2017 el Instituto Cervantes organiz&oacute; la exposici&oacute;n &ldquo;La ventana inglesa&rdquo; comisariada por William Chislett y con abundante material biogr&aacute;fico y bibliogr&aacute;fico novedoso. En el a&ntilde;o 2023 la editorial Renacimiento en su colecci&oacute;n &ldquo;Biblioteca de la memoria&rdquo; publicar&aacute; m&aacute;s reediciones y textos in&eacute;ditos.</p>
<p>&nbsp;Estas copiosas reediciones lo han convertido en un autor referencial para el canon literario espa&ntilde;ol del siglo XX y en un autor extensamente le&iacute;do, divulgado y citado. Manuel Pecell&iacute;n Lancharro ya firm&oacute; una temprana biograf&iacute;a de Barea, en 1981, en el segundo tomo de <em>Literatura en Extremadura</em> que manifiesta su pronta inclusi&oacute;n en el canon literario, en este caso el extreme&ntilde;o. Fue el primer acercamiento sistem&aacute;tico a la vida y obra del autor publicado en Espa&ntilde;a. Si bien Barea centr&oacute; su obra en sus experiencias en Madrid, ciudad a la que se traslad&oacute; al poco de nacer, su ciudad natal es Badajoz, donde guarda algunos marcadores de memoria: da nombre a una calle y a un premio de investigaci&oacute;n cultural de la Diputaci&oacute;n de Badajoz. Pecell&iacute;n, adem&aacute;s, public&oacute; la partida de nacimiento de Barea, pues hasta entonces algunos, err&oacute;neamente, la situaban en Madrid tomando s&oacute;lo como fuente hist&oacute;rica la novela <em>La forja</em>.</p>
<p>La insistencia en el presente del desconocimiento de Barea responde a l&oacute;gicas publicitarias del mercado editorial y a la tendencia ya tradicional de las reediciones literarias de justificarse a partir de una supuesta p&eacute;rdida. Desde la muerte del dictador, cada contexto ha tra&iacute;do nuevas oleadas de inter&eacute;s por la obra de Barea. Es totalmente comprensible que <em>La forja de un rebelde </em>no se publicara en Espa&ntilde;a hasta 1978, bien muerto el dictador, como ocurri&oacute; con <em>El laberinto espa&ntilde;ol </em>de Brenan, ya que el libro cuenta de forma descarnada las desigualdades de un pa&iacute;s que sum&iacute;a a la mayor&iacute;a en la pobreza a trav&eacute;s de una entente del ej&eacute;rcito, la Iglesia y las &eacute;lites econ&oacute;micas. La guerra civil &ldquo;hab&iacute;a sido provocada por un grupo de generales que, a su vez, estaban manejados por los sectores de las derechas espa&ntilde;olas m&aacute;s fan&aacute;ticamente determinadas a luchar contra cualquier desarrollo del pa&iacute;s que fuera una amenaza para su casta.&rdquo; Estas reflexiones no eran publicables en la dictadura, como tampoco lo era la asimilaci&oacute;n del franquismo con el nazismo y el fascismo que formaba parte de la interpretaci&oacute;n medular del conflicto para Barea y sus coet&aacute;neos en el exilio. En <em>Lorca, el poeta y su pueblo, </em>justifica el advenimiento de la Rep&uacute;blica contra una &ldquo;monarqu&iacute;a mantenida por generales vocingleros, nuncios papales y flojos pol&iacute;ticos liberales, ten&iacute;a hedor de dep&oacute;sitos de cad&aacute;veres infectado por todos los g&eacute;rmenes imaginables. [&hellip;] ol&iacute;a a muerto.&rdquo; No era sencillo publicar estos escritos en Espa&ntilde;a, y m&aacute;s viniendo de un autor comprometido con la Rep&uacute;blica, afiliado a la UGT y que durante la guerra mundial utiliz&oacute; su m&aacute;quina de escribir y los micr&oacute;fonos de la BBC para pedir la intervenci&oacute;n de los aliados contra el reducto fascista que quedaba en Europa: la Espa&ntilde;a de Franco. La historiograf&iacute;a literaria dentro del pa&iacute;s fue muy cr&iacute;tica con Barea, tildado de &ldquo;autor ingl&eacute;s&rdquo; y de antipatriota. El catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza, Francisco Yundurain, public&oacute; en <em>Arbor, </em>la revista del CSIC, en 1953, el art&iacute;culo &ldquo;Resentimiento espa&ntilde;ol: Arturo Barea.&rdquo; El &eacute;l criticaba <em>La ra&iacute;z rota </em>por &ldquo;descaradamente sectaria&rdquo;. En la novela &ldquo;se busca una y otra vez el contraste desfavorable con todo lo espa&ntilde;ol [&hellip;], se enjuician nuestras costumbres, nuestros sentimientos, nuestros paisajes, cosas todas que est&aacute;n fuera de la lucha pol&iacute;tica [&hellip;] y necesita encontrar razones para despreciarlas a cuenta de una imaginada superioridad del pa&iacute;s en que habita [&hellip;].&rdquo; Conclu&iacute;a afirmando que &ldquo;nunca hab&iacute;a encontrado en ninguno de los autores revisionistas la falta de amor patrio&rdquo; de Barea. L&iacute;nea argumental que compart&iacute;a Juan Luis Alborg en el cap&iacute;tulo que dedic&oacute; al escritor en <em>Hora actual de la novela espa&ntilde;ola </em>en 1968, donde apunt&oacute; la &ldquo;seriedad del inquisidor&rdquo; y la &ldquo;soberbia altanera&rdquo; de Barea. El diario falangista <em>Arriba </em>public&oacute; una necrol&oacute;gica el 21 de enero de 1958 firmada por &Aacute;ngel Ruiz donde se hac&iacute;a referencia al autor como &ldquo;escritor ingl&eacute;s.&rdquo; En 1948 Barea hab&iacute;a conseguido el pasaporte brit&aacute;nico y en varias alocuciones de la BBC no ocult&oacute; su satisfacci&oacute;n por encontrarse en Inglaterra y el agradecimiento por la acogida recibida, &ldquo;porque era un desgraciado sin patria por defender ideales de humanidad y fraternidad dentro de una comunidad libre que hab&iacute;a perdido su libertad por la violencia.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, estas opiniones y las precauciones del r&eacute;gimen no impidieron que se publicara en 1960 en el sello Cid, sorprendentemente sin intervenci&oacute;n de la censura, una colecci&oacute;n de cuentos seleccionados por Ilsa que llev&oacute; por t&iacute;tulo el nombre del &uacute;ltimo relato: <em>El centro de la pista. </em>Decimos sorprendente porque algunos tienen un mensaje pol&iacute;tico y un an&aacute;lisis de los problemas sociales de Espa&ntilde;a inequ&iacute;vocos, como la cr&iacute;tica a la avaricia de los terratenientes en &ldquo;Agua bajo el puente.&rdquo; En cualquier caso, la publicaci&oacute;n tard&iacute;a de las principales obras narrativas de Barea no supone ninguna anomal&iacute;a en relaci&oacute;n al autor, sino que m&aacute;s bien nos hablan de la anomal&iacute;a pol&iacute;tica del r&eacute;gimen de Franco y el rastro que dej&oacute; en la interpretaci&oacute;n de la historia de Espa&ntilde;a del siglo XX.</p>
<p>La oleada m&aacute;s intensa de reediciones y recuperaci&oacute;n de material in&eacute;dito se ha producido con el cambio de siglo, coincidiendo con un recobrado inter&eacute;s hist&oacute;rico &ndash;tambi&eacute;n institucional y pol&iacute;tico- por la guerra civil y su memoria. Este contexto favorable ha contribuido sobremanera a su divulgaci&oacute;n. Del mismo modo, recientemente se ha insertado la obra y biograf&iacute;a de Barea en el constructo historiogr&aacute;fico -bastante politizado- denominado &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo;. En <em>La llama, </em>el autor no escatima p&aacute;ginas para describir el horror que sent&iacute;a ante la represi&oacute;n descontrolada en Madrid contra personas inocentes cuyo &uacute;nico delito era no simpatizar con alguna de las formaciones de izquierda, ser cat&oacute;lico o llevar una vida acomodada. Tambi&eacute;n denuncia en sucesivas ocasiones la falta de unidad de las fuerzas republicanas, que miran por su inter&eacute;s partidista m&aacute;s que por hacer frente desde un Estado fam&eacute;lico a la fuerza incontestable de un ej&eacute;rcito sublevado, apoyado militar, t&eacute;cnica, econ&oacute;mica y diplom&aacute;ticamente por la Alemania nazi y la Italia fascista. Describe igualmente la caza de brujas provocada cuando se producen cambios de ministerios entre diferentes partidos o sindicatos, la paranoica persecuci&oacute;n contra el POUM y el trotskismo, la intromisi&oacute;n&nbsp; e influencia creciente de la URSS en el gobierno de la Rep&uacute;blica, la represi&oacute;n llevada a cabo por los agentes sovi&eacute;ticos y la generalizaci&oacute;n de la brutalidad y el terror. Ilsa ahond&oacute; m&aacute;s si cabe en estas cuestiones &ndash;porque las sufri&oacute; m&aacute;s- en su novela <em>Telef&oacute;nica, </em>editada por primera vez en castellano en 2019, donde narra su experiencia en la oficina de censura y la persecuci&oacute;n a la que fue sometida. Sin embargo, la categorizaci&oacute;n como &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; ha consistido en no pocas ocasiones en viajar al pasado para buscar referentes de &ldquo;centro&rdquo; o &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo; y llevarlos al presente para reforzar posiciones pol&iacute;ticas, utilizando el prestigio de autores como Chaves Nogales para refrendar posiciones sin, por supuesto, consultarles. Barea fue un entusiasta defensor de la Rep&uacute;blica, se moviliz&oacute; el 18 de julio de 1936 contra lo que consideraba un ataque fascista a la soberan&iacute;a popular: &ldquo;fui testigo de uno de los sucesos m&aacute;s conmovedores que he presenciado jam&aacute;s: vi y sent&iacute; la fuerza de la solidaridad espont&aacute;nea de las masas. Decenas de miles de espa&ntilde;oles &ndash;obreros- abandonaron aquella noche sus hogares impulsados por la sola y &uacute;nica idea de ayudar a detener a los fascistas. [&hellip;] lo grande de aquella movilizaci&oacute;n [&hellip;] radicaba en que era una fe com&uacute;n la que impulsaba, la que nos impulsaba.&rdquo; Barea no manch&oacute; sus manos de sangre ni aviv&oacute; el terror miliciano. No era hombre de disciplina de partido. &ldquo;Yo carec&iacute;a de la flexibilidad que es necesaria para someterse a un partido y hacer carrera pol&iacute;tica&rdquo;, reconoce en <em>La llama. </em>&nbsp;Sin embargo, una vez iniciada la guerra, era partidario de culminar el proceso en una revoluci&oacute;n que librara al pa&iacute;s de &ldquo;las manos de unos pocos privilegiados; una revoluci&oacute;n que dar&iacute;a lugar a una Espa&ntilde;a del pueblo y para el pueblo en la que los seres humanos podr&iacute;an convivir unidos [&hellip;]&rdquo;. Quiz&aacute; idealista, humanista, pero no equidistante. Cuando conoce a Poldi, el marido de Ilsa, y a otros estalinistas, se ve as&iacute; mismo como un revolucionario humanista o &ldquo;sentimental&rdquo;, como le define el dirigente ruso del Estado Mayor, el general Goliev. Pero este juego crom&aacute;tico de matices no le confunde de bando. En las p&aacute;ginas de <em>La llama </em>reconoce que &ldquo;la elecci&oacute;n estaba hecha durante toda mi vida. O venc&iacute;a una revoluci&oacute;n o yo estar&iacute;a entre los vencidos.&rdquo; No se le puede negar claridad expositiva.</p>
<p>De su narraci&oacute;n y de sus actos no se desprenden equilibrios entre los dos bandos. Si la &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; significa denunciar las atrocidades de los milicianos y los errores de la Rep&uacute;blica, entonces Barea pertenece a ella, como tambi&eacute;n pueden pertenecer Aza&ntilde;a o Chaves Nogales. Pero si la &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; supone poner en una misma balanza la Rep&uacute;blica, la UGT, el socialismo o la revoluci&oacute;n obrera con las fuerzas sublevadas y sus aliados seculares: Iglesia, alta burgues&iacute;a y caciques rurales, Barea no entrar&iacute;a en esta clasificaci&oacute;n. Al contrario, se decanta por los primeros cada vez que tiene ocasi&oacute;n y trabaja por su victoria de una forma sobrehumana desde el edificio de la Telef&oacute;nica, poniendo su vida en peligro, d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n, en defensa de unos ideales que no abandonar&aacute; nunca y que no son circunstanciales, sino que le llevan acompa&ntilde;ando, como recoge en <em>La forja,</em> desde su infancia. Andr&eacute;s Trapiello, en su categorizaci&oacute;n de los intelectuales espa&ntilde;oles al inicio de la guerra, sit&uacute;a a Barea en el grupo de fieles a la Rep&uacute;blica y significado con la UGT. Antes de la guerra, aconsejaba al cura de Nov&eacute;s que utilizara &ldquo;el p&uacute;lpito para ense&ntilde;ar la palabra de Cristo y no para propaganda pol&iacute;tica, y tratar&iacute;a de convencer a unos y a otros para que vivieran en paz, para que los pobres no se murieran en la pared de la carretera esperando el milagro de un mendrugo de pan, mientras que los ricos dejan la tierra yerma y se juegan cada noche en el casino lo suficiente para que no haya hambrientos [&hellip;].&rdquo; El cura acept&oacute; mal el consejo y se encomend&oacute; a Calvo Sotelo: &ldquo;quieran ustedes o no quieren, ustedes los revolucionaros que quieren hundir a Espa&ntilde;a en la miseria, ese hombre har&aacute; una Espa&ntilde;a grande. [&hellip;] Usted ha venido a turbar la tranquilidad de este pueblo. Lucharemos cada uno por nuestro lado y Dios dar&aacute; la raz&oacute;n al que la merezca.&rdquo; Cuando estall&oacute; el conflicto, cuenta en <em>La llama, </em>&ldquo;no pod&iacute;a continuar al margen de los acontecimientos&rdquo;, &ldquo;sent&iacute;a el deber y ten&iacute;a la necesidad de hacer algo.&rdquo; Quiz&aacute; la confusi&oacute;n radica en asemejar equidistancia con liberad de criterio, o que algunas de las memorias maniqueas grabadas sobre bronce y piedra durante la dictadura contin&uacute;an explicando el conflicto como una lucha contra una revoluci&oacute;n &ldquo;antinacional&rdquo; y comunista y, por lo tanto, en leg&iacute;tima defensa. Barea trabaj&oacute; denodadamente en defensa de la Rep&uacute;blica hasta que comprendi&oacute;, en la segunda mitad de 1937, que la guerra estaba perdida.</p>
<p>S&iacute; podemos estar de acuerdo con la necesidad de continuar investigando la figura de Barea con herramientas historiogr&aacute;ficas que permitan ahondar con mayor profundidad en una biograf&iacute;a que sigue construy&eacute;ndose tomando como eje central <em>La forja de un rebelde, </em>algunos relatos autobiogr&aacute;ficos y unas p&aacute;ginas de su archivo personal, depositado en Londres, denominadas &ldquo;Biographical Notes&rdquo;, con informaci&oacute;n complementaria sobre su trayectoria vital &ndash;han sido publicadas parcialmente en <em>Palabras recobradas-. </em>Poner en cuarentena el testimonio autobiogr&aacute;fico de Barea no significa dudar de sus afirmaciones, sino de la capacidad de la memoria para traer<strong> </strong>el pasado al presente. Hay por ejemplo imprecisiones geogr&aacute;ficas y cronol&oacute;gicas &ndash;Gerald Brenan en el texto &ldquo;An honest man&rdquo;, publicado en <em>New York Review of Books</em> en marzo de 1975, se&ntilde;al&oacute; errores de localizaci&oacute;n en <em>La ruta<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a>-</em> y ciertas contradicciones en datos relevantes, como en la fecha de la muerte de su madre Leonor. Esto no desmerece la obra de Barea, s&oacute;lo viene a certificar la fragilidad de la memoria. Si bien su relato autoficcional nos puede ayudar a entender su proceso, no podemos tomarlo como fuente hist&oacute;rica. Cuando escribe la primera versi&oacute;n de <em>La forja </em>desde Par&iacute;s<em>, </em>entre 1938 y comienzos de 1939, lo hace acuciado por el hambre, la incertidumbre del exilio, la falta de expectativas, la derrota personal y pol&iacute;tica y las crisis nerviosas. En ese duro contexto, escribe un relato de hechos acaecidos tres d&eacute;cadas antes. Por buena memoria que tuviera, ni Funes el memorioso podr&iacute;a poner en pie los acontecimientos &ldquo;tal y como sucedieron&rdquo;. Por esto mismo, es iluso dar rango de dato hist&oacute;rico a narraciones que no escatiman en todo lujo de detalles y que el propio autor reconoce que se han construido con la fragilidad de sus recuerdos y con recursos ficcionales. La memoria se construye rellenando los espacios vac&iacute;os para dar un sentido diacr&oacute;nico al relato. Sustenta los imaginarios personales y su identidad y adopta una gran flexibilidad para hacer frente a las incertidumbres. El escritor puede ser fiel a su memoria, pero no puede hacer de su memoria algo infalible. Sin una documentaci&oacute;n espec&iacute;fica que no provenga de su propia pluma, nos faltar&aacute;n muchos elementos de an&aacute;lisis para conocer sus acciones, motivaciones y el grado de veracidad de su ficci&oacute;n. Los excelentes trabajos biogr&aacute;ficos publicados hasta la fecha son, sin lugar a duda, buen punto de partida para continuar rastreando las huellas dejadas por los Barea en el tiempo.</p>
<p>Los autores que participan en este monogr&aacute;fico no hemos pretendido realizar una biograf&iacute;a exhaustiva de Arturo Barea ni describir de una forma monol&iacute;tica los perfiles generales de su obra. Hay suficiente bibliograf&iacute;a que lo viene haciendo con excelentes resultados en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Nuestro objetivo ha sido el de se&ntilde;alar los principales vectores de debate que contin&uacute;a provocando la lectura de la obra de Barea y que la sit&uacute;an en un lugar privilegiado al que acercarse a la historia de Espa&ntilde;a de la primera mitad del siglo XX. Tambi&eacute;n es un lugar de encuentro con la buena literatura, tan excepcional como los tiempos que la motivaron y la nutrieron. En este n&uacute;mero de la revista <em>Turia </em>por primera vez se han reunido ensayos originales de los principales especialistas &ndash;vivos- en el autor, formando una polifon&iacute;a cuyo inter&eacute;s radica en la capacidad que mantiene Barea para generar infinitas aristas interpretativas. La perduraci&oacute;n de las obras a la muerte de sus autores s&oacute;lo es posible cuando contin&uacute;an propiciando espacios de incertidumbre, interrogantes y contradicciones en horizontes culturales cada vez m&aacute;s satisfechos y maniatados por la homogeneizaci&oacute;n y la reducci&oacute;n de la realidad a bloques previsibles.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Para la realizaci&oacute;n de este ensayo y cotejar lo narrado en la guerra de Marruecos con documentos hist&oacute;ricos que certifiquen o no su testimonio, hemos buscado sin &eacute;xito su hoja de servicios del ej&eacute;rcito en los archivos generales militares de Ceuta, Melilla, Guadalajara &ndash;donde se conservan todos los Expedientes de tropa desde 1900-, &Aacute;vila, Madrid y Segovia. Desconocemos el motivo de esta ausencia documental.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:48:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Mendoza, el escritor de los prodigios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eduardo-mendoza-el-escritor-de-los-prodigios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/EDUARDO_MENDOZA.jpg" alt="" /></p>
<p>A Eduardo Mendoza Garriga (Barcelona, 1943) no le vamos a pillar nunca en ch&aacute;ndal o pijama: luce camisa y corbata, aunque ese d&iacute;a no tenga previsto pisar la calle. Un burgu&eacute;s ali&ntilde;o indumentario para encubrir a los personajes de su otra vida (la literaria): &ldquo;Todo lo que digo y cuento soy yo. Todo es fondo de armario&rdquo;, subraya. Pupitre adosado a la pared, escribe las novelas de pie y trabaja el p&aacute;rrafo. La aparente facilidad y felicidad de su prosa se cuece a fuego lento.&nbsp; A veces dedica dos d&iacute;as a una sola frase y una p&aacute;gina le puede ocupar una semana.</p>
<p>Al cursar el bachillerato &ldquo;antiguo&rdquo; este cronista no tuvo la fortuna de tener como lectura escolar <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>. Buscaba la novela en una librer&iacute;a de viejo y dio con <em>El misterio de la cripta</em> <em>embrujada</em>: primera edici&oacute;n de 1979. En la contraportada, cuerpo de letra-hormiga, una rese&ntilde;a: el autor que &ldquo;reside actualmente en Nueva York&rdquo; con solo una novela publicada hasta la fecha, <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> por la que obtuvo el premio de la Cr&iacute;tica, urde de nuevo una trama policial, pero esta vez con un detective &ldquo;improvisado y delirante&rdquo; que vive &ldquo;inesperados acontecimientos, tan pronto cercanos al esperpento como a la novela g&oacute;tica o a la m&aacute;s desaforada parodia de la serie negra&rdquo;.</p>
<p>La farsa burlesca y la s&aacute;tira moral hunde sus ra&iacute;ces en la picaresca y el modelo cervantino: &ldquo;Aparentemente nivelada y lisa, la escritura de Mendoza constituye un espl&eacute;ndido ejemplo de investigaci&oacute;n literaria personal, ajena a todo mimetismo, que ahonda en las posibilidades de volver del rev&eacute;s, sin infringirlas a primera vista, las posibilidades del relato tradicional&hellip;&rdquo; &iexcl;Esto es un texto de contraportada <em>comme il faut</em> y no lo de ahora con afirmaciones de Perogrullo y t&oacute;picos del marketing! Desvelamos la identidad del rese&ntilde;ista: Pere Gimferrer, lector a la saz&oacute;n en Seix Barral y primer valedor del actual premio Cervantes.</p>
<p>Antes de escritor Mendoza fue abogado e int&eacute;rprete en las Naciones Unidas; tambi&eacute;n estuvo presente en el primer encuentro entre Felipe Gonz&aacute;lez y Ronald Reagan. Un pol&iacute;glota cuya primera lengua es el humor y la segunda la Historia como eterno retorno de la idiocia. El humor: &ldquo;Una&nbsp; novela totalmente en serio no te la tomas en serio&rdquo;. Si la Historia acontece primero como tragedia y luego como farsa, Mendoza prefiere los encuentros en la segunda fase.</p>
<p>Despu&eacute;s de la gozada de la Cripta Embrujada, y ya con s&iacute;ntomas de abstinencia mendocina, nos adentramos en <em>El laberinto de las aceitunas</em>. Corr&iacute;a 1982 y ya pudimos comprar el libro nuevo. La prosa admonitoria de Gimferrer volv&iacute;a a dar en el clavo. El mani-c&oacute;mico detective &ldquo;en triple salto mortal de fun&aacute;mbulo son&aacute;mbulo&rdquo; no solo acced&iacute;a con todos los honores &ldquo;al reino del humor y el absurdo, sino&nbsp; al de la lib&eacute;rrima fabulaci&oacute;n que roza, tras los esperp&eacute;ntico, el &aacute;rea del prodigio surreal&rdquo;.</p>
<p>Con sus criaturas del fondo de armario, en modo Jekyll &amp; Hyde, Mendoza es, adem&aacute;s del detective de las pepsicolas que cambia de nombre seg&uacute;n le conviene, el trepa Onofre Bouvila de <em>La ciudad de</em> <em>los prodigios,</em> o el marciano en busca de Gurb por la Barcelona ol&iacute;mpica metido en el cuerpo serrano de Marta S&aacute;nchez. Entre la cripta embrujada y la modelo extraviada, pasando por el laberinto de las aceitunas, el tocador de se&ntilde;oras y los enredos chinos, su ret&oacute;rico detective salva el pellejo con lo que pilla: &ldquo;Recurrir a mi ingenio y a m&eacute;todos poco convencionales y pedir la ayuda a personas de mi c&iacute;rculo, no siempre recomendables&rdquo;. Picaresca de la buena.</p>
<p>Mendoza suelta verdades como pu&ntilde;os sin perder esa c&aacute;lida sonrisa que le achina los ojos. Si topa con un imb&eacute;cil, no le contradice (ya lo meter&aacute; en alguna novela). Su radio de acci&oacute;n es, casi siempre, su ciudad natal. En la Barcelona posol&iacute;mpica de <em>La aventura del tocador de</em> <em>se&ntilde;oras </em>un alcalde que aspira a la reelecci&oacute;n parlotea sin percatarse de que las c&aacute;maras le est&aacute;n grabando: &ldquo;Soy el alcalde de Barcelona y estoy haciendo campa&ntilde;a electoral. Ya saben: re&iacute;rme como un cretino con las verduleras, inaugurar un derribo y hacer ver que me como una paella asquerosa. Hoy me toca esta mierda de barrio. &iquest;Estamos en directo? Ah, vaya. Hab&eacute;rmelo dicho&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La burgues&iacute;a catalana es la que pone el disco que hemos de escuchar en cada &eacute;poca&rdquo;</strong></p>
<p>Nuestro escritor aplica el bistur&iacute; de la parodia a una Barcelona que ya no reconoce y a la Catalu&ntilde;a del desvar&iacute;o independentista. En <em>El secreto de la modelo extraviada</em> unos burgueses montan un tinglado para evadir capital a Suiza: &ldquo;La burgues&iacute;a catalana es la que pone el disco que hemos de escuchar en cada &eacute;poca&rdquo;, advierte Mendoza. El actual desapego hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios cuyo programa incluye el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Conclusi&oacute;n de su ensayo <em>Que est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a</em>: &ldquo;En lugar de re&iacute;rnos de nosotros mismos, los catalanes nos estamos tomando demasiado en serio&rdquo;.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os Mendoza altern&oacute; su vida barcelonesa con una segunda residencia en Londres. Atrincherado en el anonimato observaba el Reino Desunido que troc&oacute; la prestigiosa flema por la excitada vulgaridad &lsquo;brexiter&rsquo;. En las calles de la City le sorprendi&oacute; la noticia de que hab&iacute;a ganado el premio Cervantes 2016. Nos dijo que no se esperaba. La raz&oacute;n: el Cervantes est&aacute; dirigido a un tipo de literatura, llam&eacute;mosle, trascendental&hellip; &ldquo;Y por esto mismo me lo han dado: esa idea de que no me correspond&iacute;a ha hecho que el jurado cambie de registro y reconozca la literatura de humor. Jardiel Poncela y Miguel Mihura merec&iacute;an un Cervantes, pero la herencia literaria del siglo XIX siempre ha pesado mucho&rdquo;.</p>
<p>Mendoza quiere recuperar instantes decisivos de su vida, pero no escribe memorias con nombre propio: ya las novel&oacute;, enmascarado en Rufo Batalla, en la trilog&iacute;a <em>El rey recibe</em>, <em>El negociado del yin y el yang</em> y <em>Transbordo en Mosc&uacute;</em>.</p>
<p>Al rememorar el pasado vio un gilipollas: universitario del FELIPE y el PSUC, nunca fue un comunista fet&eacute;n. El marxismo y la novela social le aburr&iacute;an tanto que se gan&oacute; fama de &aacute;crata y locatis. La fantas&iacute;a sovi&eacute;tica se cuarte&oacute; cuando visit&oacute; la Praga del 68: los checos envidiaban la Espa&ntilde;a de Franco.</p>
<p>El 11 de enero de este 2023 nuestro travieso -o avieso- escritor entr&oacute; en la categor&iacute;a del octogenario. No sacraliza la vejez como feudo de la sabidur&iacute;a: a su parecer, en las edades provectas se evac&uacute;an muchas tonter&iacute;as y personas aparentemente sensatas se radicalizan (v&eacute;ase la Catalu&ntilde;a secesionista del lazo amarillo).</p>
<p>En los &uacute;ltimos tiempos -esto es, en el &uacute;ltimo sexenio- Mendoza amagaba con retirarse&hellip; Pero no lo hizo y, por el momento, se ha reencarnado en Rufo Batalla. Su estado de &aacute;nimo, aquel verso de Machado: &ldquo;Esta segunda inocencia que da el no creer en nada&hellip;&rdquo; Esa segunda inocencia revela la verdad sobre el caso Mendoza. Por sus obras le conoceremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cada &eacute;poca de la vida uno lee lo que quiere leer&rdquo;</strong></p>
<p>- En su ensayo biogr&aacute;fico <em>Mundo Mendoza</em>, Ll&agrave;tzer Moix afirma &nbsp;que su obra bebe de Cervantes, Shakespeare, el Siglo de Oro, Dickens, Beckett, la novela francesa y rusa del XIX y de la generaci&oacute;n del 98 (Baroja y Valle Incl&aacute;n). &iquest;Se reconoce en esas referencias?</p>
<p>- Me reconozco en lo que dice Ll&agrave;tzer Moix porque as&iacute; se lo dije yo. Provengo de una educaci&oacute;n eclesi&aacute;stica, de colegio de curas. Como no sab&iacute;an nada de Ciencia se dedicaban al Humanismo, o lo que ellos entend&iacute;an por Humanismo: aprenderse de memoria el soneto a Jes&uacute;s Crucificado y trozos de <em>La vida es sue&ntilde;o</em> de Calder&oacute;n. Por otra parte, en mi casa se palpaba una tradici&oacute;n cultural. Mi padre era muy aficionado al teatro y nos recitaba fragmentos de <em>El alcalde de Zalamea&hellip; </em>Todos sal&iacute;amos corriendo, pero, bueno, algo de eso queda.<em> </em>Po suerte tengo esta base no buscada que me ha servido de mucho para que a&ntilde;os despu&eacute;s haya podido cultivar la parodia. En cambio, no entr&eacute; en la literatura contempor&aacute;nea hasta m&aacute;s tarde con la novela negra al estilo de Dashiell Hammet. Inici&eacute; mi andadura literaria con una novela que pod&iacute;a considerarse del g&eacute;nero policiaco. Con Juan Mars&eacute; y Manolo V&aacute;zquez Montalb&aacute;n valor&aacute;bamos la novela negra porque ve&iacute;amos en ella una forma de hacer cr&iacute;tica social, lo cual era mentira. He descubierto con el tiempo que algunas de aquellas cosas no eran m&aacute;s que bobadas: en cada &eacute;poca de la vida uno lee lo que quiere leer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Uno de mis &iacute;dolos era Tarz&aacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Entre las dos etapas tenemos las lecturas juveniles&hellip;</p>
<p>- &iexcl;Ah! Esas s&iacute; que fueron muy importantes para m&iacute;. Sobre todo, porque las estoy recuperando &uacute;ltimamente y me llevo unos disgustos de muerte. Uno de mis &iacute;dolos era Tarz&aacute;n del que le&iacute; no s&eacute; cu&aacute;ntas novelas. Hace poco Javier Cercas me coment&oacute; que hab&iacute;a una novela de Tarz&aacute;n en la que Tarz&aacute;n deja a los monos y va al centro de la tierra en un globo que entra por el Polo Norte&hellip;</p>
<p>- &iquest;Eso remite m&aacute;s bien a Jules Verne, no?</p>
<p>- &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! pero supongo que el pobre autor ya no sab&iacute;a que hacer con Tarz&aacute;n y lo mandaba por ah&iacute;&hellip; Un hombre que solo tiene relaci&oacute;n con los monos no da para mucho&hellip; Hab&iacute;a que contar lo que fuera porque eran escritores que produc&iacute;an masivamente para publicar una novela cada dos meses. Yo me aliment&eacute; de estos h&eacute;roes populares que publicaba editorial Seix -antes de que llegara Carlos Barral- en unas ediciones muy bonitas. Civilizaciones perdidas en el Himalaya&hellip; Todo eso contribuy&oacute; a que viviera una infancia feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he escrito a mano y sigo escribiendo con pluma, esto es sagrado. Pero utilizo mucho el ordenador&rdquo;</strong></p>
<p>- Y sus primeros escritos antes de Savolta, &iquest;hubo alguna tentativa de comenzar a publicar?</p>
<p>- Hubo muchas. Siempre iba escribiendo, aunque nunca consegu&iacute;a terminar. Ten&iacute;a muy buenas ideas que se acababan en la p&aacute;gina veinte. Ahora sigue pasando lo mismo, pero ya he aprendido que hay que tener paciencia. Lo dejaba y me pon&iacute;a con otra historia con la creencia de que iba a ser la buena. Consegu&iacute; terminar una novela de humor m&aacute;s del tipo de lo que ser&iacute;a la cripta embrujada. La estuve llevando por algunas editoriales, pero me la rechazaron, afortunadamente, porque deb&iacute;a ser muy torpe. Y despu&eacute;s ya me met&iacute; con el caso Savolta. La empec&eacute; m&aacute;s o menos aqu&iacute; con la documentaci&oacute;n de la Barcelona Traction y la escrib&iacute;, ya en serio en La Haya, donde estaba trabajando en la Corte Internacional de Justicia, durante los meses que se celebr&oacute; la vista: ten&iacute;a mucho tiempo libre y nada que hacer en La Haya. Luego la contin&uacute;e en Barcelona en 1973. A la escritura sigui&oacute; el peregrinaje por las editoriales y los expedientes de la censura. Lo de las editoriales era tremendo. Ten&iacute;a dos copias en papel carb&oacute;n: llevaba una, me esperaba unos meses, la devolv&iacute;an, la llevaba a otra editorial... Mi historia literaria es interesante desde el punto de vista tecnol&oacute;gico: empec&eacute; con una m&aacute;quina manual y papel carb&oacute;n, m&aacute;quina el&eacute;ctrica, luego la correctora, la fotocopiadora que te permit&iacute;a hacer varias copias del manuscrito, los primeros ordenadores como el Amstrad, impresora, fax&hellip; Siempre he escrito a mano y sigo escribiendo con pluma, esto es sagrado. Pero utilizo mucho el ordenador. El ordenador es peligroso porque yo he perdido alg&uacute;n cap&iacute;tulo y lo he tenido que reconstruir. Con el cortar y pegar cuando tienes cinco versiones del mismo texto ya no sabes cu&aacute;l es el bueno. Al final hay que imprimir y leer despacio: en la pantalla se me escapan las erratas, cuando el texto est&aacute; impreso, negro sobre blanco, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El humor forma parte de mi manera de ser&rdquo;</strong></p>
<p>- Siempre ha situado su obra en la tradici&oacute;n humor&iacute;stica. &iquest;El humorismo ha sido una actitud defensiva o una manera de atacar a la sociedad con el suave guante de una aparente comicidad?</p>
<p>- Yo creo que ni una cosa ni la otra. El humor forma parte de mi manera de ser. Aparte de la tradici&oacute;n literaria, me eduqu&eacute; en una familia con gran sentido del humor que disfrutaba contando chistes, haciendo juegos de palabras&hellip; En paralelo crec&iacute;&nbsp; en la cultura de los tebeos que es otra influencia muy grande. Fui un adicto al Pulgarcito: Don P&iacute;o, las hermanas Gilda o el abuelo Cebolleta integraban un universo paralelo en el que estaba sumergido. Adem&aacute;s, como mi padre me llevaba mucho al teatro pod&iacute;a ver todo el teatro de humor de la posguerra: Mihura, Tono, Llopis. El humor siempre me pareci&oacute; normal. <em>La Codorniz </em>era para nosotros la hoja dominical.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Recomiendo siempre a quienes empiezan a escribir que traduzcan&rdquo;</strong></p>
<p>- Estudi&oacute; para abogado, pero se dedic&oacute; a la traducci&oacute;n. Esa faceta, a la que se refiere en la trilog&iacute;a de Rufo Batalla, &iquest;qu&eacute; aport&oacute; a su escritura?</p>
<p>- Desde el punto de vista de la t&eacute;cnica pura y dura es impresionante la formaci&oacute;n que aporta. Yo recomiendo siempre a quienes empiezan a escribir que traduzcan porque ese proceso supone desmontar y volver a montar para de esta manera ver c&oacute;mo funciona la frase. Antes de ser int&eacute;rprete en organismos internacionales hab&iacute;a hecho traducciones literarias y algunas t&eacute;cnicas para ganar un poco de dinero. Todo eso ayuda y luego, claro, cuando trabaj&eacute; unos cuantos a&ntilde;os en la ONU pude darme cuenta de la riqueza del lenguaje y de las diversidades ling&uuml;&iacute;sticas. Una an&eacute;cdota: creo que yo realice la &uacute;nica traducci&oacute;n que se ha hecho en la ONU del catal&aacute;n al espa&ntilde;ol, a ra&iacute;z del ingreso de Andorra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Ronald Reagan era un gran comunicador&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo recuerda aquella entrevista entre Ronald Reagan y Felipe Gonz&aacute;lez en la que intervino como int&eacute;rprete?</p>
<p>- Recuerdo que estaba pas&aacute;ndolo mal porque no quer&iacute;a hacer el rid&iacute;culo, a ver si se te caen los pantalones o se te queda la mente en blanco, pensaba; pero al&nbsp; mismo tiempo me estaba divirtiendo mucho al ver a estos dos personajes en privado. Reagan era un hombre muy simp&aacute;tico, muy agradable, muy educado. Siempre que se dirig&iacute;a a Felipe Gonz&aacute;lez me miraba a m&iacute; todo el rato. Era un gran comunicador. Sus ideas pod&iacute;an ser simples, pero las expresaba con mucha gracia. Nada que ver con Bush que era entonces su vicepresidente: un hombre distante y poco simp&aacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca trazo un plan antes de empezar una novela&rdquo;</strong></p>
<p>- Vamos con <em>La verdad sobre el caso Savolta </em>que usted hab&iacute;a titulado en la primera versi&oacute;n<em> Los soldados de Catalu&ntilde;a. </em>El 14 de septiembre de 1973 un censor ordena el cambio de t&iacute;tulo de lo que califica de &ldquo;novel&oacute;n est&uacute;pido y confuso, escrito sin pies ni cabeza&hellip;&rdquo; con &ldquo;casamientos, cuernos, asesinatos y todo lo t&iacute;pico de las novelas p&eacute;simas escritas por escritores que no saben escribir&rdquo;. Todav&iacute;a habr&aacute; de superar un segundo informe censor, esta vez menos acerbo<em>. </em>El 23 de abril de 1975, por la fiesta de Sant Jordi, su primera novela ve la luz y deslumbra a lectores y cr&iacute;tica.</p>
<p>- Vaya por delante que los t&iacute;tulos no han sido nunca mi especialidad y generalmente me los ha puesto, o los hemos puesto a medias, con Pere Gimferrer. No s&eacute; c&oacute;mo sali&oacute; la idea, desde luego sali&oacute; todo de la Barcelona Traction. Recuerdo que en el edificio de FECSA, que fue antes Barcelona Traction, los archivos estaban llenos de gatos para que las ratas no devoraran los documentos. En aquella correspondencia comercial entre Londres, Nueva York, Barcelona descubr&iacute; muchos detalles de la electrificaci&oacute;n, las huelgas&hellip; All&iacute; encontrabas una cantidad de historias tremendas para contar: asesinatos, espionaje, episodios curiosos, de todo&hellip; La trama policiaca no s&eacute; de d&oacute;nde sali&oacute;, pero poco a poco la fui cosiendo hasta que fue apoder&aacute;ndose del relato. Nunca trazo un plan antes de empezar una novela.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El misterio de la cripta embrujada </em>l</strong><strong>a escrib&iacute; en unas semanas&rdquo;</strong></p>
<p>- Y en 1979 apareci&oacute; el detective de las pepsicolas con <em>El misterio de la cripta embrujada</em>.</p>
<p>- De hecho, ya hab&iacute;a aparecido en <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>, un personaje que es real y que descubr&iacute; en la hemeroteca de la Casa de l&rsquo;Ardiaca, sede del archivo municipal donde he pasado muchas horas felices y fr&iacute;as. Nunca he pasado tanto fr&iacute;o, pillaba unos resfriados horrorosos: la directora era una se&ntilde;ora encantadora que me tra&iacute;a una estufita de butano. El personaje en cuesti&oacute;n estaba loco y la polic&iacute;a lo sacaba del manicomio y lo utilizaba como confidente en los bajos fondos. Como nadie le hac&iacute;a caso, &eacute;l escuchaba y luego lo contaba a la polic&iacute;a. Pens&eacute; que lo podr&iacute;a aprovechar en una crisis tremenda despu&eacute;s del &eacute;xito inesperado del caso Savolta, la primera novela de la Transici&oacute;n, aunque entonces yo no sab&iacute;a que era la Transici&oacute;n, me dej&oacute; paralizado: &iquest;Y ahora qu&eacute; hago? C&oacute;mo no consegu&iacute;a continuar el hilo de Savolta sal&iacute; del apuro escribiendo una chorrada r&aacute;pida con este personaje en <em>El misterio de la cripta embrujada</em>. La escrib&iacute; en unas semanas, se la mand&eacute; a Gimferrer y le dije &ldquo;mira he escrito esto, t&uacute; ver&aacute;s lo que haces porque no s&eacute; qu&eacute; es&rdquo;. Obtuvo un &eacute;xito tremendo y todav&iacute;a sigue ley&eacute;ndose. Me aficion&eacute; al detective y segu&iacute;a con <em>El laberinto de las aceitunas</em>. No era mi intenci&oacute;n porque yo aspiraba a ser un escritor serio.</p>
<p>- Releamos el inicio de <em>El misterio de la cripta embrujada</em> en el patio del frenop&aacute;tico: &ldquo;Hab&iacute;amos salido a ganar; pod&iacute;amos hacerlo. La, valga la inmodestia, t&aacute;ctica por mi concebida, el duro entrenamiento a que hab&iacute;a sometido a los muchachos, la ilusi&oacute;n que con amenazas les hab&iacute;a inculcado eran otros tantos elementos a mi favor. Todo iba bien; est&aacute;bamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba&hellip;&rdquo;</p>
<p>- El manicomio estaba inspirado en Sant Boi. De ese comienzo un cr&iacute;tico alem&aacute;n dijo que era una met&aacute;fora de la historia de la Transici&oacute;n resumida en una p&aacute;gina. Parece que vamos a ganar, pero luego resulta que todo el mundo est&aacute; loco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con los Juegos del 92, Barcelona se convierte en una ciudad californiana&rdquo;</strong></p>
<p>- Lo de los prodigios es ir&oacute;nico, aunque mucha gente se lo toma en serio como aquella famosa afirmaci&oacute;n de Francesc Pujols seg&uacute;n la cual llegar&aacute; un d&iacute;a que los catalanes, por el hecho de serlo, lo tendr&aacute;n todo pagado&hellip; Vamos a <em>La ciudad de los prodigios.</em></p>
<p>- Desde que la empec&eacute; hasta que la publique transcurrieron siete a&ntilde;os. La recta final dur&oacute; cuatro a&ntilde;os: dos de trabajo editorial y otros dos desde la compra por Seix Barral hasta la publicaci&oacute;n. Despu&eacute;s de la cripta embrujada y <em>El laberinto de las aceitunas</em> volv&iacute; a retomar el hilo para la nueva novela. Fue mi segundo golpe de suerte. Si el caso Savolta coincidi&oacute; con el arranque de la Transici&oacute;n, <em>La ciudad de los prodigios</em> vi&oacute; la luz en 1986 con la victoria de la candidatura ol&iacute;mpica cuando Samaranch otorg&oacute; los Juegos de 1992 &ldquo;a la ville de Barcelona&rdquo;. Son dos golpes de suerte que no ha tenido nadie. Barcelona pasa de ser una ciudad pr&aacute;cticamente an&oacute;nima a convertirse en un referente. Si la historia de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> ten&iacute;a que ver con las grandes familias barcelonesas y la industrializaci&oacute;n, <em>La ciudad de los prodigios</em>, en principio, deb&iacute;a abarcar desde la revoluci&oacute;n industrial hasta la guerra civil. Era mi &eacute;poca de la gran novela y estaba metido con <em>Guerra y paz</em> de Tolstoi y <em>La comedia humana</em> de Balzac pero cuando me adentr&eacute; en mi novela vi que me ir&iacute;a mucho mejor concentrarme en las dos exposiciones de 1888 y 1929. Descubr&iacute; c&oacute;mo Barcelona se hab&iacute;a reinventado, un caso verdaderamente sorprendente. La peripecia de Onofre Bouvila refleja las sucesivas reinvenciones de Barcelona, que es lo que volvi&oacute; a suceder con los Juegos del 92 cuando se convierte en una ciudad californiana. La que fue portuaria ciudad canalla se transform&oacute; en la ciudad de los yates.</p>
<p>&ldquo;<em>Sin noticias de Gurb</em> y un libro infame titulado <em>Donde el coraz&oacute;n te lleve,</em> de Susanna Tamaro, salvaron Seix Barral&rdquo;</p>
<p>- Una ciudad que visita un extraterrestre en <em>Sin noticias de</em> Gurb, otro &eacute;xito inesperado que naci&oacute; medio en broma y acab&oacute; en lectura de los institutos.&nbsp; Lo escribi&oacute; con un Amstrad. Le cito: &ldquo;Tardaba tanto en ponerse en marcha que entretanto desayunaba. Ten&iacute;a tan poca fe en aquello... y ahora se sigue vendiendo&rdquo;.</p>
<p>- Era un encargo para las p&aacute;ginas de agosto de El Pa&iacute;s. Acept&eacute; porque yo no s&eacute; decir que no. Aunque me aterrorizan los plazos de entrega que conlleva el periodismo pens&eacute; que ser&iacute;a capaz. Como soy muy ingenuo se me ocurri&oacute; que si ten&iacute;a que salir en agosto lo empezar&iacute;a a escribir un mes antes. Lo ten&iacute;a bastante avanzado, pero vi que hab&iacute;a calculado mal, me hab&iacute;a descontado: en vez de tener los primeros quince d&iacute;as cubiertos solo eran seis porque hab&iacute;a contado mal los espacios. Era cuando ten&iacute;a el Amstrad. Escrib&iacute;a la novela sobre la marcha. Ven&iacute;a un motorista de la redacci&oacute;n del diario en la Zona Franca y se llevaba los folios para que Perico Pastor ilustrara cada p&aacute;gina. Iba muy apurado, pero me consolaba pensar que nadie leer&iacute;a aquello: como en agosto todo el mundo est&aacute; en la playa, al acabar la novela yo seguir&iacute;a con mis cosas y la novela se olvidar&iacute;a. Como El Pa&iacute;s quer&iacute;a iniciar una colecci&oacute;n de libros me propuso la publicaci&oacute;n. A m&iacute; me parec&iacute;a bien pero ten&iacute;a la obligaci&oacute;n, el compromiso moral, de ofrecerlo a Seix Barral: ni siquiera cobr&eacute; un anticipo (ni yo lo ped&iacute;) y no se incluyeron los dibujos de Perico Pastor para no haber de pagar derechos. Hay que recordar que en aquel momento la editorial pasaba muchos apuros econ&oacute;micos. Se aguant&oacute; gracias a <em>Sin noticias de Gurb</em> y a un libro infame titulado <em>Donde el coraz&oacute;n te lleve,</em> de Susanna Tamaro. Esos dos libros salvaron Seix Barral.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>Una comedia ligera</em> es mi novela favorita&rdquo;</strong></p>
<p>- Entre medio, tres novelas menos conocidas: <em>La isla inaudita, El a&ntilde;o del diluvio</em> y <em>Una comedia ligera</em>.</p>
<p>- <em>Una comedia ligera</em> es mi novela favorita. Cuando C&aacute;tedra plante&oacute; hacer una edici&oacute;n cr&iacute;tica a cargo de Javier Aparicio les coment&eacute; que Seix Barral no tendr&iacute;a inconveniente en cederla porque es una novela que no se vende, a diferencia de otros t&iacute;tulos que no cede para ediciones cr&iacute;ticas porque todav&iacute;a se venden. Mi intenci&oacute;n era completar la trilog&iacute;a de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> y <em>La ciudad de los prodigios. Una comedia ligera </em>era la Barcelona de los a&ntilde;os cuarenta con mis recuerdos, o m&aacute;s bien impresiones, de infancia: por ejemplo, la verbena de Santa Rosa en Masnou con mis padres cuando yo ten&iacute;a pocos a&ntilde;os. Mi padre, vestido con una americana blanca. Es el mundo de los veraneos de finales de los cuarenta. Una Barcelona muy peculiar con muchas ruinas de la guerra civil: edificios enteros cortados al bies. <em>El a&ntilde;o del diluvio</em> estaba pensada en principio como una obra de teatro escrita en catal&aacute;n en una &eacute;poca en que quise escribir para los escenarios hasta que me cans&eacute;; la traduje al castellano y la convert&iacute; en novela. Dos personajes que se encuentran en la vejez y rememoran sus vidas: la novela pas&oacute; aqu&iacute; sin pena ni gloria, pero gust&oacute; mucho en Francia. G&eacute;rard D&eacute;pardieu compr&oacute; los derechos para la pel&iacute;cula y fue un desastre. <em>La isla inaudita</em> es la m&aacute;s rara de todas mis novelas: surgi&oacute; en un momento en que no sab&iacute;a que hacer y me hab&iacute;a embarcado en una colecci&oacute;n de cuentos que deb&iacute;an transcurrir en ciudades que conozco como Venecia, Phoenix (Arizona) y Hong Kong. Tres lugares completamente distintos. El proyecto se qued&oacute; en el tintero, pero la historia de Venecia acab&oacute; en esta novela que se ha quedado en un t&iacute;tulo marginal.</p>
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<p><strong>&ldquo;En <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> asoma el final de aquella ilusi&oacute;n de que los pol&iacute;ticos eran h&eacute;roes y honestos&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> es otra de sus novelas que no tuvo la recepci&oacute;n merecida.</p>
<p>- S&iacute;, otra novela que est&aacute; en la cuenta de n&uacute;meros rojos. La empec&eacute; a escribir con mucha ilusi&oacute;n. Quer&iacute;a componer con ella otra trilog&iacute;a junto a otra novela ambientada en los Juegos Ol&iacute;mpicos de Barcelona. La idea no cuaj&oacute;: en Seix Barral me dijeron que prohib&iacute;an las trilog&iacute;as porque las trilog&iacute;as no se venden. Ahora la cosa es muy distinta. Debes hacer una trilog&iacute;a. Yo quer&iacute;a seguir el modelo del Baroja de &ldquo;La lucha por la vida&rdquo; o &ldquo;Las ciudades&rdquo;. Me dec&iacute;an que no: si la gente sabe que es una trilog&iacute;a se esperar&aacute;n a que salgan las tres novelas para no tener que esperar y cuando llega el tercer t&iacute;tulo ya se han olvidado. A ra&iacute;z del &eacute;xito de las novelas de Elena Ferrante se recuper&oacute; la f&oacute;rmula de la trilog&iacute;a. En <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> asoma la podredumbre de la Transici&oacute;n, el final de aquella ilusi&oacute;n de que los pol&iacute;ticos eran h&eacute;roes y honestos. Aquella &eacute;poca en la que Fraga y Carrillo se unieron para sacar adelante la democracia nos hizo creer que viv&iacute;amos en un pa&iacute;s estupendo. Que la democracia ser&iacute;a una panacea que curar&iacute;a todo. Sucedi&oacute; tambi&eacute;n, a&ntilde;os despu&eacute;s, con el proceso independentista en Catalu&ntilde;a y el Brexit brit&aacute;nico: la gente estaba convencida de que a partir de entonces la seguridad social ser&iacute;a fant&aacute;stica y todo funcionar&iacute;a a la perfecci&oacute;n.</p>
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<p><strong>&ldquo;Para hacer cr&oacute;nica social hay que dejar pasar un tiempo de, por lo menos, veinticinco a&ntilde;os&rdquo;</strong></p>
<p>- Y volvi&oacute; a convocar al detective en <em>La aventura del tocador de se&ntilde;oras, El enredo de la bolsa y la vida</em> y <em>El secreto de la modelo extraviada. &iquest;Qu&eacute; misi&oacute;n le encarg&oacute; en esta nueva etapa?</em></p>
<p>- Con <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> me di cuenta de que para hacer cr&oacute;nica social hay que dejar pasar un tiempo de, por lo menos, veinticinco a&ntilde;os. Si no es as&iacute;, no puedes escribir sobre una &eacute;poca hist&oacute;rica porque ni es memoria colectiva ni es nada. Por ejemplo, cuando iba a la hemeroteca y le&iacute;a peri&oacute;dicos para <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> de menos de una d&eacute;cada me aburr&iacute;a mucho: eran noticias que ya no ten&iacute;an ning&uacute;n inter&eacute;s ni aportaban nada m&aacute;s all&aacute; de los anuncios, los precios... Al recuperar el detective de las pepsicolas volv&iacute; al modelo narrativo que me permit&iacute;a hacer novela de calle. En <em>El enredo de la bolsa y la vida</em> quise recrear la &eacute;poca de la crisis econ&oacute;mica cuando los comercios est&aacute;n cerrando y vas por el barrio con carteles de &ldquo;se vende&rdquo;.</p>
<p>- En <em>El secreto de la modelo extraviada</em> aparece una asociaci&oacute;n de empresarios catalanes, que es un homenaje a Jordi Pujol un a&ntilde;o despu&eacute;s de que confesara aquel capital evadido y no declarado. Leamos: &ldquo;Los miembros de la APALF, cuidadosamente seleccionados, juraban, en un sencillo pero muy emotivo rito inici&aacute;tico, mantener el secreto incluso bajo amenaza de cauci&oacute;n, ayudarse mutuamente si las circunstancias lo exig&iacute;an, y no dejar una pela en las arcas. Unos h&eacute;roes&rdquo;.</p>
<p>- La novela naci&oacute;n en un momento en que no estaba seguro de qu&eacute; hacer. S&iacute;, ah&iacute; est&aacute; el pujolismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;He vivido m&aacute;s en la vida falsa que en la verdadera&rdquo;</strong></p>
<p>- La trilog&iacute;a de Rufo Batalla compone unas memorias recubiertas por una aparente trama novelesca. Hablemos de <em>El rey recibe, El negociado del ying y del yang </em>y<em> Transbordo en Mosc&uacute;.</em> Mendoza tiene como trasunto literario a un plumilla enviado a Mallorca por un peri&oacute;dico de pocos lectores para cubrir la boda del pr&iacute;ncipe Tukuulo, pretendiente al trono de Livonia&hellip; A la sombra de tan estramb&oacute;tico personaje, Batalla atravesar&aacute; los agitados a&ntilde;os sesenta, la transici&oacute;n espa&ntilde;ola y conocer&aacute; el funeral del comunismo, ya en el umbral del cambio de siglo.</p>
<p>- Quer&iacute;a escribir memorias, pero me aburre mucho hablar de m&iacute;. Pero pensaba que deb&iacute;a dejar constancia de las cosas que hab&iacute;a visto. Como me estaba costando mucho ponerme delante del papel opt&eacute; por una novela con la subtrama de un rey exiliado. A partir de ah&iacute; contar&iacute;a mis experiencias en el Nueva York de los a&ntilde;os setenta, la Barcelona de los noventa, Tokio, la Europa del Tel&oacute;n de Acero de la que, dicho sea de paso, con el recuerdo ha ido mejorando mucho. Lo primero que visit&eacute; fue la Alemania Oriental y Checoslovaquia. Praga es una ciudad muy potente y nunca ha sido una ciudad pobre. En cambio, cuando estuve en Polonia con motivo de una conferencia de Naciones Unidas y como la conferencia fue bastante larga me qued&eacute; un tiempo y tuve ocasi&oacute;n de conocer de cerca un pa&iacute;s pobr&iacute;simo, que hab&iacute;a sido sufrido m&aacute;s que ning&uacute;n otro y &nbsp;literalmente lo hab&iacute;an arrasado en la Segunda Guerra Mundial, que se hab&iacute;a reconstruido de una manera bastante mejor y m&aacute;s digna que la Barcelona de donde yo ven&iacute;a. Unos barrios bien pensados con edificios modestos, pero con su hospital, su escuela y la Casa del Pueblo. Otra cosa era el sistema pol&iacute;tico. La Polonia comunista era grotesca: te vend&iacute;an antig&uuml;edades y el mismo vendedor te denunciaba en el aeropuerto. Cobr&eacute; unos derechos de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> en eslotis, la moneda del pa&iacute;s; miles de eslotis que no sirvieron de nada porque all&iacute; solo quer&iacute;an cobrar en d&oacute;lares. Al final le di todos los eslotis al taxista que contrat&eacute; para que me sirviera de gu&iacute;a: para &eacute;l, mucho dinero; al cambio, quinientas pesetas. Eso s&iacute;: no hab&iacute;a gente durmiendo en la calle y los poetas gozaban de la consideraci&oacute;n de h&eacute;roes nacionales. Rufo Batalla, el protagonista, soy yo metido en un mundo maravilloso de esp&iacute;as que sirve de homenaje a la doble vida del escritor, siempre entre la realidad y la ficci&oacute;n. He vivido m&aacute;s en la vida falsa que en la verdadera.</p>
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<p><strong>&ldquo;Dej&eacute; el teatro por la dificultad que entra&ntilde;a el estreno de una obra&rdquo;</strong></p>
<p>- Hemos mencionado al Mendoza autor de teatro que estren&oacute; una obra: <em>Restauraci&oacute;n</em>. &iquest;Por qu&eacute; no ha seguido cultivando las artes de Tal&iacute;a?</p>
<p>- Como ya he dicho, yo iba mucho al teatro ya desde los a&ntilde;os de adolescencia cuando montamos un grupo de aficionados. Represent&aacute;bamos cosas muy tontas, pero, all&aacute; por los a&ntilde;os cincuenta, a alguien se le ocurri&oacute; montar <em>Esperando a Godot</em>, pero solo pudimos conseguir un ejemplar para los cuatro actores y el director. Como yo sab&iacute;a escribir a m&aacute;quina porque hab&iacute;a aprendido para poder ser escritor con un m&eacute;todo que te permit&iacute;a teclear con todos los dedos, me encargu&eacute; de copiar la obra. Mientras la copiaba, que no es lo mismo que limitarte a leerla, me di cuenta de que aquello era una maravilla. Otra cosa es que consiguiera escribir como B&eacute;ckett&nbsp; y lo dej&eacute; enseguida, aunque siempre conserv&eacute; esa idea de escribir teatro. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Rosa Novell me pidi&oacute; una obra que escrib&iacute; en catal&aacute;n, <em>Restauraci&oacute;,</em> con la que recuper&eacute; la afici&oacute;n. Dej&eacute; el teatro por la dificultad que entra&ntilde;a el estreno de una obra. Era como empezar una segunda carrera y, para ser sincero, te reciben mal y no quer&iacute;a que vieran en m&iacute; un intruso: el novelista conocido que ahora decide ser dramaturgo. El &uacute;nico caso es Valle Incl&aacute;n, que combin&oacute; novela y teatro, pero no hay muchos m&aacute;s.</p>
<p>- Retomemos otra novela at&iacute;pica de Mendoza: <em>Ri&ntilde;a de gatos. Madrid 1936</em> con la que gan&oacute; el premio Planeta. Dice Pere Gimferrer que es tu mejor novela&hellip;</p>
<p>- Se me ocurri&oacute; hacer protagonista de la historia a Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, un personaje que nadie ha metido en una novela. Para documentarme recurr&iacute; a la biblioteca Figueras que se hab&iacute;a depositado en el Pabell&oacute;n del la Rep&uacute;blica y ped&iacute; a la bibliotecaria todo lo que hab&iacute;a sobre el fundador de Falange. Como muri&oacute; a los treinta y tres a&ntilde;os por salvar a su pueblo la met&aacute;fora est&aacute; servida. Era muy guapo, era muy buen orador en contra de lo que dicen algunos que dec&iacute;an que era tartamudo (que no es verdad) y lo quer&iacute;a todo el mundo: Indalecio Prieto le ten&iacute;a mucho cari&ntilde;o en un momento en que todos lo consideraban un irresponsable con el que hab&iacute;a que tener cuidado.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura catalana no debe tener complejos y puede ser tan interesante y activa como la danesa o cualquier otra&rdquo;&nbsp; <br /></strong></p>
<p>- Usted es un autor catal&aacute;n que escribe en castellano. En 2017, el a&ntilde;o del golpe independentista publica el op&uacute;sculo <em>Qu&eacute; est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a.</em> Leamos. &ldquo;No hay raz&oacute;n pr&aacute;ctica que justifique el deseo de independizarse de Espa&ntilde;a&rdquo;, escribe. A su juicio, el desapego actual de la burgues&iacute;a hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios en cuyo programa est&aacute; incluido el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Espa&ntilde;a, concluye, no es un mal pa&iacute;s: &ldquo;Podr&iacute;a ser mejor, pero dudo de que Catalu&ntilde;a, librada a sus fuerzas, se convirtiera en el para&iacute;so que anuncian los partidarios de la nueva rep&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>- No he tenido problemas con el nacionalismo catal&aacute;n. Me han premiado con el Ciudad de Barcelona, honrado con la Creu de Sant Jordi y el premio Nacional de Literatura que otorga la Generalitat. Mantengo relaciones de amistad con muchos escritores catalanes. Lo malo fue cuando Catalu&ntilde;a fue invitada a la Feria de Fr&aacute;ncfort en 2008 y la cosa se empez&oacute; a torcer: los autores en catal&aacute;n pensaron que la presencia de autores catalanes en castellano les iba a opacar: &ldquo;Si ven&iacute;ais vosotros no nos har&aacute;n caso&rdquo;, se quejaba un escritor amigo. &nbsp;Ah&iacute; empez&oacute; la pelea. La literatura catalana no debe tener complejos y puede ser tan interesante y activa como la danesa o cualquier otra. Albert S&aacute;nchez Pi&ntilde;ol empez&oacute; a protestar: &ldquo;Si vienen los espa&ntilde;oles nosotros no vendremos&rdquo;. En una ocasi&oacute;n me organizaron un debate con Ferran Torrent, un escritor que valoro mucho, que ten&iacute;a como &uacute;nico objetivo que nos pele&aacute;ramos como si fu&eacute;ramos gladiadores en lugar de escritores. Al final acabamos hablando de literatura y de f&uacute;tbol.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre he cre&iacute;do que la narraci&oacute;n breve es un territorio m&aacute;s accesible a las mujeres&rdquo; </strong></p>
<p>- El relato corto no parece ser un g&eacute;nero bien avenido con Mendoza. Tenemos los divertimentos de <em>El &uacute;ltimo trayecto de Horacio Dos</em> y <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em> que son m&aacute;s bien novelas cortas y, ya en el g&eacute;nero del cuento, <em>Tres vidas de santos</em>.</p>
<p>- Escribir un buen cuento cuesta mucho. Siempre he cre&iacute;do que la narraci&oacute;n breve es un territorio m&aacute;s accesible a las mujeres, que escriben relatos fant&aacute;sticos con un sentido claro de la estructura y el tiempo. Los hombres, por el contrario, no dominamos el cuento, tenemos una cabeza que tiende a una cronolog&iacute;a prolongada, al periodo largo. He intentado escribir cuentos, ya por pura cabezoner&iacute;a, pero nunca me ha salido bien. De las <em>Tres vidas de santos, </em>que se vendi&oacute; muy poco, estoy contento de la primera de estas vidas, aunque es m&aacute;s bien una novelita corta. En definitiva, el cuento nunca me ha salido bien. Adem&aacute;s, los editores no quieren cuentos porque la gente no compra libros de cuentos. Hemingway es un caso excepcional: sus cuentos son estupendos y las novelas largas, menos. Hace poco he rele&iacute;do <em>Adi&oacute;s a las armas</em> y se me cay&oacute; de las manos, pero en cambio tiene cuentos muy buenos como <em>Las nieves del Kilimanjaro</em>. <em>El viejo y el mar</em> no se puede aguantar. Hemingway es como un Baroja anglosaj&oacute;n porque barre toda la densidad de Gald&oacute;s. Rele&iacute;do ahora, no es tan bueno: <em>La busca</em> y <em>Aurora roja</em> est&aacute;n bien pero tiene novelas largu&iacute;simas con demasiadas reflexiones filos&oacute;ficas sobre el progreso de la sociedad.</p>
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<p><strong>&ldquo;El cine me ha tratado muy mal&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El cine tampoco ha tratado muy bien a sus novelas como le sucedi&oacute; a Juan Mars&eacute;?</p>
<p>- Me ha tratado muy mal. No he tenido suerte y creo que no ha sido culpa de nadie quiz&aacute; porque, a diferencia de la novela con la que viv&iacute; una &eacute;poca dorada, las versiones cinematogr&aacute;ficas no se hicieron en el mejor momento. Yo viv&iacute; un tiempo en la que brillaba un tipo de literatura no muy comercial pero tampoco muy minoritaria que pod&iacute;a llegar a ser un bestseller de calidad. Eso me permiti&oacute; vivir de la escritura sin agobios econ&oacute;micos a partir de los cuarenta y pico a&ntilde;os haciendo lo que me gusta. La primera adaptaci&oacute;n de mis novelas fue <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> que coincidi&oacute; con la &eacute;poca del cine &ldquo;S&rdquo; y unas pel&iacute;culas muy politizadas. Sigui&oacute; <em>La ciudad de los prodigios</em> que requer&iacute;a una producci&oacute;n muy ambiciosa porque hab&iacute;a que reconstruir Barcelona. Savolta y <em>La ciudad de los prodigios</em> fueron pel&iacute;culas bastante tristes. <em>La cripta</em>, que dirigi&oacute; Antonio del Real con Jos&eacute; Sacrist&aacute;n como el detective de las pepsicolas, est&aacute; bien.</p>
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<p>- &ldquo;Supongo que tengo seguidores, pero lo de formar escuela es otra cosa&rdquo;, declar&oacute; en una ocasi&oacute;n. &iquest;Reconoce su influjo en autores de generaciones posteriores a la suya? Podr&iacute;amos poner un ejemplo, Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, y su Ferm&iacute;n Romero de Torres, que juzgamos muy cercano al par&oacute;dico detective de Mendoza.</p>
<p>- Creo que ha habido algunos, porque me lo han dicho, que empezaron a&nbsp; escribir siguiendo mi modelo. Admito lo de Ruiz Zaf&oacute;n y yo a&ntilde;adir&iacute;a a Arturo P&eacute;rez Reverte que se confiesa devoto de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> desde que ley&oacute; la novela en el colegio y se dijo que as&iacute; era como quer&iacute;a escribir. Algo parecido a lo que me pas&oacute; a m&iacute; con Baroja. No necesariamente ha de ser un seguidor, pero s&iacute; alguien que te considera y se reengancha a tu obra. &nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Voy a seguir escribiendo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Le queda algo por contar o considera cerrada su etapa como escritor tal como insinu&oacute; en alguna comparecencia?</p>
<p>- S&iacute; que voy a seguir escribiendo. Cuando hice aquella afirmaci&oacute;n fui mal interpretado. Una de las cosas del trabajo de int&eacute;rprete es que alguien dec&iacute;a casi siempre que la culpa la tiene el int&eacute;rprete y el int&eacute;rprete debe admitirlo y disculparse porque forma parte de su sueldo. Yo dije que cre&iacute;a que no deb&iacute;a escribir nada m&aacute;s y que llega un momento en que uno debe retirarse cuando empieza a chochear&hellip; Pero a rengl&oacute;n seguido me pregunt&eacute;: &iquest;Y ahora que voy a hacer yo? Sigo escribiendo, pero a ratos sueltos sin un proyecto concreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:42:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Pureza Canelo: “Me siento poema”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pureza-canelo-me-siento-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/PUREZA_CANELO_-_Fotograf_a_de_Daniel_Pedriza.jpg" alt="" /></p>
<p><em>De Traslaci&oacute;n</em> (2022) es un libro en el que la escritura se confunde con el cosmos. Contiene el infinito sin achatar del universo y el bulto redondo finito de la palabra. Seg&uacute;n Jordi Doce, es un texto admirable, lac&oacute;nico y sint&eacute;tico. La voluntad de resta en &eacute;l tiene que ver con lo sustancial, como si la autora &ldquo;quisiera adelantarse a la erosi&oacute;n del tiempo&rdquo;. Para Jaime Siles, su &ldquo;lirismo de investigaci&oacute;n&rdquo; da lugar a una idea nueva de poema. En realidad, esa idea responde a una voluntad fraguada hace muchos a&ntilde;os, de manera muy evidente en <em>Oeste</em> (2013), pero sus or&iacute;genes se remontan, como poco, a 1979, cuando public&oacute; <em>Habitable</em>. En aquel t&iacute;tulo, Clara Jan&eacute;s vio a un ser frente al vac&iacute;o. <em>Habitable</em> era un &ldquo;libro-cosmos&rdquo;. Es decir, adivin&oacute; d&oacute;nde se situar&iacute;a Pureza Canelo cuarenta y cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s. En otra rese&ntilde;a, 2011, Jan&eacute;s manifest&oacute; no conocer a otro poeta en la Espa&ntilde;a del momento &ldquo;cuyo empe&ntilde;o sea m&aacute;s dr&aacute;stico, m&aacute;s ajustado a lo que pide la poes&iacute;a&rdquo;. Parecido, Siles -2022-: &ldquo;La m&aacute;s rigurosa y autoexigente&rdquo;. Pureza ha sido percibida siempre en t&eacute;rminos similares por los grandes autores: ya en 1974, Gerardo Diego expres&oacute; el dominio y la &ldquo;gran originalidad&rdquo; con que escrib&iacute;a. Dijo que la poeta se hab&iacute;a inventado una gram&aacute;tica y una sintaxis. Y eso que, si hacemos caso al criterio marcado hoy por ella, todav&iacute;a no hab&iacute;a empezado a escribir seriamente. Canelo dice que tom&oacute; conciencia de la materia po&eacute;tica en el mencionado libro<em> Habitable</em>. En aquel, como Saulo, se cay&oacute; del caballo, y se enter&oacute; de lo que era el agua, de lo que es la tierra&hellip; introdujo su mano en el barro de la creaci&oacute;n.</p>
<p><em>De Traslaci&oacute;n</em> se articula de acuerdo a dos lentes-espejo, &lsquo;Celeste&rsquo; y &lsquo;Pizarra&rsquo;, que se repiten, al comienzo de cada p&aacute;gina, durante todo el libro. Da la sensaci&oacute;n de que, en la segunda, la autora vuelca las palabras que le llegan del cielo. Y en esa transcripci&oacute;n, o <em>traslaci&oacute;n</em>, la existencia se va iluminando. Mas su brillo no es de estrella, sino de tiza. O de hueso. De carne.</p>
<p>Cuando Pureza Canelo se encuentra &lsquo;en creaci&oacute;n&rsquo;, se olvida de todo, tambi&eacute;n de s&iacute;. &ldquo;Qu&eacute; raro que me llame Federico&rdquo;. Los versos le pasan por encima del entendimiento: &ldquo;Y las madres terribles levantaron la cabeza&rdquo;. A la publicaci&oacute;n de <em>De Traslaci&oacute;n</em> le siguieron unos v&eacute;rtigos que achaca al libro. &Eacute;ste empieza con el balbuceo del lenguaje. Desde el principio, la autora tuvo claro que ser&iacute;a su estaci&oacute;n t&eacute;rmino. Cumplir&aacute; el autodesignio por m&aacute;s que siga escribiendo. En &eacute;l desaguan todas sus po&eacute;ticas, dando a entender que no hay mejor teor&iacute;a que la pr&aacute;ctica. Nunca ha chupado rueda. As&iacute; que, por fidelidad a su impulso de abrir caminos, la intenci&oacute;n es que, en esta entrevista, sea interrogada por sus versos. Que el &uacute;ltimo libro proyecte un arco y ti&ntilde;a su producci&oacute;n entera.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a lo convoca todo&hellip; siempre que haya calidad en la escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Todo es poes&iacute;a?</p>
<p>- La poes&iacute;a lo convoca todo&hellip; siempre que haya calidad en la escritura. El asombro y el instinto po&eacute;tico aceleran lo que sucede en la confluencia del acontecer y del misterio, a merced del hacedor.</p>
<p>- &iquest;Y en los libros?</p>
<p>- Todo no es poes&iacute;a, ah&iacute; est&aacute; el reto de la alta creaci&oacute;n. Una escritura pobre no transita pensamiento ni emoci&oacute;n. Una retah&iacute;la de palabras sin idea ni canto no es escritura. Si la luz es materia, la poes&iacute;a tambi&eacute;n. Atr&eacute;vete a aproximarte a lo intangible, a lo indefinible... s&aacute;lvese quien pueda ante el riesgo de la escritura po&eacute;tica.</p>
<p>- &ldquo;Una mujer / en escritura&rdquo;. [La biograf&iacute;a literaria]</p>
<p>- Si el cuerpo de la persona es bioqu&iacute;mica, el mismo transcurrir tambi&eacute;n&hellip; igualmente referido al instante de la escritura. Me siento ser humano y me siento poema. Es la situaci&oacute;n que sobrellevo desde mis primeros versos. No es un estado confortable, pero sobrevivo a base de intriga y resistencia. &ldquo;Una mujer / en escritura&rdquo; o &ldquo;en escritura / una mujer&rdquo;, la reversibilidad aparece sin buscarla. La biograf&iacute;a viene a ser soporte en la escritura, en mi caso no es el clavo fundamental. Dentro de lo biogr&aacute;fico, lo que m&aacute;s aflora en m&iacute; es el contacto con la naturaleza. Su contemplaci&oacute;n, sus elementos.</p>
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<p><strong>&ldquo;No me atrevo a decir si, en mi creaci&oacute;n, es m&aacute;s importante lo visionario o lo autobiogr&aacute;fico&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Escritura / humana / a la deriva&rdquo;.</p>
<p>- &ldquo;Escritura / en alba / cuando hace el pan / la especie humana&rdquo;. No me atrevo a decir si, en mi creaci&oacute;n, es m&aacute;s importante lo visionario o lo autobiogr&aacute;fico. Todo es un laberinto de manantiales que, al final, van haciendo r&iacute;o. Ahora me acuerdo del nombre de uno, en Las Hurdes, llamado &lsquo;Cuerpo de Hombre&rsquo;. No fue el poeta quien lo puso, sino el receptor que, como yo, siente la idea en las palabras.</p>
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<p>- &ldquo;Si no sabes a qu&eacute; unirte, sobre los versos encontrar&aacute;s una l&iacute;nea que se alterna en sucesi&oacute;n de espejismos. Sept. 2021&rdquo;.</p>
<p>- Al inicio de un poemario normalmente se recurre a una cita, o a varias, para mostrar un camino al lector, desde el tamiz del autor. Cuando se trata de autocitas, pueden pasar cosas que desconocemos: que el autor est&eacute; inseguro, que le falte humildad, que sienta desconfianza en el lector y desee apuntalar la entrega&hellip; En este caso, me limito a anunciar que los t&iacute;tulos de los poemas van a ir altern&aacute;ndose, &lsquo;Pizarra&rsquo; y &lsquo;Celeste&rsquo;, por puro azar. Y que, dentro del azar, claro, asoma la fecundidad de uno u otro t&iacute;tulo, en cualquier dimensi&oacute;n. En mi autocita hab&iacute;a adem&aacute;s cierto mar de fondo: mis pasos en el campo de la poes&iacute;a refleja y en la del metalenguaje.</p>
<p>Este libro es prolongaci&oacute;n natural del anterior: <em>Retirada </em>(2018) es el pasillo que conduce a la galer&iacute;a en la que nos encontramos, la antesala del final. En <em>De Traslaci&oacute;n</em>, en verdad, repican todos los libros anteriores. Durante su construcci&oacute;n, Pureza escribi&oacute; y corrigi&oacute;, y lleg&oacute; a descartar m&aacute;s de medio centenar de poemas. Si dos se parec&iacute;an, uno se iba fuera. Hay versos que le martirizaron semanas, iba a la compra, pensando: &ldquo;Dec&iacute;dete&rdquo;. Al llegar las galeradas, se dio cabezazos contra la pared. &ldquo;Si no es m&iacute;o&rdquo;. La virginidad y la ceguera de los primeros tiempos regresaban, ahora bien, con la viruela de la vejez. Salvo en contadas iron&iacute;as, en <em>De Traslaci&oacute;n</em> no hay resabio. Ella se desplaza por las p&aacute;ginas a tientas y segura. <em>De Traslaci&oacute;n</em> s&oacute;lo parece posible en estado de gracia. Con trabajo, no sale; trabajo hubo en <em>Retirada</em>, incluso alg&uacute;n vals. En <em>De Traslaci&oacute;n</em> flota.</p>
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<p><strong>&ldquo;La obsesi&oacute;n creadora pesa tanto, obliga tanto, que se convierte en sufrimiento&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Ay&uacute;dame a poes&iacute;a&rdquo;. [Los art&iacute;culos como excedente del lenguaje]</p>
<p>- La obsesi&oacute;n creadora pesa tanto, obliga tanto, que se convierte en sufrimiento. Entonces, le digo a la poes&iacute;a: ay&uacute;dame. Si se lo pido de t&uacute; a t&uacute;, no me hace falta el art&iacute;culo; as&iacute; en el encabalgamiento de los versos. Normalmente, conmigo el poema se tensiona, por eso lo evito en los &uacute;ltimos libros. Me siento m&aacute;s libre y directa a otro ritmo de sintaxis, tambi&eacute;n cuando redacto una po&eacute;tica o unos escritos reflexivos. Yo s&oacute;lo puedo hacerle un rasgu&ntilde;o al poema, &eacute;l me hace da&ntilde;o.</p>
<p>- [As&iacute; que hay dolor]</p>
<p>- Hay. A fin de cuentas siempre gana &eacute;l.</p>
<p>- &ldquo;No. / Es aqu&iacute; / dentro. / Versi&oacute;n / del acontecer / debilitado / insomne. / Dentro&rdquo;. [Adelgazamiento progresivo del verso]</p>
<p>- Me defiendo de la escritura con una manera de alinear el verso en cortedad extrema. Ni siquiera lo sangro: es. Porque me gusta y especialmente por lo que le dec&iacute;a antes: cada palabra me pesa un mundo. No me importa que se note mi claro deseo de adelgazarla. Precisamente ah&iacute; radica hoy mi po&eacute;tica. Todo invita a sorpresa en el decir, con una idea de revelaci&oacute;n dentro que me identifica.</p>
<p>- [Vocablos sueltos]</p>
<p>- Como versos. Ayudan a capturar el significado inimaginable. Y, como van en vertical, la figura entra <em>en espacio</em>, se hace <em>De Traslaci&oacute;n.</em></p>
<p>En 1970, Pureza Canelo entrevistaba a Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez &ndash;Maruxa-, una prima hermana, &ldquo;un talento&rdquo; que fund&oacute; el grupo de m&uacute;sica popular y tradicional El Caldero, y que actualmente es catedr&aacute;tico/profesora de Bellas Artes jubilada. Esa conversaci&oacute;n reposa entre materiales dispersos -cierres de simposios, Juan Ram&oacute;n, su relaci&oacute;n con Carmen Conde, con Gerardo Diego...-. Su vida est&aacute; en carpetas. En ellas, la bibliograf&iacute;a se vuelve biograf&iacute;a. Art&iacute;culos en el diario Pueblo, una reflexi&oacute;n por aqu&iacute;, una manifestaci&oacute;n por all&aacute;. El 20 de enero de 1971 dice que para ella la poes&iacute;a es necesidad. Meses despu&eacute;s, anota en un margen: &ldquo;Primeras declaraciones a partir del susto de Adon&aacute;is. Estaba molesta con el revuelo de entrevistas, cr&iacute;ticas, escritos y toda la far&aacute;ndula del momento&rdquo;. Fue una <em>invasi&oacute;n</em>. Una chica joven, de un pueblo llamado Moraleja, abre un Telediario. Era un animal esquivo apresado por los que le atusaban. Enferm&oacute;.</p>
<p>Tambi&eacute;n hay rastros de biograf&iacute;a oculta en la correspondencia, que abarca desde poetas del 27 hasta hoy. Su primer poema registrado es &lsquo;Ni&ntilde;os azules del Vietnam&rsquo;. 1968. Su prehistoria estar&aacute; en una edici&oacute;n cr&iacute;tica pr&oacute;xima, a cargo de Jos&eacute; Teruel. Ser&aacute; el ensayo general de la obra reunida m&aacute;s adelante, dividida en dos tomos: poes&iacute;a y prosa.</p>
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<p><strong>&ldquo;Durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a <em>extensiva</em>, coloquial, derramada&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&ndash; [M&aacute;s partici&oacute;n del verso. La de ayer]: &ldquo;Mi amor hab&iacute;a ca&iacute;do en paz / como la prolongaci&oacute;n del sue&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>- Durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a <em>extensiva</em>, coloquial, derramada.</p>
<p>- [Incluso titul&oacute; <em>Tendido verso (Segunda Po&eacute;tica) </em>(1986)]</p>
<p>- Con <em>tendido verso</em> me refer&iacute;a a lo que normalmente se etiquetaba como <em>prosa po&eacute;tica</em> o como <em>verso en prosa</em>. Pues yo&hellip; verso <em>tendido</em>. Fue a partir de <em>Dulce nadie</em> (2008), con estrofas a modo de salmodia u oraci&oacute;n, cuando se desencaden&oacute; mi gusto por el verso de m&iacute;nima hojarasca.</p>
<p>- [Desnudo]</p>
<p>- Individualista. Como dardo y puntero de luz.</p>
<p>- [&iquest;Dud&oacute;?]</p>
<p>- Hasta la decantaci&oacute;n actual, he muerto y revivido muchas veces con dudas ante la cuartilla en blanco. Siempre ha sido as&iacute;, pero &uacute;ltimamente en una concentraci&oacute;n que ha superado lo habitual. Y cuando rele&iacute;a lo escrito, sent&iacute;a que aquello no me pertenec&iacute;a.</p>
<p>- [Cuerda floja]</p>
<p>- Era&hellip; como la perfecci&oacute;n del error, como el hallazgo de saber que te equivocas y, en la equivocaci&oacute;n, alumbrar&hellip; el acierto. As&iacute;, la entrega y la enso&ntilde;aci&oacute;n del vivir cotidiano. La poes&iacute;a en lo alto de la existencia.</p>
<p>- [La poes&iacute;a como todo, al comienzo de la entrevista]</p>
<p>- S&iacute;, mi escritura perpleja en su cauce. Ese, mi <em>universo</em>.</p>
<p>- &ldquo;Despu&eacute;s de <em>Retirada</em> / d&oacute;nde cobijarse?&rdquo;.</p>
<p>- <em>Retirada </em>(2018) es un libro moral sin moralina. En &eacute;l revis&eacute; las deficiencias y los egos que rodean al hecho po&eacute;tico y a sus hacedores. Puse censura a lo propio y a lo ajeno. Confes&eacute; mi deseo de apartamiento e incluso mostr&eacute; mi poco aprecio por la especie humana.</p>
<p>- &ldquo;Mira que no / hacer versos / como hojas / y fuentes&rdquo;. [Las limitaciones del ser]</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; merec&iacute;a la pena en mi vida? Siempre la poes&iacute;a. As&iacute; que me fui con ella de este planeta terr&iacute;cola -lo visionario- a una galaxia de creaci&oacute;n pura. Y en ese deseo <em>de traslaci&oacute;n</em>, escribo una po&eacute;tica que es el precipitado de toda mi escritura, desde los albores. Es un poemario de exigencia feroz. Con &eacute;l quer&iacute;a callarme de una vez. Ah&iacute; queda mi adi&oacute;s. Ser&aacute; lo &uacute;ltimo que publique como pieza suelta.</p>
<p>- &ldquo;No saber / si la escritura / es posible / en galaxia&rdquo;.</p>
<p>- Sigo escribiendo. Tengo varias v&iacute;as tem&aacute;ticas abiertas. Har&eacute; selecci&oacute;n de todo ello para darlo como in&eacute;dito a la poes&iacute;a reunida en marcha. Por edad, dispongo de tiempo restringido y debo dejar mi poes&iacute;a medianamente ordenada.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;la roca no sabe / la mancha tampoco&rdquo;.</p>
<p>- Se acab&oacute; la juerga de una publicaci&oacute;n tras otra. Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura. Desde siempre he sido poco mundana. Mi mundanal ruido est&aacute; por dentro.</p>
<p>En <em>Oeste</em>, la autora adopt&oacute; una escritura sin rastro previo. A partir de entonces, ello procur&oacute; al que firma una especie de miedo a la decepci&oacute;n cada vez que algo nuevo llegaba. Temor infundado. En <em>Retirada</em> reproduce un correo de Clara Jan&eacute;s, 12 de febrero de 2017: &ldquo;He so&ntilde;ado contigo, Pureza (&hellip;) Viv&iacute;as en una cueva sin m&aacute;s luz que la entrada (&hellip;) Yo te dec&iacute;a: Pero tienes que hacer una apertura a la luz. T&uacute; dec&iacute;as: No, hay que estar s&oacute;lo tocando la tierra, nada m&aacute;s. Hay que mezclarse con la tierra&rdquo;. Pureza respondi&oacute;: &ldquo;Esa cueva a la que se accede es el trasunto del nuevo libro, no lo dudes, adivinadora amiga (&hellip;)&rdquo;. El nuevo libro fue claro y abstracto. Se dice que el que no sabe explicar una cosa no conoce la cosa. Mentira. Una cosa es el entendimiento y otra la expresi&oacute;n. Y al rev&eacute;s. Ah&iacute; est&aacute;n la inmanencia, la capilaridad, la m&iacute;stica, las sensaciones. Y lleg&oacute; el salto. Al vac&iacute;o. No mortal. Al misterio. La rotaci&oacute;n cabe trienal; la traslaci&oacute;n, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Galaxia / proveedora / de mi ignorancia&rdquo;. [Diferencia entre <em>mundo</em> y <em>vida</em>]</p>
