¿Qué tiene que ver la Aljafería con Il trovatore, una de las óperas más populares de Giuseppe Verdi? La pregunta, que podría parecer circunscrita a la historia de la música, abre en realidad un amplio territorio de relaciones entre literatura, arquitectura, política y creación artística. Marta Vela lo recorre en El imaginario de la Aljafería en Il trovatore, un ensayo publicado por Pregunta Ediciones que rastrea el origen de una imagen que acabó proyectándose mucho más allá de Zaragoza.

El itinerario comienza con Antonio García Gutiérrez y su drama El trovador, estrenado en Madrid en 1836. De aquella obra surgió el libreto de la ópera verdiana, estrenada en Roma en 1853. Entre ambos momentos se produjo una transformación decisiva: la historia teatral española fue absorbida por la gran maquinaria operística europea y adquirió una nueva dimensión a través de la música de Verdi.

Marta Vela no estudia ese proceso como una simple sucesión de influencias. Su interés se dirige hacia el contexto cultural que permitió que una fortaleza zaragozana se integrara en la imaginación romántica. El siglo XIX encontró en la Edad Media un repertorio inagotable de personajes, conflictos y escenarios. Castillos, ruinas y palacios proporcionaban una geografía adecuada para representar pasiones extremas, luchas por el poder y enfrentamientos entre individuos y estructuras sociales.

En ese contexto, la Aljafería poseía unas características especialmente atractivas. Su pasado islámico, su arquitectura y su vinculación con la historia medieval la convertían en un lugar idóneo para la mirada romántica, siempre dispuesta a descubrir en España una combinación de exotismo, tradición y misterio. El monumento dejaba así de ser únicamente un espacio histórico para convertirse en parte de un imaginario artístico europeo. A completar esta mirada contribuye el prólogo de Sergio Castillo, Jefe del Servicio Gestor de la Aljafería, que ofrece una aproximación rigurosa y, al mismo tiempo, cercana a la historia del palacio. Desde el conocimiento directo del monumento, Castillo reconstruye sus principales hitos constructivos y explica las sucesivas ampliaciones y transformaciones que, a lo largo de los siglos, fueron configurando la Aljafería que hoy conocemos.

Uno de los méritos del ensayo es ampliar el foco más allá de Verdi. La presencia de Wagner y Meyerbeer permite a Vela situar Il trovatore dentro de una corriente estética mucho más amplia. La ópera decimonónica no solo buscaba nuevas formas musicales: necesitaba también escenarios capaces de sostener grandes conflictos dramáticos. La arquitectura medieval, real o recreada, ofrecía precisamente esa posibilidad.

La autora presta asimismo atención a la dimensión política de este universo. El romanticismo no miraba al pasado de manera inocente. Las revoluciones liberales, la reacción absolutista y los movimientos nacionales modificaron la forma de interpretar la historia. El trovador de García Gutiérrez puede leerse desde esa perspectiva como algo más que un personaje de ficción: en su enfrentamiento con el poder aparecen algunas de las tensiones que atravesaban la sociedad española de su tiempo.

Esta lectura permite comprender mejor la extraordinaria fortuna de la obra. Verdi encontró en el drama de García Gutiérrez una historia de amores, rivalidades y venganzas, pero también un material dramático capaz de traducirse en música. La célebre intensidad de Il trovatore procede, en buena medida, de esa concentración de conflictos: Leonora, Manrico, el conde de Luna y Azucena se mueven en un mundo dominado por la pasión, la violencia y la fatalidad.

Especial interés tienen las páginas dedicadas a la escenografía. La imagen de la España medieval que llegaba al público italiano y europeo no dependía únicamente del libreto o de la partitura. También se construía mediante decorados, vestuario, iluminación y otros recursos teatrales. Vela muestra así cómo la representación visual contribuyó a fijar una determinada idea de la Aljafería y, por extensión, de la España que el romanticismo quería llevar a escena.

El carácter musical del ensayo se prolonga, además, fuera de sus páginas. El libro incorpora una particular “lista de reproducción” a la que el lector puede acceder gratuitamente mediante sendos códigos QR que remiten a YouTube y Spotify. De este modo, la lectura puede acompañarse de fragmentos sonoros significativos de El profeta, de Meyerbeer, y de Il trovatore, de Verdi. La propuesta no funciona como un simple complemento, sino como una forma de acercarse directamente a la materia musical que el ensayo analiza y de percibir, a través de la escucha, algunas de las conexiones estéticas que plantea Marta Vela.

El libro ofrece, por tanto, varias lecturas posibles. El aficionado a la ópera encontrará las claves literarias y culturales de Il trovatore; el lector interesado por Zaragoza descubrirá la trayectoria europea de uno de sus monumentos más singulares; y quien se acerque al ensayo desde la historia cultural podrá seguir el proceso por el que un lugar concreto entra en circulación dentro de las artes.

Hay, además, una cuestión de fondo que recorre todo el estudio: la capacidad del arte para modificar nuestra percepción del pasado. García Gutiérrez no reproduce una Edad Media histórica; Verdi tampoco convierte su drama en una reconstrucción documental. Ambos utilizan el pasado para construir una obra contemporánea a sus respectivas sensibilidades. La Aljafería funciona dentro de ese mecanismo como referencia histórica y, al mismo tiempo, como materia de ficción.

Marta Vela consigue convertir esta compleja red de relaciones en un relato cultural atractivo. Su investigación permite seguir un viaje que va de la escena madrileña a la ópera italiana y de la historia de Zaragoza al imaginario europeo del siglo XIX. El resultado es un ensayo que amplía la comprensión de Il trovatore y, de paso, devuelve a la Aljafería una dimensión artística que forma parte de su propia historia.

Porque los monumentos no solo conservan piedras, estilos y acontecimientos. También acumulan las miradas que los han interpretado. La Aljafería de Il trovatore es una de esas miradas: una creación nacida del romanticismo que terminó incorporándose a la historia de la ópera. Marta Vela ha tenido el acierto de seguir su rastro y de mostrar, con ello, hasta qué punto música, literatura y arquitectura pueden encontrarse en un mismo escenario.

 

Marta Vela, El imaginario de la Aljafería en Il trovatore, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2026.