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Configurar sentido descendente

28 de marzo de 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Algo ocurre en las ciudades

de lo que nadie me informa.

El tren de las diez y treinta

demora su llegada desde hace meses.

El penúltimo viajero que pasó por aquí

huyendo en calma

-lo supe en sus ojos, en sus ropas fatigadas -,

traía un temblor inconcreto entre las manos

y un amargo rumor en la boca

acerca de nuevas guerras en las regiones del sur 

 

he regado la parra virgen que sobrevive a poniente,

he abierto para que entre el aire limpio

las ventanas que dan al norte,

he estirado con descuido las mantas del camastro

que acoge y repara mi cansancio

en cualquier momento del día

o de la noche

 

desperezando sus alas y sus hambres,

los milanos trazan espirales

en este confuso azul que no conoce mar alguno

 

en pie sobre las traviesas los observo

mientras estrangulo el tedio con las agujas del cruce,

moviendo a un lado y a otro

el horizonte paralelo y de hierro 

 

en esta llanura solitaria,

donde el camino es siempre el mismo

y conduce a idénticos vacíos,

el telégrafo teclea una escueta noticia,

una orden concisa y seca:

trenes

rigurosamente

vigilados

 

igual que me quedé solo,

se me van agotando los víveres

vigilando trenes que no están

mientras espero a nadie

 

el último pasajero de este día

tampoco tardará en marcharse

 

cumplo con el rito macabro y doliente

de besar el retrato de su ausencia 

 

Escrito en Lecturas Turia por Elías Moro

27 de marzo de 2014

Leer en el escaparate de una librería los títulos de los libros puede ser una manera muy interesante de leer.

 

Cuando se ha conocido a una mujer en el sentido bíblico, siempre queda en la relación algo del Cantar de los cantares.

 

Los libros también son jónicos, dóricos o corintios.

 

La lascivia unida a la belleza nos deja estupefactos.

 

Esas cartas que nos alegran hasta tal punto que tenemos que abrir la ventana.

 

Aplaudir por miedo es patético.

 

Fabuloso don el de saber entablar relación con desconocidas.

 

Toda amistad se basa en la tensión que puede hacer que se rompa.

 

Algunos dan la mano como si te quisieran tomar el pulso.

 

El sentido moral se adquiere en la infancia al repartir la merienda con los hermanos.

 

La honestidad intelectual suele desembocar en el humor.

 

Los escritores no sirven para nada, excepto para dar sentido a las cosas.

 

Hay que mirar detenidamente el rostro fotografiado de un escritor, como quien hace crítica literaria.

 

Cuando se sube a una tarima para hablar en público estaría bien tener algo que decir.

 

Cuando la impertinencia del periodista que pregunta se junta con la vanidad del que responde, surge una entrevista periodística.

 

Cuando se viaja en automóvil se echa en falta no saber más de botánica y geología.

 

Todo Sansón acaba encontrando su Dalila.

 

A partir de cierta edad, cuando nos roban una tarde, nos enfadamos como si nos hubieran robado la cartera.

 

A todo escritor, si se descuida, se le escapa un haiku.

El deseo es un pirata.

 

Los pescados en las pescaderías parecen filósofos pesimistas.

 

Hay que ser muy claro, pero nunca demasiado.

 

Uno nunca se arrepiente de haber sido feliz.

 

En la vida hay que llevar la cabeza bien alta, pero no tanto que nos salga tortícolis.

 

En el mes de Agosto en España sorprende la ausencia de camellos.

 

La valentía consiste en enfrentarse a fuerzas superiores ligeramente aterrorizado.

 

Manipular nuestro propio pasado hasta que quede presentable es una tarea intelectual que se llama escribir la autobiografía.

 

Haber sido de niño el rey de la casa te convierte para siempre en un rey en el exilio.

 

Hay que ser un poco canalla para que te quede bien el sombrero.

 

Cuando vemos el cuerpo humano diseccionado en un atlas de anatomía resulta asombroso el deseo físico.