<p>- El poeta se busca en la creaci&oacute;n del universo, que no comprende. Lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a. As&iacute;, los ojos en ella para dar a la ignorancia la oportunidad de aproximaci&oacute;n a ese Todo o a esa Nada. Inquirir es la clave. Y desvar&iacute;o, al un&iacute;sono. Sin respuesta, viene el desasosiego ante el verso inapresable, el que puede ser materia infinitesimal.</p>
<p>- [Po&eacute;tica y galaxia]</p>
<p>- En tu hacer te refugias en lo peque&ntilde;o. Tomas las palabras con fidelidad a una escritura que, d&iacute;a a d&iacute;a, golpea tu resistencia humana al tiempo que enriquece el af&aacute;n de lo que buscas en los versos. Versos que, acaso, no fueron tan desastrosos en su aproximaci&oacute;n a lo oculto y a lo extraordinario. La poes&iacute;a se asombra ante el universo que todo lo engulle. Hay que contar esa experiencia de dentro afuera y de fuera adentro. La poes&iacute;a es creaci&oacute;n menor si est&aacute;s en el vientre de la ballena-universo. Ya de joven sent&iacute; esa vivencia de entrega <em>espacial</em>, por la v&iacute;a de la naturaleza. &nbsp;</p>
<p>Pureza es un ser de naturaleza. La desolaci&oacute;n y la muerte las lleva dentro. Le pidieron unos poemas Jordi Doce y &Aacute;lvaro Valverde para una antolog&iacute;a en la Fundaci&oacute;n Ortega Mu&ntilde;oz y demor&oacute; meses, m&aacute;s de un a&ntilde;o, la entrega. Brind&oacute; un sentido nuevo a lo ya publicado, dio a imprenta un libro <em>nuevo</em>. En el preliminar se confesaba desnortada. De nuevo, las dificultades del lenguaje. <em>Palabra Naturaleza</em> (2020). &ldquo;Dices &lsquo;&aacute;rbol&rsquo; y es otra cosa. Pisas surco y el sonido no pertenece a este mundo&rdquo;. Admite desconocer si es la Naturaleza la que le llev&oacute; a la Palabra, o si fue &eacute;sta a la otra. Una de las obsesiones de Pureza es la organicidad en cada proyecto. Ha hecho granero libro a libro. De luz. A veces negra. En la tarea de buscar la organicidad redime las carencias de su escritura.</p>
<p>A Pureza le dan miedo los poetas memorables que, por el af&aacute;n de publicar, son incapaces de guardar sus calcetines, sus sombreros, y acaban dejando una obra con dientes de sierra. &ldquo;Lo he dicho en muchas ocasiones: o intentas cruzar el oc&eacute;ano o no publiques. En creaci&oacute;n lo que no suma, resta sin miramientos&rdquo;. M&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os centrada en una obra tan fracontiradora como ella, que Jos&eacute; Teruel defini&oacute; como &lsquo;autocr&iacute;tica&rsquo;.</p>
<p>- &ldquo;Este navegar sin inteligencia ni tiempo&rdquo;.</p>
<p>- En este &uacute;ltimo libro he intentado articular mi entrega hasta la extenuaci&oacute;n. En &eacute;l se sostienen los versos en suspensi&oacute;n. La nave de toda mi experiencia creadora se ha vertido al vac&iacute;o.</p>
<p>- &ldquo;No sabemos&rdquo;.</p>
<p>- Tanta sospecha -y sorpresa y confusi&oacute;n- forjan el molde para que una palabra, a la vez que desafina, pueda ser tacto del mundo, olvidando su insignificancia. Al menos, es escritura instalada en el pelda&ntilde;o de la dignidad.</p>
<p>- &ldquo;Lo peque&ntilde;o&rdquo;. &iquest;&ldquo;Hacia lo invisible&rdquo;?</p>
<p>- Para m&iacute; &lsquo;lo peque&ntilde;o&rsquo; en escritura po&eacute;tica es la m&aacute;xima aspiraci&oacute;n. El milagro. Hay d&iacute;as en los que te vas a dormir con sensaci&oacute;n de hondura de vida por lo &lsquo;peque&ntilde;o&rsquo; conseguido y&hellip; a la ma&ntilde;ana siguiente tachas lo que cre&iacute;ste haber alcanzado. Estas y muchas otras cosas sustentan mi vocaci&oacute;n po&eacute;tica en la luz y en la sombra, en no s&eacute; qu&eacute; ilimitado hacer y deshacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El olvido es la soluci&oacute;n a todo este asunto que llamamos vida&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Al olvido / que da la eternidad&rdquo;. [&iquest;Desaparecer es hacerse m&aacute;s puro en el tr&aacute;nsito?]</p>
<p>- Claro. El olvido es la soluci&oacute;n a todo este asunto que llamamos vida. A toda esta extra&ntilde;eza conjugada a trav&eacute;s de siglos y milenios, con el ser en el centro. Me hace pensar tanto que lo instalo como divinidad. Escribo sobre &eacute;l para la serie de los In&eacute;ditos y callados.</p>
<p>- &ldquo;un morir / pleno. No habr&aacute; / m&aacute;s t&iacute;teres&rdquo;.</p>
<p>- Sobre ese tema tengo tanta materia que podr&iacute;a sacar un libro exento. No lo har&eacute;. Es una reflexi&oacute;n tan prolongada que debo quedarme en el acopio. La entra&ntilde;a de la poes&iacute;a me ofrece pensar y sorber poco a poco una visi&oacute;n interminable.</p>
<p>Pureza Canelo ha dedicado muchos a&ntilde;os a la gesti&oacute;n cultural, primero en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid &ndash;en los a&ntilde;os 70 y 80- y luego en la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego -de 1999 a 2019-. Ahora, con adem&aacute;n entre indiferente y levemente despreciativo, considera que dedic&oacute; demasiado al empe&ntilde;o. A punto de proclamar &lsquo;bah&rsquo;, afirma que deber&iacute;a haberlo dejado diez a&ntilde;os antes. &ldquo;Tengo poco tiempo y mucha tarea pendiente&rdquo;. Su balance es agridulce. Realiz&oacute; trabajos de los que sentirse orgullosa: poner en el mapa a poetas sepultados; crear un premio de investigaci&oacute;n; programar y dirigir desde la libertad; procurar a Gerardo una dimensi&oacute;n transnacional... Hizo de la gesti&oacute;n una tarea creativa. Por otro lado, el ser la &uacute;nica responsable jur&iacute;dica le llev&oacute; a tenerse que estudiar la Ley de Fundaciones, a hacer balances de situaci&oacute;n&hellip; en fin, cuestiones en los ant&iacute;podas de su esp&iacute;ritu. Por si fuera poco, hubo de lidiar con pol&iacute;ticos necios o ajenos a la cultura, con herederos contradictorios y con patronos volanderos. Lo peor fue soportar grandes deslealtades. Cuando son menores, dan risa, pero en este caso, afirma, &ldquo;daban pena&rdquo;. Gesti&oacute;n y creaci&oacute;n. Autor&iacute;a y edici&oacute;n. Elena Diego le regal&oacute; una mu&ntilde;eca africana con dos cabezas. Descansa en su casa.</p>
<p>Pendiente, su archivo. S&oacute;lo en C&aacute;ceres, 5.400 libros, medio siglo de poes&iacute;a y filolog&iacute;a. En Madrid, m&aacute;s libros y documentos: papeles y papeles, fotograf&iacute;as, videograbaciones, audios. Durante la pandemia meti&oacute; en casa a dos documentalistas profesionales que, sin embargo, hubieron de aprender a manejarse en la confecci&oacute;n de un archivo vivo, a funcionar por asociaci&oacute;n de temas, de personas y de preocupaciones. Eran entom&oacute;logos pinchando mariposas. Desconoc&iacute;an a La&iacute;n, a Mainer... &ldquo;En las cartas, hay que rescatar poemas y otros textos, y ponerlos aparte&rdquo;. Las misivas de Yuste, Franco, Gallego y Carranque no se deben colocar por iniciales, &ldquo;todas han de ir a un apartado que se llame Fundaci&oacute;n Juan March&rdquo;; &ldquo;Gerardo Diego necesita una carpeta aparte; Adon&aacute;is, otra&rdquo;.</p>
<p>- &ldquo;Al enigma /no se puede / llamar / a la puerta&rdquo;.</p>
<p>- Esos versos expresan la afirmaci&oacute;n desde la negaci&oacute;n. Hay que llamar a la puerta y escudri&ntilde;ar si, al otro lado, desde el interior, en la mirilla te devuelven la mirada. La posibilidad es una mirilla reversible y el esfuerzo de esperar d&iacute;a y noche junto a la puerta. No es un juego: es la fidelidad del can pegado a su ama: la poes&iacute;a.</p>
<p>- [&iquest;La poes&iacute;a es un l&iacute;mite?]</p>
<p>- No deber&iacute;a. El quid es que la Poes&iacute;a es incalculable. El poeta aspira a aproximarse a hacerlo. Por eso identifiqu&eacute; <em>De Traslaci&oacute;n</em> con el cosmos. Era como el cartucho que me quedaba para consumar una po&eacute;tica que hab&iacute;a mantenido sucesiva, lanz&aacute;ndome, ahora sin red, a pleno limbo, con un libro de cierre de obra y trayectoria.</p>
<p>- &ldquo;Beber / del firmamento&rdquo;.</p>
<p>- Confieso sin pudor que la organicidad de este libro es la muestra del fin que he buscado paso a paso y que, consecuentemente, ha hecho obra. Ser&aacute; digna, mala o regular, pero est&aacute;. Lo he pasado mal en el empe&ntilde;o, con torres de Babel, auroras imposibles&hellip; auscultando si cada poema hac&iacute;a masa con el siguiente y con los sucesivos. He desarrollado una autocr&iacute;tica que fustiga mis adentros en una b&uacute;squeda constante de la &lsquo;Alta y Soberana Se&ntilde;ora&rsquo;. A estas alturas, casi nos podemos mirar frente a frente: ella impera sin l&iacute;mite y yo la espero en el rinconcito en el que sigo despierta hasta que me vaya de este mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a ser&aacute; lo invisible absorbiendo el color de cualquier cuerpo celeste&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;la poes&iacute;a / (&hellip;) clara oscuridad&rdquo;. [&iquest;La poes&iacute;a es un p&eacute;ndulo que se &lsquo;mueve quieto&rsquo; entre la sombra y la luz?] &ldquo;&iquest;Lo negro existe?&rdquo; [El negro surge de la ausencia de luz&hellip; pero es la suma de todos los colores]</p>
<p>- Si el negro es la suma de todos los colores, la poes&iacute;a ser&aacute; lo invisible absorbiendo el color de cualquier cuerpo celeste. Gracias por haberme invitado a pensarlo. Escribo el verso -&ldquo;&iquest;Lo negro existe?&rdquo;- y usted me aproxima a lo que he dicho. El lector es una prolongaci&oacute;n del hacedor, sin embargo, cuando escribo no pienso en &eacute;l. Mi celo en preservar la privacidad de la creaci&oacute;n me lo impide. Estoy tan entregada al asunto que pierdo la noci&oacute;n de lo complementario. Tampoco bajo la guardia cuando corrijo, y alguna vez pienso: &lsquo;Esto no lo entiende nadie. Ni yo&rsquo;. Pues que siga el vuelo sin pertenencia.</p>
<p>- &ldquo;Exaltaci&oacute;n / &iquest;inocente? / de mi ser&rdquo;; &ldquo;Haces ret&oacute;rica. / Hago escritura&rdquo;.<strong> </strong></p>
<p>- La ret&oacute;rica, con sus figuras de armon&iacute;a, es admirable siempre que no sea en el vac&iacute;o. Hablo de la ret&oacute;rica esencial. Hay que disponer de capacidad de escritura y de poso en la cultura literaria. Como no dispongo de ese don necesario, me posiciono ante la sintaxis de manera lib&eacute;rrima, por instinto; no en la excelencia de la expresi&oacute;n. Cuando aparecen espont&aacute;neamente conjeturas y asociaciones bien compuestas, me aviso de que se pueden perder la idea y la fuerza. As&iacute; me cuido ante lo predecible, ante lo &lsquo;bien hecho&rsquo; y ante el adorno. Tambi&eacute;n la falta de pericia hace que no haya buscado el metro ni la rima, que admiro, siempre que no acabe en virtuosismo.</p>
<p>- [Verso libre]</p>
<p>- En &eacute;l son esenciales los ritmos internos y externos. La oraci&oacute;n magistral no es para m&iacute;, s&iacute; el galope rebelde, el volcar el esfuerzo en el camino, pues torpeza somos en la l&iacute;nea que espera remisi&oacute;n.</p>
<p>Tradici&oacute;n de cultura no hubo casa. Su padre sac&oacute; las oposiciones de Estado de Veterinaria y fue presidente del Colegio Oficial de la provincia C&aacute;ceres durante 40 a&ntilde;os. El tes&oacute;n, el cumplimiento, la racionalidad vienen de &eacute;l. El insecto africano infectado, de la madre. En los Guti&eacute;rrez no hab&iacute;a nada cuadriculado, s&oacute;lo intuici&oacute;n e independencia. Sus abuelos no eran cultos, pero dieron al siguiente eslab&oacute;n facilidades para el cultivo. Terratenientes que mandaron a sus hijos a estudiar a Salamanca, adonde la propia Pureza llegar&iacute;a m&aacute;s tarde. Sus t&iacute;os se manejaban en ingl&eacute;s y franc&eacute;s, hablamos de principios del XX; y fueron contertulios de Unamuno. Todos desempe&ntilde;aron profesionales liberales: m&eacute;dicos, siquiatras, juristas&hellip; El orgullo de su madre es que ning&uacute;n miembro de la familia, tan amplia, se dedic&oacute; a la pol&iacute;tica. Esa era su distinci&oacute;n. Pureza lleva al cuello una cadena de ADN: abuelos potentados que no se mezclaban con los de su igual, y ayudaban a quien no ten&iacute;a, fueran ni&ntilde;os asalvajados, un seminarista sin posibles o un alba&ntilde;il descalzo; por eso, los ni&ntilde;os bien en Moraleja recelaban de los Canelo. Con el tiempo, Pureza cre&oacute; la biblioteca p&uacute;blica; su hermano, el club de baloncesto&hellip;</p>
<p>Hay un episodio que se repet&iacute;a tres veces al a&ntilde;o y que sirve para entender el marco en que adquiri&oacute; madurez. En Semana Santa, verano y navidad, los t&iacute;os volv&iacute;an de Salamanca y aprovechaban para abrir la finca, permitiendo la salida de ovejas, gallinas, cerdos&hellip; todos los animales, hala, por el pueblo. Lo hac&iacute;an de noche. Abr&iacute;an las compuertas para que la gente cogiera. &ldquo;&iexcl;Que vienen los chicos de Salamanca, cerradme bien los corrales!&rdquo;. No hab&iacute;a manera. Seguramente el propio abuelo hac&iacute;a la vista gorda. La imagen de los animales sueltos es maravillosa. El ganado propio, en casa ajena, despu&eacute;s de trotar a la luz de la luna. Surrealismo feliz. Cine puro. La concepci&oacute;n, eso s&iacute;, era sociomoral, no pol&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;danza&rdquo;.</p>
<p>- La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas. En mi juventud eran el cine y la pintura. Luego me decant&eacute; por la escritura en soledad. En los cineclubs de los sesenta y setenta, vision&eacute; el primer Resnais, el cine checo, Eisenstein... Kazan, Visconti, <em>El manantial de la doncella</em>. Quiero decir: yo le&iacute;a a Juan Ram&oacute;n, pero me beb&iacute;a Film Ideal. No es lo mismo ver estos cines ahora que antes. Muchos estaban naciendo. Ve&iacute;as el volc&aacute;n echando lava. Cuando se abrieron la primera y la segunda bocas, est&aacute;bamos all&iacute;. Recuerdo salir de un cine, en Arg&uuml;elles, despu&eacute;s de haber visto <em>La caza</em> -sobre el papel, una pel&iacute;cula del Oeste- y correr a una cabina de tel&eacute;fonos para avisar a mis amigos: &ldquo;Ten&eacute;is que verla&rdquo;. Dur&oacute; una semana en cartel. Yo repet&iacute; en la segunda sesi&oacute;n. Del arte, qu&eacute; decir: ir a la galer&iacute;a Edurne, ver a Millares, a Sempere&hellip; la primera exposici&oacute;n de Botero, en formato peque&ntilde;o&hellip; En m&iacute; se dio el choque entre el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca y el mundo rural. Dese cuenta de que las obras mat&eacute;ricas, por ejemplo, de T&agrave;pies, las hab&iacute;a visto antes en las paredes de mi pueblo y en los bidones. El desconchado de la materia lo llevaba dentro. Y luego, en Madrid, lo vi asociado al silencio, en una pared. De ese cruce viene mi poes&iacute;a. &ldquo;Pero si esto ya lo he visto&rdquo;, me dec&iacute;a. La gran pintura la hab&iacute;a visto en la iglesia y en el corral. Luego, es importante a&ntilde;adir que, as&iacute; como la Corte de la novela estaba en Barcelona, la po&eacute;tica estaba en Madrid: Adon&aacute;is -cuya r&eacute;plica fue El Bardo-, Velintonia, las tertulias de Montesinos, con D&aacute;maso, Gerardo, Rosales, Leopoldo de Luis, Claudio, Morales&hellip; y los chiquilicuatres y los santos, juntos. Los setenta dieron para mucho. La poes&iacute;a de aquella d&eacute;cada no est&aacute; estudiada. Hay muchas voces. Adem&aacute;s de la poes&iacute;a, me llena la m&uacute;sica. Confieso que an&iacute;micamente, en la pandemia, lo que me salv&oacute; fue escuchar flamenco, barroco y a Freddie Mercury. Entre otras cosas. Escuchaba m&uacute;sica hasta el agotamiento. Volviendo al inicio de la escritura, le dir&eacute; que era m&aacute;gico y veros&iacute;mil el poner en un papelito lo que sent&iacute;a. Cuando iba por la calle, el pensamiento robaba mundo al mundo. Toda aquella aventura se hizo &aacute;rbol y en &eacute;l puedo hoy cobijarme.</p>
<p>- &ldquo;Poema / (&hellip;) / no sabe a qu&eacute; unirse&rdquo;.</p>
<p>- Puede que en este verso exprese que el af&aacute;n de mi escritura est&aacute; en una &lsquo;pizarra-celeste&rsquo;, sin fijar el trazo de lo humano. De ese deseo imposible, recurrentemente intentado, nace la po&eacute;tica <em>De Traslaci&oacute;n</em>. La &lsquo;pizarra&rsquo; nunca atender&aacute; el ofrecimiento de mi creaci&oacute;n aturdida en cosmos.</p>
<p>La l&iacute;nea actual de la autora es de despedida completa. En uno de los ap&eacute;ndices de sus poemas sin publicar, establece: &ldquo;El poeta debe callarse a tiempo&rdquo;. Una idea de la que no se apea. Central. Como si a la <em>retirada</em> le siguiera la <em>deidad c&oacute;smica</em> y s&oacute;lo quedase por delante algo parecido a un agujero negro. Ni cosmos. Tira una foto y sale velada. Lo que existe, lo que no existe y lo que no sabemos si existe, todo, en negro: un apag&oacute;n inexplicable hasta para el propio misterio.</p>
<p>- &ldquo;Esta nada&rdquo;. [Cuanto m&aacute;s grande, &iquest;m&aacute;s nada?]</p>
<p>- &hellip; de nuevo, la queja. Todo en <em>De Traslaci&oacute;n</em> es petici&oacute;n y lamento, un ofrecerse a una nulidad perpetua. &lsquo;Insistencia en Luzbel&rsquo;, del poeta; insistencia en celeste, de m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Qu&eacute; dif&iacute;cil decirle / a la palabra / que otro alguien / me perturba / m&aacute;s que ella&rdquo;.</p>
<p>- Nada de amores. La que me roba es la prolongaci&oacute;n de mi angustia cuando se me instala la duda total de vivir. Tanto que no la puedo encauzar en el poema. El poema no me sirve, ah&iacute;, para expresarme. Como la palabra me est&aacute; esperando, para no defraudarla, le digo que esta vez no se va a llevar el gato al agua porque vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia.</p>
<p>- &ldquo;Este libro / debe cerrarse / pronto. / No cabe / m&aacute;s asfixia / en &eacute;l&rdquo;.</p>
<p>- Este libro se ha llevado todo lo que pod&iacute;a hacer creadoramente desde la atalaya de mis a&ntilde;os de vocaci&oacute;n cumplida. Este libro es una exhalaci&oacute;n de sintaxis inesperada en el pentagrama de todos mis sentidos. Me ha dejado K.O. A solas con la poes&iacute;a, en un universo propio. Despu&eacute;s me levanto y empiezo a palparme: cabeza, ojos, cuello&hellip; y digo: &ldquo;Ah, pues soy yo&rdquo;.</p>
<p>El poema tiene armas para defenderse del poeta. Pero a veces llegan las cosas a un punto en el que el poema le permite al poeta acercarse. La redondez de la palabra permite, en este libro &uacute;ltimo, que la secci&oacute;n de los poemas sea intercambiable: los de &lsquo;Celeste&rsquo; pueden ir en &lsquo;Pizarra&rsquo;, y viceversa. La perseverancia en la palabra mantiene con pulso a Pureza, aunque tambi&eacute;n es responsable de su agotamiento. Ella siente que la creaci&oacute;n le ha vencido. Ella le ha hecho rasgu&ntilde;os. Pero la poes&iacute;a le ha matado.&nbsp; Lo visionario mata. Lo puro, ese veneno.</p>
<p>En 1974, Gerardo Diego dec&iacute;a en Informaciones que <em>El Barco de Agua</em> hab&iacute;a sido su libro del a&ntilde;o. Ve&iacute;a en &eacute;l &ldquo;talento y originalidad extraordinarias&rdquo;. Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se ratificaba en el diario Ya: &ldquo;Poes&iacute;a escrita o, mejor, recibida, como en trance de alucinaci&oacute;n (&hellip;) abocada al misterio&rdquo;. Habla de <em>Habitable</em>, que present&oacute; en el Ateneo de Madrid. La cr&oacute;nica de aquel d&iacute;a cita las palabras de Gerardo: &ldquo;Un milagro natural&rdquo;. As&iacute; habla quien vio, en 1932, siendo profesor de instituto, la nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Altolaguirre y Cernuda apenas hab&iacute;an publicado. Arriesg&oacute; y acert&oacute;. Clav&oacute; en su antolog&iacute;a lo que ser&iacute;a el 27. Habr&iacute;a pasado a la historia nada m&aacute;s que como ant&oacute;logo. Y a Gerardo le gustaba Pureza, mucho, en ella ve&iacute;a el futuro; aunque, en verdad, no se trataban demasiado y cada uno ten&iacute;a sus gustos. Pureza escribi&oacute; <em>Habitable</em> becada por la Fundaci&oacute;n March.</p>
<p>Tanto Gerardo como Clara fueron visionarios, la poes&iacute;a es visionaria, respecto del destino que le esperaba a Pureza. Podemos decir que adelantaron su <em>Palabra Naturaleza</em> y su <em>De Traslaci&oacute;n</em>, &iquest;se habr&aacute; dado cuenta Pureza? Clara Jan&eacute;s, por cierto, en aquellos setenta, se refer&iacute;a a ella como &ldquo;esquiva&rdquo;. Gracias a esa condici&oacute;n, ha paseado por el precipicio sin verse abrasada por los focos, cultivando la poes&iacute;a en un huerto privado que se hace jard&iacute;n p&uacute;blico nada m&aacute;s que cuando un libro suyo aterriza en las librer&iacute;as. Al final, la organicidad no responde a un libro, es la obra entera. Y la vida. Juntas forman esa figura geom&eacute;trica llamada <em>Esfera</em>.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:37:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo tuyo es puro teatro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-tuyo-es-puro-teatro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ALFREDO_ANDREU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Son muchas las pel&iacute;culas en las que se destapan los entresijos del mundo del teatro, como si vivir entre bambalinas encerrara un atractivo especial para la construcci&oacute;n de tramas en las que caben la rivalidad y la ambici&oacute;n. Tambi&eacute;n la b&uacute;squeda de s&iacute; mismos. Tambi&eacute;n las expectativas y la frustraci&oacute;n. De repente, se escucha el eco en el patio de butacas y los focos dirigen el haz de luz al centro, se&ntilde;alando el mejor escenario posible para que la palabra muestre su potencial y demuestre que no se detiene ante nada ni ante nadie<em>. Cisne de papel</em> es una novela en la que se reconocen estos elementos que nada tienen de met&aacute;fora y que ha sido publicada, en la colecci&oacute;n Sue&ntilde;os de Tinta, por Mira Editores.</p>
<p>Es un texto en el que priman los di&aacute;logos, perfectamente construidos, determinantes y poderosos, trabajados al mil&iacute;metro, sugerentes, definitivos y definitorios de las personalidades de los lectores que se asomen con curiosidad a estas p&aacute;ginas, aun cuando se mantengan en un segundo plano que en absoluto les reste fuerza. Hombres y mujeres se definen por lo que dicen y por c&oacute;mo lo dicen. Hay quienes se muestran c&aacute;lidos y quienes solo aparentan frialdad, quienes caminan en zigzag y quienes optan por la l&iacute;nea recta, quienes est&aacute;n empezando su trayectoria y quienes ya est&aacute;n de vuelta. Sin duda alguna, esta es una novela de personajes.</p>
<p>Considero que la premisa inequ&iacute;voca que supone el sue&ntilde;o de cualquier individuo que busque la realizaci&oacute;n personal y la estabilidad es aquella que reza as&iacute;: ganarse la vida en un trabajo que encierre admiraci&oacute;n y pasi&oacute;n. Intuyo que las v&iacute;sceras lo agradecen. De modo que el temor a equivocarse se convierte en una afilada espada de Damocles que nunca deja de estar ah&iacute;, apuntando al coraz&oacute;n. Decidir cu&aacute;l es el camino correcto, desafiar normas y convenciones, especialmente a una edad precoz, pone en jaque a cualquier expectativa. Cuando se asoma la seguridad de un empleo que no resulta seductor, y como oponente se encuentra el riesgo de entregarse a lo que siempre ha generado mariposas en el est&oacute;mago, el dilema da para mucho. Es lo que le ocurre a Pilar, la protagonista de esta aventura creada por Alfredo Andreu, autor que sabe combinar a la perfecci&oacute;n literatura e im&aacute;genes dada su formaci&oacute;n como guionista y como director, que de momento se ha traducido en una serie de cortometrajes.</p>
<p>Alfredo Andreu dota a las palabras de m&uacute;ltiples significados y de otros tantos significantes. Vuelan en el aire, como si imitaran a la et&eacute;rea Audrey Hepburn, la admirada actriz cl&aacute;sica ante cuyos encantos solo cabe rendirse y que supone una poderosa presencia en estas p&aacute;ginas. El mundo de la interpretaci&oacute;n es un mundo repleto de dificultades que se encargan de hacer dudar incluso a las mentes m&aacute;s preclaras. Consiste en vivir en una exposici&oacute;n permanente, en asumir que los &eacute;xitos y los fracasos tienen sabor a aprendizaje.</p>
<p>Pilar vive el arte de la interpretaci&oacute;n con una intensidad especial, cualquiera se lo podr&iacute;a detectar en la mirada. Su padre no est&aacute;, pero su recuerdo es uno de sus mayores referentes. Se escucha su voz, su comprensi&oacute;n y su alianza. Es la figura que la refuerza por dentro. La madre, que s&iacute; est&aacute; presente y exige comprensi&oacute;n, se comporta con m&aacute;s escepticismo porque, en efecto, busca certezas y estabilidad, dadas las veleidades que guarda el universo de la far&aacute;ndula, y rechaza de lleno lo que no encaja en su encuadre mental. Es otra batalla que a priori parece perdida, al igual que la que mantiene con su dislexia, una circunstancia m&aacute;s que juega a frenar sus ilusiones. Pero no por ello este personaje estrella muestra intenci&oacute;n de rendirse. El tes&oacute;n se reconoce en el retrato que la humaniza, pues no resulta extra&ntilde;o pensar que est&aacute; inspirado en alguien de carne y hueso al que le brillan los ojos cada vez que se siente, y se sienta, en un patio de butacas. Bien arropada por sus incondicionales amigas, se aferra a sus sensaciones, a la gr&aacute;cil belleza de su ic&oacute;nica actriz y a la sencilla figura de origami que la acompa&ntilde;a all&aacute; donde va, tan valiosa por lo que significa. Un cisne hecho de papel que, quiz&aacute;s, representa la b&uacute;squeda de un papel que la convierta en cisne.</p>
<p>Alfredo Andreu sabe de cine, de direcci&oacute;n de actores y del imprescindible cometido del contador de historias. En definitiva, sabe dotar de vida a sus criaturas. Su formaci&oacute;n es rica en el medio audiovisual y se nota a la legua. Hay nuevos proyectos que suenan con fuerza, que llevan su sello, y que no tardar&aacute;n en convertirse en realidad. De ah&iacute; la fuerza que desprende esta historia, inicialmente un guion que ped&iacute;a a gritos su conversi&oacute;n en narrativa con otro lenguaje, con otra forma de expresi&oacute;n y con otra creatividad, pero que no pierde frescura ni mensaje en dicho tr&aacute;nsito.</p>
<p>Pilar ha de enfrentarse a distintas personas que la ayudar&aacute;n a crecer, a pesar de que a veces la cuestionan y no se lo ponen f&aacute;cil, como ocurre con aquellos profesores que insisten en exigir resultados con crudeza y dureza hasta que el talento del alumno quede exprimido al m&aacute;ximo. Y el mejor ejemplo en estas lides aparece antes de que los lectores nos demos cuenta, porque entra en escena Bosco Pigm&aacute;n, un hombre misterioso que ejerce de profesor y de celoso enfermizo, que no sabe muy bien ubicarse tras una vida repleta de episodios maltrechos. No falta un hermoso brindis a George Bernard Shaw, porque este tipo presume de ser un Pigmali&oacute;n hecho a s&iacute; mismo, aquel que se enamor&oacute; de Galatea, vali&eacute;ndose de t&eacute;cnicas y de procedimientos que alimentan su oscuridad. Es un tipo que acecha desde las sombras, que emerge de la negrura sin ocultar su rencor. Tantos matices lo definen a la perfecci&oacute;n. Nadie sabe por d&oacute;nde va a salir ni de qu&eacute; manera va a condicionar el desenlace. De nuevo un retrato s&oacute;lido, alrededor del que giran algunos de los pasajes m&aacute;s emocionantes de esta obra que no deja de abrir caminos y posibilidades.</p>
<p>Leer a Alfredo Andreu va m&aacute;s all&aacute; de lo que significa entrar en una novela y aguardar a que sucedan cosas. Es aprender a escuchar a personajes que se dejan la piel en busca de s&iacute; mismos. Ning&uacute;n lugar mejor para encontrarse que en sus l&iacute;neas, que delatan su pasi&oacute;n por lo que hace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfredo Andreu, <em>Cisne de papel</em>, Zaragoza, Mira Editores, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Jun 2023 10:29:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cobijo y la palabra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-cobijo-y-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/DAVID_PORCEL_DIESTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Dec&iacute;a Terencio: <em>Homo sum, humani nihil a me alienum puto</em>, &laquo;hombre soy y nada de lo humano me es ajeno&raquo;. Y es que, si hay una cuesti&oacute;n esencialmente humana, quiz&aacute; sea la capacidad y la necesidad de la pregunta por la vida. <em>El regreso a los otros</em> de David Porcel (Zaragoza: Mira Editores, 2022) es una profunda reflexi&oacute;n sobre lo que constituye al ser humano como tal, un an&aacute;lisis del presente a trav&eacute;s de la historia y una llamada a la acci&oacute;n.</p>
<p>A trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas, el autor nos propone un recorrido al centro de la comprensi&oacute;n de lo que &eacute;l denomina &laquo;indigencia&raquo; humana. Un t&eacute;rmino que alude a la situaci&oacute;n ontol&oacute;gicamente fundamental del ser humano. Como heredero de la tradici&oacute;n fenomenol&oacute;gica m&aacute;s pura de Heidegger y&nbsp; Husserl, acudir&aacute; a la cuesti&oacute;n en <em>epoch&eacute;</em>, atendiendo a lo que se manifiesta. Porcel parte de la pregunta por el ser, pregunta que solo el ser humano es capaz de formularse. Esto ser&aacute; s&iacute;ntoma de su indigencia y, por tanto, motor de la acci&oacute;n, puesto que est&aacute; obligado a &laquo;darse ser&raquo;. Esta es su carencia fundamental.</p>
<p>El autor se propone estudiar lo humano desde categor&iacute;as no cientifistas, ni t&eacute;cnicas ni esencialistas. En ello radica precisamente uno de los puntos fuertes de la obra: en la honestidad intelectual con la que deja claro su punto de partida y en el hecho de que su investigaci&oacute;n se desarrolla en un marco epistemol&oacute;gico que podr&iacute;amos llamar hol&iacute;stico. Porcel regresa a la noci&oacute;n de verdad como desvelamiento (<em>aletheia</em>) y considera que la naturaleza caleidosc&oacute;pica de la realidad humana no se deja atrapar en esquemas reduccionistas. Por este motivo, teje una red interdisciplinar de conocimientos que pasan por la literatura, el arte, el cine y un sinn&uacute;mero de disciplinas, que nos van clarificando esa pregunta inicial de la que part&iacute;amos.</p>
<p>La obra se cimienta sobre un eje central que trata de sondear lo que &eacute;l llama &laquo;movimientos tect&oacute;nicos de la historia&raquo;, para asentar posteriormente una agud&iacute;sima reflexi&oacute;n de nuestra sociedad actual y trazar un boceto que acaba siendo una llamada a la acci&oacute;n. Ese eje central es un recorrido &laquo;metahist&oacute;rico&raquo; a la b&uacute;squeda de los movimientos que nos han tra&iacute;do hasta el momento presente.</p>
<p>Es precisamente en este recorrido hist&oacute;rico donde radica el segundo punto fuerte del ensayo. Estamos acostumbrados a estudiar la historia de la filosof&iacute;a a veces como un di&aacute;logo poco intuitivo entre autores inconexos. Porcel nos propone entenderla desde las tres categor&iacute;as en las que se ha manifestado la situaci&oacute;n de indigencia ontol&oacute;gica humana: el exilio, el naufragio y el desamparo. Una forma novedosa de entender la historia de la filosof&iacute;a, que encierra conexiones entre la mitolog&iacute;a, los sucesos hist&oacute;ricos, la filosof&iacute;a y la ciencia, cristalizando en una suerte de red que nos sit&uacute;a en una perspectiva a&eacute;rea. En cada una de las categor&iacute;as situacionales humanas es sencillo comprender esos cambios tect&oacute;nicos de los que nos habla el autor.</p>
<p>Y, sin embargo, pese a que este recorrido hist&oacute;rico es de por s&iacute; suficiente para trazar un mapa humano, en la tercera parte, Porcel hace un an&aacute;lisis certero de cuestiones que suponen nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Analiza nuestra propia situaci&oacute;n de desamparo y de paulatina deshumanizaci&oacute;n. En las sociedades auspiciadas por el imperativo tecnocr&aacute;tico hay una tendencia hacia lo que &eacute;l llama &laquo;formas de existencia desarraigadas&raquo;. Recorre las formas en que la deshumanizaci&oacute;n se nos hace patente: el hiperrendimiento, las formas de arquitectura hostil, la evasi&oacute;n de las emociones humanizadoras o la transformaci&oacute;n de toda realidad en mercanc&iacute;a. Y en su forma negativa, se expresa en la p&eacute;rdida de los ritos, en las relaciones puramente funcionales, en la p&eacute;rdida de espacios de reuni&oacute;n o en la sustituci&oacute;n de la inteligencia humana por formas de inteligencia artificial y su comprensi&oacute;n desde lo algor&iacute;tmico. Lanza una llamada a la reflexi&oacute;n sobre si este panorama hace posible una &eacute;tica, ya que el aislamiento y la atomizaci&oacute;n social van disolviendo poco a poco aquello que nos hace humanos.</p>
<p>Hay una fisura por la que se cuela la esperanza en este trabajo del profesor Porcel: la situaci&oacute;n de indigencia es connatural al ser humano, pero las formas que adopta son cambiantes, lo que supone cierto margen de libertad para modificar el curso de las cosas. De ah&iacute; que <em>El regreso a los otros</em> sea el cuidado, la hospitalidad, la atenci&oacute;n, el tacto. Una invitaci&oacute;n al di&aacute;logo y a la reflexi&oacute;n para un mundo m&aacute;s humanizado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Porcel Dieste,<strong><em> </em></strong><em>El regreso a los otros. Un ensayo sobre la indigencia humana</em>, pr&oacute;logo Josep Mar&iacute;a Esquirol, Zaragoza, Mira Editores, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Jun 2023 10:09:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” entrevista a fondo a Eduardo Mendoza  y Pureza Canelo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-eduardo-mendoza-y-pureza-canelo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/EDUARDO_MENDOZA_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>A Pureza Canelo, que forma parte de la n&oacute;mina de mejores poetas espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la escritura siempre le ha parecido una labor rigurosa y exigente. Una tarea creativa en la que se ha mantenido fiel a su impulso de abrir caminos. Quien fuera, durante muchos a&ntilde;os, ejemplar gestora cultural al frente de la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego de Santander, practica un lirismo de investigaci&oacute;n. Es la suya, sin duda, una obra po&eacute;tica fraguada sin prisas, certeramente lac&oacute;nica y sint&eacute;tica, seg&uacute;n la cr&iacute;tica. Son, sin duda, sus poemas unos textos admirables. Por eso, nada m&aacute;s comenzar la entrevista que mantiene con el periodista y tambi&eacute;n poeta Fernando del Val, afirma con convicci&oacute;n: &ldquo;todo no es poes&iacute;a, ah&iacute; est&aacute; el reto de la alta creaci&oacute;n. Una escritura pobre no transita pensamiento ni emoci&oacute;n. Una retah&iacute;la de palabras sin idea ni canto no es escritura. Si la luz es materia, la poes&iacute;a tambi&eacute;n. Atr&eacute;vete a aproximarte a lo intangible, a lo indefinible. S&aacute;lvese quien pueda ante el riesgo de la escritura po&eacute;tica&rdquo;.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerles mejor, sino tambi&eacute;n descubrir muchos detalles. Son las Mendoza y Canelo opiniones libres y de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales, as&iacute; como sobre los lugares en que habitan y los problemas y gentes que conocen bien. Por ejemplo, Mendoza suelta verdades como pu&ntilde;os sin perder esa c&aacute;lida sonrisa que le achina los ojos. Si topa con un imb&eacute;cil, no le contradice (ya lo meter&aacute; en alguna novela). Su radio de acci&oacute;n es, casi siempre, su ciudad natal. Esa Barcelona que con los Juegos Ol&iacute;mpicos del 92, &ldquo;se convierte en una ciudad californiana&rdquo;.</p>
<p>Para Pureza Canelo no hay mejor teor&iacute;a que la pr&aacute;ctica y reconoce que no se atreve a decir si en su tarea creativa &ldquo;es m&aacute;s importante lo autobiogr&aacute;fico&rdquo;. Y es que, para ella, &ldquo;la poes&iacute;a lo convoca todo, siempre que haya calidad en la escritura&rdquo;. Un nivel de exigencia que avalan quienes han estudiado y glosado su poes&iacute;a, como el propio Gerardo Diego cuando asegur&oacute; que nuestra poeta se hab&iacute;a inventado una gram&aacute;tica y una sintaxis. A ese elenco de reconocidos admiradores de su obra se unen tambi&eacute;n la acad&eacute;mica Clara Jan&eacute;s, o expertos con tan buen criterio como Jaime Siles y Jordi Doce.</p>
<p>En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla de cuestiones de palpitante actualidad: c&oacute;mo funcionan las democracias en estos tiempos complejos y c&oacute;mo gestionan los gobiernos el malestar pol&iacute;tico en la sociedad del siglo XXI. El art&iacute;culo in&eacute;dito que la revista dedica a este crucial tema corre a cargo de Germ&aacute;n Cano,&nbsp; profesor titular de Filosof&iacute;a en la Universidad Complutense de Madrid. Su an&aacute;lisis, en el que tiene en cuenta las aportaciones de expertos como el argentino Ernesto Laclau, el espa&ntilde;ol Daniel Innerarity o el italiano Andrea Greppi, concluye con una clara apuesta por la tesis de que &ldquo;menos representaci&oacute;n no debe necesariamente implicar m&aacute;s o mejor democracia&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>EDUARDO MENDOZA: &rdquo;EL HUMOR FORMA PARTE DE MI MANERA DE SER&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Eduardo Mendoza es una de las figuras fundamentales de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Aunque naci&oacute; en Barcelona en 1943, el oficio de escritor no fue el primero. Antes ejerci&oacute; como abogado y luego como int&eacute;rprete en la sede de las&nbsp; Naciones Unidas en Nueva York. Siempre ha aplicado el bistur&iacute; de la parodia a una Barcelona que ya no reconoce y a la Catalu&ntilde;a del desvar&iacute;o independentista. Seg&uacute;n cree Mendoza, el actual desapego hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios cuyo programa incluye el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Conclusi&oacute;n de su ensayo &ldquo;Que est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;En lugar de re&iacute;rnos de nosotros mismos, los catalanes nos estamos tomando demasiado en serio&rdquo;.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Mendoza altern&oacute; su vida barcelonesa con una segunda residencia en Londres. Fue all&iacute; donde, en 2016, le sorprendi&oacute; la noticia de que hab&iacute;a ganado el Premio Cervantes. No se lo esperaba. La raz&oacute;n: el Cervantes est&aacute; dirigido a un tipo de literatura, llam&eacute;mosle, trascendental&hellip; &ldquo;Y por esto mismo me lo han dado: esa idea de que no me correspond&iacute;a ha hecho que el jurado cambie de registro y reconozca la literatura de humor. Jardiel Poncela y Miguel Mihura merec&iacute;an un Cervantes, pero la herencia literaria del siglo XIX siempre ha pesado mucho&rdquo;.</p>
<p>Este 2023 ha cumplido ochenta a&ntilde;os pero no sacraliza la vejez como feudo de sabidur&iacute;a. Al contrario, asegura que en las edades provectas se evac&uacute;an muchas tonter&iacute;as y personas aparentemente sensatas se radicalizan. Entre otros titulares, Mendoza declara a TURIA: &ldquo;En cada &eacute;poca de la vida, cada uno lee lo que quiere leer&rdquo; o confiesa que el humor forma parte de su manera de ser y que uno de sus &iacute;dolos era Tarz&aacute;n. Tambi&eacute;n reconoce que siempre ha escrito a mano y sigue escribiendo con pluma, &ldquo;esto es sagrado&rdquo;, dice, &ldquo;pero utilizo mucho el ordenador&rdquo;.</p>
<p>Sobre su oficio literario, ese que desde siempre ha deslumbrado a lectores y cr&iacute;tica, nos dir&aacute;: &ldquo;nunca trazo un plan antes de empezar una novela&rdquo;. Y tambi&eacute;n que unos de sus mayores &eacute;xitos, &ldquo;El misterio de la cripta embrujada&rdquo;, &ldquo;la escrib&iacute; en unas semanas&rdquo;. Preguntado por cu&aacute;l es la novela favorita de las que ha escrito, no lo duda: &ldquo;Una comedia ligera&rdquo;. A pesar de que ser la &uacute;nica que no se ha vendido bien, le gusta porque &ldquo;era la Barcelona de los a&ntilde;os cuarenta con mis recuerdos, o m&aacute;s bien impresiones, de infancia: por ejemplo, la verbena de Santa Rosa en Masnou con mis padres cuando yo ten&iacute;a pocos a&ntilde;os. Mi padre, vestido con una americana blanca. Es el mundo de los veraneos de finales de los cuarenta. Una Barcelona muy peculiar con muchas ruinas de la guerra civil: edificios enteros cortados al bies&rdquo;.</p>
<p>Cuestionado por si reconoce su influencia en autores de generaciones posteriores a la suya, como Carlos Ruiz Raz&oacute;n, Mendoza asume que &ldquo;ha habido algunos, porque me lo han dicho, que empezaron a&nbsp; escribir siguiendo mi modelo. Admito lo de Ruiz Zaf&oacute;n y yo a&ntilde;adir&iacute;a a Arturo P&eacute;rez Reverte que se confiesa devoto de &lsquo;La verdad sobre el caso Savolta&rsquo; desde que ley&oacute; la novela en el colegio y se dijo que as&iacute; era como quer&iacute;a escribir. Algo parecido a lo que me pas&oacute; a m&iacute; con Baroja. No necesariamente ha de ser un seguidor, pero s&iacute; alguien que te considera y se reengancha a tu obra&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, preguntado si le queda algo por contar o considera cerrada su etapa como escritor, Eduardo Mendoza despeja las dudas que en ocasiones suscita en algunas de sus comparecencias: &ldquo;S&iacute; que voy a seguir escribiendo. Cuando hice aquella afirmaci&oacute;n fui mal interpretado. Una de las cosas del trabajo de int&eacute;rprete es que alguien dec&iacute;a casi siempre que la culpa la tiene el int&eacute;rprete y el int&eacute;rprete debe admitirlo y disculparse porque forma parte de su sueldo. Yo dije que cre&iacute;a que no deb&iacute;a escribir nada m&aacute;s y que llega un momento en que uno debe retirarse cuando empieza a chochear&hellip; Pero a rengl&oacute;n seguido me pregunt&eacute;: &iquest;Y ahora que voy a hacer yo? Sigo escribiendo, pero a ratos sueltos, sin un proyecto concreto&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PUREZA CANELO: &ldquo;LA OBSESI&Oacute;N CREADORA PESA TANTO QUE SE CONVIERTE EN SUFRIMIENTO&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Aunque voluntariamente alejada de cualquier ruido medi&aacute;tico intrascendente o del cultivo de los rituales de promoci&oacute;n que exigen no pocas novedades de la industria editorial espa&ntilde;ola, Pureza Canelo posee una constante y acreditada trayectoria como poeta y gestora &nbsp;cultural. &nbsp;En &nbsp;cualquier &nbsp;n&oacute;mina &nbsp;de &nbsp;las &nbsp;autoras &nbsp;m&aacute;s &nbsp;valiosas &nbsp;de nuestras letras actuales, figura esta creadora extreme&ntilde;a (Moraleja, C&aacute;ceres, 1946) residente en Madrid. Si su &uacute;ltima obra, &ldquo;De Traslaci&oacute;n&rdquo;, es del pasado a&ntilde;o, su primer libro apareci&oacute; en 1970. Se titul&oacute; &ldquo;Lugar com&uacute;n&rdquo; y le vali&oacute; el prestigioso Premio Adonais. Muy reconocida en su tierra natal, de la que es Medalla de Extremadura y miembro de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, Pureza Canelo posee tambi&eacute;n una contrastada y meritoria labor al frente de la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego desde 1999 hasta 2019. A&ntilde;os en los que promovi&oacute; y consolid&oacute; el relanzamiento de dicha entidad radicada en Santander a trav&eacute;s de una doble l&iacute;nea de trabajo: facilitar el conocimiento de la obra y personalidad del poeta santanderino Gerardo Diego, as&iacute; como el estudio y difusi&oacute;n de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX.&nbsp;</p>
<p>Se dice en la entrevista, y es verdad, que al gran Gerardo Diego le gustaba mucho la poes&iacute;a de Pureza Canelo y es que en ella ve&iacute;a el futuro. Ha sido la suya una poes&iacute;a que ha cultivado con esmero, gracias quiz&aacute; a esa condici&oacute;n de personalidad &ldquo;esquiva&rdquo; que subray&oacute; la tambi&eacute;n poeta y acad&eacute;mica Clara Jan&eacute;s. Como bien subraya Fernando del Val en la conversaci&oacute;n que publica TURIA, quiz&aacute; gracias a esa condici&oacute;n tan peculiar &ldquo;ha &nbsp;paseado por el precipicio sin verse abrasada por los focos, cultivando la poes&iacute;a en un huerto privado que se hace jard&iacute;n p&uacute;blico nada m&aacute;s que cuando un libro suyo aterriza en las librer&iacute;as&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>Reconoce en la entrevista que &ldquo;durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a extensiva, coloquial, derramada&rdquo;. Ahora, como acredita su libro m&aacute;s reciente, escribe poes&iacute;a para nombrar lo innombrable. A medio camino entre el deslumbramiento de la palabra y el desconcierto ante su car&aacute;cter inaprensible, Pureza Canelo nos interpela sobre la capacidad del lenguaje para codificar la realidad. Y es que, &ldquo;se acab&oacute; la juerga de una publicaci&oacute;n tras otra. Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura. Desde siempre he sido poco mundana. Mi mundanal ruido est&aacute; por dentro&rdquo;. Por esto afirma tambi&eacute;n: &ldquo;lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>No duda Pureza Canelo que &ldquo;La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas. En mi juventud eran el cine y la pintura. Luego me decant&eacute; por la escritura en soledad. (&hellip;)Adem&aacute;s de la poes&iacute;a, me llena la m&uacute;sica. Confieso que an&iacute;micamente, en la pandemia, lo que me salv&oacute; fue escuchar flamenco, barroco y a Freddie Mercury. Entre otras cosas. Escuchaba m&uacute;sica hasta el agotamiento. Volviendo al inicio de la escritura, le dir&eacute; que era m&aacute;gico y veros&iacute;mil el poner en un papelito lo que sent&iacute;a. Cuando iba por la calle, el pensamiento robaba mundo al mundo. Toda aquella aventura se hizo &aacute;rbol y en &eacute;l puedo hoy cobijarme&rdquo;.</p>
<p>Ahora, desde la atalaya de sus a&ntilde;os de vocaci&oacute;n po&eacute;tica cumplida, reconoce que afronta la aventura de la creaci&oacute;n como un salto al vac&iacute;o &ldquo;sin red / ni conocimiento&rdquo;. Por eso concluye que: &ldquo;Nada de amores. La que me roba es la prolongaci&oacute;n de mi angustia cuando se me instala la duda total de vivir. Tanto que no la puedo encauzar en el poema. El poema no me sirve, ah&iacute;, para expresarme. Como la palabra me est&aacute; esperando, para no defraudarla, le digo que esta vez no se va a llevar el gato al agua porque vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>GOBIERNO Y MALESTAR POL&Iacute;TICO EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XXI</strong></p>
<p><strong></strong>Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Democracia en la complejidad. Gobierno y malestar pol&iacute;tico en la sociedad del XXI&rdquo;, el fil&oacute;sofo Germ&aacute;n Cano publica en TURIA un art&iacute;culo destinado a indagar en un asunto de gran inter&eacute;s que afecta al buen funcionamiento de nuestro sistema pol&iacute;tico y representativo: los problemas de gobernabilidad de las democracias que rigen Occidente en nuestro convulso presente.</p>
<p>Tras clarificar la experiencia hist&oacute;rica sobe la gobernabilidad y sus l&iacute;mites, Germ&aacute;n Cano asegura en TURIA que &ldquo;La nueva racionalidad gubernamental se define, por un lado, por subordinar todo gobierno a la l&oacute;gica de los mercados y est&aacute; orientado por los principios de mercado, mientras que, por otro lado, los mercados deben ser construidos, facilitados, equipados y ocasionalmente rescatados por instituciones pol&iacute;ticas. En esta tensi&oacute;n, toda comprensi&oacute;n de la gobernanza requiere mostrar su subordinaci&oacute;n al aparato econ&oacute;mico. Nos encontramos en un escenario de gobierno de la esfera p&uacute;blica ilustrada, por tanto, muy diferente, al que planteaba un te&oacute;rico del derecho moderno como Kant. All&iacute; donde el pensador alem&aacute;n reflexionaba sobre la gobernanza como un espacio relacional en <em>tensi&oacute;n</em> entre gobernantes y gobernados donde la autoridad depend&iacute;a de una aspiraci&oacute;n cr&iacute;tica a la &ldquo;mayor&iacute;a de edad&rdquo; de la ciudadan&iacute;a hoy nos encontramos con un escenario en el que los procesos gubernamentales y culturales de una racionalidad econ&oacute;mica unilateralmente entendida erosionan toda posibilidad de deliberaci&oacute;n cr&iacute;tica en la esfera p&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Cano, si algo se ha hecho evidente en el transcurso del siglo XX a nuestros d&iacute;as es que &ldquo;en un contexto tecnol&oacute;gico cada vez m&aacute;s abstracto y sometido a l&oacute;gicas al margen del control pol&iacute;tico de las democracias tardocapitalistas, la desproporci&oacute;n entre nuestras acciones y nuestras representaciones, entre lo que podemos hacer y lo que podemos imaginar se intensifica tr&aacute;gicamente&rdquo;. De ah&iacute; que, en opini&oacute;n de Germ&aacute;n Cano, &ldquo;todo ello conforma un paisaje en el que el ciudadano medio, sobresaturado y a la vez indiferente, carece, en un proceso de preocupante desafecci&oacute;n, de las herramientas cognitivas y de los tiempos y espacios necesarios para participar en una toma de decisiones asumida en el marco de una esfera p&uacute;blica vigorosa&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 09:10:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Singularidad espaciotemporal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/singularidad-espaciotemporal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/GUEORGUI_GOSPOD_NOV_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">El Booker Internacional, galard&oacute;n que destaca la obra m&aacute;s significativa de cuantas novelas se tradujeron y publicaron en lengua inglesa, ha reconocido en su &uacute;ltima edici&oacute;n al b&uacute;lgaro Gueorgui Gospod&iacute;nov con su &uacute;ltimo trabajo <em>Las tempest&aacute;lidas</em>, obra que fue traducida al ingl&eacute;s por Angela Rodel. Su versi&oacute;n en espa&ntilde;ol tambi&eacute;n vio la luz el pasado 2022 publicada por la editorial Fulgencio Pimentel y cuya traducci&oacute;n corri&oacute; a cargo de Mar&iacute;a V&uacute;tova y C&eacute;sar S&aacute;nchez.</p>
<p class="Cuerpo">Trufada de homenajes a Thomas Mann o a Borges &mdash;entre muchos otros referentes literarios&mdash;, el b&uacute;lgaro Gueorgui Gospod&iacute;nov nos ofrece una novela en la que se revela un fen&oacute;meno que podr&iacute;amos designar como singularidad espaciotemporal; siendo una obra clasificable bajo el ep&iacute;grafe de historia contempor&aacute;nea o el de autoficci&oacute;n y en la que el autor y un extra&ntilde;o personaje &mdash;su desdoble literario, una suerte de alter ego hecho ep&iacute;tome de su pensamiento ut&oacute;pico&mdash; recorren el recuerdo y el tiempo que ayud&oacute; a construir la memoria personal del individuo y colectiva del pueblo, de la sociedad en la que &eacute;ste se enmarca. A lo largo del texto se cuestionan remembranza e identidad, tiempo vivido y tiempo mitificado; ideas sugerentes en las que podemos encontrar elementos de reflexi&oacute;n y no pocos paralelismos entre aquel pasado identitario del este de Europa y el que etiquetar&iacute;amos como &ldquo;nacional&rdquo;. En sus p&aacute;ginas el autor imagina la construcci&oacute;n de &ldquo;cronorrefugios&rdquo; en los que reencontrarse con la felicidad idealizada de alguna d&eacute;cada memorable o, al menos con cierto amparo y seguridad en un pasado que crece incesantemente alimentado por todos, por el tiempo colectivo de cada sociedad, y que amenaza con invadir y suplantar al presente.</p>
<p class="Cuerpo">Gospod&iacute;nov tambi&eacute;n nos expone las cuitas de envejecer, de caer en la senil demencia, de ofrecer un cuidado alternativo que revierta la desmemoria, o incluso de considerar la eutanasia cuando el mundo y cualquier esperanza se desvanecen, pues &ldquo;de hecho, lo primero que desaparece con la p&eacute;rdida de memoria es la propia idea de futuro&rdquo;. Su sugerente narrativa nos conduce y nos coloca frente al drama del desvanecimiento del yo, llegando a conmovernos con pasajes como aquel del agente delator, que por conocer el pasado del abuelo al que espiara muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, se ver&aacute; convertido en &uacute;nica memoria para el otrora acechado. Pero tambi&eacute;n despliega un importante carga de iron&iacute;a en la forma de aproximarse a estos asuntos, siendo un gesto &ldquo;marca de la casa&rdquo; &mdash;tal y como pudimos intuir al leer poemas como &ldquo;El conejo amoroso&rdquo;, recogido en la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea </em>(Olifante, 2021)&mdash;, demostrando un don para generar ideas e im&aacute;genes con las que conectar con el lector.</p>
<p class="Cuerpo">La ut&oacute;pica opci&oacute;n de volver a vivir otro tiempo a nuestra elecci&oacute;n, como individuos o de forma colectiva, es explorada con distancia y pesimismo, con un sarc&aacute;stico descreimiento en las posibilidades del hombre en hacer las cosas mejor, incluso al repetir eventos y consecuencias bien conocidos (incluso las terribles), apostando a que declarar&iacute;amos la guerra para que la guerra no se repitiera pues, como el b&uacute;lgaro nos ilustra, cualquier d&iacute;a es el 28 de julio de 1914 o el 1 de septiembre de 1939. Cr&iacute;ticamente nos plantea qu&eacute; pasado ser&iacute;a el predilecto en cada lugar de la Europa, en un ejercicio da como resultante un an&aacute;lisis emocional del car&aacute;cter de los pueblos que la componen y a trav&eacute;s de un breve recorrido por su historia, sus ideales y sus fantasmas.</p>
<p class="Cuerpo">Al fin, la literatura es el cronorrefugio m&aacute;s asequible. All&iacute; se contienen otros tiempos y otras vidas a las que podemos volver a nuestro antojo. En ella podemos refugiarnos, so&ntilde;ar otro futuro, pero recordando que en la vida, a diferencia de la novela, no existe argumento y que &ldquo;tarde o temprano, toda utop&iacute;a se convierte en novela hist&oacute;rica&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Gueorgui Gospod&iacute;nov. <em>Las tempest&aacute;lidas</em>, Logro&ntilde;o, Fulgencio Pimentel, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 08:46:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué estamos viendo? Una reflexión sobre la mirada del espectador en la pintura occidental  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-estamos-viendo-una-reflexion-sobre-la-mirada-del-espectador-en-la-pintura-occidental/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/GOIO_BORGE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Apocalipsis o Libro de la revelaci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn1">[1]</a> es una edici&oacute;n biling&uuml;e griego/castellano del &uacute;ltimo libro de la Biblia, adornado con los grabados que el taller de Lucas Cranach el Viejo realiz&oacute; para la primera Biblia de Mart&iacute;n Lutero, y prorrogado por un estudio de la influencia del Apocalipsis en la filosof&iacute;a, la historia, la pol&iacute;tica, y el arte, en este caso ilustrado con otras im&aacute;genes art&iacute;sticas relacionadas. El estudio est&aacute; firmado por Patxi Lanceros.</p>
<p>Pareciera que el Apocalipsis deber&iacute;a estar culturalmente superado, pero es obvio que no es as&iacute;: su visi&oacute;n de fin traum&aacute;tico de la Historia tiene un fundamento determinado en el contexto en que se escribi&oacute; (las revueltas jud&iacute;as contra Roma a finales del siglo I), pero el alcance de la visi&oacute;n de Juan de Patmos trascendi&oacute; decisivamente ese momento concreto, y se extiende con &eacute;xito a la idea cultural occidental del final de la historia, de un final adem&aacute;s siempre inminente, que atraviesa el pensamiento occidental una vez que el provindencialismo judeo-cristiano rompi&oacute; la quietud del cosmos griego y ya se instal&oacute; en todas las filosof&iacute;as, incluido el marxismo y la postmodernidad dist&oacute;pica actual.</p>
<p>En ese alcance se encuentra la principal relectura art&iacute;stica que destaca Lanceros, relacionada con el momento hist&oacute;rico m&aacute;s apocal&iacute;ptico de nuestro imaginario, y probablemente tambi&eacute;n de la Historia: la II Guerra Mundial y sus alrededores, periodo del que la extracci&oacute;n de obras que apelen a un juicio final reencarnado en los horrores del conflicto incluye entre otros a Olivier Messiaen (&ldquo;Quatour pour la fin du temps&rdquo;), Thomas Mann (&ldquo;Doktor Faustus&rdquo;), y el esperable pero no fuera de lugar &ldquo;Guernica&rdquo; de Picasso. Las que hoy llamamos obras de arte han sido una forma tradicional en que la religi&oacute;n o el poder se han dirigido a un pueblo mayormente analfabeto, y en la II Guerra Mundial el fin definitivo de la Historia se colige a partir de la proliferaci&oacute;n de miserias y abismos que se hac&iacute;an reales y el arte tambi&eacute;n muestra. Si no existe futuro y la angustia existencial lo domina todo, &iquest;no est&aacute; terminando el tiempo y comenzando el esperado final? El terror al fin inmediato y la angustia por la espera del juicio final se encontraron en un momento de convergencia del relato que el cristianismo ha necesitado construir en los 2.000 a&ntilde;os en que Jesucristo no ha vuelto para juzgar a los hombres.</p>
<p>Los grabados de Cranach, con su representaci&oacute;n imaginativa y desbordante y sus colores vivos, completan una experiencia est&eacute;tica de primera magnitud. Por ellos empieza esta reflexi&oacute;n sobre la noble y exigente forma del arte que es la pintura, sobre el espectador de la misma y el sentido de su mirada.</p>
<p>Cranach el Viejo vivi&oacute; entre los siglos XV y XVI y no es por tanto un pintor medieval. Pero sus ilustraciones de la Biblia de Lutero a&uacute;n arrastran cierto estilo medieval, con su idealizaci&oacute;n de personajes y un colorido irreal, sin una fuente de luz natural o realista. Conocido es, casi t&oacute;pico por inversi&oacute;n, que la Edad Media no es esa &eacute;poca gris<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn2">[2]</a>, en blanco y negro<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn3">[3]</a>, tallada en severa piedra oscura, de im&aacute;genes insulsas, grandes plagas y taimado y exclusivo teocentrismo que la educaci&oacute;n nos ha inoculado durante d&eacute;cadas, pero a&uacute;n parece inevitable tener ese sentimiento al enfrentarse al arte medieval. La imprimaci&oacute;n cultural de esa idea en el imaginario occidental es demasiado potente, y tal vez el estigma es casi una categor&iacute;a m&aacute;s psicol&oacute;gica que hist&oacute;rica, de la que resulta complicado zafarse. Adem&aacute;s, el contraste con la explosi&oacute;n sensual del Renacimiento, que trae consigo coyunturas sociales, pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas que ya conectan incluso con nuestra &eacute;poca, permite dejar con m&aacute;s facilidad a los complejos mil a&ntilde;os anteriores en el olvido tambi&eacute;n educativo.</p>
<p>Los historiadores del arte medieval sostienen, en efecto, que los artistas medievales no estaban menos dotados ni ten&iacute;an una visi&oacute;n infantil de la representaci&oacute;n figurativa en el arte, sino que su estilo respond&iacute;a a un determinado canon desarrollado durante siglos, con su evoluci&oacute;n y sus diferentes fases, y una serie de rasgos comunes distinguibles<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn4">[4]</a>: la ausencia de perspectiva y las im&aacute;genes planas, las aureolas de los santos y los personajes sagrados, los personajes de mirada frontal. Esta sospecha de menor capacidad t&eacute;cnica asociada a una cultura determinada no pasa por primera vez en la historia del arte: pi&eacute;nsese por ejemplo en la representaci&oacute;n realista del natural que buscaba el arte griego frente al inter&eacute;s conceptual de la representaci&oacute;n del que fuera su contempor&aacute;neo durante siglos: el arte egipcio.</p>
<p>La pregunta que subyace es si existe realmente una cesura lamentable en la historia del arte entre la ca&iacute;da de Roma -el Imperio de Occidente- y el Quattrocento italiano que empez&oacute; a recuperar las formas del arte cl&aacute;sico. No es as&iacute;, porque un imperio tambi&eacute;n romano, el de Oriente, con Bizancio como capital, permaneci&oacute; y dur&oacute; mil a&ntilde;os m&aacute;s, y resulta l&oacute;gico que en &eacute;l se encuentren claves sociales y art&iacute;sticas de la &eacute;poca, dado su poder. As&iacute;, la est&eacute;tica medieval occidental bebe de la evoluci&oacute;n del arte bizantino, especialmente tras el final de la &eacute;poca iconoclasta, imprimiendo rasgos est&eacute;ticos en los que la realidad observada por los sentidos era despreciada frente al inmanente car&aacute;cter divino, espiritual y conceptual de toda representaci&oacute;n, especialmente la figurativa, incluso cuando es aparentemente l&uacute;dica o representaci&oacute;n del mal.</p>
<p>Pero, &iquest;y la explosi&oacute;n de color? &iquest;Esa luminosidad intensa? Tampoco es natural, no surge de fuentes esperables, sino de los mismos objetos representados. Es Plotino, fil&oacute;sofo neoplat&oacute;nico del Bajo Imperio, en cuya doctrina el &ldquo;Uno&rdquo; -asimilable a Dios- impregna la realidad de todos los hombres y toda la naturaleza -de modo que no puede representarse la misma sin sentir el influjo de estar representando a Dios-, el que crea la base te&oacute;rica que explica mil a&ntilde;os de arte mediante esta concepci&oacute;n decisiva. En ella, si la materia es un estado degradado de un descenso del Uno inalcanzable, la luz que resplandece en ella se atribuye al reflejo del Uno. Dios viene a ser una corriente de luz que recorre el Universo.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn5">[5]</a></p>
<p>Sin embargo, en el siglo XV llega un momento en que la pintura del Renacimiento se hizo consciente del lenguaje del acto individual de pintar, y, liber&aacute;ndose del yugo de la representaci&oacute;n religiosa, se implic&oacute; en el arte, sus significados propios, y la capacidad del mismo para desarrollar discurso y lenguaje tambi&eacute;n propios<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn6">[6]</a>. Se evolucion&oacute; tambi&eacute;n del fresco, del mosaico y de la tabla, en muchas ocasiones sin l&iacute;mites claros, al cuadro: es el marco en s&iacute; el que permite focalizar la mirada de modo que se sugiera un significado debido precisamente a su presencia delimitadora. Un marco que es un objeto real, y que tambi&eacute;n encierra intencionalmente una imagen, a la que adem&aacute;s convierte en port&aacute;til, transportable y acumulable.</p>
<p>La transici&oacute;n es larga y tiene fases intermedias. El g&oacute;tico presenta una pintura m&aacute;s naturalista y una escultura menos r&iacute;gida y m&aacute;s sinuosa. Dado que la pintura estaba pensada para exhibirse en el templo -con una funci&oacute;n p&uacute;blica educativa en ocasiones amedrentadora-, el paso del rom&aacute;nico al g&oacute;tico represent&oacute; una primera disminuci&oacute;n del espacio disponible para pintar al reducirse el muro de las paredes de las catedrales, donde adem&aacute;s las vidrieras empiezan a ser cuadros primigenios. Giotto, a caballo entre los siglos XIII y XIV, y Van Eyck -siglos XIV y XV- ya anticipan la perspectiva, una iluminaci&oacute;n m&aacute;s natural, e incluso temas no religiosos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn7">[7]</a></p>
<p>De hecho, es a partir del siglo XVI que la pintura flamenca fundamentalmente comienza a trabajar temas que reflexionan sobre el arte, la representaci&oacute;n, la mirada, y la autor&iacute;a. Los nuevos g&eacute;neros que aparecen, el paisaje, el bodeg&oacute;n, y el retrato -personal y familiar-, implican al autor de los mismos en la concreci&oacute;n de los objetos, y en su aparici&oacute;n en un contexto. La mirada se centra en lugares que aparecen acotados: ventanas, puertas, cortinas &ndash;que abren nuevos espacios en la estancia cerrada del lienzo- y, m&aacute;s adelante, espejos, mapas y reversos de cuadros, como ejemplos directos de devoluci&oacute;n de esa mirada, de aparici&oacute;n en el cuadro de lo que hasta entonces hab&iacute;a quedado fuera del mismo -el propio pintor en muchas ocasiones, o los lugares lejanos o cercanos a que remita el mapa como representaci&oacute;n en s&iacute;-, o de negaci&oacute;n incluso de la posibilidad de mirar. No debe olvidarse el paso fundamental a&ntilde;adido de convertirse la pintura de un arte de &aacute;nimo y sentido p&uacute;blico a un proceder privado.</p>
<p>Aunque parezca t&oacute;pico es inevitable poner por ejemplo Las meninas, que es un modelo de complej&iacute;sima elaboraci&oacute;n que ya se completa en el siglo XVII. En Las meninas hay autorretrato, una escena familiar cotidiana, espejo, puerta, dos grandes cuadros en la pared, y el reverso del cuadro que est&aacute; pintando el pintor, es decir, al menos hasta cinco marcos adem&aacute;s del propio cuadro que a&iacute;slan im&aacute;genes propias de alto valor simb&oacute;lico y con lecturas metaart&iacute;sticas muy sorprendentes e innovadoras. Las meninas es un cuadro real donde los reyes aparecen, pero no est&aacute;n; donde el pintor -que ha usado un espejo para pintarse como autorretrato- es personaje, donde lo cotidiano y los personajes populares conviven con el hieratismo mon&aacute;rquico de la realeza, y donde el pintor <em>mira</em> a los ojos al espectador como mira a los de los reyes a los que est&aacute; pintando. El espectador, en cierto modo, queda as&iacute; proclamado rey por el artista, y ser&aacute; quien le juzgue. El empoderamiento que Vel&aacute;zquez otorga al espectador anticipa de manera absoluta la libertad cr&iacute;tica incluso antes de que el car&aacute;cter del genio art&iacute;stico est&eacute; definido por la modernidad. Puede argumentarse que la obra est&aacute; pensada para nunca escapar a los salones reales y para ser vista por los ojos elegidos de los reyes y su familia. Pero Vel&aacute;zquez hab&iacute;a visto suficiente mundo y muchos cuadros de otros mecenas hab&iacute;an estado a su vista en Italia y Espa&ntilde;a sin problemas. Por otro lado, aunque cuatrocientos cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde todav&iacute;a parezcan novedad algunas estrategias autorales similares del cine o literatura contempor&aacute;neas, en el artista individual anida hace tiempo la pulsi&oacute;n de narrar -o encontrar como objeto- el propio arte dentro de la obra<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn8">[8]</a>.</p>
<p>Stoichita destaca c&oacute;mo Descartes public&oacute; su &ldquo;Discurso del M&eacute;todo&rdquo; junto a un estudio de &oacute;ptica<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn9">[9]</a>, donde dec&iacute;a que &ldquo;sabemos c&oacute;mo utilizar la intuici&oacute;n intelectual al compararla con la visi&oacute;n ocular. En efecto, quien quiera mirar de una sola ojeada varios objetos al mismo tiempo no conseguir&aacute; ver ninguno diferenciadamente; y de la misma forma, quien tiene el h&aacute;bito de prestar atenci&oacute;n a muchas cosas a la vez, en un solo acto de pensamiento, no es sino un esp&iacute;ritu confuso. En cambio, los artesanos que trabajan en obras de precisi&oacute;n, y que tienen el h&aacute;bito de dirigir atentamente su mirada sobre cada punto, adquieren con el uso el poder de distinguir a la perfecci&oacute;n las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as y m&aacute;s sencillas, de igual forma que aquellos que no dispersan jam&aacute;s su pensamiento sobre diversos objetos al mismo tiempo, y lo centran siempre enteramente en analizar las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as y las m&aacute;s sencillas, adquieren perspicacia&rdquo;. El ojo definible como met&oacute;dico de Descartes quiere ir al detalle y ser tremendamente preciso en &eacute;l. Lleg&oacute; a describir el globo ocular a la par que Kepler, y entendi&oacute; gracias a sus experimentos que la retina funcionaba en realidad como un cuadro, y titul&oacute; precisamente as&iacute; uno de sus tratados: &ldquo;Acerca de las im&aacute;genes que se forman en el fondo del ojo&rdquo;.</p>
<p>Este gusto por el detalle vino en esa &eacute;poca de la mano del desarrollo de la c&aacute;mara oscura, invenci&oacute;n que introduce una de las historias m&aacute;s fascinantes de la historia del arte pict&oacute;rico, que apela directamente a la pintura como oficio gremial. David Hockney dedic&oacute; gran parte de los a&ntilde;os noventa a la investigaci&oacute;n de las pinturas de los grandes maestros, despu&eacute;s de hacerse durante un tiempo una reflexi&oacute;n a partir de la pregunta <em>&iquest;qu&eacute; estamos viendo?</em>, que, as&iacute; formulada, parece remitir a las preguntas cl&aacute;sicas kantianas. Su obsesi&oacute;n se inici&oacute; al observar la extrema precisi&oacute;n de determinados elementos de dif&iacute;cil representaci&oacute;n, y su tesis es que a partir del siglo XV y hasta la imposici&oacute;n de la fotograf&iacute;a, muchos pintores usaron la &oacute;ptica -lentes y espejos en primitivas pero v&aacute;lidas c&aacute;maras claras o negras- como base de sus cuadros. Todo este estudio lo recogi&oacute; en el libro &ldquo;El conocimiento secreto&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn10">[10]</a>, en el que los testimonios visuales son m&uacute;ltiples: comparaciones de grandes obras, de la obra de pintores cuando usan la &oacute;ptica y cuando no lo hacen, descripci&oacute;n de t&eacute;cnicas y puntos de vista, el viaje de dichas t&eacute;cnicas a trav&eacute;s del continente europeo, y los problemas asociados a la &oacute;ptica que acaban revelando su uso. Un uso que hoy en d&iacute;a parece haberse olvidado, pero que confirman los documentos hist&oacute;ricos escritos por hombres de ciencia y pintores, algunos grabados de la &eacute;poca, y las cartas que Hockney intercambi&oacute; con sus colaboradores durante la realizaci&oacute;n del estudio, completando as&iacute; una mirada m&aacute;s incisiva a la pintura cl&aacute;sica. Este trabajo muestra el puente obvio entre el arte y las tecnolog&iacute;as que ayudan a construirlo. Los pintores guardaban sus secretos de manera corporativista y no los revelaban sino a sus aprendices con &oacute;rdenes estrictas de no permitir que una t&eacute;cnica que ser&iacute;a tildada de enga&ntilde;o fuera conocida por mecenas y p&uacute;blico, que, adem&aacute;s, como profanos, no pod&iacute;an acceder a esta luz de conocimiento gremial. Hockney comenta de continuo que la lente no dibuja ni pinta, que s&oacute;lo lo hace la mano, y que son Caravaggio o Durero o Vel&aacute;zquez los genios, no los fabricantes de artilugios varios. Aun as&iacute;, es dif&iacute;cil no sentir el escalofr&iacute;o de una peque&ntilde;a decepci&oacute;n, dado que pens&aacute;bamos que, frente a los denostados artistas medievales, en el Renacimiento s&iacute; se domina el arte de la representaci&oacute;n y la imitaci&oacute;n del natural, tal y como, de nuevo, nos educaron.</p>
<p>El siglo XIX rompe varios c&aacute;nones aqu&iacute; encerrados. Deja de haber aprendices de un gremio como se conoc&iacute;an anteriormente y empieza a haber trabajadores de f&aacute;bricas para la producci&oacute;n de utensilios en serie. A la par que el <em>gremio</em> deja por ello de hacer <em>arte</em>, la afirmaci&oacute;n de la personalidad del artista genial y &uacute;nico se asienta, idealizado gracias a la emancipaci&oacute;n del individuo rom&aacute;ntico tras la ca&iacute;da del Antiguo R&eacute;gimen y sus viejas obligaciones<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn11">[11]</a>. El esp&iacute;ritu que en un principio encarnaron Leonardo, Miguel &Aacute;ngel o Vel&aacute;zquez habita ahora no ya en cada pintor, sino en cada individuo. Y, finalmente, llega la tecnolog&iacute;a rupturista m&aacute;s avanzada: la fotograf&iacute;a, el shock que hizo in&uacute;til el car&aacute;cter retratista o realista y naturalista de la pintura. &iquest;C&oacute;mo superarlo? Con grand&iacute;simos formatos, con escenas hist&oacute;ricas o mitol&oacute;gicas imposibles de fotografiar, o dejando atr&aacute;s estos formatos a&uacute;n tradicionales y caminando hacia estilos liberados de la necesidad de imitar la naturaleza, lo que comienza en el siglo XIX con el impresionismo y sigue en el XX con las vanguardias.</p>
<p>Pero antes de todo eso, es Goya quien entra en el siglo XIX modificando el canon construido desde el Renacimiento. Goya pinta las obras cumbre de su &uacute;ltimo periodo en la Quinta del Sordo, donde vive de 1819 a 1824, sobre sus paredes, sin marco y usando la t&eacute;cnica del fresco. Las llamadas Pinturas Negras son parte de sus obras m&aacute;s reconocidas y significadas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn12">[12]</a>: Perro semihundido, Saturno devorando a sus hijos, Duelo a garrotazos. Pero, no obstante, estos t&iacute;tulos tan populares no son los de mayor inter&eacute;s para este trabajo, donde resultan m&aacute;s significativas obras como Las parcas o &Aacute;tropos, o Al aquelarre o Asmodeo, Dos viejos comiendo, o, sobre todo, la impresionante La romer&iacute;a de San Isidro, con su procesi&oacute;n de rostros deformes fundidos en una masa alucinada y escalofriante.</p>
<p>En las Pinturas Negras (tambi&eacute;n en otras obras de Goya), desaparecen los marcos, porque Goya pinta frescos que se extienden por las paredes extensas de los dos pisos de la casa -frescos sin l&iacute;mite que incluso fueron cortados para su traslado al Prado- violentando la din&aacute;mica moderna a la que pertenece Goya, que como tal se inserta en la tradici&oacute;n que abre el Renacimiento, con el uso del marco, la perspectiva, el naturalismo, la mirada autoral y los temas no religiosos. Pero, en la Quinta del Sordo, avanza la contemporaneidad asociada al genio de nuestros d&iacute;as y preludia el expresionismo, que en su caso nace de su car&aacute;cter de testigo de los desastres de la guerra que alimentaron tambi&eacute;n sus grabados, y no del existencialismo del cambio de siglo o como respuesta al impresionismo. Goya ofrece un camino a las vanguardias d&eacute;cadas antes de su aparici&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que este Goya &uacute;ltimo -no l&oacute;gicamente el pintor de la Corte que fue anteriormente- fuera literalmente incomprendido: se encontraba totalmente fuera del mundo esperado. El espectador no pod&iacute;a reconocer ni interpretar esta nueva visi&oacute;n, faltaban a&uacute;n d&eacute;cadas para ello.</p>
<p>Una representaci&oacute;n contempor&aacute;nea de estos conceptos que adem&aacute;s re&uacute;ne artes en diferentes &eacute;pocas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn13">[13]</a>, se da en Goya. Saturnalia, c&oacute;mic de 2022 que revisita esta contemporaneidad de Goya violentando el lenguaje tradicional del c&oacute;mic e investigando en cierto modo a la manera del propio Goya.</p>
<p>As&iacute;, el equivalente al marco de la pintura en el c&oacute;mic -la vi&ntilde;eta, a fin de cuentas- sufre otro tipo de ruptura, con su expansi&oacute;n desatada a otras vi&ntilde;etas en composiciones generales, con la coherencia del propio car&aacute;cter furioso y desatado de Goya. El c&oacute;mic tambi&eacute;n desdibuja la expresi&oacute;n natural del rostro humano, pero adem&aacute;s lo convierte en varios personajes a partir de la misma expresi&oacute;n simplemente con el uso del contexto y el bocadillo. Los personajes de las Pinturas Negras se convierten en protagonistas del c&oacute;mic, en montajes paralelos de secuencias, o bien sustituyendo la cara de una pintura por la del familiar de Goya correspondiente o por el pueblo acusador, con un protagonismo relevante para su hija peque&ntilde;a, cuya mirada de inocencia es el &uacute;nico contraste que sirve de anclaje a la cordura de Goya. Los protagonistas an&oacute;nimos se convierten a la vez en sus seres queridos y en el populacho que quiere linchar al autor, y por ello, de nuevo, son el esperable y debido espectador futuro de la obra. Para Goya, devenido en genio rom&aacute;ntico individualista e independiente, la creaci&oacute;n es la vida, y hay que seguir pintando para seguir vivo.</p>
<p>La Quinta del Sordo y las obras de arte que contuvo son tambi&eacute;n no ya un ejemplo ideal sino un preludio interesante para la idea propuesta m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s por Martin Heidegger sobre el arte como instalaci&oacute;n que surge de la tierra, que crea un mundo que supone una verdad extra&iacute;da de la misma, y que adem&aacute;s es acogido por un pueblo para su devenir hist&oacute;rico<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn14">[14]</a>. Las salas que las contienen ahora mismo en el Museo del Prado tras haberlas desgajado de las paredes de la Quinta en 1875 son de iluminaci&oacute;n tenue para protegerlas, dada su fragilidad, pero su aire recogido parece querer replicar una estancia de la propia Quinta. Pero Heidegger ya subraya que toda obra de arte est&aacute; retirada, en derrumbamiento, o desplazada, en el espacio o incluso en el tiempo, ya que nunca estamos en el momento en que se produjeron.</p>
<p>Heidegger tiene un concepto m&iacute;stico de la verdad, un elemento encerrado en una tierra ind&oacute;mita, dionis&iacute;aca, que debe ser extra&iacute;do por una creaci&oacute;n novedosa, apol&iacute;nea, buscadora de esencia y belleza, y usando un lenguaje. Esa verdad, en realidad una esencia, resulta as&iacute; tan absoluta, tan definitoria, que su elevaci&oacute;n a los altares no permite contestaci&oacute;n ni relativizaci&oacute;n. As&iacute;, es dif&iacute;cil no ver la huella de un pensamiento de pueblo elegido tras varias de estas disquisiciones. No se trata de ser injusto con Heidegger y dejarse influir f&aacute;cilmente por la fama que le precede cuando hay int&eacute;rpretes de su obra -Peter Trawny, Donatella di Cesare, Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez Varela-<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn15">[15]</a> que no ven manera de evitar entenderla como un criptonazismo continuado, pero &ldquo;la verdad revelada en la obra que es recogida para iniciar la historia de un pueblo<em>&rdquo;</em> es un concepto del que puede surgir un ultranacionalismo evidente. Como buen alem&aacute;n del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, el reconocimiento de una tradici&oacute;n lineal desde la Grecia filos&oacute;fica a la Alemania unificada por Bismarck como &uacute;nica v&iacute;a filos&oacute;fica ineludible est&aacute; presente en &eacute;l. Pero como fil&oacute;sofo del siglo XX, a Heidegger le atraviesa la discusi&oacute;n sobre la definici&oacute;n del lenguaje, que en su caso resulta primordial dado que el lenguaje crea una verdad esencial art&iacute;stica primero e hist&oacute;rica despu&eacute;s. El lenguaje por tanto determina(r&aacute;) la historia.</p>
