Se cumplen tres lustros de la muerte en Barcelona, a los cincuenta años, de Roberto Bolaño; no obstante, ahora disponemos de otro manuscrito más en traducción inglesa: un juvenil y a veces delirante bildungsroman titulado El espíritu de la ciencia-ficción. Como sucede con mucha de la obra de Bolaño, el libro proviene de su archivo: escrito a mano en tres cuadernos de espiral diferentes (uno amarillo, otro naranja y otro rojo), y el original comparte páginas con poemas, garabatos, mapas, cálculos y anotaciones militares sobre la Guerra Civil española y las batallas de Stalingrado, Normandía y Waterloo.[1]

Aunque Bolaño fechó estos cuadernos en 1984, unas cuantas cartas enviadas a su amigo Antoni G. Porta (con quien escribió su primera novela publicada, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, en 1984) y a Bruno Montané, muestran que su intención era darle unos retoques más. “¡¡Mi novela debe estar terminada antes del 86!!”, escribió. “¡¡¡San Philip K. Dick, apiádate de mí!!!”.[2] Pero no hubo ninguna versión nueva aparte de la comentada, concluida durante la temporada turística en Blanes, donde Bolaño pasó el verano vendiendo bisutería en una tienda de su madre. En aquella época Bolaño carecía de ordenador, y estaba inmerso en varios otros proyectos, entre ellos dos novelas inéditas: Diorama y DF, La Paloma, Tobruk. El espíritu de la ciencia-ficción constituye, también, un fascinante cianotipo de la poética de Bolaño y de hasta qué punto este halló inspiración en Wiliam S. Burroughs y Jack Kerouac.

El espíritu de la ciencia-ficción se desarrolla fundamentalmente en la Ciudad de México durante los años setenta del pasado siglo. Más que una novela de ciencia ficción, lo es de la Guerra Fría: predominan el espionaje, las tretas de las grandes potencias y la amenaza de guerra nuclear. Seguimos a un joven de veintiún años llamado Remo (un alter ego de Bolaño presente en La pista de hielo y otras obras inéditas, hasta la entrada de Arturo Belano) que, en su huida del Chile de Pinochet, llega a México con su camarada de veintisiete años de edad, Jan Schrella. Jan, que quiere ser autor de ciencia ficción, se pasa enviando cartas a novelistas estadounidenses del género en las que les solicita ayuda para llamar la atención sobre los efectos devastadores de las disputas por el poder soviético-estadounidenses en Latinoamérica. Es una parodia de la república de las letras de la ilustración, una república metafísica convertida en una república burlesca de escritores de ciencia ficción en ambos lados de la frontera; contribuye a documentar en sus cartas el “espíritu” de los tiempos con el fin de influir así en la cosa pública.  

Jan es otro de los alter egos de Bolaño –en cierta ocasión llega a firmar una de las cartas “Jan Schrella, alias Roberto Bolaño”– y el tono de sus cartas oscila entre la plena extravagancia y lo serio. Al escribir a Ursula K. Le Guin, explica que sus cartas son como las naves NAFAL (acrónimo de “Casi Tan Veloces Como La Luz” en inglés) del ciclo de novelas de la escritora norteamericana, las cuales permiten establecer relaciones diplomáticas con civilizaciones remotas. Cuenta al autor James Tiptree, Jr. (pseudónimo de Alice Sheldon, escritora cuya vida personal suscitó en Bolaño mucha curiosidad. De hecho, Sheldon aparece en una iteración temprana de Estrella Distante.) que si fracasan sus llamamientos a los autores de ciencia ficción podría pedir a los jubilados estadounidenses que “enviaran cartas a la Casa Blanca pidiendo el cese de la política de agresión a Latinoamérica”.[3] Y como cree que las guerras solo pueden atajarse por medio de la religión o el sexo, Jan plantea al escritor de ciencia ficción Philip José Farmer descartar, por ahora, la religión: “Nos queda el sexo. Intentemos darle un empleo útil.” Y eso se hará a través, por ejemplo, de una antología de relatos titulada Orgasmos americanos en el espacio o Un futuro radiante donde cada relato tendrá “por lo menos un acto sexual (o en su defecto de ardiente y devota camaradería) entre latinoamericanos y norteamericanos.” Por supuesto es ésa la carta que firma “Jan Schrella, alias Roberto Bolaño”, no sin antes anunciar que “Hace una semana dejé de ser virgen.”[4]

