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ADEMÁS, LA REVISTA DA A CONOCER UN TEXTO INÉDITO DE CHAVES NOGALES SOBRE BAROJA, ESTUDIA LA POESÍA DE JULIA UCEDA, APORTA UNA NUEVA MIRADA A LA GENERACIÓN DEL 27, RINDE HOMENAJE A ANTONIO RIVERO TARAVILLO Y RECUERDA LOS VIAJES POR ESPAÑA DEL ESCRITOR AFROAMERICANO RICHARD WRIGHT EN LOS AÑOS 50 

TAMBIÉN DIFUNDE NARRACIONES ORIGINALES DE JOSÉ MARÍA CONGET, SARA MESA, ISAAC ROSA, JESÚS CARRASCO, IRENE REYES-NOGUEROL E HIPÓLITO G. NAVARRO

La revista TURIA publica en su nuevo número, que se distribuye este mes de marzo en España y otros países, un sumario con interesantes contenidos inéditos  protagonizados por relevantes autores de la literatura contemporánea. En ese listado de aportaciones valiosas, conviene destacar la difusión por primera vez en español de la obra de diez poetas ucranianos actuales. Una antología que ha corrido a cargo de los prestigiosos traductores Katarzyna Moloniewicz y Abel Murcia. Con esta iniciativa, TURIA quiere mostrar su inequívoco apoyo a Ucrania y a sus escritores en unos momentos tan dramáticos como los que está generando la invasión llevada a cabo por Rusia. Una cruel coyuntura bélica que sufren los habitantes de este país europeo y que está impactando, de manera muy notable y significativa, en la literatura que allí se escribe en estos momentos.

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Pocas obras dentro de la literatura española contemporánea poseen la singularidad de Nada de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por  la excepcionalidad de una novela fulgurante, única, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicación en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la “Introducción”, que descarga así al texto de muchas notas a pie de página y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiración hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. Nada se convirtió muy pronto en un “fenómeno socioliterario”, que arrumbó al resto de la producción novelística de Laforet y que pareció convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada “Introducción”, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la crítica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un epígrafe más dentro de la narrativa española de posguerra, aunque antes, cuando se leía bastante más que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como El árbol de la ciencia de Baroja, Las ratas de Delibes o Tiempo de silencio de Martín Santos, había que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de Cátedra –colección “Letras Hispánicas”, color negro (y tipografía no muy grande)- está también asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que debían acompañar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecdótica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edición de Nada, a cargo de José Teruel, quien también ha editado con primor las obras completas de Carmen Martín Gaite en Círculo de Lectores (por cierto, en el número 124 de Turia aparece un extenso estudio en torno a la investigación que la autora de Usos amorosos de la posguerra llevó a cabo sobre los Torán) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura española del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su “Introducción” resulta clara y amena, y sitúa a los lectores en el contexto de creación y recepción de la obra, tan importante para entender el porqué de su trascendencia.

Lo que tal vez más pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en sí posee una estructura lineal sencilla –un curso académico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es más bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y así se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a través de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en  ese curso de 1939-1940. También es una novela que muestra el “mito de la conciencia desorientada”, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generación, la de esos jóvenes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participación directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quizás sea este último aspecto sobre el que más se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendrá su continuación en la novelística posterior.

Pero no solo hay que prestar atención al contexto histórico y social en el que transcurre la narración, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y cómo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones –muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narración, a modo de retratos que de algún modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos tíos, Juan y Román, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese niño por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del tío Román la más enigmática y compleja, con muchas sombras e historias detrás de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparecían en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda será Ena, la amiga de Andrea, el personaje más importante, aquel que con sus idas y venidas, esté presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a través de sucesivos episodios.

Nada es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el “desarraigo existencial” de una generación y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, será, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecerán, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deberá ir adaptándose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y pequeños fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura española contemporánea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (¿qué jóvenes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco más de 23 años?) o por todo lo que la ha rodeado y que todavía hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detrás de lo que se cuenta tienen también su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narración. Quizás en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deberíamos volver a las obras que sustentan nuestra formación literaria y personal, aunque sea para sentir la desazón y angustia de Andrea, esa “chica rara” que protagoniza Nada.

