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EL PRESTIGIOSO ESCRITOR Y EDITOR ARGENTINO-CANADIENSE ASEGURA, A PROPÓSITO DE SU OBRA: “MI RELACIÓN CON LOS LIBROS EMPEZÓ ANTES QUE MI RELACIÓN CON EL MUNDO”. 

UNA DE LAS MEJORES ENSAYISTAS Y CRÍTICAS LITERARIAS ESPAÑOLAS ACTUALES LO TIENE CLARO: “LA CORRUPCIÓN MENTAL SE INSTALA, DEFORMA LOS VALORES Y CUESTA DESPRENDERSE DE ELLA”. 

LA REVISTA TAMBIÉN PUBLICA UN OPORTUNO ENSAYO INÉDITO DE JAVIER GOMÁ SOBRE EL PAPEL DE LA EDUCACIÓN. 

Los lectores del número especial conmemorativo de los 40 años de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de indiscutible interés: Alberto Manguel y Mercedes Monmany. Dos autores que representan muy bien la filosofía de la revista: universalidad, pluralidad y un cosmopolitismo ejerciente. Así, en la conversación exclusiva que se publica con el escritor y editor argentino-canadiense se habla de su trayectoria como intelectual, de su visión de la lectura hoy y de su actual estancia y proyectos en Lisboa. Una ciudad a la que ha donado su biblioteca, compuesta por 40.000 volúmenes, y cuyo Ayuntamiento está preparando el edificio que la albergará y en el que Manguel dirigirá el Centro de Estudios de Historia de la Lectura. En la conversación exclusiva que publica TURIA, Manguel reconoce, entre otras afirmaciones llenas de sabiduría y autenticidad, que “tuve una infancia un poco extraña: me crió una nodriza checa que me enseñó alemán e inglés, esas fueron mis primeras lenguas”. Como muy bien señala Luis Sáez Delgado, autor de una entrevista que seducirá por lo que se dice y por cómo se dice, Manguel posee la voracidad del bibliófilo y la curiosidad del lector.

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La fiesta terminó

y la casa ya no era nuestra casa.

 

Todos los invitados se llevaron consigo

un trozo de la fiesta, como el que arranca

piedras de un bello templo griego.

Los veíamos marcharse con las primeras luces.

Tocándose la cara, acelerando el paso.

Un árbol cae en el bosque sin hacer ningún ruido.

Nadie lo escucha. Nunca ha existido el árbol.

¿Dónde caemos nosotros?

 

Nos han dejado aquí a la intemperie:

no hay paredes, ni casa, ni amor para las cosas

que ya no poseemos.

Tendemos en el suelo el mantel sucio

y admiramos con qué silencio pueden

desvanecerse los lugares sagrados.

Nadie en el bosque, nadie en la ciudad.

 

Deberíamos buscar una palabra para nombrar

el gesto de quien queda en la casa

cuando todos se han ido.

Esto es lo que somos.

 

Se llama devoción.

 

*Fotografía de Fátima Rueda.

Victoria León (Sevilla, 1981) es conocida por sus traducciones al castellano de autores del canon universal como Mary Shelley, Oscar Wilde, R.L. Stevenson, John Ruskin, William Beckford o Ugo Foscolo, pero también es autora de libros como Insomnios (2017) y  Secreta luz (Vandalia, 2019), por el que obtuvo el IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. 

Traducción y creación convergen en el Premio de poesía Hermanos Argensola 2025, Luz de la noche, publicado por la editorial Visor.  Un libro compuesto por cinco partes que recorren la noche, la vida, la poesía. Las ruinas son los restos de la palabra, donde la autora refleja la luz en la noche, la transposición de la poesía, así que leemos: “Pero no olvides nunca que vivir / es ver amanecer sobre unas ruinas”. Así que recorre el mundo, el que se ha internado en la noche, donde el fuego de versos ilumina el camino de los héroes entre los restos, hacia el amanecer: “La tristeza es la voz de nuestro anhelo”. 

