
La princesa Sofonisba duerme inquieta. Del vacío emergen tres ojos que la vigilan y una mano que parece agarrarle las entrañas o el alma, que quiere arrebatarle su espíritu. No puede descansar porque le atacan viejos fantasmas. El dios Moloch se le aparece en sueños reprochándole que hubiese escondido en su casa como esclava a la niña Cabiria, salvada milagrosamente del sacrificio ritual en sus entrañas ardientes por el espía romano Fulvio Axilla y el esclavo Maciste. Ruge iracundo en los sueños de Sofonisba por haberle privado de semejante manjar.
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