 

Carmen Laforet, Nada, edición de José Teruel, Madrid, Cátedra, 2020.

Yohana Anaya Ruiz (Estepona, 1994) publica su poemario Diario de un encuentro a través de la Plataforma de poetas por Teruel, revisando de manera lírica, su incursión en la realidad de Centroamérica. Desde Málaga hasta Honduras primero y, más tarde, Panamá. De Estepona a Teruel, donde Yohana se ha dedicado a la docencia y la actividad cultural. 

La primera parte comienza en Málaga, año 2019.  Acción y observación. Escapada hacia delante. Buscar oxígeno y alimento, que el alma se encuentre en sintonía con el cuerpo: «En una cama que huele a libertad» o «Hoy voy a respirar mis propios sueños». Una vida monótona, insípida que se diluye en el paisaje de Málaga: Ámsterdam, Panamá, como un aviso, la eterna longitud del camino y el poeta Fernando Merlo, como una aparición: «Estoy atravesando el mundo/para poder encontrarme». Es clima es un insecto sediento que se apodera del alma al llegar a Honduras: «Soy una flor de plástico sedienta / en mitad de un aeropuerto» o «Repleto de ojos extraños / que quieren arrancarme las raíces / que aún no han nacido». Un país con apetito, un cuerpo desfasado frente al tiempo y el espacio, los sentidos saturados antes señales extrañas: «Y me siento dentro de una canción / que sueña en una radio sin señales». Santos distintos, Rosa, la Santa de plegaria confusa: «En la cocina demasiado espacio/para tan poca comida». Con lo mínimo, frente a ojos desconocidos. «Y hago la cama con unas sábanas sucias que conservarán mi olor». Es un proceso de deconstrucción para la poeta, en casa extraña «Las cicatrices se posan / unas encima de otras: / No hay espacio para tanto dolor». Como una palabra minúscula en mitad de un continente que nos llama, al que llamamos, inmenso: «¿Por qué tanto silencio / sobre mi almohada?» Hambre, riqueza, pantallas europeas, calles pobres y libres para los niños «En Honduras aún existen ojos/que observan su cielo». Y ojos, y presencias y su misma ausencia de España se convierte en algo distintivo. «Venir aquí ha sido / el mejor de mis errores». En las playas de Cayo Cochinos, se mezclan Homero, Hécate, Cronos y Morfeo. El Mediterráneo, padre distante del Atlántico, la arena en la boca, el Pacífico, Centroamérica, respirar el mar en la distancia: «Solo es real la niebla:/los recuerdos no se pueden tocar». El cuerpo lleno de destilados, sangre y vísceras. Todas invadidas por el ejército, novedoso, salvaje: «Somos presente con / ansia de futuro». 

La segunda parte nos lleva hasta Panamá: «Usted me embargó todos los miedos». Soledad, y compartida metamorfosis: «Jingoísmo sobre la sandalia/objeto de tortura para los insectos». Niños que cambian de tierra, pero respiran con un mismo orden, en la distancia se reconocen, juegos y gritos: «El mundo de los tres niños está compuesto de/nubes que lloran/cielos que lloran, /un árbol que llora / y tres voluntarios que sonríen». De Santa Rosa a Santa Clara: «Lloviese o no / estábamos empapados de tiempo». San Carlos, Panamá, cuerpo de tierra, lengua que atraviesa: «Maldigo haberme quedado quieta/mientras tú te hacías dueño de mi insomnio». El cambio, el tiempo que escapa a la casualidad a través del trabajo. «Este sendero conoce todas tus heridas: / esta tierra ya forma parte de tu cuerpo» El humor agrio de la torreta del alcohol, a la miseria pérfida: «Y aquel domingo, / el olor a ira lo invadió todo», Jorge Guillén y Julio Cortázar mezclándose en una ciudad loca de geometría. «Estarán perdidas las viejas/almas del pueblo panameño/eternamente desorientadas/ entre esquinas». El retorno a Málaga, Isabel Bono, Antonio Luque, un amor del montón, pero el montón era mío: «Málaga es un poema dibujado en un mapa, / es una tienda de posibles / de la que todos somos dueños y clientes», el esplendor en la hierba, «Málaga es un imposible / hecho realidad». Un libro que se expande, sensible, que hace del viaje una limpieza del alma, entender Málaga, entender a la poeta. Y hacerlo en la distancia.  