Llega la sed y el hambre que se cubre con máscaras, oponiéndose al miedo. El lector sigue al mundo en su derrumbe, se cubre a oscuras con el disfraz de la noche. Seguimos en la captura de Vasili Kandinski, lo especular de Percy Bysshe Shelley, encontramos referentes en una cosmología particular del autor, artistas y personajes: Casandra, Oscar Wilde, Bertolt Brecht, Sándor Márai y Giotto di Bondone. Nombres que nos acompañan hacia la segunda parte, “Memoria del futuro”, homenaje a aquellos dioses que cruzaban el cielo en carros de fuego, casi extraterrestres que habitaban otros mundos (que están en este). Una revelación, los versos como una antorcha, entre la niebla, que pivota, grises que son descubiertos por la luz. Un laberinto que atrapa los cuerpos y esos mismos cuerpos acaban por ser laberintos, en una espiral logarítmica fuera de las dimensiones euclídeas. Así que, al final, se descubre: «Todo amor verdadero es un asombro», de esas encrucijadas, se eleva la geometría del deseo hasta llegar a la humedad, atinando: «Fuera del tiempo nuestras sombras se aman». 

Esa manera de filtrarse el líquido nos deposita en la tercera parte: “El espejo del mar”, en cinco piezas: «El mar bate a mis pies y te recuerda / mientras la luna se hunde junto al fango». La sed, el trago en la penumbra y, así, leemos: «Caricia de una música que evoca / otra secreta música tras ella», un corazón que se esconde bajo tierra, en un extraño jardín: «Mueren estrellas en la noche insomne», en ausencia del cuarto paso, queda el quinto, alma y esperanza. Dolor que se culmina en un grito: «El espejo del mar, solo, infinito». 

En el bloque penúltimo, con el título de “Pero quizá la noche” y así, belleza, la herida de la tristeza, la mezcla de luz y el tiempo: «Tiemblo de frío / y me abrazo a tu sombra. Arde la noche». Escribo, tras leer, una noche al margen, en el poema “Presagio del olvido”, ¿qué es ese rostro, esa cara cósmica? Como el poeta atrapado en el duermevela de la creación, desarrollando un universo alternativo de un polvo inanimado: «Y yo sé que eres tú. Eres tú siempre». La ausencia se identifica con la noche y el frío: «Si dejo que mi amor por ti se apague, / sé que yo misma me estaré apagando, / que es mi última llama / la que aún arde en mi cuerpo». 

El final, del mar a la fuente, el agua de la que la sed bebemos, funcionando este extraño maridaje, del manantial donde el amor se extrae de una parte alícuota de la existencia: «Con la tenacidad del fuego del crepúsculo / que a diario regresa a contemplarme». Silencio y misterio, el final al fondo de la caverna. El libro de Victoria León, Luz de la noche, ejecuta a la perfección la oposición entre fuego y oscuridad, del día y la noche, la sed y el líquido.

 

Victoria León, Luz de la noche, Madrid, Visor, 2025.

 

 

 

 

 

 

 

Hay libros que se convierten en obras imprescindibles prácticamente desde el mismo momento de su publicación y, sin lugar a dudas, este es el caso de Luis Buñuel. Correspondencia escogida, editado en Cátedra por los profesores e investigadores Jo Evans y Breixo Viejo. Tal y como señalan en su introducción, mientras en el ámbito de la Literatura, el Arte o la Historia la publicación de epistolarios es algo habitual, en todo lo relacionado con el Cine, los libros recopilando cartas vinculadas a profesionales o películas son todavía una excepción. Estamos por tanto ante una obra valiosa por su rareza, que es, además, un regalo para la historiografía en torno a la figura de Luis Buñuel. Treinta y cinco años después de la muerte del cineasta esta publicación se suma a los monográficos escritos por Agustín Sánchez Vidal, Ian Gibson, Paul Hammond, Román Gubern, Fernando Gabriel Martin, Francisco Aranda o Max Aub como un nuevo instrumente mediante el que seguir ahondando en el perfil de Luis Buñuel y enriqueciendo el conocimiento de su obra.

En esta publicación de cerca de 800 páginas, se compilan aproximadamente 1000 cartas y algunos otros escritos como tarjetas postales, pequeñas notas o dedicatorias de libros. Ordenadas cronológicamente desde1908 a1983 en esta correspondencia escogida se suceden los textos compartidos entre el cineasta y más de 200 interlocutores, familiares, amigos, compañeros de profesión e incluso admiradores. Todo esto acompañado por un cuidado glosario y por algunas ilustraciones que ayudan al lector a situarse en el contexto del epistolario gracias a la reproducción de documentos, fotogramas de películas y algunas fotografías intencionadamente infrecuentes y poco conocidas. En este libro se compilan y combinan colecciones de cartas ya publicadas, como las de los vizcondes de Noailles, Urgoiti, Rubia Barcia, Larrea y Paco Rabal, con otras muchas inéditas y en algunos casos de difícil acceso, al encontrarse en archivos personales o en colecciones públicas dispersas en muy diferentes países.