Estas cartas se intercalan en las dos primeras secciones de la novela, entre dos líneas argumentales entrelazadas. En la primera vemos que Remo y Jan viven en un cuarto destartalado en una azotea, conocen a un brillante poeta underground y motociclista llamado José Arco y exploran el sospechoso auge de revistas poéticas en la ciudad. En la segunda línea argumental, que tiene lugar en una fiesta literaria escandalosa, un premiado escritor latinoamericano de ciencia ficción (quizá Jan en el futuro) relata la trama de una novela ucrónica en la cual se lanza una contraofensiva sobre las tropas de Pinochet desde un lugar llamado la Universidad Desconocida. La tercera y última sección, titulada “Manifiesto mexicano”, sigue los pasos de Remo y su novia Laura mientras exploran los baños públicos de la ciudad. A menudo Bolaño reciclaba material para recontextualizarlo en una especie de auto-cut-up à la Burroughs, y este mismo texto cierra la segunda parte de su poemario póstumo, La Universidad Desconocida (empezó a escribirlo en Barcelona en 1979 y lo siguió desarrollando en Gerona hasta 1985, cuando se trasladó a Blanes; estas últimas fechas en Gerona coinciden con la escritura de El espíritu de la ciencia ficción; Bolaño vuelve nuevamente a La Universidad Desconocida de 1992 a 1995). A Bolaño le gustaba forzar los límites y borrar la división entre poesía y prosa, y Amberes, la novela que escribe en 1980 pero que sólo publica finalmente en 2002, también forma parte de su colección de poesía.[5]

De 2008 a 2014, al tiempo que se producía la exuberante presencia de Bolaño en traducción inglesa, trabajé entre bastidores con los herederos del escritor leyendo buena parte de los aproximadamente 14.600 documentos de su archivo y ayudando a preparar su obra póstuma. Bolaño, es importante añadir, lo guardaba todo. Su archivo incluye cuadernos, diarios, cartas, revistas, juegos de estrategia, tarjetas postales, fotos, guiones, recortes de prensa, y una amplia biblioteca (“Hasta encontré una servilleta de papel de un bar de México”, dijo su viuda, Carolina López, en una rueda de prensa)[6]. La riqueza del material permite identificar las obsesiones de Bolaño en determinado momento y seguir la estela de ellas, y mis esfuerzos se vieron en la necesidad de establecer una cronología de la escritura de su obra, una cronología creativa que tuvo un protagonismo central en la primera exposición dedicada a su archivo, de la que fui comisaria junto con el equipo del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, en 2013.

Esa cronología también arrojó luz sobre lo mucho que El espíritu de la ciencia-ficción estaba permeada de poesía, y en concreto de la lectura de los poetas Beat que Bolaño venía haciendo desde su época en México. En una entrevista con Orlando Guillén para El Nacional a mediados de los setenta, cuando Bolaño aún era un joven, casi-inédito poeta chileno de lo que él mismo califica de la “Generación del 73” (todos nacidos hacia los años 50), se refiere a una poesía “clandestina”: “Hay actitudes vitales que tienen cierto paralelismo con las posiciones beatniks de la segunda gran posguerra. Ellos viajan. Contradicen así la consigna primaria de la Junta que es: “No se muevan”.[7] En este mismo artículo Bolaño habla del puritanismo deleznable de la Junta que no permite publicar poesía amorosa. “El amor también es clandestino --comenta Bolaño--, y en este sentido mi generación también es clandestina”. Bolaño mismo guardó estos artículos a lo largo de una vida errante, y se hallan en su archivo en una carpeta de recortes de periódicos y revistas titulada “Correspondencia Infra”.[8] Otro recorte guardado, de Excélsior, tiene el curioso titulo de “Montané y Ferlinghetti, en la Última Revista de Bellas Artes”. Se trata del número 23 de dicha revista, correspondiente al bimestre septiembre-octubre. Bolaño colabora, así como Bruno Montané y Sergio Macías, con su poema “Míster Invisible”. De Ferlinghetti se reproduce el “Manifiesto populista”, lo cual el poeta norteamericano dedica ‘a los poetas con amor’.[9] Es en el manifiesto de Ferlinghetti donde curiosamente encontramos diversas semejanzas con la obra incipiente de Bolaño: “todos vosotros policías de la poesía / ¿dónde están los niños salvajes de Whitman?” […] “la poesía está muerta, larga vida a la poesía / de ojos terribles y fuerza de búfalo”.[10] El poema de Ferlinghetti ha servido como uno de los “reversos” que Bolaño utilizaba, quizás un contraire desde el Manifiesto infrarrealista (entre otras muchas influencias, evidentemente). Como explicó a Mihaly Des en la revista Lateral sobre el cuento “Detectives” de Llamadas telefónicas y el poema de Nicanor Parra, “Saranguaco”, “todos mis textos me los planteo como un texto donde prima el argumento, pero tiene su reverso, su contraire.”[11] Aunque el reverso original del Manifiesto de Ferlinghetti es sin duda Walt Whitman y su “Canto al Camino Abierto”[12]: “¡Allons, seas quien seas, ¡viaja conmigo! / Si viajas conmigo, encontrarás lo que nunca cansa.” […] “¡Camerado, te doy la mano! / Te doy mi amor, más preciado que el dinero”.[13] Durante los años 1980 y 1983, el último año de Bolaño en Barcelona y los primeros en Gerona, Bolaño desarrolló en varias libretas un proyecto iniciático entre poesía y prosa titulado “Literatura para enamorados.”[14]

