
David Refoyo (Zamora, 1985) es narrador y poeta. Sus últimos libros son la novela Los restos (Editorial Dieci6, 2025) y los poemarios El fondo del cubo (Visor, 2020; accésit del XXX Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma y finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2021), Redención (La Bella Varsovia, 2022). Retoma los versos con Las ganas de comer Oreo (La Bella Varsovia, 2026) un volumen que tiene la paternidad como descubrimiento y hechizo, combinada con el pánico y el inherente miedo a un futuro que se presenta como construcción lírica sobre un presente donde todo es posible, estadística y cartabón doblado.
La primera parte del libro, “La vida corta“ comienza con poemas de carbón y bisturí. "Si la cuna, entonces es casa". Escuchar al hijo creciendo, como escribió Francisco Umbral, en la trágica confusión del rumor de la hierba, que también se acerca: tierra y césped. ¿Qué queda atrás? Un verano: "Sé que yo he muerto un poco desde entonces". Escuchar un avión, que se marcha, que vuelve, que es una posibilidad. Él, poeta, padre, dice: "Pero no eres tú". Así que la estación se convierte en un lugar más que un tiempo. "El verano ya nunca más tendrá el color de los veranos". Con distintas posiciones sensibles, sabores, olores: un hambre que avanza hacia el mediodía con disciplina. ¿Las galletas? ¿Hay algo que acerque más al padre y al hijo? Y luego, claro, la madre. Un hijo, un padre. Pero el progenitor, mutado: "No importaba lo que decías, solo que decías". La presencia es el opuesto a la ausencia. Llenar un hueco, de la vida, de la pasión: sensaciones, saber, probar. Y cito: "A los doce años el mar / y los huesos siempre húmedos". Contar con los dedos, números naturales, que aumentan, que se superponen.
Una segunda parte, “Los días largos“, donde el miedo que alimenta los poemas se barniza de pasión. Un miedo necesario, como la tensión del escenario, el ofrecimiento, sobre el papel: "no puedo protegerte todo el tiempo" y dejar de dormir, convertirse en vigilante, abstenerse, mantenerse despierto. Padre, dios, madre: "Estás dormida y a la vez despierta" y "Entre este cuerpo que te sujeta / y la luna existe un vacío". La manera de escribir los versos, el poema que ha mutado, como lo hace el que escribe, otro, irreconocible, nuevo, con sabores diferentes: "Es ahí, justo ahí, en ese metro y medio escaso, / donde hierven ahora todos los poemas". Escucho y leo, identificándose en la mediana edad, autor y crítico: "Todavía tenemos dinero para el quiosco. / Todavía podemos conservar la dignidad". Como una divinidad recién adquirida, no saber quién es parte del Panteón nuevo y quién el devoto, ese reparto entre el padre y el hijo, que será restituido con el paso del tiempo, cuando el parpadeo de la infancia se convierta en décadas de madurez y, finalmente vejez: "Llegará octubre, amanecerá más tarde, / y veremos los puntitos brillantes desde el coche" y, entonces, volverá, tesoro y visión: "¿Serán tus dudas más vastas que mi miedo?" Todo lo que había antes, todas las luces se han convertido en señales para el futuro, una guía: "Surgió el diálogo: / fundamos una ciudad nueva".
Muchos lectores, muchos seguidores de Refoyo, generacionalmente instruidos se encontrarán con versos como "Ser padre es como amontonar arena / en una esquina / y que de repente empiece a llover". Hablamos de esa hermandad antigua, formal, de la playa, del castillo y el barro, del ciclo eterno, crear, destruir, del incendio de amor entre padre e hijo, el Mediterráneo se ve desde Zamora. Imagina el amor como una semilla, un fruto que se proyecta, que se eleva, poco a poco, en la metáfora de la humedad y la paciencia, el calor del astro, del amor puro, del pánico inherente: "Niños lejos de servir como albaceas / transformar las palabras en silencio". Cerrar el libro para dar comienzo a una nueva lectura de la vida: "Para qué caminar juntos si no me das la mano". La sombra de la bohemia se ha iluminado por la sonrisa del hijo.
David Refoyo, Las ganas de comer Oreo, Barcelona, La Bella Varsovia, 2026

