
Raúl Molina es un reconocido estudioso de la poesía española contemporánea a pesar de su juventud (pienso en sus trabajos sobre Julio Llamazares y las poéticas de la ruralidad), o su recientísima antología de las últimas promociones líricas de nuestros pagos. Me refiero a Un estallido. Antología de la poesía española. 2000-2025, escrito junto a Álvaro López Fernández y que, a pesar de la ingente cantidad de nombres seleccionados, tiene un prólogo muy interesante y un meritorio esfuerzo presentador del estado de la cuestión. Eso ya lo sabíamos por sus trabajos y tesis doctoral, lo que yo desconocía es su faceta como un poeta existencial con tintes modernos, que nos emplaza desde el mundo como un lugar sin salida y donde, a pesar del desarrollo y peligros de la sociedad postindustrial, los pájaros en bandadas cruzan hacia el este. O, si así lo prefieren, un lugar donde cabe la esperanza, pese al tono trágico, comprometido, crítico y pensativo de sus versos.
Lo curioso y destacable es lo anticipado. Raúl Molina trae desde los poemas en prosa con que inicia y cierra el libro (verso libre el resto), un tono y unas lecturas explícitas: Antonio Gamoneda, Antonio Méndez Rubio, Raúl Zurita o José Ángel Valente reunidos bajo ese mundo de hormigas y desiertos de Edmond Jabès y Maurice Maeterlinck conjugados. Se me olvidaba decir la aparición por sus páginas de Paul Celan y otro/as suicidas. Y, sin embargo, no estamos ante un celanita desolado, a un impostor de los que sacan provecho tras Theodor Adorno, y el escribir poesía después Auschwitz y que hoy se llama Gaza. No, Raúl Molina no se ha quedado anclado en esos discursos que tuvieron compromiso real y mérito artístico en sus iniciadores. Los echamos en falta frente a quienes poco a poco se han convertido en remedo o lugar común de muchos que escriben acogidos al prestigio de lo desolado por su falta de ánimo o por la necesidad de un tópico prestigioso, sin reactualizarlo. Molina no cae en esa trampa y escribe desde el yo que vive cuanto escribe, y eso se nota.
Estamos en consecuencia ante un libro breve, unitario, lleno de ese agonismo existencial vivido, sentido y transmitido, a veces de bordes agudos y bronco, seco, otras más dúctil, ajenos a los lenguajes miméticos. Uno de los puntos clave es ese espacio del lenguaje propio de óxidos y amoníacos.... Y desde ahí estas breves reflexiones líricas, sin demasiados asideros tropológicos ni referenciales, pero llenas de un saber decir inequívoco y personal, pues su desnudez se prende del asunto y de su esencialidad sin ornato, velada, pero no críptica. La asunción de ser hombre o vivir en la intemperie prima, con denuncias concretas a la explotación a las minas de coltán, la destrucción, los bombardeos o simplemente a ese extractivismo sin freno de recursos, desde el propio oxígeno a las quemadas fronteras de la muerte, con cuanto eso significa en la modernidad. En ese contexto el yo lírico muestra su fragilidad y dolor, precariedad, junto a esa gente humilde que viaja en vagones de tercera, como todos nosotros, y que junto a ese lenguaje tan propio, escarbado en el yo, hacen de este libro una referencia que dejo al alcance de mi mano.
Raúl Molina Gil, Hormigas en el centro de un desierto, León, Eolas Ediciones, 2026.

