También muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la sección dedicada al ensayo. En esas páginas se nos habla, a través de un excelente artículo inédito titulado “Rectificar es de sabios”, acerca de una cuestión palpitante en este vertiginoso y convulso siglo XXI: las controvertidas relaciones entre tecnología, humanidad y salud mental. Y sobre este trascendente asunto se ocupa con indiscutible clarividencia el filósofo David Pastor Vico, un pensador de indudable magnetismo y clarividencia intelectual.

 

JUAN MANUEL BONET, O LA ETERNA FASCINACIÓN POR LAS ARTES Y LAS LETRAS

 

Juan  Manuel  Bonet  (París, 1953) ha colaborado en distintas ocasiones con la revista TURIA, aunque su mayor aportación fue el extraordinario monográfico que coordinó sobre el escritor francés Patrick Modiano, que terminaría años después siendo galardonado con el Premio Nobel en 2014. Circunstancia que hizo que ese número de TURIA (el 84, publicado en 2007) se terminara agotando al ser la más completa aproximación hecha en español a su obra. 

Bonet ha desarrollado una labor ingente como crítico e historiador del arte  contemporáneo. Su “Diccionario de las vanguardias en España, 1907-1936”, publicado por Alianza Editorial en 1995, es un libro de obligada referencia y buena prueba de la sabiduría enciclopédica, así como de la curiosidad y sensiblidad extraordinarias de su autor. La lista de exposiciones que ha comisariado es amplísima y, como gestor cultural, ha desempeñado los puestos de director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) y del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Fue director del Instituto Cervantes en París desde 2012 a 2017 y, desde enero de 2017 a julio de 2018, ocupó el cargo de director del Instituto Cervantes.

La conversación con Juan Manuel Bonet ha sido realizada por Angélica Tanarro, una de las periodistas culturales más prestigiosas de Castilla y León, responsable durante años de la sección de cultura del principal periódico de esa comunidad: “El Norte de Castilla”, que se edita en Valladolid. En la entrevista, Bonet nos habla de su valioso e ingente legado bibliográfico y artístico a la Fundación Antonio Pérez de Cuenca y que va a albergarse en un edificio singular de la localidad de Tarancón. Una colección de libros y obras de arte que hará las delicias de todos aquellos interesados por las vanguardias artísticas y literarias, que han sido siempre su gran pasión.

 

LA INFLUENCIA DECISIVA DE SU PADRE Y DE FERNANDO ZÓBEL

 

También nos habla de la influencia de su padre, Antonio Bonet Correa ya fallecido, y que fue un prestigioso catedrático de Historia del Arte, primero fue docente en la Universidad de la Sorbona, en París. Luego, tras su retorno a España, en 1958, dio clases en las universidades de Murcia, Sevilla y Complutense de Madrid. Fue también, durante muchos años, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Según Bonet, “mi padre me enseñó desde el principio a leer las artes como interconectadas. Lo he llevado a rajatabla en todos los sitios donde he estado, he articulado cosas en las que pintura, arquitectura, fotografía, música, cine y literatura formaban una unidad”. Otra influencia capital en su vida fue la de Fernando Zóbel, el pintor y director del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

Nos desvela igualmente Bonet que, en sus años sevillanos, fue donde aprendió a hacer crítica de arte gracias a sus colaboraciones en “El Correo de Andalucía” y aclara que “los dos textos que más me han animado en el campo de la literatura fueron escritos por Joan Perucho y Octavio Paz”.

En otro momento de la entrevista, Juan Manuel Bonet argumenta que “la proliferación de museos de arte contemporáneo en los 80 y 90 fue necesaria porque veníamos de una penuria total”. Ente los muchos pintores españoles de los que se siente cercano, cita a Dis Berlin: “un gran viajero y un caso de complicidad intelectual fuerte”. A él se añadirían Miguel Galano, Ángel Mateo Charris, Pelayo Ortega… “También estoy muy cercano a Broto, Campano, Sicilia y a los pintores de mi generación, Alcolea, Quejido, Pérez Villalta. He seguido muy cerca a los neometafísicos, como he contribuido a bautizarlos”.

