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LA REVISTA ANALIZA LA OBRA DE ANTONIO MACHADO, AL CONMEMORARSE EL 150 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO, Y TAMBIÉN PUBLICA ARTÍCULOS SOBRE MARTÍN CAPARRÓS, GERALD MURNANE Y JOYCE CAROL OATES    

ADEMÁS, TURIA PUBLICA TEXTOS INÉDITOS DEL GRAN ESCRITOR ITALIANO CLAUDIO MAGRIS, ASÍ COMO DE PILAR ADÓN Y DAVID UCLÉS 

EN POESÍA OFRECE ORIGINALES DE, ENTRE OTROS, LUIS GARCÍA MONTERO, JORDI DOCE,  FRANCISCO FERRER LERÍN, RAQUEL LANSEROS, NIÑO DE ELCHE E IGNACIO VLEMING 

La revista cultural TURIA publica en su nuevo número, que se distribuye este mes de diciembre en España y otros países, interesantes artículos inéditos protagonizados por grandes autores de la literatura contemporánea, así como textos originales de los mejores escritores de nuestros días. Por ejemplo, la sección dedicada a narrativa se inaugura con un importante anticipo editorial: las primeras páginas traducidas de “Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables”, el último libro de Claudio Magris, gran escritor italiano y uno de los autores vivos más sobresalientes de las letras europeas. Publicada originalmente en 2020, Anagrama editará esta obra el próximo año en España. El libro lo forman tres historias que suceden en el fin del mundo. La patria, dice Magris, es el lugar  en el que una persona siente que su vida está en su casa y “que sus colores, sus paisajes, los vientos, son la música familiar de su existencia…. El lugar en el que viven sus hijos o en el que están enterrados sus padres”. Uno puede encontrarse en su patria en el corazón de Europa,  o en Francia, o en Hispanoamérica, como las tres figuras, sacadas de la realidad, que el escritor triestino evoca en su nuevo libro.

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Pocas obras dentro de la literatura española contemporánea poseen la singularidad de Nada de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por  la excepcionalidad de una novela fulgurante, única, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicación en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la “Introducción”, que descarga así al texto de muchas notas a pie de página y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiración hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. Nada se convirtió muy pronto en un “fenómeno socioliterario”, que arrumbó al resto de la producción novelística de Laforet y que pareció convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada “Introducción”, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la crítica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un epígrafe más dentro de la narrativa española de posguerra, aunque antes, cuando se leía bastante más que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como El árbol de la ciencia de Baroja, Las ratas de Delibes o Tiempo de silencio de Martín Santos, había que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de Cátedra –colección “Letras Hispánicas”, color negro (y tipografía no muy grande)- está también asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que debían acompañar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecdótica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edición de Nada, a cargo de José Teruel, quien también ha editado con primor las obras completas de Carmen Martín Gaite en Círculo de Lectores (por cierto, en el número 124 de Turia aparece un extenso estudio en torno a la investigación que la autora de Usos amorosos de la posguerra llevó a cabo sobre los Torán) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura española del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su “Introducción” resulta clara y amena, y sitúa a los lectores en el contexto de creación y recepción de la obra, tan importante para entender el porqué de su trascendencia.

Lo que tal vez más pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en sí posee una estructura lineal sencilla –un curso académico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es más bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y así se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a través de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en  ese curso de 1939-1940. También es una novela que muestra el “mito de la conciencia desorientada”, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generación, la de esos jóvenes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participación directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quizás sea este último aspecto sobre el que más se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendrá su continuación en la novelística posterior.

Pero no solo hay que prestar atención al contexto histórico y social en el que transcurre la narración, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y cómo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones –muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narración, a modo de retratos que de algún modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos tíos, Juan y Román, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese niño por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del tío Román la más enigmática y compleja, con muchas sombras e historias detrás de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparecían en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda será Ena, la amiga de Andrea, el personaje más importante, aquel que con sus idas y venidas, esté presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a través de sucesivos episodios.

Nada es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el “desarraigo existencial” de una generación y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, será, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecerán, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deberá ir adaptándose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y pequeños fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura española contemporánea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (¿qué jóvenes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco más de 23 años?) o por todo lo que la ha rodeado y que todavía hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detrás de lo que se cuenta tienen también su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narración. Quizás en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deberíamos volver a las obras que sustentan nuestra formación literaria y personal, aunque sea para sentir la desazón y angustia de Andrea, esa “chica rara” que protagoniza Nada.

