Ramón Acín (Piedrafita de Jaca, Huesca) es un autor prolífico y complejo. Uno de los nombres sobre el que se construye el canon de la literatura aragonesa del último cuarto del siglo pasado. Desde su Manual de héroes (1988), una de sus primeras, pero más impactantes obras, hasta sus últimas entregas: Monte Oscuro (Los Libros del gato negro, 2016), Los muertos que llevan los vivos (Los libros del gato negro, 2021) o Profanación (Pregunta, 2024), Acín ha construido una obra donde la memoria, la sociedad y lo anecdótico son pilares para construir una reflexión sobre la misma existencia humana. 

Es este volumen, una especie de compendio de relatos y reflexiones, que con el título de Vida (Pregunta, 2025), sobre el que se lixivia todo lo anterior para servir como manual de herencias y herederos. Dividido en cuatro partes: Desafuero, Hecho, Desliz y Desasosiego, Ramón Acín construye un pasado de nuevo orden con metáforas bíblicas y narrativa simbólica, unas veces en el año 1937 de la Guerra Civil y otras en el esquemático noir de unos personajes que escapa de una gran Organización. Es hermético y denso, en el exilio del literario está la niña y el recuerdo, pero también la muerte y la madurez. La familia como conjunto de raíces cohesionadas: “Su abuelo recuerda situaciones tristes que no hacen sino crecer y crecer”, una reflexión sobre la escasa validad de una bonanza huracanada, un recuerdo de abuela, luna y algodón en forma de objetos, confiterías, dulces y sabores. 

Hay, como en toda obra de Acín, personajes curiosos, entre Álvaro Cunqueiro y Camilo José Cela: «Es decir, dejó de donjuanear durante la noche por la barriada para acabar vistiéndose con refranes a la luz del día». La vida de Bandrés. Ayer y hoy. Tampoco falta esa estación personal que es su relación con Zaragoza, la gran ciudad mutante, el furor del Ebro. Él, niño del norte, con sus padres, tan lejos: «Ellos, allí, en los Pirineos». Y ese amor cuaja en la iluminación de la infancia, donde la divinidad termina en idolatría y los pecados avanzan buscando su sitio. 

Cita Ramón Acín el buen vino, el mal vino, el caldo en definitiva, pero, también, películas como Wall Street de Oliver Stone y la generacional Le grande bouffé de Marco Ferreti.  De Dante: “Abandona cualquier esperanza entrar aquí”. De las lecturas de Francisco Umbral la pasión por las amigas maduras de su madre y el recuerdo de aquel body Care. Hay tiempo para el latín y el griego, juveniles pasiones del humanista. Y la emulación de la vida, la envidia de lo inalcanzado y ya inalcanzable al hablar de una madre que hubiera deseado ser Thérèse Humbert. 

El chascarrillo de lo rural, con aquel soltero que paga la orquesta, el personaje oscuro, asesino, que no matarife, el hombre que murió célibe (y cómo sobre él hablaban las amigas de la madre: «No eres diferente, como todas nosotras alumbrarás a un soltero» ). Pelas, grescas, un catálogo de lugares imposibles, refranes y parábolas, de la conquista de América al misterio de Alphaville. Heliodoro, con nombre de estadio de Tenerife. “Donde no hay mata no hay patata” y “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Los que amamos las matemáticas y el Enate disfrutamos del número Phi, la dimensión áurea y reservar la simetría para la arquitectura, dejando el silencio y la distancia como únicos logaritmos a los que entregar nuestros cálculos. Ramón Acín, autor de culto, respetable poseedor de los bienes literarios de Aragón.

 

Ramón Acín, Vida, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2025