<p>Para saber cu&aacute;l es &ldquo;la verdad que opera en el arte&rdquo;, Heidegger reflexiona sobre la creaci&oacute;n de la obra por el artista, y c&oacute;mo &eacute;ste la realiza manualmente, al igual que se fabrican los utensilios. Un trabajo adem&aacute;s cuyos aspectos t&eacute;cnicos o artesanales los artistas siempre aprecian mucho y se cuidan de dominar. Pero el quehacer del artista no se entiende s&oacute;lo a partir del trabajo manual, es un quehacer de otra naturaleza: dejar que la verdad emerja, traerla adelante, <em>desocultar</em> la verdad. La obra de arte adem&aacute;s no se agota en ser creada, tambi&eacute;n ha de ser contemplada y cuidada. La obra, por as&iacute; decir, espera a sus cuidadores para que entren en su verdad. El cuidado implica persistencia, no es un conocimiento formal o un gusto est&eacute;tico, se trata de mantener la obra en la lucha y aprender la verdad que emerge en la obra. Una obra que se ofrece a un mero deleite art&iacute;stico no es una obra necesariamente cuidada como tal&hellip; Este deleite en realidad es consecuencia de preguntarse por la obra desde nosotros mismos y no desde la obra en s&iacute;. Porque si nos preguntamos por la obra en s&iacute; veremos que el arte es en su esencia un lenguaje, anterior a la l&oacute;gica y al pensamiento, que tiene que ver con la fundaci&oacute;n de la verdad. Todas las artes por ello deben atribuirse al lenguaje, y la esencia de este lenguaje es la fundaci&oacute;n de la verdad que la obra arroja a la humanidad. Esa fundaci&oacute;n de la verdad significa que la obra de arte tiene un inicio, un salto, una liberaci&oacute;n fuera de s&iacute;. Para Heidegger, este inicio del arte es un impacto que genera una Historia, y esa Historia es recogida por un pueblo, al que llama pueblo hist&oacute;rico, que se confunde con la tierra, y que gracias al arte emerge. Y as&iacute; ha sucedido desde Grecia a la Edad Moderna, con diferentes fases seg&uacute;n se <em>desocultaban</em> las diferentes verdades del ente. Heidegger no cree realmente en el creador moderno, el genial sujeto soberano del subjetivismo moderno, porque la verdad que opera en el arte y que es extra&iacute;da de la <em>tierra</em>, el qu&eacute;, es superior al qui&eacute;n. La historia de la que habla, la generada por la verdad en el arte, no es una sucesi&oacute;n de acontecimientos, sino el arrobamiento de un pueblo cuando se adentra en aquello que le ha sido dado en herencia.</p>
<p>Que el espectador de la obra no deba hacerlo por deleite art&iacute;stico, sino para construir una Historia a trav&eacute;s de la verdad es un concepto que encaja con la ca&iacute;da en el Apocalipsis moderno sucedido de 1914 a 1945. &iquest;Qu&eacute; estamos viendo al mirar el Guernica, pintado de manera veloz para llegar a la Exposici&oacute;n Internacional de Par&iacute;s de 1937? En una frase m&iacute;tica atribuida a Picasso, cuando un oficial alem&aacute;n le pregunt&oacute; en 1940, en Par&iacute;s y ante una foto de una reproducci&oacute;n del Guernica, si era &eacute;l el que hab&iacute;a hecho eso, el pintor contest&oacute;: &ldquo;No, han sido ustedes&rdquo;. Picasso invierte el sentido de la inspiraci&oacute;n intelectual y en cierto modo se reconoce intermediario, tal vez un artesano de un objeto de utilidad m&aacute;s que un artista genial capaz de extraer la verdad de la tierra con su obra. Picasso por supuesto no cre&iacute;a en la literalidad de su sentencia, pero por otro lado dej&oacute; la propiedad del cuadro en manos del gobierno leg&iacute;timo espa&ntilde;ol para que en efecto construyera la Historia, conectando con la teor&iacute;a que m&aacute;s tarde desarrolla Heidegger, que al escribir su op&uacute;sculo sobre el arte (&iexcl;en 1950!) conoc&iacute;a de sobra el Guernica y su impacto, pero es improbable que pensara en &eacute;l.</p>
<p>Porque Heidegger probablemente no quer&iacute;a referirse al arte moderno. Para sus ejemplos escoge el Van Gogh m&aacute;s austero, los templos de Sicilia, o los poemas directos de C. F. Meyer, y no las emociones obvias de los personajes del Guernica. No digamos ya las veleidades de las vanguardias, e incluso todo el arte abstracto y el inicio del pop art. Probablemente Heidegger prefiere la conmoci&oacute;n del espectador medieval, transido ante Dios y el torrente de espiritualidad de la pintura de su tiempo, que descubre la verdad por revelaci&oacute;n m&aacute;s que por raciocinio.</p>
<p>En Guernica miramos el caos que supone una guerra, el horror de las sombras en ausencia de luz -lo que constituye una renovada conexi&oacute;n con lo medieval ahora que la pintura no est&aacute; obligada al naturalismo-, la asfixia de un hogar en un bombardeo, los cuerpos desmembrados bajo el expresionismo cubista picassiano. Al representar al pueblo y donarle el cuadro para su disfrute, Picasso completa un viaje al espectador, que ya lo copa casi todo en el arte: representaci&oacute;n, audiencia, propiedad. &iquest;Ser&aacute; que es el espectador la esencia real? Cranach el Viejo propon&iacute;a su propio Apocalipsis colorido, abrumador e infinito en un cosmos inabarcable, que pinta un horror metaf&oacute;rico sin dolor personal: el hombre com&uacute;n como individuo daba igual. Hubo que primero ponerle un marco, dejar de pintar s&oacute;lo ideales prebostes o santos, permitir que el siglo XIX y sus revoluciones le dieran independencia personal, y que, finalmente, el siglo XX le educara, le convirtiera en protagonista del arte y la narraci&oacute;n, y, de paso, casi le destruyera. Descartes tal vez dir&iacute;a aqu&iacute; <em>videmus, ergo sumus</em>, o incluso <em>picti sumus, ergo sumus</em>. Es decir: nos han pintado, luego existimos&hellip;</p>
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<p>Bilbao, abril de 2023.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref1">[1]</a> P. Lanceros. &ldquo;La revelaci&oacute;n del fin y la imagen del d&iacute;a&rdquo;, en <em>Apocalipsis o Libro de la revelaci&oacute;n</em> (Ed. P. Lanceros), Abada Editores, Madrid, 2018, pp. 13-90.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref2">[2]</a> R. Fossier, <em>Gente de la Edad Media</em>, Santillana Ediciones Generales, Madrid, 2008.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref3">[3]</a> U. Eco, <em>Historia de la belleza</em>, Editorial Lumen, Barcelona, 2004, p. 99.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref4">[4]</a> Andr&eacute; Grabar, <em>Los or&iacute;genes de la est&eacute;tica medieval</em>, Ediciones Siruela, Madrid, 2007, pp. 22-29.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref5">[5]</a> Umberto Eco, <em>Op. Cit</em>., p. 102<em>.</em></p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref6">[6]</a> V. I. Stoichita, <em>La invenci&oacute;n del cuadro</em>, Ediciones C&aacute;tedra, Madrid, 2011, pp. 14-15.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref7">[7]</a> J. M. de Azc&aacute;rate Ristori, A. E. P&eacute;rez S&aacute;nchez y J. A. Ram&iacute;rez Dom&iacute;nguez, <em>Historia del arte</em>, Ediciones Anaya, Madrid, 1980, pp. 310, 324.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref8">[8]</a> S. Garc&iacute;a y J. Olivares, <em>Las meninas</em>, Astiberri Ediciones, Bilbao, 2015.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref9">[9]</a> V. I. Stoichita, <em>Op. Cit</em>., pp. 259-269<em>.</em></p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref10">[10]</a> D. Hockney, <em>El conocimiento secreto</em>, Ediciones Destino, Barcelona, 2001.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref11">[11]</a> J. Gom&aacute; Lanz&oacute;n, &ldquo;Imitaci&oacute;n y experiencia&rdquo;, Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2014, pp. 265-280.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref12">[12]</a> F. Calvo Serraller, <em>Goya. Obra pict&oacute;rica</em>, Random House Mondadori, Barcelona, 2009, pp. 274-292.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref13">[13]</a> M. Guti&eacute;rrez y M. Romero, <em>Goya. Saturnalia</em>, Cascaborra Ediciones, Barcelona, 2022, pp. 28-89.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref14">[14]</a> M. Heidegger, <em>El origen de la obra de arte</em>, La Oficina Ediciones, Madrid, 2016, pp. 107-135.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref15">[15]</a> L. F. Moreno Claros, &ldquo;Heidegger era nazi. &iquest;Lo es su filosof&iacute;a?&rdquo; <em>Babelia &ndash; El Pa&iacute;s</em>, 11 de marzo de 2017.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 08:30:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hermosa metáfora de la escritura y la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-hermosa-metafora-de-la-escritura-y-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MIGUEL_NGEL_NIEVAS_-_EL_COPISTA_DE_CARTHAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace ya unos meses se public&oacute; la novela <em>El copista de Carthago </em>del zaragozano Miguel &Aacute;ngel Nievas, quien se estrena como escritor. Pertenece la obra al g&eacute;nero hist&oacute;rico y, a veces, aparecen dudas acerca del valor literario de muchas de estas novelas, ya que una gran mayor&iacute;a es de f&aacute;cil consumo y casi todas olvidables. No es el caso de esta novela porque queda en el recuerdo con afecto y cari&ntilde;o.&nbsp;</p>
<p>Por un lado, hay libros de Historia que se leen con pasi&oacute;n casi narrativa, puesto que los autores imprimen en ellos datos expuestos con dinamismo y hasta emoci&oacute;n. Es el caso de los muy conocidos Canfora, Beevor, Goldsworthy o Irene Vallejo entre muchos. Por otro lado, hay novelas que contienen espesor hist&oacute;rico, datos fidedignos y un extremo cuidado en el dibujo de los personajes y de la &eacute;poca. As&iacute; dos recientes novelas, <em>El derecho de los lobos </em>y <em>El &uacute;ltimo asesino</em>, se adentran con inteligencia en complejas tramas de &eacute;poca romana, como la de Nievas. Con extrema delicadeza, Ursula K. Le Guin en <em>Lavinia </em>dej&oacute; el list&oacute;n muy alto al tratar nada menos que a Virgilio, Eneas y una Roma a&uacute;n no nacida. Por este motivo, es de sentido com&uacute;n, no es el tema o el g&eacute;nero los que determinan la categor&iacute;a de una novela, sino su forma, estructura y estilo.&nbsp;</p>
<p>En esta novela rese&ntilde;ada aqu&iacute;, el autor se adentra con arrojo en una &eacute;poca compleja y casi nunca tratada: el paso del siglo III dC al IV, y dirige su mirada a los cambios pol&iacute;ticos y religiosos en el Mediterr&aacute;neo. Narrada en primera persona, su protagonista, Craso, cuenta sus azares, aprendizajes, renuncias y aventuras tanto externas como internas Leemos de este modo un mundo antiguo muy bien descrito junto a una vida &uacute;nica que crece en cada p&aacute;gina.&nbsp;</p>
<p><em>El copista de Carthago </em>tiene una estructura externa tripartita que se condice muy bien con el sentido y los temas de lo narrado. La primera parte, &ldquo;La palabra escrita&rdquo;, contiene la infancia y juventud de Craso, sobre todo en lo concerniente a su aproximaci&oacute;n a los humildes materiales del soporte de la escritura, el papiro y el pergamino, y su t&iacute;mida pero firme voluntad de aprender a leer y escribir. El autor muestra aqu&iacute; una gran labor de documentaci&oacute;n, que se imbrica perfectamente en los hilos narrativos y en los cambios del protagonista. Llaneza y profundidad son elementos clave de esta novela, de principio a fin. Uno desea pasar las p&aacute;ginas para deleite y provecho, ese placer que tanto reconforta a los lectores.&nbsp;</p>
<p>Craso, en sus lecturas y pensamientos, se desliza entre el estoicismo de S&eacute;neca y Epicteto y las primeras noticias que le llegan de esos extra&ntilde;os cristianos. Queda este asunto filos&oacute;fico y religioso como constante tem&aacute;tica tanto en la novela como en su evoluci&oacute;n cultural y sentimental. Esta iniciaci&oacute;n est&aacute; relatada con delicadeza y cari&ntilde;o. A Craso le acompa&ntilde;an personajes secundarios que no lo parecen porque est&aacute;n, aun con pocas p&aacute;ginas, muy bien dibujados. Destaca por su prestancia y sabidur&iacute;a su maestro, amo y casi padre, An&aacute;s.</p>
<p>Es una novela de viajes y Craso, <em>homo viator </em>como tantos, conoce la amistad, el dolor, la soledad, el amor, la desgracia y lo que destaca es su reacci&oacute;n noble ante estos avatares tan humanos. Al acabar la primera parte, tenemos a Craso convertido m&aacute;s que en un gran personaje, en una persona. Est&aacute; sorprendido de las ense&ntilde;anzas cristianas, del dios de los jud&iacute;os tan distinto a ese Jes&uacute;s reciente, conoce los misterios de Mitra y, lleno de dudas y de preguntas, interpela tambi&eacute;n al curioso lector. Lejos de ser una novela de tesis, el autor proporciona conocimiento y sabidur&iacute;a para que sean los lectores quienes interpreten muchas de las acciones de los personajes y de Craso en particular.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, &ldquo;La palabra hablada&rdquo;, aporta gran cantidad de datos sobre las luchas intestinas de las distintas corrientes del cristianismo, junto a la intromisi&oacute;n siempre interesada del poder pol&iacute;tico de los emperadores. Es ese momento de la cultura escrita en que &ldquo;un punto o una coma cambian el sentido&rdquo; (p&aacute;g. 202) y todo podr&iacute;a haber cambiado, Historia ficci&oacute;n, en el &aacute;mbito mental y religioso del Mediterr&aacute;neo antiguo hasta nuestro presente. Las disputas teol&oacute;gicas sobre gnosticismo, arrianismo o manique&iacute;smo, no se hacen pesadas por estar muy bien dosificadas y entreverarse con otros nudos narrativos como los viajes, el garum, la descripci&oacute;n de ciudades y una carrera de cuadrigas espl&eacute;ndidamente descrita. Craso entiende, en esta parte de su vida, que tantas palabras y discusiones son est&eacute;riles y que &ldquo;casi nunca nos acercan a Dios&rdquo; (p&aacute;g.363). Conoce la tristeza en grado sumo y se refugia en la soledad y el silencio, anunciando quiz&aacute;s lo que realmente est&aacute; buscando.&nbsp;</p>
<p>La tercera y &uacute;ltima parte, &ldquo;El silencio&rdquo;, es la m&aacute;s breve y tambi&eacute;n intensa y emocionante en muchos sentidos, la que m&aacute;s le ha debido costar al autor perge&ntilde;ar y escribir. Craso, tras el concilio de Nicea a comienzos del siglo IV, ve c&oacute;mo poder imperial y religi&oacute;n cristiana se unen. Inicia un viaje introspectivo muy complejo y denso. Se inclina hacia la <em>apatheia </em>o ausencia de pasiones, vuelve a escribir pero ahora una sencilla lista de normas de una comunidad apartada. Todo confluye en estas &uacute;ltimas p&aacute;ginas: las ideas aprendidas y discutidas, los materiales de la escritura, su oficio de copista, las palabras habladas, la meditaci&oacute;n y su corolario el conocimiento del cuerpo, la experiencia inefable del tiempo y del estado alterado de la conciencia. Hay un maestro ahora muy distinto al de su infancia, correlato de los cambios tan profundos sufridos en el protagonista desde el inicio de su vida y de la novela.&nbsp;</p>
<p>Creo que se trata de un texto que tiene algo bastante dif&iacute;cil de explicar, que va m&aacute;s all&aacute; del estoicismo y de las creencias religiosas. Me permito citar aqu&iacute; como elemento de comparaci&oacute;n la obra de Carr&egrave;re, <em>El reino</em>, cuya lectura me ha ayudado a entender la profundidad de esta novela de Nievas. Una obra muy bien escrita y desarrollada, que encierra entre la palabra hablada o escrita y el silencio una hermosa met&aacute;fora de la escritura y la vida. L&eacute;anla, h&aacute;ganse ese favor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel &Aacute;ngel Nievas, <em>El copista de Carthago</em>, Madrid, Ediciones Rialp, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 07:31:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jenny Xie: “Escribo para reconocer la vitalidad de lo que no está articulado”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jenny-xie-escribo-para-reconocer-la-vitalidad-de-lo-que-no-esta-articulado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JENNY_XIE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>- &ldquo;Escribir es curar&rdquo;, &iquest;para qu&eacute; dolor o enfermedad?</p>
<p>- A menudo pienso en lo que dijo una vez la poeta estadounidense Adrienne Rich: &ldquo;La poes&iacute;a no es una loci&oacute;n curativa, un masaje emocional ni una especie de aromaterapia ling&uuml;&iacute;stica&rdquo;. Seg&uacute;n ella, la poes&iacute;a &ldquo;tiene la capacidad de recordarnos algo que tenemos prohibido ver&rdquo;. La poes&iacute;a puede sacudirnos para despertarnos y pedirnos que escuchemos y hablemos de manera diferente, que estemos alerta y abiertos al dolor de manera diferente. Para algunos, ver el dolor de nuevo y permitir que esta visi&oacute;n renovada informe c&oacute;mo nos comportamos en el mundo es fortalecedor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a recuerda, inventa, sue&ntilde;a, conjura?</p>
<p>- La poes&iacute;a hacia la que me inclino hace todo esto, pero de manera diferente a otros modos de escritura y arte. Y lo hace de maneras misteriosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a nos habla o nos escucha?</p>
<p>- El placer de la poes&iacute;a es dejarse guiar por el lenguaje y confiar en que tiene m&aacute;s conocimiento que nosotros. Al mismo tiempo, el lenguaje que empleamos y desplegamos surge de una mayor escucha de las texturas del habla y de los sonidos y patrones r&iacute;tmicos que metabolizamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Adem&aacute;s de Machado, que aparece como ep&iacute;grafe en <em>A nivel del ojo</em>, &iquest;ha le&iacute;do a alg&uacute;n otro poeta espa&ntilde;ol?</p>
<p>- S&iacute;, algunos de mis poetas favoritos, cuando empec&eacute; a tener ambiciones de escribir versos, eran poetas que escrib&iacute;an en espa&ntilde;ol: Lorca, Neruda, Vallejo. No en vano, como dices, seleccion&eacute; un fragmento de un poema de Antonio Machado como ep&iacute;grafe inicial de este libro. He seguido a poetas traducidos del espa&ntilde;ol por Forrest Gander y CD Wright, y estoy completamente hechizado por la colecci&oacute;n reci&eacute;n traducida de la poeta mexicana Coral Bracho, <em>Debe ser un malentendido</em>. Tambi&eacute;n he le&iacute;do a poetas espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas como Ana Gorria, Juana Castro y Luz Pichel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le dicen los n&uacute;meros primos a Jenny Xie?</p>
<p>- &iexcl;Ja, ja, ja! Que soy mucho mejor formando y cediendo al lenguaje que formando n&uacute;meros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene escribir desde el dolor y cu&aacute;ndo desde la placidez?</p>
<p>- No siento que la poes&iacute;a surja de la conveniencia, y no s&eacute; si tenemos la opci&oacute;n de esciger entre uno y otro a la hora de escribir. Uno espera escribir en el estado que le permita hacer las excavaciones m&aacute;s profundas y desconocidas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 07:07:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 147 de "TURIA"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-ciento-cuarenta-y-siete-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ENRIQUE_VILA-MATAS_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, <em>TURIA</em> ofrece a los lectores una brillante y original aproximaci&oacute;n a la obra de uno de los grandes autores de culto de las letras espa&ntilde;olas: Enrique Vila-Matas<strong>. </strong>Se trata de un ensayo en clave de ficci&oacute;n y su autor es Eduardo Lago, escritor, cr&iacute;tico y traductor, que reside desde hace muchos a&ntilde;os en los USA. Seg&uacute;n se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo, &ldquo;como la de Cervantes, la presencia de Borges impregna la idea de literatura de Vila-Matas&rdquo;. Aunque tambi&eacute;n se afirmar&aacute; en el texto que Vila-Matas es, adem&aacute;s de un autor espa&ntilde;ol y latinoamericano, un escritor europeo por encima de todo.</p>
<p>El &eacute;xito actual de la literatura sobre la naturaleza en Espa&ntilde;a, o liternatura seg&uacute;n la acertada denominaci&oacute;n que acu&ntilde;ara un experto en la materia como Gabi Mart&iacute;nez, es uno de los asuntos a los que dedica <em>TURIA</em> una especial atenci&oacute;n.&nbsp; M&aacute;xime teniendo en cuenta que, como se afirma en la revista, dicha literatura era &ldquo;tan raqu&iacute;tica que hasta hace cuatro d&iacute;as nos refer&iacute;amos a ella empleando un t&eacute;rmino anglosaj&oacute;n: &lsquo;nature writing&rsquo;. Acudir a otra lengua para definir todo un g&eacute;nero da la medida de la distancia con la que la mayor&iacute;a de escritores e intelectuales han observado el asunto &lsquo;natural&rsquo; hasta ahora&ldquo;.</p>
<p>Otro inolvidable escritor del que se ocupa <em>TURIA</em> es el leon&eacute;s Antonio Pereira. En este 2023, la revista no s&oacute;lo le recuerda con motivo de celebrarse los cien a&ntilde;os de su nacimiento, tambi&eacute;n reivindica la oportunidad de redescubrir &nbsp;su obra. Un objetivo que pretende y consigue a trav&eacute;s de este art&iacute;culo otro escritor leon&eacute;s como Pablo Andr&eacute;s.</p>
<p>Escapa, bibliotecario del Palacio Real de Madrid, que asegura que &ldquo;leer a Antonio Pereira cien a&ntilde;os despu&eacute;s de su nacimiento sigue siendo una manera de crecer como lectores y de adentrarnos en una de las mejores narrativas que, por lo breve, ha dado la literatura en castellano del siglo xx&rdquo;.</p>
<p>El cuarto y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que <em>TURIA</em> dedica a los estudios literarios es una sincera y personal aproximaci&oacute;n al universo de la novela negra. &nbsp;Su autor, el extreme&ntilde;o Eugenio Fuentes, es uno de los mejores cultivadores del g&eacute;nero en Espa&ntilde;a. Por eso resulta pertinente que alguien como &eacute;l sea quien demuestre que no est&aacute;n muy claros los criterios para clasificar una novela negra como negra. De ah&iacute; que en su art&iacute;culo&nbsp; nos asegure: &ldquo;No, no existe supremac&iacute;a de g&eacute;neros. Lo &uacute;nico importante es el texto: su originalidad, su belleza, su capacidad para suscitar emociones. Tambi&eacute;n es secundario el origen de los materiales: todos los escritores trabajan con los mismos mimbres y metales, con los mismos temas universales y eternos. La diferencia est&aacute; en el resultado final, en lo que queda cuando a una obra se la despoja de sus componentes gen&eacute;ricos: o bien un mont&oacute;n de escoria o bien unos granos de oro, de plata o de cualquier metal noble que den un poco de luz y que no se oxiden con las primeras gotas de lluvia.&rdquo;</p>
<p>La revista <em>TURIA</em>, siempre atenta a la mejor literatura internacional, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia: una selecci&oacute;n de poemas del escritor neerland&eacute;s Marieke Lucas Rijneveld, provenientes de su libro in&eacute;dito en espa&ntilde;ol titulado &ldquo;Comineros". Como l&iacute;neas tem&aacute;ticas de su poes&iacute;a pueden se&ntilde;alarse el crecimiento y aprendizaje, la p&eacute;rdida, el ser hombre y el ser mujer, el sentirse diferente y marginado, y met&aacute;foras recurrentes son nociones de la construcci&oacute;n y del &aacute;mbito militar, el concepto de habitar y la ca&iacute;da. Se trata de un autor revelaci&oacute;n pues se dio a conocer mundialmente al ganar, con apenas 29 a&ntilde;os de edad, el Premio Booker&nbsp; por su novela <em>La inquietud de la noche</em>. En la ceremonia de entrega de este prestigioso premio, en 2020, dijo que se sent&iacute;a &laquo;orgulloso como una vaca con siete ubres&raquo;. La publicaci&oacute;n en <em>TURIA</em> de sus poemas ha sido realizada por Ronald Brouwer (prestigioso traductor que, desde 2004, forma parte del equipo art&iacute;stico del Teatro de la Abad&iacute;a de Madrid, centro dirigido por el dramaturgo Juan Mayorga).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ENRIQUE VILA-MATAS, EL M&Aacute;S FRANC&Eacute;S DE LOS ESCRITORES ESPA&Ntilde;OLES</strong></p>
<p><strong></strong><em>TURIA</em> abre su sumario con un sugerente art&iacute;culo de Eduardo Lago sobre la obra de Enrique Vila-Matas. Lago, que ha sido director del Instituto Cervantes de Nueva York, &nbsp;traza un certero an&aacute;lisis que permite vincularlo con la tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola, latinoamericana y europea. Sin embargo, la conclusi&oacute;n de su estudio sobre el autor de t&iacute;tulos como &ldquo;El mal de Montano&rdquo; o &ldquo;Dublinesca&rdquo; no puede ser m&aacute;s reveladora: &ldquo;Vila-Matas es el m&aacute;s latinoamericano de los escritores espa&ntilde;oles, y de manera a&uacute;n m&aacute;s contundente, el m&aacute;s europeo. Por otra parte, conviene subrayar esto, VM es el menos espa&ntilde;ol de los escritores espa&ntilde;oles. Rompe y rasga, y lo hace con despreocupado desenfado, con la m&aacute;s rancia de nuestras tradiciones: el realismo caduco y casposo. Nada m&aacute;s alejado de eso que su literatura. En cuanto a su condici&oacute;n de escritor europeo, lo que hace hunde sus ra&iacute;ces en el centro de gravedad de la sensibilidad literaria del viejo continente: Walser y Kafka, nada menos. Hay muchos otros referentes puntuales, por supuesto, pero antes de seguir es preciso subrayar su deuda con Francia, donde lo adoran. Vila-Matas es el m&aacute;s franc&eacute;s de los escritores espa&ntilde;oles&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>GABI MART&Iacute;NEZ O LA REIVINDICACI&Oacute;N DE LA LITERNATURA</strong></p>
<p><strong></strong>&ldquo;Liternatura contra el vac&iacute;o&rdquo; titula Gabi Mart&iacute;nez su clarificador art&iacute;culo sobre un tema que &eacute;l conoce muy bien: la literatura de la naturaleza. Como argumenta en <em>TURIA</em>: &ldquo;Ahora que tanto se habla de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a (o vaciada), vale la pena se&ntilde;alar que, como todo el mundo en realidad sabe, ese vac&iacute;o es mentira. La idea, brillantemente gr&aacute;fica, ha servido para explicar cu&aacute;nto se han alejado los espa&ntilde;oles de los entornos m&aacute;s rurales y salvajes, pero su propia formulaci&oacute;n da la pista para entender por qu&eacute; tanta gente ha dejado de vivir en el campo, la dehesa o la monta&ntilde;a: la perspectiva ultrahumana. La misma perspectiva que proclama a la ciudad como ideal mientras sentencia que donde no hay humanos no hay nada&rdquo;.</p>
<p>Tras analizar los motivos y la evoluci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s de la alianza entre cultura y naturaleza, Gabi Mart&iacute;nez concluye con optimismo: &ldquo;la liternatura est&aacute; ofreciendo algunas de las mejores obras contempor&aacute;neas, y el espa&ntilde;ol y las lenguas latinas empiezan a aportar historias de este tipo asegurando que nuestro ecosistema literario ser&aacute;, a partir de ahora, un poco m&aacute;s (bio)diverso. M&aacute;s aireado, m&aacute;s fresco, m&aacute;s conectado a lo que ocurre lejos de nuestro ombligo y, en consecuencia, mejor&rdquo;.</p>
<p>En esa n&oacute;mina de autores en nuestro idioma que est&aacute;n demostrando que la naturaleza se puede contar de otra forma estar&iacute;an, adem&aacute;s del propio Gabi Mart&iacute;nez, veteranos como Joaqu&iacute;n Ara&uacute;jo o Alejandro L&oacute;pez Andrada, Santiago Beruete, el catal&aacute;n Jordi Ballart, el mexicano Andr&eacute;s Cota Iriart y una espl&eacute;ndida n&oacute;mina de mujeres como: Merc&egrave; Ibarz, Pilar Ad&oacute;n, Irene Sol&agrave;, Noem&iacute; Sabugal y Leire Bilbao, entre otras.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANTONIO PEREIRA: REDESCUBRIR A UN ENORME ESCRITOR EN SU CENTENARIO</strong></p>
<p><strong></strong>En el art&iacute;culo que <em>TURIA</em> dedica a Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo 1923-Le&oacute;n, 2009) y que ha sido elaborado por Pablo Andr&eacute;s Escapa, otro excelente narrador leon&eacute;s de nuestros d&iacute;as, se formula un bienintencionado deseo: que el centenario del nacimiento de Pereira &ldquo;sirviese para celebrar un nacimiento subsidiario &ndash;por decirlo con palabra de su gusto&ndash;: el de una nueva generaci&oacute;n de lectores que sepan hallar en sus cuentos, como en la obra de cualquier cl&aacute;sico, una voz contempor&aacute;nea&rdquo;</p>
<p>Pereira comenz&oacute; a escribir desde muy joven, aunque habr&iacute;a que esperar hasta los a&ntilde;os sesenta para su eclosi&oacute;n como escritor. Su poemario&nbsp;&ldquo;El regreso&rdquo;&nbsp;se publica en la prestigiosa colecci&oacute;n Adonais en 1964,&nbsp;&ldquo;Una ventana a la carretera<em>&rdquo;</em>, su primer libro de cuentos, recibe el premio Leopoldo Alas en 1966 y su novela&nbsp;&ldquo;Un sitio para Soledad&rdquo;&nbsp;se publica en 1969. A partir de ah&iacute;, se desarrolla una copiosa producci&oacute;n literaria, que felizmente se ha reeditado ahora de forma completa por la fundaci&oacute;n que lleva su nombre en colaboraci&oacute;n con la editorial Siruela, y que se vi&oacute; refrendada por prestigiosos premios, como el Premio Fastenrath de la Real Academia Espa&ntilde;ola o el Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras.</p>
<p>Pereira, considerado por muchos como el gran autor secreto de la Generaci&oacute;n del 50 de las letras espa&ntilde;olas, ha sido definido as&iacute; por su paisano y Premio Cervantes Antonio Gamoneda: &ldquo;t&uacute;, esencialmente, eres poeta, y, precisamente porque eres poeta, escribes una prodigiosa narrativa breve&rdquo;.</p>
<p>En cualquier caso, y como bien se propone en <em>TURIA</em>, conviene &ldquo;reclamar la modernidad de Pereira, o su destreza para ser novedoso sin traiciones al mundo antiguo que evoca su escritura, es la resuelta querencia por la autoficci&oacute;n que practic&oacute;&rdquo;. No lo duden, hay que leerlo porque ya sea como cuentista o como poeta, como personaje o como narrador, fue siempre un verdadero ejemplo de c&oacute;mo &ldquo;la literatura y la existencia, en manos de los aut&eacute;nticos fabuladores, comparten la misma p&aacute;gina&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA NOVELA NEGRA SEG&Uacute;N EUGENIO FUENTES</strong></p>
<p><strong></strong>En el excelente art&iacute;culo que Eugenio Fuentes publica en <em>TURIA</em> bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Ajos y heliotropos&rdquo;, se nos brindan un conjunto de certeras reflexiones sobre la novela negra y los t&oacute;picos que la lastran y la condenan injustamente como un g&eacute;nero de menor nivel literario Su autor, adem&aacute;s, sabe de lo que habla porque es uno de nuestros m&aacute;s acreditados practicantes de esta f&oacute;rmula narrativa tan demandada por los lectores de hoy.</p>
<p>Eugenio Fuentes lo tiene muy claro y, consciente de que nuestro mundo actual es mestizo, &ldquo;niega todo valor a las clasificaciones gen&eacute;ricas&rdquo;. Y su tesis resulta imbatible: &ldquo;en la literatura tambi&eacute;n se saltan las fronteras y se demanda la innovaci&oacute;n desde las escrituras m&aacute;s brillantes, de modo que hoy cualquier jerarqu&iacute;a de g&eacute;neros suena anacr&oacute;nica, rancia, infartada, viejuna&rdquo;.</p>
<p>Se exige, por tanto, una revisi&oacute;n de los criterios sobre la novela porque &ldquo;a estas alturas de la modernidad l&iacute;quida, mezclada y diluida, la distribuci&oacute;n en uno u otro casillero es un hecho secundario, no tiene mayor importancia, porque el g&eacute;nero no es un fin en s&iacute; mismo, s&oacute;lo es un medio para un fin. Y un escritor que no tuviera nada que contar en una novela sin g&eacute;nero, tampoco tendr&iacute;a nada que contar en una novela de g&eacute;nero. Y al rev&eacute;s. Lo que la literatura no da, ning&uacute;n g&eacute;nero lo presta&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARIEKE LUCAS RIJNEVELD, UN JOVEN Y PREMIADO ESCRITOR EN BUSCA DE SU IDENTIDAD</strong></p>
<p><strong></strong>Entre los textos m&aacute;s singulares y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista <em>TURIA</em> se encuentra el material in&eacute;dito de Marieke Lucas Rijneveld (Nieuwendijk, Pa&iacute;ses Bajos, 1991). Se trata de cinco poemas de su libro m&aacute;s reciente, publicado en neerland&eacute;s en 2022 y del que en solo dos meses se vendieron en su pa&iacute;s 10.000 ejemplares. Lo que certificar&iacute;a que se trata de una de las voces m&aacute;s aclamadas de la literatura holandesa. El &nbsp;t&iacute;tulo del libro es una palabra muy poco conocida, que se ha traducido por &ldquo;Comineros&rdquo;. Literalmente &ldquo;gente que parte semillas de comino&rdquo;, en holand&eacute;s se refiere a algo as&iacute; como &ldquo;quisquilloso&rdquo; y tambi&eacute;n &ldquo;cicatero&rdquo;, mientras que en castellano es alguien &ldquo;que se entretiene con menudencias&rdquo;.</p>
<p>Con dos novelas y tres libros de poes&iacute;a publicados, Marieke Lucas Rijneveld alcanz&oacute; la celebridad internacional muy joven: con su primera novela &ldquo;La inquietud de la noche&rdquo; obtuvo en 2020 el Premio Booker internacional, uno de los m&aacute;s prestigiosos de habla inglesa. Tanto &eacute;sta como su segunda novela, &ldquo;Mi querida favorita&rdquo;, est&aacute;n traducidas al espa&ntilde;ol.</p>
<p>Marieke naci&oacute; como mujer, pero a los 23 a&ntilde;os decidi&oacute; a&ntilde;adir a su nombre el del amigo imaginario de su ni&ntilde;ez, Lucas, porque se sent&iacute;a una persona de g&eacute;nero intermedio, un poco chico y un poco chica. Recientemente manifest&oacute; que en adelante quiere que se use el pronombre masculino para referirse a &eacute;l. Esa b&uacute;squeda de identidad, ese desconcierto para la persona misma y para su entorno, est&aacute; muy presente en su escritura.</p>
<p>A esto se suma la circunstancia de haberse criado en una peque&ntilde;a localidad rural donde la vida de los habitantes est&aacute; dictada por el protestantismo ortodoxo. La temible imagen de un Dios castigador y estrictas pautas de conducta marcaron la infancia y juventud de Rijneveld. Aunque actualmente vive en Utrecht, no ha desconectado del mundo campesino, pues compagina la escritura con labores en una granja lechera.</p>
<p>Abundan en su poes&iacute;a las palabras inusuales. La riqueza de vocabulario de Rijneveld es, en parte, fruto de la lectura obligada de la Biblia en la traducci&oacute;n antigua que suelen usar los protestantes ortodoxos. Pero tambi&eacute;n se reconoce en su escritura el placer de emplear vocablos inventados, aprovechando la facilidad de la lengua neerlandesa, bastante mayor que en castellano, de crear palabras compuestas.</p>
<p>Como l&iacute;neas tem&aacute;ticas se puede se&ntilde;alar el crecimiento y aprendizaje, la p&eacute;rdida, el ser hombre y el ser mujer, el sentirse diferente y marginado, y met&aacute;foras recurrentes son nociones de la construcci&oacute;n y del &aacute;mbito militar, el concepto de habitar y la ca&iacute;da. Buena prueba de todas estas caracter&iacute;sticas podemos encontrarla en uno de los poemas que publica <em>TURIA</em>: &ldquo;Los buscaconsuelos&rdquo;. En sus primeros versos Rijneveld nos dir&aacute;: &ldquo;Al igual que la felicidad resulta peligrosa para quien la trata con mesura, / para quien el no-vivir termina siendo pan comido, para quien hace aqu&iacute; / su entrada y duda de todo lo hermoso, duda de su lugar en el mundo, / para quien se nutre interminablemente del deseo de mejor&iacute;a, // para quien no quiere ser fr&aacute;gil ni tampoco robusto cual &aacute;lamo, / pues si me tocas te doy viento, para quien con la orden de talar / en la mano se dispone tembloroso o precisamente aspira a florecer, / pues m&iacute;rame a m&iacute;, para quien quiere estar solo pero ya no es capaz.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2023 13:02:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saquear el templo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/saquear-el-templo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_BERBEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La fiesta termin&oacute;</p>
<p>y la casa ya no era nuestra casa.</p>
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<p>Todos los invitados se llevaron consigo</p>
<p>un trozo de la fiesta, como el que arranca</p>
<p>piedras de un bello templo griego.</p>
<p>Los ve&iacute;amos marcharse con las primeras luces.</p>
<p>Toc&aacute;ndose la cara, acelerando el paso.</p>
<p>Un &aacute;rbol cae en el bosque sin hacer ning&uacute;n ruido.</p>
<p>Nadie lo escucha. Nunca ha existido el &aacute;rbol.</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde caemos nosotros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos han dejado aqu&iacute; a la intemperie:</p>
<p>no hay paredes, ni casa, ni amor para las cosas</p>
<p>que ya no poseemos.</p>
<p>Tendemos en el suelo el mantel sucio</p>
<p>y admiramos con qu&eacute; silencio pueden</p>
<p>desvanecerse los lugares sagrados.</p>
<p>Nadie en el bosque, nadie en la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deber&iacute;amos buscar una palabra para nombrar</p>
<p>el gesto de quien queda en la casa</p>
<p>cuando todos se han ido.</p>
<p>Esto es lo que somos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se llama <em>devoci&oacute;n</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de F&aacute;tima Rueda.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 10:40:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” dedica un espectacular monográfico al escritor republicano Arturo Barea ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-dedica-un-espectacular-monografico-al-escritor-republicano-arturo-barea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ARTURO_BAREA_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de <em>TURIA</em>, que cumple este 2023 su 40 aniversario, tiene un protagonista muy especial: Arturo Barea. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y el fomento de la lectura que su obra merece. Porque <em>TURIA</em> considera que Barea deber&iacute;a ser valorado como uno de los escritores de referencia de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX. Un autor tan can&oacute;nico e imprescindible como lo puedan ser otros tan reconocidos de su generaci&oacute;n como Max Aub, Merc&eacute; Rodoreda, Rosa Chacel o Ram&oacute;n J. Sender.</p>
<p>Conscientes de la necesidad imperiosa de reparar esa injusticia y de la importancia de favorecer el conocimiento de la obra de Barea entre los lectores de hoy, la revista <em>TURIA</em> le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico de casi 200 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos y en el que participan los mejores estudiosos y especialistas. Nada menos que catorce prestigiosos colaboradores muestran su compromiso en la tarea de divulgar y ofrecer las claves que marcan la trayectoria vital e intelectual del citado escritor republicano espa&ntilde;ol, nacido en Badajoz en 1897 y que muri&oacute; exiliado en Reino Unido en 1957.</p>
<p>El historiador C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n, que coordina el monogr&aacute;fico sobre Barea y que representa a una nueva y prometedora generaci&oacute;n de expertos en el an&aacute;lisis de nuestro pasado, ser&aacute; quien presente la revista <em>TURIA</em> en Badajoz. La actividad, de acceso libre hasta completar el aforo, tendr&aacute; lugar el 21 de junio en la Biblioteca de Extremadura y a las 20 horas.</p>
<p>Conviene subrayar que, en el homenaje a Arturo Barea que le rinde <em>TURIA</em>, participan junto a C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n los m&aacute;s destacados conocedores de su obra, tanto espa&ntilde;oles como brit&aacute;nicos: Paul Preston, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, William Chislett, Nigel Townson, Michael Eaude, Juan Marqu&eacute;s, Georg Pichler, Eva Nieto McAvoy, Fernando Larraz, Enrique Santos Unamuno, Guadalupe Nieto Caballero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n y Francisco Javier Capistegui.</p>
<p>Adem&aacute;s, dada la difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n de la revista <em>TURIA</em>, se contribuir&aacute; a estimular que se hable y se lea a Arturo Barea en todo el &aacute;mbito hisp&aacute;nico. Y es que, este monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em> sobe Barea se suma, 66 a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, a la reciente posibilidad de disfrutar de la obra completa de un autor que merece ser revalorizado y le&iacute;do. Sin duda, en las obras de Barea el binomio vida/pol&iacute;tica se diluye por cuanto su autor se lanz&oacute; a escribir para tratar de explicar lo vivido en la guerra civil y el destino de Espa&ntilde;a. Sobre &eacute;l, George Orwell lleg&oacute; a decir: &ldquo;Barea es una de las m&aacute;s valiosas adquisiciones literarias que ha logrado Inglaterra por la persecuci&oacute;n fascista&rdquo;.</p>
<p>Fue Barea un socialdem&oacute;crata esc&eacute;ptico, del que cabe subrayar su decencia intelectual y su talento literario. Nunca es maniqueo y, para &eacute;l, la literatura le importa solo como medio de exponer y sobre todo de explicar ideas, como una forma de entender acontecimientos o actuaciones personales. Y es que el autor de la monumental trilog&iacute;a&nbsp;<em>La forja de un rebelde</em>, novela que&nbsp;constituye un prodigioso retrato de las cuatro primeras d&eacute;cadas del siglo XX en Espa&ntilde;a, por fin comienza a tener el aprecio que merece.</p>
<p>Uno de los aspectos menos conocidos de la obra de Arturo Barea es su programa radiof&oacute;nico para la Secci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina de la BBC. Desde 1940 hasta su muerte en 1957, Barea escrib&iacute;a y presentaba una charla de alrededor de quince minutos cada semana bajo el pseud&oacute;nimo de &lsquo;Juan de Castilla&rsquo;. Esta continuaci&oacute;n de su labor durante la Guerra Civil como &lsquo;Una Voz Inc&oacute;gnita de Madrid&rsquo; es de inter&eacute;s porque ampl&iacute;a de forma notable nuestro conocimiento sobre el trabajo period&iacute;stico de Barea. Adem&aacute;s, las emisiones de la BBC revelan mucho sobre su vida despu&eacute;s del periodo cubierto en <em>La forja de un rebelde</em>; en otras palabras, sobre su vida como exiliado en Inglaterra.</p>
<p>Ahora, la revista <em>TURIA</em> da a conocer tres de esas charlas como adelanto a lo que ser&aacute; la futura publicaci&oacute;n, por parte de la editorial Renacimiento, de tres tomos de sus programas para la BBC. Un valioso material hasta ahora in&eacute;dito y que, editado por los especialistas Eva Nieto McAvoy y Nigel Townson, ofrecer&aacute; a los lectores la oportunidad de profundizar a&uacute;n m&aacute;s en la vida y obra de Arturo Barea.</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero dedicado a Arturo Barea ha sido posible gracias al mecenazgo de la Junta de Extremadura y del Ministerio de Cultura.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>BAREA O EL RETO DE HABLAR DE LO VIVIDO</strong></p>
<p><strong></strong>Como muy bien subraya C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico sobre Arturo Barea, &ldquo;pocas veces la obra de un autor ha aportado tantos cauces de comprensi&oacute;n<strong> </strong>de la historia de un pa&iacute;s y de su pueblo. &lsquo;La forja de un rebelde&rsquo;<em> </em>es probablemente la mejor narraci&oacute;n que se haya escrito sobre las primeras d&eacute;cadas del siglo XX espa&ntilde;ol, el m&aacute;s preciso y en&eacute;rgico esfuerzo literario por entender, desde su &oacute;ptica particular, las causas que explican la guerra civil y las experiencias colectivas de un pueblo que convive secularmente con la derrota. Corren d&iacute;as en los que la omnipresencia de las narrativas del yo en el campo literario se limitan a circunvalar ombligos y casu&iacute;sticas personales sin trascender la epidermis de los procesos, como si la experiencia hist&oacute;rica se limitara a las condiciones de los individuos que las escriben. En cambio, la escritura autobiogr&aacute;fica que emprende Barea, significativamente la que produce desde su exilio en febrero de 1938, trata en todo momento de abarcar el conjunto de experiencias de las clases populares y revelar las tensiones de largo recorrido temporal entre el poder y la miseria, deteni&eacute;ndose a explicar las fuerzas &ldquo;ocultas&rdquo; que hab&iacute;an provocado la guerra de Espa&ntilde;a en relaci&oacute;n con sus propias vivencias&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, el historiador brit&aacute;nico Paul Preston, en su art&iacute;culo &ldquo;Arturo Barea: del servicio de prensa de la Rep&uacute;blica a la BBC&rdquo;, asegura que &ldquo;pese a la presencia en Espa&ntilde;a de algunos de los mejores periodistas del mundo, muchos de los cuales escribieron posteriormente sus memorias, el registro m&aacute;s gr&aacute;fico de la experiencia de los corresponsales durante el asedio de Madrid llegar&iacute;a de la pluma de un espa&ntilde;ol, el socialista Arturo Barea&rdquo;. No pod&iacute;a ser de otra forma si tenemos en cuenta que, seg&uacute;n destaca Preston, &ldquo;Barea era un hombre modesto y discreto, considerado y absolutamente comprometido con la causa de la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola&rdquo;. Para explicar la salida de Espa&ntilde;a y su asentamiento en Inglaterra, Preston hace referencia a una carta que Barea dirigi&oacute; al novelista franc&eacute;s Jean Malaquais: &ldquo;los ingleses se portaron magn&iacute;ficamente con nosotros, d&aacute;ndonos cr&eacute;dito para comer y para vivir&rdquo;. No en vano, concluye Preston, Arturo Barea &ldquo;pasar&iacute;a los &uacute;ltimos dieciocho a&ntilde;os de su vida en el exilio en Inglaterra donde encontr&oacute; su mejor &eacute;xito como escritor&rdquo;.</p>
<p>Dentro del monogr&aacute;fico sobre Arturo Barea, sobresalen las amplias entrevistas exclusivas que ha realizado Ang&eacute;lica Tanarro a dos de los principales impulsores de la recuperaci&oacute;n de la obra y la figura de Barea en Espa&ntilde;a: el periodista y escritor brit&aacute;nico William Chislett y el tambi&eacute;n escritor Antonio Mu&ntilde;oz Molina. Chislett, que comisari&oacute; la exposici&oacute;n que dedic&oacute; el Instituto Cervantes a Arturo Barea y que no ha dejado de trabajar por la reivindicaci&oacute;n de su memoria en Espa&ntilde;a con diversas iniciativas, afirma que despu&eacute;s de <em>La forja de un rebelde</em>, el ensayo que escribi&oacute; sobre Lorca es la obra m&aacute;s importante de Barea. Para Mu&ntilde;oz Molina, &ldquo;Arturo Barea seguir&iacute;a siendo un personaje inc&oacute;modo en la Espa&ntilde;a de hoy&rdquo;. Y tambi&eacute;n nos dir&aacute; en <em>TURIA</em> que Barea es &ldquo;una de esas personas que se ven arrastradas por los acontecimientos hist&oacute;ricos. Las interpretaciones retrospectivas concretamente sobre la Guerra Civil a m&iacute; me parecen horriblemente t&oacute;xicas porque hacen que existan las c&eacute;lebres dos Espa&ntilde;as que es una idiotez como una casa. Gente como Barea, igual que Chaves Nogales, igual que Clara Campoamor&hellip; Gente que no cuadra, que no encaja&rdquo;.</p>
<p>Otros trabajos originales sobre Barea son los que aportan en <em>TURIA</em> autores como: Nigel Townson (<em>Un socialista individualista: el perfil pol&iacute;tico y p&uacute;blico de Arturo Barea</em>), Fernando Larraz (<em>La memoria y el retorno. La forja de un rebelde</em>), Juan Marqu&eacute;s (<em>Arturo Barea, a un lado de La forja&rsquo;</em>), Michael Eaude (<em>Creatividad y rabia</em>), Georg Pichler (<em>Pol&iacute;tica, escritora, traductora, compa&ntilde;era: Ilsa Barea-Kulcsar</em>), Enrique Santos Unamuno (<em>Arturo Barea int&eacute;rprete de Unamuno: una visi&oacute;n intempestiva</em> (y pionera), Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n (<em>Cuando Barea explic&oacute; a Lorca: El poeta de la juventud m&aacute;s joven</em>), Francisco Javier Caspistegui (<em>Barea lector: de las novelas de aventuras al pacifismo de la literatura sobre la I Guerra Mundial</em>), Eva Nieto McAvoy (<em>Recuperando a Arturo Barea: un exilio transnacional</em>), Guadalupe Nieto Caballero (<em>Un dolor agudo: Arturo e Ilse Barea desde el exilio</em>), Nigel Townson (<em>La voz de Juan de Castilla: las charlas de la BBC de Arturo Barea</em>).</p>
<p>Cierra el monogr&aacute;fico una cuidada y completa biocronolog&iacute;a sobre Arturo Barea elaborada tambi&eacute;n por C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n.</p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p><strong><em>TURIA </em></strong><strong>PUBLICA UN IN&Eacute;DITO DE ARTURO BAREA PARA LA BBC</strong></p>
<p><strong></strong>Desde 1940 hasta su muerte en 1957, Arturo Barea escribi&oacute; y present&oacute; en la emisora de radio de la BBC una charla semanal con el seud&oacute;nimo de &lsquo;Juan de Castilla&rsquo;. Son programas que revelan mucho sobre su vida despu&eacute;s del periodo cubierto <em>en La forja de un rebelde</em>, es decir, sobre sus a&ntilde;os como exiliado en Inglaterra.</p>
<p>Ahora, la revista TURIA da a conocer tres de esas charlas como adelanto a lo que ser&aacute; la futura publicaci&oacute;n, por parte de la editorial Renacimiento, de tres tomos de sus programas para la BBC. Un valioso material hasta ahora in&eacute;dito y que editado por los especialistas Eva Nieto McAvoy y Nigel Townson, ofrecer&aacute; a los lectores la oportunidad de conocer a&uacute;n m&aacute;s la vida y obra de Arturo Barea.</p>
<p>A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento de una de esas emisiones semanales, difundida por la radio de la BBC el 7 de octubre de 1956.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>DISCIPLINA</strong></p>
<p><strong>Juan de Castilla</strong></p>
<p>&ldquo;Existe en Inglaterra una vieja tradici&oacute;n sobre los castigos corporales y su eficiencia para imponer el cumplimiento de las leyes generales del pa&iacute;s, y sobre todo para imponer disciplina en las escuelas, en los cuarteles y la marina de guerra y mercante. El llamado &ldquo;gato de siete colas&rdquo;, una especie de l&aacute;tigo con siete brazos y nudos o diminutas piezas de metal en sus puntas se ha hecho famoso a trav&eacute;s de la literatura de viajes, aventuras y viejas historias de piratas, por haberse prodigado su uso en la marina desde que Gran Breta&ntilde;a lleg&oacute; a ser potencia mar&iacute;tima hasta hace poco m&aacute;s de un siglo. En las escuelas, se usaba hasta muy recientes d&iacute;as la ca&ntilde;a de bamb&uacute; para azotar a los estudiantes d&iacute;scolos y los tribunales ten&iacute;an el poder de ordenar la aplicaci&oacute;n del gato o los azotes con manojos de varas de abedul para castigar algunos delitos y las rebeliones dentro de las c&aacute;rceles.</p>
<p>No quiere esto decir que los castigos corporales hayan sido una exclusividad de este pa&iacute;s, ya que en viejas &eacute;pocas puede afirmarse que todos los pa&iacute;ses, sin excepci&oacute;n, compet&iacute;an en el refinamiento de sus castigos corporales; pero en estas islas, su abolici&oacute;n total es tan reciente que la tradici&oacute;n de ellos y la controversia sobre su eficacia est&aacute; a&uacute;n viva y no es raro leer en los peri&oacute;dicos que un maestro de escuela ha utilizado la ca&ntilde;a contra un muchacho y consecuentemente ha sido llevado ante los tribunales, con el resultado que durante semanas se reavive la p&uacute;blica controversia en cartas a los peri&oacute;dicos; y a&uacute;n existen algunos delitos especiales en los que un juez puede decretar el uso, en verdad muy restringido, del gato o de las varas de abedul.</p>
<p>Inesperadamente, una noche de la pasada semana estall&oacute; en la tabernita de Frank, una v&iacute;vida discusi&oacute;n sobre la utilidad del castigo corporal para imponer la disciplina entre estos j&oacute;venes de que os hablaba yo hace algunas semanas que se lanzan a la fascinaci&oacute;n del nuevo baile rock and roll o el mene&iacute;to, como yo lo bautizaba en espa&ntilde;ol, y ya en puro frenes&iacute; destrozan el mobiliario y decorado de los locales donde se encuentra o llegan hasta la agresi&oacute;n personal.</p>
<p>La discusi&oacute;n la inici&oacute; nuestro coronel en uno de sus arrebatos; estaba leyendo para s&iacute; los resultados del proceso de un grupo de estos muchachos que hab&iacute;an sido detenidos por armar esc&aacute;ndalo, hacer destrozos y resistir a la polic&iacute;a que hab&iacute;a tratado de poner orden. Y los que est&aacute;bamos en la tabernita le mir&aacute;bamos curiosamente leer, porque a la vez que le&iacute;a, no hac&iacute;a m&aacute;s que mascullar palabrotas, gesticular irritado y de vez en cuando soltar un pu&ntilde;etazo sobre el mostrador. Est&aacute;bamos tambi&eacute;n intrigados por saber qu&eacute; estaba leyendo que de tan mal humor le pon&iacute;a. Nuestras conjeturas eran que o se trataba de algo pol&iacute;tico o del tema de m&aacute;s actualidad en el distrito: una epidemia de glosopeda entre el ganado vacuno que ha producido una cuarentena y la destrucci&oacute;n de bastantes reses en algunas granjas. Un tema que tocaba muy de cerca al coronel. &Eacute;l mismo nos sac&oacute; de dudas, dejando a un lado el peri&oacute;dico, encar&aacute;ndose con nosotros con tanta furia como si le estuvi&eacute;ramos llevando la contraria y exclamando: - S&iacute;, se&ntilde;or! Esto lo arreglaba yo en una semana con unos buenos vapuleos con el &ldquo;gato&rdquo;. Multas! Y qu&eacute; multas: dos libras, tres libras, algunos diez chelines. Pagan y se van riendo de todos, del juez para abajo. Y por la noche vuelta a empezar. El l&aacute;tigo, eso es lo que necesitan.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 07:59:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres que no saben subir las escaleras de una idea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mujeres-que-no-saben-subir-las-escaleras-de-una-idea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ANG_LICA_MORALES_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>la boca suave y mordida del tiempo</p>
<p>busca mis horas</p>
<p>se introduce en mi garganta,</p>
<p>alborota la serenidad de mis m&aacute;scaras</p>
<p>la boca suave</p>
<p>del tiempo que va y no regresa</p>
<p>que hace nido en un poste telegr&aacute;fico</p>
<p>me busca</p>
<p>se tiende a mis pies de estatua</p>
<p>escupe sopa de sobre</p>
<p>y ni&ntilde;os que en otro continente muerden el hambre de un &aacute;rbol</p>
<p>la boca p&aacute;lida</p>
<p>sin dientes</p>
<p>esa madrugada que huye del brillo</p>
<p>que se emborracha de golpes</p>
<p>y mujeres que no saben subir las escaleras de una idea</p>
<p>me busca</p>
<p>esa boca</p>
<p>suave</p>
<p>del tiempo enterrado</p>
<p>de la memoria que lima sus u&ntilde;as frente al mar</p>
<p>suave</p>
<p>la espuma del hombre</p>
<p>el semen que me busca</p>
<p>en esta cama</p>
<p>de hojas sin ordenar</p>
<p>de enanos calientes que masturban su soledad en una botella</p>
<p>el tiempo</p>
<p>el caballero que trepa por la porcelana y se hace pis</p>
<p>sobre las monedas</p>
<p>ese</p>
<p>busca mi piel ulcerada</p>
<p>intenta atrapar las serpientes que roen mis huesos</p>
<p>tarde</p>
<p>pero me busca</p>
<p>la boca</p>
<p>que cae</p>
<p>al suelo</p>
<p>que se hiere de luz</p>
<p>que se cansa</p>
<p>que se encorva</p>
<p>ahora</p>
<p>en los verbos que han de venir</p>
<p>sobre las bragas de un reloj</p>
<p>de tiernas palomas en suspenso</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 07:17:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Distintas formas de llegar al destino: rafael barret y stephen crane]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/distintas-formas-de-llegar-al-destino-rafael-barret-y-stephen-crane/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RAFAEL_BARRETT_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Rafael &Aacute;ngel Jorge Juli&aacute;n Barret y &Aacute;lvarez de Toledo ―conocido como Rafael Barret― naci&oacute; en Torrelavega el 7 de enero de 1876. Su padre, George Barret era natural de Coventry, condado de Warwickshire, Inglaterra. Su madre, Mar&iacute;a del Carmen &Aacute;lvarez de Toledo y Tora&ntilde;o, era oriunda de Villafranca del Bierzo, en Le&oacute;n. Como queda de manifiesto en su partida de nacimiento, &laquo;eran residentes accidentalmente en esta villa [se refiere a Torrelavega]&raquo;. Despu&eacute;s de su breve estancia en la ciudad y, tras residir en Vizcaya y en Guip&uacute;zcoa, la familia se muda definitivamente a Madrid, ciudad en la que fallece su padre en 1896 (su madre, sin embargo, muere en Bilbao, en 1901). En 1902, ya en la capital, Barret estudia ingenier&iacute;a en la Escuela de Caminos ―de esta etapa provienen sus vastos conocimientos de matem&aacute;ticas― y lleva una vida disipada, de dandy gracias a las rentas, no muy copiosas, sin embargo, de su herencia. &nbsp;Se relaciona con los c&iacute;rculos culturales m&aacute;s avanzados, participa en tertulias literarias y pol&iacute;ticas donde conoce a Valle-Incl&aacute;n, a Manuel Bueno y a Ramiro de Maeztu, entre otros escritores de la &eacute;poca. Un desgraciado incidente cambiar&iacute;a el curso de su vida. El abogado Jos&eacute; Mar&iacute;a Azopardo tild&oacute; a Barret de homosexual, un delito en aquella &eacute;poca. Barret exigi&oacute; que se repara su honor y, a tal efecto, se celebr&oacute; un Tribunal de Honor presidido por el duque de Ari&oacute;n, que desair&oacute; al injuriado priv&aacute;ndole de batirse en duelo, neg&aacute;ndole, por tanto, la posibilidad de resarcir su honor. Barret acudi&oacute; entonces a un doctor para que certificara su virginidad anal. &laquo;El jueves veinticuatro de abril de 1902, mientras se celebraba una funci&oacute;n teatral en el Circo Parish, situado en la madrile&ntilde;a Plaza del Rey, irrumpi&oacute; Barret en un palco con un certificado m&eacute;dico que probaba su inocencia y agredi&oacute; al duque con una fusta, caus&aacute;ndole heridas&raquo;. Despu&eacute;s de este lamentable incidente se traslada a Francia. Vive en Par&iacute;s y se gana la vida ―precariamente―escribiendo art&iacute;culos para varios peri&oacute;dicos. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, ya sin restos del patrimonio econ&oacute;mico heredado y considerado socialmente como un paria, se embarca en Cherburgo rumbo a Am&eacute;rica del Sur, haciendo escala en Vigo, Lisboa, Santa Cruz de Tenerife, Praia, Recife, Bah&iacute;a, R&iacute;o de Janeiro, Santos y Montevideo, a donde lleg&oacute; el 2 de noviembre de 1903, antes de desembarcar en Buenos Aires. No tardar&aacute; mucho en reiniciar su labor como periodista. Empieza a colaborar en el diario <em>El Correo Espa&ntilde;ol</em> ese mismo a&ntilde;o y en el diario <em>El Tiempo</em> en abril de 1904. Compagina esta actividad con la divulgaci&oacute;n matem&aacute;tica. En octubre se traslada a Villeta (Paraguay) ―&laquo;el &uacute;nico pa&iacute;s m&iacute;o donde me volv&iacute; bueno&raquo;, escribe en una carta a su mujer en 1908― y asiste como corresponsal al levantamiento revolucionario contra el gobierno del general Benigno Ferreira. Barret no se conforma con ser un mero espectador, se implica hasta el punto de participar en la contienda armada: &laquo;Tom&eacute; un fusil; est&aacute;bamos en guerra, esperando el ataque de un instante a otro. No me arrepiento ciertamente de haber simpatizado con la causa liberal, pero me felicito a&uacute;n m&aacute;s de no haberme visto obligado a disparar un tiro&raquo;, confiesa en una carta. Cuando la revoluci&oacute;n triunf&oacute;, su implicaci&oacute;n le fue recompensada con unos cargos menores: auxiliar en la Oficina General de Estad&iacute;stica primero y jefe de Secci&oacute;n despu&eacute;s, sin embargo, estos nombramientos no tardar&iacute;an mucho en ser revocados. Mientras, compagina su trabajo como funcionario con la escritura de art&iacute;culos y, adem&aacute;s, consume su tiempo cortejando a algunas muchachas de la ciudad, a las que escrib&iacute;a apasionadas cartas y poemas de corte rom&aacute;ntico. Su noviazgo con Francisca Solana L&oacute;pez Ma&iacute;z, trece a&ntilde;os menor que &eacute;l, hija del abogado espa&ntilde;ol Eugenio L&oacute;pez y Cativiela y de la paraguaya Celedonia Ma&iacute;z, acab&oacute; en boda en abril de 1906, de resultas de la cual naci&oacute; Alejandro Rafael Barret L&oacute;pez, el veinticuatro de febrero de 1907. Su vida entra entonces en un periodo de calma y de prodigalidad literaria que, desgraciadamente, no durar&iacute;a mucho. La grave situaci&oacute;n social que atravesaba el pa&iacute;s y las violaciones de los derechos humanos llevadas a cabo por el ej&eacute;rcito con la connivencia del gobierno, reclutando a la fuerza, por ejemplo, a ciudadanos indigentes, le obligan a denunciar esas tropel&iacute;as en sus art&iacute;culos y a acercarse ideol&oacute;gicamente al anarquismo:<em> </em>&laquo;el anarquismo, tal como yo lo entiendo, se reduce al libre examen pol&iacute;tico&raquo;, escribe. Comienza as&iacute; a tomar conciencia de la marginaci&oacute;n que sufr&iacute;an los indios y las clases m&aacute;s desfavorecidas y no duda en ponerse de su parte: &laquo;Es un pueblo de resignados y d&oacute;ciles, sumido en la tristeza y el silencio. Bajo ese silencio no hay odio, maldad ni traici&oacute;n [&hellip;] El pueblo merece nuestra piedad y nuestros mejores sacrificios porque sus dolores son muy grandes, y no se deben a lo inclemente de la naturaleza, sino a la maldad de los hombres&raquo;, escribi&oacute;. Las cosas no cambiaron mucho con un nuevo y violento pronunciamiento militar que comanda coronel Albino Jara. Por esa &eacute;poca, Barret, en concreto el dos de agosto de 1908, funda el semanario <em>Germinal</em>, un inequ&iacute;voco homenaje a Zola que solo alcanzar&iacute;a once n&uacute;meros, clausurado por el gobierno en octubre por la publicaci&oacute;n del art&iacute;culo &laquo;Bajo el terror&raquo;, art&iacute;culo que supuso tambi&eacute;n su deportaci&oacute;n a Brasil. Su estancia aqu&iacute; es fugaz. A los pocos d&iacute;as se traslada a Montevideo, la capital de Uruguay. Ser&aacute; en esta ciudad donde los primeros s&iacute;ntomas de tuberculosis se hacen evidentes. Aunque recurre a todas sus amistades, no encuentra trabajo en peri&oacute;dico alguno. Publica espor&aacute;dicamente alg&uacute;n art&iacute;culo hasta que, finalmente, gracias a la intervenci&oacute;n de su amigo Milchelson, encuentra acomodo en el diario <em>La Raz&oacute;n</em>. Sus art&iacute;culos le proporcionan pronto una fama inusitada, lo que le garantiza una remuneraci&oacute;n fija. Establece entonces una profunda amistad con el te&oacute;sofo Jos&eacute; Eulogio Peyrot, de car&aacute;cter y esp&iacute;ritu muy similares a los suyos. El &eacute;xito, sin embargo, no aplaca el creciente desarrollo de su enfermedad. A finales de diciembre sufri&oacute; una crisis con v&oacute;mitos de sangre. El 3 de enero de 1909 fue internado en un hospital y, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, en la Casa de Aislamiento, donde le diagnosticaron tuberculosis pulmonar. Pese a todo, no faltaba a la cita con sus lectores, que devoraban sus art&iacute;culos. La enfermedad parec&iacute;a remitir y despu&eacute;s de cuarenta y nueve d&iacute;as internado, fue dado de alta y se le recomend&oacute; que fuera al sur de Paraguay, con un clima m&aacute;s favorable para su dolencia incurable. La familia se une de nuevo en ese lugar apartado. &Eacute;l contin&uacute;a enviando art&iacute;culos para <em>La Raz&oacute;n</em>. Muchos de ellos, junto con otros procedentes de otros rotativos, fueron recopilados en el libro <em>Moralidades actuales (1907-1909)</em>, que obtuvo cr&iacute;ticas muy favorables y una buena acogida por parte de los lectores. Tiempo despu&eacute;s, regresa con su mujer y con su hijo a Asunci&oacute;n y se reencuentra con lo que &eacute;l llama la &laquo;civilizaci&oacute;n&raquo;: &laquo;Voy a vivir en San Bernardino, precioso balneario pr&oacute;ximo a la capital, con todos los recursos de una civilizaci&oacute;n que me ha faltado por completo desde hace cerca de un a&ntilde;o, en aquel imposible desierto del Paran&aacute;. Mi salud sigue muy delicada&raquo;, escribe en carta a su amigo Peyrot. En la capital comienza a colaborar en el diario <em>El Nacional</em>. En esta cabecera publica una serie de art&iacute;culos bajo el t&iacute;tulo com&uacute;n de &laquo;Marginalia&raquo;. Los nuevos descubrimientos en Francia sobre la curaci&oacute;n de la enfermedad le hicieron concebir esperanzas. Un grupo de amigos consigui&oacute; financiar su viaje a Europa: &laquo;Gracias a <em>La Raz&oacute;n</em> de Montevideo, que me nombra corresponsal en Europa, puedo irme a Par&iacute;s, lo que pienso hacer a primeros de septiembre, para intentar un tratamiento contra mi enfermedad&raquo;. El d&iacute;a diecis&eacute;is de septiembre desembarc&oacute; en Barcelona y el 24 de dicho mes lleg&oacute; por tren a Par&iacute;s. All&iacute; fue a visitar al especialista Dr. Ren&eacute; Quint&oacute;n, quien le aconsej&oacute; trasladarse al suroeste del pa&iacute;s, a Arcach&oacute;n concretamente, a donde lleg&oacute; el doce de octubre. No cesa de escribir art&iacute;culos <em>para La Raz&oacute;n</em> y <em>El Diario</em>, pero la enfermedad sigue su camino y le lleva a la tumba el d&iacute;a diecisiete de diciembre de 1910. Contaba tan solo con treinta y cuatro a&ntilde;os.</p>
<p>Este es un resumen, muy sucinto, de su corta vida, pero apenas hemos rozado siquiera su pensamiento, sus profundas convicciones solidarias, humanas, en la senda de Cristo, Tolstoi, Gandhi y otros personajes de similar envergadura moral. Eso es lo que intentaremos desglosar ahora. Lo primero que nos llama la atenci&oacute;n es el profundo desconocimiento que hay sobre su obra, a pesar de que autores de la talla de Borges lo citen como un gran escritor de &laquo;esp&iacute;ritu libre y audaz&raquo; o Augusto Roa Bastos confiese su influencia: &laquo;Barret nos ense&ntilde;&oacute; a escribir a los escritores paraguayos de hoy&raquo;. Es muy probable que su accidentada salida de Espa&ntilde;a y el escaso v&iacute;nculo que mantuvo desde entonces con las &eacute;lites literarias de nuestro pa&iacute;s tengan parte de responsabilidad en tal silencio. En las memorias de P&iacute;o Baroja, por ejemplo, no sale bien parado: &laquo;Barret fue para m&iacute; como una sombra que pasa. Barret deb&iacute;a ser un hombre desequilibrado, con anhelos de claridad y de justicia. Tipos as&iacute; dejan por donde pasan un rastro de enemistad y de c&oacute;lera&raquo;. Para ser pragm&aacute;ticos, podemos dividir su corta vida en dos etapas, la primera se dilatar&aacute; durante veintisiete a&ntilde;os, desde su nacimiento hasta que se embarca rumbo a Sudam&eacute;rica, en 1903. Durante esta &eacute;poca sus intereses intelectuales se centran en aspectos literarios y mundanos. Su limitada econom&iacute;a le permite, sin embargo, representar un papel de hombre cosmopolita y culto ―lo que sin duda era. Hablaba cuatro idiomas, tocaba el piano y sus conocimientos cient&iacute;ficos eran s&oacute;lidos―, pero no obtuvo, como hemos visto, el reconocimiento que, sin duda, merec&iacute;a. En Paraguay su vida da un giro de ciento ochenta grados. Se desprende de su imagen bohemia y se implica directamente en los problemas sociales de los m&aacute;s desfavorecidos. &laquo;Este hombre ―escribe Santiago Alba Rico― que con tanto ardor hab&iacute;a defendido en Madrid su honor agraviado, deja de ocuparse de s&iacute; mismo apenas pone el pie en las vastas y apacibles (y terribles) tierras del pa&iacute;s americano&raquo;. Es entonces cuando toma conciencia de la precaria situaci&oacute;n de las gentes del pueblo llano y se involucra en la revoluci&oacute;n de 1904. A partir de ese momento, sus art&iacute;culos se convierten en proclamas que arrastran a las masas en pro de justicia y solidaridad. Denuncia la miseria y las p&eacute;simas condiciones de vida que sufren los campesinos y los obreros con encendida pasi&oacute;n. Ideol&oacute;gicamente se decanta cada d&iacute;a m&aacute;s por un anarquismo en el que no exista el dinero, se suprima el ej&eacute;rcito y la propiedad privada y se renuncie a toda exigencia de ley y autoridad. Todo esto podr&iacute;amos considerarlo como un ejercicio extremo de veleidad ut&oacute;pica si no fuera porque &eacute;l trato personalmente de llevarlo a la pr&aacute;ctica, lo que le ocasion&oacute; la ruina econ&oacute;mica y acrecent&oacute; su delicado estado de salud. No es, por tanto, un mero predicador de los que tanto han abundado a lo largo de los siglos, porque, como un Jesucristo contempor&aacute;neo, su conducta se mantuvo fiel a sus ideas. Lo que escribi&oacute; sobre Tolstoi, otro de sus referentes m&aacute;s directos, con motivo de su fallecimiento, unos meses antes de que el propio Barret dejara este mundo, puede servirnos para definirle a &eacute;l: &laquo;En Tolstoi, el ascetismo est&eacute;tico se confunde con el ascetismo moral, el poeta con el profeta. Es el anarquista absoluto. La tierra para todos, mediante el amor; no resistir al mal; abolir la violencia; he aqu&iacute; un sistema contrario a toda sociedad&raquo;.</p>
<p>Debo un primer acercamiento a la figura y la obra de Stephen Crane al libro de Paul Auster, <em>La llama inmortal de Stephen Crane</em>, publicado en espa&ntilde;ol en 2021, en traducci&oacute;n a cargo de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Hasta ese momento, el &uacute;nico Crane que yo conoc&iacute;a era Hart, poeta estadounidense fallecido en extra&ntilde;as circunstancias ―seg&uacute;n todos los indicios, se trat&oacute; de un suicidio― en el golfo de M&eacute;xico el 27 de abril de 1923 despu&eacute;s de caer por la borda desde la cubierta del barco en el que viajaba. Auster, en casi mil p&aacute;ginas, recorre minuciosamente la corta vida de Stephen, al parecer, uno de los autores m&aacute;s influyentes de la literatura estadounidense. Naci&oacute; el 1 de noviembre de 1871 en New Jersey y falleci&oacute; en Alemania el 5 de junio de 1900 v&iacute;ctima de la tuberculosis. Es, por tanto, un estricto contempor&aacute;neo de Barret. En el exhaustivo an&aacute;lisis que lleva a cabo Auster, adem&aacute;s, no es dif&iacute;cil encontrar similitudes entre dos vidas, la de Barret y la Crane, que contravinieron las normas m&aacute;s tradicionales y conservadoras tanto en sus obras como en su propia existencia. Fue, escribe Auster, &laquo;el principal responsable de cambiar el modo en que vemos el mundo a trav&eacute;s de la lente de la palabra escrita&raquo;, a pesar de que escribi&oacute; su obra ―una novela, <em>La roja insignia del valor</em>, dos novelas cortas, <em>Maggie: una chica de la calle</em> y <em>El monstruo</em>, varias colecciones de relatos, dos libros de poemas, <em>Los jinetes negros</em> y <em>La guerra es buena</em> y m&aacute;s de doscientos art&iacute;culos― en tan solo ocho a&ntilde;os y medio. &iquest;C&oacute;mo era la sociedad norteamericana de la &eacute;poca? Al parecer, no muy diferente en la jerarqu&iacute;a social de la que Barret observ&oacute; en el Cono Sur americano. Gozaban, s&iacute;, de un mayor desarrollo econ&oacute;mico, tecnol&oacute;gico y cultural ―los Estados Unidos, seg&uacute;n Auster, vivieron &laquo;un largo periodo de crecimiento, turbulencias y fracaso moral en el que, de pa&iacute;s atrasado y aislado se transform&oacute; en potencia mundial, pero sus dirigentes eran en general ineptos, corruptos o ambas cosas&raquo;―, pero en lo referente a las condiciones laborales, por ejemplo, no se diferencian mucho de la que denunci&oacute; con tanta virulencia el escritor espa&ntilde;ol. Los ricos acumulaban grandes riquezas sin escr&uacute;pulo alguno y los pobres, la escala m&aacute;s baja de la sociedad compuesta por inmigrantes europeos, asi&aacute;ticos, negros y nativos, sufr&iacute;an jornadas laborales extenuantes gratificadas con unos pocos centavos. Carec&iacute;an de derechos laborales y de agrupaciones o sindicatos que velaran por sus intereses, de tal forma que, &laquo;los exterminaba un sistema concebido para que el due&ntilde;o del negocio extrajera el m&aacute;ximo beneficio a expensas de la salud de sus empleados con objeto de adquirir poder y seguridad&raquo;, por lo que no resulta extra&ntilde;o que surgieran corrientes como el marxismo o el anarquismo como forma de lucha contra tales injusticias.</p>
<p>Gracias a que su hermano pose&iacute;a una agencia de noticias Crane comenz&oacute; pronto a hacer sus primeros pinitos literarios. Escrib&iacute;a con fruici&oacute;n, y ya sabemos que el ejercicio de la propia escritura es la mejor escuela para un aprendiz. Apenas curs&oacute; estudios universitarios, sin embargo, pese al poco tiempo que pas&oacute; en la universidad, en este periodo consigui&oacute; dar el paso crucial de la adolescencia a la madurez. En lugar de asistir a clase, frecuenta los barrios bajos de la ciudad, Syracuse, palpa la sordidez del ambiente y comienza a escribir sobre sus nuevas experiencias, ya no en forma de art&iacute;culo, sino como ficci&oacute;n. Resulta del todo probable que lo que vivi&oacute; en aquella &eacute;poca le sirviera para concebir el argumento de su primera novela, <em>Maggie: una chica de la calle</em>, completado con lo experimentado en Nueva York, aunque debemos evitar la tentaci&oacute;n de leer esta novela desde una perspectiva meramente autobiogr&aacute;fica. Por supuesto, la vida del autor le ha proporcionado un valioso material, pero este queda ficcionalizado en la narraci&oacute;n, una narraci&oacute;n que encontr&oacute; serias dificultades para ser publicada. Tras el rechazo editorial, Crane se vio obligado a publicarla por su cuenta. Recurrimos de nuevo a la minuciosa biograf&iacute;a escrita por Auster: &laquo;Unos dos tercios de las mejores obras de Crane se escribieron en aquellos cinco a&ntilde;os y medio (de mediados de 1891 a finales de 1896). Ten&iacute;a numerosos amigos y conocidos, se enamor&oacute; al menos tres veces, iba a restaurantes y al teatro siempre que se lo pod&iacute;a permitir, viaj&oacute; hasta Hartwood e hizo muchas otras cosas aparte de escribir&raquo;. En este aspecto, sin embargo, son notorias las diferencias con Barret. Crane a los 25 a&ntilde;os era todo un personaje, como Barret, pero gozaba ya de una fama literaria que le hab&iacute;a hecho ser popular en todo el pa&iacute;s, algo impensable en el Barret de la misma edad, solo un diletante por entonces.</p>
<p>Su siguiente obra, <em>La roja insinia del valor</em>, naci&oacute;, seg&uacute;n Auster, &laquo;de la desesperaci&oacute;n. Crane estaba en la ruina, y las perspectivas de dejar de estarlo parec&iacute;an ir disminuyendo. Escrib&iacute;a continuamente, pero hasta el momento poco fruto de su esfuerzo pod&iacute;a mostrar&hellip; Aparte de <em>Maggie</em>, que hab&iacute;a agotado todos sus recursos econ&oacute;micos, solo lograr colocar tres breves esbozos en la revista humor&iacute;stica <em>Truth </em>a todo lo largo de los doce meses de 1893&raquo;. La novela est&aacute; ambientada en la guerra civil norteamericana y fue considerada desde el principio como una obra magistral. Crane, a pesar de no haber combatido nunca, consigue, gracias a sus dotes literarias e imaginativas, realizar una magn&iacute;fica penetraci&oacute;n psicol&oacute;gica en la mente de su protagonista, un joven soldado.&nbsp; Si pensamos en Barret, comprobamos que este, al principio, sufre una situaci&oacute;n similar con respecto a la publicaci&oacute;n de sus libros, no as&iacute; de sus art&iacute;culos, que public&oacute; en las mejores cabeceras de Argentina, Paraguay y Uruguay y que le granjearon fama literaria entre sus contempor&aacute;neos y aprecio entre quienes defend&iacute;a en sus textos. Las duras condiciones vitales a las que la pobreza someti&oacute; a Crane, junto con su dependencia del alcohol y el tabaco, comenzaron a pasarle factura. Contrajo una neumon&iacute;a que le tuvo en cama durante m&aacute;s de una semana y su salud se resquebraj&oacute; de forma inevitable. No conceb&iacute;a escribir sobre algo que no hubiera experimentado de forma directa y eso le condujo a exponerse a las p&eacute;simas condiciones que sufr&iacute;an los m&aacute;s desheredados. &laquo;&iquest;C&oacute;mo iba a sentir lo que sufren los pobres diablos si yo iba bien abrigado?&raquo;, escribe a un amigo que le recrimina por lo inapropiado de su vestimenta. Otro tanto ocurre cuando le encargan realizar unos reportajes sobre las condiciones de trabajo en las minas de carb&oacute;n: &laquo;Uno no puede bajar a la mina sin preguntarse por qu&eacute; los barones del carb&oacute;n ganan tanto y estos mineros, devorados d&iacute;a tras d&iacute;a por las l&uacute;gubres fauces negras de la tierra, reciben, en proporci&oacute;n, tan poco&raquo;. Pese a su identificaci&oacute;n con los oprimidos, en sus escritos ―sobre todo en los m&aacute;s juveniles― a veces aparecen tensiones entre sus ideas y los prejuicios adquiridos por su educaci&oacute;n, prejuicios que ir&aacute;n desapareciendo con el paso del tiempo. Seg&uacute;n Auster, &laquo;a pesar de todos sus impulsos democr&aacute;ticos y de su buena voluntad, los negros segu&iacute;an siendo el Otro para &eacute;l, y nunca se liberar&iacute;a enteramente de los estereotipos raciales que por entonces proliferaban en la cultura norteamericana y que a&uacute;n contin&uacute;an entre nosotros hoy en d&iacute;a&raquo;. La fama que le granje&oacute; <em>La roja insignia del valor</em> hizo que le contrataran para cubrir la llamada Guerra de los Treinta d&iacute;as, entre Grecia y Turqu&iacute;a, en 1897.</p>