 

Yohana  Anaya Ruiz, Diario de un encuentro, Teruel, Plataforma de poetas por Teruel, 2025.

El libro He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes de Basilio Sánchez se alzó el pasado noviembre con el premio de la Fundación Loewe, sin duda uno de los más prestigiosos del actual abanico de concursos de poesía. Que un poeta tan discreto, tan poco dado a las alharacas y la exhibición como Basilio Sánchez se haya hecho con el codiciado galardón no deja de ser una buena noticia, al mismo tiempo que una saludable anomalía en tiempos mediáticos y revueltos como los nuestros. Que un libro tan sereno y plácido como el suyo haya llamado la atención del jurado habla también, en mi opinión, de la necesidad o el deseo de remansar las agitadas aguas de nuestro panorama poético: uno tiene la impresión de que optar por una apuesta tan clásica, comedida y equilibrada como esta es casi una declaración de intenciones.

La poesía de Basilio Sánchez ha ido decantándose con parsimonia y regularidad a lo largo de las tres últimas décadas. Autor de más de una decena de libros de poemas, Sánchez ha escrito sus versos con un espíritu totalmente ajeno a modas y camarillas, fiel a una austeridad verbal y unos presupuestos estéticos que le han venido acompañando sin desmayo hasta sus libros más recientes: el también espléndido Esperando las noticias del agua (Pre-Textos, 2018) y este que venimos a comentar. Es la suya una poesía tersa, pulida, hondamente arraigada en una tradición que Sánchez ha ido haciendo propia con los años y la experiencia, y que abarca desde el Antiguo Testamento (varios de sus modos de escritura arrancan de la poética hebrea, tan laboriosamente estudiada y documentada entre nosotros por Luis Alonso Schökel), pasando por nuestra Edad Media y nuestros Siglos de Oro, hasta llegar al simbolismo francés y el surrealismo, su heredero. Que tras ese extenso periplo de lecturas (a las que habría que sumar probablemente otras pertenecientes a la espiritualidad oriental) sigamos escuchando, nítida y sin impostar, la voz propia del poeta no es uno de los méritos menores de la obra de Sánchez.

He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes es un libro orgánico, distribuido en forma de tríptico y coda, cuyos poemas sin título (solo las tres partes lo tienen) parecen con frecuencia fragmentos, piezas de una unidad mayor: como teselas de un mosaico. Algo parecido sucede a menudo con las estrofas de los poemas: tomadas de una en una, aisladas del resto, muestran una cohesión que las hace brillar como aforismos o metáforas aisladas. Por contraste, la inserción de cada estrofa en el poema, como la de cada poema en la parte a la que pertenece, es frecuentemente problemática, misteriosa. Sánchez opera a menudo mediante la suma (la colección) de afirmaciones vibrantes con valor de máxima y deja al lector la libertad de elegir cuáles son las conexiones que se dan entre sus aserciones. Por ello abundan la impersonalidad y el presente gnómico, tan evidentemente encarnados en la abundancia de la forma Hay; por ello, también, el libro contiene varios poemas que adquieren el ritmo y el tono de la salmodia o que se acercan, tal vez de un modo no totalmente consciente, a la enumeración caótica y a la definición. Comentaré algunos ejemplos.

Son declaraciones con valor categórico que inciden en uno de los temas principales del libro: la naturaleza de la propia escritura poética: “Escribir un poema es andar sobre las aguas, / confiarnos a lo bueno del mundo”. (pg. 57). “Escribir un poema / supone, de algún modo, regresar / otra vez al principio, / al hervor silencioso de la nada, / al caldo primigenio / y a los cielos sin luna, a la inminencia / de las casualidades y los astros”. (pg. 63). “Uno escribe un poema para sentirse vivo. / Uno escribe un poema / para que otro descubra que estás vivo”. (pg. 62). Estas afirmaciones, a menudo vinculadas con un espacio de intimidad someramente descrito (una lámpara de cobre, una mesa de madera, una ventana), tienen el valor de un programa vital: la primera asocia la escritura poética al ámbito de la espiritualidad de raíz cristiana; la segunda, a la fuerza adánica de lo todavía nunca dicho, lo aún inexistente (con Huidobro, probablemente, guiñando un ojo al lector desde una esquina de la página) y, por ende, con la oscura voluntad de fundar un mundo verbal; la tercera, en fin, se lanza a la búsqueda de un interlocutor capaz de acoger estos versos como quien acepta a un huésped en su casa.