            Barcelona, 1978, en torno al momento en que Bolaño comenzó en serio a probar suerte con la narrativa, anotó en su diario: “Quiero escribir una novela pero me cuesta tanto empezar” y “Escribo versos, sueño con una novela”[15]. En 1980 hay una referencia en su “Diario de Vida. Poemas Cortos. Vol. II” que explica cómo leía a diario a William S. Burroughs “¡Mi Burroughs!”. Y también escribe Amberes, una primera novela que, como se ha dicho, es a la vez un poema titulado “Gente que se aleja” en su poemario La Universidad Desconocida. Amberes se publicó en vida (2002) pero La Universidad Desconocida no salió hasta después de su muerte (2007). “Escribí Gente que se aleja en 1980 mientras trabajaba de vigilante nocturno en el camping Estrella de Mar, en Castelldefels. El poema, como es evidente, es deudor de mis entusiastas lecturas de William Burroughs,”[16] explica Bolaño. En la introducción de Amberes nos dice que “mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia. Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los días inútilmente cansado.”[17] Escribe en Entre paréntesis que Burroughs era “el hombre inconmovible, el trozo de hielo que no se derretía jamás, el ojo que nunca se cerraba”[18]. También nos recuerda que Burroughs tenía un virus, que es el lenguaje, “un virus llegado del espacio exterior, es decir, una enfermedad, y durante toda su vida trató de luchar contra esa enfermedad”.[19] Porque como sabemos de Bolaño, La literatura + la enfermedad = la enfermedad. En una primera versión de El espíritu de la ciencia-ficción, Burroughs iba a ser la persona de contacto para los jóvenes chilenos Remo y Jan.[20] A Bolaño también lo influyó la manera de Burroughs de abordar la estructura; le fascinaba El almuerzo desnudo y la experimentación cut-up, el estilo collage de Nova Express. Incluso tomó prestados algunos de los métodos de Burroughs, aprovechando en sus propios versos la técnica de recortes que empleara este, como veremos en adelante.

Burroughs no era el único foco de atención de Bolaño. Como ya demostramos, su interés en los Beats se remonta a principios de la década de los setenta, cuando empezó a traducir varios “cantos” del poema-libro de Jack Kerouac, Mexico City Blues. Fue más o menos la misma época de la traducción que salió publicada del Manifiesto populista de Ferlinghetti en la Revista de Bellas Artes, y Bolaño volvería años más tarde a estas traducciones cuando conoce a una turista de la Isla de Man que estudiaba en Oxford, en 1977. Bolaño tenía veinticinco años y era vigilante nocturno en el camping Estrella del Mar, en Casteldefells, a las afueras de Barcelona. (Fue allí donde conoció a un joven “huevón tan bello” checoslovaco llamado Jan Kula que pasó unos días en el camping, pero que después no paraba de enviarle cartas, una probable iteración real de su personaje “Jan Schrella”.) En estos años, Bolaño estaba preparando una antología de poesía traducida con el título “Un montón de estrellas fracasadas” que dedicaba a Lisa Johnson como un “producto paralelo, juguetón, de una buena historia de deseducación sentimental”.[21]

