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26 de febrero de 2026

Victoria León (Sevilla, 1981) es conocida por sus traducciones al castellano de autores del canon universal como Mary Shelley, Oscar Wilde, R.L. Stevenson, John Ruskin, William Beckford o Ugo Foscolo, pero también es autora de libros como Insomnios (2017) y  Secreta luz (Vandalia, 2019), por el que obtuvo el IX Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. 

Traducción y creación convergen en el Premio de poesía Hermanos Argensola 2025, Luz de la noche, publicado por la editorial Visor.  Un libro compuesto por cinco partes que recorren la noche, la vida, la poesía. Las ruinas son los restos de la palabra, donde la autora refleja la luz en la noche, la transposición de la poesía, así que leemos: “Pero no olvides nunca que vivir / es ver amanecer sobre unas ruinas”. Así que recorre el mundo, el que se ha internado en la noche, donde el fuego de versos ilumina el camino de los héroes entre los restos, hacia el amanecer: “La tristeza es la voz de nuestro anhelo”. 

Llega la sed y el hambre que se cubre con máscaras, oponiéndose al miedo. El lector sigue al mundo en su derrumbe, se cubre a oscuras con el disfraz de la noche. Seguimos en la captura de Vasili Kandinski, lo especular de Percy Bysshe Shelley, encontramos referentes en una cosmología particular del autor, artistas y personajes: Casandra, Oscar Wilde, Bertolt Brecht, Sándor Márai y Giotto di Bondone. Nombres que nos acompañan hacia la segunda parte, “Memoria del futuro”, homenaje a aquellos dioses que cruzaban el cielo en carros de fuego, casi extraterrestres que habitaban otros mundos (que están en este). Una revelación, los versos como una antorcha, entre la niebla, que pivota, grises que son descubiertos por la luz. Un laberinto que atrapa los cuerpos y esos mismos cuerpos acaban por ser laberintos, en una espiral logarítmica fuera de las dimensiones euclídeas. Así que, al final, se descubre: «Todo amor verdadero es un asombro», de esas encrucijadas, se eleva la geometría del deseo hasta llegar a la humedad, atinando: «Fuera del tiempo nuestras sombras se aman». 

Esa manera de filtrarse el líquido nos deposita en la tercera parte: “El espejo del mar”, en cinco piezas: «El mar bate a mis pies y te recuerda / mientras la luna se hunde junto al fango». La sed, el trago en la penumbra y, así, leemos: «Caricia de una música que evoca / otra secreta música tras ella», un corazón que se esconde bajo tierra, en un extraño jardín: «Mueren estrellas en la noche insomne», en ausencia del cuarto paso, queda el quinto, alma y esperanza. Dolor que se culmina en un grito: «El espejo del mar, solo, infinito». 

En el bloque penúltimo, con el título de “Pero quizá la noche” y así, belleza, la herida de la tristeza, la mezcla de luz y el tiempo: «Tiemblo de frío / y me abrazo a tu sombra. Arde la noche». Escribo, tras leer, una noche al margen, en el poema “Presagio del olvido”, ¿qué es ese rostro, esa cara cósmica? Como el poeta atrapado en el duermevela de la creación, desarrollando un universo alternativo de un polvo inanimado: «Y yo sé que eres tú. Eres tú siempre». La ausencia se identifica con la noche y el frío: «Si dejo que mi amor por ti se apague, / sé que yo misma me estaré apagando, / que es mi última llama / la que aún arde en mi cuerpo». 

El final, del mar a la fuente, el agua de la que la sed bebemos, funcionando este extraño maridaje, del manantial donde el amor se extrae de una parte alícuota de la existencia: «Con la tenacidad del fuego del crepúsculo / que a diario regresa a contemplarme». Silencio y misterio, el final al fondo de la caverna. El libro de Victoria León, Luz de la noche, ejecuta a la perfección la oposición entre fuego y oscuridad, del día y la noche, la sed y el líquido.

 

Victoria León, Luz de la noche, Madrid, Visor, 2025.

