
Buena prueba de ello es el gran impacto que han obtenido entre los lectores y en los medios de comunicación sus últimos libros publicados. Así, Nazareth Castellanos es la autora de El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración. Editado por Siruela en 2025, ha conseguido unas ventas de más de 120.000 ejemplares que le han posicionado como una de las obras de no ficción más vendidas en España. Su mérito, como ha valorado la crítica, es que ha logrado descodificar las claves científicas de la neurociencia actual para acercarla al ciudadano de a pie. Y lo ha hecho, según Pablo d’Ors, “con una prosa impecable que muestra con elegancia cómo ciencia y humanidades pueden volver a darse la mano”.
Por lo que se refiere a Yolanda Castaño, la entrevista que publica TURIA tiene como eje central su libro, editado por Páginas de Espuma el pasado otoño, Economía y poesía: rimas internas. Es una obra ensayística de indudable impacto, por su lucidez argumental y porque en sus páginas se reflexiona con criterio sobre la creación artística/cultural y su remuneración. Además, su autora sabe muy bien de lo que habla por cuanto es una poeta de reconocido prestigio y contrastada trayectoria, que tiene en su haber galardones como el Premio Nacional de Poesía. Por todo ello, Yolanda Castaño nos brinda un testimonio muy valioso y con el que es difícil no sentirse cómplice. Son páginas que retratan de manera veraz lo complejo que es vivir de cualquier oficio creativo o cultural. Y, también, es un ensayo valiente que denuncia como un argumento dañino y falso el de quienes insisten en mistificar el oficio poético y no lo consideran un trabajo profesional que debe ser necesariamente retribuido.
También muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la sección dedicada al ensayo. En esas páginas elaboradas por Juan J. Vázquez se nos habla, a través de un excelente artículo inédito titulado “El círculo de Bloomsbury: afinidad intelectual y responsabilidad moral”, acerca de una cuestión de notable interés en este convulso siglo XXI: la necesidad de seguir el ejemplo de la escritora Virginia Woolf y de cuantos integraron el llamado Círculo de Bloomsbury. Es decir, la importancia de que los protagonistas más relevantes de la cultura asuman, desde la responsabilidad moral y la independencia intelectual, posiciones favorables a la causa de la libertad y el progreso, al pensamiento libre. Si ellos tomaron posición ante los terribles acontecimientos que atravesaron el siglo XX, los postulados y el comportamiento de los miembros del citado grupo de personalidades bien pueden servirnos de modelo para afrontar “un presente abrumado por los presagios de nuevas tormentas” sociales y políticas.
NAZARETH CASTELLANOS, O CÓMO CONTAGIAR LA PASIÓN POR LA NEUROCIENCIA
Nazareth Castellanos (Madrid, 1953) es licenciada en Física Teórica y doctora en Neurociencia por la Universidad Autónoma de Madrid. Lleva más de veinte años dedicada a la investigación científica, y ha empleado la última década en estudiar el impacto de la respiración sobre la dinámina neuronal. Ha trabajado en universidades europeas como el King’s College británico o el Instituto Max Planck alemán. Dirige un laboratorio que investiga la neurociencia de la meditación, y la relación entre el cerebro y el resto del cuerpo. Compagina esta labor de investigación con la divulgación científica y ha publicado los ensayos: El espejo del cerebro (2021), Neurociencia del cuerpo (2022) y El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración (2025).
La conversación con Nazareth Castellanos ha sido realizada por Angélica Tanarro, una de las periodistas culturales más prestigiosas de Castilla y León, responsable durante años de la sección de cultura del principal periódico de esa comunidad: El Norte de Castilla, que se edita en Valladolid. En la entrevista que publica TURIA, Nazareth nos habla de muchos temas de actualidad y de enorme trascendencia futura. Por ejemplo, preguntada por la Inteligencia Artificial, nos dirá: “hay demasiada euforia con la IA, pero bien utilizada podrá hacernos mejores”.
De igual forma, Nazareth Castellanos está totalmente convencida de que “hay una visión muy superficial de lo que es la salud mental, o la gestión de la mente, o el conocimiento de uno mismo”. De hecho, la cita de Santiago Ramón y Cajal, nuestro Premio Nobel de Medicina y con la que abre su nuevo libro es muy reveladora de lo que ella también opina: “Todos podemos ser escultores de nuestro propio cerebro si nos lo proponemos”.
