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Configurar sentido descendente

10 de junio de 2026

El poeta vallisoletano, “poetófilo pre-postromántico”, según él mismo, Luis Alonso lo ha vuelto a hacer, ha cometido de nuevo, repetidamente, con alevosía y a traición, el delito de apropiación literaria indebida con fines de aprovechamiento personal, como hiciera en su deslumbrante Joyas robadas, ahora bajo el título, un tanto hiperbólico y ya delator de que ha continuado con el saqueo, Robé todo lo que leí. A partir de frases memorables de todo tipo va tramando una urdimbre, gobernada por la afinidad o el puro azar, como cualquier existencia, que a su vez traza un balizamiento biográfico y de su pensamiento, en un ejercicio harto original, mediante breves entradas numeradas, trescientas ocho en total, compuestas con un estilo ameno, en permanente estado de gracia y con el aderezo añadido de un humor muy sano.

Lo fragmentario, como indicio de una escritura rizomática, está claramente en auge en el género narrativo contemporáneo, es un semillero de subgéneros novedosos, híbridos, aun sin organizar y encasillar, pero que tiene éxito desde el reconocimiento del microrrelato o la notoriedad del aforismo. De uno de los pioneros en este arte del bloque narrativo en corto, Pascal Quignard, toma el título el libro que nos ocupa; el más destacado cultivador en español, Enrique Vila-Matas, cuyo Bartleby y familia aparece en el cuarto parágrafo, es el prosista de cabecera, junto a Jorge Luis Borges, de Alonso, para quien su quehacer respondería, con arreglo a la contracubierta, al género, “promiscuo”, de las “bibliomemorias”, pero bien podría hablarse, qué sé yo, de diario heterodoxo de lecturas con aire de divertido palimpsesto.

Se me antoja, en suma, agenérico, imposible de catalogar o encuadrar, como los maravillosos ensayos descoyuntados de Mark Strand o los impagables pecios ferlosianos, que en tanto tiene, en ambos casos. En el certero prólogo de Joyas robadas, Gustavo Martín Garzo lo calificaba como “manual de iluminaciones”, con mucha propiedad, porque en efecto todos los fragmentos de “material disperso”, engarzados temáticamente, constituyen, a mayores de prueba palpable del increíble dominio de letra e imagen del autor, un compendio entretenido, ingenioso y sugerente, no hay apuntamiento del que no se pueda extraer algo sustancial.

En cuanto a la estructura, el autor recurriría en su descargo, con su gracejo y donaire salerosos característicos, a la memoria de una de las películas fetiche de su niñez, que tanto le impresionara en el cine Omy de Medina de Rioseco, ay, hace muchos años cerrado, Tarzán de los monos; alegaría que como el protagonista ha avanzado en su escritura de liana en liana. O bien que le recuerda a las fichas de dominó en cualquier bar de entonces, en la sobremesa, un sol y sombra y un farias de dopaje. En realidad, se trata de una especie de encadenado fílmico, con los fragmentos enlazados por atracción semántica.

De cualquier manera, Alonso, talento e inteligencia siempre despiertos, se mueve como pez en el agua en estas lides, a la espera del encontronazo feliz con el hallazgo, un poco a la que saliere unamuniana o más bien en plan serendipia, que “consiste en salir en busca de una cosa y encontrar otra, casi siempre mejor”, como en el chiste vasco de las setas y el Rolex, sin descartar que responda a algún principio de la cuántica o de la teoría de redes que se nos escapa al común de los mortales y sospecho que también a los especialistas.

Con este formato, la calidad e interés dependen de la amplitud de miras del escritor, que afortunadamente, en este caso, es mucha. En este sentido, el libro es un chollazo, por menos de veinte euros nos llevamos a casa un alhajero de primera, con un rimero de ideas perspicaces, ocurrentes, divertidas, surgidas a raíz de algo leído o escuchado, cazado al vuelo. Para abrir boca, nos ofrece una frase desportillada, de las suyas, genialoide de forma involuntaria de la difunta Lola de España: “Hagas lo que hagas, abstente a las consecuencias”. No menos desopilante es la siguiente perla disparatada con la que nos obsequia, procedente de un alumno bachiller, de su mujer, que “atribuyó a Luis Cernuda una obra que, de haberla escrito este, hubiera sido definitiva: Deseo la acción de la quimera”. Y podríamos glosar con deleite una a una de las siguientes.

Alonso frecuenta los mejores caladeros de diarios, blogs, reseñas, artículos de opinión, viñetas o muros de Facebook para cobrarse y convidarnos a las piezas más lucidas y sabrosas, los títulos son su debilidad. Epicúreo y disfrutón, pesca de todo, de todo lo bueno, en cualquier sitio, con preferencia por lo musical (lo mismo se arranca por soleá, bulería o fandango que por bolero, copla, jazz, cuplé, tango o ranchera, que por su Billie Holiday o sus cantautores favoritos, por Imperio Argentina hasta Rosalía) y lo literario (poetas a decenas, como Anne Carson, Wisława Szymborska, Brines o su cofrade Luis Ángel Lobato; novelistas a porrillo: Valle-Inclán santificado, Umbral, Tabucchi, Landero, Lucia Berlin, Scott Fitzgerald, la Tocarczuk, Sara Mesa…). Echa el anzuelo además en multitud de campos: slóganes publicitarios, principios de física teórica, noticias de actualidad, proverbios orientales, la pintura o la IA, quién da más. Para derivar en una temática variadísima: de los relojes a los amores veraniegos o en triángulo, de la siesta a la inspiración, del subjuntivo al silencio, de la bebida a los viajes, de las fake news a las distopías, de los laberintos a las floristerías, de la nostalgia al adverbio, por poner algunos derrotes.