 

UN GESTOR CULTURAL MUY RELEVANTE

 

El bagaje de Juan Manuel Bonet como gestor cultural impresiona, pues ha estado al frente de las instituciones más destacadas del país: fue director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), dirigió el Reina Sofía y después el Instituto Cervantes. En todas ellas su salida se produjo con cierta polémica. Sin embargo, considera que todas fueron experiencias muy positivas y de las que solo quiere acordarse de los frutos obtenidos: “soy de olvidarme de las penas, algunas son inolvidables, pero no suelo hablar de ello, no verás en las hemerotecas muchos lloros míos al respecto”.

Ahora, alejado de esos puestos de responsabilidad, Bonet selecciona las obras de su legado, prepara las reediciones de sus libros y maquina futuras exposiciones. Mientras, no olvida su afán coleccionista. “Aficionado como soy a las listas –dijo en un pregón de una feria del libro antiguo– alguna vez he pensado en escribir la de ‘los lugares del mundo a los que entré a por libros’”. Y, a buen seguro, que sería una larga lista.

 

YOLANDA PANTIN O CÓMO LA VOZ POÉTICA SE ALZA POR ENCIMA DE LA TRIBU

 

Entre los nombres propios más indiscutibles de la literatura latinoamericana contemporánea hay que situar a Yolanda Pantín (Caracas, 1954). Su labor como poeta, ensayista, dramaturga, editora y autora de libros para niños, bien merece el favor de los lectores y el reconocimiento de los estudiosos de nuestra cultura. En esa línea de fomentar el redescubrimiento de su amplia y valiosa obra literaria, la revista TURIA ha querido dedicarle una entrevista en exclusiva en la que se analiza su trayectoria y se difunden sus opiniones. Además, la entrevista ha sido realizada por otra escritora venezolana: Michelle Roche Rodríguez.

Yolanda Pantin ha publicado en España su obra poética reunida (1981-2011) con el título “País” (Pre-Textos, 2014). Aunque los inicios de su carrera estén vinculados con los grupos literarios Calicanto y Tráfico, con cada libro nuevo Pantin ha venido demostrando la singularidad de su voz en el feraz campo de la poesía escrita en Venezuela. Buena prueba de su lugar principal en la literatura latinoamericana la acredita su participación en encuentros de poesía y congresos de literatura en Alemania, Argentina, Colombia, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Holanda, Israel, Italia, México, Perú, Portugal, República Dominicana y Uruguay.

En 1989 recibió el Premio Fundarte de Poesía en Caracas. Fue becaria de la Fundación Rockefeller en su Bellagio Study Center y en 2004 recibió la Beca Guggenheim. Por el conjunto de su obra, recibió en 2015 el Premio Poetas del Mundo Latino “Víctor Sandoval” en Aguascalientes (México) y en 2017 obtuvo el XVII Premio Casa de América de Poesía en Madrid. En 2021 ganó el Premio Internacional de Poesía “García Lorca” de la ciudad de Granada. Pantin es, por último, coautora del libro “El hilo de la voz. Antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX” (2003), uno de los más importantes estudios que sobre literatura femenina se ha hecho en Venezuela.

Como bien se subraya en TURIA, la voz poética de Yolanda Pantin “se alza por encima de la tribu como antaño hicieron los chamanes y las sacerdotisas, igual que un faro en la oscuridad”. De ahí que declare en la entrevista que “fuera del lenguaje en la escritura, no existe para mí casi nada”. O que “[La] búsqueda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una voz”.

“Perdí horas tratando de dilucidar la relación de los intelectuales con el poder, el uso de la poesía como canal ideológico”, reconoce Pantin en la entrevista. De ahí que que siempre haya tenido cuidado de que su postura política (crítica con Hugo Chávez y sus sucesores) no pasara al texto poético, pues ese desliz lo desvirtuaría hasta convertirlo en panfleto.

Sin duda, Venezuela es una herida abierta en la obra de Yolanda Pantin y en la de otros autores. No obstante, preguntada por qué significa escribir poemas viviendo allí, cuando muchos familiares, o la mayoría de tus amigos y compañeros en el hacer poético están fuera, ella confiesa: “no sé qué significa, la verdad. No me lo pregunto. Muchos amigos y amigas se han ido del país, pero muchos hacemos vida en Venezuela. Nos frecuentamos, nos reunimos. Pero no es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poesía, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todavía sin lenguaje… No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos yo leo frases”.

