Fernando Garriga obtuvo el Premio Ignacio Aldecoa de 2026 por Sacrificio, una colección de cuentos unidos por redes subterráneas. Bifurcaciones capaces de generar un clima de realismo del interior, de esa geografía no euclídea de la Argentina: selva y jungla en la triple frontera imposible de Paraguay, el Brasil y la Argentina. La mágica fundación de Buenos Aires, recopilada por Manuel Mújica Martínez, extractos de la imaginería de la isla en la tradición de Adolfo Bioy Casares y su Invención de Morel, o, más recientemente, Diego Muzzio o Edgardo Cozarinsky. 

Los dos primeros relatos, “Un bucle de tiempo” y “Un segundo bucle de tiempo”, juegan con el círculo temporal infinito, la permutación de personajes, la mutación de los puntos de vista. La cita de Jorge Luis Borges actúa como guía hacia el interior/exterior, los jardines y los mares, la tierra y el río. El mismo recorrido es un remedo porteño de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, desembocando, fantasmal, en la zona de Obras Sanitarias de Buenos Aires. Entremezclada con la herencia anglosajona de El corazón delator de Edgar Allan Poe, se hace cuerpo la potente tradición de la viñeta argentina, desde la paranoia futurista de El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López hasta el urbanismo decadente de Parque Chas de Ricardo Barreiro y Eduardo Risso. Gótico de fiebre, personajes enfermos de veneno, biromé y queroseno. Páginas en ruinas. Canoas que llegan hasta el Jardín Japonés de Buenos Aires. Los nombres se superponen en un anecdotario de delirio: Emilsa y Marcelo, Gianna y Leila, el hotel Sheraton, las barracas de Belgrano, el urbanismo de Plaza Italia. Como si la narración avanzara en el tiempo y el espacio, de una isla al centro de Capital Federal, de la fundación del Río de la Plata a las fiestas en Palermo, con bellas pinchadiscos transmutadas y espectrales. Leemos: «Esa agua que tomamos —dijo, señalando el río— en realidad nos envenena. ¿Qué puerta será la salida?»

Más anecdótico resulta “Un pez naranja”, donde el amor es un remedo compartido por los viejos personajes de Alejandro Dolina: una levantadora de pesas que cambia el deporte por los pasteles, la morfina por el cannabis. Resinas y dulce de leche. Un ciclo de vida que incluye la soja, el pequeño jardín, mensajes escritos en el cielo y el alma nutricia del cuerpo agrícola de la Argentina: «En este país tirás una semilla y crece». Mientras uno escucha a Luis Alberto Spinetta dibujando con su voz y su guitarra aquello de «Todas las hojas son del viento». El amor entre un hombre y una mujer, la distancia. Física y espiritual. Giganta y enano. Sexo geométrico y compatible, de desgarros fuera de moldes, pleno en los sentidos. No sabes si son las sustancias o la paz. Algo aleja el dolor. Él, que viene de lejos, de Tres Ombúes en Ciudad Evita, por La Matanza, sabe hacer churros y comparte el paseo con ella. Un desencuentro —uno más en las historias del volumen, calles de asfalto y violencia— que, tras la tensión, llevará al alivio. La historia de dos contra el mundo. 

En “Sacrificio”, Garriga nos presenta a un hombre, otro fantasma en la madrugada urbana, que encuentra un caballo que nadie pudo domar y que resulta más estimulante que su propia esposa. Hay un deseo en la obra de Garriga de llevarnos hacia las flores y las mascotas, bulbos y animales. La hija ausente es otro espectro que se diluye en la frontera entre lo real y lo soñado. Volvemos a Tres Ombúes en La banda de los enanos, un cuento del conurbano del Gran Buenos Aires. Vuelve Nadia, con su centenar de kilos, la familia de Santiago. Albinos, bolivianos, enanos que se meten en las casas cuando nadie los espera. Misterios de un lugar pleno de hambruna y culebras, más campo que asfalto. Hermanos que se difuminan en sus anécdotas mientras el autor dibuja, sinuoso, el río de la historia de España que acabará en la fundación de Buenos Aires. Se integran Juana la Loca, Carlos I de España y V de Alemania, amores en Canarias y los distintos virreyes del Río de la Plata en una verbena bufonesca de comedores de alfajores, periodistas locales y enanos, niños, bufones que mastican dulces como fantasmas de miseria, motos adaptadas, resinas fumadas y policías demasiado atractivas. Un compendio con trazos de situacionismo y anécdota de extrarradio. Lo vulgar conectado con la pétrea historia. 

El libro termina con “Tilcada”, una historia larga, casi una “nouvelle” dentro de los cuentos, plena de Juan Rulfo y William Faulkner, con ecos recientes en la narrativa con aderezo fantástico de Dennis Johnson. Una superposición de tiempos y desgracia, amores y brujería. Desde Jujuy a París, pasando por Buenos Aires. Un reino desértico de civilizaciones en agonía, de razas que solo responden a las leyes de los hombres: famélicos, sexuales, violentos. La sed del desierto y la muerte como un estadio vacuo, del que uno se recompone con leyenda o fantasma. Un coya (etnia andina del norte de la Argentina), con su piel de cobre, que sufre la violencia de los milicos, de los vecinos, del mundo de moscas, gendarmes, perros agónicos y humillaciones. Todo se mueve con nafta de olor mareante. Y, humillado y sin vida, no se le acercan ni los gusanos: «Año nuevo. Hay cinco días que están fuera del tiempo. Eso pensó mientras flotaba, que estaba fuera del tiempo, era el primero de esos días. Por eso no moría». A partir de ese momento, la historia comienza su metamorfosis en la Odisea latinoamericana. Con almas livianas y ropa de domingo. Un renacido que habla con arañas, que trabaja por el pan y la sal, que se convierte en mito susurrante entre sus iguales: «El otro Coya se sumergió en esas voces de tal modo que los alcanzó sin haberlos alcanzado». Un prometeo andino fuera del tiempo, vivo en una nube, en el camino de silencio y polvo, donde nadie lo reconoce ni se le acerca. Una vieja, una bruja, que lo retiene en su rancho imposible. Lo hechiza y somete: «Alguien debe morirse para salirse». Escapa para acabar en una boda, en otra mentira, en un lugar de especias y picantes lejanos. Consumido por un súcubo traicionero, el autor hace de la desgracia virtud, humilde coya que subasta una vida, una historia, más allá de cualquier horizonte. 

Sacrificio, de Fernando Garriga, es un libro que entrelaza a sus personajes, demiurgos entre la vida y la muerte, en el duermevela de la existencia. Un libro de belleza y sentimiento que nos devuelve lo mejor de la tradición del relato corto argentino.

 

Fulgencio Garriga, Sacrificio, Logroño, Fulgencio Pimentel, 2026.