 

 

 

 

 

 

Escrito en Sólo Digital Turia por Octavio Gómez Milián

EL PRESTIGIOSO GESTOR CULTURAL, ESCRITOR, CRÍTICO DE ARTE Y BIBLIÓFILO, ASEGURA: “LO MÁS IMPORTANTE QUE ME ENSEÑÓ MI PADRE FUE A LEER LAS ARTES DE FORMA INTERCONECTADA” 

LA GRAN ESCRITORA VENEZOLANA LO TIENE CLARO: “PERDÍ HORAS TRATANDO DE DILUCIDAR LA RELACIÓN DE LOS INTELECTUALES CON EL PODER, EL USO DE LA POESÍA COMO CANAL IDEOLÓGICO” 

TURIA TAMBIÉN PUBLICA “RECTIFICAR ES DE SABIOS”, UN OPORTUNO ENSAYO DEL FILÓSOFO DAVID PASTOR VICO SOBRE TECNOLOGÍA, HUMANIDAD Y SALUD MENTAL 

Los lectores del nuevo número de la revista TURIA, que se distribuye este mes de marzo, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo y en exclusiva con dos protagonistas de perfiles muy diferentes pero que comparten una intensa trayectoria que acredita su pasión por creatividad artística y literaria: Juan Manuel Bonet y Yolanda Pantin. A ese dato se añadiría, sin duda, otro ingrediente fundamental: el cultivo de la poesía ha guiado también sus vidas. Por otra parte, y si tenemos en cuenta la proyección y el reconocimiento que sus respectivas obras y personalidades han obtenido a nivel internacional, resulta acertado afirmar que son dos nombres propios de indiscutible relevancia para la cultura en español.

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Escrito en Noticias Turia por Instituto de Estudios Turolenses Diputación Provincial de Teruel

18 de febrero de 2026

Cita Itziar López Guil (1968) a José Martí en el poema «Revolución», de quien creo recordar que, en Nuestra América, habló de que “crítica” significa tener criterio, y a quien apelo para contar algo de un libro inusual en su conjunción de asuntos y miradas. Son muchas y diversas, algunas muy duras, pero la cálida voz de López Guil, es capaz de unificarlas sin disonancias, de hablar de cuestiones muy serias con un tono que las acuna y convierte en un acendramiento intenso, esencial, donde no alza la voz, pero no calla. Contemos, para empezar, que estamos ante un libro reflexivo, comprometido con el yo inmerso en la madurez, y donde rememora, denuncia, analiza o dialoga con el lector, también con la elegía y el deseo o su ausencia. No solamente, pues Un refugio en la espesura es el libro de una humanista y reivindicadora del otro, del humillado y ofendido, del pobre o del extranjero desde lo consuetudinario, sin alaradas, casi susurrándolo con una intimidad que se abre en un diario y confiesa «Soy mi propio verso abierto». El explícito título ya nos dice algo de ese refugio en el mismo y la memoria, de ese parar en medio del camino de la vida para detenerse a pensar/se o resguardarse en el poema tras haberse reconocido en los escenarios y circunstancias, vicisitudes del yo, pero también del de los demás, del otro.  Y es que los poemas   de Un refugio en la espesura nos emplazan desde el paso del tiempo, la rememoración, el amor o la denuncia crítica, junto a una sentida elegía la figura del padre o del amor ausente, desde el saber decir, de la conjugación del asunto y el envoltorio.

La culpa inaugura y cierra el libro. Culpa que puede ser individual, impotencia ante el dolor ajeno, pero también alzamiento contra lo aparentemente irremediable: «Por eso has de impedir que te gobierne su Historia» y donde «siempre vences, palabra». En ese sendero encontramos una sucesión de asuntos que denuncia: acoso escolar, acoso a los pueblos, al pobre, al emigrante (frente a su aporofilia o amor a los desfavorecidos), la mujer maltratada, el mobbing o acoso psicológico, los epulones o ricos indiferentes a la pobreza o al otro desde su inmerecida o heredada posición de jerarquía social. Y también a quienes, desde la política, con nombre propio (Madrid) «ensucian por dinero hasta el lenguaje». O habla contra los genocidios en esa «ciudad arracimada contra el mar, muerto sobre muerto sobre/muerto, y aún más bombas».  No insistiré en la extensa casuística, pero sí destacar que esa mirada en la denuncia, sin llegar a las maneras de Sergio Reimondi (y su nueva formulación de poesía social), poco tiene que ver con las maneras antiguas del realismo español, sino con un aquilatamiento intensivo de lo abordado muy atractivo en sus fogonazos líricos.