Evans y Viejo han resuelven inteligentemente el difícil ejercicio de selección de materiales. Han optado por prescindir de los documentos de carácter más íntimo, dejando fuera, con elegante discreción, algunos asuntos familiares para centrar así el foco en lo esencial, en la aproximación al Buñuel creador. Se han propuesto hacer valer la Historia frente al mito, procurando que los textos seleccionados ofreciesen, además de datos, todo tipo de matices, para corregir así algunos falsos históricos y poner en cuestión tópicos cómodos pero inciertos, como el de la inveterada tosquedad de Buñuel.

De este modo consiguen que este libro sea mucho más que una fuente documental imprescindible para las investigaciones que en adelante se hagan sobre Luis Buñuel. Funciona también como un relato fragmentario en el que se adivinan entre líneas sus búsquedas personales y sus actitudes y aspiraciones profesionales. En él se traza un itinerario que va desde la nota redactada en 1908 retando a sus compañeros de colegió, hasta las breves misivas en tono de despedida dirigidas entre 1981 y 1983 asu hijo Juan Luis, Carlos Saura -su hijo intelectual-, Eduardo Ducay, Agustín Sánchez Vidal o Jean-Claude Carrière “cuando apenas puedo leer o escribir”. Y en el trayecto de más de setenta años que media entre estos textos nos encontramos con otras muchas historias: los vínculos negados con Epstein; la estrecha y decisiva relación con los Noailles -con el vizconde hasta finales de los setenta-; los encuentros y desencuentros con Salvador Dalí; la confianza y admiración por Iris Barry, la amiga que no solo le abrió las puertas de MoMA, sino que también propició su decisivo viaje a México; la complicidad profesional y personal con Rubia Barcia, o el respeto casi reverencial con el que se dirigen al él personalidades de la políticas -Alfredo Guevara, por ejemplo- o del cine, entre ellos David O’Selznick, Dalton Trumbo y el mismísimo Firtz Lang, que había sido uno de los inspiradores de su vocación cinematográfica. El recorrido por todas estas cartas permite asimismo ver cómo se van gestando sus proyectos, los que salieron adelante y los que se quedaron en el camino -Montserrat o Divinas palabras.

Pero también en todas ellas queda sugerido y en algunos casos muy explícito el Buñuel más personal. El hombre que maneja distintos grados de confianza, cortesía, o enfado en sus misivas, un hábil negociador, que sabe adaptarse en cada caso a las circunstancias y a la relación que mantiene con su interlocutor. El lector puede encontrarse con el Buñuel que va de frente, pero no para discutir, sino para solventar malentendidos personales o profesionales, tal y como se advierte en las cartas que escribió a Muñoz Suay. En otras ocasiones lo intuimos escurriendo el bulto, procurando que sean los demás quienes den la cara por él, como hizo Octavio Paz con Los Olvidados en el Festival de Cannes. Pero, sobre todo, lo descubrimos aferrado a sus amigos, a los que pide ayuda o a los que auxilia personal y económicamente haciendo gala de una discreta generosidad, sin alardes, cuidándolos fielmente: a José Bergamín le paga derechos de autor por el título de El ángel exterminador, sin que fuera necesario, para aliviar su difícil situación económica, mientras procura apoyar a las hijas de Ramón Acín, treinta años después de la filmación de las Hurdes, devolviéndoles el dinero que su padre invirtieran en la producción de esta película.

Todo esto se encuentra en las cartas que Buñuel escribió o recibió a lo largo de su vida. Evans y Viejo han decidido conscientemente seleccionar aquellas que sirven para situar profesionalmente a Buñuel o para entender los medios artísticos en los que se movió y las condiciones económicas en las que tuvo que trabajar. Y lo han conseguido, proporcionándonos, de paso, nuevas piezas para descubrir otros aspectos más personales. Estamos ante un rompecabezas en el que siempre faltaran algunos fragmentos, pero gracias a este libro podemos ir entreviendo un perfil cada vez más próximo al Buñuel original.- AMPARO MARTÍNEZ HERRANZ.

 

 

Jo Evans y Breixo Viejo, Luis Buñuel. Correspondencia escogida, Madrid, Cátedra, 2018.

 

 

 

 

 

 

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