Para regodeo de antemano de sus agradecidos lectores y lectrices, este avezado narrador, letraherido contumaz (me temo que a él no le gustaría, por pedantesco y rimbombante, letraherido, preferiría, supongo, logolascivo), pues con diecisiete primaveras se zampó de un bocado nada menos que el Canto general nerudiano, así que irreductible, ha aireado que, en lugar de rehabilitarse de su vicioso descarrío como merodeador y “carterista de citas”, sigue perseverando en su impenitente propensión a la reincidencia, al declarar que está atesorando otro botín con el que cerrar con garantías y por todo lo alto una trilogía. Habida cuenta del intervalo de ocho años transcurrido entre las dos entregas editadas, esperamos con impaciencia que la demora sea menor, de tal manera que el alijo de remate, a buen seguro igual de nutrido y brillante, otro festín de referencias y reflexiones provechosas, otra mina en la que hasta lo que tiene pinta de baratijas o bisutería de mercadillo se transforma, a compás o por medio de elegantes driblings, gracias a su palabra, en diamante en bruto u oro de ley, vea la luz lo antes posible.

 

Luis Alonso, Robé todo lo que leí, León, Eolas, 2026.

 

 

 

Escrito en Sólo Digital Turia por Fermín Herrero

Yolanda Castaño: “La poesía es una emoción que piensa”

No es extraño que los poetas, además de escribir, reflexionen sobre su proceso creativo. A ese conjunto de ideas subyacente lo llamamos poética. Así definen el sentido, el estilo y el propósito de su obra. Aunque es habitual en la poesía, puede aplicarse a toda la literatura y, por extensión, a otras artes. Más raro es que los creadores reflexionen sobre el marco económico en el que sitúan su trabajo y acerca de cómo éste condiciona la difusión de sus títulos y, en última instancia, su forma de vida. Crear exige tiempo, mucho, que compite con el dedicado a la familia o al trabajo mediante el cual se obtiene sustento.

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Escrito en Conversaciones Revista Turia por Instituto de Estudios Turolenses Diputación Provincial de Teruel

10 de junio de 2026

Cualquiera que intente acercarse hoy a la persona y la obra de Ingeborg Bachmann encontrará un panorama no menos que contradictorio. La apariencia moderna, independiente y llena de alegría de vivir de la única escritora austriaca capaz de cosechar con su poesía un éxito sin precedentes en la vecina Alemania de posguerra, de esa escritora, definida por los medios de comunicación como un milagro literario, que pronunció importantes discursos sobre el estado de la poesía escrita en su lengua en aquellos difíciles momentos para el arte, todo ello no era en realidad más que la faceta visible de una compleja personalidad.

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Escrito en Artículos Revista Turia por Isabel Hernández

La vigencia de Borges, a cuarenta años de su muerte, parece un hecho indiscutible. Sigue siendo objeto de lecturas, (re)escrituras, seminarios, homenajes, congresos y polémicas, por no hablar de memes, parodias pop y citas (no siempre apócrifas) que circulan por las redes sociales. Pero, ¿qué Borges leemos? ¿El escritor y su obra se han mantenido iguales a sí mismos o podemos hablar de un nuevo Borges leído desde el siglo XXI?

En “Pierre Menard, autor del Quijote” (1939), uno de sus textos más célebres, Borges imaginaba un (relativamente) apócrifo escritor francés que había logrado algunas páginas que reproducían, palabra por palabra, las de la obra magna de Cervantes. En el momento central del relato, el narrador cotejaba dos fragmentos de los respectivos Quijotes, que eran literalmente idénticos, para señalar sus importantes diferencias. La hipótesis, demostrada con desopilante inteligencia, era clara: el tiempo cambia los textos. Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, nadie puede leer dos veces el mismo libro. El texto no es un objeto fijo, clausurado, sino que su sentido se construye en el marco de una red de innumerables relaciones que se recrea en cada momento, en cada lectura, en cada lector.

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Escrito en Artículos Revista Turia por Lucas Adur

Nazareth Castellanos: “Hay demasiada euforia con la Inteligencia Artificial, pero bien utilizada podrá hacernos mejores”

El currículo de la neurocientífica Nazareth Castellano (Madrid, 1977) incluye trabajos de investigación y docencia en prestigiosas instituciones dentro y fuera de España como el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid, el laboratorio de Ciencia Cognitiva y Computacional del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid, el Instituto de Investigaciones Cerebrales Max Planck de Frankfurt y el Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres en el Reino Unido.

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Escrito en Conversaciones Revista Turia por Angélica Tanarro

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