
“Cuando volvimos a ver Colonia, lloramos”. Heinrich Böll describía así en uno de sus ensayos la sensación que les sobrecogió a él y a su familia, y seguramente también a la totalidad de aquellos en su misma situación, cuando a finales de 1945 regresaron a una ciudad inexistente, completamente destruida por las bombas, arrasada, desolada. Böll tenía entonces 28 años y era uno de los pocos supervivientes de la devastación del conflicto bélico, aproximadamente unos 400.000, del que había sido uno de los núcleos urbanos más importantes del país. Colonia era su casa, la ciudad en la que había nacido el 21 de diciembre de 1917, y en la que había vivido hasta entonces los años felices de su infancia, la bancarrota de su familia y el terror de la políticas nacionalsocialistas.
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