 

Con el racismo sólo pueden acabar los extraterrestres.

 

Un desayuno magnífico debe tener café, pan tostado con mantequilla, mermelada, zumo de naranja , y dos o tres periódicos que hablen de uno mismo.

 

El carácter se forma los domingos por la tarde.

 

Haber tenido una infancia feliz es un serio obstáculo para el resto de la vida. Sólo se puede ir a peor.

 

No dejes que la tristeza te gane la partida.

 

Algunas personas resultan tan verosímiles que parecen personajes de ficción.

 

La bondad es una especie de inteligencia superior.

 

Algunos versos son tan malos que resultan inolvidables.

 

Conocía muy bien esa mezcla de dulzura y sadismo  con la que algunas chicas imitan a los ángeles.

 

Sin darse cuenta se había convertido en un señor con abrigo.

Escrito en Lecturas Turia por Ramón Eder

26 de marzo de 2014

 

La ciudad es un mapa

 

que grita cuando te llaman.

 

El precio de este viaje es que tú

 

me mantengas la conversación,

 

que hagas un movimiento de mí espíritu,

 

que me expliques el mundo

 

con infinita paciencia de carretera.

 

Así anochece antes tras tus cristales.

 

Quizás me pares tú algún día

 

si me ves sin rumbo.

 

Tu adiós ha sido tajante

 

como una curva inesperada.

 

 

Escrito en Sólo Digital Turia por Lauren García

25 de marzo de 2014

Iré al combate sólo si tú vienes;

sólo si me acompañas al combate.

Por el mayo paciente y demorado,

iré al combate sólo si tú vienes.

Pues no hay Jerusalén si tú no vienes;

sin ti, sin la mitad de luz del alma,

sin la mitad aún viva de mi alma,

sin la mitad que salvas de mi alma.

Has sido recaída reiterada

y también mi insistencia en la pureza;

si esa fidelidad se tiene en cuenta,

si es pureza insistir en la caída.

Eva la reiterada, mi derrota.

Porque en Jerusalén nada más puro,

nada que tú no seas, nada mío,

porque en Jerusalén nada me vale

de todos los errores que no fuiste.

Eva la reiterada, mi alegría,

nada podía protegerme, nada.

Avasallaste la mitad del alma

y la mitad del alma ardió en la culpa

mientras la otra mitad se iluminaba

reflejando las llamas de ese incendio.

Esa luz era pura y era tuya,

venía de esas llamas y era pura;

aunque viniera de ellas era pura,

porque al menos allí faltó mi orgullo.

Eva de la derrota y la alegría,

tú serás quien me lleve a la victoria,

si en estas condiciones hay combate,

si hay para la victoria condiciones.

 

Escrito en Lecturas Turia por Julio Martínez Mesanza

25 de marzo de 2014

        Cuando en 1991 aparecía El violín mojado significaba para su autor, el gaditano Javier Sánchez Menéndez, su tercer poemario publicado, después de los titulados Motivos y Derrota y muerte a los héroes. Ahora en 2013 sale a la luz una nueva edición del mismo cuando Sánchez Menéndez es ya un poeta sobradamente conocido -como referente nos sirve su antología reciente Faltan palabras en el diccionario, de 2011- , un editor de prestigio al frente de una empresa, La Isla de Siltolá, que da a conocer continuamente libros de indudable valor, y un activista cultural que vuelca su opinión y su pensamiento en ensayos novedosos y en una página que en internet registra más seguidores cada vez.

            Aparte del interés que la obra ofrece para todos los lectores que en su día no pudieron conocerla (recordemos que una de sus críticas aparecíó en ABC Literario en julio de 1991), la mayor novedad de esta reedición de El violín mojado es con seguridad el esclarecedor prólogo que le ha añadido Rocío Fernández Berrocal, por cierto, la misma que introduce magistralmente el poemario inédito de Juan Ramón Jiménez Idilios, publicado también por la Isla de Siltola en 2013. A él deberá echar mano el lector antes o después de su lectora de este libro del que algún crítico (Paco Huelva, concretamente) ha afirmado en fechas muy cercanas que recoge “las bases, el cimiento, el sueño dorado de un escritor que hace dos décadas manejaba por igual las esperanzas y los desasosiegos”. Si a esto sumamos los detalles que descubre la prologuista al anotar que “En las reseñas que le dedicaron a la obra cuando se publicó se consideró uno de los libros de poesía más innovadores de la última generación poética”, y que su “modernidad y frescura” de entonces “siguen aún vigentes”, ya tenemos las fundamentales razones para examinarlo con atención.