 Me ha parecido desde el yo esa conversación consigo misma, la crisis con que conversa con la vida, con el tiempo y eros, con la muerte, desde una soledad más o menos ocasional, o desasosiego que el estupendo «Cercanías» identifica con la luz enrarecida en una estación nocturna. No hay rendición o narcisismo otoñal, sino espera del alba, de ese sol tan constante y explícito en sus poemas (léase desde analogías), y liberador de la inquietud («Tienes que recobrar todo el dominio de ti misma»). Y es que la zozobra de la edad cuestiona su lugar desde ese estar en el alambre, en ese tráfago en fuga o funambulismo existencial y del cuerpo (con firmes, pero justas certezas). Y donde todo es asombro ante la nueva situación, el apagamiento del deseo «Todas las cosas se suceden tan de prisa…». Y es que este diario lírico, es tan plural como bien ensamblado en su real intimismo “confesional”, como los de Alejandra Pizarnik (en prosa), en su plática con la espesura vital en la que ha buscado refugio en el poema. Y junto a todo ello la exquisita sensibilidad ante la naturaleza, la cualidad de la contemplación que pedía Wordsworth y ella posee, la rememoración o la elegía al padre, que forman ese ramillete de poemas de una poeta que así puede llamarse con todas las letras. Si a todo ello le añadimos la cuidada edición de Pepo Paz  Saz y Bartleby o las sugerentes ilustraciones, sabremos que 2026 ha empezado más que bien en lo tocante a la poesía lírica.

 

Itzíar López Guil, Un refugio en la espesura, Madrid, Bartleby, 2026.

 

Escrito en Sólo Digital Turia por Rafael Morales Barba

18 de febrero de 2026

Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) es escritora, cineasta, música y artista visual. Se ganaba la vida escribiendo bandas sonoras para películas independientes. El 29 de agosto de 2019 sufrió un incidente que acabó en la pérdida progresiva del oído. Curiosamente coincidía con la fecha en la que, en 1952, el compositor John Cage había estrenado 4’33’’. Doscientos setenta y tres segundos en los que la partitura indica al intérprete que no debe tocar ni una sola nota. El silencio o el ruido de fondo de los espectadores será el resultado de la pieza. A partir de ahí, Eliza, en su primera novela, escribe sobre desaparición, pérdida y la distancia con el mundo. Nueva York-Los Ángeles, en un eje extraño, en un viaje vital en el que suceden muchas cosas en muy poco tiempo. Sexo y deslices, situaciones complejas para personajes aparentemente sencillos, de vidas ociosas. Es la actividad cultural la nueva acción rentista, la gestión de las distancias, puesto que Eliza es una artista global y eso se refleja en el libro. 

Construido en forma de dietario minucioso donde se enumeran acciones y ausencias y la manera de relacionarse con sus otros sencillos. Si Venecia es el comienzo, como el agua, se inunda con la playa de Rockaway, llegando hasta el Mediterráneo, haciendo acopio de cualquier humedad que, filtrada, le permita detectar lo que la rodea. Cito: «Hemos llegado a la luna, pero no al oído interno». 