 

Carmen Laforet, Nada, edición de José Teruel, Madrid, Cátedra, 2020.

Tras el gran recibimiento de su obra de debut, Niña con monstruo dentro (Bala Perdida, 2023) -ganadora del 45º Premio Tigre Juan 2023 a la mejor obra narrativa en español y Finalista de la 20ª edición del Premio Setenil al Mejor Libro español de Relatos 2023-, Rosa Navarro da el salto a la novela con una obra divertida, sin complejos ni ataduras, diferente, lazada y alzada por una prosa elegante y en la que, en todo momento, es improbable adivinar lo que nos traerá ya no la página inmediata, sino el siguiente párrafo por leer. Pero lo primero a lo que hemos de enfrentarnos es a su título, Recochura, palabra que no recoge la RAE, aunque puede parecer próxima a “recocha”, término que viene a definir lo muy cocido: recocido. No obstante, indagando en el vocabulario manchego, encontramos en el diccionario de Tomelloso que se define recochura como estado de incertidumbre y desasosiego; ansiedad que acompaña al que se le priva de algo que espera, particularmente de una determinada información y, en otras localidades incluso hallamos su sinonimia con “mala conciencia”. Bien, tiempo habrá en la lectura para decantarse por una opción un otra. 

Nada más abrir sus páginas nos sorprende el humor -cuando no el sarcasmo-, la originalidad, la precisión en la expresión mientras avanza el relato con la facilidad del dibujo a mano alzada y, por momentos, incluso sentimos la aparición de la fuerza lírica con la que se ayuda a componer el timbre preciso del instante, del paisaje o la emoción hiperbólica, así dramatizada. Se diría que, además de los obvios, hubiera un personaje inmaterial que no pasa inadvertido y que no es otro que el lenguaje, pues se aprecia un cuidado tanto en el glosario de términos que se usa, como en la forma de encadenar las ideas, creando un texto por momentos delicioso; un disfrute narrativo que, por otra parte, se ha de reconocer que es uno de los pilares que sustenta y da ocasión al desvarío del relato. El otro -diría- es el saber, la erudición, que consolidan y otorgan carta de verdad a lo surreal, a lo que sería imposible en un relato que se limitara a lo más probable, a lo verosímil o al decir gris,  haciendo de esta manera lógico y dando carta cabal incluso a lo más descabellado. 

La historia tiene como escenario una población manchega llamada Lugar, es decir, transcurre en un Lugar de La Mancha, lo que ineludiblemente nos llama la atención, no siendo ni el primer ni el último guiño al “manco de Lepanto”, pues el texto atesora referencias suficientes como para hacer de su surrealismo rural -también calificado como surruralismo-, una obra quijotesca que debería de tener su lugar privilegiado entre los homenajes cervantinos. 

Como anticipábamos, la otra presencia manchega es la del albaceteño José Luis Cuerda, cuya obra se ve celebrada en lo impredecible de la trama y en ese surruralismo, al que antes hacíamos referencia. 

En es Lugar, si me lo permiten, en ese Macondo se habían asentado tiempo atrás los antepasados de la protagonista, una muchacha que -como la Mamba Negra- regresa para hacer justicia: “he venido a robar un cuadro y a matar a un hombre” y a quien una “noche en la que el viento azotaba los cristales y Abuelo se comió el alfabeto a ella le llegó, sin avisar, el uso de la razón”, haciendo de la palabra -insisto- el coprotagonista de la historia; palabra que -como apunta Navarro- nos siembra en el lenguaje, nos hace pensamiento y, por ello, nos torna peligrosos para quienes quieren controlarnos, a ser posible, sin mucho esfuerzo ni resistencia. 

Con estos elementos: el humor, la (sin)razón, la afinada puntería -es decir, la inteligencia-, el juego con la palabra, la libertad de expresión y de acción…, son con los que Rosa Navarro compone este texto que puede parecer una “pedrada” y de hecho, lo es: es el canto con el que David golpea a un gigante: a una sociedad que, como ovejas, permanece amarrada por el aire de un páramo infinito, a sus estamentos de poder, a su jerarquía, a su religión, a su orden social, a su machismo, a su desinterés por la enseñanza y la cultura -que llega incluso a despreciar el conocimiento del secreto de los secretos: qué hay después de la muerte-… y lo hace al tiempo que ensalza el papel de las mujeres, en especial de aquellas libres y determinadas; del heroísmo de los parias y los incomprendidos; del valor del saber, del amor al conocimiento, que -en el inframundo del bombo donde habita Abuelo- se opone al imperio de estatuas y campanarios yermos. 