Respecto a la correlación entre salud cerebral y salud cardiovascular, nos dirá: “Grandes expertos de la Universidad de Estocolmo, como la doctora Fratiglioni, han estudiado cómo los factores de riesgo de la demencia son los mismos que los factores de riesgo cardiovascular. Siempre suelen ir de la mano. Y luego se ha visto que cuando hay disfunción cerebral hay disfunción cardíaca”. O sea, que “el segundo cerebro es el corazón”.
En otro momento de la entrevista, se hace una inequívoca defensa de la divulgación científica, hasta el punto de insistir en la importancia de que “nos alfabeticemos en cómo funciona el cuerpo, porque asumimos como normales cosas que no lo son” (…) De esto trata la medicina preventiva: de ir observando tu cuerpo, saber lo que te parece que es saludable y lo que no”. Y es que, para Castellanos, “Tenemos que trabajar con la población para que sepa reconocer lo que es saludable y lo que no, y aprender a reconocer en el otro ciertos patrones”.
Nos desvela igualmente la autora de “El puente donde habitan las mariposas” otro factor clave en nuestras vidas como es el entorno: “Solemos infravalorar el impacto que tiene el entorno sobre nosotros. Lo infravaloramos y, por ejemplo, a nivel social deberíamos empezar a considerar el impacto que tiene en nosotros el gris que inunda las ciudades, las esquinas, la falta de verde, los edificios horrorosos… todo eso va impactando y cada vez hay más estudios que dan cuenta de ello”.
YOLANDA CASTAÑO: “QUIENES VIVIMOS DE LA POESÍA CLARO QUE HABLAMOS DE CACHÉS”
Entre los nombres propios más indiscutibles de la poesía española contemporánea hay que situar a la autora gallega Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977). Además de su labor como poeta, es filóloga, traductora, videocreadora y una activa y premiada gestora cultural con su propia Residencia para Escritores/as en A Coruña. Lleva desde 2009 dirigiendo talleres de traducción poética, festivales y ciclos mensuales de poesía.
Entre los galardones que ha obtenido, debemos citar: el Premio Nacional de Poesía en 2023, dos veces Premio Nacional de la Crítica (1998 y 2022), Premio El Ojo Crítico 2009, «Autora del Año» 2014 para las Librerías de Galicia, «Gallega del Año 2023», el XXIII Premio Ramón Piñeiro de Ensayo o el Premio de la Cultura de Galicia.
Yolanda Castaño cuenta con siete poemarios individuales, ediciones bilingües (gallego-castellano) para el resto de España y Latinoamérica, libros publicados en inglés, francés, catalán, italiano, entre otras lenguas, varias antologías –con música, bilingües, en cómic poético...– y siete libros de poesía infantil, además de otras obras publicadas como editora, biógrafa o traductora de poetas contemporáneos.
Ha recibido becas como Escritora en Residencia en Rodas (Grecia), Múnich, Beijing, Escocia, Andalucía, Finlandia, Galicia, California y Turquía. En colaboración con otros artistas, desarrolla experiencias que fusionan la escritura con música, plástica, arquitectura, danza, audiovisual, cómic, cine o incluso gastronomía. Su obra ha aparecido representada en multitud de revistas, libros colectivos y antologías, así como en numerosos encuentros y festivales de más de cuarenta países de Europa, América, África y Asia, habiéndose traducido en parte a más de treinta idiomas.
La entrevista que dedica TURIA a Yolanda Castaño ha sido realizada por otro poeta: Fernando del Val, también periodista de RNE. En esa conversación tan clarificadora, la escritora responde a la actual sospecha de que de que es posible que exista más gente que escribe y desea publicar lo que escribe de la que lee: “la democratización del acceso a las herramientas no sólo literarias sino editoriales ha dado buenos tiempos para el escritor aficionado y peores para la escritora profesional. A veces son superiores las ansias expresivas que las lectoras. Entiendo que no pueda ser una profesión masiva, pero así como hay personas que viven de editar libros y otras lo hacen de venderlos en sus establecimientos e incluso las hay que viven de distribuirlos, debería caber un pequeño porcentaje de la sociedad que viva de escribir”.
Por otra parte, reconoce Yolanda Castaño, que “no podemos dejar los productos culturales y artísticos exclusivamente en manos del mercado. Eso sería dejarlos en la ley de la selva. ¿Dejar solo aquellos productos más comerciales? No sé si queremos una sociedad que se recuerde sólo por el fútbol, las orquestas, los reality shows y la literatura folletinesca. La cultura y el arte son elementos que construyen nuestra identidad, la de una época, la de un país”.
