Sofía Balbuena (Salto, 1984) es escritora y profesora de escritura creativa. Sus residencias en distintas universidades le han permitido compaginar el ensayo con la creación, destacando libros de ensayo como Doce pasos hacia mí, Borracha menor y Gente sin paz y la novela Sutura. Con los cinco cuentos que componen Personaje secundario (Páginas de Espuma, 2026) se alzó con el prestigioso premio Ribera del Duero en su IX edición, uno de los más importantes dedicados a los relatos en lengua española. 

El libro se abre con una cita de Pappo, el rockero argentino, el hombre del blues en Latinoamérica. Esa mezcla entre los modos norteamericanos y la cultura argentina están presentes a lo largo del libro. “La mejor persona del mundo” abre la colección. Una reflexión temporal y lejana sobre la maternidad, el salto migratorio, los intelectuales orgánicos en búsqueda de la escasa estabilidad que supone el estudio científico de las humanidades y la relación de pareja. De Buenos Aires a Barcelona: lecturas, las monedas para el pan, el máster y el doctorado (y la compleja burocracia). Todo es una espiral de pasión y espera. Mundano, cotidiano, terrenal (empleos precarios, empanadas, limpieza) y altura universitaria. Es un cuento que marca instantes, con una niña y una pareja, con el sexo y el amor, hibridados. El tiempo se mueve en una dirección, pero los sentimientos y las pasiones atraviesan las páginas de manera vertical. Parques sucios, niños también sucios, hambre inmediata, de alimento y de pasión. La esperanza tiene nombre de niña y el futuro es una pareja en paradero desconocido. Cinco años en Cataluña, seis en el jardín de infancia. La frase con la que Balbuena termina el cuento actúa de lápida y duda: “¿Qué hubiera sucedido si no la hubiéramos tenido? salir”?  De Barcelona a Buenos Aires. 

El segundo cuento se llama “Avenida Rivadavia”. De nuevo sobrevuela la narración esa insatisfacción que anida en el amor, en el sexo, contagiada por el pasado y sin el antibiótico del futuro. El urbanismo de Buenos Aires actúa como personaje invitado: plaza de mayo, el barrio del Once, Hipólito Yrigoyen y Avenida Pueyrredón. Recuerdo a los cambistas de 2002, cuando terminó la falda paridad y los dólares se guardaban bajo el colchón. Las mismas huelgas que aparen en el relato deslocalizan el cuento en la convulsa Argentina. Contra qué, contra quién. La llegada del apocalipsis financiero que acabará con eliminar las oficinas llevar a Buenos Aires hasta el final de los tiempos del que hablaba Michel Nieva. Ella, en la duda, no hace preguntas, se siente atraída por el pasado y por la autoridad, su jefe, su ex… Todo crece, sobre todo los pesos hasta no valer nada. Y, de nuevo, las calles porteñas, sus barrios, como un elemento orgánico: la oscuridad cartonera más allá de Avenida Rivadavia. Martín se hace esperar, su marido también, el barrio del Once, los judíos, el Hospital Francés… el Abasto, parada Carlos Gardel, como cantaba Luca Prodan mientras apurada una botella de Resero. Un cuento que proyecta la insatisfacción con distintas caras: marido, compañeras, autoridad. Solo la paz trae el descanso. Curiosa manera de admitir la derrota. 

Un tercer cambio geográfico con “Tsunami”. La protagonista, por otro lado, parece una mezcla de la de los cuentos anteriores. Pero completamente distinta. Deberíamos aclararnos, pero en la lectura se descubre. Es como la Universidad de Marlow City, inventada o recogida de otros lugares. De otros espacios narrativos: mujeres, humanidad, relaciones. Alcohol y tabaco en el frío del lugar. Una soledad consumida por la ansiedad emocional. Buscar caricias manos distintas, como el vino y el cigarrillo, novias en la distancia, temporal y geográfica, sexo cambiante, sexo discontinuo. El sexo como una definición de lo personal, sorprendentemente más como espacio propio que de compañía. Por eso la pareja resulta intercambiable, funcionando a niveles básicos de satisfacción. Culpa y descubrimiento. Una marca, una seña, la de las monjas. Locales, al aire libre, sometidas al verano del amor, a una revolución anterior. Otra vez la sensación de que el tiempo nos ha pasado por encima. Las monjas y las no monjas en un pueblo, lejanos, aisladas de Roma, de la voz de la autoridad. Esa distancia, como definición. Como aquellas historias de los legionarios romanos, en la caída del imperio, mezclándose con los lugareños hasta desaparecer. Define amigas, define vivir juntas. 

El libro continúa con “Mejores amigos”. Esta vez el calor húmero del balneario, del interior. El interior como contraposición a lo urbano. La playa extraña, playa de océano, no de mar, fría para nadar, pero suficiente para los pies descalzos y las siestas pesadas bajo un ventilador. Amigos, amigas, Clara y Nero, una relación de luz en verano, de pubertad y adolescencia, de aire sensual y pesado, de humedad que condensa sobre la piel como lo hacen las hormonas. La fricción del viento en un viaje en moto que define todo, parones como elementos sensuales, genitales y ropa. Al final, el fútbol, como en otros cuentos los es el urbanismo, aquí el personaje ausente, pero definitivo es el balompié. Y el balón que define el cambio. Tanto orgánico como geográfico. Marchar a Buenos Aires, como un paraíso lejano, una oportunidad. Pero hay algo más: "Me puedo quedar también. Puedo esperar un año más y nos vamos juntos”. 

El final con “Felicidades”, que rompe la propuesta narrativa a través de un diálogo ajeno, fragmentado. La acumulación de distintos puntos de vista en un avance lento de la historia. Posiciones, lugares, tiempos. Barcelona y la mujer argentina. Esa intersección entre décadas, treinta, cuarenta, maternidad, dinero, Tinder… y también sandwiches de miga, resaca y padres. La inservible cualificación de las ciencias humanas en una Barcelona, babilónica y precaria, desordenada dama del desarraigo, como la canción de Birabent: “Turista en mi propia ciudad”. Una final de plata y apetito, mucho apetito, de embarazo y familia, de futuro inesperado, de un mañana que no es promesa de futuro. Y eso, evidentemente, tiene más de agarrotamiento que de esperanza.

 

Sofía Balbuena, Personaje secundario, Madrid, Páginas de Espuma, 2026. IX Premio Ribera del Duero