
Diego Rodríguez Reis (Buenos Aires, 1979), profesor y escritor, ha publicado poesía y ensayos desde 2009 hasta este mismo año. Sus textos han aparecido en publicaciones de toda Latinoamérica, Alemania y Estados Unidos. En España, entre otros, destaca este volumen, La dimensión conocida (Pre-Textos, 2026) que obtuvo el Premio de Poesía Antonio Ródenas García-Nieto en su última edición.
Un volumen que habla sobre los espacios cotidianos, con la dificultad de entender qué es lo natural y qué es lo amable. Entre Franz Kafka y el Samuel Beckett de Final de Partida, Diego Rodríguez profundiza en lo más lírico y hermético de la poesía. Más que novela, serie de televisión, más que final, espóiler: “Los resúmenes de la fecha / el diario del lunes”, las repeticiones y el final: “Yo sólo quiero saber / cómo va a terminar / esta historia”.
La biografía del yo, la historia del cuerpo, el algoritmo que ofrece un fuego, un fractal programado, cortante, muñecas que son asesinos en vez de someterse a la colección de Deliciosas Criaturas Perfumadas: “¿Hay algo más triste / que un árbol / al atardecer?” La serie vuelve, al apagar el mando y encontrar los electrones fallidos, golpeando a la televisión sin antena, algo parecido a la muerte, la pelícana y el androide.
El poema sobre El Hombre Invisible: “Mi problema es con el sueño / eso finito interminable” o “Unas rachas de sueño débil/inservibles” Un hombre, ¿vuelve al pueblo? ¿Vuelve? ¿Qué? Que vuelve pueblo, que vuelve, ¿Qué vuelve? ¿Qué? La madre muere, la madre es lengua: “La mujer la madre la lengua / la frialdad el calor la voz original / la luz los latidos las palabras”, enumeración, casuística, el uso de la acumulación cuantitativa: catorce millones de años.
El poema, Hereje: “dios / ya no entiende mi fe” y Héroe: “voy a buscar / el sol de la noche” pan para el tiempo, el manejo de los sentimientos como algo emocional, no cartesiano. El olor del último cigarrillo, mínimo. Y terminar: “la luz que hoy no respiro / no sé si volveré mañana”. El poema que da título al volumen, de serie retro, de miles de opciones paralelas, La Dimensión Desconocida. En la fundación se encuentran los límites de la memoria: “Hay una topografía de la memoria / hay sábanas y selvas de la memoria / hay lúcidos obreros esclavos/y patrones de memoria” Escuchar el álgebra, dejar que desciendan las probabilidades, usar la estadística como un arma: “Aquí datos domicilios / tu lugar tu dirección / los prontuarios los antecedentes / y los pronósticos reservados”.
Diásporas fronteras, más allá de la inundación, la palabra: piel y vejez. Palimpsestos, ídolos y caos: “los fantasmas que violamos en las sombras / no envejecen”. Mapa de otoño, las direcciones, este, norte y sur, solo dejan una respuesta: “Al oeste en las llanuras / cuadernos borradores se amontonan”. El verano ha terminado y seguimos remando, seguimos suspirando: un poema del cero, una canción de Dynamo sobre la primavera, luna roja de Gustavo Cerati, sol de enero infinito: “Estoy adentro / de mil mundos / para siempre / adentro de mil mundos”.
Un poemario donde lo desconocido está presente, las reflexiones se concatenan, hay un reguero de pasión argentina, un recuerdo a las reposiciones nocturnas de series antiguas, que hacen de esos espacios un lugar de creación.
Diego Rodríguez Reis, La dimensión conocida, Valencia, Pre-Textos, 2026.