A la pregunta de si puede haber en España una enseñanza reglada de la escritura, Yolanda Castaño reconoce que no lo tiene claro, “pero sí considero que volvemos a ser hijos de nuestras propias tradiciones culturales. Me he encontrado con escritoras y escritores provenientes de otras que me preguntan con enormísima y profunda curiosidad cómo las escritoras españolas aprendemos a escribir. En los países anglosajones, las clases de escritura están extendidísimas. Se trata de una práctica muy longeva. Fíjese que en nuestro país sí tenemos formaciones regladas en otros ámbitos artísticos: la plástica, la música, la arquitectura, la escultura… en literatura esto causa enorme estupor”.
LA VIGENCIA DEL LEGADO DE VIRGINIA WOOLF Y DEL CÍRCULO DE BLOOMSBURY
En el apartado que TURIA dedica al ensayo, el gestor cultural y crítico de arte Juan J. Vázquez, analiza la vigencia y el interés que posee el legado de la célebre escritora británica Virginia Woolf (1882-1941) y del grupo de personalidades al que perteneció y que se denominó el Círculo de Bloomsbury.
Se da continuidad así, y se brinda mayor visibilidad, a la iniciativa que durante el curso 2024-2025 llevó a cabo la galería-librería La Casa Amarilla de Zaragoza a dedicar su programación a mostrar la vigencia de la literatura y el pensamiento de Virginia Woolf, una de las autoras más leídas, traducidas y estudiadas del siglo XX. Todo ello desde la perspectiva que brindaba el centenario de la edición de “La señora Dalloway” (1925) una novela que inauguró una nueva forma de narrar en la literatura universal.
Bajo el título de “El Círculo de Bloomsbury: afinidad intelectual y responsabilidad moral”, Juan J. Vázquez subraya en TURIA que tanto la lectura como la escritura fueron concebidas, en el caso de Virginia Woolf y en el de los miembros de Bloomsbury, como “asideros para enfrentar el estupor que provoca el desafío intempestivo de la muerte y de un tiempo atravesado por dos guerras mundiales”. Por eso, ella “interrogó con sus obras al tiempo que le tocó vivir, y cuando dejó de tener respuestas decidió salir de escena. En la soledad de su habitación propia, que reivindicó para todas las mujeres, escribió las reflexiones que compartía con un grupo de personas, espectadoras activas como ella de lo que sucedía a su alrededor con la confianza en un futuro que, finalmente, no fue”.
Según Vázquez, “La trayectoria del Círculo de Bloomsbury nos permite contextualizar la producción literaria de Virginia Woolf, que transcurrió paralela a los principales movimientos socioculturales de la primera mitad del siglo XX: la reacción contra la sociedad victoriana, el pacifismo frente a los nacionalismos de la Primera Guerra Mundial, la movilización contra el fascismo en el periodo de entreguerras, el crecimiento del socialismo no revolucionario o las reivindicaciones feministas, siempre desde unas firmes convicciones morales e intelectuales”.
De ahí que Juan J. Vázquez reivindique en su artículo el compromiso con su tiempo que marcó la actividad del Círculo de Bloomsbury y la necesidad de que se proyecte al presente como un modelo de actuación. Y ello porque, “fue el de Bloomsbury un comportamiento no demasiado habitual en el ámbito de las artes, pues la toma de posición ante los conflictos sociales y políticos de quienes desarrollan un trabajo intelectual ha sido históricamente controvertida: la equidistancia como falsa postura de objetividad, la evasiva neutralidad del arte ante la política, el revisionismo histórico como justificación para falsear la realidad son algunas de las salidas que intelectuales, artistas y profesionales han adoptado para evitar pronunciamientos que inevitablemente iban a ser juzgados desde la política. La postura de los miembros del Círculo de Bloomsbury ante las dos guerras mundiales o las circunstancias que las provocaron, así como ante el auge de los nacionalismos o la eclosión de los autoritarismos, es inusual. El estudio del compromiso político de sus componentes nos permite concluir que se fundamentó en un principio que permite pocas objeciones: la responsabilidad moral. Una posición vigente hoy en la de artistas e intelectuales que no dudan en mostrar su compromiso en un momento dominado por continuas y severas incertidumbres”.

