Antonio Soler, por su parte, tiene en su haber varios galardones de relevancia a su labor como novelista. Por ejemplo, una obra suya como El camino de los ingleses obtuvo el Premio Nadal. El último de ellos ha sido, este mismo año, el Premio Espasa de Ensayo por su libro Ocho del 50, una obra en la que analiza a algunos escritores indispensables de la segunda mitad del siglo XX, a la vez que reivindica firmas a las que el tiempo y la memoria no les ha hecho justicia. Puede decirse, por tanto, que ambos son autores que no sólo gozan de favor del público sino que también las suyas son personalidades de indiscutible valía e interés para cuantos aprecian nuestra literatura. 

Piedad Bonnett ha dedicado buena parte de su vida a la docencia, no en vano es hija, nieta y hermana de maestros. Una tarea que ha ejercido tanto en la Universidad de Medellín como en la Universidad de los Andes, ambas ubicadas en su Colombia natal. Es una de esas escritoras que pueden presumir de haber conseguido el favor de todo tipo de lectores. Si es que el verbo puede usarse para una persona que tiene los pies sobre la tierra y que huye de la impostura. Hace pocas semanas, la editorial Lumen distribuía su nuevo libro La voz de las cosas. Son poemas e ilustraciones que nos recuerdan lo esencial: la presencia de la ausencia. Una obra, como siempre ocurre en cada libro de Bonnett, que rebosa autenticidad y belleza. Son páginas que contienen palabras y dibujos que nos permiten un necesario viaje a nosotros mismos y a la remembranza de nuestras vivencias. Que nos brindan un inventario personal de aquellos elementos que han permitido a Piedad Bonnett ir sosteniendo su peripecia vital. Una existencia tan jalonada de episodios inciertos y trágicos como de momentos de celebración y éxitos. 

Por  lo  que se refiere a Antonio Soler, la entrevista que publica TURIA nos informa de que fue atleta antes que novelista, pero no solo por eso diríamos de él que es un escritor de fondo. Dueño y señor de un mundo propio, con una obra novelística tan sólida como coherente, ha transitado por terrenos en los que otros no se han atrevido a adentrarse. Posee una mirada y una prosa afiladísimas con las que ha radiografiado los pliegues y los márgenes de la realidad en novelas que exploran los abismos de la condición humana. 

También muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la sección dedicada al ensayo. En esas páginas elaboradas por Rubén Benedicto Rodríguez, a través de un excelente artículo inédito titulado Marina Garcés y la revuelta del pensamiento, se explican e interpretan los propósitos de una autora que siempre se ha mostrado favorable a utilizar la capacidad crítica de la filosofía, desarrollada en el seno de lo político, pero dispuesta al margen de prácticas institucionales concretas. Sus postulados se caracterizan por un claro rechazo a la versión explotadora del capitalismo actual. No en vano, Garcés no sólo aspira a una nueva definición del sentido de la riqueza sino que propone “alcanzar una nueva versión del humanismo que vincule cultura y naturaleza”.

 

PIEDAD BONNETT: “MUCHÍSIMAS MUJERES ESTÁN SOMETIDAS A TODA CLASE DE VIOLENCIAS”

 

Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía, Colombia, 1951) publicó su primer libro, el poemario De círculo y ceniza con casi cuarenta años. Dos libros después, en 1994, con “El hilo de los días” consiguió el Premio Nacional de Poesía que concedía Concultura, el antecedente del Ministerio de Cultura colombiano. Fue entonces cuando comenzó a sentirse segura de lo que estaba haciendo, que no era otra cosa que su vocación desde los quince años. Ahora, con setenta y cinco, no solo tiene una trayectoria consolidada que abarca además de la poesía (Ese animal triste, Las tretas del débil, Los habitados, entre sus títulos), siete novelas (El prestigio de la belleza, Después de todo…), cuatro obras de teatro y un libro autobiográfico, su última entrega narrativa: La mujer incierta. 