            Nuestra lectura nos lleva a advertir que ya desde el primer poema se hace presente la voluntad del autor de jugar con el lenguaje y de sacarle el máximo rendimiento a partir de su sencillez expresiva. Orillando, en su primera parte titulada La huella, el sentimiento del amor, lo recrea de múltiples formas siempre originales para abandonarlo por momentos y moldear líricamente otros leves asuntos de la cotidiana existencia. Poco a poco, el lector se va sintiendo cautivado por una palabra llana que se yergue, sin embargo, alentada por una innegable sinceridad y un sorprendente detallismo modelado con impulso inédito, con voz nueva, con tono diferente. La realidad emerge cambiante en cada poema pero a su vez aparece repetida, renovada, remanecida mediante el sintagma tu casa frecuentemente recurrente.

            La ironía, el humor, la antítesis no son desconocidos en estos versos de Sánchez Menéndez, pero es en la segunda parte de su libro, Impresión & Expresión, donde se observan como recursos constantes. Ahora, los juegos de lenguaje se reconcentran en contextos donde los significados se constituyen a partir de los campos semánticos “impresión” y “expresión”, vinculados además, sin cambio, al referente pictórico de Van Gogh: “La impresión es algo que soporto de veras, / lo mismo que a Van Gogh / le divierten inmóviles los girasoles”.

            En la tercera parte del poemario, Imaginar y recordar, vuelve la insistencia sobre el pensamiento del amor, de modo que un poema se titula Amor como principio y en un momento se puede escribir: “lo mismo da pero es amor / a ser posible el tema”. Continúa el poeta, en esta última sección, jugando consciente e inteligentemente con el lenguaje y aprovechando los significados que pueden vincularse al recuerdo y a la imaginación, entreverando con ellos un poso de incredulidad o desesperanza, en la convicción de que el amor pasa y cuando se acaba solo queda recordarlo, imaginarlo o desearlo nuevamente. Por ello llega a decirse en los últimos versos del libro que mejor que esperarlo es tenerlo, vivirlo: “que tengo toda la vida por delante, / a mí me gustaría / tener la vida alrededor”. Es en este poema de cierre donde hallamos además una expresión, “libre de la tormenta”, que serviría al autor -seguramente recordando de nuevo- para titular otro libro suyo de 2013 con ese mismo sintagma.

            Esa vida por la que el poeta quiere verse rodeado es la que estimula su escritura, pero debe tenerse en cuenta que en el proceso creador tiene un peso nada desdeñable la imaginación, por eso uno de los comentaristas del libro ha podido afirmar en su blog que este “te transporta a una irrealidad a la vez aséptica y profundamente personal”, añadiendo que “Te ves reflejado en esos versos cercanos, despiadados, cínicos, trágicos, enamorados, desenamorados...”. Con esta reedición de la que es -según precisa Fernández Berrocal- “obra significativa en la trayectoria poética de Javier Sánchez Menéndez”, todos tenemos una posibilidad inmejorable de conocer mejor la poesía de este autor y de comparar un estado poético anterior con las posibilidades líricas a que en la actualidad ha evolucionado su creación y que podemos detectar en sus títulos más actuales ahora en las librerías, como el aludido Libre de la tormenta y Los indolentes.- Antonio Moreno Ayora.    

 

Javier Sánchez Menéndez, El violín mojado, Madrid, Libros del Aire, 2013.

Escrito en La Torre de Babel Turia por Antonio Moreno Ayora

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