Sobre la creación de la poesía, sobre el poeta y la poesía, Enrique Villagrasa (Burbáguena, 1957) escribe y lee: todo lo que ha pasado por delante de sus ojos, clásico y canónico, más todas las nuevas corrientes de poesía española. Desde su trayectoria como crítico, como codirector de la colección de poesía “Rayo azul” (Huerga & Fierro) junto a Óscar Ayala. Su obra más reciente incluye Queda tu sombra (Huerga & Fierro, 2019), La poesía sabe esperar (Igitur, 2019) y Fosfenos (Huerga & Fierro, 2024). 

Este volumen, En la esquina del verso (PUZ, 2026), publicado en la colección “La gruta de las palabras”, es uno de sus mejores libros. Comenzar con Miguel de Cervantes y dedicar el primer poema a Nacho Escuín. Indicativo de la situación desde la que el lector parte: “Solo vivimos y solo morimos, / consumidos por el poema no escrito”. Una imagen que siempre acude, ¿es el sonido del ahogo?: “El cadáver / del tiempo florecía”. Sobre el mar y el tiempo, pedir y escuchar, verbos y sintagmas que complementan al autor que, hermético, se desliza en la acción, en la sumisión del poema: “Que busca tu rostro ausente, / como el mar en su decir y desdecir” y atrapado por la mutación de lo euclídeo utiliza una palabra, Ucronía, que florece en un verso como el futurismo, como Giuseppe Ungaretti, una página en soledad, subversiva: “La fría mañana / nace sorprendida camino de la fuente”. 

Volver a otro tema, volver a otro verso, Enrique Villagrasa, con un camino recorrido, vital y poético, una larga trayectoria, recordar Fosfenos, la manera en la que enlaza el final de un poema con el verso inicial del siguiente. Un juego en el que Villagrasa nos hace cómplices. ¿Qué hace la poesía? Ofrece belleza, pero también es exigente: «Y el poema tendrá su revancha». Denuncia que los poetas ya no leen: con exclamaciones y preguntas, Enrique Villagrasa, ofrece paciencia, pero se muestra exigente en sus lecturas, más allá del camino cartesiano: «Es posible que el mundo defina / al mundo». 

Conforme avanzamos en el poemario la geografía emocional aparece y se convierte en determinante lírico, Jiloca (el mar y el tiempo): “Y allá en la misteriosa playa blanca, esa Belleza / no envejece el mar ni sus labios violeta”. Ritmo de verso larga, trepidante sobre las sílabas, allí, del Jiloca, puñal que arrastra el recuerdo del mar hasta Burbáguena. Villagrasa, de Tarragona a Burbáguena. Del Mediterráneo a la frontera, entre Teruel y Zaragoza. 

Nos adentramos en el poema IV, recogemos el verso: “En la gruta feroz de las palabras” madre que riega, “No te olvides de apagar el verso cálido / cuando abandonas el portal de su casa”. ¿Lo divino, lo cotidiano, la primavera tiene un apellido de verso frío? «El poeta es aprendiz: / cementerio de Burbáguena, / para ser amado». La distancia del oleaje, el recuerdo del mar: «Aquella ola que acaricia era salada: / ese mar incompleto pues faltan sus pasos». La poesía es luz, luz es Burbáguena (toda la luz, la poesía y Burbáguena): «Acaso tu niñez en Burbáguena no es el territorio de lo indecible? / ¿Acaso tus libros; cada uno, no está contenido/en el anterior; / y Fosfenos no contiene al siguiente sino?». 

El final del libro, desemboca en una geografía, una intensidad situacional de versos demoledores, de amparo en el recuerdo, contraste de oscuridad y mañana: "De noche tal vez sueñes con ella: / esa enloquecida ciudad y su mar./ Reconocer su voz fue tu rescate./ Y sin embargo amas su luz mediterránea”. Cerrar el texto, casi cerrarlo más bien, con un listado de referentes, de amigos y compañeros de viaje, de citas y protecciones: Juan Antonio Tello, Alfredo Saldaña y, de nuevo Nacho Escuín. 

Esa manera de intercambiar, de mirar de otro modo, de alimentarse del cierzo de Burbáguena como otros lo hacen del Ebro en Logroño, miradas diferentes en espacios distintos, es una manera eficaz de defender la poesía, como también extrapolar lo próximo, lo íntimo, al mundo: «El mundo es un dédalo de cenizas, / una geometría de escombros». Es este uno de los grandes libros de la notable obra de Enrique Villagrasa, lector y crítico, hoy, aquí, en estas páginas, impactante redactor de su tiempo, de su intimidad poética. 

 

Enrique Villagrasa, En la esquina del verso, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2026