<p>&laquo;Lo que m&aacute;s intriga de Crane es su sobreabundancia. No solo las diversas personalidades que alberga su menudo cuerpo, sino su don para pensar en una cosa al mismo tiempo que en otra, y quiz&aacute; en una tercera o incluso en una cuarta, sin perder el rastro de la primera&raquo;, escribe Auster, y es que compagina la escritura de una novela con la redacci&oacute;n de decenas de art&iacute;culos, con la escritura de poemas ―al menos dos t&iacute;tulos, con influencia de Emily Dickinson, <em>Los jinetes negros</em>&nbsp;(1895) y&nbsp;<em>La guerra es amable</em>&nbsp;<em>y otros poemas </em>(1899)― y relatos. La publicaci&oacute;n de <em>La roja insignia del valor</em> en 1895 fue todo un &eacute;xito. Se la calific&oacute; de obra maestra por la cr&iacute;tica, casi un&aacute;nime a la hora de resaltar sus virtudes. La fama que deriv&oacute; de la publicaci&oacute;n result&oacute; ser un arma de doble filo, por una parte, le llovieron los encargos literarios, pero, por otro, los continuos compromisos sociales alteraron su ritmo de trabajo. Adem&aacute;s, un extra&ntilde;o suceso ―otro punto en com&uacute;n con Barret― dio al traste con su reciente buena posici&oacute;n. La defensa que hizo de una prostituta detenida injustamente, y el juicio posterior, minaron su reputaci&oacute;n. La prensa se posicion&oacute; en su contra y a favor de la actuaci&oacute;n policial. A las 2 de la madrugada del 16 de septiembre de 1896, acompa&ntilde;&oacute; a dos coristas y a Dora Clark desde el Broadway Garden de la ciudad de Nueva York, en el cual hab&iacute;a entrevistado a mujeres para una serie que estaba escribiendo. Cuando Crane dej&oacute; a una de ellas a salvo a un tranv&iacute;a, un polic&iacute;a vestido de civil llamado Charles Becker arrest&oacute; a las otras dos por prostituci&oacute;n; Crane fue amenazado con ser arrestado cuando trat&oacute; de intervenir defendi&eacute;ndolas. Una de las mujeres fue liberada despu&eacute;s de que Crane confirmara su afirmaci&oacute;n err&oacute;nea de que era su esposa, pero Clark fue acusada y llevada a la comisar&iacute;a. En contra del consejo del sargento que lo arrest&oacute;, Crane hizo una declaraci&oacute;n confirmando la inocencia de Dora Clark, afirmando que &laquo;solo s&eacute; que mientras estuvo conmigo actu&oacute; de manera respetable y que la acusaci&oacute;n del polic&iacute;a era falsa&raquo;. Sobre la base del testimonio de Crane, Clark fue dado de alta. Los medios aprovecharon la historia; las noticias se extendieron a Filadelfia, Boston y m&aacute;s all&aacute;, y los peri&oacute;dicos se centraron en el coraje de Crane. La historia de Stephen Crane, como pronto se difundi&oacute;, no tard&oacute; en convertirse en una fuente de burlas: &nbsp;el <em>Chicago Dispatch</em> brome&oacute; diciendo que &laquo;se informa respetuosamente a Stephen Crane que la asociaci&oacute;n con mujeres vestidas de escarlata no es necesariamente una &ldquo;insignia roja de valor&rdquo;&raquo; y as&iacute; describe el <em>Boston Traveler</em> su testimonio: &laquo;Stevie Crane parece encontrarse en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil a ra&iacute;z de su valerosa defensa de una joven en un juzgado de guardia de Nueva York. Lo m&aacute;s probable es que el joven prodigio literario estuviera de &ldquo;parranda&rdquo; y, cuando detuvieron a su acompa&ntilde;ante, se inventara la historia de que se estaba documentando para un libro&raquo;. Despu&eacute;s de esa campa&ntilde;a en su contra, Crane se despidi&oacute; de la ciudad. Regres&oacute; para testificar en el juicio, pero tras el ominoso veredicto se mud&oacute; a Florida, lugar que le servir&iacute;a de puerto de embarque hacia Cuba, isla a la que arrib&oacute; tras una agitada traves&iacute;a con naufragio incluido ―esta dura experiencia la narr&oacute; en <em>El bote abierto y otros cuentos</em> (1898)― a resultas del cual contrajo la tuberculosis que le condujo finalmente a la muerte. All&iacute; cubrir&aacute; como corresponsal la sublevaci&oacute;n armada del pueblo cubano contra la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Volver&iacute;a a Norteam&eacute;rica solo de manera eventual, pero la nostalgia de su pa&iacute;s qued&oacute; relejada en <em>Historias de Whilomville</em>&nbsp;(1900). Su relaci&oacute;n &iacute;ntima con una mujer casada, cuyo marido le negaba el divorcio, lo hac&iacute;a casi imposible. Se estableci&oacute; con ella en Inglaterra, donde vivir&iacute;a con todo lujo mientras dispuso de dinero, dinero que no tard&oacute; en escasear. Al final, se mudaron a un antiguo caser&oacute;n medio en ruinas que no dispon&iacute;a de las m&iacute;nimas condiciones de habitabilidad, menos a&uacute;n para alguien como &eacute;l, aquejado desde joven de dolencias respiratorias: &laquo;Un organismo debilitado y febril no recuperar&aacute; las fuerzas viviendo en habitaciones heladoras y rezumantes de humedad, y dos largos inviernos en Brede pasaron a Crane una elevada factura. La casa en s&iacute; no fue directamente responsable de su muerte, pero no hay duda de que desempe&ntilde;&oacute; un papel importante en su fallecimiento&raquo;, escribe Auster. Sin embargo, consciente de su cercano final, Crane multiplic&oacute; su actividad. Las deudas lo asfixiaban. Aceler&oacute; el ritmo de sus publicaciones, viaj&oacute; a Irlanda, a Par&iacute;s, a Lausana. Ya muy deteriorado los m&eacute;dicos le aconsejan viajar a la Selva Negra y se instalaron en una villa donde atend&iacute;a a sus pacientes el doctor Albert Fraenkel. No transcurrieron muchos d&iacute;as cuando le sobrevino la muerte. Fue embalsamado en Friburgo y trasportado a Londres. All&iacute;, durante varios d&iacute;as sus amigos pudieron despedirse de &eacute;l. El cad&aacute;ver fue, posteriormente, trasladado a Nueva Jersey para ser enterrado junto a sus familiares. En tan corta vida, Crane hab&iacute;a publicado con regularidad novelas, colecciones de relatos (adem&aacute;s de los t&iacute;tulos ya mencionados, podemos citar, por ejemplo<em>, La madre de George </em>(1896),<em> El monstruo y otros cuentos </em>(1899),<em> Servicio activo</em>&nbsp;(1899) y&nbsp;<em>Heridas en la lluvia</em>&nbsp;(1900)―, poes&iacute;a y, por supuesto, multitud de art&iacute;culos period&iacute;sticos, todo lo contrario que Barret, cuya obra, asistem&aacute;tica, desordenada, se public&oacute; fundamentalmente en peri&oacute;dicos―en vida solo public&oacute;, despu&eacute;s de muchas vicisitudes, <em>Moralidades actuales</em>, en 1909, con moderado &eacute;xito, reeditado en Espa&ntilde;a en 2010― y solo despu&eacute;s de su muerte se ha recogido parte de ella en antolog&iacute;as hasta que, por fin, su <em>Obra completa</em> se edit&oacute; en 1943 en Buenos Aires. &laquo;La obra de Rafael Barrett ―escribe Corral S&aacute;nchez-Cabezudo―cosech&oacute; una general falta de aceptaci&oacute;n en el Paraguay de su tiempo. Y no solamente en el &aacute;mbito de los poderes establecidos (fue apresado y desterrado en 1908 tras el golpe del coronel Albino Jara), sino tambi&eacute;n desde los principales ambientes intelectuales del pa&iacute;s. Por el contrario, la obra de Barrett obtuvo un r&aacute;pido &eacute;xito y una gran repercusi&oacute;n en Montevideo, donde apenas residi&oacute; tres meses y medio. Fue en Montevideo donde posteriormente se publicar&iacute;an la mayor&iacute;a de sus escritos&raquo;.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Rafael Barret. A partir de ahora el combate ser&aacute; libre</em>. Pr&oacute;logo de Santiago Alba Rico. Ladinamo Libros, Madrid, 2003.</p>
<p><em>Rafael Barret. Sembrando ideas</em>. Pr&oacute;logo de Roberto Lav&iacute;n. Vida a cargo de Vladimiro Mu&ntilde;oz. Editorial Rodu, Santander, 1992.</p>
<p>Francisco Corral S&aacute;nchez-Cabezudo. Instituto Cervantes. &laquo;Rafael Barret. El hombre y su obra&raquo;</p>
<p>Paul Auster. <em>La llama inmortal de Stephen Crane</em>. Seix Barral, Barcelona, 2021</p>
<p>https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Crane</p>
<p>https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/3215/Stephen%20Crane</p>
<p>https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/crane_stephen.htm</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 12:31:28 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Un universo poético transitado por el sentimiento y la razón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-universo-poetico-transitado-por-el-sentimiento-y-la-razon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RAFAEL_SOLER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Nueva York Poetry Press aglutina en una antolog&iacute;a que condensa cuarenta a&ntilde;os la labor po&eacute;tica de Rafael Soler, desde 1980 hasta 2020.Se trata de la cuarta selecci&oacute;n de su obra po&eacute;tica, tras <em>La vida en un pu&ntilde;o (Antolog&iacute;a)</em>. 2012. Editorial Servilibro y la Asociaci&oacute;n Pistilli Miranda (Asunci&oacute;n, Paraguay), <em>Pie de p&aacute;gina&nbsp;(Antolog&iacute;a)</em>. 2012, n.&ordm; 150 de ElsPlecs del Magn&acirc;nim y <em>Leer despu&eacute;s de quemar</em>. Ol&eacute; Libros 2019. Colecci&oacute;n Vuelta de Tuerca. N.&ordm; 3. Desde el primer poema hasta el &uacute;ltimo verso que compone la antolog&iacute;a po&eacute;tica <em>Demasiado cristal para esta piedra</em> (Nueva York Poetry Press, 2022) que corre a cargo de Luc&iacute;a Comba (compiladora) y se publica en Nueva York dentro de la colecci&oacute;n <em>Piedra de la Locura </em>volumen 16 &ndash; Antolog&iacute;as personales (Homenaje a Alejandra Pizarnik), encontramos el sello personal del autor. No es casual que sea Luc&iacute;a Comba la compiladora de esta interesante antolog&iacute;a que atraviesa los ejes y las tem&aacute;ticas principales de su po&eacute;tica. Compilar una obra po&eacute;tica significa admirar al autor desde el punto de vista humano y literario y, en este caso, el hecho de ser su compa&ntilde;era de vida confirma este hecho. Escoger los poemas que componen este libro no es una tarea f&aacute;cil ya que su trayectoria literaria es tan amplia y variada que requiere una precisa selecci&oacute;n de los que modelan su perfil literario y m&aacute;s concretamente, el po&eacute;tico.</p>
<p>Recordemos que Rafael Soler es un reconocido poeta valenciano, narrador, ingeniero y profesor universitario y, el vicepresidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores. Dentro de su producci&oacute;n novel&iacute;stica podemos destacar seis novelas (<em>El grito</em>&nbsp;(1979), <em>El coraz&oacute;n del lobo</em>&nbsp;(1981), <em>El sue&ntilde;o de Torba</em>&nbsp;(1983), <em>Barranco</em>&nbsp;(1985), <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>&nbsp;(2018) y&nbsp;<em>Necesito una isla grande</em>&nbsp;(2019) y varios libros de poes&iacute;a (<em>Los sitios interiores</em> (<em>sonata urgente)</em>,&nbsp;1980. Colecci&oacute;n Adonais. Ed. Rialp<em>, Maneras de volver</em>,&nbsp;2009. Octava edici&oacute;n 2018, Ediciones Vitruvio, <em>Las cartas que deb&iacute;a</em>. 2020 El &Aacute;ngel Editor, Colecci&oacute;n Pluma Quito, Ecuador.&nbsp; Ediciones Vitruvio, tercera edici&oacute;n 2014, <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em>&nbsp;2014&nbsp;Ediciones Vitruvio. Segunda edici&oacute;n 2014, <em>No eres nadie hasta que te disparan</em>. 2016. Ediciones Vitruvio. Tercera edici&oacute;n 2018, <em>Las razones del hombre delgado</em>.&nbsp;2021. Colecci&oacute;n Pared Contigua volumen 4. Nueva York Poetry Press y <em>Vivir es un asunto personal, </em>publicada en 2021 y recoge su obra completa.&nbsp;2021</p>
<p>Dentro de esta antolog&iacute;a encontramos una selecci&oacute;n de poemas de todos sus libros de poes&iacute;a en la que todos los poemas versan sobre los grandes temas del ser humano como el amor, la existencia, el tiempo, la soledad, la muerte, el elogio a lo mundano, la armon&iacute;a y la felicidad compartidas, los peque&ntilde;os detalles. Una abundante exposici&oacute;n de versos que nos acercan a un creador de la palabra y un seductor del lenguaje. Esta edici&oacute;n nos muestra una pintura como portada de Osvaldo Sequeira en la que refleja la mirada del poeta en tonos ocre, se reproducen fotograf&iacute;as del autor en blanco y negro vinculadas a su vida personal y antecede la misma pintura en grises perla antes de los poemas dedicados como siempre a su mujer Luc&iacute;a. Los poemas aparecen en orden cronol&oacute;gico en una recopilaci&oacute;n de la poes&iacute;a que se considera m&aacute;s esencial y que hab&iacute;a escrito entre 1980 y 2020, destacando en primer t&eacute;rmino el t&iacute;tulo del libro de poemas al que pertenecen e introducidos todos ellos, por su t&iacute;tulo en may&uacute;sculas y en negrita. Se dir&iacute;a que la estructura del libro sigue una exhaustiva l&iacute;nea de publicaci&oacute;n en el mercado editorial con el fin de expresar los rasgos reconocibles por cualquier lector caracter&iacute;sticos de la trayectoria literaria de Rafael Soler.</p>
<p>La contraportada llamar&aacute; la atenci&oacute;n al lector que, sin duda, se detendr&aacute; en las hermosas palabras escritas en blanco sobre fondo negro sobre el autor por parte de Manuel Tur&eacute;gano, editor de Contrabando y Javier Lostal&eacute;, excelente poeta espa&ntilde;ol. Ambos destacan y subrayan las caracter&iacute;sticas esenciales de su po&eacute;tica. No hay que olvidar que muchos de los libros de Rafael Soler han sido traducidos y publicados en franc&eacute;s, ingl&eacute;s, italiano, japon&eacute;s, h&uacute;ngaro y rumano. Ha sido invitado tambi&eacute;n a leer su obra en m&aacute;s de quince pa&iacute;ses y la ha publicado en Bolivia, Ecuador, Honduras, Paraguay, Per&uacute;, Jap&oacute;n, Hungr&iacute;a, Francia, Italia y Ruman&iacute;a. Sin embargo, todos los poemas seleccionados que el lector encontrar&aacute; en la antolog&iacute;a est&aacute;n en espa&ntilde;ol. En un apartado final del libro denominado <em>Abrazos </em>podemos encontrar una mirada caleidosc&oacute;pica de diferentes escritores sobre la escritura de Rafael Soler, un abanico de colores y matices de todas las partes del planeta que abarca desde Antonio Gamoneda, Dante Mafia, Dar&iacute;a Rolland, Gabriel Ch&aacute;vez, Iv&aacute;n O&ntilde;ate, Jaime Siles, Javier Lostal&eacute;, Manuel Tur&eacute;gano, Ra&uacute;l Zurita, Remedios S&aacute;nchez, Rolando Kattan hasta Teuco Castilla. La ciudad de Nueva York en blanco sobre negro nos despide antes de cerrar el libro de poemas que tenemos los lectores entre las manos y nos deja un sabor posmoderno de la ciudad de las luces y las estrellas del XXI, el mismo en tonos crema de la editorial que lo publica y aparece en la contraportada y representa la colecci&oacute;n <em>Piedra de la Locura.</em></p>
<p><em></em>El esp&iacute;ritu que unifica y da sentido a esta selecci&oacute;n de poemas gira en torno a un criterio definido por parte de Luc&iacute;a Comba, compiladora y, en este caso, es de suponer que su planteamiento de elecci&oacute;n se debe a la vida compartida con el autor, en el que el ser vital se unifica en dos seres independientes que caminan a la vez, simult&aacute;neamente y, en paralelo, como seres que recorren una trayectoria vital, humana y literaria en com&uacute;n.</p>
<p>Rafael Soler siempre ha sostenido que es fundamental el acercamiento al Otro para escribir e incorporar su mirada a su propio universo po&eacute;tico transitado por el sentimiento y la raz&oacute;n. No obstante, &eacute;l es consciente que en muchas ocasiones ha perdido la cabeza y ha perdido el control, quiz&aacute;s por amor y como forma de enfrentarse y afrontar la vida o tal vez, para evadir el desamparo de la vejez. Como viajero incansable, Rafael Soler ama &ldquo;las fronteras en la medida que pueden ser contenedores que recogen mundo y miradas distintas, paisajes&hellip; no hay nada m&aacute;s bonito que cruzar la frontera&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Entre las rese&ntilde;as que suscita el primer libro de poemas, <em>Los sitios interiores</em> (1980) conviene fijarse en la que An&iacute;bal Fernando Bonilla hace desde El Mercurio<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn2">[2]</a> donde expone que Soler fue finalista del <em>Premio Adonais</em> y nos invita a visualizar el amor en toda su amplitud as&iacute; como los temas de la ruptura, el abandono y el olvido como eje vertebrador. No olvidemos el car&aacute;cter l&uacute;dico de los poemas, la habilidad e innovaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que le acompa&ntilde;an en su viaje po&eacute;tico con ese matiz existencialista que le caracteriza a Rafa Soler. El papel de la ciudad y el paisaje le permiten al poeta anclarse en el tiempo, la memoria y la naturaleza que envuelve sus percepciones. Sin reglas ortogr&aacute;ficas, sin puntuaci&oacute;n ninguna la voz po&eacute;tica se ajusta a una forma de vivir y de afrontar la existencia.</p>
<p>Sin signos de puntuaci&oacute;n veintinueve a&ntilde;os m&aacute;s tarde vuelve a abordar un cruce de caminos entretejido en la vida del hombre en su libro <em>Maneras de volver (2009) </em>donde cada paso que damos implica y conlleva<em> </em>la duda y la incertidumbre y es f&aacute;cil entrar en un conflicto de elecciones en nuestro un espacio y el tiempo. &ldquo;La poes&iacute;a como documento, como fe de vida. Como presentaci&oacute;n ante lo que pueda llegar, no como despedida. No es poco, es lo justo y adem&aacute;s bastante necesario&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn3">[3]</a> nos dice Francisco Caro. &ldquo;En sus p&aacute;ginas nuevamente -y tal vez con m&aacute;s &iacute;mpetu- el amor aflora y se perpet&uacute;a sin reservas. Los textos de este poemario otean en la humedad del beso, en el escote carm&iacute;n y en la despedida de dos desconocidos tras la cena servida. La musicalidad se asume en el deleite lector. El sujeto l&iacute;rico, &ldquo;curtido el coraz&oacute;n en la intemperie&rdquo;, va a la caza en conquista de aquellos ojos femeninos que rediman la bienaventuranza de la perfumada carne&rdquo; &ndash; un comentario hermoso y certero sobre la poes&iacute;a de Rafael Soler que hace An&iacute;bal Fern&aacute;ndez Bonilla desde <em>El Mercurio<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn4">[4]</a></em>. La memoria late dentro de esta tem&aacute;tica amorosa tres d&eacute;cadas despu&eacute;s del primer libro que se plasma en la antolog&iacute;a. Un conjunto de citas y referencias literarias y cinematogr&aacute;ficas ofrecen una mirada al Otro, un legado, un testimonio, una herencia en la escritura de Soler.</p>
<p>Dos a&ntilde;os m&aacute;s, Soler publica <em>Las cartas que deb&iacute;a</em> (2011) y Jorge de Arco muestra en una rese&ntilde;a interesante c&oacute;mo en &ldquo;catorce apartados, Rafael Soler se enfrenta sin contemplaciones&nbsp;y con desnudada voz a la sombra de un cielo silencioso, al vac&iacute;o de la desesperanza, al temblor de los espacios comunes, a los misterios del amor y el abandono&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn5">[5]</a>. De Arco acent&uacute;a la liquidaci&oacute;n de deudas y exorcismos presentes donde indaga su yo po&eacute;tico. &nbsp;Por supuesto que Soler penetra a trav&eacute;s del verso en &ldquo;lo absoluto, lo inmaterial y lo tangible desde un territorio privilegiado: el de la trascendencia&rdquo; como expresa Jorge de Arco por medio de la b&uacute;squeda del amor y el perd&oacute;n.</p>
<p>&laquo;Perder es la manera de adquirir en soledad una certeza&raquo; - expresa Soler en un poema de su libro <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em> (2014), Premio de la Cr&iacute;tica Valenciana. Entre las rese&ntilde;as que suscita <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em> y aparece en una selecci&oacute;n de poemas en esta antolog&iacute;a, conviene fijarse en la que hace T&uacute;a Blesa&nbsp; nos adelanta el tono autobiogr&aacute;fico de su libro de poemas rememorando las figuras familiares y &nbsp;una b&uacute;squeda del &ldquo;desdoblamiento del yo, y supone la presentaci&oacute;n del personaje desde el mismo nacimiento, si bien se le advierte que el verdadero nacimiento tiene lugar con la llegada del amor, adem&aacute;s de que se le alerta sobre el aprendizaje de la vida y la sabidur&iacute;a que otorga el reconocerse tan s&oacute;lo como "una costura/ en la arpillera universal del fr&iacute;o". La parte final gira en torno a lo ef&iacute;mero de la vida, la muerte, con lo que se cierra el ciclo, la narraci&oacute;n del yo. Moralidades&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>En su obra <em>No eres nadie hasta que disparan</em> (2016), Soler &ldquo;con este turbador t&iacute;tulo, que apela directamente al lector antes de entrar a faenar con los versos que lo componen, Rafael Soler (Valencia, 1947) propone un poemario intenso, con tintes de suspense. Suspense, s&iacute;, porque tiene trama. Y argumento. Escenas, di&aacute;logos soterrados. Silencios. Fundido en negro. Digamos que es una historia hecha poema. O un poema con cuerpo cinematogr&aacute;fico&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn7">[7]</a>. invoca, increpa, solicita, el viaje, el amor, el verdugo, lo eterno, la expresi&oacute;n.</p>
<p>Antes de terminar la antolog&iacute;a, el lector encontrar&aacute; una selecci&oacute;n de poemas de su libro <em>Las razones del hombre delgado</em> (2020) donde la melancol&iacute;a, el desaliento, la soledad, la extra&ntilde;eza de la p&eacute;rdida, y a la vez la aceptaci&oacute;n de la misma, el malestar de vivir, se perfilan como temas esenciales. Con motivo de la publicaci&oacute;n de sus poemas en este &uacute;ltimo libro que integra la antolog&iacute;a, dice en una entrevista<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn8">[8]</a> que le realiz&oacute; la escritora y cr&iacute;tica literaria Juana V&aacute;zquez, &ldquo;En el libro se cruzan y conversan tres voces: el hombre delgado que ya cruz&oacute; la raya, su esposa, que cuida su recuerdo mientras envejece, y la Parca, que cuida sus harapos, atareada anfitriona empe&ntilde;ada en hacer liviano el desagradable trance de hacerte afecto a las tinieblas, y adem&aacute;s adelgazando sin pausa&rdquo;. Vivir es un asunto personal nos recuerda siempre Soler e incluso est&aacute; grabado en las paredes del Caf&eacute; Comercial, &ldquo;la Casa de Todos&rdquo; donde comparte mesa y conversaci&oacute;n con todos los escritores del mundo. Estamos de paso &ndash; nos recuerda Soler en este viaje existencial. &ldquo;Los poemas de este libro est&aacute;n escritos al dictado de otro, y recogidos tambi&eacute;n con asombro y con mucho respeto. Cuando los leo ahora me reconozco en ellos, faltar&iacute;a m&aacute;s, pero siempre con una sensaci&oacute;n de privilegiado intruso. Y la metaf&iacute;sica, aunque no lo parezca, es una intrusa, nada de metaliteratura. Yo estoy metido en la vida hasta el &uacute;ltimo pelo&rdquo; manifiesta en la entrevista. Un libro espiritual de lo cotidiano atravesado por el silencio del Otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafael Soler, <em>Demasiado cristal para esta piedra</em>, Nueva York, Nueva York Poetry Press, 2022.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref1">[1]</a>Pe&ntilde;as, Esther. Todo poeta, sin excepci&oacute;n, tiene su espacio y su momento. Entrevista. Turia Digital (mayo 2022). Disponible en: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-soler-todo-poeta-sin-excepcion-tiene-su-espacio-y-su-momento (Consultado el 19 de febrero 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Interioridades de un coraz&oacute;n curtido&rdquo;. <em>El Mercurio</em>. Ecuador. (25 de julio de 2022) Interioridades de un coraz&oacute;n curtido - Diario El Mercurio. Disponible en: https://elmercurio.com.ec/2022/07/25/interioridades-de-un-corazon-curtido/ (consultado el 4 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref3">[3]</a> Caro, Francisco. Las maneras de volver de Rafael Soler. Mientras la luz (17 de enero de 2010). Disponible en: http://mientraslaluz.blogspot.com/2010/01/las-maneras-de-volver-de-rafael-soler.html (consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref4">[4]</a> Bonilla, An&iacute;bal Fernando. Interioridades de un coraz&oacute;n curtido. El Mercurio. &nbsp;Ecuador. (25 de julio de 2022) Interioridades de un coraz&oacute;n curtido. Disponible en: https://elmercurio.com.ec/2022/07/25/interioridades-de-un-corazon-curtido/</p>
<p>&nbsp;(consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref5">[5]</a> De Arco, Jorge. Alumbrar en soledad una certeza. Andaluc&iacute;a Informaci&oacute;n. Disponible en: https://andaluciainformacion.es/arcos/1060257/alumbrar-en-soledad/ (consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref6">[6]</a> Blesa, T&uacute;a. &Aacute;cido alm&iacute;bar <em>El Cultural</em>, El Mundo, 21 de febrero de 2014). Disponible en: https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/poesia/20140221/acido-almibar/18498538_0.html (consultado el 3 de mayo 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref7">[7]</a> Pe&ntilde;as, Esther. Cuando la poes&iacute;a se vuelve pel&iacute;cula. Solidaridad Digital (6 de octubre de 2016) Cuando la poes&iacute;a se vuelve pel&iacute;cula. Disponible en: https://www.solidaridaddigital.es/noticias/cultura/cuando-la-poesia-se-vuelve-pelicula (consultado el 3 de mayo 2023)&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref8">[8]</a> V&aacute;zquez, Juana. Rafael Soler, <em>Cuadernos del Sur</em>, Entrevista, 14/05/2022. Disponible en: https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2022/05/14/olvidamos-peligrosa-frecuencia-paso-66025482.html (consultado el 3 de mayo 2023)</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 11:59:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Días acotados]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dias-acotados/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MAR_A_CODURAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay etapas en la vida surcadas por la incertidumbre y el contratiempo. Eso es lo que se refleja en <em>Enajenaci&oacute;n transitoria, </em>el &uacute;ltimo poemario de Mar&iacute;a Coduras, editado por Olifante. Esta Doctora en Filolog&iacute;a Espa&ntilde;ola y profesora de Secundaria de Lengua castellana y Literatura da un giro de calidad a su creaci&oacute;n po&eacute;tica y expresa sus sentimientos y vivencias, a ra&iacute;z de una pandemia que supuso un par&eacute;ntesis obligado, una acotaci&oacute;n inoportuna, un vuelco casi repentino a la cotidianeidad de los d&iacute;as sosegados. Tal como dice Almudena Vidorreta en la solapa: &ldquo;Estos poemas se escriben en un tiempo nuevo, posterior a la pandemia, en torno a un <em>ahora </em>reiterado que nos invita a pensar, desde la palabra y el oficio de las aulas, en la esencia del ser y del estar, en todas las preguntas que hab&iacute;amos dejado en el tintero&rdquo;.</p>
<p>El transcurso del tiempo enmarca la estructura de los poemas, que van desde <em>Los comienzos </em>hasta <em>El despu&eacute;s. </em>Unos comienzos de encierro, de enclaustramiento, de aplausos, de inquietudes y de contemplaci&oacute;n de la lluvia desde las ventanas. Los versos &ldquo;Soy m&aacute;s de an&aacute;foras / que de cat&aacute;foras&rdquo; anticipan en el poema <em>Hoy </em>el clima que se respira en cada uno de los hogares, en esas casas personificadas en el barrio zaragozano del Actur: &ldquo;Hoy he visto ventanas / convertirse en sonrisas, / estores y persianas / gui&ntilde;arme al un&iacute;sono sus ojos, / linternas de m&oacute;viles / formar in&eacute;ditas constelaciones&hellip;&rdquo; Es el inicio de unas jornadas vividas y silenciadas entre cuatro paredes. Es el anticipo de un <em>Durante </em>en el que se agudizan los sentidos para percibir el sonido de los pasos, la sinfon&iacute;a de aplausos y la cadencia de una lluvia casi machadiana desde detr&aacute;s de los cristales: &ldquo;Me alegro, / porque ahora todas las lluvias y tormentas / se precipitan e inundan / el interior de nuestras (casas) almas&rdquo;.</p>
<p>En la mente de una amante de la buena Literatura como Mar&iacute;a no pod&iacute;a faltar la alusi&oacute;n a los libros como paraguas de salvaci&oacute;n, como bosques fecundos en medio del p&aacute;ramo. As&iacute; lo manifiesta en el poema <em>Ahora: </em>&ldquo;&hellip;los libros son bosques / en los que respirar aire puro, / y las copas de los &aacute;rboles / el mejor paraguas / para resguardarse de esta tormenta&rdquo;. Una tormenta que convierte los charcos en espejos y que obliga a la autora a evadirse en el mundo de Alicia para huir de la claustrofobia: &ldquo;Encajonada de pies y manos / pens&eacute; en c&oacute;mo hacerme m&aacute;s peque&ntilde;a / o al menos / minimizar mis problemas&rdquo;. Evasi&oacute;n, enso&ntilde;aci&oacute;n, afantas&iacute;a,&hellip;Todo plasmado en algunos poemas breves y profundos como aforismos que, a veces con un trasfondo de iron&iacute;a, invitan a la reflexi&oacute;n: &ldquo;Ahora entendemos la importancia / de la libertad condicional&rdquo;. &ldquo;Cada d&iacute;a se van m&aacute;s vivos / y vuelven m&aacute;s amigos imaginarios&rdquo;. &ldquo;Los soles de mis l&aacute;mparas / no suministran vitamina D&rdquo;.</p>
<p>Una asociaci&oacute;n sorprendente de adverbios temporales &ndash;<em>El durante del despu&eacute;s&ndash; </em>anticipa la parte m&aacute;s densa y lograda del poemario. Esa parte que culmina con <em>Emoji</em>, un poema breve pero inolvidable: &ldquo;Vivimos entre par&eacute;ntesis / y dibujaremos una sonrisa / al llegar a su cierre&rdquo;. Estos poemas dibujan una imagen casi distorsionada &ndash;&ldquo;sobre fondos / borrosos&rdquo;&ndash; y manifiestan con contundencia casi sentenciosa esa realidad cotidiana de la ciudad vac&iacute;a &ndash;&ldquo;Demasiados locales / con los ojos cerrados&rdquo;&ndash; y esa prolongaci&oacute;n de los efectos de un virus que, con el engorroso uso de la mascarilla, ha convertido la realidad&nbsp; en un macabro baile carnavalesco: &ldquo;Este baile de m&aacute;scaras ha durado demasiado, / y este virus / disfrazado de millones de cuerpos / se ha convertido en un verdadero asesino en serie&rdquo;. Por eso, la poeta vuelve a la met&aacute;fora de los &ldquo;&aacute;rboles letrados&rdquo; y alude al milagro de la intertextualidad para transformar el presente anodino en un bosque de hoja perenne. Un bosque que nos invita a volver al mundo rural, esa<em> Dieta rural </em>con &ldquo;curvas saludables&rdquo; y gui&ntilde;os a las vivencias de la infancia.</p>
<p>El <em>durante y despu&eacute;s, </em>con el paso lento e implacable de los d&iacute;as de enclaustramiento, abren la puerta a unas <em>Semipresencialidades </em>&ndash;&ldquo;Ahora estamos / pero no estamos&rdquo;&ndash; que nos llevan de la mano al mundo apasionante de las aulas. Porque Mar&iacute;a Coduras es una profesora cien por cien vocacional, que vive con pasi&oacute;n cada minuto de docencia con sus alumnos de Secundaria. Por eso, lamenta los efectos secundarios de la pandemia, pero se alegra de volver a compartir en el aula las inquietudes de estos adolescentes: &ldquo;Contemplar los rostros de los estudiantes, / seguir con Juan Ram&oacute;n y sus versos&hellip;/ Seguir con Machado / y sentir caer la lluvia / pero en otros cristales&rdquo;. Unos cristales que no aten&uacute;an el fr&iacute;o de las aulas y que convierten al docente vocacional en un m&eacute;dico que empatiza y remedia los altibajos an&iacute;micos de los alumnos: &ldquo;El mejor examen posible / es aquel al que te permiten llegar / los ojos del alumno&rdquo;.</p>
<p>Como colof&oacute;n de este excelente poemario, la parte <em>Un despu&eacute;s </em>condensa en un poema que deja abierta la tarea del poeta como aquello que se plasma en una p&aacute;gina en blanco, dif&iacute;cil de descifrar en un futuro: &ldquo;Las penas de la mayor&iacute;a / se escriben con tinta invisible. / Por eso viviremos y olvidaremos / pero nunca conoceremos / lo escrito en estas p&aacute;ginas en blanco&rdquo;. Unas p&aacute;ginas que dejan al lector amante de la buena poes&iacute;a con la miel en los labios y con el deseo de releer y saborear cada uno de los versos que nos regala la poeta zaragozana. De lo cotidiano, de las vivencias durante d&iacute;as de confinamiento, del regreso progresivo a la llamada normalidad, ha construido un edificio po&eacute;tico denso, profundo y reflexivo. Todo ello con el aderezo de met&aacute;foras, juegos de palabras y la exquisitez de las figuras ret&oacute;ricas. De esos d&iacute;as acotados han brotado bosques de palabras que nos resguardan de la lluvia inesperada y se abren como abanicos literarios al mundo apasionante de las aulas, de las calles, del regreso al pasado y de la nostalgia del mundo rural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Coduras Bruna, <em>Enajenaci&oacute;n transitoria, </em>Zaragoza, Olifante, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 11:40:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduard Márquez: “Los límites de la identidad es una de mis obsesiones”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eduard-marquez-los-limites-de-la-identidad-es-una-de-mis-obsesiones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/EDUARD_M_RQUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Existencias al l&iacute;mite de lo soportable por un hast&iacute;o homicida no siempre consciente; tramas sorprendentes, descritas con cierta alergia a la alharaca que deja rastro sutil de humor encapotado; personajes que reaparecen p&aacute;ginas despu&eacute;s para contarse de otro modo. <em>La elocuencia del francotirador</em>, reeditado por Firmamento, un ramillete de relatos escritos con exacta pericia y belleza por Eduard M&aacute;rquez (Barcelona, 1960), un autor de culto entusiasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que un francotirador sea elocuente, &iquest;juega a favor de su cometido o lo entorpece?</p>
<p>- Juega a su favor, porque, aunque no act&uacute;e, su labor tiene sentido si se sabe que est&aacute; ah&iacute;, agazapado y esperando el momento oportuno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cuando la vida de uno se parece a &laquo;sentirse atrapado dentro de una esclusa abandonada&raquo;, &iquest;qu&eacute; conviene hacer? &iquest;Hay enmienda posible?</p>
<p>- Si se tiene clara la alternativa y se tiene suficiente valor para hacerlo, solo hay una soluci&oacute;n: romper amarras y vivir de acuerdo con lo que uno siente. En caso contrario, solo queda conformarse e intentar que el agua de la esclusa no se llene de mucha porquer&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;Ha dejado caer el dedo sobre una gu&iacute;a abierta al azar&raquo;, termina uno de los relatos. &iquest;Cu&aacute;nto de azar hay en la escritura?</p>
<p>- En los puntos de partida, en lo que Patricia Highsmith llama &laquo;el germen de una idea&raquo;, todo es azar. Una conversaci&oacute;n, una noticia en el peri&oacute;dico, un recuerdo, una imagen, una situaci&oacute;n, un estado de &aacute;nimo, un color&hellip; Solo hay que estar atento a tu alrededor y dejarte sorprender. En la escritura (es decir, en la construcci&oacute;n narrativa, estil&iacute;stica y ling&uuml;&iacute;stica del texto), el azar juega un papel menos determinante. Al menos para m&iacute;. Necesito tenerlo todo m&aacute;s o menos controlado antes de ponerme a escribir. Saber ad&oacute;nde voy y por d&oacute;nde pasar&eacute;. Lo cual no quiere decir que no aproveche las posibles sorpresas que pueda aportarme el proceso.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La literatura surge de la vida&rdquo;</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong></strong>- &laquo;Vinculada a menudo a la est&eacute;tica de los hallazgos en los contenedores&raquo;. La materia de la literatura, &iquest;surge de los deshechos, de los descartes?</p>
<p>- La literatura surge de la vida. Por lo tanto, surge de cualquier cosa. De la ilusi&oacute;n o de la frustraci&oacute;n, de la felicidad o de la tristeza, de la calma o de la rabia, del placer o del dolor, de la complicidad o del odio&hellip; Sea lo que sea, solo hay que estar dispuesto a vivirlo a fondo para sacarle el m&aacute;ximo rendimiento y poder escribir algo que valga la pena y que compense lo que se haya tenido que encajar para llegar a ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo que mueve a la mayor&iacute;a de los personajes es, no el amor, sino un enemigo, un otro sombr&iacute;o que termina, desde lo tr&aacute;gico, o lo perverso, o lo inquietante en cualquier caso, por darles sentido. La intensidad narrativa, &iquest;es inversamente proporcional a lo siniestro y complejo (la sombra, que dir&iacute;a Jung) de los personajes?</p>
<p>- Lo que mueve a la mayor&iacute;a de personajes es la voluntad de superar los l&iacute;mites impuestos por uno mismo o por los dem&aacute;s. De hecho, los l&iacute;mites de la identidad es una de mis obsesiones. Creo que se explica muy bien en uno de los cuentos: &laquo;De siempre, Julien Claes se hab&iacute;a sentido recluido dentro de los l&iacute;mites de una identidad &uacute;nica. La primera angustia de la que guardaba memoria, m&aacute;s all&aacute; de la oscuridad o de la a&ntilde;oranza, estaba vinculada al reparto de los personajes de los juegos infantiles. A la hora de escoger, lo dif&iacute;cil no era tanto hacerse a la idea de las consecuencias de la elecci&oacute;n, de acuerdo con la personalidad de cada cual (mandar o someterse, vestirse de una manera o de otra, ser protagonista o secundario), como asumir que cada papel comportaba la negaci&oacute;n de todos los dem&aacute;s. Si hubiera podido elegir los efectos de una p&oacute;cima m&aacute;gica, Julien Claes habr&iacute;a pedido representarlos todos al mismo tiempo. Ser pirata y h&eacute;roe, pr&iacute;ncipe y bruja, duende y drag&oacute;n. Con el paso de los a&ntilde;os, a medida que se le exig&iacute;a una dosis creciente de decisiones un&iacute;vocas, Julien Claes se sent&iacute;a cada vez m&aacute;s atrapado. Ser lo que se esperaba de &eacute;l, sobre todo a costa de demasiadas posibilidades perdidas, supon&iacute;a un sacrificio excesivo. Casi sin querer, la opci&oacute;n de multiplicarse, de llevar el m&aacute;ximo n&uacute;mero de vidas paralelas, lo cautiv&oacute; como una quimera redentora&raquo;. La sensaci&oacute;n de que &laquo;cada papel comporta la negaci&oacute;n de todos los dem&aacute;s&raquo; me ha perseguido desde ni&ntilde;o. Recuerdo perfectamente el dolor y la rabia de tener que escoger y, consecuentemente, de autolimitarse. Porque excluir limita. Y, en cierta manera, a&uacute;n me ocurre. Si fuera posible, me gustar&iacute;a vivir muchas vidas al mismo tiempo. No sucesivamente, &iquest;eh?, que, si se tiene el valor suficiente, puede ser m&aacute;s f&aacute;cil, sino al mismo tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura no cura nada. Tampoco es su utilidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Otro de los motores de la narraci&oacute;n es el hast&iacute;o vital (pienso, por ejemplo, en la mujer que contrata un detective para seguirse a s&iacute;). &iquest;De qu&eacute; cura la literatura?</p>
<p>- Creo que la literatura no cura nada. Tampoco es su utilidad. La literatura sirve para redondear la vida en los buenos momentos y para hacerla m&aacute;s llevadera en los malos. Como un paisaje, como una melod&iacute;a, como un cuadro, como una escultura&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No merece la pena morir por nada&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A prop&oacute;sito de &laquo;Atasco&raquo;. &iquest;Merece la pena morir por amor?</p>
<p>- No merece la pena morir por nada. Pero, llegados a un extremo en que sea imposible evitarlo, m&aacute;s vale morir por amor (a una persona, a una idea, a un lugar&hellip;) que por odio, o por los delirios de alguien, o por ambiciones esp&uacute;reas, o por servilismo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es posible huir de uno mismo, como hace alguno de estos personajes? Cuando uno escribe, &iquest;huye o sale al encuentro de s&iacute;?</p>
<p>- Nunca he escrito para huir. En todo caso, en algunas ocasiones, he escrito para aclararme, para entender algo que se me escapaba, para rendir cuentas con mi pasado, con mis dudas y con mis incertidumbres. Y no siempre lo he conseguido. Pero algo ayuda. Y, en otros momentos, he escrito por el simple placer de fabular y de jugar con el lenguaje. Solo para divertirme. De una u otra manera, s&iacute; tengo claro que, cuando invento vidas, soy una persona m&aacute;s feliz y soportable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Quiz&aacute;s a la mayor&iacute;a de los lectores les sorprenda lo anodino y rutinario de los protagonistas de estas historias pero, mirados de cerca, &iquest;no nos parecemos demasiado a ellos, acaso no somos ese &laquo;hombre est&aacute;ndar que camina por la calle&raquo;?</p>
<p>- Siempre que se habla de personas est&aacute;ndares, o anodinas, o normales&hellip;, me viene a la cabeza la respuesta del poeta Philip Larkin a quienes consideraban que su mundo era limitado, t&oacute;pico o vulgar: &laquo;Me gustar&iacute;a saber en qu&eacute; mundo infestado de dragones viven esos tipos que les permite utilizar con tanta libertad la palabra &ldquo;t&oacute;pico&rdquo;&raquo;. Me parece una respuesta genial.</p>
<p>- Hay una corriente de humor (sutil, socarr&oacute;n) que atraviesa los relatos. En el desasosiego, &iquest;el humor lo intensifica o abre una grieta por la que entre el aire?</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;A veces, el humor sirve para intensificar la inquietud. Y, a veces, ocurre lo contrario: el humor es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Las dos cosas. A veces, el humor sirve para intensificar la inquietud. Ah&iacute; est&aacute;n los casos de Kafka o de Bernhard, por ejemplo, que en algunos momentos son hilarantemente dolorosos. O dolorosamente hilarantes. Y, a veces, ocurre lo contrario: el humor es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno. Es el caso de Wodehouse o de Sharpe. O de algunas narraciones de Waugh, de Saki, de Fante, de Sedaris&hellip; Con lo cual no quiero decir que se trate de autores fr&iacute;volos, ni mucho menos, sino que su mirada es un poco m&aacute;s clemente para con sus lectores.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La literatura sirve cuando abre puertas y ventanas, cuando ampl&iacute;a horizontes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el hombre al que todos confunden con otro alguien. &iquest;Hasta qu&eacute; punto la literatura es un palimpsesto?</p>
<p>- La literatura no funciona por superposici&oacute;n. Porque la superposici&oacute;n esconde lo que est&aacute; debajo. Y esto no sirve de nada. La literatura sirve cuando abre puertas y ventanas, cuando ampl&iacute;a horizontes, cuando cuestiona, cuando reta, cuando provoca, cuando altera, cuando remueve&hellip; Y todo ello para bien o para mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la evidencia de que una vida ha quedado reducida &laquo;a un flujo mec&aacute;nico sin ning&uacute;n inter&eacute;s&raquo;?</p>
<p>- La frustraci&oacute;n, la rabia, el insomnio, el aburrimiento, el miedo, la desesperanza, el resentimiento&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me parece un verdadero lujo tener la oportunidad de volver a lo que uno ha escrito y actualizarlo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La experiencia de revisitar estos relatos, m&aacute;s de veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido publicados por vez primera, &iquest;produce extra&ntilde;eza, regocijo, estupor&hellip;?</p>
<p>- De todo un poco. En el a&ntilde;o 2014, volv&iacute; a estos cuentos, publicados en 1995 y en 1998, para una reedici&oacute;n en catal&aacute;n. Entonces aprovech&eacute; la ocasi&oacute;n para eliminar 29 narraciones y para repasar el resto. Alter&eacute; el orden, cambi&eacute; t&iacute;tulos y personajes, elimin&eacute; y a&ntilde;ad&iacute; fragmentos, reescrib&iacute; frases enteras&hellip; Y ahora, nueve a&ntilde;os m&aacute;s tarde, he vuelto a hacer lo mismo. Me parece un verdadero lujo tener la oportunidad de volver a lo que uno ha escrito y actualizarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de Jordi M&aacute;rquez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 09:37:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último baile de Adán y Eva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ultimo-baile-de-adan-y-eva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RAFAEL_SOLER_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Por fin las dos hermanas se han reencontrado despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os. Las dos novelas de la Transici&oacute;n de Rafael Soler vieron la luz con una diferencia de pocos a&ntilde;os, en 1979, y en 1982, respectivamente. A ra&iacute;z de su reedici&oacute;n posterior sus destinos se separaron. A un lado del Atl&aacute;ntico, en Paraguay, se public&oacute; &ldquo;El grito&rdquo;, y en Espa&ntilde;a, reapareci&oacute; &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo;. La editorial valenciana de Manuel Tur&eacute;gano, Contrabando, ha hecho posible la feliz reuni&oacute;n.</p>
<p class="Standard">Enfrentar las dos novelas es un est&iacute;mulo a&ntilde;adido al valor que atesora cada una por separado. El exhaustivo y l&uacute;cido pr&oacute;logo de la profesora Elvire G&oacute;mez-Vidal Bernard las mantiene unidas mediante s&oacute;lidos argumentos a la espera que el lector encuentre nuevos e inusitados v&iacute;nculos y desacuerdos entre ellas.</p>
<p class="Standard">La Transici&oacute;n (democr&aacute;tica) espa&ntilde;ola, que se dio por concluida con la aplastante victoria del Partido Socialista, liderado por Felipe Gonz&aacute;lez, fue la &eacute;poca durante la cual el escritor levantino escribi&oacute; estas dos novelas, y tambi&eacute;n es el per&iacute;odo en el que, mientras la sociedad espa&ntilde;ola hac&iacute;a planes con la reci&eacute;n adquirida libertad pol&iacute;tica, los personajes creados por Soler, a saber, Teo/Carmen, y Alberto/Ana, sufr&iacute;an la desilusi&oacute;n suprema e inapelable del desencuentro amoroso, poco despu&eacute;s de que se aprobara la ley del divorcio (1978) que dio cobertura a la disoluci&oacute;n civil del matrimonio en Espa&ntilde;a.</p>
<p class="Standard">La fe ciega que profesa Rafael Soler en la capacidad de su escritura es inversamente proporcional a la decepci&oacute;n que los respectivos c&oacute;nyuges sienten ante el estado ruinoso de su matrimonio. Al parecer el escritor y poeta se mor&iacute;a por saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a cuando a estas novelas, tan bien recibidas entonces, se les quitara el precinto con el que, vete a saber qui&eacute;n, las hab&iacute;a clausurado y preservado. El resultado es que, al abrir el precinto de sus p&aacute;ginas, y entrar en contacto con la atm&oacute;sfera presente, con la actualidad literaria, saltan chispas. Se enciende el aire. El que esto escribe puede servir de testigo de esta experiencia, pues nac&iacute; al mismo tiempo que el dictador agonizaba de muerte, aprend&iacute; a hablar y a leer, por lo tanto, cuando Rafael Soler escrib&iacute;a estas dos novelas. Para los hijos de la transici&oacute;n estas dos propuestas son una prueba tan exigente como excitante. &ldquo;El grito&rdquo; y &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo; suponen una vuelta de tuerca al g&eacute;nero novelesco. El escritor del diecinueve y el primer tercio del siglo veinte nos serv&iacute;a en bandeja unas ficciones ordenadas biogr&aacute;ficamente y organizadas por su pluma omnisciente. Rafael Soler, por el contrario, nos tiende la mano y el hilo con el fin de que terminemos la tarea de unir todas las cuentas y las perspectivas. Hay que remangarse para deducir qui&eacute;n habla a partir del nombre del personaje a quien aquel se dirige. Soler no es un escritor, es un diablo que llega a un pacto f&aacute;ustico con el lector, del que este &uacute;ltimo nunca va a arrepentirse.</p>
<p class="Standard">Aunque hay un riesgo que los que pacten con el diablo deber&iacute;an eludir: que el estilo les hipnotice hasta el punto de que su conciencia no se sienta aludida por los intensos conflictos que hacen naufragar a los personajes. Hay una coherencia entre el estilo y la cr&oacute;nica del desencanto que aborda cada uno de los libros. El desconcierto del estilo se infiltra en el para&iacute;so arruinado en el que habitaban Ad&aacute;n y Eva, aunque se llamen &ldquo;Teo&rdquo; y &ldquo;Carmen&rdquo;, o &ldquo;Alberto&rdquo; y &ldquo;Ana&rdquo;. El estilo se decanta en forma de concentrada desesperaci&oacute;n. Si en lugar de una novela, Rafael Soler hubiera escrito un ensayo orteguiano, lo habr&iacute;a titulado &ldquo;La libertad como problema&rdquo;. Ahora bien, el tono es existencialista. Con una o dos d&eacute;cadas de adelanto, Sartre hab&iacute;a ca&iacute;do en la cuenta de que la libertad es una condena, y de por vida.</p>
<p class="Standard">Las dos novelas de Rafael Soler nos hacen preguntarnos, si, adem&aacute;s de estar condenados a ser libres, estamos condenados a estar solos. A &ldquo;Teo de la selva o de los monos&rdquo; se le presenta la &uacute;ltima oportunidad de rescatar a &ldquo;Jane&rdquo; (&ldquo;Carmen&rdquo;) en la &uacute;ltima noche del a&ntilde;o. Y &ldquo;Alberto&rdquo;, el lobo solitario, dispone de una semana santa, y apuesta lo que le queda a Menorca, con el fin de salvar su matrimonio con &ldquo;Ana&rdquo;. Se conceden un &uacute;ltimo baile. O tal vez no sea el &uacute;ltimo.</p>
<p class="Standard">&ldquo;Teo&rdquo; llega a la selva de asfalto de la capital a la que se accede por la Estaci&oacute;n de Atocha, lleva una existencia noct&aacute;mbula, gris, despu&eacute;s de la separaci&oacute;n. La luz de la ciudad, del hotel en el que se da cita con &ldquo;Carmen&rdquo; es artificial. El drama se desarrolla de noche. El desamor que separa a &ldquo;Alberto&rdquo;, el protagonista de &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo;, de &ldquo;Ana&rdquo; acontece a plena luz. No es una luz cualquiera, es el sol del Levante, que se refleja en el mar que vio nacer a Rafael Soler, y es el mismo que Paco Brines adivinaba desde su santuario de Elca. Esta luz revela que el barco del &ldquo;capi&rdquo;, as&iacute; es como le llama &ldquo;Fanny&rdquo;, la novia de ocasi&oacute;n que se ha echado, va a la deriva, pero tambi&eacute;n ilumina su intento postrero de enderezar su rumbo y su matrimonio.</p>
<p class="Standard">La partida de sus matrimonios estaba perdida al poco de comenzar el juego. Todos los personajes han sufrido un exilio precipitado de la infancia y la adolescencia temprana, el tiempo y territorio en el que todav&iacute;a tienes esperanza de encontrar el tesoro, como dicen los libros gracias a los cuales nos iniciamos en la vida. Este pa&iacute;s imposible fue el que el propio Soler evoc&oacute; gracias el poemario &ldquo;Los sitios interiores&rdquo;, publicado en el intervalo que hubo entre la publicaci&oacute;n de los dos libros. Sin embargo, &ldquo;Teo&rdquo; no lleg&oacute; a ser escritor (a no ser que se decida a escribir &ldquo;El grito&rdquo;, como insin&uacute;a Soler), como entonces esperaba, tuvo que conformarse con ser periodista, ni &ldquo;Alberto&rdquo; se convirti&oacute; en pintor, como mucho arquitecto para alicatar los proyectos horteras de los que han medrado en el r&iacute;o revuelto de la Transici&oacute;n. Las dos parejas protagonistas de sendos libros hab&iacute;an proyectado amarse, y no tanto casarse, que es lo que les corresponde en suerte. Les gustar&iacute;a quererse, pero no saben c&oacute;mo hacerlo. Ambos soportan su condena, la vida &ldquo;se los comi&oacute;&rdquo; a los dos. Si bien es Ad&aacute;n quien ha echado arena y ha apagado el fuego sagrado que honra a los lares dom&eacute;sticos. Ahora se mueren de fr&iacute;o. Porque, tal y como Oscar Wilde repite en varias de las baladas que compuso en el penal de Reading, &ldquo;todo hombre mata lo que ama&rdquo; (&ldquo;Each man kills the thing he loves&rdquo;). &ldquo;He, not she&rdquo;. Hay en ambos libros pruebas a favor de la existencia de una maldici&oacute;n masculina, la que determina el destino fatal del lobo. El grito o el aullido, en cualquiera de los dos casos, es la interjecci&oacute;n impotente del padre fallido, y del hijo aterrorizado, y aquejado de autismo, y del marido ad&uacute;ltero.</p>
<p class="Standard">Los hijos y nietos de la transici&oacute;n que se acerquen a estas novelas hermanas, que no gemelas, est&aacute;n de enhorabuena, ya que despu&eacute;s les quedar&aacute; todav&iacute;a por leer &ldquo;El sue&ntilde;o de Torba&rdquo;, o &ldquo;Necesito una isla grande&rdquo;, o podr&aacute;n leer, a buen seguro de que lo har&aacute;n, la imponente obra po&eacute;tica de Rafael Soler, publicada en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. En cuanto a los que quieran escribir, despu&eacute;s de leer estas novelas, habr&aacute;n aprendido que cuando uno es joven y se siente apremiado a escribir hay que salir siempre a ganar, nunca a empatar, y todav&iacute;a menos a epatar.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler. <em>Dos novelas de la Transici&oacute;n. El grito y El coraz&oacute;n del lobo</em>. Valencia, Contrabando, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 09:08:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia que corre por mis venas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-historia-que-corre-por-mis-venas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LUCAS_BENET_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>La historia comienza con la sangre que corre por mis venas, y contin&uacute;a hasta dar con la nutrida flor de mi cerebro. Sin embargo, esta historia no es a expensas de mi cerebro, o de un &oacute;rgano aislado del conjunto de mi cuerpo. Todo &oacute;rgano vivo y sano cuenta para esta historia, porque es la historia de mi sangre, y tambi&eacute;n de la sangre que corre por mis venas.</p>
<p>Pero no es la historia de alguien en concreto, o de mi mismo, es m&aacute;s bien la historia de los que no tienen rostro. Es la historia de aquellos olvidados en el camino. Es la historia de los que recorren la tierra, de los migrantes sin rostro ni tierra. Un desarraigo que comienza all&iacute; donde no puede haber m&aacute;s que sangre y tierra, corriendo ambas en paralelo en una huida hacia adelante mediada por la fuerza muscular de cada cuerpo. Es la historia de aquellos que viajan, y que recorren la distancia hasta terminar con su vida e identidad, su tr&aacute;nsito finito de promesas a&uacute;n por cumplir.</p>
<p>Sin embargo, para personalizar un cuerpo o varios a la vez bajo un mismo discurso, es preciso que hable una voz, que ser&aacute; la m&iacute;a. Pero no se tratar&aacute; de una autoridad sobre el resto de identidades a las que yo inmiscuyo en mi historia. Se tratar&aacute; m&aacute;s bien de una voz narrativa que esclarezca el por qu&eacute; de este recorrido. Por eso hablar&eacute; de mi camino en com&uacute;n con otros desde mi mismo, desde mi autoridad sobre el cuerpo que ostento y que, por su parte, nada dejar&aacute; atr&aacute;s en el olvido durante mi recorrido caminante y hablante. A partir de ahora, hablar&eacute; de mi mismo y de mi destino caminante.</p>
<p>Contin&uacute;o a partir de un comienzo, de un flujo en incesante cambio hacia una meta cada vez m&aacute;s lejana. Una meta siempre distante con cada paso dado. Sin embargo, mis pasos son decididos y dirigidos a un destino inevitable. Un destino no necesariamente geogr&aacute;fico, sino un destino de apropiaci&oacute;n, un destino hacia el origen de mi identidad.</p>
<p>Un viaje que termina en mi identidad. Y en toda la propiedad que poseo bajo mis pies andantes &ndash;una tierra de accidentes y de caminos a&uacute;n por abrir. Sobre mis pies se erige una fuerza que no cede, y una musculatura que me impulsa a gobernar &ndash;con los suficientes alimentos ingeridos&mdash; una voluntad por continuar mi camino de promesas, y que no terminar&eacute; de cumplir hasta que llegue a lo prometido.</p>
<p>Un migrante, un desarraigado y un errante con un destino prometedor, pero no localizable en un destino geogr&aacute;fico. No soy m&aacute;s que la mancha o la gota sobre un lienzo que, sin su lugar intencional, corre de aqu&iacute; para all&aacute; haciendo de si misma un recorrido que mancha y que deja huella. Sin un lugar en el que quedarme, un lugar que no est&aacute; en los mapas, puedo hacer de ese lienzo mi tierra. Un lienzo m&oacute;vil que rota sobre un eje y al que he entregado todo poder de decisi&oacute;n porque no me resolver&aacute; destino alguno si me propongo asentarme en alguno de sus territorios.</p>
<p>Es un lienzo o una tierra, un camino que rota sobre un eje y que queda siempre expuesto a los elementos del clima y de la consabida presi&oacute;n atmosf&eacute;rica, los cuales me permiten un entorno o, m&aacute;s bien, un espacio de tr&aacute;nsito de temperaturas templadas y evita que yo muera de fr&iacute;o o sofocado, expuesto como siempre lo estoy a la intemperie. Un lienzo que no hace m&aacute;s que ser por s&iacute; mismo, que se reduce a la fundamental fuerza de la gravedad y de cuyos pasos da moment&aacute;neamente cuenta aquel trazado que yo mismo marco. Una identidad migrante y sin hogar fijo, con menos proyecci&oacute;n en el lenguaje que el que me permite el di&aacute;logo con entidades, humanas y no humanas. Y yo, como pintura sobre el lienzo, me muevo manch&aacute;ndolo: porque no hago otra cosa que manchar. Y el resultado no puede ser otro que una pintura <em>en camino</em>, una pintura de caminos, una pintura caminante. Y yo no hago m&aacute;s que manchar con mis pies aquello sobre lo que me deslizo: la identidad del migrante sin m&aacute;s tierra que su propio lienzo m&oacute;vil de apariencias y de reverberaciones.</p>
<p>Un lienzo con mejor destino siempre que el asfalto no intervenga y ennegrezca con su densa arena bituminosa la tierra sobre la que me sustento. Una tierra a punto de ser caminada, enroscada en s&iacute; misma sin m&aacute;s fundamento que la apariencia territorial a la que se sustrae.</p>
<p>La continuidad de la historia que ya ha comenzado y a la cual ya hemos llegado tarde para verla nacer: esa es la historia que corre por mis venas. Es la historia de todo lo habido y por haber. De lo vivido y lo hecho, pero tambi&eacute;n de lo prometido y lo enviado. La historia que corre por mis venas es la sangre de mi organismo en tr&aacute;nsito hacia la meta de mi identidad.</p>
<p>Soy una mancha porque el paso que ejerzo sobre la tierra es un paso intencionadamente sin lugar ni peso en la existencia. En una sociedad sedentaria, mi paso no puede prolongarse mucho, por eso he de marchar y rotar sobre m&iacute; mismo como un eje sobre su centro porque la sociedad no es n&oacute;mada. Los n&oacute;madas recorremos la tierra manchando, pero sin quemar, por eso considero que yo soy alguien que mancho, pero no necesariamente quemo all&iacute; por donde pase, aunque se me acuse algunas veces de lo contrario. Soy una mancha que mancha en su recorrido, porque no siempre sobre un lienzo virgen hay una coincidencia entre el color a aplicar y el color aplicado. A eso se le llama mancha, por lo tanto, yo soy alguien que no coincide en ning&uacute;n lugar. Estoy solo sobre mis propios pies marchantes y <em>manchantes</em> de un arte ef&iacute;mero y perecedero sobre la tierra estoica, pero de todos nosotros.</p>
<p>Mis pasos sobre la tierra son certeros. La direcci&oacute;n tomada podr&iacute;a ser la equivocada, pero para saber eso tengo todo el camino del mundo por delante. Porque no se trata de un camino particular o concreto, sino de uno singular y absoluto. Y puede ser, ciertamente, que lo absoluto sea un camino err&oacute;neo. Pero no por ello dejar&eacute; de comer y de alimentarme sobre mis pies marchantes, y prohibirme el paso sobre este camino incierto. Se trata de un camino que no puede ser recorrido por s&iacute; mismo, ya que su comienzo y su final se conocen de antemano de principio a fin. Pero eso no es lo que me interesa. A mi lo que m&aacute;s me importa, y creo que a todos tambi&eacute;n, es el tr&aacute;nsito del caminante. Pues no es una marcha forzada, ni obligatoria. Es el camino del mundo que puede hacerse de m&uacute;ltiples maneras y ritmos. Puede incluso que el camino no termine nunca, o que la vida del caminante termine antes de ver su destino. Sin embargo, los que nos quedamos continuamos caminando.</p>
<p>Es el m&eacute;todo de lo transitorio ah&iacute; donde se nos permite la m&aacute;s rigurosa de las improntas para nuestra preparaci&oacute;n antes de llegar a nuestro destino.</p>
<p>Ah&iacute; donde comience el camino del mundo es ah&iacute; donde nacemos. No nacemos en un lugar intencional, o ah&iacute; donde elegimos. Nacemos donde encontramos el camino a la vida: un no lugar en el mundo a punto de ser abandonado. Por ese motivo nadie deja de ser migrante; porque desde que nacemos ya iniciamos la apertura a un horizonte de posibilidad y de caminos. Pues no se trata tanto de d&oacute;nde nacer, d&oacute;nde originarse, sino de hacia d&oacute;nde ir una vez ya estamos ah&iacute;, en el punto de no retorno. No es de otro modo que nacer y perecer comparten el mismo punto de identidad terminal: el origen del nacimiento y el destino de la muerte. Sin embargo, esta historia no es para recordar a los vivos o para mantener una tasa concreta de nacimientos por cada generaci&oacute;n. Esta historia es para los que se quedan, para los que caminan. Lo prometido es un destino de acercamiento a la m&aacute;s certera de las posibilidades: la muerte. Y, por lo tanto, de alejamiento del m&aacute;s alejado de los or&iacute;genes: el nacimiento. Es por ello que la condici&oacute;n del no nato, del no nacido, es la imposibilidad de no ser originado, de no ser caminante de un camino propio. Negado a ser arrojado.</p>
<p>Pero quiz&aacute; sea &eacute;se mismo punto de partida el error de todo comienzo. De todo recorrido posible y posibilitador. Porque el no nacido es alguien imposible y contingente, sin necesidad de darse su cuerpo o su voz. Ese no nacido es todo el abandono posible que dejamos atr&aacute;s y que olvidamos una vez nos embarcamos en la vida. El olvido de la contingencia de no haber nacido o de no haber sido originados. El nacimiento originador &ndash;ese fundamental primer paso de camino a la muerte&mdash; es el env&iacute;o a partir del cual abrirse camino en el mundo. Un mundo de posibilidades allende el lugar de nacimiento. A trav&eacute;s del cual somos depositados, iniciados en el recorrido &uacute;nico y de un solo sentido. Exteriorizado por un cuerpo, un rostro y una voz que dominan su volici&oacute;n por terminarlo con la dignidad propia de quien comienza algo; por terminarlo por el solo hecho de haberlo comenzado.</p>
<p>Sin saber a d&oacute;nde dirigirse continuamos el camino de aperturas y de contingencias. No necesariamente es un camino decidido al mil&iacute;metro dentro de un conocido abanico de posibilidades, pero s&iacute; es un camino ocasionado por la fuerza del nacimiento. Un nacimiento de vida y de camino, y de rotulaci&oacute;n de la vida por el camino elegido, pero en ning&uacute;n caso es un camino &uacute;nico y certero. Es todo lo que puedo decir por el momento: estar forzados a caminar una vez encontramos el mundo bajo nuestros pies.</p>
<p>No todo momento es oportuno para escribir. No puedo escribir mientras camino y mancho. Ahora que estoy sentado, medito y escribo quieto en un banco de la esquina evaluando cu&aacute;l es el presente mundial. Un mundo que medito yo, en mi haber, &uacute;nicamente los domingos, cuando acaba el &aacute;nimo festivo. Junto a mi texto siempre es domingo. Mi carga expositiva es dominical. El resto de la semana la camino. Mi objetivo &uacute;ltimo es decir lo que veo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 07:43:12 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Sarcasmo, denuncia, desasosiego y realismo con nombre de mujer]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sarcasmo-denuncia-desasosiego-y-realismo-con-nombre-de-mujer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_BERBEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (2018) y <em>Los planetas fantasmas</em> (2022) de la sevillana Rosa Berbel (1997), ha tenido una buena recepci&oacute;n por lectores y cr&iacute;ticos pr&oacute;ximos al realismo, a pesar de ser el segundo m&aacute;s complejo respecto a la m&iacute;mesis de ese corte, realista. La poeta sevillana se present&oacute; con la perspectiva de la edad, funambulismos y circunstancias, reivindicaci&oacute;n o denuncia, con dos libros unitarios y colindantes en algunos aspectos. Me refiero asuntos como el desasosiego e incertidumbre ante el futuro, el fin de la infancia, denuncias de g&eacute;nero, la relevancia de eros o el deseo, el amor/desamor, a veces envueltos en el sarcasmo, y otros atados a la reflexi&oacute;n con que emprende el camino de la madurez, en su evoluci&oacute;n en algunos registros hacia un simbolismo bien trabado en el 2022. Un libro en el que tambi&eacute;n restaba protagonismo a los asuntos m&aacute;s escabrosos y de g&eacute;nero, con que se present&oacute; del 2018, y donde mostr&oacute; capacidad para sostener un poema largo narrativo con talento en verso libre. La inicial propuesta se ha ido mostrando en su evoluci&oacute;n m&aacute;s simb&oacute;lica, incluidos los gui&ntilde;os a la p&eacute;rdida de los referentes mim&eacute;ticos en <em>Los planetas fantasmas</em>. Adem&aacute;s de poseer mayor originalidad en la perspectiva y envoltorio del imaginario entre el fin de la fiesta y los &ldquo;cosmol&oacute;gicos&rdquo;, mayor simbolismo y complejidad, maneras de decir menos directas o declarativas. En cualquier caso, en la poes&iacute;a de Berbel priman el deseo y el amor/desamor, el sentimiento de p&eacute;rdida, la incertidumbre ante el futuro de &laquo;una generaci&oacute;n desalentada&raquo; (2018: 719), el sarcasmo, el desasosiego de una edad, entre otros ocasionales como la denuncia de abusos sufridos en redes o por el hecho de nacer mujer (2018). Ciertamente estos ocuparon lugar solo en 2018, muy en consonancia con el momento en que vivimos. Su palabra clara (independientemente de algunos simbolismos y peque&ntilde;os hermetismos en su evoluci&oacute;n) sin ampulosidades, ni logolalias (todo lo contrario), narrativa (cada vez menos, pero presente), sin excesivos riesgos en cuanto a los tropos, poco abundantes, pero propios y originales, supieron hablar de la capacidad para contar un mundo singular en sus desasosiegos, aunque a veces cayera en declarativismos secos. Eran libros subscritos a un querer decirse sin sucumbir a la narratividad huera, sin caer en amplificaciones, y puestos al servicio de contar un haz de conmociones y cuestionamientos, escondidas interrogaciones y emociones de toda &iacute;ndole. En fin, cuanto se ha venido en llamar &ldquo;Poes&iacute;a de la edad&rdquo; desde la perspectiva de una joven (que recuerda haber dejado de ser ni&ntilde;os &ldquo;antes de ayer&rdquo;) en un momento de tr&aacute;nsito.</p>
<p>La poes&iacute;a de Rosa Berbel, obviamente, no ha surgido de la nada. Sus anclajes en el realismo de los 80/90, y en las propuestas po&eacute;ticas del fragmento y malestar del 2000 de esa tendencia, parecen insorteables. Tambi&eacute;n las deudas con la evoluci&oacute;n del realismo desde el particular silabeo, procedimientos ret&oacute;ricos y f&oacute;rmulas me sugieren aplicadas lecturas de Carlos Pardo (tambi&eacute;n diferenciadas), en lo fundamental. Evidentemente solo son eso, ecos y rastros de aprendizajes, diferentes en algunas cuestiones, en otras no tanto, como las que adopta ante la incertidumbre (alg&uacute;n eco de Gil de Biedma, igualmente, en &laquo;Sisterhood&raquo;). En cualquier caso, y fuera ya de ese &aacute;mbito del origen, su propuesta alterna poemas relativamente largos y breves que se combinan y alternan entre pespuntes simb&oacute;licos, analog&iacute;as y los s&iacute;mbolos del tiempo o del paisaje, por ejemplo, entre otros dom&eacute;sticos, que intentan ejemplificar el momento emocional del yo y su circunstancia, junto a otros m&aacute;s declarativos o preocupaciones intelectuales (la belleza). Si en algo destaca Rosa Berbel es en el saber contar perplejidades y situaciones emotivas, con una sobresaliente capacidad de an&aacute;lisis de las sensaciones del tr&aacute;nsito desde la adolescencia a la madurez. O, si se prefiere, ese estar en el alambre y en las inseguridades del amor/desamor, las perspectivas inestables o inescrutables, la reivindicaci&oacute;n del deseo desde el ser mujer. Tambi&eacute;n su problem&aacute;tica, a veces no muy deseable, como el ser v&iacute;ctima de la violencia de g&eacute;nero, frente a la pureza del amor y el deseo. Sin duda la escritora sevillana sabe construir libros unitarios, narrar con acierto, zambullirse en el an&aacute;lisis de todas esas emociones, transmitirlas con crudeza y profundidad (pienso en &laquo;El final de los ritos&raquo; (2022: 53), estupendo), aunque haya lugares vac&iacute;os, pretenciosos o intrascendentes po&eacute;ticamente y vacuos. Tambi&eacute;n parece bastante exagerado escribir cosas del tipo, la &ldquo;calidad excepcional de sus poemas&rdquo;, como hace Fernando Aramburu, el buen novelista de <em>Patria</em> y formidable escritor de cr&oacute;nicas de f&uacute;tbol. No me lo parece. No le hace ning&uacute;n bien adem&aacute;s al estupendo y apetecible decir (de una sola manera, el verso libre, y con registros tonales pr&oacute;ximos), de la poeta sevillana. Excepcionales son C&eacute;sar Vallejo, Federico Garc&iacute;a Lorca o Pablo Neruda, por ejemplificar por lo breve. Por eso cuando Luis Bagu&eacute;, habla de la irrupci&oacute;n de un Big Bang l&iacute;rico, me parece igualmente muy desproporcionado con la realidad de sus poemas, aunque sean libros inteligentes y de poes&iacute;a que as&iacute; puede llamarse, en sus diferentes calidades, donde tambi&eacute;n hay sobrantes. Mucho m&aacute;s ajustada (y cauta) me parece la opini&oacute;n de Luis Garc&iacute;a Montero en Infolibre, al hablar de honradez saber mostrar el sentimiento, de no temer hacerlo, y abordar una interrogaci&oacute;n sobre la propia identidad desde un presente que reflexiona sobre los avatares del futuro y el pasado (oscureci&eacute;ndose).</p>
<p><em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (2018) plantea desde el poema pr&oacute;logo y su relevancia en indicar un sentido, una nueva situaci&oacute;n personal y emocional frente a &laquo;(&hellip;) aquel tiempo extra&ntilde;o, /los amigos se hab&iacute;an mudado lejos/los lugares antiguos de la infancia/ se hab&iacute;an transformado para siempre/ con la prisa salvaje de los a&ntilde;os perdidos&raquo; (2018: 9). Y a&ntilde;ade &laquo;Aunque quiz&aacute; todo esto/<em>ahora</em> no nos baste&raquo; (2018: 9). La cursiva del <em>ahora</em> marca esos dos tiempos a los que va a recurrir a lo largo de todo el libro, aunque no solamente, pero a los que confiere relevancia clave, ratificada con la cita de Rosana Acquaroni: &ldquo;Y que no recordabas/que la infancia termina/cuando se incendia el bosque de los ni&ntilde;os&rdquo; (2018: 13). Con ese proleg&oacute;meno se da comienzo a las cavilaciones: &laquo;&iquest;No era esto madurar: elegir cosas/y esconder la elecci&oacute;n a los dem&aacute;s?&raquo; (2018: 15) &hellip;o, tras un juego infantil rememorado, el de girar hasta marearse, la capacidad enigm&aacute;tica, misteriosa, herm&eacute;tica y sugerente de los trazos en el aire que se abandonan, en ese mundo de analog&iacute;as ajustadas con el v&eacute;rtigo: &laquo;Pero el hallazgo era nuestra suerte:/descubrir que los trazos del cuerpo y sus excusas/ condicionan el resto del paisaje&raquo; (2018:16). Trazos que se dejan y v&eacute;rtigo en el presente&hellip;</p>
<p>En la primera secci&oacute;n del libro y la &ldquo;extra&ntilde;eza&rdquo; de la &laquo;Ni&ntilde;a que no reconoce su cuerpo&raquo; (2018: 17), cuenta en &laquo;Deseo&raquo; (2018: 17), el despertar de una pulsi&oacute;n de la que se puede ser v&iacute;ctima. Y as&iacute; ocurre, con expl&iacute;cita referencia a en el t&iacute;tulo a la pel&iacute;cula <em>Sisterhood, </em>donde el acoso en redes es protagonista: &laquo;No s&eacute; si es suficiente con la rabia, / las m&uacute;ltiples aristas del car&aacute;cter, / no s&eacute; si protegernos suficiente/ la piel o la memoria de los abusadores&raquo; (2018: 21). Un asunto sobre el que vuelve en el poema que da t&iacute;tulo al libro, <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em>. Los hombres, frente a las mujeres v&iacute;ctimas de ellos, son vistos como mentirosos, matan a sus esposas y abusan de ni&ntilde;as. Otro estupendo poema reportaje, por decirlo a la manera de Jos&eacute; Hierro, donde se recorre no solo el abuso, sino las consecuencias del mismo en la v&iacute;ctima y l&oacute;gicos sentimientos de odio. Poemas con sus correspondencias en &laquo;Retrato de familia&raquo; (2018: 23) donde el amargo sarcasmo, muy presente en su poes&iacute;a se aplica al concepto de &ldquo;familia&rdquo; ir&oacute;nicamente, pues marca lo contrario, el desamor, y m&aacute;s visto desde los ojos de la ni&ntilde;a en medio del conflicto y voz del mismo. Todo concluye, como no podr&iacute;a ser menos, en la desaz&oacute;n, y en el deseo de que la mujer le&oacute;n del poema &laquo;Frente a Dythrambe de Leonor Fini&raquo; (2018: 33), saltara del cuadro y agrediera a los hombres, aunque sea un imposible y reconozca: &laquo;la an&eacute;cdota es/ solo una an&eacute;cdota, / una mota de polvo/ sobre el gusto impecable de la historia (2018:34). En cualquier caso, y pensando en la <em>Po&eacute;tica</em> de Arist&oacute;teles (1.448&ordf;), los pinta como Dionisio, tal como son, y denuncia.</p>
<p><em>Planes de futuro</em> (2018: 37), t&iacute;tulo de la segunda parte y del poema que le da nombre, retorna a esa mirada &aacute;cida y sarc&aacute;stica, proyectada en esta ocasi&oacute;n sobre un cuestionamiento de la realidad (desde sus amargos augurios en los que, seguramente, no querr&iacute;a verse), de una familia media en mitad del camino de su vida, y sus &laquo;miedos felices&raquo; (2018: 43). Iron&iacute;as que llegan a &laquo;Femme fatal con prisa&raquo; (2018: 58) y que se agr&iacute;an en &laquo;Sala de espera para madres impacientes&raquo; (2018: 67), donde contin&uacute;a el desasosiego y la reflexi&oacute;n, agria y sarc&aacute;stica, sobre la circunstancia de la mujer que &laquo;no debe cambiar nunca sus horarios/ por asuntos exactamente propios&raquo; (2018: 68) entre otros asuntos pr&oacute;ximos y tratados con iron&iacute;a amarga. En cualquier caso, adem&aacute;s de esa incertidumbre ante el futuro o &laquo;el peso de la vida con sus dudas&raquo; (2018: 48), late en el libro un tono agrio y de denuncia, que ha gustado por ello y por la indudable unidad de mirada, am&eacute;n de por su accesibilidad. Y no les falta raz&oacute;n desde esa perspectiva, pr&oacute;xima a los reportajes de Jos&eacute; Hierro, salvadas las distancias, pero donde me parece que a&uacute;n falta un poco de magia en el saber decir en conjunto, aunque haya excepciones. En cualquier caso, Rosa Berbel mostr&oacute; talento y capacidad para sostener el poema largo narrativo espl&eacute;ndidamente.</p>
<p>El libro de referencia, <em>Los planetas fantasmas </em>(2022), arranca con una cita de Juan Luis Guerra: &laquo;Es un amor que contamina&raquo; (2022:13), para hablar de amor y deseo, inseguridades ante el futuro, de inestabilidad econ&oacute;mica, precariedad, en un libro de referencia del contarse desde lo joven. La primera parte viene trufada de todo ello, poemas de deseo y amor/desamor, soledades, con un tinte herm&eacute;tico en ocasiones y un querer decir m&aacute;s de lo que en realidad dicen como en &laquo;Gota fr&iacute;a&raquo; (2018: 25). Otros estupendos, caso de &laquo;El final de los ritos&raquo; (2022:53) donde los cambios hacia la madurez le llevan a comparar etapas o &laquo;aquel tiempo en que mudar/era solo mudarse (2022: 31). Se trata del momento en que se ha perdido el miedo a los enigmas, tambi&eacute;n la acritud de algunos momentos primer libro, y donde priman los interrogantes e inseguridades, el desasosiego a pertenecer en el futuro a la insuficiencia material de cierta clase media (vista con sorna agria) y el &laquo;no logramos llegar a fin de mes&raquo; (2022: 39), junto a las miradas sobre &ldquo;la fiesta&rdquo; y el &ldquo;final de la fiesta&rdquo; de la inocencia (quiz&aacute; con un gui&ntilde;o a Carlos Marzal, pero con un tono y sentido diferente).</p>
<p>La secci&oacute;n segunda y con el poema que le proporciona t&iacute;tulo &laquo;La conquista del paisaje&raquo; (2022: 57), vuelve sobre el modo de hacer narrativo y simb&oacute;lico de una situaci&oacute;n emocional y sus incertidumbres. Y as&iacute; la &laquo;ficci&oacute;n del oasis pareci&oacute; sostenernos/por un tiempo. Nos proteg&iacute;a la idea del refugio, /el recuerdo del agua nos saciaba/. Suceden tantas cosas mientras nos falta el agua&hellip;/ Sin embargo, el deseo/ es una lengua &uacute;nica.&raquo; (2022:58). Sin olvidar la reflexi&oacute;n posterior: &laquo;El ojo del futuro se abr&iacute;a a nuestros pies/y dentro de &eacute;l ve&iacute;amos a Dios. /O a un enigma de Dios. /Tan real en su textura/como una alfombra m&aacute;gica&raquo; (2022: 59). &laquo;El ojo del futuro&raquo; se abr&iacute;a ante sus pies como un precipicio, parece decir contextualmente, y donde irrumpe ese breve irracionalismo del &laquo;enigma&raquo;, m&aacute;s o menos identificado con la idea del enigma de la divinidad, al que hab&iacute;a renunciado expl&iacute;citamente en el libro anterior, o donde confirmaba el sentido, simb&oacute;lico en este libro, mucho m&aacute;s que en el previo, sobre el amor o la vida: &laquo;Una existencia breve, dispuesta a la esperanza&raquo; (2022: 21), o ese &laquo;Velar por el futuro&raquo; (2022:69) o&nbsp; &laquo;proteger el futuro/de las desolaciones del lenguaje&raquo;(2022: 73). O, si prefieren, &laquo;Ignoramos a&uacute;n lo que seremos&raquo; (2022: 53), el &laquo;futuro impermeable (2018: 10) o &laquo;inescrutable&raquo; (2022: 49), a la par de los deseos de olvidar la familia y &laquo;librarnos de su historia&raquo; (2018: 33). Ese pasado pesa y lo deseable est&aacute; por llegar: &laquo;Cuando digo ma&ntilde;ana nos convoco&raquo; (2018: 41). &laquo;Cuando acab&oacute; la fiesta&raquo;, tercera de las secciones, aborda el sentido de la magia, el deseo y la celebraci&oacute;n del deseo. O&nbsp; la insoportabilidad de la belleza desde los lenguajes &ldquo;impuros&rdquo; que apelan en este caso a un simb&oacute;lico espacio dom&eacute;stico con el expl&iacute;cito t&iacute;tulo: &laquo;Limpieza general&raquo; (2022: 67) y la hermosa mancha de la belleza, la belleza que ensucia y atrapa, entre sensaciones de extra&ntilde;eza &laquo;una virtud alegre/un esplendor que bulle/que explota y nos alcanza&raquo; (2022:73).</p>
<p>As&iacute;, bajo ese &laquo;paisaje extraterrestre&raquo; (2022: 79) donde ha situado su extra&ntilde;eza y estado emocional, preocupaciones y pulsiones, en esos &laquo;planetas fantasmas&raquo; y en su traves&iacute;a por el &laquo;paisaje obligatorio&raquo; (202: 81), ha esquivado el realismo del libro anterior &laquo;traicionando del todo/ el referente&raquo; (2022: 83), pues la poeta desea escapar del paisaje real, cambiarlo, pues &laquo;Ni los mundos posibles/ni los mundos reales/ existir&aacute;n jam&aacute;s para nosotros&raquo; (2022: 83). El libro ha trasladado el discurso a un plano simb&oacute;lico, que desea explicar bajo la palabra &laquo;devoci&oacute;n&raquo; (2022:86), en el poema de cierre del libro y el ciclo m&aacute;gico de la simb&oacute;lica irrealidad, de manera expl&iacute;cita. Siempre dentro de esa arquitectura de la &ldquo;fiesta&rdquo; que se acaba, y esa imaginer&iacute;a plena de im&aacute;genes amorosas en un libro que empezaba con &laquo;Nuevos prop&oacute;sitos&raquo; (2022: 15) y donde &laquo;La fiesta hab&iacute;a acabado para siempre&raquo; (2022: 15) o &laquo;La fiesta termin&oacute;/ y la casa ya no es nuestra casa&raquo; (2022: 85).&nbsp;</p>
<p>Canci&oacute;n de juventud, y sus sat&eacute;lites, esta de Rosa Berbel, vividas desde una mirada que mantiene que &laquo;El poema se construye en la verdad&raquo; (2018: 44), aqu&iacute; y ahora, a&ntilde;ade, como po&eacute;tica, junto a la belleza impura. Verdad que sit&uacute;a a la autora en un camino que va desde cuanto M.L. Roshenthal llam&oacute; poes&iacute;a confesional en un c&eacute;lebre art&iacute;culo, &laquo;Poetry as confession&raquo; escrito para The Nation en 1959, a la denuncia de g&eacute;nero y su puesta en escena pues &laquo;lo personal sigue siendo pol&iacute;tico&raquo; con Kate Miller. El t&eacute;rmino confesi&oacute;n no implica un realismo mim&eacute;tico al ciento por ciento, obviamente, sino tambi&eacute;n la traslaci&oacute;n de problem&aacute;ticas y cuestionamientos, afianciamientos: &laquo;Hemos perdido el miedo a los enigmas&raquo; (2022: 35), por citar alguno de los muchos posibles. En el caso de Berbel priman los del amor y la incertidumbre, entre otros ya se&ntilde;alados, y que imantan <em>Los planetas fantasmas</em>. Un libro bastante distinto al inicial, <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em>, pese a ciertas contig&uuml;idades de asunto, pero donde el tono y la f&oacute;rmula giran hacia un imaginario m&aacute;s complejo, simb&oacute;lico, ambiguo y fantasmal. &laquo;Las emociones crean realidades&raquo; (2022: 19) y tambi&eacute;n fantasmas atados a analog&iacute;as con el paisaje y el tiempo de los que, con originalidad, se ha servido tambi&eacute;n para asumir contar el presente, la des/esperanza y el deseo. Y lo ha hecho de manera muy convincente, compleja y apetecible, para convertir estos dos libros en poes&iacute;a, que as&iacute; puede llamarse, desde la exclusividad del verso libre como &uacute;nica propuesta en ese sentido. Sin duda algunos cr&iacute;ticos han exagerado sobre su alcance, o eso me parece, pero lo cierto es que la poes&iacute;a de Rosa Berbel, sobre todo este &uacute;ltimo libro, est&aacute; entre los mejores que he le&iacute;do de poes&iacute;a joven espa&ntilde;ola, junto a los iniciales de Julieta Valero, o Ana Gorr&iacute;a de <em>Clepsidra</em> (2004) y <em>Ara&ntilde;a</em> (2005) o <em>Los salmos fosforitos</em> (2017) de Berta Garc&iacute;a Faet, entre otros. El volver a cantar desde el yo, con claridad y oficio, verosimilitud y mundo personal, nos ha tra&iacute;do la grata sorpresa de la poes&iacute;a de la joven poeta sevillana Rosa Berbel desde el realismo (cada vez m&aacute;s simb&oacute;lico), para completar un panorama donde el irracionalismo parec&iacute;a tener en los &uacute;ltimos a&ntilde;os m&aacute;s presencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosa Berbel. <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (Hiperi&oacute;n, 2018) y <em>Los planetas fantasmas</em> (Tusquets, 2022)</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de F&aacute;tima Rueda.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 May 2023 12:34:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Elenco” o la vida total]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/elenco-o-la-vida-total/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/_LVARO_GARC_A_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Elenco</em> es lo m&aacute;s sorprendente que he le&iacute;do en mucho tiempo. Un aparentemente anodino narrador, que me ha podido resultar tan antip&aacute;tico como a veces yo a m&iacute; misma, me ha ense&ntilde;ado que nuestro tiempo y nuestro espacio no son los que nos cuentan.</p>