Rosa Navarro -al considerarse algunos de sus personajes femeninos- podría afirmar, como dijera en su día Gustave Flaubert de Madam Bovary, un “c'est moi”, pues en la maestra podemos ver a la profesora universitaria, en la joven pelirroja -entre cuyos rizos, como metáfora, anidan colibríes y toda suerte de pajarillos- podemos ver un alter ego curioso e idealista, pero sobre todo intuimos en Magdalena, en esa literata que escribe a dos manos con un recaudador -de nuevo- muy cervantino, una proyección en la que también hacer algo de humor con esa “obra maestra” que todo escritor (o escritora) sueña con haber escrito, o con llegar a escribir algún día.

Por la riqueza de recursos, por el uso del lenguaje en distintos planos y estilos, por la apropiación -a modo de sampler- de fragmentos de El Quijote o de Azorín…, por lo original, por lo libre de canon…, estaríamos tentados a concluir con un Rosa Navarro es la Rosalía de nuestras letras contemporáneas, pero no hay necesidad ninguna. Además estoy seguro de que preferiría que sintiéramos la singularidad de su voz, voz que alumbra en su novela a un verbo amaneciente, que no es poco.

  

Rosa Navarro, Recochura, Madrid, Bala Perdida, 2025.

El libro He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes de Basilio Sánchez se alzó el pasado noviembre con el premio de la Fundación Loewe, sin duda uno de los más prestigiosos del actual abanico de concursos de poesía. Que un poeta tan discreto, tan poco dado a las alharacas y la exhibición como Basilio Sánchez se haya hecho con el codiciado galardón no deja de ser una buena noticia, al mismo tiempo que una saludable anomalía en tiempos mediáticos y revueltos como los nuestros. Que un libro tan sereno y plácido como el suyo haya llamado la atención del jurado habla también, en mi opinión, de la necesidad o el deseo de remansar las agitadas aguas de nuestro panorama poético: uno tiene la impresión de que optar por una apuesta tan clásica, comedida y equilibrada como esta es casi una declaración de intenciones.

La poesía de Basilio Sánchez ha ido decantándose con parsimonia y regularidad a lo largo de las tres últimas décadas. Autor de más de una decena de libros de poemas, Sánchez ha escrito sus versos con un espíritu totalmente ajeno a modas y camarillas, fiel a una austeridad verbal y unos presupuestos estéticos que le han venido acompañando sin desmayo hasta sus libros más recientes: el también espléndido Esperando las noticias del agua (Pre-Textos, 2018) y este que venimos a comentar. Es la suya una poesía tersa, pulida, hondamente arraigada en una tradición que Sánchez ha ido haciendo propia con los años y la experiencia, y que abarca desde el Antiguo Testamento (varios de sus modos de escritura arrancan de la poética hebrea, tan laboriosamente estudiada y documentada entre nosotros por Luis Alonso Schökel), pasando por nuestra Edad Media y nuestros Siglos de Oro, hasta llegar al simbolismo francés y el surrealismo, su heredero. Que tras ese extenso periplo de lecturas (a las que habría que sumar probablemente otras pertenecientes a la espiritualidad oriental) sigamos escuchando, nítida y sin impostar, la voz propia del poeta no es uno de los méritos menores de la obra de Sánchez.

He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes es un libro orgánico, distribuido en forma de tríptico y coda, cuyos poemas sin título (solo las tres partes lo tienen) parecen con frecuencia fragmentos, piezas de una unidad mayor: como teselas de un mosaico. Algo parecido sucede a menudo con las estrofas de los poemas: tomadas de una en una, aisladas del resto, muestran una cohesión que las hace brillar como aforismos o metáforas aisladas. Por contraste, la inserción de cada estrofa en el poema, como la de cada poema en la parte a la que pertenece, es frecuentemente problemática, misteriosa. Sánchez opera a menudo mediante la suma (la colección) de afirmaciones vibrantes con valor de máxima y deja al lector la libertad de elegir cuáles son las conexiones que se dan entre sus aserciones. Por ello abundan la impersonalidad y el presente gnómico, tan evidentemente encarnados en la abundancia de la forma Hay; por ello, también, el libro contiene varios poemas que adquieren el ritmo y el tono de la salmodia o que se acercan, tal vez de un modo no totalmente consciente, a la enumeración caótica y a la definición. Comentaré algunos ejemplos.