 

LA TECNOLOGÍA NO SIEMPRE ES INOCUA

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, el filósofo David Pastor Vico reclama un uso responsable de la tecnología. Su tesis la desarrolla, con brillantez y claridad, en un artículo titulado de forma muy reveladora: “Rectificar es de sabios. Sobre tecnología, humanidad y salud mental”. Sin duda este asunto resulta clave en nuestro siglo XXI y conviene analizarlo más allá de emociones y prejuicios.

David Pastor Vico es hijo de emigrantes andaluces, de ahí que naciera en Jambes, Bélgica, en 1976. Pero, en 1982, la familia retornaría a Sevilla. David es hoy un reconocido profesor, escritor y divulgador de gran proyección mediática en España y México. Estudió Filosofía en la Universidad de Sevilla, donde se especializó en Ética de la Comunicación. Actualmente ejerce la docencia en la UNAM, donde además colabora con la Dirección General de Divulgación de las Humanidades. Es autor de los libros “Ética para desconfiados”, “Era de idiotas” y “Filosofía para desconfiados”publicados por la editorial Ariel.

Vico fomenta siempre en sus textos el pensamiento crítico. Recoge el testigo de siglos pasados en los que el filósofo asumía su papel de analista de la realidad y de provocador del cambio social, no sólo desde el mundo de la academia, también a pie de calle. Pero la calle de entonces no es la calle de hoy y Vico lo sabe. La posibilidad de visualización del filósofo hoy pasa por los medios de comunicación (radio, prensa, televisión), internet y las redes sociales, donde Vico ha sabido encontrar un hueco para el pensamiento crítico en un mundo que no gusta de pensar demasiado.

En el artículo que publica TURIA, Vico asegura: “hablar de tecnología, y analizar su impacto en el mundo, suele ser un ejercicio excesivamente polarizado si se hace a las prisas y corriendo pues, entre ‘misoneístas’ y ‘tecnófilos’, solo puede establecerse un juego maniqueo y, en un tablero tan extremo, es difícil que la razón nos pueda traspasar”.

De ahí que su texto resulte, a un tiempo, atractivo de leer y estimulante a la hora de invitarnos a reflexionar sobre este asunto tan decisivo hoy. 

Según Vico, “eso de la inocuidad universal de todo adelanto tecnológico está más que descartado. Todos los adelantos tecnológicos son maravillosos, es cierto, pero solo desde un punto de vista puramente científico o tecnofílico. Pero ya que todo juicio se elabora desde la perspectiva humana, ya sea este Agamenón o su porquero, un científico o un fontanero, jamás vamos a poder desligarnos de factor moral inherente a cada juicio. Así pues, será el cómo y el para qué está diseñada esa tecnología, y el uso avieso que hagamos de ella, lo que determinará si es buena o mala por construcción y, siendo buena si podemos usarla para el bien o para el mal, según nuestro interés o retorcimiento.”

Por tanto, y a pesar del evidente crecimiento cultural experimentado por nuestras sociedades, “seguimos muchas veces actuando antes de pensar, movidos por la emoción o la excitación del momento y, a posteriori, como buenos cuentistas que somos, intentamos justificarnos”. Y así ocurre con el uso de la tecnología en estos momentos. Máxime porque existen evidencias científicas claras y abrumadoras de que el uso excesivo de las nuevas tecnologías (móviles, tabletas y redes sociales)  “juegan un papel significativo en el aumento de problemas de salud mental infanto-juvenil”. Porque, conviene no olvidarlo, estas herramientas tecnológicas “contribuyen a la desadaptación cerebral, alteran las relaciones sociales, fomentan conductas autolesivas y exponen a los jóvenes a contenidos de riesgo”.

De ahí que David Pastor Vico concluya su artículo en TURIA haciendo un claro llamamiento a la urgencia de llevar a cabo un enfoque preventivo en el uso de las nuevas tecnologías que “incluya educación, supervisión y programas escolares específicos para mitigar sus efectos negativos”. Porque no hay nada mejor que ejercer nuestras responsabilidades y “asegurar el correcto desarrollo biológico del cerebro de nuestros hijos, o su óptima capacidad cognitiva, su buena salud emocional, su correcta interacción social y su desarrollo moral”. Ojalá seamos sabios y rectifiquemos a tiempo.