En la selección de los ocho cantos de Kerouac, que con la adición de dos más traducidos tiempo después por su novia entonces, Lola Paniagua, se dejó guiar, escribe, por la ternura que experimentó al leer los poemas.[22] En 1978, Bolaño preparó una introducción a sus traducciones que tituló “Jack Kerouac & Los Hechizos de México”. En ella describe a Kerouac como un poeta que “abre su cuerpo y su movimiento a los hechizos tiernos de México D. F., y de repente es la ciudad (la locura mexicana) la que empieza a circular en él, igual que un platillo volador soñado por David Cooper, el Antipsiquiatra […] Improvisando con lo primero que aparecía en el atardecer privilegiado del D.F.”[23] En sus poemas, dice, recuerda fiestas detenidas en el tiempo, habla de amigos, divaga sobre películas de espías, un “niño-fill” sencillo y solitario en un cuartito sencillo y solitario (aunque en compañía constante de un amigo de Burroughs, como veremos en adelante). No resulta difícil hallar algo similar en El espíritu de la ciencia-ficción. Al principio, México se resiste a nuestros jóvenes refugiados chilenos, pero finalmente cede, absorbiéndolos en su vida interior. Inoculándoles la enfermedad del lenguaje à lo Burroughs, hay una escena en la que Remo se queda contemplando su cara de alienígeno reflejada en el escaparate de un Sanborn’s y con las palabras vemos su mundo en transformación: "con panes y paltas,” escribe Bolaño, “que en adelante y para siempre llamaría aguacates, entre brazos, y un litro de leche Lala, y los ojos, no los míos sino los que se perdieron en el negro de la vitrina, empequeñecidos como si hubiera sido visto por el desierto.”[24] Y el lector de Bolaño puede ya entender esta referencia del desierto como un presagio de Los detectives salvajes.

Existen otros paralelismos más literales al fondo de El espíritu de la ciencia ficción. En 1955, Kerouac, como Remo y Jan, vivió en un desvencijado cuarto de azotea de la Ciudad de México que era de Burroughs, y con el amigo de éste, el viejo ladrón de Times Square y morfinómano William Garver (el hombre real tras el pseudónimo Bill Gains en Junky). Fue en esa azotea donde Kerouac compuso la mayor parte de Mexico City Blues, un libro de 242 cantos. En su introducción a las traducciones, Bolaño narra la necesidad de Kerouac de “trastornar los espacios neutros de la vida cotidiana, transformándose”.[25] Esto era parte de la célebre manera que los Beat tenían de improvisar: el modo que Kerouac y sus contemporáneos tenían de trasmutar lo prosaico. A Bolaño le fascinaba cómo Kerouac infundía su verso con los registros y la musicalidad de la ciudad que lo rodeaba, y quería que El espíritu de la ciencia-ficción alcanzara un efecto similar. (Cuando escribió la novela, en España, aún sentía mucha nostalgia de México.)[26] Bolaño no hacía uso de la “escritura automática” de los Beats, pero empleaba muchas técnicas espontáneas. Improvisaba largos poemas en sus notas y escuchaba jazz mientras escribía, permitiendo que el lenguaje bullera en su psiquis y pasara de ahí a la página. Entonces extraía los versos o metáforas que le gustaban y los revisaba minuciosamente.

En la exposición ofrecimos varios recortes de prensa del archivo de Bolaño que demuestran cómo utilizaba el sistema de cut-ups al estilo de los dadaístas, los OuLiPo, pero muy particularmente al estilo de Burroughs y Brian Gysin, en algunos de sus cuentos de la época, tanto publicados como inéditos. Por ejemplo, en “El contorno del ojo”: “Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato. Las palabras del periódico se ordenaron como un acertijo infantil dentro de mi cabeza.”[27] Durante esta época temprana cuando aún le costaba trasladarse de la poesía a la narrativa, parece que necesitaba estos movimientos generativos, sus reversos, para arrancar un texto; escribía “contra” algo, un poema, una imagen, una lista, de forma asociativa. El estudioso americano de cine y literatura, Bruce Morissette, lo define con referencia a la obra de Robbe-Grillet, Topologie d’une cité fantôme, un libro que creo por algunas indicaciones que Bolaño leyó (hay una edición en español de 1978), como una técnica de “intertextual assemblage as fictional generator”: “he uses a panoply of saussurian cultural langue, and by cutting them into pieces in a “mouvement de rétrogradation” makes of them his own parole, a new écriture.”[28]