En cualquier caso, las tres desvelan también que más que el mundo natural, la inmediatez de lo vivo, el paisaje natural constantemente evocado en el libro es de naturaleza eminentemente verbal, mental, simbólica e icónica. No es que lo sensorial esté totalmente excluido, como tampoco lo está lo anecdótico. Es más bien que los sentidos se difuminan y aminoran tras una gruesa capa de reflexión estética y moral; y que la escasa anécdota, reducida a la mínima expresión, se ve sometida al quietismo que palpita en todas las definiciones, las afirmaciones en presente, los pensamientos que parecen tallados en la piedra: “La realidad es un relámpago que persiste”. (pg. 13); “Somos hijos de un árbol / Al que le falta sólo una manzana”. (pg. 16); “El que entiende de pájaros entiende de narcisos”. (pg.17); “No hay ningún escritor / que no se sienta abandonado por las estrellas”. (pg. 18); “El poeta no ha elegido el futuro. / El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto”. (pg.22). Son todos ejemplos de la primera parte del libro.

En su conjunto, la música de los versos (a menudo versículos) de Sánchez se fía principalmente al significado y el poder evocador de las palabras, prescindiendo con frecuencia tanto de la prosodia clásica como de la medida silábica. Es la suya una opción deliberadamente austera que a menudo aproxima el ritmo del texto a la prosa de ideas, y que va calando poco a poco en el lector. Y hay en ello una más que probable elección moral: en vez de deslumbrar, el poeta pretende sugerir; en vez de epatar, empapa. Él mismo afirma “que no nombra las cosas con grandeza, / sino con gratitud”. (pg.79), y un poco antes: “Yo creo en el poema / que es capaz de sumir al que lo lee / en el mismo silencio / que el ejercicio a solas de la propia escritura / consigue suscitar en torno a sí.” (pg. 74). Ese deseo de comunicación sincera, esencial, tan alejada de la frivolidad y el lugar común como de la grandilocuencia vacía, es uno de los rasgos más valiosos del libro: “La poesía es el oficio del espíritu”, llega a decir en la página 44, en uno de los más logrados momentos de la obra.

Y de ahí, de ese constante deseo de trascendencia, de ese valor adánico, convocatorio, que Sánchez otorga a la palabra poética, extraigo yo la afirmación con que abría esta reseña. Dice el poeta en la página 22: “Amo lo que se hace lentamente, / lo que exige atención, / lo que demanda esfuerzo.” ¿Acaso no es esta toda una declaración de intenciones, una aguja de marear en los actuales mares revueltos de la poesía nuestra de hoy? Basilio Sánchez ha escrito un libro deliberadamente austero, demorado y reflexivo que pretende regresar a la raíz, al fondo de lo poético, y al fondo de lo humano. Ya solo el esfuerzo, la atención puesta en ello, merecen la lectura. –AGUSTÍN PÉREZ LEAL

 

Basilio Sánchez, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Madrid, Visor, 2019

Último número

Revista Cultural TURIA Número 156

Revista Cultural TURIA Número 156

Disponibilidad: En existencia

12,00 €

ISSN:

0213-4373

Editor:

Instituto de Estudios Turolenses

Lugar de edición:

Teruel

Año de edición:

2025

Páginas:

497

Dimensiones:

15x22 cm.