La novela recorre el arte, la literatura y el cine de Occidente: Pierre Bonnard, Antón Chéjov y un apartamento sacado de una escena de “La ventana indiscreta”. Oír es una pantalla de estímulos que realiza la intersección con la realidad cambiante. Una mezcla demencial de ondas y campos, de permutaciones que asisten al lector mientras acompaña la degradación de la escritora: aislamiento y soledad. Ella, sola en su apartamento, vocaliza y exhala, una palabra, hola: «siempre podría oír mi propia voz». Un novio, cineasta, un exnovio más bien, que nos permite aumentar el listado de fantasmas e influencias: Kafka, Sophie Marceau y Polanski. Un dinámico galimatías de ocio: «Durante un tiempo abrí el correo electrónico, buscando una felicitación o una carta de aceptación, aunque no me hubiera postulado a nada». Es la vida del creador, el encargo, la ayuda. Introducir cultura pop, beisbol, cartas/cromos. Y cómo sobrevuela la idea de una escuela lengua de signos. Eso sí, con un nombre siniestro como Gotham. Una amiga de su madre, enferma terminal le dice: «Preferiría morirme antes que quedarme sola» y también «La coincidencia es una religión y es agnóstica». El arte contra la música, la literatura se mezcla con John Cage que nos lleva hasta los ready-mades de Duchamp. Se dedica a prepararse té y no beberlo «La evidente desdicha que sentía era una revancha por la niñez a todas luces feliz».  Un sentido para el libro, librarse de los contrapesos, apelar a la religión, rezar a la termodinámica: «A veces me olvidaba de que estaba enferma porque la mía era una enfermedad sumamente limpia». Los Soprano y Jacqueline Onassis. Pruebas, palabras, todo se repite, no sabemos si existe el diagnóstico, ni mejora, ni síntomas ni soluciones. La observación y puesta por escrito. El dinero, los ritos, terminar abaratando su vida. Una vida sin flores y llena de marcas blancas. Más espectros: Ingrid Bergman e Isabella Rossellini. Mezclar la cortisona con las instalaciones minimalistas de Hanne Darboven, el nihilismo convertido en números y signos, el arte de la taquigrafía. Consistente. 

Avanzar en la cura a través de hipnosis por videollamada, Suzanne Ciani y The Buzzer, un ruido blanco basado en las repeticiones, un alivio soviético que te lleva a una época distinta, hacia la paz de lo analógico. La aparición de Madrid, más bien de Carabanchel. Su cárcel. El río Manzanares y la Quinta del Sordo. Hablar de Goya y sus “pinturas negras”. De la sordera, claro. Los sentidos de Francisco de Goya, no puede ser casualidad, cómo la pesadilla pase de la pared al museo de El Prado. 

En el viaje, físico e intelectual, se acumulan referentes, Oscar Wilde, golondrinas que marchan a El Cairo, la película “El prestamista”, este libro tiene algo de guía. Aparece un tercer, cuarto o quinto personaje. No es necesario seguir contando: la novia pelirroja del antiguo novio cineasta. Cultura pop, Quincy Jones, Austin Powers, Alvin y las Ardillas, películas de Metrópolis, Malevich, Pieter Brueghel y «Los peces grandes se comen a los pequeños». De Nueva York a Los Ángeles, en una geografía narrativa que incluye La Habana (y Venecia y Madrid, claro).  

Volver a una canción, no la cita, la reviso al escribir, ¿Cuál es la frecuencia, Kenneth? De los soviéticos a la televisión americana por cable. Ella también estaba en Cuba. Y nos lo explica: Museo Nacional de Cuba, el Taller Experimental de Gráfica, Belkis Ayón. El viaje a Los Ángeles. «Hay gente que miente sobre sus sueños. Se los inventa sobre la marcha». El diario íntimo de Adela H. (también L'Histoire d'Adèle H.) dirigida por François Truffaut, sobre la hija de Víctor Hugo. Con Isabella Adjani, a la que también escribió canciones Gainsbourg. Hay sitio en el libro para la canción francesa. El sonido de Occidente se introduce en el interior del libro, como los zapatos, artistas retiradas de pop sueco e Imelda Marcos. 

En Los Ángeles cambiamos las calles del este por las afueras del océano. Todo continúa en la sexualidad inherente del cultureta. Sexo y sordera conviven en la novela como lo hacen las referencias y los cultismos. En Los Ángeles más cine y más explícito o natural, bañado de una extraña sensualidad de un compendio de circunstancias que encajan.  De nuevo el sonido contra las voces, ¿Qué queda? La impronta. Al final no son más que ondas. 