En una entrevista que dio Bolaño junto con Jorge Alejandro Boccanera en Plural sobre “La Nueva Poesía Latinoamericana, ¿Crisis o Renacimiento?[29] hace una referencia del Manifiesto de Ferlinghetti y también al Aullido de Allen Ginsberg cuando le preguntan por la posible vanguardia y su contexto sociopolítico: “la poesía conversacional se queda muda cuando ve pasar por la calle a los niños rojos, a los niños salvajes de Whitman, a los que sin darse cuenta aúllan.” En adelante nos proporciona otra referencia por si a los lectores escépticos aún les faltara una prueba más: “El núcleo central de una posible vanguardia debe ser la aventura, creo yo. Y prefiero al muchacho que lee a De Rokha en vez de Valéry, el que lee a Kerouac y no a Fuentes, el que escribe en una máquina de sueños: Dinero Gratis o Thanatos Go Home.”[30] También habla de los antecedentes de la nueva poesía: “una cadena de carnicerías, una colección de fotos de poetas surrealistas, una monomanía por las carreteras, nuevamente una cadena de carnicerías, informaciones enajenadas con el método cut-up, complots experimentales, canciones de rock-‘n-roll (sobre todo Simpatía por el diablo), Vietnam y la guerrilla […].”[31] Y resume su postura diciendo “Aventura de los nervios, aventura de los párpados, aventura del camino, aventura de la revolución, aventura del amor.”[32] En La Universidad Desconocida se puede ver claramente cómo Bolaño aplica una versión “cut-up” à lo Burroughs al canto 75 de Kerouac.[33]

 

Bolaño también añadió, a su reelaboración de los métodos de los Beat, una dimensión política donde le parecía que esta faltaba. En su introducción a “Un montón de estrellas fracasadas”, Bolaño apunta que Kerouac, a pesar de todo su virtuosismo, era “el muchacho apolítico norteamericano que juntaba jazzistas negros, dioses indios y experiencias mexicanas, como otros juntan estampillas. Kerouac, elaborando el discurso del vacío para llenar, de esa manera, los espacios hechos trizas por el amor”. Buena parte de El espíritu de la ciencia-ficción puede leerse como una reacción a este vacío. La novela también contiene ecos de Tristessa de Kerouac, que detalla el encuentro de este con la drogadicción y una prostituta empobrecida en la Ciudad de México. Pero mientras que Kerouac llega del norte, los personajes de Bolaño llegan del sur y no buscan la vida trepidante, sino refugio para no ser detenidos y torturados en Chile. También ellos comienzan a integrarse en la contracultura bohemia de la ciudad, pero como un medio de afirmar la vida en vez de abrazar la autodestrucción como hicieron los Beat, aunque Bolaño veía a través de sus poetas –y paródicamente sus escritores de ciencia ficción– que una Norteamérica inocente podía vivir paralelamente a una Norteamérica imperialista. A lo largo de la novela, Jan y Remo realizan intentos desesperados, si bien hilarantes, de hacer ver a los escritores estadounidenses que están devastando Latinoamérica.

En suma, Bolaño no es el escritor apolítico que baja al sur a pasárselo bien. En 1984, cuando escribió El espíritu de la ciencia-ficción, aún se alzaba el Muro de Berlín y la carrera armamentística estaba en su apogeo. Persistían en Latinoamérica varios ecos de agresiones extranjeras. Dos años después de la Matanza de Tlatelolco, en la Ciudad de México, cuando la policía y el ejército dispararon contra estudiantes y otras personas, la Guardia Nacional abría fuego contra los estudiantes estadounidenses que se manifestaban en las universidades de Kent State (Ohio) y de Jackson State (Mississippi). Un año más tarde, en la Masacre de Corpus Christi, fuerzas de elite mexicanas dieron muerte a más de un centenar de estudiantes que se manifestaban, acontecimiento que describe el director Alfonso Cuarón en su reciente película Roma. “Era lo mismo Arizona, Sonora, Nuevo México, Chihuahua, todo es lo mismo,”[34] escribió Bolaño en su novela 2666. En “Palingenesia”, un poema de La Universidad Desconocida, Bolaño charla con el poeta Archibald MacLeish mientras ambos toman unas tapas en Barcelona. Allí escribe: “para dos poetas, si bien de diferentes lenguas, del mismo indómito / Nuevo Mundo”.