La conversación con Piedad Bonnett ha sido realizada por Angélica Tanarro, una de las periodistas culturales más prestigiosas de Castilla y León, responsable durante años de la sección de cultura del principal periódico de esa comunidad, El Norte de Castilla, que se edita en Valladolid. 

En la entrevista que publica TURIA, Bonnett nos habla de muchas de las cuestiones que han marcado su biografía. Afirma, por ejemplo, sentirse feliz por haber alcanzado su vocación de escritora: “yo no empecé a escribir para ser famosa, sino llevada por una necesidad muy profunda, porque fui una niña muy desadaptada y muy ansiosa y muy angustiada. Entonces, la literatura, como para muchas personas, fue para mí una manera de respirar y de hacer introspección”. 

También aclara Bonnett, a propósito del feminismo, su posición: “no soy una militante feminista. Soy una persona que sintió la discriminación por género muy rápido desde que era una jovencita, pero me demoré mucho en hacer de eso un tema que me interesara. Básicamente, me siento una persona muy comprometida. Y cada vez más, porque me doy cuenta de cómo nos han apabullado. Y yo no he tenido dificultades enormes, debido al lugar que ocupo en esta sociedad, por ser una persona de una clase media ilustrada, por haber sido profesora en una universidad, por ser una escritora ya con reconocimiento, pero muchísimas mujeres en este país están sometidas a toda clase de violencias”. 

En otro momento de la entrevista, se habla de un momento crítico en su vida y en su literatura: la publicación del libro Lo que no tiene nombre, escrito después del suicidio de su hijo cuando tenía veintiocho años. Sobre este asunto, Piedad Bonnett asegura en TURIA que la tarea fue dolorosa y, sobre todo, un compromiso con su verdad: “No tuve que hacer un esfuerzo mayor, porque la literatura es mi lenguaje natural. O, digámoslo de otra manera, es mi necesidad más vital. La literatura no es un ejercicio que yo hago intelectual. Sino que sin la literatura no podría vivir. Así de sencillo. Entonces lo difícil fue cuando elegí escribir ese libro, porque me planteé muchas cosas. Como por ejemplo si me iban a juzgar muy mal. Que hubo quien dijo que yo estaba explotando a mi hijo. Todavía hay gente que por ahí dice que yo exploté un drama, digamos ¿no? Eso me tuvo sin cuidado porque yo sabía decir a qué obedecía esto, es decir, a una necesidad de recuperación de Daniel, pero además una necesidad de comprender, que así fue como escribí ese libro para comprender y de alguna manera para retener. Porque la memoria se va. Y entonces yo quería, antes de que se fuera la memoria, recuperar a ese muchacho con palabras”.

 

ANTONIO SOLER: “LA ESCRITURA TIENE UN PODER CURATIVO”


Entre los nombres propios más indiscutibles de la literatura española contemporánea hay que situar al escritor andaluz Antonio Soler (Málaga, 1956). Además de su tarea esencial como narrador, ejerce también como guionista y colabora con columnas de opinión en la prensa diaria. Ya desde sus inicios, la crítica ponderó sus méritos y lo avaló como un nuevo talento de nuestras letras. Si hiciéramos balance de su labor creativa, destacaríamos como la parte fundamental sus quince novelas, traducidas a una docena de idiomas; un libro de relatos y una notable labor de guionista. También ha protagonizado una dilatada tarea como columnista en prensa, tanto nacional (ABC, El Mundo) como andaluza (diario Sur, de Málaga) y en suplementos dominicales como XL Semanal. 

De sus novelas, quizá sobresale por su difusión El camino de los ingleses, que obtuvo el Premio Nadal en 2004 y fue llevada al cine dos años más tarde por Antonio Banderas (con guion del propio Soler). Sobre ese trabajo junto al famoso actor, también malagueño, Soler declara en TURIA: “el guion lo hice yo porque Antonio Banderas no quería hacer la película si no contaba conmigo como guionista. Hice el guion y le gustó tanto que no tocó ni una coma. También me pidió que lo acompañara en el casting, en el rodaje y en la sala de montaje. El cine es un género colectivo, a diferencia de la literatura. Yo me siento reconocido en la película. De hecho la hemos vuelto a ver hace un mes Banderas y yo y nos ha gustado más que entonces. Antonio Banderas captó la esencia de la novela y supo plasmar el tono poético. Él  también creció en la Málaga de los años setenta, donde a uno que quería ser novelista o actor lo tomaban por loco”. 