<p>En el acuerdo de inventar d&iacute;as perfectos hay una esperanza, aunque la biolog&iacute;a trame lo suyo. El entusiasmo est&aacute; en quien lo ha perdido todo y le queda hacer su propia coreograf&iacute;a con el elenco de sus seres queridos en el espacio que anula el tiempo. Todo, escondido bajo una fina iron&iacute;a utilizada como trampantojo. A veces me he topado con frases imposibles, pero supongo que ser&aacute;n parte de la novedosa t&eacute;cnica narrativa. Me ha gustado mucho.</p>
<p>Pese a su brevedad, su trama aparentemente anodina y sus frases a veces imposibles, en una novela donde en un principio parece que no se cuenta nada, al final he terminado pensando que se cuenta todo. El narrador acaba siendo un alter ego del lector. Para las expectativas del mundo puede estar acabado, pero est&aacute; extraordinariamente vivo.</p>
<p><em>Elenco</em> nos lleva por ciudades m&iacute;ticas que son como una contrase&ntilde;a para acabar llev&aacute;ndonos a ciudades sin nombre, escenario de una vida inventada. Pero antes nos pasea por todos los temas "existenciales" desde otro sitio: la paternidad ser&aacute; tener dos madres y no ser padre, el amor ser&aacute; los amores, el sexo no ser&aacute; el procreativo ni el pornogr&aacute;fico, sino algo muy distinto. La muerte es otra muerte. La escritura ser&aacute; el medio por el que no se cuenta la historia oficial y registrar&aacute; el acuerdo de inventar un verano, escritura delegada si hace falta. Un animal ser&aacute; el depositario de la memoria.</p>
<p>En esta novela, la filosof&iacute;a deja de ser ideas prestadas para convertirse en la sabidur&iacute;a. La amistad ser&aacute; otra, otros el arte, el vecindario, el mar. Todos los temas y ninguno, narrados en primera persona, dan una narraci&oacute;n amable de la que surgen los di&aacute;logos, van y vienen los personajes, las situaciones y la atenci&oacute;n del lector cautivado por una prosa artesana donde cada frase y cada palabra est&aacute;n engastadas en un trabajo fino de connotaciones y resonancias cercanas al poema. <em>Elenco</em> no es poes&iacute;a novelada; es novela a la que puedes volver. No se acaba en una sola lectura.</p>
<p>Un placer y un privilegio la lectura de esta novela que no puedo dejar de recomendar. No hay otro espacio ni otro tiempo que el del "baile". No hay m&aacute;s verdad que la coreograf&iacute;a con el elenco de los seres queridos. No hay nada m&aacute;s esperanzador y optimista que "el entusiasmo fruto de haber naufragado ya del todo". S&oacute;lo desde ah&iacute; se accede a una vida total.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;lvaro Garc&iacute;a, <em>Elenco</em>, Lleida, Milenio, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 May 2023 09:32:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un clásico llamado Francisco Ferrer Lerín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-clasico-llamado-francisco-ferrer-lerin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/FRANCISCO_FERRER_LER_N_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">Una figura fundamental de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es, sin duda, Francisco Ferrer Ler&iacute;n. Su extra&ntilde;eza radica en la utilizaci&oacute;n de material exol&iacute;rico y su inclusi&oacute;n, sin complejos, en sus libros considerados l&iacute;ricos, de elementos y g&eacute;neros no po&eacute;ticos, y tratarlos adem&aacute;s con una naturalidad agen&eacute;rica heredada de la vanguardia, en donde se trataba al g&eacute;nero como un marco conceptual difuso. He ah&iacute; la diferencia primordial de este autor.</p>
<p class="Standard">Actitud antirrom&aacute;ntica, vanguardista prenov&iacute;simo, oniromancia textual, ciencia aplicada a la poes&iacute;a, poema narrativo, poes&iacute;a despojada de toda la carga simb&oacute;lica que se le supone desde el punto de vista de la Po&eacute;tica tradicional. Condici&oacute;n epatante. Sus matrices te&oacute;ricas no rastrean las de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Influencia francesa y anglosajona, as&iacute; como la del maestro Borges, que inicia, para toda la literatura moderna, un nuevo m&eacute;todo de escribir.</p>
<p class="Standard">En <em>La condici&oacute;n radical</em> se explican todos los procesos l&iacute;ricos, as&iacute; como la tem&aacute;tica recogida en sus ocho libros de poes&iacute;a. Se deja aparte en este volumen la escurridiza narrativa leriniana, merecedora por s&iacute; misma de otro volumen. Es este adem&aacute;s el primer trabajo &iacute;ntegro sobre su obra, a pesar de la enorme cantidad de literatura cr&iacute;tica a que han dado lugar su vida y sus libros. (Esta fortuna cr&iacute;tica tambi&eacute;n se recoge aqu&iacute;).</p>
<p class="Standard">Se divide este estudio en dos partes bien diferenciadas, la primera, explica cada uno de los libros de poes&iacute;a publicados, con un an&aacute;lisis pormenorizado, y una amplia ejemplificaci&oacute;n de los versos que los componen, para dar paso, en la segunda parte, a los Mecanismos internos del poeta. Tambi&eacute;n se ofrecen dos entrevistas con el autor, una breve antolog&iacute;a, o su azarosa biograf&iacute;a. Se recogen tambi&eacute;n dos poemas in&eacute;ditos de su primera etapa, cuando contaba apenas con diecisiete a&ntilde;os, escritos a vuelapluma en hojas de publicidad arrancadas en un momento de inspiraci&oacute;n.</p>
<p class="Standard"><em>La condici&oacute;n radical </em>trata de extirpar ciertos conceptos muy asentados en la cr&iacute;tica nacional, conceptos que no se corresponden con la realidad, o que fueron ciertos durante un breve espacio de tiempo y que, ahora, precisan una revisi&oacute;n total para entender un trabajo cuya extra&ntilde;eza ha servido para explicar toda su obra. Sin embargo, la capacidad compositiva de los textos lerinianos es amplia y variada.</p>
<p class="Standard">Tambi&eacute;n se habla de su agraf&iacute;a o de su silencio durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, tratando de explicar esta actitud en la obra. Un aspecto que separa en dos su obra total, la de juventud, fruto de una inusitada inspiraci&oacute;n creativa, recogida en una serie de cuadernos y carpetas numerados y de donde se fueron nutriendo sus tres primeros libros. La segunda etapa fue fruto de una mayor reflexi&oacute;n compositiva y de una acertada madurez personal de artista.</p>
<p class="Standard">Aunque ambas partes en su obra comparten rasgos estil&iacute;sticos: el apoyo en una sintaxis &uacute;nica, la poes&iacute;a sintagm&aacute;tica, la sem&aacute;ntica, el idiolecto leriniano; tambi&eacute;n se da paso, en la segunda etapa, a una serie de rasgos y de temas asociados a la senectud y a la preocupaci&oacute;n por la muerte o el acabamiento, para seguir nutri&eacute;ndose de material muy ajeno a la poes&iacute;a, como es la teor&iacute;a matem&aacute;tica de grafos, que da nombre a su trabajo m&aacute;s reciente, <em>Grafo pez</em>.</p>
<p class="Standard">La importancia de su obra se demuestra en la reciente aparici&oacute;n de <em>Poes&iacute;a Reunida</em> en Tusquets.</p>
<p class="Standard">Obra rebelde, atemporal, su obra es una muestra continua de originalidad que hace cuestionarnos a los lectores por la ra&iacute;z misma de la poes&iacute;a actual, que se debate entre la permanencia en las listas de ventas, o por la calidad est&eacute;tica que busca, como dir&iacute;a H&ouml;lderlin, esa eternidad permanente fundada por los poetas, que hace de Ferrer Ler&iacute;n un cl&aacute;sico.</p>
<p class="Standard">Joaqu&iacute;n Fabrellas, <em>La condici&oacute;n radical</em>, Zaragoza, Libros del Innombrable, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Apr 2023 11:38:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escritor que lleva dentro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-escritor-que-lleva-dentro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JULIO_JOS_ORDOV_S_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Escrib&iacute;a Carlos Cast&aacute;n (<em>La Expedici&oacute;n</em>, 9, dossier sobre <em>El autor y su primera obra</em>) que el primer libro suele ser el de m&aacute;s larga gestaci&oacute;n, est&aacute; todo ah&iacute;, los fantasmas de la ni&ntilde;ez y los tragos &uacute;ltimos de la noche pasada: "a medida que va transcurriendo algo de tiempo comprendemos que en ese libro no hab&iacute;a apenas nada, y en la mente se nos empiezan a organizar de nuevo los mismos fantasmas con distintas cadenas, amarguras y sue&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p><em>D&iacute;as sin d&iacute;a</em> (Xordica, 2004), el primer libro de Ordov&aacute;s, era un galimat&iacute;as que radiografiaba crudamente el volc&aacute;n que llevaba en su cabeza. En el magma de aquella erupci&oacute;n se mezclaban enojos de adolescente, pesadillas, modestias, soberbias y una larga ristra de frases que lo ennoblec&iacute;an: "Si no dejas parte de ti en la p&aacute;gina esa p&aacute;gina es papel mojado. Lo malo es que llegar&aacute; un d&iacute;a en que no tendr&aacute;s fuerzas ni valor para seguir escribiendo".</p>
<p>Por entonces Ordov&aacute;s ya publicaba en la revista <em>Clar&iacute;n</em>, bajo la cirug&iacute;a de Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, rese&ntilde;as de los muchos libros que le&iacute;a y cosas sueltas suyas. Un escritor no se cultiva en la estrecha imaginaci&oacute;n que le conduce a novelas negras o rosas o legendarias, salpimentadas de est&uacute;pidas dosis de besos y otros argumentos de cart&oacute;n piedra. Un escritor se hace en la cr&oacute;nica, en la cr&iacute;tica, en las lecturas y en la observaci&oacute;n. Lo har&aacute; luego en <em>El Pa&iacute;s</em>, en <em>La Vanguardia</em>, en <em>ABC, </em>en la misma<em> Turia</em>. Contar&aacute; viajes a mansiones y museos de Europa, sobre pueblos aragoneses que quieren ser ciudades, sobre pintores que adem&aacute;s del color y la forma pretenden dilucidar la iron&iacute;a de la vida. Ordov&aacute;s deja sobre el papel el rastro de un caracol que persigue ser una liebre. Trabaja con denuedo en dos novelas que ver&aacute;n la luz en Anagrama.</p>
<p><em>El Anticuerpo</em> (2014) y <em>Para&iacute;so Alto</em> (2017) son las dos novelas con las que Ordov&aacute;s se present&oacute; a la sociedad literaria, en la editorial que le apetec&iacute;a: donde hab&iacute;a le&iacute;do a Carver, a Bernhard, a Modiano o a Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. <em>El Anticuerpo</em>, que recibi&oacute; una buena cr&iacute;tica tanto en Espa&ntilde;a como en Francia, formaba ya parte del universo que vamos a ver en su &uacute;ltima obra, <em>Castigado sin dibujos</em>. Algo menos, pero tambi&eacute;n, la segunda. No obstante, Ordov&aacute;s se encontr&oacute; con dos cordilleras que le cerraron el paso. Una, fabricada por &eacute;l mismo al hacer demasiado caso al polaco Gombrowicz, o quiz&aacute; no lo entendi&oacute; bien: "el arte consiste en escribir algo totalmente imprevisto". Y escribi&oacute; en <em>Anticuerpo</em> sobre un yonqui que acampaba en los tejados de su pueblo y en <em>Para&iacute;so Alto</em> sobre un &aacute;ngel que recog&iacute;a suicidas en un pueblo abandonado, que pod&iacute;a ser Almonacid de la Cuba, con alguna pincelada del <em>Amanece que no es poco</em>, de Jos&eacute; Luis Cuerda . Estas cosas espantan a muchos que no supieron ver lo que hab&iacute;a debajo de lo anecd&oacute;tico. Porque debajo estaba el escritor hablando con madurez literaria de s&iacute; mismo y del mundo que nos rodeaba. De la otra cordillera tuvo menos culpa Ordov&aacute;s. Anagrama, que ya estaba con Herralde de retirada y en manos de la italiana Feltrinelli, se hab&iacute;a convertido en una f&aacute;brica que soltaba muchos productos sin demasiado cari&ntilde;o, por ver c&oacute;mo funcionaban. Y sin amor, el futuro no prospera.</p>
<p>Ha habido que esperar unos a&ntilde;os hasta que Chus&eacute; Ra&uacute;l Us&oacute;n ha prestado el calor imprescindible que da la editorial Xordica. El editor acompa&ntilde;a al escritor, lo defiende, busca portadas atractivas, las pesa, las sugiere. <em>El peat&oacute;n sentimental</em> (2022) se desprend&iacute;a de decorados extra&ntilde;os y se sumerg&iacute;a en lo imprevisto: alguien que camina en lo que otros llamamos madrugada y nos descubr&iacute;a la belleza, la soledad y la locura de Zaragoza. Ordov&aacute;s no cae en la trampa, como caen muchos escritores actuales, de describir la vida corriente en un plano corriente e ins&iacute;pido, sino la vida profunda. La del que camina y la del recorrido caminado: "Plazas que se abren en todas las direcciones. Plazas cerradas sobre s&iacute; mismas. Plazas en que los muertos se mezclan con los vivos. Plazas que te trasladan a otras plazas de otras ciudades. Las plazas son tambi&eacute;n espejos en los que la ciudad se mira y en los que nos miramos nosotros al pasar por ellas". Enumeraciones y repeticiones que pueden venir de Perec, de Vila-Matas, de Bernhard, pero que ya son de Ordov&aacute;s.</p>
<p>El escritor no debe desnudarse, debe enriquecer su paleta de palabras, de sentimientos, de pausas y, en el caso de Ordov&aacute;s, de saber situar los fragmentos del espejo roto, de tal forma que a&uacute;n fragmentado en el suelo te devuelva una imagen. Eso es lo imprevisto.</p>
<p>En <em>Castigado sin dibujos, </em>vuelve a su pueblo, a su ansia de investigar con la lupa de la emoci&oacute;n los secretos que guardan en las casas sus habitantes. Las zonas oscuras que guarda su familia y que &eacute;l ni siquiera sospecha. Se pregunta por qu&eacute; las corridas de toros duraban en la televisi&oacute;n tanto tiempo y los dibujos animados tan poco. Pero no solo habitan los recuerdos, los recuerdos son traicioneros, los compara con el presente y muestra el precipicio por el que no debe caer: "Convertida en un bien de consumo, la basura nost&aacute;lgica se vende cada d&iacute;a mejor. Tambi&eacute;n en el mercado literario".</p>
<p>Un escritor es un perro que olfatea, un detective que mira y ve. Sin ambas premisas se podr&aacute; publicar un libro que sea un magnetof&oacute;n abierto pero no una caja de pinturas donde resaltan los azules del cielo, los amarillos del secano, la estela blanca de un F-16, el sudor fr&iacute;o de su piloto. Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s despega con estos dos &uacute;ltimos libros hacia Dios sabe d&oacute;nde o hacia la literatura m&aacute;s imprevisible y m&aacute;s deseada, porque "los padres, los ni&ntilde;os, los televisores, los sof&aacute;s y los dibujos animados han cambiado".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s, <em>Castigado sin dibujos</em>, Zaragoza, Xordica, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Apr 2023 10:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Haikus del golfo de Bizkaia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/haikus-del-golfo-de-bizkaia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/AITOR_FRANCOS_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Olifante Ediciones de Poes&iacute;a, en su colecci&oacute;n &lsquo;Papeles de Trasmoz&rsquo;, presenta este mes dos novedades que comparten carta de navegaci&oacute;n pues, desde el golfo de Bizkaia, ambas orientan su astrolabio hacia el alto brillo de la poes&iacute;a tradicional nipona. Para quien pueda no estar familiarizado con ella, las modalidades m&aacute;s extendidas a occidente desde aquel lejano archipi&eacute;lago son tres: el haiku, el senryu y la tanka. El haiku y el senryu son tercetos de arte menor en los que se muestra una emoci&oacute;n o se demuestra asombro utilizando un patr&oacute;n sil&aacute;bico que, en su ortodoxia, queda fijado por un ritmo 5-7-5. Pese a su sencillez enga&ntilde;osa, atienden a una complejidad que reside en las constricciones articuladas por los temas can&oacute;nicos que les son definitorios y por ciertos hitos por los que transitar, como el cuidado y sostenimiento de los ritmos y acentos internos de sus<em> </em>moras o la consignaci&oacute;n del <em>kigo</em>, entre otras cosas. La diferencia b&aacute;sica entre ambos reside en que si el primero tiene a la naturaleza como inspiraci&oacute;n o referente, el segundo es m&aacute;s libre en cuanto a tema y restricciones, elimin&aacute;ndose el <em>kigo</em>, referencia temporal o estacionaria que marca el momento en el que el deslumbramiento evocado por la naturaleza provoca la escritura del haiku y en el que se enmarca. Por su parte, la tanka la conforman cinco versos, por lo general, siguiendo el patr&oacute;n 5-7-5-7-7 que se dividen en dos unidades r&iacute;tmicas, asimilables a un senryu al que completaran dos versos como colof&oacute;n. El tema m&aacute;s habitual de la tanka tradicional es el amor carnal y se cree que, en su origen, constitu&iacute;a un mensaje que cifraba la pasi&oacute;n de los amantes entre las met&aacute;foras de sus versos.</p>
<p>En estos dos &uacute;ltimos vol&uacute;menes de la serie &lsquo;Papeles de Trasmoz&rsquo; lo que vamos a hallar &uacute;nicamente son poemas encuadrables dentro de las dos primeras categor&iacute;as: haikus y senryus, composiciones que, por su brevedad, retan las capacidades de expresi&oacute;n del poeta, al constre&ntilde;irse su creatividad dentro de una extensi&oacute;n de tan solo 17 s&iacute;labas. El volumen 110 de la colecci&oacute;n lleva por t&iacute;tulo <em>Migas de Sombra</em> y lo firma Aitor Francos (Bilbao, 1986), autor que en los &uacute;ltimos 12 a&ntilde;os ha publicado 10 poemarios y 5 libros de aforismos, entre otras cosas. El estilo de los haikus de Francos es limpio y correcto &mdash;sin mutilaciones ni estrangulamiento de la palabra&mdash; y en ellos se despliega una voz atenta a los aromas y sucesos del mundo circundante. En el se aprecia un posicionamiento del yo que tiene presente al ni&ntilde;o que fuera y donde ya enraizara la soledad primera, esa desde la que se abrieron por primera vez sus ojos, de par en par, a la contemplaci&oacute;n: &ldquo;Ante la luna/c&oacute;mo no ser un ni&ntilde;o/ abandonado&rdquo;. Tambi&eacute;n destaca el animismo con el que ti&ntilde;e la intenci&oacute;n de la naturaleza o de cualquier objeto, mientras que la sensibilidad del poeta esboza el instante unas veces describiendo los visible &ldquo;El girasol, / en posici&oacute;n de rezo. / Anochecer&rdquo; y en otras a lo invisible &ldquo;Prendas de j&oacute;venes. / La due&ntilde;a del vestido / es la cascada&rdquo;.</p>
<p>Por su parte Carlos D&rsquo;Ors (San Sebasti&aacute;n, 1951) &mdash;con una dilatada carrera como poeta, narrador, ensayista pintor, cr&iacute;tico de poes&iacute;a y de arte&mdash;, firma el volumen 111, <em>Querida Naturaleza</em>, en el que despliega su hilo de voz a lo largo de cuarenta y siete cadenas de diecisiete s&iacute;labas, todas nombrando elementos de esa Naturaleza a la que se dirige, y en los que se evidencia su contemplaci&oacute;n del mundo animal y vegetal, de los astros que pautan sus ciclos y de los instantes irrepetibles que la vida nos depara: &ldquo;Una mariposa:/ brisa de primavera/ su parpadear&rdquo;. Para el poeta la Naturaleza es un ente independiente, sin necesidad de la presencia humana, humanidad que se beneficia de los dones de aquella, de su belleza, y del &eacute;xtasis naciente de su admiraci&oacute;n: &ldquo;Cada p&aacute;jaro/ en sus ojos refleja/ todo el cielo&rdquo;, observaci&oacute;n que &mdash;con la erupci&oacute;n reciente en el Parque Natural de Cumbre Vieja&mdash; permite asistir a acontecimientos asombros, como el nacimiento de la nueva geograf&iacute;a: &ldquo;Vomitas, volc&aacute;n, / asistimos al parto / de la monta&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>Sorprendidos doblemente por la irrupci&oacute;n del haiku vasco en el cat&aacute;logo de Olifante, tras estas lecturas, podemos entender y vislumbrar el engarce de estas peque&ntilde;as cuentas sobre el blanco horizonte del papel impreso, pues se tratan de perlas m&iacute;nimas crecidas a partir de la recepci&oacute;n una mota de polvo del hoy sobre la que el tiempo y la reescritura construye tres capas nacaradas (5-7-5), redondeando ese momento y presentando al lector el brillo esf&eacute;rico de sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aitor Francos, <em>Migas de sombra</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>Carlos D&rsquo;Ors, <em>Querida Naturaleza</em>, Carlos D&rsquo;Ors, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Apr 2023 10:18:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barro que repara las heridas desde el derrumbe]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/barro-que-repara-las-heridas-desde-el-derrumbe/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LAURA_GIORDANI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Manca terra</em> es un libro original y necesario: critica la poes&iacute;a muerta y propone otra que nazca del contacto con la tierra, con la vida. Tiene car&aacute;cter pol&iacute;tico porque ans&iacute;a cambiar la realidad.</p>
<p>Consta de cuatro partes perfectamente vertebradas. La primera es una invocaci&oacute;n y una po&eacute;tica, en cuanto que reclama &ldquo;lo intacto, / el barro primero / habla de un lenguaje que no sea adquisici&oacute;n&rdquo; (p. 26). La segunda es un retablo de desposesi&oacute;n y de muerte: campos de concentraci&oacute;n, vidas truncadas. La tercera, que da nombre al libro, trata de la naturaleza y de los seres humanos en extinci&oacute;n. La cuarta y &uacute;ltima parte aporta una posible soluci&oacute;n, que pasa por la rebeld&iacute;a y por aproximarnos, <em>aprojimarnos</em>, a todos los seres humanos, a la tierra, al &aacute;rbol. Vuelve a la poes&iacute;a para afirmar que ha de ser un canto de derrumbe, puesto que &ldquo;La demolici&oacute;n requiere su m&uacute;sica y sus poetas&rdquo; (p. 50).</p>
<p><em>Manca terra</em> es un libro inc&oacute;modo, pol&iacute;ticamente incorrecto, que reniega del lenguaje &ldquo;po&eacute;tico&rdquo; para hallar otro nuevo que sea &ldquo;una s&uacute;bita floraci&oacute;n en la rama calcinada&rdquo; (p. 18). Para ello hay que &ldquo;fracturar la senda de las palabras, extremar sus l&iacute;mites y resistencias&rdquo;. Tambi&eacute;n han de nacer las palabras como frutos, como cantos: &ldquo;una columna vencida / retornando a su patria&rdquo; (p. 18). En <em>Manca terra</em> respira el exilio, se construyen casas de la infancia, &ldquo;camino hasta la puerta de la casa: sus cimientos en el aire (&hellip;) Giro la llave: todas las p&eacute;rdidas se agolpan en el costado izquierdo como refugiados en una &uacute;nica frontera&rdquo; (22).</p>
<p>Al final del libro reivindica el poema-canto. Es importante hablar desde un no-lugar, de exilio, desde el que poder conectar con todos los seres humanos y con la tierra: &ldquo;La tierra que no est&aacute; en ninguna parte / esa es la verdadera patria&rdquo; (87). Porque la salvaci&oacute;n viene de la desposesi&oacute;n, de volver a lo esencial. El canto que nos salve ha de ser &ldquo;canto del derrumbe, la exaltaci&oacute;n de lo roto, pura ley del caos. Que hablen los elementos, madre saqueada, expoliada, un canto salv&iacute;fico, un himno, canto de lo que cae, de lo que espera no caer del todo&rdquo; (101). Hasta que volvamos a la infancia, &ldquo;hasta que vuelva a latir el &aacute;rbol de la infancia&rdquo; (105). Porque la infancia &ldquo;es el &aacute;rbol salvado de la quema / por su savia transparente / no maderable / todav&iacute;a&rdquo; (42). Ese canto ha de ser testimonio y rebeld&iacute;a. Ha de ser para la vida, no para la Literatura. Ha de contar el ecocidio en que nos ha tocado vivir, la agon&iacute;a de aquella vida que conocimos en la infancia. Para ello &ldquo;Lo po&eacute;tico (debe estar) a salvo de los poetas&rdquo;. Porque lo po&eacute;tico respira en otro lugar &ldquo;tan fr&aacute;gil / como un parpadeo entre dos mundos o las lilas de Celan. A veces, por un instante, nos toca con su gracia&rdquo; (91). Canto del derrumbe, rebeli&oacute;n y vuelta al latido del &aacute;rbol de la infancia, no para refugiarnos en &eacute;l, sino para empezar de nuevo. &ldquo;Escribir es una forma de viajar a aquella ni&ntilde;a / de ocho a&ntilde;os y decirle: no me acostumbr&eacute;. / Su ortopedia para sobrellevar el horror no funcion&oacute;&rdquo; (p. 27). De ah&iacute;, de esa constataci&oacute;n y de la rebeld&iacute;a, de nombrar las cosas y la vida con una lengua verdadera, hecha de semillas y de tierra, vendr&aacute; la esperanza.</p>
<p><em>Manca terra</em> muestra un mundo apocal&iacute;ptico, sin vida, hecho de i-phones fabricados por manos esclavas &ldquo;navegando lustrales aguas de banda ancha&rdquo; (p. 54) y en soledad total, porque se ha abandonado &ldquo;la matriz tel&uacute;rica del &aacute;rbol&rdquo; (p. 54).</p>
<p>Frente al desastre, est&aacute; la resistencia, &ldquo;el amor que no sabe que sabe&rdquo;; &ldquo;amor en el pino negro / que dobla su espalda / bajo el peso de la piedra / que arrastr&oacute; el &uacute;ltimo alud&rdquo; (p. 78).</p>
<p>Ha llegado el tiempo de la lucha, de encielarse, de hundirse en la tierra o en el cielo. Hay que devolver el latido a las palabras. La poes&iacute;a no puede ser un &ldquo;parque protegido /, un gesto exquisito y vacuo en medio de la matanza&rdquo; (p. 84).</p>
<p>La compasi&oacute;n, que etimol&oacute;gicamente procede de &pi;ά&theta;&omicron;&sigmaf;, nos puede salvar porque &ldquo;nos hace ingresar en la trama de lo vivo, en el dolor de los otros&rdquo; (p. 89).</p>
<p>El mundo es uno. El poema debe nacer como la flor, las palabras nacen como frutos, como cantos. Todo debe regresar: &ldquo;el polvo al polvo&rdquo; (p. 20). Porque existe &ldquo;una sustancia que no se pierde (&hellip;) / una especie de amor que nos enhebra&rdquo; (p. 52). Todo es &ldquo;comunidad, tejido viviente&rdquo; (p. 92) Porque nunca escribimos solos: nos acompa&ntilde;an &ldquo;nuestros desaparecidos, esos &aacute;rboles que siguen creciendo dentro&rdquo; (p. 100).</p>
<p>Un enorme esfuerzo el de Laura Giordani para reparar el mundo, la tierra de la infancia; para buscar &ldquo;el barro primero&rdquo;, para inclinarse hacia la infancia (p. 26).</p>
<p>El dolor y la tortura conducen al ser humano hasta el l&iacute;mite. Pero puede sustraerse a &eacute;l. La escritura &ldquo;como &uacute;ltimo gesto humano&rdquo; (p. 39). Porque hay que &ldquo;tender andamios transparentes en el aire&rdquo;&rdquo; (p. 33).</p>
<p>Con mirada l&uacute;cida expone los errores pasados y presentes. Terrible ha sido el dolor y el mundo apocal&iacute;ptico y alienado en el que vivimos &ldquo;en el que la luz del m&oacute;vil eclipsa el presente, colapsa el tiempo&rdquo; (p. 46).</p>
<p><em>Manca terra</em> en los &aacute;rboles de &ldquo;ra&iacute;ces peligrosamente expuestas&rdquo; (p. 52). Como el &aacute;rbol de Yggdrasil, el fresno sagrado, que une el cielo con la tierra, as&iacute; debemos volver al c&iacute;rculo, a la matriz tel&uacute;rica del &aacute;rbol&rdquo; (p. 55). El poema, &ldquo;regi&oacute;n intermedia entre el cielo nocturno y el suelo (p. 99), al igual que los seres humanos crecen como un &aacute;rbol que une, ya lo hemos dicho, cielo y tierra.</p>
<p>Falta el sustrato, la vida natural y Laura Giordani denuncia esa carencia biol&oacute;gica. Asimismo, denuncia la explotaci&oacute;n de los seres humanos y de la tierra. Apod&iacute;cticos son los siguientes versos: &ldquo;M&iacute;rate bien en los escaparates / hasta no tener ninguna duda: / tu vestido sangra&rdquo; (p. 58). &ldquo;Tan seco tu pan / tan seca tu simiente / est&aacute;n creando una patente / para el &aacute;rbol de tu infancia&rdquo; (p. 67).</p>
<p>Ante esta destrucci&oacute;n de la vida en el sentido m&aacute;s amplio, no podemos permanecer impasibles: &ldquo;Haber visto / y seguir como si no pasara nada&rdquo; (p. 71). La escritura abre un camino &ldquo;al que le creci&oacute; la hierba&rdquo; (76); facilita el regreso al monte para trazar &ldquo;conexiones / entre las luminarias heladas y las v&iacute;sceras&rdquo; (p. 77).</p>
<p>Juan Gil-Albert dijo en su <em>Breviarium vitae</em>: &ldquo;La verdad no convence a nadie. La verdad existe&rdquo;. <em>Manca terra</em> sigue esa l&iacute;nea: denuncia la poes&iacute;a-reserva, al igual que los bosques-reserva. Las flores, &ldquo;un balbuceo del oscuro alfabeto de la tierra&rdquo; (p. 93), saben lo que es la vida, quiz&aacute; tambi&eacute;n sin saber.</p>
<p>La vida se mantiene gracias a los ancestros, a su simiente que a&uacute;n nos sostiene (p. 60). En &ldquo;Hijo de la luz y de la sombra&rdquo;, dice Miguel Hern&aacute;ndez&nbsp; que nuestros muertos se besan en nosotros.</p>
<p><em>Manca terra</em> es implacable porque nuestra vida es implacable: lo abandonamos todo: nuestro pasado; hipotecamos la naturaleza, convertida en estos momentos en suelo industrial, sin valor su vida, sus nutrientes muertos. Hechizados por la tecnolog&iacute;a y el dinero vamos hacia la sexta extinci&oacute;n: &ldquo;Har&aacute;n las guerras suficientemente lejos / lejos las manos que cosen tu vestido /, segar&aacute;n la espiga por ti / cerrar&aacute;n los ojos a tus muertos&rdquo; (p. 92).</p>
<p>Un mundo as&eacute;ptico que envuelve su podredumbre en inmortalidad. De esa sociedad as&eacute;ptica nace una poes&iacute;a que es &ldquo;un trozo de muerte / sobre una salsa de palabras que apenas llega a camuflar la podredumbre del lenguaje&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Si con tus pensamientos creas el mundo / p&aacute;rate a contemplar / -si puedes-/ lo que has creado&rdquo; (p. 73). Una acusaci&oacute;n que no deja lugar a componendas. Una acusaci&oacute;n urgente como algunos poemas de Miguel Labordeta: &ldquo;Severa conminaci&oacute;n de un ciudadano del mundo&rdquo; o &ldquo;Un hombre de treinta a&ntilde;os pide la palabra&rdquo;. Poemas que muerden como los de Otero o Celaya, que sentencian a su tiempo. Pero no se trata de rebelarse ante un momento hist&oacute;rico, cercado por la guerra. Se trata de mostrar algo peor: la extinci&oacute;n.</p>
<p>A pesar de todo L. Giordani a&uacute;n cree en la utop&iacute;a: con el canto que nace del derrumbe hay esperanza. Hay que &ldquo;encontrar las hebras de resistencia en el lenguaje / los &uacute;ltimos &aacute;rboles de pie&rdquo;, &ldquo;en alg&uacute;n lugar donde las flores no perezcan / tan r&aacute;pido&rdquo; (p. 74). Por eso ofrece un plan para salir adelante: hay que nombrar las plantas, olvidando los herbarios, hay que escribir pisando la tierra o hundi&eacute;ndose en el cielo.</p>
<p>Se trata de lograr una poes&iacute;a viva, que deje atr&aacute;s el antiguo debate entre poes&iacute;a minoritaria o mayoritaria, de esencia o de existencia. La poes&iacute;a que reclama Laura Giordani ahonda en la tierra para que podamos hablar con palabras que sean &aacute;rboles, piedras, personas. Lo po&eacute;tico &ldquo;cerca de lo que nos deslumbra y luego se desvanece sin reclamar posteridad alguna&rdquo; (p. 91). Ese mundo de reparaci&oacute;n tiene su anclaje en otras poetas como Alejandra Pizarnik, a quien dedica el &uacute;ltimo poema; Emily Dickinson, que tanto am&oacute; la tierra; Blanca Varela. Todas ellas barro que repara las heridas desde el derrumbe. No olvidaremos esta <em>Manca terra </em>constelada de futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura Giordani,<em> Manca terra</em>, La Gar&uacute;a, 2020</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Apr 2023 07:40:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda y algunos antitópicos en "Aparición y otras desapariciones"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-guinda-y-algunos-antitopicos-en-aparicion-y-otras-desapariciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/_NGEL_GUINDA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Lleg&oacute; con tres heridas&hellip;&raquo;, &Aacute;ngel Guinda lleg&oacute; a la poes&iacute;a y a la vida ‒que para &eacute;l eran lo mismo‒ con esos tres cortes profundos que tan hermosamente cita en su particular seguidilla Miguel Hern&aacute;ndez. &Aacute;ngel Guinda fund&oacute; para la poes&iacute;a de su tiempo el antit&oacute;pico. El amor, la muerte y la vida, conceptos m&aacute;s t&oacute;picos todav&iacute;a, lugares comunes en la literatura desde sus primitivas manifestaciones escritas y no escritas, reciben un tratamiento asimismo antit&oacute;pico cuando quien los poetiza es el &Aacute;ngel (<em>fieramente humano</em>) Guinda. Si el antit&oacute;pico formal, basado en el uso morfosem&aacute;ntico de la oposici&oacute;n significadora (&lsquo;juventud, <em>humano</em> tesoro&rsquo;; &lsquo;c&aacute;ntico <em>corporal&rsquo;</em>, etc.) es h&aacute;bito guindiano, el abordaje de los top&oacute;s literarios constituye del mismo modo una novedosa caracter&iacute;stica de su poes&iacute;a. No encontraremos en la obra de &Aacute;ngel Guinda ni un solo t&iacute;tulo ‒ni uno s&oacute;lo‒ en el que no aparezca esa trilog&iacute;a. Sus p&aacute;ginas po&eacute;ticas, aforem&aacute;ticas, cr&iacute;ticas&hellip; las inunda la presencia constante de la vida, de la muerte, del amor. &iquest;C&oacute;mo iban a ser diferentes o estar ausentes en<em> Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>?</p>
<p>Sin embargo, destaca en este hermoso y naturalista p&oacute;stumo un rasgo que ya hizo acusado acto de presencia en <em>Los deslumbramientos </em>seguido de<em> Recapitulaciones</em>: el estoicismo. No a la manera d&oacute;cil de S&eacute;neca, sino un estoicismo activo entroncado con ese parabi&eacute;n cl&aacute;sico que orna a nuestro &Aacute;ngel viv&iacute;simo y que en <em>Los deslumbramientos&hellip;</em> aparec&iacute;a mezclado con un ascetismo recobrado del sintagma titular dictado en 2001 para su <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em>. All&iacute;, &laquo;Una vida tranquila&raquo; recuperaba a Fray Luis, el asceta que propag&oacute; por Europa un <em>beatus ille</em> hortelano, es decir, activo. Dichoso &eacute;l, dichoso tambi&eacute;n el &Aacute;ngel que regresaba a su madurez imbuido de un precoz cansancio de la vida, del amor y de la muerte. En esa d&eacute;cada, entre 1994 y 2001, &Aacute;ngel Guinda se sent&iacute;a fatigado; los t&iacute;tulos de esa etapa constitu&iacute;an el tr&aacute;nsito precedente al descenso tras la esforzada subida a la cima de la &lsquo;existencia&rsquo;. <em>Despu&eacute;s de todo</em>, <em>Conocimiento del medio</em>, <em>La llegada del mal tiempo</em> y <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> son sus t&iacute;tulos-descansillo. &Aacute;ngel hab&iacute;a llegado al altiplano reflexivo; a partir de entonces comenzar&iacute;a el descenso. El peso con el que cargar&aacute; es de nuevo un top&oacute;s literario, aunque no deja de ser una realidad conviviente, com&uacute;n a la general angustia existencial del ser humano: la edad, el paso del tiempo, la extendida cronopatolog&iacute;a. Resulta llamativo a este respecto que siga el asunto presente en <em>Aparici&oacute;n</em>; lo prueba la cita de S&eacute;neca que acota el poema &laquo;El convaleciente&raquo;: <em>No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho</em>. Digamos que esta cita senequista apunta al centro mismo de su rotunda negaci&oacute;n, pues el texto del poema deja bien a las claras la necesidad de perder ese tiempo en determinadas circunstancias: por ejemplo, cuando la materialidad de las cosas y su orden rutinario crean el perfecto marco de un espacio propicio a la abstracci&oacute;n reparadora: &laquo;El espacio segu&iacute;a en calma; /&nbsp; y yo, ausente, volaba.&raquo;, dicen los dos &uacute;ltimos versos de este poema sensual en el que los sentidos cobran valor trascendental en la ocupaci&oacute;n del tiempo en el espacio.</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda repite cita, ahora objetiva y descriptiva, en el poema &laquo;El tiempo&raquo;, sustantivado, concreto, un&iacute;voco: &laquo;Todo es tiempo&raquo; ‒dice‒ y termina: &laquo;M&aacute;s all&aacute; del tiempo sigue el tiempo&raquo;. Esta visi&oacute;n, tan einsteniana, que prescribe al tiempo como una dimensi&oacute;n dada, proyectada <em>ad infinitum</em>, la misma que le hace decir (m&aacute;s o menos) a Octavio Paz que no es el tiempo el que pasa, sino nosotros los que pasamos por &eacute;l, no la tengo recogida en mi inmediata memoria lectora de Guinda. Es nueva para m&iacute;, como una aparici&oacute;n m&aacute;s de las que nos tiene acostumbrados su obra, pero que, como muchas veces ocurre con sus &lsquo;iluminaciones&rsquo;, nos remite a un hecho a mi juicio irrefutable respecto a la consideraci&oacute;n del tiempo. Es bien sabido, por ejemplo, que la historia ha dispuesto un nuevo marco referencial en el que ya no basta el paso del tiempo exterior al hombre como ser individual y colectivo, sino que la propia evoluci&oacute;n de las sociedades ha ido estableciendo jalones sustentados en acontecimientos que la raz&oacute;n ha ido ordenando y por medio de los cuales nos planteamos tambi&eacute;n un tiempo hist&oacute;rico, un tiempo ps&iacute;quico y un tiempo sensitivo. Pues bien, los nueve versos del poema nos muestran c&oacute;mo la disgregaci&oacute;n de este tiempo en nuevas perspectivas y valores, otorga a aquella dimensi&oacute;n naturalmente c&oacute;smica ‒einsteniana, repito‒ una percepci&oacute;n m&aacute;s ensay&iacute;stica, filos&oacute;fica y, desde luego, ayuntada a la experiencia individual, como no puede ser de otro modo en &Aacute;ngel Guinda: sensitiva, ps&iacute;quica.</p>
<p>Dir&iacute;a m&aacute;s: ese poema, en su compleja sencillez (dictar&iacute;a Borges), pone en entredicho aquella pulsi&oacute;n del ser humano que ha estado siempre ligada a la transici&oacute;n de una vida mensurable en el tiempo convencional, pero, sobre todo, al rito m&aacute;gico por medio del cual era posible traspasar esa frontera y seguir &laquo;viviendo&raquo; m&aacute;s all&aacute; de la contingencia azarosa de la vida puramente material o f&iacute;sica. El poema de Guinda, al reducir el tiempo a un fen&oacute;meno casi material, refuta esa posibilidad que suelda buena parte de las preocupaciones del hombre como ser en el tiempo y sus preguntas sobre su papel en un contexto dado y sobre su destino, sobre su finalidad (el t&oacute;pico <em>ubi sunt</em>), dif&iacute;cilmente aceptable m&aacute;s ac&aacute; de su crisis vital en cuanto toma conciencia de ser un &laquo;ser para la muerte&raquo;, particularidad sobre la que tanto debatir&iacute;an Heidegger y Sartre.</p>
<p>Ese ser para la muerte est&aacute; aqu&iacute; en su plena aceptaci&oacute;n; est&aacute; en <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> con la rotundidad, sinceridad y firmeza del <em>Pouvoir po&eacute;tique</em> de un poeta cuyo ser humano interior sabe que existe y saldr&aacute; de &eacute;l (lo dijo di&aacute;fanamente en <em>Los deslumbramientos&hellip;)</em>; pero es que es precisamente esto lo que significa &lsquo;existir&rsquo; (= <em>ex‒ister</em>): salir, &lsquo;aparecer&rsquo; a la realidad para, finalmente, en este caso, soldar el plasma del mundo, la materia y el fluido, lo que parece escapar a las venas que recorren cielo y tierra, aire, agua&hellip; Lo inaprehensible es as&iacute; atrapado por la palabra en una suerte de h&aacute;bil y exclusiva maestr&iacute;a para apresarlo en el signo que significa o en el signo que invita a otra sem&aacute;ntica apenas atisbada o definitivamente secreta.</p>
<p>En &laquo;Anemia II&raquo; es ese plasma del mundo (&laquo;todas las sangres que me transfundieron&raquo;) el que ha escrito sus poemas. &Aacute;ngel Guinda se abre aqu&iacute; las venas para entregarnos esos poemas y vivir m&aacute;s, para que nosotros vivamos m&aacute;s. S&eacute;neca se las abri&oacute; para morir por decreto imperial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Mar 2023 12:47:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Gamoneda: “En poesía todo es símbolo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-gamoneda-en-poesia-todo-es-simbolo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/ANTONIO_GAMONEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>La cabeza de Gamoneda camina sola, separada del cuerpo. Este ha fichado por la vida, por la corrupci&oacute;n de la materia; la cabeza prosigue su marcha, ajena al desgaste que impone el curso del tiempo. A sus casi 92 a&ntilde;os, el poeta trabaja con intensidad y permanece al d&iacute;a de todo, due&ntilde;o de su agenda.</p>
<p>De su cuerpo dio cuenta en <em>La pobreza</em> (2020), el segundo volumen de sus memorias. De su cabeza es expresi&oacute;n la entrevista siguiente, despu&eacute;s de la cual a uno se le aparece m&aacute;s todav&iacute;a como un ser decapitado, y recuerda su busto, labrado por Amancio Gonz&aacute;lez; un bronce como de emperador romano, si no fuera por el escepticismo de su cabeza gacha. En realidad, habr&iacute;a que especificar: &eacute;l es su cerebro, en la cabeza est&aacute;n los dientes -o su ausencia-, el o&iacute;do -o su ausencia-, la vista -o su ausencia-... una retah&iacute;la de penalidades que le impone un cat&aacute;logo de &ldquo;bisuter&iacute;as&rdquo;. Camino de una comida Real, olvid&oacute; la dentadura superior -la inferior la tiene implantada- y hubo de darse la vuelta, llegando tarde al almuerzo, con admonici&oacute;n gestual de la reina Sof&iacute;a. &ldquo;Las gafas las pierdo cuatro o cinco veces cada d&iacute;a. Tengo tres pares para escribir a mano y leer. Las compro en farmacias a doce euros. Las caras son las del ordenador&rdquo;. Lo cuenta en <em>La pobreza</em> -p&aacute;gina 93-. &ldquo;Aud&iacute;fonos tengo dos, y hay un tercero que guarda Angelines en alg&uacute;n caj&oacute;n desconocido&rdquo; -94-. Una vez se duch&oacute; con ellos y oy&oacute;, mientras se jabonaba, el canto del mirlo y el reloj de la catedral. Del cuello para abajo le salen a veces costras. Son el resultado de un prurito que se le manifestaba ya de peque&ntilde;o; aparecen &ldquo;nuevas y tiernas cada ma&ntilde;ana&rdquo;. Se salvan los pies, la cabeza y las manos. Debajo de las cortezas, &ldquo;las llagas hormiguean todo el d&iacute;a y a la noche hierven (...) Acabo de describir una fantas&iacute;a y una experiencia relativamente sucias, pero no encuentro motivos para borrarlas (<strong>..</strong>.) Mi neurosiquiatra me ha dicho que son muchos los esquizofr&eacute;nicos que afirman tener insectos bajo la piel. Me ense&ntilde;&oacute; fotograf&iacute;as de un paciente que se la arranca busc&aacute;ndolos&rdquo; (p. 47). Le comento la virtud ineludible de mirar a la vida a la cara, o sea, de mirar a la muerte. De cogerla por la solapa. Su expresi&oacute;n es dubitativa, pero entiendo que comparte esta visi&oacute;n. Al fin y al cabo, es due&ntilde;o de lo que ha escrito. Lo que ignoro es si todo el mundo ha recibido bien ciertas informaciones. &Eacute;l se relee y confirma que es escritura &ldquo;morbosa&rdquo;. Yo no creo tanto eso. &ldquo;Pero no es, no me parece, literatura fr&iacute;vola&rdquo;, se defiende en las memorias. Por supuesto. Tales confesiones, que podr&iacute;amos llamar <em>mat&eacute;ricas</em>, representan uno de los puntales del libro, y conviven naturalmente con teor&iacute;as acerca de la objetivaci&oacute;n de la palabra y del pensamiento po&eacute;tico: &ldquo;La realidad po&eacute;tica ha de estar en las palabras y manifestarse en el temblor de sus l&iacute;mites&rdquo; &ndash; p. 37-, tal vez cercanos a los temblores, en sus versos, del s&iacute;lice y del azufre. Enuncia que la poes&iacute;a es antes sensible que inteligible y que es &ldquo;un arte de la memoria&rdquo; &ndash; p. 380-. Que no es casual &ldquo;el vaciamiento po&eacute;tico que se advierte en Espa&ntilde;a, en los siglos XVIII y XIX. Hay una causa: la intempestiva <em>vocaci&oacute;n</em> realista que sucede al barroco&rdquo; -390-, y que, a&ntilde;ade ahora, pone &ldquo;l&iacute;mites convencionales al lenguaje po&eacute;tico&rdquo;. &iquest;M&aacute;s problemas?: la pobreza misma, los suicidios, las muertes de los amigos, en fila india.</p>
<p>La vejez, la decrepitud f&iacute;sica, la depresi&oacute;n&hellip; se convierten en un testimonio de la vida. Apelan directamente a la verdad de &eacute;sta. Kafka reivindicaba los libros que pican y muerden. &ldquo;No se deber&iacute;a leer otra cosa&rdquo;, advert&iacute;a. Hablar a las claras es una prueba, otra, de rebeld&iacute;a. Un pu&ntilde;etazo de desesperaci&oacute;n en la mesa, pero un pu&ntilde;etazo. Para darlo hay que tener energ&iacute;a. Y hay que estar contra la muerte en todas sus manifestaciones. Cuando Gamoneda habla de aspectos inc&oacute;modos de la vida, no se lamenta, la canta. A las <em>visitas</em> que recibe en la vigilia se refiere nada menos que en catorce p&aacute;ginas dispersas a lo largo de las cerca de cuatrocientas. Volveremos a ellas. Gamoneda ha apartado cualquier aspecto l&iacute;rico, en este segundo volumen de memorias. Ha hecho &eacute;pica. Una &eacute;pica civil, tranquila, testimonial. Forjada en el recuerdo y en el deseo de olvido, igual que su poes&iacute;a &uacute;ltima; &iquest;Es un Gamoneda m&aacute;s duro? Quiz&aacute;. &iquest;M&aacute;s crudo? Qui&eacute;n sabe. El libro resultante es de una modernidad abrumadora. No es realismo sucio. Es realidad a secas. En papel de estraza. Tenemos que agradecerle informaciones que podr&iacute;a haber omitido. En ellas existe un valor que no est&aacute; al alcance de los puritanos que cultivan el arte p&uacute;dico. O de los lectores conservadores que desean la Tierra quieta bajo sus pies. O sea, que no gustan de literatura.</p>
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<p><strong>Sobre la desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a</strong></p>
<p>Gamoneda sale de casa a cuentagotas y recibe lo menos posible. Desde la pandemia, se cuida; o igual le obligan a hacerlo. En todo caso, escucha los consejos del marido de su hija mayor Amelia, m&eacute;dico. Podr&iacute;a decirse que vive enclaustrado en su casa c&eacute;ntrica de Le&oacute;n, pero ser&iacute;a exagerado. En verano, se escap&oacute; a un recital y pesc&oacute; el covid. Se recuper&oacute; deprisa, como sin tiempo que perder. Est&aacute; fuerte. Se entrevist&oacute; hace no mucho, en su hogar, con el ganador del premio Montele&oacute;n, de cuyo jurado formaban parte, adem&aacute;s de &eacute;l, sus queridos Juan Carlos Mestre y Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago; en la recta final de 2022, acudi&oacute; a las Jornadas Claudio Rodr&iacute;guez, en Zamora, en las que Carlos Pi&ntilde;el presentaba unas pinturas inspiradas en su poes&iacute;a. Del cruce sali&oacute; <em>Imaginario del v&eacute;rtigo</em>. Quiere esto decir que est&aacute; enclaustrado <em>ma non troppo</em>. Contesta al tel&eacute;fono, se mueve cuando es necesario y no cesa de leer y de escribir. Corrige y corrige, los viejos poemas y los nuevos, que no publica. Y eso que tiene lesionada la m&aacute;cula y hay glaucoma. Le pregunto por la vista. Ha tenido problemas recientes. &ldquo;No va a mejorar -dice-, pero no hago drama de ello. Pantalla grande, lupa con bombilla y a trabajar cuanto pueda&rdquo;. Su memoria mira al horizonte. &ldquo;El ojo, los o&iacute;dos, todo comienza a darme problemas&rdquo;, dec&iacute;a S&aacute;ndor M&aacute;rai, en sus diarios postreros. &ldquo;Al final los viejos no son ni o&iacute;dos ni ojos&rdquo;. Ten&iacute;a 84 a&ntilde;os, Gamoneda va a por los 92, lo hemos dicho, y anda mucho mejor de &aacute;nimo. Gracias a &eacute;l crece la esperanza de vida mejor que con una alimentaci&oacute;n rigurosa y ejercicio. La poes&iacute;a tira mucho de &eacute;l. No sabemos si le ha salvado la vida, pero se la alarga.</p>
<p>- Encuentro en el segundo volumen de memorias una desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a. Es un libro muy f&iacute;sico. Habla de cuestiones aparentemente desagradables, pero que tienen que ver con la vida: el decaimiento, las pr&oacute;tesis, las afecciones de la piel. No ha querido ser complaciente.</p>
<p>- El libro es tanto un reconocimiento y una narraci&oacute;n de mi vida pasada -entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos- cuanto una observaci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo m&aacute;s sensata posible, relacionada con el porvenir. Esto se lo digo como rasgo general. En respuesta exclusiva a sus impresiones, bien formuladas, la siguiente aclaraci&oacute;n: una carga tan sucesivamente apretada de contenidos existenciales, civiles y sociales me ha llevado a un libro que no aspira a convertirse en una pieza est&eacute;tica narrativa. <em>Un armario lleno de sombra</em> yo creo que s&iacute; dejaba espacio -y sentimentalidad y sensibilidad- a la palabra configurada dentro de un orden m&aacute;s elevado. Pero precisamente lo que usted ha dicho, esa carreta prieta de contenidos, que no llevan consigo necesariamente &iacute;ndices est&eacute;ticos, ha sido causa de que el libro <em>La pobreza</em> sea, sobre todo, testimonial y cr&iacute;tico. Claro, en perjuicio de la dimensi&oacute;n est&eacute;tica.</p>
<p>- En <em>La pobreza</em> hay tambi&eacute;n una parte conjetural. &iquest;Qu&eacute; caracter&iacute;stica puede unir las artes? Usted trata la poes&iacute;a como una m&aacute;s.</p>
<p>- Con independencia de que, como acabo de decirle, el libro prescinda casi siempre de la voluntad est&eacute;tica -y, por tanto, art&iacute;stica-, en mi experiencia, en mi conocimiento, en mis reflexiones&hellip; puedo decirle que todas las formas de arte tienen unos componentes comunes; yo apenas veo diferencias b&aacute;sicas entre la composici&oacute;n de un cuadro y la de un poema. Pero es que tampoco la veo si hablamos de danza, por ejemplo. Siempre hay que cumplir unas leyes no escritas -pero que existen-: armon&iacute;a, paralelismos, r&iacute;tmica, composici&oacute;n&hellip; Las palabras est&aacute;n dirigidas -en el caso de la poes&iacute;a- al sistema auditivo: la poes&iacute;a es fundamentalmente oral. La poes&iacute;a escrita no es m&aacute;s que un accidente &uacute;til para la difusi&oacute;n que han tra&iacute;do los siglos. &iquest;Qu&eacute; ocurre? Que cada composici&oacute;n estar orientada a un sentido f&iacute;sico humano. Si pertenece a la esencialidad del hecho po&eacute;tico, hablaremos del o&iacute;do. &iquest;Y qu&eacute; ocurre con un cuadro? Que pr&aacute;cticamente las mismas leyes del espacio y del tiempo se trasladan a la quietud y al plano. Est&aacute;n orientadas a la sensibilidad visual, pero con unas bases an&aacute;logas a las que rigen en la poes&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Y en el caso de la danza?</p>
<p>- Pues se apela simult&aacute;neamente a los sentidos de la vista y el o&iacute;do.</p>
<p>- Y de esa premisa -leyes no escritas relativas a la armon&iacute;a, al paralelismo, etc&eacute;tera, &iquest;nacen la imagen y el s&iacute;mbolo?</p>
<p>- Imagen y s&iacute;mbolo son consecuencia de la estructura l&eacute;xica del poema. En realidad, en poes&iacute;a todo es s&iacute;mbolo. Todas las formas de lenguaje art&iacute;stico tienen un grado de naturaleza simb&oacute;lica.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar&rdquo;</strong></p>
<p>- Dice en <em>La pobreza</em> que no advierte problema en que el s&iacute;mbolo no signifique nada.</p>
<p>- Claro. De ah&iacute;, el placer est&eacute;tico puro. Pero que no signifique nada&hellip; en apariencia. Porque todo es s&iacute;mbolo, ya lo he dicho. El poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar.</p>
<p>- Usted bautiz&oacute; un libro de reflexiones precisamente <em>El cuerpo de los s&iacute;mbolos</em> (1997). En &eacute;l dice que la poes&iacute;a existe porque sabemos que vamos a morir. &iquest;Podr&iacute;amos pensar o decir lo mismo de la pintura?</p>
<p>- Este es otro asunto. No s&eacute; si ese conocimiento -que no es una ley, es un <em>conocimiento</em>- afecta a la pintura [aqu&iacute; se detiene cinco segundos]. Estoy contest&aacute;ndole con dudas. No s&eacute;&hellip;</p>
<p>Al o&iacute;r ese <em>no s&eacute;</em>, es imposible no pensar en <em>La prisi&oacute;n transparente</em> (2016). Su tono espont&aacute;neo se asemeja al <em>no /s&eacute;</em> que uno le ha escuchado en m&aacute;s de una lectura del poema que abre el libro. &ldquo;Estoy cansado. / Cansado de m&iacute; mismo; de mi enemistad conmigo mismo. / O de vivir, o de no / vivir, no / s&eacute; / (&hellip;) / &iquest;Qu&eacute; es de m&iacute;? &iquest;Soy yo monos&iacute;labo, &uacute;nicamente negaci&oacute;n? /No / s&eacute;. / Me pregunto si en este instante (&hellip;) es posible fingir / hasta creer. / No / s&eacute;. / Apenas / es posible olvidar (&hellip;) &iquest;qui&eacute;n soy yo, estoy / ciertamente / en m&iacute;? / No / s&eacute; / (&hellip;)&rdquo;. El entrecomillado responde a la versi&oacute;n de 2016. En 2019 -seg&uacute;n la versi&oacute;n que consta en el segundo volumen de su poes&iacute;a reunida-, han desaparecido los <em>no s&eacute;</em> y la versificaci&oacute;n ha mutado a la prosa. El poema se parece al original. No es el mismo. Gamoneda no cesa de escribir, tampoco de reescribirse. El caso es que el <em>no saber</em>, junto a la apetencia de olvido, parece uno de los centros sobre los que se apoyan sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de escritura, de sensibilidad, de pensamiento. Tan es as&iacute; que la segunda parte de <em>La prisi&oacute;n transparente</em>, titulada justamente &lsquo;No s&eacute;&rsquo;, ha llegado a transformarse en una pieza aut&oacute;noma, en la edici&oacute;n de <em>Esta luz. Volumen 2 </em>(2019). Cada cap&iacute;tulo de <em>La prisi&oacute;n transparente</em> se ha convertido en un libro: <em>La prisi&oacute;n</em>, <em>No s&eacute;</em> y <em>Mudanzas</em>, todos atravesados por <em>Las venas comunales</em>, que escribi&oacute; en di&aacute;logo con los dibujos de Mestre. &ldquo;Un <em>di&aacute;logo</em> en el que nos manifestamos simult&aacute;neamente acordes y discordes, y lo decimos en idiomas distintos&rdquo;, aqu&iacute; Gamoneda sonr&iacute;e como quien no dice todo.</p>
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<p><strong>&ldquo;En el acto de crear, hay una forma de vocaci&oacute;n de la muerte&rdquo;</strong></p>
<p>Pero <em>no s&eacute;</em> no es un latiguillo. Realmente no sabe. Se fuerza a saber. Cuando Antonio Gamoneda piensa, apaga los ojos. Entonces habla alguien que, debemos suponer, sigue siendo &eacute;l. &ldquo;Es posible que sea m&aacute;s correcto decir que la <em>est&eacute;tica</em>, en general, es tanto una noci&oacute;n como una experiencia que no existir&iacute;an en caso de que no nos supi&eacute;semos mortales. Se dar&aacute; cuenta de que aqu&iacute;, al decir <em>est&eacute;tica</em>, me estoy refiriendo a todas las artes, no s&oacute;lo a la poes&iacute;a. Pero no lo tengo muy claro, las cosas hay que decirlas como son. Es un &aacute;ngulo de comprensi&oacute;n al que no me hab&iacute;a asomado. Quiero decir que no me hab&iacute;a planteado nunca la relaci&oacute;n que pueda existir entre una <em>obra de arte</em> y la muerte. Pero yo creo que, en el acto de crear, hay algo que es <em>agresi&oacute;n a s&iacute; mismo</em> -a uno mismo-. Lo cual es tanto como decir que, en el acto de crear, hay una forma de vocaci&oacute;n de la muerte. Agredirse uno a s&iacute; mismo, agredir a otro. Tanto da. Hay mutilaci&oacute;n en funci&oacute;n de un tr&aacute;nsito existencial. S&iacute;, ese tr&aacute;nsito podr&iacute;a estar implicado en la pintura.</p>
<p>- &iquest;Es posible que desde <em>Canci&oacute;n err&oacute;nea</em> (2012) su poes&iacute;a se haya hecho m&aacute;s espiritual?</p>
<p>- Es posible. No solamente puede calificarla de m&aacute;s espiritual, sino que quiz&aacute; sea m&aacute;s exacto decir que se ha hecho un tanto metaf&iacute;sica. Lo cual no anda muy lejos de lo que usted apunta. Las nociones espirituales y metaf&iacute;sicas pertenecen a una misma <em>raza</em>, a una misma <em>hendidura</em> en la realidad.</p>
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<p><strong>&ldquo;El requerimiento del olvido es una forma de exteriorizar un desfallecimiento&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Podr&iacute;amos incluir ah&iacute; las apelaciones a la aceptaci&oacute;n o a la necesidad de olvido, despu&eacute;s de haber trabajado tanto con la memoria?</p>
<p>- El requerimiento del olvido -la manifestaci&oacute;n de necesitar un olvido- es una forma de exteriorizar un desfallecimiento. El hombre-poeta llega a un estado en el cual la vivencia se convierte en un sufrimiento. Hay una carga de vida acumulada que, si provoca desfallecimiento -lo cual es normal en un ser humano-, puede manifestarse como deseante de olvido.</p>
<p>- Y en este sentido -de espiritualidad y metaf&iacute;sica-, &iquest;podr&iacute;amos incluso hablar de los entresue&ntilde;os de <em>La pobreza</em>? All&iacute; se rozan el ser y el no ser, el estar y el no estar&hellip;</p>
<p>- Ya&hellip; [alarga la vocal, dando tiempo a la respuesta]</p>
<p>- &iquest;O es arriesgado decir algo as&iacute;?</p>
<p>- Es arriesgado, pero tambi&eacute;n algo de cercan&iacute;a hay, &iquest;eh? Un ser humano puede preguntarse por su inexistencia, que es lo que va a suceder a partir de su muerte. O sea, <em>lo que no va a suceder</em>, porque la inexistencia y la muerte misma no son nada. En ese ser y no ser, en el t&oacute;pico maravilloso de Shakespeare, hay una afirmaci&oacute;n de la vida, pero no s&oacute;lo. Tambi&eacute;n hay una afirmaci&oacute;n de la muerte como un hecho <em>exterior</em> de la vida. Es un error de Shakespeare, un error muy bello: &ldquo;Que tengas felices sue&ntilde;os, amado pr&iacute;ncipe&rdquo;, le dice finalmente a Hamlet.</p>
<p>- Es un momento de indefinici&oacute;n.</p>
<p>- Son formas de <em>existencia</em> que pudieron estar flotando hace doscientos a&ntilde;os en usted y en m&iacute;. No hab&iacute;amos vivido ni muerto, pero &iquest;est&aacute;bamos? Todo eso es un interrogante. Pero&hellip; sobre los sue&ntilde;os o los mediosue&ntilde;os o los entresue&ntilde;os&hellip; algo de luz podemos poner: en ellos, hay una percepci&oacute;n simult&aacute;nea de la realidad visual -tal como la vemos despiertos- y del imaginario so&ntilde;ado -que permanece <em>a&uacute;n</em> en la mente-. Esto sucede; est&aacute; en mi experiencia. No me parece un hecho excesivamente <em>extraordinario</em>.</p>
<p>- Una experiencia en el filo que, en <em>La pobreza</em>, es recurrente. Le sigue pasando, supongo.</p>
<p>- Menos. Pero todav&iacute;a. Yo creo que me he despertado y&hellip; es verdad que me he despertado en la medida en que estoy <em>viendo realmente</em> -en su realidad f&iacute;sica- mi entorno: una ventana, los pies de mi cama, los muebles que hay en la habitaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero simult&aacute;neamente&hellip;</p>
<p>- &hellip; simult&aacute;neamente tengo una visi&oacute;n que pertenece al sue&ntilde;o. A un sue&ntilde;o todav&iacute;a funcionante, ojo. Es decir, he despertado&hellip; parcialmente. Estoy en dos mundos. Y ah&iacute; es cuando tengo lo que yo llamo <em>visitas</em>: hombres y mujeres, agradables, desagradables, casi siempre indiferentes. Me producen un peque&ntilde;o susto al principio [lo dice con templanza, como si nada] y desaparecen en seguida. Pero es verdad, en relaci&oacute;n a su pregunta, que esas visitas son una presencia <em>extra&ntilde;a</em>. Es un poco dif&iacute;cil decidir si pertenecen al ser o al no ser, si est&aacute;n m&aacute;s ac&aacute; o m&aacute;s all&aacute;. Quiz&aacute; los psiquiatras y los sic&oacute;logos, la neurociencia, sepan decir algo de las causas y fundamentos de esto. Yo no puedo decirle nada m&aacute;s que lo que me sucede.</p>
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<p><strong>&ldquo;La vejez ha sido una sorpresa&rdquo;</strong></p>
<p><em>La pobreza</em> es un libro lleno de juventud o moderno. Inc&oacute;modo, que va a la carrera, en su b&uacute;squeda de la verdad. Trata de alcanzar una escritura <em>real</em>. Se agradece, en mitad de tantas literaturas mansas, convertidas en pa&ntilde;o caliente&hellip; que m&aacute;s que <em>literaturas</em> son <em>composturas</em>. El lector recibe con gusto las invectivas contra el realismo o la figuraci&oacute;n literaria, las apelaciones a la realidad -sin embargo, sensible-, las alusiones a la memoria, a la causa musical. Se reciben con deleite las po&eacute;ticas o los apuntes metaliterarios&hellip; pero tambi&eacute;n las alusiones a estas anomal&iacute;as apuntadas: los entresue&ntilde;os. En <em>Mansa chatarra</em>, Ferrer Ler&iacute;n f&oacute;rmula: &ldquo;Cada vez m&aacute;s, a medida que voy envejeciendo, considero los sue&ntilde;os como informantes de una eternidad; el segundo mundo que vamos habitando&rdquo;. Clara Jan&eacute;s, que sabe de esferas, establece en <em>Kamasutra para dormir un espectro</em>: &ldquo;Si uno vive, como apuntaba Quevedo, &lsquo;en conversaci&oacute;n con los difuntos&rsquo;, puede darse el caso de que comparta horas con un espectro, y m&aacute;s, que viva con &eacute;l&rdquo;. En <em>Recuerdos, sue&ntilde;os, pensamientos</em>, Jung consignaba un episodio de inconsciencia que tuvo tras un infarto, con delirios y visiones. En un momento, le pareci&oacute; divisar, desde el espacio, la esfera de la Tierra sumergida en una luz azul intensa. Bajo sus pies, Ceil&aacute;n, y ante &eacute;l, el subcontinente indio. Ignora si fue un sue&ntilde;o o un &eacute;xtasis, pero no duda de que aquella contemplaci&oacute;n fue &ldquo;lo m&aacute;s grandioso y m&aacute;s fascinante&rdquo; que experiment&oacute; en vida. Los entresue&ntilde;os gamonedianos forman parte de ese mundo que est&aacute; dentro y fuera de nosotros, como una circunferencia que se interseca con otra, formando un espacio nuevo, el de la propia intersecci&oacute;n. Tambi&eacute;n son fundamentales las confesiones -Sarita; Angelines-, las alusiones a monstruosidades -el ur&eacute;ter de Angelito; el ni&ntilde;o que bramaba y aullaba; la paral&iacute;tica...-, las aberraciones de la vida -el que cojeaba por un balazo, el que se lo gastaba todo en un prost&iacute;bulo, el que ten&iacute;a sucio el obrador&hellip;-, las menciones ya referidas a las costras, a la dentadura postiza, a las gafas, a los antidepresivos&hellip; el sacro desviado, la ci&aacute;tica. en fin, el libro como una impugnaci&oacute;n de la materia -cosa que, despu&eacute;s de haber hablado de <em>entresue&ntilde;os</em>, no viene nada mal-. Piensa uno tambi&eacute;n en alg&uacute;n apunte sobre la degradaci&oacute;n del cuerpo de Cernuda, no s&eacute; si en <em>Las nubes</em> o en <em>Ocnos</em>. Esta obra llena de achaques es la mayor impugnaci&oacute;n a la vejez que cabe. &ldquo;La vejez. Ha sido una sorpresa. Estaba entretenido pasando los d&iacute;as con alg&uacute;n malestar y alg&uacute;n vaso de vino, hablando largo con Ildefonso, enfad&aacute;ndome con Angelines, recobr&aacute;ndola en una caricia&rdquo; -77-. Y por debajo, siempre, la noci&oacute;n de la pobreza, como un l&iacute;quido, recorriendo el conjunto.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hace dos mil a&ntilde;os era mucho m&aacute;s frecuente estar -y participar- en una poes&iacute;a colectiva&rdquo;</strong></p>
<p>En <em>El cuerpo de los s&iacute;mbolos</em>, Gamoneda comenta que toda su actividad po&eacute;tica se deduce de la contemplaci&oacute;n de sus actos en el espejo de la muerte. Es verdad que la muerte est&aacute; en toda su obra. En <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil</em> (1959) igual es m&aacute;s intuida; en <em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> (1977) y en <em>Blues castellano</em> (1982), m&aacute;s pol&iacute;tica; en <em>L&aacute;pidas</em> (1987), m&aacute;s invisible; en el <em>Libro del fr&iacute;o</em> (1992), m&aacute;s ebria; en <em>Arden las p&eacute;rdidas</em> (2003), m&aacute;s qu&iacute;mica; en <em>Cecilia</em> (2004), m&aacute;s conjurada&hellip; y a partir de <em>Canci&oacute;n err&oacute;nea</em>, m&aacute;s&hellip; metaf&iacute;sica. Ya en sus primeros poemas, 1953, portaba las sombras en el hueco de sus manos; &ldquo;acaso entre tu mirada / y mi voz los muertos vibran&rdquo;. El curso evolutivo hace que en unos libros sea m&aacute;s preminente; y, en otros, m&aacute;s sensible. Mutaciones. Que no mudanzas. &Eacute;stas son una comunicaci&oacute;n con otros poetas a trav&eacute;s de &iquest;traducciones? &ldquo;La cultura y la historia nos han llevado a una situaci&oacute;n escritural que he dado en llamar <em>mudanzas</em>, siguiendo la terminolog&iacute;a encontrada en Herberto H&eacute;lder. Hay veces en que yo, ante un poema ajeno, le&iacute;do en otra lengua -hasta donde he sabido-, me siento tocado de una manera que, en cierto modo, me hace tener la sensaci&oacute;n de que el poema &iexcl;es m&iacute;o! [termina la frase con entonaci&oacute;n de extra&ntilde;eza]. Esta sensaci&oacute;n es dif&iacute;cil no s&oacute;lo de aceptar, sino de darse&rdquo;.</p>
<p>- Pero sucede.</p>
<p>- Y no es un disparate. Hace dos mil a&ntilde;os era mucho m&aacute;s frecuente estar -y participar- en una poes&iacute;a colectiva. Vea las grandes obras &eacute;picas de la cultura grecolatina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y antes de la escritura? Usted suele apelar al origen verbal de la poes&iacute;a.</p>
<p>- Antes, no digamos. La comunicaci&oacute;n oral, la transmisi&oacute;n, produc&iacute;a que uno recibiese unos contenidos po&eacute;ticos del vecino y despu&eacute;s, a prop&oacute;sito o por error, los cambiase, o a&ntilde;adiese o quitase algo. Y eso ya es una mudanza en toda regla. Aunque se hable poco de ello, esto es tan importante que, sin esa mudanza, nuestro gran romancero -la obra capital de la historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, que sobrepasa a cualquier autor individual-, no existir&iacute;a. En nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil. No es casualidad que ahora mismo no podamos encontrar poetas a la altura de hace cien a&ntilde;os. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Claudio Rodr&iacute;guez y alguno m&aacute;s. Dificil&iacute;simo, encontrar grandes poetas.</p>
<p>-&iquest;Ve raz&oacute;n para ello?</p>
<p>-Hombre, es muy dif&iacute;cil de encontrar. Pero s&iacute; est&aacute; ocurriendo algo muy serio. No se abandona la poes&iacute;a as&iacute; porque s&iacute;. Tiendo a pensar que el mundo tecnificado la expulsa. Cuando yo era un chico de quince a&ntilde;os, las mujeres y los obreros, todos, absolutamente todos, cantaban.</p>
<p>- Mi abuela cantaba al cocinar.</p>
<p>- &iquest;Ve lo que le digo? Ah&iacute; tiene la prueba. Las mujeres, en sus labores caseras; los labradores, los alba&ntilde;iles, los herreros, mientras trabajaban. Yo los o&iacute; durante d&eacute;cadas. Esto se acab&oacute;. Es como el canto de un p&aacute;jaro que desaparece o como si el p&aacute;jaro mismo desapareciera. &iquest;Por qu&eacute; se acab&oacute;? Por la t&eacute;cnica mal concebida y mal utilizada. Ahora cantan los aparatos de radio port&aacute;tiles, los televisores, no digamos los tel&eacute;fonos m&oacute;viles&hellip; Cantar ya no es una creaci&oacute;n directamente humana. La gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulaci&oacute;n semejante se ha producido con la poes&iacute;a. No s&oacute;lo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen <em>rap</em> y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poes&iacute;a que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cedi&eacute;ndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso tambi&eacute;n es creaci&oacute;n. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No soy papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p>- Y &iquest;cu&aacute;ndo se dio cuenta, Antonio, de que estaba metido en la mudanza?: &iquest;cuando escribi&oacute; o reescribi&oacute; las <em>Herod&iacute;as</em> (2006) de Mallarm&eacute;, con su hija Amelia?</p>
<p>- Puede que me diera cuenta antes, pero fue importante la escritura de <em>Herod&iacute;as</em>, as&iacute; como de otras traducciones que tambi&eacute;n hice con Amelia. Pero, sobre todo, dir&iacute;a, el conocimiento prolongado de ese gran poeta portugu&eacute;s, fallecido hace cinco o seis a&ntilde;os, que le he citado antes: Herberto H&eacute;lder. &Eacute;l dej&oacute; de hablar de <em>traducci&oacute;n</em>; hablaba de <em>mudanza</em>. Y, claro, me pareci&oacute; una forma muy inteligente y muy honrada de entender la poes&iacute;a como un patrimonio com&uacute;n. &Eacute;l se encontraba con un poema y llegaba a un punto en el que no necesitaba traducirlo. El autor pod&iacute;a haber muerto hace cien a&ntilde;os o ser contempor&aacute;neo pero estar a quince mil kil&oacute;metros. Lo que H&eacute;lder precisaba era &iexcl;hacer suyo aquel poema y continuarlo! A esto lo llam&oacute; <em>mudanza</em>. Y esa actuaci&oacute;n prendi&oacute; en m&iacute;, ya que fui, en no s&eacute; qu&eacute; medida, cediendo a esa actitud que incluye pluralidad en el agente po&eacute;tico -en el poeta-, y que, por tanto, tambi&eacute;n tiene que ver con esa otra pluralidad continua del poema que no cesa y que se modifica, pasando de mano en mano&hellip; no soy papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica. Son opiniones, firmes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted es muy autoconsciente del lugar al que ha llegado y muy cauteloso a la hora de publicar obra nueva-. &iquest;Le cuesta hoy d&iacute;a escribir? &iquest;Tiene miedo?</p>
<p>- Pues s&iacute;. El estar dotado de un mayor conocimiento equivale a tener m&aacute;s dudas. Esto es inevitable. Yo, antes de que se me ocurriera pensar en esa pluralidad del autor&hellip; le voy a confesar que estaba un poco angustiado. Pero ah&iacute; aparece un campo nuevo para m&iacute;. No debe extra&ntilde;arle que, con el tiempo, tenga m&aacute;s dudas que nunca. En los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, he escrito bastante. Pero, &iquest;es v&aacute;lido todo? Tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir, s&iacute;.</p>
<p>Public&oacute; su primer libro <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil</em> &ldquo;a una edad razonable&rdquo;, 29 a&ntilde;os. Ten&iacute;a antes un peque&ntilde;o libro que despu&eacute;s public&oacute; en parte. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Sublevaci&oacute;n</em> termin&oacute; <em>Blues castellano</em>, pero la censura franquista lo destaz&oacute;. Ten&iacute;a que suprimir demasiado. Se enfad&oacute; hasta tal punto que lo meti&oacute; en un caj&oacute;n. &ldquo;Dije que no publicar&iacute;a hasta que la realidad del pa&iacute;s cambiase&rdquo;. Y as&iacute; fue. Con la llegada de la Transici&oacute;n dio a imprenta <em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> y luego, s&iacute;, el prohibido <em>Blues</em>. Necesit&oacute; de cuarenta y cinco a&ntilde;os para publicar tres libros. La misma reflexividad para consigo que gasta en la actualidad. Han pasado veintiuno de <em>Arden las p&eacute;rdidas</em>; veinte desde <em>Cecilia</em>. En dos d&eacute;cadas, Cervantes mediante, s&oacute;lo se ha permitido dos libros can&oacute;nicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que despu&eacute;s observa con lente de aumento. Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconf&iacute;a del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda contin&uacute;a ensayando poemas que a&ntilde;adan capas de luz a tantas p&aacute;ginas que lo dem&aacute;s juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borr&oacute;n; el mejor poeta, no.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 11:02:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brenda Navarro: “La imaginación permite que el mundo siga existiendo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/brenda-navarro-la-imaginacion-permite-que-el-mundo-siga-existiendo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/Brenda500.jpg" alt="" /></p>
<p>La noche del 26 de septiembre de 2014, un grupo de estudiantes de las Escuela Normal Rural de Ayotzinapa salieron en dos autobuses del municipio de Iguala de la Independencia, ubicado en el estado de Guerrero, hacia Ciudad de M&eacute;xico, para participar en la manifestaci&oacute;n anual que conmemoraba la Masacre de Tlatelolco (1968). Pasadas las nueve y media fueron interceptados por un grupo de hombres con armas formado por miembros de la polic&iacute;a y sicarios de la banda criminal Guerreros Unidos. Durante el enfrentamiento que dur&oacute; hasta la madrugada participaron agentes de otros cuerpos policiales y hasta soldados del ej&eacute;rcito mexicano. A la ma&ntilde;ana siguiente, el saldo era devastador: seis personas asesinadas &mdash;tres de ellos, estudiantes&mdash;, cuarenta heridos y cuarentaitr&eacute;s normalistas desaparecidos. La cruel espectacularidad del caso, la falta de voluntad pol&iacute;tica del gobierno de Enrique Pe&ntilde;a Nieto para resolverlo y la acumulaci&oacute;n de evidencias de que las m&aacute;s altas jerarqu&iacute;as del poder actuaban en colusi&oacute;n con el crimen organizado indignaron a la sociedad mexicana al demostrar el alcance tremendo de la violencia de Estado.</p>
<p>Desde que el antecesor a Pe&ntilde;a Nieto, Felipe Calder&oacute;n, declar&oacute; en diciembre de 2006 la &ldquo;guerra contra el narcotr&aacute;fico&rdquo;, con el objeto de ubicar y desmantelar los puntos de tr&aacute;fico de droga, los mexicanos sobreviven al enfrentamiento entre las fuerzas policiales y los grupos criminales; se trata de una guerra civil no declarada, en la cual la divisi&oacute;n entre los bandos con frecuencia se difumina. Porque la &ldquo;guerra&rdquo; de Calder&oacute;n &mdash;y despu&eacute;s de Pe&ntilde;a Nieto&mdash; sirvi&oacute; de excusa para la militarizaci&oacute;n del pa&iacute;s. Pronto, a las denuncias sobre la crueldad de las bandas delictivas se sumaron las denuncias contra militares y polic&iacute;as por secuestros, torturas y ejecuciones extrajudiciales, las cuales debido a su frecuencia no daban cuenta de atentados puntuales a los derechos humanos sino de un patr&oacute;n de agresi&oacute;n y hostilidad generalizado. Los estudiantes que hab&iacute;an estado form&aacute;ndose para ejercer en el futuro como profesores &mdash;a eso alude la palabra &ldquo;normalista&rdquo; en M&eacute;xico&mdash; fueron v&iacute;ctimas de la violencia sist&eacute;mica en un estado de excepci&oacute;n que para septiembre de 2014 llevaba m&aacute;s de una d&eacute;cada instalado. Las amargas protestas se multiplicaron en cada rinc&oacute;n del pa&iacute;s, conforme las investigaciones ofrec&iacute;an explicaciones la mayor&iacute;a de las veces vagas e inexactas sobre qu&eacute; hab&iacute;a pasado. Los mexicanos no olvidaban a sus desaparecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Un desaparecido es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;</strong></p>
<p>Brenda Navarro (Ciudad de M&eacute;xico, 1982) ve&iacute;a los acontecimientos at&oacute;nita, como el resto de sus compatriotas. A ella, la situaci&oacute;n le afectaba de una manera particular porque durante una &eacute;poca de su vida hab&iacute;a vivido con su familia muy cerca de Guerrero. &ldquo;En aquella &eacute;poca la violencia ya era tanta que ten&iacute;amos que meternos debajo de las camas cuando tiraban granadas afuera de la casa&rdquo;, recuerda. Tanto le inquiet&oacute; aquello que cuando sali&oacute; en estado &mdash;por segunda vez&mdash; decidi&oacute; emigrar con su pareja a Espa&ntilde;a. Para el momento de su llegada a Barcelona, en 2016, en la maleta tra&iacute;a el borrador de lo que habr&iacute;a de convertirse en su primer libro, <em>Casas vac&iacute;as </em>(2018)<em>. </em>&ldquo;Lo que m&aacute;s me preocupaba era qu&eacute; estaba pasando en las casas de estas personas que estaban desapareciendo&rdquo;, explica la autora. &ldquo;Te imaginas todo menos que un d&iacute;a vas a despertar con la pesadez de un desaparecido&rdquo;, escribe en la novela: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Sin embargo, <em>Casas vac&iacute;as</em> no va de nominalistas ni de narcotraficantes. Narra la historia de dos mujeres atravesadas por el mito de la maternidad. Una pierde un hijo, la otra, lo roba; una es de clase media, la otra, pobre; una se regodea en la melancol&iacute;a de la ausencia, la otra, se activa con la presencia del ni&ntilde;o (robado). Navarro escribi&oacute; la novela sin expectativas, convencida de que solo la leer&iacute;an su pap&aacute; y un amigo escritor, Yuri Herrera. Cuando la termin&oacute;, Herrera le insisti&oacute; en que la enviara a las editoriales. Ella no estaba convencida: nunca hab&iacute;a pensado en s&iacute; misma como en una escritora. Al final, decidi&oacute; hacerle caso y, por no dejar, la envi&oacute; a tres editoriales en Espa&ntilde;a. Aunque de dos nunca supo nada, las palabras de Alejandro Dardik, director de Club Editor, le dieron esperanzas. V&iacute;a correo electr&oacute;nico le contest&oacute; que como su sello estaba dedicado en exclusiva a la literatura en catal&aacute;n no se la pod&iacute;a editar, pero que la felicitaba por la novela y la invitaba a seguir intentando publicarla.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Navarro comprendi&oacute; que, despu&eacute;s de todo, s&iacute; ten&iacute;a madera para la literatura. Se avoc&oacute; entonces al segundo borrador. En 2018 public&oacute; <em>Casas vac&iacute;as</em> por .pdf en la web <em>Kaja Negra</em>, una revista fundada por estudiantes de periodismo con el objeto de ejercer su profesi&oacute;n de manera independiente y autogestionada, alej&aacute;ndose de los mecanismos convencionales. &ldquo;Kaja Negra Libros: Imaginar lo que seremos&rdquo; es el nombre de la plataforma a trav&eacute;s de la cual la novela se puso a la venta. Lo que vino despu&eacute;s ni la misma Navarro se habr&iacute;a atrevido a so&ntilde;arlo: el boca a boca hizo que cada vez m&aacute;s personas se interesaran en la novela de quien hasta entonces era una completa desconocida en las letras mexicanas. &ldquo;Todav&iacute;a est&aacute;bamos discutiendo cu&aacute;ntos libros &iacute;bamos a imprimir, cuando las lectoras comenzaron a buscarnos para que se los hici&eacute;ramos llegar&rdquo;, recuerda Navarro. Luego, Fernanda Melchor escribi&oacute; una recomendaci&oacute;n elogiosa en su columna del diario <em>El Pa&iacute;s </em>y la popularidad de su novela se dispar&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Al a&ntilde;o siguiente ya hab&iacute;a firmado con Sexto Piso, una editorial mexicana con sede en Madrid para publicarla en f&iacute;sico. En febrero de 2020, semanas antes de que Espa&ntilde;a decretara el confinamiento como medida para frenar la pandemia de la enfermedad por coronavirus, Navarro hab&iacute;a presentado su novela en esa ciudad, lugar a donde se hab&iacute;a mudado con su familia dos a&ntilde;os antes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;</strong></p>