            Este es el tema nuclear de El espíritu de la ciencia-ficción: la idea de que las Américas están uncidas, unidas en la lucha. Para plantear esa cuestión, Bolaño tomó prestada parte de la estética de la contracultura estadounidense, usando la espontaneidad, el humor y el juguetón rechazo de la narración propios de los Beat para estudiar los estragos del estado. El libro no es perfecto: a veces se pasa de listo, y a menudo hay frases excesivas o cacharrería sin ton ni son. Se trata de una novela primeriza, y el autor ya no está entre nosotros para mejorarla. Pero también tiene pasajes estremecedoramente hermosos, y sus lecciones acerca del alcance de la forma de hacer política de los Estados Unidos resuenan con rabiosa actualidad. Un joven de enorme talento la escribió, en (más o menos) 1984, creyendo que la verdad a la que se llega mediante el arte era el único medio para la revolución. En este sentido, se lee como un mensaje de alguien de ultratumba: “El alma del autor muerto está presente en la novela junto con los otros fantasmas”,[35] escribió Bolaño.

 

Traducción de Antonio Rivero Taravillo

 

 

 



[1]

                        [1] Los cuadernos se mostraron en la exposición Archivo Bolaño, 1977-2003, inaugurada el 13 de marzo, 2013 en el CCCB de Barcelona y luego trasladada al Centro Recoleta en Buenos Aires y La Casa del Lector en Madrid. Se puede ver una imagen en uno de los cuadernos en el catálogo de la exposición (ver la bibliografía). También en el vídeo de la exposición aparece una selección de algunos de los libros de Bolaño de ciencia  ficción, junto con los cuadernos arriba mencionados en el minuto 2.30: https://vimeo.com/65389047   Y finalmente, en la sección de “Apuntes de Roberto Bolaño para la escritura de El espíritu de la ciencia ficción”, al final de la novela, Alfaguara, pp. 225 – final del libro (sin número).

[2]

                [2] Véase el artículo de Elena Hevia en El Periódico, “La novela ‘abominable’ de Bolaño”, el 11 de junio, 2016. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20161106/bolano-el-espiritu-de-la-ciencia-ficcion-inedito-postumo-5611731

 

[3]

                [3] Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción, página 174.

[4]

                [4] Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción, páginas 203-204.

[5]

                [5] Ver la Cronología Creativa en el catálogo de la exposición Archivo Bolaño, 1977 – 2003, páginas 28 y 29.

[6]

                [6] Carles Geli, “En la cocina inédita de Roberto Bolaño”, El País, 6 marzo 2013. https://elpais.com/ccaa/2013/03/05/catalunya/1362510621_439980.html

[7]

                [7] Orlando Guillen, El Nacional, “El Amor También es Clandestino” recorte del archivo de Bolaño, sin fecha.

[8]

                [8] Nombre de la revista infrarrealista de muy pocos ejemplares en la que Bolaño publicó el primer Manifiesto Infrarrealista. Correspondencia Infra, revista menstrual del movimiento infrarrealista, número 1, octubre / noviembre de 1977, páginas 5-11.

[9]

                [9] Autor desconocido, Excélsior, México, el 11 de diciembre, 1975. Recortado por Bolaño y guardado en una carpeta de recortes de periódicos y revistas titulado  “Correspondencia Infra”.

[10]

                [10] Ferlinghetti, “Manifiesto Populista y Otros Poemas. Málaga: Eds. Arbol de Poe, 2005.

[11]

                [11] Mihaly Des, Jornadas homenaje Roberto Bolaño, página 150.

[12]

                [12] Bolaño escribe sobre Whitman en Entre Paréntesis: “todos los poetas americanos, para bien o para mal, tarde o temprano tienen que enfrentarse a Whitman. Neruda lo hace, siempre, como el hijo obediente. Vallejo lo hace como el hijo disobediente o como el hijo pródigo. Borges, y aquí radica su originalidad y su pulso que jamás tiembla, lo hace como un sobrino, is siquiera muy cercano, un sobrino cuya curiosidad oscila entre la frialdad del entomólogo y el resignado ardor del amante. […] Su poesía, sin embargo es la más whitmaniana de todas: por sus versos circulan los temas de whitman, sin excepción, y también sus reflejos y contrapartidas, el reverso y anverso de la historia, la cara y la cruz de esa amalgama que es América…” página 186.