Sumario

 
   

Letras

Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado. Enrique Andrés Ruiz                11

Las mil y una voces de Martín Caparrós.  Jorge Carrión                  20

La escritura hipnótica de Gerald Murnane. Eduardo Lago                                 27

Joyce Carol Oates: retrato impresionista. Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan   37

 

Taller

Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables. Claudio Magris        47

Aviterio. Pilar Adón                  56

La palabra fatal. David Uclés                                                      64

Diario de un animal. Mariana Sández                                           72

La elegida. Joaquín Berges                                                           79

Ahora es el fuego. José Antonio Gargallo                                      89

 

Poesía

Poemas de: Teresa Agustín, Marina Casado, Mariano Castro, Jordi Doce, Francisco Ferrer Lerín, Luis García Montero,  Maribel Hernández del Rincón, Gabriel Insausti, Marisol Julve, Raquel Lanseros, Juan Leyva, Juan Marqués, Antonio Martín Barrachina, María Martínez Bautista, Miguel Martínez López, Niño de Elche, Mario Ramos Obregón, Juan F. Rivero, Martín Rodríguez-Gaona, José Manuel Soriano Degracia, Ignacio Vleming, Rafael Yuste Oliete                     103

 

Pensamiento

Hannah Arendt, en busca de la experiencia humana. Rubén Benedicto Rodríguez                                                   137

Aprovechar la revolución digital para construir un mundo más justo. Domingo García-Marzá                                        147

 

Cartapacio: Rosa Montero

Rosa Montero, o el arte de narrar.  Marta Pérez-Carbonell           159

Rosa Montero y sus múltiples retratos de mujeres. Ellen Mayock    174

 El poder transformativo de la ciencia ficción en el universo de Bruna Husky. Juan Carlos Martín Galván                          184

La entrevista literaria de Rosa Montero. Alicia Rueda-Acedo        193

La ciencia que seduce: en torno a algunas novelas de Rosa Montero. Francesca Coppola                                                202

Pasiones en el periodismo literario y los cuentos de Rosa Montero. Alicia Rueda-Acedo                                               208

Los artefactos literarios de Rosa Montero y la especie desbocada. Marta Pérez-Carbonell                                                          214

El caótico mundo ficticio de Rosa Montero. Anne Walsh              221

El juego de Matroska. Disfrutar del presente. Małgorzata

Kolankowska                                             227

Amiga, outsider y kamikaze: el cuarto propio de Rosa Montero. Nuria Labari                                    234

Rosa Montero: memoria y duelo. José María Pozuelo Yvancos      242

Rosa Montero: «La escritura es mi manera de estar viva». Javier Escudero                                             249

Biocronología de Rosa Montero. Mazal Oaknin                           264

 

Conversaciones

Juan Casamayor: «Editar es vivir al borde del abismo y ahí quiero seguir». Angélica Tanarro                                         281

Pilar Adón, una ventana abierta al bosque. Fernando del Val      298

 

La isla

Un país de ingenieros. Raúl Carlos Maícas                                    319

Ilustraciones de Isidro Ferrer

 
   

Sobre Aragón

La forma como concepto estético en la escultura de Francisco Rallo Lahoz (1924-2007). Mar Aznar Recuenco                   331

 

 
   

Cuadernos turolenses

Cantos, himnos y trasfondos de la literatura celta turolense. Francisco Lázaro Polo                                                          343

 

 

 
   
La Torre de Babel

Rafael Esteban Silvestre: Orbital. Samantha Harvey                            357

Jesús Villel Sánchez: Oso. Julia Phillips                                             359

 Roberto Ruiz de Huydobro: Cuentos completos. Edgar Allan Poe                                                                          361

José Giménez Corbatón: Los niños de altamar. Virginia Tangvald                                                                           364

Luis Melgosa: Se acabó el recreo. Dario Ferrari                           366

Joaquín Torán: El último artefacto socialista. Robert Perišić           369

Cristina Davó Rubí: Junto a un bosque inmenso. Leo Vardiashvili                                                                  371

Ana Segura: El loco de Dios en el fin del mundo. Javier Cercas            373

Mercedes Monmany: Canon  de  cámara  oscura. Enrique Vila-Matas                                           376

Carlos Frontera: Oposición. Sara Mesa                             378

Fermín Herrero: Mil ojos esconde la noche. 2. Cárcel de tinieblas.

Juan Manuel de Prada                                                            381

Ana Muñoz: El final del bosque. María Fasce                                   384

Pedro Moreno Pérez: Hasta que empieza a brillar.