La entrevista a Antonio Soler que publica TURIA ha sido realizada por otro escritor, Julio José Ordovás. Gracias a esa conversación llena de complicidades, Soler nos dirá: “De Dostoievski aprendí lo que es la literatura: ahondar en la superficie del ser humano, reflejar sus conflictos”. Confiesa, asimismo, su admiración por Luis Mateo Díez: “es el novelista que más me interesa, el que tiene una obra de mayor magnitud. Ha creado un mundo a caballo entre la realidad y la ficción. Sus novelas tienen la capacidad de levantar la piel de la realidad. Además, tiene una risa feroz. Y una prosa, un fraseo, una personalidad muy poderosa”. 

Reconoce Antonio Soler que su territorio literario “es una coctelera en la que están metidas la realidad y la ficción en distintas proporciones”. Y es que para el autor de novelas tan impactantes como Sacramento, publicada en 2021, “la escritura tiene un poder curativo derivado del hecho de ordenar y verbalizar determinados fantasmas. Es lo mismo que el que va a un psicólogo: encuentra alivio ya en el hecho de verbalizar y contar todo lo que le altera y atormenta, y hablo con conocimiento de causa porque mi mujer es psicóloga”. 

 

MARINA GARCÉS, O LA FILOSOFÍA COMO FORMA DE VIDA

 

En el apartado que TURIA dedica al ensayo, Rubén Benedicto Rodríguez analiza las claves que singularizan la obra de la filósofa y profesora Marina Garcés (Barcelona, 1973). Una pensadora que siempre se ha caracterizado por desplegar una inquieta y comprometida  actividad  intelectual que entremezcla ideas y acción. No por casualidad su

tesis central es que la filosofía debe servir “para mostrar las posibilidades de una convivencia en la que nos reconozcamos como personas dignas participantes de una vida común”. 

Garcés ha sido durante años profesora titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y, actualmente, es profesora agregada en la Universidad Abierta de Cataluña, donde dirige el Máster de Filosofía para los Retos Contemporáneos. Siempre se ha mostrado defensora de la necesidad de “utilizar el pensamiento para desvelar nuestras capacidades y disponerlas al servicio de la transformación social”. Entre sus libros más sugerentes habría que citar: Filosofía inacabada, Nueva ilustración radical (que obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona de Ensayo) y su más reciente obra, La pasión de los extraños, editada el pasado año por Galaxia Gutenberg. 

Bajo el título de Marina Garcés y la revuelta del pensamiento, Rubén Benedicto subraya en TURIA que las reflexiones de la ensayista barcelonesa “no solo se basan en trabajos filosóficos, también se inspiran en la literatura, el cine y las series, resultando especialmente perspicaces cuando dan forma, con elegantes destellos literarios, a un análisis de nuestra realidad tamizada por la experiencia cotidiana”. 

Según  las  tesis  de  Garcés, nuestra época podría describirse como la del “analfabetismo ilustrado”, porque “lo  sabemos  todo y no podemos nada; un mundo en el que las sociedades cultas cometen atrocidades debido a la desconexión entre el saber y la real contribución de este a la mejora de la sociedad”. De ahí que, como concluye Rubén Benedicto en su artículo, esta defensora del pensamiento crítico denuncie en sus textos el vigente consenso neoliberal y recomiende estrategias de cooperativismo, apoyo mutuo, autoorganización y activismo. Y es que Marina Garcés, “en estos tiempos de pasividad individualista envuelta en el hedonismo y consumismo que fomentan el capitalismo, realiza, en definitiva, una poderosa llamada al compromiso social y político dirigido al desarrollo de una democracia más auténtica o radical”.