Son declaraciones con valor categórico que inciden en uno de los temas principales del libro: la naturaleza de la propia escritura poética: “Escribir un poema es andar sobre las aguas, / confiarnos a lo bueno del mundo”. (pg. 57). “Escribir un poema / supone, de algún modo, regresar / otra vez al principio, / al hervor silencioso de la nada, / al caldo primigenio / y a los cielos sin luna, a la inminencia / de las casualidades y los astros”. (pg. 63). “Uno escribe un poema para sentirse vivo. / Uno escribe un poema / para que otro descubra que estás vivo”. (pg. 62). Estas afirmaciones, a menudo vinculadas con un espacio de intimidad someramente descrito (una lámpara de cobre, una mesa de madera, una ventana), tienen el valor de un programa vital: la primera asocia la escritura poética al ámbito de la espiritualidad de raíz cristiana; la segunda, a la fuerza adánica de lo todavía nunca dicho, lo aún inexistente (con Huidobro, probablemente, guiñando un ojo al lector desde una esquina de la página) y, por ende, con la oscura voluntad de fundar un mundo verbal; la tercera, en fin, se lanza a la búsqueda de un interlocutor capaz de acoger estos versos como quien acepta a un huésped en su casa.

En cualquier caso, las tres desvelan también que más que el mundo natural, la inmediatez de lo vivo, el paisaje natural constantemente evocado en el libro es de naturaleza eminentemente verbal, mental, simbólica e icónica. No es que lo sensorial esté totalmente excluido, como tampoco lo está lo anecdótico. Es más bien que los sentidos se difuminan y aminoran tras una gruesa capa de reflexión estética y moral; y que la escasa anécdota, reducida a la mínima expresión, se ve sometida al quietismo que palpita en todas las definiciones, las afirmaciones en presente, los pensamientos que parecen tallados en la piedra: “La realidad es un relámpago que persiste”. (pg. 13); “Somos hijos de un árbol / Al que le falta sólo una manzana”. (pg. 16); “El que entiende de pájaros entiende de narcisos”. (pg.17); “No hay ningún escritor / que no se sienta abandonado por las estrellas”. (pg. 18); “El poeta no ha elegido el futuro. / El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto”. (pg.22). Son todos ejemplos de la primera parte del libro.

En su conjunto, la música de los versos (a menudo versículos) de Sánchez se fía principalmente al significado y el poder evocador de las palabras, prescindiendo con frecuencia tanto de la prosodia clásica como de la medida silábica. Es la suya una opción deliberadamente austera que a menudo aproxima el ritmo del texto a la prosa de ideas, y que va calando poco a poco en el lector. Y hay en ello una más que probable elección moral: en vez de deslumbrar, el poeta pretende sugerir; en vez de epatar, empapa. Él mismo afirma “que no nombra las cosas con grandeza, / sino con gratitud”. (pg.79), y un poco antes: “Yo creo en el poema / que es capaz de sumir al que lo lee / en el mismo silencio / que el ejercicio a solas de la propia escritura / consigue suscitar en torno a sí.” (pg. 74). Ese deseo de comunicación sincera, esencial, tan alejada de la frivolidad y el lugar común como de la grandilocuencia vacía, es uno de los rasgos más valiosos del libro: “La poesía es el oficio del espíritu”, llega a decir en la página 44, en uno de los más logrados momentos de la obra.

Y de ahí, de ese constante deseo de trascendencia, de ese valor adánico, convocatorio, que Sánchez otorga a la palabra poética, extraigo yo la afirmación con que abría esta reseña. Dice el poeta en la página 22: “Amo lo que se hace lentamente, / lo que exige atención, / lo que demanda esfuerzo.” ¿Acaso no es esta toda una declaración de intenciones, una aguja de marear en los actuales mares revueltos de la poesía nuestra de hoy? Basilio Sánchez ha escrito un libro deliberadamente austero, demorado y reflexivo que pretende regresar a la raíz, al fondo de lo poético, y al fondo de lo humano. Ya solo el esfuerzo, la atención puesta en ello, merecen la lectura. –AGUSTÍN PÉREZ LEAL

 

Basilio Sánchez, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Madrid, Visor, 2019

Último número

Revista Cultural TURIA Número 156

Revista Cultural TURIA Número 156

Disponibilidad: En existencia

12,00 €

ISSN:

0213-4373

Editor:

Instituto de Estudios Turolenses

Lugar de edición:

Teruel

Año de edición:

2025

Páginas:

497

Dimensiones:

15x22 cm.