<p>Pocas veces una escritora tiene un debut con tanta aceptaci&oacute;n entre el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica, porque a las elogiosas rese&ntilde;as que acumulaba en los peri&oacute;dicos pronto se sum&oacute; el anuncio de que ese a&ntilde;o <em>Casas vac&iacute;as</em> se alzaba ese mismo a&ntilde;o 2020 con el prestigioso Premio Tigre Juan. A Navarro, sin embargo su &eacute;xito no la convence. Comienza esta conversaci&oacute;n diciendo que todav&iacute;a no est&aacute; segura de que se quiera &ldquo;dedicar a escribir&rdquo;. La declaraci&oacute;n no debe tomarse como un desprecio a la literatura, mucho menos como un chiste. Si algo la distingue a ella es la seriedad de sus comparecencias p&uacute;blicas, acordes con los planteamientos de sus obras. En realidad tiene una relaci&oacute;n tirante con su figura p&uacute;blica como autora. Evita identificarse como escritora porque su literatura soslaya el planteamiento est&eacute;tico en favor del contenido. &ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;, apunta. Su segunda y m&aacute;s reciente novela, <em>Ceniza en la boca</em> (2022), continua la senda abierta por la primera, la de indagar en la rara condici&oacute;n de esta especie, te&oacute;ricamente guiada por el raciocinio.</p>
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<p><strong>&ldquo;La maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera se teje la violencia de los desaparecidos en M&eacute;xico, que es el punto de partida para que escribas <em>Casas vac&iacute;as</em>,<em> </em>con el asunto de la maternidad?</p>
<p>&mdash; Nunca problematic&eacute; la maternidad hasta los diecinueve a&ntilde;os. Nunca jugu&eacute; a la mam&aacute; con las mu&ntilde;ecas. Nunca se me inculc&oacute; que ten&iacute;a que ser madre. De hecho, mi madre siempre nos habl&oacute; de lo dif&iacute;cil que era tener y criar hijos a mi hermana y a m&iacute;. Mi padre nos dec&iacute;a: &ldquo;su mam&aacute; no las ha educado para ser mam&aacute;s&rdquo;. Eso que era un reclamo, a m&iacute; hoy me parece el regalo m&aacute;s grande que ella nos dio. A los diecinueve a&ntilde;os, de pronto, no s&eacute; qu&eacute; me pas&oacute;, pero dije &ldquo;quiero ser madre&rdquo;. Por eso tuve joven a mi primera hija. No entend&iacute;a lo que eso significaba. A partir de ese momento, mi vida cambi&oacute; de una manera brutal. La maternidad fue una de las experiencias que me hicieron ser la persona que soy ahora. Porque estaba en M&eacute;xico fue f&aacute;cil, porque fue una maternidad colectiva, a la latinoamericana. Mi madre se hac&iacute;a cargo de mi hija porque fui madre soltera y siempre contaba con ella, con mi hermana, con mis t&iacute;as y con mis abuelas. Nunca sent&iacute; la carga f&iacute;sica; hab&iacute;a otras cosas, porque esa situaci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica tiene estigmas, pero no lo viv&iacute; con dolor. Cuando decid&iacute; tener a mi segunda hija &mdash;que tambi&eacute;n fue una decisi&oacute;n pensada&mdash;, la tuve en Barcelona, con mi pareja. All&iacute; s&iacute; que entend&iacute; qu&eacute; significa ser madre a tiempo completo. De hecho, esa experiencia cambi&oacute; la segunda parte de <em>Casas vac&iacute;as</em>. En el primer borrador, la primera voz [la de la mujer de clase media] ten&iacute;a un conflicto mucho m&aacute;s rom&aacute;ntico y heteronormativo; por eso ten&iacute;a m&aacute;s peso la relaci&oacute;n con [su &ldquo;amante esquivo&rdquo; llamado] Vladimir a la hora de buscar al ni&ntilde;o desaparecido. Despu&eacute;s, cuando volv&iacute; a ser madre y me toc&oacute; amamantar (porque con la primera no lo hice), me dije: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esta mierda de poner el cuerpo al servicio de las demandas sociales?&rdquo;. Porque es muy bonito y est&aacute; el afecto y el apego que sentimos con las hijas, y crecen maravillosas con la leche materna, pero la imposici&oacute;n social que not&eacute; para obligarme a amamantar me parece una mierda. Yo la sorte&eacute; m&aacute;s o menos bien porque mi pareja se ha involucrado mucho en los cuidados de nuestra hija, pero cuando vi a mi alrededor c&oacute;mo la maternidad hace que las mujeres dejen de ser mujeres para convertirse solamente en madres, cambi&eacute; de opini&oacute;n. Esa fue mi experiencia en Espa&ntilde;a. La maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia. Es horrible lo que hacen con las mam&aacute;s: que si la lactancia, que si la depresi&oacute;n posparto, que si el trabajo del suelo p&eacute;lvico; todo se vuelve una enfermedad y t&uacute; te conviertes un mero recipiente para tus hijos. Yo, en cuanto pude dejar la lactancia, lo hice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; La diferencia entre tu experiencia de la maternidad en M&eacute;xico y en Espa&ntilde;a tiene que ver con las redes de apoyo, a esto te has referido antes, en conferencias y entrevistas. La red de apoyo que formaron tu mam&aacute; y tus t&iacute;as para cuidar contigo a tu primera hija es un ejemplo de c&oacute;mo esta estructura puede servir de alternativa al discurso que victimiza a la madre soltera, pero tambi&eacute;n como alternativa a la violencia estructural de la sociedad porque los hijos se sienten acompa&ntilde;ados en todo momento.</p>
<p>&mdash; Recuerdo un club de lectura que tuve en Argentina a prop&oacute;sito de <em>Casas vac&iacute;as</em>. Eran como quince mujeres y todas estaban enamoradas de la segunda voz de la novela. Dec&iacute;an que aunque cometi&oacute; un crimen es una mujer que ha tomado decisiones en el &aacute;mbito profesional tanto como en el personal. Me qued&eacute; sorprendida, porque no hab&iacute;a visto al personaje desde esa perspectiva. Pero me gust&oacute; esa lectura porque es verdad. Aqu&iacute; tenemos una chica que sale del c&iacute;rculo de violencia de su familia, en donde no tiene ning&uacute;n tipo de apoyo y empieza a generarse su propia red, o al menos eso trata de hacer. Que le sale mal, s&iacute;; pero lo intenta, al menos. Esto es lo contrario a lo que hace la primera voz; ella se va quedando sola. En <em>Casas vac&iacute;as</em> hay dos mujeres solas que no tienen redes de apoyo: no tienen amigas, mam&aacute;s ni t&iacute;as. Pero la que pertenece a la clase media se puede quedar retozando en el concepto de v&iacute;ctima, porque siente que el mundo le debe algo. Mientras tanto, la segunda voz sabe que el mundo se lo debe todo, pero se dice: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; le voy a hacer? &iquest;Me voy a quedar llorando o voy a hacer cosas?&rdquo;. Esa es la diferencia entre los lugares donde los Estados llevan a cabo acciones para conseguir una mayor redistribuci&oacute;n de los recursos y mejorar el bienestar de la poblaci&oacute;n y aquellos donde no. En los primeros, cuando empiezan a ver que se desmantela el Estado del bienestar, lloran; en Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo. La imaginaci&oacute;n permite que el mundo siga existiendo, a pesar de los problemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo que me interesa del mundo es la condici&oacute;n humana&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Es admirable la empat&iacute;a que generan tus personajes, incluso aquellos que son moralmente reprobables. Creo que eso viene de tu formaci&oacute;n universitaria en Sociolog&iacute;a y Econom&iacute;a Feminista. &iquest;Qu&eacute; hay de la soci&oacute;loga en la escritora y de la escritora en la soci&oacute;loga?</p>
<p>&mdash; Lo que me interesa del mundo es la condici&oacute;n humana. Me di cuenta de eso con los a&ntilde;os: no quiero vivir la teor&iacute;a, quiero ver qu&eacute; han hecho las personas. La &uacute;nica forma de hacerlo es entender a la humanidad &mdash;o, al menos, tratar de entenderla&mdash; y por eso estudi&eacute; Sociolog&iacute;a. Nadie comprende bien de qu&eacute; va esa disciplina. Para m&iacute;, con el perd&oacute;n de los soci&oacute;logos que ejercen, la sociolog&iacute;a es saber observar el mundo y estudiar las caracter&iacute;sticas de las sociedades o de ciertos movimientos sociales sin emitir juicios de valor. Esto he tratado de reflejarlo en mi literatura; siento que escribo sobre los grandes dolores que atraviesan circunstancias estructurales de las sociedades. Las personas no son ni buenas ni malas, sino que act&uacute;an seg&uacute;n sus circunstancias. Mil&aacute;n Kundera en un cuento de <em>El libro de los amores rid&iacute;culos</em> narra la conversaci&oacute;n entre el personaje de un m&eacute;dico y un colega. El primero dice al segundo que ambos son buenas personas porque tienen las condiciones f&iacute;sicas y pol&iacute;ticas para actuar de esa manera, pero que si estuvieran en una guerra no ser&iacute;an &eacute;ticos ni buenas personas, har&iacute;an lo necesario para sobrevivir. Esas palabras se me quedaron grabadas en la cabeza. La literatura trata de mostrar la condici&oacute;n humana sin ning&uacute;n tipo de filtro moral. Me gusta lo que dices de la empat&iacute;a, pero cuando leo me interesa saber si el escritor o la escritora tiene &eacute;tica o no, eso va m&aacute;s all&aacute; de la moral. Me parece bien si quiere poner miles de muertos o descabezados, si quiere hablar de los p&eacute;talos de rosas con olor a algod&oacute;n: lo que me interesa es qu&eacute; postura &eacute;tica tiene frente a esas historias. Huyo de decirles a los lectores algo como: &ldquo;Ay, miren a estas mujeres qu&eacute; pobrecitas son y les pasaron estas cosas espantosas y adem&aacute;s han hecho cosas espantosas, pero aun as&iacute; sienten y quieren y aman&rdquo;. Esta postura la aprend&iacute; de la sociolog&iacute;a.</p>
<p>&mdash; Ese es el discurso victimista, que adem&aacute;s es una herramienta del poder.</p>
<p>&mdash; Porque es muy c&oacute;modo decir que todos somos v&iacute;ctimas. El punto es que cuando todos somos v&iacute;ctimas entonces nadie lo es.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Tenemos que dinamitar a la familia: dejar de creer que nuestro objetivo es crear familias fundamentadas en parejas normadas y mon&oacute;gamas&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; En tus novelas y en los foros p&uacute;blicos a los cuales te invitan propones una visi&oacute;n de la maternidad como una creaci&oacute;n del Estado moderno. &iquest;C&oacute;mo rompemos el mito de la maternidad feliz?</p>
<p>&mdash; Con el paso del tiempo he venido a convencerme de que la maternidad se ha convertido en una reivindicaci&oacute;n de mujeres de la clase media que quieren tenerlo todo. A estas alturas de la vida, yo he entendido que nunca lo vamos a tener todo, por lo cual debemos escoger las batallas que queremos librar. Porque ese &ldquo;tenerlo todo&rdquo; va de acuerdo con las exigencias del mercado. A m&iacute; me da mucha flojera querer lo que me ofrece el mercado: nunca voy a tener una casa, nunca voy a tener un auto, nunca voy a ser gerente de ninguna cosa y, si las mujeres quieren tener esa vida que est&aacute; cortada para los hombres y adem&aacute;s ser madres, me parece la reivindicaci&oacute;n m&aacute;s absurda del mundo. Tenemos que dinamitar a la familia: dejar de creer que nuestro objetivo es crear familias fundamentadas en parejas normadas y mon&oacute;gamas. Es hora de pensar un poco en el tipo de familia como esas que hemos visto tradicionalmente en Am&eacute;rica Latina. All&iacute; las familias son fragmentadas y grand&iacute;simas porque est&aacute;n conformadas tambi&eacute;n por t&iacute;as y t&iacute;os de sangre y de amistad. Debemos pensar que no tenemos que ser una familia, sino que aquellas personas que tengan el deseo de tener un hijo puedan contar con el Estado y con sus empleadores, as&iacute; como tambi&eacute;n con el resto de las personas que tienen alrededor. Con frecuencia, las madres son relegadas a un espacio en el cual &uacute;nicamente pueden hablar de los temas relacionados con los hijos. Al resto de las mujeres estos asuntos les importan muy poco, as&iacute; que van alej&aacute;ndose. Entonces, las madres solo se relacionan con otras madres. As&iacute; se quedan sin redes y terminan neurotiz&aacute;ndose. Ellas terminan asumiendo solas el peso de la maternidad, a menos que pertenezcan al sector que le puede pagar a otra mujer para que cuiden a sus hijos, esclaviz&aacute;ndolas. Esto lo planteo en <em>Ceniza en la boca</em>. El objetivo deber&iacute;a ser dinamitar a la familia, porque eso ser&iacute;a dinamitar al Estado mismo. El modelo de familia no puede ser lo que vemos ac&aacute;, en los barrios Chamart&iacute;n o Salamanca de Madrid: a las mujeres vestidas con uniforme cuidando a tres ni&ntilde;os preciosos, donde no hay padres ni madres. Eso no puede ser un modelo de familia. Si ese es el modelo de familia que quiere Espa&ntilde;a, yo estoy en contra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Adem&aacute;s de desmontar el mito de la maternidad, &iquest;a qu&eacute; temas deber&iacute;amos ponerle atenci&oacute;n desde el feminismo?</p>
<p>&mdash; Como mujer y como feminista, lo importante para m&iacute; es hablar de temas como la renta b&aacute;sica universal, del derecho a la vivienda y del derecho universal a la salud. Me interesa hablar de por qu&eacute; una mujer no puede ser aut&oacute;noma ni tiene d&oacute;nde vivir porque carece de un oficio digno o de condiciones para trabajar. Esta situaci&oacute;n se extiende hasta la ancianidad: esa mujer tampoco tendr&aacute; una vejez digna, porque no hay una sanidad que nos asegure que vayamos a vivir bien al final de la vida. Ya vimos lo que pas&oacute; con las personas mayores durante la pandemia: las dejaron morir. Hay mujeres con pensiones de apenas cuatrocientos euros, &iquest;qui&eacute;n vive con esa suma, por favor? Las estad&iacute;sticas nos dicen que las mujeres son las que tienen menos cuentas bancarias o propiedades a su nombre, tienen menos trabajos dignos o con prestaciones sociales decentes. El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza. El modelo patriarcal se fundamenta en la falta de autonom&iacute;a de las mujeres, para que nunca podamos tomar decisiones por falta de dinero. El tema real del feminismo es qui&eacute;n posee la riqueza. Tenemos que empezar a hablar de dinero, de c&oacute;mo est&aacute; distribuido y de qui&eacute;nes hacen el trabajo de los cuidados, as&iacute; como tambi&eacute;n de cu&aacute;nto vale ese trabajo en nuestra sociedad. Hace poco le plante&eacute; a un periodista un caso hipot&eacute;tico. Le dije que alguien estaba dispuesto a pagarle 2500 euros al mes, m&aacute;s prestaciones sociales y otros beneficios, y le pregunt&eacute; si &eacute;l tomar&iacute;a un trabajo aunque fuera cuidando a otra persona. Su respuesta fue que s&iacute;. El tema no es si los hombres quieren hacer el trabajo dom&eacute;stico o no, sino las condiciones que damos en la sociedad al trabajo dom&eacute;stico y el de los cuidados. El feminismo debe hablar de salud, de dinero y de autonom&iacute;a.</p>
<p>Naturaleza humana y condici&oacute;n humana no deben confundirse; en las novelas de Navarro ambas categor&iacute;as son indispensables. Son, en ese sentido, piezas filos&oacute;ficas. El pensamiento de Jean-Paul Sartre prescinde de la primera definici&oacute;n en favor de la segunda, a la cual considera el conjunto de l&iacute;mites que bosquejan la situaci&oacute;n de los seres humanos en el universo; Hannah Arendt propone a la labor, el trabajo y la acci&oacute;n como las tres actividades condicionantes del existir de las personas y Eric Fromm reconoc&iacute;a tres factores que serv&iacute;an para determinar el car&aacute;cter de su ser contempor&aacute;neo: el mercado que las colocaba en un ciclo de funciones mercantiles entre consumidores y productores; el modo de producci&oacute;n industrial que privilegiaba sujetos que entraran sin roces en la maquinaria social &mdash;seres enajenados de su existir en el mundo, aut&oacute;matas&mdash; y, como est&aacute;n separados de sus sentimientos por la fusi&oacute;n mercantil y la industrializaci&oacute;n, los seres humanos proyectan esos sentimientos sobre el Estado &mdash;as&iacute; dotan a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de toda clase de pasiones relacionadas con el poder, la sabidur&iacute;a o el coraje. Si en el pasado el peligro era que los seres humanos se convirtieran en esclavos, escribe Fromm en <em>La condici&oacute;n humana actual </em>(1964), en el futuro el peligro es que se conviertan en robots. Ahora que las aplicaciones descargadas en m&oacute;viles manejan la vida de las personas y que un urbanita conversa m&aacute;s con los asistentes de voz de los servicios computarizados que con miembros de su familia, ese futuro temido por Fromm ha llegado &mdash;mientras contin&uacute;a el tr&aacute;fico de personas&mdash;. Por eso hay que estar alerta de las din&aacute;micas sociales que des-humanizan a las personas.</p>
<p>Es desde ese lugar donde las obras de Navarro interpelan al p&uacute;blico, mientras sus personajes encarnan las din&aacute;micas que convierten a los humanos en seres alienados. En donde es m&aacute;s patente su inter&eacute;s en analizar las condiciones bajo las cuales transcurren las vidas humanas es en <em>Ceniza en la boca</em>, la cual ya desde el comienzo plantea un drama social: el suicidio de un adolescente llamado Diego. La narradora de la novela es su hermana, cuya voz da cuenta de c&oacute;mo su madre los dej&oacute; en M&eacute;xico para trabajar en Espa&ntilde;a, de lo extra&ntilde;a que les pareci&oacute; cuando volvieron reunirse con ella, de los trabajos en condiciones indignas que ella y la madre debieron hacer para que Diego pudiera estudiar en la escuela secundaria, y sobre la vuelta a M&eacute;xico con las cenizas de su hermano en una caja. Todo mientras se pregunta por las razones que pudieron llevarlo a quitarse la vida y se describe la salida de M&eacute;xico como una huida de la violencia que se resuelve solo a medias con la llegada a Espa&ntilde;a, pa&iacute;s en cuya maquinaria ambos intentan entrar pero fracasan. &ldquo;Quien sabe qu&eacute; &eacute;ramos para los vecinos, si panchitas, si latinas, si un estorbo, si una mancha en su barrio que no pod&iacute;an limpiar, pero nunca nos dijeron nada, ni para bien ni para mal, hasta que vino Diego a verme&rdquo;, escribe Navarro: &laquo;Esto no es un piso tur&iacute;stico, me dijo un se&ntilde;or, calvo, panz&oacute;n, olor a tabaco. Lo ignor&eacute; y agarr&eacute; a Diego del brazo y salimos a la calle&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que yo quer&iacute;a era contar historias&rdquo;</strong></p>
<p>Como en <em>Casas vac&iacute;as</em>, la familia es en esta novela el crisol a partir del cual se profundiza en temas sociales m&aacute;s amplios; en el caso de <em>Ceniza en la boca</em>, se tratan, entre otros, el tema del desarraigo, el drama de las trabajadoras dom&eacute;sticas y de cuidados, y la violencia &mdash;a veces soterrada&mdash; de los Estados modernos. La lectura sobre el suicidio de Diego adquiere, en el marco de estos asuntos, una perspectiva sociol&oacute;gica, acorde con la formaci&oacute;n de Navarro, quien acarici&oacute; una vez la ambici&oacute;n de estudiar en la Escuela de Cine de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, pero al final se decant&oacute; por los estudios sociales. &ldquo;Siempre tuve la idea de hacer algo en el &aacute;rea de Comunicaci&oacute;n; en realidad, quer&iacute;a ser guionista, pero no me plante&eacute; nunca la carrera de Letras Hisp&aacute;nicas porque no estaba interesada en la academia, lo que yo quer&iacute;a era contar historias&rdquo;, recuerda la autora. Con apenas dos obras publicadas hasta la fecha, Navarro parece estar bien encaminada.</p>
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<p><strong>&ldquo;La burocracia migratoria es complicada incluso para quien &mdash;como es mi caso&mdash; deber&iacute;a ser f&aacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; En <em>Ceniza en la boca</em> tocas el tema de la migraci&oacute;n desde una perspectiva distinta a la tuya. &iquest;Cu&aacute;l fue la mayor dificultad para ti como inmigrante mexicana al abordar este asunto?</p>
<p>&mdash; Lo m&aacute;s dif&iacute;cil fue tratar de no hablar de mi experiencia personal, porque he sido privilegiada en todos los sentidos. La burocracia migratoria es complicada incluso para quien &mdash;como es mi caso&mdash; deber&iacute;a ser f&aacute;cil. Sin embargo, yo no enfrent&eacute; la brutalidad que toca a las personas que necesitan tener sus papeles regulares ac&aacute; para hacer trabajos de limpieza y cuidado. <em>Ceniza en la boca</em> naci&oacute; cuando vine a vivir a Barcelona y dej&eacute; a mi hija mayor en M&eacute;xico para que terminara la educaci&oacute;n primaria; mientras, yo me ocupaba del procedimiento para traerla. Con toda la inocencia del mundo fui a uno de los centros donde te asesoran para los tr&aacute;mites y lo m&iacute;o no tuvo problema. Literalmente fue &ldquo;Paso A, B y C&rdquo;, y se acab&oacute;, porque como espa&ntilde;ol mi pareja tiene derecho a traer a mi hija. Pero me qued&eacute; un rato para escuchar qu&eacute; pasaba con las personas que viv&iacute;an en situaci&oacute;n irregular y necesitaban reagrupar a sus familias. Me qued&eacute; muy sorprendida: para m&iacute;, como mexicana, los problemas migratorios solo ocurr&iacute;an en la frontera de mi pa&iacute;s con Estados Unidos. En aquella &eacute;poca, no entend&iacute;a el mecanismo de la migraci&oacute;n a Espa&ntilde;a. En ese lugar escuch&eacute; a madres que eran trabajadoras dom&eacute;sticas hablando de c&oacute;mo sus familias estaban fragmentadas y c&oacute;mo esos ni&ntilde;os que ven&iacute;an a este pa&iacute;s eran unos completos desconocidos, igual que ellas eran unas desconocidas para sus hijos. Me pareci&oacute; lo m&aacute;s doloroso del mundo. Cuando me mud&eacute; a Madrid, en donde la migraci&oacute;n es distinta a la de Barcelona, no pod&iacute;a dejar de pensar en el sufrimiento de un adolescente a quien le dicen que debe reencontrarse con alguien a quien no conoce en absoluto y pero la obligan a quererla por ser su madre biol&oacute;gica. Luego le&iacute; en el peri&oacute;dico la noticia del suicidio de un chico, y ese fue el acontecimiento que desencaden&oacute; la ficci&oacute;n propiamente dicha. Durante la escritura de la novela me plante&eacute; dos cosas: la primera, que no pareciera que quer&iacute;a dar voz a nadie y, la segunda, que mi experiencia personal y mis frustraciones no atravesaran las frustraciones de los personajes. Todav&iacute;a me pregunto si lo logr&eacute;; espero que s&iacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; La narradora de esa novela cuando est&aacute; en Espa&ntilde;a quiere estar en M&eacute;xico y cuando est&aacute; en M&eacute;xico quiere estar en Espa&ntilde;a; est&aacute; desarraigada, no se encuentra all&aacute; ni ac&aacute;, por esa raz&oacute;n se cuestiona sus roles de hermana, de hija y de nieta. &iquest;De qu&eacute; manera ese desarraigo y ese sentimiento de culpa es tambi&eacute;n una forma de violencia que ella ejerce contra s&iacute; misma?</p>
<p>&mdash; Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas. En <em>Casas vac&iacute;as</em>, la primera voz dice en un momento: &ldquo;soy una mujer a punto de suceder&rdquo;. Ella nunca sucede como tal porque cuando le toca ser ella misma, la sociedad le impone tantas reglas que la coloca en una posici&oacute;n en la cual ella solo se limita a tomar decisiones. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero a esto de una forma m&aacute;s clara: la narradora es una chiquilla que por sus circunstancias ha tenido que ser madre [de su hermano], ha tenido que buscar c&oacute;mo sobrevivir en este mundo, sin saber muy bien qu&eacute; quiere. A las mujeres, en realidad, nos educan para no saber qu&eacute; queremos, y lo descubrimos cuando tenemos treinta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos. All&iacute; perdimos una d&eacute;cada que los hombres nos llevan de ventaja. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero al desarraigo porque creo que la humanidad ahora mismo se siente desarraigada. Sin embargo, a quienes afecta esta situaci&oacute;n m&aacute;s es a los adolescentes. El desarraigo de un chico como Diego est&aacute; construido. La violencia de esa construcci&oacute;n atraviesa a la protagonista. Es una violencia contra los inmigrantes pensada desde el Estado: cuando los invisibilizan, cuando no les dan derechos pol&iacute;ticos y civiles, cuando ni siquiera pueden tener un trabajo digno. El objetivo de estas carencias es, literalmente, desaparecerlos; hacer como que no existen, como que no son personas.</p>
<p>&mdash; En una entrevista con Almudena Barrag&aacute;n para el diario <em>El Pa&iacute;s</em> dijiste que en Espa&ntilde;a las inmigrantes latinoamericanas dedicadas a las labores del hogar y el cuidado deben &ldquo;performar&rdquo;, entiendo que esto quiere decir: actuar a partir de eso que se espera de uno. &iquest;Esta adopci&oacute;n de un rol social seg&uacute;n un estereotipo es lo que te parece m&aacute;s grave de la inmigraci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; S&iacute;, la palabra &ldquo;performar&rdquo; viene del verbo en ingl&eacute;s para &ldquo;actuar&rdquo;. Cuando entras en un trabajo, te dicen lo que debes hacer y que al cliente siempre debes hacerlo feliz; entonces, aunque t&uacute; est&eacute;s atravesando una situaci&oacute;n espantosa, sonr&iacute;es. Esta manera de actuar est&aacute; influenciada por el pensamiento estadounidense, el cual nos obliga a estar alegres y siempre a <em>performar </em>nuestros sentimientos. Es espantoso porque invita a la no-acci&oacute;n. Los migrantes tienen un conocimiento situado, entienden cu&aacute;l es su situaci&oacute;n aqu&iacute; y que vienen de un contexto diferente al espa&ntilde;ol. Esto significa que pueden <em>performar</em> para burlar las estructuras y etiquetas que les est&aacute;n imponiendo en donde llegan a vivir o a trabajar, a sabiendas de que solo se trata de una actuaci&oacute;n. Es similar al comportamiento del personaje del p&iacute;caro en literatura cl&aacute;sica: entienden que deben ser buenos, simp&aacute;ticos y amables para obtener lo que necesitan. Este comportamiento es peligroso porque paraliza, pero a la vez es una herramienta para evadir el contexto y preservar la identidad.</p>
<p>&mdash; La mayor&iacute;a de las inmigrantes latinoamericanas dedicadas al cuidado de ni&ntilde;os y ancianos que describes en tu novela aparecen agrupadas en una estructura similar a la del coro en las tragedias griegas<em>. </em>Este recurso del estilo literario puede leerse como una imagen de red de cuidados a la cual alude el contenido de tus dos libros. &iquest;Lo pensaste desde el principio as&iacute;, como un coro de mujeres?</p>
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<p><strong>&ldquo;Aspiramos a ser de la clase media estadounidense; pero la enorme mayor&iacute;a de los mexicanos nunca vivir&aacute;n el <em>American dream</em>; ni siquiera los estadounidenses lo viven&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Cuando viv&iacute; en Barcelona me toc&oacute; ver la efervescencia del movimiento de Las Kellys. En su mayor&iacute;a, ellas eran camareras de piso y trabajadoras del hogar a las que luego se sumaron las universitarias, como se lee en <em>Ceniza en la boca</em>. No s&eacute; c&oacute;mo termin&oacute; aquello, porque lo que escrib&iacute; fue totalmente ficci&oacute;n Me imagino que termin&oacute; fatal, porque cuando veo a Las Kellys, las veo solas. Adem&aacute;s, quienes representan al movimiento ante la Uni&oacute;n Europea son espa&ntilde;olas; es decir: todav&iacute;a las mujeres latinoamericanas no pueden hablar de sus problemas ante las instancias gubernamentales. En la novela las llamo &ldquo;primas&rdquo; por dos razones. A la primera se refiere la protagonista cuando pregunta por qu&eacute; a la fuerza quieren que todas las mujeres nos digamos &ldquo;hermanas&rdquo; entre nosotras. Eso me pone los nervios de punta. Porque es como si nos obligaran a decir que somos una gran familia. El Estado nos ha ganado cuando la &uacute;nica estructura v&aacute;lida para agruparnos y sobrevivir es la familia biol&oacute;gica. La raza est&aacute; muy presente en esa concepci&oacute;n y eso me molesta mucho. La otra raz&oacute;n por la cual llamo las &ldquo;primas&rdquo; a ese grupo de trabajadoras tiene que ver con la estructura a la que haces referencia. En realidad, la novela est&aacute; estructurada por los &aacute;lbumes de <em>Vampire Weekend</em>. Cuando escrib&iacute; el pedacito sobre Las Kellys escuchaba el segundo &aacute;lbum del grupo, <em>Contra</em>. Mi proceso comenzaba por poner un disco de <em>Vampire Weekend</em> y escucharlo mientras escrib&iacute;a. Quiz&aacute; las canciones me influ&iacute;an. Creo que las llam&eacute; &laquo;las primas&raquo; porque estaba escuchando la canci&oacute;n &ldquo;Cousins&rdquo;. Hasta ahora no se ha entendido el peso que ese grupo de m&uacute;sica<em> </em>tiene en el libro. <em>Vampire Weekend</em> es la reivindicaci&oacute;n del <em>American dream</em>. En la novela refleja la aspiraci&oacute;n de los mexicanos de cumplir el sue&ntilde;o americano: vivir en Nueva York y ser como las protagonistas de las series de televisi&oacute;n <em>Sex and The City</em> o <em>Girls</em>. Aspiramos a ser de la clase media estadounidense; pero la enorme mayor&iacute;a de los mexicanos nunca vivir&aacute;n el <em>American dream</em>; ni siquiera los estadounidenses lo viven.<strong></strong></p>
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<p><strong>&ldquo;E</strong><strong>stamos educando a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as para que no tengan imaginaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Un tema que tratas en <em>Ceniza en la boca </em>es el del suicidio. Despu&eacute;s del confinamiento por la pandemia, en Espa&ntilde;a interesa mucho el asunto de la salud mental y las altas estad&iacute;sticas de suicidio en este pa&iacute;s y el mundo. Puede leerse el suicidio de Diego a partir de la soledad del personaje: cuando no hay tejido social al cual acudir la &uacute;nica alternativa que te deja es morir. &iquest;Crees que la soledad de las urbes erosiona nuestra salud mental?</p>
<p>&mdash; Esa es mi gran pregunta, adem&aacute;s no la respondo jam&aacute;s. Cuando comenc&eacute; a escribir <em>Ceniza en la boca</em> era un poco eso, preguntarme qu&eacute; hace que un adolescente piense que la &uacute;nica soluci&oacute;n es quitarse la vida. Luego me preguntaba: &iquest;son solo los adolescentes los que pensamos que no hay soluci&oacute;n? &iquest;qu&eacute; hace que todas las discusiones p&uacute;blicas hagan que parezca que no hay futuro? All&iacute; otra vez vuelvo al tema de la imaginaci&oacute;n: estamos educando a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as para que no tengan imaginaci&oacute;n, los educamos para lo inmediato, a que ni siquiera sepan desarrollar sus frustraciones o aprendan a reconocer los procesos cognitivos de la humanidad, todo se lo estamos dando de forma inmediata para que nos permitan vivir. Nunca hab&iacute;a visto a una adolescencia tan poco politizada; la gente que ahora tiene dieciocho a&ntilde;os m&aacute;s o menos, les importa un carajo lo que suceda porque ellos ya saben que no tienen un futuro y no pueden contar con la clase pol&iacute;tica, lo dan por hecho. Si a esa edad de total rebeld&iacute;a no est&aacute;s en contra de tus padres, de la escuela, de la sociedad, de los pol&iacute;ticos, entonces ya no vas a estar en contra nunca de nada. Eso me parece un suicidio social de una generaci&oacute;n que va a llegar a los treinta a&ntilde;os sin imaginaci&oacute;n ni capacidad para repensar el mundo porque los discursos oficiales son contradictorios. Desde todas partes les est&aacute;n llegando a los adolescentes mensajes sobre el final del mundo (por el calentamiento global, por la guerra, por lo que sea) y es como si les dijeran que no tiene sentido hacer nada para remediar la situaci&oacute;n del mundo. La &uacute;nica expectativa planteada aqu&iacute; es ver c&oacute;mo se acaba el mundo. Eso me parece un error, porque justo les estamos diciendo: vamos a suicidarnos en colectivo. Por el otro lado, ahora mismo hay pocos lugares en el mundo en los cuales cuando una persona dice que no quiere vivir se le permite morir. Esto es una contradicci&oacute;n, porque decimos: &ldquo;nos estamos matando, somos los peores seres del mundo, estamos llevando todo al carajo, somos unos suicidas colectivos&rdquo;, y cuando alguien quiere acabar con su vida porque ya su cuerpo no le responde se le impide y se le tacha de &ldquo;enfermo mental&rdquo;. A esto me refiero con el personaje de Laura, una se&ntilde;ora mayor con una enfermedad que no le permite tener un cuerpo en el que se pueda habitar. Adolescentes y vejez parece como que dejan de ser humanos que puedan tomar decisiones y tener autonom&iacute;a de sus vidas. La rebeld&iacute;a m&aacute;s grande de Diego es decir: &ldquo;No voy a pertenecer a este mundo que est&aacute; del carajo, en el que por ac&aacute; me llaman &lsquo;Pancho&rsquo; y donde no voy a tener ning&uacute;n futuro, y si vuelvo a M&eacute;xico, me van a hacer soldado&rdquo;. La narradora est&aacute; justo en ese momento de preguntarse si se decantar&aacute; por lo que ha hecho su hermano o se dar&aacute; la oportunidad de imaginar una realidad distinta. Siento y quiero creer que ese personaje se va a decantar por la imaginaci&oacute;n. Pero tampoco lo s&eacute; porque no he encontrado esa respuesta. Lo que s&iacute; s&eacute; es que un suicida no es necesariamente una persona con problemas de salud mental. No es as&iacute;: es un inconveniente que ha tenido la humanidad desde el momento en que nos llamamos humanidad y que &mdash;volviendo a eso que habl&aacute;bamos antes sobre las maternidades y el sostenimiento del Estado&mdash; tiene que ver con que no nos permiten tener la autonom&iacute;a de decidir qu&eacute; vida queremos vivir y hasta cu&aacute;ndo. Deber&iacute;amos tener ese derecho.</p>
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      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 10:41:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diccionario Monterroso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diccionario-monterroso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/AUGUSTO_MONTERROSO_1.png" alt="" /></p>
<p>ANTOLOG&Iacute;AS: Monterroso figura en muchas y, adem&aacute;s, confeccion&oacute; con B&aacute;rbara Jacobs la <em>Antolog&iacute;a del cuento triste </em>(1992). All&iacute; anotaron, con precisi&oacute;n muchas veces citada: &ldquo;La vida es triste. Si es verdad que en un buen cuento se concentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento ser&aacute; siempre un cuento triste&rdquo;. En &ldquo;Pr&oacute;logo a mi Antolog&iacute;a personal&rdquo; (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica), escribe ya &eacute;l solo: &ldquo;Como mis libros son ya antolog&iacute;as de cuanto he escrito, reducirlos a &eacute;sta me fue f&aacute;cil; y si de &eacute;sta se hace inteligentemente otra; y de esta otra, otra m&aacute;s, hasta convertir aqu&eacute;llos en dos l&iacute;neas o en ninguna, ser&aacute; siempre por dicha en beneficio de la literatura y del lector&rdquo;. Y en una entrevista con Marco Antonio Campos incluida en <em>Viaje al centro de la f&aacute;bula</em> aclara sobre el pr&oacute;logo a esa antolog&iacute;a: &ldquo;Me gusta la idea de que se trata de un homenaje a Cervantes, cuyo pr&oacute;logo a <em>El viaje del Parnaso</em> tiene cincuenta y dos palabras. En mi pr&oacute;logo yo quer&iacute;a <em>decir algo</em> con menos palabras y lo hice con cincuenta y una&rdquo;.</p>
<p>BREVEDAD: una de las bazas de su triunfo. Aunque escribi&oacute; cuentos que entran en las dimensiones habituales del g&eacute;nero, Monterroso cultiv&oacute; lo sucinto a fuerza de podar. Su primer libro, <em>Obras completas (y otros cuentos)</em> (1959) incluye algunos de una, dos o tres de p&aacute;ginas y otro que &ndash;siete palabras&ndash; no alcanza ni siquiera un rengl&oacute;n. Hoy es considerado el gran precedente del microrrelato. Con iron&iacute;a, en &ldquo;Fecundidad&rdquo; el narrador escribe: &ldquo;Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta l&iacute;nea&rdquo;. Para entender la comparaci&oacute;n debemos tener en cuenta la extensi&oacute;n enorme de la obra del franc&eacute;s (ochenta y siete novelas solo del ciclo <em>La Comedia humana</em>, que proyectaba muchas m&aacute;s). Esa labor de poda es evidente tambi&eacute;n en una an&eacute;cdota. Presentado ante un p&uacute;blico estudiantil junto a Alfredo Bryce Echenique en una universidad canadiense, este cont&oacute; con todo lujo de detalles c&oacute;mo escrib&iacute;a, casi sin corregir. Atacado de p&aacute;nico esc&eacute;nico, Monterroso, que intervino a continuaci&oacute;n, solo acert&oacute; a decir: &ldquo;Yo no escribo; yo solo corrijo&rdquo;. El p&uacute;blico se lo tom&oacute; a broma, y rio y aplaudi&oacute;.</p>
<p>Contra el f&aacute;rrago escribi&oacute; esto otro en su diario: &ldquo;Un libro es una conversaci&oacute;n. La conversaci&oacute;n es un arte. Un arte educado. Las conversaciones bien educadas evitan los mon&oacute;logos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser un abuso del trato con los dem&aacute;s&rdquo;. En uno de los aforismos de <em>Lo dem&aacute;s es silencio</em> atribuidos a Eduardo Torres amplific&oacute; la idea con una traducci&oacute;n falsa a cargo del sabio tonto cuyo sentido es contrario al del original: &ldquo;Todo trabajo literario debe corregirse y reducirse siempre. <em>Nulla dies sine linea</em>. Anula una l&iacute;nea cada d&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>CUENTOS: no son tantos los que ha cimentado su fama, pero en ellos, no hay que descubrir el Mediterr&aacute;neo, prima la calidad sobre la cantidad. Sus &uacute;nicas tres colecciones combinan el retrato de personajes extravagantes con otros de gran realismo, y diseccion&oacute; muy bien la realidad hispanoamericana, su conflicto con la metr&oacute;poli espa&ntilde;ola primero (&ldquo;El eclipse&rdquo;) y la estadounidense despu&eacute;s (&ldquo;M&iacute;ster Taylor&rdquo;), as&iacute; como la hipocres&iacute;a clasista criolla de &ldquo;Primera Dama&rdquo;. Abunda en ellos (si tal cosa puede abundar) la elipsis, muy bien tratada en &ldquo;Sinfon&iacute;a concluida&rdquo;. Ya lo dej&oacute; dicho Keats en su &ldquo;Oda sobre una urna griega&rdquo;: <em>&ldquo;Heard melodies are sweet, but those unheard / Are sweeter&rdquo;</em>.</p>
<p>Para la supervivencia del cuento frente a otros g&eacute;neros que querr&iacute;an eclipsarlo, Monterroso crey&oacute; que hab&iacute;a que transformarlo, incluso disfraz&aacute;ndolo &ldquo;de poema, de meditaci&oacute;n, de rese&ntilde;a, de ensayo&rdquo;. Para Monterroso, el escritor actual (bueno, el de hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas cuando escribi&oacute; esas l&iacute;neas) va m&aacute;s all&aacute; del horror de Poe, la melancol&iacute;a de Chejov o lo ins&oacute;lito y el pintoresquismo de Maupassant, y sigue la estela de Baudelaire y sus poemas en prosa. Ciertamente, puede uno pensar en las nuevas formas h&iacute;bridas como los poemas de Paz recogidos en <em>La estaci&oacute;n violenta</em>, m&aacute;s microcuentos que poemas al uso.</p>
<p>Para Monterroso, los cuentos no deb&iacute;an ser muchos, y esta creencia la llev&oacute; a rajatabla, escribiendo pocos y publicando a&uacute;n menos. Pocos han de ser tambi&eacute;n los temas, siete a lo sumo. &ldquo;Las p&aacute;ginas tambi&eacute;n tienen que ser s&oacute;lo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan f&aacute;ciles de echar a perder como un cuento. Diez l&iacute;neas de exceso, y el cuento se empobrece; tantas de menos, y el cuento se vuelve una an&eacute;cdota, y nada m&aacute;s odioso que las an&eacute;cdotas visibles, escritas o conversadas&rdquo;.</p>
<p>DINOSAURIO: &ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, reza, completo, el que durante un tiempo fue el cuento m&aacute;s breve de la literatura. Una an&eacute;cdota muy comentada relacionada con este cuento es la siguiente: una vez, un amigo le present&oacute; a una se&ntilde;ora "&iquest;Conoce usted a Augusto Monterroso?", le pregunt&oacute;. "S&iacute;", "lo he le&iacute;do", respondi&oacute; ella, "&iquest;Y qu&eacute; le parece el cuento de&nbsp;<em>El dinosaurio</em>? "&Eacute;se es uno de los que m&aacute;s me gustan, pero apenas voy por la mitad". Aunque la misma an&eacute;cdota conforma un microrrelato de Jos&eacute; de la Colina, &ldquo;La culta dama&rdquo;, sin que sepamos si el mexicano de origen espa&ntilde;ol se bas&oacute; en la an&eacute;cdota o inspir&oacute; una espuria: &ldquo;Le pregunt&eacute; a la culta dama si conoc&iacute;a el cuento de Augusto Monterroso titulado &ldquo;El dinosaurio&rdquo;. &ndash;Ah, es una delicia &ndash;me respondi&oacute;&ndash;, ya estoy ley&eacute;ndolo&rdquo;.</p>
<p>La sombra del dinosaurio es alargada, y se extiende a otras p&aacute;ginas de Monterroso (por no hablar de tantas de los dem&aacute;s). As&iacute;, en un manuscrito hallado en las cercan&iacute;as de ese San Blas de su imaginaci&oacute;n se lee: &ldquo;Algunas noches, agitado, sue&ntilde;o la pesadilla de que Cervantes es mejor escritor que yo; pero llega la ma&ntilde;ana y despierto&rdquo;. La brevedad del cuento (anterior a que tomara carta de naturaleza el t&eacute;rmino &ldquo;microrrelato&rdquo;) es inversamente proporcional a la cantidad de p&aacute;ginas que se han escrito sobre &eacute;l. &iquest;A qu&eacute; se refiere Monterroso, cu&aacute;l es el sujeto de esa frase y el protagonista del cuento todo? En espa&ntilde;ol hay afortunadamente una ambig&uuml;edad que en otras lengua se pierde, como en el ingl&eacute;s, donde el traductor se las tiene que ingeniar para no determinar con un pronombre (masculino, femenino o neutro) el g&eacute;nero de quien despert&oacute;. Hay quien atribuye el cuento no a un ejercicio de fantas&iacute;a sino a un suceso bien realista. Seg&uacute;n Arreola, el dinosaurio era un amigo com&uacute;n, as&iacute; apodado por su sobresaliente estatura, que sol&iacute;a sentarse a los pies de la cama de un apartamento que ocupaba &eacute;l y otro amigo, mientras ellos estaban all&iacute; tendidos. Aquel hombre se pon&iacute;a a hablar de sus peripecias de la jornada y tanto se enrollaba que los otros se quedaban dormidos. Al despertar, &ldquo;el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Entre las incontables citas del cuento las hay err&oacute;neas, naturalmente: lo curioso es que los responsables de algunas de estas han sido egregios escritores. Sin que conste que fuera de manera deliberada,&nbsp; Mario Vargas Llosa lo cambi&oacute; por un unicornio; Carlos Fuentes, por un cocodrilo.</p>
<p>E: <em>La letra e</em> es un diario fragmentario del autor que recoge entradas de los a&ntilde;os 1983-1985, publicado al siguiente. Fue apareciendo en el suplemento <em>S&aacute;bado</em> del diario <em>Unom&aacute;suno</em>. Monterroso fue un gran admirador del diario de Samuel Pepys y del de James Boswell que registra el cotidiano vivir de Samuel Johnson. El t&iacute;tulo alude al libro de Georges Perec escrito como <em>tour de forc&eacute;</em> sin esa letra: <em>La Disparation</em> (que en espa&ntilde;ol pas&oacute; a ser <em>El secuestro</em>, donde es la letra a la que est&aacute; ausente). Publicado su tercer libro de cuentos, Monterroso opt&oacute; por la hibridaci&oacute;n de g&eacute;neros y el cultivo del ensayo trufado de erudici&oacute;n y memoria personal, y aqu&iacute; aborda temas muy variados en entradas por lo general de un p&aacute;rrafo o dos. Algunos valen como microrrelato. El concepto de fragmento le era querido, como el de la elipsis, no tanto por su timidez personal como por las posibilidades que supone para el texto: a un tiempo concentraci&oacute;n y sugerencia. (Curiosamente, mi ejemplar, comprado cuando el libro ha dejado de estar en circulaci&oacute;n y por lo tanto ya sin posibilidad de ser cambiado por otro en buen estado, tiene varias p&aacute;ginas en blanco, no por inspiraci&oacute;n de Laurence Sterne sino por defecto de imprenta. Estoy persuadido de que eso lo mejora, siendo estupendo el contenido al que he tenido acceso en lo mucho anterior y posterior a esa deserci&oacute;n de la tinta.)</p>
<p>F&Aacute;BULAS: Se aficion&oacute; nuestro autor a ellas en su juventud, cuando estudi&oacute; lat&iacute;n de manera autodidacta y con la ayuda de un antiguo seminarista, y as&iacute; memoriz&oacute; a Fedro, a quien recitaba. Dos versos de una de ellas tuvieron especial fortuna en su propia obra. Si Fedro escribi&oacute; &ldquo;<em>Vacca et capella et patiens ovis injuriae / socci fuere cum leone in saltibus&rdquo;</em>, &eacute;l lo utiliz&oacute; como comienzo de su f&aacute;bula &ldquo;La parte del le&oacute;n&rdquo;, perteneciente a <em>La oveja negra y dem&aacute;s f&aacute;bulas</em> (1969), que un amigo suyo traductor de Horacio y de Tibulo verti&oacute; al lat&iacute;n como <em>Ovis nigra atque caeterae fabulae</em>.</p>
<p>GUATEMALA: aunque nacido en Honduras, el escritor se crio en Guatemala y fue ciudadano de este pa&iacute;s, en cuyo servicio diplom&aacute;tico sirvi&oacute;. Un golpe de Estado lo oblig&oacute; a exiliarse en M&eacute;xico, Chile y de nuevo en M&eacute;xico, donde tuvo mucho trato con su compatriota Luis Cardoza y Arag&oacute;n. Sin duda uno de los grandes autores guatemaltecos de todos los tiempos, su patria le otorg&oacute; el Premio Nacional de Literatura Miguel &Aacute;ngel Asturias.</p>
<p>HUMOR: plet&oacute;rica presencia en su obra, te&ntilde;ida igualmente por la melancol&iacute;a. Los ramalazos de humor aparecen de continuo en todo cuanto escribi&oacute;. Por ejemplo, al hacerse eco de que <em>La oveja negra</em> hab&iacute;a sido traducido al lat&iacute;n, escribi&oacute;: &ldquo;Un amigo que se cree ingenioso me manifiesta su envidia por esta paradoja o inmortalidad al rev&eacute;s que significa pasar a una lengua muerta&rdquo;. A la pregunta &ldquo;&iquest;Crees, como la Jirafa de <em>La Oveja negra</em>, que todo es relativo?&rdquo;, Monterroso contest&oacute;: &ldquo;A veces s&iacute;, a veces no; seg&uacute;n&rdquo;.</p>
<p>INNOVACI&Oacute;N: En &ldquo;El &aacute;rbol&rdquo; (<em>La vaca</em>) leemos: &ldquo;Ninguna innovaci&oacute;n, ninguna ingeniosidad narrativa, ning&uacute;n experimento con la forma que no est&eacute;n sustentados en la autenticidad de los conflictos de cada personaje, consigo mismo y con los dem&aacute;s, har&aacute;n por si solos que determinados cuentos y sus autores se establezcan y perduren en la memoria literaria&rdquo;. &Eacute;l fue un adelantado en lo que luego ha sido reconocido como rasgo principal de la literatura posmoderna: la mezcla de g&eacute;neros, el collage.</p>
<p>JACOBS, B&Aacute;RBARA: su tercera esposa y apoyo indeclinable durante m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Al casarse, Monterroso se fue vivir con la novia a la casa familiar de ella en Chimalistac, al sur de la ciudad de M&eacute;xico, con un amplio jard&iacute;n en el que ten&iacute;an sus estudios. Ella, autora de una importante obra propia que ha merecido el Premio Xavier Villaurrutia, relata la relaci&oacute;n con &eacute;l en <em>Vida con mi amigo</em> (1994).</p>
<p>KAFKA, FRANZ: autor muy importante para el guatemalteco, que lo cita a menudo. Su obra preferida era <em>Am&eacute;rica</em>. En <em>La letra e</em> recuerda c&oacute;mo hacia 1950 un grupo de escritores entre los que se encontraba Juan Jos&eacute; Arreola instituy&oacute; un premio de 25 pesos a quien leyera <em>El proceso</em> y pudiera demostrarlo. Visit&oacute; varias veces Praga, atra&iacute;do por el im&aacute;n del padre (literario) de Gregorio Samsa y recuerda &ldquo;ir a la casita de la calle de los Alquimistas, en la que ahora se sabe que Franz no vivi&oacute; y que antes era conmovedor imaginar como la casa en que hab&iacute;a vivido asc&eacute;ticamente y escrito sus interminables postergaciones&rdquo;. A, Kafka esa devoci&oacute;n, lo allega al m&iacute;tico Juan Rulfo, de quien se crey&oacute; equivocadamente, escribe, que &ldquo;era realista cuando en realidad era fant&aacute;stico. En un momento dado Kafka y Rulfo se estrechaban la mano sin que nosotros, perdidos en otros laberintos, nos di&eacute;ramos cuenta&rdquo;. Para &eacute;l (tambi&eacute;n como Borges, por raro que parezca), el praguense era sobre todo un gran humorista a pesar del malentendido alentado por los estudiosos de su correspondencia y biograf&iacute;a.</p>
<p>LISTAS, o enumeraciones: Fue muy aficionado a ellas, como clasificaciones en las que cada una de sus posibilidades viene encabezada por una letra en orden alfab&eacute;tico. Eduardo Torres, su heter&oacute;nimo un tanto descacharrado, tuvo tambi&eacute;n esta pasi&oacute;n que lo llev&oacute; a componer un dec&aacute;logo de doce puntos.</p>
<p>M&Eacute;XICO: pa&iacute;s en que radic&oacute; aunque nunca adquiri&oacute; su nacionalidad, a pesar de haber podido hacerlo. Lleg&oacute; en 1944 con una mano detr&aacute;s y otra delante, como suele decirse, aunque en su caso, adem&aacute;s de un jersey y una camisa para cambiarse, con un ejemplar de los <em>Ensayos</em> de Montaigne. Fue corrector de la editorial S&eacute;neca que dirig&iacute;a Jos&eacute; Bergam&iacute;n. Fue becario del Colegio de M&eacute;xico gracias al patrocinio de Alfonso Reyes. Como este, y su amigo Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o, fue un amantes de los cl&aacute;sicos grecolatinos. En la Capilla Alfonsina, casa que fue de Reyes y santuario de su extensa biblioteca, imparti&oacute; un taller de cuento, &ldquo;y una vez por semana, como a las once de la ma&ntilde;ana, acud&iacute;a all&iacute; a ense&ntilde;ar algo que yo necesitaba aprender&rdquo;. Uno de aquellos privilegiados alumnos fue Juan Villoro.</p>
<p>NICARAGUA: fue partidario de la revoluci&oacute;n sandinista e invitado por Sergio Ram&iacute;rez a participar en el V Aniversario del triunfo de la revoluci&oacute;n. Siempre admirador de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, valor&oacute; tambi&eacute;n y mucho, las posteriores cumbres de la poes&iacute;a nicarag&uuml;ense: Jos&eacute; Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal (&ldquo;el hombre m&aacute;s extra&ntilde;o que conozco&rdquo;) y Ernesto Mej&iacute;a S&aacute;nchez (ese casi anagrama del torero ilustrado destinatario del &ldquo;Llanto&rdquo; de Federico Garc&iacute;a Lorca). Si el sandinismo luego fue usurpado por Daniel Ortega pero en los ochenta era a&uacute;n una posibilidad de justicia, el apoyo de Monterroso al castrismo sonroja cuando en 1985 acepta ser jurado del Premio Casa de las Am&eacute;ricas despu&eacute;s del &ldquo;Caso Padilla&rdquo; y tantas sevicias del r&eacute;gimen. Cuesta trabajo dilucidar si hay iron&iacute;a (aunque parece que no) en la reproducci&oacute;n que hace en su diario de unas palabras o&iacute;das personalmente a Castro en La Habana (Castro, el orador de discursos de varias horas de duraci&oacute;n): &ldquo;Hemos llegado a una situaci&oacute;n en que podemos hacer nuevos planes para los pr&oacute;ximos diez, quince, veinte a&ntilde;os. Y los estamos habiendo. El cumplimiento de nuestros sue&ntilde;os ha multiplicado nuestros sue&ntilde;os&rdquo;. Pero volvamos a Nicaragua, y a Cardenal, en estas l&iacute;neas casi de ap&oacute;logo de la India traducido por Jes&uacute;s Aguado. Escribe Monterroso: &ldquo;oigo que la gente va y le pide no aut&oacute;grafos como a cualquier escritor, sino la bendici&oacute;n, pues saben que es sacerdote y le dicen padre y le quieren besar la mano, y &eacute;l entonces se r&iacute;e y no se lo permite pero los mira con una mirada con la que m&aacute;s bien les pide perd&oacute;n por &eacute;l poseer el don de perdonarlos&rdquo;.</p>
<p>OVEJA NEGRA: t&iacute;tulo de uno de sus f&aacute;bulas m&aacute;s perfectas y acerb&iacute;sima cr&iacute;tica social. Cuenta c&oacute;mo una Oveja negra (&eacute;l lo escrib&iacute;a as&iacute;, con may&uacute;scula inicial) vivi&oacute; hace mucho tiempo en un lejano pa&iacute;s y fue fusilada. Transcurrido un siglo, el reba&ntilde;o le erigi&oacute; una estatua ecuestre en un parque (como las muchas que abundan en Hispanoam&eacute;rica y sobre las que escribi&oacute; un libro de poemas el colombiano Juan Manuel Roca). Concluye as&iacute; la f&aacute;bula: &ldquo;As&iacute;, en lo sucesivo, cada vez que aparec&iacute;an las ovejas negras eran r&aacute;pidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse tambi&eacute;n en la escultura&rdquo;. Al respecto del libro en el que se incluye, Isaac Asimov escribi&oacute; lo que sigue: &ldquo;Estos peque&ntilde;os textos, en apariencia inofensivos, muerden si uno se acerca a ellos sin la debida cautela y dejan cicatrices, y precisamente por eso son provechosos. Despu&eacute;s de leer &ldquo;El mono que quer&iacute;a ser escritor sat&iacute;rico&rdquo;, jam&aacute;s volver&eacute; a ser el mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>PAL&Iacute;NDROMOS (o pal&iacute;ndromas, nombre que &eacute;l prefer&iacute;a): los disfrut&oacute; y cultiv&oacute;, los coment&oacute; y reprodujo. &ldquo;Ac&aacute; solo Tito lo saca&rdquo; es como su lema. Tambi&eacute;n los anagramas le atrajeron: su segundo cuento publicado, basado en la tragedia <em>Otelo</em> y no incluido en <em>Obras completas (y otros cuentos)</em>, como ha desempolvado su bi&oacute;grafo, Alejandro L&aacute;mbarry, es relatado por alguien que llam&aacute;ndose Goya no es el pintor espa&ntilde;ol ni nadie de tal nombre, sino anagrama de Yago, protagonista de la obra de Shakespeare. Estos juegos con las palabras fueron una constante incluso fuera de las p&aacute;ginas. Cuando se enfrentaba en su juventud al dictador Jorge Ubico, escribi&oacute; en una pared de Ciudad de Guatemala: &ldquo;No me Ubico&rdquo; (luego se desubicar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s, pues a aquel dictador le sucedi&oacute; otro no m&aacute;s blando, pasando el pa&iacute;s y el propio Monterroso, nunca mejor dicho, de Guatemala a Guatepeor).</p>
<p><em>QUIJOTE</em>: Uno de los primeros recuerdos de Monterroso es una l&aacute;mina que representa las bodas de Camacho, en el <em>Quijote</em>. Lo cuenta en <em>Los buscadores de oro</em> (1993). Tambi&eacute;n all&iacute; evoca que su hermano mayor soltaba a menudo, sin venir a cuento, citas textuales del <em>Quijote</em>. Esto debi&oacute; de qued&aacute;rsele grabado al ni&ntilde;o Augusto, Tito. &Aacute;lvaro Mutis record&oacute; que ambos se pasaban horas enteras comentando la novela de Cervantes. No fue el &uacute;nico que comparti&oacute; esta devoci&oacute;n con Monterroso. Juan Villoro recuerda que, cuando fue alumno de un taller con &eacute;l, la primera tarea impuesta fue la de releer el <em>Quijote</em>. &ldquo;Dije &lsquo;s&iacute;&rsquo; con voz temblorosa por dos razones: nunca hab&iacute;a hablado con un escritor famoso y no hab&iacute;a le&iacute;do el Quijote&rdquo;. Cervantes es una constante recurrencia en Monterroso, que al conocimiento profundo une , como es marca de la casa, la iron&iacute;a. Y es raro leer cualquier colecci&oacute;n ensay&iacute;stica suya que no dedique al menos un p&aacute;rrafo al <em>Quijote</em> y Cervantes. En <em>La palabra m&aacute;gica</em> (1983) anota esta observaci&oacute;n tan borgeana (Monterroso tiene mucho de Borges en esos ensayos breves que merecen una visita allende los m&aacute;s populares vol&uacute;menes de cuentos): &ldquo;mientras Shakespeare escrib&iacute;a sus obras y las actuaba en Londres, Cervantes cobraba impuestos o recolectaba granos para la Armada Invencible (destinada entre otras cosas a acabar, sin propon&eacute;rselo, con el teatro de Shakespeare)&rdquo;.</p>
<p>Tan minucioso era su conocimiento de la obra de Cervantes que en &ldquo;Encuestas&rdquo; (<em>La vaca</em>, 1998) contradice a Borges cuando este dice en un pr&oacute;logo de su <em>Biblioteca personal</em>: &ldquo;Que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el <em>Quijote</em>&rdquo;. Aduce Monterroso el episodio del yelmo de Mambrino (cap&iacute;tulo XXI de la Primera Parte), donde dos veces se menciona la lluvia. Pero hombre cordial y benevolente, el guatemalteco no quiere hacer sangre y apostilla que la afirmaci&oacute;n de Borges que puede llamar a enga&ntilde;o a quien nunca haya le&iacute;do el <em>Quijote</em> viene precedida, hay que reconocerlo, del prudente o instintivo &lsquo;que yo recuerde&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>Otro de sus peculiares y lib&eacute;rrimos ensayos se titula &ldquo;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy&rdquo;, que es lo que dice Don Quijote en el cap&iacute;tulo V de la Primera Parte: &ldquo;&mdash;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy&mdash;respondi&oacute; don Quijote&mdash;, y s&eacute; que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las haza&ntilde;as que ellos todos juntos y cada uno por s&iacute; hicieron se aventajar&aacute;n las m&iacute;as&rdquo;. Se refiere Monterroso al error impreso en un libro del que por otra parte disfrut&oacute; mucho, <em>El loro de Flaubert</em> de Julian Barnes, donde se lee que la c&eacute;lebre frase de Flaubert &ldquo;<em>Madame Bovary c&rsquo;est moi</em>&rdquo; &ldquo;es una alusi&oacute;n a la respuesta que dio Cervantes cuando en su lecho de muerte le preguntaron por el origen de su famoso personaje&rdquo;. &iquest;Y no es una alusi&oacute;n al comienzo del <em>Quijote</em> esta otra del inicio de su cuento &ldquo;M&iacute;ster Taylor&rdquo;: &ldquo;conviviendo con los ind&iacute;genas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar&rdquo;?</p>
<p>Para Monterroso, el Quijote era la vara de medir la literatura toda. Siempre lo ten&iacute;a presente, como cuando declar&oacute; en una entrevista de <em>Viaje al centro de la</em> <em>f&aacute;bula</em> (1981) que el muy alabado cuento &ldquo;La vida privada de Walter Mitty&rdquo;, de James Thurber, es una especie de <em>Don Quijote</em> en seis p&aacute;ginas.</p>
<p>Ten&iacute;a, inform&oacute; una vez, un ejemplar del <em>Quijote</em> en su dormitorio, otro en el comedor, uno m&aacute;s en el sal&oacute;n y otro en su despacho. Adem&aacute;s, su estudiosa An van Hecke descubri&oacute; que su ejemplar del Quijote de la editorial S&eacute;neca ostentaba esta dedicatoria: &ldquo;Para Augusto con un brazo de Miguel&rdquo;.</p>
<p>REVISAR: Algo que estuvo haciendo siempre, ya fuera para reducir lo escrito, ya para corregir en general, la obra propia y la ajena. Se dedic&oacute; profesionalmente a la correcci&oacute;n de estilo, tanto en la editorial S&eacute;neca como en la UNAM. Consecuencia de esa revisi&oacute;n es tambi&eacute;n la reedici&oacute;n, no siempre afortunada. A veces sus textos pasaban de un libros a otros, recuperados, aunque en el caso de P&aacute;jaros de Hispanoam&eacute;rica es sangrante que el volumen no indique que se trata de una recopilaci&oacute;n de p&aacute;ginas sacadas de sus libros anteriores. Esto, cierto es, es menos culpa suya que de la editorial Alfaguara.</p>
<p>SWIFT, JONATHAN: Tradujo su <em>Modesta proposici&oacute;n</em>, publicada en la <em>Revista de Bellas Artes</em>, 1966, que firm&oacute; con su ap&oacute;crifo Eduardo Torres. Como el irland&eacute;s, &ldquo;el mayor escritor sat&iacute;rico de la lengua inglesa&rdquo;, cultiv&oacute; sobresalientemente la s&aacute;tira. Verti&oacute;, adaptando, &ldquo;chamacos&rdquo; por <em>children</em>, y &ldquo;mole verde&rdquo; por <em>fricasee</em>, adem&aacute;s de &ldquo;centavos&rdquo; por <em>pennies</em>. En <em>La vaca</em> habla de su predilecci&oacute;n por cinco autores: Cervantes, Swift, Melville, Horacio y Montaigne, &ldquo;dedicados a observar, aceptar o rechazar: tres de ellos con una sonrisa; dos, con amargura irremediable. Si es que he de hablar de m&iacute;, desde muy joven ca&iacute; en sus brazos, por no decir que en sus garras&rdquo;. Hablando de escritores y pol&iacute;tica en una entrevista, se&ntilde;ala que ni Dostoievski ni Kafka &ldquo;estaba en lo fundamental descontento con ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico, sino, como todo buen escritor, como Cervantes o como Swift, con el g&eacute;nero humano, simple y sencillamente&rdquo;. Recordando a Francisco Zendejas, escribi&oacute; tambi&eacute;n de Swift: &ldquo;no hablamos nunca de algo que no fuera literatura y, como quien no quiere la cosa, del Joyce de <em>Finnegan&rsquo;s Wake</em> [sic] o de <em>Pomes Penyeach</em>, el Melville de <em>Pierre or the Ambiguities</em> o el Siwft de <em>A Tale of a Tub</em>: creo que un tanto pedantescamente d&aacute;bamos por descontado nuestro conocimiento y admiraci&oacute;n por <em>Ulises</em>, <em>Moby Dick</em> o <em>Los viajes de Gulliver</em>&rdquo;.</p>
<p>TORRES, EDUARDO: escritor ap&oacute;crifo creado por Monterroso que se asoma a diferentes p&aacute;ginas suyas y que es objeto de la novela armada con diversos testimonios <em>Lo dem&aacute;s es silencio</em> (1978). Monterroso fue en la creaci&oacute;n de Torres &eacute;mulo de Charles Lamb, quien en su autobiograf&iacute;a declar&oacute; ser &eacute;l mismo el verdadero Elia al que endilg&oacute; la autor&iacute;a de unos ensayos publicados en un peque&ntilde;o volumen. A este heter&oacute;nimo de Monterroso se le podr&iacute;a aplicar lo que su autor dijo en <em>Viaje al centro de la f&aacute;bula</em> de ese t&aacute;ndem singular, valga el ox&iacute;moron: &ldquo;ya no sabes a qui&eacute;n querer o admirar m&aacute;s, al sabio o al aparente imb&eacute;cil&rdquo; (en el caso de Torres, ambas una sola persona). En la misma entrevista a&ntilde;ade: &ldquo;cuando expresa &lsquo;tonter&iacute;as&rsquo; no se sabe si son naturales o parodia de las tonter&iacute;as que &eacute;l lee en libros de cr&iacute;tica aparentemente inteligentes&rdquo;. Ya ve&iacute;a Monterroso la deriva de la academia y la industria crecida como un par&aacute;sito en las universidades, pero se sorprender&iacute;a del nivel de sandeces actual. As&iacute; habl&oacute; en 1982: Las tonter&iacute;as dichas con solemnidad&nbsp; por muchos se&ntilde;ores que &ldquo;explican&middot; la poes&iacute;a, se ense&ntilde;an en las Universidades; las de Torres son recibidas son risa, &iquest;por qu&eacute;? Las tonter&iacute;as son las mismas&rdquo;.</p>
<p>VACA: hay dos en su obra, la del cuento del mismo t&iacute;tulo en su primer libro, que no ocupa media p&aacute;gina, y la del libro recopilatorio de ensayos y discursos <em>La vaca</em> (donde adem&aacute;s traduce dos de las <em>Vidas breves</em> de John Aubrey: la de Erasmo y la de Tom&aacute;s Moro). El primer cuento que ley&oacute; fue &ldquo;Adi&oacute;s, &lsquo;Cordera&rsquo;&rdquo;, de Clar&iacute;n, y ya nunca abandon&oacute; su memoria la vaca a la que llevan al matadero.</p>
<p>WHISKY: aparece en el cuento &ldquo;Movimiento perpetuo&rdquo;, encabezado por un verso <em>nonsense</em> del libro VII del <em>Infierno</em> de Dante: <em>Pape Sat&agrave;n, pape Sat&agrave;n Aleppe</em>. Tambi&eacute;n en &ldquo;La cena&rdquo; de <em>La palabra m&aacute;gica</em>. El padre de Monterroso estuvo &ldquo;atado al potro del alcohol&rdquo;, como el de Paz. Beb&iacute;a en exceso, confiesa su hijo, quien a&ntilde;ade en <em>Los buscadores de oro</em>: &ldquo;Constantemente se llevaba a la boca pu&ntilde;os de bicarbonato de sodio para combatir los males g&aacute;stricos que le produc&iacute;an sus bebidas de alto o bajo precio&rdquo;. M&aacute;s probable es que bebiera aguardiente y no whisky. Cuando Jos&eacute; Donoso tuvo casa en Cuernavaca, esta fue la casa con piscina en la que vivi&oacute; Malcolm Lowry, el alcoh&oacute;lico creador del alcoh&oacute;lico c&oacute;nsul. Monterroso, entonces casado con Milena Esguerra, acostumbraba viajar all&iacute; los fines de semana a visitar a su amigo. Llegado determinado momento, se propuso moderar el uso y abuso del alcohol: no quer&iacute;a acabar como su padre (tambi&eacute;n su hermana Norma tuvo problemas con la bebida).</p>
<p>X, de exilio: Del suyo, mucho m&aacute;s benigno que el de los miles y miles de campesinos y pobres (si no son la misma cosa) de los pa&iacute;ses centroamericanos que v&iacute;a M&eacute;xico, tambi&eacute;n con la x en el nombre, desembocan cada a&ntilde;os en los Estados Unidos. Sobre el propio dijo: &ldquo;fue algo que considero valioso, y jam&aacute;s he hecho un problema de que soy un exiliado, jam&aacute;s he escrito una l&iacute;nea quej&aacute;ndome del exilio, ni mucho menos. Lo converso a veces, pero nunca quej&aacute;ndome&rdquo;.</p>
<p>Y: Una de las letras de molde disponibles en la imprenta de tipos m&oacute;viles su padre, editor del peri&oacute;dico <em>Los Sucesos</em>. En <em>Los buscadores de oro</em> le dedica dos p&aacute;ginas que no s&eacute; si habr&aacute; le&iacute;do el tip&oacute;grafo Trapiello.</p>
<p>ZORRO: Protagonista de una de sus f&aacute;bulas (&ldquo;El Zorro es m&aacute;s sabio&rdquo;), es sin duda un alter ego del propio autor, pero tambi&eacute;n (al menos muchos lo han visto as&iacute;) de Juan Rulfo. Trata de un zorro que decide hacerse escritor; dicho y hecho, public&oacute; un libro muy exitoso que fue ampliamente traducido. Sigui&oacute; un segundo libro, a&uacute;n mejor, que se granje&oacute; la atenci&oacute;n de estudiosos que &ldquo;escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro&rdquo;. Pero ah&iacute; se detuvo el animal: alcanzado ese nivel, ya no public&oacute; nada m&aacute;s, para desesperaci&oacute;n de sus seguidores, que le preguntaban constantemente cu&aacute;ndo volver&iacute;a a publicar algo nuevo. El Zorro pensaba para sus adentros: &ldquo;En realidad lo que &eacute;stos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer&rdquo;. Y efectivamente, los otros se quedaron con las ganas (esto, narrado as&iacute; un poco atropelladamente, hay que leerlo tal como Monterroso lo escribi&oacute;). &Eacute;l requerido constantemente para publicar m&aacute;s, se resisti&oacute; cuando pudo.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 10:29:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Walser y Carl Seelig: historia de una amistad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/robert-walser-y-carl-seelig-historia-de-una-amistad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ROBERT_WALSER_12_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Que Robert Walser no pertenezca hoy a los escritores olvidados se lo debemos, en primer lugar, al hecho de que Carl Seelig, lo acogiera en su <em>casa</em>. Sin los relatos de Seelig sobre los paseos de Walser, sin sus preparativos biogr&aacute;ficos, sin las antolog&iacute;as por &eacute;l publicadas y la seguridad, gracias a sus esfuerzos, de un legado compuesto de millones de letras ilegibles, la rehabilitaci&oacute;n de Walser no se habr&iacute;a producido y probablemente su recuerdo habr&iacute;a desaparecido&rdquo;, dir&iacute;a el escritor W.G. Sebald en la bella monograf&iacute;a <em>El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser</em>,<em> </em>que le dedicara &ldquo;a una figura y no explicada&rdquo;, como &eacute;l manten&iacute;a, que era Robert Walser. Por su parte, el inclasificable y admirable libro que Carl Seelig le dedicar&iacute;a a su amigo y protegido llevar&iacute;a el t&iacute;tulo de <em>Paseos con Robert Walser</em>. Un libro que bien podr&iacute;a haber llevado el subt&iacute;tulo de &ldquo;biograf&iacute;a de una amistad&rdquo;.</p>
<p>Martin Walser lo defini&oacute; como &ldquo;el m&aacute;s solitario de los escritores solitarios&rdquo;. El que m&aacute;s ferozmente, desde su humildad y atracci&oacute;n por lo &iacute;nfimo, rehuy&oacute; &ldquo;la asfixia del poder&rdquo;, como recordar&iacute;a Elias Canetti: &ldquo;Su obra literaria es un intento incansable por silenciar el miedo. Se escapa de todas partes antes de que haya en &eacute;l demasiado miedo &ndash;su vida errante- y, para salvarse, se transforma a menudo en lo peque&ntilde;o, en lo que sirve a los dem&aacute;s. Su profunda, instintiva, aversi&oacute;n ante todo lo &ldquo;grande&rdquo;, ante todo lo que tiene rango y pretensiones, hace de &eacute;l un escritor esencial de nuestro tiempo, que se asfixia en el poder&rdquo;.</p>
<p>Fue admirado, casi sin excepci&oacute;n, por todos los grandes escritores de su &eacute;poca: por Thomas Mann, Hesse, Canetti, Benjamin, Zweig, Kafka o Musil que, como joven cr&iacute;tico, salud&oacute; calurosamente el primer libro de relatos de Walser. Acerca de la rareza del cosmos humano del que pod&iacute;an provenir algunos de sus alucinados y recurrentes personajes, fuera de toda norma salvo la de unas estrictas obligaciones que se impon&iacute;an, Walter Benjamin le dedicar&iacute;a un bello comentario: &ldquo;Sus personajes vienen de la noche, de all&aacute; donde es m&aacute;s negra, de una noche veneciana, iluminada por m&iacute;seras candelas de esperanza, con alg&uacute;n que otro esplendor festivo en el ojo pero turbados y tristes por estar llorando. Lo que lloran es prosa&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Escritor de escritores&rdquo;, como no pocas veces ha sido definido, W. G. Sebald, ya en nuestro tiempo y en muchos aspectos, podr&iacute;a ser calificado de hijo suyo natural y posterior. Un hijo que absorber&iacute;a algunas de las m&aacute;s reconocibles caracter&iacute;sticas tanto vitales como literarias de aquel enigm&aacute;tico paseante solitario que fue Walser y que fueron tantos y tantos de sus personajes. &iquest;Qui&eacute;n no recuerda el arranque de <em>Los anillos de Saturno</em> de Sebald que s&oacute;lo podr&iacute;a haber firmado un fiel seguidor del &ldquo;esp&iacute;ritu&rdquo; vagabundo walseriano?: &ldquo;En agosto de 1992, cuando la can&iacute;cula se acercaba a su fin, emprend&iacute; un viaje a pie a trav&eacute;s del condado de Suffolk, al este de Inglaterra, con la esperanza de poder huir del vac&iacute;o que se estaba propagando en m&iacute; [&hellip;] Raras veces me he sentido tan independiente como entonces, caminando horas y d&iacute;as enteros por las comarcas, escasamente pobladas [&hellip;] Ahora me parece que tiene raz&oacute;n la antigua creencia de que determinadas enfermedades del esp&iacute;ritu y del cuerpo arraigan en nosotros bajo el signo de Sirio preferentemente&rdquo;.</p>
<p>La figura del vagabundo y la vida errante, en el siglo XX, tambi&eacute;n hab&iacute;a tenido un famoso y genial &ldquo;cantor&rdquo;: el Premio Nobel de Literatura de 1920, el noruego Knut Hamsun (1859-1952), autor del brutal e ind&oacute;mito relato autobiogr&aacute;fico Hambre. Posteriormente, una serie de &ldquo;h&eacute;roes bajo las estrellas&rdquo; ser&iacute;an retratados en su Trilog&iacute;a del vagabundo (1927). Melanc&oacute;licos, solitarios, escapando continuamente al amor en cuanto se insin&uacute;a, fan&aacute;ticamente individualistas y neurast&eacute;nicos, asqueados por la vida materialista y burguesa que han dejado atr&aacute;s, despojados asc&eacute;ticamente de todo, inasibles, conformaron un aut&oacute;ctono planeta nihilista, asocial, violentamente renegado y rebelde, que luego ser&iacute;a la perdici&oacute;n moral y pol&iacute;tica de su autor. Sus vagabundos metaf&iacute;sicos reclamaban, como lo hizo en vida su autor, Hamsun, la uni&oacute;n con un estado pret&eacute;rito, original, perdido, que el hombre actual tendr&iacute;a que abrazar y reencontrar pante&iacute;sticamente. Un para&iacute;so perdido, de gran belleza, oscurecido por las ideas de ambici&oacute;n y de progreso social y material en las que habr&iacute;an sucumbido fatalmente casi todos sus conciudadanos, y que coincid&iacute;a en su caso exactamente con el para&iacute;so de su infancia transcurrida en aquel Gran Norte de bosques y cielos infinitos.</p>
<p>Y un paseante, Robert Walser, en otro para&iacute;so de parecida belleza hipnotizante, que igualmente no se cansaba nunca de recorrer, que contemplaba de repente, en estado casi de &eacute;xtasis, cualquier peque&ntilde;o rinc&oacute;n o panorama que se cruzaba en su camino: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; hermoso&hellip; Qu&eacute; encanto!&rdquo;, dir&aacute; &ldquo;como embriagado por la accidentada comarca, por el solemne silencio dominical&rdquo;. As&iacute; lo rese&ntilde;ar&iacute;a Carl Seelig en su ins&oacute;lito y emocionante libro. Y segu&iacute;a diciendo Walser: &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;n ben&eacute;fico es que la gente repose en su regazo para dormir las manos torpes y pesadas y deje todo en manos de la naturaleza!&rdquo;. En esas expediciones, a veces de m&aacute;s de diez y doce kil&oacute;metros que Walser emprend&iacute;a a pie, como sucede tambi&eacute;n en muchos de sus relatos con muchos de sus personajes, el protagonista ten&iacute;a que defenderse de alg&uacute;n gendarme que patrullaba aburrido por los l&iacute;mites de cualquier peque&ntilde;a aldea, como si tuviera que demostrar que no era un vulgar vagabundo o delincuente. As&iacute; se narra en su relato <em>Peque&ntilde;a aventura en un camino comarcal</em>, incluido en <em>Vida de poeta</em>: &ldquo;En otra &eacute;poca y circunstancia me dirig&iacute; una vez en invierno &ndash;a pie, se entiende&ndash; a visitar a mi hermano que por aquel entonces viv&iacute;a en una peque&ntilde;a ciudad de provincia [&hellip;] El viandante, vale decir yo mismo, avanzaba de excelente humor por el camino comarcal, sin cesar de elogiarlo. Lamentablemente le ca&iacute; menos bien a un cauto y perspicaz gendarme con quien me top&eacute; [&hellip;] Es muy probable que est&eacute; usted en un error si cree tener que v&eacute;rselas con un vagabundo com&uacute;n y corriente, le dije [&hellip;] Hubiera podido viajar en tren exactamente como cualquier otro. Pero como soy amigo declarado de vagabundear y recorrer leguas y leguas durante d&iacute;as enteros, he preferido ir andando, lo cual no tiene por qu&eacute; ser ning&uacute;n pecado ni, por consiguiente resultar nada sospechoso. &iquest;O acaso le parece sospechoso el placer de viajar a pie, algo tan bellamente unido al amor a la naturaleza?&rdquo;.</p>
<p>Un caminante, un enamorado ferviente de la naturaleza, que ha escogido borrarse voluntariamente del mundo exterior y &ldquo;visible&rdquo;. Si H&ouml;lderlin pas&oacute; otros casi 30 a&ntilde;os apartado de todo con su locura, &ldquo;so&ntilde;ando en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n&rdquo; (&rdquo;estoy convencido de que en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os de su vida H&ouml;lderlin &ndash;dir&aacute; Walser&ndash; no fue tan desdichado como lo pintan los profesores de literatura; poder so&ntilde;ar en un modesto rinc&oacute;n sin tener que responder a continuas pretensiones, no es ning&uacute;n martirio. &iexcl;S&oacute;lo la gente hace que lo sea!&rdquo;), &eacute;l mismo tambi&eacute;n, con su destino &ldquo;de magn&iacute;fico cero a la izquierda, redondo como una pelota&rdquo;, como se dec&iacute;a en <em>Jakob von Gunten</em>, se ver&aacute; acorde, y satisfecho en cierto modo, en el sanatorio de Herisau. Eso s&iacute;, con leves momentos de melancol&iacute;a, que su extrema lucidez, siempre alerta, siempre en carne viva, no le ahorraba. Cuando en un momento determinado de sus paseos Seelig le diga &ldquo;cu&aacute;nta raz&oacute;n ha tenido en vivir, como Simon, en la pobreza, la sencillez y la libertad, y cu&aacute;nto yerran los creadores cuando aceptan compromisos en favor de la existencia material&rdquo;, Walser al principio, asiente &ldquo;vivamente&rdquo;. Pero, &ldquo;tras un largo silencio&rdquo; (esos silencios que se repiten en muchos de sus encuentros, antes de &ldquo;arrancarse&rdquo; a hablar con cualquier excusa y comentario) le contestar&aacute; lac&oacute;nicamente a Seelig: &ldquo;S&iacute;, pero la mayor&iacute;a de las veces se trata de un viaje de derrota en derrota&rdquo;.</p>
<p>Un genio de la literatura sin parang&oacute;n, al nivel de Kafka y los m&aacute;s grandes de su siglo. Y como el mismo Kafka, Bruno Schulz, Joyce, Svevo, Pessoa y otros grand&iacute;simos escritores de ese mismo siglo, se mantuvo permanentemente en estado de <em>exilio: </em>&ldquo;Una suerte ben&eacute;vola &ndash;en palabras de Claudio Magris&ndash; que los preserv&oacute; de la posibilidad de convertirse en figuras oficiales de la sociedad literaria&rdquo;. Esa ser&iacute;a la suerte no por momentos desgarradora, enloquecedora en su absoluta soledad, de alguien como Walser y tantos y tantos de sus personajes o desdoblamientos narrativos: &ldquo;Hab&iacute;a algo en su interior que le impulsaba al vagabundeo, despreocup&aacute;ndose por completo de la opini&oacute;n p&uacute;blica [&hellip;]. Era oficinista y menestral ambulante, poeta y mendigo, una persona sumamente formal y respetable y al mismo tiempo un trotamundos&rdquo;, escribir&aacute; en el relato de 1918 <em>Dos hombres</em>. Escondido con tenacidad tras empleos &iacute;nfimos y modestos, finalmente llegar&iacute;a al &uacute;ltimo de sus refugios: cerca de treinta a&ntilde;os recluido en un sanatorio, a salvo de todo y de todos. Menos de su fiel amigo y visitante asiduo Carl Seelig.</p>
<p>Rico mecenas, admirador devoto de Walser, autor de numerosas antolog&iacute;as literarias y de los folklores alem&aacute;n, ruso y eslavo, as&iacute; como primer bi&oacute;grafo de Albert Einstein, Carl Seelig (Z&uacute;rich, 1894&ndash;1962), ayud&oacute; no solo a Walser sino que fue el benefactor de otros muchos artistas, cient&iacute;ficos y escritores, o simplemente &ldquo;seres an&oacute;nimos que necesitaban de su ayuda&rdquo;, como dir&aacute; su amigo y albacea testamentario Elio Fr&ouml;lich, en un ep&iacute;logo que escribir&iacute;a para el libro de Carl Seelig, hoy considerado como m&iacute;tico, y ejemplar en su g&eacute;nero sobre sus paseos con Robert Walser. A Seelig &ndash;dir&iacute;a Fr&ouml;lich&ndash; sobre todo le importaba una causa: &ldquo;La causa del otro&rdquo;. Algo que, en cualquier &eacute;poca, nos tendr&iacute;a que hacer reflexionar a muchos.</p>
<p>Un protector que jugar&iacute;a el papel de Max Brod en la vida de Kafka. Otro de los buenos conocedores de este singular benefactor, el bi&oacute;grafo y amigo de Thomas Mann Ferdinand Lion, condensar&iacute;a perfectamente la importancia trascendental de la ayuda de Seelig en concreto hacia una figura altamente fr&aacute;gil y desprotegida como Walser: &ldquo;El destino ha querido que entre los muchos que consciente o inconscientemente apelaron a ese genio de la disponibilidad que era Seelig se encontrara aquel que m&aacute;s llamado estaba a aceptar esa ayuda. Era Robert Walser, que con su delicadeza y finura, unidas a su profundidad, ten&iacute;a una obra entera a sus espaldas y ya era famoso para un gremio de iniciados, pero que precisamente debido a su delicadeza estaba al borde del derrumbamiento&rdquo;. Por su parte, otro gran autor de aquellos d&iacute;as, el escritor jud&iacute;o Arnold Zweig, autor de una de las mejores obras literarias de la literatura alemana escritas sobre la Primera Guerra Mundial, <em>El caso del sargento Grischa</em>, y que a la subida de Hitler al poder, en 1933, emigrar&iacute;a a Palestina, dijo de Seelig que era &ldquo;un caso &uacute;nico de fil&aacute;ntropo que pone sus capacidades y su patrimonio de forma altruista al servicio de la creaci&oacute;n literaria&rdquo;.</p>