Andrés Neuman                                                                  386

Rosa Burillo: Hombre caído. Fernando Aramburu                           388

Aurora Cruzado Díaz: De mundos inciertos. Antología de cuentos. José María Merino                                       391

Pedro M. Domene: Luna Park. Marina Perezagua                             393

Erika Martínez: Mañana. Olalla Castro                                           396

David Mayor: Los seres indefensos. Fernando Luis Chivite               398

Manuel Astur: El desván de las musas dormidas. Fulgencio Argüelles                                   401

Octavio Gómez Milián: Lecciones del abismo. Julio José Ordovás                                                               404

José Baldó: Pájaros en el alambre. Mario Hinojosa                      407

Nicolás Sesma: Franco. Julián Casanova                                          410

José Domingo Dueñas Lorente: La Edad de Plata.  Ensayo de interpretación de un proceso cultural (1902-1939). José-Carlos

Mainer                                     412

Jesús Ferrer Solá: Carmen Martín Gaite. Una   biografía. José Teruel                                            415

Eva Cosculluela: El  verano  de  Cervantes. Antonio Muñoz Molina                                        417

José Luis Morante: El realismo singular (Poeta y profesor). Luis García Montero                                          420

Gonzalo Montón Muñoz: Diccionario Buñuel. Jordi Xifra y Manuel Fructuoso          422

Almudena Vidorreta: En el jardín de las   americanas. Una historia transatlántica (1871-1936). Cristina Oñoro    424

 Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan: Elegía  a   Iris. John Bayley                                        427

Esther Peñas: Vida y muerte de un jardín de papel. Menchu   Gutiérrez    429

Manuel Martínez-Forega: Las claves de lo oscuro.  Biografía de Ángel Guinda. J. Benito Fernández                                 431

Andreu Navarra: Azorín. Clásico y moderno. Francisco Fuster          433

Emilio Trigueros: Europa. Última oportunidad. Enrico Letta         436

José María Ariño Colás: El mundo después de   GazaUna breve historia. Pankaj Mishra                                      438

Jesús Briones Delgado: Camino de libertad. La  economía y la buena sociedad. Joseph E. Stiglitz                                441

Sergi Doria: Incompetencias básicas. Damià Bardera                     444

Albert Lladó: Universo y sentido. En busca del sentido en la inmensidad. Norbert Bilbeny                446

Rafael Lorenzo Alquézar: El animal deliberante. Teoría   y práctica de la deliberación moral. Diego Gracia                   448

José María Ariño Colás: La civilización del deseo. Una historia filosófica de lo querido. Manuel C. Ortiz de Landázuri      452

Francisco Luis del Pino Olmedo: Historia de mi vida. Memorias de un artista constructivo. Seguida de la 500ª conferencia. Joaquín Torres-García            454

Álvaro López Fernández: Josefina de la Torre. Una biografía. Marina Patrón Sánchez               456

Lourdes Toledo: Un millón de cuartos propios. Ensayo para un tiempo ajeno. Tamara Tenenbaum             459

Javier Herrera: Precisiones sobre Tierra sin pan, de    Luis Buñuel. Emeterio Díez Puertas                 461

Javier Ors: Rusia contra el mundo. Marc Marginedas                     464

Juan Villalba Sebastián: El último vuelo. Fugitivos de la República

y la Colaboración (1939-1945). Fernando Castillo               466

Miguel Ángel Yusta: Pilar Bayona. Correspondencia escogida,

1914-1980. Antonio Bayona y Julián Gómez                           469

Fernando Sanmartín: Egocentrismos. José María Conget                    471

Tere Susmozas: La tara y el don. Esther Peñas                              473

Antonio Maura: Los andamios del mundo. Antología poética.

Lêdo Ivo                    476

Agustín Pérez Leal: Venir desde tan lejos. Eloy Sánchez Rosillo        478

Amelina Correa Ramón: Miserable vejez. Luis Antonio de Villena           481

Luis Bagué Quílez: Querida Beth. Andrea Cote                                 483

 Julieta Valero: La comedia de la carne. Carlos Pardo                      486

Javier Lostalé: Las horas sucesivas. Poesía, 1978-2022. Manuel Neila                   488

Verónica Aranda: Adamar. Ariadna G. García                                  490

Eduardo Moga: Detrás de la ciudad y antes del cielo. Julio Trujillo                 493

Enrique Villagrasa: Esta hiriente luz. David Conde Vitalla                 495

Portada e ilustraciones: Fe Blasco