Sumario

 
   

Letras

Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado. Enrique Andrés Ruiz                11

Las mil y una voces de Martín Caparrós.  Jorge Carrión                  20

La escritura hipnótica de Gerald Murnane. Eduardo Lago                                 27

Joyce Carol Oates: retrato impresionista. Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan   37

 

Taller

Cruz del Sur. Tres vidas verdaderas e improbables. Claudio Magris        47

Aviterio. Pilar Adón                  56

La palabra fatal. David Uclés                                                      64

Diario de un animal. Mariana Sández                                           72

La elegida. Joaquín Berges                                                           79

Ahora es el fuego. José Antonio Gargallo                                      89

 

Poesía

Poemas de: Teresa Agustín, Marina Casado, Mariano Castro, Jordi Doce, Francisco Ferrer Lerín, Luis García Montero,  Maribel Hernández del Rincón, Gabriel Insausti, Marisol Julve, Raquel Lanseros, Juan Leyva, Juan Marqués, Antonio Martín Barrachina, María Martínez Bautista, Miguel Martínez López, Niño de Elche, Mario Ramos Obregón, Juan F. Rivero, Martín Rodríguez-Gaona, José Manuel Soriano Degracia, Ignacio Vleming, Rafael Yuste Oliete                     103

 

Pensamiento

Hannah Arendt, en busca de la experiencia humana. Rubén Benedicto Rodríguez                                                   137

Aprovechar la revolución digital para construir un mundo más justo. Domingo García-Marzá                                        147

 

Cartapacio: Rosa Montero

Rosa Montero, o el arte de narrar.  Marta Pérez-Carbonell           159

Rosa Montero y sus múltiples retratos de mujeres. Ellen Mayock    174

 El poder transformativo de la ciencia ficción en el universo de Bruna Husky. Juan Carlos Martín Galván                          184

La entrevista literaria de Rosa Montero. Alicia Rueda-Acedo        193

La ciencia que seduce: en torno a algunas novelas de Rosa Montero. Francesca Coppola                                                202

Pasiones en el periodismo literario y los cuentos de Rosa Montero. Alicia Rueda-Acedo                                               208

Los artefactos literarios de Rosa Montero y la especie desbocada. Marta Pérez-Carbonell                                                          214

El caótico mundo ficticio de Rosa Montero. Anne Walsh              221

El juego de Matroska. Disfrutar del presente. Małgorzata

Kolankowska                                             227

Amiga, outsider y kamikaze: el cuarto propio de Rosa Montero. Nuria Labari                                    234

Rosa Montero: memoria y duelo. José María Pozuelo Yvancos      242

Rosa Montero: «La escritura es mi manera de estar viva». Javier Escudero                                             249

Biocronología de Rosa Montero. Mazal Oaknin                           264

 

Conversaciones

Juan Casamayor: «Editar es vivir al borde del abismo y ahí quiero seguir». Angélica Tanarro                                         281

Pilar Adón, una ventana abierta al bosque. Fernando del Val      298

 

La isla

Un país de ingenieros. Raúl Carlos Maícas                                    319

Ilustraciones de Isidro Ferrer

 
   

Sobre Aragón

La forma como concepto estético en la escultura de Francisco Rallo Lahoz (1924-2007). Mar Aznar Recuenco                   331

 

 
   

Cuadernos turolenses

Cantos, himnos y trasfondos de la literatura celta turolense. Francisco Lázaro Polo                                                          343

 

 

 
   
La Torre de Babel

Rafael Esteban Silvestre: Orbital. Samantha Harvey                            357

Jesús Villel Sánchez: Oso. Julia Phillips                                             359

 Roberto Ruiz de Huydobro: Cuentos completos. Edgar Allan Poe                                                                          361

José Giménez Corbatón: Los niños de altamar. Virginia Tangvald                                                                           364

Luis Melgosa: Se acabó el recreo. Dario Ferrari                           366

Joaquín Torán: El último artefacto socialista. Robert Perišić           369

Cristina Davó Rubí: Junto a un bosque inmenso. Leo Vardiashvili                                                                  371

Ana Segura: El loco de Dios en el fin del mundo. Javier Cercas            373

Mercedes Monmany: Canon  de  cámara  oscura. Enrique Vila-Matas                                           376

Carlos Frontera: Oposición. Sara Mesa                             378

Fermín Herrero: Mil ojos esconde la noche. 2. Cárcel de tinieblas.

Juan Manuel de Prada                                                            381

Ana Muñoz: El final del bosque. María Fasce                                   384

Pedro Moreno Pérez: Hasta que empieza a brillar.