<p>Gracias a Seelig se constituy&oacute; un rico fondo de archivos de Walser depositado en Zurich, del que importantes y posteriores investigadores de su obra extrajeron la parte in&eacute;dita y p&oacute;stuma de los escritos de Walser. Entre ellos los famosos microgramas, escritos entre 1924 y 1932, justo antes de ingresar en el que fue su domicilio &uacute;ltimo y permanente, el sanatorio de Herisau. Microgramas que el propio Seelig calificaba, antes de ser descodificados y transcritos, de &ldquo;escritura secreta e indescifrable&rdquo;.</p>
<p>Pero el libro de Seelig no ser&iacute;a uno m&aacute;s. Su obra emocionante y sin g&eacute;nero pasar&iacute;a a la historia como uno de los m&aacute;s bellos homenajes a una amistad sincera, generosa y protectora, mantenida en el tiempo. Desde el 26 de julio de 1936 hasta la Navidad de 1955, rese&ntilde;ando minuciosamente algunos d&iacute;as escogidos y paseos llevados a cabo a&ntilde;o tras a&ntilde;o, las anotaciones de Carl Seelig dar&iacute;an cuenta de una gran compenetraci&oacute;n y complicidad mutua. Una relajada complicidad entre dos amigos que caminaban y dialogaban comentando el &ldquo;mundo exterior&rdquo; del que Carl Seelig era el emisario, pero tambi&eacute;n un gran n&uacute;mero de cuestiones &eacute;ticas, familiares, editoriales, period&iacute;sticas, de cr&iacute;tica literaria y cultural acerca de otros escritores suizos o bien de lengua alemana en general, mientras de paso rese&ntilde;aban algunos aspectos, monumentos y figuras del pasado hist&oacute;rico, con el trasfondo inquietante de una Europa muy pronto en guerra.</p>
<p>Un apoyo indesmayable, proporcionado por la fiel y devota amistad demostrada por Seelig, que muy probablemente tuvo que ver en que la vida de un Walser ya totalmente apartado del mundo y de la sociedad de su tiempo fuera m&aacute;s placentera y llevadera en su reclusi&oacute;n en aquellas bellas monta&ntilde;as. Las mismas monta&ntilde;as que un d&iacute;a de Navidad, el 25 de diciembre de 1956, en un &uacute;ltimo paseo solitario de despedida, le servir&iacute;an de sudario inesperado. Tambi&eacute;n sirvi&oacute; para que Walser, para muchos tan solo un &ldquo;ni&ntilde;o&rdquo;, alguien infantilizado, sin responsabilidades, que hab&iacute;a cortado los lazos con la realidad (&ldquo;la gente importante me tilda de ni&ntilde;o, y ser&iacute;a descort&eacute;s si por mi parte no creyera yo lo mismo; sin embargo, &eacute;sta es una creencia que a ratos me cansa&rdquo;, dir&aacute; en uno de sus microgramas o peque&ntilde;as prosas p&oacute;stumas) mantuviera, adem&aacute;s, entusi&aacute;sticamente intacta una de sus mayores pasiones, aparte de la literatura, sin la que no pod&iacute;a vivir: los paseos y caminatas. En este caso paseos acompa&ntilde;ados. Pero sobre todo paseos nutridos estimulante e inteligentemente por un precioso intercambio de pareceres de dos amigos sobre lo m&aacute;s variado de la vida: desde libros y autores comentados a hechos cotidianos y an&eacute;cdotas que iban surgiendo por el camino, aparentemente f&uacute;tiles y sin gran trascendencia, pero observados siempre con gran sentido del humor y sutileza por parte de ambos excursionistas.</p>
<p>Ambos, tanto Walser a trav&eacute;s de toda su obra, como Seelig con su libro, que se convert&iacute;a sin propon&eacute;rselo en una especie de exaltaci&oacute;n del paseo como g&eacute;nero literario, continuar&iacute;an construyendo la celebraci&oacute;n del <em>fl&acirc;neur</em> a lo Baudelaire y Walter Benjamin. Pero en este caso ser&iacute;a en los medios rurales, ya fueran bosques, caminos comarcales, monta&ntilde;as o en los alrededores de peque&ntilde;os pueblos y ciudades. As&iacute; lo definir&iacute;a el americano Phillip Lopate, en el n&uacute;mero extraordinario de <em>The Review of Contemporary Fictio</em>n dedicado a Robert Walser en la primavera de 1992: &ldquo;Un curioso fen&oacute;meno literario estaba en marcha: la narraci&oacute;n del paseo. En m&aacute;s o menos la misma &eacute;poca, los surrealistas Louis Aragon, Philippe Soupault y Andr&eacute; Breton con Nadja, as&iacute; como el irland&eacute;s Joyce, el americano Henry Miller y el suizo Robert Walser, estaban todos ellos componiendo una &eacute;pica del paseo&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Nuestras relaciones &ndash;comenzaba diciendo Carl Seelig en su libro <em>Paseos con Robert Walser</em>&ndash; las iniciaron unas pocas y sobrias cartas: preguntas y respuestas breves y concisas. Yo sab&iacute;a que Robert Walser hab&iacute;a ingresado en 1929, en calidad de enfermo mental, en el sanatorio y hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden, en Herisau. Sent&iacute;a la necesidad de hacer algo por la publicaci&oacute;n de sus obras y por &eacute;l mismo. Entre todos los escritores contempor&aacute;neos de Suiza, me parec&iacute;a el personaje m&aacute;s peculiar. Se mostr&oacute; de acuerdo en que le visitara, as&iacute; que ese domingo viaj&eacute;, temprano, de Zurich a St. Gallen y calleje&eacute; por la ciudad [&hellip;]. En Herisau me hice anunciar al m&eacute;dico jefe del sanatorio, quien me dio permiso para ir a pasear con Robert&rdquo;.</p>
<p>La curiosa e inusual mezcla de biograf&iacute;a de un personaje y a la vez retrato de una amistad, ese h&iacute;brido de diario con anotaciones de peque&ntilde;os viajes circulares adentr&aacute;ndose por el bello cant&oacute;n de Appenzell y alrededores, pasar&iacute;a a la historia junto a algunos de los m&aacute;s geniales homenajes literarios dedicados al hecho de la amistad. Ah&iacute; estar&iacute;a el libro que Gershom Scholem escribi&oacute; sobre su insustituible confidente y gran interlocutor intelectual, tr&aacute;gicamente desaparecido (<em>Walter Benjamin. Historia de una amistad</em>), o esa biograf&iacute;a &ldquo;en movimiento&rdquo;, como era tambi&eacute;n el caso de la de Seelig, tras los pasos de un personaje admirado y observado como ser&iacute;a la <em>Vida de Samuel Johnson</em>, de James Boswell, igualmente &uacute;nica en su g&eacute;nero y en su &eacute;poca, el siglo XVIII. O bien las muy c&eacute;lebres conversaciones de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de un genio que escribir&iacute;a J. P. Eckermann (<em>Conversaciones con Goethe</em>).</p>
<p>El libro de Seelig se convertir&iacute;a en un inapreciable documento, narrado con pasi&oacute;n, detalle y con un exquisito tacto y respeto. Tambi&eacute;n con un decidido y discreto deseo de &ldquo;anonimato&rdquo;: desdibuj&aacute;ndose sin cesar como autor de aquellas notas y dejando &ldquo;hablar&rdquo; y provocando a su amigo para que se explayara y opinara sobre los m&aacute;s variados temas. Astuto e intuitivo, conocedor en profundidad de la psicolog&iacute;a terca y especial del escritor, Seelig sab&iacute;a perfectamente del temperamento huidizo de Walser, de su humor cambiante, de sus repentinos antojos o rabietas por cualquier nader&iacute;a que no hab&iacute;a que contrariar o por cualquier recuerdo que no hab&iacute;a que insistir en rememorar. Pero ah&iacute; estar&aacute;n, en peque&ntilde;os fragmentos deliciosos y en ocasiones deslumbrantes, en la forma de di&aacute;logos o peque&ntilde;os debates, con una gran espontaneidad y naturalidad, fant&aacute;sticamente sintetizado, muchas veces a trav&eacute;s de fulminantes aforismos y sentencias contundentes, lo m&aacute;s revelador del pensamiento walseriano. Como en sus novelas y peque&ntilde;as prosas, todo, incluso las cosas m&aacute;s sencillas y cotidianas, adquir&iacute;a en presencia de Walser un halo m&aacute;gico, s&uacute;bitamente iluminador, portador de cualidades enigm&aacute;ticas, ocultas, y Seelig lo supo reflejar en todo momento con una enorme sensibilidad y sabidur&iacute;a.</p>
<p>Observaciones sobre la naturaleza y su negativa a moverse (&ldquo;No quiero ir a ninguna parte &iquest;Para qu&eacute; viajan los escritores, mientras tengan imaginaci&oacute;n? [&hellip;] &iquest;Acaso la naturaleza viaja al extranjero? Miro los &aacute;rboles y me digo que si ellos no se van &iquest;por qu&eacute; no iba yo a poder quedarme?&rdquo;); sobre la funci&oacute;n de un escritor (&ldquo;Ning&uacute;n escritor est&aacute; obligado a la perfecci&oacute;n. &iexcl;Se le quiere con todos sus humanos defectos y locuras!&rdquo;; &ldquo;los escritores sin &eacute;tica merecer&iacute;an ser apaleados, han pecado contra su profesi&oacute;n, su castigo ha sido que les soltaran a Hitler&rdquo;, dir&aacute; en 1943); el an&aacute;lisis de algunos poetas, novelistas y dramaturgos contempor&aacute;neos (&ldquo;&iquest;Los habitantes de Z&uacute;rich? No llegaron a conocer mis poemas; por aquel entonces, todos estaban entusiasmados con Hesse, me dejaron resbalar sin ruido por su joroba&rdquo;); la firme voluntad de permanecer al margen al que ha sido arrojado (&ldquo;En mi entorno siempre ha habido complots para rechazar a bicharracos como yo. Siempre se rechazaba, con arrogancia y distinci&oacute;n, todo lo que no ten&iacute;a cabida en el propio mundo. Jam&aacute;s me atrev&iacute;a a abrirme paso. Ni siquiera tuve el coraje de echar un vistazo. As&iacute; que viv&iacute; mi propia vida, en la periferia [&hellip;] &iquest;No tiene mi mundo derecho a existir, aunque en apariencia sea un mundo m&aacute;s pobre e impotente?&rdquo;); detalles sobre la redacci&oacute;n de algunos de sus novelas (&ldquo;la editorial Scherl me invit&oacute; a tomar parte en un concurso de novela; as&iacute; que escrib&iacute; y seguidamente pas&eacute; a limpio<em> El ayudante</em>, en seis semanas la ten&iacute;a lista&rdquo;); el &eacute;xito o la falta de &eacute;xito (&ldquo;la falta de &eacute;xito era una peligrosa y encarnizada serpiente, que intentaba implacable asfixiar lo aut&eacute;ntico y lo original en el artista&rdquo;) as&iacute; como un buen n&uacute;mero de lecturas y autores repasados, citados brevemente o con mayor extensi&oacute;n y detenimientos. La lista de autores mencionados por ambos a lo largo de sus caminatas, en los momentos de reposo en merenderos y cervecer&iacute;as, o recalando en caf&eacute;s y confiter&iacute;as, es enorme: Goncharov, Dostoievski, Thoreau, Goethe, H&ouml;lderlin, Kleist, Kafka, Broch, Thomas Mann, Heinrich Mann, Gerhart Hauptmann, B&uuml;chner, Gottfried Keller, Hesse, Balzac, Flaubert, Max Brod, Jean Paul, Ramuz, Wedekind, Alfred Polgar&hellip; Muchos de ellos plasmados con agudos y p&eacute;rfidos comentarios. Seg&uacute;n Walser, Rilke tendr&iacute;a &ldquo;su lugar en la mesilla de noche de las jovencitas&rdquo;; Altenberg &ldquo;es una amable salchicha vienesa pero no lo puedo calificar de poeta&rdquo; y Mann &ldquo;es el gerente de un negocio, parapeteado en sus dominios&rdquo;. &Eacute;l mismo no dejar&iacute;a de hacerse duras cr&iacute;ticas frente a Seelig en aquellos encuentros: &ldquo;Si pudiera rebobinar el hilo del tiempo y volver a comenzar no me permitir&iacute;a escribir como hice en la vaguedad absoluta, sacrific&aacute;ndolo todo a la rareza, a la despreocupaci&oacute;n. Uno no puede negar la sociedad. Hay que vivir dentro o bien luchar por o contra ella. He aqu&iacute; el defecto de mis novelas. Son demasiado fantasiosas e introspectivas, a menudo descuidadas desde el punto de vista de la composici&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Convivir con la locura ocup&oacute; gran parte de su existencia. Tambi&eacute;n fue la causa muchas veces de un sentimiento de desgracia y desolaci&oacute;n, de soledad y aislamiento extremos, hasta llegar a la &ldquo;calma&rdquo; y las rutinas mec&aacute;nicas y vigiladas, de los sanatorios de Waldau, brevemente, y luego, en el de Herisau. As&iacute; se lo contar&aacute; el mismo Walser a Carl Seelig en uno de sus paseos: &ldquo;En aquella &eacute;poca tuve algunos intentos fallidos de suicidio. Ni siquiera era capaz de hacer un nudo corredizo digno de su nombre. Al final, mi hermana Lisa me llev&oacute; al sanatorio de Waldau. Frente a la puerta del sanatorio le volv&iacute; a preguntar: &iquest;Crees que es la soluci&oacute;n? A modo de repuesta, ella permaneci&oacute; en silencio. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer yo sino entrar?&rdquo;.</p>
<p>El 13 de junio de 1933, Walser ser&iacute;a trasladado, a su pesar, al sanatorio de Herisau donde se qued&oacute; hasta su muerte y donde recibir&iacute;a las peri&oacute;dicas visitas de Carl Seelig. En 1940 le dir&iacute;a a su amigo y confidente: &ldquo;Es absurdo y grosero, sabi&eacute;ndome en un sanatorio, decirme que siga escribiendo libros&rdquo;. Y en 1944 volver&aacute; a decir: &ldquo;En Herisau no he escrito nada m&aacute;s. &iquest;Para qu&eacute;? Mi mundo fue destruido por los nazis. Los peri&oacute;dicos para los que escrib&iacute;a han desaparecido; sus redactores fueron perseguidos o han muerto. Me he convertido casi en una estatua&rdquo;. Como escribir&iacute;a Peter Utz posteriormente en el pr&oacute;logo de sus relatos: &ldquo;La locura real del Tercer Reich es tan responsable del silencio literario de Walser como la pretendida locura, a menudo puesta en discusi&oacute;n, del mismo Robert Walser&rdquo;.</p>
<p>Los &uacute;ltimos retratos de Walser realizados por Carl Seelig, en lo que fueron los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, encogen el coraz&oacute;n de cualquier lector y tienen el sabor continuado de una triste y abatida despedida. El anuncio de un enorme vac&iacute;o. Las palabras de Seelig recuerdan en cierto modo la carta inconsolable que escribe Montaigne a la muerte de su querido amigo La Bo&eacute;tie. As&iacute; lo escribir&aacute; Seelig el 30 de agosto de 1953: &ldquo;Por primera vez, Robert me da la impresi&oacute;n de un hombre que envejece y lucha contra la desaparici&oacute;n de sus energ&iacute;as [&hellip;]. A menudo, Robert se detiene al borde de los bosques, con la mano izquierda ahuecada sobre el o&iacute;do y olfateando con la cabeza inclinada. Se alzan ante m&iacute; lejanos tiempos infantiles en los que jug&aacute;bamos a los &ldquo;indios&rdquo;. A veces Robert habla consigo mismo, increpa a los desconsiderados automovilistas, de los que huye espantado cuando cruzamos una carretera [&hellip;] Con la colilla de su cigarrillo apagada entre los labios y los &lsquo;pantalones pesqueros&rsquo;, parece un gastado campesino&rdquo;.</p>
<p>Una triste despedida amortiguada eso s&iacute;, por un leve, m&iacute;nimo consuelo. Un consuelo que pone el broche a una amistad de muchos a&ntilde;os, de muchas felices caminatas y conversaciones, como dir&aacute; Seelig al final de sus anotaciones: &ldquo;Es para m&iacute; un silencioso consuelo que nuestros paseos llevaran algo de variedad a la monoton&iacute;a de sus d&eacute;cadas de vida en el sanatorio; no encontrar&eacute; jam&aacute;s un compa&ntilde;ero de trayecto m&aacute;s apasionado que &eacute;l&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2023 13:12:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienaventurados los mediocres]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bienaventurados-los-mediocres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/DANIEL_GASC_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma de la mediocracia. Este concepto es una de las ideas centrales de <em>Mediocracia. Cuando los mediocre</em>s <em>toman el poder<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20DANIEL%20GASC%C3%93N%20PARA%20TURIA%20133-134.doc#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>, un<em> </em>ensayo del fil&oacute;sofo canadiense Alain Deneault (Quebec, 1970), que anteriormente hab&iacute;a publicado en castellano <em>Para&iacute;sos fiscales. Una estafa legalizada</em>. Deneault, profesor de sociolog&iacute;a en la Universidad de Quebec y director del programa Coll&egrave;ge International de Philosophie de Par&iacute;s, ha escrito sobre las actividades de compa&ntilde;&iacute;as mineras en &Aacute;frica, Am&eacute;rica Latina y Europa del Este, y en Canad&aacute;, donde la legislaci&oacute;n facilita sus operaciones econ&oacute;micas. Uno de sus libros, <em>Canad&aacute; Noir</em>, que inclu&iacute;a informaci&oacute;n de numerosas fuentes sobre actividades de empresas canadienses en el extranjero, ocasion&oacute; una demanda de la compa&ntilde;&iacute;a minera Barrick Gold (el libro fue retirado de la circulaci&oacute;n en un acuerdo extrajudicial; el caso inspir&oacute; una modificaci&oacute;n legislativa para proteger la libertad de expresi&oacute;n y de informaci&oacute;n).</p>
<p class="normal">&ldquo;La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una s&iacute;ntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y pasa a ser el est&aacute;ndar impuesto que estamos obligados a acatar&rdquo;, explica Deneault. En una entrevista con Andr&eacute;s Seoane en <em>El Cultural</em> se&ntilde;alaba que &ldquo;ser mediocre es encarnar el promedio, querer ajustarse a un est&aacute;ndar social, en resumen, es conformidad. Pero esto no es en principio peyorativo, pues todos somos mediocres en algo. El problema de la mediocridad viene cuando pasa a convertirse, como en la actualidad, en el rasgo distintivo de un sistema social. Hoy en d&iacute;a nos encontramos en un sistema que nos obliga a ser un ciudadano resueltamente promedio, ni totalmente incompetente hasta el punto de no poder funcionar, ni competente hasta el punto de tener una fuerte conciencia cr&iacute;tica. Aquellos que se distinguen por una cierta visi&oacute;n de altura, una cultura s&oacute;lida o la capacidad de cambiar las cosas quedan al margen. Para tener &eacute;xito hoy, es importante no romper el rango, sino ajustarse a un orden establecido, someterse a formatos e ideolog&iacute;as que deber&iacute;an cuestionarse. La mediocracia alienta a vivir y trabajar como son&aacute;mbulos, y a considerar como inevitables las especificaciones, incluso absurdas, a las que uno se ve obligado&rdquo;.</p>
<p class="normal">Escapar no es f&aacute;cil: &ldquo;Si reivindicamos nuestra libertad no servir&aacute; m&aacute;s que para demostrar lo eficiente que es el sistema&rdquo;, escribe Deneault. En este sistema, toda labor es un trabajo; todo trabajo es solo un medio. Y, un poco a la manera de los enanos que seg&uacute;n Augusto Monterroso se reconocen gracias a un sexto sentido, los mediocres se reconocen entre s&iacute;, en un clima de impostores que oscilan entre la complicidad y el miedo.</p>
<p class="normal">En buena parte es un libro contra las estructuras. Este &ldquo;orden mediocre que se establece como modelo&rdquo; florece en todos los engranajes de la sociedad (neoliberal occidental). El sistema genera lo que Enzensberger llama &ldquo;analfabetos secundarios&rdquo;. Recompensa a personas capaces de realizar sus tareas, cumplir objetivos de productividad, ser &uacute;tiles; saben sobrevivir, empleando una autocensura obligatoria que &ldquo;se presenta como una demostraci&oacute;n de astucia&rdquo;. Pero su caracter&iacute;stica principal es que no son capaces de cuestionar lo que piensan, de examinar los fundamentos intelectuales de las acciones o las estructuras en las que participan. Practican una &eacute;tica y est&eacute;tica de la acomodaci&oacute;n; contribuyen a crear un gigantesco trampantojo que encubre la opresi&oacute;n y la rapacidad.</p>
<p class="normal">&ldquo;La norma de la mediocridad lleva a desarrollar una imitaci&oacute;n del trabajo que propicia la simulaci&oacute;n de un resultado. El hecho de fingir se convierte en un valor en s&iacute; mismo. La mediocracia lleva a todo el mundo a subordinar cualquier tipo de deliberaci&oacute;n a modelos arbitrarios promovidos por instancias de autoridad&rdquo;, explica Deneault. El mediocre es un elemento de la cadena de opresi&oacute;n, el instrumento que emplean los poderosos para ejecutar sin mancharse una &ldquo;violencia simb&oacute;lica&rdquo;, en un sistema de naturaleza &ldquo;mort&iacute;fera&rdquo; que oculta tras una apariencia de &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo;, una tonalidad o temperamento siempre sospechoso para Deneault.</p>
<p class="normal">Como se&ntilde;al&oacute; el soviet&oacute;logo Robert Conquest, la forma m&aacute;s sencilla de entender una organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica es asumir que la dirige una camarilla compuesta por sus enemigos. Esta idea, aunque sin la iron&iacute;a del historiador brit&aacute;nico, no est&aacute; lejos de la visi&oacute;n de Alain Deneault, que aplica el concepto de la mediocracia a distintos &aacute;mbitos: la educaci&oacute;n, el comercio y las finanzas, la cultura y la civilizaci&oacute;n. La tesis no siempre es clara, ni el motivo que permite unir los temas o los registros de escritura (a veces m&aacute;s ensay&iacute;stico, a veces m&aacute;s period&iacute;stico). El ensayo une dos libros, <em>La m&eacute;diocratie</em> y <em>Politiques de l&rsquo;extr&ecirc;me centre</em>.</p>
<p class="normal">A juicio del autor, uno de los lugares donde prolifera la mediocracia es la universidad. Los acad&eacute;micos no solo deben saber m&aacute;s sobre cada vez menos, sino que est&aacute;n metidos en una especie de rueda de h&aacute;mster de publicaciones tan necesarias para su carrera como irrelevantes para el progreso del conocimiento. Las servidumbres acad&eacute;micas aplastan el pensamiento propio, los cauces del sistema constri&ntilde;en la libertad intelectual y todo el dise&ntilde;o conspira para evitar la originalidad. Es como si el objetivo fuera impedir que alguien levantase la cabeza y viese el mecanismo. Una configuraci&oacute;n casi feudal propicia la supervivencia de esa estructura.</p>
<p class="normal">Algunas de las observaciones de Deneault son perspicaces y valiosas. Una gran cantidad de energ&iacute;a se destina a cargas absurdas. Muchas veces quienes provocan avances decisivos en una disciplina no son los grandes especialistas: a menudo, es interesante la perspectiva de alguien que es experto en otro campo, o la combinaci&oacute;n de dos campos de conocimiento posibilita un cambio en la forma en que vemos una disciplina. Los sistemas pueden generar grasa superflua, p&eacute;rdidas de tiempo, abusos de poder; pero los protocolos tambi&eacute;n tienen aspectos que ayudan a corregir errores.</p>
<p class="normal">Una de las obsesiones de Deneault, que revela cierta impronta orwelliana en un autor influido sobre todo por escritores continentales, es la desactivaci&oacute;n de eufemismos y palabras de camuflaje. De los acad&eacute;micos critica una tendencia hacia la opacidad l&eacute;xica que se ha convertido en una especie de <em>shibboleth</em>, y lamenta el triunfo de palabras como<em> gobernanza</em> o plurales sanitarios como <em>opresividades</em>. A veces es ingenioso: por ejemplo, cuando cita estudios que comparan el mundo universitario y su estructura desigual con el narcotr&aacute;fico. Otras veces resulta banal o hiperb&oacute;lico. As&iacute;, dice que el PowerPoint &ldquo;erradica la autonom&iacute;a de la mente&rdquo;. Mucha autonom&iacute;a no deb&iacute;as tener si te la erradica un PowerPoint. Citando a McLuhan, se&ntilde;ala que Superman indica &ldquo;la p&eacute;rdida absoluta de la relaci&oacute;n de este pueblo con el pensamiento estructurado&rdquo;. El dibujante de c&oacute;mics Art Spiegelman expon&iacute;a hace unos meses una visi&oacute;n interesante de los c&oacute;mics de superh&eacute;roes y sus condiciones de producci&oacute;n: en vez de la proyecci&oacute;n de la impotencia del hombre tecnol&oacute;gico, &eacute;l destacaba el origen inmigrante, a menudo jud&iacute;o, de creadores de superh&eacute;roes que, a finales de los a&ntilde;os treinta, derrotaban a villanos poderosos.</p>
<p class="normal">Otras veces, simplemente, no parece saber de lo que habla. Critica, con una mezcla de desd&eacute;n profesoral y virguer&iacute;a hermen&eacute;utica, el &eacute;nfasis en las tecnolog&iacute;as de la serie de Superman. Podemos darle un tono casi metaf&iacute;sico a esa relaci&oacute;n, como si solo fuera semi&oacute;tica, pero la historia del cine (como la de la m&uacute;sica, la de la literatura, la de la cultura) tiene que ver con el desarrollo de la tecnolog&iacute;a, que no es solo un s&iacute;mbolo.</p>
<p class="normal">En otras partes del libro uno no acaba de entender el nexo con la mediocridad, aunque s&iacute; parecen formar parte de la visi&oacute;n general del autor. Deneault escribe de la financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, del valor del dinero por encima de todas las cosas y las tipolog&iacute;as psicol&oacute;gicas que genera. Si en la cultura se guiaba por Ranci&egrave;re y autores vinculados al posestructuralismo y la teor&iacute;a francesa, o por la escuela de Frankfurt en otros momentos, cuando habla de dinero parece que el soci&oacute;logo y fil&oacute;sofo alem&aacute;n Georg Simmel es su influencia principal. En algunas de las p&aacute;ginas m&aacute;s interesantes y desasosegantes del libro habla de las relaciones de las empresas y la naturaleza, de los trapicheos de grandes compa&ntilde;&iacute;as, del papel de las ONG. La globalizaci&oacute;n, se&ntilde;ala, habr&iacute;a tenido un efecto inesperado: aliar a obreros y empresas frente a las clases de otros pa&iacute;ses. (Aunque esto, que presenta como una novedad, quiz&aacute; no lo sea tanto.) Algunas cosas parecen un tanto envejecidas. Ya no estamos en la fase expansiva de la globalizaci&oacute;n: el alineamiento de intereses corporativos entre empresas norteamericanas y chinas contra los trabajadores occidentales es una idea menos presente ahora que hace un tiempo.</p>
<p class="normal">El esp&iacute;ritu de carrerismo o profesionalismo -uno de cuyos ejemplos y transmisores m&aacute;ximos es, dice Derneault, el experto, el intelectual que se pone al servicio del poder- permea nuestro comportamiento social (&ldquo;estamos dispuestos a hacer grandes esfuerzos para medrar socialmente hasta alcanzar el nivel en que nos podremos ahorrar todos estos esfuerzos psicol&oacute;gicos&rdquo;). El llamado arte subversivo (donde las grandes fortunas fuerzan el sometimiento de los artistas) es otro ejemplo; tambi&eacute;n los economistas &ldquo;oficiales&rdquo;, que, dice, son &ldquo;banqueros del significado&rdquo;. No parece tomar la econom&iacute;a muy en serio como ciencia y escribe varias veces de forma despectiva sobre ella: la motivaci&oacute;n es, ante todo, ideol&oacute;gica. &ldquo;A los artistas se les conmina a trabajar con arreglo a los dict&aacute;menes del mercado en vez de los de su propio proceso creativo&rdquo;, escribe. En la parte final ataca a los defensores de lo que llama &ldquo;extremo centro&rdquo;, un concepto de Pierre Serna, que resumi&oacute; la trayectoria los l&iacute;deres que practicaban estas pol&iacute;ticas (&ldquo;sensatas&rdquo;, tecnocr&aacute;ticas, animadas por el prop&oacute;sito declarado de alejarse del extremismo) como &ldquo;una historia de las retractaciones&rdquo;. Es un sistema que ha fracasado, sostiene Deneault, y se basaba en la idea del crecimiento, fundado en indicadores falaces y fetiches. Los intelectuales del extremo centro, sostiene, dan legitimidad a casi todo lo que no puede gustar a una persona de bien: de la brutalidad policial a la evasi&oacute;n fiscal. La cr&iacute;tica, dice el autor, ya no es nueva: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo podemos explicar que estamos en una posici&oacute;n tan est&aacute;tica como para que las cat&aacute;strofes m&aacute;s terribles hayan sido presagiadas hace d&eacute;cadas?&rdquo;. La soluci&oacute;n tampoco: &ldquo;&iexcl;S&eacute; radical!&rdquo;.</p>
<p class="normal"><em>Mediocracia</em> funciona como cat&aacute;logo de referencias: puede llevar a algunos libros o estudios estimulantes. Con todo, a veces es deslavazado y arbitrario en sus recomendaciones; se gu&iacute;a m&aacute;s por la antipat&iacute;a que por el rigor. Como explica el autor en el fragmento que acabo de citar, en buena medida las cr&iacute;ticas que hace fueron formuladas hace d&eacute;cadas. El sistema no solo las recibi&oacute;: supo incorporarlas. Mientras tanto, desde que se produjeron las cr&iacute;ticas que Deneault reitera como si fueran m&aacute;s o menos nuevas (la generaci&oacute;n de necesidades del consumismo, la estupidizaci&oacute;n de la televisi&oacute;n, la falta de escr&uacute;pulos de las corporaciones), gracias al capitalismo, con todos sus defectos, millones de personas han salido de la pobreza. Deneault utiliza los datos cuando le convienen y otras veces los descalifica como ejemplos de la manipulaci&oacute;n maligna del sistema. Que la mortalidad infantil (es decir, ni&ntilde;os fallecidos el primer a&ntilde;o de vida) pasara de 8,8 millones de muertes en1990 a 4,1 millones en 2017 puede suceder mientras el sistema fracasa de manera formidable, como dice &eacute;l. Pero sigue siendo un logro.</p>
<p class="normal">Si hubiera que colocar el libro en una categor&iacute;a, m&aacute;s que como ensayo o reportaje encajar&iacute;a como novela policiaca. El cad&aacute;ver quiz&aacute; se conozca a los postres, pero el asesino es tan amorfo como inequ&iacute;voco. Es el orden econ&oacute;mico capitalista occidental, que se puede entender con el extremo centro (donde tiene cabida, como ejemplo m&aacute;s desarrollado, el presidente socialista de Francia Hollande, predecesor de Macron, a quien Deneault ha acusado de forma un poco rocambolesca de dar un golpe de Estado, metaf&oacute;rico naturalmente): algo f&aacute;cil de identificar est&aacute; detr&aacute;s de cada ejemplo. El autor no se toma la molestia de dar un argumento contra su propio inter&eacute;s, aunque fuera por coqueter&iacute;a, y si bien parece conocer los chanchullos de los negocios occidentales en una suerte de provincianismo intelectual no critica ning&uacute;n otro sistema. Los problemas en &Aacute;frica o en Am&eacute;rica Latina son problemas generados por Occidente, que corrompe e impulsa estructuras de opresi&oacute;n. Pero no hace falta ser un defensor del colonialismo militar o econ&oacute;mico para reconocer que la opresi&oacute;n y la corrupci&oacute;n se producen tambi&eacute;n cuando no hay interferencia de Europa y Am&eacute;rica del Norte: Occidente no siempre tiene la culpa. Como escriben Ian Buruma y Avishai Margalit en Occidentalismo (Debate): &ldquo;Las historias de Europa y Estados Unidos est&aacute;n manchadas de sangre, y el imperialismo occidental caus&oacute; muchos da&ntilde;os. Pero ser consciente de eso no significa que deber&iacute;amos ser complacientes con respecto a la brutalidad actual de las antiguas colonias. Al contrario. Culpar del barbarismo de los dictadores no occidentales al imperialismo estadounidense, el capitalismo global o el expansionismo israel&iacute; no es solo equivocarse; es precisamente una forma orientalista de condescendencia, como si solo los occidentales fueran lo bastante adultos como para ser moralmente responsables de lo que hagan&rdquo;.</p>
<p class="normal">Uno puede leer<em> Una cama para una noche</em> (Debate), el admirable y devastador estudio de David Rieff sobre el auge y el fracaso de la acci&oacute;n humanitaria. O puede leer a Deneault, que dice que en Hait&iacute; &ldquo;las organizaciones gubernamentales tienen el aspecto siniestro de una fuerza pol&iacute;tica de ocupaci&oacute;n&rdquo; y se queda tan ancho. Para &eacute;l, cuando Stiglitz critica los excesos de la globalizaci&oacute;n, el fundamentalismo de mercado, del neoliberalismo, es un tipo de derechas que se hace pasar por alguien de izquierdas. Aqu&iacute; estamos, entretenidos, en &ldquo;una muy lucrativa lucha contra el c&aacute;ncer, en lugar de los sencillos cambios alimentarios que podr&iacute;an prevenirlo&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no hab&iacute;amos ca&iacute;do en que el c&aacute;ncer se arreglaba con yogures y br&oacute;coli?</p>
<p class="normal">Si es interesante la cuesti&oacute;n de los impuestos y las cr&iacute;ticas a las finanzas, no hay una visi&oacute;n m&aacute;s constructiva o la elaboraci&oacute;n de una alternativa. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han aparecido muchas cr&iacute;ticas al funcionamiento del capitalismo, inspiradas por la crisis de 2007 y 2008, los descontentos con la globalizaci&oacute;n, el crecimiento de la desigualdad, el abuso de los recursos naturales. Pol&iacute;ticos <em>mainstream</em> y medios liberales como el <em>Financial Times </em>y <em>The Economist</em> debaten formas de salvar el capitalismo de s&iacute; mismo, prestan atenci&oacute;n a propuestas como la renta b&aacute;sica, alertan de los riesgos del capitalismo rentista, de los peligros que una desigualdad excesiva supone para la democracia liberal. Esos ajustes, sometidos a la experimentaci&oacute;n emp&iacute;rica y a la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica, parecen m&aacute;s &uacute;tiles que una impugnaci&oacute;n a la totalidad que no termina de concretarse.</p>
<p class="normal">Lo m&aacute;s irritante del libro no es que sea estructuralmente fr&aacute;gil, argumentativamente tramposo o factualmente discutible (aunque en ocasiones lo es). Lo m&aacute;s cargante es la sensaci&oacute;n de que el autor piensa que est&aacute; revelando algo novedoso, cuando ofrece una mezcla inconsistente de observaciones valiosas, obviedades, t&oacute;picos y teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n. A veces da la sensaci&oacute;n de ser una versi&oacute;n tan posmoderna como inconsciente del mito de la caverna, o ese tipo un poco cargante que te toca al lado en una cena y te cuenta que el problema no es por lo que dicen todos, sino por ese otro chisme que &eacute;l sabe. Es una de esas mentes sutiles, que saben un poco m&aacute;s: con algo de suerte, podr&aacute;s acceder a su estadio de conocimiento; lograr&aacute;s estar en el secreto. Al leer el ensayo incomoda la asunci&oacute;n de que el autor y el lector son resistentes frente a ese mundo mediocre. Un resumen del libro es la estad&iacute;stica que dice que el 80% de los conductores creen que conducen mejor que la media.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p class="normal"><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20DANIEL%20GASC%C3%93N%20PARA%20TURIA%20133-134.doc#_ftnref1">[1]</a> Alain Deneault. <em>Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder</em>. Traducci&oacute;n de Julio Fajardo Herrero. Madrid, Turner, 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2023 12:52:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ada Salas: “La pasión es un ingrediente común e imprescindible de la escritura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ada-salas-la-pasion-es-un-ingrediente-comun-e-imprescindible-de-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ADA_SALAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Si con <em>Descendimiento</em> la poeta Ada Salas (C&aacute;ceres, 1965) compart&iacute;a su particular oratorio ante el cuadro del mismo nombre de Van der Weyden, recogiendo el dolor y la belleza para sostener la mirada del poeta, con <em>Arqueolog&iacute;as</em> (Pre-Textos) realiza un ejercicio de memoria en el que los mitos y los pasajes b&iacute;blicos se enra&iacute;zan con la figura del padre y &mdash;acaso en inconsciente desplazamiento&mdash;maestros de distintos &aacute;mbitos art&iacute;sticos. No es casual que el yo po&eacute;tico discurra entre higueras y tacimientos. Ambos nos acercan al origen.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El poema ha sido como un candil en el t&uacute;nel de una mina&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Sobre qu&eacute; asuntos conviene hacer una labor arqueol&oacute;gica?</p>
<p>- No sabr&iacute;a decirte si &laquo;conviene&raquo; hacer esa labor en ning&uacute;n caso, salvo que se sea arque&oacute;logo stricto sensu. Supongo que no dir&iacute;a lo mismo si fuera psicoanalista o si hubiera pasado por una experiencia psicoanal&iacute;tica. El verbo &laquo;convenir&raquo; implica un sentido de obligaci&oacute;n matizada junto al de necesidad. En el terreno personal, como me ha ocurrido durante la escritura de este libro, ha habido muy poco de voluntad, y desde luego nada de obligaci&oacute;n. Si ha habido necesidad, no ha sido consciente. A posteriori, puedo decir que el &laquo;trabajo arqueol&oacute;gico&raquo;, si no ha sido necesario, s&iacute; ha sido &uacute;til: he <em>visto</em> cosas que no podr&iacute;a haber visto m&aacute;s que a trav&eacute;s del poema. El poema ha sido como un candil en el t&uacute;nel de una mina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay un regreso hacia lo m&iacute;tico y lo hist&oacute;rico. &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;a cualquier tiempo pasado?</p>
<p>- Desvi&aacute;ndome de la pregunta, me permito, Esther, contestar con una cita del maestro Phillipe Jaccottet, del libro, titulado, precisamente, <em>Paisajes con figuras ausentes</em>. Creo que sus palabras, que traduzco sobre la marcha, tienen mucho que ver con <em>Arqueolog&iacute;as</em>: &ldquo;As&iacute;, sin que yo lo hubiera querido ni buscado, era una patria lo que reencontraba por momentos, y quiz&aacute; la m&aacute;s leg&iacute;tima: un lugar que me abr&iacute;a la m&aacute;gica profundidad del tiempo. [&hellip;] Esas &ldquo;aberturas&rdquo; propuestas a la mirada interior [&hellip;] se&ntilde;alaban por intermitencias, pero con obstinaci&oacute;n, un nudo como inm&oacute;vil. Volverse hacia eso deb&iacute;a de ser aprehender el inmemorial aliento divino (fuera de toda referencia a una moral o a una religi&oacute;n); y, a la vez, permanecer fiel a la poes&iacute;a, que parece ser una de sus emanaciones.&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El regreso del pasado puede ser luminoso&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Que se &laquo;enreden&raquo; varios tiempos, como anuncia el frontispicio de Zambrano, &iquest;es recomendable, necesario, un azar, algo funesto?</p>
<p>- Dir&iacute;a que es inevitable. Inevitablemente, el presente est&aacute; enredado en la red de los sucesivos pasados. Son previos, claro, han dejado, por tanto, rastros, huellas. Poder vivir en plenitud el carpe diem entendido como vivir solo en el instante presente (en este caso disfrut&aacute;ndolo), es un desider&aacute;tum pero, en lo que m&iacute; respecta, un imposible. De ah&iacute;, quiz&aacute;, cierta imposibilidad para la (absoluta) felicidad. El pasado acecha. Est&aacute; ah&iacute;. A veces duele mirarlo; a veces, muchas, vuelve, como algo hermoso. Si conseguimos que esa convivencia (inevitable) con el pasado no sea, al menos exclusivamente, eleg&iacute;aca, el regreso del pasado puede ser luminoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; importancia tiene <em>el paisaje</em> en nosotros?</p>
<p>- &iquest;En nosotros? &iquest;Los paisajes que vemos en cualquier situaci&oacute;n? &iquest;Entendemos por paisaje solo lo que es naturaleza no <em>intervenida</em>? Creo que esta &uacute;ltima es la idea m&aacute;s general y compartida de qu&eacute; es un paisaje. Es la m&iacute;a tambi&eacute;n. No una &laquo;vista&raquo;, por ejemplo, urbana, sino una contemplaci&oacute;n de lo natural en toda la extensi&oacute;n que puede abarcar la mirada. En ese caso, contemplar un paisaje es una liberaci&oacute;n del propio peso. Es dejar de ser una misma.</p>
<p>Hay un paisaje especialmente resonante, creo: el que nos rode&oacute; en la infancia. El paisaje reconocido y que nos reconoce. Ese paisaje es como un hermano. Es familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Le devuelvo en forma de pregunta unos versos de su poemario: &iquest;&rdquo;Es posible empezar como si todo/ &mdash;nada&mdash;/ hubiera sucedido&rdquo;?</p>
<p>- Es posible. Cuesta ponerlo en pr&aacute;ctica, pero es posible. Es, tambi&eacute;n, la &uacute;nica esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- "Es preciso cantar/ como si el mundo/ comenzara de nuevo". &iquest;As&iacute; con la escritura?</p>
<p>- El azar es incre&iacute;ble. Ayer mismo escrib&iacute; un poema muy torpe. Quiz&aacute; lo escrib&iacute; para poder responder hoy a tu pregunta:</p>
<p><em>Olvida que has escrito.</em></p>
<p><em></em><em>Olvida que has vivido.</em></p>
<p><em></em><em>Olvida que viviste. Para empezar.</em></p>
<p><em></em><em>De nuevo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Preside el tono elegiaco en estos poemas, &iquest;es m&aacute;s fruct&iacute;fera, para la poes&iacute;a, la melancol&iacute;a que el deseo?</p>
<p>- &iquest;Eleg&iacute;a implica melancol&iacute;a? Me hago esa pregunta. Creo que s&iacute;. Pero parad&oacute;jicamente la melancol&iacute;a nace de un deseo: el deseo de volver al pasado. &iquest;Es posible ser melanc&oacute;lico sin ser deseante? Creo, seg&uacute;n lo pienso, que no. La melancol&iacute;a y el deseo, entonces, necesitan un ingrediente com&uacute;n: la pasi&oacute;n. Un ingrediente com&uacute;n tambi&eacute;n, e imprescindible, de la escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para &laquo;masticarse en el otro&raquo;, &iquest;qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere?</p>
<p>- No sabr&iacute;a contestar a esa pregunta. No s&eacute; qu&eacute; quiere decir ese verso; al menos, no exactamente. Algo <em>chungo</em>, desde luego &ndash;perm&iacute;taseme esta palabra&ndash;. Supongo que me refer&iacute;a a un amor destructivo, que es siempre autodestructivo. As&iacute; que se me ocurre que la disposici&oacute;n del &aacute;nimo es la ceguera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poeta &iquest;escribe en el espacio que queda entre "la tumba m&aacute;s profunda" que resulta ser el coraz&oacute;n y "las heridas que conforman un humilde mapa"?</p>
<p>- S&iacute;. Aunque no s&eacute; si hay distancia. El coraz&oacute;n contiene mapas de heridas. El poeta se enfrenta a ellas con humildad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El amor es una cuesti&oacute;n transitiva&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Es in&uacute;til "el amor/ que nadie quiere"?</p>
<p>- &iquest;In&uacute;til? Pues s&iacute;. &iquest;Para qu&eacute; sirve el amor si nadie lo recibe? El amor es una cuesti&oacute;n transitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Frente a la "claridad, que siempre viene del cielo", como escribi&oacute; Claudio Rodr&iacute;guez, usted propone otra claridad "que viene desde dentro". &iquest;Iluminan cuestiones diferentes ambas?</p>
<p>- Posiblemente iluminan las mismas cuestiones. Pero la diferencia estriba en la perspectiva, en el recorrido espacial. Lo que viene desde abajo trae m&aacute;s acarreo, es menos transparente. Lo que viene desde el cielo (la lluvia, por ejemplo), es m&aacute;s limpio. Los dos diferentes modos, condicionan desde d&oacute;nde se escribe el poema y, por lo tanto, su resultado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; la palabra debe ser un instrumento cortante, <em>incisivo</em>?</p>
<p>- Bueno, si no se trata de hablar, sino de decir, la palabra es y debe ser incisiva. No es una cuesti&oacute;n de elecci&oacute;n. Nombrar, no merodear, es algo incisivo. Las flechas son incisivas. Si llegan al coraz&oacute;n, matan.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Mar 2023 11:20:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” entrevista a fondo a Antonio Gamoneda y Brenda Navarro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-antonio-gamoneda-y-brenda-navarro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ANTONIO_GAMONEDA_3_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>A Brenda Navarro, que nunca hab&iacute;a pensado en s&iacute; misma como escritora, le impuls&oacute; a narrar la preocupaci&oacute;n por la violencia cotidiana y la impunidad con que se ejerce en su M&eacute;xico natal. Ese patr&oacute;n de crueldad sist&eacute;mica y la necesidad de denunciarlo le impulsaron a contar qu&eacute; hay detr&aacute;s de un desaparecido en su primer libro, &ldquo;Casas vac&iacute;as&rdquo;, de 2018. Una novela que, en poco tiempo, obtuvo el favor mayoritario del p&uacute;blico y la cr&iacute;tica y convirti&oacute;, a quien era hasta entonces una completa desconocida en las letras mexicanas, en una autora cuya popularidad es ya indiscutible.</p>
<p>La entrevista con Gamoneda tiene como punto de arranque su segundo volumen de memorias, titulado &ldquo;La pobreza&rdquo;. Y es que la pobreza, y la penuria de la que proviene, es una cuesti&oacute;n esencial a la hora de analizar su trabajo intelectual, seg&uacute;n &eacute;l mismo reconociera en el discurso de recepci&oacute;n del Premio Cervantes. Son p&aacute;ginas de una modernidad abrumadora en las que, m&aacute;s all&aacute; de inventariar su decrepitud f&iacute;sica, confirma que lo suyo es la rebeld&iacute;a de hablar a las claras sobre la vida y sus aspectos m&aacute;s inc&oacute;modos. Tambi&eacute;n apela a practicar una &eacute;pica civil, tranquila, testimonial. Y, sobre todo,&nbsp; enuncia que la poes&iacute;a es antes sensible que inteligible y que es &ldquo;un arte de la memoria&rdquo;.</p>
<p>La &nbsp;conversaci&oacute;n &nbsp;con &nbsp;Navarro &nbsp;parte del impacto que produc&iacute;a en su familia, como en la mayor&iacute;a de sus compatriotas, la violencia que impera en M&eacute;xico y la impunidad con que se ejerce. Una inquietud que la oblig&oacute; a emigrar con su pareja a Espa&ntilde;a porque el fen&oacute;meno de los desaparecidos es muy grave: &ldquo;Un desaparecido es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerles mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos. Antonio Gamoneda y Brenda Navarro, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y &nbsp;&nbsp;franqueza, &nbsp;de &nbsp;sus &nbsp;respectivas &nbsp;obras &nbsp;e &nbsp;itinerarios &nbsp;vitales. &nbsp;Y, &nbsp;adem&aacute;s, &nbsp;con &nbsp;sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a, la convicci&oacute;n de que todas las formas de lenguaje art&iacute;stico tienen un grado de naturaleza simb&oacute;lica, en el caso de Gamoneda; la preocupaci&oacute;n por la violencia sist&eacute;mica, por la existencia de un patr&oacute;n de agresi&oacute;n y hostilidad generalizado que atenta contra los derechos humanos, en el caso de Navarro.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANTONIO GAMONEDA: &rdquo;LA GENTE VIVE ATROPELLADA Y ES UN EMPOBRECIMIENTO FEROZ&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Antonio Gamoneda es una de las figuras fundamentales de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Aunque naci&oacute; en Oviedo en 1931, ha vivido toda su vida en Le&oacute;n, donde se traslad&oacute; con su madre a los tres a&ntilde;os, y esta ciudad ha marcado notablemente su trayectoria po&eacute;tica. Trabaj&oacute; en el Banco Mercantil durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y form&oacute; parte de la resistencia intelectual al franquismo. Poeta personal&iacute;simo, el proceso de recepci&oacute;n de su obra fue lento y dif&iacute;cil. Perteneciente por edad al grupo po&eacute;tico del 50, se dio a conocer con su primer poemario,&nbsp;&ldquo;<em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil&rdquo;</em>, finalista del premio Adonais, pero su fama s&oacute;lo se consolid&oacute; al recibir, en 1985, el Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s fue galardonado con el Premio Nacional, y ya en el a&ntilde;o 2006 se le otorg&oacute; el Premio Cervantes.</p>
<p>En la entrevista que TURIA publica, y que ha elaborado Fernando del Val, no s&oacute;lo se analizan algunas de las claves de su vida y de su obra. Tambi&eacute;n se aborda el sentido de ese segundo y m&aacute;s reciente volumen de memorias que Gamoneda ha titulado &ldquo;La pobreza&rdquo; y con el que confiesa ha pretendido &ldquo;tanto un reconocimiento y una narraci&oacute;n de mi vida pasada -entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos- cuanto una observaci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo m&aacute;s sensata posible, relacionada con el porvenir&rdquo;.</p>
<p>Cree igualmente Gamoneda que &ldquo;el poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar&rdquo;. Y entre sus afirmaciones destacamos que, para &eacute;l, &ldquo;en nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;. En su opini&oacute;n, &ldquo;la gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulaci&oacute;n semejante se ha producido con la poes&iacute;a. No s&oacute;lo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen <em>rap</em> y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poes&iacute;a que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cedi&eacute;ndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso tambi&eacute;n es creaci&oacute;n. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, asegura Antonio Gamoneda no ser el papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica. Muy al contrario, se muestra autocr&iacute;tico y reconoce que &ldquo;en los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir&rdquo;. Y es que, como se&ntilde;ala el entrevistador, &ldquo;en dos d&eacute;cadas, Cervantes mediante, s&oacute;lo se ha permitido dos libros can&oacute;nicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que despu&eacute;s observa con lente de aumento. Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconf&iacute;a del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda contin&uacute;a ensayando poemas que a&ntilde;adan capas de luz a tantas p&aacute;ginas que lo dem&aacute;s juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borr&oacute;n; el mejor poeta, no.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>BRENDA NAVARRO: &ldquo;LA MATERNIDAD SE EST&Aacute; VOLVIENDO UN MECANISMO DE MERCADOTECNIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>En&nbsp; cualquier n&oacute;mina de &nbsp;las &nbsp;nuevas autoras m&aacute;s valiosas de nuestras letras actuales, sobresale la mexicana Brenda Navarro. Su impacto, con tan s&oacute;lo dos t&iacute;tulos (&ldquo;Casas vac&iacute;as&rdquo; y &ldquo;Ceniza en la boca&rdquo;), ha sido espectacular. Nacida en Ciudad de M&eacute;xico en 1982, desde 2016 reside en Espa&ntilde;a (primero lo hizo en Barcelona, actualmente vive en Madrid). Tras estudiar&nbsp;Sociolog&iacute;a&nbsp;y Econom&iacute;a Feminista en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de&nbsp;M&eacute;xico, curs&oacute;&nbsp;un m&aacute;ster en Estudios de G&eacute;nero, Mujeres y Ciudadan&iacute;a&nbsp;en la Universidad de Barcelona. Ha sido redactora, guionista,&nbsp;reportera y editora, y ha trabajado en diversas ONG relacionadas&nbsp;con derechos humanos. Fue fundadora de #EnjambreLiterario, un&nbsp;proyecto enfocado en publicar obras escritas por mujeres.&nbsp; &ldquo;Casas&nbsp;vac&iacute;as&rdquo;, su primera novela, fue premiada&nbsp;con el XLII Premio Tigre Juan y traducida a siete lenguas. Su segunda novela, ha ratificado ese reconocimiento y ha obtenido varios galardones al mejor libro del a&ntilde;o 2022 como los Premios C&aacute;lamo o el de las librer&iacute;as de Madrid.</p>
<p>Pese al &eacute;xito, Brenda Navarro evita identificarse como escritora porque su literatura soslaya el planteamiento est&eacute;tico en favor del contenido: &ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;.</p>
<p>Sobre el asunto de la maternidad, Navarro asegura que tener joven a su primer hija cambi&oacute; su vida de una manera brutal: &ldquo;fue una de las experiencias que me hicieron ser la persona que soy ahora. Porque estaba en M&eacute;xico fue f&aacute;cil, porque fue una maternidad colectiva, a la latinoamericana&rdquo;. Todo cambi&oacute; cuando, ya en Espa&ntilde;a, tuvo a su segunda hija: aqu&iacute; &ldquo;la maternidad hace que las mujeres dejen de ser mujeres para convertirse solamente en madres&rdquo;. Asegura la escritora que &ldquo;la maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia. Es horrible lo que hacen con las mam&aacute;s: que si la lactancia, que si la depresi&oacute;n posparto, que si el trabajo del suelo p&eacute;lvico; todo se vuelve una enfermedad y t&uacute; te conviertes un mero recipiente para tus hijos. Yo, en cuanto pude dejar la lactancia, lo hice&rdquo;.</p>
<p>En la entrevista que ha elaborado Michelle Roche Rodr&iacute;guez para TURIA, Brenda Navarro no duda en afirmar que &ldquo;en Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo. La imaginaci&oacute;n permite que el mundo siga existiendo, a pesar de los problemas&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s de desmontar el mito de la maternidad, preguntada sobre los temas que deber&iacute;a poner atenci&oacute;n el feminismo, Brenda Navarro opina: &ldquo;como mujer y como feminista, lo importante para m&iacute; es hablar de temas como la renta b&aacute;sica universal, del derecho a la vivienda y del derecho universal a la salud. Me interesa hablar de por qu&eacute; una mujer no puede ser aut&oacute;noma ni tiene d&oacute;nde vivir porque carece de un oficio digno o de condiciones para trabajar. Esta situaci&oacute;n se extiende hasta la ancianidad: esa mujer tampoco tendr&aacute; una vejez digna, porque no hay una sanidad que nos asegure que vayamos a vivir bien al final de la vida. Ya vimos lo que pas&oacute; con las personas mayores durante la pandemia: las dejaron morir. Hay mujeres con pensiones de apenas cuatrocientos euros, &iquest;qui&eacute;n vive con esa suma, por favor? Las estad&iacute;sticas nos dicen que las mujeres son las que tienen menos cuentas bancarias o propiedades a su nombre, tienen menos trabajos dignos o con prestaciones sociales decentes. El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza. El modelo patriarcal se fundamenta en la falta de autonom&iacute;a de las mujeres, para que nunca podamos tomar decisiones por falta de dinero. El tema real del feminismo es qui&eacute;n posee la riqueza. Tenemos que empezar a hablar de dinero, de c&oacute;mo est&aacute; distribuido y de qui&eacute;nes hacen el trabajo de los cuidados, as&iacute; como tambi&eacute;n de cu&aacute;nto vale ese trabajo en nuestra sociedad.&rdquo;</p>
<p>Preguntada, por &uacute;ltimo, sobre el desarraigo y el sentimiento de culpa que se perciben en sus dos libros publicados, Brenda Navarro aclara que&nbsp; &ldquo;Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas. En <em>Casas vac&iacute;as</em>, la primera voz dice en un momento: &ldquo;soy una mujer a punto de suceder&rdquo;. Ella nunca sucede como tal porque cuando le toca ser ella misma, la sociedad le impone tantas reglas que la coloca en una posici&oacute;n en la cual ella solo se limita a tomar decisiones. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero a esto de una forma m&aacute;s clara: la narradora es una chiquilla que por sus circunstancias ha tenido que ser madre [de su hermano], ha tenido que buscar c&oacute;mo sobrevivir en este mundo, sin saber muy bien qu&eacute; quiere. A las mujeres, en realidad, nos educan para no saber qu&eacute; queremos, y lo descubrimos cuando tenemos treinta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos. All&iacute; perdimos una d&eacute;cada que los hombres nos llevan de ventaja. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero al desarraigo porque creo que la humanidad ahora mismo se siente desarraigada&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Mar 2023 10:50:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Chaves Nogales en la encrucijada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-chaves-nogales-en-la-encrucijada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/MANUEL_CHAVES_NOGALES_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El primer tercio del siglo XX constituye, como es sabido, un periodo esencial en la historia de la cultura espa&ntilde;ola. Durante ese espacio de tiempo tuvo lugar, aunque en menor medida que en el resto de Europa, la crisis cualitativa de la mentalidad burguesa y, al mismo tiempo, el aumento cuantitativo de la misma debido al ascenso de las masas, que se incorporan a la nueva sociedad de consumo. Esa coyuntura hist&oacute;rica, cuyos cambios distan mucho de haber concluido, supuso el cuestionamiento de las estructuras sociales vigentes y de las formas de mentalidad inscritas en ellas. Los hombres y las mujeres de profesiones intelectuales cumplieron una funci&oacute;n social relevante, incrementada de manera progresiva desde las postrimer&iacute;as del siglo XIX, obligados a afrontar las antinomias que definen la &eacute;poca; vale decir, la crisis de la burgues&iacute;a frente a la emergencia del proletariado, el proceso de secularizaci&oacute;n frente a la sacralizaci&oacute;n del mundo, el retroceso de la cultura letrada frente a la civilizaci&oacute;n cient&iacute;fico-t&eacute;cnica. No obstante lo cual, esa irrenunciable actividad social adquiere manifestaciones divergentes (conformistas o disconformes) y, por ende, suscita actitudes bien distintas (reaccionarias o progresistas) y hasta diametralmente opuestas (comunistas o fascistas).</p>
<p>Escritor y periodista postergado hasta hace poco tiempo, Manuel Chaves Nogales supo afrontar la encrucijada de entreguerras con una actitud, una lucidez y una coherencia dignas del mayor elogio, que muy pocos de sus coet&aacute;neos, los escritores de la llamada Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola, consiguieron superar. En el pr&oacute;logo al libro de relatos sobre la guerra civil <em>A sangre y fuego</em>, escribe: &ldquo;Yo era eso que los soci&oacute;logos llaman un &ldquo;peque&ntilde;oburgu&eacute;s liberal&rdquo;, ciudadano de una rep&uacute;blica democr&aacute;tica y parlamentaria&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn1">[1]</a>. Y su actitud no deja lugar a dudas: &ldquo;Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burgues&iacute;a capitalista heredera de la aristocracia terrateniente, que en mi pa&iacute;s hab&iacute;a monopolizado tradicionalmente los medios de producci&oacute;n y de cambio &mdash;como dicen los marxistas&mdash; ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando peri&oacute;dicos y escribiendo art&iacute;culos, reportajes, biograf&iacute;as, cuentos y novelas, con los que me hac&iacute;a la ilusi&oacute;n de avivar el esp&iacute;ritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el inter&eacute;s por los grandes temas de nuestro tiempo&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn2">[2]</a>. De ah&iacute; que la originalidad vital y literaria del escritor sevillano pueda definirse, en primer lugar, por su destacada contribuci&oacute;n al desarrollo del periodismo de masas y, finalmente, por su posici&oacute;n ante la rebeld&iacute;a vanguardista, frente a la revoluci&oacute;n comunista y contra la reacci&oacute;n fascista subsecuente, como intento se&ntilde;alar en esta breve semblanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A&ntilde;os de formaci&oacute;n: de Sevilla a Madrid</strong></p>
<p><strong></strong>Manuel Chaves Nogales naci&oacute; en Sevilla el 7 de agosto de 1897, en el seno de una familia hispalense de clase media acomodada. Siguiendo la tradici&oacute;n familiar, se decant&oacute; desde muy joven por el periodismo. Su abuelo paterno, Jos&eacute; Mar&iacute;a Chaves Ortiz, fue un conocido pintor de temas taurinos, al que se debe el primer cartel ilustrado de la Feria de Sevilla. Su padre, Manuel Chaves Rey, fue colaborador de diferentes peri&oacute;dicos sevillanos, miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, adem&aacute;s de cronista oficial de la ciudad. Su madre, Pilar Nogales, realiz&oacute; estudios de m&uacute;sica y fue concertista de piano; y su t&iacute;o, Jos&eacute; Nogales, fue director de <em>El Liberal,</em> uno de los principales diarios sevillanos del primer tercio del siglo XX. A los catorce a&ntilde;os, el joven Manuel comenz&oacute; a colaborar en <em>El Liberal</em>, donde su padre ejerc&iacute;a por entonces de redactor jefe. Tras el fallecimiento del padre en 1914, simultane&oacute; los estudios de Filosof&iacute;a y Letras con escarceos juveniles en el periodismo. Desde 1918 hasta 1921, trabaj&oacute; como redactor y colaborador en <em>El Noticiero Sevillano</em>, diario independiente de tendencia mon&aacute;rquica, y <em>La Noche</em>. Y en 1920 public&oacute; el art&iacute;culo narrativo &ldquo;La Ciudad&rdquo;, dentro del libro colectivo <em>Quien no vi&oacute; a Sevilla</em>&hellip;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn3">[3]</a>, en un momento en que la ciudad hispalense experimenta un desarrollo urban&iacute;stico e intelectual de repercusi&oacute;n nacional.</p>
<p>El joven Chaves Nogales naci&oacute; al periodismo por las mismas fechas que a la literatura; sus colaboraciones con <em>El Liberal</em> de Sevilla, <em>El Noticiero Sevillano</em> y <em>La Noche</em> coincidieron con la composici&oacute;n de sus primeros libros, <em>La ciudad</em> (Sevilla, Talleres de <em>La Voz</em>, 1921) y <em>Narraciones maravillosas y biograf&iacute;as ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos</em> (Madrid, Caro Raggio, 1924). Conviene recordar que, durante las primeras d&eacute;cadas del siglo, el viejo periodismo personalista e ideol&oacute;gico del ochocientos da lugar al nuevo periodismo de masas, de modo y manera que las relaciones entre el escritor y el periodismo se estrechan; mientras que el peri&oacute;dico ofrece al escritor un medio de comunicaci&oacute;n m&aacute;s fluido que el libro y un modo de ganarse el sustento, el escritor contribuye a la empresa con su ingenio creador y su sagacidad cr&iacute;tica. Tanto es as&iacute; que algunos escritores de entreguerras, entre los que cabe destacar a Rafael Cansinos Assens, Corpus Barga, C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano o el mismo Manuel Chaves Nogales, contribuyeron a renovar el g&eacute;nero de la &ldquo;no ficci&oacute;n&rdquo; en un sentido doble: por una parte, flexibilizando los l&iacute;mites entre la literatura <em>ficticia</em> (poes&iacute;a, narrativa, teatro) y la literatura <em>facticia</em> (testimonial y documental); y por otra, transgrediendo los l&iacute;mites entre la escritura testimonial o literaria (memorias, diarios, ep&iacute;stolas) y la escritura documental o period&iacute;stica (noticias, cr&oacute;nicas, reportajes).</p>
<p>La d&eacute;cada de 1920 fue un periodo crucial en la historia de Occidente: una verdadera encrucijada de transformaciones sociales, ideol&oacute;gicas y culturales. La propagaci&oacute;n de la t&eacute;cnica en la vida cotidiana supuso, al fin, un cambio profundo en las mentalidades. A principios de 1920, Chaves Nogales contrajo matrimonio con Ana P&eacute;rez y se traslad&oacute; a C&oacute;rdoba, donde presenci&oacute; la aparici&oacute;n del peri&oacute;dico <em>La Voz</em>, dirigido por Ramiro Ros&eacute;s, en el que llega a oficiar de redactor jefe. Su estad&iacute;a en la capital andaluza coincidi&oacute; con frecuentes viajes a Madrid, donde empez&oacute; a publicar en el diario <em>El Sol</em>. En julio de ese a&ntilde;o, su citado libro <em>La ciudad</em> consigui&oacute; una subvenci&oacute;n del Ayuntamiento de Sevilla, y un a&ntilde;o m&aacute;s tarde aparece bajo el sello de los Talleres de <em>La Voz</em>. El libro fue rese&ntilde;ado en varios medios provinciales (<em>La Voz</em>, <em>El Noticiero Sevillano</em>) y en las p&aacute;ginas de la revista <em>Espa&ntilde;a</em>, una de las publicaciones peri&oacute;dicas m&aacute;s acreditada de la &eacute;poca. La recensi&oacute;n de la obra, firmada por A(ntonio) E(spina), comienza en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Un panorama complejo de episodios y reflexiones desarrollado a manera de cr&oacute;nica, en que se estudia una vieja ciudad espa&ntilde;ola: Sevilla&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn4">[4]</a>. Y el verano de 1923 aparecieron dos de sus cuentos, &ldquo;Los caminos del mundo&rdquo; y &ldquo;La gran burla&rdquo;, que luego pasar&iacute;a a llamarse &ldquo;El bromazo&rdquo;, en la secci&oacute;n &ldquo;El cuento de hoy&rdquo; de <em>La Voz</em>, cuyo marbete volver&iacute;a a aparecer m&aacute;s adelante en el<em> Heraldo de Madrid</em>.</p>
<p>Entre tanto, se traslada con su esposa Ana P&eacute;rez a Madrid, donde naci&oacute; su primera hija y comenz&oacute; a introducirse en los c&iacute;rculos period&iacute;sticos y literarios de la capital. Aqu&iacute; le sorprendi&oacute; la Dictadura de Primo de Rivera, proclamada el 23 de septiembre de 1923, y en este segundo momento biogr&aacute;fico y laboral, en esta nueva &ldquo;etapa madrile&ntilde;a&rdquo;, desarroll&oacute; una intensa y fruct&iacute;fera labor profesional hasta que los avatares de la guerra civil le obligaran a autoexiliarse. Poco despu&eacute;s, en 1924, arrib&oacute; a la redacci&oacute;n del <em>Heraldo de Madrid</em>, en cuyas p&aacute;ginas aparecer&iacute;a buena parte de su producci&oacute;n period&iacute;stica. Los primeros art&iacute;culos, lastrados por los rigores de la censura, mostraban ya un sello personal, caracterizado por la diversidad tem&aacute;tica, el respeto a la informaci&oacute;n, la amenidad expositiva y la visi&oacute;n cr&iacute;tica. Entre los temas abordados se cuentan: la confecci&oacute;n de diccionarios, los fraudes editoriales, el viejo cementerio de Madrid, la creaci&oacute;n del Colegio Mayor Hispanoamericano de Sevilla, la precariedad de las clases humildes, los modos de hacer novelas, etc. Al tiempo que se afianzaba como periodista, publica una novela corta titulada <em>La &Oacute;rbita</em> (Sevilla, Casa Vel&aacute;zquez, colecci&oacute;n &ldquo;La novela del d&iacute;a&rdquo;, mayo de 1924) y concluye el libro de relatos en que ven&iacute;a laborando desde su etapa sevillana: <em>Narraciones maravillosas y biograf&iacute;as ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos</em> (Madrid, Caro Raggio, diciembre de 1924).</p>
<p>Los primeros a&ntilde;os de estancia de Chaves Nogales en Madrid coincidieron con la irrupci&oacute;n de las vanguardias art&iacute;sticas y literarias en Espa&ntilde;a. Bien es cierto que, desde 1908 hasta 1918, se hab&iacute;an producido las primeras manifestaciones vanguardistas, protagonizadas principalmente por Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, quien public&oacute; su ensayo-manifiesto <em>El concepto de la nueva literatura </em>en la temprana fecha de 1909. Pero hubo que esperar hasta la llegada de Vicente Huidobro, portavoz de las vanguardias parisienses y adalid del creacionismo para que, en los ambientes literarios de Espa&ntilde;a, se encendiese el fuego de las vanguardias, alimentado por un grupo de j&oacute;venes creadores en el que se contaban, entre otros, Rafael Cansinos Assens, Guillermo de Torre, Adriano del Valle, Xavier B&oacute;veda y el joven argentino Jorge Luis Borges. Desde la llegada de Huidobro a Madrid, hasta los primeros ecos del surrealismo, se proclamaron y desarrollaron numerosos movimientos literarios, entre los que cabe destacar el creacionismo, el ultra&iacute;smo, el purismo, la deshumanizaci&oacute;n del arte, <em>et tutti quanti</em>. Hasta que, en 1925, tras la aparici&oacute;n del <em>Primer manifiesto del surrealismo</em> en la <em>Revista de Occidente</em>, la &ldquo;Exposici&oacute;n de artistas ib&eacute;ricos&rdquo; en Madrid, con su importante manifiesto vanguardista, la publicaci&oacute;n de <em>Literaturas europeas de vanguardia</em> de Guillermo de Torre, y <em>La deshumanizaci&oacute;n del arte</em> de Ortega y Gasset, comenz&oacute; a cundir la necesidad de un regreso al orden y, consecuentemente, un abandono de la literatura ensimismada.</p>
<p>Ahora bien, el hecho de ser un periodista doblado de escritor, con una declarada fidelidad al periodismo informativo, pudo evitar que Chaves Nogales acabara seducido por los cantos de sirena vanguardistas, como les sucedi&oacute; a muchos de sus coet&aacute;neos. Aunque coincidi&oacute; con algunos de los poetas, narradores y artistas de vanguardia que pululaban por las principales tertulias y publicaciones de la &eacute;poca, no renunci&oacute; en ning&uacute;n momento a la funci&oacute;n social del arte, que supo encauzar en los medios de comunicaci&oacute;n de masas bajo la forma de art&iacute;culos, cr&oacute;nicas, reportajes y entrevistas. Fue capaz de calificar a Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna de &ldquo;perseverante tallista de la emoci&oacute;n&rdquo; o de contradecir abiertamente las ideas sobre la novela de Ortega y Gasset. En el art&iacute;culo &ldquo;C&oacute;mo se hacen las novelas&rdquo;, uno de los primeros que public&oacute; en el <em>Heraldo de Madrid</em>, se pronuncia abiertamente contra Ortega y sus ac&oacute;litos, los futuros narradores de la colecci&oacute;n <em>Nova novorum, </em>que aparecer&iacute;a poco despu&eacute;s bajo el sello de la se&ntilde;era <em>Revista de Occidente</em>, al tiempo que se decanta por P&iacute;o Baroja, cuyo trato prolongar&iacute;a durante a&ntilde;os, y su t&eacute;cnica novel&iacute;stica. Su visi&oacute;n cr&iacute;tica de la realidad y su concepci&oacute;n social del arte le abocaban a tomar una postura clara ante los hechos, pues la actitud complaciente o evasiva es &ldquo;demostraci&oacute;n terminante de inmoralidad y perversi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La consolidaci&oacute;n del periodista y del escritor</strong></p>
<p>A comienzos de 1926, un suceso extraordinario acapar&oacute; las portadas de los principales peri&oacute;dicos nacionales: regresa a Huelva el hidroavi&oacute;n de la Aeron&aacute;utica Militar espa&ntilde;ola <em>Plus Ultra</em>, tras realizar por primera vez un vuelo entre Europa y Am&eacute;rica. Chaves Nogales se encarg&oacute; de cubrir la noticia para el <em>Heraldo de Madrid</em>, en un periplo informativo que le llev&oacute; por tierras de Huelva y Sevilla. Este trabajo produjo un cambio determinante en la actuaci&oacute;n profesional del periodista, en opini&oacute;n de Mar&iacute;a Isabel Cintas: &ldquo;Por una parte, se inici&oacute; su inter&eacute;s por el avi&oacute;n como medio de desplazamiento en los tiempos modernos, que tanta importancia para su actividad tendr&iacute;a en el futuro. Por otro lado, abandon&oacute; la redacci&oacute;n y fue tras la noticia&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn5">[5]</a>. Meses m&aacute;s tarde tiene lugar otro hecho importante en su vida. En julio de 1927, siguiendo la tradici&oacute;n paterna, Chaves Nogales ingres&oacute; en la masoner&iacute;a, con Vicente S&aacute;nchez Oca&ntilde;a, compa&ntilde;ero en las tareas period&iacute;sticas, en la logia Dant&oacute;n de Madrid, con el seud&oacute;nimo de <em>Larra</em>. Como tantos otros artistas, intelectuales y trabajadores de la &eacute;poca, vio en la forma de entender la vida que la masoner&iacute;a representaba, basada en los principios ilustrados de <em>libertad</em>, <em>igualdad</em> y <em>fraternidad</em>, una respuesta a la crisis de la conciencia burguesa, una salida a la estructura social vigente y las formas de mentalidad que genera.</p>
<p>El inter&eacute;s de Chaves Nogales por las traves&iacute;as aeron&aacute;uticas, epifen&oacute;meno del fuerte impacto que conoci&oacute; el desarrollo tecnol&oacute;gico durante los felices a&ntilde;os veinte, pronto se vio recompensado de nuevo. El 25 de octubre de 1927 llegaba Ruth Elder a Lisboa, c&eacute;lebre aviadora norteamericana que estuvo a punto de perecer en la traves&iacute;a del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. El periodista sevillano alquil&oacute; un avi&oacute;n para desplazarse a la capital portuguesa y, durante varias jornadas, inform&oacute; del nuevo suceso aeron&aacute;utico a trav&eacute;s de cr&oacute;nicas trasmitidas desde el avi&oacute;n: &ldquo;La emocionante partida de un hidroavi&oacute;n que va a cruzar el Atl&aacute;ntico&rdquo;, &ldquo;C&oacute;mo es Ruth Elder&rdquo;, &ldquo;El paso de Ruth Elder por Portugal y Espa&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;C&oacute;mo se inventa un gran suceso. Ruth Elder, creaci&oacute;n de un periodista&rdquo;. Esa serie de cr&oacute;nicas viajeras, en las que el autor consolida sus dotes de reportero <em>au plein air</em>, le reportaron una enorme popularidad, reconocida finalmente con el premio Mariano de Cavia, que los directores de cuatro peri&oacute;dicos, <em>El Liberal</em>, <em>Heraldo de Madrid</em>, <em>El So</em>l e <em>Informaciones,</em> acordaron concederle el 10 de mayo de 1928. La popularidad, el reconocimiento y los homenajes no se hicieron esperar. Como era previsible, tampoco faltaron voces discrepantes que, con raz&oacute;n o sin ella, relacionaron la concesi&oacute;n del importante premio con la pertenencia del galardonado a la Francmasoner&iacute;a.</p>
<p>Al tiempo que declinaban los movimientos art&iacute;sticos y literarios de vanguardia, de lo que queda constancia en las dos revistas principales de la &eacute;poca, <em>Revista de Occidente</em> y <em>La Gaceta Literaria</em>, daba sus primeros pasos la literatura social de avanzada, liderada por los nuevos narradores de la &ldquo;otra generaci&oacute;n del 27&rdquo; (la expresi&oacute;n es de V&iacute;ctor Fuentes), unidos en torno a las revistas <em>Post-Guerra</em> y <em>Nueva Espa&ntilde;a;</em> ambas publicaciones contaban con una l&iacute;nea editorial de izquierdas y defend&iacute;an ideas socialistas y republicanas<em>.</em> En el a&ntilde;o 1926, la <em>Revista de Occidente</em> echaba a andar su colecci&oacute;n <em>Nova novorum</em>, en la que vieron la luz novelas l&iacute;rico-intelectuales de Pedro Salinas, Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, Antonio Espina y Valent&iacute;n Andr&eacute;s &Aacute;lvarez. Ese mismo a&ntilde;o se publica la primera novela social, <em>La duquesa de Nit</em>, de Joaqu&iacute;n Ardedr&iacute;us, a la que seguir&iacute;an el resto de &ldquo;libros de avanzada&rdquo; (el rubro es de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez): <em>La espuela</em> (1927) del mismo Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>Espa&ntilde;a 1930</em> (1927) de Gabriel Garc&iacute;a Maroto, <em>El Blocao</em> (1928) de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez, <em>Los pr&iacute;ncipes iguales</em> (1928) de Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>La venus mec&aacute;nica</em> (1929) de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez, <em>El comedor de la pensi&oacute;n Venecia</em> (1930) de Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>Im&aacute;n</em> (1930) de Ram&oacute;n J. Sender, etc. A diferencia de los narradores de orientaci&oacute;n vanguardista, estos narradores se reclaman partidarios de la narrativa antibelicista europea y de la novela revolucionaria rusa.</p>
<p>Durante estos cinco a&ntilde;os, Chaves Nogales coincidi&oacute; con buena parte de ellos, compa&ntilde;eros de letras y de generaci&oacute;n sojuzgados por la censura previa de la dictadura de Primo de Rivera, en tertulias, peri&oacute;dicos y revista de la &eacute;poca, particularmente en el afamado caf&eacute; de Fornos, en el diario <em>Heraldo de Madrid</em> y en <em>La Gaceta Literaria</em>. El 15 de marzo de 1928, esta &uacute;ltima revista<em> </em>public&oacute; una interesante intervi&uacute;, a la que respondieron escritores de ideolog&iacute;as diferentes e incluso contrapuestas, a prop&oacute;sito de las relaciones promiscuas entre pol&iacute;tica y literatura, y en la que Chaves Nogales dej&oacute; clara su postura al respecto: &ldquo;As&iacute; como no profeso ninguna religi&oacute;n positiva, no pertenezco a ning&uacute;n partido pol&iacute;tico. Si tuviese un temperamento heroico, creo que ser&iacute;a comunista; no lo soy porque me falta ese &iacute;mpetu nazarenoide que hoy se necesita para ser comunista militante. Cumplo, sin embargo, con mi d&eacute;bito esparciendo en cuanto escribo ese difuso sentimiento comunista que me anima&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn6">[6]</a>. Y a ra&iacute;z de obtener el afamado premio Mariano de Cavia en 1928, public&oacute; en la verista gr&aacute;fica <em>Estampa</em> un art&iacute;culo acerca de las relaciones entre el periodismo y la literatura, reivindicando el trabajo eminentemente objetivo del periodista frente a la labor imaginativa de la literatura de ficci&oacute;n. &ldquo;He hecho una obra de periodista &mdash;constata&mdash;. Los literatos a la novela o al teatro. Cada uno en su &aacute;mbito. El periodista ha de trabajar en la redacci&oacute;n y en la calle&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn7">[7]</a>.</p>
<p>El a&ntilde;o 1930 fue una fecha clave en la encrucijada hist&oacute;rica de entreguerras y, consecuentemente, en la trayectoria personal y literaria de Manuel Chaves Nogales. El 28 de enero cay&oacute; la dictadura del general Primo de Rivera. A aquellas alturas del siglo, las vanguardias art&iacute;sticas y literarias hab&iacute;an experimentado un regreso al orden, cuando no un avance hacia el compromiso pol&iacute;tico y social. Los intelectuales&nbsp; reaccionaron contra el menosprecio de que eran objeto por parte de las clases dominantes, conjurando el miedo a la nueva clase emergente, el proletariado revolucionario, y, en el caso de los escritores de avanzada, se ponen de su lado. Desde el cargo de director de <em>Heraldo de Madrid</em>, el periodista sevillano salud&oacute; la ca&iacute;da de la Dictadura, vale decir,&nbsp; &ldquo;seis a&ntilde;os, cuatro meses y trece d&iacute;as sin garant&iacute;as constitucionales&rdquo;. Vuelve a recorrer Europa y pasa el verano en Par&iacute;s como corresponsal del <em>Heraldo</em>, recopilando materiales sobre la revoluci&oacute;n sovi&eacute;tica. A comienzos del segundo semestre fue requerido por Luis Montiel para&nbsp; preparar la salida de un nuevo peri&oacute;dico: un diario moderno, veraz e imparcial, dotado ahora con los mejores adelantos t&eacute;cnicos. Y el 16 de diciembre de 1930, vio la luz p&uacute;blica el diario <em>Ahora</em>, al que nuestro periodista dedicar&iacute;a, como subdirector, todas sus capacidades desde ese momento y durante el sexenio siguiente.</p>
<p>Durante los primeros a&ntilde;os treinta, Chaves Nogales desarroll&oacute; una intensa y fruct&iacute;fera labor periodista. Pilot&oacute; el semanario gr&aacute;fico <em>Estampa </em>y, desde diciembre de 1930, desempe&ntilde;&oacute; el cargo de subdirector del diario <em>Ahora</em>, modernizando las publicaciones y enriqueciendo sus contenidos, conforme al mejor periodismo que se hac&iacute;a fuera de Espa&ntilde;a. Aprovechando las experiencias de su estancia en Par&iacute;s, public&oacute; por entregas en el primero sus cr&oacute;nicas del viaje en avi&oacute;n por Europa, que aparecer&iacute;a posteriormente bajo el t&iacute;tulo <em>La vuelta a Europa en avi&oacute;n </em>&nbsp;(Madrid, Mundo Latino C.I.A.P., 1929) y la historia del maestro de flamenco Juan Mart&iacute;nez y su mujer Sole, que correr&iacute;a la misma suerte bajo el t&iacute;tulo <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez, que estaba all&iacute;</em> (Madrid, Estampa, 1934). Y, ya entre el 29 de junio y el 14 de diciembre de 1934, sus cr&oacute;nicas sobre el torero Juan Belmonte que, agrupadas en libro, dieron lugar a su celebrada biograf&iacute;a <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> (Madrid, Estampa, 1935). Al mismo tiempo, y como alma mater del diario <em>Ahora</em>, dej&oacute; en este peri&oacute;dico lo mejor de su producci&oacute;n: entrevistas con los principales pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles, reportajes sobre la Alemania nazi, art&iacute;culos sobre la intervenci&oacute;n de Espa&ntilde;a en Ifni o reportajes sobre la revoluci&oacute;n de octubre en Asturias. Una labor que quedar&iacute;a truncada el 17 de julio de1936, a ra&iacute;z del estallido de la guerra.</p>