Se acerca, la historia dentro de la historia, una anécdota sobre la voz que grabó las indicaciones de los transportes metropolitanos de Nueva York. Otros personajes dentro del personaje. Voz y más voz. Como si fuera el GPS, como si fuera Alexa o el Google Maps. El retorno a casa: «Cuando entré en el apartamento pensé que quizá me encontraría a mí misma». Personajes, duración, libros y personajes con historias intensas, propuestas. La historia de Johannes Kepler, la composición, el volcado de los movimientos y las órbitas de los planetas en una melodía. Se parece a la paz, la red, un Dios que compone. Que escribe también el silencio. En el listado, “El eclipse” de L'eclisse (El eclipse) de Michelangelo Antonioni y “La furia de dios” de Werner Herzog. Seamos indulgentes. En el silencio, cualquier noche es el centro del mundo y el presente se renueva sin cesar. Estemos en Manhattan o la selva peruana. 

El tiempo transcurre, se consume el dinero, se avanza en la novela mientras se evapora. No hay estaciones. No hay movimiento, ni mejora. «Recreación de la guerra de secesión», recordando a George Saunders. Otros personajes, otro catálogo, como si la autora buscara una solución (y lo hiciera, acumulando ideas para historias futuras). Se va cerrando, la amiga moribunda de la madre, el cineasta. «La vida, viviendo como en una moratoria». En julio deja de tomar notas. En agosto, cerrando el año, el libro, un círculo vital y literario, con su madre en Venecia. Allí volvemos a las indicaciones: “La Virgen y el Niño con santos” de Giovanni Bellini y un intercambio de vídeos con el tercer vértice sensual. Ella, él, ella. Lo bueno es saber, de nuevo, conocer la permuta de los actos; «El silencio se reemplaza constantemente a sí mismo». Hacia el final, como podríamos esperar, una carretera, una gruta, todo negro. Más que negro, apagado. Y su madre que le pregunta: ¿Qué vas a hacer ahora? Y nosotros que nos preguntamos, como ella, ¿Puede ser que no te escuche, que no te escuches tú ya?

 

Eliza Barry Callahan, La prueba de audición,  traducción de Rita Da Costa, Barcelona, Anagrama 2025

 

Escrito en Sólo Digital Turia por Octavio Gómez Milián

LA REVISTA REIVINDICA, A TRAVÉS DE UN ESPECTACULAR MONOGRÁFICO DE 150 PÁGINAS DE TEXTOS INÉDITOS, LA VALÍA E INTERÉS DE UN AUTOR OLVIDADO EN LA HISTORIA DE LAS LETRAS ESPAÑOLAS 

UN CONVERSATORIO CON EL HISTORIADOR CÉSAR RINA Y EL PERIODISTA JOSÉ MARÍA RINCÓN  SUBRAYARÁ LA IMPORTANCIA DE NÚÑEZ DE HERRERA Y SERVIRÁ COMO PREÁMBULO DE LAS CELEBRACIONES DEL CENTENARIO DE LA MÍTICA GENERACIÓN LITERARIA DEL 27 

TURIA SE PRESENTARÁ EN SEVILLA EL 18 MARZO CON UN SUMARIO ESPECIAL EN EL QUE PARTICIPAN MÁS DE CUARENTA AUTORES VINCULADOS A LA CAPITAL DE ANDALUCÍA 

Uno de los más ilustres raros y olvidados de la historia de las letras españolas, el escritor y periodista Antonio Núñez de Herrera, será quien protagonice el nuevo número de la revista  TURIA. Un atractivo y completo monográfico de 150 páginas de textos inéditos, elaborado por una docena de autores, permitirá a los lectores de hoy redescubrir a este fascinante nombre propio de la vida cultural, social y política sevillana durante dos décadas del pasado siglo XX. 

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Escrito en Noticias Turia por Instituto de Estudios Turolenses Diputación Provincial de Teruel

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