Andrés Neuman                                                                  386

Rosa Burillo: Hombre caído. Fernando Aramburu                           388

Aurora Cruzado Díaz: De mundos inciertos. Antología de cuentos. José María Merino                                       391

Pedro M. Domene: Luna Park. Marina Perezagua                             393

Erika Martínez: Mañana. Olalla Castro                                           396

David Mayor: Los seres indefensos. Fernando Luis Chivite               398

Manuel Astur: El desván de las musas dormidas. Fulgencio Argüelles                                   401

Octavio Gómez Milián: Lecciones del abismo. Julio José Ordovás                                                               404

José Baldó: Pájaros en el alambre. Mario Hinojosa                      407

Nicolás Sesma: Franco. Julián Casanova                                          410

José Domingo Dueñas Lorente: La Edad de Plata.  Ensayo de interpretación de un proceso cultural (1902-1939). José-Carlos

Mainer                                     412

Jesús Ferrer Solá: Carmen Martín Gaite. Una   biografía. José Teruel                                            415

Eva Cosculluela: El  verano  de  Cervantes. Antonio Muñoz Molina                                        417

José Luis Morante: El realismo singular (Poeta y profesor). Luis García Montero                                          420

Gonzalo Montón Muñoz: Diccionario Buñuel. Jordi Xifra y Manuel Fructuoso          422

Almudena Vidorreta: En el jardín de las   americanas. Una historia transatlántica (1871-1936). Cristina Oñoro    424

 Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan: Elegía  a   Iris. John Bayley                                        427

Esther Peñas: Vida y muerte de un jardín de papel. Menchu   Gutiérrez    429

Manuel Martínez-Forega: Las claves de lo oscuro.  Biografía de Ángel Guinda. J. Benito Fernández                                 431

Andreu Navarra: Azorín. Clásico y moderno. Francisco Fuster          433

Emilio Trigueros: Europa. Última oportunidad. Enrico Letta         436

José María Ariño Colás: El mundo después de   GazaUna breve historia. Pankaj Mishra                                      438

Jesús Briones Delgado: Camino de libertad. La  economía y la buena sociedad. Joseph E. Stiglitz                                441

Sergi Doria: Incompetencias básicas. Damià Bardera                     444

Albert Lladó: Universo y sentido. En busca del sentido en la inmensidad. Norbert Bilbeny                446

Rafael Lorenzo Alquézar: El animal deliberante. Teoría   y práctica de la deliberación moral. Diego Gracia                   448

José María Ariño Colás: La civilización del deseo. Una historia filosófica de lo querido. Manuel C. Ortiz de Landázuri      452

Francisco Luis del Pino Olmedo: Historia de mi vida. Memorias de un artista constructivo. Seguida de la 500ª conferencia. Joaquín Torres-García            454

Álvaro López Fernández: Josefina de la Torre. Una biografía. Marina Patrón Sánchez               456

Lourdes Toledo: Un millón de cuartos propios. Ensayo para un tiempo ajeno. Tamara Tenenbaum             459

Javier Herrera: Precisiones sobre Tierra sin pan, de    Luis Buñuel. Emeterio Díez Puertas                 461

Javier Ors: Rusia contra el mundo. Marc Marginedas                     464

Juan Villalba Sebastián: El último vuelo. Fugitivos de la República

y la Colaboración (1939-1945). Fernando Castillo               466

Miguel Ángel Yusta: Pilar Bayona. Correspondencia escogida,

1914-1980. Antonio Bayona y Julián Gómez                           469

Fernando Sanmartín: Egocentrismos. José María Conget                    471

Tere Susmozas: La tara y el don. Esther Peñas                              473

Antonio Maura: Los andamios del mundo. Antología poética.

Lêdo Ivo                    476

Agustín Pérez Leal: Venir desde tan lejos. Eloy Sánchez Rosillo        478

Amelina Correa Ramón: Miserable vejez. Luis Antonio de Villena           481

Luis Bagué Quílez: Querida Beth. Andrea Cote                                 483

 Julieta Valero: La comedia de la carne. Carlos Pardo                      486

Javier Lostalé: Las horas sucesivas. Poesía, 1978-2022. Manuel Neila                   488

Verónica Aranda: Adamar. Ariadna G. García                                  490

Eduardo Moga: Detrás de la ciudad y antes del cielo. Julio Trujillo                 493

Enrique Villagrasa: Esta hiriente luz. David Conde Vitalla                 495

Portada e ilustraciones: Fe Blasco