<p>Con el ruido y la furia de las armas, las facultades humanas invierten su orden, y la acci&oacute;n ocupa el lugar preferente, por encima de los sentimientos y los pensamientos, que acaban por oxidarse: <em>inter arma silent musae. </em>El exilio continuado y finalmente masivo de masones, jud&iacute;os y comunistas iba a dejar el campo period&iacute;stico y literario expedito para el medro de los escritores falangistas: Rafael S&aacute;nchez-Mazas, V&iacute;ctor de la Serna, C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, Eugenio Montes, Ernesto Gim&eacute;nez Caballero y Agust&iacute;n de Fox&aacute;, entre otros. Esta generaci&oacute;n de escritores, a la que Francisco Umbral llam&oacute; &ldquo;los prosistas de la Falange&rdquo; y relat&oacute; con su estilo pop y su cinismo posmoderno en <em>La leyenda del C&eacute;sar Visionario</em>, no es otra que la generaci&oacute;n del 27 puesta en prosa, a la que pronto se sumar&iacute;an los escritores de la generaci&oacute;n del 36: Rafael Garc&iacute;a Serrano, Torrente Ballester, &Aacute;lvaro Cunqueiro, y Pedro de Lorenzo, principalmente. Quien m&aacute;s, quien menos, todos reconoc&iacute;an el magisterio de Ortega y Gasset, de Eugenio d&rsquo;Ors y, en menor medida, de Ramiro de Maeztu; as&iacute; mismo, unos se reclamaban seguidores de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, mientras que otros segu&iacute;an con devoci&oacute;n a Ramiro Ledesma Ramos. Aunque, por lo general, comenzaron sus respectivas carreras literarias en los movimientos de vanguardia, impulsados por la rebeld&iacute;a caracter&iacute;stica de la juventud frente a las estructuras arcaicas del &ldquo;orden establecido&rdquo;, representaron la vuelta al orden, cuando no el retorno a los preceptos arcaizantes de las sociedades rurales.</p>
<p>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, coet&aacute;neo y colega de Chaves Nogales desde los primeros a&ntilde;os veinte, lleg&oacute; a decir que el art&iacute;culo y la cr&oacute;nica fueron &ldquo;el aut&eacute;ntico g&eacute;nero literario propicio y caracter&iacute;stico de nuestra generaci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn8">[8]</a>. Si estaba en lo cierto, y eso parece, &eacute;l mismo fue el primer articulista de su promoci&oacute;n, al tiempo que Chaves Nogales lleg&oacute; a ser el reportero m&aacute;s representativo de la misma. Coincidiendo con la irrupci&oacute;n de los prosistas de la Falange en los medios, el sevillano escribi&oacute; y public&oacute; los grandes reportajes a los que hemos hecho referencia m&aacute;s arriba. Ahora bien, la fidelidad de Chaves Nogales a su ideario liberal, un liberalismo eminentemente human&iacute;stico, de ascendencia ilustrada, y su defensa de un periodismo objetivo, le salvaron de caer en la deriva fascista, como antes le hab&iacute;an preservado de la deriva comunista, proclives al totalitarismo, a las cuales se opuso con similar empe&ntilde;o. En el pr&oacute;logo a los espeluznantes relatos de <em>A sangre y fuego</em>, esa declaraci&oacute;n de principios inolvidable, escribe: &ldquo;Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistem&aacute;ticamente a creer en la virtud salut&iacute;fera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evoluci&oacute;n. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn9">[9]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Y al fin: la errancia sin sosiego</strong></p>
<p>El levantamiento militar del 18 de julio sorprendi&oacute; a Chaves Nogales en Londres, donde se hallaba en misi&oacute;n period&iacute;stica, de modo que hubo de regresar a Madrid precipitadamente. A la semana de su vuelta, un Consejo Obrero, formado por delegados de los talleres, se incaut&oacute; del diario <em>Ahora</em>, y el sevillano ocup&oacute; la direcci&oacute;n del mismo. &ldquo;Me convert&iacute; en el <em>camarada</em> director &mdash;escribe en el pr&oacute;logo de <em>A sangre y fuego</em>&mdash;y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un peri&oacute;dico gubernamental que lleg&oacute; a alcanzar la m&aacute;xima tirada de la Prensa republicana, nadie me molest&oacute; por mi falta de esp&iacute;ritu, ni por mi condici&oacute;n de <em>peque&ntilde;o burgu&eacute;s liberal</em> de la que no renegu&eacute; jam&aacute;s&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn10">[10]</a>. Comoquiera que sea, las presiones de los bandos en liza le resultaban insoportables; de modo y manera que, el 13 de noviembre, renunci&oacute; a la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico. &ldquo;Me consta por confidencias fidedignas que, a&uacute;n antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid hab&iacute;a tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que hab&iacute;a que adoptar contra el posible triunfo de la revoluci&oacute;n social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn11">[11]</a>, relata en el pr&oacute;logo mencionado.</p>
<p>Cuando tuvo la certeza de que nada pod&iacute;a hacerse ya, salvo contribuir al desarrollo de la guerra, abandon&oacute; su puesto en la lucha y opt&oacute; por la expatriaci&oacute;n. Tras pasar por Barcelona, en compa&ntilde;&iacute;a de una masa informe de pobres gentes, arrastrada por el ventarr&oacute;n de la guerra, se instal&oacute; con su mujer y sus hijos en el barrio parisino de Montrouge. All&iacute; comparti&oacute; su desventura con una legi&oacute;n de desarraigados, entre popes rusos, jud&iacute;os alemanes, revolucionarios italianos y espa&ntilde;oles, esforz&aacute;ndose en mantener contra viento y marea una ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola meramente espiritual. Y all&iacute; continu&oacute; trabajando como periodista, colaborando con la agencia Cooperation Press Service, a trav&eacute;s de la cual pudo mandar art&iacute;culos a numerosos peri&oacute;dicos hispanoamericanos y europeos: <em>El Tiempo</em> (Bogot&aacute;), <em>El Nacional</em> (M&eacute;xico), <em>La Naci&oacute;n</em> (Buenos Aires), <em>Le Soir</em> (Par&iacute;s), <em>Le Soir</em> (Bruselas), <em>La D&eacute;pech&ecirc;</em> (Toulouse) y <em>New York Herald Tribune</em>. Con la ayuda de su familia y sus amigos m&aacute;s cercanos, organiz&oacute; una publicaci&oacute;n artesanal, <em>Sprint</em>, dirigida fundamentalmente a los exiliados espa&ntilde;oles que llegaban a Francia. Una vez asumida y normalizada su situaci&oacute;n de expatriado, colabor&oacute; en <em>L&rsquo;Europe Nouvelle</em> y, bajo seud&oacute;nimo, en la revista <em>Candide</em>; tambi&eacute;n fue corresponsal de la agencia Havas, con cuyo director Emery Reeves hab&iacute;a entablado una estrecha amistad, que distribu&iacute;a materiales a los peri&oacute;dicos m&aacute;s representativos de Am&eacute;rica Latina.</p>
<p>Durante el tiempo que le dejaba libre su labor period&iacute;stica, fue recuperando el gusto por su viejo oficio de narrador. Recogi&oacute; sus relatos de la guerra en el volumen titulado <em>A sangre y fuego. H&eacute;roes, bestias y m&aacute;rtires de Espa&ntilde;a</em>&nbsp; (Santiago de Chile: Ercilla, 1937); el libro, traducido al ingl&eacute;s por Luis de Baeza, fue publicado en New York bajo el t&iacute;tulo <em>Heroes and Beasts of Spain</em> ese mismo a&ntilde;o y reeditado en Londres el&nbsp; a&ntilde;o siguiente como <em>And in the Distance a Light&hellip;?</em> En su citado pr&oacute;logo, constata: &ldquo;Espa&ntilde;a y la guerra, tan pr&oacute;ximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para m&iacute; desde este rinc&oacute;n de Par&iacute;s el sentido de una pura evocaci&oacute;n. Cuento lo que he visto y lo que he vivido m&aacute;s fielmente de lo que yo quisiera&rdquo;. Y concluye: &ldquo;A veces los personajes que intento manejar a mi albedr&iacute;o, a fuerza de estar vivos, se alzan contra m&iacute; y, arrojando la m&aacute;scara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quer&iacute;a que hiciesen ni dijesen&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn12">[12]</a>.<em> </em>Su c&eacute;lebre biograf&iacute;a <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, editado por Leslie Charteris, apareci&oacute; simult&aacute;neamente en Londres (Heinemann) y New York (Book Leage of America) en 1937, lo que contribuir&iacute;a a hacerle m&aacute;s llevadera la vida familiar en Francia. Pero corr&iacute;an tiempos convulsos, y su estancia en la capital francesa ten&iacute;a los d&iacute;as contados.</p>
<p>Era la segunda patria que Chaves Nogales estaba a punto de perder, al igual que los miles y miles de hombres de toda Europa que hab&iacute;an acudido a Francia en los &uacute;ltimos tiempos arrastrados por el mito de la libertad, que buscaban en ella amparo contra la nueva barbarie que se adue&ntilde;aba de Europa. En el pr&oacute;logo a <em>La agon&iacute;a de Francia</em>, otro de los escritos esenciales del autor, precisa: &ldquo;Yo he visto y he sentido hondamente la amarga decepci&oacute;n de esos cientos de miles de hombres que, perdida su patria por la expansi&oacute;n triunfante de la barbarie totalitaria, llegaban a Francia creyendo encontrar en ella el baluarte de la democracia y de la civilizaci&oacute;n y se encontraban con un nazismo vergonzante, larvado, con el cad&aacute;ver maquillado de una Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica en cuyas entra&ntilde;as podridas germinaba la gusanera del totalitarismo&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn13">[13]</a>. El mito de Par&iacute;s, del liberalismo democr&aacute;tico y de los Derechos del Hombre, estaba a punto de perecer, como ya lo hab&iacute;a hecho el mito de Mosc&uacute;, de la revoluci&oacute;n bolchevique y del comunismo igualitario. Pero Chaves Nogales no se resigna: &ldquo;Era s&oacute;lo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilizaci&oacute;n, de las fuerzas de destrucci&oacute;n contra el esp&iacute;ritu constructivo y el instinto de conservaci&oacute;n de la humanidad, de la mentira contra la verdad&hellip;&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn14">[14]</a></p>
<p>La lealtad a su verdad &iacute;ntima, vale decir, el rechazo de la estupidez y la crueldad que de ella se deriva, le aboc&oacute; a una errancia sin sosiego. En 1940, las tropas alemanas penetraron en Francia e invadieron Par&iacute;s. La esposa y los tres hijos de Chaves Nogales se vieron obligados a abandonar la capital francesa, para dar con sus vidas&nbsp; en un campo de refugiados cercano a Ir&uacute;n, donde naci&oacute; la cuarta hija del matrimonio; desde all&iacute; volvieron a Sevilla, bajo la custodia de Jos&eacute; Chaves, hermano de Manuel, al tiempo que &eacute;ste se traslada a Londres, merced a la ayuda de Emery Revesz, el director de la agencia Havas (France-Presse). Al llegar a Londres, Chaves Nogales se instala en un peque&ntilde;o apartamento de Russel Court, desde donde prosigui&oacute; su incesante actividad period&iacute;stica con el tes&oacute;n y el celo de costumbre. Se emple&oacute; como redactor en la plantilla del <em>Evening News</em> y lleg&oacute; a colaborar con una columna propia en el <em>Evening Standard</em>, a la vez que manten&iacute;a sus compromisos con los medios franceses e hispanoamericanos. En 1941, dio a las prensas <em>La agon&iacute;a de Francia</em> (Montevideo, Claudio Garc&iacute;a &amp; Cia editores), cuyo subt&iacute;tulo proclamaba: versi&oacute;n original espa&ntilde;ola de <em>The Fall of France</em>, un ensayo certero acerca de la <em>defecci&oacute;n</em> del pa&iacute;s galo durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Una vez que se hubo aclimatado a la vida londinense, Chaves Nogales convirti&oacute; su despacho en un lugar de encuentro para pol&iacute;ticos, diplom&aacute;ticos y personajes p&uacute;blicos, donde hallaron cobijo y, en ocasiones, trabajo remunerado numerosos exiliados espa&ntilde;oles. Entre octubre de 1941 y 1942 dirigi&oacute; la agencia de noticias Atlantic-Pacific Press, propiedad de Deric E. W. Pearson y, tras desavenencias profesionales con el mismo, abri&oacute; su propia agencia. Leal a su independencia ideol&oacute;gica, implacable con los extremismos, proyecta una revista titulada <em>Atlanta</em>. Entre 1942 y 1944, colabor&oacute; con la BBC en el programa Foreign Language Talks Spanish. Como no pod&iacute;a ser de otra manera, no tard&oacute; en entablar relaciones con el peque&ntilde;o colectivo de Acci&oacute;n Republicana Espa&ntilde;ola (ARE) y, dentro del ciclo de conferencias organizado por el grupo, pronunci&oacute; una celebrada conferencia: &ldquo;La funci&oacute;n de la prensa en las democracias&rdquo;. Tambi&eacute;n colabor&oacute; como orador en el homenaje a M&eacute;xico celebrado el 19 de diciembre de 1943 en el Bonington Hotel de Londres. Y proyect&oacute; una novela basada en la vida de los exiliados espa&ntilde;oles en Gran Breta&ntilde;a. La errancia sin fin de Manuel Chaves Nogales concluy&oacute; en mayo de 1944, como consecuencia de un c&aacute;ncer de est&oacute;mago, a los cuarenta y seis a&ntilde;os de edad. Sus restos descansan en el North Sheen Cemetery de Richmond (Londres), en una humilde tumba abandonada, cubierta por el polvo del olvido.</p>
<p>Tras varias d&eacute;cadas de desmemoria, injustificada pero comprensible, la figura y la obra de Manuel Chaves Nogales es ya una referencia period&iacute;stica y literaria incuestionable. Desmemoria injustificada, pues se trata de uno de los periodistas m&aacute;s destacados de la conocida como Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola; pero comprensible, pues su b&uacute;squeda de la verdad por encima de cualquier ideolog&iacute;a hizo de &eacute;l una voz inc&oacute;moda en una Espa&ntilde;a escindida y en una Europa sojuzgada por los totalitarismos. La recuperaci&oacute;n de su legado durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha pasado por distintos momentos y diferentes art&iacute;fices. En primer lugar, el celo bibliogr&aacute;fico del editor Abelardo Linares y su admiraci&oacute;n por el autor sevillano le indujeron a publicar la mayor parte de sus obras, adem&aacute;s de recuperar numerosos textos in&eacute;ditos en peri&oacute;dicos y revistas de la &eacute;poca. A la profesora Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n se debe la recuperaci&oacute;n de la figura de Chaves, merced a la publicaci&oacute;n de la <em>Obra Narrativa</em> (1993) y la <em>Obra Period&iacute;stica</em> (2001) del autor sevillano, adem&aacute;s de su biograf&iacute;a <em>Chaves Nogales. El oficio de contar</em> (2001) o la edici&oacute;n e introducci&oacute;n de otros libros del mismo. Recientemente ha tenido lugar la publicaci&oacute;n de su <em>Obra completa </em>(2020), en edici&oacute;n de Ignacio F. Garmendia y con pr&oacute;logos de Antonio Mu&ntilde;oz Molina y Andr&eacute;s Trapiello, coeditada por Libros del Asteroide y la Diputaci&oacute;n de Sevilla. Con ella se culmina el proceso de recuperaci&oacute;n de uno de los mejores reporteros espa&ntilde;oles, cuya obra narrativa y period&iacute;stica contribuy&oacute; a integrar el periodismo, el g&eacute;nero documental y testimonial, en el canon literario.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref1">[1]</a> Manuel Chaves Nogales, <em>A sangre y fuego. H&eacute;roes, bestias y m&aacute;rtires de Espa&ntilde;a. Nueve novelas</em><em> </em><em>cortas de la guerra civil y la revoluci&oacute;n</em>, Santiago de Chile, Ercilla (Contempor&aacute;neos), 1937, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref2">[2]</a> <em>Ibidem.</em>, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref3">[3]</a> Manuel Chaves Nogales, &ldquo;La ciudad&rdquo;, dentro de <em>Quien no vi&oacute; a Sevilla</em>&hellip;, Sevilla, Giron&eacute;s, MCMXX.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref4">[4]</a> <em>Espa&ntilde;a</em>, a&ntilde;o VIII, n&ordm; 314&nbsp; (1&ordm; de abril de 1922), p. 17.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref5">[5]</a> Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n, &ldquo;Introducci&oacute;n a Manuel Chaves Nogales, <em>Obra period&iacute;stica</em>, Tomo I,&nbsp; Diputaci&oacute;n de Sevilla, Biblioteca de Autores Sevillanos, 2001, p. LI.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref6">[6]</a> <em>La Gaceta Literaria</em>, n&ordm; 30 (15 de marzo 1928), p. 2.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref7">[7]</a> Citado por Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n, <em>Chaves nogales. El oficio de contar</em>, Sevilla, Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara, 2011, p. 103.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref8">[8]</a> C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano,&nbsp; &ldquo;El art&iacute;culo period&iacute;stico&rdquo;, en Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez Ruiz, <em>Enciclopedia del periodismo</em>, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 402.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref9">[9]</a> <em>Op. cit</em>., p. 12.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref10"><em><strong>[10]</strong></em></a><em> Ibidem</em>, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref11"><em><strong>[11]</strong></em></a><em> Ibidem</em>, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref12">[12]</a> <em>Ibidem, </em>p. 17.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref13">[13]</a> Manuel Chaves Nogales, <em>La agon&iacute;a de Francia</em>, Sevilla, Diputaci&oacute;n de Sevilla, 2001, p. 18.</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref14">[14]</a> <em>Ibidem</em>, p. 24.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Mar 2023 08:21:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solsticio de verano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/solsticio-de-verano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/BASILIO_S_NCHEZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
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<p class="ListParagraphCxSpFirst">La semilla de agua del roc&iacute;o</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">se acumula en silencio</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre las flores negras de la tierra.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">En la luz de la luna est&aacute; el comienzo del mundo,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">de todo lo que somos.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Para que no haya nadie</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">con los ojos cerrados,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">para que abandonemos nuestras casas</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">y podamos reunirnos en las calles,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">la sustancia visible de los d&iacute;as se derrama en la noche,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">extiende sus hogueras</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre las largas playas del solsticio,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre los r&iacute;os inmensos de la vida</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">que se llenan pronto de alabanzas</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">y de celebraciones,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">de pensamientos nuevos.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Por encima de m&iacute;, s&oacute;lo los p&aacute;jaros</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">perciben con sus ojos la claridad del aire.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Todo lo que sucede en esta noche desconoce la muerte.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Aunque nos venza el rojo de la sangre</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">de los gallos del alba.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Mar 2023 08:49:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número más reciente de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-mas-reciente-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/EMMANUEL_CARR_RE_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, TURIA rinde homenaje al escritor galo Marcel Proust, uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de las letras universales del siglo XX. Uno de los mejores conocedores de su obra en Espa&ntilde;a, el escritor, cr&iacute;tico y traductor Mauro Armi&ntilde;o, realiza una aproximaci&oacute;n personal que da noticia de la nueva edici&oacute;n aparecida en Francia de los ensayos y art&iacute;culos de Proust, realizada con motivo de cumplirse el pasado a&ntilde;o el centenario de su muerte. Un oportuno trabajo editorial que muestra la g&eacute;nesis, a trav&eacute;s de textos publicados o no, el itinerario intelectual del c&eacute;lebre autor hasta llegar a la m&iacute;tica <em>La busca del tiempo perdido</em>, cuyos siete vol&uacute;menes siguen siendo a d&iacute;a de hoy una referencia ineludible de excelencia literaria y cuyo influjo no ha cesado hasta nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Otro inolvidable escritor del que se ocupa TURIA es el latinoamericano Augusto Monterroso. En este 2023, la revista no s&oacute;lo le recuerda con motivo de celebrarse el 20 aniversario de su muerte, tambi&eacute;n reivindica la original y sugerente obra de un autor nacido en Honduras en 1921, luego nacionalizado guatemalteco y exiliado en M&eacute;xico desde 1944 hasta su muerte en 2003. Para TURIA, Monterroso bien merece ser le&iacute;do siempre porque, con toda justicia, est&aacute; considerado uno de los maestros de la minificci&oacute;n y de las formas narrativas breves. Unos textos en los que abord&oacute; tem&aacute;ticas complejas y fascinantes. Nadie mejor que Antonio Rivero Taravillo, excelente escritor y traductor, para contar al lector de hoy y bajo la f&oacute;rmula singular de un diccionario, por qu&eacute; conviene siempre leer a Monterroso.</p>
<p>Una gran autora que no permite la indiferencia es, sin duda, la norteamericana Anne Sexton. Su poes&iacute;a ambiciosa, rebelde y provocadora y su vida ca&oacute;tica han convertido su obra en universal. Andr&eacute;s Garc&iacute;a Cerd&aacute;n, que la conoce bien, nos explica las caracter&iacute;sticas singulares de una poes&iacute;a que obtuvo una legi&oacute;n de lectores y de reconocimientos, como el Premio Pulitzer en 1967. No en vano se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo que TURIA publica que su poes&iacute;a nos fascina porque &ldquo;se ofrece como una forma de iconoclastia y como la reivindicaci&oacute;n febril del lugar de la mujer en un mundo regido por el hombre y por poderes y ambiciones banales&rdquo;. Es la suya, por tanto, una poes&iacute;a que verbaliza como nadie la eferverscencia interior. As&iacute;, por ejemplo en su poema &ldquo;Vive&rdquo;, anota: &ldquo;Hoy se abri&oacute; la vida dentro de m&iacute; como un huevo / y all&iacute; dentro / despu&eacute;s de excavar a fondo / encontr&eacute; la respuesta&rdquo;.</p>
<p>El cuarto y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios es un sincero homenaje a un amigo, a un hombre bueno, a un gran lector, a un fabuloso cr&iacute;tico y a un hist&oacute;rico colaborador de la revista que falleci&oacute; este a&ntilde;o v&iacute;ctima del c&aacute;ncer, tras diez a&ntilde;os batallando contra la enfermedad: Javier Go&ntilde;i. Glosa su trayectoria Jos&eacute; Luis Melero, quien nos recuerda que Go&ntilde;i naci&oacute; en Zaragoza en 1952, entr&oacute; como becario en&nbsp;&ldquo;El Norte de Castilla&rdquo;&nbsp;de Valladolid para luego trabajar en el m&iacute;tico&nbsp;&ldquo;Informaciones&rdquo;<em>&nbsp;</em>y como asesor en el programa de Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola &ldquo;Tiempo de papel&rdquo;<em>.&nbsp;</em>Peri&oacute;dicos como<em>&nbsp;&ldquo;</em>Diario 16&rdquo;<em>&nbsp;</em>y&nbsp;&ldquo;El Mundo&rdquo;<em>&nbsp;</em>y revistas como&nbsp;&ldquo;Turia&rdquo; o &ldquo;Mercurio&rdquo;<em> &nbsp;</em>tambi&eacute;n contaron con su firma<em>.&nbsp;</em>Desembarc&oacute; en&nbsp;&ldquo;Babelia&rdquo;&nbsp;en 1992, muy poco despu&eacute;s de la fundaci&oacute;n del suplemento cultural de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. En esas p&aacute;ginas ejerci&oacute; como cr&iacute;tico de narrativa espa&ntilde;ola hasta que el c&aacute;ncer le oblig&oacute; a abandonar una actividad que simultane&oacute; con su labor en el departamento de prensa de la Fundaci&oacute;n Juan March, en la que trabajaba desde 1985.</p>
<p>La revista TURIA, siempre atenta a la mejor literatura internacional, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia en espa&ntilde;ol: un avance de &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;, de Emmanuel Carr&egrave;re. Este escritor, periodista y guionista franc&eacute;s est&aacute; considerado uno de los mejores representantes de la literatura europea actual. Tras obtener los m&aacute;s importantes galardones literarios del pa&iacute;s vecino, en 2017 se le concedi&oacute; el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y, en 2021, logr&oacute; el Premio Princesa de Asturias de las Letras. El material que TURIA publica es el anticipo de un libro que ser&aacute; publicado los pr&oacute;ximos meses por la Editorial Anagrama.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARCEL PROUST, UNA FUENTE INAGOTABLE DE SORPRESAS</strong></p>
<p><strong></strong>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la obra ensay&iacute;stica de Marcel Proust, Mauro Armi&ntilde;o narra de manera objetiva las caracter&iacute;sticas del libro que bajo el t&iacute;tulo gen&eacute;rico de &ldquo;Essais&rdquo;, public&oacute; el pasado a&ntilde;o la editorial francesa Gallimard en su acreditada colecci&oacute;n Biblioteca de La Pl&eacute;iade. Sin duda, se trat&oacute; de una excepcional contribuci&oacute;n investigadora y divulgativa a la conmemoraci&oacute;n del centenario de la muerte del autor que, con su obra maestra &ldquo;A la busca del tiempo perdido&rdquo;, revolucion&oacute; la novela contempor&aacute;nea.</p>
<p>Gracias a &nbsp;ese &nbsp;conjunto de art&iacute;culos y textos ensay&iacute;sticos se completa, al fin y de manera ordenada, la informaci&oacute;n sobre cu&aacute;l fue la g&eacute;nesis de &ldquo;A la busca&hellip;&rdquo;. &nbsp;Subraya &nbsp;Mauro Armi&ntilde;o la importancia de lo que se llama el dosier de &ldquo;Contra Saint-Beuve&rdquo;: &ldquo;por centrarse en el nudo gordiano que Proust se plantea en los a&ntilde;os 1908-1909: acaba de preguntarse en el Carnet de 1908 por su inquietud ya citada: &ldquo;&iquest;Hay que hacer una novela, un estudio filos&oacute;fico, soy novelista?&rdquo; En torno a 1909-1910 termina por dejar de lado esos cuadernos. Lo &nbsp;que &nbsp;en &nbsp;principio iba a ser un texto de opini&oacute;n sobre las ideas del cr&iacute;tico m&aacute;s prestigiado del siglo, Charles-Augustin de Sainte-Beuve, va a resultar invadido por pasajes puramente narrativos entre los que figuran desde el despertar en una &nbsp;habitaci&oacute;n oscura hasta un recuerdo de Venecia, conversaciones con su madre, la reaparici&oacute;n de Ernestine, la sirvienta de la familia llamada ahora, y definitivamente, Fran&ccedil;oise, la iglesia de Combray, la aparici&oacute;n de personajes como Swann y los Guermantes, los campanarios de Martinville, etc.; ya est&aacute;n escritos ah&iacute;, incluso puede decirse que ya estaban escritos antes de ese periodo, y ser&aacute;n incorporados, tras cuidada revisi&oacute;n, en <em>A la busca del tiempo perdido</em>. Es la mezcla del ensayo y la narraci&oacute;n lo que no funciona, y lo que le decide a olvidar (sin olvidar) todo y empezar de nuevo con el &nbsp;narrador tratando de dormirse mientras espera el beso de la madre. Ese dossier Sainte-Beuve completa as&iacute; la g&eacute;nesis de <em>A la busca del tiempo perdido</em>, novela que le ocupar&aacute; pr&aacute;cticamente hasta el d&iacute;a de su muerte en 1922.&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>AUGUSTO MONTERROSO, EL TRIUNFO DE LA BREVEDAD</strong></p>
<p><strong></strong>En el art&iacute;culo que TURIA dedica a Augusto Monterroso, elaborado como si se tratara de un breve diccionario sobre la vida del escritor latinoamericano y su obra, Antonio Rivero Taravillo describe en una serie de t&eacute;rminos reveladores cu&aacute;les son los elementos vertebrales de un trabajo literario que lo encumbr&oacute; como sumo sacerdote de la ficci&oacute;n breve. As&iacute;, se subraya en TURIA que aunque Monterroso escribi&oacute; cuentos que entran en las dimensiones habituales del g&eacute;nero, &ldquo;cultiv&oacute; lo sucinto a fuerza de podar. Su primer libro, <em>Obras completas (y otros cuentos)</em> (1959) incluye algunos de una, dos o tres de p&aacute;ginas y otro que &ndash;siete palabras&ndash; no alcanza ni siquiera un rengl&oacute;n. Hoy es considerado el gran precedente del microrrelato&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, reza, completo, el que durante un tiempo fue el cuento m&aacute;s breve de la literatura y el que ha sido m&aacute;s c&eacute;lebre de los escritos por Monterroso. Y es que, en sus cuentos, prima la calidad a la cantidad. Respecto a su tem&aacute;tica, en sus &uacute;nicas tres colecciones de relatos combin&oacute; el retrato de personajes extravagantes con otros de gran realismo, y diseccion&oacute; muy bien la realidad hispanoamericana, su conflicto con la metr&oacute;poli espa&ntilde;ola primero y la estadounidense despu&eacute;s, as&iacute; como la hipocres&iacute;a clasista criolla&rdquo;.</p>
<p>En su defensa de una literatura que apostara por la brevedad, Monterroso escribi&oacute;: &ldquo;Un libro es una conversaci&oacute;n. La conversaci&oacute;n es un arte. Un arte educado. Las conversaciones bien educadas evitan los mon&oacute;logos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser un abuso del trato con los dem&aacute;s&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANNE SEXTON, ICONO DE LA LITERATURA CONTEMPOR&Aacute;NEA</strong></p>
<p><strong></strong>En el excelente art&iacute;culo que Andr&eacute;s Garc&iacute;a Cerd&aacute;n publica en TURIA, se nos brindan las claves del inter&eacute;s y la vigencia de la obra de la poeta norteamericana Anne Sexton &nbsp;(Newton, Massachussets, 1928 &ndash; Boston,1974) que la han convertido en un icono de la literatura contempor&aacute;nea: &ldquo;Es la suya una personalidad &uacute;nica, construida desde la exposici&oacute;n feroz de sus luchas interiores como mujer y desde la imagen p&uacute;blica de alguien que alternaba el glamour con la desesperaci&oacute;n, la elegancia con la condena de la &ldquo;excesiva intimidad&rdquo;. &ldquo;Incluso loca soy tan bella / como una barra de chocolate&rdquo; proclamaba en el poema &ldquo;Vive&rdquo;.</p>
<p>Como subraya Garc&iacute;a Cerd&aacute;n, &ldquo;su obra l&iacute;rica, recogida en espa&ntilde;ol en<em> Poes&iacute;a completa</em> por Linteo, escrita en el per&iacute;odo fulgurante de unos 18 a&ntilde;os, aparece ante nosotros como un torbellino, como una descarga espiritual que, a la vista de todos, desentra&ntilde;a las esperanzas, los misterios y los sufrimientos del alma humana. El furor de esta obra po&eacute;tica adquiere m&aacute;s sentido si consideramos la aton&iacute;a y el letargo en que est&aacute; sumida gran parte de la poes&iacute;a actual. Su rebeld&iacute;a y su desnudez se convierten en valores <em>a priori</em> de una escritura ambiciosa, hecha de prodigios y derrotas.</p>
<p>Concluye Garc&iacute;a Cerd&aacute;n su aproximaci&oacute;n a la poes&iacute;a incendiaria de Anne Sexton afirmando en TURIA: &ldquo;podr&iacute;amos decir que encontramos en ella, de forma radical, la historia de una sangre y un alma, los tanteos espirituales entre el exorcismo de los miedos y la depuraci&oacute;n interior, una intensa defensa de lo espiritual, del reino interior, en donde uno mismo se construye, de donde uno procede, donde uno se derrumba. Su confesi&oacute;n es un examen de conciencia que se desenvuelve en las m&uacute;sicas del alma para dar cuenta de una insatisfacci&oacute;n abisal desde la perspectiva m&aacute;s subjetiva posible. Belleza y locura, glamour y caos nos acompa&ntilde;an en un viaje sin retorno al centro de las pasiones&rdquo;. No en vano, como dice uno de sus poemas, &ldquo;Somos de fe peque&ntilde;a / Hablamos demasiado. / Deja aparte tu boca llena de palabras / y ven conmigo a mirar / los lirios&hellip; (&hellip;) / &iexcl;Escupe / tus palabras como piedras!&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>EMMANUEL CARR&Egrave;RE, EXCEPCIONAL CRONISTA DEL JUICIO POR LOS ATENTADOS DE 2015 EN PAR&Iacute;S</strong></p>
<p><strong></strong>Entre los textos m&aacute;s originales y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista TURIA se encuentra el material in&eacute;dito de Emmanuel Carr&egrave;re (Par&iacute;s, 1957), un autor considerado por la cr&iacute;tica como una de las voces m&aacute;s valiosas de las letras francesas. Un extraordinario escritor, adem&aacute;s, que ha alcanzado el &eacute;xito internacional gracias a cinco celebradas novelas de no ficci&oacute;n:<em> El adversario</em>, <em>Una novela rusa</em>, <em>De vidas ajenas</em>, <em>Limonov</em> y <em>El Reino</em> o su brillante biograf&iacute;a de Philip K. Dick: &ldquo;Yo estoy vivo y vosotros est&aacute;is muertos&rdquo;.</p>
<p>TURIA ofrece ahora en primicia en espa&ntilde;ol un anticipo del libro &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;, que apareci&oacute; en Francia el pasado a&ntilde;o en la prestigiosa editorial Gallimard y que en nuestro pa&iacute;s publicar&aacute; Anagrama en los pr&oacute;ximos meses. En &eacute;l, Carr&egrave;re aporta una mirada distinta sobre el juicio a los terroristas responsables de los&nbsp;atentados del viernes 13 de noviembre de 2015 en Par&iacute;s. Una mirada ins&oacute;lita y estremecedora que consigue convertir el hist&oacute;rico juicio por el&nbsp;V13 (por el &lsquo;viernes 13&rsquo; de los ataques islamistas en Par&iacute;s y en Saint-Denis, que causaron la muerte a 131 personas y heridas a otras 415) en una verdadera cr&oacute;nica del horror y el odio. Tras publicarse durante diez meses como cr&oacute;nicas semanales elaboradas para el semanario franc&eacute;s &ldquo;L&rsquo;Obs&rdquo;, y que en Espa&ntilde;a difundi&oacute; el peri&oacute;dico &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, ese material luego reelaborado constituye la nueva obra de Carr&egrave;re.</p>
<p>El primer d&iacute;a del juicio contra los que perpetraron aquella barbarie, Carr&egrave;re escribe en su cr&oacute;nica: &ldquo;No me alcanzaron personalmente los atentados, no los sufri&oacute; nadie de mi entorno. En cambio, me interesa la justicia. He descrito en un libro la impresionante ceremonia de un tribunal penal, y en otro el oscuro trabajo de un tribunal civil. El juicio que se inicia hoy no ser&aacute;, como se dice a veces, el N&uacute;remberg del terrorismo; en N&uacute;remberg juzgaron a altos dignatarios nazis,&nbsp; aqu&iacute; se juzgar&aacute; a segundones, ya que los que mataron han muerto, pero tambi&eacute;n ser&aacute; un gran acontecimiento, algo in&eacute;dito que quiero presenciar: mi primer motivo. Otro es que sin ser un especialista en el islam, y menos a&uacute;n un arabista, me interesan asimismo las religiones, sus mutaciones patol&oacute;gicas&rdquo;</p>
<p>"&iquest;D&oacute;nde comienza la patolog&iacute;a? Cuando se trata de Dios, &iquest;d&oacute;nde comienza la locura?&nbsp;&iquest;Qu&eacute; tienen estos tipos en la cabeza?&nbsp;&ndash;se pregunta el autor en&nbsp;<em>V13</em>&ndash; D&iacute;a tras d&iacute;a, &iacute;bamos a escuchar experiencias extremas de muerte y de vida, y pienso que entre el momento en el que entramos dentro de esa sala de audiencias y el momento en el que salimos,&nbsp;algo en nosotros se habr&aacute; transformado".</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DEL NUEVO LIBRO DE EMMANUEL CARR&Egrave;RE</span></strong></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es un avance del &uacute;ltimo libro del prestigioso escritor franc&eacute;s Emmanuel Carr&egrave;re: &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;. Ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama y en &eacute;l este escrito, celebrado por su exitosa f&oacute;rmula de novelas de no ficci&oacute;n, realiza una certera aproximaci&oacute;n acerca de la condici&oacute;n humana y sus m&uacute;ltiples recovecos. Es la suya una narraci&oacute;n necesaria sobre el horror y el odio que mostr&oacute; el proceso por los atentados de Par&iacute;s. Una labor de cronista que le ha catapultado al reconocimiento un&aacute;nime de cr&iacute;tica y lectores. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>V13. CR&Oacute;NICA JUDICIAL</strong></p>
<p>[&hellip;] A finales de julio se supo que el juicio no durar&aacute; seis meses, sino nueve. Un a&ntilde;o escolar, un embarazo. El programa no cambia: var&iacute;a el tiempo que se concede a las v&iacute;ctimas. Son alrededor de mil ochocientas. No se sabe todav&iacute;a cu&aacute;ntas testificar&aacute;n. Hasta el &uacute;ltimo minuto podr&aacute;n sumarse o renunciar. Por t&eacute;rmino medio se les asigna una media hora a cada una, pero &iquest;qu&eacute; magistrado se atrever&aacute; a decirle &laquo;Su turno ha concluido&raquo; a quien rebusque las palabras con que narrar el infierno del Bataclan? La media hora ser&aacute; quiz&aacute; una hora, los seis meses se est&aacute;n convirtiendo en un a&ntilde;o y yo no debo de ser el &uacute;nico que hoy se pregunta por qu&eacute; me dispongo a pasar un a&ntilde;o de mi vida encerrado, cinco d&iacute;as por semana, con una mascarilla en la cara, en una sala de audiencia gigantesca, levant&aacute;ndome al amanecer para pasar a limpio mis notas de la v&iacute;spera antes de que se vuelvan ilegibles, lo que claramente significa no pensar en nada m&aacute;s y no tener m&aacute;s vida durante un a&ntilde;o. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; imponerme esto? &iquest;Por qu&eacute; haber propuesto a <em>Le Nouvel Observateur</em> esta cr&oacute;nica de largo recorrido? Si&nbsp; yo fuese abogado, o cualquier otro actor en el gran mecanismo de la justicia, estar&iacute;a ejerciendo mi oficio, por supuesto. E igualmente si fuera periodista. Pero soy un escritor a que nadie ha pedido nada y que, como dicen los psicoanalistas, solo se permite satisfacer su deseo. Y vaya deseo. No me alcanzaron personalmente los atentados, no los sufri&oacute; nadie de mi entorno. En cambio, me interesa la justicia. He descrito en un libro la impresionante ceremonia de un tribunal penal, y en otro el oscuro trabajo de un tribunal civil. El juicio que se inicia hoy no ser&aacute;, como se dice a veces, el N&uacute;remberg del terrorismo; en N&uacute;remberg juzgaron a altos dignatarios nazis, aqu&iacute; se juzgar&aacute; a segundones, ya que los que mataron han muerto, pero tambi&eacute;n ser&aacute; un gran acontecimiento, algo in&eacute;dito que quiero presenciar: mi primer motivo. Otro es que sin ser un especialista en el islam, y menos a&uacute;n un arabista, me interesan asimismo las religiones, sus mutaciones patol&oacute;gicas, y este interrogante: &iquest;d&oacute;nde empieza la patolog&iacute;a? Cuando se trata de Dios, &iquest;d&oacute;nde empieza la locura? &iquest;Qu&eacute; tiene en la cabeza esta gente? Pero el motivo principal no es ese. El motivo principal es que centenares de seres humanos que tienen en com&uacute;n haber vivido la noche del 13 de noviembre de 2015, haber sobrevivido a ella o haber sobrevivido a sus seres queridos, van a comparecer ante nosotros y a tomar la palabra. D&iacute;a tras d&iacute;a vamos a escuchar experiencias extremas de muerte y de vida, y pienso que entre el momento en que entremos en esta sala de audiencia y el momento en que salgamos algo habr&aacute; cambiado en todos nosotros. No sabemos lo que nos espera, no sabemos lo que ocurrir&aacute;. All&aacute; vamos.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Mar 2023 13:45:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura maldoroniana de Luis Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-literatura-madoroniana-de-luis-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/LUIS_BU_UEL_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Poca ha sido la atenci&oacute;n prestada al Luis Bu&ntilde;uel escritor, seguramente porque su trayectoria como cineasta lo eclips&oacute;. M&aacute;s all&aacute; del inici&aacute;tico estudio y compilaci&oacute;n de Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal a principios de los a&ntilde;os de 1980 y de la reciente edici&oacute;n que hemos realizado para C&aacute;tedra, el Bu&ntilde;uel literato no ha sido santo de la devoci&oacute;n de estudiosos de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. La culpa, adem&aacute;s de esa brillante carrera cinematogr&aacute;fica, la tiene el propio autor, siempre receloso de que su obra viese la luz, a pesar de que una buena parte de ella fuese publicada.</p>
<p>Dos son los factores fundamentales a la hora de fijar la calidad literaria de Luis Bu&ntilde;uel en el contexto de toda su producci&oacute;n art&iacute;stica. El primero es de &iacute;ndole general para cualquier escritor, y se trata de la impronta de sus lecturas a la hora de construir su obra literaria. Como no pod&iacute;a ser de otra manera, esto es as&iacute; en Bu&ntilde;uel, aunque con el agravante de que cuando se le hablaba de este tema (en relaci&oacute;n con su obra f&iacute;lmica, claro) ocultaba m&aacute;s influencias de las que realmente reconoc&iacute;a. El segundo factor es la existencia de vasos comunicantes reales entre sus escritos y su obra cinematogr&aacute;fica: tanto en lo referente a su l&iacute;rica como a su ensayismo encontramos los fundamentos de su buen hacer cinematogr&aacute;fico. Unas bases que le acompa&ntilde;aron hasta su &uacute;ltimo plano. Ciertamente, la literatura y el cine son dos artes estrechamente ligadas al pasado, que comparten numerosos elementos, y Luis Bu&ntilde;uel es uno de los protagonistas privilegiados de los or&iacute;genes de este encuentro. El de Calanda, como otros poetas y artistas, vio en las im&aacute;genes en movimiento nuevas posibilidades para expresar aquello que quer&iacute;a transmitir. Asimismo, aunque la poes&iacute;a sea el g&eacute;nero literario al que menos atenci&oacute;n parece haber prestado el s&eacute;ptimo arte, el papel principal de la imagen en el cine se relaciona directamente con &eacute;l. As&iacute; pues, a nadie puede sorprender que, m&aacute;s de veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde de su etapa vanguardista, Bu&ntilde;uel defendiese el cine como instrumento de poes&iacute;a en una conferencia dictada en la Universidad nacional aut&oacute;noma de M&eacute;xico con ese mismo t&iacute;tulo, &ldquo;El cine, instrumento de poes&iacute;a&rdquo;, ya que ambos lenguajes, perfectamente equiparables, pueden utilizarse como medio de expresi&oacute;n del mismo mensaje. Esta posibilidad de comparaci&oacute;n puede apreciarse en los dos <em>perros andaluces</em> de nuestro autor: el poemario que nunca vio la luz &mdash;pero del que puede leerse una edici&oacute;n a nuestro cargo en la editorial Animal Sospechoso&mdash; y el aplaudid&iacute;simo film que tom&oacute; el nombre del libro cambiando solo el art&iacute;culo definido (destinado a el poemario) por el indefinido.</p>
<p>Bu&ntilde;uel lo dej&oacute; claro en sus &ldquo;Notas de Luis Bu&ntilde;uel sobre la realizaci&oacute;n de la pel&iacute;cula&rdquo; (texto publicado en <em>Luis Bu&ntilde;uel y Salvador Dal&iacute;, &laquo;Un perro andaluz&raquo; ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s</em>, edici&oacute;n de Yolanda Hern&aacute;ndez Pin y Pilar S&aacute;nchez): &ldquo;Las fuentes en las que se inspira el film son las de la poes&iacute;a, liberada del lastre de la raz&oacute;n, de la tradici&oacute;n y de la moral. Su prop&oacute;sito, provocar en el espectador reacciones instintivas de atracci&oacute;n o de repulsi&oacute;n. La experiencia ha demostrado que este objetivo fue plenamente conseguido&rdquo;.</p>
<p>Es lugar com&uacute;n destacar el influjo de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna en la l&iacute;rica escrita bu&ntilde;ueliana; impronta que se manifest&oacute; principalmente en la supresi&oacute;n de la frontera que separa al sujeto del objeto, de manera que mientras el hombre se cosifica, el objeto asume el protagonismo en sus versos y en sus im&aacute;genes. Asimismo, cualquier acercamiento a las influencias sobre la literatura de Bu&ntilde;uel, no puede pasar por alto el contexto cient&iacute;fico de la &eacute;poca y su impronta sobre el decir poem&aacute;tico. La teor&iacute;a de la relatividad tuvo consecuencias mort&iacute;feras para la mec&aacute;nica cl&aacute;sica y para el sentido com&uacute;n. No solo liquid&oacute; la idea de un espacio y un tiempo absolutos, sino que atomiz&oacute; el arte, que se volvi&oacute; fragmentario con nuevas perspectivas cada vez m&aacute;s agresivas. Esto se aprecia con el uso del <em>collage</em> del que Bu&ntilde;uel es uno de los m&aacute;ximos representantes. El <em>collage</em> permiti&oacute; que en las creaciones literarias y f&iacute;lmicas del cineasta cobrasen una importante relevancia estructural, y se convirtiesen en motivos obsesivos, la fragmentaci&oacute;n de la identidad, el inter&eacute;s por el alma de los objetos que conduce a una cosificaci&oacute;n de las personas, y las mutilaciones.</p>
<p>Estos y otros factores, sin embargo, han soslayado una influencia sin la cual no se puede entender la obra de Luis Bu&ntilde;uel en su totalidad, y que en su literatura cobra una fuerza a menudo inaudita. Nos referimos a Isidore Ducasse, conde de Lautr&eacute;amont. Una huella que no se ci&ntilde;e &uacute;nicamente a su <em>opus magnum</em> <em>Los Cantos de Maldoror</em>, sino que tambi&eacute;n se extiendo a su d&iacute;ptico <em>Poes&iacute;as</em>, aunque estas &uacute;ltimas son m&aacute;s rastreables en su cine que en sus composiciones po&eacute;ticas.</p>
<p>Ya hemos visto como el prop&oacute;sito de <em>Un perro andaluz</em>, en palabras de su propio realizador, era &laquo;provocar en el espectador reacciones instintivas de atracci&oacute;n o de repulsi&oacute;n&raquo;. No es para nada asombroso, entonces, que de Luis Bu&ntilde;uel cineasta dijera Georges Sadoul, eminente historiador del cine, miembro del movimiento surrealista y amigo suyo: &ldquo;Si Vigo era el Rimbaud del cine, &eacute;l es el Lautr&eacute;amont&rdquo;. Pero no fue un caso aislado, ya que esta afirmaci&oacute;n reson&oacute; posteriormente en Raymond Jean, analista del escritor franco-uruguayo, cuando afirm&oacute;: &ldquo;El famoso ojo cortado por la navaja de <em>Un perro andaluz </em>de Bu&ntilde;uel es un homenaje directo a Lautr&eacute;amont&rdquo;.</p>
<p>La fuerza y la violencia de esta c&eacute;lebre escena inici&aacute;tica en la filmograf&iacute;a del calandino nos ha hecho olvidar, a la hora de buscar paralelismos con Lautr&eacute;amont, que la secuencia con la que abre su siguiente pel&iacute;cula, <em>La edad de oro</em>, es tan maldororiana como la anterior. Nos referimos a las im&aacute;genes sobre la vida de los escorpiones del documental cient&iacute;fico para escolares <em>Le Scorpion languedocien</em>, realizado en 1912 por &Eacute;clair como parte de su serie <em>Scientia</em>. Como Lautr&eacute;amont en <em>Los Cantos de</em> <em>Maldoror</em>, Bu&ntilde;uel utiliza im&aacute;genes extra&iacute;das de otras fuentes o, dicho en otros t&eacute;rminos, plagia textos audiovisuales. Por tanto, el acercamiento a la obra literaria de Bu&ntilde;uel a partir de la de Ducasse/Lautr&eacute;amont no debe hacerse &uacute;nicamente a partir del an&aacute;lisis del contenido y sus elementos, sino que ata&ntilde;e tambi&eacute;n a su enfoque expresivo. Desde este &aacute;ngulo, si Bu&ntilde;uel solo hubiera dirigido sus tres primeras pel&iacute;culas, el paralelismo con Lautr&eacute;amont ser&iacute;a inevitable, porque si <em>Un perro andaluz</em> y <em>La edad de oro</em> son de alguna manera un equivalente cinematogr&aacute;fico de <em>Los Cantos de Maldoror</em>, entonces <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em> comparte estrategias literarias con las <em>Poes&iacute;as</em> de Ducasse, lo mismo que hace, incluso mayormente, ese desconocido corto titulado <em>Menjant garotes</em>, que film&oacute; en casa del padre de Salvador Dal&iacute;, en un receso del rodaje de <em>La edad de oro</em>, en abril de 1930. Pero de lo que se trata ahora es de ver c&oacute;mo incidi&oacute; Lautr&eacute;amont en el Bu&ntilde;uel literato.</p>
<p>De entrada, tanto en sus poemas en verso y en prosa como en sus primeras pel&iacute;culas, observamos los motivos recurrentes que obsesionaron al cineasta y que pueden provenir de la lectura de <em>Los Cantos de Maldoror</em> &ndash;si bien este dato no puede confirmarse, como veremos en los p&aacute;rrafos siguientes&ndash;. Nos referimos a, sin ir m&aacute;s lejos, la fragmentaci&oacute;n del yo, el inter&eacute;s por el alma de los objetos que, como acabamos de ver, conduce a una cosificaci&oacute;n de los individuos, as&iacute; como las mutilaciones, que adquieren una importante relevancia estructural en sus creaciones a trav&eacute;s del <em>collage</em>. Con todo, lo primero que hay que dilucidar a la hora de aproximarnos a la impronta de Lautr&eacute;amont en la obra literaria de Bu&ntilde;uel, es la fecha en la que ley&oacute; la obra del montevideano. La respuesta parece clara a la luz de lo que le dijo a Max Aub: solo ley&oacute; <em>Maldoror</em> en 1929. Pero, al tratarse de Bu&ntilde;uel, estas palabras hay que tomarlas con mucha cautela, porque salvo contadas excepciones, siempre fue muy reservado a la hora de evocar sus influencias.</p>
<p>Lo que est&aacute; claro es que no pod&iacute;a pasarlo por alto, ya que se trataba de un texto que sus dos amigos m&aacute;s &iacute;ntimos, Federico Garc&iacute;a Lorca y Salvador Dal&iacute;, estaban leyendo en ese momento en la Residencia y por el que expresaban su admiraci&oacute;n. Adem&aacute;s, en <em>Impresiones y paisajes</em> (1918), primer texto del granadino y del que regala un ejemplar a todos sus amigos, incluido Bu&ntilde;uel, hay referencias casi directas a los <em>Cantos</em>, que fue una de las obras objeto de debate y discusi&oacute;n en el entorno residencial, as&iacute; como entre los ultra&iacute;stas. Pep&iacute;n Bello, colaborador en la redacci&oacute;n de los cuentos m&aacute;s maldororianos de Bu&ntilde;uel, los hab&iacute;a le&iacute;do animado por Rafael Alberti, y nunca olvid&oacute; el enorme impacto que le produjeron. En cuanto a Bu&ntilde;uel, ten&iacute;a su propio ejemplar del libro, que se ha conservado, aunque no sabemos cu&aacute;ndo lo adquiri&oacute;. Es m&aacute;s, si a su llegada a Par&iacute;s a principios de 1925 no lo hubiese le&iacute;do (lo cual es de dudosa credibilidad), tuvo que sentir, como poco, curiosidad por hacerlo, dado que Lautr&eacute;amont era idolatrado por los surrealistas como fuente de inspiraci&oacute;n y antecedente palmario de su credo.</p>
<p>Por tanto, &iquest;tendr&iacute;a sentido que, de los tres amigos que compart&iacute;an descubrimientos art&iacute;sticos y pasiones literarias, Bu&ntilde;uel fuera el &uacute;nico que desconociera el libro de Lautr&eacute;amont? Muy poco, no solo porque el <em>opus magnum</em> del franco-uruguayo fue objeto, en 1925, de una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol prologada precisamente por Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, y traducida por su hermano Julio, sino porque la poes&iacute;a de Bu&ntilde;uel es la expresi&oacute;n de una persistente tensi&oacute;n entre el bien y el mal, donde este &uacute;ltimo domina siempre. Y como en <em>Maldoror</em>, es en esta dial&eacute;ctica donde la naturaleza y sus elementos y, en particular, la fauna, juegan un papel privilegiado. No se trata de una naturaleza muerta, sino de una naturaleza con olores f&uacute;nebres, donde el bestiario -a veces hermafrodita, a menudo sexualmente indefinido, otras veces anfibio o, incluso, teriom&oacute;rfico- contradice y se opone a la separaci&oacute;n de los elementos efectuada por el acto demi&uacute;rgico de creaci&oacute;n del universo (agua/tierra/aire; femenino/masculino; hombre/animal, etc.). Estos ingredientes embellecen un h&aacute;bitat donde la putrefacci&oacute;n es un clich&eacute; &ndash;y un topo&ndash; privilegiado. Mas estos paralelismos no son suficientes, por s&iacute; solos, para anclar la literatura de Bu&ntilde;uel en la l&iacute;nea inaugurada por Lautr&eacute;amont. Donde radica su principal anclaje es en la utilizaci&oacute;n de la obra del montevideano como munici&oacute;n contestaria de las letras bu&ntilde;uelianas.</p>
<p>Ya hemos dicho que, seg&uacute;n sus propias palabras, Bu&ntilde;uel no ley&oacute; <em>Los Cantos de Maldoror</em> hasta 1929, lo que resulta dif&iacute;cil de creer por lo explicado hasta ahora. Pero tambi&eacute;n es cierto que es precisamente en los textos compuestos a partir de ese a&ntilde;o cuando la huella del libro de Lautr&eacute;amont es m&aacute;s evidente. Y no es tanto una estrategia creativa en su composici&oacute;n, sino un medio de denuncia de los males que le asaltaban en ese momento. Bu&ntilde;uel encontr&oacute; en <em>Los Cantos de Maldoror</em> la estrategia ling&uuml;&iacute;stica perfecta para representar y denunciar la violencia, ya que solo pod&iacute;a encauzar su denuncia del mal a trav&eacute;s del mal. Si el texto de Lautr&eacute;amont es un texto contra el adversario, porque, para &eacute;l, el hombre solo existe en la adversidad y como tal debe enfrentarse al adversario, que a veces es dios y a veces hombre, en el caso de Bu&ntilde;uel ese adversario est&aacute; representado por los pol&iacute;ticos y los l&iacute;deres religiosos de la Espa&ntilde;a de la Segunda Rep&uacute;blica. Ellos generan el mal, y de ese mal tratan los relatos que escribi&oacute; a principios de la d&eacute;cada de 1930.</p>
<p>Las composiciones que mejor ilustran lo que decimos son &laquo;La agradable consigna de Santa Huesca&raquo;, &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo; y &laquo;Una jirafa&raquo;, todas escritas hacia 1933, aunque solo esta &uacute;ltima fue publicada. Bu&ntilde;uel reuni&oacute; la mayor parte de los temas y distorsiones sintagm&aacute;ticas que salpican los textos que hab&iacute;a escrito antes, y en especial la dial&eacute;ctica entre mutilaci&oacute;n (separar) y collage (unir) que impregna los tres textos donde expresa sincr&eacute;ticamente toda esta violencia. Pesaron mucho las circunstancias personales, ya que el esc&aacute;ndalo provocado por <em>La edad de oro</em> comprometi&oacute; sus posibilidades de poder seguir haciendo cine, si bien esta situaci&oacute;n experiment&oacute; un par&eacute;ntesis con el rodaje de <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em>, cuyos v&iacute;nculos hipertextuales con sus escritos de esos a&ntilde;os son notables. A esta situaci&oacute;n personal hay que a&ntilde;adir su iracunda decepci&oacute;n por la evoluci&oacute;n pol&iacute;tica y social de Espa&ntilde;a durante la Segunda Rep&uacute;blica. Para canalizar esta furia, Bu&ntilde;uel encontr&oacute; en <em>Los Cantos de Maldoror</em> los recursos tem&aacute;ticos y ling&uuml;&iacute;sticos para articular la parte m&aacute;s tormentosa y reaccionaria de su obra literaria. En efecto, si Bu&ntilde;uel consideraba su pel&iacute;cula <em>Un perro andaluz</em> como una desesperada llamada al asesinato, de los poros de sus textos de 1930 emergen los elementos de la fenomenolog&iacute;a de la agresi&oacute;n que Gaston Bachelard hab&iacute;a detectado en Lautr&eacute;amont. As&iacute;, &ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo;, &ldquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&rdquo; y &ldquo;Una jirafa&rdquo; devienen composiciones con la misma doble apelaci&oacute;n, a la carne y a la sangre, que invade los reinos de la ira del padre de <em>Maldoror</em>.</p>
<p>En una misiva fechada el 10 de enero de 1934, Luis Bu&ntilde;uel le dice a Pierre Unik: &ldquo;Estamos siempre en estado de guerra y esto por miedo de que se pueda hablar sobre la infame represi&oacute;n del movimiento [anarquista]. Hitler ha hecho mucho menos que nuestros Lerroux y Gil [Robles]. He enviado a Hernando [Vi&ntilde;es], para que te lo entregue, una carta de un diputado radical-socialista a Lerroux, y que me parece un documento precioso para ayudar a la campa&ntilde;a internacional contra la represi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Estas palabras son el resultado de una crisis pol&iacute;tica nacional e internacional sobre la que Ian Gibson, en su biograf&iacute;a sobre nuestro protagonista, ha hecho hincapi&eacute; a partir de dos acontecimientos hist&oacute;ricos: la masacre de Casas Viejas &mdash;hito clave en la represi&oacute;n del movimiento anarquista al que se refiere en la carta a Unik y que caus&oacute; estupor en la opini&oacute;n p&uacute;blica&mdash; y la consolidaci&oacute;n del nazismo en Alemania, que Bu&ntilde;uel cita. De ah&iacute; que defendamos que el inicio de &ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo; es una recreaci&oacute;n de la matanza de los anarquistas en Casas Viejas de principios de enero de 1933, y que el trozo de carne asada que protagoniza la historia es una menci&oacute;n a esos libertarios quemados vivos por la Guardia Civil. Al principio de dicho relato podemos leer: &ldquo;Dos horas despu&eacute;s entre la carretera de San Feliu y San Gu&iacute;xols va andando un trozo de carne asada, de unos dos kilos de peso, gorda y requemadota. A&uacute;n la veo y sin remordimiento la puedo llamar, hija de puta. Pero ella ni se menea, ni argumenta, ni vomita. Igual le da&rdquo;.</p>
<p>Al margen de que esta idea de carne muerta se enmarca en la concentraci&oacute;n de im&aacute;genes que aluden directamente a las que encontramos en <em>Los Cantos de Maldoror</em> relativas a la violencia y la descomposici&oacute;n, Bu&ntilde;uel parece estar inspirado aqu&iacute; por la imagen del trozo de carne del Canto III: &ldquo;S&eacute;, sin embargo, que apenas el joven estuvo al alcance de su mano, jirones de carne cayeron a los pies de la cama y se colocaron junto a m&iacute;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>&rdquo;, y del Canto IV: &ldquo;[...] los dos pedazos de carne han desaparecido y han tomado su lugar dos monstruos, surgidos del reino de lo viscoso, iguales por su color, su forma y su ferocidad&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo; concluye con una especie de microrrelato titulado <em>Inscripci&oacute;n para la l&aacute;pida del trozo de carne</em>, que es otra alusi&oacute;n a <em>Los Cantos</em>, esta vez a la estrofa del pacto con la prostituci&oacute;n del Canto I: &ldquo;He hecho un pacto con la prostituci&oacute;n para sembrar el desorden en las familias. Recuerdo la noche que precedi&oacute; a tan peligrosa alianza. Vi ante m&iacute; un sepulcro. Escuch&eacute; que una luci&eacute;rnaga, grande como una casa, me dec&iacute;a: &lsquo;Voy a iluminarte. Lee la inscripci&oacute;n [&hellip;]&rsquo;&rdquo;.</p>
<p class="Normal1">Este mismo proceder lo emplea Bu&ntilde;uel en &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo;, la m&aacute;s tormentosa de las historias de un Luis Bu&ntilde;uel que la realidad circundante segu&iacute;a angustiando. Para captar mejor su fuerza y lo que representa en el corpus bu&ntilde;ueliano, no solo debemos volver a situarnos en el momento hist&oacute;rico en que fue compuesta, sino tambi&eacute;n tener en cuenta la situaci&oacute;n profesional de su autor. El cuento re&uacute;ne los motivos caracter&iacute;sticos de su producci&oacute;n escrita, as&iacute; como unos muy maldororianos bestiario y actos escatol&oacute;gicos, y constituye una deslumbrante manifestaci&oacute;n del esp&iacute;ritu de provocaci&oacute;n que en ese momento no supo (o no pudo) canalizar a trav&eacute;s del cine.</p>
<p class="Normal1">Podemos as&iacute; tomar la narrativa que nos ocupa como un complemento necesario para que el calandino diera rienda suelta a su creatividad, que los l&iacute;mites del g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico del documental no le hab&iacute;an permitido. El resultado constituye su producci&oacute;n literaria m&aacute;s radical y subversiva, donde la oposici&oacute;n entre la construcci&oacute;n de la catedral y una m&aacute;quina como la vagoneta, con la que se construyen grandes obras arquitect&oacute;nicas, y que funciona como alegor&iacute;a de la oposici&oacute;n entre opresores y oprimidos, se convierte, en manos de un anarquista como Bu&ntilde;uel, en una llamada a la blasfemia que esconde una terrible cr&iacute;tica social al poder a partir de recursos extra&iacute;dos de <em>Los Cantos de Maldoror</em>. Muy buen ejemplo de ello es la siguiente frase donde, adem&aacute;s, confluyen simb&oacute;licamente los ingredientes de la putrefacci&oacute;n: gusanos (debajo de las ensaladas), carne podrida (asociada al v&oacute;mito) y la secreci&oacute;n de orina que, en algunas personas, transcurre despu&eacute;s de su muerte: &ldquo;Unas vagonetas se esconden bajo las ensaladas, otras vomitan por la borda, y todas corren hacia los cuatro puntos cardinales abroch&aacute;ndose las h&uacute;medas braguetas&rdquo;.</p>
<p>Donde mejor se observa la impronta de Lautr&eacute;amont es en el uso de las comparaciones para estructurar iconogr&aacute;ficamente un <em>collage</em>. Esto se puede ver en el siguiente pasaje: &ldquo;Oscura como un jacinto, silenciosa como un toro, y amenazadora como la ca&iacute;da de una ceniza de puro que desprendida de la brasa cae en el pie divino de una ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os, rubia, fornida, con el co&ntilde;o a&uacute;n sin pelo, pero largo y abierto por las mil violaciones de que ha sido objeto. Lo interesante de este cuarto no era ese co&ntilde;o boquiabierto, rojo, h&uacute;medo, oliente, lechoso y pulverizado, lo interesante era la se&ntilde;ora que con la cara cubierta acaba de doblar esa esquina&rdquo;. Dir&iacute;ase que Bu&ntilde;uel pretendi&oacute; componer su versi&oacute;n de la terrible estrofa de la violaci&oacute;n de la joven en el Canto III, recurriendo a la violaci&oacute;n de la &ldquo;delicada ni&ntilde;a&rdquo; de Lautr&eacute;amont para simbolizar los problemas pol&iacute;ticos y sociales que padec&iacute;a la joven Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola.</p>
<p>Es precisamente esta estrofa la que por s&iacute; sola podr&iacute;a dar fe de la notable traza de <em>Los Cantos de Maldoror</em> en la creaci&oacute;n art&iacute;stica (literaria y cinematogr&aacute;fica) de Luis Bu&ntilde;uel a partir de 1929, por lo que quiz&aacute;s ley&oacute; realmente el libro ese a&ntilde;o, produci&eacute;ndole tal impacto que no pudo escapar al hechizo de tal inventario del mal. Nuestro parecer va en esa direcci&oacute;n, como se deduce de la lectura de este art&iacute;culo.</p>
<p>Las pruebas de esta atracci&oacute;n, sin embargo, no acaban aqu&iacute;, al contrario: centremos nuestra atenci&oacute;n en el siguiente fragmento, tambi&eacute;n perteneciente al relato que nos ocupa: &iexcl;Ha llegado la hora de tutearse con Dios. &ldquo;Ven aqu&iacute; Carmen ven aqu&iacute; y lanzada al vac&iacute;o incr&uacute;state en mi miembro repugnante, cubierto por la mosca cadav&eacute;rica y amenazando dejar salir por su agujero la guarnici&oacute;n de Huesca. Ens&eacute;&ntilde;ame tu co&ntilde;o, Carmen, tu co&ntilde;o abierto, que t&uacute; haces voltear entre tus manos chorreantes de cera. Nuestros cuerpos quieren revolcarse en com&uacute;n espasmo sobre la calumnia, sobre la muerte, sobre nuestras sombras. Yo devorar&eacute; tus tetas, tu esf&iacute;nter se pondr&aacute; a girar como un loco y nuestros labios quedar&aacute;n al fin olvidados en el caj&oacute;n de la mesilla entre plumas, dijes, relojes y olores rancios. &Eacute;ntrame los huevos en tu boca y r&oacute;eme luego los huesos uno a uno. Chilla, blasfema, protege a los ni&ntilde;os, mea, lev&aacute;ntate y anda, funda asilos, cuelga delincuentes, que a la primera gota de suero que t&uacute; lances a mi trono, mi alma, mi sexo, mi avanzadilla te entrar&aacute;n hasta lo m&aacute;s profundo de tus entra&ntilde;as&rdquo;!. Bien que no hay declaraci&oacute;n de Bu&ntilde;uel sobre posibles sue&ntilde;os er&oacute;ticos con sus criadas, este pasaje puede ser indicativo de que existieron. Carmen tambi&eacute;n podr&iacute;a ser la misma protagonista de su microrrelato &ldquo;Historia decente - Historia indecente&rdquo;.</p>
<p>En relaci&oacute;n con el documental sobre Las Hurdes, que Bu&ntilde;uel film&oacute; en la misma &eacute;poca, se puede aplicar a este pasaje lo observado por S&aacute;nchez Vidal, y que Gibson subraya, respecto de la propuesta subliminal que subyace en la secuencia rodada en el convento de San Jos&eacute; de las Batuecas, en cuyo interior parece desarrollarse este s&aacute;dico fragmento. Para el catedr&aacute;tico de Zaragoza, esta escena (l&eacute;ase aqu&iacute; <em>pasaje</em>) sugiere las presumibles connivencias entre el monje (aqu&iacute; el narrador, que bien pudiera ser un representante de las catedrales que titulan el relato) y la criada (Carmen), y, por consiguiente, la hipocres&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica en relaci&oacute;n con el cuerpo.</p>
<p>En este mismo fragmento se observan las concordancias l&eacute;xicas y tem&aacute;ticas con el poema de Lautr&eacute;amont -<em>Los Cantos </em>son un poema en prosa, y no una novela o un conjunto de relatos-, como la presencia del esf&iacute;nter (Canto V), de la mosca cadav&eacute;rica y p&uacute;trida (que se refiere al cad&aacute;ver putrefacto del cangrejo en el Canto VI), el acto de roer, o la llamada a la blasfemia y a la mutilaci&oacute;n del cuerpo humano. Ahora bien, si estos elementos ling&uuml;&iacute;sticos est&aacute;n tomados de Lautr&eacute;amont, el enfoque es a&uacute;n m&aacute;s evidente en cuanto al proceso de enunciaci&oacute;n: es la &uacute;nica vez en la ficci&oacute;n literaria de Bu&ntilde;uel que el narrador se dirige a Dios directamente. Como Maldoror, el h&eacute;roe de &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo; se dirige al Creador en el mismo tono, con el mismo registro y el mismo vocabulario que los que Lautr&eacute;amont despliega en <em>Los Cantos de Maldoror</em>, de los que este pasaje puede ser considerada la m&aacute;s fiel versi&oacute;n bu&ntilde;ueliana.</p>
<p>Para completar el bucle de este homenaje a Maldoror, Bu&ntilde;uel se apropia tambi&eacute;n del c&eacute;lebre <em>collage</em> literario y de su m&aacute;s famosa manifestaci&oacute;n, &laquo;Bello como... el encuentro fortuito de una m&aacute;quina de coser y un paraguas en una mesa de disecci&oacute;n&raquo;, que encontramos en el Canto VI: &ldquo;En medio del paisaje hostil, rodeado de unos barbudos, de doncellas que cosen, y de hipocampos, dejo este papel sobre la mesa de disecci&oacute;n&rdquo;. Este tipo de imitaciones, con la excepci&oacute;n de algunas referencias a Cervantes o Benjamin P&eacute;ret, no son muy habituales en su literatura.</p>
<p>La &uacute;ltima de sus composiciones de este per&iacute;odo, &ldquo;Una jirafa&rdquo;, su texto m&aacute;s famoso y admirado, es otro ejemplo privilegiado del influjo de <em>Los Cantos de Maldoror</em> en la literatura bu&ntilde;ueliana. Esta especie de <em>collage</em> en prosa lo compuso para la sorpresa que, &eacute;l y Alberto Giacometti, ten&iacute;an preparada durante una velada ofrecida en 1932 por los vizcondes de Noailles, mecenas de muchos artistas de vanguardia, en su mansi&oacute;n de Hy&egrave;res. &Uacute;nicamente nos queda la reconstrucci&oacute;n que conocemos hoy tal y como fue publicada en <em>Le Surr&eacute;alisme au Service de la R&eacute;volution</em>, en el n&uacute;mero 6, de mayo de 1933. Su &iacute;ncipit funciona como un manual: &ldquo;Cada mancha de su piel que, a tres o cuatro metros de distancia, no presenta nada anormal, est&aacute;, en realidad, constituida sea por una tapadera que cada espectador puede f&aacute;cilmente abrir haci&eacute;ndola girar sobre un goznecillo invisible colocado en uno de sus lados, sea por un objeto, sea por un agujero, que deja aparecer la luz del d&iacute;a &mdash;la jirafa no tiene sino algunos cent&iacute;metros de espesor&mdash;, sea por una concavidad que contiene los diferentes objetos que se detallan en la lista de m&aacute;s abajo&rdquo;.</p>
<p>Desde una perspectiva formal, &ldquo;Una jirafa&rdquo; es la expresi&oacute;n m&aacute;s clara del uso del <em>collage</em> como recurso po&eacute;tico. Para Max Ernst, el <em>collage</em> es &ldquo;el encuentro fortuito de dos realidades distantes en un nivel inconveniente&rdquo;. Y detect&oacute; muchos de estos encuentros en la obra cinematogr&aacute;fica de Bu&ntilde;uel: &ldquo;Pens&eacute; en <em>La edad de oro</em> de Bu&ntilde;uel y Dal&iacute;: la vaca en la cama, el obispo y la jirafa tirados por la ventana, el carro cruzando el sal&oacute;n del gobernador, el ministro del Interior pegado al techo tras su suicidio, etc.&rdquo;.</p>
<p>El <em>collage</em> rompe la identidad de los componentes que lo integran, como hizo Lautr&eacute;amont al establecer v&iacute;nculos entre el paraguas y la m&aacute;quina de coser: &ldquo;Una realidad prefabricada, cuyo destino ingenuo parece haberse fijado de una vez por todas (un paraguas) encontr&aacute;ndose de repente en presencia de otra realidad muy lejana y no menos absurda (una m&aacute;quina de coser) en un lugar donde ambos deben sentirse fuera de lugar (sobre una mesa de disecci&oacute;n) escapar&aacute; as&iacute; a su destino ingenuo y a su identidad&rdquo;, escribi&oacute; el mismo Ernst.</p>
<p>&ldquo;Una jirafa&rdquo; puede verse como una extensi&oacute;n de <em>La edad de oro</em> donde, en la escena final, una jirafa es arrojada desde un balc&oacute;n. Est&aacute; repleto de im&aacute;genes de iconograf&iacute;a bu&ntilde;ueliana: el ojo de la mancha segunda en la que se refleja el espectador recuerda la incisi&oacute;n del ojo de <em>Un perro andaluz</em>; la figura de una esfinge de la calavera africana (<em>Acherontia atropos</em>) tambi&eacute;n aparece en la misma pel&iacute;cula; y las gallinas picoteando o el Cristo ri&eacute;ndose son im&aacute;genes que el cineasta utilizar&aacute; posteriormente en su filmograf&iacute;a. Desde el punto de vista hipertextual, &ldquo;Una jirafa&rdquo; es, pues, un aut&eacute;ntico lugar de encuentro est&eacute;tico de motivos de <em>Los Cantos</em>: es un gigantesco <em>collage</em> que integra un poema, una &oacute;pera wagneriana, una escena melodram&aacute;tica, un aut&eacute;ntico paisaje aragon&eacute;s, una pintura, una enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica e, incluso, una maqueta de una pel&iacute;cula donde Bu&ntilde;uel se burla del tiempo, el espacio y los g&eacute;neros art&iacute;sticos. Todo esto refuerza todav&iacute;a m&aacute;s la dimensi&oacute;n maldororiana de &ldquo;Una jirafa&rdquo;.</p>
<p>Donde el v&iacute;nculo con Lautr&eacute;amont es m&aacute;s visible es en la incre&iacute;ble violencia de ciertas manchas. Verbigracia: &ldquo;<em>En la decimoprimera</em>:<em> </em>Una membrana de vejiga de puerco reemplaza la mancha [&hellip;] Reventar de un pu&ntilde;etazo la membrana y mirar por el agujero. Se ver&aacute; una casita muy pobre, blanqueada con cal, en medio de un paisaje des&eacute;rtico. Una higuera est&aacute; situada a algunos metros de la puerta, hacia delante. Al fondo, monta&ntilde;as peladas y olivos. Un viejo labrador acaso saldr&aacute;, en ese instante, de la casa, descalzo&rdquo;. Aqu&iacute;, la violencia act&uacute;a como motor del proceso performativo del universo creativo de Luis Bu&ntilde;uel. Violencia hacia el objeto y sobre el sujeto-actor, ya que se trata de morir a pu&ntilde;etazos, con una mano previamente, en la d&eacute;cima mancha, herida por hojas de afeitar. Posteriormente, la violencia vuelve a ejercerse, esta vez psicol&oacute;gicamente, teniendo el actor que mirar, en la &uacute;ltima mancha, a trav&eacute;s de una lupa tras quedar cegado por un chorro de vapor (en la mancha), en un espect&aacute;culo de venganza personal de Bu&ntilde;uel hacia ese sujeto ciego.</p>
<p>Otra de las manchas que congregan la crueldad y la blasfemia es la decimosexta: &ldquo;Al abrirse la mancha se ve a dos o tres metros una Anunciaci&oacute;n de Fra Ang&eacute;lico, muy bien enmarcada e iluminada, pero en un estado lamentable: rasgada a cuchilladas, pegajosa de pez, la cara de la Virgen cuidadosamente ensuciada con excrementos, los ojos reventados por agujas, el cielo llevando en caracteres muy toscos la inscripci&oacute;n: ABAJO LA MADRE DEL TURCO&rdquo;. La referencia a los excrementos parece situar el origen de esta escena en el trono de Dios formado por excrementos humanos en el Canto II. Pero donde la representaci&oacute;n del mal es m&aacute;s extrema es cuando los ojos de la Virgen son arrancados con agujas, imagen que remite directamente al comienzo de <em>Un perro andaluz</em>.</p>
<p>A pesar de que al principio apunt&aacute;bamos que encontrar en las letras bu&ntilde;uelianas equivalentes literarios a las <em>Poes&iacute;as</em> de Isidore Ducasse era menos com&uacute;n que hacer lo propio con <em>Los Cantos de Maldoror</em> (no as&iacute; en su cine), no podemos dejar de mentar en un estudio como este uno de los textos m&aacute;s fascinantes de nuestro literato. Se trata de &ldquo;Noticias de Hollywood&rdquo;, una parodia de las cr&oacute;nicas de sociedad, publicada en la segunda p&aacute;gina del n&uacute;mero especial de <em>La Gaceta Literaria</em> dedicado al cinemat&oacute;grafo (n&uacute;m. 43, 1 de octubre de 1928), cuyos paralelismos en su decir poem&aacute;tico habr&iacute;a que buscarlos en las <em>Poes&iacute;as</em> ducasianas. Seg&uacute;n indica el t&iacute;tulo, es un conjunto de seis supuestas informaciones contextualizadas en el mundo hollywoodiense del momento, en las que su <em>redactor</em>, compone con una sorprendente capacidad de s&iacute;ntesis y un extraordinario sentido del humor. El registro y tenor de algunas de estas cr&oacute;nicas remite a las que Ducasse dedic&oacute; en a los m&aacute;s ilustres representantes de las letras galas.</p>
<p>Si la huella del conde de Lautr&eacute;amont es pues evidente en su l&iacute;rica, tambi&eacute;n encontramos ecos, m&aacute;s que verdaderos rastros, en otra de sus facetas como escritor, la de ensayista. En efecto, el ensayismo cinematogr&aacute;fico es la parte menos conocida de la literatura bu&ntilde;ueliana. Pero Bu&ntilde;uel fue uno de los pioneros en Espa&ntilde;a de los textos cr&iacute;ticos sobre el cine en general y las pel&iacute;culas en particular. Gracias a la oportunidad que le brindaron <em>La Gaceta Literaria</em> en Espa&ntilde;a y <em>Cahiers d&rsquo;Art</em> en Francia, el calandino pudo desarrollar una breve carrera como escritor y cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico. Su brevedad no obsta para que en ella condensara aquellos principios que rigieron su obra f&iacute;lmica.</p>
<p>En sus ensayos, Luis Bu&ntilde;uel no solo refleja las opiniones que circulaban por Par&iacute;s, sino que sobrepasa su contenido para insertar su personalidad intelectual y su estilo vanguardista, pues son tambi&eacute;n muestras muy notorias de prosa experimental. El de Calanda supo transponer en sus ensayos recursos que emergen del futurismo y que se concretaron en las pautas del ultra&iacute;smo, sin perder nunca de vista el potencial iconogr&aacute;fico de las greguer&iacute;as. Donde mejor se observa lo acabado de se&ntilde;alar es en los procedimientos estil&iacute;sticos adoptados por Bu&ntilde;uel, que dotan a sus textos cinematogr&aacute;ficos de una textura poem&aacute;tica propia de un aut&eacute;ntico poeta. En este af&aacute;n super&oacute; la capacidad aleg&oacute;rica de G&oacute;mez de la Serna, como se observa en la greguer&iacute;a utilizada para describir el objetivo de la c&aacute;mara y el primer plano, respectivamente, que encontramos en &laquo;Del plano fotog&eacute;nico&raquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 7, 1 de abril de 1927): &ldquo;Cerebro con que piensa y palabras que construyen y expresan lo pasado&rdquo;.</p>
<p>No obstante, no solo de Ram&oacute;n se nutri&oacute; nuestro protagonista. Es sabido que el futurismo marc&oacute; la pauta est&eacute;tica de la que derivaron los movimientos vanguardistas m&aacute;s radicales de principios del siglo XX. En su sexto postulado, el <em>Manifiesto t&eacute;cnico de la literatura futurista</em> rezaba: &ldquo;Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se emplear&aacute;n signos matem&aacute;ticos&rdquo;. Los ecos del movimiento capitaneado por Marinetti se materializan en una predilecci&oacute;n por el uso de axiomas y teoremas para significar procedimientos o elementos t&eacute;cnicos. Bu&ntilde;uel no abus&oacute; de la funci&oacute;n vanguardista que la poes&iacute;a futurista y dada&iacute;sta hac&iacute;a de dicha matematizaci&oacute;n del discurso. Simplemente recurri&oacute; a ella en el &iacute;ncipit de un poema de su transici&oacute;n del ultra&iacute;smo al surrealismo, de t&iacute;tulo evocador, &ldquo;Teorema&rdquo; (compuesto <em>ca</em>. 1925), cuyo primer verso reza: &ldquo;Si por un punto fuera de una recta trazamos una paralela a ella obtendremos una soleada tarde de oto&ntilde;o&rdquo;. Este axioma, que responde al teorema del t&iacute;tulo, recuerda poderosamente los versos de las poes&iacute;as de Lautr&eacute;amont, compuestas por versos/asertos, aunque sin ninguna progresi&oacute;n deductiva como la que caracteriza la narratividad de esta composici&oacute;n.</p>
<p>En cambio, en sus escritos sobre el cine la cosa cambia. La siguiente definici&oacute;n de fotogenia -proveniente de una de sus m&aacute;s importantes contribuciones a la teor&iacute;a f&iacute;lmica, &ldquo;<em>D&eacute;coupage</em> o segmentaci&oacute;n cinegr&aacute;fica&rdquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 43, 1 de octubre de 1928)- es un excelente ejemplo de la matematizaci&oacute;n del discurso, esta vez con fines did&aacute;cticos: &ldquo;Fotogenia = Objetivo + <em>D&eacute;coupage</em> = Fotograf&iacute;a + Plano&rdquo;. Recordemos que esta pasi&oacute;n por las matem&aacute;ticas estaba muy presente en la obra de Lautr&eacute;amont, quien ya en <em>Los Cantos de Maldoror</em> las evocaba, tal y como en su momento subray&oacute; uno de sus m&aacute;s finos ex&eacute;getas, Gaston Bachelard.</p>
<p>En otros casos, como el de Una noche en el Studio des Ursulines&rdquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 2, 15 de enero de 1927), amalgama los algoritmos con resortes gramaticales, como el siguiente juego paronom&aacute;stico a partir de vocablos franceses para referirse a la pel&iacute;cula <em>Rien que les heures</em>, de Alberto Cavalcanti: &ldquo;Coordinaciones y combinaciones de sus rayos lum&iacute;nicos, tomados uno a uno nos han dado el film <em>d&rsquo;avant-guerre</em>. Cavalcanti pasa ahora a demostrarnos que tomados a <em>n+10</em> a&ntilde;os, dan el <em>d&rsquo;avant-garde</em>, expresi&oacute;n pur&iacute;sima de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p>Es harto conocido que Bu&ntilde;uel call&oacute; m&aacute;s que habl&oacute;, y una de las v&iacute;ctimas de ese silencio es sin duda Isidore Ducasse, conde de Lautr&eacute;amont. No pod&iacute;a ser de otro modo, ya que este escritor fundamental para entender el surrealismo no pod&iacute;a estar ausente de la obra de Bu&ntilde;uel. Pero el caso