[13]

                [13] Whitman, Hojas de hierba, edición y traducción de Eduardo Moga, páginas 452 y 465

[14]

                [14] Para ver la imagen de una de estas libretas, ver Archivo Bolaño, 1977 – 2003, catálogo de la exposición, página 57.

[15]

                [15] Ibid, página 16.

[16]

                [16] Bolaño, La Universidad Desconocida, página 443.

[17]

                [17] Bolaño, Amberes, página 10.

[18]

                [18] Bolaño, Entre Paréntesis, página 147.

[19]

                [19] Ibid, página 148.

[20]

                [20] Ver la sección de “Apuntes de Roberto Bolaño para la escritura de El espíritu de la ciencia ficción”, al final de la novela, Alfaguara, pp. 225 – final del libro (sin número)

[21]

                [21]

[22]

                [22] Archivo de los herederos de Roberto Bolaño, 33 / 218. También ver el artículo de Josep Massot, “El día que Bolaño decidió ser novelista.” La Vanguardia, 1 de enero, 2012.

[23]

                [23] Ibid.

[24]

                [24] Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción, página 12.

[25]

                [25] Archivo de los Herederos de Roberto Bolaño, 33 / 218. También ver el artículo de Josep Massot, “El día que Bolaño decidió ser novelista.” La Vanguardia, 1 de enero, 2012.

[26]

                [26] Bolaño escribe en una carta a un tal Claudio más o menos en las navidades de 1978, que el D.F. tiene una estética (una estética con movimiento de ola), hay una música, hay una forma de amar, hay una forma de autodestruirse, “y aunque más de la mitad de este librito está escrito en Barcelona, todos los poemas juegan, comienzan a jugar, en un espacio que es el de allá.” Archivo de los herederos de Roberto Bolaño, 35/15-48.

[27]

                [27] Bolaño, “El contorno del ojo”, Cuentos Completos, página 633. Se pueden ver en el vídeo de la exposición en el momento 2.49: http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/archivo-bolano-1977-2003/210985

[28]

                [28] Bruce Morrissette, “Intertextual Assemblage as Fictional Generator: Topologie d’une cité fantôme.” The International Fiction Review, 5, No 1 (1978), página 1.

[29]

                [29] La entrevista va de la página 41 a la 49, pero en el recorte del archivo de Bolaño no hay una fecha puesta en las páginas, aunque en las biografías menciona su poemario Reinventar el amor (1976), y que “aparece en la antología Once jóvenes poetas latinoamericanos, de próxima aparición” (que salió con el título Muchachos desnudos bajo el arco de iris de fuego con Bolaño ya en España, en 1979). Es un artículo escrito a cuatro manos, aunque toma formato de entrevista, del número 68 de la revista Plural, entonces ya bajo la dirección de Jaime Labastida, en mayo de 1977. Lo interesante es que este texto salió antes de la publicación del Manifiesto Infrarrealista en 1976 y aquí salen extractos que luego Bolaño escribe en el Manifiesto.

[30]

                [30] Ibid, página 49. “Dinero Gratis” es una referencia a la canción “Free Money” de Patti Smith, y saldrá en unos meses esa misma referencia en su propio Manifiesto Infrarrealista, pero en su versión en inglés, Free Money”que se puede ver en la recopilación de los textos de Bolaño en A la intemperie, página 358.

[31]

                [31] Ibid, página 44. Aquí podríamos leer sin demasiada paranoia o creatividad una referencia al “monomaníaco” Capitán Ahab, ya que Moby Dick de Herman Melville fue una novela fundamental para Bolaño, dicho por él mismo varias veces, y a la carretera de Kerouac.

[32]

                [32] Ibid, página 49.

[33]

                [33] Canto 75 de Jack Kerouac, Mexico City Blues, página 75 y poema de La Universidad Desconocida, página 30.

[34]

                [34] Bolaño, 2666, página 527.

[35]

                [35] Bolaño, El espíritu de la ciencia ficción, página XX.