
Con un poemario entre lo irónico, la denuncia, la retranca, el vuelo lírico y ciertas vetas de humanismo existencial, Jorge Ortega Marcos (Madrid, 1993) ha obtenido el Accésit del Premio Adonáis 2025 con Poliquetos (Rialp), un poemario del que ha destacado el jurado su «escritura audaz, que combina un existencialismo irónico con una crítica incisiva, sin retóricas vacías, construida con gran pericia métrica y rítmica y deslumbrantes aciertos verbales».
-¿Tan poéticos pueden resultar estos gusanos marinos, los poliquetos, como para nombrar un poemario?
-Elegí Poliquetos como símbolo y juego. Por un lado, como mencionas, su significado de gusanos marinos buscaba aludir a sus aspectos primitivos, a su carácter oculto y su dualidad entre lo resistente y lo frágil. Así, el libro Poliquetos se presenta como un tratado zoológico dividido en tres partes (alimentación, hábitat y anatomía) donde la idea del gusano juega como una metáfora de lo urbano y lo obrero.
Por otra parte, la etimología de la palabra poliquetos proviene de la gran cantidad de estructuras filamentosas (quetas) que les sirven a estos animales como tacto y locomoción. Así, buscaba presentarlo, a su vez, como un juego donde la multiplicidad de formas y estructuras poéticas presentes en el libro, quieren asemejarse a las quetas que utiliza el gusano para sentir y desplazarse.
No obstante, para mí, la propia palabra poliquetos ya funcionaba por sí misma. La morfología y sonoridad de la palabra quise presentarla como un juego para la búsqueda de su propia significación.
-¿Cuándo conviene adentrarse en «la trastienda de los restaurantes», esos lugares en los que «se electrocutan las libélulas»?
-Estos versos hacen alusión a uno de mis referentes poéticos, Juan Carlos Mestre, quien en uno de sus poemas termina con los maravillosos versos «es probable que la invisibilidad y estos hechos/ solo guarden relación con una libélula». Así, creo que es necesario mirar en nuestras trastiendas, aquellas que nos constituyen y nos rodean.
“El poema debe estar manchado por aquello que te salpica y te atraviesa”
-¿De qué se manchan las ideologías? Y el poema, ¿queda manchado por algo?
-Para mí las ideologías están manchadas de pescado y puré precalentado. Están manchadas de sus propias incoherencias, y para mí, esto las hace ser más humanas. Qué aburridos son los -ismos (y los poemas) que no están impregnados de dudas y su contrario. Creo así, que el poema debe estar manchado por aquello que te salpica y te atraviesa. Como menciona Ben Clark (otro de mis referentes poéticos) citando a Paul Muldoon en una conferencia impartida en la Fundación Juan March, «un poema es una respuesta a una pregunta que solo ese poema ha formulado», y para mí, esto constituye su mancha.
-Para que a un sitio el poeta pueda llamarlo «casa», ¿qué se requiere?
-Qué pregunta más complicada. Para empezar, dado el tiempo que nos ha tocado vivir y la crisis de acceso a la vivienda, diré «una casa» como hecho material y necesario. No obstante, querría traer otras dos citas al respecto, una de mi maestro y amigo Jesús Urceloy quien me ha enseñado que «el poeta no sale de su casa: entra en el mundo» esta casa-mundo es donde busco como poeta «mi casa».
Además, en relación con esta primera necesidad, de la casa en su realidad tangible, quiero recordar aquel poema de Cesar Vallejo que dice: «todos han partido de la casa, en realidad, pero todos se han quedado en verdad. Y no es el recuerdo de ellos lo que queda, sino ellos mismos».
-Hay una reivindicación continua de la tensión entre clases, de la desigualdad que propicia. Para que un poema denuncie y mantenga el tono poético sin convertirse en un panfleto sin vuelo alguno, ¿qué se necesita?
-No es una pregunta menor, la verdad que me lo han preguntado bastante en estos meses. Ciertamente pensaba que este debate de adjetivar la poesía es sus calificativos «social», «política», ya había acabado hace tiempo. Cómo no recordar a la generación del 50 con José Hierro o Ángel González hablando largo y tendido sobre esta cuestión. Mi única aspiración al respecto es estar a la altura y mantener un diálogo con aquellos poetas que están y aquellos que me precedieron.
“Es increíble la multiplicidad de lecturas que se pueden hacer a un poema”
-¿La poesía es la antítesis de la teoría de la utilidad esperada?
-Es increíble la multiplicidad de lecturas que se pueden hacer a un poema, la verdad que no estaba pensado como la antítesis de la poesía, pero creo que tu mirada lo ensancha y lo hace más tuyo. Para mí ni la teoría de la utilidad esperada ni la física cuántica son antitéticas de la poesía. Quizás para mí la única antítesis de la poesía sea el «ruido» en todas sus connotaciones.
-«El capitán Ahab era supersticioso porque sabía lo que era la noche». ¿Conviene serlo?
-Recuerdo aquella frase del capitán Ahab diciendo «yo le pegaría al sol si me faltara el respeto». Frase que aún me resuena cuando veo a personas pisando el suelo recién fregado o juzgando la diferencia. En cuanto al hecho de la superstición misma, volviendo a la idea de los contrarios, creo que hasta las personas más materialistas tienen algo de superstición en sus ideas.
“Es paradójico que en los momentos difíciles (como lo fue la pandemia) la gente acuda a la poesía y a la ciencia para refugiarse”
-La poesía, ¿qué capacidad tiene de reinventar el mundo, de ponerse en acción?
-Responderé a esta pregunta cambiando el foco parcialmente. Yo trabajo en ciencia, concretamente en investigación con polinizadores. Contar esto genera casi siempre la misma reacción que decir «soy poeta». La primera reacción es: «qué bonito» (adjetivo que me chirría en gran medida) y la segunda es: «y para qué sirve». Sin embargo, es paradójico que en los momentos difíciles (como lo fue la pandemia) la gente acuda a la poesía y a la ciencia para refugiarse. De esta manera, contestaré con uno de mis poemas de cabecera de José Agustín Goytisolo «Tenemos una niña/ a la que a veces digo/ también con alegría:/ no sirves para nada».
-«Sé que todo es mentira». ¿Miente el poeta?
-Como mencioné anteriormente, todo es su contrario en cierta medida, y más en el poema que aludes “Efecto Breit-Wheeler” que hace referencia a un concepto de la física cuántica que habla de la dualidad luz-materia. Por tanto, yo soy mi propio fingidor como diría Pessoa.
-Haber ganado un premio como el Adonais con un poemario tan políticamente combativo, ¿es como haber colocado una bomba en el corazón exacto de la muerte?
-Qué imagen más potente. Espero que no sea un diagnóstico grave y que puedan tratarse las bombas en el corazón. Para mí la colección Adonais es el sueño de un niño que escribía con la intuición de un chicle de melón. Espero estar a la altura, aunque sea de puntillas.

